¿Un nuevo Pacto de la Moncloa? Más opresión contra los trabajadores

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene la intención de convocar a los partidos políticos con el propósito de consensuar un nuevo Pacto de la Moncloa, naturalmente, sin aclarar por qué y para qué; sin embargo, evoca el pacto, aún en vigor, como el acontecimiento más importante de la historia contemporánea de España, con el deseo de que su aura “positiva” impregne de optimismo al pueblo trabajador en las circunstancias actuales pocos halagüeñas.

Para Sánchez y suponemos que para su gobierno, incluido PODEMOS-IU/PCE, el nuevo pacto al igual que el anterior resolverá todos los problemas que hoy acucian a la sociedad española y que llenan de incertidumbres el futuro inmediato. Se trata de eso, de alumbrar engañosamente las oscuras perspectivas que se ciernen sobre las clases populares de nuestro país, dado que el paro y la penuria económica son las únicas consecuencias seguras que derivarán del trance actual.

Pero ¿qué de bueno tuvieron los Pactos de la Moncloa aún en vigor? Para la clase capitalista el contubernio significó la continuación del franquismo en el aspecto económico. El fascismo tuvo la misión de crear más de 120 grandes empresas en los más diversos sectores económicos sustentadas por el Estado, muchas de ellas adscritas a las reglas militares para impedir que una posible rebelión de los trabajadores terminara con la etapa fascista tan necesitada por el capitalismo español. Fueron industrias estatales levantadas con el esfuerzo y la inteligencia de las clases trabajadoras, diseñadas para que en el futuro, una vez asentadas y desarrolladas, pasarán a manos de los capitalistas, con el fin de que estos pudieran lograr su integración en la Comunidad Económica Europea. Ejemplos de estas empresas que citamos son Repsol, Endesa, Telefónica, Tabacalera, Argentaria (anteriormente ‘Banco Exterior’), Red Eléctrica Española, Retevisión, Ence, Indra, Inespal, El Cano, Enatcar, Aerolíneas Argentinas, Transmediterránea, Santa Bárbara, Suria K Potasas, Renfe, Iberia, Construcciones Aeronáuticas y, así, un largo etcétera.

Cubierta la etapa fascista y ante el temor de que las luchas in crescendo del pueblo trabajador pusieran en peligro el sistema económico, el franquismo, los capitalistas y los partidos traidores, entre los que se encontraban el PCE y el PSOE, urdieron los Pactos de la Moncloa, que tenían como misión la de escribir sobre el papel un decálogo de intenciones que embaucaran al pueblo, mientras los burgueses culminaban sus propósitos de integrarse en la Europa económica. Para este menester se llevaron a cabo con matemática precisión las dos medidas cardinales que precisaba el capitalismo español. La primera fue la privatización de las grandes empresas hasta entonces estatales levantadas con el saber y el quehacer de los trabajadores, y en segundo lugar, eliminar las industrias obsoletas o inservibles a través de una reconversión brutal que empujó a centenares de miles de obreros al paro y que, con puño de acero, llevó a término el PSOE del GAL, de Felipe González.

Naturalmente, los capitalistas no hubiesen sido capaces de llevar a cabo tales medidas sin la abjuración de sus principios por parte de los PSOE y PCE, y también sin contar con las traiciones de los sindicatos CCOO y UGT. Además, los Pactos de la Moncloa obturaron todos los caminos para hacer inviables las reivindicaciones históricas de las naciones y pueblos, como son el derecho a la autodeterminación y la implantación de una Profunda Reforma Agraria antimonopolista y antilatifundista en Andalucía, Extremadura, Castilla y Canarias.

Como corolario, los Pactos de la Moncloa, muy lejos de ser la panacea, fueron una pesadilla para las clases laboriosas y para los pueblos y naciones del Estado. La primera consideración que surge al respecto es que los capitalistas y sus gobiernos se basaron en la presunta eficacia del burgués en la gestión de las empresas, y en que los trabajadores no eran capaces de sustentarlas por ignorancia e indisciplina y, es por ello, que se privatizaron, pero la historia al final coloca a todos en su sitio. Al cabo de cuarenta años a los empresarios y sus adláteres se les vienen encima sus argumentos pues, bajo su mandato y después de cuatro décadas, las privatizaciones han surtido el efecto contrario: los trabajadores están en paro y las empresas privatizadas se hallan en peligro de muerte bajo su dirección y la de selectos economistas, y es que el sistema está caduco. Y ese, y no otro, es el argumento cardinal que empuja a Sánchez a construir un nuevo Pacto. APUNTALAR AL CAPITALISMO BAJO LAS ESPALDAS DE LOS TRABAJADORES. Pero este apuntalamiento del capitalismo debe hacerse bajo unas premisas de mayor dureza contra el pueblo trabajador, de mayor explotación, si cabe, de lo que hasta hoy se ha hecho. Estas 4 décadas de vigencia de los Pactos de la Moncloa de 1977, sin duda, han servido para que los capitalistas se hayan enriquecido a costa de la clase obrera, han servido para que hayan saqueado y explotado a sus anchas al país y hayan reprimido con una bestialidad absoluta los inexistentes derechos y libertades del pueblo, como lo acreditan la existencia de presos políticos comunistas, sindicalistas e independentistas en este país, así como de exiliados por razones políticas. Hemos de denunciar, con más fuerza si cabe, la situación del preso comunista Manuel Pérez Martínez que con 75 años y más de un cuarto de siglo en la cárcel por el único delito de ser comunista, y a pesar de su maltrecho estado de salud y su avanzada edad, lo mantienen estos carceleros firmantes de los Pactos de la Moncloa pudriéndose en la cárcel en contraposición con lo que hacen con vulgares corruptos, como por ejemplo Zaplana u otros, que ya están en la calle. Pero claro, no es lo mismo un escayolista comunista como Manuel Pérez Martínez que un burgués del Partido Popular, esa es la Justicia clasista y la Libertad emanadas de los Pactos de la Moncloa: Más franquismo con el tirano muerto. En este sentido no hemos escuchado al oportunismo, como por ejemplo Pablo Iglesias, pedir la excarcelación de Manuel Pérez Martínez, Camarada Arenas, como sí hizo con el corrupto Zaplana, apelando a razones humanitarias. Es obvio, el oportunismo está con los de su clase, y al igual que en el 77, no dudarán en estar en esta reedición de los Pactos del Oprobio para el Pueblo que quieren reeditar.

Y es que lo que está sucediendo en el mundo de nuestros días tiene una lectura de clases, quienes se salgan de ella surcarán caminos extraviados y volverán al mismo lugar, a la crisis. Y precisamente la solución está en el antagonismo, será cubriendo, y no soslayando las reivindicaciones históricas de nuestros pueblos y naciones: DERECHO A LA AUTODETERMINACION, REFORMA AGRARIA ANTIMONOPOLISTA Y ANTILATIFUNDISTA Y LA SOCIALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA. Pero estas soluciones jamás podrán dimanar de un pacto interclasista, sino que devendrá de un FRENTE UNICO DEL PUEBLO, orientado para la transformación radical de la sociedad porque, en definitiva, la situación, no solo en España sino en el mundo entero, demuestra que el capitalismo solo se puede sostener por la fuerza bruta y la violencia contra los trabajadores, que constituyen la absoluta mayoría del pueblo.

El Pacto de la Moncloa, cualquiera que se dé, podrá lavar la cara del sistema y admitir las reivindicaciones menos importantes, pero un capitalista jamás firmará un documento que ponga en tela de juicio su sistema económico. Por tal razón es una falacia prodigar la creencia de que entre los capitalistas y los trabajadores puede darse un acuerdo que no atente a los intereses de una parte. Como es también un engaño que los capitalistas, que cuentan con las fuerzas represivas y las leyes a su favor, menoscaben su propio poder a través de un pacto, cuando lo que pretenden lo pueden conseguir con decretos y aplicando la violencia, como han hecho siempre y siguen haciendo.

¡POR EL FRENTE UNICO DEL PUEBLO!
¡LIBERTAD INMEDIATA DE LOS PRESOS POLÍTICOS!
¡SOCIALISMO O BARBARIE!
Madrid, 10 de abril de 2020

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

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