Do oportunismo só podemos esperar palabras bonitas

A esquerda do sistema está pasando por un mal momento político. As circunstancias actuais, que non fixeron máis que acelerar a crise capitalista que economistas burgueses e grandes inversores xa predicían antes da chegada do COVID-19, provocan no reformismo unha contradicción máis pronunciada aínda entre os seus discursos e os seus actos. O último Pleno do Congreso dos Deputados resultou máis que esclarecedor para comprobar as diferentes cabriolas que realizan segundo que grupos parlamentarios da esquerda do sistema para apoiar ao goberno socialfascista de PSOE-UP con suposta crítica para avanzar na «consecución dos dereitos dos traballadores».

En particular, vemos que a realidade danos, unha vez máis, a razón aos comunistas. O Estado, nestes días de crise social e económica, mostra o seu carácter de clase completamente exacerbado, tirándose de cheo ao rescate de empresas e financiamento de axudas a traballadores afectados por ERTEs, chamando ás forzas policiais e militares a controlar o confinamento forzoso e, en pleno apoxeo de contaxios e mortes, retomando a actividade de aqueles traballos de sectores que non son esenciais.

Por moito que se esforce os grupos «progresistas» do Parlamento, a esquerda non se caracteriza por querer o ben común nin por diferenciar entre «os de arriba» e «os de abaixo». O término político «esquerda» nace no seo da Revolución francesa, na cal nos órganos do Estado os partidarios do Antigo Réxime colocábanse á dereita do hemiciclo e os partidarios do liberalismo situábanse á esquerda. Entón, vemos que os términos de esquerda e dereita non son máis que a representación do que o materialismo dialéctico chama «unión e loita de contrarios»: a loita do novo polo vello. «Ser de esquerdas», polo tanto, significa estritamente aportar unha solución á cuestión do Estado, que é precisamente o que non está a facer a socialdemocracia deste país.

Con todo o descaro do mundo, vemos que se pronuncian discursos que non corresponden coas actos. Así o deputado do BNG, Néstor, Rego pronunciaba o 9 de abril as seguintes palabras:

«Reanudar la actividad en los centros de trabajo en muchos casos masificados y sin las debidas condiciones de seguridad supone abocar a los trabajadores y trabajadoras a riesgo de contagio. ¿Está en condiciones el gobierno de garantizar esa seguridad para todos los trabajadores y trabajadoras? Es evidente que no. Por eso, nos preguntamos: ¿cuánto pesan en la balanza los intereses empresariales y cuánto la salud de los trabajadores y trabajadoras?»

Dicir obviades é o que todo fillo de veciño pode facer. O que non todos poden facer é enfrontarse ao Estado, ao imperialismo, aos monopolios. Menos aínda, cando é a man que alimenta a estes caniches esquerdistas. E iso non o afirma o PCOE coas súas palabras, se non que o afirma o BNG cos seus actos: no momento de votar o Real Decreto-ley 8/2020, do 17 de marzo, de medidas urxentes extraordinarias para para facer fronte ao impacto económico e social do COVID-19, Néstor Rego elixiu absterse. Recordamos, que tal Real Decreto-ley non facía máis que destinarlle aos empresarios un monte de 112.200 millóns de euros, mentres que aos traballadores e ás clases populares irían dirixidos tan só 5.330 millóns de euros. Clamar á «balanza» dos intereses empresariais fronte á saúde dos traballadores, cando previamente o BNG colocouse de perfil para regar á burguesía de billetes ten un nome: culpabilidade por omisión.

Sen embargo isto non acaba aquí. A intervención de Rego continuou:

«En todo caso, este proceso de centralización forma parte de un conjunto de decisiones en el ámbito de la emergencia sanitaria que nos preocupan por lo que pueden representar de riesgo para los derechos democráticos y las libertades públicas. Entre ellas esa escenificación militarizada impropia de una crisis sanitarias. Y aclaro que no estamos cuestionando la labor que los soldados deban hacer como personal al servicio de la Administración, sino del papel político que el gobierno ha dado al ejército especialmente en el ámbito de la comunicación. Una escenificación que nos parece más propia que de un Alarma de un Estado de Excepción.»

Voltamos, unha vez más, a ese balance que Néstor Rego colocaba enriba da mesa no Pleno do 9 de abril: ¿acaso non cuestionar a labor do exército español non é colocarse claramente a favor da economía do mercado, do capitalismo? Unha lectura á Constitución Española, bendicida por oportunistas de todo tipo, clarifícanos a resposta:

«Artículo 38:
Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación.
Artículo 8:
1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la sobernía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional

Queda patente que unha das funcións «ao servizo da Administración» máis importantes do Exército é a defensa a toda costa do capitalismo. Unha vez máis, o BNG elixe o bando da burguesía, dos «intereses empresariais» nas palabras de Rego.

As lapas do oportunismo están a apagarse con esta crise que debilita aínda máis ao capitalismo. Faise patente que a súa forma de actuar non sae do capitalismo e, en España, do Estado fascista. É necesaria unha ruptura con este sistema social e económico cuxas estruturas só permiten discursos de desconformidade, pero non a acción real en favor das clases populares. Os traballadores necesitamos un novo Estado que garantice as nosas necesidades como seres humanos creadores de toda riqueza. Isto precisa da creación da nosa propia estrutura política, a Fronte Única do Pobo, que permita que sexamos nós quen adoptemos as decisións.

Contra o Estado fascista español!
Loita permanente contra todo oportunismo!
Socialismo ou barbarie!
Secretaría Política do PCOE en Galiza

Del oportunismo sólo podemos esperar palabras bonitas

La izquierda del sistema está pasando por un mal momento político. Las circunstancias actuales, que no hicieron más que acelerar la crisis capitalista que economistas burgueses y grandes inversores ya predecían antes de la llegada del COVID-19, provocan en el reformismo una contradicción más pronunciada aún entre sus discursos y sus actos. El último Pleno del Congreso de los Diputados resultó más que esclarecedor para comprobar las diferentes cabriolas que realizan según que grupos parlamentarios de la izquierda del sistema para apoyar al gobierno social-fascista de PSOE-UP con supuesta crítica para avanzar en la “consecución de los derechos de los trabajadores”.

En particular, vemos que la realidad nos da, una vez más, la razón a los comunistas. El Estado, en estos días de crisis social y económica, muestra su carácter de clase completamente exacerbado, tirándose de lleno al rescate de empresas y financiamiento de ayudas a trabajadores afectados por ERTEs, llamando a las fuerzas policiales y militares a controlar el confinamiento forzoso y, en pleno auge de contagios y muertes, retomando la actividad de aquellos trabajadores de sectores que no son esenciales.

Por mucho que se esfuercen los grupos “progresistas” del Parlamento, la izquierda no se caracteriza por querer el bien común ni por diferenciar entre “los de arriba” y “los de abajo”. El término político “izquierda” nace en el seno de la revolución francesa, en la cual en los órganos del Estado los partidarios del Antiguo Régimen se colocaban a la derecha del hemiciclo y los partidos del liberalismo a la izquierda. Entonces, vemos que los términos de izquierda y derecha no son más que la representación de lo que el materialismo dialéctico llama “unidad y lucha de contrarios”: la lucha de lo nuevo por lo viejo. “Ser de izquierdas”, por lo tanto, significa estrictamente aportar una solución a la cuestión del Estado, que es precisamente lo que no está haciendo la socialdemocracia de este país.

Con todo el descaro del mundo, vemos que se pronuncian discursos que no corresponden con los actos. Así el disputado del BNG, Néstor Rego, pronunciaba el 9 de abril las siguientes palabras.

“Reanudar la actividad en los centros de trabajo en muchos casos masificados y sin las debidas condiciones de seguridad supone abocar a los trabajadores y trabajadoras a riesgo de contagio. ¿Está en condiciones el gobierno de garantizar esa seguridad para todos los trabajadores y trabajadoras? Es evidente que no. Por eso, nos preguntamos: ¿Cuánto pesan en la balanza los intereses empresariales y cuánto la salud de los trabajadores y trabajadoras?”

Decir obviedades es lo que todo hijo de vecino puede hacer. Lo que no todos pueden hacer es enfrentarse al Estado, al imperialismo, a los monopolios. Menos aún, cuando es la mano que alimenta a estos caniches izquierdistas. Y eso no lo afirma el PCOE con sus palabras, sino que lo afirma el BNG con sus actos: en el momento de votar el Real Decreto-ley 8/2020, del 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para poder hacer frente al impacto económico y social del COVID-19, Néstor Rego eligió abstenerse. Recordamos, que tal decreto ley no hacía más que destinarle a los empresarios un importe de 112.200 millones, mientras que a los trabajadores y a las clases populares irían dirigidos tan solo 5.330 millones de euros. Clamar a la balanza de los intereses empresariales frente a la salud de los trabajadores, cuando previamente el BNG se colocó de perfil para regar a la burguesía de billetes tiene un nombre: culpabilidad por omisión.

Sin embargo, esto no acaba aquí. La intervención de Rego continuó:

«En todo caso, este proceso de centralización forma parte de un conjunto de decisiones en el ámbito de la emergencia sanitaria que nos preocupan por lo que pueden representar de riesgo para los derechos democráticos y las libertades públicas. Entre ellas esa escenificación militarizada impropia de una crisis sanitaria. Y aclaro que no estamos cuestionando la labor que los soldados deban hacer como personal al servicio de la Administración, sino del papel político que el gobierno ha dado al ejército especialmente en el ámbito de la comunicación. Una escenificación que nos parece más propia que de un Alarma de un Estado de Excepción.»

Volvemos, una vez más, a ese balance que Néstor Rego colocaba encima de la mesa en el Pleno del 9 de abril: ¿acaso no cuestionar la labor del ejército español no es colocarse claramente a favor de la economía de mercado, del capitalismo? Una lectura a la Constitución Española, bendecida por oportunistas de todo tipo, nos clarifica la repuesta:

«Artículo 38:
Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación.
Artículo 8:
1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional

Queda patente que una de las funciones “al servicio de la administración” más importantes del ejército es la defensa a toda costa del capitalismo. Una vez más, el BNG elige el bando de la burguesía, de los “intereses empresariales” en palabras de Rego.

Las llamas del oportunismo están apagándose con esta crisis que debilita aún más al capitalismo. Se hace patente que su forma de actuar no sale del capitalismo y, en España, del Estado fascista. Es necesaria una ruptura con este sistema social cuyas estructuras solo permiten discursos de disconformidad, pero no de acción real en favor de las clases populares. Los trabajadores necesitamos un nuevo Estado que garantice nuestras necesidades como seres humanos creadores de toda la riqueza. Esto precisa de la creación de nuestra propia estructura política, el Frente Único del Pueblo, que permita que seamos nosotros quienes adoptemos las decisiones.

¡Contra el Estado fascista español!
¡Lucha permanente contra todo oportunismo!
¡Socialismo o barbarie!
Secretaría Política del PCOE en Galicia

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