Ante el auge de la violencia fascista: Organización y autodefensa obrera
La violencia fascista nunca ha desaparecido de nuestras calles. Ha seguido presente, con distinta intensidad y capacidad de actuación, incluso durante etapas en las que estos grupos atravesaban momentos de mayor debilidad. Sin embargo, desde hace un tiempo asistimos a un nuevo crecimiento de su actividad, su organización y su presencia en las calles. Las recientes agresiones en Asturias y en el conjunto del Estado español evidencian que el fascismo no solo busca ganar espacio político, sino que también pretende imponer el miedo mediante amenazas, hostigamientos y ataques físicos.
Lo que estamos viendo no puede despacharse como una sucesión de peleas aisladas o actos de unos pocos descerebrados. Detrás de estas agresiones existe una ideología que señala enemigos, una voluntad de organización y una violencia que golpea directamente a la clase trabajadora, a la juventud y a quienes estos grupos consideran diferentes o contrarios a sus intereses.
En Asturias tenemos motivos más que suficientes para preocuparnos. La desarticulación de los White Boys en mayo de 2026 puso al descubierto la actividad de una organización juvenil neonazi a la que se atribuyeron al menos, catorce agresiones y actos de acoso. Sus integrantes, con edades comprendidas entre los 14 y los 22 años, actuaban en distintos concejos asturianos y organizaban ataques contra personas migrantes, colectivos LGBTI y personas de ideología contraria. La investigación policial reveló una estructura que había llegado a organizar auténticas «cacerías» contra quienes señalaban como enemigos.
El pasado 20 de septiembre conocíamos también la detención de cinco jóvenes por la agresión transfóbica cometida en enero contra una mujer trans en Piedras Blancas. Según la Guardia Civil, los presuntos agresores, vinculados a entornos ultra, se coordinaron mediante aplicaciones de mensajería para llevar a cabo el ataque. La víctima sufrió lesiones graves que requirieron atención hospitalaria y recibió amenazas de muerte e insultos tránsfobos. Tres de los detenidos ya habían sido investigados por hechos relacionados con delitos de odio.
A estos hechos se suma la agresión sufrida por dos integrantes de AMA Asturies durante las fiestas de San Mateo en Oviedo.
No hablamos, por tanto, de un fenómeno abstracto ni de una amenaza que solo exista en otros lugares. Hablamos de grupos que actúan aquí, que señalan a personas concretas y que pretenden convertir nuestras calles en espacios de miedo para quienes no encajan en su visión reaccionaria del mundo.
La violencia fascista no comienza necesariamente con un ataque físico. Antes aparecen el señalamiento, la propaganda, las amenazas, el acoso y la construcción de un enemigo al que se responsabiliza de todos los problemas. Migrantes, personas LGBTI, militantes de izquierdas y organizaciones obreras se convierten así en objetivos de una ideología que necesita dividir a la clase trabajadora y enfrentar a unos sectores contra otros.
Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería facilitan, en determinados casos, la difusión de propaganda neonazi, la captación de jóvenes y la coordinación de ataques. El caso de Piedras Blancas y la actividad atribuida a los White Boys ilustran cómo el odio difundido y organizado puede terminar materializándose en violencia física.
No podemos caer en la trampa de institucionalizar nuestra respuesta antifascista, convirtiendo cada agresión en una campaña dirigida a mendigar la condena o el reconocimiento de los partidos políticos del régimen burgués.
Tampoco necesitamos que quienes gobiernan nos den permiso para defendernos, ni que quienes blanquean o minimizan estas agresiones nos otorguen legitimidad para combatirlas. La dignidad de nuestra clase no se demuestra mendigando atención institucional, sino organizándonos, respondiendo colectivamente y construyendo una solidaridad real entre quienes sufrimos las consecuencias de este sistema.
Frente a esta realidad, la respuesta no puede ser el miedo, el aislamiento ni la resignación. Tampoco basta con expresar nuestra indignación cada vez que aparece una nueva agresión. Necesitamos organización, conciencia y solidaridad de clase. Y, sobre todo, necesitamos comprender que la autodefensa no empieza cuando recibimos el primer golpe: empieza mucho antes.
La prevención es una parte fundamental de nuestra protección. Conocer lo que ocurre en nuestros barrios, prestar atención a las amenazas, acompañar a nuestros compañeros cuando exista un riesgo y construir redes de confianza son tareas que no podemos dejar para después de una agresión. Debemos formarnos, adquirir preparación física y conocimientos de defensa personal, aprender a actuar con responsabilidad ante situaciones de peligro y desarrollar herramientas colectivas que permitan reducir los riesgos y evitar que nuestros compañeros tengan que afrontar solos una amenaza.
No se trata de buscar enfrentamientos ni de reproducir la violencia fascista, sino de impedir que esta pueda ejercerse impunemente contra nosotros. No podemos permitir que el miedo nos aparte de las calles, de nuestros barrios.
El fascismo pretende ofrecer una falsa salida a la inseguridad, la precariedad y la falta de futuro que sufre la juventud trabajadora. En lugar de señalar las causas materiales de estos problemas, dirige el resentimiento contra otros trabajadores y sectores vulnerables.
Desde el Partido Comunista Obrero Español llamamos a la clase obrera y a la juventud obrera a organizarse, a fortalecer la solidaridad y a construir herramientas colectivas de autodefensa. No esperemos a que la próxima agresión nos recuerde la importancia de estar unidos. Construyamos desde hoy esa organización, esa confianza mutua y esa capacidad de protegernos entre nosotros.
¡FRENTE AL AUGE DE LA VIOLENCIA FASCISTA EN NUESTROS BARRIOS: ORGANIZACIÓN Y AUTODEFENSA OBRERA!
¡SOCIALISMO O BARBARIE!
Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias

