La cuestión nacional en el Sáhara Occidental

Aproximación histórica del conflicto

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, los restos del imperio colonial del Estado español se limitaban al control de Ifni, Guinea Ecuatorial y del Sáhara Occidental. Ifni acabaría formando parte del reino marroquí por el Tratado de Fez del 4 de enero de 1969 y Guinea Ecuatorial consiguió la independencia en 1968. Por su parte, el conflicto territorial del Sáhara Occidental se trató de solventar a través de los ilegales Acuerdos de Madrid, de noviembre de 1975, entre España, Marruecos y Mauritania, pasando la administración del territorio a estos dos países. Es evidente que con el dictador Franco al borde de la muerte la dictadura no quería acumular ningún “problema” más. Es durante una misión de la ONU, el 12 de mayo de 1975, en El Aaiún, cuando se produce un “gran escándalo”: una multitudinaria manifestación contra el dominio del Estado español con numerosas banderas del Polisario donde el pueblo clamó por la independencia. La comisión se da cuenta de la fuerza del movimiento y declara que “el Polisario es la única fuerza política dominante en el territorio y que la inmensa mayoría del pueblo desea la independencia” (Sobero, 2010) [1].

A pesar de ello, la ocupación marroquí no dudó ni por un instante en tratar de implementar en el territorio su administración y sistema político. La realidad muestra de forma clara que Marruecos, a partir de noviembre de 1975, tomó posesión de un territorio ajeno, sin esfuerzo alguno por involucrar a los saharauis. Era la conocida Marcha Verde, durante la cual se firmaron los ilegales Acuerdos de Madrid y que buscaron la ocupación del territorio saharaui por medio de 350.000 civiles y más de 20.000 soldados – todos marroquíes – con la intención de desintegrar al pueblo saharaui como tal y que la ocupación colonialista no tuviera marcha atrás, diluyendo toda posibilidad de celebrar un referéndum de autodeterminación.

Es entonces, con la retirada española el 26 de febrero de 1976, cuando el Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, el Frente Polisario, se posicionará a la vanguardia del movimiento para la liberación del Sáhara y proclame la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), no reconocida internacionalmente. Huelga decir que es indiscutible que en la cuestión del Sáhara Occidental el Estado español tiene una responsabilidad indiscutible y una deuda histórica.

En los primeros meses de 1976, la aviación marroquí se dedicó a bombardear las agrupaciones civiles que huían a zonas seguras: represión, ocupación, bombardeos con napalm, de fósforo blanco y de bombas incendiarios, centenares de muertos y heridos, y alrededor de 70.000 refugiados que huían de una masacre organizada. Una verdadera acción de genocidio:

“Cerca de 40.000 civiles saharauis fueron bombardeados en el interior del desierto con napalm y fósforo blanco. El ejército marroquí tenía orden de acabar con todo aquel que no fuera español por lo que el exterminio fue brutal, familias al completo asesinadas, violaciones, torturas, saqueos… auténtico salvajismo con intención de exterminar a los saharauis e impedir que los guerrilleros recibieran apoyo” (Gómez, 2013) [2].

La lucha armada por la liberación nacional provocó el fin de la ocupación de Mauritania en el Sáhara, saliendo oficialmente de la guerra el 5 de agosto de 1979 con la firma del Acuerdo de Paz, poniendo fin a su papel neocolonial que le había sido concedido por el Estado español años atrás. Esto fue aprovechado por Marruecos, que se anexionó el territorio que había sido ocupado por Mauritania alegando derecho de retracto y tomando la prefectura de Dajla el 11 de agosto de 1979, apenas 6 días después.

El 21 de noviembre de 1979, con las Resoluciones 43/37 y 35/19, la ONU reconoció al Frente Polisario como único representante del pueblo del Sáhara Occidental, considerando a Marruecos como potencia ocupante. Ante este revés internacional y la dificultad de la guerra, Marruecos inició la construcción del llamado Muro de la Vergüenza (muro de más de 2.700 kilómetros) entre 1981 y 1987, que terminó por trazar una línea de norte a sur, armando patrullas, instalando entre 7 y 10 millones de minas antipersonas y destinando varios millones de dólares diarios en despliegue militar y armamentístico.

Es en 1988, concretamente el 30 de agosto, cuando el Frente Polisario y Marruecos aceptaron las proposiciones de la ONU y la Organización para la Unidad Africana (OUA) para llevar a cabo un Acuerdo de Paz que incluyese la celebración final de un referéndum de autodeterminación para decidir el destino del pueblo saharaui, cosa que nunca llegó a realizarse. El 6 de septiembre de 1991 se produce el último acto bélico y se firma el alto el fuego entre el Frente Polisario y Marruecos, tutorizado por la ONU a través de La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO). No obstante, lo que el imperialismo prometió como provisional se tornó en duradero y el pueblo saharaui contempló como, pese a no estar en guerra, tampoco estaban en paz: “Como es sabido, la población saharaui en los territorios ocupados militarmente por Marruecos continúa siendo torturada, encarcelada y desaparecida en la actualidad por pertenecer o simpatizar, cuarenta años después, con el Frente Polisario” (Gómez, 2013) [3].

La lucha armada hoy

 

Marruecos no ha dudado en vulnerar a voluntad el acuerdo firmado en 1991. La última afrenta se produjo hace tres años, con la construcción de una carretera en la zona neutral de Guerguerat, en el suroeste del Sáhara Occidental. Una carretera que fue calificada como ilegal por las propias Naciones Unidas en 2001, cuando se hizo la primera intentona de su construcción. Tras esto, desde finales de octubre de este año, decenas de civiles saharauis iniciaron una protesta pacífica contra la persistencia de la brecha ilegal construida por Marruecos en Guerguerat y, también, contra las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos perpetradas con total impunidad por las autoridades marroquíes en el Sáhara Occidental. Una acción que no suponía ninguna violación de los acuerdos militares. Los civiles saharauis cortaron el tráfico por dicha vía durante varios días, evitando la salida hacia Mauritania de camiones que saqueaban los recursos naturales de la zona. Ante esto, Marruecos no dudó en violar el Acuerdo Militar N.º 1 (acuerdo militar firmado entre el Frente Polisario y la MINURSO en diciembre de 1997, y entre la MINURSO y Marruecos un mes después), enviando tropas y vehículos pesados hacia la Zona Restringida a lo largo del muro.

Así, el 13 de noviembre de 2020, el Frente Polisario hacía pública la siguiente carta de su Secretario General y Presidente de la República Árabe Saharaui Democrática – Brahim Ghali – dirigida al Secretario General de las Naciones Unidas – António Guterres:

“Excelencia,

Le escribo con gran urgencia y preocupación para informarle que las fuerzas militares Marroquíes llevaron a cabo hoy un brutal ataque contra civiles saharauis desarmados que se manifestaban pacíficamente en la región de Guerguerat, en el suroeste del Sahara Occidental.

La operación militar lanzada por las fuerzas marroquíes contra civiles saharauis es un acto de agresión y una flagrante violación del alto el fuego, que Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad deben condenar en los más enérgicos términos de condena.

Para hacer frente a este acto de agresión, las fuerzas militares del POLISARIO se vieron obligadas a responder a las fuerzas marroquíes en autodefensa y proteger a los civiles. Responsabilizamos plenamente al estado de ocupación marroquí de las consecuencias de su operación militar, y hacemos un llamamiento a las Naciones Unidas para una intervención urgentemente para poner fin a esta agresión contra nuestro pueblo y nuestra tierra.

El hecho de que esta acción militar se produzca en vísperas del contacto programado para hoy entre el Secretario General de las Naciones Unidas y el Frente POLISARIO indica claramente que la operación es un acto deliberado de agresión por parte de la potencia ocupante para obstaculizar sus esfuerzos destinados a aliviar la tensión y calmar la situación en Guerguerat.

Con el lanzamiento de esta operación militar hoy, la potencia ocupante marroquí ha socavado gravemente, no solo el alto el fuego y los acuerdos militares conexos, sino también cualquier oportunidad de encontrar una solución pacífica y duradera al problema de la descolonización en el Sáhara Occidental.

Quisiera que esta carta llamara la atención de los miembros del Consejo de Seguridad.

Acepte, Sr. Secretario General, la seguridad de mi más alta consideración.”

A raíz de la violación del alto el fuego por parte del régimen de ocupación marroquí, los valientes combatientes del Ejército de la Liberación Nacional dieron duros golpes al ejército enemigo, bombardeando diversas regiones, bases militares y puntos de vigilancia marroquíes a lo largo del Muro de la Vergüenza que han reportado heridos, bajas mortales, desertores y considerables pérdidas materiales. Un día más tarde, el pasado 14 de noviembre, Brahim Gali ponía fin del compromiso con el alto el fuego firmado en 1991, declarando así el estado de guerra y regresando a la lucha armada tres décadas después.

Hoy, los horrores de la guerra imperialista abierta han vuelto al Sáhara Occidental. Sin duda alguna, la incapacidad de las Naciones Unidas y su engaño al pueblo saharaui han quedado constatados durante este tiempo, en el que no se ha perseguido, ni por asomo, la consecución del referéndum de autodeterminación, como tampoco se ha velado por el fin de los crímenes en los territorios ocupados por las fuerzas marroquíes.

 

Conclusiones

 

A tenor de lo expuesto, queda claro que mientras las potencias imperialistas sigan extrayendo impunemente los recursos naturales del Sáhara Occidental y la ocupación militar de Marruecos continúe garantizando el expolio, así como los encarcelamientos, torturas y asesinatos de miles de saharauis – todo ello con la complicidad internacional – la legitimidad del discurso y la lucha armada por la liberación nacional que está realizando el Frente Polisario estarán cada vez más vivas.

La lucha del Frente Polisario, la lucha de clases, se perfila como la única vía para la liberación nacional que el imperialismo ha negado históricamente al pueblo saharaui. La lucha armada, en este sentido, es más que nunca una necesidad histórica, pues el imperialismo, como queda demostrado, solo puede ofrecer a los pueblos del mundo el expolio, la miseria, la represión, la guerra y el exterminio.

Así mismo, es preciso señalar que de nada sirven los lamentos de socialdemócratas y reformistas que aspiran a una administración amable del Estado imperialista español. Los trabajadores del mundo necesitamos vivir en un mundo en paz y eso pasa por la abolición del capitalismo, por la salida y desmantelación de la OTAN y la Unión Europea, así como de los demás organismos imperialistas como el FMI, la OMC o el Banco Mundial. En definitiva, pasa por instaurar el Socialismo.

 

¡POR LA LIBERTAD DEL SÁHARA!

¡VIVA LA LUCHA DEL FRENTE POLISARIO!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

Madrid, 16 de noviembre de 2020

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

Referencias

[1] Sobero, Yolanda (2010). Sáhara: Memoria y olvido (pp. 93-102). Barcelona: Ariel.

[2] Gómez Justo, Juan Carlos (2013). El Frente Polisario: La historia de un movimiento de liberación nacional vivo (pp. 271). Revista Internacional de Pensamiento Político – I Época – Vol. 8.

[3] Gómez Justo, Juan Carlos (2013). El Frente Polisario: La historia de un movimiento de liberación nacional vivo (pp. 274). Revista Internacional de Pensamiento Político – I Época – Vol. 8.

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