Resolución del VI Pleno del Comité Central del PCOE en denuncia del oportunismo y la alternancia entre falsa izquierda y derecha del capitalismo
El capitalismo sigue un proceso constante de alternancia entre una falsa izquierda y la derecha dentro de su panorama político, con el fin de encauzar el descontento de la clase obrera tanto por un lado como por el otro. Sin embargo, la bancarrota actual del capitalismo se traduce directamente en una crisis política enquistada, en la que resulta cada vez más necesario recurrir a nuevas alternativas que pierden su credibilidad con mayor rapidez, y cuyo único discurso para ganar adeptos es el de “evitar que salga el otro”, al no poder ofrecer nada más.
Tras las protestas y movimientos reivindicativos surgidos a raíz de la crisis de 2007, el capital logró encauzar gran parte del descontento social hacia la vía electoral burguesa mediante la aparición de nuevas siglas y liderazgos. Ejemplos de ello fueron la administración Obama en Estados Unidos, Syriza en Grecia o, en el Estado español, Podemos, los “ayuntamientos del cambio”, la consolidación de las CUP en Catalunya o la creación de Bildu en Euskal Herria.
Muchas de estas experiencias se adscribieron al denominado socialismo del siglo XXI, desplazando el eje del conflicto de la lucha de clases hacia un discurso municipalista y pequeñoburgués, centrado en el cooperativismo o el consumo de proximidad. En la práctica, esto supuso recuperar viejas tácticas antidialécticas e idealistas. La realidad ha demostrado que ninguna de estas falsas salidas ha resuelto los problemas de la clase obrera. Hoy, muchas organizaciones que se reclaman comunistas observan aquel periodo como una “oportunidad perdida”, como si hubiera sido posible un desenlace revolucionario sin la existencia de un Partido Comunista fuerte que señalara la vía.
La falsa izquierda, como antesala del fascismo y uno de sus tentáculos, acompaña la actual inclinación del espectro político parlamentario hacia posiciones cada vez más reaccionarias, una deriva que responde a las necesidades del sistema. La brutalidad abierta del fascismo bajo la etiqueta del trumpismo cumple hoy la función de exterminar a amplios sectores de la clase obrera, empujar al resto hasta el límite y reprimirlos brutalmente. Pero el capital ya tiene falsas salidas preparadas que se van activando poco a poco, presentando figuras aparentemente renovadoras y “humanas”, como Mamdani en Nueva York o fenómenos mediáticos como Gary Stevenson en el Reino Unido (amigo del experto en engañar a los obreros, Yanis Varoufakis) destinadas a recoger el rechazo al fascismo sin alterar en lo más mínimo las políticas que exigen los monopolios. Estas alternativas no son una ruptura, sino el relevo necesario para garantizar la continuidad del sistema, desviando una vez más a la clase obrera de su salida revolucionaria.
En el Estado español comienzan a perfilarse también falsas nuevas salidas del capital, aunque con cierto retraso respecto a otros países, al encontrarnos aún en una fase de ascenso de la derecha frente a la falsa izquierda. En este contexto se ensalzan figuras como Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, o Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, junto al auge en redes sociales de organizaciones surgidas de viejas corrientes anticomunistas que canalizan, a la vez que fragmentan, luchas como la vivienda o el ámbito universitario. Estas corrientes, como podría ser el “Movimiento Socialista”, se presentan como obreras y de clase, y apelan de forma superficial a Marx o Lenin, pero sostienen un discurso antipartido, antiprograma y sin táctica sindical o de masas, heredado de sus antecesores. El capital las mantiene en reserva como posibles recambios cuando el actual ciclo político se agote, reproduciendo un patrón histórico, aunque con el sistema en fase terminal, económica y políticamente derrotado.
Los comunistas debemos distanciarnos de todos ellos sin complejos y señalarlos como lo que son: traidores y vendeobreros. Si no somos así de claros y directos, si compramos sus maneras o parte de su discurso por miedo (palabra que debe desaparecer del vocabulario de cualquier comunista), estaremos engañando también a la clase obrera, que no necesita más falsas salidas que la enquisten en la miseria: necesita un discurso revolucionario, necesita comunismo.
No caben más engaños ni autojustificaciones. Cada paso que no se da hacia la revolución es un paso hacia la reacción y, para ello, es imprescindible aquello que se ha estado negando éstos últimos años: el Partido. Todos aquellos que creen haberlo superado caen en tácticas realmente obsoletas y fallidas, ya analizadas y rebatidas por Lenin. La prueba de la necesidad y vigencia del Partido marxista-leninista son los últimos años, en los que, ante la ausencia de éste, el nivel de vida de los trabajadores no ha hecho más que caer en picado y ninguna falsa alternativa a la que se hayan aferrado ha logrado salvarnos. Tampoco lo harán las nuevas. ¿En diez años vamos a estar de nuevo lamiéndonos las heridas por la “oportunidad perdida” que le arrebataron a clase obrera otra vez?
Por todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:
- Combatir sin tregua el oportunismo en los frentes de masas, los centros de trabajo y los centros de estudio, ya que dicha confrontación forma parte también de la lucha antifascista, pues los oportunistas no son más que la mano izquierda del fascismo.
- Llamar a la juventud que empieza a sentir interés por la militancia, por la lucha y por el comunismo a que no caiga en las nuevas trampas que la burguesía construye para hacerla regresar al redil de su sistema quebrado.
- Es imprescindible fortalecer el Partido de cuadros marxista-leninista, puesto que no es una táctica anticuada ni fallida, de hecho, es el instrumento más novedoso y sofisticado que posee la clase obrera para emanciparse y es imprescindible para ello.
Madrid, a 31 de enero de 2026
VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

