Margarita Robles y la economía de guerra en el Estado español
La política de Margarita Robles al frente del Ministerio de Defensa representa una expresión de la deriva militarista que atraviesa Europa, aparte de la subordinación de las prioridades sociales a la lógica de la seguridad militar, el reforzamiento de los bloques imperialistas y la normalización de un gasto armamentístico cada vez mayor, presentado ante la clase obrera como una necesidad inevitable y pagado mediante una inflación galopante por la misma clase obrera. Se ve a simple vista que las actuaciones del Gobierno español mantienen una incoherencia supina entre sus declaraciones y sus decisiones, y la política de defensa promovida por la amiga Margarita contribuye a una estrategia de confrontación. En dos palabras, nos están llevando a la guerra.
Llegados aquí, debemos preguntarnos quién gana con esta escalada y quién paga sus consecuencias. Porque detrás de los discursos sobre la disuasión, la defensa de los valores democráticos y la preparación para escenarios de guerra existe una realidad material en la que miles de millones de euros públicos destinados a programas militares, contratos industriales y sistemas de armas, crean un desvío de dinero público contra las necesidades de la clase obrera cada vez más empobrecida y carente de recursos, inversión y derechos.
La guerra no es un negocio para los pueblos, sólo lo es para quienes fabrican y venden las armas. En la guerra de Ucrania, la señora Margarita ha encontrado el método para prolongar indefinidamente la carrera armamentística, ampliar los arsenales y convertir la confrontación militar en el horizonte permanente de las relaciones internacionales. Margarita Robles ha defendido reiteradamente el envío de material militar, el adiestramiento de tropas ucranianas y el compromiso sostenido de España con la defensa de Ucrania. Hace apenas un mes, en septiembre de 2026, volvió a respaldar públicamente ese apoyo, incluida la atención a las necesidades de defensa aérea, drones, misiles y munición. En este escenario, la actualidad se presenta mediante el incremento de las capacidades militares y como única respuesta prioritaria, mientras la paz queda subordinada a las correlaciones de fuerza entre potencias imperialistas. En esta tesitura y mediante la mamporrera de Margarita, el Gobierno ha conseguido el escenario perfecto para presentar el incremento del presupuesto de defensa como una inversión en seguridad, innovación tecnológica y empleo cualificado. En agosto de 2025 nos anunció un plan industrial y tecnológico para la seguridad y la defensa con una inversión inicial de 10.471 millones de euros. En marzo de 2026, las estimaciones de la OTAN situaron el gasto español en defensa, que partía de un 1,26% en 2022, en el 2 % del PIB en 2025. El autodenominado gobierno más progresista de la historia moviliza enormes recursos públicos para acelerar programas de armamento mientras persisten dificultades de acceso a la vivienda, listas de espera sanitarias, precariedad laboral, las pensiones puestas en duda y necesidades de financiación en la educación y los servicios públicos.
Uno de los aspectos más preocupantes del discurso oficial es la manera en que el rearme se incorpora al lenguaje cotidiano de la política. El problema se agrava cuando la expansión armamentística se presenta también como una oportunidad de modernización industrial y competitividad internacional con el negocio de la muerte programada. La pregunta es inevitable, ¿se está diseñando la política de seguridad exclusivamente para responder a las necesidades de la población o se está construyendo, al mismo tiempo, un marco favorable a la expansión de un sector industrial que depende de contratos públicos y de la demanda sostenida de material militar? No hace falta atribuir intenciones ocultas a Margarita Robles para plantear esta crítica.
El PCOE, que promueve el internacionalismo proletario, exige rechazar los distintos frentes de guerra, defender a la población civil y trabajar por una paz justa y duradera, sin convertir a los pueblos en piezas sacrificables de una disputa entre los bloques imperialistas. La respuesta pasa por defender los intereses de la clase obrera, denunciar la subordinación de las políticas públicas a los intereses económicos y exigir que la paz deje de ser una consigna subordinada al rearme. Ni militarismo como destino inevitable, ni guerra como negocio, ni subordinación a las grandes potencias. Por una política exterior de paz, solidaridad internacional y justicia social, la mejor respuesta a la deriva militarista inevitable en la fase superior y putrefacta del capitalismo consiste en la revolución socialista en los distintos países imperialistas, que vayan desgajando, uno por uno, a los distintos Estados de la cadena imperialista. En el Estado español el PCOE desenmascara a los distintos mamporreros de los monopolios que nos abocan a la guerra y construye las estructuras necesarias para llevar a cabo la emancipación del trabajo y la construcción de la dictadura del proletariado.
¡Paz entre pueblos, guerra entre clases!
¡Socialismo o barbarie!
Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

