Una nueva infiltración policial en el movimiento obrero en Cataluña [ESP/CAT]

Imagen destacada
image_pdfimage_print

La infiltración policial en espacios de organismos de la clase obrera – ya sea de índole social o sindical – vuelve periódicamente al centro del debate político en Cataluña y el resto del Estado español y reabren una cuestión de fondo: ¿hasta qué punto un estado que se proclama democrático puede justificar las infiltraciones y otros mecanismos de control y represión sobre órganos proletarios que ejercen sus derechos políticos y sindicales? La comparecencia en el Parlament de Josep Lluís Trapero y Núria Parlon ha intentado responder parcialmente a esa inquietud pública, no disipando las críticas sobre la opacidad institucional y el control político realizado por las fuerzas policiales.

La infiltración de policías en asambleas de docentes no puede analizarse como un hecho aislado, ni meramente técnico. Las asambleas sindicales y educativas son espacios de deliberación colectiva donde los trabajadores organizan sus reivindicaciones laborales, discuten tácticas y estrategias de movilización y construyen solidaridad. La introducción encubierta de agentes del Estado en estos espacios altera inevitablemente la confianza interna y genera un efecto de intimidación política. El estado burgués suele justificar estas prácticas en nombre de la prevención de desórdenes o de la seguridad pública, retratando su naturaleza antiobrera, buscando abonar el terreno para la desvertebración y la represión de la lucha organizada del proletariado y dejando, bien patente, la médula espinal reaccionaria de este estado franquista travestido de democracia gracias a la traición que supuso la Transición.

Históricamente, la infiltración policial ha sido una herramienta recurrente contra el movimiento obrero. Desde finales del siglo XIX, numerosos estados europeos desarrollaron brigadas especializadas en vigilar sindicatos, partidos obreros y organizaciones revolucionarias. El objetivo no era prevenir actos violentos (la clase que tiene el monopolio de la violencia es la burguesía a través de su estado), sino conocer anticipadamente huelgas para reventarlas y reprimirlas, identificar dirigentes y romper la organización de la clase proletaria. Durante el franquismo, esta lógica alcanzó niveles sistemáticos mediante la Brigada Político-Social que se sostienen en el tiempo. La vigilancia sobre organizaciones obreras nunca ha desaparecido, sino que ha adoptado formas más sofisticadas.

El problema central es político. En las “democracias” burguesas, la policía aparece como garante neutral del orden público; pero en la práctica, numerosos episodios históricos muestran que los cuerpos policiales intervienen para proteger los intereses económicos y políticos del capital y, para ello, no vacilan en perseguir y reprimir a la clase obrera. Este carácter de clase del estado burgués explica el porqué de las infiltraciones contra los movimientos sindicales, obreros y revolucionarios de la clase proletaria.

La comparecencia parlamentaria de Trapero y Parlon, otro gobierno de la “izquierda”, evidenció precisamente esa tensión. Por un lado, ambos insistieron en la legalidad de las actuaciones policiales y en la necesidad de preservar herramientas de inteligencia, contra la clase obrera a la que, de facto, no la considera ciudadanía sino enemigo de clase. Por otro, diversos grupos parlamentarios y organizaciones sociales cuestionaron la falta de control democrático y la ausencia de límites claros sobre qué tipo de espacios pueden ser objeto de infiltración. El debate no se reduce a una cuestión jurídica, sino a una cuestión de legitimidad democrática: ¿puede considerarse plenamente libre una organización social que sospecha estar permanentemente observada por el aparato estatal?

Estas discusiones conectan con reflexiones clásicas sobre la naturaleza del Estado, particularmente las formuladas por Lenin en su obra “El Estado y la revolución” (1917). En esta obra, Lenin retoma ideas de Marx y Engels para definir el Estado no como una institución neutral al servicio del conjunto de la sociedad, sino como un instrumento de dominación de clase. El Estado surge cuando las contradicciones entre las clases sociales se vuelven irreconciliables y se necesita un aparato especial de coerción —ejército, policía, tribunales, burocracia— para mantener un determinado orden social. Lenin sostiene que las democracias burguesas, por pertenecer el estado a esta determinada clase social, conservan este carácter de clase, aunque lo presenten bajo formas representativas y legales. Para él, la policía y el aparato administrativo no son órganos neutrales, sino mecanismos destinados a garantizar la reproducción del poder económico dominante. Por eso critica la idea reformista de que el Estado puede transformarse gradualmente en una herramienta imparcial, aquí tenemos la última prueba, y plantea que la clase obrera debe destruir el aparato estatal burgués y sustituirlo por nuevas formas de poder popular.

El análisis de Lenin es indispensable para interpretar debates contemporáneos sobre vigilancia e infiltración. La sospecha hacia las actuaciones policiales en movimientos obreros no nace únicamente de casos concretos, sino de una concepción más amplia según la cual el Estado tiende a priorizar los intereses de la clase social dominante. Cuando docentes, sindicatos o movimientos populares descubren la presencia de infiltrados, muchos interpretan el hecho no como una excepción, sino como una manifestación estructural de esa lógica estatal.

En definitiva, la controversia sobre las infiltraciones de los Mossos d’Esquadra no es solo un debate sobre protocolos policiales. Es una demostración flagrante del carácter de clase del Estado español en cualquiera de sus estamentos y una demostración práctica de la definición leninista del estado como una organización para ejercer violencia de una clase sobre la otra. Esta nueva infiltración policial es un ataque frontal del poder estatal burgués contra las organizaciones obreras, donde se difuminan los límites del poder estatal, el derecho a la organización política y sindical, y queda en evidencia el carácter reaccionario de las instituciones.

La clase obrera jamás podrá ejercer sus derechos democráticos en el sistema capitalista ni dentro del estado que éste eleva. La única vía que la clase obrera tiene para conquistar plenamente sus derechos, para emanciparse como clase social, pasa por la organización revolucionaria del proletariado, pasa por fortalecer el Partido, pasa por acabar con el capitalismo y construir el socialismo.

 

¡Contra su violencia, más organización!

¡En defensa de la educación pública, milita en el PCOC!

¡Por la dictadura del proletariado, por el Socialismo!

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

 

Una nova infiltració policial al moviment obrer a Catalunya

 

La infiltració policial en espais d’organitzacions de la classe treballadora – ja sigui de caràcter social o sindical – torna a ser un tema central en el debat polític a Catalunya i a la resta de l’Estat espanyol, i reobre una qüestió fonamental: fins a quin punt un estat que es proclama democràtic pot justificar les infiltracions i altres mecanismes de control i repressió sobre els organismes proletaris que exerceixen els seus drets polítics i sindicals? La compareixença al Parlament de Josep Lluís Trapero i Núria Parlon ha intentat respondre parcialment a aquesta preocupació, sense dissipar les crítiques sobre la opacitat institucional i el control polític realitzat per les forces policials.

La infiltració de policies en assemblees de docents no pot ser analitzada com un fet aïllat, ni només tècnic. Les assemblees sindicals i educatives són espais de deliberació col·lectiva on els treballadors organitzen les seves reivindicacions laborals, discuteixen tàctiques i estratègies de mobilització i construeixen solidaritat. La introducció encoberta d’agents de l’estat en aquests espais altera inevitablement la confiança interna i genera un efecte d’intimidació política. L’estat burgès sol justificar aquestes pràctiques en nom de la prevenció de desordres o de la seguretat pública, retratant la seva naturalesa antiobrera, buscant abonar el terreny per a la desvertebració i la repressió de la lluita organitzada del proletariat i deixant, de manera clara, la medul·la espinal reaccionària d’aquest estat franquista transvestit de democràcia gràcies a la traïció que va suposar la transició.

Històricament, la infiltració policial ha estat una eina recurrent contra el moviment obrer. Des de finals del segle XIX, diversos estats europeus van desenvolupar brigades especialitzades per vigilar els sindicats, els partits obrers i les organitzacions revolucionàries. L’objectiu no era prevenir actes violents (la classe que té el monopoli de la violència és la burgesia a través del seu estat), sinó conèixer anticipadament les vagues per rebentar-les i reprimir-les, identificar els líders i trencar l’organització de la classe proletària. Durant el franquisme, aquesta lògica va arribar a nivells sistemàtics mitjançant la Brigada Político-Social, que es mantenen en el temps. La vigilància sobre les organitzacions obreres mai no ha desaparegut, sinó que s’ha adoptat formes més

sofisticades.

El problema central és polític. En les “democràcies” burgeses, la policia apareix com a garant de l’ordre públic; però en la pràctica, diversos episodis històrics mostren que els cossos policials intervenen per protegir els interessos econòmics i polítics del capital, i per a això, no vacil·len per perseguir i reprimir la classe treballadora. Aquest caràcter de classe de l’estat burgès explica el perquè de les infiltracions contra els moviments sindicals, obrers i revolucionaris de la classe proletària.

La compareixença parlamentària de Trapero i Parlon, un altre govern de la “esquerra”, va evidenciar precisament aquesta tensió. Per un costat, tots dos van insistir en la legalitat de les actuacions policials i en la necessitat de preservar les eines d’intel·ligència contra la classe treballadora, a la qual, de facto, no la consideren ciutadania, sinó enemic de classe. Per altre costat, diversos grups parlamentaris i organitzacions socials van qüestionar la manca de control democràtic i l’absència de límits clars sobre quins tipus d’espais poden ser objecte d’infiltració. El debat no es redueix a una qüestió jurídica, sinó a una qüestió de legitimitat democràtica: pot considerar-se plenament lliure una organització social que sospita que està permanentment observada per l’aparell estatal?

Aquestes discussions connecten amb reflexions clàssiques sobre la naturalesa de l estat, particularment les formulades per Lenin en la seva obra “L’Estat i la revolució” (1917). En aquesta obra, Lenin reprèn idees de Marx i Engels per definir l’estat no com a institució neutral al servei de tot la societat, sinó com a instrument de dominació de classe. L’estat surt quan les contradiccions entre les classes socials es converteixen en irreconciliables i es necessita un aparell especial de coerció – exèrcit, policia, tribunals, burocràcia – per mantenir un determinat ordre social. Lenin argumenta que les democràcies burgeses, per pertànyer l’estat a aquesta determinada classe social, conserven aquest caràcter de classe, encara que el presentin sota formes representatives i legals. Per a ell, la policia i l’aparell administratiu no són òrgans neutrals, sinó mecanismes destinats a garantir la reproducció del poder econòmic dominant. Per això critica la idea reformista que l’estat pot transformar-se gradualment en una eina imparcial. Aquí tenim la prova final. Per tant, planteja que la classe treballadora ha de destruir l’aparell estatal burgès i substituir-lo per noves formes de poder popular.

L’anàlisi de Lenin és indispensable per interpretar debats contemporanis sobre vigilància i infiltració. La sospita envers les actuacions policials en moviments obrers no neix únicament de casos concrets, sinó d’una concepció més àmplia segons la qual l’estat tendeix a prioritzar els interessos de la classe social dominant. Quan docents, sindicats o moviments populars descobreixen la presència d’infiltrats, molts interpreten això no com a excepcionalitat, sinó com a manifestació estructural d’aquesta lògica estatal.

En definitiva, la controvèrsia sobre les infiltracions dels Mossos d’Esquadra no és només un debat sobre protocols policials. És una demostració flagrant del caràcter de classe de l’estat espanyol en qualsevol dels seus estaments i és una demostració pràctica de la definició leninista de l’estat com a organització per exercir violència d’una classe sobre una altra. Aquesta nova infiltració policial és un atac frontal del poder estatal burgès contra les organitzacions obreres, on es difuminen els límits del poder estatal, el dret a l’organització política i sindical, i queda en evidència el caràcter reaccionari de les institucions.

La classe treballadora mai podrà exercir els seus drets democràtics en el sistema capitalista ni dins de l’estat que aquest eleva. L’única via que la classe treballadora té per conquerir plenament els seus drets, per emancipar-se com a classe social, passa per l’organització revolucionària del proletariat, passa per reforçar el Partit, passa per acabar amb el capitalisme i construir el socialisme.

 

Contra la seva violència, més organització!

En defensa de l’educació pública, milita el PCOC!

Per la dictadura del proletariat, pel Socialisme!

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

Deja una respuesta

Your email address will not be published. Required fields are marked *