El imperialismo está en plena agonía
La tensa situación internacional que padece el proletariado no es un simple reajuste geopolítico, sino la manifestación palpable de que el imperialismo es la fase superior y decadente del modo de producción capitalista. Asistimos a una época de guerras abiertas y ascenso del fascismo, donde la putrefacción del sistema no se expresa únicamente en su tendencia al estancamiento económico, sino en una creciente y desesperada agresividad por parte de la burguesía monopolista.
El imperialismo, en su ascenso, lleva grabada su propia contradicción. Analizar los fenómenos que se desarrollan ante nosotros exige desenmascarar las ilusiones de oportunistas y socialchovinistas, y comprender la debilidad estructural que atraviesan todos los bloques imperialistas que hoy se disputan el control del mundo.
El avance de la guerra y las tensiones militares en torno a Venezuela, Cuba, Irán y otros pueblos del mundo no son un signo de fortaleza del imperialismo norteamericano y sus aliados. Es todo lo contrario. Asistimos al acto desesperado de una potencia en declive que busca estrangular las vías de desarrollo independientes y frenar el desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia Asia. El cerco a Irán revela la impotencia del gobierno trumpista de imponerse frente a los BRICS+ por su capacidad económica y es por ello que debe recurrir a la agresión militar directa, al terrorismo de guerra, al genocidio y al fascismo. Pero esta agresividad es un arma de doble filo, pues cada foco de tensión que se abre en el mundo no hace sino acelerar las contradicciones internas dentro del propio bloque imperialista que hoy, desde la Unión Europea como eslabón débil, se resquebraja.
En este contexto, el papel de la Federación de Rusia debe ser analizado con bisturí leninista. La Rusia postsoviética es una potencia capitalista con contradicciones internas agudas. Hay quienes, en su desconocimiento, han analizado el enfrentamiento con la OTAN en Ucrania como ejemplo de bastión y resistencia antiimperialista. Nada más lejos de la realidad. La clase trabajadora asiste hoy a la lucha descarnada entre un bloque imperialista en decadencia frente a otra potencia imperialista que aspira a un reacomodo multipolar para su propio saqueo nacional. Cualquier análisis oportunista que, aprovechando el contexto internacional, trate de presentar a la criminal burguesía rusa como un bloque aliado está engañando al proletariado. Además, el debilitamiento acelerado del imperialismo ruso, su fragmentación interna y las dificultades en el frente ucraniano pese a destinar buena parte de su economía a la guerra, son expresiones de la inestabilidad general del sistema.
La bancarrota del sistema es bien conocida por sus propios gestores. El miedo empieza a dominar al capital monopolista y la burguesía empieza a preparar un salvavidas. El fenómeno más revelador de la decadencia imperialista es la psicosis de la propia burguesía. La reciente cumbre de socialdemócratas en Barcelona no debe entenderse como un cónclave de progresistas y antitrumpristas, sino como una reunión de gestores del capitalismo global que son conscientes de que deben adaptar el programa neoliberal para seguir explotando a la clase trabajadora. No buscan luchar contra el fascismo para emancipar a los pueblos, sino amortiguar las contradicciones del sistema, desarrollando un movimiento internacionalista burgués para salvar al capitalismo de sí mismo.
Los gestores de nuestra miseria son plenamente conscientes de que la crisis del capitalismo, la tendencia a la reacción, la guerra y el genocidio está generando un amplio rechazo entre las masas que puede oscilar tanto hacia la barbarie del fascismo como romper con la revolución socialista. Así, las propuestas meramente antiimperialistas o progresistas se demuestran como una estrategia contrarrevolucionaria que pretenden armar un dique de contención con un discurso democrático-burgués y reformistas, completamente vacío de contenido, con el único objetivo de aislar a los partidos comunistas y canalizar el descontento popular hacia los próximos comicios. La internacional socialdemócrata es la internacional del miedo.
En conclusión, el imperialismo en ascenso es, dialécticamente, imperialismo en decadencia. Cada movimiento agresivo, cada reconfiguración de alianzas, cada cumbre burguesa, es un signo de su debilidad. La tarea del movimiento comunista internacional, guiada por la ciencia del socialismo científico, es acabar con el oportunismo que busca apoyar a una facción u otra del imperialismo en disputa, y avanzar hacia la organización independiente del proletariado. La guerra, la bancarrota económica y la recomposición interimperialista abren las condiciones objetivas para la revolución. Nuestro deber es desarrollar la alternativa revolucionaria a escala internacional y preparar la estrategia para la toma del poder. El socialismo es nuestra única salida.
Madrid, 4 de mayo de 2026
SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

