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La clase obrera bajo el gobierno más progresista de la historia

En los últimos tiempos, desde la coalición de partidos en el gobierno y de los medios de comunicación burgueses, se habla mucho del gobierno más progresista de la historia y que ya alcanza su segunda legislatura. El capitalismo, un animal peligroso y herido de muerte, que sólo se sostiene por la represión y por su ventaja en la guerra ideológica, encuentra a unos buenos cómplices capaces de maquillarlo para hacerlo todavía digerible a la clase que dicen defender. Para tal fin se ha optado por el reformismo, que consiste en lanzar toda una batería de medidas que se niegan rápidamente unas a otras. Porque si esas medidas afectaran a la tasa de ganancia de los monopolios ¿Cuánto iba a durar su gobierno? Pongamos un ejemplo de esta negación para que se vea con más claridad lo inocuo de estas medidas.

Se ha vendido el ingreso mínimo vital o el aumento del salario mínimo interprofesional como un gran avance de las políticas progresistas, cuando en realidad con ese método se trata de infradotar a la mano de obra sobrante con una exigua dotación que no permite ni una existencia mínima decente, que permite la gestión de esa mano de obra sobrante hacia un ejército de reserva barato y a la que la inflación viene a negar su utilidad de forma inmediata. Cualquier medida anunciada a bombo y platillo, queda rápidamente reducida a nada ¿A qué conduce a la clase obrera todo esto? El gobierno más progresista de la historia se sirve de dinero público para que esa pérdida no sea compensada con una disminución de la plusvalía. A eso se han dedicado y quieren seguir dedicándose. Pero eso no es todo. A partir de su política entreguista, legitiman un cúmulo de instituciones que perpetúan un estado fascista como el español con cosas como son la monarquía y el sindicalismo amarillo. Pedro Sánchez declaró en agosto de 2020 “la monarquía parlamentaria es parte del pacto constitucional. Y somos leales, de principio a fin”.

De estas declaraciones se infiere que cualquier ley debe ser aprobada por el hijo de un monarca puesto a dedo por un dictador, que no permite un referéndum sobre su figura y que deja bien a las claras las leyes que no aprobará en la vida y los intereses que defiende mediante su dictadura hereditaria.

Por otro lado, encontramos que las políticas del gobierno más progresista de la historia no han contribuido a la paz social en absoluto. En la actualidad, por la legitimación de un sindicalismo corrompido con dinero público, encontramos casos como los de Acerinox que mantiene una huelga indefinida desde el 5 de febrero por la actualización del convenio colectivo y que son amenazados por la patronal de no ser una empresa rentable como propuesta de negociación. Estos mismos obreros, que recibieron una carga policial por cortar la carretera el pasado 23 de febrero, no sienten que tengan un interlocutor válido en la figura de CCOO, UGT y USO que son los sindicatos que deberían representarlos. También tenemos el caso de Total Quality Management, en Alcalá de Henares, donde tres trabajadores son despedidos por presentarse a las elecciones sindicales con la aquiescencia de CCOO que es quién dice representarles. Y no son los únicos casos que ocurren bajo el gobierno más progresista de la historia porque el sindicalismo que legitiman es un sindicalismo vertical, amancebado por la burguesía.

Por eso, desde estas líneas, denunciamos que bajo el gobierno más progresista de la historia se hayan perpetuado todos los estamentos que reprimen a la clase obrera y que se les den prebendas para que no se lastimen sus intereses a costa del dinero público. Desde el PCOE, también, denunciamos el reformismo como una anestesia para la clase obrera y que sólo sirve para apuntalar un poco más el cadáver moribundo del capitalismo a expensas del sufrimiento de la misma clase obrera. Anteponemos ante él la superación del capitalismo por métodos revolucionarios, que rompan de una vez la jaula asfixiante en la que se encuentra la clase obrera como en el caso de Acerinox y de Total Quality Management. Toda la riqueza debe partir del trabajo, por eso, se debe despojar a la clase parasitaria que se apropia de explotar el trabajo ajeno y el gobierno más progresista forma parte de ella y trabaja para su beneficio. Desde el PCOE hacemos un llamamiento a la clase obrera para que tenga claro que la lucha será incompleta siempre y cuando no se reconduzca hacia la revolución socialista que arrase el sistema capitalista y permita construir el socialismo, que es el único garante del futuro y bienestar de la clase obrera a la que dicen representar. Por eso llamamos a la unión de todas las luchas en el Frente Único del Pueblo.

 

¡MUERTE AL REFORMISMO!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




La infame hipocresía de los “valores” burgueses

Por más que se procure envolver a la clase obrera con la idea de que vivimos de la manera más lógica posible, la putrefacción del capitalismo nos lleva inevitablemente al desgaste. Por más que se nos deshumanice no dejamos de ser humanos, y nuestras necesidades no se cambiarán por otras que se puedan satisfacer en una dinámica de explotación. Reflejo de esto es el aumento del número de suicidios.

En su afán por dominar el mercado, la burguesía que nos exprime solo ve en nosotros productores de usar y tirar que deben salir rentables. Deben obtener ganancia robando el fruto de nuestro trabajo en detrimento de nuestro propio bienestar, ya que los capitalistas tienen ese derecho, y de ahí se justifica como un mal necesario todo lo que de ello emana.

Nuestras vidas giran en torno al hecho de que somos mano de obra que debe producir todo lo que hay en la sociedad, pero el producto no nos pertenece ni somos directores de tales creaciones, sino que van destinadas al beneficio de unos parásitos; obtenemos en cambio alrededor de lo necesario para cubrir nuestras necesidades fisiológicas para poder seguir trabajando para una minoría. Y conscientes de que en cualquier momento se puede prescindir de nosotros, debemos tener cuidado al gastar la más que injusta retribución. Este hecho, junto con la anarquía de la producción, hace que cada vez seamos más incapaces de consumir todas esas mercancías que van acumulándose y que anuncian avalanchas llamadas crisis. Entonces se profundiza en las medidas que buscan reducción de costes, alguna ventaja sobre los competidores y saneamiento de las deudas; todo ello recortando en servicios, transfiriendo dinero público a los grandes empresarios, despidiendo a trabajadores, ofreciendo trabajo precario, extendiendo el salario mínimo… Y en esos momentos en que se manifiesta claramente la fragilidad y la mentira del capitalismo, recibimos ese mensaje que, en realidad, nos ha llegado siempre: hay que adaptarse, callarse, apretar el cinturón y sobrevivir como podamos, porque las cosas están mal.

¿En qué se traduce? No importan las necesidades humanas, sino el mercado; el lucro del parásito. Siempre se nos presenta, y se nos ha presentado, el sufrimiento como algo inherente al día a día. El trabajo debe ser un duro sacrificio para poder sobrevivir, y el miedo al despido nos debe motivar. Si no tenemos suficiente dinero se nos puede arrebatar la vivienda, negar el acceso al alimento, el trasporte se vuelve un lujo, la ropa un gasto innecesario y el ocio una locura. Si nos formamos, debe ir encaminado a introducirnos en un trabajo con el que nos incorporaremos al gris sacrificio colectivo. Hay que tener cuidado con el agotamiento y la tristeza; procurar aguantar o disimular, puesto que debemos estar siempre preparados para nuestra ofrenda diaria al capital. La pura voluntad debe ser nuestro motor; si no somos “la mejor versión” de nosotros mismos significa que “no nos estamos esforzando”, y por tanto falla nuestra voluntad; no nos estamos adaptando bien. Necesitamos relacionarnos con los demás, pero siendo conscientes de que nuestro tiempo se dedicará, en primer lugar, al sacrificio asalariado y a las obligaciones que derivan de nuestra supervivencia. Necesitamos información y cultura, pero a pesar de los conocimientos y avances científicos, nos llegan mentiras y se fomenta la interpretación errónea de la realidad. Y así un largo etcétera.

¿Pero no nos dicen que lo importante es la salud? ¿no nos cuentan que se prioriza el bienestar de las personas? ¿no son los que se llenan la boca con “los derechos humanos” los que imponen la dinámica descrita más arriba? De hecho, la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que tenemos derecho a un salario digno, lo cual significa que se defiende el trabajo asalariado; es decir, se defiende el criminal sistema capitalista y, por tanto, todos los males que de ahí emanan y que son contrarios al humanismo, priorizando el derecho a dominar que otorga la propiedad privada de los medios de producción. Las necesidades son secundarias y la clase obrera solo tiene el derecho a la vida si puede pagarlo mientras está sometida al capital.

Marx señalaba que la relación de las leyes económicas con la moral es arbitraria, ocasional y, por ello, acientífica: la oposición entre Economía Política y moral es solo una apariencia y no tal oposición. La Economía Política se limita a expresar a su manera las leyes morales. La burguesía, de manera idealista, nos vende unos valores que se derrumban ante la realidad que vivimos. Delante de lo que nos hace humanos debe ir siempre el interés de la clase dominante, y alrededor de ello ha de orbitar todo lo que en nuestras vidas acontece. Somos humanos con “derecho a la vida” hasta que llegamos a la línea que marcan las relaciones de producción capitalistas; es entonces cuando tiene lugar eso que llamamos “chocar con la realidad”. Incluso cuando tenemos un par de días libres, unas vacaciones o sencillamente un buen día de ocio, decimos, al finalizar, esa famosa frase: ahora de vuelta a “la realidad”.

 

España es el país con mayor consumo legal de benzodiacepinas del mundo, y es menester entender que no es más que un síntoma que deriva de un sistema podrido en el que, sin conciencia de clase y sin organización, la clase obrera cree que solo le queda buscar el alivio, y más si tenemos en cuenta que ni siquiera contamos con la atención adecuada en los servicios sanitarios. Al no poder concebir que es posible transformar la realidad, y que los problemas no se deben a dificultades individuales y aisladas, sino que se deben a la estructura económica y nacen de la explotación humana, reina la resignación y las lagunas que se tienen a la hora de explicar la realidad se rellenan con sesgos; la ideología burguesa está presente en cada momento y hueco de nuestras vidas. De hecho, está demostrado que pensar de manera irracional afecta a la salud mental. Nuestra percepción chocará con interpretaciones erróneas de la información que procesamos, y no seremos conscientes de que no estamos entendiendo el mundo que nos rodea, aunque creamos que sí, y por tanto será fuente de frustración constante. No se puede encontrar solución a los problemas que no se comprenden; he ahí el éxito de la burguesía (que procura que eso sea así) en la batalla ideológica.

La pobreza va en aumento, por más que el Gobierno de “izquierdas” diga que se ha conformado para mejorar la vida de “la gente”, ya que esa gente a la que le mejora la vida es la burguesía. La carga que supone no poder cubrir las necesidades afecta seriamente a la salud, y junto con la falacia de que cada uno obtiene lo que consigue con su esfuerzo, el agotamiento está servido. Emplear las energías en la supervivencia y en estar alerta preocupados constantemente tampoco deja tiempo para relaciones sociales, el ocio y un descanso adecuado, y puede llevar al desgaste. Todo ello fomenta la búsqueda de alivio ante la hostilidad que presenta la vida del desposeído. En lo que respecta a los jóvenes y destacando sobre todo a los menores, también víctimas de la situación que se vive en los hogares, se refugian cada vez más en contenidos de internet que ofrecen ideología burguesa en su forma más tóxica.

Por otro lado, el trabajo también es cada vez más inestable y precario. Este hecho no hace más que acrecentar la inseguridad en el presente y en el futuro, lo cual empeora también la salud mental, que se ve continuamente asediada por las relaciones de producción capitalistas. La psicoterapia, si bien solo es una ayuda individual para ser funcional en la dinámica enfermiza de la explotación, siempre es más recomendable que un fármaco, y puede suponer un apoyo importante para las personas que necesitan aliviar su sufrimiento, teniendo la posibilidad de generar, al menos, pequeños cambios para gestionarse mejor. Sin embargo, a pesar de que se promueve la idea de cuidar la salud mental, su importancia, la necesidad de acudir a un profesional, etc, una vez más nos encontramos con que esos consejos, que pueden sonar a responsabilidad y conciencia por parte del sistema, chocan una vez más con la realidad: muchos no pueden acudir por falta de recursos. No solo eso, sino que tras esos paréntesis en que lacayos de la burguesía de todos los colores fingen preocuparse y ofrecen parches, a veces inalcanzables, el criminal sistema capitalista, causa de nuestros males, sigue arrasando con nuestras vidas y nuestros consejeros no hacen nada por detenerlo, ni por ayudarnos a identificar al enemigo.

El único camino es aquel que nos garantiza la satisfacción de las necesidades humanas en todos los ámbitos y un desarrollo constante, sin parásitos ni competencia. Un sistema en el que los trabajadores ven que el fruto de su trabajo se destina a una sociedad hecha por y para ellos; es decir, donde obtienen lo que les corresponde.

Para hacernos una pequeña idea, hay estudios que muestran que dotar de recursos materiales tiene un impacto positivo en nuestro estado de salud y el ánimo. Tener mayor acceso a aquello que necesitamos, evidentemente, nos da mayor sensación de seguridad y por ello se alivian los problemas de ansiedad, pues ésta no es más que un estado de alerta ante aquello que interpretamos como un peligro (como ocurre al percibir que carecemos de cosas básicas). Por otro lado, se conoce que con el apoyo social en todo tipo de situaciones, ya sea en un contexto cotidiano o ante problemas como enfermedades crónicas, o durante el tratamiento de las adicciones, tienen lugar mejoras significativas. Es decir, tener la posibilidad de ser tenidos en cuenta, así como un espacio en el que importamos, nos aporta vitalidad.

Debemos tener claro que un sistema plagado de contradicciones, que exprime nuestras vidas y nos roba el fruto de nuestro trabajo, solo puede ofrecer sufrimiento. Los suicidios son una consecuencia inevitable de la más completa deshumanización. No se trata de no querer vivir, sino de sentir que no se es capaz; no son más que asesinatos, pues prevalece la búsqueda de beneficio sobre la vida humana, aplaste a quien aplaste. Se conocen las causas, pero la burguesía no se detiene. A pesar de que la ciencia demuestra continuamente que la forma en que nos obliga a vivir este sistema es enfermiza y destructiva, observamos que la barbarie no cesa y, de hecho, es cada vez mayor. La descomposición del capitalismo va acompañada de mayor manipulación a la clase obrera, para generar así mayor división, aislamiento e individualismo. También se acompaña de mayor miseria, y el desgaste que esto genera no solo afecta a la salud, sino que aumenta la probabilidad de asumir como cierta la mentira de que no hay solución. Al aumentar también la desesperación somos más vulnerables ante una explicación engañosa.

La grave situación que vivimos no cambiará de mano de los políticos, pues son puestos en los sillones por y para la burguesía. Tampoco surgirá el cambio de manifestaciones espontáneas que solo alcanzan a exigir modificaciones superficiales. Solo la clase obrera es capaz de transformar la realidad, pero para ello debe librarse de los explotadores; de los criminales que han acumulado enormes cantidades de poder a costa de nuestro trabajo y sufrimiento. El principio de dicha transformación comienza con la organización de los trabajadores, cuyo poder nacerá de la unión de todas las luchas apuntando hacia la raíz común, que no es más que este sistema de explotación humana. No podemos seguir permitiendo que jueguen con nuestras vidas y nos traten como si éstas no tuvieran ningún valor, más allá de la ganancia que podamos generar. La criminal burguesía es la que debería vivir reprimida. Es hora de constituir un Frente Único del Pueblo que nos permita luchar de verdad por nuestra máxima aspiración: el socialismo.

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




¿Adónde nos lleva el capitalismo?

Nunca la humanidad se había enfrentado a un trance tan crítico como el actual, en el que se pusiera en cuestión su propia existencia. Cuando varios países de Europa insinúan la posibilidad de un enfrentamiento entre la OTAN y Rusia, e incluso se preparan militarmente para afrontar dicha eventualidad, es que el riesgo existe. Pero ¿qué hay detrás de esta locura?

Parece ser cierto que Europa, junto con los EEUU poseen un mayor y hasta mejor arsenal de armas convencionales, por consiguiente, Rusia perdería la guerra. Pero ni los rusos, ni nadie, teniendo el mayor y mejor depósito del mundo, con más de seis mil armas nucleares, iba a soportar una derrota de esa índole, pues el pudor, una vez muertos, no les vale.

En última instancia, las consecuencias de la utilización por parte de Rusia de las armas nucleares, supondría la desaparición de la humanidad. Su arsenal es el más potente del mundo y unido al de los EEUU y Europa sería un infierno para el género humano y para nuestro planeta.

Según los científicos unos cuatro días después de la explosión atómica, cuando se disipe el humo, tras dejar cientos de millones de muertos, comenzaría lo que ellos consideran que es lo peor y que designan como “el invierno nuclear”, se daría pues, la “destrucción mutua asegurada”. Es decir, tanto los rusos como sus adversarios morirían y la humanidad estaría en peligro de extinción.

Y todo esto ¿Por qué? y ¿Para qué? Por el egoísmo de una élite que domina la economía mundial, que ve como la vigencia del capitalismo está a punto de cumplir, al igual que sucedió con el feudalismo y el esclavismo, pues la dialéctica de la historia es implacable. Pero ellos mantienen la opinión que sin su presencia el mundo no tiene razón de ser.

En este terreno tan explosivo nos desenvolvemos los trabajadores ignorando una realidad que no tiene nada de ciencia ficción. Los políticos del Capital procuran no abrir debate al respecto, lo que significa que su adscripción a las posiciones europeas no tiene discusión. En definitiva, los trabajadores nos podemos ver envueltos en una guerra infernal preguntándonos ¿Por qué? y ¿Para qué?

Ante este panorama, la derecha y la izquierda parlamentaria, la prensa, la radio y la televisión de nuestro país se escabullen de este problema cardinal para que, llegado el momento, lo aceptemos irremediablemente.

El PCOE hace un llamamiento a la clase trabajadora de nuestro país, a los intelectuales, a las asociaciones populares como sindicatos de clase, asociaciones de vecinos, a todo el pueblo trabajador en general para que exijan al gobierno la retirada de España de las asociaciones monopolistas como la OTAN y la UE, garantes de la explotación capitalista sobre las clases trabajadoras y promotores de las guerras.

Llamamos a todos los comunistas y gente de izquierda para unirnos en un amplio frente contra la guerra y por la lucha por el socialismo.

 

¡NO A LAS GUERRAS IMPERIALISTAS!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Contra la privatización, por la socialización

Los últimos movimientos del ayuntamiento de Sevilla resuenan con rabia por los barrios obreros de la ciudad. El pasado 25 de febrero salió a la luz una noticia sobre la propuesta que José Luís Sanz, alcalde municipal, lanzó al gobierno de PSOE-SUMAR (concretamente al Ministerio de Hacienda) acerca de la privatización de la Plaza de España.

Bajo el pretexto del costoso precio que supone la preservación del patrimonio alega como necesario cercar el espacio público, cobrar la entrada por “3 o 4 euros” e incrementar la vigilancia 24 horas al día. A la clase trabajadora sevillana no nos sorprende lo más mínimo las pretensiones capitalistas de esta índole, pues tenemos un largo recorrido y experiencia en este sentido -con independencia del color que vista el gobierno de turno-.

La privatización es un hecho general que atraviesa todas las esferas sociales de la realidad sevillana. Esta misma situación acontece desde los espacios públicos hasta los centros médicos, pasando por la educación y siguiendo por todos aquellos lugares que los capitalistas han saqueado bajo la imposición de su sacrosanta ley natural: la propiedad privada. A su vez, la privatización de estos espacios conlleva el aumento del gasto público en blindar la seguridad de la zona, de la que sabemos, al menos, que responderá a los intereses de aquellas empresas privadas de seguridad, fortaleciendo no solo el capital privado sino los aparatos de represión de la burguesía. Todo esto en un marco general del incremento sustancial del presupuesto en defensa.

Somos conscientes de que este hecho, a pesar de haber sido denegado, es el preámbulo a la privatización total; es el preámbulo del fin de la desmercantilización parcial. Esto mismo entra en contradicción, mas el mismo capital ha asumido que será necesario más pronto que tarde alguna medida económica con el fin de paliar las carencias que los salarios dejan sobre la clase trabajadora, como es el SMI o IMV. Nuestro interés, el de la clase obrera, no pasa por reclamar o exigir -únicamente- el acceso público de los derechos básicos, sino la socialización de todas las esferas de la vida humana.

La complicidad del Estado con este tipo de medidas está absolutamente comprometida con la pequeña, mediana y gran burguesía, en claro detrimento de las condiciones de la mayoría social. Esto es palpable en tanto al uso privado del suelo público por los hosteleros, medida impuesta por la ordenanza municipal. La demanda de licencias para veladores exteriores se ha visto incrementada exponencialmente desde 2011, de tal manera que se duplicaron dichas licencias 5 años más tarde. Es de sobra conocido la cantidad de suelo de más que estas burguesías se apropian, muchas veces saltándose sus propias leyes, dejando en muchos casos las aceras completas, inundando los carriles bici con sus mesas o impidiendo el tránsito normal. En un momento de retroceso del pequeño capital, donde la proletarización de estas clases está a la orden del día, utilizan todos los métodos posibles para salvaguardar su posición de explotadores. No son solo sanguijuelas que parasitan físicamente la ciudad, sino que exprimen al máximo a sus trabajadores con unas tasas de explotación altísimas.

Por otro lado, nos encontramos ante el desolador panorama de la privatización de la enseñanza superior, donde las universidades privadas ganan cuotas de mercado año tras año mientras las públicas siguen en continuo retroceso. El grado de composición orgánica del capital distancia aún más las diferencias de clase, haciendo que la enseñanza sea cada vez un ámbito más restringido para quienes puedan costearla, para los hijos de la burguesía. Así mismo, el desdoblamiento de la juventud trabajadora vuelve a pronunciarse ante la necesidad de trabajar y estudiar simultáneamente, siendo estos trabajos mayoritariamente temporales y muy precarizados. Paralelamente a la enseñanza superior se encuentra el aumento sustancial de las Formaciones Profesionales de ámbito privado, con un coste de miles de euros por curso. Hay que añadir en este sentido la subida del ratio del alumnado en dicha enseñanza, además de la competencia que encarna la matriculación por la carencia de plazas. Una vez más, somos la clase trabajadora en su conjunto quienes pagamos el alto precio de los entresijos capitalistas, cuyo sistema no se aguanta si no es con el endurecimiento de la carestía de vida, la represión y la bajada continuada de los salarios.

El ayuntamiento de Sevilla sólo recuerda los espacios que tiene en propiedad una vez estos han sido expropiados por la clase obrera, como es el caso del CSOA Malatesta. Buscan cualquier excusa, da igual cual sea, con tal de conservar la propiedad y evitar la organización de clase que tanto temen, además del malestar que provoca a la burguesía especulativa de la vivienda la existencia de una oficina de okupación. Ante el problema de la vivienda nos vemos en una gran encrucijada: un derecho universal imprescindible para la vida es a la vez objeto de especulación. La casi nula regulación del precio del alquiler, sumado al incremento descontrolado de estancias turísticas con empresas como Airbnb, solo hacen subir el precio de la vivienda de tal manera que sea impagable para las familias más desfavorecidas de clase trabajadora. Respecto a ello cabe destacar el proceso de expulsión de la clase trabajadora del centro histórico de las ciudades en favor del turismo. Es el caso de la ciudad de Sevilla, mientras que en los últimos 20 años la población de la provincia ha aumentado en más de 174 mil personas, en la ciudad ha caído en casi 26 mil, impulsado por zonas céntricas como el Casco Antiguo, la Macarena o Triana. Esta es la consecuencia de la privatización de los centros históricos y culturales de las ciudades, transformándolas en auténticos parques temáticos, las cuales se convierten en una mercancía más con la que el capital busca aumentar sus ganancias.

En este sentido cabe mencionar la cada vez más tardía emancipación de la juventud, puesto que las condiciones de trabajo que tiene -como anteriormente mencionamos con la temporalidad y la precarización de los sueldos- hace imposible habitar una vivienda fuera de la casa de los progenitores. En el caso de poder hacerlo no es menos preocupante, puesto que gran parte del salario irá destinado sólo al pago del alquiler. Esto mismo, entre una multitud de cuestiones, explica que el deterioro de la salud mental de la juventud no solo tiene su origen en la lucha de clases, sino que encuentra su solución a través del fin de la misma.

La privatización de la salud se une al proceso de privatización general de la vida en Sevilla. Estas privatizaciones se ensañan con la parte más joven del proletariado, en este caso con los centros de pediatría. Más de 50.000 niños no son atendidos por sus pediatras en los centros de salud correspondientes y la directriz central de la colaboración públicoprivada en la sanidad solo refuerza las arcas de los capitalistas, una vez más, en perjuicio de la clase trabajadora. Los vecinos y vecinas de los barrios obreros y pueblos de la provincia se organizan para reclamar por vías legales los atropellos que sufrimos diariamente.

Lejos de confiar en la benevolencia de las instituciones públicas como herramientas que están al servicio de la mayoría, debemos considerar no sólo las limitaciones que suponen las reformas, sino el desgaste acumulado que implica para la militancia y el activismo el agotamiento de las vías legales, sobre todo viendo que nunca llegan a nada sustancialmente beneficioso para nuestra clase. Debemos llevar a cabo un análisis preciso de la situación en la que se encuentra el mundo para conocer qué estamos viviendo, qué nos espera y cómo podemos superar la realidad existente.

Ante una crisis general del sistema capitalista, donde la tasa de ganancia se encuentra bajo mínimos, debemos tener en cuenta la consideración de proclamas del retorno al Estado del Bienestar como una quimera, como un hecho que no depende de las voluntades populares ni institucionales. En un momento de ofensiva capitalista ante el retroceso del capital, la tendencia natural del sistema es la búsqueda del beneficio al coste que sea y esto concierne al recorte continuo de aquellos derechos que una vez se tuvieron. En otras palabras, la vuelta al Estado del Bienestar no puede realizarse porque las condiciones materiales de la economía mundial así lo determinan (debido al estado de crisis del capital) y no por la voluntad malévola de tal o cual figura. Los comunistas lo tenemos claro: es el momento del Socialismo.

El sistema capitalista no sólo ha demostrado su deterioro histórico, su incapacidad de reproducirse sin devastar sus dos fuentes principales de riqueza, las cuales son el ser humano y la naturaleza, como ya anticipó Marx; sino que ha demostrado que la clase obrera es más capaz que nunca -gracias al avance tecnológico- de organizar su propia vida. Si alguna vez tuvo alguna relevancia histórica la figura del capitalista en el trabajo, ésta ha quedado totalmente aniquilada por el avance de las fuerzas productivas. No obstante, pese a la tendencia de la pérdida de valor de las mercancías por el aumento del capital continuo en detrimento del variable, el sistema capitalista no caerá por sí mismo.

La historia nos muestra que es más necesario que nunca construir nuestras propias instituciones -al servicio de la mayoría obrera- y destruir el Estado burgués que nos reprime; la unificación de las luchas en torno al Frente Único del Pueblo y la toma del control económico y político para construir una nueva sociedad. A su vez, la unidad de la clase obrera sólo se construye si se constituye la unidad de los comunistas en torno al Partido Leninista de nuevo tipo, requisito sin el cual el comunismo seguirá residiendo en la marginalidad social. Sólo la revolución proletaria puede sentar las bases sobre las que construir un nuevo mundo.

 

¡POR LA SOCIALIZACIÓN DE LO PRIVATIZADO!

¡POR LA UNIDAD DE LAS LUCHAS CONTRA EL CAPITALISMO!

¡POR LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS!

Célula Iósif Stalin del PCOE




La impunidad como garantía de reincidencia

Veíamos hace poco en el periódico el caso del juicio de 25 neonazis encausados por irrumpir a golpes en la manifestación del Día de la Comunitat Valenciana de 2017 y que habían aceptado penas de entre 12 y 24 meses por un delito contra los derechos fundamentales, penas que no sólo nos parecen nimias y arbitrarias, sino que además impiden su ingreso en prisión.

Estos elementos indeseables no tardaron en reincidir de inmediato, ya que al salir de los juzgados incurrieron en gritos y amenazas contra los antifascistas que estaban concentrados frente a los juzgados, con cosas como “poco os dimos” o “nos hubiera salido más barato mataros”, que podrían constituir unos presuntos delitos de odio y amenazas graves, y que dejan claro que conocen bien la impunidad en la que se mueven. Y es justamente esta impunidad, donde muchas veces actúan como grupos parapoliciales, como se pudo ver en el caso de los antifascistas en la misma Valencia, con peticiones fiscales elevadísimas y de las que dimos cuenta en el PCOE, que demuestran el sesgo necesario que se toma la justicia burguesa para que estos elementos gocen de una impunidad tan pronunciada que les permite reincidir, de forma flagrante e inmediata, sin miedo a las consecuencias. Es justamente esta impunidad una garantía de reincidencia que dejará más víctimas y encausados en el frente antifascista, como por ejemplo los antifascistas de Valencia y más casos de colaboración e impunidad flagrante en el otro extremo.

Desde el PCOE tenemos plena conciencia de que se trata de una justicia de clase y que estos individuos gozan de prebendas por ser el ariete de los intereses de la burguesía. Por eso, lanzamos toda nuestra solidaridad con los antifascistas encausados anteriormente citados, con los que recibieron la agresión y con los que recibieron los posteriores insultos y amenazas. Por eso, hacemos un llamamiento a engrosar las filas del PCOE para desde un partido proletario, disciplinado y revolucionario, organizar a la clase obrera para que ninguna agresión quede sin respuesta y conducir a la revolución socialista como garante de una verdadera justicia para la clase obrera.

 

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DEL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

¡POR LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




El gobierno andaluz muestra una vez más que está al servicio de la burguesía

En los últimos años hemos presenciado cómo la clase capitalista ha incrementado sus beneficios a costa del empobrecimiento de la clase obrera. Primero fueron las energéticas, encareciendo el precio de la energía para obtener unas ganancias récord. Después han sido los bancos, aumentando las cuotas hipotecarias a las familias y obteniendo, los cinco bancos principales, unos beneficios en 2023 que superan los 26 mil millones de euros. Mientras ellos acumulan más riqueza, aumenta la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social, alcanzando al 26’5% de la población, elevándose ésta hasta el 37’5% en Andalucía.

El sistema capitalista se encuentra en tal punto de descomposición que sólo puede incrementar sus beneficios empobreciendo a la clase obrera. Pero este empobrecimiento no se da solo con la bajada de los salarios reales, los cuales cayeron un 5’2% en 2022, sino también a través del empeoramiento de los supuestos servicios públicos.

Prueba de ello son las políticas que está llevando a cabo el gobierno de la comunidad andaluza. Ante la situación tan lamentable de la sanidad pública el presidente de la Junta Moreno Bonilla ha decidido destinar 120 millones de euros más a la sanidad privada con la excusa de disminuir las listas de espera, unos contratos que además se realizarán a dedo. Esta decisión se enmarca en un conjunto de medidas destinadas a privatizar la sanidad, a lo que también contribuye la orden aprobada hace meses por la cual se comenzó a derivar la atención primaria a la sanidad privada, fijando el precio de cada consulta en los 65€, y los constantes aumentos presupuestarios destinados a la sanidad privada. De esta forma la clase capitalista no sólo aumenta sus beneficios a través de los precios o reduciendo salarios, sino que también se está incrementando el dinero público que reciben, dinero que en su mayoría sale de los impuestos que paga la clase trabajadora.

A todo ello hay que sumarle el decreto ley de simplificación administrativa de la Junta de Andalucía que se aprobó hace unos días en el parlamento andaluz, cuyo objetivo es “desburocratizar” la Administración, es decir, liberalizar aún más la economía andaluza. Entre otros cambios, desde ahora las empresas privadas podrán validar proyectos urbanísticos.

Como vemos en los mayores beneficios de la clase capitalista tienen mucho que ver los diferentes gobiernos, los cuales son cómplices del empeoramiento de las condiciones de vida de la clase obrera. Ninguno de los partidos de la burguesía defenderá los intereses de la clase obrera, ya que estos intereses siempre pasarán por superar el sistema capitalista, un sistema criminal que todos los partidos de los diferentes parlamentos buscan mantener. Frente a las falsas promesas de oportunistas y reformistas, la unidad y organización de la clase obrera contra la burguesía y sus políticos es lo único que pondrá fin al empobrecimiento constante de nuestra clase.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 Comité Provincial del PCOE en Sevilla




La clase obrera debe organizarse para acabar con este criminal sistema

El día de ayer, 2 de marzo, se cumplieron 50 años del asesinato del militante antifascista, defensor del comunismo libertario, Salvador Puig Antich, asesinado a garrote vil y sentenciado por una Judicatura que, cinco décadas después, sigue estando en manos de los mismos franquistas que antes y sus descendientes.

Hoy, 3 de marzo, se cumplen 48 años del asesinato de cinco obreros de Vitoria, acribillados por la policía mandatada por los franquistas Martín Villa y Fraga, dirigente y fundador del PP, a los que el Estado ha otorgado impunidad absoluta ante estos cinco asesinatos. Esta gentuza, y sus herederos políticos hoy, corruptos y criminales hasta el tuétano, son los que dan lecciones de democracia mostrándose qué tipo de “democracia” hay en el Estado español.

Cinco décadas después, los mismos que antaño condenaban a hijos de la clase obrera a la muerte por garrote vil o lanzaban gases en la Iglesia de San Francisco de Asís, que albergaba a 4.000 obreros, para provocar la salida de éstos y poderlos fusilar a quemarropa por la Policía, como aconteció en Vitoria por orden de los franquistas Fraga y Martín Villa – ambos posteriormente, de la noche a la mañana, “demócratas” del PP –, han seguido manteniendo, durante todo este tiempo, el poder.

Ello se puede corroborar con claridad en la judicatura, donde tanto en el Tribunal Supremo como en la Audiencia Nacional – antaño Tribunal de Orden Público –siguen manteniendo su esencia represora, y se sigue reprimiendo políticamente – al objeto de boicotear al poder legislativo, donde hay una mayoría que persigue el acuerdo de una amnistía para con los represaliados independentistas y con el pueblo catalán acosados y reprimidos desde 2014 por el Estado fascista español –. Esta semana el Tribunal Supremo ha abierto causa contra dirigentes independentistas – Puigdemont y Wagensberg – por Tsunami Democràtic estimando que hay que abrir una causa contra ellos por terrorismo, de tal manera que para ese Tribunal, al igual que para un juez de la Audiencia Nacional, todos ellos vinculados con los herederos de Franco, con el PP, la movilización del pueblo es terrorismo. Curiosamente, una forma de cavilar diferente a cuando se movilizan los fascistas, los cuales son amablemente tratados por las Fuerzas Represivas del Estado y por dichos juzgados y es que, al fin y al cabo, la minoría fascista que sale a la calle abraza la misma ideología y son camaradas de aquellos que ajustician al pueblo con las togas desde Tribunales de Justicia que llevan desde 1939 agrediendo al pueblo e insultando a la Justicia. Para el Estado y sus jueces hoy, todo aquello que no sea fascista es terrorista.

Y es que, en el momento de descomposición del imperialismo, al Estado español únicamente le vale un legislativo y un ejecutivo plenamente alineados con la ideología fascista del Estado y, por ello, los jueces no vacilan en salir en defensa de la ideología del Estado, del fascismo, no dudando en boicotear las iniciativas políticas que emanan del parlamento, mostrando su total adscripción a las fuerzas más reaccionarias del tablero político del régimen, escorado a la extrema derecha, actuando como peones del fascismo, del PP y VOX.

El desarrollo de la robotización y de la inteligencia artificial significará la eliminación de 2 millones de puestos de trabajo en esta década en España. Y según Goldman Sachs, el desarrollo de la inteligencia artificial liquidará en torno a 300 millones de empleos de aquí a 2030.

Este proceso de automatización, en sí, niega al capitalismo en tanto se desequilibra la composición orgánica del capital en favor del capital constante reduciéndose la parte del capital variable, la que se destina a la contratación de obreros, que es la parte del capital que genera plusvalía. Este hecho va a condenar a millones de obreros a no trabajar nunca. Ello también implicará una reducción notable de unos servicios públicos – sanidad, educación y pensiones – que cada día que pasa son peores.

Para los capitalistas hay un excedente de seres humanos, y es por ello que todo lo apuestan al fascismo, que en política exterior es la guerra imperialista y, en política interior, la represión inmisericorde y la depauperación máxima de las condiciones de vida de la clase obrera.

Por ello, no es casual que el ministro de defensa de Alemania Boris Pistorius le diga al pueblo alemán que debe ir preparándose para una guerra contra Rusia, o que la presidenta de la Comisión Europea, y marioneta máxima de los EEUU en la UE, Úrsula Von der Leyen, indique a los civiles europeos que se preparen para la guerra defendiendo un incremento del gasto militar, repitiendo a pies juntillas las directrices vertidas a primeros de año por la organización terrorista OTAN a través de su jefe del Comité Militar, el Almirante holandés Robert Peter Bauer.

Los capitalistas tienen trazado su plan para desprenderse de todo aquel excedente humano, de la parte de la clase obrera, una parte cada vez mayor como consecuencia del desarrollo de la automatización y, por ello, la guerra.

El capitalismo, como decía el Che, es el genocida más respetado del mundo y todas sus instituciones están dirigidas por fascistas, auténticos canallas que no les temblará el pulso en llevar a la guerra a los obreros y, así, desprenderse de lo que ellos consideran excedente humano y satisfacer los intereses económicos de los monopolios.

En el mayor burdel que hoy tienen los EEUU, la Unión Europea, estamos viendo como los gobiernos títeres del capital europeo-norteamericano están actuando: Haciendo recortes sociales brutales, privatizando la sanidad, la educación y las pensiones públicas, precarizando las condiciones de trabajo, aplicando una política monetaria que enriquece a la banca y empobrece a los ciudadanos, incrementando el gasto militar, y robando dinero a la clase obrera para entregársela a los bancos, a los grandes monopolios y a la industria armamentística.

En el Estado español, esta política de privatización y de transferencia de riqueza de la clase obrera hacia el capital, lleva el apoyo del gobierno “progresista” de la falsa izquierda y de los mayores enemigos que tiene el pueblo trabajador hoy, CCOO y UGT, que están trabajando en privatizar la sanidad, apoyando y firmando políticas que otorgan más recursos a las mutuas y la medicina privada en detrimento de la sanidad pública y negociado convenios donde se promueven y financian planes de pensiones privados, de tal modo que, por un lado, serán los monopolios privados, la banca y aseguradoras, los que gestionen las pensiones de aquéllos trabajadores activos – cada vez menos – que accedan a dichas pensiones privadas y finiquitando el sistema público de pensiones y, consecuentemente, negando el acceso a una pensión a un número vasto de obreros.

Y mientras los capitalistas, en santa alianza de fascistas y oportunistas defienden exactamente lo mismo, los intereses de los monopolios, del gran capital, los comunistas y la izquierda antisistema nos encontramos divididos, atomizados, padeciendo una egolatría enfermiza en lugar de unir fuerzas para ir al pueblo, a la clase obrera a organizarla en una dirección revolucionaria, de ruptura con el capitalismo y con su Estado, por la construcción del socialismo y de un Estado donde el poder lo tenga la clase obrera y esté al servicio de la misma.

Es necesario tejer la unidad de la clase obrera y esta sólo puede darse desde la clase obrera organizada, desde la unidad de los comunistas y de todo aquél que esté en contra del capitalismo, del fascismo. Es momento de que los anticapitalistas, de que los comunistas, pongamos en el centro de nuestra actividad la unidad para organizar y dirigir a la clase obrera a romper con el futuro de muerte, miseria y destrucción que el capitalismo le tiene diseñado.

Y para que esa unidad sea una realidad es fundamental el fortalecimiento del Partido leninista, que es el alma y el corazón del proletariado. Y el Partido sólo puede abrirse camino combatiendo a muerte a la burguesía, a su sistema económico capitalista y a sus ideologías – el fascismo, el nacionalismo, la socialdemocracia y el oportunismo.

 

¡CONTRA EL FASCISMO, FORTALECE AL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡FUERA DE LA UNIÓN EUROPEA Y DE LA OTAN!

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡SOLO LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA, EL SOCIALISMO, PUEDE SALVAR A LA CLASE OBRERA!

 

Madrid, 3 de marzo de 2024

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Apoyo a la huelga de Acerinox

El pasado día 5 de febrero los trabajadores de Acerinox se lanzaron a las calles de Cádiz para luchar por un convenio colectivo digno en su empresa, la cual se encuentra en una situación delicada ya que de boca del burgués solo sale que es una fábrica que lleva en pérdidas tres años y que aspiran a una organización laboral “flexible”, que traducido al idioma de la lucha de clases significa precariedad.

Entonces el pasado domingo en el 25 de febrero la huelga cumplía su 20 día de lucha consecutivo, ante lo cual recibió un regalo del autoproclamado gobierno “más progresista de la historia”: cargas policiales destinadas a destruir la combatividad de la clase obrera que se enfrenta a la ola precarizadora de la burguesía.

Incluso se ha impuesto una pena de un año de prisión suspendida para el trabajador de la fábrica de Acerinox en Los Barrios que fue detenido el pasado viernes durante el corte de la autovía A-7 en el marco de las protestas por la huelga indefinida. Un ejemplo más del carácter reaccionario del Estado, a sueldo de la burguesía.

Desde el Partido Comunista Obrero Español queremos mostrar nuestra completa solidaridad con los obreros de Acerinox en lucha, denunciamos la acción lacaya del Gobierno para con la burguesía, a quien rinde pleitesía sin reparos y estamos en la obligación de advertir a toda la clase obrera de la necesidad de luchar por sus intereses económicos y políticos, transformando las agresiones de los empresarios en huelgas de carácter económico y estas en huelgas políticas con el objetivo de tumbar el régimen capitalista culpable de todos los males que aquejan al trabajador hoy.

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del PCOE




El dinero barato y las hipotecas

En los últimos años se ha creado un espejismo sobre el dinero barato, básicamente al cero por ciento de interés, dando por sentado que las personas de la clase obrera tenían una gran oportunidad de acceder, en condiciones muy ventajosas, al mercado del crédito. Ahora es el momento, se decía desde las entidades bancarias. Las largas filas que se hacen hoy para renegociar las condiciones de las hipotecas, de variable a fija o para alargar los años del préstamo hipotecario aumentando los intereses a pagar como contrapartida de una letra mensual más baja, demuestran que ninguna medida que se tome en relación al tema del precio del dinero es para favorecer a la clase obrera y, en el caso de las hipotecas, nos empujan a calificar de inviable la capitalización total de un préstamo hipotecario. Hay varios aspectos que nos conducen a realizar esta afirmación.

En primer lugar, hay que pensar que la vida media de las hipotecas es de treinta años y, a veces, hasta de cuarenta años y en ese impase habrá muchas fluctuaciones del precio del dinero, que afecta a los tipos de interés a pagar, y que una carestía, sostenida y recidivante, dejará el camino sembrado de cadáveres.

En segundo lugar, el acceso cada vez más tarde y de forma más precaria al mercado laboral, hace que el contratador de ese préstamo hipotecario se enfrente al reto de sobrevivir a dicho préstamo en indefensión y con una edad elevada que le alargue el préstamo más allá de su jubilación. Por la calidad y durabilidad del empleo, cada vez es menos probable que un hipotecado pueda llegar al final del préstamo y menos trabajando en el mismo empleo. Otros datos futuros, como la implementación de la inteligencia artificial y la sustitución del capital variable por capital constante en el proceso de producción, que harán desaparecer el veinticinco por ciento de los empleos en los próximos veinticinco años, nos empujan a ello.

En tercer lugar, la especulación no se produce solamente en el mercado del crédito. La especulación es el alma mater del sistema capitalista y, a la cuota mensual, hay que añadir el aumento del precio de la cesta de la compra y el encarecimiento de los suministros que son indispensables en una vivienda. Esto hace que el salario real del trabajador, tal como lo definía Marx, ya no sirva ni para mantener al obrero en condiciones óptimas para la siguiente jornada laboral y para reproducir la mano de obra. Los índices de natalidad dan buena cuenta de ello. El salario pasa automáticamente a estar por debajo de las necesidades de supervivencia, renunciando a todo para entregarse en exclusiva al pago de la usura bancaria, bajo la amenaza de verse en la calle y, encima, debiendo todavía la cantidad adeudada.

En cuarto lugar, y quizás el más importante, el dinero barato es sólo un espejismo trampa que lanza el capital al obrero para embaucarlo. Este dinero barato ha tenido la función, en exclusiva, de recapitalizar a los bancos a coste cero a través de fabricar dinero ficticio. La prueba de que esto es cierto es la inflación galopante a la que se está enfrentando Europa para compensar la formación de ese capital ficticio, atribuida miles de excusas periódicas (léase pandemia, guerra de Ucrania, etc…), y, sorpresa, la solución mágica ha sido subir los tipos de interés hasta hacer insoportable las condiciones draconianas de los obreros que se habían subrogado a una hipoteca porque el dinero era barato. Los mismos bancos que han comprado ese dinero a cero, revenden ahora ese dinero a unas condiciones que pueden llegar al seis por ciento y duplicar el precio de las cuotas mensuales. Los bancos, ahora, producen su plusvalía en base a generar inflación para la clase obrera. Se puede ver, por poner un ejemplo, en las largas colas de las filas del hambre para conseguir alimentos en la beneficencia. Eso sí, las condiciones del préstamo quedan ampliamente blindadas por la legalidad burguesa y se puede renunciar a todo, hasta a comer o a la calefacción, pero no a pagar la letra.

Lo más llamativo es que esta especulación se realiza sobre un bien básico e indispensable que es la vivienda. El apartado primero del artículo cuarenta y siete de la Constitución Española establece que:

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Este bonito dechado de buenas intenciones demuestra que la legalidad burguesa es sólo papel mojado que sirve para, mediante bonitos enunciados, defender los intereses de la clase burguesa en exclusiva y que cuando a una clase social le va muy bien, por fuerza a la otra clase le tiene que ir muy mal, como en el caso que nos ocupa.

Ante este estado de cosas, el gobierno más progresista de la historia lanza una medida para seguir llevando carne para la picadora de las entidades bancarias, avalando un veinte por ciento a las personas que no lleguen a las condiciones propuestas por el banco para acceder a la hipoteca. Se trata de, una vez más mediante dinero público, proteger la cuota de ganancia de los bancos a costa de más cadáveres. No se les ocurre exigir por decreto ley la eliminación de los diferenciales, terminar la obligación de contratar seguros que encarecen el crédito o promover la dación en pago. Ya se sabe, si los bancos se enfadan y no aumentan sus ganancias como es debido, volverán a necesitar recapitalizarse con dinero público como ocurrió en 2012 o producir más dinero ficticio, lo que llevará a un nuevo episodio de inflación galopante como ocurre ahora.

Desde el PCOE tenemos claro que la única medida que se puede tomar para favorecer a la clase obrera es la socialización de la banca y eso sólo se puede realizar por métodos revolucionarios. Al reformismo pazguato del gobierno más progresista de la historia, los comunistas anteponemos la revolución socialista. También estas medidas pasan por la socialización del suelo. Nada más que por esta vía se puede garantizar el derecho a la vivienda de la clase trabajadora con un Estado proletario que socialice el parque de rentistas y grandes tenedores y genere un amplio parque público de viviendas. Ninguna rebaja en el precio del dinero u otras “cesiones” del capital son la solución a los problemas de la clase obrera. Se trata de destruir al capital y a su sistema títere, el capitalismo, para poner la riqueza al servicio de la única clase que produce valor, la clase obrera. Por eso, desde el PCOE, hacemos un amplio llamamiento a la clase obrera hacia la unión de todas sus luchas en un Frente Único del Pueblo para su plena emancipación. La cuestión es clara, o nosotros o ellos.

 

¡Por la socialización de la banca y de todos los medios de producción!

¡Toda la riqueza para la clase obrera!

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




La huelga de los tractores no es para los trabajadores

Los jornaleros y temporeros, que son los que realmente trabajan la tierra, nada tienen que ver con las protestas que la burguesía agrícola y ganadera están llevando a cabo estos días. Las reivindicaciones no son para mejorar la situación en el campo; son pugnas de los burgueses con la UE por recibir más ingresos por un trabajo que no hacen ellos, sino los trabajadores a los que explotan con horas infinitas de trabajo por un mísero salario, muchas veces en condiciones de esclavitud.

Nuevamente, en estas movilizaciones, perpetradas por organizaciones fascistas y caciquiles como ASAJA (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores) o VOX, las consignas sacan a relucir el carácter reaccionario y fascista de la burguesía, con proclamas racistas hacia los mismos trabajadores migrantes que les trabajan el campo del que estos burgueses obtienen su riqueza. Del mismo modo, los fascistas de VOX y compañía, también han introducido discursos que nada tienen que ver con los intereses económicos burgueses en el campo, pues usan estas movilizaciones como altavoz para sus discursos negacionistas (vacunas, calentamiento global, Agenda 2030…), homófobos (ataques por su orientación sexual al ministro Marlaska), etc.

Cabe destacar, la desvinculación con la realidad de estos manifestantes, que ante mínimas cargas puntuales (como la vivida ante el Mercadona de Antequera) de los destacamentos represivos del Estado (Policía y Guardia Civil), tachan de traidores a estos porque no están al servicio del pueblo, sino de los Gobiernos. Esta gente no ha vivido cargas policiales, persecuciones, infiltraciones en movimientos y organizaciones como los antifascistas en general sí hemos vivido. Pero de lo que no se dan cuenta es que estos cuerpos policiales están a su servicio, al servicio de la burguesía, de sus intereses, y esto podemos verlo en las imágenes, por ejemplo, de un control policial, cuyo principal objetivo era cortar la entrada de la tractorada a la circulación, como hacen esfuerzo mínimo cuando los tractores los esquivan y cogen otra ruta. También se puede apreciar porque el hecho de cortar autovías, si se tratara (y de hecho ha ocurrido, véase los CDR, por ejemplo) de organizaciones que en nombre de una burguesía local ponen en jaque los intereses de la burguesía española, supondría cargas policiales, sin embargo, estos agricultores, montan barbacoas y beben alcohol entre risotadas en mitad de las autovías.

Y ante esto, los jornaleros y temporeros, trabajadores del campo, deben organizarse y movilizarse por mejoras laborales, por revertir la situación en la que todos los trabajadores, del campo y la ciudad, estamos condenados bajo el capitalismo.

Desde el PCOE pretendemos acabar con estas condiciones de vida y trabajo, confiscar las tierras y entregárselas a quienes las trabajan, para que sean ellos los que disfruten del fruto de su trabajo.

 

¡Jornalero, organízate en el PCOE!

¡Acabemos con la miseria en la que vive el Proletariado!

¡Todas las luchas unidas en un Frente Único del Pueblo!

¡Reforma agraria y revolución socialista!

Comisión de propaganda del CC del PCOE