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Servilismo e injerencias

El gobierno español, después de haber sufrido el colapso de la frontera, no sólo mantiene intacta la presencia militar estadounidense en territorio español, sino que acaba de renovar los acuerdos que garantizan el uso de las bases yanquis. Este colapso fronterizo debe entenderse como un instrumento de presión y de negociación al alza de la administración Trump destinado a condicionar el proceso político español y favorecer la llegada de un gobierno dócil a los intereses de Washington. El objetivo de estas operaciones es siempre el mismo, instalar o sostener gobiernos dóciles, capaces de aplicar las políticas económicas, militares y geopolíticas exigidas por Washington, aunque para ello sea necesario vulnerar la soberanía nacional o recurrir a mecanismos de presión que nada tienen que ver con la democracia que Estados Unidos proclama defender, que no es otra que la libertad para los saqueadores imperialistas y la muerte y la explotación para la clase obrera.

Este hecho no puede contemplarse como una cuestión aislada ni como una simple decisión administrativa. Forma parte de una relación de subordinación imperialista y que debe situarse en el marco de la política exterior de Estados Unidos, que lleva más de un siglo de injerencias, golpes de Estado, operaciones encubiertas, guerras, sanciones, chantajes económicos y políticos y todo tipo de tropelías contra los pueblos que se han negado a someterse a sus intereses, como el bloqueo criminal que está ejecutando contra Cuba que incluye el corte radical de los suministros de petróleo, alimentos y medicinas con amenazas de sanciones a terceros países que comercien con la isla. Una política que saquea recursos, destruye soberanías, enfrenta a los pueblos y utiliza las divisiones internas como mecanismo permanente de dominación.

En este contexto, la permanencia y ampliación del uso de las bases militares estadounidenses en el Estado español adquiere una dimensión particularmente grave. Mientras se habla de soberanía, seguridad y defensa de los intereses europeos, se consolida una infraestructura militar al servicio de una potencia extranjera, integrada en sus operaciones y en su estrategia mundial. Mediante estas estrategias, Estados Unidos intenta preservar su posición hegemónica frente al ascenso de las potencias agrupadas en torno a los BRICS y, fundamentalmente, frente al desarrollo económico, tecnológico y político de China. Las presiones sobre América Latina, Europa, Oriente Próximo y otras regiones del planeta forman parte de una disputa mundial por mercados, recursos, rutas estratégicas, áreas de influencia y posiciones militares. La cuestión de las bases yanquis no es, por tanto, secundaria ya que afecta directamente a la soberanía del Estado español, si es que pinta algo en el tablero, y convierte al territorio español en una pieza de la maquinaria militar estadounidense y cómplice de todos los crímenes que perpetre.

En este escenario debe situarse, también, la cuestión del Sáhara Occidental y la progresiva subordinación de la política exterior española a los intereses de Washington y de la monarquía alauita. El giro del Gobierno más progresista de la historia, incluida la renovación de la concesión para las bases yanquis, supone aceptar, en la práctica, una solución sobre el territorio que contradice las reivindicaciones del Frente Polisario y el principio de autodeterminación reconocido internacionalmente, y que tampoco puede analizarse separadamente la actual situación en la frontera de Ceuta. La utilización de la cuestión migratoria como instrumento de presión política por parte de Marruecos ha quedado demostrada en diferentes episodios de la relación bilateral, y el desplazamiento masivo de personas hacia la frontera española constituye una manifestación especialmente dramática de esta dinámica. Son, en último término, miles de seres humanos convertidos en piezas de una disputa política entre Estados, con las consecuencias más graves recayendo sobre quienes se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad.

Mientras el Gobierno español proclama su defensa de los derechos humanos y de una política exterior autónoma, mantiene compromisos militares con Estados Unidos, acepta posiciones estratégicas favorables a Washington y, al mismo tiempo, profundiza su cooperación con una monarquía alauita cuya política respecto al Sáhara Occidental es puramente anexionista.

La renovación de la concesión militar estadounidense en el Estado español, la cuestión saharaui y las tensiones en la frontera de Ceuta no deberían contemplarse, por tanto, como asuntos independientes. Constituyen distintos escenarios de una disputa más amplia por el control político y estratégico del Mediterráneo y del norte de África, en la que Estados Unidos, que ha encontrado un socio más fiable en la monarquía alauita frente al Estado español, la Unión Europea y las potencias regionales defienden intereses que no siempre coinciden con los de los pueblos afectados.

La clase obrera de los distintos estados no puede quedar sometida a convertirse en carne de cañón de sus estrategias y/o subordinada a los intereses del imperialismo norteamericano, ni a estructuras que limiten nuestra capacidad de decidir. Frente al sometimiento militar, económico y político de las distintas burguesías nacionales, desde el PCOE defendemos tanto el derecho de las naciones a la autodeterminación, como la salida inmediata de la OTAN y de la UE, con una política exterior independiente, basada en la paz, la cooperación entre pueblos y la defensa de los intereses de la clase obrera internacional de nuestros hermanos de clase.

 

¡Paz entre pueblos, guerra entre clases!

¡Por la salida inmediata de la OTAN y de la UE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)