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Las vacaciones y nuestros hijos

Las vacaciones, un derecho retribuido conquistado por la clase obrera, son cada vez más un termómetro de las consecuencias del aumento del grado de explotación de las personas sometidas a la ley del salario y de la devaluación del poder adquisitivo de los salarios mismos, vía inflación, como método de transferencia de renta desde los salarios hacia los bolsillos de los explotadores. El sometimiento a esta ley del salario convierte a un 28% de los obreros y campesinos en trabajadores pobres, esto es, que sometidos al trabajo asalariado, con su retribución, no pueden cubrir las necesidades básicas más elementales para ellos y sus familias. Tomemos un ejemplo de ello en las vacaciones escolares, que ponen de manifiesto una de las contradicciones más crueles del capitalismo en el Estado español. Mientras para los explotadores y la aristocracia obrera significan descanso, viajes y ocio, para cientos de miles de familias obreras representan un periodo de mayor incertidumbre para garantizar una alimentación adecuada para sus hijos y se convierte en su lucha diaria, ya que durante el curso escolar muchos niños dependen del comedor escolar para recibir una comida caliente y equilibrada al día. Las vacaciones, un derecho retribuido conquistado por la clase obrera, terminan así en una pesadilla.

En la actualidad del Estado español, uno de cada tres niños se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Esta realidad evidencia el fracaso de un sistema económico que concentra la riqueza en manos de una minoría, mientras condena a los hijos de los obreros a la precariedad, al hambre y a la incertidumbre. Los comunistas llevamos años denunciando que miles de niños tienen en ese servicio escolar su principal garantía de una alimentación adecuada. Con la llegada de las vacaciones esa posibilidad desaparece para numerosas familias obreras, agravando una situación ya de por sí insostenible.

Que en un país con capacidad para producir riqueza suficiente para toda nuestra clase social, uno de cada tres niños dependa de un comedor escolar para asegurar una comida caliente diaria, no es una casualidad ni un problema individual. Es una consecuencia directa de un modelo basado en la explotación de la clase obrera, en los bajos salarios, el desempleo, la temporalidad y el desmantelamiento progresivo de los servicios públicos.

Frente a los explotadores que presentan la pobreza infantil como una cuestión de solidaridad o de caridad, los comunistas afirmamos que se trata de un problema político y de clase. Ninguna campaña asistencial resolverá definitivamente esta inhumanidad mientras el poder económico siga en manos de quienes obtienen beneficios a costa del trabajo de la mayoría y ningún método aplicado hasta hoy, que no sea el revolucionario, está llegando ni a ser paliativo. La mayoría de ellos consisten en la creación de fundaciones y asociaciones, como Cáritas, que son la curia organizada para que les rieguen de dinero público, el Chef José Andrés y tantos otros que sirven para desviar el dinero público a estas entidades privadas, en un intento de humanizar en lo posible el sistema de explotación ante los ojos de nuestros hermanos de clase. Y no es una elucubración nuestra, es un producto intrínseco del sistema de explotación capitalista al que sólo le sirven los niños en el grado en que puedan convertirse en mercancías para sus fundaciones. Y es que los niños con hambre se la traen al pairo a los elementos de este capitalismo de estado porque, debido a la automatización de la producción, la robotización y la inteligencia artificial, no van a necesitar renovar la mano de obra y les sobraremos por millones. De ahí que sobre nuestras cabezas siempre esté sobrevolando el peligro de la guerra.

Ante este escenario de decadencia y expolio, sólo la organización de la clase obrera y la construcción de una sociedad socialista permitirán garantizar que ningún niño vuelva a pasar hambre, que la alimentación, la educación y una vida digna sean derechos efectivos y no privilegios condicionados por el lugar que ocupen en el sistema productivo. Para ello, resulta imprescindible fortalecer al PCOE, que es un partido marxista-leninista capaz de organizar la lucha obrera, combatir las causas estructurales de la desigualdad y avanzar hacia la superación del modelo de explotación capitalista. Porque la pobreza infantil es algo inevitable bajo el capitalismo como resultado del desarrollo lógico de un sistema injusto. Y solo mediante la transformación revolucionaria de la sociedad podrá garantizarse un futuro en el que la riqueza producida colectivamente sirva para satisfacer las necesidades de la mayoría productora y no para enriquecer a una minoría parásita y asesina.

 

¡Revolución social por el futuro de nuestros hijos!

¡Contra la pobreza infantil, socialismo!

¡Construye la revolución en el PCOE!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)