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Aranceles, guerra y anticomunismo

El 27 de julio – siguiendo las promesas electorales de Donald Trump, que son las necesidades del capital estadounidense – los Estados Unidos y la Unión Europea pactaron un arancel base del 15% a los productos europeos, el gasto de 750.000 millones en comprar recursos energéticos estadounidenses e inversiones por valor de 600.000 millones.

Mientras las exportaciones europeas sufren las consecuencias de tal imposición, no habrá aranceles para los productos estadounidenses que compre Europa. Un acuerdo completamente desfavorable para la UE que, como eslabón secundario del imperialismo occidental, se arrodilla para salvaguardar la maltrecha economía de su hermano mayor y se demuestra como el peón sacrificable en la guerra comercial.

Como podemos ver, el mundo imperialista es cada día más inestable y las relaciones entre las potencias de la misma cadena imperialista se resquebrajan en términos comerciales, económicos, bélicos y políticos. La imposición arancelaria ha sido defendida por Ursula von der Leyen como una forma de compensar el déficit estadounidense, ya que los EEUU tienen una deuda pública del 120’8% del PIB, superando los 37 billones de dólares, de los cuales 9’2 billones vencen a finales del 31 de diciembre de 2025. Aquí se entiende el papel de Europa como nuevo inversor de un completo fraude, de una empresa completamente inviable como es el rescate de la economía de los EEUU, que es absolutamente impagable y cuya situación de quiebra, de default económico, es más que evidente.

Frente a esta realidad objetiva, la doctrina de Trump es el terror a nivel nacional e internacional, desplegando un furibundo anticomunismo, fomentando la guerra y la desestabilización mundial como medida para tratar de evitar el fin de la hegemonía de los EEUU al tiempo que ajusticia al proletariado internacional mientras que promete empleo y seguridad al pueblo norteamericano.

Ante este callejón sin salida, a los Estados europeos solo les queda apostarlo todo al camino de la barbarie, la guerra, el embrutecimiento ideológico y la lucha por la hegemonía mundial contra los BRICS+. Así pues, lo más importante es asegurarse la aquiescencia de la inmensa mayoría de la población, de la clase trabajadora, y ello se logra arrebatándole su corazón y alma, que es el Partido Comunista.

En este contexto, la República Checa ha alterado su Código Penal al objeto de criminalizar y perseguir el comunismo con penas de hasta 5 años de prisión para quienes utilicen en público símbolos como la hoz y el martillo o apoyen a organizaciones comunistas, poniendo así en entredicho la legalidad de los partidos comunistas del país. Una medida que se enmarca dentro del movimiento reaccionario y fascista que lleva años desplegándose por el viejo continente en países como Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Hungría o el Estado fascista de Ucrania.

Cada paso que dan las potencias imperialistas profundiza más en su declive y nos demuestra que estamos totalmente instalados en el fascismo. Nuestra economía avanza sin descanso hacia la militarización y nuestras libertades están siendo arrebatadas para encerrarnos en un escenario de guerra y muerte.

La UE se ha descubierto como el territorio perfecto donde fascistas, conservadores, liberales y socialdemócratas abrazan y consensuan las mismas políticas antiobreras, demostrándose que todos son iguales de burgueses y enemigos del proletariado. El enfrentamiento con Rusia en Ucrania está siendo la excusa predilecta de los imperialistas para empobrecer y someter más al proletariado en los países de la UE, para transferir más rentas desde el proletariado hacia los capitalistas, a costa de incrementar los impuestos a los trabajadores y eliminar subsidios, prestaciones y servicios públicos – o lo que es lo mismo, salario indirecto de la clase obrera.

Desde el Partido Comunista Obrero Español defendemos la inmediata salida del Estado español de la UE y de la OTAN, al tiempo que denunciamos el oportunismo de aquellas organizaciones como el PCE que sirven al imperialismo y se demuestran día a tras día como gestores del capital financiero y fieles lacayos del imperialismo, falsos comunistas cuya labor principal es desviar al proletariado de su camino revolucionario.

 

Madrid, 9 de agosto de 2025

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Movilizaciones masivas contra la política migratoria de Trump

Más de 1.600 manifestaciones han sacudido durante los últimos días las principales ciudades de los Estados Unidos. Unas manifestaciones que apuntan directamente contra la política migratoria completamente criminal y fascista desplegada por el gobierno de Donald Trump.

Una política migratoria caracterizada por las deportaciones masivas y la eliminación de las ayudas destinadas al proletariado migrante con menores recursos económicos, la cual responde a las necesidades del capital estadounidense de reestructurarse para hacer frente a su insostenible decadencia económica.

Las posibilidades de cambios sustanciales en la política estadounidense son, pese a lo masivo de las protestas, imposibles por el momento. Solo un ingenuo creería en el poder transformador del ala izquierda del capital. Las movilizaciones están completamente encauzadas por los estrechos márgenes del pacifismo pequeñoburgués y el paraguas ideológico del Partido Demócrata a través de la organización Public Citizen. Durante estos días ha sido habitual ver a los dirigentes demócratas y a sus lacayos acusar al actual gobierno de fomentar el autoritarismo y negar la democracia. No obstante, habría que preguntar a estos oportunistas cómo se atreven a hablar de democracia cuando se refieren a la potencia más criminal de la historia, la cual somete a sangre y fuego a los pueblos del mundo entero.

Pese a lo anterior, las contradicciones entre el gobierno estadounidense y el proletariado se muestran cada vez más claras. Los sucesivos despliegues de la Guardia Nacional para reprimir las protestas, las acusaciones al gobierno trumpista de ser una dictadura durante las manifestaciones del mes pasado bajo el lema “No Kings” y la unidad del proletariado a nivel internacional frente a las políticas racistas nos enseñan que las costuras del sistema se están resquebrajando.

El capitalismo, en su fase imperialista actual, es un modo de producción que se despliega a escala mundial, barriendo las barreras nacionales en favor de la unidad internacional del capital en su afán por explotar de manera inmisericorde a todos los trabajadores independientemente de su nacionalidad. Mientras que la estructura económica de la sociedad está en manos de los monopolios que controlan el mercado mundial y dirigen el destino del mundo desde organizaciones supranacionales, centralizando hasta la extenuación el capital y, con ello, el poder político, los amos y señores del mundo buscan inocular en el proletariado el veneno del nacionalismo liberal burgués y de la defensa de la cultura nacional.

Solo el marxismo-leninismo puede acabar con quienes tratan de reducir la lucha obrera a los estrechos márgenes de la nación, la cultura nacional y la democracia burguesa. El nacionalismo es hoy, en tiempos de guerra por la hegemonía mundial, un arma en manos de la burguesía para enfrentar y fraccionar a la misma clase de proletarios. Frente a esto, los comunistas debemos insistir en la misión histórica de la clase obrera, que es lograr la unidad de los proletarios del mundo entero para acabar con el capitalismo y avanzar hacia la nueva sociedad comunista.

La política migratoria de los Estados Unidos, ya sea bajo gobierno republicano o demócrata, es una representación brutal del carácter racista, explotador y represivo del imperialismo estadounidense en su fase más decadente. Los constantes discursos xenófobos que se extienden desde Washington hasta Madrid, la criminalización constante de la población migrante y las cacerías organizadas por grupos fascistas no son anomalías, sino expresiones lógicas del orden burgués.

Durante los últimos meses se ha intensificado la militarización de las fronteras, se han promovido los discursos racistas demonizando a los migrantes, se ha separado de manera forzosa a familias y se han llevado a cabo detenciones arbitrarias y deportaciones masivas. Unas políticas que responden a la lógica de acumulación capitalista y a la necesidad de expulsar al excedente de fuerza de trabajo en momento de crisis para salvaguardar por medio de la represión y el fascismo el orden establecido por la burguesía capitalista.

El fascismo a nivel global se organiza y busca dividir a la clase trabajadora alimentando el chovinismo, desviando el descontento de la clase trabajadora hacia los verdaderos responsables de nuestra miseria diaria: la oligarquía financiera, los monopolios y el Estado burgués. El nacionalismo es una herramienta de dominación burguesa que se dispone y propaga para impedir la unidad internacional del proletariado.

«El proletariado consciente tiene su propia bandera, ya probada, y no necesita marchar bajo la bandera de la burguesía» – Iósif Stalin

 

Madrid, 22 de julio de 2025

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Resolución del III Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español de apoyo al proletariado estadounidense

A pesar del silencio mediático en los países capitalistas, incluido el estado español, la situación de bancarrota social, política y económica de la potencia más criminal que haya parido la Historia, EEUU, es inocultable y las condiciones de vida del proletariado en dicho país cada día son más miserables e insostenibles.

Trump se impuso en las elecciones estadounidenses, donde prevalece el fraude, con el voto favorable del 31,59% de la población estadounidense en edad de votar, o lo que es lo mismo, sin el apoyo del 68,41% de dicha sociedad. Elecciones en las que el 36,66% de la población en edad de votar se abstuvo. Con lo que, muchos más estadounidenses decidieron no ir a votar, y abstenerse, que votar a Trump. Una radiografía de la enorme desafección política de la sociedad estadounidense.

Según la Alianza Norteamericana de Enfermedades Mentales (NAMI en inglés), 1 de cada 5 estadounidenses padece una enfermedad mental grave cada año (57,8 millones de personas), 1 de cada 6 jóvenes de entre 6 y 17 años sufre un trastorno de salud mental cada año (7,7 millones de  jóvenes), el 50% de todas las enfermedades mentales a lo largo de la vida comienzan a los 14 años y el 75% a los 24 años, el suicidio es la segunda causa de muerte entre niños de 10 a 14 años y la tercera causa en la franja de 15 a 24 años. Estos datos, según dicho organismo estadounidense, es teniendo en consideración que solo el 47,2% de los adultos estadounidenses y el 50,6% de los jóvenes entre 6 y 17 años recibieron tratamiento.

La tasa de suicidios en EEUU, desde que se inició este siglo XXI no ha hecho más que subir, siendo únicamente superado por la etapa histórica del crack del 29 y la II Guerra Mundial.

Todas estas consecuencias que hemos citado de desafección política, de enajenación mental, por no hablar del problema de drogadicción que padece el pueblo estadounidense, evidencian una sociedad absolutamente alienada por un sistema económico criminal y un estado fascista y, por consiguiente, opuesto a cualquier atisbo de humanismo. Una base económica que es una máquina perfectamente engrasada de generación de desigualdad social, que en el mandato de Biden, esta desigualdad no solamente creció entre clases sociales sino también, dentro de la clase obrera, entre generaciones. En 2024, en EEUU el 10% más rico poseía el 71% de la riqueza del país y, el 50% más pobre únicamente poseía el 1% de la riqueza. Un país que tiene más de 50 millones de pobres de solemnidad, y 26 millones de personas sin seguro médico ni derecho a atención sanitaria alguna.

Al resultado social catastrófico del imperialismo estadounidense para con el proletariado en dicho país, hay que añadir la inviabilidad de esa base económica criminal, como lo atestigua que EEUU tiene una deuda externa, con entidades financieras y estados que no son los EEUU, de 37 billones de dólares, de los que 9,2 billones vencen antes del 31 de diciembre de 2025, unido a la deuda “no financiada”, o lo que es lo mismo cuyos acreedores son ciudadanos o entidades estadounidenses, que asciende a 104,6 billones de dólares. Una deuda no solo impagable, sino que acredita que EEUU es un estado económicamente en situación de quiebra, de default económico.

En este escenario, Trump, lejos de solventar absolutamente nada, viene a seguir profundizando este declive imperial, pretendiéndolo solventar con su “principio” de “la paz mediante la fuerza” – acuñado originariamente por el criminal Ronald Reagan – que, como bien señala el canciller cubano Bruno Rodríguez, “es una doctrina imperialista que intenta imponer el terror, el armamentismo y la desestabilización mundial como medida para intentar sostener la debacle hegemonista de EEUU”.

Trump lo que ha hecho desde que retornó a la presidencia estadounidense es agredir a la clase obrera, violar las propias leyes burguesas del estado estadounidense y del derecho internacional, saquear lo máximo posible a los pueblos del mundo y, como no podía ser de otra forma, hacer campos de exterminio, deportaciones, azuzar el racismo, apoyar la guerra imperialista y el genocidio contra el pueblo palestino, en definitiva, transitar por el único sitio que le queda a EEUU en su declive imperial, el fascismo.

Resulta que el hacer América grande otra vez (MAGA) de Trump es hacer campos de concentración para obreros inmigrantes custodiados por serpientes venenosas y caimanes – Alcatraz Alligator -, realizar deportaciones, incluso de ciudadanos estadounidenses, al campo de exterminio yanqui en el que Bukele ha convertido El Salvador, ajustarles cuentas a las universidades estadounidenses, provocar una fuga de conocimiento del país, recortar la plantilla federal de funcionarios públicos, recortando la capacidad de recaudación de impuestos, fundamentalmente a los ricos, tratar de liquidar la seguridad social y reducir la financiación médica, cuestiones todas estas que ya han tenido un efecto importante, la salida de un gran número de científicos de EEUU hacia Europa, fundamentalmente.

El fascismo de Trump es un poder con pies de barro. A nivel interno la política de Trump se ha erosionado de manera notable, por un lado, la clase obrera – y sobre todo su sector latino sobre el que pende la amenaza de la deportación – en los diferentes estados se moviliza en contra del autoritarismo de Trump, así como contra su política belicista, sus deportaciones y una depauperación aun mayor de las condiciones de vida del proletariado, que unido a una sanidad aún peor para la mayoría, hacen que se sucedan brotes de enfermedades que pensábamos desaparecidas como, por ejemplo, el sarampión que se llevan por delante la vida de centenas de miles de obreros estadounidenses. En términos económicos, el crecimiento del PIB en el primer trimestre se contrajo, se evaporaron miles de millones de dólares de empresas estadounidenses como consecuencia de la política de aranceles, que los grandes capitalistas de EEUU obligaron a demorar, cuando no revertir, dicha política económica que lastraba los intereses de sus propios monopolios. A todo ello hay que añadirle la deuda que mencionábamos anteriormente, la necesidad de una reestructuración o refinanciación de la deuda a corto plazo, en un estado que, en términos fiscales, recauda menos como consecuencia de las políticas impositivas de Trump de rebajar los impuestos, fundamentalmente, a los más ricos que ya de por sí pagaban pocos impuestos, que conducen inexorablemente al proletariado estadounidense a la confrontación abierta con el estado si quiere subsistir.

A tenor de todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  • Trasladar nuestro internacionalismo proletario y apoyo a la clase obrera en Norteamérica y a las movilizaciones que está desarrollando contra el fascista Trump y sus políticas reaccionarias. Unas movilizaciones donde cada vez hay más banderas rojas y hoces y martillos en un estado que lleva un siglo sembrando el anticomunismo.
  • Trasladar nuestro apoyo y solidaridad internacional al movimiento comunista estadounidense, a su unidad, condición necesaria para que el proletariado en Norteamérica pueda cumplir con su misión histórica: Derrocar el estado imperialista estadounidense, abolir el capitalismo y construir un estado socialista que otorgue todo el poder al proletariado y desarrolle el socialismo.
  • EEUU es el mayor enemigo que la humanidad tiene hoy y, consecuentemente, hacemos un llamamiento al proletariado en nuestro país a combatirlo así como combatir a las marionetas imperialistas que esta potencia tiene en el estado español, y sus alianzas criminales, empezando por la salida del estado español de la organización criminal OTAN y combatiendo sin cuartel al fascismo – que EEUU fortalece a nivel planetario – y trabajando por la organización revolucionaria del pueblo para abolir el capitalismo en el estado español.

 

Madrid, a 12 de julio de 2025

III PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Sobre los “Apuntes críticos sobre la historia del movimiento obrero sindical mundial. Cuestiones de táctica y estrategia” de George Mavrikos

El camarada George Mavrikos, durante 17 años Secretario General de la Federación Sindical Mundial (FSM), a través del Instituto Obrero Internacional, ha publicado un libro cuyo título es “Apuntes críticos sobre la Historia del Movimiento Obrero Sindical Mundial. Cuestiones de táctica y estrategia”, que está divulgando por multitud de países y que, en mi humilde opinión, es de obligada lectura no sólo para todo aquél que se reivindique del sindicalismo de clase, sino también para todo aquél que dice abrazar el marxismo-leninismo.

El compañero Mavrikos divide la historia del Movimiento Sindical en cinco periodos, los cuales define siguiendo la siguiente línea temporal:

  • Un primer período comprendido entre desde lo que para él significa los orígenes del capitalismo hasta el año 1864 caracterizado por la creación de los primeros sindicatos regionales y nacionales. Donde el autor describe el nacimiento de la clase obrera y de los primeros sindicatos gremiales al calor del idealismo anarquista y del socialismo utópico y, también, muestra la médula espinal que une al sistema esclavista con el capitalista, la propiedad privada sobre los medios de producción.
  • Un segundo período caracterizado por la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) y de la contribución de Carlos Marx y Federico Engels, o lo que es lo mismo, los padres del marxismo y su obra en el crecimiento organizativo e ideológico de la clase obrera y, consecuentemente, de la organización sindical. Por primera vez la clase obrera se dota de una organización internacional y de un programa revolucionario como clase social que debía erigirse como constructora de un mundo libre de explotación, gracias a que Marx y Engels no solo desnudan al capitalismo mostrando que el motor de la historia es la lucha de clases, la plusvalía, la teoría clasista del Estado, elevando la lucha meramente económica a lucha de clases – económica, política e ideológica – y mostrando a los sindicatos como el instrumento de base para la lucha económica y política de la clase obrera.

Un periodo donde la lucha de clases no sólo se da entre explotadores y explotados de manera abierta, sino que también se da en el seno de las filas del proletariado como consecuencia del choque ideológico, en la fase terminal del capitalismo premonopolista entre idealistas – anarquistas – y marxistas que abrazan el materialismo dialéctico, y en la fase ya de capitalismo monopolista, o imperialismo – y la conformación de la Segunda Internacional – entre oportunismo y su aristocracia obrera – que es la creación genuina del imperialismo para combatir ideológicamente contra la ideología del proletariado, el marxismo-leninismo, e inocular la ideología burguesa en el seno de las organizaciones obreras y, consecuentemente, de la clase obrera – y el proletariado revolucionario que abraza su única ciencia revolucionaria, el marxismo-leninismo.

Segunda Internacional que entró en bancarrota al repudiar el internacionalismo proletario y posicionarse con sus oligarquías nacionales en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero anteponiendo los intereses de los capitalistas a los del proletariado, el oportunismo, buscando la división de la clase la implementa mediante la creación de sindicatos colaboracionistas y amarillos que no solo dividen la clase sino que buscan la conciliación entre burgueses y obreros al objeto de subordinar los segundos a los primeros.

  • Un tercer período que se inicia con la Gloriosa Revolución Bolchevique de Octubre de 1917 y que concluye con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del fascismo. Este tercer periodo se inicia con el inicio de la fase de la historia de la crisis general del capitalismo, donde el mundo imperialista comienza a desgajarse y donde la contradicción fundamental que rige en el mundo a partir de este periodo es la lucha entre socialismo e imperialismo. La Internacional Comunista, fundada en 1919, apostó por el fortalecimiento del sindicalismo de clase, o lo que es lo mismo, el movimiento sindical mundial de sindicatos que abrazaban la mutación de la contradicción fundamental de capital-trabajo a socialismo-imperialismo, debiendo combatir dentro del movimiento sindical y obrero sin cuartel al oportunismo y, también, que el movimiento sindical de clase no sólo debía luchar por conquistar mejoras inmediatas en el terreno económico sino que los sindicatos de clase debían lucha por la conquista del Socialismo, coadyuvando con el Movimiento Comunista Internacional,  alumbrando la Internacional Sindical Roja.

Esta contradicción fundamental entre socialismo e imperialismo en el terreno sindical era la lucha entre el sindicalismo de clase  – aglutinado en la Internacional Sindical Roja – y el sindicalismo de los monopolios, de los traidores oportunistas – la Internacional de Amsterdam (FSI) – mostrando Mavrikos uno de los pilares del oportunismo en el ámbito sindical: abogar por la “neutralidad” política e ideológica  que se traducía en combatir al marxismo-leninismo y en abrazar la socialdemocracia allanando el camino al fascismo. Un movimiento sindical clasista que fue quien dotó de musculatura, y que fue esencial, a la política de Frente Único y de Frentes populares contra el fascismo aprobadas por el VII Congreso de la III Internacional, o Internacional Comunista.

El camarada Mavrikos desglosa y hace un análisis descendente de la contradicción mencionada a nivel de determinadas potencias y de los distintos continentes describiendo la manera en la que se reflejaba la lucha de clases a nivel mundial en el terreno sindical y su dialéctica de manera sencilla y magistral.

  • Un cuarto período que se inicia con la fundación de la Federación Sindical Mundial (FSM) y que concluye con la desaparición de la Unión Soviética en 1991.

En este periodo expone las precondiciones que alumbran a la Federación Sindical Mundial el 3 de octubre de 1945: El antifascismo, y consecuentemente el antiimperialismo, y también la confrontación contra el oportunismo en el seno del movimiento sindical clasista que se manifiesta en la consigna de la neutralidad política de los sindicatos, de tal modo que los sindicatos de la FSM no son neutrales en el terreno de la política sino que son instrumentos políticos de la clase obrera que deben de entrar en la harina política en beneficio de los intereses de la clase proletaria.

Con respecto de este período, el compañero Mavrikos también nos muestra la lucha de clase en el terreno sindical a nivel internacional y el reflejo en el campo del sindicalismo, que es la lucha entre el sindicalismo amarillo y corrompido -al servicio de los monopolios dirigida por el caudillo fascista del mundo, EEUU – y el sindicalismo de clase, la FSM. Pugna que conllevó la escisión de la FSM en 1949, por acción del imperialismo norteamericano y sus esbirros británicos, de la Alemania capitalista, Francia e Italia, donde sus sindicatos manejados por la aristocracia obrera abrazando el anticomunismo y la adhesión a sus monopolios y el desprecio máximo al internacionalismo proletario, se convirtieron en instrumentos del imperialismo norteamericano (apoyando el Plan Marshall y la OTAN) para combatir al proletariado, su unidad, y sostener el militarismo y el colonialismo, fortaleciendo la pata de la socialdemocracia o ala moderada del fascismo, conformándose la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales “Libres” (CIOSL), heredera de la Internacional de Amsterdam y antecesora de la corrupta Confederación Sindical Internacional (CSI), existente en la actualidad.

En un gran trabajo de síntesis, Mavrikos describe perfectamente no sólo la conformación de una aristocracia obrera y, cómo esta, es bien remunerada por los capitalistas para fomentar la división de la clase obrera y corromperla ideológicamente, amén de desvertebrarla organizativamente para servir a los intereses del capital durante ese período.

Mavrikos, certeramente, también explica en su libro la importancia del XX Congreso del PCUS, señalándolo como responsable del inicio del retroceso del movimiento obrero, y consecuentemente del movimiento sindical clasista mundial y su máximo estandarte, la FSM que el compañero centra en dos aspectos: los principios de la “coexistencia pacífica”  y de la profundización de la democracia burguesa como vía para acceder al socialismo, o lo que es lo mismo, la abjuración del marxismo-leninismo y, en consecuencia, de la renuncia a la Revolución Proletaria tirando por tierra la teoría del Estado del marxismo-leninismo que señala que hay que destruir el Estado burgués y levantar el estado proletario, la dictadura del proletariado. Todo esto conduce a lo que Mavrikos denomina táctica “de puertas abiertas” que, ciertamente, era la táctica de la apertura de la FSM a la concertación con el oportunismo, con la aristocracia obrera, demostrándose que la línea oportunista instalada en el PCUS afectaba al conjunto del movimiento obrero y sindical.

Mavrikos también hace referencia al VII Congreso de la FSM en Budapest en el año 1969, como el del cambio de liderazgo en ésta, con cambios en el grupo directivo destacando la salida como secretario general de la FSM del francés Louis Saillant, que fue sustituido por, el también francés, Pierre Gensous. Sobre ello, Mavrikos señala como un “problema recurrente” la “perseverancia de permanecer en cargos directivos” de cuadros de edad avanzada impidiendo “los cambios necesarios y oportunos de personal”, o lo que es lo mismo, el relevo generacional de los cuadros.

Sin embargo, a nuestro entender, y coincidiendo con lo expresado por Mavrikos, que constituye un mal endémico en las organizaciones proletarias de personajes que se agarran a las direcciones importándoles infinitamente  más el alimentar sus egos enfermizos que las necesidades de la clase y de la organización clasista, lo más reseñable e importante sobre dicho VII Congreso, en nuestra opinión y que Mavrikos viene a citarlo de pasada, son los cambios estatutarios que se dieron donde se favoreció la autonomía de las centrales sindicales nacionales, y que en nuestra opinión es la penetración de la liquidación del centralismo democrático en el movimiento sindical en favor de la descentralización, emulando a lo acontecido tanto en el PCUS como en la URSS, en lo concerniente también a la planificación y centralización de la economía, que abrió el camino del crecimiento de la ideología burguesa en el seno de la URSS y del PCUS que llevó al derrumbe del campo del socialismo.  Sin duda, y como señalaba Lenin, los intereses generales del proletariado están por encima de los intereses particulares – nacionales. En ese congreso, la FSM seguía permeando el oportunismo del PCUS post XX Congreso.

Algo que posteriormente reconoce el compañero Mavrikos cuando habla del eurocomunismo, consecuencia del XX Congreso del PCUS. La mayoría de los partidos comunistas de la Europa occidental, desde el XX Congreso del PCUS se pasaron a las filas del oportunismo – siendo en puridad pulcros con la inmensa traición de Kruschov y sucesores –, del eurocomunismo explicando el libro con bastante detalle lo acontecido en los sucesivos congresos y cómo afectó dicha cuestión e iba reflejándose en el deterioro de la organización sindical-clasista mundial, la FSM.

La última fase de este cuarto periodo para Mavrikos es la “Perestroika”, el restablecimiento del capitalismo y el desmembramiento de la Unión Soviética, donde el compañero lamenta, y con mucha razón, que el XI Congreso Sindical Mundial celebrado en la RDA en lugar de convertirse en ariete contra el oportunismo más descarnado, de abrir “un frente de crítica” y arremeter contra la Perestroika para tratar de ayudar a la URSS, lo que hizo fue adoptar una línea seguidista tanto táctica como estratégicamente de la Perestroika.

En la lógica de la lucha de clases, todo lo que se rebaja al socialismo fortalece a su antagónico, el imperialismo, y viceversa. Y también ello queda certificado en la obra de Mavrikos, en tanto el sindicalismo amarillo y reaccionario al servicio de los monopolios, la CIOSL dirigida por el imperialismo norteamericano y sus aliados europeos, y la CMT demócrata-cristiana dirigida por el Vaticano, encabezado por el reaccionario Juan Pablo II, y la socialdemocracia, actuando como ala moderada del fascismo, inician una senda unitaria en lo que les unía: derrotar definitivamente al proletariado abanderando abiertamente los intereses de los monopolios y, por ello, su fusión en el ataque a la FSM para tratar de liquidarla definitivamente, en un momento donde el imperialismo se hallaba desbocado, y  una FSM que retrocedía en términos ideológicos, rebajando la carga clasista de sus discursos y de su acción, que en nuestra opinión, sin duda, significaba su propia negación.

  • Un quinto período que se inicia con el derrumbe de la URSS y del denominado campo del socialismo real y el desarrollo sin cortapisa alguna del imperialismo hasta nuestros días y el reflejo que ello ha tenido en el terreno del sindicalismo a nivel internacional.

Un periodo que se inicia con el XII Congreso de la FSM de noviembre de 1990 en Moscú y el XIII Congreso de la FSM en Siria en 1994,  con el derrumbe de la URSS,  donde sus esbirros oportunistas totalmente a la ofensiva donde los sindicatos más podridos y vendidos al imperialismo del momento, fundamentalmente franceses e italianos (precisamente los lugares donde más arraigó el eurocomunismo junto con el estado español), pretendían que el congreso fuera de liquidación de la FSM, acabar con el sindicalismo de clase. Y que concluye con el XVIII Congreso de Roma en 2022.

Un periodo en el que el camarada George Mavrikos ha desempeñado un papel no solo protagonista y destacado como dirigente en la pervivencia de la FSM como sindicato de clase mundial, abrazando los principios ideológicos, tácticos y estratégicos,  enunciados por la Declaración Final del XV Congreso Sindical Mundial de La Habana de diciembre de 2005 donde el camarada Mavrikos fue elegido secretario general de la FSM, de reconocimiento del principio de la lucha de clases como motor de la historia y principio rector de la sociedad, la independencia de la organización sindical de los monopolios, la reafirmación del sindicalismo de clase como instrumento político del proletariado de lucha por la paz mundial, contra el imperialismo, la aristocracia obrera y las élites sindicales y que persigue la unidad del proletariado y su emancipación mediante la abolición de la explotación del hombre por el hombre.

Analizando el conjunto de la obra hay un común denominador a lo largo de la misma y unas conclusiones, a nuestro entender, que son que:

  • El movimiento obrero y el movimiento sindical únicamente se desarrolla y avanza notablemente si existe un desarrollo del Movimiento Comunista Internacional, del marxismo primero y, desde 1917, del marxismo-leninismo.
  • Cuando el Movimiento Comunista Internacional retrocede como consecuencia de una correlación de fuerza favorable al oportunismo – a la burguesía – el movimiento obrero y sindical cae y queda totalmente desdibujado a merced de la parásita aristocracia obrera.
  • La lucha de clases es el motor de la historia y que, desde 1917, cuando triunfa la Gloriosa Revolución Bolchevique de Octubre la expresión de ésta a nivel mundial es la lucha entre socialismo e imperialismo.
  • Todo sindicato que se denomine sindicato de clase debe reconocer la lucha de clases como motor de la historia y principio rector de la sociedad dividida en clases sociales antagónicas y, consecuentemente, los sindicatos de clase al reconocer dicha lucha de clases reconocen que la lucha debe ser económica, política e ideológica contra la burguesía y su formación socioeconómica.
  • El mayor enemigo del proletariado en el seno de sus organizaciones, también en los sindicatos de clase, es el oportunismo encarnado en su aristocracia obrera que no sólo desvían al sindicalismo de clase de su esencia como instrumento de lucha política, económica y, también, de lucha ideológica del proletariado abogando por la negación de la lucha política e ideológica – bajo la etiqueta de la “neutralidad” o que “los sindicatos no deben hacer política”- sino que dividen al proletariado confrontando al internacionalismo proletario y obstaculizan y niegan el relevo y la promoción de cuadros dirigentes.
  • Las organizaciones clasistas únicamente se pueden fortalecer luchando a muerte contra el imperialismo y contra su obra sublime en el terreno de lucha de las organizaciones obreras, el oportunismo.
  • El fortalecimiento del Movimiento Comunista Internacional en el terreno ideológico es condición necesaria para el robustecimiento del movimiento obrero internacional, de la FSM, y el avance de las posiciones del proletariado.

Sin duda alguna todo obrero y toda persona decente que aspire a construir un mundo digno y humano, libre de explotación del hombre por el hombre, debe leer los “Apuntes Críticos sobre la Historia del Movimiento Obrero Sindical Mundial. Cuestiones de Táctica y Estrategia” del compañero George Mavrikos, una obra de valor incalculable para el proletariado, fundamentalmente para las nuevas generaciones de proletarios, que nos servirá para saber de dónde venimos, cuál es nuestro enemigo, cómo actúa y las formas que adopta, y cómo debe avanzar el Movimiento Sindical de Clase, su imbricación con el movimiento comunista internacional  y su relación con la consecución del socialismo.

Mi admiración y agradecimiento al camarada Georges Mavrikos por esta obra y por su labor como militante comunista y del sindicalismo de clase, referencia para la clase obrera mundial.

 

Sevilla, 29 de diciembre de 2024

 

Francisco J. Barjas

 

SECRETARIO GENERAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Huelga General en Italia

Se ha convocado una huelga general en Italia para el día 13 de diciembre, el camino que sigue la fascista Meloni – condecorada por el gobierno español en el que se encuentra el traidor PCE – no es otro que la pauperización de la clase obrera italiana, la destrucción de las supuestas libertades y la desarticulación de los sistemas públicos; todo esto para encarrilar a Italia a la guerra y la barbarie que le espera al proletariado en el sistema capitalista.

Este 13 de diciembre es una oportunidad de los trabajadores italianos para demostrar su completo rechazo a las políticas criminales de su gobierno, plantar cara al aumento de la carestía que les acosa y concienciar a todos los oprimidos de su país de que la lucha es el único camino que les queda para construir un futuro esperanzador mediante la destrucción del sistema capitalista y sus sicarios fascistas para justo después comenzar a construir la sociedad socialista en la que los beneficios los disfrutan quienes los producen, no quienes los roban.

Por todo ello desde el Partido Comunista Obrero Español queremos mandar todo nuestro apoyo y solidaridad a la clase obrera en Italia que ha determinado luchar y confrontarse contra la burguesía italiana y el gobierno fascista que sostienen, deseando el mayor de los éxitos para esta huelga esperando que signifique un primer paso para que el proletariado italiano se deshaga de dicho gobierno fascista y del estado capitalista que les somete en la explotación y la miseria.

¡ABAJO EL ESTADO CAPITALISTA, ABAJO EL FASCISMO!

¡POR LA REVOLUCIÓN PROLETARIA!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del PCOE




Siria: anatomía de una traición

Los imperialistas nuevos y viejos han acordado sentenciar el destino del pueblo palestino y del pueblo sirio a cambio de asegurar la hegemonía de Israel e Irán en Oriente Próximo. Para ello, debían darse tres preparativos: mermar el suministro de armas de la resistencia contra Israel, provocar un cambio de gobierno en Siria y dar un golpe decisivo a Hezbolá, un elemento independiente de la República Islámica de Irán, para que el ejército israelí pudiera concentrar sus fuerzas militares.

El 17 y el 18 de septiembre, la cúpula de Hezbolá quedó desmantelada tras la detonación de explosiones múltiples de dispositivos electrónicos en Líbano y Siria, las cuales provocaron la muerte de 42 personas y dejaron tras de sí más de 3.500 heridos. Unos meses antes, Hezbolá tomó la decisión de usar buscas en lugar de teléfonos móviles como medida de seguridad. Sin embargo, esos buscas adquiridos llevaban integrados consigo el explosivo PENT. Un crimen de guerra que muchos calificaron de distópico y sin precedentes, que tendría tras de sí la mano de Irán y el Mossad a través de una empresa fantasma.

Bajo el lema: «Fortalecimiento del Multilateralismo para un Desarrollo y una Seguridad Globales Justos», la ciudad rusa de Kazán acogió durante los días 22 y 24 de octubre la XVI Cumbre de los BRICS. En dicha cumbre participaron la nada desdeñable cifra de 36 países con el objetivo primario de crear un nuevo orden mundial que termine por sepultar el sistema financiero en manos del imperialismo occidental y levantar otro alternativo que se sobreponga a sus caprichosos designios en forma de sanciones y embargos. Sin embargo, Siria no participó en dicha cumbre como miembro ni invitado destacado. Y no sería por falta de ganas, pues el país ha reflejado en numerosas ocasiones su interés estratégico en los BRICS como una forma de contrarrestar el aislamiento político y las presiones económicas impuestas por el imperialismo occidental. En el propio mes de octubre, Siria presentó formalmente su solicitud para unirse a los BRICS a través de su embajador en Rusia, Bashar Jaafari, durante la conferencia Cáucaso del Norte: Nuevas Oportunidades Geoestratégicas. Por tanto, la ausencia o falta de representación de Siria en la posterior Cumbre de Kazán revela que no era un país que fuera a ser considerado en el futuro como un aliado del emergente bloque imperialista encabezado por Rusia y China.

El pasado 27 de noviembre, el criminal de guerra Joe Biden anunciaba que los Estados Unidos habían negociado una tregua entre el estado genocida de Israel y Hezbolá, consiguiendo así detener los bombardeos y las agresiones israelíes por tierra, mar y aire en el Líbano durante los dos próximos meses. Sin embargo, este acuerdo le dió también una bocanada de vida al imperialismo, pues permitió vascular sus esfuerzos hacia Siria, un tradicional aliado de la resistencia contra Israel al facilitar el tránsito de armas hacia el Líbano y Gaza. Un acuerdo que no se habría producido si Hezbolá no hubiera sido duramente golpeada en su cadena de mando con las explosiones terroristas en septiembre. Del mismo modo, antes de ser derrocado, Bashar al Assad rechazó una propuesta de los Estados Unidos para cortar el suministro de armas hacia Hezbolá a cambio de un gradual levantamiento de las sanciones.

Tenemos, por tanto, a una Siria completamente aislada internacionalmente, mientras que a nivel interno el país se encuentra enormemente deteriorado a causa de las consecuencias de la guerra que se inició en 2011. Un país cuyas relaciones exteriores dependían especialmente de Rusia – como principal aliado político, militar y económico, estando además desde 2015 involucrada directamente en la guerra – e Irán – proporcionando armas, asesoramiento militar y acuerdos económicos para el desarrollo del país.

Con esto sobre la mesa, es más que evidente que el gobierno sirio no ha caído por una combinación de protestas populares e inestabilidad bélica que ha provocado que un “grupo de rebeldes” se haga con el control del país, como sugiere el relato de los medios de comunicación de la burguesía como RTVE, El País, La Vanguardia, El Mundo o El Español.

En septiembre, la cúpula de Hezbolá quedó completamente mermada y su cadena de mando sufrió una serie de pérdidas que facilitaron la posterior tregua con Israel. En octubre, a pesar de su solicitud formal de adhesión, Siria no es invitada ni tiene ninguna clase de representación en la Cumbre de los BRICS, a la que acuden 36 países. En noviembre, Israel consigue su tan ansiada tregua en el Líbano, evitando así dividir sus esfuerzos militares. Y en diciembre cae el gobierno de Bashar al Assad sin prácticamente apoyo de sus hasta entonces socios estratégicos y con un ataque yihadista que en menos de dos semanas toma el país.

El imperialismo, como estadio superior del modo de producción capitalista, consigue así estabilizar Oriente Próximo configurando dos grandes bloques de poder: Irán por parte de los BRICS e Israel como punta de lanza de la OTAN; este último, se frota las manos ante la más que posible absorción de Gaza, Cisjordania y parte de Siria, impulsado por el que será el nuevo inquilino de la Casa Blanca, con la naturalidad propia de la guerra y la barbarie que impone la burguesía a los pueblos del mundo.

El destino de Siria es, por tanto, acabar como Afganistán, Irak o Libia. Un país destruido por la guerra durante décadas y con el yihadismo en el poder, provocando un retroceso enorme de los derechos del proletariado, a lo que se suma el fundamentalismo religioso, el mercado negro de esclavos o el latente problema de los refugiados.

El fin del gobierno de Bashar al Assad no es solo el fin de “la unidad árabe” o del “Eje de la Resistencia”, sino también será el inicio del fin de la guerra entre Rusia y la OTAN en Ucrania, con un estado ucraniano que será dividido en dos. La parte occidental bajo la influencia de los monopolios estadounidenses y europeos; y la zona oriental del país en el control directo de los oligarcas rusos. Así, el fascista Donald Trump se presentará al comienzo de su nuevo mandato presidencial como el gran pacificador y quien ha terminado con una guerra que estaba arrastrando tras de sí a la Unión Europea.

Los imperialistas – decadentes y “emergentes” – se hallan en un proceso de nuevo reparto del mundo.Un cambalache que no quedará ahí, sino que se extenderá por toda la geografía del planeta, teniendo una especial importancia América Latina. En este sentido, los imperialistas tratarán de someter, fundamentalmente, a Cuba y a Venezuela, para poder explotar y expoliar de manera inmisericorde los recursos naturales de dicho continente y conquistar mercados y, si les fuera posible, tratar de acabar con la revolución cubana, con la que el bloqueo criminal no ha podido y, esperamos, que los cantos de sirena y las apetencias rusas de convertir a Cuba en un mercado filial suyo a través del grupo BRICS tampoco puedan. Pues de lograrlo, el fortalecimiento del fascismo en lo ideológico se combinará con una reedición del  discurso del fin de la historia al objeto de sostener un sistema moribundo y en abierta bancarrota como es el imperialismo – ya sea el decadente o el emergente pues el sistema económico mundial es uno.

Los marxistas-leninistas sabemos que el destino de Siria no le pertenece a ningún bloque imperialista, así como tampoco al terrorismo yihadista que durante los últimos meses ha sido fuertemente financiado y armado por los Estados Unidos e Israel para acometer la ofensiva que terminara con la caída de Bashar al Assad.

Hoy los monopolios están de celebración. Auténticos genocidas y criminales de guerra como Joe Biden, Benjamín Netanyahu o Ursula von der Leyen han salido rápidamente a celebrar “la caída del régimen”. Está claro que tras el nuevo intento de golpe de Estado fallido en Venezuela, el abandono del pueblo saharaui, los descalabros militares en Ucrania y el genocidio del pueblo palestino, el imperialismo occidental necesitaba alguna victoria para celebrar a bombo y platillo su superioridad en el mundo de barbarie y fascismo que han construido.

Los diferentes bloques imperialistas están moviendo sus piezas y llevando a cabo un nuevo reparto de un mundo ya repartido. Las esferas de poder están más que nunca claras y la competencia por la superioridad económica, política, cultural e ideológica lleva tiempo iniciada. Un escenario que solo puede ser resuelto mediante la reconfiguración del movimiento comunista, abandonando todo revisionismo, reformismo, socialchovinismo y cualquier otra práctica que atente contra el socialismo científico. Los pueblos del mundo necesitan más que nunca la revolución socialista, no cambiar el yugo de la OTAN por el de los BRICS. Cada persona explotada y oprimida del mundo sólo podrá romper las cadenas de su servidumbre si convertimos la guerra imperialista en guerra civil por el socialismo. No quedan etapas intermedias. No hay que buscar alianzas incómodas. Sólo queda una disyuntiva: ¡Socialismo o barbarie!

 

Madrid, 10 de diciembre de 2024

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Entre urnas y algoritmos: el fascismo como tabla de salvación del capital

La nueva victoria electoral de Donald Trump y del movimiento reaccionario que acompaña a su figura, el llamado trumpismo – es decir, el fascismo abierto en los Estados Unidos – se ha enmarcado en la conocida estrategia de intentar generar cierta histeria colectiva entre la clase trabajadora.

Acusando al Partido Demócrata de comunista, al proletariado inmigrante de comer mascotas o a China de haber propagado intencionadamente la COVID-19 como parte de una guerra biológica, el criminal reconvertido a presidente ha conseguido alzarse con la victoria gracias a que el socialfascismo, encarnado en el Partido Demócrata, ha perdido más de siete millones de votos. Nuevamente, la derecha del sistema gana porque una nada desdeñable masa de votantes de la izquierda del sistema se abstiene. Seguramente, motivados por el rechazo a que su candidata sea una auténtica criminal de guerra que tiene las manos manchadas con la sangre de proletarios palestinos, saharauis, afganos, iraquíes, libios, sirios, yemeníes, ucranianos y rusos.

La derrota de Kamala Harris no tiene, por tanto, que entristecer a nadie con conciencia de clase. El Partido Demócrata es el partido de Wall Street. Es el partido del aparato militar. El partido de las deportaciones masivas, de la separación de los niños migrantes de sus padres y el de los asesinatos de proletarios negros a manos de la policía. El partido del muro de México y de los asesinatos con drones. Es el partido del sionismo y uno de los máximos responsables de poner al proletariado internacional en la antesala de la Tercera Guerra Mundial. Resulta degradante y bochornoso como hay quienes creen que se puede construir un movimiento progresista y de cambio social dentro de uno de los partidos del imperialismo estadounidense.

Las elecciones estadounidenses, al ser las entrañas mismas de la bestia del imperialismo, nos permiten extraer lecciones muy importantes que se replican en otros eslabones de su cadena imperialista. En primer lugar, vemos que la socialdemocracia no solo es el ala moderada del fascismo, sino que su inoperante acción en el gobierno coloca la alfombra roja para la victoria democrática del ala más reaccionaria y anticomunista de la oligarquía, sin necesidad de ninguna marcha sobre Roma, golpes de estado o guerras civiles. Algo que tiene su réplica en el corazón de la Unión Europea, donde el inestable gobierno del socialfascista Olaf Scholz se tambalea y abre una oportunidad de oro para los fascistas de AfD.

Es interesante observar, en segundo lugar, a capitalistas y explotadores como Elon Musk lanzándose decididamente a controlar la política de forma directa, perdiendo millones de dólares con tal de hacerse con el dominio de las redes de información modernas. Si antaño se decía que la libertad de prensa era la voluntad del dueño de la imprenta, ahora debe entenderse exactamente lo mismo con los algoritmos y las cámaras de eco en redes sociales, que buscan derechizar constantemente al usuario. Algunos conocidos políticos de la izquierda burguesa como Yolanda Díaz han optado por mudarse a otras redes como Bluesky, mientras que otros defienden permanecer en Twitter como si de una trinchera se tratara. No obstante, la lucha contra el fascismo no se libra en redes sociales ni en las urnas, tampoco reformando el criminal Estado burgués, sino con la organización, la disciplina y la militancia, creando estructuras de contrapoder obrero donde el Partido Comunista sea la herramienta genuina de lucha que barra para siempre el viejo mundo capitalista por medio de la guerra civil revolucionaria.

Como ya ocurrió en 2016, los socialdemócratas de todo pelaje se llevan las manos a la cabeza porque ha ganado el criminal de guerra que es un reaccionario en cuestiones sociales, y no la criminal de guerra feminista y progresista. De hecho, Trump es un auténtico degenerado que no debería ver más luz que la que entra por la ventana de una celda. Para los fascistas, la victoria de Trump es la confirmación de que se está derrotando al espantajo que han creado con la Agenda 2030. A los comunistas no nos pillan desprevenidos estos análisis maniqueos. Lo preocupante viene cuando estos errores se replican también en organizaciones que se autodenominan comunistas, las cuales parecen creer que el próximo gobierno de Trump trae consigo la apertura de la caja de Pandora. No, el fascismo no murió definitivamente con la victoria del glorioso Ejército Rojo, como tampoco vuelve a la vida con el trumpismo. Esta concepción es fruto de analizar la realidad partiendo de la superestructura y no de la estructura, consecuencia de los vicios introducidos por el marxismo occidental.

Decía el camarada Lenin que «el siglo XX señala el punto de viraje del viejo capitalismo al nuevo, de la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero». Este cambio en la base económica, que provocó la transformación del capitalismo de libre competencia al capitalismo monopolista, trajo consigo, forzosamente, una transformación de la superestructura como consecuencia del cambio operado en la estructura del modo de producción capitalista. Según el mismo Lenin, «en el aspecto político el imperialismo es, en general, una tendencia a la violencia y a la reacción». La libre competencia y el capitalismo mercantil fenecieron, fueron enterrados por el capitalismo monopolista, por el capital financiero, por el imperialismo, que con su desarrollo conlleva una transformación de la superestructura.

Iniciado el periodo de la Crisis General del Capitalismo, el cual arranca con el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917, se abre el periodo del derrumbamiento revolucionario del capitalismo y su desgajamiento. Desde entonces, la contradicción fundamental que rige el mundo es la contradicción entre el socialismo – la aspiración máxima del proletariado internacional – y el imperialismo – la aspiración máxima de los monopolios – y bajo estas condiciones históricas es que la burguesía ejerce su dominación violenta y reaccionaria bajo las formas y métodos del fascismo.

Es importante tener también muy presentes los análisis del camarada Dimitrov y sus excelentes aportaciones en el estudio del fascismo para el VII Congreso de la Komintern: «El fascismo no es una forma de Poder Estatal, que esté, como se pretende, “por encima de ambas clases, del proletariado y de la burguesía”, como ha afirmado, por ejemplo, Otto Bauer. No es “la pequeña burguesía sublevada que se ha apoderado del aparato del Estado”, como declara el socialista inglés Brailsford. No, el fascismo no es un poder situado por encima de las clases, ni el poder de la pequeña burguesía o del lumpenproletariado sobre el capital financiero. El fascismo es el poder del propio capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y el sector revolucionario de los campesinos y de los intelectuales. El fascismo, en política exterior, es el chovinismo en su forma más brutal que cultiva un odio bestial contra los demás pueblos». El fascismo no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro. No es la sustitución del genocida Joe Biden por Trump, como tampoco lo sería sustituir a los socialfascistas del PSOE y sus lacayos de Sumar/IU/PCE/Podemos por un gobierno de PP-VOX. Estos errores impiden al proletariado revolucionario movilizar correctamente a las amplias masas trabajadoras en la lucha contra la burguesía capitalista.

El fascismo es la tabla de salvación de la reacción, de la burguesía en la crisis general del capitalismo. La tabla a la que lleva agarrada la burguesía desde hace casi un siglo. Y la burguesía está agarrada a dicha tabla de salvación porque es consciente que está en los estertores de su criminal régimen y de su criminal existencia. El fascismo es un poder precario, es un poder con pies de barro, hundido en el cieno de la corrupción y que está totalmente quebrado. Es la constatación de que estamos en la fase histórica donde lo viejo debe terminar de morir y lo nuevo, el socialismo, debe imponerse. Por ello, el fascismo es la única vía que tiene el capital financiero para mantener en pie su sistema caduco, corrompido y quebrado. Al pueblo trabajador únicamente le queda el derecho a la revolución contra un sistema criminal que lo explota y asfixia constantemente.

El socialismo es la única salida que tiene género humano, el único sistema que puede resolver los males que hoy nos azotan, y así lo acredita la historia, pero su instauración no vendrá caída del cielo, sino que será producto de la acción revolucionaria del proletariado que únicamente puede producirse por la existencia del Partido Comunista, instrumento que lleve a las masas el socialismo científico y que las dote de un programa y una táctica para derrocar al capitalismo dentro de la necesaria Revolución Mundial.

 

Madrid, 22 de noviembre de 2024

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Huelga General en Grecia

El Partido Comunista Obrero Español saluda la huelga general convocada el día 20 de noviembre en Grecia que pretende unir las distintas huelgas de los distintos sectores que se han ido desarrollando últimamente para llamar a los trabajadores a luchar unificados contra las masacres de proletarios que ocurren en las distintas zonas del mundo, a la vez que para el aumento de los salarios y el gasto público en materias de educación y sanidad.

La huelga general es una de las armas más importantes de nuestra clase para demostrar su fortaleza, estamos convencidos de que va a servir para elevar el grado de conciencia de la clase obrera sobre la podredumbre de este sistema, de la necesidad de su destrucción y la necesidad de construcción de un mundo nuevo enviando al capitalismo al estercolero de la historia.

Desde el Partido Comunista Obrero Español hacemos un llamamiento al sindicalismo de clase organizado en sindicatos de la Federación Sindical Mundial, así como al sindicalismo combativo a tomar nota de lo que acontece en Grecia y trabajar en la dirección de una convocatoria de una huelga general por el avance de las condiciones de vida de la clase obrera y contra la guerra imperialista.

 

¡FUERA DE LA OTAN Y DE LA UNIÓN EUROPEA!

¡NO MÁS OBREROS MUERTOS EN GUERRAS IMPERIALISTAS!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 19 de noviembre de 2024

COMISIÓN DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)




El anticomunismo y la superioridad del socialismo

Sin duda alguna, el sistema capitalista de producción es un sistema criminal que se fundamenta en la explotación capitalista, el robo por parte de una minoría poseedora de los medios de producción del trabajo desarrollado por la clase obrera, a la que le arrebata el valor producido por el trabajo entregándole a cambio un salario cuya función es, no que el trabajador viva ni de forma mínimamente digna, sino que garantice la reproducción del proceso de explotación mediante el cual la burguesía acumula capital, riqueza, a cambio de que la clase obrera se empobrezca cada vez más tanto en el aspecto material como en la vertiente espiritual.

El sistema capitalista, aparte de ser criminal, se halla totalmente en bancarrota económica, con una inflación desbocada como consecuencia de la política monetaria realizada por los diferentes bancos centrales, fundamentada en generar dinero ficticio que ha hecho que monedas como el dólar, o el euro, no valgan absolutamente nada, al incrementarse la masa monetaria de manera totalmente desacompasada, y no sostenida, con la producción, como corresponde al capitalismo en putrefacción, donde el capitalismo financiero apuntilla al capitalismo productivo.

El desarrollo de la técnica, el ingente desarrollo tecnológico que conduce a la automatización de los procesos productivos y de los servicios, desequilibra todavía más la composición orgánica del capital, maximizando la parte correspondiente al capital constante y minimizando la parte que corresponde al capital variable, la parte que se destina a comprar fuerza de trabajo, a salarios y, consecuentemente, la parte del capital que genera plusvalía, generándose la contradicción de que a la par que se acrecienta la explotación disminuye la obtención de plusvalía, arrojando a millones de obreros al paro forzoso, tirando por tierra todavía más las condiciones de vida del proletariado, cuyas filas se incrementan con la ruina de la pequeña y mediana burguesía, asestando el golpe de muerte a la esencia del propio sistema capitalista.

Hoy el capitalismo se sostiene, fundamentalmente, por la lucha ideológica descomunal que hace contra el socialismo como fase inmadura del comunismo, y contra el comunismo, en la que se gastan ingentes cantidades de dinero en medios de comunicación de masas, editoriales de libros, programas de televisión y radio, redes sociales y medios cibernéticos, etcétera. Una lucha ideológica que, unida a la falta de un movimiento comunista potente como consecuencia de la debilidad ideológica de éste y la acción del oportunismo, mantiene engañado y desorganizado al proletariado, que es el sujeto revolucionario.

Esta lucha ideológica la hacen los burgueses durante todo el tiempo y desde cualquier lugar. Sirva como ejemplo un artículo publicado en la revista que versa sobre patrones de vida y cánones de belleza masculina desde una perspectiva burguesa denominada Men’s Health, concretamente uno publicado el pasado 7 de noviembre cuyo titular ya lo enuncia todo: “Yotuel presenta “Patria y Vida”: «No veo a españoles de vacaciones en Corea del Norte. Cuba es la Corea del Norte del Caribe. Hay que desmitificar el concepto paradisíaco».”. Como puedes ver, nada que ver el título y el contenido del artículo con la sección de fitness en el que se encuentra.

Si bien el artículo es tan patético como el protagonista del mismo, un espécimen de la gusanera de Miami, descuella por la gran dosis de anticomunismo y la cantidad de mentiras que se lanzan en un ejemplo nítido de lo que es lucha ideológica y lucha de clases, que es solo la parte que nos interesa pues, en realidad, la vida de un burgués como este sujeto que atiende al nombre de Yotuel, aparte de insustancial, en nada nos importa a la clase obrera, pues lo que describe es totalmente ajeno a nuestra vida, aparte de contrario.

Pero antes de entrar a analizar lo dicho en el artículo, veamos donde se publica y quien es el dueño del medio pues, al fin y al cabo, sabemos que en el capitalismo la voz del medio de comunicación es la voz del dueño de éste y se dan los mensajes que interesan a los intereses crematísticos, de clase, del propietario del medio.

Men’s Health es una revista que pertenece al grupo mediático estadounidense Hearst Communication Inc., monopolio creado por el empresario norteamericano William Randolph Hearst, en 1887. Sobre este personaje, escribía Ludo Martens en “Otra Visión de Stalin” lo siguiente: “El multimillonario William Randolph Hearst había tenido un encuentro con Hitler hacia finales del verano de 1934 para concluir con él un acuerdo que estipulaba que Alemania compraría en lo sucesivo sus noticias internacionales a la “International Mew Service”, una sociedad perteneciente a Hearst. En esta época, la prensa nazi había ya emprendido una campaña sobre “el hambre en Ucrania”. Hearst la reemprendió enseguida gracias a su gran explorador, el señor Walker (Tottle, p.13-15).”. Así pues, Hearst era pronazi y, también, tiene el honor de ser el creador de la prensa amarilla.

Por tanto, no es de extrañar que el medio dirigido por los herederos del fundador, que era un anticomunista y colaborador con el nazismo arremeta contra Cuba y contra Corea del Norte.

Fijémonos ahora en el titular “No veo a españoles de vacaciones en Corea del Norte. Cuba es la Corea del Norte del Caribe. Hay que desmitificar el concepto paradisíaco”. Para empezar, el 9,3% de los hogares españoles llegaron con “muchísima dificultad” a final de mes, el 37,1% no pudo afrontar gastos imprevistos, el 21% no pudo mantener su vivienda a una temperatura adecuada y el 34% no se pudo ir ni un día de vacaciones. De hecho, sólo el 13,1% de los españoles viajaron al extranjero, mayoritariamente a Europa, con lo que, los españoles en su mayoría no tienen recursos económicos para viajar ni a Cuba, ni a Corea del Norte ni a cualquier otro lugar recóndito, a excepción de una minoría o salvo que se sea uno de los 2.908.649 españoles que se han tenido que ir al extranjero para poder tener un trabajo. Entendemos que lo de “desmitificar el concepto paradisíaco” se debe referir a la situación económica de los españoles, que es paupérrima.

También señala “No es justo vivir así. Digamos alto que Cuba es una dictadura (…) Todos los países tienen errores, pero hay que tener libertad”. Pues si los países han de tener libertad, lo primero que debería exigir este gusano es el levantamiento del bloqueo al país que lo cobija, EEUU, que es la mayor tiranía que hoy existe en el mundo, aparte de ser la potencia más asesina y criminal que ha parido la historia. Todos los países son dictaduras, la cuestión es quien “dicta”, quien dirige el Estado, a qué clase sirve dicho Estado. Para este gusano Cuba o Corea del Norte son dictaduras porque el Estado no sirve a la burguesía, porque el poder está en manos de la clase obrera y no de la burguesía, sin embargo, en países como España o EEUU, hay libertad porque son Estados burgueses que son instrumentos de los monopolios. Resulta que para este gusano Cuba es una dictadura, pero en sus últimas elecciones en 2023 hubo un índice de participación del 94,85%, o en Corea del Norte que en 2019 tuvo un índice de participación del 99,99% sin embargo, EEUU es una democracia cuando su índice de participación en las elecciones de la pasada semana fue del 55%, cuando, además, en las elecciones cubanas o coreanas postula el pueblo y no los monopolios, los donantes de fondos a las campañas electorales de los partidos del capital – ya se denominen demócratas o republicanos – como pasa en los EEUU y, en general, en los países capitalistas que tanto agradan al tal Yotuel.

Y con respecto a la consigna de este tipo, “Patria o vida”, si alguien vela por la vida del pueblo cubano es su Estado. Desgraciadamente se han sucedido diferentes catástrofes naturales en diversos países de los expresados por este sujeto: Cuba, España y EEUU.

En Cuba han pasado dos huracanes – Óscar y Rafael – y ha habido movimientos sísmicos, con sus réplicas, de 6,7 grados en la escala de Richter, que se han saldado, estas tres catástrofes naturales, con 8 víctimas mortales y 2 desaparecidos. Contrastan estas cifras con los 242 muertos que dejó el huracán Helene en EEUU en septiembre, a lo que hay que sumarle 35 muertes más del huracán Milton. O en el Estado español, donde la dana, por el momento, suma 224 muertes y 16 desaparecidos.

¿Cómo es posible que un país del Sur global, que sufre un bloqueo criminal por la potencia más asesina de la historia, responda a las catástrofes naturales de una manera infinitamente más solvente que la mayor potencia imperialista o que el Estado español?

Es sencillo, porque en el capitalismo el pueblo está totalmente vendido, porque nada importa la seguridad del pueblo sino los intereses económicos de los capitalistas, porque el pueblo está despojado del poder, el cual lo ostentan marionetas de los empresarios donde, por ejemplo, la consejera de emergencias de Valencia desconocía que se podían enviar alertas a móviles. En los países capitalistas la política es la del sálvese quien pueda y, por supuesto, todo está subordinado a los intereses de la minoría explotadora, burguesa.

Mientras tanto, en Cuba, el pueblo tiene el poder y actúa como un único cuerpo, anteponiendo la defensa de las vidas humanas, las personas y sus bienes a todo. En contraposición con la anarquía, el individualismo, el sálvese quien pueda y la subordinación de todo a los intereses económicos del capital, la irresponsabilidad y la incompetencia de la burguesía, que ostenta el poder real, la organización socialista del pueblo cubano, con su Sistema de Defensa Civil, que es la expresión de la organización socialista, es el elemento diferenciador, es el elemento que hace que ante los mismos fenómenos en los países capitalistas mueran centenares y miles de proletarios, de parias, y que en Cuba u otros países socialistas las muertes sean mínimas.

El Sistema de Defensa Civil cubana es “un sistema integrado por todas las fuerzas y recursos de la sociedad y del Estado cubano, con la función de proteger a las personas y sus bienes, la infraestructura social, la economía y los recursos naturales de las consecuencias de la guerra, de los peligros de desastres y de las consecuencias del cambio climático”. Sistema fundamentado en el centralismo democrático que refleja la división político-administrativa y la estructura del Estado cubano, que es la expresión de las fuerzas organizadas del pueblo cubano. Un sistema caracterizado por el cumplimiento de los principios revolucionarios propios de la Revolución Cubana como son el humanismo, la solidaridad y el internacionalismo proletario, y que es la expresión de la Doctrina Militar Cubana de la Guerra de Todo el Pueblo, la estrategia para repeler una agresión militar norteamericana contra Cuba mediante la combinación de la guerra regular y la irregular con la participación de todo el pueblo, aplicado para tiempos de paz.

Contra la anarquía y el individualismo capitalista, donde se edifica en terrenos inundables y en los cauces fluviales y escorrentías, se yergue la planificación socialista, la prevención como estrategia en la reducción de desastres implementada por políticas de planificación física, de obras públicas y arquitectura e investigación científico-técnica, aparte de educativas, que implementa la Defensa Civil Cubana.

Así pues, no es la casualidad ni la fortuna, sino la organización socialista del pueblo, que tiene el poder en sus manos, la que salva las vidas en Cuba, frente a la política infame del capitalismo, anárquica, donde el poder está en unas pocas manos y la finalidad de éste es enriquecer más a una minoría para condenar a la mayoría a la pobreza y a la muerte al pueblo trabajador, como se ha visto en España o en EEUU.

Solo el socialismo puede garantizar a la mayoría de la población, la clase obrera, tanto la patria – que es la humanidad – como la vida, y ahí están los hechos que lo corroboran. Los renegados que abrazan el capitalismo, la barbarie, lanzándose a los brazos de la gusanera reaccionaria de Miami, no solo están desautorizados, sino que son enemigos del humanismo y de la vida en tanto que defienden la explotación, la opresión y la muerte.

El socialismo, como se puede constatar, es infinitamente superior al capitalismo y ahí está la organización del pueblo socialista que lo certifica. Mientras el socialismo es ciencia, los capitalistas niegan y vilipendian la ciencia, el conocimiento humano y el humanismo.

 

¡POR LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL!

¡TODO EL PODER PARA EL PROLETARIADO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 15 de noviembre de 2024

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El régimen de Kiev ansía la guerra mundial

El pasado jueves, la marioneta de Washington en Ucrania, Volodímir Zelenski, presentó su denominado “Plan para la victoria” con el utópico objetivo de acabar con la guerra en 2025, en un nuevo episodio de propaganda para seguir recibiendo fondos económicos y material militar procedente de los países de la OTAN.

La retórica, pese al paso de los meses y los desastres militares, sigue siendo la misma: su derrota significaría el primer paso para la caída de Europa. Al mismo tiempo, el Consejo Europeo reafirmó nuevamente su apoyo incondicional a la causa del fascismo ucraniano, pues los monopolios ansían y necesitan la continuación de la guerra para paliar las contradicciones de su maltrecho sistema económico.

Al mismo tiempo, el dictador ucraniano azuzó a las fuerzas imperialistas contra la República Popular Democrática de Corea (RPDC), haciendo saltar las alarmas ante la, según él, inminente entrada de 10.000 soldados coreanos en apoyo de Rusia en la guerra. La estrategia es evidente: utilizar este supuesto apoyo militar para justificar la escalada hacia una guerra total. Esto solo puede verse como un ejercicio de indecencia e hipocresía, pues desde que iniciara la guerra en febrero de 2022 el apoyo económico, estratégico y militar hacia Ucrania por parte de los Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Alemania, España y otros lacayos del imperialismo occidental ha sido absoluto.

En el caso de Rusia, las ideas de una rápida ofensiva y toma de la capital ucraniana como consecuencia de su indiscutible superioridad militar se fueron desvaneciendo desde los primeros días de la operación. No obstante, el régimen ucraniano tampoco ha conseguido el resultado que esperaba de las constantes sanciones económicas contra Rusia, al objeto de hacer tambalear su economía y provocar un posterior colapso que imposibilitara su ofensiva bélica. Así, el trágico caso de la RPDC dibuja a la perfección el futuro para el pueblo ucraniano, tan cruento como su presente, con una zona del país ocupada por el imperialismo occidental, y con otra dependiente de los oligarcas rusos y sus intereses económicos, pues recordemos que estos no reconocieron a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk hasta el día previo a su intervención en la guerra.

En estos momentos históricos, donde Vladímir Putin ha declarado que la importancia económica de los BRICS ha superado al G-7 y donde la balanza mundial se inclina progresivamente hacia China en detrimento de los Estados Unidos, al imperialismo occidental solo le queda apostarlo todo al negocio de la guerra y al despliegue de la barbarie en el mundo para luchar desesperadamente por mantener su hegemonía.

Un mundo de barbarie y de guerra interimperialista que, como consecuencia de la lucha de clases y del avance de las fuerzas proletarias, caerá irremediablemente frente al horizonte del socialismo y de la revolución proletaria mundial. La única salida que tiene el pueblo trabajador es la organización, la disciplina y la guerra contra el enemigo burgués. Todo lo demás es depositar falsas esperanzas de reforma y paz en quienes nos condenan a una vida de miseria, sufrimiento y fascismo.

 

¡POR LA TRANSFORMACIÓN DE LA GUERRA IMPERIALISTA EN GUERRA REVOLUCIONARIA!

  

Madrid, 22 de octubre de 2024

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)