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El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con los estudiantes de la USAC

Nuestro Partido, a tenor de las informaciones recibidas a través de nuestro hermano Partido Guatemalteco del Trabajo, nos solidarizamos con la lucha de los estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), la única universidad pública de dicho país centroamericano, en defensa de la autonomía universitaria reconocida constitucionalmente y atacada por el Rector Walter Ramiro Mazariegos, el cual accedió de manera fraudulenta a dicho cargo en 2022, como paso necesario para un proceso que culmine, de facto, con la privatización de la misma y, por ello, el proceso para reformar la Ley Orgánica de la USAC.

El control de la USAC implica, también, tener capacidad de control sobre otras instituciones del estado guatemalteco, de tal modo que Mazariegos, de ideología reaccionaria, es un hombre vinculado a lo que en Guatemala denominan “pacto de corruptos” y que no es más que la unión de los grandes empresarios, el crimen organizado, militares de alto grado y sus políticos a sueldo, al objeto de mantener y ampliar privilegios y tener plena impunidad en sus actuaciones. Una élite burguesa – fuente del golpismo, la violencia y del crimen organizado – que se haya interrelacionada, y subordinada internacionalmente, tanto con el sionista estado de Israel como con EEUU.

La lucha entre estudiantes y el Rector y su camarilla corrupta de poder en la USAC es la reproducción de la lucha de clases a nivel general que acontece en la nación centroamericana entre obreros y campesinos contra una burguesía criminal y golpista apoyada por el sionismo y el fascista estado norteamericano.

El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con el proletariado y el campesinado guatemalteco, así como con los estudiantes de la USAC que están luchando contra la criminal burguesía guatemalteca y sus jefes a nivel internacional, y apoyamos las huelgas y movilizaciones realizadas por éstos contra el sistema corrupto guatemalteco y la agresión a la autonomía y propiedad pública de dicha Universidad. Una lucha donde los estudiantes en sus consignas anticapitalistas y antiimperialistas y sus llamados a la unidad del pueblo guatemalteco en contra del Rector, contra un Estado corrupto, vislumbran la lucha real del pueblo de Guatemala que es la lucha por conquista el poder del país y poner todos los recursos naturales y económicos del mismo al servicio de los trabajadores, de los campesinos, en definitiva, del pueblo desarrollando una revolución social para conquistar el socialismo.

 

¡VIVAN LOS ESTUDIANTES DE LA USAC Y SU JUSTA LUCHA, VIVAN LOS OBREROS Y LOS CAMPESINOS DE GUATEMALA!

¡SIONISTAS, YANKEES, BURGUESES Y OLIGARCAS SAQUEN SUS SUCIAS MANOS DE LA USAC!

¡POR LA UNIDAD DEL PUEBLO GUATEMALTECO, POR LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO!

 

Madrid, 4 de julio de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Nota de condolencias por el fallecimiento del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez

El Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) expresa su profundo pesar por el fallecimiento del comandante Ramiro Valdés Menéndez, histórico combatiente revolucionario, dirigente de la Revolución Cubana y un ejemplo de firmeza ideológica con la causa del socialismo.

Con la partida física del comandante Ramiro Valdés, el movimiento comunista y revolucionario internacional pierde a uno de los más destacados representantes de aquella generación heroica que, bajo la dirección del camarada Fidel Castro, hizo posible la derrota de la dictadura batistiana y abrió para el pueblo cubano el camino de la emancipación nacional, el fin de la explotación y la construcción del socialismo.

Su vida fue testimonio de lealtad inquebrantable a la causa de la liberación nacional y el socialismo. Desde su juventud, al calor de la lucha contra la dictadura de Batista, el camarada se forjó como uno de los militantes más importantes del proceso revolucionario cubano que permitiría iluminar el camino de la lucha popular contra la opresión del imperialismo.

Desde su participación en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, pasando por la expedición del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Ramiro Valdés estuvo presente en algunos de los episodios más trascendentales de la revolución cubana. Sufrió el castigo de la prisión y el exilio por su entrega a la causa de la clase obrera, más nunca pudieron derrotarlo. Su trayectoria constituye un ejemplo de consecuencia revolucionaria y de fidelidad absoluta a los intereses del proletariado.

Durante décadas desempeñó importantes responsabilidades al servicio de la Revolución, contribuyendo a la defensa de la soberanía nacional, al fortalecimiento del Estado socialista y a la resistencia ejemplar del pueblo cubano frente a las constantes injerencias externas, el criminal bloqueo imperialista y las permanentes maniobras de desestabilización promovidas por el imperialismo estadounidense. Para los comunistas del mundo, el comandante fue un ejemplo de disciplina, sacrificio y firmeza para construir el socialismo sobre la base del partido único marxista-leninista.

Ramiro Valdés consagró su vida a la defensa y consolidación del poder revolucionario, enfrentando con firmeza y claridad política las constantes agresiones del imperialismo yanqui, siempre con el objetivo de salvaguardar la soberanía de la Cuba socialista. La vida del comandante Ramiro Valdés estuvo guiada por los principios del marxismo-leninismo, el internacionalismo proletario y la convicción de que los pueblos tienen el derecho irrenunciable a decidir su destino. Su legado forma parte inseparable de la historia de la Revolución Cubana y del patrimonio político de los revolucionarios de todo el mundo.

En estos momentos de dolor, trasladamos nuestras más sinceras condolencias al Partido Comunista de Cuba, al Gobierno Revolucionario, al presidente Miguel Díaz-Canel, a sus familiares y seres queridos, así como al conjunto del heroico pueblo cubano.

Rendimos homenaje a su memoria y reafirmamos nuestra solidaridad militante con Cuba socialista, con su Revolución y con la lucha de los pueblos por la soberanía, la justicia social y el socialismo. El legado del camarada Ramiro Valdés nos convoca a redoblar la lucha contra el imperialismo en todas sus formas, a fortalecer la solidaridad entre los pueblos oprimidos y a defender sin descanso los principios del socialismo científico para acabar con el sistema capitalista.

 

¡Comandante Ramiro Valdés, presente!

¡Hasta la victoria siempre!

 

Madrid, 22 de junio de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Proletariado, Partido Leninista, Revolución y Socialismo

1. Situación económica y social del imperialismo.

El imperialismo hoy se halla en una situación de bancarrota, de confrontación interimperialista entre el bloque imperialista decadente liderado por EEUU y el bloque imperialista emergente liderado por China.

El crecimiento de la población mundial, a lo largo de los últimos 35 años, según la ONU, se ha situado en torno a 3.000 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, un 55,29%.

La evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo, según el Banco Mundial – instrumento con el que el imperialismo norteamericano ejerce su hegemonía -, se refleja de la siguiente manera:

A continuación, se adjunta la evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo en el periodo comprendido entre 1990 y 2025 en términos absolutos, siguiendo los datos anteriores del Banco Mundial.

 

Según el Banco Mundial, cuya contabilidad de la pobreza extrema se halla en el margen inferior – o más beneficioso para el capitalismo – en 2025 la pobreza extrema se situó en los 830 millones de seres humanos. Por el contrario, el informe sobre el Índice de Pobreza Multidimensional realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Oxford Poverty Human Development Initiative (OPHI) sitúa esa cifra en los 1.100 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, en torno al 14% de la población mundial.

Como puede verse, las propias instituciones imperialistas – como son el Banco Mundial o las Naciones Unidas – muestran disparidad a la hora de contar la pobreza mundial.

Estas cifras no reflejan la realidad de la pobreza que genera el imperialismo. El Banco Mundial muestra que, a nivel mundial, la pobreza extrema se ha rebajado desde 1990, o lo que es lo mismo, tras la caída de la Unión Soviética. Y atribuye que el descenso de la pobreza se debe al desarrollo económico de China y de la India tras abrazar el capitalismo.

El que fuera relator de la ONU para la extrema pobreza entre 2014-2020, Phillip G. Alston, impugnó estas cifras del Banco Mundial y otros señalando el engaño perpetrado por estos órganos imperialistas alegando la manipulación en los parámetros de ingresos diarios en los que fijan la pobreza extrema, 1,90 $ al día, con los que objetivamente no se puede subsistir. Alston, al respecto, indicaba, en 2020, que “Usando medidas más realistas, el grado de pobreza global es mucho mayor y las tendencias extremadamente desalentadoras (…) Incluso antes de la pandemia, 3400 millones de personas, casi la mitad del mundo, vivían con menos de 5,50 dólares por día. Ese número apenas ha disminuido desde 1990”, demostrándose cómo los capitalistas manipulan las cifras y cómo en los últimos cuarenta años la pobreza, en términos absolutos, lejos de disminuir ha avanzado.

El PIB mundial per cápita en dicho periodo ha crecido un 315,03% según las instituciones de la oligarquía financiera.

 

La evolución de los salarios reales y nominales en el mundo entre los años 1990 y 2025 demuestran cómo el peso de la inflación recae sobre las espaldas del proletariado mundial:

 

Mirando la evolución de los salarios nominales en el mundo en el período comprendido entre los años 1990 y 2025 comprobamos que la subida ha sido en torno al 240%.

 

La evolución de la inflación acumulada mundial entre 1990 y 2025, ha ascendido por encima del 400%, o lo que es lo mismo, prácticamente el doble que los salarios nominales.

En términos porcentuales, los salarios reales en el período 1995-2025 se encuentran estancados.

De la producción mundial, en el periodo comprendido entre 1995 y 2025, la parte de los beneficios empresariales supera cada vez más la parte que se llevan los trabajadores, acrecentando la desigualdad:

Una desigualdad social cada vez mayor donde la riqueza se concentra cada vez más en unas pocas manos:

 

La evolución de la deuda mundial en los últimos 35 años se ha multiplicado, incrementándose un 757%.

 

La caída de la URSS, y el dominio sin cortapisas del imperialismo liderado por la potencia fascista norteamericana – y sus monopolios -, la “democratización liberal del mundo” que señalaban los Fukuyama de turno y demás esbirros de la oligarquía financiera, ha resultado ser un mayor incremento de la pobreza en el mundo, en términos absolutos, un estancamiento de los salarios reales de los trabajadores y una privatización del beneficio en unas pocas manos. En definitiva, la caída de la URSS y el desarrollo del imperialismo ha significado mayor robo, mayor desigualdad y más guerra, más militarización de la economía, o lo que es lo mismo, mayor sufrimiento para la humanidad y desvertebración de la organización del proletariado, tanto en términos políticos e ideológicos como en términos económicos o sindicales.

 

Militarización de la economía, desigualdad, pobreza y desprotección social del proletariado es lo que ha traído a la clase obrera, donde cada vez una mayor porción de la población mundial está totalmente desprotegida socialmente – sin acceso alguno a sistemas de seguridad social, sistemas públicos de pensiones, etcétera.

 

 

El desarrollo lógico del imperialismo, de bancarrota económica, de desigualdad cada día mayor al igual que cada día es mayor la concentración de capital, y de riqueza, en cada vez menos manos, muestra que el capitalismo en su fase actual, y terminal, no sólo no puede solventar los problemas que asolan al mundo sino que es el responsable de la existencia de dichos problemas y de su agudización, pues el imperialismo es eso.

Esta situación terminal se agudiza con el entronamiento de la Inteligencia Artificial y de la automatización de la producción que, en manos de los capitalistas, conduce a la negación del propio sistema pues la automatización provoca maximizar el desequilibrio en la composición orgánica del capital, de tal modo que se incrementa la parte de capital constante – la parte del capital destinada a materia prima, edificios, maquinaria, etc.  que no genera valor nuevo – minimizando la parte de capital variable – la parte de capital invertida en fuerza de trabajo que genera la plusvalía.

Consecuencia de ello, los capitalistas lanzarán a millones de seres humanos – de hecho ya lo hacen – al paro forzoso, incrementándose todavía más la pobreza, la exclusión y la desigualdad, generando un excedente humano que los imperialistas, desde la debilidad en la que se hallan, tratarán de resolver destruyendo fuerza de trabajo, esto es, aniquilando a la población que conciben como excedente y prescindible – que cada día que pase será mayor -, empleando para ello la guerra y la privatización absoluta de los servicios de protección pública, liquidando absolutamente los escasos derechos que la clase proletaria todavía pueda disponer en algunos lugares.

Esta automatización, no solo minimiza su esencia, la apropiación de plusvalía, sino como consecuencia de la liquidación de fuerza de trabajo también procede a destruir demanda, negando también la razón de ser de la producción capitalista.

El proceso de acumulación de capital en el imperialismo conduce a la propia burguesía a practicar un auténtico canibalismo en su propia clase, de tal modo que la pequeña y la mediana burguesía, con la automatización de la producción, están condenadas a la ruina, fundamentalmente, por su limitación financiera para acceder a dicha tecnología consecuencia de su tamaño, pereciendo y pasando a engrosar las filas del proletariado.

La concentración de capital es máxima, la oligarquía financiera, en torno al 1% más rico del mundo, amasa más riqueza que el 95% de la humanidad, y desde 2015 la riqueza de esta oligarquía financiera ha crecido más de 33,9 billones de dólares, dinero con el que se podría erradicar la pobreza en el mundo 22 veces, según datos de Oxfam. Esta concentración del capital en unas pocas manos hace que la democracia burguesa sea pasto del pasado, ya que la forma de ejercer el poder inherente al capital financiero es el fascismo, que es donde está instalado hoy el mundo, donde el control absoluto tanto de los ciudadanos como de la riqueza a nivel planetario será máximo gracias a la tecnología.

La implosión de la Unión Soviética y el avance inexorable del imperialismo durante estas casi cuatro décadas ha llevado al mundo a la modificación de su mapa político acorde a los intereses del capital financiero, de los monopolios. Un mapa político que está en permanente movimiento, en permanente transformación, como se comprueba actualmente tanto en Medio Oriente como en África, o en la década de los 90s del siglo pasado en Europa. Asimismo, fundamentalmente los monopolios norteamericanos y europeos desarrollaron y fortalecieron una superestructura política mundial para imponer sus políticas económicas a nivel planetario, de tal manera que los estados nación se convirtieran en agencias ejecutoras de las políticas dictadas por las agrupaciones imperialistas supranacionales. Unas políticas de transferencia de riqueza desde la clase obrera hacia los monopolios – privatizaciones y política fiscal consistente en exonerar a las rentas del capital de la tributación -, de liquidación de la organización sindical erosionando la negociación colectiva y de precarización del mundo del trabajo – subcontratación, fomento del cuentapropismo, etcétera – y de división internacional del trabajo, donde se refleja la centralidad de una única economía imperialista mundial, donde todo está entrelazado y subordinado a los intereses crematísticos de los monopolios, de tal modo que éstos determinan qué tipo de trabajo desarrolla cada región del mundo, cuyos estados se pliegan y se convierten en títeres y ejecutores de dichas políticas económicas. De tal modo, en la última década del pasado siglo y en la primera del presente, se produjo el mayor grueso del proceso de deslocalización de la industria hacía, fundamentalmente, China, para que los monopolios incrementaran la obtención de plusvalía abaratando costes de producción, de la mano de obra y contemplando como demanda ya no la demanda del país sino de todo el mundo, en lo que se denominó Globalización, que a tenor de los datos que aporta el Banco Mundial y la OCDE tuvo el siguiente efecto:

 

Este proceso de deslocalización ha ido conformando el mundo actual, ha ido desarrollando las nuevas potencias económicas, sus alianzas – BRICS – y el desarrollo de su superestructura al objeto de satisfacer sus intereses económicos y conquistar la hegemonía en términos económicos y políticos.  Desde la caída de la URSS hay un único mundo imperialista con una única economía mundial, con una división internacional del trabajo definido por los monopolios, que son los dueños del mundo, no habiendo choque de sistemas sino pugna interimperialista por el dominio económico.

La precariedad laboral, el incremento de la temporalidad, el desarrollo tecnológico y el consecuente incremento del individualismo, el establecimiento de reformas laborales que abren paso a la negociación individual con respecto de la negociación colectiva y que facilitan la represión contra la clase obrera, la pérdida del peso de la industria – ya sea por la deslocalización como, también, por el proceso de automatización de la producción – unido a lo fundamental, el derrumbe de la URSS y, con ella, de la influencia de los partidos comunistas sobre las masas obreras, ha conllevado un retroceso, como no podía ser de otro modo, del movimiento sindical a nivel mundial.

2. La lucha de clases en nuestros días.

La caída de la URSS significó un avance brutal del imperialismo y, consecuentemente, un retroceso enorme del proletariado en todos los terrenos en las últimas tres décadas.

De hecho, en estas tres últimas décadas los imperialistas han avanzado enormemente en la desorganización del proletariado, aplicando la lucha de clases sin cuartel en todos los terrenos, pero, fundamentalmente, en el ideológico. La labor anticomunista ha descollado, pues ello les ha resultado cardinal para aislar al proletariado, alienarlo y poder imponer a sangre y fuego su régimen explotador.

Sin embargo, y a pesar de la caída del “enemigo comunista” que según los farsantes imperialistas portaban el peligro de una guerra nuclear al planeta, este período ha demostrado que el auténtico peligro para la humanidad son los imperialistas, a los que sólo les queda la guerra y el fascismo para sostener su moribundo sistema económico. El imperialismo únicamente puede sobrevivir a costa de sojuzgar y robar sin piedad a los pueblos del mundo, a costa de explotar y deshumanizar al proletariado y de la confrontación interimperialista por la conquista de los mercados y de los recursos naturales. En síntesis, el imperialismo es el robo y el asesinato, eso es lo único que puede ofertar a la humanidad.

La lucha de clases, a nivel mundial, se manifiesta como lucha entre el imperialismo – que es el sistema económico de los monopolios – y el socialismo, que es el sistema económico que resuelve la contradicción entre el enorme desarrollo de las fuerzas productivas y la estrechez de las relaciones de producción que no traduce la ingente riqueza producida en riqueza para el conjunto de la humanidad, siendo el socialismo el sistema económico que garantiza que el desarrollo material se convierta en desarrollo social para la humanidad.

Como hemos visto, el desarrollo del imperialismo ha acreditado su inviabilidad, de tal modo que ya se niega a sí mismo, consecuencia del desarrollo tecnológico, que profundiza en la automatización de la producción alejando al ser humano del trabajo y, consecuentemente, dislocando la composición orgánica del capital de tal modo que se minimiza la parte que genera plusvalor, el capital variable, maximizando por el contrario la parte de capital constante que no genera plusvalía.

Pese a todo, los imperialistas en su pugna por el dominio del mundo se han visto forzados a tirar de la robotización, a pesar de que ello les conduce a su final.

En el mundo, pues, por un lado, se da una pugna interimperialista entre las potencias hasta ahora hegemónicas – EEUU y sus aliados – y los que aspiran a sucederlos – BRICS con China a la cabeza – siendo para ello necesario un reordenamiento o un nuevo reparto del mundo para tratar de perpetuar la hegemonía unos y para tratar de conquistarla otros. Sin embargo, ni unos ni otros plantean cambiar la formación socioeconómica imperialista. Esta pelea, acentuada tras la crisis de las subprime de 2007, se ha dado en todos los terrenos – político, económico, comercial y, también, se está dando ya en el militar de manera menos soterrada, a tenor del desborde en los anteriores terrenos mencionados.

Hoy los imperialistas, los oligarcas, o como partes bajas de la burguesía les denomina, “las élites financieras”, sojuzgan a los pueblos para apropiarse de sus recursos naturales, no dudando en exterminar a pueblos enteros para ello, reordenan el mundo en virtud de sus intereses y los controlan y someten política y económicamente mediante la deuda y otros instrumentos financieros. Sin embargo, esos imperialistas que se confrontan entre ellos para adueñarse del mundo, cierran filas para someter y reprimir al proletariado. En esta dialéctica de pugna interimperialista, los imperialistas dentro de sus estados explotan y reprimen al proletariado que cada día sufre con mayor profundidad la explotación y el empobrecimiento al objeto de incrementar las transferencias de riqueza hacia la oligarquía, amén de para financiar la pugna interimperialista. De tal modo que, a nivel interno de cada nación, los monopolios también libran otra guerra, en este caso, una guerra sin cuartel ni piedad contra el proletariado dentro de sus estados.

Es por ello que los imperialistas, cuya política exterior es el chovinismo, el racismo, el nacionalismo exacerbado y la guerra imperialista, como está quedando patente a tenor de los hechos y de la realidad objetiva, a nivel interno lo apuestan todo a la reacción, a la división del proletariado – empleando para ello el nacionalismo,  el racismo y la xenofobia – y sobre todo librando una guerra ideológica brutal contra el proletariado mediante el anticomunismo – consciente esta oligarquía financiera que únicamente el proletariado armado del marxismo-leninismo y de su Partido leninista puede desalojarlos del poder – y el revisionismo histórico – al objeto de atraerse a las masas explotadas y hacer que éstas cierren filas con sus opresores para confrontar contra sus hermanos de clase.

La economía imperialista es global y única, la opresión de la oligarquía financiera es a nivel mundial contra el proletariado, al que parasitan hasta la extenuación. Por tanto, la lucha del proletariado, en todos los  rincones del planeta, es única: romper las cadenas del imperialismo y construir el socialismo, acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción y enviar a la burguesía al estercolero de la historia junto con toda su superestructura, poniendo todos los medios de producción y la riqueza en manos del proletariado, esto es, al servicio de la revolución proletaria mundial que será materializada por la rotura progresiva de eslabones, siendo cada eslabón un país imperialista.

3. Cómo se halla el sujeto revolucionario, el proletariado.

El proletariado es la única clase social revolucionaria en tanto es la clase social mayoritaria, numéricamente, y porque es la clase oprimida por la minoría burguesa explotadora y, por tanto, es aquella que tiene una necesidad objetiva de romper los grilletes de la explotación que le niega la vida. En consecuencia, el proletariado es la clase social que está llamada a hacer la revolución siendo, por tanto, el sujeto revolucionario.

El proletariado tiene negada la propiedad sobre los medios de producción, que están en manos de una minoría – la burguesía – que acumula la riqueza, siendo las relaciones de producción que se elevan como consecuencia de esta realidad relaciones de producción de explotación, de sometimiento de una mayoría de la humanidad a una minoría.

Como hemos comprobado en el primer punto del presente documento, los monopolios concentran cada vez más riqueza, poseen los medios de producción y, con ello, poseen el control de los estados burgueses, marionetas de las agrupaciones supranacionales de imperialistas y, por tanto, los instrumentos de represión – físicos y psicológicos – de la humanidad que es el proletariado. A ello se debe unir la fuerza de la costumbre, el peso de la historia del desarrollo de la sociedad humana donde desde el esclavismo al capitalismo, pasando por el feudalismo, la base de las relaciones de producción de dichos regímenes es la propiedad privada sobre los medios de producción y, por tanto, la división de la sociedad en explotadores y explotados, en opresores y oprimidos.

Ese desarrollo de la sociedad humana, esa historia de la lucha de clases, ya nos ha mostrado el camino al proletariado del progreso social, que pasa por poner fin a la médula espinal de las formaciones socioeconómicas que dividen la sociedad en explotadores y explotados, poner fin a la propiedad privada sobre los medios de producción. De hecho, el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 nos enseñó como abolir el estado burgués y el posterior nacimiento del país de los soviets nos demostró la superioridad del socialismo respecto del capitalismo, colocando en dos décadas a la URSS como una potencia mundial, a la cabeza del mundo en desarrollo industrial y social. Y con el desarrollo de la URSS no sólo progresó el proletariado en dicho estado multinacional, sino que fortaleció las fuerzas del proletariado mundial, lo que se tradujo en conquistas por parte de éste de progreso social, a la par que los pueblos empezaron a rebelarse contra el imperialismo conquistando su emancipación nacional, rompiendo con el yugo imperialista.

El enorme avance que el proletariado conquistó durante las décadas de existencia de la URSS se invirtió tras la implosión de ésta, con el debilitamiento del Movimiento Comunista Internacional y el consecuente avance de los opresores, de la oligarquía financiera, y con ella sus creaciones fascistas y oportunistas.

El proletariado lleva más de tres décadas bajo la absoluta influencia ideológica del imperialismo. Esta influencia ideológica, en términos generales, no es contrarrestada porque el proletariado se halla huérfano de un movimiento comunista internacional, de organizaciones comunistas que contrarresten y desmonten la propaganda imperialista. Organizaciones comunistas que, un gran número de ellas, directamente abrazan el oportunismo y avanzan por la senda del reformismo, repudiando cualquier salida o solución revolucionaria.

De tal modo que el proletariado se halla completamente desvertebrado y desorganizado, a merced de su enemigo de clase. La falta de organizaciones revolucionarias con influencia real entre las masas proletarias conduce a los proletarios a tener una psicología donde ven al capitalismo como todopoderoso y eterno, deslizando la lucha política por el circuito burgués del parlamentarismo y de la democracia burguesa, una democracia burguesa que, a la misma vez que los monopolios han ido engordando y acumulando cada vez más riqueza, más poder económico, se ha transformado en sistemas reaccionarios donde, con independencia de la marca – partido político del capital – que venza en los comicios, son los que no se presentan  a las elecciones los que gobiernan, los monopolios, y los que quitan y ponen peones a su antojo, en tanto controlan medios de manipulación de masas, ejércitos, fuerzas de represivas y las judicaturas. Ello se ha podido ver en múltiples estados como Brasil, Bolivia, Argentina, Perú o se está pudiendo comprobar en España.

La depauperación de las condiciones económicas del proletariado – como se puede corroborar en el primer bloque de este documento – así como de otras condiciones laborales, que imponen los imperialistas, unido a la debilidad extrema del movimiento comunista, de los verdaderos partidos comunistas que muestran al sujeto revolucionario su salida natural y la necesidad de la organización como clase para conquistar unas condiciones favorables a sus intereses, y consecuentemente, al no estar ocupado dicho espacio por los revolucionarios marxistas-leninistas, es ocupado por los agentes del capital – ya sean los oportunistas o, directamente, la reacción – dentro del centro de trabajo, haciendo que la clase obrera se halle totalmente disgregada y que el trabajador tenga en su psique permanentemente la salida individual que siempre va a ser una salida que beneficie al gran capital y que le perjudica al trabajador tanto en términos individuales como, obviamente, de clase. El proletario en la pequeña empresa, donde es fuertemente explotado, al comprobar in situ como su trabajo es el que genera la riqueza de su patrón y conocer a la clientela del negocio, ante la falta de conciencia de clase – consecuencia de la debilidad del instrumento generador de la conciencia, el Partido comunista – busca la salida individual y burguesa, esto es, convertirse en un pequeño burgués y arrebatar la clientela a su patrón montando él su pequeña empresa. En la empresa grande el oportunismo – a través de los sindicatos de la patronal subvencionados por los estados burgueses – hace su trabajo de conciliación de clase, que es de subordinación de los intereses de los obreros a los intereses del burgués. La temporalidad implica un grado de rotación elevado en los puestos de trabajo que hace que el trabajador vea en la huida de una empresa a otra la fórmula para disminuir su malvivir y, por consiguiente, el tratar de progresar, nuevamente en lo que es la salida individualista fruto de la impregnación de la ideología burguesa y de la falta de influencia de la organización revolucionaria y clasista. La acción desvertebradora y divisora del oportunismo, bajo la dirección de la burguesía, la desarrollan haciendo que cada empresa sea una isla, que los obreros de las diferentes empresas y de los diferentes sectores no construyan la unidad vinculando las luchas de los diferentes centros de trabajo y de los diferentes sectores en una única lucha de clases contra el imperialismo y la clase de los empresarios. Todo ello es, fundamentalmente, consecuencia de la ausencia del Partido de los comunistas organizado en los centros de trabajo, en las fábricas, en los diferentes sectores de la producción.

Esto que acabamos de expresar es con respecto a los estados capitalistas con un grado alto o medio-alto de desarrollo. En aquellos estados capitalistas con un grado de desarrollo menor, donde la violencia se aplica de una manera, por decirlo así, más abierta, los empresarios no vacilan en emplear esta violencia de manera totalmente directa con toda la impunidad. El oportunismo aquí también hace su labor de desguarnecer la organización de la clase y conducir a los obreros por el redil del capitalista, por negar la lucha de clases y conciliar con el burgués, al que jamás cuestiona como tampoco cuestiona a su sistema económico basado en la explotación del hombre por el hombre.

Lo expresado para los centros de trabajo, en la lucha sindical (política y económica), se reproduce también en la lucha genuinamente política en los barrios, en las comunidades, en los movimientos sociales. El oportunismo conduce al proletariado a transitar por los cauces del legalismo y de la institucionalidad burguesa, un circuito existente para perpetuar el dominio de la burguesía y la subordinación del proletariado. La falta de organización revolucionaria, de un partido comunista que sea capaz de penetrar en las masas proletarias, conduce la frustración del proletariado al que le guía el oportunismo que se materializa en la apatía, la impotencia, la desesperanza, el rechazo al sistema o el escepticismo y que se visualiza en los procesos electorales burgueses en el grado de abstención. Estos sentimientos, en la descomposición del sistema político burgués, la burguesía trata de encauzarlos a través del fascismo, que es el mayor grado de revisionismo histórico existente, al objeto de confrontar a la clase obrera entre sí, de dividir al proletariado mediante el nacionalismo exacerbado, el racismo, la xenofobia y, sobre todo, el anticomunismo. Y es que la burguesía es plenamente consciente tanto de la descomposición y muerte de su base económica como de su formación socioeconómica imperialista y, también, es totalmente consciente de que su enterrador es el proletariado, siempre que esté dirigido, organizado y bajo la influencia ideológica de las fuerzas del marxismo-leninismo, por ello todos los esfuerzos de la burguesía pasan por la batalla ideológica – batalla cultural también le denominan los fascistas – para alienar al proletario, para hacer que odie a su propia clase y, cuando esto no es suficiente, no vacila en la represión, en el asesinato, pues la burguesía es la clase más criminal que ha alumbrado la historia.

Los medios de comunicación – radios, canales de televisión, redes sociales, periódicos en papel y digitales, … -, la práctica totalidad en manos de los capitalistas, vierten entre el proletariado la ideología de los monopolios, el anticomunismo y, también, sirven para atemorizar y anestesiar al proletariado.  Estos medios de manipulación de masas no dudan en justificar – y mostrar – la represión  de los imperialistas, en justificar las guerras de carroña, los bloqueos económicos, los genocidios y demás fechorías perpetradas por los imperialistas al objeto de engañar a las masas proletarias, en vilipendiar al proletariado y a su ciencia revolucionaria – el marxismo-leninismo –  y, también, en reflejar una imagen todopoderosa de las fuerzas imperialistas, para mellar la psicología de aquellos proletarios con un mínimo de sentido crítico y rebelde, para que en la psique del proletariado se instale el pensamiento de que nada se puede hacer contra el capitalismo y los capitalistas, que la confrontación contra el capitalismo y su superestructura es inviable.

Con el desarrollo tecnológico, actualmente en manos de un puñado de multimillonarios, la agudización de la explotación del proletariado, así como su alienación y represión se acrecienta. La automatización de la producción y de los servicios conllevarán centros de trabajo con menos obreros y menor interrelación entre ellos, estableciendo unas condiciones peores para la organización económica del proletariado en los centros de trabajo, o lo que es lo mismo, dificultando la organización sindical. El desarrollo de la tecnología también está sirviendo para que la manipulación sobre las masas proletarias efectuada por la burguesía sea más efectiva, en tanto, por un lado, se censura todo aquel mensaje – ya sea por censura propiamente dicha como por no promoción de los contenidos por los algoritmos – que vaya en contra de los intereses de los dueños de las redes sociales y de los espacios donde se ubican los contenidos, propiedad de los monopolios. Ergo la inteligencia artificial y los autómatas o algoritmos de datos proporcionan a la clase obrera toda aquella información que beneficie a sus dueños, a los monopolios, siendo mucho más efectivo en la labor de alienación del proletariado y mostrando, nuevamente, que solo mediante la socialización de la tecnología, mediante el socialismo, se podrá liberar a la humanidad de la alienación y el embrutecimiento al que la somete la burguesía.

El capitalismo, tanto en su fase premonopolista, como en su fase actual monopolista o imperialista, persigue la perpetuación de un sistema explotador basado en una sociedad dividida en clases como reflejo de un sistema económico donde los medios de producción están en manos de unos pocos, donde son propiedad privada de un puñado de burgueses y, por tanto, el sistema capitalista es la perpetuación de la violencia pues ésta hunde sus raíces en la existencia de una sociedad dividida en clases sociales cuyos intereses son antagónicos.

El proletario, ante la ausencia del instrumento que le genera conciencia de clase y que le sirve en la lucha de clases, el Partido leninista, se ve minúsculo ante un mundo verdaderamente hostil, donde se siente totalmente desprotegido, atomizado, contemplando como todo lo que le rodea es corrupción, que es la forma en la que los monopolios manejan el Estado, impunidad para los ricos, los capitalistas, los burgueses, y represión permanente tanto del Estado, a través de los jueces y las fuerzas de represión del Estado, así como en el seno de la empresa por el burgués.

Todo lo mencionado constata que el propio enemigo de clase, la burguesía, es mucho más consciente de la fuerza del proletariado, del papel revolucionario de éste, que nuestra propia clase. Y es que nuestra clase social, el proletariado, necesita al Partido leninista, que es el corazón y el alma de la clase, para que ésta tome conciencia de sí y para sí, esto es, conciencia de lo que es, el sujeto revolucionario, y de la misión histórica que le corresponde desarrollar, poner todos los medios de producción al servicio de la mayoría de la humanidad que es el proletariado, y ello pasa por llevar a término la labor de derrocar revolucionariamente al imperialismo y desarrollar el socialismo, tomando el proletariado todo el poder económico, político e ideológico.

4. ¿Cómo construir la unidad del proletariado? Uniendo a los comunistas en una organización única, rompiendo con la burguesía y las alianzas interclasistas.

La historia nos muestra que siempre que el proletariado ha avanzado, ha conquistado el poder y, consecuentemente, ha avanzado la humanidad en su conjunto, es porque estaba guiado por su partido de vanguardia, por el Partido leninista, la parte más avanzada del proletariado organizado. Y también nos demuestra la historia que cuando el proletariado está desdibujado, absolutamente fragmentado, a merced de la burguesía, despojándolo de cualquier derecho y sufriendo la explotación y violencia de clase máxima y, por tanto, conduciendo la humanidad hacia el abismo, es porque el partido leninista está desnaturalizado o no existe, porque el oportunismo impera en lo que se denomina movimiento comunista, el cual corrompen alimentando a la reacción.

Al proletariado, que en términos objetivos es la clase que se halla despojada de los medios de producción y se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, le da conciencia de lo que es, le da objetivo como clase, le muestra su misión histórica, le enseña a interpretar correctamente el mundo mostrándole su realidad objetiva de guerra abierta contra la burguesía, poniendo coto a la espontaneidad y la individualidad y mostrando que el combate contra la burguesía se rige por el principio de la lucha de clases, en definitiva, al proletariado le abre los ojos como clase, la pertrecha como tal y le conduce a la emancipación el Partido leninista, o lo que es lo mismo, la organización de la parte más avanzada de la clase obrera. El partido leninista es quien le indica al proletariado el mundo que él debe construir – un mundo liberado del yugo explotador capitalista donde quede abolido el Estado y, consecuentemente, las clases sociales – y que le enseña que la burguesía se sostiene como clase gracias a la propiedad privada de los medios de producción y las estructuras institucionales burguesas – superestructura – que elevan y que solo se puede derrocar a la burguesía derrocando su base económica capitalista y no dejando en pie el Estado burgués, debiendo construir la clase obrera sus propias instituciones así como desarrollar el socialismo. El partido leninista, pues, es el estado mayor del proletariado y su respuesta coherente a la lucha de clases; es el corazón y el cerebro del proletariado, es una parte inherente de éste, su parte más avanzada.

Por este motivo la burguesía ataca sin piedad al partido leninista, porque es plenamente consciente que el partido leninista es quien otorga a la clase obrera táctica y estrategia, quien le muestra realmente su realidad objetiva y le muestra el camino de su emancipación como clase social, es quien cultiva al proletariado en la lucha de clases y lo fortalece organizativamente, en definitiva, la burguesía ha comprendido que la única manera de mantener al proletariado sometido pasa por interceptar, perseguir y desnaturalizar a su partido de vanguardia, el partido leninista armado de su ciencia revolucionaria para la abolición de la explotación del hombre por el hombre: el marxismo-leninismo.

La historia, la caída de la URSS, también nos ha enseñado que con una revolución triunfante, y una sociedad construyendo el socialismo, la única manera que tiene la burguesía de combatir al proletariado de manera efectiva y revertir esa revolución triunfante es atacando al Partido Leninista, desnaturalizándolo y corrompiéndolo, como ocurrió en la Unión Soviética desde la segunda mitad de la década de los 50s del siglo pasado hasta su implosión.

Por tanto, para que el proletariado pueda emanciparse, para que el proletariado pueda actuar en libertad, tomando conciencia de que debe romper los grilletes de la explotación y de la miseria a las que le condena el imperialismo, es imprescindible la existencia del partido leninista. El Partido leninista es esencial para que el proletariado tome conciencia de sí y para sí, es necesario para organizar a la clase y organizar la Revolución proletaria cuyo sujeto revolucionario y constructor de la toma revolucionaria del poder por ella misma es la clase de los proletarios, pero también es cardinal y necesario para, toda vez el proletariado toma el poder en sus manos, edificar la formación socioeconómica socialista, desarrollando la base económica socialista y, a la par, construyendo un mundo, una superestructura, que garantice el dominio en la lucha de clases del proletariado liquidando todo derecho a la burguesía y, por tanto, ir avanzando hacia el estadio comunista, la sociedad sin clases sociales y sin estado. Un partido que irá extinguiéndose a la par que el estado, a la par que la lucha de clases, a la par que se extingue el proletariado pues es una parte de éste.

Por ello, el marxismo es una ciencia partidista, porque el partido es la respuesta al proletariado para la lucha de clases, es el instrumento con el que llevar las ideas del socialismo científico al movimiento obrero, a las masas proletarias, un partido que según Marx y Engels debía ser internacional e internacionalista y que era el instrumento que fusiona el socialismo científico con el movimiento obrero, que eleva a éste, convirtiéndolo en el sujeto revolucionario, dotando a la clase explotada e infinitamente más numerosa, de su ciencia emancipadora.

Toda formación socioeconómica se conforma de una base económica que eleva una superestructura determinada y de una clase dominante, hegemónica que es la que dicta y desarrolla. En la formación socioeconómica capitalista, la base económica es el capitalismo, en su grado final, el capitalismo monopolista o imperialismo; eleva una superestructura imperialista que produce leyes, tiene unas instituciones y engendra una sociedad, una cultura, unas formas de estado a imagen y semejanza de la clase dominante, la burguesía y, más concretamente la burguesía monopolista, que es quien ejerce su dictado, o dictadura. En la formación socioeconómica capitalista, el proletariado es la clase dominada, es la clase explotada, es la clase despojada de la propiedad de los medios de producción y, por tanto, del producto de la producción y ello implica, incluso, que al proletariado la burguesía le niega hasta su libre albedrío.

Para emanciparse el proletariado necesita construir su formación socioeconómica. Una formación socioeconómica donde en la base, los medios de producción estén en manos del proletariado, y por tanto, también el desarrollo tecnológico; donde las relaciones de producción se fundamenten en la propiedad social sobre los medios de producción al objeto de, progresivamente, erradicar todo tipo de explotación del hombre por el hombre y liquidar todo tipo de desigualdad social, una base económica cuyo producto esté en manos de la mayoría proletaria, del proletariado. Una formación socioeconómica que contendrá una superestructura, un mundo, a imagen y semejanza de la clase dominante, el proletariado, que es el sujeto constructor de ese nuevo mundo, erigiéndose en clase dominante que, por primera vez en la historia del género humano, corresponderá a la inmensa mayoría de la humanidad.

A día de hoy rige el imperialismo, la fase monopolista del capitalismo, donde como hemos visto se produce una concentración del capital en unas pocas manos que amasan cada vez una mayor riqueza y, en consecuencia, una socialización de la pobreza sobre la que hemos visto cómo los imperialistas manipulan para tratar de enmascarar que dicho sistema económico agudiza la desigualdad y la pobreza. Y comprobamos como los monopolios, el capital financiero, o, como los capitalistas denominan, “las élites”, imponen su dictadura a sangre y fuego a lo largo y ancho del globo terráqueo.

El proletariado, como sujeto revolucionario que es, debe derrocar revolucionariamente al imperialismo y construir el socialismo. Para Lenin la unidad del proletariado es la unidad de su vanguardia, es la unidad de los marxistas-leninistas y, sin la unidad de los comunistas, jamás puede haber unidad de clase para que el proletariado pueda cumplir con su misión histórica de acabar con lo viejo, el imperialismo, y armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción mediante la revolución socialista y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, construyendo el socialismo como primera fase hacia el comunismo.

Por tanto, el problema que hemos de resolver los comunistas hoy es el de la unidad de los comunistas, que es la unidad del sujeto revolucionario y, por tanto, la fuerza capaz de dar cumplimiento a la misión histórica de este. Sin sujeto revolucionario no hay revolución socialista y, sin ésta, no hay socialismo, sin ésta el imperialismo se sostendrá moribundo llevándose por delante la sangre inocente de centenares de millones de seres humanos. Y esa unidad del proletariado que necesitamos para romper con la explotación y la barbarie imperialista, es la unidad de los marxistas-leninistas en torno al principio organizativo del centralismo democrático.

Hoy el movimiento comunista internacional no está abordando la cuestión fundamental que debería abordar, la unidad de los comunistas, que es la cuestión de la unidad del proletariado y la organización de su parte más avanzada, que es la cuestión de fortalecimiento del sujeto revolucionario para cumplir su misión histórica y revolucionaria.

Y sin construir los cimientos, sin construir la unidad de los comunistas, y desde la división dentro del movimiento comunista, cuando no desde la mismísima estafa, algunos de los que se reivindican del comunismo -y que tras ellos lo que hay es ideología burguesa como el nacionalismo y el revisionismo – se lanzan a diseñar tácticas, o mejor dicho deformar y envilecer tácticas que el movimiento comunista internacional en la década de los 30s del siglo pasado planteaba en un mundo diferente al actual, con un imperialismo que todavía tenía margen de desarrollo como han evidenciado estos 90 años, y cuando existía un sujeto revolucionario con fuerza, un movimiento comunista en ascenso y fortalecido gracias a la URSS y su partido comunista que engrandeció a todo el movimiento comunista internacional como lo reflejó la Internacional Comunista.

Lenin señalaba que «no puede haber unidad (…) con los políticos obreros liberales, con los desorganizadores del movimiento obrero, con los infractores de la voluntad de la mayoría. Puede y debe haber unidad de todos los marxistas consecuentes, de todos los defensores del marxismo íntegro y de las consignas no recortadas, independientemente de los liquidadores y sin ellos.

 

¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo».

Desde el PCOE consideramos esencial la construcción de esa unidad de los marxistas-leninistas. Sin duda, estimamos que esa unidad únicamente puede materializarse desde la fidelidad a los principios del leninismo en lucha frontal contra el oportunismo, que es la expresión de los intereses del imperialismo en el seno del proletariado para impedir su unidad y la toma de conciencia, y estando con la clase mostrándole la salida revolucionaria y construyendo la organización para ello.

El imperialismo, como hemos visto, ha concentrado la riqueza y la producción en unos pocos monopolios, ha socializado la pobreza y, en este proceso socializador de la miseria, de desigualdad brutal, no sólo tira por tierra las condiciones del proletariado, sino que practica el canibalismo dentro de su propia clase, la burguesía, empujando a la ruina y a la proletarización a cada vez más capas de la pequeña y mediana burguesía. Este hecho impregna al proletariado de la ideología burguesa proveniente de esas capas burguesas proletarizadas.

Ante este escenario, donde no hay imperialismo agresivo y no agresivo, donde no hay imperialismo ofensivo y otro defensivo, donde la concentración del capital cada vez es mayor en menos manos, y donde únicamente hay un imperialismo que constituye una formación socioeconómica única a nivel internacional en el que toda la economía mundial se halla entrelazada, una única base económica donde dominan los monopolios, donde prepondera la putrefacción – el capital financiero sobre el capital productivo -, donde la exportación de capitales impera, donde los monopolos aplican su dictadura a nivel planetario a través de asociaciones de imperialistas supranacionales que manejan a los estados nación que se convierten en sucursales de los grandes monopolios para aplastar a los proletarios y transferir riqueza hacia dichos empresas multinacionales, donde los monopolios pelean entre ellos para repartirse un mundo ya repartido empleando la guerra donde mandan a morir a la clase proletaria, el proletariado debe organizarse para confrontarse de plano contra todo ello. La burguesía aplica a rajatabla la lucha de clases, y la inocula en el seno del proletariado, fortaleciendo el oportunismo de tal modo que aparece una parte que dice reivindicarse del movimiento comunista, y que Lenin denominaba  “los enemigos y falseadores del marxismo”, a los que se les llena la boca hablando de antiimperialismo cuando lo que hacen es negar la existencia de un único imperialismo, cuando lo que hacen es maquillar ante el proletariado al imperialismo y buscan todo tipo de alianza interclasista a la par que combaten a muerte a los marxistas-leninistas.

Esa expresión de interclasismo, que en realidad no es más que la subordinación del proletariado a la burguesía, a nivel internacional adquiere hoy la formulación política de Frente Mundial Antiimperialista o Plataforma Antiimperialista Mundial, donde persiguen conformar una alianza con capas de la burguesía que, si bien manifiestan combatir el imperialismo, bajo ningún concepto pretenden superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo, siendo muchos de ellos enemigos acérrimos del marxismo-leninismo. Un antiimperialismo singular pues son beligerantes con unas potencias imperialistas – EEUU o la UE – y, por el contrario, encubren a otras potencias imperialistas y carroñeras como las primeras a las que caracterizan como no imperialistas como, por ejemplo, son China o Rusia.

Estos “enemigos y falseadores del marxismo”, cuya actividad se fundamenta en el engaño y la traición al proletariado, el parasitismo y, de facto, la negación del marxismo-leninismo en tanto que, de hecho, se niega la lucha de clases, hacen extraños compañeros de viaje y aliados, de tal manera que partidos que se dicen comunistas y que dicen defender la autodeterminación suscriben posiciones conjuntas con organizaciones políticas reaccionarias, como se constata en la Declaración de París de 14 de octubre de 2022 de la Plataforma Antiimperialista Mundial donde van de la mano el PCPE – que dice ser defensor de la autodeterminación de las naciones oprimidas y denomina al estado español como “cárcel de pueblos y naciones” (Julio Díaz, enero de 2024) – y Vanguardia Española que es una organización reaccionaria, y nacionalista española. Sin embargo, no es extraño que vayan de la mano pues, realmente, ambas organizaciones están unidas por el nacionalismo – unos de naciones que, ni tan siquiera aplicando el marxismo-leninismo existen, y otros nacionalistas españoles – y ambas organizaciones repudian el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, por lo que ambas están realmente unidas contra el marxismo-leninismo.

Otro ejemplo de frentes interclasistas, y anticomunistas, se puede ver en el estado español, concretamente en el archipiélago canario, donde el partido “nacional” canario del PCPE, el PCPC, ha creado una plataforma por un Estatuto de Neutralidad para Canarias, donde dicho partido supuestamente comunista, está aliado con organizaciones sociales y con partidos de la burguesía, como por ejemplo Nueva Canarias, y otras organizaciones nacionalistas canarias, por el que señalan que “La neutralidad es la opción que aporta mayor seguridad al Archipiélago Canario y supone una mejor contribución a la paz, como lugar de encuentro internacional y de apoyo a la solución dialogada de conflictos, en un escenario internacional complejo y tensionado.”, buscando apoyo en las instituciones burguesas, las cuales no es que no cuestionen, es que buscan su abrigo, como se comprueba cuando señalan “En el desarrollo de la campaña se ha dado el paso de demandar al Parlamento de Canarias su compromiso para impulsar y apoyar todo tipo de iniciativas que puedan hacer posible el reconocimiento del Estatuto de Neutralidad en el ordenamiento jurídico estatal e internacional. Posteriormente su recorrido será hacia el Parlamento de Madrid, así como su tramitación ante la Unión Europea y la ONU. La campaña, que continuará con su extensión a todas las islas, y la creación de comités populares por el Estatuto de Neutralidad.” Curioso antiimperialismo el del PCPE que busca apoyo en instituciones abiertamente imperialistas como el parlamento español o el parlamento de la UE. Y nosotros nos preguntamos, en un mundo imperialista donde los monopolios están en pugna por el reparto del pastel mundial, donde rige la lucha de clases y donde la explotación es ley ¿a qué neutralidad apela el PCPE? Los comunistas en el mundo no podemos ser neutrales, estamos con el proletariado – da igual de dónde sea porque el proletariado es internacional y no tiene más patria que el socialismo -, con la revolución proletaria mundial y con el socialismo, con la abolición del capitalismo, responsable de la explotación, responsable de una sociedad dividida en clases antagónicas causantes de la violencia contra el proletariado, una violencia que la burguesía ejerce a través del estado burgués, ese que los comunistas debemos derrocar y que, a sus parlamentos, el PCPE va a pedir que les firmen sus Estatutos de neutralidad burgueses y oportunistas que son una puñalada al marxismo-leninismo y al proletariado, actuando de una forma que ensucia el término comunista que portan en el nombre de dicha organización enemiga del comunismo.

Cómo puede verse, en estos dos ejemplos que hemos mencionado de política de masas interclasista aplicada por, empleando la expresión de Lenin, “estos enemigos y falseadores del marxismo”, en nada ha servido al proletariado ir de la mano de la burguesía en términos de crecimiento organizativo, de nada ha servido con respecto del desarrollo de una Internacional Comunista, de nada ha servido al desarrollo de la Revolución proletaria, para lo único que ha servido es para subordinarse a los intereses de la burguesía, para encauzar al pueblo por la senda del reformismo, por dar lustre a las instituciones imperialistas y por satisfacer el ego a una panda de oportunistas que viven de la división y del engaño al proletariado, como hace el PCPE, en definitiva, por fortalecer al enemigo de clase.

En el movimiento comunista hoy la correlación de fuerzas, todavía, es favorable al oportunismo y, por ello, se halla totalmente fraccionado como se constata echando un vistazo a la realidad de las fuerzas que se reivindican del comunismo tanto en las diferentes naciones como a nivel internacional.

Mientras los comunistas no conquistemos la unidad, y ella sólo puede edificarse combatiendo al imperialismo y la ideología que éste insufla, empezando por el combate contra el oportunismo, que es el producto más acabado de la burguesía para dinamitar la unidad del movimiento comunista y, por tanto, del proletariado, mientras no derrotemos y desterremos al oportunismo del movimiento comunista y, consecuentemente, de la clase obrera, no podremos dar pasos hacia la emancipación social de nuestra clase, hacia la consecución de la misión histórica de la clase obrera.  La lucha a muerte contra el oportunismo constituye un eje cardinal por el que los partidos comunistas debemos unirnos para conquistar la organización única de la vanguardia que necesitamos para vencer a la barbarie imperialista.

Sin sujeto revolucionario, que no existe como tal sin la existencia e influencia de su partido, que es el partido leninista que dota al proletariado de conciencia de sí y para sí, éste no puede dar pasos para su emancipación, sino que seguirá dando vueltas a la noria de la burguesía, conduciendo al proletariado al redil de la derrota, de la perpetuación del imperialismo y de su barbarie, cada día más criminal.

Por todo ello hoy la primera tarea de los comunistas, y la más importante que nos toca acometer, es la construcción de un movimiento comunista revolucionario, que se debe abrir paso combatiendo a muerte al imperialismo y al oportunismo, que constituye la quinta columna del imperialismo dentro de nuestras filas proletarias. El PCOE está comprometido en la conquista de la unidad de los comunistas que es la unidad de la clase de los proletarios, en la defensa del marxismo-leninismo y en la lucha a muerte contra la burguesía, contra el oportunismo y tiende la mano para trabajar en esta dirección con todos aquellos que compartan esta visión del mundo y del estado de nuestra clase.

 

Madrid, 5 de junio de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)




Los experimentos bacteriológicos de los Estados Unidos

La reciente desclasificación de documentos del Pentágono que revelan experimentos militares estadounidenses con mosquitos portadores de enfermedades vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que durante décadas fue denunciada por Cuba y por numerosos movimientos antiimperialistas del mundo, que no es otra que la utilización de agentes biológicos como instrumentos de guerra y dominación. Los documentos conocidos como Proyecto Bellwether muestran que, a finales de los años cincuenta, el Ejército de Estados Unidos estudió la capacidad de mosquitos como el Aedes aegypti para actuar como vectores de enfermedades en poblaciones humanas, dentro de programas destinados a evaluar su potencial estratégico como arma biológica. Para quienes observan la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, estas revelaciones no constituyen una anécdota aislada. Forman parte de una larga tradición de agresiones dirigidas contra la Revolución Cubana y contra cualquier proyecto que desafíe la hegemonía estadounidense en América Latina, a la que consideran su patio trasero.

No es casualidad que en los últimos años Cuba ha sufrido un incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos, especialmente dengue y arbovirosis, en un contexto marcado por enormes dificultades para adquirir insecticidas, equipos médicos, reactivos de laboratorio y medicamentos. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supuso un endurecimiento sin precedentes de las sanciones económicas contra la isla, con cientos de medidas adicionales destinadas a restringir la llegada de petróleo, de sus fuentes de ingresos y de sus relaciones financieras internacionales.

Entre esas medidas destaca la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, una herramienta jurídica concebida para intimidar a empresas e inversores extranjeros mediante la amenaza de litigios en tribunales estadounidenses. El resultado ha sido una mayor dificultad para realizar transacciones bancarias, contratar seguros marítimos, adquirir suministros médicos y garantizar la llegada de productos esenciales para la población cubana. El impacto de estas políticas no puede medirse únicamente en términos económicos. Cuando un país enfrenta obstáculos para comprar medicamentos, piezas de equipos hospitalarios, combustible para fumigaciones o alimentos básicos, las consecuencias terminan reflejándose en la salud y en la calidad de vida de millones de personas, además de la esperanza de vida y los índices de mortalidad infantil, en un intento de generar artificialmente un levantamiento contra el gobierno revolucionario, plan que lleva fracasando desde la invasión mercenaria en Bahía Cochinos de 1961. Por eso, la mortalidad asociada a determinadas enfermedades no puede analizarse al margen de las condiciones materiales impuestas por un bloqueo que persigue explícitamente provocar dificultades sanitarias, económicas y sociales.

Las actuales revelaciones sobre los experimentos biológicos estadounidenses (Un documento desclasificado revela que EEUU liberó mosquitos con enfermedades en zonas habitadas como experimento) adquieren así una dimensión política aún más inquietante. Si documentos oficiales demuestran que el aparato militar estadounidense ha estudiado y, lo más importante, ha ensayado la utilización de mosquitos como vectores de enfermedades contra poblaciones humanas, resulta comprensible que en Cuba persistan profundas sospechas sobre el origen de determinadas epidemias que han afectado a la isla a lo largo de su historia revolucionaria y con una incidencia exponencial desde que se ha aumentado el grado de violencia contra la isla. Aunque cada episodio debe analizarse con rigor y evidencias concretas, el historial de operaciones encubiertas estadounidenses alimenta inevitablemente esa desconfianza.

La historia ofrece antecedentes significativos. El Plan Mangosta, impulsado por la administración Kennedy tras el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos, contempló acciones de guerra bacteriológica, sabotaje económico, infiltración, terrorismo y operaciones clandestinas dirigidas a desestabilizar al gobierno revolucionario. Durante décadas, Cuba denunció campañas de agresión que afectaron a sectores estratégicos de su economía, especialmente la agricultura y la ganadería por la aparición de misteriosas plagas.

Más allá de los debates sobre episodios concretos, existe una realidad incontestable de que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos ha causado enormes daños al desarrollo de Cuba. Ha limitado su acceso a créditos internacionales, ha encarecido las importaciones, ha dificultado la adquisición de tecnologías médicas y ha obstaculizado el abastecimiento de alimentos y medicamentos.

Las nuevas revelaciones sobre los programas militares relacionados con mosquitos y enfermedades recuerdan que la Guerra Fría no fue únicamente una confrontación ideológica o militar. También fue un laboratorio de métodos de guerra no convencionales cuyos efectos recaían sobre la población civil como ocurre en la actualidad cubana porque, en este contexto histórico, Cuba ha sido durante más de seis décadas uno de los principales objetivos de la política estadounidense.

Por ello, la defensa de Cuba exige denunciar simultáneamente todas las formas de agresión como las operaciones encubiertas del pasado, los experimentos militares que utilizan agentes biológicos como herramientas de guerra y el bloqueo económico que continúa castigando a la población cubana. Porque cuando se restringe el acceso a medicamentos, alimentos y recursos sanitarios esenciales, el bloqueo deja de ser una cuestión diplomática para convertirse en un problema de vida o muerte para millones de personas. Si a eso le añadimos la guerra bacteriológica que está causando la epidemia actual de dengue y arbovirosis, de la que el imperialismo yanqui ya ha dado muestras durante su triste historia, a la que se añade la puesta en marcha del Título III de la Ley Helms Burton, que dificulta el acceso a medicamentos e insumos sanitarios, nos hallamos frente a una operación de genocidio planificado de la que el imperialismo yanqui viene dando grandes muestras como en Gaza o Vietnam.

Las recientes desclasificaciones sobre los programas militares estadounidenses con mosquitos, utilizados como potenciales vectores de enfermedades, constituyen un recordatorio de hasta dónde han llegado las estrategias de agresión contra pueblos que han decidido defender su soberanía. Frente a esta realidad, la lucha por el levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo sigue siendo una exigencia de justicia. Porque ningún pueblo debería ser castigado por ejercer su derecho a decidir su propio destino. La historia juzgará a quienes durante décadas han fracasado sistemáticamente en el intento de rendir por hambre, enfermedad y asfixia económica a una nación que eligió un camino independiente. Y la historia absolverá a un pueblo cuya resistencia, pese a todas las agresiones, ha conseguido mantener intacta su dignidad y su soberanía frente a lo que muchos consideran una de las campañas más prolongadas de coerción política, económica y bacteriológica de la historia contemporánea.

¡Por el fin del bloqueo!

¡Por el fin de la guerra bacteriológica!

¡Cuba sí, yanquis no!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Solidaridad con Cuba, su revolución y con el compañero Raúl Castro Ruz

El fascista estado norteamericano, el estado más criminal y asesino que ha parido la historia, erigiéndose nuevamente en caudillo del mundo, ha procedido a levantar cargos contra el compañero Raúl Castro Ruz, dirigente histórico de la Revolución cubana. El delito de Raúl para el Imperio ha sido cumplir con la Revolución y con la defensa y la soberanía de Cuba.

EEUU vulnera sistemáticamente toda legalidad internacional, sojuzga a los pueblos del mundo con la mayor impunidad, con unos dirigentes que son una caterva de narcotraficantes, ladrones y pedófilos, aparte de genocidas, y prosiguen el acoso y derribo contra la Revolución cubana y su heroico pueblo y esta vez se concreta en este ataque contra el compañero Raúl.

Sin embargo, lejos de mostrar fortaleza, esta acción del imperialismo norteamericano lo que denota es su bancarrota económica y política que le empuja a abrazar al fascismo como tabla de salvación de una élite putrefacta.

El bloqueo norteamericano contra Cuba, durante décadas, es un acto de genocidio contra dicho pueblo que EEUU ha materializado con una impunidad absoluta, a pesar de vulnerar cualquier principio elemental de la legalidad internacional y, por supuesto, reflejando la deshumanización de lo que es y significa el imperio. EEUU es responsable de un ingente número de golpes de estados y de guerras en los diferentes continentes del planeta.

El imperialismo es enemigo de la humanidad y sólo puede subsistir expoliando y asesinando. Cuba ha sido, y es, un espejo para millones de seres humanos y para muchos pueblos masacrados por el imperialismo y, por ello, lleva siendo agredida décadas por EEUU, que no puede permitir que el modelo cubano prospere para impedir que se multipliquen procesos revolucionarios a lo largo del mundo y, fundamentalmente, en el continente americano al fin de emular a Cuba, a su humanismo y su justicia social.

Mientras en EEUU el pueblo cada día se empobrece más y sus condiciones de vida son más precarias, su jefe de estado, atenazado por el caso de pedofilia Epstein, y empujado por la necesidad que tienen los monopolios de apropiarse de la riqueza para confrontarse con China y demás potencias hegemónicas, debe apostarlo todo al fascismo – que en política exterior es el chovinismo, la guerra imperialista – expresando sus apetencias expansionistas con respecto de Canadá, Groenlandia, Oriente Medio y, fundamentalmente, el continente americano del que se considera dueño.

Irán está dando buena cuenta de que el imperialismo norteamericano es batible en el terreno militar, como antaño hicieron otros pueblos del mundo. Este fracaso militar, y también económico, el criminal gobierno norteamericano trata de superarlo como únicamente sabe: con la extorsión, con la injerencia, con el terrorismo, con el golpismo y el saqueo.

En América Latina EEUU ha perseguido judicialmente e, incluso, encarcelado – ya sea de manera directa o a través de los corruptos sistemas judiciales de los estados latinoamericanos manejados desde Washington – a Nicolás Maduro, Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales, Zelaya o Lula da Silva, entre otros, y ahora, pretende hacerlo con Raúl Castro. A pesar de ello, de la ingente corrupción que siembra EEUU en el continente americano, de los pucherazos electorales, comprueba cómo los pueblos latinoamericanos se resisten y responden a dicha política de expolio e incrementan su oposición en Chile, Argentina o en Bolivia donde hay vendepatrias fascistas al servicio del Pentágono como Milei, Kast o Paz, sujetos inmorales, deshumanizados y altamente corruptos que son piezas del engranaje saqueador norteamericano.

Desde el Partido Comunista Obrero Español trasladamos toda nuestra solidaridad con Cuba, la Revolución y con el General Raúl Castro Ruz. Para que la humanidad pueda vivir el imperialismo debe morir.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 21 de mayo de 2026

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El imperialismo está en plena agonía

La tensa situación internacional que padece el proletariado no es un simple reajuste geopolítico, sino la manifestación palpable de que el imperialismo es la fase superior y decadente del modo de producción capitalista. Asistimos a una época de guerras abiertas y ascenso del fascismo, donde la putrefacción del sistema no se expresa únicamente en su tendencia al estancamiento económico, sino en una creciente y desesperada agresividad por parte de la burguesía monopolista.

El imperialismo, en su ascenso, lleva grabada su propia contradicción. Analizar los fenómenos que se desarrollan ante nosotros exige desenmascarar las ilusiones de oportunistas y socialchovinistas, y comprender la debilidad estructural que atraviesan todos los bloques imperialistas que hoy se disputan el control del mundo.

El avance de la guerra y las tensiones militares en torno a Venezuela, Cuba, Irán y otros pueblos del mundo no son un signo de fortaleza del imperialismo norteamericano y sus aliados. Es todo lo contrario. Asistimos al acto desesperado de una potencia en declive que busca estrangular las vías de desarrollo independientes y frenar el desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia Asia. El cerco a Irán revela la impotencia del gobierno trumpista de imponerse frente a los BRICS+ por su capacidad económica y es por ello que debe recurrir a la agresión militar directa, al terrorismo de guerra, al genocidio y al fascismo. Pero esta agresividad es un arma de doble filo, pues cada foco de tensión que se abre en el mundo no hace sino acelerar las contradicciones internas dentro del propio bloque imperialista que hoy, desde la Unión Europea como eslabón débil, se resquebraja.

En este contexto, el papel de la Federación de Rusia debe ser analizado con bisturí leninista. La Rusia postsoviética es una potencia capitalista con contradicciones internas agudas. Hay quienes, en su desconocimiento, han analizado el enfrentamiento con la OTAN en Ucrania como ejemplo de bastión y resistencia antiimperialista. Nada más lejos de la realidad. La clase trabajadora asiste hoy a la lucha descarnada entre un bloque imperialista en decadencia frente a otra potencia imperialista que aspira a un reacomodo multipolar para su propio saqueo nacional. Cualquier análisis oportunista que, aprovechando el contexto internacional, trate de presentar a la criminal burguesía rusa como un bloque aliado está engañando al proletariado. Además, el debilitamiento acelerado del imperialismo ruso, su fragmentación interna y las dificultades en el frente ucraniano pese a destinar buena parte de su economía a la guerra, son expresiones de la inestabilidad general del sistema.

La bancarrota del sistema es bien conocida por sus propios gestores. El miedo empieza a dominar al capital monopolista y la burguesía empieza a preparar un salvavidas. El fenómeno más revelador de la decadencia imperialista es la psicosis de la propia burguesía. La reciente cumbre de socialdemócratas en Barcelona no debe entenderse como un cónclave de progresistas y antitrumpristas, sino como una reunión de gestores del capitalismo global que son conscientes de que deben adaptar el programa neoliberal para seguir explotando a la clase trabajadora. No buscan luchar contra el fascismo para emancipar a los pueblos, sino amortiguar las contradicciones del sistema, desarrollando un movimiento internacionalista burgués para salvar al capitalismo de sí mismo.

Los gestores de nuestra miseria son plenamente conscientes de que la crisis del capitalismo, la tendencia a la reacción, la guerra y el genocidio está generando un amplio rechazo entre las masas que puede oscilar tanto hacia la barbarie del fascismo como romper con la revolución socialista. Así, las propuestas meramente antiimperialistas o progresistas se demuestran como una estrategia contrarrevolucionaria que pretenden armar un dique de contención con un discurso democrático-burgués y reformistas, completamente vacío de contenido, con el único objetivo de aislar a los partidos comunistas y canalizar el descontento popular hacia los próximos comicios. La internacional socialdemócrata es la internacional del miedo.

En conclusión, el imperialismo en ascenso es, dialécticamente, imperialismo en decadencia. Cada movimiento agresivo, cada reconfiguración de alianzas, cada cumbre burguesa, es un signo de su debilidad. La tarea del movimiento comunista internacional, guiada por la ciencia del socialismo científico, es acabar con el oportunismo que busca apoyar a una facción u otra del imperialismo en disputa, y avanzar hacia la organización independiente del proletariado. La guerra, la bancarrota económica y la recomposición interimperialista abren las condiciones objetivas para la revolución. Nuestro deber es desarrollar la alternativa revolucionaria a escala internacional y preparar la estrategia para la toma del poder. El socialismo es nuestra única salida.

 

Madrid, 4 de mayo de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La Internacional Comunista

El desarrollo del capitalismo lo lleva a internacionalizarse, creando bloques que pelean por un nuevo reparto del mundo mediante la conquista de nuevos territorios y materias primas. Por eso, la historia del capitalismo es inseparable de la fase superior que hemos descrito, la imperialista. En su recorrido, el imperialismo se expande, somete a otras economías, saquea sus recursos y castiga a pueblos enteros para sostener la acumulación de unos pocos. El imperialismo es un sistema globalizado de dominación y de nada sirve una resistencia fragmentada. Por lo tanto, no se puede responder aisladamente a un enemigo común que actúa coordinado a escala mundial.

En este escenario, la necesidad de una Internacional Comunista no es una consigna abstracta sino la exigencia política del momento actual, estimulada, además, por la fase terminal y putrefacta en la que se halla el capitalismo, la fase imperialista que hemos descrito. Por todo lo que queda expuesto, es obvio que cuando la clase obrera internacional logre articular a nivel internacional la respuesta contra la violencia y el expolio del imperialismo será capaz de enfrentarlo en sus tres frentes, económico, político y militar, convirtiendo la solidaridad entre los pueblos en una estrategia revolucionaria.

Pasemos a ver su proceso de lucha. La Internacional Comunista nos va a permitir dar una respuesta global a la violencia imperialista que funciona a nivel global. La Internacional Comunista va a permitir unificar objetivos, compartir experiencias y evitar el aislamiento, que es la victoria del imperialismo. Además, servirá de herramienta para coordinar huelgas, elevación a nivel internacional de la conciencia de clase del proletariado internacional y de procesos de resistencia y desarrollo revolucionario de dichos procesos. Vencer al imperialismo exige organización, claridad ideológica y, sobre todo, unidad internacional. Sin ella, la resistencia seguirá siendo dispersa; con ella, se abre la posibilidad real de construir un mundo libre de explotación.

Pero esta Internacional Comunista no nos va a caer del cielo, habrá que conquistarla. Desde el PCOE, a través de su Comité de Relaciones Internacionales y de la actividad de su Comité Central, trabaja infatigablemente para la creación de la misma. Mediante la formación política, la organización de base y la solidaridad internacionalista, se sientan las bases para un frente común capaz de enfrentar al capital global y abrir paso a una sociedad sin explotación, donde el poder esté en manos de quienes producen la riqueza. El Partido, arraigado en la lucha cotidiana de la clase obrera, avanza con firmeza en la construcción de la Internacional Comunista, tejiendo la unidad entre pueblos y organizaciones revolucionarias más allá de fronteras. Por eso, te llama a unirte a sus filas y trabajar hacia la revolución mundial.

¡Proletarios del mundo, uníos!

¡Una sola lucha, una sola clase, una Internacional!

¡Internacionalismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El ICE, la Gestapo del siglo XXI

La persecución, el arresto ilegal y la deportación masiva de trabajadores inmigrantes es una realidad en los Estados Unidos.

Estas acciones inhumanas se han acelerado en los últimos meses como consecuencia de la tendencia a la reacción política del imperialismo, donde la derechización es constante y el fascismo impone su ley. Así, el gobierno trumpista, siguiendo con una de sus infames promesas electorales, ha incrementado enormemente el presupuesto del ICE desde los 10.000 millones de dólares hasta los 79.000 millones, con el fin de impulsar esta organización parapolicial que detiene a más de 800 proletarios cada día, acometiendo redadas en barrios, centros de trabajo e incluso colegios.

Las amenazas se ciernen también sobre el proletariado “nacional” que se opone y protesta contra esta violencia descontrolada. Ya se ha advertido a ciudades como Mineápolis o Nueva York, lugares con una tendencia históricamente demócrata, que el despliegue de fuerzas militares puede ser inmediato de seguir sucediéndose las protestas contra las prácticas fascistas del ICE. La ira del proletariado estadounidense aumenta frente al autoritarismo y la barbarie desplegada por su gobierno, mientras que Donald Trump amenaza con reprimir las movilizaciones invocando el Acta Insurreccional y desplegando el poder militar donde sea preciso para salvaguardar la paz nacional. Todo ciudadano es susceptible de convertirse en un peligroso “terrorista doméstico” o “Antifa”.

Por si la violencia estructural contra el proletariado no fuera suficiente, el Departamento de Seguridad Nacional ha desarrollado en paralelo un enorme aparato de control y vigilancia para acabar con la legítima resistencia de los oprimidos. Por medio de contratos con empresas tecnológicas, el ICE puede llevar a cabo reconocimientos faciales, rastreo de ubicaciones y hackeos de teléfonos móviles. Una estrategia de control social que ha generado bases de datos masivas con el único fin de detectar y socavar al movimiento obrero que se levanta contra los asesinatos indiscriminados y la violencia extrema de este sistema. Un ejemplo de esta cruenta realidad es el programa ELITE, desarrollado por la empresa Palantir, que crea un mapa interactivo para localizar posibles víctimas y que adquirió un contrato por valor de 30.000 millones de dólares con el Departamento de Seguridad Nacional en el que la IA es una pieza fundamental para analizar bases de datos masivas y localizar a personas para su posterior deportación.

Redadas puerta a puerta, detenciones arbitrarias, asesinatos indiscriminados, deportaciones masivas, propaganda fascista y uso de tecnología para reprimir al movimiento obrero. El terror ha sido desplegado por la clase dominante. Es el momento de responder con violencia revolucionaria.

Las condiciones para la superación de este sistema están dadas y solo queda que el movimiento obrero ofrezca una respuesta a la altura de este momento histórico. El proletariado estadounidense debe organizarse de manera revolucionaria, construyendo el Partido Leninista que, guiado por la ciencia del marxismo-leninismo, imponga el socialismo como antesala de la nueva sociedad comunista.

 

¡POR LA ABOLICIÓN DEL ICE!

¡LA CLASE OBRERA ES INTERNACIONAL!

Madrid, 9 de febrero de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




El ICE y el imperialismo

La contradicción antagónica a nivel mundial se da entre el imperialismo y el socialismo. Con el imperialismo no se puede negociar. Es la fusión del capital financiero e industrial llevado hasta el extremo de que, una vez conquistado el territorio donde se desarrolla su comercio, se lanza a la guerra de rapiña en busca de nuevos mercados y materias primas para un nuevo reparto del mundo. Este nuevo reparto lleva a choques y tensiones entre los distintos bloques imperialistas en las que el proletariado siempre pone los muertos para su beneficio privado. Al imperialismo le sobran millones de vidas de obreros que deben ser cremadas para conseguir materias primas y mantener incólume su sistema de explotación.

El capitalismo, en su fase imperialista, chorrea sangre, muerte y miseria, que es lo único que puede ofrecer a la clase obrera. En el imperialismo, los mismos flujos migratorios que provocan sus guerras de rapiña, son luego fuertemente reprimidos y se venden como una amenaza a la identidad nacional en un sistema que se desarrolla más allá de las fronteras. Se da la paradoja de que las mercancías pueden circular libremente allende fronteras pero no así los seres humanos. Un ejemplo de ello lo vemos en el ICE norteamericano, cuyo objetivo es disciplinar y controlar a la mano de obra migrante con el fin de atemorizarlos para explotarlos mejor. El ICE está vinculado a centros de detención privados y contratos lucrativos, regados de dinero público, que convierten la detención y la deportación en un negocio. Además, es un intento desesperado de introducir el racismo y nacionalismo a ultranza, el fascismo que es la unión de ambas cosas, para medrar contra la clase obrera para beneficio del capital, un intento de introducir la división entre la clase obrera que carece de conciencia de clase. Y es que cuando el capitalismo llega a su fase imperialista, no tiene otra salida que el fascismo. El fascismo es su lenguaje pero también la muestra de su debilidad al entrar en bancarrota, los estertores de la bestia herida de muerte.

El ICE no es más que un nuevo síntoma de la desarmonización de las fuerzas productivas en la estrechez de las relaciones de producción capitalistas y de la apropiación privada del trabajo social, un intento de cremar millones de vidas proletarias que no puede introducir en su sistema productivo. Al imperialismo hay que combatirlo sin cuartel y la única alternativa para la clase obrera, foránea o nacional, es su plena unidad en la construcción del socialismo. Mientras no se dé, el capital seguirá perpetrando, mediante sus distintos sicarios armados, todas sus fechorías y la contradicción imperialismo vs. socialismo caerá en manos del imperialismo con todas sus consecuencias para la clase obrera.

El imperialismo, decía Lenin, es la antesala de la revolución proletaria ya que lleva la contradicción del imperialismo con el socialismo hasta el extremo. En este escenario, la clase obrera en EEUU se empieza a organizar contra esta violencia sistemática contra sus hermanos de clase. No sería extraño que, mediante formas más elevadas de organización, implosionara una revolución en su seno ahora que la burguesía norteamericana, encarnada en sus monopolios, muestra todos los síntomas de debilidad. Para ello necesitarán un partido revolucionario de vanguardia, el partido comunista.

El PCOE, desde el internacionalismo proletario, hace un llamamiento a la organización del proletariado estadounidense en consecución de su plena libertad y del fin de la explotación y la guerra contra sus hermanos de clase. Desde el PCOE exigimos el fin de la policía migratoria y la conquista de los derechos plenos de la clase obrera en Estados Unidos y el resto del mundo, que no llegará de otra forma que a través de la revolución proletaria.

 

¡Por el fin de la violencia imperialista!

¡Proletarios del mundo, uníos!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Sobre Venezuela, el antiimperialismo como nueva formulación del oportunismo y el socialismo

Sin duda, para que haya verdaderamente una revolución socialista, es necesario romper completamente la maquinaria del estado burgués, abolirlo junto con las relaciones de producción capitalistas socializando los medios de producción a través del nuevo estado proletario, socialista, instrumento de poder del proletariado por el que se adueña de los medios de producción y reprimir a la burguesía al objeto de acabar con ella como clase social. No hacerlo, intentar modificar el estado burgués a base de decretos y reformas, permitiendo la base económica capitalista y manteniendo plenos derechos la burguesía, no solo es contrario a lo que es una revolución socialista, sino a los principios cardinales del marxismo-leninismo, permitiendo que la burguesía mantenga el poder y facilitando la intervención de la reacción, del imperialismo. Esto es lo que acontece, por ejemplo, en Venezuela que trata de emanciparse nacionalmente pero que no ha roto nunca con el capitalismo, la Revolución Bolivariana es un proceso de liberación nacional, de lucha por su soberanía nacional sin romper con el sistema capitalista, con la propiedad privada sobre los medios de producción.

En la Revolución Bolivariana, una gran parte de la burguesía fue integrada en el bloque del poder y se reprodujeron las desigualdades y prácticas clientelares propias de la democracia burguesa. En lo económico, se fio todo a la renta petrolera, lo que no permitió diversificar la economía y generar un modelo rentista y dependiente, en un escenario de alta volatilidad, en lugar de potenciar el poder obrero sobre la producción para crear una base productiva socialista. La dislocación y el revisionismo de la ciencia obrera, el marxismo-leninismo, ha sido total como vemos en este ejemplo (https://youtu.be/2bIl4Uii5GI?si=ZhW3G_MZK5dblOWf). El proyecto, que se presentó como una tribuna antiimperialista, por no haber borrado a la burguesía del control del poder habiendo creado un estado proletario y socialista, ni al acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción, deja bien patente que una parte de lo que se denomina antiimperialismo, equiparando tramposamente imperialismo únicamente con EEUU, no es propiamente antiimperialista ni, mucho menos anticapitalista, sino que lo que pretenden es cambiar el orden actual imperialista sin acabar con el capitalismo ni su formación socioeconómica; o lo que es lo mismo, un ejercicio de idealismo burgués pretendiendo frenar y hacer retroceder la rueda de la historia, creyendo que el imperialismo se puede revertir por un capitalismo premonopolista donde la burguesía nacional juegue su papel y se respete la soberanía nacional por los monopolios imperialistas cuando el imperialismo es la consecuencia del desarrollo del capitalismo premonopolista, de la concentración del capital y la conformación de los monopolios. De hecho la agresión contra Venezuela es la expresión clara de la necesidad del imperialismo norteamericano para poder rehacerse de su bancarrota, y tratar de competir con otras potencias imperialistas emergentes, de apropiarse de los recursos de las naciones latinoamericanas, adueñándose del continente americano, desde el Polo Norte al Polo Sur, de la negación del ideario del pensamiento chavista, demostrándose que la lucha por la emancipación nacional es incompleta si esta lucha no es por el socialismo, y el socialismo y su desarrollo es el que progresivamente irá resolviendo las diferencias sociales y nacionales, construyendo un mundo sin explotación donde la igualdad plena será la ley para la humanidad. Venezuela en el trance histórico que vive hoy, para hacer respetar su soberanía y para fortalecerse frente al imperialismo, sin duda deberá fortalecer a la clase revolucionaria, al proletariado en alianza con el campesinado, desarrollando auténtico poder popular donde la clase mayoritaria y revolucionaria, que es lo que verdaderamente constituye el pueblo, sea quien responda a la amenaza criminal imperialista. Y para que haya un auténtico poder popular, del proletariado y del campesinado pobre, la base económica tiene que estar a disposición de la clase revolucionaria, esto es, debe ser socialista.

Con el imperialismo no se puede transar, hay que combatirlo sin cuartel, y ese combate es construir la única alternativa real que hay al imperialismo, el socialismo. La única manera de armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con la estrechez de las relaciones de producción capitalistas, con la propiedad privada sobre los medios de producción, pasa o por el socialismo – liquidando las relaciones de producción capitalistas y socializando los medios de producción – o por  el imperialismo – destruyendo fuerza de trabajo asesinando a millones de seres humanos, pueblos enteros mediante la guerra y la explotación capitalista -, pasa por la construcción de la igualdad plena – socialismo como fase de comunismo inmaduro y la fase posterior comunista – o la concentración de la riqueza en un puñado de manos que es el camino del imperialismo. Por tanto, la consigna ¡Socialismo o barbarie!, es la consigna vigente y que realmente rige en el mundo actual.

En el mundo actual, que va flechado hacia una nueva conflagración mundial como consecuencia de un choque de las potencias imperialistas por un nuevo reparto mundial, el oportunismo dentro del movimiento comunista hace bandera del interclasismo, de la alianza con la burguesía, con aquellos que abjuran del socialismo y que incluso son enemigos de éste, y que bajo ningún concepto pretenden que el mundo avance por la senda de la construcción del socialismo, empleando para ello la consigna del antiimperialismo, ubicando como imperialistas a EEUU y a sus socios, blanqueando a las potencias imperialistas “emergentes” y encontrando en este antiimperialismo un subterfugio para aliarse con la burguesía, renunciando al socialismo, negando de facto como clase revolucionaria al proletariado y negando como instrumento para la lucha de clases al partido marxista-leninista, al movimiento comunista, a la unidad de los comunistas. ¿Cuál es la clase social revolucionaria en el movimiento antiimperialista que pregonan esta panda de oportunistas y qué base económica pretenden construir esos que defienden el antiimperialismo como formulación oportunista de alianza con la burguesía? ¿Acaso China, Rusia o la burguesía venezolana, por poner un ejemplo, pretenden construir el socialismo y reconocen al proletariado como sujeto revolucionario constructor del nuevo mundo socialista y comunista? ¿Acaso pretenden acabar con la formación socioeconómica imperialista? ¡Es evidente que no!

Hoy el mundo tiene dos caminos, o el camino de la barbarie que es el camino del imperialismo, o el camino del socialismo que es la construcción de un mundo de iguales donde los recursos económicos y naturales están al servicio del proletariado y del campesinado pobre y donde la burguesía no tiene otro camino que su extinción. Y todo aquél que diga que hay otra vía, o que utilice subterfugios para aliarse con la burguesía no está por el socialismo sino por darle vida al imperialismo, por muy antiimperialista que se denomine.

 

¡Por la construcción de un Movimiento Comunista Internacional depurado de todo tipo de oportunismo!

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Socialismo o Barbarie!

 

Barcelona, 7 de enero de 2026

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)