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La profundización de la crisis y la ‘nueva’ máscara del oportunismo que entusiasma a los traidores de siempre

Los hechos se suceden a una velocidad vertiginosa, toda vez que se agudizan las contradicciones imperialistas. Las medidas adoptadas por la burguesía para resolver la crisis lo que hacen es sentar las bases para desencadenar una crisis de orden superior a la que se pretende saldar.

La crisis de superproducción que estalló en 2008, y sobre la que los lacayos de los monopolios advertían que “había que cambiar al capitalismo”, afectó a la estructura del imperialismo: a la banca. Bancos y aseguradoras en los EEUU y en los países de la Unión Europea estaban quebrados. Los imperialistas, por un lado, crearon una burbuja inmobiliaria financiera provocada por la elevación de los precios de las acciones y del suelo que no se correspondía al valor de los mismos; burbuja aventada cuando gran parte del capital excedente en la economía – proveniente de las grandes plusvalías robadas a los trabajadores – es utilizado por los bancos para reventar al alza los precios del suelo, y la vivienda, que a la par alimentaba ficticiamente los balances y las acciones tanto de las empresas constructoras, como de los bancos, al alza pues todo se basaba en un desfase entre el valor y el precio hasta que, por la anarquía de la producción, saturan el mercado y la burbuja se pincha llevándose por delante todos aquéllos mastodontes empresariales – y bancarios – construidos sobre la estafa descrita. Por otro lado, la internacionalización y deslocalización de los monopolios han provocado progresivas salidas de capitales al exterior y destrucción de tejido empresarial, no sólo la fuga del trabajo y de la actividad empresarial del monopolio sino también la destrucción y debilitamiento de la pequeña y mediana empresa autóctona.

Ante esta coyuntura de robo, generación de paro y de codicia imperialista, unido a la debilidad del proletariado bajo dominio ideológico burgués, los capitalistas sin obstáculos aprovechan la crisis generada por ellos mismos, y su voracidad infame, para dar su salida de la siguiente manera:

1) Salvar a los bancos.

2) Concentración de los capitales y reestructuración bancaria.

3) Internacionalización de las empresas.

4) Reprimir y explotar cada vez más a los trabajadores. Recortes sociales

5) Guerras imperialistas.

El objetivo real no es más que el redistribuir todavía más la riqueza a favor de la burguesía, siendo la crisis económica – genuino producto capitalista – la mejor coartada para justificar este objetivo que es inherente a la burguesía y que está en la medula espinal del sistema capitalista de producción, máxime si éste se encuentra en la fase monopolista, como es la actual. Y para ello, la burguesía está obligada a incidir y multiplicar los factores que generan la crisis, entrando en una espiral que la conducen a ella, y a su sistema económico, a la muerte, si es que no está ya muerto; garantizando más crisis, más miseria y más destrucción.

A menos de un año de las elecciones municipales, y a un año de las elecciones generales, el Gobierno, el Partido Popular y los medios de comunicación de la burguesía – fundamentalmente los más reaccionarios – se afanan en mostrar que las medidas criminales adoptadas por el gobierno empiezan a dar frutos y esta campaña propagandística de repeticiones de mentiras se multiplicará y ampliará conforme nos vayamos aproximando a las elecciones. La realidad sin embargo muestra que las medidas adoptadas por el gobierno no sólo mantienen la crisis, sino que están cimentando una crisis de mayores dimensiones y más profunda.

Darle dineros a los bancos y a las empresas ha implicado que la quiebra de éstos también se haya trasladado al Estado, el cual está en quiebra como los mismos economistas capitalistas reconocen. Cuando Rajoy accedió al Gobierno, España tenía una deuda pública en torno al 60% de su PIB y una deuda privada (familias y, sobretodo, empresas) del 230%.

La política de Rajoy de recortes sociales, laborales y de libertades a los trabajadores y de regar con dinero público a los empresarios y banqueros, ha hecho que la deuda privada se sitúe en el 207% del PIB y que la deuda pública haya ascendido hasta prácticamente el 100% del PIB, en concreto el 98,2%, sobrepasando holgadamente el billón de euros, o lo que es lo mismo, el gobierno de Rajoy para servir a los empresarios y banqueros ha endeudado a todos los españoles a razón de 602 millones de euros diarios. En las filas de la burguesía, son cada vez más los economistas que hablan de la necesidad de hacerles quitas de un 20%-40% de las deudas a las empresas para poder hacer viable el sistema, de la salida del euro e, incluso, hablan de que es imposible que el estado no pueda hacer frente a la deuda pública que hoy tiene.

Los grandes bancos, internacionalizados, orientan la economía – al igual que antaño lo hicieron con el ladrillo – a la exportación de capitales al exterior para dirigir la economía de los monopolios en la conquista comercial de mercados exteriores así como a la transferencia de deuda al Estado, gracias a la política corrupta del BCE. Las grandes empresas, antaño públicas hoy privadas con capitales entremezclados extranjeros y españoles, así como las multinacionales extranjeras, se deslocalizan para llevarse las producciones a otros puntos del planeta donde los costes laborales sean menores, países que los imperialistas han decidido sumarlos a su cadena de explotación y donde los capitales exportados son mucho más productivos y con su presencia en estos países, además, adquieren un peso político en dichos lugares, esenciales para dominar política y económicamente el mundo. El resultado de dirigir la economía por estos derroteros implica la deslocalización de las grandes empresas y, con ella, el cierre de las pequeñas y medianas empresas auxiliares destruyéndose una enorme cantidad de tejido industrial y haciendo engordar las filas del paro. El gobierno de Rajoy apoyando esta política económica, que es la suya, a imagen y semejanza de los monopolios no sólo endeuda más al país sino que le resta capacidad económica productiva incrementando el gasto público y provocando una menor entrada de ingresos del Estado a través de impuestos y de la producción empresarial – que cae en picado – haciendo inviable no sólo al Estado y al sistema capitalista, sino empeorando las condiciones de vida de la mayoría trabajadora pues al negarle el trabajo se le niega sus fuentes de subsistencia. Pero además, los trabajadores al no tener empleo y disminuir sus ingresos dejan de consumir y, con ello, la demanda interna cae y, con ella, cae también la producción empresarial y, en consecuencia, se incrementa todavía más el desempleo. Al incrementarse el desempleo se depauperizan las condiciones económicas de los trabajadores en activo, depreciándose los salarios y con ellos todo lo que emana de las espaldas de los trabajadores, como las pensiones, la educación y la sanidad pública. Por más engaños vertidos por la Patronal, los medios de comunicación y el Gobierno respecto al remonte del empleo, que las cifras del paro del mes de agosto se han encargado de desmentir, la misma prensa burguesa reconoce que 2 millones de desempleados hoy jamás volverán a trabajar y los hechos dicen que en los primeros 7 meses de 2014 se han trabajado 28 millones de horas menos que el año anterior y las grandes empresas están haciendo acopio de maquinaria para incrementar la productividad y, con ella, necesitar menos trabajadores para ganar más, o lo que es lo mismo, el desempleo está muy lejos de reducirse sino todo lo contrario, pues la esencia del capitalismo no es el pleno empleo sino el mayor desempleo, sin protección social alguna, para que el grado de explotación sea máxima y, con ella, los beneficios económicos de la burguesía.

Ante este hecho la receta de los lacayos de los monopolios es hacer competitivo al país, para que sea fruta apetecida para la inversión de los monopolios en el estado español así como para los empresarios, y esto lo hacen incrementando el grado de explotación de los trabajadores con reformas laborales, recortando el gasto social y haciendo una política fiscal consistente en castigar impositivamente a las clases populares – que aportan más del 90% de los ingresos del Estado vía impuestos – a la par que les rebaja los impuestos a los burgueses y le redistribuyen en su favor la riqueza. Con la devaluación de la fuerza de trabajo, el Gobierno consideraba que mediante la exportación de mercancías producidas a un coste menor podría atenuar la quiebra del estado con una balanza comercial positiva, gracias entre otras cosas a la devaluación de los salarios, según el fondo de inversión buitre Bridgewater, en un 20%. La realidad es que esta balanza comercial, a pesar de la política criminal que el Gobierno está realizando contra los trabajadores, en lugar de ser positiva es bastante negativa – rompiendo las previsiones del Gobierno – duplicándose el déficit comercial en el primer semestre de 2014 con respecto a 2013, ascendiendo dicho déficit comercial a la cuantía de 11.882,4 millones de euros, y ello es explicable, entre otras cuestiones, a la profundización de la crisis económica en las mayores potencias europeas: Alemania, Francia e Italia.

A pesar de la propaganda feroz de la burguesía, la crisis se agranda, el sistema no se sostiene, las cuentas no le salen al gobierno porque el problema es el capitalismo putrefacto, que es inviable para la mayoría del mundo y de este país. El gobierno de la burguesía, y su estado, tiene en su ADN servir a la burguesía y enriquecerla y eso sólo puede ser a costa de la mayoría trabajadora. La crisis económica de superproducción se convirtió en crisis estructural – al dañarse de muerte la banca privada – y las medidas adoptadas por la burguesía para salvar al muerto, al capitalismo, lo que hace es incrementar la pobreza de la mayoría del pueblo y la desigualdad, generando un clima de indignación en el Pueblo y de rechazo contra las estructuras políticas y de los políticos al servicio del Capital, convirtiéndose la crisis económica en crisis política e institucional.

La esencia del capitalismo putrefacto es la explotación, el robo, el sojuzgamiento de los pueblos, el todo tiene un precio y todo se compra y todo se vende. El capitalismo en su fase putrefacta, y su estado, necesitan para el enriquecimiento de la clase dominante, la burguesía, la corrupción que es una parte minúscula de las plusvalías enormes acumuladas por la burguesía que destina en corromper a miembros de la pequeña burguesía, funcionarios y de la clase obrera (aristocracia obrera) con objeto de contener la respuesta del Pueblo explotado y poder, así, mantener el poder. El oportunismo y la corrupción son dos caras de una misma moneda: el parasitismo económico, que está en el ADN del imperialismo.

A la par que se deterioran las condiciones de vida del proletariado y de las capas pequeñas y medianas de la burguesía, que son tiradas a la ruina, salen a flote todas las heridas cerradas en falso, toda la basura. La cuestión nacional, por ejemplo, no resuelta por la dictadura de la burguesía, es sacada a relucir por las burguesías periféricas para explicarle a los trabajadores de sus pueblos, falsamente, el porqué de sus males sacando el chovinismo como elemento embrutecedor y divisor del pueblo, para así desviarlo de su misión histórica e impedir que vayan a la raíz del problema: El sistema capitalista. Las disputas entre burguesías, y la bancarrota del oportunismo como consecuencia de que sus mentiras son desenmascaradas por la marejada de la crisis, sacan a la palestra toda la corrupción producida a lo largo de todos estos años por la burguesía y aquéllos parásitos y traidores que han sido cómplices y artífices de las medidas que nos han traído hasta aquí: PSOE, PP, CIU, PNV, CCOO, UGT, IU, PCE, …, así como multitud de altos funcionarios.

En este escenario de quiebra económica y moral, que es a donde nos ha conducido el sistema capitalista a la clase obrera, la burguesía hace una labor política e ideológica enorme para continuar engañándolos e impedir que el proletariado salga del redil de la explotación asalariada, de que tome conciencia de lo que es y de la necesidad de acabar con este sistema. Por un lado, saca a relucir toda la corrupción de los oportunistas, de los políticos burgueses, de los salvapatrias, y de todo aquél que ha estado bajo su nómina de corrupción, que son todos pues la corrupción es la forma en que la burguesía se gana aliados entre los sometidos y sus enemigos de clase para que se conviertan en sus escudos, sus parapetos. Y los saca a pasear en los momentos de crisis, de agudización de sus contradicciones para que los realmente responsables de la situación, la burguesía y su corrompido sistema, pasen lo más desapercibidos posibles entre el pueblo. Con ello, además, la burguesía pretende engañar al obrero mostrándole que todo es corrupto porque la corrupción es inherente al ser humano, es su naturaleza, y por tanto todo el mundo se mueve por ello y, en consecuencia, arrastra al obrero a la desconfianza, al individualismo, al aislamiento, o lo que es lo mismo, a perpetuar el dominio y la dictadura de la burguesía.

Los males de la clase trabajadora – el paro, la precariedad, los desahucios, la explotación, la corrupción, la represión, la guerra, etcétera – hunden sus raíces en el sistema económico y en la superestructura que éste eleva, su estado. De hecho, todos aquéllos que tratan de mostrar a la clase trabajadora que el capitalismo puede ser más justo, más equilibrado, democrático o que el problema se puede solventar desde postulados socialdemócratas haciendo auditorias de la deuda y combatiendo la corrupción, pero que aceptan la propiedad privada de los medios de producción, de los bancos, el estado burgués, las estructuras imperialistas y las guerras de carroña no son más que títeres del sistema, testaferros de la burguesía y los mayores enemigos del Pueblo trabajador pues corrompen sus mentes, su ideología, condenándolo a la explotación imperialista.

El oportunismo, inoculado y financiado por la burguesía, destruyó al movimiento comunista internacional y lanzó al proletariado mundial a la mayor explotación jamás conocida en la historia de la humanidad. El eurocomunismo, que con ferocidad atacaba al marxismo-leninismo y mostraba a los trabajadores en la democracia burguesa, y su profundización, el camino hacia el socialismo con rostro humano, hoy está entusiasmado con las nuevas criaturas engendradas por el capitalismo monopolista para alejar a los trabajadores de su única vía de liberación real: El Socialismo. Elocuente fueron las palabras de Gerardo Iglesias, el delfín de Carrillo, en una entrevista al periódico Público el pasado 3 de agosto donde estaba entusiasmado con la aparición de PODEMOS pues significaba “un puñetazo en el estómago del sistema bipartidista (….) es importantísimo que Podemos se consolide. Esa fuerza no se crea en un despacho entre cuatro personas, sino que emerge del flujo social ” advirtiendo que “Ya no sirven parches: necesitamos la apertura de un proceso constituyente”. Como siempre, estos corruptos oportunistas, engañando a los trabajadores para perpetuar la dictadura de la burguesía y el sistema económico explotador del que emana toda la superestructura pues, como se aprecia, el capitalismo putrefacto y la propiedad privada sobre los medios de producción por parte de la burguesía no se cuestionan, sino que se reconocen y son sacrosantos.

La Historia demuestra que la profundización de la democracia burguesa no desemboca en el socialismo sino en el desarrollo del imperialismo y, en consecuencia, en la configuración de un estado burgués cada vez más reaccionario, autoritario, que abandona progresivamente la democracia burguesa para adoptar posiciones fascistas y, también, demostró cuan servil y útil fue el eurocomunismo, el marxismo-occidental, el pensamiento de la Escuela de Frankfurt y el neocomunismo para el imperialismo y lo nocivos que han sido para el proletariado. PODEMOS es la nueva criatura engendrada y parida por los monopolios para engañar al Pueblo Trabajador mientras recomponen su caduca democracia burguesa. La burguesía ha actuado políticamente para encauzar la frustración de los trabajadores, ante los efectos de sus medidas para resolver la crisis, por caminos que no desborden, ni cuestionen, y que mantengan incólumes la base económica así como la hegemonía ideológica de la burguesía. Ello lo ha hecho corrompiendo económicamente con puertas giratorias, con préstamos y donaciones a los partidos y condonaciones de deudas, comprando a sindicatos (CCOO-UGT) o poniendo a disposición los medios de comunicación a toda una amalgama de oportunistas pequeñoburgueses, trotskistas, delfines de Fraga y demás basura anticomunista para que desde el interior del Estado – a través de funcionarios docentes y una intelectualidad desclasada y antimarxista – absorban la indignación del Pueblo y la canalicen a través de este engendro; es la nueva izquierda diseñada por Lara Bosch (La Sexta) y por Berlusconi (Cuatro) que venera la democracia burguesa, la individualidad, la negación de la lucha de clases, la aceptación y participación en la UE, la defensa de las guerras imperialistas como evidencian opiniones de sus dirigentes destacados ante lo acontecido en Ucrania, etcétera. El 15M, primero, y PODEMOS como continuidad de éste llevando el movimiento “indignado” a las instituciones burguesas, es la recomposición a la griega de la democracia burguesa, pretende ser una SYRIZA a la española que haga que gane tiempo la burguesía, que desvíe todavía más a los trabajadores y a los explotados de su emancipación, del socialismo.

Lenin desenmascara a los títeres oportunistas en todas las versiones, desde PODEMOS a los nacionalistas de ‘izquierda’, como se comprueba en la enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo cuando señala “El imperialismo moderno (del siglo XX) ha creado una situación privilegiada, monopolista, a favor de algunos países adelantados, y sobre este terreno ha surgido (…) ese tipo de jefes-traidores, oportunistas, socialchovinistas, que defienden los intereses de su corporación, de su reducida capa de aristocracia obrera. Estos partidos oportunistas se han separado de las “masas”, es decir, de los sectores más vastos de trabajadores, de su mayoría, de los obreros retribuidos. La victoria del proletariado revolucionario es imposible sin luchar contra este mal, sin desenmascarar, poner en la picota y expulsar a los jefes oportunistas socialtraidores. (…) Pero llegar con este pretexto a contraponer, en términos generales, la dictadura de las masas a la dictadura de los jefes es un absurdo ridículo y una necedad. Lo más divertido es que, de hecho, en lugar de los antiguos jefes que se atienen a ideas comunes sobre las cosas simples, se destaca (encubriéndolo con la consigna de “abajo los jefes”) a jefes nuevos que dicen soberanas tonterías y disparates. Tales son, en Alemania, Lauffenberg, Wolfheim, Horner, Carlos Schroeder, Federico Wendell y Carlos Erler. Las tentativas de este último de “profundizar” en la cuestión y proclamar en general la inutilidad y el “carácter burgués” de los partidos políticos representan tales columnas de Hércules de la estupidez que le dejan a uno estupefacto ¡Cuán cierto es que de un pequeño error puede hacerse siempre uno monstruosamente grande, si se insiste en él, si se profundiza para encontrarle justificación y si se intenta “llevarlo hasta el fin”! ”. Cambiando algunas palabras, como por ejemplo jefes por casta, la fotografía es plenamente vigente hoy, pero esta repetición es todavía más burguesa – aunque igual de falsa por parte de los actores – pues en la época del texto de Lenin se hablaban de clases sociales, de vilipendiar de palabra – que no de hecho – a la burguesía, hoy ésta les tiene comido el cerebro a los nuevos jefes y jefecillos de tal modo que bajo el manto de ciudadanía lo cubren todo y, de paso, tratan de hacer desaparecer la lucha de clases con lo que, los oportunistas de hoy, están todavía más corrompidos ideológicamente y más vendidos aún a la ideología burguesa que los oportunistas de antaño. Lenin ahí habla de Carlos Erler, que escribió en 1920 un artículo titulado “La disolución del Partido” en el órgano de expresión de los comunistas “de izquierda” en el que señalaba “La clase obrera puede destruir el Estado burgués sin aniquilar la democracia burguesa, y no puede aniquilar la democracia burguesa sin destruir los partidos”, apelando a la disolución del Partido Comunista de Alemania (espartaquistas), partido del cual se escindieron en 1919. Como se comprueba, el discurso de los Gerardos y Pablos Iglesias y demás voceros de la confluencia de la ciudadanía amantes de iniciativas ciudadanas por encima de los partidos políticos, arcaicos, desde la horizontalidad, el individualismo y la desorganización, y se acentúan en épocas de crisis abiertas del imperialismo. Pero los Gerardos y Pablos Iglesias actuales, a diferencia de los oportunistas de antaño, ni tan siquiera se les pasa por la cabeza aniquilar la democracia burguesa, sino todo lo contrario, fortalecerla engañando a los obreros. Lenin, sobre este posicionamiento les llamaba por su nombre “Negar la necesidad del partidismo y de la disciplina de partido: he ahí el resultado a que ha llegado la oposición. Y esto equivale a desarmar por completo al proletariado en provecho de la burguesía. Equivale precisamente a la dispersión, la inestabilidad, la incapacidad para dominarse, para unirse, para actuar de manera organizada, defectos típicamente pequeñoburgueses, que, de ser indulgentes con ellos, causan de modo inevitable la ruina de todo movimiento revolucionario del proletariado. ”. PODEMOS, como versión más novedosa del oportunismo político, creado y amamantado por los pechos de la burguesía, desembocará en un partido político de tipo burgués, donde los círculos es la denominación de moda de las agrupaciones, donde el rojo del PCE de Carrillo se tiñe de morado cardenalicio de los Monedero, Iglesias, Alba Rico, Verstrynge y demás camarilla de trotskistas, pequeñoburgueses y demás calaña anticomunista y antiobrera. Su misión no es otra que perpetuar el capitalismo y son conscientes que, para ello, en la época de la crisis política y económica del imperialismo es necesario extirpar el discurso de clase y satanizar la estructura y lucha partidaria para impedir que la salida del obrero sea la lucha por el socialismo y la aproximación al instrumento sublime de la lucha ideológica del proletariado: El Partido Leninista, que, como decía Lenin “equivale a desarmar por completo al proletariado en provecho de la burguesía”.

Carlos Marx, en su carta a Weydemeyer, sintetiza el camino de la emancipación del proletariado “Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1o) que la existencia de clase sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2o) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3o) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases…” y caracteriza ese camino emancipador, el socialismo o comunismo inmaduro, en su Crítica al Programa de Gotha así “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media un período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”.

La historia demuestra que la emancipación de los explotados, y que el fin de la explotación, sólo puede venir de la mano del Socialismo, como etapa previa al comunismo, donde el proletariado tiene que imponer su dictadura para ir extinguiendo las clases sociales. Así mismo, la historia también nos ha enseñado que este camino no es lineal sino que puede sufrir pasos hacia atrás y restauraciones completas del imperialismo. Pero esto ya fue advertido por Lenin, en referencia al pensamiento pequeñoburgués, cuando señalaba sobre el mismo “cercan al proletariado por todas partes de elemento pequeñoburgués, lo impregnan de este elemento, lo corrompen con él, provocan constantemente en el seno del proletariado recaídas de pusilanimidad pequeñoburguesa, de atomización, de individualismo, de oscilaciones entre la exaltación y el abatimiento. Para hacer frente a eso, para permitir que el proletariado ejerza acertada, eficaz y victoriosamente su función organizadora (que es su función principal), son necesarias una centralización y una disciplina severísimas en el partido político del proletariado. La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres es la fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un partido que goce de la confianza de todo lo que haya honrado dentro de la clase, sin un partido que sepa pulsar el estado de ánimo de las masas e influir sobre él es imposible llevar a cabo con éxito esta lucha. Es mil veces más fácil vencer a la gran burguesía centralizada que “vencer” a millones y millones de pequeños patronos, los cuales, con su labor corruptora invisible, inaprensible, cotidiana, producen los mismos resultados que necesita la burguesía, que determinan la restauración de ésta. Quien debilita, por poco que sea, la disciplina férrea del partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado.”

La única salida que el proletariado tiene es acabar con todo el régimen burgués, es acabar con la propiedad privada de los medios de producción, es el Socialismo y es la imposición de la dictadura de la mayoría, del proletariado. Pero todo ello es inviable sin el desarrollo del Partido que es su arma que le guía y orienta en la lucha de clases, que le refleja a éste su misión histórica y que dirige la lucha ideológica del proletariado y, como decíamos en nuestro documento “Los supersabios y el Partido Leninista” allá por octubre de 2008, “es la respuesta coherente a la lucha de clases, pues está ideado para contrarrestar las estructuras institucionales burguesas y tiene por cuenta el proceso natural que rige para la toma de conciencia en el proletariado, cerrando las puertas al capricho, a la espontaneidad y a la anarquía”.

Sin el desarrollo del Partido no habrá emancipación de ninguna de las maneras posibles, por eso la burguesía y sus siervos hacen todo lo posible y lo imposible por crear instrumentos ciegos y falsos para corromper ideológicamente y engañar al proletariado – como PODEMOS – y para alejar a los trabajadores de su Partido y del marxismo-leninismo. La profundización de la democracia burguesa sólo traerá a los trabajadores más miseria, más explotación, más sufrimiento pues los trabajadores no tenemos otra salida que acabar con este sistema y su Constitución que le da carta de legalidad y ello sólo es posible desde la unidad y la organización como clase para luchar contra los imperialistas, por la destrucción del capitalismo y por la consecución del Socialismo. Para ello, es fundamental construir el órgano o instrumento para que el Pueblo pueda intervenir en la vida política y crear su poder, el Poder del Pueblo Trabajador. Este instrumento es el Frente Único del Pueblo.

Ningún partido financiado por la oligarquía financiera, ni ningún tertuliano de los medios de comunicación de masas en manos de los monopolios atentará contra aquél que le financia y le dota de medios para corromper a las masas ideológicamente con objeto de perpetuar este sistema de explotación capitalista. Sólo el proletariado, que sufre la explotación descarnada es quien puede romper las cadenas de este sistema criminal que nos somete y que nos niega el presente y el futuro, y romper las cadenas no es otra cosa que romper con el Estado burgués y las estructuras políticas actuales. El Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español hace un llamamiento a los trabajadores más conscientes del estado español, y que se reivindiquen como comunistas, a organizarse en el PCOE y, también hacemos un llamamiento a la clase obrera a la unidad para acabar con el capitalismo, que es la raíz de todos los males que nos afectan, y para ello es esencial organizar el FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, o lo que es lo mismo, desarrollar los órganos de poder popular; órganos que perfectamente pueden y deben sustituir a las instituciones capitalistas y representar una nueva democracia para construir una sociedad distinta en la que deje de existir el que una minoría (capitalistas) viva a costa del trabajo y del sufrimiento de la mayoría (trabajadores) y que nos abra camino a otro sistema donde la mayoría trabajadora dirija económica, ideológica y políticamente la sociedad donde desaparezca por completo la explotación del hombre por el hombre, enviando al capitalismo y a la burguesía al estercolero de la historia.

¡ABAJO EL CAPITALISMO Y SU ESTADO!

¡POR EL SOCIALISMO, FORTALEZCAMOS EL PCOE, CONSTRUYAMOS PODER POPULAR, CONSTRUYAMOS FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Ante el primero de mayo

Un nuevo Primero de Mayo marcado por la crisis del sistema y por la agudización de las contradicciones inter imperialistas, que tienen por fondo la expansión e intensificación de las políticas antiobreras, con las que los imperios intentan resolver sus problemas estructurales y dilucidan el reparto del mercado energético y el de las materias primas a nivel mundial.

En nuestro país, las inferencias de tales luchas se hacen sentir con especial violencia. La muerte de una militante del PCE(r) en prisión, los asesinatos perpetrados por los Mossos d’Esquadra, la violencia física en sumo grado de la policía nacional, las muertes laborales, los suicidios y enfermedades mortales engendradas por las medidas “anticrisis”, nos sitúan ante la verdadera naturaleza del régimen de producción burgués que se exhibe en todas las acciones del gobierno capitalista, que no se arredra ante nada con tal de fortalecer a las multinacionales y monopolios españoles en su competencia imperialista.

Ante ello, las luchas deslavazadas de los trabajadores, influenciadas por el reformismo político y sindical, nos dice que en estos momentos, la organización popular en un frente anticapitalista y la toma de posición del partido obrero para agudizar las contradicciones burguesas, deben ser el centro de interés de la clase obrera y de los trabajadores de nuestro país.

En esta dirección el PCOE lleva a cabo la implantación del Frente Único del Pueblo en todo el Estado y llama al pueblo trabajador al boicot a las elecciones europeas, que entraña el debilitamiento de las instituciones supranacionales del gran capital continental, sostén actual del gran capital español.

¡POR EL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

¡POR LA SALIDA DE LA UE Y DE LA OTAN!

¡POR EL SOCIALISMO!

COMITÉ CENTRAL DEL

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

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Contra la Unión Europea y la OTAN: abstención y desarrollo del Frente Único del Pueblo

Se cumplen 10 años de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. La participación del estado español en las guerras imperialistas, tanto en Afganistán como en Iraq, fue la causa del brutal atentado que generó 192 muertos y de 1.400 heridos.

Los monopolios, y sus instrumentos como son los partidos políticos del sistema, no escatiman ni dinero ni sangre de los pueblos con tal de conquistar mercados, materias primas, recursos energéticos o posiciones geoestratégicas.

Pasados diez años del 11M, las masacres imperialistas, en forma de guerras, se han multiplicado y sucedido en innumerables puntos del planeta. Los más de seis años de crisis económica, con unas potencias imperialistas necesitadas de robar y explotar a los Pueblos, muestran bien a las claras el rostro de la burguesía y de su sistema de producción. El golpismo, en las ‘primaveras’ árabes, Venezuela, Ucrania, y las guerras de rapiña en Libia, Mali o Siria entre otras, son manifestaciones de que la única salida que tienen los capitalistas para solventar los problemas que ellos mismos generan es la guerra; escaramuzas de una nueva guerra mundial que se acerca al mismo ritmo que decrecen las reservas y el acceso al gas y el petróleo para EEUU y la UE.

Los imperios no dudan en robar los recursos energéticos y las materias primas a los Pueblos entrometiéndose en la política de los países o, arrasándolos militarmente si es necesario.

Esos choques entre los intereses de las potencias imperialistas son cada vez más abiertos. Ya las guerras no se ubican en Oriente Medio o África, sino que existe el riesgo real e inminente de propagarse por América Latina o por Europa, donde en Ucrania se comprueba ya el choque directo entre los imperios ruso y el norteamericano, apoyado por su adlátere europeo.

En el caso de que la lucha que mantienen los imperialistas por el dominio de Ucrania desemboque en una guerra, seremos los trabajadores los que pongamos la sangre y los muertos y los responsables de las guerras, los monopolios y sus títeres políticos a su sueldo, incrementarán sus bolsillos y se llevarán su parte del botín.

La clase obrera es la única vía para que la paz, el pan y la justicia imperen en el mundo. Los únicos que pueden parar la barbarie imperialista son los Pueblos unidos y organizados contra los imperialistas, o lo que es lo mismo, contra la burguesía y por el Socialismo.

El estado español está a un paso de entrar en guerra como consecuencia de su pertenencia a la Unión Europea y a la OTAN, y es misión de nosotros, los trabajadores y demás clases populares machacadas por los imperialistas y sus políticas – que depauperan las condiciones de vida del Pueblo y lucran a los monopolios -, impedir la participación en la guerra imperialista.

Mientras esto acontece, los partidos políticos financiados y paridos por el Capital, únicamente piensan en conseguir un puñado de votos para hacer que sus dirigentes vivan de las prebendas que les otorgan los imperialistas. Únicamente les importan los votos y no la sangre inocente que pueden derramar los trabajadores y los pueblos ni el drama humano provocado por la guerra de rapiña.

Los imperialistas necesitan legitimar sus instituciones, por ello no sólo estimulan sino comprobando que la abstención se va a desbocar, no dudan en lanzar nuevos partidos políticos, como por ejemplo PODEMOS, con los que pretenden arrancar votos a la abstención.

La emancipación del Pueblo Trabajador y la conquista de un futuro digno para el conjunto de los trabajadores no vendrá de la mano de las instituciones burguesas ni de su circo electorero; sólo puede ser obra de la clase trabajadora y de su lucha contra el capitalismo y la burguesía; los hechos y la historia lo acreditan. Los trabajadores no tenemos otra salida que romper con el Estado burgués y las estructuras políticas actuales. Por ello el Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español hace un llamamiento a los trabajadores a la abstención en las próximas elecciones europeas y a organizar el FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, o lo que es lo mismo, desarrollar los órganos de poder popular; órganos que perfectamente pueden, y deben, sustituir a las instituciones capitalistas y representar una nueva democracia para construir una sociedad distinta en la que deje de existir el que una minoría (capitalistas) viva a costa del trabajo y del sufrimiento de la mayoría (trabajadores) y que nos abra camino a otro sistema donde la mayoría trabajadora dirija económica, ideológica y políticamente la sociedad donde desaparezca por completo la explotación del hombre por el hombre.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)


 

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Amargas experiencias

 Un partido comunista no es una organización mágica, pero sí debe adelantarse al conjunto de la sociedad y, para ello, ha de llevar a cabo sus análisis con el método dialéctico, de lo contrario, jamás se convertirá en la vanguardia que necesita la clase obrera y el conjunto del pueblo trabajador.

Al PCOE se nos puede decir muchas cosas, pero nunca podremos admitir que nuestra mente no esté ebullición constante, tratando de actualizarnos en todos los terrenos de la lucha de clases.

Antes del reconocimiento oficial de la crisis, advertimos que la unidad de los trabajadores era necesaria, obligada y vital para que adquiriesen, o mejor dicho, para reafirmarse en su calidad consustancial, ser el sujeto revolucionario. No habrá cambios verdaderamente revolucionarios si la clase obrera no toma las riendas de las luchas, siempre orientada por su partido comunista.

Y eso es lo que ha sucedido durante todo el período de la crisis. Las luchas se han desarrollado descompasadas, fraccionadas y sin objetivos, porque se le ha negado a la clase obrera el papel que debe desempeñar. No debemos echar todas las culpas de la situación del movimiento obrero a las políticas reaccionarias de los PSOE y PP, el motivo supremo lo encontraremos dentro del mismo movimiento. Los dirigentes fabriles imbuidos en el reformismo imperante han caído en la trampa que el oportunismo le tendió y hoy pagan gravísimas consecuencias.

El Partido Comunista Obrero Español advirtió de lo que iba a suceder, las traiciones sucesivas de CC.OO y UGT, por un lado, la de IU en el ámbito de la política y la división en diez mil sindicatitos pequeños que se auto titulaban “revolucionarios”, constituía la negación a la lucha de clases a combatir por sí y para sí misma; era la entrega total y absoluta de los trabajadores a las maquiavélicas intenciones de la burguesía.

Hablábamos, entonces, que sólo los comités de empresa y delegados de personal estaban capacitados para alcanzar la unidad de la clase obrera, pero decíamos también que tendría que ser una unidad política. Para lograr un objetivo aparentemente sencillo, era preciso que los comités y delegados tuviesen en cuenta las necesidades y las aspiraciones de los trabajadores y, en esa dirección, deberían pasar por encima de las siglas sindicales, de lo contrario la debacle se daría en cualquier momento. Los comités tenían a su favor ser los órganos más democráticos que existen en esta decrépita democracia burguesa. Sólo los comités de empresas y los delegados eran elegidos directamente por los trabajadores, lo que no pueden decir ni los sindicatos, como tampoco sus secciones sindicales.

El PCOE acostumbra siempre llevar a la práctica sus teorías. De este modo, nuestros camaradas miembros de comités de empresas, y delegados de trabajadores, comenzaron a hablar con otros comités. En Sevilla, por ejemplo, se llegaron a realizar más 300 reuniones. Las experiencias fueron muy ricas, pero muy amargas también. Mientras los trabajadores de base veían con buenos ojos que sus representantes se adhirieran a la Asamblea de Comités, sectores politizados de los propios comités, ponían reparos.

Nuestros camaradas les hablaban de la unidad para luchar contra las leyes reaccionarias y contra el sistema, así como de la necesidad de atraer a estudiantes y vecinos con la meta de elevar la lucha al grado de popular. Y lamentablemente, en tanto los compañeros que no militaban en ningún partido, aquellos que sus propios compañeros tenían por más atrasados, asentían con la cabeza y afirmaban con la palabra que era muy buena idea, que había que unirse, los militantes políticos adoptaron una conducta reprobable.

El problema radicaba en los que militaban en algún partido: Corriente Roja, IU, etc. y lógicamente las direcciones de los sindicatos, en donde también los miembros de Partidos Políticos, aparatos sindicales y liberados se opusieron con todas sus fuerzas, llegando a expulsar a compañeros de sus propias filas por pertenecer a la ACDT.

Se habló con Puleva, Flex, OPT, Siderúrgica Sevillana, Mac Puarsa, ROCA, Panrico, Coca Cola, Pepsi, TUSSAM, Unipost, etc. Se dieron reuniones, algunas en grupos, pero al final, los comités tiraron falsamente a favor de las siglas y en contra del interés de clase. Ningún trabajador de base desea la desunión.

¿Qué hubiese pasado si siguiendo las directrices de la ACDT, los comités de empresas hubiesen adoptado la posición de clase? La lucha contra la crisis se habría dado bravamente contra sus cimientos, pero los sindicatos no habrían ganado tanto dinero a costa de los EREs y eso es un obstáculo demasiado grueso. Se tenía la posibilidad tanto de ganar como de perder, pero el camino que tomaron los oportunistas era la senda de los derrotados y así condujeron a las clases trabajadoras a la impotencia, luego a la desesperación y quién sabe si a algo más.

Hoy basta dar un paso por los polígonos de todo el estado, para ver la desolación, basta ver por las calles a trabajadores asfixiados por el desasosiego, sus luchas en solitario contra una patronal unida, contra el gobierno y sus leyes, solo había servido para elegir lo de siempre, lo menos malo, o lo que es lo mismo, lo que quería la empresa: paro a cambio de firmas de ERE que suponía el enriquecimiento de las arcas sindicales.

Paradójicamente, muchos de estos reformistas que optaron por la desunión para no perder sus pequeñas parcelas de poder, ya avientan nuestras orejas con nuevos aires oportunistas, queriéndonos engañar una vez más al pedirnos el voto para sus siglas. Ahora, después de haber asesinado a la clase obrera, dicen que les votemos porque ellos son los únicos que nos pueden salvar.

Pero la historia no se detiene y la verdad se abrirá camino entre traidores y corruptos, solo hace falta tiempo para que la crisis aminore ostensiblemente. Ayer saltó la noticia en los medios de difusión: “Los trabajadores de empresas en crisis crean un frente de resistencia en Asturias.El delegado sindical de CC.OO. en Tenneco, Cesar González ha asegurado que la iniciativa de crear un “frente común” es una “necesidad” de los trabajadores que se concreta fuera de las siglas de sindicatos y de partidos políticos.”

Y es que no existe otro camino. Los militantes del PCOE saludamos la iniciativa y nos solidarizamos con élla, pero dadas las experiencias, avisamos a nuestros compañeros asturianos que la burguesía, y sus representantes en el movimiento obrero, opondrán muchos obstáculos, ante lo cual deben mantenerse unidos y firmes frente a los traidores.

Y también les hacemos llegar que tienen que elevar la lucha al nivel político, hay que romper las leyes que les da facilidades a los patronos y eso se consigue ampliando el ejército de los obreros. No basta con los trabajadores afectados por la crisis, sería una lucha in extremis y desgraciadamente hasta podía ser suicida. Los sindicatos, la patronal y el gobierno son fuertes. Será necesario unir a todos los trabajadores de Asturias y del estado, y para ello contarán con la solidaridad y aporte incondicional del PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL.

SECRETARIA DE PROPAGANDA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

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A la clase obrera, al pueblo trabajador

 Según el último Boletín Oficial del Estado – burgués español, los sindicatos del régimen capitalista adscritos a la CSI imperialista , recibirán vía PGE, un monto cercano a los 9 millones de euros durante este año de 2013 (entre UGT y CCOO). A tal inyección de capital suministrada de forma tan “altruista” por la burguesía monopolista –cargada sobre las espaldas del pueblo trabajador, hay que añadir decenas de millones más provenientes de subvenciones menos directas como las derivadas de la participación de éstos sindicatos en los órganos consultivos del Estado, así como múltiples partidas financieras procedentes de otros tantos órganos estatales – Entes Públicos, CCAA, INSS, INEM , e incluso supraestatales –CES, CSI, Tripartita.

En apenas un ejercicio contable, los aparatos sindicales del régimen – cínicamente autodenominados como “representantes mayoritarios” de no se sabe qué , son capaces de amasar ingentes cantidades de capital cuyo origen no es otro que la tesorería general del Estado. Una extraordinaria mordida que los convierte, en su repugnante accionar diario, en meras correas de trasmisión de la clase dominante. Un verdadero maná de euros destinados a regar de infamia a unos “sindicatos” convertidos en meras empresas capitalistas nacionales que, según sus propias fuentes, a duras penas pueden arrogarse hoy día la “representación” de poco más de 1 millón de asalariados a lo largo y ancho del Estado español (en un país que ha llegado en su punta a más de 17 millones asalariados).

Más de 30 años colaborando en la explotación y depauperación constante del proletariado, bien valen unas decenas de millones de euros anuales. Con crisis o sin ella, la clase dominante sabe valorar el buen trabajo de sus más fieles aliados en todos los frentes –económico, político e ideológico por más que estos se esmeren por sobrevivir al descrédito, la corrupción y el parasitarismo más lacerante, mientras chapotean en la putrefacta superestructura burguesa del régimen capitalista.

Decía Marx que “el ser social determina la conciencia social” y que en el modo de producción capitalista, base y superestructura se interrelacionan, siendo la primera –la base económica, las relaciones de producción dominantes, la que acaba moldeando la segunda. Así pues, resulta del todo natural que las jerarquías de los sindicatos antiobreros, no sólo defiendan a ultranza este régimen criminal adorando en los altares del santo capital a sus patrones y mecenas de la “marca España”, sino que también hagan lo propio respecto a las superestructuras imperialistas europeas a las que tan a gusto sirven y de las que a fin de cuentas depende su supervivencia. Al fin y al cabo, es la UE-CES-CSI el verdadero motor de la guerra de clases desatada contra el conjunto de la clase obrera continental así como la perfecta máquina militar para subyugar pueblos enteros, y el carrusel de organizaciones sindicales a élla adscritas, no representan más que la “cara B” de la dictadura capitalista que padecemos. Cabe no olvidar que el cofre del tesoro que mantiene vivos a estos parásitos al servicio de la burguesía, tiene sede en Bruselas.

Tal panorama sindical similar en buena parte de todos los Estados miembro la UE, pone de manifiesto que en este corroído Estado burgués español, instrumento de guerra constante contra el proletariado y clases populares, la reconstrucción del sindicalismo de clase y antiimperialista sigue siendo una urgencia perentoria. Cuando más falta hace, cuando más necesario es, cuando más vital es la unidad de acción y la elevación de la lucha económica hacia la política de millones de trabajadores, cuando más urgente es arrinconar y liquidar de raíz al oportunismo en el movimiento obrero, debilitado en todos los frentes y en todas sus manifestaciones. Hoy más que nunca es imprescindible la conformación de un sólido sindicato obrero y unitario que entronque con el movimiento popular y la vanguardia política del proletariado, a fin de crear las estructuras de poder obrero que hagan posible la destrucción de la explotación asalariada y de las relaciones de producción capitalistas. Un sindicato que persiga la supresión de la explotación del hombre y que sea internacionalista y se funda a las estructuras antiimperialistas de la FSM, asumiendo con firmeza y determinación la principal contradicción del momento actual que vivimos entre imperialismo y socialismo (capital/trabajo).

Actualmente, el capitalismo monopolista de Estado en España –tal y como sucede en buena parte de Europa, ha desarrollado las fuerzas productivas en grado máximo, situación que nos señala como las condiciones objetivas para llegar al socialismo, sin etapas intermedias, ya están dadas. Nunca antes hubo tantos trabajadores asalariados ni estos tuvieron mayor capacitación en este país, nunca antes el núcleo productivo del Estado estuvo concentrado en tan pocas manos en todos los sectores de la economía española, nunca antes el capital arrancó mayores porcentajes del PIB, ni el IBEX-35 y sus satélites acapararon mayores beneficios privados a costa del trabajo social ajeno, extrayendo monstruosas plusvalías en base a la propiedad privada sobre los medios de producción. La explotación capitalista ha alcanzado cotas desconocidas, mostrando innumerables síntomas de descomposición que señalan los límites históricos de este modo de producción agotado y corroído por sus propias leyes y contradicciones universales, por su indisimulable carácter reaccionario.

Hoy constatamos como el capitalismo, en su etapa superior, queda desnudo ante la realidad material que vivimos, exhibiendo su incapacidad manifiesta para satisfacer las necesidades sociales más básicas de millones de trabajadores.

Tras un largo desarrollo, con sus inevitables procesos de expansión y retroceso, bien entrado el siglo XXI, el imperialismo sólo puede ofrecer, a millones de trabajadores, mayores índices de sobreexplotación y desempleo, mayores dosis de miseria y degradación al conjunto del pueblo trabajador. A cada crisis capitalista sobreviene una mayor y más brutal escasez para las masas laboriosas, mientras la abundancia más aberrante inunda las arcas de la oligarquía financiera y la de sus servidores políticos, mediáticos, judiciales y sindicales. Estando las condiciones objetivas maduras para el socialismo, son las subjetivas las que no caminan acordes al momento histórico que vivimos. La clase trabajadora se encuentra huérfana de los instrumentos más esenciales para parar el golpe y pasar de inmediato a la ofensiva, pagando un precio altísimo en forma de sufrimiento y degradación sistemáticos. Huérfana de las herramientas históricas indispensables para su emancipación social definitiva; no sólo se hace imprescindible la reconstrucción del sindicato de clase del proletariado en una Central Sindical Única que contribuya a romper en mil pedazos el oportunismo en el movimiento obrero, sino el fortalecimiento del Frente de Masas en nuestros centros de trabajo y barrios, así como la consolidación del arma más efectiva de los explotados y oprimidos para destruir de raíz la maquinaria estatal burguesa; el Partido Leninista.

El proletariado no es ni puede ser una “idea” ni una foto fija ni una caricatura estandarizada. Es un sujeto histórico revolucionario moldeado tras largas décadas de explotación, un cuerpo social real y vivo del que forman parte millones de individuos. Una formación social que ostenta una posición común en el proceso productivo capitalista, desprovisto de medios de producción y por tanto obligado a vender su fuerza de trabajo a la burguesía propietaria para poder sobrevivir y seguir alimentando el ciclo original de acumulación del capital (D-P-M-D´). Desde las grandes migraciones del campo a la ciudad y el colapso de la manufactura artesanal en las grandes ciudades feudales y hasta hoy, la clase obrera ha sufrido modificaciones sustanciales, transitando desde el naciente capitalismo (revolucionario) hasta llegar a sus formas monopolistas actuales (reaccionario), manteniéndose la lucha de clases como motor de la historia y acrecentándose la irrefutable contradicción entre explotadores y explotados.

Vivimos inmersos en la época de la crisis general del capitalismo como modo de producción agotado, la clase obrera no puede permanecer ni un minuto más como clase pasiva y desorganizada, y no lo estará en tanto recobre sus instrumentos imprescindibles que han escrito las páginas más gloriosas e indelebles en la historia del movimiento obrero y comunista internacional. En tanto recobre su papel como sujeto que se prolonga a lo largo de la historia, que se resiste a la atomización social, redescubriendo su papel como protagonista social, consciente del valor de su trabajo. En tanto sepa analizar y valorar las ricas experiencias del pasado, desde las nacientes insurrecciones en el capitalismo naciente, pasando por la Comuna de París de 1871 y hasta llegar a la Gran Revolución de Octubre de 1917. He ahí las tareas inmediatas del Partido como vanguardia política proletaria.

El proletariado, como sujeto revolucionario, debe estar en movimiento, organizado y plenamente consciente de su fuerza como clase explotada, siendo plenamente consciente de su papel central como único creador de riqueza. Sabedor de que esa misma riqueza generada le es enajenada por una minoría de oligarcas monopolistas que no pueden evadirse en su carrera hacia la maximización de beneficios, hacia la formación e incremento constantes de capital. Sabedor que ese capital y esa burguesía no puede obtener ganancias de otra forma que no sea extrayendo plusvalía a través, precisamente, del trabajo asalariado, de la explotación proletaria. ¡Esta es nuestra fuerza indestructible que tan denodadamente trata de ocultar la ideología dominante! La capacidad económica para frenar en seco los engranajes capitalistas, la capacidad política para tomar el poder en nuestras manos, la capacidad ideológica para dar la puntilla a un régimen caduco basado en la explotación y la opresión del ser humano y construir el socialismo.

El Partido Comunista Obrero Español tiene la firme convicción de aspirar a convertirse en el Estado Mayor del proletariado, en su más eficaz, firme, disciplinada y abnegada vanguardia política. En el más sólido pilar proletario que base su accionar mediante la aplicación teórico-práctica del socialismo científico, a través de la concepción materialista del mundo y el desarrollo integral del método dialéctico. En la más férrea organización leninista, orgullosa heredera de aquellos bolcheviques que tomaron el cielo por asalto en nombre del proletariado y los desheredados del mundo. El PCOE, a través de su práctica diaria y del socialismo científico, asume con firmeza su política de masas y llama a la clase obrera a poner fin a esta situación insostenible, a organizar el poder popular en nuestros centros de trabajo a través de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores, a levantar las estructuras en nuestros barrios y centros estudiantiles consolidando el Frente Único del Pueblo. Hace un llamamiento a reconstruir con urgencia una Central Sindical Única que luche sin descanso por transformar de raíz la cruda realidad antiobrera que vivimos.

Un proletariado fundido a su Partido Leninista, organizado en torno a una Central Sindical Única obrera y antiimperialista y sólidamente engarzado a las clases populares en base a las estructuras de un poderoso Frente Único del Pueblo, no puede más que garantizar la destrucción total y absoluta de la barbarie capitalista, garantizando el triunfo histórico de la revolución socialista. No hay otro camino. No hay otra salida. La historia es clara al respecto. Conciencia política como clase en sí y para sí y organización popular, o esclavitud asalariada y miseria para nuestros hijos. Socialismo o barbarie capitalista.

La tarea irrenunciable de los comunistas en el momento actual que vivimos, no puede ser otra que organizar la revolución socialista.

¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, construyamos poder popular!

¡Construyamos socialismo!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

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Hoy más que nunca, Frente Único del Pueblo

El paso de la crisis nos lleva a un lugar incierto si tenemos en consideración los sucesivos movimientos que surgen y las posiciones que adoptan “acreditados” expertos en política opositora al gobierno neofascista. IU, Julio Anguita, y partidos que se suponen de la izquierda revolucionaria, consumen todo su tiempo en inventar un día si y el otro también, asociaciones, formas de “luchas”, objetivos a alcanzar. Así, pues, tenemos donde elegir: “Republica”, “Retirada del Euro”, “Bloque crítico”, “Democracia ya”, “Constituyente”, etc. etc. Pero no se consigue dar un solo paso hacia adelante ¿Por qué? Indudablemente, porque no entienden que la política es un arte y una ciencia, que la lucha ha de ser científica o no es nada, y por eso todas las tentativas que son claramente pseudorrevolucionarias son tragadas por las fuerzas absorventes del sistema. 

 

Para centrarnos, comenzaremos por decir que todos tienen en común el ser antimarxistas; bien en la teoría, bien en la práctica, llegando a la conclusión que para ellos las clases sociales o no existen o desempeñan un papel secundario en este episodio histórico. La consecuencia subsiguiente no puede ser otra que la de negar a la clase obrera su papel de sujeto revolucionario. 

Despreciar a la clase obrera y negarle su papel en la historia no es ninguna tontería, supone abandonar al pueblo a la deriva, llevarle a un callejón sin salida, malgastar sus fuerzas, arruinar sus inquietudes y su indignación, hasta convertirle en un objeto maleable en manos del Estado capitalista. 

El capitalismo es un sistema de explotación en el que el patrón se enriquece como consecuencia de robarle al trabajador el producto de su trabajo. Lo que afecta al capitalista y a su Estado servidor, es que el trabajador no produzca, porque el sistema se vendría abajo inexorablemente. Por esta ley irrefutable, todo cuanto se haga a espaldas de los trabajadores no puede surtir un efecto transformador. Las manifestaciones interclasistas, es decir, de la ciudadanía, tienen la virtud de demostrar el estado de ánimo en general, pero no atizan ni pueden atizar al corazón del régimen. El gran capital continúa enriqueciéndose, porque su fuente de riqueza sigue manando euros. La clase obrera, las clases trabajadoras en su centro de trabajo, constituyen la fuerza vital e insustituible con la que el pueblo ha de contar obligatoriamente, o mejor dicho, a la que el pueblo ha de seguir, si quiere que sus protestas resulten exitosas. 

Pero la clase obrera se halla recluida tras las cuatro paredes de su centro de trabajo, donde la han llevado la traición de los grandes sindicatos y la de los partidos parlamentarios. Se encuentra pues, desamparada, a la vez que presa de unas leyes que práticamente la ha colocado en situación de ilegalidad. Toda acción que quiera llevar a cabo la clase obrera se encuentra con un obstáculo “insalvable”: la ley. La reforma laboral es ley; las huelgas de solidaridad por compañeros despedidos están prohibidas por ley; el despido es libre por ley; los convenios son anulados por el patrón al amparo de la ley. Las huelgas están anuladas indirectamente, no hace falta que la ilegalicen con una ley directa, la clave se halla en que poco a poco, por nada se podrá hacer huelga porque la ley protege las causas del descontento. 

La Ley, es decir, la política, impide al trabajador moverse. La política cercena todas las posibilidades de frenar el avance impetuoso del capitalismo. Ante esta situación los trabajadores y las capas populares no pueden salir a la desesperada, sin orientación clara, y sobre todo utilizando por arma la lucha económica, que antes de empezar ha sido tumbada por los golpes que ha recibido de la política, por las leyes. La lucha tiene que ser política desde los centros de trabajo, será entonces, cuando en la calle tome cuerpo un programa revolucionario con fuerza, con metas definidas, será entonces cuando el capital se resienta, pues se rebela la fuente de su riqueza. Ya no es posible pensar en pasitos, en reformas etc, que son tan ilegales como la lucha por el socialismo. Para conseguir que la reforma laboral, que los recortes, que la ley de educacion y todo cuanto ha impuesto el gobierno capitalista retroceda, es necesario ir a la huelga general política. Así ha planteado la situación el capitalismo. Para romper las leyes hay que saltárselas. Y nosotros decimos: ¿vamos a exponer al pueblo, vamos a ilegalizarnos para volver al punto de partida? NO, IREMOS A LA HUELGA GENERAL POLITICA, no como un fin, sino como el comienzo de un proceso de cambios profundos de la sociedad hasta lograr el ideal sublime que entraña los trabajadores, ser dueños de su destino. Que no quepa duda, lucharemos para lograr el socialismo. 

Pero la huelga política no será jamás el producto del estado de ánimo del pueblo, la huelga general política tiene que ser construida golpe a golpe, tramo a tramo, arrollando a cada paso la legalidad que nos impide al obrero, al trabajador, al estudiante y al vecino, ser libres. Hay que unir todas las fuerzas bajo un programa común de transformaciones, a través de una organización disciplinada, y eso, por más vuelta que se le quiera dar, se llama FRENTE UNICO DEL PUEBLO, que tendrá que ser orientada por la vanguardia ideológica cuyo nombre es PARTIDO COMUNISTA. 

HOY MAS QUE NUNCA,

FRENTE UNICO DEL PUEBLO

 PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPÀÑOL (PCOE)

 

FEDERACIONES DE JOVENES COMUNISTAS(FJCE)

 




¡Proletarios de todos los países, uníos!

Un Primero de Mayo de 1886, se encendió la llama proletaria en la ciudad de Chicago, donde el movimiento obrero lideró una contundente huelga general a lo largo de EEUU. Los reclamos del proletariado estadounidense en torno a la reducción de la jornada de 16 a 12 horas, los aumentos salariales y la mejora de las condiciones laborales, fueron calando entre el pueblo trabajador. La rápida extensión de la huelga hizo temblar los cimientos del gobierno de la patronal yanqui. El éxito arrollador de la huelga proletaria en aquel Primero de Mayo desencadenó la furia represiva de la burguesía yanqui, que aplastó con brutalidad ilimitada a la poderosa movilización obrera. Sicarios patronales, a sueldo del estado norteamericano, irrumpieron como hampones, asesinando a decenas de trabajadores. Las fuerzas represivas del régimen masacraron y detuvieron a miles de huelguistas, sometidos a los montajes judiciales del aparato estatal burgués. Decenas de dirigentes obreros fueron ejecutados en la horca, otros tantos condenados a cadena perpetua, mientras miles más fueron desterrados.

 

He ahí la respuesta criminal con la que la parasitaria clase dominante obsequió, obsequia y obsequiará a todos aquellos trabajadores que, conscientes de que juntos producen la totalidad de la riqueza y se agigantan, deciden decir basta, ante tanta explotación, miseria y degradación. Por ello, es imprescindible reconstruir un movimiento obrero sólidamente organizado en torno a una dirección revolucionaria y audaz, capaz de repeler los ataques y pasar a la ofensiva.

Semejantes dosis de terror capitalista en Chicago – que tanto recordaron la orgía sanguinaria desatada por la burguesía francesa contra los heroicos communards de la París insurrecta, apenas 15 años antes (1871)-, desataron una poderosa ola de solidaridad internacional con los dignos obreros asesinados y represaliados, denunciando sin contemplaciones el salvajismo represor de la burguesía, mostrando a millones de trabajadores la fortaleza inexpugnable del proletariado cuando éste piensa y actúa como un solo puño. En memoria de aquella gesta proletaria de Chicago, ahogada en sangre por los capitalistas, el Congreso Internacional Obrero -reunido precisamente en París (1889)-, declaraba el Primero de Mayo como Día de la Solidaridad Proletaria. Nacía “el día del trabajador”.

Poco después, el primer Estado Obrero y Campesino surgido del triunfo histórico de la primera Revolución Socialista de Octubre en 1917, no tardó ni un segundo en declarar como festividad nacional todos los Primero de Mayo, en recuerdo y honor de los obreros de Chicago masacrados por el capitalismo. Se internacionalizaba definitivamente el Día de la Solidaridad Proletaria, fecha combativa que exhortaba a la clase trabajadora de todos los países a unirse y organizarse, a destruir de raíz la maquinaria represora del Estado burgués, a emanciparse del yugo de la explotación y la opresión capitalistas.

El PCOE, hoy como ayer, hace un llamamiento a obreros y empleados, a la juventud, desempleados y jubilados, a campesinos y autónomos, al conjunto del pueblo trabajador apaleado por el capitalismo monopolista de Estado, a recuperar las esencias de una celebración histórica que nace y sólo cobra sentido desde las entrañas mismas del proletariado revolucionario y socialista.

Millones de trabajadores sufren en sus carnes la barbarie capitalista, que esclaviza a unos mientras manda al pozo del desempleo a otros tantos. La misma furia criminal con la que los capitalistas explotaron y masacraron al proletariado de Chicago, es aplicada hoy por la oligarquía financiera, que intensifica la explotación asalariada consciente de las contradicciones irresolubles por las que discurre y las limitaciones históricas de su reaccionario modo de producción y régimen político. La conformación de bloques imperialistas pone de manifiesto que la lucha de clases se extiende desde Madrid a Pekín, pasando por Moscú o Chicago.

El PCOE, armado con la solidez teórico-práctica del socialismo científico y como parte integrante y avanzada del proletariado, reconoce a la clase obrera como único sujeto histórico revolucionario capaz de revertir la insostenible situación actual, capaz de conducir a las masas laboriosas hacia el socialismo. El proletariado debe convertir este día en una jornada de lucha, de toma de conciencia, de unidad y de organización de clase. A pesar de los cambios operados en el capitalismo en su etapa imperialista, de las modificaciones sustanciales en la estructura productiva al calor de la división internacional del trabajo impuesta por la burguesía, hoy más que nunca, la clase obrera sigue siendo la fuerza motriz del desarrollo social. Hoy más que nunca, por su cantidad y calidad, el proletariado cuenta con las condiciones objetivas propicias para caminar hacia la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la explotación del trabajo ajeno, bases de la acumulación de capital y origen de la degradación y miseria de las masas laboriosas.

La esencia de las leyes universales que rigen el sistema capitalista se manifiesta en forma de crisis devastadoras y guerras de rapiña por la conquista de nuevos mercados, por el control de fuentes de materias primas por parte de los monopolios, que ponen a su servicio estructuras estatales y supraestatales. Si las repetidas crisis no hacen más que retorcer los grilletes del proletariado, las invasiones imperialistas (hoy emboscadas bajo el epígrafe de “guerras humanitarias”) se centran en masacrar a los pueblos en vías de desarrollo para expoliar sus recursos. El imperialismo es una máquina generadora de explotación y miseria para unos, y de esclavización y muerte para otros.

Este Primero de Mayo, como todos los días del año, el PCOE volverá a salir a la calle a fundirse con el proletariado, a contribuir en su elevación política e ideológica. Saldrá a la calle con la firme voluntad comunista de transformar a un proletariado manso, desorganizado y sometido en una clase en sí y para sí, en un movimiento obrero combativo, organizado y consciente de su poder revolucionario. Saldrá a la calle a denunciar el reaccionario “consenso social” y las falsas salidas capitalistas, que nos han llevado al actual momento que vivimos; a denunciar, en definitiva, al decadente oportunismo, venga este de la socialdemocracia, del sindicalismo reformista o de las diferentes sectas izquierdistas. Ellos son también responsables directos de la voladura de las conquistas obreras más básicas, logradas tras largas décadas de infatigable lucha proletaria. Responsables de la depauperación, desmovilización y enajenación de los trabajadores, mil veces traicionados por estos servidores de la burguesía.

Las ricas experiencias históricas del proletariado, en sus constantes avances y retrocesos, no sólo nos muestran cuan negativo y nefasto puede ser el trabajo de zapa del oportunismo en el movimiento obrero, sino que también pone de manifiesto la inoperancia de la mera lucha sindical y economicista. El triunfo de la revolución socialista y de las fuerzas proletarias es inconcebible si la lucha contra la burguesía no abarca, de forma dialéctica, los frentes económico, político e ideológico. La realidad material que vivimos, confirma lo estéril de la lucha economicista, así como la putrefacción del oportunismo.

Ya no hay tiempo ni espacio para reivindicar mejoras de unos convenios que han quedado reducidos a papel mojado, para plantear conflictos aislados abocados al fracaso, para mendigar pactos infames ni seguir creyendo en fraudulentos capitalismos “con rostro humano”. Cuando la contradicción nuclear del momento gira en torno a imperialismo / socialismo (capital/trabajo), ya sólo una vía táctica puede insuflar la fuerza necesaria a millones de trabajadores vapuleados; recuperar las esencias de 1886, hacer de la unidad y la solidaridad de clase, pilares maestros del renacer proletario.

Y eso pasa indefectiblemente, por organizar el poder popular desde los mismos centros de trabajo, a través de los órganos democráticos proletarios, a través de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores (ACDT), así como la paralela consolidación de la Central Única de Trabajadores, catalizadora de la reconstrucción del sindicalismo de clase en el conjunto del Estado español, una Central Obrera y Socialista. Organizar la resistencia popular en los barrios y centros de estudio, en el campo y la ciudad, y que, bajo el liderazgo del proletariado, consolide la columna vertebral del socialismo: el Frente Único del Pueblo (FUP). Construir el Ejército Proletario capaz de enfrentar a la reacción y liquidar al Estado de los monopolios, capaz de tomar el poder e instaurar la dictadura revolucionaria del proletariado.

Decía el gran líder del proletariado mundial -Lenin-, un Primero de Mayo de 1904:

“Dos mundos se alzan frente a frente en esta grandiosa lucha; el mundo del capital y el mundo del trabajo, el mundo de la explotación y la esclavitud, y el de la fraternidad y la libertad. Por una parte, hay un puñado de ricos parásitos. En sus manos se concentran los talleres y las fábricas, las herramientas y las máquinas. Han convertido millones de hectáreas de tierra y montañas de dinero en su propiedad privada. Han hecho del gobierno y el ejército sus criados, fieles guardianes de la riqueza que han acumulado.

Por otra parte, hay millones de desheredados, obligados a suplicar a los ricos permiso de trabajo para ellos. Crean con su trabajo toda la riqueza, mientras ellos mismos tienen que luchar toda la vida por un pedazo de pan, mendigar el trabajo como una limosna, agotar sus fuerzas y arruinar su salud en trabajos insoportables”

En este Primero de Mayo de 2013 el PCOE, asumiendo las ricas enseñanzas emanadas del socialismo científico, infatigable a la hora de desarrollar su política de masas y sindical, hace suyas de nuevo las palabras del gran dirigente comunista ruso. Como casi siempre sucede con Lenin, sus escritos parecen haber sido redactados hoy mismo:

“No hay fuerza que pueda vencer al proletariado, porque su trabajo es lo único que sostiene a las clases gobernantes y al gobierno. No hay en el mundo fuerza capaz de aplastar a millones de obreros, cada vez más conscientes, unidos y organizados (…)

¡Camaradas obreros! ¡Preparémonos con redoblada energía para el combate decisivo que se acerca! ¡Que se estrechen las filas de los proletarios socialistas! ¡Que su voz se propague con amplitud cada vez mayor! ¡Que la agitación en torno a las reivindicaciones obreras se despliegue cada vez más con mayor audacia! ¡Que la celebración del Primero de Mayo atraiga a nuestra causa a miles de nuevos combatientes y engrose nuestras fuerzas en la grandiosa lucha por la libertad de todo el pueblo, por la emancipación de todos los trabajadores del yugo del capital!”

 

¡Viva la lucha de la clase obrera! ¡Viva el Primero de Mayo!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo!

¡Construyamos socialismo!

 Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) 

 




La necesaria reconstrucción del movimiento obrero

A los comunistas no nos basta con descubrir categorías generales conforme a la concepción materialista del mundo, pues como dijo Lenin siempre es imprescindible el “análisis concreto de la situación concreta” y la consecuente interrelación dialéctica entre lo universal y lo singular –socialismo científico-. Es esta una premisa básica para entender las causas y fenómenos que nos rodean, para llevar a la práctica nuestro programa revolucionario y transformar la realidad capitalista que vivimos. Los casos de los trabajadores Marcos Andrés y Miriam Pérez, representan dos ejemplos concretos -reales y vivos-, de la dramática situación por la que discurre el conjunto de la clase obrera, sometida a los designios de la oligarquía financiera y del oportunismo -auténtico caballo de Troya burgués en el movimiento obrero-. Partiremos, pues, de lo particular -dos proletarios – sabiendo que tal particularidad sólo puede existir en relación a lo general –al conjunto de la clase obrera y a las relaciones de producción dominantes- .

  

Bien entrado el siglo XXI y en el seno de un Estado español que transita por su etapa imperialista –la del capitalismo monopolista de Estado-, el modo de producción capitalista muestra objetivamente su esencia reaccionaria, golpeando con fiereza a millones de trabajadores que sufren en sus carnes no sólo la explotación asalariada, sino también las largas décadas de traición oportunista y de orfandad del Partido Leninista.

 Marcos Andrés, trabajador barcelonés de la trasnacional Telefónica, fue despedido en octubre de 2012 por caer enfermo. Aún justificando médicamente su ausencia laboral por tales motivos, la dirección patronal tuvo a bien estrenar su flamante Reforma Laboral de 2012 –auténtica síntesis de la esclavitud asalariada- que faculta a la empresa a despedir procedentemente a trabajadores que se encuentran en situación de baja médica por enfermedad u accidente (art. 52.1d). Los buques insignia del capitalismo monopolista de Estado (IBEX-35), suelen abrir la vía de las “novedades” superestructurales antiobreras, cuyo único fin es apretar todavía más los grilletes al proletariado. Las crisis en el capitalismo agonizante, no tienen otra función que incrementar el grado de explotación obrera y la multiplicación de la tasa de plusvalía, concentrando los beneficios capitalistas en cada vez menos manos. Todo ello a costa de la sangre, el sudor y el sufrimiento de millones de trabajadores como Marcos.

 Marcos, renunciando a su indemnización después de más de una década en plantilla y después de agotar las míseras vías ofrecidas por el derecho laboral burgués, decidió declararse en huelga de hambre junto a 4 de sus compañeros, ante la reiterada negativa de la trasnacional a readmitirlo –a pesar de la nulidad del despido según sentencia del propio TSJ de Cataluña-. Hoy sigue luchando por la readmisión. Su caso no sólo fue naturalmente silenciado por los consorcios mediáticos capitalistas, sino que las propias centrales sindicales reformistas (UGT-CCOO) no sólo no le dieron apoyo sino que lo conminaron a aceptar la indemnización y abandonar su digna lucha. Obviamente, la “huelga general contra la Reforma Laboral” del pasado 29-M de 2012, anunciada por las respectivas cúpulas, sólo representó una estafa más a la clase obrera. Una muestra más de la vileza oportunista que carcome a las centrales adscritas a la CSI imperialista. La repugnante actuación de UGT-CCOO respecto a la huelga de hambre en Telefónica, pone una vez más al descubierto la devoción de estos jerarcas del régimen capitalista español por su parasitaria clase dominante. Desde los Pactos de la Moncloa hasta el II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, su función no ha sido otra que desmovilizar y destruir desde dentro al movimiento obrero.

 De nuevo Lenin era claro al respecto; “la lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa si no va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo”.

El caso de Miriam Pérez es, si cabe, todavía más sangrante. Ella es trabajadora de la estratégica empresa nacional Unión General de Trabajadores (UGT), en su filial de Santa Cruz de Tenerife. A inicios de marzo de 2013, la patronal “sindical” decidió incluirla en un ERE junto a varios de sus compañeros del gabinete jurídico, conforme a los artículos emanados de la misma Reforma Laboral que tanto gusta a Telefónica. No en vano, ambas empresas capitalistas forman parte de un todo, y si Telefónica actúa como uno de los capo di capi del Estado español -al que tiene a su servicio-, UGT no es más que la otra cara de la misma moneda con la que se presenta la dictadura capitalista. La quintacolumna burguesa en el movimiento obrero, la viva imagen del oportunismo reformista que, sin vergüenza alguna, todavía es capaz de definirse como “sindicato” mientras despide y explota a sus propios trabajadores.

 Miriam, debe enfrentarse a esa particular patronal “sindical”, vulgar caricatura de la CEOE. Todavía hoy sigue en huelga de hambre, tras casi un mes de ayuno y desprecio de sus patrones. De sobras está decir que ni los oportunistas ni los medios de la oligarquía han tenido a bien dar a conocer semejante escándalo antiobrero a manos de los caciques canarios de Don Cándido Méndez. Saben bien los jefes de Méndez, entre ellos Telefónica, que UGT –como CCOO- todavía forman parte del atroz engranaje del régimen capitalista en el Reino de España y que no conviene removerlos más. Basta con que sigan chapoteando en el fango de los ERES de Andalucía y demás corruptelas infames; nos preguntamos ¿cuántos miserables del aparato “sindical” ugetero cobrarán con el ERE que ha afectado a Miriam y sus compañeros, aprobado vía exprés gracias a la Reforma Laboral de 2012? Resulta evidente que la instrumentalización de la última Huelga General y la cínica “oposición” a la Reforma Laboral de estos enemigos del pueblo, sólo buscaba ganar tiempo y recuperar una “legitimidad” que anda por el subsuelo.

 Este “sindicalismo” felón y repulsivo, antiobrero e imperialista, le dijo a Marcos que cogiera el dinero y corriese. A Miriam, ya como patronal, que aceptara los 20 días del ERE y desapareciera. Esto es el oportunismo en su particularidad más cruda y real.

 Ambos casos, nos muestran –tal y como si de un laboratorio se tratara- dos células obreras por las que se ha extendido la terrible infección capitalista. Una infección pivotada sobre la base misma del modo de producción capitalista e inoculada en el movimiento obrero a través de los sicarios de Méndez y Toxo. Dos ejemplos que retratan la brutalidad de un régimen que despide, con pulcritud procedimental y de forma “legal” a un trabajador enfermo y a una trabajadora en nómina de un supuesto “sindicato” –imaginamos que a la cúpula de UGT de poco le sirven ya los laboralistas cuando han aceptado gustosos la barra libre patronal -. Una minúscula muestra de la terrible situación en la que se encuentra el movimiento obrero, tras largas décadas de desmovilización, desorganización y alienación. Tanto será así, que estos dos compañeros se vieron obligados a optar por una medida desesperada; la huelga de hambre. Acto que, mezcla de dignidad e impotencia obrera, pone de manifiesto la soledad en la que se han encontrado, más allá de notas públicas, muestras de solidaridad y acompañamiento emocional.

 Esta es la receta burguesa para salir de la crisis; represión y paro para aquellos que desesperados dicen basta, degradación y esclavitud para el resto.

 Así como los casos de Marcos y Miriam, desde el análisis concreto, nos aportan una fiel radiografía de la cruda realidad del proletariado actual, al mismo tiempo no hacen más que certificar el acierto y validez de la política de masas emanada del XIV Congreso del PCOE. Miles de trabajadores como Marcos y Miriam, están pidiendo a gritos la construcción de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores (ACDT), la necesaria e imprescindible reorganización del movimiento obrero entorno a los irrenunciables principios de solidaridad y unidad de clase. Están pidiendo, aún de forma débil, inconsciente y espontánea, el fin del oportunismo en todas sus formas. Marcos y Miriam, no habrían sido despedidos con una poderosa ACDT desarrollada en Cataluña y Canarias, tampoco se habrían declarado en huelga de hambre. Sabrían con certeza que ya sólo el socialismo puede dar solución a los graves conflictos que genera este modo de producción capitalista, máquina criminal cegada por sus propias contradicciones.

 El Partido debe decir alto y claro, que tiene la vacuna para frenar esa terrible infección en el organismo obrero y pasar a la ofensiva proletaria frente a la criminal clase dominante.

 Levantar la ACDT como movimiento socio-político capaz de organizar y concienciar a la clase trabajadora, lastrada y minada por décadas de traición oportunista, sometida a la burguesía en todos los frentes; económico, político e ideológico. Arrancar al proletariado de ese estado de derrota es una tarea que sólo el Partido puede llevar a cabo. Responder, como trabajadores y comunistas, a la llamada de nuestros hermanos de clase, que hoy se muestran impotentes y aislados. Coadyuvar en su férrea organización, elevando su conciencia de clase y haciéndoles sentir lo que verdaderamente son; una clase en sí y para sí, sujeto histórico revolucionario que debe sepultar este sistema agotado y parir las estructuras de la nueva y regeneradora civilización socialista. Trabajar al mismo tiempo y sin descanso por la extensión de la Central Única de Trabajadores, única vía capaz de reconstruir el necesario sindicalismo de clase en todos los territorios del Estado español, fundido a la Federación Mundial Sindical (FSM), como organización obrera antiimperialista.

 A través de nuestra táctica de masas, podrá el Partido engrosar sus filas con los mejores hijos de la clase obrera, siendo capaz de dirigir con firmeza un proceso revolucionario que culmine en la consolidación del Frente Único del Pueblo, como sólida estructura que una en un solo puño a las fuerzas proletarias y populares. No hay y no puede haber otra manera de destruir de raíz la maquinaria explotadora y represora del capitalismo monopolista de Estado que cumplir con nuestro Programa. Sin un poderoso y disciplinado Ejército Proletario, es inviable la revolución socialista. Es por tanto imprescindible que los comunistas elevemos política e ideológicamente al conjunto del proletariado, si queremos arrancar a éste de los brazos del oportunismo en todas sus formas y manifestaciones, ya sean éstas de carácter reformista o izquierdista y sectario. La presencia del Partido entre los nuestros es una tarea histórica impostergable. Es hora de tejer la necesaria ligazón con las masas, desplegando con eficiencia nuestra política de masas y sindical.

 Los trabajadores como Marcos y Miriam, así como el conjunto de las masas laboriosas, deben saber con exactitud que sin un proceso de unidad desde la base, sólo nos espera –a nosotros y a nuestros hijos-, un futuro de esclavitud y miseria. Acumular más derrotas, sólo nos conducirá de cabeza al siglo XIX, retrocediendo hasta nuestro punto de partida como clase explotada. El PCOE no ahorrará esfuerzos y sacrificios para caminar con firmeza hacia el único régimen digno para el género humano; la dictadura del proletariado. Dictadura implacable frente a la minoría explotadora, y el más perfeccionado sistema democrático para las grandes masas productivas. Dado el desarrollo de las fuerzas productivas y la contradicción principal que rige el momento actual que vivimos, ya no pueden existir más etapas intermedias hacia el socialismo

 ¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, construyamos poder popular!

¡Construyamos socialismo!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

  




Los reformistas y el Estado

Uno de los frentes de batalla del movimiento obrero a lo largo de la historia ha sido el de la definición del Estado, su carácter y su esencia y, por tanto, la lucha a desarrollar para la superación del capitalismo. La cuestión del Estado es vital, pues sólo así sabremos deslindar las líneas de quiénes apuestan por el mantenimiento o conservación del capitalismo, por acción u omisión, y quiénes apostamos por la construcción del socialismo. 

Nunca podremos vencer a la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero sin una ardua batalla ideológica contra todo tipo de oportunismo, porque un proletariado influenciado por el oportunismo siempre será presa fácil de las acometidas de la burguesía.

La definición marxista-leninista del Estado nos señala que este es el órgano de dominación de una clase sobre otra, el instrumento con que una clase social oprime a otra, la prueba palpable de la existencia y antagonismo de las contradicciones de clase. Es decir, el Estado surge con la sociedad de clases para dirimir de una forma violenta todos los conflictos que se producen entre la clase dominante y la dominada.

Esta sencilla definición es el abc del comunista. Sin embargo, la burguesía y los oportunistas tratan por todos los medios de desviar a la clase obrera del conocimiento de la teoría marxista del Estado. Para los burgueses y oportunistas, el Estado es un ente situado por encima de las clases que sirve de elemento conciliador de los antagonismos de las diversas clases sociales. Para ellos, el Estado no es el arma de dominación de una clase sobre otra sino un ente que aparece de la nada, por encima de las clases,  luego para ellos se puede reformar mediante cambios graduales, para darle un cariz más perfeccionado. Es decir, siendo el capitalismo el modo de producción dominante y el Estado el arma de dominación de la clase dominante (burguesía) sobre la dominada (clase obrera), ellos lo que pretenden es darle un rostro humano a este capitalismo reformando y perfeccionando, ese Estado burgués que para ellos simplemente falla en la gestión. Reducen la naturaleza de clase del Estado a la acción de esta u otra personalidad individual o partido político, obviando que el Estado es la unión de toda una clase social que se conforma como instrumento de dominación.

Dicha concepción del Estado no puede ser más metafísica e idealista, muy lejos de la filosofía proletaria del materialismo dialéctico e histórico y del carácter científico del desarrollo de la sociedad y de la lucha de clases.

No es tema baladí el del Estado, pues la concepción de este u otro sentido nos lleva a diferentes -y divergentes- estrategias. Los comunistas, armados con las leyes científicas del desarrollo de la sociedad, sabemos que el Estado burgués debe ser destruido mediante una revolución que será violenta y un período que lo siga de Dictadura del Proletariado, si lo que realmente queremos es la superación del capitalismo y la construcción de la nueva sociedad socialista, única alternativa científica, superior y demostrada en la práctica al capitalismo.

De ahí que los comunistas desechemos las ilusiones pacifistas del tránsito al socialismo, o en el caso de los oportunistas, a no se sabe qué otro sistema social, político y económico distinto al capitalismo. ¿Y por qué decimos los comunistas que la revolución ha de ser violenta? Es sencillo, si nuestra misión es transformar un sistema de dominación de clase, donde una clase goza de todos los privilegios e impone su dominación por la fuerza a la clase dominada mediante el Estado, es lógico pensar que opondrá toda resistencia a esta transformación y usará ese mismo Estado que ella ha creado para proteger sus intereses.

Los oportunistas creen que conquistando el parlamento o las instituciones burguesas mediante una votación, tienen ya el poder político del Estado. Se equivocan. El poder político pertenece a la clase dominante, a la burguesía, y el Estado es su arma de dominación que nunca van a ceder mediante métodos pacíficos ni mediante ninguna votación. Se equivocan y mienten a los obreros aquellos que les piden el voto para alcanzar el “gobierno”, puesto que el gobierno pertenece a la clase dominante, y se equivocan si creen que el Estado no va a reaccionar cuando ellos empiecen a aplicar sus medidas reformistas. El Estado cuenta además con cuerpos represivos tales como el ejército o la policía, destinados a reprimir al proletariado, y cuerpos legislativos como la judicatura o las leyes destinados a crear el marco legal de dominación clasista. Los oportunistas creen que con su llegada al gobierno esos órganos de la burguesía para mantener su dominación de clase van a cambiar mágicamente y ponerse a sus órdenes, debido a que ellos no conciben el Estado como arma de dominación de clase sino como señalamos antes, como instrumento por encima de las clases.

Cuando las medidas de un gobierno oportunista y los intereses de la clase dominante chocan, el Estado y su aparato siempre se van a poner del lado de la clase dominante, puesto que esta es su esencia y para ello ha sido creado. Mienten, pues, todos aquellos que nos piden el voto prometiéndonos cambios, porque no han entendido o tergiversan el carácter de clase del Estado y su papel dentro de la lucha de clases.

Entonces, desde el prisma de un revolucionario se nos plantea una pregunta: ¿qué hacer? Lo que debemos hacer los comunistas, y toda la clase obrera que ocupa un papel subordinado dentro del capitalismo es crear un Estado paralelo. Crear nuestros órganos de poder proletario emanados de las fábricas, de los centros de trabajo, de los barrios obreros, de la juventud estudiantil obrera, que converjan en el Frente Único del Pueblo como ese Estado paralelo, que mediante la dualidad de poderes confronte con el Estado burgués y se imponga a este destruyéndolo.

Es decir, debemos de perder las ilusiones y confianzas en las instituciones burguesas, en sus elecciones, debido a que son una farsa ya que el poder político en una sociedad de clases siempre va a pertenecer a la clase dominante indistintamente del partido (burgués) que alcance el gobierno de la nación.

La dualidad de poderes que señalamos significa la existencia en paralelo de dos estados: el burgués y el proletario. Estos se enfrentan en una lucha sin cuartel a todos los niveles: económico, ideológico y político fruto de los antagonismos de clase que existen en toda sociedad estructurada en clases sociales. Es deber del Partido Comunista el guiar y organizar esa lucha para conseguir que se impongan los órganos de poder obrero sobre los órganos de poder burgués. Y reiteramos que el Partido guía y organiza, pero los órganos de poder obrero no son el Partido, son de la clase, pues es ésta el verdadero sujeto revolucionario. En esta lucha de poderes se desenmascaran a los oportunistas al servicio de la burguesía en el seno de la clase obrera, que ante el miedo a la revolución corren a ponerse de lado del poder burgués y contra el propio poder obrero.

¿Y que pasa una vez finalizada la confrontación entre poderes y la derrota del Estado burgués por parte del estado obrero? Pasa que el proletariado destruye el Estado burgués. Es decir, la destrucción del arma de dominación de una clase sobre otra. Esto quiere decir que su parlamento, sus ayuntamientos, sus leyes, su ejército, su policía, sus leyes, etc. que forman el Estado burgués serán destruidos después del triunfo de la revolución obrera y sustituidos por la anteriormente clase dominada -la clase obrera- conformada en Estado para oponer su violencia a los intentos de restauración del Estado de los explotadores.

Esto es lo que denominamos Dictadura del Proletariado. Es decir, dictadura para las clases dominadas, que antes gozaban de la dominación mediante la tenencia del poder político y el Estado burgués y, a su vez, es democracia para las clases dominadas, libres de las ataduras que les imponía el Estado burgués y que ejercen su dominación de clase sobre los antiguos explotadores. Esto es así porque las clases dominadas en el capitalismo son las más numerosas, los trabajadores son la esencia de la sociedad y quienes la hace funcionar y, sin embargo, en el capitalismo estas clases son dominadas por un puñado de burgueses.

Esta dictadura se ejerce por la violencia sobre los antiguos explotadores, una violencia que dependerá del grado de resistencia que opongan las viejas clases dominantes en la nueva sociedad. El objetivo final no es mantener esta forma de violencia sine die, sino la construcción de la sociedad sin clases que acabará con toda forma de opresión y con el Estado como concepto, debido a la inexistencia de clases de las que emana la inexistencia de contradicciones de clase, y por tanto el Estado como arma de dominación de una clase social sobre otra perderá todo su sentido.

Son las dos fases de la sociedad socialista-comunista: la primera que sería el socialismo, donde aún perduran los viejos vicios de la sociedad burguesa y que hace necesaria la existencia de la Dictadura del Proletariado. En la segunda fase -la fase comunista- desaparecen las clases sociales y con ella el Estado y sus formas de dominación. Este es el objetivo final de todo comunista. Sin embargo, los distintos oportunistas no se plantean esta meta. Su concepción idealista del carácter del Estado les lleva a creer que el objetivo final es conquistar el parlamento mediante las votaciones, todo dentro del capitalismo. Tanto la socialdemocracia como los que se autodenominan revolucionarios pero abjuran del socialismo y la dictadura del proletariado tienen este fin. Para ellos el objetivo se reduce a conseguir más escaños en el parlamento, ya sea para gestionar el capitalismo o para conseguir jugosas poltronas y los cargos y sueldos asociadas a ellas. Para ellos la construcción del poder popular no va asociada a la dualidad de poderes y la lucha entre ellos, sino que el poder popular es una forma de introducirse en el poder burgués -en ese parlamento- que es el objetivo al que ellos aspiran.

Por ello, luchan por mantener la confianza de los trabajadores en las instituciones burguesas que gestionan a diferentes niveles. Ya sea el municipalismo, que para ellos es una forma de acceder a cotas más altas de gestión dentro del capitalismo y, por tanto, dentro del Estado burgués como mediante la creación de organizaciones creadas por los de arriba -por las cúpulas- que tienen como objetivo, y bajo un presunto lenguaje de radicalidad, el convertirse en opciones políticas que pugnen por gestionar el poder político de la burguesía en ayuntamientos, parlamentos autonómicos o nacionales.

Los comunistas señalamos a todos estos oportunistas como los defensores y mantenedores de la ideología burguesa en el movimiento obrero. En la época en que nos encontramos, todo lo que no sea contribuir a disipar las esperanzas y confianza de los obreros en las instituciones de la burguesía es contribuir a mantenerlos en el estado de sumisión y dominación en el que se encuentran actualmente.

Sólo la creación de los órganos pertinentes del poder obrero emanados de las fábricas y centros de trabajo que son las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores que junto con los órganos de poder obrero en los barrios, Asociaciones de Vecinos, y los órganos de poder de los jornaleros, estudiantes, etc. que, conjuntamente, conformen el Frente Único del Pueblo como estado obrero paralelo, nos llevará a tener alguna posibilidad de éxito ante la clase capitalista, y ante su órgano de poder y dominación que es el Estado.

Este Frente Único del Pueblo sólo podrá ser viable cuando la clase obrera tenga a su Estado Mayor, a su destacamento de vanguardia armado con la ciencia del marxismo-leninismo. Por tanto, urge desarrollar el PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL. Toda la experiencia de décadas pasadas sin la existencia del Partido nos debe servir de aprendizaje y lección para saber que sin Partido, y repitiendo experiencias caducas, estamos condenados a mantener la dominación capitalista por los siglos de los siglos. Pero no sólo eso, sino que la burguesía, al hilo de la necesidad del modo de producción capitalista en esta fase decadente, necesita tender cada vez más a la reacción para mantener su dominación de clase. Necesita la creación de movimientos fascistas de masas. Lo vemos en Grecia y estamos viendo los primeros embriones en España.

Si la burguesía no se va a quedar quieta, los obreros y las clases explotadas tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Por tanto, es misión de los mejores elementos de la clase obrera, de los trabajadores, el unirse a su Partido, al Partido Comunista Obrero Español (PCOE), porque sólo así conseguiremos guiar al conjunto de la clase obrera hacia sus objetivos: el socialismo, la Dictadura del Proletariado y la destrucción del Estado burgués.

¡TRABAJADOR, FORTALECE LAS FILAS DE TU PARTIDO COMUNISTA: EL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

 

¡POR EL SOCIALISMO, POR EL PODER OBRERO, POR LA VICTORIA!

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 




A por el Frente Unico del Pueblo. A por el socialismo

El pasado 24 de enero el Instituto Nacional de Estadística (INE), a través de su Encuesta de Población Activa (EPA), señalaba que en el Estado español el número de parados asciende a 5.965.400 trabajadores, cifra récord de toda la serie histórica registrada hasta la fecha. Es un hecho que el desempleo aumenta como consecuencia de las políticas realizadas por el PP y por el PSOE a favor de los empresarios, a los que les abarata el despido y le proporcionan todo tipo de leyes para que explote hasta la extenuación al trabajador.

No es de extrañar que los sucesivos gobiernos impulsen amnistías fiscales para los que defraudan y se llevan el dinero a paraísos fiscales, hagan leyes que les permitan a los empresarios llevarse los capitales y las propias empresas fuera del país -en lo que ellos denominan internacionalización- y que sirvan a los empresarios y les pongan en bandeja leyes con las que machacar y robar al pueblo trabajador, pues sus dirigentes políticos son esbirros de las grandes empresas. Basta hacer un repaso de dónde están trabajando aquéllos que han hecho las leyes hasta hoy: Felipe González es ‘asalariado’ de Gas Natural, José María Aznar, Elena Salgado o Pedro Solbes de ENDESA, Ángel Acebes (Iberdrola), Miguel Boyer (Red Eléctrica), Zaplana y Rodrigo Rato (Telefónica), Javier Solana y Pío Cabanillas (Acciona), Isabel Tocino (Banco Santander), Jordi Sevilla (PwC) y un largo etcétera con salarios multimillonarios.

 
Este es el resultado de la Constitución Española de 1 978 y de la democracia burguesa: miseria para la mayoría del pueblo y enriquecimiento de los banqueros, de los empresarios y sus corrompidos políticos. Mientras se les da dinero a los bancos, a los empresarios, a los partidos políticos y a los sindicatos del sistema; mientras ilustres apellidos políticos tienen cuentas ocultas en Suiza; mientras los sobres con dinero -según la propia prensa burguesa- circulan por las sedes de las organizaciones políticas; mientras ocurre todo eso al Pueblo se le hace recortes infames en sanidad, educación y pensiones; se ataca y criminaliza al desempleado, se sacrifican los empleos habiéndose enviado a 850.000 trabajadores al paro en 201 2 y se condenan a más de 1 millón 800 mil hogares obreros a tener a todos sus miembros en el paro. Esta ‘democracia’ hija del franquismo –y defendida desde el PP hasta IU– otorga impunidad al burgués indultando a  banqueros, empresarios y sus compañeros políticos y primos de diputados, como el último kamikaze indultado por Gallardón, defendido además por el bufete donde trabaja el hijo de este último. Y a la par que otorga impunidad e indulto al burgués encierra en la cárcel a aquéllos que combaten y luchan contra este sistema que niega la sanidad, el empleo, la educación y la libertad a la mayoría.

 El Partido Comunista Obrero Español hace un llamamiento a la clase obrera y demás clases populares, azotadas por el capitalismo, a construir un Frente Único del Pueblo a través del cual defendamos e impongamos nuestros intereses de clase. Las instituciones burguesas no tienen otro cometido que el de expoliarnos y oprimirnos.

 Debemos crear nuestros propios órganos de poder popular para invertir esta situación, para acabar con la raíz de nuestros males como trabajadores. Sólo tenemos una salida: Construir el Socialismo, imponer la Dictadura del Proletariado (que es el dictado de la mayoría trabajadora) y mandar al capitalismo y sus instituciones al estercolero de la historia.

 

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

 

FEDERACIÓN DE JÓVENES COMUNISTAS DE ESPAÑA

 

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