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Resolución del VI Pleno del Comité Central sobre la situación terminal del imperialismo y la necesidad del socialismo

Aquellos polvos de la implosión de la URSS y la reversión en capitalista de lo que antaño fue el estado de los soviets y sus aliados, de expansión de la OTAN, del desarrollo del “socialismo de mercado” chino, apadrinado por la Comisión Trilateral convirtiendo a China en una potencia donde rige el capitalismo, la propiedad privada sobre los medios de producción y la consecuente explotación asalariada, por la avaricia de los monopolios norteamericanos y europeos que se lanzaron a devorar mano de obra barata, fundamentalmente en China, pero también en América Latina – México y Brasil fundamentalmente –  han traído estos lodos de pugna interimperialista, de bancarrota del imperialismo, de militarización de las economías y de reacción exacerbada necesaria para masacrar al proletariado y mantener vivo a un imperialismo que es del todo inviable.

Cada medida que adoptan los imperialistas para acumular más riqueza genera sus contradicciones y acrecienta su erosión, de tal modo que la orgía deslocalizadora de la década de los 90s del siglo pasado y del primer lustro del presente siglo que perseguía la apropiación de mayor plusvalía rebajando la masa salarial y tirando por tierra las condiciones de vida del proletariado homogeneizando los salarios a la baja en todo el mundo, deslocalizando la producción fundamentalmente a China ha provocado que las potencias imperialistas de origen de los monopolios pierdan su industria, haciendo que el motor productivo del planeta se desplace a China y, consecuentemente, la mayor parte de la tecnología y, consecuentemente, perdiendo tanto las cadenas de producción como las cadenas de distribución a nivel mundial, de tal modo que lo que China es hoy es el producto de la voracidad de los monopolios norteamericanos.

Asimismo, las medidas adoptadas por el imperialismo norteamericano, hoy decadente, para sortear tanto la crisis de las subprime como la de la COVID-19, mediante una política monetaria expansiva materializada por la Reserva Federal, ha multiplicado la inflación, provocando un incremento de la desigualdad social en dicho país.

Para tratar de salvar el declive imperial que vive EEUU, esta potencia no ha dudado en sacrificar a sus socios, como la UE o Japón. En lo que concierne a la UE, la guerra contra Rusia en Ucrania sirvió a EEUU para venderle a Europa el gas natural cuatro veces más caro que el gas ruso, liquidando la industria alemana, que en 2025 ha destruido 120 mil puestos de trabajo. Al sometimiento de la economía europea, para tratar de salvar a los monopolios norteamericanos, sobre todo los del sector automovilístico, hay que añadir la dependencia militar de Europa con respecto de los EEUU, hecho que también ha implicado la exigencia de EEUU de que Europa incremente el gasto militar al 5% del PIB, obteniendo una transferencia de riqueza en favor del complejo militar-industrial proveniente de Europa, o lo que es lo mismo, proveniente de los proletarios europeos que sufrimos ingentes recortes sociales y constatamos cómo se desmantelan los servicios públicos.

Con respecto de las potencias hegemónicas, China se halla sumida en una importante crisis inmobiliaria que tiene impacto en su sistema financiero, que endeuda al Estado que arrastra una deuda de 18,7 billones de dólares, el 300% del PIB chino. Crisis inmobiliaria que impide que los gobiernos locales obtengan ingresos al no poder vender suelo y donde se devalúa la riqueza de las familias y azota al sector de la construcción, arrastrando a China a una crisis de demanda, de consumo llevando al país a una crisis deflacionaria. La economía rusa es una economía militarizada, donde el coste de la guerra dirigida por la élite burguesa contra la OTAN la está sufragando el pueblo, con una crisis demográfica notable como consecuencia de la reversión al capitalismo de Rusia, que implicó una drástica reducción de nacimientos en la década de los 90s del siglo pasado, existiendo un número bajo de mujeres en edad fértil hoy que incide en la natalidad, no garantizando la tasa de reemplazo y, por tanto, produciéndose un envejecimiento importante de la población, que conlleva una falta de mano de obra acentuada, además, por la emigración y el reclutamiento para la guerra.

En base a lo expuesto, el VI Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve que:

  • Las potencias imperialistas – emergentes y decadentes – están confrontándose en todos los terrenos desde la debilidad, jugándose la supervivencia, y no desde la fortaleza y esto es así porque lo que está en bancarrota es el sistema capitalista en su fase monopolista. Por ello cada día los países imperialistas avanzan hacia la militarización de sus economías y, como todo en economía tiene una contrapartida, la demolición de todo derecho de los trabajadores, de los servicios públicos, un mayor empobrecimiento del proletariado.

  • La única salida que tiene el imperialismo para sostenerse artificiosamente es la guerra imperialista.

  • El imperialismo, por mal que esté, no cae por su peso, no perece por sí solo. Al imperialismo hay que aniquilarlo y es el proletariado, armado con la organización y la ideología marxista-leninista, quien únicamente puede realizar dicha misión histórica, derrocándolo y construyendo el socialismo. Para ello, es esencial que los marxistas-leninistas construyamos un nuevo movimiento comunista internacional, labor en la que nuestro Partido está comprometido.

 

 Madrid, 31 de enero de 2026

VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El ICE y el imperialismo

La contradicción antagónica a nivel mundial se da entre el imperialismo y el socialismo. Con el imperialismo no se puede negociar. Es la fusión del capital financiero e industrial llevado hasta el extremo de que, una vez conquistado el territorio donde se desarrolla su comercio, se lanza a la guerra de rapiña en busca de nuevos mercados y materias primas para un nuevo reparto del mundo. Este nuevo reparto lleva a choques y tensiones entre los distintos bloques imperialistas en las que el proletariado siempre pone los muertos para su beneficio privado. Al imperialismo le sobran millones de vidas de obreros que deben ser cremadas para conseguir materias primas y mantener incólume su sistema de explotación.

El capitalismo, en su fase imperialista, chorrea sangre, muerte y miseria, que es lo único que puede ofrecer a la clase obrera. En el imperialismo, los mismos flujos migratorios que provocan sus guerras de rapiña, son luego fuertemente reprimidos y se venden como una amenaza a la identidad nacional en un sistema que se desarrolla más allá de las fronteras. Se da la paradoja de que las mercancías pueden circular libremente allende fronteras pero no así los seres humanos. Un ejemplo de ello lo vemos en el ICE norteamericano, cuyo objetivo es disciplinar y controlar a la mano de obra migrante con el fin de atemorizarlos para explotarlos mejor. El ICE está vinculado a centros de detención privados y contratos lucrativos, regados de dinero público, que convierten la detención y la deportación en un negocio. Además, es un intento desesperado de introducir el racismo y nacionalismo a ultranza, el fascismo que es la unión de ambas cosas, para medrar contra la clase obrera para beneficio del capital, un intento de introducir la división entre la clase obrera que carece de conciencia de clase. Y es que cuando el capitalismo llega a su fase imperialista, no tiene otra salida que el fascismo. El fascismo es su lenguaje pero también la muestra de su debilidad al entrar en bancarrota, los estertores de la bestia herida de muerte.

El ICE no es más que un nuevo síntoma de la desarmonización de las fuerzas productivas en la estrechez de las relaciones de producción capitalistas y de la apropiación privada del trabajo social, un intento de cremar millones de vidas proletarias que no puede introducir en su sistema productivo. Al imperialismo hay que combatirlo sin cuartel y la única alternativa para la clase obrera, foránea o nacional, es su plena unidad en la construcción del socialismo. Mientras no se dé, el capital seguirá perpetrando, mediante sus distintos sicarios armados, todas sus fechorías y la contradicción imperialismo vs. socialismo caerá en manos del imperialismo con todas sus consecuencias para la clase obrera.

El imperialismo, decía Lenin, es la antesala de la revolución proletaria ya que lleva la contradicción del imperialismo con el socialismo hasta el extremo. En este escenario, la clase obrera en EEUU se empieza a organizar contra esta violencia sistemática contra sus hermanos de clase. No sería extraño que, mediante formas más elevadas de organización, implosionara una revolución en su seno ahora que la burguesía norteamericana, encarnada en sus monopolios, muestra todos los síntomas de debilidad. Para ello necesitarán un partido revolucionario de vanguardia, el partido comunista.

El PCOE, desde el internacionalismo proletario, hace un llamamiento a la organización del proletariado estadounidense en consecución de su plena libertad y del fin de la explotación y la guerra contra sus hermanos de clase. Desde el PCOE exigimos el fin de la policía migratoria y la conquista de los derechos plenos de la clase obrera en Estados Unidos y el resto del mundo, que no llegará de otra forma que a través de la revolución proletaria.

 

¡Por el fin de la violencia imperialista!

¡Proletarios del mundo, uníos!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Nueva detención de sindicalistas en Puertollano

Karl Marx (El dieciocho brumario Luís Bonaparte, 1852) dijo “la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa”. En el Estado español, una vez más, se repite la historia como tragedia y como farsa. Después de una serie infinita de represión contra el sindicalismo de clase, como hemos podido ver ya en las seis de la Suiza o en el metal de Cádiz, se abre un nuevo capítulo con los dieciséis detenidos en Puertollano. El caso deja ver a las claras las entrañas netamente fascistas del Estado español y del autodenominado gobierno más progresista de la historia con la lamebotas de la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, a la cabeza.

Siempre se usa el mismo método. Al cabo de un tiempo prolongado desde los hechos consumados se procede a la detención de los obreros, lo que implica un estudio de las condiciones más lesivas y una organización sistemática de la represión. Por eso, esta actuación no le es extraña al PCOE, ya que cada vez que la clase obrera llega a un nivel concreto de organización y presión contra los capitalistas, el estado burgués ejecuta sus métodos represivos contra quien ose ponerle a prueba. Cada vez que la clase obrera no se conforma con la precariedad en un sistema de explotación y con un destino de injusticia como norma, reciben la violencia de los explotadores encarnada en unos poderes, judicial, legislativo y ejecutivo, que demuestran, una vez más, que no existe separación alguna entre ellos cuando se trata de defender los intereses de clase de la burguesía. Y decimos que no nos extraña porque no son un hecho aislado sino fruto de una estrategia que se repite sostenida en el tiempo, la desmovilización por el miedo. No olvidemos que actualmente hay en el Estado español más de doscientos presos políticos y algunos condenados a morir en las cárceles, porque enfrentan largas condenas con problemas de salud muy graves.

Cada detenido se convierte así en un mensaje a la clase obrera para desmovilizarla, añadido todo esto a la introducción como Caballo de Troya de los sindicatos amarillos que son verdaderos apéndices del estado burgués. Frente a un sistema que protege la apropiación privada del trabajo social y que criminaliza las protestas y las formas organizativas para la superación del modo de producción capitalista, desde el PCOE expresamos nuestra más profunda solidaridad con los detenidos acusados de desarrollar un trabajo sindical de clase, que es por lo que se les criminaliza, muy alejado del sindicalismo amarillo como pata de infiltración de estamentos burgueses dentro del corazón de la clase obrera.

Desde el PCOE exigimos el fin de la represión, la puesta en libertad sin cargos de los detenidos y la constatación por medio de las detenciones de la dictadura del capital sobre la clase obrera cuyo nuevo atropello la hace más visible. El Estado español, por mucha represión con la que responda, no podrá parar jamás la ola de nuevas reivindicaciones futuras porque mientras haya explotación habrá resistencia. Cada centro de trabajo, cada asociación política y cada obrero debe ponerse en pie de guerra porque la represión no nos asusta, nos hermana.

 

¡La lucha continúa!

¡Libertad para los detenidos!

¡Solidaridad con el sindicalismo de clase!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El problema artificial de la vivienda

El Artículo 47 de la Constitución Española sobre el derecho a la vivienda, uno más, no es más que papel mojado y es la consecuencia directa de una forma de estado que está al servicio del capital. Como cualquier bien bajo el capitalismo, la vivienda no es una excepción y pasa a convertirse de derecho básico a mercancía, como no puede ser de otra manera bajo el capitalismo. Este funcionamiento da vía libre a la especulación y el acaparamiento de viviendas por parte de fondos buitre y rentistas, que profundizan la desigualdad social y expulsan a amplios sectores de la clase obrera en un escenario donde se impone la lógica de beneficio por encima de la vida de las personas. Una vez más asistimos a la contradicción de que cuando más aumenta el capital, más miseria se crea entre la clase obrera porque, mientras más viviendas vacías existen, millones de trabajadores carecen de un lugar donde vivir. Se trata de crisis en medio de la abundancia. Como todo lo que cae en manos de la burguesía, la necesidad básica se convierte en un problema para la clase obrera, al convertir la vivienda en un activo financiero del que extraen beneficio sin producir valor real.

La lógica del mercado impuesta a la vivienda, provoca un proceder completamente anárquico, que reduce artificialmente la oferta para encarecer el precio de la vivienda con destino al beneficio privado y la especulación, en un escenario donde no es la escasez de parque inmobiliario el problema, sino su uso, gestión y distribución. Además, como vimos en la explosión de la burbuja de 2008 y en algunos casos más actuales como el del Bloque Orsola en Barcelona, la administración sólo sirve para inyectar dinero público hacia capitales privados, cosa que no debe extrañarnos porque es la función de los gobiernos bajo la democracia burguesa. El último episodio se da bajo el autodenominado gobierno más progresista de la historia que condonará el 100% de IRPF a los rentistas que no suban el alquiler a los inquilinos. Se da así la contradicción que el dinero público se destina a proteger al capital financiero antes que a las familias desahuciadas, lo que muestra a las claras las características de la dictadura del capital bajo la democracia burguesa. Mientras tanto, por parte de la clase obrera, la precariedad laboral y los salarios de hambre impiden el acceso a la vivienda, lo que se refleja en un aumento exponencial de los obreros en situación de calle, la multiplicación de los desahucios y el aumento de las viviendas vacías.

Desde el PCOE tenemos claro que no existe una solución definitiva que no pase por la superación del modelo de producción capitalista, que ha colapsado hace tiempo y del que la vivienda es solamente uno más de sus síntomas inhumanos para la gran mayoría de la población. Sólo el Socialismo es capaz de desmercantilizar el bien básico de la vivienda mediante una reforma urbana que nacionalice y expropie a los especuladores todo el parque de viviendas para ponerlo al servicio de la única clase que produce valor, la clase obrera. Por lo tanto, la extinción de todo este estado de cosas que violenta a la clase obrera, pasa por métodos revolucionarios que conquisten un estado obrero que imponga su dictadura de clase contra los especuladores y los chupasangres y que se dirige hacia ello con el fortalecimiento del partido comunista.

 

¡Por la reforma urbana y la dictadura del proletariado!

¡Contra la especulación, construye el socialismo!

¡Obrero y estudiante, únete al PCOE!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La pobreza infantil en España

La pobreza infantil en España afecta ya al 29% de la infancia. Uno de cada cuatro niños está bajo un riesgo multifactorial (alimenticio, económico, energético, etc.) en un país que produce riqueza de sobra. Este dato no puede interpretarse como un problema aislado o accidental porque es una consecuencia estructural del sistema capitalista. La base del problema reposa sobre el modo de producir capitalista que socializa la producción, pero privatiza la ganancia. Los niños en pobreza infantil no lo son por realidades familiares complejas, sino que lo son por el aumento del grado de explotación sobre las familias trabajadoras, el aumento de la tasa de precariedad laboral y la apropiación privada del trabajo social. Por lo tanto, hay que poner la vista sobre las relaciones de clase, la distribución de la riqueza y, muy importante, el estado burgués, cuya función solo es derivar dinero público a intereses privados, dejando en la estacada al 29% de los hijos de la clase obrera. El estado burgués se instituye en garante de los intereses del capital, externaliza servicios básicos y, como contrapeso, aplica políticas sociales insuficientes y paliativas, en un intento de alargar un poco más la vida de un sistema en bancarrota.

Llegados a este punto podemos afirmar que existe la pobreza infantil porque existe el capitalismo. La infancia precarizada sufre así una doble explotación sobre sus vidas, por su clase social y por su dependencia económica, al mismo tiempo que le garantiza al capitalismo la futura mano de obra barata y su ejército industrial de reserva, en un modelo productivo donde se reproducirán y perpetuarán las diferencias. Mientras, la estrategia de la burguesía, a través de su estado y sus medios de comunicación, es la de hablar de exclusión sin cuestionar el sistema, culpabilizando a las familias o, directamente mandarlos a la beneficencia sin cuestionar su sistema de producción y las diferencias sociales que se reproducen y agrandan en el modelo productivo capitalista.

Por lo tanto, la erradicación de la pobreza infantil, una sola de las aristas que reproducen las desigualdades sociales debido a la apropiación privada del trabajo social, tienen una solución común al resto de violencias que sufre la clase obrera por parte de la burguesía, esto es, la superación del modelo productivo capitalista hacia un modelo de apropiación social del trabajo social, el socialismo, que pasa por la expropiación de los expropiadores y su modelo productivo, la socialización de los medios de producción y la planificación de la producción hacia un sistema que excluya la ganancia privada, hacia una economía que prime el bienestar de la inmensa mayoría productiva, la única que produce valor, la clase obrera. El PCOE tiene claro que para terminar con la pobreza infantil no hay otro camino que la destrucción del estado burgués para sustituirlo por un gobierno obrero que extinga las contradicciones de clase y a las clases mismas y, con su extinción, el proletariado se extinga también como clase y con ella el propio estado. Esto pasa por la organización de la clase obrera dentro de la vanguardia revolucionaria que guíe a las masas hacia la emancipación de todos los hermanos de clase con conciencia política y llegue al total de los elementos de la clase obrera. El PCOE actúa de escuela de cuadros hacia la superación del sistema capitalista y la conquista de espacios de poder obrero. Únete a nuestras filas.

 

¡No es pobreza infantil, son vidas precarizadas!

¡Sólo el socialismo puede terminar con las desigualdades!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Sobre Venezuela, el antiimperialismo como nueva formulación del oportunismo y el socialismo

Sin duda, para que haya verdaderamente una revolución socialista, es necesario romper completamente la maquinaria del estado burgués, abolirlo junto con las relaciones de producción capitalistas socializando los medios de producción a través del nuevo estado proletario, socialista, instrumento de poder del proletariado por el que se adueña de los medios de producción y reprimir a la burguesía al objeto de acabar con ella como clase social. No hacerlo, intentar modificar el estado burgués a base de decretos y reformas, permitiendo la base económica capitalista y manteniendo plenos derechos la burguesía, no solo es contrario a lo que es una revolución socialista, sino a los principios cardinales del marxismo-leninismo, permitiendo que la burguesía mantenga el poder y facilitando la intervención de la reacción, del imperialismo. Esto es lo que acontece, por ejemplo, en Venezuela que trata de emanciparse nacionalmente pero que no ha roto nunca con el capitalismo, la Revolución Bolivariana es un proceso de liberación nacional, de lucha por su soberanía nacional sin romper con el sistema capitalista, con la propiedad privada sobre los medios de producción.

En la Revolución Bolivariana, una gran parte de la burguesía fue integrada en el bloque del poder y se reprodujeron las desigualdades y prácticas clientelares propias de la democracia burguesa. En lo económico, se fio todo a la renta petrolera, lo que no permitió diversificar la economía y generar un modelo rentista y dependiente, en un escenario de alta volatilidad, en lugar de potenciar el poder obrero sobre la producción para crear una base productiva socialista. La dislocación y el revisionismo de la ciencia obrera, el marxismo-leninismo, ha sido total como vemos en este ejemplo (https://youtu.be/2bIl4Uii5GI?si=ZhW3G_MZK5dblOWf). El proyecto, que se presentó como una tribuna antiimperialista, por no haber borrado a la burguesía del control del poder habiendo creado un estado proletario y socialista, ni al acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción, deja bien patente que una parte de lo que se denomina antiimperialismo, equiparando tramposamente imperialismo únicamente con EEUU, no es propiamente antiimperialista ni, mucho menos anticapitalista, sino que lo que pretenden es cambiar el orden actual imperialista sin acabar con el capitalismo ni su formación socioeconómica; o lo que es lo mismo, un ejercicio de idealismo burgués pretendiendo frenar y hacer retroceder la rueda de la historia, creyendo que el imperialismo se puede revertir por un capitalismo premonopolista donde la burguesía nacional juegue su papel y se respete la soberanía nacional por los monopolios imperialistas cuando el imperialismo es la consecuencia del desarrollo del capitalismo premonopolista, de la concentración del capital y la conformación de los monopolios. De hecho la agresión contra Venezuela es la expresión clara de la necesidad del imperialismo norteamericano para poder rehacerse de su bancarrota, y tratar de competir con otras potencias imperialistas emergentes, de apropiarse de los recursos de las naciones latinoamericanas, adueñándose del continente americano, desde el Polo Norte al Polo Sur, de la negación del ideario del pensamiento chavista, demostrándose que la lucha por la emancipación nacional es incompleta si esta lucha no es por el socialismo, y el socialismo y su desarrollo es el que progresivamente irá resolviendo las diferencias sociales y nacionales, construyendo un mundo sin explotación donde la igualdad plena será la ley para la humanidad. Venezuela en el trance histórico que vive hoy, para hacer respetar su soberanía y para fortalecerse frente al imperialismo, sin duda deberá fortalecer a la clase revolucionaria, al proletariado en alianza con el campesinado, desarrollando auténtico poder popular donde la clase mayoritaria y revolucionaria, que es lo que verdaderamente constituye el pueblo, sea quien responda a la amenaza criminal imperialista. Y para que haya un auténtico poder popular, del proletariado y del campesinado pobre, la base económica tiene que estar a disposición de la clase revolucionaria, esto es, debe ser socialista.

Con el imperialismo no se puede transar, hay que combatirlo sin cuartel, y ese combate es construir la única alternativa real que hay al imperialismo, el socialismo. La única manera de armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con la estrechez de las relaciones de producción capitalistas, con la propiedad privada sobre los medios de producción, pasa o por el socialismo – liquidando las relaciones de producción capitalistas y socializando los medios de producción – o por  el imperialismo – destruyendo fuerza de trabajo asesinando a millones de seres humanos, pueblos enteros mediante la guerra y la explotación capitalista -, pasa por la construcción de la igualdad plena – socialismo como fase de comunismo inmaduro y la fase posterior comunista – o la concentración de la riqueza en un puñado de manos que es el camino del imperialismo. Por tanto, la consigna ¡Socialismo o barbarie!, es la consigna vigente y que realmente rige en el mundo actual.

En el mundo actual, que va flechado hacia una nueva conflagración mundial como consecuencia de un choque de las potencias imperialistas por un nuevo reparto mundial, el oportunismo dentro del movimiento comunista hace bandera del interclasismo, de la alianza con la burguesía, con aquellos que abjuran del socialismo y que incluso son enemigos de éste, y que bajo ningún concepto pretenden que el mundo avance por la senda de la construcción del socialismo, empleando para ello la consigna del antiimperialismo, ubicando como imperialistas a EEUU y a sus socios, blanqueando a las potencias imperialistas “emergentes” y encontrando en este antiimperialismo un subterfugio para aliarse con la burguesía, renunciando al socialismo, negando de facto como clase revolucionaria al proletariado y negando como instrumento para la lucha de clases al partido marxista-leninista, al movimiento comunista, a la unidad de los comunistas. ¿Cuál es la clase social revolucionaria en el movimiento antiimperialista que pregonan esta panda de oportunistas y qué base económica pretenden construir esos que defienden el antiimperialismo como formulación oportunista de alianza con la burguesía? ¿Acaso China, Rusia o la burguesía venezolana, por poner un ejemplo, pretenden construir el socialismo y reconocen al proletariado como sujeto revolucionario constructor del nuevo mundo socialista y comunista? ¿Acaso pretenden acabar con la formación socioeconómica imperialista? ¡Es evidente que no!

Hoy el mundo tiene dos caminos, o el camino de la barbarie que es el camino del imperialismo, o el camino del socialismo que es la construcción de un mundo de iguales donde los recursos económicos y naturales están al servicio del proletariado y del campesinado pobre y donde la burguesía no tiene otro camino que su extinción. Y todo aquél que diga que hay otra vía, o que utilice subterfugios para aliarse con la burguesía no está por el socialismo sino por darle vida al imperialismo, por muy antiimperialista que se denomine.

 

¡Por la construcción de un Movimiento Comunista Internacional depurado de todo tipo de oportunismo!

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Socialismo o Barbarie!

 

Barcelona, 7 de enero de 2026

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Venezuela bajo ataque imperialista

Desde hace meses, los Estados Unidos, la nación más criminal y terrorista de la historia de la humanidad, comandados por el fascista Donald Trump, han redoblado sus amenazas contra la República Bolivariana de Venezuela y, en la madrugada del sábado 3 de enero, Caracas fue víctima de bombardeos aéreos estadounidenses y el presidente, Nicolás Maduro, fue secuestrado. En los momentos que corren, la soberanía del país se encuentra seriamente amenazada por la bestia imperialista.

El objetivo de los fascistas estadounidenses es el de poner sobre Venezuela una presión extraordinaria por medio de sanciones financieras y falsas noticias contra el gobierno venezolano, al que acusan falsamente de narco-terrorismo, fraude electoral y violación de los Derechos Humanos. Todo esto para desplegar sus organizaciones militares en la zona del Caribe y otorgar legitimidad a sus ataques sobre suelo venezolano para apoderarse de los valiosos recursos del país, que quedarán bajo las garras de sus monopolios, en especial sus empresas petroleras. En vista de los hechos ocurridos, queda claro que organismos como la ONU son completamente inoperantes, que el Derecho Internacional es papel mojado, que no existe castigo alguno contra los crímenes de guerra y que el poderío armamentístico prevalece sobre cualquier apariencia democrática que intente adoptar la burguesía. Además, los hechos ocurridos no se circunscriben únicamente a Venezuela, sino que son una advertencia directa contra la soberanía de países como Cuba, México, Colombia o Brasil.

El imperialismo estadounidense sigue considerando que estos países pertenecen a su patio trasero y no tolera el desarrollo de procesos que desafíen los intereses de sus monopolios. De esta forma, cuando los chantajes diplomáticos se muestran ineficaces, llega el momento de desplegar campañas mediáticas difamatorias a nivel internacional al objeto de justificar el terrorismo de estado, los crímenes de guerra, golpes de Estado y sangrientas guerras en los países que están en su punto de mira.

Desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) condenamos las acciones terroristas que los Estados Unidos llevan cometiendo durante décadas y que atentan contra la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela. El boicot económico que ha causado miles de muertes, la propaganda difamatoria, el bombardeo de Caracas, los más de 80 fallecidos, así como el secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores suponen un acto de guerra que debe ser rechazado por el movimiento obrero a nivel internacional, a la par que debe servir para revelar la naturaleza criminal de las potencias capitalistas y la inacción de los organismos internacionales frente a la barbarie y el fascismo.

Estos actos de terrorismo internacional no pueden quedar impunes. Las embajadas estadounidenses deben ser cerradas y sus dirigentes expulsados de todo país que se considere contrario a la barbarie imperialista. El proletariado internacional debe luchar por la salida de la OTAN, por el cierre de las bases estadounidenses en sus respectivos países, por liquidar activamente el dólar y, sobre todo, por cuestionar el imperialismo y construir el socialismo. Quien se ponga de perfil será igual de cómplice que los fascistas que apoyan el terrorismo de los Estados Unidos; al igual que todo aquel que cuestionó la victoria electoral de Maduro en 2024, victoria del chavismo que el propio Trump reconoció el pasado día 3 de enero por pasiva al expresarse sobre la fascista Machado, lo que hizo fue armar y fortalecer a la reacción, como ha demostrado Trump; por consiguiente, toda la pléyade de oportunistas y reaccionarios que cuestionaron el resultado electoral en Venezuela en 2024 no sólo son responsables, también, de esto sino que allanan el camino a la reacción mundial para que repita esta fórmula de agresión sobre otras naciones, soberanía nacional que bajo el imperialismo está condenada a perecer. Y es que en la fase de imperialismo no puede haber soberanía sin socialismo, estando en el momento actual ambas luchas entrelazadas.

Además de la impunidad de los Estados Unidos, acontecimientos como este o el derrocamiento del gobierno en Siria reafirman la falsedad del multipolarismo. De un tiempo a esta parte, un sector oportunista del movimiento comunista ha tratado de presentar la multipolaridad como una alternativa para los trabajadores del mundo frente a la hegemonía impuesta por los Estados Unidos y la OTAN. No obstante, la historia nos demuestra que la multipolaridad no significa antiimperialismo en ninguna de sus facetas y que, de hecho, su plasmación en la práctica ha consistido en tomar partido por una facción del capital financiero en la actual disputa interimperialista. No podemos analizar el ataque a Venezuela de forma aislada, antidialéctica, sino que debe entenderse en el marco actual de las contradicciones interimperialistas, del conflicto entre los intereses de los monopolios estadounidenses y los proyectos de las burguesías nacionales que pretenden desarrollar un mayor control sobre sus recursos estratégicos, materias primas y su soberanía política, buscando alianzas comerciales y políticas con otras potencias imperialistas como China y Rusia que amenazan la supremacía estadounidense.

Nos encontramos ante una amenaza gigantesca, pues Donald Trump ha expresado sin pudor que pretende controlar el país directamente, instalar un gobierno títere y convertir la economía venezolana en un apéndice de sus monopolios. No obstante, el pueblo venezolano ha demostrado durante décadas ser un pueblo valiente y revolucionario que no se dejará amedrentar. Al contrario, ahora debe darse un paso adelante en la resistencia nacional y de clase frente a quienes quieren convertir el país en una colonia, aumentar la organización y el entrenamiento de la población civil para hacer frente a la barbarie imperialista y al fascismo. La bestia imperialista debe ser expulsada de Venezuela y, en el caso de que los dirigentes del PSUV busquen claudicar, el pueblo debe superar al PSUV y construir activamente el socialismo como única alternativa frente a la situación actual.

 

¡HONOR Y GLORIA A QUIENES CAYERON COMBATIENDO EL FASCISMO!

¡LIBERTAD INMEDIATA PARA NICOLÁS MADURO Y CILIA FLORES!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Madrid, 5 de enero de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La urgencia de la Internacional Comunista

El capitalismo en el siglo XIX entró en su fase imperialista. De la fusión del capital industrial y financiero, el capitalismo dejó de ser un fenómeno local para expandir mercados, desplazar capital y fuerza de trabajo a escala planetaria hacia la búsqueda de un nuevo reparto del mundo. La respuesta de la clase obrera, que engarza a la perfección con el internacionalismo proletario, fue la de dar una respuesta común unificando a la clase obrera de todos los países dentro de la Internacional. La consigna de “proletarios del mundo, uníos” de Marx, resume cabalmente la estrategia que la clase obrera debe llevar a cabo para enfrentar a la bestia imperialista. Ante las estructuras globalizadas de los capitalistas, una estructura obrera fragmentada carece de fuerza para enfrentar a la bestia.

La Internacional Comunista es así, aparte de un llamado a la esperanza y a la fraternidad humana, una herramienta sublime para reescribir la historia y preparar el nuevo asalto contra la bestia imperialista que se encuentra en perpetua bancarrota. Es en estos momentos de extrema debilidad de la cadena imperialista, la primera necesidad de la clase obrera revolucionaria para unir la voz y canalizar el odio de la clase obrera de los distintos países, en la aspiración universal de derrocar a la burguesía que todo lo parasita sin producir nada y salir de la prehistoria para entrar en la historia por la vía del Socialismo. Esta estructura encauzará toda la rabia de la clase obrera contra los parásitos y explotadores a nivel global en busca del eslabón más débil para abrir la brecha hacia la victoria definitiva.

Por estos motivos es indispensable reconstruir la Internacional Comunista y el PCOE trabaja para ello en relación directa con los partidos comunistas de todo el mundo. El hecho de que todavía no sea una organización fuerte hace que enfrentemos al imperialismo con las manos atadas a la espalda, por lo tanto, es de vital importancia el desarrollo de esta estructura de organización y lucha. Desde estas líneas, el PCOE hace un llamado internacionalista a la unión de todas las fuerzas revolucionarias del mundo hacia la organización y la unidad de acción en pos de la revolución proletaria mundial.

 

¡Por la reconstrucción de la Internacional Comunista!

¡Proletarios del mundo, uníos!

 

COMISIÓN DE AGITACIÓN Y PROPAGANDA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Una mirada de clase a la diversidad funcional

En la visión de la diversidad funcional no hay que perder de vista el contenido de clase. No tiene el mismo encaje social una persona con diversidad funcional en una familia de clase obrera respecto a una persona con diversidad funcional que nace en la familia real, por poner un ejemplo, como la Infanta Helena. Deducimos pues que hay que situar a la persona bajo el sistema capitalista en el lugar que ocupa en el modelo productivo y, como siempre, es la burguesía parasitaria la que no sale perjudicada. Por el contrario, y debido a la automatización extrema de la producción, la burguesía se ve obligada a aumentar exponencialmente las filas del ejército industrial de reserva y la etiqueta social de “discapacidad” es una buena herramienta para expulsar del circuito productivo.

Esta expulsión del modelo productivo engarza con las distintas visiones que se han tenido hasta la actualidad. Cuando la religión dominaba la historia contemporánea de la Europa feudal, la diversidad funcional, y en especial todo lo que se relacionaba con el término “locura”, se trataba como un endemoniamiento del que se tenía que salvar a la persona mediante el exorcismo o la segregación más absoluta. Cuando llegaron las revoluciones burguesas y se afianzaron, cuando a través de la ciencia se pudo demostrar la inexistencia de dios, el estigma cambió de signo. Ya no se trataba de alguien abducido que se segrega por superstición y un alto grado de ignorancia, con el capitalismo se trata de expulsarlo por la sospecha de que su capacidad para generar plusvalor pudiera estar afectada. Ya no se trata de superstición e ignorancia, el sistema capitalista lleva a cabo estas medidas con total conocimiento y en aras de conservar intacta y hacer crecer su cuota de ganancia. Demuestra así que la burguesía es la clase social más mezquina e inhumana de la historia y que tiene plena conciencia de la estigmatización que lleva a cabo únicamente para proteger su ganancia privada. Para llevar a cabo su tarea de exclusión, se sirve del estado burgués y le pone a funcionar en lo que mejor sabe hacer, poner el dinero público hacia la defensa de sus intereses privados.

Bajo el capitalismo, la exclusión del sistema productivo se hace bajo una simple sospecha ya que, muchas veces, no se le da la oportunidad al sujeto de probarse en este modelo productivo mediante la etiqueta social, porque ha convertido la fuerza de trabajo en una mera mercancía para la apropiación privada y no en una fuente de valor social. Ahí reside el fondo de la cuestión, el sujeto no es segregado por sus capacidades sino por las condiciones de explotación, la urgencia de aumentar indiscriminadamente el ejército industrial de reserva debido a la automatización y la protección de su cuota de ganancia por parte de los capitalistas. Al contrario del discurso que enarbolan los explotadores, la diversidad funcional no es un dique insalvable para la vida productiva como lo demuestran varios actores de los que citaremos sólo algunos como Van Gogh, Beethoven o Napoleón.

Para las personas de clase obrera con diversidad funcional, que sufren una más de las aristas de la violencia del sistema capitalista que se suma a la violencia estructural que sufre la clase obrera, unidos a sus hermanos de clase deben ser conscientes de su problema y su solución, que no es otra que la demolición del sistema capitalista para implantar el Socialismo, un sistema donde el trabajo pase de ser una mercancía para la apropiación privada, a ser un elemento de valor social y de realización personal.

Nos servimos de este fragmento ilustrativo de Karl Marx en su obra “Crítica al programa de Gotha” (1875) para definir cómo será la fase madura del Socialismo que debemos conquistar, la Sociedad Comunista, y la significación que tendrá el trabajo para el conjunto humano. El fragmento dice así: “En una fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!”.

 

¡Por el fin de la discriminación burguesa!

¡Por la destrucción del capitalismo!

¡Construye socialismo en el PCOE!

 

COMISIÓN DE AGITACIÓN Y PROPAGANDA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El oportunismo impide que el movimiento obrero en España esté a la altura del plano internacional

Sin duda, cada día que pasa el imperialismo avanza y concentra la riqueza en menos manos. Como consecuencia, tiene lugar una oposición por parte de la mayoría que produce todo a cambio de migajas. Sea cual sea el camino a tomar para expresar el hartazgo, el fenómeno anterior es inevitable.

Ante este panorama, el Secretariado de la Federación Sindical Mundial (FSM) expresa su solidaridad con todo el movimiento obrero que se da en distintas partes del globo y que tienen un denominador común: la putrefacción del capital y cargar a la clase obrera con sus crisis. Se pone sobre la mesa la economía de guerra que se está implantando progresivamente en todos los países, la pérdida de la calidad de vida que deriva de ello y las atrocidades imperialistas que tienen como objetivo asfixiar todo aquello que consideren un obstáculo. Las huelgas generales en distintos países están siendo una digna y necesaria respuesta ante la agudización de las contradicciones imperialistas; ante el auge del fascismo y las políticas más reaccionarias, asesinas y empobrecedoras de la clase dominante.

Sin embargo, en España los sindicatos amarillos demuestran continuamente que su papel no es otro que servir al patrón. Por más que se disfracen de aliados de los trabajadores, de guardianes que velan por sus intereses, la clase obrera se encuentra en unas condiciones cada vez más deplorables. El papel de estos sindicatos es, sobre todo, vender la ponzoñosa idea de que el dominio del burgués es legítimo y que debe haber un diálogo con dicha clase parásita para llegar a mal llamados “acuerdos” que no hacen más que beneficiar al empresario.

Mientras en numerosos países los sindicatos de clase promueven pulsos a gran escala contra la patronal, huelgas generales y fuerte oposición a políticas que precarizan la vida del proletariado, en España no ha habido una huelga general en más de una década, y tampoco se espera que vaya a darse a corto plazo. No solo eso, sino que las huelgas generales anteriores han sido usadas, en última instancia, como publicidad para los sindicatos traidores que apuñalan continuamente a los trabajadores. ¿No se ha seguido perdiendo poder adquisitivo? ¿No se ha facilitado y abaratado el despido?

Los motivos para la huelga general se multiplican cada día. La carestía de vida, el desempleo y el trabajo precario son notables; las políticas antiobreras y los recortes sociales son innegables; el gasto militar para priorizar las guerras de rapiña en detrimento de la calidad de vida de la aplastante mayoría que todo produce, es desolador. Mientras en otros países los trabajadores rechazan a sus reaccionarios gobiernos, guiados por los sindicatos de clase y desafiando los intereses de la burguesía, en España socialdemocracia y sindicatos mayoritarios ponen todo su empeño en amansar al proletariado, alabar abiertamente al Gobierno de los monopolios y oponerse a la legítima defensa de los trabajadores frente a las calamidades de la patronal y sus representantes políticos.

La FSM pone sobre la mesa un asunto de vital importancia en la actualidad. Es una oportunidad de comparar posiciones claramente opuestas. Los sindicatos de clase, con sus errores y dificultades derivadas de unos recursos limitados, trabajan por organizar batallas contra las tropelías del capital en putrefacción; movilizan a los obreros para detener la barbarie imperialista en sus vidas, con la vista puesta claramente en aspectos de vital importancia que peligran porque una minoría parásita aspira a un mayor lucro con el trabajo ajeno. Los sindicatos amarillos facilitan los movimientos de la burguesía, que no son más que ajustes para justificar e imponer la transferencia mayor de riqueza hacia sus criminales manos, y menor hacia las manos que todo lo producen. Mientras la vida sea regida por el mercado no puede haber más que barbarie y miseria. El capitalismo no puede ofrecer otra cosa, pues se basa en la explotación y la competencia entre parásitos que se lucran con el trabajo ajeno.

El agotamiento al ver cómo todo empeora y el hecho de que no se perciba ninguna vía hacia la solución, pueden derivar en abandono de la lucha, pero también en que aquellos más atrasados ideológicamente pueden acabar en manos de la reacción; del fascismo. Por eso el sindicato debe ser una herramienta de combate en la lucha contra el capital, no una meta de los asalariados para aflojar en cierto grado sus cadenas o conseguir puestos privilegiados que les diferencien de sus hermanos de clase, como pretenden los sindicatos mayoritarios; instrumentos de la clase capitalista. Debe ser un vector hacia la lucha revolucionaria contra los explotadores.

Es momento de analizar, y dar forma a táctica y estrategia ajustadas al momento histórico. Debemos avanzar hacia batallas contra la patronal y sus representantes políticos, guiados por el ejemplo de los sindicatos de la FSM en el plano internacional. Se dan las condiciones para conformar el germen de la lucha de clases sin tregua y plenamente consciente. Es el momento de asestar golpes certeros al imperialismo, y esto comienza por librarnos del oportunismo y todo caballo de Troya de los capitalistas. Es absolutamente necesario el internacionalismo proletario, y para ello los obreros deben tener una auténtica posición de fuerza en cada Estado. Todo el proletariado conforma una sola clase en todo el mundo. El imperialismo actúa sin fronteras ni restricciones, aun con las contradicciones interburguesas e interimperialistas. No se trata sólo de derrocar a la burguesía en cada Estado e implantar el socialismo en los diferentes países, sino de unificar y coordinar la lucha contra el capital para dar paso al advenimiento del socialismo en el plano internacional. Una vanguardia comunista internacional es imprescindible no solo para el movimiento obrero, sino para la emancipación humana.

El Partido Comunista Obrero Español reconoce la importancia de todo ello, y defiende la necesidad de una nueva Internacional Comunista que pueda dirigir el movimiento comunista internacional, y convertir las luchas obreras en combate organizado contra los explotadores del mundo y todas sus atrocidades. Todo paso de la clase obrera en su guerra contra la minoría parásita que la oprime requiere de guía, y esa guía debe conducirla hacia la meta final; la toma del poder político del proletariado, que dé lugar a su sistema, el socialismo, poniendo en el centro al ser humano, sus necesidades y desarrollo.

 

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español