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¿Capitalismo monopolista de Estado o capitalismo monopolista transnacional?

En momentos de especial agudización de las contradicciones y, especialmente, tras la caída de la URSS, surgen numerosos teóricos revisionistas que elaboran nuevas teorías que, supuestamente, se adaptan a los nuevos tiempos, alegando que la vigencia de los clásicos –Marx, Engels y Lenin- es limitada. Uno de estos teóricos es el profesor Vicente Escandell Sosa, que de manera hábil trata de refutar la vigencia del capitalismo monopolista de Estado (CME), contraponiendo a él una nueva teoría que denomina capitalismo monopolista transnacional (CMT)1.

Los defensores del capitalismo monopolista transnacional afirman que el CME ha sido superado y que nos encontramos en una nueva fase de desarrollo del capitalismo, en la que los Estados se convierten en una traba para el desarrollo de los monopolios, y que éstos son capaces de prescindir del Estado. Para refutar esta postura revisionista, se plantea la necesidad de analizar en profundidad la estructura del capitalismo y las dos teorías que aquí se plantean –el CME y el CMT-.

Uno de los principales argumentos utilizados por Vicente Escandell es el hecho de que, hasta día de hoy, en ningún país capitalista desarrollado haya tenido lugar una revolución socialista; pues Lenin afirmaba que el capitalismo monopolista de Estado era la antesala de la revolución. El teórico del CMT erra en esta cuestión, pues obvia la existencia de unas condiciones subjetivas que juegan también un papel trascendental en cuanto al estallido de la revolución se refiere. Cuando Lenin afirma que la llegada del capitalismo monopolista de Estado “ha aproximado la revolución socialista y ha creado las condiciones para ella”, se refiere a las condiciones estrictamente objetivas, que se dan de manera independiente a las subjetivas. Escandell, por contra, confunde los criterios objetivos y subjetivos en una sola y abstracta categoría y, en base a dicho error, considera que la tesis defendida por Lenin ha sido refutada por el propio desarrollo histórico. En realidad, la historia no ha hecho más que confirmar las posturas de Lenin, pues las condiciones objetivas han sido satisfechas, hace ya décadas, con el desarrollo del capitalismo en su fase más decadente: el imperialismo. Así, observamos una gran agudización de la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, un agravamiento cada vez mayor de la miseria de las clases oprimidas, y crisis cíclicas de sobreproducción de una intensidad creciente con respecto a las precedentes.

En un contexto de absoluta concentración del capital en manos de la oligarquía financiera, de agudización de la lucha de clases, de crisis cíclica de sobreproducción y de intensificación de la explotación de las masas trabajadoras, es más obvio que nunca que vivimos en la última fase de desarrollo del sistema capitalista. La conciencia espontánea de las masas, embrión de la conciencia de clase, se manifiesta en acciones espontáneas que provocan una movilización cada vez mayor de las masas trabajadoras. Pese a que la clase obrera aún no ha tomado conciencia de sí misma y la mayor parte de sus luchas tienen un carácter puramente económico o reformista, es innegable que la agitación de las capas oprimidas de la sociedad sigue una tendencia creciente. Así lo demuestran los hechos en Grecia, o más recientemente en Turquía, por poner algunos ejemplos. En este contexto, el Partido Comunista debe elevar las luchas económicas al plano político y debe infundir en los obreros la conciencia de clase, pues solo así será posible la llegada de la revolución socialista. El hecho evidente e innegable es que la decadencia del capitalismo es cada vez mayor, por lo que en criterios objetivos, la coyuntura es revolucionaria. Todo ello reafirma una y otra vez los postulados de Lenin, en contra de lo que afirman los teóricos del CMT.

En un artículo publicado en la revista Die Bank, Lenin afirmaba lo siguiente: “Los monopolios […] han servido únicamente para sanear a costa del Estado la industria privada”. Y en base a ello, extraía la siguiente conclusión: “En la época del capital financiero, los monopolios de Estado y los privados se entretejen formando un todo”. Los hechos, como observaremos a continuación, han confirmado la conclusión a la que llegaba Lenin. En contra de lo que afirma Vicente Escandell, a día de hoy, y especialmente tras el estallido de la actual crisis de sobreproducción, los monopolios se sirven del Estado para defender sus intereses y garantizar su subsistencia. El Estado ha puesto en marcha numerosos mecanismos para transformar la deuda privada, contraída por los grandes monopolios, en deuda pública, a cuyo pago se destina una parte importante de los presupuestos estatales. Los Estados imperialistas más desarrollados -EEUU, los miembros de la Unión Europa y Japón-, han rescatado con dinero público a numerosos bancos para evitar que éstos tuvieran pérdidas. La vigencia del CME es absoluta, pues la oligarquía financiera se sirve de la maquinaria estatal para nacionalizar las pérdidas de sus monopolios. En este sentido, el Estado español ha rescatado desde 2008 a dos bancos (Bankia y Banco Valencia) y tres cajas de ahorro. Además, el Estado solicitó un crédito de 100.000 millones de euros para ser utilizado en la nacionalización de la deuda de los grandes monopolios, y en inyecciones de capital a la banca. Y pese a que este préstamo va destinado principalmente a los grandes bancos, el garante del dinero concedido es el Estado español, no los bancos beneficiaros del crédito. Así pues, observamos cómo el Estado vacía las arcas públicas para intervenir en la actividad de los monopolios privados en beneficio de éstos. La oligarquía financiera de cada Estado hace uso de la maquinaria estatal para servir a sus intereses, pues en la actual fase del capitalismo, los monopolios necesitan a los Estados.

Por otra parte, es llamativo el hecho de que la mayoría de los principales gestores del sector público provengan de grandes empresas, formen o hayan formado parte de consejos de administración de ciertos monopolios, y que finalmente acaben trabajando para grandes empresas nacionales y multinacionales. Monopolios y Estados se entretejen formando un todo, como dijera el camarada Lenin.

Si bien es cierto que el Estado siempre ha tenido un carácter de clase y siempre ha desempeñado un papel en la economía, éste ha variado de acuerdo con la fase de desarrollo del sistema capitalista y con las necesidades de la clase dominante. En el capitalismo, la burguesía ha utilizado siempre el Estado, que es la principal herramienta de la que dispone para ejercer su dictadura. El CME se caracteriza por la formación de una oligarquía financiera, cada vez más poderosa y reducida, que concentra cantidades astronómicas de capital financiero. La concentración y el monopolio son, a día de hoy, un hecho. En esta fase putrefacta y decadente del capitalismo, el imperialismo, los monopolios se relacionan íntimamente con el Estado, ya que la agudización de las contradicciones y las dimensiones cada vez mayores de las crisis cíclicas de sobreproducción hacen que los monopolios no puedan garantizar su subsistencia sin valerse de la maquinaria estatal. Así pues, observamos cómo en momentos de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, la intervención estatal es menor, mientras que cuando se agudizan las contradicciones, los monopolios recurren rápidamente al Estado para nacionalizar sus pérdidas y sectores ruinosos, así como para obtener subvenciones millonarias e impulsar legislaciones destinadas a reprimir a los trabajadores y leyes laborales que aumenten el grado de explotación de los obreros, para que éstos generen una mayor plusvalía para los monopolios.

El papel del Estado no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado en tanto se ha fusionado con los monopolios privados, apropiándose incluso de algunos sectores fundamentales como las energías o los transportes -dependiendo de las circunstancias concretas de cada país-. Por lo que se refiere a la transnacionalización, no es un proceso nuevo, ni un descubrimiento del profesor Escandell, sino un hecho que tiene lugar desde tiempos de Lenin, manifestándose en pugnas por los mercados internacionales, el sometimiento de los Estados menos desarrollados a los grandes imperios, la existencia de deudas millonarias internacionales, etc.

El nivel de fusión entre los monopolios y los Estados es tal, que la oligarquía financiera llega a valerse del aparato militar del Estado para conquistar nuevos mercados en los que imponer su hegemonía, y para defender sus intereses frente a monopolios extranjeros –y sus respectivos Estados-. Tal es la naturaleza de la invasión imperialista de, por ejemplo, Afganistán e Iraq. Otro ejemplo de la utilización de los Estados por parte de los monopolios lo hallamos en la formación de alianzas entre Estados, cuyo origen es la conciliación temporal de los intereses de los monopolios de dichos Estados, en competencia con otros monopolios. Este es el caso de la disputa entre las potencias imperialistas clásicas –EEUU, UE y Japón- y los países imperialistas emergentes –Brasil, Rusia, India y China-.

En definitiva, el Estado, lejos de convertirse en una traba para el desarrollo del capitalismo y de los monopolios, es la herramienta imprescindible de la oligarquía financiera para defender sus intereses.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español

 

1 Esta teoría se expone en “La categoría leninista Capitalismo Monopolista de Estado: una mirada actual”.

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Acerca del maoísmo

El conjunto teórico formulado por Mao Zedong y las enseñanzas que se desprenden de su praxis revolucionaria en China, conforman la teoría conocida con el nombre de maoísmo. Ésta cobró fuerza en el Movimiento Comunista Internacional tras la muerte de Stalin, a raíz de su papel como una de las principales voces discordantes ante el revisionismo soviético representado por Nikita Jrushchov a partir del XX Congreso del PCUS, donde se denunciaron los supuestos crímenes de Stalin y se proclamó la ruptura con la línea mantenida por dicho dirigente.

En nuestros días, el maoísmo continúa siendo la base  ideológica sobre la que se fundamentan numerosas organizaciones; muchas de ellas se declaran como tales, mientras que otras no se reconocen maoístas de manera oficial pero siguen fielmente las enseñanzas de Mao, siendo maoístas de facto.

Si bien es cierto que en 1956, cuando tuvo lugar la celebración del XX Congreso del PCUS, Mao se posicionó en contra del revisionismo soviético encabezado por Jruschov, no significa esto, en ningún caso, que el maoísmo no sea una teoría igualmente revisionista contraria a los principios del leninismo.

Por todo ello, se plantea la necesidad de analizar la teoría maoísta y refutarla de manera científica desde el marxismo-leninismo, tal es la pretensión del presente documento.

Cuando Mao Zedong planteó lo que él mismo denominaría como el Gran Salto Adelante, afirmaba que la edificación del socialismo y la disolución definitiva del Estado podrían darse en un plazo breve de tiempo, incluso en cuestión de poco más de una década.  Analizando las condiciones de China en ese momento histórico, con unas fuerzas productivas con un grado de desarrollo propio del feudalismo y con una industria prácticamente inexistente, las afirmaciones de Mao no denotan sino una total incomprensión de la ciencia marxista-leninista.

Podemos observar en el hecho expuesto un ejercicio de idealismo filosófico por parte de Mao, al considerar que las condiciones materiales necesarias para la llegada del comunismo se darán a partir del desarrollo de la conciencia del pueblo y de la voluntad de la vanguardia, renegando así, de facto, del materialismo dialéctico.

Ésta es tan solo una de las muchas actuaciones que evidencian tal desviación. Otro ejemplo lo hallamos en la política de “3 banderas”, definida por Mao, que suponía el establecimiento de comunas agrícolas, lo que debía constituir la forma de organización fundamental de los campesinos. Años atrás, Stalin había analizado ya la cuestión, indicando cómo debía llevarse a cabo este proceso: la comuna surgiría cuando en las granjas del artel abundasen todos los productos, cuando la mecanización fuese efectiva. Es decir, la comuna surgiría sobre la base de una técnica desarrollada, sobre la base de la  abundancia de productos. Stalin no hacía más que poner en práctica las tesis leninistas y, mediante la dialéctica materialista, concluir que la comuna es la forma superior de la organización cooperativa en el campo, y surge como consecuencia real y objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica.

Pero Mao, haciendo gala una vez más de su idealismo filosófico, ignoró las condiciones objetivas y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica; estableciendo la comuna como forma de organización en el campo. Este hecho no hace sino evidenciar que Mao no se atiene a las condiciones objetivas tratando de desarrollarlas, sino que concibe la realidad como el reflejo de la conciencia. Creía que podía someter la marcha de la historia a los deseos de la vanguardia, cayendo así en un subjetivismo absoluto, ajeno a cualquier análisis que se pretenda materialista y dialéctico.

Mao queda desenmascarado una vez más en su crítica a Lenin. Éste segundo afirmó que cuanto más atrasado está un país, más difícil es que pase del capitalismo al socialismo. Lenin, al afirmar esto, se fundamenta en los criterios objetivos para considerar la revolución y la edificación socialista. Pero Mao, por su parte, y en contraposición a esta tesis, afirma que desde la perspectiva actual, esta tesis no es correcta. En realidad, cuanto mayor sea el atraso económico de un país, tanto más fácil es su transición del  capitalismo al socialismo. Cuanto más pobre es un hombre más desea la revolución.
Observamos una vez más como Mao cae en el idealismo filosófico, obviando los criterios objetivos y científicos, y priorizando la conciencia del hombre ante estos.

En definitiva, Mao considera que antes de modificar la realidad material, es necesario que el pueblo cambie su concepción del mundo, asumiendo las ideas maoístas. Este enfoque es absolutamente idealista, y niega la propia esencia del materialismo dialéctico, que concibe la conciencia de una sociedad como consecuencia de su realidad material. Para Mao, en cambio, la conciencia es anterior al ser social.

Por otra parte, se plantea la necesidad de analizar la peculiar caracterización que realiza Mao de las  relaciones entre las clases enfrentadas en el capitalismo. En referencia a las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional, Mao sentencia:

«si estas contradicciones antagónicas se tratan debidamente, pueden transformase en no antagónicas, pueden resolverse por vía pacífica. Si esas contradicciones no se tratan como es debido, si no seguimos con la burguesía nacional la política de unidad, de crítica y de educación, o si la burguesía nacional no acepta esta política nuestra, entonces las contradicciones entre la clase obrera y la burguesía nacional pueden convertirse en contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos.»

Este análisis supone la caracterización de las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional como no antagónicas, identificando a ésta última clase como un potencial aliado en la construcción del socialismo. Mao considera viable la colaboración entre clases absolutamente antagónicas -tal y como las identificaran Marx, Engels y Lenin-. Esto supone, por tanto, aceptar el interés privado y explotador de la burguesía nacional como no constitutivo de peligro para la edificación socialista. Se acepta la existencia de esta burguesía, y se considera que su práctica opresiva puede ser reeducada de forma pacífica, y reconducida hacia el establecimiento de una alianza para la construcción del socialismo. Mao deja patente su incomprensión de la dialéctica materialista, no entiende la inviabilidad de una reconciliación entre clases obviamente enemigas, fruto de su carácter puramente antagónico. En lugar de ello, obvia la inexorable  necesidad de reprimir a la burguesía como potencial enemigo de la clase obrera y de las capas explotadas de la sociedad, y de expropiarle sus medios de producción. Esta tesis defendida por Mao es contraria al avance socialista y manifiesta de nuevo su idealismo filosófico, al considerar que la burguesía puede  convertirse en una clase aliada del proletariado y del campesinado en la construcción del socialismo; siendo ello posible -siempre según Mao- modificando la conciencia de la clase burguesa, obviando así los intereses objetivos de dicha clase que tienen su base en la realidad material, en la estructura, concretamente en las relaciones sociales de producción.

Otro punto fundamental en la teoría maoísta y que, por tanto, cabe analizar en este documento, es la identificación del campesinado como sujeto revolucionario. Con la llegada del capitalismo, el modelo de producción feudal es empujado a su superación por el desarrollo dialéctico de las fuerzas productivas intrínsecas a él, las relaciones de producción y la intensificación de la lucha entre las clases sociales existentes. Era característico de anteriores modelos de producción el trabajo individual de cada ser humano, mientras que el avance de la sociedad burguesa implica la aparición de un trabajo social instigado por los grandes propietarios de tierras que, vendiendo éstas, utilizan lo obtenido para la adquisición de grandes máquinas y la contratación de individuos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo. El nuevo modelo productivo capitalista viene determinado por un ser humano que vende su fuerza de trabajo para recibir a cambio una ínfima parte de la riqueza producida con ella, pues la parte sustancial y mayoritaria -la plusvalía- se acumula en las manos del burgués, que actúa como parásito. Nacían de este modo las fábricas industriales, donde se desarrolla el trabajo social. Nacía, por tanto, como producto de este nuevo modo de producción, la clase obrera.

El proletariado es engendrado por el capitalismo, y su posición en éste, como desposeído de los medios de producción y vendido a su fuerza de trabajo, es netamente antagónica a los intereses de la clase burguesa, que representa la opresión contra los obreros y cuyos intereses objetivos se encaminan a dicho fin. De esta forma, el papel de sujeto revolucionario en el sistema capitalista pertenece a la clase obrera -al ser producto directo del mismo, y una clase netamente antagónica a la burguesía-, una vez dadas las condiciones objetivas para la instauración de las nuevas relaciones de producción.

La dialéctica del sistema capitalista impone que sea la clase obrera, cuyo desarrollo choca frontalmente una y otra vez con la burguesía, la sepulturera del mismo. De este modo, las tesis de Mao que otorgan al  campesinado el rol de sujeto revolucionario quedan absolutamente desacreditadas desde la ciencia dialéctica materialista, desde el marxismo-leninismo. El campesinado no es una clase netamente antagónica a la burguesía, pues está integrada tanto por terratenientes como por campesinos semiproletarios, y por ende tiene una naturaleza pequeñoburguesa.

Las capas campesinas no están capacitadas para llevar hasta el final la revolución y liderar la construcción del socialismo; aunque esto no implica que no sean potenciales aliados del proletariado -especialmente el campesinado pobre y los campesinos semiproletarios- en dicha tarea. No cabe duda alguna de que otorgar el rol de sujeto revolucionario a una clase que no es netamente revolucionaria constituye un error y una desviación del leninismo. Marx, Engels y Lenin recalcaban la importancia de que fuera el proletariado, la clase más avanzada cuantas hayan existido en la historia, la que liderara la tarea histórica de superar el capitalismo y construir la sociedad socialista.

A menudo se argumenta que Mao supo adaptarse a las condiciones de China, atrasada y con un  campesinado muy mayoritario, y que su defensa del campesinado como sujeto revolucionario responde a las necesidades de dicho país en un momento histórico concreto. Pero incluso en las condiciones que se daban en China en la primera mitad del siglo XX, con una clase obrera aún muy minoritaria, debía ser esa minoría de la población la que asumiera el papel de vanguardia en la revolución socialista, impulsando a su vez la industrialización y el desarrollo de las fuerzas productivas, a fin de consolidar una mayor base de proletarios, en clara alianza con el campesinado pobre. Por tanto, la máxima maoísta de que “el campo asedie la ciudad” reniega del marxismo-leninismo, haciendo gala de la incomprensión de la dialéctica del sistema.

Lenin, en 1901, decía al respecto de esta cuestión: “Los partidarios de Tierra y Libertad partían de la idea errónea de que la principal fuerza revolucionaria en el país era, no la clase obrera, sino los campesinos; que el camino hacia el socialismo iba a través de la comunidad campesina”.

En definitiva, entendiendo el carácter pequeñoburgués de los campesinos -aún asumiendo que también forman parte de éste elementos semiproletarios-, y siendo esta clase el sujeto revolucionario teorizado por Mao, se evidencia que el maoísmo constituye en sí mismo una desviación pequeñoburguesa.

Por otra parte, otro rasgo característico del maoísmo, es la defensa de la república popular democrática, a la que Mao denominaba como Nueva Democracia. Esta propuesta etapista constituye una ruptura con la teoría leninista, al concebir la democracia popular como una fase intermedia necesaria para la construcción del socialismo, a la que Mao llegó a considerar una nueva etapa histórica superior al capitalismo y anterior al socialismo. Esta fase tiene un carácter interclasista, propugnando la alianza entre la burguesía nacional y las capas explotadas de la sociedad, tal y como se ha expuesto anteriormente en este mismo documento.

La defensa de la república popular se basa en la incomprensión de varios principios fundamentales de la dialéctica, especialmente en el desconocimiento del carácter dialéctico de las relaciones de producción; pues éstas o determinan la propiedad de los medios de producción por parte de la burguesía, o por parte del proletariado, que es quien lleva a cabo la producción material.

Lenin afirmaba al respecto que la revolución socialista debe conducir a la dictadura revolucionaria del proletariado en alianza con el campesinado pobre. Afirmaba, también, que en un país en su fase imperialista, es decir, donde se ha desarrollado ya el capitalismo monopolista de Estado, no tiene cabida ninguna fase intermedia entre el capitalismo y el socialismo. La república popular, en la que se establece una alianza interclasista, no hace sino retardar el proceso de emancipación de los explotados, manteniendo durante ésta el poder en manos de la burguesía. Aplicando el método dialéctico al desarrollo histórico, como ya hicieran Marx y Engels, solo es posible determinar que el avance de las fuerzas productivas llevará inexorablemente a una revolución en que éstas pasarán a ser propiedad social, y el proletariado destruirá la antigua maquinaria burguesa, expropiándoles los medios de producción e instaurando un Estado obrero bajo la forma de la dictadura del proletariado. Así pues, la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas  productivas halla su resolución en el socialismo, y no en etapas intermedias teorizadas desde el idealismo filosófico y desde la incomprensión de la dialéctica.

La estrategia que traza Mao y que defienden los maoístas para lograr la democracia popular, es la Guerra Popular Prolongada, consistente en la toma de las armas por un pequeño número -en comparación con las masas explotadas- de elementos avanzados. Esta teoría se fundamenta en la suposición de que las masas obreras y campesinas, hartas de la explotación burguesa, adoptarán paulatinamente una posición favorable a este método y terminarán por tomar las armas formando un Ejército Popular. En definitiva, consiste en plantear la lucha armada desde el momento mismo en que la vanguardia toma conciencia, momento en el que la conexión con las masas es aún tenue y, por tanto, las acciones armadas no superarán los límites del terrorismo individual, ya criticado por Lenin. Además, la defensa de una estrategia de desgaste, que consiste en ir mermando al enemigo mediante la acción armada de la vanguardia, supone la negación, en cierta  medida, del papel histórico del sujeto revolucionario, es decir, la clase obrera.  Esta negación se materializa al considerar que el solo ejercicio de la vanguardia permitirá realizar la revolución, prescindiendo así de las masas explotadas. Aunque esto en nada puede sorprendernos, puesto que Mao tampoco es capaz de identificar de manera científica al sujeto revolucionario, como ya se ha expuesto anteriormente.

La praxis leninista se aleja diametralmente de esta concepción, pues el momento de tomar las armas lo  marca la conciencia subjetiva de las clases   explotadas, y no la voluntad de unos cuantos elementos avanzados. La tarea del Partido debe consistir en la concienciación de las masas trabajadoras, explicándoles la dialéctica del sistema y haciendo comprender a éstas que la única salida posible es la construcción del socialismo, lo cual no se logrará mediante acciones armadas en un momento en el que las masas poseen un grado nulo de conciencia de clase revolucionaria.

El maoísmo se manifiesta como una teoría esencialmente idealista y antimarxista en su análisis sobre las contradicciones a nivel internacional. Los continuadores de Mao plantean la Teoría del Mundo Multipolar, es decir, dividen el mundo en polos imperialistas; por una parte, un gran bloque hegemónico encabezado por EEUU, Japón y la UE; por otra parte y en oposición al primero, el bloque formado por los países emergentes, sufridores de la opresión capitalista. Sin embargo, tal división no responde ni mucho menos al análisis  dialéctico, sino a una burda desviación burguesa.

Mao, por su parte, sienta las bases de la teoría de los Tres Mundos, que defiende la división del mundo en tres categorías: la primera, a la que llama ‘primer mundo’, se hallaría integrada por EEUU junto a su bloque de países ‘ricos’; por otra parte, encontraríamos el bloque soviético liderado por la URSS; y por último, el ‘tercer mundo’, en el cual se incluyen todos los países no alineados.

Teniendo en cuenta esta cuestión, es preciso analizar en profundidad la contradicción que se da en el plano internacional, para comprender la lucha constante entre los bloques imperialistas y determinar si ésta es o no la contradicción fundamental a nivel mundial. Es necesario, por ende, analizar la estructura del capitalismo.

En el sistema capitalista mundial, caracterizado por la propiedad privada sobre los medios de producción en manos de la burguesía, encontramos que su desarrollo es directamente proporcional al nivel de explotación de la clase obrera, pues cuanto más se desarrolla la industria y el capital, a más obreros aglutina entre sus filas. Hemos de comprender, por tanto, que la contradicción fundamental, de las que se desprenden las  demás contradicciones del sistema, es la apropiación privada del producto del trabajo social, realizado por la clase obrera, en manos de la burguesía.

Las luchas imperialistas que tienen lugar entre distintas potencias imperialistas, es decir, en el seno de la burguesía internacional -véase la lucha entre el bloque formado por EEUU, UE y Japón frente al grupo emergente BRIC-, supone ni más ni menos que un enfrentamiento por los nuevos mercados a dominar, en donde implantar la dictadura del capital. No constituyen, por tanto, una contradicción esencial del sistema, sino que son un producto de la competencia desenfrenada entre los monopolios imperialistas.

En ambas teorías –Teoría del Mundo Multipolar y Teoría de los Tres Mundos– observamos un rasgo común: se obvia la contradicción fundamental del capitalismo, para sustituirla por meras contradicciones circunstanciales de distintos bloques imperialistas -en el caso del mundo multipolar-, o por una alineación política entorno a determinados bloques. La incomprensión de la dialéctica y la concepción idealista de Mao, le llevan, en el primero de los casos, a considerar que el mundo se divide en voluntades políticas y no en función de las relaciones de producción de un determinado modo productivo; mientras que en el segundo de los casos plantea la división del mundo en dos bloques de potencias explotadoras y explotadas. Esto  constituye un análisis del todo idealista y antidialéctico, que tan solo trata de encubrir el eminente imperialismo chino, obviando así que la causa central de la que se desprenden todas las demás contradicciones no es otra que la contradicción entre el carácter social de la producción y la propiedad burguesa de los medios de producción.

Otro de los graves errores del revisionismo maoísta es la negación de uno de los principios fundamentales de la dialéctica, a parte de su incomprensión. Mao afirma:

«los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el seno de la sociedad, es decir, las contradicciones entre las clases, las contradicciones entre lo nuevo y lo viejo.»

Por tanto, el maoísmo no otorga a las fuerzas productivas un papel determinante, sino que éste es otorgado a las relaciones de producción, que según afirma Mao, pueden ser perfeccionadas a voluntad del hombre. En contra de esta creencia, el materialismo histórico muestra que el papel determinante del progreso de la producción y de los cambios en ésta, se originan a partir de los cambios en las fuerzas productivas. Una vez más, se manifiestan las concepciones idealistas y antidialécticas de Mao.

La concepción que Mao mantiene del Partido Comunista es otro de los principios erróneos y antimarxistas sobre los que se fundamenta el maoísmo. Esta visión distorsionada del Partido, lejos de ser un desarrollo del marxismo- leninismo como han afirmado históricamente sus seguidores, en nada se asemeja al Partido de Nuevo Tipo descrito por Lenin.

Mao mantenía una posición crítica respecto al camarada Stalin, y defendía  que el reflejo de la lucha de clases, de las contradicciones entre la burguesía y el proletariado -que él creía no-antagónicas y conciliables-, se extendía hasta el seno del Partido, originándose en él dos líneas  enfrentadas que representaban ambos intereses sociales de clase. A raíz de ello, la lucha entre ambas posiciones fue entendida por Mao como la condición subjetiva necesaria para iniciar la llamada Revolución Cultural, cuyo objetivo era expulsar a la línea burguesa que previamente era tolerada. Como observamos, Mao considera que es inevitable la existencia del revisionismo en el seno del Partido, y considera que la  burguesía nacional puede ser reeducada en el marxismo- leninismo.

De este modo, no hace sino obviar la necesidad imperiosa de establecer una vigilancia intensiva en el Partido, depurando y erradicando cualquier vestigio de ideología burguesa -y por tanto enemiga de los intereses del proletariado- en el seno del Partido. Mao dibuja con su concepción del Partido Comunista una suerte de compendio entre ideologías y clases en el seno del Partido, y no una Vanguardia del proletariado, unidad férrea y disciplinada de los elementos más avanzados de la clase obrera, sin fracciones de ninguna índole, armada con la ciencia marxista-leninista.

En conclusión, Mao profesa una concepción idealista del mundo y no comprende en absoluto la dialéctica, cayendo a menudo en la metafísica. Se aleja diametralmente de la ciencia marxista, y en oposición a las tesis de Marx, Engels y Lenin, elabora todas sus teorías que, más allá de no desarrollar en absoluto el marxismo-leninismo, constituyen una forma de burdo revisionismo.

Por tanto, el maoísmo no es más que la negación del leninismo, pues su base fundamental es el idealismo antidialéctico. Por todo ello, y siendo el maoísmo ajeno al marxismo, debemos combatirlo como  planteamiento revisionista que es y ha sido siempre.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español




Respuesta del PCOE a Emilio Aguado Moyano

En el Blog “Movimiento Político de Resistencia” apareció el pasado día 6 de Agosto un artículo de un tal Emilio Aguado Moyano titulado: “Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la resistencia antifascista”, con motivo del homenaje que la CJC dedicó a las 13 Rosas Rojas “heroínas ejemplares de la resistencia contra el fascismo”. No podemos negar que la respuesta dada por el autor, y su salida de tono, nos ha sorprendido por extemporánea, debido a que arremete contra el PCOE, que nada ha tenido que ver con dicho homenaje; aunque, naturalmente, lo comparte porque lo considera justo.

Resulta bastante claro que el autor del artículo y sus compañeros esperaban agazapados detrás de la maleza una oportunidad, cualquiera que fuese, para poder criticar al PCOE después de 40 años de existencia. ¿Por qué ahora? Sin duda alguna que obedece a que el pasado mes de abril respondimos resueltamente a una crítica subrepticia de Olarieta. Nuestra contra fue a modo de debate y no fuimos nosotros los que lo iniciamos. Esperábamos pues, una defensa a ultranza de sus posiciones pero en el marco debido, en el que se estableció entonces, en el teórico práctico. Pero se ve que les resultaba más que difícil continuar por el camino que ellos mismos eligieron.

No nos queda muy claro si todas las imputaciones que el autor hace a los CJC y al PCPE van también dirigidas al PCOE y es que todo se manifiesta confuso, porque según se desprende, con nuestro partido el autor no tiene lo suficientemente dominada la parte del campo de batalla que escogió para atacar. Juzgar al PCOE por lo que supuestamente éste piensa que pasó hace treinta y cinco años nos parece una barbaridad o una falta de argumentos y de rigor para enfrentarse a nuestra realidad de hoy.

Pero el autor se equivoca, y mucho, al afirmar que no queremos hablar de los años 70. Yerra intencionadamente cuando dice que estábamos escondidos y más se equivoca cuando nos califica de bandidos, tal vez su inconsciente le jugó una mala pasada cuando se miraba al espejo. Para el PCOE actual, hablar de los años 70 no sólo es un hecho cotidiano, también es una obligación, porque esos años, pese a tantas cosas como sucedieron en el Movimiento Comunista Español e Internacional, poseen connotaciones de primer grado con el desarrollo teórico de nuestro Partido.

Durante los años setenta y principios de los ochenta, especialmente desde 1976, la sede del PCOE fue un lugar de encuentros muy interesantes. Los dirigentes más insospechados desde los “Movimientos de Resistencia” hasta los de “Liberación Nacional llamaban a su puerta en busca de los líderes del Partido. Unos demandaban la opinión de Líster respecto de sus formas de luchas, otros insinuaban unidades orgánicas y otros pretendían que el PCOE intercediese ante los países socialistas para lograr su reconocimiento internacional. Naturalmente, se acercaron todo tipo de organizaciones con objetivos muy diferenciados, lo que se dice unas visitas de cal y otras de arena.

También el PCOE en aquella época devolvió visitas, incluso allende nuestras fronteras. Y a todos los visitantes y visitados se les habló de manera muy firme en lo que se refiere a las posiciones que el partido mantenía en aquel momento. Al PCOE no le tembló la boca ni el pulso para decir la verdad, lógicamente su verdad. El PCOE jamás se ocultó ni esquivó conversaciones con nadie, por muy arriesgado que fuese. Y tanto a los emisores nacionales, como a los de los “grandes” Partidos Comunistas del mundo, se les decía lo que teníamos que decir. Y que el PCOE luchó con sus pequeñas fuerzas, tanto contra la conciliación, como a favor de la ruptura total con el régimen, es un hecho tan evidente que únicamente quienes mantengan un interés particular intentarán distorsionar esa parte de la historia de nuestro Partido.

Por lo visto, Aguado considera únicamente verdad la versión de su organización: la resistencia contra el fascismo. Porque, en su opinión, lo que se dilucidaba en aquél entonces era que el régimen fascista continuaría de otra forma; en cambio el PCOE luchaba  por destruir el capitalismo, cualquiera que fuese la forma que adoptara el capitalismo monopolista de Estado; tal fue su análisis y entendía que a través de las “Juntiñas” – Junta Democrática propugnada por el PCE o la Plataforma liderada por el PSOE – se traicionaba a las clases trabajadoras y populares.

Los camaradas del PCOE actual gustan de hablar de los años 70 porque de esos años aprendimos a asimilar que ningún partido, hasta que no se demostrase lo contrario, podía arrogarse ningún liderazgo, y aprendimos a luchar contra cualquier modo de represión que se cebara sobre los combatientes sociales y políticos. Y lo aprendimos porque en nuestras filas también hubieron camaradas que se pudrieron en las cárceles fascistas con más de treinta años de prisión, bastantes camaradas. Pero también los hubo anarquistas, socialistas, republicanos, y todos merecían nuestros respetos. Estas experiencias nos enseñaron que el capital, premonopolista y monopolista, democrático burgués o fascista, no está sometido a unos cánones tan estrictos por los cuales se rige para seleccionar a sus perseguidos. Bernstein o Proudhon, por recordar a los revisionistas más significados de la historia, fueron perseguidos por el capitalismo premonopolista como tantos miles en todo el mundo, que han pertenecido a escuelas reformistas, demostrando que la condición de preso, aun siendo totalmente respetable para un revolucionario, no da crédito de certeza política y, mucho menos, de fidelidad a los principios marxistas-leninistas.

A partir de ahí el PCOE ha dado muestras más que suficientes de denunciar la represión contra todos los antisistema, como se comprueba en nuestros mítines y actos públicos donde en muchas ocasiones hemos proclamado que en nuestro país existen comunistas y nacionalistas de izquierda en las cárceles y, todavía más, hemos colocado sus nombres y apellidos en primera página. No diríamos toda la verdad si ocultásemos que este sagrado deber revolucionario que hemos cumplido y continuaremos haciéndolo, no es, lamentablemente, causa común. Pero lo mismo que defendemos la libertad por convicción revolucionaria, no nos detendremos al reprochar que nadie, por el hecho de tener militantes en prisión, se arrogue el privilegio de ser el ombligo del mundo y por ello crea estar en la posesión de la verdad.

Los militantes del PCOE no miran solo hacia atrás para regocijarse de una trayectoria impoluta. Por el contrario, miramos hacia atrás con la alegría de haber desbrozado un camino que era muy espinoso, porque el PCOE ha tenido que rectificar posiciones inherentes a la crisis del Movimiento Comunista Internacional, porque después de oponerse a la conciliación de clases, el partido introdujo la consigna de profundizar en la democracia, si bien por medio de luchas legales y extralegales. Pero en Mayo de 1987, tras el reingreso de Líster en el PCE, se celebró el XIII Congreso por parte de quienes optaron por la continuidad del partido. Dicho Congreso acordó la resolución de enmendar el programa y se adoptaron posiciones respecto al Parlamentarismo, como también acerca de la vía pacífica al socialismo que dieron al traste definitivamente con la consigna “profundización de la democracia”. Recientemente ha aparecido en nuestra página web, debidamente actualizado, el artículo “La falacia del Parlamentarismo” que data del mismo Mayo de 1987, en el que se aprecia ya la ruptura con aspectos revisionistas.

Por eso, cuando Aguado dice de “pasada”: Por cierto, en aquella época el PCOE defendía la “democratización de España”. Ese “etapismo” del que les gusta hablar últimamente a todos estos grupos, es el que ellos profesaron por mucho tiempo. De todos modos, “etapistas” o no, hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles”  , no tenemos más remedio que sonreír, porque nadie como el propio PCOE ha sido tan crítico consigo mismo. Lo hemos recogido en infinidad de documentos, pero si nuestros impugnadores quieren una demostración tangible, les invitamos a que lean nuestra Revista “Teoría Socialista” nº 4, en donde pueden encontrar un artículo titulado: “Breve historia del Movimiento Comunista Europeo” que tras recoger un párrafo al respecto del Programa de 1984, dice lo siguiente:

El PCOE nace pues, desde las profundas entrañas de la crisis del Movimiento Comunista Internacional (como el Partido del autor del libelo que refutamos) y según se puede constatar en la reseña precedente, se impregnó de su extravío político, pues propugnaba la “profundización” de la democracia, para avanzar hacia una democracia más desarrollada: La República Democrática y Popular, ruta “directa” para arribar en el socialismo en un solo proceso ininterrumpido. En esta dirección, se comprometió a modo de objetivo fundamental inmediato a fortalecer las instituciones burguesas, a llevar a cabo la democratización del sistema capitalista hasta el final, porque sólo así preveía que se tendría que acceder a un Estado Democrático y Popular y seguidamente al socialismo. El “truco” consiste en emplear genéricamente el término “democracia” con el fin de evitar tener que aclarar que se trata de la democracia burguesa y que lo que se pretendía era fortalecer a ésta, en pleno Capitalismo Monopolista de Estado, es decir, cuando la gran burguesía había completado el proceso de democratización de la misma sociedad burguesa, porque en definitiva, es la clase a la que corresponde llevarla a cabo”

A partir de ahí, y después de un recorrido de ningún modo cubierto de rosas, llegamos a nuestro XIV Congreso, en cuyo informe político reconocimos sin ambages que después de muchas traiciones, el partido se mantuvo a través de un finísimo hilo compuesto por 5 camaradas de Sevilla.

Fruto de los análisis y rectificaciones de conductas inveteradas, ha brotado impetuoso un nuevo PCOE, implantado ya en varias provincias y regiones de todo el Estado más en Catalunya. Un PCOE cuyos miembros del Comité Ejecutivo, junto con la Secretaría General, no sobrepasa la media de edad de 35 años y es una dirección totalmente proletarizada.

Nuestra joven dirección, toda la militancia actual del PCOE, ha examinado minuciosamente ese pasado tenebroso que constituyen los años de transición y posteriores. Tal como decíamos al principio lo hemos hecho en varias ocasiones con conclusiones afortunadísimas. Así que para el PCOE contemporáneo, en aquéllos años se agudizaron todas las contradicciones que existían en el Movimiento Comunista Internacional.

En su virtud, podemos hoy responder a Aguado, y a sus colegas, que la realidad de la época es muy distinta a la que ellos pintan y describen. Las diferencias fueron muy gruesas, más que la simple interpretación del carácter político de la “sociedad” que devino de la transición, es decir, si lo que existe en el estado español es fascismo o democracia burguesa. Las influencias de la decadencia del Movimiento Comunista Internacional en el Estado español fueron enormes. Mientras una parte asumía que la contradicción fundamental en el mundo era la que se daba entre el imperialismo y el socialismo, expresión máxima de la lucha de clases entre el capital y la fuerza de trabajo otros, entre los que se contaba la organización de Aguado, por el contrario hablaban de tres mundos y del social imperialismo soviético. En consecuencia, lo que emanaban eran dos comportamientos diametralmente opuestos, pero que la historia ha sentenciado como equivocados. Mientras que la parte antisoviética justificaba todo, hasta la concomitancia China-EEUU en una serie de países para aplastar los Movimientos de Liberación Nacional por el hecho de que los soviéticos ayudaban a dichos movimientos, la otra santificaba el régimen soviético más allá de lo pensable. No cabe duda que ambas posiciones determinaron sus concepciones sobre el estado español y la forma de luchar que había que adoptar.

Para el joven PCOE no supone ningún esfuerzo continuar hablando de aquellos tiempos, pero sólo para aclarar sus posiciones al respecto; sin embargo, Aguado y sus compañeros están obligados a reivindicar constantemente esos años porque, de lo contrario, no se podrían explicar y no tendrían ninguna justificación para su situación actual. Esa necesidad vital que siente su organización de hablar constantemente del ayer, les lleva a entablar la discusión entre fascismo o democracia burguesa para probar la justeza de su táctica “revolucionaria” ¿De qué estamos hablando? ¿En los años 70 existían las condiciones para una guerra revolucionaria? Para los que ignoraban el estado de las masas es evidente que sí, pero al fallar los vaticinios se encontraron que después de cada disparo, y al mirar a su alrededor, todo lo que veían eran callejones oscuros, sin masas en combates, sin que ni siquiera el proletariado supiese de la existencia de “su vanguardia revolucionaria” ¿Leninismo?

Que la táctica fue equivocada, lo ha demostrado la historia. Que no quieren aceptar esta realidad histórica, allá ellos, pero para nosotros demuestra una ceguedad política total y una gran dosis de revisionismo que les lleva al precipicio. Porque aunque se aceptase que estamos en el fascismo ¿significa que han cambiado las condiciones objetivas y subjetivas por el mero hecho de su calificación? Fascismo o democracia burguesa, esta maldita sociedad ofrece un mínimo de legalidad que hay que aprovechar, por donde introducirse, y siguiendo la teoría de Lenin, hay que estar utilizando lo oficial y lo ilegal en nuestras luchas; hay que educar a las masas para las grandes luchas y adiestrarlas en todo tipo de combate. Hay que construir órganos de Poder Popular. Hay que desbrozar el camino para la Dictadura del Proletariado sin etapismo; aunque esta palabreja no les guste a nuestros impugnadores. El Partido tiene que saber actuar en la superficie y en las profundidades, pero todos estos jamás alejados de las masas.

¿Es esto lo que persigue la organización de Aguado? No, porque no ha madurado en sus análisis, porque no ha salido de las oscuras catacumbas de la quiebra del Movimiento Comunista Internacional, porque continúa sin reconocer que la contradicción fundamental en el mundo es la que se da entre imperialismo y socialismo, o sea, entre el trabajo asalariado y el capital. Para ella la contradicción fundamental de la que dependen todas las demás es la que existe entre Imperialismo y los estados -para nosotros puro revisionismo- muy cercano a la tesis del Mundo Multipolar, expresión del nuevo revisionismo que invade los documentos de un sinfín de Partidos, especialmente en América Latina, porque de esta contradicción no emana directamente la Dictadura del Proletariado como salida cardinal y única de la situación actual; aunque ellos no lo reconozcan.

Lo que para Aguado es un acto de valentía resulta ser revisionismo puro y duro. Lo que Aguado reivindica es una quimioterapia que le mantenga vivo. Ah, en cuanto a su sentencia:hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles”  tenemos que reconocer que es totalmente acertada,  imaginamos que se aplicarán el cuento.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

 

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A la clase obrera, al pueblo trabajador

 Según el último Boletín Oficial del Estado – burgués español, los sindicatos del régimen capitalista adscritos a la CSI imperialista , recibirán vía PGE, un monto cercano a los 9 millones de euros durante este año de 2013 (entre UGT y CCOO). A tal inyección de capital suministrada de forma tan “altruista” por la burguesía monopolista –cargada sobre las espaldas del pueblo trabajador, hay que añadir decenas de millones más provenientes de subvenciones menos directas como las derivadas de la participación de éstos sindicatos en los órganos consultivos del Estado, así como múltiples partidas financieras procedentes de otros tantos órganos estatales – Entes Públicos, CCAA, INSS, INEM , e incluso supraestatales –CES, CSI, Tripartita.

En apenas un ejercicio contable, los aparatos sindicales del régimen – cínicamente autodenominados como “representantes mayoritarios” de no se sabe qué , son capaces de amasar ingentes cantidades de capital cuyo origen no es otro que la tesorería general del Estado. Una extraordinaria mordida que los convierte, en su repugnante accionar diario, en meras correas de trasmisión de la clase dominante. Un verdadero maná de euros destinados a regar de infamia a unos “sindicatos” convertidos en meras empresas capitalistas nacionales que, según sus propias fuentes, a duras penas pueden arrogarse hoy día la “representación” de poco más de 1 millón de asalariados a lo largo y ancho del Estado español (en un país que ha llegado en su punta a más de 17 millones asalariados).

Más de 30 años colaborando en la explotación y depauperación constante del proletariado, bien valen unas decenas de millones de euros anuales. Con crisis o sin ella, la clase dominante sabe valorar el buen trabajo de sus más fieles aliados en todos los frentes –económico, político e ideológico por más que estos se esmeren por sobrevivir al descrédito, la corrupción y el parasitarismo más lacerante, mientras chapotean en la putrefacta superestructura burguesa del régimen capitalista.

Decía Marx que “el ser social determina la conciencia social” y que en el modo de producción capitalista, base y superestructura se interrelacionan, siendo la primera –la base económica, las relaciones de producción dominantes, la que acaba moldeando la segunda. Así pues, resulta del todo natural que las jerarquías de los sindicatos antiobreros, no sólo defiendan a ultranza este régimen criminal adorando en los altares del santo capital a sus patrones y mecenas de la “marca España”, sino que también hagan lo propio respecto a las superestructuras imperialistas europeas a las que tan a gusto sirven y de las que a fin de cuentas depende su supervivencia. Al fin y al cabo, es la UE-CES-CSI el verdadero motor de la guerra de clases desatada contra el conjunto de la clase obrera continental así como la perfecta máquina militar para subyugar pueblos enteros, y el carrusel de organizaciones sindicales a élla adscritas, no representan más que la “cara B” de la dictadura capitalista que padecemos. Cabe no olvidar que el cofre del tesoro que mantiene vivos a estos parásitos al servicio de la burguesía, tiene sede en Bruselas.

Tal panorama sindical similar en buena parte de todos los Estados miembro la UE, pone de manifiesto que en este corroído Estado burgués español, instrumento de guerra constante contra el proletariado y clases populares, la reconstrucción del sindicalismo de clase y antiimperialista sigue siendo una urgencia perentoria. Cuando más falta hace, cuando más necesario es, cuando más vital es la unidad de acción y la elevación de la lucha económica hacia la política de millones de trabajadores, cuando más urgente es arrinconar y liquidar de raíz al oportunismo en el movimiento obrero, debilitado en todos los frentes y en todas sus manifestaciones. Hoy más que nunca es imprescindible la conformación de un sólido sindicato obrero y unitario que entronque con el movimiento popular y la vanguardia política del proletariado, a fin de crear las estructuras de poder obrero que hagan posible la destrucción de la explotación asalariada y de las relaciones de producción capitalistas. Un sindicato que persiga la supresión de la explotación del hombre y que sea internacionalista y se funda a las estructuras antiimperialistas de la FSM, asumiendo con firmeza y determinación la principal contradicción del momento actual que vivimos entre imperialismo y socialismo (capital/trabajo).

Actualmente, el capitalismo monopolista de Estado en España –tal y como sucede en buena parte de Europa, ha desarrollado las fuerzas productivas en grado máximo, situación que nos señala como las condiciones objetivas para llegar al socialismo, sin etapas intermedias, ya están dadas. Nunca antes hubo tantos trabajadores asalariados ni estos tuvieron mayor capacitación en este país, nunca antes el núcleo productivo del Estado estuvo concentrado en tan pocas manos en todos los sectores de la economía española, nunca antes el capital arrancó mayores porcentajes del PIB, ni el IBEX-35 y sus satélites acapararon mayores beneficios privados a costa del trabajo social ajeno, extrayendo monstruosas plusvalías en base a la propiedad privada sobre los medios de producción. La explotación capitalista ha alcanzado cotas desconocidas, mostrando innumerables síntomas de descomposición que señalan los límites históricos de este modo de producción agotado y corroído por sus propias leyes y contradicciones universales, por su indisimulable carácter reaccionario.

Hoy constatamos como el capitalismo, en su etapa superior, queda desnudo ante la realidad material que vivimos, exhibiendo su incapacidad manifiesta para satisfacer las necesidades sociales más básicas de millones de trabajadores.

Tras un largo desarrollo, con sus inevitables procesos de expansión y retroceso, bien entrado el siglo XXI, el imperialismo sólo puede ofrecer, a millones de trabajadores, mayores índices de sobreexplotación y desempleo, mayores dosis de miseria y degradación al conjunto del pueblo trabajador. A cada crisis capitalista sobreviene una mayor y más brutal escasez para las masas laboriosas, mientras la abundancia más aberrante inunda las arcas de la oligarquía financiera y la de sus servidores políticos, mediáticos, judiciales y sindicales. Estando las condiciones objetivas maduras para el socialismo, son las subjetivas las que no caminan acordes al momento histórico que vivimos. La clase trabajadora se encuentra huérfana de los instrumentos más esenciales para parar el golpe y pasar de inmediato a la ofensiva, pagando un precio altísimo en forma de sufrimiento y degradación sistemáticos. Huérfana de las herramientas históricas indispensables para su emancipación social definitiva; no sólo se hace imprescindible la reconstrucción del sindicato de clase del proletariado en una Central Sindical Única que contribuya a romper en mil pedazos el oportunismo en el movimiento obrero, sino el fortalecimiento del Frente de Masas en nuestros centros de trabajo y barrios, así como la consolidación del arma más efectiva de los explotados y oprimidos para destruir de raíz la maquinaria estatal burguesa; el Partido Leninista.

El proletariado no es ni puede ser una “idea” ni una foto fija ni una caricatura estandarizada. Es un sujeto histórico revolucionario moldeado tras largas décadas de explotación, un cuerpo social real y vivo del que forman parte millones de individuos. Una formación social que ostenta una posición común en el proceso productivo capitalista, desprovisto de medios de producción y por tanto obligado a vender su fuerza de trabajo a la burguesía propietaria para poder sobrevivir y seguir alimentando el ciclo original de acumulación del capital (D-P-M-D´). Desde las grandes migraciones del campo a la ciudad y el colapso de la manufactura artesanal en las grandes ciudades feudales y hasta hoy, la clase obrera ha sufrido modificaciones sustanciales, transitando desde el naciente capitalismo (revolucionario) hasta llegar a sus formas monopolistas actuales (reaccionario), manteniéndose la lucha de clases como motor de la historia y acrecentándose la irrefutable contradicción entre explotadores y explotados.

Vivimos inmersos en la época de la crisis general del capitalismo como modo de producción agotado, la clase obrera no puede permanecer ni un minuto más como clase pasiva y desorganizada, y no lo estará en tanto recobre sus instrumentos imprescindibles que han escrito las páginas más gloriosas e indelebles en la historia del movimiento obrero y comunista internacional. En tanto recobre su papel como sujeto que se prolonga a lo largo de la historia, que se resiste a la atomización social, redescubriendo su papel como protagonista social, consciente del valor de su trabajo. En tanto sepa analizar y valorar las ricas experiencias del pasado, desde las nacientes insurrecciones en el capitalismo naciente, pasando por la Comuna de París de 1871 y hasta llegar a la Gran Revolución de Octubre de 1917. He ahí las tareas inmediatas del Partido como vanguardia política proletaria.

El proletariado, como sujeto revolucionario, debe estar en movimiento, organizado y plenamente consciente de su fuerza como clase explotada, siendo plenamente consciente de su papel central como único creador de riqueza. Sabedor de que esa misma riqueza generada le es enajenada por una minoría de oligarcas monopolistas que no pueden evadirse en su carrera hacia la maximización de beneficios, hacia la formación e incremento constantes de capital. Sabedor que ese capital y esa burguesía no puede obtener ganancias de otra forma que no sea extrayendo plusvalía a través, precisamente, del trabajo asalariado, de la explotación proletaria. ¡Esta es nuestra fuerza indestructible que tan denodadamente trata de ocultar la ideología dominante! La capacidad económica para frenar en seco los engranajes capitalistas, la capacidad política para tomar el poder en nuestras manos, la capacidad ideológica para dar la puntilla a un régimen caduco basado en la explotación y la opresión del ser humano y construir el socialismo.

El Partido Comunista Obrero Español tiene la firme convicción de aspirar a convertirse en el Estado Mayor del proletariado, en su más eficaz, firme, disciplinada y abnegada vanguardia política. En el más sólido pilar proletario que base su accionar mediante la aplicación teórico-práctica del socialismo científico, a través de la concepción materialista del mundo y el desarrollo integral del método dialéctico. En la más férrea organización leninista, orgullosa heredera de aquellos bolcheviques que tomaron el cielo por asalto en nombre del proletariado y los desheredados del mundo. El PCOE, a través de su práctica diaria y del socialismo científico, asume con firmeza su política de masas y llama a la clase obrera a poner fin a esta situación insostenible, a organizar el poder popular en nuestros centros de trabajo a través de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores, a levantar las estructuras en nuestros barrios y centros estudiantiles consolidando el Frente Único del Pueblo. Hace un llamamiento a reconstruir con urgencia una Central Sindical Única que luche sin descanso por transformar de raíz la cruda realidad antiobrera que vivimos.

Un proletariado fundido a su Partido Leninista, organizado en torno a una Central Sindical Única obrera y antiimperialista y sólidamente engarzado a las clases populares en base a las estructuras de un poderoso Frente Único del Pueblo, no puede más que garantizar la destrucción total y absoluta de la barbarie capitalista, garantizando el triunfo histórico de la revolución socialista. No hay otro camino. No hay otra salida. La historia es clara al respecto. Conciencia política como clase en sí y para sí y organización popular, o esclavitud asalariada y miseria para nuestros hijos. Socialismo o barbarie capitalista.

La tarea irrenunciable de los comunistas en el momento actual que vivimos, no puede ser otra que organizar la revolución socialista.

¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, construyamos poder popular!

¡Construyamos socialismo!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

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La dictadura del proletariado y el socialismo son el único camino, la única salida.

En estos pasados días hemos podido apreciar, con absoluta nitidez, un episodio que demuestra que los intereses de los imperialistas están por encima de todo, incluyendo al Derecho Internacional al que tanto apelan para justificar sus guerras de rapiña dictado por ellos mismos. Los estados imperialistas europeos no han dudado en violentar, con absoluta impunidad, todas las normas internacionales, secuestrando al Presidente de Bolivia, Evo Morales, cerrándole el espacio aéreo y forzando a aterrizar el avión presidencial en Viena, donde la aeronave fue inspeccionada por las fuerzas represoras del servil estado austríaco buscando al norteamericano Edward Snowden, cuyo delito ha sido el haber mostrado pruebas al mundo de cómo el gobierno de los EEUU nos espía, incluyendo a sus ‘socios’ de la Unión Europea. Por lo visto socios también a la hora de espiar, a tenor de lo expresado por Snowden a Der Spiegel en semanas pasadas, donde señaló que ‘la NSA tiene alianzas en las misiones de espionaje con otros gobiernos occidentales’.

Pero nada de esto es novedoso. La ciencia marxista-leninista muestra el proceso que lleva al capitalismo a su fase monopolista y putrefacta, que es en la que hoy nos encontramos; cómo La competencia se convierte en monopolio. De ahí resulta un gigantesco progreso de socialización de la producción[1], de tal modo que el imperialismo “no tiene ya nada que ver con la antigua libre competencia de patronos dispersos, que no se conocían y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado a tal punto, que se puede hacer un inventario aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) de un país, y aun, como veremos, de varios países y de todo el mundo. No sólo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopolistas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado de la capacidad del mercado, que las asociaciones mencionadas se “reparten” por contrato.[2]. Esta socialización universal de la producción y la concentración de la propiedad de los medios de producción en mano de un número reducido de sujetos implica que “el yugo de unos cuantos monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más sensible, más insoportable.[3]

Todo esto, no sólo lo pudo comprobar Evo Morales, también lo padecen aquellos que filtran datos que constatan la enorme opresión y la forma en que los bloques imperialistas imponen su duro yugo, su dictadura a nivel planetario, y, fundamentalmente, lo padece el proletariado de todos los países.

Hoy, con más fuerza que nunca, se constata de manera limpia y clara la perfecta caracterización realizada por Lenin sobre el imperialismo y, consecuentemente, la vigencia del marxismo-leninismo como única guía que tiene el proletariado de romper el yugo imperialista. En consecuencia, la contradicción fundamental que rige hoy en el mundo es la contradicción entre imperialismo y socialismo, y no otra.

El oportunismo, en la actualidad, difumina dicha contradicción fundamental, así como el concepto del imperialismo. Unos hablan de la existencia de un mundo multipolar, donde a algunas potencias imperialistas se las cataloga como tal – EEUU, Japón o la Unión Europea -, pero en cambio a otras potencias imperialistas no las caracterizan como tales – China, Brasil o Rusia –sino como potencias que persiguen el desarrollo de los pueblos a través de sus relaciones económicas y comerciales con otros estados, relaciones que ciertamente son imperialistas. Otras manifestaciones del oportunismo se vislumbran cuando se ubica la contradicción fundamental del mundo actual entre el imperialismo y los pueblos o cuando se cubre al imperialismo bajo el manto del neoliberalismo, convirtiendo al neoliberalismo en culpable de todo y, consecuentemente, desviando a los trabajadores de la contradicción fundamental – entre socialismo, aspiración máxima del proletariado, e imperialismo, aspiración máxima de los monopolios – y ocultando la raíz de los males del proletariado a nivel mundial: el capitalismo monopolista de estado.

Un ejemplo de esto último se visualiza con claridad en la Conferencia Europa de Izquierda Unida de 22 de junio de 2013 o en el último comunicado del Frente Cívico-Somos Mayoría, fechado en Madrid a 20 de julio de 2013, nueva formulación oportunista parida por Julio Anguita y grupos de Izquierda Unida. Estas diferentes máscaras oportunistas – con un mismo discurso – señalan como culpable al neoliberalismo impuesto por el bipartidismo, títere de banca y de la troika – como si no fueran lo mismo -, apelando a la movilización ‘ciudadana’ para desarrollar un ‘proceso constituyente’ por el que rescaten la ‘democracia’ sustraída y arrebatada a los ciudadanos por el neoliberalismo.

El mensaje trasladado a los trabajadores por parte de estos defensores del capitalismo no es que el sistema sea el responsable de sus males, sino la forma de gestionarlo, concretamente el neoliberalismo. “Una calamidad asola a buena parte de los Estados miembros de la Unión Europea destruyendo empleo, servicios públicos, prestaciones sociales y pensiones, frustrando la incorporación de las personas jóvenes al trabajo, haciendo trabajar más años y más horas semanales, impidiendo la seguridad y soberanía alimentarias, neutralizando las Constituciones Nacionales, muchas de ellas resultado de luchas antifascistas (…) Este azote es el resultado del proyecto de integración regional defendido por los partidos mayoritarios europeo, proyecto neoliberal, que desde el Tratado de Maastricht hasta el Tratado de Estabilidad Presupuestaria, concretó un verdadero golpe de Estado[4] . “(…) el neoliberalismo nos hurtó la democracia al pueblo mediante un sinfín de estrategias que incluye la deuda ilegítima, la imposición de bajadas salariales o reformas laborales decimonónicas y una grosera y tosca manipulación mediática[5].

Puesto que lo que falla para Izquierda Unida y su nuevo engendro oportunista del Foro Cívico, con Julio Anguita a la cabeza, es el neoliberalismo pero no el sistema capitalista, no es de extrañar que manifiesten que su “principal reto será intentar llegar al mayor número de personas para hacerlas partícipes de su necesario protagonismo para cambiar con su participación esa orientación capitalista[6]. Y como para estos oportunistas el problema no es el capitalismo, sino la orientación capitalista, el problema se resuelve mediante las elecciones burguesas siendo ellos los que introduzcan la orientación capitalista necesaria, un ‘capitalismo con rostro humano’ por el que se rescate la ‘democracia hurtada por el neoliberalismo’ como contraposición al bipartidismo. “Este sufrimiento, dolor, humillación e indignación obedece a una causa política: la de la Unión Europea y su orientación desde el año 1992 por la socialdemocracia y la derecha europea. El PSOE y el PP, con el apoyo de las derechas nacionalistas, son coautores y responsables de haber trasladado a Europa el Consenso de Washington[7]“(…) hoy las personas quebrarían con su voto al bipartidismo (PP-PSOE), responsable en lo que le toca de esa orientación neoliberal del proyecto europeo, podríamos deducir que se dan condiciones objetivas para que una fuerza política como Izquierda Unida, la única de carácter estatal que denunció las consecuencias antisociales del primer peldaño de la Europa de los Mercaderes, el Tratado de Maastricht, y los sucesivos Tratados, pueda popularizar en mejores condiciones la necesidad de poner fin a la política neoliberal de la UE y el actual Consenso de Bruselas en torno a un Programa Alternativo a defender en las elecciones europeas de 2014[8]. “El FCSM llama a desmontar el sistema político del bipartidismo que sustenta a la corona y abrir un proceso constituyente que entre otras cosas sustraiga el poder al Rey y su Corte de 40 empresarios y la devuelva a la ciudadanía[9]. “El Frente Cívico Somos Mayoría hace un llamamiento a todos los movimientos sociales y políticos para sostener y hacer crecer la participación ciudadana, de manera que se encamine hacia un proceso constituyente[10].

Como se puede comprobar, estos oportunistas socialdemócratas están engañando al Pueblo Trabajador con el único objetivo de salvaguardar a la clase social a la que pertenecen y sirven, la burguesía; así como su sistema económico, convirtiéndose en su chaleco salvavidas. Ahora, cuando la burguesía española está plenamente integrada en los distintos bloques imperialistas económicos y militares, dicen pretender iniciar un proceso constituyente, algo de lo que abjuraron en 1978 lo que entonces era el PCE tragando con la Constitución – Reforma de las Siete Leyes Fundamentales del franquismo – y, consecuentemente, con el Capitalismo monopolista de estado. ¿Pretenden acabar con esto? Evidentemente no, primero porque no es posible dar vuelta atrás de la concentración y el monopolio al capitalismo ascensional, pues el desarrollo de éste dio a luz y produce al capitalismo monopolista; es como pretender hacer que un río, en vez de desembocar en el mar, vuelva hacia atrás a su nacimiento. Esto simplemente es imposible, sobre todo porque los monopolios son más potentes económicamente que los estados – que no son más que sus delegaciones que reciben y cumplen disciplinadamente las órdenes enviadas por las agrupaciones imperialistas mundiales – que están dominados y al servicio de ellos. Pero es que además, no es intención de estos oportunistas socialdemócratas de IU cambiar una coma lo establecido, como ellos mismos reconocen cuando su clase social los saca a pasear en foros de economía donde tranquilizan a los monopolios en momentos previos a las elecciones. Para ello basta leer a Cayo Lara cuando en la campaña electoral de los comicios del 20 de noviembre de 2011 señalaba que “el planteamiento estratégico de IU está contemplado en la Constitución Española (…) Al socialismo o casi al socialismo se puede llegar con la Constitución, ya que los artículos del 128 al 131 hablan de la planificación de la economía, del acceso de los trabajadores a los medios de producción, de que el Estado puede tener una banca pública y nacionalizar empresas[11].

La función del oportunismo de IU-PCE, como de Anguita y su engendro, es el de hacer albergar falsas esperanzas a los trabajadores de poder conquistar la justicia social y conquistar mayores cotas de democracia bajo el manto del capitalismo. Deforman sus conciencias, traicionan y engañan al Pueblo Trabajador opositando para gestionar la dictadura del capital a la par que abren falsas expectativas de solución a los problemas de la mayoría obrera dentro del marco del capitalismo. No dudan, como hemos visto, en hablarnos de combatir el neoliberalismo, de reformas fiscales, de democratizar todo – desde el Banco Central, al sistema financiero pasando por las grandes empresas – y poner más barniz democrático, pero todo ello manteniendo la base capitalista y, consecuentemente, la propiedad privada sobre los medios de producción, ello es sacrosanto.

El marxismo-leninismo responde a estos farsantes y a sus políticas de engaño y traición al proletariado, que sirven de cortafuegos al capitalismo monopolista de estado y a la burguesía, pues ésta y sus esbirros oportunistas, como hemos podido apreciar por gran parte de lo expresado, se ven obligados a recurrir a la hipocresía y denominar ‘poder de todo el pueblo’ o democracia general, o democracia pura (burguesa), a la república democrática, al régimen que en realidad impone a las masas trabajadoras la dictadura de los explotadores, la dictadura de la burguesía (…) Perolos marxistas, los comunistas la desmienten y expresan a los obreros y masas trabajadoras, sin ambages, toda la verdad: en la práctica la república democrática, la Asamblea Constituyente, las elecciones populares, etc., significan la dictadura de la burguesía, y para que el trabajo se libere del yugo del capital no hay otro camino que sustituir esa dictadura por la dictadura del proletariado, única forma de gobierno que podrá emancipar a la humanidad de la esclavitud que le impone el capital, de las mentiras, falsedades e hipocresías de la democracia burguesa que rige para los ricos y brindar democracia para los pobres, es decir, lograr que los obreros y campesinos pobres tengan verdadero acceso a los beneficios que otorga la democracia, mientras que ahora (incluso en la república burguesa más democrática) la enorme mayoría de los trabajadores no puede en la práctica disfrutar de semejantes beneficios [12]. Mientras la base económica sea capitalista, mientras los medios de producción estén en manos de la burguesía, el estado estará en poder de ésta siendo un instrumento de dominación y sometimiento mediante el cual impondrá su yugo, su dictadura contra el proletariado. Ante ello, lo que nos dicen estos filibusteros socialdemócratas tipo Cayo Lara es que el planteamiento de su organización es la Constitución de 1978, o lo que es lo mismo, la base económica capitalista.

El marxismo-leninismo muestra quién es el sujeto para acabar con este sistema de explotación y opresión y señala el camino, tapando toda esa palabrería falsa de los chalecos salvavidas del Capital, con IU a la cabeza, por la que se le oculta a la clase trabajadora la naturaleza de clase de esta guerra en la que está inmersa contra la burguesía, vaciando por completo esa naturaleza clasista del problema; así como les cierra sus sucias bocas oportunistas, siendo tajante en que el problema no se solventa dentro del capitalismo, que no es una orientación capitalista la que falla sino el sistema, desde su raíz, desde su base económica a la superestructura que ésta eleva. “Porque no hay otro medio que la dictadura de la clase oprimida para salir de una sociedad en la que una clase impone su yugo a otra. Porque el proletariado es la única clase capaz de vencer a la burguesía y derribarla, es la única clase que el capitalismo ha unido y ha ‘adiestrado’, y está en condiciones de hacerse seguir, o, por lo menos de ‘neutralizar’ a esa masa de trabajadores vacilantes que viven como pequeñoburgueses. Porque los bondadosos pequeñoburgueses y filisteos son los únicos que pueden soñar esas fantasías con las que engañan a sí mismos y a los obreros: que es posible derribar el yugo del capital sin pasar por una larga y difícil etapa de lucha para aplastar la resistencia de los explotadores (…) el único medio de desbrozar el camino que conduce al socialismo es el de sustituir el Estado burgués, así sea la república burguesa más democrática, por un Estado del tipo de la Comuna de París (sobre el cual Marx tanto habló y que Scheidemann y Kautsky desfiguraron y traicionaron), o por un Estado como el de los soviets. La dictadura del proletariado librará a la humanidad del yugo del capital y de las guerras[13].

Pero la traición de IU y del engendro creado por Julio Anguita para con la clase trabajadora no termina ahí, en desorientarla, en hacerle albergar falsas esperanzas de solución dentro del marco imperialista, en movilizarla en la consecución de objetivos políticos que mantengan intacta la base capitalista. El meollo de la traición se constata cuando ese proceso de desorientación se centra en el objetivo de negar al proletariado como sujeto revolucionario, así como su misión histórica, en el objetivo de malformarle su conciencia de clase, de sembrar el anticomunismo y alejar al Proletariado de su ideología – el marxismo-leninismo – y el de atacar a su alma y su arma más eficaz, el Partido Leninista. Los Julios Anguitas de turno no son más que ‘intelectuales’ prostituidos y rendidos a la causa de la burguesía, piezas importantes en su maquinaria ideológica y antiobrera.

Desde el Partido Comunista Obrero Español denunciamos a estos enemigos de los trabajadores que se han convertido en la tabla de salvación de la clase burguesa y su sistema de explotación. Como la ciencia marxista-leninista señala, únicamente el socialismo como base económica y la dictadura del proletariado como forma de estado, puede resolver los problemas que hoy asolan a la mayoría trabajadora y acabar de raíz con este sistema explotador generador de desigualdad, miseria y violencia. Las condiciones objetivas no sólo están dadas, el desarrollo de las fuerzas productivas es inmenso y el proletariado hoy está lo suficientemente instruido y preparado como para dirigir la producción y desarrollar el socialismo; pero para que esto sea posible, la clase, como tal, debe resolver las cuestiones subjetivas, siendo el Partido la respuesta consecuente con la lucha de clases y el instrumento vital en la lucha de clases que transforme la psicología en conciencia de clase. Por ello, estos enemigos jurados de la clase trabajadora no dudan en desarrollar lucha ideológica creando todo tipo de organización que niegue a la organización leninista, que haga que el trabajador no tenga conciencia de su clase, sembrando en éste desclasamiento, anticomunismo, individualismo y escepticismo. Izquierda Unida o el Frente Cívico de Anguita, movimiento el segundo que no es más que la negación del primero evidenciando la contradicción y el oportunismo de Anguita, son movimientos creados en la dirección de recoger al trabajador con psicología e impedir que adopte conciencia de clase, conciencia revolucionaria, en definitiva, subterfugios cuyo único objetivo es engañar al obrero y alejarlo de su Partido, al que los oportunistas niegan y atacan con la máxima virulencia.

El PCOE, fiel a las enseñanzas del marxismo-leninismo, asevera sin fisura alguna que la única salida que tiene el proletariado y demás clases populares maltratadas por el sistema capitalista, es la construcción del socialismo y con ella el Poder de la mayoría trabajadora, o lo que es lo mismo, la dictadura del proletariado. Para ello, para conseguir que las clases populares, dirigidas por la clase obrera, se emancipen y liberen de las cadenas capitalista, el Partido Comunista Obrero Español está comprometido en el desarrollo y la construcción de instrumentos de poder popular; ya sea en las fábricas y centros de trabajo – unión de los comités de Empresa y Delegados – como en los pueblos y en las ciudades – Asambleas Populares donde la unión de todas ellas converjan en el Frente Único del Pueblo. Ambos, armas del proletariado para luchar contra el capitalismo e instrumentos de intervención política y social de los explotados hoy , pero a la par embriones de los órganos de Poder Popular de la sociedad futura, de la dictadura de los explotados contra los explotadores, que únicamente puede acabar con esta barbarie capitalista que somete y asesina socialmente a millones y millones de obreros, pequeños campesinos, artesanos, y que nos niega tener un presente y un futuro.

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 


 

[1]: VI. Lenin. Obras Escogidas en tres tomos, tomo 1. Imperialismo, Fase Superior del capitalismo, pág. 381. Editorial Progreso. Moscú 1961.

[2]: Ibídem.

[3]: Ibídem.

[4]: Izquierda Unida. Documento Base Conferencia sobre Europa. Págs. 1-2.

[5]: Por la dimisión del Gobierno con Rajoy al Frente y para la apertura de un proceso constituyente. Mesa Estatal Frente Cívico – Somos Mayoría, 20 de julio de 2013.

[6]: Izquierda Unida. Documento Base Conferencia sobre Europa. Pág. 2.

[7]: Ibídem, pág. 8

[8]: Ibídem, pág. 2

[9]: Por la dimisión del Gobierno con Rajoy al Frente y para la apertura de un proceso constituyente. Mesa Estatal Frente Cívico – Somos Mayoría, 20 de julio de 2013.

[10]: Ibídem.

[11]:Al socialismo se puede llegar con la Constitución española“.  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137445

[12]: V.I. Lenin: “Democracia” y Dictadura. Obras Completas, Tomo XXVIII, pág. 368, Ed. Política, La Habana, 1964

[13]: Ibídem, pág. 370-371


 

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La falacia del parlamentarismo

La historia del movimiento obrero mundial ha puesto de relieve la multiplicidad de formas en la lucha política del proletariado: Desde la participación en las elecciones al parlamento, a los ayuntamientos o a otros órganos del Estado hasta las manifestaciones de masas; desde la utilización pacífica de la tribuna parlamentaria hasta la lucha revolucionaria por el poder.

Los comunistas siempre hemos admitido y aceptado esta diversidad de formas. Pero ello no nos ha eximido de decidir, en cada coyuntura política, cuál de estas formas debe ser utilizada como preponderante y cómo organizar las demás formas para apoyar a ésta.

Desde Marx hasta mediados de los cincuenta del siglo pasado, los comunistas utilizaron el parlamento como una tribuna desde la cual proclamaban las reivindicaciones de la clase obrera, sometían a crítica el régimen burgués y se dirigían a las amplias masas. Al mismo tiempo que defendían, frente a los anarquistas, la necesidad de servirse de la lucha parlamentaria, los comunistas denunciaban las ilusiones parlamentarias de los elementos reformistas, conforme a las cuales, las tareas de la transformación socialista podían resolverse por medios parlamentarios.

Pero desde mediados de los cincuenta, y al calor de las llamadas vías pacíficas al socialismo, esta posición fue sustancialmente modificada por la parte euroccidental del movimiento comunista.

Desde entonces ha prevalecido, en esa parte del movimiento comunista internacional, la tesis de que el parlamento, que surgió como instrumento de dominación de la burguesía y de afianzamiento del régimen capitalista, podía utilizarse en el período de crisis general del capitalismo y bajo determinadas condiciones (unión entre socialistas y comunistas, existencia de un poderoso movimiento extraparlamentario y de masa dirigido por el partido de la clase obrera y la intensificación de la lucha por el socialismo y la paz) para resolver las tareas revolucionarias, para llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad. La acción parlamentaria ha constituido en las últimas décadas la forma principal de la lucha política empleada por la parte del movimiento comunista euroccidental. Una forma que sin abandonar su carácter principal, en el curso de los años, ha ido ganando preponderancia respecto a otras, hasta el punto de subordinarlas absolutamente e incluso suprimirlas.

Hoy, la vía parlamentaria constituye el punto de coincidencia estratégica común a todo el movimiento comunista euroccidental con independencia de que algunos de sus partidos componentes se proclamen del socialismo del siglo XXI, marxistas revolucionarios o marxistas-leninistas. La diferencia entre unos y otros consiste en que para los primeros el parlamento burgués ya expresa la voluntad de la mayoría del pueblo, lo cual hace innecesario ningún tipo de dictadura del proletariado, mientras que para los últimos la utilización de la vía parlamentaria en la marcha hacia el socialismo puede conducir a la creación de nuevas formas de la dictadura de la clase obrera, bajo las cuales el parlamento, transformado en el curso de la lucha revolucionaria, sea el portavoz de la mayoría del pueblo.

Por nuestra parte, no negamos la validez que en determinados momentos haya podido tener la lucha parlamentaria para los intereses del proletariado, ni excluimos la diversidad de formas de la lucha política. Sin embargo, existe una diferencia notable entre nosotros y la mayor parte del movimiento comunista euroccidental respecto a la forma principal de lucha política que debemos emplear los comunistas en los países occidentales de Europa.

Estimamos que ni el parlamento burgués -defendido por los exponentes reformistas y revisionistas del movimiento obrero contemporáneo-  expresa la voluntad popular, ni creemos que la vía parlamentaria hacia el socialismo – que defienden los partidos que se reclaman del marxismo-leninismo- pueda conducir a ninguna forma de dictadura del proletariado, en la cual el parlamento pueda transformarse en portavoz del pueblo.

Para el PCOE la utilización de la vía parlamentaria como forma preponderante de la lucha no conduce ni a la dictadura del proletariado ni al socialismo. Esa vía nos conduce al reformismo y a la plena integración en un sistema político que, pese a representar la forma más avanzada del poder burgués, ha llegado al límite de su evolución histórica sin perder su naturaleza clasista y afectada de una profunda crisis que tiene en la realidad del Parlamento su mayor evidencia.

De hecho, la institución parlamentaria que nos presentan hoy como el órgano que expresa la voluntad popular y otros como el órgano que en el curso de la lucha por el socialismo puede transformarse en portavoz de esa voluntad popular, no es más que una “realidad” moribunda que día a día se revela más impotente para evitar la reducción de sus derechos y funciones a la mera formalidad. Una formalidad que se expresa con nitidez meridiana en aquellos países europeos donde el desarrollo capitalista ha alcanzado un alto nivel.

En esos países, entre los que inevitablemente hay que incluir a España, al crecer el área de intervención del Estado en las esferas económica y social, el Gobierno ha ido asumiendo cada vez mayores facultades para dictar normas jurídicas que invaden de forma creciente, campos que en otras fases de la historia del parlamentarismo parecían acotadas por el supremo poder del Parlamento.

Hoy, las opciones en que se expresa realmente el poder político (decisiones de inversión, gestión de servicios, políticas salariales y relaciones internacionales) corresponden al Gobierno y escapan en la mayoría de los casos a la discusión y control del Parlamento. Ese poder real del Gobierno es transferido a la estructura burocrática que se extiende desde la administración estatal hasta la empresa pública.

La burocracia estatal, cada día más cuantiosa, se ha asegurado a escala cada vez más vasta funciones de dirección y control, económica y social. Dispone de unos poderes efectivos de tal envergadura, que precisamente su existencia y actividad dirigente y organizadora tiende a ser el modo más específico de desautorización del Parlamento e incluso, en última instancia, del propio Gobierno.

Por otra parte, y como reconoce cualquier jurista serio, una legislación complicada – cargada de tecnicismos refinados e inasequibles para la mayoría de los ciudadanos y, también, para aquellos parlamentarios que no tengan una sólida formación jurídica -es elaborada y reglamentada por comités de expertos, que atrincherados en órganos de la Administración, ejercen un poder real que escapa a todo control político. Surge así una especie de despotismo tecnocrático que expresa el autoritarismo del Estado burgués y que reduce a la formalidad las funciones controladoras del parlamento. Las manifestaciones más notorias de este fenómeno consisten en el escaso parentesco existente entre los programas generales o la ideología de las fuerzas políticas y el ejercicio real del poder estatal.

Igualmente, las funciones de control del Parlamento sobre el Gobierno son hoy más formales que nunca, como lo ha demostrado la comparecencia última de Rajoy en el senado para dar explicaciones sobre su inocencia o implicación en las corrupciones del PP. Y es así desde el momento en que el Gobierno está compuesto por los miembros del partido que ostenta la mayoría parlamentaria y en esos partidos existe la disciplina del voto.

Por último, la transferencia al plano internacional en proporciones casi absolutas en decisiones económicas y políticas, que en fases anteriores al desarrollo capitalista era competencia de organismo e instituciones nacionales, ha ido acentuándose inevitablemente como consecuencia de la integración mundial del capitalismo, lo cual ha reforzado los nuevos aparatos supranacionales en detrimento de la “soberanía popular” y de su máximo órgano de expresión, el Parlamento.

En tales condiciones consideramos que presentar el Parlamento burgués como el órgano desde donde el pueblo realiza su voluntad política a través de sus representantes electos, es una absoluta falta de rigor, sólo comprensible por razones de cobertura ideológica o por meras necesidades de supervivencia profesional de algunos de nuestros políticos.

La concentración de poderes en el ejecutivo, la omnipotencia de la burocracia estatal y el reforzamiento de los aparatos supranacionales, han limitado las funciones de los parlamentos euroccidentales a la ratificación formal de leyes elaboradas y desarrolladas, en la mayoría de los casos fuera de él, por una burocracia que escapa a su control y que actúa siempre subordinada a las necesidades del capitalismo.

Por todas estas razones el Partido Comunista Obrero Español considera que el Parlamento, que en el curso de la historia no ha podido evitar la reducción paulatina de sus funciones y derechos hasta transformar éstos en puro protocolo, no puede ser, como tampoco antes lo fue, el órgano desde el que se extienda la democracia y mucho menos que ese órgano, de existencia puramente formal, pueda transformarse en un órgano de la dictadura del proletariado, como algunos “marxistas-leninistas” defensores de la vía parlamentaria afirman.

Desde hace muchísimo tiempo hemos escuchado de muchos dirigentes comunistas del occidente europeo que la actividad parlamentaria de los partidos comunistas constituía un poderoso freno a la acción de las fuerzas reaccionarias, a la par, que abría nuevos surcos para la clase obrera en su marcha hacia el socialismo. Pero hoy en 2013, cuando el conjunto de la sociedad eurooccidental está poderosamente influida por las corrientes conservadoras, bien surgidas en los países europeos, bien importadas de los EE.UU, cuando se vigorizan las tendencias abiertamente fascistas en países como Inglaterra, Francia, Italia o la propia España, cuando han desaparecido del horizonte eurooccidental las perspectivas de un próximo acceso al socialismo para algunos de estos países o cuando se ven reducidos los propios márgenes de la democracia burguesa, pese a la acción parlamentaria de los comunistas eurooccidentales, el mensaje de nuestros dirigentes resulta completamente extraño a nuestra realidad.

Para el PCOE, el acceso al socialismo en los países europeos de capitalismo avanzado se producirá como en todos los países donde ha acontecido anteriormente, mediante el surgimiento y desarrollo de una ruptura revolucionaria. Una ruptura revolucionaria orientada a la sustitución del parlamentarismo, como sistema del parlamento, como forma de organización del poder político. Sustituidos por un sistema único de representación popular que abarca todos los órganos de poder, desde los supremos a los locales, unos órganos en los cuales los poderes legislativos y ejecutivos queden concentrados en manos de los representantes del pueblo y que estén dotados de una funcionalidad efectiva.

El Partido Comunista Obrero Español considera que la actividad parlamentaria de los comunistas, no debe constituir el aspecto principal de su lucha. Esa forma de lucha política debe ser relegada a un segundo plano, pero además recuperar su función clásica, la que Marx y Lenin expresaron en multitud de ocasiones, puesto que también para nosotros, la cuestión no es que las movilizaciones de masas faciliten la función reformista, por mucho verbalismo radical que se emplee, de los parlamentarios comunistas. Eso lo hemos hecho durante décadas y nos hemos quedado sin movilizaciones de masas y con raquíticas representaciones parlamentarias limitadas al ejercicio burocrático de la oposición, que en definitiva nada deciden. Para el PCOE, la cuestión es estimular la organización y las movilizaciones de masas (Frente Único del Pueblo – FUP) que algún día tendrá que pasar por encima del parlamento e incluso por encima de algunos de nuestros “camaradas” parlamentarios.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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Comunicado de solidaridad con Evo Morales y el pueblo de Bolivia

El Partido Comunista Obrero Español muestra su más enérgica protesta por el proceder de varios países europeos, entre ellos “España”, que han prohibido al avión procedente de Rusia, en el que viajaba Evo Morales, sobrevolase Francia, Italia, Portugal y España, basándose en que transportaba a Edward Snowden.

Al romper todas las reglas diplomáticas, los gobiernos europeos violan los derechos internacionales, demostrando una vez más su sometimiento lacayuno al imperialismo norteamericano. Por su parte, el gobierno del PP, que se regodea de un patriotismo exacerbado, es un gobierno débil, enfermizo y vendido a las potencias europea y yanqui.

Este gobierno no representa el sentir de nuestro pueblo, que desea unas relaciones internacionales democráticas y en igualdad de condiciones entre todas las naciones. Por el contrario, su odio al pueblo trabajador y a los derechos de los pueblos que componen el estado español preside su reinado, llevándole a caer vilmente en brazos de quien le espía y le impone sus condiciones vejatorias.

El PCOE muestra su solidaridad combatiente con Evo Morales y con el pueblo de Bolivia y hace un llamamiento a los trabajadores y a los pueblos del estado español para que muestren su repulsa al neofascismo gobernante.

¡POR EL SOCIALISMO!

¡POR UNAS RELACIONES INTERNACIONALES DEMOCRÁTICAS!

¡ABAJO LOS IMPERIOS!.

Comisión de Relaciones Exteriores para América Latina

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

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PCOE Sevilla: ¿Cómo actuar?

¿CÓMO DEBE ACTUAR EL COMUNISTA?
En los periodos de declinación del movimiento obrero, como el presente, los trabajadores observan conductas inapropiadas a sus intereses de clase, que llaman la atención del nuevo militante, al menos, le suscita dudas debidas a su desconocimiento teórico o a su falta de práctica. El marxismo-leninismo, ofrece respuestas, tal vez, las que no espera el militante, porque las cuestiones están planteadas como clase y no como individuo, tal como dijera Lenin. Es decir, si queremos conocer el estado actual de la clase obrera, no debemos fijarnos en tal o cual obrero, ni en grupos concretos de obreros. Un individuo desconcienciado, según su estado de ánimo puede adoptar posiciones contradictorias en situaciones distintas, a veces “revolucionarias”, por tanto engañosas. De lo que se deduce que nadie debe esperar que el problema de sus relaciones políticas con su vecino, o con su compañero fulano de tal, vaya a ser resueltas matemáticamente al término de la lectura de este documento. Sin embargo, es probable que adquiera conocimientos suficientes para comprender su psicología y tras sucesivas conversaciones o debates con él obtenga los datos precisos para marcarse una táctica de convencimiento que le ayude a atraer su atención. Ahora bien, pretender llevar a la clase obrera a la revolución por medio de charlas individuales o colectivas de grupitos de obreros (sin desdeñarlas) es aplazar la revolución eternamente. 
Previamente, es necesario y fundamental el estudio de principios elementales del marxismo-leninismo, como es la relación entre bases económicas y superestructuras, estudiando y preparando los clásicos del marxismo-leninismo principales así como otras figuras relevantes(Marx, Engels, Lenin, Stalin, Dimitrov, Hoxha, José Díaz, etc.) para su debate en las células. A la vez, conviene saber qué es el pensamiento y cómo surge, que también se hallan en los citados documentos. Y por último, le ayudará bastante entender la relación que existe entre psicología y conciencia, expuesta como no podía ser de otro modo en las obras que citamos.
 
No obstante, conviene recordar antes de comenzar que la conciencia en el mundo es producto de la materia altamente organizada en movimiento (hombre). Este principio es válido para la toma de la conciencia de clase, solo alcanzable como clase, cuando los obreros están en movimiento.
 
Puede darse el dato de que al hablar con un compañero de trabajo una y otra vez, no podamos convencerle y por este motivo desesperemos, o lo que es peor, le cataloguemos como reaccionario; en cambio, es muy posible que su comportamiento después de varias asambleas varíe sustancialmente, en ellas deja de ser individuo para convertirse en clase. Luego, secundará la huelga, se enfrentará a la patronal que le enseñará los dientes y si el conflicto se encona pueden hacer acto de presencia las fuerzas represivas. Si el dirigente es capaz de utilizar todos estos movimientos extraordinarios para descubrirle las maldades del Estado y del capitalismo(no quedándose en la mera lucha economicista) que él mismo comprueba en la práctica, es casi seguro que habremos ganado un compañero para la revolución. Lo que mil charlas no han conseguido, lo ha logrado el movimiento. De todas formas, las conversaciones han ido calando en el compañero; aunque éste demuestre lo contrario. Tal vez, nuestras enseñanzas sin movimiento les son dadas como un mundo muy lejano y por consiguiente utópico, por lo que se aferra a su realidad para no verse envuelto en lo que él valora como extrañas y peligrosas aventuras. Lo que sucede es que con el movimiento de la sociedad, el mundo teórico que le describíamos se ha tornado en una cruda realidad, que él ha tenido la ocasión de afrontarla colectivamente con sus compañeros obteniendo una pequeña victoria. La unidad ya es posible en su cabeza, el triunfo también y algo más, como es nuevo, su incomprensión le llevará a las mismas dudas del militante novato y considerará reaccionario a aquellos compañeros que no han secundado la huelga o no asisten a las asambleas. Todo es un proceso.
EL ASALARIADO, PRODUCTO BURGUÉS
 
El obrero industrial nace en el sistema de producción capitalista es su producto genuino, como tal pertenece a este mundo en donde gobierna la propiedad privada sobre los medios de producción. A una tal forma de propiedad corresponde un sistema determinado de vida (el burgués). Su ilusión reflejo de la realidad que vive, es ser un burgués de verdad, ganar dinero y tener todo cuanto aparentemente puede lograr, pero nunca lo conseguirá y toda su vida estará guiada por el anhelo de “individualizarse” constituir su empresa y si no puede por problemas económicos, esperar ese golpe de suerte de un sorteo multimillonario. ¿En qué otra cosa puede pensar? ¿Qué otro mundo existe para él si no hay nadie que se lo muestre? Pensemos durante un instante si un bebé es abandonado en la jungla y algún animal, lo amamanta y consigue crecer. Es evidente, que solo tendrá de humano su aspecto, pero su pensamiento y conducta corresponden al ambiente en el que se ha criado. Jugará y se peleará con sus hermanos de leche, respetará a su madre adoptiva, aguantará estoicamente sus reprimendas, al igual que hacen sus otros hermanos, cazará al estilo de su nueva especie, pero él no puede ni siquiera imaginarse que existe otro mundo al que él debe pertenecer. Tendrá que venir un semejante suyo y después de un largo período de enseñanza, hablará, pensará de otra forma y podrá iniciar su vida humana. 
 
Del mismo modo sucede con la conciencia de clase. El obrero piensa y obra como un trasunto burgués, tendrá que venir otro obrero que se ha reencontrado con su verdadera naturaleza y con paciente pedagogía lo deberá adiestrar para arrancarlo de su mundo discordante.
A pesar de que en términos generales el obrero piensa como un burgués, no es correcto opinar que el discurrir de todos los obreros es idéntico cien por cien. En la conducta del individuo, en su forma de cavilar intervienen muchos factores, el primero las estructuras económicas, como hemos visto, después dependerá del lugar que ocupe en el proceso de producción, es decir, según a la clase a la que pertenece, al estrato que ocupa dentro de esta clase, a la educación recibida, al ambiente social en donde se desenvuelve, al entorno familiar etc. Pues aunque todos estos elementos son también productos del sistema de producción burgués, no obstante, intervienen con matices y contradicciones para acentuar o atenuar sus prejuicios burgueses.
El marxismo explica que mientras las fuerzas productivas conectan con las relaciones de producción dadas, la sociedad progresa armónicamente, pero cuando las fuerzas productivas se desarrollan mas allá de determinados límites, entran en colisión con las relaciones de producción y maduran las condiciones para la revolución.
Trasplantemos la teoría a la práctica. La pequeña empresa brota de las entrañas del capitalismo sin más, el sistema la está reproduciendo constantemente. Pero la pequeña empresa representa unas fuerzas productivas poco avanzadas, por consiguiente, y siguiendo la doctrina marxista, no se dan las condiciones para la revolución o para sustituir la sociedad. ¿Por qué? ¿Qué es lo que se refleja en la mente del obrero?
Imaginemos un pequeño taller del metal en el que para fabricar una pieza intervienen una pequeñísima división del trabajo: un tornero, un fresador y un peón. Es evidente que el patrón está interesado en que sus tres operarios conozcan perfectamente los tres tipos de trabajo, pues la ausencia de uno de ellos por enfermedad ocasionaría un grave trastorno en la producción. Una vez que los tres trabajadores han adquirido determinado nivel de destreza en cada uno de los puestos de trabajo existente, llegan a pensar que ellos por separado podrían dirigir una empresa igual. Jamás se plantearán la revolución porque su patrón le pague con un salario exiguo. Su realidad objetiva, la que se refleja en su conciencia, no le proporciona otro tipo de reflexión. Su universo es su pequeña empresa.
Son miles, millones los casos de fragmentación de la pequeña empresa porque sus empleados se independizan y establecen su propia entidad. En Alcalá de Guadaíra, existió una empresa denominada “HIDRASUR” que es el fruto de una división anterior, pero a la vez es el origen de sucesivas divisiones (APHISA, Tubo Rápido, Desarrollo Oleohidráulico, M.A. Componentes, SOINTEG) En HIDRASUR la empresa primaria tenía cinco trabajadores.
Como es de suponer y debido a que en el Estado español hay miles de pequeñas empresas, la gestión revolucionaria es mucho más dificultosa. No obstante, la nueva configuración del capitalismo arrastra a un buen porcentaje de estas pequeñas empresas a una modalidad productiva distinta de la que hemos citado.
La gran empresa representa ya el desarrollo ulterior del capitalismo y el avance de las fuerzas productivas. La división del trabajo es bastante amplia, por lo que en la mente individualizada de un trabajador no se refleja la posibilidad, ni siquiera remota de poder montar una empresa de esa índole. Se necesita mucho dinero, una dirección, gestión y control de la producción que él solo no puede abarcar. Y mientras que en la pequeña, el patrón no necesita ninguna titulación, pues su destreza la adquirió con la práctica y además él suele formar parte como un trabajador más en el proceso productivo, en las grandes empresas se necesitan ya especialistas y profesionales provenientes de las universidades. El patrón no tiene cabida en el proceso de producción, más que como director (a veces como titulo honorífico o formalista, mas que práctico) o accionista.
 
Resulta obvio, que el carácter burgués del trabajador de estas empresas pierde fuerzas con respecto al de la pequeña empresa. Su pensamiento burgués engendrado desde su nacimiento por vivir en la sociedad capitalista entra en contradicción con la realidad que le circunda en su universo-trabajo. Pero hay que descubrirle esa realidad.
 
Los trabajadores de la gran empresa están más propensos a acceder a la conciencia de clase, pero tendrá que ser en movimiento. La discusión del convenio colectivo, una huelga, descubren que incluso los interlocutores de la empresa, son meros trabajadores con determinada cualificación, el patrón no aparece. La explotación aflora más clara, pero también es mayor la posibilidad de un cambio de sociedad. Los trabajadores saben, si lo piensan que de no existir el patrón, la plantilla es capaz de salir hacia delante. Los comerciales, economistas, abogados, administrativos, técnicos, obreros profesionales y obreros no cualificados, son todos trabajadores a sueldos. Pero repetimos, tiene que estar el Partido que le descubra todas sus posibilidades, superando la mera lucha económica, dando la batalla en el terreno de la ideología y la lucha política.
Hace unos años estas empresas se las consideraba grande por el volumen de sus plantillas, cientos o miles de trabajadores las cubrían. En la actualidad no es necesario, pues la tecnología que forma parte de las fuerzas productivas, está muy desarrollada. Centros de trabajo con 50 ó 100 trabajadores pueden hoy desarrollar muchas mas cantidad de productos que antiguamente miles de operarios.
Por otro lado, un número considerable de pequeñas empresas se han convertido en contratas, subcontratas o auxiliares, de esta manera su supervivencia está supeditada a la gran empresa. En este caso, las posibilidades de que un trabajador se independice para constituir una sociedad de está índole es mucho menor, ya no depende de sí mismo. Esta circunstancia también se refleja en su conciencia.
Con nuestra exposición hasta ahora, queremos demostrar que el obrero, imbuido en la sociedad que le ha tocado vivir, se encuentra atrapado por el modo de vida burgués. Pero constatamos que dependiendo del lugar que ocupa en el proceso de producción, la influencia burguesa es mayor o menor, sin que de ningún modo por el hecho de ocupar un puesto de asalariado, por su mente pase la necesidad de transformar la sociedad por influencia directa de la posición que ocupa.
EL OPORTUNISMO DE DERECHA
 
Con el término genérico de oportunismo de derecha se conoce al reformismo de derecha dentro del movimiento obrero, corriente desviacionista, que constituye junto con la propaganda burguesa los elementos más dinámicos en la malformación de la conciencia política de los trabajadores. Es decir, a la influencia natural de la vida burguesa hay que añadir el trabajo de zapa del oportunismo, que consiste en mantener a los trabajadores bajo el dominio de la ideología capitalista. Por consiguiente, el obrero, sin recibir aún un mínimo aliento de clase, es atacado por todos los flancos posibles con nociones y propuestas contrarias a su interés de clase. Durante años, antes de encontrarse con un leninista su mente es golpeada sin escrúpulos por sus enemigos durante las 24 horas del día. Esta circunstancia importantísima debe presidir nuestra memoria cuando entablamos conversación con un compañero y especialmente en el momento de juzgarlo.
           
Históricamente el oportunismo nace como consecuencia del desarrollo pacifico (relativamente) del capitalismo después del 1871. La burguesía apoyándose en su expansión económica y en el dominio de las colonias, crea en el seno de la clase obrera grupos privilegiados económicamente conocidos como “aristocracia obrera” con vistas a conseguir dos objetivos muy importantes para ella: 1.- La división de los trabajadores. 2. conseguir la paz social en la retaguardia y así lanzarse en las mejores condiciones a las conquistas de nuevas áreas de influencias.
          
Otro elemento perturbador de la conciencia obrera fue la proletarización de la pequeña burguesía. El desarrollo del capitalismo hacia su forma monopolista produjo la ruina en masas de la pequeña burguesía que tuvo que proletarizarse y trabajar en centros de trabajo ajenos como obreros, pero manteniendo su pensamiento burgués, pues su ilusión consistía en recuperar su pasado (hacerse empresario de nuevo). En este sentido introducía su ideología en el seno del movimiento obrero: el socialismo pequeño burgués.
            
Los ideólogos marxistas con la nueva fisonomía de la clase obrera y su complicado pensamiento en sus manos, lo tradujeron erróneamente y se adentraron en el terreno de la revisión de los análisis y sus conclusiones, consiguiendo la desviación del movimiento obrero.
 
En la actualidad, aristocracia obrera y proletarización de la pequeña burguesía continúan, aún con mayor número y fuerza contribuyendo a divulgar la ideología capitalista en la clase obrera. La aristocracia obrera se materializa en las direcciones de las centrales sindicales y en elementos pertenecientes a los comités de empresas, patrocinados directa o indirectamente por los empresarios y otros grupos de obreros “mejor pagados” que frenan o interceptan la posibilidad de conflictos en las fábricas. Por su parte, la proletarización de la pequeña burguesía es muy constante, según fuentes oficiales, la media de vida de la pequeña empresa en nuestro país es de cinco años.
 
El oportunismo de derecha es una de las corrientes antimarxistas más peligrosa. La historia nos demuestra que es impensable reconducir el movimiento obrero por el camino de la conciencia, sin antes vencer al oportunismo. Desde tiempos de Lenin y como esencia leninista los partidos revolucionarios llevan a cabo una sistemática denuncia del oportunismo desde el interior de la clase obrera. Es decir, o se combate al oportunismo, o se está al lado de él, de la burguesía, no existe ningún camino de por medio. 
EL MILITANTE COMUNISTA

 No existe un código de conducta que recoja cada instante de la vida de un militante comunista, menos aún para consultar la solución de los problemas que se le presenta diariamente, pero sabedor de la psicología obrera y preparado en cuestiones elementales, como son el manejo de la plusvalía, las falsas relaciones entre inflación y desempleo, entre salario e inflación tendremos mucho terreno ganado. No hay que olvidar que el obrero normal, con el perdón del símil, es un “papagayo” que repite las mismas teorías que su patrón, incluso con sus mismas palabras, que son difundidas muy frecuentemente por los medios de comunicación.

          
Pongamos un ejemplo en base a la lucha económica, que no crea por sí la conciencia de clase pero que sin embargo es necesaria. Tomemos por ejemplo las discusiones de los convenios colectivos, los representantes de la empresa suelen utilizar las mismas sentencias, aquellas que los reformistas necesitan para justificar su traición y con las que pueden convencer a los trabajadores en una asamblea. Por ejemplo; a una petición de subida salarial, la empresa opone aquello de que si suben los salarios, más de lo que ellos están dispuestos a dar, encarecerá el producto y consiguientemente estará en desventaja en el mercado que resulta muy competitivo y en este caso perderá clientes. Al final se concluye que la empresa puede cerrar y la culpa es del trabajador.
           
Si el comunista está en la mesa deliberadora y conoce la relación entre el salario y la inflación, debe exponerla con suma claridad, cortará el argumento de la empresa y la obligará a imponer su criterio por las bravas, pero no con razonamientos. No es lo mismo transmitir en la asamblea que el patrón no sube el salario porque no le da la gana, que decir, porque pierde competitividad por encarecer el producto, que es una teoría que cala en la mayoría de los trabajadores por ignorancia y porque es lo que escucha normalmente y que lógicamente utiliza el reformista para ir convenciendo a la asamblea.
           
Si el comunista no está en el comité y los reformistas exponen la teoría de la empresa en la asamblea sin dar respuesta contraria y sin explicar el engaño a los trabadores con el propósito de que estos vayan rebajando sus peticiones, entonces pedirá la palabra y la explicará él desenmascarando a la empresa y a los reformistas por callar ante el engaño.
           
A continuación exponemos lo que dice el partido al respecto en su tesis programática; aunque es un poco largo, es necesario para alcanzar el objetivo de este documento:
 
  “La teoría que explica la inflación como consecuencia directa del aumento de los salarios (es decir, que el incremento de éstos es la causa del alza de los precios y, por lo tanto, nadie se beneficia de ello, pues en fin de cuentas hace descender el nivel de vida del pueblo trabajador) es un truco de ideólogos burgueses y reformistas.
 
  Este truco persigue, de un lado, convencer a los obreros de que han de ser “moderados” en sus reivindicaciones y deben aceptar resignadamente una política de rentas que congela sus salarios e impone el pacto social con los empresarios para hacer frente a la inflación; de otro lado, movilizar contra los obreros las llamadas clases medias, a la pequeña y media burguesía, a las “clases pasivas”, a los pequeños rentistas, etc. para sembrar la confusión y la división entre las masas populares frente a su enemigo principal.: el capital monopolista, verdadero generador de la inflación.
Conviene recordar a este respecto que la afirmación de que el aumento de salarios lleva consigo el alza de los precios –y por consiguiente, liquida automáticamente aquella mejora- tiene una historia tan antigua como la lucha organizada de los obreros por sus reivindicaciones inmediatas.
Carlos Marx denunció ya en su tiempo la falsedad de tal afirmación, esgrimiendo la teoría del valor. Mostró inequívocamente que el aumento del salario lleva a una redistribución del valor entre el capitalista y el obrero, o sea, a un aumento de la parte correspondiente al obrero y a una disminución de la correspondiente al capitalista. Como se sabe, el valor de la fuerza de trabajo es siempre inferior al nuevo valor creado por el trabajo del obrero. El capitalista paga como salario solo una parte de la jornada laboral –el tiempo de trabajo necesario- y se apropia la mayor parte del fruto del trabajo del obrero.
 
 De ahí que la inflación no sea la resultante del incremento de los salarios, sino consecuencia de la depreciación del dinero al acrecentarse la masa monetaria. Es del dominio público que si el crecimiento de la masa monetaria compensa el aumento del producto Nacional Bruto (PNB), tal incremento no es inflacionario. Eso es lo que determina el valor real del dinero.
Los salarios y los precios son independientes, aunque es cierto que existe un determinado grado de dependencia entre ellos; por ejemplo, las alteraciones de los precios influyen en el valor de las mercancías que adquieren los trabajadores y, por tanto, cambia la expresión en dinero de la fuerza de trabajo, incluso cuando el valor real sigue siendo el mismo. En consecuencia, si existe entre ambos una dependencia, son los precios justamente los que influyen en los salarios, y no a la inversa.
Esta es la razón de la escala móvil de salarios y de las oscilaciones del mínimo vital y de las tarifas salariales en dependencia de la progresión constante de los precios; pero, incluso, si la cláusula de la escala móvil de salarios se establece en todo contrato de trabajo o convenio colectivo, los salarios irán siempre, de manera inevitable, en retraso respecto a los cambios que se produzcan en el ritmo de crecimiento de los precios, retraso que en la mayoría de los casos puede llegar a varios meses y hasta un año, es decir, mientras dura la negociación entre obreros y patronos.”
 
                La teoría del valor y la de la plusvalía nos salvarán de casi todas las situaciones individuales y colectivas. Por ejemplo, cuando un obrero extraviado nos responde que el capitalista también trabaja, naturalmente puede referirse a la pequeña empresa, es conveniente decirle que es justo que se lleve un salario, incluso es posible que mayor que el del trabajador según su labor, pero nunca puede llevarse la plusvalía que pertenece al trabajador. Por tanto morirá como empresario. En este momento se le explica de manera sencilla la plusvalía y el compañero quedará, sin duda, complacido.
 
La preparación es la numero uno de las necesidades del comunista. No hace falta ser Lenin, solo manejar lo básico y obtendremos ventajas sobre todos los trabajadores, que jamás han escuchado nuestras teorías, como explicamos al principio del documento.
        
Otra cuestión muy importante, es que el trabajador a pesar de rechazar (de boca) a los políticos, en el fondo considera que estos saben más que nadie en economía y política. Por ejemplo, la tesis que manejó en la anterior legislatura el Presidente de la Junta de Andalucía para justificar las subvenciones a los Patronos en esta época de crisis, fue la siguiente: “Lo publico se sostiene fundamentalmente del sector privado, gracias a ello, se pueden construir escuelas, ambulatorios, carreteras, etc. Es lógico que en la situación actual en el que existe superávit en lo público ayudemos al sector privado para que se rehaga y de resultas puedan contratar a trabajadores y todos saldremos beneficiados”
 
 El hecho es bien sencillo, un trabajador sabe que el patrón “abona” Seguridad Social por tenerlo empleado y su cuota por beneficios “a fondo perdido”, mientras que él lo que paga se lo lleva bien a través del desempleo o durante su jubilación ¿Qué puede decir un trabajador al respecto? Lógicamente que es verdad, que si se le da dinero a las empresas privadas éstas estarán en condiciones de contratar a más trabajadores. Y por otra vertiente, puede ver que es justo, que las pensiones han de ser reformadas puesto que hay mas viejos que jóvenes y estos no podrán soportar tanta carga.
 
El comunista tiene que provocar el debate, aquí vale lo particular y lo colectivo, para demostrar a través de la teoría de la plusvalía que todo es falso, así demostrará su sabiduría y aunque sus interlocutores no le den la razón, esa conversación saldrá más a menudo, señal inequívoca de que les ha dado que meditar. Repetimos que será la primera vez que los compañeros escucharán una refutación como la nuestra. Pero no debemos hablar como profesores pedantes que tratan al de enfrente como un alumno ignorante, sino con el máximo calor, como obrero mosqueado por la injusticia y exponiendo ejemplos y situaciones extremas, para demostrar que sentimos lo que afirmamos. 
 
Habrá que decirle, que todo el dinero es producido por el mismo método, por el trabajo del obrero, no solo la parte que éste paga al Estado, sino también la que corresponde al patrón, además de que en procesos anteriores le ha pagado al patrón sus máquinas, sus naves, es decir, todo lo que es dinero. Por tanto el Producto Interior Bruto es el conjunto de todas las plusvalías generada por el obrero, después, se reparte con distintos nombres. Una parte irá a parar a la Corona, otra a los ministerios, a las fuerzas armadas, a las distintas policías, a los jueces, a todos los funcionarios, partidos políticos, parlamentarios, a los subvenciones de las empresas, a la iglesia, es decir a todo el mundo, y una parte para la seguridad social del propio obrero ¿Cómo entonces puede cuestionarse solo la seguridad social de los obreros? ¿Acaso hay pocos obreros jóvenes para mantener a los jubilados, pero suficientes para mantener a todos los ociosos? Es decir sobre las espaldas del trabajado caerá todo el soporte de los supersueldos de los parásitos y estos se mantendrán a toda costa; en cambio, el obrero tendrá que trabajar más si quiere tener una mala vejez. Mayor desvergüenza imposible. Estamos seguros que explicándoselo bien a los compañeros estos lo entenderán y se enrabiarán.
 
La cuestión es que el comunista debe hablar con seguridad y siempre a la ofensiva, pues tiene por fortuna, y por la criminalidad del sistema todos los argumentos a su favor, cualesquiera que sean las discusiones, individuales o colectivas.
 
En la individual, es muy probable que nuestro interlocutor para “salirse con la suya”, o bien, por simple influencia de la propaganda burguesa, cuando le hablemos intentará tirar por la tangente, hablando mal de Cuba, de tal o cual cosa que allí sucede, o de la “dictadura” soviética, de que el comunismo produjo 100 millones de muertos(cifra acientífica y delirante dada por el inefable Stephane Courtuois en su libelo, cuya cifra se repita como mantra y aumenta a medida que se desarrolla la crisis capitalista) etc. Es su manera de demostrarnos que estamos equivocados o mal informados y además es la forma de zafarse de cualquier compromiso. En este caso, es bien sencillo devolverle la pelota. El comunista debe conocer muchos datos que afectan a los trabajadores. Y aquél que mejor crea puede hacer reflexionar al compañero porque le afecte directamente, nos servirá. Se le pregunta si sabe que en nuestro país se da tal situación (se le da el dato inapelable y cruel) el dirá que no, entonces ya estará en nuestras en manos, porque lo inmediato es decirle que ¿cómo es posible que conozca lo que sucede en países que están a miles de kilómetros de distancia y no sepa lo que le ocurre a su vecino? ¿Por qué de lo ajeno nos dan explicaciones pormenorizadas y de lo propio casi lo ignoran o nos mienten? Es evidente –le diremos- que eres un objeto en manos de los que te explotan que son los mismos que te informan de lo de Cuba y te desinforman o te ocultan lo que ocurre aquí. Si te mienten en lo de aquí, lo más probable es que te mientan sobre lo lejos, para que tu no aspires a los cambios que allí se operan.
 
Aunque los ejemplos no deben tomarse al pie de la letra pueden, sin embargo, darnos la idea de que el fallo no está en los compañeros por su ignorancia sino en nosotros por no saberlos traer a nuestro terreno. Resulta paradójico, inconcebible que un trabajador ignorante, influenciado por la burguesía nos gane una discusión, sabiendo nosotros que no lleva la razón.
LOS COMUNISTAS EN LOS CENTROS DE TRABAJO
 
La mejor arma que atesora un comunista es su seguridad sobre sí mismo, cualidad que le concede total libertad de acción. Lo primero que debe hacer el militante es ejercitarse mentalmente y pensar que los dirigentes de nuestro lugar de trabajo son compañeros equivocados por todo lo que hemos expuesto anteriormente. Su influencia sobre los demás compañeros es total y les conducen por el camino que le marca la burguesía y los reformistas. El comunista sabe más que ellos y está dispuesto a demostrárselo en cualquier lugar, en reuniones, asambleas, etc. Si adquiere esta mentalidad lo tiene todo más fácil, comienza con un 70% de posibilidades de triunfar y debe buscar la confrontación pública con ellos. Pues debe pensar que rebatirlo en una asamblea, obtendrá mucho mayor éxito de cara a los trabajadores que a través de cientos de charlas particulares. Los trabajadores no quieren parlanchines de salón (que es en lo que nos convertiremos, si solo nos dedicamos a debates particulares) sino dirigentes osados, capaces de defenderlos públicamente.
 
El comunista tiene la obligación de buscar la asamblea por todos los medios, pedírsela al comité (tanto si él es miembro del mismo como si no) si el comité no la concede, puede y debe informar a los trabajadores por medio de un boletín o de octavillas (la propaganda tiene que ser constante) argumentando que el Comité se niega porque obra con la mentira y no quiere que se le descubra, es decir, el comunista tiene que ser bolchevique, o no es nada.
 
a Asamblea es la herramienta para la acción, en ella se genera el movimiento que proporcionará a los trabajadores la conciencia de clase. Por esta razón, tenemos que promocionarla, prodigarla, exigirla y prepararnos para hablar en ellas. De todas formas, cabe decir que las asambleas son herramientas para el movimiento si las dirigen los marxistas-leninistas, en caso contrario, se transforma en el instrumento para deslizar a través de ella hacia todos los trabajadores los deseos de la patronal y del gobierno.
¿Cómo triunfa un comunista en las Asambleas? Sabemos que los reformistas, la patronal y el ambiente que se respira son hostiles para que a los trabajadores se les hable de política, pero si no se les habla de política, nunca adquirirán conciencia. En este supuesto pasaremos a la ofensiva.
Cuando el comité reformista postule en la Asamblea, el comunista lo denunciará por hablar de política, pero de política antiobrera y demostrará que es la política que conviene al empresario y le opondrá en el discurso su posición comunista al respecto. No esperará a hablar primero y que ellos le tachen de político, con lo cual pretenden evitar la reflexión de la asamblea. Siempre iremos a la ofensiva, es la mejor manera de ganar.
Hay camaradas que se preguntan, cuándo hay que hablar en términos sindicales, ideológicos o políticos. El militante comunista tiene un solo discurso y las tres entidades están interrelacionadas.
 
Debemos pedir por un lado la unidad sindical en una sola Central, de clase y vinculada a la FSM(Federación Sindical Mundial) pero además pedimos la unidad de los trabajadores con las asociaciones de vecinos, las organizaciones estudiantiles y profesionales, propugnando la unión de los comités y delegados( que ya existen, y no los crea el Partido artificialmente) en las ACDT, que superan el ámbito sindical y exigimos medidas transformadoras para cambiar el sistema (ideología y política)
 
Los comunistas tenemos siempre el mismo discurso y no lo tenemos que variar dependiendo si estamos en el sindicato o en una asamblea de centro de trabajo, es siempre el mismo y en torno a tres ejes: ideológico, político y económico.
¿Acaso no es el sindicato la escuela de comunistas? ¿No es bueno que en la Asamblea de un centro de trabajo, denunciemos a los trabajadores la política del gobierno respecto de la crisis, en el sentido de que subvenciona a las empresas culpables de la misma, con el dinero que nosotros generamos y se está cuestionando nuestra jubilación? ¿Qué es esto sindical o político? ¿Es malo acaso, decir en la misma asamblea, que nuestro comité debe estar en la ACDT, en donde se reunirá con otros comités y organizaciones populares para luchar contra éste y otros problemas? O ¿Acaso es perjudicial para el comunista y para los trabajadores, decir en una asamblea de Trabajadores que el paro que nos acecha también a nosotros, es como consecuencia de que nuestras tierras, fábricas, minas y campos están en manos privadas que miran por su egoísmo y que si hacemos uso de esas nuestras riquezas de manera racional, creando empresas en relación con las materias primas que en ellas se producen no habría paro? ¿Puede un comunista callar, y no decir lo que exponemos arriba, cuando el reformismo y la empresa frenan nuestras reivindicaciones sindicales por culpa de la existencia del paro? ¿Entonces, como creamos conciencia? ¿Es perjudicial que algún trabajador diga que el que habla así es comunista?
 
Que en el sindicato, que en los barrios y que en nuestro lugar del trabajo, nos conozcan como comunistas, no es un hándicap, es buenísimo y ese debe ser la meta que debemos desarrollar. Pero, lo que no puede jamás el militante comunista, que es eso antes que nada, un militante comunista, es ocultarse ni prescindir de su militancia. Hay que considerar que la lucha se libra entre reformistas, empresarios y gobiernos, por anular al partido leninista. Esa es la razón para que inculquen entre los trabajadores que la política es tabú, con el propósito de no dar pie a que los leninistas puedan tener acceso a la clase obrera y nosotros estamos obligados a romper con dicho impedimento. El patrón hablará siempre como un patrón, con política burguesa, el reformista hablará siempre como un reformista, con política burguesa, ¿Por qué razón, entonces, debemos nosotros los que portamos la verdad y la justicia, ocultarnos? Esto significaría contribuir con nuestros enemigos en la despolitización de los obreros, osea, en malformar su conciencia dejando que la ideología burguesa les aprisione.
 
En resumida cuenta, al burgués y al reformismo se le contrarresta con arrojo comunista. Nuestros camaradas en su centro de trabajo deben arrinconar a los comités exigiéndoles una y otra vez que se unan en torno a la ACDT, que reciban a la comisión de ésta y a la par, informar a los trabajadores de qué es la ACDT y de la necesidad de que su comité se adhiera, pidiéndole a sus compañeros que se lo exijan al comité.
 
El gobierno, la patronal y el reformismo cuando quieren algo, lo buscan y lo exigen, ¿por qué nosotros llevando razón no actuamos igual, si esa ha sido la manera de conducirse de los auténticos comunistas? No basta con tener una política y unas tácticas justas, si no la defendemos como comunistas.
 

Comité Provincial del PCOE en Sevilla




Participación del Partido Comunista Obrero Español en el 22º Seminario Comunista Internacional

A continuación transcribimos la intervención de nuestro Secretario General el 2 de junio en el 22º Seminario Comunista Internacional 2013 celebrado en Bruselas y que en esta edición versaba sobre Los ataques contra los derechos democráticos y las libertades en la crisis capitalista mundial. Estrategias y acciones de respuesta” :

En primer lugar, en nombre del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español agradecemos al Partido del Trabajo de Bélgica la invitación cursada a nuestro Partido para participar en este Seminario, así como la posibilidad de expresarnos en esta tribuna.

Camaradas, la primera apreciación que debemos hacer es la de ubicar el concepto de democracia en su justo término, añadiéndole la condición de clase que determina quién impone su dictado. La democracia burguesa, en su versión más acabada, la república democrática, es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo. Por otro lado, la historia nos ha demostrado la falsedad de que profundizando en la democracia burguesa se puede alcanzar el socialismo – bandera enarbolada por el oportunismo – sino todo lo contrario, cada vez se acrecenta más la reacción tendiendo al fascismo, como se puede comprobar en múltiples países europeos hoy. Y es que bajo el capitalismo y su democracia burguesa las libertades y derechos reales únicamente existen para los burgueses, no así para las clases laboriosas, para los que éstos son meras declaraciones de intenciones sin efectividad alguna.

La contribución de la crisis sistémica del capitalismo ha sido la de dejar caer todas las máscaras que aún quedaban en pie y mostrar su verdadera faz criminal. También ha acentuado todas sus contradicciones que, objetivamente, nos llevan al umbral del socialismo, tal y como nos enseña la ciencia marxista-leninista, de tal modo que:

  1. La soberanía nacional es arrasada; siendo dirigido el mundo por agrupaciones imperialistas supranacionales, convirtiéndose los estados-nación en delegaciones lacayunas al servicio de los monopolios.

  1. El aparato de los estados burgueses es reajustado para ser adaptado a las necesidades de los monopolios, de tal manera que se produce una centralización del estado. En el estado español se va a producir una reducción de la Administración Local que, según estiman los sindicatos de funcionarios, destruirán entre 100.000 y 115.000 empleos; se van a suprimir municipalidades, mancomunidades, Diputaciones, estando también en los planes de la burguesía la eliminación de la mitad de los diputados autonómicos, cuando no la supresión de las autonomías.

  1. Las medidas adoptadas para resolver la crisis por parte de los capitalistas – conducentes a redistribuir la riqueza a su favor sobreexplotando y empobreciendo a la clase trabajadora- sienta las bases para acrecentar las dimensiones de la crisis en lugar de aminorarlas.

  1. La lucha por los mercados emergentes de venta y las materias primas, unida al pinchazo de la de la burbuja especulativa y a la acumulación ingente de capital, conlleva la necesidad de ajustes que, por un lado, allanen el camino a los monopolios de la exportación de capitales – fundamentalmente a América Latina, el Magreb y Asia – y por otro les facilite destruir fuerzas productivas y reducir violentamente la producción para adecuarlas a la demanda solvente del país; acrecentándose el paro y, con él, caen en picado los salarios y se precariza el empleo; depauperándose las condiciones de vida del proletariado.

Mientras el Estado no duda en sacar a flote a los Bancos y grandes Empresas, lleva a la ruina a la pequeña empresa y a la clase trabajadora – que es quien paga la crisis. Y mientras los ricos son cada día más ricos gracias al estado burgués y su democracia burguesa, las leyes realizadas contra los obreros, alentadas con la excusa de combatir la crisis que la misma burguesía provoca, llevan a los trabajadores del estado español a la siguiente realidad: Seis millones de parados; un 56,6% de paro juvenil, recortes en sanidad y en educación, donde la tasa de fracaso escolar supera el 33%; un millón 800 mil hogares obreros sin ingreso alguno; el 40% de los españoles sufre estrés; 3.285 trabajadores se suicidan en España cada año a razón de 9 por día e intentan suicidarse 87.600 a razón de 240 por día; se producen 180.000 desahucios al año a razón de 494 al día; el 30,6% de los menores de edad están expuestos a riesgos de pobreza extrema y exclusión social; pensiones de miseria -siendo la pensión media en España de 787,64 euros/mes y estando el 29% de las mismas por debajo de los 600 euros/mes y el 81,86% por debajo de los mil euros -, tasa de pobreza del 21,8% de la población y de desempleo por encima del 26%, etcétera.

Si las necesidades y los derechos básicos en el estado español no están cubiertos para la mayoría trabajadora, como se puede comprobar por lo expuesto hasta aquí, sus libertades políticas y sindicales como clase están absolutamente castradas. La Constitución Española de 1978 niega el derecho a la autodeterminación, no resuelve el problema de la tierra, impone el sistema capitalista en su artículo 38 y otorga al Ejército la obligación de salvaguardar dicho sistema, se niega al Pueblo la posibilidad de revocar y de elegir a sus dirigentes, empezando por el Presidente del Gobierno – que lo elige el Parlamento – o al Jefe del Estado, puesto a dedo por Franco. Todos los instrumentos de participación política, así como los medios de comunicación de masas, están en manos de un puñado de burgueses, no teniendo la clase trabajadora capacidad de intervención política ni mediática alguna, salvo que cree sus propios instrumentos y rompa los existentes, todos en manos del Capital. Así mismo, todo aquél que no provenga de familia de la gran burguesía tiene cerrado el acceso a las altas instancias de la Judicatura o del Ejército, concentrando esta clase social todo el control del Estado.

El pueblo trabajador vive bajo la influencia de la ideología burguesa, pensando que cuando amaine la crisis se restablecerán las condiciones previas a la misma. Pero esa ilusión colectiva no es más que una falacia que cala, entre otras razones, porque el obrero no está recibiendo la versión comunista de la crisis y de la situación. El cambio social se ha producido ya, lo único que la dictadura de la burguesía puede ofertar a las masas trabajadoras – ya sea en su fachada democrática o en la fascista – es más sufrimiento, miseria y muerte por falta de comida y de asistencia, aparte de represión. Ante esta situación el proletariado sólo tiene una salida: El Socialismo y la implantación de la Dictadura del Proletariado.

La única respuesta posible es el socialismo

El estado español reúne los requisitos que, a juicio del marxismo, deben darse para luchar por el socialismo. Registra un desarrollo medio-alto de las fuerzas productivas que permiten al proletariado cubrir las necesidades de dirección que precisará la nueva sociedad socialista. A lo largo de estas décadas, a pesar de que cada vez con más dificultad, los hijos de la clase obrera han accedido al conocimiento universitario – hay una gran cantidad de ingenieros, licenciados, …-, multitud de titulados universitarios que jamás ejercerán como consecuencia de la anarquía de la producción que impide la planificación racional política y económica de la sociedad, a lo que hay que añadir el aumento del número de empleados técnicos y administrativos con altos conocimientos derivados del desarrollo tecnológico, que hacen que el proletariado no necesite apoyarse en la burguesía para dirigir a su estado, el estado socialista. De hecho, hoy los grandes monopolios ya son movidos íntegramente por asalariados, desde la producción a la gestión de los recursos humanos. El burgués ni se presenta a la empresa, únicamente se lleva los beneficios, consecuentemente es totalmente prescindible. Además, la evolución cualitativa de las fuerzas productivas están frenadas por la existencia de unas relaciones de producción totalmente incongruentes con dicho desarrollo. Por todo ello, la única salida posible para el Proletariado y demás clases populares es el Socialismo y la Dictadura del Proletariado, sin ninguna fase intermedia. La concentración, centralización y el monopolio requiere ser sucedido por la socialización de los medios de producción; la anarquía de la producción debe ser enterrada por la planificación. Pero para que esto sea posible, la clase obrera debe estar unida, organizada y debe adquirir conciencia de clase y conciencia de la misión histórica que le corresponde jugar. ¿Cómo conseguirlo? El Partido Comunista Obrero Español tiene meridianamente claro que:

  1. El sujeto revolucionario, el responsable del cambio mencionado, es el proletariado; pero sin su Partido de Vanguardia, su destacamento de clase, sin la ligazón entre el Partido y la clase, no habrá revolución. Por tanto, el desarrollo del Partido va vinculado estrechamente a la toma de conciencia de la clase y viceversa. Por ello, es tarea fundamental de nuestra organización esa vinculación a la clase, única vía para desarrollarse y fortalecerse.

  2. La unidad de la clase obrera debe desarrollarse desde el interior de la propia clase obrera y debe ser obra suya; pero para la construcción de dicha unidad es esencial el concurso de los obreros más conscientes, del Partido, teniendo clara la condición anterior. Nuevamente comprobamos que sin la existencia del Partido orientando y dirigiendo el proceso en los frentes de batalla económico, político e ideológico es inviable el desarrollo y la consolidación de ese proceso de unidad y de organización.

  3. La clase obrera ya tiene sus órganos de poder, los comités de Empresa, las asambleas barriales y vecinales, las asambleas de estudiantes, etcétera. Hay que unir las luchas, romper el aislamiento de la clase y dotar del contenido y la dirección política e ideológica a la lucha, que no es otra que la lucha de clases, la lucha por el Socialismo, siendo esencial la dirección del Partido.

  4. Tras la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917, la expresión máxima de la lucha de clases y la contradicción fundamental se manifiesta en la lucha a nivel mundial entre el socialismo y el imperialismo. Olvidarnos de esta premisa en el estudio y en la consecución de políticas, cegados únicamente por la dialéctica nacional, no engarzando ésta en su justo entronque a nivel mundial, nos llevará a tomas de decisiones erróneas. Ello implica consecuentemente enarbolar la bandera del internacionalismo proletario y la necesidad de la reconstrucción de un Movimiento Comunista Internacional revolucionario y fiel a los principios del marxismo-leninismo, despojado de todos los vicios adquiridos desde la década de los 60s que condujeron a la caída del campo socialista y a su destrucción.

  5. Ninguna organización política en el estado español de las que hoy se reivindican revolucionarias y comunistas, empezando por la nuestra, tienen influencia sobre las masas trabajadoras, ni tampoco su reconocimiento.

En base a estos 5 ejes, nuestro Partido desarrolla y trabaja en una política de masas con objeto de desarrollar los órganos de poder que el Proletariado ya posee, pero que no los interpreta ni los emplea como tal, y así como elevarle la conciencia de clase y orientar la lucha de la misma en base a los tres campos de batalla donde se libra la gran guerra contra la burguesía: el campo ideológico, político y económico. Nuestra política de masas tiene dos partes claramente diferenciadas: el plano sindical y el plano político-social.

En el plano sindical el PCOE trabaja por la Central Sindical Única cuyo eje fundamental sea el reconocimiento de la lucha de clases como fuerza motriz del avance de la sociedad; unido a ello, y en virtud del eje d) mencionado anteriormente, nos alineamos con el fortalecimiento del sindicalismo de clase, combativo y antiimperialista y que engloba a la fuerza sindical que lucha contra el orden capitalista que es la Federación Sindical Mundial (FSM). Nuestra organización participa activamente, a través de nuestros militantes, en el proceso de reagrupamiento y unificación orgánica del sindicalismo de clase en nuestro país, que se está desarrollando en el seno de la Coordinadora Sindical de Clase (CSC). Nuestra militancia engrosa las filas de la CSC y está comprometida con dicho proceso de la construcción de la Central Sindical única que necesitan los trabajadores del estado español, la CSC. Desde la CSC, y en el sector informático donde nuestro Partido está presente en comités de empresa y en secciones sindicales de CSC, se está desarrollando un polo sindical junto a otras centrales sindicales; es un modesto ejemplo del camino a seguir para construir una central única.

En el plano político-social, nuestra política de masas se desglosa en:

  1. La Federación de Juventudes Comunistas de España (FJCE), es la política de masas del Partido en el ámbito de la Juventud Obrera en los centros de estudio. Es el instrumento a través del cual el Partido lleva el marxismo-leninismo a dicho ámbito y organiza a la Juventud, cooptando a los mejores cuadros jóvenes para el Partido. En este sentido la FJCE ha estado presente en las huelgas estudiantiles, habiendo sufrido la represión tanto de las Fuerzas Represivas del Estado, como de grupos juveniles fascistas, en las huelgas en lugares como Alcalá de Henares, Sevilla, Jaén o Tarragona.

  2. Las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores son un movimiento sociopolítico cuyo objetivo es la transformación de la sociedad capitalista y que constituye la unidad de los comités de empresa, delegados y trabajadores activos en los centros de trabajo y que, por un lado, es la universalización de la unidad de los obreros en las empresas y, por otro, los órganos que deben dirigir la producción y que tienen en sus manos el control absoluto de ésta.

  3. El Frente Único del Pueblo, cuya columna vertebral son los obreros activos – Asambleas de Comités, Delegados y trabajadores – es el lugar en el que, no sólo debe unir a los órganos de dirección y planificación obreros de la producción, sino que los engarzará con el movimiento popular, con otros sectores del proletariado, así como con otras clases también agredidas por los capitalistas cuya única salida es el socialismo. Este Frente Único del Pueblo debe constituir un estado paralelo, un poder autónomo al burgués, los embriones de órganos de poder del futuro estado socialista. Hasta que nuestra clase no se organice de tal manera que sea independiente y supere la organización burguesa, su estado, está condenada a la derrota; nuestra misión es acudir al sujeto revolucionario, a nuestra clase, para contribuir a tamaña misión.

El PCOE es consciente de la necesidad de la unidad de los comunistas, y consideramos que esta unidad no se hará desde mesas camillas, sino que será el resultado de este proceso práctico de desarrollo de los órganos de poder popular ya existentes, yendo al sujeto revolucionario; proceso que fortalece a la par el Partido y que propiciará pasos de gigantes en dicha unidad, y en el camino para la consecución del Socialismo, la única salida posible y honrosa del proletariado de nuestro pueblo y del resto de los pueblos del mundo.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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Hoy más que nunca, Frente Único del Pueblo

El paso de la crisis nos lleva a un lugar incierto si tenemos en consideración los sucesivos movimientos que surgen y las posiciones que adoptan “acreditados” expertos en política opositora al gobierno neofascista. IU, Julio Anguita, y partidos que se suponen de la izquierda revolucionaria, consumen todo su tiempo en inventar un día si y el otro también, asociaciones, formas de “luchas”, objetivos a alcanzar. Así, pues, tenemos donde elegir: “Republica”, “Retirada del Euro”, “Bloque crítico”, “Democracia ya”, “Constituyente”, etc. etc. Pero no se consigue dar un solo paso hacia adelante ¿Por qué? Indudablemente, porque no entienden que la política es un arte y una ciencia, que la lucha ha de ser científica o no es nada, y por eso todas las tentativas que son claramente pseudorrevolucionarias son tragadas por las fuerzas absorventes del sistema. 

 

Para centrarnos, comenzaremos por decir que todos tienen en común el ser antimarxistas; bien en la teoría, bien en la práctica, llegando a la conclusión que para ellos las clases sociales o no existen o desempeñan un papel secundario en este episodio histórico. La consecuencia subsiguiente no puede ser otra que la de negar a la clase obrera su papel de sujeto revolucionario. 

Despreciar a la clase obrera y negarle su papel en la historia no es ninguna tontería, supone abandonar al pueblo a la deriva, llevarle a un callejón sin salida, malgastar sus fuerzas, arruinar sus inquietudes y su indignación, hasta convertirle en un objeto maleable en manos del Estado capitalista. 

El capitalismo es un sistema de explotación en el que el patrón se enriquece como consecuencia de robarle al trabajador el producto de su trabajo. Lo que afecta al capitalista y a su Estado servidor, es que el trabajador no produzca, porque el sistema se vendría abajo inexorablemente. Por esta ley irrefutable, todo cuanto se haga a espaldas de los trabajadores no puede surtir un efecto transformador. Las manifestaciones interclasistas, es decir, de la ciudadanía, tienen la virtud de demostrar el estado de ánimo en general, pero no atizan ni pueden atizar al corazón del régimen. El gran capital continúa enriqueciéndose, porque su fuente de riqueza sigue manando euros. La clase obrera, las clases trabajadoras en su centro de trabajo, constituyen la fuerza vital e insustituible con la que el pueblo ha de contar obligatoriamente, o mejor dicho, a la que el pueblo ha de seguir, si quiere que sus protestas resulten exitosas. 

Pero la clase obrera se halla recluida tras las cuatro paredes de su centro de trabajo, donde la han llevado la traición de los grandes sindicatos y la de los partidos parlamentarios. Se encuentra pues, desamparada, a la vez que presa de unas leyes que práticamente la ha colocado en situación de ilegalidad. Toda acción que quiera llevar a cabo la clase obrera se encuentra con un obstáculo “insalvable”: la ley. La reforma laboral es ley; las huelgas de solidaridad por compañeros despedidos están prohibidas por ley; el despido es libre por ley; los convenios son anulados por el patrón al amparo de la ley. Las huelgas están anuladas indirectamente, no hace falta que la ilegalicen con una ley directa, la clave se halla en que poco a poco, por nada se podrá hacer huelga porque la ley protege las causas del descontento. 

La Ley, es decir, la política, impide al trabajador moverse. La política cercena todas las posibilidades de frenar el avance impetuoso del capitalismo. Ante esta situación los trabajadores y las capas populares no pueden salir a la desesperada, sin orientación clara, y sobre todo utilizando por arma la lucha económica, que antes de empezar ha sido tumbada por los golpes que ha recibido de la política, por las leyes. La lucha tiene que ser política desde los centros de trabajo, será entonces, cuando en la calle tome cuerpo un programa revolucionario con fuerza, con metas definidas, será entonces cuando el capital se resienta, pues se rebela la fuente de su riqueza. Ya no es posible pensar en pasitos, en reformas etc, que son tan ilegales como la lucha por el socialismo. Para conseguir que la reforma laboral, que los recortes, que la ley de educacion y todo cuanto ha impuesto el gobierno capitalista retroceda, es necesario ir a la huelga general política. Así ha planteado la situación el capitalismo. Para romper las leyes hay que saltárselas. Y nosotros decimos: ¿vamos a exponer al pueblo, vamos a ilegalizarnos para volver al punto de partida? NO, IREMOS A LA HUELGA GENERAL POLITICA, no como un fin, sino como el comienzo de un proceso de cambios profundos de la sociedad hasta lograr el ideal sublime que entraña los trabajadores, ser dueños de su destino. Que no quepa duda, lucharemos para lograr el socialismo. 

Pero la huelga política no será jamás el producto del estado de ánimo del pueblo, la huelga general política tiene que ser construida golpe a golpe, tramo a tramo, arrollando a cada paso la legalidad que nos impide al obrero, al trabajador, al estudiante y al vecino, ser libres. Hay que unir todas las fuerzas bajo un programa común de transformaciones, a través de una organización disciplinada, y eso, por más vuelta que se le quiera dar, se llama FRENTE UNICO DEL PUEBLO, que tendrá que ser orientada por la vanguardia ideológica cuyo nombre es PARTIDO COMUNISTA. 

HOY MAS QUE NUNCA,

FRENTE UNICO DEL PUEBLO

 PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPÀÑOL (PCOE)

 

FEDERACIONES DE JOVENES COMUNISTAS(FJCE)