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Participación del Partido Comunista Obrero Español en el 22º Seminario Comunista Internacional

A continuación transcribimos la intervención de nuestro Secretario General el 2 de junio en el 22º Seminario Comunista Internacional 2013 celebrado en Bruselas y que en esta edición versaba sobre Los ataques contra los derechos democráticos y las libertades en la crisis capitalista mundial. Estrategias y acciones de respuesta” :

En primer lugar, en nombre del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español agradecemos al Partido del Trabajo de Bélgica la invitación cursada a nuestro Partido para participar en este Seminario, así como la posibilidad de expresarnos en esta tribuna.

Camaradas, la primera apreciación que debemos hacer es la de ubicar el concepto de democracia en su justo término, añadiéndole la condición de clase que determina quién impone su dictado. La democracia burguesa, en su versión más acabada, la república democrática, es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo. Por otro lado, la historia nos ha demostrado la falsedad de que profundizando en la democracia burguesa se puede alcanzar el socialismo – bandera enarbolada por el oportunismo – sino todo lo contrario, cada vez se acrecenta más la reacción tendiendo al fascismo, como se puede comprobar en múltiples países europeos hoy. Y es que bajo el capitalismo y su democracia burguesa las libertades y derechos reales únicamente existen para los burgueses, no así para las clases laboriosas, para los que éstos son meras declaraciones de intenciones sin efectividad alguna.

La contribución de la crisis sistémica del capitalismo ha sido la de dejar caer todas las máscaras que aún quedaban en pie y mostrar su verdadera faz criminal. También ha acentuado todas sus contradicciones que, objetivamente, nos llevan al umbral del socialismo, tal y como nos enseña la ciencia marxista-leninista, de tal modo que:

  1. La soberanía nacional es arrasada; siendo dirigido el mundo por agrupaciones imperialistas supranacionales, convirtiéndose los estados-nación en delegaciones lacayunas al servicio de los monopolios.

  1. El aparato de los estados burgueses es reajustado para ser adaptado a las necesidades de los monopolios, de tal manera que se produce una centralización del estado. En el estado español se va a producir una reducción de la Administración Local que, según estiman los sindicatos de funcionarios, destruirán entre 100.000 y 115.000 empleos; se van a suprimir municipalidades, mancomunidades, Diputaciones, estando también en los planes de la burguesía la eliminación de la mitad de los diputados autonómicos, cuando no la supresión de las autonomías.

  1. Las medidas adoptadas para resolver la crisis por parte de los capitalistas – conducentes a redistribuir la riqueza a su favor sobreexplotando y empobreciendo a la clase trabajadora- sienta las bases para acrecentar las dimensiones de la crisis en lugar de aminorarlas.

  1. La lucha por los mercados emergentes de venta y las materias primas, unida al pinchazo de la de la burbuja especulativa y a la acumulación ingente de capital, conlleva la necesidad de ajustes que, por un lado, allanen el camino a los monopolios de la exportación de capitales – fundamentalmente a América Latina, el Magreb y Asia – y por otro les facilite destruir fuerzas productivas y reducir violentamente la producción para adecuarlas a la demanda solvente del país; acrecentándose el paro y, con él, caen en picado los salarios y se precariza el empleo; depauperándose las condiciones de vida del proletariado.

Mientras el Estado no duda en sacar a flote a los Bancos y grandes Empresas, lleva a la ruina a la pequeña empresa y a la clase trabajadora – que es quien paga la crisis. Y mientras los ricos son cada día más ricos gracias al estado burgués y su democracia burguesa, las leyes realizadas contra los obreros, alentadas con la excusa de combatir la crisis que la misma burguesía provoca, llevan a los trabajadores del estado español a la siguiente realidad: Seis millones de parados; un 56,6% de paro juvenil, recortes en sanidad y en educación, donde la tasa de fracaso escolar supera el 33%; un millón 800 mil hogares obreros sin ingreso alguno; el 40% de los españoles sufre estrés; 3.285 trabajadores se suicidan en España cada año a razón de 9 por día e intentan suicidarse 87.600 a razón de 240 por día; se producen 180.000 desahucios al año a razón de 494 al día; el 30,6% de los menores de edad están expuestos a riesgos de pobreza extrema y exclusión social; pensiones de miseria -siendo la pensión media en España de 787,64 euros/mes y estando el 29% de las mismas por debajo de los 600 euros/mes y el 81,86% por debajo de los mil euros -, tasa de pobreza del 21,8% de la población y de desempleo por encima del 26%, etcétera.

Si las necesidades y los derechos básicos en el estado español no están cubiertos para la mayoría trabajadora, como se puede comprobar por lo expuesto hasta aquí, sus libertades políticas y sindicales como clase están absolutamente castradas. La Constitución Española de 1978 niega el derecho a la autodeterminación, no resuelve el problema de la tierra, impone el sistema capitalista en su artículo 38 y otorga al Ejército la obligación de salvaguardar dicho sistema, se niega al Pueblo la posibilidad de revocar y de elegir a sus dirigentes, empezando por el Presidente del Gobierno – que lo elige el Parlamento – o al Jefe del Estado, puesto a dedo por Franco. Todos los instrumentos de participación política, así como los medios de comunicación de masas, están en manos de un puñado de burgueses, no teniendo la clase trabajadora capacidad de intervención política ni mediática alguna, salvo que cree sus propios instrumentos y rompa los existentes, todos en manos del Capital. Así mismo, todo aquél que no provenga de familia de la gran burguesía tiene cerrado el acceso a las altas instancias de la Judicatura o del Ejército, concentrando esta clase social todo el control del Estado.

El pueblo trabajador vive bajo la influencia de la ideología burguesa, pensando que cuando amaine la crisis se restablecerán las condiciones previas a la misma. Pero esa ilusión colectiva no es más que una falacia que cala, entre otras razones, porque el obrero no está recibiendo la versión comunista de la crisis y de la situación. El cambio social se ha producido ya, lo único que la dictadura de la burguesía puede ofertar a las masas trabajadoras – ya sea en su fachada democrática o en la fascista – es más sufrimiento, miseria y muerte por falta de comida y de asistencia, aparte de represión. Ante esta situación el proletariado sólo tiene una salida: El Socialismo y la implantación de la Dictadura del Proletariado.

La única respuesta posible es el socialismo

El estado español reúne los requisitos que, a juicio del marxismo, deben darse para luchar por el socialismo. Registra un desarrollo medio-alto de las fuerzas productivas que permiten al proletariado cubrir las necesidades de dirección que precisará la nueva sociedad socialista. A lo largo de estas décadas, a pesar de que cada vez con más dificultad, los hijos de la clase obrera han accedido al conocimiento universitario – hay una gran cantidad de ingenieros, licenciados, …-, multitud de titulados universitarios que jamás ejercerán como consecuencia de la anarquía de la producción que impide la planificación racional política y económica de la sociedad, a lo que hay que añadir el aumento del número de empleados técnicos y administrativos con altos conocimientos derivados del desarrollo tecnológico, que hacen que el proletariado no necesite apoyarse en la burguesía para dirigir a su estado, el estado socialista. De hecho, hoy los grandes monopolios ya son movidos íntegramente por asalariados, desde la producción a la gestión de los recursos humanos. El burgués ni se presenta a la empresa, únicamente se lleva los beneficios, consecuentemente es totalmente prescindible. Además, la evolución cualitativa de las fuerzas productivas están frenadas por la existencia de unas relaciones de producción totalmente incongruentes con dicho desarrollo. Por todo ello, la única salida posible para el Proletariado y demás clases populares es el Socialismo y la Dictadura del Proletariado, sin ninguna fase intermedia. La concentración, centralización y el monopolio requiere ser sucedido por la socialización de los medios de producción; la anarquía de la producción debe ser enterrada por la planificación. Pero para que esto sea posible, la clase obrera debe estar unida, organizada y debe adquirir conciencia de clase y conciencia de la misión histórica que le corresponde jugar. ¿Cómo conseguirlo? El Partido Comunista Obrero Español tiene meridianamente claro que:

  1. El sujeto revolucionario, el responsable del cambio mencionado, es el proletariado; pero sin su Partido de Vanguardia, su destacamento de clase, sin la ligazón entre el Partido y la clase, no habrá revolución. Por tanto, el desarrollo del Partido va vinculado estrechamente a la toma de conciencia de la clase y viceversa. Por ello, es tarea fundamental de nuestra organización esa vinculación a la clase, única vía para desarrollarse y fortalecerse.

  2. La unidad de la clase obrera debe desarrollarse desde el interior de la propia clase obrera y debe ser obra suya; pero para la construcción de dicha unidad es esencial el concurso de los obreros más conscientes, del Partido, teniendo clara la condición anterior. Nuevamente comprobamos que sin la existencia del Partido orientando y dirigiendo el proceso en los frentes de batalla económico, político e ideológico es inviable el desarrollo y la consolidación de ese proceso de unidad y de organización.

  3. La clase obrera ya tiene sus órganos de poder, los comités de Empresa, las asambleas barriales y vecinales, las asambleas de estudiantes, etcétera. Hay que unir las luchas, romper el aislamiento de la clase y dotar del contenido y la dirección política e ideológica a la lucha, que no es otra que la lucha de clases, la lucha por el Socialismo, siendo esencial la dirección del Partido.

  4. Tras la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917, la expresión máxima de la lucha de clases y la contradicción fundamental se manifiesta en la lucha a nivel mundial entre el socialismo y el imperialismo. Olvidarnos de esta premisa en el estudio y en la consecución de políticas, cegados únicamente por la dialéctica nacional, no engarzando ésta en su justo entronque a nivel mundial, nos llevará a tomas de decisiones erróneas. Ello implica consecuentemente enarbolar la bandera del internacionalismo proletario y la necesidad de la reconstrucción de un Movimiento Comunista Internacional revolucionario y fiel a los principios del marxismo-leninismo, despojado de todos los vicios adquiridos desde la década de los 60s que condujeron a la caída del campo socialista y a su destrucción.

  5. Ninguna organización política en el estado español de las que hoy se reivindican revolucionarias y comunistas, empezando por la nuestra, tienen influencia sobre las masas trabajadoras, ni tampoco su reconocimiento.

En base a estos 5 ejes, nuestro Partido desarrolla y trabaja en una política de masas con objeto de desarrollar los órganos de poder que el Proletariado ya posee, pero que no los interpreta ni los emplea como tal, y así como elevarle la conciencia de clase y orientar la lucha de la misma en base a los tres campos de batalla donde se libra la gran guerra contra la burguesía: el campo ideológico, político y económico. Nuestra política de masas tiene dos partes claramente diferenciadas: el plano sindical y el plano político-social.

En el plano sindical el PCOE trabaja por la Central Sindical Única cuyo eje fundamental sea el reconocimiento de la lucha de clases como fuerza motriz del avance de la sociedad; unido a ello, y en virtud del eje d) mencionado anteriormente, nos alineamos con el fortalecimiento del sindicalismo de clase, combativo y antiimperialista y que engloba a la fuerza sindical que lucha contra el orden capitalista que es la Federación Sindical Mundial (FSM). Nuestra organización participa activamente, a través de nuestros militantes, en el proceso de reagrupamiento y unificación orgánica del sindicalismo de clase en nuestro país, que se está desarrollando en el seno de la Coordinadora Sindical de Clase (CSC). Nuestra militancia engrosa las filas de la CSC y está comprometida con dicho proceso de la construcción de la Central Sindical única que necesitan los trabajadores del estado español, la CSC. Desde la CSC, y en el sector informático donde nuestro Partido está presente en comités de empresa y en secciones sindicales de CSC, se está desarrollando un polo sindical junto a otras centrales sindicales; es un modesto ejemplo del camino a seguir para construir una central única.

En el plano político-social, nuestra política de masas se desglosa en:

  1. La Federación de Juventudes Comunistas de España (FJCE), es la política de masas del Partido en el ámbito de la Juventud Obrera en los centros de estudio. Es el instrumento a través del cual el Partido lleva el marxismo-leninismo a dicho ámbito y organiza a la Juventud, cooptando a los mejores cuadros jóvenes para el Partido. En este sentido la FJCE ha estado presente en las huelgas estudiantiles, habiendo sufrido la represión tanto de las Fuerzas Represivas del Estado, como de grupos juveniles fascistas, en las huelgas en lugares como Alcalá de Henares, Sevilla, Jaén o Tarragona.

  2. Las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores son un movimiento sociopolítico cuyo objetivo es la transformación de la sociedad capitalista y que constituye la unidad de los comités de empresa, delegados y trabajadores activos en los centros de trabajo y que, por un lado, es la universalización de la unidad de los obreros en las empresas y, por otro, los órganos que deben dirigir la producción y que tienen en sus manos el control absoluto de ésta.

  3. El Frente Único del Pueblo, cuya columna vertebral son los obreros activos – Asambleas de Comités, Delegados y trabajadores – es el lugar en el que, no sólo debe unir a los órganos de dirección y planificación obreros de la producción, sino que los engarzará con el movimiento popular, con otros sectores del proletariado, así como con otras clases también agredidas por los capitalistas cuya única salida es el socialismo. Este Frente Único del Pueblo debe constituir un estado paralelo, un poder autónomo al burgués, los embriones de órganos de poder del futuro estado socialista. Hasta que nuestra clase no se organice de tal manera que sea independiente y supere la organización burguesa, su estado, está condenada a la derrota; nuestra misión es acudir al sujeto revolucionario, a nuestra clase, para contribuir a tamaña misión.

El PCOE es consciente de la necesidad de la unidad de los comunistas, y consideramos que esta unidad no se hará desde mesas camillas, sino que será el resultado de este proceso práctico de desarrollo de los órganos de poder popular ya existentes, yendo al sujeto revolucionario; proceso que fortalece a la par el Partido y que propiciará pasos de gigantes en dicha unidad, y en el camino para la consecución del Socialismo, la única salida posible y honrosa del proletariado de nuestro pueblo y del resto de los pueblos del mundo.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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Hoy más que nunca, Frente Único del Pueblo

El paso de la crisis nos lleva a un lugar incierto si tenemos en consideración los sucesivos movimientos que surgen y las posiciones que adoptan “acreditados” expertos en política opositora al gobierno neofascista. IU, Julio Anguita, y partidos que se suponen de la izquierda revolucionaria, consumen todo su tiempo en inventar un día si y el otro también, asociaciones, formas de “luchas”, objetivos a alcanzar. Así, pues, tenemos donde elegir: “Republica”, “Retirada del Euro”, “Bloque crítico”, “Democracia ya”, “Constituyente”, etc. etc. Pero no se consigue dar un solo paso hacia adelante ¿Por qué? Indudablemente, porque no entienden que la política es un arte y una ciencia, que la lucha ha de ser científica o no es nada, y por eso todas las tentativas que son claramente pseudorrevolucionarias son tragadas por las fuerzas absorventes del sistema. 

 

Para centrarnos, comenzaremos por decir que todos tienen en común el ser antimarxistas; bien en la teoría, bien en la práctica, llegando a la conclusión que para ellos las clases sociales o no existen o desempeñan un papel secundario en este episodio histórico. La consecuencia subsiguiente no puede ser otra que la de negar a la clase obrera su papel de sujeto revolucionario. 

Despreciar a la clase obrera y negarle su papel en la historia no es ninguna tontería, supone abandonar al pueblo a la deriva, llevarle a un callejón sin salida, malgastar sus fuerzas, arruinar sus inquietudes y su indignación, hasta convertirle en un objeto maleable en manos del Estado capitalista. 

El capitalismo es un sistema de explotación en el que el patrón se enriquece como consecuencia de robarle al trabajador el producto de su trabajo. Lo que afecta al capitalista y a su Estado servidor, es que el trabajador no produzca, porque el sistema se vendría abajo inexorablemente. Por esta ley irrefutable, todo cuanto se haga a espaldas de los trabajadores no puede surtir un efecto transformador. Las manifestaciones interclasistas, es decir, de la ciudadanía, tienen la virtud de demostrar el estado de ánimo en general, pero no atizan ni pueden atizar al corazón del régimen. El gran capital continúa enriqueciéndose, porque su fuente de riqueza sigue manando euros. La clase obrera, las clases trabajadoras en su centro de trabajo, constituyen la fuerza vital e insustituible con la que el pueblo ha de contar obligatoriamente, o mejor dicho, a la que el pueblo ha de seguir, si quiere que sus protestas resulten exitosas. 

Pero la clase obrera se halla recluida tras las cuatro paredes de su centro de trabajo, donde la han llevado la traición de los grandes sindicatos y la de los partidos parlamentarios. Se encuentra pues, desamparada, a la vez que presa de unas leyes que práticamente la ha colocado en situación de ilegalidad. Toda acción que quiera llevar a cabo la clase obrera se encuentra con un obstáculo “insalvable”: la ley. La reforma laboral es ley; las huelgas de solidaridad por compañeros despedidos están prohibidas por ley; el despido es libre por ley; los convenios son anulados por el patrón al amparo de la ley. Las huelgas están anuladas indirectamente, no hace falta que la ilegalicen con una ley directa, la clave se halla en que poco a poco, por nada se podrá hacer huelga porque la ley protege las causas del descontento. 

La Ley, es decir, la política, impide al trabajador moverse. La política cercena todas las posibilidades de frenar el avance impetuoso del capitalismo. Ante esta situación los trabajadores y las capas populares no pueden salir a la desesperada, sin orientación clara, y sobre todo utilizando por arma la lucha económica, que antes de empezar ha sido tumbada por los golpes que ha recibido de la política, por las leyes. La lucha tiene que ser política desde los centros de trabajo, será entonces, cuando en la calle tome cuerpo un programa revolucionario con fuerza, con metas definidas, será entonces cuando el capital se resienta, pues se rebela la fuente de su riqueza. Ya no es posible pensar en pasitos, en reformas etc, que son tan ilegales como la lucha por el socialismo. Para conseguir que la reforma laboral, que los recortes, que la ley de educacion y todo cuanto ha impuesto el gobierno capitalista retroceda, es necesario ir a la huelga general política. Así ha planteado la situación el capitalismo. Para romper las leyes hay que saltárselas. Y nosotros decimos: ¿vamos a exponer al pueblo, vamos a ilegalizarnos para volver al punto de partida? NO, IREMOS A LA HUELGA GENERAL POLITICA, no como un fin, sino como el comienzo de un proceso de cambios profundos de la sociedad hasta lograr el ideal sublime que entraña los trabajadores, ser dueños de su destino. Que no quepa duda, lucharemos para lograr el socialismo. 

Pero la huelga política no será jamás el producto del estado de ánimo del pueblo, la huelga general política tiene que ser construida golpe a golpe, tramo a tramo, arrollando a cada paso la legalidad que nos impide al obrero, al trabajador, al estudiante y al vecino, ser libres. Hay que unir todas las fuerzas bajo un programa común de transformaciones, a través de una organización disciplinada, y eso, por más vuelta que se le quiera dar, se llama FRENTE UNICO DEL PUEBLO, que tendrá que ser orientada por la vanguardia ideológica cuyo nombre es PARTIDO COMUNISTA. 

HOY MAS QUE NUNCA,

FRENTE UNICO DEL PUEBLO

 PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPÀÑOL (PCOE)

 

FEDERACIONES DE JOVENES COMUNISTAS(FJCE)

 




¡Proletarios de todos los países, uníos!

Un Primero de Mayo de 1886, se encendió la llama proletaria en la ciudad de Chicago, donde el movimiento obrero lideró una contundente huelga general a lo largo de EEUU. Los reclamos del proletariado estadounidense en torno a la reducción de la jornada de 16 a 12 horas, los aumentos salariales y la mejora de las condiciones laborales, fueron calando entre el pueblo trabajador. La rápida extensión de la huelga hizo temblar los cimientos del gobierno de la patronal yanqui. El éxito arrollador de la huelga proletaria en aquel Primero de Mayo desencadenó la furia represiva de la burguesía yanqui, que aplastó con brutalidad ilimitada a la poderosa movilización obrera. Sicarios patronales, a sueldo del estado norteamericano, irrumpieron como hampones, asesinando a decenas de trabajadores. Las fuerzas represivas del régimen masacraron y detuvieron a miles de huelguistas, sometidos a los montajes judiciales del aparato estatal burgués. Decenas de dirigentes obreros fueron ejecutados en la horca, otros tantos condenados a cadena perpetua, mientras miles más fueron desterrados.

 

He ahí la respuesta criminal con la que la parasitaria clase dominante obsequió, obsequia y obsequiará a todos aquellos trabajadores que, conscientes de que juntos producen la totalidad de la riqueza y se agigantan, deciden decir basta, ante tanta explotación, miseria y degradación. Por ello, es imprescindible reconstruir un movimiento obrero sólidamente organizado en torno a una dirección revolucionaria y audaz, capaz de repeler los ataques y pasar a la ofensiva.

Semejantes dosis de terror capitalista en Chicago – que tanto recordaron la orgía sanguinaria desatada por la burguesía francesa contra los heroicos communards de la París insurrecta, apenas 15 años antes (1871)-, desataron una poderosa ola de solidaridad internacional con los dignos obreros asesinados y represaliados, denunciando sin contemplaciones el salvajismo represor de la burguesía, mostrando a millones de trabajadores la fortaleza inexpugnable del proletariado cuando éste piensa y actúa como un solo puño. En memoria de aquella gesta proletaria de Chicago, ahogada en sangre por los capitalistas, el Congreso Internacional Obrero -reunido precisamente en París (1889)-, declaraba el Primero de Mayo como Día de la Solidaridad Proletaria. Nacía “el día del trabajador”.

Poco después, el primer Estado Obrero y Campesino surgido del triunfo histórico de la primera Revolución Socialista de Octubre en 1917, no tardó ni un segundo en declarar como festividad nacional todos los Primero de Mayo, en recuerdo y honor de los obreros de Chicago masacrados por el capitalismo. Se internacionalizaba definitivamente el Día de la Solidaridad Proletaria, fecha combativa que exhortaba a la clase trabajadora de todos los países a unirse y organizarse, a destruir de raíz la maquinaria represora del Estado burgués, a emanciparse del yugo de la explotación y la opresión capitalistas.

El PCOE, hoy como ayer, hace un llamamiento a obreros y empleados, a la juventud, desempleados y jubilados, a campesinos y autónomos, al conjunto del pueblo trabajador apaleado por el capitalismo monopolista de Estado, a recuperar las esencias de una celebración histórica que nace y sólo cobra sentido desde las entrañas mismas del proletariado revolucionario y socialista.

Millones de trabajadores sufren en sus carnes la barbarie capitalista, que esclaviza a unos mientras manda al pozo del desempleo a otros tantos. La misma furia criminal con la que los capitalistas explotaron y masacraron al proletariado de Chicago, es aplicada hoy por la oligarquía financiera, que intensifica la explotación asalariada consciente de las contradicciones irresolubles por las que discurre y las limitaciones históricas de su reaccionario modo de producción y régimen político. La conformación de bloques imperialistas pone de manifiesto que la lucha de clases se extiende desde Madrid a Pekín, pasando por Moscú o Chicago.

El PCOE, armado con la solidez teórico-práctica del socialismo científico y como parte integrante y avanzada del proletariado, reconoce a la clase obrera como único sujeto histórico revolucionario capaz de revertir la insostenible situación actual, capaz de conducir a las masas laboriosas hacia el socialismo. El proletariado debe convertir este día en una jornada de lucha, de toma de conciencia, de unidad y de organización de clase. A pesar de los cambios operados en el capitalismo en su etapa imperialista, de las modificaciones sustanciales en la estructura productiva al calor de la división internacional del trabajo impuesta por la burguesía, hoy más que nunca, la clase obrera sigue siendo la fuerza motriz del desarrollo social. Hoy más que nunca, por su cantidad y calidad, el proletariado cuenta con las condiciones objetivas propicias para caminar hacia la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la explotación del trabajo ajeno, bases de la acumulación de capital y origen de la degradación y miseria de las masas laboriosas.

La esencia de las leyes universales que rigen el sistema capitalista se manifiesta en forma de crisis devastadoras y guerras de rapiña por la conquista de nuevos mercados, por el control de fuentes de materias primas por parte de los monopolios, que ponen a su servicio estructuras estatales y supraestatales. Si las repetidas crisis no hacen más que retorcer los grilletes del proletariado, las invasiones imperialistas (hoy emboscadas bajo el epígrafe de “guerras humanitarias”) se centran en masacrar a los pueblos en vías de desarrollo para expoliar sus recursos. El imperialismo es una máquina generadora de explotación y miseria para unos, y de esclavización y muerte para otros.

Este Primero de Mayo, como todos los días del año, el PCOE volverá a salir a la calle a fundirse con el proletariado, a contribuir en su elevación política e ideológica. Saldrá a la calle con la firme voluntad comunista de transformar a un proletariado manso, desorganizado y sometido en una clase en sí y para sí, en un movimiento obrero combativo, organizado y consciente de su poder revolucionario. Saldrá a la calle a denunciar el reaccionario “consenso social” y las falsas salidas capitalistas, que nos han llevado al actual momento que vivimos; a denunciar, en definitiva, al decadente oportunismo, venga este de la socialdemocracia, del sindicalismo reformista o de las diferentes sectas izquierdistas. Ellos son también responsables directos de la voladura de las conquistas obreras más básicas, logradas tras largas décadas de infatigable lucha proletaria. Responsables de la depauperación, desmovilización y enajenación de los trabajadores, mil veces traicionados por estos servidores de la burguesía.

Las ricas experiencias históricas del proletariado, en sus constantes avances y retrocesos, no sólo nos muestran cuan negativo y nefasto puede ser el trabajo de zapa del oportunismo en el movimiento obrero, sino que también pone de manifiesto la inoperancia de la mera lucha sindical y economicista. El triunfo de la revolución socialista y de las fuerzas proletarias es inconcebible si la lucha contra la burguesía no abarca, de forma dialéctica, los frentes económico, político e ideológico. La realidad material que vivimos, confirma lo estéril de la lucha economicista, así como la putrefacción del oportunismo.

Ya no hay tiempo ni espacio para reivindicar mejoras de unos convenios que han quedado reducidos a papel mojado, para plantear conflictos aislados abocados al fracaso, para mendigar pactos infames ni seguir creyendo en fraudulentos capitalismos “con rostro humano”. Cuando la contradicción nuclear del momento gira en torno a imperialismo / socialismo (capital/trabajo), ya sólo una vía táctica puede insuflar la fuerza necesaria a millones de trabajadores vapuleados; recuperar las esencias de 1886, hacer de la unidad y la solidaridad de clase, pilares maestros del renacer proletario.

Y eso pasa indefectiblemente, por organizar el poder popular desde los mismos centros de trabajo, a través de los órganos democráticos proletarios, a través de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores (ACDT), así como la paralela consolidación de la Central Única de Trabajadores, catalizadora de la reconstrucción del sindicalismo de clase en el conjunto del Estado español, una Central Obrera y Socialista. Organizar la resistencia popular en los barrios y centros de estudio, en el campo y la ciudad, y que, bajo el liderazgo del proletariado, consolide la columna vertebral del socialismo: el Frente Único del Pueblo (FUP). Construir el Ejército Proletario capaz de enfrentar a la reacción y liquidar al Estado de los monopolios, capaz de tomar el poder e instaurar la dictadura revolucionaria del proletariado.

Decía el gran líder del proletariado mundial -Lenin-, un Primero de Mayo de 1904:

“Dos mundos se alzan frente a frente en esta grandiosa lucha; el mundo del capital y el mundo del trabajo, el mundo de la explotación y la esclavitud, y el de la fraternidad y la libertad. Por una parte, hay un puñado de ricos parásitos. En sus manos se concentran los talleres y las fábricas, las herramientas y las máquinas. Han convertido millones de hectáreas de tierra y montañas de dinero en su propiedad privada. Han hecho del gobierno y el ejército sus criados, fieles guardianes de la riqueza que han acumulado.

Por otra parte, hay millones de desheredados, obligados a suplicar a los ricos permiso de trabajo para ellos. Crean con su trabajo toda la riqueza, mientras ellos mismos tienen que luchar toda la vida por un pedazo de pan, mendigar el trabajo como una limosna, agotar sus fuerzas y arruinar su salud en trabajos insoportables”

En este Primero de Mayo de 2013 el PCOE, asumiendo las ricas enseñanzas emanadas del socialismo científico, infatigable a la hora de desarrollar su política de masas y sindical, hace suyas de nuevo las palabras del gran dirigente comunista ruso. Como casi siempre sucede con Lenin, sus escritos parecen haber sido redactados hoy mismo:

“No hay fuerza que pueda vencer al proletariado, porque su trabajo es lo único que sostiene a las clases gobernantes y al gobierno. No hay en el mundo fuerza capaz de aplastar a millones de obreros, cada vez más conscientes, unidos y organizados (…)

¡Camaradas obreros! ¡Preparémonos con redoblada energía para el combate decisivo que se acerca! ¡Que se estrechen las filas de los proletarios socialistas! ¡Que su voz se propague con amplitud cada vez mayor! ¡Que la agitación en torno a las reivindicaciones obreras se despliegue cada vez más con mayor audacia! ¡Que la celebración del Primero de Mayo atraiga a nuestra causa a miles de nuevos combatientes y engrose nuestras fuerzas en la grandiosa lucha por la libertad de todo el pueblo, por la emancipación de todos los trabajadores del yugo del capital!”

 

¡Viva la lucha de la clase obrera! ¡Viva el Primero de Mayo!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo!

¡Construyamos socialismo!

 Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) 

 




¿Fascismo o democracia burguesa?

Mientras exista el imperialismo, la obra de Lenin estará siempre sujeta a sus más duras e inverosímiles críticas y estará también expuesta a las interpretaciones más que dudosas, que desde las filas del Movimiento Comunista y Obrero Mundial, se llevarán a cabo por quienes se hacen eco de la propaganda burguesa. De acuerdo con las experiencias que nos aportan al respecto todas las revoluciones, la denuncia al oportunismo en el interior del movimiento obrero y comunista se ha hecho ley inquebrantable para los marxistas-leninistas, pues su poder de persuasión sobre los trabajadores más atrasados frena y hace retroceder el proceso revolucionario.

Al mismo tiempo que el reformismo, a su lado, se desarrolla también el izquierdismo, de gran calado entre la juventud inexperta, que se distingue porque se apoya en la supuesta salvaguarda del marxismo-leninismo, exagera sus principios o descontextualiza sus dichos y sentencias con las que componen sus postulados políticos.

Nos equivocaríamos una y otra vez si no permanecemos en alerta y, si por simpatías u otras razones ajenas al interés revolucionario, callásemos frente a la manipulación de los principios marxistas-leninistas. No hay motivos por muy inofensivos que nos parezcan, que puedan justificar la abjuración, venga ésta de donde venga. A lo único que nos conduciría nuestro silencio ante una traición cometida contra la clase obrera, es a la complicidad más vergonzosa con sus enemigos.

En estos momentos históricos, en los que la clase obrera de nuestro país se ve obligada a recobrar su dignidad mancillada por el revisionismo, la fidelidad y el compromiso del Partido no permite ninguna debilidad que le desvíe del proceso emprendido de entroncamiento con élla, a la vez que con el pueblo trabajador. Por estas razones, y correspondiendo a nuestra inspiración revolucionaria, en los párrafos siguientes vamos a dejar constancia de nuestras opiniones sobre un tema de candente actualidad que tiene al leninismo de protagonista principal: El fascismo y La Democracia Burguesa.

CARÁCTER DEL ESTADO ESPAÑOL

Caracterizar el fascismo con una definición universal ha sido el objetivo prioritario de la III internacional y es la causa que posteriormente mereció la reflexión de los filósofos y teóricos de la Escuela de Frankfurt. El Movimiento Comunista Internacional dio por zanjado el debate hace varias décadas y desde entonces hasta aquí, las críticas se han centrado en otros campos de la Revolución. No obstante, nuestro partido es consciente de que en este país el debate aún no ha sido superado en su totalidad. Únicamente se ha aparcado. Probablemente haya sido por puro miedo a abordarlo desde los partidos que se reclaman del marxismo leninismo, o como en nuestro caso, por tener una posición muy definida, que hasta la presente no ha sido puesta en tela de juicio por ningún otro partido o reconocido teórico. Ahora, con motivo de la grave crisis que azota al capitalismo europeo y debido a las políticas reaccionarias que está poniendo en práctica el imperialismo continental, el debate restaura su vigencia. A partir de este momento es pertinente afrontarlo con todas sus consecuencias, toda vez que hasta nuestros dominios ha llegado un documento redactado por Juan Manuel Olarieta titulado: “Cambiar algo para que todo siga igual” en el que por extensión se nos califica de revisionistas porque no compartimos su tesis central, documento que nos ofrece la visión pequeñoburguesa del mundo actual.

El objetivo fundamental que se propone Olarieta es demostrar de forma irrecusable, que lo que existe en todos los países imperialistas y muy concretamente en el español, no es la democracia (burguesa) propia del período de la libre competencia, sino el fascismo, que es la forma política de dominación que corresponde al capital monopolista (imperialismo). En este supuesto, la defensa de una posible salida del actual régimen hacia la república democrática burguesa, constituye un engaño en toda regla, porque la historia nunca da marcha hacia atrás. Al objeto de probar su razonamiento, Olarieta pone por testigos de cargos a Lenin y por supuesto, a Dimitrov.

Después de hacer una lectura pormenorizada de dicho artículo, tenemos que reconocer que está redactado con una extraordinaria habilidad para apoyarse en una argumentación muy atractiva entre los sectores más jóvenes del comunismo, proclives a sustentar posiciones izquierdistas. Se puede apreciar fácilmente que el autor del documento conoce a la perfección todos los recovecos de la síntesis, lo que le convierte en un experto en encontrar atajos para llegar al lugar deseado, dejando tras de sí una estela de sensaciones muy convincentes. En esta ocasión recurre al discurso dialéctico por el que se rige el Materialismo Histórico y qué mejor que valerse de las palabras acreditadas de Lenin en “Sobre la caricatura del marxismo” para dar sentido y calidad de infalible a su pensamiento:

El viraje de la democracia a la reacción política constituye la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista (el imperialismo es el capitalismo monopolista). La democracia corresponde a la libre competencia. La reacción política corresponde al monopolio “Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la ‘negación’ de la democracia en general, de toda la democracia

No nos sorprende lo más mínimo que una referencia tan escueta proveniente de Lenin, que va directamente al meollo del problema, induzca a pensar que efectivamente, Olarieta tiene toda la razón. Está clarísimo que en este párrafo Lenin describe en términos generales con el magisterio que le caracteriza, el curso dialéctico del desarrollo histórico del capitalismo. Y no nos cabe ninguna duda tampoco, a tenor de lo leído, que la democracia corresponde a la libre competencia, es decir, al capitalismo premonopolista. Como también estamos de acuerdo en que el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia tanto en la política exterior como en la interior y por ello es la “negación” de la democracia en general, de toda democracia.

Hasta aquí Olarieta puede presumir de no haber expuesto ninguna mentira, pero, se nos antoja sugerir a los militantes menos avezados en el marxismo, que hagan una lectura sosegada de la obra de Lenin, mucho más extensa y explícita que esta diminuta reseña, y pensamos que si tal vez sometiésemos a disquisición sus puntos mas interesantes, la conclusión no sería tan favorable a sus deseos. Todo marxista-leninista reconocerá que la “libertad” de mercado ha sido y es el rasgo distintivo de la democracia burguesa, en tanto, hace posible la igualdad de los capitalistas para competir. Igualdad, libertad y competencia son realidades prácticas de goce exclusivo para el burgués, que se cumplen únicamente en el mercado. Podemos hablar de democracia “pura” para la clase burguesa, pero nunca lo será para el proletariado. Marx, Engels y Lenin nos advirtieron en infinidad de ocasiones que: “la república burguesa, aún la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de capitalistas” (introducción de F. Engels al trabajo de C. Marx “La guerra civil en Francia”) Esto lo escribieron Marx y Engels durante el período de la libre competencia.

Ahora bien, en una determinada fase de su desarrollo, la libre competencia engendra el monopolio y poco a poco se van introduciendo cambios cualitativos tanto en las estructuras como en las superestructuras del sistema capitalista, sin menoscabo de su esencia, es decir, la propiedad privada sobre los medios de producción. El monopolio se desarrolla en todos los sectores económicos (banca, industria, comercio, transporte), por eso concentra bajo su dominio la producción y venta de una parte considerable de mercancías de uno o varios sectores y el financiamiento de la industria y del comercio. Su poder económico, su capacidad de producción, de comercialización y exportación de capitales, le permite imponer su precio, sus condiciones, con lo cual conculca las leyes de la libre competencia, pero no siempre lo puede extender en toda su dimensión. Esta ley del desarrollo capitalista quebranta la libertad e igualdad de las empresas que se concreta a través del mercado (esencia de la democracia burguesa).  Pero es quebrantada hasta cierto punto, ya que en ningún país del mundo existe el monopolismo absoluto e indiviso. Estas son las razones que explican la aparición y el desarrollo del monopolio, así como su tendencia a negar la democracia (burguesa) en su aspecto económico, como ya había previsto Lenin, lo que naturalmente se refleja en el ámbito de las superestructuras.

Advirtamos que el monopolio no evoluciona aislado en su entorno, sino que vive en constante contradicción con la pequeña y mediana empresa, con otros monopolios del mismo país y con monopolios del exterior; sin embargo, su contradicción principal es la que mantiene con el proletariado nacional e internacional. En la búsqueda de las soluciones de los graves problemas que surgen en las luchas con sus oponentes, los monopolios triunfantes se afianzan, convirtiéndose en imperialistas, llegando a controlar a uno o varios sectores de la economía mundial. Por consiguiente, tanto en lo nacional como en lo internacional, tienden a imponerse, a la par que a restringir e incluso, a negar la democracia; pero su consumación o “fracaso” dependerá de la correlación de fuerzas. Estas mismas contradicciones les pueden obligar a tomar distintas decisiones tácticas y a realizar “concesiones” en contra de sus deseos, con tal de mantener su poder económico y político: son frecuentes los sobornos a gobiernos a extranjeros democráticos como también a los de su propio país. De la misma manera proceden a la instauración de la “democracia burguesa” que por supuesto ya no será la misma que en antaño, cuando expresaba los intereses de la libre competencia, lo que equivaldría a una vuelta atrás en la historia etc. Es cierto que en nuestro país no hubo rompimiento total con el fascismo, mas no debe ocultarse que, en las fábricas y en las calles, el pueblo discurría por una vereda de crecientes luchas que fueron traicionadas por la socialdemocracia y el Partido Comunista, concretadas en un pacto reaccionario, que permitió al gran capital continuar con su poder político y económico en el marco de la democracia burguesa.

Bajo condiciones concretas, la tendencia a la reacción es obstaculizada en la práctica, evitándose que el carácter “reaccionario” subyacente en la naturaleza de los monopolios se manifieste con todo su potencial, entonces, se “oculta” o se “mimetiza” en una táctica de conveniencia o de impotencia. En los países imperialistas y, como se puede constatar, durante toda la historia moderna y contemporánea, pueden pervivir durante largos períodos la democracia burguesa en grados distintos y en formas variadas, cuyas diferencias más sobresalientes con la democracia de la época de la libre competencia, se concentran obviamente en el mercado, en la falsedad más acusada del parlamentarismo y en el recurso a la guerra, que tienen sus repercusiones en las actividades de las superestructuras, pero de ningún modo existen diferencias en cuanto a la cantidad y tipo de violencia que emplean para reprimir al pueblo trabajador y para transgredir con total impunidad las libertades y derechos de los trabajadores, que solo son reconocidas formalmente en ambos ciclos. En este sentido, explicábamos el despotismo de la libre competencia, ante el Aniversario de la II República española:

En Julio de 1931 tuvo lugar en Sevilla una huelga convocada por comunistas y anarquistas. Como consecuencia de ella, la República impone el estado de sitio en la ciudad el 22 del mismo mes, es decir, cuatro meses después de su proclamación. La represión del régimen fue brutal como lo demuestran el bombardeo (cañonazo) a la Casa de Cornelio donde se reunían los comunistas y la aplicación de la ley de fugas a cuatro comunistas en el Parque de María Luisa.

Posteriormente, se convocó nueva huelga general en Febrero de 1932 contra las deportaciones de 72 obreros a Guinea, por el delito de ser revolucionarios. Fue ese mismo régimen el que en el 1934 procedió contra los revolucionarios en Asturias y Cataluña, causando cerca de 2000 muertos y alrededor de 30.000 detenidos.”

Desde nuestra reflexión entendemos que en estos supuestos, Lenin no absolutiza los términos “tender” y “negar”. En todo caso se trata de una inclinación natural que puede verse truncada circunstancialmente por las fuerzas opositoras antagónicas y no antagónicas, sin que las nuevas condiciones signifiquen que el monopolio se haya transformado en una entidad pacífica y desnaturalizada. Por el contrario, el monopolio no se desprende de su violencia como tampoco de su reaccionarismo. Siempre intentará imponer su ley por cualquier método. Lenin convencido de esta realidad, no tuvo ningún inconveniente en llamar las cosas por su nombre, por ejemplo, democracia burguesa:

En el país capitalista más desarrollado del continente europeo, en Alemania, los primeros meses de plena libertad republicana, traída por la derrota de la Alemania imperialista, han mostrado a los obreros alemanes y a todo el mundo cuál es la verdadera esencia de clase de la república democrática burguesa. El asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo no sólo es un acontecimiento de importancia histórica mundial porque hayan perecido trágicamente dos jefes y brillantísimas personalidades de la Internacional Comunista. Internacional verdaderamente proletaria, sino también porque se ha puesto de manifiesto con toda plenitud la esencia de clase de un Estado adelantado de Europa, de un Estado -puede afirmarse sin incurrir en exageración- adelantado entre todos los Estados del mundo

En la obra de Lenin podemos encontrar decenas de referencias que sitúan a la democracia burguesa en el imperialismo. ¿Incurre el líder soviético en contradicción con respecto del párrafo citado por Olarieta, examinado por nosotros? ¿Da marcha atrás la historia? Creemos que no. El mundo de los monopolios no es monolítico como presuponía Kautsky que lo idealizó hasta el absurdo: “No tenemos fundamento alguno para suponer que sin la ocupación militar de Egipto el comercio con él habría crecido menos, bajo la influencia del simple peso de los factores económicos. Como mejor puede realizar el capital su tendencia a la expansión no es por medio de los métodos violentos del imperialismo, sino por la democracia pacífica” Una interpretación falsa del carácter monopolista, que Lenin refuta con su acostumbrada firmeza, por constituir un engaño reformista insoportable:

Kautsky ha roto con el marxismo al defender para la época del capital financiero un “ideal reaccionario”, la “democracia pacífica”, el “simple peso de los factores económicos”, pues este ideal arrastra objetivamente hacia atrás, del capitalismo monopolista al capitalismo no monopolista y es un engaño reformista

Naturalmente, Lenin rechaza sin paliativos la vuelta atrás en el marco del Materialismo Histórico desde una etapa económica superior a la inferior que la precede. La vuelta del monopolio a la libre competencia es tan irrealizable como que el hijo vuelva al seno de su madre. Pero en esta coyuntura, alude a la torpeza de Kaustky al atribuir cualidades al capitalismo monopolista que corresponde al período premonopolista: la “democracia pacífica”. Sin ninguna duda, Lenin se refiere al supuesto carácter “pacífico” de la democracia que no tiene lugar en el imperialismo, en el que el capital financiero pone en acción todos los medios imaginables para conquistar el mercado mundial, incluso la Guerra Mundial; en cambio, sí tiene cabida en la libre competencia, en donde aún no había aparecido el monopolio (imperialismo) .

Con Lenin no puede darse por terminado el debate, puesto que solo pudo hablar de reacción y negación de la democracia como tendencia, debido a que no conoció directamente el fascismo. Una vez más, debemos hacer especial hincapié en que el líder soviético utiliza el término “negación” en el mismo sentido que lo hace con la clase obrera respecto del sistema capitalista. Por el lugar que ocupa en la producción, la clase obrera es la negación de la sociedad burguesa, por este motivo su lucha frente a las tropelías del sistema propende hacia el socialismo tal como Lenin predijo, aunque no lo consiga hasta que instituya la Dictadura del Proletariado, es decir, la nueva democracia que corresponde al período del poder de la clase obrera.

Fue Dimitrov, uno de los líderes más celebrados de la III Internacional, quien profundizó en el fascismo en su articulo “El fascismo y la clase obrera”:

Bajo las condiciones de la profunda crisis económica desencadenada, de la violenta agudización de la crisis general del capitalismo, de la revolucionarización de las masas trabajadoras, el fascismo ha pasado a una amplia ofensiva. La burguesía dominante busca cada vez más su salvación en el fascismo para llevar a cabo medidas excepcionales de expoliación contra los trabajadores, para preparar una guerra imperialista de rapiña

El fascismo pues, es una opción del gran capital que ha de buscar en condiciones muy concretas inferidas por la lucha de clases. Opción que puede llegar a utilizar o no. Prosigue Dimitrov:

Los círculos imperialistas intentan descargar todo el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Para esto, necesitan el fascismo. Tratan de resolver el problema de los mercados mediante la esclavización de los pueblos débiles, mediante el aumento de la presión colonial y un nuevo reparto del mundo por la vía de la guerra. Para esto, necesitan el fascismo. Intentan adelantarse al crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante el aplastamiento del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos y el ataque militar contra la Unión Soviética, baluarte del proletariado mundial. Para esto, necesitan el fascismo. En una serie de países -particularmente en Alemania- estos círculos imperialistas lograron, antes del viraje decisivo de las masas hacia la revolución, infligir al proletariado una derrota e instaurar la dictadura fascista.”

La exacerbación de la lucha de clases obliga a la burguesía imperialista a recurrir al fascismo, a adoptar las posiciones del sector imperialista más reaccionario, porque el proletariado tiende a negar el sistema vigente, la democracia burguesa. En este sentido lo admite Dimitrov cuando afirma:

Pero la característica de la victoria del fascismo es precisamente la circunstancia de que esta victoria atestigua por una parte la debilidad del proletariado, desorganizado y paralizado por la política escisionista socialdemócrata de colaboración de clase con la burguesía y, por otra parte, revela la debilidad de la propia burguesía que tiene miedo a que se realice la unidad de lucha de la clase obrera, que teme a la revolución y no está ya en condiciones de mantener su dictadura sobre las masas con los viejos métodos de la democracia burguesa y del parlamentarismo.”

El XIII Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista llegó a la siguiente conclusión, fruto de los debates desarrollados en su seno :

El fascismo es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.”

Continuando con la línea leninista, en la Escuela de Frankfurt un sector entiende que el orden que en 1789 se produjo como vía de progreso, llevaba en sí la tendencia al nazismo, mientras que otros justifican que la aparición del nazismo fue el fruto y la necesidad del capitalismo para llevar a cabo su expansión. Pese a su diversidad y aunque con frecuencia utilizaran el término “fascismo” aplicados a las dos versiones históricas del fenómeno (el italiano y el alemán), los frankfurteses tomaron en consideración, con preferencia, la segunda. Pero en términos generales, la Escuela, ante las dictaduras de derechas, hace suya la tesis del VII Congreso del Komintern, según la cual el fascismo es “la dictadura abierta y terrorista de los elementos más reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero” que fue asumido por la URSS de Stalin sin ningún reparo:

FASCISMO: corriente política surgida en el período de la crisis general del capitalismo, expresión de los intereses de las fuerzas más reaccionarias y agresivas de la burguesía imperialista” (Diccionario Político- Editorial Progreso)

Nuestras desavenencias con Olarieta van muchísimo más lejos que la simple categorización y definición conceptual del fascismo. A una posición teórica le corresponde por fuerza un objetivo concreto que justifica el análisis, con las consiguientes tácticas y estrategias intermedias. No podemos pecar de ilusos, las diferencias son enormes porque conforman líneas divergentes hacia el socialismo. Debe entenderse que los juicios del PCOE recalan exactamente en el lugar en que “España” se muestra como un estado democrático burgués, con una fuerte inclinación hacia el fascismo auspiciada por la crisis, coincidiendo con las teorías de los Maestros.

Para el PCOE, la crisis no determina su estrategia socialista, en tal caso nos proporciona celeridad, crecimiento en la actividad y en número de militantes, a la vez que, nos facilita la comprobación de lo atinado o desacertado de nuestra táctica de Masas, el FRENTE UNICO DEL PUEBLO, así como también nos suministra las razones suficientes para ratificar que entre el imperialismo y el socialismo no hay estadios intermedios.

Olarieta, al tildar de fascista al actual Estado español, tras una búsqueda y rebúsqueda de pruebas que confirmen su opinión, se mete en un lío sin pretenderlo. ¿Cuál es la estrategia contra el fascismo en las condiciones dadas? ¿República Democrática Popular o Socialismo? ¿Y cuáles las tácticas intermedias? Silencio absoluto.

En el programa del PCEr editado en Octubre de 1993, se contempla literalmente:

De acuerdo con las condiciones generales que se acaban de señalar, la revolución pendiente en España sólo puede tener un carácter socialista. Este es el objetivo estratégico que persigue el Partido. Por consiguiente, no existe ninguna etapa revolucionaria intermedia, ningún peldaño de la escalera histórica anterior a la revolución socialista.”

Pero la realidad es otra muy distinta. Luego de un proceloso recorrido de idas y vueltas en pos de razonamientos que les proporcione una salida airosa, se entregan de lleno al revisionismo. La dictadura del proletariado tendrá que esperar por ahora, porque no hay condiciones para luchar por élla. Entonces, es preferible desdecirse tres líneas más abajo e inventar un espacio o período transitorio entre el capitalismo y la Dictadura del Proletariado, rechazado ya hace tiempo por los Partidos Comunistas revolucionarios:

Con la instauración de la República Popular se inicia el periodo que va desde el derrocamiento del Estado Burgués a la implantación de la dictadura revolucionaria del proletariado y que marca una corta etapa de transición política, la cual habrá de estar presidida por un gobierno provisional que actúe como órgano de las amplias masas del pueblo alzado en armas. La principal misión de este gobierno será la de aplastar la oposición violenta de la gran burguesía y demás sectores reaccionarios y garantizar la celebración de unas elecciones verdaderamente libres a una Asamblea Democrática y Popular. Esta Asamblea Democrática y Popular elaborará la Constitución y nombrará al nuevo gobierno democrático

Como no podía ser de otra forma, un posicionamiento izquierdista respecto del Estado, tenía obligatoriamente que inferir una táctica revisionista. Es decir, se trata de dirigir las luchas de la clase obrera para derrotar el capitalismo y en vez de implantar la Dictadura del Proletariado, se instaura un período donde tienen lugar unas votaciones descaradamente burguesas, pues solo se excluye a la gran burguesía violenta y demás ¿sectores reaccionarios? Los vencedores en los comicios decidirán el destino del país ¿Acaso no tiene cierta semejanza con el I Manifiesto por la República, en donde también se dispone que se celebrarían unas elecciones para decidir qué tipo de estado quiere el pueblo, dando opción a la restauración de la Monarquía derrotada? Pues se trata de una democracia popular refutada por la historia y desdeñada por los partidos revolucionarios después de un proceso de reflexión exhaustivo.

El colosal avance de las fuerzas productivas ha auspiciado la promoción de toda una generación de hijos de trabajadores formados en las universidades y en escuelas profesionales, que hacen posible acceder a la dictadura del proletariado soñada por Marx, Engels y Lenin, sin necesidad de sufrir de nuevo las experiencias negativas del pasado. Olarieta y el PCE(r) se hallan anclados a un pasado tenebroso que produjo la grave crisis por la que aún atraviesa el Movimiento Comunista Internacional.

Con un pueblo en armas y con una burguesía derrotada, apelar a unas votaciones constituyentes es el colmo de la necedad. Como dijo Lenin ¡El colmo de la estulticia!, porque a la postre nos jugamos de nuevo en un día de elecciones, la revolución ganada con sudor, sangre y muertes en meses o años.

Para tan pobre viaje no hacia falta semejantes alforjas. La situación política más la configuración contemporánea del movimiento obrero y sindical de nuestro país, proporciona los elementos suficientes para pasar de lo ideal a la práctica, en la proclamación de la clase obrera como el sujeto revolucionario, por medio de las ACDTs, que en su desarrollo aglutinará al conjunto de aquellos sectores realmente interesados en el socialismo (dictadura del proletariado). La síntesis del discurso revolucionario se llama FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, ACDTs y FUP como órganos de Poder Popular que armados con las experiencias de las luchas abiertas contra el Estado capitalista y sus secuaces, se facultarán de legitimidad para sustituir las instituciones burguesas.

A estas alturas, no es de recibo la presentación de ninguna táctica indefinida dejada de la mano de la casualidad y de la espontaneidad. Es completamente natural, que quienes no inician nunca el camino, jamás lleguen al final.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

FEDERACION DE JOVENES COMUNISTAS DE ESPAÑA (FJCE)

 

 




La necesaria reconstrucción del movimiento obrero

A los comunistas no nos basta con descubrir categorías generales conforme a la concepción materialista del mundo, pues como dijo Lenin siempre es imprescindible el “análisis concreto de la situación concreta” y la consecuente interrelación dialéctica entre lo universal y lo singular –socialismo científico-. Es esta una premisa básica para entender las causas y fenómenos que nos rodean, para llevar a la práctica nuestro programa revolucionario y transformar la realidad capitalista que vivimos. Los casos de los trabajadores Marcos Andrés y Miriam Pérez, representan dos ejemplos concretos -reales y vivos-, de la dramática situación por la que discurre el conjunto de la clase obrera, sometida a los designios de la oligarquía financiera y del oportunismo -auténtico caballo de Troya burgués en el movimiento obrero-. Partiremos, pues, de lo particular -dos proletarios – sabiendo que tal particularidad sólo puede existir en relación a lo general –al conjunto de la clase obrera y a las relaciones de producción dominantes- .

  

Bien entrado el siglo XXI y en el seno de un Estado español que transita por su etapa imperialista –la del capitalismo monopolista de Estado-, el modo de producción capitalista muestra objetivamente su esencia reaccionaria, golpeando con fiereza a millones de trabajadores que sufren en sus carnes no sólo la explotación asalariada, sino también las largas décadas de traición oportunista y de orfandad del Partido Leninista.

 Marcos Andrés, trabajador barcelonés de la trasnacional Telefónica, fue despedido en octubre de 2012 por caer enfermo. Aún justificando médicamente su ausencia laboral por tales motivos, la dirección patronal tuvo a bien estrenar su flamante Reforma Laboral de 2012 –auténtica síntesis de la esclavitud asalariada- que faculta a la empresa a despedir procedentemente a trabajadores que se encuentran en situación de baja médica por enfermedad u accidente (art. 52.1d). Los buques insignia del capitalismo monopolista de Estado (IBEX-35), suelen abrir la vía de las “novedades” superestructurales antiobreras, cuyo único fin es apretar todavía más los grilletes al proletariado. Las crisis en el capitalismo agonizante, no tienen otra función que incrementar el grado de explotación obrera y la multiplicación de la tasa de plusvalía, concentrando los beneficios capitalistas en cada vez menos manos. Todo ello a costa de la sangre, el sudor y el sufrimiento de millones de trabajadores como Marcos.

 Marcos, renunciando a su indemnización después de más de una década en plantilla y después de agotar las míseras vías ofrecidas por el derecho laboral burgués, decidió declararse en huelga de hambre junto a 4 de sus compañeros, ante la reiterada negativa de la trasnacional a readmitirlo –a pesar de la nulidad del despido según sentencia del propio TSJ de Cataluña-. Hoy sigue luchando por la readmisión. Su caso no sólo fue naturalmente silenciado por los consorcios mediáticos capitalistas, sino que las propias centrales sindicales reformistas (UGT-CCOO) no sólo no le dieron apoyo sino que lo conminaron a aceptar la indemnización y abandonar su digna lucha. Obviamente, la “huelga general contra la Reforma Laboral” del pasado 29-M de 2012, anunciada por las respectivas cúpulas, sólo representó una estafa más a la clase obrera. Una muestra más de la vileza oportunista que carcome a las centrales adscritas a la CSI imperialista. La repugnante actuación de UGT-CCOO respecto a la huelga de hambre en Telefónica, pone una vez más al descubierto la devoción de estos jerarcas del régimen capitalista español por su parasitaria clase dominante. Desde los Pactos de la Moncloa hasta el II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, su función no ha sido otra que desmovilizar y destruir desde dentro al movimiento obrero.

 De nuevo Lenin era claro al respecto; “la lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa si no va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo”.

El caso de Miriam Pérez es, si cabe, todavía más sangrante. Ella es trabajadora de la estratégica empresa nacional Unión General de Trabajadores (UGT), en su filial de Santa Cruz de Tenerife. A inicios de marzo de 2013, la patronal “sindical” decidió incluirla en un ERE junto a varios de sus compañeros del gabinete jurídico, conforme a los artículos emanados de la misma Reforma Laboral que tanto gusta a Telefónica. No en vano, ambas empresas capitalistas forman parte de un todo, y si Telefónica actúa como uno de los capo di capi del Estado español -al que tiene a su servicio-, UGT no es más que la otra cara de la misma moneda con la que se presenta la dictadura capitalista. La quintacolumna burguesa en el movimiento obrero, la viva imagen del oportunismo reformista que, sin vergüenza alguna, todavía es capaz de definirse como “sindicato” mientras despide y explota a sus propios trabajadores.

 Miriam, debe enfrentarse a esa particular patronal “sindical”, vulgar caricatura de la CEOE. Todavía hoy sigue en huelga de hambre, tras casi un mes de ayuno y desprecio de sus patrones. De sobras está decir que ni los oportunistas ni los medios de la oligarquía han tenido a bien dar a conocer semejante escándalo antiobrero a manos de los caciques canarios de Don Cándido Méndez. Saben bien los jefes de Méndez, entre ellos Telefónica, que UGT –como CCOO- todavía forman parte del atroz engranaje del régimen capitalista en el Reino de España y que no conviene removerlos más. Basta con que sigan chapoteando en el fango de los ERES de Andalucía y demás corruptelas infames; nos preguntamos ¿cuántos miserables del aparato “sindical” ugetero cobrarán con el ERE que ha afectado a Miriam y sus compañeros, aprobado vía exprés gracias a la Reforma Laboral de 2012? Resulta evidente que la instrumentalización de la última Huelga General y la cínica “oposición” a la Reforma Laboral de estos enemigos del pueblo, sólo buscaba ganar tiempo y recuperar una “legitimidad” que anda por el subsuelo.

 Este “sindicalismo” felón y repulsivo, antiobrero e imperialista, le dijo a Marcos que cogiera el dinero y corriese. A Miriam, ya como patronal, que aceptara los 20 días del ERE y desapareciera. Esto es el oportunismo en su particularidad más cruda y real.

 Ambos casos, nos muestran –tal y como si de un laboratorio se tratara- dos células obreras por las que se ha extendido la terrible infección capitalista. Una infección pivotada sobre la base misma del modo de producción capitalista e inoculada en el movimiento obrero a través de los sicarios de Méndez y Toxo. Dos ejemplos que retratan la brutalidad de un régimen que despide, con pulcritud procedimental y de forma “legal” a un trabajador enfermo y a una trabajadora en nómina de un supuesto “sindicato” –imaginamos que a la cúpula de UGT de poco le sirven ya los laboralistas cuando han aceptado gustosos la barra libre patronal -. Una minúscula muestra de la terrible situación en la que se encuentra el movimiento obrero, tras largas décadas de desmovilización, desorganización y alienación. Tanto será así, que estos dos compañeros se vieron obligados a optar por una medida desesperada; la huelga de hambre. Acto que, mezcla de dignidad e impotencia obrera, pone de manifiesto la soledad en la que se han encontrado, más allá de notas públicas, muestras de solidaridad y acompañamiento emocional.

 Esta es la receta burguesa para salir de la crisis; represión y paro para aquellos que desesperados dicen basta, degradación y esclavitud para el resto.

 Así como los casos de Marcos y Miriam, desde el análisis concreto, nos aportan una fiel radiografía de la cruda realidad del proletariado actual, al mismo tiempo no hacen más que certificar el acierto y validez de la política de masas emanada del XIV Congreso del PCOE. Miles de trabajadores como Marcos y Miriam, están pidiendo a gritos la construcción de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores (ACDT), la necesaria e imprescindible reorganización del movimiento obrero entorno a los irrenunciables principios de solidaridad y unidad de clase. Están pidiendo, aún de forma débil, inconsciente y espontánea, el fin del oportunismo en todas sus formas. Marcos y Miriam, no habrían sido despedidos con una poderosa ACDT desarrollada en Cataluña y Canarias, tampoco se habrían declarado en huelga de hambre. Sabrían con certeza que ya sólo el socialismo puede dar solución a los graves conflictos que genera este modo de producción capitalista, máquina criminal cegada por sus propias contradicciones.

 El Partido debe decir alto y claro, que tiene la vacuna para frenar esa terrible infección en el organismo obrero y pasar a la ofensiva proletaria frente a la criminal clase dominante.

 Levantar la ACDT como movimiento socio-político capaz de organizar y concienciar a la clase trabajadora, lastrada y minada por décadas de traición oportunista, sometida a la burguesía en todos los frentes; económico, político e ideológico. Arrancar al proletariado de ese estado de derrota es una tarea que sólo el Partido puede llevar a cabo. Responder, como trabajadores y comunistas, a la llamada de nuestros hermanos de clase, que hoy se muestran impotentes y aislados. Coadyuvar en su férrea organización, elevando su conciencia de clase y haciéndoles sentir lo que verdaderamente son; una clase en sí y para sí, sujeto histórico revolucionario que debe sepultar este sistema agotado y parir las estructuras de la nueva y regeneradora civilización socialista. Trabajar al mismo tiempo y sin descanso por la extensión de la Central Única de Trabajadores, única vía capaz de reconstruir el necesario sindicalismo de clase en todos los territorios del Estado español, fundido a la Federación Mundial Sindical (FSM), como organización obrera antiimperialista.

 A través de nuestra táctica de masas, podrá el Partido engrosar sus filas con los mejores hijos de la clase obrera, siendo capaz de dirigir con firmeza un proceso revolucionario que culmine en la consolidación del Frente Único del Pueblo, como sólida estructura que una en un solo puño a las fuerzas proletarias y populares. No hay y no puede haber otra manera de destruir de raíz la maquinaria explotadora y represora del capitalismo monopolista de Estado que cumplir con nuestro Programa. Sin un poderoso y disciplinado Ejército Proletario, es inviable la revolución socialista. Es por tanto imprescindible que los comunistas elevemos política e ideológicamente al conjunto del proletariado, si queremos arrancar a éste de los brazos del oportunismo en todas sus formas y manifestaciones, ya sean éstas de carácter reformista o izquierdista y sectario. La presencia del Partido entre los nuestros es una tarea histórica impostergable. Es hora de tejer la necesaria ligazón con las masas, desplegando con eficiencia nuestra política de masas y sindical.

 Los trabajadores como Marcos y Miriam, así como el conjunto de las masas laboriosas, deben saber con exactitud que sin un proceso de unidad desde la base, sólo nos espera –a nosotros y a nuestros hijos-, un futuro de esclavitud y miseria. Acumular más derrotas, sólo nos conducirá de cabeza al siglo XIX, retrocediendo hasta nuestro punto de partida como clase explotada. El PCOE no ahorrará esfuerzos y sacrificios para caminar con firmeza hacia el único régimen digno para el género humano; la dictadura del proletariado. Dictadura implacable frente a la minoría explotadora, y el más perfeccionado sistema democrático para las grandes masas productivas. Dado el desarrollo de las fuerzas productivas y la contradicción principal que rige el momento actual que vivimos, ya no pueden existir más etapas intermedias hacia el socialismo

 ¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, construyamos poder popular!

¡Construyamos socialismo!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

  




Charla Coloquio: “Ante la gran derrota de la clase obrera”

SÁBADO 6 DE ABRIL 10:30 HORAS

CENTRO CÍVICO HOGAR SAN FERNANDOC/DON FADRIQUE 57 (JUNTO A PARLAMENTO ANDALUZ)

Organiza:Célula José Stalin del PCOE de Sevilla

Texto de introducción:

Digámoslo alto y claro, sin tapujos. La situación actual es de una gran derrota histórica para la clase obrera en todos los sentidos. Seis millones de parados y aumentando, desaparición total de todas las migajas que la burguesía tuvo que ceder a los trabajadores en forma de concesiones(el mal llamado estado del bienestar), salarios de hambre y miseria, para crónico, desahucios, suicidios, psicología del miedo en los centros de trabajo, tendencia a la reacción, hegemonía ideológica burguesa… podríamos llenar enciclopedias con la negativa situación actual de la clase obrera en España.

 

Pero daremos algunas cifras que nos muestran como la democracia burguesa y sus partidos, títeres del Capital, desarrollan la labor de que el rico sea cada vez más rico a costa del incremento de la pobreza y del número de pobres.

El periódico reaccionario El Mundo señalaba el pasado 22 de diciembre que “los adinerados españoles son un 8,4% más ricos que en 2011; las 100 mayores fortunas de la Bolsa suman 78.518 millones de euros, un 24% más y los 10 primeros de la lista acaparan el 75% del dinero en el parqué”.

“En apenas doce meses, el patrimonio del patrón de Inditex en Bolsa ha crecido un 64% (39.150 millones), y si se le añaden las decenas de edificios que posee, se eleva a los 43.000 millones. Su fortuna equivale a la suma de los 99 restantes ricos de la Bolsa (…)

El fundador de Mercadona y su esposa, Hortensia Herrero, encabezan la relación de las fortunas que no cotizan en Bolsa, con más de 6.000 millones de euros(…)

En España hay 2.977 sicavs, que en septiembre sumaban 22.871 millones de euros, un dinero que solo produce más dinero para sus propietarios.”

 “Los 100 personajes más ricos del planeta ganaron 241.000 millones de dólares en 2012, lo que equivale a 183.000 millones de euros. ¿Qué representa esta cifra? Pues más de lo que España gasta en pensiones, desempleo, sanidad y prestaciones sociales en un año”

Mientras PP   y PSOE han realizado leyes con las que los monopolios pagan, a lo sumo, el 1,74% de impuestos; mediante las fórmulas de Empresa patrimonal o de SICAV, que a lo sumo pagan el 1%, han hecho leyes para que los obreros paguen impuestos hasta por respirar. Un ejemplo de lo que hablamos es el de Emilio Botín, Presidente del Banco Santander, participa con los 250 millones € invertidos en la SICAV Cartera Inmobiliaria, donde ganó 25 millones de € en 2009, por los que pagó solo 144.000 en impuestos (no llegó ni al 1% establecido por la ley).

Y mientras los ricos son cada día más ricos gracias a la democracia burguesa y las  leyes realizadas por sus partidos e instituciones, las leyes realizadas contra los obreros llevan a los trabajadores a la siguiente realidad:

·        Seis millones de parados.

·        Una tasa de paro juvenil del 56,6%.

·        Recortes en sanidad y educación.

·        Reducción de la prestación por desempleo.

·        Un millón 800 mil hogares obreros sin ingreso alguno.

·        Según la farmacéutica Pfizer, el 40% de los españoles sufre estress y ansiedad. Según la farmacéutica IMHealth en España ha crecido el consumo de ansiolíticos en el último un 10% pasando de 30 a 33 millones de unidades al año. El coste anual a la salud pública por depresión se sitúa en 745 millones de euros.

·        En España se suicidan 3.285 trabajadores por año, 9 cada día, y lo intentan 87.600, o lo que es lo mismo 240 al día.

·        Inmolación de trabajadores que les van a desahuciar.

·        180.000 desahucios en 2012, a razón de 494 diarios.

·        El  30,6% de menores de edad están expuestos a riesgo de pobreza extrema y de exclusión social en España.

·        Pensionazo que hace que se incremente la edad de jubilación y disminuyan las pensiones.

·        Uno de cada tres ancianos mantiene a sus hijos con sus pensiones.

·        Pensiones de miseria: La pensión media del sistema está en 784,64 euros/mes.  El 29% de las pensiones están por debajo de los 600 euros/mes, y el 81,86% de las jubilaciones están por debajo de los 1.000 euros/mes.

·        Tasa de pobreza del 21,8% de la población en España.

Como se puede comprobar, la democracia burguesa lleva a los trabajadores a la muerte. A esto habría que añadirle las reformas laborales realizadas por los sucesivos gobiernos socialistas y populares que ha significado una fórmula para abaratar el despido y potenciarlo, en los 8 primeros meses de la Reforma Laboral subieron los EREs en torno al 70%, de tal modo que se facilite al empresario una bajada de salarios real, despidiendo a los trabajadores con un salario digno a precio de saldo e instaurando el salario mínimo, como consecuencia de la posibilidad del descuelgue y de la caducidad de la ultraactividad de los convenios colectivos, que llevarán a los trabajadores a unas condiciones laborales tercermundistas.

 Y a pesar de ello, no existe un clima que nos haga pensar que la situación va a cambiar. Esto sin lugar a dudas, no tiene otro calificativo que el de derrota, y una derrota muy grave.

Los comunistas, como organización armada con la teoría de vanguardia del socialismo científico, no somos derrotistas ni caemos en divagaciones metafísicas y anticientíficas pues sabemos que más tarde o más temprano el capitalismo caerá, por las leyes científicas del desarrollo social y de la revolución. Sin embargo esa caída no se producirá espontáneamente. Sin embargo, para ayudar en este proceso de caída del capitalismo no podemos cerrar los ojos. No podemos caer en análisis subjetivos y acientíficos y debemos señalar, duela o no, cual es la situación real de la clase obrera en cada momento. Y la situación actual es la gran derrota de la clase obrera, y la gran victoria de la burguesía, de los capitalistas. Por tanto, para revertir esta situación, urge conocer las causas que la han producido y cuales son los agentes que han ayudado a ello, para poner fin a esta situación de derrota.

Varias son las causas principales, cuya ligazón dialéctica es evidente: la ausencia del Partido Comunista, la dispersión de las luchas, el economicismo de estas luchas y el papel del reformismo. La concatenación de este proceso con la crisis capitalista ha llevado a esta gran derrota, cuando debería haber una poderosa fuerza contestataria aún solamente espontánea, pero debería existir. Y sin embargo, las respuestas son cuantitativamente nimias. Y precisamente son estos factores principales que hemos señalado los que nos han llevado a esta situación.

-El mundo en que vivimos: el capitalismo.

Pero primero debemos entender el mundo en que nos encontramos: el sistema capitalista. Vivimos en una sociedad de clases, unos son dueños de los medios de producción(fábricas, tierras, comercios, bancos) y otros tienen que vender su fuerza de trabajo para poder vivir(obreros, jornaleros, etc.).Es decir, en la sociedad existen clases y capas sociales que tienen intereses antagónicos. Al dueño de los medios de producción(empresario, emprendedor, sea individual o un grupo de accionistas) lo que le interesa es ganar cada vez más dinero y vender más barato para eliminar a la competencia. Al trabajador lo que le interesa es ganar más dinero para poder comer él y su familia, poder pagar la casa y otros gastos derivados de una vida digna.

Como decimos, ambos intereses lógicamente están enfrentados. Los capitalistas quieren vender más barato para eliminar a la competencia. Para ello, tienen dos opciones:  no dudarán en llevarse la producción allá donde les salga más barata y donde puedan sacar mayor rendimiento económico del trabajo de los obreros(plusvalía). Es decir, deslocalizan la producción, se la llevan a países del llamado Tercer Mundo donde obtienen mayores ganancias debido a la situación de semi-esclavitud de nuestros hermanos obreros en esos países, a los que estos capitalistas pagan salarios aún más bajos que los sueldos que reciben los trabajadores en España.

Esto, tal como lo descubrieron Marx, Engels y Lenin es una ley científica de desarrollo del capitalismo. Es decir, no es por la maldad del empresario individual sino que el propio capitalismo para desarrollarse necesita cerrar fábricas, centros de trabajo y destruir los puestos de trabajo que no le producen la plusvalía necesaria, trasladando la producción a países donde  obtienen pingües ganancias explotando la mano de obra nativa.

Es decir, la burguesía exporta capitales que producen los obreros, roba la riqueza que producen los obreros y mediante esta exportación de capitales adquieren empresas, fábricas, centro de trabajo en el extranjero para enriquecerse. Evidentemente, los obreros a los que se les ha robado el producto de su fuerza de trabajo, a pesar de financiar estas aventuras del capital transnacional, no ven un duro en todo este proceso. Todo esto a pesar de que la burguesía cacaree de la implantación internacional del capital español, que según ellos beneficia al país; sin embargo en una sociedad de clases a quién realmente beneficia es a la clase dominante, a la burguesía.

El segundo modo que tiene la burguesía de aumentar sus beneficios es aumentar la jornada laboral, reducir los salarios y reducir el tiempo de trabajo necesario para producir una mercancía. Es decir, harán trabajar más a los obreros de las fábricas o los centros de trabajo para obtener mayores ganancias.

Mientras la clase obrera no sea dueña de los medios de producción, la burguesía podrá hacer con ellos lo que le plazca, a pesar de que son los obreros los que producen esas mercancías y esa plusvalía con la que los burgueses obtienen sus ganancias.

Pero toda esta situación no es sostenible, y ahí viene una de las contradicciones principales del capitalismo. Conforme avanza la técnica, el obrero produce más mercancía en menor tiempo. Asimismo, debido a la anarquía de la producción en el capitalismo, se produce sin ninguna planificación y llega un momento en el que tenemos más mercancías de las que la sociedad puede consumir. Al mismo tiempo, los avances técnicos hacen que cada vez haya mayores cantidades de obreros sobrantes, que pierden su empleo. Esto hace que grandes masas de la sociedad no tengan fuente de ingresos, o que los vean mermados, lo que produce a su vez que no puedan acceder a las mercancías producidas. Esto, que hemos explicado en lenguaje sencillo es la crisis de sobreproducción del capitalismo, o la crisis como vulgarmente se la conoce. Siempre han existido, y existirán mientras haya capitalismo.

Esta crisis es una crisis sistémica del capitalismo en España, una crisis con diferentes crestas que surge en los años noventa por el derrumbe de los modelos productivos japoneses y estadounidenses; para lo cual la burguesía ideó el adelanto del crédito, de un dinero que no existía y que no había sido producido, con el fin de remontar la situación. Vimos como los créditos se concedían a cualquiera que los pidiese, y como la burguesía animaba y adoctrinaba en el consumo masivo e irreflexivo. No vivimos por encima de nuestras posibilidades, ellos nos hicieron vivir así pues sino el capitalismo hubiera quebrado mucho antes.

Como resultado de la venida de la crisis actual, las entidades más afectadas fueron aquellas que concedían los créditos a cascoporro, es decir, los bancos. Estos quebraron y la burguesía debió rescatarlos con dinero público, es decir, con el dinero de los obreros rescataron a las empresas privadas por excelencia, los bancos. Por tanto la siguiente “salida” a la crisis capitalista que intenta la burguesía ya no puede ser el adelanto del crédito, del dinero fantasma, sino que debe buscar sus propias alternativas para remontar la crisis.

A esto se añada que, por el desarrollo desigual del capitalismo, empiezan a aparecer países emergentes( nuevos imperios), los llamados países BRIC(Brasil, Rusia, India, China). Como decimos, la teoría leninista del desarrollo desigual nos enseña que los países capitalistas avanzan a saltos, y que quien antes estaba arriba puede caer y quién estaba abajo puede desarrollarse y ocupar el lugar de aquel que cayó. Por tanto, mientras la Unión Europea y el capitalismo occidental se desmorona, estos BRIC empiezan a ocupar su lugar como lo demuestra que China sea uno de los mayores compradores de deuda al Estado Español así como el hecho de su progresiva y masiva implantación en Sudamérica y África, anteriormente cotos privados del capital europeo.

Por tanto para el capital europeo, y por tanto para el español que es en el que vamos a centrarnos, se plantea un dilema: ¿Cómo remontar la crisis?, ¿Cómo restaurar la tasa de ganancia que permite la acumulación capitalista?, ¿Cómo recomponer el ciclo de reproducción ampliada del capital? La burguesía históricamente tiene una respuesta a esta pregunta: buscando una mercancía cuyo valor produzca el excedente  necesario al capitalista. Esta mercancía la denominamos capital variable y es la fuerza de trabajo. La clave de todo esto es la plusvalía, el valor no remunerado que el obrero crea al capitalista.

Esto, que en lenguaje marxista puede parecer un galimatías a primera vista, es más sencillo de lo que parece. Significa que el empresario necesita robar más a los trabajadores, porque de este robo(plusvalía) obtiene las ganancias que le permiten recomponer su tasa de ganancia, y con la recomposición de la tasa de ganancia el burgués español puede volver a la arena internacional con renovadas fuerzas para combatir a otros capitalistas extranjeros. Es decir, el robo al obrero en mayor escala, y en esta crisis se está viendo una escala inaudita, es la estrategia del burgués(empresario-emprendedor) para no perecer ante las acometidas de otros capitalistas.

De ahí que sean necesarias para el capitalismo español medidas como la reforma laboral, la reducción de los salarios, el aumento de la jornada de trabajo, la privatización de la economía pública, las ayudas a las empresas por parte del estado de los capitalistas, el aumento de la inflación, etc. Son medidas destinadas a intentar sacar de la UVI a ese capitalismo español en fase decadente, moribundo. Y son los obreros los que están pagando las consecuencias no de la avaricia de los banqueros y la maldad de los políticos, sino de un modo de producción(el capitalismo) que necesita estas medidas para mantener su propia existencia. Es decir, el problema principal es que este modo de producción capitalista ya no tiene nada que aportar a la sociedad como no sea miseria, paro, corrupción, violencia, y en último instante: la guerra. Porque todos estos países emergentes y los que intentan no caer tiene intereses contrapuestos y chocan. Esta lucha por el reparto de los mercados, para obtener mayores ganancias, es lo que conduce al coque entre los imperios que ya no pueden resolver sus contradicciones en el terreno de la política formal. Para ello deben recurrir a la guerra, la continuación de la política por otros medios. Tenemos la experiencia de dos guerras mundiales entre imperios para el reparto de los mercados. En España, país imperialista insertado en la Unión Europea que es el bloque imperialista de todos los Estados capitalista europeos, la burguesía ha emprendido una feroz rapiña contra la clase obrera, para arrebatarle todo. Tiene como finalidad “salvar” al capitalismo español que pierde posiciones dentro de la UE y dentro de la propia cadena imperialista mundial. De ahí que los burgueses españoles necesiten robar a los obreros cada vez más.

Debemos señalar asimismo un par de rasgos que definen al capitalismo, el primero es que el capitalismo tiende a la concentración de capitales. Las grandes empresas vencen a las pequeñas ante la imposibilidad de competir con estas en el terreno de la libre competencia. La tienda de ultramarinos del barrio no puede ofrecer los mismos precios que la gran superficie de turno, puesto que esta última obtiene mejores precios de los proveedores debido a su volumen y por ende le permite bajar los precios. Bajada que se produce hasta que se elimina la competencia de la pequeña empresa, y es cuando la gran superficie artificialmente vuelve a elevar los precios ante la ausencia de competencia.

El segundo rasgo es la anarquía de la producción la cual solo trae miseria y empobrecimiento a la clase obrera y al conjunto de los trabajadores. Ante ello, los comunistas luchamos por la única alternativa válida y demostrada a este sinsentido capitalista: una economía planificada científicamente y centralizada, que tenga como fin no el lucro sino la satisfacción de las necesidades de la clase obrera. Una economía planificada donde se racionalicen los recursos, frente al despilfarro banal de los capitalistas. Una economía planificada que garantiza el pleno empleo, la educación, la sanidad, el acceso a la cultura y a una vida digna para las grandes masas obreras. Una sociedad sin patrones ni explotados, una sociedad donde el poder emana de los centros de trabajo, de las fábricas, de las uniones de campesinos y jornaleros.

FACTORES DE LA DERROTA

Por tanto tenemos la explicación histórica y científica de las crisis en el capitalismo. ¿Pero, a pesar de esta crisis, porqué la clase obrera sigue sin reaccionar? Volvemos pues a los puntos señalados anteriormente.

-La dispersión de las luchas:

En primer lugar hemos de señalar la dispersión de las luchas. La burguesía ha conseguido su objetivo de desunir a la clase obrera, ha conseguido que la clase obrera no actúe unida sino en base a luchas concretas y parciales. Ha conseguido que en un mismo polígono industrial se den a la vez varias luchas, pero todas inconexas entre sí e incluso no tienen constancia unas de otras, por increíble que pueda parecer. Ha conseguido que los trabajadores no luchen como clase, sino que encima se enfrenten unos a otros como si de gremios se tratase. Es decir, a las luchas parciales y dispersas que se dan actualmente es mucho más fácil vencerlas por separado que si fuesen luchas conectadas en un todo. Ante un enemigo poderoso y organizado, dividir las fuerzas no sólo es un error táctico sino un crimen. Ante esto el PCOE lucha por la creación de las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores(ACDT) como la unión de los comités de empresa, los delegados de personal y los trabajadores en general como la herramienta que permita unir todas las luchas.

-El economicismo:

Ahora bien, y aquí señalamos la segunda de las causas que nos han llevado a esta gran derrota, estas luchas no se pueden unir desde una perspectiva meramente económica. El economicismo es una desviación y sólo conduce a nuevas derrotas. Tenemos que comprender que nos enfrentamos a todo un sistema, el capitalismo, que como hemos visto es el causante de todos los males de la clase obrera debido al lugar que esta ocupa dentro de las relaciones de producción. Debemos comprender que no nos enfrentamos a una lucha por un convenio, ni por mejores salarios solamente sino que nos enfrentamos a una lucha política contra la clase antagónica, la burguesía, y contra el instrumento que usa dicha burguesía para dominarnos, que es el Estado.

Hay que decir que el desarrollo del movimiento obrero no debe circunscribirse a la lucha por las reivindicaciones económicas únicamente. El objetivo que tiene que tener claro el movimiento obrero no son estas reivindicaciones en sí, sino que son un medio para alcanzar dicho objetivo y que siempre deben ir ligadas a las luchas políticas e ideológicas.

La respuesta hasta ahora ha sido la mera lucha sindical. ¿Pero eso es suficiente?. No, como hemos explicado, el problema es del sistema  y no un conflicto económico puntual. Por tanto toda lucha que no englobe todos los aspectos de la lucha contra el capitalismo: en lo económico, en lo ideológico o en lo político está condenada al fracaso. Incluso una victoria parcial en una lucha económica puede ser revertida fácilmente por la burguesía: ellos elaboran las leyes del marco laboral y lo que ganemos por un lado, pueden hacérnoslo perder fácilmente por el otro.

Además, la lucha espontánea y alejada del socialismo científico no crea la conciencia de clase. Sirve para crear ese embrión, pero los obreros por medio de la lucha espontánea y economicista nunca van a llegar a la conclusión de que se debe derribar el capitalismo si lo que de verdad queremos es acabar con la esclavitud asalariada. Es necesario que estas luchas espontáneas se doten del arma que les permita vencer no sólo a un capitalista o a una empresa concreta, sino a la unión de toda la clase de los capitalistas y al instrumento de opresión y dominación sobre los obreros que es el Estado.

La lucha nos enseña que la victoria completa sólo puede ser alcanzada cuando toda la clase obrera se lance contra su enemigo; como una fuerza unida, poderosa y organizada. Y es esta misma lucha la que muestra a los obreros que además de tener a su enemigo directo en los centros de producción -el capitalista- tienen otro si todavía más nocivo: la fuerza organizada de toda la clase burguesa -es decir, el Estado capitalista- con su ejército, sus tribunales, su policía, sus cárceles, etc. Hasta en la más democrática de las repúblicas burguesas el menor intento de los obreros de mejorar su situación choca con el poder burgués, incluso allí dónde como decimos existen unos teóricos y formales derechos que no pasan de eso: de ser formales y no reales para la clase obrera y sí para la clase de los explotadores, se entiende.

¿Y qué es la lucha ideológica? Abarca varias facetas: la lucha contra la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero(revisionismo), contra la concepción burguesa del mundo, contra la ideología en que la burguesía intenta adoctrinar a los obreros. Es decir, la burguesía siempre pretende presentarnos el capitalismo como algo inmutable, que nada puede cambiar, que todo va a seguir igual y que es inútil la lucha. Los comunistas sabemos, y el materialismo dialéctico nos lo confirma que nada es inmutable, que todo está en cambio constante, que el capitalismo no sólo no es eterno sino que nació en una época determinada por parte de una clase social determinada y que antes de él existieron otros modos de producción.

La clase obrera nace de las entrañas del capitalismo, por tanto es ideología burguesa lo que mama desde la cuna, es la ideología que le rodea y en la que le adoctrinan. No hay nada más normal que un obrero a favor del empresario(un obrero de “derechas”, como lo llamarían los reformistas) y comprender esto es vital para batallar entre nuestros hermanos de clase. Debemos pues romper esa coraza burguesa, esa ideología burguesa, si es que queremos que los obreros empiecen a cuestionarse la dominación del patrón y el sistema capitalista en sí.

Esta ideología burguesa se transmite por todos los canales, destacando en ellos los medios de comunicación masiva. Así no es difícil encontrarnos con que los media son los primeros en difamar y criminalizar la protesta, aunque sea de carácter exclusivamente económico, porque es la función que tienen dentro del capitalismo. Los media pertenecen a la burguesía y difunden la ideología de esta clase social. Por tanto, renunciar a la lucha ideológica es poner en bandeja de plata la victoria de los capitalistas, incluso en luchas económicas y parciales como esta que comentamos.

Asimismo hay que combatir todas aquellas tendencias que niegan el carácter de clase del estado, que niegan que este sea un arma de dominación al servicio de los intereses de la burguesía, que optan por la conciliación de clases, que nos dicen que no hace falta la lucha por el poder político sino que la simple lucha económica es todo lo más que nos hace falta.

Además hemos de tener claro que el obrero en sí no tiene conciencia de clase. Es decir no comprende su papel histórico como sujeto de cambio en la sociedad ni se plantea que para acabar con su situación deba ser necesario acabar con el capitalismo. La lucha ideológica nos permite vences los rasgos burgueses del obrero, educándolo revolucionariamente para que empiece a ser clase para sí. Debemos asimismo luchar contra la psicología de derrota dentro de las fábricas y los centros de trabajo. Debemos enseñar a los obreros a que el patrón no es omnipotente, debemos enseñarles la alternativa que les permita vencer ese miedo constante instalado en su psicología. Este miedo sólo se podrá empezar a vencer cuando le enseñemos que la alternativa científica, válida y necesaria al capitalismo es el socialismo y las maneras de llegar a él.

Mientras vivamos en una sociedad de clases, la clase dominante difunde su ideología, con el fin de adoctrinar a los obreros y “convencerles” de que el capitalismo es el único modo de producción viable, que es eterno y que el socialismo es algo caduco, que no tiene razón de ser “en las modernas sociedades del siglo XXI”.

Metafísica burguesa pura. Las leyes del desarrollo y del movimiento de la sociedad nos enseñan que nada es eterno, puesto que el mismo capitalismo no existe desde el albor de los tiempos. Ese capitalismo sucedió al modo de producción feudal; era más avanzado que este último y la clase social que instauró el capitalismo, la burguesía, realizó en su época las revoluciones pertinentes para poner fin al feudalismo. Ese proceso no estuvo falto de derrotas, de vueltas hacia atrás, hasta que la burguesía logró imponerse al feudalismo.

También nos dicen que el socialismo está caduco, que fracasó. Las experiencias socialistas del siglo XX dejaron de existir en un momento determinado, no por la superioridad del capitalismo, sino por los propios fallos internos y la desviación revisionista. Esta vuelta atrás no quiere decir que la lucha por el socialismo no tenga validez hoy en día, pues la superación del capitalismo en su fase imperialista, en su fase de descomposición, se hace más necesaria que nunca. Las fuerzas productivas han llegado a tal grado de desarrollo que chocan contra las relaciones de producción existentes, por tanto, el capitalismo ya no tiene nada avanzado ni progresivo que ofrecer. No hace falta más que mirar el aterrador panorama que azota a la clase obrera del siglo XXI: millones de parados, desahucios, paro crónico, miseria, hambre, etc. No hablamos de la República Centroafricana, sino de España, una de esas sociedades que nos venden los burgueses como “modernas, desarrolladas y donde los conflictos de clase han pasado a mejor vida”.

Estos absurdos argumentos burgueses denotan una falta de contacto con la realidad que no es espontánea, sino que obedece a un fin. La burguesía sabe que la clase obrera es su sepulturera e intenta dar batalla ideológica contra el que sabe su enemigo mortal: el socialismo científico. Los burgueses saben que la única manera de poner fin al capitalismo es mediante la revolución socialista, y la historia les ha demostrado la validez y éxito de dichas revoluciones. Así, por ejemplo, la experiencia de construcción socialista en la URSS durante los años 30, 40 y 50 del siglo pasado supuso un punto de inflexión donde el capitalismo realmente temió por su existencia, donde se enfrentaba a un enemigo que le superaba en los campos de la economía, lo ideológico, lo político, lo militar, lo científico, etc.

Para ellos es vital difamar y echar tierra sobre ese período exitoso de construcción socialista, porque sabe que si los obreros vuelven a fundirse con la ideología proletaria y el Partido Comunista vuelve a convertirse en la fuerza proletaria hegemónica, su fin está más cerca que nunca.

Entremos ahora en el terreno de la lucha política. La lucha por la conquista del poder político, para destruir ese poder que hoy se encuentra de manera absoluta en manos de la burguesía y sustituirlo por el nuevo poder, mucho más democrático, que es el poder obrero.

La burguesía se ha dotado del arma con la que dominar a la clase obrera, una superestructura que emana de la misma base del modo de producción capitalista y que es el Estado, sus leyes, su judicatura, sus elementos represivos(policía, ejército) etc. Por tanto esta maquinaria siempre va a estar al servicio de los capitalistas. Es de ilusos pensar que el Estado está por encima de las clases o que sirve de árbitro en los conflictos derivados de los intereses antagónicos de los obreros y los patrones. Por tanto, la lucha también debe ser política: teniendo claro que sin la destrucción de ese estado, sin la destrucción del poder político de la burguesía, no hay lucha de clases ninguna ni es posible ningún tipo de victoria.

El Partido Comunista Obrero Español, como organización obrera armada con la teoría de vanguardia del marxismo-leninismo tiene una táctica de masas clara para esta lucha. La historia de 150 años de movimiento obrero nos enseña que únicamente cuando la clase obrera marcha del lado de su partido, el Partido Comunista, se producen avances en el terreno de la lucha de clases. Porque en cada batalla hace falta un Estado Mayor armado de la ciencia de vanguardia, que sepa analizar la realidad y preveer el resultado de la lucha de clases, y que sepa pedagógicamente difundir el socialismo científico entre amplios sectores de nuestra clase.

El PCOE llama a organizarse en las ACDT(Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores) como los órganos de poder obrero emanados de las fábricas y de los centros de trabajo y que en simbiosis con los órganos de decisión de los barrios obreros(Asociaciones de Vecinos), con las asambleas de estudiantes, de jornaleros, etc. conforme el Frente Único del Pueblo(FUP). Es decir, el estado obrero que mediante la dualidad de poderes confronte con el actual estado burgués(parlamento, ayuntamientos) hasta que mediante la Revolución Socialista( que no será pacífica) se ponga fin a la existencia del Estado burgués, sus instituciones, sus leyes, su policía, su ejército. Es decir: la eliminación de toda la superestructura de la sociedad burguesa.

Seguidamente se instaurará un período de transición entre el capitalismo y la sociedad sin clases(la sociedad comunista) que es el período de Dictadura del Proletariado. Esto es así debido a que los antiguos explotadores opondrán la más tenaz de las resistencias a la eliminación de sus antiguos privilegios. Pero que no asuste la palabra Dictadura, pues es una Dictadura de clase y a la vez la forma más democrática de Estado que ha conocido la humanidad. Es decir la democracia para los explotados: los obreros, los trabajadores y las demás clases populares y dictadura a su vez para los explotadores: los burgueses, que son la minoría de la sociedad. Toda sociedad de clases es una dictadura de una clase sobre otra, incluso la “democracia” actual española que nos venden como el súmmum de las libertades es en realidad una dictadura de la burguesía. Porque no gobiernan los peleles que se eligen cada cuatro años, sino que esos peleles están al servicio de la burguesía y ejecutan las políticas que les dicta el capital. Incluso movimientos tan poco sospechosos de comunistas como el 15-M lo señalan: “no hay democracia si gobiernan los mercados”, lo cual que están diciéndonos que los que realmente gobiernan son los mercados. Y aunque ellos no lo sepan y usen un eufemismo, a lo que llaman mercados se ha denominado siempre burguesía. Es decir: un movimiento interclasista señala el carácter de clase y dictatorial del modo de producción capitalista.

Es la lucha en la que nos encontramos y en la que no caben medias tintas. Es hora de elegir entre el proletariado o la burguesía. Estos últimos lo único que ofrecen al trabajador es miseria y paro crónicos y un futuro sin esperanza. Ni al más ingenuo de los obreros debe escapársele el hecho de que todos los recortes, los “derechos” que pierden los obreros nunca se van a recuperar si no es mediante la superación del capitalismo. Porque este capitalismo, debido a sus leyes de desarrollo, necesita de esas agresiones a la clase obrera, de ese robo, que no hará sino acrecentarse con el tiempo. Nos mienten los reformistas que nos prometen cambios graduales dentro del capitalismo. Lo único que buscan es su poltrona, su cargo político, por mucho ropaje radical con el que se disfracen. Todo aquel que no le diga a los obreros, sin tapujos, que el objetivo es el socialismo y romper con el poder burgués estará engañando a los obreros y contribuyendo a alejar la conciencia de clase de los trabajadores.

En resumen, el poder político de la sociedad socialista pertenecerá a la clase obrera y a los sectores populares y no a un puñado de oligarcas, banqueros y empresarios que son los que actualmente ostentan todo el poder político en nuestra sociedad.

Debemos aclarar también que la situación actual no es un problema de políticos corruptos, pues por esencia todos los políticos del sistema burgués lo son, ni de coches oficiales, ni de existencia de Comunidades Autónomas. Porque a fin de cuentas, estos parlamentos, estos políticos no tienen el poder real sino que son los títeres, los instrumentos por medio de los cuales la burguesía mantiene su poder de clase. Porque quien tiene el poder económico controla el poder político, por tanto todos los males de la clase obrera vienen dados por este sistema criminal llamado capitalismo en el que una clase social es dueña de todos los medios de producción. Esta situación es así haya o no crisis, haya o no “bonanza” económica entre comillas, porque la explotación capitalista existirá siempre que exista el capitalismo en cualquiera de sus formas.

Urge a la clase obrera organizarse para un fin muy sencillo: la toma del poder político, la cual no se producirá mediante el depósito de una papeleta en una urna electoral sino mediante la revolución. Una revolución que ponga el poder en manos del pueblo, en manos de los que verdaderamente producen la riqueza y que son los que hacen que esta sociedad funcione.

El fin es el poder obrero y el socialismo, el único sistema económico que tiene como misión satisfacer las necesidades del pueblo. En el capitalismo, y más tal y como se desarrolla negativamente, estas opciones son quimeras.

-El reformismo:

El siguiente factor fundamental es el papel del reformismo, y señalaremos a los sindicatos oficiales y a todos los partidos, algunos autodenominados incluso comunistas, que prometen reformas o “salidas a la crisis” dentro del capitalismo:el capitalismo de rostro humano, como venimos diciendo, la denominada lucha economicista, la lucha espontánea, la negación del carácter dirigente del Partido, la negación de la toma del poder político como necesidad y muchas otras negaciones que tratan de convencer a los obreros de que hay una salida “por la izquierda” dentro del capitalismo.

Algunos elementos, obsesionados por la lucha económica, por la lucha por una mejora parcial de la situación de los obreros están dispuestos a seguir en esa línea y a seguir sin plantearse el objetivo del socialismo y de la dictadura del proletariado.

Sobre ellos, puede decirse que hacen suya aquella frase de los bernsteinianos “el movimiento lo es todo, el objetivo final nada”.No les interesa en absoluto para qué lucha la clase obrera; para ellos lo esencial es la lucha en sí. En lugar de dirigir el movimiento espontáneo, de inculcar a las masas los ideales comunistas y orientarlas hacia nuestro objetivo final(el socialismo) se convierten en un instrumento ciego del propio movimiento, limitándose a exponer las necesidades y exigencias de que tienen conciencia las masas en ese momento.

Estos individuos se muestran incapaces de explicar a las masas el objetivo final, el socialismo y la dictadura del proletariado; y lo que es más lamentable es que consideran estos términos como algo inútil o incluso perjudicial. Para ellos los obreros son como niños pequeños, a los que temen asustar con este tipo de ideas. Es más, muchos de ellos mantienen incluso que para llegar al socialismo no hace falta ninguna lucha revolucionaria. Para ellos la única lucha “revolucionaria” son las huelgas, los sindicatos “alternativos”, las pequeñas cooperativas de consumo y producción, la banca ética, etc.
Ellos rechazan la doctrina de que mientras el poder político no pase a manos de la clase obrera(dictadura del proletariado) es imposible el cambio de régimen, es imposible la emancipación completa de la clase obrera.

Ellos conciben unas alternativas que caben muy bien dentro del régimen vigente y que no es necesario más que un capitalismo de rostro humano, una democracia “participativa”(sin definir el carácter de clase de toda democracia),un Estado que está por encima de las clases; el cual, en su opinión, debe actuar de intercesor en los conflictos de clase…Declaran además que las libertades dentro de la democracia burguesa no son incompatibles con el capitalismo, razón por la cual para ellos sobra la lucha política por el socialismo, pues para alcanzar estas metas es suficiente únicamente la lucha económica.

Les basta con que las huelgas, las manifestaciones y las acciones espontáneas se produzcan con más frecuencia, sin elevarlas a luchas políticas. En definitiva, no superan el espontaneismo, ni se plantean que el único objetivo donde la clase obrera realmente se emancipará es el socialismo.

Así que nos tratan de convencer de que el socialismo está caduco y que hay que centrarse en las luchas económicas. Se centran únicamente en el trabajo en esta u otra localidad, en este u otro sector sin plantearse que el único camino es la unidad de todas esas luchas, de todos los sectores, elevados a luchas políticas que superen los estrechos márgenes del economicismo. Seguramente muchos lectores piensen que esos adoradores del movimiento espontáneo prestan al menos una gran ayuda al movimiento y a la lucha de clases. Pero esto también es un error.

La historia nos demuestra que este tipo de estrategias, que no son nuevas precisamente, tras un brillante comienzo y un crecimiento exponencial se tornan más tarde en un caminar a ciegas, probando esto y lo otro bajo la fórmula ensayo-error hasta que por último el movimiento se detiene. Esto no es de extrañar, toda lucha espontánea y economicista choca inevitablemente contra la muralla del poder burgués, del Estado burgués, esa maquinaria que ellos no se plantean tomar y extinguir.

Las huelgas, las marchas y las acciones que se suceden impulsadas por los economicistas y reformistas mueren asfixiadas ante la cruda realidad, que es que mientras la burguesía ostente el poder político puede decir no a todo, y no conceder siquiera migajas. Lo estamos viendo a día de hoy, con la liquidación del mal llamado Estado del Bienestar.

Y ante este fracaso previsible y demostrado múltiples veces en 150 años de historia del movimiento obrero, se produce la frustración, la desesperanza, el desencanto, la impotencia. Es decir, lo que viene ocurriendo en este país desde hace décadas con todos estos movimientos que buscan la cuadratura del círculo, la eterna alternativa al socialismo y a la dictadura del proletariado. Y siguen sin hallarla, y siguen las frustraciones tras el siguiente fracaso de la nueva teoría revolucionaria que enterrará al socialismo: desde Cohn Bendit a los Foros Sociales pasando por nuevas y mesiánicas figuras mediáticas. Fracaso tras fracaso.

La alternativa revolucionaria a estas formas de actuar es impulsar a los obreros a la lucha política directa. Plantear cualquier huelga, por poco importante que parezca, como una muestra de la falta del poder político para la clase obrera. Plantear la huelga como un choque directo contra el poder burgués, superar la insuficiencia de la lucha económica y tener muy claro en todo momento que el objetivo es la toma del poder político y decírselo así a la clase obrera. Porque cualquier otra cosa es engañarles.

Cada intento de elevar la lucha económica a lucha política impulsa a los obreros a un género de manifestaciones en las que el matiz económico pasa a ser secundario.
Por medio de la propaganda y la agitación estas luchas se elevan trascendiendo de lo meramente sindical al terreno de lo político. Es decir, se producen manifestaciones políticas.

Por tanto, como conclusión en este aspecto, mientras no superemos las luchas espontáneas y reformistas y las elevemos al plano de lo político; con un objetivo muy claro que es el socialismo y la dictadura del proletariado, los trabajadores seguirán cosechando derrota tras derrota.

-La ausencia del Partido Comunista:Pero sin lugar a dudas el factor principal en esta situación de derrota es la ausencia del Partido Comunista. Si hubiese un partido comunista sólido, férreo en sus fundamentos leninistas no cabe duda de que no nos encontraríamos ante la inexistencia de la más mínima conciencia de clase, ante los 6 millones de parados, ante las constantes agresiones de la burguesía que no reciben una respuesta organizada, o cuando la reciben de las organizaciones existentes que no son el Partido Comunista, no pasa del mero derecho al pataleo.Es decir, sin el Partido Comunista que fusione a las masas con la teoría de vanguardia y que eduque revolucionariamente a la clase obrera, marcándoles el camino, nunca llegaremos siquiera a suponer una amenaza para el orden social burgués. Pueden cambiar los peleles de la burguesía que se sienten en el Parlamento, pero el obrero nunca se planteará la necesidad real de conquistar el poder político y luchar por el socialismo. A los hechos actuales nos remitimos para confirmar la justeza de esta aseveración. El marxismo es todopoderoso porque es cierto, y la realidad lo confirma una vez tras otra.

Para ser la organización de vanguardia el Partido debe estar armado de la ciencia revolucionaria del marxismo leninismo, debe conocer las leyes del movimiento, debe tener siempre en cuenta las leyes de la revolución. De otra manera, vencer al capitalismo es una quimera.

El Partido no puede ser un verdadero partido si se limita a ir a rebufo de la conciencia espontánea de las masas, de la conciencia que tiene el proletariado en este momento, si a lo que se dedica es a la apología del movimiento espontáneo por su propia debilidad, si a lo que se dedica es a la sopa de siglas sin ninguna conexión con la clase obrera, si no sabe situarse como vanguardia por encima de esta conciencia espontánea y si no sabe educar revolucionariamente a las masas para que comprendan la misión histórica del proletariado.

Pero aquí hay que hacer un aparte y explicar ¿qué es el proletariado?. La burguesía ha tratado, de todas las formas posibles, de eliminar la conciencia de los obreros de pertenecer a una misma clase de trabajadores y trabajadoras, de explotados. Ha atacado, para ello, el concepto de proletariado, alegando que éste es un anacronismo del siglo XIX. No sólo la burguesía sino posturas políticas reformistas, en su afán de negar al sujeto revolucionario que es la clase obrera, nos dicen que la clase obrera ya no existe.

La definición de proletariado ha sido tergiversada en la sociedad burguesa, con especial interés por parte de los capitalistas y los reformistas. Atribuyen, pues, la palabra proletarios tan solo a los obreros fabriles, los del mono azul, o a las personas que viven en extrema pobreza.

El proletariado es, en realidad, la clase mayoritaria que engloba a gran parte de las capas sociales explotadas. Son todos aquellos que venden su fuerza de trabajo a un capitalista a cambio de un salario, y con su trabajo reportan beneficios a una determinada empresa, por lo general a unos accionistas ajenos y al propio capitalista que posee los medios de producción.

El proletario está sometido a la explotación capitalista, y el principal método de esta explotación es la extracción de la plusvalía. El valor del trabajo del obrero es siempre mayor al salario que percibe, ahí reside la ganancia del burgués, que parasita el trabajo ajeno para obtener sus ganancias. De esta forma, comprendemos que el burgués tan solo adquiere la fuerza de trabajo de un obrero y, a cambio, le ofrece un salario de subsistencia para que pueda seguir formando parte de la cadena de producción. En ningún caso es el obrero propietario del fruto de su trabajo.

El proletariado, ciertamente, comenzó a desarrollarse significativamente en el siglo XIX, pero ello no implica que no exista a día de hoy. De hecho, aún representa a la mayor parte de la población, como no puede ser de otra manera en la sociedad capitalista.

La burguesía utiliza eufemismos como “ciudadanos”, “consumidores” o “familias” para hacer referencia al cuerpo de explotados, es decir, los trabajadores y trabajadoras, tratando de evitar que éstos desarrollen su conciencia de clase.

El conocimiento, por parte de los obreros, de pertenecer a una misma clase social, y de que ésta es explotada por el orden capitalista imperante, resultaría nocivo para los intereses de la burguesía y sería, en cambio, un gran salto en el proceso revolucionario por la emancipación del proletariado y la consecución del socialismo. Los intereses de ambas clases son absolutamente antagónicos; pues mientras los proletarios claman ser amos de su trabajo, el burgués mantiene la explotación sobre éstos, que es la que produce su riqueza. Para garantizar la continuidad de esta relación injusta, el poder establecido trata de evitar la existencia de una base organizativa e ideológica revolucionaria.

El proletariado debe liberarse, tan solo él mismo puede terminar con la explotación a la que es sometido. Para ello, los trabajadores y trabajadoras deben tomar conciencia de su condición de proletarios y de oprimidos por el capitalismo. Y, tras ello, a partir de la fuerza revolucionaria de la conciencia de clase y del referente ideológico del marxismo-leninismo, construir el camino a la revolución siguiendo el camino marcado por el Partido.

La conexión del Partido, como vanguardia, con este proletariado se lleva a cabo a través de las células en los centros de trabajo, pues este es el contacto más directo del Partido con la clase obrera, ahí es donde realmente se lleva a la práctica la teoría del marxismo-leninismo, ahí es donde realmente se analiza objetivamente la correlación de fuerzas en la lucha de clases, no en base a subjetividades o sopas de siglas que pretenden medir la correlación en base a marchas, manifestaciones, u otras luchas economicistas o reformistas por el estilo.

La clase obrera y sus aliados se encuentra en las fábricas, en los barrios, en los centros de trabajo, en los institutos, en las universidades, el sujeto revolucionario es la clase obrera, que se encuentra a día de hoy totalmente alejada de lo que llaman frentes de “masas” y con la conciencia de clase a años luz de desarrollarse.

Es mucho más vistoso el trabajo político en estos frentes “de masas” pero los resultados para la lucha de clases son nulos. Mientras tanto, el PCOE seguirá desarrollando sus células comunistas con prioridad en los centros de trabajo y fábricas, pues son estas la única garantía de victoria. Cuando el Partido Comunista ha actuado así, los trabajadores les han seguido, pues no son tontos, ni tienen menos cualidades, ni nosotros somos más inteligentes para comprender el marxismo-leninismo, ni hemos tenido ningún atributo especial para comprenderlo. Los comunistas somos exactamente igual que los obreros, y si nosotros hemos comprendido el marxismo-leninismo cuando nos han hablado de él, cuando nos lo han explicado, ¿qué es lo que les hace pensar a los reformistas y pseudo-revolucionarios que el resto de los obreros con incapaces de comprenderlos”.

Ese es el trabajo del Partido Comunista, del PCOE, todo lo demás son estrategias caducas que llevan décadas fracasando alrededor del globo, debemos preguntarnos: ¿queremos seguir el mismo camino? ¿O bien pretendemos seguir la estrategia correcta basada en la lucha económica además de la política e ideológica con un objetivo claro: el socialismo y la dictadura del proletariado?

Por tanto, está en manos de la clase obrera el revertir esta gran derrota histórica desarrollando su Partido Comunista, que para nosotros es el PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL.




¿Qué hacer?

Ante la situación de la clase obrera en la España del siglo XXI, con unas condiciones cada vez más duras debidas a las necesidades objetivas del capitalismo, que necesita robar y masacrar cada vez más a las masas laboriosas, se nos plantea un interrogante: ¿qué hacer y cómo desarrollar el Partido Comunista, y cuál debe ser el papel del Partido en esta situación?

El PCOE plantea la lucha en diversas coordenadas. En primer lugar, limpiar al Movimiento Comunista de todos los vicios, desviaciones y revisionismos que de la ciencia del marxismo-leninismo se han ido produciendo a lo largo de décadas. Fue necesaria y sigue siendo, la lucha tenaz por la recuperación de los caracteres ideológicos del Partido Comunista, pues sin una teoría de vanguardia no se llega a ninguna parte.

En el movimiento comunista español de hoy en día se observan dos desviaciones principales: el reformismo y el economicismo. El primero niega las leyes científicas del movimiento y el desarrollo de la sociedad, niega aspectos como el carácter de clase del Estado, niega la teoría del paso del capitalismo al socialismo mediante la revolución violenta y, en definitiva, prescinde de aspectos fundamentales del marxismo, para adaptarlos a lo políticamente aceptable para estas formaciones. La extracción social de la militancia de dichas organizaciones, principalmente pequeño-burguesas, profesiones liberales, intelectuales o funcionariado, los hizo alejarse progresivamente de los sectores más avanzados de la clase obrera. Así fue normal y lógica la sustitución del marxismo-leninismo por nuevas y eclécticas teorías que negaban al sujeto revolucionario e inclusive planteaban posicionamientos idealistas y metafísicos en lo ideológico.

La segunda de las desviaciones es el economicismo. Incluso aquellos partidos que se dicen armados del marxismo-leninismo, no dejan sino de comportarse y realizar una praxis sindical, y encima con bastantes malos resultados. Hay que señalar algo fundamental: el Partido Comunista no es un sindicato.

Quien no entienda esto, y quien no entienda que la praxis de los comunistas se desarrolla mediante la unión de lo económico, lo ideológico y lo político -y cuya vertiente económica es la de menor importancia- , está condenado a marchar siempre a rebufo de la conciencia espontánea de las masas, está condenado a dejarse arrastrar por una sucesión de luchas económicas que no crean el ingrediente principal: la conciencia de clase. Es una desviación muy frecuente tanto en el Movimiento Comunista español como en el internacional.

El PCOE, haciendo crítica y autocrítica de épocas pasadas, llegó a la conclusión de que el economicismo es una desviación a corregir en el seno del Movimiento Comunista. Pero no sólo el PCOE: recientemente el KKE, en los documentos de su último congreso, ha llegado a la conclusión de que el economicismo es mero revisionismo. La concatenación de más de 30 huelgas generales en Grecia, la existencia de un poderoso sindicato de clase (PAME), las miles de movilizaciones económicas generadas en Grecia, no han servido para nada, no ha habido cambio en la correlación de fuerzas, y el mismo KKE reconoce que la capacitación político-ideológica general de sus cuadros militantes y simpatizantes, no da el nivel requerido para afrontar la situación.

Es decir, han dejado de lado la lucha ideológica y política para centrarse en el economicismo, lo cual los ha llevado a un callejón sin salida. Nos congratulamos de sus nuevos lineamientos, que los acerca a lo que debe ser un Partido que se reclame comunista.

Por tanto, si uno de los más poderosos partidos de Europa en lo cuantitativo y en peso social falla, ¿qué no podremos esperar de los que mecánicamente copian las experiencias del proceso griego sin analizar en base al socialismo científico los defectos de dicha experiencia?

Es decir, se cae en el idealismo metafísico y antimarxista de la “adoración”, de la búsqueda del “referente” inmaculado, cuando de lo que se trata es de resolver en común los problemas del Movimiento Comunista es su conjunto.

Desechamos, asimismo, las posiciones izquierdistas de destruir todo lo existente, posiciones que también se basan en el idealismo contrario a toda dialéctica, pues la historia demuestra que las desviaciones son corregibles si existe la fraternal y camaraderil posición de ayudar a superarlas.

El PCOE, como organización que, modesta en lo numérico, da una importancia fundamental a la teoría y al análisis científico del movimiento de la sociedad, de los cambios estructurales que preceden a los superestructurales, llegó a importantes conclusiones. En primer lugar, que los partidos que se denominan comunistas y revolucionarios están totalmente alejados de las masas que dicen representar, lo que lleva a análisis subjetivos y, por ende, antimarxistas.

En las visitas periódicas que la militancia del PCOE realiza a los polígonos industriales, fábricas y centros de trabajo, se pudo observar y corregir detalles de nuestra política que, de otra manera, nunca hubiesen sido subsanados por la falta de conexión con las masas, lo que nos hubiera llevado a repetir mecánicamente estrategias caducas de acercamiento a la clase obrera, desde una visión subjetiva, que se traduce en lo que algunos denominan el trabajo en los frentes de masas.

El elemento fundamental de dichos frentes son, precisamente, las masas, y en concreto, para los comunistas, es el sujeto revolucionario: la clase obrera. Esta clase obrera está tan alejada en general de los frentes de masas como de las organizaciones que los componen, dando lugar al divorcio entre partido y masas, y, por ende, a la nulidad cualitativa de cualquier “trabajo” que se desarrolle en dichos frentes. Esto es así, como explicamos en numerosas ocasiones, por la pérdida del vínculo entre las masas y las organizaciones.

Por tanto, desde un análisis objetivo de la situación, nos tocó señalar el momento en que nos encontramos. La clase obrera está tan abandonada y las organizaciones llamadas a liderarla tienen tales delirios subjetivos, que es una entelequia el pensar que, a pesar de la brutal depauperación de las condiciones de vida de la clase obrera, algo vaya a cambiar; independientemente de que un cambio sin la presencia de un Partido Comunista fuerte, de la vanguardia organizada del proletariado, sea algo cuyo planteamiento vaya en contra de todas las leyes del materialismo histórico.

Debido a ese análisis llegamos a la conclusión de que lo prioritario es restablecer los vínculos de la clase con su Partido. Pero a la hora de restablecer estos vínculos, debemos tener presentes las dos desviaciones fundamentales que comentamos anteriormente: el reformismo y el economicismo. La clase obrera está hastiada de la promesa de que mediante reformas va a cambiar algo su situación. La acumulación de cambios cuantitativos que conduzcan a los cualitativos, que es algo que pretenden reformistas y otros que se dicen del marxismo-leninismo, es una tendencia que la situación actual ha superado. La clase obrera necesita desde ya, con urgencia, la presencia de un Partido Comunista que no les hable de reformas, ni de capitalismo de rostro humano, sino que le explique bien y a las claras a qué se debe su situación de opresión y cuáles son las fórmulas científicas y demostradas de superar dicha situación. Es decir, explicar el desarrollo objetivo del capitalismo, según sus leyes, y la necesidad de pasar al socialismo como modo de producción más elevado, superior.

En segundo lugar, tampoco podemos abordar a la clase desde el economicismo, pues la conciencia de clase tampoco va a evolucionar de lo meramente sindical, que no es más que reformismo y entra dentro de los límites del marco burgués. La mera lucha sindical no va a traer el socialismo, y esto es fundamental comprenderlo. Además debemos saber qué es la conciencia de clase. La conciencia de clase no significa que los obreros se agrupen por la defensa de sus intereses en una lucha económica; esto puede ser el embrión, pero sin la acción del Partido inoculando desde fuera la ciencia del marxismo-leninismo, esa conciencia no se desarrolla y aún va para atrás. Miremos a Grecia, puntal de la lucha economicista, y aprendamos la lección y de los errores. La conciencia de clase es la compresión por parte del obrero de la necesidad de poner fin al capitalismo y construir el socialismo; es decir, la conciencia de clase, hablando de manera sencilla, se desarrolla en el momento en que el obrero interioriza los postulados comunistas, los hace suyos, y lucha por su implantación, aunque no milite en las filas del Partido Comunista.

El papel del Partido no es, pues, el convertirse en sindicato sino educar revolucionariamente a los obreros en la ciencia del marxismo-leninismo, explicar a los obreros el materialismo histórico y dialéctico, la economía política y la teoría leninista de la revolución socialista. Con pedagogía, con un lenguaje comprensible, pero que dicho lenguaje no sirva como excusa para eludir los contenidos, cosa que los oportunistas son muy aficionados a hacer.

El Partido debe hablar de política a los obreros siempre, en todas situaciones, sea por el motivo que sea y enlazando cualquier hecho que se produzca en la sociedad con la situación de explotación de nuestra clase. Al principio, muchos obreros adoptarán incluso una actitud hostil, lo que es lógico, pero los comunistas sabemos que decimos la verdad y que las propias leyes del movimiento y el desarrollo de la sociedad van a confirmar lo que nosotros les decimos a los obreros, ganándolos para nuestra causa. Muchos de los denominados comunistas se desesperan al no entender la hostilidad de los obreros, o recurren a rebajar los contenidos de su discurso para buscar la aceptación. No entendieron nada, y fallan precisamente en que lo que da validez al discurso comunista son las leyes científicas del desarrollo, que ellos no conocen o de las que desertan. Es decir, se posicionan contra dichas leyes del marxismo, por acción u omisión.

Ahora bien, ¿Cuál es el instrumento que permite poner fin a esta situación, o al menos empezar a caminar en la dirección correcta? El instrumento son las células comunistas. Una célula que nace del centro de trabajo, de la fábrica, o del barrio obrero, que agrupa a los elementos más conscientes del proletariado, armados con el socialismo científico. Ahora bien, la vida de la célula no puede quedarse simplemente ahí. La célula debe estar en contacto permanente con su entorno cercano, difundiendo por todos los medios posibles la política del Partido, porque su deber es llevar a sus hermanos de clase, esta política comunista.

Como quiera que en los centros de trabajo domina el miedo al patrón y la incertidumbre al no conocer alternativa alguna al actual estado de cosas, al capitalismo, los obreros están desamparados y la burguesía aprovecha para introducir en ellos, ideología cada vez más reaccionaria. El papel de la célula es el combate político, para enseñar la comprensión de la necesidad del socialismo, y la lucha ideológica para romper el caparazón ideológico con la que la burguesía envuelve a los obreros. Todo esto evitando la desviación que anteriormente comentamos, que es la desviación economicista. Muchas células de partidos son simples apéndices de sindicatos, hablan de convenios, de despidos, de jornadas laborales agotadoras, centrándose en dicha lucha económica o obviando las más importantes: la ideológica y la política. Esa célula está condenada al fracaso.

Además, la célula debe ser un órgano vivo y en constante movimiento. Los comunistas agrupados en células deben demostrar su calidad de revolucionarios profesionales para ganarse a sus hermanos de clase. La propaganda y la agitación deben ser continuas y cada célula debe desarrollar su propio plan de cómo introducirse cada vez más tanto en su fábrica, como en crear células en las fábricas de los alrededores.

En los barrios, las células deben orientar su trabajo hacia la denuncia de todos los problemas que afectan a sus convecinos, desde un prisma de clase basado en el socialismo científico, sin caer en el localismo y sin olvidar que todos los problemas tienen una ligazón dialéctica con la estructura del modo de producción en que nos encontramos, deben señalar al capitalismo como origen de todos los males de los barrios obreros y que, únicamente, tendremos barrios libres, habitables y con calidad de vida si ponemos fin al capitalismo.

Este tipo de células de barrio o localidad son las menos importantes, necesarias mientras cada centro de trabajo no cuente con su célula, pero teniendo siempre claro que la célula de centro de trabajo o fábrica es la principal. Sólo así se produce la ligazón con la clase más avanzada de la historia, y se evita caer en la desviación carrillista, en el concepto de agrupación. Podemos comprobar que muchos partidos que se denominan marxistas-leninistas, ante la imposibilidad de penetrar en las fábricas, optan por denominar células a lo que es la agrupación carrillista con otro nombre. No, la célula de localidad es un medio para crear células de centro de trabajo o fábrica, pero no es un fin, y debe estar supeditada siempre al trabajo práctico que los camaradas de célula, con presencia en empresas, realicen, para penetrar en ellas.

Otro de los apartados fundamentales es la táctica de masas, que debe ser correcta porque si no, tampoco vamos a ningún lado. El PCOE lucha por la creación de las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores como órganos de poder obrero nacidos de las fábricas. Los comités y delegados de personal son elegidos por los obreros, por lo tanto se erigen como representantes de los trabajadores desde el centro de trabajo. De lo que se trata, es de unir estos comités y delegados en la estructura que ejerza de órgano de poder, y de control de la producción. La Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores es un órgano de poder independiente del Partido Comunista, que agrupa a la clase obrera en su conjunto. Por tanto, el papel del Partido, es conquistar la hegemonía dentro de estos órganos de poder, para así tener la hegemonía política social. Estas ACDT no son un órgano sindical, no agrupan a sindicalistas, ni la lucha sindical es su función. Las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores agrupan a comités y delegados, que muchas veces se confunden con secciones sindicales, pero que no tienen nada que ver.

La política sindical del PCOE es la creación de una central sindical única de clase en España, que se entronque con la FSM (Federación Sindical Mundial), el órgano que agrupa a nivel internacional a los sindicatos de clase. Siempre teniendo en cuenta las labores y limitaciones del sindicalismo, y que el Partido no es el sindicato ni realiza la misma función que el sindicato. En este sentido, se están dando los primeros pasos para la creación de el embrión de esa central sindical única de clase.

Volviendo a la táctica de masas, la ACDT como órgano de poder obrero forma parte, además, del llamado Frente Único del Pueblo (FUP), que es la unión de los órganos de poder del barrio -Asociaciones de Vecinos ( muy distintas en concepto a las que hoy en día existen), asambleas de estudiantes, de campesinos, etc -. que conforman el embrión del futuro estado obrero. Este Frente es un frente de la clase obrera y sus aliados, pero no es un “frente de izquierdas” ni un frente de organizaciones o expresiones organizativas.

Este Frente Único del Pueblo tiene como misión coexistir durante un determinado período de tiempo con el estado burgués, existiendo dualidad de poderes, hasta que el estado obrero (FUP) se imponga mediante la revolución socialista. El estado burgués representa los intereses de la burguesía, la clase social dominante, y se compone de los Parlamentos, los Ayuntamientos, las leyes, los jueces, la policía y el ejército, etc. De lo que se trata es de destruir su sociedad, pero no la destrucción y el caos porque sí; sino mediante la construcción de la nueva sociedad socialista como paso previo a la desaparición de la sociedad de clases.

Los comunistas del PCOE entendemos que esta teoría, unida a nuestra táctica de masas, es lo que permitirá la Revolución Socialista en España. Entendemos asimismo, y a diferencia de otras organizaciones que autodenominan el “único” Partido Comunista, que existen otros partidos u organizaciones que se reclaman del comunismo. Nosotros reconocemos la existencia de diversos actores en el seno del Movimiento Comunista Español, asimismo lamentamos el fraccionamiento y la división, pero no desde una perspectiva subjetiva y acientífica. Es decir, si la división existe, es porque existen amplias diferencias en cuanto a teoría, a táctica de masas y a formas de entender el Partido Comunista. Pretender unidades o absorciones que no tengan en cuenta estas diferencias, es caer en errores que el desarrollo del Movimiento Comunista en España ha puesto a la luz en muchas ocasiones. Es decir, unir a organizaciones tan alejadas como el agua y el aceite sólo contribuye a paralizar el desarrollo del comunismo en nuestro país, y a lo único que lleva es a nuevas escisiones, cuando tras el congreso unificador se ponen de manifiesto las grandes diferencias entre diferentes tácticas de masas e ideología. Por poner un ejemplo sencillo, la unión del PCOE con un partido incrustado en el economicismo, que nosotros corregimos hace tiempo, sólo conllevaría nuevas escisiones.

Por ello, aún reconociendo la existencia de otras organizaciones, llamamos a la clase obrera a organizarse en las filas del PCOE, al entender que posee la estrategia y tácticas más adecuadas para el desarrollo y organización del partido revolucionario en España. Llamamos asimismo a todas las células de fábrica y de localidad del PCOE, a sus comités provinciales, regionales y nacionales, a intensificar el trabajo militante, a demostrar la capacitación de sus cuadros, a enseñar a sus compañeros de trabajo mediante el ejemplo las virtudes que todo revolucionario debe tener en este momento concreto. Llamamos a toda nuestra militancia, no sólo a estar a la altura de las circunstancias, sino a dar un paso más allá, en elevar su compromiso un paso más, en fortalecer a su Partido todavía más.

Porque la construcción del Partido y de la revolución es tarea de todos.

 

¡POR EL SOCIALISMO, POR LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL(PCOE)

 




Sin socialismo no es posible la liberación de la mujer

El capitalismo es un régimen de desigualdad. Existe una desigualdad económica, motivada por el hecho de que mientras que unos son dueños de los medios de producción(fábricas, centros de trabajo, comercio, tierras, etc.) otros deben vender lo único que poseen, su fuerza de trabajo, si es que no quieren morir de hambre.
Esta desigualdad de extiende además al terreno de los derechos en la sociedad capitalista: mientras que los miembros de la clase dominante(burgueses) gozan de todos los derechos derivados de su posición de dominación de clase, otros del único derecho que gozan es el de servir de mano de obra para producir mayores ganancias al patrón. Incluso en la más democrática de las repúblicas burguesas, en regímenes de democracia-burguesa, los derechos de los obreros no pasan de ser formales y no reales y la burguesía siempre podrá eliminarlos de un plumazo si las necesidades de desarrollo del capitalismo así lo requieren.

 

Por tanto en un régimen, el capitalismo, que se basa en la desigualdad entre las clases no podrá sino observarse una desigualdad entre el hombre y la mujer: en lo económico, en sus derechos, etc. pero siempre desde una perspectiva de clase. Es decir, la mujer en el capitalismo tal y como nos decía Lenin está doblemente oprimida: por ser mujer y por ser obrera.

 El feminismo burgués, debido a su carácter de clase, prescinde de la segunda de estas contradicciones y expone únicamente la opresión de la mujer en base al sistema patriarcal. Tal absurdo es consecuencia de la lucha ideológica entre las posiciones burguesas y las proletarias, que es uno de los tres pilares de la lucha de clases junto con la económica y política. Así, la burguesía, desde hace unas décadas a esta parte viene promocionando eclécticos e interclasistas movimientos de “emancipación” de la mujer que combaten los postulados marxistas y obreros sobre la igualdad real y la liberación de la mujer proletaria. Estos movimientos de carácter pequeño-burgués niegan la esencia de clase de la opresión a la mujer obrera, e igualan dentro de una sociedad de clases(que como ya explicamos, se basa en la desigualdad) a la mujer obrera y la mujer burguesa. Reflexionemos: ¿acaso Alicia Koplowitz o Angela Merkel son mujeres oprimidas por el capitalismo o ejercen su dominación de clase indistintamente sobre hombres y mujeres obreros? La respuesta es bien sencilla, y nos muestra que el problema de la emancipación de la mujer es una cuestión de clase que no se puede separar de la lucha por el socialismo, una lucha donde la mujer cumple un rol fundamental.Sin embargo la lucha de los comunistas por la liberación de la mujer no es una lucha paternalista, sino consecuentemente revolucionaria. La tarea de los comunistas es incorporar a la mujer a la lucha por el socialismo, por el derrocamiento del modo de producción capitalista y por la Dictadura del Proletariado. Es decir, la emancipación de la mujer es una tarea revolucionaria ligada a la lucha por el socialismo, que se da dentro del marco de la lucha ideológica: ideología proletaria contra ideología burguesa. La mujer al luchar contra la dominación ideológica de la burguesía en el terreno de su emancipación como miembro de una determinada clase social, la clase obrera, está combatiendo su propia situación de opresión de género puesto que sin la mujer obrera no puede haber socialismo, y viceversa.

La incorporación de la mujer a la lucha política por el socialismo ha de producirse de forma sencilla y de un modo pedagógico, educando revolucionariamente a las mujeres obreras en la ciencia del marxismo-leninismo. Los comunistas somos exactamente iguales que los demás obreros, y si nosotros hemos comprendido aprendido a armarnos con el socialismo científico, el resto de elementos de nuestra clase también pueden hacerlo. En este sentido, es esencial la creación de cuadros comunistas femeninos que porten la ideología proletaria y la introduzcan entre nuestros hermanos de clase. La incorporación en masa de las mujeres al mundo laboral, no por los avances en la “igualdad” burguesa sino por las necesidades del modo de producción capitalista las hace una fuente a la que el Partido Comunista debe acceder para nutrirse de mujeres proletarias. El desarrollo del Partido Comunista, contando entre sus filas con el mayor número posible de mujeres, es el arma fundamental para el triunfo de la lucha de clases y la emancipación de la mujer obrera.

 La mujer obrera en el capitalismo está sometida a distintos niveles de opresión. En el plano económico el salario de la mujer suele ser menor al del hombre y la secular reclusión en el hogar hace que muchas de nuestras hermanas obreras sean dependientes totalmente del varón en lo económico, impidiendo todo intento de emancipación. Las mujeres al recibir peores salarios generan mayor plusvalía al empresario, de ahí que como comentamos anteriormente el acceso cada vez mayor de las mujeres obreras al mundo laboral sea una necesidad del sistema y no la destrucción de barreras de género. Es decir, lo que se nos presenta por parte del feminismo burgués como “emancipación” de la mujer en lo económico no es más que el claro ejemplo de esclavitud asalariada dentro del capitalismo, que las mujeres obreras reciben en mayor medida que los hombres.

Sólo el socialismo romperá la desigualdad de la mujer obrera y el hombre en lo económico. En una sociedad sin clases, en el que el sistema tiene como misión asegurar las necesidades de la clase obrera, las relaciones de dependencia de la mujer con el varón se destruyen. Únicamente en el socialismo se produce la emancipación de la mujer en lo económico al no estar atadas a la amenaza del paro, ni al mantenimiento por parte del varón y la mujer es realmente libre de desarrollar su vida como desee. Pero esto es consecuencia de las nuevas relaciones de producción en el socialismo, donde la clase obrera controla el poder político y económico del Estado lo cual sirve para ir destruyendo paulatinamente todas las aberraciones de la antigüa sociedad capitalista. Por tanto como vemos una y otra vez, es el socialismo el que garantizará la igualdad real y la emancipación de la mujer obrera. El socialismo acaba de un plumazo con la desigualdad entre el hombre y la mujer en el tema de los salarios, de ahí la necesidad que tiene la mujer obrera de luchar doblemente contra el capitalismo: como obrera y como mujer.

 Asimismo el rol patriarcal, es decir, el papel de la mujer dentro de la familia es una de las claves que explican la sumisión de la mujer obrera. El trabajo doméstico es una forma más de esclavitud laboral, sin embargo ni está remunerada ni goza del reconocimiento social necesario. Por tanto el Partido debe luchar resueltamente contra la minusvalorización del trabajo doméstico y por educar revolucionariamente a los obreros y las obreras en la lucha contra el patriarcado y sus reminiscencias. Porque sin eliminar este rasgo ideológico de la sociedad burguesa nunca podremos construir una sociedad socialista desarrollada, sin luchar contra esta contradicción no podremos emancipar a una parte muy importante de las masas obreras: las trabajadoras.

La pobreza y la marginalidad femeninas, cuyo máximo exponente es la prostitución, también debe ser combatida sin cuartel por el Partido Comunista y la clase obrera. La mujer obrera privada de desenvolvimiento económico se ve obligada en la sociedad burguesa a recurrir a estas actividades para asegurar su existencia. Además supone una fuente de lucro para elementos burgueses de toda calaña. El Partido debe luchar por la erradicación de esta actividad, por la dignificación de las mujeres que cayeron en las garras miserables de esta profesión porque son víctimas del modo de producción capitalista y de la sociedad burguesa. En el socialismo, además de estar prohibida esta actividad, la mujer no necesita humillarse para poder continuar su existencia pues el Estado y la sociedad socialista garantizan su plena emancipación económica.

 La mujer además, debe gozar de plenos derechos sobre su propio cuerpo. En el capitalismo, los burgueses necesitan lo que denominamos “ejércitos industriales de reserva”, es decir, obreros que estén dispuestos a pelear por un puesto de trabajo entre ellos pues así los salarios serán más bajos. Además necesitan la reproducción de esta fuerza de trabajo y que sea cada vez más numerosa, pues cuanto más crezca la desocupación podrán agitar la bandera del miedo al paro forzoso y pagar cada vez menores salarios con el fin de obtener más plusvalía. De ahí que necesiten leyes que controlen la natalidad y que penalicen el aborto. En el socialismo, la mujer tiene absoluto derecho sobre su propio cuerpo y es el Estado socialista el que debe garantizar a la mujer las mejores condiciones para llevar a cabo esta práctica. Debemos denunciar asimismo el carácter clasista de la lucha por el aborto, pues la mujer burguesa debido a su situación económica siempre podrá eludir la legislación burguesa vigente con respecto a este tema. En este sentido y en el Estado Español hace unas décadas era famoso escuchar aquello de “van a Londres de compras”, refiriéndose a jóvenes señoritas de extracción burguesa.

 La lucha por esta doble emancipación de la mujer en el terreno de clase y de género debe ser obra de las obreras mismas. Sin embargo esta doble lucha no se puede separar por cuestiones de género pues contribuye a debilitar a las fuerzas obreras, ni se puede convertir en una lucha parcial pues contribuye al afianzamiento de la ideología burguesa. La lucha por el socialismo es pues, la lucha por la liberación de la mujer, pues ambas forman parte dialécticamente de una misma lucha.

 El Partido Comunista Obrero Español llama pues a las obreras a unirse a las filas de su partido, el Partido Comunista, con el fin de desarrollarse como cuadros y contribuir a la lucha por el socialismo en el Estado Español. Una lucha, la lucha por el socialismo, que es la única garantía para la mujer de su propia emancipación como miembro de una clase social determinada y como mujer. Dentro del capitalismo no puede haber ninguna igualdad real para la mujer obrera, ni ninguna emancipación, puesto que en el capitalismo por muchos derechos formales que tengan las mujeres, seguirán estando sometidas a la esclavitud asalariada.

 Urge pues, por tanto, mandar el capitalismo y por ende al patriarcado al basurero de la historia.

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




Resolución adoptada en el VII Pleno del Comité Central

RESOLUCIÓN: SOBRE LA NECESIDAD DEL PARTIDO

El VII Pleno del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

Ante la situación que atraviesa el régimen capitalista en el Estado español, en su etapa senil y putrefacta, la del dominio absoluto del capital monopolista aglutinado en torno a las organizaciones imperialistas supranacionales, bien sea a través del bloque imperialista conformado por EEUU-UE-OTAN, bien sea a través de la emergencia del bloque imperialista encabezado por la R.P. China y Rusia. Ante la brutalidad desatada por la parasitaria oligarquía financiera, hoy más que nunca es imprescindible la implantación y desarrollo plenos del Partido Comunista Obrero Español, vanguardia proletaria que tal y como lo acreditan sus 40 años de historia -y aún en los momentos más duros para el movimiento comunista internacional-, ha sabido mantenerse fiel al marxismo-leninismo, enarbolando con orgullo de clase la roja bandera revolucionaria.

 

La caducidad del modo de producción capitalista, muestra día a día su esencia reaccionaria. El Partido Comunista Obrero Español debe hacerse visible, penetrando con fuerza entre el proletariado y las clases populares, duramente golpeadas por la explotación, la degradación y la miseria y sometidas a una enajenación sistemática. Esta es la única salida que ofrece la criminal oligarquía al pueblo trabajador, es su carrera desenfrenada hacia la extracción de mayores cuotas de plusvalía que combina con la multiplicación de sus guerras de rapiña. Sólo en la explotación, el robo y la guerra,  halla hoy su desesperada supervivencia histórica el imperialismo.

El Partido Comunista Obrero Español, reafirmando su lealtad y fidelidad inquebrantable al marxismo-leninismo así como a su táctica de masas, no dudará en dar la batalla, afrontando con determinación y firmeza su lucha a muerte contra la burguesía en los frentes económico, político e ideológico.

Las condiciones objetivas para asentar con solidez las estructuras orgánicas y desplegar la política de masas del Partido están dadas. Es preciso fortalecerse internamente para extenderse con solidez y eficacia.

Forjado al calor del socialismo científico, el Partido Comunista Obrero Español no desfallecerá a la hora de cumplir con disciplina proletaria su Programa, emanado del XIV Congreso y enriquecido en los diferentes Plenos del CC celebrados. No ahorrará ni un solo sacrificio a la hora de elevar la conciencia política del proletariado, caminando con rumbo fijo y sin etapas intermedias hacia el único régimen decoroso para el género humano; el socialismo, la dictadura del proletariado.

VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PCOE

Sevilla, a 02 de Marzo de 2013




Los reformistas y el Estado

Uno de los frentes de batalla del movimiento obrero a lo largo de la historia ha sido el de la definición del Estado, su carácter y su esencia y, por tanto, la lucha a desarrollar para la superación del capitalismo. La cuestión del Estado es vital, pues sólo así sabremos deslindar las líneas de quiénes apuestan por el mantenimiento o conservación del capitalismo, por acción u omisión, y quiénes apostamos por la construcción del socialismo. 

Nunca podremos vencer a la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero sin una ardua batalla ideológica contra todo tipo de oportunismo, porque un proletariado influenciado por el oportunismo siempre será presa fácil de las acometidas de la burguesía.

La definición marxista-leninista del Estado nos señala que este es el órgano de dominación de una clase sobre otra, el instrumento con que una clase social oprime a otra, la prueba palpable de la existencia y antagonismo de las contradicciones de clase. Es decir, el Estado surge con la sociedad de clases para dirimir de una forma violenta todos los conflictos que se producen entre la clase dominante y la dominada.

Esta sencilla definición es el abc del comunista. Sin embargo, la burguesía y los oportunistas tratan por todos los medios de desviar a la clase obrera del conocimiento de la teoría marxista del Estado. Para los burgueses y oportunistas, el Estado es un ente situado por encima de las clases que sirve de elemento conciliador de los antagonismos de las diversas clases sociales. Para ellos, el Estado no es el arma de dominación de una clase sobre otra sino un ente que aparece de la nada, por encima de las clases,  luego para ellos se puede reformar mediante cambios graduales, para darle un cariz más perfeccionado. Es decir, siendo el capitalismo el modo de producción dominante y el Estado el arma de dominación de la clase dominante (burguesía) sobre la dominada (clase obrera), ellos lo que pretenden es darle un rostro humano a este capitalismo reformando y perfeccionando, ese Estado burgués que para ellos simplemente falla en la gestión. Reducen la naturaleza de clase del Estado a la acción de esta u otra personalidad individual o partido político, obviando que el Estado es la unión de toda una clase social que se conforma como instrumento de dominación.

Dicha concepción del Estado no puede ser más metafísica e idealista, muy lejos de la filosofía proletaria del materialismo dialéctico e histórico y del carácter científico del desarrollo de la sociedad y de la lucha de clases.

No es tema baladí el del Estado, pues la concepción de este u otro sentido nos lleva a diferentes -y divergentes- estrategias. Los comunistas, armados con las leyes científicas del desarrollo de la sociedad, sabemos que el Estado burgués debe ser destruido mediante una revolución que será violenta y un período que lo siga de Dictadura del Proletariado, si lo que realmente queremos es la superación del capitalismo y la construcción de la nueva sociedad socialista, única alternativa científica, superior y demostrada en la práctica al capitalismo.

De ahí que los comunistas desechemos las ilusiones pacifistas del tránsito al socialismo, o en el caso de los oportunistas, a no se sabe qué otro sistema social, político y económico distinto al capitalismo. ¿Y por qué decimos los comunistas que la revolución ha de ser violenta? Es sencillo, si nuestra misión es transformar un sistema de dominación de clase, donde una clase goza de todos los privilegios e impone su dominación por la fuerza a la clase dominada mediante el Estado, es lógico pensar que opondrá toda resistencia a esta transformación y usará ese mismo Estado que ella ha creado para proteger sus intereses.

Los oportunistas creen que conquistando el parlamento o las instituciones burguesas mediante una votación, tienen ya el poder político del Estado. Se equivocan. El poder político pertenece a la clase dominante, a la burguesía, y el Estado es su arma de dominación que nunca van a ceder mediante métodos pacíficos ni mediante ninguna votación. Se equivocan y mienten a los obreros aquellos que les piden el voto para alcanzar el “gobierno”, puesto que el gobierno pertenece a la clase dominante, y se equivocan si creen que el Estado no va a reaccionar cuando ellos empiecen a aplicar sus medidas reformistas. El Estado cuenta además con cuerpos represivos tales como el ejército o la policía, destinados a reprimir al proletariado, y cuerpos legislativos como la judicatura o las leyes destinados a crear el marco legal de dominación clasista. Los oportunistas creen que con su llegada al gobierno esos órganos de la burguesía para mantener su dominación de clase van a cambiar mágicamente y ponerse a sus órdenes, debido a que ellos no conciben el Estado como arma de dominación de clase sino como señalamos antes, como instrumento por encima de las clases.

Cuando las medidas de un gobierno oportunista y los intereses de la clase dominante chocan, el Estado y su aparato siempre se van a poner del lado de la clase dominante, puesto que esta es su esencia y para ello ha sido creado. Mienten, pues, todos aquellos que nos piden el voto prometiéndonos cambios, porque no han entendido o tergiversan el carácter de clase del Estado y su papel dentro de la lucha de clases.

Entonces, desde el prisma de un revolucionario se nos plantea una pregunta: ¿qué hacer? Lo que debemos hacer los comunistas, y toda la clase obrera que ocupa un papel subordinado dentro del capitalismo es crear un Estado paralelo. Crear nuestros órganos de poder proletario emanados de las fábricas, de los centros de trabajo, de los barrios obreros, de la juventud estudiantil obrera, que converjan en el Frente Único del Pueblo como ese Estado paralelo, que mediante la dualidad de poderes confronte con el Estado burgués y se imponga a este destruyéndolo.

Es decir, debemos de perder las ilusiones y confianzas en las instituciones burguesas, en sus elecciones, debido a que son una farsa ya que el poder político en una sociedad de clases siempre va a pertenecer a la clase dominante indistintamente del partido (burgués) que alcance el gobierno de la nación.

La dualidad de poderes que señalamos significa la existencia en paralelo de dos estados: el burgués y el proletario. Estos se enfrentan en una lucha sin cuartel a todos los niveles: económico, ideológico y político fruto de los antagonismos de clase que existen en toda sociedad estructurada en clases sociales. Es deber del Partido Comunista el guiar y organizar esa lucha para conseguir que se impongan los órganos de poder obrero sobre los órganos de poder burgués. Y reiteramos que el Partido guía y organiza, pero los órganos de poder obrero no son el Partido, son de la clase, pues es ésta el verdadero sujeto revolucionario. En esta lucha de poderes se desenmascaran a los oportunistas al servicio de la burguesía en el seno de la clase obrera, que ante el miedo a la revolución corren a ponerse de lado del poder burgués y contra el propio poder obrero.

¿Y que pasa una vez finalizada la confrontación entre poderes y la derrota del Estado burgués por parte del estado obrero? Pasa que el proletariado destruye el Estado burgués. Es decir, la destrucción del arma de dominación de una clase sobre otra. Esto quiere decir que su parlamento, sus ayuntamientos, sus leyes, su ejército, su policía, sus leyes, etc. que forman el Estado burgués serán destruidos después del triunfo de la revolución obrera y sustituidos por la anteriormente clase dominada -la clase obrera- conformada en Estado para oponer su violencia a los intentos de restauración del Estado de los explotadores.

Esto es lo que denominamos Dictadura del Proletariado. Es decir, dictadura para las clases dominadas, que antes gozaban de la dominación mediante la tenencia del poder político y el Estado burgués y, a su vez, es democracia para las clases dominadas, libres de las ataduras que les imponía el Estado burgués y que ejercen su dominación de clase sobre los antiguos explotadores. Esto es así porque las clases dominadas en el capitalismo son las más numerosas, los trabajadores son la esencia de la sociedad y quienes la hace funcionar y, sin embargo, en el capitalismo estas clases son dominadas por un puñado de burgueses.

Esta dictadura se ejerce por la violencia sobre los antiguos explotadores, una violencia que dependerá del grado de resistencia que opongan las viejas clases dominantes en la nueva sociedad. El objetivo final no es mantener esta forma de violencia sine die, sino la construcción de la sociedad sin clases que acabará con toda forma de opresión y con el Estado como concepto, debido a la inexistencia de clases de las que emana la inexistencia de contradicciones de clase, y por tanto el Estado como arma de dominación de una clase social sobre otra perderá todo su sentido.

Son las dos fases de la sociedad socialista-comunista: la primera que sería el socialismo, donde aún perduran los viejos vicios de la sociedad burguesa y que hace necesaria la existencia de la Dictadura del Proletariado. En la segunda fase -la fase comunista- desaparecen las clases sociales y con ella el Estado y sus formas de dominación. Este es el objetivo final de todo comunista. Sin embargo, los distintos oportunistas no se plantean esta meta. Su concepción idealista del carácter del Estado les lleva a creer que el objetivo final es conquistar el parlamento mediante las votaciones, todo dentro del capitalismo. Tanto la socialdemocracia como los que se autodenominan revolucionarios pero abjuran del socialismo y la dictadura del proletariado tienen este fin. Para ellos el objetivo se reduce a conseguir más escaños en el parlamento, ya sea para gestionar el capitalismo o para conseguir jugosas poltronas y los cargos y sueldos asociadas a ellas. Para ellos la construcción del poder popular no va asociada a la dualidad de poderes y la lucha entre ellos, sino que el poder popular es una forma de introducirse en el poder burgués -en ese parlamento- que es el objetivo al que ellos aspiran.

Por ello, luchan por mantener la confianza de los trabajadores en las instituciones burguesas que gestionan a diferentes niveles. Ya sea el municipalismo, que para ellos es una forma de acceder a cotas más altas de gestión dentro del capitalismo y, por tanto, dentro del Estado burgués como mediante la creación de organizaciones creadas por los de arriba -por las cúpulas- que tienen como objetivo, y bajo un presunto lenguaje de radicalidad, el convertirse en opciones políticas que pugnen por gestionar el poder político de la burguesía en ayuntamientos, parlamentos autonómicos o nacionales.

Los comunistas señalamos a todos estos oportunistas como los defensores y mantenedores de la ideología burguesa en el movimiento obrero. En la época en que nos encontramos, todo lo que no sea contribuir a disipar las esperanzas y confianza de los obreros en las instituciones de la burguesía es contribuir a mantenerlos en el estado de sumisión y dominación en el que se encuentran actualmente.

Sólo la creación de los órganos pertinentes del poder obrero emanados de las fábricas y centros de trabajo que son las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores que junto con los órganos de poder obrero en los barrios, Asociaciones de Vecinos, y los órganos de poder de los jornaleros, estudiantes, etc. que, conjuntamente, conformen el Frente Único del Pueblo como estado obrero paralelo, nos llevará a tener alguna posibilidad de éxito ante la clase capitalista, y ante su órgano de poder y dominación que es el Estado.

Este Frente Único del Pueblo sólo podrá ser viable cuando la clase obrera tenga a su Estado Mayor, a su destacamento de vanguardia armado con la ciencia del marxismo-leninismo. Por tanto, urge desarrollar el PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL. Toda la experiencia de décadas pasadas sin la existencia del Partido nos debe servir de aprendizaje y lección para saber que sin Partido, y repitiendo experiencias caducas, estamos condenados a mantener la dominación capitalista por los siglos de los siglos. Pero no sólo eso, sino que la burguesía, al hilo de la necesidad del modo de producción capitalista en esta fase decadente, necesita tender cada vez más a la reacción para mantener su dominación de clase. Necesita la creación de movimientos fascistas de masas. Lo vemos en Grecia y estamos viendo los primeros embriones en España.

Si la burguesía no se va a quedar quieta, los obreros y las clases explotadas tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Por tanto, es misión de los mejores elementos de la clase obrera, de los trabajadores, el unirse a su Partido, al Partido Comunista Obrero Español (PCOE), porque sólo así conseguiremos guiar al conjunto de la clase obrera hacia sus objetivos: el socialismo, la Dictadura del Proletariado y la destrucción del Estado burgués.

¡TRABAJADOR, FORTALECE LAS FILAS DE TU PARTIDO COMUNISTA: EL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

 

¡POR EL SOCIALISMO, POR EL PODER OBRERO, POR LA VICTORIA!

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)