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Resolución del VIIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español sobre la restitución de la calle Crucero Baleares en Madrid

El pasado 17 de enero el Ayuntamiento de Madrid, con José Luis Martinez-Almeida a la cabeza, restituyó el nombre de “Crucero de Baleares” al callejero del distrito de Puente de Vallecas. Lo hace para cumplir la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que ordena este restablecimiento.

 

El Crucero de Baleares fue uno de los barcos que participó en el bombardeo de población civil indefensa durante la guerra civil española. Entre los días 6, 7 y 8 de febrero de 1937, miles de refugiados (niños, ancianos, hombres y mujeres) que se habían ido concentrando en Málaga empujados por el avance de las tropas fascistas de Queipo de Llano, emprendieron una huida desesperada por la carretera costera de Málaga a Almería bajo las bombas de la aviación italiana y alemana, los obuses de los cruceros Canarias, Almirante Cervera y Baleares, y los disparos de las tanquetas de los camisas negras italianos. Este ataque de un ejército moderno contra la población civil que huye indefensa fue un hecho inédito que desgraciadamente se repetiría unos meses después sobre Gernika, Barcelona y unos años más tarde en toda Europa.

 

Este sangriento episodio, también conocido como la Desbandá, es un testimonio de arrostre y dignidad de quienes resistieron bombardeos, disparos por aire, mar y tierra, pasando hambre, frio y agotamiento antes que vivir de rodillas ante la barbarie fascista.

 

A tenor de lo expuesto, el Partido Comunista Obrero Español resuelve:

 

  1. Denunciamos y condenamos esta práctica del fascista alcalde de Madrid, digno heredero de aquellos fascistas que masacraron a la población civil en la carretera de Málaga a Almería, demostrando con estos actos su desprecio por los represaliados y asesinados por el fascismo criminal y mostrando su alineamiento abierto con el fascismo.
  2. El fascismo es la ideología del Estado español. En consecuencia, las leyes le amparan y las instituciones de éste, como el TSJM, lo avalan con sentencias a su gusto y medida.
  3. La única manera de acabar con el fascismo es poniendo fin a la raíz del problema: el capitalismo y su Estado burgués que lo implementa. La construcción del socialismo y la puesta en marcha de la dictadura del proletariado es la única solución que tiene la clase obrera para avanzar hacia una sociedad libre de fascismo, de explotación y de miseria.

 

¡Socialismo o barbarie!

 

Madrid, 29 de enero de 2022

PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VIIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español sobre la unidad de los comunistas

La unidad del proletariado es la unidad de su vanguardia, la unidad de los marxistas-leninistas. Sin la unidad de los comunistas jamás podrá haber unidad de clase para que el proletariado cumpla su misión histórica. Pero esta ansiada unidad sólo podrá tejerse y construirse por la clase obrera misma a través de su vanguardia, de su parte más avanzada en términos de conciencia de clase y organización. Una organización donde los intereses de la minoría se subordinen a la mayoría y donde lo acordado y aprobado por la mayoría sea ley para todos. Esto es la unidad del proletariado organizado en torno al principio del centralismo democrático. Y es el partido comunista el instrumento que librará la lucha de clases a nivel mundial. Sin embargo, como ya advirtió el camarada Lenin:

 

«No puede haber unidad […] con los políticos obreros liberales, con los desorganizadores del movimiento obrero, con los infractores de la voluntad de la mayoría. Puede y debe haber unidad de todos los marxistas consecuentes, de todos los defensores del marxismo íntegro y de las consignas no recortadas, independientemente de los liquidadores y sin ellos.

 

¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo»

 

El Movimiento Comunista Internacional hoy se halla todavía atravesado por el oportunismo, el amiguismo, el revisionismo y, por ello, se encuentra totalmente fraccionado. Y esta cruda realidad, fruto de los vicios y podredumbres ideológicas del pasado, se constata echando un vistazo a la realidad de las fuerzas que se reivindican del comunismo tanto a nivel nacional como internacional.

 

La lucha encarnizada contra todos los elementos que dinamitan el movimiento obrero revolucionario y que lo desvían del socialismo debe ser emprendida por un eje que una a los partidos comunistas al objeto de conquistar la organización única de la vanguardia. Este proceso de unidad debe hacerse, por un lado, en el terreno de la práctica revolucionaria y, paralelamente, mediante la confrontación ideológica con los enemigos de la clase obrera y, sobre todo, para fortalecer la organización comunista unitaria.

 

A tenor de lo expuesto, el Partido Comunista Obrero Español resuelve dar un paso adelante para contribuir en la construcción de una nueva Internacional Comunista, que se sustente en un programa que abrace con fidelidad el marxismo-leninismo y cuyos ejes fundamentales sean:

 

  1. Defensa de la dictadura del proletariado como única alternativa posible a la dictadura de la burguesía y única forma de Estado proletario para desarrollar el socialismo.
  2. Lucha implacable contra la burguesía y todo tipo de lacayos de éstos, los reformistas de todo tipo y el fascismo.
  3. Determinación nítida de lo que es el imperialismo y las potencias imperialistas que manejan el orden mundial.
  4. Confrontación radical contra el socialchovinismo y el socialpacifismo.
  5. Abolición de la democracia, que no es más que una forma de Estado, y reivindicación de que la única patria que tenemos es la humanidad liberada de toda explotación. Los obreros no tenemos pertenencia nacional, sino hermandad con todos los explotados y parias de la Tierra.
  6. Ruptura total con los sindicatos amarillos pertenecientes a la Confederación Sindical Internacional y, por contra, fortalecer el sindicalismo de clase encuadrado en la Federación Sindical Mundial.
  7. Impulsar la lucha revolucionaria y la construcción de órganos de poder popular para la confrontación contra el Estado burgués y el electoralismo burgués.
  8. Adhesión inquebrantable al internacionalismo proletario y depuración de todo tipo de ideología burguesa.

 

Madrid, 29 de enero de 2022

PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VIIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español por el desarrollo del Frente Único del Pueblo

Carlos Marx, en el prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política señalaba lo siguiente:

 

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.

 

La robotización, la automatización de la producción, demuestra que el desarrollo de las fuerzas productivas hoy es infinitamente superior al desarrollo que éstas tuvieron a lo largo del siglo XX, un desarrollo de las fuerzas productivas inimaginables para las mentes de aquéllos que vivieron en el siglo XX.

 

La automatización de la producción implica la negación del capitalismo en tanto niega lo esencial de éste, como es la apropiación de la plusvalía generada por el obrero. Con la automatización de la producción se desarmoniza completamente la composición orgánica del capital en favor del capital constante y en detrimento del capital variable que es el que genera plusvalía.

 

La automatización de la producción implica un cambio en la base económica y, consecuentemente, esta revolución de la base económica también revoluciona la superestructura que la misma engendra. Así, pues, nos hallamos en palabras de Marx en la época de revolución social, en la época donde dentro de la formación socioeconómica capitalista se confrontan dos sistemas económicos, el viejo sistema capitalista y el sistema superior que lo sucederá responsable de la armonización de las fuerzas y las relaciones de producción, el socialismo.

 

Hoy el desarrollo de las fuerzas productivas ya no se corresponde con el capitalismo sino con un modo de producción superior, el socialismo, unas fuerzas productivas que han creado las condiciones materiales para el socialismo y que entran en colisión con las relaciones de producción capitalistas, correspondiendo acompasar las relaciones de producción a unas fuerzas productivas que chocan con la propiedad privada sobre los medios de producción, la cual objetivamente será arrasada por el desarrollo de las fuerzas productivas.

 

A tenor de todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

1)  Acentuar el proceso de fortalecimiento ideológico del Partido para que con el ensanchamiento del Partido podamos dar un nuevo salto cualitativo. El fortalecimiento del PCOE hoy es el fortalecimiento de la vanguardia comunista del proletariado en el Estado español.

2)   Priorizar la actividad revolucionaria del partido así como el trabajo de masas. En este sentido es necesario desarrollar un trabajo orientado en desarrollar los órganos de poder popular de la clase obrera, ensanchándolos y haciéndolos confluir en un Frente Único del Pueblo que unifique las luchas de los diferentes sectores de la clase obrera en una única lucha de clases contra el capitalismo y la burguesía de tal manera que éstos órganos de poder popular de la clase obrera se vayan contraponiendo al Estado burgués y vayan erigiéndose en el embrión del futuro Estado de la clase obrera, piedra angular para imponer la Dictadura del Proletariado.

 

Madrid, a 29 de enero de 2022

PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VIIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español rechazando la Reforma Laboral y de las Pensiones

El pasado 1 de junio de 2018, las fuerzas políticas que, un año y medio más tarde, votaron a favor de la investidura del Gobierno de coalición entre PSOE y PODEMOS-IU/PCE – autodenominado por ellos mismos como el Gobierno “más progresista de la historia de España”, en lo que sin duda es un insulto a la inteligencia y un desprecio a la historia de este país – apoyaron la censura del Gobierno corrupto y reaccionario de Mariano Rajoy, secundando abiertamente sus nocivas políticas. Y es que el programa de gobierno presentado por Pedro Sánchez en dicha moción de censura fue el del mantenimiento de las políticas del gobierno que se censuraba. Así, desde BILDU a ERC, pasando por PODEMOS-IU/PCE todos dieron su voto a un programa de gobierno que mantenía:

 

  • La reforma laboral de Rajoy de 2012 que, a su vez, profundizaba la agresión contra la clase obrera de la reforma laboral del PSOE de 2010.
  • La Ley Mordaza.
  • La política económica impuesta por los monopolios, por la UE.
  • La reforma de las pensiones de Rajoy.
  • La negación del derecho a la autodeterminación.
  • Etcétera.

 

Las fuerzas de la “izquierda” del sistema nos dijeron entonces que la regeneración en España era cambiar la corrupción pepera -Gürtel, caja B, Castor, Erial, Guateque, Bárcenas, Lezo, Púnica, Pokemon, etcétera– blanqueando al PSOE, que no olvidemos son los del GAL, caso Juan Guerra, Filesa, EREs, facturas falsas de UGT, Invercaria, Fondos Jeremie y un largo etcétera.

 

La obra del Gobierno del PSOE y de PODEMOS-IU/PCE desde enero de 2020, como se está pudiendo comprobar, no es más que la de proseguir con la dirección del Estado capitalista actuando de manera tan reaccionaria y antiobrera como hacía el PP y cómo lleva haciendo este Estado heredero del Franquismo desde hace más de cuatro décadas.

 

Un gobierno que, como no puede ser de otra manera mientras persista el capitalismo, está arrodillado ante los monopolios, ante la UE y ante la OTAN y que ejerce la represión contra la clase obrera, como lo ha demostrado el Secretario General del PCE en sus declaraciones defendiendo la represión policial contra la clase obrera en el rechazo del encarcelamiento de Pablo Hásel o defendiendo recientemente los compromisos de España como socio de la OTAN en su política de perro rastrero y faldero de los EEUU con respecto del conflicto interimperialista en Ucrania.

 

Por tanto, no es de extrañar que este gobierno de PSOE y PODEMOS-IU/PCE arremeta contra la clase obrera y salga a defender con uñas y dientes a los monopolios, sus instituciones y sus políticas. Socialfascistas y oportunistas siguen donde llevan más de cuatro décadas instalados: limpiando las botas a los monopolios y traicionando y vendiendo a la clase obrera.

 

La última traición y venta a la clase obrera, el último servicio a la burguesía, está en los llamados Fondos de Recuperación, 140 mil millones de euros que la UE otorga al Estado español siempre que éste haga dos reformas cardinales: la reforma de las pensiones y la reforma laboral. Dos reformas que este infame gobierno de PSOE-PODEMOS-IU/PCE no ha tenido escrúpulos en hacer arremetiendo vilmente contra la clase obrera.

 

Con la reforma de las pensiones de este criminal Gobierno se endurecen las condiciones para acceder a la pensión, retrasándose la edad de jubilación, elaborando una fórmula de cálculo de la base reguladora con objeto de minimizar las cuantías de las pensiones y aumentar la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas y se abona el terreno para privatizar las pensiones.

 

Con la reforma laboral el criminal Gobierno del PSOE-PODEMOS-IU/PCE engaña nuevamente a la clase obrera, al no derogar las reformas laborales de 2010 de Zapatero y de 2012 de Rajoy, las cuales reafirman manteniendo las cuantías de despido y sus causas, no recuperando nada en cuestión de salarios de tramitación ni indemnizaciones de despido improcedente (que siguen en 33 días por año con un tope de 24 mensualidades) ni en prestaciones del FOGASA, manteniendo la precariedad laboral, la capacidad empresarial de alterar unilateralmente las condiciones de trabajo (artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores) así como la distribución irregular de la jornada o la movilidad funcional. Además, amplían el campo de acción de las ETTs como agencias privadas de colocación empleando para ello el contrato fijo-discontinuo. Una reforma laboral hecha para adaptar el mundo del trabajo a las necesidades de los empresarios en el nuevo marco del desarrollo de la automatización y la robotización, donde decaerá de manera importante el número de horas de trabajo y para aligerar el coste laboral a la patronal mediante la fórmula de los ERTEs. Y todo ello lo hacen con el apoyo de los esbirros sindicales de CCOO y UGT, auténticos traidores de la clase obrera que no dudan en servir a la patronal a cambio de dineros públicos y subvenciones.

 

El gobierno de PSOE-PODEMOS-IU/PCE junto con el sindicalismo vertical del Estado de los capitalistas (CCOO-UGT) no han dudado en servir la sangre de la clase obrera a la Unión Europea para recibir 140 mil millones de euros que repartirá entre los empresarios y que pagaremos los trabajadores con nuestras vidas. 140 mil millones que, por otro lado, incrementarán la deuda pública que, como es obvio recaerá sobre los hombros de la clase obrera toda vez que el Gobierno “más progresista de la historia” sostiene un sistema fiscal donde los empresarios pagan cada día menos impuestos y los trabajadores son cada día más sangrados por un Estado parásito que lo único que merece es ser liquidado y enviado a la basura y, junto con él, a todos aquéllos que viven de traicionar y vender al pueblo trabajador.

A tenor de todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

1)  Denunciar ante la clase obrera al gobierno de socialfascistas (PSOE) y oportunistas (PODEMOS-IU/PCE) así como a los corruptos sindicatos CCOO y UGT que demuestran, una vez más, ser una marioneta de los monopolios y ser enemigo jurado de la clase obrera.

2)  Denunciar con mayor fuerza ante la clase obrera a las traidoras centrales sindicales CCOO y UGT, que son un instrumento más del Estado de los capitalistas que no dudan en traicionar a la clase trabajadora, siendo los mayores responsables de la desorganización y la alienación de la clase obrera en este país.

3)  Hacer un llamamiento a los trabajadores afiliados a CCOO y UGT a romper con la afiliación a dichos sindicatos y fortalecer las filas del sindicalismo de clase, de los sindicatos afiliados a la Federación Sindical Mundial (FSM).

4)  Instar, asimismo, a los sindicatos afiliados a la FSM del estado español a avanzar y fortalecer este sindicalismo de clase y combativo a través de un proceso de unificación con el objetivo de aunar las fuerzas, hoy dispersas y divididas en pequeñas organizaciones, y lograr una sola central de clase y combativa fuerte y capaz de encarar los objetivos de la clase obrera para la superación del sistema capitalista.

5)  El PCOE hace un llamamiento a participar en todas las manifestaciones y acciones de rechazo de la Reforma Laboral y de la Reforma de las Pensiones realizadas por este Gobierno vendido a la UE y a la patronal, empezando por la manifestación que se celebrará el próximo día 3 de febrero frente al Congreso de los diputados convocado por sindicatos de clase.

6)  El PCOE llama a la unidad de todas las luchas, empezando por la lucha de pensionistas – contra la reforma de las pensiones – y de la clase obrera contra la reforma laboral, así como la de otros sectores que conforman el proletariado, unificando todas las luchas en una única lucha de clases contra la burguesía, su sistema económico capitalista y su Estado construyendo el Frente Único del Pueblo, instrumento clasista necesario para que la clase obrera pueda emanciparse y acabar con todos aquéllos parásitos al servicio del Capital que nos niegan una vida digna.

 

Madrid, a 29 de enero de 2022

PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La falacia de ‘lo queer’

Federico Engels en el segundo prólogo escrito para el Manifiesto Comunista aseguraba lo siguiente:

“La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx”.

 

Es decir, que la aportación fundamental que Carlos Marx hizo a la historia de la humanidad, y que inspiraría a innumerables revolucionarios en los siglos XIX, XX y XXI, es que la política está subyugada, en cualquier caso, a las relaciones de producción y la superestructura que esta genera. Así, Marx llega al concepto de la lucha de clases y significa qué es un proceso revolucionario: cuando la contradicción de clases sociales opuestas se resuelve en favor de la clase oprimida.

Un texto básico como es el Manifiesto Comunista nos deja entrever que en el capitalismo, cuya relación de producción es la propiedad privada de los medios de producción, hay dos clases que se enfrentan: el proletariado y la burguesía. Así, la clase trabajadora se convierte en el sujeto revolucionario y sobre sus hombros se apoya el peso de la historia escrita conscientemente por el ser humano y el abandono de la prehistoria humana en la que nos hallamos inmersos. Esto es: la historia del socialismo y el comunismo.

Claro es para todos que los trabajadores son diferentes los unos de los otros. Incluso una pareja de gemelos consta de particularidades que los diferencian tanto de forma física como de forma psicológica. El marxismo ocupó la ardua tarea de ver que, a pesar de la diversidad de los trabajadores, lo cardinal de ellos es su papel de desposeídos, su propia condición de proletarios. Así, Marx escribiría:

“Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo.  Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste”.

 

No vemos en el Manifiesto ninguna referencia ni análisis hacia la desvalorización particular hacia el trabajo de la mujer en el siglo XIX, ni sobre la explotación infantil de la época y, sin embargo, eso no ha despojado al marxismo de la defensa a ultranza de la igualdad entre el hombre y la mujer y del rechazo visceral del trabajo infantil. Esto es porque dichas cuestiones son, como bien dijimos al inicio de este documento, consecuencia de las relaciones de producción del capitalismo premonopolista de la época. Claro es que autores comunistas posteriores dedicarán ríos de tinta a desmenuzar estas cuestiones particulares, pero todos esos análisis no son más que consecuencia de la base que Marx, Engels y posteriormente Lenin, han dejado.

El mundo actual, que no es más que la fase imperialista del capitalismo en absoluta bancarrota, conoce más al ser humano que hace dos siglos como consecuencia del desarrollo de la ciencia y la tecnología. En otras palabras, el mundo que nos rodea se entiende mejor hoy que en cualquier otro momento de la historia. Sin embargo, a pesar de toda esa evolución, las relaciones de producción siguen siendo exactamente las mismas que cuando Marx sujetaba su pluma y, por tanto, el sujeto revolucionario sigue siendo el mismo: los proletarios. Los comunistas tenemos claro que a quien se le ocurra dudar sobre esto está siendo un ignorante o un embustero.

Todo lo escrito hasta ahora es una obviedad y nada más que un resumen de algo tan vasto como es la ciencia marxista-leninista. Aun así, el capitalismo es una maquinaria que crea día sí y día también anticomunismo de todos los tamaños y formas; y en un mundo en la que la cantidad de información es tan extensa y accesible, es más fácil que los trabajadores se encuentren confusos y decidan asumir según qué luchas siguiendo a determinados grupúsculos que parecen haber leído a los clásicos del marxismo, pero que cualquier revolucionario que se precie sabe que no han entendido ni la mitad.

Concretamente, para las cuestiones LGBT, nos encontramos que determinados partidos y colectivos que se consideran dentro del Movimiento Comunista Español (MCE), aprovechan la mínima para teñir sus consignas reaccionarias de rojo y así llevar a los trabajadores hacia la reacción, colocando el énfasis donde no hay movimiento revolucionario sino reformismo.

El 29 de junio de 2021, el Partido Comunista de los Trabajadores de España (PCTE) publicaba en su página web y en redes sociales su análisis sobre la proclamada “ley trans”, en el que aseguraban que dicha ley “constituye un problema para la lucha de la mujer y para las personas homosexuales”. Sus argumentos están basados, sobre todo, en la confrontación de la “realidad objetiva” contra la “autopercepción subjetiva” y derivados.

Al PCOE le sorprende poderosamente que el PCTE haga un análisis sobre una ley burguesa en concreto, separe a la mujer del hombre proletario y diferencie a los trabajadores homosexuales de quienes no lo son, porque si algo hemos aprendido los marxistas-leninistas es que:

  • Una ley en el capitalismo, promueva quien la promueva, es una reforma por definición. Independientemente de su contenido, la ley será aplicada o no en función de la composición de las instituciones del Estado. Como las instituciones en el Estado Español son capitalistas, actuarán siempre para garantizar y acentuar la explotación del hombre por el hombre, para servir los intereses de la burguesía.

El ejemplo más claro es que la Constitución franquista de 1978 dice defender el derecho a la vida digna, pero la realidad es que aplicar esa norma sería ordenar a las instituciones burguesas a que no consideren la vivienda como una mercancía. ¿Imaginamos al PCTE analizando la Constitución y legitimándola por incluir dicho apartado?

  • Los trabajadores (independientemente de cualquier condición) estamos siempre amenazados en el capitalismo. No son las leyes burguesas las que establecen una graduación sobre nuestra liberación, sino nuestra posición sobre las relaciones de producción, que en el capitalismo siempre es de desposeídos y explotados.

Por tanto, el nombrado análisis sólo puede caer en la categoría de reformismo y, por tanto, sólo puede destilar reacción en cada una de sus palabras. Sin embargo, ¿podríamos esperar otra cosa de un partido cuya máxima ambición ha sido estrechar las relaciones internacionales con el KKE, partido que se ha manifestado de una manera abiertamente homófoba?

Sin embargo, el PCTE no es el único con posiciones abiertamente reaccionarias y que obvia el sentido de clase de todo lo que nos rodea. Otras organizaciones que aunque se denominen comunistas o leninistas están totalmente alejadas del marxismo y que abrazan abiertamente la reacción llevan durante meses, sino años, atacando lo que ellos denominan “queer” y “posmoderno”. Tanto es así que fácilmente vemos que ya han construido todo su discurso en torno a estos temas y los ha capitalizado de buena forma a través de redes sociales.

Su estrategia política está basada en erigirse la alternativa ante diversos sujetos que escogen en función del discurso “progre” que tengan para que, por comparación, ellos salgan ganando. Así, se puede afirmar sin lugar a dudas que si el discurso feminista o LGBT no existiese, estos fascistas tampoco existirían debido a que el grueso de su repercusión viene de la confrontación con personajes más conocidos que ellos y sus ocurrencias de turno que cualquier fascista suscribiría.

Conociéndolos a través de las publicaciones en las que atacan leyes feministas, LGBT o migratorias (cuestión que ya hemos visto que es puro reformismo), cualquier reaccionario podría formar parte de estas organizaciones sin ningún tipo de problema, puesto que las reivindicaciones que se encontrarán son el “patriotismo revolucionario”, control planificado de las fronteras, defensa de la unidad de España, exaltación de la hispanidad, etcétera. Un cúmulo de categorías que un fascista desnortado es capaz de hacer suyas. Y si hubiese algún atisbo de reivindicación de la lucha de clases, puede ignorarlo fácilmente debido a que ellos no son conocidos por realizar esa labor, sólo es pura retórica.

Lo que hemos visto hasta ahora es que estas etiquetas “queer”, “progre” y “posmoderno” permiten a los reaccionarios estar en su salsa justificándolo envileciendo y desvirtuando completamente lo que es el comunismo, lo cual les retrata como auténticos fascistas al abrazar abiertamente el revisionismo. Es decir, su crítica a estos movimientos no es más que una falacia.

Desde el PCOE somos conscientes y respetamos cada una de las realidades de los seres humanos y consideramos que cualquier discurso que mínimamente aliente a atacar a estos colectivos minorizados merece nuestra más firme condena. Asimismo, defendemos y luchamos porque cada uno de los trabajadores, porque los seres humanos, puedan desarrollarse de manera multilateral e ilimitada.

Al mismo tiempo, somos conscientes que ante la incapacidad de la burguesía y sus instituciones de satisfacer las necesidades humanas, la situación actual se traduce en la mentira y la capitalización total de estos movimientos, llevando a sus elementos a cualquier lugar ajeno a la lucha de clases y fomentando el individualismo a través del desarrollo de la propia identidad.

La liberación del ser humano pasa inevitablemente por la abolición de la explotación de una clase social por otra. En estos términos, el desarrollo de las fuerzas productivas nos lleva a defender directamente la consecución del Socialismo como única democracia que permitirá a los trabajadores tomar las decisiones en su día a día, entre las cuales se incluye, como no puede ser de otra forma, la cuestión de la mujer y la cuestión LGBT. Por tanto, y como paso necesario para ello, es necesaria la construcción del Frente Único del Pueblo como punto común de todos los trabajadores e institución revolucionaria de clase  que enviará al Estado capitalista al basurero de la historia.

 

¡Por la liberación de los trabajadores!

¡Socialismo o barbarie!

 

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Resolución del VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español sobre el momento actual

Un día sí y otro también nos encontramos con los sicarios del Capital, ya sea en su forma de economistas, periodistas o miembros de los gobiernos señalando a los trabajadores del mundo que el capitalismo como lo conocemos se acabará en unas décadas, erigiéndose en auténticos pitonisos, o que la deuda de los Estados se pagará en varias décadas. Entre todos esos esbirros de los monopolios descuella el inútil presidente de Gobierno español, Pedro Sánchez, con sus planes “infalibles” que lo único que acreditan es la bancarrota de los Estados capitalistas y del imperialismo, el cual únicamente se sostiene por el engaño, la estafa, el pillaje y el crimen.

La realidad es que el imperialismo está totalmente quebrado. Sin duda Marx, al que los imperialistas y sus marionetas se empeñan en vilipendiar, acierta plenamente siendo el mayor castigo para los imperialistas la vigencia de su análisis, el cual brilla como el rayo en los días que corren. Así lo acredita la actualidad de la Ley de la Tendencia decreciente de la tasa de ganancia en el capitalismo, donde el desarrollo del imperialismo se empeña en acreditar la contradicción que se produce entre la tasa de ganancia y la tasa de explotación, demostrando que a mayor explotación menor ganancia para el imperialista. Asimismo, Marx afirmaba en el “prólogo a la contribución a la Crítica de la Economía Política” lo siguiente:

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua.

Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo.

Sin duda, el momento actual cumple las condiciones que Marx anunciaba para la desaparición de una formación social, como es la capitalista, no sólo por lo que nos arroja la contradicción expresada en la Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en el capitalismo, sino porque el desarrollo de las fuerzas productivas hoy ya no se corresponde con el capitalismo – la automatización de la producción – y están madurando dentro de la “propia sociedad antigua”, la sociedad capitalista. Es, pues, en la época actual, cuando según Marx se da con exactitud la condición fundamental para la desaparición de la formación socioeconómica capitalista.

Los imperialistas hoy tienen en sus manos el desarrollo tecnológico y se ven obligados por las contradicciones mencionadas anteriormente a aumentar la automatización de la producción. Ello hace que a cada paso que da, el capitalismo monopolista y putrefacto se apuñala el corazón y cava su fosa para su entierro. Es por ello que la burguesía hoy trata de ralentizar el desarrollo de la automatización de la producción, porque es plenamente consciente, ella sí, de la exactitud y la vigencia de la ciencia del Marxismo-Leninismo, de las tesis económicas de Marx.

La única salida que tiene el proletariado, la humanidad, es la superación revolucionaria del capitalismo, el cual en su fase actual imperialista ha acreditado su agotamiento y su caducidad. Solo el socialismo resolverá las contradicciones irresolubles del imperialismo. La socialización de los medios de producción pondrá el desarrollo tecnológico, la automatización, al servicio del ser humano pues es la única vía para armonizar el desarrollo de todas las partes que integran las fuerzas productivas, convirtiendo la automatización de la producción en progreso social y liberando al ser humano del trabajo monótono, de la explotación asalariada, garantizando su desarrollo multilateral e ilimitado.

A tenor de todo ello, el VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  1. El Comité Central estimulará un proceso de debate en todas las organizaciones del Partido al objeto de profundizar en el estudio de la situación actual y actualizar nuestra política al momento actual para organizar al sujeto revolucionario en el cumplimiento de su misión histórica: eliminar revolucionariamente el capitalismo y construir el socialismo partiendo para ello del informe aprobado por este VII Pleno.
  2. Es inviable toda revolución sin el fortalecimiento y la cohesión del Movimiento Comunista. En este sentido, el PCOE trabajará en profundizar la unidad de los comunistas, tanto en el Estado español como a nivel internacional, pues son los obreros del mundo los que deben mandar al capitalismo al estercolero de la historia y ello únicamente lo pueden realizar dirigidos revolucionariamente por la vanguardia comunista organizada y cohesionada bajo la exactitud de la ciencia del marxismo-leninismo.

 

Madrid, a 22 de mayo de 2021

VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Resolución del VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español en defensa de los trabajadores de Airbus en Puerto Real

Tanto el Gobierno “más progresista de la historia de España”, según dicen los oportunistas, como las traidoras federaciones de industria de los sindicatos CCOO y UGT, auténticos vendeobreros a sueldo del Estado de los monopolios, han resuelto liquidar la planta de AIRBUS de Puerto Real, de tal modo que la producción se concentrará en la parte militar de AIRBUS del CBC de El Puerto de Santa María.

Esta propuesta realizada por el Gobierno y los sindicatos del Estado en realidad no es más que la directriz dada por la Dirección de AIRBUS, la cual con agrado no dudarán en negociar.

Nuevamente el Estado y sus vendidos sindicatos CCOO-UGT actúan al dictado de los intereses de los empresarios y dejan totalmente vendidos a los trabajadores de la factoría gaditana y de las empresas auxiliares, los cuales perderán sus puestos de trabajo.

La propuesta formulada por el Gobierno del PSOE-PODEMOS-IU/PCE, CCOO y UGT no sólo liquida la fábrica de Puerto Real, no sólo arroja al paro a los trabajadores tanto de la matriz como de las empresas auxiliares, sino que tiene previsto, como premio, financiar a AIRBUS y otras empresas auxiliares una gran parte del coste que conllevará mejorar la maquinaria para que estas empresas desarrollen la automatización de la producción que pagará la clase obrera.

Esta propuesta planteada por el Gobierno, CCOO y UGT a AIRBUS, que satisface las aspiraciones de la empresa de cerrar la fábrica de Puerto Real, se produce tras haber sido generosamente regados los sindicatos CCOO y UGT por parte del Estado. Sin duda, el dinero público que el Estado regala a las cúpulas de los sindicatos del régimen CCOO y UGT demuestran la responsabilidad demandada por reaccionarios contrastados como el presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla.

A tenor de todo ello, el VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  1. Denunciar ante la clase obrera al gobierno de socialfascistas del PSOE y oportunistas de PODEMOS-IU/PCE que demuestra, una vez más, ser una marioneta de los monopolios y ser enemigo jurado de la clase obrera.
  2. Denunciar ante la clase obrera a las traidoras centrales sindicales CCOO y UGT, que son un instrumento más del Estado de los capitalistas que no dudan en traicionar a la clase trabajadora, siendo los mayores responsables de su desorganización y alienación.
  3. Hacer un llamamiento a los trabajadores afiliados a CCOO y UGT a romper con la afiliación a dichos sindicatos y fortalecer las filas del sindicalismo de clase, de los sindicatos afiliados a la Federación Sindical Mundial (FSM).
  4. El PCOE se solidariza con los trabajadores y hace un llamamiento a estos a luchar por la defensa de sus puestos de trabajo que, sin duda, pasa por que los trabajadores y trabajadoras construyamos organización popular para unificar todas las luchas de la clase obrera en una única lucha de clase contra el capitalismo y su Estado, que como vemos es un instrumento al servicio de los monopolios – como AIRBUS – donde el gobierno, los partidos que lo componen (PSOE, PODEMOS, PCE/IU) y los sindicatos CCOO y UGT son el brazo ejecutor de los monopolios contra la clase obrera.

 

Madrid, a 22 de mayo de 2021

VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Marxismo, feminismo y emancipación de la mujer

«Las condiciones y las formas de producción han subyugado a las mujeres durante toda la historia de la humanidad» – A. Kolontái1

«Y no es usted mi camarada porque usted y yo representamos dos concepciones del mundo diametralmente opuestas. En tanto que se trate de defender mi concepción del mundo, usted no es mi camarada, sino mi enemigo más implacable, más encarnizado» – J. Plejánov2

 

ÍNDICE

Introducción

  1. Orígenes del feminismo de clase
    1. Cimientos ideológicos
    2. Kate Millet y el canto a la subjetividad
    3. Teoría de la Política Sexual, democracia radical y anticomunismo
  2. Crítica al feminismo de clase: patriarcado y el materialismo histórico
    1. Lise Vogel, Heidi Hartmann y el enfoque dual patriarcado-capitalismo
    2. Iris Young y su sistema único: el patriarcado capitalista
  1. El marxismo-leninismo y la emancipación de la mujer

Bibliografía

Referencias


Introducción

De un tiempo a esta parte, el PCOE viene estudiando la cuestión de la mujer con el firme objetivo de contribuir a la profundización de la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo en torno a esta cuestión y de entablar la necesaria batalla ideológica contra la burguesía; y, en esta ocasión particular, contra uno de los movimientos que más crédito ha gozado en las últimas décadas: el feminismo.

Por un lado, es evidente que los análisis de gran parte del Movimiento Comunista Internacional no llegan siquiera a rozar la superficie del debate, apartándose indignamente hacia un lado y dejando la hegemonía discursiva a los análisis feministas. Incluso, en multitud de ocasiones, vemos como Partidos Comunistas abrazan por completo el ideario feminista o parte de sus análisis, despreciando la independencia ideológica que ha de tener el socialismo científico.

Hoy el proletariado requiere más que nunca de un nuevo Movimiento Comunista depurado de todo tipo de oportunismo y de los vicios que nos han conducido a la situación de derrota en la que nos encontramos en la actualidad. En su gran mayoría, el proletariado se encuentra bajo la influencia ideológico-política de la burguesía monopolista. Ello debe ser combatido por la lucha ideológica que prepondera en la lucha de clases. Es una evidencia que los comunistas debemos de clarificar una serie de cuestiones, armar un programa revolucionario, siendo una de las cuestiones principales la consideración hacia el feminismo y la emancipación de la mujer, en especial hacia su corriente de clase.

Este documento, por tanto, no tiene más objetivo que contribuir en la clarificación de esta cuestión y contribuir al fortalecimiento del Movimiento Comunista en el Estado español y también Internacional, lo cual es una precondición necesaria para avanzar con paso firme contra el imperialismo.

En las páginas siguientes se procederá a dar respuesta, teniendo como base el marxismo-leninismo, a las incógnitas que de un tiempo a esta parte limitan el accionar revolucionario del proletariado en general y de las mujeres de clase obrera en particular, siempre con la vista puesta en la consecución del Socialismo como la única vía revolucionaria para la eliminación de toda explotación y opresión.

Comencemos.

  1. ORÍGENES DEL FEMINISMO DE CLASE

Dentro del feminismo burgués, y como ocurre con cualquier otro producto dentro del capitalismo monopolista de Estado, existe una enorme cantidad de marcas para elegir y que posibilitan que cualquier mujer pueda verse representada por la rama de este movimiento que más se adecue a sus gustos particulares y tendencias ideológicas. Si bien Simone de Beauvoir dijo en su momento que la segunda ola del feminismo se caracterizaba por la enorme diversidad de corrientes y planteamientos presentes, con multiplicidad de grupos y con ideas totalmente opuestas, seguramente no se imaginaba el panorama actual.

Tenemos el feminismo ilustrado, con autoras tan resonantes y estudiadas como Mary Wollstonecraft o Olympe de Gouges; el sufragista, con Elizabeth Cady Stanton y Emmeline Pankhurst, entre otras; el radical (ya saben, lo personal es político), donde destacan Kate Millet y Shulamith Firestone, principalmente; el anarcofeminismo, con Emma Goldman (que al parecer se limita a repetir la conocida cita ¡si no puedo bailar no es mi revolución! sin una profundización real en la obra de la autora); el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir; el ecofeminismo, que tanto influye en Izquierda Unida, con autoras como Alicia Puleo, Vandana Shiva o Wangari Maathai; el feminismo de clase/socialista/marxista, donde se ubica erróneamente a revolucionarias comunistas como Zetkin, Luxemburgo y, especialmente, a Aleksándra Kolontái, que se posicionaron frontalmente contra los movimientos feministas de su época; el conocido transfeminismo, con la teoría de la performatividad del género dentro del paradigma filosófico antiesencialista y el feminismo deconstructivista, donde destaca Judith Butler como la autora que más polémica genera en la actualidad y que parece tener el símil con Karl Marx en que es más citada que leída. Y así podríamos seguir largo y tendido: feminismo abolicionista, de la igualdad, de la diferencia, ciberfeminismo, filosófico, separatista, disidente o de la disidencia, liberal, institucional, negro, gitano, lésbico, provida, islámico, decolonial, postcolonial, ateo, cristiano, feminacionalismo, interseccional, etc.

Dentro del movimiento feminista burgués, dos son los feminismos que más protagonismo han ganado en las últimas décadas: el feminismo radical y el feminismo de clase, siendo este segundo al que dedicaremos el presente documento.

El feminismo socialista actual ha sido calificado dentro del neofeminismo por autoras como la filósofa Ana de Miguel (2011)3. La consecución a lo largo del siglo XX de las demandas democrático-burguesas que exigía el movimiento feminista – en especial el derecho al sufragio femenino – había calmado momentáneamente las demandas feministas. Será con la publicación de El segundo sexo (1949) por parte de Simone de Beauvoir, cuando se origine un cambio en el paradigma, una transformación en su concepción del mundo, y es durante este proceso cuando en los años sesenta y setenta surge el patriarcado, como «un sistema de dominación sexual»4, la raíz de los problemas y la explicación al problema de las mujeres, el origen sobre el que se produce el desarrollo ulterior de la desigualdad y opresión femeninas: «Las “feministas” se manifestaban contra la subordinación a la izquierda, ya que identificaban a los varones como los beneficiarios de su dominación»5.

El feminismo socialista o de clase tiene su origen entrelazado con los movimientos pacifistas y la lucha por los derechos civiles, cobrando especial protagonismo las protestas contra la Guerra de Vietnam y la lucha dentro del amplio movimiento democrático de las décadas sesenta y setenta, protagonizado por eurocomunistas, trotskistas y socialdemócratas. Nació así una Nueva Izquierda, que podríamos calificar como utópica y que no es más que una reformulación del oportunismo, que al concluir que el sistema existente era sexista, racista, clasista e imperialista se centró en el activismo político y en la creación de «diversos movimientos sociales radicales como el movimiento antirracista, el estudiantil, el pacifista y, claro está, el feminista. La característica distintiva de todos ellos fue su marcado carácter contracultural»6 y que buscaron, como veremos a continuación, combinar el análisis de género de las feministas radicales con el análisis económico del marxismo, germinando en una traición a los planteamientos más elementales de este último:

«El feminismo socialista coincide con algunos análisis y aportes del feminismo radical, reconociendo la especificidad de la lucha femenina, pero considera que ésta debe insertarse en la problemática del enfrentamiento global al sistema capitalista. Expresa también que los cambios en la estructura económica no son suficientes para eliminar la opresión de las mujeres. Relaciona la explotación de clase con la opresión de la mujer, planteando que ésta es explotada por el capitalismo y oprimida por el patriarcado, sistema que es anterior al capitalismo y que fue variando históricamente»7.

1.1. Cimientos ideológicos

El feminismo radical norteamericano que se desarrolló entre finales de los sesenta y durante toda la década de los setenta – protagonizado por Kate Millet, Política sexual (1970), y Shulamith Firestone, La dialéctica de la sexualidad (1970) – representa, en su mayor parte, la fundamentación teórica en cuanto a la explicación de la opresión del género del actual feminismo socialista y que tendría su influencia «particularmente entre la pequeña burguesía y las clases medias e intelectuales»8. Estas obras sirvieron para llegar a un consenso sobre el significado de patriarcado, como raíz de la dominación sexual; género, como una construcción social que impone diferentes roles para hombres y mujeres, poniendo especial énfasis en el desarrollo de los espacios públicos (para los varones) y los privados, en especial la familia, (para las hembras); y casta sexual, como la experiencia común de opresión que viven todas las mujeres.

En este punto, el feminismo se fue decantando como una lucha contra el patriarcado. Las mujeres que dentro del feminismo se sentían al mismo tiempo cercanas al Socialismo buscaron una alianza entre ambos movimientos y es por ello por lo que existen obras en los años finales de los sesenta y, principalmente, en los ochenta, donde se habla de un feminismo socialista o, como se conoce hoy día, de clase. En los años ochenta la teoría evolucionaría hasta adquirir una esencia propia.

Siguiendo con lo anterior, una de las teóricas más destacadas del denominado feminismo socialista o de clase es la estadounidense Lise Vogel. En la obra Marxismo y feminismo (1979), Vogel observa en el movimiento feminista de la segunda mitad del siglo XX tenía un problema enorme: la inexistencia de una teoría de la opresión y liberación de la mujer que no fuera, al mismo tiempo, marxista y feminista: «El movimiento feminista contemporáneo, siempre ha incluido una importante tendencia – conocida como feminismo socialista o feminismo marxista – que intenta alcanzar una fusión de estas dos tradiciones, que de momento se limita a yuxtaponer tímidamente en su nombre»9.

Desencantada por la teoría y práctica que marxismo y feminismo desarrollaron para liberar a la mujer de las cadenas de su opresión durante las décadas anteriores, Vogel no tiene más remedio que comenzar su tesis reconociendo una bancarrota teórico-política de ambos movimientos. Curiosamente, la autora, de forma contraria a nuestros conocidos revisionistas que no dudan en denominarse feministas de clase, sí es consciente de que la cuestión y emancipación de la mujer sí ha preocupado siempre al movimiento socialista y ha formado parte de su corpus. Sin embargo, sus preocupaciones no versan sobre las diferencias entre el movimiento socialista y el feminista, sino en luchar contra la rama más burguesa del feminismo, por un lado, y contra las concepciones simplistas de la lucha de clases que subordinan la liberación de las mujeres, por el otro.

Otra figura destacada es la también estadounidense Heidi Hartmann. El ensayo, Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo (1982) de Hartmann, aparece cuando el terreno ya está abonado. Si para Vogel el problema era aunar las teorías marxista y feminista al objeto de alcanzar una teoría propia, Hartmann propone que es necesaria una nueva orientación para el análisis feminista marxista y describe la unión entre ambos movimientos como un matrimonio infeliz en el que el marxismo ocupa el papel del marido, del opresor, y el feminismo el de la mujer, la oprimida, cuya existencia queda en suspenso durante el matrimonio: «Los recientes intentos de integrar marxismo y feminismo son insatisfactorios para nosotras como feministas porque en ellos la lucha feminista queda subsumida en la lucha “más amplia” contra el capital»10. A lo largo de su obra, Hartmann pone en tela de juicio la suficiencia del marxismo para explicar la opresión de las mujeres, siendo por ello necesario complementarlo con el enfoque feminista del patriarcado: «Esto dio lugar a un enfoque dual, la relación patriarcado-capitalismo, que a nivel político tuvo implicaciones en la separación de espacios de lucha, traduciéndose en socialismo y feminismo más que en feminismo socialista»11. Todo ello se complementa, en la década de los noventa, con la publicación de la obra La creación del Patriarcado (1990) de Gerda Lerner, que amplió las concepciones históricas del patriarcado y que, al mismo tiempo, reconoció las dificultades en el empleo de dicho término.

Finalmente, tendrá especial importancia la obra Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz” (una crítica al sistema dual) (1992) de Iris Young, en la cual se realiza una crítica al sistema dual patriarcado-capitalismo que imperaba desde la publicación de Hartmann al no explicar de forma armoniosa las conexiones entre ambos sistemas, el patriarcal y el capitalista. Así, Young se centra en hablar de un sistema único donde la división sexual del trabajo ocupa un lugar destacado. No obstante «el creciente influjo del pensamiento posmoderno en los círculos feministas académicos de las décadas de los ochenta y noventa acabó por implantar en ellos el postulado post-estructuralista de que la realidad la construye el lenguaje»12. Así, el giro lingüístico supuso la completa ruptura con el marxismo y el materialismo en favor de las políticas de identidad y representación. Surgieron, por ello, los denominados estudios de género, en general, y la historia de género, en particular, donde lo importante no era explicar científicamente las experiencias de las mujeres en los procesos históricos y la opresión que sufrían, sino cómo en dichos procesos las categorías de sexo y género provocaron la construcción de las feminidades y las masculinidades, las identidades diferenciadas según si quien vivía el proceso histórico era mujer u hombre. De esta forma, la «ola subvencionada del posmodernismo no sólo ahogó cualquier desarrollo de los estudios marxistas, sino que estos fueron objeto de furibundos ataques en la cabeza del padre de la Crítica de la Economía Política, Karl Marx»13. Sin duda alguna, la desmantelación de la Unión Soviética ayudó enormemente a que la burguesía, a nivel internacional, vendiera con mayor facilidad que ello era la constatación de que el Socialismo y, por tanto, los postulados del marxismo y del leninismo, eran un fracaso a ojos de la historia. Hoy en día, y contra este movimiento feminista, el comunismo se erige como el gran emancipador de la mujer, cuya lucha revolucionaria no puede ser el resultado de colocarse a la retaguardia de los frentes y asambleas feministas, de carácter interclasista, en el que las mujeres de todas las clases sin distinción luchen por la reforma de la democracia burguesa o por el desarrollo de una lucha común contra la posición social privilegiada del hombre. El comunismo sólo puede ser realizado mediante una lucha tenaz, donde la lucha común de hombres y mujeres del proletariado tenga como principal objetivo la destrucción del poder de los hombres y mujeres de la burguesía, pues la revolución no puede siquiera imaginarse sin la participación consciente de las mujeres proletarias.

1.2. Kate Millet y el canto a la subjetividad14

«Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, de ninguna manera atacan la base de esta sociedad. Luchan por privilegios para ellas mismas, sin poner en entredicho las prerrogativas y privilegios existentes. No acusamos a las representantes del movimiento de mujeres burgués de no entender el asunto, su visión de las cosas emana inevitablemente de su posición de clase» – A. Kolontái15

Hablar del feminismo radical y de su influencia en el movimiento feminista posterior es un comienzo necesario. En primer lugar, «porque es aquella corriente que inserta en el análisis feminista al patriarcado como categoría política necesaria para organizar la liberación de las mujeres»16 y, en segundo lugar, porque supuso un momento destacado, un punto de inflexión, que transformó la forma en la que se concebía el feminismo y el movimiento feminista.

Dentro de los movimientos feministas burgueses, el feminismo radical es sin duda uno de los que más protagonismo han ganado en las últimas décadas. Su lucha tiene como fin remodelar la sociedad, democratizar las instituciones patriarcales y eliminar la subordinación de la mujer al varón, pues en su concepción la principal contradicción de la sociedad es la que existe entre el varón, opresor, y la mujer, oprimida. El explorar la raíz de la opresión es lo que lleva a esta rama del feminismo a abogar por la abolición del patriarcado.

El feminismo radical tiene su origen en Estados Unidos, en la década de los sesenta, que presenció la efervescencia de los movimientos pacifistas y la lucha por los derechos civiles. Esto se uniría con los movimientos estudiantiles y femeninos que iban ganando protagonismo al otro lado del charco, donde el mayo de 1968 francés y la Primavera de Praga de ese mismo año serán ejemplos de que algo estaba cambiando. En Europa occidental, las organizaciones feministas comenzaron a brotar, bien de forma completamente independiente con el movimiento obrero, bien intentando mediar entre ambos movimientos: «Significativamente, durante aquellos años algunos sectores del movimiento feminista italiano declaraban públicamente “la ruptura neta con la historia del movimiento obrero y con su teoría” y criticaban cualquier relación de colaboración con organizaciones mixtas»17. La actitud pacifista y antisocialista que Kate Millet demuestra a lo largo de su obra más importante, Política sexual, se muestra en completa consonancia y armonía con los movimientos sociales y contraculturales de la época. Además, se considera un texto base para los análisis que surgen desde el feminismo radical, «en el sentido de que sitúa la división sexual en la raíz de los restantes problemas sociales»18. Esto mismo será advertido por la propia autora al comienzo del documento: «El sexo reviste un carácter político que, la más de las veces, suele pasar inadvertido»19.

Una segunda ola donde ya no cabían las reivindicaciones por el derecho al voto – obtenido en la mayoría de países occidentales – y que pusieron el foco en la raíz de la dominación de las mujeres: el patriarcado. Para esta corriente, «[e]l patriarcado se define como un sistema de dominación sexual que se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la clase y la raza»20.

Uno de los elementos que sin duda provocan la irremediable separación entre feminismo y socialismo es la prevalencia política del sexo sobre la clase, al considerar el patriarcado como un sistema independiente de opresión por parte de los hombres hacia las mujeres y el privilegio que ello supondría en la sociedad en su conjunto: «Feministas como Shulamith Firestone identificaron la diferencia biológica entre hombres y mujeres como la raíz de la subordinación femenina, naturalizando de esta manera las desigualdades de género y presentándolas como inevitables»21. Curiosamente, será la denominada Teoría Queer la que durante la década de los noventa cuestionó los planteamientos del feminismo radical. El enfrentamiento no será, como se dice hoy día por ciertos lares, porque contribuya al borrado de las mujeres, sino por concluir que es el género y no el sexo lo que configura las relaciones de poder. Sobre este punto se profundizará en documentos posteriores del Partido.

Una de las críticas que rápidamente vendrán a la cabeza del lector es que parece que el patriarcado, desde los albores de la civilización hasta nuestros días, ha permanecido como algo estático e invariable; seguramente, la falta de rigor a la hora de emplear según qué términos es una de las consecuencias que provocan la fragmentación interna y creciente del movimiento feminista. Si bien este no es un problema que nos atañe, nunca está demás entender el porqué de las cosas.

Con la publicación de Política Sexual (1970) de Kate Millet, madre del feminismo radical, «se modificó la visión materialista histórica afirmando que la relación hombre-mujer es un marco para todas las relaciones de poder en la sociedad»22. Para el feminismo radical los hombres son la clase social opresora y las mujeres la oprimida, «consideraban que los varones, todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal»23. Esto reemplaza la visión marxista y establece el patriarcado como el control absoluto del macho en los espacios públicos y privados. Dependiendo de su sexo, los individuos tendrían una socialización distinta, lo que fomenta unos prejuicios sociales (de superioridad masculina en la sociedad), un temperamento que se desarrolla de acuerdo con ciertos estereotipos (la agresividad, la inteligencia, la fuerza y la eficacia serían valores correspondientes al macho; la pasividad, la ignorancia, la docilidad, la virtud y la inutilidad, en la hembra) y un papel sexual con conductas y actitudes diferenciadas. Todo ello estaría reforzado por la sociedad y se iría agravando conforme se alcanza la etapa de adultez. Finalmente, estas diferencias conforman dos grupos políticos enfrentados – hombres y mujeres – que colocan a los varones en el poder político y relegan a la mujer a la condición de súbdita: «Según ellas [las feministas radicales], para eliminar el patriarcado, hay que eliminar el género, es decir, la condición sexual, el papel y el temperamento, ya que se han construido bajo el patriarcado»24.

1.3. Teoría de la política sexual, democracia radical y anticomunismo

«La emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas» – Clara Zetkin25

En su obra, Millett muestra una concepción particular de lo que es la política:

«En este ensayo no entenderemos por política el limitado mundo de las relaciones, los presidentes y los partidos, sino, por el contrario, el conjunto de relaciones y compromisos estructurados de acuerdo con el poder, en virtud de los cuales un grupo de personas queda bajo el control de otro grupo»26.

Particular ya que, como vemos en varios momentos, el castillo de naipes construido por Millett es sostenido únicamente por su enorme sesgo personal, por su subjetividad. Entendemos, por nuestra parte, que el hecho de que Millett hable de grupos y no de clases sociales no es algo que ocurra por casualidad, por un despiste de la autora, pues su minuciosidad, cuando le conviene, queda patente en otras partes de la obra. Su tergiversación de la realidad es condición sine qua non para que su estructura no se desmorone desde el principio. Intencionadamente, podemos comprobar rápidamente cómo el feminismo radical borra de un plumazo la contradicción Capital-Trabajo, borra el antagonismo entre la burguesía y el proletariado, y lo sustituye por el antagonismo entre el hombre y la mujer.

Tras esto, el esbozo «se propone demostrar que el sexo es una categoría social impregnada de política»27. Siguiendo el estudio de Ronald V. Samson en The Psychology of Power (Nueva York, 1968), Millett pretende concebir una teoría política que estudie y analice las relaciones de poder y las conexiones entre las estructuras políticas y la familia, que llevan al dominio y a la subordinación: «Aun cuando hoy día resulte casi imperceptible, el dominio sexual es nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder»28. La autora continúa:

«Ello se debe al carácter patriarcal de nuestra sociedad y de todas las civilizaciones históricas. Recordemos que el ejército, la industria, la tecnología, las universidades, la ciencia, la política y las finanzas – en una palabra, todas las vías del poder, incluida la fuerza coercitiva de la policía – se encuentran por completo en manos masculinas. Y como la esencia de la política radica en el poder, el impacto de ese privilegio es infalible»29.

Tras esto es obligatorio detenerse. Como podemos comprobar, Millett entiende que el patriarcado y, por ende, la sociedad y cultura patriarcal ha sido algo intrínseco a todas y cada una de las civilizaciones que ha conocido la historia. Con esto, el feminismo radical entiende que la mujer, la mitad de la población, vino al mundo oprimida30 por culpa de los hombres, estando el dominio sexual firmemente arraigado en las relaciones humanas. Ese dominio del macho en todas las esferas de la sociedad es lo que provocaría el desarrollo ulterior del privilegio masculino. Nada más lejos de la realidad, como bien demostró uno de los padres del socialismo científico, Friedrich Engels, casi un siglo antes, en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884)31, la mujer no nació oprimida en el mundo, su subyugación al varón nació con la propiedad privada y la abolición del derecho materno en favor del paterno, con la abolición de la filiación femenina y el derecho hereditario materno, sustituyéndose por la filiación masculina y el derecho hereditario paterno; «la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no de la mujer a su clan»32:

«Así pues, a medida que iban en aumento, las riquezas daban al hombre una posición en la familia más importante que a la mujer y hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden establecido. Pero esto no podía hacerse mientras permaneciese vigente la filiación según el derecho materno. Éste tenía que ser abolido […]. La abolición del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó las riendas también en la casa y la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción»33.

Es en este momento y no otro cuando surge lo que conocemos como familia patriarcal, suponiendo la transición desde el matrimonio sindiásmico a la monogamia, y basada en la propiedad personal y única del cabeza de familia, que es varón. Como muchos ya habrán podido advertir, este momento corresponde en la historia con la Revolución Neolítica, cuando el ser humano dejó a un lado su labor como cazador-recolector y pasó a convertirse en campesino-ganadero, realizando un intenso trabajo para sacar el máximo provecho a la naturaleza y produciéndose la especialización de las tareas. Ahora bien, pasemos ahora a comprobar a qué debe ese aumento de las riquezas que menciona Engels y qué provoca tal revolución en la sociedad:

«La esclavitud ya había sido inventada. El esclavo no tenía ningún valor para los bárbaros del estadio inferior […] En este estadio, la fuerza de trabajo humana no produce todavía un excedente apreciable sobre sus gastos de mantenimiento. Pero las cosas tomaron otro cariz con la introducción de la cría de ganado, la elaboración de los metales, el arte del tejido y, por último, la agricultura»34.

Es entonces, a partir del noveno milenio a.C., cuando las sociedades humanas conocieron un lento proceso transformador que las llevaría a conocer la economía productiva, generando una nueva estructura económica; de esta forma se dio paso a los cambios tecnológicos, políticos y culturales que experimentaron las primeras sociedades urbanas. La nueva economía productiva, cuyos ejes principales eran la agricultura y la ganadería, se mantuvieron como base económica de la humanidad hasta el siglo XVIII, cuando se inicia la Revolución Industrial.

Retomemos la obra de Millett:

«Si consideramos el gobierno patriarcal como una institución en virtud de la cual una mitad de la población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad (los hombres), descubrimos que el patriarcado se apoya sobre dos principios fundamentales: el macho ha de dominar a la hembra, y el macho de más edad ha de dominar al más joven»35.

Ante esto, la autora hace un all in por la «democracia radical», es decir, aquella en la que supuestamente se eliminaría el patriarcado, haciendo una contraposición clara con las democracias modernas donde «es frecuente que las mujeres no desempeñen cargo alguno, o que lo hagan en un número tan minúsculo (como en la actualidad) que ni siquiera puedan aspirar a construir una muestra representativa»36. Curiosamente, en ningún momento del escrito de Millett podrá encontrar el lector ninguna alusión a la cuestión clasista ni aspira, por supuesto, a la abolición del Estado burgués, a la superación del capitalismo criminal y, consecuentemente, tampoco aporta alternativa alguna a este sistema económico ni a la superestructura que genera. La «democracia radical» de Millett es la defensa a ultranza de la democracia burguesa, de la dictadura del capital, pero con un revestimiento inclusivo. Su estrategia recuerda peligrosamente a la democratización del mundo que realiza el imperialismo, a la exportación de la democracia burguesa a todos los rincones del planeta.

Eso sí, una democracia burguesa en la que la mujer, en general, tenga las mismas posibilidades de explotar y oprimir al resto de la sociedad al igual que hace su contraparte masculina. Esto, unido a la labor de desviar al proletariado de su misión histórica y desorientarlo ideológicamente explica la razón del financiamiento del feminismo por parte de las potencias imperialistas. Además, cabe mencionar que la asunción de ciertas demandas feministas ha servido para democratizar al capitalismo en descomposición. Ante esto, es más oportuno que nunca recordar las inmortales palabras de Aleksándra Kolontái:

«¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer»37.

En este momento es preciso señalar como Millett, al igual que hace todo el feminismo radical, trata de forma muy ligera y acientífica el desarrollo y los hechos históricos; no solo porque determinan de forma completamente sesgada que la contradicción entre hombre-mujer ha marcado el devenir de la historia, de la misma forma y desde el Neolítico, sino porque hace caso omiso de la estructura económica y se concentra solo en los aspectos reproductivos y culturales de la sociedad capitalista de su época, proyectado su visión, altamente parcial, a una visión de la condición humana universal. Para sostener tales conjeturas, el feminismo radical necesita primero obviar la historia, no se trata de interpretar los documentos de la arqueología o la antropología para elaborar un correcto análisis histórico, se trata de crear, primeramente, una realidad y adaptarla a las conjeturas de la autora:

«Es posible que el descubrimiento de la paternidad fuese la circunstancia que invirtió por completo las actitudes humanas […], subestimando y degradando la función de la mujer en la procreación y atribuyendo el principio vital únicamente al falo. La religión patriarcal consolidó esta situación creando uno o varios dioses masculinos, desterrando o desacreditando a las diosas»38.

Seguidamente, reconoce que «en el momento actual resulta imposible resolver la cuestión de los orígenes del patriarcado»39. Por tanto, nos encontramos ante un sistema que no sabe en qué momento de la historia surge, tampoco menciona nada en relación con la localización y tampoco sostiene sus afirmaciones sobre los avances investigadores de la época. Además, su anticomunismo la lleva a la necesidad de despreciar los inmensos aportes que se realizaron en este campo de mano del socialismo científico. Finalmente, desecha la idea de la biología «ya que los fundamentos biológicos del patriarcado parecen tan inciertos»40, comenzando entonces a hablar de la influencia que la cultura ejerce en el sujeto:

«así, por ejemplo, tomando un caos tan sencillo, al dejarse guiar por las aspiraciones que la cultura atribuye a su género, el niño se siente inducido a desarrollar impulsos agresivos, mientras que la niña tiende a coartarlos o proyectarlos sobre sí misma. […] La cultura fomenta así la creencia de que los indicadores del sexo masculino, es decir, los testículos, el pene y el escroto, son la base de los impulsos agresivos»41.

Es decir, «ya que no tienen una estrategia concreta para derribar esta sociedad, cambian todo su análisis a una crítica de los aspectos estructurales – la cultura, el lenguaje, los conceptos, la ética… sin preocuparse del capitalismo»42.

Podemos concluir, por tanto, que el feminismo radical, aquel que nutre al resto de feminismos con conceptos tan capitales como el de patriarcado, es incapaz de darle una consistencia teórica y científica, lo cual lo lleva forzosamente a representarlo como un sistema universal que no ha alterado sus estructuras y principios fundamentales a través de la historia y los diferentes modos de producción, lo cual provoca, entre otras cosas, que los análisis sobre la opresión y emancipación de la mujer pierdan toda clase de profundidad, en un intento burdo por restarle importancia al marxismo-leninismo como máximo exponente de la emancipación de la mujer. Y en esta línea, tampoco tiene sentido para el marxismo la intentona de crear una clase que encuadre a todas las mujeres, pues no se trata de un grupo ni remotamente homogéneo al estar divididas – al igual que los hombres – en dos clases sociales enfrentadas y cuyos intereses son antagónicos.

  1. CRÍTICA AL FEMINISMO DE CLASE: PATRIARCADO Y MATERIALISMO

HISTÓRICO

«Los seguidores del materialismo histórico rechazan la existencia de una cuestión de la mujer específica, separada de la cuestión social de nuestros días. Tras la subordinación de la mujer se esconden factores económicos específicos, las características naturales han sido un factor secundario en este proceso» – A. Kollontái43

2.1. Lise Vogel, Heidi Hartmann y el enfoque dual patriarcado-capitalismo

En el caso de Vogel, defender independientemente del contexto una «síntesis teórica entre marxismo y feminismo»44 a razón de considerar «que el marxismo no sólo es incompleto sino que además también es incapaz de una evolución interna o una expansión»45 implica no comprender el abecé del marxismo, la esencia del socialismo científico ya que, como sabemos, «[e]l marxismo no es un catálogo de esquemas rígidos, sino una teoría viva en desarrollo»46.

Aclarado lo anterior, y como se podrá observar en el siguiente análisis, el problema de Hartmann es el propio materialismo, aunque en ocasiones haga hincapié en que sus postulados parten de este, pues considera que es erróneo analizar la posición subordinada de la mujer en la sociedad en relación con la estructura económica y propugna un análisis que se centre en la relación hombre-mujer. Parece ser que nuestra autora quiere que el marxismo se desprenda de su propia filosofía. Como describió Lenin: «[e]l materialismo histórico de Marx es una conquista formidable del pensamiento científico»47. Pararse a analizar la relación hombre-mujer para dar explicación a los orígenes y recorrido histórico de la opresión de la mujer sería analizar la superestructura, alejarse del método científico:

«Del mismo modo que el conocimiento del hombre refleja la naturaleza, que existe independientemente de él, es decir, la materia en desarrollo, el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas opiniones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.) refleja el régimen económico de la sociedad»48.

En la obra analizada, Hartmann, al igual que nuestros conocidos revisionistas que beben de su tradición ideológica, defiende que es preciso analizar la combinación de patriarcado y capitalismo (lo que el lector estará acostumbrado a escuchar en cualquier manifestación al grito de ¡patriarcado y capital, alianza criminal!). Sin embargo, parece ser que usar el término de patriarcado es más fácil que definirlo.

«Defendemos la tesis de que un análisis materialista demuestra que el patriarcado no es simplemente una estructura psíquica, sino también social y económica. Sugerimos que nuestra sociedad puede ser mejor comprendida si se reconoce que está organizada sobre bases tanto capitalistas como patriarcales […] Defendemos la tesis, en resumen, de que se ha producido una colaboración entre patriarcado y capitalismo»49.

Es una verdadera sorpresa que entre tanto autoproclamado socialista ninguno haya tenido la decencia de leerse ni tan siquiera un texto tan básico como el Manifiesto del Partido Comunista. Repasemos un poco este documento:

«Vemos pues, que la moderna burguesía, es como lo fueron en su tiempo las anteriores clases sociales, el producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales, operadas en los sistemas de comercio y de producción. A cada etapa histórica recorrida por la burguesía, le correspondió una nueva etapa en el progreso político»50.

Aquí, los padres del socialismo científico, al contrario que nuestros conocidos revisionistas, aplican sencillamente el materialismo histórico; es la economía y las diferentes formas de producción de una determinada sociedad (comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo) las que generan las ideas políticas de las personas de su correspondiente sociedad y las que generan sus clases sociales enfrentadas, lo que puede resumirse en la célebre frase de Karl Marx no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social lo que determina su conciencia. En este punto, el lector ya habrá comprendido la idea fundamental de que toda la estructura ideológica de cualquier sociedad – la superestructura – está determinada por su modo de producción – la estructura económica – y no al contrario o de forma interrelacionada. Por tanto, al no ser el patriarcado una estructura económica que altera el modo de producción de mercancías y las clases sociales (recordemos que para estos feministas el patriarcado se desarrolla de forma paralela a los sistemas económicos, formando parte de la estructura – sistema económico – y superestructura – psíquica y social – al mismo tiempo) los planteamientos enunciados por Hartmann y que reproducen, si acaso de forma más degenerada incluso nuestros feministas de clase contemporáneos, carecen de todo tipo de armonía y sentido para el análisis del socialismo científico.

De esta forma, la burguesía, en su papel como clase social revolucionaria, evoluciona desde una clase social que comienza estando a merced, oprimida, de la nobleza feudal y de los monarcas autoritarios y absolutos, y que realiza una lucha constante contra dicha nobleza por medio de auténticas revoluciones hasta que consigue derribar el orden social existente, lo viejo, para posicionarse como la clase social dirigente de la nación e instaura el sistema burgués, lo nuevo.

Esta burguesía, al llevar a cabo una modificación de los sistemas productivos, barre con el sistema de clases heredado de la Edad Media: «En donde ha conquistado el poder, ha destruido todas las relaciones feudales, patriarcales e idílicas. […] La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían a la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares»51. Nuevamente, Marx y Engels emplean el materialismo histórico para enseñarnos que a cada sociedad corresponde una forma distinta de familia y que – al igual que la superestructura ideológica está determinada por la economía – el origen y naturaleza de los tipos de familia reside de igual forma en el sistema de producción de las sociedades. De esta forma, queda al descubierto la esencia, la naturaleza, mercantil del matrimonio: «Nuestros matrimonios, como nuestra moral, se basan en el mercantilismo. No poder cumplir con los compromisos comerciales es un pecado mayor que la calumnia de un amigo, y nuestras bodas son transacciones comerciales»52. Así, el capitalismo barre con lo que anteriormente hemos descrito como familia patriarcal y lo que existe actualmente es la familia bajo la nueva sociedad de clases burguesa; la familia burguesa.

Ahora, ¿qué problemas trae este sistema dual? Como la propia Hartmann advierte: «Y dado que el capital y la propiedad privada no son la causa de la opresión de la mujer como mujer, su fin no provocará por sí solo el fin de la opresión de la mujer»53; esto provoca inevitablemente la negación del Socialismo como emancipador de la mujer, negar la esencia revolucionaria del marxismo-leninismo, de la lucha frontal contra el sistema de producción capitalista, la propiedad privada de los medios de producción, la estructura familiar actual y el Estado burgués. Y esto se debe a que el análisis del patriarcado como al predominio del hombre sobre la mujer – al igual que hace la corriente feminista radical – implica vendarse los ojos y perder completamente la visión, negar que la sociedad está dividida en clase sociales antagónicas – burguesía y proletariado – en favor de la lucha entre géneros enfrentados – hombres y mujeres –, donde el hombre tiene de forma general una posición de supremacía y la mujer está subordinada. Así, para el feminismo de Hartmann, parece evidente que la lucha por el Socialismo no es ni tan siquiera remota a la idea que tiene el marxismo; del mismo modo, se tiene una concepción diametralmente opuesta sobre las causas de la opresión de las mujeres. Se tendría, por tanto, que llevar a cabo una revolución de la mujer contra el hombre como paso previo a la revolución del proletariado contra la burguesía para eliminar este sistema dual.

Otro elemento importante a la hora de cuestionar la obra de Hartmann es su entendimiento del patriarcado. Cogiendo el testigo del feminismo radical, la autora entiende el patriarcado como el control de los hombres sobre la sociedad en su conjunto, de la producción y la reproducción, sin hacer distinción entre los hombres pertenecientes a la burguesía y los hombres de clase obrera:

«Podemos definir el patriarcado como un conjunto de relaciones sociales entre los hombres que tiene una base material y que, si bien son jerárquicas, establecen o crean una interdependencia y solidaridad entre los hombres que les permiten dominar a las mujeres. Si bien el patriarcado es jerárquico y los hombres de las distintas clases, razas o grupos étnicos ocupan distintos puestos en el patriarcado, también les une su común relación de dominación sobre sus mujeres; dependen unos de otros para mantener su dominación»54.

En este punto de la obra Hartmann, por ignorancia o por malicia, saca a relucir su anticomunismo más explícito. Decía Kolontái que «el mundo de las mujeres está dividido – al igual que lo está el de los hombres – en dos bandos»55. Sin embargo, esto es obviado por una de las pioneras del feminismo de clase, no dudando en abrazar los postulados del feminismo radical que analizamos con anterioridad y situar a los hombres como privilegiados, en general, del patriarcado. Curiosamente, la propia Kolontái es capaz de responder a esta cuestión casi con un siglo de anterioridad, hecho que ilustra perfectamente que los postulados del feminismo de clase no son para nada antagónicos a los del feminismo abiertamente burgués que en su día combatió la revolucionaria:

«Las feministas ven a los hombres como el principal enemigo, por los hombres que se han apropiado injustamente de todos los derechos y privilegios para sí mismos, dejando a las mujeres solamente cadenas y obligaciones. Para ellas, la victoria se gana cuando un privilegio que antes disfrutaba exclusivamente el sexo masculino se concede al “sexo débil”. Las mujeres trabajadoras tienen una postura diferente. Ellas no ven a los hombres como el enemigo y el opresor, por el contrario, piensan en los hombres como sus compañeros, que comparten con ellas la monotonía de la rutina diaria y luchan con ellas por un futuro mejor. La mujer y su compañero masculino son esclavizados por las mismas condiciones sociales, las mismas odiadas cadenas del capitalismo oprimen su voluntad y les privan de los placeres y encantos de la vida»56.

Hartmann establece la relación entre dos sistemas autónomos, lo que resultaría, por ende, a hablar de un capitalismo patriarcal, una colaboración donde: «Por un lado, se encuentra la producción económica (producción de bienes y servicios) y por otro lado la reproducción de hombres y mujeres»57. Y ello, al ser el sistema patriarcal anterior al capitalismo, dejaría a la autora y a los seguidores del sistema dual con la obligación de hablar de esclavismo patriarcal, feudalismo patriarcal y capitalismo patriarcal. ¿Pero qué pasaría, entonces, con otras opresiones o discriminaciones como las que sufren personas racializadas o LGTB+? ¿Hablamos de un esclavismo patriarcal-racista-lgtbfobo, de un feudalismo patriarcal-racistalgtbfobo y de un capitalismo patriarcal-racista-lgtbfobo? Esto, por supuesto, es una desfachatez en tanto que las discriminaciones por motivo del sexo/género, la raza o la condición de la sexualidad son elementos de la superestructura de la sociedad que refleja la base económica de la misma. Este problema, entre otros, es lo que llevaría a Sylvia Walby a reformular la teoría del sistema dual en Teorizando el patriarcado (1990), incorporando el factor racial y entendiendo «el patriarcado como un sistema variable de relaciones sociales compuesto por seis estructuras: el modo de producción patriarcal, las relaciones patriarcales en el trabajo por cuenta propia y asalariado, las relaciones patriarcales en el Estado, la violencia machista, las relaciones patriarcales en la esfera de la sexualidad y las relaciones patriarcales en las instituciones culturales»58.

Al establecer un sistema dual (o triple) en el que a ambas cosas se le otorguen la consideración, estaríamos negando la teoría del reflejo y no seríamos marxistas-leninistas, sino marxistas occidentales o eurocomunistas59.

2.2. Iris Young y su sistema único: el patriarcado capitalista

Para Young, el sistema dual que hemos expuesto anteriormente a través del ensayo de Hartmann fracasa al tratar de unir los dos sistemas que se analizan desde el marxismo y el feminismo: el capitalismo y el patriarcado, respectivamente. Por ello, esta autora buscará la creación de una teoría única, un sistema único, para el feminismo socialista «aprovechando lo mejor del marxismo y del feminismo radical, para comprender el patriarcado capitalista como un sistema en el cual la opresión de la mujer es un atributo central»60. Su intentona de crear una teoría única llegará al punto de hablar de un materialismo feminista, teniendo como núcleo central la división del trabajo por género. Contrario a esto, y como bien sabemos:

«El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. […] La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. […] El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad»61.

Curiosamente, la propia Young reconoce en su documento la incapacidad teórica del feminismo radical, ya que «tiende a visualizar el patriarcado como un mero fenómeno psicológico o cultural, y no como un sistema que se sustenta materialmente en las relaciones sociales existentes»62 que además se cristaliza en una concepción ahistórica y estática del patriarcado, y en un análisis del mismo alejado de las relaciones sociales de producción y la lucha de clases.

Young sigue una línea anticomunista muy similar a la recorrida por el feminismo radical cuando menciona que «el concepto de clase es sin duda ciego al género»63. Esta interpretación, que parece reprochar a Marx y Engels que sólo analizaron la sociedad desde el punto de vista del proletariado asalariado masculino, es propia de quienes se acercan al marxismo con la voluntad de tergiversarlo y de envilecerlo. Young pasa por alto – y esto es algo que también hacen anticomunistas actuales como Silvia Federici – que el marco teórico que emplea el socialismo científico, y el estudio de la producción de mercancías, afecta a hombres, mujeres y niños. Intentan, por todos los medios, «reducir a Marx a una caricatura. Una vez convertido en caricatura, viene el siguiente paso, reprochar a Marx que su teoría es androcéntrica»64.

  1. EL MARXISMO-LENINISMO Y LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER

«La mujer puede esperar, pues, su completa emancipación sólo del partido socialista. El movimiento de las meras “feministas” a lo sumo puede alcanzar ciertos logros en algunos puntos, pero ni ahora ni nunca puede resolver la cuestión de la mujer» – Clara Zetkin65

El feminismo, incluso en su vertiente de clase, tiene un análisis de la realidad propio de la ideología y la ciencia burguesa, relegando la cuestión revolucionaria a un segundo plano, un complemento, de la lucha por las reformas en la actual dictadura de clase. El feminismo niega el materialismo; niega la lucha de clases y la revolución; niega la dictadura del proletariado; no atenta contra las bases económicas y políticas de la sociedad. Por ello, el feminismo es contrario al marxismo.

Es una realidad objetiva que la sociedad burguesa no se opone en absoluto a las reivindicaciones del movimiento feminista; al contrario, es asumido por la inmensa mayoría de los partidos del arco parlamentario. Las reformas por los derechos de las mujeres se producen con extrema lentitud y no están faltos de polémica aunque se trata de meros retoques que de ningún modo alteran la actual explotación, opresión y esclavitud que vive la mujer. Camaradas, no debemos dejarnos engañar por las tendencias de clase en el seno del movimiento feminista, pues estas sólo tendrán vida mientras las mujeres burguesas y los partidos de la burguesía tengan interés en perpetuar sus demandas, no irá nunca más allá. La batalla ideológica que emana de las fuerzas imperialistas no tiene otro cometido que alejar a las mujeres del camino de la revolución; mientras que «nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases»66.

El marxismo es la única doctrina capaz de liberar a la mujer trabajadora de las cadenas de su servidumbre. La igualdad de hombres y mujeres es imposible en la dictadura del capital, por más bonitos y lujosos que sean los ropajes “democráticos” con los que esta dominación se revista. El Socialismo es el único sistema que tiene la capacidad transformadora para liberar a la mujer, pues «permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación»67.

Es una realidad objetiva que allí donde en la historia ha existido explotación de clase ha existido también el sometimiento hacia las mujeres. La importancia del marxismo radica en haber explicado de forma científica las causas que provocan la explotación y opresión de la mujer a lo largo de la historia y en la sociedad capitalista; por tanto «la verdadera emancipación de la mujer, comienza con la destrucción del sistema de explotación capitalista»68.

La historia nos enseña que es con la instauración de la propiedad privada cuando comienza también la opresión del hombre frente a la mujer, y es por esa misma causa que apareció la dominación del hombre por el hombre, la contradicción entre el Capital y el Trabajo, entre explotadores y explotados, entre burgueses y proletarios, entre imperialismo y socialismo:

«El comunismo, aboliendo la privada de estos medios [de producción y distribución de bienes], elimina la causa de la opresión y explotación del hombre por el hombre, el contraste entre ricos y pobres, explotadores y explotados, dominadores y oprimidos, y por tanto también el contraste económico y social entre el hombre y la mujer»69.

Del mismo modo, la historia más reciente nos muestra como las reivindicaciones del movimiento feminista – se autoproclame abiertamente como burgués o se enmascare en su vertiente de clase – son del todo impotentes para alcanzar, por un lado, una teoría armónica que aúne a todas las mujeres o, en su defecto, a las mujeres obreras, y por otro lado, para garantizar los plenos derechos y libertades para todas las mujeres.

No escapa a nuestra observación que la sociedad burguesa está eliminando su prejuicio de la inferioridad de lo femenino y la legalidad se encamina a reconocer a la mujer en una posición de igualdad para con el hombre. Sin embargo, en la práctica, lo único que se está observando es la modificación del sistema capitalista, en un revestimiento inclusivo para el imperialismo, mientras que la inmensa mayoría de la población, hombres y mujeres del proletariado, observan como su situación de esclavitud permanece. Con la perduración del capitalismo toda reforma política, social o económica no es más que la perduración de la democracia burguesa, de la democracia para la minoría parasitaria, de la dictadura del capital financiero, y no de la consecución de una democracia real, de la mayoría explotada, la dictadura del proletariado sobre la burguesía.

La mujer trabajadora no es menos que el resto de sus camaradas en la adversidad de luchar contra el monstruo insaciable del imperialismo, que ahoga sin descanso a todos los pueblos del mundo y que «se abalanza con igual codicia sobre hombres, mujeres y niños»70. Mientras que el imperialismo permanezca inalterado la liberación de la mujer será inalcanzable, pues sólo la dictadura del proletariado garantiza a toda la clase obrera, hombres y mujeres, unos derechos y libertades que son impensables bajo el yugo de la burguesía y de los monopolios. En el Estado español, al igual que en el resto de países que se encuentran sometidos bajo la dictadura que la burguesía ejerce a nivel planetario, la mujer sólo se verá liberada de toda explotación y opresión con la implantación del Socialismo como etapa previa al Comunismo. El objetivo final de las mujeres proletarias es el mismo que el de los hombres proletarios; la eliminación completa de la propiedad privada de los medios de producción y la instauración de la propiedad social sobre estos; la eliminación de la institución de la familia y la ruptura con todo elemento reaccionario que fomente la esclavitud doméstica; y la más absoluta aniquilación del aparato y administración del Estado burgués y su sustitución por el Estado (o semi Estado) obrero, es decir, la implantación vía revolucionaria del Socialismo y la dictadura del proletariado.

«La experiencia de todos los movimientos de liberación ha demostrado que el éxito de la revolución depende del grado en que participen en ellas las mujeres» – V. I. Lenin71

«Aquí, la mujer trabajadora, junto con el hombre, sacudirá las columnas del orden social existente y, antes de que ésta le conceda algo parecido a sus derechos, ayudará a enterrarlo bajo sus propias ruinas – Rosa Luxemburgo72

 

¡Avancemos con paso firme, hombres y mujeres del proletariado, codo con codo, unidos como camaradas por la Revolución socialista, por el Comunismo!

 

Madrid, 8 de marzo de 2021

Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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REFERENCIAS

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  3. De Miguel, A. (2011). Los feminismos a través de la Historia. Recuperado de: https://web.ua.es/es/sedealicante/documentos/programa-de-actividades/2018-2019/losfeminismos-a-traves-de-la-historia.pdf
  1. Ibíd.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd
  4. Gamba, S. (2008). Feminismo: historia y corrientes. Mujeres en Red. El periódico feminista. Recuperado de: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1397 (las negritas son nuestras).
  5. Arruzza, C. (2010). Las sin parte. Matrimonios y divorcios entre feminismo y marxismo, p.10.
  6. Vogel, L. (1979). Marxismo y feminismo. Publicado en Monthly Review, Vol. 31, N.º 2. Traducción de Mireia Bofill. Recuperado en Biblioteca virtual Omegalfa.
  7. Hartmann, H. (1982). Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo. Recuperado de: https://fcampalans.cat/archivos/papers/88.pdf
  8. López Barahona, V. (2020). Mujeres y trabajo en la Edad Moderna. Una perspectiva desde la acumulación originaria. Nuestra Historia, N.º 10, p. 28. (las negritas son nuestras).
  9. Ibíd, p. 28
  10. Ibíd, p. 29
  11. Expresión empleada por Eli Zaretsky para referirse a los análisis de Shulamith Firestone y del feminismo radical que se alejaban del marxismo.
  12. Kolontái, op.cit.
  13. García, V. (2019). Una aproximación a la categoría patriarcado. Reconstruyendo significados, explorando sus usos políticos. XIII Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
  14. Arruzza, op.cit.
  15. Palabras de Amparo Moreno Sardá en el prólogo a la edición española de 1995 de Política Sexual.
  1. Milett, K. (1970). Política sexual, pág. 27.
  2. Ana De Miguel, op.cit., (las negritas son nuestras).
  3. Arruzza, op.cit., p.11.
  4. Ghandy, A. (2006). Tendencias filosóficas en el movimiento feminista.
  5. Ana De Miguel, op.cit, p. 27
  6. Ghandy, op.cit., (el corchete es nuestro).
  7. Zetkin, C. (1896). Sólo con la mujer proletaria triunfará el socialismo. Discurso pronunciado en el Congreso de Gotha del Partido Socialdemócrata de Alemania el 16 de octubre de 1896.
  8. Millet, op.cit., pág. 67-68.
  9. Ibíd., pág. 68.
  10. Ibíd., pág. 69.
  11. Ibíd., pág. 70.
  12. Cecilia Toledo (2000), en su obra Mujeres: El género nos une, la clase nos divide, contesta con acierto estas afirmaciones del feminismo radical: «La mujer no nació oprimida; su opresión coincide, en la historia, con el surgimiento de la opresión y explotación del conjunto de los hombres y mujeres que trabajan», pero como la base dicha contestación es una de las magnum opus de Engels, nuestro deber no es otro que remitirnos a tal estudio.
  13. Es preciso señalar que Kate Millett no solo conoce la obra de Engels, sino que le dedica un apartado importante en su obra. Una pena que esto solo fuera para retorcer y pisotear sus palabras e investigaciones, tan avanzadas en su tiempo.
  14. Sankara, T. (1987). La liberación de la mujer: Una exigencia del futuro.
  15. Engels, F. (1884). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, pág. 63-64.
  16. Ibíd., pág. 61.
  17. Millett, op.cit., pág. 70
  18. Ibíd., pág. 71.
  19. Kolontái, A. (1913). El Día de la Mujer.
  20. Millett, op.cit., pág. 75.
  21. Ibíd., pág. 75.
  22. Ibíd., pág. 80.
  23. Ibíd., pág. 80-81.
  24. Ghandy, op.cit.
  25. Kolontái (1907), op.cit.
  26. Vogel, op.cit.
  27. Ibíd.
  28. López Barahona, op.cit., p. 30.
  29. Lenin, V. I. (1913). Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. En Obras Escogidas, Tomo I: Editorial Progreso
  30. Ibíd.
  31. Hartmann, op.cit., (las negritas son nuestras).
  32. Marx, K.; Engels, F. (1848/2006). El Manifiesto Comunista. Edición elaborada por Santiago Gómez Crespo, p. 12.
  33. Ibíd, pp. 13-14.
  34. Marx Aveling, E. (1886). La cuestión de la mujer. Versión al castellano desde “The Woman Question”, en MIA-Library, p. 5.
  35. Hartmann, op.cit.
  36. Ibíd.
  37. Kolontái, op.cit.
  38. Ibíd.
  39. García, op.cit., p. 10.
  40. Arruzza, C. (2016). Reflexiones degeneradas: Patriarcado y capitalismo.
  41. En una Sociedad dividida en clases, el reflejo de la realidad en la conciencia de los hombres tiene un carácter de clase. La fuente de origen de las ideas y de las teorías sociales, así como de las concepciones políticas, hay que buscarla, en última instancia, en las condiciones de la vida material de la Sociedad, en la existencia social, cuyo reflejo son estas ideas, teorías y concepciones; Diccionario filosófico marxista, 1946, p. 29.
  42. Young, I. (1992). Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz (una crítica al sistema dual). En El cielo por asalto, Año II, N.º 4.
  43. Sankara, op.cit.
  44. Young, op.cit.
  45. Ibíd.
  46. Aiestaran, I. (2018). Karl Marx y El Capital frente a las soflamas sin valor de Silvia Federici.
  1. Zetkin, C. (1889). La cuestión de las trabajadoras y de las mujeres en el presente.
  2. Zetkin (1886), op.cit.
  3. Sankara, op.cit.
  4. Camarada Arenas (1978). Marxismo y feminismo. Publicado en Bandera Roja, N.º 38.
  5. Zetkin, C. (1920). Directrices para el movimiento comunista femenino.
  6. Kolontái, op.cit.
  7. Lenin, V. I. (1918). Discurso en el I Congreso de toda Rusia de obreras. Luxemburgo, R. (1914). La proletaria.



Hay que liquidar al oportunismo y a la aristocracia obrera. ¡Por la unidad del Sindicalismo de Clase, por el desarrollo de la FSM!

Huelguita
 
El pasado día 7 de abril, en el diario digital infolibre.es y, más concretamente, en la sección denominada “PLAZA PÚBLICA”, publicaba el Secretario General de CCOO, Unai Sordo, un artículo de opinión titulado “Medidas a priori para contener el desastre” que evidencian no sólo su servidumbre para con la Patronal, sino que retratan a CCOO como lo que es: un instrumento del capitalismo monopolista al servicio del Estado, de los monopolios, de la burguesía. Algo que también es aplicable a UGT.

Sordo Calvo deja patente en su artículo la adhesión plena de CCOO y UGT al Gobierno de PSOE y PODEMOS-IU/PCE, cuya acción sigue la mayoría de las directrices acordadas por la Patronal – CEOE y CEPYME –, CCOO y UGT, un par de días antes de que el Gobierno decretase el estado de alarma.

La medida “estrella” del acuerdo de 12 de marzo era, según Sordo Calvo, “la utilización de Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) como alternativas a los despidos, así como habilitar ‘un fondo de ayuda extraordinario para cubrir las mismas’”. La táctica, según describe en su narración cronológica de los acontecimientos producidos desde el 12 de marzo, es que hasta el 27 de marzo, “se había abierto una vía de canalización (ERTE, y adaptación de jornada) pero había que cerrar otra: los despidos”, vía de canalización, la de los despidos que, según Sordo Calvo, plantearon cerrar “al Gobierno en una reunión virtual el 23 de marzo y se materializó en el Consejo de Ministros del 27 eliminando temporalmente como causa de despido objetivo aquellas de fuerza mayor así como las económicas, organizativas y productivas que pueden justificar un ERTE”. Por tanto, a tenor de lo expresado en dicho artículo del Secretario General de CCOO, el Gobierno ha sido diligente a la hora de seguir las políticas recomendadas por dicho sindicato. Y es que, ya se sabe, ¡qué haría el capitalismo monopolista español sin CCOO!

Quien conozca cómo funciona el capitalismo monopolista de Estado sabe, a la perfección, que el acuerdo al que el Secretario General de CCOO se refiere de 12 de marzo refleja la voluntad de quienes realmente ostentan el poder del Estado y lo ejercen sin dar la cara, los monopolios, y ello se corrobora viendo a quién benefician las medidas contenidas en él. Ya están las marionetas, entre las que se encuentran CCOO, UGT y el Gobierno, para escenificar las decisiones que determinan quiénes ostentan el poder real y que no dan la cara.

Sordo Calvo, en su artículo, dice claramente que “habíamos puesto las bases de lo que debía ser el modo de evitar que el enorme parón de actividad que venía se tradujera en una destrucción de puestos de trabajo de dimensiones imprevisibles”. Saca pecho el Secretario General de CCOO de dichas medidas cuando, en el mismo artículo, cita los siguientes datos que demuestran lo nocivas que han sido dichas medidas para los trabajadores, y lo beneficiosas que han sido para los empresarios:

● “En marzo el dato de paro registrado aumenta en 302.000 personas, el peor dato conocido (en enero de 2009, un mes nefasto para el empleo, el aumento fue de 200.000 personas)”.

● “Entre el 12 y el 31 de marzo, la afiliación a la seguridad social se desmorona en 900.000 personas. Desaparecen 550.651 cotizantes con contrato temporal (el 77% del total del mes)”.

● “se han presentado un número oficialmente reconocido de 246 mil ERTEs. En datos de CCOO el dato oficioso es de 343.138 ERTEs presentados, que afectarían (de aprobarse todos) a más de 2.500.000 trabajadores”.

A tenor de estos resultados – más de 2 millones y medio de trabajadores que perderán, como mínimo, un 30% de su salario en los 180 días siguientes a la suspensión de sus contratos, que serán asumidos por el Estado, y que en esos 6 meses pueden ver la extinción de sus contratos y la pérdida de sus puestos de trabajo, unido a los 302 mil parados más de marzo – hay que tener muy poca vergüenza y engañar vilmente a los trabajadores para afirmar que “Se puede decir sin ninguna duda que la anticipación ha salvado cientos de miles de empleos, máxime cuando Sordo Calvo prevé que “Vendrá un mes de abril que será igualmente duro en materia de empleo.

Ahí tenemos nuevamente a CCOO sacando pecho de esta nueva traición a los trabajadores, algo que, por otra parte, llevan 4 décadas haciendo. Y es que estas medidas, aparte de resultar totalmente nocivas para la clase obrera como demuestran los propios datos que da Sordo Calvo, no son más que una nueva transferencia de riqueza a favor de la burguesía de tal modo que:

● Con el Permiso Retribuido Recuperable, “que no deja de ser una distribución irregular de jornada en cómputo anual”, como el propio Sordo Calvo reconoce en su artículo, se garantiza al empresario la extracción intensiva de plusvalía tras pasar el estado de alarma hasta final de año. El empresario se garantiza intensificar la extracción de plusvalía, pero el obrero no consigue más que incrementar su grado de explotación. Ahí tenemos a CCOO aplaudiendo y abrazando una medida introducida por la nociva reforma laboral de Zapatero, profundizada posteriormente por la reforma laboral de Rajoy. Reformas laborales que, lejos de desaparecer, sin duda, serán el punto de partida de sucesivas reformas donde los trabajadores seguirán perdiendo derechos, salvo que la clase trabajadora rompa con el Estado burgués y, consecuentemente, envíe al estercolero de la historia al sindicalismo corrompido de CCOO y UGT.

● Con los ERTEs, el trabajador pierde como mínimo un 30% de su salario en los 180 primeros días. A partir del sexto mes, muchos de esos ERTEs se transformarán en EREs, es decir, lo que son hoy suspensiones de contratos se transformarán en extinciones de contratos, despidos. A quien sin duda beneficia el ERTE es al empresario, que le exime del pago de los salarios y las cotizaciones a la seguridad social, transfiriendo un gasto mayor al Estado que, sin duda, afrontará dicho compromiso recortando todavía más en partidas sociales, como será la sanidad, la educación, la dependencia, etcétera, elevando el coste de la vida a la clase obrera.

● Con el Real Decreto 8/2020 de 17 de marzo, que Sordo Calvo en parte hace suyo – “El 17 de marzo se decreta un paquete de medidas sociolaborales que recoge parte de las propuestas del documento sindical y patronal” -, el Gobierno moviliza 117.530 millones de euros de dinero público de los que 112.200 millones de euros son destinados a los empresarios, o lo que es lo mismo un 95,46% de ese dinero público comprometido; por los 5.330 millones de euros destinados para el pueblo trabajador, o lo que es lo mismo, el 4,54% del dinero público comprometido. Ni que decir tiene que ese dinero público movilizado, en forma de avales públicos a los créditos, serán gestionados por los Bancos, los cuales no sólo obtendrán beneficio por la vía del interés, sino que también colocarán todo tipo de productos financieros, como por ejemplo todo tipo de seguro, con lo que el negocio es redondo para los bancos, teniendo como garantía al Estado.

Pero si esta transferencia de riqueza a favor de la burguesía fuera poco, tanto el Gobierno, como el Secretario General de CCOO cuando señala que el Consejo de Ministros del 27 de marzo eliminó temporalmente como causa de despido objetivo aquellas de fuerza mayor así como las económicas, organizativas y productivas que pueden justificar un ERTE”, no hacen más que un ejercicio de trilerismo político, un engaño más contra el proletariado. Con esta medida, y toda su propaganda, lo que pretenden es hacer albergar en el cerebro de los trabajadores la idea de que prohíben el despido como consecuencia del COVID-19. Sin embargo, es una triquiñuela, pues ese despido objetivo por COVID-19 pasaría a ser despido improcedente, es decir, pasaría de 20 días por año a 33 días por año. Pero es más, el contenido de ese RD lo que le dice al empresario es que, si emplea el despido objetivo, lo haga eludiendo poner como causa el COVID-19, por lo que el despido objetivo sigue plenamente vigente y las empresas siguen empleándolo de manera cotidiana. Por cierto, Sánchez fue aupado por la ‘izquierda’ del sistema – ya sea españolista o independentista -, en junio hará 2 años, con el aplauso de CCOO y UGT y todavía, casi dos años después, sigue rigiendo la Reforma Laboral de Rajoy. Reforma Laboral que ya dijeron tanto la Ministra de Trabajo – de PODEMOS-IU – como CCOO y UGT que no se puede derogar, mucho antes de decretarse el estado de alarma, cuando el COVID-19 no había salido de China.

Después de todo esto, el Secretario General de CCOO, que atiende a los apellidos Sordo Calvo, tiene la desvergüenza de señalar que “Toca seguir protegiendo a las personas sin recursos. No resolver esta crisis por exclusión, sobre las espaldas del precariado, los inquilinos pobres, la clase trabajadora más nómada. Reforzar las redes de protección social ante la emergencia (…) El reto es enorme. La disposición a afrontarlo, también” cuando, a tenor de las políticas realizadas, están traicionando nuevamente a la clase obrera sirviendo diligentemente al gran Capital. Es miserable que Sordo Calvo hable de evitar una destrucción de puestos de trabajo de dimensiones imprevisibles” cuando su sindicato, junto con UGT, han liquidado sectores enteros como la minería, han deteriorado el empleo hasta la saciedad, y han firmado todos los EREs que les han puesto por delante en la industria y otros sectores de la producción, fundamentalmente en la segunda mitad de la década de los 90s y durante estas dos primeras décadas del siglo XXI; sectores a los que han mermado de manera notable, como por ejemplo, la industria. EREs por los que, según la prensa burguesa en el año 2011, cobraban entre un 5% y un 10% del monto del despido colectivo:


Por no hablar de lo que están haciendo en Empresas como Telefónica, firmando los planes de bajas incentivadas, denominado Plan de Suspensión Individual (PSI), que permitió a este monopolio destruir 2.636 puestos de trabajo estables favoreciendo la política de precarización del trabajo mediante la fórmula de las segregaciones de empresas al objeto de que el trabajo sea realizado por subcontratas y falsos autónomos, depauperando al máximo las condiciones de trabajo y fomentando, todavía más, la división de los trabajadores.

Tras la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917, la forma superior en la que se expresa la lucha de clases y la contradicción fundamental que rige en el mundo, se manifiesta en la lucha a nivel mundial entre el socialismo – que es la máxima aspiración que en el momento actual puede alcanzar el proletariado – y el imperialismo – máxima aspiración de los monopolios.

Quien conozca el desarrollo del movimiento sindical en el mundo tras la II Guerra Mundial contempla que esa contradicción fundamental entre socialismo e imperialismo también se reproduce en el terreno sindical. De tal modo que, por un lado, se hallan los sindicatos de clase, los sindicatos que reconocen la lucha de clases como la fuerza motriz del desarrollo y el progreso de la sociedad y que aspiran a la supresión de la explotación capitalista y la superación de dicho sistema económico – el sindicalismo de clase aglutinado en la Federación Sindical Mundial (FSM) – y los sindicatos de los monopolios que abrazan el interclasismo, la subordinación de la fuerza de trabajo a los intereses del capital, o lo que es lo mismo, a los intereses del mercado y que se organizan en la Confederación Sindical Internacional (CSI). Ambos sindicatos mundiales engloban a multitud de sindicatos de los distintos países y conforman sus filas centenares de millones de obreros en el mundo.

Sin duda, los comunistas tenemos que participar en los sindicatos y tenemos que esforzarnos en ensanchar entre la clase obrera la organización sindical, fundamentalmente porque es la formulación primaria de organización de la clase trabajadora, de las masas trabajadoras rompiendo su dispersión y su atomización. Para los comunistas es esencial la relación Partido-clase-masa y, por ello, los comunistas debemos volcarnos en el desarrollo de la organización sindical.

El desarrollo de la lucha de clases nos ha legado un movimiento comunista dividido, un movimiento sindical dividido en sindicalismo de clase – FSM – y sindicalismo corrompido de subordinación del proletariado al Capital – CSI. Sin duda, la posición de los comunistas debe ser la de la participación en los sindicatos y, concretamente, en el fortalecimiento del sindicalismo de clase, de la FSM. Y dentro de la FSM en el Estado español, nos corresponde luchar por la unidad sindical de todos los sindicatos afiliados a la FSM en base a dos principios fundamentales: 1) el reconocimiento de la lucha de clases como motor de desarrollo de la sociedad; 2) el internacionalismo proletario, anteponiendo la cuestión de clase a la cuestión nacional y siendo conscientes de que, en el desarrollo actual del imperialismo, el reconocimiento pleno de los derechos democráticos de las naciones oprimidas hoy están subordinados a la emancipación de la clase oprimida, de la clase obrera, que no es otra cosa que la conquista del socialismo.

Es fundamental fortalecer la FSM, que pasa por la unidad de los sindicatos afiliados y amigos de la FSM en el estado español, para conformar un polo lo suficientemente fuerte como para atraer al mayor número de trabajadores, que en su mayoría no tienen adscripción sindical y desconfían de CCOO y UGT, en los que visualizan la corrupción y la podredumbre, y para arrancar a los elementos que puedan quedar sanos de los aparatos sindicales del Estado – CCOO y UGT.

Un sindicato es una organización de masas y el movimiento de la clase obrera y de otras capas de trabajadores cuyo objetivo es la defensa de sus intereses económicos y políticos. Sin duda, contemplamos que en este país, tanto CCOO como UGT defienden los intereses económicos y políticos de los monopolios, del Estado. Esos sindicatos hoy, sin duda, son mantenidos por el Estado y sus prebendas, entre las que está la de negociar en nombre de los trabajadores a pesar de no tener implantación entre ellos, como está aconteciendo en la negociación de miles de EREs y ERTEs en empresas donde no existe representación sindical; es el burgués el que le otorga la legitimidad con su podrida legalidad, no los obreros con su organización y afiliación. El desarrollo del capitalismo monopolista, lejos de fortalecer a CCOO y UGT en términos cuantitativos, de masa, lo que ha hecho es debilitarlos, alejando a los trabajadores de dichas centrales sindicales.

Señalaba Lenin en ¿qué hacer? que “nuestro deber [como comunistas] consiste en desenmascarar asimismo toda nota conciliadora, de “armonía”, que se deslice en los discursos liberales en las reuniones obreras, ya se deban estas notas a que dichas gentes abriguen el convencimiento sincero de que es deseable una colaboración pacífica de las clases (…)”. Sin embargo, leemos a organizaciones que se autodenominan “comunistas” señalando, de manera pública, cosas tal falsas como la siguiente:


Flaco favor hacen los que se denominan “comunistas” engañando a los trabajadores llamándolos a organizarse en torno a CCOO, al que muestra como ejemplo de sindicato “de clase combativo” cuando ese sindicato hoy, al igual que UGT, forma parte del Estado, y es un instrumento no de las masas proletarias, sino del Estado que no duda en financiarlos y en otorgarles prebendas de carácter político al objeto de subordinar a la clase trabajadora a los intereses del Capital.

Estos falsos comunistas, oportunistas hasta la médula, no dudarán en arrojarnos desde su revisionismo más descarado y repugnante, a Lenin y el apartado VI ¿Deben actuar los revolucionarios en los sindicatos reaccionarios? de “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo”, tachándonos de izquierdistas, para justificar su colaboración con los apéndices del Estado, como es CCOO. Sin duda, deforman a Lenin. Nosotros apoyamos plenamente la exposición ideológica realizada por Lenin. La cuestión es ser leninista, ser dialéctico, y preguntarse si aquéllos “sindicatos reaccionarios” eran como hoy, por ejemplo, es CCOO. La respuesta es rotunda y clara, no. Pero tampoco es igual el panorama sindical existente hoy al que existía en el periodo en el que Lenin elaboró dicho análisis. Hoy no es momento de intervenir en los sindicatos reaccionarios puesto que, a diferencia del tiempo que lo tocó vivir a Lenin cuando señalaba que “Para saber ayudar a «las masas» y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por «los jefes» –que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o indirectamente con la burguesía y la policía– y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas, hoy las masas no están en dichos sindicatos reaccionarios como CCOO y UGT. Tampoco hoy es momento de crear un sindicato, como criticaba Lenin a los izquierdistas alemanes señalando que “tampoco pueden dejar de parecernos un absurdo ridículo y pueril (…) de que has de salir de los sindicatos y organizar forzosamente una “unión obrera”, nuevecita del todo y completamente pura, inventada por comunistas muy simpáticos”. De lo que se trata hoy es, como dijimos antes, del proceso inverso, de integrar todos los sindicatos de clase, cada uno de ellos con sus contradicciones y sus imperfecciones – nacidos como consecuencia de la fragmentación del movimiento sindical fruto de la derrota que significó para la clase obrera la caída de la Unión Soviética y la victoria del oportunismo – en una central sindical unitaria. La FSM es una realidad de un centenar de millones de obreros organizados, es la unión del sindicalismo de clase a nivel mundial, del sindicalismo que aspira a suprimir la explotación capitalista, que llama a sus militantes sindicales al internacionalismo proletario y a la lucha contra el imperialismo. El cúmulo de sindicatos nacidos como consecuencia de la lucha contra el oportunismo, y que en conjunto – rompiendo su atomización ya sea por sectores, por empresas o por territorios – y fusionándose todos ellos en base a los principios que dicen abrazar – la lucha de clases y el internacionalismo proletario – darían cuerpo a una central sindical de una potencia notable pero, sin duda, infinitamente superior en términos de clase. La única forma de arrancar lo poco sano que pueda quedar en los sindicatos al servicio del Estado tiene que hacerse mediante la confrontación ideológica sin cuartel entre el sindicalismo de clase y el sindicalismo corrompido de CCOO y UGT. Pero en esa pugna lo más importante es arrancar a la masa a la participación en los sindicatos y, concretamente, llevarla a engrosar las filas del sindicalismo de clase, siendo esto, la participación, lo que el Estado y los sindicatos a su servicio han llevado a mínimos históricos y pretenden evitar.

El golpe de estado perpetrado en la URSS en 1953, con el asesinato de Stalin y el triunfo del oportunismo sobre el marxismo-leninismo, condujo no sólo a la Unión Soviética a su desintegración, sino fundamentalmente y con anterioridad a la caída de la URSS, a la división del proletariado y del Movimiento Comunista. Hoy los comunistas tenemos que tener clara una enseñanza, que no es que el marxismo-leninismo ha fracasado sino el oportunismo el que ha fracasado. Esta realidad ha demostrado que el socialismo, si se desvía de los principios de la economía marxista-leninista, se desnaturaliza revirtiendo nuevamente en capitalismo ocasionando no sólo destrozo en el terreno de la base, sino también de la superestructura, esto es, tanto del Movimiento Comunista, el movimiento sindical y en las filas del proletariado, avanzando la burguesía en todos los terrenos – político, económico e ideológico. Fundamentalmente en el terreno ideológico que es el que hoy sostiene al imperialismo.

Es obligación de los comunistas actuar en los sindicatos de clase, sin duda, al igual que es obligación hacer la guerra sin cuartel al capitalismo, su Estado, al oportunismo y a su aristocracia obrera sobornada por los capitalistas que en el Estado español tienen el rostro de CCOO y UGT. Es obligación de los comunistas fortalecer la Federación Sindical Mundial (FSM), que es fortalecer sus sindicatos y, en el caso del Estado español, además, nuestra misión debe ser la de unir todo el sindicalismo de clase en una central sindical unitaria que englobe a la totalidad del sindicalismo de clase. Esa fórmula no sólo ensanchará las filas del sindicalismo de clase, no sólo atraerá a más masa proletaria que está hoy fuera del sindicalismo, sino también para acabar con la dispersión del sindicalismo de clase en el desarrollo de un proceso dialéctico de integración y unificación, de fortalecimiento del sindicalismo de clase y, consecuentemente por lucha de contrarios, del debilitamiento del Estado como consecuencia del debilitamiento del sindicalismo de conciliación que propugnan.

Sin el fortalecimiento del proletariado en los centros de trabajo, sin romper la atomización de los trabajadores haciendo que la masa trabajadora deje de estar dispersa organizándose sindicalmente bajo los principios del sindicalismo de clase, la superación del capitalismo, que nos conduce a los trabajadores a ser explotados y vivir en oprobio, se posterga. Se demora la emancipación del proletariado, la conquista del socialismo que hoy es una necesidad vital e histórica para la vida de la clase trabajadora. Para que la humanidad pueda vivir, el imperialismo debe morir.

 

¡CONTRA EL OPORTUNISMO TRAIDOR Y LA ARISTOCRACIA OBRERA!
¡POR LA UNIDAD DEL SINDICALISMO DE CLASE, POR EL FORTALECIMIENTO DE LA FSM!
¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Madrid, 9 de abril de 2020

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El coronavirus desenmascara a los oportunistas. El caso Telefónica

pcte
 
En estos momentos de confinamiento, los oportunistas han salido como hongos para ir comenzando a ganar posiciones debido a la agudización de las contradicciones del sistema capitalista que se están produciendo por el COVID-19.

Es el caso de partidos como el PCTE, que después de años de sabotaje y ataque a los trabajadores y al sindicalismo de clase y combativo en empresas como Telefónica desde la sección sindical de CCOO -en el que están integrados varios militantes de este partido-, salen ahora en redes sociales con propaganda oportunista “en defensa de los trabajadores”.


Así de desvergonzado es el oportunismo. Por un lado los trabajadores de empresas como telefónica han estado sufriendo durante años los ataques de los militantes del PCTE organizados en la sección sindical de CCOO haciéndole el juego a la empresa, firmando un Convenio Colectivo que es un claro retroceso de las condiciones laborales, firmando el “troceo” sistemático de la empresa para echar a trabajadores a la calle y segregar el trabajo que acaba en subcontratas y falsos autónomos, con condiciones de trabajo miserables. Con los militantes del PCTE en CCOO, telefónica ha pasado de ser una empresa de más de 100.000 trabajadores a los 30.000 actuales.

¿Es que acaso Telefónica ha perdido volumen de negocio? Al contrario: En términos operativos, Telefónica España volvió a ganar clientes, tanto mayoristas como minoristas, hasta los 41,7 millones, lo que supone un crecimiento del 1% en un año. Hasta marzo del año pasado, la operadora tenía 4.025.500 clientes de fibra, un 13,4% de crecimiento interanual, mientras que los clientes de televisión cerraron en 4.094.800, un 4,3% de mejora en este mismo periodo. Por otro lado, los accesos móviles llegaron a los 12.540.000, un 3,3% más, mientras que los accesos de datos e internet se quedaron en 5.224.900, un 0,7% más.

Telefónica, gracias a los sindicatos traidores CCOO y UGT, volvió a firmar en 2019 un del plan de bajas incentivadas denominado Plan de Suspensión Individual (PSI) que le ha costado 1.614 millones de euros y que permitió reducir su plantilla en 2.636 trabajadores más. Todos estos empleos no desaparecen, pues como vemos cada vez hay más trabajo, sino que se precarizarán en subcontratas y falsos autónomos, lo que a medio plazo permitirá a Telefónica hacer más trabajo -gracias a un grado de explotación más alto en estas condiciones- y por menos dinero -la partida para estas subcontratas y falsos autónomos es mucho más baja gracias a la brutal bajada de salarios en comparación con los de Telefónica-.

Por otro lado, no pierden ocasión en lanzarse en redes sociales a ofrecerse a los trabajadores para, en estos tiempos de alarma social, intentar engañar al pueblo trabajador, con fraseología barata y sin vergüenza ninguna. Este es el actuar de un partido nacido del oportunismo y que tiene el sello de la miseria moral e ideológica en sus entrañas.

Sus referencias a la Federación Sindical Mundial en sus medios son puramente simbólicas. Como vemos, su línea sindical es clara: la podrida y corrupta CCOO. Desde allí atacan con furia a los sindicatos afiliados a la FSM, como hacen contra AST en Telefónica, el único sindicato que se ha posicionado contra el Convenio Colectivo, el PSI y la pérdida de puestos de trabajo y condiciones laborales. El PCTE espera que esas referencias huecas a la FSM le sirvan para eludir la crítica, a pesar de sus fechorías sindicales, pero las actuaciones de vendeobreros de sus militantes en el plano sindical les dejan al descubierto.

El pueblo trabajador no puede dar ningún crédito al oportunismo así como no puede seguir confiando ni un solo instante más en las centrales sindicales podridas, corruptas y que son la correa de transmisión de la Patronal. Solo el sindicalismo de clase y combativo, afiliado a los principios de la superación del sistema capitalista de la Federación Sindical Mundial, puede organizar a la clase trabajadora en la defensa de sus intereses sindicales. Y solo el Frente Único del Pueblo puede emancipar a la clase trabajadora del yugo capitalista al que se ve sometida hoy.

En momentos en que la patronal y el Estado están iniciando una ofensiva para recortar los derechos y libertades del pueblo trabajador, solo la lucha y la organización por la superación del sistema capitalista le servirán para mejorar su vida. Solo el Socialismo podrá proporcionar al obrero la vida digna que merece.

 

¡No al oportunismo traidor y miserable!
¡Por el Frente Único del Pueblo!
¡Por la construcción del Socialismo!

Secretaría de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)