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¿Por qué somos comunistas?

Para responder a la pregunta de por qué somos comunistas, primero hay que contextualizar el presente para hacer una comparativa con el pasado y, mediante la dialéctica materialista, que consiste en un sistema filosófico que se opone al idealismo filosófico en el que se basa la propaganda capitalista, prever las etapas futuras por las que atravesará el sistema económico.

Vayamos para eso al presente y preguntémonos ¿por qué somos comunistas? En primer lugar lo somos por varias razones de peso. La primera sería porque el sistema capitalista, mediante la rapiña imperialista, condena a dos tercios de la humanidad al hambre, la miseria y la muerte prematura, razón de peso para ser receptivo a cualquier alternativa que pueda revertir este estado de cosas. Pero ¿cómo se defiende el sistema capitalista? ¿cómo es posible que siga en pie un sistema tan criminal a simple vista y que además está en bancarrota?  Y está en bancarrota porque ya ha cumplido su misión en la historia que ha consistido en desarrollar hasta la contradicción las relaciones en el medio productivo y los medios de producción hasta crear dos polos antagónicos, el proletariado, que es el que produce valor mediante su trabajo y la burguesía, que es la que se apropia del valor de ese trabajo ajeno a usura y no produce nada. Para la superación de esta etapa histórica, el proletariado, como sujeto revolucionario debe reclamar lo que le corresponde: el fruto de su trabajo para ponerlo a su servicio, y que deje de estar en manos de la clase parasitaria. Obviamente, la clase parasitaria no se va a quedar de brazos cruzados y va a combatir la ofensiva de los desposeídos.

Volvamos a la pregunta anterior de cómo es posible que siga en pie un sistema tan criminal. El capitalismo se mantiene en pie por la batalla ideológica contra la clase obrera y a la que en la actualidad lleva amplia ventaja a los comunistas. En este punto, nosotros, los comunistas, no sólo debemos sembrar la conciencia de clase entre la clase obrera, también debemos realizar una profunda autocrítica y trabajar más duro.

El capitalismo organiza su batalla ideológica mediante el idealismo filosófico que citamos más arriba, para vender a la clase obrera que se puede triunfar por iniciativa propia. Vende el éxito personal, léase Elon Musk, Amancio Ortega, Cristiano Ronaldo, etc, como si fuera un camino que pudiera recorrer cualquiera por voluntad propia y lo convierte en el ideal para amplias capas de la clase obrera. Con este accionar, el capitalismo promueve la atomización de los sujetos y la competencia extrema entre los miembros de la clase obrera, ante la que los comunistas anteponemos la cooperación para transformar la sociedad.

Pasemos ahora a ver el comunismo desde el estudio de experiencias pasadas. Para eso nos centraremos en un determinado periodo de la Unión Soviética, el que va de 1917 a 1953. Hay que destacar que todos los logros que vamos a enumerar ocurrieron a pesar de dos guerras, una civil apoyada por ocho potencias imperialistas y una mundial, y a pesar también del cerco imperialista a la que fue sometida. En primer lugar hay que decir que nunca se ha llegado al comunismo, que es el estadio en que la lucha de clases ha cesado por la victoria definitiva de una de las clases en contienda y el estado, como máquina de opresión de una clase sobre la otra, pierde su función y se extingue por sí sólo. Pero sí se alcanzó el socialismo, que consiste en su fase previa, donde todavía hay lucha de clases y donde el control de la producción aún se realiza por el control estatal y no bajo el control obrero. En este punto debemos preguntarnos en qué consiste, a groso modo, la construcción del socialismo. Para su edificación son necesarias la planificación económica y la centralización de la producción, así como un desarrollo de las fuerzas productivas que pueda satisfacer las necesidades de la sociedad, además de realizar todo esto bajo la fórmula de un gobierno proletario. Para todo ello debe establecerse la propiedad social de los medios de producción. La planificación económica contribuye a terminar con la anarquía productiva que se establece bajo el capitalismo y que termina en las crisis periódicas que sufre por la sobreproducción.

La Unión Soviética dio buena muestra del éxito de dicha formación económica con logros como fueron la rápida industrialización en un país atrasado y agrario, la victoria en la guerra civil, la derrota del fascismo en Europa cuando los países capitalistas sucumbían uno a uno cobardemente, la llegada de la primera expedición a la luna sólo trece años después de que el país quedara completamente arrasado por la rapiña nazi, los logros en materia social como una sanidad universal y gratuita, la jornada laboral de siete horas, la jubilación a los sesenta y muchos más logros que por cuestiones de espacio no podemos enumerar en este artículo. Todo ello en poco menos de tres décadas partiendo de un país muy atrasado. Durante el periodo en que no traicionó al socialismo, la Unión Soviética, con muy poco tiempo de existencia, superó económicamente a los estados capitalistas, con los Estados Unidos a la cabeza, como en los años del crack de 1929. Llegados a este punto es lícito preguntarse ¿por qué dejó de existir hace ya más de treinta años? En el año 53, con el asesinato de Stalin y bajo el mandato del golpista Nikita Khrushchev, se inicia un proceso involutivo severo cuyo punto culminante se produce en 1956 plasmado en el XX Congreso, episodio que redactaremos en otro artículo. Destacaremos que en este periodo negro se abandonó la centralización y la planificación económica y se abrió a algunos sectores a las políticas de libre mercado. Se traiciona definitivamente al socialismo sin vía de retorno. Pero esto no debe oscurecer en ninguna medida los logros del socialismo en la Unión Soviética, que fue capaz de enfrentar de tú a tú al capitalismo y a su ariete en tiempos de debilidad, el fascismo, hasta que se produjo el golpe de estado y se abandonó su esencia.  Su total colapso se produjo en 1991 de la mano de Gorbachov, un discípulo de Nikita Khrushchev y que en cierto momento, en años muy posteriores al colapso, declaró que su misión era acabar con el comunismo. Otra vez se muestra en estos dos sujetos la perpetúa guerra ideológica, ya que por las armas no lo hubieran conseguido, que nunca ha abandonado el capitalismo contra cualquier conato de organización de la clase obrera. Su infiltración produjo la catástrofe. No hay que perder de vista que bajo el socialismo todavía existe la lucha de clases.

Demostrada la supremacía del socialismo, haremos una mirada hacia el futuro mediante la dialéctica materialista. El método materialista dialéctico es el estudio de las contradicciones y los cambios que generan en una realidad dada y siempre partiendo de una base económica en el estudio de esa realidad. En la contradicción aparece una lucha de contrarios que dan paso a la negación de uno por el otro. Uno debe desaparecer para que otro pueda nacer y esto no se realiza sin una batalla previa. Este proceso le ocurrió al esclavismo respecto al feudalismo, al feudalismo frente al capitalismo y ocurrirá, ya que el capitalismo está sujeto a este mismo proceso dialéctico, frente al socialismo. Las contradicciones principales que llevan a la muerte al sistema capitalista son la contradicción entre trabajo y capital, entre acumulación y consumo y entre desarrollo económico y social. Este último se produce por la acumulación privada de la riqueza producida socialmente. La clase obrera es la única que produce valor y deberá apropiarse del valor que produce, esto es, el socialismo. Por su parte, la burguesía, los propietarios de los medios de producción y del estado, se apropia a usura del valor que produce la clase obrera. La fricción entre las relaciones de producción que vemos y el grado máximo de desarrollo de los medios de producción llevan al capitalismo a su último estadio que es en el que nos encontramos al ser ya la contradicción insostenible. El socialismo y su estado proletario, al ser el representante de la amplísima mayoría, la clase obrera, frente a una minoría parasitaria, la burguesía, será la máxima expresión de democracia que puede darse. La burguesía tuvo que hacer varias revoluciones para negar completamente y para siempre a los feudales. Los comunistas también han llevado a cabo sus intentos y se encaminan hacia la inexorable implementación definitiva en este momento histórico que niegue la existencia de la clase burguesa.

Por eso, para llegar a ser comunista hay que vencer la lucha ideológica que lleva a cabo el capitalismo sobre la clase obrera y que, como destacamos al principio, es la única que le permite sobrevivir a este sistema en bancarrota. Por eso nadie nace comunista sino que se hace comunista mediante el estudio de la ciencia marxista-leninista y, lo más importante, su aplicación en la práctica desde una cosmovisión materialista y dialéctica. El comunista nunca deja de formarse y de hacer autocrítica porque la batalla ideológica del capitalismo no cesa. Es la vanguardia consciente de la clase obrera y mediante un partido proletario, disciplinado y revolucionario debe conducir hacia la revolución socialista como garante de una verdadera justicia y supervivencia para la clase obrera. Sólo el socialismo, como modelo superador del capitalismo, puede liberar a la clase obrera de esta violencia y su consecuente explotación. Por eso, desde el PCOE, no solamente abogamos por dicha acción, sino que trabajamos cada día para ello en los centros de trabajo, de estudio y en los barrios. Por todo esto nos sobran razones para ser comunistas y, como marxistas-leninistas, llamamos a la clase obrera a engrosar las filas del PCOE.

 

¡POR QUÉ HAY MILES DE RAZONES PARA SER COMUNISTA!

¡ESTUDIANTE Y OBRERO ORGANÍZATE EN EL PCOE!

¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




La infame hipocresía de los “valores” burgueses

Por más que se procure envolver a la clase obrera con la idea de que vivimos de la manera más lógica posible, la putrefacción del capitalismo nos lleva inevitablemente al desgaste. Por más que se nos deshumanice no dejamos de ser humanos, y nuestras necesidades no se cambiarán por otras que se puedan satisfacer en una dinámica de explotación. Reflejo de esto es el aumento del número de suicidios.

En su afán por dominar el mercado, la burguesía que nos exprime solo ve en nosotros productores de usar y tirar que deben salir rentables. Deben obtener ganancia robando el fruto de nuestro trabajo en detrimento de nuestro propio bienestar, ya que los capitalistas tienen ese derecho, y de ahí se justifica como un mal necesario todo lo que de ello emana.

Nuestras vidas giran en torno al hecho de que somos mano de obra que debe producir todo lo que hay en la sociedad, pero el producto no nos pertenece ni somos directores de tales creaciones, sino que van destinadas al beneficio de unos parásitos; obtenemos en cambio alrededor de lo necesario para cubrir nuestras necesidades fisiológicas para poder seguir trabajando para una minoría. Y conscientes de que en cualquier momento se puede prescindir de nosotros, debemos tener cuidado al gastar la más que injusta retribución. Este hecho, junto con la anarquía de la producción, hace que cada vez seamos más incapaces de consumir todas esas mercancías que van acumulándose y que anuncian avalanchas llamadas crisis. Entonces se profundiza en las medidas que buscan reducción de costes, alguna ventaja sobre los competidores y saneamiento de las deudas; todo ello recortando en servicios, transfiriendo dinero público a los grandes empresarios, despidiendo a trabajadores, ofreciendo trabajo precario, extendiendo el salario mínimo… Y en esos momentos en que se manifiesta claramente la fragilidad y la mentira del capitalismo, recibimos ese mensaje que, en realidad, nos ha llegado siempre: hay que adaptarse, callarse, apretar el cinturón y sobrevivir como podamos, porque las cosas están mal.

¿En qué se traduce? No importan las necesidades humanas, sino el mercado; el lucro del parásito. Siempre se nos presenta, y se nos ha presentado, el sufrimiento como algo inherente al día a día. El trabajo debe ser un duro sacrificio para poder sobrevivir, y el miedo al despido nos debe motivar. Si no tenemos suficiente dinero se nos puede arrebatar la vivienda, negar el acceso al alimento, el trasporte se vuelve un lujo, la ropa un gasto innecesario y el ocio una locura. Si nos formamos, debe ir encaminado a introducirnos en un trabajo con el que nos incorporaremos al gris sacrificio colectivo. Hay que tener cuidado con el agotamiento y la tristeza; procurar aguantar o disimular, puesto que debemos estar siempre preparados para nuestra ofrenda diaria al capital. La pura voluntad debe ser nuestro motor; si no somos “la mejor versión” de nosotros mismos significa que “no nos estamos esforzando”, y por tanto falla nuestra voluntad; no nos estamos adaptando bien. Necesitamos relacionarnos con los demás, pero siendo conscientes de que nuestro tiempo se dedicará, en primer lugar, al sacrificio asalariado y a las obligaciones que derivan de nuestra supervivencia. Necesitamos información y cultura, pero a pesar de los conocimientos y avances científicos, nos llegan mentiras y se fomenta la interpretación errónea de la realidad. Y así un largo etcétera.

¿Pero no nos dicen que lo importante es la salud? ¿no nos cuentan que se prioriza el bienestar de las personas? ¿no son los que se llenan la boca con “los derechos humanos” los que imponen la dinámica descrita más arriba? De hecho, la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que tenemos derecho a un salario digno, lo cual significa que se defiende el trabajo asalariado; es decir, se defiende el criminal sistema capitalista y, por tanto, todos los males que de ahí emanan y que son contrarios al humanismo, priorizando el derecho a dominar que otorga la propiedad privada de los medios de producción. Las necesidades son secundarias y la clase obrera solo tiene el derecho a la vida si puede pagarlo mientras está sometida al capital.

Marx señalaba que la relación de las leyes económicas con la moral es arbitraria, ocasional y, por ello, acientífica: la oposición entre Economía Política y moral es solo una apariencia y no tal oposición. La Economía Política se limita a expresar a su manera las leyes morales. La burguesía, de manera idealista, nos vende unos valores que se derrumban ante la realidad que vivimos. Delante de lo que nos hace humanos debe ir siempre el interés de la clase dominante, y alrededor de ello ha de orbitar todo lo que en nuestras vidas acontece. Somos humanos con “derecho a la vida” hasta que llegamos a la línea que marcan las relaciones de producción capitalistas; es entonces cuando tiene lugar eso que llamamos “chocar con la realidad”. Incluso cuando tenemos un par de días libres, unas vacaciones o sencillamente un buen día de ocio, decimos, al finalizar, esa famosa frase: ahora de vuelta a “la realidad”.

 

España es el país con mayor consumo legal de benzodiacepinas del mundo, y es menester entender que no es más que un síntoma que deriva de un sistema podrido en el que, sin conciencia de clase y sin organización, la clase obrera cree que solo le queda buscar el alivio, y más si tenemos en cuenta que ni siquiera contamos con la atención adecuada en los servicios sanitarios. Al no poder concebir que es posible transformar la realidad, y que los problemas no se deben a dificultades individuales y aisladas, sino que se deben a la estructura económica y nacen de la explotación humana, reina la resignación y las lagunas que se tienen a la hora de explicar la realidad se rellenan con sesgos; la ideología burguesa está presente en cada momento y hueco de nuestras vidas. De hecho, está demostrado que pensar de manera irracional afecta a la salud mental. Nuestra percepción chocará con interpretaciones erróneas de la información que procesamos, y no seremos conscientes de que no estamos entendiendo el mundo que nos rodea, aunque creamos que sí, y por tanto será fuente de frustración constante. No se puede encontrar solución a los problemas que no se comprenden; he ahí el éxito de la burguesía (que procura que eso sea así) en la batalla ideológica.

La pobreza va en aumento, por más que el Gobierno de “izquierdas” diga que se ha conformado para mejorar la vida de “la gente”, ya que esa gente a la que le mejora la vida es la burguesía. La carga que supone no poder cubrir las necesidades afecta seriamente a la salud, y junto con la falacia de que cada uno obtiene lo que consigue con su esfuerzo, el agotamiento está servido. Emplear las energías en la supervivencia y en estar alerta preocupados constantemente tampoco deja tiempo para relaciones sociales, el ocio y un descanso adecuado, y puede llevar al desgaste. Todo ello fomenta la búsqueda de alivio ante la hostilidad que presenta la vida del desposeído. En lo que respecta a los jóvenes y destacando sobre todo a los menores, también víctimas de la situación que se vive en los hogares, se refugian cada vez más en contenidos de internet que ofrecen ideología burguesa en su forma más tóxica.

Por otro lado, el trabajo también es cada vez más inestable y precario. Este hecho no hace más que acrecentar la inseguridad en el presente y en el futuro, lo cual empeora también la salud mental, que se ve continuamente asediada por las relaciones de producción capitalistas. La psicoterapia, si bien solo es una ayuda individual para ser funcional en la dinámica enfermiza de la explotación, siempre es más recomendable que un fármaco, y puede suponer un apoyo importante para las personas que necesitan aliviar su sufrimiento, teniendo la posibilidad de generar, al menos, pequeños cambios para gestionarse mejor. Sin embargo, a pesar de que se promueve la idea de cuidar la salud mental, su importancia, la necesidad de acudir a un profesional, etc, una vez más nos encontramos con que esos consejos, que pueden sonar a responsabilidad y conciencia por parte del sistema, chocan una vez más con la realidad: muchos no pueden acudir por falta de recursos. No solo eso, sino que tras esos paréntesis en que lacayos de la burguesía de todos los colores fingen preocuparse y ofrecen parches, a veces inalcanzables, el criminal sistema capitalista, causa de nuestros males, sigue arrasando con nuestras vidas y nuestros consejeros no hacen nada por detenerlo, ni por ayudarnos a identificar al enemigo.

El único camino es aquel que nos garantiza la satisfacción de las necesidades humanas en todos los ámbitos y un desarrollo constante, sin parásitos ni competencia. Un sistema en el que los trabajadores ven que el fruto de su trabajo se destina a una sociedad hecha por y para ellos; es decir, donde obtienen lo que les corresponde.

Para hacernos una pequeña idea, hay estudios que muestran que dotar de recursos materiales tiene un impacto positivo en nuestro estado de salud y el ánimo. Tener mayor acceso a aquello que necesitamos, evidentemente, nos da mayor sensación de seguridad y por ello se alivian los problemas de ansiedad, pues ésta no es más que un estado de alerta ante aquello que interpretamos como un peligro (como ocurre al percibir que carecemos de cosas básicas). Por otro lado, se conoce que con el apoyo social en todo tipo de situaciones, ya sea en un contexto cotidiano o ante problemas como enfermedades crónicas, o durante el tratamiento de las adicciones, tienen lugar mejoras significativas. Es decir, tener la posibilidad de ser tenidos en cuenta, así como un espacio en el que importamos, nos aporta vitalidad.

Debemos tener claro que un sistema plagado de contradicciones, que exprime nuestras vidas y nos roba el fruto de nuestro trabajo, solo puede ofrecer sufrimiento. Los suicidios son una consecuencia inevitable de la más completa deshumanización. No se trata de no querer vivir, sino de sentir que no se es capaz; no son más que asesinatos, pues prevalece la búsqueda de beneficio sobre la vida humana, aplaste a quien aplaste. Se conocen las causas, pero la burguesía no se detiene. A pesar de que la ciencia demuestra continuamente que la forma en que nos obliga a vivir este sistema es enfermiza y destructiva, observamos que la barbarie no cesa y, de hecho, es cada vez mayor. La descomposición del capitalismo va acompañada de mayor manipulación a la clase obrera, para generar así mayor división, aislamiento e individualismo. También se acompaña de mayor miseria, y el desgaste que esto genera no solo afecta a la salud, sino que aumenta la probabilidad de asumir como cierta la mentira de que no hay solución. Al aumentar también la desesperación somos más vulnerables ante una explicación engañosa.

La grave situación que vivimos no cambiará de mano de los políticos, pues son puestos en los sillones por y para la burguesía. Tampoco surgirá el cambio de manifestaciones espontáneas que solo alcanzan a exigir modificaciones superficiales. Solo la clase obrera es capaz de transformar la realidad, pero para ello debe librarse de los explotadores; de los criminales que han acumulado enormes cantidades de poder a costa de nuestro trabajo y sufrimiento. El principio de dicha transformación comienza con la organización de los trabajadores, cuyo poder nacerá de la unión de todas las luchas apuntando hacia la raíz común, que no es más que este sistema de explotación humana. No podemos seguir permitiendo que jueguen con nuestras vidas y nos traten como si éstas no tuvieran ningún valor, más allá de la ganancia que podamos generar. La criminal burguesía es la que debería vivir reprimida. Es hora de constituir un Frente Único del Pueblo que nos permita luchar de verdad por nuestra máxima aspiración: el socialismo.

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




¿Adónde nos lleva el capitalismo?

Nunca la humanidad se había enfrentado a un trance tan crítico como el actual, en el que se pusiera en cuestión su propia existencia. Cuando varios países de Europa insinúan la posibilidad de un enfrentamiento entre la OTAN y Rusia, e incluso se preparan militarmente para afrontar dicha eventualidad, es que el riesgo existe. Pero ¿qué hay detrás de esta locura?

Parece ser cierto que Europa, junto con los EEUU poseen un mayor y hasta mejor arsenal de armas convencionales, por consiguiente, Rusia perdería la guerra. Pero ni los rusos, ni nadie, teniendo el mayor y mejor depósito del mundo, con más de seis mil armas nucleares, iba a soportar una derrota de esa índole, pues el pudor, una vez muertos, no les vale.

En última instancia, las consecuencias de la utilización por parte de Rusia de las armas nucleares, supondría la desaparición de la humanidad. Su arsenal es el más potente del mundo y unido al de los EEUU y Europa sería un infierno para el género humano y para nuestro planeta.

Según los científicos unos cuatro días después de la explosión atómica, cuando se disipe el humo, tras dejar cientos de millones de muertos, comenzaría lo que ellos consideran que es lo peor y que designan como “el invierno nuclear”, se daría pues, la “destrucción mutua asegurada”. Es decir, tanto los rusos como sus adversarios morirían y la humanidad estaría en peligro de extinción.

Y todo esto ¿Por qué? y ¿Para qué? Por el egoísmo de una élite que domina la economía mundial, que ve como la vigencia del capitalismo está a punto de cumplir, al igual que sucedió con el feudalismo y el esclavismo, pues la dialéctica de la historia es implacable. Pero ellos mantienen la opinión que sin su presencia el mundo no tiene razón de ser.

En este terreno tan explosivo nos desenvolvemos los trabajadores ignorando una realidad que no tiene nada de ciencia ficción. Los políticos del Capital procuran no abrir debate al respecto, lo que significa que su adscripción a las posiciones europeas no tiene discusión. En definitiva, los trabajadores nos podemos ver envueltos en una guerra infernal preguntándonos ¿Por qué? y ¿Para qué?

Ante este panorama, la derecha y la izquierda parlamentaria, la prensa, la radio y la televisión de nuestro país se escabullen de este problema cardinal para que, llegado el momento, lo aceptemos irremediablemente.

El PCOE hace un llamamiento a la clase trabajadora de nuestro país, a los intelectuales, a las asociaciones populares como sindicatos de clase, asociaciones de vecinos, a todo el pueblo trabajador en general para que exijan al gobierno la retirada de España de las asociaciones monopolistas como la OTAN y la UE, garantes de la explotación capitalista sobre las clases trabajadoras y promotores de las guerras.

Llamamos a todos los comunistas y gente de izquierda para unirnos en un amplio frente contra la guerra y por la lucha por el socialismo.

 

¡NO A LAS GUERRAS IMPERIALISTAS!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La clase obrera debe organizarse para acabar con este criminal sistema

El día de ayer, 2 de marzo, se cumplieron 50 años del asesinato del militante antifascista, defensor del comunismo libertario, Salvador Puig Antich, asesinado a garrote vil y sentenciado por una Judicatura que, cinco décadas después, sigue estando en manos de los mismos franquistas que antes y sus descendientes.

Hoy, 3 de marzo, se cumplen 48 años del asesinato de cinco obreros de Vitoria, acribillados por la policía mandatada por los franquistas Martín Villa y Fraga, dirigente y fundador del PP, a los que el Estado ha otorgado impunidad absoluta ante estos cinco asesinatos. Esta gentuza, y sus herederos políticos hoy, corruptos y criminales hasta el tuétano, son los que dan lecciones de democracia mostrándose qué tipo de “democracia” hay en el Estado español.

Cinco décadas después, los mismos que antaño condenaban a hijos de la clase obrera a la muerte por garrote vil o lanzaban gases en la Iglesia de San Francisco de Asís, que albergaba a 4.000 obreros, para provocar la salida de éstos y poderlos fusilar a quemarropa por la Policía, como aconteció en Vitoria por orden de los franquistas Fraga y Martín Villa – ambos posteriormente, de la noche a la mañana, “demócratas” del PP –, han seguido manteniendo, durante todo este tiempo, el poder.

Ello se puede corroborar con claridad en la judicatura, donde tanto en el Tribunal Supremo como en la Audiencia Nacional – antaño Tribunal de Orden Público –siguen manteniendo su esencia represora, y se sigue reprimiendo políticamente – al objeto de boicotear al poder legislativo, donde hay una mayoría que persigue el acuerdo de una amnistía para con los represaliados independentistas y con el pueblo catalán acosados y reprimidos desde 2014 por el Estado fascista español –. Esta semana el Tribunal Supremo ha abierto causa contra dirigentes independentistas – Puigdemont y Wagensberg – por Tsunami Democràtic estimando que hay que abrir una causa contra ellos por terrorismo, de tal manera que para ese Tribunal, al igual que para un juez de la Audiencia Nacional, todos ellos vinculados con los herederos de Franco, con el PP, la movilización del pueblo es terrorismo. Curiosamente, una forma de cavilar diferente a cuando se movilizan los fascistas, los cuales son amablemente tratados por las Fuerzas Represivas del Estado y por dichos juzgados y es que, al fin y al cabo, la minoría fascista que sale a la calle abraza la misma ideología y son camaradas de aquellos que ajustician al pueblo con las togas desde Tribunales de Justicia que llevan desde 1939 agrediendo al pueblo e insultando a la Justicia. Para el Estado y sus jueces hoy, todo aquello que no sea fascista es terrorista.

Y es que, en el momento de descomposición del imperialismo, al Estado español únicamente le vale un legislativo y un ejecutivo plenamente alineados con la ideología fascista del Estado y, por ello, los jueces no vacilan en salir en defensa de la ideología del Estado, del fascismo, no dudando en boicotear las iniciativas políticas que emanan del parlamento, mostrando su total adscripción a las fuerzas más reaccionarias del tablero político del régimen, escorado a la extrema derecha, actuando como peones del fascismo, del PP y VOX.

El desarrollo de la robotización y de la inteligencia artificial significará la eliminación de 2 millones de puestos de trabajo en esta década en España. Y según Goldman Sachs, el desarrollo de la inteligencia artificial liquidará en torno a 300 millones de empleos de aquí a 2030.

Este proceso de automatización, en sí, niega al capitalismo en tanto se desequilibra la composición orgánica del capital en favor del capital constante reduciéndose la parte del capital variable, la que se destina a la contratación de obreros, que es la parte del capital que genera plusvalía. Este hecho va a condenar a millones de obreros a no trabajar nunca. Ello también implicará una reducción notable de unos servicios públicos – sanidad, educación y pensiones – que cada día que pasa son peores.

Para los capitalistas hay un excedente de seres humanos, y es por ello que todo lo apuestan al fascismo, que en política exterior es la guerra imperialista y, en política interior, la represión inmisericorde y la depauperación máxima de las condiciones de vida de la clase obrera.

Por ello, no es casual que el ministro de defensa de Alemania Boris Pistorius le diga al pueblo alemán que debe ir preparándose para una guerra contra Rusia, o que la presidenta de la Comisión Europea, y marioneta máxima de los EEUU en la UE, Úrsula Von der Leyen, indique a los civiles europeos que se preparen para la guerra defendiendo un incremento del gasto militar, repitiendo a pies juntillas las directrices vertidas a primeros de año por la organización terrorista OTAN a través de su jefe del Comité Militar, el Almirante holandés Robert Peter Bauer.

Los capitalistas tienen trazado su plan para desprenderse de todo aquel excedente humano, de la parte de la clase obrera, una parte cada vez mayor como consecuencia del desarrollo de la automatización y, por ello, la guerra.

El capitalismo, como decía el Che, es el genocida más respetado del mundo y todas sus instituciones están dirigidas por fascistas, auténticos canallas que no les temblará el pulso en llevar a la guerra a los obreros y, así, desprenderse de lo que ellos consideran excedente humano y satisfacer los intereses económicos de los monopolios.

En el mayor burdel que hoy tienen los EEUU, la Unión Europea, estamos viendo como los gobiernos títeres del capital europeo-norteamericano están actuando: Haciendo recortes sociales brutales, privatizando la sanidad, la educación y las pensiones públicas, precarizando las condiciones de trabajo, aplicando una política monetaria que enriquece a la banca y empobrece a los ciudadanos, incrementando el gasto militar, y robando dinero a la clase obrera para entregársela a los bancos, a los grandes monopolios y a la industria armamentística.

En el Estado español, esta política de privatización y de transferencia de riqueza de la clase obrera hacia el capital, lleva el apoyo del gobierno “progresista” de la falsa izquierda y de los mayores enemigos que tiene el pueblo trabajador hoy, CCOO y UGT, que están trabajando en privatizar la sanidad, apoyando y firmando políticas que otorgan más recursos a las mutuas y la medicina privada en detrimento de la sanidad pública y negociado convenios donde se promueven y financian planes de pensiones privados, de tal modo que, por un lado, serán los monopolios privados, la banca y aseguradoras, los que gestionen las pensiones de aquéllos trabajadores activos – cada vez menos – que accedan a dichas pensiones privadas y finiquitando el sistema público de pensiones y, consecuentemente, negando el acceso a una pensión a un número vasto de obreros.

Y mientras los capitalistas, en santa alianza de fascistas y oportunistas defienden exactamente lo mismo, los intereses de los monopolios, del gran capital, los comunistas y la izquierda antisistema nos encontramos divididos, atomizados, padeciendo una egolatría enfermiza en lugar de unir fuerzas para ir al pueblo, a la clase obrera a organizarla en una dirección revolucionaria, de ruptura con el capitalismo y con su Estado, por la construcción del socialismo y de un Estado donde el poder lo tenga la clase obrera y esté al servicio de la misma.

Es necesario tejer la unidad de la clase obrera y esta sólo puede darse desde la clase obrera organizada, desde la unidad de los comunistas y de todo aquél que esté en contra del capitalismo, del fascismo. Es momento de que los anticapitalistas, de que los comunistas, pongamos en el centro de nuestra actividad la unidad para organizar y dirigir a la clase obrera a romper con el futuro de muerte, miseria y destrucción que el capitalismo le tiene diseñado.

Y para que esa unidad sea una realidad es fundamental el fortalecimiento del Partido leninista, que es el alma y el corazón del proletariado. Y el Partido sólo puede abrirse camino combatiendo a muerte a la burguesía, a su sistema económico capitalista y a sus ideologías – el fascismo, el nacionalismo, la socialdemocracia y el oportunismo.

 

¡CONTRA EL FASCISMO, FORTALECE AL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡FUERA DE LA UNIÓN EUROPEA Y DE LA OTAN!

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡SOLO LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA, EL SOCIALISMO, PUEDE SALVAR A LA CLASE OBRERA!

 

Madrid, 3 de marzo de 2024

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Apoyo a la huelga de Acerinox

El pasado día 5 de febrero los trabajadores de Acerinox se lanzaron a las calles de Cádiz para luchar por un convenio colectivo digno en su empresa, la cual se encuentra en una situación delicada ya que de boca del burgués solo sale que es una fábrica que lleva en pérdidas tres años y que aspiran a una organización laboral “flexible”, que traducido al idioma de la lucha de clases significa precariedad.

Entonces el pasado domingo en el 25 de febrero la huelga cumplía su 20 día de lucha consecutivo, ante lo cual recibió un regalo del autoproclamado gobierno “más progresista de la historia”: cargas policiales destinadas a destruir la combatividad de la clase obrera que se enfrenta a la ola precarizadora de la burguesía.

Incluso se ha impuesto una pena de un año de prisión suspendida para el trabajador de la fábrica de Acerinox en Los Barrios que fue detenido el pasado viernes durante el corte de la autovía A-7 en el marco de las protestas por la huelga indefinida. Un ejemplo más del carácter reaccionario del Estado, a sueldo de la burguesía.

Desde el Partido Comunista Obrero Español queremos mostrar nuestra completa solidaridad con los obreros de Acerinox en lucha, denunciamos la acción lacaya del Gobierno para con la burguesía, a quien rinde pleitesía sin reparos y estamos en la obligación de advertir a toda la clase obrera de la necesidad de luchar por sus intereses económicos y políticos, transformando las agresiones de los empresarios en huelgas de carácter económico y estas en huelgas políticas con el objetivo de tumbar el régimen capitalista culpable de todos los males que aquejan al trabajador hoy.

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del PCOE




El dinero barato y las hipotecas

En los últimos años se ha creado un espejismo sobre el dinero barato, básicamente al cero por ciento de interés, dando por sentado que las personas de la clase obrera tenían una gran oportunidad de acceder, en condiciones muy ventajosas, al mercado del crédito. Ahora es el momento, se decía desde las entidades bancarias. Las largas filas que se hacen hoy para renegociar las condiciones de las hipotecas, de variable a fija o para alargar los años del préstamo hipotecario aumentando los intereses a pagar como contrapartida de una letra mensual más baja, demuestran que ninguna medida que se tome en relación al tema del precio del dinero es para favorecer a la clase obrera y, en el caso de las hipotecas, nos empujan a calificar de inviable la capitalización total de un préstamo hipotecario. Hay varios aspectos que nos conducen a realizar esta afirmación.

En primer lugar, hay que pensar que la vida media de las hipotecas es de treinta años y, a veces, hasta de cuarenta años y en ese impase habrá muchas fluctuaciones del precio del dinero, que afecta a los tipos de interés a pagar, y que una carestía, sostenida y recidivante, dejará el camino sembrado de cadáveres.

En segundo lugar, el acceso cada vez más tarde y de forma más precaria al mercado laboral, hace que el contratador de ese préstamo hipotecario se enfrente al reto de sobrevivir a dicho préstamo en indefensión y con una edad elevada que le alargue el préstamo más allá de su jubilación. Por la calidad y durabilidad del empleo, cada vez es menos probable que un hipotecado pueda llegar al final del préstamo y menos trabajando en el mismo empleo. Otros datos futuros, como la implementación de la inteligencia artificial y la sustitución del capital variable por capital constante en el proceso de producción, que harán desaparecer el veinticinco por ciento de los empleos en los próximos veinticinco años, nos empujan a ello.

En tercer lugar, la especulación no se produce solamente en el mercado del crédito. La especulación es el alma mater del sistema capitalista y, a la cuota mensual, hay que añadir el aumento del precio de la cesta de la compra y el encarecimiento de los suministros que son indispensables en una vivienda. Esto hace que el salario real del trabajador, tal como lo definía Marx, ya no sirva ni para mantener al obrero en condiciones óptimas para la siguiente jornada laboral y para reproducir la mano de obra. Los índices de natalidad dan buena cuenta de ello. El salario pasa automáticamente a estar por debajo de las necesidades de supervivencia, renunciando a todo para entregarse en exclusiva al pago de la usura bancaria, bajo la amenaza de verse en la calle y, encima, debiendo todavía la cantidad adeudada.

En cuarto lugar, y quizás el más importante, el dinero barato es sólo un espejismo trampa que lanza el capital al obrero para embaucarlo. Este dinero barato ha tenido la función, en exclusiva, de recapitalizar a los bancos a coste cero a través de fabricar dinero ficticio. La prueba de que esto es cierto es la inflación galopante a la que se está enfrentando Europa para compensar la formación de ese capital ficticio, atribuida miles de excusas periódicas (léase pandemia, guerra de Ucrania, etc…), y, sorpresa, la solución mágica ha sido subir los tipos de interés hasta hacer insoportable las condiciones draconianas de los obreros que se habían subrogado a una hipoteca porque el dinero era barato. Los mismos bancos que han comprado ese dinero a cero, revenden ahora ese dinero a unas condiciones que pueden llegar al seis por ciento y duplicar el precio de las cuotas mensuales. Los bancos, ahora, producen su plusvalía en base a generar inflación para la clase obrera. Se puede ver, por poner un ejemplo, en las largas colas de las filas del hambre para conseguir alimentos en la beneficencia. Eso sí, las condiciones del préstamo quedan ampliamente blindadas por la legalidad burguesa y se puede renunciar a todo, hasta a comer o a la calefacción, pero no a pagar la letra.

Lo más llamativo es que esta especulación se realiza sobre un bien básico e indispensable que es la vivienda. El apartado primero del artículo cuarenta y siete de la Constitución Española establece que:

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Este bonito dechado de buenas intenciones demuestra que la legalidad burguesa es sólo papel mojado que sirve para, mediante bonitos enunciados, defender los intereses de la clase burguesa en exclusiva y que cuando a una clase social le va muy bien, por fuerza a la otra clase le tiene que ir muy mal, como en el caso que nos ocupa.

Ante este estado de cosas, el gobierno más progresista de la historia lanza una medida para seguir llevando carne para la picadora de las entidades bancarias, avalando un veinte por ciento a las personas que no lleguen a las condiciones propuestas por el banco para acceder a la hipoteca. Se trata de, una vez más mediante dinero público, proteger la cuota de ganancia de los bancos a costa de más cadáveres. No se les ocurre exigir por decreto ley la eliminación de los diferenciales, terminar la obligación de contratar seguros que encarecen el crédito o promover la dación en pago. Ya se sabe, si los bancos se enfadan y no aumentan sus ganancias como es debido, volverán a necesitar recapitalizarse con dinero público como ocurrió en 2012 o producir más dinero ficticio, lo que llevará a un nuevo episodio de inflación galopante como ocurre ahora.

Desde el PCOE tenemos claro que la única medida que se puede tomar para favorecer a la clase obrera es la socialización de la banca y eso sólo se puede realizar por métodos revolucionarios. Al reformismo pazguato del gobierno más progresista de la historia, los comunistas anteponemos la revolución socialista. También estas medidas pasan por la socialización del suelo. Nada más que por esta vía se puede garantizar el derecho a la vivienda de la clase trabajadora con un Estado proletario que socialice el parque de rentistas y grandes tenedores y genere un amplio parque público de viviendas. Ninguna rebaja en el precio del dinero u otras “cesiones” del capital son la solución a los problemas de la clase obrera. Se trata de destruir al capital y a su sistema títere, el capitalismo, para poner la riqueza al servicio de la única clase que produce valor, la clase obrera. Por eso, desde el PCOE, hacemos un amplio llamamiento a la clase obrera hacia la unión de todas sus luchas en un Frente Único del Pueblo para su plena emancipación. La cuestión es clara, o nosotros o ellos.

 

¡Por la socialización de la banca y de todos los medios de producción!

¡Toda la riqueza para la clase obrera!

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




La huelga de los tractores no es para los trabajadores

Los jornaleros y temporeros, que son los que realmente trabajan la tierra, nada tienen que ver con las protestas que la burguesía agrícola y ganadera están llevando a cabo estos días. Las reivindicaciones no son para mejorar la situación en el campo; son pugnas de los burgueses con la UE por recibir más ingresos por un trabajo que no hacen ellos, sino los trabajadores a los que explotan con horas infinitas de trabajo por un mísero salario, muchas veces en condiciones de esclavitud.

Nuevamente, en estas movilizaciones, perpetradas por organizaciones fascistas y caciquiles como ASAJA (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores) o VOX, las consignas sacan a relucir el carácter reaccionario y fascista de la burguesía, con proclamas racistas hacia los mismos trabajadores migrantes que les trabajan el campo del que estos burgueses obtienen su riqueza. Del mismo modo, los fascistas de VOX y compañía, también han introducido discursos que nada tienen que ver con los intereses económicos burgueses en el campo, pues usan estas movilizaciones como altavoz para sus discursos negacionistas (vacunas, calentamiento global, Agenda 2030…), homófobos (ataques por su orientación sexual al ministro Marlaska), etc.

Cabe destacar, la desvinculación con la realidad de estos manifestantes, que ante mínimas cargas puntuales (como la vivida ante el Mercadona de Antequera) de los destacamentos represivos del Estado (Policía y Guardia Civil), tachan de traidores a estos porque no están al servicio del pueblo, sino de los Gobiernos. Esta gente no ha vivido cargas policiales, persecuciones, infiltraciones en movimientos y organizaciones como los antifascistas en general sí hemos vivido. Pero de lo que no se dan cuenta es que estos cuerpos policiales están a su servicio, al servicio de la burguesía, de sus intereses, y esto podemos verlo en las imágenes, por ejemplo, de un control policial, cuyo principal objetivo era cortar la entrada de la tractorada a la circulación, como hacen esfuerzo mínimo cuando los tractores los esquivan y cogen otra ruta. También se puede apreciar porque el hecho de cortar autovías, si se tratara (y de hecho ha ocurrido, véase los CDR, por ejemplo) de organizaciones que en nombre de una burguesía local ponen en jaque los intereses de la burguesía española, supondría cargas policiales, sin embargo, estos agricultores, montan barbacoas y beben alcohol entre risotadas en mitad de las autovías.

Y ante esto, los jornaleros y temporeros, trabajadores del campo, deben organizarse y movilizarse por mejoras laborales, por revertir la situación en la que todos los trabajadores, del campo y la ciudad, estamos condenados bajo el capitalismo.

Desde el PCOE pretendemos acabar con estas condiciones de vida y trabajo, confiscar las tierras y entregárselas a quienes las trabajan, para que sean ellos los que disfruten del fruto de su trabajo.

 

¡Jornalero, organízate en el PCOE!

¡Acabemos con la miseria en la que vive el Proletariado!

¡Todas las luchas unidas en un Frente Único del Pueblo!

¡Reforma agraria y revolución socialista!

Comisión de propaganda del CC del PCOE




Huelga en los ferrocarriles de Catalunya [ESP/CAT]

La huelga, como elemento de presión, es una herramienta de que dispone la clase obrera para ejercer presión contra el capital y debe, mediante la misma, generar pérdidas y dificultades que obliguen a los capitalistas a ceder en sus pretensiones. Por llamarlo de alguna manera, la huelga debe hacer ruido y su objetivo es la paralización de la producción o de la oferta de servicios en un periodo determinado. Este recurso de presión en manos de los sindicatos verticales CCOO y UGT se ha desnaturalizado y perdido su esencia combativa, sirviendo únicamente como una actuación, ampliamente publicitada por los medios de comunicación, más para mantener sus posiciones de influencia entre los obreros. Un buen ejemplo lo tuvimos en Catalunya.

El pasado 7 de febrero hubo una huelga en los Ferrocarriles Generales de Catalunya (FGC) convocada por CGT y CCOO. El objetivo era protestar contra el aumento de la inflación y las consecuencias desencadenadas por la misma. También, por la eliminación del gasto militar y la reinversión de éste en la mejora de los servicios públicos, argumentos muy loables para llevar a cabo dicha iniciativa pero un poco faltos de concreción. Hasta aquí todo aceptable sino fuera porque se presentan unos servicios mínimos del 85% que es un flagrante insulto a la inteligencia. Hay que preguntarse qué tipo de presión ejercen las medidas llevadas a cabo. Llegados a este punto, no hay que perder de vista que, por ejemplo, en el año 2021, CCOO, que es uno de los sindicatos convocantes, recibió más de cinco millones de euros de subvenciones públicas por parte del estado Español, siendo el sindicato que mayor cantidad recibe. Por otro lado, CGT, el otro convocante, fue el sexto sindicato, a nivel nacional, en recibir dichas subvenciones, con una cuantía reconocida que superaba los trescientos mil euros. Estos sindicatos, sin olvidarnos de UGT y algunos más, son los que plantean movilizaciones como las que podemos ver en este ejemplo y que dejan vendida a la clase obrera. Estos sindicatos mayoritarios financiados por el Estado, copan muchos de los comités de empresa y hacen una gestión entreguista como pudimos ver, también en Barcelona, con el caso de NISSAN, del cual en el PCOC ya hablamos largo y tendido.

Acciones como las de la huelga en los Ferrocarriles Generales de Cataluña, a las que se le da una amplia difusión en los medios, son un espejismo para la clase obrera, a la que venden y engañan, y dan la sensación de que se trabaja para ella siempre que la misma no se entere de los condicionantes en que se realizan, como los servicios mínimos pactados por traer sólo el ejemplo de este caso. Los sindicatos amarillos tienen que fingir una actividad ante la clase obrera a la que dicen representar y que, a la vez, no lesione los intereses de la clase capitalista y sus intermediarios porque sus propios intereses coinciden con los de esa clase social, son una parte esencial del entramado para mantener adormecida las luchas de la clase obrera.

Ante este panorama, desde el Partit Comunista Obrer de Catalunya entendemos que la clase obrera debe construir un verdadero sindicalismo de clase, que no esté amancebado por la burguesía y que represente a los verdaderos intereses de clase de la clase obrera. Ya lo decía Lenin hace cien años “para que a una clase le vaya muy bien, a la otra le tiene que ir muy mal”. El sindicalismo por el cual luchamos, ha de ser un sindicalismo que derive de la lucha económica a la lucha política. Ese sindicalismo ha de tener en cuenta que el grado de putrefacción del sistema capitalista es tal, por su carácter monopolista, que ha preparado la llegada al socialismo para las amplias masas trabajadoras. Por lo tanto, este sindicalismo ha de unificar a la masa atomizada en las distintas subdivisiones artificiales (empresa, sector, profesión, etc…) hacia la superación del capitalismo. Dicho sindicalismo está materializado en la FSM a nivel internacional y en el estado español su representante es ASC. Pero la lucha será incompleta siempre y cuando no se reconduzca hacia la revolución socialista que arrase el sistema capitalista y permita construir el socialismo que es el único garante del futuro y bienestar del proletariado.

 

¡MUERTE AL SINDICALISMO AMARILLO!

¡POR UN SINDICALISMO DE CLASE!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya

 

 

Vaga als ferrocarrils de Catalunya

 

La vaga, com a element de pressió, és una eina de què disposa la classe obrera per exercir pressió contra el capital i deu, mitjançant aquesta, generar pèrdues i dificultats que obliguin els capitalistes a cedir a les seves pretensions. Per dir-ho d’alguna manera, la vaga ha de fer soroll i el seu objectiu és la paralització de la producció o de l’oferta de serveis en un període determinat. Aquest recurs de pressió en mans dels sindicats verticals CCOO i UGT s’ha desnaturalitzat i ha perdut la seva essència combativa, servint únicament com una actuació, àmpliament publicitada pels mitjans de comunicació, més que res per mantenir les seves posicions d’influència entre els obrers. Un bon exemple el tenim a Catalunya.

El passat 7 de febrer hi va haver una vaga als Ferrocarrils Generals de Catalunya (FGC) convocada per CGT i CCOO. L’objectiu era protestar contra l’augment de la inflació i les conseqüències desencadenades per aquesta. També, per l’eliminació de la despesa militar i la reinversió d’aquesta en la millora dels serveis públics, arguments molt lloables per dur a terme aquesta iniciativa però una mica mancats de concreció. Fins aquí tot acceptable sinó fora perquè es presentin uns serveis mínims del 85% que és un flagrant insult a la intel·ligència. Cal preguntar-se quin tipus de pressió exerceixen les mesures dutes a terme. Arribats a aquest punt, no cal perdre de vista que, per exemple, l’any 2021, CCOO, que és un dels sindicats convocants, va rebre més de cinc milions d’euros de subvencions públiques per part de l’estat espanyol, sent el sindicat que major quantitat rep. D’altra banda, CGT, l’altre convocant, va ser el sisè sindicat, a nivell nacional, a rebre aquestes subvencions, amb una quantia reconeguda que superava els tres-cents mil euros. Aquests sindicats, sense oblidar-nos d’UGT i alguns més, són els que plantegen mobilitzacions com les que podem veure en aquest exemple i que deixen venuda a la classe obrera. Aquests sindicats majoritaris finançats per l’estat, copen molts dels comitès d’empresa i fan una gestió entreguista com podem veure, també a Barcelona, amb el cas de NISSAN, del qual al PCOC ja vàrem parlem llargament.

Accions com les de la vaga als Ferrocarrils Generals de Catalunya, a les quals es dóna una àmplia difusió als mitjans, són un miratge per a la classe obrera, a la qual vénen i enganyen, i donen la sensació que es treballa per a ella sempre que la mateixa no s’assabenti dels condicionants en què es realitzen, com els serveis mínims pactats per portar només l’exemple d’aquest cas. Els sindicats grocs han de fingir una activitat davant la classe obrera a la qual diuen representar i que, alhora, no lesioni els interessos de la classe capitalista i els seus intermediaris perquè els seus propis interessos coincideixen amb els d’aquesta classe social, són una part essencial de l’entramat per mantenir adormida les lluites de la classe obrera.

Davant aquest panorama, des del Partit Comunista Obrer de Catalunya entenem que la classe obrera ha de construir un veritable sindicalisme de classe, que no estigui amancebat per la burgesia i que representi els veritables interessos de classe obrera. Ja ho deia Lenin fa cent anys “perquè a una classe li vagi molt bé, a l’altra li ha d’anar molt malament”. Aquest sindicalisme pel qual lluitem ha de tenir en compte que el grau de putrefacció del sistema capitalista és tal, pel seu caràcter monopolista, que ha preparat l’arribada al socialisme per a les àmplies masses treballadores.

Per tant, aquest sindicalisme ha de unificar la massa atomitzada a les diferents subdivisions artificials (empresa, sector, professió, etc…) cap a la superació del capitalisme. Aquest sindicalisme està materialitzat a l’FSM a nivell internacional i a l’estat espanyol el seu representant és ASC. Però la lluita serà incompleta sempre i quan no es recondueixi cap a la Revolució Socialista que arrasi el sistema capitalista i permeti construir el Socialisme que és l’únic garant del futur i benestar del proletariat.

 

MORT AL SINDICALISME GROC!

PER UN SINDICALISME DE CLASSE!

SOCIALISME O BARBÀRIE!

 

Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya




¿Hacia dónde nos lleva el capitalismo?

La intelectualidad burguesa posee la habilidad de describir y enjuiciar los sucesos de una manera muy particular, pues es capaz de fraguar con hechos reales relatos oportunistas y llevarnos a conclusiones opuestas a la verdad, que penetrarán especialmente en la conciencia de quienes están poco curtidos en política, gentes que suelen caer con demasiada facilidad en sus redes aceptando sus relatos envenenados.

Bajo esta premisa podemos advertir que desde que comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, las crónicas burguesas al complot han creado un relato con la intención de desviar la atención de las clases populares de lo que se está cociendo en las entrañas del capitalismo mundial, en consecuencia, en sus propios países.

En este caso, el relato de los cronistas burgueses contiene un mensaje de insidia para que penetre en el pueblo llano la idea de que el conflicto bélico actual, es por culpa de los rusos, y se puede extender por toda la Tierra poniendo en peligro a la humanidad, por lo que toda la responsabilidad debe recaer sobre ellos. Y bajo esas premisas ¡Europa se tiene que preparar para la guerra contra Rusia! así lo han manifestado varios países del continente y más de uno está ya dispuesto para el posible enfrentamiento.

Sin embargo, la proclama de reforzarse para una posible confrontación internacional es una posibilidad que nadie puede desdeñar, pero es una posibilidad muy remota en estos momentos.  Es por ello, que se trata de un subterfugio que trata de ocultar en la fase real que se encuentra el sistema capitalista, pues la preparación para la “guerra” contra sus propios pueblos se lleva a cabo desde hace algunos años especialmente en Europa y por diversos caminos.

Desde hace más de una década los partidos fascistas están tomando cuerpo en las entrañas de los países europeos, hasta hoy honrados como los más “democráticos” del mundo, porque desde ese tiempo se sabe de la deriva que va a tomar la economía burguesa, como consecuencia de la implantación de las nuevas tecnologías autómatas.

Según las predicciones de la OCDE, alrededor del 2030 “las economías emergentes se hundirán, mientras las economías avanzadas lo harán en el 2060. En su conjunto el mundo estará plano”. Y esto sucederá sin posibilidad de retorno. Millones y millones de trabajadores quedarán sin empleo y malvivirán como mendigos errantes, con una supuesta paga mínima de supervivencia, porque jamás volverán trabajar.

Ante esto, los trabajadores debemos organizarnos y prepararnos en las ciudades, pueblos, barrios… creando un amplio Frente Único y alcanzar nuestro objetivo supremo: EL SOCIALISMO. Socialismo para socializar la robotización, la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico y poner sus enormes beneficios y la abundancia de riqueza que generan al pueblo, que son las masas proletarias y trabajadoras, convirtiéndolo en desarrollo social. ¡Socialismo o barbarie! ¡Socialismo o muerte! Esa es la disyuntiva del mundo actual, o la muerte del capitalismo o la vida de la mayoría de la humanidad eso es lo que se dirime hoy en el mundo y los capitalistas son plenamente conscientes de ello, por eso pretenden llevar a los pueblos a la guerra, por ello prolifera el fascismo.

 

¡POR LA UNIDAD DE LA CLASE OBRERA CONTRA EL CAPITALISMO Y SU ESTADO!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DEL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 17 de febrero de 2024.

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




UGT, como siempre, del lado de la patronal

Recientemente ha informado la prensa de que el Tribunal supremo anulaba subvenciones de 30 millones para la patronal y UGT, valga la redundancia. Se trataban de unas ayudas enfocadas en la digitalización del sector productivo y se han anulado debido a que las actividades ciudadanas han vuelto a la normalidad.

De esos 30 millones unos 20 eran para la patronal y unos 10 para UGT. Esta situación es otra prueba más de que el dinero público no tiene mayor objetivo que el mantenimiento de la clase burguesa y su poder. Será porque en el Estado español la situación de la sanidad es crítica o la educación pública pende de un hilo o las pensiones son una fantasía para las futuras generaciones como para que se destine el dinero público para regar a las empresas para que sus beneficios no se resientan ni en una situación de pandemia mundial.

También cabe destacar que 10 millones iban destinados a mantener funcionando la mejor herramienta que tiene la burguesía en el Estado español para mantener dormido al proletariado: UGT, que una vez más demuestra ser la punta de lanza de la burguesía dentro del propio movimiento sindical. Dicha herramienta debe ser mantenida, aunque la sindicalización esté en mínimos históricos y en este caso estuviese apostando por el teletrabajo y la uberización, un modelo laboral destinado a la eliminación de los lazos de los trabajadores en los centros de trabajo que es uno de los pilares del desarrollo sindical entre los trabajadores.

Además, es de sobra conocido que dicho dinero público no está destinado a desarrollar un movimiento sindical fuerte y con conciencia de clase sino a mantener felices y fieles a los aristócratas de la clase obrera para que maten la posibilidad de adquisición de conciencia de la clase obrera desde dentro, los cuales viven una vida de lujos a costa de la miseria de los obreros.

En conclusión, el sindicalismo vertical desarrollado por UGT y CCOO no es más que una táctica burguesa para mantener su aplastante victoria sobre el movimiento sindical, por tanto, si se ha de acabar con este sistema se ha de atacar incansablemente a estos sindicatos. Desde el Partido Comunista Obrero Español apostamos por un sindicalismo de clase y combativo cuya base de actuación sea rechazar las subvenciones estatales y de la patronal junto a negarse a tener liberados dentro de sus filas. En el Estado español esos principios se materializan en Alternativa Sindical de Clase (ASC) que forma parte de la FSM y que comparte dichos principios. El desarrollo de un movimiento sindical sano, consciente y libre de oportunismo es una pieza clave para la organización de la clase obrera en los centros de trabajo que será un pilar importante para la organización total necesaria para la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo.

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del PCOE