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Ante las elecciones europeas la abstención es la respuesta revolucionaria

La burguesía está poniendo toda la carne en el asador con objeto de arrancar el máximo número de votos para las elecciones europeas, sabedores de las grandes cifras de abstención que prevén, para legitimar los instrumentos mediante los que impone su dictadura y mantiene su hegemonía.

Significativas son las palabras del libelo reaccionario ABC cuando el pasado 9 de marzo señalaba al Pueblo, en referencia a las Elecciones Europeas, que Lo que está en juego es mucho ya que, en el marco de la crisis actual, el objetivo es incentivar la participación y frenar la ola en auge de euroescepticismo y eurofobia que, traducida en representación parlamentaria, podría convertir la Eurocámara en un escenario ingobernable. Euroescepticismo que, según encuestas realizadas por sociólogos burgueses, se amplía entre los pueblos donde 2 de cada 3 europeos están en desacuerdo con la UE, y un 65% de los encuestados reconocen que la UE es responsable de su bajo nivel de vida.

Los periódicos, canales televisivos y tertulias periodísticas – todos ellos en manos de los monopolios capitalistas y al servicio de ellos- llevan en campaña meses y no sólo están haciendo su labor de propaganda en pro de que el Pueblo acuda a votar a los partidos políticos que ellos tienen comprados y sobornados, sino que esta vez han tenido que, además, dar a luz y bombo a oportunistas – PODEMOS, el juez Elpidio Silva, etcétera – ante la bancarrota de la socialdemocracia, todos ellos lacayos del capitalismo. Todo el abanico de opciones que la Banca y los Empresarios ponen para seguir engañando al Pueblo van desde la extrema derecha al oportunismo;  unos culpabilizando de la crisis a la inmigración y al distanciamiento del ultranacionalismo y los valores religiosos. y ubicando la causa de la crisis en los trabajadores que han vivido “por encima de sus posibilidades” y a la falta de austeridad, y otros acusando al bipartidismo y a la necesidad de la “regeneración” democrática cuyo culmen sería una III República burguesa. En definitiva, tan defensores del estado burgués son VOX, PP o PSOE como los UPyD, IU-PCE, PODEMOS y demás siervos oportunistas. Todos ellos coinciden en exculpar al capitalismo putrefacto y todos participan en salvar a la dictadura de la burguesía, en todo caso la discusión la centran en qué máscara portar el instrumento de opresión de la burguesía,  pero ninguno cuestiona que deba ser la burguesía quien siga imponiendo sus dictados. En definitiva, todos ellos forman parte de esta enésima traición al Pueblo Trabajador y, en consecuencia, son defensores del imperialismo y traidores al Pueblo.

España es un eslabón débil de la cadena imperialista. El Pueblo cada día está más alejado de las instituciones burguesas, por las que siente cada vez más aversión. Y la burguesía es plenamente consciente de ello, de que se está jugando el todo por el todo y de lo que conlleva la no legitimación de su sistema por parte del Pueblo, sobre todo teniendo su vista puesta en las próximas elecciones generales de 2015,  tal y como ha expresado Zapatero, que la mejor manera de garantizar la estabilidad del sistema pasa por una coalición de gobierno compuesta por el PP y el PSOE.

El momento histórico requiere llevar al sistema a la deslegitimación más absoluta por parte del Pueblo y a la ingobernabilidad y la abstención, que en este momento es una vía. El Partido debe centrar todos sus esfuerzos en, por un lado, promover la abstención consciente, llevando a la clase trabajadora las razones por las que hoy la abstención y el boicot a las instituciones burguesas son  la respuesta revolucionaria a estas elecciones europeas y, por otro, desarrollar el instrumento político de intervención del proletariado  que aglutine fuerzas para combatir al capitalismo desde su raíz – construcción de un auténtico poder popular –, o lo que es lo mismo, el Frente Único del Pueblo,  y universalizar la unidad de la clase trabajadora en los centros de trabajo y elevar la lucha económica a política haciéndola confluir con el Frente Único del Pueblo.

¡POR LA ABSTENCIÓN! ¡CONTRUYAMOS EL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, CONSTRUYAMOS PODER POPULAR!

¡POR EL SOCIALISMO!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)


 

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¿Etapismo o Socialismo?

Numerosos países de América Latina han elegido el sendero del “progreso” vía hacia el socialismo. Primero el desarrollo y luego el socialismo, suelen decir sus dirigentes y quienes les siguen desde Europa.

El PCOE se ha solidarizado siempre con estos pueblos, porque cada país puede elegir el destino que más les guste; sin embargo, cuando se habla de desarrollo como una etapa hacia el socialismo, aún defendiendo la libertad de elegir por los pueblos, tenemos que ser honestos y expresarnos tal como lo sentimos y lo vemos.

Para Lenin, después del imperialismo no puede haber más que socialismo, y todo lo que se intente por terceras vías, cualquiera que sea el nombre que reciba y más allá de los propósitos que guíen a los líderes, no superará el capitalismo. La revolución bolivariana ha suscitado muchas esperanzas, pero, en aquellos que han renunciado hace muchos años al socialismo científico y que huérfanos de teorías y faltos de experiencias que soporten su abjuración, se aferran a cualquier posibilidad real o no. Resulta muy difícil, siquiera suponer que después de España, Chile, demás abortos, todavía haya partidos y dirigentes que tengan fe en llegar al socialismo por evolución desde las entrañas del capitalismo. Pero los hay y en nuestro país tenemos el ejemplo del PCE-IU, que aún sustentan que desde la Constitución española se puede llegar al socialismo. Exacto, para estos, tiene más credibilidad un papel emborronado que la lucha de clases.

Pero veamos. La primera fase contempla el desarrollo capitalista de la nación para dar bienestar al pueblo, adquirir la tecnología necesaria para luego, siempre un luego indeterminado, poder iniciar la etapa socialista. Para un marxista es fácil desmontar esta teoría viciada y desahuciada por la historia, pero no lo es para todo un pueblo que ha depositado sus ilusiones en un líder carismático y querido.

En primer lugar, hay que contar con que las grandes burguesías nacionales e internacionales deben estar dispuestas para sacrificarse. ¿Es pensable que la burguesía imperialista se instale en Venezuela, Bolivia o en cualquier otro país, para cooperar con sus gobiernos a que la liquide? ¿Es pensable que una empresa española, pongamos el ejemplo de AYESA, con capital institucional, que reprime los derechos sindicales de sus trabajadores, que está despidiendo impunemente, que ha congelado los salarios desde hace años, etc.,  vaya a ir a América Latina para ayudar a los gobiernos a elevar el nivel de vida de sus trabajadores sabiendo que después va a ser sacrificada? No, puesto que de  empresas imperialistas están llenas las naciones “etapistas”:  se instalan allá porque van a explotar aún más a sus trabajadores que a lo españoles, rusos…, porque sus salarios son más bajos. Van allá para acaparar mercado, adquirir poder económico y también político. Van allá para pelear contra los otros imperios y arrebatarles cotas de mercado y de poder.

Mucho de incauto debemos tener si creemos que los Estados Unidos, cuya credencial más fiable es la de haber intervenido en 70 golpes de estado y la mayor de las veces en América Latina, se va a quedar quieto y renunciar a su imperio, por no sabemos qué.

En virtud del proceso gradual, ha llegado Lula a transformar a su PT en una organización al servicio de industriales, sustituyendo las reivindicaciones de los trabajadores por los objetivos de los capitalistas. Por el “etapismo”, o sea, por convivir con los imperialistas, Evo Morales ha tenido que responder contundente a las protestas de indígenas.

Los supuestos teóricos, en los que basan los países etapistas para convivir con el capitalismo durante una primera etapa sin fecha de caducidad, son falsos. Se trata de alcanzar la independencia antiimperialista. Pero como sabemos la independencia de un imperio capitalista en el modo de producción burgués, durante la fase del imperialismo, es una burda patraña, pues solo se puede dar en el socialismo. Pero los etapistas hacen juegos malabares para convencernos de que no es así, que basta con desligarse de EE.UU , el único imperio según ellos, y llegar a acuerdos con los países emergentes, especialmente Rusia y China, e incluso se admitió en tiempo que España “subimperialista” podría entrar en este juego.

Mucho tenemos que pensar y mal, para llegar a la conclusión que Rusia, China y España, acuden al mercado latinoamericano con fines altruistas y no imperialistas. Pero este es el único sostén teórico que puede sustentar una tal locura. De China ya hemos hablado en varias ocasiones y para no crear una polémica que descentre el tenor literal y central del presente escrito, nos referimos a Rusia. ¿Es Rusia un país capitalista o socialista? Las empresas rusas que intentan arrebatar a los EE.UU el mercado, ¿pertenecen al estado capitalista y a la propiedad privada, o al pueblo ruso? Por cualquier lado que miremos y analicemos llegamos a la conclusión que América Latina, al igual que Oriente Medio, África y Asia, están en estos momentos de grave crisis en el centro de las disputas interimperialistas, que se va agudizando aceleradamente, con evidente peligro para la humanidad.

El centro vital de la revolución bolivariana y del etapismo, lo conforma actualmente Venezuela, que por cuestiones económicas, y porque a juicios de todos, lleva su proceso en varios escalones más arriba que los demás países. Pero Venezuela, de lleno en el etapismo, es decir, en el capitalismo todavía, no ha logrado desterrar una corrupción propia de un país clasista, que ya se hace eterna y que junto con la falta de seguridad social, el deficiente abastecimiento y la presión del capital endógeno para que el gobierno devalúe la moneda, más una oposición fuerte, asesorada y pagada por EE.UU y Europa, no ofrece muchas garantías de consolidación y longevidad al pretendido desarrollismo.

No hay que ser un lince para saber que si Venezuela cae, el destino de América Latina se complicará. Lo preocupante, no es que nosotros nos demos cuenta, sino que los EE.UU. saben muy bien que asestando el golpe mortal a Venezuela, el viejo imperio recuperaría su tarta sin tener que repartir trozos con nadie.

EE.UU y Europa lo han intentado ya y lo volverán a hacer mientras vean la posibilidad de derribar el chavismo que estorba por esos lares para su reconquista. La reconquista de América Latina sería un duro golpe para la política de expansión de los “países” emergentes y situaría a los yanquis y a Europa en inmejorables condiciones para continuar la lucha por el poder el mundo.

Las tres muertes y los 23 heridos ocasionados por los opositores al régimen venezolano, es un aviso fuerte y contundente, de que el proceso de un golpe de estado está en marcha. La intención es producir el caos que provoque una guerra civil y la posterior intervención del imperialismo americano, para imponer el orden, su orden. No hay tiempo que perder en dudas, se requiere firmeza y rotundidad e inmediatamente las transformaciones radicales que permitan al pueblo hacerse con la situación. De lo contrario, una vez más correrá la sangre de mártires inocentes sobre la que el imperio recuperará su paraiso.

El PCOE denuncia las tretas del imperialismo para conducir a Venezuela hacia su muerte, y nos solidarizamos con el gobierno de Maduro en la inteligencia de que sabrá imponer los intereses vitales de su nación frente a falsas disquisiciones y dudas peligrosas que nos hagan recordar de nuevo a nuestros hermanos de CHILE.

FUERA EL IMPERIALISMO DE VENEZUELA

¡VIVA LALUCHA DEL PUEBLO VENEZOLANO!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

 

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“Nuevas” caras para viejas farsas revisionistas

“El objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo”: esta expresión proverbial de Bernstein pone en evidencia la esencia del revisionismo mejor que muchas largas disertaciones. Determinar su comportamiento caso por caso, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo, sacrificar esos intereses cardinales en aras de las ventajas verdaderas o supuestas del momento: ésta es la política del revisionismo. Y de la esencia misma de esta política se deduce, con toda evidencia, que puede adoptar formas infinitamente diversas y que cada problema más o menos “nuevo”, cada viraje más o menos inesperado e imprevisto de los acontecimientos — aunque sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto –, provocará siempre, sin falta, una u otra variedad de revisionismo.

V.I. Lenin “Marxismo y revisionismo” (1908)

 

 Ocurre con Lenin algo que cualquiera puede constatar acudiendo a su abundante obra teórica; sus escritos, parecieran estar redactados ayer mismo. No en vano, correspondió al bolchevismo el gran mérito de desnudar y poner en evidencia, ya desde su origen, al revisionismo y todas sus derivaciones nacionales. No cabe duda que la histórica victoria del proletariado en 1917, certificó la derrota más apabullante de esta corriente burguesa, cuya forma más acabada en Rusia correspondió al menchevismo.

Bastaría con un somero repaso a la historia, para ver como la quinta columna revisionista, ha tratado siempre de salvar el statu quo capitalista, como parte nuclear de la ideología dominante burguesa inoculada en el movimiento obrero y socialista. A su “padre fundador”, Eduard Bernstein, le bastó un corto período de auge capitalista y un SPD bien nutrido con las jugosas rentas del colonialismo, para negar la lucha de clases y afirmar la “buena nueva”; el tránsito pacífico del capitalismo al socialismo a través del Estado burgués y la propia clase dominante, entregando al proletariado a los intereses de su declarado enemigo de clase. Llegó la Comuna de 1871 – sucesora de la revolución de 1848 y antecesora de la de 1917-, y el revisionista germano no pudo más que correr raudo a las faldas de su burguesía, donde siempre se mantuvo emboscado; ¡resultó que la lucha de clases era el motor de la historia y que el Estado burgués era una máquina represiva contra el proletariado!

Otro ínclito revisionista siguió sus pasos, el renegado Karl Kautsky -también del SPD, la misma organización que en su deriva revisionista, mandó asesinar a los camaradas Karl Liebnecht y Rosa Luxemburg en las calles de Berlín-, postulando la aberrante “teoría” del “ultraimperialismo”, al objeto de negar de igual forma la lucha de clases e insistir en el tránsito pacífico hacia el “socialismo”, también a través del Estado burgués. Al parecer, el dominio del capital monopolista extirpaba la posibilidad de guerras y aminoraba las contradicciones de clase. Pero por esos “caprichos de la historia”, estalló la primera guerra imperialista en 1914, y el renegado –tal y como le sucedió a su maestro- quedó retratado para los anales de la historia, votando los créditos de guerra para apoyar a su burguesía imperialista, contribuyendo así al saqueo de mercados y materias primas foráneas y mandando al matadero a millones de obreros alemanes, franceses, ingleses o rusos, contribuyendo así a dar la puntilla final a una II Internacional putrefacta y netamente antiobrera.

He aquí unas breves pinceladas históricas acerca de dos de los más insignes representantes del revisionismo, dos dirigentes de la socialdemocracia del siglo XIX y principios del XX que por saborear las mieles capitalistas, no tuvieron empacho en traicionar los intereses del proletariado en su propio beneficio, transformando al SPD de Marx y Engels en una patética gestoría política al servicio de la clase dominante, la misma que aún hoy sufren millones de trabajadores alemanes. Porqué en definitiva, el revisionismo oportunista es exactamente esto; hacer del socialismo científico, de la ideología proletaria, una caricatura grotesca, vaciar al marxismo de su inobjetable contenido revolucionario, convertir la concepción materialista del mundo en un absurdo idealismo, mutilar el análisis dialéctico a fin que la vieja metafísica burguesa se abra camino alienando a las masas laboriosas, incapacitándolas tanto en el plano teórico como práctico ¡El movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada! grita el revisionismo oportunista, mientras el no menos oportunismo izquierdista responde ¡El objetivo final lo es todo, el movimiento no es nada!. El socialismo científico responde con contundencia; lo esencial es el objetivo final, pero es necesario el movimiento para aproximarse al objetivo.

El revisionismo, desde sus orígenes y hasta hoy, ha mantenido siempre sus esencias de origen, aún cuando haya tomado mil y una formas a la hora de manifestarse. Aparece en el interior de los partidos obreros socialdemócratas, justo cuando éstos establecen su hegemonía entre el proletariado en base a los principios emanados del marxismo. Tal circunstancia provocará el pánico entre explotadores y parásitos, que activarán su particular caballo de Troya a fin de destrozar a la II Internacional “desde dentro”. Serio revés se llevarán unos y otros con el “inesperado” triunfo revolucionario y socialista en la Rusia de 1917 y con la implacable lucha que el bolchevismo librará contra esta manifestación de la ideología burguesa, dando lugar a la III Internacional. Sin embargo, y como bien sabemos, la historia no es ni puede ser lineal, y pronto la burguesía -tras volver a ser sorprendida y derrotada en las trincheras por su enemigo de clase (1945)-, volverá a activar sus palancas oportunistas ante el pánico a la revolución socialista y “la expansión comunista”. Si a finales del siglo XIX lo hizo desde el interior de los partidos obreros socialdemócratas, a lo largo del siglo XX lo hará ya desde el interior del propio movimiento comunista internacional, empezando por el mismísimo PCUS. De esta forma, el revisionismo soviético que abre el retorno de la URSS al capitalismo en los años 50, postulará la “coexistencia pacífica” (de nuevo la negación de la lucha de clases), que a su vez dará lugar a la “reconciliación nacional” carrillista (eurocomunismo) y llegará hasta la “comunión de intereses entre burguesía y proletariado nacionales” (maoísmo).

Echando una ojeada al actual momento histórico que vivimos, se puede constatar los grandes servicios que esta pléyade revisionista gestada a mediados del siglo XX, ha prestado a sus jefes burgueses Sólo hay que ver cuán ufana se muestra la oligarquía recordando a ese gran “hombre de Estado” (burgués, como no), que fue Don Santiago Carrillo, pieza clave para entender la actual situación del pueblo trabajador en España. Sólo hay que ver la situación actual de Rusia y China, donde la oligarquía campa a sus anchas formando un bloque imperialista en continua disputa con al bloque imperialista rival galvanizado entorno a la OTAN, ambos ávidos por disputarse nuevos mercados y materias primas que expoliar. He ahí las consecuencias del revisionismo en todas sus manifestaciones nacionales; blindar el régimen capitalista allí donde reina, restaurarlo allí donde no lo hace.

Hoy, disfrazados de “socialistas” o “comunistas”, los mismos perros revisionistas pero con distinto collar, bajo el contexto de una nueva crisis capitalista de sobreproducción, vuelven a menear la cola a modo de vulgares réplicas de Bernstein. ¡Y no nos coge por sorpresa! Así será mientras subsistan las relaciones de producción capitalistas, así será mientras la pequeña burguesía siga insuflando la ideología dominante sobre las capas más rezagadas de la clase obrera. Así será hasta que los bolcheviques del siglo XXI no consigamos volver a reconstruir lo que con tanto empeño consiguió demoler la oligarquía imperialista y sus títeres revisionistas. Multiplicidad de formas para confluir siempre en una misma estafa, mil veces “teorizada y revisada”; negación de la lucha de clases, conciliación de intereses contrapuestos entre opresores y oprimidos, creencia cuasi religiosa en la eternidad del capitalismo y la institucionalidad burguesa que le acompaña, negación de la clase obrera como sujeto revolucionario –e incluso de su propia existencia- y por tanto de la revolución socialista y la dictadura del proletariado, difamación de cualquier experiencia socialista que amenace el orden establecido…una estafa que acompañada de una siempre bien calculada fraseología “izquierdista”, pretendidamente “moderna”, cumple a la perfección el paradigma gatopardiano; ¡cambiar todo para que nada cambie!

Y sin embargo;

La burguesía, cuyo dominio defienden ahora los socialistas que hablan contra la ‘dictadura en general’ y enaltecen la ‘democracia en general’, conquistó el Poder en los países avanzados a costa de una serie de insurrecciones, de guerras civiles y de represión violenta contra los reyes, los feudales, los esclavistas y contra sus tentativas de restauración. Los socialistas de todos los países, en sus libros y folletos, en las resoluciones de sus congresos y en sus discursos de agitación, han explicado miles y millones de veces al pueblo el carácter de clase de estas revoluciones burguesas y de esta dictadura burguesa. Por eso, la actual defensa de la democracia burguesa en forma de discursos sobre la ‘democracia en general’ y el actual vocerío y clamor contra la dictadura del proletariado en forma de gritos sobre la ‘dictadura en general’, son una traición directa al socialismo, el paso efectivo al lado de la burguesía, la negación del derecho del proletariado a su revolución proletaria, la defensa del reformismo burgués precisamente en un momento histórico en que este reformismo ha fracasado en todo el mundo” (Lenin. I Congreso Komintern, 1919)

Cuando el pueblo trabajador sufre los zarpazos sistemáticos de la oligarquía financiera, la explotación, represión y empobrecimiento generalizado, la clase dominante –una vez más-, vuelve a activar sin mesura su arma predilecta; el revisionismo oportunista. En estos últimos años y días, hemos podido contemplar como los herederos del eurocomunismo carrillista -desde IU a “Podemos” pasando por “Proceso Constituyente”, -responsables directos del actual estado en que nos encontramos-, salen raudos en defensa de los engranajes de este régimen criminal, en defensa de sus jefes oligarcas, usando a discreción ese manido y ya clásico discurso “moderno e izquierdista”. Los mismos pequeñoburgueses que defecan sus miserias sobre el marxismo-leninismo, ganándose el aplauso y capital de sus jefes, que claman contra los “dogmáticos” y “anticuados” -¡precisamente hoy!-, salen a la palestra ofreciéndonos toda su retahíla oportunista acerca de la “democracia en general”, calcando las recetas burguesas del revisionismo más lustroso de los siglos XIX y XX. ¡He ahí los “modernos izquierdistas” prefabricados en las usinas burguesas! ¡Qué extraordinaria “novedad” la de los señores Pablo Iglesias o Julio Anguita! ¿Dónde quedará esa delgada línea roja que “diferencia” a los Lara, Iglesias o Anguita de los Bernstein o Carrillo de antaño?

Por ahí andan los “nuevos” viejos revisionistas, copando horas y horas en esas particulares “Pymes” como Grupo Planeta o Mediaset, lanzando sus ardientes soflamas redentoras; “hay que mejorar la “democracia” (en general) y reformar las instituciones nacionales e internacionales”. Pero ¿cómo reformar lo irreformable? ¿Cómo se reforma una dictadura burguesa que tiende irrefrenablemente al fascismo? ¿Cómo se reforma un Estado burgués al servicio de los grandes monopolios industriales y financieros? ¿Cómo se reforma un parlamento moribundo cuyos integrantes se encuentran a sueldo de la oligarquía financiera? ¿Cómo se reforma esa cueva de parásitos imperialistas llamada UE? Nuestras criaturas bernsteinianas lo tienen claro; ¡votando por ellos! He ahí el tránsito pacífico del “capitalismo salvaje” al “capitalismo de rostro humano” ¡pues estos estafadores ya ni siquiera se atreven a mentar al socialismo! Por eso adoptan con furor el keynesianismo –bautizado como el “salvador del capitalismo de los años 30”-, como si sus premisas pudieran implementarse a las relaciones de producción capitalistas del siglo XXI. Olvidando el fondo de la cuestión, nos hablan de “democracia directa”, “república”, “proceso constituyente”, “antineoliberalismo”, “dación en pago”, “banca pública”, “listas abiertas” “inversiones en la economía real”… ¡la clase trabajadora ha muerto, el capitalismo es inmutable (basta con acabar con el “neoliberalismo”), el imperialismo un mito, el movimiento lo es todo!

Marx es atacado con igual celo por los jóvenes doctos que hacen carrera refutando el socialismo, como por los decrépitos ancianos que conservan la tradición de toda suerte de anticuados “sistemas”. (Marxismo y revisionismo, 1908)

De nuevo Lenin, martillo implacable de revisionistas, cobra una actualidad sorprendente; ¿quién mejor que el profesor Pablo Iglesias Turrión ejemplifica hoy a esos “jóvenes doctos” que “hacen carrera refutando el socialismo”? ¿Quién mejor que el miembro y exdiputado de IU Julio Anguita ejemplifica hoy a esos “decrépitos ancianos” que “conservan la tradición de toda suerte de anticuados sistemas”? El último eslabón del sistema, IU, se revuelve dando a luz infinitas plataformas pequeñoburguesas dispuestas a insuflar “legitimidad” a este régimen burgués putrefacto, justo en el preciso momento en que el movimiento obrero y popular, comienza a levantar cabeza empujado por la digna lucha del Gamonal burgalés. He ahí la flor y nata de la “intelectualidad progresista”, serviles funcionarios del Estado como Juan Carlos Monedero y fervientes defensores de los innumerables crímenes de la OTAN como Santiago Alba Rico, siempre emboscados bajo su infantil fraseología “izquierdista”. Ahí están los que para tapar su irrefrenable eurocentrismo imperialista, son capaces de vislumbrar “soviets en Bengasi” para justificar un genocidio más de la OTAN, ahí están los que demonizan la valiosa experiencia histórica de la URSS, al tiempo que nos señalan su particular paradigma “socialista”; ¡ni más ni menos que Venezuela! Ahí están los que nos intentan hacer tragar unas relaciones de producción netamente capitalistas y una institucionalidad netamente burguesa como ¡”socialismo del siglo XXI”! ¡Los mismos que hoy, en una Libia expoliada, sometida y desangrada, no tienen a bien emitir ningún “manifiesto marxista”!

Como en tiempos de Bernstein o Kautsky, nunca fue tan cierta la premisa leninista “La lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa sino va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo.

Los peleles del IBEX-35 nos llaman a “votar”, intentando reconducir la rabia popular hacia sus adoradas urnas de cristal, mientras la esclavitud y la miseria se extienden como una plaga sobre millones de trabajadores. Con todos los altavoces del capital monopolista a su servicio, henchidos de su irrefrenable ego pequeñoburgués, nos ruegan que legitimemos la criminal política de la troika, que les facilitemos otra cómoda butaca burguesa en Bruselas a 6000 euros por barba, pues ellos son los “elegidos” ¡Tal y cómo si el PIE (Partido de la Izquierda Europea), no llevara largas décadas en Estrasburgo, actuando como un dócil instrumento al servicio de esa escoria imperialista que nos somete a diario!

Basta con fijarse en sus “propuestas”; hay que“mover ficha para que la ciudadanía decida, no la minoría egoísta que nos ha traído hasta aquí”, hay que promover “un proceso constituyente para impulsar la III República”, a imagen y semejanza de aquella II República ya superada por la historia. Ni siquiera el idealismo más primitivo y religioso es capaz de llegar a cotas tan ridículas. Estos alquimistas pequeñoburgueses, vienen a decirnos que la explotación y miseria de la clase obrera, no es fruto de las leyes intrínsecas del modo de producción capitalista en su actual fase de desarrollo, que el Estado burgués es una especie de ente hegeliano que gravita “por encima de las clases”, qué todo deriva del “egoísmo” de unos pocos, de su “mal hacer”; ¡hay que convencer a Botín, Ortega o Brufau, hacerlos más “solidarios”! Y para eso están ellos, para obrar el milagro desde las urnas. Hay que “reformular” la constitución burguesa del 78 y “construir la III República”, y si es preciso retrotraernos a 1931; no importa el contenido de clase de la misma ni el régimen económico sobre el que se sustente, pues bastará con qué los borbones hagan las maletas para recuperar la “vocación pública y la democracia”. Para nuestras “estrellas” revisionistas ya no es el ser social el que determina la conciencia, ¡sino justamente a la inversa! La misma farsa burguesa, la misma basura revisionista que sólo busca blindar los intereses de la oligarquía, alargar la agonía de millones de trabajadores y clases populares.

Cuando se habla de lucha contra el oportunismo, no hay que olvidar nunca un rasgo característico de todo el oportunismo contemporáneo en todos los terrenos: su carácter indefinido, difuso, inaprehensible. El oportunista, por su misma naturaleza, esquiva siempre plantear los problemas de un modo preciso y definido, busca la resultante, se arrastra como una culebra entre puntos de vista que se excluyen mutuamente, esforzándose por ‘estar de acuerdo’ con uno y otro, reduciendo sus discrepancias a pequeñas enmiendas, a dudas, a buenos deseos inocentes, etc., etc.” (Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904)

Ante la debacle de la socialdemocracia burguesa, el oportunismo encuadrado en IU y sus diferentes escisiones, sale a la palestra mediante sus buenas dosis de indefinición. Incapaces de vislumbrar los rasgos fundamentales de todo régimen capitalista, de su evolución histórica, adoptan por completo las recetas políticas de la socialdemocracia revisionista de inicios del siglo XX, tal y como si el mundo se hubiera detenido. Hasta un imberbe estudiante de instituto, sabe que lo que la burguesía y sus lacayos llaman “estado del bienestar”, no fue más que la vacuna oportuna para evitar la revolución social, y que lejos de representar un “triunfo de la socialdemocracia”, no fue más que una victoria parcial de la clase obrera, que por aquellas fechas presionaba tanto en lo interno como en lo externo, merced al poderoso empuje proporcionado por el triunfo de la Gran Revolución Socialista en Rusia. ¿Cómo es posible “defender lo público” cuando se niega a la clase trabajadora y se olvida, cuando no se difama, la rica experiencia histórica del movimiento obrero y comunista?

Como diría el gran Silvio Rodríguez;

Que fácil es engañar al que no sabe leer,cuantos colores, cuantas facetastiene el pequeño burgués.Que fácil es trascender con fama de originalpero se sabe que entre los ciegosel tuerto suele mandar.Que fácil de apuntalar sale la vieja moralque se disfraza de barricadade los que nunca tuvieron nada,que bien prepara su mascaradael pequeño burgués.” (Canción en harapos)

Los comunistas nos conocemos las mascaradas de estos viejos revisionistas al dedillo. Hoy como ayer, la clase obrera y el pueblo trabajador no precisa de pulcros “ciudadanos” prestos a reformar lo irreformable, sino organización y conciencia de clase para encarar la imprescindible ruptura revolucionaria que arranque de raíz las actuales relaciones de producción capitalistas, liquidando desde sus cimientos la maquinaria estatal burguesa. No se trata de “dogmatismos”, sino de intereses de clase. El PCOE combate sin reparos al revisionismo, no en virtud de abstracciones y absurdos dogmas, sino en defensa del proletariado del que sus militantes forman parte indisoluble. No es el revisionismo un fenómeno “nuevo”, es algo tan viejo y caduco como el propio capitalismo que le da vida, por más que sus cabecillas traten de “trascender con fama de original”;

El revisionismo o ‘revisión’ del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal, de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios (…)Lenin

Hoy, en pleno año 2014, el capitalismo monopolista y la oligarquía financiera mantienen al Estado español a su entero servicio, ese es uno de los rasgos característicos del imperialismo. El desarrollo de las fuerzas productivas ha llegado a su grado máximo, profundizando la contradicción nuclear del régimen, la que confronta el carácter social de éstas con unas relaciones de producción basadas en la apropiación privada. Las condiciones objetivas para llegar al socialismo, sin etapas intermedias, ya están dadas. Nunca antes hubo tantos trabajadores asalariados ni estos tuvieron mayor capacitación en este país, nunca antes el núcleo productivo del Estado estuvo concentrado en tan pocas manos en todos los sectores de la economía española, nunca antes el capital arrancó mayores porcentajes del PIB ni el IBEX-35 y sus satélites acapararon mayores beneficios privados a costa del trabajo social ajeno, extrayendo monstruosas plusvalías en base a la propiedad privada sobre los medios de producción. La explotación capitalista ha alcanzado cotas desconocidas, mostrando innumerables síntomas de descomposición, que señalan los límites históricos de este modo de producción agotado y corroído por sus propias leyes universales. A cada día que pasa, se profundiza el carácter reaccionario del régimen.

A través de sus inevitables procesos de expansión y retroceso, hoy el imperialismo –síntesis de la dictadura de los grandes capitales- sólo puede ofrecer a millones de trabajadores salarios de miseria, largas jornadas de trabajo en condiciones deplorables, desempleo y emigración en masa, sólo puede ofrecer a las masas laboriosas mayores dosis de miseria y degradación. A cada crisis capitalista de sobreproducción, sobreviene una mayor y más brutal escasez para el pueblo trabajador, mientras la abundancia más aberrante inunda las arcas de la oligarquía financiera y la de sus lacayos políticos y sindicales. Estando las condiciones objetivas maduras para el socialismo, son las subjetivas las que no caminan acordes al momento histórico que vivimos, de ahí la enésima estafa pergeñada por el revisionismo oportunista. La clase trabajadora se encuentra huérfana de los instrumentos más esenciales para parar el golpe y pasar de inmediato a la ofensiva, y es ella, somos nosotros, los que pagamos las duras consecuencias.

Los comunistas del PCOE, partiendo de un análisis materialista y dialéctico, no cerramos los ojos a la realidad que vivimos ni nos dejamos arrastrar por el derrotismo, el sectarismo o los aberrantes atajos revisionistas, pues somos plenamente conscientes de la necesidad de volver a dotar al proletariado de las herramientas históricas que precisa para renacer de sus cenizas. De ahí nuestro trabajo paciente y silencioso a la hora de trabajar por la reconstrucción del sindicalismo de clase y de consolidar la Central Sindical Única que contribuya a romper en mil pedazos el oportunismo en el movimiento obrero, de ahí el trabajo militante para construir las estructuras del Frente Único del Pueblo, organizando a la clase trabajadora en nuestros centros de trabajo y fundiéndola a las clases populares de nuestros barrios. De ahí que los marxistas-leninistas no cejemos en el empeño de fortalecer el arma más efectiva para los explotados y oprimidos; el Partido de Nuevo Tipo, el Partido Leninista.

El PCOE es plenamente consciente que el motor de la historia es la lucha de clases, y en base a ello considera al proletariado el único sujeto revolucionario capaz de sepultar a los enemigos declarados del pueblo trabajador. El proletariado no es ni puede ser una “idea”, una foto fija, una caricatura estandarizada o una abstracción metafísica. Es un sujeto histórico revolucionario moldeado tras largas décadas de explotación, un cuerpo social vivo del que forman parte millones de individuos, por más que el revisionismo se empeñe en negarlo acorde a los intereses de clase a los que se debe. El proletariado representa una realidad objetiva, como formación social que ostenta una posición común en el proceso productivo capitalista, desprovisto de medios de producción y por tanto obligado a vender su fuerza de trabajo a la burguesía propietaria para poder sobrevivir y seguir alimentando el ciclo original de acumulación del capital (D-P-M-D´). Nunca antes en la historia el proletariado ha sido tan esencial como hoy, tan estratégico tanto en el plano cuantitativo como cualitativo.

Si hoy la burguesía nos mea encima sonriente y segura, si hoy el oportunismo nos dice que eso que nos empapa no es más que pura lluvia, merced a su “buen hacer”; si hoy nos explotan convirtiendo el derecho laboral burgués en simple derecho a la esclavitud asalariada, si hoy nos desahucian, nos mandan al desempleo, al exilio, nos arruinan, embrutecen y reprimen con saña, tal situación no es fruto de “una maldición divina” o de “la mala gestión de los políticos”. Es consecuencia de largas décadas de desorganización y atomización, de ruptura de los vínculos de clase que nos unen, de traición infame de estos mismos revisionistas que hoy mendigan un voto para sus plataformas, tomándonos por estúpidos. Aprovechando una nueva crisis, la clase dominante pasa el rodillo, sabedora de que existiendo una poderosa clase obrera “en sí”, ésta carece de los instrumentos imprescindibles para convertirse en una clase obrera “para sí”, capaz de lanzarse al combate y de apuntillar este régimen criminal. ¡Es por ello que sus fieles siervos revisionistas se afanan en hablar de “ciudadanía” y enterrarnos en vida!

El PCOE, hostil frente a la burguesía y sus satélites oportunistas, seguirá trabajando incansable para fundir al proletariado con su vanguardia leninista, seguirá organizando las estructuras del Frente Único del Pueblo, integrado por el conjunto del pueblo trabajador masacrado por el capital monopolista, seguirá puliendo los pilares maestros de la revolución socialista y abogando sin fisuras por la dictadura del proletariado. Mientras los siervos “izquierdistas” de la burguesía se dedican a mendigar votos y rendir pleitesía a la troika y sus criminales, el PCOE seguirá abriendo camino entorno a la reconstrucción del movimiento obrero desde los centros de trabajo, universalizando la unidad de los Comités de Empresa dotándola de una dirección emancipadora – Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores-, contribuyendo a la Construcción del Sindicato Único de Clase (CSC) y reconstruyendo el movimiento estudiantil (FJCE), a fin de confluir la lucha de todos los sectores del proletariado en un solo Frente Único del Pueblo. No hay otro camino. En el momento actual que vivimos, sólo dos vías se abren camino; reconstrucción del movimiento obrero y popular o esclavitud asalariada y miseria. Basta echar un vistazo a nuestros centros de trabajo y barrios para concluir que, frente a la barbarie cotidiana, el socialismo ya no representa una alternativa, sino una imperiosa necesidad para la mayoría productiva.

Los que mantenemos en alto las banderas de la clase obrera y el socialismo, los que hoy más que nunca seguimos fieles a los principios del marxismo-leninismo, los que sin complejos hoy nos llamamos COMUNISTAS asumiendo con orgullo nuestra experiencia histórica como vanguardia del movimiento obrero y popular, no podemos más que denunciar y combatir frontalmente a este viejo revisionismo al que la clase dominante no cesa de ponerle “nuevas” caras para seguir con la vieja farsa.

Ni el movimiento lo es todo, ni como muchas sectas izquierdistas proclaman el objetivo lo es todo. El PCOE considera igualmente traicioneros a ambos oportunismos. ¡Ni mencheviques ni otzovistas! No son tiempos para seguir paralizados e inermes, pero tampoco para pasar al asalto directo y suicida cuando la correlación de fuerzas sigue siendo desfavorable. Son tiempos de asediar la fortaleza, de acumular fuerzas, de crear poder popular, de aproximar el movimiento hacia nuestro irrenunciable objetivo final; el socialismo. La tarea irrenunciable de los comunistas en el momento actual que vivimos, no puede ser otra que organizar la revolución socialista.

No hay otra salida; ¡Crear uno, dos, tres, muchos Gamonal!

¡Sin tregua al revisionismo oportunista!

¡Por la construcción del poder popular, por la construcción del FUP!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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Contra el nacionalismo

El fenómeno nacionalista ha sido históricamente, y aún hoy continúa siendo, un tema de vital importancia. Los comunistas debemos ofrecer un análisis científico y riguroso de esta cuestión, que permita dilucidar cuál es la naturaleza de este fenómeno y qué estrategia trazar ante él.

El análisis marxista de la cuestión nacional ha sido tergiversado por múltiples teóricos y organizaciones, que llevan a cabo una defensa obstinada del nacionalismo mientras enarbolan la bandera del marxismo-leninismo. Ante los falseadores, los comunistas debemos ofrecer una contundente respuesta teórico-práctica, desenmascarando a estos oportunistas ante la clase obrera.

El nacionalismo es un fenómeno netamente burgués y que sirve a los intereses de dicha clase. La burguesía halla en el nacionalismo un método para dividir al proletariado de las distintas naciones y pueblos, fomentando enfrentamientos entre ellos que tan solo sirven a los intereses de la clase burguesa y que debilitan al Movimiento Obrero. En contraposición al nacionalismo burgués, el proletariado debe regirse por los principios del internacionalismo, que fomenta la hermandad y la solidaridad entre los obreros y las obreras de todos los países.

Ahora bien, no debe confundirse el nacionalismo con el derecho a la autodeterminación de las naciones. De hecho, estos conceptos no son en absoluto sinónimos e incluso, en determinados contextos, éste primero puede convertirse en un impedimento para el ejercicio del segundo. Lenin, con respecto a esta cuestión, afirmaba:

«Hay gentes a quienes les parece “contradictorio” que esta resolución, al reconocer en su punto cuarto el derecho a la autodeterminación, a la separación, parece “conceder” el máximo al nacionalismo (en realidad, en el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de todas las naciones hay un máximo de democracia y un mínimo de nacionalismo), y en el punto quinto previene a los obreros contra las consignas nacionalistas de cualquier burguesía y exige la unidad y la fusión de los obreros de todas las naciones en organizaciones proletarias internacionales únicas. Pero sólo inteligencias absolutamente obtusas pueden ver aquí una “contradicción”.»i

Las naciones deben poder ejercer su derecho a la autodeterminación, lo cual en ningún caso implica la defensa del nacionalismo. Pero la lucha por este derecho de las naciones es una frase vacua si no se subordina al problema general de la lucha de clases; pues tan solo el socialismo es capaz de garantizar este legítimo derecho de las naciones, estando éste en el capitalismo sometido a los intereses del gran capital financiero y no a la voluntad de las clases populares.

En el caso concreto del Estado Español, es cierto que las diversas naciones oprimidas no alcanzaron su emancipación, como sí lo hicieron la mayor parte de naciones europeas tras la llegada del capitalismo: las burguesías de las naciones oprimidas lideraron procesos de liberación nacional que dieron lugar al Estado nacional. En el Estado Español, en cambio, no tuvo lugar tal proceso debido al lento e incompleto desarrollo del capitalismo durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX; dando lugar así a un Estado plurinacional.

Pero las respectivas burguesías de las naciones oprimidas –Euskadi, Galicia y Cataluña-, no están siendo sometidas por la burguesía de la nación opresora –la española-, sino que conforman junto a ella un bloque oligárquico único basado en sus intereses comunes: explotar y parasitar el trabajo de la clase obrera española, catalana, gallega y vasca. Pero este bloque hegemónico de las diferentes burguesías nacionales tiene también sus propias contradicciones internas, fruto del interés de las burguesías de las naciones oprimidas de imponer su exclusiva dictadura en su territorio nacional.

Tal es la naturaleza del proceso de liberación nacional que observamos a día de hoy en Cataluña, impulsado por la burguesía catalana y sus representantes políticos. Dicho proceso independentista tiene una naturaleza netamente burguesa: nace a partir de la contradicción entre la burguesía española y la burguesía catalana, pues ésta segunda desea imponer su hegemonía. Para este fin, la burguesía intenta embaucar a la clase obrera y a los demás sectores populares; con el inestimable apoyo de la pequeña burguesía y de los oportunistas.

¿A caso el proletariado catalán, gallego o vasco no continuaría estando sometido a la explotación de la burguesía en caso de que se independizaran sus respectivas naciones? La clase obrera de las naciones oprimidas no tiene interés en sustituir la dictadura del bloque formado por la burguesía central y las nacionales, sino en derrocar a toda la clase burguesa –independientemente de su nacionalidad- e instaurar la dictadura del proletariado, para edificar el socialismo, que será garante de igualdad entre las naciones y concederá el verdadero derecho a la autodeterminación.

No cabe duda, pues, de que los intereses objetivos del proletariado –sea el español, el catalán, el vasco o el gallego- son comunes, y que su lucha debe librarse de manera conjunta, pues su enemigo es común. Las nacionalidades no pueden ser un impedimento para la unión fraternal de los obreros, pues eso es lo que pretende la burguesía inoculando al proletariado el nacionalismo.

Los obreros de las naciones oprimidas no tienen nada en común con su burguesía nacional, y lo tienen todo en común con sus hermanos proletarios de las demás naciones.

Ahora bien, las contradicciones entre burguesías de diferentes naciones encuadradas en un mismo Estado, no solo generan una reacción nacionalista en las naciones oprimidas, sino que también dan lugar a un movimiento nacionalista en la nación opresora. En el caso del Estado Español, la burguesía central impulsa el nacionalismo español, es decir, el nacionalismo de la nación opresora. Tal nacionalismo es, si cabe, aún más despreciable.

Lenin hablaba claro al respecto, y explicaba cuál debe ser la línea de los comunistas respecto a esta cuestión:

«Semejante estado de cosas plantea al proletariado de Rusia una tarea doble, o mejor dicho, bilateral: luchar contra todo nacionalismo y, en primer término, contra el nacionalismo ruso; reconocer no sólo la completa igualdad de derechos de todas las naciones en general, sino también la igualdad de derechos respecto a la edificación estatal, es decir, el derecho de las naciones a la autodeterminación, a la separación; y, al mismo tiempo y precisamente en interés del éxito en la lucha contra toda clase de nacionalismos de todas las naciones, propugnar la unidad de la lucha proletaria y de las organizaciones proletarias, su más íntima fusión en una comunidad internacional, a despecho de las tendencias burguesas al aislamiento nacional.»ii

«En todo caso, el obrero asalariado seguirá siendo objeto de explotación, y para luchar con éxito contra ella se exige que el proletariado sea independiente del nacionalismo, que los proletarios mantengan una posición de completa neutralidad, por así decir, en la lucha de la burguesía de la diversas naciones por la supremacíaiii

Ya pueden los nacionalistas esconderse bajo un discurso revolucionario, o bajo la bandera del marxismo; serán desenmascarados por los comunistas. Todo nacionalismo, sea cual sea, es un arma de la contrarrevolución. Lenin respondía a Zinoviev cuando éste planteaba un nacionalismo revolucionario: No pintéis el nacionalismo de rojo.

Nosotros, los comunistas, somos enemigos de todos los nacionalismos y, a su vez, fieles defensores del derecho a la autodeterminación de las naciones.

Comisión Ideológica

Partido Comunista Obrero Español

i El derecho de las naciones a la autodeterminación; Lenin, 1914.

ii Ibídem.

iii Ibídem.

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¿Capitalismo monopolista de Estado o capitalismo monopolista transnacional?

En momentos de especial agudización de las contradicciones y, especialmente, tras la caída de la URSS, surgen numerosos teóricos revisionistas que elaboran nuevas teorías que, supuestamente, se adaptan a los nuevos tiempos, alegando que la vigencia de los clásicos –Marx, Engels y Lenin- es limitada. Uno de estos teóricos es el profesor Vicente Escandell Sosa, que de manera hábil trata de refutar la vigencia del capitalismo monopolista de Estado (CME), contraponiendo a él una nueva teoría que denomina capitalismo monopolista transnacional (CMT)1.

Los defensores del capitalismo monopolista transnacional afirman que el CME ha sido superado y que nos encontramos en una nueva fase de desarrollo del capitalismo, en la que los Estados se convierten en una traba para el desarrollo de los monopolios, y que éstos son capaces de prescindir del Estado. Para refutar esta postura revisionista, se plantea la necesidad de analizar en profundidad la estructura del capitalismo y las dos teorías que aquí se plantean –el CME y el CMT-.

Uno de los principales argumentos utilizados por Vicente Escandell es el hecho de que, hasta día de hoy, en ningún país capitalista desarrollado haya tenido lugar una revolución socialista; pues Lenin afirmaba que el capitalismo monopolista de Estado era la antesala de la revolución. El teórico del CMT erra en esta cuestión, pues obvia la existencia de unas condiciones subjetivas que juegan también un papel trascendental en cuanto al estallido de la revolución se refiere. Cuando Lenin afirma que la llegada del capitalismo monopolista de Estado “ha aproximado la revolución socialista y ha creado las condiciones para ella”, se refiere a las condiciones estrictamente objetivas, que se dan de manera independiente a las subjetivas. Escandell, por contra, confunde los criterios objetivos y subjetivos en una sola y abstracta categoría y, en base a dicho error, considera que la tesis defendida por Lenin ha sido refutada por el propio desarrollo histórico. En realidad, la historia no ha hecho más que confirmar las posturas de Lenin, pues las condiciones objetivas han sido satisfechas, hace ya décadas, con el desarrollo del capitalismo en su fase más decadente: el imperialismo. Así, observamos una gran agudización de la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, un agravamiento cada vez mayor de la miseria de las clases oprimidas, y crisis cíclicas de sobreproducción de una intensidad creciente con respecto a las precedentes.

En un contexto de absoluta concentración del capital en manos de la oligarquía financiera, de agudización de la lucha de clases, de crisis cíclica de sobreproducción y de intensificación de la explotación de las masas trabajadoras, es más obvio que nunca que vivimos en la última fase de desarrollo del sistema capitalista. La conciencia espontánea de las masas, embrión de la conciencia de clase, se manifiesta en acciones espontáneas que provocan una movilización cada vez mayor de las masas trabajadoras. Pese a que la clase obrera aún no ha tomado conciencia de sí misma y la mayor parte de sus luchas tienen un carácter puramente económico o reformista, es innegable que la agitación de las capas oprimidas de la sociedad sigue una tendencia creciente. Así lo demuestran los hechos en Grecia, o más recientemente en Turquía, por poner algunos ejemplos. En este contexto, el Partido Comunista debe elevar las luchas económicas al plano político y debe infundir en los obreros la conciencia de clase, pues solo así será posible la llegada de la revolución socialista. El hecho evidente e innegable es que la decadencia del capitalismo es cada vez mayor, por lo que en criterios objetivos, la coyuntura es revolucionaria. Todo ello reafirma una y otra vez los postulados de Lenin, en contra de lo que afirman los teóricos del CMT.

En un artículo publicado en la revista Die Bank, Lenin afirmaba lo siguiente: “Los monopolios […] han servido únicamente para sanear a costa del Estado la industria privada”. Y en base a ello, extraía la siguiente conclusión: “En la época del capital financiero, los monopolios de Estado y los privados se entretejen formando un todo”. Los hechos, como observaremos a continuación, han confirmado la conclusión a la que llegaba Lenin. En contra de lo que afirma Vicente Escandell, a día de hoy, y especialmente tras el estallido de la actual crisis de sobreproducción, los monopolios se sirven del Estado para defender sus intereses y garantizar su subsistencia. El Estado ha puesto en marcha numerosos mecanismos para transformar la deuda privada, contraída por los grandes monopolios, en deuda pública, a cuyo pago se destina una parte importante de los presupuestos estatales. Los Estados imperialistas más desarrollados -EEUU, los miembros de la Unión Europa y Japón-, han rescatado con dinero público a numerosos bancos para evitar que éstos tuvieran pérdidas. La vigencia del CME es absoluta, pues la oligarquía financiera se sirve de la maquinaria estatal para nacionalizar las pérdidas de sus monopolios. En este sentido, el Estado español ha rescatado desde 2008 a dos bancos (Bankia y Banco Valencia) y tres cajas de ahorro. Además, el Estado solicitó un crédito de 100.000 millones de euros para ser utilizado en la nacionalización de la deuda de los grandes monopolios, y en inyecciones de capital a la banca. Y pese a que este préstamo va destinado principalmente a los grandes bancos, el garante del dinero concedido es el Estado español, no los bancos beneficiaros del crédito. Así pues, observamos cómo el Estado vacía las arcas públicas para intervenir en la actividad de los monopolios privados en beneficio de éstos. La oligarquía financiera de cada Estado hace uso de la maquinaria estatal para servir a sus intereses, pues en la actual fase del capitalismo, los monopolios necesitan a los Estados.

Por otra parte, es llamativo el hecho de que la mayoría de los principales gestores del sector público provengan de grandes empresas, formen o hayan formado parte de consejos de administración de ciertos monopolios, y que finalmente acaben trabajando para grandes empresas nacionales y multinacionales. Monopolios y Estados se entretejen formando un todo, como dijera el camarada Lenin.

Si bien es cierto que el Estado siempre ha tenido un carácter de clase y siempre ha desempeñado un papel en la economía, éste ha variado de acuerdo con la fase de desarrollo del sistema capitalista y con las necesidades de la clase dominante. En el capitalismo, la burguesía ha utilizado siempre el Estado, que es la principal herramienta de la que dispone para ejercer su dictadura. El CME se caracteriza por la formación de una oligarquía financiera, cada vez más poderosa y reducida, que concentra cantidades astronómicas de capital financiero. La concentración y el monopolio son, a día de hoy, un hecho. En esta fase putrefacta y decadente del capitalismo, el imperialismo, los monopolios se relacionan íntimamente con el Estado, ya que la agudización de las contradicciones y las dimensiones cada vez mayores de las crisis cíclicas de sobreproducción hacen que los monopolios no puedan garantizar su subsistencia sin valerse de la maquinaria estatal. Así pues, observamos cómo en momentos de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, la intervención estatal es menor, mientras que cuando se agudizan las contradicciones, los monopolios recurren rápidamente al Estado para nacionalizar sus pérdidas y sectores ruinosos, así como para obtener subvenciones millonarias e impulsar legislaciones destinadas a reprimir a los trabajadores y leyes laborales que aumenten el grado de explotación de los obreros, para que éstos generen una mayor plusvalía para los monopolios.

El papel del Estado no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado en tanto se ha fusionado con los monopolios privados, apropiándose incluso de algunos sectores fundamentales como las energías o los transportes -dependiendo de las circunstancias concretas de cada país-. Por lo que se refiere a la transnacionalización, no es un proceso nuevo, ni un descubrimiento del profesor Escandell, sino un hecho que tiene lugar desde tiempos de Lenin, manifestándose en pugnas por los mercados internacionales, el sometimiento de los Estados menos desarrollados a los grandes imperios, la existencia de deudas millonarias internacionales, etc.

El nivel de fusión entre los monopolios y los Estados es tal, que la oligarquía financiera llega a valerse del aparato militar del Estado para conquistar nuevos mercados en los que imponer su hegemonía, y para defender sus intereses frente a monopolios extranjeros –y sus respectivos Estados-. Tal es la naturaleza de la invasión imperialista de, por ejemplo, Afganistán e Iraq. Otro ejemplo de la utilización de los Estados por parte de los monopolios lo hallamos en la formación de alianzas entre Estados, cuyo origen es la conciliación temporal de los intereses de los monopolios de dichos Estados, en competencia con otros monopolios. Este es el caso de la disputa entre las potencias imperialistas clásicas –EEUU, UE y Japón- y los países imperialistas emergentes –Brasil, Rusia, India y China-.

En definitiva, el Estado, lejos de convertirse en una traba para el desarrollo del capitalismo y de los monopolios, es la herramienta imprescindible de la oligarquía financiera para defender sus intereses.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español

 

1 Esta teoría se expone en “La categoría leninista Capitalismo Monopolista de Estado: una mirada actual”.

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Acerca del maoísmo

El conjunto teórico formulado por Mao Zedong y las enseñanzas que se desprenden de su praxis revolucionaria en China, conforman la teoría conocida con el nombre de maoísmo. Ésta cobró fuerza en el Movimiento Comunista Internacional tras la muerte de Stalin, a raíz de su papel como una de las principales voces discordantes ante el revisionismo soviético representado por Nikita Jrushchov a partir del XX Congreso del PCUS, donde se denunciaron los supuestos crímenes de Stalin y se proclamó la ruptura con la línea mantenida por dicho dirigente.

En nuestros días, el maoísmo continúa siendo la base  ideológica sobre la que se fundamentan numerosas organizaciones; muchas de ellas se declaran como tales, mientras que otras no se reconocen maoístas de manera oficial pero siguen fielmente las enseñanzas de Mao, siendo maoístas de facto.

Si bien es cierto que en 1956, cuando tuvo lugar la celebración del XX Congreso del PCUS, Mao se posicionó en contra del revisionismo soviético encabezado por Jruschov, no significa esto, en ningún caso, que el maoísmo no sea una teoría igualmente revisionista contraria a los principios del leninismo.

Por todo ello, se plantea la necesidad de analizar la teoría maoísta y refutarla de manera científica desde el marxismo-leninismo, tal es la pretensión del presente documento.

Cuando Mao Zedong planteó lo que él mismo denominaría como el Gran Salto Adelante, afirmaba que la edificación del socialismo y la disolución definitiva del Estado podrían darse en un plazo breve de tiempo, incluso en cuestión de poco más de una década.  Analizando las condiciones de China en ese momento histórico, con unas fuerzas productivas con un grado de desarrollo propio del feudalismo y con una industria prácticamente inexistente, las afirmaciones de Mao no denotan sino una total incomprensión de la ciencia marxista-leninista.

Podemos observar en el hecho expuesto un ejercicio de idealismo filosófico por parte de Mao, al considerar que las condiciones materiales necesarias para la llegada del comunismo se darán a partir del desarrollo de la conciencia del pueblo y de la voluntad de la vanguardia, renegando así, de facto, del materialismo dialéctico.

Ésta es tan solo una de las muchas actuaciones que evidencian tal desviación. Otro ejemplo lo hallamos en la política de “3 banderas”, definida por Mao, que suponía el establecimiento de comunas agrícolas, lo que debía constituir la forma de organización fundamental de los campesinos. Años atrás, Stalin había analizado ya la cuestión, indicando cómo debía llevarse a cabo este proceso: la comuna surgiría cuando en las granjas del artel abundasen todos los productos, cuando la mecanización fuese efectiva. Es decir, la comuna surgiría sobre la base de una técnica desarrollada, sobre la base de la  abundancia de productos. Stalin no hacía más que poner en práctica las tesis leninistas y, mediante la dialéctica materialista, concluir que la comuna es la forma superior de la organización cooperativa en el campo, y surge como consecuencia real y objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica.

Pero Mao, haciendo gala una vez más de su idealismo filosófico, ignoró las condiciones objetivas y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica; estableciendo la comuna como forma de organización en el campo. Este hecho no hace sino evidenciar que Mao no se atiene a las condiciones objetivas tratando de desarrollarlas, sino que concibe la realidad como el reflejo de la conciencia. Creía que podía someter la marcha de la historia a los deseos de la vanguardia, cayendo así en un subjetivismo absoluto, ajeno a cualquier análisis que se pretenda materialista y dialéctico.

Mao queda desenmascarado una vez más en su crítica a Lenin. Éste segundo afirmó que cuanto más atrasado está un país, más difícil es que pase del capitalismo al socialismo. Lenin, al afirmar esto, se fundamenta en los criterios objetivos para considerar la revolución y la edificación socialista. Pero Mao, por su parte, y en contraposición a esta tesis, afirma que desde la perspectiva actual, esta tesis no es correcta. En realidad, cuanto mayor sea el atraso económico de un país, tanto más fácil es su transición del  capitalismo al socialismo. Cuanto más pobre es un hombre más desea la revolución.
Observamos una vez más como Mao cae en el idealismo filosófico, obviando los criterios objetivos y científicos, y priorizando la conciencia del hombre ante estos.

En definitiva, Mao considera que antes de modificar la realidad material, es necesario que el pueblo cambie su concepción del mundo, asumiendo las ideas maoístas. Este enfoque es absolutamente idealista, y niega la propia esencia del materialismo dialéctico, que concibe la conciencia de una sociedad como consecuencia de su realidad material. Para Mao, en cambio, la conciencia es anterior al ser social.

Por otra parte, se plantea la necesidad de analizar la peculiar caracterización que realiza Mao de las  relaciones entre las clases enfrentadas en el capitalismo. En referencia a las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional, Mao sentencia:

«si estas contradicciones antagónicas se tratan debidamente, pueden transformase en no antagónicas, pueden resolverse por vía pacífica. Si esas contradicciones no se tratan como es debido, si no seguimos con la burguesía nacional la política de unidad, de crítica y de educación, o si la burguesía nacional no acepta esta política nuestra, entonces las contradicciones entre la clase obrera y la burguesía nacional pueden convertirse en contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos.»

Este análisis supone la caracterización de las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional como no antagónicas, identificando a ésta última clase como un potencial aliado en la construcción del socialismo. Mao considera viable la colaboración entre clases absolutamente antagónicas -tal y como las identificaran Marx, Engels y Lenin-. Esto supone, por tanto, aceptar el interés privado y explotador de la burguesía nacional como no constitutivo de peligro para la edificación socialista. Se acepta la existencia de esta burguesía, y se considera que su práctica opresiva puede ser reeducada de forma pacífica, y reconducida hacia el establecimiento de una alianza para la construcción del socialismo. Mao deja patente su incomprensión de la dialéctica materialista, no entiende la inviabilidad de una reconciliación entre clases obviamente enemigas, fruto de su carácter puramente antagónico. En lugar de ello, obvia la inexorable  necesidad de reprimir a la burguesía como potencial enemigo de la clase obrera y de las capas explotadas de la sociedad, y de expropiarle sus medios de producción. Esta tesis defendida por Mao es contraria al avance socialista y manifiesta de nuevo su idealismo filosófico, al considerar que la burguesía puede  convertirse en una clase aliada del proletariado y del campesinado en la construcción del socialismo; siendo ello posible -siempre según Mao- modificando la conciencia de la clase burguesa, obviando así los intereses objetivos de dicha clase que tienen su base en la realidad material, en la estructura, concretamente en las relaciones sociales de producción.

Otro punto fundamental en la teoría maoísta y que, por tanto, cabe analizar en este documento, es la identificación del campesinado como sujeto revolucionario. Con la llegada del capitalismo, el modelo de producción feudal es empujado a su superación por el desarrollo dialéctico de las fuerzas productivas intrínsecas a él, las relaciones de producción y la intensificación de la lucha entre las clases sociales existentes. Era característico de anteriores modelos de producción el trabajo individual de cada ser humano, mientras que el avance de la sociedad burguesa implica la aparición de un trabajo social instigado por los grandes propietarios de tierras que, vendiendo éstas, utilizan lo obtenido para la adquisición de grandes máquinas y la contratación de individuos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo. El nuevo modelo productivo capitalista viene determinado por un ser humano que vende su fuerza de trabajo para recibir a cambio una ínfima parte de la riqueza producida con ella, pues la parte sustancial y mayoritaria -la plusvalía- se acumula en las manos del burgués, que actúa como parásito. Nacían de este modo las fábricas industriales, donde se desarrolla el trabajo social. Nacía, por tanto, como producto de este nuevo modo de producción, la clase obrera.

El proletariado es engendrado por el capitalismo, y su posición en éste, como desposeído de los medios de producción y vendido a su fuerza de trabajo, es netamente antagónica a los intereses de la clase burguesa, que representa la opresión contra los obreros y cuyos intereses objetivos se encaminan a dicho fin. De esta forma, el papel de sujeto revolucionario en el sistema capitalista pertenece a la clase obrera -al ser producto directo del mismo, y una clase netamente antagónica a la burguesía-, una vez dadas las condiciones objetivas para la instauración de las nuevas relaciones de producción.

La dialéctica del sistema capitalista impone que sea la clase obrera, cuyo desarrollo choca frontalmente una y otra vez con la burguesía, la sepulturera del mismo. De este modo, las tesis de Mao que otorgan al  campesinado el rol de sujeto revolucionario quedan absolutamente desacreditadas desde la ciencia dialéctica materialista, desde el marxismo-leninismo. El campesinado no es una clase netamente antagónica a la burguesía, pues está integrada tanto por terratenientes como por campesinos semiproletarios, y por ende tiene una naturaleza pequeñoburguesa.

Las capas campesinas no están capacitadas para llevar hasta el final la revolución y liderar la construcción del socialismo; aunque esto no implica que no sean potenciales aliados del proletariado -especialmente el campesinado pobre y los campesinos semiproletarios- en dicha tarea. No cabe duda alguna de que otorgar el rol de sujeto revolucionario a una clase que no es netamente revolucionaria constituye un error y una desviación del leninismo. Marx, Engels y Lenin recalcaban la importancia de que fuera el proletariado, la clase más avanzada cuantas hayan existido en la historia, la que liderara la tarea histórica de superar el capitalismo y construir la sociedad socialista.

A menudo se argumenta que Mao supo adaptarse a las condiciones de China, atrasada y con un  campesinado muy mayoritario, y que su defensa del campesinado como sujeto revolucionario responde a las necesidades de dicho país en un momento histórico concreto. Pero incluso en las condiciones que se daban en China en la primera mitad del siglo XX, con una clase obrera aún muy minoritaria, debía ser esa minoría de la población la que asumiera el papel de vanguardia en la revolución socialista, impulsando a su vez la industrialización y el desarrollo de las fuerzas productivas, a fin de consolidar una mayor base de proletarios, en clara alianza con el campesinado pobre. Por tanto, la máxima maoísta de que “el campo asedie la ciudad” reniega del marxismo-leninismo, haciendo gala de la incomprensión de la dialéctica del sistema.

Lenin, en 1901, decía al respecto de esta cuestión: “Los partidarios de Tierra y Libertad partían de la idea errónea de que la principal fuerza revolucionaria en el país era, no la clase obrera, sino los campesinos; que el camino hacia el socialismo iba a través de la comunidad campesina”.

En definitiva, entendiendo el carácter pequeñoburgués de los campesinos -aún asumiendo que también forman parte de éste elementos semiproletarios-, y siendo esta clase el sujeto revolucionario teorizado por Mao, se evidencia que el maoísmo constituye en sí mismo una desviación pequeñoburguesa.

Por otra parte, otro rasgo característico del maoísmo, es la defensa de la república popular democrática, a la que Mao denominaba como Nueva Democracia. Esta propuesta etapista constituye una ruptura con la teoría leninista, al concebir la democracia popular como una fase intermedia necesaria para la construcción del socialismo, a la que Mao llegó a considerar una nueva etapa histórica superior al capitalismo y anterior al socialismo. Esta fase tiene un carácter interclasista, propugnando la alianza entre la burguesía nacional y las capas explotadas de la sociedad, tal y como se ha expuesto anteriormente en este mismo documento.

La defensa de la república popular se basa en la incomprensión de varios principios fundamentales de la dialéctica, especialmente en el desconocimiento del carácter dialéctico de las relaciones de producción; pues éstas o determinan la propiedad de los medios de producción por parte de la burguesía, o por parte del proletariado, que es quien lleva a cabo la producción material.

Lenin afirmaba al respecto que la revolución socialista debe conducir a la dictadura revolucionaria del proletariado en alianza con el campesinado pobre. Afirmaba, también, que en un país en su fase imperialista, es decir, donde se ha desarrollado ya el capitalismo monopolista de Estado, no tiene cabida ninguna fase intermedia entre el capitalismo y el socialismo. La república popular, en la que se establece una alianza interclasista, no hace sino retardar el proceso de emancipación de los explotados, manteniendo durante ésta el poder en manos de la burguesía. Aplicando el método dialéctico al desarrollo histórico, como ya hicieran Marx y Engels, solo es posible determinar que el avance de las fuerzas productivas llevará inexorablemente a una revolución en que éstas pasarán a ser propiedad social, y el proletariado destruirá la antigua maquinaria burguesa, expropiándoles los medios de producción e instaurando un Estado obrero bajo la forma de la dictadura del proletariado. Así pues, la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas  productivas halla su resolución en el socialismo, y no en etapas intermedias teorizadas desde el idealismo filosófico y desde la incomprensión de la dialéctica.

La estrategia que traza Mao y que defienden los maoístas para lograr la democracia popular, es la Guerra Popular Prolongada, consistente en la toma de las armas por un pequeño número -en comparación con las masas explotadas- de elementos avanzados. Esta teoría se fundamenta en la suposición de que las masas obreras y campesinas, hartas de la explotación burguesa, adoptarán paulatinamente una posición favorable a este método y terminarán por tomar las armas formando un Ejército Popular. En definitiva, consiste en plantear la lucha armada desde el momento mismo en que la vanguardia toma conciencia, momento en el que la conexión con las masas es aún tenue y, por tanto, las acciones armadas no superarán los límites del terrorismo individual, ya criticado por Lenin. Además, la defensa de una estrategia de desgaste, que consiste en ir mermando al enemigo mediante la acción armada de la vanguardia, supone la negación, en cierta  medida, del papel histórico del sujeto revolucionario, es decir, la clase obrera.  Esta negación se materializa al considerar que el solo ejercicio de la vanguardia permitirá realizar la revolución, prescindiendo así de las masas explotadas. Aunque esto en nada puede sorprendernos, puesto que Mao tampoco es capaz de identificar de manera científica al sujeto revolucionario, como ya se ha expuesto anteriormente.

La praxis leninista se aleja diametralmente de esta concepción, pues el momento de tomar las armas lo  marca la conciencia subjetiva de las clases   explotadas, y no la voluntad de unos cuantos elementos avanzados. La tarea del Partido debe consistir en la concienciación de las masas trabajadoras, explicándoles la dialéctica del sistema y haciendo comprender a éstas que la única salida posible es la construcción del socialismo, lo cual no se logrará mediante acciones armadas en un momento en el que las masas poseen un grado nulo de conciencia de clase revolucionaria.

El maoísmo se manifiesta como una teoría esencialmente idealista y antimarxista en su análisis sobre las contradicciones a nivel internacional. Los continuadores de Mao plantean la Teoría del Mundo Multipolar, es decir, dividen el mundo en polos imperialistas; por una parte, un gran bloque hegemónico encabezado por EEUU, Japón y la UE; por otra parte y en oposición al primero, el bloque formado por los países emergentes, sufridores de la opresión capitalista. Sin embargo, tal división no responde ni mucho menos al análisis  dialéctico, sino a una burda desviación burguesa.

Mao, por su parte, sienta las bases de la teoría de los Tres Mundos, que defiende la división del mundo en tres categorías: la primera, a la que llama ‘primer mundo’, se hallaría integrada por EEUU junto a su bloque de países ‘ricos’; por otra parte, encontraríamos el bloque soviético liderado por la URSS; y por último, el ‘tercer mundo’, en el cual se incluyen todos los países no alineados.

Teniendo en cuenta esta cuestión, es preciso analizar en profundidad la contradicción que se da en el plano internacional, para comprender la lucha constante entre los bloques imperialistas y determinar si ésta es o no la contradicción fundamental a nivel mundial. Es necesario, por ende, analizar la estructura del capitalismo.

En el sistema capitalista mundial, caracterizado por la propiedad privada sobre los medios de producción en manos de la burguesía, encontramos que su desarrollo es directamente proporcional al nivel de explotación de la clase obrera, pues cuanto más se desarrolla la industria y el capital, a más obreros aglutina entre sus filas. Hemos de comprender, por tanto, que la contradicción fundamental, de las que se desprenden las  demás contradicciones del sistema, es la apropiación privada del producto del trabajo social, realizado por la clase obrera, en manos de la burguesía.

Las luchas imperialistas que tienen lugar entre distintas potencias imperialistas, es decir, en el seno de la burguesía internacional -véase la lucha entre el bloque formado por EEUU, UE y Japón frente al grupo emergente BRIC-, supone ni más ni menos que un enfrentamiento por los nuevos mercados a dominar, en donde implantar la dictadura del capital. No constituyen, por tanto, una contradicción esencial del sistema, sino que son un producto de la competencia desenfrenada entre los monopolios imperialistas.

En ambas teorías –Teoría del Mundo Multipolar y Teoría de los Tres Mundos– observamos un rasgo común: se obvia la contradicción fundamental del capitalismo, para sustituirla por meras contradicciones circunstanciales de distintos bloques imperialistas -en el caso del mundo multipolar-, o por una alineación política entorno a determinados bloques. La incomprensión de la dialéctica y la concepción idealista de Mao, le llevan, en el primero de los casos, a considerar que el mundo se divide en voluntades políticas y no en función de las relaciones de producción de un determinado modo productivo; mientras que en el segundo de los casos plantea la división del mundo en dos bloques de potencias explotadoras y explotadas. Esto  constituye un análisis del todo idealista y antidialéctico, que tan solo trata de encubrir el eminente imperialismo chino, obviando así que la causa central de la que se desprenden todas las demás contradicciones no es otra que la contradicción entre el carácter social de la producción y la propiedad burguesa de los medios de producción.

Otro de los graves errores del revisionismo maoísta es la negación de uno de los principios fundamentales de la dialéctica, a parte de su incomprensión. Mao afirma:

«los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el seno de la sociedad, es decir, las contradicciones entre las clases, las contradicciones entre lo nuevo y lo viejo.»

Por tanto, el maoísmo no otorga a las fuerzas productivas un papel determinante, sino que éste es otorgado a las relaciones de producción, que según afirma Mao, pueden ser perfeccionadas a voluntad del hombre. En contra de esta creencia, el materialismo histórico muestra que el papel determinante del progreso de la producción y de los cambios en ésta, se originan a partir de los cambios en las fuerzas productivas. Una vez más, se manifiestan las concepciones idealistas y antidialécticas de Mao.

La concepción que Mao mantiene del Partido Comunista es otro de los principios erróneos y antimarxistas sobre los que se fundamenta el maoísmo. Esta visión distorsionada del Partido, lejos de ser un desarrollo del marxismo- leninismo como han afirmado históricamente sus seguidores, en nada se asemeja al Partido de Nuevo Tipo descrito por Lenin.

Mao mantenía una posición crítica respecto al camarada Stalin, y defendía  que el reflejo de la lucha de clases, de las contradicciones entre la burguesía y el proletariado -que él creía no-antagónicas y conciliables-, se extendía hasta el seno del Partido, originándose en él dos líneas  enfrentadas que representaban ambos intereses sociales de clase. A raíz de ello, la lucha entre ambas posiciones fue entendida por Mao como la condición subjetiva necesaria para iniciar la llamada Revolución Cultural, cuyo objetivo era expulsar a la línea burguesa que previamente era tolerada. Como observamos, Mao considera que es inevitable la existencia del revisionismo en el seno del Partido, y considera que la  burguesía nacional puede ser reeducada en el marxismo- leninismo.

De este modo, no hace sino obviar la necesidad imperiosa de establecer una vigilancia intensiva en el Partido, depurando y erradicando cualquier vestigio de ideología burguesa -y por tanto enemiga de los intereses del proletariado- en el seno del Partido. Mao dibuja con su concepción del Partido Comunista una suerte de compendio entre ideologías y clases en el seno del Partido, y no una Vanguardia del proletariado, unidad férrea y disciplinada de los elementos más avanzados de la clase obrera, sin fracciones de ninguna índole, armada con la ciencia marxista-leninista.

En conclusión, Mao profesa una concepción idealista del mundo y no comprende en absoluto la dialéctica, cayendo a menudo en la metafísica. Se aleja diametralmente de la ciencia marxista, y en oposición a las tesis de Marx, Engels y Lenin, elabora todas sus teorías que, más allá de no desarrollar en absoluto el marxismo-leninismo, constituyen una forma de burdo revisionismo.

Por tanto, el maoísmo no es más que la negación del leninismo, pues su base fundamental es el idealismo antidialéctico. Por todo ello, y siendo el maoísmo ajeno al marxismo, debemos combatirlo como  planteamiento revisionista que es y ha sido siempre.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español




Respuesta del PCOE a Emilio Aguado Moyano

En el Blog “Movimiento Político de Resistencia” apareció el pasado día 6 de Agosto un artículo de un tal Emilio Aguado Moyano titulado: “Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la resistencia antifascista”, con motivo del homenaje que la CJC dedicó a las 13 Rosas Rojas “heroínas ejemplares de la resistencia contra el fascismo”. No podemos negar que la respuesta dada por el autor, y su salida de tono, nos ha sorprendido por extemporánea, debido a que arremete contra el PCOE, que nada ha tenido que ver con dicho homenaje; aunque, naturalmente, lo comparte porque lo considera justo.

Resulta bastante claro que el autor del artículo y sus compañeros esperaban agazapados detrás de la maleza una oportunidad, cualquiera que fuese, para poder criticar al PCOE después de 40 años de existencia. ¿Por qué ahora? Sin duda alguna que obedece a que el pasado mes de abril respondimos resueltamente a una crítica subrepticia de Olarieta. Nuestra contra fue a modo de debate y no fuimos nosotros los que lo iniciamos. Esperábamos pues, una defensa a ultranza de sus posiciones pero en el marco debido, en el que se estableció entonces, en el teórico práctico. Pero se ve que les resultaba más que difícil continuar por el camino que ellos mismos eligieron.

No nos queda muy claro si todas las imputaciones que el autor hace a los CJC y al PCPE van también dirigidas al PCOE y es que todo se manifiesta confuso, porque según se desprende, con nuestro partido el autor no tiene lo suficientemente dominada la parte del campo de batalla que escogió para atacar. Juzgar al PCOE por lo que supuestamente éste piensa que pasó hace treinta y cinco años nos parece una barbaridad o una falta de argumentos y de rigor para enfrentarse a nuestra realidad de hoy.

Pero el autor se equivoca, y mucho, al afirmar que no queremos hablar de los años 70. Yerra intencionadamente cuando dice que estábamos escondidos y más se equivoca cuando nos califica de bandidos, tal vez su inconsciente le jugó una mala pasada cuando se miraba al espejo. Para el PCOE actual, hablar de los años 70 no sólo es un hecho cotidiano, también es una obligación, porque esos años, pese a tantas cosas como sucedieron en el Movimiento Comunista Español e Internacional, poseen connotaciones de primer grado con el desarrollo teórico de nuestro Partido.

Durante los años setenta y principios de los ochenta, especialmente desde 1976, la sede del PCOE fue un lugar de encuentros muy interesantes. Los dirigentes más insospechados desde los “Movimientos de Resistencia” hasta los de “Liberación Nacional llamaban a su puerta en busca de los líderes del Partido. Unos demandaban la opinión de Líster respecto de sus formas de luchas, otros insinuaban unidades orgánicas y otros pretendían que el PCOE intercediese ante los países socialistas para lograr su reconocimiento internacional. Naturalmente, se acercaron todo tipo de organizaciones con objetivos muy diferenciados, lo que se dice unas visitas de cal y otras de arena.

También el PCOE en aquella época devolvió visitas, incluso allende nuestras fronteras. Y a todos los visitantes y visitados se les habló de manera muy firme en lo que se refiere a las posiciones que el partido mantenía en aquel momento. Al PCOE no le tembló la boca ni el pulso para decir la verdad, lógicamente su verdad. El PCOE jamás se ocultó ni esquivó conversaciones con nadie, por muy arriesgado que fuese. Y tanto a los emisores nacionales, como a los de los “grandes” Partidos Comunistas del mundo, se les decía lo que teníamos que decir. Y que el PCOE luchó con sus pequeñas fuerzas, tanto contra la conciliación, como a favor de la ruptura total con el régimen, es un hecho tan evidente que únicamente quienes mantengan un interés particular intentarán distorsionar esa parte de la historia de nuestro Partido.

Por lo visto, Aguado considera únicamente verdad la versión de su organización: la resistencia contra el fascismo. Porque, en su opinión, lo que se dilucidaba en aquél entonces era que el régimen fascista continuaría de otra forma; en cambio el PCOE luchaba  por destruir el capitalismo, cualquiera que fuese la forma que adoptara el capitalismo monopolista de Estado; tal fue su análisis y entendía que a través de las “Juntiñas” – Junta Democrática propugnada por el PCE o la Plataforma liderada por el PSOE – se traicionaba a las clases trabajadoras y populares.

Los camaradas del PCOE actual gustan de hablar de los años 70 porque de esos años aprendimos a asimilar que ningún partido, hasta que no se demostrase lo contrario, podía arrogarse ningún liderazgo, y aprendimos a luchar contra cualquier modo de represión que se cebara sobre los combatientes sociales y políticos. Y lo aprendimos porque en nuestras filas también hubieron camaradas que se pudrieron en las cárceles fascistas con más de treinta años de prisión, bastantes camaradas. Pero también los hubo anarquistas, socialistas, republicanos, y todos merecían nuestros respetos. Estas experiencias nos enseñaron que el capital, premonopolista y monopolista, democrático burgués o fascista, no está sometido a unos cánones tan estrictos por los cuales se rige para seleccionar a sus perseguidos. Bernstein o Proudhon, por recordar a los revisionistas más significados de la historia, fueron perseguidos por el capitalismo premonopolista como tantos miles en todo el mundo, que han pertenecido a escuelas reformistas, demostrando que la condición de preso, aun siendo totalmente respetable para un revolucionario, no da crédito de certeza política y, mucho menos, de fidelidad a los principios marxistas-leninistas.

A partir de ahí el PCOE ha dado muestras más que suficientes de denunciar la represión contra todos los antisistema, como se comprueba en nuestros mítines y actos públicos donde en muchas ocasiones hemos proclamado que en nuestro país existen comunistas y nacionalistas de izquierda en las cárceles y, todavía más, hemos colocado sus nombres y apellidos en primera página. No diríamos toda la verdad si ocultásemos que este sagrado deber revolucionario que hemos cumplido y continuaremos haciéndolo, no es, lamentablemente, causa común. Pero lo mismo que defendemos la libertad por convicción revolucionaria, no nos detendremos al reprochar que nadie, por el hecho de tener militantes en prisión, se arrogue el privilegio de ser el ombligo del mundo y por ello crea estar en la posesión de la verdad.

Los militantes del PCOE no miran solo hacia atrás para regocijarse de una trayectoria impoluta. Por el contrario, miramos hacia atrás con la alegría de haber desbrozado un camino que era muy espinoso, porque el PCOE ha tenido que rectificar posiciones inherentes a la crisis del Movimiento Comunista Internacional, porque después de oponerse a la conciliación de clases, el partido introdujo la consigna de profundizar en la democracia, si bien por medio de luchas legales y extralegales. Pero en Mayo de 1987, tras el reingreso de Líster en el PCE, se celebró el XIII Congreso por parte de quienes optaron por la continuidad del partido. Dicho Congreso acordó la resolución de enmendar el programa y se adoptaron posiciones respecto al Parlamentarismo, como también acerca de la vía pacífica al socialismo que dieron al traste definitivamente con la consigna “profundización de la democracia”. Recientemente ha aparecido en nuestra página web, debidamente actualizado, el artículo “La falacia del Parlamentarismo” que data del mismo Mayo de 1987, en el que se aprecia ya la ruptura con aspectos revisionistas.

Por eso, cuando Aguado dice de “pasada”: Por cierto, en aquella época el PCOE defendía la “democratización de España”. Ese “etapismo” del que les gusta hablar últimamente a todos estos grupos, es el que ellos profesaron por mucho tiempo. De todos modos, “etapistas” o no, hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles”  , no tenemos más remedio que sonreír, porque nadie como el propio PCOE ha sido tan crítico consigo mismo. Lo hemos recogido en infinidad de documentos, pero si nuestros impugnadores quieren una demostración tangible, les invitamos a que lean nuestra Revista “Teoría Socialista” nº 4, en donde pueden encontrar un artículo titulado: “Breve historia del Movimiento Comunista Europeo” que tras recoger un párrafo al respecto del Programa de 1984, dice lo siguiente:

El PCOE nace pues, desde las profundas entrañas de la crisis del Movimiento Comunista Internacional (como el Partido del autor del libelo que refutamos) y según se puede constatar en la reseña precedente, se impregnó de su extravío político, pues propugnaba la “profundización” de la democracia, para avanzar hacia una democracia más desarrollada: La República Democrática y Popular, ruta “directa” para arribar en el socialismo en un solo proceso ininterrumpido. En esta dirección, se comprometió a modo de objetivo fundamental inmediato a fortalecer las instituciones burguesas, a llevar a cabo la democratización del sistema capitalista hasta el final, porque sólo así preveía que se tendría que acceder a un Estado Democrático y Popular y seguidamente al socialismo. El “truco” consiste en emplear genéricamente el término “democracia” con el fin de evitar tener que aclarar que se trata de la democracia burguesa y que lo que se pretendía era fortalecer a ésta, en pleno Capitalismo Monopolista de Estado, es decir, cuando la gran burguesía había completado el proceso de democratización de la misma sociedad burguesa, porque en definitiva, es la clase a la que corresponde llevarla a cabo”

A partir de ahí, y después de un recorrido de ningún modo cubierto de rosas, llegamos a nuestro XIV Congreso, en cuyo informe político reconocimos sin ambages que después de muchas traiciones, el partido se mantuvo a través de un finísimo hilo compuesto por 5 camaradas de Sevilla.

Fruto de los análisis y rectificaciones de conductas inveteradas, ha brotado impetuoso un nuevo PCOE, implantado ya en varias provincias y regiones de todo el Estado más en Catalunya. Un PCOE cuyos miembros del Comité Ejecutivo, junto con la Secretaría General, no sobrepasa la media de edad de 35 años y es una dirección totalmente proletarizada.

Nuestra joven dirección, toda la militancia actual del PCOE, ha examinado minuciosamente ese pasado tenebroso que constituyen los años de transición y posteriores. Tal como decíamos al principio lo hemos hecho en varias ocasiones con conclusiones afortunadísimas. Así que para el PCOE contemporáneo, en aquéllos años se agudizaron todas las contradicciones que existían en el Movimiento Comunista Internacional.

En su virtud, podemos hoy responder a Aguado, y a sus colegas, que la realidad de la época es muy distinta a la que ellos pintan y describen. Las diferencias fueron muy gruesas, más que la simple interpretación del carácter político de la “sociedad” que devino de la transición, es decir, si lo que existe en el estado español es fascismo o democracia burguesa. Las influencias de la decadencia del Movimiento Comunista Internacional en el Estado español fueron enormes. Mientras una parte asumía que la contradicción fundamental en el mundo era la que se daba entre el imperialismo y el socialismo, expresión máxima de la lucha de clases entre el capital y la fuerza de trabajo otros, entre los que se contaba la organización de Aguado, por el contrario hablaban de tres mundos y del social imperialismo soviético. En consecuencia, lo que emanaban eran dos comportamientos diametralmente opuestos, pero que la historia ha sentenciado como equivocados. Mientras que la parte antisoviética justificaba todo, hasta la concomitancia China-EEUU en una serie de países para aplastar los Movimientos de Liberación Nacional por el hecho de que los soviéticos ayudaban a dichos movimientos, la otra santificaba el régimen soviético más allá de lo pensable. No cabe duda que ambas posiciones determinaron sus concepciones sobre el estado español y la forma de luchar que había que adoptar.

Para el joven PCOE no supone ningún esfuerzo continuar hablando de aquellos tiempos, pero sólo para aclarar sus posiciones al respecto; sin embargo, Aguado y sus compañeros están obligados a reivindicar constantemente esos años porque, de lo contrario, no se podrían explicar y no tendrían ninguna justificación para su situación actual. Esa necesidad vital que siente su organización de hablar constantemente del ayer, les lleva a entablar la discusión entre fascismo o democracia burguesa para probar la justeza de su táctica “revolucionaria” ¿De qué estamos hablando? ¿En los años 70 existían las condiciones para una guerra revolucionaria? Para los que ignoraban el estado de las masas es evidente que sí, pero al fallar los vaticinios se encontraron que después de cada disparo, y al mirar a su alrededor, todo lo que veían eran callejones oscuros, sin masas en combates, sin que ni siquiera el proletariado supiese de la existencia de “su vanguardia revolucionaria” ¿Leninismo?

Que la táctica fue equivocada, lo ha demostrado la historia. Que no quieren aceptar esta realidad histórica, allá ellos, pero para nosotros demuestra una ceguedad política total y una gran dosis de revisionismo que les lleva al precipicio. Porque aunque se aceptase que estamos en el fascismo ¿significa que han cambiado las condiciones objetivas y subjetivas por el mero hecho de su calificación? Fascismo o democracia burguesa, esta maldita sociedad ofrece un mínimo de legalidad que hay que aprovechar, por donde introducirse, y siguiendo la teoría de Lenin, hay que estar utilizando lo oficial y lo ilegal en nuestras luchas; hay que educar a las masas para las grandes luchas y adiestrarlas en todo tipo de combate. Hay que construir órganos de Poder Popular. Hay que desbrozar el camino para la Dictadura del Proletariado sin etapismo; aunque esta palabreja no les guste a nuestros impugnadores. El Partido tiene que saber actuar en la superficie y en las profundidades, pero todos estos jamás alejados de las masas.

¿Es esto lo que persigue la organización de Aguado? No, porque no ha madurado en sus análisis, porque no ha salido de las oscuras catacumbas de la quiebra del Movimiento Comunista Internacional, porque continúa sin reconocer que la contradicción fundamental en el mundo es la que se da entre imperialismo y socialismo, o sea, entre el trabajo asalariado y el capital. Para ella la contradicción fundamental de la que dependen todas las demás es la que existe entre Imperialismo y los estados -para nosotros puro revisionismo- muy cercano a la tesis del Mundo Multipolar, expresión del nuevo revisionismo que invade los documentos de un sinfín de Partidos, especialmente en América Latina, porque de esta contradicción no emana directamente la Dictadura del Proletariado como salida cardinal y única de la situación actual; aunque ellos no lo reconozcan.

Lo que para Aguado es un acto de valentía resulta ser revisionismo puro y duro. Lo que Aguado reivindica es una quimioterapia que le mantenga vivo. Ah, en cuanto a su sentencia:hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles”  tenemos que reconocer que es totalmente acertada,  imaginamos que se aplicarán el cuento.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

 

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La dictadura del proletariado y el socialismo son el único camino, la única salida.

En estos pasados días hemos podido apreciar, con absoluta nitidez, un episodio que demuestra que los intereses de los imperialistas están por encima de todo, incluyendo al Derecho Internacional al que tanto apelan para justificar sus guerras de rapiña dictado por ellos mismos. Los estados imperialistas europeos no han dudado en violentar, con absoluta impunidad, todas las normas internacionales, secuestrando al Presidente de Bolivia, Evo Morales, cerrándole el espacio aéreo y forzando a aterrizar el avión presidencial en Viena, donde la aeronave fue inspeccionada por las fuerzas represoras del servil estado austríaco buscando al norteamericano Edward Snowden, cuyo delito ha sido el haber mostrado pruebas al mundo de cómo el gobierno de los EEUU nos espía, incluyendo a sus ‘socios’ de la Unión Europea. Por lo visto socios también a la hora de espiar, a tenor de lo expresado por Snowden a Der Spiegel en semanas pasadas, donde señaló que ‘la NSA tiene alianzas en las misiones de espionaje con otros gobiernos occidentales’.

Pero nada de esto es novedoso. La ciencia marxista-leninista muestra el proceso que lleva al capitalismo a su fase monopolista y putrefacta, que es en la que hoy nos encontramos; cómo La competencia se convierte en monopolio. De ahí resulta un gigantesco progreso de socialización de la producción[1], de tal modo que el imperialismo “no tiene ya nada que ver con la antigua libre competencia de patronos dispersos, que no se conocían y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado a tal punto, que se puede hacer un inventario aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) de un país, y aun, como veremos, de varios países y de todo el mundo. No sólo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopolistas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado de la capacidad del mercado, que las asociaciones mencionadas se “reparten” por contrato.[2]. Esta socialización universal de la producción y la concentración de la propiedad de los medios de producción en mano de un número reducido de sujetos implica que “el yugo de unos cuantos monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más sensible, más insoportable.[3]

Todo esto, no sólo lo pudo comprobar Evo Morales, también lo padecen aquellos que filtran datos que constatan la enorme opresión y la forma en que los bloques imperialistas imponen su duro yugo, su dictadura a nivel planetario, y, fundamentalmente, lo padece el proletariado de todos los países.

Hoy, con más fuerza que nunca, se constata de manera limpia y clara la perfecta caracterización realizada por Lenin sobre el imperialismo y, consecuentemente, la vigencia del marxismo-leninismo como única guía que tiene el proletariado de romper el yugo imperialista. En consecuencia, la contradicción fundamental que rige hoy en el mundo es la contradicción entre imperialismo y socialismo, y no otra.

El oportunismo, en la actualidad, difumina dicha contradicción fundamental, así como el concepto del imperialismo. Unos hablan de la existencia de un mundo multipolar, donde a algunas potencias imperialistas se las cataloga como tal – EEUU, Japón o la Unión Europea -, pero en cambio a otras potencias imperialistas no las caracterizan como tales – China, Brasil o Rusia –sino como potencias que persiguen el desarrollo de los pueblos a través de sus relaciones económicas y comerciales con otros estados, relaciones que ciertamente son imperialistas. Otras manifestaciones del oportunismo se vislumbran cuando se ubica la contradicción fundamental del mundo actual entre el imperialismo y los pueblos o cuando se cubre al imperialismo bajo el manto del neoliberalismo, convirtiendo al neoliberalismo en culpable de todo y, consecuentemente, desviando a los trabajadores de la contradicción fundamental – entre socialismo, aspiración máxima del proletariado, e imperialismo, aspiración máxima de los monopolios – y ocultando la raíz de los males del proletariado a nivel mundial: el capitalismo monopolista de estado.

Un ejemplo de esto último se visualiza con claridad en la Conferencia Europa de Izquierda Unida de 22 de junio de 2013 o en el último comunicado del Frente Cívico-Somos Mayoría, fechado en Madrid a 20 de julio de 2013, nueva formulación oportunista parida por Julio Anguita y grupos de Izquierda Unida. Estas diferentes máscaras oportunistas – con un mismo discurso – señalan como culpable al neoliberalismo impuesto por el bipartidismo, títere de banca y de la troika – como si no fueran lo mismo -, apelando a la movilización ‘ciudadana’ para desarrollar un ‘proceso constituyente’ por el que rescaten la ‘democracia’ sustraída y arrebatada a los ciudadanos por el neoliberalismo.

El mensaje trasladado a los trabajadores por parte de estos defensores del capitalismo no es que el sistema sea el responsable de sus males, sino la forma de gestionarlo, concretamente el neoliberalismo. “Una calamidad asola a buena parte de los Estados miembros de la Unión Europea destruyendo empleo, servicios públicos, prestaciones sociales y pensiones, frustrando la incorporación de las personas jóvenes al trabajo, haciendo trabajar más años y más horas semanales, impidiendo la seguridad y soberanía alimentarias, neutralizando las Constituciones Nacionales, muchas de ellas resultado de luchas antifascistas (…) Este azote es el resultado del proyecto de integración regional defendido por los partidos mayoritarios europeo, proyecto neoliberal, que desde el Tratado de Maastricht hasta el Tratado de Estabilidad Presupuestaria, concretó un verdadero golpe de Estado[4] . “(…) el neoliberalismo nos hurtó la democracia al pueblo mediante un sinfín de estrategias que incluye la deuda ilegítima, la imposición de bajadas salariales o reformas laborales decimonónicas y una grosera y tosca manipulación mediática[5].

Puesto que lo que falla para Izquierda Unida y su nuevo engendro oportunista del Foro Cívico, con Julio Anguita a la cabeza, es el neoliberalismo pero no el sistema capitalista, no es de extrañar que manifiesten que su “principal reto será intentar llegar al mayor número de personas para hacerlas partícipes de su necesario protagonismo para cambiar con su participación esa orientación capitalista[6]. Y como para estos oportunistas el problema no es el capitalismo, sino la orientación capitalista, el problema se resuelve mediante las elecciones burguesas siendo ellos los que introduzcan la orientación capitalista necesaria, un ‘capitalismo con rostro humano’ por el que se rescate la ‘democracia hurtada por el neoliberalismo’ como contraposición al bipartidismo. “Este sufrimiento, dolor, humillación e indignación obedece a una causa política: la de la Unión Europea y su orientación desde el año 1992 por la socialdemocracia y la derecha europea. El PSOE y el PP, con el apoyo de las derechas nacionalistas, son coautores y responsables de haber trasladado a Europa el Consenso de Washington[7]“(…) hoy las personas quebrarían con su voto al bipartidismo (PP-PSOE), responsable en lo que le toca de esa orientación neoliberal del proyecto europeo, podríamos deducir que se dan condiciones objetivas para que una fuerza política como Izquierda Unida, la única de carácter estatal que denunció las consecuencias antisociales del primer peldaño de la Europa de los Mercaderes, el Tratado de Maastricht, y los sucesivos Tratados, pueda popularizar en mejores condiciones la necesidad de poner fin a la política neoliberal de la UE y el actual Consenso de Bruselas en torno a un Programa Alternativo a defender en las elecciones europeas de 2014[8]. “El FCSM llama a desmontar el sistema político del bipartidismo que sustenta a la corona y abrir un proceso constituyente que entre otras cosas sustraiga el poder al Rey y su Corte de 40 empresarios y la devuelva a la ciudadanía[9]. “El Frente Cívico Somos Mayoría hace un llamamiento a todos los movimientos sociales y políticos para sostener y hacer crecer la participación ciudadana, de manera que se encamine hacia un proceso constituyente[10].

Como se puede comprobar, estos oportunistas socialdemócratas están engañando al Pueblo Trabajador con el único objetivo de salvaguardar a la clase social a la que pertenecen y sirven, la burguesía; así como su sistema económico, convirtiéndose en su chaleco salvavidas. Ahora, cuando la burguesía española está plenamente integrada en los distintos bloques imperialistas económicos y militares, dicen pretender iniciar un proceso constituyente, algo de lo que abjuraron en 1978 lo que entonces era el PCE tragando con la Constitución – Reforma de las Siete Leyes Fundamentales del franquismo – y, consecuentemente, con el Capitalismo monopolista de estado. ¿Pretenden acabar con esto? Evidentemente no, primero porque no es posible dar vuelta atrás de la concentración y el monopolio al capitalismo ascensional, pues el desarrollo de éste dio a luz y produce al capitalismo monopolista; es como pretender hacer que un río, en vez de desembocar en el mar, vuelva hacia atrás a su nacimiento. Esto simplemente es imposible, sobre todo porque los monopolios son más potentes económicamente que los estados – que no son más que sus delegaciones que reciben y cumplen disciplinadamente las órdenes enviadas por las agrupaciones imperialistas mundiales – que están dominados y al servicio de ellos. Pero es que además, no es intención de estos oportunistas socialdemócratas de IU cambiar una coma lo establecido, como ellos mismos reconocen cuando su clase social los saca a pasear en foros de economía donde tranquilizan a los monopolios en momentos previos a las elecciones. Para ello basta leer a Cayo Lara cuando en la campaña electoral de los comicios del 20 de noviembre de 2011 señalaba que “el planteamiento estratégico de IU está contemplado en la Constitución Española (…) Al socialismo o casi al socialismo se puede llegar con la Constitución, ya que los artículos del 128 al 131 hablan de la planificación de la economía, del acceso de los trabajadores a los medios de producción, de que el Estado puede tener una banca pública y nacionalizar empresas[11].

La función del oportunismo de IU-PCE, como de Anguita y su engendro, es el de hacer albergar falsas esperanzas a los trabajadores de poder conquistar la justicia social y conquistar mayores cotas de democracia bajo el manto del capitalismo. Deforman sus conciencias, traicionan y engañan al Pueblo Trabajador opositando para gestionar la dictadura del capital a la par que abren falsas expectativas de solución a los problemas de la mayoría obrera dentro del marco del capitalismo. No dudan, como hemos visto, en hablarnos de combatir el neoliberalismo, de reformas fiscales, de democratizar todo – desde el Banco Central, al sistema financiero pasando por las grandes empresas – y poner más barniz democrático, pero todo ello manteniendo la base capitalista y, consecuentemente, la propiedad privada sobre los medios de producción, ello es sacrosanto.

El marxismo-leninismo responde a estos farsantes y a sus políticas de engaño y traición al proletariado, que sirven de cortafuegos al capitalismo monopolista de estado y a la burguesía, pues ésta y sus esbirros oportunistas, como hemos podido apreciar por gran parte de lo expresado, se ven obligados a recurrir a la hipocresía y denominar ‘poder de todo el pueblo’ o democracia general, o democracia pura (burguesa), a la república democrática, al régimen que en realidad impone a las masas trabajadoras la dictadura de los explotadores, la dictadura de la burguesía (…) Perolos marxistas, los comunistas la desmienten y expresan a los obreros y masas trabajadoras, sin ambages, toda la verdad: en la práctica la república democrática, la Asamblea Constituyente, las elecciones populares, etc., significan la dictadura de la burguesía, y para que el trabajo se libere del yugo del capital no hay otro camino que sustituir esa dictadura por la dictadura del proletariado, única forma de gobierno que podrá emancipar a la humanidad de la esclavitud que le impone el capital, de las mentiras, falsedades e hipocresías de la democracia burguesa que rige para los ricos y brindar democracia para los pobres, es decir, lograr que los obreros y campesinos pobres tengan verdadero acceso a los beneficios que otorga la democracia, mientras que ahora (incluso en la república burguesa más democrática) la enorme mayoría de los trabajadores no puede en la práctica disfrutar de semejantes beneficios [12]. Mientras la base económica sea capitalista, mientras los medios de producción estén en manos de la burguesía, el estado estará en poder de ésta siendo un instrumento de dominación y sometimiento mediante el cual impondrá su yugo, su dictadura contra el proletariado. Ante ello, lo que nos dicen estos filibusteros socialdemócratas tipo Cayo Lara es que el planteamiento de su organización es la Constitución de 1978, o lo que es lo mismo, la base económica capitalista.

El marxismo-leninismo muestra quién es el sujeto para acabar con este sistema de explotación y opresión y señala el camino, tapando toda esa palabrería falsa de los chalecos salvavidas del Capital, con IU a la cabeza, por la que se le oculta a la clase trabajadora la naturaleza de clase de esta guerra en la que está inmersa contra la burguesía, vaciando por completo esa naturaleza clasista del problema; así como les cierra sus sucias bocas oportunistas, siendo tajante en que el problema no se solventa dentro del capitalismo, que no es una orientación capitalista la que falla sino el sistema, desde su raíz, desde su base económica a la superestructura que ésta eleva. “Porque no hay otro medio que la dictadura de la clase oprimida para salir de una sociedad en la que una clase impone su yugo a otra. Porque el proletariado es la única clase capaz de vencer a la burguesía y derribarla, es la única clase que el capitalismo ha unido y ha ‘adiestrado’, y está en condiciones de hacerse seguir, o, por lo menos de ‘neutralizar’ a esa masa de trabajadores vacilantes que viven como pequeñoburgueses. Porque los bondadosos pequeñoburgueses y filisteos son los únicos que pueden soñar esas fantasías con las que engañan a sí mismos y a los obreros: que es posible derribar el yugo del capital sin pasar por una larga y difícil etapa de lucha para aplastar la resistencia de los explotadores (…) el único medio de desbrozar el camino que conduce al socialismo es el de sustituir el Estado burgués, así sea la república burguesa más democrática, por un Estado del tipo de la Comuna de París (sobre el cual Marx tanto habló y que Scheidemann y Kautsky desfiguraron y traicionaron), o por un Estado como el de los soviets. La dictadura del proletariado librará a la humanidad del yugo del capital y de las guerras[13].

Pero la traición de IU y del engendro creado por Julio Anguita para con la clase trabajadora no termina ahí, en desorientarla, en hacerle albergar falsas esperanzas de solución dentro del marco imperialista, en movilizarla en la consecución de objetivos políticos que mantengan intacta la base capitalista. El meollo de la traición se constata cuando ese proceso de desorientación se centra en el objetivo de negar al proletariado como sujeto revolucionario, así como su misión histórica, en el objetivo de malformarle su conciencia de clase, de sembrar el anticomunismo y alejar al Proletariado de su ideología – el marxismo-leninismo – y el de atacar a su alma y su arma más eficaz, el Partido Leninista. Los Julios Anguitas de turno no son más que ‘intelectuales’ prostituidos y rendidos a la causa de la burguesía, piezas importantes en su maquinaria ideológica y antiobrera.

Desde el Partido Comunista Obrero Español denunciamos a estos enemigos de los trabajadores que se han convertido en la tabla de salvación de la clase burguesa y su sistema de explotación. Como la ciencia marxista-leninista señala, únicamente el socialismo como base económica y la dictadura del proletariado como forma de estado, puede resolver los problemas que hoy asolan a la mayoría trabajadora y acabar de raíz con este sistema explotador generador de desigualdad, miseria y violencia. Las condiciones objetivas no sólo están dadas, el desarrollo de las fuerzas productivas es inmenso y el proletariado hoy está lo suficientemente instruido y preparado como para dirigir la producción y desarrollar el socialismo; pero para que esto sea posible, la clase, como tal, debe resolver las cuestiones subjetivas, siendo el Partido la respuesta consecuente con la lucha de clases y el instrumento vital en la lucha de clases que transforme la psicología en conciencia de clase. Por ello, estos enemigos jurados de la clase trabajadora no dudan en desarrollar lucha ideológica creando todo tipo de organización que niegue a la organización leninista, que haga que el trabajador no tenga conciencia de su clase, sembrando en éste desclasamiento, anticomunismo, individualismo y escepticismo. Izquierda Unida o el Frente Cívico de Anguita, movimiento el segundo que no es más que la negación del primero evidenciando la contradicción y el oportunismo de Anguita, son movimientos creados en la dirección de recoger al trabajador con psicología e impedir que adopte conciencia de clase, conciencia revolucionaria, en definitiva, subterfugios cuyo único objetivo es engañar al obrero y alejarlo de su Partido, al que los oportunistas niegan y atacan con la máxima virulencia.

El PCOE, fiel a las enseñanzas del marxismo-leninismo, asevera sin fisura alguna que la única salida que tiene el proletariado y demás clases populares maltratadas por el sistema capitalista, es la construcción del socialismo y con ella el Poder de la mayoría trabajadora, o lo que es lo mismo, la dictadura del proletariado. Para ello, para conseguir que las clases populares, dirigidas por la clase obrera, se emancipen y liberen de las cadenas capitalista, el Partido Comunista Obrero Español está comprometido en el desarrollo y la construcción de instrumentos de poder popular; ya sea en las fábricas y centros de trabajo – unión de los comités de Empresa y Delegados – como en los pueblos y en las ciudades – Asambleas Populares donde la unión de todas ellas converjan en el Frente Único del Pueblo. Ambos, armas del proletariado para luchar contra el capitalismo e instrumentos de intervención política y social de los explotados hoy , pero a la par embriones de los órganos de Poder Popular de la sociedad futura, de la dictadura de los explotados contra los explotadores, que únicamente puede acabar con esta barbarie capitalista que somete y asesina socialmente a millones y millones de obreros, pequeños campesinos, artesanos, y que nos niega tener un presente y un futuro.

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 


 

[1]: VI. Lenin. Obras Escogidas en tres tomos, tomo 1. Imperialismo, Fase Superior del capitalismo, pág. 381. Editorial Progreso. Moscú 1961.

[2]: Ibídem.

[3]: Ibídem.

[4]: Izquierda Unida. Documento Base Conferencia sobre Europa. Págs. 1-2.

[5]: Por la dimisión del Gobierno con Rajoy al Frente y para la apertura de un proceso constituyente. Mesa Estatal Frente Cívico – Somos Mayoría, 20 de julio de 2013.

[6]: Izquierda Unida. Documento Base Conferencia sobre Europa. Pág. 2.

[7]: Ibídem, pág. 8

[8]: Ibídem, pág. 2

[9]: Por la dimisión del Gobierno con Rajoy al Frente y para la apertura de un proceso constituyente. Mesa Estatal Frente Cívico – Somos Mayoría, 20 de julio de 2013.

[10]: Ibídem.

[11]:Al socialismo se puede llegar con la Constitución española“.  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137445

[12]: V.I. Lenin: “Democracia” y Dictadura. Obras Completas, Tomo XXVIII, pág. 368, Ed. Política, La Habana, 1964

[13]: Ibídem, pág. 370-371


 

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La falacia del parlamentarismo

La historia del movimiento obrero mundial ha puesto de relieve la multiplicidad de formas en la lucha política del proletariado: Desde la participación en las elecciones al parlamento, a los ayuntamientos o a otros órganos del Estado hasta las manifestaciones de masas; desde la utilización pacífica de la tribuna parlamentaria hasta la lucha revolucionaria por el poder.

Los comunistas siempre hemos admitido y aceptado esta diversidad de formas. Pero ello no nos ha eximido de decidir, en cada coyuntura política, cuál de estas formas debe ser utilizada como preponderante y cómo organizar las demás formas para apoyar a ésta.

Desde Marx hasta mediados de los cincuenta del siglo pasado, los comunistas utilizaron el parlamento como una tribuna desde la cual proclamaban las reivindicaciones de la clase obrera, sometían a crítica el régimen burgués y se dirigían a las amplias masas. Al mismo tiempo que defendían, frente a los anarquistas, la necesidad de servirse de la lucha parlamentaria, los comunistas denunciaban las ilusiones parlamentarias de los elementos reformistas, conforme a las cuales, las tareas de la transformación socialista podían resolverse por medios parlamentarios.

Pero desde mediados de los cincuenta, y al calor de las llamadas vías pacíficas al socialismo, esta posición fue sustancialmente modificada por la parte euroccidental del movimiento comunista.

Desde entonces ha prevalecido, en esa parte del movimiento comunista internacional, la tesis de que el parlamento, que surgió como instrumento de dominación de la burguesía y de afianzamiento del régimen capitalista, podía utilizarse en el período de crisis general del capitalismo y bajo determinadas condiciones (unión entre socialistas y comunistas, existencia de un poderoso movimiento extraparlamentario y de masa dirigido por el partido de la clase obrera y la intensificación de la lucha por el socialismo y la paz) para resolver las tareas revolucionarias, para llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad. La acción parlamentaria ha constituido en las últimas décadas la forma principal de la lucha política empleada por la parte del movimiento comunista euroccidental. Una forma que sin abandonar su carácter principal, en el curso de los años, ha ido ganando preponderancia respecto a otras, hasta el punto de subordinarlas absolutamente e incluso suprimirlas.

Hoy, la vía parlamentaria constituye el punto de coincidencia estratégica común a todo el movimiento comunista euroccidental con independencia de que algunos de sus partidos componentes se proclamen del socialismo del siglo XXI, marxistas revolucionarios o marxistas-leninistas. La diferencia entre unos y otros consiste en que para los primeros el parlamento burgués ya expresa la voluntad de la mayoría del pueblo, lo cual hace innecesario ningún tipo de dictadura del proletariado, mientras que para los últimos la utilización de la vía parlamentaria en la marcha hacia el socialismo puede conducir a la creación de nuevas formas de la dictadura de la clase obrera, bajo las cuales el parlamento, transformado en el curso de la lucha revolucionaria, sea el portavoz de la mayoría del pueblo.

Por nuestra parte, no negamos la validez que en determinados momentos haya podido tener la lucha parlamentaria para los intereses del proletariado, ni excluimos la diversidad de formas de la lucha política. Sin embargo, existe una diferencia notable entre nosotros y la mayor parte del movimiento comunista euroccidental respecto a la forma principal de lucha política que debemos emplear los comunistas en los países occidentales de Europa.

Estimamos que ni el parlamento burgués -defendido por los exponentes reformistas y revisionistas del movimiento obrero contemporáneo-  expresa la voluntad popular, ni creemos que la vía parlamentaria hacia el socialismo – que defienden los partidos que se reclaman del marxismo-leninismo- pueda conducir a ninguna forma de dictadura del proletariado, en la cual el parlamento pueda transformarse en portavoz del pueblo.

Para el PCOE la utilización de la vía parlamentaria como forma preponderante de la lucha no conduce ni a la dictadura del proletariado ni al socialismo. Esa vía nos conduce al reformismo y a la plena integración en un sistema político que, pese a representar la forma más avanzada del poder burgués, ha llegado al límite de su evolución histórica sin perder su naturaleza clasista y afectada de una profunda crisis que tiene en la realidad del Parlamento su mayor evidencia.

De hecho, la institución parlamentaria que nos presentan hoy como el órgano que expresa la voluntad popular y otros como el órgano que en el curso de la lucha por el socialismo puede transformarse en portavoz de esa voluntad popular, no es más que una “realidad” moribunda que día a día se revela más impotente para evitar la reducción de sus derechos y funciones a la mera formalidad. Una formalidad que se expresa con nitidez meridiana en aquellos países europeos donde el desarrollo capitalista ha alcanzado un alto nivel.

En esos países, entre los que inevitablemente hay que incluir a España, al crecer el área de intervención del Estado en las esferas económica y social, el Gobierno ha ido asumiendo cada vez mayores facultades para dictar normas jurídicas que invaden de forma creciente, campos que en otras fases de la historia del parlamentarismo parecían acotadas por el supremo poder del Parlamento.

Hoy, las opciones en que se expresa realmente el poder político (decisiones de inversión, gestión de servicios, políticas salariales y relaciones internacionales) corresponden al Gobierno y escapan en la mayoría de los casos a la discusión y control del Parlamento. Ese poder real del Gobierno es transferido a la estructura burocrática que se extiende desde la administración estatal hasta la empresa pública.

La burocracia estatal, cada día más cuantiosa, se ha asegurado a escala cada vez más vasta funciones de dirección y control, económica y social. Dispone de unos poderes efectivos de tal envergadura, que precisamente su existencia y actividad dirigente y organizadora tiende a ser el modo más específico de desautorización del Parlamento e incluso, en última instancia, del propio Gobierno.

Por otra parte, y como reconoce cualquier jurista serio, una legislación complicada – cargada de tecnicismos refinados e inasequibles para la mayoría de los ciudadanos y, también, para aquellos parlamentarios que no tengan una sólida formación jurídica -es elaborada y reglamentada por comités de expertos, que atrincherados en órganos de la Administración, ejercen un poder real que escapa a todo control político. Surge así una especie de despotismo tecnocrático que expresa el autoritarismo del Estado burgués y que reduce a la formalidad las funciones controladoras del parlamento. Las manifestaciones más notorias de este fenómeno consisten en el escaso parentesco existente entre los programas generales o la ideología de las fuerzas políticas y el ejercicio real del poder estatal.

Igualmente, las funciones de control del Parlamento sobre el Gobierno son hoy más formales que nunca, como lo ha demostrado la comparecencia última de Rajoy en el senado para dar explicaciones sobre su inocencia o implicación en las corrupciones del PP. Y es así desde el momento en que el Gobierno está compuesto por los miembros del partido que ostenta la mayoría parlamentaria y en esos partidos existe la disciplina del voto.

Por último, la transferencia al plano internacional en proporciones casi absolutas en decisiones económicas y políticas, que en fases anteriores al desarrollo capitalista era competencia de organismo e instituciones nacionales, ha ido acentuándose inevitablemente como consecuencia de la integración mundial del capitalismo, lo cual ha reforzado los nuevos aparatos supranacionales en detrimento de la “soberanía popular” y de su máximo órgano de expresión, el Parlamento.

En tales condiciones consideramos que presentar el Parlamento burgués como el órgano desde donde el pueblo realiza su voluntad política a través de sus representantes electos, es una absoluta falta de rigor, sólo comprensible por razones de cobertura ideológica o por meras necesidades de supervivencia profesional de algunos de nuestros políticos.

La concentración de poderes en el ejecutivo, la omnipotencia de la burocracia estatal y el reforzamiento de los aparatos supranacionales, han limitado las funciones de los parlamentos euroccidentales a la ratificación formal de leyes elaboradas y desarrolladas, en la mayoría de los casos fuera de él, por una burocracia que escapa a su control y que actúa siempre subordinada a las necesidades del capitalismo.

Por todas estas razones el Partido Comunista Obrero Español considera que el Parlamento, que en el curso de la historia no ha podido evitar la reducción paulatina de sus funciones y derechos hasta transformar éstos en puro protocolo, no puede ser, como tampoco antes lo fue, el órgano desde el que se extienda la democracia y mucho menos que ese órgano, de existencia puramente formal, pueda transformarse en un órgano de la dictadura del proletariado, como algunos “marxistas-leninistas” defensores de la vía parlamentaria afirman.

Desde hace muchísimo tiempo hemos escuchado de muchos dirigentes comunistas del occidente europeo que la actividad parlamentaria de los partidos comunistas constituía un poderoso freno a la acción de las fuerzas reaccionarias, a la par, que abría nuevos surcos para la clase obrera en su marcha hacia el socialismo. Pero hoy en 2013, cuando el conjunto de la sociedad eurooccidental está poderosamente influida por las corrientes conservadoras, bien surgidas en los países europeos, bien importadas de los EE.UU, cuando se vigorizan las tendencias abiertamente fascistas en países como Inglaterra, Francia, Italia o la propia España, cuando han desaparecido del horizonte eurooccidental las perspectivas de un próximo acceso al socialismo para algunos de estos países o cuando se ven reducidos los propios márgenes de la democracia burguesa, pese a la acción parlamentaria de los comunistas eurooccidentales, el mensaje de nuestros dirigentes resulta completamente extraño a nuestra realidad.

Para el PCOE, el acceso al socialismo en los países europeos de capitalismo avanzado se producirá como en todos los países donde ha acontecido anteriormente, mediante el surgimiento y desarrollo de una ruptura revolucionaria. Una ruptura revolucionaria orientada a la sustitución del parlamentarismo, como sistema del parlamento, como forma de organización del poder político. Sustituidos por un sistema único de representación popular que abarca todos los órganos de poder, desde los supremos a los locales, unos órganos en los cuales los poderes legislativos y ejecutivos queden concentrados en manos de los representantes del pueblo y que estén dotados de una funcionalidad efectiva.

El Partido Comunista Obrero Español considera que la actividad parlamentaria de los comunistas, no debe constituir el aspecto principal de su lucha. Esa forma de lucha política debe ser relegada a un segundo plano, pero además recuperar su función clásica, la que Marx y Lenin expresaron en multitud de ocasiones, puesto que también para nosotros, la cuestión no es que las movilizaciones de masas faciliten la función reformista, por mucho verbalismo radical que se emplee, de los parlamentarios comunistas. Eso lo hemos hecho durante décadas y nos hemos quedado sin movilizaciones de masas y con raquíticas representaciones parlamentarias limitadas al ejercicio burocrático de la oposición, que en definitiva nada deciden. Para el PCOE, la cuestión es estimular la organización y las movilizaciones de masas (Frente Único del Pueblo – FUP) que algún día tendrá que pasar por encima del parlamento e incluso por encima de algunos de nuestros “camaradas” parlamentarios.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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PCOE Sevilla: ¿Cómo actuar?

¿CÓMO DEBE ACTUAR EL COMUNISTA?
En los periodos de declinación del movimiento obrero, como el presente, los trabajadores observan conductas inapropiadas a sus intereses de clase, que llaman la atención del nuevo militante, al menos, le suscita dudas debidas a su desconocimiento teórico o a su falta de práctica. El marxismo-leninismo, ofrece respuestas, tal vez, las que no espera el militante, porque las cuestiones están planteadas como clase y no como individuo, tal como dijera Lenin. Es decir, si queremos conocer el estado actual de la clase obrera, no debemos fijarnos en tal o cual obrero, ni en grupos concretos de obreros. Un individuo desconcienciado, según su estado de ánimo puede adoptar posiciones contradictorias en situaciones distintas, a veces “revolucionarias”, por tanto engañosas. De lo que se deduce que nadie debe esperar que el problema de sus relaciones políticas con su vecino, o con su compañero fulano de tal, vaya a ser resueltas matemáticamente al término de la lectura de este documento. Sin embargo, es probable que adquiera conocimientos suficientes para comprender su psicología y tras sucesivas conversaciones o debates con él obtenga los datos precisos para marcarse una táctica de convencimiento que le ayude a atraer su atención. Ahora bien, pretender llevar a la clase obrera a la revolución por medio de charlas individuales o colectivas de grupitos de obreros (sin desdeñarlas) es aplazar la revolución eternamente. 
Previamente, es necesario y fundamental el estudio de principios elementales del marxismo-leninismo, como es la relación entre bases económicas y superestructuras, estudiando y preparando los clásicos del marxismo-leninismo principales así como otras figuras relevantes(Marx, Engels, Lenin, Stalin, Dimitrov, Hoxha, José Díaz, etc.) para su debate en las células. A la vez, conviene saber qué es el pensamiento y cómo surge, que también se hallan en los citados documentos. Y por último, le ayudará bastante entender la relación que existe entre psicología y conciencia, expuesta como no podía ser de otro modo en las obras que citamos.
 
No obstante, conviene recordar antes de comenzar que la conciencia en el mundo es producto de la materia altamente organizada en movimiento (hombre). Este principio es válido para la toma de la conciencia de clase, solo alcanzable como clase, cuando los obreros están en movimiento.
 
Puede darse el dato de que al hablar con un compañero de trabajo una y otra vez, no podamos convencerle y por este motivo desesperemos, o lo que es peor, le cataloguemos como reaccionario; en cambio, es muy posible que su comportamiento después de varias asambleas varíe sustancialmente, en ellas deja de ser individuo para convertirse en clase. Luego, secundará la huelga, se enfrentará a la patronal que le enseñará los dientes y si el conflicto se encona pueden hacer acto de presencia las fuerzas represivas. Si el dirigente es capaz de utilizar todos estos movimientos extraordinarios para descubrirle las maldades del Estado y del capitalismo(no quedándose en la mera lucha economicista) que él mismo comprueba en la práctica, es casi seguro que habremos ganado un compañero para la revolución. Lo que mil charlas no han conseguido, lo ha logrado el movimiento. De todas formas, las conversaciones han ido calando en el compañero; aunque éste demuestre lo contrario. Tal vez, nuestras enseñanzas sin movimiento les son dadas como un mundo muy lejano y por consiguiente utópico, por lo que se aferra a su realidad para no verse envuelto en lo que él valora como extrañas y peligrosas aventuras. Lo que sucede es que con el movimiento de la sociedad, el mundo teórico que le describíamos se ha tornado en una cruda realidad, que él ha tenido la ocasión de afrontarla colectivamente con sus compañeros obteniendo una pequeña victoria. La unidad ya es posible en su cabeza, el triunfo también y algo más, como es nuevo, su incomprensión le llevará a las mismas dudas del militante novato y considerará reaccionario a aquellos compañeros que no han secundado la huelga o no asisten a las asambleas. Todo es un proceso.
EL ASALARIADO, PRODUCTO BURGUÉS
 
El obrero industrial nace en el sistema de producción capitalista es su producto genuino, como tal pertenece a este mundo en donde gobierna la propiedad privada sobre los medios de producción. A una tal forma de propiedad corresponde un sistema determinado de vida (el burgués). Su ilusión reflejo de la realidad que vive, es ser un burgués de verdad, ganar dinero y tener todo cuanto aparentemente puede lograr, pero nunca lo conseguirá y toda su vida estará guiada por el anhelo de “individualizarse” constituir su empresa y si no puede por problemas económicos, esperar ese golpe de suerte de un sorteo multimillonario. ¿En qué otra cosa puede pensar? ¿Qué otro mundo existe para él si no hay nadie que se lo muestre? Pensemos durante un instante si un bebé es abandonado en la jungla y algún animal, lo amamanta y consigue crecer. Es evidente, que solo tendrá de humano su aspecto, pero su pensamiento y conducta corresponden al ambiente en el que se ha criado. Jugará y se peleará con sus hermanos de leche, respetará a su madre adoptiva, aguantará estoicamente sus reprimendas, al igual que hacen sus otros hermanos, cazará al estilo de su nueva especie, pero él no puede ni siquiera imaginarse que existe otro mundo al que él debe pertenecer. Tendrá que venir un semejante suyo y después de un largo período de enseñanza, hablará, pensará de otra forma y podrá iniciar su vida humana. 
 
Del mismo modo sucede con la conciencia de clase. El obrero piensa y obra como un trasunto burgués, tendrá que venir otro obrero que se ha reencontrado con su verdadera naturaleza y con paciente pedagogía lo deberá adiestrar para arrancarlo de su mundo discordante.
A pesar de que en términos generales el obrero piensa como un burgués, no es correcto opinar que el discurrir de todos los obreros es idéntico cien por cien. En la conducta del individuo, en su forma de cavilar intervienen muchos factores, el primero las estructuras económicas, como hemos visto, después dependerá del lugar que ocupe en el proceso de producción, es decir, según a la clase a la que pertenece, al estrato que ocupa dentro de esta clase, a la educación recibida, al ambiente social en donde se desenvuelve, al entorno familiar etc. Pues aunque todos estos elementos son también productos del sistema de producción burgués, no obstante, intervienen con matices y contradicciones para acentuar o atenuar sus prejuicios burgueses.
El marxismo explica que mientras las fuerzas productivas conectan con las relaciones de producción dadas, la sociedad progresa armónicamente, pero cuando las fuerzas productivas se desarrollan mas allá de determinados límites, entran en colisión con las relaciones de producción y maduran las condiciones para la revolución.
Trasplantemos la teoría a la práctica. La pequeña empresa brota de las entrañas del capitalismo sin más, el sistema la está reproduciendo constantemente. Pero la pequeña empresa representa unas fuerzas productivas poco avanzadas, por consiguiente, y siguiendo la doctrina marxista, no se dan las condiciones para la revolución o para sustituir la sociedad. ¿Por qué? ¿Qué es lo que se refleja en la mente del obrero?
Imaginemos un pequeño taller del metal en el que para fabricar una pieza intervienen una pequeñísima división del trabajo: un tornero, un fresador y un peón. Es evidente que el patrón está interesado en que sus tres operarios conozcan perfectamente los tres tipos de trabajo, pues la ausencia de uno de ellos por enfermedad ocasionaría un grave trastorno en la producción. Una vez que los tres trabajadores han adquirido determinado nivel de destreza en cada uno de los puestos de trabajo existente, llegan a pensar que ellos por separado podrían dirigir una empresa igual. Jamás se plantearán la revolución porque su patrón le pague con un salario exiguo. Su realidad objetiva, la que se refleja en su conciencia, no le proporciona otro tipo de reflexión. Su universo es su pequeña empresa.
Son miles, millones los casos de fragmentación de la pequeña empresa porque sus empleados se independizan y establecen su propia entidad. En Alcalá de Guadaíra, existió una empresa denominada “HIDRASUR” que es el fruto de una división anterior, pero a la vez es el origen de sucesivas divisiones (APHISA, Tubo Rápido, Desarrollo Oleohidráulico, M.A. Componentes, SOINTEG) En HIDRASUR la empresa primaria tenía cinco trabajadores.
Como es de suponer y debido a que en el Estado español hay miles de pequeñas empresas, la gestión revolucionaria es mucho más dificultosa. No obstante, la nueva configuración del capitalismo arrastra a un buen porcentaje de estas pequeñas empresas a una modalidad productiva distinta de la que hemos citado.
La gran empresa representa ya el desarrollo ulterior del capitalismo y el avance de las fuerzas productivas. La división del trabajo es bastante amplia, por lo que en la mente individualizada de un trabajador no se refleja la posibilidad, ni siquiera remota de poder montar una empresa de esa índole. Se necesita mucho dinero, una dirección, gestión y control de la producción que él solo no puede abarcar. Y mientras que en la pequeña, el patrón no necesita ninguna titulación, pues su destreza la adquirió con la práctica y además él suele formar parte como un trabajador más en el proceso productivo, en las grandes empresas se necesitan ya especialistas y profesionales provenientes de las universidades. El patrón no tiene cabida en el proceso de producción, más que como director (a veces como titulo honorífico o formalista, mas que práctico) o accionista.
 
Resulta obvio, que el carácter burgués del trabajador de estas empresas pierde fuerzas con respecto al de la pequeña empresa. Su pensamiento burgués engendrado desde su nacimiento por vivir en la sociedad capitalista entra en contradicción con la realidad que le circunda en su universo-trabajo. Pero hay que descubrirle esa realidad.
 
Los trabajadores de la gran empresa están más propensos a acceder a la conciencia de clase, pero tendrá que ser en movimiento. La discusión del convenio colectivo, una huelga, descubren que incluso los interlocutores de la empresa, son meros trabajadores con determinada cualificación, el patrón no aparece. La explotación aflora más clara, pero también es mayor la posibilidad de un cambio de sociedad. Los trabajadores saben, si lo piensan que de no existir el patrón, la plantilla es capaz de salir hacia delante. Los comerciales, economistas, abogados, administrativos, técnicos, obreros profesionales y obreros no cualificados, son todos trabajadores a sueldos. Pero repetimos, tiene que estar el Partido que le descubra todas sus posibilidades, superando la mera lucha económica, dando la batalla en el terreno de la ideología y la lucha política.
Hace unos años estas empresas se las consideraba grande por el volumen de sus plantillas, cientos o miles de trabajadores las cubrían. En la actualidad no es necesario, pues la tecnología que forma parte de las fuerzas productivas, está muy desarrollada. Centros de trabajo con 50 ó 100 trabajadores pueden hoy desarrollar muchas mas cantidad de productos que antiguamente miles de operarios.
Por otro lado, un número considerable de pequeñas empresas se han convertido en contratas, subcontratas o auxiliares, de esta manera su supervivencia está supeditada a la gran empresa. En este caso, las posibilidades de que un trabajador se independice para constituir una sociedad de está índole es mucho menor, ya no depende de sí mismo. Esta circunstancia también se refleja en su conciencia.
Con nuestra exposición hasta ahora, queremos demostrar que el obrero, imbuido en la sociedad que le ha tocado vivir, se encuentra atrapado por el modo de vida burgués. Pero constatamos que dependiendo del lugar que ocupa en el proceso de producción, la influencia burguesa es mayor o menor, sin que de ningún modo por el hecho de ocupar un puesto de asalariado, por su mente pase la necesidad de transformar la sociedad por influencia directa de la posición que ocupa.
EL OPORTUNISMO DE DERECHA
 
Con el término genérico de oportunismo de derecha se conoce al reformismo de derecha dentro del movimiento obrero, corriente desviacionista, que constituye junto con la propaganda burguesa los elementos más dinámicos en la malformación de la conciencia política de los trabajadores. Es decir, a la influencia natural de la vida burguesa hay que añadir el trabajo de zapa del oportunismo, que consiste en mantener a los trabajadores bajo el dominio de la ideología capitalista. Por consiguiente, el obrero, sin recibir aún un mínimo aliento de clase, es atacado por todos los flancos posibles con nociones y propuestas contrarias a su interés de clase. Durante años, antes de encontrarse con un leninista su mente es golpeada sin escrúpulos por sus enemigos durante las 24 horas del día. Esta circunstancia importantísima debe presidir nuestra memoria cuando entablamos conversación con un compañero y especialmente en el momento de juzgarlo.
           
Históricamente el oportunismo nace como consecuencia del desarrollo pacifico (relativamente) del capitalismo después del 1871. La burguesía apoyándose en su expansión económica y en el dominio de las colonias, crea en el seno de la clase obrera grupos privilegiados económicamente conocidos como “aristocracia obrera” con vistas a conseguir dos objetivos muy importantes para ella: 1.- La división de los trabajadores. 2. conseguir la paz social en la retaguardia y así lanzarse en las mejores condiciones a las conquistas de nuevas áreas de influencias.
          
Otro elemento perturbador de la conciencia obrera fue la proletarización de la pequeña burguesía. El desarrollo del capitalismo hacia su forma monopolista produjo la ruina en masas de la pequeña burguesía que tuvo que proletarizarse y trabajar en centros de trabajo ajenos como obreros, pero manteniendo su pensamiento burgués, pues su ilusión consistía en recuperar su pasado (hacerse empresario de nuevo). En este sentido introducía su ideología en el seno del movimiento obrero: el socialismo pequeño burgués.
            
Los ideólogos marxistas con la nueva fisonomía de la clase obrera y su complicado pensamiento en sus manos, lo tradujeron erróneamente y se adentraron en el terreno de la revisión de los análisis y sus conclusiones, consiguiendo la desviación del movimiento obrero.
 
En la actualidad, aristocracia obrera y proletarización de la pequeña burguesía continúan, aún con mayor número y fuerza contribuyendo a divulgar la ideología capitalista en la clase obrera. La aristocracia obrera se materializa en las direcciones de las centrales sindicales y en elementos pertenecientes a los comités de empresas, patrocinados directa o indirectamente por los empresarios y otros grupos de obreros “mejor pagados” que frenan o interceptan la posibilidad de conflictos en las fábricas. Por su parte, la proletarización de la pequeña burguesía es muy constante, según fuentes oficiales, la media de vida de la pequeña empresa en nuestro país es de cinco años.
 
El oportunismo de derecha es una de las corrientes antimarxistas más peligrosa. La historia nos demuestra que es impensable reconducir el movimiento obrero por el camino de la conciencia, sin antes vencer al oportunismo. Desde tiempos de Lenin y como esencia leninista los partidos revolucionarios llevan a cabo una sistemática denuncia del oportunismo desde el interior de la clase obrera. Es decir, o se combate al oportunismo, o se está al lado de él, de la burguesía, no existe ningún camino de por medio. 
EL MILITANTE COMUNISTA

 No existe un código de conducta que recoja cada instante de la vida de un militante comunista, menos aún para consultar la solución de los problemas que se le presenta diariamente, pero sabedor de la psicología obrera y preparado en cuestiones elementales, como son el manejo de la plusvalía, las falsas relaciones entre inflación y desempleo, entre salario e inflación tendremos mucho terreno ganado. No hay que olvidar que el obrero normal, con el perdón del símil, es un “papagayo” que repite las mismas teorías que su patrón, incluso con sus mismas palabras, que son difundidas muy frecuentemente por los medios de comunicación.

          
Pongamos un ejemplo en base a la lucha económica, que no crea por sí la conciencia de clase pero que sin embargo es necesaria. Tomemos por ejemplo las discusiones de los convenios colectivos, los representantes de la empresa suelen utilizar las mismas sentencias, aquellas que los reformistas necesitan para justificar su traición y con las que pueden convencer a los trabajadores en una asamblea. Por ejemplo; a una petición de subida salarial, la empresa opone aquello de que si suben los salarios, más de lo que ellos están dispuestos a dar, encarecerá el producto y consiguientemente estará en desventaja en el mercado que resulta muy competitivo y en este caso perderá clientes. Al final se concluye que la empresa puede cerrar y la culpa es del trabajador.
           
Si el comunista está en la mesa deliberadora y conoce la relación entre el salario y la inflación, debe exponerla con suma claridad, cortará el argumento de la empresa y la obligará a imponer su criterio por las bravas, pero no con razonamientos. No es lo mismo transmitir en la asamblea que el patrón no sube el salario porque no le da la gana, que decir, porque pierde competitividad por encarecer el producto, que es una teoría que cala en la mayoría de los trabajadores por ignorancia y porque es lo que escucha normalmente y que lógicamente utiliza el reformista para ir convenciendo a la asamblea.
           
Si el comunista no está en el comité y los reformistas exponen la teoría de la empresa en la asamblea sin dar respuesta contraria y sin explicar el engaño a los trabadores con el propósito de que estos vayan rebajando sus peticiones, entonces pedirá la palabra y la explicará él desenmascarando a la empresa y a los reformistas por callar ante el engaño.
           
A continuación exponemos lo que dice el partido al respecto en su tesis programática; aunque es un poco largo, es necesario para alcanzar el objetivo de este documento:
 
  “La teoría que explica la inflación como consecuencia directa del aumento de los salarios (es decir, que el incremento de éstos es la causa del alza de los precios y, por lo tanto, nadie se beneficia de ello, pues en fin de cuentas hace descender el nivel de vida del pueblo trabajador) es un truco de ideólogos burgueses y reformistas.
 
  Este truco persigue, de un lado, convencer a los obreros de que han de ser “moderados” en sus reivindicaciones y deben aceptar resignadamente una política de rentas que congela sus salarios e impone el pacto social con los empresarios para hacer frente a la inflación; de otro lado, movilizar contra los obreros las llamadas clases medias, a la pequeña y media burguesía, a las “clases pasivas”, a los pequeños rentistas, etc. para sembrar la confusión y la división entre las masas populares frente a su enemigo principal.: el capital monopolista, verdadero generador de la inflación.
Conviene recordar a este respecto que la afirmación de que el aumento de salarios lleva consigo el alza de los precios –y por consiguiente, liquida automáticamente aquella mejora- tiene una historia tan antigua como la lucha organizada de los obreros por sus reivindicaciones inmediatas.
Carlos Marx denunció ya en su tiempo la falsedad de tal afirmación, esgrimiendo la teoría del valor. Mostró inequívocamente que el aumento del salario lleva a una redistribución del valor entre el capitalista y el obrero, o sea, a un aumento de la parte correspondiente al obrero y a una disminución de la correspondiente al capitalista. Como se sabe, el valor de la fuerza de trabajo es siempre inferior al nuevo valor creado por el trabajo del obrero. El capitalista paga como salario solo una parte de la jornada laboral –el tiempo de trabajo necesario- y se apropia la mayor parte del fruto del trabajo del obrero.
 
 De ahí que la inflación no sea la resultante del incremento de los salarios, sino consecuencia de la depreciación del dinero al acrecentarse la masa monetaria. Es del dominio público que si el crecimiento de la masa monetaria compensa el aumento del producto Nacional Bruto (PNB), tal incremento no es inflacionario. Eso es lo que determina el valor real del dinero.
Los salarios y los precios son independientes, aunque es cierto que existe un determinado grado de dependencia entre ellos; por ejemplo, las alteraciones de los precios influyen en el valor de las mercancías que adquieren los trabajadores y, por tanto, cambia la expresión en dinero de la fuerza de trabajo, incluso cuando el valor real sigue siendo el mismo. En consecuencia, si existe entre ambos una dependencia, son los precios justamente los que influyen en los salarios, y no a la inversa.
Esta es la razón de la escala móvil de salarios y de las oscilaciones del mínimo vital y de las tarifas salariales en dependencia de la progresión constante de los precios; pero, incluso, si la cláusula de la escala móvil de salarios se establece en todo contrato de trabajo o convenio colectivo, los salarios irán siempre, de manera inevitable, en retraso respecto a los cambios que se produzcan en el ritmo de crecimiento de los precios, retraso que en la mayoría de los casos puede llegar a varios meses y hasta un año, es decir, mientras dura la negociación entre obreros y patronos.”
 
                La teoría del valor y la de la plusvalía nos salvarán de casi todas las situaciones individuales y colectivas. Por ejemplo, cuando un obrero extraviado nos responde que el capitalista también trabaja, naturalmente puede referirse a la pequeña empresa, es conveniente decirle que es justo que se lleve un salario, incluso es posible que mayor que el del trabajador según su labor, pero nunca puede llevarse la plusvalía que pertenece al trabajador. Por tanto morirá como empresario. En este momento se le explica de manera sencilla la plusvalía y el compañero quedará, sin duda, complacido.
 
La preparación es la numero uno de las necesidades del comunista. No hace falta ser Lenin, solo manejar lo básico y obtendremos ventajas sobre todos los trabajadores, que jamás han escuchado nuestras teorías, como explicamos al principio del documento.
        
Otra cuestión muy importante, es que el trabajador a pesar de rechazar (de boca) a los políticos, en el fondo considera que estos saben más que nadie en economía y política. Por ejemplo, la tesis que manejó en la anterior legislatura el Presidente de la Junta de Andalucía para justificar las subvenciones a los Patronos en esta época de crisis, fue la siguiente: “Lo publico se sostiene fundamentalmente del sector privado, gracias a ello, se pueden construir escuelas, ambulatorios, carreteras, etc. Es lógico que en la situación actual en el que existe superávit en lo público ayudemos al sector privado para que se rehaga y de resultas puedan contratar a trabajadores y todos saldremos beneficiados”
 
 El hecho es bien sencillo, un trabajador sabe que el patrón “abona” Seguridad Social por tenerlo empleado y su cuota por beneficios “a fondo perdido”, mientras que él lo que paga se lo lleva bien a través del desempleo o durante su jubilación ¿Qué puede decir un trabajador al respecto? Lógicamente que es verdad, que si se le da dinero a las empresas privadas éstas estarán en condiciones de contratar a más trabajadores. Y por otra vertiente, puede ver que es justo, que las pensiones han de ser reformadas puesto que hay mas viejos que jóvenes y estos no podrán soportar tanta carga.
 
El comunista tiene que provocar el debate, aquí vale lo particular y lo colectivo, para demostrar a través de la teoría de la plusvalía que todo es falso, así demostrará su sabiduría y aunque sus interlocutores no le den la razón, esa conversación saldrá más a menudo, señal inequívoca de que les ha dado que meditar. Repetimos que será la primera vez que los compañeros escucharán una refutación como la nuestra. Pero no debemos hablar como profesores pedantes que tratan al de enfrente como un alumno ignorante, sino con el máximo calor, como obrero mosqueado por la injusticia y exponiendo ejemplos y situaciones extremas, para demostrar que sentimos lo que afirmamos. 
 
Habrá que decirle, que todo el dinero es producido por el mismo método, por el trabajo del obrero, no solo la parte que éste paga al Estado, sino también la que corresponde al patrón, además de que en procesos anteriores le ha pagado al patrón sus máquinas, sus naves, es decir, todo lo que es dinero. Por tanto el Producto Interior Bruto es el conjunto de todas las plusvalías generada por el obrero, después, se reparte con distintos nombres. Una parte irá a parar a la Corona, otra a los ministerios, a las fuerzas armadas, a las distintas policías, a los jueces, a todos los funcionarios, partidos políticos, parlamentarios, a los subvenciones de las empresas, a la iglesia, es decir a todo el mundo, y una parte para la seguridad social del propio obrero ¿Cómo entonces puede cuestionarse solo la seguridad social de los obreros? ¿Acaso hay pocos obreros jóvenes para mantener a los jubilados, pero suficientes para mantener a todos los ociosos? Es decir sobre las espaldas del trabajado caerá todo el soporte de los supersueldos de los parásitos y estos se mantendrán a toda costa; en cambio, el obrero tendrá que trabajar más si quiere tener una mala vejez. Mayor desvergüenza imposible. Estamos seguros que explicándoselo bien a los compañeros estos lo entenderán y se enrabiarán.
 
La cuestión es que el comunista debe hablar con seguridad y siempre a la ofensiva, pues tiene por fortuna, y por la criminalidad del sistema todos los argumentos a su favor, cualesquiera que sean las discusiones, individuales o colectivas.
 
En la individual, es muy probable que nuestro interlocutor para “salirse con la suya”, o bien, por simple influencia de la propaganda burguesa, cuando le hablemos intentará tirar por la tangente, hablando mal de Cuba, de tal o cual cosa que allí sucede, o de la “dictadura” soviética, de que el comunismo produjo 100 millones de muertos(cifra acientífica y delirante dada por el inefable Stephane Courtuois en su libelo, cuya cifra se repita como mantra y aumenta a medida que se desarrolla la crisis capitalista) etc. Es su manera de demostrarnos que estamos equivocados o mal informados y además es la forma de zafarse de cualquier compromiso. En este caso, es bien sencillo devolverle la pelota. El comunista debe conocer muchos datos que afectan a los trabajadores. Y aquél que mejor crea puede hacer reflexionar al compañero porque le afecte directamente, nos servirá. Se le pregunta si sabe que en nuestro país se da tal situación (se le da el dato inapelable y cruel) el dirá que no, entonces ya estará en nuestras en manos, porque lo inmediato es decirle que ¿cómo es posible que conozca lo que sucede en países que están a miles de kilómetros de distancia y no sepa lo que le ocurre a su vecino? ¿Por qué de lo ajeno nos dan explicaciones pormenorizadas y de lo propio casi lo ignoran o nos mienten? Es evidente –le diremos- que eres un objeto en manos de los que te explotan que son los mismos que te informan de lo de Cuba y te desinforman o te ocultan lo que ocurre aquí. Si te mienten en lo de aquí, lo más probable es que te mientan sobre lo lejos, para que tu no aspires a los cambios que allí se operan.
 
Aunque los ejemplos no deben tomarse al pie de la letra pueden, sin embargo, darnos la idea de que el fallo no está en los compañeros por su ignorancia sino en nosotros por no saberlos traer a nuestro terreno. Resulta paradójico, inconcebible que un trabajador ignorante, influenciado por la burguesía nos gane una discusión, sabiendo nosotros que no lleva la razón.
LOS COMUNISTAS EN LOS CENTROS DE TRABAJO
 
La mejor arma que atesora un comunista es su seguridad sobre sí mismo, cualidad que le concede total libertad de acción. Lo primero que debe hacer el militante es ejercitarse mentalmente y pensar que los dirigentes de nuestro lugar de trabajo son compañeros equivocados por todo lo que hemos expuesto anteriormente. Su influencia sobre los demás compañeros es total y les conducen por el camino que le marca la burguesía y los reformistas. El comunista sabe más que ellos y está dispuesto a demostrárselo en cualquier lugar, en reuniones, asambleas, etc. Si adquiere esta mentalidad lo tiene todo más fácil, comienza con un 70% de posibilidades de triunfar y debe buscar la confrontación pública con ellos. Pues debe pensar que rebatirlo en una asamblea, obtendrá mucho mayor éxito de cara a los trabajadores que a través de cientos de charlas particulares. Los trabajadores no quieren parlanchines de salón (que es en lo que nos convertiremos, si solo nos dedicamos a debates particulares) sino dirigentes osados, capaces de defenderlos públicamente.
 
El comunista tiene la obligación de buscar la asamblea por todos los medios, pedírsela al comité (tanto si él es miembro del mismo como si no) si el comité no la concede, puede y debe informar a los trabajadores por medio de un boletín o de octavillas (la propaganda tiene que ser constante) argumentando que el Comité se niega porque obra con la mentira y no quiere que se le descubra, es decir, el comunista tiene que ser bolchevique, o no es nada.
 
a Asamblea es la herramienta para la acción, en ella se genera el movimiento que proporcionará a los trabajadores la conciencia de clase. Por esta razón, tenemos que promocionarla, prodigarla, exigirla y prepararnos para hablar en ellas. De todas formas, cabe decir que las asambleas son herramientas para el movimiento si las dirigen los marxistas-leninistas, en caso contrario, se transforma en el instrumento para deslizar a través de ella hacia todos los trabajadores los deseos de la patronal y del gobierno.
¿Cómo triunfa un comunista en las Asambleas? Sabemos que los reformistas, la patronal y el ambiente que se respira son hostiles para que a los trabajadores se les hable de política, pero si no se les habla de política, nunca adquirirán conciencia. En este supuesto pasaremos a la ofensiva.
Cuando el comité reformista postule en la Asamblea, el comunista lo denunciará por hablar de política, pero de política antiobrera y demostrará que es la política que conviene al empresario y le opondrá en el discurso su posición comunista al respecto. No esperará a hablar primero y que ellos le tachen de político, con lo cual pretenden evitar la reflexión de la asamblea. Siempre iremos a la ofensiva, es la mejor manera de ganar.
Hay camaradas que se preguntan, cuándo hay que hablar en términos sindicales, ideológicos o políticos. El militante comunista tiene un solo discurso y las tres entidades están interrelacionadas.
 
Debemos pedir por un lado la unidad sindical en una sola Central, de clase y vinculada a la FSM(Federación Sindical Mundial) pero además pedimos la unidad de los trabajadores con las asociaciones de vecinos, las organizaciones estudiantiles y profesionales, propugnando la unión de los comités y delegados( que ya existen, y no los crea el Partido artificialmente) en las ACDT, que superan el ámbito sindical y exigimos medidas transformadoras para cambiar el sistema (ideología y política)
 
Los comunistas tenemos siempre el mismo discurso y no lo tenemos que variar dependiendo si estamos en el sindicato o en una asamblea de centro de trabajo, es siempre el mismo y en torno a tres ejes: ideológico, político y económico.
¿Acaso no es el sindicato la escuela de comunistas? ¿No es bueno que en la Asamblea de un centro de trabajo, denunciemos a los trabajadores la política del gobierno respecto de la crisis, en el sentido de que subvenciona a las empresas culpables de la misma, con el dinero que nosotros generamos y se está cuestionando nuestra jubilación? ¿Qué es esto sindical o político? ¿Es malo acaso, decir en la misma asamblea, que nuestro comité debe estar en la ACDT, en donde se reunirá con otros comités y organizaciones populares para luchar contra éste y otros problemas? O ¿Acaso es perjudicial para el comunista y para los trabajadores, decir en una asamblea de Trabajadores que el paro que nos acecha también a nosotros, es como consecuencia de que nuestras tierras, fábricas, minas y campos están en manos privadas que miran por su egoísmo y que si hacemos uso de esas nuestras riquezas de manera racional, creando empresas en relación con las materias primas que en ellas se producen no habría paro? ¿Puede un comunista callar, y no decir lo que exponemos arriba, cuando el reformismo y la empresa frenan nuestras reivindicaciones sindicales por culpa de la existencia del paro? ¿Entonces, como creamos conciencia? ¿Es perjudicial que algún trabajador diga que el que habla así es comunista?
 
Que en el sindicato, que en los barrios y que en nuestro lugar del trabajo, nos conozcan como comunistas, no es un hándicap, es buenísimo y ese debe ser la meta que debemos desarrollar. Pero, lo que no puede jamás el militante comunista, que es eso antes que nada, un militante comunista, es ocultarse ni prescindir de su militancia. Hay que considerar que la lucha se libra entre reformistas, empresarios y gobiernos, por anular al partido leninista. Esa es la razón para que inculquen entre los trabajadores que la política es tabú, con el propósito de no dar pie a que los leninistas puedan tener acceso a la clase obrera y nosotros estamos obligados a romper con dicho impedimento. El patrón hablará siempre como un patrón, con política burguesa, el reformista hablará siempre como un reformista, con política burguesa, ¿Por qué razón, entonces, debemos nosotros los que portamos la verdad y la justicia, ocultarnos? Esto significaría contribuir con nuestros enemigos en la despolitización de los obreros, osea, en malformar su conciencia dejando que la ideología burguesa les aprisione.
 
En resumida cuenta, al burgués y al reformismo se le contrarresta con arrojo comunista. Nuestros camaradas en su centro de trabajo deben arrinconar a los comités exigiéndoles una y otra vez que se unan en torno a la ACDT, que reciban a la comisión de ésta y a la par, informar a los trabajadores de qué es la ACDT y de la necesidad de que su comité se adhiera, pidiéndole a sus compañeros que se lo exijan al comité.
 
El gobierno, la patronal y el reformismo cuando quieren algo, lo buscan y lo exigen, ¿por qué nosotros llevando razón no actuamos igual, si esa ha sido la manera de conducirse de los auténticos comunistas? No basta con tener una política y unas tácticas justas, si no la defendemos como comunistas.
 

Comité Provincial del PCOE en Sevilla