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La intrahistoria de la Audiencia Nacional

Nuestro Partido, el PCOE, caracteriza abiertamente de fascista al Estado español. Para definir a este estado así, al que se le cuentan más de doscientos presos políticos en la actualidad, sólo hay que darse una vuelta por sus instituciones para ver claramente su entraña. Nos centraremos en la Audiencia Nacional para ver la falsedad que supuso la tan cacareada Transición Española, régimen en el que se fueron a dormir como fascistas y se despertaron demócratas.

El 4 de enero de 1977 desaparecía oficialmente el Tribunal de Orden Público (TOP), uno de los grandes instrumentos represivos del franquismo contra la clase obrera, comunistas, estudiantes, sindicalistas y militantes antifascistas. Al día siguiente, sin transición real, nacía la Audiencia Nacional. El régimen quería vender aquello como una ruptura democrática y, sin embargo, aquello no fue más que un cambio de nombre para garantizar la continuidad del aparato judicial del Estado franquista. El TOP había sido creado en 1963 para perseguir delitos políticos como huelgas, propaganda ilegal, organización sindical, reuniones clandestinas o simples opositores al régimen. Miles de comunistas y militantes obreros pasaron por sus salas. La supuesta Transición modélica nunca depuró a jueces, policías, ni estructuras represivas. La policía política de Franco se fue a dormir gris y se despertó marrón sin ningún tipo de rendición de cuentas, ni depuración. Muchos magistrados del TOP continuaron ejerciendo dentro de la nueva Audiencia Nacional, conservando la misma lógica de defensa del orden establecido, ahora bajo una estética democrática y parlamentaria.

El cambio exprés entre ambas instituciones demuestra que la Transición española no significó una ruptura con el franquismo, sino una reforma controlada desde arriba para preservar el poder económico, judicial y militar de las élites. Mientras se legalizaban partidos y sindicatos amaestrados, el aparato del Estado permanecía prácticamente intacto. La Audiencia Nacional heredó competencias excepcionales y una función política clara que es proteger la estabilidad del nuevo régimen surgido tras la muerte de Franco.

La continuidad no fue sólo jurídica, sino también ideológica. Donde antes se perseguía al “enemigo del Movimiento”, después se ha perseguido al “enemigo de la democracia”. Cambiaron los discursos, pero el objetivo siguió siendo contener cualquier amenaza al orden capitalista y a la unidad del Estado. Por ejemplo, el artículo 2 de la Constitución Española consagra la indisoluble unidad de España y el artículo 38 reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado y encomienda a los poderes públicos garantizar y proteger su ejercicio, o sea, proteger la economía de los capitalistas y la esclavitud asalariada. Por eso, para los comunistas del PCOE, aquella transformación en apenas un día simboliza perfectamente la naturaleza de la Transición, que no fue más que una operación cosmética donde las estructuras fundamentales del franquismo sobrevivieron bajo nuevas siglas. Nuestra memoria antifascista insiste en recordar que no hubo justicia real para las víctimas de la dictadura, ni ruptura efectiva con sus mecanismos represivos. El paso del TOP a la Audiencia Nacional continúa siendo, décadas después, uno de los ejemplos más citados de la continuidad entre franquismo y régimen del 78.

Lenin, en su obra “El estado y la revolución” (1917), establece la definición de estado como un conjunto de estamentos jurídicos y armados para la violencia de una clase social contra otra. En este pequeño recorrido hemos podido constatar el acierto de su definición, en un estado capitalista organizado para reprimir abiertamente a la clase obrera y que ningún cambio cosmético ha conseguido silenciar. Lo que la clase obrera puede esperar de él no es más que una violencia abierta y directa al corazón de nuestra clase y su único antídoto se llama organización obrera y partido comunista. Frente al miedo y la violencia respondemos con organización. Desde estas líneas intentamos despertar tu consciencia de clase y la necesidad de militar en el PCOE ante este escenario dantesco.

¡Contra el fascismo, organización obrera!

¡Por la conquista del estado proletario!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Qué es el fascismo

El fascismo se podría definir como el dominio del capital financiero sobre el capital productivo, lo que redunda en, al sostener la misma producción con una masa de capital más grande, una inflación desbocada que es cómo financian su gasto militar a costilla de la clase obrera, que ve muy comprometida su subsistencia por la guerra abierta o por el encarecimiento derivado de la lucha del capital financiero por expoliar las materias primas.

El fascismo, desde la concepción marxista-leninista desarrollada por Georgi Dimitrov, no constituye simplemente una forma autoritaria de gobierno, ni una desviación moral de la democracia burguesa, sino la expresión política extrema del capitalismo monopolista en su fase de crisis histórica. Dimitrov, en su informe “La clase obrera contra el fascismo” (1935) en el VII Congreso de la Internacional Comunista, lo definió como “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Esta definición sitúa al fascismo no sólo en el terreno de las ideas abstractas, sino en la estructura material de la sociedad capitalista y en las necesidades concretas de la burguesía monopolista.

Mientras el liberalismo burgués puede gobernar mediante el parlamentarismo, la alternancia política y ciertas concesiones económicas a las masas obreras, el fascismo aparece cuando esas formas dejan de ser suficientes para garantizar la reproducción del capital. No surge porque una nación pierda sus valores democráticos, sino porque las contradicciones internas del capitalismo alcanzan un punto en el que la burguesía ya no puede mantener su dominio mediante métodos ordinarios. La democracia burguesa y el fascismo no son sistemas opuestos en esencia de clase, ambos representan la dictadura de la burguesía y la única diferencia reside en la forma de ejercerla.

En la etapa imperialista del capitalismo descrita por Lenin, “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917), hace ya más de un siglo describe como la economía queda dominada por monopolios, bancos y oligarquías financieras que concentran el capital y subordinan el Estado a sus intereses. La acumulación de capital llega progresivamente a límites históricos que llevan a la sobreproducción, la caída de la tasa de ganancia, el endeudamiento estructural, la destrucción de fuerzas productivas, el desempleo masivo y las guerras por nuevos mercados y recursos. El imperialismo intenta resolver estas contradicciones mediante la exportación de capital, el saqueo colonial y la militarización permanente. Sin embargo, esas soluciones sólo aplazan la crisis y profundizan la decadencia general del sistema.

Cuando la crisis económica amenaza con transformarse en crisis revolucionaria, la burguesía monopolista abandona progresivamente la forma de democracia burguesa que anteriormente le resultaba útil. El fascismo aparece entonces como mecanismo de salvación del capital. Su función histórica consiste en destruir las organizaciones obreras, liquidar los derechos democráticos, militarizar la sociedad, imponer el nacionalismo chovinista y reorganizar el Estado para garantizar por la violencia la continuidad de la acumulación capitalista.

Por eso, para los comunistas, el fascismo no es un accidente histórico ni una anomalía psicológica colectiva, sino una tendencia inherente al imperialismo en descomposición. Cuanto más se agudiza la crisis estructural del capitalismo, más necesita la burguesía recurrir a formas abiertas de coerción. La concentración monopolista reduce el margen para las reformas sociales y la competencia interimperialista empuja hacia la guerra. Entonces el deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera genera descontento y aparece el miedo de la burguesía a la revolución de la clase obrera que la conduce hacia métodos cada vez más expeditivos y represivos.

El fascismo intenta movilizar a sectores desesperados de la pequeña burguesía, capas arruinadas y masas desclasadas contra la clase obrera organizada. Se presentan demagógicamente como patriotas honrados, con un fuerte discurso identitario y populista, pero en realidad su misión es preservar intacta la propiedad privada de los monopolios y fortalecer el poder del gran capital. Bajo consignas de unidad nacional, destruye la lucha de clases por la fuerza y subordina toda la vida social a los intereses del capital financiero y del aparato militar.

Desde esta perspectiva, las potencias imperialistas tienden históricamente hacia formas fascistas conforme se erosiona su base económica. El agotamiento de la expansión capitalista, la financiarización parasitaria, la pérdida de hegemonía internacional y la incapacidad de garantizar niveles de vida estables, obligan al Estado burgués a intensificar el control social y la represión. El deterioro económico genera polarización política y, a su vez, la polarización amenaza la estabilidad del sistema. Entonces el capital responde reforzando mecanismos autoritarios. Es por eso que el imperialismo se convierte en la antesala de la revolución socialista.

La transición hacia formas fascistas puede no reproducir exactamente los modelos clásicos de Italia o Alemania, pero conserva intacta su esencia de clase, la concentración extrema del poder ejecutivo, persecución de organizaciones revolucionarias, la propaganda nacionalista, la militarización ideológica, criminalización de la disidencia y subordinación total del aparato estatal a los intereses del capital monopolista.

Así, para los comunistas, el fascismo constituye la manifestación política de la decadencia histórica del imperialismo. No es una alternativa al capitalismo, sino su última línea de defensa cuando las contradicciones económicas hacen imposible gobernar mediante el consenso liberal. La lucha contra el fascismo no puede separarse, por tanto, de la lucha contra el imperialismo y contra el sistema capitalista que lo engendra.

Frente al avance del fascismo, reafirmamos la necesidad de la unidad de la clase obrera hacia la construcción de la dictadura del proletariado, la forma más radical de democracia, y que dinamitará la base económica capitalista que lo engendra. Como señaló Georgi Dimitrov, el fascismo no es una fuerza ajena al capitalismo, sino su expresión más reaccionaria y violenta cuando las élites pretenden aplastar la organización obrera y perpetuar su dominio. Por eso, hoy, el deber histórico de la clase obrera de nuestro país es fortalecer al PCOE, como la más elevada expresión de la solidaridad internacionalista y de la lucha consciente contra toda forma de explotación, racismo y odio reaccionario. Solo un partido comunista fuerte podrá derrotar al fascismo y abrir el camino hacia una sociedad verdaderamente justa, socialista y emancipada.

 

¡Muerte al fascismo!

¡Por el derrocamiento de la base económica asesina del capitalismo!

¡Antifascismo, solidaridad e internacionalismo!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La apropiación privada del trabajo social como base del capitalismo

La sociedad capitalista se sostiene sobre varias contradicciones irresolubles. Una de ellas reposa en que mientras el trabajo es social, la apropiación de sus frutos es privada. Millones de trabajadores producen colectivamente toda la riqueza existente (en las fábricas, en los campos, en las oficinas, en la logística, en los hospitales y en cada engranaje de la economía), pero el resultado de ese esfuerzo común termina concentrado en manos de una minoría parasitaria que vive de la explotación ajena. El capitalismo convierte el trabajo humano en mercancía y reduce la vida de la clase obrera a una función subordinada a la acumulación de su beneficio privado.

Karl Marx, en su obra “El capital” (1867), explicó este mecanismo mediante el concepto de plusvalía. El trabajador vende su fuerza de trabajo, convertida en mercancía, a cambio de un salario. Pero durante la jornada laboral produce un valor inmensamente superior al que recibe como pago. Esa diferencia entre el valor creado por el obrero y el salario que percibe es la plusvalía, la fuente real de la ganancia capitalista. El capitalista no obtiene riqueza por trabajar más, ni por producir directamente, sino por apropiarse del amplísimo excedente de trabajo generado por quienes sí producen. Así, toda fortuna privada descansa sobre una base colectiva de explotación.

El trabajo bajo el capitalismo se encuentra además disciplinado y militarizado. La fábrica, la oficina y la empresa funcionan como estructuras jerárquicas donde la obediencia, la vigilancia y la subordinación son condiciones permanentes. El tiempo del trabajador deja de pertenecerle y cada minuto es controlado en función de la productividad y del beneficio privado. La tecnología, que podría liberar al ser humano de cargas innecesarias, se utiliza para intensificar la explotación, aumentar la extracción de plusvalía y engrandecer las filas de los desempleados. El desempleo y la precariedad actúan como mecanismos de presión constantes para obligar a la clase obrera a aceptar condiciones cada vez más duras. En este escenario, el que de todo se apropia nada produce. Sumado a que las empresas, como destacamos en la primera línea de este párrafo, funcionan sin necesidad del explotador capitalista, éste no se convierte sólo en un sujeto nefasto para la prosperidad social de los productores, sino en alguien sin función productiva que debe ser extirpado.

Frente a esto, la burguesía aparece como una clase parasitaria, una rémora histórica que nada produce y de todo se apropia. No crea el pan, no levanta edificios, no mueve mercancías, no cura enfermos, no fabrica herramientas y, sin embargo, controla los medios de producción y se adjudica el derecho de disponer del trabajo colectivo de la sociedad. Su riqueza no nace del esfuerzo propio, sino de la apropiación sistemática del esfuerzo ajeno. Mientras la clase obrera produce el mundo, la burguesía se limita a administrar la propiedad y garantizar, mediante el Estado y toda la superestructura, la continuidad de ese saqueo legalizado.

Por eso, esta contradicción del capitalismo no puede resolverse mediante reformas superficiales. Si el trabajo es social, también debe ser social la apropiación de sus frutos. La riqueza producida colectivamente debe pertenecer a quienes la crean. Ese principio constituye la base del socialismo científico que reside en la apropiación social del trabajo social, la planificación democrática de la economía y la eliminación de la explotación del hombre por el hombre.

Pero la burguesía jamás renunciará voluntariamente a sus privilegios. Por eso, la revolución socialista exige organización revolucionaria, conciencia de clase y un partido comunista fuerte, disciplinado y unido a las masas obreras. Sólo una revolución capaz de derribar el poder económico, político e ideológico de los capitalistas puede abrir el camino hacia una sociedad sin explotadores ni explotados. Ese proceso revolucionario, la misión histórica del proletariado, marca el principio del fin histórico de la burguesía y el comienzo de una nueva etapa en la que la humanidad deja atrás la dominación del capital para construir una sociedad basada en la igualdad, la cooperación y el poder de la clase obrera.

Sin una organización disciplinada y arraigada en la clase obrera, la burguesía parasitaria mantendrá su dominio. Esa organización es el partido comunista y es indispensable que dicha organización sea fuerte para organizar a la clase obrera, unificar sus luchas y darle una dirección política capaz de enfrentar el poder económico, político e ideológico de la burguesía. Su función no es sólo resistir, sino construir conciencia de clase, coordinar la acción revolucionaria y preparar las condiciones para transformar la sociedad sobre bases socialistas. Este partido se llama PCOE y te llama a unirte a sus filas para organizar la resistencia y demolición de la apropiación privada capitalista del trabajo social.

 

¡Frente a la apropiación privada del trabajo social, revolución socialista!

¡Por la socialización de los medios de producción!

¡Construye la revolución socialista en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La importancia de fortalecer al PCOE

En el momento actual, la clase obrera, más que nunca, continúa soportando las consecuencias de un sistema basado en la explotación del trabajo asalariado, la concentración de la riqueza en manos de una minoría y la subordinación de las necesidades humanas a los intereses del capital. La guerra es el síntoma terminal de la fase en la que se encuentra el capitalismo en su fase putrefacta, la imperialista. Frente a esta realidad, se hace más necesaria que nunca la organización consciente y combativa de la clase obrera para emanciparse de esa violencia de la clase burguesa. En este contexto, el PCOE representa una herramienta política fundamental para unir las luchas obreras, defender los derechos conquistados y avanzar hacia una transformación profunda de la sociedad. Sin organización revolucionaria, la clase obrera permanece fragmentada y vulnerable ante los ataques constantes del capital y sus instituciones armadas.

Fortalecer el PCOE significa generar la capacidad de la clase obrera para luchar por la superación del sistema de explotación capitalista y la construcción del socialismo, basado en la ciencia del marxismo-leninismo, ciencia que ha vuelto invencible a la clase obrera en el discurrir de la historia y que la ha plegado a los pies del imperialismo cuando ha sido traicionada. Fortalecer el PCOE significa construir una alternativa política que supere definitivamente el sistema de explotación y dominación que impone la esclavitud asalariada.

La emancipación de la clase obrera solo puede ser obra de la propia clase obrera organizada en su partido comunista, su misión histórica. Por ello, llamamos a trabajadores, jóvenes, estudiantes y sectores populares a participar activamente en la construcción de un movimiento revolucionario fuerte, disciplinado y arraigado en las luchas del pueblo.

Hoy más que nunca, es necesario elevar la conciencia de clase, fortalecer la solidaridad entre la clase obrera y defender la unidad frente a quienes buscan dividirnos. La historia demuestra que ningún derecho fue conquistado sin organización y lucha colectiva. Sólo con unidad, conciencia y organización, avanzaremos hacia una sociedad donde la producción esté al servicio de las necesidades humanas y no del beneficio privado.

 

¡Fortalecer el PCOE es fortalecer la lucha de la clase obrera!

¡Por una sociedad socialista sin explotación ni opresión!

¡Por la emancipación de la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Por la salida de la OTAN y la UE

El Estado español se encuentra en una encrucijada histórica en la que las decisiones económicas y geopolíticas no pueden seguir subordinadas a intereses ajenos a la mayoría social. La pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea no ha significado soberanía ni bienestar real para la clase obrera, sino una progresiva pérdida de control político, económico y militar. Como nos muestra la agresión a Irán por parte de los monopolios norteamericanos y su ventrílocuo, el gorila rubio llamado Donald Trump, la OTAN no es ninguna alianza defensiva. La participación del Estado español en la alianza implica cargar una mochila de problemas que no le corresponden, como guerras en las que se defienden los intereses de los monopolios norteamericanos y en las que el Estado español actúa como mero limpiabotas o destinar ingentes cantidades de recursos públicos para el rearme para perpetuar guerras y rutinas de dominación global. En esta tesitura, salir de la OTAN no es solo una cuestión de política exterior, sino una condición necesaria para recuperar una política de paz, independencia y cooperación internacional basada en la solidaridad entre pueblos.

En el otro extremo tenemos a la Unión Europea, un bloque imperialista en franca decadencia que sirve de escudero a los designios del imperialismo norteamericano y que ha creado un marco económico donde los estados miembros ven coartadas su capacidad para desarrollar políticas propias, donde la subordinación al capital financiero ha debilitado y subordinado a los servicios públicos para precarizar todavía más las condiciones de vida de la clase obrera. La OTAN y la UE no son proyectos neutrales, sino una estructura al servicio de las grandes corporaciones y del capital transnacional. Por eso, romper con este marco permitirá avanzar hacia un modelo económico planificado, centrado en las necesidades sociales y no en el beneficio privado.

En este contexto, los estados miembros de la OTAN han firmado un documento en el que se comprometen a aumentar hasta el 5% del PIB para 2035 el gasto militar, lo que significa la total sumisión del bienestar social de la clase obrera hacia la militarización y la definitiva asfixia de los servicios públicos que capitalizarán dicho rearme. El imperialismo norteamericano y sus esbirros se encuentran en un franco declive, por ello no tienen otro camino para sobrevivir que la militarización de la economía y el fascismo para reprimir sin piedad a la clase obrera. El III Pleno del Comité Central del PCOE, de 12 de julio de 2025, ya planteaba la necesidad de salir de la OTAN y la UE como objetivo inmediato de la clase obrera. La salida de la OTAN y de la UE representa un paso decisivo hacia la recuperación de la soberanía popular y el control democrático de nuestros recursos, liberándonos de estructuras que priorizan los intereses del capital y la confrontación militar sobre las necesidades de la clase obrera. A este objetivo sólo se puede llegar mediante la organización de la clase obrera, guiada por un partido disciplinado y centralizado, que la dirija hacia la construcción del Socialismo para que la emancipe de la violencia y el expolio imperialista. Ese Partido en el Estado español se llama PCOE y te llama a unirte a sus filas para combatir las estructuras imperialistas.

 

¡Por la salida inmediata de la UE y la OTAN!

¡Por el combate al imperialismo!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La Internacional Comunista

El desarrollo del capitalismo lo lleva a internacionalizarse, creando bloques que pelean por un nuevo reparto del mundo mediante la conquista de nuevos territorios y materias primas. Por eso, la historia del capitalismo es inseparable de la fase superior que hemos descrito, la imperialista. En su recorrido, el imperialismo se expande, somete a otras economías, saquea sus recursos y castiga a pueblos enteros para sostener la acumulación de unos pocos. El imperialismo es un sistema globalizado de dominación y de nada sirve una resistencia fragmentada. Por lo tanto, no se puede responder aisladamente a un enemigo común que actúa coordinado a escala mundial.

En este escenario, la necesidad de una Internacional Comunista no es una consigna abstracta sino la exigencia política del momento actual, estimulada, además, por la fase terminal y putrefacta en la que se halla el capitalismo, la fase imperialista que hemos descrito. Por todo lo que queda expuesto, es obvio que cuando la clase obrera internacional logre articular a nivel internacional la respuesta contra la violencia y el expolio del imperialismo será capaz de enfrentarlo en sus tres frentes, económico, político y militar, convirtiendo la solidaridad entre los pueblos en una estrategia revolucionaria.

Pasemos a ver su proceso de lucha. La Internacional Comunista nos va a permitir dar una respuesta global a la violencia imperialista que funciona a nivel global. La Internacional Comunista va a permitir unificar objetivos, compartir experiencias y evitar el aislamiento, que es la victoria del imperialismo. Además, servirá de herramienta para coordinar huelgas, elevación a nivel internacional de la conciencia de clase del proletariado internacional y de procesos de resistencia y desarrollo revolucionario de dichos procesos. Vencer al imperialismo exige organización, claridad ideológica y, sobre todo, unidad internacional. Sin ella, la resistencia seguirá siendo dispersa; con ella, se abre la posibilidad real de construir un mundo libre de explotación.

Pero esta Internacional Comunista no nos va a caer del cielo, habrá que conquistarla. Desde el PCOE, a través de su Comité de Relaciones Internacionales y de la actividad de su Comité Central, trabaja infatigablemente para la creación de la misma. Mediante la formación política, la organización de base y la solidaridad internacionalista, se sientan las bases para un frente común capaz de enfrentar al capital global y abrir paso a una sociedad sin explotación, donde el poder esté en manos de quienes producen la riqueza. El Partido, arraigado en la lucha cotidiana de la clase obrera, avanza con firmeza en la construcción de la Internacional Comunista, tejiendo la unidad entre pueblos y organizaciones revolucionarias más allá de fronteras. Por eso, te llama a unirte a sus filas y trabajar hacia la revolución mundial.

¡Proletarios del mundo, uníos!

¡Una sola lucha, una sola clase, una Internacional!

¡Internacionalismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Las trabas del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo

En la sociedad capitalista, las fuerzas productivas —el conjunto de medios, herramientas y capacidades humanas para producir— tienden a desarrollarse más rápido que las relaciones de producción existentes. Esta divergencia se produce porque el trabajo social, resultado de la colaboración colectiva, se encuentra bajo la apropiación privada y los medios de producción son propiedad de unos pocos. Como consecuencia, la sociedad experimenta contradicciones como son un aumento de la capacidad productiva y, a la vez, su distribución sigue limitada por relaciones de propiedad que impiden aprovechar plenamente ese potencial. Esta tensión entre el desarrollo técnico y la organización social genera crisis económicas periódicas y desigualdades crecientes, mostrando que el sistema capitalista se vuelve un obstáculo para el progreso de la humanidad. Llegados a este punto, se ve con una claridad meridiana que únicamente la revolución socialista puede revertir la situación mediante la socialización de los medios de producción y el fin de la apropiación privada del trabajo social, orientando la riqueza hacia el beneficio colectivo y no hacia la acumulación privada de unos pocos. Así, la revolución socialista no solo es una transformación económica, sino también una vía para armonizar las fuerzas productivas con las relaciones de producción social que las sostienen.

Vamos a analizar ahora por qué ocurren estas contradicciones profundas. Por un lado, la capacidad productiva aumenta, la tecnología avanza, la producción está militarizada y automatizada y la eficiencia se incrementa. Por otro lado, la distribución de los bienes producidos continúa limitada por estructuras de propiedad que no permiten aprovechar plenamente el potencial generado. Esta tensión entre desarrollo técnico y organización social se manifiesta en crisis económicas periódicas, desempleo estructural y desigualdades crecientes, evidenciando que el capitalismo se convierte en el peor lastre para el progreso general de la clase obrera que es la humanidad entera.

Por esta vía, los comunistas demostramos que la única forma de superar esta contradicción consiste en transformar radicalmente las estructuras de propiedad, lo que redunda en que la producción no estará subordinada a la acumulación privada de unos pocos, sino orientada al bienestar común. Así, la revolución socialista no se concibe únicamente como un cambio económico, sino como una reconfiguración integral de la sociedad, destinada a armonizar las fuerzas productivas con las relaciones de producción sociales que las sostienen y garantizar que los frutos del trabajo colectivo beneficien a toda la comunidad de productores liberados del yugo capitalista.

En definitiva, los comunistas aspiramos a una sociedad donde el desarrollo técnico y científico deje de estar limitado por intereses particulares, permitiendo que el progreso material se traduzca en avances sociales, justicia económica y mayor equidad entre todos los miembros de la sociedad. Esto no nos va a caer del cielo, tenemos que lograrlo mediante la lucha más radical contra el capital y su acumulación privada. Esto pasa por un partido comunista centralizado y disciplinado que sea la vanguardia de la clase obrera en su lucha por demoler la explotación y que en el estado español se llama PCOE. Desde el Partido integramos todas las luchas parciales bajo las siglas del FUP (Frente Único del Pueblo) para dar fuerza y dirección a la tarea de la emancipación de la clase obrera de las garras de la explotación capitalista y te llamamos a unirte a nuestras filas.

 

¡Por la emancipación de la clase obrera!

¡Por el fin de la explotación capitalista!

¡Por la revolución socialista!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La carta anual del CEO de Blackrock muestra que la salida del imperialismo es morir matando y robando

El pasado 3 de marzo el CEO de Blackrock, Larry Fink, escribió su misiva anual a los inversores, sintetizando las conversaciones con sus contactos, con los grandes capitalistas, señalando lo siguiente: “Últimamente, sin importar quién hable, todos dicen lo mismo:  no sabemos cómo afrontar este momento” dejando bien patente que los imperialistas no saben como salir de la situación terminal en la que se halla el imperialismo, describiendo lo que éste está ofertando a la humanidad. “Estamos viviendo un período en el que cosas que habrían definido una década se han convertido en rutina: guerras con repercusiones globales, empresas multimillonarias, una reorganización fundamental del comercio internacional y la llegada de la tecnología más importante”.

El CEO de Blackrock señala que “En las últimas dos décadas, cada dólar invertido en el S&P 500 se multiplicó por más de ocho (…) la gran mayoría de la riqueza ha ido a parar a manos de quienes poseían activos, no a quienes ganaban la mayor parte de su dinero trabajando. Desde 1989, el valor de un dólar en la bolsa estadounidense ha aumentado más de 15 veces con respecto al valor de un dólar vinculado al salario medio”, constatando la putrefacción del imperialismo norteamericano y, a la par, mostrando como la especulación avanza inexorablemente en contraposición con los salarios reales que en los EEUU llevan estancados desde hace más de seis décadas haciendo que el pueblo norteamericano viva cada día de manera más mísera aumentando la pobreza.

En su radiografía de la realidad de la base económica que él defiende, muestra destellos de la putrefacción, y de la avidez, de su clase social, retratándola de la siguiente manera: “Con demasiada frecuencia, esto se interpreta desde una perspectiva cortoplacista(…) A veces, puede parecer que la información se alimenta de la dopamina, donde el estímulo constante recompensa los impulsos a corto plazo. Pero la velocidad puede distorsionar la perspectiva, dejando de lado el pensamiento a largo plazo”. Un capitalismo putrefacto – cortoplacismo, según Fink – que se impone al capitalismo productivo – lo que denomina inversión a largo plazo – como advierte cuando afirma que “es la inversión a largo plazo la que permite a los países desarrollar industrias nacionales y a las personas generar riqueza duradera”.

Una voracidad imperialista que ha generado un mundo terriblemente desigual, con un grado de concentración de la riqueza en unas pocas manos y de socialización mundial de la pobreza, reconociendo que este desequilibrio será aún mayor como consecuencia del desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).

En la carta, como no puede ser de otro modo, Fink incurre en contradicciones. Por un lado, reconoce que “El antiguo modelo del capitalismo global se está desmoronando”, consecuencia del desarrollo tecnológico y de la inteligencia artificial debido a la pugna interimperialista por la hegemonía mundial y, sin embargo, deposita su confianza en el sistema, o fe, amparándose en su experiencia y en la historia de sus padres en la década de los 60s y los 70s del siglo pasado. Por ello, el CEO de Blackrock ve una solución en la inversión en los mercados a largo plazo por parte de la población, para que se puedan desarrollar las naciones y, con ellas, las personas, apelando a la falacia de que “los mercados tienden a recompensar a quienes mantienen sus inversiones en tiempos de incertidumbre”. El mercado, o sea la oligarquía financiera de la que Fink es un representante destacado, lo que hace es enriquecer más a los monopolios por la vía del robo, constituyendo una estafa por la que se desarrolla una transferencia de riqueza hacia dichos grandes monopolios. De hecho, la orgía de especulación, propia del capitalismo putrefacto, durante todas estas décadas lo que ha hecho es concentrar la riqueza en cada vez menos manos, exacerbando la desigualdad e incrementando la pobreza. Los hechos certifican todo lo contrario de lo que la fe del CEO de Blackrock manifiesta.

Lo que sí tiene claro Fink es que, en 2030, Blackrock aspira a ingresar más de 35.000 millones de dólares y también tiene claro que, para ello, debe sacarle más dinero a la clase proletaria de todos los países de la Tierra. En la carta de Fink se detalla la estrategia del fondo de inversión para apropiarse del dinero del pueblo.

En primer lugar apela al desarrollo nacional, hablando de la necesidad de la autosuficiencia nacional – en tecnología, energía y armamento – indicando que es a través del ciudadano, materializando inversiones financieras y llevando el escaso ahorro que pueda disponer a los fondos de inversión, cómo no sólo se desarrolla la nación sino, también, en ese enriquecimiento nacional se enriquece el ciudadano. Apela a la inversión en los mercados financieros para el desarrollo nacional cuando la praxis de Blackrock es todo lo contrario, gestiona 14 billones de dólares en los mercados financieros internacionales con el único objetivo no de desarrollar nación alguna, sino la de engordar sus bolsillos. De hecho, el Informe Albanese señala que Blackrock ha sido uno de los grandes monopolios que ha invertido, o financiado, en el genocidio israelí contra Palestina, es el segundo mayor inversor en la empresa Palantir – empresa participante en el genocidio perpetrado por el sionismo y que contribuye a la represión que ejerce el imperialismo norteamericano alrededor del mundo (empezando por EEUU y terminando por Irán) – en definitiva, Blackrock, como se comprueba, se está forrando con la militarización de la economía, con los genocidios, con las guerras de carroña, sin que las naciones donde invierten tengan beneficio alguno. De hecho en el Estado español, Blackrock tiene invertido, en 2026, más de 90.000 millones de euros, estando presente en Naturgy, Telefónica, AENA, Repsol, Iberdrola, Endesa, Banco de Santander, BBVA, Banco de Sabadell, Caixabank, Enaire o IAG (matriz de Iberia), entre otras empresas; por no hablar que dicho monopolio financiero es uno de los mayores tenedores de suelo y de viviendas, consecuentemente, uno de los responsables de la especulación inmobiliaria en el Estado español. La realidad retrata a estos oligarcas financieros que están desangrando a la humanidad para enriquecerse a costa de la sangre y las vidas de los seres humanos, pues la oligarquía financiera no tiene más patria que su bolsillo y, para ellos, la explotación y el sometimiento como formulaciones para enriquecerse tienen ámbito mundial mas el imperialismo es internacional.

Como vehículo para que los ciudadanos puedan operar en el mercado financiero, y transferir dinero hacia dichos fondos de inversión, Fink apuesta por el teléfono móvil dotado de IA (tokenización) señalándolo de la siguiente forma: “La mitad de la población mundial lleva una billetera digital en su teléfono. Imagina que esa misma billetera digital te permitiera invertir a largo plazo en una amplia gama de empresas con la misma facilidad que realizar un pago. La tokenización podría acelerar ese futuro modernizando la infraestructura del sistema financiero, facilitando la emisión, la negociación y el acceso a las inversiones.”.

El Estado juega un papel fundamental para Fink como instrumento para enriquecer a los fondos de inversión, para transferir riqueza hacia el gran capital, hacia el capital financiero. Reclama sistemas fiscales que otorguen bonificaciones y rebajas tributarias para estimular la inversión financiera de ciudadanos y empresas de tal modo que se estimule la canalización de ese ahorro hacia el sistema financiero, también exhorta al establecimiento de marcos normativos que estimulen la privatización de las pensiones de jubilación, de tal manera que los fondos de las pensiones sean invertidos en el sistema financiero. Y también incide en la joya de la Corona, el asalto a la Seguridad Social para hacer que los fondos de ésta, o la mayor parte de los mismos, se encaucen a los mercados financieros, esto es, a los bolsillos de los grandes capitales que es donde va en el imperialismo, en el capitalismo putrefacto. Esa es una de las funciones que el Estado – para estos especuladores que viven de la explotación y de la estafa al pueblo trabajador, cumplan con sus objetivos crematísticos- debe desarrollar, la de ser un canalizador de dinero del ahorro de los trabajadores hacia el capital financiero, hacia estos grandes monopolios financieros.

La oligarquía financiera lo que está manifestando es que necesita robar absolutamente todo al proletariado tanto en EEUU como en el resto del mundo. Y ello lo justifica el oligarca CEO de Blackrock, empleando los argumentos que se han mencionado anteriormente y, además, lo señala expresamente de la siguiente forma “¿De dónde proviene el dinero? Históricamente, la mayor parte de la financiación para grandes transformaciones económicas provino de bancos, corporaciones y gobiernos, no de los mercados de capitales (…) Pero esos canales ya no son suficientes. Los bancos por sí solos no pueden financiar lo que necesita una economía en crecimiento. Los gobiernos acumulan deudas récord.”. La banca, en la crisis de las subprime en 2007-2010, fue salvada por los estados que se endeudaron sobremanera. Además, la banca y el sector financiero están al borde de una nueva bancarrota, en tanto hay una alta probabilidad de incumplimientos de pago de muchos créditos privados, sobre todo por la situación de quiebras de empresas y de destrucción de puestos de trabajo. Asimismo, se habla que los intermediarios financieros, los fondos buitres, tengan no solo una situación de impagos, sino que tengan sus balances sobrevalorados, implicando también una falta de liquidez, como lo acreditó la propia Blackrock a principios de marzo impidiendo retiros masivos de los inversores, que quisieron sacar 1.200 millones de dólares de un fondo de 26.000 millones y Blackrock solo les reembolsó 620 millones. Esto también lo realizaron otros fondos de inversión anticipando el futuro varapalo que el sector financiero va a recibir, como consecuencia de una sobrevaloración de sus activos, del alto riesgo de impagos y retratando falta de liquidez, situación que se agudizará, y estallará, en el caso de que la guerra en el Golfo Pérsico se prolongue. Por ello, para subsistir y para seguir haciendo inversiones – y robando – los fondos de inversiones buscan una mayor transferencia de las rentas del trabajo hacia ellos, única manera que tienen para pervivir. Es el propio Fink el que reconoce esa sobrevaloración de sus activos, cuando con respecto de la vivienda afirma lo siguiente: “la vivienda no es una inversión que garantice una alta rentabilidad(…) la rentabilidad a largo plazo puede ser más modesta e irregular de lo que sugieren los aumentos de precios anunciados(…) Esto no es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos: en muchas economías avanzadas, el aumento del coste de la vivienda y las condiciones crediticias más restrictivas han dificultado el acceso a la vivienda propia, especialmente para los jóvenes” y, también, reconoce el estallido por la vía de la demanda, como consecuencia del empobrecimiento masivo de la población.

La deuda total mundial (sumando el sector público y el privado), según el Instituto de Finanzas Internacionales, en el tercer trimestre de 2025 ascendía a 337,7 billones de dólares. En lo concerniente a la deuda pública mundial, en 2025 ascendía a 111 billones de dólares – un tercio de la deuda total mundial -, por ello los estados, como dice Fink, lo que deben hacer son políticas de transferencia de riqueza desde las rentas del trabajo hacia los monopolios financieros.

En la pugna interimperialista, el bloque imperialista decadente, el G7 u occidente, encabezado por EEUU, se halla en declive, en retroceso como señala Fink cuando dice que:

  • Obtener minerales críticos como las tierras raras fuera de China y construir fábricas de chips fuera de Taiwán cuesta mucho más. Cada paso hacia la autosuficiencia implica, al menos temporalmente, renunciar a las economías de escala globales que mantuvieron los costos bajos durante décadas. En resumen: a corto plazo, la autosuficiencia es costosa.”.

  • Satisfacer la creciente demanda requerirá ampliar la oferta en petróleo y gas, energías renovables, almacenamiento, energía nuclear y redes eléctricas. Ninguna fuente por sí sola puede lograrlo (…) Pero en Estados Unidos, hay un punto que resulta difícil de ignorar: si se quiere que la energía siga siendo asequible para las familias, es necesario que se suministre más energía, y rápidamente (…) Los centros de datos requieren grandes cantidades de energía fiable. Al mismo tiempo, añadir nueva capacidad de generación y transmisión lleva años. Cuando la oferta crece lentamente y la demanda aumenta más rápido, los precios suben (…) Las cadenas de suministro son fundamentales. Hoy en día, gran parte de la capacidad mundial de fabricación de paneles solares y baterías se concentra en China. (…) La energía asequible depende de la abundancia de energía. Cuando la energía escasea, los hogares son los primeros en sufrir las consecuencias (…) El objetivo no es favorecer una tecnología sobre otra, sino garantizar que Estados Unidos pueda generar suficiente electricidad fiable y rentable para cubrir los gastos de los hogares y mantener su competitividad a largo plazo”.

La IA requiere de un incremento notable de generación de energía (siendo cardinal el acceso a las materias primas generadoras de dicha energía). Y según Fink, como hemos visto, China es quien es hegemónica en el acceso a las tierras raras, en la fabricación de chips y en la suficiencia energética como consecuencia de su superioridad a la hora de la generación de energía y de su acumulación, gracias a su superioridad en la construcción de baterías. Estas son las razones de la política belicista del imperialismo en decadencia, de EEUU.

Fink señala que “La IA llegó para quedarse. Es fundamental para la competencia estratégica entre Estados Unidos y China. Estados Unidos comprende claramente que el liderazgo en IA no es opcional y que requerirá una inversión constante en investigación, infraestructura, talento y mercados de capitales capaces de financiar la innovación a gran escala”. Esa competencia estratégica entre el imperialismo decadente y el emergente es la competencia por el dominio de la IA ya que quien sea hegemónico en ésta tumbará a sus contendientes, en tanto será más eficiente y productivo, su producción será más barata en tanto maximizará la racionalización de los recursos que intervienen en la producción, aparte de poder ofertar mercancías más novedosas, baratas y fiables. Y en esa competencia China lleva la delantera, como lo reconoce el propio Fink. Es por ello que a EEUU únicamente le queda la guerra para obstaculizar el desarrollo de China, encarecerle el acceso a los recursos energéticos, y sojuzgar a los pueblos – fundamentalmente en el continente americano y en Oriente Medio – para hacerse con sus recursos, ya sean energéticos como tierras raras.

El imperialismo lo único que puede ofertar al proletariado es más pobreza, más sufrimiento, más muerte. La potencia imperialista en declive solo puede sostener la hegemonía por la vía de la guerra imperialista, del sojuzgamiento de los pueblos y de explotar y empobrecer hasta la extenuación al proletariado.

Sin embargo, la potencia emergente, que pretende conquistar la hegemonía por la vía de la automatización – y, consecuentemente, de la independencia o autosuficiencia energética y el control de las tierras raras y los metales que su procesamiento produce que es la contienda que hoy se libra – pretendiendo empequeñecer la competencia y doblegarla, mientras se mantengan las relaciones de producción capitalistas, lo que hará es negar la esencia del capitalismo, como es la apropiación de la plusvalía, en tanto que la automatización disloca la composición orgánica del capital, de tal manera que se minimiza el capital variable, que es la parte del capital que genera plusvalor. Manteniéndose las relaciones de producción capitalistas, la propiedad privada sobre los medios de producción, la automatización generalizará el paro forzoso y liquidará la demanda, algo lógico pues la apropiación de la plusvalía que genera el proletariado es la piedra angular del funcionamiento del capitalismo, acabando con ésta se acaba con el capitalismo. Para armonizar el desarrollo enorme de las fuerzas productivas que implica la automatización con las relaciones de producción, para hacer que el desarrollo enorme de la tecnología y la técnica se transforme en desarrollo social, es necesario socializar la automatización, los medios de producción.

Además, la economía imperialista es una, la caída de la potencia imperialista hegemónica y sus socios lo que hace es contraer el conjunto de la economía imperialista, golpearla, implicando no solo una caída de la demanda sino, fundamentalmente, un debilitamiento de todos aquellos que son deudores de la potencia, o potencias, que decaen debilitando el imperialismo en su conjunto.

Hoy, más que nunca, está vigente la consigna ¡Socialismo o Barbarie! O construimos el socialismo y exterminamos al imperialismo o la humanidad corre el riesgo de perecer.

 

¡PARA QUE LA HUMANIDAD PUEDA VIVIR EL CAPITALISMO DEBE MORIR!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA!

¡POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO!

 

Madrid, 4 de abril de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Vox y la defensa del sector primario

La línea política de Vox se ha construido sobre tres ejes fundamentales, el patriotismo económico, la admiración por el modelo de Donald Trump y la defensa del sector primario. En esa narrativa se ha presentado siempre como un acérrimo defensor de los ganaderos, pescadores y agricultores españoles como bastión contra las políticas medioambientales de la Unión Europea y la supuesta marginación del mundo rural. Este discurso presenta evidentes contradicciones a la realidad material del sistema económico en el que se insertan estas medidas.

En primer lugar, la apelación constante al patriotismo económico oculta la estructura real del capitalismo agrario contemporáneo y general, en su fase imperialista, en un mundo completamente repartido y donde el comercio ha borrado las fronteras. Observamos que el sector primario en España no está dominado por pequeños productores autónomos plenamente soberanos, sino por cadenas de valor controladas por grandes distribuidoras, multinacionales agroindustriales y mercados financieros internacionales. En este contexto, la defensa retórica del “campo español” se limita a una dimensión cultural y simbólica, mientras las relaciones de producción siguen sometidas a las dinámicas del capital global. Por eso, concluimos en este primer punto que el problema fundamental no es la falta de patriotismo en las políticas económicas, sino la subordinación del trabajo agrícola al capital monopolista.

En segundo lugar, la admiración expresada por Vox hacia Donald Trump se inscribe también dentro de esta lógica. El trumpismo se ha presentado como una forma de nacionalismo económico que promete proteger a los trabajadores nacionales frente a la globalización. No obstante, en la práctica, las políticas de Trump beneficiaron principalmente a grandes corporaciones mediante recortes fiscales, desregulación ambiental y subsidios selectivos que favorecieron a los grandes productores agrícolas estadounidenses. Este tipo de nacionalismo extremo no cuestiona las bases del capitalismo, sino que reconfigura sus beneficiarios dentro de las élites nacionales y no para los productores que dice defender.

En tercer lugar, la actual crisis vinculada a la guerra en Irán pone de manifiesto la fragilidad estructural del sector primario dentro de la economía capitalista global. El aumento del precio del petróleo, en una guerra provocada por el gorila rubio que sirve de inspiración a su línea política, tiene efectos directos sobre el coste del transporte, la maquinaria agrícola y, especialmente, sobre los fertilizantes, cuyo proceso de producción depende en gran medida del gas y de la energía fósil. Como resultado de las consecuencias de su patriotismo económico, los agricultores se enfrentan a un aumento de costes que reduce drásticamente sus márgenes de beneficio y que se cargarán sobre los consumidores para mayor gloria de los mercados financieros internacionales.

Esta situación ilustra cómo el sector primario se encuentra atrapado en una doble dependencia: por un lado, de los mercados energéticos globales y, por otro, de las grandes empresas proveedoras de insumos agrícolas. Los pequeños y medianos agricultores no controlan ni el precio de lo que compran (fertilizantes, combustible, maquinaria) ni el precio de lo que venden, determinado por intermediarios y grandes cadenas de distribución. Ahora, las guerras imperialistas de Trump, al que tanto admiran, llevarán a la proletarización de los pequeños y medianos agricultores a los que decían defender y a un mayor lucro del capital financiero que aumentará sus beneficios a base de sangrar a los consumidores y precarizar a los productores.

En este contexto, el discurso patriótico de Vox aparece como una forma de canalizar el malestar social sin cuestionar las estructuras económicas que generan la crisis. La solución propuesta suele centrarse en medidas como la reducción de regulaciones o la defensa de intereses nacionales dentro del mercado global, pero no plantea una transformación de las relaciones de propiedad ni del control de los medios de producción. Toda esta palabrería huera y populista de la extrema derecha cae por su propio peso a poco que se la observe con un poco de detenimiento y cuando se la enfrenta a la realidad de la base económica en la que descansa el sistema se diluye como un azucarillo en el agua.

En este contexto, el PCOE tiene que ser capaz de llevar este discurso a los productores en general y a los que están afectados de esta psicología populista e irreal. Desde el PCOE planteamos como salida a la crisis del sector primario, muy agravada por la guerra, la única política realista y revolucionaria, la colectivización de la tierra y de los medios de producción, eliminando la propiedad privada agraria que permita planificar la producción para asegurar el abastecimiento. Esta organización socioeconómica nueva permitirá distribuir los recursos de forma más equitativa y garantizar alimentos a la población. Para ello es necesario una reforma agraria que socialice el campo y los medios de producción y ponga la tierra al servicio de los productores y sus necesidades, fuera de los intereses de los mercados financieros internacionales, los demagogos y los latifundistas.

 

¡Por el fin del populismo fascista!

¡Por la reforma agraria!

¡Por el empoderamiento de la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Apuntes sobre China y el oportunismo

Algunos partidos que se hacen llamar comunistas en el Estado español, con el PCPE a su cabeza, caracterizan a Rusia, China y los BRICS en general como la esperanza de contrapoder contra el imperialismo, su bastión y su guía. Nos centraremos ahora en China.

La caracterización de China como potencia imperialista se apoya en su transformación material durante las últimas décadas. Bajo la dirección del Partido Comunista de China, la apertura al capitalismo de Deng Xiaoping (qué más da que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones) y el liderazgo de Xi Jinping, el país ha consolidado un modelo que combina control estatal con expansión capitalista global.

La acumulación de capital chino se proyecta hacia el exterior mediante inversiones, préstamos y control de infraestructuras estratégicas. Iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta muestran un patrón de penetración económica en Asia, África y Europa que reproduce relaciones desiguales: exportación de capital, endeudamiento de países periféricos y acceso privilegiado a recursos y mercados. Esto casa a la perfección con la definición clásica de imperialismo desarrollada por Lenin en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917): concentración de capital, exportación de capitales y competencia por esferas de influencia.

Internamente, el crecimiento chino se ha apoyado en una intensa explotación del trabajo asalariado, con grandes conglomerados estatales y privados que operan en lógicas de acumulación y competencia global. El Estado actúa como coordinador de este capitalismo nacional, defendiendo sus intereses en el sistema mundial. Desde esta perspectiva, China no representaría una alternativa socialista al orden capitalista, sino una nueva potencia que disputa la hegemonía dentro del mismo sistema. Su ascenso expresa menos una ruptura con el imperialismo que su reconfiguración en un mundo multipolar.

El socialismo no puede reducirse a la acumulación de capital bajo la dirección de un partido, ni a la competencia en el mercado mundial con métodos propios del capitalismo. La tarea de los comunistas no es justificar nuevas potencias ni nuevos bloques capitalistas, sino defender con claridad la independencia política de la clase obrera. A todo país en el que prime el capitalismo, como China, le es imposible no terminar siendo imperialista por las características de su base económica. Sólo mediante la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo podrá reconstruirse un movimiento comunista internacional fiel a sus principios: la abolición del capitalismo, la emancipación del trabajo y la construcción consciente del socialismo por y para la clase obrera.

En definitiva, la defensa acrítica de la China capitalista por parte del PCPE y otros que aún se autodenominan comunistas no fortalece al movimiento obrero, sino que lo confunde y lo desarma ideológicamente. Lo desvía de sus objetivos revolucionarios. El PCPE presta grandes servicios a la burguesía cuando confunde y engaña a los elementos del proletariado que caen en sus garras. Su Frente Antimperialista, en el que caben cosas como el Socialismo del Siglo XXI y otros experimentos, están trufados de traición y han acabado en desastre y desafección al socialismo. Sólo la lealtad a los principios del marxismo-leninismo pueden devolver a la clase obrera a la dirección correcta.

En última instancia, la misión histórica del proletariado no es sólo resistir, sino transformar. Allí donde el capital levanta muros de desigualdad, la clase obrera descubre su fuerza colectiva y su capacidad para crear un mundo distinto. Organizada, consciente y bien dirigida, la clase obrera abrirá el camino hacia una sociedad donde la riqueza producida por todos pertenezca a todos y, para ello, el capitalismo ha de fenecer.

 

¡Por la derrota del oportunismo!

¡Por la reconstrucción de la Internacional Comunista!

¡Construye la revolución en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)