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El mundo actual

INFORME DE LA SECRETARIA GENERAL

DEL PCOE

 

 1 de Septiembre del 2009

 

IPoco antes de que explosionara la crisis en EE.UU. los versados en economía de Alemania, la nación de mayor peso económico y político de Europa, pronosticaron que de cumplirse todas las previsiones, la crisis sería tan profunda y grave que después de ella el mundo ya no sería el mismo, ni EE.UU. podría hacer nunca más ostensión de poder ilimitado.

Los acontecimientos posteriores demuestran que también en EE.UU. por parte de sus pensadores y tecnócratas más significados, se había procedido en las postrimerías del mandato Bush, a un examen exhaustivo  de su propia situación en el mundo actual y a tenor de su resultado se mostraron muy preocupados por buscar una vía de solución a sus gravísimos problemas.

 

En EE.UU. los “cambios” nunca suceden por casualidad. La era Bush con todas sus consecuencias negativas, con contestaciones internas, con su perfil desgastado y con un irritante engreimiento que fomentaba el desden hacia este país en el universo político, pedía a gritos modificaciones radicales en las formas de hacer, que permitiera al fin una recuperación paulatina de su antiguo poderío y recobrar el crédito “moral” perdido.

El mundo que se encontró Obama en el momento de acceder a la Presidencia, era demasiado hostil a los intereses del Gran Imperio. Otros protagonistas históricos subían al escenario con la determinación de representar su nuevo papel de imperio reemplazante y otros se estaban situando estratégicamente en condiciones que desprendían incertidumbre para los intereses de EE.UU.

Previamente hay que destacar que el descenso de sus reservas energéticas alcanzaban los registros mas bajo de toda su historia, a lo que le acompañaba dándole jalones que lo precipitaba por minutos hacia la debacle, una moneda otrora incomparable, que cedía terreno ante el empuje de sus análogas imperialistas fundamentalmente ante el Euro. Adversidades todas que le conferían debilidades que nunca antes había tenido,  después de que los mejores augurios vaticinaban como así ha sucedido, la entrada en quiebra de alcance casi incontrolable de su poderoso sistema financiero.

Con todo en contra los círculos propagandísticos washingtoniano, los superexpertos en marketing, los politólogos, sociólogos y sectores del poder mediático estadounidenses sugerían, al menos, un cambio de imagen en la Casa Blanca que llevase consigo un discurso más moderado y democrático, además apoyado en medidas que persuadieran al resto de las naciones de que las nuevas maneras iban en serio, de lo contrario ese mundo hostil acabaría por opacar al imperio.

Pero ¿Cuál era ese mundo desfavorable al que el nuevo presidente debería hacer frente? La pérdida de terreno por causa de la crisis venía a saciar los apetitos de expansión de nuevas naciones como China y Rusia, que fueron cubriendo los huecos que durante la resaca iban produciendo las exportaciones norteamericanas de calado más incisivo en América Latina. Rusia y China se apresuraron a ubicarse estratégicamente en busca de rentabilidad política y naturalmente económica. Las necesidades de crecimiento y las pretensiones de expansión de China se verifican en la intención de construir la acería más grande del mundo en territorio brasileño, en su capacidad económica que le autoriza ofertar la compra de OPEL y por último en su apuesta por entrar en YPF, filial argentina de Repsol. No olvidemos que China está muy cerca de alcanzar el segundo puesto como potencia económica que por ahora se le atribuye a Japón.

Rusia por su parte estrecha relaciones con Venezuela y países del ALBA, en respuesta política a la instalación de 10 interceptores de misiles en Polonia así como de unidades de radar en la República Checa como parte de la ampliación del escudo de Misiles Antibalísticos norteamericano (ABM) cerca de Rusia.

Mientras esto ocurre, las contradicciones de una política cicatera y desproporcionada, siempre rastreando al olor de extraer beneficios maximizados, pasan gruesas facturas que resultan impagables para los imperios. Las deslocalizaciones políticas que favorecían el ejercicio de influencias en los países que pertenecieron al campo del socialismo, como las que se realizaron al amparo de la explotación más brutal del proletariado incipiente de los países subdesarrollados de África y Asia, añadidos a las inversiones codiciosas en países emergentes y finalmente la política de importación especulativa de productos de toda índole baratísimos, efectuada en detrimento de la propia industria, se llevaron a cabo por las multinacionales y por los Estados imperialistas tras la caída del campo del socialismo lo que ensoberbeció su ya crecida vanidad. En aquellos momentos de euforia y de esplendor tanto EE.UU. como Europa se conducían por la certeza de dominar la situación sin sacrificio ni riesgo alguno.

Con la irrupción de la crisis lo que parecía beneficioso comienza a generar serias dudas. Los países destinatarios de las políticas deslocalizadoras e inversionistas, debido a éstas contribuyen al Producto Bruto Mundial con más del 50% con los productos elaborados en sus territorios lo que también ha coadyuvado al desarrollo de sus fuerzas productivas, pero ahora con los recelos fundados en que por una prolongación excesiva de la crisis, los gobiernos títeres se vean desplazados en futuras elecciones por otros menos reverentes a los intereses imperialistas, poniendo en peligro la estrategia de los déspotas neocolonialistas.

Por otro lado, los costos económicos y las muertes que acarrean la permanencia militar en Irak y las guerras en otros lugares, el desprestigio que le ha reportado Guantánamo, los conflictos con IRAN y Corea del Norte, la proliferación de gobiernos antiimperialistas en Latinoamérica agrupados en entidades supranacionales de nuevo cuño que se enfrentan a los organismos económicos internacionales dominados y manejados especialmente por EE.UU. conforman en su conjunto junto con lo anterior ese mundo adverso al que antes aludíamos y al que se le agregaba el descontento interno que iba en crescendo. Al imperio no le quedaba más remedio que “modificar” sus tácticas que no su estrategia o fin, que continúa siendo el mismo, el de someter bajo su férula a la humanidad a veces en competencia y en ocasiones en unicidad  con los otros imperios, dependiendo de la ubicación de cada cual en el momento dado y de sus correlaciones de fuerzas.

El discurso de la nueva presidencia se basó en tres medidas rectificadoras ejemplares: la retirada de las tropas de Irak, el desalojo de Guantánamo y el firme propósito de que nunca más EE.UU. impondría sus dictados a ningún otro país, en neta referencia al respaldo a gobiernos dictadores y a su “afición” a promover dictaduras fascistas tal y como se desprende de la intervención de Obama en el último encuentro de la OEA.

El nuevo mandatario corrió deprisa detrás de los acontecimientos para amanerar gestos que avalasen sus buenos propósitos y procede a asegurar verbalmente la retirada gradual de sus tropas de Irak, del mismo modo que comenzaría a desalojar Guantánamo. Sus voceros introducidos en todos los países del mundo orquestaron una vasta campaña a favor de sus medidas democráticas, pues el mundo capitalista, pese a sus apariencias de suma potencialidad e indestructibilidad siente la necesidad vital de la existencia de un país líder y guía que dado su poderío esté por encima de la voraz competitividad en el mercado. La burguesía y su sistema de producción sin los imperios serían demasiados frágiles y por ahora al sustituto o a los sustitutos de EE.UU. les quedan aún trecho largo y amplio por recorrer. En plena crisis el capitalismo busca su razón de ser además de su seguridad militar frente a sus enemigos de clase. No es por pura coincidencia que el Papa en su última encíclica propugne “una autoridad política mundial que goce de un verdadero poder efectivo para garantizar el desarrollo de la justicia y los derechos humano”.

Una vez iniciado, aunque tímidamente el camino que debería conducir a la puesta en práctica de las promesas realizadas por Obama no sin resistencia de militares e industriales, y como por arte de magia adviene el inesperado golpe de Estado en Honduras. Así pues, la tercera prueba que acreditaría el cambio del talante, se sucede ininterrumpidamente acompañando a las dos anteriores. El gabinete Obama “se opone” de inmediato el golpe. Sin embargo, la sombra de la sospecha es muy amplia y todo apunta a que EE.UU. conocía previamente que se iba a dar el golpe y consintió en ello, lo que quiere decir, que Obama miente y juega a las apariencias o que la Administración norteamericana camina por un lado y el consejo militar-industrial por otro, de todas formas el golpe posee connotaciones internacionales y constituye un aviso a las naciones que intentan construir una sociedad alejada de las influencias y dictados de EE.UU. y Europa.

¿Cuáles son los motivos que inducen a los usurpadores del poder a materializar el golpe? Para estos, el Presidente Zelaya actuaba bajo el influjo del paradigma “chavista”. Primero  al elevar el salario mínimo de la clase obrera pese a la oposición de los empresarios. A la par, y sirviéndose del modelo venezolano, impulsó programas de educación y de salud contando con la ayuda solidaria de médicos cubanos. Por otro lado, era muy conocida su simpatía y sus deseos de integrar a su país en el ALBA. Y finalmente y como también sucediera en Venezuela, Bolivia y Ecuador concibió un proyecto de modificación de la Constitución para obtener una cobertura  legal mayor  con la que consolidar los avances graduales que había emprendido y los subsiguientes, como también abrir brecha social de contenido profundo.

Como cabía esperar la derecha más recalcitrante de Latinoamérica celebró abiertamente en Caracas el golpe de Estado, mientras que otro sector de la derecha tenida por moderada, bajo la excusa de la no injerencia como en el caso de Uribe en Bogotá, salvaguarda a los golpistas y consagra el golpe. En EE.UU. resulta contradictoria la posición de la prensa más “prestigiosa” con las primeras declaraciones de Obama. Así  The Washington Post y The Wall Street Journal rechazan el calificativo de golpe de Estado ofreciendo argumentos que se convierten en una justificación para los golpistas.

Otro margen para la sospecha es el que se deriva de la solución propuesta por la Casa Blanca, o sea la negociación entre el presidente depuesto y el intruso, que compara a ambos en los mismos términos y grados y le concede carta de legalidad al golpista. La terquedad de la evidencia nos proporciona decenas de datos fehacientes que implica a EE.UU. en el golpe, como es la cercanía de su base militar en Honduras, la resistencia de los militares estadounidenses destacados en aquel país a cumplir las primeras “órdenes” de Obama de suspender las actividades militares conjunta con los militares hondureños, etc.

El golpe de Estado en Honduras no puede examinarse superficialmente ajeno e independiente a una táctica elaborada, madurada y pulida desde el corazón de los imperios, pensada para frenar el avance de las fuerzas progresistas y populares en Latinoamérica, auspiciadas por la presencia de Cuba y Venezuela. La trama contempla la colaboración interdisciplinar de los países acólitos de EE.UU. y Europa, cuyo centro difusor propagandístico opera desde Venezuela, en donde la llamada “televisión gorila” conectada con la burguesía internacional ofrece la coartada argumental que disculpa el golpe y alimenta a los reaccionarios del continente, avivando las esperanzas de aniquilar el “populismo” que poco a poco les rodea. Sus razonamientos se destinan a culpar a Zelaya de provocar el golpe de Estado al promover un referendo y una asamblea constituyente desde fuera de la Constitución.

Más repetimos, el golpe forma parte de un programa de acciones y actitudes que tiende a debilitar, fraccionar y después atizar la pena capital a los integrantes del ALBA. En este contexto debemos anexionar diversos acontecimientos dados últimamente. Como la grave acusación de Alán Garcia a Evo Morales de injerencia en su país con la ocasión de la matanza de indígenas en la amazonía, ocultando en principio el verdadero motivo del crimen masivo y a la vez calificar de peligrosa la existencia de la Bolivia de Evo. Todos sabemos que la matanza de indígenas es como consecuencia de que el pueblo autóctono se opone a los planes del gobierno de entregar el territorio nacional donde ellos habitan a potencias extranjeras.

Desde hace 30 años los gobiernos peruanos vienen cediendo a las transnacionales de petróleo y gas el 70% del territorio amazónico que ha conllevado la miseria y la pobreza  por favorecer al capitalismo imperial, de lo que empresas de EE.UU. Francia, España y Holanda entre otros han salido beneficiadas, entre ellas la anglo-francesa Perenco, Repsol (España), la canadiense Petrolífera Petroleum Limited, Petrobras y Pluspetrol, Global Steel Holding, Emerald Energy, Maple Gas Corporation, Golden Oil Corporation, Jindad Steel y Power, Petro-Tech, y otras.

En el mismo sentido, debemos incluir la operación llevada a cabo por Europa de escindir, prácticamente, disolver la Comunidad Andina de la que ya se había separado Venezuela por desavenencia, actualmente formada por (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) a través de tratados comerciales impuestos por los imperialistas y que venían a establecer la liberalización generalizada de los servicios, las privatizaciones del agua y recursos naturales, la imposición de tribunales arbitrarios y la de los monopolios farmacéuticos, a lo que como grupo se opuso Bolivia, obteniendo los imperialistas la anuencia individual de los otros estados con determinadas prebendas.

El hecho sustancial consiste en debilitar al conjunto de los países con tendencia progresistas desde todos los flancos posibles.

En resumidas cuentas, Obama puede que represente al sector más progresista del imperialismo norteamericano y puede también, que convenga a aquél otro que persiste en una política reaccionaria y radical para ocultarse detrás de su “democrática” imagen, pero la realidad resalta sobre toda especulación y por encima de vanas esperanzas. Obama ha sido catapultado al liderato por poderosas empresas multinacionales y por bancos americanos muy influyentes con la misión de perpetuar el poder del imperio así lo demuestra el acuerdo adoptado con Colombia para la utilización por las fuerzas militares estadounidenses de siete bases militares en aquel país, que el gobierno colombiano lo justifica en “una preocupación legítima con la actividad de las (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) FARC en la frontera”, y además para el control y vigilancia de las zonas que limitan con Ecuador y Venezuela.

 

 II

 

En el continente americano de continuar la táctica de asedio se avecinan acontecimientos tormentosos. Los países que orbitan alrededor de los imperios se prestan a incordiar a las naciones que proclaman su derecho a conducirse por el camino de la independencia con el deseo de forjar su propio destino, detrás como siempre EE.UU. pero con fisuras inocultables que constituyen el centro de las miras de Rusia, China, Japón y de la propia Europa, agazapadas y dispuestas a extraer el máximo provecho de las repercusiones que pueda tener la crisis en Norteamérica y a beneficiarse de las diferencias entre dicho imperio y las naciones autónomas.

Sin embargo, la crisis ha puesto también al descubierto los puntos débiles del imperialismo europeo, su dependencia política y en gran medida económica con respecto de Norteamérica (cruce de inversiones y mercados) puede acarrearle graves problemas de difíciles soluciones, por ejemplo, el “paragua antibalístico” yanqui ubicado en su centro geográfico la emplaza a un enclave muy delicado en relación con Rusia y Corea del Norte. Tampoco le reporta muchos bienes andar a remolques de las decisiones militaristas unilaterales de EE.UU que como se demostró con la invasión en IRAK activa a la opinión pública continental enfrentándola a sus gobiernos respectivos, a la par que movilizó a millones de trabajadores.

A todo ello habrá que unirle que las instituciones supranacionales europea y su carta magna, en una palabra su comunidad económica y política, pese a las últimas incorporaciones están siendo cuestionadas por los pueblos, que plebiscito tras plebiscito manifiestan su indiferencia y desdén, cuya causa hay que buscarla  en la insatisfacción popular por sus gobiernos estatales, que siguiendo las directrices de los jerarcas continental además de minorar paulatinamente los derechos y libertades de las masas, producen corrupción a raudales síntomas de un sistema que pide a gritos su sustitución por otro más justo y acorde con la sociedad moderna. Es significativa la última encuesta llevada a cabo en Inglaterra en la que el pueblo inglés por amplia mayoría coincide en que un gran porcentaje de los políticos son corruptos.

Las circunstancias políticas y económicas de Europa ofrece el atractivo de que sus fuerzas productivas muy desarrolladas es sorprendida por la fragilidad del “Estado del bienestar social” incapaz de satisfacer las necesidades de los trabajadores que se ven afectados en gran proporción por los efectos más perniciosos de la crisis, como son el paro y la pérdida de su calidad de vida. Europa entera debate sobre la necesidad de establecer condiciones más duras para la obtención de subsidios de desempleo y propende al empeoramiento de las disposiciones legales para acceder a la jubilación.

Está claro que la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las actividades inherentes a las relaciones de producción existentes, dan por cumplidas las teorías de Marx acerca de la revolución socialista, pero el movimiento comunista europeo (salvo excepciones gloriosas) no está en condiciones de dirigir a sus trabajadores a la colisión interclasista.

 

III

 

La integración de España en la UE y en la OTAN la hace tan vulnerable  a los vaivenes económicos como a sus socios de ambos organismos, pero con una salvedad que agranda la onda expansiva de cualquier estruendo crítico, como sucede en la actualidad. La economía española se ha basado casi exclusivamente en la construcción y en el turismo, es decir, no existía ninguna relación con la realidad del pueblo, por este motivo el consumo no indicaba la capacidad económica de los consumidores, sino que residía en la especulación económica basada en inmuebles sobrevalorados y en el endeudamiento estimulado por las tarjetas de créditos y por la hipotecas “fáciles” y puentes, que apresaban al hipotecado para toda la vida, por lo que el mantenimiento de la actividad productiva sobre estas “doctrinas”, vislumbraba desde hace bastante tiempo la gran hecatombe. Los gobiernos y los burgueses poco podían hacer a pesar de las voces que se alzaban contra un tal tipo de economía que tenía sus días contados, pero el sistema capitalista es irracional y su inercia incontrolable.

Lo que prueba que el capitalismo está agotado, todas las fórmulas inventadas y reinventadas por los economistas resultan ineficaces y el sistema marcha a la deriva. El tiempo de gestación de la crisis y el de la crisis misma se caracteriza por la falta de claridad en las alternativas del gobierno y de la oposición. El gobierno actúa imprevisiblemente intentando tapar los agujeros que se abren a diario, la oposición fustiga al gobierno sin presentar sus opciones, porque en realidad no las tiene, salvo dar pasos hacia atrás y con su asedio al PSOE, solo busca el desgaste de éste.

Las consecuencias de la crisis son enormes. Ya se baraja la cifra de cinco millones de parados de aquí a un año. 300.000 comercios han cerrado sus puertas en lo que va de año. Solo en Cataluña hay más de 100.000 trabajadores que han agotado las prestaciones por desempleo… Mientras tanto todas las voces claman un pacto político y social para salir del atolladero, prueba inequívoca de la manifiesta incapacidad de los dirigentes actuales, debido a que el capitalismo apenas ofrece ya resquicio por donde penetrar un rayo de luz y todos quieren comprometer a todos en estos momentos cruciales.

También las reuniones fallidas entre gobierno, patronal y sindicatos ponen de manifiesto el agotamiento de las alternativas, todas ellas (las de la patronal) son arcaicas, superexplotadoras, que no sacarían al país del lugar en que se encuentra, naturalmente, al nivel capitalista. Gobierno y sindicatos acuden a las reuniones deseosos de llegar a un acuerdo, pero ¿a qué acuerdo? ¿Cuáles son sus propuestas? Conocemos las de la patronal, que lo quiere todo a la vista de la debilidad de sus adversarios, pero estos, no nos dicen nada de lo que pretenden conseguir. Está claro, los sindicatos no están por las luchas ¿para qué si no tienen objetivos? Lo único que desean es que exista un acuerdo con el que justificar su pasividad, su traición delante de los trabajadores. Pero la patronal que pide lo absoluto pone en peligro el futuro del PSOE. Esta es la razón de no llegar a un acuerdo, que los sindicalistas hubiesen firmado de conseguir un “mínimo” que presentar como triunfo. Ahora bien, la patronal al igual que el PP juega al desgaste mientras tanto espera conseguir sus frutos, pues no podemos olvidar que oficialmente tanto por nuestros gobernantes como por la instituciones económicas supranacionales, se asegura que la economía española es una de las más perjudicada de la crisis y se vaticina además que una vez comience a recuperarse, sus efectos no repercutirán en un descenso del desempleo, por el contrario, éste se verá incrementado a pesar de la recuperación durante un  periodo prolongado. Por consiguiente, la patronal y el PP juegan con el tiempo a su favor y con los nervios del gobierno.

España se ha convertido en un eslabón muy débil de la cadena imperialista, los dirigentes esperan un milagro, es decir, que la recuperación de otros países  lleve en volandas la recuperación también de la economía de nuestro país, las condiciones para el desencadenamiento de grandes luchas están dadas.

 

 

 

 

 

IV

 

            La actual crisis debido a su profundidad y a las consecuencias que origina, ha servido para desmentir afirmaciones que se habían extendido prácticamente por todo el mundo, como que los trabajadores no se movilizarán contra el capitalismo mientras tengan coche, casa, televisión etc. y aunque la historia de la lucha de clases ha dado ejemplos brillantes y oscuros que demuestran que no es verdad; sin embargo, ha calado en los ignorantes y en los traidores de la clase obrera, quienes pretenden siempre justificar sus impúdicas acciones imputándoles a los trabajadores una supuesta y consustancial apatía, que tácitamente es la culpable de sus males.

            Cuatro millones de parados golpeados por porcentajes ya alarmantes de precariedad económica doméstica, de embargos de pisos, de retiradas de coches, de enfermedades provocadas por su situación de desempleo, son datos que deberían hacer reflexionar al más retrógrado en su visión parcial de lo que sucede a su alrededor, con la voluntad de que rectifique sus posicionamientos. Después de sufrir tantos atropellos y de soportar tantas penalidades sin haber sido los causantes de la crisis, el comportamiento de los obreros evidencia que tales circunstancias no son suficientes para que se levanten contra el capitalismo.

            Más los ignorantes y los traidores miran hacia otro lado y como siempre resuelven sus contradicciones  por el camino más fácil, el de las conjeturas infundadas. Ahora prescinden de las citadas condiciones que tenían que darse para que los trabajadores se movilicen porque no encajan en el curso de los acontecimientos y con una sentencia tan simple como irracional se zafan de su responsabilidad, pues con solo decir que los trabajadores no quieren saber nada creen explicarlo todo.

            Cabe manifestar, que ambas respuestas no brotan indeliberadas en las cabezas de nuestros descerebrados. El pensamiento humano, no se produce espontáneo y dado que el pensamiento es el reflejo de la realidad objetiva en nuestro cerebro, es lógico que la interpretación fiel o aparente del mismo de esa realidad objetiva o condiciones dadas, se deba al grado de cultura política, económica e ideológica adquirida por el receptor, o lo que es lo mismo por su práctica revolucionaria. La burguesía conoce del mecanismo y lo emplea convenientemente para sus intereses. Tanto una como otra respuesta son las derivaciones analfabetas de la famosa consigna burguesa que inculca en las masas que la naturaleza inapelable de la especie humana es  la maldad generada y suministrada por los genes, como una especie de determinismo idealista. Pero mientras la burguesía procura darle un carácter científico a sus interesadas afirmaciones, los traidores e ignorantes pertenecientes a las clases trabajadoras utilizados de medios difusores de la ideología capitalista entre sus compañeros, se lo transmiten a estos de una manera torpe sin reparar en sus contradicciones.

¿Los trabajadores no quieren saber nada? ¿Es ello cierto? En absoluto. Si interpelamos al obrero más atrasado del mundo que se jacte de ser apolítico, veremos que no es verdad lo que se dice de su “ignorancia política” y por supuesto de su alejamiento de la política. Conoce todo cuanto la burguesía quiere que sepa del pasado, del presente y del futuro de la historia humana y a la hora de expresarse lo hace con un magisterio popular casi incontestable, con una seguridad en sí mismo que termina por apabullar al militante comunista más débil, este obrero se convierte también en transmisor de las ideas burguesas. El obrero nos dirá que en Rusia hubo un sistema cruel, que Stalin mató a millones de soviéticos, que en Cuba existe un dictador, que Chaves está desequilibrado, que los palestinos son terroristas, todo esto sin leer un solo libro y sin apenas tener tiempo de ver la televisión. Es decir, su cabeza abarca conocimientos de todo el universo político e ideológico, que a su manera relata con machacona reiteración y simpleza pero con probada firmeza, para que su adversario no le responda. Pero si conoce ese mundo distorsionado que dista de él miles de kilómetros y decenas de años, en cambio desconoce cuanto sucede a su alrededor en este momento, ni siquiera sabe del vecino que vive en el piso de enfrente al que le separa un descansillo. Puede que no tenga idea de que su familia malvive, de los parados de su barrio, de que en España hay comunistas encarcelados, pero como decimos sabe y lo utiliza de “defensa”, todo cuanto le interesa y favorece a la burguesía. Por tanto, lo que los trabajadores no entienden o no saben, es lo que le afecta a los intereses de su clase. Lo primero corresponde enseñárselo a la burguesía y ella sabe cómo hacerlo, lo segundo debe ser obra de los comunistas y para esta labor nos constituimos en partido.

Porque ¿Acaso la burguesía tiene un don especial para convencer al obrero? ¿Por otra parte es tan idiota el obrero que se dejar engañar por el capitalista hasta el extremo de bendecir sus guerras y de portar las armas a propósito para amparar los intereses de sus amos etc.? Es cierto, el burgués posee los poderosos medios de comunicación para modelar la mente y se gasta millones de euros en la tarea de hacernos a su imagen y semejanza, pero con saber esto y repetirlo hasta la saciedad no vale, salvo para ocultar nuestra ineficacia o vaguedad. Además, la inmensa mayoría del pueblo no lee y son contadas y muy concreta la tipología de programas que habitualmente ven por televisión y escuchan en la radio.

Ergo sorpresivamente, la burguesía está presente en todos los lugares que frecuenta el trabajador a través de los traidores u oportunistas. Podemos decir que si la burguesía tiene los medios de comunicación, el partido tiene también otros medios más cercano al pueblo debido a que somos pueblo y convivimos todos los días y todas las horas con él, medios que de utilizarse y además adecuadamente, anularían a los del Estado y a los de los patronos por muy grandes y omnipotentes que sean, pero resulta que en estos lugares frecuentados por el pueblo, en vez de estar los comunistas, están presentes los voceros del capitalismo, mientras los comunistas nos lamentamos o no entretenemos en discutir sobre lo divino y lo humano entre nosotros mismos.

Los comunistas podemos gozar de la convivencia, a veces íntima con el pueblo, porque repetimos somos pueblo. Tenemos tribunas muy cercanas a los trabajadores dentro y fuera de  los centros de trabajo, asociaciones de vecinos, comunidades de vecinos, asociaciones deportivas, culturales,  asambleas fabriles, la octavilla, el periódico, charlas coloquio. Convivimos con él también, en el supermercado, en la piscina, en el autobús, o sea en todos los lugares. El burgués actúa como tal y ¿nosotros hacemos lo propio?

Los burgueses procurarán identificar al comunista como un ser deleznable delante de los trabajadores para  neutralizar cuanto pueda hacer y decir. Se inventan patrañas, le despide de los lugares de trabajo antes de que pueda manifestarse como comunista. El burgués teme a la asamblea de trabajadores, teme al sindicato, teme a la huelga, porque le da pavor que sean los comunistas los que dirijan a los trabajadores hasta esas situaciones a modo de auténticos comunistas, o que de dichas actividades surjan los comunistas.

Qué significa ser comunista. Sencillamente, ser militante, que quiere decir que se entronca con sus compañeros, vecinos, amigos, asociados, que descubre delante de ellos al quintacolumnista burgués sea quien sea. Y aquí está la clave de todo, sin luchar contra el oportunismo (el infiltrado burgués en las filas del pueblo) a vida o muerte jamás podremos llegar al pueblo, jamás venceremos a la burguesía. Esta consigna leninista cobra mayor actualidad tras el endurecimiento de la represión que se está llevando a cabo por la parte de la patronal.

Hay que tener presente siempre que en el momento mismo que descubrimos y atacamos al oportunista, en ese instante también desenmascaramos las mentiras del burgués y del Estado. Pero ¿cómo se combate al oportunismo?

 

El oportunismo suele actuar de las siguientes formas:

 

·         Delimitando la práctica del obrero al economismo, al convenio colectivo, a los tres euros. Armándose de una teoría bastarda y burda con la que justificar su conducta traicionera.

·         Ocultándole a los trabajadores y al pueblo cuanto sucede en el movimiento obrero y en el mundo político en general que le rodea para mantenerlos en la irrealidad.

·         Realizando una labor política de zapa bis a bis con los trabajadores, asociaciones vecinos etc.  difundiéndoles las patrañas burguesas sobre Cuba, Venezuela etc.

 

¿Cuáles son las consecuencias de la conducta de los oportunistas?:

 

·         Ensimisma al obrero en el convenio colectivo, por lo que las posibilidades de luchas son mínimas. Debido a que el Índice de la carestía de vida se establece convencionalmente como referente de los convenios colectivos, las diferencias entre la oferta del patrón y la demanda de los obreros son mínimas, resulta pues pernicioso a veces, ir a la huelga por un dinero ridículo que la misma huelga absorbe.

·         Al no existir conexión entre los centros de trabajo, cuanto ocurra en uno de ellos en vez de actuar de acicate y estímulo para los demás, se convierte en todo lo contrario, en un mal precedente, porque la defensa del despido de un compañero de otra empresa si no cuenta con la solidaridad de clase es una batalla perdida casi segura, infiriendo en el movimiento obrero psicología de impotencia a la vez que cubre al patrón del aura de la indestructibilidad.

 

Ante la situación dada, el partido comunista debe responder resueltamente, primero con  orgullo. No podemos permitir que la sinrazón triunfe sobre la verdad y para que no suceda, desde ya debemos ser conscientes, de que las prédicas que se basan en que la clase obrera no quiere saber nada porque no reacciona ante las arbitrariedades, es un argumento que nos favorece, dado que en el fondo apela a la espontaneidad, a la reacción impulsiva en su afán de negar al partido marxista-leninista; sin embargo, los trabajadores con su conducta reclaman la presencia de una dirección-guía aguerrida y preparada, esa es el Partido Comunista.

Los comunistas somos la antítesis de la burguesía y del oportunismo, con la ventaja de que conocemos la relación entre la psicología y la conciencia del obrero. Como tal antítesis obraremos en la dirección antagónica. Al economismo opondremos la ideología y la política, al individualismo la unidad de los centros de trabajo, al oscurantismo el protagonismo de los trabajadores.

Comenzaremos por decir que los trabajadores de un centro de trabajo no solo deberán conocer cuánto pasa en su gremio o en el movimiento obrero de su ciudad, sino en todo el movimiento obrero, deben conocer todo cuanto sucede en la ciudad y el campo, los crímenes ecológicos, los problemas de los pequeños campesinos que atañen a los precios de nuestro consumo, es decir, todo lo que está sucediendo en nuestro país, y lo que concierne a la clase obrera de los demás países, pues el mundo capitalista es uno solo, concatenado.

Si queremos que los trabajadores se enfrenten a la política del burgués y del oportunismo, el partido comunista tiene forzosamente que destruir el mundo que estos les han creado en la cabeza. ¿Cómo? Hablándoles de política, de la fuerza invencible que tendrían si estuvieran unidos. Utilizando todos los medios de que disponemos que no son pocos. El partido comunista es ante todo político, si no habla de política y de ideología traiciona sus principios y traiciona a los trabajadores. No se puede hacer una octavilla para explicarle a los trabajadores de un centro de trabajo cómo debe ser su convenio, mejor que ellos nadie lo puede saber. No escribiremos a los estudiantes sobre el Plan Bolonia, porque nos sorprenderán con sus conocimientos al respecto. Pero le hablaremos a los trabajadores de los estudiantes, de sus problemas, le contaremos a los estudiantes cuanto sucede en el movimiento obrero. Nuestra tarea es universalizar sus conocimientos, transmitirles todo cuanto sabemos. Si la clase obrera es la clase llamada a desempeñar el papel de dirección de la revolución y para lo cual tiene que procurar movilizar a su alrededor al pueblo en general, ha de tener por tanto amplios conocimientos de los problemas generales para aportar sus soluciones, de lo contrario, cada sector popular marchará por su lado como está sucediendo actualmente.




Los nuevos cambios económicos nos obligan a estar alertas

Han pasado varios meses y todo lo más que escuchamos en relación con la crisis es que no acabará hasta finales del año 2011.

Un partido revolucionario está obligado a seguir muy de cerca continuamente los cambios que se operan en la sociedad capitalista, con el fin de evitar el anquilosamiento.

Sin el conocimiento exacto de la composición de las fuerzas productivas de nuestro país, sin estar al día de las fluctuaciones que se operan en el interior de la clase obrera, estamos condenados al fracaso, a usar viejos análisis superados ya y no menos envejecidas tácticas, una vez que la presente crisis haya tocado a su fin y ante nosotros se yerga una nueva fisonomía de las  actuales estructuras económicas, inevitablemente enlazada a la economía mundial contemporánea.

 

La nueva semblanza de la economía productiva incide en el movimiento obrero en sus correlaciones de fuerza en el ámbito sindical, por la pérdida de comités de una u otra tendencia; también, ofrecerá incidencias ideológicas porque surgirán nuevas tendencias revisionistas al calor del trasvase de individuos pertenecientes a la pequeña burguesía arruinada a las filas del proletariado, dependiendo del sector económico de donde proceda las nuevas inclusiones, etc. etc.

  Nuestro país  se caracteriza por la presencia en la economía de una flota muy importante de pequeñas empresas y aunque el sistema reproduzca constantemente a las pequeñas burguesías, hasta ahora un volumen considerable de ellas brinda la particularidad de estar adosadas directa o indirectamente a las multinacionales, monopolios y a las grandes empresas nacionales. Al entrar en crisis determinados  sectores industriales, cantidades ingentes de  pequeñas empresas desaparecerán sin posibilidad alguna de reconstruirse.

Aún es pronto para vaticinar los cambios que desde que comenzó la crisis están generándose desde las entrañas del sistema, solo tenemos indicios de movimientos susceptibles de variar y muy profundamente. Algunas ramas de producción se debilitarán de manera notable y otras tocarán techo, no ascenderán más, aunque se mantendrán en un buen nivel, mientras que la propia crisis alumbrará otras empresas de los ramos más vigorosos y menos implicados en la depresión que se desarrollarán más rápidamente.

 Aprovechando que la crisis afecta financieramente en mayor medida a los países desarrollados se observan movimientos de naciones hasta ahora menos incisivas hacia lugares que se van a ver desguarnecidos por sus antiguos “colonizadores”. America Latina tendrá gravísimos problemas para exportar sus productos ante la bajada espectacular del consumo en estos países y también encontrará trabas en la importación hasta que los efectos de la crisis no hayan desaparecidos del todo en los países vendedores.

En este sentido Rusia, China e Irán comienzan, recomienzan e intensifican sus relaciones con América Latina, con miras a responder no solo a sus necesidades económicas, también a posicionamientos políticos.

Las relaciones entre Rusia y los países caribeños avaladas por el comercio energético entre otros, le permite obtener permiso para que su armada realice ejercicios militares cerca del corazón imperialista en respuesta a la instalación por parte de EE.UU. de  un escudo antimisiles en Polonia y la República Checa.

Por su parte Irán ha iniciado su penetración, aún en proporciones modestas (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua) con lo que también tiene la intención de “captar” aliados diplomáticos que les reconozcan su “potencial” regional, a la vez que por esta vía pretende romper el aislamiento internacional, producto de la agresiva política yanqui contra su programa nuclear

China que contaba con una presencia económica importante ha multiplicado sus relaciones comerciales hasta alcanzar los 150.000 millones de dólares en 2008 cuando en el año 2000 apenas alcanzaba los 12.000 millones de dólares. Lo importante para China es que junto a África, América Latina le satisface su insaciable apetito de materias primas (petróleo, cobre, hierro, soja…) a la vez que encuentra un mercado a propósito a sus mercancías baratas. Políticamente China pretende adquirir apoyos diplomáticos para el aislamiento internacional de Taiwán, lo que constituye su principal objetivo.

  También podemos notar que algunos sectores son especialmente afectados por la crisis, como el inmobiliario, hipotecario, construcción, tecnología de la información y turismo, mientras que los sectores sanitarios, energéticos, la agricultura, el comercio y algunos servicios, son los que sufren menor incidencia o ninguna.

Como corolario de las previsiones sobre su duración nadie se atreve a pronosticar cuales son realmente los sectores económicos que permanecerán incólumes y con fuerzas de impulsos y qué otros nuevos pueden aparecer con suficiente ímpetu y confianza. De ahí que la banca retraiga sus inversiones hasta no estar segura de adónde debe hacerlo y a partir de ahí planificar la sociedad postcrisis.

La Banca siendo como es la principal causante y asimismo la más afectada por la crisis, se está fortaleciendo con las subvenciones estatales y con fusiones que le posiciona de nuevo en el eje de la economía mundial.

 En estos momentos de transición tímidamente iniciada la posición del Partido es estar a la expectativa, seguir de cerca los acontecimientos e investigar sobre las mutaciones que se vayan operando que tendrán su reflejo político e ideológico. Nuevas tendencias apologéticas del capitalismo sobre su pretendida capacidad para renovarse ante la ausencia de la lucha de clases (incidirán mas todavía en que ya no existen clases sociales) vendrán a substituir las antiguas, enterradas por la crisis.

Y tenemos que estar muy atentos a todo lo que suceda, porque tendrán también una enorme repercusión en el movimiento obrero, en el comportamiento de la patronal y de los gobiernos capitalistas. Muchos de los fenómenos sociales arraigados en el pasado quedarán obsoletos.

 Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español




¿Se equivocaron Marx y Lenin?

[…] Desde hace cuarenta años la izquierda reformista vulgariza el marxismo con fines oportunistas. La teoría marxista contempla la revolución como el fruto del choque contradictorio entre el desarrollo de las fuerzas productivas (medios de producción mas fuerza de trabajo) y las relaciones de producción (fundamentalmente la forma de distribución de la riqueza). Los oportunistas admiten lógicamente el desarrollo de esas fuerzas productivas pero con fines adversos a la revolución, para negarla precisamente.

Sobrarían razones al decir que esos obreros “ricos” en los que se fijan nuestros teóricos como rasero para medir la situación de la clase obrera, apenas comprenden una docena de países en todo el mundo, pero además esa situación de privilegio, esas migajas de pan que recibe el proletariado, por ejemplo, el europeo, es la consecuencia de la expoliación irracional y criminal de las riquezas autóctonas de los demás países del orbe capitalista, cuyos pueblos están siendo sometidos a ignominiosas condiciones infrahumanas… ¡vergüenzas deberían embargar a nuestros teóricos! Pero nada les importan salvo “alumbrar” un subterfugio con el que alimentar sus traiciones porque en verdad los renegados no conocen el término honradez. […]

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

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La nueva configuración del imperialismo y el Movimiento Comunista Internacional

En el ámbito de la “izquierda” se esgrime desde hace tiempo que la crisis del movimiento comunista internacional se debe más que a nada a la falta de una luminaria moderna que desarrolle las teorías de los padres del marxismo-leninismo. Una causa de esta magnitud fundamenta dos posiciones que nos pueden llevar al mismo lugar, las de quienes sustantivan en el anacronismo de las ideas revolucionarias, la imposibilidad de que sobre ellas puedan brotar teorías subsiguientes al marxismo-leninismo. En este caso no se trataría de la incapacidad de los partidos y de sus seguidores para investigar, sino de que se ha secado la fuente de donde mana las musas de la inspiración. Y las de quienes acomodan sus creencias en que la inoperancia de los partidos trasluce una manifiesta insolvencia a la hora de analizar las condiciones económicas actuales. En este juicio se magnifica a Lenin que supo redondear las investigaciones de Marx y Engels.

 En cierto modo, estos últimos llevan bastante razón; aunque, habría que matizar; pues de no hacerlo cometeríamos el gravísimo error de arrinconar a Lenin en los años en que vivió, con lo que nos entregaríamos con el equipaje repleto al ideario burgués y reformista. El leninismo estaría muerto y esta conclusión derivada solo satisfaría a los enemigos de la clase obrera.

 Los comunistas no podemos dejarnos seducir por los cantos de sirena, nos apremia saber discernir si las alabanzas a los clásicos fluyen en el escritor de turno desde sus entrañas avivadas por un estado de ánimo optimista, pero no dañino, o si por el contrario forman parte de un proyecto destructivo de largo alcance.

 Si como se puede observar en determinados politólogos, resulta preciso e imprescindible actualizar los estudios que llevó a cabo Lenin acerca del imperialismo al haber sido desbordados por el acontecer histórico, la argucia queda al descubierto, lo que se nos pide no es profundizar en el leninismo persiguiendo su adecuación temporal, en cuanto sí se refieren a minarlo, socavarlo y derribarlo. Hay que hilar extremadamente fino o caeremos en la tupida trampa que nos tienden.

 Por enésima vez la apologética burguesa nos emplaza a enredarnos en la polémica que le conviene hasta descentrarnos de los problemas acuciantes ¿escribió Lenin para su época? ¿De qué época estamos hablando? Cuando se nos alecciona con la ligereza que hacen algunos analistas nos viene enseguida a la cabeza el método de análisis burgués. La burguesía explota la metafísica para sus exámenes que es el modo superficial de ver las cosas, prescindiendo de las interconexiones de los fenómenos. Los ideólogos del sistema capitalista disponen la historia por años, siglos, etapas comprendidas entre hechos, gestas, guerras, etc. sin atender al modo de producción existente que fondea y explica cada momento de la historia.

 No vamos a apearnos en este apartado, solo nos detendremos un instante para demostrar que apoyarse en una imaginaria diferencia de épocas entre Lenin y nuestros días no es más que  la válvula de escape que activan frecuentemente quienes no tienen otro argumento para validar su deserción del campo revolucionario. Lenin tuvo el honor de describir como nadie su “época” que no es otra que la fase superior del capitalismo, el imperialismo. Comparemos pues la definición que da Lenin a la fase que le tocó vivir con la situación contemporánea:

  • La concentración de la producción y del capital llega hasta un grado tan elevado de desarrollo, que ha creado los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica.
  • La fusión del capital bancario con el industrial, y la creación, sobre la base de este capital “financiero”, de la oligarquía financiera.
  • La exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande.
  • La formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo.
  • La terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes(Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo.)

Por más tretas y subterfugios no es posible separar los grandes aspectos distintivos de una y otra “época”, sencillamente porque nos referimos al mismo periodo, el imperialismo capitalista, que aún no ha terminado y cuyos rasgos vemos que fueron descritos magistralmente por Lenin. ¿Significa, entonces, que debemos copiar literalmente cuanto dijo e hizo Lenin, el partido bolchevique? Claro que no. Los leninistas sabemos diferenciar la esencia del fenómeno. En el supuesto que tratamos la esencia es la misma, en cambio el fenómeno o forma en que ésta se manifiesta puede diferir solamente por el grado de desarrollo en que se encuentra. La esencia del fenómeno nos explica el motivo de su aparición, las leyes de su existencia, las contradicciones intestinas que les son propias, los caminos que toma su evolución y sus cualidades determinantes. Pero mientras la esencia permanece oculta el fenómeno es externo y puede inducir a error a aquellos que ignoren la dialéctica materialista.

 La sociedad rusa que produce la Revolución de Octubre y la sociedad española de hoy son capitalistas (esencia) y ambas estás contenidas en la larga etapa del imperialismo (fenómeno); sin embargo, la progresión cuantitativa y cualitativa de las fuerzas productivas entre otras, está ahora mucho mas avanzada, pero siempre encuadradas en las mismas relaciones de producción capitalista, (esencia). Lo que nos indica que en estos momentos por el grado del desarrollo del imperialismo, las condiciones para la revolución son infinitamente mejores que en la época de Lenin contraviniendo las teorías del reformismo que al observar el fenómeno elude la esencia y se deja persuadir por el fenómeno. Los reformistas entienden por  fuerzas productivas desarrolladas, unos medios de producción superdesarrollados y en consecuencia unos trabajadores con alto poder adquisitivo, constituyendo ambas cualidades un hándicap en vez de una premisa para la revolución. Ambas apreciaciones son erróneas, pues sería de desear la existencia del imperialismo y cuanto más evolucionado tanto mejor, y como se verá el desarrollo de las fuerzas productivas no lleva implícito el “enriquecimiento” del proletariado.

 Según Lenin el fenómeno (lo que aparece a nuestra vista)  solo nos permite urdir las tácticas y estrategias que nos descubran la esencia tal como es, con el único empeño de destruirla y junto a ella hacer desaparecer para siempre el fenómeno dañino. En cambio para el oportunismo con tan solo modificar o atenuar los efectos del fenómeno sería suficiente. Como es lógico la esencia (capitalismo) permanece incólume regenerando una y otra vez el fenómeno (imperialismo). Es como estar afectado de una infección (esencia) y la combatimos con analgésicos cada vez más fuertes, hasta que nos calmen el dolor y nos bajen la temperatura febril. Resulta evidente que mientras no se erradique la infección, ésta seguirá produciendo fiebre y dolor con mayor o menor gradación.

 Concluyamos diciendo que el leninista analiza las formas que adopta el imperialismo en cada etapa de su desarrollo para programar tácticas y estrategias que nos lleven hasta la esencia o ley que las determina, es decir, las relaciones de producción explotadoras con su Estado protector, con las miras puestas en suplantarlas por la dictadura del proletariado que constituye la esencia, germen o ley de la nueva sociedad.

 Así pues, el imperialismo irguiéndose con sus rasgos distintivos dimanantes del desarrollo de las relaciones de producción capitalista, como fenómeno, puede exteriorizar peculiaridades transitorias en su desarrollo. Y decíamos al principio que en la actualidad nos ofrece el mejor contexto para la revolución proletaria a lo que habría que añadir que además de poder darse en un solo país, está en proceso de maduración las premisas que hará posible la subversión en grupos de países y consecuentemente y a la par abre las perspectivas para la recuperación del Movimiento Comunista Internacional sobre bases prácticas, que antes no existían o se manifestaban en estado embrionario.

NUEVOS FACTORES EN LA ESTRUCTURACIÓN CONTEMPORÁNEA DEL IMPERIALISMO

 La presencia del campo del socialismo asfixiaba al imperialismo obligado a desenvolverse en un mundo angostado territorialmente que le obstruía su expansión por varios motivos. La situación política mundial ilustraba un aspecto absolutamente distinto al de hoy. Al calor de la Unión Soviética se desarrolló el Movimiento de Liberación Nacional. También países variados de todos los continentes siempre amparado en la existencia de la URSS buscaron vías de desarrollo independientes al dominio imperialista (Países No Alineados) Semejante configuración del panorama mundial impele al imperialismo a soportar tiempos de inquietud especial y en determinada medida se ve forzado a controlar sus propias contradicciones interimperialistas, al pretender impedir la solución de sus problemas de competencia en el marco de la guerra, que a propósito de la experiencia histórica “beneficiaría al socialismo” (Ley sobre la competencia entre monopolios) reprimiendo de este modo la evolución natural de los rasgos contemplados por Lenin.

 Sin embargo, todo cambia a raíz de la muerte del campo del socialismo y encadenado con la situación postrimera de la URSS se fue definiendo un nuevo universo político y económico en el que los límites anteriores se superaron de modo espectacular. Los antiguos países socialistas se transforman en un bocado exquisito atractivo al insaciable apetito imperialista. Ahora es un mercado de producción baratísimo a la par que un mercado de consumo virgen. Las antiguas colonias a pesar de su independencia recién “conquistada” no pueden liberarse totalmente del influjo del campo imperialista. Por su escaso desarrollo industrial, por su pobreza, se vieron abocadas a recurrir a las multinacionales y también a préstamos cicateros que las atan aún más a la economía imperialista, es el neocolonialismo. Una vez fijadas las reglas que reforzarían la nueva dependencia, los Estados imperialistas impulsan gobiernos dictadores que actúan como verdaderos títeres en la defensa de los intereses imperialistas en su propio país, así como en el concierto de las naciones, decantándose con sus votos a favor de las propuestas internacionales de su imperialismo “protector”

 A finales de la década de los 70 comenzó una nueva estrategia económica por parte de las grandes empresas, o mejor sea dicho, va tomando cuerpo. Las voluminosas concentraciones de trabajadores en un solo centro laboral, ya no reportan los beneficios deseados por las empresas capitalistas que apuestan por la reconversión en una doble vertiente: incrementando el capital constante (maquinarias) en detrimento del capital variable (fuerza de trabajo) y promocionando una nueva división del trabajo vía empresas auxiliares. Método que se centra en disminuir “costes” y responsabilidades, simultáneamente a anular los efectos del absentismo laboral. La empresa principal reduce su plantilla prácticamente al ensamblaje del producto, cediendo a las empresas auxiliares la fabricación de buena parte del proceso de producción. Pasando a ser competencia exclusiva de éstas su personal contratado a tal efecto y la entrega en el tiempo concertado con la empresa principal de la materia elaborada. Esta por su lado, impone los precios a los que han de laborar las auxiliares reservándose el derecho de aplicarles sanciones si se verifica un retraso en la entrega de los materiales en las optimas condiciones exigidas.

 La minoración de las plantillas de las grandes firmas que utilizan el procedimiento descrito cedió terreno al oportunismo, que como de costumbre aprovechó la coyuntura para teorizar el deterioro de las fuerzas del proletariado y su relego a un segundo plano en el proceso revolucionario, perdiendo según las citadas conjeturas su carácter de protagonista supremo, por tanto su cualidad de director del mismo. Al cabo de los años la realidad muestra una clase obrera mucho más numerosa.

 A su vez, la comparecencia en el mercado internacional de países orientales, Corea, India, China, etc., quiebra el perfil de países productivos desarrollados. Europa y más aún EE.UU. se resienten por los bajos precios de los productores asiáticos que obligan a modificar el rumbo y el destino de los inversionistas. Por un lado, deciden reubicar sus centros de producción en determinados países al olor de los bajos costes, o bien importan los productos ya elaborados con precios ruinosos ocasionando el cierre de empresas autóctonas, especialmente en EE.UU. en donde además fomenta la fuga del dólar y actúa como factor causante del incremento del desempleo.

 Por otra parte, la “apertura” al mercado de la Europa del este, amplía la división del trabajo a escala mundial. Unas veces con la ambición de situarse provechosamente en un mercado por explorar, las multinacionales trasladan sus instalaciones a esos países, con la garantía de contar con una fuerza de trabajo barata y adormecida social y políticamente fruto de su historia reciente. En otras ocasiones procurando reducir los costes de su proceso de producción, lo que da lugar a que las multinacionales descentralicen a partir de este momento todas sus operaciones diversificándolas entre países de todos los continentes, donde además de contar con fuerza de trabajo baratísima, obtienen todo tipo de facilidades, como asimismo consiguen subvenciones importantes de sus gobiernos con tal de que fijen sedes en sus respectivos países. Con la nueva estructuración, para poder efectuar el ensamblaje de un producto, por ejemplo un coche, habrá que reunir los elementos elaborados en distintos países de continentes dispares. La caja de cambio fabricada en Sevilla por la empresa Renault es suministrada a varias naciones.

La ampliación que tiene lugar en  la división del trabajo internacional no anula en todo caso la relación empresas principales-auxiliares. En buena medida, ya sea por separado o unidas van erigiéndose en un rasgo subalterno a los descritos por Lenin, a tener en cuenta en la estrategia de los partidos comunistas.

Otro aspecto importante del momento actual, es que como resultado del gran desarrollo de las empresas capitalistas se observa la tendencia por parte de estas a desdeñar sectores económicos que aunque tienen una enorme repercusión en el proceso productivo en la cadena internacional, sin embargo, no proporcionan beneficios en las cantidades codiciadas por los grandes capitalistas. Sectores en los que habrá que profundizar, dado que sus características son óptimas también para la estrategia de la lucha de clase.

Para los marxistas el mundo físico y social es una cadena ininterrumpida de causas y efectos y cada eslabón contiene un nudo de contradicciones que afirman primero y niegan después el fenómeno. Los resultados que busca la burguesía: expansión, maximización de los beneficios, seguridad política, se ven perturbados por contradicciones implícitas convertidas en premisas para su refutación.

NUEVAS PREMISAS

 En conjunto los datos analíticos que aportamos espejean una configuración mundial que debe su origen a la liquidación del campo del socialismo, sin esta circunstancia hubiese sido imposible, cuyas singularidades detallamos a continuación

  •   El producto bruto mundial presenta un nuevo rol, poco a poco las neo colonias, países del antiguo campo del socialismo y naciones emergentes y subdesarrolladas van desarrollando mayor porcentaje de dicho producto, rozando en estos momentos el cincuenta por ciento.
  •   La aportación al producto bruto mundial no implica el enriquecimiento de estos países, menos aún el aumento del nivel de vida de sus trabajadores. Pues la economía continúa concentrándose en manos de reducidos grupos de multinacionales y monopolios que se embolsan los beneficios.
  •   No obstante en estos países se desarrollan las fuerzas productivas; aunque las fuerzas de trabajo perciben bajos salarios
  •    La anterior visión del panorama internacional nos muestra una nueva cara en la que los países dependen de los vaivenes  de las políticas dentro de un conjunto de países cada vez más dispersos y dispares en lo que respecta cultural, social y políticamente.
  •   Debido a la relación empresas principal-auxiliar una huelga en la auxiliar provoca el efecto dominó, dañando inmediatamente el proceso de producción completo paralizando una cadena de empresas del mismo país e incluso de varias naciones.
  •   La ampliación de la división internacional del trabajo es causa del mismo efecto. Si una de las empresas de la cadena entrase en conflicto con sus trabajadores paralizarían  todos los demás eslabones de producción.

EJEMPLOS PRACTICOS DE LAS NUEVAS PREMISAS

 A principio de este mes de Julio, se produjo una huelga que corrobora cuanto venimos exponiendo. 26 trabajadores de la subcontrata Eulen que opera en la factoría Renault de Sevilla decidieron plantarse en huelga por varios motivos. Los trabajadores no tasaron previamente sus posibilidades, es decir, no conocían el alcance total de su decisión, solo se movieron guiados por la indignación contra su empresa.

  El cometido de estos trabajadores consistía en arrimar la materia prima a la cadena de producción, así como cargar y descargar los camiones para el almacenaje o expedición.

 Tan solo había transcurrido un día de huelga, cuando saltó la sorpresa. Se les comunica a los trabajadores de Eulen que se les va a conceder todas sus reivindicaciones, en las que se incluía, la readmisión de un compañero despedido, Parecía insólito, pero no lo era. Con un único día de huelga habían paralizado el proceso de producción de Renault en Sevilla. Dado que en Sevilla se  fabrica las cajas de cambio para varios países y lugares de producción de Renault, era inminente la falta de trabajo y por tanto la paralización de las factorías de Valladolid, Francia etc. Por esta razón la gerencia de Renault obligó a Eulen a satisfacer las demandas de sus trabajadores.

  Pero si el desarrollo de la división internacional del trabajo implica contradicciones, no menos complicaciones para el capitalismo derivan de la búsqueda del beneficio voluminoso. Atrás quedan sectores productivos singulares por su pequeña dimensión en el origen, pero que al dispersarse en su comercialización su abarque se hace inconmensurable.

  Empresas italianas como OMER y METALFER abastecen prácticamente a toda Europa de tubo-camisas que forma parte del cilindro hidráulico, el elemento indispensable para la automatización de maquinarias de toda índole. En el supuesto de acaecer un conflicto laboral en cualquiera de las dos empresas, sus ondas expansivas alcanzarían a toda Europa.

 En lo que respecta al estado español, cinco comerciales suministran dichos tubos a la metalurgia: MICRACRÓ (Madrid) PROTUBSA (Álava y Tarragona) ACEROS Y TUBOS S.L. (Valencia) PENINSULAR DE VÁSTAGOS (Sevilla) y DURALCROM (Barcelona). Salvo PROTUBSA que pertenece al grupo Bianco de Italia (con 20 trabajadores-directos entre sus dos instalaciones) las otras cuatro son empresas pequeñísimas  (MICRACRÓ con 7 trabajadores-directos, ACEROS Y TUBOS S.L. Y PENINSULAR DE VASTAGOS con 2 trabajadores-directos cada una y DURALCROM empresa familiar de 6 trabajadores-directo) Es decir, 37 trabajadores-directos tienen en sus manos el que funcione o no el metal español, que a su vez afectarían negativamente a sectores tan importante como la maquinaria de obras públicas y agricultura, también lesionarían gravemente las fabricaciones de multibasculantes, ascensores (construcción) de maquinarias para la madera, para la cerámica etc.

LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS Y ACERCA EL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL

   La configuración moderna de la economía imperialista debe contemplarse más allá de la posibilidad de entorpecer coyunturalmente amplios sectores productivos con el “mínimo esfuerzo”. También nos ofrece la oportunidad de ir sentando las bases para la unidad de los comunistas en España y simultáneamente, cimentar el renacer del Movimiento Comunista Internacional.

 Partimos de la realidad básica de nuestra propia historia cubierta de  experiencias muy ricas, pero a la vez llena de amargura. Desde los principios de los años 70 del siglo pasado se han sucedido todo tipo de unificaciones de los comunistas. En el campo del maoísmo tuvo especial resonancia la protagonizada por ORT y PT que apenas se sostuvo varios meses hasta desaparecer ambos partidos sin dejar estelas de su vida en la Tierra. En el bando trotskista también el teatro de las unificaciones escenificó la pérdida de varios grupos después de fusionarse en un solo partido (AC, OC.) Pero será desde la adscripción prosoviética el lugar que propició mayor número de fracasos. Todos los congresos o intentos de unidad estuvieron alumbrados directamente o influenciados por caminos indirectos desde las embajadas de países del campo del socialismo: OPI-PCOE, PCE VIII-IX CONGRESOS (una facción de Madrid)-PCOE y otras tantas de diversos grupos. No obstante, merece especial mención por la envergadura de su montaje, la creación del PC. que ha dado lugar al PCPE actual.

 Tras los rublos soviéticos, miles de “comunistas” de todas las procedencias se unieron al proyecto de la embajada de la URSS en Madrid, de una forma bastante peculiar. Se editó un documento al que cualquiera podía adherirse como afiliado. Más lejos del leninismo imposible. El hecho es que se formó un partido ecléctico con el beneplácito y la subvención de la Unión Soviética y con el reconocimiento de un gran número de partidos comunistas de todo el mundo, adjudicándoles al nuevo partido el grado de cooficial junto al PCE. Sin duda asistíamos a los últimos efluvios pestilentes de la grave descomposición que aquejaba al Movimiento Comunista Internacional. De la noche a la mañana se monta un partido con lujosas sedes y con miles de afiliados, cualquier comunista honrado diría que esta parte de la historia del comunismo español es deshonrosa y aberrante.

 Durante el denominado proceso de unidad entre PCPE-PCOE, los camaradas que se opusieron, se basaron en la historia de las unificaciones de los últimos 30 años, al advertir que se procedía con idénticas facturas.

   En la teoría todos los partidos coincidimos en que para unir a las fuerzas comunistas disgregadas, entre otras condiciones que deben considerarse, dos son determinantes: haber practicado durante un tiempo la unidad de acción para conjuntar las tácticas, conocerse y coincidir ideológicamente.

  Expuesta así, la propuesta resulta engañosa y demasiado peligrosa. Se supone que los partidos que han celebrado congresos de unificación observaron en su día estos términos y a pesar de ello todas las unificaciones fracasaron rodeadas de escándalos impropios de comunistas, casi siempre con la desaparición de los dos partidos o bien con el rompimiento en tres o más grupos. ¿Por qué?

 El problema lo originaba siempre el alejamiento de la clase obrera. Un partido comunista separado del movimiento obrero, es un partido desprovisto de objetividad en sus análisis, sus sentimientos se vuelven subjetivos al no cotejarse con la realidad objetiva (clase obrera). Su ideología, sus tácticas y estrategias, también al no contrastarse en la práctica con el desenvolvimiento de los trabajadores no presentan garantías de certeza y se transforma en un mundo imaginario e idealista. En cambio, el entroncamiento en el proletariado es la regla fija para depurar vicios y conductas equivocadas, que de otro modo permanecerían ocultas esperando el momento de manifestarse. El subjetivismo domina siempre a la ideología y a los buenos deseos.

 Separados del movimiento obrero los partidos ven frustradas sus necesidades de llevar a cabo la unidad de acción, cuyo escenario indefectible son las luchas populares (sindicatos, comités de empresas, asociaciones de vecinos etc.) que significan trabajo cotidiano, reuniones entre militantes y direcciones con el fin de afirmarse o de  replantearse conjuntamente las tácticas, que irían permitiendo la aproximación de las ideas, de las actividades y de las conductas, o por el contrario, se produciría la exhumación de las diferencias subyacentes, muy necesario porque ocasionaría el propósito de disiparlas. Así se va construyendo el nuevo partido. El tiempo es lo de menos. Pero, las prisas, los intereses inconfesables, la lucha por la supervivencia, son proclives para dar el salto en el vacío.

 Con el  desprecio sin más de este procedimiento, la unidad de acción se reduce al reparto de octavillas, a la realización de pintadas, a la asistencia de actos y poco más, que es asumible por cualquier partido con ideología no precisamente igual. La unidad de acción se convierte en una pantomima sin que sirva para lo que es patrocinada. Como consecuencia de esta anomalía, si a los partidos implicados les bastan con la unidad de acción ficticia corren el riesgo de que las diferencias tácticas, los matices separadores, las concepciones partidistas de luchas de masas, siempre subjetivas afloren cuando termine el congreso de unidad y se comience a “convivir”. El efecto suele ser inmediato, un nuevo rompimiento de carácter más dramático. Esta ha sido la constante de nuestra historia y será por los siglos, en tanto los partidos se muevan por deseos y soslayen la realidad que les rodean. Naturalmente, hablamos de la unidad de los comunistas y no de la integración de un grupo en otro, que salvo honrosas excepciones suele verificarse por intereses extraños  y se lleva a cabo por el grupo minoritario sin condiciones.

En el estado español, en unos lugares más, en otros menos, al margen de las formas de aplicarse, se dan condiciones que antes estaban negadas para proceder a la unidad de acción en el seno de las organizaciones de masas, especialmente en el movimiento obrero, debido en primer lugar a que la situación sindical ha variado sustancialmente desde hace una década, a lo que se une la consolidación de la división nacional del trabajo, que nos obliga a los partidos comunistas a estudiar detalladamente todos los puntos estratégicos del movimiento obrero. No es ningún descubrimiento estelar afirmar que ninguno de los partidos que nos reclamamos comunista, posee ni la fuerza ni la capacidad para abordar aislado dicho cometido en toda su amplitud.

 Ahora bien, la unidad de acción debe partir de concreciones y no de generalizaciones  y deseos. Es necesario, asimismo obligado basarse en esa verdad objetiva e inapelable, que consiste en reconocer a las organizaciones de masas representativas que ya existen, independientemente de que en estos momentos, en el que triunfa el oportunismo, las organizaciones estén dirigidas por el reformismo, tal es el caso de los Comités de empresas, única manifestación aglutinadora que se da en el interior de los centros de trabajo frente a la acción disgregadora de los sindicatos.

 El PCOE muestra su disposición de discutir cuanto concierne a la unidad de los trabajadores por medio de los comités de empresas, a compartir sus experiencias con los demás partidos, a rectificar sus proyectos en los errores que sean manifiestos.  A la misma vez que expresamos con rotundidad, que perseveraremos en nuestra táctica si es preciso en solitario en el caso de ser desoídas nuestras propuestas. Nada ni nadie nos podrá distanciar de nuestra meta sin aportar alternativa definida, salvo la constatación de la ineficacia del método empleado.

 La dinámica de los hechos ha templado el estado del movimiento comunista español en estos años, dejando atrás en el camino a organizaciones incompetentes, frenando el desarrollo a otras incapaces de examinar con ecuanimidad el mundo que nos rodea. De ahí que las que quedan en pie, han de sentir la necesidad de encaminar la unidad de acción por los derroteros que hemos elegido, puesto que ningún otro partido ofrece un programa concretizado a la solución del problema.

En la hora actual hablar de la unidad de los comunistas en el estado español, es cuando menos una incongruente proposición. Entre los partidos se dan diferencias estatutarias abultadas, en la concepción del estado, en el tipo de sociedad por la que luchar, formas de lograrlo etc. De nuevo la unidad de acción refrendada por el movimiento obrero se impone para ir acercando posiciones en todas las cuestiones planteadas.

 Al igual que en el área local, en el ámbito internacional las nuevas condiciones del  imperialismo demanda cambios en la actuación de los partidos  hasta que cristalice en un Movimiento Comunista Internacional diferente.

 Sin renunciar al pasado, sí que exigimos como partido revolucionario y parte del movimiento comunista internacional, se revise la negritud de tiempos anteriores, para que nunca más vuelvan.

 Las relaciones entre partidos hermanos tienen que estar presididas por la ética comunista, es decir, por la igualdad en el trato. No más miradas por encima de los hombros amparados en la “oficialidad”. El PCOE vivió la amarga experiencia de defender a ultranza el marxismo-leninismo, mientras que sus militantes que vivían en el campo del socialismo eran ilegales por no plegarse a deseos extraños, en tanto que a los reformistas, por ser “oficiales” se les trataban fraternalmente.

 El PCOE guarda en su memoria vergonzosas situaciones sufridas, debido al comportamiento de determinados partidos, no solo de los que detentaban el poder en los países socialistas, sino también de aquellos otros trasuntos del PCUS  y que transcurrido el tiempo aún no han realizado las pertinentes autocríticas; en cambio, se han cebado con denuncias hacia el llamado “partido guía” para zafarse de cualquier responsabilidad.

 Creemos que la revisión de los hechos más fructífera es el destierro de las malas artes, sustituyendo el oportunismo por el leninismo en la vinculación entre organizaciones revolucionarias. En el mismo sentido,  opinamos que el referente para que un partido sea convocado a encuentros internacionales debe ser su adscripción al marxismo-leninismo, independientemente de que en un mismo país exista más de un partido o de lo contrario, se continuará con los vicios de tiempos inveterados, con la salvedad de que ya caben excusas expiatorias pues desapareció el campo del socialismo.

 Desde la caída de la URSS,  el internacionalismo proletariado de las últimas décadas ha sido más un propósito de intenciones que una realidad práctica, basándose exclusivamente en la elaboración de documentos de partidos que mostraban su rechazo a la política imperialista sin traducción alguna en los campos de batallas de la lucha de clases.

 Con los cambios operados en la estructuración económica del imperialismo, la práctica anterior va quedando obsoleta. La moderna división del trabajo mundial aconseja también la puesta al día del internacionalismo proletariado. Como quiera que la cadena productiva de una determinada firma está diseminada por varios países, si bien una huelga de uno de los eslabones provocaría el colapso en el resto de la cadena, también significa que en un proceso de nacionalizaciones el rompimiento de la cadena por uno de sus eslabones no supone la pérdida de toda la empresa por parte de sus dueños, que además está en disposición efectiva de sustituir el eslabón perdido con tremenda facilidad en otro lugar. Por otro lado la nacionalización de un eslabón es insuficiente para la elaboración del producto completo. Es pues necesario el ejercicio práctico del internacionalismo proletario en ambos supuestos. Internacionalismo que se ha de forjar en reuniones de los partidos comunistas afectados.

 Como ya vimos anteriormente además de  provocar las circunstancias últimas, hay que contemplar que la división internacional del trabajo va equiparando el nivel de las fuerzas productivas universalmente, constituyendo un  aporte mas e incluso mucho mas importante, que podría conducir al debilitamiento de un conjunto de eslabones en la cadena imperialista con lo cual se puede soñar con un futuro socialista más allá de las fronteras de un país aislado.

 Por todas estas razones el PCOE sugiere el estudio de la formación de un moderno Movimiento Comunista Internacional adecuado a la contemporaneidad de los rasgos del imperialismo.

 22 de Julio del 2008




Los supersabios y el partido leninista

[…] El abandono de la dialéctica por parte de los maoístas surgió por derivación lógica de su concepción del mundo. El maoísmo autodenominado marxista-leninista negó a la URSS su carácter socialista, jamás admitió que la contradicción fundamental del mundo de aquellos días la constituía la confrontación a nivel mundial entre el capitalismo y el socialismo. Para el maoísmo la Unión Soviética era tan imperialista como los EE.UU o tal vez más. […]

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A propósito de la crisis

En las épocas de crisis económicas del capitalismo, aparecen aluviones de informes partidistas muy exultantes, que pormenorizan características ya clásicas de estos períodos: el aumento del paro, el incremento de la carestía de vida, cierres y deslocalizaciones de empresas, etc. Al mismo tiempo se suceden las denuncias hacia el gobierno y contra los sindicatos reformistas y como no, se imprime un énfasis inusitado a la consigna de la unidad de la izquierda, que haga frente a las arbitrariedades y a las injusticias. Por otro lado, brotan impetuosas con todo su esplendor, las propuestas de transformaciones revolucionarias: República, República socialista confederal, República federal socialista, etc. Se realiza un gran esfuerzo en la propaganda de la defensa de los trabajadores que son despedidos, en una guerra perdida antes de comenzar. O sea, más de lo mismo de siempre, eso sí con más ruido porque estamos en crisis ¡Ahora o nunca! Parecen decir. Pasa el ciclo de la depresión y todo vuelve al lugar de origen. Los partidos como las empresas –se suele actuar en un plano competitivo, a ver quien grita más- se resienten por la crisis. Unos mueren, otros permanecen renqueantes pensando en poder salir a flote cuando acaezca el período del venidero ciclo crítico.

Y contrariamente a lo que se establece como lógico, deviene que el movimiento obrero no sale fortalecido de la crisis. Da la triste impresión de que en vez de aprender para preservarse de otra, para interceptar las barbaridades del capitalismo, coge más miedo si cabe y se parapeta detrás de un conformismo rayano en la religiosidad. Esto es algo desquiciante para las “privilegiadas” cabezas que solitarias juegan a la revolución, y que tanto se prodigan hoy en los órganos de difusión alternativos. Esto es también un condicionamiento para las direcciones de partidos que no son capaces de eclosionar, de romper el cascaron que les envuelven en el pasado “glorioso”.

Mientras tanto ¿que pasa con el movimiento obrero? Las teorías que elevan a la clase obrera al centro vital para emprender las luchas y colocarse a la cabeza del proceso revolucionario, quedan relegadas a un lugar oculto del programa, como la dictadura del proletariado. La clase obrera se convierte en el objeto de las empobrecidas y envejecidas tácticas y dejan de ser el sujeto activo y aglutinador, como reza en la teoría.

Una vez que finaliza todo sin que la clase obrera atienda a las consignas de los “revolucionarios”, no se verifica ningún análisis autocrítico, solo y como de costumbre se apela a la frase hecha ¡las condiciones objetivas estaban dadas, pero no existían las condiciones subjetivas! Cuánto de ignorancia, de falsedad y de impotencia encierra este juicio infame tan socorrido. A nosotros no nos vale. Pero quienes se quieran engañar así mismo, allá ellos con su conciencia.

Vayamos al grano. ¿En qué consiste eso de que no existen las condiciones subjetivas? Para los partidos políticos las condiciones subjetivas es el estado en que se encuentra la clase obrera, con lo cual criminalizan veladamente a ésta. Es como afirmar ¡yo llevo razón en mis planteamientos, la culpa es de los trabajadores que no los asumen o no los entienden por su baja conciencia! Por lo visto hay que darse ánimo a uno mismo. Hay, lógicamente que legitimar la existencia del partido. Expuesta así la situación, queda todo un camino por recorrer hasta que la clase obrera les de la razón. En este caso habrá alcanzado ya el grado de conciencia que necesitaba. Ahí termina el esfuerzo analítico. A lo sumo y como sostén de sus conclusiones vierten toda su soberbia e indignación contra los sindicatos reformistas adjudicándoles la totalidad de la culpa. Camino ladeado a propósito al circunscribirse solo a él, espoleado por la fragilidad ideológica del partido, como le sucede a la dirección del PCPE que no encuentra otra salida que la de sugerir a estas alturas que “la izquierda sindicalista” se constituya en un nuevo sindicato de clase. Así también la vertiente pequeño burguesa del oportunismo de izquierda como en el caso del CUT-SOC responde al complicado momento por el que atraviesa el movimiento obrero con la creación de un nuevo sindicato, que se supone debe ser el puro, el revolucionario-nacionalista, el culmen de la perfección. Qué extraordinario trabajo en pro de las tesis burguesas ¡divide y vencerás!

El PCOE continúa creyendo en la clase obrera, nosotros fundamentamos el proceso revolucionario en su protagonismo indiscutible, pero de verdad. Por tal motivo, nuestros pasos los damos en una sola dirección, en la de penetrar en las profundidades de sus entrañas, conocer sus pálpitos, saber cuál es su estado de ánimo, medir in sito su grado de conciencia, con un solo proyecto, unirla y dotarla de ideología y lo intentamos llevar a la práctica, nada de palabrería, sino de dura aplicación dirigidos por la firmeza que nos concede la fidelidad hacia nuestros principios leninistas. En esta dirección hemos depositado toda nuestra confianza en la comisión convocante de la 1ª Asamblea de Comités y delegados de la provincia de Sevilla.

Los contactos llevados a cabo por dicha comisión con los trabajadores nos están reportando gratos “avances” operativos. En primer lugar, al conectar con ellos nos han obligado a reflexionar sobre nuestros planes, a rectificar constantemente los errores. La primera idea acerca de cómo construir el Frente Único de Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, si bien mantiene su esencia, la tuvimos que modificar al comprobar las insuficiencias de nuestro análisis una vez contrastado en el movimiento obrero.

Al franquear las puertas de las fábricas y pasar hacia adentro se advierte que los estudios de la situación orgánica de los trabajadores, que se realizan desde fuera de los centros de trabajo son extremadamente subjetivos y demasiados generalizados, concediéndoles a los sindicatos mayoritarios un grado de potencialidad y de influencia que realmente no tienen. El combate entre oficialistas y críticos de CC.OO. no es tanto ni llega a los trabajadores. El fraccionamiento en candidaturas independientes y pequeños sindicatos, no superan el reducido ámbito del que fue su origen. No avanzan ni constituyen un peligro serio para CC.OO y UGT. Yerran en concepciones básicas, confunden asamblearismo con democratización de la asamblea, solo porque consultan a los trabajadores cada paso que dan. Se ve que sus capacidades son demasiado cortas. Nos hallamos pues ante el statu quo que perdura a través de los años casi desde el advenimiento de la democracia burguesa, que significa muy poco, porque se encierran en determinados círculos que se lo comen y se lo guisan entre sí. La clase obrera está ajena a todo. Se ha puesto al descubierto igualmente que los ultraizquierdistas manejan idénticos razonamientos que los reformistas sin detentar influencia alguna ¡Los trabajadores de mi empresa no quieren saber nada! Igualmente los llamados críticos que según nos cuentan están por la unidad de los trabajadores  ¡yo ni con las gentes de UGT ni con los oficialistas voy a ningún lado! Lo malo es que pretenden elevar a tesis su sectarismo. Pero al margen de lo anecdotario, que para otros pueden ser pruebas definitorias para atascarse en sus trasnochadas políticas, las reuniones con los comités deparan un registro extraordinario y optimista. En tres meses se ha hablado con representantes y comités de 73 empresas, de las cuales 10 ven el proyecto de unidad con ciertas reservas, 7 los han rechazado abiertamente y el resto se muestran por la labor.

Pertenecer a la clase obrera, vivir con ella rejuvenece día a día el pensamiento revolucionario. No transcurre una jornada entera sin que captemos un nuevo elemento de juicio. Por ejemplo, existen multitud de empresas, no solo pequeñas sino más allá de los 100 trabajadores en las que aún no se han llevado a cabo las elecciones sindicales. En determinados gremios las ejecutivas de los sindicatos están prácticamente en manos de una sola empresa, lo que demuestra varias cuestiones: desafiliación masiva, carencia orgánica de los sindicatos y como no, la desorientación extrema de los grupos “alternativos” al no querer trabajar desde dentro. Nos llama poderosamente la atención, que para las firmas de los convenios colectivos provinciales, los sindicatos se vean forzados a echar mano de miembros de comités de empresas con una absoluta falta de preparación sindical además de una ingenuidad irritante. Después cuando se habla con ellos con temple y comprensión hacia sus personas, nos dicen que se avergüenzan de haber firmado convenios que tienen salarios de 700 euros. Pero hasta ahora se les tachaba de traidores sin conocerlos, sin darles opción a ser escuchados. Nadie hablaba con ellos, nadie les explicaba algo contrario a los que les enseñan los funcionarios sindicales. En ellos se espejeaba para nuestra ciega vista lo más reaccionario del sindicato. Al cabo de esos sucesos se desprende que cuando las centrales los utilizan, mal les van las cosas, pocos adeptos tienen, por supuesto evidencian la necesidad de recurrir a incautos e inexpertos sindicalistas.

La confianza les hace decir a los comités  en numerosa cantidad que se acercaron a una central por pura cuestión de cobertura legal. Aunque la mayor enseñanza que se adquiere al contactar y convivir con ellos, es que están ahí esperando con los brazos abiertos que alguien les de contenido y los una.

Todo debe ser natural, nada de rodeos, se les llama directamente, se le explica el proyecto, se les confiere el protagonismo que les corresponden y ellos responden adecuadamente.  Naturalmente a los remisos, reticentes y contrarios, habrá que tratarlos con perseverancia y sobretodo con mucha, muchísima paciencia, toda la que necesitemos. No valen los remilgos, hay que conectar con todos, sean del sindicato que sean, incluidos los comités patrocinados por las empresas y se les invita como a todos una y otra vez, a la par que se les pide a los trabajadores, a sus representados, que les exija su participación por la unidad. Es la única manera de crear contradicción en el seno de esas fábricas, nuestra obligación consiste en propiciar los debates entre los trabajadores y sus representantes porque sin duda deben ser los propios trabajadores de cada empresa los que resuelvan sus problemas interiores.

A vuelta de página, las condiciones subjetivas (trabajadores-organización) puede que se estén dando en lo que respecta a la clase obrera, es en el aspecto organizativo donde se falla estrepitosamente. Las fuerzas de izquierdas han de acabar su periplo por el pasado y deben actualizar su visión. Desde 1976 tiempo que comienza la toma de posición táctica en el terreno social de nuestro país y del que por lo visto no se sabe salir, han acontecido demasiados  avatares como para seguir pensando igual que entonces. La tristemente famosa reconversión modificó sustancialmente el panorama sindical. En torno a dos millones de puestos de trabajo se perdieron durante su aplicación. Se cerraron empresas con las que murieron para el movimiento obrero muchos cientos de mujeres y hombres que habían sido educados al menos en la lucha contra el fascismo. Del mismo modo a través de las bajas incentivadas, militantes obreros ya mayores tuvieron que abandonar su actividad práctica.

Para que la reconversión se impusiera se empleó el terrorismo patronal y gubernamental con la anuencia de las grandes centrales. Más todo tiene su contradicción. Es cierto que las grandes centrales se liberaron en poco tiempo de su oposición politizada, sin embargo, y dada su actuación ha merecido unas veces la repulsa y en otras ocasiones la indiferencia de los trabajadores, que les paga su traición con la desafiliación la que se ha generalizado al no surgir a su debido tiempo la respuesta organizada desde el interior de los sindicatos capaz de captar la atención de la clase obrera. Por consiguiente, la pretendida fuerza de los sindicatos no radica en el volumen de afiliado, sino todo lo contrario, en la desafiliación masiva y global convirtiéndose ésta en ganancia, en vez de ser un obstáculo, a lo que hay que añadir el beneficio que les concede la presente ley electoral sindical.

Luego han aparecido nuevas empresas a la par que se han desarrollado colosalmente gremios que no existían (informática por ejemplo) que los sindicatos por sus debilidades orgánicas no pueden abarcar, en donde existen empresas que cuentan con mas de 1000 trabajadores sin representación sindical.

En su conclusión la clase obrera se haya desguarnecida y no se le puede potenciar, ni tampoco unir desde la distancia. Ni la cibernética, ni las pintadas, ni las octavillas etc. sirven absolutamente para nada, si damos vuelta alrededor de las fábricas sin hablar con sus comités.

Hay un trabajo que realizar que les corresponde a la izquierda revolucionaria, pero si esta se empeña en continuar con proclamas de falsas unidades y de estentóreas declaraciones propugnando la república tal o cual, apartado del pueblo trabajador no nos cabe la menor duda de que costará más tiempo pero se llevará a efecto. Eso es seguro.

Por estas razones el PCOE estará abierto para trabajar conjuntamente POR UN FRENTE UNICO DE TRABAJADORES Y POR EL FRENTE UNICO DEL PUEBLO base de toda transformación revolucionaria de la sociedad. Lo que no estamos dispuestos es dedicarnos solo a esperar que caiga la hoja del almanaque para celebrar un acontecimiento.

POR LA ASAMBLEA DE COMITÉS Y DELEGADOS DE EMPRESAS

POR EL FRENTE UNICO DE TRABAJADORES

PR EL FRENTE UNICO DEL PUEBLO

 

 




Nuevas contradicciones

 Después de las experiencias nefastas para el capitalismo internacional provocadas por las dos grandes guerras mundiales, que proporcionaron el nacimiento de países socialistas e hicieron tambalear el régimen burgués, los países más industrializados convinieron en decretar leyes contra la competencia desleal y frente a la cicatería y abusos de los monopolios que rompan las reglas del juego establecidas por ellos mismos, con el fin de evitar la III guerra mundial. Es decir, lo que se dice querer neutralizar de una vez y para siempre el brote de contradicciones, a los que parecía que estaba condenado el sistema.

 

Pero el sistema capitalista no puede existir sin crear constantemente nuevas contradicciones, como resultado de su anarquía de producción, pues los estados monopolistas pueden controlar hasta cierto punto el curso económico, pero solo hasta cierto punto.En la actualidad, cada día que pasa, los imperios encuentran más obstáculos para dominar y dirigir la economía de sus respectivos países y mucho menos vencer sus efectos universales, que surgen independientemente de la voluntad humana, mejor dicho del modo de producción capitalista. Observemos que la denominada “globalización”, con sus expansiones y deslocalizaciones, está creando un novedoso panorama mundial.Los monopolios y las multinacionales generan ya del total del producto bruto elaborado en el mundo, más del 50% en los países subyugados, en las naciones en vías de desarrollo o dependientes del imperialismo, en donde la política y la economía evolucionan con altibajos, siempre en un ambiente de mayor inestabilidad sociopolítico con respecto de los estados europeo y norteamericano, debido a que sus pueblos no disfrutan, en absoluto, de lo que producen. En 2007, estos mismos países atesoran en conjunto, en reservas divisas, un montante que supera los tres billones de dólares, en tanto que los países mas industrializados detentan la mitad de este volumen. De ahí que la guerra y las leyes antisociales de corte fascistas, continúen siendo los elementos primordiales a tener en cuenta por los estados imperialistas, para apagar cualquier fuego que prenda en sus propios países y para mantener la actual situación internacional y de esta guisa, frenan violentamente todo indicio de independencia que surja en cualquier lugar del mundo en un vano intento de neutralizar las nuevas contradicciones inter capitalistas que avanzan inexorables y cuyas consecuencias directas o derivadas pueden ser incalculables. O sea, el capitalismo está condenado por sí mismo a la guerra y a generar nuevas contradicciones hasta su muerte.
PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

10/09/06




Un hueco a la razón

 A la entrada del siglo XXI, el movimiento obrero español padece el mismo grado de explotación, humillación, desprecio y castigo que el capitalismo históricamente ha reservado para el mismo a escala internacional. La derrota del llamado campo del socialismo ha conducido a un estado de profundo autismo a los sectores mas castigados de la nueva sociedad esclavista. El nuevo marco internacional ha desactivado muchas organizaciones comunistas y ha castrado ideológicamente a un amplio abanico de grupos que dieron sentido a su lucha a la luz de la Revolución de Octubre.

 

Sin embargo, un especial referente para los pueblos de Latinoamericano lo constituye la revolución cubana. A pesar del incesante acoso del imperialismo contra la isla, Cuba abre caminos y esperanzas con la construcción y desarrollo del socialismo frente a la potencia imperialista más agresiva de la historia de la humanidad.

Otros pueblos, al calor de las victorias del pueblo cubano en la defensa de su soberanía y la consolidación de una política social al servicio de todo un pueblo, han iniciado un largo camino para liberarse del yugo imperial. A pesar de las fuertes posiciones de las burguesías y las contrarrevoluciones internas apoyadas por los EE.UU., estos países inician un proceso de cambios.

No obstante, el único país latinoamericano que ha derrotado a la contrarrevolución interna ha sido Cuba. Lo que posiciona a este país a la vanguardia revolucionaria y ejemplo de todos los procesos iniciados, no solamente en América Latina, sino en todo el planeta. Sólo la aplicación del socialismo, de las experiencias del marxismo leninismo, han podido obrar esta victoria.

Ahora, cuando los planes desde Miami están más aireados que nunca, cuando los planes de los mercenarios instalados en la Florida aparecen ridiculizados e incapacitados para dañar la Revolución. El imperialismo lanza una sutil campaña contrarrevolucionaria desde algunos medios de comunicación con incidencia en los sectores progresistas.

Una decena de intelectuales copan los medios políticos de divulgación, con una difusión inusual. Petras, Harnecker, Pedro Campos, Celia Hart y otros, parecen abanderar la lucha de los pueblos, con un lenguaje que parece sintonizar con los sectores de la izquierda. A ninguno se les conoce militancia alguna, es como si las organizaciones estuviesen de más. Plantean recetas mágicas para las revoluciones mientras su práctica no induce al compromiso militante.

En nuestro país, surgieron tribunas en internet para estos nuevos charlatanes de ferias. Kaosenlared, Rebelión, y otros, que no pierden el tiempo a la hora de censurar al PCOE en sus medios, mientras abren las puertas para que los pseudo- revolucionarios viertan mentiras sobre la revolución cubana.

Aplaudidos por reformistas, trotskistas y todos los “istas” de los cuales se vale el capitalismo, editan libros a bombo y platillos, participan en conferencias con un alto “caché”, y elevan sus palabras a la altura bíblica.

Por nuestra parte, con los medios modestos de una organización comunista compuesta esencialmente por obreros, alzamos desde esta web nuestra voz en defensa de Cuba y de las experiencias ricas del movimiento obrero, escritas por sus luchas y por sus organizaciones. Abrimos una brecha al imperialismo y dejamos un hueco abierto a la razón.

20/10/06

Iskra Digital




Entre lo ilegal y lo ilegítimo

Uno de los caballos de Troya que Izquierda Unida viene utilizando para acceder con mayor número de funcionarios a las instituciones del Estado ha sido y continúa siendo el manoseado tema de la Memoria Histórica.

Tras largas campañas para movilizar a sus bases sin unos puntos concretos, con consideraciones abstractas y sin pormenorizar las reivindicaciones sobre el tema, el Estado a través de su gobierno ha puesto las cosas más claras aún si caben: las resoluciones de los tribunales franquistas pueden considerarse ilegítimas pero no ilegales.

 

 Pero una resolución de este tipo no tendría mayor relevancia si no fuese porque el criterio que establece los crímenes del franquismo ha sido consensuado y firmado por PSOE e IU.

Lo que ya denunciamos en Iskra Digital como una hipócrita máscara “izquierdista” de IU ante sus bases con fines electoralistas, concluye con un vergonzoso acuerdo que traiciona la memoria de millones de españoles que sufrieron la represión a partir de la agresión fascista de 1.936.

El acuerdo suscrito no considera ilegal el pasado criminal del Estado como no considera ilegal su presente en las contiendas militares imperialistas o sus actividades en las llamadas “guerras sucias”.

¿Cómo puede un sistema heredero del franquismo considerar su pasado ilegal?

No solamente no puede ilegalizarlo sino que el fascismo es la esencia misma del estado capitalista que hoy se llama de Derecho.

Con el actual Estado heredado del pasado y consolidado especialmente por el entreguismo y claudicación de PSOE y PCE que no abordaron la ruptura tras la muerte del dictador, resulta comprensible que para la actual dirección de IU no suponga un problema la ilegalización del franquismo ni el cuestionamiento del sistema vigente.

30/3/07

Iskra Digital

 




El marxismo occidental

Cuando se habla del “marxismo occidental” o “europeo”, se hace atendiendo a los criterios diferenciados con el llamado “marxismo soviético” o “ruso”. Diferencias que se sustentan, según sus autores, en el enriquecimiento de los principios en unos casos y en una explicación más fidedigna de la filosofía de Marx y Engels en otros. En este caso, nos surge la pregunta clave: ¿Puede el marxismo ser objeto de interpretación y de aplicación variada y contradictoria?

Durante la vigencia de la Unión Soviética, son muchos los teóricos componentes de las llamadas corrientes del “marxismo occidental” y de la “Escuela de Frankfurt” que la critican desde un plano intelectual, por su alejamiento del marxismo verdadero. Denuncian, sin embargo, aspectos sobre la interpretación que el socialismo ruso hace de las obras de Marx y Engels, que habían sido puestos en discusión anteriormente, como en el caso de Labriola, el padre del marxismo italiano (marxismo occidental), si bien, el autor realiza su investigación filosófica con arraigo en Marx y Engels, sin desviarse aún sustancialmente de sus esencias. A partir de este momento, y al profundizar en las obras de los sustentadores del marxismo occidental, observamos cómo, poco a poco, sus lecturas producen en sus seguidores un distanciamiento cada vez mas pronunciado de las obras clásicas. Y vemos, también, que en la actualidad, como consecuencia del reflujo del movimiento obrero, del período de relativa “calma social” que estamos viviendo, algunos de los padres mas destacados del marxismo occidental, especialmente Gramsci y Lukács, están siendo recuperados por sectores de la intelectualidad comunista.

Pero ¿Cuáles son los rasgos diferenciales entre el marxismo occidental y el marxismo ruso? Ante todo, encontramos que mientras el marxismo soviético tiende a organizarse bajo la forma dialéctica, es decir, presidida por la comprensión universal del mundo; en cambio, el occidental reduce el ámbito de su validez a la sociedad y a la historia recelando, en oposición a Engels y Lenin, de la veracidad de la aplicación de la dialéctica en la naturaleza. “Esta limitación del método a la realidad histórico-social es muy importante. Los equívocos que se originan de la exposición engelsiana de la dialéctica se apoyan principalmente en el hecho de que Engels -siguiendo el falso ejemplo de Hegel- extiende también el método dialéctico al conocimiento de la naturaleza; mientras que en el conocimiento de la naturaleza no se hallan presentes las determinaciones decisivas de la dialéctica: la interacción entre sujeto y objeto, la unidad de teoría y praxis” (Lukács “Historia y conciencia de clase”).

Otro elemento dispar se concreta en que el marxismo ruso o soviético persiste en una dialéctica objetiva. Diría Stalin que la dialéctica “entiende las leyes de la ciencia -bien sean leyes de las ciencias naturales o leyes de la economía política”- como un reflejo de procesos objetivos que se desarrollan independientemente de la voluntad de los hombres. Los hombres pueden descubrir estas leyes, conocerlas, estudiarlas, tenerlas en cuenta en sus actuaciones, utilizarlas en interés de la sociedad, pero no pueden cambiarlas o abolirlas”. Sin embargo, el marxismo occidental descifra la dialéctica como la relación especifica entre el sujeto y el objeto. Por consiguiente, si el primero considera la dialéctica ya constituida y que precede al hombre, el segundo sólo la entiende de forma empírica, es decir, se construye en virtud de la asociación de los individuos y por la praxis de esta unión. Recordemos que Gramsci decía de Labriola que éste “al afirmar que la filosofía de la praxis es autosuficiente e independiente de cualquier otra corriente filosófica, es el único que ha intentado construir científicamente la filosofía de la praxis”.

Por último, encontramos en el discurso sobre el pensamiento, una nueva oposición entre ambos “marxismos”. El marxismo ruso defiende la teoría que afirma que el conocimiento no es más que el reflejo de la realidad objetiva en el sujeto, por esta razón, objeto y sujeto son independientes, aunque se interrelacionen (léase Materialismo y Empirocriticismo de Lenin). Por su parte, el marxismo occidental no admite ninguna separación entre pensamiento y ser.

Ateniéndose a los principios en que se basa el marxismo occidental, una serie de filósofos nos han dejado sus legados, que en la actualidad podemos ver reflejados en las posiciones de determinados teóricos y partidos europeos. Sus principales valedores, Gramsci y Lukács, son abordados con especial atención y estudio.

Pero, como hemos señalado ya, y también veremos mas adelante, el marxismo occidental no es solo una interpretación diferente del marxismo de Marx y Engels con relación al marxismo soviético, sino que es, y este problema se manifiesta inapelable, una revisión profunda del marxismo-leninismo. La filosofía gramsciana difiere radicalmente de la definición que Lenin realiza en Materialismo y empirocriticismo, cuya tesis central trata de las cosas existentes fuera de nosotros e independientemente de nuestra conciencia. Gramsci por su parte, y lo podemos ver en su controversia con Bucharin, rechaza sin paliativos la explicación de un marxismo en términos puramente materialistas. Gramsci insiste en que, en la definición corriente del marxismo como materialismo histórico, se ha de “poner el acento sobre el segundo término “histórico” y no sobre el primero de origen metafísico”.

Y como tuvimos ocasión de comprobar anteriormente el marxismo occidental, en este caso Gramsci, duda sobre la dialéctica de la naturaleza de Engels: “Es cierto que en Engels (Antidühring) se hallan muchos puntos que pueden llevar a las desviaciones del Ensayo. Se olvida que Engels, a pesar del mucho tiempo dedicado, ha dejado poco material sobre la obra prometida para demostrar la dialéctica ley cósmica y se exagera al afirmar la identidad de pensamiento entre los dos fundadores de la filosofía de la praxis” (Quaderni, vol. II, c.11, p. 1449).

También al atacar a la ortodoxia, Lukács defiende su derecho a separarse de Marx y Engels para mejorarlos: “Por lo que concierne al marxismo, la ortodoxia se refiere exclusivamente al método. Se trata de la convicción científica de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el correcto método de investigación que este método puede ser potenciado, desarrollado y profundizado únicamente en la dirección indicada por sus fundadores. Pero también: que todas las tentativas de superarlo o de “mejorarlo” no han tenido ni podrán tener otro efecto que el de convertirlo en superficial, banal y ecléctico”.

Lukács es culpado firmemente, en la “Historia del marxismo” de Lubomír Sochor, “de limitar la ortodoxia marxista a método, y de devaluar los resultados obtenidos por aquel método; de rechazar la teoría del reflejo; de negar la dialéctica de la naturaleza y de proclamar un dualismo metodológico; de contraponer Marx a Engels; de negar la causalidad económica y la objetiva ley causal”. De cuyas acusaciones, lejos de asimilarlas para proceder a su retractación, Lukács, incluso se enfrenta a ellas reafirmándose.

Las bases teóricas del marxismo occidental originan desviaciones “prácticas” materializadas en tácticas antileninistas. Es sabido que el marxismo occidental no concede especial atención al reflejo de la realidad objetiva en la mente del hombre como engendrador y conductor de la conciencia. Es el hombre el que conduce la historia. Desde esta base, el individuo subjetivamente, aunque se trate de la clase obrera, puede construir su historia futura (socialismo) desde las entrañas del capitalismo constituyéndose en la clase hegemónica.

La hegemonía gramsciana se separa un tanto de las propugnas revolucionarias de Lenin. Pues si Lenin destaca la dirección política, ésta se transforma en Gramsci en dirección cultural, lo que implica que para Gramsci el momento de la fuerza es instrumental, quedando supeditada al instante de la hegemonía. En Lenin, no obstante, dictadura y hegemonía van unidas y en todo caso la fuerza es primaria y totalmente decisiva.

Gramsci defiende que el grupo revolucionario debe esforzarse en ser dirigente antes de conquistar el poder. Para el dirigente italiano, la actitud revolucionaria se hace posible cuando la clase en el poder, aun siendo dominante todavía, se muestra incapaz de resolver los problemas de orden colectivo, y de imponerse cultural y moralmente. Siendo éste el caso de la burguesía, por lo que el proletariado debe oponer un “bloque histórico” de fuerzas heterogéneas cimentadas por la visión contemporánea comunista del mundo. Una lectura exagerada, a veces sesgada, otra utilizada interesadamente de su obra ha contribuido a la formación del Eurocomunismo, a la táctica del compromiso histórico con la Democracia Cristiana, que desnaturalizó primero al Partido Comunista Italiano y después lo hizo desaparecer y dio lugar también a las teorías revisionistas de Lucien Seve, filósofo miembro del Partido Comunista Francés.

En consecuencia, Gramsci llega a la conclusión que en Occidente el choque revolucionario nunca será frontal y limitado a golpear al Estado. Se trata de atacar en profundidad a las instituciones civiles en su conjunto. En definitiva, para el partido comunista el objetivo, a diferencia de las posiciones leninistas, debe ser el de desgastar la sociedad burguesa, conquistando los puntos vitales de la sociedad civil, creando las premisas para acceder al poder, por desgaste. Algunos observadores modernos conceden crédito excesivo al planteamiento gramsciano y desde sus bases aplauden y ensalzan en conferencias, simposios, seminarios etc. la labor de Lula en Brasil, a la par que soslayan cualquier inferencia positiva que pueda emanar de Venezuela y Cuba.

Así pues, a diferencia de Marx y Lenin, que incluían la “sociedad civil” en las estructuras o relaciones económicas, Gramsci la identifica mas bien como parte de las superestructuras, que operan como momento de elaboración de las ideologías y de las técnicas de consenso.

En los años 90 y con motivo de la desaparición de la Unión Soviética, una pléyade de teóricos reavivan con mayores bríos tácticas y estrategias pseudorevolucionarias dimanantes de las ideas gramscianas de la lucha de desgaste. Tal es el caso de Lucien Seve, que apoyándose en supuestos fallos que llevaron a la URSS hacia su derrumbe, propone tácticamente la necesidad de ir conquistando los lugares estratégicos de la economía burguesa, hasta ir reduciendo las diferencias entre el trabajo manual y el intelectual. Sería la revolución procesal:

“Este cambio profundo en la manera de enfocar la visión histórica y sus contenidos estratégicos cambia otro tanto la cuestión del poder político. ¿”Conquistar el poder”? Pero ¿de qué manera cuando el dominio del capital parece tan aplastante, y empezando por la empresa o la localidad y hasta los poderes centrales y los grandes medios informativos, pasando por todos los campos de la “sociedad civil”, su monopolio directo o indirecto casi no tiene límites? Aquí se pone en entredicho toda la concepción tradicional de la revolución vinculada a una percepción demasiado estrecha de lo político: si no hay “sencillamente un poder que tomar”, derrocar el Estado solo puede consistir en un “proceso para tomar los poderes, transformarlos, dejar atrás algunos y sobre todo crear otros nuevos” – proceso en el cual los éxitos notables “de arriba” presuponen no solo nuevas relaciones de fuerzas “abajo” sino la transformación de todo el enfoque en todos los niveles, desde las acciones cotidianas hasta los importantes momentos institucionales” (Lucien Seve, Comunismo: ¿Qué segundo aliento?).

El propio pensamiento de Gramsci acerca de la congregación de fuerzas heterogéneas se convierte en su negación, pues éste es el reflejo de las condiciones históricas, económicas y políticas, resultando como aseguraba Lenin en la teoría sobre el reflejo. Las condiciones objetivas independientes de la voluntad del hombre son las que impelen a la III Internacional a formular el “Frente Unico”, para conseguir los frentes populares que instaurarían las Republicas Democráticas Populares. Pero a diferencia del “compromiso Histórico” y de la táctica de desgaste, los Frentes Populares se basaron en los principios revolucionarios leninistas y del conocimiento del momento histórico para culminar las tareas democráticas burguesas. Liquidados los vestigios feudales y finalizada la revolución democrática burguesa, la lucha es frontal contra el estado capitalista, después se sustituirán las instituciones capitalistas por las proletarias. Nada de proceso, nada de desgaste, sólo pura revolución.

Los continuadores del marxismo occidental, no tienen en cuenta la perennidad de las circunstancias que concurrieron entre 1920 y 1945 y que ocasionaron la necesidad de los frentes populares como instrumento de las democracias populares, en su constitución previa a la dictadura del proletariado. Y desde hace años especulan en torno a las superestructuras, en torno a la idea, con formulaciones estrictamente académicas, olvidándose de la práctica real, de la lucha de clases, de los movimientos de masas. Lo lamentable es que a esta dejación se la quiere alimentar con bases teóricas que niegan la lucha de clases: “De esta manera, la formación marxista de varias generaciones fue marcadas por un determinismo algo primitivo según el cual el curso de la historia lo determinaría en “última instancia” el desarrollo de las fuerzas productivas “materiales” consideradas en sí, última garantía del porvenir socialista -al que corresponde de manera unilateral en los años setenta un voluntarismo izquierdista para el cual “la lucha de clases lo decide todo” (Lucien Seven, Comunismo: ¿Qué segundo aliento?).

Estemos alertas, prestemos gran atención, pues asistimos a un período (reflujo del movimiento obrero) propicio para la incubación de nuevas formas de revisionismos. La confusión, la inconcreción, las trampas teóricas, rasgos característicos que se desprenden del “marxismo occidental”, se ocultan tras la verborrea radical. Los principios de la Dictadura del Proletariado, del acceso al poder por el proletariado y sus aliados tras derrocar al estado capitalista, sustituidos por Republicas Democráticas Populares anacrónicas, están en peligro de extinción en los programas de muchos partidos que se reclaman del marxismo-leninismo. Las influencias de un tiempo crítico para el Movimiento Comunista Internacional aún no superado son enormes, así como su distorsión teórica, y están siendo asumidas con dudosa facilidad. Pero, todo se lleva a cabo con el señuelo de la investigación para descubrir maneras modernas de hacer que entierren las inveteradas tácticas leninistas, que para muchos han quedado obsoletas, refutadas por la historia; aunque la vergüenza de manifestarlo públicamente les impida plasmarlas en los programas, problema, que sin embargo, solucionan en la practica porque ésta les abre la posibilidad de irlas rechazando.