1

El antimarxismo moderno

Anquilosado, trasnochado, pasado de moda e inmovilista, son los calificativos más benevolentes que la apología burguesa, científicos prostituidos, la Iglesia y los reformistas, falsos portadores de las teorías superadoras les dedican al marxismo, al que designan como una doctrina válida tan solo para el periodo histórico que media entre Marx y Lenin. Para los sabios autores de los numerosísimos libelos contrarrevolucionarios, el testimonio fehaciente de que el marxismo ha recorrido ya el último tramo de su existencia, nos lo ofrece el retorno al capitalismo de los antiguos países socialistas.

Para Francis Fukuyama del Departamento de Estado de los Estados Unidos, los conflictos sociopolíticos que se desarrollaban en el interior de la URSS durante el año 1990 serían, sin discusión, los últimos pasos de la evolución ideológica de la humanidad, la demostración palpable de que el marxismo ha quedado obsoleto. En contraposición, sería la señal inequívoca de “la universalización de la democracia liberal occidental como forma final del gobierno humano”.

Desde Marx y Engels hasta nuestros días ha llovido mucho, revoluciones sociales e involuciones, períodos de pérdidas de la fe y etapas de recuperaciones de la religiosidad, llenan las páginas más densas de la historia humana, pero sobre todo, se constata el avance imparable de las ciencias. Tras la caída del “ateismo soviético”, el liberalismo económico imperante propone el llamado pensamiento único actualmente en trance de conformación, que expresa los intereses de la globalización económica, política y militar. La ciencia, en vez de hacer caso omiso a su llamada y proseguir con su inmaculado viaje, ha preferido mirar de reojo al sistema burgués que la subvenciona. Y al calor del dólar, una pléyade de científicos se ha envilecido, a cambio de recibir bonificaciones que les ayudan a vivir mejor. En los últimos quince años se han editado en los EE.UU. decenas de libros que persuaden al lector por su autoría “científicos de los Estados Unidos” y también por sus títulos un tanto tremendistas y llamativos en los que con sorprendente jactancia aparecen en armonía las antinomias antes irreconciliables “Dios… ciencia” “Big ban… Dios” etc… Libros que vienen a refutar la dialéctica materialista con el propósito de alejar a los lectores de las influencias del marxismo.

Por otro lado, los introductores de las teorías superadoras han levantado el vuelo aventados por la delicada situación de un Movimiento Comunista Internacional, que ensimismado en sus problemas internos, es incapaz aún, de reaccionar ante sus acometidas ideológicas, dando ocasión a su engreimiento que se materializa en la proliferación sin precedentes, de opúsculos, documentos, ensayos y celebraciones de conferencias que confirman la superación de determinados principios marxistas.

Una tal situación nos compromete a los comunistas a realizar un esfuerzo intenso y renovado inaplazable. De lo contrario, de seguir agazapados a la sombra de la crisis, sin activar nuestras energías con el mismo ardor con que lo hacen nuestros enemigos, contribuiremos sin desearlo al éxito de los argumentos más detractores de sus críticas.

El marxismo, no obstante, es una razón objetiva que tiene vida propia, independientemente de la capacidad de reacción que demostremos sus seguidores, porque entraña sus raíces en la realidad de un universo mutante y cuestiona científicamente las bases económicas de un capitalismo insatisfactorio y contranatural. El hecho es que, después de tantas adversidades y de tantas veces enterrarlo, la influencia que el marxismo ejerce sobre el pensamiento moderno es tan notable aún, que merece la máxima atención de los que pronosticaron hace tiempo su defunción. ¿Por qué, si el marxismo está muerto, existe la obsesión por refutarlo?

La visión de un marxismo inanimado se enturbia cuando se somete a un examen pormenorizado y sistemático la obra de sus principales hacedores, Marx, Engels y Lenin, de la que se desprende una interacción sintetizadora y a la vez armónica entre la teoría y la praxis. Esta actitud reflexiva y de síntesis emana de la dialéctica que lleva impresa en cada uno de sus postulados. No se puede ni se debe afirmar (salvo en el supuesto de un interés inconfesable) que los fundamentos del marxismo se hallan prisioneros de la rigidez absoluta de sus objetivos. Marx, Engels y Lenin demostraron, una vez tras otra, que en la aplicación de los principios se deben considerar siempre todos los cambios que constantemente tienen lugar en la sociedad capitalista, del mismo modo que se han de tener en cuenta, también, los descubrimientos científicos a la hora de abordar la fenomenología física.

Pero no todas las críticas que condenan al marxismo proceden de aquellos que celebran su caducidad. También la doctrina de Marx ha de soportar los ataques más virulentos, si cabe, de los que ensalzan su disposición renovadora. Basándose en el talante evolucionista del pensamiento marxista, se emprende la falsaria tarea de superación que se enmascara con la perspectiva del enriquecimiento. Esta tendencia, muy extendida entre algunos sectores de la intelectualidad militante, propone la evolución desde el corazón mismo del marxismo, presuntamente, para curarlo de sus heridas, y con la voluntad de actualizarlo y adaptarlo a las nuevas circunstancias. En conciencia, lo que persiguen no es la actualización de los principios, sino su destrucción, por estimarlos inservibles y sustituirlos por otros que estén en sintonía con sus deseos, extremo éste que llegan a confundir con los cambios políticos que se han producido en la sociedad capitalista. Así, el marxismo por obra y gracia de la adaptación se esfuma, se extingue, sin dejar más huella que la de su nombre como testimonio de su acción regeneradora.

Después de 150 años de intentar desplazar al marxismo las alternativas superadoras no han dado un solo paso concreto. Bueno es reconocer que los seguidores de Marx no hemos alcanzado todavía nuestros ideales; aun así, nadie podrá negar que nuestros esfuerzos y nuestra perseverancia han proporcionado a la historia humana elementos experimentales de gran valor para el futuro. Hoy por hoy, los marxistas-leninistas podemos presumir con la cabeza muy en alto de ser los únicos que hemos puesto cerco a la explotación capitalista. Nuestra indomable vitalidad, como nuestra probada templanza ante las contrariedades y el continuar en pie, después de los fracasos y frustraciones que provocó el derrumbe de los países de la Europa del Este, se deben exclusivamente a la fortaleza de ánimo que la inspira y al poder de convicción que posee la doctrina marxista, que ha hecho del devenir su verdad absoluta, en la que se estrellan las fantásticas elucubraciones del idealismo y contra la que rebotan las reaccionarias apuestas de las opciones renovadoras.

La dialéctica en el pensamiento marxista no se podrá jamás comprender separada de su objeto final, que la distingue de todas las demás filosofías, por ser la única que ha dotado a sus principios de los medios científicos para obtener su objetivo capital: la sociedad comunista. En esto se distingue de la ideología burguesa estricta, absolutamente conservadora y en esto, se diferencia, también, de todas las alternativas superadoras que adolecen de perspectivas revolucionarias.

En la actualidad el discurso en torno a la caducidad del marxismo evoluciona de diferentes formas y lo que en los desconcienzados y en los renegados se convierte en una diatriba, en algunos militantes de partidos obreros se manifiesta como un sofisma. Estos, haciendo mal uso de sus legítimos derechos a aportar razones para la adecuación ideológica y política de sus partidos a los tiempos modernos, en el fondo, se dedican a impugnar su existencia al reivindicar formas de organización extrañas al leninismo, a veces, orillando con el anarquismo y en otras ocasiones lindando con las agrupaciones socialdemócratas.

Los cambios producidos en el mundo con un cargo tan costoso para el Movimiento Comunista Mundial, es un motivo lo suficientemente atractivo para, además, desde nuestras filas, analizar si el marxismo es una teoría anticuada e ineficaz y en su consecuencia, plantear si es necesaria la existencia de una organización marxista-leninista o en su defecto, abogar por la transformación en otro modelo de partido.

El marxismo está vivo

La grandeza del marxismo es superlativa y contra élla colisionan todas las hipótesis sobre su defunción. Desde que Marx y Engels concibieron el materialismo (dialéctico e histórico) como fuente de análisis y como guía de acción de los oprimidos, el marxismo ha tenido que repeler acometidas feroces, procedentes de la burguesía y provenientes de los oportunismos tanto de derecha como de izquierda.

Las épocas en las que las luchas de clases aparecen atenuadas son las más idóneas para el florecimiento de las teorías liquidacionistas, a lo cual ayuda la reconstrucción que se da con carácter continuo en el interior de la clase obrera, observadas y estudiadas ya por Marx, Engels y Lenin, cada vez más complicada por la inclusión de nuevos integrantes (pequeña burguesía arruinada, profesionales, intelectuales, etc.), que en alguna medida llevan consigo las ideas propias de su posición social de origen.

Con todo a su favor, se fortalece la alianza de la burguesía con los políticos pseudos demócratas y con los sectores más reaccionarios de la intelectualidad, sus más fieles acompañantes en el terreno ideológico, quienes se apresuran a sepultar al marxismo que, a pesar de todos los intentos, permanece incólume y con un brío excitante.

Por medio de la filosofía, más que por ningún otro método de análisis, se puede valorar con mayor rigor que el marxismo, lejos de haber desaparecido, está omnipresente en toda la sociedad. Gracias al marxismo las ciencias, la cultura, la moral, han adquirido una dimensión universal y distinta. Es el triunfo apabullante de la dialéctica marxista sobre la metafísica idealista. En el mundo contemporáneo, el avance técnico y científico en la sociedad burguesa no tendría lugar de no aplicarse las leyes de la dialéctica materialista en el proceso de investigación. La Geografía, la Historia y todas las ramas del saber humano ya no se explican de igual manera que antes de Marx. Todas las disciplinas científicas buscan las conexiones de los fenómenos naturales, su interdependencia con el ser humano para percibir las relaciones causales entre ellos. Es la afirmación incontrovertible de que el tiempo, el espacio, la conciencia, es decir, todos los fenómenos naturales, son una propiedad de la materia en movimiento, como asevera el marxismo. Aunque se ha intentado negar el marxismo en virtud de que Einstein escribió la siguiente ecuación: E = mc2 (E: energía; m: masa; c: velocidad de la luz) porque con élla se ha pretendido imponer la hipótesis de que la interacción de las partículas y las antipartículas se convierten en fotones, lo que significaría la destrucción de la materia.

Sin embargo, se ha podido demostrar en contra de lo que defiende el idealismo moderno, que no hay ninguna aniquilación de la materia, lo que sí sucede es el paso o la transformación de una forma de materia a otra, respetándose escrupulosamente la conservación de la masa, de la carga eléctrica, del impulso, del momento del impulso y de algunas propiedades más de las micro partículas. Los fotones, es decir, los cuanta del campo electromagnético, es una forma de la materia en movimiento.

La dinámica que impone el desarrollo de las ciencias desborda los límites de la ideología burguesa, en su consecuencia, los pilares religiosos se resquebrajan y el papel de la Iglesia se hace patético, porque atrapada en su propio drama, es incapaz de interceptar la afluencia de datos, de neutralizar las tesis, y de ocultar los descubrimientos científicos que ponen en tela de juicio la existencia de un espíritu todopoderoso con dominio absoluto del pasado y del porvenir. Hoy más que nunca, la Iglesia solo puede apoyarse para su subsistencia, en la ignorancia de las clases trabajadoras y en el aprovechamiento que de élla hacen las clases poderosas, interesadas en mantener la institución religiosa para adormecer a las masas. La teoría en “vigor” que más adictos ha conquistado, la de la expansión del Universo en aceleración constante, en contra de lo que algunos afirmaban, confirma la materialidad del mundo objetivo y la eternidad de la materia dando la razón al marxismo.

Solo el cinismo burgués puede presentar las teorías marxistas como descubrimientos recientes de la ciencia. Primero sucedió con la teoría del origen del lenguaje hablado y después, con el argumento más relevante de la evolución del hombre que trata de delimitar las fronteras entre el ser humano y el animal. Las investigaciones actuales precisan dicho límite en la interacción de las manos y el cerebro que Engels; ya en el siglo XIX lo dedujo y lo explicitó con su verdadero vocablo: trabajo, o la capacidad para producir los bienes para su subsistencia. (Engels, La transformación del mono al hombre).

El marxismo pujante penetra por todos los poros de la sociedad porque representa la realidad objetiva frente a la falsa moralidad burguesa. Los deseos de una auténtica libertad sexual libre de las trabas económicas y de los prejuicios sociales, entre otros, de la juventud, su desgaire, su pasión por la ecología, su amor por la paz, su rechazo al militarismo imperialista y reaccionario y su conducta, a veces comprometida con los pobres del mundo subdesarrollado, tienen sus antecedentes más directos en la moral marxista. Sin embargo, ningunos de estos anhelos humanistas pueden ser satisfechos, porque los límites que abarcan a la sociedad capitalista lo impiden.

Por todas estas razones, la inevitabilidad de la existencia de un Partido marxista-leninista se expresa de modo acuciante. Un partido que aglutine todas estas energías desperdigadas que corren el riesgo de desintegrarse, si no se les convence de que la cultura que predican y protagonizan no corresponden a esta sociedad. Si no se les persuade de la necesidad de luchar organizadamente contra el sistema que imposibilita la satisfacción de sus ilusiones y que emplea los avances científicos en beneficios de unos cuantos; aunque ello presuponga la degradación ambiental, el hambre para millones de niños, mujeres y hombres y la destrucción de vidas humanas a través de guerras de exterminios. De la necesidad también, de instaurar una sociedad en donde los conocimientos estén al alcance de todos los ciudadanos.

Uno de los pilares en que se basa el materialismo histórico, es decir, la lucha de clases, es objeto de múltiples interpretaciones, todas ellas tendentes a obviar su existencia. En épocas de calma, los teóricos burgueses tratan de restarle importancia, cuando no de negarla, recurriendo al tópico por ellos creado, de que la lucha de clases es un concepto anticuado, que el capitalismo democrático desarrollado ha superado.

Este argumento, clásico ya, se altera cuando la evidencia se impone en los momentos supremos. Entonces, a los ideólogos burgueses y a los políticos de derecha no les importa pasar por antiquísimos y apelan a la supuesta naturaleza humana, recordando al milenario Aristóteles que planteaba la esclavitud como un bien de la naturaleza: Unos hombres nacen para ordenar y otros nacen para obedecer, y ambos son felices si cumplen con su misión.




“Todo está controlado”

Desde que aparece la crisis los gobiernos hacen todo lo posible por transmitir la idea de que está controlada y que la recuperación la tenemos a la vuelta de la esquina. Al cabo de cuatro años, los acontecimientos nos desbordan, brindándonos argumentos incontestables: la crisis se agrava y está al borde de provocar el caos. Europa se acuesta cada noche con el temor a que un desliz imprevisible de cualquier país miembro de la UE, pueda a la mañana siguiente arrastrar a toda la comunidad a un callejón sin salida, debido su nivel de endeudamiento.

 

El desconcierto en la producción, consustancial al régimen burgués, originado por la dinámica irrefrenable de una competencia despiadada, provoca barbaridades incontrolables en cadena. La razón, capitalismo monopolista igual a planificación, es una falacia que hace de la ciencia económica burguesa una disciplina ignorante y despreciable, basada sólo en la especulación. ¿Dónde están las lumbreras? ¿Por qué no previeron la crisis, su hondura, y ahora, por qué no son capaces de vaticinar el momento de su final? Sencillamente, porque por más vueltas que se les den a las ecuaciones y funciones, a sus variables, curvas etc. el sistema burgués es una pura anarquía, que se ha vuelto irreal porque ya no es necesaria su existencia. Los economistas hacen prestidigitación con los conceptos y partidas, no para desentrañar y explicar la raíz de la crisis, sino para justificar la existencia del capitalismo y vendernos sus remedios antipopulares.

Desde esta base de actuación se constata que conforme se desarrolla la crisis, los doctores extraen del arsenal de las mentiras y apuran del acervo de los abusos nuevos planteamientos con sus correspondientes soluciones, pero al final todo resulta lo mismo para lo mismo: para que continúe el control del capital financiero sobre el sistema y pasar de matute la rapiña de los inversores, a costa de que sean las clases trabajadoras las que costeen su tiranía y den gusto a su voracidad.

Las expresiones rescate, deuda, rentabilidad de los bonos, prima de riesgos y otras afloran en la “etapa actual” de la crisis, dejando boquiabierto al incauto ciudadano. ¿Qué ha sucedido de nuevo para que se dispare de pronto esta salva de términos, hasta el día de hoy en desuso y desconocida para la inmensa mayoría de la población? Nada, no ha ocurrido absolutamente nada, sólo que las contradicciones capitalistas se han exacerbado, dejando obsoleto el dilema: ¿qué tipo de solución hay que aplicar dentro del mismo modo de producción? siendo sustituido por el ultimátum; ¡capitalismo, o socialismo! Esta es la realidad. El capitalismo no encuentra salida a la antigua usanza, las viejas referencias ya no son válidas. Las entidades financieras y los inversores no tienen mercados donde actuar, por eso tratan de estrangular a los estados para obtener la rentabilidad deseada.

Desde el principio, el PCOE impuso a contracorriente la tesis que viene a demostrar que la entrada en recesión se debió a las contradicciones inherentes al sistema, las que producen cíclicamente crisis de sobreproducción; aunque en la presente haya roto en primer lugar por los sectores financieros e inmobiliarios para extenderse inmediatamente a todas las ramas productivas, extractivas y de servicio, por tanto a toda la sociedad, constituyendo en densidad, volumen y duración una de las más graves y profundas de la historia del capitalismo. El PCOE rechaza categóricamente toda teoría que trate de justificarla como consecuencia de la puesta en práctica de un “modelo económico” concreto, el neoliberalismo, que tiene por objetivo salvaguardar el modo de producción burgués. La condena del “modelo” conduce a los partidos defensores de la teoría a propugnar como solución la sustitución de los gobiernos que representan dicho modelo por otros que abogan por un capitalismo “más humano”. A esta conclusión llegaron tanto los partidos burgueses como las organizaciones reformistas y también numerosas fuerzas “comunistas” embridadas en el pasado revisionista.

La crisis ha destruido una ingente masa de fuerzas productivas. En nuestro país ha supuesto el cierre de miles de empresas de todos los tamaños, el aumento de la emigración y el incremento del paro que se cifra en 5 millones de desempleados. Cotas tremendamente dramáticas, que generan desarraigos en los jóvenes, desgracias familiares y toda clase de dolencia social. Sin embargo, el Estado en vez de aplicar soluciones radicales a favor de las clases trabajadoras, se ha dedicado a facilitar medidas paliativas en provecho de las empresas, verdaderas culpables de la crisis. A su cuenta corren los gastos supermillonarios de los “eres”, así como la condonación de deudas, vía subvenciones colosales para que las empresas puedan “salir” a flote. Durante estos cuatro años, el proceso ha consistido en traspasar las deudas de los empresarios a las arcas públicas; lo que se dice un perverso saqueo.

Con un consumo muy reducido y empobrecido, las arcas vacías y la producción mermada y débil se enfrenta el estado español, como sus correligionarios europeos, a unas deudas que suponen por término medio el 80% del PIB. Si cualquiera de ellos sufre un “contratiempo” por efecto de la economía concatenada, sus inferencias pueden ser mortales para los más débiles, que a su vez pondría en peligro al euro.

El problema radica en la capacidad de los estados para mantener o adquirir una solvencia suficiente sin riesgo para el pago de sus deudas, lo cual es bastante difícil, cuando las familias están endeudas hasta los tuétanos, desempleadas y por consiguiente, consumiendo bajo mínimos y cuando las empresas pequeñas y medianas que absorbían la cantidad mayor de fuerza de trabajo han desaparecido.

Por estas razones, los estados europeos y algunos como España especialmente, están siendo sometidos en los mercados de deudas a presiones constantes, porque la desconfianza hacia su solvencia ha disparado la prima de riesgo del país.

Tengamos en cuenta que la prima de riesgo de un país, es el recargo sobre el precio de la deuda que tiene por referencia el precio de la deuda alemana, la cual constituye la base para calcular la solvencia y el riego de todos los países de la UE, por estimarse la más segura y solvente. Este sobreprecio puede ser superior a la rentabilidad que ofrecen los bonos de deuda del estado, así que los capitalistas inversores, no les preocuparía mucho la quiebra de un país dado, pues tienen asegurados sus intereses al alza por la prima de seguro.

El estado español efectúa sus emisiones por medio de subastas en el mercado primario de deuda, cuyo interés se fija en relación a la demanda y al vencimiento de la oferta, como es “lógico” al emitirse los títulos a un plazo largo (3, 5, 10 o 30 años) los inversores exigen una mayor rentabilidad que les sirva de incentivo, teniendo en cuenta que durante todo el periodo del vencimiento, no podrán disponer de su dinero. “Los principales compradores de los títulos son los llamados inversores institucionales: bancos y grandes fondos de inversión que mueven millones de euros con un solo clic de ratón”.

A tenor del análisis realizado por Bruselas, el peligro está cuando un país tiene una prima de 400 puntos básicos. En este caso el gobierno deberá tomar las medidas precisas para que las arcas públicas se vayan llenando, de lo contrario, el efecto del “sobrecoste” por financiarse, generará en el conjunto de su economía un impacto negativo en el Producto Interior Bruto de un 0,8% anual. Una cifra que, en estos momentos en los que unas décimas separan el crecimiento de la recesión, puede suponer la frontera entre el éxito y el fracaso.

Las empresas indicadoras de las subidas y bajadas de las primas de seguro, cumplen con la misión de alertar a los capitalistas-inversores sobre cómo invertir, dónde y a qué precio deben hacerlo. De esta forma, los estados marchan a merced de los deseos de los bancos y especuladores, que a través de los niveles de deudas y primas de seguros, manejan a los estados, imponiéndoles las políticas que deben llevar a cabo, como por ejemplo qué sectores les convienen a ellos que se privaticen, las reformas laborales que exigen etc. Esto es lo que se desprende cuando el Banco de España, o el Banco Central Europeo piden con insistencia que el gobierno proceda a la realización de determinadas reformas y recortes, a fin de devolver la “confianza” a los inversores.

La intervención o compras de deudas de los estados por el Banco Central Europeo, anunciada siempre con el propósito de “evitar los desmadres o intervención de los especuladores” no es más que la lucha entre sectores monopolistas por hacerse con el control de un país dado, es la expresión de la lucha entre imperios por la pugna de los mercados.

Está claro, que la luchas entre imperios tienen efectos perniciosos en las poblaciones que a la postre pagan sus consecuencias. Un país con una prima de seguro peligrosa influye en el desenvolvimiento del sector financiero. Cuando los bancos asistan al mercado interbancario –donde las entidades se prestan dinero entre sí para financiarse- pagaran más o menos en relación con la prima de seguro de su nación si está alta o baja. Los bancos cuyos costes de financiación son altos, aumentarán los intereses sobre créditos que prestan a sus clientes, lo que significará que las familias tendrán menos dinero haciendo imposible la recuperación económica por falta de consumo y por lo tanto, los estados tendrán también más y mayores problemas para saldar las cuentas con sus acreedores y para reducir el déficit, la solvencia se resquebraja y así sucesivamente.

En conclusión, el capitalismo se halla envuelto en un cúmulo de contradicciones dentro de un circulo vicioso. Sólo un milagro haría que el sistema burgués volviese a “ser lo que fue”. Estamos pues, en la fase más criminal y reaccionaria del capitalismo que lucha por su supervivencia.

Con un capitalismo a la defensiva, con las zarpas dispuestas en todo momento, el revisionismo y todo tipo de reformismo no tienen margen teórico para justificar su existencia. Cada paso que da el capitalismo les traiciona. El capitalismo democrático que supuestamente se había ganado a pulso su lugar en la democracia, como afirmaba el eurocomunismo, se ha quitado la careta y le importa muy poco lo que pueda decir su enemigo de clase; va a por todas porque es la única esperanza que tiene de poder sobrevivir. Las condiciones objetivas para la lucha por la transformación social están en su punto más alto. También están dadas las condiciones para que los revolucionarios se adecuen a las circunstancias e impongan sus criterios.

Durante estos últimos años nos hemos ido librando de las teorías y tácticas que nos atenazaban sin dejar que evolucionásemos. La teoría la tenemos. Ahora es el momento de la práctica, de invertir todo nuestro potencial para poner en solfa cuánto hemos aprendido de los fracasos. Es el momento oportuno para la acción porque el descontento existe pero está en manos acientíficas. Los partidos comunistas tenemos la obligación inexcusable de enderezar y dirigir los acontecimientos por el camino correcto y directo.

Una vez más, afirmamos que la redención social de los trabajadores está en sus manos y ha de ser obra de ellos mismos. La Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores reúne todos los ingredientes teóricos y prácticos para convertirse en la dirección de su clase y la única posibilidad de aglutinar a las masas populares bajo un programa de transformación que nos lleve hasta el Socialismo.

Las Asambleas de comités y delegados de empresas tienen en sus manos la facultad de producir los bienes que necesita la sociedad para existir. Son los únicos órganos democráticos elegidos directamente por los trabajadores y sin ellos es imposible parar los centros de trabajo. Esta realidad no la ocultará ninguna otra forma de lucha, venga de donde venga, tenga el contenido que tenga, llámense “frentes de izquierdas”, “15M” o cualquier otro. Este es el argumento cardinal por el que los sindicatos piden a gritos que el Estado ilegalice los comités de empresas o reduzca al mínimo sus atribuciones si quiere que ellos puedan continuar ejerciendo de quintacolumna en el movimiento obrero.

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Filosofía contemporánea

“Contubernio antimarxista”

 Coincidiendo con el desarrollo “esplendoroso” del capitalismo, desde hace tres décadas surgen inevitablemente concepciones filosóficas con la pretensión de demostrar que la lucha de clases ha desaparecido, refrendada posteriormente por el fracaso del socialismo y apoyada en la supuesta eliminación de las barreras que han distanciado tradicionalmente a las teorías de la izquierda de las de la derecha.

 La derecha predominante se ha adentrado en el terreno de la izquierda y le ha robado sus “esencias” y sus “valores”. Dando por sentado que el “Estado del bienestar social” satisface económicamente, mas allá de las necesidades vitales, a toda la población, afirma que los conceptos igualdad, justicia etc., en los que se parapetaba el marxismo para enarbolar su bandera, no pueden tener ya el mismo significado ni tampoco el mismo contenido. Recordemos que el marxismo defiende con ahínco que para lograr la igualdad política, previamente, hay que alcanzar la igualdad económica. Ahora pues, el obrero no piensa en la igualdad económica. Una vez que se le ofrece la oportunidad de cubrir cuanto necesita para vivir material y espiritualmente, a lo que aspira es a la igualdad de trato, a la igualdad formal.

 La igualdad de trato, la igualdad de oportunidades, van en todo momento cogidas de la mano con la justicia y la moral. Las escuelas filosóficas contemporáneas más importantes, contemplan estas categorías, tal vez con apreciaciones, sugerencias y por consiguiente, con razonamientos dispares; aunque en el fondo confluyen en la negación de la lucha de clases, en la impugnación del marxismo.

 Para el “utilitarismo”, las clases no son importantes, es el individuo, del que hay que sustraer su utilidad para provecho de todos. En la utilidad está la igualdad. Partiendo de la premisa del bienestar social dado, Derek Parfit, se preocupa de la población con el rasero de la utilidad y se pregunta si es moral, o si tenemos el deber moral de aumentar la población, puesto que significa disminuir sensiblemente el bienestar de cada individuo. Esta es una visión metafísica de la realidad porque en ella el bienestar es estático y nos viene dado. De esta forma el paro y la pobreza no es culpa de las contradicciones del sistema de producción capitalista, es más bien la consecuencia del individuo inconsciente que procrea amoralmente.

 Las personas se miden por su utilidad y en nombre de ésta se puede cometer todo tipo de atropellos sin menoscabo de la moral. A finales de los 80 Hare y John Mackie representantes de la filosofía utilitaria mantuvieron un debate en el que Hare, en virtud de la utilidad máxima, sostenía que una persona, aún poseyendo una cantidad enorme de recursos, podía apoderarse con codicia del recurso de otra u otras personas; aunque solo tenga ese recurso, sin perder moral y sin cometer una injusticia, si tiene “muchos amigos” con los que compartir tales provechos.

 Por su parte, el concepto de la igualdad liberal alcanza su máximo desarrollo hacia el 1971 con la propuesta de Rawls, pero es posteriormente con la caída de la Unión Soviética cuando logra su punto álgido. En Rawls la justicia se vincula al reparto igualitario de todos los bienes de la sociedad, que puede ser transgredido cuando las desigualdades, o el reparto desigual benefician a los menos favorecidos. Es indudable que la igualad liberal relaciona a los individuos como iguales, pero no por la supresión de todas las desigualdades, sino solamente de las que supuestamente perjudican a alguien. Lógicamente, debemos comprender que el capitalismo no es pernicioso por sus desigualdades, basta con “rectificar” o “controlar” alguna que sea perjudicial, que quedará a criterio de la clase burguesa en el poder.

 En otra dirección, podemos observar que el centro vital del libertarismo es su ardorosa defensa de la libertad. Contrario siempre a cualquier límite que reduzca la libertad, considera que el capitalismo neto es un sistema caracterizado por la ausencia de restricciones a la libertad. Por consiguiente, cualquier acto que limite o controle el mercado restringe la libertad. Anthony Flew define el libertarismo opuesto a cualquier limitación social y legal sobre la libertad individual. Para él el Estado del bienestar es aquel que decide consecuentemente entre la libertad y la igualdad, en aras de del desarrollo, entendiendo por libertad el mercado libre y la igualdad las restricciones del Estado del bienestar sobre el mercado. Por supuesto, la filosofía se jacta en propugnar que la libertad está por encima de todo, incluso de la igualdad. Así pues, el Estado no puede entrometerse en el mercado para no interferir en su “libertad”

 Durante este período, las corrientes filosóficas descritas y otras de menor calado, han venido a reforzar las superestructuras del sistema capitalista en vigor, pero de ningún modo se han contentado con la función de interpretarlo y legalizarlo, o sea, de reflejar la realidad económica en las cabezas pensantes, también han desempeñado un papel muy activo en la consolidación y desarrollo de unas bases anárquicas con el firme propósito de incrementar las riquezas de los poderosos, estimulando a la tecnocracia económica para moralizar sus propuestas antipopulares. La ha proveído de sofismas y subterfugios adecuados con los que argumentan y justifican la codicia. La legitimación ética de la explotación burguesa allana, como no, el camino para arremeter sin compasión a un marxismo, cuyo estandarte, el Movimiento Comunista Internacional, no supo o no ha podido, sumido en proceso decadente, repeler sus desaforadas críticas ya libre de todo camuflaje. Los filósofos pasan de la defensa y apología del sistema burgués, a la acción directa contra el marxismo.

 Con motivo del fallecimiento de Vázquez Montalbán, el escritor y director de la Biblioteca Nacional, Luís Racionero, publicó en las navidades del 2006 en el diario Mundo, un artículo, pequeño libelo contra Marx, en el que aduce a modo de de argumento de cargo, que la filosofía del renegado Poper había superado el marxismo.

 Si nos hiciésemos caso de Poper, el capitalismo tiene asegurada su existencia eterna, pues su filosofía no se opone abiertamente a las causas de los males. Considera a Marx utópico por pretenderlo. Los males no hay que atajarlo de raíz, sino disipar sus efectos. No hay que buscar la felicidad socavando los motivos de la infelicidad actual, de todas formas no conocemos la felicidad. En correspondencia a la filosofía de Poper se nos pide que no acabemos con las diferencias entre ricos y pobres suprimiendo a los ricos, sino elevando a los pobres. Como se ve no solo es utópico, sino reaccionario y muy beneficioso para las clases capitalistas.

 Ocultos tras las espesuras y oscuridades de la justicia, una serie de filósofos lanzan ya definitivamente sus dardos al “corazón” del marxismo: la explotación del hombre por el hombre, que Marx prueba con la teoría del valor. Will Kymlicka, profesor de filosofía de la Universidad de Toronto se pregunta “¿es cierto que la justicia liberal permite que unos exploten a otros?” Luego se responde asimismo que depende del modo en que se defina la explotación. Más adelante dice: “… la explotación marxista ¿Tiene algún significado moral? ¿Es decir, implica el hecho de que alguien se aproveche injustamente de otro? “

 Tras juegos malabares con la retórica, el profesor intenta demostrar que es discutible que el trabajador esté explotado. Según la teoría marxista, en su opinión y en la de los filósofos que relaciona en su obra “Filosofía política contemporánea”, el trabajador se lleva parte del valor creado por él y el capitalista otra parte, pero:

 “Si la tecnología cambia de un modo tal que un objeto puede fabricarse ahora, con la mitad del trabajo antes requerido, la teoría del valor trabajo sostendría que el valor del objeto se reduce a la mitad, aunque cuando la cantidad de trabajo empleada permanezca idéntica. Si la teoría del valor trabajo fuese cierta, el trabajo real utilizado por el trabajador resulta irrelevante”…

 De lo que se deduce que al ser insignificante el valor producido, también lo será la parte que se lleva el capitalista y por tanto la explotación, si existe, es mínima, pero “…no hay nada injusto en ofrecerse a aportar el trabajo de uno a los demás”

 Es obvio, el progreso tecnológico hace que el tiempo de trabajo empleado en un producto sea menor que antes, pero ¿qué sucede con la plusvalía, base de la explotación? Sin duda se multiplica infinitamente, por tanto la explotación es mayor que antes de introducirse la nueva tecnología. Sin embargo, al multiplicarse la cantidad de productos elaborados por el obrero, menor será la parte que reciba del valor originado por su trabajo.

 Finalmente, Kymlicka dice que no hay nada injusto en ofrecerse a aportar el trabajo de uno a los demás. Dicho así, el trabajador no tiene necesidad y por tanto ni se ve forzado a trabajar, lo hace por amor al arte. Al respecto Kymlicka expone:

 “Entendiendo la explotación en el sentido corriente del término, ¿puede decirse que la transferencia forzada de plusvalía es una relación de explotación? Esta afirmación resulta muy poco sólida y demasiado radical. Es muy poco sólida en el sentido de no considerar explotación el trabajo asalariado que no es, estrictamente hablando, forzado”.

 Es decir, el trabajo asalariado no está explotado, porque no es estrictamente forzado por el burgués, o lo que es lo mismo, el capitalista no pone un puñal en la espalda del trabajador para que le trabaje, es el trabajador el que se ofrece. ¿Es esto cierto? No, no es verdad, la sociedad capitalista, los capitalistas en su conjunto, fuerza al asalariado a mendigarle un trabajo porque de lo contrario morirían de hambre él y su familia, si esto no es violencia, qué otra cosa puede ser.

 Contrariamente a lo que nos dice el sentido común, la filosofía idealista y reaccionaria, no tiende a aminorar en sus refutaciones antimarxistas con el advenimiento de la crisis, si bien, es cierto que, algunas de sus proposiciones son negadas por la nueva realidad; sin embargo, su capacidad para encontrar nuevos recovecos con los que superar las influencias negativas de la crisis es infinita. Por sí sola no se repliega, está concebida para salvaguardar la honorabilidad del sistema en todo trance. Su actividad es constante y a prueba de fuego, sobre todo, si no tiene adversaria, o si su adversaria está dormida.

 No obstante, es sintomático que el Movimiento Comunista Internacional, supremo representante del materialismo militante, ha sido capaz de ponerle cerco en otras condiciones. Las carencias que este presenta en la actualidad por causa de no haberse repuesto aún de la profunda crisis que le afecta desde hace décadas, permite la regeneración de la filosofía idealista así como su expansión. Por todas estas razones la recomposición del Movimiento sobre la base de los principios marxistas-leninistas, deja de ser una necesidad para convertirse en una obligación ineludible de todos los partidos.

 

COMISION IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La lucha ideológica en el momento actual

Tras la desaparición de la Unión Soviética, Francis Fukuyama, del Departamento de Estado de los Estados Unidos, se atrevió a afirmar que el marxismo había quedado obsoleto, pues los conflictos sociopolíticos que se habían desarrollado en el interior de la URSS serían los últimos pasos de la evolución ideológica de la humanidad y también era la señal inequívoca de “la universalización de la democracia liberal occidental como forma final del gobierno humano”.

 Fukuyama no hablaba en calidad de simple apologista del sistema de producción capitalista, dando por zanjada el problema de la lucha de clases; más bien, y se ha demostrado posteriormente, sus palabras se convirtieron en una advertencia grave a los comunistas. El imperialismo iba a aprovechar un acontecimiento de lo más extraordinario de la historia humana para organizar la mayor campaña ideológica contra el marxismo-leninismo.

 

 Las condiciones les fueron favorables, pues el Movimiento Comunista Internacional, sumido en una gran y profunda crisis, quedó noqueado al sucumbir el campo del socialismo. El imperialismo atacó por todos los flancos posibles. En el teórico negó el marxismo utilizando a Einstein y a su famosa ecuación E = mc2  (E: energía; m: masa; c: velocidad de la luz) porque con ella se ha pretendido imponer la hipótesis de que la interacción de las partículas y las antipartículas se convierten en fotones, lo que significaría la destrucción de la materia. Lo cual es falso, porque lo que sucede es la transformación de una forma de materia a otra.

 En el plano político se utilizó la figura de Stalin, al que se le adjudican crímenes horrendos contra la humanidad. Pero si Stalin fue el padre del abominable aborto, la dictadura del proletariado sería su madre en la propaganda reaccionaria. Los marxistas-leninistas no supieron reaccionar; por el contrario, la derrota ideológica coadyuvaría a la multiplicación de grupos trotskistas y anarquistas, en los que calan las prédicas imperialistas, los cuales son alimentados y espoleados por la prensa oficial, oficialista y la auto denominada “alternativa”, con las que coinciden en arremeter con saña contra todo lo que huele a comunismo y especialmente contra Cuba. Poco a poco, el discurso fue estructurándose y dotándose de forma y contenido, promoviendo bifurcaciones perniciosas para el movimiento obrero y comunista mundial: el socialismo del siglo XXI y la rescatada y tramposa democracia horizontal.

 Imperialismo, Socialismo del Siglo XXI y Democracia Horizontal coinciden en aspectos fundamentales, cuales son el desprecio absoluto a las experiencias socialistas, que adjetivan como “estalinismo” para negar a la clase obrera su papel de sujeto revolucionario y en su consecuencia el rechazo de la dictadura del proletariado, que se concretan en su parte mas extremista en el apartidismo y el asambleismo. Así pues, el trabajador consciente y organizado es tratado como un demonio que viene a perturbar la verdadera democracia y la auténtica revolución.

 Durante los últimos veinte años, el aumento inusitado en cantidad e intensidad de las campañas propagandísticas del imperialismo y del anticomunismo en el movimiento obrero se corresponde con el deterioro de los partidos comunistas incapaces de adecuarse a la lucha ideológica. Muy ensimismado en su crisis más que exacerbada, el Movimiento Comunista Internacional se encuentra atenazado por la influencia de las corrientes pacifistas que derivan en las siguientes posiciones: 

  • La existencia de la Unión Soviética posibilita el tránsito al socialismo por la vía pacífica.
  • Derivado de esta interpretación se contempla que para abrir camino hacia el socialismo se debía profundizar en la democracia (burguesa) que significa, a la postre, acceder a la nueva sociedad por medio del parlamentarismo burgués.
  • Finalmente, profundizar en la democracia infiere la necesidad de aglutinar a todas las fuerzas de “izquierdas”, incluidas la socialdemocracia y demás fuerzas oportunistas. 

De esta forma, los partidos comunistas abandonan la táctica revolucionaria que lleva implícita la renuncia al combate ideológico contra el oportunismo, es decir, contra la ideología burguesa en el movimiento comunista y obrero, que hizo del apartidismo y de la democracia horizontal y sus variantes seña y guía en su particular “ideología”. Los militantes comunistas dirigidos por cúpulas acobardadas en unos casos y reformistas en otros, incapaces de hacer frente a una embestida tan brutal, se acomplejaron hasta llegar a avergonzarse de proclamar su afiliación comunista. En la práctica, el comunismo había desaparecido, quedando reducido a actos íntimos con su reducida influencia, hasta el día de hoy prácticamente.

 ———————- 

La universalización del Movimiento 15M tiene su sede en unas posibilidades que les están prohibidas a las clases trabajadoras. Que un fenómeno de esta categoría que hasta ahora no ha contado con más de 200.000 individuos entre toda Europa y América, miles de ellos ausentes hasta ayer mismo de las manifestaciones y luchas de clase llevadas a cabo por los trabajadores contra despidos de compañeros, por recortes de su salarios, por represión etc. que además cuenta con una dirección de pensamiento “libertario” inferior en número a los dedos de una mano, se extienda en 15 días, por ese mundo de más de 1000 millones de habitantes y sea noticia en primeras páginas de la prensa de mayor tirada en cada país, no se entiende si detrás no está el imperialismo, su ideología y ahora sus objetivos, consistentes en desviar el descontento por el camino del absurdo, sin ideología, sin organización y sin propuestas serias o que no afectan en lo más mínimo a las estructuras y al carácter del capitalismo. Porque la quiebra económica y espiritual del capitalismo mundial es un hecho irrefutable y ese descontento dirigido por organizaciones revolucionarias haría tambalear, no las formas de la democracia burguesa, sino a su sistema de producción.

 ¿Es pura casualidad que se le retire el micrófono a oradores obreros, como sucedió en Sevilla, que la consigna principal en algunas manifestaciones y concentraciones, divulgada por los “dirigentes” sean que ni partidos ni sindicatos deben formar parte activa en el Movimiento y también que se exhorte a los manifestantes a que no hagan caso de las octavillas repartidas por organizaciones, pues nada tienen que ver con las movilizaciones? 

No, no es casualidad. Impedir a sindicatos obreros y trabajadores conscientes, que son los más expuestos a la represión de la patronal y del gobierno, tiene su sentido. Primero, consiste en contentar al gobierno y en dar la razón a los empresarios represivos en que son molestos para el sistema (2000 trabajadores han sido despedidos por presentarse a las elecciones sindicales) Segundo, al negársele la participación al obrero organizado, se rechaza la conciencia de la clase obrera y significa admitir solo los que son domesticables para los manejos subrepticios. ¿No es esto coincidir con el imperialismo? ¿No se han convertido en auténticos chivatos del sistema?

 Las falsedades tienen sus contradicciones y el apartidismo y la democracia horizontal tampoco escapan a esta ley de la dialéctica. Los apartidistas quieren imponer sus criterios como grupo a los que están organizados ¿No es esto un nuevo y vergonzoso partido en el sentido que ellos mismos lo definen y además antidemocrático?

 Los comunistas debemos saber que en la lucha de contrarios uno avanza si el otro retrocede. Eso es lo que ha sucedido durante las dos décadas últimas a costa del desprestigio del comunismo internacional. Aún hoy, el nombre de comunista está deshonrado y hay que salir a la superficie. No es posible que quienes más sufrimos la represión del régimen burgués en la época de Franco, los que más nos expusimos mientras otros estaban escondidos, ahora tengamos prejuicios de revelar nuestra identidad. 

Es hora pues de actuar con ciencia pero con convencimiento: 

  • Salir a flote en calidad de militantes comunistas
  • Mantener una postura inflexible y beligerante contra todo tipo de oportunismo en el movimiento obrero y popular
  • Actuar en las asambleas realmente populares con nuestros programas, convencidos de que nos avala la historia. Nadie como el comunista ha luchado más contra el sistema capitalista. Por eso hay que proclamar que solamente los marxistas-leninistas han puesto sobre las cuerdas flojas al capitalismo y al imperialismo
  • Advertir a la juventud y al pueblo en general que la desviación sólo nos conduce a una derrota segura, de la que costará años en salir, lo cual favorece a los imperialistas para extremar la explotación contra los trabajadores y los pueblos.
  • Poner en práctica nuestra táctica de masas con seguridad y confianza en nosotros mismos

 El comunista dirá siempre la verdad con las palabras precisas para cada auditorio. Faltar a este principio nos convierte en uno más, en cualquier cosa menos en comunista.

  

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




Sin tregua al oportunismo

Un comunista tendrá presente en todo momento que entre una decisión atinada y revolucionaria y otra de carácter reformista, en ocasiones media solo un pequeño desliz, solo un despiste. La política de masas es siempre un arma de doble filo que requiere una constante reflexión que nos ayude a rectificar cualquier paso dado hacia el oportunismo. Recordemos que la lucha económica o sindical aislada de la política y de la ideológica es en todo caso reformista, de igual modo sucede con la política municipal y otras…




La aristocracia obrera

aristNo sólo en la esfera económica se da a conocer la putrefacción del capitalismo monopolista, sino que también se manifiesta en el terreno de la superestructura ideológica y política.

 En un análisis de las tendencias fundamentales dentro del movimiento obrero, Lenin dedicó especial atención a aquella forma de corrupción y parasitismo que se expresa en el soborno por la burguesía de una capa privilegiada de la clase obrera. Tal soborno es posible económicamente gracias a las altas ganancias de los monopolistas. La burguesía destina una parte ínfima de sus colosales ingresos a comprar a los obreros más calificados, aislándoles de los sufrimientos y del ambiente revolucionario de la masa proletaria y creando en el seno de los trabajadores la denominada “aristocracia obrera”.

Con la ayuda activa de la burguesía, la aristocracia obrera se apodera de los puestos dirigentes en una serie de sindicatos y constituye la élite traidora de los partidos socialdemócratas. En connivencia con ciertos sectores de la pequeña burguesía y de la intelectualidad pequeñoburguesa, la aristocracia obrera representa la base social del oportunismo, o conformismo, dentro del movimiento obrero. Estos trabajadores aburguesados son, como dijo Lenin, auténticos agentes de la burguesía en el movimiento obrero, lacayos obreros de la clase capitalista.

 Aunque la aristocracia obrera, la burocracia sindical y política, sobornada por la burguesía, representa solamente una minoría insignificante de la población, disfruta, no obstante, de cierta influencia entre las masas, y por ello constituye un serio peligro para el movimiento obrero. Los oportunistas, al escindir las filas de los trabajadores, frenan el desarrollo de la lucha de clases, impiden que los obreros unifiquen sus esfuerzos y, con ello, debilitan el empuje de los trabajadores que tienden a derrocar el capitalismo.  

 Precisamente a la actividad escisionista de los sindicatos reaccionarios y de los socialdemócratas se debe que en numerosos países la burguesía siga manteniéndose en el poder.
 
 Lenin puso en claro que el oportunismo dentro del movimiento obrero no es un fenómeno fortuito y que su nacimiento guarda estrecha relación con la propia esencia del imperialismo, con la dominación de los monopolios. Sin embargo, reconocer la lógica objetiva de la existencia del oportunismo no implica la necesidad de renunciar a combatirlo. Liberar a los trabajadores de la influencia de los oportunistas y establecer la unidad del movimiento obrero y sindical fue siempre una tarea del proletariado revolucionario, y sigue siéndolo.

{module [201|rounded]}




En qué momentos vivimos

En momentos graves la burguesía sitúa la lucha de clases en un estadio superior. Los periodos de crisis son uno de estos momentos.

En este contexto específico la burguesía lo quiere todo, lo pide todo, impone todo, sin llegar a ruborizarse, la cobertura es perfecta, la crisis.

 Tanto el gobierno como las clases capitalistas en general, se preparan debidamente para estos casos y llegados saben como utilizar toda su artillería para disparar al unísono. 

 

 Sindicatos, partidos parlamentarios todo lo que en época de “bonanza” constituye la salvaguarda constitucional e institucional del sistema, están perfectamente adiestrados para ejercer con total eficacia el papel que les corresponde, para el que han sido adoctrinados y recompensados.

 No es extraño que la izquierda y la derecha  parlamentaria así como las centrales sindicales mayoritarias, salgan a la calle con el mismo lema ¡ACABAR CON LA CRISIS! que es lo mismo que pedir que todo continúe tal como está.

 Pero sí  resulta extraño que gran parte de la izquierda extraparlamentaria, también coincida con el mismo slogan. Examinemos pues las distintas proclamas que se han utilizado durante estos meses para concienciar  al pueblo de la realidad existente:

 ¡Su crisis que la paguen ellos! ¡La crisis que no la paguen los trabajadores! ¡Frente a la crisis, Movilízate en defensa del empleo! ¡La crisis capitalista que la paguen los ricos!

 ¿Quién es capaz de advertir la diferencia que existe entre estas consignas de la izquierda mas relumbrona y radical y la que sirvió para que el PP convocara la manifestación contra el despido en Málaga? Nadie, porque no se dan tales diferencias propagandísticas, aunque por supuesto,  la intencionalidad debe ser distinta.

Pero lo que se transmite al pueblo es que acabando con la crisis se terminan sus problemas y salen perdiendo los ricos. Ahí es donde radica el engaño. Una mentira espectacular para unos instantes también espectaculares.

 La crisis no es la causante de los males de los obreros, del pueblo, aunque los agrava. La crisis y esto es lo importante, nos descubre toda la mezquindad del sistema: el carácter reaccionario del capitalismo;  la verdadera naturaleza burguesa de las instituciones, de modo particular el gobierno, el egoísmo insaciable de la patronal, etc.  En la crisis los atropellos clasistas contra los trabajadores no tienen freno. Pero, todo cuanto ahora sucede tiene lugar también, aunque, a veces con menos intensidad durante los tiempos de “bonanza”. Por tanto acabar con la crisis no significa nunca terminar con los problemas de los trabajadores.

 Y es este el momento en que mejor se puede denunciar el sistema, porque si de la crisis deviene impunidad para las fuerzas de derecha y sus adlátere, es también la maravillosa y gran tribuna pública que espera el revolucionario, el  comunista extraparlamentario, para denunciar al sistema y a sus apologistas, a los traidores etc. Y si no ¿Para cuando?

La crisis además nos exige estar constantemente a flor del combate ofreciéndonos argumentos y excusas inapelables, por decirlo de alguna manera. La crisis concede al comunista y al obrero la mayor fuerza moral para propugnar cambios revolucionarios y les permite desarrollar sus organizaciones con mayor amplitud y celeridad. Este es el momento que vivimos.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




Lenin y los principios organizativos del partido

Hace ya 105 años apareció el libro de Lenin “Un paso adelante, dos pasos atrás”, obra que ha contribuido muchísimo al desarrollo de la doctrina marxista sobre el partido y hasta hoy ocupa su lugar en los escritorios de quienes seriamente se dedican al estudio del pensamiento marxista.

¿Qué incitó a Lenin a escribir esta obra?. Para comprender las razones, antes hay que evocar el II Congreso del Partido Socialdemócrata de Rusia (POSDR), celebrado en julio y agosto de 1903, en el que numerosas organizaciones marxistas revolucionarias de Rusia culminaron su unificación y formaron un partido proletario de nuevo tipo con Programa y Estatutos propios. Además, en el Congreso los socialdemócratas se dividieron en dos corrientes: una conformada por los partidarios de Lenin y llamada “bolchevique” (del ruso “bolchinstvó” que significa mayoría) por haber obtenido el mayor número de votos en las elecciones a los órganos dirigentes del partido, y otra denominada menchevique (del ruso “menchinstvo” que quiere decir minoría), adversaria de la primera y dirigida por Martóv.

 

Cabe señalar que más tarde los bolcheviques trataron de lograr de nuevo la unidad basándose en el Programa y los Estatutos que aprobó el Congreso, mientras los mencheviques, no queriendo resignarse con la derrota sufrida en el Congreso, profundizaron la escisión,. Como resultado en el partido se presentó una grave crisis que debía ser diagnosticada y dada una salida, tarea que cumplió Lenin en su libro Un paso adelante, dos pasos atrás.

Lenin investigó pormenorizadamente las causas de la división y llegó a la conclusíon de que ésta se debía a un desacuerdo en torno a la naturaleza del partido, desacuerdo sobre cuestión tan principal que se puso de manifiesto con particular relieve cuando se discutía el primer párrafo de los Estatutos sobre el carácter de miembro del partido. Lenin se pronunció por una organización cohesionada y disciplinada que tuviera como objetivo realizar la revolución social y con este planteamiento cortó el camino a los elementos vacilantes y oportunistas que pretendían infiltrarse en el partido.

Mártov con su fórmula en la que no consideraba la militancia en una de las organizaciones del partido como condición obligatoria, reflejó el afán que tenían los mencheviques de “convertir a todos y a cada cual” en afiliados al partido, lo que en resumidas cuentas significaría la creación de una organización amorfa incapaz de encabezar al proletariado en los combates revolucionarios.

Lenin formuló así su primer párrafo: “Es miembro del partido todo el que reconoce sus Programa y Estatutos y apoya al partido tanto con recursos materiales como con militancia en una de las organizaciones del Partido”.

Según la definición de Martov “es miembro del partido todo el que aprueba el Programa del mismo, lo apoya materialmente y le presta regular concurso personal bajo la dirección de una de sus organizaciones”.

Lenin calificó de “oportunismo en las cuestiones orgánicas” la posición de los mencheviques que pedía abrir las puertas del partido a los individuos pequeñoburgueses inestables; negaba el papel que el partido desempeña como destacamento avanzado y organizado de la clase obrera; rechazaba la rigurosa disciplina y tenía una actitud hostil hacia el centralismo. Hablando claramente, los mencheviques se opusieron abiertamente al partido de combate que crearon y consolidaron los bolcheviques y que se diferenciaba radicalmente de los partidos socialdemócratas reformistas de la II Internacional.

Lenin desarrolló la doctrina marxista sobre el partido como guía político del proletariado, y elaboró los principios orgánicos del partido de nuevo tipo, sin el cual la clase obrera es incapaz de llevar a cabo conscientemente la lucha de clases. Los mencheviques subestimaron el papel del proletariado al afirmar, como pretexto, que éste no había sido preparado para ser organizado. Lenin demostró que “la vida entera del proletariado educa a éste para la organización” y que “el proletariado no teme la organización ni la disciplina”.

¿Cuál es el quid de los principios orgánicos leninistas?. Según Lenin, el partido marxista es el destacamento de avanzada y el más organizado de la clase obrera; el partido no debe temer como estructura los principios del centralismo democrático; para poder ser fuerte y cohesionado el partido es inconcebible sin una disciplina rigurosa y única para todos sus afiliados; el partido debe velar constantemente por la democracia en su seno, por impulsar la crítica y autocrítica, por depurar sus filas y estrechar los vínculos con las masas.

El centralismo democrático es el más importante de los principios mencionados y presupone lo siguiente:

Primero, el partido tiene Programa y Estatutos únicos y un órgano dirigente plenipotenciario, el Congreso del partido; entre congresos este papel dirigente lo desempeña el Comité Central;

Segundo, en el partido existe una disciplina única e igualmente obligatoria para todos los militantes. La minoría debe estar subordinada a la mayoría, las organizaciones locales al centro y las instancias inferiores a las superiores;

Tercero, las decisiones aprobadas por los organismos superiores son de obligatorio cumplimiento para los órganos inferiores;

Cuarto, los organismos dirigentes del partido a cualquier nivel se conformaran por elección y son removibles y periódicamente deben rendir cuenta de su labor ante sus respectivas organizaciones del partido y ante los órganos superiores.

Lenin en reiteradas ocasiones señaló que el centralismo democrático no es un objetivo en sí, sino un medio para conseguir determinados fines políticos y que el centralismo no se opone, ni mucho menos, a la democracia en el seno del partido. El centralismo y la democracia son partes inseparables de un todo único.

El leimotiv de la obra es el siguiente pensamiento de Lenin: “ El proletariado no dispone, en su lucha por el poder, de más arma que la organización… El proletariado,…puede hacerse y se hará inevitablemente una fuerza invencible siempre y cuando que su unión ideológica por medio de los principios del marxismo se afiance mediante la unidad material de la organización, que cohesiona a los millones de trabajadores en el ejército de la clase obrera. Ante este ejército no se sostendrán ni el poder decrépito de la autocracia rusa ni el poder caducante del capitalismo internacional”.

La práctica ha corroborado totalmente las deducciones de principio que sacó Lenin y lo justo que fue su apreciación sobre el menchevismo, pues el oportunismo menchevique en cuestiones de organización fue más tarde complementado con el oportunismo menchevique en relación con la táctica; y después del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre éstos llegaron hasta la traición al movimiento revolucionario del proletariado ruso.

Los partidos comunistas del mundo basan su actividad en los principios leninistas de organización del partido, que permiten a las organizaciones genuinamente revolucionarias convertirse en arma segura del proletariado que lucha por el poder político. Un partido, utilizando hábilmente las distintas formas de lucha, tanto legales como ilegales (si está en la clandestinidad), forma poco a poco un gran ejército, un ejército capaz de conducir a la clase obrera  y a todos los trabajadores a la victoria, tal como lo ha demostrado la experiencia de los bolcheviques rusos.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




El mundo actual

INFORME DE LA SECRETARIA GENERAL

DEL PCOE

 

 1 de Septiembre del 2009

 

IPoco antes de que explosionara la crisis en EE.UU. los versados en economía de Alemania, la nación de mayor peso económico y político de Europa, pronosticaron que de cumplirse todas las previsiones, la crisis sería tan profunda y grave que después de ella el mundo ya no sería el mismo, ni EE.UU. podría hacer nunca más ostensión de poder ilimitado.

Los acontecimientos posteriores demuestran que también en EE.UU. por parte de sus pensadores y tecnócratas más significados, se había procedido en las postrimerías del mandato Bush, a un examen exhaustivo  de su propia situación en el mundo actual y a tenor de su resultado se mostraron muy preocupados por buscar una vía de solución a sus gravísimos problemas.

 

En EE.UU. los “cambios” nunca suceden por casualidad. La era Bush con todas sus consecuencias negativas, con contestaciones internas, con su perfil desgastado y con un irritante engreimiento que fomentaba el desden hacia este país en el universo político, pedía a gritos modificaciones radicales en las formas de hacer, que permitiera al fin una recuperación paulatina de su antiguo poderío y recobrar el crédito “moral” perdido.

El mundo que se encontró Obama en el momento de acceder a la Presidencia, era demasiado hostil a los intereses del Gran Imperio. Otros protagonistas históricos subían al escenario con la determinación de representar su nuevo papel de imperio reemplazante y otros se estaban situando estratégicamente en condiciones que desprendían incertidumbre para los intereses de EE.UU.

Previamente hay que destacar que el descenso de sus reservas energéticas alcanzaban los registros mas bajo de toda su historia, a lo que le acompañaba dándole jalones que lo precipitaba por minutos hacia la debacle, una moneda otrora incomparable, que cedía terreno ante el empuje de sus análogas imperialistas fundamentalmente ante el Euro. Adversidades todas que le conferían debilidades que nunca antes había tenido,  después de que los mejores augurios vaticinaban como así ha sucedido, la entrada en quiebra de alcance casi incontrolable de su poderoso sistema financiero.

Con todo en contra los círculos propagandísticos washingtoniano, los superexpertos en marketing, los politólogos, sociólogos y sectores del poder mediático estadounidenses sugerían, al menos, un cambio de imagen en la Casa Blanca que llevase consigo un discurso más moderado y democrático, además apoyado en medidas que persuadieran al resto de las naciones de que las nuevas maneras iban en serio, de lo contrario ese mundo hostil acabaría por opacar al imperio.

Pero ¿Cuál era ese mundo desfavorable al que el nuevo presidente debería hacer frente? La pérdida de terreno por causa de la crisis venía a saciar los apetitos de expansión de nuevas naciones como China y Rusia, que fueron cubriendo los huecos que durante la resaca iban produciendo las exportaciones norteamericanas de calado más incisivo en América Latina. Rusia y China se apresuraron a ubicarse estratégicamente en busca de rentabilidad política y naturalmente económica. Las necesidades de crecimiento y las pretensiones de expansión de China se verifican en la intención de construir la acería más grande del mundo en territorio brasileño, en su capacidad económica que le autoriza ofertar la compra de OPEL y por último en su apuesta por entrar en YPF, filial argentina de Repsol. No olvidemos que China está muy cerca de alcanzar el segundo puesto como potencia económica que por ahora se le atribuye a Japón.

Rusia por su parte estrecha relaciones con Venezuela y países del ALBA, en respuesta política a la instalación de 10 interceptores de misiles en Polonia así como de unidades de radar en la República Checa como parte de la ampliación del escudo de Misiles Antibalísticos norteamericano (ABM) cerca de Rusia.

Mientras esto ocurre, las contradicciones de una política cicatera y desproporcionada, siempre rastreando al olor de extraer beneficios maximizados, pasan gruesas facturas que resultan impagables para los imperios. Las deslocalizaciones políticas que favorecían el ejercicio de influencias en los países que pertenecieron al campo del socialismo, como las que se realizaron al amparo de la explotación más brutal del proletariado incipiente de los países subdesarrollados de África y Asia, añadidos a las inversiones codiciosas en países emergentes y finalmente la política de importación especulativa de productos de toda índole baratísimos, efectuada en detrimento de la propia industria, se llevaron a cabo por las multinacionales y por los Estados imperialistas tras la caída del campo del socialismo lo que ensoberbeció su ya crecida vanidad. En aquellos momentos de euforia y de esplendor tanto EE.UU. como Europa se conducían por la certeza de dominar la situación sin sacrificio ni riesgo alguno.

Con la irrupción de la crisis lo que parecía beneficioso comienza a generar serias dudas. Los países destinatarios de las políticas deslocalizadoras e inversionistas, debido a éstas contribuyen al Producto Bruto Mundial con más del 50% con los productos elaborados en sus territorios lo que también ha coadyuvado al desarrollo de sus fuerzas productivas, pero ahora con los recelos fundados en que por una prolongación excesiva de la crisis, los gobiernos títeres se vean desplazados en futuras elecciones por otros menos reverentes a los intereses imperialistas, poniendo en peligro la estrategia de los déspotas neocolonialistas.

Por otro lado, los costos económicos y las muertes que acarrean la permanencia militar en Irak y las guerras en otros lugares, el desprestigio que le ha reportado Guantánamo, los conflictos con IRAN y Corea del Norte, la proliferación de gobiernos antiimperialistas en Latinoamérica agrupados en entidades supranacionales de nuevo cuño que se enfrentan a los organismos económicos internacionales dominados y manejados especialmente por EE.UU. conforman en su conjunto junto con lo anterior ese mundo adverso al que antes aludíamos y al que se le agregaba el descontento interno que iba en crescendo. Al imperio no le quedaba más remedio que “modificar” sus tácticas que no su estrategia o fin, que continúa siendo el mismo, el de someter bajo su férula a la humanidad a veces en competencia y en ocasiones en unicidad  con los otros imperios, dependiendo de la ubicación de cada cual en el momento dado y de sus correlaciones de fuerzas.

El discurso de la nueva presidencia se basó en tres medidas rectificadoras ejemplares: la retirada de las tropas de Irak, el desalojo de Guantánamo y el firme propósito de que nunca más EE.UU. impondría sus dictados a ningún otro país, en neta referencia al respaldo a gobiernos dictadores y a su “afición” a promover dictaduras fascistas tal y como se desprende de la intervención de Obama en el último encuentro de la OEA.

El nuevo mandatario corrió deprisa detrás de los acontecimientos para amanerar gestos que avalasen sus buenos propósitos y procede a asegurar verbalmente la retirada gradual de sus tropas de Irak, del mismo modo que comenzaría a desalojar Guantánamo. Sus voceros introducidos en todos los países del mundo orquestaron una vasta campaña a favor de sus medidas democráticas, pues el mundo capitalista, pese a sus apariencias de suma potencialidad e indestructibilidad siente la necesidad vital de la existencia de un país líder y guía que dado su poderío esté por encima de la voraz competitividad en el mercado. La burguesía y su sistema de producción sin los imperios serían demasiados frágiles y por ahora al sustituto o a los sustitutos de EE.UU. les quedan aún trecho largo y amplio por recorrer. En plena crisis el capitalismo busca su razón de ser además de su seguridad militar frente a sus enemigos de clase. No es por pura coincidencia que el Papa en su última encíclica propugne “una autoridad política mundial que goce de un verdadero poder efectivo para garantizar el desarrollo de la justicia y los derechos humano”.

Una vez iniciado, aunque tímidamente el camino que debería conducir a la puesta en práctica de las promesas realizadas por Obama no sin resistencia de militares e industriales, y como por arte de magia adviene el inesperado golpe de Estado en Honduras. Así pues, la tercera prueba que acreditaría el cambio del talante, se sucede ininterrumpidamente acompañando a las dos anteriores. El gabinete Obama “se opone” de inmediato el golpe. Sin embargo, la sombra de la sospecha es muy amplia y todo apunta a que EE.UU. conocía previamente que se iba a dar el golpe y consintió en ello, lo que quiere decir, que Obama miente y juega a las apariencias o que la Administración norteamericana camina por un lado y el consejo militar-industrial por otro, de todas formas el golpe posee connotaciones internacionales y constituye un aviso a las naciones que intentan construir una sociedad alejada de las influencias y dictados de EE.UU. y Europa.

¿Cuáles son los motivos que inducen a los usurpadores del poder a materializar el golpe? Para estos, el Presidente Zelaya actuaba bajo el influjo del paradigma “chavista”. Primero  al elevar el salario mínimo de la clase obrera pese a la oposición de los empresarios. A la par, y sirviéndose del modelo venezolano, impulsó programas de educación y de salud contando con la ayuda solidaria de médicos cubanos. Por otro lado, era muy conocida su simpatía y sus deseos de integrar a su país en el ALBA. Y finalmente y como también sucediera en Venezuela, Bolivia y Ecuador concibió un proyecto de modificación de la Constitución para obtener una cobertura  legal mayor  con la que consolidar los avances graduales que había emprendido y los subsiguientes, como también abrir brecha social de contenido profundo.

Como cabía esperar la derecha más recalcitrante de Latinoamérica celebró abiertamente en Caracas el golpe de Estado, mientras que otro sector de la derecha tenida por moderada, bajo la excusa de la no injerencia como en el caso de Uribe en Bogotá, salvaguarda a los golpistas y consagra el golpe. En EE.UU. resulta contradictoria la posición de la prensa más “prestigiosa” con las primeras declaraciones de Obama. Así  The Washington Post y The Wall Street Journal rechazan el calificativo de golpe de Estado ofreciendo argumentos que se convierten en una justificación para los golpistas.

Otro margen para la sospecha es el que se deriva de la solución propuesta por la Casa Blanca, o sea la negociación entre el presidente depuesto y el intruso, que compara a ambos en los mismos términos y grados y le concede carta de legalidad al golpista. La terquedad de la evidencia nos proporciona decenas de datos fehacientes que implica a EE.UU. en el golpe, como es la cercanía de su base militar en Honduras, la resistencia de los militares estadounidenses destacados en aquel país a cumplir las primeras “órdenes” de Obama de suspender las actividades militares conjunta con los militares hondureños, etc.

El golpe de Estado en Honduras no puede examinarse superficialmente ajeno e independiente a una táctica elaborada, madurada y pulida desde el corazón de los imperios, pensada para frenar el avance de las fuerzas progresistas y populares en Latinoamérica, auspiciadas por la presencia de Cuba y Venezuela. La trama contempla la colaboración interdisciplinar de los países acólitos de EE.UU. y Europa, cuyo centro difusor propagandístico opera desde Venezuela, en donde la llamada “televisión gorila” conectada con la burguesía internacional ofrece la coartada argumental que disculpa el golpe y alimenta a los reaccionarios del continente, avivando las esperanzas de aniquilar el “populismo” que poco a poco les rodea. Sus razonamientos se destinan a culpar a Zelaya de provocar el golpe de Estado al promover un referendo y una asamblea constituyente desde fuera de la Constitución.

Más repetimos, el golpe forma parte de un programa de acciones y actitudes que tiende a debilitar, fraccionar y después atizar la pena capital a los integrantes del ALBA. En este contexto debemos anexionar diversos acontecimientos dados últimamente. Como la grave acusación de Alán Garcia a Evo Morales de injerencia en su país con la ocasión de la matanza de indígenas en la amazonía, ocultando en principio el verdadero motivo del crimen masivo y a la vez calificar de peligrosa la existencia de la Bolivia de Evo. Todos sabemos que la matanza de indígenas es como consecuencia de que el pueblo autóctono se opone a los planes del gobierno de entregar el territorio nacional donde ellos habitan a potencias extranjeras.

Desde hace 30 años los gobiernos peruanos vienen cediendo a las transnacionales de petróleo y gas el 70% del territorio amazónico que ha conllevado la miseria y la pobreza  por favorecer al capitalismo imperial, de lo que empresas de EE.UU. Francia, España y Holanda entre otros han salido beneficiadas, entre ellas la anglo-francesa Perenco, Repsol (España), la canadiense Petrolífera Petroleum Limited, Petrobras y Pluspetrol, Global Steel Holding, Emerald Energy, Maple Gas Corporation, Golden Oil Corporation, Jindad Steel y Power, Petro-Tech, y otras.

En el mismo sentido, debemos incluir la operación llevada a cabo por Europa de escindir, prácticamente, disolver la Comunidad Andina de la que ya se había separado Venezuela por desavenencia, actualmente formada por (Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) a través de tratados comerciales impuestos por los imperialistas y que venían a establecer la liberalización generalizada de los servicios, las privatizaciones del agua y recursos naturales, la imposición de tribunales arbitrarios y la de los monopolios farmacéuticos, a lo que como grupo se opuso Bolivia, obteniendo los imperialistas la anuencia individual de los otros estados con determinadas prebendas.

El hecho sustancial consiste en debilitar al conjunto de los países con tendencia progresistas desde todos los flancos posibles.

En resumidas cuentas, Obama puede que represente al sector más progresista del imperialismo norteamericano y puede también, que convenga a aquél otro que persiste en una política reaccionaria y radical para ocultarse detrás de su “democrática” imagen, pero la realidad resalta sobre toda especulación y por encima de vanas esperanzas. Obama ha sido catapultado al liderato por poderosas empresas multinacionales y por bancos americanos muy influyentes con la misión de perpetuar el poder del imperio así lo demuestra el acuerdo adoptado con Colombia para la utilización por las fuerzas militares estadounidenses de siete bases militares en aquel país, que el gobierno colombiano lo justifica en “una preocupación legítima con la actividad de las (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) FARC en la frontera”, y además para el control y vigilancia de las zonas que limitan con Ecuador y Venezuela.

 

 II

 

En el continente americano de continuar la táctica de asedio se avecinan acontecimientos tormentosos. Los países que orbitan alrededor de los imperios se prestan a incordiar a las naciones que proclaman su derecho a conducirse por el camino de la independencia con el deseo de forjar su propio destino, detrás como siempre EE.UU. pero con fisuras inocultables que constituyen el centro de las miras de Rusia, China, Japón y de la propia Europa, agazapadas y dispuestas a extraer el máximo provecho de las repercusiones que pueda tener la crisis en Norteamérica y a beneficiarse de las diferencias entre dicho imperio y las naciones autónomas.

Sin embargo, la crisis ha puesto también al descubierto los puntos débiles del imperialismo europeo, su dependencia política y en gran medida económica con respecto de Norteamérica (cruce de inversiones y mercados) puede acarrearle graves problemas de difíciles soluciones, por ejemplo, el “paragua antibalístico” yanqui ubicado en su centro geográfico la emplaza a un enclave muy delicado en relación con Rusia y Corea del Norte. Tampoco le reporta muchos bienes andar a remolques de las decisiones militaristas unilaterales de EE.UU que como se demostró con la invasión en IRAK activa a la opinión pública continental enfrentándola a sus gobiernos respectivos, a la par que movilizó a millones de trabajadores.

A todo ello habrá que unirle que las instituciones supranacionales europea y su carta magna, en una palabra su comunidad económica y política, pese a las últimas incorporaciones están siendo cuestionadas por los pueblos, que plebiscito tras plebiscito manifiestan su indiferencia y desdén, cuya causa hay que buscarla  en la insatisfacción popular por sus gobiernos estatales, que siguiendo las directrices de los jerarcas continental además de minorar paulatinamente los derechos y libertades de las masas, producen corrupción a raudales síntomas de un sistema que pide a gritos su sustitución por otro más justo y acorde con la sociedad moderna. Es significativa la última encuesta llevada a cabo en Inglaterra en la que el pueblo inglés por amplia mayoría coincide en que un gran porcentaje de los políticos son corruptos.

Las circunstancias políticas y económicas de Europa ofrece el atractivo de que sus fuerzas productivas muy desarrolladas es sorprendida por la fragilidad del “Estado del bienestar social” incapaz de satisfacer las necesidades de los trabajadores que se ven afectados en gran proporción por los efectos más perniciosos de la crisis, como son el paro y la pérdida de su calidad de vida. Europa entera debate sobre la necesidad de establecer condiciones más duras para la obtención de subsidios de desempleo y propende al empeoramiento de las disposiciones legales para acceder a la jubilación.

Está claro que la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las actividades inherentes a las relaciones de producción existentes, dan por cumplidas las teorías de Marx acerca de la revolución socialista, pero el movimiento comunista europeo (salvo excepciones gloriosas) no está en condiciones de dirigir a sus trabajadores a la colisión interclasista.

 

III

 

La integración de España en la UE y en la OTAN la hace tan vulnerable  a los vaivenes económicos como a sus socios de ambos organismos, pero con una salvedad que agranda la onda expansiva de cualquier estruendo crítico, como sucede en la actualidad. La economía española se ha basado casi exclusivamente en la construcción y en el turismo, es decir, no existía ninguna relación con la realidad del pueblo, por este motivo el consumo no indicaba la capacidad económica de los consumidores, sino que residía en la especulación económica basada en inmuebles sobrevalorados y en el endeudamiento estimulado por las tarjetas de créditos y por la hipotecas “fáciles” y puentes, que apresaban al hipotecado para toda la vida, por lo que el mantenimiento de la actividad productiva sobre estas “doctrinas”, vislumbraba desde hace bastante tiempo la gran hecatombe. Los gobiernos y los burgueses poco podían hacer a pesar de las voces que se alzaban contra un tal tipo de economía que tenía sus días contados, pero el sistema capitalista es irracional y su inercia incontrolable.

Lo que prueba que el capitalismo está agotado, todas las fórmulas inventadas y reinventadas por los economistas resultan ineficaces y el sistema marcha a la deriva. El tiempo de gestación de la crisis y el de la crisis misma se caracteriza por la falta de claridad en las alternativas del gobierno y de la oposición. El gobierno actúa imprevisiblemente intentando tapar los agujeros que se abren a diario, la oposición fustiga al gobierno sin presentar sus opciones, porque en realidad no las tiene, salvo dar pasos hacia atrás y con su asedio al PSOE, solo busca el desgaste de éste.

Las consecuencias de la crisis son enormes. Ya se baraja la cifra de cinco millones de parados de aquí a un año. 300.000 comercios han cerrado sus puertas en lo que va de año. Solo en Cataluña hay más de 100.000 trabajadores que han agotado las prestaciones por desempleo… Mientras tanto todas las voces claman un pacto político y social para salir del atolladero, prueba inequívoca de la manifiesta incapacidad de los dirigentes actuales, debido a que el capitalismo apenas ofrece ya resquicio por donde penetrar un rayo de luz y todos quieren comprometer a todos en estos momentos cruciales.

También las reuniones fallidas entre gobierno, patronal y sindicatos ponen de manifiesto el agotamiento de las alternativas, todas ellas (las de la patronal) son arcaicas, superexplotadoras, que no sacarían al país del lugar en que se encuentra, naturalmente, al nivel capitalista. Gobierno y sindicatos acuden a las reuniones deseosos de llegar a un acuerdo, pero ¿a qué acuerdo? ¿Cuáles son sus propuestas? Conocemos las de la patronal, que lo quiere todo a la vista de la debilidad de sus adversarios, pero estos, no nos dicen nada de lo que pretenden conseguir. Está claro, los sindicatos no están por las luchas ¿para qué si no tienen objetivos? Lo único que desean es que exista un acuerdo con el que justificar su pasividad, su traición delante de los trabajadores. Pero la patronal que pide lo absoluto pone en peligro el futuro del PSOE. Esta es la razón de no llegar a un acuerdo, que los sindicalistas hubiesen firmado de conseguir un “mínimo” que presentar como triunfo. Ahora bien, la patronal al igual que el PP juega al desgaste mientras tanto espera conseguir sus frutos, pues no podemos olvidar que oficialmente tanto por nuestros gobernantes como por la instituciones económicas supranacionales, se asegura que la economía española es una de las más perjudicada de la crisis y se vaticina además que una vez comience a recuperarse, sus efectos no repercutirán en un descenso del desempleo, por el contrario, éste se verá incrementado a pesar de la recuperación durante un  periodo prolongado. Por consiguiente, la patronal y el PP juegan con el tiempo a su favor y con los nervios del gobierno.

España se ha convertido en un eslabón muy débil de la cadena imperialista, los dirigentes esperan un milagro, es decir, que la recuperación de otros países  lleve en volandas la recuperación también de la economía de nuestro país, las condiciones para el desencadenamiento de grandes luchas están dadas.

 

 

 

 

 

IV

 

            La actual crisis debido a su profundidad y a las consecuencias que origina, ha servido para desmentir afirmaciones que se habían extendido prácticamente por todo el mundo, como que los trabajadores no se movilizarán contra el capitalismo mientras tengan coche, casa, televisión etc. y aunque la historia de la lucha de clases ha dado ejemplos brillantes y oscuros que demuestran que no es verdad; sin embargo, ha calado en los ignorantes y en los traidores de la clase obrera, quienes pretenden siempre justificar sus impúdicas acciones imputándoles a los trabajadores una supuesta y consustancial apatía, que tácitamente es la culpable de sus males.

            Cuatro millones de parados golpeados por porcentajes ya alarmantes de precariedad económica doméstica, de embargos de pisos, de retiradas de coches, de enfermedades provocadas por su situación de desempleo, son datos que deberían hacer reflexionar al más retrógrado en su visión parcial de lo que sucede a su alrededor, con la voluntad de que rectifique sus posicionamientos. Después de sufrir tantos atropellos y de soportar tantas penalidades sin haber sido los causantes de la crisis, el comportamiento de los obreros evidencia que tales circunstancias no son suficientes para que se levanten contra el capitalismo.

            Más los ignorantes y los traidores miran hacia otro lado y como siempre resuelven sus contradicciones  por el camino más fácil, el de las conjeturas infundadas. Ahora prescinden de las citadas condiciones que tenían que darse para que los trabajadores se movilicen porque no encajan en el curso de los acontecimientos y con una sentencia tan simple como irracional se zafan de su responsabilidad, pues con solo decir que los trabajadores no quieren saber nada creen explicarlo todo.

            Cabe manifestar, que ambas respuestas no brotan indeliberadas en las cabezas de nuestros descerebrados. El pensamiento humano, no se produce espontáneo y dado que el pensamiento es el reflejo de la realidad objetiva en nuestro cerebro, es lógico que la interpretación fiel o aparente del mismo de esa realidad objetiva o condiciones dadas, se deba al grado de cultura política, económica e ideológica adquirida por el receptor, o lo que es lo mismo por su práctica revolucionaria. La burguesía conoce del mecanismo y lo emplea convenientemente para sus intereses. Tanto una como otra respuesta son las derivaciones analfabetas de la famosa consigna burguesa que inculca en las masas que la naturaleza inapelable de la especie humana es  la maldad generada y suministrada por los genes, como una especie de determinismo idealista. Pero mientras la burguesía procura darle un carácter científico a sus interesadas afirmaciones, los traidores e ignorantes pertenecientes a las clases trabajadoras utilizados de medios difusores de la ideología capitalista entre sus compañeros, se lo transmiten a estos de una manera torpe sin reparar en sus contradicciones.

¿Los trabajadores no quieren saber nada? ¿Es ello cierto? En absoluto. Si interpelamos al obrero más atrasado del mundo que se jacte de ser apolítico, veremos que no es verdad lo que se dice de su “ignorancia política” y por supuesto de su alejamiento de la política. Conoce todo cuanto la burguesía quiere que sepa del pasado, del presente y del futuro de la historia humana y a la hora de expresarse lo hace con un magisterio popular casi incontestable, con una seguridad en sí mismo que termina por apabullar al militante comunista más débil, este obrero se convierte también en transmisor de las ideas burguesas. El obrero nos dirá que en Rusia hubo un sistema cruel, que Stalin mató a millones de soviéticos, que en Cuba existe un dictador, que Chaves está desequilibrado, que los palestinos son terroristas, todo esto sin leer un solo libro y sin apenas tener tiempo de ver la televisión. Es decir, su cabeza abarca conocimientos de todo el universo político e ideológico, que a su manera relata con machacona reiteración y simpleza pero con probada firmeza, para que su adversario no le responda. Pero si conoce ese mundo distorsionado que dista de él miles de kilómetros y decenas de años, en cambio desconoce cuanto sucede a su alrededor en este momento, ni siquiera sabe del vecino que vive en el piso de enfrente al que le separa un descansillo. Puede que no tenga idea de que su familia malvive, de los parados de su barrio, de que en España hay comunistas encarcelados, pero como decimos sabe y lo utiliza de “defensa”, todo cuanto le interesa y favorece a la burguesía. Por tanto, lo que los trabajadores no entienden o no saben, es lo que le afecta a los intereses de su clase. Lo primero corresponde enseñárselo a la burguesía y ella sabe cómo hacerlo, lo segundo debe ser obra de los comunistas y para esta labor nos constituimos en partido.

Porque ¿Acaso la burguesía tiene un don especial para convencer al obrero? ¿Por otra parte es tan idiota el obrero que se dejar engañar por el capitalista hasta el extremo de bendecir sus guerras y de portar las armas a propósito para amparar los intereses de sus amos etc.? Es cierto, el burgués posee los poderosos medios de comunicación para modelar la mente y se gasta millones de euros en la tarea de hacernos a su imagen y semejanza, pero con saber esto y repetirlo hasta la saciedad no vale, salvo para ocultar nuestra ineficacia o vaguedad. Además, la inmensa mayoría del pueblo no lee y son contadas y muy concreta la tipología de programas que habitualmente ven por televisión y escuchan en la radio.

Ergo sorpresivamente, la burguesía está presente en todos los lugares que frecuenta el trabajador a través de los traidores u oportunistas. Podemos decir que si la burguesía tiene los medios de comunicación, el partido tiene también otros medios más cercano al pueblo debido a que somos pueblo y convivimos todos los días y todas las horas con él, medios que de utilizarse y además adecuadamente, anularían a los del Estado y a los de los patronos por muy grandes y omnipotentes que sean, pero resulta que en estos lugares frecuentados por el pueblo, en vez de estar los comunistas, están presentes los voceros del capitalismo, mientras los comunistas nos lamentamos o no entretenemos en discutir sobre lo divino y lo humano entre nosotros mismos.

Los comunistas podemos gozar de la convivencia, a veces íntima con el pueblo, porque repetimos somos pueblo. Tenemos tribunas muy cercanas a los trabajadores dentro y fuera de  los centros de trabajo, asociaciones de vecinos, comunidades de vecinos, asociaciones deportivas, culturales,  asambleas fabriles, la octavilla, el periódico, charlas coloquio. Convivimos con él también, en el supermercado, en la piscina, en el autobús, o sea en todos los lugares. El burgués actúa como tal y ¿nosotros hacemos lo propio?

Los burgueses procurarán identificar al comunista como un ser deleznable delante de los trabajadores para  neutralizar cuanto pueda hacer y decir. Se inventan patrañas, le despide de los lugares de trabajo antes de que pueda manifestarse como comunista. El burgués teme a la asamblea de trabajadores, teme al sindicato, teme a la huelga, porque le da pavor que sean los comunistas los que dirijan a los trabajadores hasta esas situaciones a modo de auténticos comunistas, o que de dichas actividades surjan los comunistas.

Qué significa ser comunista. Sencillamente, ser militante, que quiere decir que se entronca con sus compañeros, vecinos, amigos, asociados, que descubre delante de ellos al quintacolumnista burgués sea quien sea. Y aquí está la clave de todo, sin luchar contra el oportunismo (el infiltrado burgués en las filas del pueblo) a vida o muerte jamás podremos llegar al pueblo, jamás venceremos a la burguesía. Esta consigna leninista cobra mayor actualidad tras el endurecimiento de la represión que se está llevando a cabo por la parte de la patronal.

Hay que tener presente siempre que en el momento mismo que descubrimos y atacamos al oportunista, en ese instante también desenmascaramos las mentiras del burgués y del Estado. Pero ¿cómo se combate al oportunismo?

 

El oportunismo suele actuar de las siguientes formas:

 

·         Delimitando la práctica del obrero al economismo, al convenio colectivo, a los tres euros. Armándose de una teoría bastarda y burda con la que justificar su conducta traicionera.

·         Ocultándole a los trabajadores y al pueblo cuanto sucede en el movimiento obrero y en el mundo político en general que le rodea para mantenerlos en la irrealidad.

·         Realizando una labor política de zapa bis a bis con los trabajadores, asociaciones vecinos etc.  difundiéndoles las patrañas burguesas sobre Cuba, Venezuela etc.

 

¿Cuáles son las consecuencias de la conducta de los oportunistas?:

 

·         Ensimisma al obrero en el convenio colectivo, por lo que las posibilidades de luchas son mínimas. Debido a que el Índice de la carestía de vida se establece convencionalmente como referente de los convenios colectivos, las diferencias entre la oferta del patrón y la demanda de los obreros son mínimas, resulta pues pernicioso a veces, ir a la huelga por un dinero ridículo que la misma huelga absorbe.

·         Al no existir conexión entre los centros de trabajo, cuanto ocurra en uno de ellos en vez de actuar de acicate y estímulo para los demás, se convierte en todo lo contrario, en un mal precedente, porque la defensa del despido de un compañero de otra empresa si no cuenta con la solidaridad de clase es una batalla perdida casi segura, infiriendo en el movimiento obrero psicología de impotencia a la vez que cubre al patrón del aura de la indestructibilidad.

 

Ante la situación dada, el partido comunista debe responder resueltamente, primero con  orgullo. No podemos permitir que la sinrazón triunfe sobre la verdad y para que no suceda, desde ya debemos ser conscientes, de que las prédicas que se basan en que la clase obrera no quiere saber nada porque no reacciona ante las arbitrariedades, es un argumento que nos favorece, dado que en el fondo apela a la espontaneidad, a la reacción impulsiva en su afán de negar al partido marxista-leninista; sin embargo, los trabajadores con su conducta reclaman la presencia de una dirección-guía aguerrida y preparada, esa es el Partido Comunista.

Los comunistas somos la antítesis de la burguesía y del oportunismo, con la ventaja de que conocemos la relación entre la psicología y la conciencia del obrero. Como tal antítesis obraremos en la dirección antagónica. Al economismo opondremos la ideología y la política, al individualismo la unidad de los centros de trabajo, al oscurantismo el protagonismo de los trabajadores.

Comenzaremos por decir que los trabajadores de un centro de trabajo no solo deberán conocer cuánto pasa en su gremio o en el movimiento obrero de su ciudad, sino en todo el movimiento obrero, deben conocer todo cuanto sucede en la ciudad y el campo, los crímenes ecológicos, los problemas de los pequeños campesinos que atañen a los precios de nuestro consumo, es decir, todo lo que está sucediendo en nuestro país, y lo que concierne a la clase obrera de los demás países, pues el mundo capitalista es uno solo, concatenado.

Si queremos que los trabajadores se enfrenten a la política del burgués y del oportunismo, el partido comunista tiene forzosamente que destruir el mundo que estos les han creado en la cabeza. ¿Cómo? Hablándoles de política, de la fuerza invencible que tendrían si estuvieran unidos. Utilizando todos los medios de que disponemos que no son pocos. El partido comunista es ante todo político, si no habla de política y de ideología traiciona sus principios y traiciona a los trabajadores. No se puede hacer una octavilla para explicarle a los trabajadores de un centro de trabajo cómo debe ser su convenio, mejor que ellos nadie lo puede saber. No escribiremos a los estudiantes sobre el Plan Bolonia, porque nos sorprenderán con sus conocimientos al respecto. Pero le hablaremos a los trabajadores de los estudiantes, de sus problemas, le contaremos a los estudiantes cuanto sucede en el movimiento obrero. Nuestra tarea es universalizar sus conocimientos, transmitirles todo cuanto sabemos. Si la clase obrera es la clase llamada a desempeñar el papel de dirección de la revolución y para lo cual tiene que procurar movilizar a su alrededor al pueblo en general, ha de tener por tanto amplios conocimientos de los problemas generales para aportar sus soluciones, de lo contrario, cada sector popular marchará por su lado como está sucediendo actualmente.




Los nuevos cambios económicos nos obligan a estar alertas

Han pasado varios meses y todo lo más que escuchamos en relación con la crisis es que no acabará hasta finales del año 2011.

Un partido revolucionario está obligado a seguir muy de cerca continuamente los cambios que se operan en la sociedad capitalista, con el fin de evitar el anquilosamiento.

Sin el conocimiento exacto de la composición de las fuerzas productivas de nuestro país, sin estar al día de las fluctuaciones que se operan en el interior de la clase obrera, estamos condenados al fracaso, a usar viejos análisis superados ya y no menos envejecidas tácticas, una vez que la presente crisis haya tocado a su fin y ante nosotros se yerga una nueva fisonomía de las  actuales estructuras económicas, inevitablemente enlazada a la economía mundial contemporánea.

 

La nueva semblanza de la economía productiva incide en el movimiento obrero en sus correlaciones de fuerza en el ámbito sindical, por la pérdida de comités de una u otra tendencia; también, ofrecerá incidencias ideológicas porque surgirán nuevas tendencias revisionistas al calor del trasvase de individuos pertenecientes a la pequeña burguesía arruinada a las filas del proletariado, dependiendo del sector económico de donde proceda las nuevas inclusiones, etc. etc.

  Nuestro país  se caracteriza por la presencia en la economía de una flota muy importante de pequeñas empresas y aunque el sistema reproduzca constantemente a las pequeñas burguesías, hasta ahora un volumen considerable de ellas brinda la particularidad de estar adosadas directa o indirectamente a las multinacionales, monopolios y a las grandes empresas nacionales. Al entrar en crisis determinados  sectores industriales, cantidades ingentes de  pequeñas empresas desaparecerán sin posibilidad alguna de reconstruirse.

Aún es pronto para vaticinar los cambios que desde que comenzó la crisis están generándose desde las entrañas del sistema, solo tenemos indicios de movimientos susceptibles de variar y muy profundamente. Algunas ramas de producción se debilitarán de manera notable y otras tocarán techo, no ascenderán más, aunque se mantendrán en un buen nivel, mientras que la propia crisis alumbrará otras empresas de los ramos más vigorosos y menos implicados en la depresión que se desarrollarán más rápidamente.

 Aprovechando que la crisis afecta financieramente en mayor medida a los países desarrollados se observan movimientos de naciones hasta ahora menos incisivas hacia lugares que se van a ver desguarnecidos por sus antiguos “colonizadores”. America Latina tendrá gravísimos problemas para exportar sus productos ante la bajada espectacular del consumo en estos países y también encontrará trabas en la importación hasta que los efectos de la crisis no hayan desaparecidos del todo en los países vendedores.

En este sentido Rusia, China e Irán comienzan, recomienzan e intensifican sus relaciones con América Latina, con miras a responder no solo a sus necesidades económicas, también a posicionamientos políticos.

Las relaciones entre Rusia y los países caribeños avaladas por el comercio energético entre otros, le permite obtener permiso para que su armada realice ejercicios militares cerca del corazón imperialista en respuesta a la instalación por parte de EE.UU. de  un escudo antimisiles en Polonia y la República Checa.

Por su parte Irán ha iniciado su penetración, aún en proporciones modestas (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua) con lo que también tiene la intención de “captar” aliados diplomáticos que les reconozcan su “potencial” regional, a la vez que por esta vía pretende romper el aislamiento internacional, producto de la agresiva política yanqui contra su programa nuclear

China que contaba con una presencia económica importante ha multiplicado sus relaciones comerciales hasta alcanzar los 150.000 millones de dólares en 2008 cuando en el año 2000 apenas alcanzaba los 12.000 millones de dólares. Lo importante para China es que junto a África, América Latina le satisface su insaciable apetito de materias primas (petróleo, cobre, hierro, soja…) a la vez que encuentra un mercado a propósito a sus mercancías baratas. Políticamente China pretende adquirir apoyos diplomáticos para el aislamiento internacional de Taiwán, lo que constituye su principal objetivo.

  También podemos notar que algunos sectores son especialmente afectados por la crisis, como el inmobiliario, hipotecario, construcción, tecnología de la información y turismo, mientras que los sectores sanitarios, energéticos, la agricultura, el comercio y algunos servicios, son los que sufren menor incidencia o ninguna.

Como corolario de las previsiones sobre su duración nadie se atreve a pronosticar cuales son realmente los sectores económicos que permanecerán incólumes y con fuerzas de impulsos y qué otros nuevos pueden aparecer con suficiente ímpetu y confianza. De ahí que la banca retraiga sus inversiones hasta no estar segura de adónde debe hacerlo y a partir de ahí planificar la sociedad postcrisis.

La Banca siendo como es la principal causante y asimismo la más afectada por la crisis, se está fortaleciendo con las subvenciones estatales y con fusiones que le posiciona de nuevo en el eje de la economía mundial.

 En estos momentos de transición tímidamente iniciada la posición del Partido es estar a la expectativa, seguir de cerca los acontecimientos e investigar sobre las mutaciones que se vayan operando que tendrán su reflejo político e ideológico. Nuevas tendencias apologéticas del capitalismo sobre su pretendida capacidad para renovarse ante la ausencia de la lucha de clases (incidirán mas todavía en que ya no existen clases sociales) vendrán a substituir las antiguas, enterradas por la crisis.

Y tenemos que estar muy atentos a todo lo que suceda, porque tendrán también una enorme repercusión en el movimiento obrero, en el comportamiento de la patronal y de los gobiernos capitalistas. Muchos de los fenómenos sociales arraigados en el pasado quedarán obsoletos.

 Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español