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La lucha ideológica en el capitalismo

Que el capitalismo actual, en su fase imperialista, ha entrado en bancarrota y que sólo le sostiene la guerra ideológica no es algo que, por evidente, vaya a ser nuevo. El capitalismo ya cumplió con su misión histórica que fue desarrollar al máximo los medios de producción. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes y esto se convierte en una traba para el progreso social, no quedando otra alternativa que la muerte de un sistema caduco e inhumano, para que nazca otro que armonice las relaciones de producción con las fuerzas productivas. El capital está intentando por todos los medios no perder la batalla de esa desarmonización en un intento de perpetuarse, pero, la realidad, una vez más, le viene a desmentir.

Tenemos un ejemplo en el teletrabajo, que es el último método para sostener la ganancia capitalista. El capitalista atribuye al debe del obrero una parte de capital constante (medios de producción) necesario para el desarrollo de la actividad económica, convirtiéndose ya en completamente innecesario, en un escenario donde el capital variable (fuerza de trabajo) pierde peso en pos del capital constante, debido al desarrollo extremo de los medios de producción propios de la fase del capitalismo putrefacto, la imperialista. Por eso es la nueva fórmula de trabajo que progresivamente se impone.

Respecto al capital variable, el teletrabajo crea un escenario donde el precio de la hora/trabajo está completamente desregulado y al capitalista le permite aumentar la intensidad del trabajo para mantener la misma cantidad de plusvalía sobre un capital variable que, como ya dijimos, mengua debido al desarrollo extremo de los medios de producción, que sustituyen a los trabajadores por la tecnología, que son propios de unas nuevas relaciones de producción más elevadas y que son la prueba de que es ya imposible armonizar las fuerzas productivas y las relaciones de producción bajo el sistema capitalista.

Por otro lado, la inteligencia artificial es el triunfo definitivo del capital constante sobre el capital variable y la puerta de entrada a unas nuevas relaciones de producción. Es la automatización del trabajo intelectual. Esto está generando un ejército industrial de reserva que se hace insostenible para las relaciones de producción capitalista y que facilitan la apropiación social de los réditos del trabajo. La figura del capitalista, que vive de la explotación del trabajo asalariado, se hace ya completamente innecesaria y ya no le permite extraer plusvalía de un capital variable que bajo la influencia de la inteligencia artificial está prácticamente extinguido.

La vanguardia obrera, por su organización y su conciencia de clase, debe insuflar ideología obrera a la clase trabajadora. Debe ser capaz de explicar al obrero este estado de cosas para que se ponga en marcha y supere la guerra ideológica llevada a cabo por el capitalismo. Sólo hay que imprimir carácter social al rédito del trabajo y no como mercancía para la apropiación privada, pero esto no ocurrirá sin la resistencia violenta de los explotadores. Su superación permitirá la entrada a unas nuevas relaciones de producción armonizadas y más elevadas, las socialistas. Por eso, desde el PCOE, hacemos un llamamiento a la clase obrera a organizarse en nuestras filas y a participar en el enterramiento de este monstruo asesino que parasita la producción social y que viene chorreando lodo y sangre, ya que en su fase imperialista sólo puede sostenerse por el expolio y la guerra en su insaciable lucha por conseguir nuevos mercados.

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




O acabamos con el capitalismo o éste acaba con la humanidad

El capitalismo, por definición, es un sistema que se fundamenta en la desigualdad social y el robo, todo ello sustentado por la fuerza de la violencia, concentrada en lo que es el Estado burgués o capitalista.

La riqueza amasada en unas pocas manos es la consecuencia de la muerte por hambre, sed y enfermedades curables de centenares de millones de seres humanos y de la miseria y falta de presente y de futuro de miles de millones de personas.

Hoy el capitalismo se halla en la bancarrota y la única manera que los monopolios tienen de sostener, y no por mucho tiempo, el poder político y económico del mundo es mediante la guerra imperialista, asesinando a millones de seres humanos que les sobran y dándose dentelladas entre ellos, pues el capitalismo fomenta el canibalismo no sólo entre las diferentes capas de la burguesía sino entre los propios monopolios.

La caída de la URSS, del denominado campo del socialismo real, sirvió al imperialismo para devorar económicamente a pueblos enteros, engulléndose la riqueza que poseían dichos países; un imperialismo en su esencia donde EEUU, como caudillo de la reacción mundial, interviene militarmente en cualquier punto del planeta con el apoyo incondicional de sus socios, descollando la UE. Sin embargo, el balón de oxígeno del saqueo de la Europa del Este y de la deslocalización de la producción hacia Asia al objeto de acrecentar los beneficios de los monopolios con la sobreexplotación más descarnada, escasamente le duró una década y ya, a mediados de la primera década de este siglo, estalló la crisis de las subprime que se llevó por delante el sistema bancario.

Los capitalistas no dudaron en endeudar a los estados y en generar dinero ficticio a través de los bancos centrales para salvar a los bancos, a la par de expulsar a millones de trabajadores de sus puestos de trabajo y agudizar la sobreexplotación, esto último que también es siempre una constante del imperialismo. En paralelo, las guerras imperialistas y los conflictos interimperialistas ganaban intensidad en el norte de África, en Oriente Próximo, al objeto de modelar el mundo, y concretamente el expolio de los pueblos, en base a los intereses de las fuerzas imperialistas dominantes.

Con dichas medidas económicas adoptadas para salvar al capital financiero, a la banca, se endeudaron los estados transformando la crisis hipotecaria en crisis de deuda de los estados, generando dinero ficticio a espuertas. Y con ese dinero ficticio también se origina la consecuente crisis inflacionaria, puesto que se inyecta un dinero que no refleja un incremento de la riqueza y, por tanto, se devalúa el valor del dinero con respecto a las mercancías y los servicios, empobreciendo todavía más a la clase obrera.

Asimismo, la competencia interimperialista potencia el desarrollo de la automatización de la producción y de los servicios, desajustando todavía más la composición orgánica del capital con el objetivo de minimizar el capital variable y, por tanto, expulsar a millones de trabajadores al paro forzoso.

La mal llamada guerra de Ucrania, pues como todas las partes admiten no es una guerra entre Rusia y Ucrania sino de Rusia –como parte de los BRICS o grupo de países imperialistas emergentes– contra la OTAN –potencias imperialistas en declive-, como dijimos en su momento, es un conflicto interimperialista que lo que persigue es armonizar el poder económico con el poder político a nivel planetario, cambiando el sistema financiero mundial y quitándole a un estado en bancarrota económica como EEUU la prerrogativa de disponer de la moneda mundial de intercambio, el dólar, elemento fundamental de interferencia económica de esa potencia imperialista en la economía mundial.

Por si alguien tenía todavía alguna duda de ello, el reaccionario dirigente de la UE y lacayo norteamericano del PSOE José Borrell las disipó completamente esta semana en una entrevista en la CNN diciendo lo siguiente: “(…) no podemos permitirnos que Rusia gane esta guerra ya que los intereses de la UE y de EEUU se verían seriamente dañados. No es una cuestión sólo de generosidad, no es una cuestión de apoyarles porque amamos al pueblo ucraniano, es una cuestión de nuestro propio interés, una cuestión de EEUU en su papel de representante del interés global”.

Esta misma semana, el CEO del monopolio financiero norteamericano BlackRock, Larry Fink –el cual tiene amplios intereses en Ucrania pues es quien controla lo que se denomina Fondo de Desarrollo de Ucrania, o lo que es lo mismo el que domina al estado ucraniano al controlar gran parte de su deuda–  mediante una carta  advertía del inminente estallido de “la crisis de jubilación” y de la Seguridad Social en EEUU, indicando abiertamente no sólo que la edad de jubilación debe ampliarse sino que la crisis de la Seguridad Social y de las pensiones se agudizará a medida de que los avances médicos alarguen la vida de las personas.

Asimismo, en la misiva da como cierta la premisa de que las nuevas generaciones de obreros vivirán infinitamente peor que las anteriores, que en absoluto han vivido bien, pretendiendo exculpar al responsable de esa realidad –el capitalismo– confrontando y dividiendo a la clase obrera en función de su edad: “No es de extrañar que las generaciones más jóvenes, los millennials y la Generación Z, estén tan ansiosas económicamente (…) Creen que mi generación – los baby boomers – se han centrado en su propio bienestar financiero en detrimento de quien viene después. Y en el caso de la jubilación tienen razón”, para concluir que la salida a la crisis de las pensiones pasa por hacer que los estados se desentiendan completamente de las pensiones y sean los trabajadores los que pongan su “ahorro” a disposición del capital financiero, es decir, a disposición de monopolios como el suyo, para poder tener acceso a una pensión. Lo expresado para EEUU, un país que no tiene sistema público de pensiones, pero del que reconoce este oligarca que la Seguridad Social no podrá hacer frente al pago de subsidios en 2034, anuncia la realidad de la economía de los países de la UE y de la bancarrota de ésta.

Los oligarcas, a las claras, señalan que un incremento en la esperanza de vida de la clase obrera –consecuencia del avance tecnológico y de la ciencia y, por tanto, de la medicina– es un problema económico para el capitalismo, al igual que desde hace una década ya lo advirtió Christine Lagarde cuando era dirigente del FMI indicando que el incremento de la esperanza de vida era un riesgo para la economía mundial. Y una de las maneras que tienen de quitar ese riesgo de la economía mundial es asesinando al excedente de población que, según esos oligarcas, lastran su voracidad económica para amasar cada vez más riqueza a costa de empobrecer a la humanidad y liquidarla. Y para asesinar a ese excedente de población se envenena a la humanidad con armas biológicas (en nuestra opinión la COVID-19 debe ubicarse en esta vía), se privatizan los servicios públicos –empezando por la sanidad– y se eleva el coste de vida a la par que se deprecian las pensiones, limitando así la vida de los ancianos obreros y, por último, los imperialistas llevan a la guerra a los pueblos.

EEUU y la UE, como potencias imperialistas en declive –acentuado por el avance del desarrollo tecnológico, de la Inteligencia Artificial, que hace que el liderazgo económico hoy se haya desplazado hacia potencias imperialistas emergentes como China y otros países BRICS que también controlan el acceso a las materias primas y los recursos energéticos–  no tienen más salida que empujar a sus pueblos a la guerra para tratar de seguir manteniendo una hegemonía económica y política que, a tenor del desarrollo económico mundial, ya no les corresponde.

En la UE el 25% de los niños se hallan en riesgo de pobreza. Y fruto de la pobreza creciente de la clase trabajadora y de la situación de precarización de los hogares obreros, 11 millones de niños sufren enfermedades mentales según afirma UNICEF, siendo España el país de la UE con más niños en riesgos de pobreza o exclusión social, en torno al 30%.

En los países de la UE se suceden los despidos colectivos y los cierres de empresas, liderando las empresas tecnológicas estos despidos como consecuencia del desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Los economistas del capital, como Niño Becerra, reconocen que el sistema está en las últimas cuando afirman que una mayoría de la población joven no va a trabajar en su vida y admiten que en un plazo medio las tasas de desempleo se establecerán rondando el 40%. No obstante, a pesar de mostrarle este vocero del capital la situación del sistema, envía el mensaje al pueblo trabajador que, aunque viva mal, malvivirá gracias a migajas que el Estado supuestamente le proporcionará. Por ello habla de la imposición de una renta mínima vital, de ocio barato y de marihuana legal; en definitiva, el mensaje de la Agenda 2030 de que “En 2030 no tendrás nada y serás feliz” emanado del FMI en 2016 y reiterado por el Foro de Davos en 2021, o lo que es lo mismo, hacerle el cuerpo a la clase obrera a aceptar malvivir ante la nefasta situación del sistema y hacer que los trabajadores acepten esta realidad sin rechistar, sin contestar a un sistema criminal y moribundo que no puede satisfacer las necesidades de la humanidad.

En realidad, ese es el placebo que el imperialismo pretende presentar a la mayoría obrera ante la bancarrota del sistema y el devenir que éste nos depara para tratar de desviarla de la confrontación contra el sistema.

Los hechos, sin embargo, van por el camino dictado por los monopolios, por el de la liquidación de las pensiones públicas, de la seguridad social, de la sanidad y la educación públicas, de la guerra imperialista. En el Estado español, la patronal está en el proceso de liquidación de las pensiones públicas con el apoyo de CCOO y UGT, que pretenden sacar tajada económica de ello, y ya plantean introducir en los convenios sectoriales la negociación de planes de pensiones privadas, que en el fondo es un reconocimiento de la inviabilidad del sistema público de pensiones. Los hechos indican que la pasada semana el gobierno español envió a 700 militares y 250 vehículos militares a fortalecer el flanco este de la OTAN en la guerra que mantiene contra Rusia; los hechos indican que tras el atentado en Moscú en el teatro Crocus, donde una creación terrorista de los EEUU, ISIS, asesinó a más de 140 civiles rusos, el presidente del gobierno de España Pedro Sánchez, el mismo día que se cumplieron 25 años desde que un carnicero del PSOE mandó bombardear Yugoslavia, le prometía a Zelensky más armamento, unido a los hombres enviados por el Estado español para combatir a Rusia bajo la bandera de la OTAN; los hechos muestran que los bombarderos estratégicos norteamericanos interceptados por un MiG-31 ruso el pasado 24 de marzo despegaron de la base aérea de Morón de la Frontera; que Menorca, junto con Rota y Cartagena son bases navales de la OTAN en su guerra contra Rusia y que tanto España como la UE están vendiendo armas a Israel en su genocidio contra Palestina; los hechos señalan que el gobierno “más progresista de la historia” es  el gobierno más lacayuno a la OTAN y está embarcando al pueblo español en una guerra que únicamente interesa a los monopolios europeos y norteamericanos.

Hemos de recordar que en la declaración final del XXII Encuentro de los Partidos Comunistas (EIPCO) en La Habana el 29 de octubre, uno de los acuerdos adoptados fue el de “Movilizar a las masas en la denuncia y rechazo a la carrera armamentista y a los enormes recortes de gastos sociales que ella provoca, a la existencia y modernización de las armas nucleares, a las bases militares extranjeras; contra la OTAN y su proyecto de ampliar y convertirse en una organización militar global”. El PCE es firmante de dicha declaración final y forma parte de un gobierno totalmente lacayuno a la OTAN que ha incrementado el gasto militar y que está haciendo lo contrario de lo que el 29 de octubre acordó hacer en el EIPCO. ¿Para qué sirve el EIPCO pues? ¿Qué valor tiene un encuentro donde caben partidos burgueses y traidores a la clase obrera como el PCE que forma parte del Gobierno de España?

El capitalismo no tiene salida alguna y sólo puede proporcionar a la humanidad muerte y miseria. La única salida que tenemos los obreros, los parias de la Tierra, para imponer la paz, para garantizar la vida en el planeta, para garantizar una vida digna, es alzarnos contra el capitalismo, es desarrollar la Revolución Socialista y acabar para siempre con el capitalismo.

Los comunistas no podemos contemplar cómo los capitalistas envían a la guerra, a la muerte, a millones de obreros con el único objetivo de llenar sus sucios bolsillos de dinero con la muerte de nuestros hijos, de nuestra clase. La clase obrera solo debe participar en una guerra, que no es otra que la que acabe con los capitalistas que nos condenan a la humanidad a la muerte, a la miseria, a la desigualdad.

 

¡O ACABAMOS CON EL CAPITALISMO O ÉSTE ACABA CON LA HUMANIDAD!

¡FUERA DE LA UNIÓN EUROPEA Y DE LA OTAN!

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡SOLO LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA, EL SOCIALISMO, PUEDE SALVAR A LA CLASE OBRERA!

 

Madrid, 30 de marzo de 2024

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




¿Por qué somos comunistas?

Para responder a la pregunta de por qué somos comunistas, primero hay que contextualizar el presente para hacer una comparativa con el pasado y, mediante la dialéctica materialista, que consiste en un sistema filosófico que se opone al idealismo filosófico en el que se basa la propaganda capitalista, prever las etapas futuras por las que atravesará el sistema económico.

Vayamos para eso al presente y preguntémonos ¿por qué somos comunistas? En primer lugar lo somos por varias razones de peso. La primera sería porque el sistema capitalista, mediante la rapiña imperialista, condena a dos tercios de la humanidad al hambre, la miseria y la muerte prematura, razón de peso para ser receptivo a cualquier alternativa que pueda revertir este estado de cosas. Pero ¿cómo se defiende el sistema capitalista? ¿cómo es posible que siga en pie un sistema tan criminal a simple vista y que además está en bancarrota?  Y está en bancarrota porque ya ha cumplido su misión en la historia que ha consistido en desarrollar hasta la contradicción las relaciones en el medio productivo y los medios de producción hasta crear dos polos antagónicos, el proletariado, que es el que produce valor mediante su trabajo y la burguesía, que es la que se apropia del valor de ese trabajo ajeno a usura y no produce nada. Para la superación de esta etapa histórica, el proletariado, como sujeto revolucionario debe reclamar lo que le corresponde: el fruto de su trabajo para ponerlo a su servicio, y que deje de estar en manos de la clase parasitaria. Obviamente, la clase parasitaria no se va a quedar de brazos cruzados y va a combatir la ofensiva de los desposeídos.

Volvamos a la pregunta anterior de cómo es posible que siga en pie un sistema tan criminal. El capitalismo se mantiene en pie por la batalla ideológica contra la clase obrera y a la que en la actualidad lleva amplia ventaja a los comunistas. En este punto, nosotros, los comunistas, no sólo debemos sembrar la conciencia de clase entre la clase obrera, también debemos realizar una profunda autocrítica y trabajar más duro.

El capitalismo organiza su batalla ideológica mediante el idealismo filosófico que citamos más arriba, para vender a la clase obrera que se puede triunfar por iniciativa propia. Vende el éxito personal, léase Elon Musk, Amancio Ortega, Cristiano Ronaldo, etc, como si fuera un camino que pudiera recorrer cualquiera por voluntad propia y lo convierte en el ideal para amplias capas de la clase obrera. Con este accionar, el capitalismo promueve la atomización de los sujetos y la competencia extrema entre los miembros de la clase obrera, ante la que los comunistas anteponemos la cooperación para transformar la sociedad.

Pasemos ahora a ver el comunismo desde el estudio de experiencias pasadas. Para eso nos centraremos en un determinado periodo de la Unión Soviética, el que va de 1917 a 1953. Hay que destacar que todos los logros que vamos a enumerar ocurrieron a pesar de dos guerras, una civil apoyada por ocho potencias imperialistas y una mundial, y a pesar también del cerco imperialista a la que fue sometida. En primer lugar hay que decir que nunca se ha llegado al comunismo, que es el estadio en que la lucha de clases ha cesado por la victoria definitiva de una de las clases en contienda y el estado, como máquina de opresión de una clase sobre la otra, pierde su función y se extingue por sí sólo. Pero sí se alcanzó el socialismo, que consiste en su fase previa, donde todavía hay lucha de clases y donde el control de la producción aún se realiza por el control estatal y no bajo el control obrero. En este punto debemos preguntarnos en qué consiste, a groso modo, la construcción del socialismo. Para su edificación son necesarias la planificación económica y la centralización de la producción, así como un desarrollo de las fuerzas productivas que pueda satisfacer las necesidades de la sociedad, además de realizar todo esto bajo la fórmula de un gobierno proletario. Para todo ello debe establecerse la propiedad social de los medios de producción. La planificación económica contribuye a terminar con la anarquía productiva que se establece bajo el capitalismo y que termina en las crisis periódicas que sufre por la sobreproducción.

La Unión Soviética dio buena muestra del éxito de dicha formación económica con logros como fueron la rápida industrialización en un país atrasado y agrario, la victoria en la guerra civil, la derrota del fascismo en Europa cuando los países capitalistas sucumbían uno a uno cobardemente, la llegada de la primera expedición a la luna sólo trece años después de que el país quedara completamente arrasado por la rapiña nazi, los logros en materia social como una sanidad universal y gratuita, la jornada laboral de siete horas, la jubilación a los sesenta y muchos más logros que por cuestiones de espacio no podemos enumerar en este artículo. Todo ello en poco menos de tres décadas partiendo de un país muy atrasado. Durante el periodo en que no traicionó al socialismo, la Unión Soviética, con muy poco tiempo de existencia, superó económicamente a los estados capitalistas, con los Estados Unidos a la cabeza, como en los años del crack de 1929. Llegados a este punto es lícito preguntarse ¿por qué dejó de existir hace ya más de treinta años? En el año 53, con el asesinato de Stalin y bajo el mandato del golpista Nikita Khrushchev, se inicia un proceso involutivo severo cuyo punto culminante se produce en 1956 plasmado en el XX Congreso, episodio que redactaremos en otro artículo. Destacaremos que en este periodo negro se abandonó la centralización y la planificación económica y se abrió a algunos sectores a las políticas de libre mercado. Se traiciona definitivamente al socialismo sin vía de retorno. Pero esto no debe oscurecer en ninguna medida los logros del socialismo en la Unión Soviética, que fue capaz de enfrentar de tú a tú al capitalismo y a su ariete en tiempos de debilidad, el fascismo, hasta que se produjo el golpe de estado y se abandonó su esencia.  Su total colapso se produjo en 1991 de la mano de Gorbachov, un discípulo de Nikita Khrushchev y que en cierto momento, en años muy posteriores al colapso, declaró que su misión era acabar con el comunismo. Otra vez se muestra en estos dos sujetos la perpetúa guerra ideológica, ya que por las armas no lo hubieran conseguido, que nunca ha abandonado el capitalismo contra cualquier conato de organización de la clase obrera. Su infiltración produjo la catástrofe. No hay que perder de vista que bajo el socialismo todavía existe la lucha de clases.

Demostrada la supremacía del socialismo, haremos una mirada hacia el futuro mediante la dialéctica materialista. El método materialista dialéctico es el estudio de las contradicciones y los cambios que generan en una realidad dada y siempre partiendo de una base económica en el estudio de esa realidad. En la contradicción aparece una lucha de contrarios que dan paso a la negación de uno por el otro. Uno debe desaparecer para que otro pueda nacer y esto no se realiza sin una batalla previa. Este proceso le ocurrió al esclavismo respecto al feudalismo, al feudalismo frente al capitalismo y ocurrirá, ya que el capitalismo está sujeto a este mismo proceso dialéctico, frente al socialismo. Las contradicciones principales que llevan a la muerte al sistema capitalista son la contradicción entre trabajo y capital, entre acumulación y consumo y entre desarrollo económico y social. Este último se produce por la acumulación privada de la riqueza producida socialmente. La clase obrera es la única que produce valor y deberá apropiarse del valor que produce, esto es, el socialismo. Por su parte, la burguesía, los propietarios de los medios de producción y del estado, se apropia a usura del valor que produce la clase obrera. La fricción entre las relaciones de producción que vemos y el grado máximo de desarrollo de los medios de producción llevan al capitalismo a su último estadio que es en el que nos encontramos al ser ya la contradicción insostenible. El socialismo y su estado proletario, al ser el representante de la amplísima mayoría, la clase obrera, frente a una minoría parasitaria, la burguesía, será la máxima expresión de democracia que puede darse. La burguesía tuvo que hacer varias revoluciones para negar completamente y para siempre a los feudales. Los comunistas también han llevado a cabo sus intentos y se encaminan hacia la inexorable implementación definitiva en este momento histórico que niegue la existencia de la clase burguesa.

Por eso, para llegar a ser comunista hay que vencer la lucha ideológica que lleva a cabo el capitalismo sobre la clase obrera y que, como destacamos al principio, es la única que le permite sobrevivir a este sistema en bancarrota. Por eso nadie nace comunista sino que se hace comunista mediante el estudio de la ciencia marxista-leninista y, lo más importante, su aplicación en la práctica desde una cosmovisión materialista y dialéctica. El comunista nunca deja de formarse y de hacer autocrítica porque la batalla ideológica del capitalismo no cesa. Es la vanguardia consciente de la clase obrera y mediante un partido proletario, disciplinado y revolucionario debe conducir hacia la revolución socialista como garante de una verdadera justicia y supervivencia para la clase obrera. Sólo el socialismo, como modelo superador del capitalismo, puede liberar a la clase obrera de esta violencia y su consecuente explotación. Por eso, desde el PCOE, no solamente abogamos por dicha acción, sino que trabajamos cada día para ello en los centros de trabajo, de estudio y en los barrios. Por todo esto nos sobran razones para ser comunistas y, como marxistas-leninistas, llamamos a la clase obrera a engrosar las filas del PCOE.

 

¡POR QUÉ HAY MILES DE RAZONES PARA SER COMUNISTA!

¡ESTUDIANTE Y OBRERO ORGANÍZATE EN EL PCOE!

¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




La infame hipocresía de los “valores” burgueses

Por más que se procure envolver a la clase obrera con la idea de que vivimos de la manera más lógica posible, la putrefacción del capitalismo nos lleva inevitablemente al desgaste. Por más que se nos deshumanice no dejamos de ser humanos, y nuestras necesidades no se cambiarán por otras que se puedan satisfacer en una dinámica de explotación. Reflejo de esto es el aumento del número de suicidios.

En su afán por dominar el mercado, la burguesía que nos exprime solo ve en nosotros productores de usar y tirar que deben salir rentables. Deben obtener ganancia robando el fruto de nuestro trabajo en detrimento de nuestro propio bienestar, ya que los capitalistas tienen ese derecho, y de ahí se justifica como un mal necesario todo lo que de ello emana.

Nuestras vidas giran en torno al hecho de que somos mano de obra que debe producir todo lo que hay en la sociedad, pero el producto no nos pertenece ni somos directores de tales creaciones, sino que van destinadas al beneficio de unos parásitos; obtenemos en cambio alrededor de lo necesario para cubrir nuestras necesidades fisiológicas para poder seguir trabajando para una minoría. Y conscientes de que en cualquier momento se puede prescindir de nosotros, debemos tener cuidado al gastar la más que injusta retribución. Este hecho, junto con la anarquía de la producción, hace que cada vez seamos más incapaces de consumir todas esas mercancías que van acumulándose y que anuncian avalanchas llamadas crisis. Entonces se profundiza en las medidas que buscan reducción de costes, alguna ventaja sobre los competidores y saneamiento de las deudas; todo ello recortando en servicios, transfiriendo dinero público a los grandes empresarios, despidiendo a trabajadores, ofreciendo trabajo precario, extendiendo el salario mínimo… Y en esos momentos en que se manifiesta claramente la fragilidad y la mentira del capitalismo, recibimos ese mensaje que, en realidad, nos ha llegado siempre: hay que adaptarse, callarse, apretar el cinturón y sobrevivir como podamos, porque las cosas están mal.

¿En qué se traduce? No importan las necesidades humanas, sino el mercado; el lucro del parásito. Siempre se nos presenta, y se nos ha presentado, el sufrimiento como algo inherente al día a día. El trabajo debe ser un duro sacrificio para poder sobrevivir, y el miedo al despido nos debe motivar. Si no tenemos suficiente dinero se nos puede arrebatar la vivienda, negar el acceso al alimento, el trasporte se vuelve un lujo, la ropa un gasto innecesario y el ocio una locura. Si nos formamos, debe ir encaminado a introducirnos en un trabajo con el que nos incorporaremos al gris sacrificio colectivo. Hay que tener cuidado con el agotamiento y la tristeza; procurar aguantar o disimular, puesto que debemos estar siempre preparados para nuestra ofrenda diaria al capital. La pura voluntad debe ser nuestro motor; si no somos “la mejor versión” de nosotros mismos significa que “no nos estamos esforzando”, y por tanto falla nuestra voluntad; no nos estamos adaptando bien. Necesitamos relacionarnos con los demás, pero siendo conscientes de que nuestro tiempo se dedicará, en primer lugar, al sacrificio asalariado y a las obligaciones que derivan de nuestra supervivencia. Necesitamos información y cultura, pero a pesar de los conocimientos y avances científicos, nos llegan mentiras y se fomenta la interpretación errónea de la realidad. Y así un largo etcétera.

¿Pero no nos dicen que lo importante es la salud? ¿no nos cuentan que se prioriza el bienestar de las personas? ¿no son los que se llenan la boca con “los derechos humanos” los que imponen la dinámica descrita más arriba? De hecho, la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que tenemos derecho a un salario digno, lo cual significa que se defiende el trabajo asalariado; es decir, se defiende el criminal sistema capitalista y, por tanto, todos los males que de ahí emanan y que son contrarios al humanismo, priorizando el derecho a dominar que otorga la propiedad privada de los medios de producción. Las necesidades son secundarias y la clase obrera solo tiene el derecho a la vida si puede pagarlo mientras está sometida al capital.

Marx señalaba que la relación de las leyes económicas con la moral es arbitraria, ocasional y, por ello, acientífica: la oposición entre Economía Política y moral es solo una apariencia y no tal oposición. La Economía Política se limita a expresar a su manera las leyes morales. La burguesía, de manera idealista, nos vende unos valores que se derrumban ante la realidad que vivimos. Delante de lo que nos hace humanos debe ir siempre el interés de la clase dominante, y alrededor de ello ha de orbitar todo lo que en nuestras vidas acontece. Somos humanos con “derecho a la vida” hasta que llegamos a la línea que marcan las relaciones de producción capitalistas; es entonces cuando tiene lugar eso que llamamos “chocar con la realidad”. Incluso cuando tenemos un par de días libres, unas vacaciones o sencillamente un buen día de ocio, decimos, al finalizar, esa famosa frase: ahora de vuelta a “la realidad”.

 

España es el país con mayor consumo legal de benzodiacepinas del mundo, y es menester entender que no es más que un síntoma que deriva de un sistema podrido en el que, sin conciencia de clase y sin organización, la clase obrera cree que solo le queda buscar el alivio, y más si tenemos en cuenta que ni siquiera contamos con la atención adecuada en los servicios sanitarios. Al no poder concebir que es posible transformar la realidad, y que los problemas no se deben a dificultades individuales y aisladas, sino que se deben a la estructura económica y nacen de la explotación humana, reina la resignación y las lagunas que se tienen a la hora de explicar la realidad se rellenan con sesgos; la ideología burguesa está presente en cada momento y hueco de nuestras vidas. De hecho, está demostrado que pensar de manera irracional afecta a la salud mental. Nuestra percepción chocará con interpretaciones erróneas de la información que procesamos, y no seremos conscientes de que no estamos entendiendo el mundo que nos rodea, aunque creamos que sí, y por tanto será fuente de frustración constante. No se puede encontrar solución a los problemas que no se comprenden; he ahí el éxito de la burguesía (que procura que eso sea así) en la batalla ideológica.

La pobreza va en aumento, por más que el Gobierno de “izquierdas” diga que se ha conformado para mejorar la vida de “la gente”, ya que esa gente a la que le mejora la vida es la burguesía. La carga que supone no poder cubrir las necesidades afecta seriamente a la salud, y junto con la falacia de que cada uno obtiene lo que consigue con su esfuerzo, el agotamiento está servido. Emplear las energías en la supervivencia y en estar alerta preocupados constantemente tampoco deja tiempo para relaciones sociales, el ocio y un descanso adecuado, y puede llevar al desgaste. Todo ello fomenta la búsqueda de alivio ante la hostilidad que presenta la vida del desposeído. En lo que respecta a los jóvenes y destacando sobre todo a los menores, también víctimas de la situación que se vive en los hogares, se refugian cada vez más en contenidos de internet que ofrecen ideología burguesa en su forma más tóxica.

Por otro lado, el trabajo también es cada vez más inestable y precario. Este hecho no hace más que acrecentar la inseguridad en el presente y en el futuro, lo cual empeora también la salud mental, que se ve continuamente asediada por las relaciones de producción capitalistas. La psicoterapia, si bien solo es una ayuda individual para ser funcional en la dinámica enfermiza de la explotación, siempre es más recomendable que un fármaco, y puede suponer un apoyo importante para las personas que necesitan aliviar su sufrimiento, teniendo la posibilidad de generar, al menos, pequeños cambios para gestionarse mejor. Sin embargo, a pesar de que se promueve la idea de cuidar la salud mental, su importancia, la necesidad de acudir a un profesional, etc, una vez más nos encontramos con que esos consejos, que pueden sonar a responsabilidad y conciencia por parte del sistema, chocan una vez más con la realidad: muchos no pueden acudir por falta de recursos. No solo eso, sino que tras esos paréntesis en que lacayos de la burguesía de todos los colores fingen preocuparse y ofrecen parches, a veces inalcanzables, el criminal sistema capitalista, causa de nuestros males, sigue arrasando con nuestras vidas y nuestros consejeros no hacen nada por detenerlo, ni por ayudarnos a identificar al enemigo.

El único camino es aquel que nos garantiza la satisfacción de las necesidades humanas en todos los ámbitos y un desarrollo constante, sin parásitos ni competencia. Un sistema en el que los trabajadores ven que el fruto de su trabajo se destina a una sociedad hecha por y para ellos; es decir, donde obtienen lo que les corresponde.

Para hacernos una pequeña idea, hay estudios que muestran que dotar de recursos materiales tiene un impacto positivo en nuestro estado de salud y el ánimo. Tener mayor acceso a aquello que necesitamos, evidentemente, nos da mayor sensación de seguridad y por ello se alivian los problemas de ansiedad, pues ésta no es más que un estado de alerta ante aquello que interpretamos como un peligro (como ocurre al percibir que carecemos de cosas básicas). Por otro lado, se conoce que con el apoyo social en todo tipo de situaciones, ya sea en un contexto cotidiano o ante problemas como enfermedades crónicas, o durante el tratamiento de las adicciones, tienen lugar mejoras significativas. Es decir, tener la posibilidad de ser tenidos en cuenta, así como un espacio en el que importamos, nos aporta vitalidad.

Debemos tener claro que un sistema plagado de contradicciones, que exprime nuestras vidas y nos roba el fruto de nuestro trabajo, solo puede ofrecer sufrimiento. Los suicidios son una consecuencia inevitable de la más completa deshumanización. No se trata de no querer vivir, sino de sentir que no se es capaz; no son más que asesinatos, pues prevalece la búsqueda de beneficio sobre la vida humana, aplaste a quien aplaste. Se conocen las causas, pero la burguesía no se detiene. A pesar de que la ciencia demuestra continuamente que la forma en que nos obliga a vivir este sistema es enfermiza y destructiva, observamos que la barbarie no cesa y, de hecho, es cada vez mayor. La descomposición del capitalismo va acompañada de mayor manipulación a la clase obrera, para generar así mayor división, aislamiento e individualismo. También se acompaña de mayor miseria, y el desgaste que esto genera no solo afecta a la salud, sino que aumenta la probabilidad de asumir como cierta la mentira de que no hay solución. Al aumentar también la desesperación somos más vulnerables ante una explicación engañosa.

La grave situación que vivimos no cambiará de mano de los políticos, pues son puestos en los sillones por y para la burguesía. Tampoco surgirá el cambio de manifestaciones espontáneas que solo alcanzan a exigir modificaciones superficiales. Solo la clase obrera es capaz de transformar la realidad, pero para ello debe librarse de los explotadores; de los criminales que han acumulado enormes cantidades de poder a costa de nuestro trabajo y sufrimiento. El principio de dicha transformación comienza con la organización de los trabajadores, cuyo poder nacerá de la unión de todas las luchas apuntando hacia la raíz común, que no es más que este sistema de explotación humana. No podemos seguir permitiendo que jueguen con nuestras vidas y nos traten como si éstas no tuvieran ningún valor, más allá de la ganancia que podamos generar. La criminal burguesía es la que debería vivir reprimida. Es hora de constituir un Frente Único del Pueblo que nos permita luchar de verdad por nuestra máxima aspiración: el socialismo.

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




¿Adónde nos lleva el capitalismo?

Nunca la humanidad se había enfrentado a un trance tan crítico como el actual, en el que se pusiera en cuestión su propia existencia. Cuando varios países de Europa insinúan la posibilidad de un enfrentamiento entre la OTAN y Rusia, e incluso se preparan militarmente para afrontar dicha eventualidad, es que el riesgo existe. Pero ¿qué hay detrás de esta locura?

Parece ser cierto que Europa, junto con los EEUU poseen un mayor y hasta mejor arsenal de armas convencionales, por consiguiente, Rusia perdería la guerra. Pero ni los rusos, ni nadie, teniendo el mayor y mejor depósito del mundo, con más de seis mil armas nucleares, iba a soportar una derrota de esa índole, pues el pudor, una vez muertos, no les vale.

En última instancia, las consecuencias de la utilización por parte de Rusia de las armas nucleares, supondría la desaparición de la humanidad. Su arsenal es el más potente del mundo y unido al de los EEUU y Europa sería un infierno para el género humano y para nuestro planeta.

Según los científicos unos cuatro días después de la explosión atómica, cuando se disipe el humo, tras dejar cientos de millones de muertos, comenzaría lo que ellos consideran que es lo peor y que designan como “el invierno nuclear”, se daría pues, la “destrucción mutua asegurada”. Es decir, tanto los rusos como sus adversarios morirían y la humanidad estaría en peligro de extinción.

Y todo esto ¿Por qué? y ¿Para qué? Por el egoísmo de una élite que domina la economía mundial, que ve como la vigencia del capitalismo está a punto de cumplir, al igual que sucedió con el feudalismo y el esclavismo, pues la dialéctica de la historia es implacable. Pero ellos mantienen la opinión que sin su presencia el mundo no tiene razón de ser.

En este terreno tan explosivo nos desenvolvemos los trabajadores ignorando una realidad que no tiene nada de ciencia ficción. Los políticos del Capital procuran no abrir debate al respecto, lo que significa que su adscripción a las posiciones europeas no tiene discusión. En definitiva, los trabajadores nos podemos ver envueltos en una guerra infernal preguntándonos ¿Por qué? y ¿Para qué?

Ante este panorama, la derecha y la izquierda parlamentaria, la prensa, la radio y la televisión de nuestro país se escabullen de este problema cardinal para que, llegado el momento, lo aceptemos irremediablemente.

El PCOE hace un llamamiento a la clase trabajadora de nuestro país, a los intelectuales, a las asociaciones populares como sindicatos de clase, asociaciones de vecinos, a todo el pueblo trabajador en general para que exijan al gobierno la retirada de España de las asociaciones monopolistas como la OTAN y la UE, garantes de la explotación capitalista sobre las clases trabajadoras y promotores de las guerras.

Llamamos a todos los comunistas y gente de izquierda para unirnos en un amplio frente contra la guerra y por la lucha por el socialismo.

 

¡NO A LAS GUERRAS IMPERIALISTAS!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La clase obrera debe organizarse para acabar con este criminal sistema

El día de ayer, 2 de marzo, se cumplieron 50 años del asesinato del militante antifascista, defensor del comunismo libertario, Salvador Puig Antich, asesinado a garrote vil y sentenciado por una Judicatura que, cinco décadas después, sigue estando en manos de los mismos franquistas que antes y sus descendientes.

Hoy, 3 de marzo, se cumplen 48 años del asesinato de cinco obreros de Vitoria, acribillados por la policía mandatada por los franquistas Martín Villa y Fraga, dirigente y fundador del PP, a los que el Estado ha otorgado impunidad absoluta ante estos cinco asesinatos. Esta gentuza, y sus herederos políticos hoy, corruptos y criminales hasta el tuétano, son los que dan lecciones de democracia mostrándose qué tipo de “democracia” hay en el Estado español.

Cinco décadas después, los mismos que antaño condenaban a hijos de la clase obrera a la muerte por garrote vil o lanzaban gases en la Iglesia de San Francisco de Asís, que albergaba a 4.000 obreros, para provocar la salida de éstos y poderlos fusilar a quemarropa por la Policía, como aconteció en Vitoria por orden de los franquistas Fraga y Martín Villa – ambos posteriormente, de la noche a la mañana, “demócratas” del PP –, han seguido manteniendo, durante todo este tiempo, el poder.

Ello se puede corroborar con claridad en la judicatura, donde tanto en el Tribunal Supremo como en la Audiencia Nacional – antaño Tribunal de Orden Público –siguen manteniendo su esencia represora, y se sigue reprimiendo políticamente – al objeto de boicotear al poder legislativo, donde hay una mayoría que persigue el acuerdo de una amnistía para con los represaliados independentistas y con el pueblo catalán acosados y reprimidos desde 2014 por el Estado fascista español –. Esta semana el Tribunal Supremo ha abierto causa contra dirigentes independentistas – Puigdemont y Wagensberg – por Tsunami Democràtic estimando que hay que abrir una causa contra ellos por terrorismo, de tal manera que para ese Tribunal, al igual que para un juez de la Audiencia Nacional, todos ellos vinculados con los herederos de Franco, con el PP, la movilización del pueblo es terrorismo. Curiosamente, una forma de cavilar diferente a cuando se movilizan los fascistas, los cuales son amablemente tratados por las Fuerzas Represivas del Estado y por dichos juzgados y es que, al fin y al cabo, la minoría fascista que sale a la calle abraza la misma ideología y son camaradas de aquellos que ajustician al pueblo con las togas desde Tribunales de Justicia que llevan desde 1939 agrediendo al pueblo e insultando a la Justicia. Para el Estado y sus jueces hoy, todo aquello que no sea fascista es terrorista.

Y es que, en el momento de descomposición del imperialismo, al Estado español únicamente le vale un legislativo y un ejecutivo plenamente alineados con la ideología fascista del Estado y, por ello, los jueces no vacilan en salir en defensa de la ideología del Estado, del fascismo, no dudando en boicotear las iniciativas políticas que emanan del parlamento, mostrando su total adscripción a las fuerzas más reaccionarias del tablero político del régimen, escorado a la extrema derecha, actuando como peones del fascismo, del PP y VOX.

El desarrollo de la robotización y de la inteligencia artificial significará la eliminación de 2 millones de puestos de trabajo en esta década en España. Y según Goldman Sachs, el desarrollo de la inteligencia artificial liquidará en torno a 300 millones de empleos de aquí a 2030.

Este proceso de automatización, en sí, niega al capitalismo en tanto se desequilibra la composición orgánica del capital en favor del capital constante reduciéndose la parte del capital variable, la que se destina a la contratación de obreros, que es la parte del capital que genera plusvalía. Este hecho va a condenar a millones de obreros a no trabajar nunca. Ello también implicará una reducción notable de unos servicios públicos – sanidad, educación y pensiones – que cada día que pasa son peores.

Para los capitalistas hay un excedente de seres humanos, y es por ello que todo lo apuestan al fascismo, que en política exterior es la guerra imperialista y, en política interior, la represión inmisericorde y la depauperación máxima de las condiciones de vida de la clase obrera.

Por ello, no es casual que el ministro de defensa de Alemania Boris Pistorius le diga al pueblo alemán que debe ir preparándose para una guerra contra Rusia, o que la presidenta de la Comisión Europea, y marioneta máxima de los EEUU en la UE, Úrsula Von der Leyen, indique a los civiles europeos que se preparen para la guerra defendiendo un incremento del gasto militar, repitiendo a pies juntillas las directrices vertidas a primeros de año por la organización terrorista OTAN a través de su jefe del Comité Militar, el Almirante holandés Robert Peter Bauer.

Los capitalistas tienen trazado su plan para desprenderse de todo aquel excedente humano, de la parte de la clase obrera, una parte cada vez mayor como consecuencia del desarrollo de la automatización y, por ello, la guerra.

El capitalismo, como decía el Che, es el genocida más respetado del mundo y todas sus instituciones están dirigidas por fascistas, auténticos canallas que no les temblará el pulso en llevar a la guerra a los obreros y, así, desprenderse de lo que ellos consideran excedente humano y satisfacer los intereses económicos de los monopolios.

En el mayor burdel que hoy tienen los EEUU, la Unión Europea, estamos viendo como los gobiernos títeres del capital europeo-norteamericano están actuando: Haciendo recortes sociales brutales, privatizando la sanidad, la educación y las pensiones públicas, precarizando las condiciones de trabajo, aplicando una política monetaria que enriquece a la banca y empobrece a los ciudadanos, incrementando el gasto militar, y robando dinero a la clase obrera para entregársela a los bancos, a los grandes monopolios y a la industria armamentística.

En el Estado español, esta política de privatización y de transferencia de riqueza de la clase obrera hacia el capital, lleva el apoyo del gobierno “progresista” de la falsa izquierda y de los mayores enemigos que tiene el pueblo trabajador hoy, CCOO y UGT, que están trabajando en privatizar la sanidad, apoyando y firmando políticas que otorgan más recursos a las mutuas y la medicina privada en detrimento de la sanidad pública y negociado convenios donde se promueven y financian planes de pensiones privados, de tal modo que, por un lado, serán los monopolios privados, la banca y aseguradoras, los que gestionen las pensiones de aquéllos trabajadores activos – cada vez menos – que accedan a dichas pensiones privadas y finiquitando el sistema público de pensiones y, consecuentemente, negando el acceso a una pensión a un número vasto de obreros.

Y mientras los capitalistas, en santa alianza de fascistas y oportunistas defienden exactamente lo mismo, los intereses de los monopolios, del gran capital, los comunistas y la izquierda antisistema nos encontramos divididos, atomizados, padeciendo una egolatría enfermiza en lugar de unir fuerzas para ir al pueblo, a la clase obrera a organizarla en una dirección revolucionaria, de ruptura con el capitalismo y con su Estado, por la construcción del socialismo y de un Estado donde el poder lo tenga la clase obrera y esté al servicio de la misma.

Es necesario tejer la unidad de la clase obrera y esta sólo puede darse desde la clase obrera organizada, desde la unidad de los comunistas y de todo aquél que esté en contra del capitalismo, del fascismo. Es momento de que los anticapitalistas, de que los comunistas, pongamos en el centro de nuestra actividad la unidad para organizar y dirigir a la clase obrera a romper con el futuro de muerte, miseria y destrucción que el capitalismo le tiene diseñado.

Y para que esa unidad sea una realidad es fundamental el fortalecimiento del Partido leninista, que es el alma y el corazón del proletariado. Y el Partido sólo puede abrirse camino combatiendo a muerte a la burguesía, a su sistema económico capitalista y a sus ideologías – el fascismo, el nacionalismo, la socialdemocracia y el oportunismo.

 

¡CONTRA EL FASCISMO, FORTALECE AL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡FUERA DE LA UNIÓN EUROPEA Y DE LA OTAN!

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡SOLO LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA, EL SOCIALISMO, PUEDE SALVAR A LA CLASE OBRERA!

 

Madrid, 3 de marzo de 2024

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




El dinero barato y las hipotecas

En los últimos años se ha creado un espejismo sobre el dinero barato, básicamente al cero por ciento de interés, dando por sentado que las personas de la clase obrera tenían una gran oportunidad de acceder, en condiciones muy ventajosas, al mercado del crédito. Ahora es el momento, se decía desde las entidades bancarias. Las largas filas que se hacen hoy para renegociar las condiciones de las hipotecas, de variable a fija o para alargar los años del préstamo hipotecario aumentando los intereses a pagar como contrapartida de una letra mensual más baja, demuestran que ninguna medida que se tome en relación al tema del precio del dinero es para favorecer a la clase obrera y, en el caso de las hipotecas, nos empujan a calificar de inviable la capitalización total de un préstamo hipotecario. Hay varios aspectos que nos conducen a realizar esta afirmación.

En primer lugar, hay que pensar que la vida media de las hipotecas es de treinta años y, a veces, hasta de cuarenta años y en ese impase habrá muchas fluctuaciones del precio del dinero, que afecta a los tipos de interés a pagar, y que una carestía, sostenida y recidivante, dejará el camino sembrado de cadáveres.

En segundo lugar, el acceso cada vez más tarde y de forma más precaria al mercado laboral, hace que el contratador de ese préstamo hipotecario se enfrente al reto de sobrevivir a dicho préstamo en indefensión y con una edad elevada que le alargue el préstamo más allá de su jubilación. Por la calidad y durabilidad del empleo, cada vez es menos probable que un hipotecado pueda llegar al final del préstamo y menos trabajando en el mismo empleo. Otros datos futuros, como la implementación de la inteligencia artificial y la sustitución del capital variable por capital constante en el proceso de producción, que harán desaparecer el veinticinco por ciento de los empleos en los próximos veinticinco años, nos empujan a ello.

En tercer lugar, la especulación no se produce solamente en el mercado del crédito. La especulación es el alma mater del sistema capitalista y, a la cuota mensual, hay que añadir el aumento del precio de la cesta de la compra y el encarecimiento de los suministros que son indispensables en una vivienda. Esto hace que el salario real del trabajador, tal como lo definía Marx, ya no sirva ni para mantener al obrero en condiciones óptimas para la siguiente jornada laboral y para reproducir la mano de obra. Los índices de natalidad dan buena cuenta de ello. El salario pasa automáticamente a estar por debajo de las necesidades de supervivencia, renunciando a todo para entregarse en exclusiva al pago de la usura bancaria, bajo la amenaza de verse en la calle y, encima, debiendo todavía la cantidad adeudada.

En cuarto lugar, y quizás el más importante, el dinero barato es sólo un espejismo trampa que lanza el capital al obrero para embaucarlo. Este dinero barato ha tenido la función, en exclusiva, de recapitalizar a los bancos a coste cero a través de fabricar dinero ficticio. La prueba de que esto es cierto es la inflación galopante a la que se está enfrentando Europa para compensar la formación de ese capital ficticio, atribuida miles de excusas periódicas (léase pandemia, guerra de Ucrania, etc…), y, sorpresa, la solución mágica ha sido subir los tipos de interés hasta hacer insoportable las condiciones draconianas de los obreros que se habían subrogado a una hipoteca porque el dinero era barato. Los mismos bancos que han comprado ese dinero a cero, revenden ahora ese dinero a unas condiciones que pueden llegar al seis por ciento y duplicar el precio de las cuotas mensuales. Los bancos, ahora, producen su plusvalía en base a generar inflación para la clase obrera. Se puede ver, por poner un ejemplo, en las largas colas de las filas del hambre para conseguir alimentos en la beneficencia. Eso sí, las condiciones del préstamo quedan ampliamente blindadas por la legalidad burguesa y se puede renunciar a todo, hasta a comer o a la calefacción, pero no a pagar la letra.

Lo más llamativo es que esta especulación se realiza sobre un bien básico e indispensable que es la vivienda. El apartado primero del artículo cuarenta y siete de la Constitución Española establece que:

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”.

Este bonito dechado de buenas intenciones demuestra que la legalidad burguesa es sólo papel mojado que sirve para, mediante bonitos enunciados, defender los intereses de la clase burguesa en exclusiva y que cuando a una clase social le va muy bien, por fuerza a la otra clase le tiene que ir muy mal, como en el caso que nos ocupa.

Ante este estado de cosas, el gobierno más progresista de la historia lanza una medida para seguir llevando carne para la picadora de las entidades bancarias, avalando un veinte por ciento a las personas que no lleguen a las condiciones propuestas por el banco para acceder a la hipoteca. Se trata de, una vez más mediante dinero público, proteger la cuota de ganancia de los bancos a costa de más cadáveres. No se les ocurre exigir por decreto ley la eliminación de los diferenciales, terminar la obligación de contratar seguros que encarecen el crédito o promover la dación en pago. Ya se sabe, si los bancos se enfadan y no aumentan sus ganancias como es debido, volverán a necesitar recapitalizarse con dinero público como ocurrió en 2012 o producir más dinero ficticio, lo que llevará a un nuevo episodio de inflación galopante como ocurre ahora.

Desde el PCOE tenemos claro que la única medida que se puede tomar para favorecer a la clase obrera es la socialización de la banca y eso sólo se puede realizar por métodos revolucionarios. Al reformismo pazguato del gobierno más progresista de la historia, los comunistas anteponemos la revolución socialista. También estas medidas pasan por la socialización del suelo. Nada más que por esta vía se puede garantizar el derecho a la vivienda de la clase trabajadora con un Estado proletario que socialice el parque de rentistas y grandes tenedores y genere un amplio parque público de viviendas. Ninguna rebaja en el precio del dinero u otras “cesiones” del capital son la solución a los problemas de la clase obrera. Se trata de destruir al capital y a su sistema títere, el capitalismo, para poner la riqueza al servicio de la única clase que produce valor, la clase obrera. Por eso, desde el PCOE, hacemos un amplio llamamiento a la clase obrera hacia la unión de todas sus luchas en un Frente Único del Pueblo para su plena emancipación. La cuestión es clara, o nosotros o ellos.

 

¡Por la socialización de la banca y de todos los medios de producción!

¡Toda la riqueza para la clase obrera!

 

Comisión de propaganda del CC del PCOE




¿Hacia dónde nos lleva el capitalismo?

La intelectualidad burguesa posee la habilidad de describir y enjuiciar los sucesos de una manera muy particular, pues es capaz de fraguar con hechos reales relatos oportunistas y llevarnos a conclusiones opuestas a la verdad, que penetrarán especialmente en la conciencia de quienes están poco curtidos en política, gentes que suelen caer con demasiada facilidad en sus redes aceptando sus relatos envenenados.

Bajo esta premisa podemos advertir que desde que comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, las crónicas burguesas al complot han creado un relato con la intención de desviar la atención de las clases populares de lo que se está cociendo en las entrañas del capitalismo mundial, en consecuencia, en sus propios países.

En este caso, el relato de los cronistas burgueses contiene un mensaje de insidia para que penetre en el pueblo llano la idea de que el conflicto bélico actual, es por culpa de los rusos, y se puede extender por toda la Tierra poniendo en peligro a la humanidad, por lo que toda la responsabilidad debe recaer sobre ellos. Y bajo esas premisas ¡Europa se tiene que preparar para la guerra contra Rusia! así lo han manifestado varios países del continente y más de uno está ya dispuesto para el posible enfrentamiento.

Sin embargo, la proclama de reforzarse para una posible confrontación internacional es una posibilidad que nadie puede desdeñar, pero es una posibilidad muy remota en estos momentos.  Es por ello, que se trata de un subterfugio que trata de ocultar en la fase real que se encuentra el sistema capitalista, pues la preparación para la “guerra” contra sus propios pueblos se lleva a cabo desde hace algunos años especialmente en Europa y por diversos caminos.

Desde hace más de una década los partidos fascistas están tomando cuerpo en las entrañas de los países europeos, hasta hoy honrados como los más “democráticos” del mundo, porque desde ese tiempo se sabe de la deriva que va a tomar la economía burguesa, como consecuencia de la implantación de las nuevas tecnologías autómatas.

Según las predicciones de la OCDE, alrededor del 2030 “las economías emergentes se hundirán, mientras las economías avanzadas lo harán en el 2060. En su conjunto el mundo estará plano”. Y esto sucederá sin posibilidad de retorno. Millones y millones de trabajadores quedarán sin empleo y malvivirán como mendigos errantes, con una supuesta paga mínima de supervivencia, porque jamás volverán trabajar.

Ante esto, los trabajadores debemos organizarnos y prepararnos en las ciudades, pueblos, barrios… creando un amplio Frente Único y alcanzar nuestro objetivo supremo: EL SOCIALISMO. Socialismo para socializar la robotización, la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico y poner sus enormes beneficios y la abundancia de riqueza que generan al pueblo, que son las masas proletarias y trabajadoras, convirtiéndolo en desarrollo social. ¡Socialismo o barbarie! ¡Socialismo o muerte! Esa es la disyuntiva del mundo actual, o la muerte del capitalismo o la vida de la mayoría de la humanidad eso es lo que se dirime hoy en el mundo y los capitalistas son plenamente conscientes de ello, por eso pretenden llevar a los pueblos a la guerra, por ello prolifera el fascismo.

 

¡POR LA UNIDAD DE LA CLASE OBRERA CONTRA EL CAPITALISMO Y SU ESTADO!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DEL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 17 de febrero de 2024.

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La falacia de ‘lo queer’

Federico Engels en el segundo prólogo escrito para el Manifiesto Comunista aseguraba lo siguiente:

“La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx”.

 

Es decir, que la aportación fundamental que Carlos Marx hizo a la historia de la humanidad, y que inspiraría a innumerables revolucionarios en los siglos XIX, XX y XXI, es que la política está subyugada, en cualquier caso, a las relaciones de producción y la superestructura que esta genera. Así, Marx llega al concepto de la lucha de clases y significa qué es un proceso revolucionario: cuando la contradicción de clases sociales opuestas se resuelve en favor de la clase oprimida.

Un texto básico como es el Manifiesto Comunista nos deja entrever que en el capitalismo, cuya relación de producción es la propiedad privada de los medios de producción, hay dos clases que se enfrentan: el proletariado y la burguesía. Así, la clase trabajadora se convierte en el sujeto revolucionario y sobre sus hombros se apoya el peso de la historia escrita conscientemente por el ser humano y el abandono de la prehistoria humana en la que nos hallamos inmersos. Esto es: la historia del socialismo y el comunismo.

Claro es para todos que los trabajadores son diferentes los unos de los otros. Incluso una pareja de gemelos consta de particularidades que los diferencian tanto de forma física como de forma psicológica. El marxismo ocupó la ardua tarea de ver que, a pesar de la diversidad de los trabajadores, lo cardinal de ellos es su papel de desposeídos, su propia condición de proletarios. Así, Marx escribiría:

“Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo.  Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste”.

 

No vemos en el Manifiesto ninguna referencia ni análisis hacia la desvalorización particular hacia el trabajo de la mujer en el siglo XIX, ni sobre la explotación infantil de la época y, sin embargo, eso no ha despojado al marxismo de la defensa a ultranza de la igualdad entre el hombre y la mujer y del rechazo visceral del trabajo infantil. Esto es porque dichas cuestiones son, como bien dijimos al inicio de este documento, consecuencia de las relaciones de producción del capitalismo premonopolista de la época. Claro es que autores comunistas posteriores dedicarán ríos de tinta a desmenuzar estas cuestiones particulares, pero todos esos análisis no son más que consecuencia de la base que Marx, Engels y posteriormente Lenin, han dejado.

El mundo actual, que no es más que la fase imperialista del capitalismo en absoluta bancarrota, conoce más al ser humano que hace dos siglos como consecuencia del desarrollo de la ciencia y la tecnología. En otras palabras, el mundo que nos rodea se entiende mejor hoy que en cualquier otro momento de la historia. Sin embargo, a pesar de toda esa evolución, las relaciones de producción siguen siendo exactamente las mismas que cuando Marx sujetaba su pluma y, por tanto, el sujeto revolucionario sigue siendo el mismo: los proletarios. Los comunistas tenemos claro que a quien se le ocurra dudar sobre esto está siendo un ignorante o un embustero.

Todo lo escrito hasta ahora es una obviedad y nada más que un resumen de algo tan vasto como es la ciencia marxista-leninista. Aun así, el capitalismo es una maquinaria que crea día sí y día también anticomunismo de todos los tamaños y formas; y en un mundo en la que la cantidad de información es tan extensa y accesible, es más fácil que los trabajadores se encuentren confusos y decidan asumir según qué luchas siguiendo a determinados grupúsculos que parecen haber leído a los clásicos del marxismo, pero que cualquier revolucionario que se precie sabe que no han entendido ni la mitad.

Concretamente, para las cuestiones LGBT, nos encontramos que determinados partidos y colectivos que se consideran dentro del Movimiento Comunista Español (MCE), aprovechan la mínima para teñir sus consignas reaccionarias de rojo y así llevar a los trabajadores hacia la reacción, colocando el énfasis donde no hay movimiento revolucionario sino reformismo.

El 29 de junio de 2021, el Partido Comunista de los Trabajadores de España (PCTE) publicaba en su página web y en redes sociales su análisis sobre la proclamada “ley trans”, en el que aseguraban que dicha ley “constituye un problema para la lucha de la mujer y para las personas homosexuales”. Sus argumentos están basados, sobre todo, en la confrontación de la “realidad objetiva” contra la “autopercepción subjetiva” y derivados.

Al PCOE le sorprende poderosamente que el PCTE haga un análisis sobre una ley burguesa en concreto, separe a la mujer del hombre proletario y diferencie a los trabajadores homosexuales de quienes no lo son, porque si algo hemos aprendido los marxistas-leninistas es que:

  • Una ley en el capitalismo, promueva quien la promueva, es una reforma por definición. Independientemente de su contenido, la ley será aplicada o no en función de la composición de las instituciones del Estado. Como las instituciones en el Estado Español son capitalistas, actuarán siempre para garantizar y acentuar la explotación del hombre por el hombre, para servir los intereses de la burguesía.

El ejemplo más claro es que la Constitución franquista de 1978 dice defender el derecho a la vida digna, pero la realidad es que aplicar esa norma sería ordenar a las instituciones burguesas a que no consideren la vivienda como una mercancía. ¿Imaginamos al PCTE analizando la Constitución y legitimándola por incluir dicho apartado?

  • Los trabajadores (independientemente de cualquier condición) estamos siempre amenazados en el capitalismo. No son las leyes burguesas las que establecen una graduación sobre nuestra liberación, sino nuestra posición sobre las relaciones de producción, que en el capitalismo siempre es de desposeídos y explotados.

Por tanto, el nombrado análisis sólo puede caer en la categoría de reformismo y, por tanto, sólo puede destilar reacción en cada una de sus palabras. Sin embargo, ¿podríamos esperar otra cosa de un partido cuya máxima ambición ha sido estrechar las relaciones internacionales con el KKE, partido que se ha manifestado de una manera abiertamente homófoba?

Sin embargo, el PCTE no es el único con posiciones abiertamente reaccionarias y que obvia el sentido de clase de todo lo que nos rodea. Otras organizaciones que aunque se denominen comunistas o leninistas están totalmente alejadas del marxismo y que abrazan abiertamente la reacción llevan durante meses, sino años, atacando lo que ellos denominan “queer” y “posmoderno”. Tanto es así que fácilmente vemos que ya han construido todo su discurso en torno a estos temas y los ha capitalizado de buena forma a través de redes sociales.

Su estrategia política está basada en erigirse la alternativa ante diversos sujetos que escogen en función del discurso “progre” que tengan para que, por comparación, ellos salgan ganando. Así, se puede afirmar sin lugar a dudas que si el discurso feminista o LGBT no existiese, estos fascistas tampoco existirían debido a que el grueso de su repercusión viene de la confrontación con personajes más conocidos que ellos y sus ocurrencias de turno que cualquier fascista suscribiría.

Conociéndolos a través de las publicaciones en las que atacan leyes feministas, LGBT o migratorias (cuestión que ya hemos visto que es puro reformismo), cualquier reaccionario podría formar parte de estas organizaciones sin ningún tipo de problema, puesto que las reivindicaciones que se encontrarán son el “patriotismo revolucionario”, control planificado de las fronteras, defensa de la unidad de España, exaltación de la hispanidad, etcétera. Un cúmulo de categorías que un fascista desnortado es capaz de hacer suyas. Y si hubiese algún atisbo de reivindicación de la lucha de clases, puede ignorarlo fácilmente debido a que ellos no son conocidos por realizar esa labor, sólo es pura retórica.

Lo que hemos visto hasta ahora es que estas etiquetas “queer”, “progre” y “posmoderno” permiten a los reaccionarios estar en su salsa justificándolo envileciendo y desvirtuando completamente lo que es el comunismo, lo cual les retrata como auténticos fascistas al abrazar abiertamente el revisionismo. Es decir, su crítica a estos movimientos no es más que una falacia.

Desde el PCOE somos conscientes y respetamos cada una de las realidades de los seres humanos y consideramos que cualquier discurso que mínimamente aliente a atacar a estos colectivos minorizados merece nuestra más firme condena. Asimismo, defendemos y luchamos porque cada uno de los trabajadores, porque los seres humanos, puedan desarrollarse de manera multilateral e ilimitada.

Al mismo tiempo, somos conscientes que ante la incapacidad de la burguesía y sus instituciones de satisfacer las necesidades humanas, la situación actual se traduce en la mentira y la capitalización total de estos movimientos, llevando a sus elementos a cualquier lugar ajeno a la lucha de clases y fomentando el individualismo a través del desarrollo de la propia identidad.

La liberación del ser humano pasa inevitablemente por la abolición de la explotación de una clase social por otra. En estos términos, el desarrollo de las fuerzas productivas nos lleva a defender directamente la consecución del Socialismo como única democracia que permitirá a los trabajadores tomar las decisiones en su día a día, entre las cuales se incluye, como no puede ser de otra forma, la cuestión de la mujer y la cuestión LGBT. Por tanto, y como paso necesario para ello, es necesaria la construcción del Frente Único del Pueblo como punto común de todos los trabajadores e institución revolucionaria de clase  que enviará al Estado capitalista al basurero de la historia.

 

¡Por la liberación de los trabajadores!

¡Socialismo o barbarie!

 

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Algunas notas sobre libertad, Estado y liberales

Rallo

 

En los medios de comunicación de la burguesía, cada día y a todas horas, aparecen personajillos que nos hablan permanentemente de la libertad. Vulgares lacayos del capitalismo a los que dichos medios de comunicación, mejor dicho, de manipulación de masas, les otorgan el halo de economistas, de pensadores, de intelectuales que emiten todo tipo de barbaridades para apuntalar ideológicamente al capitalismo monopolista de estado, la explotación del hombre y para arremeter y vilipendiar de manera permanente a la única alternativa real que existe al capitalismo: El socialismo como fase primaria hacia el comunismo.

Un ejemplo de este tipo de especímenes son los que siempre llevan en la boca el término ‘libertad’, y que se autodenominan ‘liberales’, al objeto de ‘ilustrar’ al pueblo que sin el dominio de los monopolios, sin la dictadura de la burguesía, que fuera de la formación socioeconómica capitalista la libertad es una quimera, y que la libertad, así en términos absolutos, únicamente es posible bajo lo que denominan ‘capitalismo puro’ o ‘economía de libre mercado’ donde el Estado no intervenga en nada en el aspecto económico, usando al Estado – en este caso al estado burgués – como chivo expiatorio para exculpar al sistema capitalista de su inviabilidad.

La hipocresía de estos personajes ‘liberales’ es manifiesta porque pretenden mostrarse como impugnadores del estado capitalista en aras de hacer prevalecer la ‘libertad individual’, pero les aplauden cuando éste arremete contra los trabajadores y favorece a la burguesía. Estos ‘liberales’, que no quieren injerencias en el terreno económico de su estado, ni de nadie, para imponer a sus anchas y con impunidad absoluta la explotación inmisericorde contra los trabajadores, son los primeros que exigen ‘seguridad jurídica’ para garantizar sus privilegios. ¡Eso son los ‘liberales’! que se les llena la boca hablando de libertad – para su clase social, para la burguesía –, y que critican de boquilla al estado burgués pero, en la práctica y en la teoría, lo defienden a ultranza, como por ejemplo hizo Juan Ramón Rallo en el periódico fascista ‘La Razón’ en abril de 2016, cuando salía en defensa de los paraísos fiscales argumentando que “un paraíso fiscal es una jurisdicción con bajos impuestos, alta seguridad jurídica y extrema protección de la privacidad de los ahorradores. (…) el ahorrador internacional desea proteger su propiedad y, en consecuencia, no se siente atraído por entornos con bajos tributos, pero con muy poca protección frente a otras formas de rapiña política (nacionalizaciones, confiscaciones, inflación, corrupción, etc). Justo por esta combinación de baja fiscalidad y elevada calidad institucional, aquellas economías que se convierten en paraísos fiscales tienden a atraer mucho capital global y a crecer a ritmos que más que duplican los del resto del planeta”. Ahí tenéis a un liberal defendiendo la necesidad del estado burgués que les proporcione impunidad absoluta económica y política, que le garantice todos los privilegios a la gran burguesía – eufemísticamente denominada por este sujeto como ‘ahorradores internacionales’. Y es que el capitalista, ya sea bajo la máscara liberal, socialdemócrata o fascista, todos ellos defensores del capitalismo e iguales de burgueses, necesitan el estado burgués para sostener su criminal sistema de pillaje, para sostener su sistema clasista basado en la explotación del hombre por el hombre, para mantener los privilegios de su clase social burguesa y someter a la clase obrera, al campesinado pobre e incluso a las capas de la pequeña burguesía.

Rallo, que se da golpes en el pecho enarbolando la bandera del liberalismo, que es la forma más cínica de capitalista, tiene un referente que, según él mismo señala, fue el que le convirtió en ‘economista’ y que no es otro que Ludwig Von Mises y su obra “La acción humana” tal y como reconoció en un artículo publicado en el reaccionario digital de Jiménez Losantos.

Hay que reconocer a Rallo que dicha obra muestra perfectamente lo que es un liberal, y la infinita hipocresía que atesoran. Von Mises, en dicha obra, nos muestra su visión del Estado y la necesidad de éste para la existencia de lo que él llama libertad: “Para que la sociedad y la civilización puedan establecerse y pervivir, preciso es adoptar medidas que impidan a los seres antisociales destruir todo eso que el género humano consiguió a lo largo del dilatado proceso que va desde la época Neanderthal hasta nuestros días. Con miras a mantener esa organización social, gracias a la cual el hombre evita ser tiranizado por sus semejantes de mayor fortaleza o habilidad, preciso es instaurar los correspondientes sistemas represivos de la actividad antisocial. La paz pública – es decir, la evitación de una perpetua lucha de todos contra todos- sólo es asequible si se monta un orden donde haya un ente que monopolice la violencia y que disponga de una organización de mando y coerción, la cual, sin embargo, sólo ha de poder operar cuando lo autoricen las correspondientes normas reglamentarias, es decir, las leyes (…) Lo que caracteriza a todo orden social es precisamente la existencia de esa institución autoritaria o impositiva que denominamos gobierno”.

Como se puede comprobar, Mises como burgués que es, pretende frenar las leyes del desarrollo histórico de las sociedades, de tal modo que la historia se acabe con el capitalismo. La historia nos demuestra que Mises miente, pues el estudio de ella nos señala que en la historia se van sucediendo las formaciones socioeconómicas – el régimen del comunismo primitivo, el esclavista, el feudal, el capitalista y el comunista – y que el paso de una a otra atiende a las contradicciones que se desarrollan en el interior de la vieja sociedad que conducen a su muerte, creando las bases para el nuevo régimen que será de orden superior económicamente engendrando también una sociedad más desarrollada. En la actualidad, la lucha de clases es una lucha descarnada entre el socialismo y el imperialismo que, objetivamente, supone un obstáculo para el desarrollo de la humanidad que ésta deberá sortear derrocando revolucionariamente a la burguesía para que se abra paso el desarrollo de la nueva formación socioeconómica, al igual que hizo el capitalismo con el feudalismo. Mises ubica al estado capitalista como el palo que la clase burguesa dispone para ponerle freno a la rueda de la historia y detener su desarrollo, su progreso histórico, sin embargo, bien saben los burgueses que la fuerza de la rueda de la historia, de las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad humana, es infinitamente más fuerte que el más fuerte de los estados burgueses.

Vemos, pues, que los liberales, o liberales-libertarios como también se autodenominan, son firmes defensores del estado burgués, el cual, como expresa Von Mises, debe tener el monopolio de la violencia y la coerción, debe reprimir a todo aquél que cuestione el sistema de libre mercado, amparando todo ello en las leyes, leyes que, por otra parte, son realizadas por la misma burguesía – a través de sus partidos políticos – siendo  la expresión escrita de la voluntad de la clase burguesa al objeto de someter al proletariado. Por tanto, los propios liberales como Von Mises hacen cierta la definición de estado formulada por el marxismo como instrumento de opresión y sometimiento de una clase sobre otra, en el caso del estado burgués la opresión del proletariado por parte de la criminal burguesía, y profundiza todavía más, el estado burgués no sólo debe reprimir a todo aquél que cuestione al capitalismo, a la dictadura de la burguesía, dentro de sus propios límites, sino que debe ser militarista y someter por la fuerza de la guerra, de las armas, a todo aquél estado que cuestione el libre mercado, que en su silogismo es equivalente a la libertad, como Von Mises señala en “La acción humana”, siendo un ferviente partidario de la guerra imperialista: “(…) Quien ame la libertad ha de hallarse siempre dispuesto a luchar hasta la muerte contra aquéllos que sólo desean suprimirla (…) la misión fundamental del gobierno consiste en proteger el orden social no sólo contra los forajidos del interior, sino también contra los asaltantes de fuera. Quienes hoy se oponen al armamento y al servicio militar son cómplices, posiblemente sin ellos mismos advertirlo, de gentes que sólo aspiran a esclavizar al mundo entero. (…)”.

Sobre la libertad, Von Mises habla de ella en términos absolutos y a la vez la relativiza, desde el idealismo más absoluto, o como él mismo señala, desde la praxeología, que es la forma ‘refinada’ en que la Escuela Austriaca de Economía denomina a la lógica y al silogismo, que es su método de análisis concibiendo los fenómenos de manera metafísica, como claramente se ha podido comprobar anteriormente con la cuestión del estado y cómo vamos a analizar más adelante cuando Von Mises se refiere a la libertad.

Decimos que Von Mises habla de la libertad en términos absolutos, razonando de manera metafísica y estática, abrazando el idealismo, porque para él ésta es la capacidad del hombre, desde su individualidad, a “consideramos libre, desde un punto de vista praxeológico, al hombre cuando puede optar entre actuar de un modo o de otro, es decir, cuando puede personalmente determinar sus objetivos y elegir los medios que, al efecto, estime mejores”. Y puesto que el estudio de Von Mises, como el del resto de los capitalistas, para sostener dicho sistema económico no pueden emplear las  leyes universales de la dialéctica que rigen en el mundo, por su materialidad, puesto que quedaría totalmente desbaratado – como Marx ya hizo hace más de 150 años –  deben ir ‘inventando’ para sostener la inmensa mentira del sistema que defienden, no dudando en pasar a matizar la libertad, cuando Mises en “La acción humana” señala “(…) Bajo una economía de mercado, es decir, bajo una organización social de tipo laissez faire, existe una esfera dentro de la cual el hombre puede optar por actuar de un modo o de otro, sin temor a sanción alguna (…) Consideramos, consecuentemente, libre al hombre en el marco de la economía de mercado. Lo es, en efecto, toda vez que la intervención estatal no cercena su autonomía e independencia más allá de lo que ya lo estarían en virtud de insoslayables leyes praxeológicas. A lo único que, bajo tal organización, el ser humano renuncia es a vivir como un irracional”. Según Von Mises el hombre sólo puede ser libre en el marco de la economía de mercado, por tanto, Von Mises está señalando que el ser humano, antes de que el capitalismo llegara, jamás pudo ser libre y, además, según el propio Mises, bajo la economía de mercado organizada según él señala, “existe una esfera dentro de la cual el hombre puede optar por actuar de un modo o de otro, sin temor a sanción alguna (…)”, es decir, que dentro de su economía de mercado el ser humano tiene un pequeño margen para actuar en libertad, según las palabras del propio Von Mises.

Y es que no se puede hablar de libertad en términos absolutos, sino que la libertad va intrínsecamente relacionada con la necesidad y, por consiguiente, no existe la libertad absoluta, sino que la libertad es equivalente a actuar con conocimiento de causa, esto es, con conocimiento de las leyes que rigen el medio, conocimiento de la necesidad u objetivo, y aplicar los primeros de manera consciente para superar a la necesidad o conseguir cumplir el objetivo marcado. ¿Acaso puede considerarse libre o actuar en libertad de uno u otro modo desde la espontaneidad y el desconocimiento? Es evidente que no, aunque para Von Mises la libertad no va relacionada ni con el conocimiento de las leyes que rigen el medio ni tampoco con el objetivo, sino que para Mises la libertad es la capacidad de elección individual dentro del marco del capitalismo, y fuera de éste lo que existe es la irracionalidad.

¿Acaso era irracional el género humano cuando descubrió las leyes de la tierra, la agricultura, y comprendió que podían encontrar su sustento sin necesidad de ser nómadas buscando los diferentes humedales? Es evidente que no, más bien todo lo contrario, es un ejemplo de cómo el género humano actuó en libertad y se liberó de su vida nómada creando las primeras poblaciones sedentarias.

La libertad, por tanto, ni se puede expresar en términos absolutos, ni se ciñe a la fase capitalista. ¿puede actuar en libertad el ignorante? ¿puede actuar en libertad el alienado? ¿puede actuar en libertad el obrero dentro del capitalismo? Es evidente que la respuesta es no, mientras que el ignorante no se libere de su ignorancia, mientras que el alienado no se libere de la vida que lo aliena, y mientras que el obrero no se libere del sistema que lo explota y que le niega su autosuficiencia como consecuencia de estar despojado del control de los medios de producción. Por tanto, el obrero, tiene la necesidad objetiva de romper el capitalismo, de ser dueño de los medios de producción para poder ganar grados de libertad, pues, como el mundo es una permanente cadena de causas y efectos, es evidente que, una vez emancipado del yugo capitalista, el obrero tendrá nuevas necesidades y un mayor poso de conocimiento que le permitirán actuar con conocimiento de causa, actuar en libertad para superar dichas necesidades. Como puede apreciarse, mientras los marxistas analizamos los fenómenos en movimiento, tal y como son y como se desarrollan, los capitalistas extraen una fotografía de la realidad –atendiendo a su interés de clase – estudiándola de manera estática y aislada y, por tanto, abrazando el idealismo y despreciando el empleo del método científico, que es el método dialéctico.

El analizar los hechos con la lógica metafísica, o como los de la Escuela Austriaca de Economía señalan, mediante el empleo de “leyes praxeológicas”, conlleva a las falsedades más descaradas, como puede desprenderse de lo siguiente que dice Von Mises “De libertad sólo disfruta quien vive en una sociedad contractual. La cooperación social, bajo el signo de la propiedad privada de los medios de producción, implica que el individuo, dentro del ámbito del mercado, no se vea constreñido a obedecer ni a servir a ningún jerarca (…)”. ¿Desde cuándo en el capitalismo rige “la cooperación social”? En la sociedad burguesa se reproduce la contradicción que rige en la base económica, emanada de la propiedad privada sobre los medios de producción, que arroja una sociedad clasista con dos clases fundamentales cuyos intereses son antagónicos. El obrero, en el capitalismo, no es esclavo de un burgués, sino que es esclavo del conjunto de la clase burguesa, pues éste está obligado a vender su fuerza de trabajo a un burgués para poder subsistir. Así pues, en el capitalismo la relación entre obreros y patronos no es de colaboración sino de sometimiento del obrero al burgués.

Como puede apreciarse, los liberales o libertarios, cuando hablan de libertad, evidentemente, se refieren a la libertad de la burguesía, a la libertad de explotar con impunidad, a la libertad de saquear y reprimir. De tal modo que el propio Von Mises, lejos de refutar al marxismo-leninismo, lo reafirma, pues tal y como Lenin expresaba, en la sociedad clasista, absolutamente todo atiende y lleva detrás un interés de clase.

Hemos visto que Von Mises defiende abiertamente la dictadura de la burguesía, donde el Estado burgués tenga el monopolio de la violencia para reprimir a todo aquél que se oponga al capitalismo, al libre mercado, así como también defiende que el Estado no dude en enfrentarse contra otros estados que no sean capitalistas de tal modo que, en nombre de la defensa de la libertad que para él es la economía de mercado o capitalismo, “ha de hallarse siempre dispuesto a luchar hasta la muerte contra aquéllos que sólo desean suprimirla”, ergo Von Mises es un defensor de la guerra entre los pueblos al objeto de defender al capitalismo.

Von Mises subordina al ser humano al capitalismo, a los intereses de la burguesía. En consecuencia, Von Mises repudia por completo al humanismo en tanto que ubica al capitalismo por encima de la dignidad y el valor del hombre, subordina el derecho al libre desarrollo humano al libre mercado y a la explotación del hombre que generan desigualdad política y nacional, desigualdad entre el trabajo manual e intelectual, entre la ciudad y el campo, condenando a la humanidad a la incultura, a la alienación, en definitiva, a la miseria material y espiritual.

Von Mises señala en “La acción humana” que “Desde tiempos inmemoriales, Occidente ha valorado la libertad como el bien más precioso. La preeminencia occidental se basó, precisamente en esa su obsesiva pasión por la libertad, ideario social éste totalmente desconocido por los pueblos orientales. La filosofía social de Occidente es, en esencia, la filosofía de la libertad (…)” que, como se puede comprobar, trasluce su chovinismo y expresa su superioridad y desprecio hacia los pueblos orientales, en particular, y hacia todo aquél que cuestione el capitalismo en general.

Von Mises, en sus obras, realiza auténticos ejercicios revisionistas con los que falsea la historia sin pudor ni vergüenza, al objeto de satisfacer los intereses de la burguesía, y ahí está sus obras “La acción humana” o “El Socialismo” que lo atestiguan y donde, además, manifiesta abiertamente su anticomunismo voraz.

Como puede comprobarse, por todo lo relatado a lo largo del presente documento, no nos equivocamos si advertimos que los seguidores de la Escuela Austriaca de Economía, que se etiquetan como liberales y libertarios son, fundamentalmente, los ideólogos del fascismo.

 

F.Barjas

Secretario General del Partido Comunista Obrero Español