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¿Fascismo o democracia burguesa?

Mientras exista el imperialismo, la obra de Lenin estará siempre sujeta a sus más duras e inverosímiles críticas y estará también expuesta a las interpretaciones más que dudosas, que desde las filas del Movimiento Comunista y Obrero Mundial, se llevarán a cabo por quienes se hacen eco de la propaganda burguesa. De acuerdo con las experiencias que nos aportan al respecto todas las revoluciones, la denuncia al oportunismo en el interior del movimiento obrero y comunista se ha hecho ley inquebrantable para los marxistas-leninistas, pues su poder de persuasión sobre los trabajadores más atrasados frena y hace retroceder el proceso revolucionario.

Al mismo tiempo que el reformismo, a su lado, se desarrolla también el izquierdismo, de gran calado entre la juventud inexperta, que se distingue porque se apoya en la supuesta salvaguarda del marxismo-leninismo, exagera sus principios o descontextualiza sus dichos y sentencias con las que componen sus postulados políticos.

Nos equivocaríamos una y otra vez si no permanecemos en alerta y, si por simpatías u otras razones ajenas al interés revolucionario, callásemos frente a la manipulación de los principios marxistas-leninistas. No hay motivos por muy inofensivos que nos parezcan, que puedan justificar la abjuración, venga ésta de donde venga. A lo único que nos conduciría nuestro silencio ante una traición cometida contra la clase obrera, es a la complicidad más vergonzosa con sus enemigos.

En estos momentos históricos, en los que la clase obrera de nuestro país se ve obligada a recobrar su dignidad mancillada por el revisionismo, la fidelidad y el compromiso del Partido no permite ninguna debilidad que le desvíe del proceso emprendido de entroncamiento con élla, a la vez que con el pueblo trabajador. Por estas razones, y correspondiendo a nuestra inspiración revolucionaria, en los párrafos siguientes vamos a dejar constancia de nuestras opiniones sobre un tema de candente actualidad que tiene al leninismo de protagonista principal: El fascismo y La Democracia Burguesa.

CARÁCTER DEL ESTADO ESPAÑOL

Caracterizar el fascismo con una definición universal ha sido el objetivo prioritario de la III internacional y es la causa que posteriormente mereció la reflexión de los filósofos y teóricos de la Escuela de Frankfurt. El Movimiento Comunista Internacional dio por zanjado el debate hace varias décadas y desde entonces hasta aquí, las críticas se han centrado en otros campos de la Revolución. No obstante, nuestro partido es consciente de que en este país el debate aún no ha sido superado en su totalidad. Únicamente se ha aparcado. Probablemente haya sido por puro miedo a abordarlo desde los partidos que se reclaman del marxismo leninismo, o como en nuestro caso, por tener una posición muy definida, que hasta la presente no ha sido puesta en tela de juicio por ningún otro partido o reconocido teórico. Ahora, con motivo de la grave crisis que azota al capitalismo europeo y debido a las políticas reaccionarias que está poniendo en práctica el imperialismo continental, el debate restaura su vigencia. A partir de este momento es pertinente afrontarlo con todas sus consecuencias, toda vez que hasta nuestros dominios ha llegado un documento redactado por Juan Manuel Olarieta titulado: “Cambiar algo para que todo siga igual” en el que por extensión se nos califica de revisionistas porque no compartimos su tesis central, documento que nos ofrece la visión pequeñoburguesa del mundo actual.

El objetivo fundamental que se propone Olarieta es demostrar de forma irrecusable, que lo que existe en todos los países imperialistas y muy concretamente en el español, no es la democracia (burguesa) propia del período de la libre competencia, sino el fascismo, que es la forma política de dominación que corresponde al capital monopolista (imperialismo). En este supuesto, la defensa de una posible salida del actual régimen hacia la república democrática burguesa, constituye un engaño en toda regla, porque la historia nunca da marcha hacia atrás. Al objeto de probar su razonamiento, Olarieta pone por testigos de cargos a Lenin y por supuesto, a Dimitrov.

Después de hacer una lectura pormenorizada de dicho artículo, tenemos que reconocer que está redactado con una extraordinaria habilidad para apoyarse en una argumentación muy atractiva entre los sectores más jóvenes del comunismo, proclives a sustentar posiciones izquierdistas. Se puede apreciar fácilmente que el autor del documento conoce a la perfección todos los recovecos de la síntesis, lo que le convierte en un experto en encontrar atajos para llegar al lugar deseado, dejando tras de sí una estela de sensaciones muy convincentes. En esta ocasión recurre al discurso dialéctico por el que se rige el Materialismo Histórico y qué mejor que valerse de las palabras acreditadas de Lenin en “Sobre la caricatura del marxismo” para dar sentido y calidad de infalible a su pensamiento:

El viraje de la democracia a la reacción política constituye la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista (el imperialismo es el capitalismo monopolista). La democracia corresponde a la libre competencia. La reacción política corresponde al monopolio “Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la ‘negación’ de la democracia en general, de toda la democracia

No nos sorprende lo más mínimo que una referencia tan escueta proveniente de Lenin, que va directamente al meollo del problema, induzca a pensar que efectivamente, Olarieta tiene toda la razón. Está clarísimo que en este párrafo Lenin describe en términos generales con el magisterio que le caracteriza, el curso dialéctico del desarrollo histórico del capitalismo. Y no nos cabe ninguna duda tampoco, a tenor de lo leído, que la democracia corresponde a la libre competencia, es decir, al capitalismo premonopolista. Como también estamos de acuerdo en que el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia tanto en la política exterior como en la interior y por ello es la “negación” de la democracia en general, de toda democracia.

Hasta aquí Olarieta puede presumir de no haber expuesto ninguna mentira, pero, se nos antoja sugerir a los militantes menos avezados en el marxismo, que hagan una lectura sosegada de la obra de Lenin, mucho más extensa y explícita que esta diminuta reseña, y pensamos que si tal vez sometiésemos a disquisición sus puntos mas interesantes, la conclusión no sería tan favorable a sus deseos. Todo marxista-leninista reconocerá que la “libertad” de mercado ha sido y es el rasgo distintivo de la democracia burguesa, en tanto, hace posible la igualdad de los capitalistas para competir. Igualdad, libertad y competencia son realidades prácticas de goce exclusivo para el burgués, que se cumplen únicamente en el mercado. Podemos hablar de democracia “pura” para la clase burguesa, pero nunca lo será para el proletariado. Marx, Engels y Lenin nos advirtieron en infinidad de ocasiones que: “la república burguesa, aún la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de capitalistas” (introducción de F. Engels al trabajo de C. Marx “La guerra civil en Francia”) Esto lo escribieron Marx y Engels durante el período de la libre competencia.

Ahora bien, en una determinada fase de su desarrollo, la libre competencia engendra el monopolio y poco a poco se van introduciendo cambios cualitativos tanto en las estructuras como en las superestructuras del sistema capitalista, sin menoscabo de su esencia, es decir, la propiedad privada sobre los medios de producción. El monopolio se desarrolla en todos los sectores económicos (banca, industria, comercio, transporte), por eso concentra bajo su dominio la producción y venta de una parte considerable de mercancías de uno o varios sectores y el financiamiento de la industria y del comercio. Su poder económico, su capacidad de producción, de comercialización y exportación de capitales, le permite imponer su precio, sus condiciones, con lo cual conculca las leyes de la libre competencia, pero no siempre lo puede extender en toda su dimensión. Esta ley del desarrollo capitalista quebranta la libertad e igualdad de las empresas que se concreta a través del mercado (esencia de la democracia burguesa).  Pero es quebrantada hasta cierto punto, ya que en ningún país del mundo existe el monopolismo absoluto e indiviso. Estas son las razones que explican la aparición y el desarrollo del monopolio, así como su tendencia a negar la democracia (burguesa) en su aspecto económico, como ya había previsto Lenin, lo que naturalmente se refleja en el ámbito de las superestructuras.

Advirtamos que el monopolio no evoluciona aislado en su entorno, sino que vive en constante contradicción con la pequeña y mediana empresa, con otros monopolios del mismo país y con monopolios del exterior; sin embargo, su contradicción principal es la que mantiene con el proletariado nacional e internacional. En la búsqueda de las soluciones de los graves problemas que surgen en las luchas con sus oponentes, los monopolios triunfantes se afianzan, convirtiéndose en imperialistas, llegando a controlar a uno o varios sectores de la economía mundial. Por consiguiente, tanto en lo nacional como en lo internacional, tienden a imponerse, a la par que a restringir e incluso, a negar la democracia; pero su consumación o “fracaso” dependerá de la correlación de fuerzas. Estas mismas contradicciones les pueden obligar a tomar distintas decisiones tácticas y a realizar “concesiones” en contra de sus deseos, con tal de mantener su poder económico y político: son frecuentes los sobornos a gobiernos a extranjeros democráticos como también a los de su propio país. De la misma manera proceden a la instauración de la “democracia burguesa” que por supuesto ya no será la misma que en antaño, cuando expresaba los intereses de la libre competencia, lo que equivaldría a una vuelta atrás en la historia etc. Es cierto que en nuestro país no hubo rompimiento total con el fascismo, mas no debe ocultarse que, en las fábricas y en las calles, el pueblo discurría por una vereda de crecientes luchas que fueron traicionadas por la socialdemocracia y el Partido Comunista, concretadas en un pacto reaccionario, que permitió al gran capital continuar con su poder político y económico en el marco de la democracia burguesa.

Bajo condiciones concretas, la tendencia a la reacción es obstaculizada en la práctica, evitándose que el carácter “reaccionario” subyacente en la naturaleza de los monopolios se manifieste con todo su potencial, entonces, se “oculta” o se “mimetiza” en una táctica de conveniencia o de impotencia. En los países imperialistas y, como se puede constatar, durante toda la historia moderna y contemporánea, pueden pervivir durante largos períodos la democracia burguesa en grados distintos y en formas variadas, cuyas diferencias más sobresalientes con la democracia de la época de la libre competencia, se concentran obviamente en el mercado, en la falsedad más acusada del parlamentarismo y en el recurso a la guerra, que tienen sus repercusiones en las actividades de las superestructuras, pero de ningún modo existen diferencias en cuanto a la cantidad y tipo de violencia que emplean para reprimir al pueblo trabajador y para transgredir con total impunidad las libertades y derechos de los trabajadores, que solo son reconocidas formalmente en ambos ciclos. En este sentido, explicábamos el despotismo de la libre competencia, ante el Aniversario de la II República española:

En Julio de 1931 tuvo lugar en Sevilla una huelga convocada por comunistas y anarquistas. Como consecuencia de ella, la República impone el estado de sitio en la ciudad el 22 del mismo mes, es decir, cuatro meses después de su proclamación. La represión del régimen fue brutal como lo demuestran el bombardeo (cañonazo) a la Casa de Cornelio donde se reunían los comunistas y la aplicación de la ley de fugas a cuatro comunistas en el Parque de María Luisa.

Posteriormente, se convocó nueva huelga general en Febrero de 1932 contra las deportaciones de 72 obreros a Guinea, por el delito de ser revolucionarios. Fue ese mismo régimen el que en el 1934 procedió contra los revolucionarios en Asturias y Cataluña, causando cerca de 2000 muertos y alrededor de 30.000 detenidos.”

Desde nuestra reflexión entendemos que en estos supuestos, Lenin no absolutiza los términos “tender” y “negar”. En todo caso se trata de una inclinación natural que puede verse truncada circunstancialmente por las fuerzas opositoras antagónicas y no antagónicas, sin que las nuevas condiciones signifiquen que el monopolio se haya transformado en una entidad pacífica y desnaturalizada. Por el contrario, el monopolio no se desprende de su violencia como tampoco de su reaccionarismo. Siempre intentará imponer su ley por cualquier método. Lenin convencido de esta realidad, no tuvo ningún inconveniente en llamar las cosas por su nombre, por ejemplo, democracia burguesa:

En el país capitalista más desarrollado del continente europeo, en Alemania, los primeros meses de plena libertad republicana, traída por la derrota de la Alemania imperialista, han mostrado a los obreros alemanes y a todo el mundo cuál es la verdadera esencia de clase de la república democrática burguesa. El asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo no sólo es un acontecimiento de importancia histórica mundial porque hayan perecido trágicamente dos jefes y brillantísimas personalidades de la Internacional Comunista. Internacional verdaderamente proletaria, sino también porque se ha puesto de manifiesto con toda plenitud la esencia de clase de un Estado adelantado de Europa, de un Estado -puede afirmarse sin incurrir en exageración- adelantado entre todos los Estados del mundo

En la obra de Lenin podemos encontrar decenas de referencias que sitúan a la democracia burguesa en el imperialismo. ¿Incurre el líder soviético en contradicción con respecto del párrafo citado por Olarieta, examinado por nosotros? ¿Da marcha atrás la historia? Creemos que no. El mundo de los monopolios no es monolítico como presuponía Kautsky que lo idealizó hasta el absurdo: “No tenemos fundamento alguno para suponer que sin la ocupación militar de Egipto el comercio con él habría crecido menos, bajo la influencia del simple peso de los factores económicos. Como mejor puede realizar el capital su tendencia a la expansión no es por medio de los métodos violentos del imperialismo, sino por la democracia pacífica” Una interpretación falsa del carácter monopolista, que Lenin refuta con su acostumbrada firmeza, por constituir un engaño reformista insoportable:

Kautsky ha roto con el marxismo al defender para la época del capital financiero un “ideal reaccionario”, la “democracia pacífica”, el “simple peso de los factores económicos”, pues este ideal arrastra objetivamente hacia atrás, del capitalismo monopolista al capitalismo no monopolista y es un engaño reformista

Naturalmente, Lenin rechaza sin paliativos la vuelta atrás en el marco del Materialismo Histórico desde una etapa económica superior a la inferior que la precede. La vuelta del monopolio a la libre competencia es tan irrealizable como que el hijo vuelva al seno de su madre. Pero en esta coyuntura, alude a la torpeza de Kaustky al atribuir cualidades al capitalismo monopolista que corresponde al período premonopolista: la “democracia pacífica”. Sin ninguna duda, Lenin se refiere al supuesto carácter “pacífico” de la democracia que no tiene lugar en el imperialismo, en el que el capital financiero pone en acción todos los medios imaginables para conquistar el mercado mundial, incluso la Guerra Mundial; en cambio, sí tiene cabida en la libre competencia, en donde aún no había aparecido el monopolio (imperialismo) .

Con Lenin no puede darse por terminado el debate, puesto que solo pudo hablar de reacción y negación de la democracia como tendencia, debido a que no conoció directamente el fascismo. Una vez más, debemos hacer especial hincapié en que el líder soviético utiliza el término “negación” en el mismo sentido que lo hace con la clase obrera respecto del sistema capitalista. Por el lugar que ocupa en la producción, la clase obrera es la negación de la sociedad burguesa, por este motivo su lucha frente a las tropelías del sistema propende hacia el socialismo tal como Lenin predijo, aunque no lo consiga hasta que instituya la Dictadura del Proletariado, es decir, la nueva democracia que corresponde al período del poder de la clase obrera.

Fue Dimitrov, uno de los líderes más celebrados de la III Internacional, quien profundizó en el fascismo en su articulo “El fascismo y la clase obrera”:

Bajo las condiciones de la profunda crisis económica desencadenada, de la violenta agudización de la crisis general del capitalismo, de la revolucionarización de las masas trabajadoras, el fascismo ha pasado a una amplia ofensiva. La burguesía dominante busca cada vez más su salvación en el fascismo para llevar a cabo medidas excepcionales de expoliación contra los trabajadores, para preparar una guerra imperialista de rapiña

El fascismo pues, es una opción del gran capital que ha de buscar en condiciones muy concretas inferidas por la lucha de clases. Opción que puede llegar a utilizar o no. Prosigue Dimitrov:

Los círculos imperialistas intentan descargar todo el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Para esto, necesitan el fascismo. Tratan de resolver el problema de los mercados mediante la esclavización de los pueblos débiles, mediante el aumento de la presión colonial y un nuevo reparto del mundo por la vía de la guerra. Para esto, necesitan el fascismo. Intentan adelantarse al crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante el aplastamiento del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos y el ataque militar contra la Unión Soviética, baluarte del proletariado mundial. Para esto, necesitan el fascismo. En una serie de países -particularmente en Alemania- estos círculos imperialistas lograron, antes del viraje decisivo de las masas hacia la revolución, infligir al proletariado una derrota e instaurar la dictadura fascista.”

La exacerbación de la lucha de clases obliga a la burguesía imperialista a recurrir al fascismo, a adoptar las posiciones del sector imperialista más reaccionario, porque el proletariado tiende a negar el sistema vigente, la democracia burguesa. En este sentido lo admite Dimitrov cuando afirma:

Pero la característica de la victoria del fascismo es precisamente la circunstancia de que esta victoria atestigua por una parte la debilidad del proletariado, desorganizado y paralizado por la política escisionista socialdemócrata de colaboración de clase con la burguesía y, por otra parte, revela la debilidad de la propia burguesía que tiene miedo a que se realice la unidad de lucha de la clase obrera, que teme a la revolución y no está ya en condiciones de mantener su dictadura sobre las masas con los viejos métodos de la democracia burguesa y del parlamentarismo.”

El XIII Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista llegó a la siguiente conclusión, fruto de los debates desarrollados en su seno :

El fascismo es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.”

Continuando con la línea leninista, en la Escuela de Frankfurt un sector entiende que el orden que en 1789 se produjo como vía de progreso, llevaba en sí la tendencia al nazismo, mientras que otros justifican que la aparición del nazismo fue el fruto y la necesidad del capitalismo para llevar a cabo su expansión. Pese a su diversidad y aunque con frecuencia utilizaran el término “fascismo” aplicados a las dos versiones históricas del fenómeno (el italiano y el alemán), los frankfurteses tomaron en consideración, con preferencia, la segunda. Pero en términos generales, la Escuela, ante las dictaduras de derechas, hace suya la tesis del VII Congreso del Komintern, según la cual el fascismo es “la dictadura abierta y terrorista de los elementos más reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero” que fue asumido por la URSS de Stalin sin ningún reparo:

FASCISMO: corriente política surgida en el período de la crisis general del capitalismo, expresión de los intereses de las fuerzas más reaccionarias y agresivas de la burguesía imperialista” (Diccionario Político- Editorial Progreso)

Nuestras desavenencias con Olarieta van muchísimo más lejos que la simple categorización y definición conceptual del fascismo. A una posición teórica le corresponde por fuerza un objetivo concreto que justifica el análisis, con las consiguientes tácticas y estrategias intermedias. No podemos pecar de ilusos, las diferencias son enormes porque conforman líneas divergentes hacia el socialismo. Debe entenderse que los juicios del PCOE recalan exactamente en el lugar en que “España” se muestra como un estado democrático burgués, con una fuerte inclinación hacia el fascismo auspiciada por la crisis, coincidiendo con las teorías de los Maestros.

Para el PCOE, la crisis no determina su estrategia socialista, en tal caso nos proporciona celeridad, crecimiento en la actividad y en número de militantes, a la vez que, nos facilita la comprobación de lo atinado o desacertado de nuestra táctica de Masas, el FRENTE UNICO DEL PUEBLO, así como también nos suministra las razones suficientes para ratificar que entre el imperialismo y el socialismo no hay estadios intermedios.

Olarieta, al tildar de fascista al actual Estado español, tras una búsqueda y rebúsqueda de pruebas que confirmen su opinión, se mete en un lío sin pretenderlo. ¿Cuál es la estrategia contra el fascismo en las condiciones dadas? ¿República Democrática Popular o Socialismo? ¿Y cuáles las tácticas intermedias? Silencio absoluto.

En el programa del PCEr editado en Octubre de 1993, se contempla literalmente:

De acuerdo con las condiciones generales que se acaban de señalar, la revolución pendiente en España sólo puede tener un carácter socialista. Este es el objetivo estratégico que persigue el Partido. Por consiguiente, no existe ninguna etapa revolucionaria intermedia, ningún peldaño de la escalera histórica anterior a la revolución socialista.”

Pero la realidad es otra muy distinta. Luego de un proceloso recorrido de idas y vueltas en pos de razonamientos que les proporcione una salida airosa, se entregan de lleno al revisionismo. La dictadura del proletariado tendrá que esperar por ahora, porque no hay condiciones para luchar por élla. Entonces, es preferible desdecirse tres líneas más abajo e inventar un espacio o período transitorio entre el capitalismo y la Dictadura del Proletariado, rechazado ya hace tiempo por los Partidos Comunistas revolucionarios:

Con la instauración de la República Popular se inicia el periodo que va desde el derrocamiento del Estado Burgués a la implantación de la dictadura revolucionaria del proletariado y que marca una corta etapa de transición política, la cual habrá de estar presidida por un gobierno provisional que actúe como órgano de las amplias masas del pueblo alzado en armas. La principal misión de este gobierno será la de aplastar la oposición violenta de la gran burguesía y demás sectores reaccionarios y garantizar la celebración de unas elecciones verdaderamente libres a una Asamblea Democrática y Popular. Esta Asamblea Democrática y Popular elaborará la Constitución y nombrará al nuevo gobierno democrático

Como no podía ser de otra forma, un posicionamiento izquierdista respecto del Estado, tenía obligatoriamente que inferir una táctica revisionista. Es decir, se trata de dirigir las luchas de la clase obrera para derrotar el capitalismo y en vez de implantar la Dictadura del Proletariado, se instaura un período donde tienen lugar unas votaciones descaradamente burguesas, pues solo se excluye a la gran burguesía violenta y demás ¿sectores reaccionarios? Los vencedores en los comicios decidirán el destino del país ¿Acaso no tiene cierta semejanza con el I Manifiesto por la República, en donde también se dispone que se celebrarían unas elecciones para decidir qué tipo de estado quiere el pueblo, dando opción a la restauración de la Monarquía derrotada? Pues se trata de una democracia popular refutada por la historia y desdeñada por los partidos revolucionarios después de un proceso de reflexión exhaustivo.

El colosal avance de las fuerzas productivas ha auspiciado la promoción de toda una generación de hijos de trabajadores formados en las universidades y en escuelas profesionales, que hacen posible acceder a la dictadura del proletariado soñada por Marx, Engels y Lenin, sin necesidad de sufrir de nuevo las experiencias negativas del pasado. Olarieta y el PCE(r) se hallan anclados a un pasado tenebroso que produjo la grave crisis por la que aún atraviesa el Movimiento Comunista Internacional.

Con un pueblo en armas y con una burguesía derrotada, apelar a unas votaciones constituyentes es el colmo de la necedad. Como dijo Lenin ¡El colmo de la estulticia!, porque a la postre nos jugamos de nuevo en un día de elecciones, la revolución ganada con sudor, sangre y muertes en meses o años.

Para tan pobre viaje no hacia falta semejantes alforjas. La situación política más la configuración contemporánea del movimiento obrero y sindical de nuestro país, proporciona los elementos suficientes para pasar de lo ideal a la práctica, en la proclamación de la clase obrera como el sujeto revolucionario, por medio de las ACDTs, que en su desarrollo aglutinará al conjunto de aquellos sectores realmente interesados en el socialismo (dictadura del proletariado). La síntesis del discurso revolucionario se llama FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, ACDTs y FUP como órganos de Poder Popular que armados con las experiencias de las luchas abiertas contra el Estado capitalista y sus secuaces, se facultarán de legitimidad para sustituir las instituciones burguesas.

A estas alturas, no es de recibo la presentación de ninguna táctica indefinida dejada de la mano de la casualidad y de la espontaneidad. Es completamente natural, que quienes no inician nunca el camino, jamás lleguen al final.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

FEDERACION DE JOVENES COMUNISTAS DE ESPAÑA (FJCE)

 

 




¿Qué hacer?

Ante la situación de la clase obrera en la España del siglo XXI, con unas condiciones cada vez más duras debidas a las necesidades objetivas del capitalismo, que necesita robar y masacrar cada vez más a las masas laboriosas, se nos plantea un interrogante: ¿qué hacer y cómo desarrollar el Partido Comunista, y cuál debe ser el papel del Partido en esta situación?

El PCOE plantea la lucha en diversas coordenadas. En primer lugar, limpiar al Movimiento Comunista de todos los vicios, desviaciones y revisionismos que de la ciencia del marxismo-leninismo se han ido produciendo a lo largo de décadas. Fue necesaria y sigue siendo, la lucha tenaz por la recuperación de los caracteres ideológicos del Partido Comunista, pues sin una teoría de vanguardia no se llega a ninguna parte.

En el movimiento comunista español de hoy en día se observan dos desviaciones principales: el reformismo y el economicismo. El primero niega las leyes científicas del movimiento y el desarrollo de la sociedad, niega aspectos como el carácter de clase del Estado, niega la teoría del paso del capitalismo al socialismo mediante la revolución violenta y, en definitiva, prescinde de aspectos fundamentales del marxismo, para adaptarlos a lo políticamente aceptable para estas formaciones. La extracción social de la militancia de dichas organizaciones, principalmente pequeño-burguesas, profesiones liberales, intelectuales o funcionariado, los hizo alejarse progresivamente de los sectores más avanzados de la clase obrera. Así fue normal y lógica la sustitución del marxismo-leninismo por nuevas y eclécticas teorías que negaban al sujeto revolucionario e inclusive planteaban posicionamientos idealistas y metafísicos en lo ideológico.

La segunda de las desviaciones es el economicismo. Incluso aquellos partidos que se dicen armados del marxismo-leninismo, no dejan sino de comportarse y realizar una praxis sindical, y encima con bastantes malos resultados. Hay que señalar algo fundamental: el Partido Comunista no es un sindicato.

Quien no entienda esto, y quien no entienda que la praxis de los comunistas se desarrolla mediante la unión de lo económico, lo ideológico y lo político -y cuya vertiente económica es la de menor importancia- , está condenado a marchar siempre a rebufo de la conciencia espontánea de las masas, está condenado a dejarse arrastrar por una sucesión de luchas económicas que no crean el ingrediente principal: la conciencia de clase. Es una desviación muy frecuente tanto en el Movimiento Comunista español como en el internacional.

El PCOE, haciendo crítica y autocrítica de épocas pasadas, llegó a la conclusión de que el economicismo es una desviación a corregir en el seno del Movimiento Comunista. Pero no sólo el PCOE: recientemente el KKE, en los documentos de su último congreso, ha llegado a la conclusión de que el economicismo es mero revisionismo. La concatenación de más de 30 huelgas generales en Grecia, la existencia de un poderoso sindicato de clase (PAME), las miles de movilizaciones económicas generadas en Grecia, no han servido para nada, no ha habido cambio en la correlación de fuerzas, y el mismo KKE reconoce que la capacitación político-ideológica general de sus cuadros militantes y simpatizantes, no da el nivel requerido para afrontar la situación.

Es decir, han dejado de lado la lucha ideológica y política para centrarse en el economicismo, lo cual los ha llevado a un callejón sin salida. Nos congratulamos de sus nuevos lineamientos, que los acerca a lo que debe ser un Partido que se reclame comunista.

Por tanto, si uno de los más poderosos partidos de Europa en lo cuantitativo y en peso social falla, ¿qué no podremos esperar de los que mecánicamente copian las experiencias del proceso griego sin analizar en base al socialismo científico los defectos de dicha experiencia?

Es decir, se cae en el idealismo metafísico y antimarxista de la “adoración”, de la búsqueda del “referente” inmaculado, cuando de lo que se trata es de resolver en común los problemas del Movimiento Comunista es su conjunto.

Desechamos, asimismo, las posiciones izquierdistas de destruir todo lo existente, posiciones que también se basan en el idealismo contrario a toda dialéctica, pues la historia demuestra que las desviaciones son corregibles si existe la fraternal y camaraderil posición de ayudar a superarlas.

El PCOE, como organización que, modesta en lo numérico, da una importancia fundamental a la teoría y al análisis científico del movimiento de la sociedad, de los cambios estructurales que preceden a los superestructurales, llegó a importantes conclusiones. En primer lugar, que los partidos que se denominan comunistas y revolucionarios están totalmente alejados de las masas que dicen representar, lo que lleva a análisis subjetivos y, por ende, antimarxistas.

En las visitas periódicas que la militancia del PCOE realiza a los polígonos industriales, fábricas y centros de trabajo, se pudo observar y corregir detalles de nuestra política que, de otra manera, nunca hubiesen sido subsanados por la falta de conexión con las masas, lo que nos hubiera llevado a repetir mecánicamente estrategias caducas de acercamiento a la clase obrera, desde una visión subjetiva, que se traduce en lo que algunos denominan el trabajo en los frentes de masas.

El elemento fundamental de dichos frentes son, precisamente, las masas, y en concreto, para los comunistas, es el sujeto revolucionario: la clase obrera. Esta clase obrera está tan alejada en general de los frentes de masas como de las organizaciones que los componen, dando lugar al divorcio entre partido y masas, y, por ende, a la nulidad cualitativa de cualquier “trabajo” que se desarrolle en dichos frentes. Esto es así, como explicamos en numerosas ocasiones, por la pérdida del vínculo entre las masas y las organizaciones.

Por tanto, desde un análisis objetivo de la situación, nos tocó señalar el momento en que nos encontramos. La clase obrera está tan abandonada y las organizaciones llamadas a liderarla tienen tales delirios subjetivos, que es una entelequia el pensar que, a pesar de la brutal depauperación de las condiciones de vida de la clase obrera, algo vaya a cambiar; independientemente de que un cambio sin la presencia de un Partido Comunista fuerte, de la vanguardia organizada del proletariado, sea algo cuyo planteamiento vaya en contra de todas las leyes del materialismo histórico.

Debido a ese análisis llegamos a la conclusión de que lo prioritario es restablecer los vínculos de la clase con su Partido. Pero a la hora de restablecer estos vínculos, debemos tener presentes las dos desviaciones fundamentales que comentamos anteriormente: el reformismo y el economicismo. La clase obrera está hastiada de la promesa de que mediante reformas va a cambiar algo su situación. La acumulación de cambios cuantitativos que conduzcan a los cualitativos, que es algo que pretenden reformistas y otros que se dicen del marxismo-leninismo, es una tendencia que la situación actual ha superado. La clase obrera necesita desde ya, con urgencia, la presencia de un Partido Comunista que no les hable de reformas, ni de capitalismo de rostro humano, sino que le explique bien y a las claras a qué se debe su situación de opresión y cuáles son las fórmulas científicas y demostradas de superar dicha situación. Es decir, explicar el desarrollo objetivo del capitalismo, según sus leyes, y la necesidad de pasar al socialismo como modo de producción más elevado, superior.

En segundo lugar, tampoco podemos abordar a la clase desde el economicismo, pues la conciencia de clase tampoco va a evolucionar de lo meramente sindical, que no es más que reformismo y entra dentro de los límites del marco burgués. La mera lucha sindical no va a traer el socialismo, y esto es fundamental comprenderlo. Además debemos saber qué es la conciencia de clase. La conciencia de clase no significa que los obreros se agrupen por la defensa de sus intereses en una lucha económica; esto puede ser el embrión, pero sin la acción del Partido inoculando desde fuera la ciencia del marxismo-leninismo, esa conciencia no se desarrolla y aún va para atrás. Miremos a Grecia, puntal de la lucha economicista, y aprendamos la lección y de los errores. La conciencia de clase es la compresión por parte del obrero de la necesidad de poner fin al capitalismo y construir el socialismo; es decir, la conciencia de clase, hablando de manera sencilla, se desarrolla en el momento en que el obrero interioriza los postulados comunistas, los hace suyos, y lucha por su implantación, aunque no milite en las filas del Partido Comunista.

El papel del Partido no es, pues, el convertirse en sindicato sino educar revolucionariamente a los obreros en la ciencia del marxismo-leninismo, explicar a los obreros el materialismo histórico y dialéctico, la economía política y la teoría leninista de la revolución socialista. Con pedagogía, con un lenguaje comprensible, pero que dicho lenguaje no sirva como excusa para eludir los contenidos, cosa que los oportunistas son muy aficionados a hacer.

El Partido debe hablar de política a los obreros siempre, en todas situaciones, sea por el motivo que sea y enlazando cualquier hecho que se produzca en la sociedad con la situación de explotación de nuestra clase. Al principio, muchos obreros adoptarán incluso una actitud hostil, lo que es lógico, pero los comunistas sabemos que decimos la verdad y que las propias leyes del movimiento y el desarrollo de la sociedad van a confirmar lo que nosotros les decimos a los obreros, ganándolos para nuestra causa. Muchos de los denominados comunistas se desesperan al no entender la hostilidad de los obreros, o recurren a rebajar los contenidos de su discurso para buscar la aceptación. No entendieron nada, y fallan precisamente en que lo que da validez al discurso comunista son las leyes científicas del desarrollo, que ellos no conocen o de las que desertan. Es decir, se posicionan contra dichas leyes del marxismo, por acción u omisión.

Ahora bien, ¿Cuál es el instrumento que permite poner fin a esta situación, o al menos empezar a caminar en la dirección correcta? El instrumento son las células comunistas. Una célula que nace del centro de trabajo, de la fábrica, o del barrio obrero, que agrupa a los elementos más conscientes del proletariado, armados con el socialismo científico. Ahora bien, la vida de la célula no puede quedarse simplemente ahí. La célula debe estar en contacto permanente con su entorno cercano, difundiendo por todos los medios posibles la política del Partido, porque su deber es llevar a sus hermanos de clase, esta política comunista.

Como quiera que en los centros de trabajo domina el miedo al patrón y la incertidumbre al no conocer alternativa alguna al actual estado de cosas, al capitalismo, los obreros están desamparados y la burguesía aprovecha para introducir en ellos, ideología cada vez más reaccionaria. El papel de la célula es el combate político, para enseñar la comprensión de la necesidad del socialismo, y la lucha ideológica para romper el caparazón ideológico con la que la burguesía envuelve a los obreros. Todo esto evitando la desviación que anteriormente comentamos, que es la desviación economicista. Muchas células de partidos son simples apéndices de sindicatos, hablan de convenios, de despidos, de jornadas laborales agotadoras, centrándose en dicha lucha económica o obviando las más importantes: la ideológica y la política. Esa célula está condenada al fracaso.

Además, la célula debe ser un órgano vivo y en constante movimiento. Los comunistas agrupados en células deben demostrar su calidad de revolucionarios profesionales para ganarse a sus hermanos de clase. La propaganda y la agitación deben ser continuas y cada célula debe desarrollar su propio plan de cómo introducirse cada vez más tanto en su fábrica, como en crear células en las fábricas de los alrededores.

En los barrios, las células deben orientar su trabajo hacia la denuncia de todos los problemas que afectan a sus convecinos, desde un prisma de clase basado en el socialismo científico, sin caer en el localismo y sin olvidar que todos los problemas tienen una ligazón dialéctica con la estructura del modo de producción en que nos encontramos, deben señalar al capitalismo como origen de todos los males de los barrios obreros y que, únicamente, tendremos barrios libres, habitables y con calidad de vida si ponemos fin al capitalismo.

Este tipo de células de barrio o localidad son las menos importantes, necesarias mientras cada centro de trabajo no cuente con su célula, pero teniendo siempre claro que la célula de centro de trabajo o fábrica es la principal. Sólo así se produce la ligazón con la clase más avanzada de la historia, y se evita caer en la desviación carrillista, en el concepto de agrupación. Podemos comprobar que muchos partidos que se denominan marxistas-leninistas, ante la imposibilidad de penetrar en las fábricas, optan por denominar células a lo que es la agrupación carrillista con otro nombre. No, la célula de localidad es un medio para crear células de centro de trabajo o fábrica, pero no es un fin, y debe estar supeditada siempre al trabajo práctico que los camaradas de célula, con presencia en empresas, realicen, para penetrar en ellas.

Otro de los apartados fundamentales es la táctica de masas, que debe ser correcta porque si no, tampoco vamos a ningún lado. El PCOE lucha por la creación de las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores como órganos de poder obrero nacidos de las fábricas. Los comités y delegados de personal son elegidos por los obreros, por lo tanto se erigen como representantes de los trabajadores desde el centro de trabajo. De lo que se trata, es de unir estos comités y delegados en la estructura que ejerza de órgano de poder, y de control de la producción. La Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores es un órgano de poder independiente del Partido Comunista, que agrupa a la clase obrera en su conjunto. Por tanto, el papel del Partido, es conquistar la hegemonía dentro de estos órganos de poder, para así tener la hegemonía política social. Estas ACDT no son un órgano sindical, no agrupan a sindicalistas, ni la lucha sindical es su función. Las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores agrupan a comités y delegados, que muchas veces se confunden con secciones sindicales, pero que no tienen nada que ver.

La política sindical del PCOE es la creación de una central sindical única de clase en España, que se entronque con la FSM (Federación Sindical Mundial), el órgano que agrupa a nivel internacional a los sindicatos de clase. Siempre teniendo en cuenta las labores y limitaciones del sindicalismo, y que el Partido no es el sindicato ni realiza la misma función que el sindicato. En este sentido, se están dando los primeros pasos para la creación de el embrión de esa central sindical única de clase.

Volviendo a la táctica de masas, la ACDT como órgano de poder obrero forma parte, además, del llamado Frente Único del Pueblo (FUP), que es la unión de los órganos de poder del barrio -Asociaciones de Vecinos ( muy distintas en concepto a las que hoy en día existen), asambleas de estudiantes, de campesinos, etc -. que conforman el embrión del futuro estado obrero. Este Frente es un frente de la clase obrera y sus aliados, pero no es un “frente de izquierdas” ni un frente de organizaciones o expresiones organizativas.

Este Frente Único del Pueblo tiene como misión coexistir durante un determinado período de tiempo con el estado burgués, existiendo dualidad de poderes, hasta que el estado obrero (FUP) se imponga mediante la revolución socialista. El estado burgués representa los intereses de la burguesía, la clase social dominante, y se compone de los Parlamentos, los Ayuntamientos, las leyes, los jueces, la policía y el ejército, etc. De lo que se trata es de destruir su sociedad, pero no la destrucción y el caos porque sí; sino mediante la construcción de la nueva sociedad socialista como paso previo a la desaparición de la sociedad de clases.

Los comunistas del PCOE entendemos que esta teoría, unida a nuestra táctica de masas, es lo que permitirá la Revolución Socialista en España. Entendemos asimismo, y a diferencia de otras organizaciones que autodenominan el “único” Partido Comunista, que existen otros partidos u organizaciones que se reclaman del comunismo. Nosotros reconocemos la existencia de diversos actores en el seno del Movimiento Comunista Español, asimismo lamentamos el fraccionamiento y la división, pero no desde una perspectiva subjetiva y acientífica. Es decir, si la división existe, es porque existen amplias diferencias en cuanto a teoría, a táctica de masas y a formas de entender el Partido Comunista. Pretender unidades o absorciones que no tengan en cuenta estas diferencias, es caer en errores que el desarrollo del Movimiento Comunista en España ha puesto a la luz en muchas ocasiones. Es decir, unir a organizaciones tan alejadas como el agua y el aceite sólo contribuye a paralizar el desarrollo del comunismo en nuestro país, y a lo único que lleva es a nuevas escisiones, cuando tras el congreso unificador se ponen de manifiesto las grandes diferencias entre diferentes tácticas de masas e ideología. Por poner un ejemplo sencillo, la unión del PCOE con un partido incrustado en el economicismo, que nosotros corregimos hace tiempo, sólo conllevaría nuevas escisiones.

Por ello, aún reconociendo la existencia de otras organizaciones, llamamos a la clase obrera a organizarse en las filas del PCOE, al entender que posee la estrategia y tácticas más adecuadas para el desarrollo y organización del partido revolucionario en España. Llamamos asimismo a todas las células de fábrica y de localidad del PCOE, a sus comités provinciales, regionales y nacionales, a intensificar el trabajo militante, a demostrar la capacitación de sus cuadros, a enseñar a sus compañeros de trabajo mediante el ejemplo las virtudes que todo revolucionario debe tener en este momento concreto. Llamamos a toda nuestra militancia, no sólo a estar a la altura de las circunstancias, sino a dar un paso más allá, en elevar su compromiso un paso más, en fortalecer a su Partido todavía más.

Porque la construcción del Partido y de la revolución es tarea de todos.

 

¡POR EL SOCIALISMO, POR LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL(PCOE)

 




Sin socialismo no es posible la liberación de la mujer

El capitalismo es un régimen de desigualdad. Existe una desigualdad económica, motivada por el hecho de que mientras que unos son dueños de los medios de producción(fábricas, centros de trabajo, comercio, tierras, etc.) otros deben vender lo único que poseen, su fuerza de trabajo, si es que no quieren morir de hambre.
Esta desigualdad de extiende además al terreno de los derechos en la sociedad capitalista: mientras que los miembros de la clase dominante(burgueses) gozan de todos los derechos derivados de su posición de dominación de clase, otros del único derecho que gozan es el de servir de mano de obra para producir mayores ganancias al patrón. Incluso en la más democrática de las repúblicas burguesas, en regímenes de democracia-burguesa, los derechos de los obreros no pasan de ser formales y no reales y la burguesía siempre podrá eliminarlos de un plumazo si las necesidades de desarrollo del capitalismo así lo requieren.

 

Por tanto en un régimen, el capitalismo, que se basa en la desigualdad entre las clases no podrá sino observarse una desigualdad entre el hombre y la mujer: en lo económico, en sus derechos, etc. pero siempre desde una perspectiva de clase. Es decir, la mujer en el capitalismo tal y como nos decía Lenin está doblemente oprimida: por ser mujer y por ser obrera.

 El feminismo burgués, debido a su carácter de clase, prescinde de la segunda de estas contradicciones y expone únicamente la opresión de la mujer en base al sistema patriarcal. Tal absurdo es consecuencia de la lucha ideológica entre las posiciones burguesas y las proletarias, que es uno de los tres pilares de la lucha de clases junto con la económica y política. Así, la burguesía, desde hace unas décadas a esta parte viene promocionando eclécticos e interclasistas movimientos de “emancipación” de la mujer que combaten los postulados marxistas y obreros sobre la igualdad real y la liberación de la mujer proletaria. Estos movimientos de carácter pequeño-burgués niegan la esencia de clase de la opresión a la mujer obrera, e igualan dentro de una sociedad de clases(que como ya explicamos, se basa en la desigualdad) a la mujer obrera y la mujer burguesa. Reflexionemos: ¿acaso Alicia Koplowitz o Angela Merkel son mujeres oprimidas por el capitalismo o ejercen su dominación de clase indistintamente sobre hombres y mujeres obreros? La respuesta es bien sencilla, y nos muestra que el problema de la emancipación de la mujer es una cuestión de clase que no se puede separar de la lucha por el socialismo, una lucha donde la mujer cumple un rol fundamental.Sin embargo la lucha de los comunistas por la liberación de la mujer no es una lucha paternalista, sino consecuentemente revolucionaria. La tarea de los comunistas es incorporar a la mujer a la lucha por el socialismo, por el derrocamiento del modo de producción capitalista y por la Dictadura del Proletariado. Es decir, la emancipación de la mujer es una tarea revolucionaria ligada a la lucha por el socialismo, que se da dentro del marco de la lucha ideológica: ideología proletaria contra ideología burguesa. La mujer al luchar contra la dominación ideológica de la burguesía en el terreno de su emancipación como miembro de una determinada clase social, la clase obrera, está combatiendo su propia situación de opresión de género puesto que sin la mujer obrera no puede haber socialismo, y viceversa.

La incorporación de la mujer a la lucha política por el socialismo ha de producirse de forma sencilla y de un modo pedagógico, educando revolucionariamente a las mujeres obreras en la ciencia del marxismo-leninismo. Los comunistas somos exactamente iguales que los demás obreros, y si nosotros hemos comprendido aprendido a armarnos con el socialismo científico, el resto de elementos de nuestra clase también pueden hacerlo. En este sentido, es esencial la creación de cuadros comunistas femeninos que porten la ideología proletaria y la introduzcan entre nuestros hermanos de clase. La incorporación en masa de las mujeres al mundo laboral, no por los avances en la “igualdad” burguesa sino por las necesidades del modo de producción capitalista las hace una fuente a la que el Partido Comunista debe acceder para nutrirse de mujeres proletarias. El desarrollo del Partido Comunista, contando entre sus filas con el mayor número posible de mujeres, es el arma fundamental para el triunfo de la lucha de clases y la emancipación de la mujer obrera.

 La mujer obrera en el capitalismo está sometida a distintos niveles de opresión. En el plano económico el salario de la mujer suele ser menor al del hombre y la secular reclusión en el hogar hace que muchas de nuestras hermanas obreras sean dependientes totalmente del varón en lo económico, impidiendo todo intento de emancipación. Las mujeres al recibir peores salarios generan mayor plusvalía al empresario, de ahí que como comentamos anteriormente el acceso cada vez mayor de las mujeres obreras al mundo laboral sea una necesidad del sistema y no la destrucción de barreras de género. Es decir, lo que se nos presenta por parte del feminismo burgués como “emancipación” de la mujer en lo económico no es más que el claro ejemplo de esclavitud asalariada dentro del capitalismo, que las mujeres obreras reciben en mayor medida que los hombres.

Sólo el socialismo romperá la desigualdad de la mujer obrera y el hombre en lo económico. En una sociedad sin clases, en el que el sistema tiene como misión asegurar las necesidades de la clase obrera, las relaciones de dependencia de la mujer con el varón se destruyen. Únicamente en el socialismo se produce la emancipación de la mujer en lo económico al no estar atadas a la amenaza del paro, ni al mantenimiento por parte del varón y la mujer es realmente libre de desarrollar su vida como desee. Pero esto es consecuencia de las nuevas relaciones de producción en el socialismo, donde la clase obrera controla el poder político y económico del Estado lo cual sirve para ir destruyendo paulatinamente todas las aberraciones de la antigüa sociedad capitalista. Por tanto como vemos una y otra vez, es el socialismo el que garantizará la igualdad real y la emancipación de la mujer obrera. El socialismo acaba de un plumazo con la desigualdad entre el hombre y la mujer en el tema de los salarios, de ahí la necesidad que tiene la mujer obrera de luchar doblemente contra el capitalismo: como obrera y como mujer.

 Asimismo el rol patriarcal, es decir, el papel de la mujer dentro de la familia es una de las claves que explican la sumisión de la mujer obrera. El trabajo doméstico es una forma más de esclavitud laboral, sin embargo ni está remunerada ni goza del reconocimiento social necesario. Por tanto el Partido debe luchar resueltamente contra la minusvalorización del trabajo doméstico y por educar revolucionariamente a los obreros y las obreras en la lucha contra el patriarcado y sus reminiscencias. Porque sin eliminar este rasgo ideológico de la sociedad burguesa nunca podremos construir una sociedad socialista desarrollada, sin luchar contra esta contradicción no podremos emancipar a una parte muy importante de las masas obreras: las trabajadoras.

La pobreza y la marginalidad femeninas, cuyo máximo exponente es la prostitución, también debe ser combatida sin cuartel por el Partido Comunista y la clase obrera. La mujer obrera privada de desenvolvimiento económico se ve obligada en la sociedad burguesa a recurrir a estas actividades para asegurar su existencia. Además supone una fuente de lucro para elementos burgueses de toda calaña. El Partido debe luchar por la erradicación de esta actividad, por la dignificación de las mujeres que cayeron en las garras miserables de esta profesión porque son víctimas del modo de producción capitalista y de la sociedad burguesa. En el socialismo, además de estar prohibida esta actividad, la mujer no necesita humillarse para poder continuar su existencia pues el Estado y la sociedad socialista garantizan su plena emancipación económica.

 La mujer además, debe gozar de plenos derechos sobre su propio cuerpo. En el capitalismo, los burgueses necesitan lo que denominamos “ejércitos industriales de reserva”, es decir, obreros que estén dispuestos a pelear por un puesto de trabajo entre ellos pues así los salarios serán más bajos. Además necesitan la reproducción de esta fuerza de trabajo y que sea cada vez más numerosa, pues cuanto más crezca la desocupación podrán agitar la bandera del miedo al paro forzoso y pagar cada vez menores salarios con el fin de obtener más plusvalía. De ahí que necesiten leyes que controlen la natalidad y que penalicen el aborto. En el socialismo, la mujer tiene absoluto derecho sobre su propio cuerpo y es el Estado socialista el que debe garantizar a la mujer las mejores condiciones para llevar a cabo esta práctica. Debemos denunciar asimismo el carácter clasista de la lucha por el aborto, pues la mujer burguesa debido a su situación económica siempre podrá eludir la legislación burguesa vigente con respecto a este tema. En este sentido y en el Estado Español hace unas décadas era famoso escuchar aquello de “van a Londres de compras”, refiriéndose a jóvenes señoritas de extracción burguesa.

 La lucha por esta doble emancipación de la mujer en el terreno de clase y de género debe ser obra de las obreras mismas. Sin embargo esta doble lucha no se puede separar por cuestiones de género pues contribuye a debilitar a las fuerzas obreras, ni se puede convertir en una lucha parcial pues contribuye al afianzamiento de la ideología burguesa. La lucha por el socialismo es pues, la lucha por la liberación de la mujer, pues ambas forman parte dialécticamente de una misma lucha.

 El Partido Comunista Obrero Español llama pues a las obreras a unirse a las filas de su partido, el Partido Comunista, con el fin de desarrollarse como cuadros y contribuir a la lucha por el socialismo en el Estado Español. Una lucha, la lucha por el socialismo, que es la única garantía para la mujer de su propia emancipación como miembro de una clase social determinada y como mujer. Dentro del capitalismo no puede haber ninguna igualdad real para la mujer obrera, ni ninguna emancipación, puesto que en el capitalismo por muchos derechos formales que tengan las mujeres, seguirán estando sometidas a la esclavitud asalariada.

 Urge pues, por tanto, mandar el capitalismo y por ende al patriarcado al basurero de la historia.

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




El reformismo de derecha y el izquierdismo abanderan la salvaguarda del capitalismo mundial

Durante las crisis afloran las verdades y las mentiras que cubren al Movimiento Obrero. Hemos visto como en el debate sobre el estado de la Nación, Izquierda Unida y PSOE le lanzan el salvavidas al capital monopolista español, para perpetuar su sistema bajo el signo de la regeneración institucional, política y democrática. (Léase “PSOE E IU JUNTOS EN LA DEFENSA DEL CAPITALISMO”). Ha sido en el lugar y en el instante precisos, para que nadie se llame a engaño. Ambos partidos se han quitado la careta y se presentan por arriba, tal como son por abajo: la quintacolumna en el movimiento obrero y popular. 

El oportunismo de derecha y el revisionismo de izquierda, son frutos de unas condiciones dadas, espoleadas por los imperialismos que les suministran principios y toda clase de teorías a granel. En esta ocasión, el capitalismo internacional se halla acosado por una crisis gravísima a la que afronta entre agudas contradicciones. Los imperios, llámense históricos o emergentes, pero a la postre imperios, están emplazados a dilucidar como se redistribuye el mercado mundial en las condiciones actuales, dando lugar a teorías que tratan de conciliar los hechos que contemplan la rapiña y el saqueo de las riquezas autóctonas de los pueblos, bien por la fuerza o a través de la penetración económica. Como siempre, la justificación del proceder del imperialismo se traduce en elementos teóricos que el oportunismo hace suyo y endulza para encubrir su traición.

A un nivel mundial, el enfrentamiento entre los imperios emergentes (Brasil, Rusia, India y China entre otros) por un lado, y Japón, UE y EE.UU por el otro, ha originado tesis en las que gobiernos y partidos políticos de izquierdas alimentan sus posiciones internacionales. La más osada es aquella que eleva a los países del BRIC, especialmente a China, a la categoría de contrapeso de las acciones depredadoras de los imperios históricos. Desde este punto de vista, China no es juzgada como una nación imperialista. Esta conclusión toma mayor consistencia en los países de Latinoamérica y África, en donde tienden paulatinamente a ir desplazando las relaciones de dependencia económica con EE.UU y Europa, con la puesta en práctica de una política de entendimiento con China, creando empresas mixtas y estableciendo relaciones comerciales “profundas”. Numerosos Partidos Comunistas realizan ingentes esfuerzos por motivar teóricamente sus cambios de posicionamiento en relación con China, en los que casi siempre subyace la “amistad” o “relaciones económicas” entre Pekín y el gobierno de su país, que traducen en muy beneficiosas, gracias al carácter peculiar del ‘socialismo’ chino.

En este contexto parece que, tanto en África como en América Latina, se acredita la política exterior china porque supuestamente ayuda a los pueblos en su lucha antiimperialista, sin embargo; se cumple lo que Fidel Castro ya aventuró sobre el destino del rumbo tambaleante chino, al denunciar que el gran país de Oriente sufrió los efectos de un movimiento pendular que oscilaba desde los abusos de la extrema izquierda en los años 60-70 hasta la apertura o reiniciación del capitalismo en los años 80-90 dirigida por el reformista Deng Xiaoping.

Desde entonces la economía china se halla vinculada al mercado capitalista internacional. Su mano de obra barata interior permite a los inversionistas extranjeros obtener tasas de rentabilidad muy altas. Por otro lado, sus relaciones con EE.UU, UE y Japón se estrechan cada vez más, porque se ha convertido en uno de los países exportadores más importante del mundo. Con lo cual, la interdependencia China e imperios históricos se establece en el marco del reparto del mercado mundial, en la participación de China en la Organización Mundial del Comercio y en la pugna por dominar el mercado internacional energético, pues China, conforme aumenta su producción, va necesitando más materias primas y energías, las que ha de suministrarse desde el exterior.

La actualidad China y su incidencia en el mundo se presta a conjeturas de todo tipo, de las que emanan la recuperación de los principios maoístas y otras teorías vinculadas con ellos, que prenden en estos momentos de grave crisis del capitalismo, en los sectores de la juventud más vulnerables, provocando incisiones y desviaciones que favorecen a las tesis imperialistas.

En el estado español aparecen y reaparecen en estos últimos años, con extrema ligereza, infinidad de teorías, que si bien sus planteamientos de inicio parecen divergentes, los objetivos a alcanzar son comunes. Este hecho es debido al influjo que ejerce la situación de crisis del capitalismo mundial, que procura por todos sus medios retrasar cualquier proceso revolucionario que acarree peligros a su existencia. De este modo, las teorías que retrasan la revolución socialista se han puesto de moda. Teorías de falsa cuna revolucionaria, que envuelven al pensamiento pequeño burgués, juventudes estudiantiles, pequeños campesinos y que tienen mucho en común, sobre todo, la introducción de ciclos, o períodos intermedios entre el capitalismo y el socialismo, caracterizados por su composición interclasista.

Dicho esto, al evaluar las proposiciones de PSOE e IU en el debate sobre el estado de la Nación, advertimos que tienen mucho que ver con la prédica de la Guerra Popular durante el presente periodo para aniquilar el fascismo actual e instituir la democracia popular.

Las salidas a la crisis de los PSOE-IU, de Julio Anguita, del Bloque crítico andaluz y la de aquellos que afirman que actualmente la solución para España es la democracia de carácter popular, tienen un denominador común: proporcionar todo el aire que necesita el capitalismo para poder respirar con tranquilidad, precisamente en medio de una crisis tan aguda y espesa, que podría cuestionar su existencia en Europa.

Los reformistas e izquierdistas convergen más que divergen, son supuestamente contrarios que atraídos por la fuerza de la gravedad de la teoría burguesa, giran en torno a élla sin poder romper la inercia a que les somete. Sus máximos dirigentes concuerdan en atrasar eternamente la revolución socialista; primero, porque no la quieren y segundo, porque confunden gobierno con estado, economía con política y se encuentran prisioneros en la misma celda. En la hora presente, el izquierdismo provoca más daño en el movimiento obrero, porque se presenta con la guisa de ultrarrevolucionario, cuando son dóciles oportunistas.

Aunque en el estado español existen varios grupos que se reclaman del maoísmo, no todos coinciden en sus planteamientos, pero sí en sus objetivos (Democracia Popular) y medios de conseguirlo (Guerra Popular). Salvo algunas excepciones que abogan por la Dictadura del Proletariado, la mayoría propugnan la democracia Popular. Naturalmente, los primeros solo hacen uso de la nominación, porque en su contenido también se trata de la Democracia Popular, con la que el PCOE está en total desacuerdo.

Recordemos que determinadas tesis de Mao no conducen a convertir al proletariado en el sujeto revolucionario. Cuando el líder chino da la consigna de que “el campo debe asediar la ciudad”, indica que es el campesinado el que debe tomar las riendas de la revolución por ser mayoría en China, además, resulta evidente el revisionismo maoísta cuando trata las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional, como contradicciones no antagónicas. Decía Mao:

“si bien las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional son contradicciones entre explotados y explotadores, antagónicas de por sí. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, si estas contradicciones antagónicas se tratan debidamente, pueden transformase en no antagónicas, pueden resolverse por vía pacífica. Si esas contradicciones no se tratan como es debido, si no seguimos con la burguesía nacional la política de unidad, de crítica y de educación, o si la burguesía nacional no acepta esta política nuestra, entonces las contradicciones entre la clase obrera y la burguesía nacional pueden convertirse en contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos»

¿Contra quién o contra qué, ejercerá su violencia el proletariado en el poder según los que predican la Dictadura del Proletariado? ¿Acaso no se resuelve la contradicción entre el explotador y el explotado por la violencia? ¿Contra quién va la Guerra Popular, si la burguesía, mediana y grande nacional no es nuestra enemiga? Mejor dicho ¿cuáles son los contrincantes en la Guerra Popular? Pero Mao no se para ahí cuando predice que durante todo el periodo del socialismo existirán clases antagónicas.

Lenin, en contra, aseguraba que la instauración de la dictadura del proletariado es condición indispensable para asegurar la revolución y aplastar toda tentativa de restauración del viejo sistema. Naturalmente, se refería al viejo sistema de producción burgués. Las tesis de Mao fueron fuentes de inspiración para muchos oportunistas de las décadas de los 70, 80 y 90 del siglo pasado que sustituyeron la dictadura del proletariado marxista-leninista, por la convivencia pacífica (¿durante cuánto tiempo?, nadie lo sabe) de lo nuevo con lo viejo; serán el tiempo, las reformas, los reajustes, los que aseguren la transformación paulatina y escalonada de la sociedad “popular interclasista” en socialista.

Es sabido por la experiencia histórica que una revolución -sea la que fuere- no triunfa definitivamente si no supera su consolidación, y consolidar una revolución sólo puede asegurarse de una forma: la clase social que hace la revolución no solamente ha de liquidar la base económica y política de la (o las) de su clase antagónica, sino que ha de vencer la resistencia inevitable que ésta opone durante la dictadura del proletariado.

Pero nuestros maoístas, para salir del atolladero teórico en que se encuentran, nos demandan teorizar sobre qué clase de Partido Comunista hace falta en estos momentos y, mientras teorizamos sobre el Partido así como en la Guerra Popular, debemos contemplar estoicamente lo que sucede en nuestro país, entre otras lindezas, porque no procede ir a la práctica con el movimiento obrero realmente existente. Así sucedió en el encuentro de juventudes comunistas de diversas tendencias celebradas en Almeria en 2012:

“Esta propuesta implica, naturalmente, que se debe empezar por los problemas teóricos y por los problemas prácticos relacionados con la construcción de un movimiento de vanguardia mínimamente articulado. Contra esta posición se objeta habitualmente el argumento demagógico y dogmático de que, para el marxismo, la práctica es siempre lo primero y lo principal, por lo que se debe comenzar por la acción práctica y por el movimiento obrero realmente existente, tal como se presenta en su estado actual. Pero se trata de un argumento antidialéctico que desvía el concepto marxista de la práctica hacia el pragmatismo y el empirismo, y la actividad de la vanguardia hacia el practicismo. Entonces, ¿qué es la práctica para el marxismo? Para el marxismo, la categoría de práctica presenta dos aspectos –que, por supuesto, forman una unidad óntico-gnoseológica–, uno objetivo y otro subjetivo.”

Por último, con la categorización del sistema actual español en fascismo como sustentan los oportunistas de izquierda, obtenemos otra fórmula para retrasar el proceso revolucionario al desviarnos de la realidad socioeconómica existente. Pues opinan que del fascismo franquista no es posible alcanzar la democracia burguesa, porque supone una vuelta atrás de la historia y la historia no da marcha hacia atrás. Decir que España o cualquier otro país de la Europa desarrollada es fascista, es cuando menos la manifestación del delírium trémens que aqueja a los responsables teóricos de los grupos maoístas que pululan por Europa y, especialmente, por el Estado español.

En realidad, y a juzgar por sus contradicciones teóricas, para estos grupos no existen límites de ningún grado ni especie entre fascismo y democracia burguesa. Por lo que se puede apreciar, el discurso les lleva a considerar que desde la aparición del capitalismo monopolista de estado, todo es fascismo porque, obviamente, fascismo y democracia burguesa poseen el mismo contenido.

Está claro que para no contradecir a los clásicos, admiten que en algún momento existió la democracia burguesa, con unas características muy concretas. Para ellos, la legalización de los partidos, la existencia del Parlamento burgués, y todo lo que hasta ahora distinguía la democracia burguesa del fascismo, ya no lo es, por evolución del fascismo y por la pérdida de vigencia de la democracia burguesa. Se trata de un débil esfuerzo gnoseológico para evitar tener que confesar que su táctica es un error y les ha conducido a un callejón sin salida, mejor dicho, la única salida que les queda es llamar a todo fascismo, salvo el principio de los principios que fue la democracia burguesa.

Podemos resumir en tres los pilares en los que se basa la caracterización del fascismo, en este caso el fascismo español, según el documento titulado: “LA INSTITUCIONALIZACION DEL FASCISMO”:

1.- “Desde siempre, uno de los rasgos definitorios de la línea de nuestro Partido ha sido la caracterización del régimen actual como fascismo. Incluso antes de la transición, en los viejos tiempos de la OMLE, y siempre a contracorriente, ya nos anticipamos anunciando que no sería posible regresar del franquismo a la democracia burguesa, que la historia no daba marcha atrás.”

Tanto la burguesía como el proletariado han acumulado una rica experiencia en el sentido contrario, en la que primero el acceso al poder de la burguesía en Europa, recorrió un proceso por un periplo de más de un siglo que se caracterizó por la alternancia en el poder con las clases dirigentes del Antiguo Régimen. Por su parte, la desaparición de la Comuna de París, así como la aniquilación del socialismo en la Europa del Este, la involución en China etc., demuestran palmariamente que la historia da marcha atrás.

2.- “Una de las características más sobresalientes del fascismo es la constante ostentación de sus medios, de su poderío policial y militar, el permanente despliegue de fuerza que muestra a todas horas. Pero esa es precisamente su debilidad: no podría sustentarse ni un minuto en su dominación sin esos medios; los necesita para perpetuarse en el poder y sobre todo necesita restregárnoslos delante de nuestras narices para infundirnos miedo. El fascismo es una dominación terrorista que se apoya en el temor generalizado que inculca a las masas de manera cotidiana y sistemática”.

En efecto, esto es así, sólo que no es una característica del fascismo, sino de todos los Estados que ha conocido históricamente la sociedad humana. Desde el esclavismo al socialismo, cualquiera que sea su forma de dictadura, tienen que hacer ostentación constante de sus fuerzas. Pero no podemos admitir que sea síntoma de debilidad, a menos, que se afirme en un alarde de pensamiento moral y demagógico. La fuerza del capitalismo, fascista o democracia burguesa, es su poder militar y eso es precisamente lo que se ha de enseñar a las masas trabajadoras para que aprendan a combatirla y no para confiarse en una falsa debilidad, que sin duda las llevaría al sacrificio por no estar preparadas.

3.– “El Estado monopolista y los partidos parlamentarios forman parte de un único sistema político fascista, ya no están separados como en la época de la democracia burguesa. Por eso se habla del Estado actual como un Estado de partidos”.

La existencia de partidos en determinados países fascistas, no puede confundirse con el sistema de partidos de la democracia burguesa, por más intento de encontrar justificación que lo afirme. En el fascismo la existencia de partidos, sólo fascistas, no es una generalidad sino una excepcionalidad, mientras que en la democracia burguesa sí que le da carácter, salvo que se haya llegado al convencimiento de que todos los partidos existentes son fascistas, a excepción de uno mismo.

Sin embargo, una lectura lógica sobre el fascismo que se ha tragado magistralmente a la democracia burguesa, apoderándose de sus características distintivas, nos conduce al lugar opuesto de donde parte el oportunismo de izquierda. En este caso llegamos a la conclusión de que criminalizan o asesinan a la democracia burguesa, para hacer apología de un fascismo dulzón y evolucionado.

Los autores de dicho documento deberían repasarlo y corregir aspectos que ya no concuerdan con la realidad actual:

“España es hoy un Estado con dos millones de funcionarios, y éste es el único empleo en el que no hay despidos ni reconversiones. Un funcionario tiene empleo para toda la vida y su tarea es siempre la misma. La burocracia está profesionalizada y especializada para controlar minuciosamente todas y cada una de las parcelas en las que se desenvuelve con el fin de prevenir las crisis y, en su caso, impedir su propagación o paliar sus efectos”.

Si éste es uno de los argumentos de peso para la demostración irrefutable de que el régimen español es fascista, la crisis lo desmiente, porque precisamente, durante las crisis cíclicas como la que se está dando ahora, es cuando más se acerca la democracia burguesa al fascismo y aquellos rasgos que son comunes (por ser ambas la dictadura de la burguesía) se confunden y como vemos, son estos momentos de avance represivo (económico-político e ideológico) de la burguesía cuando los funcionarios en los que “se basa el fascismo para sostener su poder económico”, son relegados y despreciados por el sistema ¿democrático burgués o fascista?.

El conocimiento de la realidad existente en cada momento es lo que permite al partido de vanguardia conformar su táctica de masas, actualizarla en todo instante e incluso cambiarla por otra, porque las circunstancias lo aconsejen. Mas esto no es propio del reformismo y del oportunismo de izquierda, que dada su obsesión porque las condiciones no varían, les hace marchar a contrapelo de la historia. Predicar la no violencia entre los trabajadores como hacen CUT-BAI y Julio Anguita o realizar una solemne exaltación de la Guerra Popular cuando la burguesía avanza inexorable reprimiendo al pueblo, en momentos en que las clases trabajadoras se encuentran bajo las influencias del reformismo, presas de la espontaneidad e inconsciencia y cuando en las grandes manifestaciones apenas aparecen las insignias comunistas, es una falta de vivir la realidad, que pone al pueblo a merced de las políticas del gran capital.

El PCOE considera que poner la otra mejilla no encuadra en el ámbito de la política y tampoco la propugna de una insurrección anacrónica (por no existir las condiciones), lo que procede es ganarse el “titulo” de vanguardia de los trabajadores, poner los medios para unirlos políticamente, a la vez que día a día construir los órganos de Poder Popular, que irán adquiriendo las experiencias de luchas en centros de trabajo y en la calle, juntos. Sin preparación no habrá respuesta consciente y suficientemente sólida por parte del pueblo trabajador, que será en definitiva quien repela las embestidas económicas, políticas, ideológicas y militar del gran capital, naturalmente dirigidas por su Partido Comunista.

 

COMISION IDEOLOGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO

ESPAÑOL

 




¿ República burguesa o socialismo ?

La existencia de un Partido Comunista no basta si este no comprende el momento actual ni adecua sus tácticas y estrategias a las circunstancias actuales. Se puede observar que determinadas consignas siguen vigentes en la táctica de muchos, después incluso de haberlas rechazado en Congresos en los que teóricamente se hizo tabla rasa con el revisionismo, pero comprobamos una vez más que el anquilosamiento producido por mantener en su seno, en los máximos órganos de dirección, a aquellos que condujeron a determinadas siglas por el pantano del revisionismo, sin purgar al enfermo, a lo que lleva precisamente es a que se repitan cíclicamente estrategias caducas y cargadas de revisionismo debido al nulo salto cualitativo de la militancia.

La lucha contra la indefinición teórica, contra el abandono de la lucha ideológica, contra la penetración de la ideología burguesa en el Partido y la lucha contra estas tentativas de desviación del programa comunista, es algo que en el PCOE cumplimos a rajatabla. Otros, por lo que se ve, deben recurrir al “reconocimiento”internacional y al subjetivismo para camuflar una realidad teórico-práctica basada en el revisionismo galopante, que se pone de manifiesto en circunstancias como las del siguiente acto.

La lucha ideológica pues, se centra sobre el eje: REFORMA o REVOLUCIÓN. El PCOE, situando en análisis de la realidad concreta del Estado Español como país de desarrollo medio-alto, donde se da el capitalismo monopolista de Estado, no concibe etapas intermedias entre el capitalismo y el socialismo. La consigna de la III República no rebasa el angosto marco de la democracia burguesa y nos retrotrae a una situación que ya se ha dado muchas veces en la historia del capitalismo español: “cambiar algo para que nada cambie”.

El abandono y desprecio del marxismo-leninismo lleva a los firmantes del acto a renegar del materialismo histórico, pues confunden Estado clasista con su forma de gobierno.

En el capitalismo monopolista de Estado o imperialismo, la pequeña burguesía o los sectores avanzados y democráticos de esta burguesía ya no tienen nada que aportar y el desarrollo de las fuerzas productivas ha alcanzado su máximo desarrollo, todo lo que no sea luchar por el socialismo, aunque sea bajo la careta de un republicanismo “radical”, es contribuir al proyecto acientífico de perpetuar el capitalismo.

El desarrollo del capitalismo monopolista de Estado lo que exige es la lucha por el socialismo, la lucha por la Dictadura del Proletariado, y toda esa lucha por una República burguesa no es más que el oportunismo más descarado en el seno del movimiento obrero.

Para el PCOE la IIIª República, no es más que la continuación del sistema pero sin el rey. Un partido comunista sin una táctica definida y precisa es un desvarío, porque la táctica es como el subconsciente, nos traiciona y desvela nuestros verdaderos propósitos. Hoy cualquiera puede llamarse marxista-leninista, pero no por chillar y proclamar estentóreamente la adscripción revolucionaria, este proceder se convierte en el certificado que avala dicha pertenencia. Podemos escribir y desarrollar tremendas teorías, con la verborrea más exquisita, templada o enardecida, pero si luego la táctica para llevar a cabo dichas doctrinas no se corresponde, puede suceder dos cosas, o todo es un montaje y de revolucionario nada, o, realmente son comunistas de salón, que a la postre es lo mismo, de revolucionario nada y ocurre como en tantas otras ocasiones ha pasado en la historia, se dice una cosa y se hace otra.

Sin embargo las posturas más incomprensibles provienen de quienes se jactan de ser leninistas y dicen asistir a las manifestaciones y de agruparse con siglas de naturalezas dudosas y demasiado distantes, con las miras a atraer a las masas a sus verdaderos propósitos y no es que estemos en contra de pactos de confluencias, sino de las mentiras. Decimos esto porque determinados partidos que se llaman comunistas, hacen especial hincapié porque se les comprenda al objeto de que no se les confundan con el PCE(Partido de la izquierda europea) y no perder de esta forma su inmaculado sentimiento revolucionario, marxista-leninista. Solo que los esfuerzos se retuercen y no hacen más que complicar la situación, porque en verdad hoy como ayer se dicen cosas que luego no se verifican en la práctica.

Ya es sinuoso que “brillantes” partidos del estado español firmaran el primer manifiesto por la República, en el que se deja entrever que el pueblo después de desbancar al monarca debe decidir por sufragio qué clase de estado quiere, como es lógico es todavía un sufragio burgués, o sea, que el rey puede volver a ser jefe de Estado. Lo creíamos una táctica, pero no, por lo que hoy vemos refleja una realidad. Cuando verdaderamente se habla con militantes de estos grupos nos podemos dar cuenta que no tienen un criterio homogéneo, cada cual cuenta la película según su saber y entender y todo porque (suponemos) que sus dirigentes no se aclaran.

Efectivamente, al pretender saber cuál es la táctica de masas o qué persiguen algunos con la III República, nos volvemos locos, no podemos definirla. Pongamos por ejemplo al PCPE, ¿cuál es la táctica de masas de estos partidos? Resultará difícil definirla, así como definir su política sindical ecléctica, con lo cual la indefinición teórica está servida y mucho nos tememos que para mucho tiempo

Se comprueba además como muchos de esos Partidos, otrora anclados en la consigna oportunista de la revolución por “etapas”, en los Frentes de Izquierdas, o en el republicanismo interclasista,lo siguen estando. Vemos que en la práctica nada ha cambiado. Pero en la teoría tampoco. Leemos de nuevo una cita en la revista teórica del PCPE “Propuesta Comunista. HACIA LA III REPÚBLICA, ESCENARIOS A TENER EN CUENTA”, de Alberto Arana(miembro del CC del PCPE), en donde se dice:

“… El republicanismo no puede confundirse con revolución social, frentepopulismo, unidad de izquierdas, frente rojo, ni nada por el estilo. En consonancia con lo que ha sido la trayectoria republicana en nuestra historia, el contenido del movimiento republicano es democrático en lo político, avanzado en lo social y con un fuerte contenido cultural de proyección popular.”.

Es decir, esta cita de finales del año 2009, enunciada por un miembro del CC surgido tras el autobombeado IX Congreso nos muestra el inexistente debate ideológico que se dio en dicha formación para abrazar sus posturas ideológicas actuales. Por tanto, si escasos meses antes del famoso IX Congreso todo un miembro del CC pensaba así, su postura actual salida de tal congreso no es más que un ejercicio de funambulismo oportunista muy en consonancia con el rumbo histórico a base de vaivenes de su organización. Pero como vemos en el análisis de hoy, la práctica tampoco ha cambiado, por muchos disfraces con que quieran maquillar su oportunismo.

COMITÉ PROVINCIAL DE SEVILLA DEL PCOE

http://pcoesevilla.blogspot.com.es/2013/02/republica-burguesa-o-socialismo.html
 

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Al calor del 40 aniversario. El partido de la clase obrera

Hace prácticamente tres años que tuvo lugar nuestro XIVº Congreso, cuya celebración estuvo precedida por un período prolongado, en el que los camaradas que se negaron a participar en el mal llamado “congreso de unidad” entre PCPE y PCOE tuvieron que soportar duras críticas de todo tipo sin que ninguna resistiese la verdad. Aquéllos camaradas fueron expulsados. De esta forma, aunque en su ánimo hubiese estado asistir al congreso para manifestar su posición no lo pudieron hacer; pero tuvieron muy claro, desde el primer día, que nada ni nadie podía oponerse en el camino, duro pero inevitable, de continuar construyendo el partido de la clase obrera.

 

El PCPE en aquel instante, por demasiadas razones, no reunía las condiciones para ser el partido de vanguardia: luchas intestinas, anclado en concepciones que eran el producto de un Movimiento Comunista Internacional en decadencia; empantanado en el estadio intermedio entre capitalismo y dictadura del proletariado, con su ya entoncesinverosímil “Frente de Izquierdas” para reformar la Constitución de 1978; sin un enjuiciamiento claro de la situación sindical; careciendo de una táctica de masas madurada e impregnado de nacionalismos; era pues, un proyecto de partido diametralmente opuesto a la organización revolucionaria que perseguían los camaradas de Sevilla que dijeron NO a la farsa. Militantes de otros lugares (Catalunya) se habían marchado, por lo que sólo el grupo de Valencia y uno o dos camaradas más de otros lugares decidieron integrarse en el partido “oficial”.

A cualquiera que quiera saber le debería bastar con ojear los documentos de uno y otro elaborados desde el “Congreso unificador” y podrá comprobar las enormes diferencias que existían. A menos que se tenga la mente muy retorcida, hasta el extremo de dejar a un lado la reflexión marxista-leninista, podrán seguir argumentando, como auténticos papagayos, que el nombre del PCOE no nos corresponde y cualquier otra sandez. No, camaradas. lo que se discutió y después se ha demostrado implacable, es que existían dos versiones diferentes de cómo construir el Partido Comunista y los camaradas sevillanos no estuvieron dispuestos a entrar en un partido extraño para rectificarle el rumbo extraviado. Eso ni era de comunista ni correspondía.

Queremos llegar al sitio justo después de este preámbulo necesario a la hora de evocar nuestro 40º Aniversario, cual es el que no es suficiente el número de militantes y los apoyos exteriores para convertirse en el Partido que necesita la clase obrera. Pues unos pocos camaradas sevillanos, ya muy veteranos, pero conociendo la clase obrera de nuestro país y teniendo como premisa la restitución del leninismo, se propusieron poner en práctica la magna tarea de cimentar un auténtico partido marxista-leninista.

El primer objetivo a alcanzar era construir el esqueleto en varias zonas del Estado y dar vida de nuevo a la Federación de Jóvenes Comunistas de España. El XIVº Congreso constituyó el punto de salida y, a pocos meses de cumplirse los tres años de su celebración, la expansión territorial del Partido es ya una realidad, un hecho incontrovertible, desbordando todas las previsiones, todo ello pese a múltiples carencias materiales. Por esta razón se nos adelanta un nuevo reto, que estaba llamado a ser el objeto del próximo congreso para el año que viene, pero que dada la trayectoria y el rumbo de los acontecimientos y teniendo en cuenta las nuevas posibilidades de la organización, se ha de adelantar, y que mejor fecha para comenzar su debate que la convocatoria del próximo Pleno del Comité Central. Se trata de prestar especial atención y formular la táctica adecuada para que el partido penetre en los centros de trabajo, lo que dará firmeza y amplitud a la consigna del FRENTE UNICO DEL PUEBLO.

En los últimos años, y como consecuencia de la crisis, se ha puesto al descubierto un nuevo error que atenaza a un gran número de Partido Comunistas que, hiperbolizando la figura del sindicato, oscurecen y sustituyen al Partido porque están anclados a la lucha económica. El PCOE y la FJCE al unísono cubrirán la meta propuesta porque en la actualidad las condiciones están dadas para combatir y superar el “error” o “nuevo oportunismo” que acecha.

 El Partido sabrá extraer las riquísimas y también trágicas experiencias que han aportado las luchas inconexas, corporativas y eminentemente economicistas del movimiento obrero español en estos cinco años de crisis. Experiencias que deben servir para que el partido, desde la política y desde la ideología marxista, explique a los obreros el porqué de las derrotas. Sólo desde aquí y dentro de los centros de trabajo,construyendo células se puede dar la vuelta a la situación. El trabajo ya ha comenzado.

 El Partido está llamado a desterrar el pesimismo y la impotencia dentro del movimiento obrero; pero una vez más decimos que será bajo la lucha política e ideológica,la que nos comprometemos a continuar con tesonería revolucionaria, porque como decía Stalin los comunistas somos de una trama especial y nada ni nadie nos doblegará.

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




El oportunismo al servicio del imperialismo

El hecho de que en todos los países capitalistas avanzados se han constituido ya “partidos obreros burgueses”, como fenómeno político, y que sin una lucha enérgica y despiadada, en toda la línea, contra esos partidos — o, grupos, corrientes, etc., todo es lo mismo — no puede ni hablarse de lucha contra el imperialismo, ni de marxismo, ni de movimiento obrero socialista (EL IMPERIALISMO Y LA ESCISIÓN DEL SOCIALISMO, Lenin)

 

 Lenin llevaba razón cuando aconsejaba que la lucha antiimperialista debe ser a la vez un combate sin descanso contra el oportunismo, que se ha transformado en el vehículo más eficaz, para llevar hasta el seno del Movimiento Obrero y de las clases populares las ideas y las políticas de los imperialistas.

  Los oportunistas emplean el engaño como si de una ciencia se tratase. Sus palabras son frases hechas que cuentan con el beneplácito de los medios de difusión burgueses, porque de tanto pronunciarlas y escribirlas resuenan en los oídos y se meten por los ojos del pueblo a modo de canto a la esperanza, pues prometen un mundo “feliz” sin sacrificios y sin riesgos. Lo cual tiene la “virtud” de embaucar a las amplias masas en fases claves del avance capitalista y desviarlas de sus intereses de clase, aprovechándose de su bajo nivel de conciencia. En los momentos actuales, complicados y fatales que desesperan a los que ellos llaman “ciudadanía”, infunden políticas e ideología que supuestamente se contraponen a los criterios reaccionarios del gobierno capitalista español y a los de las jerarquías europeas. En nuestro caso, el oportunismo se manifiesta por medio del PCE-IU y en el resto del continente a través del Partido de la Izquierda Europea (PIE), al cual pertenece.

 Pero la crisis arrasa con todo lo aparente al poner al descubierto las deficiencias y maldades de cada cual. Está claro que el oportunismo campa a lo largo y a lo ancho de la geografía estatal, entre otras circunstancias por la debilidad ostensiva de los revolucionarios.  El dictamen de la crisis en este sentido no admite objeción. Pero también nos muestra la verdadera faz de la apostasía, pese a su deslumbrante retórica y a su influencia temporal.

 Los conceptos teóricos por arte de la maniobra son sustituidos por conclusiones que derivan de análisis, sin más reglas ni metodología que los del raciocinio burgués, es decir, sin buscar las raíces de los problemas. A la hora de enjuiciar la crisis toman como referencia fiable las expertas palabras de los sabios tecnócratas y politicastros burgueses. La crisis, en orden a sus razonamientos, se debe a una mala política del gobierno de turno o al egoísmo de un sector capitalista que, arropado por el manto neoliberal, sólo busca satisfacer sus apetitos insaciables. En esta lógica metafísica sería suficiente cambiar de gobierno para solucionar el problema. El efecto de sus prédicas suele ser impactante en las mentes poco formadas, que tras almacenar derrota tras derrota, sin vislumbrar una salida feliz, se aferran al dulce engaño como única posibilidad de ganar sin exponer: ¡existe un capitalismo egoísta y otro que no lo es! ¡un gobierno malo puede causar la crisis y otro bueno no!   Con estos argumentos facilones y penetrantes inducen a la clase obrera y a las clases populares a creer que la crisis se puede superar a favor de ellos sin cambiar de sistema y les persuade para confiar en el parlamento burgués.

El desatino político en donde embridan sus conclusiones falsarias les hace dar bandazos sin ruborizarse por sus incoherencias. En el supuesto del PCE-IU, su práctica se desenvuelve en un círculo vicioso; la crisis no se supera según sus dirigentes porque los gobiernos del PSOE y del PP, cada vez que lo estiman oportuno, se saltan la Constitución (monárquica) de la que fueron uno de sus progenitores mas sobresalientes, para no establecer medidas sociales. Por esta razón, abjuran de la misma y también por entender que ya ha sido superada por la propia evolución social, que obliga a iniciar un nuevo proceso constituyente que desemboque en una Republica burguesa, tal como recoge la carta enviada por Centella, su Secretario General, al Jefe del Estado (Rey) el pasado 27 de septiembre de este año. Pues bien, en Andalucía, a juzgar por los hechos, todo es distinto. Después de que sus representantes en el gobierno de la comunidad se hubieron convertido en los verdugos de los trabajadores, poniendo en práctica las medidas antiobreras implantadas por el gobierno conservador del Estado, revelan que el problema radica en que el PP desprecia los Estatutos de autonomía de la región. Pero esos Estatutos tan “revolucionarios” han eclosionado desde las entrañas de la Constitución monárquica que ahora rechazan por obsoleta.

 En su carta al Rey, Centella dice, entre otras muchas necedades de contenido reformista, lo siguiente:

 “En definitiva entendemos que hay que remar en el sentido contrario (del que demanda el Rey) para poner la economía al servicio de las personas, de que hay que plantear el rescate de quienes están sufriendo el paro, el desahucio, la pérdida de derechos sociales y laborales y para ello, acometer una profunda reforma fiscal que consiga que quien más tiene más pague, que termine con el fraude fiscal y los paraísos donde tantos falsos patriotas evaden sus fortunas con la pasividad de las administraciones del Estado. Ese es nuestro compromiso con el pueblo y no tenga la menor duda de que ese compromiso está, para nosotros, por encima de cualquier otro mandato”

 A renglón seguido, Centella, engreído por su sabiduría, enumera una serie de diez puntos reivindicativos,que en opinión del PCE “están basados en la defensa de los intereses de la mayoría”. Habrá que hacer un esfuerzo más que extraordinario para entender lo de la “mayoría”. Las diez propuestas que presenta como el no va más de lo revolucionario, no cuestionan el poder político y menos el poder económico de los monopolios y de las multinacionales, abstrayéndose de las experiencias históricas, que confirman que un país asentado sobre bases económicas capitalistas y por supuesto definido por las relaciones de producción burguesas, es un país que lo único que asegura son las venidas cíclicas de crisis y consagra la explotación de las clases trabajadoras. Hacer creer que se puede asegurar el respeto y la salvaguarda de los intereses de la Mayoría (supongamos trabajadores) en el capitalismo monopolista, o sea, en un pais imperialista, no es un error de bulto, sino una alta traición además de un insulto a la inteligencia de los que con sus esfuerzos crean todas las riquezas materiales y espirituales de la sociedad.

 Las crisis capitalistas se originan con independencia del gobierno titular y del modelo de Estado en vigor, por lo que los socialdemócratas del PCE en un hipotético gobierno de una hipotética República burguesa, no tendrían la facultad divina de impedir que se produzcan y menos aún de neutralizarlas hasta que no se cumplan sus ciclos vitales. El modo de producción es el mismo, lo que quiere decir que el poder real lo detenta el capital monopolista, por consiguiente, las leyes que rigen en la sociedad capitalista persistirán igualmente.

 Las crisis sobrevienen por las contradicciones del sistema capitalista, sea la más retrógrada de las dictaduras fascistas como la más avanzada República burguesa,  y por ser consustancial a él la anarquía productiva, así como unas relaciones de producción basadas tanto en la propiedad privada sobre los medios de producción como en la desigualdad del reparto de los bienes producidos, que prosperan hasta la sobreacumulación de capitales durante el período de desarrollo de la economía, como consecuencia de la explotación de los trabajadores; luego, el paro y el empobrecimiento relativo y absoluto de las clases populares impiden la progresión pese a la alta tasa de ganancias.

 Las concepciones oportunistas son proposiciones prestadas por la ideología burguesa y, dada la actual universalización de la economía, resultan ser formulaciones del imperialismo, que bajo las apariencias del progresismo, las concibe para que las clases populares acepten de buen grado el mundo que les rodea: grado superlativo de explotación de los trabajadores, luchas interimperialistas, avasallamiento de los pueblos, etc. Y al igual que en los niveles estatales, en el ámbito internacional también, son frutos de análisis que soslayan la lucha de clases, transformándola en contradicciones entre naciones. En esta dirección se constata que los posicionamientos oportunistas son la prolongación de la política imperialista, que queda definida en tres apartados de suma importancia para sus intereses:

  • Se aprueban y defienden las agrupaciones supranacionacionales de Estados capitalistas, so pretexto de constituir formas de frenar las influencias e injerencias del imperialismo en zonas determinadas.

  • En su consecuencia se toma partido por un imperio frente a otro

  • Y por último, se apoya subrepticiamente intervenciones militares o económicas de los buenos contra los malos, así como se hacen eco de la propaganda imperialista contra los países socialistas.

 El pasado mes de Agosto, la Secretaría de Política Internacional del PCE saludó con desaforado entusiasmo la entrada de Venezuela en Mercosur,  integrado entonces por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay,  y lo hizo afirmando:

“en este tratado de integración no tienen cabida políticas injerencistas de los centros mundiales del poder capitalista, por tanto puede ejercer de salvaguarda ante los intentos de descargar el peso de la crisis de los países industrializados en los países llamados emergentes”….. “todos los estados miembros del MERCOSUR están implicados en la lucha de llevar adelante una más justa redistribución de la riqueza, cada país con sus características y procesos”

No hay que ser un erudito en economía ni tampoco en política para darse cuenta que en su saludo, el Secretario de Política Internacional del PCE expresa sin reservas las posiciones de su partido, que tanto nos recuerdan a las de Kautsky. Sus esfuerzos por evitar denominar a los países por su naturaleza de clase lo delata. Lo que el PCE interpreta como“descargar el peso de la crisis de los países industrializados en los países llamados emergentes”  no es otra cosa que la lucha por el mercado internacional entre los monopolios y capitales financieros de los países imperialistas. ¿Cuáles son los países industrializados? Por supuesto, EE.UU, Japón, UE… Por otro lado, en Mercosur al menos, está presente Brasil, cuyos monopolios, multinacionales e inversiones financieras se extienden por toda latinoamérica y estos no están implicados como defiende el PCE, en llevar adelante ninguna redistribución de las riquezas ni en su país, donde las diferencias sociales cada día son más acusadas, ni en el Mercosur. Por otro lado, entre los países emergentes, además de Brasil, se encuentran Rusia, China, India y Suráfrica, a los que sólo los ingenuos y los que no quieren ver les niegan su carácter imperialista. La Secretaría de Política Internacional del PCE oculta las contradicciones imperialistas, sus luchas por el mercado internacional, que en definitiva explica el mundo contemporáneo, porque en su existencia encuentra la justificación capital para su política de orientación pro UE.

El Partido Comunista Obrero Español, en el supuesto de una revolución socialista en nuestro país, estará dispuesto y propugnará alianzas o agrupaciones supraestatales con otros países socialistas en virtud del internacionalismo proletario y en consonancia con la naturaleza revolucionaria del sistema. Por lo que sabemos, ninguna de las naciones integradas en Mercosur tienen bases económicas y relaciones de producción socialistas, ni tan siquiera Venezuela -sobre la que fijamos nuestra atención-, por sus “perspectivas revolucionarias”,  avanza todavía hacia una economía socialista.

El PCE convierte sus simpatías y sus deseos en una situación que en absoluto coincide con la realidad. Su adhesión al Socialismo del Siglo XXI ha sido su salida a la crisis ideológica que desde hace décadas aprisiona a su militancia. El Socialismo del Siglo XXI al que aspira la dirección del PCE cuya matriz es el aberrante Estado no clasista y cuyo sujeto revolucionario una amalgama de agrupaciones sociales desclasadas, le permite conjugar su actual ideología con la consagración de la UE monopolista, cuyos valores constitucionales aceptaron al integrarse en el PIE.

Para el PCE-IU, la República burguesa es la solución a los problemas y contradicciones del actual Estado español, por consiguiente, bajo este modelo de Estado capitalista piensa, también, hacer retroceder o rectificar las políticas antisociales de la UE, olvidando que España es un Estado de monopolios, lo que quiere decir imperialista. ¿Acaso la República burguesa va a cambiar el signo imperialista de los monopolios industriales y del capital financiero españoles? ¿Puede suprimir las injerencias de estos en la economía venezolana, y en los demás países de Mercosur? En el año 2010, las empresas españolas destacarón entre las más inversoras en Venezuela (Santander, Mapfre, Repsol-YPF, Elecnor, Iberdrola, Iberia, Air Europa, Telefónica, Sol Melía, NH Hoteles, Grupo Inditex, Leche Pascual, así hasta 102 empresas, entre las que sobresalen varios bancos. Del mismo modo operan en los demás paises del Mercosur: 60 empresas en Argentina, 168 en Brasil, 33 en Ururguay, 12 en Paraguay) (según SIEX, entidad pública dependiente del Ministerio de Comercio)

La historia es terca y confirma que las contradicciones que se generan en torno al imperialismo sólo se pueden superar por medio de la ruptura radical con el capitalismo, o de lo contrario, las leyes que rigen su modo de producción engullen con su inercia al más revolucionario de los revolucionarios, convirtiéndole sin más remedio en gestor de los intereses del gran capital industrial y financiero. Tal es la ley que hasta la fecha ningún partido ha podido transgredir. Además PCE-IU no ofrece ningún dato práctico que nos haga pensar lo contrario. Cada una de sus experiencias en gobiernos de todos los rangos han terminado con la asunción de las reglas impuestas por el sistema, mimetizándose con partidos burgueses y pequeñoburgueses, confirmando la teoría.

 La versatilidad de la conducta de los dirigentes oportunistas, producto de sus concepciones teóricas, produce el disloque mental en su militancia, sin lo cual les sería imposible alcanzar sus fines. Si se le pregunta a la base del PCE-IU cuál es su ideología, cuál es el socialismo al que aspiran, resultarán intereseantes sus respuestas, pero será imposible extraer una conclusión clara que defina lo que es común a toda élla. Hay militantes que se dicen marxistas-leninistas, otros son marxistas revolucionarios, socialistas democráticos, seguidores del socialismo del Siglo XXI,  etc. Diferencias que se traducen en multitud de maneras de ver y aplicar en la práctica sus labores indefinidas teóricamente. De ahí que firmen ERE, bajadas de salarios, los hay esquiroles, anticubanos, pro-cubanos, nacionalistas, seguidores de las direcciones reformistas de CC.OO y también críticos; aunque la mayoría de las veces se confundan con quienes denuncian, los hay pues para todos los gustos.

No obstante, queremos dejar constancia que en las filas del PCE-IU existe un número muy notable de afiliados honestos que tienen asumido que su rol es revolucionario y defienden con bravura según su entender sus posiciones reformistas. La razón de tantos despropósitos está implícita en su crisis orgánica. Sabemos a ciencia cierta que en una gran cantidad de lugares no se reunen sus agrupaciones, no existe la discusión política, no hay un proyecto formativo, sus militantes se diluyen en IU en cuyas asambleas esporádicas no se desarrollan según los canones de una organización revolucionaria. Existe pues, una dirección dentro del Partido que no puede ser cuestionada orgánicamente, con lo cual se ha convertido desde hace años en una casta por encima de las bases, a las que éstas por falta de preparación ideológica aplaude, más con fanatismo que con ciencia.

 Pero al lado de los honestos afiliados se ha creado una capa intermedia a la que de ninguna de las maneras podemos calificar de honestos, pues constituyen la salvaguardia de las directrices de la cúpula dirigente. Estos son auténticos traidores, que se prestan a veces a construir candidaturas sindicales a las órdenes de los empresarios, que pactan con los enemigos del pueblo en las elecciones municipales y autonómicas a cambio de recibir las prebendas del imperialismo. Son auténticos profesionales de la holgazanería que se prestan a todo con el propósito de ganar sin trabajar, quienes confieren certificado de calidad a las palabras de Lenin:

“La burguesía imperialista atrae y premia a los representantes y partidarios de los “partidos obreros burgueses” con lucrativos y tranquilos cargos en el gobierno o en el comité de industrias de guerra, en el parlamento y en diversas comisiones, en las redacciones de periódicos legales “serios” o en la dirección de sindicatos obreros no menos serios y “obedientes a la burguesía”.

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




La salida de la crisis es la continuación de la crisis en clave ideológica

Los oportunistas de todo tipo, al despreciar el marxismo que entiende el mundo encadenado por causas y efectos, analizan metafísicamente la sociedad, es decir, lo hacen superficialmente, estudiando los fenómenos aislados. En el caso concreto de la crisis dan como fecha del comienzo de la misma entre 2006 y 2007; anteriormente, a juzgar por los estudios de aquellos y de los tecnócratas, el capitalismo gozaba de muy buena salud y lo evidenció el desarrollo del “Estado del bienestar” que permitió a la clase obrera disfrutar desus “prebendas” -más bien migajas- pero con unos resultados ideológicos muy contundentes.

Se puede comprobar que esta opinión tan al uso, al referirse al periodo 1991-2006 es irreal, pues incluso ellos mismos coinciden en reconocer hoy, sea por puro interés, que se ha vivido por encima de las posibilidades. Es una explicación demasiado sucinta; no obstante, tiene la intención de culpar al pueblo de su desdicha por despilfarrador y por tanto ahora debe pagar su inconsciencia. El argumento “vivir por encima de las posibilidades” oculta el verdadero origen de la crisis, que nuestro partido desveló ya tras los sucesos que derivaron en la integración de una pequeña parte de la militancia en el PCPEy que recogió posteriormente en el programa salido del XIV Congreso.

Inmediatamente después de la desaparición de La URSS el capitalismo entró en una crisis de graves consecuencias, que se manifiesta brutalmente en Japón. El 70% de las empresas presentaron quiebra, lo cual tuvo, naturalmente, una gran resonancia internacional y sus efectos corrosivos se cristalizaron especialmente en EEUU y Europa. Por primera vez, EEUU se convierte en un país endeudado a lo que se unía que sus reservas energéticas estaban muy mermadas. El proyecto europeo de aprovechar la precaria situación nipona para desplazarla en el mercado internacional resultó fallido. La banca francesa y la banca alemana, principales inversoras en el proyecto, se desplomaron. El paro subió escandalosamente. El capitalismo buscó la salida a la “inversa” de como lo hacehoy, aparentemente.

Entregado en cuerpo y alma en una propaganda feroz contra el socialismo recién fallecido, atacar a la vez a lo que el imperialismo considera el Estado del bienestar, para frenar el desarrollo de una crisis que se presagió dura y duradera, no era aconsejable. Se trataba de demostrar lo contrario eligiendo el camino más fácil, pero presuntamente más rentable política e ideológicamente a corto y medio plazo. La burguesía era consciente de su situación: apostar por el sector inmobiliario, facilitar créditos hipotecarios para todo fue una salida única e imprescindible. Las políticas hipotecarias tenían una doble misión que cumplir: rellenar rápidamente el agujero que se iba ensanchando y a la par encadenar a las clases trabajadoras durante una o dos generaciones, al objeto de impedir que se revolviesen contra el sistema, que en definitiva era lo que estaba en juego.

 Inmerso en la dinámica de consumo con falsos salarios conformados por los préstamos hipotecarios, el capitalismo avanzaba inexorablemente hacia la hecatombe sin poder frenar. La burguesía y sus expertos eran conocedores por pura lógica de que un día muy cercano todo estallaría. Las deudas familiares, producto del desequilibro préstamo-salario eran insostenibles, en tanto su consumo se canalizaba en una variedad de productos muy limitada (coches, viviendas…) Todos los sectores, especialmente el metalúrgico y el siderometalúrgico, arrastraban crisis sobreviviendo tan sólo las partes dependientes del sector inmobiliario. Entre el año 2000 y 2005 las acerías se colocaron al borde del desplome. China hacía estragos en el mercado mundial; sin embargo, el capitalismo occidental parecía no resentirse, cuando la realidad era lo contrario, el sistema se estaba agotando y dependía de las migajas que pudiera recibir del sector inmobiliario. La burbuja se inflaba sin freno e indudablemente un día tenía que estallar.

 Pero para ese día la gran burguesía internacional lo tenía ya todo preparado: sindicatos corruptos cuyas subvenciones se habían multiplicado durante ese periodo, el pueblo despolitizado y atado al carro de un consumismo abrasador que superaba sus ingresos, hijos que heredaban las deudas contraídas por sus padres con salarios bajos, partidos políticos comprados por la banca, un Movimiento Comunista Internacional dividido e influenciado negativamente por la desaparición del socialismo y que se enamoró ideológicamente del falso “Estado del bienestar” y finalmente, la culminación de la etapa transitoria del socialismo al capitalismo del antiguo campo socialista.

 La nueva crisis dentro de la crisis anterior sería ya incontenible, porque se descubriría que el Estado del bienestar estaba construido sobre bases frágiles, porque la industria tanto extractiva como productiva caminaba desde la anterior crisis por derroteros quebradizos, toda la sociedad se asomaba a una pendiente hacia abajo muy peligrosa. La denominada “burbuja inmobiliaria” tenía que llegar –lo veía hasta el más ignorante en economía que se preguntaba cómo era posible vivir como se vivía con salarios mileuristas-. Puede considerarse que desde 1991 hasta nuestros días, como bien expuso el informe de nuestro Secretario General presentado al VI Pleno del Comité Central, el capitalismo ha sufrido una sola e irrefrenable crisis de sobreproducción entendida como exceso de productos para consumidores con escasas posibilidades de compra, pues el pueblo no compraba con salario real sino hipotecando su vida laboral que poco a poco abarcaba a la de sus herederos.

 Así pues, la fase actual de la crisis no debía tener la misma salida de falso crecimiento, entre otras cosas porque quienes podían auspiciar una tal solución, los bancos, entraban en picado en quiebra. Aún resuenan las palabras del estadista alemán que en el 2006 –cuando lanueva fase de la crisis a niveles oficiales aún no era reconocida y además se propagaba la idea de ser evitable– se aventuró a vaticinar que a partir de ahí el mundo ya no sería el mismo, a la par que afirmaba que el poder de EEUU y Europa ya no sería incontestable. Es evidente que la gran burguesía internacional conocía lo que se avecinaba como lo atestigua el hecho de que inmediatamente después del vaticinio alemán lanzó la consigna “¡HAY QUE REFUNDAR EL CAPITALISMO!”. Es decir, los enemigos de la clase obrera habían llegado a la conclusión de que la crisis iba a ser de tal calibre que no había más remedio que empezar de nuevo o existía el riesgo real de que el sistema desapareciese favoreciendo revoluciones socialistas, cuando momentos antes habían dado por muerto el marxismo y con él la posibilidad de cualquier revolución comunista. Empezar de nuevo consistía en retrotraer a la clase obrera a los principios del capitalismo, sin ningún derecho y por supuesto con salarios míseros, única forma de “perpetuar” la agonía del sistema.

 La historia no está finiquitada porque al estar agotado el capitalismo sus soluciones sólo pueden perpetuar el sistema hasta tanto la correlación de fuerzas en el movimiento político y sindical se deslice a favor de los revolucionarios, lo cual es cuestión de tiempo.

 

La salida a la crisis consiste en crear una nueva crisis mucho más grave, pues si antes la concesión indiscriminada de préstamos cubría sus gravísimos efectos, sin restañar heridas y menos aún atacar a sus raíces, hoy, la política de expansión monetaria ilimitada desempeña el mismo papel, el de cubrir de manera engañosa los efectos de la crisis más profunda del capitalismo.

 El hecho de fabricar dinero sin relación alguna con la actividad económica real de los países –tal ocurre en EE.UU y Europa– estimula sólo una recuperación ficticia de la bolsa y el alza de la inflación, naturalmente. Poco a poco presenciaremos el crecimiento voluminoso de la burbuja bursátil pero además financiera, pues la minoración de las inversiones industriales es una realidad tangible. Y por si fuera poco, las inyecciones monetarias a los bancos y empresas de países que su PIB no avanza con la misma celeridad y volumen son una condena inapelable a un nuevo ciclo de crisis dentro de la crisis, sobretodo porque los lugares que últimamente eran objeto de inversiones –China, India, etc., fundamentalmente-, presentan indicios de contracción de su producción o de sus índices industriales.

 Una vez más en la historia de nuestro país, cuando el capitalismo se halla en un callejón sin salida, movimientos reformistas y nacionalismos burgueses comienzan a actuar de pantallas que no permiten ver el verdadero problema de clases y tratan de distraer la atención con problemas que circunscriben su solución dentro del capitalismo. Pero sólo es cuestión de tiempo. Las cosas ya no serán, nunca más, iguales a las de ahora.

 

 

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

 




El sujeto revolucionario

En virtud de la discusión sórdida que persiste a través de los años en el Movimiento Comunista, se llega a la conclusión de que el problema cardinal de toda revolución es el sujeto revolucionario. ¿Qué clase está llamada a dirigir el proceso revolucionario? Los partidos comunistas y obreros establecen tajantes ese límite diferenciador para distinguir al revolucionario del oportunista. Aquél que designe al proletariado se llamará así mismo revolucionario y adjetivará de oportunista a quién no lo haga.

 Esta sentencia, que parece inapelable, permite serias objeciones, porque si es verdad que quienes niegan a la clase obrera su papel dirigente en la lucha por el socialismo se apartan del verdadero camino para conseguirlo, no quiere decir, sin embargo, que todos los que le atribuyen el papel de sujeto sean revolucionarios. La revolución es una etapa tácita en la dialéctica de la historia y como tal tiene “reservada” una misión específica a cada clase social que abarca. Quiere decir que no existe un solo problema cardinal en el proceso revolucionario sino dos: el sujeto y su misión, cuando la misión se identifica como el objeto.

 El revisionismo moderno es dúctil y capaz de amoldarse a circunstancias inverosímiles. Sabe ocultar su auténtica naturaleza entre una espesa palabrería embrolladora. No es en balde que cuente para sus manejos con un rosario de abigarradas fórmulas, servidas en bandeja por la larga historia del revisionismo en el movimiento obrero.

El revisionismo del PCE no es original. Su militancia no ha dado lumbreras con la suficiente categoría para elaborar un sistema completo de apostasía. Se nutre circunstancialmente dependiendo de sus necesidades temporales de argumentos que toma de prestado. Acostumbrado a engañarse asimismo, ha creído que la adopción de una terminología diferente y plagada de subterfugios que embauque a un electorado malformado, pero también defraudado por las traiciones del PSOE, sería suficiente para seducir a los marxistas-leninistas. Es ésta una irreverente forma de proceder que tenía por fuerza que recibir la crítica oportuna y bien ganada a su felonía.

 Desde esta modesta página revolucionaria saludamos las justas respuestas críticas que le asestan los camaradas griegos del KKE, por venir de un partido que está demostrando en la práctica su profesión revolucionaria. El PCE de manera burda ha pretendido pasar de matute su programa, atribuyendo a los camaradas del KKE incapacidad manifiesta para juzgar su reformismo. Hacer ostensión de anticapitalista, perteneciendo al PIE y fundamentándose en el socialismo del siglo XXI es tratar de ignorante e incauto a un partido que ha sido retribuido con una experiencia rica e insuperable, ganada por su bravura en los más adversos campos de batalla y por su firmeza en los principios, corroborados tras largos años de combates desde antes y durante la clandestinidad en la dictadura de los coroneles hasta nuestros días.

El PCOE viene sosteniendo, desde su fundación hace 40 años, que el PCE dejó de ser un partido comunista desde el instante en que comenzó a aplicar su política de pactos interclasistas, fruto de un larvado oportunismo que evolucionaba en su seno y que depara en consecuencia el abandono de la dictadura del proletariado y demás principios marxistas-leninistas, o lo que es lo mismo, desde que le niega a la clase obrera su carácter de sujeto revolucionario. Pero también el PCOE ha denunciado públicamente a quienes formalmente mantienen en sus programas el principio de la Dictadura del proletariado, después de adoptar tácticas y estrategias que le alejan de ella, igual de oportunistas y embaucadoras que la de los representantes del eurocomunismo y seguidores del socialismo del siglo XXI.

 Tanto en el Estado español, como en un nutrido grupo de países de Europa, se han ido desarrollando diferentes formas de oportunismos desde la celebración del XX Congreso del PCUS. Al abrigo de sus resoluciones y a tenor del comunicado aprobado por 75 partidos de todo el mundo emitido por la Conferencia Internacional de Partidos Comunistas celebrada en Moscú en el año 1969, se incluyeron en los programas comunistas medidas y caminos que contemplaban la posibilidad de acceder al socialismo por vía pacífica, es decir, a través del parlamentarismo burgués. Sedicentes fórmulas de tránsitos y de tácticas para conseguirlo, aparecieron con el grado de tesis irrebatibles: Profundización de la Democracia Burguesa, Republicas Democráticas y Populares y Frentes de Izquierdas con la socialdemocracia y organizaciones burguesas, arrinconaron la Dictadura del Proletariado en los programas políticos, hasta convertirla en un enunciado simbólico y formal, sin aplicación práctica. Sin embargo, estos partidos “reconocían” cínicamente el carácter de sujeto revolucionario que correspondía a la clase obrera.

Las tesis eurocomunistas, más las de la profundización de la democracia, Frentes de Izquierdas, así como la instauración del periodo transitorio conocido por Democracia Popular, al lado de todo tipo de deformación, se convirtieron en señas de identidad de la grave crisis que aquejó al Movimiento Comunista Internacional, la que por desgracia aún no ha sido superada.

 El resultado de la crisis en el Estado español se caracterizó por la disgregación de las fuerzas comunistas en numerosos partidos y grupos desorientados y sin incidencia en el movimiento obrero y popular. Las influencias del oportunismo aprisionaron a todos los partidos en mayor o menor grado, por lo que durante un largo período no ha existido en todo el estado español el partido “ideal”, realidad que aún es patente, pues si bien la situación va mejorando en un proceso de avance y progreso, éste no ha culminado.

 Hace años que el PCOE hizo tabla rasa con los errores del pasado para adecuar su programa a la realidad circundante, como se puede comprobar por los múltiples documentos emitidos por el Comité Central, llegando a la conclusión de que el Capitalismo Monopolista de Estado, tal cual afirmara Lenin, es el último estadio del sistema de producción burgués, con el que la burguesía ha cumplimentado ya sus tareas democráticas. Debido a ello, todo lo que no sea luchar por la instauración de la Dictadura Democrática del Proletariado, o sea el socialismo, es un paso hacia atrás. En consonancia, se rechazan las ideas del antiguo Frente de Izquierda, del parlamentarismo (que no la utilización del parlamento) y de la Democracia Popular que han sido sustituidos por un frente de clase dirigido por la clase obrera, cristalizado en el FRENTE UNICO DEL PUEBLO.

Observamos que mientras otros partidos continúan en estado de letargo, los hay que últimamente, a años vista del PCOE, han dando un paso hacia adelante; aunque sea al calor de una circunstancia muy especial, la crisis capitalista actual y sobre una base de reflexión errónea, pues le atribuyen a la crisis el argumento principal para la sustitución de la Democracia Popular por el socialismo, en vez de ser el producto del examen de las estructuras capitalistas en la etapa histórica que vivimos, que la crisis confirma.

 Como se puede apreciar, el movimiento comunista español está inmerso en el discurso inacabado de la actualización, del que todos somos conscientes. Sería pues presuntuoso y falso erigirse en el partido de la clase obrera española.

En esta dirección es igualmente aventurado y arriesgado señalar con el dedo, como hace el KKE, a un partido concreto como el único en toda España “que proyecta la necesidad de organizar la lucha de la clase obrera y que conecta con la perspectiva de la fuerza obrera y la ruptura con los monopolios, con el socialismo”, cuando la realidad es que no es ni el único ni el primero.

Este Comité Ejecutivo hace suyo cuanto se dice al respecto en el nº 4 de nuestra revista “Teoría Socialista”:

“…Lamentablemente, todavía se producen conatos en el seno del Movimiento Comunista de enjuiciar lo ajeno prescindiendo de un conocimiento riguroso de la realidad del país dado”

“El PCOE, no aspira a ser el único partido reconocido por el Movimiento Comunista como el Partido de la clase obrera española, porque debe ser ésta y será la que nos coloque en el lugar que merezcamos. Tampoco estamos en contra de que los partidos tengan sus preferencias y se relacionen con quienes más gusten, pero nada justifica dictar un veredicto de esta envergadura, cuando la complejidad del Movimiento Comunista Español, entre otros motivos por causa de las injerencias exteriores en épocas pasadas, se puede perturbar todavía más, por criterios de este tipo provenientes de un Partido que goza de nuestras simpatías y de las del pueblo español”.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




El oportunismo es la mayor enfermedad en un partido comunista

De manera clara, sobretodo en estos momentos de crisis, estamos viendo cual es el rumbo que los imperialistas, y su sistema de producción capitalista putrefacto, marcan a la Humanidad: desigualdad, miseria, guerras de rapiña, desempleo, explotación y muerte.
 
La experiencia práctica de la URSS, su formación, desarrollo y derrumbe es una enseñanza vital que debe fortalecer tanto a la ciencia marxista-leninista como a aquellos que a día de hoy nos reafirmamos en élla como instrumento y guía trascendente en la necesidad real que tiene el género humano de zafarse del capitalismo; pero ello sólo será posible con un Partido Leninista reconocido por las masas.
 
La burguesía siempre ha sido conocedora de dicha condición; por ello, siempre ha lanzado, al igual que hoy, furibundos ataques y ha ejercido una brutal represión contra las organizaciones leninistas y sus militantes. Porque es consciente que la clase obrera, sin el Partido leninista, no es peligro para su hegemonía y sus desmanes.
 
Tras 20 años de la caída de la URSS, la historia ha demostrado cuán impostoras y capitalistas eran todas las reflexiones dadas por aquellos revisionistas que deformaban y envilecían al marxismo-leninismo, ya fuera abjurando del principio de la lucha de clases, del materialismo dialéctico, renegando de la dictadura del proletariado o afirmando que se podía alcanzar el socialismo profundizando en la democracia burguesa. También nos ha demostrado que sin partido, la burguesía ha avanzado y el proletariado ha retrocedido, evidenciándose no sólo la lucha de clases sino la necesidad de la organización leninista para la conquista del progreso y la emancipación de las clases populares.
 
Como decíamos, la experiencia de la URSS debe fortalecernos a los marxistas-leninistas. Con nuestros propios ojos hemos visto cómo se desintegró la URSS y medio mundo socialista. La guerra entre el socialismo y el capitalismo, entre lo nuevo que tiene que nacer y lo viejo que tiene que morir, es la contradicción fundamental existente a nivel mundial. Tras la Segunda Guerra Mundial, la batalla librada entre la burguesía y el Movimiento Comunista Internacional se decantó hacia los primeros; no por la victoria bélica – jamás el imperialismo ha derrotado en guerra a ninguna revolución socialista – ni por bloqueos económicos, sino por la penetración del oportunismo en el seno de los Partidos Comunistas. Los militantes de los Partidos Comunistas han demostrado entrega y heroísmo, han derramado su sangre en la lucha contra el fascismo y contra la explotación capitalista. Pero la historia nos muestra que todo ello es doblegado, no por fuerza de voluntad o capacidad criminal del enemigo capitalista, sino por debilidad ideológica de los cuadros. Los Partidos Comunistas eran fuertes económicamente: el rublo fluía y fluía, pero no se elevó ideológicamente a los militantes, no se les formó lo suficiente, no se crearon los anticuerpos leninistas que calaran a los parásitos oportunistas introducidos por la burguesía, que llevaron a la desnaturalización de los Partidos Comunistas y al restablecimiento del Capitalismo en aquellos países liberados de él. La enseñanza es clara: no habrá emancipación de los explotados sin revolución socialista y ésta es inviable sin la organización leninista. A la par, el Partido no sucumbe ante la violencia extrema del imperialismo, ni subsiste por una fortaleza económica; únicamente se desarrolla y avanza si eleva a sus cuadros ideológica y políticamente, si estimula en ellos la cualidad revolucionaria vital en un marxista-leninista, que es la necesidad de dominar al máximo las tres columnas sobre las que descansa nuestra ciencia: la filosofía (materialismo histórico y materialismo dialéctico), la economía política y el comunismo científico.
 
Un ejemplo de lo que expresamos se aprecia estudiando el comportamiento de lo acontecido en los Partidos Comunistas, en concreto, veamos el ejemplo del Partido Comunista Francés en la década de los 70s y a elementos como Louis Althusser:
 
Señala Louis Althusser: “Decidí entonces intervenir políticamente en Francia. Y decidí hacerlo desde el interior del Partido Comunista. Además, quise intervenir ahí para luchar contra la influencia del estalinismo que aún persistía. Pero no tuve posibilidad de elegir: si hubiese intervenido públicamente en la política del partido – que se rehusaba a publicar mis textos filosóficos sobre Marx por considerarlos herejes y peligrosos – me hubiera yo encontrado marginado y sin ninguna influencia. Por lo tanto, me quedaba una sola vía de intervención: la teórica, a través de la filosofía (…) Me interesaba desde que ingresé al partido que se abandonara esta tesis – el materialismo dialéctico – por impensable” [1]
 
Desde la filosofía, Louis Althusser, en su cruzada contra el marxismo-leninismo y su columna filosófica, el materialismo dialéctico, y fruto de dicha labor, trataba, no sólo de desviar ideológicamente al Partido de la senda del marxismo-leninismo, sino de inferir directamente en la política del Partido. Señala Althusser al respecto de esta estrategia: “Resultó bastante exitosa. Los ataques que me lanzaron tanto mis adversarios comunistas como los medios marxistas no comunistas llegaron a ser virulentos pero la mayoría carentes de valor teórico – no sólo desde el punto de vista del marxismo sino simplemente en el nivel filosófico. Y lo considero un éxito porque al adoptar la única estrategia posible en ese momento, la teórica, dio lugar a resultados directamente políticos como ocurrió a partir de los XXI y XXII Congresos, a propósito del abandono del concepto de la “dictadura del proletariado”. Por otra parte, el Partido no podía excluirme porque mis intervenciones políticas se apoyaban directamente en Marx, de quien yo ofrecía una interpretación crítica y revolucionaria. Marx me protegía en el seno del partido por su carácter de padre pensador, intocable y sagrado” [2].
 
La intervención teórica en el Partido Comunista Francés de Louis Althusser, según sus propias palabras, fue:  “me dediqué a buscar en El Capital la filosofía marxista, con el fin de que el marxismo fuera otra cosa que esas célebres fórmulas, opacas o rayando en la obviedad, citadas al infinito sin ningún progreso facundo y, desde luego, si ninguna autocrítica” [3].
 
El modus operandi era claro, deformar y falsear a Marx, y desde el campo teórico aprovechando la debilidad ideológica de las bases del PCF, inferir en la ideología y política del partido desnaturalizándolo, envileciéndolo y desviándolo del marxismo-leninismo hasta ubicarlo en su antípoda. Direcciones repletas de “intelectuales” burgueses y no de obreros, los cuales conformaban las bases y en su vida cotidiana estaban alejados de la teoría, absorbieron todo el veneno oportunista introducido en los distintos partidos comunistas, como por ejemplo el Francés.
 
Althusser, pero como él Sève, Ballanger, Marchais y otros miembros del Comité Central del PCF, oportunistas todos ellos y, por consiguiente, renegados del marxismo-leninismo y aliados del capitalismo, como la historia ha certificado, no dudaban en falsear a Marx para aniquilar al partido; un ejemplo de ello es el concepto de Dictadura del Proletariado. Según Althusser “el Partido no podía excluirme porque mis intervenciones políticas se apoyaban directamente en Marx, de quien yo ofrecía una interpretación crítica y revolucionaria” [4] y por ello uno de sus objetivos era el abandono por parte del PCF de la dictadura del proletariado. Carlos Marx, al respecto de la dictadura de proletariado, por ejemplo, señalaba “Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1º) que la existencia de clase sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2º) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3º) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases…” [5]  “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media un período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”. Como se puede comprobar Althusser no interpreta a Marx, lo niega. Althusser ilustra cómo veía al PCF cuando hacía dichas interpretaciones señalando:  “a pesar de que el Partido Comunista Francés era marcadamente estalinista y actuaba con dureza, pude hacerlo porque Marx era sagrado para ellos. Procedí un poco – toda proporción guardada – a la manera de Spinoza quien, para criticar la filosofía idealista de Descartes y de los filósofos escolásticos partía de Dios mismo”. Comenzaba sus demostraciones de la Ética por la sustancia absoluta, es decir Dios, tendiendo así una trampa a sus adversarios, quienes, desde ese momento, quedaban colocados en una posición de impotencia, imposibilitados para rechazar intervención filosófica que invocara la omnipotencia de Dios por reconocerla como un artículo de fe y como una “evidencia” para todos ellos incluyendo a Descartes [7]. Estas palabras de Althusser evidencian cuan sucia fue su labor de traición y zapa en el seno del PCF y su concepto de camaradería, considerando a los camaradas adversarios a los que había que tender trampas. Lo lamentable es el reflejo de una militancia débil ideológicamente, siendo ésta la razón por la que podía enarbolar la bandera de la mentira, al igual que el resto de oportunistas que dirigían el PCF en dicho periodo histórico.
 
Todas estas enseñanzas nos deben hacer reflexionar a los militantes y a los partidos comunistas de que es deber y obligación de todos nosotros el combatir a muerte al oportunismo y a la ideología y la política burguesa. Por un lado, los Partidos deben tratar de nutrirse de la clase obrera y sus direcciones deben estar compuestas por obreros. Por otro lado, los militantes debemos estar pertrechados en la ciencia del marxismo-leninismo, no de una forma mecánica y memorizada, sino comprendiendo los conceptos y, fundamentalmente, el método dialéctico de análisis; es la garantía de avance del partido y, consecuentemente, de la revolución socialista. La burguesía no sólo ataca despiadadamente al Partido desde el exterior, sino que tratará de minar y de desviarlo desde el interior, introduciendo Althussers, Carrillos o Sèves de turno. El virus del SIDA ataca al sistema inmunitario, utilizando la célula del linfocito T4, a la que ha matado para ocultarse y engañar a dicho sistema inmunológico hasta que lo liquida y, consecuentemente, al organismo. Es difícil encontrar la vacuna pues dicho virus muta con suma facilidad. El oportunismo es el virus burgués que penetra en los Partidos Comunistas, y emplean a los padres de nuestra ciencia, Marx, Engels o Lenin, como máscara para liquidarlos. A diferencia del virus del SIDA, si los militantes comunistas conocen y están pertrechados en la ciencia del marxismo-leninismo y, consecuentemente, en filosofía, economía política y en el comunismo científico, entonces por mucho que muten los oportunistas chocarán una y otra vez contra nuestra formación, contra Marx, Engels y Lenin. En nuestro caso, somos nosotros mismos la vacuna contra el veneno oportunista, está en nuestras manos y en nuestro espíritu revolucionario.  Aprendamos de la historia.

 

F.J. Barjas.

 

Secretario General del Partido Comunista Obrero Español

 

[1]: Louis Althusser: Filosofía y Marxismo, ed. Siglo veintiuno 1988 edición mexicana.
[2]: Idem.
[3]: Idem.
[4]: Ídem.
[5]: Marx-Engels: Obras escogidas, tomo II, Moscú 1955. Carta a Weydemeyer (1852)
[6]: Marx-Engels: Obras escogidas, tomo II, Moscú 1955. Crítica al Programa de Gotha.
[7]: Louis Althusser: Filosofía y Marxismo, ed. Siglo veintiuno 1988 edición mexicana.
 
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