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La imposibilidad de ganar una guerra

La guerra ha entrado en una fase histórica en la que la posibilidad de una victoria militar decisiva y completa se encuentra cada vez más limitada por el propio desarrollo de las fuerzas productivas. La potencia destructiva de la tecnología moderna, que va desde las armas de precisión hasta los arsenales nucleares y la capacidad de destruir infraestructuras enteras en cuestión de horas, hace que la guerra entre grandes potencias tienda a convertirse en una amenaza para las propias condiciones materiales de existencia de las sociedades que la emprenden. Su síntoma principal es la inflación con la que se subsidia el conflicto y que expulsa a grandes capas de la clase obrera fuera del circuito de las necesidades básicas, como hemos podido ver en el Estado español en el caso de Maricarmen o en el aumento de la pobreza infantil. Para eso, los distintos bloques imperialistas necesitan gobiernos serviles que transfieran dinero público hacia el negocio privado de la guerra imperialista.

Pero que exista la imposibilidad de ganar una guerra no significa que la guerra haya dejado de ser posible. Significa, más bien, que sus contradicciones se han agudizado. Ucrania constituye un ejemplo de cómo una guerra puede prolongarse durante años sin producir una solución sencilla o definitiva, mientras el coste humano y material se acumula. La clase obrera rusa arrastra hoy una inflación que supera el 40% y comienzan los problemas con el suministro de petróleo. Los conflictos y tensiones en torno a Irán muestran asimismo cómo las rivalidades entre Estados pueden extenderse mucho más allá del campo de batalla inmediato y adquirir una dimensión regional e internacional. Se puede afirmar que, igual que la Guerra Civil en el Estado español y la Anexión de Austria por el nacional-socialismo fueron los primeros capítulos de la Segunda Guerra Mundial imperialista, estos sean los prolegómenos de la Tercera.

Esta situación no es baladí, y debe insertarse en la inevitable estructura del imperialismo, para el cual el planeta solo constituye un espacio vacío susceptible de ser conquistado indefinidamente. Los distintos bloques imperialistas están divididos entre Estados, alianzas, mercados, zonas de influencia y capitales que compiten entre sí. La expansión de una potencia choca necesariamente con los intereses de otras. El reparto territorial y económico del mundo convierte la expansión en una fuente permanente de conflictos entre bloques y Estados imperialistas.

Aquí aparece una contradicción fundamental. El imperialismo necesita la competencia, la expansión y la búsqueda de nuevas condiciones para la revalorización del capital, pero el mundo ya está repartido y cada nueva tentativa de modificar ese reparto amenaza intereses establecidos. La guerra aparece así no como un accidente externo al sistema, sino como una de las formas mediante las cuales sus contradicciones pueden manifestarse.

Pero el mismo desarrollo de la tecnología militar que hace de la guerra una herramienta de la competencia imperialista también limita su capacidad para producir una solución definitiva. Cuanto mayor es el poder destructivo acumulado, mayor es el riesgo de que una escalada destruya aquello mismo que las potencias pretenden controlar y cuanto más se cronifica el conflicto, mayor es la ganancia de los lobbies de la industria armamentística y de reconstrucción que funcionan a crédito mediante la producción de dinero ficticio que dispara la inflación contra la clase obrera. Además, la guerra puede modificar correlaciones de fuerzas, fronteras o gobiernos, pero difícilmente puede eliminar la contradicción fundamental que la origina, que no es otra que la competencia entre capitales y Estados por un mundo cuyos recursos, mercados y territorios ya se encuentran distribuidos y que no hay que olvidar que son finitos.

Por eso la cuestión no puede reducirse a encontrar una salida militar a cada conflicto. Mientras subsistan las bases sociales y económicas del imperialismo, las contradicciones que alimentan la rivalidad entre potencias continuarán reproduciéndose bajo nuevas formas. La paz, entendida simplemente como ausencia temporal de combates, no elimina esas contradicciones y se convierte solamente en una tregua dentro de una competencia que continúa por otros medios.

La paradoja de nuestra época es, por tanto, que la guerra resulta simultáneamente más destructiva y menos capaz de resolver de manera definitiva las contradicciones que la producen. El imperialismo necesita disputar y redistribuir constantemente posiciones de poder, pero cada redistribución desencadena conflictos de una escala que hace cada vez más difícil convertir la victoria militar en una solución estable.

Llegados a este punto, el problema de la guerra no puede separarse del problema del sistema que la produce, el imperialismo. Mientras la producción social permanezca subordinada a la acumulación privada y la competencia entre capitales se exprese también como competencia entre Estados y bloques imperialistas, la tendencia hacia la confrontación no desaparecerá simplemente mediante acuerdos diplomáticos o victorias militares. La cuestión histórica pasa entonces por transformar las relaciones sociales que constituyen la base material de esas contradicciones, y no únicamente por decidir qué bloque consigue imponerse en cada conflicto.

La clase obrera mundial, que soporta sobre sus hombros la inflación, la destrucción y también pone los muertos, no tiene otra solución que la revolución socialista que desgaje de la cadena imperialista estados completos que ayuden a nuevos estados a desgajarse. La mejor apuesta por la paz es la organización obrera en su partido comunista, que en el Estado español se llama PCOE, hacia la revolución socialista. La revolución socialista es la única esperanza de destruir la base socioeconómica en la que se asienta el imperialismo, germen de todas las guerras, y que transforme la guerra entre países por la colaboración mutua entre los obreros de todos los países.

¡Paz entre pueblos, guerra entre clases!

¡Por la emancipación de la clase obrera!

¡Por la paz mundial, organízate en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Algunos apuntes sobre la privatización de la sanidad y la educación

La privatización de la educación y la sanidad no constituye únicamente un cambio en la forma de gestionar determinados servicios. Para los comunistas supone trasladar necesidades sociales fundamentales al terreno de la rentabilidad privada como vamos a demostrar. Allí donde la educación y la sanidad son concebidas como derechos universales, el acceso debe depender de las necesidades de las personas y no de su capacidad individual de pago. Cuando, por el contrario, se introducen relaciones mercantiles y criterios de beneficio, las diferencias de renta tienden a convertirse también en diferencias en las posibilidades de formación, prevención, tratamiento y cuidado.

La cuestión de la igualdad adquiere así una dimensión material. No basta con proclamar formalmente que todas las personas poseen los mismos derechos, como nos machaca en el Estado español la burguesía y su Constitución en su Artículo 14. Este espejismo se cae cuando las condiciones económicas determinan quién puede acceder a una educación de calidad, quién puede recibir determinados tratamientos o quién debe renunciar a ellos por razones económicas. Educación y sanidad forman parte de las condiciones necesarias para reproducir la vida social y, por tanto, deben dejar de estar subordinadas a la acumulación de capital.

Esta lógica permite analizar también la relación entre trabajo y vida. Bajo el capitalismo, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía que el trabajador vende a cambio de un salario. El capitalista compra esa capacidad de trabajar, lo enajena y lo corrompe, y obtiene del proceso productivo un valor que excede por mucho del equivalente necesario para reproducir la fuerza de trabajo, la plusvalía. De este modo, el trabajo vivo, que es la actividad concreta de los productores, que son la clase obrera, queda incorporado a un proceso cuya propiedad y dirección pertenecen al capital. Mediante el estudio de la esclavitud asalariada queda al descubierto esta interdependencia económica, donde el trabajador es jurídicamente libre, pero necesita vender su fuerza de trabajo para acceder a los medios necesarios para su subsistencia.

En este escenario, la esperanza de vida debe plantearse en términos de qué lugar ocupa la vida humana dentro del proceso productivo. Si la organización económica, social y política mide el tiempo humano por su utilidad para producir beneficios, existe el riesgo de reducir al individuo a su condición de fuerza de trabajo, que es a lo que el capitalismo condena a la clase obrera, y por cuyo motivo se dedica a blindar los retrocesos en derechos básicos mediante atentados que reducen y precarizan la esperanza de vida de los que todo producimos, la clase obrera. Su antídoto se llama Revolución Socialista, que es una sociedad organizada alrededor de las necesidades humanas que persigue, por el contrario, que la salud, el descanso, la educación y la formación personal no queden subordinados a la capacidad productiva de cada persona y alcanzan así la verdadera categoría de derechos universales.

Frente a la apropiación privada de los resultados del trabajo social, la alternativa que plantea el PCOE es clara, diáfana y sencilla, la socialización de los principales medios de producción en su primera fase. El objetivo es que quienes producen colectivamente sean también quienes, mediante formas de propiedad y control social de la producción, determinen el destino del excedente generado. Esto implica transformar la relación entre productores y medios de producción para que el producto social no sea apropiado privadamente por una clase propietaria, explotadora y parásita, la burguesía, sino que esa producción esté destinada a satisfacer las necesidades colectivas y a desarrollar las capacidades humanas y materiales de la sociedad.

Esta transformación no se concibe como un simple cambio administrativo, ni obviando la resistencia armada que los explotadores imponen sin excepción. En esta tesitura, la lucha económica salta a una lucha política por el poder. La dictadura del proletariado se convierte así en la forma transitoria de gobierno que ocupa el período de transición en el que el poder político pasa a estar en manos de la clase obrera y en el que se desmantela el poder económico y político de la burguesía, para avanzar hacia la socialización de los medios de producción y la transformación progresiva de las relaciones de clase que han hecho posible la apropiación privada del trabajo social.

En este proceso, el PCOE es concebido como instrumento político organizado de la clase obrera, un partido político destinado a elaborar una estrategia revolucionaria, y organizar a los estudiantes, obreros y campesinos hacia la transformación de las relaciones políticas, económicas y sociales. La Revolución Socialista no consiste únicamente en sustituir a quienes administran una institución por otros como quiere vendernos la falsa izquierda revisionista y traidora, sino en transformar de raíz las relaciones de propiedad y las condiciones materiales que reproducen la división de la sociedad en clases.

Nuestro horizonte consiste en una sociedad en la que los medios fundamentales de producción pertenecen al conjunto de los productores asociados y en la que el desarrollo de la riqueza social deja de estar subordinado a los intereses y la apropiación privada del trabajo ajeno por una banda de mafiosos, explotadores y chupasangres. La emancipación del trabajo, la única forma posible de garantizar los derechos básicos a nivel de toda la humanidad, exige que la producción esté organizada conscientemente para satisfacer necesidades humanas y el desarrollo de las capacidades de quienes forman la sociedad, y no para reproducir y ampliar el capital. La clase obrera debe tener claro que sus conquistas llegarán por métodos revolucionarios y por la organización de su clase social dentro del partido de vanguardia y que en el Estado español se llama PCOE.

 

¡Por la defensa de los derechos universales!

¡Por la emancipación del trabajo!

¡Por la Revolución Socialista!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El adelanto electoral para el PCOE

El debate en torno al adelanto electoral debe plantearse como una cuestión que va más allá de la alternativa entre las fuerzas que se presentan como «derecha» y aquellas que se autodefinen como «izquierda». Reducir el proceso electoral a un enfrentamiento entre ambos bloques puede contribuir a situar en segundo plano la cuestión fundamental, que no es otra que la relación entre el sistema político y las estructuras económicas, políticas y sociales sobre las que se sostiene. Independientemente de las diferencias existentes entre las distintas opciones electorales, el marco de la democracia parlamentaria en el Estado español no deja de ser el fascismo, pues sigue sirviendo a los intereses del imperialismo cuya máxima aspiración en la actualidad es la dictadura abierta de una clase sobre otra. Por eso, los comunistas afirmamos que las alternancias en el gobierno no equivalen a una transformación de esas relaciones de explotación para la clase obrera.

Además, un sistema político, económico y judicial, que se fue a dormir franquista y se despertó demócrata, nos lleva también a examinar críticamente la propia historia del sistema político del Estado español que llega hasta nuestros días. Un ejemplo es la Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, denominada con el eufemismo de Ley de Partidos Políticos, unido a los distintos procesos de ilegalización de organizaciones políticas, constituyen ejemplos relevantes para los comunistas, del control de los límites jurídicos y políticos de la democracia burguesa española cuando alguien viene a poner en peligro sus privilegios de clase. Ya no se trata de qué organizaciones pueden concurrir electoralmente, sino de qué posiciones y proyectos políticos han sido excluidos o perseguidos, centenares de presos políticos avalan lo que decimos, y bajo qué argumentos jurídicos para que su sistema clasista no sea puesto en riesgo.

Por otro lado, el PSOE, que se presenta como el adalid de las izquierdas, unido a la muletilla de toda la canalla revisionista, arrastra denuncias históricas sobre prácticas de guerra sucia, en concreto con el GAL, lo que demuestra que se han pasado por el arco del triunfo los límites del Estado de derecho, usando todos los mecanismos de poder existentes de su cacareada democracia y que, llegado el caso, volverían a hacerlo.

Llegados a este punto, la cuestión central sería entonces cómo interpretar las elecciones sin convertirlas en el único horizonte de la actividad política. El campo electoral puede ser entendido como uno de los espacios en los que se expresa el conflicto social, pero nunca será el lugar donde dicho conflicto encuentra su resolución por una cuestión de intereses de clase. En este escenario hostil, la labor del PCOE se centra en la tarea de expandir la conciencia de clase en el centro de su actividad política. La cuestión es explicar a los obreros las relaciones existentes entre poder político, propiedad privada, trabajo y capital, y, mediante eso, insuflar una conciencia de clase que no quede subordinada exclusivamente a las alternativas electorales de cada convocatoria y, a través de este trabajo, subordinarnos a un objetivo político más amplio, que no es otro que la organización y la conciencia de la clase obrera en sus propios espacios de vida y de trabajo. Los centros de trabajo, los conflictos laborales y los distintos ámbitos de organización social, aparecen así como espacios fundamentales para estudiar y desarrollar la acción colectiva de nuestra clase y no las elecciones de la democracia burguesa con toda su maquinaria de represión organizada judicial, ejecutiva y legislativa.

Nuestro trabajo político no es simplemente elegir entre las distintas opciones que compiten por la gestión del Estado español, más concretamente por la alternancia de la posesión de la llave de la caja, sino hacer entender a nuestra clase social que su dictadura de clase, la del capital sobre el trabajo vivo, con sus relaciones económicas y sociales de explotación y apropiación privada, permanece estructuralmente inalterada tras cada alternancia y explicarle qué condiciones son necesarias para modificar las relaciones de explotación que sostiene al capitalismo. El PCOE se mueve como pez en el agua en ese terreno y con nuestras dificultades, falta de medios y frente a todo tipo de aparatos represivos, no cesará en su tarea de trabajar por la revolución social, puesto que el capitalismo ya ha logrado todos sus objetivos, que no son otros que la revolución de los medios de producción. Al llevarlo a su último estadio, como en el caso de la IA, el modelo productivo ya se ha convertido en freno insalvable para el desarrollo de las nuevas relaciones de producción que crecen más rápido de lo que su sistema criminal puede soportar.

 

¡Por la emancipación del trabajo!

¡Por la organización comunista!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El capitalismo ya se resquebraja

La aceleración de la concentración de la riqueza constituye una de las contradicciones fundamentales del capitalismo en su fase imperialista. Mientras la producción social alcanza niveles cada vez mayores en tamaño y productividad, una parte creciente de la renta y de la riqueza queda concentrada en manos de quienes controlan el capital y los medios de producción. Los beneficios empresariales, las rentas del capital, la inflación y los dividendos se convierten así en mecanismos de apropiación privada de una riqueza producida por el trabajo social.

El problema no reside únicamente en que existan grandes fortunas sino en la estructura de las relaciones de producción, que permiten que una minoría propietaria y parásita participe de forma desproporcionada en la distribución del excedente económico. El obrero recibe un salario por vender su fuerza de trabajo, mientras el propietario del capital obtiene beneficios, dividendos y otras rentas derivadas de la propiedad. Cuanto mayor es la concentración de la propiedad, mayor es también la concentración de los ingresos y de la capacidad de decisión económica.

Los comunistas tenemos claro que esta contradicción revela los límites históricos del capitalismo. El desarrollo de las fuerzas productivas entra progresivamente en tensión con unas relaciones de producción basadas en la propiedad privada y en la competencia entre capitales. La producción es cada vez más social ya que millones de obreros, empresas, infraestructuras y cadenas productivas están interconectados. Sin embargo, la apropiación del excedente continúa siendo privada en un 99%.

Esta contradicción se hace especialmente visible cuando el propio capitalismo comienza a recurrir a mecanismos que se apartan de su ideal clásico de libre competencia. La planificación industrial, las políticas de intervención económica, los aranceles, las subvenciones estratégicas y la protección de sectores considerados esenciales muestran que incluso los Estados capitalistas recurren de manera creciente a formas de coordinación y dirección de la actividad económica. La economía deja de presentarse como un conjunto de productores independientes sometidos exclusivamente al mercado. En ese punto, la economía pasa a estar condicionada por decisiones centralizadas y la producción se planifica.

Como ejemplo flagrante del fin de la libre competencia están los aranceles y las políticas de protección económica como manifestación del fin de la libre competencia y que indican que el capitalismo se halla en su fase putrefacta y última, el imperialismo, donde el monopolio extingue y absorbe a todos los capitales que pudieran hacerle sombra. El capital monopolista y la concentración empresarial reducen progresivamente el carácter competitivo del propio capitalismo. Grandes empresas dominan mercados enteros, mientras los Estados intervienen para proteger industrias, asegurar cadenas de suministro y dirigir inversiones consideradas estratégicas. El resultado es una paradoja histórica que sólo puede resolver la revolución socialista. El propio capitalismo desarrolla mecanismos de planificación y socialización de la producción que, al mismo tiempo, ponen de manifiesto la necesidad de superar las relaciones de propiedad capitalistas. La producción ya posee un carácter profundamente colectivo, pero sus frutos continúan distribuyéndose de manera desigual. Sólo poniendo una cuña para que la maquinaria de la propiedad privada capitalista salte por los aires se puede resolver la contradicción política, económica y social que castiga y mata a nuestros hermanos de clase.

Para la clase obrera, esta situación juega a nuestro favor ya que le sitúa en una transición en la que las fuerzas productivas desarrolladas por el capitalismo crean las condiciones materiales para unas relaciones de producción superiores. El socialismo no significa simplemente una mayor intervención del Estado dentro del mismo sistema moribundo, sino una transformación de la propiedad y del poder económico. Consiste en que los principales medios de producción pasen, de estar subordinados a la acumulación privada, a estar organizados en función de las necesidades sociales en su primera fase de desarrollo.

La cuestión central deja entonces de ser únicamente cuánto crece la economía y pasa a ser quién decide qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuye el excedente. La planificación económica, llevada a su máxima expresión sin los límites que impone el capitalismo moribundo para la apropiación privada, permitirá sustituir progresivamente la anarquía de la producción capitalista por una coordinación consciente de las fuerzas productivas. Con este sencillo trámite, que no se podrá llevar a cabo sin la resistencia armada de los explotadores, la riqueza social dejará de estar orientada exclusivamente hacia la rentabilidad privada y podrá dirigirse hacia la satisfacción de las necesidades colectivas. Evitaremos crímenes como las guerras recurrentes para la apropiación de nuevos territorios y materias primas y muertes alevosas como la de la compañera de Sevilla, desmercantilizando necesidades básicas como la vivienda y liberando de la ley del salario nuestra fuerza de trabajo.

En este sentido, afirmamos que las contradicciones del capitalismo han generado las condiciones materiales para plantear una transición hacia relaciones de producción socialistas. No se trata de regresar a formas económicas anteriores como pregonan anarcocapitalistas, anarquistas y otras faunas sociales hijas de la burguesía, sino de avanzar hacia una organización superior de una producción que ya es social por la propia desnaturalización del sistema capitalista.

La misión histórica de la clase obrera consiste en derribar las últimas resistencias del capitalismo y lo que ya es inevitable en estos momentos, su completa demolición. En esta tesitura, la tarea del PCOE consiste en organizar la revolución socialista guiado por el internacionalismo proletario y la organización obrera para elevar la temperatura de la lucha de clases hasta romper las frágiles costuras de este sistema de explotación insufrible para nuestros hermanos de clase. En este escenario el PCOE te llama a unirte a sus filas en la tarea ingente de la emancipación de nuestra clase social para que pueda conquistar la libertad y la propiedad colectiva de la producción social que no deje a nadie en la estacada.

 

¡Por la demolición de la bestia imperialista!

¡Por el fin de la explotación de los seres humanos!

¡Por la conquista del socialismo!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El estado, una máquina de represión de una clase social sobre otra

El pasado 16 de septiembre, nueve años después del 1-O, Roger Español se sienta frente a la justicia con la pérdida de un ojo como consecuencia del impacto de una pelota de goma disparada durante las cargas policiales. Cuatro agentes de la Policía Nacional se sientan en el banquillo para responder por los hechos consumados, mientras la Fiscalía sostiene que no hubo delito y las acusaciones particulares reclaman penas que ascienden hasta los 13 años.

No es un caso aislado. Hace unas semanas, en los alrededores del Martínez Valero de Elche, un joven aficionado del Barça fue detenido después de un incidente en el que los agentes le retiraron una estelada y posteriormente lo golpearon durante la intervención. Las imágenes provocaron críticas por el uso desproporcionado de la fuerza, por la significación política contra la enseña y que podría terminar en un delito de odio si la justicia no fuera parcial en la defensa de los intereses de las clases explotadoras y que llevaron primero a una investigación interna y, finalmente, a la apertura de un expediente por posible falta grave o muy grave. La versión policial sostiene que el joven agredió primero a un agente y que la intervención se produjo en ese contexto. Hay que recordar que, una vez inmovilizado en el suelo, el joven independentista recibió un puñetazo en la cara por parte de uno de los agentes implicados. Y poco después hemos vuelto a ver cargas policiales contra manifestantes de la izquierda independentista que trataban de impedir el acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres. Los Mossos establecieron un cordón para separar ambas movilizaciones y cargaron solamente contra los manifestantes de la izquierda independentista. En el incidente hubo también tres detenidos, ninguno de Aliança Catalana.

Tres episodios distintos unidos por una misma cuestión. El uso de la fuerza del Estado frente a quienes protestan, se organizan o expresan posiciones políticas consideradas conflictivas. Estos hechos deben interpretarse como una manifestación del carácter de clase del aparato estatal. La policía no es una institución neutral situada por encima de los conflictos sociales, sino una pieza del Estado que, en determinadas circunstancias, contribuye a preservar el orden social existente y, con él, las relaciones de poder de la burguesía. La represión de las movilizaciones obreras, populares o de cualquier movimiento que cuestione esas relaciones económicas, políticas o sociales no es una anomalía, sino una función política del aparato coercitivo del Estado.

La cuestión de fondo, por tanto, no es solamente quién disparó aquella pelota de goma, quién golpeó a un joven en Elche o quién ordenó una carga. Es preguntarse qué intereses protege el aparato represivo cuando el conflicto social llega a la calle. Para los comunistas la respuesta es diáfana, mientras las relaciones económicas sigan organizadas en torno a la propiedad privada y al poder de la burguesía, el Estado, y también sus cuerpos policiales, actuará siempre como garante de ese orden frente a quienes pretenden transformarlo. El papel de los revolucionarios no es fácil pero su fin obedece a una Ley inexorable que lleva a fenecer a lo viejo y a saludar a lo nuevo que ya surge de sus entrañas, la sociedad socialista. En este trance, el comunista no se limita a cuestionar el orden existente, sino que participa en la organización y en la lucha colectiva de quienes buscan transformarlo mediante su partido comunista. En este escenario, el papel del PCOE consiste en contribuir a desarrollar conciencia, solidaridad y capacidad de acción, vinculando la crítica del sistema con las necesidades concretas de la clase obrera y haciéndola consciente de su número y su fuerza. Así, la Revolución no se entiende como obra de individuos aislados, sino como un proceso colectivo de emancipación social donde el partido crea la conciencia y la dirección de los intereses de la clase obrera.

 

¡Ninguna represión podrá con la clase obrera!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El peligro para la humanidad no es la IA, es el imperialismo

En las últimas semanas hemos visto varias declaraciones de CEOs e ingenieros de empresas relacionadas con el desarrollo de modelos de Inteligencia Artificial hablando de los peligros para la humanidad del desarrollo sin control de la IA, pidiendo frenos al mismo, controles de los estados y lanzando mensajes catastrofistas sobre la posibilidad de que la IA acabe con todos los humanos.

A principios de septiembre de 2026, Jacob Coxon, ex desarrollador de IA en OpenAI y posteriormente en Anthropic, acusaba a las empresas que están desarrollando los modelos de IA de “jugar con nuestras vidas” al “correr hacia una IA superinteligente”.

El 13 de septiembre, Josh Engels, ex trabajador del equipo de seguridad para inteligencia artificial en Google DeepMind, abandonaba su puesto de trabajo advirtiendo de que existe una “posibilidad aterradora” de que la IA cause daños reales en los próximos cinco años.

Días después, Bilal Chughtai, un ingeniero que trabajaba en alineamiento y seguridad de IA en Google también dimitía y lanzaba un mensaje similar: “En Google fui testigo de primera mano del desarrollo de la IA. Yo también estoy extremadamente preocupado por la trayectoria de esta tecnología. Creo sinceramente que la IA tiene el potencial de matarnos a todos”.

Todas estas declaraciones anuncian un futuro apocalíptico del que, según la visión de estos ingenieros y como se difunde en los medios, no podemos escapar, porque será la IA la que, según este mensaje, acabe con los humanos. Pero la realidad es que los modelos de IA tienen dueños, monopolios tecnológicos que los controlan, los desarrollan y los entrenan con unos determinados sesgos para conseguir los resultados que les interesa. Culpar a la IA de acabar con la humanidad sería como culpar a la ciencia por el lanzamiento de bombas atómicas que la potencia criminal de Estados Unidos realizó en Hiroshima y Nagasaki.

La realidad es que detrás del desarrollo de determinados modelos de IA está la propia industria armamentística financiada por Estados Unidos y otros estados, que buscan unos objetivos muy concretos que son los que están empujando a esos modelos de IA a situaciones que ponen en peligro a la humanidad.

Sin necesidad de usar la IA, el imperialismo y sus guerras de rapiña ya han acabado y están acabando con parte de la humanidad en Palestina, Irak, Irán, Afganistán, Siria, Libia, Yemen, etc. Además, en febrero de 2026, el Pentágono coordinó un ataque contra Irán usando tecnología de Palantir y de Anthropic, cuando un misil cayó en una escuela matando a más de 100 niñas, un hecho que ya ha sido reconocido por el propio Pentágono como causado entre otras cuestiones por “una dependencia excesiva de la IA”.

Pero el peligro es mucho mayor debido a la escalada armamentística que está potenciando el imperialismo. En 2017 el Pentágono lanzó el Proyecto Maven, un proyecto dedicado a entrenar modelos de inteligencia artificial que sean capaces de analizar y procesar información de numerosas fuentes, imágenes captadas por drones y datos de sensores de todo tipo captados por torres de vigilancia, drones, aviones, etc. La ingente cantidad de datos capturada por todo el arsenal que el ejército tiene desplegado en diferentes zonas no puede ser analizada y procesada con eficiencia por los analistas del Pentágono, por lo que se requiere el uso de IA para realizar esa tarea y ofrecer a los operadores humanos una toma de decisiones simplificada (o tomando la IA las decisiones directamente).

En un primer momento, el proyecto fue asignado a Google, hasta que unos 3000 trabajadores se manifestaron en contra y forzaron a la empresa a romper el contrato para no seguir desarrollando un software con fines militares. En ese momento, Palantir, la empresa fundada por Peter Thiel, quien ya ha manifestado que “la libertad y la democracia ya no son compatibles”, se hizo cargo del contrato del Proyecto Maven, financiando además a la empresa Anduril a través de Founders Fund -el fondo de inversión del propio Thiel-, una empresa fundada por Palmer Luckey especializada en fabricar drones y otro tipo de armamento autónomo guiado por IA.

Anduril ya ha desarrollado torres de vigilancia con inteligencia artificial para vigilar la frontera de Estados Unidos con México. Ahora ha comenzado a construir un catálogo de armas autónomas, drones, misiles, submarinos, aviones, y todo tipo de armamento autónomo controlado por IA. Actualmente tiene una valoración de 61.000 millones de dólares, y no solo suministra armamento al ejército de los Estados Unidos, también ha firmado acuerdos con Reino Unido, Australia, Ucrania, Japón o Corea del Sur entre otros. Pero el producto estrella de la empresa no son estas armas autónomas, sino el software guiado por IA Lattice, un software que permite interconectar todo este armamento conjuntamente con las torres y drones de vigilancia, procesando la información de todos los sensores y cámaras que puedan conectar para sugerir (o tomar) las decisiones en el campo de batalla lo más rápido posible, sin necesidad de que analistas humanos tengan que revisar todo, tan solo tendrán que decidir al final la acción a llevar a cabo.

En marzo de 2026 el ejército de EEUU firmó un nuevo acuerdo con Anduril para invertir hasta 20.000 millones de dólares en los próximos 10 años, incorporando el software Lattice en los mandos de control del propio ejército. Esto significa que un software guiado por IA va a analizar y procesar información en tiempo real en el campo de batalla, dejando en principio las decisiones finales en manos de humanos. Pero, ¿cuánto tiempo pasará hasta que otras potencias como China o Rusia implementen sistemas similares? Cuando esto ocurra (si no ha pasado ya), el siguiente paso lógico para lograr la superioridad frente al enemigo, es eliminar la parte más lenta del proceso, la humana, dejando que sea la IA la que ejecute las órdenes finales e intentando así superar el software del otro bando.

No, no es la IA la que puede matarnos a todos, es el imperialismo.

La propia esencia del imperialismo y del sistema, que impulsa a los estados a escalar la carrera armamentística cada vez más rápido, es la que va a llevar a generar situaciones como las que se están empezando a vivir, en las que para ganar una guerra por el control de recursos se tendrá que permitir que la IA tome decisiones a velocidades que ningún humano puede alcanzar. Las muertes de civiles (que ya se están produciendo) que esto produzca no pueden achacarse a la IA. Con el mensaje apocalíptico lanzado por los propios creadores de la IA tan sólo pretenden librarse de su responsabilidad, implantar la idea de que es inevitable el desarrollo de los acontecimientos, pero la realidad es que el desarrollo de la IA actual responde a unos intereses concretos, los del imperialismo, unos intereses que nos conducen a la guerra y la aniquilación de parte de la humanidad, ante la bancarrota absoluta del capitalismo.

El imperialismo morirá matando, y no dudará en aniquilar a gran parte de la raza humana en su debacle. La superación de este sistema y la implantación del socialismo es hoy en día una cuestión de vida o muerte para la humanidad, que es la clase obrera. Para que la humanidad pueda vivir, el imperialismo debe morir.

 

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Las vacaciones y nuestros hijos

Las vacaciones, un derecho retribuido conquistado por la clase obrera, son cada vez más un termómetro de las consecuencias del aumento del grado de explotación de las personas sometidas a la ley del salario y de la devaluación del poder adquisitivo de los salarios mismos, vía inflación, como método de transferencia de renta desde los salarios hacia los bolsillos de los explotadores. El sometimiento a esta ley del salario convierte a un 28% de los obreros y campesinos en trabajadores pobres, esto es, que sometidos al trabajo asalariado, con su retribución, no pueden cubrir las necesidades básicas más elementales para ellos y sus familias. Tomemos un ejemplo de ello en las vacaciones escolares, que ponen de manifiesto una de las contradicciones más crueles del capitalismo en el Estado español. Mientras para los explotadores y la aristocracia obrera significan descanso, viajes y ocio, para cientos de miles de familias obreras representan un periodo de mayor incertidumbre para garantizar una alimentación adecuada para sus hijos y se convierte en su lucha diaria, ya que durante el curso escolar muchos niños dependen del comedor escolar para recibir una comida caliente y equilibrada al día. Las vacaciones, un derecho retribuido conquistado por la clase obrera, terminan así en una pesadilla.

En la actualidad del Estado español, uno de cada tres niños se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Esta realidad evidencia el fracaso de un sistema económico que concentra la riqueza en manos de una minoría, mientras condena a los hijos de los obreros a la precariedad, al hambre y a la incertidumbre. Los comunistas llevamos años denunciando que miles de niños tienen en ese servicio escolar su principal garantía de una alimentación adecuada. Con la llegada de las vacaciones esa posibilidad desaparece para numerosas familias obreras, agravando una situación ya de por sí insostenible.

Que en un país con capacidad para producir riqueza suficiente para toda nuestra clase social, uno de cada tres niños dependa de un comedor escolar para asegurar una comida caliente diaria, no es una casualidad ni un problema individual. Es una consecuencia directa de un modelo basado en la explotación de la clase obrera, en los bajos salarios, el desempleo, la temporalidad y el desmantelamiento progresivo de los servicios públicos.

Frente a los explotadores que presentan la pobreza infantil como una cuestión de solidaridad o de caridad, los comunistas afirmamos que se trata de un problema político y de clase. Ninguna campaña asistencial resolverá definitivamente esta inhumanidad mientras el poder económico siga en manos de quienes obtienen beneficios a costa del trabajo de la mayoría y ningún método aplicado hasta hoy, que no sea el revolucionario, está llegando ni a ser paliativo. La mayoría de ellos consisten en la creación de fundaciones y asociaciones, como Cáritas, que son la curia organizada para que les rieguen de dinero público, el Chef José Andrés y tantos otros que sirven para desviar el dinero público a estas entidades privadas, en un intento de humanizar en lo posible el sistema de explotación ante los ojos de nuestros hermanos de clase. Y no es una elucubración nuestra, es un producto intrínseco del sistema de explotación capitalista al que sólo le sirven los niños en el grado en que puedan convertirse en mercancías para sus fundaciones. Y es que los niños con hambre se la traen al pairo a los elementos de este capitalismo de estado porque, debido a la automatización de la producción, la robotización y la inteligencia artificial, no van a necesitar renovar la mano de obra y les sobraremos por millones. De ahí que sobre nuestras cabezas siempre esté sobrevolando el peligro de la guerra.

Ante este escenario de decadencia y expolio, sólo la organización de la clase obrera y la construcción de una sociedad socialista permitirán garantizar que ningún niño vuelva a pasar hambre, que la alimentación, la educación y una vida digna sean derechos efectivos y no privilegios condicionados por el lugar que ocupen en el sistema productivo. Para ello, resulta imprescindible fortalecer al PCOE, que es un partido marxista-leninista capaz de organizar la lucha obrera, combatir las causas estructurales de la desigualdad y avanzar hacia la superación del modelo de explotación capitalista. Porque la pobreza infantil es algo inevitable bajo el capitalismo como resultado del desarrollo lógico de un sistema injusto. Y solo mediante la transformación revolucionaria de la sociedad podrá garantizarse un futuro en el que la riqueza producida colectivamente sirva para satisfacer las necesidades de la mayoría productora y no para enriquecer a una minoría parásita y asesina.

 

¡Revolución social por el futuro de nuestros hijos!

¡Contra la pobreza infantil, socialismo!

¡Construye la revolución en el PCOE!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El sesgo ideológico de las redes: los bots y el auge del fascismo

La detención en Bolivia de Fernando Cerimedo, jefe de la campaña digital que hizo presidente a Javier Milei, por el supuesto intento de asesinato de Nadia Beller, ex pareja del propio Cerimedo, ha sacado a la luz la estrategia digital de la ultraderecha a nivel mundial para manipular elecciones en países como Chile, Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Ecuador o Bolivia.

La propia Nadia Beller denunciaba ante medios bolivianos la vinculación de Cerimedo con la CIA y con Israel, al igual que su socio internacional, Brad Parscale, estratega de la campaña digital de Trump en 2016 junto a Steve Bannon y Jared Kushner, ambos muy vinculados con Epstein.

A raíz de este intento de asesinato y las declaraciones de Beller, la fiscalía ha abierto cuatro investigaciones contra Cerimedo, por intento de asesinato, violencia de género, enriquecimiento ilícito y narcotráfico. Entre las pruebas encontradas hay un mensaje de móvil enviado por Cerimedo en el que dice: “No digas a nadie. Pero nos vendió la amiga de Enrique, ¿te acordás? La Nadia. O la eliminamos ya o estamos jodidos. ¿Conocés a alguien que pueda hacer el trabajo?”. También se encontraron aviones cargados de cocaína en el aeródromo de Santa Ana con 500 kilogramos cada uno, así como vestimenta de policía, coche oficial del gobierno con placas y sirenas, teléfonos satelitales y una granja de bots.

Este último hallazgo ha levantado el velo sobre la estrategia en redes sociales seguida por la ultraderecha en todo el mundo para interferir en procesos electorales a través de las redes sociales. Pero más allá del uso de bots para generar tendencias de opinión que favorezcan a un candidato concreto, hay que preguntarse, ¿son las redes sociales neutrales?

Noam Chomsky y Edward S. Herman publicaban en 1988 el libro Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media, en el que se desgrana el mecanismo por el que la mayor parte de los medios de comunicación de masas solo transmiten las opiniones de las élites económicas, aplicando cinco filtros a lo que se publica:

  1. La mayor parte de los medios de comunicación están en manos de grandes corporaciones; o sea, pertenecen de hecho a las élites económicas.
  2. Los medios dependen de la publicidad de las élites económicas para su subsistencia.
  3. Los medios deben producir un flujo permanente de nuevas noticias. Los principales proveedores de noticias son los departamentos de prensa de los gobiernos o de las grandes corporaciones.
  4. Los grupos de influencia pueden organizar respuestas sistemáticas ante cualquier desviación sobre las opiniones que sustentan.
  5. Anticomunismo: el comunismo es la única ideología que pone en cuestión la propiedad privada de los medios de producción, incluidos los medios de comunicación.

El desmantelamiento de granjas de bots no altera en absoluto el carácter anticomunista y reaccionario de las redes sociales que, como los grandes medios de comunicación clásicos, son propiedad de las élites económicas. Existen mecanismos más sutiles para controlar qué se publica o no, o qué se hace viral en redes o no, sin necesidad de aplicar una censura directa, como se hiciera por ejemplo en el franquismo. La propia estructura de las empresas y el carácter privado de los medios de producción, hacen que quienes quieren ascender en los medios de comunicación, tengan que agradar a los dueños de los mismos, sabiendo que un análisis crítico con el capitalismo y la propiedad privada de los medios de producción va en contra de los intereses de quien decide quien asciende y quien no. De esta forma los propios periodistas, de tener una visión crítica con el sistema, tienen que elegir entre trabajar en medios residuales y sin influencia, o autocensurar determinadas opiniones para trabajar en medios de masas.

Lo mismo ocurre en redes sociales, donde los algoritmos censuran invisibilizando las opiniones críticas con el sistema y que cuestionan la propiedad privada de los medios de producción, y potencian el alcance de opiniones reaccionarias que sostienen al propio sistema. Los propios usuarios de las redes tienen que decidir entre adaptarse al algoritmo para tener cierta relevancia o convertirse en usuarios marginales sin alcance.

X (Twitter) ya reconoció en su día que aplicaban sesgos para potenciar determinadas opiniones sobre otras, y un estudio de la revista Nature concluye que el algoritmo de X prioriza las posturas políticas más conservadoras.

También se han reportado denuncias por parte de cuentas que se habían mostrado públicamente a favor del pueblo palestino y contra el genocidio perpetrado por Israel, por el borrado de usuarios en sus cuentas, como el periodista palestino Younis Tirawi, que entre el 24 y el 25 de noviembre perdió miles de seguidores, pasando de más de 100.000 a menos de 10.000 en tan sólo dos días.

Esta censura, el uso de los algoritmos para invisibilizar determinado contenido y el uso de bots persiguen un mismo objetivo, generar una tendencia de opinión que parece la de la mayoría de la población, haciendo que quienes discrepan de estos mensajes reaccionarios sientan que están en minoría y censuren sus propias opiniones, potenciando lo que la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann definía como ‘espiral del silencio’, una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no.

La burguesía ha aprendido en décadas de lucha ideológica a sofisticar los mecanismos de censura, aplicando los métodos menos evidentes posibles para mostrar una supuesta libertad de expresión. Sin embargo, la crisis actual del sistema capitalista y la bancarrota del imperialismo decadente es de tal tamaño, que el control sutil de los medios de comunicación ya no es suficiente para tapar todas las miserias de este sistema, y por tanto se impone la necesidad de aplicar métodos más agresivos, como el encarcelamiento de antifascistas en el Estado español, la detención arbitraria de manifestantes pro Palestina en todo el mundo, o la desaparición de activistas y líderes sociales en Latinoamérica.

La realidad es que la guerra en las redes sociales por imponer una narrativa y alterar procesos electorales no es más que un nuevo capítulo de cómo el imperialismo intenta imponer sus intereses en todo el mundo a través de gobiernos títeres.

Robert James Woolsey Jr, director de la CIA desde 1993 a 1995, reconoció públicamente que EEUU manipula las elecciones para “impedir la llegada de los comunistas al poder” en todo tipo de países.

En el Estado español, el pequeño Nicolás confesaba recientemente que iban a recoger personas mayores a residencias de ancianos, para controlar que votasen al PP.

Los medios de comunicación, como medios de producción que son, nunca serán neutrales, y servirán los intereses de la clase dominante, la clase dueña de esos medios de comunicación. Mientras esos medios no sean propiedad social de la clase obrera, depender totalmente de ellos para difundir un mensaje revolucionario es una insensatez, puesto que de un día para otro puedes perder miles de seguidores con un click.

Los comunistas tenemos que construir nuestros propios medios de comunicación independientes de los medios de masas y las redes sociales, usando estas últimas sólo como método de difusión de nuestros medios y de contacto con seguidores, pero no fiando toda la estrategía de propaganda al uso de herramientas que no son nuestras.

Sólo cuando la clase obrera tome el poder, construyendo su propio estado y apropiándose de los medios de producción, los medios de comunicación tendrán como objetivo el beneficio de la mayoría de la sociedad, que es la clase obrera, y no el beneficio económico de una minoría parasitaria.

 

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Vivienda: Solo el socialismo soluciona el problema que genera el capitalismo

Contemplamos cómo el pueblo, que es la clase obrera, cada día vive en una situación de mayor pobreza. Los asesinos que defienden al capitalismo, pues solo puede defender este sistema o el alienado o el criminal, reiteran tanto de viva voz como a través de millones de bots manejados por ellos mismos que el capitalismo genera riqueza cuando ésta se concentra en cada vez menores manos, ampliándose, tanto en amplitud como en profundidad, la pobreza del pueblo.

La esencia del capitalismo es la propiedad privada de los medios de producción, maximizar el robo del plusvalor generado por el proletariado y dislocar lo máximo, al alza, el precio de la mercancía de su valor, o lo que es lo mismo, el capitalismo es la exacerbación del robo a la mayoría obrera por parte de la minoría burguesa.

En la vivienda se muestra, a las claras, el rostro criminal del capitalismo y la necesidad que tiene la humanidad de aniquilarlo. Con respecto de la vivienda, los farsantes economistas lacayos del gran capital como, por ejemplo, Juan Ramón Rallo, con respecto al problema de la vivienda en España, lo caracteriza de la siguiente manera:

“Analicemos, si no, el fondo del argumento. Se nos dice que los inversores compran inmuebles, suben los alquileres y, si el inquilino no puede pagarlos, lo sustituyen por otro que sí lo haga. Pero detengámonos precisamente ahí: ¿por qué existe inmediatamente otro inquilino dispuesto a pagar un alquiler más elevado? Si la oferta de vivienda fuera abundante, ese potencial inquilino dispondría de alternativas más baratas y no aceptaría un precio inflado. Que lo acepte (en muchos casos, con sensación de urgencia) revela exactamente lo contrario de lo que pretende el relato gubernamental: que la demanda de vivienda supera con mucho la oferta disponible. (…)”. 9 de mayo de 2026, Rallo, ABC, “Vivienda: propaganda antes que soluciones”.

Este portavoz del gran capital reduce el problema a una mera cuestión de oferta y de demanda; en este caso de una alta demanda de vivienda que supera a una oferta escasa. Ello lo argumenta, en términos numéricos, de la siguiente forma:

“Las cifras son elocuentes: desde 2022 España ha sumado prácticamente dos millones de nuevos residentes, en su inmensa mayoría de origen extranjero, a un ritmo neto superior a las 600.000 personas anuales. Si el tamaño medio del hogar español es de 2,5 personas, solo para alojar a esa nueva población habría que construir unas 200.000 viviendas cada año. ¿Cuántas estamos construyendo? Aproximadamente la mitad: en torno a 100.000.”. 9 de mayo de 2026, Rallo, ABC, “Vivienda: propaganda antes que soluciones”.

Según las “cifras elocuentes” de este bot de la banca disfrazado de economista, se construyen la mitad de las viviendas que debieran construirse. Pero los datos reales dicen que, según el Censo de Población y Viviendas del INE, realizado en 2021, en España había “3.837.328 viviendas se catalogan como vacías y 2.514.511 de uso esporádico”. Por tanto, este dato ya tapa la boca a Rallo y demás marionetas del capital, pues en 2021 ya había 3.837.328 vacías, muchas más – casi 8 veces más – de las 500.000 viviendas que Rallo denuncia que no se han hecho desde entonces para que no hubiere problema de vivienda. Es evidente que el problema no es de número de viviendas, sino de otro tipo y los números son demoledores y, de manera elocuente, tapan la boca a Rallo y demás voceros del capital financiero. En consecuencia, ya de partida, la caracterización del problema de la vivienda realizada por los títeres del capital, es errónea y, por tanto, las conclusiones a la que llegan partiendo de la mentira no pueden ser más que mentira.

Porque el problema de la vivienda no es más que la expresión de un problema cardinal que se refleja en todos los ámbitos y sectores de la economía capitalista y no es otro que el sistema de propiedad privada sobre los medios de producción y la consecuente mercantilización de las necesidades humanas sobre lo que gira el sistema de producción capitalista, que se exacerba en su fase actual de concentración del capital. Un dato que obvia Rallo es que el 57% de las viviendas en España están en manos de fondos buitre y de multipropietarios. Sin duda, lo que estos grandes propietarios de vivienda, que la utilizan como mercancía para enriquecerse, desean, es que se produzcan más viviendas para acaparar más vivienda, para engordar y acumular más propiedad, que es lo que desarrolla el capitalismo, la concentración de la propiedad y, con esta, del capital. Por eso Rallo, como buena marioneta del capital que es, lo que pide es construir más viviendas y, además, abaratar los costes a los capitalistas que construyen en lo que corresponde a la parte que el Estado grava, echando la culpa al gobierno de turno para exculpar a los que realmente fijan los precios, los grandes propietarios, los que acaparan la mayor parte de la propiedad de las viviendas:

“¿Y por qué construimos tan pocas viviendas? Las causas son diversas, pero una de las más importantes es el intervencionismo urbanístico de nuestras administraciones públicas: la restricción de la oferta de suelo, la hipertrofia regulatoria o la asfixiante fiscalidad estrangulan la construcción y condenan a que cada año se edifiquen muchísimas menos viviendas de las necesarias. Es decir, la escasez de oferta no es un fenómeno natural: es el resultado directo de las políticas intervencionistas que este Gobierno no solo mantiene, sino que agrava.”. 9 de mayo de 2026, Rallo, ABC, “Vivienda: propaganda antes que soluciones”.

Nada dice Rallo del papel del capital financiero en el encarecimiento de la vivienda. Rallo pone el acento en que determinados ayuntamientos no liberen el suelo que el capital financiero desea, y decimos bien, el capital financiero, en las licencias y permisos oficiales, pero calla ante lo que realmente encarece la vivienda: el parasitismo de la banca, del capital financiero, y los obscenos márgenes de ganancia de los promotores. ¿Quién gana realmente con la promoción y la construcción de viviendas? El capital financiero, ya sean los bancos o los fondos de capital, en el caso de no cumplir con los requisitos establecidos por la banca tradicional. Nada dice Rallo de las comisiones bancarias por los préstamos a la compra de suelo y a la construcción de las viviendas, nada dice de los tipos de interés bancario de dichos préstamos, que en la actualidad puede ir desde el 5%-6% anual hasta el 13%-15% de los fondos de capital privados en el caso de que el constructor no cumpla los requisitos establecidos por el banco y deba acudir a obtener la financiación de dichos fondos. Por no hablar, posteriormente, de lo que obtiene el capital financiero por los diferentes préstamos hipotecarios de cada vivienda producida. Ni tampoco habla Rallo de la suma de beneficios, no de los constructores, sino de intermediarios y promotores, que encarecen el precio de la vivienda final entre un 15% y un 20%, que se multiplica por los intereses bancarios.

Así pues, el precio final de una vivienda realizada por una promotora privada adquirida mediante una hipoteca a 30 años, se incrementa entre un 40% y un 57%, dependiendo del tipo de interés e incluyendo los gastos financieros del Banco, a lo que hay que añadir el beneficio del promotor, que oscila en la horquilla del 10%-20%, que incrementa el precio final de la vivienda y el valor del suelo, en torno al 15%-20% del mismo; las tasas y licencias implican en torno al 10% del precio final. Por tanto, es el capitalismo y su forma de propiedad privada sobre los medios de producción, su esencia de mercantilizar las necesidades humanas, la que desboca y disloca el precio sobre el valor real de la vivienda, de tal modo que de media para una vivienda que se pague con una hipoteca a 30 años, el valor real de la vivienda, considerando como vivienda el binomio conformado por la construcción y el suelo, equivale al 25%-30% del precio final que paga el comprador. Ergo el capital financiero (banco/fondo de inversión) y el promotor privado (empresario) endilgan al comprador un sobre coste, o inflan el precio final, entre un 60%-70% que, en realidad, constituye el verdadero robo en lo que es el verdadero cáncer, el verdadero problema de la vivienda, el capitalismo y su sistema de propiedad privada y forma de producción.

Mienten los capitalistas como Rallo cuando señalan que “Si mañana se pudieran construir con agilidad miles de viviendas nuevas, el mercado se volvería mucho menos rentable y mucho más arriesgado para los especuladores: es decir, mucho menos atractivo” (9 de mayo de 2026, Rallo, ABC “Vivienda: propaganda antes que soluciones”), porque la esencia del sistema capitalista no es satisfacer las necesidades del pueblo sino llenar los bolsillos de los capitalistas y ello lo hacen dislocando el precio del valor, o lo que es lo mismo, robando a la clase obrera como hemos demostrado con el tema de la vivienda. De hecho el construir más bajo el sistema capitalista que defienden los Rallo de turno y pedir  “Solo la liberalización del suelo y la agilización radical de los trámites urbanísticos pueden hacerlo” (9 de mayo de 2026, Rallo, ABC “Vivienda: propaganda antes que soluciones”), lo que significa es la acumulación de más vivienda en las manos de los fondos de inversión, bancos y capitalistas y más ruina para la clase obrera, pues el desarrollo del capitalismo, como la historia acredita, conduce a la concentración de la propiedad en unas pocas manos, al monopolio y, por ello, los voceros de la oligarquía financiera como Rallo, lejos de ir a la raíz del problema, lo que hacen es mentir para llegar a la conclusión que satisface a los responsables del problema: la banca, el capital financiero.

Sólo el socialismo, sólo la propiedad social de la vivienda que garantice el derecho al uso de la vivienda por parte de la clase obrera, puede garantizar que se satisfaga la necesidad de que no haya ningún trabajador, ninguna familia obrera, sin una vivienda en la que poder habitar. Para empezar, asumiendo el estado socialista toda vivienda cerrada y poniéndola al servicio del pueblo y, en el caso de necesidad de construcción de nueva vivienda, desarrollando un proceso de producción socialista de viviendas, donde la propia clase obrera pueda disponer del suelo necesario, cuyo propietario es el pueblo a través del Estado socialista, para edificar las viviendas que se necesiten poniendo los recursos necesarios dicho Estado, a través de su banco público, que liquide los sobre costes que introducen los parásitos capitalistas como la banca privada, los fondos de inversión y los promotores/empresarios.

Solo el socialismo puede garantizar la vida para la clase obrera que el capitalismo le niega a cada día que pasa pues la esencia del capitalismo no es satisfacer los intereses de la mayoría proletaria sino engordar los beneficios económicos de la minoría burguesa, del capital financiero. Sólo el socialismo puede resolver los problemas que azotan a la humanidad, que es el proletariado, hoy.

Sevilla, 30 de agosto de 2026

 

F.J. Barjas.

Secretario general del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)




El encarecimiento del coste de la vida. Inflación, beneficios empresariales y control privado de los sectores estratégicos

El encarecimiento del coste de la vida para la clase obrera constituye una de las expresiones más visibles de las contradicciones del capitalismo en su fase imperialista y última. Mientras los salarios permanecen estancados o crecen por debajo del aumento del coste de la vida, los beneficios de las grandes corporaciones, especialmente en sectores estratégicos como la vivienda, la energía, la banca o la distribución alimentaria, continúan aumentando. La inflación no ha supuesto un reparto equitativo de los sacrificios, ha significado una nueva transferencia de renta desde la clase obrera hacia el gran capital.

Hace apenas unas décadas, el acceso a una vivienda era una aspiración alcanzable para una familia obrera. En España, el precio medio de una vivienda equivalía aproximadamente a unos 120 salarios mensuales, mientras que hoy esa relación se ha multiplicado exponencialmente, convirtiendo la compra de una vivienda en una meta prácticamente inalcanzable para una gran parte de la juventud y de la clase obrera. La última estocada la trajo la Ley 6/1998 sobre “Régimen del suelo y valoraciones” aprobada por el fascista confeso y sicario de los monopolios, José María Aznar, asesor del fondo buitre inmobiliario J.E.Roberts y que hizo estallar la burbuja inmobiliaria de 2008. Pero ya venía precedida de estocadas anteriores por los gobiernos que le precedieron. El resultado es una generación condenada al alquiler permanente, a vivir en habitaciones, al endeudamiento o a retrasar indefinidamente su emancipación.

Del mismo modo, durante buena parte del siglo XX, un solo salario podía sostener, con mayores o menores dificultades, a una familia. La evolución del capitalismo ha invertido esa realidad. En la actualidad, incluso dos salarios resultan insuficientes para garantizar un nivel de vida digno en numerosos hogares. Una persona que vive sola debe destinar una parte creciente de sus ingresos al alquiler o la hipoteca, al suministro eléctrico, al gas, al transporte y a una cesta de la compra cuyo precio aumenta mucho más deprisa que los salarios. El margen para el ahorro desaparece, mientras cualquier gasto imprevisto conduce al endeudamiento.

La energía constituye uno de los ejemplos más claros de esta lógica. Un recurso indispensable para la vida y la producción permanece sometido a la búsqueda del máximo beneficio privado. Lo mismo sucede con los alimentos básicos, cuya distribución se concentra en manos de un reducido número de grandes empresas capaces de trasladar cualquier tensión artificialmente creada en el mercado a los precios finales, mientras preservan sus márgenes de beneficio. La inflación, lejos de afectar por igual a todos los sectores sociales, golpea con mucha mayor intensidad a quienes dependen exclusivamente de su salario.

Esta situación debe entenderse en el marco de una transformación estructural del capitalismo. La creciente hegemonía del capital financiero sobre el capital productivo ha subordinado la inversión, el empleo y la producción a la rentabilidad inmediata. La especulación inmobiliaria, los fondos buitres y los grandes grupos financieros condicionan cada vez más las decisiones económicas, silencian a los gobiernos de los estados, que se pliegan a sus deseos, desplazando la creación de riqueza material en favor de la acumulación financiera.

Las consecuencias sociales son evidentes. La juventud retrasa o renuncia a emanciparse, la natalidad disminuye, las condiciones laborales se precarizan y el horizonte de estabilidad desaparece para amplios sectores de la población. Para los comunistas son el resultado lógico de un sistema orientado prioritariamente a maximizar la rentabilidad del capital, incluso cuando ello implica deteriorar las condiciones materiales necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo. Al mismo tiempo, la automatización, la robotización y el desarrollo de la inteligencia artificial reducen la demanda de trabajo humano en determinados sectores, intensificando el poder de negociación del capital frente a una clase obrera cada vez más fragmentada y precaria.

La energía, la vivienda, la alimentación o las finanzas no pueden seguir funcionando exclusivamente como mercancías destinadas a generar beneficios privados, deben responder al interés general. La respuesta a esta situación no puede limitarse a medidas paliativas. Es necesario intervenir sobre las causas estructurales de la crisis mediante una revolución social.

El encarecimiento del coste de la vida no es un accidente pasajero ni una anomalía del mercado capitalista. Es la consecuencia lógica de un modelo económico que concentra la riqueza, socializa los costes y convierte necesidades fundamentales en fuentes de rentabilidad para una minoría y que ya no tiene más recorrido. Como dijo Lenin en su obra “Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” (1920), ”Para que tenga lugar una revolución es indispensable que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como antes. Sólo cuando los “de abajo” no quieren vivir como antes, y los “de arriba” no pueden continuar como antes, puede triunfar la revolución”. Organizando dicha resistencia se halla el PCOE, construyendo las estructuras del poder obrero. El Partido avanza y se templa en la lucha con el objetivo de recuperar el control por parte de la clase obrera de los sectores estratégicos de la economía, establecer mecanismos eficaces de represión contra la resistencia de los privilegios de las clases que parasitan la economía mediante la especulación, el expolio y la violencia explícita, como vimos en la manifestación contra el turismo en Mallorca, cuando las contradicciones del sistema económico alcanzan la mayor temperatura. Frente a ello, el PCOE actúa de vanguardia de la clase obrera para la organización y para construir las herramientas imprescindibles que garanticen unas condiciones de vida dignas para nuestra clase y para poner la riqueza social al servicio de quienes la producen mediante la dictadura del proletariado, que construya un estado obrero capaz de demoler los privilegios de los rentistas y de los capitalistas chupasangres. Te llamamos a engrosar nuestras filas.

 

¡Por la demolición del capitalismo!

¡Por el fin del expolio para la clase obrera!

¡Por la organización obrera, milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)