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Proletariado, Partido Leninista, Revolución y Socialismo

1. Situación económica y social del imperialismo.

El imperialismo hoy se halla en una situación de bancarrota, de confrontación interimperialista entre el bloque imperialista decadente liderado por EEUU y el bloque imperialista emergente liderado por China.

El crecimiento de la población mundial, a lo largo de los últimos 35 años, según la ONU, se ha situado en torno a 3.000 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, un 55,29%.

La evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo, según el Banco Mundial – instrumento con el que el imperialismo norteamericano ejerce su hegemonía -, se refleja de la siguiente manera:

A continuación, se adjunta la evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo en el periodo comprendido entre 1990 y 2025 en términos absolutos, siguiendo los datos anteriores del Banco Mundial.

 

Según el Banco Mundial, cuya contabilidad de la pobreza extrema se halla en el margen inferior – o más beneficioso para el capitalismo – en 2025 la pobreza extrema se situó en los 830 millones de seres humanos. Por el contrario, el informe sobre el Índice de Pobreza Multidimensional realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Oxford Poverty Human Development Initiative (OPHI) sitúa esa cifra en los 1.100 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, en torno al 14% de la población mundial.

Como puede verse, las propias instituciones imperialistas – como son el Banco Mundial o las Naciones Unidas – muestran disparidad a la hora de contar la pobreza mundial.

Estas cifras no reflejan la realidad de la pobreza que genera el imperialismo. El Banco Mundial muestra que, a nivel mundial, la pobreza extrema se ha rebajado desde 1990, o lo que es lo mismo, tras la caída de la Unión Soviética. Y atribuye que el descenso de la pobreza se debe al desarrollo económico de China y de la India tras abrazar el capitalismo.

El que fuera relator de la ONU para la extrema pobreza entre 2014-2020, Phillip G. Alston, impugnó estas cifras del Banco Mundial y otros señalando el engaño perpetrado por estos órganos imperialistas alegando la manipulación en los parámetros de ingresos diarios en los que fijan la pobreza extrema, 1,90 $ al día, con los que objetivamente no se puede subsistir. Alston, al respecto, indicaba, en 2020, que “Usando medidas más realistas, el grado de pobreza global es mucho mayor y las tendencias extremadamente desalentadoras (…) Incluso antes de la pandemia, 3400 millones de personas, casi la mitad del mundo, vivían con menos de 5,50 dólares por día. Ese número apenas ha disminuido desde 1990”, demostrándose cómo los capitalistas manipulan las cifras y cómo en los últimos cuarenta años la pobreza, en términos absolutos, lejos de disminuir ha avanzado.

El PIB mundial per cápita en dicho periodo ha crecido un 315,03% según las instituciones de la oligarquía financiera.

 

La evolución de los salarios reales y nominales en el mundo entre los años 1990 y 2025 demuestran cómo el peso de la inflación recae sobre las espaldas del proletariado mundial:

 

Mirando la evolución de los salarios nominales en el mundo en el período comprendido entre los años 1990 y 2025 comprobamos que la subida ha sido en torno al 240%.

 

La evolución de la inflación acumulada mundial entre 1990 y 2025, ha ascendido por encima del 400%, o lo que es lo mismo, prácticamente el doble que los salarios nominales.

En términos porcentuales, los salarios reales en el período 1995-2025 se encuentran estancados.

De la producción mundial, en el periodo comprendido entre 1995 y 2025, la parte de los beneficios empresariales supera cada vez más la parte que se llevan los trabajadores, acrecentando la desigualdad:

Una desigualdad social cada vez mayor donde la riqueza se concentra cada vez más en unas pocas manos:

 

La evolución de la deuda mundial en los últimos 35 años se ha multiplicado, incrementándose un 757%.

 

La caída de la URSS, y el dominio sin cortapisas del imperialismo liderado por la potencia fascista norteamericana – y sus monopolios -, la “democratización liberal del mundo” que señalaban los Fukuyama de turno y demás esbirros de la oligarquía financiera, ha resultado ser un mayor incremento de la pobreza en el mundo, en términos absolutos, un estancamiento de los salarios reales de los trabajadores y una privatización del beneficio en unas pocas manos. En definitiva, la caída de la URSS y el desarrollo del imperialismo ha significado mayor robo, mayor desigualdad y más guerra, más militarización de la economía, o lo que es lo mismo, mayor sufrimiento para la humanidad y desvertebración de la organización del proletariado, tanto en términos políticos e ideológicos como en términos económicos o sindicales.

 

Militarización de la economía, desigualdad, pobreza y desprotección social del proletariado es lo que ha traído a la clase obrera, donde cada vez una mayor porción de la población mundial está totalmente desprotegida socialmente – sin acceso alguno a sistemas de seguridad social, sistemas públicos de pensiones, etcétera.

 

 

El desarrollo lógico del imperialismo, de bancarrota económica, de desigualdad cada día mayor al igual que cada día es mayor la concentración de capital, y de riqueza, en cada vez menos manos, muestra que el capitalismo en su fase actual, y terminal, no sólo no puede solventar los problemas que asolan al mundo sino que es el responsable de la existencia de dichos problemas y de su agudización, pues el imperialismo es eso.

Esta situación terminal se agudiza con el entronamiento de la Inteligencia Artificial y de la automatización de la producción que, en manos de los capitalistas, conduce a la negación del propio sistema pues la automatización provoca maximizar el desequilibrio en la composición orgánica del capital, de tal modo que se incrementa la parte de capital constante – la parte del capital destinada a materia prima, edificios, maquinaria, etc.  que no genera valor nuevo – minimizando la parte de capital variable – la parte de capital invertida en fuerza de trabajo que genera la plusvalía.

Consecuencia de ello, los capitalistas lanzarán a millones de seres humanos – de hecho ya lo hacen – al paro forzoso, incrementándose todavía más la pobreza, la exclusión y la desigualdad, generando un excedente humano que los imperialistas, desde la debilidad en la que se hallan, tratarán de resolver destruyendo fuerza de trabajo, esto es, aniquilando a la población que conciben como excedente y prescindible – que cada día que pase será mayor -, empleando para ello la guerra y la privatización absoluta de los servicios de protección pública, liquidando absolutamente los escasos derechos que la clase proletaria todavía pueda disponer en algunos lugares.

Esta automatización, no solo minimiza su esencia, la apropiación de plusvalía, sino como consecuencia de la liquidación de fuerza de trabajo también procede a destruir demanda, negando también la razón de ser de la producción capitalista.

El proceso de acumulación de capital en el imperialismo conduce a la propia burguesía a practicar un auténtico canibalismo en su propia clase, de tal modo que la pequeña y la mediana burguesía, con la automatización de la producción, están condenadas a la ruina, fundamentalmente, por su limitación financiera para acceder a dicha tecnología consecuencia de su tamaño, pereciendo y pasando a engrosar las filas del proletariado.

La concentración de capital es máxima, la oligarquía financiera, en torno al 1% más rico del mundo, amasa más riqueza que el 95% de la humanidad, y desde 2015 la riqueza de esta oligarquía financiera ha crecido más de 33,9 billones de dólares, dinero con el que se podría erradicar la pobreza en el mundo 22 veces, según datos de Oxfam. Esta concentración del capital en unas pocas manos hace que la democracia burguesa sea pasto del pasado, ya que la forma de ejercer el poder inherente al capital financiero es el fascismo, que es donde está instalado hoy el mundo, donde el control absoluto tanto de los ciudadanos como de la riqueza a nivel planetario será máximo gracias a la tecnología.

La implosión de la Unión Soviética y el avance inexorable del imperialismo durante estas casi cuatro décadas ha llevado al mundo a la modificación de su mapa político acorde a los intereses del capital financiero, de los monopolios. Un mapa político que está en permanente movimiento, en permanente transformación, como se comprueba actualmente tanto en Medio Oriente como en África, o en la década de los 90s del siglo pasado en Europa. Asimismo, fundamentalmente los monopolios norteamericanos y europeos desarrollaron y fortalecieron una superestructura política mundial para imponer sus políticas económicas a nivel planetario, de tal manera que los estados nación se convirtieran en agencias ejecutoras de las políticas dictadas por las agrupaciones imperialistas supranacionales. Unas políticas de transferencia de riqueza desde la clase obrera hacia los monopolios – privatizaciones y política fiscal consistente en exonerar a las rentas del capital de la tributación -, de liquidación de la organización sindical erosionando la negociación colectiva y de precarización del mundo del trabajo – subcontratación, fomento del cuentapropismo, etcétera – y de división internacional del trabajo, donde se refleja la centralidad de una única economía imperialista mundial, donde todo está entrelazado y subordinado a los intereses crematísticos de los monopolios, de tal modo que éstos determinan qué tipo de trabajo desarrolla cada región del mundo, cuyos estados se pliegan y se convierten en títeres y ejecutores de dichas políticas económicas. De tal modo, en la última década del pasado siglo y en la primera del presente, se produjo el mayor grueso del proceso de deslocalización de la industria hacía, fundamentalmente, China, para que los monopolios incrementaran la obtención de plusvalía abaratando costes de producción, de la mano de obra y contemplando como demanda ya no la demanda del país sino de todo el mundo, en lo que se denominó Globalización, que a tenor de los datos que aporta el Banco Mundial y la OCDE tuvo el siguiente efecto:

 

Este proceso de deslocalización ha ido conformando el mundo actual, ha ido desarrollando las nuevas potencias económicas, sus alianzas – BRICS – y el desarrollo de su superestructura al objeto de satisfacer sus intereses económicos y conquistar la hegemonía en términos económicos y políticos.  Desde la caída de la URSS hay un único mundo imperialista con una única economía mundial, con una división internacional del trabajo definido por los monopolios, que son los dueños del mundo, no habiendo choque de sistemas sino pugna interimperialista por el dominio económico.

La precariedad laboral, el incremento de la temporalidad, el desarrollo tecnológico y el consecuente incremento del individualismo, el establecimiento de reformas laborales que abren paso a la negociación individual con respecto de la negociación colectiva y que facilitan la represión contra la clase obrera, la pérdida del peso de la industria – ya sea por la deslocalización como, también, por el proceso de automatización de la producción – unido a lo fundamental, el derrumbe de la URSS y, con ella, de la influencia de los partidos comunistas sobre las masas obreras, ha conllevado un retroceso, como no podía ser de otro modo, del movimiento sindical a nivel mundial.

2. La lucha de clases en nuestros días.

La caída de la URSS significó un avance brutal del imperialismo y, consecuentemente, un retroceso enorme del proletariado en todos los terrenos en las últimas tres décadas.

De hecho, en estas tres últimas décadas los imperialistas han avanzado enormemente en la desorganización del proletariado, aplicando la lucha de clases sin cuartel en todos los terrenos, pero, fundamentalmente, en el ideológico. La labor anticomunista ha descollado, pues ello les ha resultado cardinal para aislar al proletariado, alienarlo y poder imponer a sangre y fuego su régimen explotador.

Sin embargo, y a pesar de la caída del “enemigo comunista” que según los farsantes imperialistas portaban el peligro de una guerra nuclear al planeta, este período ha demostrado que el auténtico peligro para la humanidad son los imperialistas, a los que sólo les queda la guerra y el fascismo para sostener su moribundo sistema económico. El imperialismo únicamente puede sobrevivir a costa de sojuzgar y robar sin piedad a los pueblos del mundo, a costa de explotar y deshumanizar al proletariado y de la confrontación interimperialista por la conquista de los mercados y de los recursos naturales. En síntesis, el imperialismo es el robo y el asesinato, eso es lo único que puede ofertar a la humanidad.

La lucha de clases, a nivel mundial, se manifiesta como lucha entre el imperialismo – que es el sistema económico de los monopolios – y el socialismo, que es el sistema económico que resuelve la contradicción entre el enorme desarrollo de las fuerzas productivas y la estrechez de las relaciones de producción que no traduce la ingente riqueza producida en riqueza para el conjunto de la humanidad, siendo el socialismo el sistema económico que garantiza que el desarrollo material se convierta en desarrollo social para la humanidad.

Como hemos visto, el desarrollo del imperialismo ha acreditado su inviabilidad, de tal modo que ya se niega a sí mismo, consecuencia del desarrollo tecnológico, que profundiza en la automatización de la producción alejando al ser humano del trabajo y, consecuentemente, dislocando la composición orgánica del capital de tal modo que se minimiza la parte que genera plusvalor, el capital variable, maximizando por el contrario la parte de capital constante que no genera plusvalía.

Pese a todo, los imperialistas en su pugna por el dominio del mundo se han visto forzados a tirar de la robotización, a pesar de que ello les conduce a su final.

En el mundo, pues, por un lado, se da una pugna interimperialista entre las potencias hasta ahora hegemónicas – EEUU y sus aliados – y los que aspiran a sucederlos – BRICS con China a la cabeza – siendo para ello necesario un reordenamiento o un nuevo reparto del mundo para tratar de perpetuar la hegemonía unos y para tratar de conquistarla otros. Sin embargo, ni unos ni otros plantean cambiar la formación socioeconómica imperialista. Esta pelea, acentuada tras la crisis de las subprime de 2007, se ha dado en todos los terrenos – político, económico, comercial y, también, se está dando ya en el militar de manera menos soterrada, a tenor del desborde en los anteriores terrenos mencionados.

Hoy los imperialistas, los oligarcas, o como partes bajas de la burguesía les denomina, “las élites financieras”, sojuzgan a los pueblos para apropiarse de sus recursos naturales, no dudando en exterminar a pueblos enteros para ello, reordenan el mundo en virtud de sus intereses y los controlan y someten política y económicamente mediante la deuda y otros instrumentos financieros. Sin embargo, esos imperialistas que se confrontan entre ellos para adueñarse del mundo, cierran filas para someter y reprimir al proletariado. En esta dialéctica de pugna interimperialista, los imperialistas dentro de sus estados explotan y reprimen al proletariado que cada día sufre con mayor profundidad la explotación y el empobrecimiento al objeto de incrementar las transferencias de riqueza hacia la oligarquía, amén de para financiar la pugna interimperialista. De tal modo que, a nivel interno de cada nación, los monopolios también libran otra guerra, en este caso, una guerra sin cuartel ni piedad contra el proletariado dentro de sus estados.

Es por ello que los imperialistas, cuya política exterior es el chovinismo, el racismo, el nacionalismo exacerbado y la guerra imperialista, como está quedando patente a tenor de los hechos y de la realidad objetiva, a nivel interno lo apuestan todo a la reacción, a la división del proletariado – empleando para ello el nacionalismo,  el racismo y la xenofobia – y sobre todo librando una guerra ideológica brutal contra el proletariado mediante el anticomunismo – consciente esta oligarquía financiera que únicamente el proletariado armado del marxismo-leninismo y de su Partido leninista puede desalojarlos del poder – y el revisionismo histórico – al objeto de atraerse a las masas explotadas y hacer que éstas cierren filas con sus opresores para confrontar contra sus hermanos de clase.

La economía imperialista es global y única, la opresión de la oligarquía financiera es a nivel mundial contra el proletariado, al que parasitan hasta la extenuación. Por tanto, la lucha del proletariado, en todos los  rincones del planeta, es única: romper las cadenas del imperialismo y construir el socialismo, acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción y enviar a la burguesía al estercolero de la historia junto con toda su superestructura, poniendo todos los medios de producción y la riqueza en manos del proletariado, esto es, al servicio de la revolución proletaria mundial que será materializada por la rotura progresiva de eslabones, siendo cada eslabón un país imperialista.

3. Cómo se halla el sujeto revolucionario, el proletariado.

El proletariado es la única clase social revolucionaria en tanto es la clase social mayoritaria, numéricamente, y porque es la clase oprimida por la minoría burguesa explotadora y, por tanto, es aquella que tiene una necesidad objetiva de romper los grilletes de la explotación que le niega la vida. En consecuencia, el proletariado es la clase social que está llamada a hacer la revolución siendo, por tanto, el sujeto revolucionario.

El proletariado tiene negada la propiedad sobre los medios de producción, que están en manos de una minoría – la burguesía – que acumula la riqueza, siendo las relaciones de producción que se elevan como consecuencia de esta realidad relaciones de producción de explotación, de sometimiento de una mayoría de la humanidad a una minoría.

Como hemos comprobado en el primer punto del presente documento, los monopolios concentran cada vez más riqueza, poseen los medios de producción y, con ello, poseen el control de los estados burgueses, marionetas de las agrupaciones supranacionales de imperialistas y, por tanto, los instrumentos de represión – físicos y psicológicos – de la humanidad que es el proletariado. A ello se debe unir la fuerza de la costumbre, el peso de la historia del desarrollo de la sociedad humana donde desde el esclavismo al capitalismo, pasando por el feudalismo, la base de las relaciones de producción de dichos regímenes es la propiedad privada sobre los medios de producción y, por tanto, la división de la sociedad en explotadores y explotados, en opresores y oprimidos.

Ese desarrollo de la sociedad humana, esa historia de la lucha de clases, ya nos ha mostrado el camino al proletariado del progreso social, que pasa por poner fin a la médula espinal de las formaciones socioeconómicas que dividen la sociedad en explotadores y explotados, poner fin a la propiedad privada sobre los medios de producción. De hecho, el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 nos enseñó como abolir el estado burgués y el posterior nacimiento del país de los soviets nos demostró la superioridad del socialismo respecto del capitalismo, colocando en dos décadas a la URSS como una potencia mundial, a la cabeza del mundo en desarrollo industrial y social. Y con el desarrollo de la URSS no sólo progresó el proletariado en dicho estado multinacional, sino que fortaleció las fuerzas del proletariado mundial, lo que se tradujo en conquistas por parte de éste de progreso social, a la par que los pueblos empezaron a rebelarse contra el imperialismo conquistando su emancipación nacional, rompiendo con el yugo imperialista.

El enorme avance que el proletariado conquistó durante las décadas de existencia de la URSS se invirtió tras la implosión de ésta, con el debilitamiento del Movimiento Comunista Internacional y el consecuente avance de los opresores, de la oligarquía financiera, y con ella sus creaciones fascistas y oportunistas.

El proletariado lleva más de tres décadas bajo la absoluta influencia ideológica del imperialismo. Esta influencia ideológica, en términos generales, no es contrarrestada porque el proletariado se halla huérfano de un movimiento comunista internacional, de organizaciones comunistas que contrarresten y desmonten la propaganda imperialista. Organizaciones comunistas que, un gran número de ellas, directamente abrazan el oportunismo y avanzan por la senda del reformismo, repudiando cualquier salida o solución revolucionaria.

De tal modo que el proletariado se halla completamente desvertebrado y desorganizado, a merced de su enemigo de clase. La falta de organizaciones revolucionarias con influencia real entre las masas proletarias conduce a los proletarios a tener una psicología donde ven al capitalismo como todopoderoso y eterno, deslizando la lucha política por el circuito burgués del parlamentarismo y de la democracia burguesa, una democracia burguesa que, a la misma vez que los monopolios han ido engordando y acumulando cada vez más riqueza, más poder económico, se ha transformado en sistemas reaccionarios donde, con independencia de la marca – partido político del capital – que venza en los comicios, son los que no se presentan  a las elecciones los que gobiernan, los monopolios, y los que quitan y ponen peones a su antojo, en tanto controlan medios de manipulación de masas, ejércitos, fuerzas de represivas y las judicaturas. Ello se ha podido ver en múltiples estados como Brasil, Bolivia, Argentina, Perú o se está pudiendo comprobar en España.

La depauperación de las condiciones económicas del proletariado – como se puede corroborar en el primer bloque de este documento – así como de otras condiciones laborales, que imponen los imperialistas, unido a la debilidad extrema del movimiento comunista, de los verdaderos partidos comunistas que muestran al sujeto revolucionario su salida natural y la necesidad de la organización como clase para conquistar unas condiciones favorables a sus intereses, y consecuentemente, al no estar ocupado dicho espacio por los revolucionarios marxistas-leninistas, es ocupado por los agentes del capital – ya sean los oportunistas o, directamente, la reacción – dentro del centro de trabajo, haciendo que la clase obrera se halle totalmente disgregada y que el trabajador tenga en su psique permanentemente la salida individual que siempre va a ser una salida que beneficie al gran capital y que le perjudica al trabajador tanto en términos individuales como, obviamente, de clase. El proletario en la pequeña empresa, donde es fuertemente explotado, al comprobar in situ como su trabajo es el que genera la riqueza de su patrón y conocer a la clientela del negocio, ante la falta de conciencia de clase – consecuencia de la debilidad del instrumento generador de la conciencia, el Partido comunista – busca la salida individual y burguesa, esto es, convertirse en un pequeño burgués y arrebatar la clientela a su patrón montando él su pequeña empresa. En la empresa grande el oportunismo – a través de los sindicatos de la patronal subvencionados por los estados burgueses – hace su trabajo de conciliación de clase, que es de subordinación de los intereses de los obreros a los intereses del burgués. La temporalidad implica un grado de rotación elevado en los puestos de trabajo que hace que el trabajador vea en la huida de una empresa a otra la fórmula para disminuir su malvivir y, por consiguiente, el tratar de progresar, nuevamente en lo que es la salida individualista fruto de la impregnación de la ideología burguesa y de la falta de influencia de la organización revolucionaria y clasista. La acción desvertebradora y divisora del oportunismo, bajo la dirección de la burguesía, la desarrollan haciendo que cada empresa sea una isla, que los obreros de las diferentes empresas y de los diferentes sectores no construyan la unidad vinculando las luchas de los diferentes centros de trabajo y de los diferentes sectores en una única lucha de clases contra el imperialismo y la clase de los empresarios. Todo ello es, fundamentalmente, consecuencia de la ausencia del Partido de los comunistas organizado en los centros de trabajo, en las fábricas, en los diferentes sectores de la producción.

Esto que acabamos de expresar es con respecto a los estados capitalistas con un grado alto o medio-alto de desarrollo. En aquellos estados capitalistas con un grado de desarrollo menor, donde la violencia se aplica de una manera, por decirlo así, más abierta, los empresarios no vacilan en emplear esta violencia de manera totalmente directa con toda la impunidad. El oportunismo aquí también hace su labor de desguarnecer la organización de la clase y conducir a los obreros por el redil del capitalista, por negar la lucha de clases y conciliar con el burgués, al que jamás cuestiona como tampoco cuestiona a su sistema económico basado en la explotación del hombre por el hombre.

Lo expresado para los centros de trabajo, en la lucha sindical (política y económica), se reproduce también en la lucha genuinamente política en los barrios, en las comunidades, en los movimientos sociales. El oportunismo conduce al proletariado a transitar por los cauces del legalismo y de la institucionalidad burguesa, un circuito existente para perpetuar el dominio de la burguesía y la subordinación del proletariado. La falta de organización revolucionaria, de un partido comunista que sea capaz de penetrar en las masas proletarias, conduce la frustración del proletariado al que le guía el oportunismo que se materializa en la apatía, la impotencia, la desesperanza, el rechazo al sistema o el escepticismo y que se visualiza en los procesos electorales burgueses en el grado de abstención. Estos sentimientos, en la descomposición del sistema político burgués, la burguesía trata de encauzarlos a través del fascismo, que es el mayor grado de revisionismo histórico existente, al objeto de confrontar a la clase obrera entre sí, de dividir al proletariado mediante el nacionalismo exacerbado, el racismo, la xenofobia y, sobre todo, el anticomunismo. Y es que la burguesía es plenamente consciente tanto de la descomposición y muerte de su base económica como de su formación socioeconómica imperialista y, también, es totalmente consciente de que su enterrador es el proletariado, siempre que esté dirigido, organizado y bajo la influencia ideológica de las fuerzas del marxismo-leninismo, por ello todos los esfuerzos de la burguesía pasan por la batalla ideológica – batalla cultural también le denominan los fascistas – para alienar al proletario, para hacer que odie a su propia clase y, cuando esto no es suficiente, no vacila en la represión, en el asesinato, pues la burguesía es la clase más criminal que ha alumbrado la historia.

Los medios de comunicación – radios, canales de televisión, redes sociales, periódicos en papel y digitales, … -, la práctica totalidad en manos de los capitalistas, vierten entre el proletariado la ideología de los monopolios, el anticomunismo y, también, sirven para atemorizar y anestesiar al proletariado.  Estos medios de manipulación de masas no dudan en justificar – y mostrar – la represión  de los imperialistas, en justificar las guerras de carroña, los bloqueos económicos, los genocidios y demás fechorías perpetradas por los imperialistas al objeto de engañar a las masas proletarias, en vilipendiar al proletariado y a su ciencia revolucionaria – el marxismo-leninismo –  y, también, en reflejar una imagen todopoderosa de las fuerzas imperialistas, para mellar la psicología de aquellos proletarios con un mínimo de sentido crítico y rebelde, para que en la psique del proletariado se instale el pensamiento de que nada se puede hacer contra el capitalismo y los capitalistas, que la confrontación contra el capitalismo y su superestructura es inviable.

Con el desarrollo tecnológico, actualmente en manos de un puñado de multimillonarios, la agudización de la explotación del proletariado, así como su alienación y represión se acrecienta. La automatización de la producción y de los servicios conllevarán centros de trabajo con menos obreros y menor interrelación entre ellos, estableciendo unas condiciones peores para la organización económica del proletariado en los centros de trabajo, o lo que es lo mismo, dificultando la organización sindical. El desarrollo de la tecnología también está sirviendo para que la manipulación sobre las masas proletarias efectuada por la burguesía sea más efectiva, en tanto, por un lado, se censura todo aquel mensaje – ya sea por censura propiamente dicha como por no promoción de los contenidos por los algoritmos – que vaya en contra de los intereses de los dueños de las redes sociales y de los espacios donde se ubican los contenidos, propiedad de los monopolios. Ergo la inteligencia artificial y los autómatas o algoritmos de datos proporcionan a la clase obrera toda aquella información que beneficie a sus dueños, a los monopolios, siendo mucho más efectivo en la labor de alienación del proletariado y mostrando, nuevamente, que solo mediante la socialización de la tecnología, mediante el socialismo, se podrá liberar a la humanidad de la alienación y el embrutecimiento al que la somete la burguesía.

El capitalismo, tanto en su fase premonopolista, como en su fase actual monopolista o imperialista, persigue la perpetuación de un sistema explotador basado en una sociedad dividida en clases como reflejo de un sistema económico donde los medios de producción están en manos de unos pocos, donde son propiedad privada de un puñado de burgueses y, por tanto, el sistema capitalista es la perpetuación de la violencia pues ésta hunde sus raíces en la existencia de una sociedad dividida en clases sociales cuyos intereses son antagónicos.

El proletario, ante la ausencia del instrumento que le genera conciencia de clase y que le sirve en la lucha de clases, el Partido leninista, se ve minúsculo ante un mundo verdaderamente hostil, donde se siente totalmente desprotegido, atomizado, contemplando como todo lo que le rodea es corrupción, que es la forma en la que los monopolios manejan el Estado, impunidad para los ricos, los capitalistas, los burgueses, y represión permanente tanto del Estado, a través de los jueces y las fuerzas de represión del Estado, así como en el seno de la empresa por el burgués.

Todo lo mencionado constata que el propio enemigo de clase, la burguesía, es mucho más consciente de la fuerza del proletariado, del papel revolucionario de éste, que nuestra propia clase. Y es que nuestra clase social, el proletariado, necesita al Partido leninista, que es el corazón y el alma de la clase, para que ésta tome conciencia de sí y para sí, esto es, conciencia de lo que es, el sujeto revolucionario, y de la misión histórica que le corresponde desarrollar, poner todos los medios de producción al servicio de la mayoría de la humanidad que es el proletariado, y ello pasa por llevar a término la labor de derrocar revolucionariamente al imperialismo y desarrollar el socialismo, tomando el proletariado todo el poder económico, político e ideológico.

4. ¿Cómo construir la unidad del proletariado? Uniendo a los comunistas en una organización única, rompiendo con la burguesía y las alianzas interclasistas.

La historia nos muestra que siempre que el proletariado ha avanzado, ha conquistado el poder y, consecuentemente, ha avanzado la humanidad en su conjunto, es porque estaba guiado por su partido de vanguardia, por el Partido leninista, la parte más avanzada del proletariado organizado. Y también nos demuestra la historia que cuando el proletariado está desdibujado, absolutamente fragmentado, a merced de la burguesía, despojándolo de cualquier derecho y sufriendo la explotación y violencia de clase máxima y, por tanto, conduciendo la humanidad hacia el abismo, es porque el partido leninista está desnaturalizado o no existe, porque el oportunismo impera en lo que se denomina movimiento comunista, el cual corrompen alimentando a la reacción.

Al proletariado, que en términos objetivos es la clase que se halla despojada de los medios de producción y se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, le da conciencia de lo que es, le da objetivo como clase, le muestra su misión histórica, le enseña a interpretar correctamente el mundo mostrándole su realidad objetiva de guerra abierta contra la burguesía, poniendo coto a la espontaneidad y la individualidad y mostrando que el combate contra la burguesía se rige por el principio de la lucha de clases, en definitiva, al proletariado le abre los ojos como clase, la pertrecha como tal y le conduce a la emancipación el Partido leninista, o lo que es lo mismo, la organización de la parte más avanzada de la clase obrera. El partido leninista es quien le indica al proletariado el mundo que él debe construir – un mundo liberado del yugo explotador capitalista donde quede abolido el Estado y, consecuentemente, las clases sociales – y que le enseña que la burguesía se sostiene como clase gracias a la propiedad privada de los medios de producción y las estructuras institucionales burguesas – superestructura – que elevan y que solo se puede derrocar a la burguesía derrocando su base económica capitalista y no dejando en pie el Estado burgués, debiendo construir la clase obrera sus propias instituciones así como desarrollar el socialismo. El partido leninista, pues, es el estado mayor del proletariado y su respuesta coherente a la lucha de clases; es el corazón y el cerebro del proletariado, es una parte inherente de éste, su parte más avanzada.

Por este motivo la burguesía ataca sin piedad al partido leninista, porque es plenamente consciente que el partido leninista es quien otorga a la clase obrera táctica y estrategia, quien le muestra realmente su realidad objetiva y le muestra el camino de su emancipación como clase social, es quien cultiva al proletariado en la lucha de clases y lo fortalece organizativamente, en definitiva, la burguesía ha comprendido que la única manera de mantener al proletariado sometido pasa por interceptar, perseguir y desnaturalizar a su partido de vanguardia, el partido leninista armado de su ciencia revolucionaria para la abolición de la explotación del hombre por el hombre: el marxismo-leninismo.

La historia, la caída de la URSS, también nos ha enseñado que con una revolución triunfante, y una sociedad construyendo el socialismo, la única manera que tiene la burguesía de combatir al proletariado de manera efectiva y revertir esa revolución triunfante es atacando al Partido Leninista, desnaturalizándolo y corrompiéndolo, como ocurrió en la Unión Soviética desde la segunda mitad de la década de los 50s del siglo pasado hasta su implosión.

Por tanto, para que el proletariado pueda emanciparse, para que el proletariado pueda actuar en libertad, tomando conciencia de que debe romper los grilletes de la explotación y de la miseria a las que le condena el imperialismo, es imprescindible la existencia del partido leninista. El Partido leninista es esencial para que el proletariado tome conciencia de sí y para sí, es necesario para organizar a la clase y organizar la Revolución proletaria cuyo sujeto revolucionario y constructor de la toma revolucionaria del poder por ella misma es la clase de los proletarios, pero también es cardinal y necesario para, toda vez el proletariado toma el poder en sus manos, edificar la formación socioeconómica socialista, desarrollando la base económica socialista y, a la par, construyendo un mundo, una superestructura, que garantice el dominio en la lucha de clases del proletariado liquidando todo derecho a la burguesía y, por tanto, ir avanzando hacia el estadio comunista, la sociedad sin clases sociales y sin estado. Un partido que irá extinguiéndose a la par que el estado, a la par que la lucha de clases, a la par que se extingue el proletariado pues es una parte de éste.

Por ello, el marxismo es una ciencia partidista, porque el partido es la respuesta al proletariado para la lucha de clases, es el instrumento con el que llevar las ideas del socialismo científico al movimiento obrero, a las masas proletarias, un partido que según Marx y Engels debía ser internacional e internacionalista y que era el instrumento que fusiona el socialismo científico con el movimiento obrero, que eleva a éste, convirtiéndolo en el sujeto revolucionario, dotando a la clase explotada e infinitamente más numerosa, de su ciencia emancipadora.

Toda formación socioeconómica se conforma de una base económica que eleva una superestructura determinada y de una clase dominante, hegemónica que es la que dicta y desarrolla. En la formación socioeconómica capitalista, la base económica es el capitalismo, en su grado final, el capitalismo monopolista o imperialismo; eleva una superestructura imperialista que produce leyes, tiene unas instituciones y engendra una sociedad, una cultura, unas formas de estado a imagen y semejanza de la clase dominante, la burguesía y, más concretamente la burguesía monopolista, que es quien ejerce su dictado, o dictadura. En la formación socioeconómica capitalista, el proletariado es la clase dominada, es la clase explotada, es la clase despojada de la propiedad de los medios de producción y, por tanto, del producto de la producción y ello implica, incluso, que al proletariado la burguesía le niega hasta su libre albedrío.

Para emanciparse el proletariado necesita construir su formación socioeconómica. Una formación socioeconómica donde en la base, los medios de producción estén en manos del proletariado, y por tanto, también el desarrollo tecnológico; donde las relaciones de producción se fundamenten en la propiedad social sobre los medios de producción al objeto de, progresivamente, erradicar todo tipo de explotación del hombre por el hombre y liquidar todo tipo de desigualdad social, una base económica cuyo producto esté en manos de la mayoría proletaria, del proletariado. Una formación socioeconómica que contendrá una superestructura, un mundo, a imagen y semejanza de la clase dominante, el proletariado, que es el sujeto constructor de ese nuevo mundo, erigiéndose en clase dominante que, por primera vez en la historia del género humano, corresponderá a la inmensa mayoría de la humanidad.

A día de hoy rige el imperialismo, la fase monopolista del capitalismo, donde como hemos visto se produce una concentración del capital en unas pocas manos que amasan cada vez una mayor riqueza y, en consecuencia, una socialización de la pobreza sobre la que hemos visto cómo los imperialistas manipulan para tratar de enmascarar que dicho sistema económico agudiza la desigualdad y la pobreza. Y comprobamos como los monopolios, el capital financiero, o, como los capitalistas denominan, “las élites”, imponen su dictadura a sangre y fuego a lo largo y ancho del globo terráqueo.

El proletariado, como sujeto revolucionario que es, debe derrocar revolucionariamente al imperialismo y construir el socialismo. Para Lenin la unidad del proletariado es la unidad de su vanguardia, es la unidad de los marxistas-leninistas y, sin la unidad de los comunistas, jamás puede haber unidad de clase para que el proletariado pueda cumplir con su misión histórica de acabar con lo viejo, el imperialismo, y armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción mediante la revolución socialista y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, construyendo el socialismo como primera fase hacia el comunismo.

Por tanto, el problema que hemos de resolver los comunistas hoy es el de la unidad de los comunistas, que es la unidad del sujeto revolucionario y, por tanto, la fuerza capaz de dar cumplimiento a la misión histórica de este. Sin sujeto revolucionario no hay revolución socialista y, sin ésta, no hay socialismo, sin ésta el imperialismo se sostendrá moribundo llevándose por delante la sangre inocente de centenares de millones de seres humanos. Y esa unidad del proletariado que necesitamos para romper con la explotación y la barbarie imperialista, es la unidad de los marxistas-leninistas en torno al principio organizativo del centralismo democrático.

Hoy el movimiento comunista internacional no está abordando la cuestión fundamental que debería abordar, la unidad de los comunistas, que es la cuestión de la unidad del proletariado y la organización de su parte más avanzada, que es la cuestión de fortalecimiento del sujeto revolucionario para cumplir su misión histórica y revolucionaria.

Y sin construir los cimientos, sin construir la unidad de los comunistas, y desde la división dentro del movimiento comunista, cuando no desde la mismísima estafa, algunos de los que se reivindican del comunismo -y que tras ellos lo que hay es ideología burguesa como el nacionalismo y el revisionismo – se lanzan a diseñar tácticas, o mejor dicho deformar y envilecer tácticas que el movimiento comunista internacional en la década de los 30s del siglo pasado planteaba en un mundo diferente al actual, con un imperialismo que todavía tenía margen de desarrollo como han evidenciado estos 90 años, y cuando existía un sujeto revolucionario con fuerza, un movimiento comunista en ascenso y fortalecido gracias a la URSS y su partido comunista que engrandeció a todo el movimiento comunista internacional como lo reflejó la Internacional Comunista.

Lenin señalaba que «no puede haber unidad (…) con los políticos obreros liberales, con los desorganizadores del movimiento obrero, con los infractores de la voluntad de la mayoría. Puede y debe haber unidad de todos los marxistas consecuentes, de todos los defensores del marxismo íntegro y de las consignas no recortadas, independientemente de los liquidadores y sin ellos.

 

¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo».

Desde el PCOE consideramos esencial la construcción de esa unidad de los marxistas-leninistas. Sin duda, estimamos que esa unidad únicamente puede materializarse desde la fidelidad a los principios del leninismo en lucha frontal contra el oportunismo, que es la expresión de los intereses del imperialismo en el seno del proletariado para impedir su unidad y la toma de conciencia, y estando con la clase mostrándole la salida revolucionaria y construyendo la organización para ello.

El imperialismo, como hemos visto, ha concentrado la riqueza y la producción en unos pocos monopolios, ha socializado la pobreza y, en este proceso socializador de la miseria, de desigualdad brutal, no sólo tira por tierra las condiciones del proletariado, sino que practica el canibalismo dentro de su propia clase, la burguesía, empujando a la ruina y a la proletarización a cada vez más capas de la pequeña y mediana burguesía. Este hecho impregna al proletariado de la ideología burguesa proveniente de esas capas burguesas proletarizadas.

Ante este escenario, donde no hay imperialismo agresivo y no agresivo, donde no hay imperialismo ofensivo y otro defensivo, donde la concentración del capital cada vez es mayor en menos manos, y donde únicamente hay un imperialismo que constituye una formación socioeconómica única a nivel internacional en el que toda la economía mundial se halla entrelazada, una única base económica donde dominan los monopolios, donde prepondera la putrefacción – el capital financiero sobre el capital productivo -, donde la exportación de capitales impera, donde los monopolos aplican su dictadura a nivel planetario a través de asociaciones de imperialistas supranacionales que manejan a los estados nación que se convierten en sucursales de los grandes monopolios para aplastar a los proletarios y transferir riqueza hacia dichos empresas multinacionales, donde los monopolios pelean entre ellos para repartirse un mundo ya repartido empleando la guerra donde mandan a morir a la clase proletaria, el proletariado debe organizarse para confrontarse de plano contra todo ello. La burguesía aplica a rajatabla la lucha de clases, y la inocula en el seno del proletariado, fortaleciendo el oportunismo de tal modo que aparece una parte que dice reivindicarse del movimiento comunista, y que Lenin denominaba  “los enemigos y falseadores del marxismo”, a los que se les llena la boca hablando de antiimperialismo cuando lo que hacen es negar la existencia de un único imperialismo, cuando lo que hacen es maquillar ante el proletariado al imperialismo y buscan todo tipo de alianza interclasista a la par que combaten a muerte a los marxistas-leninistas.

Esa expresión de interclasismo, que en realidad no es más que la subordinación del proletariado a la burguesía, a nivel internacional adquiere hoy la formulación política de Frente Mundial Antiimperialista o Plataforma Antiimperialista Mundial, donde persiguen conformar una alianza con capas de la burguesía que, si bien manifiestan combatir el imperialismo, bajo ningún concepto pretenden superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo, siendo muchos de ellos enemigos acérrimos del marxismo-leninismo. Un antiimperialismo singular pues son beligerantes con unas potencias imperialistas – EEUU o la UE – y, por el contrario, encubren a otras potencias imperialistas y carroñeras como las primeras a las que caracterizan como no imperialistas como, por ejemplo, son China o Rusia.

Estos “enemigos y falseadores del marxismo”, cuya actividad se fundamenta en el engaño y la traición al proletariado, el parasitismo y, de facto, la negación del marxismo-leninismo en tanto que, de hecho, se niega la lucha de clases, hacen extraños compañeros de viaje y aliados, de tal manera que partidos que se dicen comunistas y que dicen defender la autodeterminación suscriben posiciones conjuntas con organizaciones políticas reaccionarias, como se constata en la Declaración de París de 14 de octubre de 2022 de la Plataforma Antiimperialista Mundial donde van de la mano el PCPE – que dice ser defensor de la autodeterminación de las naciones oprimidas y denomina al estado español como “cárcel de pueblos y naciones” (Julio Díaz, enero de 2024) – y Vanguardia Española que es una organización reaccionaria, y nacionalista española. Sin embargo, no es extraño que vayan de la mano pues, realmente, ambas organizaciones están unidas por el nacionalismo – unos de naciones que, ni tan siquiera aplicando el marxismo-leninismo existen, y otros nacionalistas españoles – y ambas organizaciones repudian el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, por lo que ambas están realmente unidas contra el marxismo-leninismo.

Otro ejemplo de frentes interclasistas, y anticomunistas, se puede ver en el estado español, concretamente en el archipiélago canario, donde el partido “nacional” canario del PCPE, el PCPC, ha creado una plataforma por un Estatuto de Neutralidad para Canarias, donde dicho partido supuestamente comunista, está aliado con organizaciones sociales y con partidos de la burguesía, como por ejemplo Nueva Canarias, y otras organizaciones nacionalistas canarias, por el que señalan que “La neutralidad es la opción que aporta mayor seguridad al Archipiélago Canario y supone una mejor contribución a la paz, como lugar de encuentro internacional y de apoyo a la solución dialogada de conflictos, en un escenario internacional complejo y tensionado.”, buscando apoyo en las instituciones burguesas, las cuales no es que no cuestionen, es que buscan su abrigo, como se comprueba cuando señalan “En el desarrollo de la campaña se ha dado el paso de demandar al Parlamento de Canarias su compromiso para impulsar y apoyar todo tipo de iniciativas que puedan hacer posible el reconocimiento del Estatuto de Neutralidad en el ordenamiento jurídico estatal e internacional. Posteriormente su recorrido será hacia el Parlamento de Madrid, así como su tramitación ante la Unión Europea y la ONU. La campaña, que continuará con su extensión a todas las islas, y la creación de comités populares por el Estatuto de Neutralidad.” Curioso antiimperialismo el del PCPE que busca apoyo en instituciones abiertamente imperialistas como el parlamento español o el parlamento de la UE. Y nosotros nos preguntamos, en un mundo imperialista donde los monopolios están en pugna por el reparto del pastel mundial, donde rige la lucha de clases y donde la explotación es ley ¿a qué neutralidad apela el PCPE? Los comunistas en el mundo no podemos ser neutrales, estamos con el proletariado – da igual de dónde sea porque el proletariado es internacional y no tiene más patria que el socialismo -, con la revolución proletaria mundial y con el socialismo, con la abolición del capitalismo, responsable de la explotación, responsable de una sociedad dividida en clases antagónicas causantes de la violencia contra el proletariado, una violencia que la burguesía ejerce a través del estado burgués, ese que los comunistas debemos derrocar y que, a sus parlamentos, el PCPE va a pedir que les firmen sus Estatutos de neutralidad burgueses y oportunistas que son una puñalada al marxismo-leninismo y al proletariado, actuando de una forma que ensucia el término comunista que portan en el nombre de dicha organización enemiga del comunismo.

Cómo puede verse, en estos dos ejemplos que hemos mencionado de política de masas interclasista aplicada por, empleando la expresión de Lenin, “estos enemigos y falseadores del marxismo”, en nada ha servido al proletariado ir de la mano de la burguesía en términos de crecimiento organizativo, de nada ha servido con respecto del desarrollo de una Internacional Comunista, de nada ha servido al desarrollo de la Revolución proletaria, para lo único que ha servido es para subordinarse a los intereses de la burguesía, para encauzar al pueblo por la senda del reformismo, por dar lustre a las instituciones imperialistas y por satisfacer el ego a una panda de oportunistas que viven de la división y del engaño al proletariado, como hace el PCPE, en definitiva, por fortalecer al enemigo de clase.

En el movimiento comunista hoy la correlación de fuerzas, todavía, es favorable al oportunismo y, por ello, se halla totalmente fraccionado como se constata echando un vistazo a la realidad de las fuerzas que se reivindican del comunismo tanto en las diferentes naciones como a nivel internacional.

Mientras los comunistas no conquistemos la unidad, y ella sólo puede edificarse combatiendo al imperialismo y la ideología que éste insufla, empezando por el combate contra el oportunismo, que es el producto más acabado de la burguesía para dinamitar la unidad del movimiento comunista y, por tanto, del proletariado, mientras no derrotemos y desterremos al oportunismo del movimiento comunista y, consecuentemente, de la clase obrera, no podremos dar pasos hacia la emancipación social de nuestra clase, hacia la consecución de la misión histórica de la clase obrera.  La lucha a muerte contra el oportunismo constituye un eje cardinal por el que los partidos comunistas debemos unirnos para conquistar la organización única de la vanguardia que necesitamos para vencer a la barbarie imperialista.

Sin sujeto revolucionario, que no existe como tal sin la existencia e influencia de su partido, que es el partido leninista que dota al proletariado de conciencia de sí y para sí, éste no puede dar pasos para su emancipación, sino que seguirá dando vueltas a la noria de la burguesía, conduciendo al proletariado al redil de la derrota, de la perpetuación del imperialismo y de su barbarie, cada día más criminal.

Por todo ello hoy la primera tarea de los comunistas, y la más importante que nos toca acometer, es la construcción de un movimiento comunista revolucionario, que se debe abrir paso combatiendo a muerte al imperialismo y al oportunismo, que constituye la quinta columna del imperialismo dentro de nuestras filas proletarias. El PCOE está comprometido en la conquista de la unidad de los comunistas que es la unidad de la clase de los proletarios, en la defensa del marxismo-leninismo y en la lucha a muerte contra la burguesía, contra el oportunismo y tiende la mano para trabajar en esta dirección con todos aquellos que compartan esta visión del mundo y del estado de nuestra clase.

 

Madrid, 5 de junio de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)




Resolución del VI Pleno del Comité Central del PCOE exigiendo la libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores

Las agresiones imperialistas contra la República Bolivariana de Venezuela han sido constantes desde hace décadas, al objeto de detener los avances de la revolución bolivariana y convertir al país en una colonia de los Estados Unidos.

El terrorismo impulsado por los Estados Unidos, apoyado por sus socios europeos, es fiel reflejo de la situación general de la fase actual del imperialismo, caracterizada por la injerencia política, la vulneración del derecho internacional y el avance del fascismo para tratar de sostener por medio de la sangre y la guerra su moribundo sistema económico. La esencia criminal y el carácter fascista de los imperialistas han quedado más que retratados.

El territorio venezolano ha sido la primera gran víctima del nuevo giro en las relaciones internacionales, donde los estadounidenses buscan apropiarse de las reservas petrolíferas, el gas y los minerales preciosos para beneficiar económicamente a sus monopolios en la lucha directa contra la creciente hegemonía de otras potencias imperialistas como China o Rusia en la zona.

El secuestro del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores supone un acto de guerra que busca amedrentar a todos los trabajadores y pueblos del mundo que osen levantarse contra la tiranía imperialista. Una política que es fruto de años de propaganda desplegada por oportunistas y reaccionarios que han cuestionado constantemente la legitimidad y la soberanía de Venezuela para allanar el camino a la reacción.

El pueblo venezolano, valiente y revolucionario, enfrenta ahora momentos verdaderamente históricos. La bestia imperialista pretende controlar el país directamente e instalar un gobierno títere, bien de la mano de los nuevos dirigentes del PSUV o de la oposición golpista. Frente a esto, se debe dar un paso adelante en el proceso revolucionario, superando las contradicciones e insuficiencias del socialismo del siglo XXI, para construir activamente el socialismo como la única alternativa frente a la crisis actual.

Por su parte, los hermanos de clase estadounidenses deben rechazar por completo las acciones criminales de su gobierno y organizarse para derrocar a una burguesía que es cada día más abiertamente reaccionaria y fascista. El proletariado estadounidense es bien conocedor de la esencia terrorista de este sistema, pues ha sufrido en sus propias carnes la violencia policial, la miseria económica, la creciente desigualdad, los desastres provocados por las drogas, la discriminación, la represión sindical y una furibunda persecución hacia el movimiento comunista. Es el momento de acabar con el enemigo de clase y dar un golpe de muerte desde las entrañas mismas de la bestia imperialista.

A tenor de todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  • Rechazar frontalmente el golpe de Estado perpetrado por los Estados Unidos en Venezuela y condenamos la política ejercida por los distintos gobiernos estadounidenses, liderados ahora por el fascista Donald Trump.

  • Exigir la libertad inmediata de Nicolás Maduro y Cilia Flores, secuestrados ilegalmente en un ataque militar que dejó un centenar de asesinados, y acusados falsamente de pertenecer a un grupo criminal inexistente denominado “Cártel de los Soles”.

  • Alentar a nuestros hermanos de clase estadounidenses y venezolanos a organizarse revolucionariamente, construyendo el socialismo como antesala de la nueva sociedad comunista y desarrollando la dictadura del proletariado para acabar con la actual dictadura de la burguesía.

 

Madrid, a 31 de enero de 2026

VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VI Pleno del Comité Central del PCOE condenando el bloqueo y la agresión imperialista contra Cuba

En un nuevo episodio de amenazas contra el valiente pueblo cubano, el fascista Donald Trump publicó la orden ejecutiva “Haciendo frente a las amenazas del gobierno de Cuba a Estados Unidos”, mediante la cual amenazó con imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo a Cuba. La tendencia a la reacción política, la negación de la libertad de los pueblos del mundo y la dominación a toda costa son características inseparables del imperialismo y, más concretamente, de su bestia más foribundamente anticomunista, los Estados Unidos, que buscan acabar con el espíritu revolucionario del pueblo cubano.

Este movimiento, que pretende combatir la influencia de los BRICS+ en la región, no se trata de una mera sanción, sino de auténtico terrorismo de Estado que pretende acentuar el genocidio contra la población cubana que supone el bloqueo. El proletariado internacional debe entender el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba como un acto de guerra permanente y una agresión imperialista destinada a extorsionar a un pueblo que se levantó contra la dictadura del capital y construyó el camino del socialismo.

La burguesía tiene el claro propósito de destruir la Revolución cubana y restaurar el dominio del capital monopolista, empleando para ello todo tipo de sabotajes, impidiendo el acceso a combustibles, medicamentos, alimentos y comercio a la isla, acompañado de un brutal aparato propagandístico para encumbrar a la reacción anticomunista. Todo ello es una prueba clara de que la burguesía no reconoce soberanía alguna en los pueblos del mundo cuando están en juego sus intereses de clase.

A esta cadena de agresiones se suma el sacrificio de los 32 cubanos asesinados en el secuestro de Nicolás Maduro, quienes dieron la vida por sus principios, forjados e inspirados por la figura insobornable de Fidel Castro, que aunque físicamente ausente permanece vivo en la conciencia de los pueblos. En 2026 se cumplen cien años de su nacimiento, cuando su legado sigue guiando la resistencia frente al imperialismo. Hoy, además, el pueblo cubano sufre las devastadoras consecuencias del huracán Melissa, que ha golpeado a miles de cubanos y cubanas, haciendo más urgente que nunca la solidaridad internacionalista con una nación que ha demostrado, a lo largo de su historia, ser una de las más solidarias del mundo.

Las agresiones contra Cuba se incardinan en una estrategia a gran escala para volver a controlar América Latina en su totalidad, por medio de golpes de Estado, bombardeos, injerencia política, extorsión institucional, falsa guerra contra el narcotráfico y una militarización creciente al objeto de instaurar gobiernos afines a los monopolios estadounidenses para saquear los recursos naturales en diversos países del continente. Esto responde a la acuciante necesidad del capital financiero, del maltrecho imperialismo occidental, de asegurar materias primas, mercados y mano de obra barata en el contexto de la crisis global del modo de producción capitalista.

Todo ello porque el pueblo cubano cometió el crimen – para la burguesía – de haber llevado a cabo una revolución socialista en las puertas del mayor bastión del capitalismo. Estados Unidos, el país más criminal de la historia de la humanidad, nunca podrá perdonar aquel 1 de enero de 1959 en el que el Ejército Revolucionario derrotó al régimen dictatorial de Fulgencio Batista, como tampoco podrá olvidar el fracaso militar y político de John F. Kennedy en su intento de invadir sin éxito Bahía de Cochinos en abril de 1961.

Desde entonces, Cuba es un ejemplo para toda la humanidad y uno de los mayores enemigos de la reacción a nivel mundial, que busca constantemente orquestar una contrarrevolución para arrebatarle al proletariado el poder político.

A tenor de todo ello, el VI º Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  • Denunciar la naturaleza fascista, criminal y genocida de los Estados Unidos, cuyas políticas atentan contra el proletariado internacional y suponen un peligro para toda la humanidad.

  • Reafirmar nuestro compromiso y solidaridad internacionalista con Cuba, el pueblo cubano y su Revolución, como una conquista histórica del proletariado internacional que atestigua la superioridad del socialismo frente al imperialismo, incluso en un contexto de asedio y guerra permanente.

  • Impulsar la construcción de una nueva Internacional Comunista, siguiendo las bases de la III Internacional, que sirva para fortalecer al movimiento obrero a nivel mundial y avanzar en la lucha frente a la barbarie imperialista.

 

 

Madrid, a 31 de enero de 2026

VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VI Pleno del Comité Central del PCOE denunciando la privatización del sistema educativo

Bajo el capitalismo, el sistema educativo es un mero transmisor de la ideología burguesa que adoctrina a los hijos e hijas de la clase obrera con el objetivo de que estos asuman la visión del mundo de sus enemigos de clase. La educación es una herramienta fundamental del Estado burgués donde la pública, la privada y la concertada se entrelazan para mantener a la juventud obrera ciega e ignorante.

Es una realidad que los servicios públicos se están desmantelando para paliar las sucesivas crisis del capital, donde la burguesía privatiza incesantemente para superar, sin éxito, las contradicciones que atraviesa este sistema en su fase agonizante. En este caso, la privatización de la educación avanza a un ritmo vertiginoso, aumentando los costes económicos, empobreciendo los contenidos y dificultando el avance de los estudiantes obreros hacia los estudios superiores. La burguesía acumula riquezas, a la par que sostiene con dinero público entidades privadas, reaccionarias, religiosas y profundamente anticomunistas.

Nos encontramos ante un escenario marcado por un modelo de enseñanza completamente alienante, con una pauperización del sistema educativo que choca con unos mayores costes y con un menor acceso a becas. La sobrecualificación de muchos jóvenes obreros en España y las altas tasas de desempleo están provocando que cada vez más estudiantes elijan la Formación Profesional como primer paso hacia su futuro laboral. El incremento de alumnos ha sido notable en los últimos años, así como la privatización para convertir su necesidad formativa en un negocio. De hecho, en lugares como Euskal Herria, Madrid, Aragón o Cataluña la FP privada supone más de un 35%. La privatización de la oferta educativa está dejando fuera del sistema a los estudiantes de la clase obrera, que se ven obligados a endeudarse para asumir los elevados costes de la formación. Todo esto, para convertirse en mano de obra barata y sufrir las penurias del trabajo asalariado esclavo.

Este proceso no está ocurriendo de forma exclusiva en la Formación Profesional, sino que también se está produciendo en otros ámbitos académicos como el Bachillerato. Cada vez, más institutos concertados tienen la posibilidad de impartir esta modalidad, lo que está provocando un trasvase de estudiantes de la pública a centros educativos donde se refuerza la ideología burguesa, donde priman los valores religiosos, inoculando así la ideología fascista desde temprano para socavar el espíritu combativo de la juventud obrera.

Esta privatización del sistema educativo, además de beneficiar económica e ideológicamente a la burguesía capitalista, responde al hecho de que sobran trabajadores cualificados. El capital precisa hoy día de obreros embrutecidos, que sufran de forma descarnada la más cruenta explotación a cambio de un salario ínfimo. Los capitalistas pretenden disciplinar la producción y que los jóvenes de la clase obrera agachen la cabeza ante la miseria, la represión, la inseguridad y la explotación del mundo laboral.

La burguesía no necesita obreros instruidos – pues su sistema de anarquía de la producción arroja a muchos jóvenes al paro forzoso – sino trabajadores obedientes, alienados, anticomunistas y que no pongan trabas a la extracción de plusvalía. Una fórmula que ha sido seguida por el actual gobierno “progresista”, que ha impulsado un sistema económico terciarizado, de bajos salarios y con un paro juvenil estructural por encima del 25%, donde la temporalidad, la precariedad y el despido barato son la tónica dominante. Este sistema emana directamente de la Reforma Laboral de Rajoy, que lleva a la juventud obrera a la imposibilidad de emanciparse y poder desarrollar una vida plena.

Es necesario que la clase obrera se organice para derrocar al capitalismo y construir el socialismo, tomando el poder político y ejerciéndolo mediante la dictadura democrática del proletariado, única manera de construir un sistema educativo para la mayoría, donde los centros de estudio sean lugares de combate contra esta realidad cada vez más cruenta y donde se defienda una educación popular y al servicio de la clase obrera.

A tenor de todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  • Denunciar la desmantelación del sistema educativo, su privatización y su uso como una herramienta ideológica al servicio de la burguesía.

  • Rechazar la cruenta realidad de la juventud obrera, que sufre la expulsión del sistema educativo y se ve arrojada a trabajos precarios, al paro forzoso y a problemas psicológicos como consecuencia de su mísera situación económica.

  • Instar a la organización revolucionaria y de clase de la juventud trabajadora con el objetivo de construir un sistema educativo verdaderamente humanista, que no persiga el beneficio privado de una clase parasitaria, sino el pleno desarrollo de nuestras capacidades en una sociedad ajena a la explotación y la opresión del capital.

 

Madrid, 31 de enero de 2026

 

VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VI Pleno del Comité Central del PCOE en denuncia del oportunismo y la alternancia entre falsa izquierda y derecha del capitalismo

El capitalismo sigue un proceso constante de alternancia entre una falsa izquierda y la derecha dentro de su panorama político, con el fin de encauzar el descontento de la clase obrera tanto por un lado como por el otro. Sin embargo, la bancarrota actual del capitalismo se traduce directamente en una crisis política enquistada, en la que resulta cada vez más necesario recurrir a nuevas alternativas que pierden su credibilidad con mayor rapidez, y cuyo único discurso para ganar adeptos es el de “evitar que salga el otro”, al no poder ofrecer nada más.

Tras las protestas y movimientos reivindicativos surgidos a raíz de la crisis de 2007, el capital logró encauzar gran parte del descontento social hacia la vía electoral burguesa mediante la aparición de nuevas siglas y liderazgos. Ejemplos de ello fueron la administración Obama en Estados Unidos, Syriza en Grecia o, en el Estado español, Podemos, los “ayuntamientos del cambio”, la consolidación de las CUP en Catalunya o la creación de Bildu en Euskal Herria.

Muchas de estas experiencias se adscribieron al denominado socialismo del siglo XXI, desplazando el eje del conflicto de la lucha de clases hacia un discurso municipalista y pequeñoburgués, centrado en el cooperativismo o el consumo de proximidad. En la práctica, esto supuso recuperar viejas tácticas antidialécticas e idealistas. La realidad ha demostrado que ninguna de estas falsas salidas ha resuelto los problemas de la clase obrera. Hoy, muchas organizaciones que se reclaman comunistas observan aquel periodo como una “oportunidad perdida”, como si hubiera sido posible un desenlace revolucionario sin la existencia de un Partido Comunista fuerte que señalara la vía.

La falsa izquierda, como antesala del fascismo y uno de sus tentáculos, acompaña la actual inclinación del espectro político parlamentario hacia posiciones cada vez más reaccionarias, una deriva que responde a las necesidades del sistema. La brutalidad abierta del fascismo bajo la etiqueta del trumpismo cumple hoy la función de exterminar a amplios sectores de la clase obrera, empujar al resto hasta el límite y reprimirlos brutalmente. Pero el capital ya tiene falsas salidas preparadas que se van activando poco a poco, presentando figuras aparentemente renovadoras y “humanas”, como Mamdani en Nueva York o fenómenos mediáticos como Gary Stevenson en el Reino Unido (amigo del experto en engañar a los obreros, Yanis Varoufakis) destinadas a recoger el rechazo al fascismo sin alterar en lo más mínimo las políticas que exigen los monopolios. Estas alternativas no son una ruptura, sino el relevo necesario para garantizar la continuidad del sistema, desviando una vez más a la clase obrera de su salida revolucionaria.

En el Estado español comienzan a perfilarse también falsas nuevas salidas del capital, aunque con cierto retraso respecto a otros países, al encontrarnos aún en una fase de ascenso de la derecha frente a la falsa izquierda. En este contexto se ensalzan figuras como Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, o Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, junto al auge en redes sociales de organizaciones surgidas de viejas corrientes anticomunistas que canalizan, a la vez que fragmentan, luchas como la vivienda o el ámbito universitario. Estas corrientes, como podría ser el “Movimiento Socialista”, se presentan como obreras y de clase, y apelan de forma superficial a Marx o Lenin, pero sostienen un discurso antipartido, antiprograma y sin táctica sindical o de masas, heredado de sus antecesores. El capital las mantiene en reserva como posibles recambios cuando el actual ciclo político se agote, reproduciendo un patrón histórico, aunque con el sistema en fase terminal, económica y políticamente derrotado.

Los comunistas debemos distanciarnos de todos ellos sin complejos y señalarlos como lo que son: traidores y vendeobreros. Si no somos así de claros y directos, si compramos sus maneras o parte de su discurso por miedo (palabra que debe desaparecer del vocabulario de cualquier comunista), estaremos engañando también a la clase obrera, que no necesita más falsas salidas que la enquisten en la miseria: necesita un discurso revolucionario, necesita comunismo.

No caben más engaños ni autojustificaciones. Cada paso que no se da hacia la revolución es un paso hacia la reacción y, para ello, es imprescindible aquello que se ha estado negando éstos últimos años: el Partido. Todos aquellos que creen haberlo superado caen en tácticas realmente obsoletas y fallidas, ya analizadas y rebatidas por Lenin. La prueba de la necesidad y vigencia del Partido marxista-leninista son los últimos años, en los que, ante la ausencia de éste, el nivel de vida de los trabajadores no ha hecho más que caer en picado y ninguna falsa alternativa a la que se hayan aferrado ha logrado salvarnos. Tampoco lo harán las nuevas. ¿En diez años vamos a estar de nuevo lamiéndonos las heridas por la “oportunidad perdida” que le arrebataron a clase obrera otra vez?

Por todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  • Combatir sin tregua el oportunismo en los frentes de masas, los centros de trabajo y los centros de estudio, ya que dicha confrontación forma parte también de la lucha antifascista, pues los oportunistas no son más que la mano izquierda del fascismo.

  • Llamar a la juventud que empieza a sentir interés por la militancia, por la lucha y por el comunismo a que no caiga en las nuevas trampas que la burguesía construye para hacerla regresar al redil de su sistema quebrado.

  • Es imprescindible fortalecer el Partido de cuadros marxista-leninista, puesto que no es una táctica anticuada ni fallida, de hecho, es el instrumento más novedoso y sofisticado que posee la clase obrera para emanciparse y es imprescindible para ello.

Madrid, a 31 de enero de 2026

VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VI Pleno del Comité Central contra el oportunismo, contra la plataforma o frente antiimperialista mundial y por la construcción de la Internacional Comunista

En el seno del movimiento comunista actual, como no puede ser de otra manera, se libra una batalla cruenta contra la burguesía y su ideología, que se expresa en la confrontación entre el oportunismo y el marxismo-leninismo.

La expresión del interclasismo hoy, a nivel internacional, adquiere la formulación política de Frente o Plataforma Mundial Antiimperialista, considerado por algunas organizaciones comunistas como el instrumento para librar la lucha de clases a nivel mundial con el objetivo de aglutinar a las fuerzas que dicen combatir al imperialismo, la unidad de los movimientos que luchan por la Paz, por el desarme, abogando por el Derecho Internacional como fuente de la resolución de los conflictos.

Mediante esa formulación de Frente o Plataforma Antiimperialista Mundial algunas organizaciones que se denominan comunistas pretenden tejer una alianza interclasista del proletariado con clases y sectores sociales ajenos al mismo que, incluso combatiendo lo que ellos catalogan como imperialismo, bajo ningún concepto ni aspiran ni quieren superar el capitalismo y, mucho menos, avanzar hacia el socialismo que, realmente, es la única expresión y objetivo con el que se liquida al capitalismo y, consecuentemente, al imperialismo.

Muchos de los que defienden el frente antiimperialista mundial expresan su antiimperialismo con respecto de EEUU o la UE, potencias imperialistas y criminales sin lugar a dudas, pero miran hacia otro lado con respecto de otras potencias tan imperialistas y carroñeras como las primeras de las que incluso eluden caracterizarlas como tal, cuando no, en algunos casos, tienen la desfachatez de denominarlos como socialistas.

El proletariado es la única clase revolucionaria y el desarrollo del imperialismo lo sentencia ya que éste conduce a la concentración de la riqueza en unas pocas manos, en unos pocos monopolios, empujando a la insignificancia a capas cada vez mayores de la burguesía, que ha sido condenada a la ruina y a la proletarización, lo mismo que ocurre en cada vez más partes del mundo con respecto de los pequeños y medianos propietarios del campo. El imperialismo conduce a la privatización máxima de la riqueza y la socialización máxima de la pobreza llevando a la humanidad al umbral de la revolución proletaria. Sin embargo, hay una parte del movimiento comunista que niega en la práctica esto y escupe sobre la dialéctica, sobre la ciencia del marxismo-leninismo, negando de facto la condición de clase revolucionaria al proletariado y, consecuentemente, del desarrollo de su misión histórica: derrocar revolucionariamente la formación socioeconómica presente y alzar la socialista como paso previo al comunismo.

En virtud de todo ello, el VIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  • Denunciar al oportunismo y su táctica de Frente / Plataforma Mundial Antiimperialista como expresión actual con la que se niega al marxismo-leninismo que desvía al proletariado de su misión histórica, de la conquista del socialismo y de un mundo libre de explotación capitalista subordinando al proletariado a los intereses de la burguesía y de determinadas potencias imperialistas.

  • Volcar nuestros esfuerzos para la construcción de una nueva Internacional Comunista que se sustente en la fidelidad al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario, constituyendo el instrumento de organización sublime para que el proletariado pueda llevar a cabo su misión histórica.

 

 

 Madrid, 31 de enero de 2026

VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del VI Pleno del Comité Central sobre la situación terminal del imperialismo y la necesidad del socialismo

Aquellos polvos de la implosión de la URSS y la reversión en capitalista de lo que antaño fue el estado de los soviets y sus aliados, de expansión de la OTAN, del desarrollo del “socialismo de mercado” chino, apadrinado por la Comisión Trilateral convirtiendo a China en una potencia donde rige el capitalismo, la propiedad privada sobre los medios de producción y la consecuente explotación asalariada, por la avaricia de los monopolios norteamericanos y europeos que se lanzaron a devorar mano de obra barata, fundamentalmente en China, pero también en América Latina – México y Brasil fundamentalmente –  han traído estos lodos de pugna interimperialista, de bancarrota del imperialismo, de militarización de las economías y de reacción exacerbada necesaria para masacrar al proletariado y mantener vivo a un imperialismo que es del todo inviable.

Cada medida que adoptan los imperialistas para acumular más riqueza genera sus contradicciones y acrecienta su erosión, de tal modo que la orgía deslocalizadora de la década de los 90s del siglo pasado y del primer lustro del presente siglo que perseguía la apropiación de mayor plusvalía rebajando la masa salarial y tirando por tierra las condiciones de vida del proletariado homogeneizando los salarios a la baja en todo el mundo, deslocalizando la producción fundamentalmente a China ha provocado que las potencias imperialistas de origen de los monopolios pierdan su industria, haciendo que el motor productivo del planeta se desplace a China y, consecuentemente, la mayor parte de la tecnología y, consecuentemente, perdiendo tanto las cadenas de producción como las cadenas de distribución a nivel mundial, de tal modo que lo que China es hoy es el producto de la voracidad de los monopolios norteamericanos.

Asimismo, las medidas adoptadas por el imperialismo norteamericano, hoy decadente, para sortear tanto la crisis de las subprime como la de la COVID-19, mediante una política monetaria expansiva materializada por la Reserva Federal, ha multiplicado la inflación, provocando un incremento de la desigualdad social en dicho país.

Para tratar de salvar el declive imperial que vive EEUU, esta potencia no ha dudado en sacrificar a sus socios, como la UE o Japón. En lo que concierne a la UE, la guerra contra Rusia en Ucrania sirvió a EEUU para venderle a Europa el gas natural cuatro veces más caro que el gas ruso, liquidando la industria alemana, que en 2025 ha destruido 120 mil puestos de trabajo. Al sometimiento de la economía europea, para tratar de salvar a los monopolios norteamericanos, sobre todo los del sector automovilístico, hay que añadir la dependencia militar de Europa con respecto de los EEUU, hecho que también ha implicado la exigencia de EEUU de que Europa incremente el gasto militar al 5% del PIB, obteniendo una transferencia de riqueza en favor del complejo militar-industrial proveniente de Europa, o lo que es lo mismo, proveniente de los proletarios europeos que sufrimos ingentes recortes sociales y constatamos cómo se desmantelan los servicios públicos.

Con respecto de las potencias hegemónicas, China se halla sumida en una importante crisis inmobiliaria que tiene impacto en su sistema financiero, que endeuda al Estado que arrastra una deuda de 18,7 billones de dólares, el 300% del PIB chino. Crisis inmobiliaria que impide que los gobiernos locales obtengan ingresos al no poder vender suelo y donde se devalúa la riqueza de las familias y azota al sector de la construcción, arrastrando a China a una crisis de demanda, de consumo llevando al país a una crisis deflacionaria. La economía rusa es una economía militarizada, donde el coste de la guerra dirigida por la élite burguesa contra la OTAN la está sufragando el pueblo, con una crisis demográfica notable como consecuencia de la reversión al capitalismo de Rusia, que implicó una drástica reducción de nacimientos en la década de los 90s del siglo pasado, existiendo un número bajo de mujeres en edad fértil hoy que incide en la natalidad, no garantizando la tasa de reemplazo y, por tanto, produciéndose un envejecimiento importante de la población, que conlleva una falta de mano de obra acentuada, además, por la emigración y el reclutamiento para la guerra.

En base a lo expuesto, el VI Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve que:

  • Las potencias imperialistas – emergentes y decadentes – están confrontándose en todos los terrenos desde la debilidad, jugándose la supervivencia, y no desde la fortaleza y esto es así porque lo que está en bancarrota es el sistema capitalista en su fase monopolista. Por ello cada día los países imperialistas avanzan hacia la militarización de sus economías y, como todo en economía tiene una contrapartida, la demolición de todo derecho de los trabajadores, de los servicios públicos, un mayor empobrecimiento del proletariado.

  • La única salida que tiene el imperialismo para sostenerse artificiosamente es la guerra imperialista.

  • El imperialismo, por mal que esté, no cae por su peso, no perece por sí solo. Al imperialismo hay que aniquilarlo y es el proletariado, armado con la organización y la ideología marxista-leninista, quien únicamente puede realizar dicha misión histórica, derrocándolo y construyendo el socialismo. Para ello, es esencial que los marxistas-leninistas construyamos un nuevo movimiento comunista internacional, labor en la que nuestro Partido está comprometido.

 

 Madrid, 31 de enero de 2026

VI PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del III Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español de apoyo al proletariado estadounidense

A pesar del silencio mediático en los países capitalistas, incluido el estado español, la situación de bancarrota social, política y económica de la potencia más criminal que haya parido la Historia, EEUU, es inocultable y las condiciones de vida del proletariado en dicho país cada día son más miserables e insostenibles.

Trump se impuso en las elecciones estadounidenses, donde prevalece el fraude, con el voto favorable del 31,59% de la población estadounidense en edad de votar, o lo que es lo mismo, sin el apoyo del 68,41% de dicha sociedad. Elecciones en las que el 36,66% de la población en edad de votar se abstuvo. Con lo que, muchos más estadounidenses decidieron no ir a votar, y abstenerse, que votar a Trump. Una radiografía de la enorme desafección política de la sociedad estadounidense.

Según la Alianza Norteamericana de Enfermedades Mentales (NAMI en inglés), 1 de cada 5 estadounidenses padece una enfermedad mental grave cada año (57,8 millones de personas), 1 de cada 6 jóvenes de entre 6 y 17 años sufre un trastorno de salud mental cada año (7,7 millones de  jóvenes), el 50% de todas las enfermedades mentales a lo largo de la vida comienzan a los 14 años y el 75% a los 24 años, el suicidio es la segunda causa de muerte entre niños de 10 a 14 años y la tercera causa en la franja de 15 a 24 años. Estos datos, según dicho organismo estadounidense, es teniendo en consideración que solo el 47,2% de los adultos estadounidenses y el 50,6% de los jóvenes entre 6 y 17 años recibieron tratamiento.

La tasa de suicidios en EEUU, desde que se inició este siglo XXI no ha hecho más que subir, siendo únicamente superado por la etapa histórica del crack del 29 y la II Guerra Mundial.

Todas estas consecuencias que hemos citado de desafección política, de enajenación mental, por no hablar del problema de drogadicción que padece el pueblo estadounidense, evidencian una sociedad absolutamente alienada por un sistema económico criminal y un estado fascista y, por consiguiente, opuesto a cualquier atisbo de humanismo. Una base económica que es una máquina perfectamente engrasada de generación de desigualdad social, que en el mandato de Biden, esta desigualdad no solamente creció entre clases sociales sino también, dentro de la clase obrera, entre generaciones. En 2024, en EEUU el 10% más rico poseía el 71% de la riqueza del país y, el 50% más pobre únicamente poseía el 1% de la riqueza. Un país que tiene más de 50 millones de pobres de solemnidad, y 26 millones de personas sin seguro médico ni derecho a atención sanitaria alguna.

Al resultado social catastrófico del imperialismo estadounidense para con el proletariado en dicho país, hay que añadir la inviabilidad de esa base económica criminal, como lo atestigua que EEUU tiene una deuda externa, con entidades financieras y estados que no son los EEUU, de 37 billones de dólares, de los que 9,2 billones vencen antes del 31 de diciembre de 2025, unido a la deuda “no financiada”, o lo que es lo mismo cuyos acreedores son ciudadanos o entidades estadounidenses, que asciende a 104,6 billones de dólares. Una deuda no solo impagable, sino que acredita que EEUU es un estado económicamente en situación de quiebra, de default económico.

En este escenario, Trump, lejos de solventar absolutamente nada, viene a seguir profundizando este declive imperial, pretendiéndolo solventar con su “principio” de “la paz mediante la fuerza” – acuñado originariamente por el criminal Ronald Reagan – que, como bien señala el canciller cubano Bruno Rodríguez, “es una doctrina imperialista que intenta imponer el terror, el armamentismo y la desestabilización mundial como medida para intentar sostener la debacle hegemonista de EEUU”.

Trump lo que ha hecho desde que retornó a la presidencia estadounidense es agredir a la clase obrera, violar las propias leyes burguesas del estado estadounidense y del derecho internacional, saquear lo máximo posible a los pueblos del mundo y, como no podía ser de otra forma, hacer campos de exterminio, deportaciones, azuzar el racismo, apoyar la guerra imperialista y el genocidio contra el pueblo palestino, en definitiva, transitar por el único sitio que le queda a EEUU en su declive imperial, el fascismo.

Resulta que el hacer América grande otra vez (MAGA) de Trump es hacer campos de concentración para obreros inmigrantes custodiados por serpientes venenosas y caimanes – Alcatraz Alligator -, realizar deportaciones, incluso de ciudadanos estadounidenses, al campo de exterminio yanqui en el que Bukele ha convertido El Salvador, ajustarles cuentas a las universidades estadounidenses, provocar una fuga de conocimiento del país, recortar la plantilla federal de funcionarios públicos, recortando la capacidad de recaudación de impuestos, fundamentalmente a los ricos, tratar de liquidar la seguridad social y reducir la financiación médica, cuestiones todas estas que ya han tenido un efecto importante, la salida de un gran número de científicos de EEUU hacia Europa, fundamentalmente.

El fascismo de Trump es un poder con pies de barro. A nivel interno la política de Trump se ha erosionado de manera notable, por un lado, la clase obrera – y sobre todo su sector latino sobre el que pende la amenaza de la deportación – en los diferentes estados se moviliza en contra del autoritarismo de Trump, así como contra su política belicista, sus deportaciones y una depauperación aun mayor de las condiciones de vida del proletariado, que unido a una sanidad aún peor para la mayoría, hacen que se sucedan brotes de enfermedades que pensábamos desaparecidas como, por ejemplo, el sarampión que se llevan por delante la vida de centenas de miles de obreros estadounidenses. En términos económicos, el crecimiento del PIB en el primer trimestre se contrajo, se evaporaron miles de millones de dólares de empresas estadounidenses como consecuencia de la política de aranceles, que los grandes capitalistas de EEUU obligaron a demorar, cuando no revertir, dicha política económica que lastraba los intereses de sus propios monopolios. A todo ello hay que añadirle la deuda que mencionábamos anteriormente, la necesidad de una reestructuración o refinanciación de la deuda a corto plazo, en un estado que, en términos fiscales, recauda menos como consecuencia de las políticas impositivas de Trump de rebajar los impuestos, fundamentalmente, a los más ricos que ya de por sí pagaban pocos impuestos, que conducen inexorablemente al proletariado estadounidense a la confrontación abierta con el estado si quiere subsistir.

A tenor de todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  • Trasladar nuestro internacionalismo proletario y apoyo a la clase obrera en Norteamérica y a las movilizaciones que está desarrollando contra el fascista Trump y sus políticas reaccionarias. Unas movilizaciones donde cada vez hay más banderas rojas y hoces y martillos en un estado que lleva un siglo sembrando el anticomunismo.
  • Trasladar nuestro apoyo y solidaridad internacional al movimiento comunista estadounidense, a su unidad, condición necesaria para que el proletariado en Norteamérica pueda cumplir con su misión histórica: Derrocar el estado imperialista estadounidense, abolir el capitalismo y construir un estado socialista que otorgue todo el poder al proletariado y desarrolle el socialismo.
  • EEUU es el mayor enemigo que la humanidad tiene hoy y, consecuentemente, hacemos un llamamiento al proletariado en nuestro país a combatirlo así como combatir a las marionetas imperialistas que esta potencia tiene en el estado español, y sus alianzas criminales, empezando por la salida del estado español de la organización criminal OTAN y combatiendo sin cuartel al fascismo – que EEUU fortalece a nivel planetario – y trabajando por la organización revolucionaria del pueblo para abolir el capitalismo en el estado español.

 

Madrid, a 12 de julio de 2025

III PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del III Pleno Comité Central del Partido Comunista Obrero Español sobre la situación del proletariado

El proletariado a nivel mundial sufre cada día más los colmillos del capitalismo apretando cada vez más sus carnes. Los pocos derechos que la burguesía cedió con tal de rebajar la concienciación de los trabajadores en el pasado están siendo arrancados a pasos agigantados, el notorio “estado de bienestar” está herido de muerte quedando cada vez más como un mito del pasado y las pensiones, sanidad o educación públicas ya no existirán para el proletariado en activo actual y el futuro, de seguir por la senda impuesta por el capitalismo en su fase de putrefacción.

Está totalmente patente que la clase trabajadora no tiene ni el presente ni el futuro asegurado bajo este sistema, el cual sólo le puede ofrecer guerra, enfermedad y muerte, resumiendo, barbarie. Ante esta situación desoladora el proletariado no está agachando la cabeza en sumisión y desesperanza como nos quieren hacer creer los medios burgueses, las luchas obreras están surgiendo alrededor de todo el mundo y están plantando cara. Ante esto la mayor defensa del sistema no son sus fuerzas armadas ni su constante represión, si no los oportunistas y demás agentes burgueses como ya se recogió en el artículo del partido No faltan luchas obreras, ¡sobran traidores!”.

Estos avances combativos de la clase son cambios cuantitativos lógicos ante la situación de bancarrota total del sistema capitalista en su fase imperialista, pero para llegar a buen puerto se necesita de un salto cualitativo y ese no es otro que la construcción del Partido Comunista que le acompañe, guíe y le dote de armas para enfrentar a la burguesía en todos los ámbitos. Es labor de los comunistas el hacerle llegar la ciencia del marxismo a las masas y dotarlas de la conciencia necesaria para arrancarlas de las manos del oportunismo para que pueda cumplir su misión histórica.

ANTE TODO ESTO, EL III PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL RESUELVE:

 

  1. Hay que hacer llegar a la clase obrera un análisis científico, marxista-leninista, sobre su situación y el desarrollo de las distintas luchas obreras.
  2. Concienciar a la clase obrera sobre la necesidad de superar el capitalismo y construir el socialismo, así como ensanchar al Partido con la parte más consciente del proletariado, condición necesaria para que nuestra clase social disponga la única arma efectiva en la defensa de nuestros intereses y aspiraciones clasistas frente al capitalismo, la burguesía y los traidores que tiene ésta a su servicio.
  3. El proletariado se pertrecha en movimiento, luchando a muerte ante los oportunistas, fascistas y demás agentes burgueses que habitan en el movimiento obrero e inoculan la ideología burguesa que conduce al proletariado a la desorganización, atomización y alienación.

 

Madrid, a 12 de julio de 2025

III PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Resolución del III Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español contra la UE y la OTAN

El pasado mes de junio se celebró la Cumbre de la OTAN en Bruselas que sirvió para retratar, nuevamente, el lacayunismo de los estados miembros de la UE a los EEUU, de quien son subalternos. El chantaje norteamericano de imponer aranceles a Europa era la llave para forzar una transferencia de la práctica totalidad del 5% de los PIB de los países europeos hacia la industria militar norteamericana para 2035. Al final todos los países de la OTAN, incluso España, han pasado por el aro norteamericano, por más que diga Pedro Sánchez lo contrario, ya que España ha firmado la Declaración de La Haya que dice “los Aliados se comprometen a invertir el 5 % de su PIB anualmente en necesidades básicas de defensa, así como en gastos relacionados con la defensa y la seguridad, para 2035, a fin de garantizar nuestras obligaciones individuales y colectivas, de conformidad con el Artículo 3 del Tratado de Washington”, sin excepción alguna para España.

Medida que, según reconoce el propio Pedro Sánchez, significa “Pasar del 2% al 5% de aquí al año 2035 exigiría gastar unos 350.000 millones de euros adicionales, que solo podrían conseguirse a base de subirle a cada trabajador y trabajadora los impuestos en unos 3.000 € anuales; eliminar las prestaciones por desempleo, enfermedad y maternidad; reducir en un 40% todas las pensiones, o recortar a la mitad la inversión estatal en educación“. ¡Eso es en lo que está Europa, robar y masacrar al proletariado para enriquecer a EEUU y su industria militar que es adónde irá la práctica totalidad de ese 5% del PIB de los estados miembros de la OTAN! Con esto está todo dicho sobre lo que es la UE, donde fascistas, conservadores, liberales y socialdemócratas abrazan y consensuan las mismas políticas antiobreras demostrándose que todos son iguales de burgueses y de enemigos del proletariado.

Rusia es el argumento magro de los imperialistas norteamericanos, y sus siervos europeos, mejor dicho, la excusa, para empobrecer y someter más al proletariado en los países de la UE, para transferir más rentas desde el proletariado hacia los capitalistas, a costa de incrementar los impuestos a los trabajadores y eliminar subsidios, prestaciones y servicios públicos – o lo que es lo mismo, salario indirecto de la clase obrera -. El salario directo del proletariado se va recortando con el desarrollo tecnológico, que empujará a millones de obreros al paro forzoso y hará que las condiciones de los trabajadores bajen todavía más, empezando por los salarios que serán los grandes sacrificados junto con las pensiones públicas y el empleo.

La guerra de Ucrania ha servido para que los imperialistas europeos liquidaran la industria – fundamentalmente en Alemania – puesto que el encarecimiento del combustible liquida completamente la competitividad de la industria europea en comparación con los países BRICS. Sirvió para tirar los salarios reales por la vía de que la inflación la paguemos íntegramente los obreros pasando a los bolsillos de los empresarios que han engrosado sus beneficios gracias a ello.

El imperialismo norteamericano y sus asociados, o esbirros, se encuentran en un franco declive, por ello no tienen otro camino para sobrevivir que la militarización de la economía y el fascismo para reprimir sin piedad al proletariado.

A tenor de todo ello, el Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  1. Exigir la inmediata salida del estado español de la Unión Europea y de la OTAN.
  2. Movilizar a la clase obrera contra la UE y la OTAN, organizaciones que son un peligro para el proletariado en Europa y en el mundo.
  3. Denunciar el oportunismo de todas aquellas organizaciones mal llamadas comunistas y obreras que de verbo dicen estar contra la OTAN y de hecho sirven al imperialismo, son gestores del capital financiero y son fieles lacayos tanto de la UE como de la OTAN, descollando al respecto el PCE, partido que desde el gobierno del estado español, acepta íntegramente la UE y la OTAN y con su concurso en el gobierno, éste ha incrementado como nunca el gasto militar y las aportaciones del Estado español a la organización criminal que es la OTAN.

 

Madrid, a 12 de julio de 2025

III PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)