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La finaciarización de la economía y sus consecuencias para la clase obrera

La financiarización constituye la fase avanzada del capitalismo, en su fase imperialista y putrefacta, en la que el capital financiero adquiere una posición dominante sobre el capital productivo. La obtención de beneficios deja de depender principalmente de la producción de bienes y servicios para basarse cada vez más en la especulación, la compraventa de activos financieros y la apropiación de rentas. Este proceso profundiza las contradicciones del sistema capitalista y acentúa la subordinación de la economía real a los intereses de los grandes grupos financieros.

Los fondos de inversión, los fondos de cobertura y otros grandes actores financieros concentran enormes volúmenes de capital que circulan por los mercados internacionales en busca de la máxima rentabilidad a corto plazo. Su capacidad para influir sobre el precio de la vivienda, la energía, los alimentos, las materias primas o la deuda pública convierte necesidades básicas y sectores estratégicos en simples activos financieros. El resultado es una creciente inestabilidad económica y una mayor dependencia de decisiones tomadas por entidades que no producen riqueza material, sino que obtienen beneficios mediante la intermediación financiera y la especulación.

Los comunistas sabemos que este fenómeno corresponde al predominio del capital financiero descrito por Lenin en su análisis del imperialismo, “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917). En su obra describe la fusión entre el capital bancario y el capital industrial, que da lugar a una oligarquía financiera que condiciona las políticas económicas de los Estados y orienta la producción hacia los intereses de los grandes monopolios. La acumulación deja de estar guiada por las necesidades sociales para responder exclusivamente a la rentabilidad del capital. Es el dominio del valor de cambio, rentabilidad y especulación, sobre el valor de uso, necesidad social.

En este escenario, el predominio del capital financiero sobre el productivo favorece dinámicas inflacionistas. Cuando una parte creciente del capital se dirige hacia la especulación en lugar de invertirse en ampliar la capacidad productiva, la producción de bienes y servicios crece a un ritmo inferior al de la expansión del crédito, la liquidez y los activos financieros. Esto desemboca en la inflación que vivimos en la actualidad al respaldarse la misma producción por una masa monetaria más elevada. Al mismo tiempo, la especulación sobre bienes esenciales eleva sus precios, trasladando esos incrementos al conjunto de la economía. Por eso, esta inflación no se explica únicamente por factores monetarios o por desequilibrios coyunturales entre oferta y demanda, sino por la creciente capacidad del capital financiero para imponer rentas extraordinarias para beneficios privados y trasladar los costes al conjunto de la sociedad que es la clase obrera.

La consecuencia es una economía cada vez menos orientada a la producción y al trabajo, y más dependiente de la valorización del capital financiero. Mientras la productividad y los salarios reales avanzan lentamente o incluso retroceden, los beneficios derivados de la especulación y de la posesión de activos aumentan de forma desproporcionada, ampliando las desigualdades sociales y debilitando el tejido productivo. A la vez, esta hegemonía del capital financiero también modifica la relación entre el Estado y el gran capital. Las instituciones públicas pasan a garantizar la estabilidad de los mercados financieros, el rescate de entidades consideradas “demasiado grandes para caer” y el pago prioritario de la deuda, incluso a costa del deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la clase obrera. La democracia liberal queda así condicionada por los intereses de una minoría parásita y propietaria de los principales instrumentos financieros.

En este marco, aparece el fascismo que representa la forma política que adopta el capitalismo cuando sus contradicciones alcanzan un grado crítico y las clases dominantes buscan preservar el poder del gran capital frente al avance de las organizaciones de la clase obrera. En este escenario, el fascismo es la dictadura al servicio del capital monopolista y financiero, utilizando el nacionalismo extremo, el racismo, la represión y la eliminación de derechos democráticos para garantizar la continuidad de la acumulación capitalista. En este sentido, la estrecha relación entre el Estado autoritario y las élites financieras constituyen la expresión más acabada del dominio del capital financiero.

Frente a este modelo, el comunismo plantea la subordinación de las finanzas a las necesidades de la producción y del conjunto de la sociedad. La banca pública, el control democrático del crédito, la planificación y centralización económica y la socialización de los sectores estratégicos permitirían dirigir la inversión hacia la industria, la investigación, la vivienda y liberar al empleo de la ley del salario, por traer sólo algunos ejemplos, sustituyendo la lógica de la especulación por la satisfacción de las necesidades colectivas.

La antítesis de la financiarización es la dictadura del proletariado que manda al estercolero de la historia el dominio del capital financiero sobre el productivo, esto es, el fascismo. Y es fascismo porque su dominio, el del capital financiero, lleva las contradicciones del sistema económico hasta su máximo exponente y solo puede defenderse por la violencia franca y abierta contra la clase obrera que produce y representa el capital productivo. Desde el PCOE preparamos la herramienta política para la superación de la financiarización, el partido marxista-leninista, que no constituye únicamente una reforma económica, sino una transformación estructural de las relaciones de producción. El objetivo es desplazar el poder de la oligarquía financiera y situar el control de la economía en manos de la clase obrera, de modo que la riqueza producida socialmente deje de servir a la acumulación privada y pase a responder a los intereses de los verdaderos productores de la riqueza social, la clase obrera.

 

¡El capital especulativo destruye, el trabajo construye!

¡Socialismo para producir, repartir y vivir con dignidad!

¡Frente a la dictadura de los mercados, dictadura del proletariado!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La socialdemocracia como ala izquierda del fascismo

Cuando el actual Gobierno llegó al poder, se presentó como “el Gobierno más progresista de la historia”. Entre sus grandes promesas figuraba la derogación de la Ley Mordaza, una de las herramientas más represivas heredadas del ciclo político anterior y utilizada durante años para perseguir la protesta social cuando, debido al expolio extremo de la burguesía, la lucha de la clase obrera tomó mayor temperatura para sancionar la libertad de expresión y reforzar el control policial sobre la clase obrera y los movimientos populares.

Sin embargo, tras siete años de legislatura en dos episodios, la realidad es tozuda e incontestable, la Ley Mordaza continúa vigente. A pesar de las mayorías parlamentarias y de las innumerables declaraciones públicas, el Gobierno ha sido incapaz, o más bien no ha querido, acabar con una norma que representa uno de los mayores ataques a las libertades democráticas de las últimas décadas.

Desde nuestra óptica revolucionaria, este fracaso no puede entenderse como una simple falta de voluntad política o un desacuerdo parlamentario. Responde a la propia naturaleza de la socialdemocracia como gestora del Estado burgués. Su función histórica no consiste en transformar las estructuras de poder, sino en administrarlas, preservando la estabilidad del sistema capitalista incluso cuando ello implica mantener mecanismos represivos.

En su obra “¿Qué es el fascismo y cómo combatirlo?” (1935), Georgi Dimitrov sostiene que el fascismo constituye la dictadura terrorista abierta de los sectores más reaccionarios del capital financiero. Es el dominio irrestricto del capital financiero por encima del productivo. Desde esta tradición política, los comunistas hemos interpretado que la socialdemocracia desempeña el papel de ala izquierda del mismo orden burgués. Mientras el fascismo recurre a la violencia abierta cuando el sistema entra en crisis, la socialdemocracia busca preservar ese mismo sistema mediante el consenso, las reformas limitadas y la desmovilización de la clase obrera.

Bajo esta interpretación, la permanencia de la Ley Mordaza no es una anomalía, sino una consecuencia lógica. Quien acepta las reglas del Estado capitalista termina administrando también sus instrumentos de coerción. Las promesas de derogación quedan subordinadas a la necesidad de garantizar la estabilidad institucional y proteger los intereses de la clase dominante, la burguesía. Cada sanción impuesta a un piquete, cada multa a una manifestación y cada restricción al derecho de protesta evidencian que el aparato represivo del Estado permanece intacto. Cambian los gobiernos y los discursos, pero las herramientas de control continúan disponibles para ser utilizadas contra quienes cuestionan el orden establecido.

La experiencia vuelve a demostrar que la conquista de las libertades democráticas no puede confiarse a quienes administran el capitalismo con un lenguaje progresista. Solo la organización independiente de la clase obrera y la construcción de un poder político propio pueden garantizar la eliminación efectiva de las leyes represivas y de las estructuras que las hacen posibles.

La Ley Mordaza sigue vigente. Y con ella cae otra promesa del llamado “Gobierno más progresista de la historia”. Una promesa incumplida que, para el movimiento comunista, confirma, una vez más, la tesis de Dimitrov de que la socialdemocracia no rompe con el Estado burgués, sino que contribuye a su conservación, incluso cuando ello supone mantener intactos sus mecanismos de represión.

Porque en toda la historia ningún derecho ha sido un regalo del poder sino una conquista. Las libertades se conquistan organizando a la clase obrera, fortaleciendo al partido comunista y construyendo una alternativa revolucionaria frente a un sistema que necesita la represión para perpetuarse. Frente a las promesas incumplidas de la socialdemocracia, no hay otra herramienta que la organización, la conciencia de clase y la dictadura del proletariado. Para conquistarlo, el PCOE te llama a unirte a sus filas.

 

¡Contra la represión del capital, organización y lucha!

¡Ni represión, ni promesas vacías; organización y socialismo!

¡Todo el poder para la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Ceuta, el imperialismo norteamericano y la extrema derecha

El pasado día 30 de julio, según el Ministerio del Interior, en torno a 50.000 personas entraron en Ceuta desde Marruecos, de los que, al menos, 57 han muerto. Nuevamente, la corrupta monarquía marroquí, títere del imperialismo norteramericano y del genocida estado fascista de Israel, no vaciló en utilizar a su pueblo en la defensa de los intereses geopolíticos de la reacción mundial de dichas potencias criminales, organizando esta avalancha de decenas de miles de seres humanos hacia Ceuta. Nuevamente, los imperialistas norteamericanos, y sus esbirros, utilizan la migración para ajustar cuentas y para esparcir el veneno fascista de la antiinmigración y del racismo, al objeto de fortalecer las posiciones reaccionarias.

Las reacciones internacionales a este hecho definen con nitidez la génesis de esta acción contra las fronteras del estado español y los fines inmediatos que persigue, como intervenir en el proceso electoral español y erosionar al gobierno de Sánchez, al que le pasa factura por su posición ante la guerra contra Irán y su posición crítica – más de palabra que de hechos – contra el genocidio israelí, abonando el terreno para un cambio hacia un gobierno todavía más colaboracionista con la potencia imperialista norteamericana que el de Sánchez, ya sumiso, conformado por las fuerzas abiertamente fascistas del Estado español. En este sentido, son clarificadoras la posición de Trump respecto de este ataque geopolítico responsabilizando a “las políticas globalistas de extrema izquierda” del gobierno de Sánchez con respecto a la inmigración. Políticas de extrema izquierda que, por otro lado, a excepción de fascistas como Trump y sus esbirros locales reaccionarios como PP y VOX nadie ve. Rápidamente reaccionó también el gobierno fascista italiano, tanto Meloni, como Tajani y Salvini, junto también al gobierno fascista finlandés ferviente defensor de la guerra contra Rusia, salieron rápidamente a pedir la exclusión del espacio Schengen al Estado español. Por otro lado, miles de bots sionistas en las redes sociales amplificaban la posición del fascista estado de Israel, manifestada por su embajador ante la ONU, Danny Danon, señalando que “España, que nunca pierde la oportunidad de dar lecciones a Israel, ha declarado estado de emergencia en Ceuta tras la crisis por su política de inmigración (…) Quizás antes de que continúe dándonos lecciones, sea hora de que explique al mundo por qué aún mantiene enclaves coloniales en África”, censurando las críticas realizadas por el gobierno español al exterminio que el sionismo está haciendo en la Palestina ocupada por su gobierno fascista contra el pueblo palestino.

EEUU lleva más de un siglo injiriéndose en los asuntos de los estados, confrontándolos y haciendo todo tipo de tropelía contra los pueblos, a lo que saquea de manera inmisericorde y los divide. Lo acontecido el pasado jueves debe circunscribirse en dicha política, la misma que hace que haga fraude electoral en Perú o en Colombia, que lo esté tratando de realizar con toda la intensidad en Brasil, que directamente secuestre a un presidente elegido democráticamente como Nicolás Maduro en Venezuela, etcétera, al objeto de instalar a validos fascistas encargados de aplicar la política exigida por la cohorte de fascistas del gobierno norteamericano. Constituyendo estas injerencias un frente más en la guerra interimperialista que EEUU desarrolla contra las potencias BRICS, y fundamentalmente contra China.

La monarquía marroquí, corrupta hasta el tuétano y criminal desde siempre, ha sido un instrumento geopolítico al servicio del imperialismo norteamericano al objeto de controlar la zona del norte de África y contrarrestar, primero a la URSS y, actualmente, el desarrollo de los BRICS en la zona. Hassan II, “hermano” del Borbón colocado a dedo por Franco, iguales de corruptos e iguales de anticomunistas, sostenido tanto por EEUU como por Francia, a cambio de ser el esbirro norteamericano en el Magreb, de tal modo que  EEUU siempre le ha proporcionado inteligencia y apoyo militar, sobre todo con respecto del Sáhara Occidental, respaldando a la satrapía marroquí en la Marcha Verde, en la represión contra el pueblo saharaui llegando a 2020, ya bajo el reinado del actual monarca alauí, donde bajo el gobierno del pedófilo Donald Trump, EEUU definió su posición respecto del Sáhara Occidental reconociéndolo como una autonomía marroquí y, consecuentemente, reconociendo la soberanía marroquí sobre dicho territorio, contraviniendo el estatus jurídico del Sáhara Occidental como territorio no autónomo pendiente de descolonización siendo el pueblo saharaui quien debe definir su futuro bajo el derecho a la libre autodeterminación, que el imperialismo norteamericano y su esbirro marroquí niegan. Como contrapartida a este posicionamiento norteamericano, Marruecos e Israel firmaron los Acuerdos de Abraham por los que el país alauita reconoce al estado genocida de Israel y establece relaciones plenas con dicho estado; un estado de Israel que asesora a Marruecos en cómo reprimir al pueblo saharaui.

Unos pactos de Abraham y la soberanía marroquí contra el Sáhara, asumida por el gobierno reaccionario de Biden que tanto agradaba a Yolanda Díaz e Irene Montero, y que vergonzosamente fueron reconocidos por el Gobierno de PSOE/PCE/IU/PODEMOS, vendiéndose a EEUU, a su fascismo, a la satrapía marroquí y traicionando al pueblo saharaui. Dicha traición perpetrada por Pedro Sánchez al Sáhara Occidental está siendo pagado actualmente tanto por EEUU como por el corrupto estado marroquí de esta manera, desestabilizando su gobierno y erosionándolo todavía más utilizando sin miramientos a decena de miles de personas a los que ha lanzado contra la frontera española en Ceuta. Y es que ya se sabe, Roma no paga a traidores.

A todo lo mencionado, debe añadirse como otro detonante de esta agresión marroquí-norteamericana-israelí contra la frontera española de Ceuta los acuerdos firmados entre España y Argelia el pasado 20 de julio para incrementar el suministro de gas natural a través del gasoducto Medgaz, el cual no pasa por territorio marroquí viajando directamente desde Argelia no teniéndose que pagar peaje a la corrupta monarquía marroquí, e incrementando el suministro de gas natural licuado desde Argelia hacia España a través de barcos de tal modo que hace que el estado español no tenga que pagar a Marruecos peajes y consigue un proveedor gasístico seguro, cosa que no interesa a EEUU.

La reacción mundial liderada por EEUU e Israel ya está interviniendo en la precampaña electoral, tratando de debilitar al gobierno de Sánchez y fortalecer a la oposición fascista de PP-VOX, los mismos que aplauden al fascista cipayo de Milei al que consideran como referencia para el Estado español indicando que van a hacer aquí lo mismo que Milei está haciendo en Argentina: facilitar los despidos, condenar a morirse de hambre y apalear a los jubilados, robarles las prestaciones y los tratamientos a los discapacitados, regalar la tierra y la riqueza natural a los capitales extranjeros, entregar la Patagonia a los sionistas, ilegalizar el derecho a la huelga, reprimir sin miramientos a la clase obrera, condenar al hambre al pueblo, etcétera. Sin duda, el gobierno de Sánchez es un gobierno colaboracionista con EEUU, pero el imperialismo norteamericano en su debacle no requiere de colaboracionismo, requiere de un entreguismo total y sin reservas, que es lo que sin duda harán Abascal y Feijóo cuya única patria es su bolsillo y el de sus amos, auténticos verdugos del pueblo español.

Los fascistas españoles han demostrado, nuevamente, lo que han sido siempre, ser unos traidores al servicio de la reacción mundial, abrazando a aquellos que persiguen que el estado español sea colonia norteamericana para garantizar sus migajas, sus privilegios a costa de la vida del proletariado. La socialdemocracia también ha demostrado su faz vacilante, siempre colaboracionista con la reacción y, prueba de ello, fue ir de la mano de los fascistas en la miserable resolución acordada por la Permanente de la Asamblea de Ceuta exigiendo la declaración de emergencia nacional, movilizar al Ejército y cerrar la frontera, esto es, emplear la represión no contra los responsables de dicha agresión – el estado marroquí y sus aliados norteamericano e israelí – sino contra un pueblo al que han lanzado contra la frontera y utilizado.

Esta agresión ha mostrado cómo el Jefe del Estado, el Borbón, ha estado bien escondido ante el movimiento de la reacción internacional contra el Estado del que ostenta la jefatura, callando y otorgando a los reaccionarios con los que realmente está alineado. También esta agresión ha mostrado qué clase de “aliados” tiene el Estado español tanto en la OTAN como en la UE, auténticas alimañas que no han dudado en arremeter contra su aliado español demostrándose la necesidad inmediata de salir de la OTAN (desmantelando las bases militares norteamericanas en suelo español) y de la UE, así como de las guerras imperialistas en las que hoy está inmersa apoyando a la potencia criminal norteamericana.

El actual gobierno del Estado español está mucho más cerca de Trump, de la extrema derecha, que de la izquierda pues, si fuera mínimamente de izquierda y decente, debería de ponerse a la cabeza por la emancipación del Sáhara Occidental y el reconocimiento inmediato de la República Árabe Saharaui Democrática y el establecimiento inmediato de relaciones bilaterales con dicha República Árabe Saharaui.

El proletariado del estado español y de las naciones que lo conformamos comprobamos la faz criminal y cipaya de la extrema derecha, la inutilidad de la socialdemocracia y del oportunismo que siempre está a remolque de la reacción y al servicio del gran capital monopolista, no atendiendo a las necesidades de la clase obrera para poder tener una vida digna y de emancipar realmente al estado español, el cual forma parte del patio trasero norteamericano y, como tal, le crean crisis como la creada en Ceuta, interfiere empleando a la judicatura en casos de lawfare, al igual que hace EEUU en países de Latinoamérica y, que no le quepa duda ni al proletariado ni al oportunismo traidor que hoy cogobierna bochornosamente con la socialdemocracia que interferirá – de hecho ya lo está haciendo – y manipulará las elecciones que se realizarán, en principio, el próximo año de la misma manera que lo ha hecho en Perú, Colombia, Honduras o que lo hizo en Argentina.

La única manera de que los trabajadores en el estado español podamos conquistar una vida digna, de que se puedan resolver las contradicciones nacionales existentes dentro del estado español y construir un auténtico estado unido de obreros libres, pasa por conquistar la verdadera independencia de las naciones que conforman el estado, por la unión libre de estas bajo los principios políticos e ideológicos del socialismo científico, de la unidad de la clase por encima de todo, de la dictadura del proletariado construyendo una República Socialista que es la única forma de dejar de ser colonia norteamericana, que de facto somos desde que concluyó la II Guerra Mundial, ya que nuestro pueblo está despojado de los medios de producción y de la riqueza del país que la poseen y disfrutan el capital foráneo, fundamentalmente el norteamericano, entregados por una burguesía nacional integrada en dicho capital internacional y por sus gestores políticos –  PP, PSOE, VOX, Junts, IU/PCE/Sumar, PODEMOS,… – que no han dudado en servir al  imperialismo norteamericano y entregar nuestras riquezas sacrificando la vida de los obreros  en el estado español. Liberemos nuestro país, socialicemos todos los medios de producción y pongamos la riqueza en manos de la clase obrera, del pueblo trabajador, al servicio de la Revolución en el Estado español y de la Revolución Proletaria Mundial.

 

¡ROMPAMOS LA CADENA IMPERIALISTA, POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

¡ABAJO EL FASCISMO!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO, POR LA INTERNACIONAL COMUNISTA PARA LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL!

Madrid, 1 de agosto de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Capitalismo y soberanía alimentaria

Uno de los temas candentes que enfrenta la clase obrera es el aumento indiscriminado del precio de la cesta de la compra. Se calcula que uno de cada cinco niños en el Estado español sufre pobreza alimentaria. En este artículo vamos a desenmascarar las estrategias que facilitan la especulación con este derecho básico y nos centraremos en la agricultura. La agricultura atraviesa una crisis que va mucho más allá de la producción de alimentos. Cada año desaparecen miles de pequeñas explotaciones mientras la tierra, la distribución y los beneficios se concentran en manos de un número cada vez menor de grandes empresas. El resultado es un modelo que expulsa a quienes trabajan en el campo, encarece los alimentos para la población y subordina un derecho básico como la alimentación a la lógica del beneficio privado. Es la lógica del sistema capitalista que sólo puede dirigirse al monopolio, a proletarizar a las masas obreras y a convertir todo en mercancía, incluso los derechos básicos como la alimentación, la vivienda, la sanidad, etc.

La concentración de la propiedad agraria es uno de los principales problemas del sector. Grandes fondos de inversión, empresas agroindustriales y propietarios con enormes extensiones de tierra acumulan enormes recursos, mientras los pequeños agricultores encuentran enormes dificultades para acceder a la tierra, al crédito o a precios justos para sus productos. La especulación convierte la tierra en un activo financiero en lugar de un bien social destinado a producir alimentos.

A esta realidad se suma el enorme poder de las grandes distribuidoras. Mientras el agricultor recibe una parte mínima del precio final, los márgenes aumentan a lo largo de la cadena comercial, perjudicando tanto a quienes producen como a quienes consumen. En este contexto, un reducido número de cadenas de supermercados concentra la mayor parte de la comercialización alimentaria y utiliza su posición dominante para imponer precios de compra cada vez más bajos a los productores. La consecuencia es una pérdida constante de soberanía alimentaria. Los territorios dependen cada vez más de importaciones, monocultivos orientados a la exportación y cadenas logísticas globales vulnerables. Se abandona la producción local de alimentos básicos mientras crece la dependencia de grandes corporaciones capaces de decidir qué se produce, dónde se produce y a qué precio llega a la mesa. Es el fin de la libre competencia que enarbolan como motor principal del sistema capitalista sus defensores y pasan a un modelo productivo centralizado y planificado que corresponde a unas relaciones de producción más elevadas, las socialistas, con el único escollo de que éstas no se orientarán al lucro privado, como el caso que enfrentamos, sino a la necesidad social. Por eso, a la clase obrera no le queda otro recurso que expropiar los medios de producción para ponerlos al servicio de su clase.

La clase obrera debe organizarse para romper la lógica de la mercantilización y de la apropiación privada del trabajo social por métodos revolucionarios. Otras medidas solo pueden ofrecer soluciones parciales mientras el sistema económico continúe organizado en torno al beneficio privado. La concentración de la propiedad y del poder económico no es una anomalía, sino una consecuencia lógica del capitalismo.

Desde el PCOE planteamos socializar los grandes medios de producción y distribución alimentaria, impulsar una planificación democrática de la agricultura orientada a las necesidades sociales y no al beneficio empresarial, garantizar el acceso universal a una alimentación saludable mediante una radical reforma agraria y proteger el trabajo agrícola mediante formas de propiedad colectiva y cooperativa. La tierra debe cumplir una función social, los alimentos deben ser un derecho y la producción agrícola debe organizarse democráticamente por quienes trabajan en el campo y por la sociedad en su conjunto.

Solo superando un modelo basado en la acumulación privada será posible construir una verdadera soberanía alimentaria, donde producir alimentos deje de ser un negocio para convertirse en un derecho de la clase obrera.

 

¡La tierra no es una mercancía!

¡Por la soberanía alimentaria, derribemos el capitalismo!

¡Socializar la tierra es garantizar el pan!

¡Por la reforma agraria!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Imperialismo, religión y fascistas españoles. ¡Rompamos los grilletes de la opresión!

La lucha de clases se da en todos los ámbitos de la vida, esto es, en el ámbito económico, político e ideológico, preponderando este último en el momento histórico actual de capitalismo agonizante y putrefacto.

Los capitalistas siempre han llevado, y siguen llevando, a rajatabla la lucha de clases y, fundamentalmente, la lucha ideológica contra el proletariado, que es la lucha ideológica contra el marxismo-leninismo. Ello se constata en el anticomunismo profesado, de manera permanente, por todos los medios de manipulación de masas del capital – desde los medios de comunicación de masas hasta los sistemas educativos que imponen al proletariado para que asuma como natural la barbarie capitalista – así como por la pertinaz acción represiva contra nuestra clase social, tanto en el aspecto físico como en el espiritual.

El pasado 4 de julio, el fascista de Trump hacía una disertación anticomunista equiparando al comunismo con un cáncer que hay que extirpar, refiriéndose a la situación interna que están viviendo los EEUU. El pedófilo de la Isla de Epstein que preside el Estado norteamericano, genocida, es sabedor que el comunismo es su negación y, por ello, trata de atemorizar al proletariado con respecto del comunismo que jamás ha regido, por ejemplo, en los EEUU y, para ello, enarbola la bandera del anticomunismo, esto es, la batalla ideológica para que el proletariado repudie su ideología emancipadora y asuma la ideología burguesa que le niega la vida, que le convierte en un objeto, en algo todavía más insignificante que la propia cosa, con menos valor que la propia mercancía.

En esta lucha ideológica la burguesía no escatima en propagar el idealismo entre el proletariado, que es sinónimo de combatir al marxismo-leninismo en tanto el idealismo es la negación de la filosofía materialista.

La burguesía, para someter al proletariado, necesita todo un andamiaje de opresión, del monopolio de la violencia – tanto física como mental – que garantice la pervivencia de la propiedad privada sobre los medios de producción, la persistencia de la base económica capitalista. La base económica capitalista eleva una superestructura burguesa con la que la clase hegemónica trata de perpetuar su dominación. Tanto las leyes, la moral como la religión forman parte de la superestructura burguesa y atienden a los intereses de la clase dominante, en este caso de la burguesía.

La burguesía, acatando de hecho la certeza de la filosofía marxista, comprende a la perfección que debe actuar sobre la percepción de la realidad objetiva, sabedora de lo exacto de la teoría del reflejo, de que lo único cierto, la única verdad, es la realidad objetiva. Y que, actuando con todo su arsenal propagandístico e ideológico sobre la clase obrera, la burguesía le creará al proletariado la interpretación de dicha realidad objetiva, la cual desvirtúa, al objeto de que el proletariado interprete el reflejo de la realidad objetiva no en base a la realidad, a sus intereses como clase, sino en base a los intereses de la clase dominante, de la burguesía, alienando de hecho a la masa proletaria.

Curiosamente, la misma burguesía ascendente que desarrolló durante décadas el materialismo en su lucha contra el Antiguo Régimen para imponer el capitalismo y acabar con el feudalismo y el poder fundamentado en la religión, véase el materialismo inglés, siglos XVI y XVII, el materialismo francés, siglos XVII y XVIII o el materialismo alemán en los siglos XIX y XX; ahora en su fase putrefacta, en su fase terminal, reaviva la religión en el siglo XXI para sostener el capitalismo monopolista y seguir sometiendo al proletariado alienado como consecuencia de una base económica criminal que lo despoja como ser humano de su esencia creadora y consciente y lo convierte en objeto.

El pasado día 3 de mayo, en Madrid, más de 40.000 personas se reunieron en el estadio Metropolitano en un acto de la iglesia evangélica, donde uno de los pastores fue el exfutbolista Dani Alves, en un encuentro internacional del evangelismo. El día 15 de mayo, en el Palacio de Vistalegre de Madrid también se congregaron centenares de predicadores evangelistas cuyo mensaje sintonizaba, como no podía ser de otra manera, con la extrema derecha, arremetiendo contra el aborto, contra todo tipo de matrimonio que no sea el de un hombre con una mujer y, cómo no, fue una orgía del idealismo, del pensamiento conservador y de extrema derecha.

En el estado español “la fe evangélica” se multiplica, a la par que los púlpitos e iglesias, que han quintuplicado su número en los últimos 20 años, fundamentalmente en Cataluña y en Madrid, donde según un artículo de El Periódico de Juan Fernández, del pasado 2 de junio, “la fe evangélica, que hoy cuenta con 4.770 centros de oración en nuestro país, cinco veces más que hace 20 años”, fruto no del azar, ni de otro poder divino más que del dinero, que se multiplica a mayor velocidad que la multiplicación de los panes y de los peces y que hace milagros como el de empapelar las marquesinas de las paradas de los autobuses y los autobuses de Madrid y de Barcelona, la celebración de eventos multitudinarios, conciertos, festivales, trabajo profesional en las redes sociales, etcétera y que lleva a este credo a abrir una iglesia cada cuatro días en Madrid, según reconoce la prensa de extrema derecha en España, diario El Español, en un artículo de Gustavo Molina.

Curiosamente, los herederos de Franco, los que arremeten contra la inmigración – esto es, contra los proletarios de otros países, fundamentalmente africanos y asiáticos, que vienen al estado español -, y que señalan que el actual Gobierno con los procesos de regularización abiertos está preparando un pucherazo electoral, son bendecidos por predicadores latinoamericanos, véanse los dirigentes del PP Feijóo, Díaz Ayuso o Almeida, y que la prensa burguesa definía de la siguiente forma esta relación o estrategia, en 2023:

Los días 30 y 31 de mayo de 2026, en Madrid, se celebró el Festival de la Esperanza, que congregó a unas 20.000 personas, un festival financiado, fundamentalmente, por la Asociación Evangelista Billy Graham (AEBG).

El predicador protagonista del evento fue Franklin Graham, el hijo del predicador evangelista norteamericano Billy Graham que era un fervoroso anticomunista del Partido Demócrata, que describía al comunismo de la siguiente forma en un artículo de agosto de 1954 en el diario The American Mercury:

La revolución comunista que nació en los corazones de Marx y Engels a mediados del siglo XIX no se rendirá ni retrocederá. Ninguna cantidad de palabras en las Naciones Unidas, ni conferencias de paz en el Lejano Oriente, cambiará la mentalidad del comunismo. Ha llegado para quedarse. Es una batalla a muerte: o muere el comunismo, o muere el cristianismo…

¿Se te ha ocurrido alguna vez que el Diablo es un líder religioso y que millones de personas lo veneran hoy en día?… El nombre de esta religión actual es Comunismo… El Diablo es su dios, Marx su profeta, Lenin su santo y Malenkov su sumo sacerdote. Negando su fe en todas las ideologías, excepto en su religión de la revolución, estos hombres de inspiración diabólica buscan, de diversas maneras y con múltiples artimañas, convertir un mundo pacífico a su doctrina de muerte y destrucción.

(…)

¿Cuál es el credo sutil del comunismo? ¿Qué tipo de ideología ha capturado la lealtad de incontables millones de personas en todo el mundo? El Dr. Roy Laurin, escritor cristiano, ha sugerido la siguiente valoración:

Políticamente, un comunista es aquel que cree que el Estado es supremo y que el individuo existe únicamente para el bienestar del Estado, destruyendo así la dignidad que Dios le ha otorgado al individuo.

En el plano económico, un comunista cree en la sustitución de la propiedad privada de la tierra y el capital por la propiedad común y en la sustitución de la gestión privada por la gestión colectiva.

Socialmente, un comunista no cree en el matrimonio como una institución divina, sino únicamente como un arreglo biológico adecuado para la reproducción de herederos del Estado comunista.

A nivel internacional, un comunista es un revolucionario que está detrás de gran parte de la inestabilidad que se vive hoy en el mundo, ya sea en Corea, Alemania Oriental o Marruecos.

Éticamente, un comunista es un creyente y devoto de la “gran mentira”.

Teológicamente, un comunista es un ateo, un profanador de iglesias, un asesino de cristianos…

Se libra una guerra de ideologías en todo el mundo, una guerra entre lo secular y lo espiritual. Las batallas en los campos de batalla son solo manifestaciones materiales de la batalla mayor que se libra en los corazones de los hombres en toda la tierra. ¿Prevalecerá la verdad o la mentira? ¿Nos guiará la filosofía materialista o el poder espiritual? ¿Seremos guiados por Jehová Dios o engañados por Satanás? Las líneas de batalla están claramente trazadas…

Si fascista era el padre, no menos reaccionario es el hijo, el predicador que acudió al festival madrileño, Franklin Graham; el predicador de cabecera del genocida Donald Trump, defensor a ultranza del sionismo y del genocidio en Gaza perpetrado por el carnicero Netanyahu, que considera que “Trump ha sido elegido por Dios para salvar a los judíos de los persas, de los iraníes”, señalándole públicamente a Trump que “hoy los iraníes – el régimen malvado de este gobierno – quieren matar a todos los judíos y destruirlos con fuego atómico. Pero Tú has suscitado al presidente Trump. Lo has suscitado para un momento como este. Y, Padre, oramos para que le concedas la victoria”, siendo, como se puede observar, un defensor de la agresión imperialista de EEUU contra Irán, un defensor a ultranza del fascista estado de Israel y, cómo no, uno de los esbirros de los grandes monopolios norteamericanos y sus intereses económicos.

Evidentemente los evangélicos son el grupo cristiano que más cercanía tiene con el pueblo judío y por ello, también son los que más se identifican con las ideas sionistas (…) Como es sabido, la mayor población de evangélicos se encuentra en Estados Unidos (107 millones) lo que nos lleva a detenernos en este país donde hasta un 10% de los votantes -con independencia de su credo- se identifican como sionistas. Si entramos en los diferentes grupos religiosos, vemos que hasta el 35% de los cristianos (Haija, 2006: 75-76) se identifican como sionistas religiosos, lo que nos explica la importancia de este movimiento en la sociedad americana general y en la política estadounidense en particular”. Alberto Priego Moreno. El sionismo cristiano y su relación con el Estado de Israel.  Págs.217 – 218. Universidad Pontificia de Comillas (España).

En 1969 Nelson Rockefeller, por entonces vicepresidente de Richard Nixon, realizó una gira por varios países de Latinoamérica. A su regreso elevó un informe en el que se mostró preocupado por la influencia que estaba obteniendo entre los más pobres del continente la denominada Teología de la Liberación, a la que no dudó en emparentar con el marxismo. (…) Ante esta realidad, Rockefeller recomendó el financiamiento estatal y reservado de pastores de corte pentecostal, fundamentalmente de origen norteamericano, para socavar la autoridad moral de la Iglesia Católica en América Latina.

(…)

Nuevamente, en 1975 se conoce un documento escrito para la campaña del presidente Ronald Reagan conocido como Santa Fe, donde se vuelve a resaltar el peligro que las nuevas tendencias de la Iglesia Latinoamericana representan para la política exterior de los Estados Unidos.

(…)

La ofensiva contra la denominada Iglesia del Tercer Mundo continúa. Los pastores evangelistas aparecen por todos lados, en unos pocos años superan a la Iglesia Católica en Guatemala, Uruguay, Brasil. Manejan millones. Estados Unidos los financia a través de programas como Plan Amanecer, AD 2.000, Latinoamérica 2.000 y otros.

(…)

Los escándalos alrededor de estos cultos y el gobierno de los Estados Unidos llegan a tal punto que en 1976 la CIA declara que no continuará reclutando misioneros y trabajará en un anteproyecto de modificación de sus estatutos para prohibir la utilización remunerada de pastores norteamericanos en tareas de inteligencia, aunque abriendo el paraguas al aclarar que se permitirían “contactos voluntarios de información”. Carlos Saglul. La CIA, los evangelios y las ametralladoras. Noviembre 2019.

Que hoy en Centroamérica y Sudamérica hayan proliferado los predicadores evangélicos, que las masas trabajadoras sean manipuladas por dichos colaboradores de la CIA, es la consecuencia de la política injerencista, golpista, criminal y anticomunista desarrollada por el imperialismo norteamericano durante décadas.

Tras los golpes de estado en América Latina siempre se hallan las manos del imperialismo norteamericano, de los monopolios estadounidenses para robar los recursos energéticos y naturales de su patio trasero, y la religión se convierte en un instrumento más de subversión, de lucha ideológica del fascismo norteamericano, siendo una pata más en la lucha ideológica contra el marxismo-leninismo.

Bloqueos económicos y comerciales, financiación de partidos políticos, de iglesias evangélicas, de medios de comunicación, dominio de instituciones supranacionales (OEA, FMI,…), compra de jueces e, incluso, de sistemas judiciales completos a través de los que hace lawfare contra aquellos dirigentes políticos que no les interesa a EEUU y, finalmente cuando es necesario, intervención militar y golpe de estado, esa es la praxis del imperialismo norteamericano en Latinoamérica y, también, en el mundo.

Los evangélicos chilenos apoyaron la dictadura militar del asesino Pinochet, como lo acredita la Declaración de apoyo al gobierno militar del 13 de diciembre de 1974, en lo que se denominó Portalazo. Los evangélicos bolivianos apoyaron el golpe de estado contra Evo Morales en 2019, apoyando a la fascista golpista Jeanine Añez. La Iglesia evangélica salvadoreña apoya sin fisuras al fascista Bukele, es el pilar fundamental de la extrema derecha brasileña de los Bolsonaro, y un apoyo sólido para la extrema derecha argentina como se demostró con Macri y, ahora, se demuestra con Milei, sionista confeso que va de la mano de la Fundación Billy Graham.

La progresiva política de injerencia y de agresión de EEUU en Latinoamérica, así como los sistemas políticos burgueses existentes en Latinoamérica, donde en la mayoría de los estados latinoamericanos las burguesías nacionales son esbirros de los monopolios norteamericanos en la explotación y saqueo de sus pueblos, permite que la basura ideológica del imperialismo norteamericano penetre fortaleciendo sus posiciones fascistas, siendo la religión no sólo un arma importante de alienación, de división de la clase explotada, de inoculación del individualismo sino, fundamentalmente, de expansión del pensamiento anticomunista y antiobrero. Ello se corrobora en los datos que aporta la prensa, véase lo que se señala en el artículo de 18 de enero de 2026 del Diario El Salto, cuyo autor es Alberto Mesas, donde señalaba lo siguiente:

Cómo decíamos, en Latinoamérica se visualiza perfectamente cómo actúa el imperialismo en el mundo y, en este caso, en lo que se denomina su patio trasero y el papel que juega la religión como parte de la superestructura capitalista al servicio de la burguesía y sus intereses de clase.

Pero también se evidencia la certeza del marxismo-leninismo y su filosofía materialista, “¿Qué demuestra la historia de las ideas sino que la producción intelectual se transforma con la producción material? Las ideas dominantes en cualquier época no han sido más que las ideas de la clase dominante. (…) Cuando se habla de ideas que revolucionan toda una sociedad, se expresa solamente el hecho de que en el seno de la vieja sociedad se han formado los elementos de una nueva, y la disolución de las antiguas condiciones de la vida. (…) En el ocaso del mundo antiguo las viejas religiones fueron vencidas por la religión cristiana. Cuando en el siglo XVIII, las ideas cristianas fueron vencidas por la ilustración, la sociedad feudal libraba una lucha a muerte contra la burguesía, entonces revolucionaria. Las ideas de libertad religiosa y de libertad de conciencia no hicieron más que reflejar el reinado de la libre concurrencia en el dominio del saber.”. K. Marx, F. Engels. Obras Escogidas, tomo I. Pág. 64. Ed. Progreso. Moscú, 1980.

La burguesía es hoy ultra reaccionaria, el desarrollo del capitalismo monopolista exacerba por completo las contradicciones de clase empujando a la burguesía al fascismo y, consecuentemente al proletariado a la revolución proletaria, más no hay otra forma de armonizar el ingente desarrollo de las fuerzas productivas, de la generación de riqueza, con la estrechez de las relaciones de producción capitalistas, con la propiedad privada sobre los medios de producción, concentrada dicha propiedad y, por tanto, tamaña riqueza en escasas manos.

Y en ese proceso de entroncamiento mundial del fascismo – como consecuencia de la inviabilidad del imperialismo, que objetivamente supone un freno al desarrollo de la humanidad y un peligro para la existencia del ser humano – de bancarrota del imperialismo que se acentúa en cada paso que da la automatización de la producción que significa una palada de tierra sobre el ataúd del imperialismo, la superestructura imperialista va mutando a la par que se producen los cambios en la base económica, la maximización de la concentración del capital, la automatización de la producción, del canibalismo que la burguesía hace consigo misma, enviando a cada vez más partes de la propia burguesía – la pequeña y mediana burguesía – a la ruina. Y, consecuentemente, tal y como se descompone la base se corrompe totalmente la superestructura y, entre esta, se halla la religión.

Sin duda alguna, la Iglesia Católica es contraria a los intereses de clase del proletariado como lo ha sido siempre a lo largo de su historia, y lo sigue siendo, constituyéndose como una parte de la superestructura capitalista al servicio de la burguesía y de su sistema económico. De hecho, los sumos pontífices, o jefes de Estado vaticano, siempre han mostrado su rechazo a la lucha de clases, al socialismo, y han trabajado por fraccionar al proletariado; manifestando su esencia anticomunista descollando en dicha labor Juan Pablo II, pero siendo igual de enemigos del marxismo sus antecesores León XIII o Pío XII. Y es lógico, la doctrina católica promueve la conciliación de clases, esto es la subordinación de los explotados a los explotadores, que choca frontalmente con  el marxismo-leninismo, que es su negación pues se basa en la filosofía materialista, en la dialéctica materialista y, por tanto, en la lucha de contrarios (lucha de clases), siendo la negación del idealismo y, por ende, de toda religión que parte de la idea de Dios negando la materialidad del mundo, que no es más que la negación de la ciencia.

Pero a pesar de ello, al imperialismo en su carrera fascista la Iglesia Católica no le era suficiente, incluso en América Latina donde parte de dicha Iglesia latinoamericana desarrolló un movimiento político y social denominado Teología de la Liberación que perseguía la defensa de los intereses económicos de los campesinos y de los obreros, abogando por la superación del capitalismo mediante la socialización de los medios de producción, incluida las tierras para los campesinos. Siendo por ello, por lo que, como hemos visto, EEUU promovió la vertiente evangélica del cristianismo, o lo que es lo mismo, el fascismo travestido de cristianismo.

A lo largo de la historia, en las sucesivas formaciones socioeconómicas dadas desde la esclavista, la feudal y la capitalista, todas ellas comparten la médula espinal de la propiedad privada sobre los medios de producción y, por consiguiente, la elevación de una sociedad dividida en clases antagónicas; “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases (…) Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna”. K. Marx, F. Engels. Obras Escogidas, tomo I. Pág. 55. Ed. Progreso. Moscú, 1980.

Por ello, puesto que esclavismo, feudalismo y capitalismo mantienen la misma médula espinal de la opresión, de la división social en clases antagónicas, es por lo que la religión ha pervivido en todas ellas, aunque a lo largo de la historia de la humanidad unas hayan desaparecido, otras aparecido y otras mutado, persiste porque forma parte de la superestructura de dichas formaciones socioeconómicas, persiste porque es un instrumento de dominación de clase. Y Marx expresa con nitidez bajo qué condiciones desaparecerá la religión: “(…) no tiene nada de asombroso que la conciencia social de todos los siglos, a despecho de toda variedad y de toda diversidad, se haya movido siempre dentro de ciertas formas comunes, dentro de unas formas – formas de conciencia -, que no desaparecerán completamente más que con la desaparición definitiva de los antagonismos de clase. (…) La revolución comunista es la ruptura más radical con las relaciones de propiedad tradicionales; nada de extraño tiene que en el curso de su desarrollo rompa de la manera más radical con las ideas tradicionales”. K. Marx, F. Engels. Obras Escogidas, tomo I. Pág 63. Ed. Progreso. Moscú, 1980; ergo únicamente con la revolución proletaria y el desarrollo del comunismo, con la destrucción de la base económica capitalista, se liquidará la superestructura capitalista por completo y con ella la religión como parte de dicha superestructura; una liquidación que no es inmediata sino progresiva conformando un proceso gradual que se produce a la par que se profundiza hacia el comunismo.

La raíz más profunda de la religión en nuestros tiempos es la opresión social de las masas trabajadoras, su aparente impotencia total frente a las fuerzas ciegas del capitalismo, el cual causa cada día y cada hora a los trabajadores sufrimientos y martirios mil veces más horrorosos y bárbaros que cualquier acontecimiento extraordinario, como las guerras, los terremotos, etc. “El miedo creó a los dioses. El miedo a la fuerza ciega del capital -ciega porque no puede ser prevista por las masas del pueblo-, que amenaza a cada paso con acarrear y acarrea al proletario y al pequeño propietario el hundimiento, la ruina “inesperada”, “repentina”, “casual”, convirtiéndolo en mendigo, en indigente, arrojándolo a la prostitución, haciéndolo morir por hambre: he ahí la raíz de la religión contemporánea que el materialista debe tener en cuenta antes que nada, y más que nada, si no quiere quedarse en aprendiz de materialista. Ningún folleto educativo será capaz de desarraigar la religión entre las masas aplastadas por los trabajos forzados del régimen capitalista y que dependen de las fuerzas ciegas y destructivas del capitalismo, mientras dichas masas no aprendan ellas mismas a luchar unidas y organizadas, de modo sistemático y consciente, contra esa raíz de la religión, contra el dominio del capital en todas sus formas.”. VI.Lenin. Obras Completas, tomo XVII. Pág. 431. Editorial Progreso, 1983.

Por consiguiente, la fórmula leninista de combatir la religión no pasa por vilipendiar a ésta sino por la organización revolucionaria del proletariado, por el desarrollo de su partido que es el partido de nuevo tipo, marxista-leninista, condición sine qua non para la toma del poder económico y político por parte del proletariado que es la forma de acabar con “el dominio del capital en todas sus formas” y, por tanto, también con la religión como parte de la superestructura de este. Por eso, todos los capitalistas defienden, ya sea de una manera abierta – la extrema derecha y la derecha – o de una manera vergonzante – la “izquierda” capitalista -, a la religión y todos ellos, bajo la falsa prédica de la libertad religiosa, nutren económicamente de manera generosa a las religiones para fortalecer sus instrumentos de opresión contra la clase oprimida, contra el proletariado. Por eso los Trump, Milei, Ayuso, Bukele, Feijóo, Bolsonaro, Abascal, y demás jauría reaccionaria, a la par que dicen defender una “libertad económica” basada en el saqueo de las arcas públicas y la explotación hasta la extenuación, hasta la muerte, de la clase obrera, predican todo tipo de recorte al pueblo mientras que nutren generosamente tanto a sus predicadores reaccionarios como a sus fuerzas represivas desarrollando una guerra a muerte contra el proletariado en todos los terrenos. Y, sobre todas las cosas, exhiben un anticomunismo desaforado porque son conscientes de que el proletariado cuando toma conciencia de sí y para sí, cuando rompe las cadenas de la alienación y se rebela, es porque abraza al comunismo y, consecuentemente, sigue a su partido, el partido marxista-leninista. Se desgañitan los burgueses señalando que el comunismo es un fracaso, es inviable, está muerto, pero se gastan ingente cantidad de dinero y de recursos en combatir a ese muerto, demostrando la burguesía que su único enemigo es el comunismo y que éste es el que va a sepultarlo y enviarlo al estercolero de la historia.

No es de extrañar, pues, que los más reaccionarios en el Estado español – fundamentalmente los del PP/VOX o Junts/Aliança Catalana y los ponemos como pares porque son lo mismo con diferentes marcas – se peguen por ser los más nacionalcatolicistas, que ni tan siquiera católicos, los más evangélicos, los más sionistas, los más trumpistas, en definitiva, lo que son, los más reaccionarios, los más anticomunistas. Porque todos ellos son conscientes de que su final y el de los suyos, los capitalistas, está muy cerca y, además, son plenamente conscientes de que la negación a su sistema inviable, criminal y moribundo es la clase de los proletarios organizada por su Partido leninista y su ciencia emancipatoria revolucionaria de la transformación social y económica del mundo y de abolición de la explotación capitalista, el marxismo-leninismo.

Por sí misma, la religión carece de contenido; su manantial no se halla en el cielo, sino en la tierra y, una vez destruida la realidad falseada de la que es teoría, perecerá de consunción”. K. Marx y F. Engels. Primeros escritos. Pág. 252. Ed. Progreso. Moscú, 1956. ¡Construyamos la Revolución comunista, fortalezcamos las filas de la Revolución de los oprimidos, de los proletarios!

 

¡ROMPAMOS LOS GRILLETES DE LA EXPLOTACIÓN Y DE LA BARBARIE CAPITALISTA!

¡CONSTRUYAMOS UN MUNDO DE IGUALES Y LIBRES, UN MUNDO COMUNISTA!

¡FORTALECE LAS FILAS DE LA REVOLUCIÓN COMUNISTA, MILITA EN EL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)!

 

Madrid, 12 de julio de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con los estudiantes de la USAC

Nuestro Partido, a tenor de las informaciones recibidas a través de nuestro hermano Partido Guatemalteco del Trabajo, nos solidarizamos con la lucha de los estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), la única universidad pública de dicho país centroamericano, en defensa de la autonomía universitaria reconocida constitucionalmente y atacada por el Rector Walter Ramiro Mazariegos, el cual accedió de manera fraudulenta a dicho cargo en 2022, como paso necesario para un proceso que culmine, de facto, con la privatización de la misma y, por ello, el proceso para reformar la Ley Orgánica de la USAC.

El control de la USAC implica, también, tener capacidad de control sobre otras instituciones del estado guatemalteco, de tal modo que Mazariegos, de ideología reaccionaria, es un hombre vinculado a lo que en Guatemala denominan “pacto de corruptos” y que no es más que la unión de los grandes empresarios, el crimen organizado, militares de alto grado y sus políticos a sueldo, al objeto de mantener y ampliar privilegios y tener plena impunidad en sus actuaciones. Una élite burguesa – fuente del golpismo, la violencia y del crimen organizado – que se haya interrelacionada, y subordinada internacionalmente, tanto con el sionista estado de Israel como con EEUU.

La lucha entre estudiantes y el Rector y su camarilla corrupta de poder en la USAC es la reproducción de la lucha de clases a nivel general que acontece en la nación centroamericana entre obreros y campesinos contra una burguesía criminal y golpista apoyada por el sionismo y el fascista estado norteamericano.

El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con el proletariado y el campesinado guatemalteco, así como con los estudiantes de la USAC que están luchando contra la criminal burguesía guatemalteca y sus jefes a nivel internacional, y apoyamos las huelgas y movilizaciones realizadas por éstos contra el sistema corrupto guatemalteco y la agresión a la autonomía y propiedad pública de dicha Universidad. Una lucha donde los estudiantes en sus consignas anticapitalistas y antiimperialistas y sus llamados a la unidad del pueblo guatemalteco en contra del Rector, contra un Estado corrupto, vislumbran la lucha real del pueblo de Guatemala que es la lucha por conquista el poder del país y poner todos los recursos naturales y económicos del mismo al servicio de los trabajadores, de los campesinos, en definitiva, del pueblo desarrollando una revolución social para conquistar el socialismo.

 

¡VIVAN LOS ESTUDIANTES DE LA USAC Y SU JUSTA LUCHA, VIVAN LOS OBREROS Y LOS CAMPESINOS DE GUATEMALA!

¡SIONISTAS, YANKEES, BURGUESES Y OLIGARCAS SAQUEN SUS SUCIAS MANOS DE LA USAC!

¡POR LA UNIDAD DEL PUEBLO GUATEMALTECO, POR LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO!

 

Madrid, 4 de julio de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Qué es el comunismo

No hay ideología más vilipendiada y deformada por la burguesía que el comunismo. Cada año, la burguesía, gasta infinidad de recursos en la batalla ideológica, que es la única que le sostiene, para alargar un poco más la agonía de su sistema económico caduco. Frente a esto, los comunistas decimos que el comunismo es una teoría política, económica y social desarrollada principalmente por Karl Marx y Friedrich Engels durante el siglo XIX. Según esta concepción, la historia de las sociedades está marcada por la lucha entre clases sociales con intereses opuestos. En las sociedades capitalistas, esta contradicción se expresa entre la burguesía, propietaria de los medios de producción, y el proletariado, que vende su fuerza de trabajo para subsistir cuando todo lo produce. El objetivo final es la construcción de una sociedad sin clases sociales, sin explotación económica y basada en la propiedad colectiva de los medios de producción. En esta sociedad, la riqueza producida será distribuida según las necesidades de cada persona y no según su capacidad de compra o su posición económica.

Como ya dijimos, la burguesía critica ferozmente al comunismo cuando es un estadio final que todavía no se ha alcanzado en la historia de la humanidad. El comunismo no surge de manera inmediata. Primero es necesario superar el sistema capitalista mediante una transformación revolucionaria dirigida por la clase obrera. Tras esta revolución se establecerá una etapa de transición conocida como socialismo, durante la cual los principales medios de producción pasarán a ser de propiedad social y se reorganizará la economía para satisfacer las necesidades sociales y no el lucro privado de una minoría parasitaria que nada produce.

Marx y Engels sostenían que, a medida que desaparecieran las diferencias entre clases sociales y se eliminaran las condiciones que generan explotación y conflicto económico, el Estado perdería progresivamente su razón de ser. Desde esta perspectiva, el Estado es visto como un instrumento histórico de dominación de una clase sobre otra. Cuando ya no existan clases enfrentadas, tampoco será necesario un aparato estatal encargado de mantener ese orden social. Este proceso es conocido como la extinción o desaparición del Estado. No se tratará de una abolición inmediata, como defienden los anarquistas, sino de un debilitamiento gradual de sus funciones coercitivas. En la fase comunista plenamente desarrollada, la administración de los asuntos colectivos sustituirá al gobierno de una clase sobre otra, y la organización social se basará en la cooperación libre y la gestión común de los recursos.

En resumen, el comunismo, es una sociedad sin clases sociales y sin propiedad privada de los medios de producción. Para alcanzarla será necesario atravesar una etapa de transformación socialista que elimine las bases económicas de la división de clases. Una vez desaparecidas estas diferencias, el Estado dejará de cumplir una función de dominación y se extinguirá gradualmente, dando paso a una forma de organización social basada en la cooperación y la igualdad. Desde el PCOE trabajamos para construir esta fase histórica que, además, es inevitable por las contradicciones intrínsecas del sistema económico capitalista, por ello te llamamos a engrosar sus filas.

 

¡Por la emancipación de la clase obrera!

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Desmontando las mentiras sobre el camarada Stalin

Para analizar la figura de Stalin, primero hay que contextualizar bien. Fueron los años donde la lucha de clases alcanzó su mayor temperatura en varios episodios y donde esa lucha se hizo más franca y abierta. Stalin fue, para millones de soviéticos y comunistas del siglo XX, el símbolo de una época de hierro en la que la supervivencia misma de la revolución dependía de la firmeza política, la industrialización acelerada y la capacidad de resistir el asedio constante del capitalismo mundial. Su figura se alzó en uno de los períodos más convulsos de la historia humana, cuando la joven Unión Soviética se encontraba rodeada de enemigos internos y externos, obligada desde el primer día a combatir por su propia existencia.

La lucha de clases no desapareció con la Revolución de Octubre, al contrario, se recrudeció. Tras la caída del viejo orden zarista, los restos de la aristocracia, la burguesía y los sectores contrarrevolucionarios organizaron una guerra despiadada contra el nuevo poder soviético. Los llamados “blancos”, apoyados por catorce potencias extranjeras, intentaron estrangular la revolución antes de que pudiera consolidarse. En aquel escenario de hambre, sabotaje, invasión y guerra civil, Stalin emergió como uno de los dirigentes que defendieron la continuidad del proyecto socialista frente al cerco capitalista internacional.

La herencia de la Primera Guerra Mundial había dejado a Rusia devastada, con una economía atrasada, millones de muertos y una infraestructura prácticamente destruida. Bajo la dirección soviética posterior, y con Stalin en el centro del aparato político, el país emprendió una transformación gigantesca. En apenas unas décadas, una nación predominantemente agraria se convirtió en una potencia industrial capaz de fabricar acero, tractores, locomotoras y armamento pesado a una escala inimaginable para el viejo imperio zarista. Sus partidarios recuerdan especialmente los planes quinquenales, la electrificación masiva, el desarrollo científico y la expansión de la educación y la sanidad pública universal. Allí donde antes predominaba el analfabetismo y la miseria rural, surgieron fábricas, universidades, presas y ciudades industriales. La URSS pasó de ser un país atrasado a convertirse en una superpotencia capaz de competir ideológica, tecnológica y militarmente con Occidente y eso es lo que jamás le va a perdonar la burguesía.

Pero el momento decisivo llegó con la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Frente al avance de la maquinaria de guerra de Adolf Hitler, la Unión Soviética soportó el peso principal de la guerra en Europa. La batalla de Stalingrado, el sitio de Leningrado y la ofensiva final sobre Berlín quedaron grabados como episodios de sacrificio colosal. Veinte millones de soviéticos murieron defendiendo su patria socialista, y Stalin fue visto por muchos como el dirigente que mantuvo unido al país en las horas más oscuras. La victoria sobre el nazismo no fue únicamente militar, simbolizó la derrota de una ideología racista y exterminadora que pretendía esclavizar a los pueblos eslavos y destruir el proyecto soviético. La bandera roja sobre el Reichstag se convirtió en un emblema histórico del triunfo antifascista.

Ante los grandes logros conseguidos por la URSS bajo el mando de Stalin, la burguesía ha respondido con un cúmulo de acusaciones exageradas, instrumentalizadas o utilizadas durante décadas como arma ideológica por adversarios de la URSS y del comunismo. Sus críticos señalan la represión política, las purgas y el enorme costo humano de determinadas políticas. Pero esas purgas no fueron llevadas a cabo hasta el extremo porque dejaron viva una quinta columna dentro del bloque soviético encarnada en la figura de Khruschev y su Discurso Secreto del XX Congreso que fue la primera estocada, antes de la Perestroika, para que el bloque socialista volviera al capitalismo traicionando la ciencia del marxismo-leninismo. En las denuncias de esos gusanos lacayos de la burguesía, la memoria de Stalin se tiene que contextualizar dentro del escenario de guerra permanente, sabotaje, conspiraciones y enfrentamiento global en que nació y vivió el Estado Soviético.

Así, para quienes reivindicamos su legado, Stalin representa la voluntad de resistir cuando parecía imposible, la transformación de un país humillado en una potencia mundial y la derrota del nazismo a costa de inmensos sacrificios. Su nombre continúa despertando debates apasionados porque encarna, al mismo tiempo, las grandezas, tragedias y contradicciones de toda una era histórica.

Desde el PCOE, la figura de Stalin permanece ligada inseparablemente a la defensa consecuente del marxismo-leninismo, a la construcción del socialismo y a la derrota histórica del fascismo. Para sus militantes y simpatizantes, Stalin no fue el monstruo caricaturesco dibujado por décadas de propaganda anticomunista, sino un dirigente revolucionario forjado en la lucha de clases más feroz que haya conocido la humanidad contemporánea. Bajo su dirección, la Unión Soviética resistió invasiones, derrotó a la contrarrevolución interna, aplastó al nazismo y demostró que la clase obrera podía levantar un Estado capaz de desafiar y vencer al imperialismo mundial. Allí donde los enemigos del socialismo pretendieron ver únicamente terror y ruina, millones de obreros y campesinos vieron fábricas, escuelas, ciencia, dignidad y soberanía popular.

Para el PCOE, las innumerables calumnias vertidas contra Stalin forman parte de una ofensiva ideológica destinada a desacreditar cualquier experiencia revolucionaria que cuestione el dominio del capital. La burguesía jamás perdonó que la URSS estalinista convirtiera a un país atrasado en una superpotencia obrera y campesina capaz de hacer temblar los cimientos del orden imperialista. Por ello, su memoria continúa siendo objeto de ataques incluso muchas décadas después de su muerte.

Y, sin embargo, pese a todas las campañas de difamación, el nombre de Stalin sigue asociado a una de las mayores gestas de la historia, la construcción del socialismo en condiciones extremas y la victoria heroica del pueblo soviético sobre la barbarie nazi. Para quienes mantenemos viva la bandera roja del comunismo, Stalin permanece como símbolo de disciplina revolucionaria, firmeza ideológica e internacionalismo proletario, es un dirigente cuya huella histórica no puede ser borrada ni por la propaganda ni por las falsificaciones del enemigo de clase.

 

¡Gloria al camarada Stalin!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Los comunistas queremos otro Estado, no otro gobierno

Cada cierto tiempo se hacen públicos varios frentes de corrupción en el partido gobernante para que se dé la alternancia política necesaria en la democracia burguesa. Esto da una sensación de limpieza y libertad a todos los votantes que participan en ese circo político y le da un poco más de vida a un sistema quebrado y basado en la apropiación privada y la corrupción y que no cuestiona para nada la base económica. Para nosotros, los comunistas, la cuestión del Estado no es un problema moral ni administrativo, sino una cuestión de clase.

Como explicó Lenin en su obra “El Estado y la Revolución” (1917), el Estado no es un órgano neutral al servicio de toda la sociedad, sino una maquinaria de dominación de una clase sobre otra. Bajo el capitalismo, el Estado burgués con sus tribunales, parlamentos, policía, ejército y burocracia existe para garantizar el poder económico y político de la burguesía y proteger la propiedad privada de los medios de producción.

Por eso, para los comunistas, la alternancia entre partidos dentro de la democracia burguesa no modifica la esencia del poder. Cambian los gestores, los discursos y las siglas, pero la llave de la caja del dinero sigue en las mismas manos, las de quienes controlan bancos, grandes empresas y capital financiero. La disputa electoral entre partidos del sistema no cuestiona la raíz de la explotación, sino únicamente quién administra el Estado capitalista en cada momento, la lucha por la llave de la caja.

Frente a ello, el marxismo-leninismo plantea la necesidad de un nuevo Estado, el Estado proletario. No para eternizar una nueva dominación, sino para destruir el poder político y económico de la burguesía y abrir el camino hacia una sociedad sin clases. La dictadura del proletariado significa precisamente eso, el poder organizado de la mayoría trabajadora contra la minoría explotadora que históricamente ha vivido del trabajo ajeno. La dictadura del proletariado no es el gobierno arbitrario de un individuo, sino la organización política de toda la clase obrera para transformar la base económica de la sociedad. Su tarea histórica consiste en expropiar a la burguesía, socializar los medios de producción y planificar democráticamente la economía en función de las necesidades sociales y no del lucro privado.

Esto implica poner bajo control colectivo fábricas, tierras, energía, transporte, vivienda y sectores estratégicos, acabando con la anarquía del mercado y con la explotación asalariada. El objetivo no es simplemente cambiar de gobernantes, sino transformar las relaciones de producción que sostienen el capitalismo.

Como Lenin pudo comprobar, esta transición hacia el socialismo mediante el Estado proletario, tiene un carácter temporal que ocupará todo un periodo histórico. Dentro de este Estado no se extingue la lucha de clases, ni la resistencia enconada de los explotadores. Mientras existan clases sociales y resistencia de la burguesía derrotada, seguirá siendo necesaria una organización estatal revolucionaria capaz de defender las conquistas obreras y desarrollar la nueva economía socialista. Pero a medida que desaparezcan las clases y la explotación, el propio Estado irá perdiendo su función coercitiva hasta extinguirse.

El socialismo, así, no se reduce a una reforma del capitalismo ni a una gestión “más justa” del mismo como nos quiere hacer creer la alternancia política en las democracias burguesas. El socialismo es la construcción consciente de una nueva sociedad basada en la propiedad social por la superación del poder de la burguesía, la planificación democrática de la producción y el poder político de la clase obrera organizada. Por eso, la tarea de construir el poder obrero y avanzar hacia el socialismo exige una organización política revolucionaria arraigada en la clase trabajadora, capaz de combatir tanto al capitalismo como a las falsas alternativas que únicamente administran el sistema. En el Estado español, el Partido Comunista Obrero Español defiende la necesidad de organizar a la clase obrera para conquistar el poder político, destruir el Estado burgués y levantar un Estado proletario al servicio de la socialización de los medios de producción y de la construcción del socialismo. Frente a la decadencia del capitalismo y la alternancia vacía de la democracia burguesa, que no es otra cosa que la dictadura del capital sobre el trabajo productivo, la tarea histórica sigue siendo acabar definitivamente con toda explotación.

 

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Por la construcción del socialismo!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Nota de condolencias por el fallecimiento del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez

El Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) expresa su profundo pesar por el fallecimiento del comandante Ramiro Valdés Menéndez, histórico combatiente revolucionario, dirigente de la Revolución Cubana y un ejemplo de firmeza ideológica con la causa del socialismo.

Con la partida física del comandante Ramiro Valdés, el movimiento comunista y revolucionario internacional pierde a uno de los más destacados representantes de aquella generación heroica que, bajo la dirección del camarada Fidel Castro, hizo posible la derrota de la dictadura batistiana y abrió para el pueblo cubano el camino de la emancipación nacional, el fin de la explotación y la construcción del socialismo.

Su vida fue testimonio de lealtad inquebrantable a la causa de la liberación nacional y el socialismo. Desde su juventud, al calor de la lucha contra la dictadura de Batista, el camarada se forjó como uno de los militantes más importantes del proceso revolucionario cubano que permitiría iluminar el camino de la lucha popular contra la opresión del imperialismo.

Desde su participación en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, pasando por la expedición del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Ramiro Valdés estuvo presente en algunos de los episodios más trascendentales de la revolución cubana. Sufrió el castigo de la prisión y el exilio por su entrega a la causa de la clase obrera, más nunca pudieron derrotarlo. Su trayectoria constituye un ejemplo de consecuencia revolucionaria y de fidelidad absoluta a los intereses del proletariado.

Durante décadas desempeñó importantes responsabilidades al servicio de la Revolución, contribuyendo a la defensa de la soberanía nacional, al fortalecimiento del Estado socialista y a la resistencia ejemplar del pueblo cubano frente a las constantes injerencias externas, el criminal bloqueo imperialista y las permanentes maniobras de desestabilización promovidas por el imperialismo estadounidense. Para los comunistas del mundo, el comandante fue un ejemplo de disciplina, sacrificio y firmeza para construir el socialismo sobre la base del partido único marxista-leninista.

Ramiro Valdés consagró su vida a la defensa y consolidación del poder revolucionario, enfrentando con firmeza y claridad política las constantes agresiones del imperialismo yanqui, siempre con el objetivo de salvaguardar la soberanía de la Cuba socialista. La vida del comandante Ramiro Valdés estuvo guiada por los principios del marxismo-leninismo, el internacionalismo proletario y la convicción de que los pueblos tienen el derecho irrenunciable a decidir su destino. Su legado forma parte inseparable de la historia de la Revolución Cubana y del patrimonio político de los revolucionarios de todo el mundo.

En estos momentos de dolor, trasladamos nuestras más sinceras condolencias al Partido Comunista de Cuba, al Gobierno Revolucionario, al presidente Miguel Díaz-Canel, a sus familiares y seres queridos, así como al conjunto del heroico pueblo cubano.

Rendimos homenaje a su memoria y reafirmamos nuestra solidaridad militante con Cuba socialista, con su Revolución y con la lucha de los pueblos por la soberanía, la justicia social y el socialismo. El legado del camarada Ramiro Valdés nos convoca a redoblar la lucha contra el imperialismo en todas sus formas, a fortalecer la solidaridad entre los pueblos oprimidos y a defender sin descanso los principios del socialismo científico para acabar con el sistema capitalista.

 

¡Comandante Ramiro Valdés, presente!

¡Hasta la victoria siempre!

 

Madrid, 22 de junio de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)