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La importancia de fortalecer al PCOE

En el momento actual, la clase obrera, más que nunca, continúa soportando las consecuencias de un sistema basado en la explotación del trabajo asalariado, la concentración de la riqueza en manos de una minoría y la subordinación de las necesidades humanas a los intereses del capital. La guerra es el síntoma terminal de la fase en la que se encuentra el capitalismo en su fase putrefacta, la imperialista. Frente a esta realidad, se hace más necesaria que nunca la organización consciente y combativa de la clase obrera para emanciparse de esa violencia de la clase burguesa. En este contexto, el PCOE representa una herramienta política fundamental para unir las luchas obreras, defender los derechos conquistados y avanzar hacia una transformación profunda de la sociedad. Sin organización revolucionaria, la clase obrera permanece fragmentada y vulnerable ante los ataques constantes del capital y sus instituciones armadas.

Fortalecer el PCOE significa generar la capacidad de la clase obrera para luchar por la superación del sistema de explotación capitalista y la construcción del socialismo, basado en la ciencia del marxismo-leninismo, ciencia que ha vuelto invencible a la clase obrera en el discurrir de la historia y que la ha plegado a los pies del imperialismo cuando ha sido traicionada. Fortalecer el PCOE significa construir una alternativa política que supere definitivamente el sistema de explotación y dominación que impone la esclavitud asalariada.

La emancipación de la clase obrera solo puede ser obra de la propia clase obrera organizada en su partido comunista, su misión histórica. Por ello, llamamos a trabajadores, jóvenes, estudiantes y sectores populares a participar activamente en la construcción de un movimiento revolucionario fuerte, disciplinado y arraigado en las luchas del pueblo.

Hoy más que nunca, es necesario elevar la conciencia de clase, fortalecer la solidaridad entre la clase obrera y defender la unidad frente a quienes buscan dividirnos. La historia demuestra que ningún derecho fue conquistado sin organización y lucha colectiva. Sólo con unidad, conciencia y organización, avanzaremos hacia una sociedad donde la producción esté al servicio de las necesidades humanas y no del beneficio privado.

 

¡Fortalecer el PCOE es fortalecer la lucha de la clase obrera!

¡Por una sociedad socialista sin explotación ni opresión!

¡Por la emancipación de la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La izquierda domesticada

En las recientes elecciones andaluzas hemos tenido el último ejemplo de la izquierda domesticada y de la inutilidad de los frentes amplios, que más que unir generan división, como hemos podido ver en las dos candidaturas por separado. Lo que se denomina “a la izquierda del PSOE” ha renunciado, en gran medida, a la misión histórica de la emancipación de la clase obrera, para integrarse dócilmente en los márgenes permitidos por el estado burgués. Bajo el discurso de la “gobernabilidad”, el “realismo político” y la “defensa de la democracia” (democracia en general y desclasada, de la que ya nos hablaba Lenin hace más de un siglo), estas fuerzas han sustituido la lucha revolucionaria por una administración reformista del capitalismo, aceptando como inmutable la estructura económica basada en la explotación del hombre por el hombre.

El parlamentarismo reformista que llevan a cabo estos quintacolumnistas, y bien que son retribuidos por la burguesía para adormecer a la clase obrera, no cuestiona la raíz del problema, que no es otro que la propiedad privada de los medios de producción y la apropiación de la plusvalía por parte de la burguesía. Sus programas se limitan a paliar temporalmente algunas contradicciones del sistema mediante concesiones parciales, subidas salariales limitadas que no palian la pérdida de poder adquisitivo provocado por la inflación desbocada, ayudas sociales como al alquiler que aseguran el cobro del rentista con dinero público o regulaciones laborales superficiales que no alteran el carácter de clase del estado, ni eliminan las relaciones de explotación. Tales reformas, aunque puedan aliviar coyunturalmente determinadas condiciones materiales, terminan funcionando como mecanismos de contención social destinados a preservar la estabilidad del orden capitalista.

Para los comunistas, el parlamentarismo burgués no constituye un terreno neutral donde pueda alcanzarse gradualmente el socialismo, sino una herramienta de dominación de la burguesía. La democracia liberal aparece así como la forma política más sofisticada de la dictadura del capital, porque permite la participación formal de las masas mientras se mantenga intacto el poder económico de las clases parasitarias. La izquierda institucional, al aceptar estas reglas del juego, abandona la perspectiva de la dictadura del proletariado y de la destrucción del aparato estatal burgués, reduciendo la política a una mera gestión técnica del capitalismo trufada de abrazos y sonrisas.

Esta integración en la lógica institucional implica también la renuncia explícita a la lucha de clases como motor de transformación histórica y social. Los partidos reformistas buscan constantemente la conciliación entre capital y trabajo, difundiendo la ilusión de que es posible humanizar el capitalismo mediante pactos sociales permanentes. Sin embargo, la contradicción entre la burguesía y la clase obrera no desaparece por decreto parlamentario porque la superestructura capitalista sigue siendo el núcleo estructural del sistema de explotación. La explotación asalariada, la extracción de plusvalía y la subordinación del trabajo a la ganancia privada, continúan reproduciéndose incluso bajo gobiernos autodenominados progresistas.

La consecuencia de esta deriva es la desmovilización ideológica y política de la clase obrera como vimos claramente en Podemos. En lugar de fomentar la organización revolucionaria y la conciencia de clase, la izquierda parlamentaria canaliza el descontento popular hacia ciclos electorales estériles, donde cada derrota se justifica con la necesidad de frenar a la derecha y cada victoria termina subordinada a los límites impuestos por el capital financiero y las instituciones del estado burgués.

Así, el reformismo se convierte en una forma de colaboración de clases. Al renunciar a la superación revolucionaria del capitalismo, termina actuando como un dique de contención frente a cualquier posibilidad de ruptura histórica. Mientras la explotación continúe siendo la base de la producción social y la plusvalía siga siendo apropiada privadamente por la burguesía, ninguna reforma parcial podrá significar una verdadera emancipación de la clase obrera.

Ante esta traición, la clase obrera tiene su organización, el PCOE, y su ciencia revolucionaria, el marxismo-leninismo, que le dotan de la fuerza y el método para la superación de la explotación capitalista. La izquierda domesticada, al renunciar a la confrontación revolucionaria contra el estado burgués, termina actuando como sostén del propio sistema que dice combatir. Su horizonte limitado a reformas parciales no cuestiona la raíz de la explotación, que no es otra que la apropiación de la plusvalía y el dominio de la burguesía sobre los medios de producción. Así, la lucha de clases queda sustituida por la gestión de un capitalismo “con rostro humano”, perpetuando la subordinación de la clase obrera dentro de la democracia burguesa. Frente a ello, el PCOE reivindica la necesidad de una política verdaderamente marxista-leninista, organizada, revolucionaria y orientada no a maquillar el capitalismo, sino a superarlo mediante el poder obrero y la construcción del socialismo. En el PCOE trabajamos a nivel nacional e internacional para la creación de un partido comunista único que encienda la chispa que haga prender la revolución proletaria porque el capitalismo, en su fase imperialista, debido a sus contradicciones irresolubles, es la antesala de la revolución proletaria.

 

¡Ni pactos, ni migajas, poder obrero y socialismo!

¡Contra la izquierda del capital, organización y lucha de clases!

¡Por la revolución, milita en el PCOE!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




1 Mayo en Catalunya, una radiografía de la clase obrera [ESP/CAT]

Desde el asesinato de los mártires de Chicago, el Primero de Mayo ha sido una fecha señalada para la clase obrera en su totalidad. Una fecha de lucha, de hermandad y de unión, una fecha que nace desde el ámbito sindical pero que servía para forjar trabajadores combativos, recordar a los caídos y renovar las esperanzas del proletariado en su capacidad por mejorar el mundo con sus propias manos.

Al servir para mostrar el músculo del movimiento obrero ha servido, también, como reflejo de la situación de la misma solidez de la organización obrera a lo largo de la historia del Primero de Mayo. Hoy en día sigue sirviendo a dicho fin y, por desgracia, no trae buenas noticias. Los días de unidad y de organización parecen del pasado y hoy solo muestra la pésima disposición del movimiento sindical y obrero en Catalunya, que se encuentra acompasado a la misma mísera situación del resto del Estado español.

Nos encontramos con un Primero de Mayo que, en Barcelona, se traduce en 6 convocatorias de manifestaciones: 2 de los tentáculos de la patronal en el movimiento obrero (CCOO y UGT por un lado y USOC por otro) mientras que las otras 4 pertenecen al movimiento sindical “combativo y de clase”, todas ellas autodenominadas como “unitarias” para más inri del ridículo. El movimiento sindical muestra sus vergüenzas: completa desorganización, completa falta de unidad y la completa prioridad de los intereses de las cúpulas de cada sindicato, anteponiéndose los intereses de éstas a los del conjunto de la clase. Es evidente que el modelo sindical actual a la clase obrera no le vale.

El movimiento sindical combativo y de clase se encuentra en una encrucijada: o mantiene esta situación de división y desorganización asentando la derrota al completo antes incluso de empezar o trabajar ardua y honestamente por la unidad sindical real, devolviendo así al proletariado su instrumento para organizarse y combatir en los centros de trabajo. Desde el Partit Comunista Obrer de Catalunya tenemos claro que hay que desbrozar el camino del proletariado atacando sin cuartel al oportunismo y acabando con él en el seno de los sindicatos de clase para construir la central sindical única que los trabajadores necesitamos.

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡VIVA EL PRIMERO DE MAYO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

1 de Maig a Catalunya: una radiografia de la classe obrera

 

Des de l’assassinat dels màrtirs de Chicago, el Primer de Maig ha estat una data important per a la classe obrera. Una data de lluita, de fraternitat i de unió, una data que neix de l’àmbit sindical, però que servia per formar treballadors combatius, recordar als caiguts i renovar les esperances del proletariat en la seva capacitat per millorar el món amb les seves pròpies mans.

Com a mostra de la força del moviment obrer, també ha servit com a reflex de la situació i de la solidesa de l’organització obrera al llarg de la història del Primer de Maig. Avui dia, continua servint a aquest propòsit, i, malauradament, no porta bones notícies. Els dies de unitat i d’organització semblen del passat, i avui només reflecteixen la pèssima disposició del moviment sindical i obrer a Catalunya, que es troba en la mateixa situació deplorable que la resta de l’Estat espanyol.

Ens trobem amb un Primer de Maig que, a Barcelona, es tradueix en 6 convocatòries de manifestacions: 2 de les organitzacions vinculades a la patronal dins del moviment obrer (CCOO i UGT per un costat, i USOC per l’altre), mentre que les 4 restants pertanyen al moviment sindical “combatiu i de classe”, totes elles autoanomenades “unitàries”, per afegir-hi una mica més de ridícul. El moviment sindical mostra les seves mancances: completa desorganització, completa falta d’unitat i la total prioritat dels interessos de les cúpules de cada sindicat, posant-los per davant dels interessos de la classe obrera. És evident que el model sindical actual no serveix a la classe obrera.

El moviment sindical combatiu i de classe es troba en un carreró sense sortida: o manté aquesta situació de divisió i desorganització, assegurant la derrota abans de començar, o treballa amb esforç i honestedat per a la unitat sindical real, i així retornar al proletariat el seu instrument per organitzar-se i lluitar als centres de treball. Des del Partit Comunista Obrer de Catalunya, tenim clar que cal desbrossar el camí del proletariat atacant sense pietat l’oportunisme i eliminant-lo del si dels sindicats de classe, per tal de construir la central sindical única que els treballadors necessitem.

 

PROLETARIS DEL MÓN, UNIU-VOS!

VISCA EL PRIMER DE MAIG!

SOCIALISME O BARBÀRIE!

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)




Un primero de mayo de división de la clase obrera

El día 1 de mayo de cada año, en todos los países del mundo, el movimiento obrero se reúne para reafirmar sus derechos laborales y políticos. Esta fecha se ha convertido en una jornada de reafirmación de los intereses históricos de la clase obrera.

El Primero de Mayo los trabajadores del mundo recordamos y analizamos las enseñanzas que nos legaron los mártires de Chicago y los trabajadores organizados que llevaron a cabo una huelga que comenzó el 1 de mayo de 1886 y que paralizó más de cinco mil fábricas y donde 340.000 obreros salieron a las calles y plazas a manifestar su exigencia. Una lucha que duró 3 días para conseguir la jornada de 8 horas y que costó la vida de 5 dirigentes asesinados en la horca por reivindicar los derechos de la clase obrera.

En Madrid, este año, sin embargo, encontramos un Primero de Mayo de absoluta división donde del sindicalismo de clase y combativo se ha fraccionado al punto de encontrar hasta 3 convocatorias de distintas siglas, federaciones desfederadas de sindicatos y otros que caminan en soledad y sin dirección, dejando a la clase obrera en la penumbra y sin referentes en el campo sindical.

Un Primero de Mayo que es el espejo de cómo se encuentra hoy la clase obrera, desnortada y dividida, débil y desorganizada con dirigentes que anteponen intereses particulares a los de la clase y que son incapaces de marcar un camino claro de confrontación con la burguesía en un contexto en el que ésta arrecia sus ataques contra los trabajadores de todo el mundo.

El  Partido Comunista Obrero Español lamenta esta situación que revela la debilidad actual del movimiento obrero en el Estado español y hace un llamamiento a los dirigentes sindicales y obreros de la capital y de todo el estado a trabajar por la unidad de la clase obrera, dejando a un lado la mentalidad de “chiringuito” y la desunión por intereses personales en el movimiento sindical para trabajar codo con codo con todos aquellos que deseen la emancipación de la clase obrera para la creación de una central sindical única de clase y combativa que plante cara a la burguesía y a sus sindicatos amarillos y traidores, aglutinando a los trabajadores más conscientes y revolucionarios por la superación de este sistema capitalista explotador y criminal que nos aboca a la guerra y a la muerte.

 

¡Por la unidad del sindicalismo de clase y combativo!

¡Socialismo o barbarie!

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español en Madrid




Por la salida de la OTAN y la UE

El Estado español se encuentra en una encrucijada histórica en la que las decisiones económicas y geopolíticas no pueden seguir subordinadas a intereses ajenos a la mayoría social. La pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea no ha significado soberanía ni bienestar real para la clase obrera, sino una progresiva pérdida de control político, económico y militar. Como nos muestra la agresión a Irán por parte de los monopolios norteamericanos y su ventrílocuo, el gorila rubio llamado Donald Trump, la OTAN no es ninguna alianza defensiva. La participación del Estado español en la alianza implica cargar una mochila de problemas que no le corresponden, como guerras en las que se defienden los intereses de los monopolios norteamericanos y en las que el Estado español actúa como mero limpiabotas o destinar ingentes cantidades de recursos públicos para el rearme para perpetuar guerras y rutinas de dominación global. En esta tesitura, salir de la OTAN no es solo una cuestión de política exterior, sino una condición necesaria para recuperar una política de paz, independencia y cooperación internacional basada en la solidaridad entre pueblos.

En el otro extremo tenemos a la Unión Europea, un bloque imperialista en franca decadencia que sirve de escudero a los designios del imperialismo norteamericano y que ha creado un marco económico donde los estados miembros ven coartadas su capacidad para desarrollar políticas propias, donde la subordinación al capital financiero ha debilitado y subordinado a los servicios públicos para precarizar todavía más las condiciones de vida de la clase obrera. La OTAN y la UE no son proyectos neutrales, sino una estructura al servicio de las grandes corporaciones y del capital transnacional. Por eso, romper con este marco permitirá avanzar hacia un modelo económico planificado, centrado en las necesidades sociales y no en el beneficio privado.

En este contexto, los estados miembros de la OTAN han firmado un documento en el que se comprometen a aumentar hasta el 5% del PIB para 2035 el gasto militar, lo que significa la total sumisión del bienestar social de la clase obrera hacia la militarización y la definitiva asfixia de los servicios públicos que capitalizarán dicho rearme. El imperialismo norteamericano y sus esbirros se encuentran en un franco declive, por ello no tienen otro camino para sobrevivir que la militarización de la economía y el fascismo para reprimir sin piedad a la clase obrera. El III Pleno del Comité Central del PCOE, de 12 de julio de 2025, ya planteaba la necesidad de salir de la OTAN y la UE como objetivo inmediato de la clase obrera. La salida de la OTAN y de la UE representa un paso decisivo hacia la recuperación de la soberanía popular y el control democrático de nuestros recursos, liberándonos de estructuras que priorizan los intereses del capital y la confrontación militar sobre las necesidades de la clase obrera. A este objetivo sólo se puede llegar mediante la organización de la clase obrera, guiada por un partido disciplinado y centralizado, que la dirija hacia la construcción del Socialismo para que la emancipe de la violencia y el expolio imperialista. Ese Partido en el Estado español se llama PCOE y te llama a unirte a sus filas para combatir las estructuras imperialistas.

 

¡Por la salida inmediata de la UE y la OTAN!

¡Por el combate al imperialismo!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Acero asturiano para la maquinaria de guerra imperialista

La multinacional ArcelorMittal, según informa la prensa burguesa, suministrará acero para la construcción de nuevos buques de la Armada española. La compañía siderúrgica suministrará la chapa de acero gruesa necesaria para la construcción de los dos nuevos buques de la Armada, que llevará a cabo Navantia en el astillero de Puerto Real, en la Bahía de Cádiz, por 716 millones de euros. ArcelorMittal fabrica la chapa especial para el sector naval en el tren de chapa gruesa de Gijón, que se alimenta de acero fundido producido en la acería de Avilés.

Una vez más, este es el papel que juega el Estado español dentro del engranaje militar del imperialismo, encabezado por la OTAN. Mientras se destinan miles de millones de euros al rearme, la clase obrera continúa enfrentando precariedad, conflictos laborales y un deterioro constante de sus condiciones de vida. Este contrato, ligado a la construcción naval en Cádiz, no es una simple “oportunidad industrial”, como pretenden vender los medios del sistema.

Se inscribe en una estrategia más amplia de fortalecimiento del aparato militar de la OTAN, en el marco de la creciente rivalidad interimperialista por el control de mercados, recursos y áreas de influencia. Nos hablan de “defensa” y “seguridad”, pero la realidad es que estos buques no están destinados a proteger a la clase trabajadora, sino a garantizar los intereses de los monopolios españoles y europeos en el exterior, participando en operaciones militares, misiones de control y despliegues en escenarios que nada tienen que ver con las necesidades del pueblo.

En este contexto, el papel de grandes monopolios como ArcelorMittal es claro: poner la producción industrial al servicio del beneficio y de la guerra. En Asturias, la clase obrera conoce bien el verdadero rostro de esta multinacional. Lejos de los discursos triunfalistas, los trabajadores llevan años sufriendo un conflicto permanente: ajustes, incertidumbre, parones productivos como el del horno alto B y una política empresarial basada en maximizar beneficios a costa de la plantilla y las auxiliares.

Al mismo tiempo, en Cádiz, los trabajadores del metal han protagonizado importantes luchas contra la precariedad, la represión y prácticas como las listas negras. La imagen reciente de dos trabajadores subidos a una grúa denunciando esta situación refleja la crudeza de las condiciones laborales en un sector clave para esta misma industria militar que ahora se pretende reforzar.

Se revela así una contradicción fundamental del capitalismo en su fase imperialista: mientras se niegan recursos para garantizar derechos básicos – sanidad, vivienda, empleo digno-, se movilizan enormes cantidades de dinero público para alimentar la maquinaria de guerra de la OTAN. Acero asturiano y trabajo gaditano al servicio de intereses ajenos a la clase obrera, en guerras que no son las nuestras.

El Estado español actúa aquí como lo que es: un eslabón dentro de la cadena imperialista, subordinado a las estrategias de la OTAN y comprometido con el aumento del gasto militar exigido por esta alianza. Lejos de cualquier neutralidad, participa activamente en la escalada belicista que recorre el mundo.

Frente a esta situación, la tarea de la clase obrera es desenmascarar el carácter imperialista de estas políticas y oponerse al desvío de recursos hacia el militarismo. La lucha de los trabajadores del metal tanto en Asturias como en Cádiz son expresiones de una misma contradicción entre capital y trabajo.

Solo mediante la organización y la unidad de la clase obrera se podrá avanzar hacia una ruptura con esta lógica, poniendo la industria bajo control de los trabajadores y orientándola a satisfacer necesidades sociales, no a alimentar guerras imperialistas.

 

¡Socialismo o barbarie!

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




La mentira del escudo social

Recientemente el gobierno español ha lanzado un conjunto de medidas denominadas “Escudo social”, que se han presentado como una batería de medidas para proteger a la clase obrera de las consecuencias económicas derivadas de la guerra de rapiña llevada a cabo por el imperialismo norteamericano y sus acólitos. Bajo la apariencia de medidas encaminadas a rebajar el coste de la vida de una manera inmediata, se esconden bonificaciones, reducciones fiscales selectivas y un conjunto de ayudas puntuales, sobre todo a pequeñas y medianas empresas y hacia la protección de los beneficios de los monopolios, que lejos de transformar las condiciones materiales de la clase obrera, terminan lastrando la capacidad recaudatoria del Estado y, por lo tanto, debilita la capacidad del mismo para sostener los servicios públicos universales. Y no se produce porque el poder lo ostente tal o cual partido en el gobierno, ocurre porque es una lógica inherente al modelo productivo.

Entonces, esta reducción de ingresos por parte del Estado se convierte en una transferencia indirecta de dinero público hacia sectores privados y grandes monopolios, que redundan en el deterioro progresivo de los servicios de protección social, sanidad, educación (ahí han estado las huelgas de los docentes estos últimos días en Cataluña) o el sistema de pensiones. De ese modo, lo que se concede por un lado como ayuda puntual a la clase obrera, se le arrebata por otro lado al erosionar sus derechos colectivos.

Desde el PCOE afirmamos que el auto denominado “Escudo social” no es más que una ilusión reformista que no altera para nada las relaciones de producción y que perpetúa la labor del estado burgués junto al desvío de dinero público a intereses privados. Además, su propaganda electoral tiene coste cero y, a la vez, deja intacto el poder del capital. Esto nos conduce a una creciente dependencia de las medidas temporales, que no son sólo insuficientes, además nos dirigen hacia futuros recortes alegando la sostenibilidad fiscal. También afirmamos que la verdadera protección social no puede basarse en parchear el sistema capitalista. Esta protección debe basarse en la transformación radical de su modo de producción donde prima la apropiación privada del trabajo social. Para ello, la clase obrera como único sujeto revolucionario, debe asumir su papel como protagonista de la transformación, poniendo los medios de producción al servicio de ella misma y logrando la planificación democrática de la economía para satisfacer sus propias necesidades y no los intereses del beneficio privado.

El momento histórico exige audacia y organización. Frente a las consecuencias terminales derivadas del capitalismo, la clase obrera debe dotarse de un partido comunista fuerte y disciplinado que se erija en la vanguardia de la clase obrera. Frente a las crisis del capitalismo, la precariedad y la desigualdad creciente, solo un partido comunista fuerte, disciplinado y arraigado en la clase obrera puede articular una respuesta real y transformadora. No se trata de una opción más, sino de una necesidad imperiosa: construir una herramienta colectiva capaz de unir luchas, elevar la conciencia y conquistar un futuro donde la justicia social y la dignidad no sean promesas, sino realidades. Por eso, te animamos a abandonar las opciones reformistas y te invitamos a ensanchar las filas del PCOE.

 

¡Por la abolición del sistema capitalista!

¡Por la organización obrera frente al imperialismo!

¡Por la salida revolucionaria!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Vox y la defensa del sector primario

La línea política de Vox se ha construido sobre tres ejes fundamentales, el patriotismo económico, la admiración por el modelo de Donald Trump y la defensa del sector primario. En esa narrativa se ha presentado siempre como un acérrimo defensor de los ganaderos, pescadores y agricultores españoles como bastión contra las políticas medioambientales de la Unión Europea y la supuesta marginación del mundo rural. Este discurso presenta evidentes contradicciones a la realidad material del sistema económico en el que se insertan estas medidas.

En primer lugar, la apelación constante al patriotismo económico oculta la estructura real del capitalismo agrario contemporáneo y general, en su fase imperialista, en un mundo completamente repartido y donde el comercio ha borrado las fronteras. Observamos que el sector primario en España no está dominado por pequeños productores autónomos plenamente soberanos, sino por cadenas de valor controladas por grandes distribuidoras, multinacionales agroindustriales y mercados financieros internacionales. En este contexto, la defensa retórica del “campo español” se limita a una dimensión cultural y simbólica, mientras las relaciones de producción siguen sometidas a las dinámicas del capital global. Por eso, concluimos en este primer punto que el problema fundamental no es la falta de patriotismo en las políticas económicas, sino la subordinación del trabajo agrícola al capital monopolista.

En segundo lugar, la admiración expresada por Vox hacia Donald Trump se inscribe también dentro de esta lógica. El trumpismo se ha presentado como una forma de nacionalismo económico que promete proteger a los trabajadores nacionales frente a la globalización. No obstante, en la práctica, las políticas de Trump beneficiaron principalmente a grandes corporaciones mediante recortes fiscales, desregulación ambiental y subsidios selectivos que favorecieron a los grandes productores agrícolas estadounidenses. Este tipo de nacionalismo extremo no cuestiona las bases del capitalismo, sino que reconfigura sus beneficiarios dentro de las élites nacionales y no para los productores que dice defender.

En tercer lugar, la actual crisis vinculada a la guerra en Irán pone de manifiesto la fragilidad estructural del sector primario dentro de la economía capitalista global. El aumento del precio del petróleo, en una guerra provocada por el gorila rubio que sirve de inspiración a su línea política, tiene efectos directos sobre el coste del transporte, la maquinaria agrícola y, especialmente, sobre los fertilizantes, cuyo proceso de producción depende en gran medida del gas y de la energía fósil. Como resultado de las consecuencias de su patriotismo económico, los agricultores se enfrentan a un aumento de costes que reduce drásticamente sus márgenes de beneficio y que se cargarán sobre los consumidores para mayor gloria de los mercados financieros internacionales.

Esta situación ilustra cómo el sector primario se encuentra atrapado en una doble dependencia: por un lado, de los mercados energéticos globales y, por otro, de las grandes empresas proveedoras de insumos agrícolas. Los pequeños y medianos agricultores no controlan ni el precio de lo que compran (fertilizantes, combustible, maquinaria) ni el precio de lo que venden, determinado por intermediarios y grandes cadenas de distribución. Ahora, las guerras imperialistas de Trump, al que tanto admiran, llevarán a la proletarización de los pequeños y medianos agricultores a los que decían defender y a un mayor lucro del capital financiero que aumentará sus beneficios a base de sangrar a los consumidores y precarizar a los productores.

En este contexto, el discurso patriótico de Vox aparece como una forma de canalizar el malestar social sin cuestionar las estructuras económicas que generan la crisis. La solución propuesta suele centrarse en medidas como la reducción de regulaciones o la defensa de intereses nacionales dentro del mercado global, pero no plantea una transformación de las relaciones de propiedad ni del control de los medios de producción. Toda esta palabrería huera y populista de la extrema derecha cae por su propio peso a poco que se la observe con un poco de detenimiento y cuando se la enfrenta a la realidad de la base económica en la que descansa el sistema se diluye como un azucarillo en el agua.

En este contexto, el PCOE tiene que ser capaz de llevar este discurso a los productores en general y a los que están afectados de esta psicología populista e irreal. Desde el PCOE planteamos como salida a la crisis del sector primario, muy agravada por la guerra, la única política realista y revolucionaria, la colectivización de la tierra y de los medios de producción, eliminando la propiedad privada agraria que permita planificar la producción para asegurar el abastecimiento. Esta organización socioeconómica nueva permitirá distribuir los recursos de forma más equitativa y garantizar alimentos a la población. Para ello es necesario una reforma agraria que socialice el campo y los medios de producción y ponga la tierra al servicio de los productores y sus necesidades, fuera de los intereses de los mercados financieros internacionales, los demagogos y los latifundistas.

 

¡Por el fin del populismo fascista!

¡Por la reforma agraria!

¡Por el empoderamiento de la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El trabajo temporal y la ruina de los obreros aumentan con el actual Gobierno

El mal llamado y autoproclamado “Gobierno más progresista de la historia” anunció a bombo y platillo el fin de los contratos temporales gracias a su Reforma Laboral de 2022 (Real Decreto-ley 32/2021) que eliminó los contratos por obra o servicio. Sin embargo, el trabajo temporal está más vigente que nunca.

Según publica la propia prensa burguesa, los ceses en periodo de prueba de indefinidos se disparan un 864% desde la reforma laboral, consagrando así el  empleo temporal. “Las empresas españolas extinguieron 1,02 millones de contratos en 2025 porque el trabajador no superó el periodo de prueba, un 2,34% más que en 2024 y un 79% más que en 2021, antes de la reforma laboral”.

La burguesía ha mantenido intacto el trabajo temporal, que supone una de sus grandes fuerzas para mantener al obrero en la miseria y lograr cotas de explotación cada vez más altas, y ha utilizado a su última y flamante Ministra de Trabajo para perpetrar este truco de trilerismo.

Ni se ha acabado con los contratos temporales, puesto que siguen vigentes las modalidades de contrato de trabajo de duración determinada por circunstancias de la producción o por sustitución de persona trabajadora (Artículo 15 del Estatuto de los Trabajadores) ni se ha limitado o reducido el trabajo de carácter temporal. De hecho ha aumentado.

Tanto el aumento en los tiempos del periodo de prueba como la inclusión del contrato fijo discontinuo han sido dos herramientas fundamentales para la patronal para profundizar en el trabajo temporal, en la explotación de los obreros, a pesar del ejercicio de marketing llevado a cabo por Yolanda Díaz anunciando el fin del trabajo temporal con la Reforma Laboral de 2022.

Estas herramientas han servido para introducir el despido libre y gratuito, ya que el cese de un contrato fijo en periodo de prueba no supone indemnización para el trabajador y no hay que justificarlo. De hecho, los Convenios Sectoriales con mayor cantidad de trabajadores (Grandes Almacenes, Tecnológicas y Telecomunicaciones, Consultoría…) oscilan entre los 3 y 6 meses de periodo de prueba (según la categoría profesional) lo que permite perfectamente a las empresas contratar y despedir libremente y sin coste gracias al periodo de prueba.

En el caso de los contratos fijos discontinuos, que son per se trabajo temporal, permiten tanto a la burguesía como al Estado obtener un beneficio doble. Por un lado, mantener el contrato temporal ahorrando la indemnización de 12 días por año trabajado que tenía el antiguo contrato temporal por obra y servicio, ya que el fin de llamamiento es flexible y no supone un despido. Y por este motivo, también permite al Estado mantener a ese trabajador que no está trabajando como ocupado y no como parado, maquillando así los datos del paro que acumulan récord tras récord de ocupación, aunque haya decenas de miles de obreros sin trabajar.

De hecho, en términos globales, si analizamos el número medio de horas efectivas semanales trabajadas no ha parado de descender año a año:

 

De igual forma, los ocupados a tiempo parcial por motivo de la jornada parcial no dejan de aumentar:

Como estamos observando, a tenor de los datos del propio Instituto Nacional de Estadística.

El cambio de puesto de trabajo es constante y cada vez más rápido en el estado, más de la mitad de las altas de seguridad social provienen de contratos que no duran más de un mes:

 

Todos los tipos de contrato, por separado, mantienen una volatilidad mayor que antes de la reforma. Los fijos discontinuos, con 841.340 asalariados a cierre de 2025 solo suponen el 4,8% del total, cuando en 2019 apenas llegaban al 2,4%. Sin embargo, suman 55.307 bajas o altas diarias, el 27,4% del total de rotaciones. Hace seis años solo eran el 3,3%.

Todo esto lo que genera es una gran inestabilidad en los puestos de trabajo, impidiendo a los obreros tener puestos de trabajo con los que mantener unos salarios que les permitan sostener una vida con perspectivas de futuro. El capitalismo, en su avance en esta época de desarmonización de las fuerzas productivas respecto de las relaciones de producción, en un momento de automatización que no corresponde ya con las relaciones de producción capitalistas sino con el Socialismo, no hace sino generar guerra, muerte y miseria para la clase trabajadora.

El Gobierno, con Yolanda Díaz a la cabeza del Ministerio de Trabajo y Economía Social, es el ejecutor de una Reforma Laboral criminal que ya supone la ruina de millones de obreros hoy y que se prevé que aumente drásticamente en los próximos años, que comenzó con los trabajadores más jóvenes pero que ya está afectando a los más mayores también.

Intentarán echar la culpa a agentes externos, pero a los comunistas no se nos escapa que este Gobierno ha implementado de forma implacable los planes de una clase burguesa que solo pretende mantenerse en el poder y seguir acumulando beneficios a base de robar a los obreros.

La clase obrera no puede tener ni un ápice de confianza en este Gobierno, brazo ejecutor de los planes de la burguesía para enriquecerse a manos llenas que desembocarán en una nueva crisis brutal que pagará de nuevo el proletariado. Y es deber de los comunistas llevar esta realidad a la clase obrera de todas las maneras posibles para organizarlo contra este sistema capitalista, injusto, y derribarlo para construir el Socialismo.

 

¡Socialismo o barbarie!

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del PCOE




Huelga en el sector auxiliar del metal en Asturias

La huelga convocada en el sector auxiliar del metal en Asturias ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad que la burguesía industrial y sus representantes políticos intentan ocultar: sin la clase obrera no funciona un solo engranaje de la industria.

En los últimos días, piquetes de trabajadores han bloqueado los accesos a las factorías de ArcelorMittal en Gijón y Avilés, paralizando operaciones clave de mantenimiento y reparación en las instalaciones siderúrgicas. Entre ellas se encuentra una intervención fundamental en el Horno Alto B de Veriña, cuya reparación depende en gran medida del trabajo de las empresas auxiliares del metal.

Este conflicto afecta a miles de trabajadores de la industria auxiliar, empleados en tareas de mantenimiento industrial, montajes mecánicos, soldadura, electricidad y reparación de instalaciones industriales. Su lucha no es un hecho aislado. Es la expresión concreta de una contradicción fundamental del capitalismo: la que enfrenta los intereses de la clase obrera con los de la patronal.

La huelga surge tras el bloqueo de las negociaciones del convenio colectivo del sector de montajes y empresas auxiliares del metal, que lleva más de un año sin avances reales.

Las reivindicaciones son claras:

  • Recuperar poder adquisitivo frente a la inflación.
  • Mejorar las condiciones salariales.
  • Reducir la jornada laboral anual.
  • Regular mejor los desplazamientos y dietas.
  • Garantizar el relevo generacional en las plantillas.

Frente a estas demandas, la patronal del sector, agrupada en Femetal, pretende mantener la precarización estructural de miles de trabajadores que sostienen la industria asturiana. Mientras los beneficios empresariales se recuperan tras la crisis, los empresarios se niegan incluso a garantizar la recuperación del poder adquisitivo perdido.

Pero el bloqueo del convenio también evidencia otro problema que la clase trabajadora conoce bien: la política de negociación permanente y concesiones del sindicalismo amarillo.

Durante décadas, las direcciones de CCOO y UGT han convertido la negociación colectiva en un mecanismo de gestión de los recortes en lugar de una herramienta de confrontación contra la patronal. El resultado es que convenio tras convenio los trabajadores ven cómo se consolidan jornadas interminables, salarios insuficientes y condiciones cada vez más precarias.

Uno de los aspectos más reveladores de esta huelga es la importancia real de las empresas auxiliares en la producción industrial. En complejos como ArcelorMittal, gran parte de los trabajos de mantenimiento, montaje y reparación dependen de estas plantillas externalizadas. Sin ellas, la producción se paraliza. Lo que hoy está ocurriendo con la reparación del Horno Alto B lo demuestra con claridad.

Este modelo de subcontratación masiva no es casual. Es una estrategia deliberada del capital para fragmentar a la clase obrera, dividir plantillas y rebajar salarios y derechos. La externalización permite a las grandes multinacionales beneficiarse de mano de obra altamente cualificada mientras descargan sobre otras empresas la presión laboral, los riesgos y la precariedad. Y, en demasiadas ocasiones, esta fragmentación ha sido aceptada en los acuerdos firmados por las direcciones amarillistas,consolidando una división entre trabajadores de plantilla y trabajadores de las empresas auxiliares que solo beneficia a la patronal.

La huelga del metal también se produce en un contexto más amplio de incertidumbre industrial en Asturias. En los últimos años se han multiplicado las advertencias sobre posibles recortes de actividad, deslocalizaciones y reorganizaciones productivas en el sector siderúrgico. Las grandes multinacionales utilizan con frecuencia la amenaza del cierre o del traslado de producción para presionar a trabajadores e instituciones públicas. El chantaje es siempre el mismo: aceptar peores condiciones laborales o asumir la pérdida de empleo.

Pero la historia del movimiento obrero demuestra que ceder ante ese chantaje solo conduce a nuevas concesiones. La desindustrialización no es un fenómeno inevitable ni natural: es el resultado de decisiones tomadas por el capital en busca de mayores tasas de beneficio.

La huelga del metal en Asturias es un ejemplo de la única vía que históricamente ha permitido a la clase obrera defender sus derechos: la lucha organizada. Cuando los trabajadores paralizan la producción, se revela una verdad fundamental que el capitalismo intenta ocultar: toda la riqueza social la produce el trabajo.

Los altos hornos, las plantas siderúrgicas, los complejos industriales… nada de eso funciona sin los miles de obreros que cada día ponen en marcha la producción. Por eso la huelga es una herramienta fundamental de la clase trabajadora. No solo como medio de presión económica, sino también como escuela de conciencia y organización. Y también demuestra que la fuerza real de los trabajadores no reside en las mesas de negociación, sino en su capacidad de parar la producción.

El conflicto del metal en Asturias no afecta únicamente a los trabajadores del sector. La industria siderúrgica ha sido históricamente uno de los pilares del empleo y de la economía de la región. Cada ataque a las condiciones laborales en este sector repercute en toda la clase trabajadora. Por eso la huelga de las empresas auxiliares debe entenderse como una lucha de conjunto: una lucha contra la precarización, contra la desindustrialización y contra un modelo económico que sacrifica los intereses de los trabajadores en beneficio del capital.

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias