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Se avecina un nuevo pacto entre imperialistas y oportunistas

Desde la entrada de pleno en el período de crisis general del capitalismo –finales del siglo XIX-, la burguesía no ha escatimado esfuerzos a la hora de intentar “estabilizar” un modo de producción que es, por esencia, inestable y anárquico. Un sistema que, cegado por la ley universal del máximo beneficio capitalista, fundamenta su dominio en la propiedad privada sobre los medios de producción, arrancando el ciclo de acumulación de capital a través de la explotación del trabajo asalariado. Como decimos, ha sido una preocupación constante de los capitalistas, el intentar –vanamente- amortiguar las contradicciones irresolubles por las que discurre el modo de producción capitalista, con mayor intensidad en su etapa agonizante y putrefacta. La historia del siglo XX, plagada de conflictos bélicos interimperialistas y de repetidas y profundas crisis, así como de revoluciones triunfantes y de otras ahogadas en sangre, pone de manifiesto la ficción de un capitalismo “planificado y pacífico” (tesis imperialista), o algo aún más inverosímil, la de un capitalismo “controlado y de rostro humano” (tesis oportunista). Ambos posicionamientos, emanados de la ideología dominante burguesa, pretenden saltar por encima de la lucha de clases, presentando un Estado hegeliano “por encima de los intereses contrapuestos de las clases sociales”. Concepciones de claro contenido idealista y acientífico, que solo pretenden alargar la agonía del pueblo trabajador para beneficio de unos pocos explotadores y parásitos.

  

 Ni siquiera con la poderosa fusión de los grandes monopolios al Estado burgués, poniendo a éste último a su entero servicio, ha podido la oligarquía financiera “estabilizar” un régimen opresivo que mata a decenas de millones de seres humanos, mientras sobreexplota y pauperiza a otros tantos. Lejos de “amortiguar” y “controlar” las profundas contradicciones por las que discurre el reino del capital, el capitalismo monopolista de Estado no ha hecho otra cosa que agudizarlas progresivamente. Cada conflicto bélico imperialista, regido por la inevitable lucha por nuevos recursos y corredores energéticos, somete con brutalidad a pueblos enteros. Cada crisis capitalista de sobreproducción, retuerce con saña los grilletes del proletariado y el pueblo trabajador. No hay y no puede haber vuelta atrás cuando el imperialismo muestra su senilidad histórica, cuando la oligarquía financiera ya sólo puede ofrecer recetas netamente reaccionarias. Toda “alternativa” que se aleje de la revolución social y la dictadura democrática del proletariado –socialismo-, no hace más que reforzar los engranajes de un régimen insostenible.

 Por ello, desde esta contextualización histórica, nos resultan tan familiares los “grandes pactos por la cohesión social” entre imperialistas y oportunistas, tan publicitados hoy como ayer por los jerarcas políticos y sindicales del Reino de España. No en vano, ambas caras de la misma moneda, de la misma dictadura capitalista, se nutren de los excedentes generados por las guerras imperialistas y la explotación asalariada de la clase trabajadora. Desde la santa alianza de Bernstein o Kautsky con la gran burguesía del Rürh y los junkers germanos (II Reich), hasta llegar a la no menos santa alianza de las jerarquías oportunistas adscritas a la UE imperialista y demás satélites que giran en torno a la misma (CSI, BCE, CE, FMI, BM, OTAN, OCDE), la clase dominante no ha escatimado esfuerzos a la hora de que sus fuerzas políticas y sindicales blinden la superestructura de su dictadura de clase. Estos alquimistas del capital, conscientes de que su tiempo se agota, pretenden “reformar” lo que ya a todas luces aparece irreformable, a fin de mantener y expandir sus espurios privilegios a costa del sudor y la sangre de millones de trabajadores.

 En la actualidad, esta clásica maniobra de “pacto y conciliación” entre parásitos, explotadores y oportunistas, vuelve a planear por las usinas burguesas del régimen capitalista español. Ante un Gobierno incapaz, una oposición descompuesta y unas centrales sindicales desacreditadas, los monopolios industriales y financieros se afanan en tejer un nuevo “pacto nacional” para “hacer frente a la crisis” económica, política e ideológica. Y lo hacen, una vez más, confiados en una correlación de fuerzas que saben favorable, a pesar de la devastadora crisis capitalista en la que nos encontramos inmersos. Ante un movimiento obrero y sindical todavía atomizado y un movimiento comunista en lenta reconstrucción, la autopista de la esclavitud asalariada se les muestra abierta de par en par, ya sin ni siquiera peajes de ningún tipo. La clase dominante, especialmente en procesos de crisis, no sólo centraliza la producción y los capitales intensificando así sus propias contradicciones, sino que además precisa la centralización y concentración de su casta política y su cohorte de lacayos oportunistas, a fin de imponer sus intereses sobre las mayorías productivas y emboscar su descrédito popular. Base económica y superestructura se interrelacionan dialécticamente, el Estado burgués se cierra en un solo puño para profundizar su ofensiva frente al pueblo trabajador.

 Así ha venido sucediendo a lo largo de la historia. Buena prueba de ello fue la reconfiguración del régimen tras la crisis acaecida tras el tránsito del régimen fascista a la democracia burguesa a finales de los años 70. Cabe no olvidar los lodos que nos trajeron estos barros. Desde los Pactos de la Moncloa hasta el II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, el imperialismo y las fuerzas oportunistas no han cesado en cerrar acuerdos y pactos a fin de intentar “estabilizar” y “amortiguar” la conflictividad inherente a todo modo de producción capitalista. Con todo, después de 40 años de “pactos”, partiendo de una constitución burguesa desvergonzadamente capitalista, una realidad histórica objetiva salta a la vista: la clase trabajadora no ha cesado de perder derechos y condiciones -duramente arrancados a la burguesía-, tras cada pacto suscrito por el Gobierno, la oposición, patronal y las traidoras cúpulas sindicales, engordados todos ellos a través de las millonarias subvenciones del capital monopolista, que premia con generosidad toda labor de “contención y cohesión social”.

 Veamos sólo algunas reseñas no exhaustivas de la historia “pactista” y traicionera que nos ha llevado al momento actual que vivimos:

  1. 1977. Pactos de la Moncloa; se impone la “flexibilización del mercado de trabajo”, la pérdida de negociación colectiva y se reconoce el despido libre. Se procede al “control de la inflación” a través de la congelación salarial, poniendo en el punto de mira a sectores como el textil, el naval o el siderometalúrgico. Se ponen las bases para el trasvase sistemático de la riqueza generada por los trabajadores hacia el capital.

  1. 1979. Acuerdo Básico Interconfederal (ABI). Se fija un tope salarial del 13% y la posibilidad de las empresas endeudadas de bajar sueldos a su antojo. Se traslada el peso de la negociación colectiva de los Comités a las secciones sindicales, poniendo las bases del Estatuto de los Trabajadores.

  1. 1980. Estatuto de los Trabajadores. Se abre de par en par la entrada a degüello del trabajo temporal y se refuerza el poder patronal en los procesos de trabajo, además de blindar todas las medidas antiobreras recogidas desde 1977. Entre otras; facilitación del despido, fijación del salario mínimo por debajo del coste de vida, establecimiento de la jornada laboral más larga de Europa (43 horas semanales), o la reducción de los ámbitos de negociación de convenios, entre otras.

  1. 1981. Acuerdo Nacional de Empleo. Por primera vez desde 1974, la tasa de crecimiento del salario medio por trabajador resulta negativo (incrementos salariales por debajo de la inflación). Además disminuye la cobertura económica y temporal de los desempleados y se aceptan los despidos improcedentes.

  1. 1984. Acuerdo Económico y Social. Primera reforma del Estatuto de los Trabajadores. Reales decretos sobre contratación precaria; a tiempo parcial, aprendizaje, prácticas.

  1. 1992. Medidas Urgentes de Fomento del Empleo y Protección por Desempleo. El “Decretazo”. Progresivo proceso para la eliminación de la protección por desempleo; ampliación del período mínimo de cotización y reducción de cuantías, además del endurecimiento de los requisitos para acceder a la prestación.

  1. 1993/1994. Reforma del Estatuto de los Trabajadores. Medidas Urgentes para el Fomento de la Ocupación. Legalización de la cesión de trabajadores (ETT). Abaratamiento del despido, desregulación de las condiciones laborales en pos de la “competitividad, la flexibilidad y la generación de empleo”. 1/3 de los asalariados quedan sometidos a unas condiciones laborales totalmente precarias.

  1. 1997. Acuerdo Interconfederal para la Estabilidad en el Empleo. Acuerdo Interconfederal sobre Negociación Colectiva. Acuerdo sobre Cobertura de Vacíos.

  1. 2002. Nueva reforma laboral por “Decretazo”. Liquidación de los salarios de tramitación.

  1. 2006. Nueva reforma laboral. Con la excusa de frenar la temporalidad, se precariza la contratación indefinida.

  1. 2011-2012; Nueva Reforma laboral que, básicamente, viene a cerrar el círculo de la esclavitud asalariada larvado durante décadas.

 Como se puede comprobar, al calor de las repetidas crisis de sobreproducción y la desmovilización del movimiento obrero, el capital logra pacto a pacto la sumisión más descarnada del trabajo a sus intereses, consolidándose en los mercados internacionales. Y su herramienta predilecta -el “pacto social” como mero reflejo superestructural de la base económica-, le ha servido para maximizar sus beneficios a costa de incrementar los grados de explotación de la clase trabajadora, empleada, desempleada, joven o jubilada. Ayer gota a gota, hoy a chorro abierto, imperialistas y oportunistas (capitalistas), pacto tras pacto, reconversión tras reconversión y reforma tras reforma, no han hecho otra cosa que esquilmar a los trabajadores. Ello no hubiera sido posible sin el imprescindible trabajo de zapa de las cúpulas sindicales, sin la consciente desmovilización y enajenación del proletariado fruto de la orfandad de Partido Leninista. Cabe no olvidar que tras cada pacto rubricado por las fuerzas vivas del régimen, éstas han recibido oportunamente ingentes cantidades de capital y prebendas de todo tipo a fin de consolidar al Estado burgués como efectiva maquinaria al servicio del capital monopolista.

 Esta depauperación y sobreexplotación “pactada” de la clase obrera, infló de deudas a las familias trabajadoras, que tras más de 3 décadas de “diálogo social” y de espejismos capitalistas de “bonanza” -a base de generar una economía dominada por el capital financiero-, se vieron obligadas a vivir a crédito tras las constantes pérdidas de poder adquisitivo y la voladura controlada de prácticamente todos los derechos laborales y sociales conquistados por el proletariado tras largas luchas. Es bien sabido que el capitalismo no produce para satisfacer necesidades, sino para maximizar beneficios. Roto el chorro de crédito en 2008, “la magia del dinero gratis” empezó a esfumarse. Y la historia volvió a repetirse, como dijera Marx, primero como farsa y después como tragedia; de nuevo las fuerzas productivas fueron tensionadas y destruidas, mientras la nueva bomba antiobrera -Reforma Laboral de 2012-, se abría paso sin complejos, legalizando la esclavitud asalariada.

La oligarquía financiera cuando huele la sangre proletaria va hasta el fondo en su proceso de vampirización, más aún cuando comprueba como el movimiento obrero se muestra incapaz de confrontar organizadamente tal ofensiva, que no tiene otro objetivo que situar a la clase trabajadora en el mismísimo siglo XIX. Así, resulta comprensible que importantes capitostes del IBEX35 y la CEOE, auténticos amos y señores del Estado burgués español, den rienda suelta a su ilimitada imaginación antiobrera, defendiendo abiertamente en los últimos días no solo el fin de los convenios, sino incluso del propio Estatuto de los Trabajadores o la no menos burguesa Ley de huelga. Son éstas sus posiciones de partida para el nuevo “pacto social” que se aproxima. Y mientras el Gobierno asiente obediente, la oposición socialdemócrata y los jerarcas sindicales del régimen no le van a la zaga; llevan meses mendigando un pacto, precisamente, con estos mismos enemigos del pueblo trabajador. En última instancia, ante un descrédito evidente de la institucionalidad burguesa al calor de la crisis capitalista, imperialistas y oportunistas pretenden que la esclavitud asalariada y la voladura de derechos conquistados tras largas luchas proletarias se lleven adelante “en paz”, y para ello se precisa la bendición de los que han hecho de la traición una forma de vida; PSOE, IU, UGT o CCOO.

 En pleno año 2013, después de 36 largos años de “consensos, acuerdos y pactos” por la “estabilidad”, el “empleo”, la “contratación indefinida” y demás eufemismos vergonzantes que solo han contribuido a generar más inestabilidad, más paro y más temporalidad, hoy la institucionalidad burguesa ya no puede esconder su acelerada putrefacción, aunque se empeñe en hacernos tragar ruedas de molino. 36 años de “cohesión social” entre imperialistas y oportunistas, han larvado este cuadro socio-económico aberrante; casi un 70% de trabajadores asalariados por debajo de los 1000€ mensuales (1/3 de ellos sin siquiera llegar al miserable SMI de poco más de 600€), un 40% de autónomos y más de un 25% de pensionistas en riesgo de pobreza, 2 millones de hogares obreros sin más ingresos que la caridad, más de medio millón de trabajadores saliendo al extranjero para sobrevivir, casi 200.000 desahucios anuales, 3 millones de niños en riesgo de exclusión social, pensiones vergonzosas y de miseria (media de 750€, estando el 81% de las mismas por debajo de 1000€), más de 6 millones de desempleados (tasa del 27%) o 3300 suicidios anuales, certifican el “éxito” del pactismo traidor y la “cohesión social” que es capaz de ofrecer este modo de producción caduco y putrefacto.

 36 años de éxito rotundo para imperialistas y oportunistas, 36 años de derrota en todos los frentes para la clase trabajadora y clases populares.

 Prácticamente 4 décadas de “diálogo social” por la miseria, la sobreexplotación, la enfermedad y la muerte de la clase obrera. Hoy los propietarios del Estado español, a través de una CEOE envalentonada, ya se atreve a proponer la derogación del propio Estatuto de los Trabajadores, toda vez que ya han arrasado con convenios y condiciones laborales mínimas. Ya ni siquiera les sirve la legislación burguesa rubricada por ellos mismos en los años 80. Vista la falta de respuesta organizada y de clase, y empujados por las leyes universales que definen al sistema capitalista, profundizan su ofensiva con el único límite que marca la normativa laboral del siglo XIX. Y justo en el momento en que más imprescindible se hace la unidad y solidaridad obrera, el oportunismo sale raudo y veloz a servir a sus amos –como siempre han hecho-, fabulando con “medidas sociales” que sólo buscan una legitimación perdida.

 Mientras UGT y CCOO mendigan desde hace meses otro pacto por “el empleo, la estabilidad y el crecimiento” con su Estado, el brazo socialdemócrata del imperialismo (PSOE) ya prepara sus “recetas sociales”, implorando a su vez un “pacto nacional” con uno de los Gobiernos más reaccionarios del régimen, intentando así frenar su caída libre. Si la farsa fueron los Pactos de la Moncloa de 1977, el conjunto de trabajadores tenemos la obligación moral de frenar en seco la tragedia que se avecina y que ya habita en nuestros centros de trabajo y barrios. En plena etapa imperialista, la única receta para poner fin a esta tragedia cotidiana, sólo puede venir del socialismo. Esto es; de la destrucción total del capitalismo monopolista y su aparato represivo estatal y el establecimiento de la dictadura revolucionaria del proletariado.

 Unos desean aplicar la terapia capitalista por vía directa y sin anestesia, tal y como se está aplicando. Otros mendigan más capital para sus corruptas gestorías, suplicando un poco más de tiempo y “acuerdos” para aplicar la terapia “pacíficamente”, a fin de no “generar tensiones sociales”. Todos forman parte de la cofradía del santo capital, al que veneran y creen eterno e inmutable. El oportunismo va más allá e incluso es capaz de encontrar en la dictadura capitalista extraños “rostros humanos” mientras los trabajadores se ahorcan antes de ser desahuciados, se declaran en huelga de hambre o se queman a lo bonzo en entidades bancarias. En definitiva, como fieles servidores de los intereses burgueses, todos brindan -pacto tras pacto-, por la propiedad privada de los medios de producción y la explotación asalariada, que tan buenos dividendos les proporciona.

 Es imprescindible que ante la avalancha antiobrera que nos somete, con especial sutilidad “pactista” desde 1977, los trabajadores rompamos de una vez por todas con nuestro aislamiento y división, pues como queda patente el capital no duda un instante a la hora de concentrar sus fuerzas, poniendo al Estado burgués a su entero servicio para arremeter contra las masas laboriosas. Los puntales del capitalismo monopolista de Estado andan buscando un nuevo y mayor “consenso”, imprescindible para justificar el crimen diario cometido contra los trabajadores. El gran capital ya ha dado la señal, la Corona lo anuncia, los jerarcas sindicales del régimen lo imploran, la oposición lo anhela, el Gobierno lo necesita. El ciclo IBEX35-CEOE-PPPSOEIU-UGTCCOO anda bien engrasado desde 1977. La cuestión es ¿a qué esperamos, siendo más y mejores, para tejer nuestra propia e imprescindible unidad proletaria desde la base? ¿Acaso existe otra alternativa real ante la realidad material que vivimos?

No extraña que algunos viejos obreros afirmen hoy que tenían mejores condiciones bajo el régimen fascista que bajo la democracia burguesa. Aquellos trabajadores, en base a la unidad, la solidaridad y la politización arrancaron importantes conquistas mediante su organización y combatividad clasistas. Hoy, aquél sujeto histórico revolucionario anda vapuleado, mientras aquellas condiciones y derechos duramente conquistados, han sido liquidados, traición a traición, hasta llegar a nuestros días. Comprendemos bien la perplejidad del viejo obrero que enfrentó la barbarie fascista y hoy constata como sus hijos y nietos, heredan puestos de trabajo de esclavos o son lanzados al pozo del desempleo, sumidos en el temor y el aislamiento suicida.

 A la división, desorganización e individualismo esparcidos entre el proletariado por la ideología dominante burguesa, el PCOE responde con un firme llamamiento a la unidad y la solidaridad de la clase obrera, pilares básicos hacia la edificación de un combativo movimiento obrero que se sepa dueño de su destino como sujeto histórico revolucionario, capaz de reconstruirse como “clase para sí” y caminar firme y decidió hacia su emancipación social. Capaz de construir sus propias instituciones democráticas proletarias, fundido entorno a su vanguardia proletaria y consciente de la necesidad de mandar al basurero de la historia a este modo de producción agotado. Un movimiento obrero capaz de mandar al basurero de la historia a los imperialistas y sus lacayos oportunistas, “pactistas” profesionales que ya sólo en la expansión irrefrenable de la miseria y la sobreexplotación hallan su execrable supervivencia.

 Ya no hay tiempo ni espacio para reivindicar mejoras en unos convenios que han quedado reducidos a papel mojado, para plantear conflictos aislados abocados al fracaso, para mendigar pactos infames ni seguir creyendo en fraudulentos capitalismos “con rostro humano”.

 Unir, organizar y dirigir a las fuerzas proletarias y populares hacia el socialismo. Construir el Frente Único del Pueblo en base a la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores. Trabajar sin descanso por la consolidación de la Central Única de Trabajadores. He ahí los objetivos estratégicos irrenunciables del Partido, única vía para derrocar la barbarie imperialista que siembra de explotación, miseria y enfermedad nuestros centros de trabajo y barrios.

 

¡No más pactos contra el pueblo trabajador!

¡Sin tregua al imperialismo, sin tregua al oportunismo!

¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, construyamos poder popular!

¡Construyamos socialismo!

 

 Comisión de Movimiento Obrero y de masas del Partido Comunista Obrero Español




Sobre el VI encuentro andaluz de solidaridad con Cuba

El Partido Comunista Obrero Español (PCOE) quiere manifestar que no participará en el VI Encuentro Andaluz de Solidaridad con Cuba que se celebrará los próximos días 18 y 19 de mayo en Málaga, tal y como manifiesta el blog de los organizadores dicho evento.

Nuestro Partido recibió el pasado 1 de mayo un correo electrónico como carta de invitación a este Encuentro, en el cual no existían datos específicos de las actividades ni de los ponentes, por la que nos solicitaban confirmación al acto. Con fecha 11 de mayo, a una semana de dicha actividad y para nuestra sorpresa, aparece en el citado blog el nombre de nuestro Secretario General como participante en dicho evento, sin que nuestro Partido haya expresado en ningún momento, ni confirmado, su intención de participar en él.

 A la vez, aparecen por primera vez los ponentes: Willy Meyer, José Luis Centella o Diego Valderas, todos ellos pertenecientes a los sectores oportunistas que desde las instituciones del Estado venden y oprimen a la clase obrera española.

Así mismo, reafirmamos nuestra solidaridad con la Revolución Cubana. Una solidaridad de pueblo a pueblo y de partido a partido como hemos manifestado en innumerables ocasiones.

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL.

 




Ante lo acaecido el 25A

La realidad es testaruda y vuelve a confirmar la justeza de nuestros análisis (en concreto, de este http://goo.gl/VqqGP ). Las contradicciones inherentes al sistema capitalista siguen agudizándose, y en el transcurso de la lucha de clases se van cayendo las caretas de los claudicadores en la lucha de la clase obrera.

El 25 de Abril vimos como buena parte de los movimientos sociales, y partidos pretendidamente comunistas, daban la espalda a una convocatoria que, a pesar de ser un fracaso en asistencia -en relación a lo que se esperaba-, consiguió reunir a algunos de los elementos más combativos y conscientes de la clase obrera madrileña. 15M, DRY, PCE-IU, CCOO-UGT, PCPE, etcétera se posicionaron claramente en contra u obviaron esta movilización. ¿Por qué?

 

La realidad es que estos movimientos sociales, partidos y sindicatos están dominados – y domados – ideológica y políticamente por la pequeña burguesía proletarizada y por la aristocracia obrera. Estos sectores, de ideología netamente burguesa, sólo aspiran a recuperar sus estándares de vida previos al período de crisis de sobreproducción capitalista, sueñan únicamente con volver a ese efímero espejismo que fue aquel período de ‘bonanza’. Por eso en sus consignas, proclamas y peticiones – pues ni siquiera son exigencias – nunca sobrepasan los límites impuestos por la lógica del capital ni el marco democrático-burgués.

Por otro lado, conociendo los terribles datos de paro – más de 6.200.000 parados – y miseria – más de 1.700.000 hogares con todos sus miembros desempleados – en el Estado español, es obvio que la clase obrera buscará nuevas alternativas en lo que a movilización se refiere – rodeos/asedios al congreso, escraches, etc. -. El 25 de Abril asistimos a uno de esos tenues intentos de los elementos más combativos de la clase obrera, vimos cómo empiezan a comprender, poco a poco, que dentro del capitalismo no hay solución.

Pero es precisamente esto lo que los oportunistas de derecha y los izquierdistas no comprenden. Los primeros piensan que las masas caerán en sus brazos si participan en la retaguardia de todas las reivindicaciones economicistas; los segundos creen que la vanguardia ha de tirar de las masas, no entrelazádose con ellas, sino estimulándolas externamente, usualmente con violencia. Ambas tácticas son completamente antileninistas, por ello no han dado ni darán nunca resultado. El PCOE en Madrid es plenamente consciente de lo necesarios que son estos elementos avanzados que otean el horizonte y, ahora, tímidamente, intentan ir más allá. Estos sectores avanzados – los obreros más intrépidos de cada centro de trabajo, los estudiantes que muestran mayor arrojo, nuestros vecinos más entregados en las luchas barriales, etc. –  han de ser ganados para la causa del socialismo científico, pues serán los eslabones intermedios que unan efectivamente al Partido con las masas.

El Partido Comunista, estandarte de la unión del movimiento obrero con la vanguardia portadora del socialismo científico, no puede tampoco prescindir de estos movimientos espontáneos si realmente aspira a realizar la revolución socialista. De igual manera, es esencial tener claro y presente en todo momento que estos movimientos espontáneos nunca llegarán a ostentar posturas revolucionarias por sí solos, como apuntábamos en el análisis previo a la convocatoria. Será cuando, elevados y dotados de una organización consciente y consecuente, dirigidos por la ineludible vanguardia del proletariado, podremos enfrentarnos de forma eficaz a nuestro enemigo antagónico en los tres aspectos de la lucha: el ideológico, el político y el económico.

Del mismo modo, es vital comprender la necesidad de edificar el Poder obrero, fuerte y expandido por cada rincón de las ciudades y del campo, capaz de confrontar con el Estado burgués. A medida que desarrollemos el poder popular, emanado directamente desde cada centro de trabajo, de estudios y barrios, constituiremos los órganos de poder que conformarán y dirigirán el futuro Estado Obrero. Esta dualidad de poder existente entre la máquina estatal burguesa y el gérmen del Estado Socialista – dirigido por la vanguardia del Proletariado -, supondrá la posibilidad de la confrontación directa con nuestro enemigo antagónico, y por ende, la toma del Poder por parte del trabajador. El fin de la explotación y de la barbarie, el advenimiento del Socialismo.

Entendemos, como no podía ser de otra forma, que ésta es una taréa hercúlea, y que para su consecución es indispensable, además de la constante lucha encarnizada contra el revisionismo y el oportunismo, la unidad de la vanguardia teórica.

Por todo lo anteriormente expuesto, desde el PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL en Madrid, hacemos un llamamiento a todos los comunistas del Estado a engrosar las filas del PCOE para luchar consecuentemente por el Frente Único del Pueblo; por el Socialismo.

 

¡POR LA EMANCIPACIÓN DE LA CLASE OBRERA!

¡POR EL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

¡POR EL SOCIALISMO!

¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!

 Partido Comunista Obrero Español en Madrid. 




De la relación entre el Capital y los charlatanes del parlamento burgués. El Socialismo es la única salida

ENDESA coloca en la comisión directiva a uno de los padres de la constitución española, Miguel Roca

“Dime quién te recompensa y te diré a quíén sirves”, podríamos decir de las figuras históricas de la “transción” del fascismo a la democracia burguesa, ambas formas de manifestación de la dictadura de la burguesía, en España. Por mucha propaganda de los medios de comunicación burgueses que los ensalze y eleve día tras día a los templos de la política desde hace más de 35 años los hechos desenmascaran a quién beneficia y para quién se hizo la Constitución de 1978, construida por PCE-IU entre otros y alabada también por la “izquierda” del parlamento.

El abogado-político-empresario Miquel Roca que comenzó su actividad política en el Front Obrer de Catalunya junto a los socialistas Narcís Serra y Pasqual Maragall y que más tarde se convirtió en fiel representante de los intereses de la burguesía catalana, CiU, ha sido nombrado por Endesa miembro de su Consejo de Administración1. Ya era miembro del Consejo de Administración del grupo cosntructor ACS, y secretario no consejero del Banco Sabadell (2000), de Abertis Infraestructuras, de TYPSA, de Accesos de Madrid, S.A.2 Como abogado defiende a Seguros Catalana Occidente, o a la Infanta Cristina.

 

 No es por adoración divina que los marxista-leninistas consideramos maestros a Marx y a Lenin sino por su precisión a la hora de retratar uno el capitalismo y el otro su fase superior y más avanzada: el imperialismo. Encontramos en la obra de Lenin de 1917 “El imperialismo, fase superior del capitalismo” el siguiento párrafo que describe a la perfección la alianza entre los capitalistas y sus títeres políticos del parlamento:

“La unión personal” de los bancos y la industria se completa con la “unión personal” de ambas con el gobierno. “Los puestos en los consejos de administración — escribe Jeidels — son confiados voluntariamente a personalidades de renombre, así como a antiguos funcionarios del Estado, los cuales pueden proporcionar no pocas facilidades (!!) en las relaciones con las autoridades. . . En el consejo de administración de un banco importante hallamos generalmente a un miembro del parlamento o del ayuntamiento de Berlín””

  

Para demostrar que no se trata de un hecho aislado si no todo lo contrario, es decir, un fenómeno vinculado al capitalismo, sirvan de botón de muestra estos cuantos ejemplos:

 

 

El Parlamento y los partidos del Sistema – desde el PP a IU-PCE pasando por el PSOE y los nacionalistas – son instrumentos de clase al servicio de la burguesía, compuesto por burgueses mismos y/o oportunistas – que anteponen sus intereses personales a los de la mayoría trabajadora. Estos oportunistas siempre defenderán al imperialismo y al estado capitalista, siendo enemigos jurados y declarados de la clase trabajadora. Ni el gobierno, ni la Unión Europea, ni ninguna institución burguesa van a solventar los problemas de la mayoría trabajadora mas cuando son ellos, como esbirros de la burguesía, y el sistema capitalista, los responsables de todos los males del Pueblo Trabajador. El Partido Comunista Obrero Español hace un llamamiento a la unidad y organización de los trabajadores; todos los sectores del proletariado – jóvenes, mujer, jubilados, desempleados, jornaleros, trabajadores de todos los sectores, estudiantes, etcétera – a conformar el Frente Único del Pueblo (FUP), instrumento de poder popular mediante el que los trabajadores podremos intervenir políticamente para resolver nuestros problemas, y ellos sólo pueden ser resueltos enterrando al capitalismo y su estado burgués, que como hemos visto está en manos de esbirros de la burguesía que son traidores y verdugos contra el Pueblo Trabajador, y pariendo el Socialismo y a nuestro estado proletario donde sea la clase mayoritaria, la Clase trabajadora, quien tenga en sus manos todo el poder político y económico para exterminar la explotación del hombre por el hombre, el robo y la miseria y reprimir a aquéllos que viven a cuerpo de rey sometiendo al Pueblo y condenándolo al hambre, al paro y a la miseria.

 ¡ABAJO EL IMPERIALISMO!  

¡ABAJO EL ESTADO CAPITALISTA!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 Comité Ejecutivo del PCOE 


 1 http://www.endesa.com/es/conoceendesa/organosdegobierno/ConsejoDeAdministracion/MIGUELROCAJUNYENT

2 http://www.endesa.com/ES/CONOCEENDESA/ORGANOSDEGOBIERNO/CONSEJODEADMINISTRACION/CV_consejo/MIQUELROCA.pdf

 




La decadencia del oportunismo: finaliza el 41º Congreso de UGT

 

El modo de producción capitalista, tal y como nació y se desarrolló, morirá irremediablemente. Así sucedió, con avances y retrocesos derivados de la lucha de clases, con el esclavismo o el feudalismo. Pero igual que nos llenamos de convicción científica –materialista y dialéctica- a la hora de afirmar sin complejos el triunfo de las fuerzas proletarias y populares en su camino hacia una etapa superior del desarrollo humano –socialismo-, con igual convicción afirmamos que el capitalismo –como el esclavismo o el feudalismo, cuyos reflejos todavía brillan en algunos lugares del mundo- ni ha caído ni caerá jamás por sí mismo. La historia es rica en enseñanzas a este respecto. No bastan unas condiciones objetivas propicias para la revolución social, no basta con que nos encontremos en la etapa de la crisis general del capitalismo, no basta con que las fuerzas productivas se encuentren ya plenamente desarrolladas y moldeadas por el capitalismo monopolista de Estado. Si a estas condiciones objetivas no se les une dialécticamente el desarrollo paralelo de las condiciones subjetivas, al centro de las cuales se sitúa el Partido como vanguardia política e ideológica del proletariado, la revolución socialista sólo será un espejismo.

 

Partiendo de esta base -la de un régimen capitalista desarrollado-, hay que decir que, a pesar de los claros síntomas de putrefacción, parasitarismo y descrédito popular que hoy arrastra el oportunismo traidor tanto en el terreno sindical como político, tal oportunismo tampoco desaparecerá por generación espontánea; habrá que enfrentarlo y liquidarlo de raíz para reconstruir un movimiento obrero que todavía hoy anda a la deriva. Imperialismo y oportunismo, ya desde los lejanos tiempos del revisionista Brenstein, son una misma cosa; sin la primera no puede existir la segunda. El oportunismo revisionista, ya sea en su práctica reformista o izquierdista, no es más que ideología burguesa inoculada en el movimiento obrero. Roma sí paga traidores.

El pasado 18 de abril, en Madrid, clausuraba su 41º congreso confederal la organización oportunista -antiobrera e imperialista- UGT (CSI). Un espectáculo degradante y penoso que hubiera provocado nauseas al mismísimo García Quejido, fundador de lo que un día fue un sindicato de clase socialista. Tal teatro burgués, bajo el marco de una crisis capitalista devastadora para el proletariado, podría resumirse en palabras del mismo Cándido Méndez -reelegido Sº General vitalicio-, después de casi un cuarto de siglo asentado en la confortable butaca sindical del régimen:

“No voy a abandonar nunca la UGT”

Estas palabras de Méndez ejemplifican bien el lamentable estado de su organización, incapaz de superar su atrofia interna tras largas décadas al servicio fiel de la burguesía. Palabras que suenan a lápida mortuoria, representando una macabra metáfora de lo acaecido en el 41º congreso de su organización. O quizá a un pronto reclamo de una buena poltrona en cualquier Consejo de Administración del capital monopolista, tal y como les ha sucedido a sus antiguos compañeros de viaje tales como Fidalgo, González o Aznar.

Ese esperpento al que el oportunismo llamó 41º congreso confederal, se nutrió de 600 “delegados” que a modo de zombis, eligieron con mansedumbre y sin presentar alternativa alguna, al mismo muerto viviente al que llevan “eligiendo” sin solución de continuidad desde 1994. 18 años como padrino de UGT, funcionando a modo de jerarca sindical del régimen capitalista español, no han sido suficientes para siquiera conseguir un único voto en contra de Don Cándido. Se impuso pues, la “regeneración de UGT”; a cargo, eso sí, de una ejecutiva encabezada por Méndez y sus consiglieres, bendecida por los 600 figurantes que acudieron al velatorio de Madrid. El 86,32% de los “delegados” votaron por la única lista presentada – la del longevo extremeño-. El poco más de 10% restante, o bien no sabían votar o literalmente se quedaron en blanco, quizá para guardar las formas y no llegar a ese molesto 100% que tan poco gusta en organizaciones “plurales y democráticas” como UGT. Los congresos del oportunismo –ya sea UGT, CCOO, PSOE o IU-, siempre están bien cocinados, cocidos a fuego lento durante largos meses.

Con todo y como orgullosa organización oportunista, la “nueva ejecutiva” ugetera dejará feliz al reaccionario feminismo burgués, pues cumplirá escrupulosamente con la Ley de Igualdad. La dirección de UGT hasta 2017, pues, estará compuesta por 10 miembros, 5 varones y 5 hembras. La perfección “igualitaria”. Mientras el capitalismo rompe el espinazo a diario a la mujer proletaria, el oportunismo reinante vende la paridad de su ejecutiva como un “signo de progreso”. Nos preguntamos, ¿de qué le sirve a la clase obrera poder contar con la presencia de 10 mercenarios sindicales al servicio de la oligarquía financiera?, ¿qué importa que sean mujeres o hombres?

Ante un movimiento obrero destruido y un movimiento sindical moribundo -en gran parte gracias a la labor del oportunismo traidor de UGT-, ante millones de trabajadores pauperizados y sobreexplotados, millones más ya sin convenio, ante una crisis capitalista que ha legalizado la esclavitud asalariada mandando a millones de obreros y empleados al exilio, el desempleo o directamente al suicidio, algún ingenuo todavía podría pensar que en tan magno congreso “sindical”, se hubiera hablado de la clase trabajadora. De su terrible situación económica, política e ideológica, de su enajenación, división y desmovilización ante el ataque descarnado de la oligarquía financiera, identificando la causa originaria de tal contexto; las relaciones de producción capitalistas en su etapa imperialista.

Cabría decirle al ingenuo, obviamente, que UGT no habló de ello en su 41º congreso confederal; eso supondría tanto como reconocer el triunfo del capitalismo y por tanto del oportunismo como ideología burguesa en el movimiento obrero. Allí por tanto, ni se habló de clase obrera, ni de asalariados en huelga de hambre ni de EREs -propios y ajenos-, ni de lucha, ni de unidad, ni de solidaridad, ni de conciencia ni de tantas otras cuestiones prioritarias para el proletariado. La organización encabezada por Méndez, hace ya mucho que dejó de ser un sindicato de clase. Allí sólo se habló de UGT en tanto que tal, como pilar fundamental del régimen capitalista. Bajo una fraseología vacua y vergonzante, se habló de cómo actuar para seguir siendo una referencia de la burguesía en el movimiento obrero, de cómo “superar estos difíciles momentos” en los que el capital muestra a cara descubierta sus esencias reaccionarias, desnudando de paso a estos charlatanes oportunistas.

Así se pronunciaba el señor Méndez, seguro de su apabullante triunfo como candidatura única;

UGT se encuentra en una etapa muy difícil (…), es preciso construiruna organización con menos estructura y que funcione mejor(…) es necesario el relanzamiento industrial y la inversión en infraestructuras, el peso que tenía el ladrillo ya no lo puede tener en el futuro y hay que buscar varios sustitutos (…), hoy el bienestar de muchos años de esfuerzo se ve aplastado bajo la imposición de austeridad, austeridad y más austeridad (…) tenemos el compromiso de construir un gran consenso social y político con el que podamos defender los intereses de nuestro país (…) Es necesario igualar para crecer (poniendo a Brasil como ejemplo), así se revitaliza el mercado interno, así se combate al desempleo”.

He aquí la síntesis que cualquier jerarca del régimen podría suscribir sin problemas; “superar” un descrédito popular galopante, pedir milagrosas “inversiones” a la oligarquía financiera (tal y como si el “neoliberalismo o el capital financiero” fuera una “anomalía” del modo de producción capitalista), mendigar más tiempo a la UE imperialista para aplicar sus recetas antiobreras. En su lenguaje infantil “más crecimiento y menos austeridad”. Todo ello enmarcado en un nuevo y anhelado “pacto social” con los enemigos del pueblo a fin de “crear empleo” y defender “a nuestro país” con sus “ciudadanos”. Como colofón, el “modelo de desarrollo” a imitar por el Estado español no sería otro que el capitalismo brasileño –el de “palacios y favelas”-, allí dónde la “moderna empresa española de éxito”, Inditex, mantiene hoy día talleres de esclavos.

Tal y como si el tiempo se hubiera detenido, el oportunismo permanece inalterable en sus posicionamientos. He ahí la decadente candidatura elegida en ese 41ª congreso confederal, fiel reflejo de la putrefacción capitalista.

Como afirma nuestro Comité Ejecutivo;

El imperialismo, consecuentemente, tratará de conducir la respuesta de los trabajadores por la senda del oportunismo, o lo que es lo mismo, del reformismo. Porque es consciente que El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados (…) mientras subsista el dominio del capital(…) Es plenamente consciente que la misión de los reformistas es dividir y engañar con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase” [Lenin]. Por ello la oligarquía se afana en subvencionar al oportunismo, cuya praxis es el reformismo y de aquí se derivan las ingentes cuantías de dinero otorgadas a las podridas cúpulas sindicales y a los partidos reformistas.”

Cuando la clase dominante desata con furia la lucha de clases al calor de una profunda crisis capitalista que retuerce los grilletes del proletariado, con mayor firmeza el oportunismo se agarra a sus valedores burgueses, evidenciando ante las masas laboriosas su traición infame a los trabajadores. Esto es los que UGT ofrece a la clase trabajadora; más pactos antiobreros, más desmovilización, más ideología burguesa, más corruptelas, más capitalismo. Ante la cruda realidad que vivimos, tratan de emboscar al capital monopolista y la estructura estatal que lo sustenta y de la que forman parte, bajo epígrafes tales como “Estado del bienestar” o “democracia”. Estado burgués y democracia burguesa que entusiasma a este sindicato al servicio de la burguesía.

Tras esta aberrante nihilismo congresual, dónde nada había que debatir, denunciar o elegir, fueron tomadas dos medidas formales de “gran importancia”, además de la aprobación de la flamante “nueva ejecutiva paritaria” encabezada por el mismo hombre de siempre. La primera es que el Secretario General de UGT ya sólo podrá permanecer en el cargo 12 años, por lo que el anciano Méndez no podrá optar al cargo en 2017. La segunda es que seguirán “movilizándose” contra los “recortes y la austeridad del Gobierno del PP”. Ya se sabe que en esa Andalucía del PSOE e IU -tan “alejada del neoliberalismo del PP”-, la clase trabajadora disfruta del “paraíso terrenal”. Allí al parecer existe un “capitalismo de rostro humano”, aunque apenas podamos distinguirlo del existente en el resto del Estado.

Bajo el aplauso de la Ministra de Trabajo –curiosamente “del Gobierno del PP”-, así como de dirigentes del PSOE, CEOE, CCOO e IU, el oportunismo clausuraba su sesión escudado por sus aliados, confirmando su adhesión inquebrantable al modo de producción burgués y capitalista. La situación en la que se encuentra la clase obrera, así como la lamentable situación que presenta el Estado español –incapaz incluso de sostener los sistemas educativo, sanitario y sociales, es decir, la reproducción de la fuerza de trabajo- son fruto de la Transición, de la democracia burguesa y del capitalismo monopolista de Estado. Fruto de todas aquellas fuerzas burguesas y oportunistas que hoy conforman el régimen; desde los herederos del nacional-catolicismo (Corona-PP), hasta llegar a los jerarcas que aprendieron a hacer de la traición un arte tanto en terreno político (PSOE, PCE, IU), como sindical (CCOO o UGT).

La decadencia y putrefacción del oportunismo, acorde al modo de producción al que sirve, pone de manifiesto la necesidad imperiosa de purgar al movimiento obrero y popular de estos elementos burgueses. Extender con eficiencia nuestra política de masas, implica desbancar al oportunismo de los Comités de Empresa, transformando estos órganos en verdaderas expresiones del proletariado, en órganos democráticos de poder popular antagónicos a la dictadura capitalista.

La solución a los problemas de la clase trabajadora no va a venir de la mano de los responsables burgueses ni de sus sicarios oportunistas. De ellos sólo pueden venir más agresiones para la clase trabajadora, más explotación y más miseria, tal y como ha puesto de manifiesto el 41º congreso confederal de UGT. La solución a nuestros problemas como trabajadores sólo puede venir de la mano de la unión y organización de la clase trabajadora como sujeto histórico revolucionario, condición necesaria para la consecución del Socialismo.

Por ello, hacemos un llamamiento a los Comités de Empresa, Delegados de Personal y trabajadores a unirse y organizarse constituyendo Asambleas de Comités, Delegadosy Trabajadores y, a éstos, a unirse con todos los sectores obreros y populares machacados por el imperialismo, como son los estudiantes, la mujer trabajadora, los jubilados, los desempleados, conformando el Frente Único del Pueblo.

¡Sin tregua al oportunismo!


¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, construyamos poder popular!


¡Construyamos socialismo!


¡Viva la lucha de la clase obrera!

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

 

 

 




Sobre la represión en Vallekas y los condenados de Segi

Tras la detención de los 8 miembros de Segi condenados a 6 años de prisión por pertenencia a dicha organización, con la excusa ya extendida a todos los campos de la sociedad de que forman parte de E.T.A. – cuestión absolutamente falsa -, se convocó en Madrid, ayer 21 de Abril a las 20:00 horas, un acto de solidaridad para con estos detenidos, una de los cuales se encuentra en estado de embarazo, y que fueron tratados con absoluta brutalidad. El acto se realizó en la Plaza del Nica del madrileño barrio de Vallekas.

Éste duró aproximadamente 20 minutos, sin incidentes. Al finalizar, muchos de los compañeros allí presentes se marcharon mientras otros se quedaron hablando en el lugar. Repentinamente, fueron sorprendidos por una gran cantidad de furgones policiales – no menos de 8 – de los que se bajaron las Fuerzas de Seguridad ya preparadas para cargar, con las porras en ristre.

 

Muchos de los compañeros fueron golpeados mientras otros fueron arrojados al suelo, recibiendo brutales palizas. La madre de un compañero, que estaba siendo brutalmente golpeado, sufrió un desmayo causado por la desesperación que tal acto de violencia le producía, sin ser atendida por ningún Policía. El resto de los compañeros fueron puestos contra la pared, con las manos en alto, mientras sufrían las agresiones físicas y verbales de los policías más próximos.

Mientras la madre del agredido lloraba y gritaba desesperada para que soltasen a su hijo – que recibió una brutal paliza hasta vomitar, y que luego fue arrastrado por los suelos hasta el furgón – los que nos “defienden y protegen” gritaban “putos rojos de mierda, la que lian por una puta identificación, será que no están acostumbrados”  y consignas similares, al tiempo que pegaban patadas a los cierres contra los que los compañeros estaban retenidos, causando el terror entre los mismos.

En un intento desesperado por calmar la situación, una de las compañeras trató de hacer razonar a alguno de los Policías recordándole su condición de trabajador, al igual que los que allí se encontraban, a lo que fue respondida con frases como “callate y ponte contra la pared o te reviento la boca”.

Este escenario de represión y brutalidad policial, cuyo objetivo era acallar – una vez más – las voces de solidaridad – esta vez para con la juventud vasca -, se saldó con dos detenidos de 29 y 19 años – los que recibieron las palizas más inhumanas – que fueron puestos en libertad con cargos ese mismo día a las 01:30 de la madrugada.

Tal como venimos advirtiendo desde artículos anteriores, no podemos ceder ante tal represión puramente política, y nuestra única salida es tomar conciencia y organizarnos en torno a la lucha por el Socialismo, sistema en el que la clase trabajadora no será reprimida por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad subyugados al Capital. De tal manera, denunciamos y condenamos todos estos actos de represión escalada que se suceden diariamente.

Por todo ello, desde el PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL exigimos la anulación de las condenas emitidas, que solo responden a un nuevo capítulo, arrastrado desde hace décadas, de represión y persecución política al conjunto de la clase obrera vasca; así como la inmediata puesta en libertad de los 8 nuevos presos políticos de Euskal Herria – y, por ende, de todos -. De igual modo, hacemos un llamamiento a la solidaridad hacia todos los compañeros que sufrieron – y hacia los que aún sufren – de primera mano la violenta acción constante a la que nos tienen, desgraciadamente, acostumbrados los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, siempre fieles a las órdenes emanadas desde la burguesía y sus representantes en los Gobiernos y Parlamentos.

 

Partido Comunista Obrero Español en Madrid

 




Ante la ruina del sector avícola gallego

Hace escasos días la patronal del sector avícola gallego alertaba del hundimiento del sector, ante las prácticas de las grandes superficies de mantener los precios de la mercancía que ellos producen por debajo de los costes de producción, con el objetivo de utilizar estos productos como “reclamo” para la compra en estas superficies. Ni que decir tiene que ese margen de pérdidas es recuperado aumentando artificialmente el precio de otros artículos.

 Esto es una ley de desarrollo del capitalismo. Los monopolios, en este caso los del sector de la distribución, imponen sus normas. Asimismo, para contrarrestar estos efectos negativos el capital productivo tiende a concentrarse en cada vez menos manos, para poder plantar cara estos otros monopolios. Es decir, cada vez tienden a existir menos productores en el sector avícola, concentrándose la producción en grandes grupos que controlan cada vez más la producción. Y esto naturalmente en quién repercute es en los obreros, porque esa concentración de la producción hace que sean prescindibles miles de empleos en el sector, porque a los capitalistas no les hacen falta.

Los defensores del capitalismo invierten mucho trabajo y gastan millones de euros, por medio del adoctrinamiento en desviar de la mente del trabajador la cuestión de quién dirige y controla la vida económica dentro del capitalismo. Es decir, gastan ingentes cantidades de dinero en la batalla ideológica contra la clase obrera.

Pero, sin embargo, no pueden ocultar el hecho de que en el capitalismo la producción no depende del control democrático del pueblo gallego, sino del poder dictatorial de un número no grande de corporaciones y multinacionales, que tienden a controlar cada vez más dicha producción.

En la esfera económica, el capitalismo es desde sus bases antidemocrático y antihumano. Esto por supuesto, tiene también influencia en la escena política. En la sociedad capitalista, el dinero constituye una de las fuerzas motrices de la política. Y son precisamente las empresas quienes tienen el dinero. Pueden utilizar este dinero para elegir al pelele de turno que se sentará en el sillón del gobierno, pueden controlar los medios de comunicación, etc. Vivimos en una sociedad dominada por las empresas y los monopolios. Por consiguiente, incluso dónde se nos dice que existe democracia, se trata de una dictadura del capital.

El capitalismo es un modo de producción anárquico. Se produce no según las necesidades sino para el máximo beneficio, sin orden ni control. Esta anarquía se encuentra en evidente contradicción con la planificación y coordinación general que una economía requiere objetivamente. Vivimos en una sociedad moderna compleja, en la cual cada una de sus partes depende de otras, encontrándose todas interconectadas.

Los obreros del sector avícola dependen de los empleos, los cuales se encuentran controlados por las empresas productoras . Los trabajadores tienen que ganarse la vida con sus propias manos, ya que las fábricas y maquinaria las tienen en sus garras las empresas. Los comerciantes dependen de que los obreros tengan trabajo, y cuanto menos ventas tengan más tenderá el capital a concentrarse en menos manos, al desaparecer la competencia debido a la bajada de ventas, dando lugar como dijimos anteriormente a la aparición de grandes monopolios como consecuencia de esta concentración de capital. Surgen así las grandes cadenas de distribución, ante las cuales la pequeña tienda de ultramarinos del barrio no puede competir y se ve abocada al cierre. Esto es ley en el capitalismo, y explica el porqué las grandes superficies cada vez controlan en mayor medida el mercado, lo que les permite imponer las condiciones que ellos determinen a los productores, los cuales deben concentrarse si quieren hacer frente a estas condiciones abusivas, y ello lo pagan los obreros con su trabajo. De toda esta ecuación aparecen las crisis sistémicas del capitalismo, ante la imposibilidad por parte del pueblo de adquirir todas las mercancías producidas. Es decir, la crisis es parte intrínseca del capitalismo.

Para poner fin a esto la economía tiene que ser dirigida por un plan central, cuyo objetivo principal sea aumentar el bienestar del pueblo. Pero esto no puede lograrse en el capitalismo, donde la economía está dirigida por las empresas privadas que no persiguen satisfacer los intereses del pueblo y su bienestar, sino sus intereses privados, los cuales consisten en alcanzar la mayor ganancia. Y además, como hemos visto, ese capitalismo tiene sus propias leyes de desarrollo que tienden siempre a aumentar el poder de los monopolios. Sólo bajo el socialismo puede ser dirigida planificadamente la economía.

El poder incontrolado de las empresas hace que de deslocalice la producción hacia áreas dónde los capitalistas obtienen mayores ganancias, a costa de explotar más a los obreros, como puedan ser los países del tercer mundo. Tras las deslocalizaciones sólo queda miseria y paro, pero esto no les importa a las empresas que lo que buscan es maximizar los beneficios. Sobre este tema en Galicia tenemos cientos de ejemplos, vemos como los polígonos industriales menguan cada vez más, impidiendo el desarrollo de las fuerzas productivas y condicionando la depauperación de la clase obrera gallega.

Por tanto el capitalismo, como sistema socio-económico, no acepta responsabilidades por una vida satisfactoria para el pueblo. Los intereses humanos no son asunto de la sociedad capitalista. El capitalismo es brutal y antihumano. Por ejemplo la gente se puede estar muriendo que si no tiene el dinero para pagar la cama de un hospital, está sentenciada. Esto no está pasando en Somalia o Haití, sino en decenas de casos en la Galicia del siglo XXI.

Tal y como de desarrolla la crisis general del capitalismo, en la misma medida se profundiza la crisis de la clase obrera. Y es precisamente esta situación la que obliga a los trabajadores a buscar auténticas soluciones. Y esa solución se llama socialismo. Los propagandistas del capitalismo son bien conscientes de ello. Esto explica la continua y casi histérica guerra propagandística contra el comunismo. Esta es la razón para inventar y propagar cada vez más mayores mentiras y calumnias sobre el socialismo.

Todo esto para mantener los intereses de los capitalistas, que son las ganancias y cómo hacerse todavía más ricos. Nos toca a los obreros, trabajadores y demás clases populares luchar por un sistema que subordine todos sus esfuerzos a un solo objetivo: la vida satisfactoria y el bienestar del pueblo. Ese sistema se llama socialismo.

Es por eso que la única alternativa para los trabajadores del sector avícola es la lucha por el socialismo, por el control obrero de la producción en un sistema que no busque el beneficio de los monopolios, sino el bienestar de los trabajadores. Y ese sistema se llama socialismo-comunismo.

DIANTE DA RUINA DO SECTOR AVICOLA GALEGO

Fai escasos días a patronal do sector avícola galego alertaba do afundimento do sector, ante as prácticas das grandes superficies de manter os prezos da mercadoría que eles producen por debaixo dos custos de produción, co obxectivo de utilizar estes produtos como “reclamo” para a compra nestas superficies. Nin que dicir ten que esa marxe de perdas é recuperada aumentando artificialmente o prezo doutros artigos.

Isto é unha lei de desenvolvemento do capitalismo. Os monopolios, neste caso os do sector da distribución, impoñen as súas normas. Así mesmo, para contrarrestar estes efectos negativos o capital produtivo tende a concentrarse en cada vez menos mans, para poder arrepor estes outros monopolios. É dicir, cada vez tenden a existir menos produtores no sector avícola, concentrándose a produción en grandes grupos que controlan cada vez máis a produción. E isto naturalmente en quen repercute é nos obreiros, porque esa concentración da produción fai que sexan prescindibles miles de empregos no sector, porque aos capitalistas non lles fan falta.

Os defensores do capitalismo inverten moito traballo e gastan millóns de euros, por medio do adoutrinamento en desviar da mente do traballador a cuestión de quen dirixe e controla a vida económica dentro do capitalismo. É dicir, gastan inxentes cantidades de diñeiro na batalla ideolóxica contra a clase obreira.

Pero, non obstante, non poden ocultar o feito de que no capitalismo a produción non depende do control democrático do pobo galego, senón do poder ditatorial dun número non grande de corporacións e multinacionais, que tenden a controlar cada vez máis a devandita produción.

 Na esfera económica, o capitalismo é dende as súas bases antidemocrático e antihumano. Isto por suposto, ten tamén influencia na escena política. Na sociedade capitalista, o diñeiro constitúe unha das forzas motoras da política. E son precisamente as empresas as que teñen o diñeiro. Poden utilizar este diñeiro para elixir o monicreque correspondente que se sentará na cadeira de brazos do goberno, poden controlar os medios de comunicación, etc. Vivimos nunha sociedade dominada polas empresas e os monopolios. Por conseguinte, mesmo onde se nos di que existe democracia, trátase dunha ditadura do capital.

O capitalismo é un modo de produción anárquico. Prodúcese non segundo as necesidades senón para o máximo beneficio, sen orde nin control. Esta anarquía encóntrase en evidente contradición coa planificación e coordinación xeral que unha economía require obxectivamente. Vivimos nunha sociedade moderna complexa, na cal cada unha das súas partes depende doutras, encontrándose todas interconectadas.

Os obreiros do sector avícola dependen dos empregos, os cales se encontran controlados polas empresas produtoras. Os traballadores teñen que gañarse a vida coas súas propias mans, xa que as fábricas e maquinaria as teñen nas súas poutas as empresas. Os comerciantes dependen de que os obreiros teñan traballo, e canto menos vendas teñan máis tenderá o capital a concentrarse en menos mans, ao desaparecer a competencia debido á baixada de vendas, dando lugar como dixemos anteriormente á aparición de grandes monopolios como consecuencia desta concentración de capital. Xorden así as grandes cadeas de distribución, ante as cales a pequena tenda de ultramarinos do barrio non pode competir e se ve abocada ao peche. Isto é lei no capitalismo, e explica o porqué as grandes superficies cada vez controlan en maior medida o mercado, o que lles permite impoñer as condicións que eles determinen aos produtores, os cales deben concentrarse se queren facer fronte a estas condicións abusivas, e el págano os obreiros co seu traballo. De toda esta ecuación aparecen as crises sistémicas do capitalismo, ante a imposibilidade por parte do pobo de adquirir todas as mercadorías producidas. É dicir, a crise é parte intrínseca do capitalismo.

Pra poñer fin a isto a economía ten que ser dirixida por un plan central, cuxo obxectivo principal sexa aumentar o benestar do pobo. Pero isto non pode lograrse no capitalismo, onde a economía está dirixida polas empresas privadas que non perseguen satisfacer os intereses do pobo e o seu benestar, senón os seus intereses privados, os cales consisten en alcanzar a maior ganancia. E, ademais como vimos, ese capitalismo ten as súas propias leis de desenvolvemento que tenden sempre a aumentar o poder dos monopolios. Só baixo o socialismo pode ser dirixida planificadamente a economía.

O poder incontrolado das empresas fai que de deslocalice a produción cara a áreas onde os capitalistas obteñen maiores ganancias, a custa de explotar máis os obreiros, como poidan ser os países do terceiro mundo. Tras as deslocalizacións só queda miseria e paro, pero isto non lles importa ás empresas que o que buscan é maximizar os beneficios. Sobre este tema en Galiza temos centos de exemplos, vemos como os polígonos industriais minguan cada vez máis, impedindo o desenvolvemento das forzas produtivas e condicionando a depauperación da clase obreira galega.

Por tanto o capitalismo, coma sistema socio-económico, non acepta responsabilidades por unha vida satisfactoria para o pobo. Os intereses humanos non son asunto da sociedade capitalista. O capitalismo é brutal e antihumano. Por exemplo a xente pódese estar a morrer que se non ten o diñeiro para pagar a cama dun hospital, está sentenciada. Isto non está a pasar en Somalia ou Haití, senón en decenas de casos na Galiza do século XXI.

Tal e como de desenvolve a crise xeral do capitalismo, na mesma medida se afonda a crise da clase obreira. E é precisamente esta situación a que obriga os traballadores a buscar auténticas solucións. E esa solución chámase socialismo. Os propagandistas do capitalismo son ben conscientes diso. Isto explica a continua e case histérica guerra propagandística contra o comunismo. Esta é a razón para inventar e propagar cada vez máis maiores mentiras e calumnias sobre o socialismo.

Todo isto para manter os intereses dos capitalistas, que son as ganancias e como facerse aínda máis ricos. Tócanos aos obreiros, traballadores e demais clases populares loitar por un sistema que subordine todos os seus esforzos a un só obxectivo: a vida satisfactoria e o benestar do pobo. Ese sistema chámase socialismo.

É por iso que a única alternativa para os traballadores do sector avícola é a loita polo socialismo, polo control obreiro da produción nun sistema que non busque o beneficio dos monopolios, senón o benestar dos traballadores. E ese sistema chámase socialismo-comunismo.

 




Una salida burguesa más

Emilio Pizocaro, periodista y últimamente prolífero autor de escritos mesiánicos, acaba de publicar en Rebelión un nuevo alegato en favor de la revolución democrática, que titula “¿Que está haciendo la izquierda mientras la derecha prepara el cambio cosmético del régimen?”. En él nos alerta, una vez más, sobre la trama que el poder económico del régimen está urdiendo con el objetivo de dar un lavado de cara al sistema político, que tiene por misión restituir la credibilidad del capitalismo, muy deteriorada por la corrupción generalizada.

 Pizocaro nos tiene acostumbrados en sus artículos a contradicciones e incomprensiones, producto de una debilidad ideológica manifiesta, por tanto, de no comprender la psicología de las masas. Al tiempo que recuerda con qué facilidad se aprovecha el imperialismo de las rebeliones árabes, propugna prestar atención a movimientos como el 15M, El Constituyente, -al que pertenece-, El SAT, el 25-S etc. Con lo cual su pronunciamiento sobre la capacidad del imperialismo para irrumpir y distorsionar los movimientos “revolucionarios” pasa a mejor vida, a ser una simple anécdota sin consecuencia alguna y sin que merezca una reflexión en línea a escudriñar en las causas de las debilidades de estas rebeliones. Es evidente, que el imperialismo maneja los movimientos, porque estos carecen de ideología de clase, de estructuras orgánicas disciplinadas y cuyos objetivos no están definidos o no se proponen romper con el capitalismo. Los imperialistas solo tienen que infiltrarse, hurgar en sus carencias, en este caso, en la religión, a la par que modifican su lenguaje para dirigir esa rebelión desnortada.

No podemos olvidar, de ninguna de las maneras, que lo que pretende es “regenerar” y no cambiar el sistema, para ello, aplaude cuanto dice el filósofo Juan Ramón Capella; “No sólo hay que jubilar o poner a la sombra al personal político incapaz que ha venido gobernando el sistema: hay que abrir paso a gentes nuevas no infectadas por la corrupción. Hay que ingeniar un sistema político que quede en manos del pueblo. Que éste pueda controlar y que cuente con mecanismos sólidos de exigencia de responsabilidades”.

A nuestro Mesías, le importa más bien poco la existencia del burgués que roba la plusvalía al trabajador, lo que persigue es que los políticos que legalizan tal corrupción, sean políticos como mandan los “cánones” y no unos corruptos que roban al pueblo o que miran hacia otro lado cuando el PP impone reformas y recortes antipopulares. No, no se trata de una revolución socialista: “No hay soluciones de parche a la crisis del sistema, se requieren soluciones de fondo y esta solucion se llama proceso constituyente, o si queréis, mas claro aún, el horizonte que debemos proponer a los colectivos ciudadanos es una revolución democrática QUE REGENERE TODOS LOS PODERES, TANTO ECONÓMICOS, POLÍTICOS COMO SOCIALES”. – Emilio Pizocaro, “Después del 29 de Marzo ¿Qué?”

El análisis que hace de la izquierda parlamentaria es acertado, al menos en el último articulo, porque en anteriores incluso sugiere a ésta un cambio “profundo”, por lo que al final no está demasiado claro si en su pensamiento aún le ofrece cierto margen de recuperación. Pero, suponiendo que su crítica se radicalice y concluya con la imposibilidad de la regeneración de los PSOE e IU., si lo hace es porque en su opinión la actualización de las formas de luchas y de los objetivos, consiste en rendir culto a la espontaneidad, a la auto-organización horizontal, a la revolución desde la base etc., que constituyen las fuerzas motrices de las revoluciones del siglo XXI, las cuales niegan a la clase obrera su carácter de sujeto revolucionario, para otorgárselo a una masa amorfa.

Decía en  “¿Necesitamos una política para una revolución democrática?” -La verdadera refundación de la izquierda está en la persistencia de las movilizaciones populares que se auto-organizan al margen de los aparatos políticos . Lo más probable es que tras estas movilizaciones germine una política de rebelión popular que logre articular un proyecto de revolución democrática y social-

Al examinar la historia, nos damos cuenta que no hay nada de novedoso ni de revolucionario en sus propuestas. Siguiendo la moda actual, implantada por el pensamiento metafísico burgués, él atribuye al magnetismo del siglo XXI las innovaciones en la lucha social. Así, hace más de un siglo Anton Pannekoek libraba sus batallas teóricas por imponer en el ambiente revolucionario su organización horizontal. El lejano soviet como la cercana CC.OO, uno a nivel popular y la otra en el seno de las clases trabajadoras, en sus inicios, se dotaron de formas de organizaciones autóctonas. Pero, hasta el día de la hoy la historia ha estado sujeta a las leyes de la dialéctica. El salto cualitativo de un régimen de producción a otro, se produce por la lucha de contrarios antagónicos, es decir, entre clases sociales que se repelen, como es la clase burguesa y la clase obrera. El alumbramiento de un nuevo sistema lo tiene que protagonizar la clase que niega a la que está en el poder, por consiguiente, la lucha de base se encuentra en los centros de trabajo a la que se ha de unir los movimientos populares y no lo contrario. Hoy como mañana, la producción de los bienes materiales correrán a cargo de los trabajadores. difícilmente podemos imaginar una sociedad nueva en la que los trabajadores tendrán el deber de producir, y sin embargo; los dirigentes de esa sociedad serán masas amorfas, desclasadas, que desdeñan las organizaciones que se dan los trabajadores.

El problema es que Emilio Pizocaro no se pronuncia a favor de la lucha de clases, probablemente piense que es un concepto trasnochado. Aún así, no nos explica cuales son las razones por las que la clase obrera ha dejado de ser el sujeto revolucionario y cuándo y cómo entregó el testigo a no se sabe quienes.

Pero ¿contra quién o quiénes nos propone que luchemos? En definitiva, contra la corrupción. Más ésta no se produce porque el hombre la lleve en sus genes, o por la existencia de partidos, o es debido al sistema político, la causa de la corrupción es el capitalismo, que basado en la propiedad privada sobre los medios de producción, genera desigualdades, avaricias, abusos, todas ellas manifestaciones de la CORRUPCIÓN con mayúsculas: el modo de producción burgués basado en la explotación de los trabajadores. Es un error y gravísimo luchar contra el efecto -la corrupción- y dejar intacta la causa, el sistema de producción. Algo que a la postre redundará en beneficio de la burguesía y entorpecerá el verdadero proceso revolucionario.

En efecto, no hay solución a ninguno de los problemas que plantea Pizocaro, si no se va contra las estructuras económicas capitalistas y se le opone su negación: el socialismo, de lo contrario, cualquier lavado de cara, no servirá para detener los nuevos brotes de corrupción que serán cada vez más horrendos.

La crisis actual está sirviendo de rampa de lanzamiento a las empresas imperialistas españolas, capacitándolas para dirimir sus diferencias contra el avance de los países que componen el BRIC. La Reforma Laboral, permite al gran capital español obtener el producto barato y la capitalización necesaria para mantener mercados internacionales en peligro de perder e invadir otros nuevos. Es una lucha inter-imperialista, a la que no son indiferentes los pueblos de los países imperialistas como el español.

También la crisis facilita a los ejércitos imperiales desarrollar sus capacidades militares por medio de guerras de rapiñas, que les obliga a incrementar sus mortíferos y criminales arsenales. Así como perfeccionar los métodos represivos de las policias. La Reforma Laboral, pone al descubierto la corrupción de la judicatura: despidos, desahucios… Las instituciones, más que nunca exteriorizan su propensión clasista, hasta la corrupción más repugnante: Parlamento, ayuntamientos…

¿A una organización de este calibre, disciplinada, capaz de utilizar la cárcel y el crimen masivo sin ningún tipo de remordimiento, pretende Pizocaro oponer resistencia y vencerlas, con la organización horizontal? Recordemos que el 15M, la supuesta organización horizontal, mas “original” de la historia del movimiento popular de nuestro país, supuso en la práctica la consagración de una nueva forma de hacer, mezcla de anarquía y burocracia. Las asambleas del 15M en muchos lugares del país, no eran democráticas, curiosamente tenían un programa antes de nacer y todas las propuestas que superaban ese programa, después de tener que plantear una gran batalla con aquellos que introducían el programa concebido y redactado por una dirección oculta, ajena a las asambleas, eran boicoteadas, se perdían en el camino entre las llamadas asambleas de base y las “asambleas” centrales. Y es que la horizontalidad y su dirección básica eventual no facilitaban ningún control por parte de los asambleístas de base.

Con este tipo de organización no vamos a vencer al capitalismo español y europeo, pues de eso se trata. Pero, Pizocaro engaña, no habla claro sobre el imperialismo, de la dependencia del sistema español al europeo y pretende llevar al pueblo, sin dirección científica al matadero y tan solo para cambiar el talante de los políticos parlamentarios.

Lo que quizás no sepa Pizocaro es que la burguesía ante la necesidad de un cambio, cree oportuno ceder ante movimientos que no atentan ni a su poder político y menos aún al económico y está dispuesta, a aceptar sobre el papel que todo lo soporta, cambios que sofoquen a las “masas horizontales”, pues este es el objetivo que éstas se plantean.

Mientras tanto, la realidad nos lleva a una clase obrera arrinconada en sus lugares de trabajo, en donde el terror la hace presa del miedo. Para comenzar una revolución seria, es de vital importancia, que la clase obrera entre en acción desde donde mas le duele al capital, en los centros de trabajo. Empero, es incuestionable, que la psicología de derrota que la abate en estos momentos, es un freno absoluto. Se impone pues, la toma de conciencia de los trabajadores del porqué de su derrota, para tomar aliento. Solo con el conocimiento de causa, con la libertad de conciencia, estarán en condiciones los trabajadores de recuperar su calidad de sujeto revolucionario.

El problema es que ni los movimientos espontáneos auto-organizados horizontalmente, están capacitados para tal misión, ni los culpables de sus desdichas, los partidos políticos parlamentarios, mal llamados de izquierdas, ni los sindicatos, tienen la fuerza moral, tampoco reflexiva para explicarles a los trabajadores, que son ellos por su traición los que les han llevado a la derrota, pura utopía, en ambos casos.

Esto será y es obra de un Partido Comunista armado con la doctrina del marxismo-leninismo, única que ha demostrado en la práctica y en la teoría que el capitalismo es vencible y la única que ha tenido al régimen burgués entre las cuerdas. Y la historia que se muestra inapelable, nos enseña, que durante el periodo de quiebra del movimiento comunista, no ha habido ninguna ideología que la haya sustituido en la dirección de los procesos revolucionarios de verdad. Porque la humanidad en el capitalismo, no ha creado todavía, ni podrá hacerlo jamás, más que dos ideologías, las que representan los intereses de las dos clases principales del sistema capitalista, la clase burguesa y la clase obrera y todo lo que sea rebajar la ideología obrera significa fortalecer y defender a la ideología burguesa.

En pos de esta realidad histórica, el PCOE, que ha conocido muy de cerca muchos de los movimientos preferidos por Pizocaro, se ha propuesto y está llevando a cabo una labor propagandista para explicar a los trabajadores las causas de su situación, a la par que acomete la labor de promover en los pueblos y barrios donde tenemos militantes, asambleas populares, al objeto de configurar el FRENTE UNICO DEL PUEBLO, que se dote de un programa revolucionario de acuerdo con las necesidades de la sociedad moderna, o sea un programa para la democracia obrera cuyo nombre científico es LA DICTADURA DEL PROLETARIADO.

 

COMISION IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




Abandonar el barco fue un error: las renuncias al marxismo tras la caída del campo socialista y la vigencia actual del marxismo-leninismo

Es hora de hacer un pequeño paréntesis reflexivo y recordar a tantos camaradas que asqueados por las traiciones de los dirigentes renunciaron al marxismo y, especialmente, a quienes sintieron desvanecer su confianza en la ideología obrera tras la caida de la URSS y del campo del socialismo. Algunos fueron camaradas intrépidos, fértiles en su entrega, víctimas de la represión burguesa, pues mientras los reformistas convivían plácidamente con los enemigos de la clase obrera al calor de un falso bienestar “conseguido”, ellos fueron expulsados de los sindicatos y despedidos de sus empresas. Fueron también, otros camaradas, limitados para una actividad total, y que a pesar de sus circunstancias, pusieron lo mejor de lo que tenían a disposición de su partido y de la causa obrera. Camaradas todos, que lamentablemente hoy, se hallan recluídos en sus hogares sin querer saber nada, pero llenos de inquietudes reprimidas.

 

Nadie puede discutir que fueron momentos delicados para la conciencia revolucionaria. El imperialismo, animado por su victoriosa posición, redobló sus esfuerzos y se armó de argumentos con la presunción de asestar el golpe mortal al marxismo. Entonces aparecieron miles de libros, ensayos, más toda clase de artículos para demostrar que con la caída de la URSS, el marxismo había fracasado. Los circulos propagandísticos burgueses extendieron sus tentáculos atrapando con ellos a una pléyade de profesionales de la información, a la par que conquistaban las conciencias mal nutridas de falsos actualizadores de la revolución socialista, que hicieron suyas propuestas que reflejaban las influencias de la propaganda imperialista. Bajo sus efectos surgieron formas de organizaciones desvinculadas del movimiento obrero y comunista, pequeñísimas fracciones de la sociedad, desclasadas y sin ideología, que los supersabios, léase intelectuales prostituidos, elevaron a la categoria de sujeto revolucionario, negando a la clase obrera su misión histórica. Todo estaba concebido para infundir entre los trabajadores el desaliento y la malformación de su conciencia de clase.

Con estos parámetros bien delineados, que se mostraban realistas e infranqueables, los sumisos sindicatos, los políticos traidores de la mal denominada “izquierda”parlamentaria, juntos con los capitalistas, lograron crear un ambiente hostil a todo cuanto era y representaba la ideología marxista. Pese a ello, el marxismo como ciencia que es, permaneció incólume, a sabiendas de que las mentiras tienen las patas muy cortas. Los análisis de Marx, Engels, Lenin y Stalin, que habían permanecido ocultos por la confabulación antiobrera, brotaron de nuevos impetuosos, estimulados por una crisis, tan honda y perversa, que por sí misma se encargó de restaurar la credibilidad de la filosofía marxista, la única capaz de señalar con matemática precisión la causa de la crisis y sus consecuencias.

Gracias al marxismo, hoy podemos mirar con optimismo el pasado. Las experiencias de la URSS y del campo del socialismo ya no son motivos para el desaliento, por el contrario, sus éxitos y sus errores constituyen un maravilloso acicate para retomar el camino revolucionario con la lección bien aprendida, a la vez que nos coloca en la mejor situación para conjugar el pasado con el presente y así construir el futuro que será labrado no sin escollos, pero con la certeza de que ya nunca más incurriremos en fallos que pongan en peligro la integridad de la nueva sociedad.

Ningún partido, ningún colectivo fraccional promocionados por la propaganda y el dinero imperialista, ninguna organización espontánea e indisciplinada, ninguna teoría parida artificialmente, ha demostrado, desde la desaparición de la URSS, tener capacidad para afrontar el reto del devenir que pasa por encima de los deseos de los enemigos de la clase obrera. Todos ellos han quedado como son: COMO UNOS TRAIDORES INDESEABLES.

Hoy podemos asegurar que, si el capitalismo europeo, especialmente el español, impone su ley, es como consecuencia de que no existe aún un Partido Comunista con la suficiente fuerza para cambiar el rumbo de los acontecimientos, debido a todo lo que venimos exponiendo. Ellos lo hicieron bien hasta cierto punto, pues sabían que más temprano que tarde, sus falsedades quedarían al descubierto, y el marxismo volvería a imponerse, pues no ha habido ninguna teoría, excepto la marxista, capaz de explicar el desenvolvimiento de la producción burguesa y sus consecuencias; pero para ese momento esperaban, como así ha sucedido, tener a los trabajadores aprisionados por el terror de los empresarios y bajo las férula del reformismo.

Para sacar a la clase obrera del oscurantismo, para encarar las nuevas batallas, es preciso reunir todas las fuerzas sanas, entre ellas a vosotros camaradas de ayer, que fuisteis parte y base de este presente y del futuro que aspiramos. Vuestro Partido, EL PCOE, os acogerá en aras de fortalecer el arma que reclama la clase obrera para recobrar su aliento, su razón de ser, y marchar juntos con la firmeza y el calor que nos avienta el marxismo-leninismo.

¡ POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA !

¡ FORTALEZCAMOS EL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE) !

 




El falso mesianismo

El viernes 8 de Marzo tuvo lugar en la Facultad de Económicas de la Universidad de Sevilla una reunión de cien personas con el propósito de “promover el tránsito a una etapa democrática”, en la que cada una expuso su idea para regenerar la democracia en nuestro país, cuyos postulados en boca de uno de los ponentes era el siguiente: “No son ideas ni de izquierdas ni de derechas, sino de gente honesta”, lo que quiere decir que son dederechas, de pensamiento burgués y consecuentemente antiobreras.

Y es que en el capitalismo, la humanidad no ha podido, ni puede, ni podrá generar más que dos ideologías: las que expresan los intereses antagónicos de las dos clases fundamentales del sistema: la de la clase burguesa, que se apodera de todos los bienes producidos y los distribuye según sus intereses, y la de la clase obrera, productora de todas las riquezas materiales y espirituales de la sociedad y, en cambio, es la que menos recibe. Las demás clases y capas sociales giran alrededor de ellas. Consustancial a esta verdad histórica, todo lo que sea rebajar la ideología proletaria supone pasarse a la ideología burguesa. Aunque en este caso hay algo más que el deprecio de la ideología obrera, tal es el más absoluto de los desprecios a todo lo que es y pertenece al trabajador. Cuando el representante de EQUO-A menciona a los sindicatos y partidos es tan sólo con el interés oportunista de conseguir el voto de los trabajadores: “Sin la gente que está en los partidos y sindicatosno tendremos la mayoría social que necesitamos para lograr el cambio”.

La designación de la “ciudadanía” elevada a sujeto revolucionario de la nueva etapa democrática ya nos dice la catadura de los promotores y la naturaleza interclasista de sus objetivos. La teoría central y cardinal objeto de la reunión es rescatar la democracia que se encuentra secuestrada. Es evidente que la ignorancia política aprisiona las mentes de los reunidos, pero es más la actitud traicionera a un pueblo que quiere que sus problemas sean resueltos definitivamente.La democracia que pretenden rescatar, con la falsa excusa de acabar con las políticas neoliberales, es la misma democracia burguesa que hoy nos domina, la cual tiene como base y sostén la propiedad privada sobre los medios de producción, la causa capital de la desigualdad, de la negación de los derechos del pueblo trabajador, del engaño, de la corrupción económica y política, de la represión, etc. Todo intento por edulcorar el sistema burgués es una falacia y una hipocresía porque el capitalismo asienta su poder sobre la más ignominiosa de las corrupciones: la succión de la plusvalía generada por el trabajador, que convierte a éste en esclavo del patrón y del sistema.

Los promotores del proyecto engañan con la vileza de la burguesía, pues ésta concebió su sociedad para en definitiva valerse de sus intituciones, que les permiten consolidar su poder e incrementar constantemente sus riquezas, sin desdeñar ningún medio político ni represivo para conseguirlo. Por muy revolucionario que sea un partido político, si plantea el parlamento burgués como el medio para alcanzar el bienestar del pueblo será derivado por la inercia del sistema hacia el estercolero y en nuestro país ha habido ya bastante experiencia al respecto, la última la protagonizada por IU en Andalucia y en otras zonas del estado.

Según la nota de prensa: “En la mente de todos está el sorpasso de Syriza al PASOC en Grecia, el hundimiento en Islandia de los partidos tradicionales ante una coalición cuyo punto programático era la reforma de la Constitución para la regeneración política…”.La conciencia de nuestros mesías se mueve cegada por el oportunismo. No buscan la solución de los graves problemas que aquejan a la sociedad española pues les atrae el fenómeno de Syriza sin reparar que dicho partido o alianza electoral es parte de las alternativas que tiene la burguesía europea y griega, con la pretensión de mantener el capitalismo en momentos gravísimos para su existencia.

En realidad este es el papel que busca desempeñar la nueva alianza electoral, la de ser la quinta columna en el movimiento popular con el fin de que éste no se organice adecuadamente y por tanto, no encuentre el verdadero camino de la emancipación. Y de esta forma, tenerlo atrapado en el estrecho marco de la democracia burguesa. Si la burguesía estaba agobiada por restañar su descrédito, nuestros mesías les tienden las manos, los pies y todo su cuerpo para construir los argumentos que la rehabilite.

Muy seguros de si mismos, los promores nos advierten que: “Éste es el viento de la historia y quien se oponga a él será barrido como ya lo han sido los partidos comunistas y socialistas tradicionales en Grecia e Italia”. Puro cinismo es lo que evidencia esta sentencia que creen inapelable. Los oportunistas suelen entorpecer el desenvolvimiento natural, revolucionario de los trabajadores para luego recriminarles su desconciación con la que acreditan su comportamiento traicionero.

Los Partidos Comunistas han sufrido los zarpazos del reformismo (práctica del oportunismo) lo que los ha debilitado e incluso ha sido la causa de la desaparición de algunos como en Italia. Pero el oportunismo no es un fenómeno extraterrestre sino que es la consecuencia -entre otras- de las influencias en el movimiento obrero de la ideología burguesa, transportada principalmente por la pequeña burguesía arruinada que se ve obligada a proletarizarse, sin renunciar a recuperar su anterior estatus. El Partido Comunista de Grecia se vió violentado por los eurocomunistas, cuya ideología pequeño burguesa ha quedado al descubierto. Luego se escindió y los eurocomunistas fundaron el Partido Comunista Griego del Interior, que es precisamente la base principal que forma Syriza.

El eurocomunismo tambien afecta a los comunistas españoles, ocasionando divisiones y tensiones internas en el PCE y la desnaturalización de dicho partido, que hoy constituye la dirección en todos los sentidos de IU.

No nos extraña, pues, que los promotores adulen a Syriza e intenten atraerse a IU. “El reto de sumar a IU”, dice la nota de prensa. ¿Por qué? Porque Syriza e IU son anticomunistas, han abjurado de todos los principios marxistas-leninistas y son los causantes del retroceso de los comunistas tanto en Grecia como en el Estado español. No obstante, la apreciación que hacen nuestros mesías del KKE es falsa y semejante a la propaganda burguesa pues el KKE es el partido que realmente está moviendo a las masas en Grecia y éstas pasan por un proceso de adecuación al no haber adquirido aún la conciencia de clase para dar el golpe mortal al capitalismo y están sujetas a los prejuicio9s del parlamentarismo burgués, que tanto gusta de loar a los promotores.

A tenor de los posicionamientos que manejan los participantes de la reunión no nos cabe ninguna duda: los capitalistas estarán preparando las prebendas que les asignarán a sus nuevos defensores, en momentos en que la disociación de ellos con la sociedad va siendo cada vez mas clara. No les viene mal que dentro de las clases populares surjan nuevos portadores de la ideología burguesa.

 

Participantes de la reunión:

Juan Torres (ATTAC), los abogados Jose Ignacio Aguilar (Intercomisión Vivienda 15M) y Juan Moreno Yagüe (Democracia 4.0), Antonio Losada (ex secretario general de CGT Sevilla), Federico Noriega (Asambleas Ciudadanas Constituyentes y Ecologistas en Acción), la profesora de Ciencias de la Información María Lamuedra (Universidad del Bien Común) y Esteban de Manuel (Coordinador de EQUO Andalucía).

 

El centenar de asistentes a la asamblea acudió por convocatoria de una treintena de activistas que se reunieron el 21 de febrero en la Casa de las Sirenas sevillana, entre ellos miembros de 15-M, ATTAC, Democracia Real Ya, Foro Social, Democracia 4.0, En Lucha, SAT, Ecologistas en Acción, de los partidos I-Anticapilatista, Primavera Andaluza y CUT-BAI y también representantes de formaciones políticas como IU o EQUO.

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)