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El estado, una máquina de represión de una clase social sobre otra

El pasado 16 de septiembre, nueve años después del 1-O, Roger Español se sienta frente a la justicia con la pérdida de un ojo como consecuencia del impacto de una pelota de goma disparada durante las cargas policiales. Cuatro agentes de la Policía Nacional se sientan en el banquillo para responder por los hechos consumados, mientras la Fiscalía sostiene que no hubo delito y las acusaciones particulares reclaman penas que ascienden hasta los 13 años.

No es un caso aislado. Hace unas semanas, en los alrededores del Martínez Valero de Elche, un joven aficionado del Barça fue detenido después de un incidente en el que los agentes le retiraron una estelada y posteriormente lo golpearon durante la intervención. Las imágenes provocaron críticas por el uso desproporcionado de la fuerza, por la significación política contra la enseña y que podría terminar en un delito de odio si la justicia no fuera parcial en la defensa de los intereses de las clases explotadoras y que llevaron primero a una investigación interna y, finalmente, a la apertura de un expediente por posible falta grave o muy grave. La versión policial sostiene que el joven agredió primero a un agente y que la intervención se produjo en ese contexto. Hay que recordar que, una vez inmovilizado en el suelo, el joven independentista recibió un puñetazo en la cara por parte de uno de los agentes implicados. Y poco después hemos vuelto a ver cargas policiales contra manifestantes de la izquierda independentista que trataban de impedir el acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres. Los Mossos establecieron un cordón para separar ambas movilizaciones y cargaron solamente contra los manifestantes de la izquierda independentista. En el incidente hubo también tres detenidos, ninguno de Aliança Catalana.

Tres episodios distintos unidos por una misma cuestión. El uso de la fuerza del Estado frente a quienes protestan, se organizan o expresan posiciones políticas consideradas conflictivas. Estos hechos deben interpretarse como una manifestación del carácter de clase del aparato estatal. La policía no es una institución neutral situada por encima de los conflictos sociales, sino una pieza del Estado que, en determinadas circunstancias, contribuye a preservar el orden social existente y, con él, las relaciones de poder de la burguesía. La represión de las movilizaciones obreras, populares o de cualquier movimiento que cuestione esas relaciones económicas, políticas o sociales no es una anomalía, sino una función política del aparato coercitivo del Estado.

La cuestión de fondo, por tanto, no es solamente quién disparó aquella pelota de goma, quién golpeó a un joven en Elche o quién ordenó una carga. Es preguntarse qué intereses protege el aparato represivo cuando el conflicto social llega a la calle. Para los comunistas la respuesta es diáfana, mientras las relaciones económicas sigan organizadas en torno a la propiedad privada y al poder de la burguesía, el Estado, y también sus cuerpos policiales, actuará siempre como garante de ese orden frente a quienes pretenden transformarlo. El papel de los revolucionarios no es fácil pero su fin obedece a una Ley inexorable que lleva a fenecer a lo viejo y a saludar a lo nuevo que ya surge de sus entrañas, la sociedad socialista. En este trance, el comunista no se limita a cuestionar el orden existente, sino que participa en la organización y en la lucha colectiva de quienes buscan transformarlo mediante su partido comunista. En este escenario, el papel del PCOE consiste en contribuir a desarrollar conciencia, solidaridad y capacidad de acción, vinculando la crítica del sistema con las necesidades concretas de la clase obrera y haciéndola consciente de su número y su fuerza. Así, la Revolución no se entiende como obra de individuos aislados, sino como un proceso colectivo de emancipación social donde el partido crea la conciencia y la dirección de los intereses de la clase obrera.

 

¡Ninguna represión podrá con la clase obrera!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Frente Amplio: Una nueva etiqueta para la vieja política reformista

Una vez más, cuando se aproxima un nuevo ciclo electoral, las organizaciones de la izquierda institucional vuelven a poner sobre la mesa la misma receta: unidad electoral, nuevas siglas y promesas de construir un espacio «amplio» capaz de frenar a la derecha. Esta vez el nombre escogido es Frente Amplio, una alianza impulsada inicialmente por Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns, que pretende incorporar también a otras fuerzas como Compromís, MÉS y Chunta Aragonesista. El propio proyecto mantiene abierta, además, la cuestión de la participación de Podemos.

El envoltorio cambia, pero el contenido político fundamental permanece. Después de Sumar llega el Frente Amplio; antes de Sumar hubo Unidas Podemos y otras fórmulas de confluencia. Cambian las marcas, los nombres de los candidatos y los equilibrios internos entre las distintas organizaciones, pero vuelve a aparecer el mismo planteamiento: la clase trabajadora debe confiar electoralmente en una determinada suma de partidos para impedir el avance de la derecha y garantizar una supuesta política progresista desde las instituciones.

El problema no reside en que diferentes organizaciones puedan alcanzar acuerdos. La unidad de la clase obrera es una cuestión fundamental. Pero la unidad de la clase trabajadora no puede confundirse con la suma electoral de organizaciones políticas que mantienen una estrategia basada fundamentalmente en la gestión de las instituciones burguesas. Un frente de organizaciones obreras no adquiere automáticamente un carácter revolucionario por incorporar la palabra «frente» a su denominación.

Y aquí aparece una cuestión que conviene señalar. El término «Frente Amplio» no es políticamente neutro. Sus propios impulsores han explicado que la denominación pretende jugar con la idea de amplitud y con el precedente histórico del Frente Popular de la Segunda República. Pero la utilización de una terminología asociada a experiencias históricas de unidad popular no convierte una coalición electoral contemporánea en un frente de clase. Para los comunistas, el contenido de una alianza política no viene determinado por su nombre, sino por su programa, su composición de clase, sus objetivos y la estrategia que desarrolla.

El debate que aparece estos días en los medios resulta revelador. Se habla de la marca, de quién encabezará la candidatura, de la incorporación de Podemos, de las primarias, de los equilibrios territoriales y de cómo conseguir que el nuevo espacio sea «verdaderamente amplio». Incluso Ada Colau ha planteado como condición que el proyecto sea más amplio y que incluya a Podemos. Es decir, buena parte de la discusión vuelve a situarse alrededor de cómo organizar electoralmente el espacio político situado a la izquierda del PSOE, y no alrededor de cómo organizar a la clase trabajadora para transformar las relaciones económicas y sociales que determinan sus condiciones de existencia.

Este fenómeno tampoco aparece de la nada. Sumar llegó al Gobierno de coalición junto al PSOE y sus organizaciones han participado desde las instituciones en la gestión del Estado. Ahora se prepara una nueva plataforma para las próximas elecciones generales. El cambio de marca puede ser presentado como una nueva etapa, pero existe una continuidad evidente en la estrategia: la participación electoral y la presencia institucional como eje fundamental de la actividad política.

El marxismo-leninismo no plantea que los comunistas deban ignorar las elecciones o abandonar la lucha política en las instituciones. Lo que plantea es algo muy diferente: las instituciones del Estado burgués no pueden convertirse en el centro de la estrategia revolucionaria ni en un sustituto de la organización independiente de la clase obrera. Cuando la política queda reducida a conseguir representación parlamentaria, formar gobiernos y administrar determinadas parcelas del Estado, la actividad política termina subordinándose a los límites impuestos por el propio sistema.

Y aquí aparece la contradicción fundamental de estas propuestas. Se pide a los trabajadores que se movilicen para votar a una determinada candidatura con el argumento de que hay que impedir que gobierne la derecha. Pero la explotación capitalista no desaparece porque gobierne una u otra fuerza dentro del marco institucional existente. El trabajador continúa vendiendo su fuerza de trabajo; la propiedad privada de los medios de producción permanece; la burguesía conserva el control económico y la capacidad de condicionar la política; y el Estado continúa funcionando sobre las bases materiales de la sociedad capitalista.

Esto no significa que todas las medidas concretas impulsadas por las distintas fuerzas sean idénticas, ni que carezca de importancia quién gobierne en determinadas circunstancias. Significa que las reformas dentro del capitalismo tienen unos límites objetivos y que esos límites no pueden ocultarse detrás de campañas electorales que presentan cada nuevo ciclo como una oportunidad histórica para «parar a la derecha».

La derecha, además, no aparece en el vacío. El crecimiento de las posiciones reaccionarias está relacionado con las contradicciones del propio capitalismo y con la incapacidad del reformismo para ofrecer una salida de clase a los problemas que afectan a los trabajadores. Cuando los salarios pierden poder adquisitivo, la vivienda se convierte en una mercancía cada vez más inaccesible, aumenta la precariedad o se deterioran los servicios públicos, limitarse a gestionar esas contradicciones desde las instituciones no elimina sus causas.

La respuesta marxista-leninista no puede consistir en elegir cada cuatro años qué representantes administrarán esas contradicciones. La cuestión fundamental es otra: organizar a la clase trabajadora, desarrollar su conciencia política y construir una fuerza revolucionaria capaz de disputar el poder a la burguesía.

Por eso tampoco debemos confundir la unidad. Los comunistas defendemos la unidad de los trabajadores, pero esa unidad debe construirse en torno a los intereses de clase y a la lucha, no alrededor de la simple suma de siglas electorales. Unidad en los centros de trabajo, en los barrios, en los conflictos laborales, en la defensa de los servicios públicos y en la lucha contra la explotación y la opresión capitalista. Unidad que permita elevar la conciencia política de la clase y no limitarla a convertirla periódicamente en electorado.

El capitalismo no necesita únicamente gobiernos de derechas para reproducirse. También puede ser administrado desde posiciones reformistas, mediante reformas destinadas a amortiguar sus contradicciones sin cuestionar sus fundamentos. Esta es precisamente la función histórica que el marxismo ha atribuido al reformismo: presentar la reforma del capitalismo como alternativa a su superación revolucionaria.

Por eso, frente a cada nueva marca electoral, los comunistas debemos volver a plantear las cuestiones fundamentales. ¿Qué clase posee los medios de producción? ¿Quién controla la economía? ¿Quién decide qué se produce y para qué? ¿Quién se apropia de la riqueza generada por los trabajadores? ¿Qué clase controla el Estado?

Mientras esas relaciones permanezcan intactas, cambiar el nombre de la candidatura no cambia la naturaleza del sistema.

El Frente Amplio podrá ser una nueva fórmula electoral y podrá obtener mayor o menor representación. Podrá incorporar a Podemos, a Compromís, a MÉS, a CHA u otras organizaciones, y podrá presentar un programa con determinadas medidas sociales. Todo eso pertenece al terreno de la política electoral concreta. Pero los comunistas analizamos algo más profundo: qué estrategia de transformación social propone y qué papel concede a la clase trabajadora en ella.

Porque la verdadera unidad que necesita la clase obrera no es la unidad para votar cada cierto tiempo a una nueva coalición. Es la unidad consciente y organizada para luchar por sus propios intereses históricos. Y esa unidad no necesita nuevas etiquetas. Necesita organización, conciencia de clase y una estrategia revolucionaria.

 

¡Organízate en el Partido Comunista Obrero Español!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La bajada de los alquileres

Según un estudio de la inmobiliaria Fotocasa, el precio del alquiler habría bajado un 4,6 % en Barcelona y un 2,8% en Madrid, especialmente en los barrios obreros. Esta bajada no debe confundirse con el resultado de ninguna política burguesa del Estado, ni con una supuesta solución al problema de la vivienda. La explicación es más sencilla y mucho más cruda, el alquiler ha alcanzado, y en muchos casos superado, la capacidad real de pago de los salarios. Cuando una mercancía se encarece hasta el punto de que una parte creciente de la población asalariada ya no puede pagar, el propio mercado encuentra sus límites. No estamos ante una victoria de las políticas públicas, sino ante una contradicción del propio mercado de la vivienda que tiene unos precios que chocan directamente con la capacidad adquisitiva de la clase obrera.

Mientras la vivienda siga siendo una mercancía y no un derecho efectivo, cualquier alivio puntual será incapaz de resolver el problema de fondo. Por eso, esta bajada no puede atribuirse a ninguna política burguesa del Estado ni interpretarse como el resultado de una regulación capaz de resolver el problema de la vivienda. El mercado se encuentra así con su propia contradicción, puede elevar indefinidamente el precio de una mercancía sobre el papel, pero se topa con la realidad salarial de la clase obrera.

Durante años, los alquileres han aumentado exponencialmente mientras que los aumentos salariales de la clase obrera, para quien los tenga, no pueden ni siquiera compensar la inflación desbocada. El resultado es conocido, salarios destinados cada vez en mayor proporción a pagar la vivienda, desahucios masivos, hogares que tienen que compartir piso durante más tiempo, jóvenes que retrasan su emancipación y familias obreras obligadas a aceptar condiciones de vivienda cada vez más precarias. Cuando el precio alcanza un nivel que una parte creciente de la población ya no puede pagar, aparece necesariamente una barrera a nuevas subidas cuando los precios que se pueden pagar tocan techo, sobre todo entre los segmentos y lugares con rentas más bajas.

Por tanto, presentar una pequeña reducción del alquiler como prueba del éxito de las políticas del Estado significa tomarnos por imbéciles. No es que el mercado haya sido domesticado en beneficio de la clase obrera, es que el propio mercado se ha encontrado con los límites de la capacidad de pago de quienes necesitan una vivienda para vivir. La contradicción sigue intacta, porque la vivienda continúa funcionando fundamentalmente como una mercancía, además de un instrumento de acumulación de riqueza. La cuestión no puede reducirse a pedir que el Estado regule un poco más los precios, a que introduzca nuevos parches o subvencione a los propietarios con dinero público, el problema capital reside en quién posee la vivienda y para qué se utiliza. Mientras una parte del parque inmobiliario esté en manos de grandes propietarios y fondos que buscan rentabilidad, las necesidades de la clase obrera estarán subordinadas a la lógica del beneficio privado.

Desde el PCOE tenemos clara la solución que pasa por romper la lógica de acumulación del capital y socializar el parque de vivienda privada expropiando a los grandes tenedores. La clase obrera, organizada en su partido de vanguardia, el PCOE, al poner así el conjunto de la vivienda bajo control público, las arranca de las manos del capital y deja automáticamente de ser una mercancía para orientarse a satisfacer las necesidades habitacionales de la clase obrera que todo lo produce y tan poco recibe. Para que la vivienda deje de ser un activo financiero o una fuente de renta para una minoría propietaria y se convierta en un derecho material garantizado para todo el conjunto de la clase obrera es imperativo fortalecer y ensanchar la base del partido comunista. Solo desplazando la vivienda del terreno de la mercancía al de la necesidad social podremos empezar a resolver de raíz la contradicción que el propio mercado capitalista pone hoy de manifiesto.

 

¡La bajada de los alquileres no es un logro sino una consecuencia!

¡Socialismo contra especulación!

¡Por tus derechos, milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




No necesitamos un nuevo 15M, necesitamos una revolución

El 15 de mayo de 2011 se convocaron concentraciones en más de 50 ciudades contra la situación política en España, con un bipartidismo en crisis y un cuestionamiento del régimen del 78. En la madrugada del 16 de mayo los manifestantes de la Puerta del Sol fueron desalojados, siendo detenidas 19 personas. El 17 de mayo se volvieron a concentrar 10.000 personas en la Puerta del Sol, conformándose cientos de acampadas en ciudades por todo el Estado español.

En aquel momento las propuestas que se recogieron en asambleas y a través de buzones incluían numerosas cuestiones, como un cambio de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y con circunscripción única; Derecho a una vivienda digna, articulando una reforma de la Ley Hipotecaria para que la entrega de la vivienda en caso de impago cancele la deuda (dación en pago); Sanidad pública, universal, gratuita y de calidad; Libre circulación de personas y refuerzo de una educación pública y laica; Abolición de las leyes como la Ley del Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, la Ley de Extranjería y la conocida como ley Sinde; Reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, una reforma de los impuestos de patrimonio y sucesiones; Implantación de la Tasa Tobin, la cual grava las transferencias financieras internacionales y supresión de los paraísos fiscales; Que los programas y las propuestas políticas tengan carácter vinculante; Que sea obligatorio por la Ley Electoral presentar unas listas limpias y libres de imputados o condenados por corrupción; Reducción del poder del FMI y del BCE; Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido que ser rescatadas por el Estado; Desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado; Acceso popular a los medios de comunicación; Verdadera regularización de las condiciones laborales; Recuperación de las empresas públicas privatizadas; Efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial; Reducción del gasto militar; Referéndum por la Jefatura del Estado.

Una de las organizaciones convocantes de la manifestación del 15 de mayo que dio origen al 15M era la plataforma Democracia Real Ya, una plataforma “asindical y apartidista”, que apostaba por “la unión de la sociedad civil” como método para construir un sistema mejor. Desde un primer momento, el 15M se alejó de la clase obrera, hablando de indignados, sociedad civil o cualquier otro sustantivo que evitara mostrar el carácter de clase de la sociedad capitalista, origen de todos los males que este movimiento denunciaba.

Del propio movimiento surgió después Podemos, un partido que al igual que el 15M, evitaba hablar de clase trabajadora, usando un lenguaje que pretendía ocultar la esencia clasista del capitalismo, hablando de casta, de los de arriba y los de abajo, y en definitiva no mostrando que la esencia de todos los problemas que se denunciaban estaban en el propio modelo económico, en el que la explotación asalariada era la base del resto de explotaciones, y que sólo superando este modelo económico podrían revertirse todos los ataques que la clase obrera sufría en todo el estado.

El resultado del 15M y de las actuaciones (o falta de actuación) de las organizaciones y colectivos surgidos posteriormente lo podemos ver hoy en día. Los trabajadores somos ahora más pobres, habiendo perdido más de un 10% de poder adquisitivo; el problema de la vivienda se ha encrudecido, convirtiéndose en la principal preocupación de los españoles; la sanidad y la educación públicas continúan su desmantelamiento progresivo; los presupuestos militares se han incrementado y la participación del Estado español en las guerras de rapiña del imperialismo es cada vez mayor; los problemas de salud mental se han disparado, siendo el suicidio la principal causa de muerte externa.

Del cuestionamiento del bipartidismo (“PSOE y PP la misma mierda es”), Podemos pasó a convertirse en la muleta del PSOE, apuntalando el bipartidismo por su pata izquierda. Las propuestas recogidas en las asambleas y buzones del 15M así como cuestiones como el impago de la deuda o la derogación de la ley mordaza quedaron en el olvido, pasando a un programa de mínimos sustentado en el mal menor, ante la amenaza de que un gobierno del PP sería mucho peor. Al final, para intentar evitar que gobernara el PP, acabaron aplicando las mismas políticas que el PP, pero con colorines y purpurina.

A día de hoy, después de abandonar las propuestas del 15M (mucho más ambiciosas aunque claramente insuficientes desde un punto de vista revolucionario), la asfixia a la que la clase obrera se ve sometida en cuestión de vivienda, ha empujado a nuevas acampadas en distintas ciudades, dirigidas principalmente por el Sindicato de Inquilinas.

Esta organización tiene como cara más visible a Valeria Racu, una activista que entre 2012 y 2014 estudió en el colegio privado internacional United World Colleges gracias a una beca de la Fundación La Caixa, y que entre 2016 a 2019 cursó el grado de Antropología Social en la School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres, una cara que los medios de comunicación se están encargando de pasear por todo tipo de programas. Curioso que mientras las voces de los comunistas son silenciadas y muchos de ellos son encarcelados, aparezcan estos activistas en todos los medios sin ningún tipo de censura.

La fórmula parece la misma que en su día se utilizó con el 15M, crear organizaciones que renieguen del carácter de clase (principalmente anticomunistas), que recojan el malestar y lo encaucen en unas vías que el sistema pueda asimilar, planteando reformas, proyectos de ley y cualquier otro mecanismo que, en la práctica, no altere en lo más mínimo el poder de los monopolios ni la estructura económica de la sociedad, condenando de facto a la clase obrera a continuar en la más absoluta precariedad y miseria. De hecho, puede verse por el lenguaje que utilizan que intentan de cualquier forma salvaguardar a la burguesía en su conjunto como clase, cuando hablan de ‘economía extractivista’ en lugar de capitalismo, o como cuando Podemos habla de ‘clase rentista’ y ‘clase inquilina’, en lugar de hablar de clase burguesa y clase obrera.

A esto se suma que organizaciones supuestamente revolucionarias caen en el seguidismo y el espontaneísmo de la socialdemocracia, al limitarse a participar en esas concentraciones, engrosar las filas de los manifestantes, sin ningún plan para elevar políticamente esas luchas y acumular fuerzas para la revolución.

Si el movimiento por la vivienda no se aglutina con los movimientos por la sanidad, la educación, las pensiones, y se conforma un único movimiento de clase por la superación del sistema capitalista y la construcción del socialismo, estaremos condenados a repetir los mismos errores, a confiar de nuevo en salvadores (universitarios y universitarias muy preparados todos) que nos alejen de la vía revolucionaria y nos conduzcan de nuevo al matadero parlamentario, a su burocracia, a la realpolitik, en definitiva, a la claudicación y la derrota.

Lejos del izquierdismo de algunos individuos que llaman al uso de la violencia de forma anárquica y que no se comprometen con su militancia, nosotros hacemos un llamamiento a encauzar y organizar la indignación en pos de la revolución.

La clase obrera no puede permitirse un nuevo 15M, un nuevo Podemos, un nuevo Frente Amplio, o el nombre que se les vaya ocurriendo a los oportunistas a sueldo del imperialismo, que sigan mareando la perdiz por los caminos burocráticos del sistema. Es necesaria la organización revolucionaria que fundida con el movimiento obrero lleve a la clase trabajadora al poder, derrocando el capitalismo e instaurando el socialismo, poniendo todos los medios de producción al servicio de la mayoría del pueblo (que es el proletariado) para acabar de una vez por todas con la precariedad, la miseria y la muerte a la que nos conduce el imperialismo. Es necesario engrosar las filas del PCOE y organizar a la clase obrera para la toma del poder, única vía para garantizar un futuro para la humanidad.

 

¡Sin revolución socialista la vivienda seguirá siendo una mercancía!

¡Socialismo o barbarie!

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Ante el auge de la violencia fascista: Organización y autodefensa obrera

La violencia fascista nunca ha desaparecido de nuestras calles. Ha seguido presente, con distinta intensidad y capacidad de actuación, incluso durante etapas en las que estos grupos atravesaban momentos de mayor debilidad. Sin embargo, desde hace un tiempo asistimos a un nuevo crecimiento de su actividad, su organización y su presencia en las calles. Las recientes agresiones en Asturias y en el conjunto del Estado español evidencian que el fascismo no solo busca ganar espacio político, sino que también pretende imponer el miedo mediante amenazas, hostigamientos y ataques físicos.

Lo que estamos viendo no puede despacharse como una sucesión de peleas aisladas o actos de unos pocos descerebrados. Detrás de estas agresiones existe una ideología que señala enemigos, una voluntad de organización y una violencia que golpea directamente a la clase trabajadora, a la juventud y a quienes estos grupos consideran diferentes o contrarios a sus intereses.

En Asturias tenemos motivos más que suficientes para preocuparnos. La desarticulación de los White Boys en mayo de 2026 puso al descubierto la actividad de una organización juvenil neonazi a la que se atribuyeron al menos, catorce agresiones y actos de acoso. Sus integrantes, con edades comprendidas entre los 14 y los 22 años, actuaban en distintos concejos asturianos y organizaban ataques contra personas migrantes, colectivos LGBTI y personas de ideología contraria. La investigación policial reveló una estructura que había llegado a organizar auténticas «cacerías» contra quienes señalaban como enemigos.

El pasado 20 de septiembre conocíamos también la detención de cinco jóvenes por la agresión transfóbica cometida en enero contra una mujer trans en Piedras Blancas. Según la Guardia Civil, los presuntos agresores, vinculados a entornos ultra, se coordinaron mediante aplicaciones de mensajería para llevar a cabo el ataque. La víctima sufrió lesiones graves que requirieron atención hospitalaria y recibió amenazas de muerte e insultos tránsfobos. Tres de los detenidos ya habían sido investigados por hechos relacionados con delitos de odio.

A estos hechos se suma la agresión sufrida por dos integrantes de AMA Asturies durante las fiestas de San Mateo en Oviedo.

No hablamos, por tanto, de un fenómeno abstracto ni de una amenaza que solo exista en otros lugares. Hablamos de grupos que actúan aquí, que señalan a personas concretas y que pretenden convertir nuestras calles en espacios de miedo para quienes no encajan en su visión reaccionaria del mundo.

La violencia fascista no comienza necesariamente con un ataque físico. Antes aparecen el señalamiento, la propaganda, las amenazas, el acoso y la construcción de un enemigo al que se responsabiliza de todos los problemas. Migrantes, personas LGBTI, militantes de izquierdas y organizaciones obreras se convierten así en objetivos de una ideología que necesita dividir a la clase trabajadora y enfrentar a unos sectores contra otros.

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería facilitan, en determinados casos, la difusión de propaganda neonazi, la captación de jóvenes y la coordinación de ataques. El caso de Piedras Blancas y la actividad atribuida a los White Boys ilustran cómo el odio difundido y organizado puede terminar materializándose en violencia física.

No podemos caer en la trampa de institucionalizar nuestra respuesta antifascista, convirtiendo cada agresión en una campaña dirigida a mendigar la condena o el reconocimiento de los partidos políticos del régimen burgués.

Tampoco necesitamos que quienes gobiernan nos den permiso para defendernos, ni que quienes blanquean o minimizan estas agresiones nos otorguen legitimidad para combatirlas. La dignidad de nuestra clase no se demuestra mendigando atención institucional, sino organizándonos, respondiendo colectivamente y construyendo una solidaridad real entre quienes sufrimos las consecuencias de este sistema.

Frente a esta realidad, la respuesta no puede ser el miedo, el aislamiento ni la resignación. Tampoco basta con expresar nuestra indignación cada vez que aparece una nueva agresión. Necesitamos organización, conciencia y solidaridad de clase. Y, sobre todo, necesitamos comprender que la autodefensa no empieza cuando recibimos el primer golpe: empieza mucho antes.

La prevención es una parte fundamental de nuestra protección. Conocer lo que ocurre en nuestros barrios, prestar atención a las amenazas, acompañar a nuestros compañeros cuando exista un riesgo y construir redes de confianza son tareas que no podemos dejar para después de una agresión. Debemos formarnos, adquirir preparación física y conocimientos de defensa personal, aprender a actuar con responsabilidad ante situaciones de peligro y desarrollar herramientas colectivas que permitan reducir los riesgos y evitar que nuestros compañeros tengan que afrontar solos una amenaza.

No se trata de buscar enfrentamientos ni de reproducir la violencia fascista, sino de impedir que esta pueda ejercerse impunemente contra nosotros. No podemos permitir que el miedo nos aparte de las calles, de nuestros barrios.

El fascismo pretende ofrecer una falsa salida a la inseguridad, la precariedad y la falta de futuro que sufre la juventud trabajadora. En lugar de señalar las causas materiales de estos problemas, dirige el resentimiento contra otros trabajadores y sectores vulnerables.

Desde el Partido Comunista Obrero Español llamamos a la clase obrera y a la juventud obrera a organizarse, a fortalecer la solidaridad y a construir herramientas colectivas de autodefensa. No esperemos a que la próxima agresión nos recuerde la importancia de estar unidos. Construyamos desde hoy esa organización, esa confianza mutua y esa capacidad de protegernos entre nosotros.

 

¡FRENTE AL AUGE DE LA VIOLENCIA FASCISTA EN NUESTROS BARRIOS: ORGANIZACIÓN Y AUTODEFENSA OBRERA!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




Maricarmen, una herida abierta contra la burguesía y sus legisladores

El desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años con el 50% de discapacidad reconocida y que fue expulsada de la vivienda en la que había vivido durante 71 años, ha vuelto a colocar ante los ojos de toda la sociedad una contradicción fundamental. Por un lado, la Constitución proclama el derecho a una vivienda digna mientras que la vivienda continúa sometida a relaciones de propiedad y rentabilidad que termina imponiéndose sobre las necesidades concretas de quienes la habitan. No resultan entonces extrañas las manifestaciones de la secretaria de Estado de Vivienda, sobre el desahucio de Maricarmen: “Hemos intentado muchas cosas, pero es víctima de una empresa depredadora”.

El caso de Maricarmen no aparece aislado. En L’Hospitalet de Llobregat, Olga, de 54 años, fue desahuciada el 15 de abril de 2026 y se suicidó el 7 de septiembre. Las organizaciones vecinales y sindicales han señalado el desahucio y la pérdida de vivienda como elementos centrales de un deterioro que ya había estado acompañado de problemas económicos y de salud mental.

Los dos casos permiten observar una contradicción inscrita en el propio ordenamiento constitucional. El artículo 47 establece que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y ordena a los poderes públicos promover las condiciones necesarias para hacerlo efectivo, incluyendo la regulación del suelo para impedir la especulación. Pero el artículo 38 reconoce la libertad de empresa dentro del marco de la economía de mercado y establece que los poderes públicos deben garantizar y proteger su ejercicio. Esta coexistencia no es accidental. El Estado constitucional reconoce derechos sociales que son papel mojado, pero al mismo tiempo protege y blinda jurídicamente las relaciones de propiedad privada, la especulación y la libertad de empresa, que es la libertad de acción del capital sobre los seres humanos y que ya vemos en lo que termina para estas dos mujeres que no son un caso aislado.

Como denunciaba Lenin, “El estado y la revolución” (1917), el Estado no actúa como una institución situada por encima de las clases sociales, sino dentro de una sociedad estructurada por relaciones de clase. Esta se convierte en la principal característica del Estado burgués, cuya función no es otra que crear un marco jurídico y económico, regado de dinero público, para la protección de la apropiación privada por parte del capital sobre los seres humanos.

Los comunistas del PCOE tenemos claro que, mientras no conquistemos el poder, cuando existan conflictos entre el derecho constitucional a la vivienda, los procedimientos de desahucio y los intereses patrimoniales de propietarios, entidades financieras y fondos de buitres, el estado burgués siempre se decantará por ellos. En el caso de Olga, por ejemplo, las organizaciones sociales denunciaron que una cadena de decisiones institucionales no consiguió ofrecer una alternativa habitacional suficiente antes del lanzamiento y en el caso de Maricarmen no han dudado en desplegar las fuerzas represivas para defender los intereses de los fondos buitres. El Ayuntamiento, por su parte, sostiene que sus servicios sociales habían intervenido desde años atrás pero que se habían visto frenados por las leyes que ellos mismos habían legislado.

Ahí aparece la cuestión política fundamental de qué ocurre cuando una necesidad humana básica, como disponer de un hogar, entra en contradicción con una relación económica basada en la propiedad y la rentabilidad. Como ya dijimos, por un lado, el artículo 47 establece el mandato de impedir la especulación, mientras que el artículo 38 protege la economía de mercado. La cuestión de la vivienda se convierte así también en una cuestión sobre los límites y las prioridades del modelo económico que claramente se decanta por una de las partes, la propiedad privada capitalista.

Los casos de Maricarmen y Olga permiten, por tanto, analizar la vivienda no solamente como un problema individual, sino como un conflicto social en el que intervienen propietarios, inquilinos, entidades financieras, fondos buitres, administraciones públicas, jueces y organizaciones sociales. La respuesta política en este conflicto deja a las claras la posición del Estado burgués, que no es otra que la defensa de los intereses de su clase social a favor de la propiedad privada, la violencia del mercado y los fondos buitres y, al ser una cuestión de clase, deja a las claras que los comunistas necesitamos un nuevo Estado y no un nuevo gobierno dentro de la democracia burguesa.

La indignación es un punto de partida que pone al descubierto, para amplias capas de la clase obrera que todavía operan sin conciencia de clase, la violencia organizada de la burguesía y sus estamentos armados y legislativos que muchas veces queda latente. Los casos de Maricarmen y Olga le sirven al PCOE para estudiar esta contradicción entre los intereses del capital y la supervivencia de los seres humanos y proclama que su único antídoto es la creación de un Estado obrero que cristalice en la dictadura del proletariado, la forma más radical de democracia al ser el gobierno de la inmensa mayoría de los explotados sobre la minoría parásita y asesina. El PCOE transforma el sufrimiento individual en análisis colectivo, identifica las estructuras económicas e institucionales que vulneran a nuestros hermanos de clase y plantea las formas de organización políticas que pueden garantizar efectivamente el acceso a la vivienda y que no es otra que la organización de los vulnerados y explotados dentro de su partido de vanguardia.

 

¡Maricarmen no es un caso aislado!

¡Hoy la vivienda es el frente!

¡Techo, memoria y justicia social!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El ático de Ayuso: el derroche de los explotadores, la miseria de los trabajadores

Hay imágenes que reflejan una época.

La Comunidad de Madrid compra un ático de lujo pagado con dinero público (para no se sabe muy bien qué), a través de una de las empresas menos transparentes de la Comunidad: Planifica Madrid.

Cinco meses antes de la adquisición del ático de Chamberí de Ayuso, el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid dio luz verde a una modificación presupuestaria de 9 millones de euros para esta empresa pública encargada de la compra. La compra tiene lugar el 14 de abril de 2026. El ático tenía 486 metros cuadrados (200 de ellos de terraza) y un coste de 6,3 millones de euros. Además, estaba frente a la vivienda privada donde reside la madre de la presidenta.

No es casualidad que, según comenta el periodista David Fernández “La única manera de ejecutar esa compra es con una de las empresas más opacas que hay en la Comunidad de Madrid, que es Planifica Madrid. Antes sabéis que estaba en Nuevo Arpegio, que antes se llamaba Arpegio, que antes se llamaba Obras de Madrid, que antes se llamaba Proma… Bueno, ha pasado por muchos nombres, porque ha tenido muchos pufos en su historia con Esperanza Aguirre, con Cristina Cifuentes… De hecho, hay una pieza en el caso Púnica que va sobre esta empresa, que todavía no se ha juzgado, y varios funcionarios que actualmente trabajan en esa empresa van a ser juzgados“.

El 15 de abril de 2026, el medio digital Eldiario.es publicaba que la presidenta de la Comunidad de Madrid había buscado piso para comprar en Chamberí, siendo un cargo público el encargado de los contactos y las visitas. Tres meses después, el pasado 30 de julio sale a la luz esa compra por 6,3 millones de euros revelada por El País. Y en paralelo, ese mismo día conocemos que González Amador, pareja de la presidenta, pone en venta el piso que compartían por 1,8 millones, el piso que había comprado en 2022 por 850.000 euros. 24 horas más tarde, la Comunidad de Madrid anuncia que el ático salía a la venta.

Mientras a la clase trabajadora se le repite hasta el cansancio que la vivienda es una cuestión de oferta y demanda y que cada persona debe buscarse la vida mediante un supuesto “esfuerzo”, el aparato político, de alguna forma encuentra millones para realizar operaciones inmobiliarias de este tamaño y pretenden que lo consideremos una simple “cuestión administrativa” (tomándonos por tontos cuanto menos).

Pero no, no estamos ante una simple “cuestión administrativa”, estamos ante una cuestión política, y sobre todo ante una cuestión de clase.

Porque hay algo que resulta extremadamente difícil de ignorar, por no decir imposible: mientras Madrid se convierte en una ciudad prácticamente inaccesible para la mayoría de los trabajadores, mientras miles de jóvenes no pueden ni siquiera soñar con independizarse y mientras acceder a una vivienda digna cada vez supone una parte mayor de los salarios, la Comunidad de Madrid por arte de magia encuentra millones para comprar un ático de lujo, que ningún trabajador podría ni siquiera soñar con tener.

Lo realmente impactante de este caso no es lo anterior, sino con la normalidad que se produce.

Para el trabajador, según la burguesía y sus secuaces, la vivienda es un problema que se tiene que resolver individualmente. “Ahorra”, “trabaja más”, “vete a vivir más lejos”, “comparte piso”. Y un largo etcéteras de supuestas soluciones a algo que no debería ser un problema.

Sin embargo, para los que ocupan posiciones de poder y para sus lacayos, parece que siempre tienen a mano una solución institucional ¡Y luego tienen la cara de hablarte de esfuerzos!

Cuando se trata de la clase trabajadora siempre tienen una palabra preparada: sacrificio. Se recortan servicios, se contienen salarios y se deterioran las condiciones de vida en nombre de una supuesta eficiencia económica.

Pero cuando se trata de ellos, el discurso cambia completamente. Entonces aparecen los millones, los informes, los tecnicismos y todo un surtido de justificaciones para presentarnos como normal algo que para cualquier obrero sería inalcanzable.

El dinero público, que rápidamente se nos presenta como insuficiente para garantizar derechos, parece encontrar otras posibilidades cuando están en juego los privilegios de los que gobiernan.

Y esto es el punto central: cuando se trata de los trabajadores siempre faltan los recursos, sin embargo, cuando se trata de la burguesía y sus gobernantes, mágicamente, siempre aparece una solución. No estamos ante una cuestión administrativa, sino ante el reflejo de una sociedad en la que los privilegios de unos pocos se sostienen gracias al sacrificio de la clase trabajadora.

Frente a esta situación no debemos callarnos y hacer como que no ha pasado nada. Una vivienda digna no puede ser un privilegio de clase, debe de ser un derecho garantizado para todos los trabajadores.

La riqueza que producimos los trabajadores debe de estar al servicio de quienes la producen. Pero esto solo puede lograrse bajo el Socialismo pues, como vemos, bajo el sistema capitalista de producción, la vivienda, la salud y cualquier otro derecho solo está garantizado para la burguesía y sus lacayos.

 

¡Organízate en el Partido Comunista Obrero Español!

¡Socialismo o barbarie!

Célula Iosif Stalin del PCOE en Madrid




Ante la agresión fascista en San Mateo: Contra el fascismo, organización y lucha

Desde el Partido Comunista Obrero Español queremos trasladar nuestra solidaridad a los dos compañeros de AMA Asturies que fueron agredidos durante las fiestas de San Mateo en Oviedo.

Las imágenes hablan por sí solas: un grupo de individuos irrumpió en la caseta de AMA Asturies al grito de “Arriba España”, profiriendo insultos homófobos y agrediendo físicamente a dos jóvenes. Esto no es una simple pelea ni una “anécdota”. Es una agresión fascista contra jóvenes organizados y no puede ser presentada de otra manera.

Aún más preocupante resulta que, ante estos hechos, el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, haya optado por quitar hierro a la agresión, calificándola de “anécdota”, apelando a “las dos versiones” y justificando a los agresores como simples “chavales” que “no son tan mala gente”. Mientras tanto, señala a los propios agredidos afirmando que “son siempre los mismos”.

No es casualidad que se ponga el foco sobre quienes reciben las agresiones mientras se busca comprensión para quienes las ejecutan. Esa actitud contribuye a blanquear la violencia fascista y a crear las condiciones para que vuelva a repetirse.

Frente a esto, no podemos responder con pasividad. Quien pretende intimidarnos debe saber que encontrará resistencia. No vamos a aceptar que los fascistas campen a sus anchas por nuestros barrios, nuestros espacios y nuestras organizaciones mientras quienes sufrimos sus agresiones permanecemos indefensos.

Debemos ser conscientes de una realidad: en la calle, la clase trabajadora no puede confiar en que otros vayan a protegerla. Tenemos que aprender a protegernos y a proteger a nuestros compañeros. La organización también significa prepararnos para la autodefensa, fomentar la formación física y los conocimientos básicos necesarios para afrontar situaciones de agresión con responsabilidad y capacidad de respuesta, siempre desde la organización colectiva.

El fascismo no se derrota pidiendo que sea amable. Se combate organizándonos, enfrentando sus ideas y evitando que pueda imponer mediante la intimidación quién tiene derecho a ocupar las calles.

Desde el partido comunista obrero Español condenamos la agresión y mostramos nuestra solidaridad con los compañeros de AMA Asturies.

 

Contra el fascismo: organización, solidaridad, autodefensa y lucha

 

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




Diada Nacional de Catalunya [CAT/ESP]

L’Idescat assenyala que, a l’àmbit metropolità de Barcelona, només el 27,5% de la població té el català com a llengua habitual, el 38,9% al Penedès i el 40,4% al Camp de Tarragona. A la resta del territori (Comarques Gironines, Comarques Centrals, Alt Pirineu i Aran i Ponent) tampoc no se supera el 60%, sent les Terres de l’Ebre l’únic lloc on s’arriba al 72,2%. És a dir, a Catalunya, la llengua pròpia està totalment minoritzada.

La fallida econòmica del capitalisme aprofundeix i agreuja el malestar social a Catalunya. L’any 2024 ja denunciàvem que prop d’una quarta part de la població catalana es trobava en risc de pobresa o exclusió social, segons l’Idescat. Lluny de resoldre’s, aquesta situació persisteix, ja que el 2025 el percentatge es va situar en el 24,8%, prop de dos milions de persones, mentre que entre els menors de 16 anys va ascendir fins al 36,1%. A això s’hi suma el problema de l’habitatge, amb un lloguer mitjà que ja supera els 860 euros mensuals a Catalunya.

Mentrestant, el PIB català va créixer un 2,7% durant el mateix any, demostrant una vegada més que el creixement de la «riquesa» sota el capitalisme no es tradueix en una millora de les condicions de vida de la classe obrera, com alguns polítics i ideòlegs burgesos intenten fer creure.

El 23 d’agost vam veure com la Policia Nacional agredia sense miraments un menor d’edat aficionat del Barça per portar una estelada. Un fet molt similar es va repetir el 6 de setembre quan un aficionat del CE Europa va ser agafat del coll i llençat al sòl amb violència per agents de la Policia Nacional, per posteriorment confiscar-li l’estelada i obligar-lo a dir que és espanyol. Després del primer succés, el Camp Nou es va omplir d’estelades el 27 d’agost, en un acte que va rebre el suport tant del club com de l’Assemblea Nacional Catalana (ANC). Tanmateix, que aquestes entitats assumissin i canalitzessin la protesta no resta espontaneïtat a l’acte ni minimitza el malestar que el va fer possible, ja que era d’esperar que, amb el seu suport o sense, l’afició respongués de manera similar, amb xiulades als símbols espanyols i mostres d’exaltació dels símbols independentistes. El que va passar demostra que el malestar social que no troba resposta en la política institucional ni en les institucions burgeses acaba buscant altres vies d’expressió, a través d’actes populars o culturals, i que aquells que pretenguin enfrontar-se a la voluntat d’un poble podran guanyar batalles, però difícilment podran acabar amb el conflicte que les origina.

Aquest juliol es van sumar noves dades a les ja exposades, quan la plataforma Acción Contra el Odio va publicar un informe sobre els sentiments d’odi entre la població de l’Estat espanyol. En l’apartat relatiu a «origen, ètnia o nacionalitat», els catalans apareixem com el segon col·lectiu que genera més odi, únicament per darrere dels MENA.

El mateix informe dividia la mostra en dos grans blocs ideològics, d’una banda, el de dreta i ultradreta, format per persones afins al PP, Vox i Se Acabó la Fiesta i, de l’altra, el bloc progressista, format per simpatitzants del PSOE, Sumar i Podemos. Entre els enquestats de dreta i ultradreta, els catalans continuàvem ocupant la segona posició, novament per darrere dels MENA. Tanmateix, entre els simpatitzants del bloc progressista, passàvem a ocupar el primer lloc. Aquest és el govern amb el qual pacten Junts i ERC.

Tota aquesta informació ens mostra l’Estat espanyol com un estat fallit que ho aposta tot a fomentar l’odi entre els membres de la classe obrera que oprimeix, ja que la presa de consciència de classe suposaria l’enfonsament definitiu d’aquest estat feixista.

D’altra banda, la derrota del Procés i la traïció dels partits que el van dirigir han deixat un terreny adobat perquè forces feixistes com Aliança Catalana pretenguin apropiar-se del descontentament existent i presentar-se com a defensores dels drets nacionals de Catalunya. El feixisme, tanmateix, no pot oferir cap emancipació al poble català, ja que divideix i enfronta els treballadors, i aquests drets, nacionals o socials, només es podran conquerir mitjançant la unitat i la lluita popular, perquè no cal esperar res dels polítics burgesos, com ja hem vist.

A més, com si tot el que s’ha esmentat fos poc, el grup nazi Núcleo Nacional ha convocat una concentració per a l’11 de setembre a la plaça de Jacint Verdaguer de Barcelona, un fet inaudit en la història de les Diades i que demostra com el feixisme i el nacionalisme espanyol se senten segurs i avancen sense complexos fins i tot als territoris que històricament els han estat més hostils.

El Partit Comunista Obrer de Catalunya considera que aquesta situació és insostenible, insuportable i d’emergència màxima. Hem de deixar enrere les organitzacions i els partits que van anteposar els seus interessos burgesos mentre ens prometien portar fins al final el nostre legítim dret a l’autodeterminació i que, a més, han acabat amb la sanitat i l’educació públiques, s’han carregat la nostra indústria i han regalat les nostres ciutats i cases als estrangers rics, mentre impulsen campanyes per mantenir el català que, tot i ser justes, no deixen de respondre a la vella tàctica burgesa de traslladar la responsabilitat a la voluntat individual per amagar les conseqüències de les seves pròpies polítiques brutals, en aquest cas, sobre la llengua i la cultura.

També hem de deixar enrere totes aquelles organitzacions que es reivindiquen socialistes o comunistes, però que parlen de socialisme en abstracte o pretenen ajornar la revolució. És l’hora de tornar a articular la lluita antifeixista de la mà d’un moviment obrer organitzat i d’un Partit Comunista fort. El feixisme i la reacció són l’última carta que li queda per jugar a un imperialisme moribund, disposat a morir matant. El socialisme, per contra, és l’interès objectiu de la classe obrera, l’única que pot mantenir vives la llengua i la cultura catalanes, així com l’única que de debò arribarà fins al final per defensar els seus drets i millorar les seves condicions de vida.

Aquesta Diada de 2026, cal recordar totes aquelles persones que lluiten i han lluitat per una Catalunya lliure, tant de l’espanyolisme com dels paràsits burgesos que enarboren la bandera de Catalunya, però que sempre ens acaben donant l’esquena. No hem de donar cap respir ni a Núcleo Nacional ni a Aliança Catalana, així com hem d’assenyalar el Govern del PSC, de la mà de Comuns i ERC, com a venedors d’obrers i botiflers. Per un 11-S combatiu i sense complexos. Per tots aquells que donen la cara.

 

Visca la Diada i visca Catalunya socialista!

Proletaris de tot el món, uniu-vos!

Socialisme o barbàrie!

Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.)

 

 

Diada Nacional de Catalunya

 

El Idescat señala que en el ámbito metropolitano de Barcelona, únicamente el 27,5% de la población tiene el catalán como lengua habitual, el 38,9% en el Penedès y el 40,4% en el Camp de Tarragona. En el resto del territorio (Comarques Gironines, Comarques Centrals, Alt Pirineu i Aran y Ponent) tampoco se supera el 60%, siendo les Terres de l’Ebre el único lugar donde se alcanza el 72,2%. Es decir, en Cataluña, la lengua propia está totalmente minorizada.

La bancarrota del capitalismo profundiza y agrava el malestar social en Catalunya. En 2024 ya denunciábamos que cerca de una cuarta parte de la población catalana se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social, según el Idescat. Lejos de resolverse, esta situación persiste ya que en 2025, el porcentaje se situó en el 24,8%, cerca de dos millones de personas, mientras que entre los menores de 16 años ascendió hasta el 36,1%. A ello se suma el problema de la vivienda, con un alquiler medio que ya supera los 860 euros mensuales en Catalunya.

Mientras tanto, el PIB catalán creció un 2,7% durante el mismo año, demostrando una vez más que el crecimiento de la “riqueza” bajo el capitalismo no se traduce en una mejora de las condiciones de vida para la clase obrera como algunos políticos e ideólogos burgueses nos intentan hacer creer.

El 23 de agosto vimos cómo la Policía Nacional agredía sin miramientos a un menor de edad aficionado del Barça por portar una estelada. Un hecho muy similar se repitió el 6 de septiembre cuando un aficionado del CE Europa fue agarrado del cuello y tirado al suelo con violencia por agentes de Policía Nacional, para posteriormente confiscarle la estelada y obligarle a decir que es español. Tras el primer suceso, el Camp Nou se llenó de esteladas el 27 de agosto, en un acto respaldado tanto por el club como por la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Sin embargo, que estas entidades asumieran y canalizaran la protesta no le resta espontaneidad al acto ni minimiza el malestar que lo hizo posible ya que era de esperar que, con o sin su respaldo, la afición respondiera de forma similar, con abucheos a los símbolos españoles y muestra de exaltación de símbolos independentistas. Lo ocurrido demuestra que el malestar social que no encuentra respuesta en la política institucional ni en las instituciones burguesas acaba buscando otras vías de expresión, a través de actos populares o culturales, y que quienes pretendan enfrentarse a la voluntad de un pueblo podrán ganar batallas, pero difícilmente podrán acabar con el conflicto que las origina.

Nuevos datos se sumaron este julio a los ya expuestos, cuando la plataforma Acción Contra el Odio publicó un informe sobre los sentimientos de odio entre la población del Estado español. En el apartado relativo al «origen, etnia o nacionalidad», los catalanes aparecemos como el segundo colectivo que mayor odio genera, únicamente por detrás de los MENA.

El mismo informe dividía la muestra en dos grandes bloques ideológicos, por un lado, el de derecha y ultraderecha, compuesto por personas afines al PP, Vox y Se Acabó la Fiesta y por otro, el bloque progresista, formado por simpatizantes del PSOE, Sumar y Podemos. Entre los encuestados de derecha y ultraderecha, los catalanes seguíamos ocupando la segunda posición, nuevamente por detrás de los MENA. Sin embargo, entre los simpatizantes del bloque progresista, pasábamos a ocupar el primer puesto. Ése es el gobierno con el que pacta Junts y ERC.

Toda esta información nos muestra al Estado español como un Estado fallido que lo apuesta todo a fomentar el odio entre los miembros de la clase obrera a la que oprime, ya que la toma de conciencia de clase supondría el hundimiento definitivo de este Estado fascista.

Por otro lado, la derrota del Procés y la traición de los partidos que lo dirigieron han dejado un terreno abonado para que fuerzas fascistas como Aliança Catalana pretendan apropiarse del descontento existente y presentarse como defensoras de los derechos nacionales de Catalunya. El fascismo, sin embargo, no puede ofrecer ninguna emancipación al pueblo catalán, ya que divide y enfrenta a los trabajadores y dichos derechos, nacionales o sociales, solo podrán conquistarse a través de la unidad y la lucha popular, pues nada cabe esperar de los políticos burgueses como ya hemos visto.

Por si todo esto fuera poco, el grupo nazi Núcleo Nacional ha convocado una concentración para el 11 de septiembre en la plaça de Jacint Verdaguer de Barcelona, algo inaudito en la historia de las Diadas y que demuestra cómo el fascismo y el nacionalismo español se sienten seguros y avanzan sin complejos incluso en los territorios que históricamente les han sido más hostiles.

El Partit Comunista Obrer de Catalunya considera que esta situación es insostenible, insoportable y de máxima emergencia. Debemos dejar atrás a las organizaciones y partidos que antepusieron sus intereses burgueses mientras nos prometían llevar hasta el final nuestro legítimo derecho a la autodeterminación y que, además, han acabado con la sanidad y la educación públicas, se han cargado nuestra industria y han regalado nuestras ciudades y casas al extranjero rico, mientras impulsan campañas para mantener el catalán que, aunque justas, no dejan de responder a la vieja táctica burguesa de trasladar la responsabilidad a la voluntad individual para esconder las consecuencias de sus propias políticas brutales, en éste caso, con la lengua y la cultura.

También debemos dejar atrás a todas aquellas organizaciones que se reclaman socialistas o comunistas, pero que hablan de socialismo en abstracto o pretenden postergar la revolución. Es la hora de volver a articular la lucha antifascista de la mano de un movimiento obrero organizado y de un Partido Comunista fuerte. El fascismo y la reacción son la última baza que le queda por jugar a un imperialismo moribundo, dispuesto a morir matando. El socialismo, por el contrario, es el interés objetivo de la clase obrera, la única que puede mantener viva la lengua y la cultura catalana (como hemos visto), así como la única que de verdad irá hasta el final por defender sus derechos y mejorar sus condiciones de vida.

En la Diada de este 2026, cabe recordar a todas aquellas personas que luchan y han luchado por una Catalunya libre, tanto del españolismo como de los parásitos burgueses que enarbolan la bandera de Catalunya, pero que siempre nos dejarán en la estacada. No debemos dar ningún respiro ni a Núcleo Nacional ni a Aliança Catalana, así como debemos señalar al Govern del PSC, de la mano de Comuns y ERC, como vendeobreros y botiflers. Por un 11-S combativo y sin complejos. Por todos aquellos que dan la cara.

 

Visca la Diada i visca Catalunya socialista!

Proletaris de tot el món, uniu-vos!

Socialisme o barbàrie!

Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.)




Aliança Catalana no és l’última esperança de l’independentisme, sinó l’últim clau a la tomba del Procés [CAT/ESP]

La fallida de l’imperialisme ha forçat una estratègia dels monopolis que consisteix a estendre organitzacions i partits feixistes allà on arribin els seus tentacles. Aquestes organitzacions es caracteritzen, sobretot, per un discurs antiimmigració, ultranacionalista i de suport obert als Estats Units i a Israel. Dins de l’Estat espanyol, aquest moviment està ara representat en gran mesura (encara que no plenament) per VOX. Tanmateix, a Catalunya, bona part de la batuta ha passat a Aliança Catalana (AC).

 

A les darreres enquestes del Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) per a El Periódico i del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), veiem com AC se situa com a tercera o segona força política a Catalunya, desplaçant Junts com a màxim representant de la dreta. Tot i que cal ser prudents a l’hora d’interpretar aquestes dades, ja que els partits burgesos solen utilitzar les enquestes de manera estratègica per mobilitzar el vot que els interessa i, sovint, per criminalitzar tots aquells que no creiem en la seva estafa electoral. Per exemple, se sol al·legar que la culpa de l’ascens de l’extrema dreta és de les persones que no van a les urnes, com si un feixista s’hagués d’aturar per unes eleccions que li són contràries (la història ens demostra que mai no és així), o com si les alternatives oportunistes que ofereix el sistema per l’esquerra no fossin igual de reaccionàries.

 

Segons el Sondeig d’Opinió de Catalunya 2024 de l’Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS), el 63,6% dels votants d’AC es declarava contrari a la independència de Catalunya i, segons el CEO, s’estima que un 23% dels qui van votar VOX a les eleccions catalanes de 2024 ara votarien AC en unes noves eleccions a la Generalitat. És a dir, la majoria dels votants d’AC semblen més atrets per les seves propostes xenòfobes i racistes que no pas per la defensa dels drets lingüístics o pel dret a la separació política de Catalunya de l’Estat espanyol.

 

Continuant amb les dades del CEO, el Procés no només va mobilitzar l’independentisme que existia fins aleshores, sinó que en va ampliar significativament la base social, ja que, en pocs anys, la independència va passar de ser l’opció territorial preferida per aproximadament una quarta part dels catalans a gairebé la meitat (cosa que no significa que l’altra meitat fos antiindependentista del tot), un creixement net equivalent a prop d’1,4 milions de persones. Aquesta expansió, acompanyada de mobilitzacions amb milions d’assistents mantingudes durant anys, va convertir l’independentisme en un moviment amb una capacitat d’aglutinació social sense precedents a la Catalunya recent, al qual es va sumar fins i tot un 24% de la població migrant i gairebé un 30% de la població amb dos progenitors migrants.

 

A més, el 2023 (encara amb un Govern d’ERC), AC va representar amb prou feines el 0,02% del temps de paraula política als informatius de TV3, segons dades del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), i, durant la campanya de les eleccions catalanes de 2024, se li van concedir 40 segons de temps de paraula (el 0,9% del dedicat a les candidatures). Dit d’una altra manera, la televisió pública catalana no va voler donar corda a AC.

 

En canvi, la presidenta d’AC, Sílvia Orriols, va anar adquirint una notable exposició en mitjans privats i, posteriorment, en mitjans d’àmbit espanyol. El diari ARA ha documentat el seu pas per capçaleres i espais com El Mundo, OK Diario, Crónica Global o La Sexta, en definitiva, grups privats que també van donar visibilitat a VOX, en clara sintonia amb els interessos dels monopolis que, en expandir la seva estratègia feixista, han matat sense miraments allò que va donar èxit al Procés i que el va fer tan atractiu per a molta gent, com ara el seu caràcter democràtic, la seva força rupturista arran de la crisi de 2007 o la seva obertura a qualsevol persona que en volgués formar part, característiques totalment incompatibles amb AC.

 

Cal recordar que bona part del descontent que va recollir el Procés ha passat a AC també per culpa dels mateixos partits independentistes, que han acabat pactant amb l’Estat per por de perdre els seus privilegis com a representants polítics de la burgesia, ja que ells mateixos van procurar conduir el Procés d’acord amb els seus interessos i, quan van veure masses de persones mobilitzades i decidides a lluitar, es van acovardir davant la possibilitat de no poder controlar-les. Amb el camp tan ben adobat després de la traïció dels partits independentistes, és fàcil per a AC erigir-se en la nova promesa protectora dels drets lingüístics i culturals de Catalunya, mitjançant la xerrameca i la demagògia barata típiques dels feixistes.

 

El Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.) fa una crida a la classe obrera catalana perquè no es deixi enganyar pels paranys dels monopolis i del seu Estat per dividir-nos, fragmentar-nos i posar fi a les nostres vides mitjançant les seves polítiques criminals, portin la màscara que portin.

 

Cal assenyalar AC, allà on sigui, com a enemiga dels interessos de la classe obrera catalana, incapaç d’atorgar a Catalunya la sobirania que mereix com a nació, perquè el feixisme és disgregador, discriminatori i antipopular. Davant seu, han estat les classes populars, amb la seva capacitat d’unir i aglutinar, les que sempre han aconseguit prou força per posar l’Estat espanyol contra les cordes i fer-ne aflorar la seva veritable cara. Tampoc cal esperar res de la burgesia que es pinta la cara de demòcrata, ja que sempre anteposarà els seus interessos a qualsevol mena de sobirania, com ja va demostrar venent el Procés per salvar-se ella mateixa.

 

Així mateix, també fem una crida a la classe obrera catalana perquè s’organitzi juntament amb la classe obrera de la resta de l’Estat en peu d’igualtat, ja que totes dues estan destinades a trencar amb aquest Estat i eliminar-lo, com també a lluitar per la unitat de tota la classe obrera mundial.

 

Aquest 10 de setembre, tothom al Fossar de les Moreres a les 18:00 per plantar cara a AC i recordar-los que Catalunya només pot ser antifeixista. I l’endemà, aquest 11 de setembre, tornem als carrers per dir a l’Estat espanyol que Catalunya continua viva i que no renuncia als seus drets.

 

Visca Catalunya lliure!

Fora feixistes!

Visca la lluita internacionalista!

 

Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.)

 

Aliança Catalana no es la última esperanza del independentismo, sino el último clavo en la tumba del Procés

 

La bancarrota del imperialismo ha forzado una estrategia de los monopolios que consiste en extender organizaciones y partidos fascistas allá donde lleguen sus tentáculos. Dichas organizaciones se caracterizan, sobre todo, por un discurso antiinmigración, ultranacionalista y de apoyo abierto a Estados Unidos e Israel. Dentro del Estado español, dicho movimiento está ahora representado en gran medida (aunque no plenamente) por VOX. Sin embargo, en Catalunya, gran parte de la batuta ha pasado a Aliança Catalana (AC).

 

En las últimas encuestas del Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) para El Periódico y del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), vemos cómo AC se sitúa como tercera o segunda fuerza política en Catalunya, desplazando a Junts como máximo representante de la derecha. Aunque cabe ser prudente a la hora de interpretar dichos datos, ya que los partidos burgueses suelen utilizar las encuestas de forma estratégica para movilizar el voto que les interese y, a menudo, para criminalizar a todos aquellos que no creemos en su estafa electoral. Por ejemplo, se suele alegar que la culpa de la subida de la extrema derecha es de las personas que no acuden a las urnas como si un fascista se fuera a frenar por unas elecciones que le son contrarias (la historia nos demuestra que nunca es así) o como si las alternativas oportunistas que ofrece el sistema por la izquierda, no fueran igual de reaccionarias.

 

Según el Sondeo de Opinión de Catalunya 2024 de L’Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS), el 63,6 % de los votantes de AC se declaraba contrario a la independencia de Catalunya y, según el CEO, se estima que un 23% de quienes votaron a VOX en las catalanas de 2024 ahora votarían a AC en unas nuevas elecciones a la Generalitat. Es decir, la mayoría de los votantes de AC parecen más atraídos por sus propuestas xenófobas y racistas y no por la defensa de los derechos lingüísticos o por el derecho a la separación política de Catalunya del Estado español.

 

Siguiendo con los datos del CEO, el Procés no solo movilizó al independentismo que existía hasta la fecha, sino que amplió significativamente su base social, ya que, en pocos años, la independencia pasó de ser la opción territorial preferida por aproximadamente una cuarta parte de los catalanes a rozar la mitad (lo cual no significa que la otra mitad fueran antiindependentistas en su totalidad), un crecimiento neto equivalente a alrededor de 1,4 millones de personas. Esta expansión, acompañada de movilizaciones con millones de asistentes sostenidas durante años, convirtió al independentismo en un movimiento con una capacidad de aglutinación social sin precedentes en la Catalunya reciente, al cual se sumó incluso un 24% de población migrante y casi un 30% de la población con dos progenitores migrantes.

 

Además, en 2023 (aún con un Govern de ERC), AC representó apenas el 0,02 % del tiempo de palabra política en los informativos de TV3, según datos del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC), y, durante la campaña de las elecciones catalanas de 2024, le concedió 40 segundos de tiempo de palabra (el 0,9% del dedicado a las candidaturas). Dicho de otra forma, la televisión pública catalana no quiso darle pábulo a AC.

 

En cambio, por otro lado, la presidenta de AC, Sílvia Orriols, fue adquiriendo una notable exposición en medios privados y, posteriormente, en medios de ámbito español. El diari ARA ha documentado su paso por cabeceras y espacios como El Mundo, OK Diario, Crónica Global o La Sexta, en definitiva, grupos privados que también le dieron exposición a VOX en clara sintonía con los intereses de los monopolios que, al expandir su estrategia fascista, han matado sin miramientos aquello que le dio éxito al Procés y que lo hizo tan atractivo para mucha gente, como su carácter democrático, su fuerza rupturista tras la crisis de 2007 o su apertura a toda persona que quisiera formar parte, características totalmente incompatibles con AC.

 

Cabe recordar que gran parte del descontento que recogió el Procés ha pasado a AC también por culpa de los mismos partidos independentistas que han acabado pactando con el Estado por miedo a perder sus privilegios como representantes políticos de la burguesía, pues ellos mismos procuraron manejar el Procés para que fuera en consonancia con sus intereses y cuando vieron masas de gente movilizadas y decididas a luchar, se acobardaron ante la posibilidad de no poder controlarlas. Con el terreno tan bien abonado tras la traición de los partidos independentistas, es fácil para AC erigirse como la nueva promesa protectora de los derechos lingüísticos y culturales de Catalunya, a través de la palabrería y la demagogia barata típicas de los fascistas.

 

El Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.) hace un llamamiento a la clase obrera catalana para que no se deje engañar por las trampas de los monopolios y su Estado para dividirnos, fragmentarnos y acabar con nuestras vidas a través de sus políticas criminales, lleven la careta que lleven.

 

Es necesario señalar a AC, allí donde esté, como enemigo de los intereses de la clase obrera catalana, incapaces de otorgar a Catalunya la soberanía que merece como nación, porque el fascismo es disgregador, discriminatorio y antipopular. Frente a él, han sido las clases populares, con su capacidad para unir y aglutinar, las que siempre han conseguido la fuerza suficiente para poner al Estado español contra las cuerdas y sacar su verdadera cara. Tampoco cabe esperar nada de la burguesía que se pinta la cara de demócrata, pues siempre van a anteponer sus intereses a cualquier tipo de soberanía como ya demostraron vendiendo el Procés para salvarse ellos.

 

Así mismo, también hacemos un llamamiento a la clase obrera catalana a que se organice junto a la clase obrera del resto del Estado en pie de igualdad, pues ambas están destinadas a romper y a acabar con éste, así como la lucha por la unidad de toda la clase obrera mundial.

 

Este 10 de septiembre, todo el mundo al Fossar de les Moreres a las 18:00 para plantar cara a AC y recordarles que Catalunya solo puede ser antifascista. Y al día siguiente, este 11 de septiembre, volvemos a las calles para decirle al Estado español que Catalunya sigue viva y que no renuncia a sus derechos.

 

Visca Catalunya lliure!

Fora feixistes!

Visca la lluita internacionalista!

 

Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.)