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Mientras la clase obrera lucha el oportunismo busca poltronas

A lo largo y ancho del continente europeo se suceden movilizaciones de la clase obrera contra las condiciones leoninas de vida impuestas por el imperialismo, donde los estados-nación burgueses no pasan de ser marionetas al servicio de las grandes multinacionales norteamericanas y europeas que aplican las políticas económicas impuestas por las mismas que buscan garantizar el enriquecimiento de las élites imperialistas a costa de llevar al proletariado a la muerte.

Francia, Bélgica, Italia, Serbia, Alemania, Grecia, Albania o Portugal, atestiguan el fracaso de la Unión Europea como proyecto de los monopolios europeos y de subordinación total a EEUU que conduce al proletariado europeo a unas condiciones que nos niegan la vida y que nos conduce a los obreros, y fundamentalmente a la parte juvenil de nuestra clase, a la imposibilidad de poder tener derecho de uso de una vivienda, de tener un trabajo que no sea en condiciones de esclavitud absoluta o, tan siquiera, de estudiar, ante la privatización inexorable de la educación pública, como bien pueden testimoniar la juventud obrera de nuestro país. En Portugal, el lema “Não dá mais para viver assim!” deja bien clara la situación en la que se halla la clase obrera, no solo en dicho país, sino a nivel europeo y mundial, ¡no podemos seguir viviendo así! Retratando la inviabilidad del sistema capitalista para la mayoría obrera, que es la humanidad.

Una inviabilidad que se acrecienta a cada paso que el imperialismo da en la dirección de la automatización de la producción y de los servicios, que niega por completo la propia razón de ser del capitalismo – el robo de plusvalía al proletariado –, expulsando del proceso de producción a una cada vez mayor parte de la humanidad, que es el proletariado, a la que condena a la indigencia material y espiritual. Un hecho que, por otro lado, destruye la demanda negando también la razón de ser de la producción capitalista.

El imperialismo, en su descomposición económica, política e institucional más absoluta, lo tiene que encomendar todo al fascismo, la ideología propia del capitalismo monopolista, de las élites burguesas. Por ello proliferan las organizaciones de extrema derecha, porque el tablero político de las potencias imperialistas en declive está escorado totalmente hacia la extrema derecha y, consecuentemente, la política de las diferentes potencias imperialistas. Una política que se centra en garantizar una concentración mayor de la riqueza, más que por la vía del incremento de la producción, por la vía de una mayor transferencia de riqueza hacia la minoría que amasa la riqueza mundial. Un proceso de maximización de la concentración de la riqueza y, por tanto, del poder, en el que se hace esencial la división del proletariado y su enfrentamiento – exacerbándose el racismo y el nacionalismo -, el saqueo del mundo y la guerra.

Sin duda Trump o Netanyahu son unos fascistas, pero no menos lo son Von der Leyen, Kaja Kallas, Macron, Merz, Meloni, Burnham, Abascal, Feijóo o el propio Pedro Sánchez, todos ellos marionetas de las empresas multinacionales norteamericanas, todos ellos fervientes defensores de la guerra imperialista, todos ellos enemigos de la clase obrera y defensores a ultranza del imperialismo.

La lucha del proletariado francés está dejando imágenes memorables e icónicas, y muestran el camino del proletariado: la lucha en la calle contra el capitalismo, su estado y sus fuerzas represivas. El proletariado manifiesta su imposibilidad de vivir bajo este sistema, empieza a mostrar manifestaciones de ira contra el sistema, demostrando que el ejército proletario está ahí y que necesita ser dirigido por su organización revolucionaria, por su organización de vanguardia, por su organización comunista, por la senda de la ruptura revolucionaria con el capitalismo. Es el momento de que todos los frentes de lucha se aglutinen en una única lucha revolucionaria contra el capitalismo, la burguesía y su estado para derrocar a éste y hacer que la clase obrera consiga todo el poder, imponiendo su propio estado y garantizando que toda la riqueza pase a manos de la clase de los proletarios, que es quien la genera, para poder garantizar el desarrollo del ser humano.

La burguesía apuesta todo a la guerra, consciente de su bancarrota económica, política e institucional. Apuesta a la guerra por dos motivos cardinales: en primer lugar porque tiene un excedente humano, les sobran obreros, que pretende resolver por la vía del asesinato masivo y, en segundo lugar, porque la burguesía es consciente de la inviabilidad de su sistema y la imposibilidad de que la clase obrera pueda vivir bajo sus condiciones de explotación, viendo en la guerra, también, una forma de aniquilar a gran parte de la clase obrera a la que ve como fuerza revolucionaria empujada a arrebatarle el poder para poder subsistir. En consecuencia, el fascismo que, también, es la guerra imperialista, es la única salida que tienen los grandes capitales para sostener el poder y, con él, sus privilegios y fortunas. La burguesía no tiene más salida que asesinar a millones de obreros y, la clase obrera, no tiene más salida para poder vivir que aniquilar al capitalismo y construir, revolucionariamente, el socialismo.

En el Estado español, como consecuencia del desahucio de una anciana de 87 años, Maricarmen, hubo movilizaciones populares que desencadenaron la organización de acampadas en defensa del derecho a la vivienda como formulación de estabilizar la protesta, a principios de octubre. Este movimiento ha sido instrumentalizado por el “gobierno de progreso” y, fundamentalmente, por el PSOE, que no han hecho absolutamente nada por solventar este problema en los últimos 8 años que han gobernado. Problema, por otro lado, que es irresoluble en el marco del capitalismo y su parlamentarismo burgués, en tanto que la vivienda no es un derecho en el capitalismo sino una mercancía con la que los capitalistas, que concentran la propiedad de esta, hacen negocio fundamentado en la dislocación del precio de la vivienda con respecto de su valor. Por otro lado, el modelo económico está fundamentado en el sector turístico, unido a la acumulación y concentración en unas pocas manos de la propiedad de las viviendas que se convierten en un medio de producción como unidades turísticas, obteniendo la minoría poseedora un mayor beneficio económico, negando el derecho a la vivienda de multitud de obreros que son expulsados de las grandes ciudades como Barcelona, Madrid, Sevilla, Zaragoza o Valencia.

Mercadeo oportunista y circo electoral.

 

Con estas movilizaciones y acampadas, el gobierno de socialfascistas y oportunistas vio la posibilidad de salir a flote aprovechando estas propuestas ante un problema del que ellos también son responsables, en primer lugar tratando de encauzar la protesta al terreno parlamentario y desactivarla mediante la implementación de dos decretos – que no solventan el problema – y su posterior aprobación en el parlamento. Acción que sirvió para retratar la esencia reaccionaria del PP, VOX y Junts, desencadenando la convocatoria de elecciones generales el próximo 29 de noviembre, atendiendo a los intereses electorales, fundamentalmente, del PSOE.

Con el procedimiento de elecciones generales ya lanzado, se contempla el resultado de la “nueva política”: una contienda entre fascistas y socialfascistas en alianza con los oportunistas; con los nacionalistas de derechas vascos y catalanes que se posicionarán con quiénes más prebendas les otorguen.

Trece años después, se constata que teníamos razón en lo que denunciábamos sobre la “nueva política” encarnada por PODEMOS y C’s, consistente en sustentar el régimen político emanado de la reforma del franquismo y desmovilizar a la clase obrera entre los años 2011-2013, encauzando la protesta en las calles hacia la vía parlamentaria.

El “tomar el cielo por asalto” del traidor Pablo Iglesias era pactar con el PSOE, engañar al proletariado y convertirse en muleta del bipartidismo y, por tanto, fortalecerlo.

Nuevamente le dicen al proletariado que están ante unas elecciones determinantes, decisivas, donde salga el que salga los trabajadores viviremos peor pues todos lo que se presentan están para defender los intereses del Capital.

La burguesía salvó la crisis de la pata socialfascista del PSOE con la creación de PODEMOS. Y a la pata fascista del PP, debilitada por la corrupción, le creó dos fracciones C’s y VOX al objeto de retenerle su fuerza electoral por la vía del fraccionamiento para, posteriormente, integrarlas y gobernar como lo que son: un único partido fascista, ya que es la pata más derechista la que fija la posición política de este bloque.

Hoy los dos bloques – socialfascista y fascista – se perciben con nitidez contemplando sus alianzas. Para el Senado socialfascistas y oportunistas van juntos, al igual que los fascistas de la marca azul (PP) y de la marca verde (Vox).

Por otro lado, la “izquierda” del capital, los oportunistas, han quedado retratados como lo que son: burgueses vividores que buscan lucrarse engañando a la clase obrera. Los burgueses de PODEMOS, Sumar, IU/PCE, Más Madrid, Comuns, ERC, etcétera, van divididos no por diferencias políticas – todos ellos aspiran a ser muletas del PSOE y defender el sistema capitalista – sino por el reparto de puestos y de liberaciones.

Lejos del teatrillo realizado por estos oportunistas, tan capitalistas como los fascistas y, por tanto, tan enemigos del proletariado; lo que tenemos que fijarnos es donde están.

El Frente Amplio (Sumar, IU/PCE, Más Madrid, Comuns, …) claramente, está con el PSOE y va de la mano de éste. Por otro lado está PODEMOS, que en enero de 2014 decía que había que derogar el artículo 135 de la Constitución Española y no pagar la deuda, que decía que había que nacionalizar la banca privada y los sectores estratégicos de la economía, que había que salir de la OTAN; todo ello quedó en hacer un gobierno con el PSOE, sostener la ley mordaza y la reforma laboral de Rajoy, en definitiva, sostener al capitalismo – y con él los desahucios – y aplaudir a los fascistas ucranianos, armarlos  y cumplir con la OTAN.  Oportunistas que, por su naturaleza parásita y vividora, llegan a la situación en la que se encuentran hoy.

 

Huelga General del 11 de noviembre.

 

La movilización contra los desahucios en general, con la espoleta del caso de Maricarmen, también ha desbordado a los mayores parásitos y traidores a la clase obrera: CCOO y UGT.

Estos sindicatos, a rebufo de la movilización, se han visto obligados a convocar una jornada de huelga general; a todas luces insuficiente para solventar el problema de los desahucios.

CCOO y UGT son piezas angulares del sistema capitalista para la aplicación de la política económica de los capitalistas. Convenio a Convenio, garantizan que será la clase obrera quien sufrague la inflación y, consecuentemente, los salarios reales cada día sean más bajos. Así pues, gracias a CCOO y UGT la carestía de vida implica incremento de beneficios empresariales y pérdida de los salarios reales de la clase obrera, con el consecuente empobrecimiento del proletariado.

CCOO y UGT sirven a los intereses económicos del capital y a los intereses políticos de la burguesía, concretamente, a los intereses del PSOE. Que este apéndice del estado burgués, como son CCOO y UGT, se incardinen como convocantes de la huelga del 11 de noviembre tiene por objetivo tratar de controlar la movilización para evitar que se desborde y se extienda y, también, encauzarla a la vía electoral en favor de socialfascistas y oportunistas.

La huelga general del 11 de noviembre también retrata a los sindicatos amarillos, los cuales la rechazan.

La clase obrera no conseguirá resolver sus problemas dentro del sistema político capitalista, dentro del parlamentarismo, pues la función del régimen político es la de garantizar el sistema de explotación capitalista, es garantizar la transferencia de riqueza en favor de la burguesía, en realidad, es el causante de dichos males.

Hoy los profesores están movilizados en defensa de la educación pública, sin embargo, esta movilización se fragmenta por comunidades autónomas, al igual que se fragmenta por partes integrantes de la comunidad educativa.

También se suceden movilizaciones en defensa de la sanidad y del sistema de pensiones públicos. En defensa del acceso a la vivienda y contra los desahucios, contra el fascismo, etcétera. Sin embargo, todas estas movilizaciones se dan por separado, sectorizando las luchas que es lo mismo que erosionarlas y debilitarlas.

Todas estas luchas, al igual que la carestía de la vida y la precariedad laboral, tienen un único causante: el sistema capitalista y su estado. Todas estas luchas deben unirse en una única lucha de clases contra el capitalismo y contra su estado, por la consecución del socialismo. Y esa unidad de la lucha se tiene que organizar, para darle consistencia y persistencia, conformando un Frente Único del Pueblo que garantice la organización permanente de la clase y que vaya conformándose como el órgano de poder que dote a la clase obrera de capacidad organizativa para poder confrontarlo con el poder burgués y derrocarlo.

Al proletariado no nos vale el sistema capitalista, ni su estado, y debemos acabar con él y elevar nuestro propio sistema económico – el socialismo – y político – la dictadura del proletariado. Y forman parte del capitalismo y su régimen político tanto el fascismo como el socialfascismo, la socialdemocracia, el oportunismo y los sindicatos del régimen y los sindicatos amarillos; con todos ellos hay que acabar.

 

¡FORTALECE LAS FILAS DE LA REVOLUCIÓN, FORTALECE LAS FILAS DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER OBRERO, POR LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 18 de octubre de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Algunos apuntes sobre la privatización de la sanidad y la educación

La privatización de la educación y la sanidad no constituye únicamente un cambio en la forma de gestionar determinados servicios. Para los comunistas supone trasladar necesidades sociales fundamentales al terreno de la rentabilidad privada como vamos a demostrar. Allí donde la educación y la sanidad son concebidas como derechos universales, el acceso debe depender de las necesidades de las personas y no de su capacidad individual de pago. Cuando, por el contrario, se introducen relaciones mercantiles y criterios de beneficio, las diferencias de renta tienden a convertirse también en diferencias en las posibilidades de formación, prevención, tratamiento y cuidado.

La cuestión de la igualdad adquiere así una dimensión material. No basta con proclamar formalmente que todas las personas poseen los mismos derechos, como nos machaca en el Estado español la burguesía y su Constitución en su Artículo 14. Este espejismo se cae cuando las condiciones económicas determinan quién puede acceder a una educación de calidad, quién puede recibir determinados tratamientos o quién debe renunciar a ellos por razones económicas. Educación y sanidad forman parte de las condiciones necesarias para reproducir la vida social y, por tanto, deben dejar de estar subordinadas a la acumulación de capital.

Esta lógica permite analizar también la relación entre trabajo y vida. Bajo el capitalismo, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía que el trabajador vende a cambio de un salario. El capitalista compra esa capacidad de trabajar, lo enajena y lo corrompe, y obtiene del proceso productivo un valor que excede por mucho del equivalente necesario para reproducir la fuerza de trabajo, la plusvalía. De este modo, el trabajo vivo, que es la actividad concreta de los productores, que son la clase obrera, queda incorporado a un proceso cuya propiedad y dirección pertenecen al capital. Mediante el estudio de la esclavitud asalariada queda al descubierto esta interdependencia económica, donde el trabajador es jurídicamente libre, pero necesita vender su fuerza de trabajo para acceder a los medios necesarios para su subsistencia.

En este escenario, la esperanza de vida debe plantearse en términos de qué lugar ocupa la vida humana dentro del proceso productivo. Si la organización económica, social y política mide el tiempo humano por su utilidad para producir beneficios, existe el riesgo de reducir al individuo a su condición de fuerza de trabajo, que es a lo que el capitalismo condena a la clase obrera, y por cuyo motivo se dedica a blindar los retrocesos en derechos básicos mediante atentados que reducen y precarizan la esperanza de vida de los que todo producimos, la clase obrera. Su antídoto se llama Revolución Socialista, que es una sociedad organizada alrededor de las necesidades humanas que persigue, por el contrario, que la salud, el descanso, la educación y la formación personal no queden subordinados a la capacidad productiva de cada persona y alcanzan así la verdadera categoría de derechos universales.

Frente a la apropiación privada de los resultados del trabajo social, la alternativa que plantea el PCOE es clara, diáfana y sencilla, la socialización de los principales medios de producción en su primera fase. El objetivo es que quienes producen colectivamente sean también quienes, mediante formas de propiedad y control social de la producción, determinen el destino del excedente generado. Esto implica transformar la relación entre productores y medios de producción para que el producto social no sea apropiado privadamente por una clase propietaria, explotadora y parásita, la burguesía, sino que esa producción esté destinada a satisfacer las necesidades colectivas y a desarrollar las capacidades humanas y materiales de la sociedad.

Esta transformación no se concibe como un simple cambio administrativo, ni obviando la resistencia armada que los explotadores imponen sin excepción. En esta tesitura, la lucha económica salta a una lucha política por el poder. La dictadura del proletariado se convierte así en la forma transitoria de gobierno que ocupa el período de transición en el que el poder político pasa a estar en manos de la clase obrera y en el que se desmantela el poder económico y político de la burguesía, para avanzar hacia la socialización de los medios de producción y la transformación progresiva de las relaciones de clase que han hecho posible la apropiación privada del trabajo social.

En este proceso, el PCOE es concebido como instrumento político organizado de la clase obrera, un partido político destinado a elaborar una estrategia revolucionaria, y organizar a los estudiantes, obreros y campesinos hacia la transformación de las relaciones políticas, económicas y sociales. La Revolución Socialista no consiste únicamente en sustituir a quienes administran una institución por otros como quiere vendernos la falsa izquierda revisionista y traidora, sino en transformar de raíz las relaciones de propiedad y las condiciones materiales que reproducen la división de la sociedad en clases.

Nuestro horizonte consiste en una sociedad en la que los medios fundamentales de producción pertenecen al conjunto de los productores asociados y en la que el desarrollo de la riqueza social deja de estar subordinado a los intereses y la apropiación privada del trabajo ajeno por una banda de mafiosos, explotadores y chupasangres. La emancipación del trabajo, la única forma posible de garantizar los derechos básicos a nivel de toda la humanidad, exige que la producción esté organizada conscientemente para satisfacer necesidades humanas y el desarrollo de las capacidades de quienes forman la sociedad, y no para reproducir y ampliar el capital. La clase obrera debe tener claro que sus conquistas llegarán por métodos revolucionarios y por la organización de su clase social dentro del partido de vanguardia y que en el Estado español se llama PCOE.

 

¡Por la defensa de los derechos universales!

¡Por la emancipación del trabajo!

¡Por la Revolución Socialista!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El adelanto electoral para el PCOE

El debate en torno al adelanto electoral debe plantearse como una cuestión que va más allá de la alternativa entre las fuerzas que se presentan como «derecha» y aquellas que se autodefinen como «izquierda». Reducir el proceso electoral a un enfrentamiento entre ambos bloques puede contribuir a situar en segundo plano la cuestión fundamental, que no es otra que la relación entre el sistema político y las estructuras económicas, políticas y sociales sobre las que se sostiene. Independientemente de las diferencias existentes entre las distintas opciones electorales, el marco de la democracia parlamentaria en el Estado español no deja de ser el fascismo, pues sigue sirviendo a los intereses del imperialismo cuya máxima aspiración en la actualidad es la dictadura abierta de una clase sobre otra. Por eso, los comunistas afirmamos que las alternancias en el gobierno no equivalen a una transformación de esas relaciones de explotación para la clase obrera.

Además, un sistema político, económico y judicial, que se fue a dormir franquista y se despertó demócrata, nos lleva también a examinar críticamente la propia historia del sistema político del Estado español que llega hasta nuestros días. Un ejemplo es la Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, denominada con el eufemismo de Ley de Partidos Políticos, unido a los distintos procesos de ilegalización de organizaciones políticas, constituyen ejemplos relevantes para los comunistas, del control de los límites jurídicos y políticos de la democracia burguesa española cuando alguien viene a poner en peligro sus privilegios de clase. Ya no se trata de qué organizaciones pueden concurrir electoralmente, sino de qué posiciones y proyectos políticos han sido excluidos o perseguidos, centenares de presos políticos avalan lo que decimos, y bajo qué argumentos jurídicos para que su sistema clasista no sea puesto en riesgo.

Por otro lado, el PSOE, que se presenta como el adalid de las izquierdas, unido a la muletilla de toda la canalla revisionista, arrastra denuncias históricas sobre prácticas de guerra sucia, en concreto con el GAL, lo que demuestra que se han pasado por el arco del triunfo los límites del Estado de derecho, usando todos los mecanismos de poder existentes de su cacareada democracia y que, llegado el caso, volverían a hacerlo.

Llegados a este punto, la cuestión central sería entonces cómo interpretar las elecciones sin convertirlas en el único horizonte de la actividad política. El campo electoral puede ser entendido como uno de los espacios en los que se expresa el conflicto social, pero nunca será el lugar donde dicho conflicto encuentra su resolución por una cuestión de intereses de clase. En este escenario hostil, la labor del PCOE se centra en la tarea de expandir la conciencia de clase en el centro de su actividad política. La cuestión es explicar a los obreros las relaciones existentes entre poder político, propiedad privada, trabajo y capital, y, mediante eso, insuflar una conciencia de clase que no quede subordinada exclusivamente a las alternativas electorales de cada convocatoria y, a través de este trabajo, subordinarnos a un objetivo político más amplio, que no es otro que la organización y la conciencia de la clase obrera en sus propios espacios de vida y de trabajo. Los centros de trabajo, los conflictos laborales y los distintos ámbitos de organización social, aparecen así como espacios fundamentales para estudiar y desarrollar la acción colectiva de nuestra clase y no las elecciones de la democracia burguesa con toda su maquinaria de represión organizada judicial, ejecutiva y legislativa.

Nuestro trabajo político no es simplemente elegir entre las distintas opciones que compiten por la gestión del Estado español, más concretamente por la alternancia de la posesión de la llave de la caja, sino hacer entender a nuestra clase social que su dictadura de clase, la del capital sobre el trabajo vivo, con sus relaciones económicas y sociales de explotación y apropiación privada, permanece estructuralmente inalterada tras cada alternancia y explicarle qué condiciones son necesarias para modificar las relaciones de explotación que sostiene al capitalismo. El PCOE se mueve como pez en el agua en ese terreno y con nuestras dificultades, falta de medios y frente a todo tipo de aparatos represivos, no cesará en su tarea de trabajar por la revolución social, puesto que el capitalismo ya ha logrado todos sus objetivos, que no son otros que la revolución de los medios de producción. Al llevarlo a su último estadio, como en el caso de la IA, el modelo productivo ya se ha convertido en freno insalvable para el desarrollo de las nuevas relaciones de producción que crecen más rápido de lo que su sistema criminal puede soportar.

 

¡Por la emancipación del trabajo!

¡Por la organización comunista!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Sobre la huelga del 11 de noviembre

El conflicto de la vivienda ha estallado en el estado español a raíz del desahucio de Maricarmen el pasado 26 de septiembre. Acampadas y protestas se han sucedido a lo largo del territorio por la defensa del derecho a la vivienda hasta confluir en una huelga general convocada para el 11 de noviembre.

El carácter hoy de este movimiento de lucha por la vivienda por parte del proletariado está claramente encuadrado en lo institucional. A pesar de la gran cantidad de desahucios de obreros que hay cada día y de la imposibilidad desde hace años para el proletariado de poder adquirir una vivienda en ciudades con gran afluencia turística, este movimiento ha aparecido en un momento propicio para los tiempos políticos del PSOE.

El estallido de este movimiento ha eliminado de la agenda de la extrema derecha, casi de un plumazo, sobre lo acontecido en Ceuta, ha obligado al resto de partidos políticos burgueses a posicionarse sobre una ley que no deja de ser un parche que no va a resolver el problema de la vivienda para la clase obrera. El PSOE convertirá este tema en el eje central de su campaña electoral criticando a los que no aprobaron la ley, instrumentalizando así la huelga general justo antes del inicio de la campaña electoral.

Este movimiento, sin embargo, refleja la desesperación del proletariado como consecuencia del grave deterioro de nuestras condiciones de vida como clase, deterioro que se ha incrementado con un gobierno supuestamente “progresista” y que le deja clara una cuestión: Con independencia del partido que gobierne, para la clase obrera cada gobierno empeorará su situación porque lo que es realmente nocivo para el proletariado es el sistema capitalista, sistema que todos los partidos (desde la falsa “izquierda” hasta la extrema derecha) defienden. Sin embargo, los hechos que se suceden muestran al proletariado múltiples cuestiones:

En primer lugar, ya está mostrando la verdadera faz de “sindicatos” como USO, Fetico, Valorian, CSIF, SATSE, ANPE, STAJ, Semaf, SLT que han expresado su rechazo a la huelga. Solo los sindicatos abiertamente vendidos a los intereses de la patronal pueden negarse a reconocer que el problema de la vivienda para los trabajadores está ligado inexorablemente a la naturaleza del sistema que se fundamenta en los bajos salarios.

Por otro lado, el modelo sindical impuesto en el estado español por reaccionarios y oportunistas, y que el proletariado no suscribe ni siente como propio, y sus sindicatos del régimen – CCOO y UGT -, nuevamente van a rebufo del movimiento espontáneo de la clase obrera; sindicatos que llevan décadas firmando traiciones y desmovilizando a la clase obrera se ven forzados a convocar una huelga general a contrapié, en contra de su propia voluntad, mas ellos son responsables, con los convenios que firman, del empobrecimiento de la clase obrera.

El proletariado español debe aprender a reconocer a sus enemigos y el rechazo de la clase obrera a estos sindicatos amarillos -puras creaciones patronales para la defensa de sus intereses contra el proletariado- es la primera lección que debe extraer nuestra clase social de este conflicto.

Cierto es que dentro de este movimiento por la vivienda hay organizaciones oportunistas y reformistas, y más aún organizaciones abiertamente contrarias a los intereses obreros, cuyos máximos exponentes son CCOO y UGT, responsables directos de los bajos salarios y del deterioro de los salarios reales. Pero no es menos cierto que se han movilizado amplias capas del proletariado, habitualmente desmovilizadas, que han decidido sumarse a la lucha por la vivienda que afecta a la mayor parte de la clase obrera, como hemos visto en las manifestaciones de los últimos días.

La exigencia de una huelga por parte de organizaciones convocantes de estas manifestaciones y acampadas han obligado a CCOO y UGT a incluirse en la convocatoria de una huelga general, cosa que ni se habrían planteado hace apenas un mes. Esto supone un cambio de paradigma, ya que estas centrales viven cómodas en la inacción de la clase obrera, pero se les ven las costuras cuando hay movimiento obrero, pues es su esencia oportunista y vendida al capital tratar de institucionalizar las luchas obreras y llevarlas al Parlamento burgués.

Esas centrales sindicales traidoras y vendidas, apéndices del Estado burgués, se ven obligadas a estar en esta lucha no porque crean que los obreros deben tener una vivienda digna donde poder vivir, cosa que les da absolutamente igual, sino porque es su trabajo desmovilizar todo lo posible esta lucha en las calles y los barrios del país y canalizarlas hacia las instituciones burguesas, donde finalmente muere cualquier aspiración proletaria.

Este momento conduce al Partido a esforzarse por ir construyendo en movimiento consciente, contra el capitalismo y por la revolución socialista, este movimiento espontáneo que nace por la depauperación de las condiciones de vida del proletariado, por la negación del acceso al valor de uso de una vivienda ya que, en el capitalismo, desaparecen los derechos del pueblo para convertirse en negocios para la burguesía. El oportunismo tiene como objetivo traducir este movimiento en voto para el PSOE y el oportunismo de la “izquierda” de este, ambos burgueses y capitalistas y responsables de la situación de miseria en la que se halla el proletariado. El Partido debe mostrar al proletariado que sus problemas no van a solventarse dentro del capitalismo, su parlamentarismo podrido y sus elecciones burguesas trucadas que, únicamente, la salida a la situación en la que se halla nuestra clase pasa por la democratización de la economía y de la política, esto es, pasa por la socialización de los medios de producción y la toma del poder político por parte de la clase proletaria, pasa por el socialismo y, por ello, dicho movimiento debe dirigirse contra la verdadera causa del problema: el capitalismo y el sistema político que eleva que únicamente sirve al gran capital. En consecuencia, nuestro Partido y todo aquel que se reivindique marxista-leninista, debe dar la lucha para desbordar por la vía revolucionaria esta movilización que los oportunistas pretenden canalizar en número de votos para, después, desactivarla y seguir sirviendo al Capital. La lucha por la vivienda solo puede ser una lucha revolucionaria porque:

  1. No se puede desligar del modelo productivo impuesto por la burguesía y basado en el turismo y de la esencia del imperialismo: la acumulación de los medios de producción en cada vez menos manos ya que, para el capitalismo, la vivienda no es un derecho sino una mercancía y/o un medio de producción.
  2. No se puede desligar del resto de luchas que el proletariado libra en su día a día: salarios, educación, sanidad, pensiones…, siendo una manifestación más de la lucha de clases.

La expropiación sin indemnización de todas las viviendas en manos de bancos, SOCIMI´s, fondos buitre y grandes tenedores, así como la socialización y planificación pública del suelo y la vivienda bajo control obrero, que es la solución real para la vivienda del proletariado, es imposible bajo el capitalismo porque atenta contra su base misma.

La lucha por la vivienda es solo uno de los problemas que sufrimos los proletarios, pero no es menos importante que el problema de los bajos salarios, la temporalidad de los contratos fijos discontinuos, los actuales abusivos periodos de prueba, el aumento de los precios, las listas de espera para poder acudir al médico -que nos cuestan literalmente la vida-, la calidad y precios de la educación de nuestros hijos o las pensiones de nuestros mayores, fruto todo ello de las políticas de privatización.

Es por todo ello que la lucha del proletariado es integral y no parcial y debe poner en jaque el sistema capitalista en su totalidad. Bien es cierto que el conflicto estalla por su lado más acuciante, pero no es menos cierto que ninguno de los problemas que sufre el proletariado bajo el capitalismo se puede resolver de forma individual.

El Partido Comunista Obrero Español saluda y apoya la huelga del próximo 11 de Noviembre, y pondremos nuestras fuerzas para tratar de que el movimiento tome conciencia de que por la vía del sistema político capitalista nada se puede conseguir pues es el propio sistema el que niega a la clase obrera la vida; que el problema de la vivienda es causado por el mismo que niega al proletariado un salario y un puesto de trabajo con el que poder vivir, el que niega a la clase obrera el poder estudiar por la privatización de la educación, o que niega la vida al jubilado con pensiones de miseria o un servicio sanitario público que los políticos del capital – entre los que están los oportunistas – desmantelan en favor de la burguesía mediante la privatización, por ello, es necesario unir las diferentes luchas existentes  en una única lucha de clases contra el capitalismo, la burguesía y su Estado conformando un Frente Único del Pueblo que construya un contrapoder obrero capaz de enfrentarse al estado burgués y derrocarlo revolucionariamente, superando el capitalismo para desarrollar el Socialismo.

Es evidente que un día de huelga general no va a suponer cambio sustancial en las condiciones de vida del proletariado por sí mismo, pero desde el PCOE intentaremos que este movimiento que la clase obrera ha desencadenado sirva para fortalecer las fuerzas del Revolución, que son las únicas fuerzas, y la única salida, que tenemos la clase proletaria para poder salir adelante y poder vivir de manera digna y libre.

Solo la unidad de la clase trabajadora en un Frente Único del Pueblo que aglutine todas las luchas del proletariado y que le dote de una organización fuerte y multitudinaria podrá ser capaz de construir un sistema humanista erradicando la explotación del hombre por el hombre. Y solo bajo la dirección de un Partido Comunista audaz y poderoso en lo ideológico será capaz de guiar al proletariado en la construcción del Socialismo.

 

¡Los proletarios no tenemos nada que perder salvo las cadenas, tenemos en cambio un mundo que ganar!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del Partido Comunista Obrero Español




RESOLUCIÓN DEL VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PCOE SOBRE EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA: LA SOLUCIÓN NO ES PARLAMENTARIA SINO REVOLUCIONARIA

El pasado 23 de septiembre se llevó a cabo la ejecución del desahucio de Maricarmen en Madrid, uno de los más de 500 mil lanzamientos practicados desde que hay datos registrados del Consejo General del Poder Judicial (iniciados en el año 2013).

Este hecho provocó que organizaciones como el Sindicato de Inquilinas y otras convocaran manifestaciones que desembocaron en una acampada como protesta por la precaria situación de la vivienda para la clase trabajadora.

Estas protestas y acampadas, que se han reproducido en ciudades como Barcelona, Valencia, Bilbao, Las Palmas de Gran Canaria o Palma de Mallorca, han asumido rápidamente -a través de los portavoces de las principales organizaciones convocantes- la inevitabilidad de resolver el problema de la vivienda a través de leyes parlamentarias, exigiendo su aprobación inmediata.

Este movimiento favorece plenamente al PSOE: en primer lugar desplaza el centro mediático de Ceuta al asunto de la vivienda, después canaliza este asunto al parlamento obligando al resto de partidos políticos burgueses a posicionarse sobre una ley que no deja de ser un parche que no va a resolver el problema de la vivienda para el obrero. Por último, a pocos meses para las elecciones generales, el PSOE puede convertir este tema en el eje central de su campaña criticando a los que no aprobaron la ley.

La realidad, sin embargo, es que el problema de la vivienda no se puede solucionar a través del parlamentarismo porque resolverlo exige atentar directamente contra el modelo productivo del estado, que no es otro que el turismo, y por ende contra el sistema capitalista de producción. El estado español, en este mundo imperialista conectado donde cada país cumple su rol, es un país turístico y no industrial o agrario y por ello su principal vía de ingresos es el turismo, siendo la vivienda un eje cardinal para el alojamiento de turistas.

 

El país ha experimentado unos volúmenes de recepción sin precedentes, superando los 93,8 millones en 2024 y logrando su techo histórico actual de 96,8 millones en 2025. Los datos de 2026 confirman que la tendencia ascendente se mantiene. Solo en los primeros siete meses del año (hasta julio), España ya acumulaba 58,1 millones de visitantes (un 4,6% más respecto al mismo periodo del año récord anterior). España es el segundo país que más turistas acoge del mundo cada año, solo superado por Francia.

Este modelo obliga a expandir la vivienda turística y liquidar la vivienda residencial cada vez a mayor velocidad y con mayor voracidad. Ya existen lugares donde prácticamente no vive ningún vecino, quedando prácticamente todo edificio existente dedicado al turismo. La costa amalfitana es buena prueba de ello, donde solo hay tiendas con marcas internacionales y de “souvenir”, restaurantes y hoteles. Apenas quedan unos miles de vecinos entre todos los pueblos que conforman la costa amalfitana (Amalfi, Positano, Maiori, Minori…) debido a la gentrificación turística.

Los bajos salarios que sufrimos los trabajadores y la precariedad en el trabajo -como la temporalidad de los contratos fijos discontinuos y los actuales abusivos periodos de prueba- actúan, además de la subida de los precios de la vivienda, como elementos definitivos para expulsar al proletariado de las urbes en favor del turismo. La contención salarial y la desvinculación de las subidas salariales al IPC excluyen a los trabajadores el acceso a la vivienda y permiten a la burguesía dedicar esas viviendas con precios cada vez más altos a pisos turísticos, mucho más rentables económicamente.

Por ello, el VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  1. La contradicción entre la vivienda que necesita la clase trabajadora y el modelo productivo capitalista es irresoluble parlamentariamente, porque ataca a la raíz del sistema.
  2. El movimiento 26S por la vivienda, tal y como está planteado y dirigido hoy, solo beneficia a la gran burguesía y a los grandes fondos buitre que acaparan cada vez más vivienda para uso turístico y continuarán haciéndolo.
  3. Bajo el sistema capitalista de producción la clase obrera no verá resuelta, sino al contrario, la cuestión de la vivienda ni ninguna otra de las problemáticas que sufre. Los bajos salarios y la vivienda dedicada al turismo engordan las cuentas de la burguesía, clase dominante hoy.
  4. Solo la revolución socialista puede garantizar que los trabajadores culminen en clase dominante y dispongan de los servicios necesarios para la vida, incluida la vivienda, sanidad, educación, etcétera. Destruyendo el sistema capitalista de producción y sus actuales relaciones de producción.
  5. Para lograr este objetivo es imprescindible el Partido Comunista, el único capaz de dotar al proletariado de la estrategia y tácticas necesarias para instaurar la Dictadura del Proletariado.

 

 

Madrid, a 3 de octubre de 2026

VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL  PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




El estado, una máquina de represión de una clase social sobre otra

El pasado 16 de septiembre, nueve años después del 1-O, Roger Español se sienta frente a la justicia con la pérdida de un ojo como consecuencia del impacto de una pelota de goma disparada durante las cargas policiales. Cuatro agentes de la Policía Nacional se sientan en el banquillo para responder por los hechos consumados, mientras la Fiscalía sostiene que no hubo delito y las acusaciones particulares reclaman penas que ascienden hasta los 13 años.

No es un caso aislado. Hace unas semanas, en los alrededores del Martínez Valero de Elche, un joven aficionado del Barça fue detenido después de un incidente en el que los agentes le retiraron una estelada y posteriormente lo golpearon durante la intervención. Las imágenes provocaron críticas por el uso desproporcionado de la fuerza, por la significación política contra la enseña y que podría terminar en un delito de odio si la justicia no fuera parcial en la defensa de los intereses de las clases explotadoras y que llevaron primero a una investigación interna y, finalmente, a la apertura de un expediente por posible falta grave o muy grave. La versión policial sostiene que el joven agredió primero a un agente y que la intervención se produjo en ese contexto. Hay que recordar que, una vez inmovilizado en el suelo, el joven independentista recibió un puñetazo en la cara por parte de uno de los agentes implicados. Y poco después hemos vuelto a ver cargas policiales contra manifestantes de la izquierda independentista que trataban de impedir el acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres. Los Mossos establecieron un cordón para separar ambas movilizaciones y cargaron solamente contra los manifestantes de la izquierda independentista. En el incidente hubo también tres detenidos, ninguno de Aliança Catalana.

Tres episodios distintos unidos por una misma cuestión. El uso de la fuerza del Estado frente a quienes protestan, se organizan o expresan posiciones políticas consideradas conflictivas. Estos hechos deben interpretarse como una manifestación del carácter de clase del aparato estatal. La policía no es una institución neutral situada por encima de los conflictos sociales, sino una pieza del Estado que, en determinadas circunstancias, contribuye a preservar el orden social existente y, con él, las relaciones de poder de la burguesía. La represión de las movilizaciones obreras, populares o de cualquier movimiento que cuestione esas relaciones económicas, políticas o sociales no es una anomalía, sino una función política del aparato coercitivo del Estado.

La cuestión de fondo, por tanto, no es solamente quién disparó aquella pelota de goma, quién golpeó a un joven en Elche o quién ordenó una carga. Es preguntarse qué intereses protege el aparato represivo cuando el conflicto social llega a la calle. Para los comunistas la respuesta es diáfana, mientras las relaciones económicas sigan organizadas en torno a la propiedad privada y al poder de la burguesía, el Estado, y también sus cuerpos policiales, actuará siempre como garante de ese orden frente a quienes pretenden transformarlo. El papel de los revolucionarios no es fácil pero su fin obedece a una Ley inexorable que lleva a fenecer a lo viejo y a saludar a lo nuevo que ya surge de sus entrañas, la sociedad socialista. En este trance, el comunista no se limita a cuestionar el orden existente, sino que participa en la organización y en la lucha colectiva de quienes buscan transformarlo mediante su partido comunista. En este escenario, el papel del PCOE consiste en contribuir a desarrollar conciencia, solidaridad y capacidad de acción, vinculando la crítica del sistema con las necesidades concretas de la clase obrera y haciéndola consciente de su número y su fuerza. Así, la Revolución no se entiende como obra de individuos aislados, sino como un proceso colectivo de emancipación social donde el partido crea la conciencia y la dirección de los intereses de la clase obrera.

 

¡Ninguna represión podrá con la clase obrera!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Frente Amplio: Una nueva etiqueta para la vieja política reformista

Una vez más, cuando se aproxima un nuevo ciclo electoral, las organizaciones de la izquierda institucional vuelven a poner sobre la mesa la misma receta: unidad electoral, nuevas siglas y promesas de construir un espacio «amplio» capaz de frenar a la derecha. Esta vez el nombre escogido es Frente Amplio, una alianza impulsada inicialmente por Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns, que pretende incorporar también a otras fuerzas como Compromís, MÉS y Chunta Aragonesista. El propio proyecto mantiene abierta, además, la cuestión de la participación de Podemos.

El envoltorio cambia, pero el contenido político fundamental permanece. Después de Sumar llega el Frente Amplio; antes de Sumar hubo Unidas Podemos y otras fórmulas de confluencia. Cambian las marcas, los nombres de los candidatos y los equilibrios internos entre las distintas organizaciones, pero vuelve a aparecer el mismo planteamiento: la clase trabajadora debe confiar electoralmente en una determinada suma de partidos para impedir el avance de la derecha y garantizar una supuesta política progresista desde las instituciones.

El problema no reside en que diferentes organizaciones puedan alcanzar acuerdos. La unidad de la clase obrera es una cuestión fundamental. Pero la unidad de la clase trabajadora no puede confundirse con la suma electoral de organizaciones políticas que mantienen una estrategia basada fundamentalmente en la gestión de las instituciones burguesas. Un frente de organizaciones obreras no adquiere automáticamente un carácter revolucionario por incorporar la palabra «frente» a su denominación.

Y aquí aparece una cuestión que conviene señalar. El término «Frente Amplio» no es políticamente neutro. Sus propios impulsores han explicado que la denominación pretende jugar con la idea de amplitud y con el precedente histórico del Frente Popular de la Segunda República. Pero la utilización de una terminología asociada a experiencias históricas de unidad popular no convierte una coalición electoral contemporánea en un frente de clase. Para los comunistas, el contenido de una alianza política no viene determinado por su nombre, sino por su programa, su composición de clase, sus objetivos y la estrategia que desarrolla.

El debate que aparece estos días en los medios resulta revelador. Se habla de la marca, de quién encabezará la candidatura, de la incorporación de Podemos, de las primarias, de los equilibrios territoriales y de cómo conseguir que el nuevo espacio sea «verdaderamente amplio». Incluso Ada Colau ha planteado como condición que el proyecto sea más amplio y que incluya a Podemos. Es decir, buena parte de la discusión vuelve a situarse alrededor de cómo organizar electoralmente el espacio político situado a la izquierda del PSOE, y no alrededor de cómo organizar a la clase trabajadora para transformar las relaciones económicas y sociales que determinan sus condiciones de existencia.

Este fenómeno tampoco aparece de la nada. Sumar llegó al Gobierno de coalición junto al PSOE y sus organizaciones han participado desde las instituciones en la gestión del Estado. Ahora se prepara una nueva plataforma para las próximas elecciones generales. El cambio de marca puede ser presentado como una nueva etapa, pero existe una continuidad evidente en la estrategia: la participación electoral y la presencia institucional como eje fundamental de la actividad política.

El marxismo-leninismo no plantea que los comunistas deban ignorar las elecciones o abandonar la lucha política en las instituciones. Lo que plantea es algo muy diferente: las instituciones del Estado burgués no pueden convertirse en el centro de la estrategia revolucionaria ni en un sustituto de la organización independiente de la clase obrera. Cuando la política queda reducida a conseguir representación parlamentaria, formar gobiernos y administrar determinadas parcelas del Estado, la actividad política termina subordinándose a los límites impuestos por el propio sistema.

Y aquí aparece la contradicción fundamental de estas propuestas. Se pide a los trabajadores que se movilicen para votar a una determinada candidatura con el argumento de que hay que impedir que gobierne la derecha. Pero la explotación capitalista no desaparece porque gobierne una u otra fuerza dentro del marco institucional existente. El trabajador continúa vendiendo su fuerza de trabajo; la propiedad privada de los medios de producción permanece; la burguesía conserva el control económico y la capacidad de condicionar la política; y el Estado continúa funcionando sobre las bases materiales de la sociedad capitalista.

Esto no significa que todas las medidas concretas impulsadas por las distintas fuerzas sean idénticas, ni que carezca de importancia quién gobierne en determinadas circunstancias. Significa que las reformas dentro del capitalismo tienen unos límites objetivos y que esos límites no pueden ocultarse detrás de campañas electorales que presentan cada nuevo ciclo como una oportunidad histórica para «parar a la derecha».

La derecha, además, no aparece en el vacío. El crecimiento de las posiciones reaccionarias está relacionado con las contradicciones del propio capitalismo y con la incapacidad del reformismo para ofrecer una salida de clase a los problemas que afectan a los trabajadores. Cuando los salarios pierden poder adquisitivo, la vivienda se convierte en una mercancía cada vez más inaccesible, aumenta la precariedad o se deterioran los servicios públicos, limitarse a gestionar esas contradicciones desde las instituciones no elimina sus causas.

La respuesta marxista-leninista no puede consistir en elegir cada cuatro años qué representantes administrarán esas contradicciones. La cuestión fundamental es otra: organizar a la clase trabajadora, desarrollar su conciencia política y construir una fuerza revolucionaria capaz de disputar el poder a la burguesía.

Por eso tampoco debemos confundir la unidad. Los comunistas defendemos la unidad de los trabajadores, pero esa unidad debe construirse en torno a los intereses de clase y a la lucha, no alrededor de la simple suma de siglas electorales. Unidad en los centros de trabajo, en los barrios, en los conflictos laborales, en la defensa de los servicios públicos y en la lucha contra la explotación y la opresión capitalista. Unidad que permita elevar la conciencia política de la clase y no limitarla a convertirla periódicamente en electorado.

El capitalismo no necesita únicamente gobiernos de derechas para reproducirse. También puede ser administrado desde posiciones reformistas, mediante reformas destinadas a amortiguar sus contradicciones sin cuestionar sus fundamentos. Esta es precisamente la función histórica que el marxismo ha atribuido al reformismo: presentar la reforma del capitalismo como alternativa a su superación revolucionaria.

Por eso, frente a cada nueva marca electoral, los comunistas debemos volver a plantear las cuestiones fundamentales. ¿Qué clase posee los medios de producción? ¿Quién controla la economía? ¿Quién decide qué se produce y para qué? ¿Quién se apropia de la riqueza generada por los trabajadores? ¿Qué clase controla el Estado?

Mientras esas relaciones permanezcan intactas, cambiar el nombre de la candidatura no cambia la naturaleza del sistema.

El Frente Amplio podrá ser una nueva fórmula electoral y podrá obtener mayor o menor representación. Podrá incorporar a Podemos, a Compromís, a MÉS, a CHA u otras organizaciones, y podrá presentar un programa con determinadas medidas sociales. Todo eso pertenece al terreno de la política electoral concreta. Pero los comunistas analizamos algo más profundo: qué estrategia de transformación social propone y qué papel concede a la clase trabajadora en ella.

Porque la verdadera unidad que necesita la clase obrera no es la unidad para votar cada cierto tiempo a una nueva coalición. Es la unidad consciente y organizada para luchar por sus propios intereses históricos. Y esa unidad no necesita nuevas etiquetas. Necesita organización, conciencia de clase y una estrategia revolucionaria.

 

¡Organízate en el Partido Comunista Obrero Español!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La bajada de los alquileres

Según un estudio de la inmobiliaria Fotocasa, el precio del alquiler habría bajado un 4,6 % en Barcelona y un 2,8% en Madrid, especialmente en los barrios obreros. Esta bajada no debe confundirse con el resultado de ninguna política burguesa del Estado, ni con una supuesta solución al problema de la vivienda. La explicación es más sencilla y mucho más cruda, el alquiler ha alcanzado, y en muchos casos superado, la capacidad real de pago de los salarios. Cuando una mercancía se encarece hasta el punto de que una parte creciente de la población asalariada ya no puede pagar, el propio mercado encuentra sus límites. No estamos ante una victoria de las políticas públicas, sino ante una contradicción del propio mercado de la vivienda que tiene unos precios que chocan directamente con la capacidad adquisitiva de la clase obrera.

Mientras la vivienda siga siendo una mercancía y no un derecho efectivo, cualquier alivio puntual será incapaz de resolver el problema de fondo. Por eso, esta bajada no puede atribuirse a ninguna política burguesa del Estado ni interpretarse como el resultado de una regulación capaz de resolver el problema de la vivienda. El mercado se encuentra así con su propia contradicción, puede elevar indefinidamente el precio de una mercancía sobre el papel, pero se topa con la realidad salarial de la clase obrera.

Durante años, los alquileres han aumentado exponencialmente mientras que los aumentos salariales de la clase obrera, para quien los tenga, no pueden ni siquiera compensar la inflación desbocada. El resultado es conocido, salarios destinados cada vez en mayor proporción a pagar la vivienda, desahucios masivos, hogares que tienen que compartir piso durante más tiempo, jóvenes que retrasan su emancipación y familias obreras obligadas a aceptar condiciones de vivienda cada vez más precarias. Cuando el precio alcanza un nivel que una parte creciente de la población ya no puede pagar, aparece necesariamente una barrera a nuevas subidas cuando los precios que se pueden pagar tocan techo, sobre todo entre los segmentos y lugares con rentas más bajas.

Por tanto, presentar una pequeña reducción del alquiler como prueba del éxito de las políticas del Estado significa tomarnos por imbéciles. No es que el mercado haya sido domesticado en beneficio de la clase obrera, es que el propio mercado se ha encontrado con los límites de la capacidad de pago de quienes necesitan una vivienda para vivir. La contradicción sigue intacta, porque la vivienda continúa funcionando fundamentalmente como una mercancía, además de un instrumento de acumulación de riqueza. La cuestión no puede reducirse a pedir que el Estado regule un poco más los precios, a que introduzca nuevos parches o subvencione a los propietarios con dinero público, el problema capital reside en quién posee la vivienda y para qué se utiliza. Mientras una parte del parque inmobiliario esté en manos de grandes propietarios y fondos que buscan rentabilidad, las necesidades de la clase obrera estarán subordinadas a la lógica del beneficio privado.

Desde el PCOE tenemos clara la solución que pasa por romper la lógica de acumulación del capital y socializar el parque de vivienda privada expropiando a los grandes tenedores. La clase obrera, organizada en su partido de vanguardia, el PCOE, al poner así el conjunto de la vivienda bajo control público, las arranca de las manos del capital y deja automáticamente de ser una mercancía para orientarse a satisfacer las necesidades habitacionales de la clase obrera que todo lo produce y tan poco recibe. Para que la vivienda deje de ser un activo financiero o una fuente de renta para una minoría propietaria y se convierta en un derecho material garantizado para todo el conjunto de la clase obrera es imperativo fortalecer y ensanchar la base del partido comunista. Solo desplazando la vivienda del terreno de la mercancía al de la necesidad social podremos empezar a resolver de raíz la contradicción que el propio mercado capitalista pone hoy de manifiesto.

 

¡La bajada de los alquileres no es un logro sino una consecuencia!

¡Socialismo contra especulación!

¡Por tus derechos, milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




No necesitamos un nuevo 15M, necesitamos una revolución

El 15 de mayo de 2011 se convocaron concentraciones en más de 50 ciudades contra la situación política en España, con un bipartidismo en crisis y un cuestionamiento del régimen del 78. En la madrugada del 16 de mayo los manifestantes de la Puerta del Sol fueron desalojados, siendo detenidas 19 personas. El 17 de mayo se volvieron a concentrar 10.000 personas en la Puerta del Sol, conformándose cientos de acampadas en ciudades por todo el Estado español.

En aquel momento las propuestas que se recogieron en asambleas y a través de buzones incluían numerosas cuestiones, como un cambio de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y con circunscripción única; Derecho a una vivienda digna, articulando una reforma de la Ley Hipotecaria para que la entrega de la vivienda en caso de impago cancele la deuda (dación en pago); Sanidad pública, universal, gratuita y de calidad; Libre circulación de personas y refuerzo de una educación pública y laica; Abolición de las leyes como la Ley del Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, la Ley de Extranjería y la conocida como ley Sinde; Reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, una reforma de los impuestos de patrimonio y sucesiones; Implantación de la Tasa Tobin, la cual grava las transferencias financieras internacionales y supresión de los paraísos fiscales; Que los programas y las propuestas políticas tengan carácter vinculante; Que sea obligatorio por la Ley Electoral presentar unas listas limpias y libres de imputados o condenados por corrupción; Reducción del poder del FMI y del BCE; Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido que ser rescatadas por el Estado; Desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado; Acceso popular a los medios de comunicación; Verdadera regularización de las condiciones laborales; Recuperación de las empresas públicas privatizadas; Efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial; Reducción del gasto militar; Referéndum por la Jefatura del Estado.

Una de las organizaciones convocantes de la manifestación del 15 de mayo que dio origen al 15M era la plataforma Democracia Real Ya, una plataforma “asindical y apartidista”, que apostaba por “la unión de la sociedad civil” como método para construir un sistema mejor. Desde un primer momento, el 15M se alejó de la clase obrera, hablando de indignados, sociedad civil o cualquier otro sustantivo que evitara mostrar el carácter de clase de la sociedad capitalista, origen de todos los males que este movimiento denunciaba.

Del propio movimiento surgió después Podemos, un partido que al igual que el 15M, evitaba hablar de clase trabajadora, usando un lenguaje que pretendía ocultar la esencia clasista del capitalismo, hablando de casta, de los de arriba y los de abajo, y en definitiva no mostrando que la esencia de todos los problemas que se denunciaban estaban en el propio modelo económico, en el que la explotación asalariada era la base del resto de explotaciones, y que sólo superando este modelo económico podrían revertirse todos los ataques que la clase obrera sufría en todo el estado.

El resultado del 15M y de las actuaciones (o falta de actuación) de las organizaciones y colectivos surgidos posteriormente lo podemos ver hoy en día. Los trabajadores somos ahora más pobres, habiendo perdido más de un 10% de poder adquisitivo; el problema de la vivienda se ha encrudecido, convirtiéndose en la principal preocupación de los españoles; la sanidad y la educación públicas continúan su desmantelamiento progresivo; los presupuestos militares se han incrementado y la participación del Estado español en las guerras de rapiña del imperialismo es cada vez mayor; los problemas de salud mental se han disparado, siendo el suicidio la principal causa de muerte externa.

Del cuestionamiento del bipartidismo (“PSOE y PP la misma mierda es”), Podemos pasó a convertirse en la muleta del PSOE, apuntalando el bipartidismo por su pata izquierda. Las propuestas recogidas en las asambleas y buzones del 15M así como cuestiones como el impago de la deuda o la derogación de la ley mordaza quedaron en el olvido, pasando a un programa de mínimos sustentado en el mal menor, ante la amenaza de que un gobierno del PP sería mucho peor. Al final, para intentar evitar que gobernara el PP, acabaron aplicando las mismas políticas que el PP, pero con colorines y purpurina.

A día de hoy, después de abandonar las propuestas del 15M (mucho más ambiciosas aunque claramente insuficientes desde un punto de vista revolucionario), la asfixia a la que la clase obrera se ve sometida en cuestión de vivienda, ha empujado a nuevas acampadas en distintas ciudades, dirigidas principalmente por el Sindicato de Inquilinas.

Esta organización tiene como cara más visible a Valeria Racu, una activista que entre 2012 y 2014 estudió en el colegio privado internacional United World Colleges gracias a una beca de la Fundación La Caixa, y que entre 2016 a 2019 cursó el grado de Antropología Social en la School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres, una cara que los medios de comunicación se están encargando de pasear por todo tipo de programas. Curioso que mientras las voces de los comunistas son silenciadas y muchos de ellos son encarcelados, aparezcan estos activistas en todos los medios sin ningún tipo de censura.

La fórmula parece la misma que en su día se utilizó con el 15M, crear organizaciones que renieguen del carácter de clase (principalmente anticomunistas), que recojan el malestar y lo encaucen en unas vías que el sistema pueda asimilar, planteando reformas, proyectos de ley y cualquier otro mecanismo que, en la práctica, no altere en lo más mínimo el poder de los monopolios ni la estructura económica de la sociedad, condenando de facto a la clase obrera a continuar en la más absoluta precariedad y miseria. De hecho, puede verse por el lenguaje que utilizan que intentan de cualquier forma salvaguardar a la burguesía en su conjunto como clase, cuando hablan de ‘economía extractivista’ en lugar de capitalismo, o como cuando Podemos habla de ‘clase rentista’ y ‘clase inquilina’, en lugar de hablar de clase burguesa y clase obrera.

A esto se suma que organizaciones supuestamente revolucionarias caen en el seguidismo y el espontaneísmo de la socialdemocracia, al limitarse a participar en esas concentraciones, engrosar las filas de los manifestantes, sin ningún plan para elevar políticamente esas luchas y acumular fuerzas para la revolución.

Si el movimiento por la vivienda no se aglutina con los movimientos por la sanidad, la educación, las pensiones, y se conforma un único movimiento de clase por la superación del sistema capitalista y la construcción del socialismo, estaremos condenados a repetir los mismos errores, a confiar de nuevo en salvadores (universitarios y universitarias muy preparados todos) que nos alejen de la vía revolucionaria y nos conduzcan de nuevo al matadero parlamentario, a su burocracia, a la realpolitik, en definitiva, a la claudicación y la derrota.

Lejos del izquierdismo de algunos individuos que llaman al uso de la violencia de forma anárquica y que no se comprometen con su militancia, nosotros hacemos un llamamiento a encauzar y organizar la indignación en pos de la revolución.

La clase obrera no puede permitirse un nuevo 15M, un nuevo Podemos, un nuevo Frente Amplio, o el nombre que se les vaya ocurriendo a los oportunistas a sueldo del imperialismo, que sigan mareando la perdiz por los caminos burocráticos del sistema. Es necesaria la organización revolucionaria que fundida con el movimiento obrero lleve a la clase trabajadora al poder, derrocando el capitalismo e instaurando el socialismo, poniendo todos los medios de producción al servicio de la mayoría del pueblo (que es el proletariado) para acabar de una vez por todas con la precariedad, la miseria y la muerte a la que nos conduce el imperialismo. Es necesario engrosar las filas del PCOE y organizar a la clase obrera para la toma del poder, única vía para garantizar un futuro para la humanidad.

 

¡Sin revolución socialista la vivienda seguirá siendo una mercancía!

¡Socialismo o barbarie!

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Ante el auge de la violencia fascista: Organización y autodefensa obrera

La violencia fascista nunca ha desaparecido de nuestras calles. Ha seguido presente, con distinta intensidad y capacidad de actuación, incluso durante etapas en las que estos grupos atravesaban momentos de mayor debilidad. Sin embargo, desde hace un tiempo asistimos a un nuevo crecimiento de su actividad, su organización y su presencia en las calles. Las recientes agresiones en Asturias y en el conjunto del Estado español evidencian que el fascismo no solo busca ganar espacio político, sino que también pretende imponer el miedo mediante amenazas, hostigamientos y ataques físicos.

Lo que estamos viendo no puede despacharse como una sucesión de peleas aisladas o actos de unos pocos descerebrados. Detrás de estas agresiones existe una ideología que señala enemigos, una voluntad de organización y una violencia que golpea directamente a la clase trabajadora, a la juventud y a quienes estos grupos consideran diferentes o contrarios a sus intereses.

En Asturias tenemos motivos más que suficientes para preocuparnos. La desarticulación de los White Boys en mayo de 2026 puso al descubierto la actividad de una organización juvenil neonazi a la que se atribuyeron al menos, catorce agresiones y actos de acoso. Sus integrantes, con edades comprendidas entre los 14 y los 22 años, actuaban en distintos concejos asturianos y organizaban ataques contra personas migrantes, colectivos LGBTI y personas de ideología contraria. La investigación policial reveló una estructura que había llegado a organizar auténticas «cacerías» contra quienes señalaban como enemigos.

El pasado 20 de septiembre conocíamos también la detención de cinco jóvenes por la agresión transfóbica cometida en enero contra una mujer trans en Piedras Blancas. Según la Guardia Civil, los presuntos agresores, vinculados a entornos ultra, se coordinaron mediante aplicaciones de mensajería para llevar a cabo el ataque. La víctima sufrió lesiones graves que requirieron atención hospitalaria y recibió amenazas de muerte e insultos tránsfobos. Tres de los detenidos ya habían sido investigados por hechos relacionados con delitos de odio.

A estos hechos se suma la agresión sufrida por dos integrantes de AMA Asturies durante las fiestas de San Mateo en Oviedo.

No hablamos, por tanto, de un fenómeno abstracto ni de una amenaza que solo exista en otros lugares. Hablamos de grupos que actúan aquí, que señalan a personas concretas y que pretenden convertir nuestras calles en espacios de miedo para quienes no encajan en su visión reaccionaria del mundo.

La violencia fascista no comienza necesariamente con un ataque físico. Antes aparecen el señalamiento, la propaganda, las amenazas, el acoso y la construcción de un enemigo al que se responsabiliza de todos los problemas. Migrantes, personas LGBTI, militantes de izquierdas y organizaciones obreras se convierten así en objetivos de una ideología que necesita dividir a la clase trabajadora y enfrentar a unos sectores contra otros.

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería facilitan, en determinados casos, la difusión de propaganda neonazi, la captación de jóvenes y la coordinación de ataques. El caso de Piedras Blancas y la actividad atribuida a los White Boys ilustran cómo el odio difundido y organizado puede terminar materializándose en violencia física.

No podemos caer en la trampa de institucionalizar nuestra respuesta antifascista, convirtiendo cada agresión en una campaña dirigida a mendigar la condena o el reconocimiento de los partidos políticos del régimen burgués.

Tampoco necesitamos que quienes gobiernan nos den permiso para defendernos, ni que quienes blanquean o minimizan estas agresiones nos otorguen legitimidad para combatirlas. La dignidad de nuestra clase no se demuestra mendigando atención institucional, sino organizándonos, respondiendo colectivamente y construyendo una solidaridad real entre quienes sufrimos las consecuencias de este sistema.

Frente a esta realidad, la respuesta no puede ser el miedo, el aislamiento ni la resignación. Tampoco basta con expresar nuestra indignación cada vez que aparece una nueva agresión. Necesitamos organización, conciencia y solidaridad de clase. Y, sobre todo, necesitamos comprender que la autodefensa no empieza cuando recibimos el primer golpe: empieza mucho antes.

La prevención es una parte fundamental de nuestra protección. Conocer lo que ocurre en nuestros barrios, prestar atención a las amenazas, acompañar a nuestros compañeros cuando exista un riesgo y construir redes de confianza son tareas que no podemos dejar para después de una agresión. Debemos formarnos, adquirir preparación física y conocimientos de defensa personal, aprender a actuar con responsabilidad ante situaciones de peligro y desarrollar herramientas colectivas que permitan reducir los riesgos y evitar que nuestros compañeros tengan que afrontar solos una amenaza.

No se trata de buscar enfrentamientos ni de reproducir la violencia fascista, sino de impedir que esta pueda ejercerse impunemente contra nosotros. No podemos permitir que el miedo nos aparte de las calles, de nuestros barrios.

El fascismo pretende ofrecer una falsa salida a la inseguridad, la precariedad y la falta de futuro que sufre la juventud trabajadora. En lugar de señalar las causas materiales de estos problemas, dirige el resentimiento contra otros trabajadores y sectores vulnerables.

Desde el Partido Comunista Obrero Español llamamos a la clase obrera y a la juventud obrera a organizarse, a fortalecer la solidaridad y a construir herramientas colectivas de autodefensa. No esperemos a que la próxima agresión nos recuerde la importancia de estar unidos. Construyamos desde hoy esa organización, esa confianza mutua y esa capacidad de protegernos entre nosotros.

 

¡FRENTE AL AUGE DE LA VIOLENCIA FASCISTA EN NUESTROS BARRIOS: ORGANIZACIÓN Y AUTODEFENSA OBRERA!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias