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Saludo de Polo de Renacimiento Comunista en Francia (PRCF) al 50 aniversario del PCOE

A continuación reproducimos el saludo del Polo de Renacimiento Comunista en Francia (PRCF) al 50 aniversario del PCOE:

 

Estimados camaradas,

Nos sumamos, en tanto como Organización marxista-leninista al análisis vuestro en cuanto a constatar la deriva euro-comunista del PCE, que le condujo de hecho a comprometerse con la social democracia encarnada por De Linke, la seudo izquierda euroatlántica y supeditada al euro, a la OTAN, a esa Europa social imperialista, y por consiguiente al capitalismo. Saludamos de manera fraterna e internacionalista sus trabajos y su organización en ocasión de su 50 aniversario, les deseamos luchas victoriosas.

Saludos fraternos,

Boris Differ

Antoine Luci




El PCOE contra el asalto al Partido Comunista de Venezuela (PCV)

Ayer, domingo 21 de mayo, la dirección del PSUV preparó un falso congreso extraordinario de bases del PCV con el objetivo de dar un paso más en su plan de asalto contra el Partido Comunista de Venezuela, a fin de secuestrar sus siglas y negar así a la clase trabajadora venezolana una alternativa que vaya más allá de los estrechos márgenes del electoralismo burgués y del “socialismo” del siglo XXI.

Con este movimiento, más propio de un grupo mafioso que de un partido obrero, la burguesía venezolana busca impedir que la revolución socialista pueda progresar en el país, pues el Partido Leninista es la piedra angular para que la revolución se imponga sobre las fuerzas del capital.

La burguesía venezolana, encarnada hoy en Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y el resto de la camarilla antirrevolucionaria, busca atacar con todas las fuerzas al PCV, porque es plenamente consciente de que la clave de su dominio, de la perpetuación del modo de producción capitalista, pasa por atacar al corazón del proletariado, es decir, al partido leninista.

Este movimiento del PSUV surge como reacción a la decisión del PCV de romper con el Gobierno a causa del incumplimiento de este de los acuerdos programáticos del “Acuerdo Marco Unitario PSUV-PCV” y por no haberse quedado callados ante la aprobación de una serie de reformas completamente neoliberales y, por ende, antipopulares. Así, la cúpula del PSUV, demostrando una esencia antidemocrática y autoritaria propia de quien ha asimilado la concepción del mundo de la burguesía capitalista, ha levantado diferentes acusaciones falsas contra el PCV y su militancia, tales como decir en la televisión que el PCV se subordina a los planes del imperialismo o propagar entre la opinión pública que existe una división interna entre las bases del PCV y su dirección. Frente a esta maniobra, el XVI Congreso Nacional del PCV, del pasado mes de noviembre, adoptó una posición unánime de lucha política contra las reformas antiobreras del gobierno del PSUV. Sin embargo, las aspiraciones por intervenir y asaltar al partido no cesaron.

Durante el pasado mes de febrero, el PCOE denunció los planes injerencistas que se estaban sucediendo contra el PCV, pues era evidente que el PSUV buscaba socavar la unidad del partido comunista desde sus mismas bases al no haber conseguido tomar su dirección. Como puede verse, estos planes no se han detenido y es claro que el objetivo es crear un falso partido comunista e ilegalizar al actual PCV, perseguir a su militancia honesta y fiel al marxismo-leninismo al tiempo que colocan a una banda de mercenarios políticos como representantes de una falsa organización comunista que se supedite completamente al “socialismo” del siglo XXI y al gobierno antipopular de Nicolás Maduro. Un movimiento que se alinea completamente con las exigencias del imperialismo, pues serviría para presentar a Venezuela como un objetivo más interesante a los intereses del capital mundial al tener a los auténticos comunistas ilegalizados y al movimiento obrero fuertemente mermado.

Desde el Partido Comunista Obrero Español denunciamos la campaña de difamación y calumnias contra el PCV, la usurpación de sus logos, siglas y símbolos históricos, y el falso congreso extraordinario recientemente realizado por los esbirros de la contrarrevolución. Del mismo modo, trasmitimos nuestra solidaridad internacionalista a toda la militancia y camaradas del Partido Comunista de Venezuela y animamos a la clase trabajadora venezolana a que intensifiquen las protestas obreras contra esta vil maniobra del Gobierno, ya que la única salida contra la barbarie y la explotación capitalista es construir una alternativa independiente de la clase trabajadora contra la burguesía y su Estado.

 

¡MANOS FUERA DEL PCV!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

Madrid, 22 de mayo de 2023

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




86 años del bombardeo fascista sobre Guernica

El 26 de abril de 1937, en cuestión de un par de horas, la ciudad vizcaína de Guernica quedó recudida a escombros y llamas. Una imagen aterradora como consecuencia del bombardeo fascista sobre la localidad vasca, la cual no se trataba en absoluto de un objetivo militar o estratégico; el objetivo tras el bombardeo era la desmoralización completa de la población civil y asestar un golpe sin precedentes contra el pueblo vasco. En esa madrugada, tras tres horas y media de bombardeo en las que se lanzaron entre 31 y 41 toneladas de bombas, murieron más de 1600 personas y otras 900 resultaron heridas.

Al día siguiente, el lehendakari José Antonio Aguirre denunció que el bando fascista era autor del atentado:

«Ante Dios y ante la Historia que a todos nos ha de juzgar, afirmo que durante tres horas y media los aviones alemanes bombardearon con seña desconocida la población indefensa de la histórica villa de Gernika reduciéndola a cenizas, persiguiendo con el fuego de ametralladora a mujeres y niños, que han perecido en gran número, huyendo los demás alocados por el terror».

 

Rápidamente, la Radio Nacional franquista inició una campaña de contrapropaganda y acusó a los vascos en general, y a los marxistas en particular, de incendiar su propia ciudad, en un intento desesperado por eludir la responsabilidad de Franco en la atrocidad y crueldad de haber bombardeado indiscriminadamente a civiles indefensos por medio de la Legión Cóndor de la Alemania nazi y la Aviación Legionaria de la Italia fascista. Un ejemplo que nos ayuda a comprender como opera la burguesía en su batalla ideológica y propagandística contra el movimiento comunista.

A los pocos días del incidente, una nota de prensa fue difundida en los periódicos del Estado, la cual atribuía lo sucedido en Guernica a una mezcla entre locura y conspiración de republicanos y nacionalistas vascos a instancias, por supuesto, de la Unión Soviética. La versión de que “los rojos”, en un ataque de falsa bandera, habían incendiado Guernica fue oficial en el Estado español durante décadas. Cuando la verdad tras los hechos hizo insostenible las mentiras del régimen, la historiografía burguesa y fascista basculó para que las culpas cayeran únicamente en la aviación alemana, intentando dejar impunes tanto al sanguinario dictador Francisco Franco como a Emilio Mola.

Sin embargo, de cara al exterior, la versión fascista de los hechos fue desacreditada en los primeros días por los corresponsales de prensa extranjeros. La prensa internacional se había hecho eco del crimen de guerra franquista gracias al testimonio del periodista George Steer cuya crónica del suceso apareció el 28 de abril en The Times y The New York Times:

«El bombardeo de esta ciudad abierta situada muy por detrás de las líneas duró exactamente tres horas y cuarto, durante las cuales una poderosa flora de aviones que consistía en tres modelos alemanes bombarderos Junkers y Heinkel, no cesó de arrojar sobre la ciudad unos artefactos que pesaban un máximo de 450 kilos y se calcula que más de 3.000 proyectiles incendiarios de aluminio con un peso de un kilo cada uno. Los cazas, entretanto, descendían sobre el centro de la ciudad para acribillar con sus ametralladoras a la población civil que se había refugiado en el campo. Pronto, toda la ciudad de Guernica estaba en llamas. […]

La declaración publicada por Salamanca según la cual Guernica ha sido destruida por los rojos es absolutamente falsa. Personalmente hablé con más de 20 refugiados de Guernica en los alrededores de la ciudad la noche de la destrucción […] Un periodista recogió conmigo tres bombas, las tres alemanas, con fecha de 1936. Todo el mundo sabe que en el pueblo un gran número de mujeres y niños han sido atacado en un refugio contra las bombas y es evidente que éstos no habrían ido a refugiarse en un lugar que los rojos tenían intención de incendiar… Yo estuve en Guernica hasta las 1,30 de la madrugada y en ninguna parte podía sentirse el olor a petróleo… Una gran parte de Guernica no es un montón de cenizas, sino un montón de escombros».

Así, la versión oficial difundida por el régimen franquista que atribuía la tragedia al bando republicano fue desmentida con celeridad y a los ojos de los trabajadores del mundo quedó demostrado que ese cruel episodio de la historia fue consecuencia del bombardeo de la aviación italo-alemana que apoyaba al bando franquista y seguía sus órdenes sobre el terreno.

La destrucción de Guernica y el intento de manipular la historia por parte de los fascistas es un episodio que es perfectamente extrapolable al resto de la contienda, donde continuamente se trata de revisar la historia, ya sea culpando del golpe de Estado franquista y la posterior guerra a una supuesta inestabilidad de la II República tras la victoria electoral del Frente Popular o, como vimos en la moción de censura planteada por el partido fascista VOX los pasados días 21 y 22 de marzo, a la revolución asturiana de octubre de 1934.

El fallido golpe liderado por Emilio Mola, a causa de que buena parte de las tropas optaron por mantenerse fieles a la república y al escasísimo apoyo popular, no podría haber terminado tres años después con una victoria en la guerra de no haber sido por la ayuda militar de las potencias extranjeras, de Italia y Alemania, pero también gracias a los recursos que le llegaban al bando sublevado a través del Portugal fascista de Salazar y de Gibraltar en forma de combustible enviado por la compañía estadounidense Texaco. Solo el apoyo estratégico y militar de la Unión Soviética fue lo que permitió generar las condiciones para establecer una resistencia militar sólida contra el franquismo. Una resistencia popular que sorprendió a las tropas de Mola y Franco, las cuales optaron por el terror más absoluto en forma de fusilamientos y bombardeos masivos como forma de atemorizar al valiente proletariado que se había levantado contra el fascismo.

La Guerra Civil, y la victoria del asesino Franco, que fue la victoria de Hitler, de Mussolini, del capital financiero y de la reacción mundial, impuso un régimen fascista mediante el cual se fue conformando el capitalismo monopolista de estado, se construyeron los monopolios y en torno a él se conformó una superestructura que reflejase dicho cambio en la base, dicho tránsito del capitalismo premonopolista al imperialismo. Ese Estado fue ensanchándose y estructurándose, hundiendo sus raíces en el fascismo. Una vez muerto el Caudillo, el oportunismo – hijo del capital financiero – y los fascistas dieron ligeros retoques cosméticos al Estado fascista, para mantener la obra del fascista Franco una vez muerto el tirano, condensándose todo ello en la Constitución de 1978.

El fascismo es la tabla de salvación de la reacción, de la burguesía en la crisis general del capitalismo. Y la burguesía está agarrada a dicha tabla de salvación porque es consciente que está en los estertores de su criminal régimen y de su criminal existencia. El fascismo es un poder precario, es un poder con pies de barro, hundido en el cieno de la corrupción y que está totalmente quebrado. Es la constatación que estamos en la fase histórica donde lo viejo debe terminar de morir y lo nuevo, el socialismo, debe imponerse de manera revolucionaria, por ello el fascismo es la única vía que tiene el capital financiero para mantener en pie a su sistema caduco, corrompido y quebrado.

«El peligro del fascismo para el proletariado y para el movimiento sindical clasista es un peligro permanente y creciente. La eliminación definitiva de dicho peligro sólo es posible mediante el derrocamiento de la dominación de la burguesía, mediante la sustitución de la dictadura burguesa por la dictadura del proletariado en alianza con los trabajadores del campo. Considerar el fascismo como un fenómeno temporal y transitorio, que, dentro de los marcos del capitalismo, podría ser reemplazado por el restablecimiento del viejo régimen democrático-burgués, así como negar el peligro del establecimiento del fascismo en los grandes países capitalistas es hacerse vanas ilusiones, que sólo pueden debilitar la vigilancia y la resistencia del proletariado, servir al fascismo y coadyuvar al fortalecimiento temporal de la dictadura fascista» (Gueorgui  Dimitrov, 1928).

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

¡NO PASARÁN!

Madrid, 28 de abril de 2023

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Las repúblicas bálticas, punta de lanza de la OTAN frente a Rusia y del fascismo frente al comunismo

Las repúblicas bálticas son, sin lugar a duda, una de las apuestas más grandes por parte de la OTAN a la hora de realizar un cercamiento a Rusia. Junto a Polonia, Estonia, Letonia y Lituania son los países que más apoyo están ofreciendo al régimen fascista ucraniano y sus respectivos gobiernos apoyan fervientemente la presencia militar de la OTAN en sus territorios.

Al bordear Rusia a través de miles de kilómetros de frontera, son 3 regiones ideales para, entre otras cosas, instalar bases militares de la organización atlántica a escasa distancia de localidades como la capital rusa, Moscú. Además, los elementos reaccionarios que dirigen dichos países no dudan en llevar a cabo una despiadada ofensiva ideológica para embrutecer al proletariado de sus respectivos países y, de esta manera, eliminar rápidamente cualquier tentativa de entendimiento de su proletariado con los trabajadores rusos. Temen que en estos momentos de ofensiva capitalista y de pauperización de la miseria de los trabajadores del mundo, vuelva a aflorar el internacionalismo proletario que existía durante la Unión Soviética y que permitió que los pueblos trabajadores de esos países se relacionasen dentro de su condición de clase, como si de un único país se tratase.

Desde el pasado mes de septiembre, se prohibió que ciudadanos rusos con visados Schengen pudiesen integrar al territorio de los países bálticos – Estonia, Letonia y Lituania – y Polonia. En relación con esto, el pasado lunes 17 de abril, el recién formado gobierno de Estonia, presidido por la neoliberal Kaja Kallas, manifestó su oposición a que trabajadores rusos pudieran cruzar la frontera con el país para huir de los horrores de la guerra imperialista y evitar ser llamados a filas.

Letonia, por su parte, no se queda atrás en su alineamiento con los intereses de la OTAN. Rara sería otra postura teniendo en cuenta que su actual presidente de la república, Egils Levits, fue un reconocido neonazi en los años noventa. Esto explica mejor los motivos que llevaron a Inara Murniece, Ministra de Defensa de Letonia, a anunciar la transferencia al régimen fascista de Ucrania de todos sus sistemas de defensa aérea Stinger junto con la promesa de instruir a miles de soldados ucranianos durante el presente año. Letonia lleva ya más de 370 millones de euros en apoyo económico-militar a Zelensky.

Por último, Lituania reaccionó rápidamente ante la invasión rusa de Ucrania bloqueando el tránsito de mercancías hacia el estratégico enclave de Kaliningrado restringiendo el tránsito ferroviario, lo cual afectó a un 40-50% de las importaciones totales del territorio y lanzaba a su población a una más que posible confrontación militar con Rusia. A sabiendas de que las decisiones del ejecutivo lituano estaban tensionando la política entre ambos países, la formación militar, los reclutamientos, la movilización parcial de sus tropas y las maniobras en la frontera no han dejado de aumentar desde el año pasado. A su vez, Lituania ha insistido en reiteradas ocasiones a la Comisión Europea que imponga sanciones más fuertes contra Rusia.

Dichos elementos reaccionarios aplican en las 3 repúblicas una serie de medidas que dejan muy claro la esencia fascista de sus respectivos estados. Una de ellas es la persecución a todo lo relativo al comunismo, empezando por la hipócrita comparación de esa doctrina con el fascismo (siendo ellos fascistas en palabra y hecho), tal y como comentó en su día el Ministro de Relaciones Exteriores de Estonia, Urmas Reinsalu:

“El nazismo y el comunismo se arrogaron el derecho a aplastar países y sociedades, todo en nombre de un futuro utópico que nunca llegó. Millones de personas fueron oprimidas para ser “reeducadas”. Otros muchos millones sufrieron la miseria más abyecta. Y, por supuesto, también fueron millones los que fueron desplazados o asesinados. […]No puedo estar más en desacuerdo cuando su gobierno afirma que el comunismo ha dejado efectos positivos. Es cierto que la Unión Soviética participó en la campaña contra la Alemania nazi, pero el Ejército Rojo no liberó a Europa del Este de la tiranía nazi, sino que cambió ese dominio alemán por la nueva dictadura rusa. La Guerra Civil concluyó en Grecia en 1949. Ese mismo año, el régimen comunista de Estonia deportó al 2% de nuestra población, como represalia contra los campesinos que se negaban a colectivizar la agricultura. A eso hay que sumarle las decenas de miles de estonios que fueron apresados y enviados al Gulag. Cuando digo que en el comunismo no puede haber libertad, democracia e imperio de la ley, lo digo porque se de lo que hablo. La historia nos lo demuestra. El comunismo ha sido intentado en todos los continentes, con la salvedad de Oceanía, y el resultado siempre ha sido el desastre económico y la destrucción gradual del imperio de la ley”.

Otra de las medidas es el régimen de apartheid aplicado a la minoría rusa, que fácilmente alcanza a ser el 20% de la población en países como Estonia, y a la población rusófona, vetando a dichas personas todo tipo de derechos como, el derecho al sufragio y el derecho a realizar estudios en su lengua materna como lo es el idioma ruso. Por no hablar de que la discriminación sobre esa minoría llega al punto de que, especialmente desde la recesión que estalló en 2008, las condiciones de desempleo y de pobreza son aún mayores en esas capas de la población. Aunque realmente la inmensa mayoría de la población de dichos países sufre la explotación del capital en un grado muy elevado, al punto en que la demografía de las tres repúblicas tiende a decrecer, entre otras cosas, por el cada vez más alto índice de población joven que emigra a otros países ante la falta de perspectiva de futuro.

Hoy día, miles de jóvenes observan la “perspectiva de futuro” de la que disponen en esos estados fascistas: blanqueamiento constante del fascismo exaltando como héroes nacionales a colaboracionistas con el nazismo – recordamos el caso de Miquel Puertas, que en 2020 fue encarcelado y torturado en Lituania por el hecho de haber señalado que los supuestos “héroes nacionales” del país eran colaboradores del Holocausto nazi –; persecución de todo elemento revolucionario que aspire a obtener una sociedad más humana, igualitaria y justa – en 2009, el Parlamento lituano modificó su Código Penal para castigar con tres años de cárcel la propaganda e ideología comunista –; una serie de políticas socioeconómicas que convierten a los jóvenes proletarios en un mero utensilio de usar y tirar para la burguesía y un servicio militar obligatorio destinado a que, más pronto que tarde, sirvan como carnaza en una guerra interimperialista.

Una guerra en la cual se usaría a la clase obrera de las repúblicas bálticas al igual que se usa a la clase obrera en Ucrania, a modo de carne de cañón para eliminar a gran parte de la población considerada como excedente para los monopolios. Además de que la potencia criminal más grande que ha parido la historia, Estados Unidos, en una situación interna cercana a la guerra civil, con múltiples tiroteos prácticamente todos los días, con diferentes sectores de la burguesía depredándose entre ellos, una deuda pública de más de 20 billones de dólares, de gigantes en quiebra como el Silicon Valley Bank y con una moneda que cada vez más devaluada frente a otras como el rublo, no ve de otra salida a ese panorama de pérdida de hegemonía que una guerra a gran escala frente al bloque imperialista emergente de los BRICS. Todo ello en medio de un modo de producción que hace aguas frente al avance de las fuerzas productivas, como así lo acredita la descompensación entre capital variable y capital constante fruto de la robotización.

Frente a este panorama, los comunistas de todo el mundo debemos tejer unas relaciones internacionales alejadas de la podredumbre hasta ahora imperante, del amiguismo, del revisionismo y de la negación del internacionalismo proletario, teniendo claro en todo momento los inmensos cambios que están operando en la base económica, y alejándonos de toda tesis oportunista y/o chovinista. Al final, solo el pueblo trabajador del mundo, con la clase obrera a la cabeza guiada por el marxismo-leninismo, puede poner fin a las actuales y opresivas relaciones de producción, sustituyéndolas por la dictadura del proletariado como única vía contra la barbarie imperialista que asola a los pueblos del mundo y nos condena a la miseria más absoluta.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

Madrid, 23 de abril de 2023

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El proletariado toma las calles en Francia

Desde el pasado 8 de marzo, estamos viendo como en Francia se suceden valientes jornadas de lucha obrera. Una lucha motivada contra la reforma de las pensiones del gobierno de Emmanuel Macron – que pretende aumentar la edad mínima de jubilación de los 62 a los 64 años y a 43 los años de cotización necesarios para poder cobrar una pensión completa – y que ha terminado por colmar la paciencia y la prudencia de la clase trabajadora del país, demostrando su fuerza mediante huelgas nacionales y manifestaciones que han sido seguidas por millones de personas.

Los medios de propaganda de los estados capitalistas, que en un primer momento trataron de ocultar y silenciar la lucha del proletariado en Francia, ahora optan por criminalizar los disturbios sucedidos en ciudades como París, Amiens, Nantes o Rennes, y se muestran especialmente preocupados con el reciente incendio en la fachada del ayuntamiento de Burdeos, acusando a los manifestantes de “radicales” que emplean “tácticas de guerrilla urbana” y obviando los numerosísimos episodios de violencia, detenciones arbitrarias y cargas por parte de los cuerpos policiales. Frene a este intento patético de desacreditar la más que legítima lucha del pueblo francés, en las cabezas de todos los trabajadores deben resonar las inmortales palabras de Karl Marx: «Nosotros no tenemos compasión y no pedimos compasión de ustedes. Cuando llegue nuestro turno, no pondremos excusas para el terror».

Mientras la ira en las calles va en aumento, Macron ha hecho oídos sordos y ha seguido defendiendo la necesidad de la reforma, argumentando que no existe dinero disponible para las pensiones en su estado actual en las arcas francesas. Sin embargo, la reacción del proletariado de Francia ante la violación de sus derechos incomoda y mucho a este lacayo de la burguesía y los monopolios; muestra de ello es que el presidente haya alterado su agenda internacional con el aplazamiento de la visita a Francia del rey Carlos III debido a la próxima gran convocatoria del 28 de marzo.

 

Igualmente, es reseñable que Macron diga que no se dispone de dinero para pagar las pensiones y que por ello se debe aplicar esta reforma antes de que acabe el año. Sin duda, la guerra imperialista en Ucrania está sirviendo para profundizar en la bancarrota económica de los Estados capitalistas europeos. Sabemos que el sistema está completamente quebrado y es por ello por lo que ya no queda espacio alguno para las reformas; sólo queda ver como se desmantela el falso estado del bienestar. Mientras que Macron y su gobierno defienden que no tienen dinero para las pensiones, en enero de este mismo año anunciaban un incremento del presupuesto militar de más de 400 millones de euros, aumentando así en un 30% entre 2023 y 2024, justificando dichos actos con la excusa de modernizar el ejército francés y reforzar su programa nuclear. ¿Alguien dudaría de la legitimidad de la violencia revolucionaria de un pueblo que se alza contra este intento de tirano fascista que no deja de pauperizar las condiciones de vida de los trabajadores para seguir engrasando la locura bélica del imperialismo?

El sindicalismo de clase de la Federación Sindical Mundial (FSM) tiene buena parte de la responsabilidad de que el pueblo francés se levante contra la miseria. El secretario general de la CGT francesa, Philippe Martínez, declaró que: «Macron no ha dado en absoluto una respuesta a lo que está pasando en la calle. Y esto es una muestra de desprecio. Nosotros continuamos con la misma determinación y espíritu combativo. El objetivo es el mismo: que se retire la ley». En el lado opuesto de la historia, el secretario general de la CFDT, Laurent Berger declaró que: «Todo el mundo está inquieto esta mañana, porque ha habido violencias que son inaceptables. Hay que calmar el juego, ahora, antes de que haya un drama». Sus declaraciones son expresión directa de su visión de clase, ya que la CFDT pertenece, al igual que CC. OO. Y UGT, a la Confederación Sindical Internacional (CSI), donde se encuadran los sindicatos afines a los monopolios y al capitalismo.

Las manifestaciones han servido para que afloren todas las contradicciones de un gobierno que acusa la falta de legitimidad y que es víctima del “voto útil” que lo aupó al poder para “frenar” el crecimiento de la fascista Marine Le Pen. Las concentraciones, manifestaciones y huelgas que en un primer momento se enfocaban contra la reforma de las pensiones ahora miran directamente contra el gobierno francés y, especialmente, contra Emmanuel Macron tras su decisión de aprobar por decreto la reforma mediante el artículo 49.3 de la Constitución el pasado 16 de marzo, es decir, sin someterla al voto de la Asamblea Nacional. Una reforma antipopular aprobada de forma rastrera que revela la esencia de la democracia burguesa: la dictadura de una minoría parasitaria que explota inmisericordemente a la mayoría trabajadora.

La continuidad de las luchas en estos casi veinte días, donde se han alternado las movilizaciones nacionales con las manifestaciones de carácter local, ha provocado que el ejecutivo haya optado por la aprobación de la reforma de las pensiones por medio de un decreto con el objetivo de trasladar la lucha en las calles al terreno del parlamentarismo. Es en estos momentos cuando la burguesía recurre a autodenominados socialistas para desviar por los cauces del pacifismo y el electoralismo burgués la respuesta de las masas, para no rendir cuentas ante la historia y del fatal destino que le espera. Así, Nueva Unión Popular Ecológica y Social (NUPES), la coalición liderada por Mélenchon, ya iguala en intención de voto a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, ambas organizaciones con un 26%.

Tanto a nivel internacional con la guerra en Ucrania como con las protestas internas, el pacifismo socialdemócrata buscará convertir la indignación en una mera papeleta electoral. Contrariamente, los comunistas sabemos que el marxismo no es pacifismo. El pacifismo es un elemento que, junto con la democracia, es indispensable del sistema de dominación burgués. Por ello, no es de extrañar que los lacayos de los monopolios llenen sus discursos de proclamas por la paz y de entendimiento entre clases cuando los trabajadores son arrojados a la trituradora de la guerra imperialista. En este sentido, es innegable que los guardianes de la democracia, ataviados como supuestos socialistas, demuestran una concepción del mundo pequeño-burguesa que es diametralmente opuesta a los intereses del proletariado.

El proyecto de Emmanuel Macron representa el fracaso a nivel social del neoliberalismo y la barbarie y miseria a la que nos conduce el modo de producción capitalista en su fase monopolista. Representa los designios del gran capital, de la Unión Europea y de la burguesía imperialista, como un mero eslabón de la OTAN que, comandada desde Washington, no tiene problemas en convertir Europa en un auténtico cementerio. En España, este proyecto tiene sus homólogos en el Partido Popular y Ciudadanos, sin olvidar a la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que durante las pasadas elecciones francesas dijo: «Si yo fuera francesa, votaría a Macron» a través de su cuenta de twitter.

La guerra no puede dejar impune al capitalismo. El proletariado, como sujeto revolucionario, tiene la misión histórica de transformar el movimiento espontáneo en vanguardia organizada. Este proceso se desarrolla aún a muy poca velocidad, con un proletariado que es demasiado paciente y padece de inmovilismo, acostumbrado a la esclavitud asalariada. Sin embargo, una chispa se enciende en la lucha contra la infame contrarreforma macronista. Un nuevo ejemplo que demuestra que la democracia burguesa es simplemente una máscara de la dictadura de clase de la burguesía contra el proletario; un sistema donde una minoría de oligarcas privilegiados se escudan en “la guerra por la democracia” y en “los valores de la Unión Europea” para saquear al proletariado y condenarlo a la miseria de manera internacional, mientras que inflan desproporcionadamente los presupuestos militares.

El sistema capitalista, cada vez más corrupto y más fascista, se encuentra actualmente en una completa ruina económica que solventa aumentando la miseria del proletariado. Frente a esta barbarie, el único camino es el de la revolución socialista, la dictadura del proletariado, como etapa previa de la futura sociedad comunista.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

Madrid, 28 de marzo de 2023

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




20 años de la invasión imperialista de Irak

El 20 de marzo de 2003, los Estados Unidos daban comienzo a lo que ellos bautizaron como “Operación Libertad Iraquí”, que no era otra cosa que un nombre propagandístico para dotar de legitimidad a la invasión y guerra imperialista contra la República de Irak bajo el pretexto de derrocar a Saddam Hussein.

Reino Unido, Australia, Polonia, Dinamarca, Países Bajos, España, Portugal, Italia, Colombia, Japón, Corea Del Sur, Ucrania y Hungría, entre otras potencias capitalistas, formaron parte de la Coalición Multinacional que apoyó militar y políticamente esta guerra de rapiña del imperialismo estadounidense y que, junto con la Guerra de Afganistán iniciada en 2001, representan una de tantas páginas que el capitalismo ha escrito en la historia por medio de la sangre y el fuego.

En un contexto internacional de tensiones crecientes entre Estados Unidos e Irak tras las operaciones Tormenta del Desierto (1991) y Zorro del Desierto (1998), el imperialismo estadounidense utilizó para su propio beneficio los atentados del 11-S de 2001 en Nueva York. Estos atentados fueron el pretexto perfecto para que George W. Bush declarase la guerra y es por ello por lo que los servicios de inteligencia norteamericanos, aun estando al tanto de la situación, permitieron que ocurrieran.

Irak, Irán y la República Popular Democrática de Corea fueron calificados entonces como el “eje del mal”. Además, el relato se completó con la supuesta existencia de armas de destrucción masiva (químicas, biológicas y nucleares) en territorio iraquí, las cuales nunca se encontraron pues toda la operación se basaba en mentiras y propaganda para justificar la barbarie imperialista.

El fascismo, el chovinismo, el racismo y el fanatismo militar fueron los pedestales sobre los que se levantaron un grupo de plutócratas que iniciaron la despiadada y criminal invasión de Irak para apoderarse de una de las principales fuentes energéticas del mundo. Además, 50.000 obras valiosas desaparecieron durante la invasión del Museo Arqueológico de Irak, en lo que fue un auténtico expolio del patrimonio histórico del país y de la cultura de su pueblo.

Lo que en un primer momento se promocionó como una operación rápida se prolongó durante más de 7 años, dejando más de 100.000 civiles muertos, un país destrozado por la guerra, con una profunda crisis económica y con su población sumida en la miseria, a lo que hay que añadir cerca de dos millones de desplazados.

En esos momentos quedó patente la contradicción entre los países en vías de desarrollo y los intereses del imperialismo que se apropiaba de sus riquezas naturales mediante la invasión militar. En aquel entonces, Estados Unidos poseía el control del 3’5% de las riquezas petroleras del mundo, mientras que en Oriente Medio se encontraban cerca del 70% de las reservas totales de petróleo, de las cuales Irak poseía el 10%. Con estos datos sobre la mesa, y a vista de los hechos históricos, es más que evidente que el propósito de la invasión de Irak no era combatir el terrorismo ni liberar al pueblo de Saddam Hussein, sino asegurarse las ricas reservas petroleras de esta nación.

En 2007, cuando se acababan de cumplir cuatro años del inicio de la agresión imperialista contra Irak, el periódico estadounidense Socialist Appeal entrevistó al veterano de guerra Darrell Anderson, el cual reconoció las atrocidades que cometía el imperialismo:

«No existe diferenciación [entre civiles y el enemigo]. Yo tenía que disparar contra el enemigo y me ordenaban asesinar a todos los que allí estuvieran. Pero esas órdenes no llegaron hasta abril. En enero, febrero y marzo la orden era: si te disparan ponte a cubierto y espera órdenes antes de volver a disparar. En abril fue: si te disparan asesina a todo el mundo porque estamos perdiendo muchos soldados y tenemos que vivir.

[…] Estamos cometiendo crímenes de guerra en Iraq y todos los procedimientos van en contra de la Convención de Ginebra, pensaba que mi deber era negarme, no tenía realmente una ideología política».

Todo aquello no fue más que una guerra planeada y dirigida por un Estado imperialista que representa lo más criminal, vil y genocida de la clase social burguesa. Una guerra que para la burguesía no fue más que un paso necesario en su afán por seguir nutriendo el lobby militarista y las apetencias dictadas desde Wall Street para asegurar el dominio del imperialismo estadounidense, ganar la carrera en el control de los recursos naturales y los mercados. Como dijo el camarada Stalin: «El imperialismo es la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, la lucha furiosa por la posesión monopolista de estas fuentes, la lucha por un nuevo reparto del mundo ya repartido, lucha mantenida con particular encarnizamiento por los nuevos grupos financieros».

Con la ejecución de Saddam Hussein y el vacío de poder que se generó, quedó en evidencia que los planes estadounidenses no eran “exportar la democracia y la libertad”, sino sumir en el caos a la población local y asaltar todos los edificios públicos, museos y hospitales que estuvieran a su alcance. La enorme inestabilidad política hizo que Irak fuera el caldo de cultivo perfecto para el extremismo religioso, surgiendo así el Estado Islámico de Irak (ISIS).

La caída de la Unión Soviética, aunque esta estuviera alejada para entonces de los valores de la revolución proletaria y el marxismo-leninismo, hizo que el imperialismo estadounidense se sintiera amo y señor del mundo en sintonía con las tesis de Fukuyama acerca del fin de la historia. Su industria militar podía desplegarse a lo largo y ancho del globo sin temor alguno y hacer lo que le viniera en gana en la política internacional, pues ellos eran el juez y el verdugo. En Irak, la barbarie imperialista llevó a cabo una guerra completamente ilegal según los parámetros de la propia legalidad burguesa. Sin embargo, nadie se ha hecho responsable del sufrimiento ocasionado y la Corte Penal Internacional no pone en busca y captura a George W. Bush, José María Aznar y Tony Blair, auténticos criminales de guerra que fomentaron el genocidio del pueblo iraquí. Ese es el orden internacional que ansía la democracia capitalista y el libre mercado.

En todas las guerras los proletarios no somos más que carne de cañón atrapados dentro de la ley general de la acumulación capitalista. Y la guerra contra los trabajadores y pueblos del mundo como apetencia de la clase burguesa es intrínseca al modo de producción capitalista, en general, y a la filosofía y política de guerra del imperialismo estadounidense, en particular.

La base económica contemporánea nace del modo de producción capitalista, el cual, en su fase actual de imperialismo o capitalismo monopolista se encuentra atravesada por la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo, entre el imperialismo y el socialismo. El capital es el poder que despoja a los trabajadores y pueblos del mundo incluso de su propia humanidad, transformándolos en meros instrumentos del proceso de acumulación capitalista. Esta es la dialéctica y la filosofía imperialista que justifica y legitima aún hoy para los capitalistas el exterminio despiadado del pueblo de Irak.

La explotación asalariada – sustentada en la extracción de plusvalía –, el saqueo, la rapiña y la guerra contra los pueblos del mundo, la dominación política y económica, la esclavitud, el exterminio planificado, el fascismo, el narcotráfico, la prostitución, la deshumanización mercantil, el genocidio, el racismo, la crueldad, la corrupción, la enajenación, las masacres y bombardeos completamente impunes, centenares de miles de desplazados, mutilados, torturados, desaparecidos y masacrados. Esta es su democracia. Este es el mundo capitalista. Esta es la carnicería global de los monopolios. Este es el mundo del imperialismo y de la burguesía. Esta es su flagrante y cruel impunidad.

En la actual etapa imperialista la inevitabilidad de la guerra es evidente, dado que las contradicciones entre las distintas potencias no se resuelven pacíficamente y la guerra es la única forma en la que conciben dirimir el reparto de las esferas de influencia. Actualmente, con la hegemonía occidental herida de muerte, los Estados Unidos buscan cualquier pretexto para la utilización de su fuerza militar contra todo aquel que atente contra sus designios. Pero ya no estamos a principios de los 2000. En estos veinte años el mundo ha cambiado y los Estados Unidos ya no son la única superpotencia que hay en el planeta.

La reunión de las Islas Azores y la posterior invasión contra Irak fue un golpe de estado mundial y una muestra de que el fascismo es la esencia de la carcomida democracia burguesa. George W. Bush y sus socios tienen sus manos manchadas con la sangre de cientos de miles de trabajadores, pero solo la revolución proletaria puede ser la encargada de juzgar sus crímenes de lesa humanidad y sus genocidios. Solo el socialismo podrá poner fin a esta barbarie que ayer se expresaba en Yugoslavia, Afganistán, Irak o Libia, y que hoy se desarrolla de igual manera en Ucrania, Palestina y el Sáhara Occidental. Solo la lucha organizada de los pueblos del mundo sobre la base del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario pueden romper las cadenas de la explotación y la opresión capitalistas.

Los comunistas sabemos que el imperialismo precisa de las guerras para sobrevivir, para retroalimentar financieramente a sus monopolios bélicos y su complejo militar-industrial. Su mera existencia es una negación de la paz y una amenaza de guerra contra el mundo. Esta es la barbarie actual y que amenaza con desarrollarse a un grado superlativo, a la escalada bélica que conduzca a la III Guerra Mundial, si no es detenida. Otro mundo es posible, pero la construcción de una nueva realidad pasa obligatoriamente por la destrucción del sistema capitalista de forma revolucionaria. Esa es la tarea primordial y más importante que hoy, 20 años después del inicio de la Guerra de Irak, tiene el movimiento revolucionario.

«El marxismo no es pacifismo. Es indispensable luchar por el cese más rápido de la guerra. Pero la reivindicación de la “paz” sólo adquiere un sentido proletario cuando se llama a la lucha revolucionaria. Sin una serie de revoluciones, la pretendida paz democrática no es más que una utopía pequeñoburguesa. El único programa verdadero de acción sería un programa marxista que dé a las masas una respuesta completa y clara sobre lo que ha pasado, que explique qué es el imperialismo y cómo se debe luchar contra él» – Vladímir Lenin.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Madrid, 20 de marzo de 2023

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La quiebra del Silicon Valley Bank

De un lado, riquezas inmensas y una plétora de productos que rebasan la capacidad de consumo del comprador. Del otro, la gran masa de la sociedad proletarizada, convertida en obreros asalariados, e incapacitada con ello para adquirir aquella plétora de productos. La división de la sociedad en una reducida clase fabulosamente rica y una enorme clase de asalariados que no poseen nada, hace que esta sociedad se asfixie en su propia abundancia, mientras que la gran mayoría de sus individuos apenas están garantizados, o no lo están en absoluto, contra la más extrema penuria. Con cada día que pasa, este estado de cosas va haciéndose más absurdo y más innecesario. Debe ser eliminado, y puede ser eliminado.

Friedrich Engels

Introducción a la edición de 1891 de Trabajo asalariado y capital

 

El pasado viernes se produjo la quiebra del Silicon Valley Bank, cuya principal labor era tomar depósitos y hacer préstamos a empresas del sector tecnológico estadounidense, especialmente para aquellos que buscaban invertir en nuevas empresas, es decir, se especializaba en el capital riesgo. La bancarrota provocó el pánico en numerosas empresas tecnológicas, el precio de las acciones colapsó y otras entidades bancarias fueron arrastradas al fango con su caída. Pero la cosa no termina aquí.

El Silicon Valley Bank llevaba tiempo realizando inversiones, potencialmente seguras, en bonos de deuda del gobierno estadounidense. Sin embargo, los continuos aumentos de las tasas de interés que lleva realizando la Reserva Federal desde antes de la pandemia de la COVID-19 para controlar la inflación provocaron que el valor de los activos, al igual que las previsiones del Silicon Valley Bank, cayeran en picado.

Actualmente, Estados Unidos es el país más endeudado del mundo. Antes de la pandemia su deuda pública superaba los 20 billones de euros, ascendiendo hasta la friolera de 24,498 billones en 2020, lo que suponía el 133,92% del PIB del país y una deuda per cápita de más de 74.000€. En 2021, con la administración Biden-Harris, los niveles de deuda pública de Estados Unidos volvieron a crecer hasta cifras récord, superando los 28 billones en marzo de 2021.

Ante las previsiones de incurrir en un impago de la deuda nacional, el 7 de diciembre de 2021 los demócratas aprobaron en el Congreso elevar nuevamente la deuda para evitar un impago federal, un procedimiento que ya se había realizado en octubre de ese mismo año cuando se aumentó el límite de deuda en 480.000 millones de dólares y que fue avalado por los republicanos con la excusa de evitar un default de la mayor economía mundial. Esto nos da una primera lección muy importante: cuando se trata de cuestiones económicas la burguesía y los monopolios mueven al mismo son a todos sus títeres en el gobierno, y es irrelevante si estos se reclaman de izquierdas o de derechas, pues en última instancia todos han asumido que lo fundamental es garantizar la supervivencia de su dictadura de clase.

La situación no mejoró en 2022 y, nuevamente, en enero de 2023, la Secretaria del Tesoro Janet Louise Yellen advirtió que Estados Unidos alcanzaría su límite en su capacidad de endeudamiento, un total de 31’4 billones de dólares, en medio del aumento de las tasas de interés para, en teoría, controlar una inflación récord. Las tasas de interés más altas habrían afectado al sector tecnológico donde operaba el Silicon Valley Bank, reduciendo el valor de las acciones en el ámbito tecnológico y provocando una pérdida en la recaudación de fondos. Esto habría provocado que las empresas tecnológicas comenzasen a retirar el dinero en efectivo del Silicon Valley Bank para poder hacer frente a sus facturas y endeudamiento.

Parece evidente que la actual crisis capitalista se va a llevar por delante a una parte importante del sector bancario. Por tanto: la esencia parasitaria de la burguesía, incluso con su propia clase social, provoca que, en estos momentos de crisis general del modo de producción capitalista, donde la economía imperialista necesita ser saneada, se acentúe la primacía de unos grandes bancos monopolistas sobre el resto donde se concentran la mayor parte de capitales e ingresos del Estado y de los cuales surgen a su vez una serie de relaciones de dependencia hacia las instituciones políticas y económicas. Así se expresa el capitalismo monopolista.

La bancarrota del Silicon Valley Bank supone el mayor desastre desde 2008 pues estamos hablando del decimosexto banco del sistema financiero de Estados Unidos y será la Corporación Federal de Seguros de Depósitos el organismo encargado de liquidar los activos de la entidad para pagar a clientes y acreedores. En 2008, la caída de inversión de Lehman Brothers Holdings y la tormenta financiera posterior puso en jaque a la economía capitalista a nivel mundial y provocó en el Estado español un estallido de la burbuja inmobiliaria que arrastró al proletariado a una situación de pauperización y miseria enormes.

Los ideólogos del neoliberalismo y socialdemócratas, defensores todos del “libre mercado”, han conducido a las administraciones públicas a una crisis tan enorme que los gobiernos tienen la justificación perfecta para eliminar toda asistencia social por parte del Estado. Así, el camino de los Estados capitalistas será la devaluación interna, es decir, profundizar en los recortes del gasto público y en las condiciones de vida de la clase trabajadora, la mundialización de la sobreexplotación laboral, la persistencia de la pobreza y la crisis ambiental mundializada. Un empeoramiento paralelo al estado de salud del imperialismo occidental, el cual se encuentra en una fase completamente putrefacta y de decadencia.

En El Capital, Karl Marx advirtió de que «la deuda pública se convierte en una de las palancas más vigorosas de la acumulación originaria» (Marx, 2020, Tomo III, Libro I, p. 248). Es significativo que 140 años después de su muerte la deuda siga siendo una de las principales formas de expoliación de las amplias masas proletarias. Uno de tantos elementos que nos demuestran que su obra sigue estando hoy más vigente que nunca.

Por su parte, la deuda pública en el Estado español no ha dejado de crecer desde el año 2007 – cuando fue de 384.662 millones de euros y suponía el 35,80% del PIB – hasta el año 2021 – que llegó a la friolera de 1.427.235 millones de euros y el 118,4% del PIB –. Es decir, la deuda per cápita se había ampliado en ese intervalo de tiempo desde los 8.423 euros hasta los 30.157 euros. La deuda pública española siguió marcando cifras récord tras el inicio de la guerra imperialista en Ucrania, superando los 1.450.000 millones de euros en marzo de 2022, lo que implicó un incremento del 4,4% respecto a marzo del año anterior, y cerrando el año 2022 con una deuda pública de 1.502.505 millones de euros, 31.555€ per cápita. Este es el panorama del imperialismo occidental: una economía en estado zombi, con cada vez más pequeñas y medianas empresas insolventes, una crisis insostenible de deuda, estancamiento económico continuado en el tiempo y cifras de inflación que baten todos los récords.

 

Madrid, 15 de marzo de 2023

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Intentan borrar la historia del Ejército Rojo

En el centro de Sofía, sobre un pilar de granito de 34 metros de alto, se alza un conjunto escultórico de 8 metros que representa a un soldado del Ejército Rojo junto a un trabajador y una campesina búlgara. Este monumento fue construido el 7 de septiembre de 1954 en conmemoración del décimo aniversario de la liberación de Bulgaria de las garras del nazifascismo. Ahora, y bajo el pretexto de demostrar la firme condena de Bulgaria hacia la invasión rusa de Ucrania, el Ayuntamiento de Sofía aprobó desmantelar este monumento que rememora la heroica gesta del pueblo soviético junto con los trabajadores y partisanos búlgaros.

Este movimiento no se ha dado únicamente en Bulgaria. En agosto de 2022 las autoridades de Helsinki retiraron el monumento a la Paz Mundial que la ciudad había recibido como regalo de la URSS en 1989. Paralelamente, el Estado fascista de Polonia retiró también un monumento al Ejército Rojo ubicado en la ciudad de Malbork, una estrella de cinco puntas símbolo del internacionalismo proletario. También en Alemania el fascismo ha exigido la retirada de los tanques y cañones que acompañan el monumento a los soldados soviéticos que se encuentra cerca del Bundestag y la Puerta de Brandeburgo.

A finales de ese mismo mes, concretamente el día 25 de agosto, el enorme obelisco a la Victoria Soviética de Riga que se alzaba imponente a casi 80 metros de altura fue demolido. Era un lugar emblemático donde cada 9 de mayo los comunistas del país se concentraban para recordar el día de la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi. Un proceso que, aunque se haya acelerado desde el comienzo de la guerra el año pasado, se produjo en diferentes países como Estonia, Lituania o Hungría con la desmantelación de la URSS en 1991 y que supuso destruir la hermandad proletaria y la fraternidad internacionalista de los estados que constituían el poder soviético.

Por supuesto, el fascismo ucraniano es la punta de lanza de esta política de “descomunización”. En abril de 2022, el alcalde de Kiev, Vitali Klischko, anunció la demolición de un monumento de 1982 que conmemoraba la amistad entre los pueblos de Rusia y Ucrania. Huelga decir que en Ucrania todo monumento, bajorrelieve, estatua de Lenin, símbolo asociado a la Unión Soviética e incluso nombres de calles y ciudades han sido completamente borrados para embrutecer completamente al proletariado del país, negar los avances que supuso la Revolución Bolchevique y la Unión Soviética, y amoldarse a la perfección al carácter anticomunista y antisoviético del imperialismo estadounidense y europeo.

Aunque los fascistas en Europa utilicen el pretexto de la guerra contra Rusia, es una realidad que este proceso de “descomunización” lleva en marcha desde hace décadas, en un intento desesperado de los monopolios europeos por revisar la historia y tratar de equiparar la heroica gesta de los comunistas soviéticos y de los partisanos europeos con la bestia imperialista del nazismo.

Ya en enero de 2006, el Consejo de Europa aprobó la Resolución 1481/2006 sobre la “necesidad de la condena internacional de los crímenes de los regímenes totalitarios comunistas” y arremetió directamente contra los partidos comunistas. Posteriormente, el 19 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo aprobó la Resolución sobre la supuesta importancia de la memoria histórica que “condena los crímenes cometidos por los regímenes nazi y comunista a lo largo del siglo XX” en la que se equiparó, nuevamente, el horror del nazismo con el marxismo-leninismo.

Que sepan los fascistas de la Unión Europea, el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y la OTAN que desde el Partido Comunista Obrero Español reivindicamos la Revolución de Octubre de 1917, a los camaradas Lenin y Stalin, y nos enorgullece la heroica lucha del pueblo soviético y de los partisanos contra el fascismo. Y como comunistas en el Estado español, todavía mayor es nuestra deuda con la Unión Soviética, pues su apoyo estratégico y militar fue lo que permitió generar las condiciones para establecer una resistencia militar sólida contra el franquismo.

El Ejército Rojo, por más monumentos que derriben y por más libros de propaganda que escriban, nunca podrá ser olvidado de la memoria del proletariado internacional porque su gesta fue una de las más heroicas contra las fuerzas de la reacción capitalista internacional. Sin duda, el momento actual es un momento revolucionario y las condiciones materiales están dispuestas para el cambio de formación en el modelo productivo; por ello, los monopolios imperialistas intensifican su ofensiva contra el pueblo trabajador, genera crecientes conflictos bélicos como válvulas de escape a su bancarrota económica y promocionan el fascismo ante su absoluta debilidad. Es la propia burguesía la que reconoce que su único enemigo somos los comunistas y es el miedo al derrocamiento revolucionario del capitalismo lo que explica la necesidad de los Estados Unidos y de la Unión Europea por imponer el fascismo y la guerra a lo largo y ancho del globo. No son más que gigantes con los pies de barro.

La historia nos ha enseñado que la clase obrera únicamente puede emanciparse armada con su ciencia revolucionaria, el marxismo-leninismo, y dirigida por su Partido, el partido de nuevo tipo leninista, que le dota de un programa revolucionario y una táctica para derrocar al capitalismo y conquistar y desarrollar el socialismo. Lo que está en juego en este momento histórico es la vida o la muerte. Hoy la consigna “¡Socialismo o barbarie!” es más vigente que nunca. Y en esto es en lo que tendríamos que estar los comunistas del mundo, en cómo fortalecer la organización revolucionaria, cómo hacer una organización lo suficientemente potente ideológicamente y cohesionada para dirigir al proletariado a la consecución de su misión histórica: La revolución proletaria para derrocar el capitalismo y construir el socialismo como paso previo para el comunismo.

 

¡VIVA LA UNIÓN SOVIÉTICA!

¡EL FASCISMO NO PASARÁ!

Madrid, 12 de marzo de 2023

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La maniobra de Nicolás Maduro contra el Partido Comunista de Venezuela

El pasado lunes 13 de febrero, la dirección del Partido Comunista de Venezuela (PCV) denunció los planes del PSUV para asaltar la dirección de su organización, utilizando para ello a individuos que no son militantes del PCV, en lo que es una clara injerencia por parte del Estado venezolano contra el movimiento comunista.

De esta forma, parece evidente que el PSUV estaría pagando a auténticos mercenarios políticos, militantes fantasmas, para hacer creer a la opinión pública que el PCV y su militancia apoyan de alguna forma al gobierno neoliberal de Nicolás Maduro, buscando también socavar la unidad del partido comunista desde sus mismas bases al no haber conseguido tomar su dirección. Sin duda, los camaradas del PCV aciertan en su postura de plantear la ruptura revolucionaria contra las políticas antiobreras y antipopulares del “socialismo” del siglo XXI, y fruto de ello se explica la desesperada maniobra que ha realizado la burguesía venezolana.

El anticomunismo como práctica política es una característica ineludible del “socialismo” del siglo XXI del cual Nicolás Maduro y el PSUV forman parte. El objetivo de estas acciones no sería otro que minar las fuerzas de la única alternativa revolucionaria que tiene el proletariado venezolano ante la grave crisis que sufre el capitalismo a nivel global y obtener como resultado un partido comunista que se posicione a la retaguardia de la burguesía y del PSUV, como un mero tentáculo del Estado.

El gobierno de Nicolás Maduro no representa la voluntad popular; al contrario, lo único que refleja es la continuación del modo de producción capitalista y el servilismo desvergonzado a los intereses de la burguesía, la lucha parlamentaria para conseguir la desmovilización de las calles y la no interferencia con la acumulación de capital, la explotación descarnada e inmisericorde contra la clase trabajadora y la miseria creciente contra las amplias masas proletarias que observan como la riqueza que producen se aglutina cada vez en menos manos.

Desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) denunciamos las agresiones anticomunistas contra el Partido Comunista de Venezuela y los viles intentos que por parte de la burguesía venezolana se están realizando para impedir su práctica política independiente. Denunciamos también los actos fraudulentos del PSUV, que llevó a cabo una apropiación indebida de los símbolos del PCV, empleando para ello a falsos militantes y que dirige a los medios de comunicación para ningunear la acción de los comunistas y poner trabas así a la organización consciente del proletariado de Venezuela.

Al mismo tiempo, desde el Estado español enviamos nuestra solidaridad internacionalista a los camaradas del Partido Comunista de Venezuela en su lucha contra la burguesía nacional e internacional, la cual, ante la grave crisis del capitalismo monopolista, busca mermar las fuerzas comunistas para evitar que se lleven a cabo transformaciones revolucionarias y que el socialismo se imponga de una vez por todas al podrido sistema capitalista.

 

¡ABAJO LA BURGUESÍA VENEZOLANA!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

Madrid, 17 de febrero de 2023

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Un fantasma recorre Estados Unidos

El pasado jueves 2 de febrero, y a propuesta de la fascista Maria Elvira Salazar, la Cámara de Representantes aprobó una resolución “denunciando el socialismo en todas sus formas y oponiéndose a la implementación de políticas socialistas en los Estados Unidos de América”, la cual obtuvo 335 votos a favor, 86 en contra y 14 abstenciones.

El documento no es otra cosa que un ejercicio visceral y desvergonzado de anticomunismo y revisionismo histórico que haría saltar de alegría y aplaudir de admiración al mismísimo Joseph Goebbels. Enumeremos algunas de las distintas falsedades de dicho documento:

En el primer punto, la resolución denuncia que “la ideología socialista necesita una concentración de poder que ha colapsado una y otra vez en regímenes comunistas, gobiernos totalitarios y dictaduras brutales”. Esta clase de afirmaciones fueron desmentidos por los propios archivos desclasificados de la CIA. En un documento titulado Comentarios sobre el cambio en el liderazgo soviético se dice que “incluso en la época de Stalin existía un liderazgo colectivo. La idea Occidental de un dictador dentro del sistema comunista es exagerada. Los malentendidos sobre ese tema son causados por la falta de comprensión de la verdadera naturaleza y organización de la estructura de poder comunista. Stalin, aunque tenía amplios poderes, era simplemente el capitán de un equipo”.

En el segundo punto, se menciona que “el socialismo ha llevado repetidamente a hambrunas y asesinatos en masa, y el asesinato de más de 100.000.000 de personas en todo el mundo”. La tan manida cifra de “los 100 millones de muertos del comunismo” se popularizó con la publicación de El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión (1997). Dicha publicación es tan fiable que tres de los seis autores que participaron se retractaron posteriormente en un artículo para Le Monde, donde afirmaron que los números estaban completamente inflados de forma injustificada para llegar a una cifra que no es otra cosa que mera propaganda capitalista.

Seguidamente, la resolución demuestra nuevamente el analfabetismo de los políticos estadounidenses al englobar bajo el paraguas del “socialismo” a líderes tan diferentes como los revolucionarios Lenin, Stalin o Fidel Castro junto con Daniel Ortega o representantes del “socialismo” del siglo XXI como Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Además, entre los mencionados aparece también Pol Pot, una figura que recibió el apoyo de los EEUU bajo el gobierno de Ronald Reagan y la Gran Bretaña de Margaret Thatcher. Es decir, mencionar a Pol Pot o a los Jemeres Rojos no es sino un acto de hipocresía por parte de los fascistas de EEUU.

A continuación, se menciona lo siguiente: “Mientras que decenas de millones murieron en la Revolución Bolchevique, al menos 10.000.000 de personas fueron enviadas a los gulags en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (USSR), y millones más murieron de hambre en el Terror-Hambre (Holodomor) en Ucrania”. Estas cifras, como era de esperar por parte de manipuladores y siervos de los monopolios, no se corresponden con lo que se muestra en los archivos soviéticos. En primer lugar, la Revolución Bolchevique fue una expresión de los anhelos del pueblo trabajador basada en la colectivización de la tierra, la nacionalización y socialización de los medios de producción y la economía, y la salida inmediata de la I Guerra Mundial. Ello hizo que los revolucionarios bolcheviques, no sin dificultades, dominaran el congreso de sóviets de todo el país y que la toma del poder, contra el débil gobierno provisional de Kérenski, fuera relativamente rápida. La inflada cifra de 10.000.000 de muertos no está tomada de la Revolución, sino de las bajas militares y de los muertos de hambre que fueron consecuencias directas de la guerra del Ejército Rojo contra los contrarrevolucionarios del Ejército Blanco que se produjo entre 1917 y 1922, donde las potencias imperialistas de EEUU, Gran Bretaña, Francia, Japón y Polonia, principalmente, apoyaron con hombres, armas y suministros de guerra durante esos años para intentar poner freno a la revolución proletaria. Por otro lado, es sabido que durante el gobierno de Gorbachov se abrieron los archivos con la intención de desacreditar la figura de Stalin y, contrariamente, los 10, 20 o 30 millones de represaliados que señalaban los lacayos del imperialismo quedaron completamente desmentidos. Las cifras de condenados a muerte rondan los 800.000, lo cual, sumado a las muertes en los Gulag, aumentaría hasta el millón y medio. Por tanto, es más que evidente que dicha resolución solo puede responder a un anticomunismo virulento y fanático. En tercer lugar, se menciona también el Holodomor, algo que en su día no fue más que pura propaganda antisoviética y que fue desmentido por periodistas como Henry Duranty (ganador del Pulitzer en 1932). Si bien hubo hambruna, es ya algo objetivo que esta no fue planificada como una supuesta maniobra de represión por parte de Stalin, sino que se debió, entre otros factores, al papel de los kulaks, los grandes terratenientes, que quemaron cosechas y mataron al ganado para evitar que fueran colectivizados por los sóviets. Además, dicha hambruna no sólo afectó al territorio ucraniano sino también al ruso. En este aspecto, es recomendable la lectura de Mentiras sobre la historia de la Unión Soviética, de Mario Sousa.

Más adelante se dice “que hasta 3.500.000 personas han muerto de hambre en Corea del Norte, dividiendo una tierra de libertad a una tierra de indigencia”. Nadie sabe de dónde proceden dichas cifras de muertos. No obstante, lo que sí es sabido por todos es que Corea del Sur no es más que una colonia de los EEUU donde impusieron diferentes dictadores como Sygman Rhee o Park Chung-hee. Por otro lado, la partición de Corea en dos estados fue consecuencia de la política expansionista de los EEUU, pues tras romper el tratado de no agresión entre la URSS y Japón, las tropas soviéticas avanzaron por la península coreana, derrocando al estado títere de Manchukuo y liberándola de los imperialistas japoneses, por lo que, para frenar este avance, los americanos invadieron el país hasta llegar al paralelo 38. En la memoria del pueblo coreano aún pervive el recuero de los tres años que duró la guerra, pues EEUU lanzó sobre la península 635.000 toneladas de bombas y 32.557 toneladas de napalm, quemando cada pueblo que encontraron a su paso, arrasando cada granja, hospital y fábrica, y asesinando impunemente al 20% de la población. Un auténtico genocidio. Y mientras sus manos siguen manchadas de sangre, aprovechan sus altavoces parlamentarios para dar lecciones de “democracia” al resto del mundo.

Finalmente, llama la atención que el texto diga: “Considerando que el régimen de Castro en Cuba expropió la tierra de los agricultores cubanos y los negocios de los empresarios cubanos”. No es casualidad que se mencione con especial énfasis la Revolución Cubana, pues la fascista y principal artífice de este proyecto de ley, Maria Elvira Salazar, es una conocida cubana cuyos padres huyeron de la isla tras la toma del poder por parte de los revolucionarios. Por tanto, lo único que ansía esta gusana es la riqueza que se acumulaba en manos de una minoría parasitaria durante el régimen dictatorial de Fulgencio Batista.

Una vez planteadas las mentiras de la política fascista, el documento concluye con la sentencia de que Estados Unidos “se basa en la creencia de la santidad del individuo, a la que el sistema colectivista del socialismo, en todas sus formas, es fundamental y necesariamente opuesta”.

No es casualidad que una resolución de estas características se apruebe en un momento histórico como este. El imperialismo está absolutamente quebrado y se encuentra en un momento de debilidad extrema, con una crisis en la base económica que provoca que a los monopolios no les sirvan ya ni las políticas socialdemócratas; al contrario, la burguesía, para mantener su régimen de guerra y terror, precisa que los poderes del Estado y los gobiernos estén alineados con el fascismo para garantizar la explotación y miseria del proletariado. No obstante, es un deber de los comunistas el lograr la unidad de la vanguardia, dar la batalla ideológica, al tiempo que paralelamente se une a la clase obrera en una práctica cuyo objetivo sea derrocar al capitalismo y despojar a los burgueses de absolutamente todo, reprimiendo a dicha clase hasta su más absoluta liquidación por medio de la dictadura del proletariado.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Madrid, 15 de febrero de 2023

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)