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Aproximación a la Historia del Conflicto árabe-israelí

    1. El Sionismo

    1.1. El Acuerdo Sykes-Picot

    1. El Mandato Británico sobre Palestina
    2. La Segunda Guerra Mundial y la creación del Estado de Israel

    3.1. Plan de Partición Territorial

    1. El conflicto durante la Guerra Fría

    4.1. La guerra de los Seis Días

    4.2. La Intifada

    1. Conclusiones

    Referencias y bibliografía

    1. El Sionismo

    Hoy día el sionismo continúa teniendo absoluto poder político, judicial y militar en el criminal Estado de Israel, trabajando sin descanso por alcanzar sus dos objetivos principales: crear un Estado exclusivamente judío – con el correspondiente apartheid de la población árabe-palestina – y cuyo territorio sea el que el Antiguo Testamente adjudica al pueblo hebreo. A causa de esto el pueblo palestino tiene la trágica particularidad de ser la sociedad más expoliada desde el final de la I Guerra Mundial.

    El sionismo comenzó siendo un movimiento ligado fuertemente al nacionalismo a finales del siglo XIX (el primer Congreso Sionista se celebró en Basilea en 1897), que reclamaba la creación de un Estado judío en Palestina por medio de un “hogar nacional en Palestina”. A principios del sigo XX, el movimiento sionista buscó tejer relaciones con las principales potencias europeas, como fue el caso de Gran Bretaña. “El lema un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo negaba la existencia de la población originaria palestina que habitaba en esas tierras desde hacía cientos de años”. Por supuesto, los líderes sionistas eran plenamente conocedores de la realidad demográfica del territorio que ansiaban. Por ello, se esforzaron por realizar una emigración judía masiva a Palestina, estableciéndose, además, en zonas con gran valor estratégico.

    La ideología sionista, su movimiento, es el reflejo de los intereses de clase; en concreto, de los intereses de la pequeña-burguesía judía que se vio asfixiada en un momento en el que la configuración del capitalismo provocaba que la existencia de sociedades precapitalistas como Pueblo-Clase fuera una contradicción. Con el desarrollo del capitalismo, la única alternativa era la asimilación en las potencias capitalistas europeas. En Europa Occidental se creó rápidamente una burguesía “judía”, en contraposición con lo sucedido en Europa Oriental donde la asimilación fue más lenta a causa del proceso del desarrollo capitalista, también más lento, en esa zona.

    Con esto, el pueblo judío había perdido su cohesión, siendo marginales en las sociedades orientales, donde la gran mayoría trabajaba la artesanía y el pequeño comercio. En ese contexto, se realizó el Congreso Fundacional de la Organización Sionista (1897), donde Teodoro Herzl dio fuerza al propósito de crear un hogar nacional judío. Sin embargo, el sionismo tenía otro problema, la posibilidad de que el marxismo, y la existencia de revolucionarios de origen judío – como Rosa Luxemburgo – pudieran atraer hacia sí a las masas judías mediante el movimiento bundista. A partir de entonces, el sionismo buscará una ligazón con el imperialismo inglés, que tendrá su reflejo más inmediato en la Declaración Balfour, que veremos más adelante.

    1.1. El Acuerdo Sykes-Picot

    Con la derrota del Imperio Otomano en la I Guerra Mundial (1914 – 1918) y su posterior disolución, se produjo, por un lado, el renacimiento de los nacionalismos panárabes en la zona de Próximo Oriente. Por otro lado, esto alentó también las ansias intervencionistas de Reino Unido y Francia que, por medio del sistema de mandatos de la Sociedad de Naciones, controlaron los territorios de Palestina, Irak y Jordania (por aquel entonces Transjordania) en el caso británico, y Siria y el Líbano en el caso francés. El reparto de los territorios anteriormente otomanos en Oriente Medio se realizó por medio del acuerdo secreto de Sykes-Picot (1916), llamado así por ser elaborado por sir Mark Sykes, noble inglés, y François Georges-Picot, diplomático francés:

    “El cuerdo de Sykes-Picot era secreto y solo sería conocido por los árabes a finales de 1917 cuando fue encontrado por los bolcheviques en los documentos del zar y liberado por ellos. Los británicos consideraban a los franceses como sus principales rivales para la ocupación del territorio otomano en el Oriente Próximo.” (Sánchez, 2017, p. 10)

    El final de la era otomana cerró un extenso capítulo de la vida político-social de Palestina, pero abrió un nuevo capítulo que hoy en día sigue abierto.

    2. El Mandato Británico sobre Palestina

    Fue a finales del siglo XIX cuando aumentaron de forma imparable las aspiraciones de independencia por parte de los palestinos hacia el Imperio Otomano. Tras su derrota en la guerra e inevitable colapso, las aspiraciones palestinas fueron negadas por Gran Bretaña, que impidió la creación de un Estado palestino independiente y, al contrario, se esforzó por crear un “hogar nacional judío”. Censos de 1914 muestran como la población palestina era de, aproximadamente, 683.000 personas y la población judía de, aproximadamente, 60.000, es decir, un 9%.

    La doble necesidad de combatir la inmediata creación del Estado de Israel, junto a las ansias colonialistas británicas que negaban la identidad nacional palestina, dio un nuevo impulso y consolidó la identidad nacional palestina, cuyas prioridades giraron en torno a la defensa de la tierra, el retorno de los refugiados y la lucha contra el sionismo. A partir de este punto, el conflicto se universalizó.

    En noviembre de 1917, mediante una carta firmada por Arthur James Balfour, Secretario de Relaciones Exteriores británico, conocida como Declaración Balfour [1], el Reino Unido se declararía favorable a la creación de un “hogar nacional judío” en lo que hasta entonces era el Mandato Británico de Palestina.  La carta, entre otras cosas, señalaba: “El gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina y hará todo lo posible para alcanzar este objetivo. Nada de esto debe ir en perjuicio de los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”. Diversas potencias, como Francia y los EE. UU., respaldaron esta decisión.

    El pueblo palestino realizó en 1919 el I Congreso Nacional Palestino en Jerusalén, al objeto de oponerse a la Declaración Balfour y reclamar la independencia. Independencia que, por otra parte, había sido prometida por los británicos. Durante el año siguiente los palestinos realizaron seis meses de huelgas y movilizaciones a causa de las usurpaciones de tierra y la inmigración ilegal judía, cuyo fin era justificar las aspiraciones territoriales. La región de Palestina fue el lugar seleccionado para la instalación del Estado hebreo bajo la justificación bíblica de que esas tierras constituían Sion o Tierra de Israel, donde el pueblo israelí había estado asentado por milenios. No obstante, para el siglo XIX su presencia en la región era prácticamente nula.

    En abril de 1920 se celebra la Conferencia de San Remo (Italia), la cual garantiza el Mandato Británico sobre Palestina.

    En 1921, Winston Churchill fue nombrado Secretario de Estado para las Colonias, siendo la resolución de la cuestión palestina una de sus principales tareas. Así, en junio de 1922 se elaboró el conocido Libro Blanco de Churchill, cuyo fin era la creación de un Estado binacional entre árabes y judíos, fomentando la continuación de la inmigración judía.

    Es en el año 1935 cuando comenzaría la rebelión del pueblo palestino contra la ocupación inglesa, realizando una huelga de seis meses en 1936 que se extendió hasta el año 1939. Durante ese período, el ejérito británico se sirvió del ejército sionista Haganah para detener los intentos de insurreción.

    3. La Segunda Guerra Mundial y la creación del Estado de Israel

    El ascenso del fascismo en Europa, teniendo una importancia crucial el III Reich por su carácter antisemita, provocó que cada vez más judíos gastasen dinero para entrar en el Mandato Británico de Palestina y hacerse con multitud de territorios, “lo cual comenzó a crear una enorme tensión entre árabes y judíos que se vio cristalizada en la creación de la Hagana (que más tarde derivaría en las fuerzas armadas israelíes), el Stern (de carácter anticolonial) y el Irgún.” [2]

    En 1939, se promulgó un nuevo Libro Blanco, que no fue del agrado de los sionistas ya que uno de sus elementos clave era la creación de un Estado independiente de Palestina en un período de 10 años. Así mismo, renunciaba a la Declaración Balfour y limitaba la inmigración judía y la venta de tierras; la inmigración judía hacia Palestina quedó restringida a un máximo de 75.000 personas en los próximos cinco años (para ser posteriormente detenida a decisión de la población árabe) y se restringía la compra de nuevas tierras a los judíos. Esta resolución fue rechazada por los sionistas, quienes organizaron milicias, como fue el caso de la organización terrorista Irgún – Organización Militar Nacional en la Tierra de Israel –. Además, buscarían el apoyo internacional de las potencias mundial. Apoyo que terminaron encontrando en los Estados Unidos con los presidentes Franklin D. Roosevelt y Harry S. Truman.

    La limitación a la inmigración y hacia la compraventa de tierras llegó en un momento en el que la expansión nazi en Europa hacía imposible la vida de los judíos. Por ello, comenzaron a realizarse operaciones clandestinas de inmigración ilegal junto a la formación de organizaciones paramilitares. Los sionistas salieron de esto más fortalecidos que los palestinos, que contemplaban como las promesas británicas, al igual que ocurrió en 1916, caían en saco roto. Los sionistas salieron fortalecidos en tanto que comprendieron que la solución al conflicto se desarrollaría por los cauces militares y no mediante negociaciones.

    Durante la década de 1930, pese a los problemas, se fundaron asentamientos judíos de enrome tamaño a la par que desarrollaron importantes empresas de carácter agrícola e industrial. Durante esta década la comunidad judía se triplicó, especialmente al huir de las persecuciones nazis en Europa, llegando a la cifra de 250.000 judíos en Palestina.

    Tras el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el proceso que llevaba décadas sucediéndose en Oriente Próximo se aceleró por tres motivos: el entusiasta apoyo de la URSS a la creación del Estado de Israel – que buscaba ejercer su control político en la zona –; la implicación directa de EE. UU. en el proceso; y las fuerzas ejercidas entre los propios pueblos de Próximo Oriente.

    Hacia 1940, en un marco en el que el sionismo se distanciaba del imperialismo inglés, comenzó a popularizarse la idea de hablar del sionismo como un movimiento nacional judío, relacionado directamente con el problema de la emancipación de un pueblo oprimido. El sionismo se sirvió aquí de los movimientos nacionalistas que florecían en Asia, África y América Latina. No obstante, su rumbo fue totalmente contrario a los desarrollos nacionales de la época. Los procesos que vivieron países como la India tenían el claro objetivo de liberarse de la dependencia colonial, mientras que el sionismo significó la alianza con las potencias capitalistas coloniales.

    Como hemos podido comprobar, la creación del Estado de Israel es un hecho totalmente determinante a la hora de configurar la historia del último siglo en el Oriente Próximo. Tras finalizar el Mandato británico se comprobó la incapacidad de dividir el territorio palestino en una zona judía y otra árabe. Así, el Estado de Israel se fortaleció con la guerra y el apoyo internacional de las potencias occidentales, como fue el caso de ingleses, franceses y estadounidenses. Sin embargo, será a partir del Plan de Partición Territorial y las guerras a finales de la década de 1960 cuando comience una extensión como nunca antes vista de los sionistas hacia los territorios de Palestina.

    3.1. Plan de Partición Territorial

    Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los horrores del holocausto y la necesidad de asilo de miles de judíos provocaron una nueva oleada emigratoria a Palestina. Los conflictos dentro del mandato británico se fueron sucediendo; se produjo el asesinato del representante británico del Mandato y, en 1946, una explosión del hotel Rey David en Jerusalén – llevado a cabo por Irgún – acabó con la muerte de 100 personas. Este contexto llevó a que Reino Unido renunciara a su dominio y otorgara la potestad de decidir a la Asamblea General de la ONU, que ofreció un Plan de Partición territorial a través de la Resolución 181 (II) (29 de noviembre de 1947) [3]. Esta resolución terminaba definitivamente con el Mandato Británico sobre Palestina y obligaba a las fuerzas armadas británica a retirarse del territorio antes de agosto de 1948. Tras esto, comenzarían a existir en Palestina dos Estados independientes; uno árabe (43% del territorio) y otro judío (56% del territorio), con un régimen especial para la ciudad de Jerusalén (1% restante del territorio), que fue constituida como corpus separatum bajo un régimen internacional especial y administrada por las Naciones Unidas. Los palestinos, que constituían el 70% del total poblacional y tenían el 92% del territorio, fueron recluidos en el 43%. El resto fue entregado a los judíos, que representaban el 30% de la población y poseían el 8% de tierras restantes.

    Tras la aplicación de esta resolución vino la proclamación del Estado de Israel. “Israel ha sido la cuna del pueblo judío. Aquí se ha forjado su personalidad espiritual, religiosa y nacional. Aquí ha vivido como pueblo libre y soberano; aquí ha creado una cultura con valores nacionales y universales”. Con estas palabras, el 14 de mayo de 1948, el líder sionista David Ben Gurión proclamó unilateralmente la independencia del Estado de Israel.

    Paralelamente, comenzó a forjarse en Oriente Medio la unión de varios países árabes – Egipto, Irak, Jordania (Transjordania), Líbano, Arabia Saudí, Siria y Yemen del Norte – fue la denominada Liga Árabe. Semanas después, se añadieron Libia, Marruecos, Sudán Kuwait, Argelia y Túnez, a fin de garantizar políticas comunes beneficiosas y tomar acción contra lo que consideraban un enemigo común: el reciente Estado de Israel, puesto que su creación fue considerada como una agresión hacia el pueblo árabe en su totalidad.

    Esto derivó inmediatamente en una guerra entre el ejército israelí y los árabes de Egipto, Líbano, Siria, Irak, Transjordania, Arabia Saudí y Yemen, conocida como la primera guerra árabe-israelí (1948-1949), que concluyó con la victoria de Israel y la expulsión de los palestinos del territorio. El nuevo Estado se asentó y nació así el conflicto de Oriente Medio.

    Más 700.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares, se vieron obligados a huir a países vecinos – especialmente Líbano, Siria y Jordania – y tuvieron que instalarse en campos de refugiados. Sólo 150.000 palestinos permanecieron en sus tierras, convirtiéndose en minoría dentro del Estado judío. Incluso la propia terminología nos muestra como esta guerra era concebida de diferente forma por unos y otros; los israelíes la denominaron guerra de independencia, los palestinos utilizaron el término nakba, que significa “catástrofe” en árabe, ya que supuso la renuncia completa al estado independiente prometido por Gran Bretaña y la ONU.

    “Las investigaciones realizadas por historiadores israelíes y palestinos han mostrado que, en muchos casos, la salida fue alentada, cuando no planificada, por diferentes unidades militares judías (tanto los grupos Irgun y Stern como las tropas regulares de la Haganah). La implantación del proyecto sionista requería necesariamente el empleo de la fuerza para expulsar a la mayor parte de la población nativa, habida cuenta de que el Estado naciente fue concebido exclusivamente como un Estado judío.” (Álvarez-Ossorio, 2003, p. 3)

    Una vez terminada la guerra será cuando intervenga la Asamblea General a través de su Resolución 194 (III), Informe sobre el progreso de las gestiones del Mediador de las Naciones Unidas [4], que estableció una Comisión de conciliación compuesta por Francia, Turquía y EE. UU. encargada del desarrollo económico del territorio, así como de la repatriación y reinstalación de los refugiados palestinos. Esta resolución, en teoría, reclama la compensación hacia los refugiados palestinos por las pérdidas ocasionadas por la guerra. No obstante, el Estado de Israel siempre se ha negado a reconocer y aplicar esta y otras resoluciones.

    4. El conflicto durante la Guerra Fría

    Oriente Próximo se incorpora por méritos propios en las dinámicas de la Guerra Fría; su importancia radicaba en que era la principal área en cuanto a reservas globales de petróleo, de vital importancia hasta 1973, lo cual no podía sino incentivar la influencia de las dos superpotencias de la época: Estados Unidos y la Unión Soviética.

    La cooperación soviética con los países de la región se da en 1956, cuando se pronunció en defensa de Egipto y le proporcionó ayuda política-militar-económica ante los ataques por parte de Gran Bretaña, Francia e Israel en la Guerra de Suez. Nos encontramos en un periodo en el que el anticolonialismo de la Unión Soviética incrementaba su importancia y presencia en la región, cosechando las simpatías de amplias masas que, por aquel entonces, se entusiasmaban ante el desarrollo independiente y exitoso de la potencia socialista, por lo que algunos líderes vieron en el Estado obrero la posibilidad de cooperar económica y militarmente.

    4.1. La guerra de los Seis Días

    Mientras tanto, la Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (UNEF) ocupaba territorios a fin de “mantener la paz en la región”:

    “Las tensiones en las fronteras fueron aumentando en los años siguientes con la intervención de la aviación, carros de combate y guerrillas. En 1966 Egipto y Siria realizaron una alianza militar contando con el apoyo de la Unión Soviética. Iniciado 1967, los problemas fronterizos eran diarios.” (Bacchiega, 2017, p. 2)

    Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto, tomó la decisión de expulsar a la UNEF de su territorio, utilizando para ello soldados egipcios y palestinos que se movilizaron sobre la frontera con Israel. Además, bloqueó el paso a los buques de bandera israelí por los estrechos de Tirán con la cooperación de Irak y Jordania. El Estado de Israel consideró esto como una ofensiva y movilizó sus tropas. Llegados a este punto la guerra era inevitable.

    Entre los días 5 y 10 de junio de 1967, el conflicto árabe-israelí y la geopolítica de Medio Oriente cambiaron radicalmente. En esta breve batalla, el Estado de Israel se enfrentó y venció a Egipto, Irak, Jordania y Siria. Tras el bombardeo israelí durante la madrugada del 5 de junio – conocida como Operación Foco –, una enorme parte de la aviación egipcia quedó completamente destruida. Los enfrentamientos en tierra se dieron en diferentes frentes, destacando la batalla en la península del Sinaí que luego se trasladó hacia zonas de Jordania y Siria. La superioridad militar de Israel quedó patente e Irak no tuvo tiempo de llegar a intervenir.

    Israel provechó esta situación para seguir con su labor imperialista, ocupando territorios de los estados derrotados como la península del Sinaí, la Franja de Gaza, Cisjordania, la ciudad de Jerusalén y los Altos del Golán. Tras esto, la Unión Soviética rompió todo tipo de relaciones de Israel por la ocupación de los territorios anexionados en la guerra. También reaccionaría el pueblo palestino, que creó grupos armados como el Frente Popular para la Liberación de Palestina. La derrota de los ejércitos árabes marcaba el camino hacia la defensa mediante la lucha guerrillera. La incapacidad de la Unión Soviética para prevenir el enfrentamiento fue uno de los mayores fracasos geopolíticos de la época. La posición de los EE. UU., claramente a favor de Israel, dejó a los árabes en una posición de enorme debilidad. No obstante, “el equilibrio de las fuerzas mundiales permitió a los árabes sobrevivir y recobrarse del sorprendente golpe.” [5]

    4.2. La Intifada

    La historia reciente de Palestina no se entiende sin la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), donde se integraron los grupos armados tras la derrota árabe en 1967. Tras los problemas con Jordania en la década de 1970, la OLP viró su estrategia hacia el reconocimiento diplomático. En octubre de 1974, La OLP fue admitida como observadora por parte de la Asamblea Nacional de la ONU. Un año después, en noviembre de 1975, la Asamblea General estableció el sionismo como una forma de racismo y discriminación racial.

    Durante la década de los ochenta, los israelíes trataron de destruir toda estructura de la OLP, y en especial su contingente militar. Para ello, en julio de 1982 fuerzas israelíes invadieron Líbano tratando de capturar dirigentes de la organización. La masacre ocurrida en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila aumentó la simpatía internacional hacia el pueblo palestino y aumentó las denuncias contra los crímenes que estaban sufriendo. La invasión del territorio libanés provocó la aparición de grupos pacifistas que reclamaban el diálogo de ambas partes, solución que, como bien se ha comprobado, es inoperante.

    En 1987 los asesinatos de jóvenes palestinos a manos de patrullas militares israelíes llevaron a la realización de huelgas generales, protestas de la población civil y nuevas confrontaciones. Comenzó así la lucha de resistencia popular del pueblo palestino, iniciada en Gaza y Cisjordania a finales de ese mismo año, conocida como la Intifada o rebelión de las piedras, cuyo objetivo único era poner fin a la ocupación militar israelí.

     

    “Como resultado de la guerra de 1967 Israel conquistó lo que quedaba de la Palestina histórica (Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén Este) desplazando a 350.000 palestinos. Los que quedaron, alrededor de un millón, son los padres de una generación de la Intifada. A partir del control de estos dos territorios palestinos, Israel impuso por la fuerza militar un sistema colonial que se caracterizó por un control político, estrangulación económica y represión ideológica cultural, con el objetivo de suprimir la identidad nacional palestina e impedir el desarrollo de una sociedad civil palestina que condujera a la formación de un Estado palestino independiente.” (Musalem, 2000, pp. 289-290)

    La rebelión de la Intifada tiene especial importancia por ser el primer movimiento de amplias masas poblacionales de larga duración y políticamente bien organizado, adquiriendo las características propias de una guerra por la independencia que acabó por absorber a todos los sectores sociales. Un movimiento de resistencia que antepone la lucha nacionalista a las reivindicaciones de clase, pero cuyo instrumento de organización básica fueron los comités populares locales. Por supuesto, el coste de oponerse al Estado criminal de Israel ha sido enorme.

    “Como respuesta a la Intifada, Israel intensificó las políticas represivas que habían caracterizado a las dos décadas de ocupación: expulsión masiva de palestinos, confiscación de bienes, demolición de casas y destrucción de árboles; asimismo, el cierre de colegios y universidades por largos períodos de tiempo, afectando profundamente el sistema escolar y la educación superior.” (Musalem, 2000, p. 291)

    Además de todo lo mencionado, otra herramienta para combatir la desobediencia civil fue un enorme aumento de los impuestos, provocando la pauperización de los ciudadanos palestinos que vivían en las ciudades y el campo. A lo que hay que sumar los miles de muertos, heridos, lisiados, torturados – física y psicológicamente – y detenidos. A comienzos de la década de los noventa la imparable represión mermó considerablemente las fuerzas de la resistencia popular y la Intifada comenzó a perder ímpetu, a lo que se suma las consecuencias de la guerra del Golfo (que aumentaron las dificultades económicas de los palestinos) y la crisis interna de la organización (motivada por la deportación de la mayoría de los líderes del movimiento). Sin embargo, la resistencia popular sirvió para que Israel y la OLP, en septiembre de 1993, firmasen los acuerdos de Oslo, creando grandes expectativas internacionales de cara a alcanzar la paz. Sin embargo, como sabemos, la promesa israelí de desmilitarizar los territorios de Gaza y Cisjordania en un plazo de cuatro meses se incumplió.

    5. Conclusiones

    Hoy día el proceso de ocupación militar del territorio palestino, la colonización y el apartheid a su población se ha acelerado. La mayor parte del territorio de Palestina sigue bajo ocupación del Estado de Israel y la transformación demográfica y religiosa del terreno, en especial de Jerusalén, tiene como único fin reclamar toda la potestad territorial para constituir un Estado judío indivisible. Todo esto violando las resoluciones de las Naciones Unidas y con un absoluto desprecio por la vida humana.

    Tampoco han sido capaces ni los acuerdos de paz ni ninguna de las potencias capitalistas occidentales de resolver el problema de los millones de refugiados palestinos, a quienes Israel arrebató sus tierras y casas mediante la guerra, y ahora niega toda reparación o retorno. La mayor parte de Palestina, así como los recursos del país, ya están bajo las garras del sionismo, que no dudará en anexionarse todo lo posible de cara a que el derecho de autodeterminación palestino tenga cada vez menos fuerza y apoyos.

    El conflicto árabe-israelí es un auténtico borrado del pueblo palestino. Incluso en los momentos en los que las organizaciones palestinas y los organismos internacionales establecían momentos o procesos de paz, ello no impidió que se continuara con la ocupación militar, el deterioro general de la vida de los palestinos y la represión a todos los niveles posibles.

    La resistencia del pueblo palestino nos da una valiosa lección; la lucha por la libertad e independencia solo son posibles mediante la rebelión popular.

     

    SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

     

     

    Referencias

    [1] Corbin, J. (2017). La Declaración Balfour: las 67 palabra que hace 100 años cambiaron la historia de Medio Oriente y dieron pie a la creación del Estado de Israel: BBC. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41824831

    [2] Mateos, J. (2019). Palestina e Israel: un conflicto centenario: Círculo de Análisis EuroMediterráneo. Recuperado de http://circuloeuromediterraneo.org/conflicto-palestina-israel/

    [3] Resolución 181 (II) aprobada sobre la base del informe de la Comisión Ad Hoc encargada de estudiar la cuestión de Palestina. Recuperado de http://undocs.org/es/A/RES/181(II)

    [4] Resolución 194 (III) Palestina – Informe sobre el progreso de las gestiones del Mediador de las Naciones Unidas. Recuperado de http://undocs.org/es/A/RES/194%20(III)

    [5] Agwani, M. S. (1970). El conflicto árabe-israelí la dimensión política. Foro Internacional Vol. 10, N.º 4 (40), pp. 382-391.

    Bibliografía

    • Álvarez-Ossorio, I. (2003). Claves sobre el conflicto palestino-israelí. Cuadernos Bakeaz, n. º58.
    • Bacchiega, J. (2017). La guerra de los Seis Días. Medio siglo después (1967-2017). Instituto de Relaciones Internacionales.
    • Musalem, D. (2000), La Intifada: lucha de resistencia popular palestina. En Susana B. C. Devalle (2000). Poder y cultura de la violencia, pp. 289-300: El Colegio de México.
    • Sánchez, E. (2017). Sobre las raíces del problema siria: parte III, la influencia de los actores geopolíticos globales y regionales con intereses en la zona. Instituto Español de Estudios Estratégicos.
    • Sorby, K. (2001). Great Powers and the Middle East after World War II (1945-1955). Asian and African studies 70, pp. 56-79.



Geopolítica del gas: La tensión entre Turquía y la Unión Europea

El último conflicto de la Unión Europea, en esta ocasión un enfrentamiento interburgués, se vive en la zona del Mediterráneo oriental. Concretamente, en aguas territoriales de Chipre reclamadas por Turquía.

El precedente más inmediato de esta problemática lo encontramos en 2009, cuando Israel descubrió enormes yacimientos de gas en su zona económica exclusiva (ZEE), seguido por otros similares por parte de Egipto y Chipre, lo que llevó a las alteraciones de las relaciones de poder entre los Estados de la región, introduciendo el gas como un nuevo factor de enfrentamiento en las relaciones geopolíticas de la cuenca del Mediterráneo oriental.

Ahora esta zona es el escenario de nuevas tensiones a causa del acceso a importantes yacimientos de gas descubiertos en sus aguas. Turquía ha llevado a cabo prospecciones en búsqueda de reservas de gas, las cuales son un factor importante para su desarrollo económico ya que el país no posee gas nacional. Por su parte, la UE considera ilegales estas exploraciones turcas de hidrocarburos, apelando al derecho internacional. Así, Francia, en representación de los intereses de la UE, decidió sacar músculo frente a Turquía realizando maniobras militares conjuntas con Italia, Grecia y Chipre en la zona. Estas maniobras conjuntas duraron hasta el viernes y Francia participó con una fragata, tres aviones de caza Rafale y un helicóptero.

Por tanto, nos encontramos con decenas de miles de kilómetros cuadrados de zona marítima rica en recursos gasísticos que ha provocado un enfrentamiento y debate en cuanto a las fronteras marítimas.  Estimaciones de 2010 determinaron que la zona podría contener más de 3,5 TCM de gas natural [1], lo que podría convertir al país que lo poseyera, de facto, en uno de los mayores exportadores del mundo.

En este sentido, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM) determina en su art. 59 que el conflicto “debería ser resuelto sobre una base de equidad y a la luz de todas las circunstancias pertinentes” [2]. Las visiones de Turquía por un lado y las de Grecia y Chipre por otro se presentan, por el momento, como irreconciliables.

Un punto especialmente conflictivo en esta tensión es la pequeña isla griega Kastelórizo, que se encuentra a apenas 2km. de la costa turca, y en donde las posibilidades de realizar descubrimientos de hidrocarburos en fondos marinos son enormes. En cualquier caso, ni la declaración de Chipre de su ZEE en 2004, así como los acuerdos bilaterales que realizó con países como Egipto, Líbano, Israel y Grecia sobre este conflicto han sido reconocidos por Turquía.

Durante la última década, Turquía ha sufrido una involución gradual de su sistema democrático-parlamentario. Paralelamente, ha ido creciendo e institucionalizándose un nuevo régimen fascista bajo el mando de Recep Tayyip Erdoğan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), caracterizado por el terrorismo de Estado y la violencia a todos los niveles contra el conjunto de la clase obrera. Por parte de Erdoğan, este enfrentamiento con la UE se entiende dentro de una estrategia propagandística de cara a ganar apoyos impulsando el sentimiento nacionalista turco, una estrategia electoral emprendida tras la pérdida de apoyo tras las elecciones generales de 2018 y las elecciones municipales de 2019.

Aun estando en una fase embrionaria, el descubrimiento de hidrocarburos y la explotación de los yacimientos está provocando la constitución de dos grandes alineamientos: un primer grupo, liderado por la UE, que busca la cooperación con Grecia, Chipre, Israel y Egipto para rentabilizar esos recursos, y un segundo alineamiento constituido por Turquía y la República Turca del Norte de Chipre (república solo reconocida internacionalmente por la propia Turquía). Además, cabría esperarse la implicación de Rusia y sus empresas energéticas de cara a mantener su estatus como exportador de gas a Europa, lo que posiblemente se traduzca en un apoyo táctico a Turquía y en una militarización creciente del espacio del Mediterráneo Oriental.

Con todo y con eso, los comunistas observamos como la UE está cumpliendo a la perfección su labor: la distribución de la riqueza y de los recursos naturales a favor de sus monopolios y el imperialismo, llegando para ello al enfrentamiento con Estados tan serviles y reaccionarios como Turquía de ser preciso.

El capitalismo es un obstáculo para el desarrollo de la humanidad, un peligro para la vida en el planeta y para todos los pueblos del mundo. El imperialismo sólo se puede sostener mediante la violencia y la guerra, llevando a la miseria a las amplias masas de trabajadores. En el Mediterráneo, como en todo el planeta, la burguesía libra sin cesar una lucha criminal por el mercado y los recursos entre las potencias imperialistas clásicas – EE. UU., Francia, Alemania, Reino Unido – y las nuevas potencias imperialistas – Rusia y China –, defendiendo los intereses de sus respectivos monopolios y dejando la miseria para la clase obrera.

Por ello, desde el Partido Comunista Obrero Español hacemos un llamamiento a la clase obrera internacional para defender y garantizar el internacionalismo proletario, y llevar a cabo la imprescindible tarea de la revolución proletaria mundial. Así mismo, es una necesidad la conformación de un nuevo Movimiento Comunista Internacional resultado de la unión de los distintos Partidos Comunistas de los diferentes países para desarrollar una lucha sin cuartel contra el imperialismo en general, y contra el imperialismo asesino de la Unión Europea y la OTAN en particular.

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

 

Referencias

[1] «Assessment of Undiscovered Oil and Gas Resources of the Levant Basin Province, Eastern Mediterranean». United States Geological Survey (USGS), disponible en https://pubs.usgs.gov/fs/2010/3014/pdf/FS10-3014.pdf

[2] Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Artículo 59: Base para la solución de conflictos relativos a la atribución de derechos y jurisdicción en la zona económica exclusiva. Instrumento de ratificación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, Montego Bay, 10 de diciembre de 1982, disponible en https://www.un.org/depts/los/convention_agreements/texts/unclos/convemar_es.pdf




Jacob Blake, una nueva víctima del fascismo norteamericano

La policía siempre usa la misma táctica, te golpean en la cabeza con su porra y si te das la vuelta y les respondes, te acusan de atacarlos.” – Malcolm X

 

El pasado domingo, en la ciudad de Kenosha (Wisconsin), sucedió el último de una larga lista de crímenes racistas protagonizados por la policía estadounidense. En esta ocasión, Jacob Blake, de 29 años, fue brutalmente reprimido por el agente Rusten Sheskey, de 31 años y policía de Kenosha desde hace siete, que no dudó ni por un instante en dispararle por la espalda hasta en siete ocasiones cuando el joven accedía a su vehículo, donde se encontraban tres de sus hijos, que tuvieron que contemplar tan horrible suceso.

Al igual que el asesinato de George Floyd fue el detonante que sirvió para que el pueblo norteamericano saliera a la calle, oponiéndose a la naturaleza racista y criminal del Estado, este episodio ha provocado el estallido de las protestas en la ciudad de Kenosha durante los últimos cuatro días. Nuevamente, EE.UU. ha aprovechado para mostrar su faceta más reaccionaria y fascista, emitiendo una declaración de toque de queda de emergencia y movilizando a decenas de efectivos con el único fin de redoblar la represión. Desde que dieron comienzo las protestas del ‘Black Lives Matter’, el gasto en equipos antidisturbios ha aumentado un 114%. En esta ocasión, los agentes utilizaron gases lacrimógenos como el gas pimienta para dispersar a los manifestantes e incluso se aliaron con milicias fascistas como el adolescente de 17 años Kyle Rittenhouse, que acabaría matando a dos personas y que no supuso ningún problema para los agentes pese a violar el toque de queda y estar armado.

Ante esta situación extrema los comunistas no podemos quedarnos al margen. Todo lo contrario, nuestra misión no puede ser otra que acumular fuerzas y avanzar hacia la unidad de los comunistas, desarrollar un programa revolucionario y hacer avanzar a la clase obrera en su lucha contra el sistema capitalista, pues la única salida posible es derrocar al capitalismo mediante la revolución proletaria, dirigida por el Partido leninista.

Finalmente, queremos expresar nuestro mayor pésame a quienes dan su vida heroicamente en su lucha por los derechos de la clase obrera de Estados Unidos y los animamos a que no cedan un ápice en su lucha, que no cesen las protestas y que se redoblen los esfuerzos para avanzar hacia la toma revolucionaria del poder.

 

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Por la Revolución Socialista!

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Bielorrusia: En el punto de mira del imperialismo

I. Bielorrusia: aproximación histórica

 

El 27 de julio de 1990, Bielorrusia proclamaba su soberanía con respecto a la Unión Soviética y al año siguiente, el 25 de agosto de 1991, declaraba oficialmente su independencia, siendo Stanislau Shushkevich designado presidente. El desmantelamiento de la Unión Soviética, ya en su fase social-imperialista, tuvo su culminación con la reunión que celebraron en diciembre de 1991 Boris Yeltsin junto a los presidentes de Ucrania – Leonid Kravchuk – y Bielorrusia – Stanislau Shushkevich –, conocido como el Acuerdo de Belavezha.

Fue en las elecciones presidenciales de 1994 donde Alexander Lukashenko, cuya política exterior buscaba un acercamiento con Rusia en detrimento de Occidente, fue elegido presidente. Desde entonces, muchas son las metáforas que se usan para hablar o calificar la etapa histórica que atraviesa Bielorrusia desde 1994 hasta la actualidad, siendo “la última dictadura de Europa” la preferida este año por los medios al servicio del imperialismo estadounidense y europeo para socavar la soberanía del país; para exportar su “libertad” y su “democracia” a dicho país.

La posición geopolítica de Bielorrusia es interesante; de espaldas a Europa y con tendencias prorrusas. Un territorio que la Unión Europea ansía tener en la palma de su mano y cuya presión se realiza de forma constante tanto en materia económica como política, a la vez que se promocionan candidatos opositores favorables a Occidente, y con el fin de provocar una “revolución democrática” como la acontecida en Ucrania, resultando, como ya sabemos los comunistas, en una fascistificación del país.

II. Las sanciones de la Unión Europea y las elecciones

 

Desde 1994, los diferentes resultados cosechados por Lukashenko han sido avasalladores. Del mismo modo, los enfrentamientos de Lukashenko con la UE han sido cuantiosos, pues la UE no dudó en imponer un régimen de sanciones políticas y comerciales al objeto de boicotear el país.

Ya en 1998 se prohibió a los altos cargos del gobierno bielorruso la entrada al territorio de la UE, a lo que se suma la elaboración de una lista con los nombres de los “colaboradores del régimen” que no obtendrían visados de entrada en UE; lista que se fue incrementando a lo largo del tiempo. Al no postrarse a las exigencias “democráticas” europeas, Benita Ferrero-Waldner, militante destacada del derechista Partido Popular de Austria, y que en 1999 era la encargada de las relaciones exteriores y la política de vecindad, afirmó que el sistema político bielorruso se quedaba fuera de “la familia de naciones europeas”, reforzando así la UE las sanciones hacia el país.

Fue a partir de 2004 cuando estados profundamente anticomunistas como Lituania comenzaron a ejercer presión para “democratizar” al país (entendemos democratizar por impulsar una revolución de colores que elimine a Lukashenko e imponga un gobierno servil a los EE. UU. y la UE, de clara tendencia neoliberal o fascista, con las consecuentes políticas anticomunistas). Por ello, la estrategia de la UE se enfocó en la intensificación de contactos con los opositores y a la desviación de recursos económicos para financiarlos; en el período 2005-2006, 2 millones de euros se distribuyeron a través del Programa TACIS para “necesidades de la población y refuerzo de la democracia”.

El 23 de febrero de 2005, la delegación del Parlamento Europeo diseñó un “Plan de acción para promover la democracia en Belarús”. La propuesta de la UE estaba clara, “democratizar” el país a cambio de los innumerables beneficios que aporta la Política de Vecindad Europea (facilidades de desplazamiento, cooperación transfronteriza, rescates económicos, apoyo explícito para entrar en la Organización Mundial del Comercio, etc.), es decir, la estafa que todos los países han sufrido, orquestado por las burguesías nacionales y que, en el caso de Bielorrusia, se hubiera traducido en la privatización de las empresas nacionales, el desmantelamiento del sistema social y la reorientación geoestratégica hacia Occidente, e incluso puede que la fuerte industria basada en la exportación de maquinaria pesada hubiese sido desmantelada, al igual que se destruyó el tejido industrial español durante los gobiernos de Felipe González.

La respuesta ante el ofrecimiento europeo fue nula, lo que provocó la cólera de la “democrática” UE a través de la Posición Común 2006/276/PESC[1], que aumentaría las medidas restrictivas hacia Lukashenko y los funcionarios de la administración del país, prohibiéndoles la entrada y tránsito por el territorio de los Estados miembros, así como medidas de presión económica como la congelación de los fondos y recursos económicos cuya propiedad, control o tenencia correspondía a esas mismas personas, entidades u organismos por medio del Reglamento (CE) n.º 765/2006[2]

Ante la incapacidad para controlar el país, se desarrolló una nueva estrategia en los comicios del 19 de marzo de 2006: que la oposición concurriese de manera unida, siendo en esa ocasión el candidato Aleksander Milinkevich. Los resultados dieron la victoria a Lukashenko con un 82’3% de los votos, frente al 5’8% de los votos cosechados por el líder opositor. Desde entonces, las denuncias y acusaciones de fraude electoral fueron una constante.

De nuevo, en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2008, que significaron un desastre mayor para la oposición al no lograr ni uno de los 110 escaños de la Cámara Baja, finalizaron con acusaciones de fraude, pese a que incluso los observadores internacionales e instituciones europeas concluyeron que las fuerzas opositoras no se encontraron con trabas ni represión. Por tanto, podemos observar claramente que la intentona imperialista de conseguir un golpe de Estado en Bielorrusia es algo que se lleva orquestando desde hace más de una década y que no es algo nuevo con los resultados que se han obtenido de las elecciones presidenciales del pasado 9 de agosto, donde Lukashenko obtuvo el 80% de los votos frente a la oposición “feminista y democrática” de Svetlana Tijanóvskaya, que obtuvo poco más del 10% de los votos y que contó con la esperada promoción por parte de medios derechistas y progresistas a partes iguales[3].

Por otro lado, el apoyo a los candidatos de la oposición es cuanto menos poco creíble de ser en favor de la democracia, pues, aparte de condenar a Lukashenko, han sido países fervientemente anticomunistas como Polonia, Lituania, Ucrania o la oposición venezolana quienes han brindado especial apoyo a la oposición bielorrusa.

III. El petróleo

 

Estas ansias “democratizadoras” del imperialismo norteamericano, de la UE y los adláteres de éstos se multiplican tras el descubrimiento de dos yacimientos petrolíferos en el sureste de Bielorrusia, estimándose entre ambos yacimientos unas reservas de más de 2’5 millones de toneladas de crudo, sin descartar el descubrimiento de más yacimientos de petróleo. Sin duda, estos ingredientes, unido a los estrechos vínculos del país con Rusia, hacen que los imperialistas estadounidenses y de la UE no duden en sacar toda su parafernalia golpista, al objeto de sentar las bases para cambiar la dirección política del Estado bielorruso colocando a una marioneta reaccionaria, o abiertamente fascista, en el poder. Hemos visto que la agresión imperialista norteamericana y europea es una constante contra ese país desde hace décadas, sin embargo, la agudización de las contradicciones imperialistas y la bancarrota de la economía mundial, del capitalismo monopolista, acentúan la necesidad de las potencias imperialistas en declive, como son la UE y EE. UU., de desestabilizar dicho país exsoviético. De este modo, viendo que las sanciones, bloqueos, no arrojan el resultado apetecido por las potencias imperialistas decadentes, sacan el esquema clásico del golpismo del manual de la CIA: denuncias por doquier de fraude electoral, no reconocimiento de los resultados, presión internacional contra el país, etc.

Desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) manifestamos nuestro apoyo hacia los comunistas bielorrusos y condenamos frontalmente las injerencias imperialistas en el país. Así mismo, expresamos nuestra completa solidaridad con todos los pueblos del mundo en la defensa de su soberanía nacional y hacia el legítimo gobierno de Bielorrusia, objetivo actual de las fuerzas reaccionarias internacionales.

 

Madrid, 14 de agosto de 2020

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

Referencias

[1] Consejo de la UE, Posición Común 2006/276/PESC, de 10 de diciembre de 2006, relativa a la adopción de medidas restrictivas contra determinados funcionarios de Belarús, DO L 101, 11.4.2006, p. 5.

[2] Reglamento (CE) n.º 765/2006 del Consejo, de 18 de mayo de 2006, relativo a la adopción de medidas restrictivas contra el presidente Lukashenko y determinados funcionarios de Belarús, DO L 101, 11.4.2006, p. 5, modificado en último lugar por el Reglamento (CE) n.º 646/2008, de 8 de julio de 2008, DO L 180, 9.7.2008, p.5

[3] Bustos, Á. (9 de agosto de 2020). Tres mujeres contra “el último dictador de Europa”. Público. Recuperado en: https://www.publico.es/internacional/elecciones-bielorrusia-tres-mujeres-dictador-europa.html




El imperialismo nos ha instalado en el fascismo. Es el momento de los comunistas

La pasada semana, en la ciudad de Minneapolis, fue brutalmente asesinado por la policía George Floyd. Como consecuencia de este nuevo crimen fascista, donde la policía asesina a una persona por su condición de clase y de raza – trabajador en paro y negro – en los EEUU se ha propagado una ola de indignación, sucediéndose manifestaciones y confrontación del pueblo contra las fuerzas de represión del estado norteamericano en muchas ciudades y Estados de dicho país. La respuesta social, indignada al poder visionar por televisión el crimen, ha llevado al fascista Trump a sacar al Ejército a la calle – la Guardia Nacional – habiéndose decretado el toque de queda en diversas ciudades estadounidenses.

El asesinato de George Floyd no es más que el detonante – pues en EEUU no es noticia que la policía asesine a trabajadores afroamericanos ya que, según señala la web Mapping Police Violence, cada día asesina, al menos, a 3 personas, las cuales suelen ser trabajadores afroamericanos, donde además el 99% de los policías asesinos quedan impunes – que ha servido para que el pueblo norteamericano salga a las calles oponiéndose a la naturaleza fascista y criminal de dicho Estado, el más asesino que ha parido la historia, consternado por el asesinato de George Floyd. Sin embargo, sería un error pensar que el pueblo norteamericano se ha lanzado únicamente a la calle por este crimen, uno de los muchos que cotidianamente se perpetra en ese país corrompido y enfermo, o por la esencia racista de la policía y del Estado, sino que se traslada a la calle la situación de crisis, quiebra económica y putrefacción de EEUU. El paro roza los 40 millones de personas, que equivale al 15% de la población, las quiebras de las empresas se multiplican, el hambre afectaba en EEUU – antes de que la COVID-19 se propagase por el mundo – a 50 millones de personas de los que el 25% era niños que se iban a la cama con hambre. A día de hoy, en plena pandemia de la COVID-19, estas cifras del hambre prácticamente se han duplicado, a tenor de lo que testifican las llamadas colas del hambre ante los bancos de comida o ante las oficinas de empleo.

Antes de la COVID-19 en EEUU habían 29 millones de personas sin seguro médico, cifra que se ha incrementado y que, si incluimos a las personas que prácticamente no tienen cobertura médica alguna, esa cifra roza los 100 millones de personas sin seguro médico o con un seguro médico que prácticamente no les cubre ninguna enfermedad. Y todo ello en el momento que se da la pandemia de la COVID-19.

Este retrato de EEUU, unido al racismo y el desprecio absoluto hacia la vida humana que demuestra el Estado norteamericano, y unido a la desigualdad bestial es lo que está llevando a la gente a la protesta, a la confrontación, la cual debe crecer a la par que vayan profundizando los efectos la quiebra económica en la que se halla ese Estado asesino.

Y cuando decimos que EEUU es un Estado fascista, simplemente hay que constatar y hacer un ejercicio de observación de su política, su ideología y su historia. El aparato estatal de los EEUU es la violencia, el racismo, el chovinismo, la guerra imperialista, la opresión y el crimen exacerbado, el genocidio, el anticomunismo, etcétera. EEUU es fascista ya sea gobernado por los demócratas como por los republicanos pues, al fin y al cabo, tanto unos como otros son parásitos indeseables colocados por los monopolios estadounidenses para satisfacer los intereses de éstos a sangre y fuego.

Ante la oleada de protestas del pueblo norteamericano, como no podía ser de otra manera, la respuesta que ha dado el fascista que preside ese país, Donald Trump, no podía ser otra que la de ilegalizar a los antifascistas:

 

 

Para Trump los antifascistas son una organización terrorista. Es natural pues Trump es un fascista y sale a defender a los suyos, a los racistas, a los asesinos, a la tabla de salvación de los monopolios. Algo que por otro lado no es nuevo, puesto que EEUU a lo largo de su infame historia no ha tenido problema en financiar a la Alemania nazi, en apoyar firmemente a los regímenes fascistas del apartheid en Sudáfrica, a los regímenes fascistas de España (Franco) y Portugal (Salazar), y también de Italia (Mussolini) en un principio. Por no hablar de las dictaduras militares de corte fascista que EEUU ha ido imponiendo por América Latina – Argentina, Chile, Brasil, El Salvador, etcétera -, o en otros puntos del mundo, como por ejemplo Ucrania, así como la labor de cacique mundial que ha ejercido en las últimas siete décadas oponiéndose siempre a las revoluciones y movimientos de liberación nacional desencadenados a lo largo y ancho del planeta en los diferentes continentes del mundo.

Sin embargo, quedarnos con el rostro genocida y criminal de la potencia más asesina de la historia, los EEUU, sería un grave error. EEUU es la potencia más despiadada y criminal, pero quien es realmente asesino y responsable de que el mundo sea un infierno para la mayoría de la humanidad es el sistema económico imperante, es la burguesía monopolista, es el imperialismo.

Y es que lo que hace Trump, señalar y combatir al antifascismo, que en el fondo es combatir a quien se opone al capitalismo criminal y la superestructura reaccionaria que genera, es lo que de manera cínica lleva haciendo la no menos fascista UE desde hace décadas revisando la historia y tratando de equiparar al nazismo con el comunismo, abrazando la mentira más absoluta. Así en enero de 2006, el Consejo de Europa en su asamblea aprobó la Resolución 1481/2006 titulada “necesidad de la condena internacional de los crímenes de los regímenes totalitarios comunistas” arremetiendo contra los países de la Europa del Este, fundamentalmente contra la URSS, equiparando el nazismo con el comunismo, haciendo dicha Resolución “un llamado a todos los partidos comunistas o poscomunistas en sus estados miembros que aún no lo han hecho para reevaluar la historia del comunismo y su propio pasado, distanciarse claramente de los crímenes cometidos por regímenes comunistas totalitarios y condenarlos sin ninguna ambigüedad”. Posteriormente, el pasado 19 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo aprobó la Resolución sobre la importancia de la memoria histórica para el futuro de Europa que “condena los crímenes cometidos por los regímenes nazi y comunista a lo largo del siglo XX” en la que equiparan, nuevamente, al nazismo y al “estalinismo” demandando a todos los Estados miembros de la UE que conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo.

No le quepa duda alguna a los fascistas del Consejo de Europa, del Parlamento Europeo y de la Unión Europea que nuestro Partido reivindica la figura y la obra política tanto de Lenin como de Stalin, y que no sólo cualquier comunista, sino que cualquier trabajador que conozca mínimamente la historia, debe enorgullecerse de la Revolución de Octubre de 1917, de la lucha heroica del pueblo soviético, del Ejército Rojo y de la victoria de éste contra el fascismo, contra la Alemania nazi, la cual fue financiada por los monopolios, a los que hoy sirve la Unión Europea, y por la Reserva Federal estadounidense, entre otros. Y como comunistas en el Estado español, todavía mayor gratitud a la Unión Soviética pues prestó su ayuda a aquéllos que en el Estado español combatieron el golpismo fascista del criminal Franco y que tras vencer al fascismo en 1945 trataron de hacer que en España se restableciera la legalidad previa al golpe de Estado del criminal Franco, un régimen democrático a lo que las potencias imperialistas, fundamentalmente EEUU, se opusieron sosteniendo al criminal Franco en el poder durante 30 años.

Dimitrov nos enseñó, en su informe ante el VII Congreso de la Internacional Comunista, que “El fascismo es el poder del propio capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y la parte revolucionaria de los campesinos y de los intelectuales. El fascismo en política exterior es el chovinismo en su forma más brutal que cultiva un odio bestial contra los demás pueblos”. Sin duda, tanto los EEUU como su socio imperialista de la UE nos están dando lecciones de ello día a día, con sus criminales políticas económicas, con su criminal represión contra la clase obrera, con sus guerras de rapiña para saquear a los pueblos del mundo, con el racismo y el desprecio a la vida humana como lo acreditan los campos de exterminio de refugiados o los miles de muertos como consecuencia de los flujos migratorios por los que millones de seres humanos huyen de la barbarie de la guerra imperialista, los muros de la vergüenza y los bloqueos económicos que son auténticos actos de genocidio. Estos genocidas, vulgares fascistas, son los que tienen la desfachatez y el cinismo de sacar resoluciones como las que sacan contra el comunismo y los comunistas, contra los que somos la negación de su inmoralidad e inhumanidad.

Y es que el fascismo es revisionismo histórico que utiliza con habilidad todo tipo de engaño y demagogia, en palabras de Dimitrov “los fascistas revuelven con el hocico la historia de cada pueblo para presentarse como herederos y continuadores de todo lo que hay elevado y heroico en su pasado, y explotan todo lo que humilla y ofende a los sentimientos nacionales del pueblo como arma contra los enemigos del fascismo (…) el fascismo no solo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas, sino que especula también con los mejores sentimientos de estas, con su sentimiento de justicia, y a veces incluso con sus tradiciones revolucionarias (…)”.

Sin duda, Dimitrov calca la manera de funcionar de los fascistas de ayer y de hoy, de Trump y de la Unión Europea, como hemos podido mostrar. El analfabeto de Trump no duda en reiterar el mensaje falso de los “100 millones de muertos del comunismo” condensado en el “libro negro del comunismo”, editado por un fascista católico que compendia la propaganda fascista así como la propaganda anticomunista de la Iglesia Católica – que no olvidemos apoyó tanto a Hitler como a Mussolini y Franco. Esos son los argumentos de Trump y la UE, los argumentos de un libro que ha sido refutado por multitud de académicos y que está alejado de una análisis científico de la historia, deformándola. ¡Ahí el revisionismo histórico de los fascistas en los días que corren!

La realidad es que el imperialismo vive en días que no le corresponden, a tenor del desarrollo de las fuerzas productivas. La realidad objetiva es que el imperialismo está quebrado, obstruido y supone objetivamente un freno para el desarrollo de la humanidad, para la vida humana. Y todo ello, la inviabilidad del sistema, lo conocen perfectamente los monopolios, la oligarquía financiera, siendo plenamente consciente que solo le queda el fascismo para, como nos enseñó Dimitrov, “atajar el crecimiento de las fuerzas de la revolución mediante la destrucción del movimiento obrero revolucionario de los obreros y campesinos”, única manera para estirar el tiempo extra que está viviendo y que ya no le corresponde vivir.

Es la propia oligarquía la que reconoce que su único enemigo somos los comunistas, pues son sabedores que somos la parte más avanzada, y el alma, de la clase obrera y la única parte que es capaz de dirigir a la misma a derrocar el imperialismo y edificar el socialismo, que es la única solución que tiene la mayoría de la humanidad para poder vivir en libertad y dignidad ante el laberinto mortal al que nos está conduciendo el capitalismo monopolista. Por eso la necesidad de imponer el fascismo, como lo llevan haciendo desde hace décadas. Sin embargo, que la burguesía abrace el fascismo nos indica, también, la precariedad de su poder, los pies de barro de la burguesía monopolista que hunde sus pies en el cieno de la corrupción y con un sistema económico y social quebrado, en bancarrota. Es la constatación que estamos en la fase histórica donde lo viejo debe terminar de morir y lo nuevo, el socialismo, debe imponerse, por ello, el fascismo es la única vía que tiene el capital financiero para tratar de sostener su sistema caduco, corrompido y quebrado. La depauperación de la vida del pueblo trabajador se acrecienta a cada día que pasa, una clase obrera a la que le han arrebatado todos sus derechos y a la que únicamente le queda uno, su legítimo derecho a rebelarse contra este sistema criminal que la oprime, que la deshumaniza y la hunde en el oprobio. El socialismo es la única salida que tienen los países del mundo y el género humano , el único que puede desatorar la situación a la que nos ha conducido el imperialismo devorado por sus propias contradicciones. La historia nos ha enseñado que la clase obrera únicamente puede emanciparse armada con su ciencia revolucionaria, el marxismo-leninismo, y dirigida por su Partido, el partido leninista, que le dota de un programa revolucionario y una táctica para derrocar al capitalismo y conquistar y desarrollar el socialismo. Por ello los capitalistas arremeten contra los comunistas. Por ello, y ante la situación extrema a la que el capitalismo en su fase terminal, en su agonía, nos lleva, los comunistas debemos acumular fuerzas, debemos dotarnos de ese programa revolucionario para avanzar en la unidad de los comunistas y, poder así, tener un mayor entronque con la clase obrera y, en la lucha conjunta revolucionaria contra el sistema junto con nuestra clase, en la práctica, se avanzará en la homogenización ideológica de los comunistas conformándose el Partido único que los trabajadores necesitan para cumplir su misión histórica: acabar con el capitalismo y construir el socialismo como paso previo al comunismo.

 

¡No hay más salida que derrocar revolucionariamente el capitalismo!

¡Conquistemos la unidad de los comunistas para que los trabajadores cumplan la misión histórica que les corresponde!

¡Por la Revolución Socialista!

Madrid, 3 de junio de 2020

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El Circo del Sol al borde de la quiebra

Considerado el mayor teatro del mundo, a sus espectáculos en más de 300 ciudades de todo el planeta han acudido hasta 11 millones de personas cada año. A pesar de esa fulgurante trayectoria, por increíble que parezca, dos meses de pandemia han conseguido tumbar al Circo del Sol.

Su fundador y ex-director Guy Laliberté, convertido en 2007 en «Empresario del año» por la organización multinacional Ernst & Young, anuncia estos días en una carta abierta que la compañía, que ya ha despedido a 4.679 trabajadores (el 95% de la plantilla), tiene una deuda de 900 millones de dólares y busca inversores para rescatarlo.

El fundador había vendido años atrás casi todas las acciones a la empresa texana de capital riesgo TPG Capital (60%), el fondo de inversiones chino Fosun (20%) y a los fondos de inversión de Dubai Istithmar World y Nakheel (20%).

De nada ha servido la creatividad y la innovación de sus artistas y trabajadores y el apoyo de millones de seguidores ininterrumpidos durante más de tres décadas. Toda esa riqueza generada colectivamente con el trabajo físico e intelectual, ha sido apropiada por sus dueños y se esfuma en un suspiro como si nunca hubiera existido. Los miles de trabajadores del Cirque de Soleil quedan con una mano delante y otra detrás mientras sus dueños disfrutan del capital generado.

Bajo la propiedad privada, también de los medios de producción cultural, el fruto de todo esfuerzo colectivo por muy creativo que sea acaba convirtiéndose en capital en manos de unos amos que dictan qué podrá hacerse y qué no. Esta es una muestra de cómo el régimen económico determina la libertad en todos los ámbitos de la sociedad.

La socialización de todos los medios fundamentales de producción, el socialismo, liberará a los productores de los bienes materiales, espirituales y culturales del yugo de los dueños y les permitirá crear y producir aquello que satisfaga plenamente las necesidades materiales, espirituales y culturales de la sociedad.

 

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




EEUU difama al Gobierno de Venezuela para tapar su bancarrota económica

EEUU
 
El pasado jueves 26 de marzo, el fiscal general de EEUU William Barr, presentó acusación en los tribunales de ese país contra el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, contra el Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino y el Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, y de otros altos cargos del gobierno venezolano a los que atribuye los delitos de “conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína y tenencia de armas y otros artefactos destructivos”.

Rápidamente, el Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, al estilo mafioso y criminal que caracteriza a dicho Estado, ofreció recompensas de 15 millones de dólares por la captura del presidente venezolano y de 10 millones por la captura de otros dirigentes venezolanos.

Precisamente, esta medida la adopta el criminal gobierno norteamericano el mismo día que EEUU se sitúa a la cabeza en el mundo de casos detectados del coronavirus COVID-19; se conocía que 3,3 millones de norteamericanos solicitaron en esa semana la prestación por desempleo, una cifra desaforada no recordada por los analistas de la economía norteamericana, y el mismo día en que el Senado norteamericano aprobó una colección de medidas económicas, cuantificadas en 2 billones de dólares, para salir a rescatar a sus monopolios. Un rescate calificado por el senador republicano Mitch McConnell como “un nivel de inversión más propio de los tiempos de guerra”. Y por supuesto, la Reserva Federal seguirá haciendo dinero ficticio con el que tratará de evitar las quiebras y garantizar el crédito, tanto para las empresas como las administraciones norteamericanas.

Parece ser que el Estado, en nuestra opinión el más asesino que ha parido la historia, los EEUU, tiene que ir abonando el terreno para enjugar la bancarrota en la que se halla, que lejos de estar originada por el COVID-19, ya viene de lejos. La deuda norteamericana estaba fuera de control mucho antes de que el COVID-19 hubiera saltado a la palestra mundial, y Trump, lejos de deshacerse de la deuda pública en 8 años, como advertía en su campaña electoral, lo que ha conseguido es incrementarla en más de 4 billones de dólares durante su mandato, prometiendo romper récords en este sentido. El pasado mes de enero, una encuesta realizada por la revista Fortune señaló que el 60% de los inversionistas barajaban que este año 2020 se produciría una recesión en la economía norteamericana, recesión que los capitalistas llevan pronosticando para este año desde el año 2018. Situación económica norteamericana que empeora a la par que el precio del petróleo desciende, como consecuencia de la pugna existente entre Rusia y Arabia Saudita, que amenaza con llevarse por delante a muchas industrias norteamericanas relacionadas con el fracking, endeudadas hasta los ojos; según Moddy’s Inversors Service dicha industria tiene una deuda que superan los 200.000 millones de dólares que deben devolver en los próximos 4 años. Y es que para que EEUU pueda competir con el petróleo y el gas obtenidos a través del fracking, necesita que los precios del gas y del petróleo sean más elevados, ya que el coste extractivo del fracking es superior al de la extracción en los yacimientos petroleros y de gas de los países productores. He aquí el motivo fundamental por el que EEUU tiene necesidad de acelerar la guerra imperialista contra Venezuela.

La bancarrota estadounidense ya existente, agudizada por los efectos de la pandemia del COVID-19, obligan a EEUU no sólo a proseguir con su fraude, permitido por el resto del mundo, de darle a la máquina de generar dinero ficticio, sino también de buscar nuevos escenarios para que, mediante la guerra imperialista, pueda saquear los recursos económicos de otros pueblos, y es ahí donde debe circunscribirse esta enésima acción del gobierno norteamericano contra la República Bolivariana de Venezuela.

Y es que la acusación del gobierno norteamericano contra el Presidente venezolano y demás dirigentes y funcionarios del Estado venezolano no es más que una infamia, un acto más de indecencia que caracteriza a ese país imperialista, una canallada más de Trump y del criminal Estado al que representa. El mayor productor de cocaína en el mundo es Colombia – Estado títere de los EEUU que siendo precisos seguramente atendería mejor a la definición de narcoestado con la que pretenden etiquetar a Venezuela – que produce, según la ONU, el 70%; el resto se produce en Perú, un 20% y en Bolivia, el 10%. Dicha droga, la cocaína, llega a los EEUU a través de la ruta del pacífico oriental y del Caribe occidental, o lo que es lo mismo, desde Colombia, como perfectamente ilustra, por ejemplo, el siguiente gráfico publicado por el diario mexicano “El financiero” perteneciente al grupo norteamericano Bloomberg, cuyo dueño es el exalcalde de Nueva York y ha sido candidato en la carrera por ser el candidato Demócrata a la presidencia, demostrándose la falsedad de la acusación contra los dirigentes venezolanos:


El último episodio en la labor de desestabilización y provocación contra Venezuela por parte del gobierno norteamericano lo encontramos en cómo EEUU, como ha hecho siempre dando cobijo a los mercenarios terroristas (véase Posada Carriles), va a otorgar asilo a su mercenario golpista Cliver Alcalá Cordones, una de sus piezas junto con Juan Guaidó para desestabilizar y dar un golpe de Estado en Venezuela.

EEUU actúa con impunidad absoluta evidenciando su naturaleza criminal, su falta de respeto por la soberanía de los Estados, mostrando su rostro imperialista. El imperialismo conduce a la humanidad al abismo y a la guerra, siendo ésta la forma que tienen las potencias imperialistas para parchear sus crisis económicas. Decimos parchear porque el imperialismo se encuentra en su fase de crisis general, la cual sólo puede acabarse cuando los pueblos del mundo, el proletariado, vaya desarrollando revoluciones socialistas. Mientras el imperialismo perviva la crisis no sólo pervivirá, sino que cada día que pase será más intensa, más insostenible. De ahí que hoy más que nunca rige el siguiente dilema: O la vida en el planeta, que es apostar por el socialismo, o la muerte, que es lo que significa el imperialismo; no hay otra salida. ¡Socialismo o barbarie!

En nombre del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) enviamos nuestro internacionalismo proletario para con el pueblo venezolano y su Estado, y exigimos el fin del bloqueo y las sanciones económicas contra Venezuela. Hacemos un llamamiento al pueblo norteamericano a oponerse a su Gobierno y su Estado, que son el mayor riesgo contra la paz mundial que hoy es el mayor peligro que la humanidad debe sortear, porque es la potencia imperialista más sanguinaria y despiadada que existe sobre la faz de la tierra como lo acredita su política y su historia, siendo cruel con otros pueblos del mundo y cruel y despiadada con sus propios ciudadanos.

 

¡Abajo el imperialismo!
¡Por la paz mundial, por el Socialismo!
¡Socialismo o barbarie!

28 de marzo de 2020

F.J. Barjas
Secretario General del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Comunicado sobre la agresión imperialista de Estados Unidos contra Irán en Bagdad

Iran
 
El Partido Comunista Obrero Español (PCOE) condena firmemente el ataque ejecutado en la madrugada del 3 de enero por fuerzas militares de Estados Unidos en las inmediaciones del Aeropuerto de Bagdad, República de Irak, en la que acabaron asesinados el comandante de la Fuerza Quds de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, el mayor general Qasem Soleimani, y el comandante líder de la alianza paramilitar iraquí Fuerzas de Movilización Popular, Abu Mahdi al-Muhandis.

La operación bélica, dirigida directamente contra un jefe militar y un grupo de oficiales de alto rango de un país soberano, vulnera el Derecho Internacional y eleva las tensiones en Oriente Medio. El ataque supone un cambio cualitativo en el prolongado conflicto en la región abierto por las agresiones del imperialismo estadounidense y de su lacayo sionista Israel. El asesinato de Qasem Soleimani enciende la mecha de una guerra interimperialista de escala mayor cuyas consecuencias pagarán principalmente las clases laboriosas de los pueblos de Irán e Irak.

La agresión imperialista de Estados Unidos tiene lugar en un contexto de decadencia de su hegemonía en el mundo. El periodo de supremacía absoluta del imperialismo yankee, que se abrió con el colapso de la única superpotencia que le hacía frente, la URSS, y con el fin de la Guerra Fría, atraviesa hoy por su ocaso tras más de dos décadas de tiranía indiscutida. El auge de las nuevas potencias imperialistas de los BRICS, encabezadas por China y Rusia, disputan los intereses de Estados Unidos y el control de los recursos hidrocarburos de sus colonias de facto. La humanidad ha retornado al punto de partida, a principios del siglo XX, cuando las potencias imperialistas pensaban poder arreglar entre ellas la suerte del mundo y se enfrentaban en guerras de rapiña para repartirse las colonias y expandir sus intereses imperialistas.

El imperialismo estadounidense es consciente de su decadencia. La derrota de sus aliados yihadistas en la Guerra de Siria, que se saldó con la victoria del Ejército del Gobierno de Bashar al-Assad y de su aliado principal, el imperialismo ruso, supuso un punto de inflexión en la pugna interimperialista por el control político y económico de Oriente Medio y de sus recursos naturales. Tras décadas de hegemonía de Estados Unidos y de su aliado israelí, la correlación de fuerzas en la región es hoy favorable a su contrario imperialista, la Federación Rusa, y a su aliado más potente, Irán.

Estados Unidos se ha visto en la necesidad de lanzar un órdago temerario en Oriente Medio tras la concurrencia de distintas variables que le son adversas: la debilitación de algunos de sus aliados más importantes en la región, como lo son las milicias kurdas del YPG o algunos frentes yihadistas sirios y afganos; el fortalecimiento de enemigos como Siria o Irán, aliados del imperialismo ruso, que extienden su influencia en Oriente Medio a ritmos cada vez más acelerados, notablemente en el Líbano y en Irak; el fracaso del diálogo con Corea del Norte, cuyos compromisos incluían no vender tecnología nuclear a otros países, y que podría abrir la puerta a que Pyongyang venda la bomba H a Teherán, que durante años ha sido el principal interesado en comprar sus misiles nucleares; o el descubrimiento en noviembre de un nuevo yacimiento de petróleo en Irán con 53 mil millones de barriles de crudo que aumentaría las reservas iraníes en más de un tercio. Y, de fondo, un impeachment a Donald Trump y unas elecciones estadounidenses para noviembre de 2020 que empujan a su actual presidente a ejecutar este tipo de operaciones como prueba de fuerza y a tomar decisiones que, en muchos casos, lejos de obedecer a los intereses de los monopolios estadounidenses, atienden más bien a objetivos personalistas del jefe de la Casa Blanca. Así pues, el atentado en Bagdad no va a hacer sino deteriorar todavía más las relaciones de Washington con sus aliados y acelerar la pérdida de su influencia en la región, como lo certifica la resolución del Parlamento del que ha sido su Estado títere durante años, Irak, de poner fin a la presencia de las tropas de la coalición liderada por Estados Unidos en su territorio. Todos estos factores de peso, junto con la crisis de su liderato monetario y con la caída de sus reservas petrolíferas, explican la actitud bélica de la superpotencia imperialista yankee en la actual coyuntura de Oriente Medio.

El PCOE lamenta las muertes causadas por la agresión imperialista estadounidense y se solidariza con los pueblos de Irán e Irak, al tiempo que hace un llamamiento para que se respete el Derecho Internacional y la soberanía de los países afectados por el conflicto. La operación de las Fuerzas Armadas yankees en Bagdad es síntoma de la decadencia de Estados Unidos y de la pérdida de su hegemonía en Oriente Medio ante al auge de nuevas potencias imperialistas. La crisis general del capitalismo, cuyas contradicciones se exacerban cada día, obliga al imperialismo a emprender guerras de rapiña por el control de recursos naturales que se tornan cada vez más desesperadas y numerosas. El asesinato de Qasem Soleimani agudiza la espiral de tensión en Oriente Medio y acarreará más sangre, hambre, migraciones y muerte al proletariado que vive en el epicentro del conflicto interimperialista.

Solo la solidaridad entre pueblos, la alianza internacionalista de los proletarios del mundo, la unidad en torno a un frente antiimperialista y el avance progresivo de la revolución socialista mundial podrán evitar que se derrame más sangre. El capitalismo es sinónimo de miseria y de muerte para el proletariado. Es el sistema que empuja a las potencias imperialistas a librar guerras que enfrentan a los obreros de distintos países entre sí con el fin de someterlos y de imponer neocolonias para expoliar sus recursos naturales. Solo mediante la lucha organizada contra el enemigo de clase, la burguesía, y la liquidación de su sistema de explotación capitalista, raíz y origen de los problemas fundamentales que azotan al planeta y a los pueblos que lo habitan, la clase obrera podrá romper las cadenas de su opresión. Solo con la conquista revolucionaria del poder y la construcción de un sistema nuevo, el Socialismo, el proletariado podrá vivir una vida digna y de pleno derecho. Únicamente así, la humanidad podrá avanzar junta hacia la sociedad sin clases, basada en la justicia y la igualdad, libre de explotación y encaminada hacia la paz mundial: el Comunismo.

 

¡Abajo el imperialismo criminal!
¡Viva el internacionalismo proletario!
¡Por el Socialismo!

Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Sobre las luchas obreras en Francia y la reforma de las pensiones

Francia
 
La huelga general en Francia que dio comienzo el 5 de diciembre y que se ha extendido hasta esta semana pone de relieve las contradicciones de clase entre la burguesía y el proletariado francés. Convocada y dirigida por el sindicato Confédération Générale du Travail (CGT), algunas de cuyas federaciones pertenecen a la Federación Sindical Mundial (FSM), la huelga ha trascendido a los sectores principales del país y ha llegado a paralizar el transporte público.

Las movilizaciones y paros contundentes de un sector de la clase obrera gala se deben a una reforma de pensiones criminal. Los voceros del capital aseguran que el actual sistema de pensiones es “insostenible” y defienden una reforma que obligará a los franceses a trabajar más años para su pensión actual. De este modo, el presidente del Gobierno, Emmanuel Macron, pretende unificar los 42 regímenes especiales para acabar, según el títere del capital, con los “privilegios” de algunos colectivos de trabajadores, como el de los obreros ferroviarios. Es decir, su estrategia consiste en señalar como culpables de la insostenibilidad de las pensiones a los trabajadores que todavía conservan los escasos derechos laborales que aún no se les ha arrebatado.

La realidad es que el Gobierno de Macron, como obediente siervo del capital, está apretando la soga de la horca a las clases populares francesas mientras aligera las cargas sociales y fiscales a los monopolios y a la oligarquía financiera. Pero, a estas alturas, ni siquiera la represión policial aplicada por la república burguesa francesa puede amedrentar al pueblo trabajador, cuyo descontento no cesa de crecer. A las movilizaciones se han sumado cada vez más capas populares, como los estudiantes, los jubilados y los autónomos, conectando con el movimiento de los “chalecos amarillos”, que cada vez adquiere un carácter más de clase y antisistema.

Macron repite que la reforma es necesaria por la “insostenibilidad del sistema de pensiones”. Este argumento que sirve para justificar medidas despiadadas contra la clase obrera es una consigna que se escucha cada vez más en los distintos países capitalistas del globo. En el Estado español, los voceros del capital afincados en el Congreso repiten el lema cada día, hasta el punto de desatar el descontento de colectivos como el de los pensionistas, que no solo han organizado concentraciones semanales en distintos puntos del país, sino que también han emprendido marchas de cientos de kilómetros para exigir que no se dinamite el sistema público de pensiones.

En esta estrategia del capital por privatizar el sistema de las pensiones, los medios de comunicación juegan un papel crucial. En España, la mentira de la “insostenibilidad de las pensiones” se reproduce regularmente por los medios del capital, que curiosamente comparten accionistas en sus respectivos consejos de administración. El Banco Santander de Ana Botín es dueño y señor de la información en España y sus accionistas principales son bancos custodios como el Street State Bank o Chase Nominees. Este último pertenece a JP Morgan Chase, uno de los bancos más grandes del mundo, que, a su vez, tiene como dueños principales los fondos de inversión Vanguard Group y BlackRock.

BlackRock es el mayor gestor de activos del mundo; activos que salen, por ejemplo, de fondos de pensiones. Este fondo de inversión, que además de ser accionista de BBVA, Telefónica, Santander, Repsol, Apple, Google, Microsoft, HP y ExxonMobil, es, además, gestora privada de fondos de pensiones de un sinfín de países del mundo. Y junto a BlackRock se encuentra el fondo buitre Blackstone, el mayor casero de vivienda en el Estado español, quien recientemente se ha apuntado también al negocio de la gestión de planes de pensiones privados. Por todo lo expuesto, no es de extrañar el interés en desmantelar y privatizar el sistema público de pensiones bajo la falacia de que es “insostenible”.

Taha ????@MTGphotographe
 
 

Lancer une grenade en cloche sur la foule compacte qui explose a hauteur de tête, moi j’appelle ça un acte criminel. @prefpolice un avis ?

 

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La reforma de las pensiones de Macron responde a las necesidades históricas que exige el sistema capitalista para mantenerse en pie. El imperialismo, fase superior del capitalismo, en su etapa monopolista, se encuentra azotado por sus propias contradicciones, en quiebra y en un momento terminal. Las medidas del Ejecutivo francés, emuladas sistemáticamente por sus hermanos capitalistas del resto del planeta, son síntoma del estado de profunda agonía del sistema socioeconómico de la burguesía.

El capitalismo atraviesa una crisis existencial y la burguesía es consciente de que su sistema de dominación y de salvaguarda de sus privilegios de clase se encuentra al borde del abismo de la historia. Las contradicciones del sistema son tales que el capitalismo ya no se sostiene económica ni políticamente. El capital financiero, cuyo máximo representante es el Fondo Monetario Internacional (FMI), exige medidas aún más duras contra los trabajadores y dicta a los Gobiernos de los países capitalistas que recrudezcan sus políticas para exprimir todavía más al proletariado.

Los trabajadores del mundo y las nuevas generaciones de obreros ven hoy cómo la burguesía recorta sus derechos para sobrevivir mientras en el horizonte crece la sombra de una nueva crisis financiera, aún más devastadora que la de hace nueve años, que amenaza con sumir todavía más en la miseria a los pueblos del planeta. En un período histórico donde los intereses antagónicos de clase chocan a magnitudes inconmensurables, donde la burguesía solo puede mantener en vida a su sistema capitalista explotando aún más a los obreros, pero con un proletariado harto y violentado que se rebela cada día más contra la injusticia, la burguesía solo puede preservar su sistema por medio de la violencia, la fuerza bruta y la reacción. Y es en estos momentos de crisis, donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo está todavía por nacer, que crece el monstruo engendrado por la burguesía para salvaguardar su dominio de clase: el fascismo.

 
https://www.youtube.com/watch?v=XevRPKqmxvg

Las movilizaciones obreras de estos días han sido un verdadero quebradero de cabeza para Macron. Sin embargo, por muchas huelgas, barricadas o guerrillas urbanas que se lleven a cabo, si estas solo atacan a los síntomas y no cuestionan el régimen económico, político y social, todo esfuerzo será en vano. Las protestas contra las políticas del Estado francés se dirigen solo hacia objetivos meramente económicos, si no caen directamente en el espontaneísmo. Y la mayoría de los huelguistas y manifestantes apelan al “espíritu de la V República Francesa”, cuyo corazón es la propiedad privada y la economía de mercado. Si no se ataja el problema de raíz, la burguesía y su Estado saldrán victoriosos y el capitalismo seguirá en pie, moribundo, pero en pie, otros tantos años a base de más recortes de derechos y libertades.

Estas luchas por sí solas no acabarán con el régimen de producción capitalista, origen de todos los males de la clase obrera mundial, si no existe un Partido de vanguardia del proletariado, un Partido Comunista, que sirva como instrumento para fusionar la ciencia del marxismo-leninismo con el movimiento obrero, que funcione como herramienta del proletariado en su misión histórica de derrocar revolucionariamente el capitalismo y alzar su antítesis, su negación dialéctica, su única alternativa: el Socialismo.

“Las crisis demuestran que los obreros no se pueden limitar a luchar para obtener de los capitalistas concesiones parciales, pues, cuando se produzca el ‘crack’, los capitalistas no solo arrebatarán a los trabajadores los derechos conquistados, sino que los harán todavía más precarios. Y así continuará sucediendo inevitablemente hasta que los ejércitos del proletariado socialista echen abajo el dominio del capital y de la propiedad privada de los medios de producción”, V. I. Lenin.

Desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE), expresamos nuestro más ferviente apoyo y camaradería internacionalista con los trabajadores franceses en huelga. Las movilizaciones han demostrado que el poder burgués puede sangrar. Paralizando la producción e intensificando la lucha, el proletariado de Francia es un ejemplo de resistencia para los pueblos de Europa contra las medidas antiobreras que se promueven en cada rincón del continente.

Los comunistas del PCOE nos comprometemos a seguir firmemente del lado de la clase obrera francesa y a apoyar sus legítimas luchas. Hacemos un llamamiento a los trabajadores de Francia y del resto del mundo a que militen en sus centros de trabajo en las organizaciones sindicales de clase y combativas adheridas a la Federación Sindical Mundial.

Finalmente, transmitimos nuestra más sincera solidaridad hacia los represaliados por las brutales agresiones policiales del Estado francés y exigimos la dimisión inmediata del presidente Emmanuel Macron. Animamos a nuestros hermanos de clase en Francia a que no abandonen la lucha y a que redoblen e intensifiquen sus esfuerzos para avanzar decididos hacia la toma revolucionaria del poder, hacia la destrucción del capitalismo y hacia la fundación del único sistema posible que garantice el bienestar de la clase trabajadora: el Socialismo.

 

¡Contra el capitalismo criminal! ¡Todos unidos en la lucha!
¡Reforcemos el sindicalismo de clase y combativo!
¡Viva el internacionalismo proletario!
¡Por el Socialismo!

Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Comunicado del PCOE ante el golpe de estado en Bolivia

Bolivia
 
El Partido Comunista Obrero Español (PCOE) condena el golpe militar y policial perpetrado en el Estado Plurinacional de Bolivia contra el presidente constitucional, Juan Evo Morales Ayma. Con el apoyo del imperialismo estadounidense y de sus lacayos de la OEA, los sectores oligárquicos del país han vulnerado la voluntad del pueblo boliviano, que reeligió en las urnas a su presidente legítimo el 20 de octubre.
 

Denunciamos las persecuciones, agresiones y asesinatos contra el pueblo trabajador de Bolivia, así como los ataques y crímenes racistas contra la comunidad indígena. Ante las políticas económicas intervencionistas y soberanistas del Gobierno, la burguesía boliviana lo ha volcado todo a la reacción. Tal es la quiebra del imperialismo hoy, que los capitalistas ya no pueden aguantar siquiera políticas económicas reformistas. La oligarquía boliviana y sus amos de Washington han financiado a grupos terroristas fascistas que promueven el odio, la discriminación y la violencia hacia los campesinos, indígenas y trabajadores humildes afines al Movimiento al Socialismo (MAS).

El golpe de Estado en Bolivia, que ha causado tres muertos y más de 400 heridos, prueba una vez más que las crisis del mundo descansan sobre una contradicción fundamental: imperialismo o socialismo. Demuestra que estamos ante una guerra de clases entre el proletariado y la burguesía.

Lo que sucede en Bolivia es un ejemplo de que no es lo mismo estar en el Gobierno que estar en el poder. Una revolución está condenada al fracaso cuando confía en las Fuerzas Armadas provenientes de la institucionalidad burguesa y no arma al pueblo. La dimisión del presidente legítimo y el triunfo del golpe de Estado prueba que el denominado “Socialismo del Siglo XXI” debe avanzar hacia el Socialismo real si no quiere que el imperialismo lo asfixie y que la contradicción entre imperialismo y socialismo se resuelva desfavorablemente, en detrimento de la vida de la clase trabajadora. Animamos a nuestros hermanos obreros y campesinos bolivianos a que peleen y defiendan con uñas y dientes sus intereses de clase, a que no bajen la guardia ni le concedan ni un solo respiro a su enemigo antagónico, a la burguesía, que ante la merma de sus intereses ha centrado todos sus esfuerzos y recursos para acabar con el Gobierno soberanista y antiimperialista de Evo Morales.

En un momento histórico de quiebra y agonía del sistema capitalista, la burguesía no duda en apoyarse en el fascismo y en aplicar la violencia más descarnada para proteger sus privilegios. La oligarquía boliviana y el imperialismo no se merecen ni una sola concesión. Lo que merecen es la socialización de sus empresas y bancos. Nosotros, la clase del proletariado, solo podremos acabar con nuestra miseria y vivir en paz si derribamos el caduco sistema capitalista y destruimos el Estado burgués y su burocracia, incluidas sus Fuerzas Armadas y sus cuerpos y fuerzas de represión, para erigir nuestro sistema propio, el Socialismo, y lo defendamos imponiéndole a la burguesía la represión de nuestro nuevo Estado socialista, de nuestra propia dictadura, la dictadura del proletariado, para acabar con su dominación y su existencia como clase.

Desde el Partido Comunista Obrero Español, condenamos enérgicamente el golpe de Estado y reafirmamos nuestro apoyo a la soberanía del pueblo boliviano y a su derecho a decidir sobre su destino sin ser una marioneta del imperialismo estadounidense. Llamamos a la más amplia solidaridad con el presidente legítimo Evo Morales y exigimos el respeto a las decisiones del pueblo boliviano. Animamos a los obreros y campesinos de Bolivia a que se defiendan de las agresiones fascistas e imperialistas y que no capitulen ante el golpe de Estado.

La bestialidad imperialista; bestialidad que no tiene una frontera determinada ni pertenece a un país determinado. Bestias fueron las hordas hitleristas, como bestias son los norteamericanos hoy(…). Porque es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que la convierte en fiera sedienta de sangre, que están dispuestas a degollar, asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario, de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota o que luche por su libertad(…). No se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así. Nada”. Ernesto Che Guevara,  discurso de noviembre de 1964.

 

¡Abajo el imperialismo criminal!
¡Ni un paso atrás!
¡Por el Socialismo!

 

Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español