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El imperialismo está en plena agonía

La tensa situación internacional que padece el proletariado no es un simple reajuste geopolítico, sino la manifestación palpable de que el imperialismo es la fase superior y decadente del modo de producción capitalista. Asistimos a una época de guerras abiertas y ascenso del fascismo, donde la putrefacción del sistema no se expresa únicamente en su tendencia al estancamiento económico, sino en una creciente y desesperada agresividad por parte de la burguesía monopolista.

El imperialismo, en su ascenso, lleva grabada su propia contradicción. Analizar los fenómenos que se desarrollan ante nosotros exige desenmascarar las ilusiones de oportunistas y socialchovinistas, y comprender la debilidad estructural que atraviesan todos los bloques imperialistas que hoy se disputan el control del mundo.

El avance de la guerra y las tensiones militares en torno a Venezuela, Cuba, Irán y otros pueblos del mundo no son un signo de fortaleza del imperialismo norteamericano y sus aliados. Es todo lo contrario. Asistimos al acto desesperado de una potencia en declive que busca estrangular las vías de desarrollo independientes y frenar el desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia Asia. El cerco a Irán revela la impotencia del gobierno trumpista de imponerse frente a los BRICS+ por su capacidad económica y es por ello que debe recurrir a la agresión militar directa, al terrorismo de guerra, al genocidio y al fascismo. Pero esta agresividad es un arma de doble filo, pues cada foco de tensión que se abre en el mundo no hace sino acelerar las contradicciones internas dentro del propio bloque imperialista que hoy, desde la Unión Europea como eslabón débil, se resquebraja.

En este contexto, el papel de la Federación de Rusia debe ser analizado con bisturí leninista. La Rusia postsoviética es una potencia capitalista con contradicciones internas agudas. Hay quienes, en su desconocimiento, han analizado el enfrentamiento con la OTAN en Ucrania como ejemplo de bastión y resistencia antiimperialista. Nada más lejos de la realidad. La clase trabajadora asiste hoy a la lucha descarnada entre un bloque imperialista en decadencia frente a otra potencia imperialista que aspira a un reacomodo multipolar para su propio saqueo nacional. Cualquier análisis oportunista que, aprovechando el contexto internacional, trate de presentar a la criminal burguesía rusa como un bloque aliado está engañando al proletariado. Además, el debilitamiento acelerado del imperialismo ruso, su fragmentación interna y las dificultades en el frente ucraniano pese a destinar buena parte de su economía a la guerra, son expresiones de la inestabilidad general del sistema.

La bancarrota del sistema es bien conocida por sus propios gestores. El miedo empieza a dominar al capital monopolista y la burguesía empieza a preparar un salvavidas. El fenómeno más revelador de la decadencia imperialista es la psicosis de la propia burguesía. La reciente cumbre de socialdemócratas en Barcelona no debe entenderse como un cónclave de progresistas y antitrumpristas, sino como una reunión de gestores del capitalismo global que son conscientes de que deben adaptar el programa neoliberal para seguir explotando a la clase trabajadora. No buscan luchar contra el fascismo para emancipar a los pueblos, sino amortiguar las contradicciones del sistema, desarrollando un movimiento internacionalista burgués para salvar al capitalismo de sí mismo.

Los gestores de nuestra miseria son plenamente conscientes de que la crisis del capitalismo, la tendencia a la reacción, la guerra y el genocidio está generando un amplio rechazo entre las masas que puede oscilar tanto hacia la barbarie del fascismo como romper con la revolución socialista. Así, las propuestas meramente antiimperialistas o progresistas se demuestran como una estrategia contrarrevolucionaria que pretenden armar un dique de contención con un discurso democrático-burgués y reformistas, completamente vacío de contenido, con el único objetivo de aislar a los partidos comunistas y canalizar el descontento popular hacia los próximos comicios. La internacional socialdemócrata es la internacional del miedo.

En conclusión, el imperialismo en ascenso es, dialécticamente, imperialismo en decadencia. Cada movimiento agresivo, cada reconfiguración de alianzas, cada cumbre burguesa, es un signo de su debilidad. La tarea del movimiento comunista internacional, guiada por la ciencia del socialismo científico, es acabar con el oportunismo que busca apoyar a una facción u otra del imperialismo en disputa, y avanzar hacia la organización independiente del proletariado. La guerra, la bancarrota económica y la recomposición interimperialista abren las condiciones objetivas para la revolución. Nuestro deber es desarrollar la alternativa revolucionaria a escala internacional y preparar la estrategia para la toma del poder. El socialismo es nuestra única salida.

 

Madrid, 4 de mayo de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La carta anual del CEO de Blackrock muestra que la salida del imperialismo es morir matando y robando

El pasado 3 de marzo el CEO de Blackrock, Larry Fink, escribió su misiva anual a los inversores, sintetizando las conversaciones con sus contactos, con los grandes capitalistas, señalando lo siguiente: “Últimamente, sin importar quién hable, todos dicen lo mismo:  no sabemos cómo afrontar este momento” dejando bien patente que los imperialistas no saben como salir de la situación terminal en la que se halla el imperialismo, describiendo lo que éste está ofertando a la humanidad. “Estamos viviendo un período en el que cosas que habrían definido una década se han convertido en rutina: guerras con repercusiones globales, empresas multimillonarias, una reorganización fundamental del comercio internacional y la llegada de la tecnología más importante”.

El CEO de Blackrock señala que “En las últimas dos décadas, cada dólar invertido en el S&P 500 se multiplicó por más de ocho (…) la gran mayoría de la riqueza ha ido a parar a manos de quienes poseían activos, no a quienes ganaban la mayor parte de su dinero trabajando. Desde 1989, el valor de un dólar en la bolsa estadounidense ha aumentado más de 15 veces con respecto al valor de un dólar vinculado al salario medio”, constatando la putrefacción del imperialismo norteamericano y, a la par, mostrando como la especulación avanza inexorablemente en contraposición con los salarios reales que en los EEUU llevan estancados desde hace más de seis décadas haciendo que el pueblo norteamericano viva cada día de manera más mísera aumentando la pobreza.

En su radiografía de la realidad de la base económica que él defiende, muestra destellos de la putrefacción, y de la avidez, de su clase social, retratándola de la siguiente manera: “Con demasiada frecuencia, esto se interpreta desde una perspectiva cortoplacista(…) A veces, puede parecer que la información se alimenta de la dopamina, donde el estímulo constante recompensa los impulsos a corto plazo. Pero la velocidad puede distorsionar la perspectiva, dejando de lado el pensamiento a largo plazo”. Un capitalismo putrefacto – cortoplacismo, según Fink – que se impone al capitalismo productivo – lo que denomina inversión a largo plazo – como advierte cuando afirma que “es la inversión a largo plazo la que permite a los países desarrollar industrias nacionales y a las personas generar riqueza duradera”.

Una voracidad imperialista que ha generado un mundo terriblemente desigual, con un grado de concentración de la riqueza en unas pocas manos y de socialización mundial de la pobreza, reconociendo que este desequilibrio será aún mayor como consecuencia del desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).

En la carta, como no puede ser de otro modo, Fink incurre en contradicciones. Por un lado, reconoce que “El antiguo modelo del capitalismo global se está desmoronando”, consecuencia del desarrollo tecnológico y de la inteligencia artificial debido a la pugna interimperialista por la hegemonía mundial y, sin embargo, deposita su confianza en el sistema, o fe, amparándose en su experiencia y en la historia de sus padres en la década de los 60s y los 70s del siglo pasado. Por ello, el CEO de Blackrock ve una solución en la inversión en los mercados a largo plazo por parte de la población, para que se puedan desarrollar las naciones y, con ellas, las personas, apelando a la falacia de que “los mercados tienden a recompensar a quienes mantienen sus inversiones en tiempos de incertidumbre”. El mercado, o sea la oligarquía financiera de la que Fink es un representante destacado, lo que hace es enriquecer más a los monopolios por la vía del robo, constituyendo una estafa por la que se desarrolla una transferencia de riqueza hacia dichos grandes monopolios. De hecho, la orgía de especulación, propia del capitalismo putrefacto, durante todas estas décadas lo que ha hecho es concentrar la riqueza en cada vez menos manos, exacerbando la desigualdad e incrementando la pobreza. Los hechos certifican todo lo contrario de lo que la fe del CEO de Blackrock manifiesta.

Lo que sí tiene claro Fink es que, en 2030, Blackrock aspira a ingresar más de 35.000 millones de dólares y también tiene claro que, para ello, debe sacarle más dinero a la clase proletaria de todos los países de la Tierra. En la carta de Fink se detalla la estrategia del fondo de inversión para apropiarse del dinero del pueblo.

En primer lugar apela al desarrollo nacional, hablando de la necesidad de la autosuficiencia nacional – en tecnología, energía y armamento – indicando que es a través del ciudadano, materializando inversiones financieras y llevando el escaso ahorro que pueda disponer a los fondos de inversión, cómo no sólo se desarrolla la nación sino, también, en ese enriquecimiento nacional se enriquece el ciudadano. Apela a la inversión en los mercados financieros para el desarrollo nacional cuando la praxis de Blackrock es todo lo contrario, gestiona 14 billones de dólares en los mercados financieros internacionales con el único objetivo no de desarrollar nación alguna, sino la de engordar sus bolsillos. De hecho, el Informe Albanese señala que Blackrock ha sido uno de los grandes monopolios que ha invertido, o financiado, en el genocidio israelí contra Palestina, es el segundo mayor inversor en la empresa Palantir – empresa participante en el genocidio perpetrado por el sionismo y que contribuye a la represión que ejerce el imperialismo norteamericano alrededor del mundo (empezando por EEUU y terminando por Irán) – en definitiva, Blackrock, como se comprueba, se está forrando con la militarización de la economía, con los genocidios, con las guerras de carroña, sin que las naciones donde invierten tengan beneficio alguno. De hecho en el Estado español, Blackrock tiene invertido, en 2026, más de 90.000 millones de euros, estando presente en Naturgy, Telefónica, AENA, Repsol, Iberdrola, Endesa, Banco de Santander, BBVA, Banco de Sabadell, Caixabank, Enaire o IAG (matriz de Iberia), entre otras empresas; por no hablar que dicho monopolio financiero es uno de los mayores tenedores de suelo y de viviendas, consecuentemente, uno de los responsables de la especulación inmobiliaria en el Estado español. La realidad retrata a estos oligarcas financieros que están desangrando a la humanidad para enriquecerse a costa de la sangre y las vidas de los seres humanos, pues la oligarquía financiera no tiene más patria que su bolsillo y, para ellos, la explotación y el sometimiento como formulaciones para enriquecerse tienen ámbito mundial mas el imperialismo es internacional.

Como vehículo para que los ciudadanos puedan operar en el mercado financiero, y transferir dinero hacia dichos fondos de inversión, Fink apuesta por el teléfono móvil dotado de IA (tokenización) señalándolo de la siguiente forma: “La mitad de la población mundial lleva una billetera digital en su teléfono. Imagina que esa misma billetera digital te permitiera invertir a largo plazo en una amplia gama de empresas con la misma facilidad que realizar un pago. La tokenización podría acelerar ese futuro modernizando la infraestructura del sistema financiero, facilitando la emisión, la negociación y el acceso a las inversiones.”.

El Estado juega un papel fundamental para Fink como instrumento para enriquecer a los fondos de inversión, para transferir riqueza hacia el gran capital, hacia el capital financiero. Reclama sistemas fiscales que otorguen bonificaciones y rebajas tributarias para estimular la inversión financiera de ciudadanos y empresas de tal modo que se estimule la canalización de ese ahorro hacia el sistema financiero, también exhorta al establecimiento de marcos normativos que estimulen la privatización de las pensiones de jubilación, de tal manera que los fondos de las pensiones sean invertidos en el sistema financiero. Y también incide en la joya de la Corona, el asalto a la Seguridad Social para hacer que los fondos de ésta, o la mayor parte de los mismos, se encaucen a los mercados financieros, esto es, a los bolsillos de los grandes capitales que es donde va en el imperialismo, en el capitalismo putrefacto. Esa es una de las funciones que el Estado – para estos especuladores que viven de la explotación y de la estafa al pueblo trabajador, cumplan con sus objetivos crematísticos- debe desarrollar, la de ser un canalizador de dinero del ahorro de los trabajadores hacia el capital financiero, hacia estos grandes monopolios financieros.

La oligarquía financiera lo que está manifestando es que necesita robar absolutamente todo al proletariado tanto en EEUU como en el resto del mundo. Y ello lo justifica el oligarca CEO de Blackrock, empleando los argumentos que se han mencionado anteriormente y, además, lo señala expresamente de la siguiente forma “¿De dónde proviene el dinero? Históricamente, la mayor parte de la financiación para grandes transformaciones económicas provino de bancos, corporaciones y gobiernos, no de los mercados de capitales (…) Pero esos canales ya no son suficientes. Los bancos por sí solos no pueden financiar lo que necesita una economía en crecimiento. Los gobiernos acumulan deudas récord.”. La banca, en la crisis de las subprime en 2007-2010, fue salvada por los estados que se endeudaron sobremanera. Además, la banca y el sector financiero están al borde de una nueva bancarrota, en tanto hay una alta probabilidad de incumplimientos de pago de muchos créditos privados, sobre todo por la situación de quiebras de empresas y de destrucción de puestos de trabajo. Asimismo, se habla que los intermediarios financieros, los fondos buitres, tengan no solo una situación de impagos, sino que tengan sus balances sobrevalorados, implicando también una falta de liquidez, como lo acreditó la propia Blackrock a principios de marzo impidiendo retiros masivos de los inversores, que quisieron sacar 1.200 millones de dólares de un fondo de 26.000 millones y Blackrock solo les reembolsó 620 millones. Esto también lo realizaron otros fondos de inversión anticipando el futuro varapalo que el sector financiero va a recibir, como consecuencia de una sobrevaloración de sus activos, del alto riesgo de impagos y retratando falta de liquidez, situación que se agudizará, y estallará, en el caso de que la guerra en el Golfo Pérsico se prolongue. Por ello, para subsistir y para seguir haciendo inversiones – y robando – los fondos de inversiones buscan una mayor transferencia de las rentas del trabajo hacia ellos, única manera que tienen para pervivir. Es el propio Fink el que reconoce esa sobrevaloración de sus activos, cuando con respecto de la vivienda afirma lo siguiente: “la vivienda no es una inversión que garantice una alta rentabilidad(…) la rentabilidad a largo plazo puede ser más modesta e irregular de lo que sugieren los aumentos de precios anunciados(…) Esto no es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos: en muchas economías avanzadas, el aumento del coste de la vivienda y las condiciones crediticias más restrictivas han dificultado el acceso a la vivienda propia, especialmente para los jóvenes” y, también, reconoce el estallido por la vía de la demanda, como consecuencia del empobrecimiento masivo de la población.

La deuda total mundial (sumando el sector público y el privado), según el Instituto de Finanzas Internacionales, en el tercer trimestre de 2025 ascendía a 337,7 billones de dólares. En lo concerniente a la deuda pública mundial, en 2025 ascendía a 111 billones de dólares – un tercio de la deuda total mundial -, por ello los estados, como dice Fink, lo que deben hacer son políticas de transferencia de riqueza desde las rentas del trabajo hacia los monopolios financieros.

En la pugna interimperialista, el bloque imperialista decadente, el G7 u occidente, encabezado por EEUU, se halla en declive, en retroceso como señala Fink cuando dice que:

  • Obtener minerales críticos como las tierras raras fuera de China y construir fábricas de chips fuera de Taiwán cuesta mucho más. Cada paso hacia la autosuficiencia implica, al menos temporalmente, renunciar a las economías de escala globales que mantuvieron los costos bajos durante décadas. En resumen: a corto plazo, la autosuficiencia es costosa.”.

  • Satisfacer la creciente demanda requerirá ampliar la oferta en petróleo y gas, energías renovables, almacenamiento, energía nuclear y redes eléctricas. Ninguna fuente por sí sola puede lograrlo (…) Pero en Estados Unidos, hay un punto que resulta difícil de ignorar: si se quiere que la energía siga siendo asequible para las familias, es necesario que se suministre más energía, y rápidamente (…) Los centros de datos requieren grandes cantidades de energía fiable. Al mismo tiempo, añadir nueva capacidad de generación y transmisión lleva años. Cuando la oferta crece lentamente y la demanda aumenta más rápido, los precios suben (…) Las cadenas de suministro son fundamentales. Hoy en día, gran parte de la capacidad mundial de fabricación de paneles solares y baterías se concentra en China. (…) La energía asequible depende de la abundancia de energía. Cuando la energía escasea, los hogares son los primeros en sufrir las consecuencias (…) El objetivo no es favorecer una tecnología sobre otra, sino garantizar que Estados Unidos pueda generar suficiente electricidad fiable y rentable para cubrir los gastos de los hogares y mantener su competitividad a largo plazo”.

La IA requiere de un incremento notable de generación de energía (siendo cardinal el acceso a las materias primas generadoras de dicha energía). Y según Fink, como hemos visto, China es quien es hegemónica en el acceso a las tierras raras, en la fabricación de chips y en la suficiencia energética como consecuencia de su superioridad a la hora de la generación de energía y de su acumulación, gracias a su superioridad en la construcción de baterías. Estas son las razones de la política belicista del imperialismo en decadencia, de EEUU.

Fink señala que “La IA llegó para quedarse. Es fundamental para la competencia estratégica entre Estados Unidos y China. Estados Unidos comprende claramente que el liderazgo en IA no es opcional y que requerirá una inversión constante en investigación, infraestructura, talento y mercados de capitales capaces de financiar la innovación a gran escala”. Esa competencia estratégica entre el imperialismo decadente y el emergente es la competencia por el dominio de la IA ya que quien sea hegemónico en ésta tumbará a sus contendientes, en tanto será más eficiente y productivo, su producción será más barata en tanto maximizará la racionalización de los recursos que intervienen en la producción, aparte de poder ofertar mercancías más novedosas, baratas y fiables. Y en esa competencia China lleva la delantera, como lo reconoce el propio Fink. Es por ello que a EEUU únicamente le queda la guerra para obstaculizar el desarrollo de China, encarecerle el acceso a los recursos energéticos, y sojuzgar a los pueblos – fundamentalmente en el continente americano y en Oriente Medio – para hacerse con sus recursos, ya sean energéticos como tierras raras.

El imperialismo lo único que puede ofertar al proletariado es más pobreza, más sufrimiento, más muerte. La potencia imperialista en declive solo puede sostener la hegemonía por la vía de la guerra imperialista, del sojuzgamiento de los pueblos y de explotar y empobrecer hasta la extenuación al proletariado.

Sin embargo, la potencia emergente, que pretende conquistar la hegemonía por la vía de la automatización – y, consecuentemente, de la independencia o autosuficiencia energética y el control de las tierras raras y los metales que su procesamiento produce que es la contienda que hoy se libra – pretendiendo empequeñecer la competencia y doblegarla, mientras se mantengan las relaciones de producción capitalistas, lo que hará es negar la esencia del capitalismo, como es la apropiación de la plusvalía, en tanto que la automatización disloca la composición orgánica del capital, de tal manera que se minimiza el capital variable, que es la parte del capital que genera plusvalor. Manteniéndose las relaciones de producción capitalistas, la propiedad privada sobre los medios de producción, la automatización generalizará el paro forzoso y liquidará la demanda, algo lógico pues la apropiación de la plusvalía que genera el proletariado es la piedra angular del funcionamiento del capitalismo, acabando con ésta se acaba con el capitalismo. Para armonizar el desarrollo enorme de las fuerzas productivas que implica la automatización con las relaciones de producción, para hacer que el desarrollo enorme de la tecnología y la técnica se transforme en desarrollo social, es necesario socializar la automatización, los medios de producción.

Además, la economía imperialista es una, la caída de la potencia imperialista hegemónica y sus socios lo que hace es contraer el conjunto de la economía imperialista, golpearla, implicando no solo una caída de la demanda sino, fundamentalmente, un debilitamiento de todos aquellos que son deudores de la potencia, o potencias, que decaen debilitando el imperialismo en su conjunto.

Hoy, más que nunca, está vigente la consigna ¡Socialismo o Barbarie! O construimos el socialismo y exterminamos al imperialismo o la humanidad corre el riesgo de perecer.

 

¡PARA QUE LA HUMANIDAD PUEDA VIVIR EL CAPITALISMO DEBE MORIR!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA!

¡POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO!

 

Madrid, 4 de abril de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Interimperialismo, fascismo y automatización en la crisis capitalista

El capitalismo en su fase actual, su fase monopolista y putrefacta, se caracteriza por la intensificación de la desigualdad social, de tal modo que la riqueza se concentra en cada vez menos manos a la par que la pobreza se extiende cada vez en una mayor parte de la población mundial. En el periodo 2020-2025 la riqueza de los milmillonarios del mundo creció un 81% mientras 733 millones de seres humanos sufrían hambre crónica, un 25% de la población mundial está malnutrida y en torno al 50% de la población mundial vive por debajo del umbral de la pobreza (menos de 5,50 dólares al día). El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95% de la población mundial.

Estos datos demuestran que a la humanidad el sistema capitalista no nos sirve en tanto es generador de extrema pobreza para la inmensa mayoría, para que una escasísima minoría sea extremadamente rica.

Una pobreza que, con la guerra en Oriente Medio, se va a incrementar al igual que el hambre. De hecho, la ONU señala que si esta guerra se prolonga más allá del mes de junio, se incrementará la bolsa de seres humanos en situación de hambre aguda en 45 millones de personas.

Y es que la guerra imperialista es inherente al capitalismo, de la situación de crisis general que vive, consecuencia del desarrollo desigual de las potencias imperialistas, de su pugna por la hegemonía mundial en la lucha por la obtención de las fuentes de materias primas y de la conquista y el control de los mercados de venta y del dominio financiero.

El imperialismo ha conducido a la humanidad a dos guerras mundiales, y está empujándola, inexorablemente, hacia una tercera que está cantada de continuar rigiendo el capitalismo.

El fascismo, la reacción, es el clavo ardiendo al que se tienen que agarrar los capitalistas en su declive, donde la violencia y la represión máxima contra la clase obrera, la militarización de la economía y la guerra imperialista, son su política interna y externa, unido a la exacerbación del nacionalismo y el racismo al objeto de evitar la unidad de la clase obrera, de confrontar a los obreros entre sí para impedir que la clase obrera, la única clase social revolucionaria hoy, se rebele y confronte contra los grandes capitalistas que le niegan, objetivamente, una vida digna.

En esa pugna interimperialista por el control de los recursos energéticos, de las materias primas necesarias para desarrollar la robotización, en definitiva, en el dominio imperialista del mundo, es donde se debe ubicar la guerra desencadenada por EEUU, y su delegación sionista de Israel, contra Irán. EEUU pretende sortear su declive como potencia hegemónica imperialista obstaculizando el acceso a los recursos energéticos – fundamentalmente el gas y el petróleo – a su mayor competidor, China. En esa lógica debe incardinarse la política norteamericana de agudización del yugo opresor y del saqueo contra América Latina, al objeto de expulsar a China de lo que considera EEUU su patio trasero. En la zona del Golfo Pérsico, EEUU ha dominado la zona y el control de sus recursos energéticos con guerras de rapiña, golpes de estados y creación de estados ficticios recubiertos con los mantos monárquicos de sátrapas locales a los que ha enriquecido a costa de controlar política y económicamente dicha zona, garantizando que la moneda de intercambio para la venta del petróleo por parte de dichos estados fuera el dólar, de tal modo que EEUU, de esa forma, impusiera su moneda como moneda de intercambio mundial y, consecuentemente, poder emplear este monopolio del sistema financiero como un arma de guerra contra el resto del mundo, como lo acreditan los bloqueos económicos perpetrados por los EEUU, y sus socios de la UE, que entre el año 1970 y el 2021 causaron la muerte a 38 millones de seres humanos en países del tercer mundo.

La influencia china sobre la zona del Golfo Pérsico, en la última década, ha crecido notablemente, de tal modo que países de dicha región como Egipto, Emiratos Árabes e Irán forman parte del BRICS. Además, la zona del Golfo Pérsico nutre de recursos energéticos a Asía siendo cardinal para la ruta marítima del proyecto de la Ruta y la Franja chino. La guerra contra Irán constituye la ruptura con todo lo que hemos descrito, siendo el objetivo de EEUU doblegar al actual estado iraní, utilizando la subversión y la guerra, para apropiarse de los recursos energéticos y enrutarlos vía oleoductos y gasoductos a través de Israel, como han reconocido tanto Trump como Netanyahu.

En esa competencia interimperialista desarrollan la automatización para desplazar a los contendientes que pugnan por la hegemonía. Sin embargo, el desarrollo de la automatización lo que hace es negar al propio capitalismo en tanto busca multiplicar la producción sustituyendo al proletario por la máquina, liquidando al que genera la riqueza de la que se apropia el empresario. Con este desarrollo de la automatización bajo la privatización de la misma, se incrementa el desempleo, se maximiza el empobrecimiento de la clase obrera y, consecuentemente, se liquida la demanda, de tal modo que se sientan las bases de la abundancia pero se maximiza la privación y la inaccesibilidad a la producción por parte de una inmensa mayoría de la humanidad cada día más empobrecida.

La única manera de armonizar el ingente desarrollo que significa la automatización con el desarrollo de la humanidad, de hacer que el progreso tecnológico se convierta en progreso social pasa por socializar la automatización y el fruto de ésta, o lo que es lo mismo, pasa por liquidar el imperialismo y desarrollar el socialismo.

La automatización en manos de la mayoría, de la clase de los proletarios, conllevará un beneficio para el conjunto, garantizando la vida digna para el ser humano y ubicándolo en armonía de donde emana, de la naturaleza. De lo contrario, de seguir estando en las sucias y asesinas manos de los capitalistas, la forma en la que el capitalismo tratará de seguir viviendo será asesinando a millones de seres humanos con bloqueos económicos, con guerras imperialistas y con el hambre.

 

¡FORTALECE LAS FILAS DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA, ÚNETE AL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡ABAJO EL FASCISMO Y EL CAPITALISMO EN PUTREFACCIÓN QUE LO GENERA!

¡POR LA VIDA DE LA CLASE OBRERA, SOCIALISMO O BARBARIE!

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Apuntes sobre China y el oportunismo

Algunos partidos que se hacen llamar comunistas en el Estado español, con el PCPE a su cabeza, caracterizan a Rusia, China y los BRICS en general como la esperanza de contrapoder contra el imperialismo, su bastión y su guía. Nos centraremos ahora en China.

La caracterización de China como potencia imperialista se apoya en su transformación material durante las últimas décadas. Bajo la dirección del Partido Comunista de China, la apertura al capitalismo de Deng Xiaoping (qué más da que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones) y el liderazgo de Xi Jinping, el país ha consolidado un modelo que combina control estatal con expansión capitalista global.

La acumulación de capital chino se proyecta hacia el exterior mediante inversiones, préstamos y control de infraestructuras estratégicas. Iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta muestran un patrón de penetración económica en Asia, África y Europa que reproduce relaciones desiguales: exportación de capital, endeudamiento de países periféricos y acceso privilegiado a recursos y mercados. Esto casa a la perfección con la definición clásica de imperialismo desarrollada por Lenin en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917): concentración de capital, exportación de capitales y competencia por esferas de influencia.

Internamente, el crecimiento chino se ha apoyado en una intensa explotación del trabajo asalariado, con grandes conglomerados estatales y privados que operan en lógicas de acumulación y competencia global. El Estado actúa como coordinador de este capitalismo nacional, defendiendo sus intereses en el sistema mundial. Desde esta perspectiva, China no representaría una alternativa socialista al orden capitalista, sino una nueva potencia que disputa la hegemonía dentro del mismo sistema. Su ascenso expresa menos una ruptura con el imperialismo que su reconfiguración en un mundo multipolar.

El socialismo no puede reducirse a la acumulación de capital bajo la dirección de un partido, ni a la competencia en el mercado mundial con métodos propios del capitalismo. La tarea de los comunistas no es justificar nuevas potencias ni nuevos bloques capitalistas, sino defender con claridad la independencia política de la clase obrera. A todo país en el que prime el capitalismo, como China, le es imposible no terminar siendo imperialista por las características de su base económica. Sólo mediante la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo podrá reconstruirse un movimiento comunista internacional fiel a sus principios: la abolición del capitalismo, la emancipación del trabajo y la construcción consciente del socialismo por y para la clase obrera.

En definitiva, la defensa acrítica de la China capitalista por parte del PCPE y otros que aún se autodenominan comunistas no fortalece al movimiento obrero, sino que lo confunde y lo desarma ideológicamente. Lo desvía de sus objetivos revolucionarios. El PCPE presta grandes servicios a la burguesía cuando confunde y engaña a los elementos del proletariado que caen en sus garras. Su Frente Antimperialista, en el que caben cosas como el Socialismo del Siglo XXI y otros experimentos, están trufados de traición y han acabado en desastre y desafección al socialismo. Sólo la lealtad a los principios del marxismo-leninismo pueden devolver a la clase obrera a la dirección correcta.

En última instancia, la misión histórica del proletariado no es sólo resistir, sino transformar. Allí donde el capital levanta muros de desigualdad, la clase obrera descubre su fuerza colectiva y su capacidad para crear un mundo distinto. Organizada, consciente y bien dirigida, la clase obrera abrirá el camino hacia una sociedad donde la riqueza producida por todos pertenezca a todos y, para ello, el capitalismo ha de fenecer.

 

¡Por la derrota del oportunismo!

¡Por la reconstrucción de la Internacional Comunista!

¡Construye la revolución en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Guerra por petróleo, el imperialismo agonizante conduce a la humanidad a la muerte

El Director Ejecutivo del Consejo Nacional de Dominio Energético del Gobierno de los EEUU, Jarrod Agen, en una entrevista ofrecida al medio de comunicación de extrema derecha Fox señalaba, con respecto de la guerra ilegal de rapiña iniciada por la potencia asesina norteamericana, que “este es un conflicto a largo plazo porque confiscaremos y liberaremos las reservas de petróleo de Irán de manos de los terroristas”.

Dos días antes a dicha entrevista de Jarrod Agen, el 5 de marzo, en Venezuela se reunían Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela y entreguista al imperialismo norteamericano, y el enviado norteamericano, el secretario de interior Doug Burgum, jefe de Agen, que comandaba una delegación norteamericana con 24 grandes empresarios del sector minero y de materias primas para, aparte del petróleo, tratar cómo saquear a Venezuela de sus reservas de carbón, oro, diamantes, bauxita, cobre, coltán y otra serie de minerales necesarios para la industria tecnológica y energética norteamericana.

Tras la reunión con Doug Burgum, la marioneta estadounidense Delcy Rodríguez firmó un acuerdo de explotación del petróleo y del gas venezolano con el monopolio petroquímico británico Shell y anunció una reforma de la Ley de Minas, que va a dar carta de legalidad a los monopolios norteamericanos y sus socios a saquear los recursos mineros y energéticos de Venezuela, siguiendo las directrices dadas por el gobierno norteamericano.

Desde el pasado 3 de enero, el gobierno venezolano – más que chavista sería Vichysta, por su docilidad al gobierno fascista de los EEUU, siendo Delcy Rodríguez la Pétain del siglo XXI – no ha dudado en abrirle las puertas de la Patria de Chávez a la CIA y abrirle la capacidad legisladora al fascista Trump, siendo éste quien realmente legisla a través de los vendepatrias hermanos Rodríguez.

Los hechos muestran que lo acontecido en Venezuela, y la detención de Maduro y su compañera, más que un éxito norteamericano sería más un pacto entre el chavismo y Trump para entregar el país a EEUU.

Y, sin duda, los hechos acreditan la necesidad imperiosa de EEUU por hacerse con el petróleo y el gas venezolano al objeto de llevar a cabo la guerra ilegal, junto con sus socios sionistas contra Irán, al objeto, tal y como ha manifestado abiertamente Jarrod Agen, de robar “las reservas de petróleo de Irán”. Sin duda, la caída de Venezuela en manos de EEUU, y el control de su petróleo y de su gas, era necesario para que el fascista Trump diera un nuevo paso en su plan, hacerse con el control de Oriente Medio y apropiarse de los recursos energéticos de dicha zona. O lo que es lo mismo, romper la Nueva Ruta de la Seda – ya que por Irán pasa tanto el corredor económico como marítimo de la misma – y, por tanto, obstaculizarle y encarecerle a China el acceso al petróleo y el gas de dicha zona.

La contraposición a China y a BRICS por parte de EEUU en la zona es la defensa a ultranza del sionismo y de su proyecto de lo que los fascistas denominan “Gran Israel”, o lo que es lo mismo, la extensión de Israel de tal modo que ocupe la zona comprendida entre el Éufrates y el Nilo, que serviría a EEUU para el control de la parte este del Mediterráneo, de toda la península del Sinaí y del canal de Suez y el Mar Rojo.

Y dentro del objetivo de debilitar a BRICS y, consecuentemente, debilitar a China y al resto de los países que integran dicha agrupación, es fundamental para EEUU apropiarse por completo del continente americano. EEUU desde el triunfo de Trump habla abiertamente de que ellos son un hemisferio, contemplando al continente americano como de su propiedad. Por ello, la agudización del bloqueo contra Cuba para hacer que caiga la Revolución Cubana, subvirtiendo el gobierno revolucionario colocando a títeres del imperialismo norteamericano, al estilo venezolano, es donde se debe circunscribir el acoso y derribo contra Cuba, así como la utilización de sus sabuesos fascistas, como es el narcotraficante presidente fascista del Ecuador, Noboa, expulsando al cuerpo diplomático cubano de dicho país; por no hablar de las acciones terroristas orquestadas desde EEUU como fue el ingreso de mercenarios en una lancha armados hasta los dientes u otros actos de subversión anti revolucionarios perpetrado por diez mercenarios panameños dirigidos desde la mafia miamesa.

Y en el proceso de adueñarse del continente americano y de sacar del mismo la cada vez mayor influencia de China y de Rusia, de los BRICS, es donde se circunscribe la organización de los presidentes abiertamente fascistas y vendidos a EEUU, como por ejemplo, los que se congregaron en la cumbre celebrada en Miami este fin de semana donde se reunieron las marionetas fascistas que gobiernan hoy en Argentina, El Salvador, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Honduras, Costa Rica o Panamá, entre otros, y que Cuba ha denunciado como un ataque a la soberanía de las naciones latinoamericanas y que constituye una amenaza para la paz, la seguridad, la estabilidad y la integridad de los pueblos de América Latina y el Caribe.

Para el imperialismo en declive, en decadencia, para EEUU, la guerra no sólo es el clavo al que se agarra para tratar de impedir que las potencias imperialistas emergentes lo despojen de su hegemonía, la forma para combatir e impedir el desarrollo de dichas potencias emergentes, sino también la manera de combatir el proceso de desdolarización que se está dando en el mundo, de manera acelerada tras el estallido de la guerra entre Rusia y la OTAN en Ucrania, donde BRICS no sólo ha establecido un sistema financiero alternativo sino que está socavando el poder del dólar. Mediante la guerra, EEUU pretende evitar la diversificación del capital y evitar el declive del dólar, refinanciar la ingente cantidad de deuda, todo ello mediante la guerra y una mayor militarización aún de la economía; a la par que pretende dar un patadón hacia adelante y dilatar la enorme crisis financiera que se advierte como consecuencia de un estallido de la burbuja de la Inteligencia Artificial – que cada vez concentra una mayor parte de la economía norteamericana – que también se va a llevar por delante al sector bancario, algo que el propio Fondo Monetario Internacional lleva reconociendo en informes internos desde 2023.

El imperialismo en declive, EEUU, para tratar de mantener su hegemonía no tiene más salida que la guerra imperialista y abrazar fuertemente al fascismo, por ello, para los intereses de los monopolios norteamericanos es vital fortalecer al sionismo, a Israel, que es el mayor generador de ideología fascista en el mundo junto con los EEUU, cuya colaboración es esencial para someter y reprimir a las sociedades y para cometer todo tipo de actos criminales contra los pueblos, véase el papel de empresas como Palantir Technologies en el genocidio contra el pueblo palestino.

Esta guerra donde, cómo siempre, quien pone los muertos es la clase obrera al igual que es quien sufragará el coste económico, y que EEUU ha desencadenado contra Irán para sostenerse como potencia hegemónica, en la pugna con China, ya está retratando el papel miserable de los estados europeos, así como está poniendo en la palestra, de manera abierta y franca, a los gobernantes abiertamente fascistas, a los que los pueblos deben aniquilar y expulsar sin compasión alguna.

Nos hallamos ante una quiebra financiera, ante un reparto de un mundo repartido, estamos ante una pugna interimperialista por la apropiación de los recursos naturales y la conquista, a sangre y fuego, de mercados. Los imperialistas conducen a la guerra a la humanidad, que es la fórmula que tienen los capitalistas para reordenar el mundo en base a sus intereses, resolver sus contradicciones e incrementar sus márgenes de beneficio.

La guerra imperialista la pagaremos el proletariado tanto en términos económicos como en sangre, en vidas humanas, siendo la fórmula de los imperialistas para tratar de conjugar las contradicciones que genera la automatización de la producción, que les genera un excedente humano que resolverán destruyendo fuerza de trabajo, matando a seres humanos y la guerra es una de las formas de hacerlo.

Ninguna potencia mundial hoy lucha por superar el capitalismo, todas defienden los intereses de sus monopolios, de sus élites, de los grandes capitalistas. El imperialismo está agotado, el capitalismo no se sostiene y la automatización de la producción requiere de la superación de las relaciones de producción capitalistas, requiere la liquidación de la propiedad privada sobre los medios de producción al objeto de armonizar el ingente crecimiento de las fuerzas productivas con unas relaciones de producción coherentes con las mismas.

Este es el mundo bárbaro en el que nos corresponde vivir, un mundo que nos lleva al proletariado a las puertas de la Revolución Proletaria. O nuestra clase social toma conciencia de ello y nos organizamos para derrocar y aniquilar revolucionariamente a la burguesía en cada nación, o seremos pasto del fascismo, del sufrimiento y de la muerte que es el futuro que nos deparan estos criminales con la guerra imperialista de la que nadie se va a librar. El imperialismo está moribundo y sólo se sostiene con sangre y robo, pero el imperialismo no cae solo, hay que liquidarlo y ello únicamente lo puede hacer nuestra clase social, el proletariado, armado con la ideología y el Partido marxista-leninista, derrocando revolucionariamente al capitalismo y construyendo el socialismo, poniendo todo el poder en manos del proletariado en todos los rincones del planeta.

 

¡Por la salida de la Unión Europea y de la OTAN!

¡Por el fortalecimiento del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) y por la Revolución socialista para acabar con el capitalismo!

¡Socialismo o barbarie!

 

Madrid, 7 de marzo de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Irán, la inviabilidad del imperialismo y la guerra mundial

A nadie se le escapa que la situación del imperialismo, en general, y de la potencia norteamericana, en particular, es de un sistema inviable y de bancarrota económica y política.

El imperialismo, en cada crisis que genera, engendra las causas para una crisis de intensidad mayor pues las medidas que adopta, lejos de atajar las causas que generan las mismas, lo que hacen es agravarlas.

Las medidas adoptadas por el imperialismo, tras la implosión de la URSS y del campo que se denominó del socialismo real, liderado por EEUU y la Europa reaccionaria – Gran Bretaña, Alemania y Francia, fundamentalmente – para que sus monopolios pudieran engullirse a la Europa del Este, configurar un mapa político a imagen y semejanza de los intereses económicos de éstos y desarrollar, a nivel planetario, la política económica propia para satisfacer los intereses económicos de los monopolios, fundamentalmente norteamericanos, de maximización de beneficios a costa del sometimiento y del saqueo de los pueblos y, cómo no, de la sobreexplotación, han esculpido el mundo miserable de hoy. Sobreexplotación para la que los monopolios, en su naturaleza ávara, implementaron por la vía de la deslocalización de la producción y estableciendo marcos laborales que dan cumplimiento a la homogeneización por debajo de las condiciones de los obreros. En ese proceso de deslocalización, EEUU y otras potencias imperialistas liquidaron su industria, trasladando la producción y, también, tecnología hacia Asia, fundamentalmente China, en busca de mano de obra ultra barata en la búsqueda de beneficios. Pero ese movimiento no sólo implicaba trasladar tecnología y producción, sino que entregó la capacidad no solo de avance tecnológico, sino desplazó el control de las cadenas de producción y distribución mundiales hacia China, desarrollándose como potencia económica que pugna por la hegemonía en la actualidad. Una potencia económica que en la crisis de las subprime puso su aparato productivo al servicio de su política exterior, ante la caída de la demanda fundamentalmente norteamericana, engendrando el proyecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, o Nueva Ruta de la Seda, desde 2013, lo que ha servido a China no sólo para erigirse en potencia hegemónica sino que, junto con BRICS, construir un sistema financiero alternativo al sistema dominado por EEUU, siendo todo ello consecuencia de la política de los monopolios norteamericanos que hoy confrontan a dicho grupo BRICS y, fundamentalmente, a China.

Tras la caída de la URSS se produce un ingente proceso de transferencia de riqueza hacia los monopolios, con políticas bestiales de privatización realizadas por socialdemócratas y neoliberales – reaccionarios todos ellos -, se suceden golpes de estado y guerras de rapiña – Guerra del golfo, Somalia, Bosnia, Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Libia, Siria, Palestina, Etiopía, Yemen, Sudán,… – que en lo que llevamos de siglo XXI han acabado con la vida de, en torno, 8 millones de seres humanos, amén de una ingente cantidad de decenas de millones de personas desplazadas condenadas a vivir en desarraigo, al tráfico de seres humanos, etcétera, por no hablar de los actos de genocidio, como los bloqueos económicos realizados por EEUU y la UE, que entre 1970 y 2021 causaron la muerte de 38 millones de seres humanos en países del tercer mundo, según artículo de los profesores universitarios Jason Hickel, Omer Tayyab y Dylan Sullivan (profesores de la Universitat Autònoma de Barcelona los dos primeros y de la Universidad Macquarie de Sydney el tercero).

El imperialismo, como se puede comprobar, es la barbarie para la humanidad, que es la clase obrera. El imperialismo también arroja la pugna entre potencias imperialistas por el dominio de los recursos naturales, de los territorios y el control de las rutas y corredores comerciales, en definitiva, por el reparto y el control del mundo conduciendo a la humanidad a la guerra.

EEUU no acepta su declive imperial, no acepta que su hegemonía llega a su fin y, como hacen los imperialistas, no duda en matar lo que haga falta, en ir a la guerra, para tratar de sostener una posición hegemónica cada día más en entredicho.

En el mundo, cada vez son más los países que buscan zafarse del dólar y del dominio norteamericano, un mundo donde la mayor capacidad productiva mundial ya no se halla ni en EEUU ni en Europa, sino que, a nivel mundial, este motor industrial se sitúa en Asia, fundamentalmente China y la India, y en el continente americano la producción industrial se ha desplazado hacia el sur, fundamentalmente México y Brasil. Trump comprueba como en el continente americano, su patio trasero, China tiene una gran influencia tanto económica, comercial como financiera y donde los BRICS cada vez tienen más adhesión y más fuerza en detrimento de EEUU y sus aliados.

China controla el 60% de las tierras raras del mundo y el 90% de la capacidad refinadora de éstas; EEUU y sus aliados del G7 significan el 9,47% de la población mundial, BRICS el 54,07%; los países del G7 aportaron al PIB mundial en 2024 el 29,6% por el 36,7% de BRICS+, que controla los mayores yacimientos petrolíferos y de gas, evidenciándose el declive imperialista norteamericano, con una deuda cada día mayor y siempre impagable.

El objetivo de EEUU es detener el desarrollo chino, y es ahí donde se debe circunscribir la política llevada a término por Trump desde que accedió a la presidencia. En esta dirección, EEUU pretende dominar todo el continente americano para saquear los recursos de dicho continente, obligado por el avance de BRICS no solo en Asia, sino también en el continente africano, así como por el retroceso de su dominio financiero y la debilitación del dólar, de tal modo que el mundo se halla en un proceso, por decirlo así, de desdolarización que debilita económicamente a EEUU.

En este contexto de declive imperial norteamericano, de descomposición del imperialismo y de fascismo, de desarrollo y competencia tecnológica, donde se impone la automatización de la producción que disloca la composición orgánica del capital negando la base económica capitalista, la salida es la guerra imperialista y es en este cuadro donde se incardina la agresión militar  norteamericana – negando un derecho internacional fenecido que se reduce a la hipocresía, la fuerza y el desprecio a la vida – en la región de Oriente Medio, donde el fascista estado de Israel es la extensión de EEUU en la zona que, también, está aliada con las élites de los estados satélites de EEUU en el Golfo Pérsico, para defender los intereses crematísticos de los monopolios norteamericanos y geoestratégicos de dicha potencia criminal.

La desmembración de la República Islámica de Irán, aliada histórica de Rusia y miembro de BRICS desde 2024, y su cambio político es necesario para garantizar el dominio sobre los recursos energéticos – gas, oro, uranio, tierras raras y petróleo – y controlar dicha región del mundo por parte de EEUU, fortaleciendo la posición del estado sionista, así como obstaculizar el acceso a dichos recursos por parte de China y debilitar la capacidad productiva de dicha potencia y del grupo BRICS.

Esta guerra que EEUU ha desencadenado contra Irán retratará a los fascistas europeos, no solo Gran Bretaña que ya está participando en la contienda junto a EEUU e Israel, sino a Francia y Alemania, todos ellos en una situación de quiebra económica y social que, con toda probabilidad, implicarán al conjunto de la UE, marionetas de EEUU.

Nos hallamos ante un reparto de un mundo repartido, estamos ante una pugna interimperialista por la apropiación de los recursos naturales y la conquista, a sangre y fuego, de mercados. Los imperialistas conducen a la guerra a la humanidad, que es la fórmula que tienen los capitalistas para reordenar el mundo en base a sus intereses, resolver sus contradicciones e incrementar sus márgenes de beneficio.

La guerra imperialista la pagaremos el proletariado tanto en términos económicos como en sangre, en vidas humanas, siendo la fórmula de los imperialistas para tratar de conjugar las contradicciones que genera la automatización de la producción, que les genera un excedente humano que resolverán destruyendo fuerza de trabajo, matando a seres humanos, y la guerra es una de las formas de hacerlo.

Ninguna potencia mundial hoy lucha por superar el capitalismo, todas defienden los intereses de sus monopolios, de sus élites, de los grandes capitalistas. El imperialismo está agotado, el capitalismo no se sostiene y la automatización de la producción requiere de la superación de las relaciones de producción capitalistas, requiere la liquidación de la propiedad privada sobre los medios de producción al objeto de armonizar el ingente crecimiento de las fuerzas productivas con unas relaciones de producción coherentes con las mismas.

Este es el mundo bárbaro en el que nos corresponde vivir, un mundo que nos lleva al proletariado a las puertas de la Revolución Proletaria. O nuestra clase social toma conciencia de ello y nos organizamos para derrocar y aniquilar revolucionariamente a la burguesía en cada nación, o seremos pasto del fascismo, del sufrimiento y de la muerte que es el futuro que nos deparan estos criminales con la guerra imperialista de la que nadie se va a librar. El imperialismo está moribundo, pero el imperialismo no cae solo, hay que liquidarlo y ello únicamente lo puede hacer nuestra clase social, el proletariado, armado con la ideología y el Partido marxista-leninista, derrocando revolucionariamente al capitalismo y construyendo el socialismo, poniendo todo el poder en manos del proletariado.

 

¡Por la salida de la Unión Europea y de la OTAN!

¡Por el fortalecimiento del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) y por la Revolución socialista para acabar con el capitalismo!

¡Socialismo o barbarie!

 

Madrid, 1 de marzo de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El ICE, la Gestapo del siglo XXI

La persecución, el arresto ilegal y la deportación masiva de trabajadores inmigrantes es una realidad en los Estados Unidos.

Estas acciones inhumanas se han acelerado en los últimos meses como consecuencia de la tendencia a la reacción política del imperialismo, donde la derechización es constante y el fascismo impone su ley. Así, el gobierno trumpista, siguiendo con una de sus infames promesas electorales, ha incrementado enormemente el presupuesto del ICE desde los 10.000 millones de dólares hasta los 79.000 millones, con el fin de impulsar esta organización parapolicial que detiene a más de 800 proletarios cada día, acometiendo redadas en barrios, centros de trabajo e incluso colegios.

Las amenazas se ciernen también sobre el proletariado “nacional” que se opone y protesta contra esta violencia descontrolada. Ya se ha advertido a ciudades como Mineápolis o Nueva York, lugares con una tendencia históricamente demócrata, que el despliegue de fuerzas militares puede ser inmediato de seguir sucediéndose las protestas contra las prácticas fascistas del ICE. La ira del proletariado estadounidense aumenta frente al autoritarismo y la barbarie desplegada por su gobierno, mientras que Donald Trump amenaza con reprimir las movilizaciones invocando el Acta Insurreccional y desplegando el poder militar donde sea preciso para salvaguardar la paz nacional. Todo ciudadano es susceptible de convertirse en un peligroso “terrorista doméstico” o “Antifa”.

Por si la violencia estructural contra el proletariado no fuera suficiente, el Departamento de Seguridad Nacional ha desarrollado en paralelo un enorme aparato de control y vigilancia para acabar con la legítima resistencia de los oprimidos. Por medio de contratos con empresas tecnológicas, el ICE puede llevar a cabo reconocimientos faciales, rastreo de ubicaciones y hackeos de teléfonos móviles. Una estrategia de control social que ha generado bases de datos masivas con el único fin de detectar y socavar al movimiento obrero que se levanta contra los asesinatos indiscriminados y la violencia extrema de este sistema. Un ejemplo de esta cruenta realidad es el programa ELITE, desarrollado por la empresa Palantir, que crea un mapa interactivo para localizar posibles víctimas y que adquirió un contrato por valor de 30.000 millones de dólares con el Departamento de Seguridad Nacional en el que la IA es una pieza fundamental para analizar bases de datos masivas y localizar a personas para su posterior deportación.

Redadas puerta a puerta, detenciones arbitrarias, asesinatos indiscriminados, deportaciones masivas, propaganda fascista y uso de tecnología para reprimir al movimiento obrero. El terror ha sido desplegado por la clase dominante. Es el momento de responder con violencia revolucionaria.

Las condiciones para la superación de este sistema están dadas y solo queda que el movimiento obrero ofrezca una respuesta a la altura de este momento histórico. El proletariado estadounidense debe organizarse de manera revolucionaria, construyendo el Partido Leninista que, guiado por la ciencia del marxismo-leninismo, imponga el socialismo como antesala de la nueva sociedad comunista.

 

¡POR LA ABOLICIÓN DEL ICE!

¡LA CLASE OBRERA ES INTERNACIONAL!

Madrid, 9 de febrero de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




El ICE y el imperialismo

La contradicción antagónica a nivel mundial se da entre el imperialismo y el socialismo. Con el imperialismo no se puede negociar. Es la fusión del capital financiero e industrial llevado hasta el extremo de que, una vez conquistado el territorio donde se desarrolla su comercio, se lanza a la guerra de rapiña en busca de nuevos mercados y materias primas para un nuevo reparto del mundo. Este nuevo reparto lleva a choques y tensiones entre los distintos bloques imperialistas en las que el proletariado siempre pone los muertos para su beneficio privado. Al imperialismo le sobran millones de vidas de obreros que deben ser cremadas para conseguir materias primas y mantener incólume su sistema de explotación.

El capitalismo, en su fase imperialista, chorrea sangre, muerte y miseria, que es lo único que puede ofrecer a la clase obrera. En el imperialismo, los mismos flujos migratorios que provocan sus guerras de rapiña, son luego fuertemente reprimidos y se venden como una amenaza a la identidad nacional en un sistema que se desarrolla más allá de las fronteras. Se da la paradoja de que las mercancías pueden circular libremente allende fronteras pero no así los seres humanos. Un ejemplo de ello lo vemos en el ICE norteamericano, cuyo objetivo es disciplinar y controlar a la mano de obra migrante con el fin de atemorizarlos para explotarlos mejor. El ICE está vinculado a centros de detención privados y contratos lucrativos, regados de dinero público, que convierten la detención y la deportación en un negocio. Además, es un intento desesperado de introducir el racismo y nacionalismo a ultranza, el fascismo que es la unión de ambas cosas, para medrar contra la clase obrera para beneficio del capital, un intento de introducir la división entre la clase obrera que carece de conciencia de clase. Y es que cuando el capitalismo llega a su fase imperialista, no tiene otra salida que el fascismo. El fascismo es su lenguaje pero también la muestra de su debilidad al entrar en bancarrota, los estertores de la bestia herida de muerte.

El ICE no es más que un nuevo síntoma de la desarmonización de las fuerzas productivas en la estrechez de las relaciones de producción capitalistas y de la apropiación privada del trabajo social, un intento de cremar millones de vidas proletarias que no puede introducir en su sistema productivo. Al imperialismo hay que combatirlo sin cuartel y la única alternativa para la clase obrera, foránea o nacional, es su plena unidad en la construcción del socialismo. Mientras no se dé, el capital seguirá perpetrando, mediante sus distintos sicarios armados, todas sus fechorías y la contradicción imperialismo vs. socialismo caerá en manos del imperialismo con todas sus consecuencias para la clase obrera.

El imperialismo, decía Lenin, es la antesala de la revolución proletaria ya que lleva la contradicción del imperialismo con el socialismo hasta el extremo. En este escenario, la clase obrera en EEUU se empieza a organizar contra esta violencia sistemática contra sus hermanos de clase. No sería extraño que, mediante formas más elevadas de organización, implosionara una revolución en su seno ahora que la burguesía norteamericana, encarnada en sus monopolios, muestra todos los síntomas de debilidad. Para ello necesitarán un partido revolucionario de vanguardia, el partido comunista.

El PCOE, desde el internacionalismo proletario, hace un llamamiento a la organización del proletariado estadounidense en consecución de su plena libertad y del fin de la explotación y la guerra contra sus hermanos de clase. Desde el PCOE exigimos el fin de la policía migratoria y la conquista de los derechos plenos de la clase obrera en Estados Unidos y el resto del mundo, que no llegará de otra forma que a través de la revolución proletaria.

 

¡Por el fin de la violencia imperialista!

¡Proletarios del mundo, uníos!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Sobre Venezuela, el antiimperialismo como nueva formulación del oportunismo y el socialismo

Sin duda, para que haya verdaderamente una revolución socialista, es necesario romper completamente la maquinaria del estado burgués, abolirlo junto con las relaciones de producción capitalistas socializando los medios de producción a través del nuevo estado proletario, socialista, instrumento de poder del proletariado por el que se adueña de los medios de producción y reprimir a la burguesía al objeto de acabar con ella como clase social. No hacerlo, intentar modificar el estado burgués a base de decretos y reformas, permitiendo la base económica capitalista y manteniendo plenos derechos la burguesía, no solo es contrario a lo que es una revolución socialista, sino a los principios cardinales del marxismo-leninismo, permitiendo que la burguesía mantenga el poder y facilitando la intervención de la reacción, del imperialismo. Esto es lo que acontece, por ejemplo, en Venezuela que trata de emanciparse nacionalmente pero que no ha roto nunca con el capitalismo, la Revolución Bolivariana es un proceso de liberación nacional, de lucha por su soberanía nacional sin romper con el sistema capitalista, con la propiedad privada sobre los medios de producción.

En la Revolución Bolivariana, una gran parte de la burguesía fue integrada en el bloque del poder y se reprodujeron las desigualdades y prácticas clientelares propias de la democracia burguesa. En lo económico, se fio todo a la renta petrolera, lo que no permitió diversificar la economía y generar un modelo rentista y dependiente, en un escenario de alta volatilidad, en lugar de potenciar el poder obrero sobre la producción para crear una base productiva socialista. La dislocación y el revisionismo de la ciencia obrera, el marxismo-leninismo, ha sido total como vemos en este ejemplo (https://youtu.be/2bIl4Uii5GI?si=ZhW3G_MZK5dblOWf). El proyecto, que se presentó como una tribuna antiimperialista, por no haber borrado a la burguesía del control del poder habiendo creado un estado proletario y socialista, ni al acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción, deja bien patente que una parte de lo que se denomina antiimperialismo, equiparando tramposamente imperialismo únicamente con EEUU, no es propiamente antiimperialista ni, mucho menos anticapitalista, sino que lo que pretenden es cambiar el orden actual imperialista sin acabar con el capitalismo ni su formación socioeconómica; o lo que es lo mismo, un ejercicio de idealismo burgués pretendiendo frenar y hacer retroceder la rueda de la historia, creyendo que el imperialismo se puede revertir por un capitalismo premonopolista donde la burguesía nacional juegue su papel y se respete la soberanía nacional por los monopolios imperialistas cuando el imperialismo es la consecuencia del desarrollo del capitalismo premonopolista, de la concentración del capital y la conformación de los monopolios. De hecho la agresión contra Venezuela es la expresión clara de la necesidad del imperialismo norteamericano para poder rehacerse de su bancarrota, y tratar de competir con otras potencias imperialistas emergentes, de apropiarse de los recursos de las naciones latinoamericanas, adueñándose del continente americano, desde el Polo Norte al Polo Sur, de la negación del ideario del pensamiento chavista, demostrándose que la lucha por la emancipación nacional es incompleta si esta lucha no es por el socialismo, y el socialismo y su desarrollo es el que progresivamente irá resolviendo las diferencias sociales y nacionales, construyendo un mundo sin explotación donde la igualdad plena será la ley para la humanidad. Venezuela en el trance histórico que vive hoy, para hacer respetar su soberanía y para fortalecerse frente al imperialismo, sin duda deberá fortalecer a la clase revolucionaria, al proletariado en alianza con el campesinado, desarrollando auténtico poder popular donde la clase mayoritaria y revolucionaria, que es lo que verdaderamente constituye el pueblo, sea quien responda a la amenaza criminal imperialista. Y para que haya un auténtico poder popular, del proletariado y del campesinado pobre, la base económica tiene que estar a disposición de la clase revolucionaria, esto es, debe ser socialista.

Con el imperialismo no se puede transar, hay que combatirlo sin cuartel, y ese combate es construir la única alternativa real que hay al imperialismo, el socialismo. La única manera de armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con la estrechez de las relaciones de producción capitalistas, con la propiedad privada sobre los medios de producción, pasa o por el socialismo – liquidando las relaciones de producción capitalistas y socializando los medios de producción – o por  el imperialismo – destruyendo fuerza de trabajo asesinando a millones de seres humanos, pueblos enteros mediante la guerra y la explotación capitalista -, pasa por la construcción de la igualdad plena – socialismo como fase de comunismo inmaduro y la fase posterior comunista – o la concentración de la riqueza en un puñado de manos que es el camino del imperialismo. Por tanto, la consigna ¡Socialismo o barbarie!, es la consigna vigente y que realmente rige en el mundo actual.

En el mundo actual, que va flechado hacia una nueva conflagración mundial como consecuencia de un choque de las potencias imperialistas por un nuevo reparto mundial, el oportunismo dentro del movimiento comunista hace bandera del interclasismo, de la alianza con la burguesía, con aquellos que abjuran del socialismo y que incluso son enemigos de éste, y que bajo ningún concepto pretenden que el mundo avance por la senda de la construcción del socialismo, empleando para ello la consigna del antiimperialismo, ubicando como imperialistas a EEUU y a sus socios, blanqueando a las potencias imperialistas “emergentes” y encontrando en este antiimperialismo un subterfugio para aliarse con la burguesía, renunciando al socialismo, negando de facto como clase revolucionaria al proletariado y negando como instrumento para la lucha de clases al partido marxista-leninista, al movimiento comunista, a la unidad de los comunistas. ¿Cuál es la clase social revolucionaria en el movimiento antiimperialista que pregonan esta panda de oportunistas y qué base económica pretenden construir esos que defienden el antiimperialismo como formulación oportunista de alianza con la burguesía? ¿Acaso China, Rusia o la burguesía venezolana, por poner un ejemplo, pretenden construir el socialismo y reconocen al proletariado como sujeto revolucionario constructor del nuevo mundo socialista y comunista? ¿Acaso pretenden acabar con la formación socioeconómica imperialista? ¡Es evidente que no!

Hoy el mundo tiene dos caminos, o el camino de la barbarie que es el camino del imperialismo, o el camino del socialismo que es la construcción de un mundo de iguales donde los recursos económicos y naturales están al servicio del proletariado y del campesinado pobre y donde la burguesía no tiene otro camino que su extinción. Y todo aquél que diga que hay otra vía, o que utilice subterfugios para aliarse con la burguesía no está por el socialismo sino por darle vida al imperialismo, por muy antiimperialista que se denomine.

 

¡Por la construcción de un Movimiento Comunista Internacional depurado de todo tipo de oportunismo!

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Socialismo o Barbarie!

 

Barcelona, 7 de enero de 2026

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Venezuela bajo ataque imperialista

Desde hace meses, los Estados Unidos, la nación más criminal y terrorista de la historia de la humanidad, comandados por el fascista Donald Trump, han redoblado sus amenazas contra la República Bolivariana de Venezuela y, en la madrugada del sábado 3 de enero, Caracas fue víctima de bombardeos aéreos estadounidenses y el presidente, Nicolás Maduro, fue secuestrado. En los momentos que corren, la soberanía del país se encuentra seriamente amenazada por la bestia imperialista.

El objetivo de los fascistas estadounidenses es el de poner sobre Venezuela una presión extraordinaria por medio de sanciones financieras y falsas noticias contra el gobierno venezolano, al que acusan falsamente de narco-terrorismo, fraude electoral y violación de los Derechos Humanos. Todo esto para desplegar sus organizaciones militares en la zona del Caribe y otorgar legitimidad a sus ataques sobre suelo venezolano para apoderarse de los valiosos recursos del país, que quedarán bajo las garras de sus monopolios, en especial sus empresas petroleras. En vista de los hechos ocurridos, queda claro que organismos como la ONU son completamente inoperantes, que el Derecho Internacional es papel mojado, que no existe castigo alguno contra los crímenes de guerra y que el poderío armamentístico prevalece sobre cualquier apariencia democrática que intente adoptar la burguesía. Además, los hechos ocurridos no se circunscriben únicamente a Venezuela, sino que son una advertencia directa contra la soberanía de países como Cuba, México, Colombia o Brasil.

El imperialismo estadounidense sigue considerando que estos países pertenecen a su patio trasero y no tolera el desarrollo de procesos que desafíen los intereses de sus monopolios. De esta forma, cuando los chantajes diplomáticos se muestran ineficaces, llega el momento de desplegar campañas mediáticas difamatorias a nivel internacional al objeto de justificar el terrorismo de estado, los crímenes de guerra, golpes de Estado y sangrientas guerras en los países que están en su punto de mira.

Desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) condenamos las acciones terroristas que los Estados Unidos llevan cometiendo durante décadas y que atentan contra la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela. El boicot económico que ha causado miles de muertes, la propaganda difamatoria, el bombardeo de Caracas, los más de 80 fallecidos, así como el secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores suponen un acto de guerra que debe ser rechazado por el movimiento obrero a nivel internacional, a la par que debe servir para revelar la naturaleza criminal de las potencias capitalistas y la inacción de los organismos internacionales frente a la barbarie y el fascismo.

Estos actos de terrorismo internacional no pueden quedar impunes. Las embajadas estadounidenses deben ser cerradas y sus dirigentes expulsados de todo país que se considere contrario a la barbarie imperialista. El proletariado internacional debe luchar por la salida de la OTAN, por el cierre de las bases estadounidenses en sus respectivos países, por liquidar activamente el dólar y, sobre todo, por cuestionar el imperialismo y construir el socialismo. Quien se ponga de perfil será igual de cómplice que los fascistas que apoyan el terrorismo de los Estados Unidos; al igual que todo aquel que cuestionó la victoria electoral de Maduro en 2024, victoria del chavismo que el propio Trump reconoció el pasado día 3 de enero por pasiva al expresarse sobre la fascista Machado, lo que hizo fue armar y fortalecer a la reacción, como ha demostrado Trump; por consiguiente, toda la pléyade de oportunistas y reaccionarios que cuestionaron el resultado electoral en Venezuela en 2024 no sólo son responsables, también, de esto sino que allanan el camino a la reacción mundial para que repita esta fórmula de agresión sobre otras naciones, soberanía nacional que bajo el imperialismo está condenada a perecer. Y es que en la fase de imperialismo no puede haber soberanía sin socialismo, estando en el momento actual ambas luchas entrelazadas.

Además de la impunidad de los Estados Unidos, acontecimientos como este o el derrocamiento del gobierno en Siria reafirman la falsedad del multipolarismo. De un tiempo a esta parte, un sector oportunista del movimiento comunista ha tratado de presentar la multipolaridad como una alternativa para los trabajadores del mundo frente a la hegemonía impuesta por los Estados Unidos y la OTAN. No obstante, la historia nos demuestra que la multipolaridad no significa antiimperialismo en ninguna de sus facetas y que, de hecho, su plasmación en la práctica ha consistido en tomar partido por una facción del capital financiero en la actual disputa interimperialista. No podemos analizar el ataque a Venezuela de forma aislada, antidialéctica, sino que debe entenderse en el marco actual de las contradicciones interimperialistas, del conflicto entre los intereses de los monopolios estadounidenses y los proyectos de las burguesías nacionales que pretenden desarrollar un mayor control sobre sus recursos estratégicos, materias primas y su soberanía política, buscando alianzas comerciales y políticas con otras potencias imperialistas como China y Rusia que amenazan la supremacía estadounidense.

Nos encontramos ante una amenaza gigantesca, pues Donald Trump ha expresado sin pudor que pretende controlar el país directamente, instalar un gobierno títere y convertir la economía venezolana en un apéndice de sus monopolios. No obstante, el pueblo venezolano ha demostrado durante décadas ser un pueblo valiente y revolucionario que no se dejará amedrentar. Al contrario, ahora debe darse un paso adelante en la resistencia nacional y de clase frente a quienes quieren convertir el país en una colonia, aumentar la organización y el entrenamiento de la población civil para hacer frente a la barbarie imperialista y al fascismo. La bestia imperialista debe ser expulsada de Venezuela y, en el caso de que los dirigentes del PSUV busquen claudicar, el pueblo debe superar al PSUV y construir activamente el socialismo como única alternativa frente a la situación actual.

 

¡HONOR Y GLORIA A QUIENES CAYERON COMBATIENDO EL FASCISMO!

¡LIBERTAD INMEDIATA PARA NICOLÁS MADURO Y CILIA FLORES!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Madrid, 5 de enero de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)