1

Análisis del 22º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO)

Los pasados días 27, 28 y 29 de octubre, en la ciudad de La Habana, se celebró el XXII Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros que, según los propios organizadores recogieron en la Declaración Final del citado Encuentro, congregó a «145 representantes de 78 Partidos Comunistas y Obreros de 60 países».

Nuestro Partido, que no forma parte de ese Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, también denominado EIPCO, ha estudiado con detenimiento tanto todo tipo de noticia emanada del citado encuentro como, sobre todo, los dos documentos emanados por el XXII cónclave del EIPCO como son su Declaración Final y su Plan de Acción.

La Declaración Final del XXII Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros pretende ser un alegato abiertamente antiimperialista. Nadie que se precie de abrazar el marxismo-leninismo, y de aspirar a conquistar el comunismo, puede estar en desacuerdo en denunciar «que la depredadora naturaleza del capitalismo conduce al incremento de la desigualdad, la polarización de la riqueza» y demás efectos que denuncia dicha Declaración Final en su punto cuarto. Como tampoco puede estar en desacuerdo, más bien todo lo contrario, en denunciar que «El sistema político burgués, que defiende los intereses de los monopolios y corporaciones, gestiona la crisis sistémica del capitalismo en su beneficio […] mediante la presión y la violencia […]», como señala el punto quinto de la citada Declaración.

Sin embargo, tanto la Declaración Final como sus acuerdos, entre los que se hallan las tareas prácticas contenidas en su Plan de Acción como consecuencia de las conclusiones contenidas en dicha Declaración Final, en nuestra opinión son altamente decepcionantes pues, en ellas, comprobamos cómo en una parte importante del Movimiento Comunista Internacional, la parte que forma parte de ese EIPCO, no estudia los cambios que se están operando en la base económica y que tienen un reflejo en la superestructura actual del imperialismo, sino que parten de la superestructura exclusivamente para tratar de cambiar la propia superestructura, una forma de cavilar, de analizar, alejada del método de análisis marxista.

Se elude hablar en la Declaración Final de la situación agonizante del capitalismo monopolista como consecuencia de la automatización de la producción. La automatización de la producción, que desarbola y desequilibra por completo la composición orgánica del capital en favor del capital constante, conduce a la negación del propio capitalismo y es este factor el que exacerba y agudiza al máximo la contradicción que arrastra el capitalismo, desde siempre, de decrecimiento de la cuota de ganancia a la par que la tasa de explotación progresivamente tiende hacia el infinito como consecuencia del desequilibrio máximo en la composición orgánica del capital de tal modo que la parte de capital destinada a la obtención de plusvalía – el capital variable – tiende a cero con la robotización, acreditando cuasi matemáticamente que la automatización o robotización de la producción lo que en la práctica hace es negar el capitalismo.

Es este hecho, la robotización o automatización, el que conduce a una mayor concentración de la producción, a un incremento de la clase obrera como consecuencia del canibalismo del imperialismo para con la pequeña y mediana burguesía, arruinada, despojada y empujada a la miseria, a incrementar las filas del proletariado.

La concentración de la producción, el desarrollo máximo de los monopolios, conducen a la reacción política, al fascismo que hoy impera y, por tanto, no puede ofertar otra cosa a la humanidad que la agudización de la violencia, la guerra al objeto de salvaguardar a su moribundo sistema económico que a cada paso que avanza la automatización se niega a sí mismo.

Señalaba Carlos Marx en el prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política que

«ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización».

¿PREDOMINIO O DEBILIDAD DEL IMPERIALISMO? EL MOMENTO ES REVOLUCIONARIO

 

Sin duda, el momento actual es un momento revolucionario en tanto las fuerzas productivas se han desarrollado al máximo en el seno del capitalismo y la automatización. Aparte de generar las condiciones materiales necesarias para el cambio de formación socioeconómica, implica el desarrollo del sistema superior dentro del marco del imperialismo, de tal modo que las condiciones expresadas por Marx para la desaparición de una formación socioeconómica, en este caso la capitalista, y su sustitución por una formación socioeconómica superior, en este caso la socialista, se cumplen plenamente en la actualidad.

Por tanto, más que como dice el texto final del EIPCO por «el actual predominio del imperialismo impone un orden internacional injusto o insostenible, intensifica la explotación y empeora las condiciones de la clase obrera y de los pueblos, genera crecientes conflictos, antagonismos y guerras, y dificulta la solución de problemas globales» hemos de subrayar que, en nuestra opinión, es la debilidad – y no su predominio como advierte el EIPCO en su punto segundo – de su sistema económico, quebrado, donde el desarrollo de la automatización socava al propio sistema y confronta abiertamente a las potencias imperialistas entre sí, las que hacen que el imperialismo no tenga más salida que la mencionada para tratar de poner palos a la rueda de la historia que lo empuja a su enterramiento. Es en este escenario donde debe ubicarse «la creciente agresividad del imperialismo y de la recomposición geopolítica en curso» y demás apreciaciones que el EIPCO hace en su Declaración Final.

Y ello, lejos de ser consecuencia del predominio del imperialismo es consecuencia de su debilidad, de su bancarrota, que está provocando una fragmentación del propio imperialismo en varios polos, la cual debilita a todas las potencias imperialistas y, consecuentemente, al propio imperialismo en sí.

Como puede constatarse, la primera conclusión sobre si la situación actual es consecuencia del predominio del imperialismo, como afirma el EIPCO, o de la debilidad de éste como afirma nuestro Partido, difiere como consecuencia de que el EIPCO hace un análisis alejado del marxismo al incidir en el análisis de la superestructura sin acudir a la base económica, obviando en la práctica que los fenómenos que acontecen en la superestructura son reflejo de las contradicciones producidas en su base económica.

¿QUÉ DEFENDEMOS LOS COMUNISTAS?

 

Señala la Declaración Final del XXII EIPCO, en su punto segundo, que

«los comunistas defendemos un nuevo orden mundial, basado en la abolición de la explotación del hombre por el hombre, las relaciones de beneficio mutuo entre estados y pueblos, la paz, el desarrollo sostenible para la satisfacción de las necesidades sociales, la justicia social y la solidaridad».

Ciertamente, los comunistas luchamos por abolir el capitalismo, liquidar la formación socioeconómica capitalista y construir un nuevo orden mundial donde desaparezca de la faz de la tierra la explotación del hombre por el hombre. Pero el hecho de partir de la superestructura para cambiarla sin mirar los cambios que se están operando en la estructura, sin evaluar el impacto de la automatización de la producción, y despreciando la premisa marxista de que «el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general», conduce a repetir fórmulas pretéritas – y fracasadas – sin pensar, tan siquiera, si se ajustan al mundo de hoy que difiere al de hace unas décadas.

El propio imperialismo y su desarrollo económico han ido modificando la forma de comunidad humana, ha borrado fronteras y las ha reescrito a su antojo, ha mutilado al Estado-nación y ha elevado estructuras estatales supranacionales desde donde los monopolios dirigen el mundo en su totalidad o amplias regiones de éste, convirtiendo a las naciones y sus Estados en agencias locales de dichos monopolios. Sin embargo, el Documento Final del XXII EIPCO concibe un mundo estático, y lo que es más grave, desnaturaliza el objetivo de los comunistas, que no es el de perpetuar los estados sino el de abolirlos, como consecuencia de la liquidación de las clases sociales y, por tanto, la extinción de la lucha de éstas. Mala señal si los comunistas contemplamos una superestructura similar, donde existan estados y fronteras, cuando nuestro objetivo es la construcción de una base económica antagónica a la actual y, en consecuencia, la superestructura que emane de la misma será, a la fuerza, diferente a la actual.

EL SUJETO REVOLUCIONARIO

 

La Declaración Final del XXII EIPCO define en su punto séptimo cuál es su sujeto revolucionario:

«7. La batalla de la clase obrera mundial contra el sistema capitalista de explotación requiere, en primer lugar, la unidad del Movimiento Comunista y Obrero junto a los movimientos sociales y populares, campesinos e indígenas, para fortalecer la lucha de clases contra los planes burgueses e imperialistas y por la construcción de un mundo de paz, justicia y equidad social».

Señalaba Carlos Marx en el Manifiesto Comunista lo siguiente:

«De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar.

Los estamentos medios – el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino –, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Más todavía, son reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la Historia. Son revolucionarios únicamente por cuanto tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, por cuanto abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado.

El lumpemproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la reacción para servir a sus maniobras.

Las condiciones de existencia de la vieja sociedad están ya abolidas en las condiciones de existencia del proletariado. El proletariado no tiene propiedad; sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen nada de común con las relaciones familiares burguesas; el trabajo industrial moderno, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en Francia, en Norteamérica que en Alemania, despoja al proletariado de todo carácter nacional».

El valor de las fusiones y adquisiciones de empresas (M&A) en 1999 ascendió a 700 mil millones de dólares en el mundo. En 2021 esta cuantía se multiplicó hasta alcanzar la cifra de 5,63 billones de dólares, esto es, la concentración de capital se ha multiplicado en estos 22 años del siglo XXI un 804,28% con respecto del año 1999. Un dato que refleja las múltiples fusiones y adquisiciones y que acredita cómo se han desarrollado los monopolios a lo largo de este casi primer cuarto de siglo.

El 75% de la producción mundial del vidrio para automoción en 2021 recayó sobre 5 grupos empresariales (Asahi Glass Co., Fuyao, Nippon Sheet Glass, Saint-Gobain y Xinyi Glass Holding Limited).

El 83,90% de la producción mundial de neumáticos en 2021 recayó sobre 5 grupos empresariales (Michelin, Bridgestone, Goodyear, Continental y Sumitomo Rubber Industries).

El 89% de la producción mundial de chips y semiconductores en 2021 recayó sobre tres monopolios (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company Limited (TSMC), Samsung y Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC)).

El 69,32% de la comercialización de granos, legumbres, harinas proteicas y aceites vegetales en el mundo en el año 2021 estuvo controlada por 8 empresas (Cargill, COFCO, ADM, Bunge, Moreno Hnos., ACA, LDC y AGD).

Podríamos seguir desgranando los diferentes ramos de la producción, y constatar la existencia de un oligopolio que controla cada una de ellas a nivel internacional. Algo que por otro lado no es desconocido, sino que a lo largo del tiempo se ha ido acentuando como consecuencia del desarrollo natural del capitalismo que conduce a la concentración máxima de la producción, al monopolio, fase en la que nos encontramos.

El agro no es una excepción, según el Resumen Ejecutivo de la organización Land Coalition en noviembre de 2020 señalaba que la desigualdad de la tierra aumenta desde la década de los 80s, radiografiando que

«se debe en gran medida a los modelos de agricultura industrial a gran escala respaldados por las políticas impulsadas por el mercado y economías abiertas que priorizan las exportaciones agrícolas, así como a mayores inversiones del sector financiero y empresarial en alimentos y agricultura, y la debilidad de las instituciones y mecanismos existentes para resistir la creciente concentración de la tierra […] un resultado clave de la tendencia actual es un sistema agroalimentario y de tierras cada vez más polarizado, con crecientes desigualdades entre los terratenientes más pequeños y los más grandes. Los sistemas alimentarios dominantes a nivel mundial están controlados por un pequeño número de corporaciones e instituciones financieras, impulsados por la lógica del retorno de las inversiones a gran escala a través de economías de escala […]. «Hoy en día, se estima que hay aproximadamente 608 millones de fincas en el mundo, y la mayoría son fincas familiares. Sin embargo, el 1% de las grandes empresas agrícolas opera más del 70% de las tierras agrícolas del mundo y están integradas en el sistema alimentario empresarial, mientras que más del 80% son pequeñas explotaciones de menos de 2 has que generalmente están excluidas de las cadenas alimentarias mundiales […] las nuevas mediciones muestran que el 10% más rico de las poblaciones rurales capta el 60% del valor de la tierra agrícola, mientras que el 50% más pobre, que generalmente depende más de la agricultura, capta solo el 3%. En comparación con los datos del censo tradicional, esto muestra un aumento en la desigualdad de la tierra rural del 41% cuando se tienen en cuenta el valor de la tierra agrícola y la falta de tierra, y un aumento del 24% si sólo se considera el valor».

Según estima el Banco Mundial en 2021 el 44% de la población mundial era población rural, mientras que en 1960 este porcentaje ascendía al 66%, dando buena cuenta de los flujos migratorios producidos desde el agro al orbe. Éxodo rural que se acentuará todavía más como consecuencia de la automatización de la explotación agraria, que forzará la migración del campo a la ciudad y que hará que se concentre todavía más la propiedad y la explotación de la tierra por parte de los monopolios agrícolas.

En el mundo hay en torno a 2.500 millones de personas que viven de la agricultura – pequeños agricultores, braceros, pastores, comunidades indígenas, etcétera –, de los que 1.892 millones de personas están despojados de la propiedad de la tierra y, por tanto, lejos de considerarlas como campesinos habría que considerarlos en su justo término: proletariado.

Pero de los 608 millones de fincas, son pequeños propietarios (menos de 2 hectáreas) 486,4 millones, siendo grandes terratenientes solo el 1% de los grandes propietarios los que controlan el 70% de las tierras que son directamente los monopolios de la alimentación, que controlan las tierras y los canales de comercialización del producto que arroja la tierra, convertido en mercancía.

Por otro lado, el Documento Final del EIPCO se refiere a la alianza de la clase obrera con los indígenas. Las comunidades indígenas, o etnias, no son más que comunidades humanas definidas por afinidades raciales, lingüísticas, culturales, tradiciones, etcétera que se ubican en un determinado lugar geográfico, normalmente en zonas rurales. Dentro de las comunidades indígenas éstas se estructuran socialmente, de tal modo que indígenas burgueses no vacilan en oprimir a otros indígenas y no indígenas.  La sociedad no es más que un reflejo de las contradicciones que emanan de la base económica y, en cuanto a la sociedad capitalista, las clases sociales vienen determinadas por su relación con la propiedad de los medios de producción. Los explotados lo somos porque estamos despojados de los medios de producción – ya sea un obrero fabril, un jornalero o bracero o un indígena – y consecuentemente engrosamos las filas del proletariado. Los enemigos de los explotados, del proletariado con independencia de su nacionalidad, de su etnia o de su raza, son los explotadores, son los que nos despojan de los medios de producción, los que nos roban nuestras vidas apropiándose del fruto de nuestro trabajo condenándonos a la miseria. Y flaco favor hacemos los comunistas para abolir a la burguesía y al capitalismo si en lugar de tejer la unidad de la clase obrera, que es el sujeto revolucionario, lo que hacemos es disgregarlo. La lucha contra el racismo, contra el fascismo, contra el imperialismo, por la emancipación nacional, por la emancipación racial o étnica, son una única lucha, la lucha entre explotadores y explotados, la lucha entre burgueses y proletarios, la lucha entre capitalistas y comunistas.

Exacerbar la diferencia entre los diferentes sectores que conforman al proletariado, establecer alianzas interclasistas en un momento histórico donde incluso amplias capas de la burguesía arruinadas pasan a formar parte del proletariado imperando la proletarización, es el mayor favor que se le puede hacer al imperialismo a pesar de que de verbo se diga que se combate a éste, pues realmente se hace todo lo contrario.

En nuestra opinión el EIPCO se equivoca en ese punto séptimo de su Declaración Final al fraccionar al sujeto revolucionario, al proletariado, y pretender establecer alianzas interclasistas cuando el imperialismo y su desarrollo está proletarizando a amplias capas de la sociedad, incluyendo a vastas capas burguesas. Y consideramos que ese error viene inducido por no analizar la base económica y las modificaciones que se están produciendo en la misma que tienen un reflejo en la superestructura.  De tal modo que nos encontramos que una parte del movimiento comunista repite consignas por décadas conocidas que no se corresponden, en gran parte, al momento actual ya que la conformación de la sociedad es diferente, como consecuencia de los cambios operados en la estructura económica, los cuales no han sido abordados ni analizados en dicho Encuentro Internacional.

ACERCA DE LOS ACUERDOS

 

La Declaración Final del XXII EIPCO concluye el análisis realizado con una serie de acciones, algunas de las cuales se detallan en mayor grado en el Plan de Acción aprobado en dicho Encuentro.

Entre las acciones comprobamos que hay un calendario de efemérides y conmemoraciones, algo de solidaridad internacional… Pero poco, o mejor dicho nada, se habla de cómo fortalecer la unidad comunista y cómo pergeñar una táctica revolucionaria para conducir al proletariado a la toma del poder.

De hecho, hay algunos acuerdos sobre los que, como parte integrante del Movimiento Comunista Internacional, le guste o no al EIPCO, nuestro Partido pretende observar y analizar en aras de suscitar un necesario debate entre los marxistas-leninistas para hacer avanzar nuestras posiciones, condición sine qua non para que podamos enviar al estercolero de la historia al imperialismo y construir el socialismo para avanzar hacia el comunismo.

Se habla mucho de la paz y del socialismo, objetivos que los comunistas, sin duda, anhelamos. Así estas organizaciones comunistas y obreras acuerdan, primeramente,

«Unir esfuerzos para reforzar la lucha contra el imperialismo, contribuir a transformar el actual orden internacional injusto y antidemocrático en el cual prevalecen los intereses capitalistas, por un orden internacional basado en la paz, el desarrollo sostenible, la justicia social y la solidaridad, para allanar el camino de la construcción de la sociedad socialista” y, también, “Rechazar categóricamente las guerras imperialistas, la amenaza y el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, y promover la lucha por la paz. Intensificar la acción y la solidaridad internacionalista, en defensa de los intereses comunes de los pueblos, contra las clases burguesas».

De sobra es conocido que únicamente podrá haber paz en el mundo, y ausencia de violencia, cuando impere el comunismo, o lo que es lo mismo, desaparezcan las clases sociales y los Estados. Para conquistar el comunismo, previamente hay que desarrollar la unidad de la clase obrera, que es la unidad de su vanguardia – aspecto éste sobre el que hablaremos más adelante –, establecer una táctica revolucionaria que haga que el Movimiento Comunista se fusione con el Movimiento Obrero y lo eleve ideológica y organizativamente a la conquista del poder. Para ello hay que tener claro qué base económica y qué superestructura requiere nuestro socialismo, así como cuál es la clase revolucionaria, de lo que ya hemos hablado anteriormente. Sin duda, la base económica es arrebatar la propiedad de los medios de producción a los capitalistas, poner el desarrollo tecnológico al servicio de la totalidad de la clase obrera y hacer que ese progreso tecnológico se convierta en progreso social. Para conseguir esto hay que establecer una táctica para fusionar al Partido con las masas proletarias, para desarrollar los órganos de poder proletario dotando a la clase de la estructura organizativa necesaria para confrontarse revolucionariamente con los Estados y las estructuras organizativas supranacionales de los monopolios, y para derrocarlos revolucionariamente imponiendo la dictadura del proletariado – de la que nada se habla – al objeto de reprimir por completo a la burguesía, despojándola no sólo de la propiedad de los medios de producción sino de cualquier derecho democrático.

Ciertamente, los comunistas tenemos que hablar a la clase obrera del riesgo que corre la humanidad con el imperialismo criminal, hay que movilizar al proletariado contra las guerras imperialistas, contra las organizaciones militares y la lógica militarista del imperialismo y su escalada bélica siendo conscientes que los imperialistas tienen armas que pueden destruir la vida humana en el planeta. Pero también hay que enseñar al proletariado que se encuentra en una guerra abierta contra la burguesía, contra el imperialismo, y que mientras de manera revolucionaria, por la fuerza, no acabemos con el capitalismo, no acabemos con su ideología, y por la fuerza se imponga la dictadura del proletariado, es imposible dar pasos ciertos para conquistar la paz pues el enemigo de la humanidad no solo es el imperialismo, sino aquellos falsos aliados que no tienen la más mínima intención de conquistar y edificar el socialismo y el comunismo.  Y por lo que comprobamos, esta segunda cuestión no solo la omite el EIPCO, sino que señala al imperialismo en decadencia pero se pone de perfil ante potencias imperialistas emergentes a las que, incluso, les otorgan máscaras de socialistas cuando son potencias imperialistas.

EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO

 

Los asistentes al citado Encuentro internacional acuerdan

«demandar el respeto a los principios de libre determinación de los pueblos, independencia, igualdad soberana, y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, así como el derecho legítimo de los pueblos a la paz y elegir su propio camino de desarrollo».

Para empezar, nosotros nos preguntamos, “demandar” ¿a quién? ¿A los Estados imperialistas que utilizan la guerra como válvula de escape de su completa bancarrota económica? ¿A los organismos de opresión supranacional como la Unión Europea, la OTAN o el FMI? ¿O a los gobiernos burgueses que ideológicamente se encuentran completamente instalados en la reacción? ¿O a determinados firmantes de los citados acuerdos del EIPCO?

Sin duda, los marxistas-leninistas debemos apoyar el derecho a la autodeterminación y, si así lo deciden los miembros de esa nación oprimida, la independencia de ésta. Pero a la par, tenemos la obligación de estrechar lazos con la clase obrera de dicha nación oprimida nacionalmente emancipada en base a nuestra condición de clase, mediante el internacionalismo proletario, pues a los obreros no nos une la cuestión nacional sino la cuestión clasista, y la lucha de la clase obrera es una lucha que trasciende lo nacional pues es una lucha social, tal y como Marx expresó en los Estatutos de la Asociación Internacional de los Trabajadores indicando que «la emancipación del trabajo no es un problema nacional o local, sino un problema social que comprende a todos los países en los que existe la sociedad moderna».

Sin embargo, en el marco del capitalismo agonizante, monopolista, existente en la actualidad, el derecho a la libre determinación de los pueblos está indisolublemente unido a la lucha por el socialismo. Y es que en la formación socioeconómica imperialista, donde el mundo está repartido y a merced de los monopolios, únicamente los imperialistas son capaces de determinar el destino de una nación, de dibujar las fronteras en los mapas, no sea que esos pueblos, y más concretamente la clase obrera dirigida por su vanguardia comunista, su partido, rompan la cadena imperialista e impongan el socialismo y la dictadura del proletariado liberando esa parte emancipada y poniéndola a disposición del resto de proletarios del mundo al objeto de alcanzar su emancipación como clase.

En ese acuerdo del EIPCO hay una parte en la que debemos detenernos y que extractamos nuevamente:

«igualdad soberana, y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, así como el derecho legítimo de los pueblos a la paz y elegir su propio camino de desarrollo».

Sin duda, este acuerdo es clarificador de la ideología de los que participaron en dicho encuentro. El 10 de mayo de 1914, en el número 82 del periódico “Put Pravdi” se publicó un artículo de Lenin bajo el título “Como se corrompe a los obreros con el nacionalismo refinado” (OC, Tomo XXV, pp. 149-150) que señala lo siguiente:

«Los obreros conscientes se esfuerzan por combatir todo tipo de nacionalismo, tanto el burdo, violento y ultrarreaccionario como el más refinado, que predica la igualdad de las naciones junto… con la fragmentación de la causa obrera, de las organizaciones obreras y del movimiento obrero conforme a la nacionalidad. A diferencia de todas las variedades de la burguesía nacionalista, los obreros conscientes aplican las resoluciones de la última reunión de marxistas (del verano de 1913) y defienden no sólo la igualdad más completa, consecuente y plenamente llevada a la práctica de naciones e idiomas, sino también la fusión de los obreros de las distintas nacionalidades en todo tipo de organizaciones proletarias únicas».

 

En el EIPCO algunos Estados presentan varios partidos comunistas, como por ejemplo el Estado español, quedando demostrado la calidad marxista-leninista de dicho encuentro, la coherencia y, fundamentalmente lo a rajatabla que siguen la ciencia del marxismo-leninismo y sus postulados.

«El dominio del capital es internacional. Por eso, también la lucha de los obreros de todos los países por su emancipación tiene éxito únicamente cuando es una lucha conjunta contra el capital internacional. Por eso, el obrero alemán, el obrero polaco y el obrero francés son compañeros del obrero ruso en la lucha contra la clase capitalista, del mismo que son enemigos suyos los capitalistas rusos, polacos y franceses» (Lenin, Obras Completas, Tomo II, pp. 100-101).

La idea de la unidad de la clase obrera, de todos los proletarios del mundo, es cardinal para Lenin, y en ella se engloban todos los principios fundamentales del internacionalismo proletario, como son la solidaridad proletaria revolucionaria y la cohesión de los obreros del mundo entero.

Sin duda, nadie puede cuestionar que es la igualdad la base por la que los obreros de las distintas nacionalidades deben unirse para la lucha revolucionaria, como tampoco nadie debe cuestionar que los intereses nacionales deben supeditarse a los intereses internacionales del proletariado mundial. «Para ser […] internacionalista hay que pensar no solo en la propia nación, sino colocar por encima de ella los intereses de todas las naciones, la libertad y la igualdad de derechos de todas» (Lenin, Obras Completas, Tomo XXX, p. 46).

Cuando en el Documento final y en el Plan de Acción se elude hablar del internacionalismo proletario, cuando se elude establecer una táctica para unir a la clase obrera que, en realidad, debe ser una táctica para unificar a su vanguardia mediante un análisis intenso de los cambios operados en la base y la definición de una programa de acción con el que los comunistas podamos aglutinar a la clase obrera en una dirección revolucionaria, esto es, en una dirección para organizar poder obrero para preparar la toma del poder ante una situación de debilidad del imperialismo, y cuando se pone el acento en fraccionar a la clase obrera, disgregándola y buscando establecer alianzas interclasistas que, a tenor de la concentración de la producción y de capitales que están llevando a la proletarización a capas antaño de la burguesía, y cuando lejos de establecer criterios para unificar la lucha de los comunistas se habla de la «no injerencia en los asuntos internos de los Estados» o del «derecho legítimo de los pueblos a la paz y elegir su propio camino de desarrollo», no podemos más que inclinarnos a pensar que los parámetros en los que se mueven los miembros del EIPCO van orientados a justificar actuaciones contrarias al marxismo-leninismo, contrarias a lo que procede hoy que es la armonización del desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, cada vez más confrontadas, mediante la socialización de los medios de producción, o lo que es lo mismo, la organización revolucionaria del proletariado para la toma del poder. ¿La no injerencia en los asuntos internos de los Estados o el derecho legítimo de los pueblos a elegir su propio camino de desarrollo debemos interpretarlo como que en países que se denominen socialistas la propiedad privada cada vez gane más peso con respecto a la propiedad estatal? ¿La no injerencia en los asuntos internos de los Estados o el derecho legítimo de los pueblos a elegir su propio camino es proteger la propiedad privada de los medios de producción en la constitución o que el 80% de los trabajadores asalariados laburen para empresas privadas como ocurre en China? Parece ser que la no injerencia en los asuntos internos de los Estados o el derecho legítimo de los pueblos a elegir su propio camino es la fórmula empleada para impedir la crítica desde dentro del Movimiento Comunista Internacional y buscar una adhesión inquebrantable, ante lo que nosotros nos preguntamos ¿Acaso la conciencia de la clase obrera y, en consecuencia, la organización no se desarrolla en confrontación con la burguesía, con el oportunismo y ejerciendo libremente el ejercicio de la crítica y de la autocrítica?

¡Ahora se entiende por qué han obviado el internacionalismo proletario! Y es que mientras la automatización y la robotización empujan al mundo hacia el socialismo, una parte del Movimiento Comunista Internacional – EIPCO – va en la dirección contraria.

 

LA UNIDAD

 

El día 3 de diciembre de 1913, en el número 50 del diario “Za Pravdu” se publicó un artículo de Lenin que indicaba que:

«La clase obrera necesita la unidad. Pero la unidad sólo puede realizarla una organización única, cuyas decisiones sean escrupulosamente cumplidas por todos los obreros conscientes. Discutir una cuestión, expresar ese criterio en una decisión adoptada por delegados y cumplirla honestamente: eso es lo que la gente razonable de todo el mundo llama unidad.  Tal unidad es infinitamente preciosa e infinitamente importante para la clase obrera. Desunidos, los obreros no son nada. Unidos lo son todo» (Lenin, Obras Completas, Tomo XXIV, pp. 206-207).

«No puede haber unidad […] con los políticos obreros liberales, con los desorganizadores del movimiento obrero, con los infractores de la voluntad de la mayoría. Puede y debe haber unidad de todos los marxistas consecuentes, de todos los defensores del marxismo íntegro y de las consignas no recortadas, independientemente de los liquidadores y sin ellos.

¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo» (Lenin, Obras Completas, Tomo XXV p. 82).

Como puede constatarse, la unidad de la clase obrera es la unidad de los marxistas-leninistas, y ella sólo puede hacerse en una organización única donde los acuerdos suscritos, emanados de una discusión igualitaria y libre por parte de los delegados, son escrupulosamente cumplidos.

En el EIPCO hay cuatro representantes del Estado español, hecho que demuestra dos cosas: La primera la división enorme del movimiento comunista español y, la segunda, lo poco que le importa al EIPCO la división del Movimiento Comunista.

Resulta que el PCPE y el PCTE no podían sentarse para tratar de restañar la división de los comunistas y establecer un programa de acción para edificar en la práctica la unidad de acción de los comunistas españoles apelando “a la ética comunista”, como consecuencia de la acusación cruzada entre ellos de la falta de ética de unos y otros. Parece ser que la ética es el comodín empleado para evitar comprometerse en la unidad de acción de los comunistas en el Estado español pero esa ética se relega a un segundo plano para acudir al EIPCO juntos. Si forman parte de lo mismo, y suscriben las mismas declaraciones y se comprometen a desarrollar el mismo plan de acción acordado por el EIPCO nuestra pregunta es clara ¿Por qué no se unen? Es evidente que no había discrepancias políticas ni ideológicas sino peleas por la poltrona.

Es más, si tanto PCE, PCTE y PCPE forman parte de ese encuentro denominado EIPCO y todos ellos suscriben un análisis y unos acuerdos ¿Qué hacen que no se unen? ¿Por qué engañan a la clase obrera manteniendo tres siglas cuando convergen y suscriben los mismos acuerdos?

El KKE el pasado 4 de mayo de 2017, a través de su Sección de RRII de su Comité Central, en su documento “Posición del KKE sobre los acontecimientos en el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE)” no vaciló en posicionarse de una parte de la ruptura de ese partido, la que dio lugar al PCTE,  denunciaba al «grupo de los camaradas Carmelo Suárez y Julio Díaz» de publicar «posiciones trotskistas en el periódico Unidad y Lucha, así como los contactos conjuntos que ha comenzado este grupo con el PCE oportunista que ha apoyado y sigue apoyando el gobierno antipopular de SYRIZA en Grecia y ha luchado contra el KKE». Pues bien, todos ellos, ese “PCE oportunista”, ese PCPE del “grupo de los camaradas Carmelo Suárez y Julio Díaz” y el KKE comparten análisis y plan de acción y, en consecuencia, están en las mismas posiciones y, por tanto, unidos.

Las organizaciones que integran el EIPCO han acordado:

«Movilizar a las masas en la denuncia y rechazo a la carrera armamentista y a los enormes recortes de gastos sociales que ella provoca, a la existencia y modernización de las armas nucleares, a las bases militares extranjeras; contra la OTAN y su proyecto de ampliar y convertirse en una organización militar global».

Sin embargo, el PCE forma parte de un gobierno que ha incrementado el gasto militar en los Presupuestos Generales del Estado un 28,5% para cumplir con la OTAN, un gobierno alineado con la OTAN en la guerra de Ucrania armando al Estado. Por un lado, el PCE firma el acuerdo del EIPCO y, por el otro, forma parte de un Gobierno que actúa de manera antagónica a lo acordado. ¿Qué unidad es esa?

Las organizaciones que integran el EIPCO han acordado «Luchar contra el resurgimiento de fuerzas anticomunistas, reaccionarias, ultranacionalistas y fascistas, en diversas partes del mundo» y, sin embargo, el PCE que es uno de los firmantes de dichos documentos y acuerdos forma parte de un gobierno que está armando a un Estado fascista como el ucraniano, al que apoya sin fisuras, un Estado el ucraniano abiertamente fascista que ha ilegalizado y persigue a comunistas y que tiene responsabilidad en la represión y el asesinato de comunistas y sindicalistas. Es evidente que el PCE, cuyos ministros aplaudieron a Zelensky en el Parlamento en el mes de abril de 2022, en la práctica actúa en contra de lo que signó en La Habana en octubre de 2022.

Las organizaciones que integran el EIPCO han acordado «Solidarizarse con las causas justas de los pueblos, con los comunistas que enfrentan persecuciones y prohibiciones en el libre ejercicio de sus derechos políticos». En el Estado español hay presos políticos comunistas, y el PCE de palabra condena, por ejemplo, el encarcelamiento de Pablo Hasél, pero de hecho justificó y respaldó la represión policial contra el justo rechazo por parte de la clase obrera en la calle de la privación de libertad de dicho comunista.  Es evidente que el papel lo aguanta todo.

Podríamos seguir enumerando los acuerdos y demostrando cómo algunos de sus firmantes, con su práctica cotidiana, deja en agua de borrajas lo firmado demostrándose en la práctica que el EIPCO no es más que humo. Sin embargo, no queremos terminar sin detenernos en uno de esos acuerdos, concretamente el 17 que señala que los partidos firmantes acuerdan «Lograr una mayor acción de los partidos comunistas y obreros y sus organizaciones sociales afines con el objetivo de lograr una mejor articulación y fortalecimiento de las organizaciones internacionales antiimperialistas, en particular, la Federación Sindical Mundial (FSM)». Resulta que la propuesta sindical tanto del PCE como del PCTE es CCOO, un sindicato de la Confederación Sindical Internacional (CSI), o lo que es lo mismo, el sindicato mundial de los monopolios, del imperialismo, un  sindicato que firma traiciones en forma de convenios y que no vacila lo más mínimo en firmar despidos colectivos y acuerdos para incentivar salidas como acontece en Telefónica y que gestionan y administran junto con otro sindicato de la CSI – UGT –  y la patronal de planes de pensiones en empresas.

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

 

Pareciera, a la luz del resultado del Encuentro, que estuviéramos en el año 1994 o 1998, y que para las organizaciones comunistas y obreras que conforman el EIPCO no hubiera habido un desarrollo ni en el mundo ni en la base económica del imperialismo.

La Declaración Final no pasa de ser más de lo mismo, lejos de estudiar cómo impacta la robotización y los cambios operados en la base, que está llevando al imperialismo a una situación de debilidad, donde el imperialismo se está escindiendo y donde la confrontación política y económica entre las potencias imperialistas, y su pugna por sostener el actual sistema financiero por parte de las potencias imperialistas decadentes – EEUU y UE – y la creación de un sistema financiero nuevo con nuevas instituciones y donde se liquide el dólar como moneda mundial; lejos de indagar en la situación revolucionaria que se ha abierto, tal y como establecía Carlos Marx  donde el desarrollo de las fuerzas productivas dentro del marco imperialista es máximo, que en la formación socioeconómica imperialista, en su base económica, pugnan el viejo modo de producción capitalista en su forma monopolista y el socialista, donde las condiciones materiales están garantizadas para que se pueda producir un cambio de formación socioeconómica. Hoy las relaciones de producción implican un obstáculo objetivo para el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero en lugar de estudiar el conflicto entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción, en lugar de estudiar esas contradicciones de la vida material y establecer una táctica para que la clase obrera engendre conciencia revolucionaria – con el terreno abonado para nuestro ideario revolucionario como consecuencia de la contradicción mencionada y los efectos que ésta genera en la sociedad –, para ganar influencia en la clase obrera y para organizarla y guiarla a la toma del poder, el EIPCO ha concluido alejarse de hacia dónde va el mundo y sigue apostando por las fórmulas planteadas en la bancarrota del Movimiento Comunista, en buscar alianzas interclasistas cuando se está produciendo una proletarización de capas no proletarias bestial pero nada concluyen para  unir al proletariado, o lo que es lo mismo, unir a  los marxistas-leninistas en una sola organización.

El imperialismo hoy está en su trance final, negándose a sí mismo. La humanidad no tiene más salida que romper las relaciones de producción presentes imponiendo la propiedad social de los medios de producción, arrebatando el progreso tecnológico representado por la robotización para convertirlo en progreso social. La automatización en manos de los imperialistas lo único que generará es más pobreza, más muerte, más guerras; la automatización en manos de la clase obrera, al servicio del género humano, con la socialización de los medios de producción, incrementará la esperanza de vida, permitirá retirar al ser humano del trabajo, permitirá el desarrollo multilateral e ilimitado del ser humano.

Lo que está en juego es la vida o la muerte. Hoy la consigna socialismo o barbarie es más vigente que nunca. Y en esto es en lo que tendríamos que estar los comunistas del mundo, en cómo fortalecer la organización revolucionaria, cómo hacer una organización lo suficientemente potente ideológicamente y cohesionada para dirigir al proletariado a la consecución de su misión histórica: la revolución proletaria para derrocar el capitalismo y construir el socialismo como paso previo para el comunismo.

El mundo avanza y la necesidad de la humanidad está ahí. Los comunistas debemos ganarnos esa cualidad y debemos cavilar en cual es la realidad concreta y, en base a esa realidad concreta, actuar para dotar a la clase obrera de táctica y de organización para tomar el poder. Sin embargo, una parte del movimiento comunista, anquilosada en el pasado, en lugar de construir la revolución buscan mantener su espacio en el mundo imperialista, un mundo que está feneciendo y que, sin duda, arrastrará con él a todo aquello que forme parte de su superestructura, incluido al oportunismo que es una parte más del imperialismo caduco y agonizante.

Es necesaria la construcción de una Internacional Comunista porque es necesaria la unidad de la clase obrera, y en esta dirección nuestro partido plantea una tesis por la unidad del Movimiento Comunista Internacional que puedes leer en este enlace.

 

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 21 de enero de 2023

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La lucha de clases en Perú y la bancarrota del “socialismo” del siglo XXI

El pasado 7 de diciembre, Pedro Castillo – ejemplo de la expresión de la ideología burguesa en el movimiento obrero – decidió disolver temporalmente el Congreso de la República del Perú y decretar un gobierno de emergencia excepcional ante lo que iba a ser la tercer y definitiva moción de vacancia contra su persona al contar la oposición con 101 votos a favor de 130 posibles.

Es evidente que desde que Pedro Castillo asumió la presidencia el 28 de julio de 2021 dio comienzo una campaña de ataques desde la oposición fujimorista, así como desde sus medios de comunicación que son financiados y controlados desde los EE.UU., potencia que teme un acercamiento comercial y político de otro país hacia sus rivales de Rusia y China. Fruto de este hostigamiento, el pueblo peruano ya vivió dos mociones de vacancia, la primera el 25 de noviembre de 2021 y la segunda el 8 de marzo de 2022, además de numerosas acusaciones de fraude electoral, corrupción, traición a la patria y comunismo.

Que el 8 de diciembre, un día después de decretar el gobierno de emergencia, Pedro Castillo estuviera detenido por rebelión, encarcelado e inhabilitado del cargo por su «permanente incapacidad moral» e «intento de autogolpe de Estado» se explica por la ausencia de respaldos incluso dentro de sus supuestos aliados y por la existencia de un congreso peruano tremendamente fraccionado cuyas decisiones no responden a un programa político determinado sino a los intereses del mejor postor. Un ejemplo de esto es Dina Boluarte – quien fuera nombrada Ministra de Desarrollo e Inclusión Social por el propio Pedro Castillo hace año y medio –, la cual no dudó en jurar el cargo como Presidenta y certificar así el pacto interburgués. Todo cambia, pero todo sigue igual.

La crisis política del Perú, no obstante, no arranca con el mandato de Pedro Castillo, sino que viene de lejos: en los últimos 5 años han ostentado el cargo 6 presidentes distintos. Sin embargo, en esta ocasión la crisis política ha ido de la mano con una fuerte contestación social, numerosas protestas y una furibunda represión policial con decenas de heridos y más de una veintena de asesinados. Durante estos últimos días, Perú está siendo el ejemplo vivo de cómo actúa la democracia burguesa cuando el pueblo sale a las calles; de como las fuerzas policiales y militares son los perros de presa del régimen capitalista y de una élite privilegiada que no duda ni por un instante en llevar a cabo el terrorismo de Estado, disparar impunemente a manifestantes en la cabeza y utilizar armamento de guerra para restaurar la “paz social”, que no es otra cosa que hambre, miseria y esclavitud asalariada para el proletariado y acumulación de capital para los capitalistas.

Por su parte, el “socialismo” del siglo XXI en Perú representa lo mismo que en el resto de los países del continente americano: la continuación del modo de producción capitalista y el servilismo desvergonzado a los intereses de la burguesía, la lucha parlamentaria para conseguir la desmovilización de las calles y la no interferencia con la acumulación de capital o el orden social existente caracterizado por la distribución desigual de la propiedad, la explotación descarnada e inmisericorde contra la clase trabajadora y la miseria creciente contra las amplias masas proletarias que observan como la riqueza que producen se aglutina en cada vez menos manos. Pedro Castillo y sus seguidores no han contribuido un ápice a la emancipación de los obreros, campesinos e indígenas del Perú, demostrándose continuamente como un defensor del Estado burgués, del capitalismo y de la contrarrevolución.

Decía acertadamente el camarada Lenin que «en ningún país capitalista civilizado existe la democracia en general, pues lo que existe en ellos es únicamente la democracia burguesa, y de lo que se trata no es de la democracia en general, sino de la dictadura de la clase, es decir, del proletariado, sobre los opresores y los explotadores». Con una visión diametralmente opuesta, los cauces que intentarán llevar en Lima para sofocar la movilización social, con grupos de izquierda cuya consigna prácticamente única es la puesta en libertad de Pedro Castillo, será la eterna acumulación de fuerzas para convocar nuevas elecciones y, en tal caso, prometer una reforma de la Constitución de 1993 para evitar la inestabilidad gubernamental. Pero sus promesas no representan a un pueblo valiente que ha salido a las calles, ha realizado piquetes, bloqueado carreteras y tomado aeropuertos como el de Andahuaylas. El “socialismo” del siglo XXI representa a la aristocracia obrera y a la burguesía emergente que busca ser cogestora del Estado capitalista.

Como sabemos, frente a la campaña de ataques anteriormente mencionada, Pedro Castillo no dudó en llevar a cabo una derechización política para calmar a las élites peruanas, protegiendo así los intereses del gran capital y constatando de manera objetiva la bancarrota de la izquierda contrarrevolucionaria, la cual se ha caracterizado en este periodo por la aplicación de políticas abiertamente antiobreras y por la subordinación de la voluntad proletaria al circo parlamentario burgués. Decía también el camarada Lenin que «decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento» es la «verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas».

La bancarrota del “socialismo” del siglo XXI, enemigo del marxismo-leninismo, se expresa sencillamente en la defensa a ultranza de la democracia burguesa, de la democracia para la minoría parasitaria de explotadores y opresores, que conlleva la dictadura para la clase trabajadora. El reformismo de Pedro Castillo es solo una de las múltiples formas que tiene el capital para dominar. Los comunistas, por el contrario, rechazamos la democracia burguesa y su falsa libertad. Es en estos momentos históricos cuando se debe aprovechar el legítimo rechazo institucional y llevarlo hacia la radicalización política e ideológica para tumbar este sistema absolutamente terrorista.

Desde el Partido Comunista Obrero Español apelamos a la sociedad peruana, a sus sectores más avanzados de la vanguardia comunista y a las amplias masas proletarias que salen a las calles con indignación a que transformen el injusto orden social existente, la actual dictadura del capital que se levanta contra los pueblos del mundo, y que construyan por medio de la revolución socialista la dictadura del proletariado, es decir, el único camino hacia una sociedad auténticamente democrática.

El modo de producción capitalista, como demostró Marx, se impuso a sangre y fuego; y hoy, el parlamentarismo democrático-burgués se mantiene por medio de la violencia extrema contra los desposeídos, los parias de la tierra, y es también la violencia, en este caso revolucionaria y por medio del sujeto revolucionario, el proletariado, lo que hará caer de una vez por todas a este sistema criminal e inhumano.

Como dijeron en su día Karl Marx y Friedrich Engels: «Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar».

 

¡CONTRA LA DEMOCRACIA BURGUESA!

¡POR LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!

 

Madrid, 19 de diciembre de 2022

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Saludo al Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) con motivo de su aniversario

Estimados camaradas del Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria):

Desde el Partido Comunista Obrero Español os enviamos un fraternal y revolucionario saludo con motivo del aniversario de vuestra organización.

Son muchas las penurias, calamidades y miserias que el pueblo de Chile ha sufrido desde el golpe de Estado de Augusto Pinochet, orquestado desde el gobierno estadounidense y la CIA, el cual desembocó en una sangrienta contrarrevolución contra el gobierno del Poder Popular. Es sabido que en cuanto Salvador Allende ganó las elecciones las empresas y bancos del imperio le declararon la guerra a la clase trabajadora de Chile al objeto de impedir cualquier intento de poner en manos de los desposeídos los medios de producción y trataron de provocar un colapso económico que obligara a Allende a renunciar.

El golpe de Estado supuso, además, la entrada y aplicación de unas políticas económicas que eran absolutamente contrarias a los intereses y anhelos del proletariado de Chile. La planificación de tal artimaña siguió dos vías: por un lado, la de los militares fascistas que conspiraban para exterminar al gobierno y, por otro, la de los economistas neoliberales procedentes de la Universidad de Chicago que se conjugaron con la propia CIA para arrebatar al pueblo trabajador todo lo que le pertenecía, a excepción de su capacidad de trabajar para enriquecer a los burgueses de turno.

Así se labró el camino hacia la imposición de una de las dictaduras más sanguinarias y terroristas de América Latina. Desde entonces, el imperialismo estadounidense fue plenamente conocedor de todas las torturas, asesinatos políticos, crímenes contra el pueblo trabajador y la falta de libertades en el país. Esta es la “democracia” que tiene preparada para nosotros la burguesía y el imperialismo. Y aunque hayan pasado ya casi 50 años desde entonces, muchas de las medidas adoptadas en el ámbito laboral, de la vivienda o de la enseñanza siguen intactas y son defendidas por el supuesto gobierno democrático de Gabriel Boric, que no es más que otro farsante y reaccionario, y cuyas concesiones solo se logran gracias a la presión del movimiento obrero.

Los comunistas de todo el mundo observamos con atención el Levantamiento Popular del 18 de octubre de 2019, donde diferentes fuerzas burguesas intentaron canalizar el más que legítimo descontento de las amplias masas proletarias por los cauces del parlamentarismo y del electoralismo burgués al objeto de salvar al capitalismo dependiente del imperialismo, el fascismo, el neoliberalismo y los privilegios de la burguesía que explota sin descanso a los trabajadores de Chile. Pero los trabajadores, los sectores populares y los pueblos originarios no están dispuestos a ser simples súbditos, y con la crisis actual del modelo de producción capitalista a nivel global se abre ahora una oportunidad para que los desposeídos tomen el poder y acaben con los parásitos burgueses.

Como dijo el camarada Stalin: «El imperialismo es la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, la lucha furiosa por la posesión monopolista de estas fuentes, la lucha por un nuevo reparto del mundo ya repartido, lucha mantenida con particular encarnizamiento por los nuevos grupos financieros y por las nuevas potencias, que buscan “un lugar bajo el sol”, contra los viejos grupos y las viejas potencias, tenazmente aferrados a sus conquistas. La particularidad de esta lucha furiosa entre los distintos grupos de capitalistas es que entraña como elemento inevitable las guerras imperialistas, guerras por la conquista de territorios ajenos. Esta circunstancia tiene, a su vez, la particularidad de que lleva al mutuo debilitamiento de los imperialistas, quebranta las posiciones del capitalismo en general, aproxima el momento de la revolución proletaria y hace de esta revolución una necesidad práctica».

La lucha de los camaradas del Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) ha supuesto desde su fundación y hasta hoy un acto de valentía absoluta contra el implacable yugo del capital y cuenta con el total apoyo del PCOE. La violencia de los oprimidos, legítima y motor de los cambios sociales y de las revoluciones, que tiene su origen y parte de la violencia del opresor, nunca ha sido, es, ni podrá ser equiparable a la violencia que ejerce el Estado de la burguesía chilena y de sus monopolios. Hoy, los revolucionarios del mundo debemos redoblar esfuerzos para lograr la destrucción del capitalismo e implantar el único sistema que garantizará el bienestar de la clase trabajadora: el socialismo y la dictadura del proletariado como antesalas de la futura sociedad comunista.

 

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

¡VIVA EL MARXISMO-LENINISMO!

¡VIVA EL PUEBLO DE CHILE!

Madrid, 8 de noviembre de 2022

Bernardo Baños González

Secretario de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)




Sobre el fallecimiento de Alexis Castillo

El pasado 28 de octubre, el camarada Alexis Castillo cayó en combate durante un bombardeo de artillería cerca de Peski.

Alexis era conocido como “Alfonso” por sus camaradas de trinchera, en homenaje al guerrillero de las FARC Alfonso Cano. Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de la República Popular de Donetsk y un valeroso brigadista internacional que acudió en 2014 a la península de Crimea para luchar contra el régimen fascista que se había instalado en Ucrania desde que se produjera el golpe de Estado de Maidán, apoyado y financiado por el imperialismo estadounidense y europeo.

Según contó en una entrevista para Radio Francia Internacional, mientras vivió en España se organizó en una coordinadora antifascista. Fue allí, en la militancia comunista, donde estudió lo que estaba pasando en Ucrania: «Algunos montaron estructuras para enviar ayuda humanitaria y otros nos organizamos para viajar hasta Ucrania y ayudar en todo lo posible, ya fuese en hospitales o incluso ayudando a defenderse con las armas. Eso fue una vez que las repúblicas de Donetsk y Lugansk fueron bombardeadas tras realizar un referéndum de independencia para separarse de Ucrania».

Durante los 8 años que estuvo en Ucrania, la labor del camarada Alexis se centró en mejorar el desarrollo de las milicias populares y en la lucha por una solución pacífica al conflicto, donde finalmente se juzgasen todos los crímenes de guerra que ha tenido que sufrir el proletariado de Ucrania. Por desgracia, Ucrania es el ejemplo vivo de cómo actúa el imperialismo, de cómo el reparto de la riqueza en el mundo se efectúa por medio de la fuerza y el dominio; de cómo los imperialistas no dudan en derramar la sangre de los trabajadores en sus disputas por el control geopolítico de los distintos rincones del mundo.

Desde el Partido Comunista Obrero Español expresamos nuestras más sinceras condolencias a su esposa y su hijo, así como a los camaradas que lo conocían y que lucharon codo con codo con Alexis Castillo.

Por la paz entre los pueblos y la guerra entre clases.

 

Madrid, 31 de octubre de 2022

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El sabotaje del Nord Stream y el declive del imperialismo

El pasado lunes 26 de septiembre, los gasoductos Nord Stream 1 y 2 que conectan Rusia y Alemania a través de un sistema de tuberías construido bajo el mar Báltico sufrieron un fuerte sabotaje; dos explosiones alteraron los sismógrafos de la zona, las cuales provocaron que se abrieran tres agujeros gigantescos y simultáneos que dificultarán la llegada de gas ruso a Europa durante los próximos meses.

Aunque los medios de comunicación occidentales, en su afán por propagar el ideario otanista, acusen a Rusia del atentado, es más que evidente que el gran beneficiado de lo ocurrido es la potencia más criminal y asesina de la historia de la humanidad: los Estados Unidos.

Por un lado, Alemania, como pieza principal del imperialismo europeo, observa como su salvavidas a los problema de abastecimiento para este invierno se ha desinflado de golpe y queda más vulnerable que nunca, con una enorme conflictividad social que puede provocar una creciente movilización de los trabajadores del país, primero, contra el sentido mismo de la guerra contra Rusia y las sanciones impuestas por parte de la Comisión Europea que preside la alemana Ursula von der Leyen y, segundo, contra la alianza político-militar con los Estados Unidos.

Curiosamente, Polonia es uno de los países que tiene salida al Mar Báltico y sus fronteras se encuentran relativamente cerca de las zonas de los sabotajes, lo que se une al “Thank you, USA” que escribió en su cuenta de Twitter Radoslaw Sikorski, diputado polaco del Parlamento Europeo, y a las declaraciones realizadas por el propio Joe Biden el 7 de febrero, el cual declaró: “si Rusia invade… entonces ya no habrá un Nord Stream 2. Le pondremos fin”. Con todas las cartas sobre la mesa, a nadie le resultaría extraño que los Estados Unidos se hubieran apoyado en Polonia, uno de los países más lacayos del imperio y donde el fascismo se expresa de manera completamente abierta, para cometer tal tropelía.

 

El Mar Báltico es una zona bien vigilada y militarizada por diferentes países de la OTAN, como Dinamarca, Polonia y la propia Alemania. ¿Quieren hacernos creer que un par de submarinos rusos consiguieron pasar inadvertidos y esquivar la vigilancia de tres países de la OTAN para colocar alrededor de 500 kilos de dinamita en su propio gasoducto? Todo se vuelve más revelador si cabe si tenemos en cuenta que a principios de septiembre buques de la Marina y helicópteros de los Estados Unidos estuvieron realizando maniobras a lo largo de la zona afectada del Nord Stream 2. Además, «a solo 100 kilómetros al sur se encuentra la base naval polaca de Kolobrzeg […] que alberga barcos de colocación de minas y el 8º Batallón de Ingenieros de Combate Naval de Kolobrzeg. Los ingenieros de combate naval son expertos en hacer estallar cualquier cosa que esté bajo el agua, ya sean minas o tuberías». Todo ello ocurre, además, en un contexto de enemistad creciente y de tensiones diplomáticas entre Polonia y Alemania, puesto que a principios de mes el gobierno polaco exigía 1’3 billones de euros por los daños recibidos durante la II Guerra Mundial.

Para Estados Unidos son todo ventajas, puesto que el sabotaje del gasoducto impide que Europa reciba este invierno el gas necesario para su autoabastecimiento por parte de Rusia y la Unión Europea se verá obligada a comprarle el gas a precios mucho más altos; Estados Unidos vende el gas a Europa un 40% más caro que Rusia.

Debemos tener claro que estos movimientos de EEUU en los últimos años son única y exclusivamente para salvaguardar la imperancia del dólar en el mundo, pues ese es el verdadero objetivo a alcanzar por parte de Rusia y China. Y para esta acometida, Joe Biden hundirá al euro, a la libra o saboteará falsamente los gaseoductos que sean necesarios.

Rusia, por su parte, no tendría necesidad alguna de realizar tal acto terrorista, ya que el gas suministrado procede de Gazprom y de querer chantajear con el desabastecimiento de gas en Europa para provocar una crisis en los gobiernos dependientes solo tendría que “cerrar el grifo”.

EEUU para tratar de salvar su economía, la cual está totalmente quebrada, no vacila en sentenciar de muerte a la economía de su socio más lacayuno, la Unión Europea, que no pasa de ser un subalterno del imperialismo norteamericano mirando hacia el otro lado ante este acto de sabotaje que perjudica a los ciudadanos europeos, demostrando no solo la  irrelevancia  de la UE, con Alemania a la cabeza, en el terreno político sino que esa unión económica y política de los monopolios europeos antepone los intereses norteamericanos a la vida de sus propios ciudadanos, a los que no dudan en machacar cotidianamente.

Todos estos sucesos lo que acreditan es el declive del imperialismo, el cual se está haciendo añicos, de tal modo que lejos de fortalecerse ninguno de los contendientes lo que hacen es debilitarse todavía más. Estamos ante una crisis terminal del capitalismo monopolista y putrefacto que debe conducirnos a un mundo diferente. Esta situación se constata no solo en la situación económica, donde los monopolios se ven obligados a profundizar en la automatización de la producción, a pesar de que son conscientes que ésta les niega su propia existencia. Y esta situación moribunda del imperialismo en el terreno económico, su putrefacción, se refleja en  la proliferación del fascismo, ideología que atraviesa los Estados de las potencias imperialistas desde hace décadas, como demuestra que las fuerzas políticas del capital se expresan ya todas ellas de una manera abiertamente reaccionaria, incluida la falsa izquierda, siendo una de las señales más evidentes de que el capitalismo se encuentra en su fase terminal, que ya no tiene más que ofrecer ni nada más a qué recurrir.

Lo viejo, el imperialismo, está moribundo, y morirá matando por su naturaleza criminal, y únicamente se sostiene por la falta de empuje de la fuerza revolucionaria, el proletariado, que debe tirarlo al estercolero de la historia. La gran fuerza que únicamente puede resolver la situación de guerra, miseria y muerte a la que nos ha abocado el capitalismo, y que tiene la salida del atolladero al que nos ha conducido el imperialismo armonizando el desarrollo de las fuerzas y las relaciones de producción – hoy totalmente confrontadas – estableciendo unas nuevas relaciones de producción, socialistas, es la clase obrera dirigida revolucionariamente con el horizonte del socialismo y del comunismo, y para ello es fundamental el desarrollo del Partido y el engarce de este con las masas proletarias.

 

¡MUERTE AL CAPITALISMO!

¡FORTALECER EL PARTIDO ES CONSTRUIR LA REVOLUCIÓN!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 1 de octubre de 2022

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El fascismo y la crisis del sistema capitalista

Es un hecho objetivo que las formaciones políticas abiertamente fascistas están ganando terreno en el continente europeo. En Reino Unido, a Boris Johnson lo ha sustituido Elisabeth Truss, la cual ha sido comparada en numerosas ocasiones con Margaret Thatcher; en Francia, la fascista Marine Le Pen cuenta con cada vez más apoyos y no se ha coronado aún como presidenta porque la estrategia de la izquierda francesa, ante su completa bancarrota organizativa e ideológica, fue aunar votos en torno a Emmanuel Macron como “mal menor”; en otros países, como Polonia, Hungría, Turquía o Ucrania, el fascismo campa completamente a sus anchas; en España, la burguesía monopolista que controla hoy día el Estado es descendiente directa de la élite franquista, la cual tiene un andamiaje político sólido con sus marionetas del PSOE-PP, junto con Vox para derechizar aún más el tablero político cuando sea necesario; y el último episodio se ha dado en Italia, donde Georgia Meloni, heredera ideológica del MSI que se formó en 1946 por seguidores de Mussolini, se ha hecho con la victoria en unas elecciones marcadas por un histórico 36% de abstención.

No es casualidad que esta fascistización de la política se produzca en este contexto histórico. El modo de producción capitalista se encuentra completamente atravesado por una profunda crisis económica a nivel global desde que se produjo el crack financiero de 2008. Fue a partir de la crisis de octubre de 2008 cuando la caída de inversión de Lehman Brothers Holdings y la tormenta financiera posterior puso en jaque a la economía capitalista a nivel mundial y provocó, en el Estado español, un estallido de la burbuja inmobiliaria que arrastró a gran parte del proletariado a una situación de pauperización y miseria enormes. Es entonces cuando se observa que existe un agotamiento de la reproducción ampliada de capital. Para superar dicha crisis, la burguesía monopolista desplegó un ataque sin presentes contra la clase obrera, en forma de desempleo forzoso, políticas de austeridad, precariedad laboral, pérdida de derechos previamente conquistados, represión, guerra imperialista, socialización de deuda pública, crisis climática y violencia extrema. Todo ello, dispuesto desde los organismos burgueses de gobernación supranacional; la Unión Europea, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la llamada Troika. El estallido de la crisis de 2008 significó para la burguesía desposeer por todos los medios posibles al proletariado, desplegando nuevas estrategias de acumulación capitalista que se siguen llevando a cabo como, por ejemplo, con los precios abusivos de los alquileres y la privatización de la vivienda misma; la oleada de desahucios que se están produciendo diariamente desde hace más de una década es una muestra innegable de este proceso – según datos de la PAH, desde 2008 hasta 2020 se produjeron en el Estado español 1.002.000 desahucios, lo que implica un desahucio cada 12 minutos. A estos habría que sumar los 41.359 que se realizaron en 2021, es decir, una media de 110 desahucios diarios.

Es entonces cuando se produce la nueva juventud del fascismo, patrocinado y financiado por la misma burguesía al objeto de alienar al proletariado y evitar que éste tome conciencia de clase para sí en un momento de crisis extrema y que cumpla con su misión histórica como sujeto revolucionario, es decir, acabar con el sistema capitalista e imponer de manera revolucionaria el socialismo y la dictadura del proletariado. El fascismo, como nos enseñó el camarada Gueorgui Dimitrov «no es un fenómeno local, temporal o transitorio, sino que representa un sistema de dominación de clase de la burguesía capitalista y su dictadura en la época del imperialismo y de la revolución social», es decir, del periodo establecido tras la victoria de la gloriosa Revolución Bolchevique y el final de la I Guerra Mundial. Por tanto, el fascismo representa la última fase de la dictadura de la burguesía y se encuentra enraizado como un elemento indisoluble de la superestructura ideológica capitalista; un peligro permanente y creciente mientras exista el modo de producción capitalista y la propiedad privada de los medios de producción que solo podrá ser eliminado de la faz de la tierra mediante la dictadura del proletariado. Como bien sabemos, como ya sucedió en su época con Hitler, Mussolini, Franco y demás, y sucede hoy día con Le Pen, Meloni o Ayuso, es sencillo observar que no cuestionan un ápice del modo de producción capitalista, aunque el fascismo del siglo XX adquiriera del socialismo cierta retórica obrerista y el actual enmascare sus objetivos hablando contra “el globalismo”. No tienen otro fin que consolidar la dictadura de la burguesía, nunca destruirla, sosteniendo un régimen de explotación obrera y dominio del capital basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el sometimiento extremo de las amplias masas proletarias que son obligadas a vender su fuerza de trabajo para poder subsistir.

Por otra parte, tanto el fascismo como la guerra imperialista y la economía de guerra que nos quieren imponer se encuentran estrechamente ligadas con las contradicciones económicas del sistema, son un producto del capitalismo monopolista. Bajo la dominación burguesa, el fascismo se demuestra como un fenómeno universal que no atiende a una particularidad histórica o psicológica de tal o cual nación, sino que forma parte de la esencia de los países imperialistas y que se expresa hoy de manera completamente abierta al ser la expresión de una grave crisis económica y de legitimidad social del sistema. El fascismo es, en estos momentos históricos, el giro de tuerca en cuanto a la fuerza y violencia con la que se produce la reproducción del capital en favor del capital monopolista, mientras que la máscara de la democracia burguesa, que no existe, es solo una mentira que utiliza la burguesía para suavizar periódicamente las contradicciones con ciertas reformas sociales.

Los comunistas, a la vista de los acontecimientos históricos que están sucediendo, debemos rechazar tajantemente los análisis de los politicuchos socialdemócratas y sus medios de comunicación afines que se aferran a la legalidad burguesa a cualquier precio. La represión y la miseria de la burguesía monopolista no dejará de crecer a nivel internacional, al objeto de evitar la lucha del proletariado contra el sistema en un momento de absoluta bancarrota política, económica y social del modo de producción capitalista. El fascismo es el poder del propio capital financiero en la actual fase de crisis general del capitalismo y no es el grado de violencia lo que lo determina sino un corpus ideológico determinado – como es el anticomunismo, el repudio al humanismo, el revisionismo histórico, el nacionalismo burgués, el racismo exacerbado, el machismo, la negación de la lucha de clases como motor de la historia, el chovinismo, la guerra imperialista, etc., –  y la democracia burguesa, tal y como señala Lenin, fenece cuando se produce un cambio en la estructura económica como consecuencia de la desaparición de la libre competencia y la prevalencia del monopolio y del imperialismo, siendo su progresivo desarrollo lo que conduce a la reacción extrema, al fascismo, en la época de crisis general del capitalismo.

 

Madrid, 30 de septiembre de 2022

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Las calles arden contra la dictadura iraní

El pasado 13 de septiembre, la joven de 22 años Mahsa Amini fue detenida por la patrulla de orientación iraní (una policía defensora de la moral islámica) en Teherán, bajo el pretexto de no llevar puesto el velo de manera correcta, acto por lo que sería castigada con una sesión obligatoria de “reeducación/orientación”, según dijeron a su hermano. Horas más tarde, Amini sería trasladada al hospital de Kasra, con su salud en estado crítico, mientras la policía empleaba la violencia y sprays de gas pimienta contra sus familiares. Sin duda, los golpes que sufrió Amini por parte de las fuerzas represivas iranies y el retraso a la hora de decidir si llevarla o no al hospital negaron cualquier posibilidad de salvar su vida. Finalmente, fue declarada muerta el 16 de septiembre.

Este episodio, ejemplo de la cruel represión patriarcal que sufren las mujeres en Irán, ha provocado que desde entonces la indignación se apodere del pueblo y las calles ardan contra el régimen que lidera el ayatolá Alí Jamenei. Por su parte, los camaradas del Partido Tudeh (partido comunista iraní, clandestino por la persecución hacia los comunistas en el país) han destacado en un comunicado el aumento en los últimos meses de la represión y la violencia de la dictadura teocrática iraní contra el pueblo trabajador, así como la situación opresiva que sufren las mujeres en el país. De momento, las fuentes oficiales han anunciado más de 40 muertos en las protestas, así como cientos de detenidos y heridos.

Uno de los hechos más distintivos durante las protestas y manifestaciones ha sido ver a las mujeres iraníes quemar sus velos en público, símbolo inequívoco de la subyugación que sufren. Un episodio que nos recuerda al hujum realizado por el PCUS en la época del camarada Stalin. Así como en su día lo hizo la Unión Soviética, hoy la clase obrera en Irán lucha contra una teocracia autoritaria y patriarcal que somete a las mujeres, no sólo con el uso obligatorio del hijab desde los 7 años, sino también con una Ley de Familia que permite a las niñas ser casadas de manera forzosa desde los 8 años, con la inexistencia de escuelas mixtas, segregación social o la imposibilidad de las mujeres de ser candidatas presidenciales.

En estos momentos históricos, Irán es un país que tiene una importancia geoestratégica enorme. Por un lado, Irán y Rusia (a través de Gazprom) tienen ahora mismo un acuerdo de cooperación energética. Además, Irán es tras Rusia el país con mayores reservas de gas de todo el globo, lo que es un activo muy importante con el avance del invierno y el nuevo nivel de escalada bélica que veremos en Ucrania. Por ello, la inestabilidad en el país es algo que aplauden los medios de comunicación occidentales, a sabiendas de que un nuevo gobierno podría ser un gran respaldo para paliar la dependencia del gas ruso en países clave para la OTAN como Alemania. No obstante, que el régimen iraní sea un enemigo del imperialismo occidental no niega su carácter criminal, al igual que tampoco niega su relación de amistad con las nuevas potencias imperialistas de los BRICS, donde destaca Rusia, razón por la cual se encuentra en el punto de mira de las sanciones y agresiones por parte de los EEUU (como fueron los asesinatos de Qasem Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis a comienzos de 2020), así como de sus principales aliados en esa zona: Arabia Saudí y el Estado fascista de Israel.

Desde el Partido Comunista Obrero Español hacemos nuestras a las reivindicaciones de los camaradas comunistas y de la clase obrera que luchan en Irán contra una dictadura burguesa, teocrática y patriarcal. Es necesario que el régimen iraní caiga como un paso más en el camino hacia la revolución del proletariado internacional.

 

¡CONTRA LA TEOCRACIA IRANÍ!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

 

Madrid, 29 de septiembre de 2022

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Nos dejasteis sin nada y ahora lo queremos todo

Desde el año 2020, el movimiento Black Lives Matter ha redoblado sus esfuerzos y presencia en las calles estadounidenses mediante una ola de protestas, concentraciones y manifestaciones en las cuales han confrontado directamente contra las fuerzas de represión de los EE. UU., a lo que el Estado respondió sacando a su ejército a las calles – la Guardia Nacional – y decretando toques de queda de emergencia en diferentes ciudades al objeto de defender a auténticos asesinos con placa.

En mayo de ese mismo año, fue noticia internacional el cruel asesinato de George Floyd a manos de tres policías por el mero hecho de pagar en una tienda con un billete falso. Un crimen que reveló al mundo la naturaleza fascista y asesina de la policía estadounidense, así como la enorme brutalidad policial que tiene reservada la burguesía para los trabajadores por su condición de clase y de raza, además de ser la gota que colmó el vaso y que provocó que muchos trabajadores indignados salieran finalmente a las calles para protestar contra esa barbarie.

Recientemente, la indignación volvía a recorrer los EE. UU. a causa del asesinato de Donovan Lewis, de tan solo 20 años, a manos de la policía de Columbus el pasado 30 de agosto. El joven se encontraba totalmente desarmado, en su cama, cuando los agentes irrumpieron en su domicilio para arrestarlo. Nada más abrir la puerta de su dormitorio, las imágenes muestran de forma clara como Ricky Anderson, uno de los policías, dispara nada más ver a Donovan, engrosando así la terrorífica lista de afroamericanos muertos a manos de la policía estadounidense. Cada año, más de 1.000 personas son asesinadas por la policía fascista en los EE. UU., donde la población afroamericana asesinada representa el 24% de los muertos pese a constituir el 16% de la población total del país.

A esta cruel injusticia se suma la delicadísima situación del proletariado estadounidense, donde han aumentado un 800% la venta de mochilas y uniformes escolares antibalas, se han creado buzones para abandonar bebés a causa de las políticas antiabortistas, los universitarios tienen que vivir en sus coches porque no pueden hacer frente a sus deudas y donde la ciudad de Jackson, donde el 80% de la población es negra, ha estado durante una semana sin acceso al agua potable.

Al igual que ocurre en Europa, en Estados Unidos se está atravesando la peor crisis del modo de producción capitalista desde que este se hiciera con la hegemonía global tras su victoria en la Guerra Fría. Una crisis que se revela como la más amenazante para el proletariado internacional, pues la burguesía está tratando de paliar los efectos de la crisis en su clase social mundializando la pobreza, aumentando enormemente la desigualdad entre ricos y proletarios, obviando la crisis alimentaria mundial y la crisis ambiental, debido a encontrarse encadenada a una economía fuertemente sustentada en la explotación de combustibles fósiles.

Es una realidad objetiva que la tasa de ganancia en los Estados Unidos está en su mínimo histórico lo que, unido a la crisis global de todo el bloque imperialista occidental que comenzó en 2007, supone no solo el punto de partida del inminente declive de los Estados Unidos como potencia hegemónica, sino también una oportunidad magnífica para que el proletariado de muerte a este carcomido sistema de producción e implante de manera revolucionaria la dictadura del proletariado como la única alternativa posible frente a la actual dictadura de la burguesía.

 

¡ABAJO EL IMPERIALISMO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Madrid, 9 de septiembre de 2022

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La muerte de Gorbachov y la contrarrevolución en la Unión Soviética

El pasado día 30 de agosto murió Mijaíl Gorbachov, quien fue desde 1985 hasta 1991 Secretario General del Comité Central del PCUS y cuya trayectoria política lo evidencia como uno de los mayores enemigos de la historia para con el proletariado internacional y el movimiento comunista.

La mera presencia de este canalla en las filas del PCUS, así como su posterior ascenso a la dirección del partido, es una muestra clara de como durante décadas las tendencias trotskistas, contrarrevolucionarias, burocráticas, revisionistas, oportunistas y anticomunistas fueron arraigándose y destruyeron desde dentro la Unión Soviética. Y esto ocurrió porque el Partido de nuevo tipo leninista es el instrumento sublime del proletariado revolucionario, es su alma y su corazón, es su herramienta más esencial para derrocar definitivamente a la burguesía y acabar con su criminal sistema capitalista, así como para sostener el dominio de la mayoría explotada sobre la minoría de explotadores y parásitos burgueses mediante la dictadura del proletariado.

Los revolucionarios bien sabemos que el periodo que comprende desde el inicio del mandato de Nikita Jrushchov, en 1953, hasta el final del gobierno de Mijaíl Gorbachov, en 1991, se caracteriza por ser aquel donde el revisionismo se desarrolló hasta alcanzar su máxima expresión y donde el socialismo en la Unión Soviética se fue eliminando, partiendo del repudio que demostraron Jrushchov y su camarilla hacia los principios más elementales del marxismo-leninismo y la memoria del camarada Stalin, hasta la completa restauración del capitalismo en el país de los soviets con la “reestructuración económica” de la Perestroika y la falsa “apertura y transparencia” del Glásnost.

Gorbachov fue durante toda su vida un lacayo de la CIA y una marioneta dirigida por los monopolios norteamericanos cuyo único objetivo era acabar con el avance del movimiento obrero revolucionario hacia el comunismo y poner el punto y final a la restauración capitalista en la URSS, como así lo confesó en un discurso pronunciado en 2018: “El objetivo de mi vida fue la aniquilación del comunismo… mi esposa me apoyó plenamente y lo entendió incluso antes que yo […] para lograrlo logré encontrar compañeros de lucha, entre ellos A. N. Yakovlev y Shevardnadze”.

La disolución de la Unión Soviética fue, además, un proceso que permitió a los burócratas nuevos y viejos – la llamada nomenklatura, que utilizaban el Estado soviético como si de una empresa gigantesca se tratase – acumular todas las riquezas que pertenecían al poder obrero y popular al objeto de desposeer por completo al proletariado soviético, arrebatarle su legítimo control sobre sus medios de producción, y convertirse en los oligarcas que dominan Rusia hoy día, donde la pobreza, el anticomunismo, la subyugación de la mujer, el nacionalismo, la miseria y las mafias están a la orden del día. Este es el legado de Jrushchov, Brézhnev, Gorbachov y compañía, y que continua hoy día Vladímir Putin.

La burguesía imperialista que domina hoy Rusia es fruto del corrompido sistema establecido en 1956 tras el XX Congreso del PCUS y donde Gorbachov significó la coronación de un proceso de restablecimiento del capitalismo que era contrario a los anhelos del pueblo soviético, como bien demostraron los resultados del Referéndum sobre el futuro de la URSS, celebrado el 17 de marzo de 1991, donde el 77’8% de los votos –  es decir, más de 113 millones de soviéticos – fueron favorables a la preservación del socialismo, aunque este ya estuviera para entonces completamente degenerado y carcomido por la camarilla anticomunista que se había hecho con el poder durante las últimas décadas y cuyo objetivo principal era disolver la URSS.

Los camaradas Lenin y Stalin demostraron holgadamente que el modo de producción socialista, pese a todas las trabas e injerencias que lleva a cabo la burguesía internacional – hambrunas, guerras, aislamiento, golpes de Estado y calamidades de todo tipo – es superior al sistema de producción capitalista. La Unión Soviética fue la prueba palmaria de que el socialismo es viable y es necesario, y cuya debilidad solo existe cuando se abandona el marxismo-leninismo. Por tanto, la caída de la Unión Soviética a causa de la labor de miserables como Gorbachov no es una constatación de que el socialismo fracasó; al contrario, la caída de la URSS fue consecuencia del abandono del socialismo.

 

Madrid, 2 de septiembre de 2022

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El “Socialismo” del siglo XXI se alinea con el régimen de Marruecos

El pasado 18 de agosto, a través de un comunicado oficial de su Ministerio de Relaciones Exteriores, el gobierno de Pedro Castillo decidió «retirar el reconocimiento a la República Árabe Saharaui Democrática y romper toda relación con esta entidad» debido a que, tras el refuerzo de las relaciones bilaterales entre Perú y el régimen genocida de Marruecos, ahora «El Gobierno de la República del Perú, en concordancia con el Derecho Internacional y las resoluciones de la ONU sobre el asunto del Sáhara, valora y respeta la integridad territorial del Reino de Marruecos y su soberanía nacional».

Esta vergonzosa decisión demuestra nuevamente como el “socialismo” del siglo XXI es un enemigo declarado del proletario internacional y un lacayo de “izquierdas” del imperialismo en América Latina. Desde 1975, las fuerzas de ocupación marroquíes han tratado de imponer a sangre y fuego su administración y su sistema político en los territorios que le pertenecen al pueblo saharaui y borrar del mapa toda existencia de la República Árabe Saharaui Democrática. Desde entonces, han pasado casi cinco décadas en las que el valiente pueblo saharaui ha tenido que sufrir los bombardeos de la aviación marroquí contra civiles que huían a zonas seguras, represión, ocupación de sus territorios, ataques con napalm, de fósforo blanco, bombas incendiarias, violaciones, torturas, saqueos, encarcelamientos, desapariciones masivas y una de las mayores crisis de refugiados que ha conocido la humanidad. Es decir, el “socialismo” del siglo XXI de Pedro Castillo apoya conscientemente el terror, la masacre y el exterminio planeado del régimen genocida de Marruecos contra el pueblo saharaui.

La podredumbre ideológica del “socialismo” del siglo XXI, alejado completamente de la ideología de la clase trabajadora, del marxismo-leninismo, ha hecho que inevitablemente este movimiento reformista se someta al imperialismo norteamericano, reniegue de la lucha de clases y sea un engranaje más de la actual dictadura del capital contra los pueblos del mundo. Por ello, apelamos a los sectores más avanzados de la sociedad peruana, a su vanguardia comunista y a las amplias masas proletarias, a que luchen resueltamente contra la nueva burguesía comandada por Pedro Castillo al objeto de imponer de manera revolucionaria el socialismo y la dictadura del proletariado como etapa temprana de la sociedad comunista.

Sepan que el Sáhara Occidental sufre desde hace demasiado tiempo los horrores de la guerra imperialista, donde Marruecos, como punta de lanza del imperialismo en el norte de África, tiene total impunidad para cometer tantos crímenes de guerra como considere necesarios en los territorios ocupados por sus fuerzas militares a cambio de garantizar el expolio de los recursos naturales de la zona y de exterminar a quienes no duden en levantarse en armas contra su tiranía.

Por tanto, todo apoyo a este régimen de terror no puede ser considerado de otra manera que como una traición a la causa del proletariado internacional por su libertad y por el fin de la explotación y la opresión. Desde el Partido Comunista Obrero Español defendemos que el pueblo saharaui tiene derecho a la autodeterminación y que es de imperiosa necesidad que se ponga fin de una vez por todas al aniquilamiento de su población, siendo para ello imprescindible destruir el sistema capitalista y construir una nueva sociedad en la que los trabajadores del mundo acabemos con el yugo del imperialismo.

 

¡SÁHARA LIBRE!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

Madrid, 22 de agosto de 2022

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)