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Europa: el fascismo avanza ante el descontento de las capas populares

Nos corresponde a los comunistas señalar el vínculo entre el capitalismo y el fascismo ya que continuamente los demócratas burgueses que defienden el primero intentan separarlo del segundo.

La historia se repite continuamente desde hace un siglo ya que el capitalismo no puede avanzar más en su fase última y más avanzada: la de los monopolios y el imperialismo.

Y es esta fase además la más reaccionaria ante el posible levantamiento (aunque sea desorganizado) de las clases trabajadoras como respuesta al sufrimiento que les imponen las crisis cada vez más profundas y sin solución posible.

Es en esta fase donde los Estados se rearman y desarrollan sus sistemas de represión, control y de información (servicios secretos).

Es la antesala del fascismo, la cara dura del capitalismo, que reaparece cuando la democracia burguesa (la cara blanda) no permite subyugar más a la clase obrera cuando ésta no traga más con politiqueros charlatanes y títeres al servicio del capital. Es lo que actualmente ocurre en gran parte de los países europeos.

Independientemente de quién gobierne el Estado actúa de la misma manera pues una cosa es el gobierno que entra y sale en cada elección y que cambia sólo las formas y otra cosa es el Estado con sus leyes, jueces, policías, ejércitos. Estos se mantienen intactos y tienen como misión salvaguardar por encima de todo el régimen de propiedad privada sobre los medios de producción (tierras, minas, maquinaria, fábricas, tecnología,…).

Un ejemplo de ello lo encontramos en Francia donde los «demócratas» de la «derecha» y la «izquierda» se confunden para atizar el fuego contra la inmigración “ilegal”.

No sólo encontramos entre demócratas de « derecha » frases como “Hitler no mató suficiente” en referencia a unos gitanos acampados «ilegalmente» en Cholet (este de Francia)1 o los gitanos acosan a los parisinos” dijo la candidata del UMP a la alcaldía de París2 , también el ministro socialista de interior Manuel Valls vomita frases del tipo es ilusorio pensar que se resolverá el problema de la población gitana sólo a través de la inserción y «no hay otra solución que desmantelar esos campamentos progresivamente y reconducir (esas poblaciones) a la frontera»3 . 

Expulsión de gitanos: Suecia 1951 y Francia 2012, dos imágenes que se repiten

Y es con estas fuerzas políticas con quienes los pseudo-comunistas franceses (PCF) pretenden formar unfrente republicano para frenar lo que ellos consideran la “extrema derecha” (el Frente Nacional de Marine Le Pen).

Es decir, en lugar de señalar el verdadero origen de los males de los trabajadores y cuyo descontento por ello alimenta el ascenso del fascismo, los pseudo-comunistas franceses prefieren aliarse con los demócratas burgueses que representan los intereses de los explotadores capitalistas franceses que machacan a los trabajadores día a día en los centros de trabajo.

 Así se manifiesta el responsable de elecciones del PCF:¡es una situación de extrema gravedad para la democracia y para el combate contra la austeridad! […] Ante esta grave situación para todos los ciudadanos del cantón de Brignoles el Partido comunista francés llama el próximo domingo a formar un cordón a la extrema derecha4 

Como vemos el PC francés defiende la misma democracia que el PS y el UMP (equivalente al PP español) y habla en nombre de los “ciudadanos” (empresarios y trabajadores en el mismo saco).

 Y a pesar de ese “cordón republicano”, o quizás por ello, el Frente Nacional ha conseguido una de sus primeras vitorias en la elecciones del cantón de Brignoles5 . 

Marine Le Pen el 1 de mayo de 2013: “Somos el partido de los trabajadores”

¿Cómo es posible este ascenso del fascismo entre las clases populares?

Ante la falta de una influencia radical y revolucionaria en beneficio de la clase trabajadora que resuelva sus problemas materiales el fascismo recoge sus frutos prometiendo a troche y moche a los trabajadores franceses (subidas de salarios y jubilaciones, prioridad en el empleo y los subsidios para los franceses) y a la pequeña y mediana burguesía francesa arruinada por los grandes monopolios internacionales (bajada de impuestos para los pequeños y medianos empresarios, prioridad en la compra de productos franceses, lucha contra la competencia de otros países con mano de obra mucho más barata)6

 El PCOE mantiene que no es posible ningún avance dentro del marco del capitalismo en su fase más avanzada y reaccionaria (imperialismo), que no es posible ningún otro paso intermedio y continua llevando a los centros de trabajo y barrios populares a través de su política de masas (Frente Único del Pueblo) la alternativa real a este régimen criminal que en su forma blanda o dura nos lleva a la miseria y a la violencia diaria entre las distintas clases trabajadoras del mundo: el Socialismo.

 Comunicado de la Comisión de Relaciones Internacionales del PCOE

  

1  http://www.lavanguardia.com/internacional/20130722/54378022178/diputado-frances-hitler-mato-gitanos.html

2  http://www.leparisien.fr/paris-75/video-municipales-2014-les-roms-harcelent-les-parisiens-selon-nkm-18-09-2013-3147811.php 

5  http://www.lemonde.fr/politique/article/2013/10/13/le-canton-de-brignoles-dans-le-var-choisit-entre-l-ump-et-le-fn_3494892_823448.html 

  6   El « Proyecto » de Marine Le Pen entre otras cosas incluye: Subir 200 euros los salarios, jubilación a los 60 años, bajada de las tarifas del gas, electricidad y del tren, luchar contra la competencia de los países de mano de obra de muy bajo coste, ayudas a los padres que quieran dedicarse a la crianza de sus hijos, incitar a las empresas y administraciones a contratar personas de nacionalidad francesa, obligación del Estado y administraciones de proveerse de productos franceses, crear una guardia nacional de 50000 reservistas movilizables en un plazo breve, desarrollar los servicios secretos, aumentar los medios materiales de la gendarmería (http://www.frontnational.com/le-projet-de-marine-le-pen/)

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Contra el fascismo, ni un paso atrás

 En momentos de especial agudización de la lucha de clases, cuando la agitación de los obreros y las obreras se intensifica cada vez más, se multiplican las medidas represivas por parte del Estado y, poco a poco, el movimiento fascista va cobrando fuerza como respuesta desesperada de los burgueses ante la mera posibilidad de perder su posición de clase dominante.

A día de hoy existen numerosos movimientos fascistas que, aunque aún muy minoritarios, están cobrando fuerzas, alimentándose de las capas más atrasadas de la clase obrera y de los sectores más reaccionarios de la pequeña-burguesía, temerosos ante la ruina que les acecha. Estos movimientos de carácter netamente fascista no representan sino los intereses de la oligarquía financiera en su aspecto más reaccionario y terrorista.

Debido a la falta de un Movimiento Obrero organizado y cohesionado en lo ideológico, y a la existencia de una gran masa obrera sin conciencia de clase y que aún no ha interiorizado la doctrina del socialismo científico, la burguesía monopolista no requiere todavía de la imposición de una dictadura terrorista abierta, es decir, del fascismo. La forma democrático-burguesa de dominación aún garantiza a los capitalistas su absoluto monopolio del poder político y económico. Pero, pese a ello, podemos observar cómo se da un proceso de implantación progresiva de medidas de tipo represivo; se destina cada vez más presupuesto al aparato represor del régimen, y no escapa ya a la vista de nadie la brutalidad con las que se disuelven las manifestaciones y huelgas. Estos son tan solo algunos ejemplos del interminable historial represivo del Estado burgués español.

Este proceso responde a una realidad concreta, a una situación determinada de la lucha de clases: la conciencia espontánea está brotando entre los obreros y éstos están protagonizando movimientos espontáneos que, pese a tener un carácter puramente reformista y no rebasar los límites de la conciencia burguesa, podrían ser la antesala del movimiento consciente si los comunistas inoculamos, desde el exterior, la conciencia de clase a la gran masa de trabajadores. De este modo, lo que hoy es simple conciencia espontánea, podría convertirse el día de mañana en una lucha revolucionaria por la conquista del poder político, protagonizada por la clase obrera bajo la dirección de su Partido Comunista. La represión es, por tanto, una necesidad que tiene la burguesía para sobrevivir, y ésta crece en razón directa de la agitación de la clase obrera.

Paralelamente a este proceso de intensificación de las medidas represivas contra los obreros y los comunistas, los movimientos fascistas se desarrollan numéricamente, siendo éstos los perros de presa de la burguesía monopolista. Este es un hecho que los comunistas, de ningún modo, podemos ignorar; sino que debemos combatirlo con todas nuestras fuerzas para evitar que el embrión fascista se convierta mañana en un monstruoso aparato terrorista que ejerza una violencia abierta y sistemática contra la clase obrera; siempre con el objetivo de salvaguardar los intereses de los capitalistas.

Este proceso es más que evidente en Grecia, donde la organización fascista Amanecer Dorado cuenta ya con un fuerte arraigo entre ciertos sectores de la población. Sus escuadrones fascistas agreden con brutalidad, y con total impunidad por parte de la ley, a los trabajadores inmigrantes, a los obreros conscientes y a los comunistas, en un intento de aplastar el avance de las fuerzas revolucionarias del proletariado. En nuestro caso particular, que es el del Estado Español, observamos cómo ya han surgido numerosas organizaciones de este tipo (España 2000, Respuesta Estudiantil, Falange, Movimiento Social Republicano, Alianza Nacional, Nudo Patriota Español, etc.), que se están desarrollando paulatinamente. Es necesario reconocer que a día de hoy estos fascistas no cuentan con gran arraigo entre las masas, pero por ese mismo motivo es el momento adecuado para combatirlos: para evitar que el recrudecimiento de la lucha de clases nos lleve a una situación parecida a la que viven hoy los griegos con la inminente amenaza fascista que en ese país acecha.

El fascismo se presenta ante las masas con un discurso obrerista e incluso anti-capitalista, apelando a los sentimientos nacionales de las masas obreras y aprovechándose de su frustración ante las condiciones de vida a las que se ven sometidos que, para más inri, se han visto empeoradas desde que estalló la crisis cíclica de sobreproducción que estamos viviendo, que ha sido aprovechada por la burguesía monopolista para lanzar una brutal ofensiva contra los derechos de las clases trabajadoras. Los fascistas logran, de este modo, que su discurso cale entre las capas más atrasadas de la clase obrera, consiguiendo expandir su base social y su influencia entre las masas.

Los comunistas no podemos permanecer impasibles ante esta amenaza, debemos evitar que este discurso reaccionario y abiertamente terrorista penetre entre los obreros, desenmascarando a los fascistas ante las clases trabajadoras y señalándoles como lo que realmente son: siervos de la burguesía monopolista. Los proletarios deben estar prevenidos ante los movimientos fascistas y, sin lugar a dudas, es labor nuestra alertarlos de este peligro.

Por otra parte, cabe resaltar que confiar a los mecanismos democrático-burgueses la tarea de reprimir y frenar el avance del fascismo constituiría un error fatal. La democracia burguesa no es enemiga del fascismo, de hecho ambas son formas de dictadura de la burguesía sobre el proletariado, y ambas representan los intereses de exactamente la misma clase social, que no puede ser otra sino la burguesía. Es esta clase la misma que alimenta y subvenciona al fascismo cuando la democracia burguesa deja de ser una garantía estable del mantenimiento de su dominación. Por ello, la lucha contra el fascismo es inseparable de la lucha contra el sistema que lo genera, el capitalismo, y contra los capitalistas y su podrida democracia burguesa. Pues, en realidad, no dejan de ser una misma cosa.

Corresponde, por todo ello, a los marxistas-leninistas, como vanguardia de la clase obrera, dirigir la lucha contra la burguesía y sus marionetas fascistas. Allá donde los comunistas no tengamos presencia, estaremos concediendo un espacio al fascismo para que éste campe a sus anchas y trate de inocular su discurso ente los trabajadores. No podemos permitir que tal cosa suceda, debemos luchar sin descanso y a todos los niveles contra la burguesía y su Estado y, cómo no, contra sus perros de presa: los fascistas. Cada concesión al fascismo representa un paso atrás para nuestra clase en su honorable lucha por la Revolución proletaria. Únicamente la organización de las masas proletarias desarrollando el Frente Único del Pueblo, y el fortalecimiento del Partido son garantías para hacer que las clases populares avancen y parar la dictadura de los monopolios, y a su doberman fascista, que el Pueblo padece hoy.

¡Fuera los fascistas de nuestros barrios!

¡El capitalismo es quien genera el fascismo!

¡Socialismo o barbarie!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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Contra el nacionalismo

El fenómeno nacionalista ha sido históricamente, y aún hoy continúa siendo, un tema de vital importancia. Los comunistas debemos ofrecer un análisis científico y riguroso de esta cuestión, que permita dilucidar cuál es la naturaleza de este fenómeno y qué estrategia trazar ante él.

El análisis marxista de la cuestión nacional ha sido tergiversado por múltiples teóricos y organizaciones, que llevan a cabo una defensa obstinada del nacionalismo mientras enarbolan la bandera del marxismo-leninismo. Ante los falseadores, los comunistas debemos ofrecer una contundente respuesta teórico-práctica, desenmascarando a estos oportunistas ante la clase obrera.

El nacionalismo es un fenómeno netamente burgués y que sirve a los intereses de dicha clase. La burguesía halla en el nacionalismo un método para dividir al proletariado de las distintas naciones y pueblos, fomentando enfrentamientos entre ellos que tan solo sirven a los intereses de la clase burguesa y que debilitan al Movimiento Obrero. En contraposición al nacionalismo burgués, el proletariado debe regirse por los principios del internacionalismo, que fomenta la hermandad y la solidaridad entre los obreros y las obreras de todos los países.

Ahora bien, no debe confundirse el nacionalismo con el derecho a la autodeterminación de las naciones. De hecho, estos conceptos no son en absoluto sinónimos e incluso, en determinados contextos, éste primero puede convertirse en un impedimento para el ejercicio del segundo. Lenin, con respecto a esta cuestión, afirmaba:

«Hay gentes a quienes les parece “contradictorio” que esta resolución, al reconocer en su punto cuarto el derecho a la autodeterminación, a la separación, parece “conceder” el máximo al nacionalismo (en realidad, en el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de todas las naciones hay un máximo de democracia y un mínimo de nacionalismo), y en el punto quinto previene a los obreros contra las consignas nacionalistas de cualquier burguesía y exige la unidad y la fusión de los obreros de todas las naciones en organizaciones proletarias internacionales únicas. Pero sólo inteligencias absolutamente obtusas pueden ver aquí una “contradicción”.»i

Las naciones deben poder ejercer su derecho a la autodeterminación, lo cual en ningún caso implica la defensa del nacionalismo. Pero la lucha por este derecho de las naciones es una frase vacua si no se subordina al problema general de la lucha de clases; pues tan solo el socialismo es capaz de garantizar este legítimo derecho de las naciones, estando éste en el capitalismo sometido a los intereses del gran capital financiero y no a la voluntad de las clases populares.

En el caso concreto del Estado Español, es cierto que las diversas naciones oprimidas no alcanzaron su emancipación, como sí lo hicieron la mayor parte de naciones europeas tras la llegada del capitalismo: las burguesías de las naciones oprimidas lideraron procesos de liberación nacional que dieron lugar al Estado nacional. En el Estado Español, en cambio, no tuvo lugar tal proceso debido al lento e incompleto desarrollo del capitalismo durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX; dando lugar así a un Estado plurinacional.

Pero las respectivas burguesías de las naciones oprimidas –Euskadi, Galicia y Cataluña-, no están siendo sometidas por la burguesía de la nación opresora –la española-, sino que conforman junto a ella un bloque oligárquico único basado en sus intereses comunes: explotar y parasitar el trabajo de la clase obrera española, catalana, gallega y vasca. Pero este bloque hegemónico de las diferentes burguesías nacionales tiene también sus propias contradicciones internas, fruto del interés de las burguesías de las naciones oprimidas de imponer su exclusiva dictadura en su territorio nacional.

Tal es la naturaleza del proceso de liberación nacional que observamos a día de hoy en Cataluña, impulsado por la burguesía catalana y sus representantes políticos. Dicho proceso independentista tiene una naturaleza netamente burguesa: nace a partir de la contradicción entre la burguesía española y la burguesía catalana, pues ésta segunda desea imponer su hegemonía. Para este fin, la burguesía intenta embaucar a la clase obrera y a los demás sectores populares; con el inestimable apoyo de la pequeña burguesía y de los oportunistas.

¿A caso el proletariado catalán, gallego o vasco no continuaría estando sometido a la explotación de la burguesía en caso de que se independizaran sus respectivas naciones? La clase obrera de las naciones oprimidas no tiene interés en sustituir la dictadura del bloque formado por la burguesía central y las nacionales, sino en derrocar a toda la clase burguesa –independientemente de su nacionalidad- e instaurar la dictadura del proletariado, para edificar el socialismo, que será garante de igualdad entre las naciones y concederá el verdadero derecho a la autodeterminación.

No cabe duda, pues, de que los intereses objetivos del proletariado –sea el español, el catalán, el vasco o el gallego- son comunes, y que su lucha debe librarse de manera conjunta, pues su enemigo es común. Las nacionalidades no pueden ser un impedimento para la unión fraternal de los obreros, pues eso es lo que pretende la burguesía inoculando al proletariado el nacionalismo.

Los obreros de las naciones oprimidas no tienen nada en común con su burguesía nacional, y lo tienen todo en común con sus hermanos proletarios de las demás naciones.

Ahora bien, las contradicciones entre burguesías de diferentes naciones encuadradas en un mismo Estado, no solo generan una reacción nacionalista en las naciones oprimidas, sino que también dan lugar a un movimiento nacionalista en la nación opresora. En el caso del Estado Español, la burguesía central impulsa el nacionalismo español, es decir, el nacionalismo de la nación opresora. Tal nacionalismo es, si cabe, aún más despreciable.

Lenin hablaba claro al respecto, y explicaba cuál debe ser la línea de los comunistas respecto a esta cuestión:

«Semejante estado de cosas plantea al proletariado de Rusia una tarea doble, o mejor dicho, bilateral: luchar contra todo nacionalismo y, en primer término, contra el nacionalismo ruso; reconocer no sólo la completa igualdad de derechos de todas las naciones en general, sino también la igualdad de derechos respecto a la edificación estatal, es decir, el derecho de las naciones a la autodeterminación, a la separación; y, al mismo tiempo y precisamente en interés del éxito en la lucha contra toda clase de nacionalismos de todas las naciones, propugnar la unidad de la lucha proletaria y de las organizaciones proletarias, su más íntima fusión en una comunidad internacional, a despecho de las tendencias burguesas al aislamiento nacional.»ii

«En todo caso, el obrero asalariado seguirá siendo objeto de explotación, y para luchar con éxito contra ella se exige que el proletariado sea independiente del nacionalismo, que los proletarios mantengan una posición de completa neutralidad, por así decir, en la lucha de la burguesía de la diversas naciones por la supremacíaiii

Ya pueden los nacionalistas esconderse bajo un discurso revolucionario, o bajo la bandera del marxismo; serán desenmascarados por los comunistas. Todo nacionalismo, sea cual sea, es un arma de la contrarrevolución. Lenin respondía a Zinoviev cuando éste planteaba un nacionalismo revolucionario: No pintéis el nacionalismo de rojo.

Nosotros, los comunistas, somos enemigos de todos los nacionalismos y, a su vez, fieles defensores del derecho a la autodeterminación de las naciones.

Comisión Ideológica

Partido Comunista Obrero Español

i El derecho de las naciones a la autodeterminación; Lenin, 1914.

ii Ibídem.

iii Ibídem.

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Encuentro bilateral entre funcionarios del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y delegación del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español ( P.C.O.E. )

A propuesta de los compañeros cubanos, el pasado lunes día 23 de septiembre, tuvo lugar un encuentro bilateral entre funcionarios del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y una representación del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE).

La reunión se desarrolló en un ambiente de trabajo y camaradería, y en la misma se analizaron temas relacionados con la actualidad cubana y española, así como el papel de los dos partidos comunistas, sus trabajos y sus objetivos.

Por parte de los camaradas cubanos participaron Raúl Verrier Molina, perteneciente al Departamento Ideológico y Lucas Domingo, del Departamento de Relaciones Internacionales. Por parte del PCOE participaron camaradas del Comité Ejecutivo, la Comisión del Movimiento Obrero del Comité Central, de la Comisión de Relaciones Internacionales y de la Federación de Jóvenes Comunistas de España (FJCE).

 

COMISIÓN DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL P.C.O.E.

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Sobre la lucha de los docentes y estudiantes

Ante las agresiones del Gobierno, tanto del central como del autonómico, contra la educación pública y gratuita, el sector de la enseñanza en las Islas Baleares lleva ya tiempo movilizándose y secundado la huelga indefinida de docentes, que cuenta desde su inicio hasta día de hoy con un seguimiento masivo.

Para tratar esta cuestión se plantea la necesidad de analizar la verdadera naturaleza del conflicto; y es que debemos comprender que las medidas emprendidas primero por el PSOE y más adelante por el PP, no responden sino a los intereses de la clase a la que realmente representan: la burguesía.

La educación pública es una conquista histórica de la clase obrera que, como todo derecho, fue logrado con el sudor y la sangre de nuestros compañeros de clase. Pero este derecho es tan solo una concesión temporal de la burguesía, pues son sus intereses los únicos que priman en el sistema capitalista, no hay espacio de libertad y democracia para las clases trabajadoras tal y como nos demuestran una y otra vez los hechos.

Los obreros, obreras y estudiantes estamos siendo privados de nuestros derechos a través de una brutal ofensiva lanzada por la burguesía monopolista, ante la cual no se ofrece una respuesta contundente debido a la ausencia de un Movimiento Obrero organizado y cohesionado en lo ideológico. Tan solo una lucha decidida, revolucionaria y con un carácter de clase, encaminada a la destrucción de este sistema criminal, podrá garantizar a todos los obreros y obreras, así como a los demás sectores populares, un espacio de democracia y verdaderos derechos. Ningún conflicto social puede aislarse de la cuestión general de la lucha de clases. No se debe sacrificar el todo a lo específico, ni tampoco lo específico a lo general.

De este modo, las huelgas deben adquirir un carácter revolucionario, pues nuestras luchas no pueden limitarse a tratar de conquistar ciertos derechos temporales dentro de un marco de opresión capitalista; sino que deben encaminarse a la realización de la Revolución, que supondrá la conquista del poder por parte de las clases trabajadoras.

Así pues, el movimiento espontáneo puede ser la antesala del movimiento consciente si se elevan las luchas al plano político y la clase obrera se organiza de manera efectiva, marcándose como objetivo enterrar al Estado burgués.

La lucha por la educación pública y gratuita es una lucha de clase y, como tal, no podrá ser resuelta en nuestro favor si se confían las decisiones a nuestros enemigos: la burguesía, su Estado, sus políticos y sus parlamentos. Debemos ser nosotros mismos, los obreros y las obreras, los que construyamos nuestros propios órganos de poder, al margen de las instituciones burguesas.

De este modo, se plantea la vital necesidad de emprender la lucha revolucionaria y edificar el Poder Popular, es decir, nuestra propia democracia, obrera y no burguesa. El Frente Único del Pueblo es la estructura misma del naciente poder obrero, el embrión del futuro Estado de trabajadores. Desde el PCOE llamamos a construir asambleas en cada centro de trabajo, en cada barrio, instituto y universidad. Serán estas asambleas coordinadas, de clase, revolucionarias y encuadradas en una estructura superior, las que ejerzan como órganos de poder de la clase obrera. Esto es el Frente Único del Pueblo, el poder organizado de los oprimidos frente al poder de los capitalistas.

En conclusión, llamamos a todos los trabajadores de la enseñanza y a los estudiantes de las clases populares a secundar la huelga indefinida y a asistir activamente a las movilizaciones, así como a organizarse para construir el Frente Único del Pueblo, el Poder Popular. La lucha por la enseñanza pública es un conflicto de clase; tan solo el Socialismo puede garantizar al pueblo trabajador una educación pública, gratuita y de calidad.

Obrero, obrera, estudiante, ¡organízate y lucha! 

¡Secundemos la huelga indefinida de docentes!

¡Construyamos el Poder Popular!

¡Socialismo o barbarie!

Comité Regional de las Islas Baleares del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E)

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Los comunistas con el sector de la enseñanza

El Ministro Wert ha avisado que la huelga general de la enseñanza, convocada para el próximo mes de Octubre, pudiera ser ilegal por su contenido político, y es que las huelgas políticas están negadas por la Constitución. Tal vez para los incautos sea, una vez más, la puesta en escena de una táctica manida que consiste en exagerar las consecuencias de cualquier actividad del pueblo por parte del gobierno, con la intención de amedrentar a los convocantes y también para debilitar las filas de los afectados. Sin embargo, para nosotros, tiene un significado distinto. Ya hemos advertido en varias ocasiones de la situación en que han colocado a las masas populares, especialmente a las clases trabajadoras respecto del disfrute de las supuestas libertades que concede la democracia burguesa.

Como es sabido, en la época del imperialismo, las fuerzas monopolistas tienden hacia el fascismo, y en nuestro país, este hecho se manifiesta cada vez más claro en sucesos importantes, y la huelga es uno de ellos. Hay dos maneras de ilegalizar la huelga: la primera es, como sucede con las consideradas políticas y con las de solidaridad con compañeros despedidos que están fuera de las leyes capitalistas, por mor de una Constitución ultra reaccionaria, y la segunda es la de anular por ley el efecto positivo que pudiera devenir de una huelga económica, no política, con lo cual ésta se convierte en un absurdo. Por ejemplo, si los trabajadores de una empresa durante los debates de su convenio arrancan, con sus luchas, un salario superior al que pretendía pactar el patrón, dicho salario puede ser anulado posteriormente, por petición del patrón al amparo de la ley, solo con aducir excusas falsas. Es decir, la huelga no política no sirve, en este supuesto, para nada. Así pues, la indefensión política y económica del obrero es casi absoluta.

Mas para que el tema adquiera su verdadera dimensión, es justo recordar y reconocer que las huelgas no son ilegales solo porque los fascistas camuflados lo hayan impuesto; lo triste es, que tanto en la Constitución como en las leyes que permiten al patrón derogar los términos económicos de un convenio colectivo, se han llevado a cabo con la anuencia, en el primer caso, de los PSOE y PCE, y en el segundo, con la participación de los sindicatos CC.OO y UGT.

El derecho a la huelga en el capitalismo es, para el trabajador, un derecho natural que tendrá que ejercer, existan o no leyes que lo amparen. Mas en este caso, y dada la situación de ilegalidad e indefensión, la huelga política debe ser la clave para aplastar el avance de los fascistas y de los traidores. La huelga general política debe ser el centro vital sobre el cual graviten todas las luchas contra el sistema, pues además de ser la fuente de donde manará la conciencia de clase de los trabajadores, pondrá en entredicho a todos aquellos que hoy juegan a la política, a falsas revoluciones sin el concurso del sujeto revolucionario, que es la clase obrera.

La huelga general política no es un fin, sino el comienzo de sucesivos combates y una forma de lucha más, pero muy importante para derrocar toda la política burguesa. Por estas consideraciones, si el ministro Wert desautoriza verbal o prácticamente la huelga de la enseñanza por ser política, con más razón se debe llevar a efecto, de lo contrario, la huelga en este país coge el camino de la extinción.

Volvemos a repetir que la esencia del capitalismo es la explotación de los trabajadores por los capitalistas. Ya pueden darse todo tipo de manifestaciones y de actividades contra el gobierno y la patronal, que mientras el pueblo trabajador no participe en la huelga, poco daño o ninguno se le hará a las estructuras del régimen y escasa efectividad tendrán las protestas populares, pues los capitalistas continúan llenando sus bolsillos. De ahí que toda la atención de los fascistas y socialdemócratas se centre en la negación de la huelga política, es decir, paralizar a las clases trabajadoras sometiéndolas a la ilegalidad, porque por obra y gracia de las manipulaciones legales en el capitalismo, el burgués está en condiciones de tildar de política cualquier huelga que convoquen los trabajadores.

En el supuesto de dar marcha atrás en la huelga, supondría un triunfo de las fuerzas reaccionaras. La burguesía está preparando el terreno para neutralizar, bajo el rigor de la ley, toda intención que pretenda la participación de los trabajadores. El PCOE y la FJCE no entrarán en el juego sucio en el que se convertiría cualquier debate que tenga como objetivo si la huelga de la enseñanza o cualquier otra, es o no política; para nosotros, la única ley es la necesidad de acometerla.

El PCOE y la FJCE hacemos un llamamiento al sector de la educación a secundar la huelga, y a nuestros militantes para que trabajen en los sindicatos y en el FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO, para contribuir a que la huelga sea un éxito.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

FEDERACIÓN DE JOVENES COMUNISTAS DE ESPAÑA

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A 40 años de la muerte de Salvador Allende

Este mes de septiembre se cumplen cuatro décadas del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra el gobierno popular de Chile, el encabezado por Salvador Allende. El golpe militar fue protagonizado por el atroz Augusto Pinochet, con el inestimable apoyo de la reaccionaria oligarquía financiera chilena, y de los Estados Unidos, en un intento más de impedir el avance del socialismo y del antiimperialismo en el mundo.

El gobierno de Allende puso en marcha numerosas medidas populares destinadas a la mejora del nivel de vida de la clase obrera y de la clase campesina. Pero la experiencia chilena se fundamentó en el reformismo, y no en la toma revolucionaria del poder por parte de la clase obrera; así pues, la oligarquía chilena jamás fue desalojada realmente de su posición de clase dominante, y ésta, con el apoyo del imperialismo norteamericano, conspiró en la sombra para derrocar al legítimo gobierno popular que se había instaurado en el país.

En la madrugada del 11 de septiembre, el Ejército desencadenaba el golpe de Estado tomando la ciudad de Valparaíso. Llegado ya el mediodía, comenzó el bombardeo sobre La Moneda, la casa de gobierno, donde se encontraba Salvador Allende. De forma inminente comenzó el asalto del palacio presidencial, donde Allende acabaría muriendo mientras defendía de forma noble la causa de los trabajadores, armado con su fusil, negándose a rendirse ante los enemigos del pueblo.

allendeEl triunfo de la contrarrevolución supuso la instauración del fascismo, es decir, de la dictadura terrorista abierta de la oligarquía financiera. El gobierno fascista, encabezado por Augusto Pinochet, reprimió durante décadas a las clases populares chilenas, sometiéndolas a la brutal dominación de la burguesía y persiguiendo sistemáticamente a los comunistas y a los sectores más combativos de la clase obrera.

Es necesario aprender de la experiencia histórica. El ejemplo de Chile evidencia la vital necesidad de instaurar la dictadura revolucionaria del proletariado y de reprimir sistemáticamente a la burguesía si se pretende la construcción del socialismo. La burguesía siempre luchará con todos los medios de los que disponga, incluyendo la fuerza militar, para mantener su dominación de clase y acabar con cualquier intento de conquista del poder por parte de los obreros.

La negación de la dictadura del proletariado denota una clara miopía revisionista, una incomprensión manifiesta de la ciencia marxista-leninista. Pero ello no exime a los comunistas del deber de solidarizarnos con los movimientos antiimperialistas y progresistas de Latinoamérica.

La toma del poder no puede llevarse a cabo sino derrocando por la fuerza a la burguesía e instaurando la dictadura del proletariado. De lo contrario se está destinado al fracaso. Así lo ha demostrado la historia, y Chile es el más claro ejemplo.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

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Sólo el Socialismo puede acabar con las guerras de rapiña ¡No a la guerra imperialista!

La existencia de la Unión Soviética no sólo frenó múltiples agresiones imperialistas sino que proporcionó ingente ayuda a los pueblos del mundo para que combatiesen al imperialismo.

Tras el derrumbe de la URSS se ha podido comprobar, todavía de manera más descarnada, más criminal, la esencia del imperialismo y de sus bandidos dirigentes políticos, que no es otra que la vista en los últimos 22 años con las dos guerras de Iraq y Afganistán, Yugoslavia, Sudán, Somalia, Mali o en estos momentos Siria, por no hablar de los apoyos para desestabilizar naciones, imponer gobiernos títeres de canallas que favorecen los intereses de los monopolios y el expolio imperialista, o de violentar todo tipo de derecho humano cometiendo toda clase de tortura con la aquiescencia de estados como el español, creando campos de concentración o haciendo terrorismo de estado, asesinando a millones de mujeres, ancianos y niños.

Hoy la potencia más asesina de la Historia, los EEUU, y sus sanguinarios aliados europeos, así como sus medios de comunicación de masas, están en plena campaña de justificación para intervenir directamente y masacrar, todavía más, al pueblo sirio ante el fracaso de las acciones militares perpetradas por los mal llamados ‘rebeldes’, pues no son más que mercenarios a sueldo de los imperialistas que persiguen derrocar al gobierno de Al-Assad.

Con todo el cinismo del mundo, los títeres políticos de los estados capitalistas, sicarios de los monopolios, justifican la necesidad de la guerra para ‘que penetre la democracia’ en dichas naciones, que según ellos están dominadas por ‘ogros autoritarios’, con objeto de acabar con dichos ‘regímenes terroristas y totalitarios’, cuando en realidad los únicos terroristas y asesinos son las potencias imperialistas, encabezadas por los EEUU. En el caso de Siria la justificación de EEUU y sus aliados es, ahora, el empleo de armas biológicas por parte del Estado sirio. Hecho éste cuanto menos controvertido, y dudoso, pues son cada vez más las voces que señalan que el ataque biológico ha sido realizado por los mercenarios que tienen los EEUU y la Unión Europea en Siria, máxime cuando estos mercenarios han sido adiestrados en el manejo de las armas químicas por los EEUU, al igual que han sido armados por éstos con este tipo de armamento. De hecho, tanto la Dirección General de Seguridad de Turquía como una Comisión Independiente de la ONU aseguraron en mayo de este mismo año que los ‘rebeldes’ poseían armas químicas, en concreto gas sarín.

Pero para comprender lo que está aconteciendo en el mundo debemos analizar la situación acudiendo a los fenómenos económicos, primero, y políticos después que llevan a esta situación. Es un error mayúsculo fijarse en Siria y no comprobar que lo que acaece en dicho país está intrínsecamente relacionado y enlazado con lo que viene pasando en dicha zona en las últimas décadas, siendo consecuencia de la pugna imperialista por el control del petróleo, el gas y demás recursos naturales de esa parte del planeta, así como por su control geopolítico para distribuir dichos recursos.

Oriente Medio concentra prácticamente la mitad de las reservas de petróleo del mundo, concretamente el 48,1%, y el 38,1% de las reservas de gas natural. Entre Oriente Medio y la antigua URSS se reparten el 74% de las reservas de gas natural y entre América Latina y Oriente Medio se reparten el 68% de las reservas de petróleo. Así mismo, según el Servicio Geológico de los EEUU (USGS) el petróleo “no descubierto” – el que todavía no ha sido demostrado por las barrenas pero del que presume su existencia gracias a varios marcadores geológicos – asciende a unos 900.000 millones de barriles estando sus yacimientos dispersos en las regiones de Siberia, Oeste de África, este de Sudamérica y el Mar Caspio.

Por el contrario, tanto Europa como EEUU consumen el 44% del gas producido y el 43% del petróleo; a pesar que poseen el 14% de las reservas mundiales de petróleo y el 4% de las de gas.

A todo esto hay que añadir que el desarrollo económico de las potencias imperialistas emergentes, fundamentalmente de la zona asiática, de hecho China, ya es el mayor consumidor de energía, y según cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), considera que en 2035 empleará un 70% más de energía que los EEUU. A lo que hay que unir que, la misma AIE estima que el crecimiento en el consumo de energía para Brasil, Oriente Medio, India e Indonesia será mucho más rápido que para China.

Un informe del Ministerio de Defensa del estado español, de junio de 2008, titulado “La crisis energética y su repercusión en la economía. Seguridad y Defensa Nacional” señalaba que “las energías fósiles representaban el 82% del consumo mundial de energía primaria, el 77% en los países de la Unión Europea y el 85% en España. Por otro lado, las energías fósiles son, en su mayor parte, importadas, tanto en la Unión Europea como en España, y la dependencia española del petróleo es mucho más elevada que el promedio mundial o de la Unión Europea. Esta dependencia de las energías fósiles no varía sustancialmente en el escenario previsto para el año 2030: entre el 76% y el 81% en el mundo, y entre el 69% y el 77% en la Unión Europea”. Señalando respecto al petróleo lo siguiente:el petróleo es insustituible en gran parte de sus aplicaciones, lo que hace especialmente grave una interrupción de su suministro. El petróleo es insustituible en el transporte, al que aporta el 94% del consumo energético y el 99% en el transporte por carretera. (…) La estructura del consumo mundial de energía primaria en el transporte es la siguiente: petróleo 94,2%; gas 3,2%; y biocarburantes, carbón y electricidad el 2,6% restante. En el transporte por carretera el petróleo aporta el 99% y los biocarburantes el 1%. También en la petroquímica, el petróleo es insustituible.

Con todo ello, se comprueba la existencia de una pugna entre potencias imperialistas – EEUU y la UE (claramente dependientes energéticamente) por un lado, y los ‘países emergentes’ por el otro – por el acceso a las fuentes de energía, fundamentalmente a las reservas de petróleo y gas mundiales que son esenciales para los monopolios y que, como hemos comprobado, se hallan en Oriente Medio.

Por todo ello, era natural que en 2005 el esbirro del imperialismo norteamericano, José María Aznar utilizado como vocero por Bush, presentase un informe realizado por el GEES (Grupo de Estudios Estratégicos) – una organización privada compuesta por políticos del PP, empresarios y militares – titulado “La OTAN: Una alianza por la libertad” en el que señalase el rol que debía adoptar la OTAN tras la cumbre de Riga, de tal modo que debía convertirse en instrumento para combatir el terrorismo islamista y salvaguardar la democracia burguesa, o lo que es lo mismo, trazaba ya la táctica para justificar todo tipo de agresión a los países que a los imperialistas les vengan en gana bajo las banderas de la ‘democracia’ y la ‘libertad’ impuestas a sangre y fuego. Dicho documento señala “La Alianza salió victoriosa de la Guerra Fría con la implosión de la URSS; la OTAN debe luchar y derrotar a quienes no ocultan que su objetivo es la destrucción de nuestras sociedades libres y abiertas (…)El presidente norteamericano George W. Bush tiene razón cuando dice que “the survival of liberty in our land increasingly depends on the success of liberty in other lands. The best hope for peace in our world is the expansion of freedom in all the world”. (“La supervivencia de la libertad en nuestra patria cada vez depende más del avance de las libertades en otros países. La mejor esperanza para la paz en nuestro mundo es la expansión de la libertad en todo el mundo.”) Coincidimos con él porque pensamos que para vencer al terrorismo no basta con perseguir y acabar con los terroristas, sino que también hay que poner fin a los ambientes que sirven para que los grupos terroristas se nutran de nuevos adeptos. Y esos entornos no son otros que la opresión política, la intolerancia religiosa, la asfixia económica, la enseñanza sistemática del odio hacia lo occidental y moderno, la corrupción administrativa y, en general, la sensación de que en el futuro no aguarda nada bueno (…)Para poder enarbolar de manera efectiva la bandera de la libertad ya hemos dicho más arriba lo que debería hacer la OTAN. Todas propuestas factibles. Por un lado, defender la libertad empezando por nuestro propio territorio. La OTAN debe pasar a convertirse en el mejor vigilante de nuestra homeland security. En segundo lugar, la OTAN debe actuar para eliminar las amenazas allí donde se generen y con la anticipación que sea necesaria. No actuar o actuar tarde en la era del terrorismo de masas equivale a condenar a muerte a muchos compatriotas. Y por último, pero no menos importante, la OTAN debe expresar claramente su naturaleza liberal y democrática. De dos maneras: por un lado, abriendo sus puertas a aquellos países que comparten nuestros valores esenciales y que están activamente comprometidos con la defensa de los mismos. Hemos defendido la necesidad de que se invite a Israel, Japón y Australia a formar parte de la OTAN, pero también podría hacerse extensiva la invitación a naciones como Colombia, al menos como miembro de la Alianza por la Libertad. La OTAN es, a pesar de quien persigue ocultarlo, una fuerza moral de alcance universal. (…) Y precisamente por su fuerza moral, que excede con mucho la militar, la Alianza también debe impulsar la apertura política en el mundo árabe y musulmán, modificando sustancialmente su Diálogo Mediterráneo, tanto en sus formas como en sus objetivos”.

Así mismo, Aznar como boca de los EEUU y el gobierno de Bush, introduce el objetivo denominado Democracy Building que lo expresa de la siguiente manera “Nosotros estamos convencidos de que estas misiones sólo pueden triunfar políticamente si, en lugar de tener como objetivo la reconstrucción del estado en entredicho, la OTAN se pone como meta no sólo dicha reconstrucción, el nation building, sino la democracy building. Esto es, se cualifica el tipo y la naturaleza del régimen político que se aspira a instaurar. (…)La expansión de la democracia es la vía política, complementaria a la militar, para luchar contra el extremismo. Mientras que el recuso a la fuerza debe ir destinado a perseguir a los terroristas y desbaratar sus planes, es imprescindible un esfuerzo político para transformar los regímenes dictatoriales en sistemas en libertad (…)Nosotros creemos que la Alianza debería crear, siguiendo en cierta medida el ejemplo de la Asociación para la Paz (PfP), una Asociación para la Libertad, esencialmente orientada a atraer a los países del Norte de África y del Oriente Medio e impulsar colectivamente las medidas adecuadas para su liberalización económica, el respeto a la libertad de culto, y la apertura y democratización de su sistema político. ”. Evidentemente cuando estos imperialistas se refieren a democracia y a libertad se están refiriendo a impunidad y seguridad para que los monopolios expolien los recursos naturales y exploten a los trabajadores de dichas zonas.

Como se puede comprobar, ya en 2005 Bush, Aznar y demás esbirros del imperialismo norteamericano y europeo estaban pergeñando la táctica – lo que posteriormente ha venido a llamarse primaveras árabes – para desestabilizar el norte de África y Oriente Medio de tal modo que puedan poner gobiernos ‘títeres’ con los que las multinacionales europeas y norteamericanas se puedan apropiar de las fuentes de energía – yacimientos de Petróleo y Gas, así como uranio, plutonio, diamantes, etcétera.

En consecuencia, el derramamiento de sangre que se está produciendo desde 2011 en Túnez, Siria, Egipto, Libia o Mali, por no hablar de toda la sangre derramada en Iraq, Afganistán, Líbano o Palestina; no es algo casual sino plenamente preparado y planificado por los imperialistas europeos y norteamericanos en su necesidad de apropiarse de los recursos del Magreb, el Sahel y Oriente Medio.

En este sentido Egipto y Siria son esenciales en la fase actual. Egipto para controlar África, el canal de Suez y el agua del Nilo, así como su riqueza natural, principalmente petróleo y gas. Egipto es ahora mismo una parte del tablero donde se libra una lucha entre el imperialismo norteamericano –que pretendía remozar su dominio liquidando al gobierno de Mubarak, títere a su servicio durante décadas, y colocar un gobierno afín de los Hermanos Musulmanes, financiados por EEUU – y el ruso, que se esfuerza por ganar influencia dentro del ejército egipcio así como del gobierno emanado tras el golpe de estado.

En Siria, el imperialismo norteamericano y europeo – así como sus satélites Arabia Saudita, Turquía, Israel y Jordania – no han dudado en formar a mercenarios para ocupar militarmente a Siria y derrocar al gobierno de Al-Assad, gobierno contrario a los intereses de EEUU y la UE. El gobierno de Siria tiene estrechos lazos políticos y económicos con China, Irán y Rusia. Así mismo Siria es enemiga histórica del estado de Israel y un apoyo esencial para la resistencia árabe que combate el sionismo, fundamentalmente Hezbola. Pero sobretodo, para los EEUU y la UE es esencial poner un gobierno títere en Siria para asfixiar y culminar los preparativos bélicos para arremeter contra Irán. Irán no sólo es el país que más reservas de gas natural tiene, sino el cuarto con más reservas de petróleo. Pero además, controla el estrecho de Ormuz, por donde transita la mayor parte de las exportaciones de Oriente Medio.

Los imperialistas modelan la base y la superestructura con objeto de hacer perdurar en el tiempo el dominio de los monopolios y, con ellos el proceso de concentración; esa modelación se desarrolla vía crisis y vía guerras donde sojuzgan a los Pueblos del Mundo. A nivel interno de los países, lo podemos observar en la ofensiva desatada por la burguesía contra los trabajadores, estableciendo marcos sociales y laborales que liquidan todo tipo de derecho de estos, les bajan los salarios, llevando al proletariado al paro forzoso y a la indigencia. A nivel mundial, exportan capitales para parasitar y explotar a lo largo y ancho del planeta conquistando los mercados y robando los recursos naturales a sangre y fuego, mediante el asesinato y la guerra. Eso es lo que están haciendo los gobiernos de los EEUU y de la UE, hacer la guerra imperialista para robar el petróleo y el gas de Oriente Medio como fórmula para acentuar su dictadura y para superar la enorme crisis en el que se hallan dichos bloques imperialistas. Este sistema está quebrado, y llevan en su tuétano la crisis y la guerra y, como señala nuestro Programa “Las soluciones que se aplicaren a cualquiera de las crisis modernas del capitalismo se convertirán en la causa de la siguiente. En realidad, hace tiempo que el capitalismo entró en quiebra general de las que las crisis económicas contemporáneas son manifestaciones en picos de una gran cresta.”. Los imperialistas norteamericanos y europeos no sólo van a continuar asesinando a millones de seres humanos inocentes sino que van a acrecentar la crisis todavía más, llevando al mundo al borde de una nueva Guerra Mundial.

Y ante este escenario, los enemigos del proletariado cierran filas ante los intereses de los monopolios. Así Izquierda Unida, a través de Willy Meyer, manifiesta sobre la guerra imperialista en Siria que “esta posible intervención sin autorización del Consejo de Seguridad volvería a crear a nivel internacional una situación de emergencia como la que produjeron la guerra de Yugoslavia, Iraq o Afganistán. El uso de la fuerza al margen de la Carta de la ONU sólo conlleva más violencia e inestabilidad”, o lo que es lo mismo, que ven bien la guerra imperialista en Siria si el grupo de potencias imperialistas que se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU así lo aprueba, posicionándose al favor del imperialismo, del derramamiento de sangre trabajadora y de la guerra imperialista y en contra de la paz y del proletariado. Los socios de Izquierda Unida, el PSOE, va a más y se manifiesta abiertamente favorable a una intervención militar en Siria, algo por otro lado natural teniendo en cuenta que tanto el PSOE, como el PP, defienden abiertamente el imperialismo y son títeres de los monopolios, al igual que Izquierda Unida. Por otro lado, la internacional sindical del imperialismo – CSI – donde están incardinadas las centrales sindicales CCOO, UGT, USO o ELA, en lugar de rechazar abiertamente la guerra imperialista y de rechazar la injerencia imperialista y la negación de la soberanía de Siria, pasan de costado y no se posicionan en contra de la guerra imperialista, apelando a la ONU para buscar una solución al conflicto arremetiendo contra Al-Assad y su gobierno.

El Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español rechaza de plano la guerra imperialista en Siria. Los trabajadores del mundo, los que ponemos el trabajo y los muertos en las guerras que hacen los burgueses para enriquecerse, no tenemos otra salida que avanzar firme y decididamente hacia el socialismo. La única salida que tenemos la mayoría trabajadora del mundo, los parias y los pobres de la tierra, ya seamos egipcios, sirios, libios o españoles, es tomar conciencia de que el imperialismo sólo nos conduce a la miseria, a la guerra y a la muerte, pues la crisis y la guerra son inherentes al capitalismo en la fase actual de putrefacción en la que se halla. Por todo ello, hacemos un llamamiento al proletariado del estado español a oponerse a la guerra imperialista, movilizándose contra élla y, fundamentalmente, a organizarse como clase para acabar con el actual sistema que nos conduce al abismo y a organizarse para acabar con el capitalismo y construir el socialismo. Y ello sólo es posible organizándose la clase trabajadora, desarrollando en los barrios y en los pueblos el Frente Único del Pueblo como instrumento de lucha política que una a todos los sectores del proletariado contra las leyes que nos oprimen, que dote a la clase trabajadora de la capacidad política para dirigir sus designios y para ser dueña de la producción y como se distribuye ésta y, también, para oponerse a la guerra imperialista y cumplir con el sagrado principio del internacionalismo proletario, oponiéndonos al derramamiento de sangre de nuestros hermanos de clase sirios y de otros puntos del planeta, organizándonos y dando pasos consecuentes por el socialismo.

¡NO A LA GUERRA IMPERIALISTA!

¡POR EL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)

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¿Capitalismo monopolista de Estado o capitalismo monopolista transnacional?

En momentos de especial agudización de las contradicciones y, especialmente, tras la caída de la URSS, surgen numerosos teóricos revisionistas que elaboran nuevas teorías que, supuestamente, se adaptan a los nuevos tiempos, alegando que la vigencia de los clásicos –Marx, Engels y Lenin- es limitada. Uno de estos teóricos es el profesor Vicente Escandell Sosa, que de manera hábil trata de refutar la vigencia del capitalismo monopolista de Estado (CME), contraponiendo a él una nueva teoría que denomina capitalismo monopolista transnacional (CMT)1.

Los defensores del capitalismo monopolista transnacional afirman que el CME ha sido superado y que nos encontramos en una nueva fase de desarrollo del capitalismo, en la que los Estados se convierten en una traba para el desarrollo de los monopolios, y que éstos son capaces de prescindir del Estado. Para refutar esta postura revisionista, se plantea la necesidad de analizar en profundidad la estructura del capitalismo y las dos teorías que aquí se plantean –el CME y el CMT-.

Uno de los principales argumentos utilizados por Vicente Escandell es el hecho de que, hasta día de hoy, en ningún país capitalista desarrollado haya tenido lugar una revolución socialista; pues Lenin afirmaba que el capitalismo monopolista de Estado era la antesala de la revolución. El teórico del CMT erra en esta cuestión, pues obvia la existencia de unas condiciones subjetivas que juegan también un papel trascendental en cuanto al estallido de la revolución se refiere. Cuando Lenin afirma que la llegada del capitalismo monopolista de Estado “ha aproximado la revolución socialista y ha creado las condiciones para ella”, se refiere a las condiciones estrictamente objetivas, que se dan de manera independiente a las subjetivas. Escandell, por contra, confunde los criterios objetivos y subjetivos en una sola y abstracta categoría y, en base a dicho error, considera que la tesis defendida por Lenin ha sido refutada por el propio desarrollo histórico. En realidad, la historia no ha hecho más que confirmar las posturas de Lenin, pues las condiciones objetivas han sido satisfechas, hace ya décadas, con el desarrollo del capitalismo en su fase más decadente: el imperialismo. Así, observamos una gran agudización de la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, un agravamiento cada vez mayor de la miseria de las clases oprimidas, y crisis cíclicas de sobreproducción de una intensidad creciente con respecto a las precedentes.

En un contexto de absoluta concentración del capital en manos de la oligarquía financiera, de agudización de la lucha de clases, de crisis cíclica de sobreproducción y de intensificación de la explotación de las masas trabajadoras, es más obvio que nunca que vivimos en la última fase de desarrollo del sistema capitalista. La conciencia espontánea de las masas, embrión de la conciencia de clase, se manifiesta en acciones espontáneas que provocan una movilización cada vez mayor de las masas trabajadoras. Pese a que la clase obrera aún no ha tomado conciencia de sí misma y la mayor parte de sus luchas tienen un carácter puramente económico o reformista, es innegable que la agitación de las capas oprimidas de la sociedad sigue una tendencia creciente. Así lo demuestran los hechos en Grecia, o más recientemente en Turquía, por poner algunos ejemplos. En este contexto, el Partido Comunista debe elevar las luchas económicas al plano político y debe infundir en los obreros la conciencia de clase, pues solo así será posible la llegada de la revolución socialista. El hecho evidente e innegable es que la decadencia del capitalismo es cada vez mayor, por lo que en criterios objetivos, la coyuntura es revolucionaria. Todo ello reafirma una y otra vez los postulados de Lenin, en contra de lo que afirman los teóricos del CMT.

En un artículo publicado en la revista Die Bank, Lenin afirmaba lo siguiente: “Los monopolios […] han servido únicamente para sanear a costa del Estado la industria privada”. Y en base a ello, extraía la siguiente conclusión: “En la época del capital financiero, los monopolios de Estado y los privados se entretejen formando un todo”. Los hechos, como observaremos a continuación, han confirmado la conclusión a la que llegaba Lenin. En contra de lo que afirma Vicente Escandell, a día de hoy, y especialmente tras el estallido de la actual crisis de sobreproducción, los monopolios se sirven del Estado para defender sus intereses y garantizar su subsistencia. El Estado ha puesto en marcha numerosos mecanismos para transformar la deuda privada, contraída por los grandes monopolios, en deuda pública, a cuyo pago se destina una parte importante de los presupuestos estatales. Los Estados imperialistas más desarrollados -EEUU, los miembros de la Unión Europa y Japón-, han rescatado con dinero público a numerosos bancos para evitar que éstos tuvieran pérdidas. La vigencia del CME es absoluta, pues la oligarquía financiera se sirve de la maquinaria estatal para nacionalizar las pérdidas de sus monopolios. En este sentido, el Estado español ha rescatado desde 2008 a dos bancos (Bankia y Banco Valencia) y tres cajas de ahorro. Además, el Estado solicitó un crédito de 100.000 millones de euros para ser utilizado en la nacionalización de la deuda de los grandes monopolios, y en inyecciones de capital a la banca. Y pese a que este préstamo va destinado principalmente a los grandes bancos, el garante del dinero concedido es el Estado español, no los bancos beneficiaros del crédito. Así pues, observamos cómo el Estado vacía las arcas públicas para intervenir en la actividad de los monopolios privados en beneficio de éstos. La oligarquía financiera de cada Estado hace uso de la maquinaria estatal para servir a sus intereses, pues en la actual fase del capitalismo, los monopolios necesitan a los Estados.

Por otra parte, es llamativo el hecho de que la mayoría de los principales gestores del sector público provengan de grandes empresas, formen o hayan formado parte de consejos de administración de ciertos monopolios, y que finalmente acaben trabajando para grandes empresas nacionales y multinacionales. Monopolios y Estados se entretejen formando un todo, como dijera el camarada Lenin.

Si bien es cierto que el Estado siempre ha tenido un carácter de clase y siempre ha desempeñado un papel en la economía, éste ha variado de acuerdo con la fase de desarrollo del sistema capitalista y con las necesidades de la clase dominante. En el capitalismo, la burguesía ha utilizado siempre el Estado, que es la principal herramienta de la que dispone para ejercer su dictadura. El CME se caracteriza por la formación de una oligarquía financiera, cada vez más poderosa y reducida, que concentra cantidades astronómicas de capital financiero. La concentración y el monopolio son, a día de hoy, un hecho. En esta fase putrefacta y decadente del capitalismo, el imperialismo, los monopolios se relacionan íntimamente con el Estado, ya que la agudización de las contradicciones y las dimensiones cada vez mayores de las crisis cíclicas de sobreproducción hacen que los monopolios no puedan garantizar su subsistencia sin valerse de la maquinaria estatal. Así pues, observamos cómo en momentos de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, la intervención estatal es menor, mientras que cuando se agudizan las contradicciones, los monopolios recurren rápidamente al Estado para nacionalizar sus pérdidas y sectores ruinosos, así como para obtener subvenciones millonarias e impulsar legislaciones destinadas a reprimir a los trabajadores y leyes laborales que aumenten el grado de explotación de los obreros, para que éstos generen una mayor plusvalía para los monopolios.

El papel del Estado no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado en tanto se ha fusionado con los monopolios privados, apropiándose incluso de algunos sectores fundamentales como las energías o los transportes -dependiendo de las circunstancias concretas de cada país-. Por lo que se refiere a la transnacionalización, no es un proceso nuevo, ni un descubrimiento del profesor Escandell, sino un hecho que tiene lugar desde tiempos de Lenin, manifestándose en pugnas por los mercados internacionales, el sometimiento de los Estados menos desarrollados a los grandes imperios, la existencia de deudas millonarias internacionales, etc.

El nivel de fusión entre los monopolios y los Estados es tal, que la oligarquía financiera llega a valerse del aparato militar del Estado para conquistar nuevos mercados en los que imponer su hegemonía, y para defender sus intereses frente a monopolios extranjeros –y sus respectivos Estados-. Tal es la naturaleza de la invasión imperialista de, por ejemplo, Afganistán e Iraq. Otro ejemplo de la utilización de los Estados por parte de los monopolios lo hallamos en la formación de alianzas entre Estados, cuyo origen es la conciliación temporal de los intereses de los monopolios de dichos Estados, en competencia con otros monopolios. Este es el caso de la disputa entre las potencias imperialistas clásicas –EEUU, UE y Japón- y los países imperialistas emergentes –Brasil, Rusia, India y China-.

En definitiva, el Estado, lejos de convertirse en una traba para el desarrollo del capitalismo y de los monopolios, es la herramienta imprescindible de la oligarquía financiera para defender sus intereses.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español

 

1 Esta teoría se expone en “La categoría leninista Capitalismo Monopolista de Estado: una mirada actual”.

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Acerca del maoísmo

El conjunto teórico formulado por Mao Zedong y las enseñanzas que se desprenden de su praxis revolucionaria en China, conforman la teoría conocida con el nombre de maoísmo. Ésta cobró fuerza en el Movimiento Comunista Internacional tras la muerte de Stalin, a raíz de su papel como una de las principales voces discordantes ante el revisionismo soviético representado por Nikita Jrushchov a partir del XX Congreso del PCUS, donde se denunciaron los supuestos crímenes de Stalin y se proclamó la ruptura con la línea mantenida por dicho dirigente.

En nuestros días, el maoísmo continúa siendo la base  ideológica sobre la que se fundamentan numerosas organizaciones; muchas de ellas se declaran como tales, mientras que otras no se reconocen maoístas de manera oficial pero siguen fielmente las enseñanzas de Mao, siendo maoístas de facto.

Si bien es cierto que en 1956, cuando tuvo lugar la celebración del XX Congreso del PCUS, Mao se posicionó en contra del revisionismo soviético encabezado por Jruschov, no significa esto, en ningún caso, que el maoísmo no sea una teoría igualmente revisionista contraria a los principios del leninismo.

Por todo ello, se plantea la necesidad de analizar la teoría maoísta y refutarla de manera científica desde el marxismo-leninismo, tal es la pretensión del presente documento.

Cuando Mao Zedong planteó lo que él mismo denominaría como el Gran Salto Adelante, afirmaba que la edificación del socialismo y la disolución definitiva del Estado podrían darse en un plazo breve de tiempo, incluso en cuestión de poco más de una década.  Analizando las condiciones de China en ese momento histórico, con unas fuerzas productivas con un grado de desarrollo propio del feudalismo y con una industria prácticamente inexistente, las afirmaciones de Mao no denotan sino una total incomprensión de la ciencia marxista-leninista.

Podemos observar en el hecho expuesto un ejercicio de idealismo filosófico por parte de Mao, al considerar que las condiciones materiales necesarias para la llegada del comunismo se darán a partir del desarrollo de la conciencia del pueblo y de la voluntad de la vanguardia, renegando así, de facto, del materialismo dialéctico.

Ésta es tan solo una de las muchas actuaciones que evidencian tal desviación. Otro ejemplo lo hallamos en la política de “3 banderas”, definida por Mao, que suponía el establecimiento de comunas agrícolas, lo que debía constituir la forma de organización fundamental de los campesinos. Años atrás, Stalin había analizado ya la cuestión, indicando cómo debía llevarse a cabo este proceso: la comuna surgiría cuando en las granjas del artel abundasen todos los productos, cuando la mecanización fuese efectiva. Es decir, la comuna surgiría sobre la base de una técnica desarrollada, sobre la base de la  abundancia de productos. Stalin no hacía más que poner en práctica las tesis leninistas y, mediante la dialéctica materialista, concluir que la comuna es la forma superior de la organización cooperativa en el campo, y surge como consecuencia real y objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica.

Pero Mao, haciendo gala una vez más de su idealismo filosófico, ignoró las condiciones objetivas y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica; estableciendo la comuna como forma de organización en el campo. Este hecho no hace sino evidenciar que Mao no se atiene a las condiciones objetivas tratando de desarrollarlas, sino que concibe la realidad como el reflejo de la conciencia. Creía que podía someter la marcha de la historia a los deseos de la vanguardia, cayendo así en un subjetivismo absoluto, ajeno a cualquier análisis que se pretenda materialista y dialéctico.

Mao queda desenmascarado una vez más en su crítica a Lenin. Éste segundo afirmó que cuanto más atrasado está un país, más difícil es que pase del capitalismo al socialismo. Lenin, al afirmar esto, se fundamenta en los criterios objetivos para considerar la revolución y la edificación socialista. Pero Mao, por su parte, y en contraposición a esta tesis, afirma que desde la perspectiva actual, esta tesis no es correcta. En realidad, cuanto mayor sea el atraso económico de un país, tanto más fácil es su transición del  capitalismo al socialismo. Cuanto más pobre es un hombre más desea la revolución.
Observamos una vez más como Mao cae en el idealismo filosófico, obviando los criterios objetivos y científicos, y priorizando la conciencia del hombre ante estos.

En definitiva, Mao considera que antes de modificar la realidad material, es necesario que el pueblo cambie su concepción del mundo, asumiendo las ideas maoístas. Este enfoque es absolutamente idealista, y niega la propia esencia del materialismo dialéctico, que concibe la conciencia de una sociedad como consecuencia de su realidad material. Para Mao, en cambio, la conciencia es anterior al ser social.

Por otra parte, se plantea la necesidad de analizar la peculiar caracterización que realiza Mao de las  relaciones entre las clases enfrentadas en el capitalismo. En referencia a las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional, Mao sentencia:

«si estas contradicciones antagónicas se tratan debidamente, pueden transformase en no antagónicas, pueden resolverse por vía pacífica. Si esas contradicciones no se tratan como es debido, si no seguimos con la burguesía nacional la política de unidad, de crítica y de educación, o si la burguesía nacional no acepta esta política nuestra, entonces las contradicciones entre la clase obrera y la burguesía nacional pueden convertirse en contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos.»

Este análisis supone la caracterización de las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional como no antagónicas, identificando a ésta última clase como un potencial aliado en la construcción del socialismo. Mao considera viable la colaboración entre clases absolutamente antagónicas -tal y como las identificaran Marx, Engels y Lenin-. Esto supone, por tanto, aceptar el interés privado y explotador de la burguesía nacional como no constitutivo de peligro para la edificación socialista. Se acepta la existencia de esta burguesía, y se considera que su práctica opresiva puede ser reeducada de forma pacífica, y reconducida hacia el establecimiento de una alianza para la construcción del socialismo. Mao deja patente su incomprensión de la dialéctica materialista, no entiende la inviabilidad de una reconciliación entre clases obviamente enemigas, fruto de su carácter puramente antagónico. En lugar de ello, obvia la inexorable  necesidad de reprimir a la burguesía como potencial enemigo de la clase obrera y de las capas explotadas de la sociedad, y de expropiarle sus medios de producción. Esta tesis defendida por Mao es contraria al avance socialista y manifiesta de nuevo su idealismo filosófico, al considerar que la burguesía puede  convertirse en una clase aliada del proletariado y del campesinado en la construcción del socialismo; siendo ello posible -siempre según Mao- modificando la conciencia de la clase burguesa, obviando así los intereses objetivos de dicha clase que tienen su base en la realidad material, en la estructura, concretamente en las relaciones sociales de producción.

Otro punto fundamental en la teoría maoísta y que, por tanto, cabe analizar en este documento, es la identificación del campesinado como sujeto revolucionario. Con la llegada del capitalismo, el modelo de producción feudal es empujado a su superación por el desarrollo dialéctico de las fuerzas productivas intrínsecas a él, las relaciones de producción y la intensificación de la lucha entre las clases sociales existentes. Era característico de anteriores modelos de producción el trabajo individual de cada ser humano, mientras que el avance de la sociedad burguesa implica la aparición de un trabajo social instigado por los grandes propietarios de tierras que, vendiendo éstas, utilizan lo obtenido para la adquisición de grandes máquinas y la contratación de individuos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo. El nuevo modelo productivo capitalista viene determinado por un ser humano que vende su fuerza de trabajo para recibir a cambio una ínfima parte de la riqueza producida con ella, pues la parte sustancial y mayoritaria -la plusvalía- se acumula en las manos del burgués, que actúa como parásito. Nacían de este modo las fábricas industriales, donde se desarrolla el trabajo social. Nacía, por tanto, como producto de este nuevo modo de producción, la clase obrera.

El proletariado es engendrado por el capitalismo, y su posición en éste, como desposeído de los medios de producción y vendido a su fuerza de trabajo, es netamente antagónica a los intereses de la clase burguesa, que representa la opresión contra los obreros y cuyos intereses objetivos se encaminan a dicho fin. De esta forma, el papel de sujeto revolucionario en el sistema capitalista pertenece a la clase obrera -al ser producto directo del mismo, y una clase netamente antagónica a la burguesía-, una vez dadas las condiciones objetivas para la instauración de las nuevas relaciones de producción.

La dialéctica del sistema capitalista impone que sea la clase obrera, cuyo desarrollo choca frontalmente una y otra vez con la burguesía, la sepulturera del mismo. De este modo, las tesis de Mao que otorgan al  campesinado el rol de sujeto revolucionario quedan absolutamente desacreditadas desde la ciencia dialéctica materialista, desde el marxismo-leninismo. El campesinado no es una clase netamente antagónica a la burguesía, pues está integrada tanto por terratenientes como por campesinos semiproletarios, y por ende tiene una naturaleza pequeñoburguesa.

Las capas campesinas no están capacitadas para llevar hasta el final la revolución y liderar la construcción del socialismo; aunque esto no implica que no sean potenciales aliados del proletariado -especialmente el campesinado pobre y los campesinos semiproletarios- en dicha tarea. No cabe duda alguna de que otorgar el rol de sujeto revolucionario a una clase que no es netamente revolucionaria constituye un error y una desviación del leninismo. Marx, Engels y Lenin recalcaban la importancia de que fuera el proletariado, la clase más avanzada cuantas hayan existido en la historia, la que liderara la tarea histórica de superar el capitalismo y construir la sociedad socialista.

A menudo se argumenta que Mao supo adaptarse a las condiciones de China, atrasada y con un  campesinado muy mayoritario, y que su defensa del campesinado como sujeto revolucionario responde a las necesidades de dicho país en un momento histórico concreto. Pero incluso en las condiciones que se daban en China en la primera mitad del siglo XX, con una clase obrera aún muy minoritaria, debía ser esa minoría de la población la que asumiera el papel de vanguardia en la revolución socialista, impulsando a su vez la industrialización y el desarrollo de las fuerzas productivas, a fin de consolidar una mayor base de proletarios, en clara alianza con el campesinado pobre. Por tanto, la máxima maoísta de que “el campo asedie la ciudad” reniega del marxismo-leninismo, haciendo gala de la incomprensión de la dialéctica del sistema.

Lenin, en 1901, decía al respecto de esta cuestión: “Los partidarios de Tierra y Libertad partían de la idea errónea de que la principal fuerza revolucionaria en el país era, no la clase obrera, sino los campesinos; que el camino hacia el socialismo iba a través de la comunidad campesina”.

En definitiva, entendiendo el carácter pequeñoburgués de los campesinos -aún asumiendo que también forman parte de éste elementos semiproletarios-, y siendo esta clase el sujeto revolucionario teorizado por Mao, se evidencia que el maoísmo constituye en sí mismo una desviación pequeñoburguesa.

Por otra parte, otro rasgo característico del maoísmo, es la defensa de la república popular democrática, a la que Mao denominaba como Nueva Democracia. Esta propuesta etapista constituye una ruptura con la teoría leninista, al concebir la democracia popular como una fase intermedia necesaria para la construcción del socialismo, a la que Mao llegó a considerar una nueva etapa histórica superior al capitalismo y anterior al socialismo. Esta fase tiene un carácter interclasista, propugnando la alianza entre la burguesía nacional y las capas explotadas de la sociedad, tal y como se ha expuesto anteriormente en este mismo documento.

La defensa de la república popular se basa en la incomprensión de varios principios fundamentales de la dialéctica, especialmente en el desconocimiento del carácter dialéctico de las relaciones de producción; pues éstas o determinan la propiedad de los medios de producción por parte de la burguesía, o por parte del proletariado, que es quien lleva a cabo la producción material.

Lenin afirmaba al respecto que la revolución socialista debe conducir a la dictadura revolucionaria del proletariado en alianza con el campesinado pobre. Afirmaba, también, que en un país en su fase imperialista, es decir, donde se ha desarrollado ya el capitalismo monopolista de Estado, no tiene cabida ninguna fase intermedia entre el capitalismo y el socialismo. La república popular, en la que se establece una alianza interclasista, no hace sino retardar el proceso de emancipación de los explotados, manteniendo durante ésta el poder en manos de la burguesía. Aplicando el método dialéctico al desarrollo histórico, como ya hicieran Marx y Engels, solo es posible determinar que el avance de las fuerzas productivas llevará inexorablemente a una revolución en que éstas pasarán a ser propiedad social, y el proletariado destruirá la antigua maquinaria burguesa, expropiándoles los medios de producción e instaurando un Estado obrero bajo la forma de la dictadura del proletariado. Así pues, la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas  productivas halla su resolución en el socialismo, y no en etapas intermedias teorizadas desde el idealismo filosófico y desde la incomprensión de la dialéctica.

La estrategia que traza Mao y que defienden los maoístas para lograr la democracia popular, es la Guerra Popular Prolongada, consistente en la toma de las armas por un pequeño número -en comparación con las masas explotadas- de elementos avanzados. Esta teoría se fundamenta en la suposición de que las masas obreras y campesinas, hartas de la explotación burguesa, adoptarán paulatinamente una posición favorable a este método y terminarán por tomar las armas formando un Ejército Popular. En definitiva, consiste en plantear la lucha armada desde el momento mismo en que la vanguardia toma conciencia, momento en el que la conexión con las masas es aún tenue y, por tanto, las acciones armadas no superarán los límites del terrorismo individual, ya criticado por Lenin. Además, la defensa de una estrategia de desgaste, que consiste en ir mermando al enemigo mediante la acción armada de la vanguardia, supone la negación, en cierta  medida, del papel histórico del sujeto revolucionario, es decir, la clase obrera.  Esta negación se materializa al considerar que el solo ejercicio de la vanguardia permitirá realizar la revolución, prescindiendo así de las masas explotadas. Aunque esto en nada puede sorprendernos, puesto que Mao tampoco es capaz de identificar de manera científica al sujeto revolucionario, como ya se ha expuesto anteriormente.

La praxis leninista se aleja diametralmente de esta concepción, pues el momento de tomar las armas lo  marca la conciencia subjetiva de las clases   explotadas, y no la voluntad de unos cuantos elementos avanzados. La tarea del Partido debe consistir en la concienciación de las masas trabajadoras, explicándoles la dialéctica del sistema y haciendo comprender a éstas que la única salida posible es la construcción del socialismo, lo cual no se logrará mediante acciones armadas en un momento en el que las masas poseen un grado nulo de conciencia de clase revolucionaria.

El maoísmo se manifiesta como una teoría esencialmente idealista y antimarxista en su análisis sobre las contradicciones a nivel internacional. Los continuadores de Mao plantean la Teoría del Mundo Multipolar, es decir, dividen el mundo en polos imperialistas; por una parte, un gran bloque hegemónico encabezado por EEUU, Japón y la UE; por otra parte y en oposición al primero, el bloque formado por los países emergentes, sufridores de la opresión capitalista. Sin embargo, tal división no responde ni mucho menos al análisis  dialéctico, sino a una burda desviación burguesa.

Mao, por su parte, sienta las bases de la teoría de los Tres Mundos, que defiende la división del mundo en tres categorías: la primera, a la que llama ‘primer mundo’, se hallaría integrada por EEUU junto a su bloque de países ‘ricos’; por otra parte, encontraríamos el bloque soviético liderado por la URSS; y por último, el ‘tercer mundo’, en el cual se incluyen todos los países no alineados.

Teniendo en cuenta esta cuestión, es preciso analizar en profundidad la contradicción que se da en el plano internacional, para comprender la lucha constante entre los bloques imperialistas y determinar si ésta es o no la contradicción fundamental a nivel mundial. Es necesario, por ende, analizar la estructura del capitalismo.

En el sistema capitalista mundial, caracterizado por la propiedad privada sobre los medios de producción en manos de la burguesía, encontramos que su desarrollo es directamente proporcional al nivel de explotación de la clase obrera, pues cuanto más se desarrolla la industria y el capital, a más obreros aglutina entre sus filas. Hemos de comprender, por tanto, que la contradicción fundamental, de las que se desprenden las  demás contradicciones del sistema, es la apropiación privada del producto del trabajo social, realizado por la clase obrera, en manos de la burguesía.

Las luchas imperialistas que tienen lugar entre distintas potencias imperialistas, es decir, en el seno de la burguesía internacional -véase la lucha entre el bloque formado por EEUU, UE y Japón frente al grupo emergente BRIC-, supone ni más ni menos que un enfrentamiento por los nuevos mercados a dominar, en donde implantar la dictadura del capital. No constituyen, por tanto, una contradicción esencial del sistema, sino que son un producto de la competencia desenfrenada entre los monopolios imperialistas.

En ambas teorías –Teoría del Mundo Multipolar y Teoría de los Tres Mundos– observamos un rasgo común: se obvia la contradicción fundamental del capitalismo, para sustituirla por meras contradicciones circunstanciales de distintos bloques imperialistas -en el caso del mundo multipolar-, o por una alineación política entorno a determinados bloques. La incomprensión de la dialéctica y la concepción idealista de Mao, le llevan, en el primero de los casos, a considerar que el mundo se divide en voluntades políticas y no en función de las relaciones de producción de un determinado modo productivo; mientras que en el segundo de los casos plantea la división del mundo en dos bloques de potencias explotadoras y explotadas. Esto  constituye un análisis del todo idealista y antidialéctico, que tan solo trata de encubrir el eminente imperialismo chino, obviando así que la causa central de la que se desprenden todas las demás contradicciones no es otra que la contradicción entre el carácter social de la producción y la propiedad burguesa de los medios de producción.

Otro de los graves errores del revisionismo maoísta es la negación de uno de los principios fundamentales de la dialéctica, a parte de su incomprensión. Mao afirma:

«los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el seno de la sociedad, es decir, las contradicciones entre las clases, las contradicciones entre lo nuevo y lo viejo.»

Por tanto, el maoísmo no otorga a las fuerzas productivas un papel determinante, sino que éste es otorgado a las relaciones de producción, que según afirma Mao, pueden ser perfeccionadas a voluntad del hombre. En contra de esta creencia, el materialismo histórico muestra que el papel determinante del progreso de la producción y de los cambios en ésta, se originan a partir de los cambios en las fuerzas productivas. Una vez más, se manifiestan las concepciones idealistas y antidialécticas de Mao.

La concepción que Mao mantiene del Partido Comunista es otro de los principios erróneos y antimarxistas sobre los que se fundamenta el maoísmo. Esta visión distorsionada del Partido, lejos de ser un desarrollo del marxismo- leninismo como han afirmado históricamente sus seguidores, en nada se asemeja al Partido de Nuevo Tipo descrito por Lenin.

Mao mantenía una posición crítica respecto al camarada Stalin, y defendía  que el reflejo de la lucha de clases, de las contradicciones entre la burguesía y el proletariado -que él creía no-antagónicas y conciliables-, se extendía hasta el seno del Partido, originándose en él dos líneas  enfrentadas que representaban ambos intereses sociales de clase. A raíz de ello, la lucha entre ambas posiciones fue entendida por Mao como la condición subjetiva necesaria para iniciar la llamada Revolución Cultural, cuyo objetivo era expulsar a la línea burguesa que previamente era tolerada. Como observamos, Mao considera que es inevitable la existencia del revisionismo en el seno del Partido, y considera que la  burguesía nacional puede ser reeducada en el marxismo- leninismo.

De este modo, no hace sino obviar la necesidad imperiosa de establecer una vigilancia intensiva en el Partido, depurando y erradicando cualquier vestigio de ideología burguesa -y por tanto enemiga de los intereses del proletariado- en el seno del Partido. Mao dibuja con su concepción del Partido Comunista una suerte de compendio entre ideologías y clases en el seno del Partido, y no una Vanguardia del proletariado, unidad férrea y disciplinada de los elementos más avanzados de la clase obrera, sin fracciones de ninguna índole, armada con la ciencia marxista-leninista.

En conclusión, Mao profesa una concepción idealista del mundo y no comprende en absoluto la dialéctica, cayendo a menudo en la metafísica. Se aleja diametralmente de la ciencia marxista, y en oposición a las tesis de Marx, Engels y Lenin, elabora todas sus teorías que, más allá de no desarrollar en absoluto el marxismo-leninismo, constituyen una forma de burdo revisionismo.

Por tanto, el maoísmo no es más que la negación del leninismo, pues su base fundamental es el idealismo antidialéctico. Por todo ello, y siendo el maoísmo ajeno al marxismo, debemos combatirlo como  planteamiento revisionista que es y ha sido siempre.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español