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Cumbre Social: ¡esbirros del capital!

Nos llega la noticia de la convocatoria por parte de la autodenominada “Cumbre Social” de una jornada de movilización proyectada para el próximo 10 de Marzo con el lema “Contra el paro y por la regeneración de la democracia”, recogiendo así el llamado de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) que convoca a nivel europeo esta jornada de movilización. El PCOE rechaza esta convocatoria, a sus convocantes y los objetivos que los mueven, que son reaccionarios y no persiguen nada  más que desviar y engañar a los trabajadores del único camino para su emancipación –la revolución socialista- para propiciar la llegada de la organización capitalista PSOE al “gobierno” del estado español o, al menos, paliar en cierto modo la debacle de esta sigla pro-capitalista como garantía de continuidad del actual sistema explotador.

 Primeramente, hemos de hablar de la Confederación Europea de Sindicatos, organización que aglutina a los sindicatos amarillos y traidores de toda Europa, que forma parte de los estados capitalistas mismos y de sus organismos imperialistas como la Unión Europea, y que es financiada y promocionada por la burguesía para dar legitimidad “sindical” al sistema capitalista. El PCOE, en su política sindical, considera como la única organización sindical internacional a la Federación Sindical Mundial (FSM) que es la organización internacional de los sindicatos de clase y que aglutina a decenas y decenas de millones de obreros de todo el mundo. Por tanto, apoyar a los sindicatos luchadores (FSM) y marchar luego junto a los traidores (CES) sería una contradicción muy grave. Un Partido Comunista jamás debe caer en este tipo de actitudes oportunistas. Por eso rechazamos esta movilización ya desde el mismo momento en que la convoca dicha CES.

 

 

Por otra parte, las organizaciones que conforman la “Cumbre Social” no tienen en ningún momento el objetivo del socialismo ni la creación del poder popular, sino que su objetivo es darle al capitalismo “un rostro humano”, sin cuestionarse nunca la propiedad privada de los medios de producción ni la conquista del poder por parte de la clase obrera. Esto queda patente al escuchar las declaraciones de los “líderes” de la denominada Cumbre Social, que textualmente nos dicen: “se destruye cada vez más empleo sin que el emprendimiento lo compense”. Es decir, para estos señores la sociedad no se divide en clases sociales, sino que es un simple problema de que existen empresarios/emprendedores que no cumplen con su cometido de “crear empleo”. Los comunistas sabemos que esto no es así. En el capitalismo esos empresarios/emprendedores tienen una función muy concreta que no es crear empleo sino extraer de la mano de obra que emplean la plusvalía necesaria para aumentar sus ganancias y continuar con el ciclo de reproducción ampliada del capital, es decir, emplean esta mano de obra como la fuente que les proporciona sus riquezas. No sólo eso; en la lucha de clases toman partido por la burguesía y se posicionan en contra del proletariado, o lo que es lo mismo, se posicionan con la clase dominante, cuya función en el capitalismo es enriquecerse a costa de la fuerza de trabajo de los obreros, de los trabajadores.

 

 

Junto con lo anterior, observamos que los principales convocantes son los sindicatos teóricamente mayoritarios, pero que apenas agrupan al 9% de los trabajadores y que ven continuamente reducida su afiliación. Hablamos de UGT y CCOO. Estas organizaciones sindicales se han dedicado durante décadas a traicionar y dinamitar cualquier lucha, aunque fuese solamente económica, que traspasase la línea que la burguesía delimitó y ellas aceptaron bajo el manto del dialógo social. Estas organizaciones sindicales forman parte del Estado, reciben de él jugosas subvenciones, son reconocidas como sus interlocutores y en base a esto se otorgan el derecho a representar y hablar por todos esos trabajadores del Estado que, mayoritariamente, no están afiliados ni representados por sus siglas. Su actitud en la lucha económica se basa en los pactos y la negociación lo cual, en esta etapa de desarrollo del capitalismo en el que necesitan extraer cada vez más plusvalía a los obreros y pisarlos cada vez más, es un auténtico crimen. Esta estrategia de conciliación, de la mal llamada paz social que no es más que la imposición brutal del burgués y el sometimiento y el sacrificio de los trabajadores llevada a cabo durante décadas, nos ha llevado a la situación de miseria actual para la clase obrera; a lo que debemos de unir que la única lucha que se ha producido ha sido económica, dejando de lado la lucha ideológica contra la burguesía y la lucha por el poder político para instaurar el socialismo.

 

 

Todo esto ha llevado a una psicología de derrota y miedo dentro de los centros de trabajo. Los obreros, ante la nula alternativa que les ofrecen estos defensores del capitalismo, se encuentran cada vez más desesperados y la figura del empresario, ante sus ojos, se hace omnipotente. Ese miedo al despido, el miedo a perder un trabajo basura para no engrosar el ejército de seis millones de parados, hace que los obreros traguen con cualquier cosa. Las enfermedades derivadas de este estrés se hacen crónicas así como los suicidios derivados de la impotencia de no conocer alternativa al modo de producción capitalista.

 

 

Y ante esta aterradora situación toda esta pléyade de traidores y reformadores del capitalismo insisten en “lavarle la cara” al capitalismo, insisten en las viejas recetas de la conciliación, insisten en “referéndums contra los recortes”: ¡como si un obrero estuviera de acuerdo en que le destrocen la vida! Es decir, estos individuos contribuyen al mantenimiento del capitalismo y ante él un Partido Comunista no debe sumarse a semejante convocatoria sino denunciar ante la clase obrera estas actitudes que sólo contribuyen a mantener la situación de explotación de los trabajadores.

 

 

El PCOE tiene una alternativa muy clara, válida e históricamente demostrada: la lucha por la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo. Eso sólo se producirá mediante la unión y simbiosis del Partido Comunista con la clase obrera desde los centros de trabajo, desde las fábricas, desde los barrios obreros, desde los centros de estudio, mediante un Frente Único del Pueblo que se convierta en el embrión del Estado obrero y que mediante una dualidad de poderes luche en todos los ámbitos contra el poder burgués y lo destruya. Este Frente Único del Pueblo, como unión de la clase obrera, contando con la alianza de las demás clases explotadas por el capitalismo, que no es una unión de organizaciones sino un frente de clase.

 

 

Además el PCOE lucha por crear células en las fábricas y centros de trabajo, como el instrumento válido para combatir y vencer a la psicología del miedo actual, llevando a los obreros y dándoles a conocer el arma que les permitirá vencer al capitalismo: la ciencia del socialismo y la organización leninista. Si seguimos dejando huérfanos de Partido a los obreros este clima de miedo irá a peor y el capitalismo impondrá su dominación por los siglos de los siglos.

 

 

Por ello rechazamos la estrategia de estos renovadores del capitalismo que siguen engañando a la clase obrera con promesas que ellos mismos saben imposibles de cumplir dentro del capitalismo. Por eso denunciados la renuncia de estos individuos a la lucha de clases, si es que alguna vez estuvieron implicados en esta lucha, y los denunciamos como colaboradores necesarios de la burguesía dentro del movimiento obrero. Llamamos a los obreros a no secundar estas movilizaciones, a mostrar todo el desprecio a estas organizaciones cuya parte de culpa en la situación actual de nuestra clase es evidente, y denunciamos la maniobra con fines electorales de mantenimiento del orden de cosas burgués que intentan estos desclasados.

 

 

Llamamos, asimismo, al conjunto de la clase obrera a organizarse en las filas de su partido, el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) como organización que, armada de la ciencia socialista, les permitirá conocer el camino para derrotar a esos empresarios, que a día de hoy parecen intocables, y que les permitirá vencer el miedo instalado en los centros de trabajo. Sólo mediante la comprensión del socialismo y de la lucha de clases entenderemos cómo es posible vencer al capitalismo, que no es eterno ni inmutable, pues precisamente este capitalismo nace de las entrañas de otros modos de producción anteriores. Por tanto, el capitalismo mismo puede desaparecer, la historia nos lo enseña, pero sólo el proletariado organizado – y bajo la dirección de nuestro estado mayor, el Partido Comunista – podrá mandar al capitalismo al basurero de la historia.

 

 

Como quiera que la derrota del capitalismo no es el objetivo de los convocantes de estas movilizaciones de este 10 de Marzo sino el engaño y la traición de las clases populares, así como desviarles del camino del socialismo –única vía posible de resolución de los problemas de los trabajadores y demás clases populares- las rechazamos, y asimismo señalamos y condenamos como cómplices del capitalismo a dichos convocantes y a las organizaciones oportunistas que suelen marchar a rebufo de estos regeneradores del capitalismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Sin socialismo no es posible la liberación de la mujer

El capitalismo es un régimen de desigualdad. Existe una desigualdad económica, motivada por el hecho de que mientras que unos son dueños de los medios de producción(fábricas, centros de trabajo, comercio, tierras, etc.) otros deben vender lo único que poseen, su fuerza de trabajo, si es que no quieren morir de hambre.
Esta desigualdad de extiende además al terreno de los derechos en la sociedad capitalista: mientras que los miembros de la clase dominante(burgueses) gozan de todos los derechos derivados de su posición de dominación de clase, otros del único derecho que gozan es el de servir de mano de obra para producir mayores ganancias al patrón. Incluso en la más democrática de las repúblicas burguesas, en regímenes de democracia-burguesa, los derechos de los obreros no pasan de ser formales y no reales y la burguesía siempre podrá eliminarlos de un plumazo si las necesidades de desarrollo del capitalismo así lo requieren.

 

Por tanto en un régimen, el capitalismo, que se basa en la desigualdad entre las clases no podrá sino observarse una desigualdad entre el hombre y la mujer: en lo económico, en sus derechos, etc. pero siempre desde una perspectiva de clase. Es decir, la mujer en el capitalismo tal y como nos decía Lenin está doblemente oprimida: por ser mujer y por ser obrera.

 El feminismo burgués, debido a su carácter de clase, prescinde de la segunda de estas contradicciones y expone únicamente la opresión de la mujer en base al sistema patriarcal. Tal absurdo es consecuencia de la lucha ideológica entre las posiciones burguesas y las proletarias, que es uno de los tres pilares de la lucha de clases junto con la económica y política. Así, la burguesía, desde hace unas décadas a esta parte viene promocionando eclécticos e interclasistas movimientos de “emancipación” de la mujer que combaten los postulados marxistas y obreros sobre la igualdad real y la liberación de la mujer proletaria. Estos movimientos de carácter pequeño-burgués niegan la esencia de clase de la opresión a la mujer obrera, e igualan dentro de una sociedad de clases(que como ya explicamos, se basa en la desigualdad) a la mujer obrera y la mujer burguesa. Reflexionemos: ¿acaso Alicia Koplowitz o Angela Merkel son mujeres oprimidas por el capitalismo o ejercen su dominación de clase indistintamente sobre hombres y mujeres obreros? La respuesta es bien sencilla, y nos muestra que el problema de la emancipación de la mujer es una cuestión de clase que no se puede separar de la lucha por el socialismo, una lucha donde la mujer cumple un rol fundamental.Sin embargo la lucha de los comunistas por la liberación de la mujer no es una lucha paternalista, sino consecuentemente revolucionaria. La tarea de los comunistas es incorporar a la mujer a la lucha por el socialismo, por el derrocamiento del modo de producción capitalista y por la Dictadura del Proletariado. Es decir, la emancipación de la mujer es una tarea revolucionaria ligada a la lucha por el socialismo, que se da dentro del marco de la lucha ideológica: ideología proletaria contra ideología burguesa. La mujer al luchar contra la dominación ideológica de la burguesía en el terreno de su emancipación como miembro de una determinada clase social, la clase obrera, está combatiendo su propia situación de opresión de género puesto que sin la mujer obrera no puede haber socialismo, y viceversa.

La incorporación de la mujer a la lucha política por el socialismo ha de producirse de forma sencilla y de un modo pedagógico, educando revolucionariamente a las mujeres obreras en la ciencia del marxismo-leninismo. Los comunistas somos exactamente iguales que los demás obreros, y si nosotros hemos comprendido aprendido a armarnos con el socialismo científico, el resto de elementos de nuestra clase también pueden hacerlo. En este sentido, es esencial la creación de cuadros comunistas femeninos que porten la ideología proletaria y la introduzcan entre nuestros hermanos de clase. La incorporación en masa de las mujeres al mundo laboral, no por los avances en la “igualdad” burguesa sino por las necesidades del modo de producción capitalista las hace una fuente a la que el Partido Comunista debe acceder para nutrirse de mujeres proletarias. El desarrollo del Partido Comunista, contando entre sus filas con el mayor número posible de mujeres, es el arma fundamental para el triunfo de la lucha de clases y la emancipación de la mujer obrera.

 La mujer obrera en el capitalismo está sometida a distintos niveles de opresión. En el plano económico el salario de la mujer suele ser menor al del hombre y la secular reclusión en el hogar hace que muchas de nuestras hermanas obreras sean dependientes totalmente del varón en lo económico, impidiendo todo intento de emancipación. Las mujeres al recibir peores salarios generan mayor plusvalía al empresario, de ahí que como comentamos anteriormente el acceso cada vez mayor de las mujeres obreras al mundo laboral sea una necesidad del sistema y no la destrucción de barreras de género. Es decir, lo que se nos presenta por parte del feminismo burgués como “emancipación” de la mujer en lo económico no es más que el claro ejemplo de esclavitud asalariada dentro del capitalismo, que las mujeres obreras reciben en mayor medida que los hombres.

Sólo el socialismo romperá la desigualdad de la mujer obrera y el hombre en lo económico. En una sociedad sin clases, en el que el sistema tiene como misión asegurar las necesidades de la clase obrera, las relaciones de dependencia de la mujer con el varón se destruyen. Únicamente en el socialismo se produce la emancipación de la mujer en lo económico al no estar atadas a la amenaza del paro, ni al mantenimiento por parte del varón y la mujer es realmente libre de desarrollar su vida como desee. Pero esto es consecuencia de las nuevas relaciones de producción en el socialismo, donde la clase obrera controla el poder político y económico del Estado lo cual sirve para ir destruyendo paulatinamente todas las aberraciones de la antigüa sociedad capitalista. Por tanto como vemos una y otra vez, es el socialismo el que garantizará la igualdad real y la emancipación de la mujer obrera. El socialismo acaba de un plumazo con la desigualdad entre el hombre y la mujer en el tema de los salarios, de ahí la necesidad que tiene la mujer obrera de luchar doblemente contra el capitalismo: como obrera y como mujer.

 Asimismo el rol patriarcal, es decir, el papel de la mujer dentro de la familia es una de las claves que explican la sumisión de la mujer obrera. El trabajo doméstico es una forma más de esclavitud laboral, sin embargo ni está remunerada ni goza del reconocimiento social necesario. Por tanto el Partido debe luchar resueltamente contra la minusvalorización del trabajo doméstico y por educar revolucionariamente a los obreros y las obreras en la lucha contra el patriarcado y sus reminiscencias. Porque sin eliminar este rasgo ideológico de la sociedad burguesa nunca podremos construir una sociedad socialista desarrollada, sin luchar contra esta contradicción no podremos emancipar a una parte muy importante de las masas obreras: las trabajadoras.

La pobreza y la marginalidad femeninas, cuyo máximo exponente es la prostitución, también debe ser combatida sin cuartel por el Partido Comunista y la clase obrera. La mujer obrera privada de desenvolvimiento económico se ve obligada en la sociedad burguesa a recurrir a estas actividades para asegurar su existencia. Además supone una fuente de lucro para elementos burgueses de toda calaña. El Partido debe luchar por la erradicación de esta actividad, por la dignificación de las mujeres que cayeron en las garras miserables de esta profesión porque son víctimas del modo de producción capitalista y de la sociedad burguesa. En el socialismo, además de estar prohibida esta actividad, la mujer no necesita humillarse para poder continuar su existencia pues el Estado y la sociedad socialista garantizan su plena emancipación económica.

 La mujer además, debe gozar de plenos derechos sobre su propio cuerpo. En el capitalismo, los burgueses necesitan lo que denominamos “ejércitos industriales de reserva”, es decir, obreros que estén dispuestos a pelear por un puesto de trabajo entre ellos pues así los salarios serán más bajos. Además necesitan la reproducción de esta fuerza de trabajo y que sea cada vez más numerosa, pues cuanto más crezca la desocupación podrán agitar la bandera del miedo al paro forzoso y pagar cada vez menores salarios con el fin de obtener más plusvalía. De ahí que necesiten leyes que controlen la natalidad y que penalicen el aborto. En el socialismo, la mujer tiene absoluto derecho sobre su propio cuerpo y es el Estado socialista el que debe garantizar a la mujer las mejores condiciones para llevar a cabo esta práctica. Debemos denunciar asimismo el carácter clasista de la lucha por el aborto, pues la mujer burguesa debido a su situación económica siempre podrá eludir la legislación burguesa vigente con respecto a este tema. En este sentido y en el Estado Español hace unas décadas era famoso escuchar aquello de “van a Londres de compras”, refiriéndose a jóvenes señoritas de extracción burguesa.

 La lucha por esta doble emancipación de la mujer en el terreno de clase y de género debe ser obra de las obreras mismas. Sin embargo esta doble lucha no se puede separar por cuestiones de género pues contribuye a debilitar a las fuerzas obreras, ni se puede convertir en una lucha parcial pues contribuye al afianzamiento de la ideología burguesa. La lucha por el socialismo es pues, la lucha por la liberación de la mujer, pues ambas forman parte dialécticamente de una misma lucha.

 El Partido Comunista Obrero Español llama pues a las obreras a unirse a las filas de su partido, el Partido Comunista, con el fin de desarrollarse como cuadros y contribuir a la lucha por el socialismo en el Estado Español. Una lucha, la lucha por el socialismo, que es la única garantía para la mujer de su propia emancipación como miembro de una clase social determinada y como mujer. Dentro del capitalismo no puede haber ninguna igualdad real para la mujer obrera, ni ninguna emancipación, puesto que en el capitalismo por muchos derechos formales que tengan las mujeres, seguirán estando sometidas a la esclavitud asalariada.

 Urge pues, por tanto, mandar el capitalismo y por ende al patriarcado al basurero de la historia.

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




Resolución adoptada en el VII Pleno del Comité Central

RESOLUCIÓN: SOBRE LA NECESIDAD DEL PARTIDO

El VII Pleno del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

Ante la situación que atraviesa el régimen capitalista en el Estado español, en su etapa senil y putrefacta, la del dominio absoluto del capital monopolista aglutinado en torno a las organizaciones imperialistas supranacionales, bien sea a través del bloque imperialista conformado por EEUU-UE-OTAN, bien sea a través de la emergencia del bloque imperialista encabezado por la R.P. China y Rusia. Ante la brutalidad desatada por la parasitaria oligarquía financiera, hoy más que nunca es imprescindible la implantación y desarrollo plenos del Partido Comunista Obrero Español, vanguardia proletaria que tal y como lo acreditan sus 40 años de historia -y aún en los momentos más duros para el movimiento comunista internacional-, ha sabido mantenerse fiel al marxismo-leninismo, enarbolando con orgullo de clase la roja bandera revolucionaria.

 

La caducidad del modo de producción capitalista, muestra día a día su esencia reaccionaria. El Partido Comunista Obrero Español debe hacerse visible, penetrando con fuerza entre el proletariado y las clases populares, duramente golpeadas por la explotación, la degradación y la miseria y sometidas a una enajenación sistemática. Esta es la única salida que ofrece la criminal oligarquía al pueblo trabajador, es su carrera desenfrenada hacia la extracción de mayores cuotas de plusvalía que combina con la multiplicación de sus guerras de rapiña. Sólo en la explotación, el robo y la guerra,  halla hoy su desesperada supervivencia histórica el imperialismo.

El Partido Comunista Obrero Español, reafirmando su lealtad y fidelidad inquebrantable al marxismo-leninismo así como a su táctica de masas, no dudará en dar la batalla, afrontando con determinación y firmeza su lucha a muerte contra la burguesía en los frentes económico, político e ideológico.

Las condiciones objetivas para asentar con solidez las estructuras orgánicas y desplegar la política de masas del Partido están dadas. Es preciso fortalecerse internamente para extenderse con solidez y eficacia.

Forjado al calor del socialismo científico, el Partido Comunista Obrero Español no desfallecerá a la hora de cumplir con disciplina proletaria su Programa, emanado del XIV Congreso y enriquecido en los diferentes Plenos del CC celebrados. No ahorrará ni un solo sacrificio a la hora de elevar la conciencia política del proletariado, caminando con rumbo fijo y sin etapas intermedias hacia el único régimen decoroso para el género humano; el socialismo, la dictadura del proletariado.

VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PCOE

Sevilla, a 02 de Marzo de 2013




Pésame por Chávez

El Partido Comunista Obrero Español transmite al pueblo de Venezuela y a su familia, su más sentido pésame por la muerte del Presidente Hugo Chávez Frias. Para el PCOE la figura de Chávez quedará grabada eternamente en los corazones de las gentes humildes, porque expresa la voluntad y la lucha de un pueblo que se resiste a vivir bajo la dependencia y la esclavitud de los imperialismos norteamericano y europeo y persigue ser dueño de su destino.

 

Chávez, incluso soportando ya su enfermedad en fase terminal, tuvo la fortaleza de mantenerse firme en sus ideas, en las que priorizaban sacar de la pobreza a su pueblo y buscar la unidad y solidaridad entre las naciones de América Latina.

En estos momentos de dolor, el PCOE reafirma su inquebrantable solidaridad con el pueblo venezolano, que sin duda, no desfallecerá frente a los ataques criminales de losenemigos internos al servicio de los imperios.

 

GLORIA ETERNA PARA EL PRESIDENTE CHAVEZ

VIVA EL PUEBLO TRABAJADOR DE VENEZUELA

 

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

(PCOE)




Los reformistas y el Estado

Uno de los frentes de batalla del movimiento obrero a lo largo de la historia ha sido el de la definición del Estado, su carácter y su esencia y, por tanto, la lucha a desarrollar para la superación del capitalismo. La cuestión del Estado es vital, pues sólo así sabremos deslindar las líneas de quiénes apuestan por el mantenimiento o conservación del capitalismo, por acción u omisión, y quiénes apostamos por la construcción del socialismo. 

Nunca podremos vencer a la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero sin una ardua batalla ideológica contra todo tipo de oportunismo, porque un proletariado influenciado por el oportunismo siempre será presa fácil de las acometidas de la burguesía.

La definición marxista-leninista del Estado nos señala que este es el órgano de dominación de una clase sobre otra, el instrumento con que una clase social oprime a otra, la prueba palpable de la existencia y antagonismo de las contradicciones de clase. Es decir, el Estado surge con la sociedad de clases para dirimir de una forma violenta todos los conflictos que se producen entre la clase dominante y la dominada.

Esta sencilla definición es el abc del comunista. Sin embargo, la burguesía y los oportunistas tratan por todos los medios de desviar a la clase obrera del conocimiento de la teoría marxista del Estado. Para los burgueses y oportunistas, el Estado es un ente situado por encima de las clases que sirve de elemento conciliador de los antagonismos de las diversas clases sociales. Para ellos, el Estado no es el arma de dominación de una clase sobre otra sino un ente que aparece de la nada, por encima de las clases,  luego para ellos se puede reformar mediante cambios graduales, para darle un cariz más perfeccionado. Es decir, siendo el capitalismo el modo de producción dominante y el Estado el arma de dominación de la clase dominante (burguesía) sobre la dominada (clase obrera), ellos lo que pretenden es darle un rostro humano a este capitalismo reformando y perfeccionando, ese Estado burgués que para ellos simplemente falla en la gestión. Reducen la naturaleza de clase del Estado a la acción de esta u otra personalidad individual o partido político, obviando que el Estado es la unión de toda una clase social que se conforma como instrumento de dominación.

Dicha concepción del Estado no puede ser más metafísica e idealista, muy lejos de la filosofía proletaria del materialismo dialéctico e histórico y del carácter científico del desarrollo de la sociedad y de la lucha de clases.

No es tema baladí el del Estado, pues la concepción de este u otro sentido nos lleva a diferentes -y divergentes- estrategias. Los comunistas, armados con las leyes científicas del desarrollo de la sociedad, sabemos que el Estado burgués debe ser destruido mediante una revolución que será violenta y un período que lo siga de Dictadura del Proletariado, si lo que realmente queremos es la superación del capitalismo y la construcción de la nueva sociedad socialista, única alternativa científica, superior y demostrada en la práctica al capitalismo.

De ahí que los comunistas desechemos las ilusiones pacifistas del tránsito al socialismo, o en el caso de los oportunistas, a no se sabe qué otro sistema social, político y económico distinto al capitalismo. ¿Y por qué decimos los comunistas que la revolución ha de ser violenta? Es sencillo, si nuestra misión es transformar un sistema de dominación de clase, donde una clase goza de todos los privilegios e impone su dominación por la fuerza a la clase dominada mediante el Estado, es lógico pensar que opondrá toda resistencia a esta transformación y usará ese mismo Estado que ella ha creado para proteger sus intereses.

Los oportunistas creen que conquistando el parlamento o las instituciones burguesas mediante una votación, tienen ya el poder político del Estado. Se equivocan. El poder político pertenece a la clase dominante, a la burguesía, y el Estado es su arma de dominación que nunca van a ceder mediante métodos pacíficos ni mediante ninguna votación. Se equivocan y mienten a los obreros aquellos que les piden el voto para alcanzar el “gobierno”, puesto que el gobierno pertenece a la clase dominante, y se equivocan si creen que el Estado no va a reaccionar cuando ellos empiecen a aplicar sus medidas reformistas. El Estado cuenta además con cuerpos represivos tales como el ejército o la policía, destinados a reprimir al proletariado, y cuerpos legislativos como la judicatura o las leyes destinados a crear el marco legal de dominación clasista. Los oportunistas creen que con su llegada al gobierno esos órganos de la burguesía para mantener su dominación de clase van a cambiar mágicamente y ponerse a sus órdenes, debido a que ellos no conciben el Estado como arma de dominación de clase sino como señalamos antes, como instrumento por encima de las clases.

Cuando las medidas de un gobierno oportunista y los intereses de la clase dominante chocan, el Estado y su aparato siempre se van a poner del lado de la clase dominante, puesto que esta es su esencia y para ello ha sido creado. Mienten, pues, todos aquellos que nos piden el voto prometiéndonos cambios, porque no han entendido o tergiversan el carácter de clase del Estado y su papel dentro de la lucha de clases.

Entonces, desde el prisma de un revolucionario se nos plantea una pregunta: ¿qué hacer? Lo que debemos hacer los comunistas, y toda la clase obrera que ocupa un papel subordinado dentro del capitalismo es crear un Estado paralelo. Crear nuestros órganos de poder proletario emanados de las fábricas, de los centros de trabajo, de los barrios obreros, de la juventud estudiantil obrera, que converjan en el Frente Único del Pueblo como ese Estado paralelo, que mediante la dualidad de poderes confronte con el Estado burgués y se imponga a este destruyéndolo.

Es decir, debemos de perder las ilusiones y confianzas en las instituciones burguesas, en sus elecciones, debido a que son una farsa ya que el poder político en una sociedad de clases siempre va a pertenecer a la clase dominante indistintamente del partido (burgués) que alcance el gobierno de la nación.

La dualidad de poderes que señalamos significa la existencia en paralelo de dos estados: el burgués y el proletario. Estos se enfrentan en una lucha sin cuartel a todos los niveles: económico, ideológico y político fruto de los antagonismos de clase que existen en toda sociedad estructurada en clases sociales. Es deber del Partido Comunista el guiar y organizar esa lucha para conseguir que se impongan los órganos de poder obrero sobre los órganos de poder burgués. Y reiteramos que el Partido guía y organiza, pero los órganos de poder obrero no son el Partido, son de la clase, pues es ésta el verdadero sujeto revolucionario. En esta lucha de poderes se desenmascaran a los oportunistas al servicio de la burguesía en el seno de la clase obrera, que ante el miedo a la revolución corren a ponerse de lado del poder burgués y contra el propio poder obrero.

¿Y que pasa una vez finalizada la confrontación entre poderes y la derrota del Estado burgués por parte del estado obrero? Pasa que el proletariado destruye el Estado burgués. Es decir, la destrucción del arma de dominación de una clase sobre otra. Esto quiere decir que su parlamento, sus ayuntamientos, sus leyes, su ejército, su policía, sus leyes, etc. que forman el Estado burgués serán destruidos después del triunfo de la revolución obrera y sustituidos por la anteriormente clase dominada -la clase obrera- conformada en Estado para oponer su violencia a los intentos de restauración del Estado de los explotadores.

Esto es lo que denominamos Dictadura del Proletariado. Es decir, dictadura para las clases dominadas, que antes gozaban de la dominación mediante la tenencia del poder político y el Estado burgués y, a su vez, es democracia para las clases dominadas, libres de las ataduras que les imponía el Estado burgués y que ejercen su dominación de clase sobre los antiguos explotadores. Esto es así porque las clases dominadas en el capitalismo son las más numerosas, los trabajadores son la esencia de la sociedad y quienes la hace funcionar y, sin embargo, en el capitalismo estas clases son dominadas por un puñado de burgueses.

Esta dictadura se ejerce por la violencia sobre los antiguos explotadores, una violencia que dependerá del grado de resistencia que opongan las viejas clases dominantes en la nueva sociedad. El objetivo final no es mantener esta forma de violencia sine die, sino la construcción de la sociedad sin clases que acabará con toda forma de opresión y con el Estado como concepto, debido a la inexistencia de clases de las que emana la inexistencia de contradicciones de clase, y por tanto el Estado como arma de dominación de una clase social sobre otra perderá todo su sentido.

Son las dos fases de la sociedad socialista-comunista: la primera que sería el socialismo, donde aún perduran los viejos vicios de la sociedad burguesa y que hace necesaria la existencia de la Dictadura del Proletariado. En la segunda fase -la fase comunista- desaparecen las clases sociales y con ella el Estado y sus formas de dominación. Este es el objetivo final de todo comunista. Sin embargo, los distintos oportunistas no se plantean esta meta. Su concepción idealista del carácter del Estado les lleva a creer que el objetivo final es conquistar el parlamento mediante las votaciones, todo dentro del capitalismo. Tanto la socialdemocracia como los que se autodenominan revolucionarios pero abjuran del socialismo y la dictadura del proletariado tienen este fin. Para ellos el objetivo se reduce a conseguir más escaños en el parlamento, ya sea para gestionar el capitalismo o para conseguir jugosas poltronas y los cargos y sueldos asociadas a ellas. Para ellos la construcción del poder popular no va asociada a la dualidad de poderes y la lucha entre ellos, sino que el poder popular es una forma de introducirse en el poder burgués -en ese parlamento- que es el objetivo al que ellos aspiran.

Por ello, luchan por mantener la confianza de los trabajadores en las instituciones burguesas que gestionan a diferentes niveles. Ya sea el municipalismo, que para ellos es una forma de acceder a cotas más altas de gestión dentro del capitalismo y, por tanto, dentro del Estado burgués como mediante la creación de organizaciones creadas por los de arriba -por las cúpulas- que tienen como objetivo, y bajo un presunto lenguaje de radicalidad, el convertirse en opciones políticas que pugnen por gestionar el poder político de la burguesía en ayuntamientos, parlamentos autonómicos o nacionales.

Los comunistas señalamos a todos estos oportunistas como los defensores y mantenedores de la ideología burguesa en el movimiento obrero. En la época en que nos encontramos, todo lo que no sea contribuir a disipar las esperanzas y confianza de los obreros en las instituciones de la burguesía es contribuir a mantenerlos en el estado de sumisión y dominación en el que se encuentran actualmente.

Sólo la creación de los órganos pertinentes del poder obrero emanados de las fábricas y centros de trabajo que son las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores que junto con los órganos de poder obrero en los barrios, Asociaciones de Vecinos, y los órganos de poder de los jornaleros, estudiantes, etc. que, conjuntamente, conformen el Frente Único del Pueblo como estado obrero paralelo, nos llevará a tener alguna posibilidad de éxito ante la clase capitalista, y ante su órgano de poder y dominación que es el Estado.

Este Frente Único del Pueblo sólo podrá ser viable cuando la clase obrera tenga a su Estado Mayor, a su destacamento de vanguardia armado con la ciencia del marxismo-leninismo. Por tanto, urge desarrollar el PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL. Toda la experiencia de décadas pasadas sin la existencia del Partido nos debe servir de aprendizaje y lección para saber que sin Partido, y repitiendo experiencias caducas, estamos condenados a mantener la dominación capitalista por los siglos de los siglos. Pero no sólo eso, sino que la burguesía, al hilo de la necesidad del modo de producción capitalista en esta fase decadente, necesita tender cada vez más a la reacción para mantener su dominación de clase. Necesita la creación de movimientos fascistas de masas. Lo vemos en Grecia y estamos viendo los primeros embriones en España.

Si la burguesía no se va a quedar quieta, los obreros y las clases explotadas tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Por tanto, es misión de los mejores elementos de la clase obrera, de los trabajadores, el unirse a su Partido, al Partido Comunista Obrero Español (PCOE), porque sólo así conseguiremos guiar al conjunto de la clase obrera hacia sus objetivos: el socialismo, la Dictadura del Proletariado y la destrucción del Estado burgués.

¡TRABAJADOR, FORTALECE LAS FILAS DE TU PARTIDO COMUNISTA: EL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

 

¡POR EL SOCIALISMO, POR EL PODER OBRERO, POR LA VICTORIA!

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 




Acoso a compañeros del Colectivo de Sevilla en una labor de propaganda

El pasado martes 26 de Febrero unos camaradas del Colectivo de Sevilla de la FJCE que realizaban tareas de propaganda sufrieron el acoso de elementos de ultraderecha al grito de: ”No quiero comunistas en mi barrio”.

 La cercanía de un barrio adinerado de la ciudad indica la procedencia burguesa de este elemento faccioso, demostrando una vez más el carácter de clase del fascismo y su odio a la clase obrera. Cuando se producen las crisis económicas, los burgueses asustados recurren a organizarse en grupos paramilitares con el fin de combatir a la clase a la que explotan día tras día, esa clase obrera que sufre día tras día los efectos que ese capitalismo que defendía el elemento reaccionario.

En cuanto a los hechos en sí, al principio un solo individuo se dirigió a nuestro camarada más joven para arrebatarle de sus manos las octavillas que tanto trabajo y sudor de militantes del PCOE y FJCE habían costado.

 El Colectivo de Sevilla no dudó ni un momento en permanecer unido ante este ataque, siendo la camaradería uno de los máximos valores de la Federación de Jóvenes Comunistas de España.

 Cuando acabaron sus tareas de propaganda, observaron que este individuo realizaba unas llamadas de teléfono. Y es que el lumpen faccioso necesita de la superioridad numérica para intentar intimidar a la clase obrera organizada, o a los jóvenes obreros que se organizan como en este caso.

 Sin embargo la clase obrera tiene un poder que estos elementos facciosos temen: el poder de la fuerza que da la organización de la clase más avanzada y revolucionaria de la historia. Es por ello por lo que decidieron meterse dentro de una de las muchas facultades que hay en la avenida Reina Mercedes. Por el camino, acompañado de un estudiante ajeno al Colectivo, se percataron que desde lejos el joven ultra realizaba fotografías a nuestros camaradas incluyendo al estudiante que se solidarizó con los compañeros.

 Cuando consiguieron refugiarse en una de las facultades y corrieron la noticia, a la gente no le faltó tiempo para salir a la puerta para plantar cara al fascismo. Es conocido por todo el mundo que el único que puede derrotar al fascismo es la clase obrera organizada, y para ello ha de permanecer unida.

 Desde el Colectivo de Sevilla de la FJCE damos las gracias a todos los estudiantes que dieron la cara por nuestros Camaradas.

http://fjcesevilla.blogspot.com.es/2013/02/acoso-companeros-del-colectivo-de.html




El reformismo de derecha y el izquierdismo abanderan la salvaguarda del capitalismo mundial

Durante las crisis afloran las verdades y las mentiras que cubren al Movimiento Obrero. Hemos visto como en el debate sobre el estado de la Nación, Izquierda Unida y PSOE le lanzan el salvavidas al capital monopolista español, para perpetuar su sistema bajo el signo de la regeneración institucional, política y democrática. (Léase “PSOE E IU JUNTOS EN LA DEFENSA DEL CAPITALISMO”). Ha sido en el lugar y en el instante precisos, para que nadie se llame a engaño. Ambos partidos se han quitado la careta y se presentan por arriba, tal como son por abajo: la quintacolumna en el movimiento obrero y popular. 

El oportunismo de derecha y el revisionismo de izquierda, son frutos de unas condiciones dadas, espoleadas por los imperialismos que les suministran principios y toda clase de teorías a granel. En esta ocasión, el capitalismo internacional se halla acosado por una crisis gravísima a la que afronta entre agudas contradicciones. Los imperios, llámense históricos o emergentes, pero a la postre imperios, están emplazados a dilucidar como se redistribuye el mercado mundial en las condiciones actuales, dando lugar a teorías que tratan de conciliar los hechos que contemplan la rapiña y el saqueo de las riquezas autóctonas de los pueblos, bien por la fuerza o a través de la penetración económica. Como siempre, la justificación del proceder del imperialismo se traduce en elementos teóricos que el oportunismo hace suyo y endulza para encubrir su traición.

A un nivel mundial, el enfrentamiento entre los imperios emergentes (Brasil, Rusia, India y China entre otros) por un lado, y Japón, UE y EE.UU por el otro, ha originado tesis en las que gobiernos y partidos políticos de izquierdas alimentan sus posiciones internacionales. La más osada es aquella que eleva a los países del BRIC, especialmente a China, a la categoría de contrapeso de las acciones depredadoras de los imperios históricos. Desde este punto de vista, China no es juzgada como una nación imperialista. Esta conclusión toma mayor consistencia en los países de Latinoamérica y África, en donde tienden paulatinamente a ir desplazando las relaciones de dependencia económica con EE.UU y Europa, con la puesta en práctica de una política de entendimiento con China, creando empresas mixtas y estableciendo relaciones comerciales “profundas”. Numerosos Partidos Comunistas realizan ingentes esfuerzos por motivar teóricamente sus cambios de posicionamiento en relación con China, en los que casi siempre subyace la “amistad” o “relaciones económicas” entre Pekín y el gobierno de su país, que traducen en muy beneficiosas, gracias al carácter peculiar del ‘socialismo’ chino.

En este contexto parece que, tanto en África como en América Latina, se acredita la política exterior china porque supuestamente ayuda a los pueblos en su lucha antiimperialista, sin embargo; se cumple lo que Fidel Castro ya aventuró sobre el destino del rumbo tambaleante chino, al denunciar que el gran país de Oriente sufrió los efectos de un movimiento pendular que oscilaba desde los abusos de la extrema izquierda en los años 60-70 hasta la apertura o reiniciación del capitalismo en los años 80-90 dirigida por el reformista Deng Xiaoping.

Desde entonces la economía china se halla vinculada al mercado capitalista internacional. Su mano de obra barata interior permite a los inversionistas extranjeros obtener tasas de rentabilidad muy altas. Por otro lado, sus relaciones con EE.UU, UE y Japón se estrechan cada vez más, porque se ha convertido en uno de los países exportadores más importante del mundo. Con lo cual, la interdependencia China e imperios históricos se establece en el marco del reparto del mercado mundial, en la participación de China en la Organización Mundial del Comercio y en la pugna por dominar el mercado internacional energético, pues China, conforme aumenta su producción, va necesitando más materias primas y energías, las que ha de suministrarse desde el exterior.

La actualidad China y su incidencia en el mundo se presta a conjeturas de todo tipo, de las que emanan la recuperación de los principios maoístas y otras teorías vinculadas con ellos, que prenden en estos momentos de grave crisis del capitalismo, en los sectores de la juventud más vulnerables, provocando incisiones y desviaciones que favorecen a las tesis imperialistas.

En el estado español aparecen y reaparecen en estos últimos años, con extrema ligereza, infinidad de teorías, que si bien sus planteamientos de inicio parecen divergentes, los objetivos a alcanzar son comunes. Este hecho es debido al influjo que ejerce la situación de crisis del capitalismo mundial, que procura por todos sus medios retrasar cualquier proceso revolucionario que acarree peligros a su existencia. De este modo, las teorías que retrasan la revolución socialista se han puesto de moda. Teorías de falsa cuna revolucionaria, que envuelven al pensamiento pequeño burgués, juventudes estudiantiles, pequeños campesinos y que tienen mucho en común, sobre todo, la introducción de ciclos, o períodos intermedios entre el capitalismo y el socialismo, caracterizados por su composición interclasista.

Dicho esto, al evaluar las proposiciones de PSOE e IU en el debate sobre el estado de la Nación, advertimos que tienen mucho que ver con la prédica de la Guerra Popular durante el presente periodo para aniquilar el fascismo actual e instituir la democracia popular.

Las salidas a la crisis de los PSOE-IU, de Julio Anguita, del Bloque crítico andaluz y la de aquellos que afirman que actualmente la solución para España es la democracia de carácter popular, tienen un denominador común: proporcionar todo el aire que necesita el capitalismo para poder respirar con tranquilidad, precisamente en medio de una crisis tan aguda y espesa, que podría cuestionar su existencia en Europa.

Los reformistas e izquierdistas convergen más que divergen, son supuestamente contrarios que atraídos por la fuerza de la gravedad de la teoría burguesa, giran en torno a élla sin poder romper la inercia a que les somete. Sus máximos dirigentes concuerdan en atrasar eternamente la revolución socialista; primero, porque no la quieren y segundo, porque confunden gobierno con estado, economía con política y se encuentran prisioneros en la misma celda. En la hora presente, el izquierdismo provoca más daño en el movimiento obrero, porque se presenta con la guisa de ultrarrevolucionario, cuando son dóciles oportunistas.

Aunque en el estado español existen varios grupos que se reclaman del maoísmo, no todos coinciden en sus planteamientos, pero sí en sus objetivos (Democracia Popular) y medios de conseguirlo (Guerra Popular). Salvo algunas excepciones que abogan por la Dictadura del Proletariado, la mayoría propugnan la democracia Popular. Naturalmente, los primeros solo hacen uso de la nominación, porque en su contenido también se trata de la Democracia Popular, con la que el PCOE está en total desacuerdo.

Recordemos que determinadas tesis de Mao no conducen a convertir al proletariado en el sujeto revolucionario. Cuando el líder chino da la consigna de que “el campo debe asediar la ciudad”, indica que es el campesinado el que debe tomar las riendas de la revolución por ser mayoría en China, además, resulta evidente el revisionismo maoísta cuando trata las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional, como contradicciones no antagónicas. Decía Mao:

“si bien las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional son contradicciones entre explotados y explotadores, antagónicas de por sí. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, si estas contradicciones antagónicas se tratan debidamente, pueden transformase en no antagónicas, pueden resolverse por vía pacífica. Si esas contradicciones no se tratan como es debido, si no seguimos con la burguesía nacional la política de unidad, de crítica y de educación, o si la burguesía nacional no acepta esta política nuestra, entonces las contradicciones entre la clase obrera y la burguesía nacional pueden convertirse en contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos»

¿Contra quién o contra qué, ejercerá su violencia el proletariado en el poder según los que predican la Dictadura del Proletariado? ¿Acaso no se resuelve la contradicción entre el explotador y el explotado por la violencia? ¿Contra quién va la Guerra Popular, si la burguesía, mediana y grande nacional no es nuestra enemiga? Mejor dicho ¿cuáles son los contrincantes en la Guerra Popular? Pero Mao no se para ahí cuando predice que durante todo el periodo del socialismo existirán clases antagónicas.

Lenin, en contra, aseguraba que la instauración de la dictadura del proletariado es condición indispensable para asegurar la revolución y aplastar toda tentativa de restauración del viejo sistema. Naturalmente, se refería al viejo sistema de producción burgués. Las tesis de Mao fueron fuentes de inspiración para muchos oportunistas de las décadas de los 70, 80 y 90 del siglo pasado que sustituyeron la dictadura del proletariado marxista-leninista, por la convivencia pacífica (¿durante cuánto tiempo?, nadie lo sabe) de lo nuevo con lo viejo; serán el tiempo, las reformas, los reajustes, los que aseguren la transformación paulatina y escalonada de la sociedad “popular interclasista” en socialista.

Es sabido por la experiencia histórica que una revolución -sea la que fuere- no triunfa definitivamente si no supera su consolidación, y consolidar una revolución sólo puede asegurarse de una forma: la clase social que hace la revolución no solamente ha de liquidar la base económica y política de la (o las) de su clase antagónica, sino que ha de vencer la resistencia inevitable que ésta opone durante la dictadura del proletariado.

Pero nuestros maoístas, para salir del atolladero teórico en que se encuentran, nos demandan teorizar sobre qué clase de Partido Comunista hace falta en estos momentos y, mientras teorizamos sobre el Partido así como en la Guerra Popular, debemos contemplar estoicamente lo que sucede en nuestro país, entre otras lindezas, porque no procede ir a la práctica con el movimiento obrero realmente existente. Así sucedió en el encuentro de juventudes comunistas de diversas tendencias celebradas en Almeria en 2012:

“Esta propuesta implica, naturalmente, que se debe empezar por los problemas teóricos y por los problemas prácticos relacionados con la construcción de un movimiento de vanguardia mínimamente articulado. Contra esta posición se objeta habitualmente el argumento demagógico y dogmático de que, para el marxismo, la práctica es siempre lo primero y lo principal, por lo que se debe comenzar por la acción práctica y por el movimiento obrero realmente existente, tal como se presenta en su estado actual. Pero se trata de un argumento antidialéctico que desvía el concepto marxista de la práctica hacia el pragmatismo y el empirismo, y la actividad de la vanguardia hacia el practicismo. Entonces, ¿qué es la práctica para el marxismo? Para el marxismo, la categoría de práctica presenta dos aspectos –que, por supuesto, forman una unidad óntico-gnoseológica–, uno objetivo y otro subjetivo.”

Por último, con la categorización del sistema actual español en fascismo como sustentan los oportunistas de izquierda, obtenemos otra fórmula para retrasar el proceso revolucionario al desviarnos de la realidad socioeconómica existente. Pues opinan que del fascismo franquista no es posible alcanzar la democracia burguesa, porque supone una vuelta atrás de la historia y la historia no da marcha hacia atrás. Decir que España o cualquier otro país de la Europa desarrollada es fascista, es cuando menos la manifestación del delírium trémens que aqueja a los responsables teóricos de los grupos maoístas que pululan por Europa y, especialmente, por el Estado español.

En realidad, y a juzgar por sus contradicciones teóricas, para estos grupos no existen límites de ningún grado ni especie entre fascismo y democracia burguesa. Por lo que se puede apreciar, el discurso les lleva a considerar que desde la aparición del capitalismo monopolista de estado, todo es fascismo porque, obviamente, fascismo y democracia burguesa poseen el mismo contenido.

Está claro que para no contradecir a los clásicos, admiten que en algún momento existió la democracia burguesa, con unas características muy concretas. Para ellos, la legalización de los partidos, la existencia del Parlamento burgués, y todo lo que hasta ahora distinguía la democracia burguesa del fascismo, ya no lo es, por evolución del fascismo y por la pérdida de vigencia de la democracia burguesa. Se trata de un débil esfuerzo gnoseológico para evitar tener que confesar que su táctica es un error y les ha conducido a un callejón sin salida, mejor dicho, la única salida que les queda es llamar a todo fascismo, salvo el principio de los principios que fue la democracia burguesa.

Podemos resumir en tres los pilares en los que se basa la caracterización del fascismo, en este caso el fascismo español, según el documento titulado: “LA INSTITUCIONALIZACION DEL FASCISMO”:

1.- “Desde siempre, uno de los rasgos definitorios de la línea de nuestro Partido ha sido la caracterización del régimen actual como fascismo. Incluso antes de la transición, en los viejos tiempos de la OMLE, y siempre a contracorriente, ya nos anticipamos anunciando que no sería posible regresar del franquismo a la democracia burguesa, que la historia no daba marcha atrás.”

Tanto la burguesía como el proletariado han acumulado una rica experiencia en el sentido contrario, en la que primero el acceso al poder de la burguesía en Europa, recorrió un proceso por un periplo de más de un siglo que se caracterizó por la alternancia en el poder con las clases dirigentes del Antiguo Régimen. Por su parte, la desaparición de la Comuna de París, así como la aniquilación del socialismo en la Europa del Este, la involución en China etc., demuestran palmariamente que la historia da marcha atrás.

2.- “Una de las características más sobresalientes del fascismo es la constante ostentación de sus medios, de su poderío policial y militar, el permanente despliegue de fuerza que muestra a todas horas. Pero esa es precisamente su debilidad: no podría sustentarse ni un minuto en su dominación sin esos medios; los necesita para perpetuarse en el poder y sobre todo necesita restregárnoslos delante de nuestras narices para infundirnos miedo. El fascismo es una dominación terrorista que se apoya en el temor generalizado que inculca a las masas de manera cotidiana y sistemática”.

En efecto, esto es así, sólo que no es una característica del fascismo, sino de todos los Estados que ha conocido históricamente la sociedad humana. Desde el esclavismo al socialismo, cualquiera que sea su forma de dictadura, tienen que hacer ostentación constante de sus fuerzas. Pero no podemos admitir que sea síntoma de debilidad, a menos, que se afirme en un alarde de pensamiento moral y demagógico. La fuerza del capitalismo, fascista o democracia burguesa, es su poder militar y eso es precisamente lo que se ha de enseñar a las masas trabajadoras para que aprendan a combatirla y no para confiarse en una falsa debilidad, que sin duda las llevaría al sacrificio por no estar preparadas.

3.– “El Estado monopolista y los partidos parlamentarios forman parte de un único sistema político fascista, ya no están separados como en la época de la democracia burguesa. Por eso se habla del Estado actual como un Estado de partidos”.

La existencia de partidos en determinados países fascistas, no puede confundirse con el sistema de partidos de la democracia burguesa, por más intento de encontrar justificación que lo afirme. En el fascismo la existencia de partidos, sólo fascistas, no es una generalidad sino una excepcionalidad, mientras que en la democracia burguesa sí que le da carácter, salvo que se haya llegado al convencimiento de que todos los partidos existentes son fascistas, a excepción de uno mismo.

Sin embargo, una lectura lógica sobre el fascismo que se ha tragado magistralmente a la democracia burguesa, apoderándose de sus características distintivas, nos conduce al lugar opuesto de donde parte el oportunismo de izquierda. En este caso llegamos a la conclusión de que criminalizan o asesinan a la democracia burguesa, para hacer apología de un fascismo dulzón y evolucionado.

Los autores de dicho documento deberían repasarlo y corregir aspectos que ya no concuerdan con la realidad actual:

“España es hoy un Estado con dos millones de funcionarios, y éste es el único empleo en el que no hay despidos ni reconversiones. Un funcionario tiene empleo para toda la vida y su tarea es siempre la misma. La burocracia está profesionalizada y especializada para controlar minuciosamente todas y cada una de las parcelas en las que se desenvuelve con el fin de prevenir las crisis y, en su caso, impedir su propagación o paliar sus efectos”.

Si éste es uno de los argumentos de peso para la demostración irrefutable de que el régimen español es fascista, la crisis lo desmiente, porque precisamente, durante las crisis cíclicas como la que se está dando ahora, es cuando más se acerca la democracia burguesa al fascismo y aquellos rasgos que son comunes (por ser ambas la dictadura de la burguesía) se confunden y como vemos, son estos momentos de avance represivo (económico-político e ideológico) de la burguesía cuando los funcionarios en los que “se basa el fascismo para sostener su poder económico”, son relegados y despreciados por el sistema ¿democrático burgués o fascista?.

El conocimiento de la realidad existente en cada momento es lo que permite al partido de vanguardia conformar su táctica de masas, actualizarla en todo instante e incluso cambiarla por otra, porque las circunstancias lo aconsejen. Mas esto no es propio del reformismo y del oportunismo de izquierda, que dada su obsesión porque las condiciones no varían, les hace marchar a contrapelo de la historia. Predicar la no violencia entre los trabajadores como hacen CUT-BAI y Julio Anguita o realizar una solemne exaltación de la Guerra Popular cuando la burguesía avanza inexorable reprimiendo al pueblo, en momentos en que las clases trabajadoras se encuentran bajo las influencias del reformismo, presas de la espontaneidad e inconsciencia y cuando en las grandes manifestaciones apenas aparecen las insignias comunistas, es una falta de vivir la realidad, que pone al pueblo a merced de las políticas del gran capital.

El PCOE considera que poner la otra mejilla no encuadra en el ámbito de la política y tampoco la propugna de una insurrección anacrónica (por no existir las condiciones), lo que procede es ganarse el “titulo” de vanguardia de los trabajadores, poner los medios para unirlos políticamente, a la vez que día a día construir los órganos de Poder Popular, que irán adquiriendo las experiencias de luchas en centros de trabajo y en la calle, juntos. Sin preparación no habrá respuesta consciente y suficientemente sólida por parte del pueblo trabajador, que será en definitiva quien repela las embestidas económicas, políticas, ideológicas y militar del gran capital, naturalmente dirigidas por su Partido Comunista.

 

COMISION IDEOLOGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO

ESPAÑOL

 




Debate sobre el estado de la nación. PSOE e IU, juntos en la defensa del capitalismo.

Los debates sobre el estado de la nación son siempre fraudulentos porque el gobierno, cualquiera que sea, se muestra a la defensiva capeando, como “buenamente” puede, las críticas que parten de sus rivales parlamentarios. La incomodidad a la hora de intentar explicar lo inexplicable nos suele llevar al convencimiento de que el debate sobre el estado de la nación es para el gobierno un trámite formal que tiene que cubrir de la manera más airosa posible.

Sin embargo, la oposición suele utilizar estos momentos en los que el pueblo está pendiente, cuando menos, para llevar al equipo de gobierno a un callejón sin salida. Son circunstancias extraordinarias en las que la demagogia entra en juego o los falsos posicionamientos se confirman para continuar embaucando a la gente en el sentido de que existe una alternativa.

 

En esta ocasión, debido a las consecuencias de las políticas aplicadas por el PP, el debate parecía que se iba a decantar, por diferencias intratables, a favor de aquellos que por sus “siglas y logotipos” dicen representar a los trabajadores. Nos referimos a PSOE e IU fundamentalmente. La sorpresa ha sido mayúscula porque ambos partidos, ni tan siquiera en las apariencias, han sido capaces de superar a un gobierno criminal, profundamente herido y desbordando todos los pensamientos más obtusos, se han erigido en defensores a ultranza del sistema capitalista, ofertando a la derecha reaccionaria sus servicios y apoyos en este objetivo.

Con un gobierno que tiene en su haber la inducción al asesinato, el empobrecimiento masivo del pueblo, que está preso de una corrupción sin igual, que durante todo el tiempo del debate se jacta de no arrepentirse de nada y que, en cambio, insiste en que durante los tres años que le queda de mandato persistirá en el mismo tipo de medidas le pese a quien le pese, la llamada izquierda parlamentaria no ha ido más allá del lamento y la impotencia absoluta, que ponen en evidencia en sus denuncias y en unas reivindicaciones que se traducen en dejar intactas las causas de la crisis y de sus gravísimas inferencias. PSOE e IU han perpetrado un nuevo engaño que sólo el fanatismo de sus seguidores con unas tragaderas insaciables son capaces de engullir sin rechistar.

Pese a comenzar diciendo que: “no es un debate más, porque España está en un estado crítico” a Rubalcaba sólo se le ocurre para salir de esta situación tan grave una reforma de la Constitución con el fin de restituir la honorabilidad política, ahora por los suelos y destinar un porcentaje del Producto Interior Bruto a Sanidad, que garantice su carácter público. En un alarde de “experiencia” y “sabiduría”, advierte que el desempleo, la crisis económica y la corrupción en el PP se han convertido en una mezcla explosiva para el futuro, con lo cual alerta a la derecha de los riesgos que corre el régimen de continuar con sus prácticas reaccionarias.

La línea discursiva de Cayo Lara ha transitado por las denuncias clásicas de los sufrimientos del pueblo, según él, producto del engaño electoral protagonizado por el partido en el gobierno. En opinión del parlamentario de IU estos son hechos que están dañando profundamente “a la democracia”, a la par que provoca la desafección política de los ciudadanos. Luego, prosigue ofreciendo una imagen “deformada” de España por la corrupción, la incompetencia y una actitud dolosa que perjudica y empeora gravemente la vida de los españoles.

Por todas estas razones llega a la conclusión de que se necesita una “regeneración democrática” que de aire fresco a “nuestras instituciones”. En esta dirección le recuerda al Sr. Rajoy la propuesta que le hizo semanas pasadas, y que fue rechazada por el PP, de crear una comisión que investigue las causas que han originado la corrupción y pide un pleno monográfico que signifique un compromiso de toda la cámara, en aras de elaborar una ley para erradicar la lacra de la corrupción.

Es evidente que los líderes de la izquierda parlamentaria, como es ya consustancial a su reformismo, no son capaces de librar batalla a su pensamiento pequeño burgués, aunque sea para enjuiciar unos hechos de la categoría que se están produciendo en el estado español. En ningún momento y bajo ningún concepto ni Rubalcaba ni Cayo Lara cuestionan el sistema capitalista; más bien, se apresuran a salvaguardar el régimen inculpando de los efectos de la crisis al partido en el poder o bien, a su máximo dirigente, a la par que se muestran dispuestos a tenderles una mano para salvar ¿al país? No. A la “democracia burguesa”; a “nuestras instituciones”; al capitalismo. Rubalcaba apela a reformas constitucionales para regenerar la política, naturalmente la que existe, la política capitalista, mientras que Cayo Lara propugna la regeneración democrática y la creación de una comisión para terminar con la corrupción ¿Es ello posible en el capitalismo?

Rubalcaba se pelea con la lógica, embargado por el reformismo; de ahí que no entienda que al pedir que parte del Producto Interior Bruto se destine a Sanidad para garantizar su carácter público, le está dando la razón al PP, pues en tal caso, en la situación de crisis grave como la que tenemos encima, estaría justificada la privatización de la Sanidad, puesto que el PIB está contraído.

Ambos líderes se reivindican, al menos eso dicen al reclamar sendas comisiones, para tratar y erradicar la corrupción. Está claro que más burgués no se puede ser en pensamiento y obra. La corrupción no puede tratarse dentro del capitalismo, porque el sistema burgués no se entiende sin ella; él es la corrupción y la esencia del vicio y del abuso, porque capitalismo es y se basa en la explotación de una clase sobre otra. El capitalista succiona constantemente plús valía que genera el trabajador; es un robo descarado, esa es la esencia del capitalismo, la corrupción legalizada. Todas las instituciones, incluidas la religiosa, la justicia, etc. son parte de las superestructuras que vienen a legalizar las estructuras económicas, basadas en la explotación del hombre por el hombre. Desde el Parlamento, hasta la última de las instituciones burguesas, forman parte del engaño, están concebidas para legalizar el robo de la plus valía que lleva a cabo el burgués a legalizar la esclavitud del trabajador. De ninguna de las maneras el sistema, que es en esencia la misma corrupción, va a combatir y menos aún aniquilar la corrupción. Sólo políticos corruptos imbuidos y atrapados por el sistema pueden albergar en sus mentes una tal posibilidad de regeneración. Sólo los traidores se atreven a predicar justicia en el reino de la delincuencia.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

 




Por un nuevo Movimiento Comunista Internacional


La configuración del mundo contemporáneo pone a prueba la capacidad de reflexión y de movimiento de los teóricos “revolucionarios”, en los que produce desorientación y les impele a errores, a veces graves, al suponer que es la crisis la causa de las mutaciones cuando hace años el curso económico se dirigía hacia el lugar en el que hoy se encuentra. La crisis, no ha hecho más que ajustar y acelerar una realidad incontrovertible.

 

 Sin salir del estado español, nos topamos con partidos que en pocos años han modificado sus posiciones políticas la mar de ocasiones, con una versatilidad rayana en la extravagancia, señal inequívoca de que los acontecimientos les desbordan: Repasen documentos de partidos comunistas elaborados en estos últimos años de crisis y observaréis que sin un análisis serio acerca del desarrollo de las fuerzas productivas y del carácter de las relaciones de producción de nuestro país, y sin tener en cuenta el contexto imperial en el que se desenvuelven las multinacionales españolas, han defendido la República, a secas, concediéndole a la monarquía todas las posibilidades que se pueden dar, para que, después de una gran batalla para derribarla, tenga la oportunidad de volver a retomar su poder por medio de un referéndum, teniendo en cuenta que en eso de elecciones y referéndums la burguesía posee un arte insuperable y medios inalcanzables para los trabajadores. (Véase Los Ocho Puntos “Programa Común del Movimiento Republicano” del año 2004, firmados entre otros por Colectivo Comunista 27 de Septiembre, CJC, Corriente Roja, PCPE ). Luego, los hemos visto rectificar al aceptar otras posibilidades, caso del PCPE, pues el nuevo concepto de República tendría un contenido inconcreto, dejando su definición al rumbo que tomasen los acontecimientos; léase “Propuesta Comunista. HACIA LA III REPÚBLICA, ESCENARIOS A TENER EN CUENTA”, de Alberto Arana, en donde se dice:

“… El republicanismo no puede confundirse con revolución social, frentepopulismo, unidad de izquierdas, frente rojo, ni nada por el estilo. En consonancia con lo que ha sido la trayectoria republicana en nuestra historia, el contenido del movimiento republicano es democrático en lo político, avanzado en lo social y con un fuerte contenido cultural de proyección popular.”, es decir, nuestros supuestos leninistas toman la revolución al modo de un juego de casino, donde el pobre arriesga pero no gana nada. Finalmente, y en el espacio de tiempo de un año, porque la crisis les ha demostrado que la burguesía lo quiere todo, y no deja otra opción que ¡el todo o nada!, se han travestido socialistas y nada menos que confederales, al más puro estilo “lenininista-stalinista”. De nuevo preguntamos ¿Quiere decir, que si no estuviésemos en crisis, continuarían defendiendo el paso intermedio hacia la dictadura del proletariado?

Alrededor del año 2000, EE.UU. y Europa, arrastrados por la grave crisis que atenazaba a Japón desde hacía mas de una década, agravaban su situación, porque cegados por el coste de los productos en Asia y América Latina, exportaban, desde allá hacia sus respectivos países, mercancías que antes fabricaban, procediendo al cierre de un número importante de fábricas.

Poco a poco, países del tercer mundo y del antiguo campo del socialismo se vieron invadidos por inversiones multimillonarias. A raíz de esta política inversionista y estratégica, la elaboración del Producto Bruto Mundial fue cambiando su correlación productiva cada vez más favorable a los países hasta hace poco no desarrollados: China, India, México, Argentina etc. que con un proletariado paupérrimo, permitían la introducción de capital, deslocalizaciones de centros de trabajo, con el consiguiente peligro para los países inversores.

Como consecuencia de una economía frágil y agotada, Japón, EE.UU y Europa, después de diversas y variadas tentativas socialdemócratas y más conservadoras, no han podido contrarrestar los avances impetuosos de estados que, desde distintos puntos de partida, emergen en el mundo de la economía disputando los mercados a los viejos imperios desde flancos diferentes, aprovechando su crisis.

La aparición de nuevos focos imperialistas ha diseñado un rumbo distinto en las luchas por los mercados, apareciendo organizaciones supranacionales que expresan los intereses capitalistas por zonas, denominadas zonas regionales de libre comercio; sin embargo, y dado los intereses particulares y colectivos en diversos lugares, han aparecido teorías infundadas que tratan de explicar tales comportamientos que inciden en una nueva división entre los partidos comunistas, porque los hay que asumen su participación en las “comunidades burguesas supranacionales” de sus regiones (Ucrania, Europa, América Latina, América del Norte, etc.), con el propósito de “transformarlas” socialmente.

El Movimiento Comunista Internacional, si es que existe como ente cohesionado, se enfrenta a nuevos argumentos de disensión, que se centran en las siguientes cuestiones:

1.- Concreción de las causas de la crisis.

2.- Carácter del modo de producción chino.

3.- El nuevo rol de los imperios

4.- ¿Está vigente el Capitalismo Monopolista de Estado?

5.- Dictadura del Proletariado o Democracia popular como paso previo entre el capitalismo y la dictadura del Proletariado.

 Todos estos puntos son considerados vitales y están unidos entre sí. Para no hacernos largos, solo tocaremos por encima sus consecuencias.

Debido a la falta del desarrollo de las fuerzas productivas en América Latina, un buen número de partidos comunistas mantienen el criterio que califican a China y Rusia de contrapeso a los afanes lucrativos de los imperialismos americano y europeo. Chávez hace de China, además del modelo, el punto de apoyo de la revolución Bolivariana, expuesto en su programa electoral de las últimas presidenciales, en las que salió triunfante. En dicho programa apuesta por un proceso que acote las influencias que en éstas ejercen todavía en Venezuela los antiguos imperios, sobre la base de constituir empresas mixtas con capital venezolano y chino entre otros.

Varios partidos y gobiernos latinoamericanos procuran recorrer idéntico camino, empujados por un capitalismo atrasado que precisa del desarrollo de las fuerzas productivas, pero cuya obligatoriedad o necesidad son camufladas con teorías pseudorevolucionarias. A la postre, se trata de traspasar el uso, disfrute y explotación de sus industrias energéticas hoy bajo el dominio de EE.UU y Europa, al de los que ellos llaman países emergentes, fundamentalmente China, Rusia y Brasil.

Las raíces teóricas de semejantes cambios en las políticas de los gobiernos “antiimperialistas” así como en una buena cantidad de partidos comunistas, las podemos encontrar reflejadas en tres elementos de juicio que centran la atención de los teóricos contemporáneos: 

  •   Se fundamentan en que no ven entre los países (para nosotros imperios: Brasil, Rusia, Irán, China,…) emergentes y los antiguos imperios: Japón, EE.UU y Europa, una pugna interimperialista por la redistribución del mercado, impulsada por los países emergentes, aprovechando la situación de crisis de los antiguos imperios, sino que contemplan en esta disputa la configuración de un frente antiimperialista por parte del BRIC, al que hay que apoyar contra el imperialismo.

Como consecuencia de una tal teoría, derivada de la idea que se tiene del origen de la crisis actual, según ellos fruto de las políticas neoliberales, los partidos que sostienen desde las perspectivas descritas como “principios” antiimperialistas, defienden la presencia de sus países en sus respectivas “zonas regionales de libre comercio”; UE, Mercosur, ALCA, ALBA,… en donde se expresan los intereses de las grandes empresas capitalistas de cada zona.

  •  La consideración de China como país socialista; aún sosteniendo su socialismo en conceptos ajenos al marxismo-leninismo, como es la economía de mercado, la exportación de capital, etc., propias de un país imperialista, es fruto también de fuerte controversia.
  •  La revocación desde varios lugares con especial incidencia desde Cuba, (Vicente E. Escandell Sosa, Profesor, Universidad de Oriente) de la tesis leninista: Capitalismo Monopolista de Estado, que Lenin tenía por una etapa (final) y no una coyuntura, dentro de la fase imperialista, que constataría su consecuencia directa: el advenimiento del socialismo. Su impugnación, tal vez mal interpretada, ha contribuido a desviaciones oportunistas, a confirmaciones de abandonos de la dictadura del proletariado, justificando de este modo su adscripción del indefinido e inacabado “Socialismo del Siglo XXI”. En muchos programas de Partidos Comunistas ha desaparecido dicha etapa (Capitalismo Monopolista de Estado), pero son los partidos de dudosas posiciones marxistas, basándose en el “error” de Lenin, los que intentan fundamentar su desviación ideológica. Como quiera que el Capitalismo Monopolista de Estado “ya no se da” y tampoco ha devenido el socialismo tal cual vaticinó Lenin, hay que escoger nuevas vías. Este hecho se comprueba en Partidos de casi todos los continentes, muy especialmente en Europa y en América Latina.

 Es fácil observar que los intentos que se realizan desde determinados partidos o núcleos de organizaciones leninistas, por ir acercando posturas que conduzcan a criterios homogéneos, los cuales facilitarían a juicio de sus progenitores la constitución de un Nuevo Movimiento Comunista Internacional e incluso una moderna Internacional Comunista, encuentran serios escollos. Diferencias que se traslucen en reuniones internacionales de partidos, en la que por ahora no existe ninguna organización o grupo de fuerzas compactas capaces de erigirse en una especie de “guía” para concretar las “cualidades” teóricas de los asistentes a los encuentros, cada vez mas heterogéneas, por lo que los seminarios y reuniones no superan, a veces, el formalismo, sin que se vislumbre por ahora cambio alguno al respecto. Bastaría saber que dentro del grupo que compone la redacción de “La Revista Comunista Internacional” presentado como el intento mejor perfilado, se detectan diferencias respecto de China.

La ambigüedad teórica, el eclecticismo, la falsa tolerancia, el amiguismo o seguidismo, fueron, unidos a las diferencias de posiciones de banderías, las causas del derrumbe del M.C.I. ¿Es posible continuar por el mismo camino para redimir al comunismo internacional? El PCOE puede dar fe de que muchos de los vicios, inferencias directas de la decadencia del MCI, aún subsisten, lo sufrimos en la época anterior y somos fieles testigos de su continuación actualmente.

No obstante, nuestro deber de Partido Comunista, que durante los 40 años de su existencia se ha inspirado en las enseñanzas de Lenin, posibilita reafirmarnos en que siempre estaremos dispuestos en franca camaradería, a entablar las discusiones y a llevar a cabo cuantos debates sean necesarios para ayudar a superar el momento actual, en aras de una lucha mancomunada antiimperialista, pero sin retroceder un metro en nuestra creencia de que la amistad y la relación entre comunistas deben ser forjadas con los principios marxistas-leninistas. El futuro MCI necesita unidad, cohesión y desterrar para siempre las injerencias y la creencia de que un partido o un grupo de ellos están en la posición infalible y potencial de decidir quiénes deben ser los elegidos. Por ello lucharemos ante todas las adversidades. SIEMPRE CON EL MARXISMO-LENINISMO.

 

Comisión Idelógica del PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




Solidaridad con el compañero de Iniciativa Comunista

Mañana, 18 de febrero de 2013, viviremos un nuevo capítulo en la escalada represiva que sufrimos la clase trabajadora por parte del aparato de dominación burgués, que tiende a aumentar exponencialmente en relación directa al agravamiento de la crisis sistémica del capitalismo y al aumento de la organización y concienciación de la clase obrera.

 

En esta ocasión es un camarada de Iniciativa Comunista el que sufre, desde 2009, la apertura de un proceso judicial basado en las acusaciones de atentado contra la autoridad, desórdenes públicos y lesiones; motivos por los cuáles el fiscal pide para él una pena de dos años y tres meses. Los hechos se produjeron en el marco de una concentración convocada por la Coordinadora Antifascista de Madrid, cuyo objetivo era denunciar el asesinato de un trabajador rumano y una agresión a un joven de Alcorcón, ambos hechos perpetrados por miembros de una banda neonazi.

Desde el PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL en Madrid, entendemos que, pese a las diferencias existentes en el plano ideológico, es nuestra labor, y así lo sentimos, el solidarizarnos con el camarada de Iniciativa Comunista que se enfrenta a otro nuevo caso de montaje policial, con el único objetivo sabido de criminalizar a la juventud obrera y estudiante en su labor histórica de lucha contra el sistema capitalista y por la construcción del Socialismo. Es por eso que exigimos su inmediata absolución sin cargos, y el cese de todos los montajes policiales a que nos tiene acostumbrados el Estado. Aprovechamos la situación para lanzar un mensaje de igual solidaridad para con todos los presos políticos encerrados desde hace décadas en el Estado español sin más motivos que el de ser comunistas o luchar por un sistema más justo.

 

¡Absolución para el compañero de Iniciativa Comunista!

¡No más montajes policiales!

¡Libertad Presos Políticos!

Partido Comunista Obrero Español en Madrid

 

http://pcoemadrid.wordpress.com/2013/02/17/solidaridad-con-el-companero-de-iniciativa-comunista/