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El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con los estudiantes de la USAC

Nuestro Partido, a tenor de las informaciones recibidas a través de nuestro hermano Partido Guatemalteco del Trabajo, nos solidarizamos con la lucha de los estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), la única universidad pública de dicho país centroamericano, en defensa de la autonomía universitaria reconocida constitucionalmente y atacada por el Rector Walter Ramiro Mazariegos, el cual accedió de manera fraudulenta a dicho cargo en 2022, como paso necesario para un proceso que culmine, de facto, con la privatización de la misma y, por ello, el proceso para reformar la Ley Orgánica de la USAC.

El control de la USAC implica, también, tener capacidad de control sobre otras instituciones del estado guatemalteco, de tal modo que Mazariegos, de ideología reaccionaria, es un hombre vinculado a lo que en Guatemala denominan “pacto de corruptos” y que no es más que la unión de los grandes empresarios, el crimen organizado, militares de alto grado y sus políticos a sueldo, al objeto de mantener y ampliar privilegios y tener plena impunidad en sus actuaciones. Una élite burguesa – fuente del golpismo, la violencia y del crimen organizado – que se haya interrelacionada, y subordinada internacionalmente, tanto con el sionista estado de Israel como con EEUU.

La lucha entre estudiantes y el Rector y su camarilla corrupta de poder en la USAC es la reproducción de la lucha de clases a nivel general que acontece en la nación centroamericana entre obreros y campesinos contra una burguesía criminal y golpista apoyada por el sionismo y el fascista estado norteamericano.

El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con el proletariado y el campesinado guatemalteco, así como con los estudiantes de la USAC que están luchando contra la criminal burguesía guatemalteca y sus jefes a nivel internacional, y apoyamos las huelgas y movilizaciones realizadas por éstos contra el sistema corrupto guatemalteco y la agresión a la autonomía y propiedad pública de dicha Universidad. Una lucha donde los estudiantes en sus consignas anticapitalistas y antiimperialistas y sus llamados a la unidad del pueblo guatemalteco en contra del Rector, contra un Estado corrupto, vislumbran la lucha real del pueblo de Guatemala que es la lucha por conquista el poder del país y poner todos los recursos naturales y económicos del mismo al servicio de los trabajadores, de los campesinos, en definitiva, del pueblo desarrollando una revolución social para conquistar el socialismo.

 

¡VIVAN LOS ESTUDIANTES DE LA USAC Y SU JUSTA LUCHA, VIVAN LOS OBREROS Y LOS CAMPESINOS DE GUATEMALA!

¡SIONISTAS, YANKEES, BURGUESES Y OLIGARCAS SAQUEN SUS SUCIAS MANOS DE LA USAC!

¡POR LA UNIDAD DEL PUEBLO GUATEMALTECO, POR LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO!

 

Madrid, 4 de julio de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Qué es el comunismo

No hay ideología más vilipendiada y deformada por la burguesía que el comunismo. Cada año, la burguesía, gasta infinidad de recursos en la batalla ideológica, que es la única que le sostiene, para alargar un poco más la agonía de su sistema económico caduco. Frente a esto, los comunistas decimos que el comunismo es una teoría política, económica y social desarrollada principalmente por Karl Marx y Friedrich Engels durante el siglo XIX. Según esta concepción, la historia de las sociedades está marcada por la lucha entre clases sociales con intereses opuestos. En las sociedades capitalistas, esta contradicción se expresa entre la burguesía, propietaria de los medios de producción, y el proletariado, que vende su fuerza de trabajo para subsistir cuando todo lo produce. El objetivo final es la construcción de una sociedad sin clases sociales, sin explotación económica y basada en la propiedad colectiva de los medios de producción. En esta sociedad, la riqueza producida será distribuida según las necesidades de cada persona y no según su capacidad de compra o su posición económica.

Como ya dijimos, la burguesía critica ferozmente al comunismo cuando es un estadio final que todavía no se ha alcanzado en la historia de la humanidad. El comunismo no surge de manera inmediata. Primero es necesario superar el sistema capitalista mediante una transformación revolucionaria dirigida por la clase obrera. Tras esta revolución se establecerá una etapa de transición conocida como socialismo, durante la cual los principales medios de producción pasarán a ser de propiedad social y se reorganizará la economía para satisfacer las necesidades sociales y no el lucro privado de una minoría parasitaria que nada produce.

Marx y Engels sostenían que, a medida que desaparecieran las diferencias entre clases sociales y se eliminaran las condiciones que generan explotación y conflicto económico, el Estado perdería progresivamente su razón de ser. Desde esta perspectiva, el Estado es visto como un instrumento histórico de dominación de una clase sobre otra. Cuando ya no existan clases enfrentadas, tampoco será necesario un aparato estatal encargado de mantener ese orden social. Este proceso es conocido como la extinción o desaparición del Estado. No se tratará de una abolición inmediata, como defienden los anarquistas, sino de un debilitamiento gradual de sus funciones coercitivas. En la fase comunista plenamente desarrollada, la administración de los asuntos colectivos sustituirá al gobierno de una clase sobre otra, y la organización social se basará en la cooperación libre y la gestión común de los recursos.

En resumen, el comunismo, es una sociedad sin clases sociales y sin propiedad privada de los medios de producción. Para alcanzarla será necesario atravesar una etapa de transformación socialista que elimine las bases económicas de la división de clases. Una vez desaparecidas estas diferencias, el Estado dejará de cumplir una función de dominación y se extinguirá gradualmente, dando paso a una forma de organización social basada en la cooperación y la igualdad. Desde el PCOE trabajamos para construir esta fase histórica que, además, es inevitable por las contradicciones intrínsecas del sistema económico capitalista, por ello te llamamos a engrosar sus filas.

 

¡Por la emancipación de la clase obrera!

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Desmontando las mentiras sobre el camarada Stalin

Para analizar la figura de Stalin, primero hay que contextualizar bien. Fueron los años donde la lucha de clases alcanzó su mayor temperatura en varios episodios y donde esa lucha se hizo más franca y abierta. Stalin fue, para millones de soviéticos y comunistas del siglo XX, el símbolo de una época de hierro en la que la supervivencia misma de la revolución dependía de la firmeza política, la industrialización acelerada y la capacidad de resistir el asedio constante del capitalismo mundial. Su figura se alzó en uno de los períodos más convulsos de la historia humana, cuando la joven Unión Soviética se encontraba rodeada de enemigos internos y externos, obligada desde el primer día a combatir por su propia existencia.

La lucha de clases no desapareció con la Revolución de Octubre, al contrario, se recrudeció. Tras la caída del viejo orden zarista, los restos de la aristocracia, la burguesía y los sectores contrarrevolucionarios organizaron una guerra despiadada contra el nuevo poder soviético. Los llamados “blancos”, apoyados por catorce potencias extranjeras, intentaron estrangular la revolución antes de que pudiera consolidarse. En aquel escenario de hambre, sabotaje, invasión y guerra civil, Stalin emergió como uno de los dirigentes que defendieron la continuidad del proyecto socialista frente al cerco capitalista internacional.

La herencia de la Primera Guerra Mundial había dejado a Rusia devastada, con una economía atrasada, millones de muertos y una infraestructura prácticamente destruida. Bajo la dirección soviética posterior, y con Stalin en el centro del aparato político, el país emprendió una transformación gigantesca. En apenas unas décadas, una nación predominantemente agraria se convirtió en una potencia industrial capaz de fabricar acero, tractores, locomotoras y armamento pesado a una escala inimaginable para el viejo imperio zarista. Sus partidarios recuerdan especialmente los planes quinquenales, la electrificación masiva, el desarrollo científico y la expansión de la educación y la sanidad pública universal. Allí donde antes predominaba el analfabetismo y la miseria rural, surgieron fábricas, universidades, presas y ciudades industriales. La URSS pasó de ser un país atrasado a convertirse en una superpotencia capaz de competir ideológica, tecnológica y militarmente con Occidente y eso es lo que jamás le va a perdonar la burguesía.

Pero el momento decisivo llegó con la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Frente al avance de la maquinaria de guerra de Adolf Hitler, la Unión Soviética soportó el peso principal de la guerra en Europa. La batalla de Stalingrado, el sitio de Leningrado y la ofensiva final sobre Berlín quedaron grabados como episodios de sacrificio colosal. Veinte millones de soviéticos murieron defendiendo su patria socialista, y Stalin fue visto por muchos como el dirigente que mantuvo unido al país en las horas más oscuras. La victoria sobre el nazismo no fue únicamente militar, simbolizó la derrota de una ideología racista y exterminadora que pretendía esclavizar a los pueblos eslavos y destruir el proyecto soviético. La bandera roja sobre el Reichstag se convirtió en un emblema histórico del triunfo antifascista.

Ante los grandes logros conseguidos por la URSS bajo el mando de Stalin, la burguesía ha respondido con un cúmulo de acusaciones exageradas, instrumentalizadas o utilizadas durante décadas como arma ideológica por adversarios de la URSS y del comunismo. Sus críticos señalan la represión política, las purgas y el enorme costo humano de determinadas políticas. Pero esas purgas no fueron llevadas a cabo hasta el extremo porque dejaron viva una quinta columna dentro del bloque soviético encarnada en la figura de Khruschev y su Discurso Secreto del XX Congreso que fue la primera estocada, antes de la Perestroika, para que el bloque socialista volviera al capitalismo traicionando la ciencia del marxismo-leninismo. En las denuncias de esos gusanos lacayos de la burguesía, la memoria de Stalin se tiene que contextualizar dentro del escenario de guerra permanente, sabotaje, conspiraciones y enfrentamiento global en que nació y vivió el Estado Soviético.

Así, para quienes reivindicamos su legado, Stalin representa la voluntad de resistir cuando parecía imposible, la transformación de un país humillado en una potencia mundial y la derrota del nazismo a costa de inmensos sacrificios. Su nombre continúa despertando debates apasionados porque encarna, al mismo tiempo, las grandezas, tragedias y contradicciones de toda una era histórica.

Desde el PCOE, la figura de Stalin permanece ligada inseparablemente a la defensa consecuente del marxismo-leninismo, a la construcción del socialismo y a la derrota histórica del fascismo. Para sus militantes y simpatizantes, Stalin no fue el monstruo caricaturesco dibujado por décadas de propaganda anticomunista, sino un dirigente revolucionario forjado en la lucha de clases más feroz que haya conocido la humanidad contemporánea. Bajo su dirección, la Unión Soviética resistió invasiones, derrotó a la contrarrevolución interna, aplastó al nazismo y demostró que la clase obrera podía levantar un Estado capaz de desafiar y vencer al imperialismo mundial. Allí donde los enemigos del socialismo pretendieron ver únicamente terror y ruina, millones de obreros y campesinos vieron fábricas, escuelas, ciencia, dignidad y soberanía popular.

Para el PCOE, las innumerables calumnias vertidas contra Stalin forman parte de una ofensiva ideológica destinada a desacreditar cualquier experiencia revolucionaria que cuestione el dominio del capital. La burguesía jamás perdonó que la URSS estalinista convirtiera a un país atrasado en una superpotencia obrera y campesina capaz de hacer temblar los cimientos del orden imperialista. Por ello, su memoria continúa siendo objeto de ataques incluso muchas décadas después de su muerte.

Y, sin embargo, pese a todas las campañas de difamación, el nombre de Stalin sigue asociado a una de las mayores gestas de la historia, la construcción del socialismo en condiciones extremas y la victoria heroica del pueblo soviético sobre la barbarie nazi. Para quienes mantenemos viva la bandera roja del comunismo, Stalin permanece como símbolo de disciplina revolucionaria, firmeza ideológica e internacionalismo proletario, es un dirigente cuya huella histórica no puede ser borrada ni por la propaganda ni por las falsificaciones del enemigo de clase.

 

¡Gloria al camarada Stalin!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Los comunistas queremos otro Estado, no otro gobierno

Cada cierto tiempo se hacen públicos varios frentes de corrupción en el partido gobernante para que se dé la alternancia política necesaria en la democracia burguesa. Esto da una sensación de limpieza y libertad a todos los votantes que participan en ese circo político y le da un poco más de vida a un sistema quebrado y basado en la apropiación privada y la corrupción y que no cuestiona para nada la base económica. Para nosotros, los comunistas, la cuestión del Estado no es un problema moral ni administrativo, sino una cuestión de clase.

Como explicó Lenin en su obra “El Estado y la Revolución” (1917), el Estado no es un órgano neutral al servicio de toda la sociedad, sino una maquinaria de dominación de una clase sobre otra. Bajo el capitalismo, el Estado burgués con sus tribunales, parlamentos, policía, ejército y burocracia existe para garantizar el poder económico y político de la burguesía y proteger la propiedad privada de los medios de producción.

Por eso, para los comunistas, la alternancia entre partidos dentro de la democracia burguesa no modifica la esencia del poder. Cambian los gestores, los discursos y las siglas, pero la llave de la caja del dinero sigue en las mismas manos, las de quienes controlan bancos, grandes empresas y capital financiero. La disputa electoral entre partidos del sistema no cuestiona la raíz de la explotación, sino únicamente quién administra el Estado capitalista en cada momento, la lucha por la llave de la caja.

Frente a ello, el marxismo-leninismo plantea la necesidad de un nuevo Estado, el Estado proletario. No para eternizar una nueva dominación, sino para destruir el poder político y económico de la burguesía y abrir el camino hacia una sociedad sin clases. La dictadura del proletariado significa precisamente eso, el poder organizado de la mayoría trabajadora contra la minoría explotadora que históricamente ha vivido del trabajo ajeno. La dictadura del proletariado no es el gobierno arbitrario de un individuo, sino la organización política de toda la clase obrera para transformar la base económica de la sociedad. Su tarea histórica consiste en expropiar a la burguesía, socializar los medios de producción y planificar democráticamente la economía en función de las necesidades sociales y no del lucro privado.

Esto implica poner bajo control colectivo fábricas, tierras, energía, transporte, vivienda y sectores estratégicos, acabando con la anarquía del mercado y con la explotación asalariada. El objetivo no es simplemente cambiar de gobernantes, sino transformar las relaciones de producción que sostienen el capitalismo.

Como Lenin pudo comprobar, esta transición hacia el socialismo mediante el Estado proletario, tiene un carácter temporal que ocupará todo un periodo histórico. Dentro de este Estado no se extingue la lucha de clases, ni la resistencia enconada de los explotadores. Mientras existan clases sociales y resistencia de la burguesía derrotada, seguirá siendo necesaria una organización estatal revolucionaria capaz de defender las conquistas obreras y desarrollar la nueva economía socialista. Pero a medida que desaparezcan las clases y la explotación, el propio Estado irá perdiendo su función coercitiva hasta extinguirse.

El socialismo, así, no se reduce a una reforma del capitalismo ni a una gestión “más justa” del mismo como nos quiere hacer creer la alternancia política en las democracias burguesas. El socialismo es la construcción consciente de una nueva sociedad basada en la propiedad social por la superación del poder de la burguesía, la planificación democrática de la producción y el poder político de la clase obrera organizada. Por eso, la tarea de construir el poder obrero y avanzar hacia el socialismo exige una organización política revolucionaria arraigada en la clase trabajadora, capaz de combatir tanto al capitalismo como a las falsas alternativas que únicamente administran el sistema. En el Estado español, el Partido Comunista Obrero Español defiende la necesidad de organizar a la clase obrera para conquistar el poder político, destruir el Estado burgués y levantar un Estado proletario al servicio de la socialización de los medios de producción y de la construcción del socialismo. Frente a la decadencia del capitalismo y la alternancia vacía de la democracia burguesa, que no es otra cosa que la dictadura del capital sobre el trabajo productivo, la tarea histórica sigue siendo acabar definitivamente con toda explotación.

 

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Por la construcción del socialismo!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Nota de condolencias por el fallecimiento del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez

El Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) expresa su profundo pesar por el fallecimiento del comandante Ramiro Valdés Menéndez, histórico combatiente revolucionario, dirigente de la Revolución Cubana y un ejemplo de firmeza ideológica con la causa del socialismo.

Con la partida física del comandante Ramiro Valdés, el movimiento comunista y revolucionario internacional pierde a uno de los más destacados representantes de aquella generación heroica que, bajo la dirección del camarada Fidel Castro, hizo posible la derrota de la dictadura batistiana y abrió para el pueblo cubano el camino de la emancipación nacional, el fin de la explotación y la construcción del socialismo.

Su vida fue testimonio de lealtad inquebrantable a la causa de la liberación nacional y el socialismo. Desde su juventud, al calor de la lucha contra la dictadura de Batista, el camarada se forjó como uno de los militantes más importantes del proceso revolucionario cubano que permitiría iluminar el camino de la lucha popular contra la opresión del imperialismo.

Desde su participación en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, pasando por la expedición del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Ramiro Valdés estuvo presente en algunos de los episodios más trascendentales de la revolución cubana. Sufrió el castigo de la prisión y el exilio por su entrega a la causa de la clase obrera, más nunca pudieron derrotarlo. Su trayectoria constituye un ejemplo de consecuencia revolucionaria y de fidelidad absoluta a los intereses del proletariado.

Durante décadas desempeñó importantes responsabilidades al servicio de la Revolución, contribuyendo a la defensa de la soberanía nacional, al fortalecimiento del Estado socialista y a la resistencia ejemplar del pueblo cubano frente a las constantes injerencias externas, el criminal bloqueo imperialista y las permanentes maniobras de desestabilización promovidas por el imperialismo estadounidense. Para los comunistas del mundo, el comandante fue un ejemplo de disciplina, sacrificio y firmeza para construir el socialismo sobre la base del partido único marxista-leninista.

Ramiro Valdés consagró su vida a la defensa y consolidación del poder revolucionario, enfrentando con firmeza y claridad política las constantes agresiones del imperialismo yanqui, siempre con el objetivo de salvaguardar la soberanía de la Cuba socialista. La vida del comandante Ramiro Valdés estuvo guiada por los principios del marxismo-leninismo, el internacionalismo proletario y la convicción de que los pueblos tienen el derecho irrenunciable a decidir su destino. Su legado forma parte inseparable de la historia de la Revolución Cubana y del patrimonio político de los revolucionarios de todo el mundo.

En estos momentos de dolor, trasladamos nuestras más sinceras condolencias al Partido Comunista de Cuba, al Gobierno Revolucionario, al presidente Miguel Díaz-Canel, a sus familiares y seres queridos, así como al conjunto del heroico pueblo cubano.

Rendimos homenaje a su memoria y reafirmamos nuestra solidaridad militante con Cuba socialista, con su Revolución y con la lucha de los pueblos por la soberanía, la justicia social y el socialismo. El legado del camarada Ramiro Valdés nos convoca a redoblar la lucha contra el imperialismo en todas sus formas, a fortalecer la solidaridad entre los pueblos oprimidos y a defender sin descanso los principios del socialismo científico para acabar con el sistema capitalista.

 

¡Comandante Ramiro Valdés, presente!

¡Hasta la victoria siempre!

 

Madrid, 22 de junio de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La intrahistoria de la Audiencia Nacional

Nuestro Partido, el PCOE, caracteriza abiertamente de fascista al Estado español. Para definir a este estado así, al que se le cuentan más de doscientos presos políticos en la actualidad, sólo hay que darse una vuelta por sus instituciones para ver claramente su entraña. Nos centraremos en la Audiencia Nacional para ver la falsedad que supuso la tan cacareada Transición Española, régimen en el que se fueron a dormir como fascistas y se despertaron demócratas.

El 4 de enero de 1977 desaparecía oficialmente el Tribunal de Orden Público (TOP), uno de los grandes instrumentos represivos del franquismo contra la clase obrera, comunistas, estudiantes, sindicalistas y militantes antifascistas. Al día siguiente, sin transición real, nacía la Audiencia Nacional. El régimen quería vender aquello como una ruptura democrática y, sin embargo, aquello no fue más que un cambio de nombre para garantizar la continuidad del aparato judicial del Estado franquista. El TOP había sido creado en 1963 para perseguir delitos políticos como huelgas, propaganda ilegal, organización sindical, reuniones clandestinas o simples opositores al régimen. Miles de comunistas y militantes obreros pasaron por sus salas. La supuesta Transición modélica nunca depuró a jueces, policías, ni estructuras represivas. La policía política de Franco se fue a dormir gris y se despertó marrón sin ningún tipo de rendición de cuentas, ni depuración. Muchos magistrados del TOP continuaron ejerciendo dentro de la nueva Audiencia Nacional, conservando la misma lógica de defensa del orden establecido, ahora bajo una estética democrática y parlamentaria.

El cambio exprés entre ambas instituciones demuestra que la Transición española no significó una ruptura con el franquismo, sino una reforma controlada desde arriba para preservar el poder económico, judicial y militar de las élites. Mientras se legalizaban partidos y sindicatos amaestrados, el aparato del Estado permanecía prácticamente intacto. La Audiencia Nacional heredó competencias excepcionales y una función política clara que es proteger la estabilidad del nuevo régimen surgido tras la muerte de Franco.

La continuidad no fue sólo jurídica, sino también ideológica. Donde antes se perseguía al “enemigo del Movimiento”, después se ha perseguido al “enemigo de la democracia”. Cambiaron los discursos, pero el objetivo siguió siendo contener cualquier amenaza al orden capitalista y a la unidad del Estado. Por ejemplo, el artículo 2 de la Constitución Española consagra la indisoluble unidad de España y el artículo 38 reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado y encomienda a los poderes públicos garantizar y proteger su ejercicio, o sea, proteger la economía de los capitalistas y la esclavitud asalariada. Por eso, para los comunistas del PCOE, aquella transformación en apenas un día simboliza perfectamente la naturaleza de la Transición, que no fue más que una operación cosmética donde las estructuras fundamentales del franquismo sobrevivieron bajo nuevas siglas. Nuestra memoria antifascista insiste en recordar que no hubo justicia real para las víctimas de la dictadura, ni ruptura efectiva con sus mecanismos represivos. El paso del TOP a la Audiencia Nacional continúa siendo, décadas después, uno de los ejemplos más citados de la continuidad entre franquismo y régimen del 78.

Lenin, en su obra “El estado y la revolución” (1917), establece la definición de estado como un conjunto de estamentos jurídicos y armados para la violencia de una clase social contra otra. En este pequeño recorrido hemos podido constatar el acierto de su definición, en un estado capitalista organizado para reprimir abiertamente a la clase obrera y que ningún cambio cosmético ha conseguido silenciar. Lo que la clase obrera puede esperar de él no es más que una violencia abierta y directa al corazón de nuestra clase y su único antídoto se llama organización obrera y partido comunista. Frente al miedo y la violencia respondemos con organización. Desde estas líneas intentamos despertar tu consciencia de clase y la necesidad de militar en el PCOE ante este escenario dantesco.

¡Contra el fascismo, organización obrera!

¡Por la conquista del estado proletario!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Proletariado, Partido Leninista, Revolución y Socialismo

1. Situación económica y social del imperialismo.

El imperialismo hoy se halla en una situación de bancarrota, de confrontación interimperialista entre el bloque imperialista decadente liderado por EEUU y el bloque imperialista emergente liderado por China.

El crecimiento de la población mundial, a lo largo de los últimos 35 años, según la ONU, se ha situado en torno a 3.000 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, un 55,29%.

La evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo, según el Banco Mundial – instrumento con el que el imperialismo norteamericano ejerce su hegemonía -, se refleja de la siguiente manera:

A continuación, se adjunta la evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo en el periodo comprendido entre 1990 y 2025 en términos absolutos, siguiendo los datos anteriores del Banco Mundial.

 

Según el Banco Mundial, cuya contabilidad de la pobreza extrema se halla en el margen inferior – o más beneficioso para el capitalismo – en 2025 la pobreza extrema se situó en los 830 millones de seres humanos. Por el contrario, el informe sobre el Índice de Pobreza Multidimensional realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Oxford Poverty Human Development Initiative (OPHI) sitúa esa cifra en los 1.100 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, en torno al 14% de la población mundial.

Como puede verse, las propias instituciones imperialistas – como son el Banco Mundial o las Naciones Unidas – muestran disparidad a la hora de contar la pobreza mundial.

Estas cifras no reflejan la realidad de la pobreza que genera el imperialismo. El Banco Mundial muestra que, a nivel mundial, la pobreza extrema se ha rebajado desde 1990, o lo que es lo mismo, tras la caída de la Unión Soviética. Y atribuye que el descenso de la pobreza se debe al desarrollo económico de China y de la India tras abrazar el capitalismo.

El que fuera relator de la ONU para la extrema pobreza entre 2014-2020, Phillip G. Alston, impugnó estas cifras del Banco Mundial y otros señalando el engaño perpetrado por estos órganos imperialistas alegando la manipulación en los parámetros de ingresos diarios en los que fijan la pobreza extrema, 1,90 $ al día, con los que objetivamente no se puede subsistir. Alston, al respecto, indicaba, en 2020, que “Usando medidas más realistas, el grado de pobreza global es mucho mayor y las tendencias extremadamente desalentadoras (…) Incluso antes de la pandemia, 3400 millones de personas, casi la mitad del mundo, vivían con menos de 5,50 dólares por día. Ese número apenas ha disminuido desde 1990”, demostrándose cómo los capitalistas manipulan las cifras y cómo en los últimos cuarenta años la pobreza, en términos absolutos, lejos de disminuir ha avanzado.

El PIB mundial per cápita en dicho periodo ha crecido un 315,03% según las instituciones de la oligarquía financiera.

 

La evolución de los salarios reales y nominales en el mundo entre los años 1990 y 2025 demuestran cómo el peso de la inflación recae sobre las espaldas del proletariado mundial:

 

Mirando la evolución de los salarios nominales en el mundo en el período comprendido entre los años 1990 y 2025 comprobamos que la subida ha sido en torno al 240%.

 

La evolución de la inflación acumulada mundial entre 1990 y 2025, ha ascendido por encima del 400%, o lo que es lo mismo, prácticamente el doble que los salarios nominales.

En términos porcentuales, los salarios reales en el período 1995-2025 se encuentran estancados.

De la producción mundial, en el periodo comprendido entre 1995 y 2025, la parte de los beneficios empresariales supera cada vez más la parte que se llevan los trabajadores, acrecentando la desigualdad:

Una desigualdad social cada vez mayor donde la riqueza se concentra cada vez más en unas pocas manos:

 

La evolución de la deuda mundial en los últimos 35 años se ha multiplicado, incrementándose un 757%.

 

La caída de la URSS, y el dominio sin cortapisas del imperialismo liderado por la potencia fascista norteamericana – y sus monopolios -, la “democratización liberal del mundo” que señalaban los Fukuyama de turno y demás esbirros de la oligarquía financiera, ha resultado ser un mayor incremento de la pobreza en el mundo, en términos absolutos, un estancamiento de los salarios reales de los trabajadores y una privatización del beneficio en unas pocas manos. En definitiva, la caída de la URSS y el desarrollo del imperialismo ha significado mayor robo, mayor desigualdad y más guerra, más militarización de la economía, o lo que es lo mismo, mayor sufrimiento para la humanidad y desvertebración de la organización del proletariado, tanto en términos políticos e ideológicos como en términos económicos o sindicales.

 

Militarización de la economía, desigualdad, pobreza y desprotección social del proletariado es lo que ha traído a la clase obrera, donde cada vez una mayor porción de la población mundial está totalmente desprotegida socialmente – sin acceso alguno a sistemas de seguridad social, sistemas públicos de pensiones, etcétera.

 

 

El desarrollo lógico del imperialismo, de bancarrota económica, de desigualdad cada día mayor al igual que cada día es mayor la concentración de capital, y de riqueza, en cada vez menos manos, muestra que el capitalismo en su fase actual, y terminal, no sólo no puede solventar los problemas que asolan al mundo sino que es el responsable de la existencia de dichos problemas y de su agudización, pues el imperialismo es eso.

Esta situación terminal se agudiza con el entronamiento de la Inteligencia Artificial y de la automatización de la producción que, en manos de los capitalistas, conduce a la negación del propio sistema pues la automatización provoca maximizar el desequilibrio en la composición orgánica del capital, de tal modo que se incrementa la parte de capital constante – la parte del capital destinada a materia prima, edificios, maquinaria, etc.  que no genera valor nuevo – minimizando la parte de capital variable – la parte de capital invertida en fuerza de trabajo que genera la plusvalía.

Consecuencia de ello, los capitalistas lanzarán a millones de seres humanos – de hecho ya lo hacen – al paro forzoso, incrementándose todavía más la pobreza, la exclusión y la desigualdad, generando un excedente humano que los imperialistas, desde la debilidad en la que se hallan, tratarán de resolver destruyendo fuerza de trabajo, esto es, aniquilando a la población que conciben como excedente y prescindible – que cada día que pase será mayor -, empleando para ello la guerra y la privatización absoluta de los servicios de protección pública, liquidando absolutamente los escasos derechos que la clase proletaria todavía pueda disponer en algunos lugares.

Esta automatización, no solo minimiza su esencia, la apropiación de plusvalía, sino como consecuencia de la liquidación de fuerza de trabajo también procede a destruir demanda, negando también la razón de ser de la producción capitalista.

El proceso de acumulación de capital en el imperialismo conduce a la propia burguesía a practicar un auténtico canibalismo en su propia clase, de tal modo que la pequeña y la mediana burguesía, con la automatización de la producción, están condenadas a la ruina, fundamentalmente, por su limitación financiera para acceder a dicha tecnología consecuencia de su tamaño, pereciendo y pasando a engrosar las filas del proletariado.

La concentración de capital es máxima, la oligarquía financiera, en torno al 1% más rico del mundo, amasa más riqueza que el 95% de la humanidad, y desde 2015 la riqueza de esta oligarquía financiera ha crecido más de 33,9 billones de dólares, dinero con el que se podría erradicar la pobreza en el mundo 22 veces, según datos de Oxfam. Esta concentración del capital en unas pocas manos hace que la democracia burguesa sea pasto del pasado, ya que la forma de ejercer el poder inherente al capital financiero es el fascismo, que es donde está instalado hoy el mundo, donde el control absoluto tanto de los ciudadanos como de la riqueza a nivel planetario será máximo gracias a la tecnología.

La implosión de la Unión Soviética y el avance inexorable del imperialismo durante estas casi cuatro décadas ha llevado al mundo a la modificación de su mapa político acorde a los intereses del capital financiero, de los monopolios. Un mapa político que está en permanente movimiento, en permanente transformación, como se comprueba actualmente tanto en Medio Oriente como en África, o en la década de los 90s del siglo pasado en Europa. Asimismo, fundamentalmente los monopolios norteamericanos y europeos desarrollaron y fortalecieron una superestructura política mundial para imponer sus políticas económicas a nivel planetario, de tal manera que los estados nación se convirtieran en agencias ejecutoras de las políticas dictadas por las agrupaciones imperialistas supranacionales. Unas políticas de transferencia de riqueza desde la clase obrera hacia los monopolios – privatizaciones y política fiscal consistente en exonerar a las rentas del capital de la tributación -, de liquidación de la organización sindical erosionando la negociación colectiva y de precarización del mundo del trabajo – subcontratación, fomento del cuentapropismo, etcétera – y de división internacional del trabajo, donde se refleja la centralidad de una única economía imperialista mundial, donde todo está entrelazado y subordinado a los intereses crematísticos de los monopolios, de tal modo que éstos determinan qué tipo de trabajo desarrolla cada región del mundo, cuyos estados se pliegan y se convierten en títeres y ejecutores de dichas políticas económicas. De tal modo, en la última década del pasado siglo y en la primera del presente, se produjo el mayor grueso del proceso de deslocalización de la industria hacía, fundamentalmente, China, para que los monopolios incrementaran la obtención de plusvalía abaratando costes de producción, de la mano de obra y contemplando como demanda ya no la demanda del país sino de todo el mundo, en lo que se denominó Globalización, que a tenor de los datos que aporta el Banco Mundial y la OCDE tuvo el siguiente efecto:

 

Este proceso de deslocalización ha ido conformando el mundo actual, ha ido desarrollando las nuevas potencias económicas, sus alianzas – BRICS – y el desarrollo de su superestructura al objeto de satisfacer sus intereses económicos y conquistar la hegemonía en términos económicos y políticos.  Desde la caída de la URSS hay un único mundo imperialista con una única economía mundial, con una división internacional del trabajo definido por los monopolios, que son los dueños del mundo, no habiendo choque de sistemas sino pugna interimperialista por el dominio económico.

La precariedad laboral, el incremento de la temporalidad, el desarrollo tecnológico y el consecuente incremento del individualismo, el establecimiento de reformas laborales que abren paso a la negociación individual con respecto de la negociación colectiva y que facilitan la represión contra la clase obrera, la pérdida del peso de la industria – ya sea por la deslocalización como, también, por el proceso de automatización de la producción – unido a lo fundamental, el derrumbe de la URSS y, con ella, de la influencia de los partidos comunistas sobre las masas obreras, ha conllevado un retroceso, como no podía ser de otro modo, del movimiento sindical a nivel mundial.

2. La lucha de clases en nuestros días.

La caída de la URSS significó un avance brutal del imperialismo y, consecuentemente, un retroceso enorme del proletariado en todos los terrenos en las últimas tres décadas.

De hecho, en estas tres últimas décadas los imperialistas han avanzado enormemente en la desorganización del proletariado, aplicando la lucha de clases sin cuartel en todos los terrenos, pero, fundamentalmente, en el ideológico. La labor anticomunista ha descollado, pues ello les ha resultado cardinal para aislar al proletariado, alienarlo y poder imponer a sangre y fuego su régimen explotador.

Sin embargo, y a pesar de la caída del “enemigo comunista” que según los farsantes imperialistas portaban el peligro de una guerra nuclear al planeta, este período ha demostrado que el auténtico peligro para la humanidad son los imperialistas, a los que sólo les queda la guerra y el fascismo para sostener su moribundo sistema económico. El imperialismo únicamente puede sobrevivir a costa de sojuzgar y robar sin piedad a los pueblos del mundo, a costa de explotar y deshumanizar al proletariado y de la confrontación interimperialista por la conquista de los mercados y de los recursos naturales. En síntesis, el imperialismo es el robo y el asesinato, eso es lo único que puede ofertar a la humanidad.

La lucha de clases, a nivel mundial, se manifiesta como lucha entre el imperialismo – que es el sistema económico de los monopolios – y el socialismo, que es el sistema económico que resuelve la contradicción entre el enorme desarrollo de las fuerzas productivas y la estrechez de las relaciones de producción que no traduce la ingente riqueza producida en riqueza para el conjunto de la humanidad, siendo el socialismo el sistema económico que garantiza que el desarrollo material se convierta en desarrollo social para la humanidad.

Como hemos visto, el desarrollo del imperialismo ha acreditado su inviabilidad, de tal modo que ya se niega a sí mismo, consecuencia del desarrollo tecnológico, que profundiza en la automatización de la producción alejando al ser humano del trabajo y, consecuentemente, dislocando la composición orgánica del capital de tal modo que se minimiza la parte que genera plusvalor, el capital variable, maximizando por el contrario la parte de capital constante que no genera plusvalía.

Pese a todo, los imperialistas en su pugna por el dominio del mundo se han visto forzados a tirar de la robotización, a pesar de que ello les conduce a su final.

En el mundo, pues, por un lado, se da una pugna interimperialista entre las potencias hasta ahora hegemónicas – EEUU y sus aliados – y los que aspiran a sucederlos – BRICS con China a la cabeza – siendo para ello necesario un reordenamiento o un nuevo reparto del mundo para tratar de perpetuar la hegemonía unos y para tratar de conquistarla otros. Sin embargo, ni unos ni otros plantean cambiar la formación socioeconómica imperialista. Esta pelea, acentuada tras la crisis de las subprime de 2007, se ha dado en todos los terrenos – político, económico, comercial y, también, se está dando ya en el militar de manera menos soterrada, a tenor del desborde en los anteriores terrenos mencionados.

Hoy los imperialistas, los oligarcas, o como partes bajas de la burguesía les denomina, “las élites financieras”, sojuzgan a los pueblos para apropiarse de sus recursos naturales, no dudando en exterminar a pueblos enteros para ello, reordenan el mundo en virtud de sus intereses y los controlan y someten política y económicamente mediante la deuda y otros instrumentos financieros. Sin embargo, esos imperialistas que se confrontan entre ellos para adueñarse del mundo, cierran filas para someter y reprimir al proletariado. En esta dialéctica de pugna interimperialista, los imperialistas dentro de sus estados explotan y reprimen al proletariado que cada día sufre con mayor profundidad la explotación y el empobrecimiento al objeto de incrementar las transferencias de riqueza hacia la oligarquía, amén de para financiar la pugna interimperialista. De tal modo que, a nivel interno de cada nación, los monopolios también libran otra guerra, en este caso, una guerra sin cuartel ni piedad contra el proletariado dentro de sus estados.

Es por ello que los imperialistas, cuya política exterior es el chovinismo, el racismo, el nacionalismo exacerbado y la guerra imperialista, como está quedando patente a tenor de los hechos y de la realidad objetiva, a nivel interno lo apuestan todo a la reacción, a la división del proletariado – empleando para ello el nacionalismo,  el racismo y la xenofobia – y sobre todo librando una guerra ideológica brutal contra el proletariado mediante el anticomunismo – consciente esta oligarquía financiera que únicamente el proletariado armado del marxismo-leninismo y de su Partido leninista puede desalojarlos del poder – y el revisionismo histórico – al objeto de atraerse a las masas explotadas y hacer que éstas cierren filas con sus opresores para confrontar contra sus hermanos de clase.

La economía imperialista es global y única, la opresión de la oligarquía financiera es a nivel mundial contra el proletariado, al que parasitan hasta la extenuación. Por tanto, la lucha del proletariado, en todos los  rincones del planeta, es única: romper las cadenas del imperialismo y construir el socialismo, acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción y enviar a la burguesía al estercolero de la historia junto con toda su superestructura, poniendo todos los medios de producción y la riqueza en manos del proletariado, esto es, al servicio de la revolución proletaria mundial que será materializada por la rotura progresiva de eslabones, siendo cada eslabón un país imperialista.

3. Cómo se halla el sujeto revolucionario, el proletariado.

El proletariado es la única clase social revolucionaria en tanto es la clase social mayoritaria, numéricamente, y porque es la clase oprimida por la minoría burguesa explotadora y, por tanto, es aquella que tiene una necesidad objetiva de romper los grilletes de la explotación que le niega la vida. En consecuencia, el proletariado es la clase social que está llamada a hacer la revolución siendo, por tanto, el sujeto revolucionario.

El proletariado tiene negada la propiedad sobre los medios de producción, que están en manos de una minoría – la burguesía – que acumula la riqueza, siendo las relaciones de producción que se elevan como consecuencia de esta realidad relaciones de producción de explotación, de sometimiento de una mayoría de la humanidad a una minoría.

Como hemos comprobado en el primer punto del presente documento, los monopolios concentran cada vez más riqueza, poseen los medios de producción y, con ello, poseen el control de los estados burgueses, marionetas de las agrupaciones supranacionales de imperialistas y, por tanto, los instrumentos de represión – físicos y psicológicos – de la humanidad que es el proletariado. A ello se debe unir la fuerza de la costumbre, el peso de la historia del desarrollo de la sociedad humana donde desde el esclavismo al capitalismo, pasando por el feudalismo, la base de las relaciones de producción de dichos regímenes es la propiedad privada sobre los medios de producción y, por tanto, la división de la sociedad en explotadores y explotados, en opresores y oprimidos.

Ese desarrollo de la sociedad humana, esa historia de la lucha de clases, ya nos ha mostrado el camino al proletariado del progreso social, que pasa por poner fin a la médula espinal de las formaciones socioeconómicas que dividen la sociedad en explotadores y explotados, poner fin a la propiedad privada sobre los medios de producción. De hecho, el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 nos enseñó como abolir el estado burgués y el posterior nacimiento del país de los soviets nos demostró la superioridad del socialismo respecto del capitalismo, colocando en dos décadas a la URSS como una potencia mundial, a la cabeza del mundo en desarrollo industrial y social. Y con el desarrollo de la URSS no sólo progresó el proletariado en dicho estado multinacional, sino que fortaleció las fuerzas del proletariado mundial, lo que se tradujo en conquistas por parte de éste de progreso social, a la par que los pueblos empezaron a rebelarse contra el imperialismo conquistando su emancipación nacional, rompiendo con el yugo imperialista.

El enorme avance que el proletariado conquistó durante las décadas de existencia de la URSS se invirtió tras la implosión de ésta, con el debilitamiento del Movimiento Comunista Internacional y el consecuente avance de los opresores, de la oligarquía financiera, y con ella sus creaciones fascistas y oportunistas.

El proletariado lleva más de tres décadas bajo la absoluta influencia ideológica del imperialismo. Esta influencia ideológica, en términos generales, no es contrarrestada porque el proletariado se halla huérfano de un movimiento comunista internacional, de organizaciones comunistas que contrarresten y desmonten la propaganda imperialista. Organizaciones comunistas que, un gran número de ellas, directamente abrazan el oportunismo y avanzan por la senda del reformismo, repudiando cualquier salida o solución revolucionaria.

De tal modo que el proletariado se halla completamente desvertebrado y desorganizado, a merced de su enemigo de clase. La falta de organizaciones revolucionarias con influencia real entre las masas proletarias conduce a los proletarios a tener una psicología donde ven al capitalismo como todopoderoso y eterno, deslizando la lucha política por el circuito burgués del parlamentarismo y de la democracia burguesa, una democracia burguesa que, a la misma vez que los monopolios han ido engordando y acumulando cada vez más riqueza, más poder económico, se ha transformado en sistemas reaccionarios donde, con independencia de la marca – partido político del capital – que venza en los comicios, son los que no se presentan  a las elecciones los que gobiernan, los monopolios, y los que quitan y ponen peones a su antojo, en tanto controlan medios de manipulación de masas, ejércitos, fuerzas de represivas y las judicaturas. Ello se ha podido ver en múltiples estados como Brasil, Bolivia, Argentina, Perú o se está pudiendo comprobar en España.

La depauperación de las condiciones económicas del proletariado – como se puede corroborar en el primer bloque de este documento – así como de otras condiciones laborales, que imponen los imperialistas, unido a la debilidad extrema del movimiento comunista, de los verdaderos partidos comunistas que muestran al sujeto revolucionario su salida natural y la necesidad de la organización como clase para conquistar unas condiciones favorables a sus intereses, y consecuentemente, al no estar ocupado dicho espacio por los revolucionarios marxistas-leninistas, es ocupado por los agentes del capital – ya sean los oportunistas o, directamente, la reacción – dentro del centro de trabajo, haciendo que la clase obrera se halle totalmente disgregada y que el trabajador tenga en su psique permanentemente la salida individual que siempre va a ser una salida que beneficie al gran capital y que le perjudica al trabajador tanto en términos individuales como, obviamente, de clase. El proletario en la pequeña empresa, donde es fuertemente explotado, al comprobar in situ como su trabajo es el que genera la riqueza de su patrón y conocer a la clientela del negocio, ante la falta de conciencia de clase – consecuencia de la debilidad del instrumento generador de la conciencia, el Partido comunista – busca la salida individual y burguesa, esto es, convertirse en un pequeño burgués y arrebatar la clientela a su patrón montando él su pequeña empresa. En la empresa grande el oportunismo – a través de los sindicatos de la patronal subvencionados por los estados burgueses – hace su trabajo de conciliación de clase, que es de subordinación de los intereses de los obreros a los intereses del burgués. La temporalidad implica un grado de rotación elevado en los puestos de trabajo que hace que el trabajador vea en la huida de una empresa a otra la fórmula para disminuir su malvivir y, por consiguiente, el tratar de progresar, nuevamente en lo que es la salida individualista fruto de la impregnación de la ideología burguesa y de la falta de influencia de la organización revolucionaria y clasista. La acción desvertebradora y divisora del oportunismo, bajo la dirección de la burguesía, la desarrollan haciendo que cada empresa sea una isla, que los obreros de las diferentes empresas y de los diferentes sectores no construyan la unidad vinculando las luchas de los diferentes centros de trabajo y de los diferentes sectores en una única lucha de clases contra el imperialismo y la clase de los empresarios. Todo ello es, fundamentalmente, consecuencia de la ausencia del Partido de los comunistas organizado en los centros de trabajo, en las fábricas, en los diferentes sectores de la producción.

Esto que acabamos de expresar es con respecto a los estados capitalistas con un grado alto o medio-alto de desarrollo. En aquellos estados capitalistas con un grado de desarrollo menor, donde la violencia se aplica de una manera, por decirlo así, más abierta, los empresarios no vacilan en emplear esta violencia de manera totalmente directa con toda la impunidad. El oportunismo aquí también hace su labor de desguarnecer la organización de la clase y conducir a los obreros por el redil del capitalista, por negar la lucha de clases y conciliar con el burgués, al que jamás cuestiona como tampoco cuestiona a su sistema económico basado en la explotación del hombre por el hombre.

Lo expresado para los centros de trabajo, en la lucha sindical (política y económica), se reproduce también en la lucha genuinamente política en los barrios, en las comunidades, en los movimientos sociales. El oportunismo conduce al proletariado a transitar por los cauces del legalismo y de la institucionalidad burguesa, un circuito existente para perpetuar el dominio de la burguesía y la subordinación del proletariado. La falta de organización revolucionaria, de un partido comunista que sea capaz de penetrar en las masas proletarias, conduce la frustración del proletariado al que le guía el oportunismo que se materializa en la apatía, la impotencia, la desesperanza, el rechazo al sistema o el escepticismo y que se visualiza en los procesos electorales burgueses en el grado de abstención. Estos sentimientos, en la descomposición del sistema político burgués, la burguesía trata de encauzarlos a través del fascismo, que es el mayor grado de revisionismo histórico existente, al objeto de confrontar a la clase obrera entre sí, de dividir al proletariado mediante el nacionalismo exacerbado, el racismo, la xenofobia y, sobre todo, el anticomunismo. Y es que la burguesía es plenamente consciente tanto de la descomposición y muerte de su base económica como de su formación socioeconómica imperialista y, también, es totalmente consciente de que su enterrador es el proletariado, siempre que esté dirigido, organizado y bajo la influencia ideológica de las fuerzas del marxismo-leninismo, por ello todos los esfuerzos de la burguesía pasan por la batalla ideológica – batalla cultural también le denominan los fascistas – para alienar al proletario, para hacer que odie a su propia clase y, cuando esto no es suficiente, no vacila en la represión, en el asesinato, pues la burguesía es la clase más criminal que ha alumbrado la historia.

Los medios de comunicación – radios, canales de televisión, redes sociales, periódicos en papel y digitales, … -, la práctica totalidad en manos de los capitalistas, vierten entre el proletariado la ideología de los monopolios, el anticomunismo y, también, sirven para atemorizar y anestesiar al proletariado.  Estos medios de manipulación de masas no dudan en justificar – y mostrar – la represión  de los imperialistas, en justificar las guerras de carroña, los bloqueos económicos, los genocidios y demás fechorías perpetradas por los imperialistas al objeto de engañar a las masas proletarias, en vilipendiar al proletariado y a su ciencia revolucionaria – el marxismo-leninismo –  y, también, en reflejar una imagen todopoderosa de las fuerzas imperialistas, para mellar la psicología de aquellos proletarios con un mínimo de sentido crítico y rebelde, para que en la psique del proletariado se instale el pensamiento de que nada se puede hacer contra el capitalismo y los capitalistas, que la confrontación contra el capitalismo y su superestructura es inviable.

Con el desarrollo tecnológico, actualmente en manos de un puñado de multimillonarios, la agudización de la explotación del proletariado, así como su alienación y represión se acrecienta. La automatización de la producción y de los servicios conllevarán centros de trabajo con menos obreros y menor interrelación entre ellos, estableciendo unas condiciones peores para la organización económica del proletariado en los centros de trabajo, o lo que es lo mismo, dificultando la organización sindical. El desarrollo de la tecnología también está sirviendo para que la manipulación sobre las masas proletarias efectuada por la burguesía sea más efectiva, en tanto, por un lado, se censura todo aquel mensaje – ya sea por censura propiamente dicha como por no promoción de los contenidos por los algoritmos – que vaya en contra de los intereses de los dueños de las redes sociales y de los espacios donde se ubican los contenidos, propiedad de los monopolios. Ergo la inteligencia artificial y los autómatas o algoritmos de datos proporcionan a la clase obrera toda aquella información que beneficie a sus dueños, a los monopolios, siendo mucho más efectivo en la labor de alienación del proletariado y mostrando, nuevamente, que solo mediante la socialización de la tecnología, mediante el socialismo, se podrá liberar a la humanidad de la alienación y el embrutecimiento al que la somete la burguesía.

El capitalismo, tanto en su fase premonopolista, como en su fase actual monopolista o imperialista, persigue la perpetuación de un sistema explotador basado en una sociedad dividida en clases como reflejo de un sistema económico donde los medios de producción están en manos de unos pocos, donde son propiedad privada de un puñado de burgueses y, por tanto, el sistema capitalista es la perpetuación de la violencia pues ésta hunde sus raíces en la existencia de una sociedad dividida en clases sociales cuyos intereses son antagónicos.

El proletario, ante la ausencia del instrumento que le genera conciencia de clase y que le sirve en la lucha de clases, el Partido leninista, se ve minúsculo ante un mundo verdaderamente hostil, donde se siente totalmente desprotegido, atomizado, contemplando como todo lo que le rodea es corrupción, que es la forma en la que los monopolios manejan el Estado, impunidad para los ricos, los capitalistas, los burgueses, y represión permanente tanto del Estado, a través de los jueces y las fuerzas de represión del Estado, así como en el seno de la empresa por el burgués.

Todo lo mencionado constata que el propio enemigo de clase, la burguesía, es mucho más consciente de la fuerza del proletariado, del papel revolucionario de éste, que nuestra propia clase. Y es que nuestra clase social, el proletariado, necesita al Partido leninista, que es el corazón y el alma de la clase, para que ésta tome conciencia de sí y para sí, esto es, conciencia de lo que es, el sujeto revolucionario, y de la misión histórica que le corresponde desarrollar, poner todos los medios de producción al servicio de la mayoría de la humanidad que es el proletariado, y ello pasa por llevar a término la labor de derrocar revolucionariamente al imperialismo y desarrollar el socialismo, tomando el proletariado todo el poder económico, político e ideológico.

4. ¿Cómo construir la unidad del proletariado? Uniendo a los comunistas en una organización única, rompiendo con la burguesía y las alianzas interclasistas.

La historia nos muestra que siempre que el proletariado ha avanzado, ha conquistado el poder y, consecuentemente, ha avanzado la humanidad en su conjunto, es porque estaba guiado por su partido de vanguardia, por el Partido leninista, la parte más avanzada del proletariado organizado. Y también nos demuestra la historia que cuando el proletariado está desdibujado, absolutamente fragmentado, a merced de la burguesía, despojándolo de cualquier derecho y sufriendo la explotación y violencia de clase máxima y, por tanto, conduciendo la humanidad hacia el abismo, es porque el partido leninista está desnaturalizado o no existe, porque el oportunismo impera en lo que se denomina movimiento comunista, el cual corrompen alimentando a la reacción.

Al proletariado, que en términos objetivos es la clase que se halla despojada de los medios de producción y se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, le da conciencia de lo que es, le da objetivo como clase, le muestra su misión histórica, le enseña a interpretar correctamente el mundo mostrándole su realidad objetiva de guerra abierta contra la burguesía, poniendo coto a la espontaneidad y la individualidad y mostrando que el combate contra la burguesía se rige por el principio de la lucha de clases, en definitiva, al proletariado le abre los ojos como clase, la pertrecha como tal y le conduce a la emancipación el Partido leninista, o lo que es lo mismo, la organización de la parte más avanzada de la clase obrera. El partido leninista es quien le indica al proletariado el mundo que él debe construir – un mundo liberado del yugo explotador capitalista donde quede abolido el Estado y, consecuentemente, las clases sociales – y que le enseña que la burguesía se sostiene como clase gracias a la propiedad privada de los medios de producción y las estructuras institucionales burguesas – superestructura – que elevan y que solo se puede derrocar a la burguesía derrocando su base económica capitalista y no dejando en pie el Estado burgués, debiendo construir la clase obrera sus propias instituciones así como desarrollar el socialismo. El partido leninista, pues, es el estado mayor del proletariado y su respuesta coherente a la lucha de clases; es el corazón y el cerebro del proletariado, es una parte inherente de éste, su parte más avanzada.

Por este motivo la burguesía ataca sin piedad al partido leninista, porque es plenamente consciente que el partido leninista es quien otorga a la clase obrera táctica y estrategia, quien le muestra realmente su realidad objetiva y le muestra el camino de su emancipación como clase social, es quien cultiva al proletariado en la lucha de clases y lo fortalece organizativamente, en definitiva, la burguesía ha comprendido que la única manera de mantener al proletariado sometido pasa por interceptar, perseguir y desnaturalizar a su partido de vanguardia, el partido leninista armado de su ciencia revolucionaria para la abolición de la explotación del hombre por el hombre: el marxismo-leninismo.

La historia, la caída de la URSS, también nos ha enseñado que con una revolución triunfante, y una sociedad construyendo el socialismo, la única manera que tiene la burguesía de combatir al proletariado de manera efectiva y revertir esa revolución triunfante es atacando al Partido Leninista, desnaturalizándolo y corrompiéndolo, como ocurrió en la Unión Soviética desde la segunda mitad de la década de los 50s del siglo pasado hasta su implosión.

Por tanto, para que el proletariado pueda emanciparse, para que el proletariado pueda actuar en libertad, tomando conciencia de que debe romper los grilletes de la explotación y de la miseria a las que le condena el imperialismo, es imprescindible la existencia del partido leninista. El Partido leninista es esencial para que el proletariado tome conciencia de sí y para sí, es necesario para organizar a la clase y organizar la Revolución proletaria cuyo sujeto revolucionario y constructor de la toma revolucionaria del poder por ella misma es la clase de los proletarios, pero también es cardinal y necesario para, toda vez el proletariado toma el poder en sus manos, edificar la formación socioeconómica socialista, desarrollando la base económica socialista y, a la par, construyendo un mundo, una superestructura, que garantice el dominio en la lucha de clases del proletariado liquidando todo derecho a la burguesía y, por tanto, ir avanzando hacia el estadio comunista, la sociedad sin clases sociales y sin estado. Un partido que irá extinguiéndose a la par que el estado, a la par que la lucha de clases, a la par que se extingue el proletariado pues es una parte de éste.

Por ello, el marxismo es una ciencia partidista, porque el partido es la respuesta al proletariado para la lucha de clases, es el instrumento con el que llevar las ideas del socialismo científico al movimiento obrero, a las masas proletarias, un partido que según Marx y Engels debía ser internacional e internacionalista y que era el instrumento que fusiona el socialismo científico con el movimiento obrero, que eleva a éste, convirtiéndolo en el sujeto revolucionario, dotando a la clase explotada e infinitamente más numerosa, de su ciencia emancipadora.

Toda formación socioeconómica se conforma de una base económica que eleva una superestructura determinada y de una clase dominante, hegemónica que es la que dicta y desarrolla. En la formación socioeconómica capitalista, la base económica es el capitalismo, en su grado final, el capitalismo monopolista o imperialismo; eleva una superestructura imperialista que produce leyes, tiene unas instituciones y engendra una sociedad, una cultura, unas formas de estado a imagen y semejanza de la clase dominante, la burguesía y, más concretamente la burguesía monopolista, que es quien ejerce su dictado, o dictadura. En la formación socioeconómica capitalista, el proletariado es la clase dominada, es la clase explotada, es la clase despojada de la propiedad de los medios de producción y, por tanto, del producto de la producción y ello implica, incluso, que al proletariado la burguesía le niega hasta su libre albedrío.

Para emanciparse el proletariado necesita construir su formación socioeconómica. Una formación socioeconómica donde en la base, los medios de producción estén en manos del proletariado, y por tanto, también el desarrollo tecnológico; donde las relaciones de producción se fundamenten en la propiedad social sobre los medios de producción al objeto de, progresivamente, erradicar todo tipo de explotación del hombre por el hombre y liquidar todo tipo de desigualdad social, una base económica cuyo producto esté en manos de la mayoría proletaria, del proletariado. Una formación socioeconómica que contendrá una superestructura, un mundo, a imagen y semejanza de la clase dominante, el proletariado, que es el sujeto constructor de ese nuevo mundo, erigiéndose en clase dominante que, por primera vez en la historia del género humano, corresponderá a la inmensa mayoría de la humanidad.

A día de hoy rige el imperialismo, la fase monopolista del capitalismo, donde como hemos visto se produce una concentración del capital en unas pocas manos que amasan cada vez una mayor riqueza y, en consecuencia, una socialización de la pobreza sobre la que hemos visto cómo los imperialistas manipulan para tratar de enmascarar que dicho sistema económico agudiza la desigualdad y la pobreza. Y comprobamos como los monopolios, el capital financiero, o, como los capitalistas denominan, “las élites”, imponen su dictadura a sangre y fuego a lo largo y ancho del globo terráqueo.

El proletariado, como sujeto revolucionario que es, debe derrocar revolucionariamente al imperialismo y construir el socialismo. Para Lenin la unidad del proletariado es la unidad de su vanguardia, es la unidad de los marxistas-leninistas y, sin la unidad de los comunistas, jamás puede haber unidad de clase para que el proletariado pueda cumplir con su misión histórica de acabar con lo viejo, el imperialismo, y armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción mediante la revolución socialista y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, construyendo el socialismo como primera fase hacia el comunismo.

Por tanto, el problema que hemos de resolver los comunistas hoy es el de la unidad de los comunistas, que es la unidad del sujeto revolucionario y, por tanto, la fuerza capaz de dar cumplimiento a la misión histórica de este. Sin sujeto revolucionario no hay revolución socialista y, sin ésta, no hay socialismo, sin ésta el imperialismo se sostendrá moribundo llevándose por delante la sangre inocente de centenares de millones de seres humanos. Y esa unidad del proletariado que necesitamos para romper con la explotación y la barbarie imperialista, es la unidad de los marxistas-leninistas en torno al principio organizativo del centralismo democrático.

Hoy el movimiento comunista internacional no está abordando la cuestión fundamental que debería abordar, la unidad de los comunistas, que es la cuestión de la unidad del proletariado y la organización de su parte más avanzada, que es la cuestión de fortalecimiento del sujeto revolucionario para cumplir su misión histórica y revolucionaria.

Y sin construir los cimientos, sin construir la unidad de los comunistas, y desde la división dentro del movimiento comunista, cuando no desde la mismísima estafa, algunos de los que se reivindican del comunismo -y que tras ellos lo que hay es ideología burguesa como el nacionalismo y el revisionismo – se lanzan a diseñar tácticas, o mejor dicho deformar y envilecer tácticas que el movimiento comunista internacional en la década de los 30s del siglo pasado planteaba en un mundo diferente al actual, con un imperialismo que todavía tenía margen de desarrollo como han evidenciado estos 90 años, y cuando existía un sujeto revolucionario con fuerza, un movimiento comunista en ascenso y fortalecido gracias a la URSS y su partido comunista que engrandeció a todo el movimiento comunista internacional como lo reflejó la Internacional Comunista.

Lenin señalaba que «no puede haber unidad (…) con los políticos obreros liberales, con los desorganizadores del movimiento obrero, con los infractores de la voluntad de la mayoría. Puede y debe haber unidad de todos los marxistas consecuentes, de todos los defensores del marxismo íntegro y de las consignas no recortadas, independientemente de los liquidadores y sin ellos.

 

¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo».

Desde el PCOE consideramos esencial la construcción de esa unidad de los marxistas-leninistas. Sin duda, estimamos que esa unidad únicamente puede materializarse desde la fidelidad a los principios del leninismo en lucha frontal contra el oportunismo, que es la expresión de los intereses del imperialismo en el seno del proletariado para impedir su unidad y la toma de conciencia, y estando con la clase mostrándole la salida revolucionaria y construyendo la organización para ello.

El imperialismo, como hemos visto, ha concentrado la riqueza y la producción en unos pocos monopolios, ha socializado la pobreza y, en este proceso socializador de la miseria, de desigualdad brutal, no sólo tira por tierra las condiciones del proletariado, sino que practica el canibalismo dentro de su propia clase, la burguesía, empujando a la ruina y a la proletarización a cada vez más capas de la pequeña y mediana burguesía. Este hecho impregna al proletariado de la ideología burguesa proveniente de esas capas burguesas proletarizadas.

Ante este escenario, donde no hay imperialismo agresivo y no agresivo, donde no hay imperialismo ofensivo y otro defensivo, donde la concentración del capital cada vez es mayor en menos manos, y donde únicamente hay un imperialismo que constituye una formación socioeconómica única a nivel internacional en el que toda la economía mundial se halla entrelazada, una única base económica donde dominan los monopolios, donde prepondera la putrefacción – el capital financiero sobre el capital productivo -, donde la exportación de capitales impera, donde los monopolos aplican su dictadura a nivel planetario a través de asociaciones de imperialistas supranacionales que manejan a los estados nación que se convierten en sucursales de los grandes monopolios para aplastar a los proletarios y transferir riqueza hacia dichos empresas multinacionales, donde los monopolios pelean entre ellos para repartirse un mundo ya repartido empleando la guerra donde mandan a morir a la clase proletaria, el proletariado debe organizarse para confrontarse de plano contra todo ello. La burguesía aplica a rajatabla la lucha de clases, y la inocula en el seno del proletariado, fortaleciendo el oportunismo de tal modo que aparece una parte que dice reivindicarse del movimiento comunista, y que Lenin denominaba  “los enemigos y falseadores del marxismo”, a los que se les llena la boca hablando de antiimperialismo cuando lo que hacen es negar la existencia de un único imperialismo, cuando lo que hacen es maquillar ante el proletariado al imperialismo y buscan todo tipo de alianza interclasista a la par que combaten a muerte a los marxistas-leninistas.

Esa expresión de interclasismo, que en realidad no es más que la subordinación del proletariado a la burguesía, a nivel internacional adquiere hoy la formulación política de Frente Mundial Antiimperialista o Plataforma Antiimperialista Mundial, donde persiguen conformar una alianza con capas de la burguesía que, si bien manifiestan combatir el imperialismo, bajo ningún concepto pretenden superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo, siendo muchos de ellos enemigos acérrimos del marxismo-leninismo. Un antiimperialismo singular pues son beligerantes con unas potencias imperialistas – EEUU o la UE – y, por el contrario, encubren a otras potencias imperialistas y carroñeras como las primeras a las que caracterizan como no imperialistas como, por ejemplo, son China o Rusia.

Estos “enemigos y falseadores del marxismo”, cuya actividad se fundamenta en el engaño y la traición al proletariado, el parasitismo y, de facto, la negación del marxismo-leninismo en tanto que, de hecho, se niega la lucha de clases, hacen extraños compañeros de viaje y aliados, de tal manera que partidos que se dicen comunistas y que dicen defender la autodeterminación suscriben posiciones conjuntas con organizaciones políticas reaccionarias, como se constata en la Declaración de París de 14 de octubre de 2022 de la Plataforma Antiimperialista Mundial donde van de la mano el PCPE – que dice ser defensor de la autodeterminación de las naciones oprimidas y denomina al estado español como “cárcel de pueblos y naciones” (Julio Díaz, enero de 2024) – y Vanguardia Española que es una organización reaccionaria, y nacionalista española. Sin embargo, no es extraño que vayan de la mano pues, realmente, ambas organizaciones están unidas por el nacionalismo – unos de naciones que, ni tan siquiera aplicando el marxismo-leninismo existen, y otros nacionalistas españoles – y ambas organizaciones repudian el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, por lo que ambas están realmente unidas contra el marxismo-leninismo.

Otro ejemplo de frentes interclasistas, y anticomunistas, se puede ver en el estado español, concretamente en el archipiélago canario, donde el partido “nacional” canario del PCPE, el PCPC, ha creado una plataforma por un Estatuto de Neutralidad para Canarias, donde dicho partido supuestamente comunista, está aliado con organizaciones sociales y con partidos de la burguesía, como por ejemplo Nueva Canarias, y otras organizaciones nacionalistas canarias, por el que señalan que “La neutralidad es la opción que aporta mayor seguridad al Archipiélago Canario y supone una mejor contribución a la paz, como lugar de encuentro internacional y de apoyo a la solución dialogada de conflictos, en un escenario internacional complejo y tensionado.”, buscando apoyo en las instituciones burguesas, las cuales no es que no cuestionen, es que buscan su abrigo, como se comprueba cuando señalan “En el desarrollo de la campaña se ha dado el paso de demandar al Parlamento de Canarias su compromiso para impulsar y apoyar todo tipo de iniciativas que puedan hacer posible el reconocimiento del Estatuto de Neutralidad en el ordenamiento jurídico estatal e internacional. Posteriormente su recorrido será hacia el Parlamento de Madrid, así como su tramitación ante la Unión Europea y la ONU. La campaña, que continuará con su extensión a todas las islas, y la creación de comités populares por el Estatuto de Neutralidad.” Curioso antiimperialismo el del PCPE que busca apoyo en instituciones abiertamente imperialistas como el parlamento español o el parlamento de la UE. Y nosotros nos preguntamos, en un mundo imperialista donde los monopolios están en pugna por el reparto del pastel mundial, donde rige la lucha de clases y donde la explotación es ley ¿a qué neutralidad apela el PCPE? Los comunistas en el mundo no podemos ser neutrales, estamos con el proletariado – da igual de dónde sea porque el proletariado es internacional y no tiene más patria que el socialismo -, con la revolución proletaria mundial y con el socialismo, con la abolición del capitalismo, responsable de la explotación, responsable de una sociedad dividida en clases antagónicas causantes de la violencia contra el proletariado, una violencia que la burguesía ejerce a través del estado burgués, ese que los comunistas debemos derrocar y que, a sus parlamentos, el PCPE va a pedir que les firmen sus Estatutos de neutralidad burgueses y oportunistas que son una puñalada al marxismo-leninismo y al proletariado, actuando de una forma que ensucia el término comunista que portan en el nombre de dicha organización enemiga del comunismo.

Cómo puede verse, en estos dos ejemplos que hemos mencionado de política de masas interclasista aplicada por, empleando la expresión de Lenin, “estos enemigos y falseadores del marxismo”, en nada ha servido al proletariado ir de la mano de la burguesía en términos de crecimiento organizativo, de nada ha servido con respecto del desarrollo de una Internacional Comunista, de nada ha servido al desarrollo de la Revolución proletaria, para lo único que ha servido es para subordinarse a los intereses de la burguesía, para encauzar al pueblo por la senda del reformismo, por dar lustre a las instituciones imperialistas y por satisfacer el ego a una panda de oportunistas que viven de la división y del engaño al proletariado, como hace el PCPE, en definitiva, por fortalecer al enemigo de clase.

En el movimiento comunista hoy la correlación de fuerzas, todavía, es favorable al oportunismo y, por ello, se halla totalmente fraccionado como se constata echando un vistazo a la realidad de las fuerzas que se reivindican del comunismo tanto en las diferentes naciones como a nivel internacional.

Mientras los comunistas no conquistemos la unidad, y ella sólo puede edificarse combatiendo al imperialismo y la ideología que éste insufla, empezando por el combate contra el oportunismo, que es el producto más acabado de la burguesía para dinamitar la unidad del movimiento comunista y, por tanto, del proletariado, mientras no derrotemos y desterremos al oportunismo del movimiento comunista y, consecuentemente, de la clase obrera, no podremos dar pasos hacia la emancipación social de nuestra clase, hacia la consecución de la misión histórica de la clase obrera.  La lucha a muerte contra el oportunismo constituye un eje cardinal por el que los partidos comunistas debemos unirnos para conquistar la organización única de la vanguardia que necesitamos para vencer a la barbarie imperialista.

Sin sujeto revolucionario, que no existe como tal sin la existencia e influencia de su partido, que es el partido leninista que dota al proletariado de conciencia de sí y para sí, éste no puede dar pasos para su emancipación, sino que seguirá dando vueltas a la noria de la burguesía, conduciendo al proletariado al redil de la derrota, de la perpetuación del imperialismo y de su barbarie, cada día más criminal.

Por todo ello hoy la primera tarea de los comunistas, y la más importante que nos toca acometer, es la construcción de un movimiento comunista revolucionario, que se debe abrir paso combatiendo a muerte al imperialismo y al oportunismo, que constituye la quinta columna del imperialismo dentro de nuestras filas proletarias. El PCOE está comprometido en la conquista de la unidad de los comunistas que es la unidad de la clase de los proletarios, en la defensa del marxismo-leninismo y en la lucha a muerte contra la burguesía, contra el oportunismo y tiende la mano para trabajar en esta dirección con todos aquellos que compartan esta visión del mundo y del estado de nuestra clase.

 

Madrid, 5 de junio de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)




Los experimentos bacteriológicos de los Estados Unidos

La reciente desclasificación de documentos del Pentágono que revelan experimentos militares estadounidenses con mosquitos portadores de enfermedades vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que durante décadas fue denunciada por Cuba y por numerosos movimientos antiimperialistas del mundo, que no es otra que la utilización de agentes biológicos como instrumentos de guerra y dominación. Los documentos conocidos como Proyecto Bellwether muestran que, a finales de los años cincuenta, el Ejército de Estados Unidos estudió la capacidad de mosquitos como el Aedes aegypti para actuar como vectores de enfermedades en poblaciones humanas, dentro de programas destinados a evaluar su potencial estratégico como arma biológica. Para quienes observan la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, estas revelaciones no constituyen una anécdota aislada. Forman parte de una larga tradición de agresiones dirigidas contra la Revolución Cubana y contra cualquier proyecto que desafíe la hegemonía estadounidense en América Latina, a la que consideran su patio trasero.

No es casualidad que en los últimos años Cuba ha sufrido un incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos, especialmente dengue y arbovirosis, en un contexto marcado por enormes dificultades para adquirir insecticidas, equipos médicos, reactivos de laboratorio y medicamentos. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supuso un endurecimiento sin precedentes de las sanciones económicas contra la isla, con cientos de medidas adicionales destinadas a restringir la llegada de petróleo, de sus fuentes de ingresos y de sus relaciones financieras internacionales.

Entre esas medidas destaca la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, una herramienta jurídica concebida para intimidar a empresas e inversores extranjeros mediante la amenaza de litigios en tribunales estadounidenses. El resultado ha sido una mayor dificultad para realizar transacciones bancarias, contratar seguros marítimos, adquirir suministros médicos y garantizar la llegada de productos esenciales para la población cubana. El impacto de estas políticas no puede medirse únicamente en términos económicos. Cuando un país enfrenta obstáculos para comprar medicamentos, piezas de equipos hospitalarios, combustible para fumigaciones o alimentos básicos, las consecuencias terminan reflejándose en la salud y en la calidad de vida de millones de personas, además de la esperanza de vida y los índices de mortalidad infantil, en un intento de generar artificialmente un levantamiento contra el gobierno revolucionario, plan que lleva fracasando desde la invasión mercenaria en Bahía Cochinos de 1961. Por eso, la mortalidad asociada a determinadas enfermedades no puede analizarse al margen de las condiciones materiales impuestas por un bloqueo que persigue explícitamente provocar dificultades sanitarias, económicas y sociales.

Las actuales revelaciones sobre los experimentos biológicos estadounidenses (Un documento desclasificado revela que EEUU liberó mosquitos con enfermedades en zonas habitadas como experimento) adquieren así una dimensión política aún más inquietante. Si documentos oficiales demuestran que el aparato militar estadounidense ha estudiado y, lo más importante, ha ensayado la utilización de mosquitos como vectores de enfermedades contra poblaciones humanas, resulta comprensible que en Cuba persistan profundas sospechas sobre el origen de determinadas epidemias que han afectado a la isla a lo largo de su historia revolucionaria y con una incidencia exponencial desde que se ha aumentado el grado de violencia contra la isla. Aunque cada episodio debe analizarse con rigor y evidencias concretas, el historial de operaciones encubiertas estadounidenses alimenta inevitablemente esa desconfianza.

La historia ofrece antecedentes significativos. El Plan Mangosta, impulsado por la administración Kennedy tras el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos, contempló acciones de guerra bacteriológica, sabotaje económico, infiltración, terrorismo y operaciones clandestinas dirigidas a desestabilizar al gobierno revolucionario. Durante décadas, Cuba denunció campañas de agresión que afectaron a sectores estratégicos de su economía, especialmente la agricultura y la ganadería por la aparición de misteriosas plagas.

Más allá de los debates sobre episodios concretos, existe una realidad incontestable de que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos ha causado enormes daños al desarrollo de Cuba. Ha limitado su acceso a créditos internacionales, ha encarecido las importaciones, ha dificultado la adquisición de tecnologías médicas y ha obstaculizado el abastecimiento de alimentos y medicamentos.

Las nuevas revelaciones sobre los programas militares relacionados con mosquitos y enfermedades recuerdan que la Guerra Fría no fue únicamente una confrontación ideológica o militar. También fue un laboratorio de métodos de guerra no convencionales cuyos efectos recaían sobre la población civil como ocurre en la actualidad cubana porque, en este contexto histórico, Cuba ha sido durante más de seis décadas uno de los principales objetivos de la política estadounidense.

Por ello, la defensa de Cuba exige denunciar simultáneamente todas las formas de agresión como las operaciones encubiertas del pasado, los experimentos militares que utilizan agentes biológicos como herramientas de guerra y el bloqueo económico que continúa castigando a la población cubana. Porque cuando se restringe el acceso a medicamentos, alimentos y recursos sanitarios esenciales, el bloqueo deja de ser una cuestión diplomática para convertirse en un problema de vida o muerte para millones de personas. Si a eso le añadimos la guerra bacteriológica que está causando la epidemia actual de dengue y arbovirosis, de la que el imperialismo yanqui ya ha dado muestras durante su triste historia, a la que se añade la puesta en marcha del Título III de la Ley Helms Burton, que dificulta el acceso a medicamentos e insumos sanitarios, nos hallamos frente a una operación de genocidio planificado de la que el imperialismo yanqui viene dando grandes muestras como en Gaza o Vietnam.

Las recientes desclasificaciones sobre los programas militares estadounidenses con mosquitos, utilizados como potenciales vectores de enfermedades, constituyen un recordatorio de hasta dónde han llegado las estrategias de agresión contra pueblos que han decidido defender su soberanía. Frente a esta realidad, la lucha por el levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo sigue siendo una exigencia de justicia. Porque ningún pueblo debería ser castigado por ejercer su derecho a decidir su propio destino. La historia juzgará a quienes durante décadas han fracasado sistemáticamente en el intento de rendir por hambre, enfermedad y asfixia económica a una nación que eligió un camino independiente. Y la historia absolverá a un pueblo cuya resistencia, pese a todas las agresiones, ha conseguido mantener intacta su dignidad y su soberanía frente a lo que muchos consideran una de las campañas más prolongadas de coerción política, económica y bacteriológica de la historia contemporánea.

¡Por el fin del bloqueo!

¡Por el fin de la guerra bacteriológica!

¡Cuba sí, yanquis no!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Qué es el fascismo

El fascismo se podría definir como el dominio del capital financiero sobre el capital productivo, lo que redunda en, al sostener la misma producción con una masa de capital más grande, una inflación desbocada que es cómo financian su gasto militar a costilla de la clase obrera, que ve muy comprometida su subsistencia por la guerra abierta o por el encarecimiento derivado de la lucha del capital financiero por expoliar las materias primas.

El fascismo, desde la concepción marxista-leninista desarrollada por Georgi Dimitrov, no constituye simplemente una forma autoritaria de gobierno, ni una desviación moral de la democracia burguesa, sino la expresión política extrema del capitalismo monopolista en su fase de crisis histórica. Dimitrov, en su informe “La clase obrera contra el fascismo” (1935) en el VII Congreso de la Internacional Comunista, lo definió como “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Esta definición sitúa al fascismo no sólo en el terreno de las ideas abstractas, sino en la estructura material de la sociedad capitalista y en las necesidades concretas de la burguesía monopolista.

Mientras el liberalismo burgués puede gobernar mediante el parlamentarismo, la alternancia política y ciertas concesiones económicas a las masas obreras, el fascismo aparece cuando esas formas dejan de ser suficientes para garantizar la reproducción del capital. No surge porque una nación pierda sus valores democráticos, sino porque las contradicciones internas del capitalismo alcanzan un punto en el que la burguesía ya no puede mantener su dominio mediante métodos ordinarios. La democracia burguesa y el fascismo no son sistemas opuestos en esencia de clase, ambos representan la dictadura de la burguesía y la única diferencia reside en la forma de ejercerla.

En la etapa imperialista del capitalismo descrita por Lenin, “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917), hace ya más de un siglo describe como la economía queda dominada por monopolios, bancos y oligarquías financieras que concentran el capital y subordinan el Estado a sus intereses. La acumulación de capital llega progresivamente a límites históricos que llevan a la sobreproducción, la caída de la tasa de ganancia, el endeudamiento estructural, la destrucción de fuerzas productivas, el desempleo masivo y las guerras por nuevos mercados y recursos. El imperialismo intenta resolver estas contradicciones mediante la exportación de capital, el saqueo colonial y la militarización permanente. Sin embargo, esas soluciones sólo aplazan la crisis y profundizan la decadencia general del sistema.

Cuando la crisis económica amenaza con transformarse en crisis revolucionaria, la burguesía monopolista abandona progresivamente la forma de democracia burguesa que anteriormente le resultaba útil. El fascismo aparece entonces como mecanismo de salvación del capital. Su función histórica consiste en destruir las organizaciones obreras, liquidar los derechos democráticos, militarizar la sociedad, imponer el nacionalismo chovinista y reorganizar el Estado para garantizar por la violencia la continuidad de la acumulación capitalista.

Por eso, para los comunistas, el fascismo no es un accidente histórico ni una anomalía psicológica colectiva, sino una tendencia inherente al imperialismo en descomposición. Cuanto más se agudiza la crisis estructural del capitalismo, más necesita la burguesía recurrir a formas abiertas de coerción. La concentración monopolista reduce el margen para las reformas sociales y la competencia interimperialista empuja hacia la guerra. Entonces el deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera genera descontento y aparece el miedo de la burguesía a la revolución de la clase obrera que la conduce hacia métodos cada vez más expeditivos y represivos.

El fascismo intenta movilizar a sectores desesperados de la pequeña burguesía, capas arruinadas y masas desclasadas contra la clase obrera organizada. Se presentan demagógicamente como patriotas honrados, con un fuerte discurso identitario y populista, pero en realidad su misión es preservar intacta la propiedad privada de los monopolios y fortalecer el poder del gran capital. Bajo consignas de unidad nacional, destruye la lucha de clases por la fuerza y subordina toda la vida social a los intereses del capital financiero y del aparato militar.

Desde esta perspectiva, las potencias imperialistas tienden históricamente hacia formas fascistas conforme se erosiona su base económica. El agotamiento de la expansión capitalista, la financiarización parasitaria, la pérdida de hegemonía internacional y la incapacidad de garantizar niveles de vida estables, obligan al Estado burgués a intensificar el control social y la represión. El deterioro económico genera polarización política y, a su vez, la polarización amenaza la estabilidad del sistema. Entonces el capital responde reforzando mecanismos autoritarios. Es por eso que el imperialismo se convierte en la antesala de la revolución socialista.

La transición hacia formas fascistas puede no reproducir exactamente los modelos clásicos de Italia o Alemania, pero conserva intacta su esencia de clase, la concentración extrema del poder ejecutivo, persecución de organizaciones revolucionarias, la propaganda nacionalista, la militarización ideológica, criminalización de la disidencia y subordinación total del aparato estatal a los intereses del capital monopolista.

Así, para los comunistas, el fascismo constituye la manifestación política de la decadencia histórica del imperialismo. No es una alternativa al capitalismo, sino su última línea de defensa cuando las contradicciones económicas hacen imposible gobernar mediante el consenso liberal. La lucha contra el fascismo no puede separarse, por tanto, de la lucha contra el imperialismo y contra el sistema capitalista que lo engendra.

Frente al avance del fascismo, reafirmamos la necesidad de la unidad de la clase obrera hacia la construcción de la dictadura del proletariado, la forma más radical de democracia, y que dinamitará la base económica capitalista que lo engendra. Como señaló Georgi Dimitrov, el fascismo no es una fuerza ajena al capitalismo, sino su expresión más reaccionaria y violenta cuando las élites pretenden aplastar la organización obrera y perpetuar su dominio. Por eso, hoy, el deber histórico de la clase obrera de nuestro país es fortalecer al PCOE, como la más elevada expresión de la solidaridad internacionalista y de la lucha consciente contra toda forma de explotación, racismo y odio reaccionario. Solo un partido comunista fuerte podrá derrotar al fascismo y abrir el camino hacia una sociedad verdaderamente justa, socialista y emancipada.

 

¡Muerte al fascismo!

¡Por el derrocamiento de la base económica asesina del capitalismo!

¡Antifascismo, solidaridad e internacionalismo!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Defender la educación pública es defender el futuro de la clase obrera [ESP/CAT]

La educación pública en Catalunya arrastra, desde hace años, los efectos de las políticas antiobreras impulsadas por los diferentes gobiernos de la Generalitat. Uno de los momentos cruciales fue el periodo de la crisis económica de las subprime, especialmente entre 2010 y 2014, cuando se aplicaron recortes que afectaron de forma directa a los recursos destinados a la enseñanza pública. Durante esos años, el presupuesto educativo se redujo de manera considerable y la inversión por alumno cayó de forma sostenida, deteriorando las condiciones materiales en las que se desarrolla el proceso educativo. Por todo esto los docentes llevan desde hace varios días en huelga, luchando y llegando a paralizar Barcelona.

Aunque algunos oportunistas señalan que en los últimos años los presupuestos han aumentado, esto no significa que el sistema educativo haya recuperado los niveles de financiación necesarios para garantizar una enseñanza pública de calidad. La inversión educativa sigue situándose por debajo de las necesidades reales de la clase obrera, las ratios continúan siendo elevadas, la red concertada mantiene una posición privilegiada gracias a la transferencia constante de recursos públicos hacia la educación privada – fundamentalmente en manos de la Iglesia Católica – y las sucesivas reformas curriculares han añadido nuevas contradicciones a un sistema ya profundamente perjudicado.

Desde una perspectiva materialista, la crisis en la educación pública no puede entenderse como un problema aislado ni como el resultado de errores técnicos de gestión. La Escuela forma parte de la superestructura social y está estrechamente vinculada a las necesidades de reproducción del modo de producción capitalista. Históricamente, la expansión de los sistemas públicos de enseñanza respondió a la necesidad de formar una fuerza de trabajo formada, disciplinada y capaz de responder a las exigencias de la producción industrial. Sin embargo, las transformaciones recientes del capitalismo están modificando estas necesidades. Con la creciente automatización de los procesos productivos y el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial, se ha reducido la necesidad de amplios sectores de trabajadores altamente cualificados. Mientras una minoría de especialistas concentra funciones técnicas y de dirección, una parte cada vez mayor de la clase obrera es empujada hacia empleos precarios, fragmentados y sometidos a una fuerte degradación de las condiciones laborales. En este contexto, el capital tiene cada vez menos interés en garantizar una formación amplia, crítica y universal para el conjunto de la población. Además, la no cualificación de los obreros reduce los salarios y aumenta por ahí la cuota de ganancia de los capitalistas que son dueños de los medios de producción.

Por ello, el deterioro de la educación pública no debe interpretarse únicamente como una consecuencia de las políticas de austeridad. Constituye también una expresión de las nuevas necesidades de la acumulación del capital. Una población con elevados niveles de formación crítica, capacidad de organización y acceso generalizado al conocimiento representa una potencial amenaza para un sistema basado en la explotación y la desigualdad. En cambio, una enseñanza pública empobrecida, orientada a competencias superficiales y subordinada a las demandas inmediatas del mercado favorece la reproducción del orden explotador existente. Las grandes empresas tecnológicas penetran en las aulas, los servicios educativos se externalizan, la investigación queda cada vez más subordinada a intereses empresariales y el conocimiento deja de concebirse como un bien común para convertirse en una mercancía sometida a la lógica del beneficio privado. El objetivo estratégico de este proceso es avanzar hacia la privatización progresiva del conocimiento. Del mismo modo que se privatizan servicios públicos esenciales, se pretende convertir el acceso al saber en un privilegio de clase. Las élites económicas continúan garantizando para sus hijos una formación de alto nivel en centros privados o de prestigio, mientras la escuela pública se ve empujada hacia una función cada vez más asistencial, destinada a gestionar las consecuencias sociales de la desigualdad sin cuestionar sus causas estructurales.

La contradicción resulta evidente. Mientras pedagogos como Vygotsky defendían que el desarrollo intelectual de las personas depende de las condiciones sociales y materiales en las que viven, las administraciones educativas pretenden aplicar discursos sobre inclusión, equidad y atención a la diversidad sin proporcionar los recursos necesarios para hacerlo posible. Se exige a docentes y centros que compensen desigualdades cuya raíz se encuentra en el propio funcionamiento del sistema capitalista. Por ello, la defensa de la educación pública no puede limitarse a la reivindicación de mayores presupuestos o mejores condiciones laborales, aunque ambas sean imprescindibles. Debe formar parte de una lucha más amplia contra la mercantilización de todos los ámbitos de la vida social. Por eso, la defensa de la educación está inseparablemente ligada a la lucha por superar las relaciones de producción capitalistas que generan explotación, desigualdad y alienación.

La degradación de la enseñanza, la mercantilización del conocimiento y la creciente subordinación de la educación a los intereses del capital son manifestaciones de una misma realidad, la contradicción entre las necesidades de la clase obrera, que somos la inmensa mayoría, y los intereses de una minoría parasitaria que posee y controla los medios de producción.

Por ello, la lucha por una educación verdaderamente pública, científica, gratuita y al servicio de la clase obrera está inseparablemente unida a la lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad. Solo una sociedad socialista, en la que los medios de producción estén bajo control colectivo y la economía se organice en función de las necesidades sociales y no del beneficio privado, puede garantizar que el conocimiento deje de ser una mercancía y se convierta en un patrimonio común accesible para todos.

Frente a quienes pretenden convertir la educación en un negocio, es necesario fortalecer la organización y la lucha de la clase obrera en todos los frentes. La juventud estudiantil, el profesorado y el conjunto de nuestra clase comparten un mismo interés objetivo, poner fin a un sistema que sacrifica el desarrollo humano en beneficio de la acumulación de capital. En esta tarea, el trabajo de los comunistas resulta fundamental.

El Comité Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC) se solidariza y apoya con la lucha de los docentes y les recuerda la necesidad de construir la unidad de la clase obrera y organizar la lucha contra todas las formas de explotación y dominación capitalista. La defensa de la educación pública forma parte de esa lucha general por la emancipación de la clase obrera y por la construcción de una sociedad socialista en la que la ciencia, la cultura y el conocimiento estén al servicio del pueblo y no de los monopolios. Porque la educación no debe servir para formar mano de obra dócil para las empresas, sino para desarrollar plenamente las capacidades humanas y contribuir a la construcción consciente de una sociedad sin explotadores ni explotados. Defender la educación pública es defender el futuro de la clase obrera. Defender el socialismo es defender las condiciones materiales que harán posible una educación verdaderamente universal, igualitaria y emancipadora.

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

Defensar l’educació pública és defensar el futur de la classe obrera

 

L’educació pública a Catalunya, des de fa anys, ha patit les conseqüències de les polítiques antiobreres implementades pels diferents governs de la Generalitat. Un dels moments clau va ser el període de la crisi econòmica de les hipoteques, especialment entre 2010 i 2014, quan es van aplicar retallades que van afectar directament els recursos destinats a l’ensenyament públic. Durant aquests anys, el pressupost educatiu es va reduir notablement i la inversió per alumne va disminuir de forma sostinguda, deteriorant les condicions materials en què es desenvolupa el procés educatiu. Per tot això, els docents han estat en vaga des de fa dies, lluitant i aconseguint paralitzar Barcelona.

 

Tot i que alguns oportunistes assenyalen que els pressupostos han augmentat en els últims anys, això no significa que el sistema educatiu hagi recuperat els nivells de finançament necessaris per garantir una educació pública de qualitat. La inversió educativa continua situant-se per sota de les necessitats reals de la classe obrera, les ràtios continuen sent elevades, la xarxa concertada manté una posició privilegiada gràcies a la transferència constant de recursos públics cap a l’educació privada – principalment en mans de l’Església Catòlica – i les reformes curriculars successives han afegit noves contradiccions a un sistema ja profundament perjudicat.

 

Des d’una perspectiva materialista, la crisi en l’educació pública no pot entendre’s com a un problema aïllat ni com a resultat d’errors tècnics de gestió. L’escola forma part de la infraestructura social i està estretament relacionada amb les necessitats de reproducció del mode de producció capitalista. Històricament, l’expansió dels sistemes públics d’ensenyament va respondre a la necessitat de formar una força de treball formada, disciplinada i capaç de respondre a les exigències de la producció industrial. No obstant això, les transformacions recents del capitalisme estan modificant aquestes necessitats. Amb l’augment de la automatització dels processos productius i el desenvolupament accelerat de la intel·ligència artificial, s’ha reduït la necessitat de grans sectors de treballadors amb alta qualificació. Mentre que una minoria d’especialistes concentra funcions tècniques i de direcció, una part cada vegada més gran de la classe obrera és empra cada vegada més en llocs precaris, fragmentats i sotmesos a una forta degradació de les condicions laborals. En aquest context, el capital té cada vegada menys interès en garantir una formació àmplia, crítica i universal per a tot la població. A més, la manca de qualificació dels treballadors redueix els salaris i augmenta així la quota de benefici dels capitalistes que són propietaris dels mitjans de producció.

 

Per tant, el deteriorament de l’educació pública no ha d’interpretar-se únicament com a conseqüència de les polítiques d’austeritat. Constitueix també una expressió de les noves necessitats de l’acumulació del capital. Una població amb nivells elevats de formació crítica, capacitat d’organització i accés generalitzat al coneixement representa una potencial amenaça per a un sistema basat en l’explotació i la desigualtat. En canvi, una educació pública empobrida, orientada a habilitats superficials i sotmesa a les demandes immediates del mercat, fomenta la reproducció de l’ordre explotador existent. Les grans empreses tecnològiques entren a les aules, els serveis educatius s’externalitzen, la investigació queda cada vegada més sotmesa a interessos empresarials i el coneixement deixa de ser un bé comú per convertir-se en un producte que està subjecte a la lògica del benefici privat. L’objectiu estratègic d’aquest procés és avançar cap a la privatització progressiva del coneixement. De la mateixa manera que es privatitzen serveis públics essencials, s’intenta convertir l’accés al saber en un privilegi de classe. Les elits econòmiques continuen garantint als seus fills una formació de nivell superior en centres privats o de prestigi, mentre que l’escola pública queda relegada a una funció cada vegada més assistencial, destinada a gestionar les conseqüències socials de la desigualtat sense qüestionar les seves causes estructurals.

 

La contradicció és evident. Mentre que pedagogs com Vygotsky defensaven que el desenvolupament intel·lectual de les persones depèn de les condicions socials i materials en què viuen, les administracions educatives intenten aplicar discursos sobre inclusió, equitat i atenció a la diversitat sense proporcionar els recursos necessaris per fer-ho possible. S’exigeix als docents i als centres que compensin les desigualtats que tenen la seva arrel en el mateix funcionament del sistema capitalista. Per tant, la defensa de la educació pública no pot limitar-se a la reivindicació de pressupostos més grans o millors condicions laborals, tot i que aquestes siguin imprescindibles. Ha de formar part d’una lluita més ampla contra la mercantilització de tots els àmbits de la vida social. Per tant, la defensa de l’educació està inseparablement lligada a la lluita per superar les relacions de producció capitalistes que generen explotació, desigualtat i alienació.

 

La degradació de l’ensenyament, la mercantilització del coneixement i la creixent subordinació de l’educació als interessos del capital són manifestacions d’una mateixa realitat, la contradicció entre les necessitats de la classe obrera, que som la majoria, i els interessos d’una minoria parasitària que posseïx i controla els mitjans de producció.

 

Per tant, la lluita per una educació veritablement pública, científica, gratuïta i al servei de la classe obrera està inseparablement unida a la lluita per la transformació revolucionària de la societat. Només una societat socialista, en la qual els mitjans de producció estiguin sota control col·lectiu i l’economia s’organitzi en funció de les necessitats socials i no del benefici privat, pot garantir que el coneixement deixi de ser una mercaderia i es converteixi en un patrimoni comú accessible per a tothom.

 

Front els qui pretensen convertir l’educació en un negoci, és necessari reforçar l’organització i la lluita de la classe obrera en tots els fronts. La joventut estudiantil, el professorat i tot el nostre grup compartim el mateix objectiu: posar fi a un sistema que sacrifica el desenvolupament humà en benefici de l’acumulació de capital. En aquesta tasca, el treball dels comunistes resulta fonamental.

 

El Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC) es solidaritza i dona suport a la lluita dels docents i els recorda la necessitat de construir la unitat de la classe obrera i organitzar la lluita contra totes les formes d’explotació i dominació capitalista. La defensa de l’educació pública forma part d’aquesta lluita general per l’emancipació de la classe obrera i per la construcció d’una societat socialista en la qual la ciència, la cultura i el coneixement estiguin al servei del poble i no dels monopolis. Perquè l’educació no ha de servir per formar força de treball obedient per a les empreses, sinó per desenvolupar plenament les capacitats humanes i contribuir a la construcció conscient d’una societat sense explotadors ni explotats. Defensar l’ educació pública és defensar el futur de la classe obrera. Defensar el socialisme és defensar les condicions materials que fan possible una educació veritablement universal, igualitària i emancipadora.

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)