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Asturias frente a la crisis imperialista

Asturias ha sido históricamente uno de los grandes bastiones industriales y obreros del Estado español. La minería, la siderurgia, la construcción naval y la industria metalúrgica no solo sostuvieron durante décadas la economía de la región, sino que dieron origen a una clase trabajadora con una fuerte tradición de organización y lucha. Desde la Revolución de Octubre de 1934 hasta las grandes huelgas mineras del siglo XX, la historia de Asturias está estrechamente ligada al movimiento obrero.

Sin embargo, tras décadas de reconversiones industriales, cierres de empresas, privatizaciones y deslocalizaciones, el panorama ha cambiado profundamente. La pérdida de miles de empleos en la minería, la reducción de plantillas en la siderurgia y la desaparición de buena parte del tejido industrial han transformado la estructura económica de Asturias. Aunque continúan existiendo empresas industriales estratégicas, el peso de la industria se ha reducido mientras aumenta la dependencia del sector servicios y del turismo, sectores que, en muchos casos, ofrecen empleos más precarios y con peores condiciones laborales.

Las cifras de desempleo han mejorado respecto a los peores años de la crisis de 2008, pero esa mejora no siempre se traduce en estabilidad. La temporalidad, la contratación parcial involuntaria, la externalización de servicios y los bajos salarios siguen siendo una realidad para miles de trabajadores. Muchos jóvenes, aun contando con estudios y cualificación, se ven obligados a aceptar empleos precarios o a emigrar a otras comunidades o al extranjero en busca de oportunidades. Asturias continúa perdiendo población y presenta uno de los mayores índices de envejecimiento de Europa, consecuencia directa de un modelo económico incapaz de ofrecer perspectivas de futuro a gran parte de su juventud.

A esta realidad se suma otro problema que crece de forma silenciosa: el deterioro de la salud mental de la clase trabajadora. El aumento de los trastornos de ansiedad, la depresión, el agotamiento emocional o el estrés laboral reflejan el impacto que tienen unas condiciones de trabajo marcadas, en muchos casos, por la incertidumbre, la intensificación de los ritmos de producción, la presión constante por mantener el empleo y las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. Cada vez son más frecuentes las bajas laborales relacionadas con problemas psicológicos, que afectan no solo a la salud de los trabajadores, sino también a sus familias y a su calidad de vida

El coste de la vida continúa aumentando. El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas para la clase trabajadora. Mientras existen miles de viviendas desocupadas, comprar o alquilar una vivienda resulta cada vez más difícil para muchas familias. En ciudades como Gijón y Oviedo, así como en buena parte del litoral asturiano, el incremento del precio de los alquileres y la expansión de las viviendas de uso turístico han reducido la oferta de alquiler residencial, dificultando aún más el acceso a una vivienda digna para trabajadores y jóvenes.

A ello se añade que siguen produciéndose desahucios por impago de alquileres o hipotecas. Aunque en los últimos años se han aprobado diversas medidas de protección social, muchas familias continúan enfrentándose a situaciones de vulnerabilidad residencial. La vivienda, un derecho reconocido constitucionalmente, sigue funcionando como un activo económico sujeto a la lógica del beneficio.

La sanidad pública asturiana, también atraviesa dificultades. Las listas de espera, la falta de profesionales en determinadas especialidades, el cierre temporal de consultorios o las dificultades para cubrir plazas en algunas zonas rurales generan un creciente malestar entre la población. Paralelamente, la expansión de la sanidad privada y proyectos como el nuevo hospital de Quirón en Gijón reflejan un aumento del peso del negocio sanitario privado. Esta tendencia favorece una progresiva transferencia de recursos y pacientes hacia empresas privadas en detrimento del fortalecimiento de la sanidad pública.

A todo ello se suma el deterioro de otros servicios públicos. La educación enfrenta problemas de despoblación escolar en muchas comarcas, mientras el transporte público y otros servicios esenciales sufren dificultades especialmente en el medio rural. Las cuencas mineras y numerosos concejos del occidente y del interior continúan perdiendo población.

Este contexto de incertidumbre económica y social favorece también el crecimiento de posiciones reaccionarias y surgen discursos que canalizan ese descontento hacia explicaciones simplistas o hacia la búsqueda de culpables distintos de las causas reales.Es cuando surge el nacionalismo más exacerbado, que hoy se enquista en los barrios obreros. Este fenómeno debe analizarse atendiendo a las condiciones materiales que lo hacen posible y a las contradicciones propias del desarrollo del capitalismo.

Otro problema que afecta al movimiento obrero es su fragmentación. Asturias cuenta con una larga tradición sindical y asociativa, pero también con una gran diversidad de organizaciones, plataformas y colectivos que, en numerosas ocasiones, actúan de forma separada. Las diferencias estratégicas, ideológicas o organizativas pueden dificultar la construcción de respuestas comunes frente a problemas compartidos como la precariedad o la pérdida de empleo.

La unidad de la clase trabajadora constituye un elemento central para aumentar su capacidad de organización y de intervención. Para derribar este orden socioeconómico se debe también mantener una lucha sin tregua contra el oportunismo ya que es quien allana el camino a la reacción y perpetúa la supervivencia de este sistema. La lucha contra el imperialismo es inútil si no se lucha contra el oportunismo. Esta reflexión continúa siendo una cuestión fundamental dentro de toda organización obrera.

Asturias posee una enorme experiencia histórica de lucha. Esa memoria forma parte de su identidad colectiva. Sin embargo, los desafíos actuales exigen de nuevo las formas clásicas de organización que dieron triunfos a la clase obrera, formas capaces de responder a una economía cada vez más concentrada, donde los grandes grupos empresariales y financieros tienen una influencia creciente sobre la producción, la vivienda, la energía y los servicios esenciales.

El futuro de Asturias dependerá de su capacidad para organizarse en la lucha contra el capital y preparar la revolución. Estos objetivos requieren una clase trabajadora organizada en un solo partido, consciente de sus intereses comunes y capaz de construir respuestas colectivas frente a los problemas económicos y sociales que afectan a la mayoría de la población. Solo mediante la unidad, la solidaridad y la organización podrá recuperarse el protagonismo histórico que la clase obrera asturiana ha demostrado en algunos de los momentos más importantes de la historia del movimiento obrero.

 

 

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Socialismo o barbarie

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