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La impagable deuda de Estados Unidos

El capitalismo estadounidense se encuentra ante una contradicción cada vez más difícil de ocultar, su completa bancarrota. La potencia económica y militar más poderosa y asesina del planeta, sostiene su posición sobre una montaña de deuda que ya ha superado los 40 billones de dólares. El 19 de agosto de 2026 la deuda pública federal estadounidense alcanzó los 40,05 billones de dólares, más del doble que en 2017. No estamos ante una cifra abstracta. El coste de los intereses de esa deuda ya supera el billón de dólares anual, es decir, 3000 miles de millones de dólares cada día. Esta dinámica revela una contradicción fundamental, que una economía que necesita endeudarse continuamente para sostener su aparato estatal, militar, político y financiero termina por destinar una parte creciente de sus recursos simplemente a remunerar al capital acreedor.

La cuestión no consiste en afirmar mecánicamente que una deuda elevada provoca el colapso inmediato del capitalismo. El capitalismo puede refinanciar deuda, emitir nueva deuda y trasladar sus contradicciones hacia el futuro, esto es, aplazar lo inaplazable, por eso no caerá por su propio peso, habrá que tirarlo. El capitalismo es un sistema quebrado e insostenible cuyo principal síntoma, el crecimiento de la deuda, expresa una contradicción estructural entre la capacidad de acumulación del sistema y las necesidades crecientes de reproducción del poder económico, político y militar de la clase dominante.

Cuando la producción de valor y los ingresos fiscales no bastan para sostener las obligaciones acumuladas, el capital busca nuevos espacios de valorización y nuevas fuentes de apropiación. Históricamente, el imperialismo ha desempeñado precisamente a rajatabla las funciones que describió Lenin en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917), exportación de capital, control de materias primas, dominio de mercados, subordinación de países periféricos y utilización de la fuerza militar cuando los mecanismos económicos resultan insuficientes y no les salen las cuentas.

Por eso resulta significativo observar el creciente discurso expansionista de Washington. Groenlandia, Venezuela e Irán no son fenómenos idénticos ni pueden reducirse a una única explicación económica, pero forman parte de un contexto en el que Estados Unidos está reforzando una política de presión y proyección de poder sobre territorios y recursos estratégicos. Las amenazas estadounidenses respecto a Groenlandia y las tensiones en torno a Venezuela han sido señaladas como elementos de una política expansionista, mientras que la guerra con Irán ha incorporado además la disputa por espacios estratégicos con los BRICs, especialmente con China, vinculados al petróleo y al transporte energético y de mercancías.

La lógica imperialista aparece entonces con toda su crudeza. Cuando el capital necesita nuevos mercados, recursos, rutas comerciales y posiciones estratégicas, el planeta entero se convierte en objeto de competencia entre potencias. El territorio deja de ser únicamente territorio y se transforma en petróleo, minerales, rutas marítimas, bases militares, corredores comerciales y zonas de influencia.

Los comunistas afirmamos que la deuda y el expansionismo estadounidense son manifestaciones distintas de una misma contradicción del capitalismo monopolista e imperialista al que no le queda otra que el expolio a sangre y fuego. El sistema necesita crecer continuamente, pero opera sobre un planeta finito y sobre una distribución mundial de recursos que ya está ocupada. Cuando las posibilidades de expansión económica chocan con sus propios límites, aumenta la lucha por el reparto del mundo. Y ahí reside la verdadera cuestión. El capitalismo no resuelve sus contradicciones, las desplaza y las aplaza. La burguesía desplaza la deuda hacia el futuro y la explotación se desplaza hacia la clase obrera. A nivel internacional la crisis se desplaza hacia otros países, las consecuencias de la guerra se desplazan hacia las poblaciones civiles y la búsqueda de rentabilidad se desplaza hacia nuevos territorios y recursos, por eso el capitalismo, en su fase putrefacta y última, tan solo puede ofrecer guerra, expolio y muerte para la clase obrera.

Los 40 billones de dólares de deuda estadounidense son, en este sentido, algo más que un problema contable. Son el síntoma de un sistema que necesita mantener una acumulación permanente aun cuando las condiciones para sostenerla son cada vez más contradictorias. Cuando en un sistema hay dos clases con intereses enfrentados, todo lo que es bueno para una es fatal para la otra. En este escenario, las clases obreras de los distintos países somos los que sufrimos las consecuencias de su avaricia, mientras las distintas burguesías nos generan una violencia desproporcionada para continuar un poquito más con su apropiación privada. Por eso, la verdadera paz solo puede llegar mediante la revolución socialista que termine con el despilfarro y el expolio para una minoría y cree las condiciones materiales de la clase obrera para la emancipación de su yugo hacia la confraternidad de los obreros de todos los países contra los parásitos capitalistas. El aumento de la deuda pública no es más que un termómetro del grado de explotación aplicado unilateralmente. La clase obrera en Estados Unidos, por poner algunos ejemplos, está siendo agredida militarmente por el ICE, soporta una inflación desbocada, carece de servicios médicos y de los servicios públicos más esenciales. Desde el PCOE nos solidarizamos con ella y mandamos el mensaje de que la única solución es la creación y fortalecimiento de un Partido Comunista internacional, tarea en la que está inmerso el PCOE. El tiempo corre en contra de nuestros hermanos de clase, por lo que te llamamos a unirte a nuestras filas en esta tarea ingente y necesaria.

 

¡Su deuda es nuestra muerte!

¡Trabajadores de todos los países, uníos!

¡Por la bancarrota del capitalismo, milita en el PCOE!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)