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El Socialismo es el único camino frente a la barbarie imperialista

Pocas cosas asustan más a los imperialistas y a sus lacayos que la posibilidad de un mundo en paz. Hoy, los oportunistas de todo tipo salen al paso en defensa de la OTAN y sus intereses en Ucrania, echándose las manos a la cabeza ante la invasión rusa cuando estos mismos oportunistas llevan ocho años de absoluto silencio con respecto al golpe de Estado de Maidán – apoyado y financiado por el imperialismo estadounidense y europeo – la sangrienta guerra civil contra las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, y la existencia de fuerzas de choque abiertamente neonazis que integran la estructura fascista del Estado y del ejército ucraniano.

Estos oportunistas mienten descaradamente al proletariado cuando claman contra la guerra, como si esta fuera una anomalía dentro de nuestra sociedad “democrática”, cuando la realidad nos muestra que la guerra no es un fenómeno independiente del modo de producción capitalista, sino la continuación de la acumulación y concentración de capital por otros medios, fruto de las ansias imperialistas por establecer un nuevo reparto de un mundo ya repartido.

Como demostró Volodymyr Zelensky cuando firmó una declaración de guerra contra Rusia el pasado 24 de marzo y Vladimir Putin con sus recientes declaraciones, nadie espera una salida pacífica al conflicto, sino que el único objetivo es dominar el territorio de Crimea y el Mar Negro por medio de la fuerza militar. Los importantes recursos petrolíferos y gasísticos existentes en la cuenca del Mar Negro llaman peligrosamente la atención de los Estados imperialistas y de los monopolios, puesto que uno de los aspectos que determinan la crisis global del imperialismo es el hecho de que su economía se sustenta fuertemente en la explotación de combustibles fósiles. Y es por ello por lo que la OTAN se ha preparado para el estallido de la guerra.

Durante los últimos años, las potencias imperialistas de la OTAN han llevado a cabo una intensa carrera de rearme armamentístico, de sofisticación y de mejora de sus engranajes y fuerzas militares – hablamos de alianzas como AUKUS, proyectos militares como Future soldier y Ranger, o los acuerdos comerciales y militares entre Marruecos y la bestia sionista – que evidencian el entrelazamiento entre los Estados capitalistas y los monopolios donde la sofisticación de armamentos se realiza a través de empresas privadas, por lo que todo el potencial económico, científico-técnico, material y militar-industrial se encuentra a disposición de los monopolios y la carrera armamentística se transforma en una vía de redistribución del presupuesto en favor de la oligarquía. Tampoco podemos olvidar las maniobras navales de Sea Breeze – en el Mar Negro –, las maniobras Defender-Europe 21 – en la zona de los Balcanes y el Mar Negro – y las Steadfast Defender 2021 – repartidas en la zona del Atlántico, Alemania y Rumanía con entrada, nuevamente, en el Mar Negro – que demostraban el conocimiento de los imperialistas acerca de las posibilidades de un nuevo estadio en guerra.

Por su parte, los recientes acontecimientos son la expresión de la culminación de la actividad de los oligarcas rusos en Donbass, los cuales se aprovechan de la necesidad de auxilio de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk para adueñarse de una zona rica en recursos materiales legitimándose con discursos vacíos e hipócritas sobre el pacifismo y antifascismo.  Por tanto, el conflicto interimperialista entre la OTAN y Rusia ha tenido en Ucrania y la zona del Mar Negro su caldo de cultivo perfecto para que la barbarie del imperialismo se exprese de la forma más violenta y directa.

El imperialismo es la guerra, el imperialismo es la putrefacción y el parasitismo superlativo. Mientras las oligarquías dirimen sus disputas por el saqueo del mundo, esta vez en territorio de la antigua Unión Soviética, mediante la guerra la clase obrera pondrá los muertos sobre los que se cimenta el enriquecimiento de los oligarcas, ya sean de la OTAN o de Rusia. Sin duda el proletariado de todas las partes del mundo debemos renegar de un conflicto armado entre Estados imperialistas, luchar enérgicamente contra la Burguesía y entender que estas escaladas bélicas son consecuencia del desarrollo de las contradicciones dentro del capitalismo a nivel mundial. Contradicciones que rápidamente las alimañas burguesas no dudan en aprovechar, también en clave interna, como por ejemplo en el Estado español, donde la CEOE rauda y veloz ha puesto encima de la mesa un pacto de Estado para “salvar la economía ante la guerra de Ucrania” que se traduce en más dinero público para los empresarios, que en el caso de la CEOE se traduce en 20.000 millones de euros adicionales que los empresarios pretenden obtener del Estado a costa de que los paguen los trabajadores.

La contradicción fundamental que atraviesa hoy día el sistema capitalista es la contradicción entre el imperialismo y el socialismo, donde el enorme incremento del gasto militar se relaciona, de forma indudable, con el peligro a la agudización de la lucha de clases en los propios países capitalistas. Es por ello por lo que los comunistas debemos dar un golpe sobre la mesa en estos momentos de importancia histórica, depurando del movimiento todo elemento oportunista, reformista, socialpatriota o socialpacifista, y reivindicando la dictadura del proletariado como la única alternativa posible frente a la dictadura de la burguesía, anteponiendo para ello la lucha revolucionaria, la construcción de órganos de poder popular para la confrontación contra el Estado burgués y la alianza internacional de los obreros de todos los países para acabar con la barbarie imperialista y las guerras que genera.

 

¡PAZ ENTRE PUEBLOS, GUERRA ENTRE CLASES!

¡POR LA TRANSFORMACIÓN DE LA GUERRA IMPERIALISTA EN GUERRA REVOLUCIONARIA POR EL SOCIALISMO!

Madrid, 24 de febrero de 2022

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)