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Un primero de mayo de división de la clase obrera

El día 1 de mayo de cada año, en todos los países del mundo, el movimiento obrero se reúne para reafirmar sus derechos laborales y políticos. Esta fecha se ha convertido en una jornada de reafirmación de los intereses históricos de la clase obrera.

El Primero de Mayo los trabajadores del mundo recordamos y analizamos las enseñanzas que nos legaron los mártires de Chicago y los trabajadores organizados que llevaron a cabo una huelga que comenzó el 1 de mayo de 1886 y que paralizó más de cinco mil fábricas y donde 340.000 obreros salieron a las calles y plazas a manifestar su exigencia. Una lucha que duró 3 días para conseguir la jornada de 8 horas y que costó la vida de 5 dirigentes asesinados en la horca por reivindicar los derechos de la clase obrera.

En Madrid, este año, sin embargo, encontramos un Primero de Mayo de absoluta división donde del sindicalismo de clase y combativo se ha fraccionado al punto de encontrar hasta 3 convocatorias de distintas siglas, federaciones desfederadas de sindicatos y otros que caminan en soledad y sin dirección, dejando a la clase obrera en la penumbra y sin referentes en el campo sindical.

Un Primero de Mayo que es el espejo de cómo se encuentra hoy la clase obrera, desnortada y dividida, débil y desorganizada con dirigentes que anteponen intereses particulares a los de la clase y que son incapaces de marcar un camino claro de confrontación con la burguesía en un contexto en el que ésta arrecia sus ataques contra los trabajadores de todo el mundo.

El  Partido Comunista Obrero Español lamenta esta situación que revela la debilidad actual del movimiento obrero en el Estado español y hace un llamamiento a los dirigentes sindicales y obreros de la capital y de todo el estado a trabajar por la unidad de la clase obrera, dejando a un lado la mentalidad de “chiringuito” y la desunión por intereses personales en el movimiento sindical para trabajar codo con codo con todos aquellos que deseen la emancipación de la clase obrera para la creación de una central sindical única de clase y combativa que plante cara a la burguesía y a sus sindicatos amarillos y traidores, aglutinando a los trabajadores más conscientes y revolucionarios por la superación de este sistema capitalista explotador y criminal que nos aboca a la guerra y a la muerte.

 

¡Por la unidad del sindicalismo de clase y combativo!

¡Socialismo o barbarie!

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español en Madrid




Por la salida de la OTAN y la UE

El Estado español se encuentra en una encrucijada histórica en la que las decisiones económicas y geopolíticas no pueden seguir subordinadas a intereses ajenos a la mayoría social. La pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea no ha significado soberanía ni bienestar real para la clase obrera, sino una progresiva pérdida de control político, económico y militar. Como nos muestra la agresión a Irán por parte de los monopolios norteamericanos y su ventrílocuo, el gorila rubio llamado Donald Trump, la OTAN no es ninguna alianza defensiva. La participación del Estado español en la alianza implica cargar una mochila de problemas que no le corresponden, como guerras en las que se defienden los intereses de los monopolios norteamericanos y en las que el Estado español actúa como mero limpiabotas o destinar ingentes cantidades de recursos públicos para el rearme para perpetuar guerras y rutinas de dominación global. En esta tesitura, salir de la OTAN no es solo una cuestión de política exterior, sino una condición necesaria para recuperar una política de paz, independencia y cooperación internacional basada en la solidaridad entre pueblos.

En el otro extremo tenemos a la Unión Europea, un bloque imperialista en franca decadencia que sirve de escudero a los designios del imperialismo norteamericano y que ha creado un marco económico donde los estados miembros ven coartadas su capacidad para desarrollar políticas propias, donde la subordinación al capital financiero ha debilitado y subordinado a los servicios públicos para precarizar todavía más las condiciones de vida de la clase obrera. La OTAN y la UE no son proyectos neutrales, sino una estructura al servicio de las grandes corporaciones y del capital transnacional. Por eso, romper con este marco permitirá avanzar hacia un modelo económico planificado, centrado en las necesidades sociales y no en el beneficio privado.

En este contexto, los estados miembros de la OTAN han firmado un documento en el que se comprometen a aumentar hasta el 5% del PIB para 2035 el gasto militar, lo que significa la total sumisión del bienestar social de la clase obrera hacia la militarización y la definitiva asfixia de los servicios públicos que capitalizarán dicho rearme. El imperialismo norteamericano y sus esbirros se encuentran en un franco declive, por ello no tienen otro camino para sobrevivir que la militarización de la economía y el fascismo para reprimir sin piedad a la clase obrera. El III Pleno del Comité Central del PCOE, de 12 de julio de 2025, ya planteaba la necesidad de salir de la OTAN y la UE como objetivo inmediato de la clase obrera. La salida de la OTAN y de la UE representa un paso decisivo hacia la recuperación de la soberanía popular y el control democrático de nuestros recursos, liberándonos de estructuras que priorizan los intereses del capital y la confrontación militar sobre las necesidades de la clase obrera. A este objetivo sólo se puede llegar mediante la organización de la clase obrera, guiada por un partido disciplinado y centralizado, que la dirija hacia la construcción del Socialismo para que la emancipe de la violencia y el expolio imperialista. Ese Partido en el Estado español se llama PCOE y te llama a unirte a sus filas para combatir las estructuras imperialistas.

 

¡Por la salida inmediata de la UE y la OTAN!

¡Por el combate al imperialismo!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La Internacional Comunista

El desarrollo del capitalismo lo lleva a internacionalizarse, creando bloques que pelean por un nuevo reparto del mundo mediante la conquista de nuevos territorios y materias primas. Por eso, la historia del capitalismo es inseparable de la fase superior que hemos descrito, la imperialista. En su recorrido, el imperialismo se expande, somete a otras economías, saquea sus recursos y castiga a pueblos enteros para sostener la acumulación de unos pocos. El imperialismo es un sistema globalizado de dominación y de nada sirve una resistencia fragmentada. Por lo tanto, no se puede responder aisladamente a un enemigo común que actúa coordinado a escala mundial.

En este escenario, la necesidad de una Internacional Comunista no es una consigna abstracta sino la exigencia política del momento actual, estimulada, además, por la fase terminal y putrefacta en la que se halla el capitalismo, la fase imperialista que hemos descrito. Por todo lo que queda expuesto, es obvio que cuando la clase obrera internacional logre articular a nivel internacional la respuesta contra la violencia y el expolio del imperialismo será capaz de enfrentarlo en sus tres frentes, económico, político y militar, convirtiendo la solidaridad entre los pueblos en una estrategia revolucionaria.

Pasemos a ver su proceso de lucha. La Internacional Comunista nos va a permitir dar una respuesta global a la violencia imperialista que funciona a nivel global. La Internacional Comunista va a permitir unificar objetivos, compartir experiencias y evitar el aislamiento, que es la victoria del imperialismo. Además, servirá de herramienta para coordinar huelgas, elevación a nivel internacional de la conciencia de clase del proletariado internacional y de procesos de resistencia y desarrollo revolucionario de dichos procesos. Vencer al imperialismo exige organización, claridad ideológica y, sobre todo, unidad internacional. Sin ella, la resistencia seguirá siendo dispersa; con ella, se abre la posibilidad real de construir un mundo libre de explotación.

Pero esta Internacional Comunista no nos va a caer del cielo, habrá que conquistarla. Desde el PCOE, a través de su Comité de Relaciones Internacionales y de la actividad de su Comité Central, trabaja infatigablemente para la creación de la misma. Mediante la formación política, la organización de base y la solidaridad internacionalista, se sientan las bases para un frente común capaz de enfrentar al capital global y abrir paso a una sociedad sin explotación, donde el poder esté en manos de quienes producen la riqueza. El Partido, arraigado en la lucha cotidiana de la clase obrera, avanza con firmeza en la construcción de la Internacional Comunista, tejiendo la unidad entre pueblos y organizaciones revolucionarias más allá de fronteras. Por eso, te llama a unirte a sus filas y trabajar hacia la revolución mundial.

¡Proletarios del mundo, uníos!

¡Una sola lucha, una sola clase, una Internacional!

¡Internacionalismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Las trabas del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo

En la sociedad capitalista, las fuerzas productivas —el conjunto de medios, herramientas y capacidades humanas para producir— tienden a desarrollarse más rápido que las relaciones de producción existentes. Esta divergencia se produce porque el trabajo social, resultado de la colaboración colectiva, se encuentra bajo la apropiación privada y los medios de producción son propiedad de unos pocos. Como consecuencia, la sociedad experimenta contradicciones como son un aumento de la capacidad productiva y, a la vez, su distribución sigue limitada por relaciones de propiedad que impiden aprovechar plenamente ese potencial. Esta tensión entre el desarrollo técnico y la organización social genera crisis económicas periódicas y desigualdades crecientes, mostrando que el sistema capitalista se vuelve un obstáculo para el progreso de la humanidad. Llegados a este punto, se ve con una claridad meridiana que únicamente la revolución socialista puede revertir la situación mediante la socialización de los medios de producción y el fin de la apropiación privada del trabajo social, orientando la riqueza hacia el beneficio colectivo y no hacia la acumulación privada de unos pocos. Así, la revolución socialista no solo es una transformación económica, sino también una vía para armonizar las fuerzas productivas con las relaciones de producción social que las sostienen.

Vamos a analizar ahora por qué ocurren estas contradicciones profundas. Por un lado, la capacidad productiva aumenta, la tecnología avanza, la producción está militarizada y automatizada y la eficiencia se incrementa. Por otro lado, la distribución de los bienes producidos continúa limitada por estructuras de propiedad que no permiten aprovechar plenamente el potencial generado. Esta tensión entre desarrollo técnico y organización social se manifiesta en crisis económicas periódicas, desempleo estructural y desigualdades crecientes, evidenciando que el capitalismo se convierte en el peor lastre para el progreso general de la clase obrera que es la humanidad entera.

Por esta vía, los comunistas demostramos que la única forma de superar esta contradicción consiste en transformar radicalmente las estructuras de propiedad, lo que redunda en que la producción no estará subordinada a la acumulación privada de unos pocos, sino orientada al bienestar común. Así, la revolución socialista no se concibe únicamente como un cambio económico, sino como una reconfiguración integral de la sociedad, destinada a armonizar las fuerzas productivas con las relaciones de producción sociales que las sostienen y garantizar que los frutos del trabajo colectivo beneficien a toda la comunidad de productores liberados del yugo capitalista.

En definitiva, los comunistas aspiramos a una sociedad donde el desarrollo técnico y científico deje de estar limitado por intereses particulares, permitiendo que el progreso material se traduzca en avances sociales, justicia económica y mayor equidad entre todos los miembros de la sociedad. Esto no nos va a caer del cielo, tenemos que lograrlo mediante la lucha más radical contra el capital y su acumulación privada. Esto pasa por un partido comunista centralizado y disciplinado que sea la vanguardia de la clase obrera en su lucha por demoler la explotación y que en el estado español se llama PCOE. Desde el Partido integramos todas las luchas parciales bajo las siglas del FUP (Frente Único del Pueblo) para dar fuerza y dirección a la tarea de la emancipación de la clase obrera de las garras de la explotación capitalista y te llamamos a unirte a nuestras filas.

 

¡Por la emancipación de la clase obrera!

¡Por el fin de la explotación capitalista!

¡Por la revolución socialista!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Acero asturiano para la maquinaria de guerra imperialista

La multinacional ArcelorMittal, según informa la prensa burguesa, suministrará acero para la construcción de nuevos buques de la Armada española. La compañía siderúrgica suministrará la chapa de acero gruesa necesaria para la construcción de los dos nuevos buques de la Armada, que llevará a cabo Navantia en el astillero de Puerto Real, en la Bahía de Cádiz, por 716 millones de euros. ArcelorMittal fabrica la chapa especial para el sector naval en el tren de chapa gruesa de Gijón, que se alimenta de acero fundido producido en la acería de Avilés.

Una vez más, este es el papel que juega el Estado español dentro del engranaje militar del imperialismo, encabezado por la OTAN. Mientras se destinan miles de millones de euros al rearme, la clase obrera continúa enfrentando precariedad, conflictos laborales y un deterioro constante de sus condiciones de vida. Este contrato, ligado a la construcción naval en Cádiz, no es una simple “oportunidad industrial”, como pretenden vender los medios del sistema.

Se inscribe en una estrategia más amplia de fortalecimiento del aparato militar de la OTAN, en el marco de la creciente rivalidad interimperialista por el control de mercados, recursos y áreas de influencia. Nos hablan de “defensa” y “seguridad”, pero la realidad es que estos buques no están destinados a proteger a la clase trabajadora, sino a garantizar los intereses de los monopolios españoles y europeos en el exterior, participando en operaciones militares, misiones de control y despliegues en escenarios que nada tienen que ver con las necesidades del pueblo.

En este contexto, el papel de grandes monopolios como ArcelorMittal es claro: poner la producción industrial al servicio del beneficio y de la guerra. En Asturias, la clase obrera conoce bien el verdadero rostro de esta multinacional. Lejos de los discursos triunfalistas, los trabajadores llevan años sufriendo un conflicto permanente: ajustes, incertidumbre, parones productivos como el del horno alto B y una política empresarial basada en maximizar beneficios a costa de la plantilla y las auxiliares.

Al mismo tiempo, en Cádiz, los trabajadores del metal han protagonizado importantes luchas contra la precariedad, la represión y prácticas como las listas negras. La imagen reciente de dos trabajadores subidos a una grúa denunciando esta situación refleja la crudeza de las condiciones laborales en un sector clave para esta misma industria militar que ahora se pretende reforzar.

Se revela así una contradicción fundamental del capitalismo en su fase imperialista: mientras se niegan recursos para garantizar derechos básicos – sanidad, vivienda, empleo digno-, se movilizan enormes cantidades de dinero público para alimentar la maquinaria de guerra de la OTAN. Acero asturiano y trabajo gaditano al servicio de intereses ajenos a la clase obrera, en guerras que no son las nuestras.

El Estado español actúa aquí como lo que es: un eslabón dentro de la cadena imperialista, subordinado a las estrategias de la OTAN y comprometido con el aumento del gasto militar exigido por esta alianza. Lejos de cualquier neutralidad, participa activamente en la escalada belicista que recorre el mundo.

Frente a esta situación, la tarea de la clase obrera es desenmascarar el carácter imperialista de estas políticas y oponerse al desvío de recursos hacia el militarismo. La lucha de los trabajadores del metal tanto en Asturias como en Cádiz son expresiones de una misma contradicción entre capital y trabajo.

Solo mediante la organización y la unidad de la clase obrera se podrá avanzar hacia una ruptura con esta lógica, poniendo la industria bajo control de los trabajadores y orientándola a satisfacer necesidades sociales, no a alimentar guerras imperialistas.

 

¡Socialismo o barbarie!

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




La carta anual del CEO de Blackrock muestra que la salida del imperialismo es morir matando y robando

El pasado 3 de marzo el CEO de Blackrock, Larry Fink, escribió su misiva anual a los inversores, sintetizando las conversaciones con sus contactos, con los grandes capitalistas, señalando lo siguiente: “Últimamente, sin importar quién hable, todos dicen lo mismo:  no sabemos cómo afrontar este momento” dejando bien patente que los imperialistas no saben como salir de la situación terminal en la que se halla el imperialismo, describiendo lo que éste está ofertando a la humanidad. “Estamos viviendo un período en el que cosas que habrían definido una década se han convertido en rutina: guerras con repercusiones globales, empresas multimillonarias, una reorganización fundamental del comercio internacional y la llegada de la tecnología más importante”.

El CEO de Blackrock señala que “En las últimas dos décadas, cada dólar invertido en el S&P 500 se multiplicó por más de ocho (…) la gran mayoría de la riqueza ha ido a parar a manos de quienes poseían activos, no a quienes ganaban la mayor parte de su dinero trabajando. Desde 1989, el valor de un dólar en la bolsa estadounidense ha aumentado más de 15 veces con respecto al valor de un dólar vinculado al salario medio”, constatando la putrefacción del imperialismo norteamericano y, a la par, mostrando como la especulación avanza inexorablemente en contraposición con los salarios reales que en los EEUU llevan estancados desde hace más de seis décadas haciendo que el pueblo norteamericano viva cada día de manera más mísera aumentando la pobreza.

En su radiografía de la realidad de la base económica que él defiende, muestra destellos de la putrefacción, y de la avidez, de su clase social, retratándola de la siguiente manera: “Con demasiada frecuencia, esto se interpreta desde una perspectiva cortoplacista(…) A veces, puede parecer que la información se alimenta de la dopamina, donde el estímulo constante recompensa los impulsos a corto plazo. Pero la velocidad puede distorsionar la perspectiva, dejando de lado el pensamiento a largo plazo”. Un capitalismo putrefacto – cortoplacismo, según Fink – que se impone al capitalismo productivo – lo que denomina inversión a largo plazo – como advierte cuando afirma que “es la inversión a largo plazo la que permite a los países desarrollar industrias nacionales y a las personas generar riqueza duradera”.

Una voracidad imperialista que ha generado un mundo terriblemente desigual, con un grado de concentración de la riqueza en unas pocas manos y de socialización mundial de la pobreza, reconociendo que este desequilibrio será aún mayor como consecuencia del desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).

En la carta, como no puede ser de otro modo, Fink incurre en contradicciones. Por un lado, reconoce que “El antiguo modelo del capitalismo global se está desmoronando”, consecuencia del desarrollo tecnológico y de la inteligencia artificial debido a la pugna interimperialista por la hegemonía mundial y, sin embargo, deposita su confianza en el sistema, o fe, amparándose en su experiencia y en la historia de sus padres en la década de los 60s y los 70s del siglo pasado. Por ello, el CEO de Blackrock ve una solución en la inversión en los mercados a largo plazo por parte de la población, para que se puedan desarrollar las naciones y, con ellas, las personas, apelando a la falacia de que “los mercados tienden a recompensar a quienes mantienen sus inversiones en tiempos de incertidumbre”. El mercado, o sea la oligarquía financiera de la que Fink es un representante destacado, lo que hace es enriquecer más a los monopolios por la vía del robo, constituyendo una estafa por la que se desarrolla una transferencia de riqueza hacia dichos grandes monopolios. De hecho, la orgía de especulación, propia del capitalismo putrefacto, durante todas estas décadas lo que ha hecho es concentrar la riqueza en cada vez menos manos, exacerbando la desigualdad e incrementando la pobreza. Los hechos certifican todo lo contrario de lo que la fe del CEO de Blackrock manifiesta.

Lo que sí tiene claro Fink es que, en 2030, Blackrock aspira a ingresar más de 35.000 millones de dólares y también tiene claro que, para ello, debe sacarle más dinero a la clase proletaria de todos los países de la Tierra. En la carta de Fink se detalla la estrategia del fondo de inversión para apropiarse del dinero del pueblo.

En primer lugar apela al desarrollo nacional, hablando de la necesidad de la autosuficiencia nacional – en tecnología, energía y armamento – indicando que es a través del ciudadano, materializando inversiones financieras y llevando el escaso ahorro que pueda disponer a los fondos de inversión, cómo no sólo se desarrolla la nación sino, también, en ese enriquecimiento nacional se enriquece el ciudadano. Apela a la inversión en los mercados financieros para el desarrollo nacional cuando la praxis de Blackrock es todo lo contrario, gestiona 14 billones de dólares en los mercados financieros internacionales con el único objetivo no de desarrollar nación alguna, sino la de engordar sus bolsillos. De hecho, el Informe Albanese señala que Blackrock ha sido uno de los grandes monopolios que ha invertido, o financiado, en el genocidio israelí contra Palestina, es el segundo mayor inversor en la empresa Palantir – empresa participante en el genocidio perpetrado por el sionismo y que contribuye a la represión que ejerce el imperialismo norteamericano alrededor del mundo (empezando por EEUU y terminando por Irán) – en definitiva, Blackrock, como se comprueba, se está forrando con la militarización de la economía, con los genocidios, con las guerras de carroña, sin que las naciones donde invierten tengan beneficio alguno. De hecho en el Estado español, Blackrock tiene invertido, en 2026, más de 90.000 millones de euros, estando presente en Naturgy, Telefónica, AENA, Repsol, Iberdrola, Endesa, Banco de Santander, BBVA, Banco de Sabadell, Caixabank, Enaire o IAG (matriz de Iberia), entre otras empresas; por no hablar que dicho monopolio financiero es uno de los mayores tenedores de suelo y de viviendas, consecuentemente, uno de los responsables de la especulación inmobiliaria en el Estado español. La realidad retrata a estos oligarcas financieros que están desangrando a la humanidad para enriquecerse a costa de la sangre y las vidas de los seres humanos, pues la oligarquía financiera no tiene más patria que su bolsillo y, para ellos, la explotación y el sometimiento como formulaciones para enriquecerse tienen ámbito mundial mas el imperialismo es internacional.

Como vehículo para que los ciudadanos puedan operar en el mercado financiero, y transferir dinero hacia dichos fondos de inversión, Fink apuesta por el teléfono móvil dotado de IA (tokenización) señalándolo de la siguiente forma: “La mitad de la población mundial lleva una billetera digital en su teléfono. Imagina que esa misma billetera digital te permitiera invertir a largo plazo en una amplia gama de empresas con la misma facilidad que realizar un pago. La tokenización podría acelerar ese futuro modernizando la infraestructura del sistema financiero, facilitando la emisión, la negociación y el acceso a las inversiones.”.

El Estado juega un papel fundamental para Fink como instrumento para enriquecer a los fondos de inversión, para transferir riqueza hacia el gran capital, hacia el capital financiero. Reclama sistemas fiscales que otorguen bonificaciones y rebajas tributarias para estimular la inversión financiera de ciudadanos y empresas de tal modo que se estimule la canalización de ese ahorro hacia el sistema financiero, también exhorta al establecimiento de marcos normativos que estimulen la privatización de las pensiones de jubilación, de tal manera que los fondos de las pensiones sean invertidos en el sistema financiero. Y también incide en la joya de la Corona, el asalto a la Seguridad Social para hacer que los fondos de ésta, o la mayor parte de los mismos, se encaucen a los mercados financieros, esto es, a los bolsillos de los grandes capitales que es donde va en el imperialismo, en el capitalismo putrefacto. Esa es una de las funciones que el Estado – para estos especuladores que viven de la explotación y de la estafa al pueblo trabajador, cumplan con sus objetivos crematísticos- debe desarrollar, la de ser un canalizador de dinero del ahorro de los trabajadores hacia el capital financiero, hacia estos grandes monopolios financieros.

La oligarquía financiera lo que está manifestando es que necesita robar absolutamente todo al proletariado tanto en EEUU como en el resto del mundo. Y ello lo justifica el oligarca CEO de Blackrock, empleando los argumentos que se han mencionado anteriormente y, además, lo señala expresamente de la siguiente forma “¿De dónde proviene el dinero? Históricamente, la mayor parte de la financiación para grandes transformaciones económicas provino de bancos, corporaciones y gobiernos, no de los mercados de capitales (…) Pero esos canales ya no son suficientes. Los bancos por sí solos no pueden financiar lo que necesita una economía en crecimiento. Los gobiernos acumulan deudas récord.”. La banca, en la crisis de las subprime en 2007-2010, fue salvada por los estados que se endeudaron sobremanera. Además, la banca y el sector financiero están al borde de una nueva bancarrota, en tanto hay una alta probabilidad de incumplimientos de pago de muchos créditos privados, sobre todo por la situación de quiebras de empresas y de destrucción de puestos de trabajo. Asimismo, se habla que los intermediarios financieros, los fondos buitres, tengan no solo una situación de impagos, sino que tengan sus balances sobrevalorados, implicando también una falta de liquidez, como lo acreditó la propia Blackrock a principios de marzo impidiendo retiros masivos de los inversores, que quisieron sacar 1.200 millones de dólares de un fondo de 26.000 millones y Blackrock solo les reembolsó 620 millones. Esto también lo realizaron otros fondos de inversión anticipando el futuro varapalo que el sector financiero va a recibir, como consecuencia de una sobrevaloración de sus activos, del alto riesgo de impagos y retratando falta de liquidez, situación que se agudizará, y estallará, en el caso de que la guerra en el Golfo Pérsico se prolongue. Por ello, para subsistir y para seguir haciendo inversiones – y robando – los fondos de inversiones buscan una mayor transferencia de las rentas del trabajo hacia ellos, única manera que tienen para pervivir. Es el propio Fink el que reconoce esa sobrevaloración de sus activos, cuando con respecto de la vivienda afirma lo siguiente: “la vivienda no es una inversión que garantice una alta rentabilidad(…) la rentabilidad a largo plazo puede ser más modesta e irregular de lo que sugieren los aumentos de precios anunciados(…) Esto no es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos: en muchas economías avanzadas, el aumento del coste de la vivienda y las condiciones crediticias más restrictivas han dificultado el acceso a la vivienda propia, especialmente para los jóvenes” y, también, reconoce el estallido por la vía de la demanda, como consecuencia del empobrecimiento masivo de la población.

La deuda total mundial (sumando el sector público y el privado), según el Instituto de Finanzas Internacionales, en el tercer trimestre de 2025 ascendía a 337,7 billones de dólares. En lo concerniente a la deuda pública mundial, en 2025 ascendía a 111 billones de dólares – un tercio de la deuda total mundial -, por ello los estados, como dice Fink, lo que deben hacer son políticas de transferencia de riqueza desde las rentas del trabajo hacia los monopolios financieros.

En la pugna interimperialista, el bloque imperialista decadente, el G7 u occidente, encabezado por EEUU, se halla en declive, en retroceso como señala Fink cuando dice que:

  • Obtener minerales críticos como las tierras raras fuera de China y construir fábricas de chips fuera de Taiwán cuesta mucho más. Cada paso hacia la autosuficiencia implica, al menos temporalmente, renunciar a las economías de escala globales que mantuvieron los costos bajos durante décadas. En resumen: a corto plazo, la autosuficiencia es costosa.”.

  • Satisfacer la creciente demanda requerirá ampliar la oferta en petróleo y gas, energías renovables, almacenamiento, energía nuclear y redes eléctricas. Ninguna fuente por sí sola puede lograrlo (…) Pero en Estados Unidos, hay un punto que resulta difícil de ignorar: si se quiere que la energía siga siendo asequible para las familias, es necesario que se suministre más energía, y rápidamente (…) Los centros de datos requieren grandes cantidades de energía fiable. Al mismo tiempo, añadir nueva capacidad de generación y transmisión lleva años. Cuando la oferta crece lentamente y la demanda aumenta más rápido, los precios suben (…) Las cadenas de suministro son fundamentales. Hoy en día, gran parte de la capacidad mundial de fabricación de paneles solares y baterías se concentra en China. (…) La energía asequible depende de la abundancia de energía. Cuando la energía escasea, los hogares son los primeros en sufrir las consecuencias (…) El objetivo no es favorecer una tecnología sobre otra, sino garantizar que Estados Unidos pueda generar suficiente electricidad fiable y rentable para cubrir los gastos de los hogares y mantener su competitividad a largo plazo”.

La IA requiere de un incremento notable de generación de energía (siendo cardinal el acceso a las materias primas generadoras de dicha energía). Y según Fink, como hemos visto, China es quien es hegemónica en el acceso a las tierras raras, en la fabricación de chips y en la suficiencia energética como consecuencia de su superioridad a la hora de la generación de energía y de su acumulación, gracias a su superioridad en la construcción de baterías. Estas son las razones de la política belicista del imperialismo en decadencia, de EEUU.

Fink señala que “La IA llegó para quedarse. Es fundamental para la competencia estratégica entre Estados Unidos y China. Estados Unidos comprende claramente que el liderazgo en IA no es opcional y que requerirá una inversión constante en investigación, infraestructura, talento y mercados de capitales capaces de financiar la innovación a gran escala”. Esa competencia estratégica entre el imperialismo decadente y el emergente es la competencia por el dominio de la IA ya que quien sea hegemónico en ésta tumbará a sus contendientes, en tanto será más eficiente y productivo, su producción será más barata en tanto maximizará la racionalización de los recursos que intervienen en la producción, aparte de poder ofertar mercancías más novedosas, baratas y fiables. Y en esa competencia China lleva la delantera, como lo reconoce el propio Fink. Es por ello que a EEUU únicamente le queda la guerra para obstaculizar el desarrollo de China, encarecerle el acceso a los recursos energéticos, y sojuzgar a los pueblos – fundamentalmente en el continente americano y en Oriente Medio – para hacerse con sus recursos, ya sean energéticos como tierras raras.

El imperialismo lo único que puede ofertar al proletariado es más pobreza, más sufrimiento, más muerte. La potencia imperialista en declive solo puede sostener la hegemonía por la vía de la guerra imperialista, del sojuzgamiento de los pueblos y de explotar y empobrecer hasta la extenuación al proletariado.

Sin embargo, la potencia emergente, que pretende conquistar la hegemonía por la vía de la automatización – y, consecuentemente, de la independencia o autosuficiencia energética y el control de las tierras raras y los metales que su procesamiento produce que es la contienda que hoy se libra – pretendiendo empequeñecer la competencia y doblegarla, mientras se mantengan las relaciones de producción capitalistas, lo que hará es negar la esencia del capitalismo, como es la apropiación de la plusvalía, en tanto que la automatización disloca la composición orgánica del capital, de tal manera que se minimiza el capital variable, que es la parte del capital que genera plusvalor. Manteniéndose las relaciones de producción capitalistas, la propiedad privada sobre los medios de producción, la automatización generalizará el paro forzoso y liquidará la demanda, algo lógico pues la apropiación de la plusvalía que genera el proletariado es la piedra angular del funcionamiento del capitalismo, acabando con ésta se acaba con el capitalismo. Para armonizar el desarrollo enorme de las fuerzas productivas que implica la automatización con las relaciones de producción, para hacer que el desarrollo enorme de la tecnología y la técnica se transforme en desarrollo social, es necesario socializar la automatización, los medios de producción.

Además, la economía imperialista es una, la caída de la potencia imperialista hegemónica y sus socios lo que hace es contraer el conjunto de la economía imperialista, golpearla, implicando no solo una caída de la demanda sino, fundamentalmente, un debilitamiento de todos aquellos que son deudores de la potencia, o potencias, que decaen debilitando el imperialismo en su conjunto.

Hoy, más que nunca, está vigente la consigna ¡Socialismo o Barbarie! O construimos el socialismo y exterminamos al imperialismo o la humanidad corre el riesgo de perecer.

 

¡PARA QUE LA HUMANIDAD PUEDA VIVIR EL CAPITALISMO DEBE MORIR!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA!

¡POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO!

 

Madrid, 4 de abril de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Interimperialismo, fascismo y automatización en la crisis capitalista

El capitalismo en su fase actual, su fase monopolista y putrefacta, se caracteriza por la intensificación de la desigualdad social, de tal modo que la riqueza se concentra en cada vez menos manos a la par que la pobreza se extiende cada vez en una mayor parte de la población mundial. En el periodo 2020-2025 la riqueza de los milmillonarios del mundo creció un 81% mientras 733 millones de seres humanos sufrían hambre crónica, un 25% de la población mundial está malnutrida y en torno al 50% de la población mundial vive por debajo del umbral de la pobreza (menos de 5,50 dólares al día). El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95% de la población mundial.

Estos datos demuestran que a la humanidad el sistema capitalista no nos sirve en tanto es generador de extrema pobreza para la inmensa mayoría, para que una escasísima minoría sea extremadamente rica.

Una pobreza que, con la guerra en Oriente Medio, se va a incrementar al igual que el hambre. De hecho, la ONU señala que si esta guerra se prolonga más allá del mes de junio, se incrementará la bolsa de seres humanos en situación de hambre aguda en 45 millones de personas.

Y es que la guerra imperialista es inherente al capitalismo, de la situación de crisis general que vive, consecuencia del desarrollo desigual de las potencias imperialistas, de su pugna por la hegemonía mundial en la lucha por la obtención de las fuentes de materias primas y de la conquista y el control de los mercados de venta y del dominio financiero.

El imperialismo ha conducido a la humanidad a dos guerras mundiales, y está empujándola, inexorablemente, hacia una tercera que está cantada de continuar rigiendo el capitalismo.

El fascismo, la reacción, es el clavo ardiendo al que se tienen que agarrar los capitalistas en su declive, donde la violencia y la represión máxima contra la clase obrera, la militarización de la economía y la guerra imperialista, son su política interna y externa, unido a la exacerbación del nacionalismo y el racismo al objeto de evitar la unidad de la clase obrera, de confrontar a los obreros entre sí para impedir que la clase obrera, la única clase social revolucionaria hoy, se rebele y confronte contra los grandes capitalistas que le niegan, objetivamente, una vida digna.

En esa pugna interimperialista por el control de los recursos energéticos, de las materias primas necesarias para desarrollar la robotización, en definitiva, en el dominio imperialista del mundo, es donde se debe ubicar la guerra desencadenada por EEUU, y su delegación sionista de Israel, contra Irán. EEUU pretende sortear su declive como potencia hegemónica imperialista obstaculizando el acceso a los recursos energéticos – fundamentalmente el gas y el petróleo – a su mayor competidor, China. En esa lógica debe incardinarse la política norteamericana de agudización del yugo opresor y del saqueo contra América Latina, al objeto de expulsar a China de lo que considera EEUU su patio trasero. En la zona del Golfo Pérsico, EEUU ha dominado la zona y el control de sus recursos energéticos con guerras de rapiña, golpes de estados y creación de estados ficticios recubiertos con los mantos monárquicos de sátrapas locales a los que ha enriquecido a costa de controlar política y económicamente dicha zona, garantizando que la moneda de intercambio para la venta del petróleo por parte de dichos estados fuera el dólar, de tal modo que EEUU, de esa forma, impusiera su moneda como moneda de intercambio mundial y, consecuentemente, poder emplear este monopolio del sistema financiero como un arma de guerra contra el resto del mundo, como lo acreditan los bloqueos económicos perpetrados por los EEUU, y sus socios de la UE, que entre el año 1970 y el 2021 causaron la muerte a 38 millones de seres humanos en países del tercer mundo.

La influencia china sobre la zona del Golfo Pérsico, en la última década, ha crecido notablemente, de tal modo que países de dicha región como Egipto, Emiratos Árabes e Irán forman parte del BRICS. Además, la zona del Golfo Pérsico nutre de recursos energéticos a Asía siendo cardinal para la ruta marítima del proyecto de la Ruta y la Franja chino. La guerra contra Irán constituye la ruptura con todo lo que hemos descrito, siendo el objetivo de EEUU doblegar al actual estado iraní, utilizando la subversión y la guerra, para apropiarse de los recursos energéticos y enrutarlos vía oleoductos y gasoductos a través de Israel, como han reconocido tanto Trump como Netanyahu.

En esa competencia interimperialista desarrollan la automatización para desplazar a los contendientes que pugnan por la hegemonía. Sin embargo, el desarrollo de la automatización lo que hace es negar al propio capitalismo en tanto busca multiplicar la producción sustituyendo al proletario por la máquina, liquidando al que genera la riqueza de la que se apropia el empresario. Con este desarrollo de la automatización bajo la privatización de la misma, se incrementa el desempleo, se maximiza el empobrecimiento de la clase obrera y, consecuentemente, se liquida la demanda, de tal modo que se sientan las bases de la abundancia pero se maximiza la privación y la inaccesibilidad a la producción por parte de una inmensa mayoría de la humanidad cada día más empobrecida.

La única manera de armonizar el ingente desarrollo que significa la automatización con el desarrollo de la humanidad, de hacer que el progreso tecnológico se convierta en progreso social pasa por socializar la automatización y el fruto de ésta, o lo que es lo mismo, pasa por liquidar el imperialismo y desarrollar el socialismo.

La automatización en manos de la mayoría, de la clase de los proletarios, conllevará un beneficio para el conjunto, garantizando la vida digna para el ser humano y ubicándolo en armonía de donde emana, de la naturaleza. De lo contrario, de seguir estando en las sucias y asesinas manos de los capitalistas, la forma en la que el capitalismo tratará de seguir viviendo será asesinando a millones de seres humanos con bloqueos económicos, con guerras imperialistas y con el hambre.

 

¡FORTALECE LAS FILAS DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA, ÚNETE AL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡ABAJO EL FASCISMO Y EL CAPITALISMO EN PUTREFACCIÓN QUE LO GENERA!

¡POR LA VIDA DE LA CLASE OBRERA, SOCIALISMO O BARBARIE!

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La mentira del escudo social

Recientemente el gobierno español ha lanzado un conjunto de medidas denominadas “Escudo social”, que se han presentado como una batería de medidas para proteger a la clase obrera de las consecuencias económicas derivadas de la guerra de rapiña llevada a cabo por el imperialismo norteamericano y sus acólitos. Bajo la apariencia de medidas encaminadas a rebajar el coste de la vida de una manera inmediata, se esconden bonificaciones, reducciones fiscales selectivas y un conjunto de ayudas puntuales, sobre todo a pequeñas y medianas empresas y hacia la protección de los beneficios de los monopolios, que lejos de transformar las condiciones materiales de la clase obrera, terminan lastrando la capacidad recaudatoria del Estado y, por lo tanto, debilita la capacidad del mismo para sostener los servicios públicos universales. Y no se produce porque el poder lo ostente tal o cual partido en el gobierno, ocurre porque es una lógica inherente al modelo productivo.

Entonces, esta reducción de ingresos por parte del Estado se convierte en una transferencia indirecta de dinero público hacia sectores privados y grandes monopolios, que redundan en el deterioro progresivo de los servicios de protección social, sanidad, educación (ahí han estado las huelgas de los docentes estos últimos días en Cataluña) o el sistema de pensiones. De ese modo, lo que se concede por un lado como ayuda puntual a la clase obrera, se le arrebata por otro lado al erosionar sus derechos colectivos.

Desde el PCOE afirmamos que el auto denominado “Escudo social” no es más que una ilusión reformista que no altera para nada las relaciones de producción y que perpetúa la labor del estado burgués junto al desvío de dinero público a intereses privados. Además, su propaganda electoral tiene coste cero y, a la vez, deja intacto el poder del capital. Esto nos conduce a una creciente dependencia de las medidas temporales, que no son sólo insuficientes, además nos dirigen hacia futuros recortes alegando la sostenibilidad fiscal. También afirmamos que la verdadera protección social no puede basarse en parchear el sistema capitalista. Esta protección debe basarse en la transformación radical de su modo de producción donde prima la apropiación privada del trabajo social. Para ello, la clase obrera como único sujeto revolucionario, debe asumir su papel como protagonista de la transformación, poniendo los medios de producción al servicio de ella misma y logrando la planificación democrática de la economía para satisfacer sus propias necesidades y no los intereses del beneficio privado.

El momento histórico exige audacia y organización. Frente a las consecuencias terminales derivadas del capitalismo, la clase obrera debe dotarse de un partido comunista fuerte y disciplinado que se erija en la vanguardia de la clase obrera. Frente a las crisis del capitalismo, la precariedad y la desigualdad creciente, solo un partido comunista fuerte, disciplinado y arraigado en la clase obrera puede articular una respuesta real y transformadora. No se trata de una opción más, sino de una necesidad imperiosa: construir una herramienta colectiva capaz de unir luchas, elevar la conciencia y conquistar un futuro donde la justicia social y la dignidad no sean promesas, sino realidades. Por eso, te animamos a abandonar las opciones reformistas y te invitamos a ensanchar las filas del PCOE.

 

¡Por la abolición del sistema capitalista!

¡Por la organización obrera frente al imperialismo!

¡Por la salida revolucionaria!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Vox y la defensa del sector primario

La línea política de Vox se ha construido sobre tres ejes fundamentales, el patriotismo económico, la admiración por el modelo de Donald Trump y la defensa del sector primario. En esa narrativa se ha presentado siempre como un acérrimo defensor de los ganaderos, pescadores y agricultores españoles como bastión contra las políticas medioambientales de la Unión Europea y la supuesta marginación del mundo rural. Este discurso presenta evidentes contradicciones a la realidad material del sistema económico en el que se insertan estas medidas.

En primer lugar, la apelación constante al patriotismo económico oculta la estructura real del capitalismo agrario contemporáneo y general, en su fase imperialista, en un mundo completamente repartido y donde el comercio ha borrado las fronteras. Observamos que el sector primario en España no está dominado por pequeños productores autónomos plenamente soberanos, sino por cadenas de valor controladas por grandes distribuidoras, multinacionales agroindustriales y mercados financieros internacionales. En este contexto, la defensa retórica del “campo español” se limita a una dimensión cultural y simbólica, mientras las relaciones de producción siguen sometidas a las dinámicas del capital global. Por eso, concluimos en este primer punto que el problema fundamental no es la falta de patriotismo en las políticas económicas, sino la subordinación del trabajo agrícola al capital monopolista.

En segundo lugar, la admiración expresada por Vox hacia Donald Trump se inscribe también dentro de esta lógica. El trumpismo se ha presentado como una forma de nacionalismo económico que promete proteger a los trabajadores nacionales frente a la globalización. No obstante, en la práctica, las políticas de Trump beneficiaron principalmente a grandes corporaciones mediante recortes fiscales, desregulación ambiental y subsidios selectivos que favorecieron a los grandes productores agrícolas estadounidenses. Este tipo de nacionalismo extremo no cuestiona las bases del capitalismo, sino que reconfigura sus beneficiarios dentro de las élites nacionales y no para los productores que dice defender.

En tercer lugar, la actual crisis vinculada a la guerra en Irán pone de manifiesto la fragilidad estructural del sector primario dentro de la economía capitalista global. El aumento del precio del petróleo, en una guerra provocada por el gorila rubio que sirve de inspiración a su línea política, tiene efectos directos sobre el coste del transporte, la maquinaria agrícola y, especialmente, sobre los fertilizantes, cuyo proceso de producción depende en gran medida del gas y de la energía fósil. Como resultado de las consecuencias de su patriotismo económico, los agricultores se enfrentan a un aumento de costes que reduce drásticamente sus márgenes de beneficio y que se cargarán sobre los consumidores para mayor gloria de los mercados financieros internacionales.

Esta situación ilustra cómo el sector primario se encuentra atrapado en una doble dependencia: por un lado, de los mercados energéticos globales y, por otro, de las grandes empresas proveedoras de insumos agrícolas. Los pequeños y medianos agricultores no controlan ni el precio de lo que compran (fertilizantes, combustible, maquinaria) ni el precio de lo que venden, determinado por intermediarios y grandes cadenas de distribución. Ahora, las guerras imperialistas de Trump, al que tanto admiran, llevarán a la proletarización de los pequeños y medianos agricultores a los que decían defender y a un mayor lucro del capital financiero que aumentará sus beneficios a base de sangrar a los consumidores y precarizar a los productores.

En este contexto, el discurso patriótico de Vox aparece como una forma de canalizar el malestar social sin cuestionar las estructuras económicas que generan la crisis. La solución propuesta suele centrarse en medidas como la reducción de regulaciones o la defensa de intereses nacionales dentro del mercado global, pero no plantea una transformación de las relaciones de propiedad ni del control de los medios de producción. Toda esta palabrería huera y populista de la extrema derecha cae por su propio peso a poco que se la observe con un poco de detenimiento y cuando se la enfrenta a la realidad de la base económica en la que descansa el sistema se diluye como un azucarillo en el agua.

En este contexto, el PCOE tiene que ser capaz de llevar este discurso a los productores en general y a los que están afectados de esta psicología populista e irreal. Desde el PCOE planteamos como salida a la crisis del sector primario, muy agravada por la guerra, la única política realista y revolucionaria, la colectivización de la tierra y de los medios de producción, eliminando la propiedad privada agraria que permita planificar la producción para asegurar el abastecimiento. Esta organización socioeconómica nueva permitirá distribuir los recursos de forma más equitativa y garantizar alimentos a la población. Para ello es necesario una reforma agraria que socialice el campo y los medios de producción y ponga la tierra al servicio de los productores y sus necesidades, fuera de los intereses de los mercados financieros internacionales, los demagogos y los latifundistas.

 

¡Por el fin del populismo fascista!

¡Por la reforma agraria!

¡Por el empoderamiento de la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Apuntes sobre China y el oportunismo

Algunos partidos que se hacen llamar comunistas en el Estado español, con el PCPE a su cabeza, caracterizan a Rusia, China y los BRICS en general como la esperanza de contrapoder contra el imperialismo, su bastión y su guía. Nos centraremos ahora en China.

La caracterización de China como potencia imperialista se apoya en su transformación material durante las últimas décadas. Bajo la dirección del Partido Comunista de China, la apertura al capitalismo de Deng Xiaoping (qué más da que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones) y el liderazgo de Xi Jinping, el país ha consolidado un modelo que combina control estatal con expansión capitalista global.

La acumulación de capital chino se proyecta hacia el exterior mediante inversiones, préstamos y control de infraestructuras estratégicas. Iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta muestran un patrón de penetración económica en Asia, África y Europa que reproduce relaciones desiguales: exportación de capital, endeudamiento de países periféricos y acceso privilegiado a recursos y mercados. Esto casa a la perfección con la definición clásica de imperialismo desarrollada por Lenin en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917): concentración de capital, exportación de capitales y competencia por esferas de influencia.

Internamente, el crecimiento chino se ha apoyado en una intensa explotación del trabajo asalariado, con grandes conglomerados estatales y privados que operan en lógicas de acumulación y competencia global. El Estado actúa como coordinador de este capitalismo nacional, defendiendo sus intereses en el sistema mundial. Desde esta perspectiva, China no representaría una alternativa socialista al orden capitalista, sino una nueva potencia que disputa la hegemonía dentro del mismo sistema. Su ascenso expresa menos una ruptura con el imperialismo que su reconfiguración en un mundo multipolar.

El socialismo no puede reducirse a la acumulación de capital bajo la dirección de un partido, ni a la competencia en el mercado mundial con métodos propios del capitalismo. La tarea de los comunistas no es justificar nuevas potencias ni nuevos bloques capitalistas, sino defender con claridad la independencia política de la clase obrera. A todo país en el que prime el capitalismo, como China, le es imposible no terminar siendo imperialista por las características de su base económica. Sólo mediante la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo podrá reconstruirse un movimiento comunista internacional fiel a sus principios: la abolición del capitalismo, la emancipación del trabajo y la construcción consciente del socialismo por y para la clase obrera.

En definitiva, la defensa acrítica de la China capitalista por parte del PCPE y otros que aún se autodenominan comunistas no fortalece al movimiento obrero, sino que lo confunde y lo desarma ideológicamente. Lo desvía de sus objetivos revolucionarios. El PCPE presta grandes servicios a la burguesía cuando confunde y engaña a los elementos del proletariado que caen en sus garras. Su Frente Antimperialista, en el que caben cosas como el Socialismo del Siglo XXI y otros experimentos, están trufados de traición y han acabado en desastre y desafección al socialismo. Sólo la lealtad a los principios del marxismo-leninismo pueden devolver a la clase obrera a la dirección correcta.

En última instancia, la misión histórica del proletariado no es sólo resistir, sino transformar. Allí donde el capital levanta muros de desigualdad, la clase obrera descubre su fuerza colectiva y su capacidad para crear un mundo distinto. Organizada, consciente y bien dirigida, la clase obrera abrirá el camino hacia una sociedad donde la riqueza producida por todos pertenezca a todos y, para ello, el capitalismo ha de fenecer.

 

¡Por la derrota del oportunismo!

¡Por la reconstrucción de la Internacional Comunista!

¡Construye la revolución en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)