1

Qué es el fascismo

El fascismo se podría definir como el dominio del capital financiero sobre el capital productivo, lo que redunda en, al sostener la misma producción con una masa de capital más grande, una inflación desbocada que es cómo financian su gasto militar a costilla de la clase obrera, que ve muy comprometida su subsistencia por la guerra abierta o por el encarecimiento derivado de la lucha del capital financiero por expoliar las materias primas.

El fascismo, desde la concepción marxista-leninista desarrollada por Georgi Dimitrov, no constituye simplemente una forma autoritaria de gobierno, ni una desviación moral de la democracia burguesa, sino la expresión política extrema del capitalismo monopolista en su fase de crisis histórica. Dimitrov, en su informe “La clase obrera contra el fascismo” (1935) en el VII Congreso de la Internacional Comunista, lo definió como “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Esta definición sitúa al fascismo no sólo en el terreno de las ideas abstractas, sino en la estructura material de la sociedad capitalista y en las necesidades concretas de la burguesía monopolista.

Mientras el liberalismo burgués puede gobernar mediante el parlamentarismo, la alternancia política y ciertas concesiones económicas a las masas obreras, el fascismo aparece cuando esas formas dejan de ser suficientes para garantizar la reproducción del capital. No surge porque una nación pierda sus valores democráticos, sino porque las contradicciones internas del capitalismo alcanzan un punto en el que la burguesía ya no puede mantener su dominio mediante métodos ordinarios. La democracia burguesa y el fascismo no son sistemas opuestos en esencia de clase, ambos representan la dictadura de la burguesía y la única diferencia reside en la forma de ejercerla.

En la etapa imperialista del capitalismo descrita por Lenin, “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917), hace ya más de un siglo describe como la economía queda dominada por monopolios, bancos y oligarquías financieras que concentran el capital y subordinan el Estado a sus intereses. La acumulación de capital llega progresivamente a límites históricos que llevan a la sobreproducción, la caída de la tasa de ganancia, el endeudamiento estructural, la destrucción de fuerzas productivas, el desempleo masivo y las guerras por nuevos mercados y recursos. El imperialismo intenta resolver estas contradicciones mediante la exportación de capital, el saqueo colonial y la militarización permanente. Sin embargo, esas soluciones sólo aplazan la crisis y profundizan la decadencia general del sistema.

Cuando la crisis económica amenaza con transformarse en crisis revolucionaria, la burguesía monopolista abandona progresivamente la forma de democracia burguesa que anteriormente le resultaba útil. El fascismo aparece entonces como mecanismo de salvación del capital. Su función histórica consiste en destruir las organizaciones obreras, liquidar los derechos democráticos, militarizar la sociedad, imponer el nacionalismo chovinista y reorganizar el Estado para garantizar por la violencia la continuidad de la acumulación capitalista.

Por eso, para los comunistas, el fascismo no es un accidente histórico ni una anomalía psicológica colectiva, sino una tendencia inherente al imperialismo en descomposición. Cuanto más se agudiza la crisis estructural del capitalismo, más necesita la burguesía recurrir a formas abiertas de coerción. La concentración monopolista reduce el margen para las reformas sociales y la competencia interimperialista empuja hacia la guerra. Entonces el deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera genera descontento y aparece el miedo de la burguesía a la revolución de la clase obrera que la conduce hacia métodos cada vez más expeditivos y represivos.

El fascismo intenta movilizar a sectores desesperados de la pequeña burguesía, capas arruinadas y masas desclasadas contra la clase obrera organizada. Se presentan demagógicamente como patriotas honrados, con un fuerte discurso identitario y populista, pero en realidad su misión es preservar intacta la propiedad privada de los monopolios y fortalecer el poder del gran capital. Bajo consignas de unidad nacional, destruye la lucha de clases por la fuerza y subordina toda la vida social a los intereses del capital financiero y del aparato militar.

Desde esta perspectiva, las potencias imperialistas tienden históricamente hacia formas fascistas conforme se erosiona su base económica. El agotamiento de la expansión capitalista, la financiarización parasitaria, la pérdida de hegemonía internacional y la incapacidad de garantizar niveles de vida estables, obligan al Estado burgués a intensificar el control social y la represión. El deterioro económico genera polarización política y, a su vez, la polarización amenaza la estabilidad del sistema. Entonces el capital responde reforzando mecanismos autoritarios. Es por eso que el imperialismo se convierte en la antesala de la revolución socialista.

La transición hacia formas fascistas puede no reproducir exactamente los modelos clásicos de Italia o Alemania, pero conserva intacta su esencia de clase, la concentración extrema del poder ejecutivo, persecución de organizaciones revolucionarias, la propaganda nacionalista, la militarización ideológica, criminalización de la disidencia y subordinación total del aparato estatal a los intereses del capital monopolista.

Así, para los comunistas, el fascismo constituye la manifestación política de la decadencia histórica del imperialismo. No es una alternativa al capitalismo, sino su última línea de defensa cuando las contradicciones económicas hacen imposible gobernar mediante el consenso liberal. La lucha contra el fascismo no puede separarse, por tanto, de la lucha contra el imperialismo y contra el sistema capitalista que lo engendra.

Frente al avance del fascismo, reafirmamos la necesidad de la unidad de la clase obrera hacia la construcción de la dictadura del proletariado, la forma más radical de democracia, y que dinamitará la base económica capitalista que lo engendra. Como señaló Georgi Dimitrov, el fascismo no es una fuerza ajena al capitalismo, sino su expresión más reaccionaria y violenta cuando las élites pretenden aplastar la organización obrera y perpetuar su dominio. Por eso, hoy, el deber histórico de la clase obrera de nuestro país es fortalecer al PCOE, como la más elevada expresión de la solidaridad internacionalista y de la lucha consciente contra toda forma de explotación, racismo y odio reaccionario. Solo un partido comunista fuerte podrá derrotar al fascismo y abrir el camino hacia una sociedad verdaderamente justa, socialista y emancipada.

 

¡Muerte al fascismo!

¡Por el derrocamiento de la base económica asesina del capitalismo!

¡Antifascismo, solidaridad e internacionalismo!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Defender la educación pública es defender el futuro de la clase obrera [ESP/CAT]

La educación pública en Catalunya arrastra, desde hace años, los efectos de las políticas antiobreras impulsadas por los diferentes gobiernos de la Generalitat. Uno de los momentos cruciales fue el periodo de la crisis económica de las subprime, especialmente entre 2010 y 2014, cuando se aplicaron recortes que afectaron de forma directa a los recursos destinados a la enseñanza pública. Durante esos años, el presupuesto educativo se redujo de manera considerable y la inversión por alumno cayó de forma sostenida, deteriorando las condiciones materiales en las que se desarrolla el proceso educativo. Por todo esto los docentes llevan desde hace varios días en huelga, luchando y llegando a paralizar Barcelona.

Aunque algunos oportunistas señalan que en los últimos años los presupuestos han aumentado, esto no significa que el sistema educativo haya recuperado los niveles de financiación necesarios para garantizar una enseñanza pública de calidad. La inversión educativa sigue situándose por debajo de las necesidades reales de la clase obrera, las ratios continúan siendo elevadas, la red concertada mantiene una posición privilegiada gracias a la transferencia constante de recursos públicos hacia la educación privada – fundamentalmente en manos de la Iglesia Católica – y las sucesivas reformas curriculares han añadido nuevas contradicciones a un sistema ya profundamente perjudicado.

Desde una perspectiva materialista, la crisis en la educación pública no puede entenderse como un problema aislado ni como el resultado de errores técnicos de gestión. La Escuela forma parte de la superestructura social y está estrechamente vinculada a las necesidades de reproducción del modo de producción capitalista. Históricamente, la expansión de los sistemas públicos de enseñanza respondió a la necesidad de formar una fuerza de trabajo formada, disciplinada y capaz de responder a las exigencias de la producción industrial. Sin embargo, las transformaciones recientes del capitalismo están modificando estas necesidades. Con la creciente automatización de los procesos productivos y el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial, se ha reducido la necesidad de amplios sectores de trabajadores altamente cualificados. Mientras una minoría de especialistas concentra funciones técnicas y de dirección, una parte cada vez mayor de la clase obrera es empujada hacia empleos precarios, fragmentados y sometidos a una fuerte degradación de las condiciones laborales. En este contexto, el capital tiene cada vez menos interés en garantizar una formación amplia, crítica y universal para el conjunto de la población. Además, la no cualificación de los obreros reduce los salarios y aumenta por ahí la cuota de ganancia de los capitalistas que son dueños de los medios de producción.

Por ello, el deterioro de la educación pública no debe interpretarse únicamente como una consecuencia de las políticas de austeridad. Constituye también una expresión de las nuevas necesidades de la acumulación del capital. Una población con elevados niveles de formación crítica, capacidad de organización y acceso generalizado al conocimiento representa una potencial amenaza para un sistema basado en la explotación y la desigualdad. En cambio, una enseñanza pública empobrecida, orientada a competencias superficiales y subordinada a las demandas inmediatas del mercado favorece la reproducción del orden explotador existente. Las grandes empresas tecnológicas penetran en las aulas, los servicios educativos se externalizan, la investigación queda cada vez más subordinada a intereses empresariales y el conocimiento deja de concebirse como un bien común para convertirse en una mercancía sometida a la lógica del beneficio privado. El objetivo estratégico de este proceso es avanzar hacia la privatización progresiva del conocimiento. Del mismo modo que se privatizan servicios públicos esenciales, se pretende convertir el acceso al saber en un privilegio de clase. Las élites económicas continúan garantizando para sus hijos una formación de alto nivel en centros privados o de prestigio, mientras la escuela pública se ve empujada hacia una función cada vez más asistencial, destinada a gestionar las consecuencias sociales de la desigualdad sin cuestionar sus causas estructurales.

La contradicción resulta evidente. Mientras pedagogos como Vygotsky defendían que el desarrollo intelectual de las personas depende de las condiciones sociales y materiales en las que viven, las administraciones educativas pretenden aplicar discursos sobre inclusión, equidad y atención a la diversidad sin proporcionar los recursos necesarios para hacerlo posible. Se exige a docentes y centros que compensen desigualdades cuya raíz se encuentra en el propio funcionamiento del sistema capitalista. Por ello, la defensa de la educación pública no puede limitarse a la reivindicación de mayores presupuestos o mejores condiciones laborales, aunque ambas sean imprescindibles. Debe formar parte de una lucha más amplia contra la mercantilización de todos los ámbitos de la vida social. Por eso, la defensa de la educación está inseparablemente ligada a la lucha por superar las relaciones de producción capitalistas que generan explotación, desigualdad y alienación.

La degradación de la enseñanza, la mercantilización del conocimiento y la creciente subordinación de la educación a los intereses del capital son manifestaciones de una misma realidad, la contradicción entre las necesidades de la clase obrera, que somos la inmensa mayoría, y los intereses de una minoría parasitaria que posee y controla los medios de producción.

Por ello, la lucha por una educación verdaderamente pública, científica, gratuita y al servicio de la clase obrera está inseparablemente unida a la lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad. Solo una sociedad socialista, en la que los medios de producción estén bajo control colectivo y la economía se organice en función de las necesidades sociales y no del beneficio privado, puede garantizar que el conocimiento deje de ser una mercancía y se convierta en un patrimonio común accesible para todos.

Frente a quienes pretenden convertir la educación en un negocio, es necesario fortalecer la organización y la lucha de la clase obrera en todos los frentes. La juventud estudiantil, el profesorado y el conjunto de nuestra clase comparten un mismo interés objetivo, poner fin a un sistema que sacrifica el desarrollo humano en beneficio de la acumulación de capital. En esta tarea, el trabajo de los comunistas resulta fundamental.

El Comité Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC) se solidariza y apoya con la lucha de los docentes y les recuerda la necesidad de construir la unidad de la clase obrera y organizar la lucha contra todas las formas de explotación y dominación capitalista. La defensa de la educación pública forma parte de esa lucha general por la emancipación de la clase obrera y por la construcción de una sociedad socialista en la que la ciencia, la cultura y el conocimiento estén al servicio del pueblo y no de los monopolios. Porque la educación no debe servir para formar mano de obra dócil para las empresas, sino para desarrollar plenamente las capacidades humanas y contribuir a la construcción consciente de una sociedad sin explotadores ni explotados. Defender la educación pública es defender el futuro de la clase obrera. Defender el socialismo es defender las condiciones materiales que harán posible una educación verdaderamente universal, igualitaria y emancipadora.

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

Defensar l’educació pública és defensar el futur de la classe obrera

 

L’educació pública a Catalunya, des de fa anys, ha patit les conseqüències de les polítiques antiobreres implementades pels diferents governs de la Generalitat. Un dels moments clau va ser el període de la crisi econòmica de les hipoteques, especialment entre 2010 i 2014, quan es van aplicar retallades que van afectar directament els recursos destinats a l’ensenyament públic. Durant aquests anys, el pressupost educatiu es va reduir notablement i la inversió per alumne va disminuir de forma sostinguda, deteriorant les condicions materials en què es desenvolupa el procés educatiu. Per tot això, els docents han estat en vaga des de fa dies, lluitant i aconseguint paralitzar Barcelona.

 

Tot i que alguns oportunistes assenyalen que els pressupostos han augmentat en els últims anys, això no significa que el sistema educatiu hagi recuperat els nivells de finançament necessaris per garantir una educació pública de qualitat. La inversió educativa continua situant-se per sota de les necessitats reals de la classe obrera, les ràtios continuen sent elevades, la xarxa concertada manté una posició privilegiada gràcies a la transferència constant de recursos públics cap a l’educació privada – principalment en mans de l’Església Catòlica – i les reformes curriculars successives han afegit noves contradiccions a un sistema ja profundament perjudicat.

 

Des d’una perspectiva materialista, la crisi en l’educació pública no pot entendre’s com a un problema aïllat ni com a resultat d’errors tècnics de gestió. L’escola forma part de la infraestructura social i està estretament relacionada amb les necessitats de reproducció del mode de producció capitalista. Històricament, l’expansió dels sistemes públics d’ensenyament va respondre a la necessitat de formar una força de treball formada, disciplinada i capaç de respondre a les exigències de la producció industrial. No obstant això, les transformacions recents del capitalisme estan modificant aquestes necessitats. Amb l’augment de la automatització dels processos productius i el desenvolupament accelerat de la intel·ligència artificial, s’ha reduït la necessitat de grans sectors de treballadors amb alta qualificació. Mentre que una minoria d’especialistes concentra funcions tècniques i de direcció, una part cada vegada més gran de la classe obrera és empra cada vegada més en llocs precaris, fragmentats i sotmesos a una forta degradació de les condicions laborals. En aquest context, el capital té cada vegada menys interès en garantir una formació àmplia, crítica i universal per a tot la població. A més, la manca de qualificació dels treballadors redueix els salaris i augmenta així la quota de benefici dels capitalistes que són propietaris dels mitjans de producció.

 

Per tant, el deteriorament de l’educació pública no ha d’interpretar-se únicament com a conseqüència de les polítiques d’austeritat. Constitueix també una expressió de les noves necessitats de l’acumulació del capital. Una població amb nivells elevats de formació crítica, capacitat d’organització i accés generalitzat al coneixement representa una potencial amenaça per a un sistema basat en l’explotació i la desigualtat. En canvi, una educació pública empobrida, orientada a habilitats superficials i sotmesa a les demandes immediates del mercat, fomenta la reproducció de l’ordre explotador existent. Les grans empreses tecnològiques entren a les aules, els serveis educatius s’externalitzen, la investigació queda cada vegada més sotmesa a interessos empresarials i el coneixement deixa de ser un bé comú per convertir-se en un producte que està subjecte a la lògica del benefici privat. L’objectiu estratègic d’aquest procés és avançar cap a la privatització progressiva del coneixement. De la mateixa manera que es privatitzen serveis públics essencials, s’intenta convertir l’accés al saber en un privilegi de classe. Les elits econòmiques continuen garantint als seus fills una formació de nivell superior en centres privats o de prestigi, mentre que l’escola pública queda relegada a una funció cada vegada més assistencial, destinada a gestionar les conseqüències socials de la desigualtat sense qüestionar les seves causes estructurals.

 

La contradicció és evident. Mentre que pedagogs com Vygotsky defensaven que el desenvolupament intel·lectual de les persones depèn de les condicions socials i materials en què viuen, les administracions educatives intenten aplicar discursos sobre inclusió, equitat i atenció a la diversitat sense proporcionar els recursos necessaris per fer-ho possible. S’exigeix als docents i als centres que compensin les desigualtats que tenen la seva arrel en el mateix funcionament del sistema capitalista. Per tant, la defensa de la educació pública no pot limitar-se a la reivindicació de pressupostos més grans o millors condicions laborals, tot i que aquestes siguin imprescindibles. Ha de formar part d’una lluita més ampla contra la mercantilització de tots els àmbits de la vida social. Per tant, la defensa de l’educació està inseparablement lligada a la lluita per superar les relacions de producció capitalistes que generen explotació, desigualtat i alienació.

 

La degradació de l’ensenyament, la mercantilització del coneixement i la creixent subordinació de l’educació als interessos del capital són manifestacions d’una mateixa realitat, la contradicció entre les necessitats de la classe obrera, que som la majoria, i els interessos d’una minoria parasitària que posseïx i controla els mitjans de producció.

 

Per tant, la lluita per una educació veritablement pública, científica, gratuïta i al servei de la classe obrera està inseparablement unida a la lluita per la transformació revolucionària de la societat. Només una societat socialista, en la qual els mitjans de producció estiguin sota control col·lectiu i l’economia s’organitzi en funció de les necessitats socials i no del benefici privat, pot garantir que el coneixement deixi de ser una mercaderia i es converteixi en un patrimoni comú accessible per a tothom.

 

Front els qui pretensen convertir l’educació en un negoci, és necessari reforçar l’organització i la lluita de la classe obrera en tots els fronts. La joventut estudiantil, el professorat i tot el nostre grup compartim el mateix objectiu: posar fi a un sistema que sacrifica el desenvolupament humà en benefici de l’acumulació de capital. En aquesta tasca, el treball dels comunistes resulta fonamental.

 

El Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC) es solidaritza i dona suport a la lluita dels docents i els recorda la necessitat de construir la unitat de la classe obrera i organitzar la lluita contra totes les formes d’explotació i dominació capitalista. La defensa de l’educació pública forma part d’aquesta lluita general per l’emancipació de la classe obrera i per la construcció d’una societat socialista en la qual la ciència, la cultura i el coneixement estiguin al servei del poble i no dels monopolis. Perquè l’educació no ha de servir per formar força de treball obedient per a les empreses, sinó per desenvolupar plenament les capacitats humanes i contribuir a la construcció conscient d’una societat sense explotadors ni explotats. Defensar l’ educació pública és defensar el futur de la classe obrera. Defensar el socialisme és defensar les condicions materials que fan possible una educació veritablement universal, igualitària i emancipadora.

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)




La apropiación privada del trabajo social como base del capitalismo

La sociedad capitalista se sostiene sobre varias contradicciones irresolubles. Una de ellas reposa en que mientras el trabajo es social, la apropiación de sus frutos es privada. Millones de trabajadores producen colectivamente toda la riqueza existente (en las fábricas, en los campos, en las oficinas, en la logística, en los hospitales y en cada engranaje de la economía), pero el resultado de ese esfuerzo común termina concentrado en manos de una minoría parasitaria que vive de la explotación ajena. El capitalismo convierte el trabajo humano en mercancía y reduce la vida de la clase obrera a una función subordinada a la acumulación de su beneficio privado.

Karl Marx, en su obra “El capital” (1867), explicó este mecanismo mediante el concepto de plusvalía. El trabajador vende su fuerza de trabajo, convertida en mercancía, a cambio de un salario. Pero durante la jornada laboral produce un valor inmensamente superior al que recibe como pago. Esa diferencia entre el valor creado por el obrero y el salario que percibe es la plusvalía, la fuente real de la ganancia capitalista. El capitalista no obtiene riqueza por trabajar más, ni por producir directamente, sino por apropiarse del amplísimo excedente de trabajo generado por quienes sí producen. Así, toda fortuna privada descansa sobre una base colectiva de explotación.

El trabajo bajo el capitalismo se encuentra además disciplinado y militarizado. La fábrica, la oficina y la empresa funcionan como estructuras jerárquicas donde la obediencia, la vigilancia y la subordinación son condiciones permanentes. El tiempo del trabajador deja de pertenecerle y cada minuto es controlado en función de la productividad y del beneficio privado. La tecnología, que podría liberar al ser humano de cargas innecesarias, se utiliza para intensificar la explotación, aumentar la extracción de plusvalía y engrandecer las filas de los desempleados. El desempleo y la precariedad actúan como mecanismos de presión constantes para obligar a la clase obrera a aceptar condiciones cada vez más duras. En este escenario, el que de todo se apropia nada produce. Sumado a que las empresas, como destacamos en la primera línea de este párrafo, funcionan sin necesidad del explotador capitalista, éste no se convierte sólo en un sujeto nefasto para la prosperidad social de los productores, sino en alguien sin función productiva que debe ser extirpado.

Frente a esto, la burguesía aparece como una clase parasitaria, una rémora histórica que nada produce y de todo se apropia. No crea el pan, no levanta edificios, no mueve mercancías, no cura enfermos, no fabrica herramientas y, sin embargo, controla los medios de producción y se adjudica el derecho de disponer del trabajo colectivo de la sociedad. Su riqueza no nace del esfuerzo propio, sino de la apropiación sistemática del esfuerzo ajeno. Mientras la clase obrera produce el mundo, la burguesía se limita a administrar la propiedad y garantizar, mediante el Estado y toda la superestructura, la continuidad de ese saqueo legalizado.

Por eso, esta contradicción del capitalismo no puede resolverse mediante reformas superficiales. Si el trabajo es social, también debe ser social la apropiación de sus frutos. La riqueza producida colectivamente debe pertenecer a quienes la crean. Ese principio constituye la base del socialismo científico que reside en la apropiación social del trabajo social, la planificación democrática de la economía y la eliminación de la explotación del hombre por el hombre.

Pero la burguesía jamás renunciará voluntariamente a sus privilegios. Por eso, la revolución socialista exige organización revolucionaria, conciencia de clase y un partido comunista fuerte, disciplinado y unido a las masas obreras. Sólo una revolución capaz de derribar el poder económico, político e ideológico de los capitalistas puede abrir el camino hacia una sociedad sin explotadores ni explotados. Ese proceso revolucionario, la misión histórica del proletariado, marca el principio del fin histórico de la burguesía y el comienzo de una nueva etapa en la que la humanidad deja atrás la dominación del capital para construir una sociedad basada en la igualdad, la cooperación y el poder de la clase obrera.

Sin una organización disciplinada y arraigada en la clase obrera, la burguesía parasitaria mantendrá su dominio. Esa organización es el partido comunista y es indispensable que dicha organización sea fuerte para organizar a la clase obrera, unificar sus luchas y darle una dirección política capaz de enfrentar el poder económico, político e ideológico de la burguesía. Su función no es sólo resistir, sino construir conciencia de clase, coordinar la acción revolucionaria y preparar las condiciones para transformar la sociedad sobre bases socialistas. Este partido se llama PCOE y te llama a unirte a sus filas para organizar la resistencia y demolición de la apropiación privada capitalista del trabajo social.

 

¡Frente a la apropiación privada del trabajo social, revolución socialista!

¡Por la socialización de los medios de producción!

¡Construye la revolución socialista en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El caso de Zoowoman. La piratería no precariza la industria, lo hace el capitalismo

En octubre de 2021, la Brigada de Delitos Digitales registró el domicilio de Fernando “El Feo”, creador de la web Zoowoman y del canal La Filmoteca Maldita y confiscó sus dispositivos en una operación autorizada judicialmente a raíz de una denuncia impulsada por EGEDA, una empresa de gestión de derechos de productores audiovisuales presidida por Enrique Cerezo desde 1998. La Fiscalía solicita para el acusado una indemnización de 800.000 euros y una pena de prisión de dos años y medio por la difusión de películas a través de Zoowoman, una plataforma que reproducía y preservaba obras descatalogadas, muchas de ellas sin explotación comercial activa y utilizadas con frecuencia en ámbitos educativos y culturales. Según sostiene El Feo, su actividad carecía de ánimo de lucro y respondía únicamente a una labor de conservación y difusión «por amor al arte», sin retribución económica y sin publicidad. La vista oral tuvo lugar el 9 de abril de 2026 en Burgos y está a la espera de sentencia. La semana pasada, los creadores de contenido, analistas y críticos Alejandro G. Calvo y J. Maquiavello denunciaban el caso en el pódcast The Wild Project, el más visto en habla hispana.

El conflicto adquiere una dimensión mayor si se tiene en cuenta la posición de Cerezo dentro de la industria audiovisual española. Además de presidir la entidad demandante, es propietario de Video Mercury Films, distribuidora que controla entre el 70 y el 80 % del catálogo del cine español, con más de 7.000 títulos bajo su gestión. Así pues, podemos decir sin pelos en la lengua que Enrique Cerezo posé el monopolio de la exhibición del cine español. También es presidente del Atlético de Madrid e impulsor de FlixOlé, la plataforma de streaming al estilo de Netflix o Prime Video lanzada en 2020. La denuncia que desembocó en la redada se produjo poco después del lanzamiento de dicha plataforma, cuyo catálogo coincidía en una ínfima parte con el de Zoowoman. Sin embargo, Cerezo no se ha limitado a denunciar por las películas que coincidían con su catálogo, sino que lo ha hecho también por muchas otras producciones, incluyendo obras extranjeras. Para el acusado, la controversia refleja el choque entre dos modelos opuestos de acceso a la cultura: uno basado en la preservación y difusión comunitaria de obras difíciles de encontrar y otro sustentado en la explotación comercial de unos derechos concentrados en manos de grandes operadores del sector.

La lógica mercantilista, es decir, la idea de que lo que se produce debe servir para aumentar el capital, vacía de sentido la cultura, la información o el deporte y los convierte en engranajes de la industria del entretenimiento. Cuando el valor principal de un bien cultural queda reducido a su capacidad de generar beneficios, deja de responder a las necesidades sociales para convertirse en una mercancía restringida. Se priva a gran parte de la clase obrera del acceso a la cultura, la divulgación y la información, se selecciona lo difundible por criterios de rentabilidad y se criminaliza la difusión no lucrativa que persigue otros fines, ya sean educativos, sociales o culturales. En el caso de Zoowoman, la persecución es contra quien democratiza el acceso, mientras que quienes concentran derechos y catálogos actúan como garantes del monopolio.

Respecto a la difusión de los deportes y más concretamente el fútbol, Mediapro ha sido durante aproximadamente diez años la principal responsable de la producción audiovisual de los partidos de LaLiga (primera y segunda división), aunque desde 2025 perdió este contrato tras la adjudicación a HBS y Telefónica. La compañía mantiene activos como Gol Play y otras actividades vinculadas a la comercialización de derechos deportivos, mientras que la emisión de LaLiga se realiza principalmente a través de Movistar Plus+ y DAZN, con paquetes que superan los 80 euros mensuales, dependiendo del operador y la oferta contratada. Cabe destacar que el entramado de canales deportivos constituye uno de los principales impulsores de la actividad de las casas de apuestas. Tras la pérdida de este contrato, Mediapro ha ejecutado un ERE con la salida de 189 trabajadores, cerca del 20 % de la plantilla.

La acusación habitual contra la piratería es que “quita trabajo” a las trabajadoras y trabajadores del sector, pero ya vemos que dicho argumento oculta al verdadero factor de precarización, que no es otro que las propias productoras y las estructuras de la industria. Entre las prácticas que alimentan esta precariedad se encuentran la fragmentación de contratos, las altas en la Seguridad Social al inicio de la jornada y las bajas al finalizarla el mismo día, aun cuando el trabajo sea continuado durante meses, la utilización de contratos por obra y servicio para empleos que se prolongan durante años, como ha ocurrido en empresas como Mediapro (todo ello mientras producía una película crítica con la patronal como El buen patrón de Fernando León de Aranoa) o RTVE, incurriendo en ocasiones en fraude de ley al mantener dichos contratos durante más de tres años para impedir la consolidación de derechos laborales estables. A ello se le suma la figura de los falsos autónomos denunciadas en distintos momentos en empresas y medios como Cadena SER o Los 40 Principales (Prisa), Canal Sur (Radio y Televisión de Andalucía), Euskal Telebista (EiTB) o Telemadrid entre muchos otros casos. A todo éste se le debe añadir subcontratación, jornadas extenuantes, dificultad para encadenar proyectos y largos periodos sin ingresos, así como escuelas de audiovisuales que cobran matrículas elevadas y rematan con prácticas no remuneradas. Todo ello va acompañado de profesionales que se ven obligados a complementar su actividad en la industria audiovisual con trabajos freelance, darse de alta como autónomos, encadenar empleos fuera del sector o dedicarse a la docencia en escuelas audiovisuales «serias» e incluso a la venta de cursos en línea, simplemente porque no pueden vivir exclusivamente de su trabajo en la industria.

Dichas formas de explotación, lejos de ser una excepción, son sistemáticas y garantizan bajos costes y alta movilidad laboral, mientras unos pocos propietarios rentabilizan el catálogo y extraen plusvalía. Las escuelas de audiovisuales o de cine, a menudo conectadas con la industria, reproducen la ilusión del «sueño» profesional para captar mano de obra barata. Cobran cantidades significativas por formación que luego se traduce en prácticas no remuneradas o mal remuneradas y en una red de contactos que favorece el amiguismo y el enchufismo. Así se construye una cantera de trabajadores precarizados que legitiman un sistema que beneficia a quienes controlan la distribución y los derechos.

Así pues, la acusación que algunos sectores de la derecha suelen verter sobre el cine y la televisión, afirmando que están copados por la izquierda o que son especialmente progresistas, es abiertamente falsa. Se trata, de hecho, de una industria altamente elitista a la que se accede estudiando grados o másteres caros y mediante enchufes o apadrinamientos, así como gozando de una situación económica cómoda que permita pasar meses sin trabajar por falta de proyectos, algo que la gran mayoría de la clase obrera no se puede permitir. Además, las subvenciones públicas a las películas españolas no suelen superar el 15 o el 20 % de su financiación anual, siendo generalmente estas producciones las que acaban premiadas y promocionadas.

Televisión Española (RTVE), por ejemplo, suele ofrecer másteres que oscilan entre los 4.500 y los 9.500 euros y que posteriormente permiten entrar como interino en las listas de contratación, aunque nunca llaman demasiadas veces seguidas para evitar la consolidación de trabajadores fijos. Durante la época del procés independentista català se enviaba a cubrir las manifestaciones a becarias, ya que los reporteros veteranos se negaban a asistir debido a la tensión que las siglas RTVE provocaban entre los manifestantes. A los pocos meses, varias de estas becarias acabaron de baja. Otra muestra de la hipocresía del sector se produjo cuando estalló la polémica contra el cocinero Jordi Cruz en 2017, después de que defendiera el modelo de estudiantes en prácticas no remuneradas como un «privilegio formativo». ¿Acaso alguna de estas televisiones, radios o periódicos que se hicieron eco no tienen becarias y becarios trabajando sin remuneración?

Un argumento habitual para justificar la precariedad en la industria es que «no hay hueco para tanta demanda de trabajo». Sin embargo, en 2023 se registraron 375 largometrajes producidos en España —298 producciones nacionales y 77 coproducciones—, según la Estadística de Producción Cinematográfica del ICAA. Esa cifra recoge únicamente largometrajes y no incluye series ni otros proyectos televisivos o de streaming. Además, en 2023 se contabilizaron 49 rodajes internacionales en territorio español que generaron una inversión directa estimada de 197,5 millones de euros. Los incentivos fiscales y las ayudas autonómicas, como el régimen fiscal de Canarias, han sido factores importantes para atraer estos rodajes. Sumando cine, series, publicidad, contenidos de streaming, posproducción y rodajes internacionales, la actividad es sostenida y distribuida a lo largo del año. Por tanto, no falta trabajo en el sector.

Así pues, ningún magnate de la industria cultural, del entretenimiento, del deporte o de las plataformas de contenido puede acusar a nadie de parásito, pues los únicos parásitos que hay aquí son la burguesía que, a través de su entramado explotador, además crea productos audiovisuales que alienan, disgregan y generan falsos espejismos aspiracionales para la clase obrera.

Desde el PCOE expresamos nuestra solidaridad con Fernando «El Feo» ante la represión sufrida y consideramos que la única sentencia que procede es la absolución, acompañada de una indemnización por los perjuicios ocasionados durante estos cinco años. Reafirmamos que la industria audiovisual (cultural, entretenimiento, deporte, etc.) debe estar al servicio de la clase obrera. Pero no únicamente dicho sector, sino también el tecnológico, el de servicios y todos los demás, pues las relaciones de producción capitalistas constituyen hoy un freno para que la mayoría de la sociedad pueda disfrutar plenamente de los beneficios de aquello que produce. El caso de «El Feo» no es solo un proceso judicial, es un síntoma de cómo ningún sector escapa a la concentración de capital cada vez en menos manos, que cercenan el derecho a cubrir necesidades culturales además de mantener a la población alienada, ignorante y consumista. Así mismo, hacemos un llamamiento a los trabajadores y trabajadoras del sector a la lucha sindical de clase para que dejen de jugar con las expectativas vitales y los bolsillos de millones de personas, pues ahora y siempre, la lucha es el único camino.

 

¡Por la unidad de clase!

¡Solidaridad con los que sufren la represión!

Comisión Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Los entresijos del imperialismo yanqui

Lo que a primera vista pudiera parecer una prueba de fuerza del imperialismo yanqui al agredir a Irán, mirado con detenimiento es un síntoma de sus contradicciones y debilidades internas y una muestra de las urgencias que tiene EEUU para sostener su sistema económico en bancarrota. Cuando una potencia hegemónica necesita recurrir cada vez más a la coerción militar para sostener su posición global, eso indica que su dominio económico, político e ideológico ya no es tan estable como antes.

EEUU atraviesa una fase de declive debido a la pérdida de peso industrial frente a China, el endeudamiento masivo, la desigualdad social extrema, la polarización política interna y el desgaste de la legitimidad internacional. En ese marco, el imperialismo yanqui recurre cada vez más a la fuerza militar porque ya no puede sostener su hegemonía mediante el consenso económico y cultural.

Hace más de un siglo, Lenin, en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917) describió al imperialismo como una fase del capitalismo monopolista donde las potencias necesitan controlar recursos, asegurar rutas comerciales y expandir mercados para proteger sus intereses financieros. En ese entramado, Irán, como antes Venezuela, ocupa una enorme posición estratégica por sus reservas de petróleo y gas, su control cercano del Golfo Pérsico unido a su influencia regional y sus amplias conexiones con bloques rivales de EEUU. Desde esta óptica, la confrontación se vuelve indispensable para defender la estructura global del capital estadounidense.

El imperialismo yanqui ya acumula largos episodios donde ha mordido el polvo. Entre los más destacables están Vietnam, Cuba, Irak, Afganistán, Libia, por citar sólo algunos ejemplos, donde se mostró a las claras los enormes límites de su poder imperial. Esto trae aparejado guerras larguísimas, costos gigantescos, amplios sectores de rechazo interno y una flagrante incapacidad de construir estabilidad duradera. En esta tesitura, EEUU necesita abrir nuevos frentes con el aumento de una presión militar desesperada en la que no tiene asegurada la victoria y como señal de alarma de que el tablero internacional se le está escapando de las manos.

Desde esta perspectiva, Irán no se analiza aisladamente, sino dentro de un bloque de resistencias parciales al imperialismo yanqui que se caracterizan por el acercamiento a China, la cooperación con Rusia, las organizaciones alternativas como los BRICS y, muy importante, el comercio fuera del dólar. La existencia de potencias capaces de desafiar sanciones y presión militar indicaría que el momento unipolar, posterior a la Guerra Fría, se está erosionando. Llegados a este punto, EEUU intenta gestionar las contradicciones internas del capitalismo escorándose abiertamente hacia el fascismo para desviar el malestar social y justificar el aumento del gasto militar en un intento de reforzar el control político.

En resumen, la agresión contra Irán pasa de ser una demostración de omnipotencia del imperialismo yanqui, a una evidencia de una profunda crisis de hegemonía debido al agotamiento del orden unipolar que lleva aparejada la necesidad creciente de coerción, para sostener un poco más las contradicciones estructurales del capitalismo imperialista.

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Una nueva infiltración policial en el movimiento obrero en Cataluña [ESP/CAT]

La infiltración policial en espacios de organismos de la clase obrera – ya sea de índole social o sindical – vuelve periódicamente al centro del debate político en Cataluña y el resto del Estado español y reabren una cuestión de fondo: ¿hasta qué punto un estado que se proclama democrático puede justificar las infiltraciones y otros mecanismos de control y represión sobre órganos proletarios que ejercen sus derechos políticos y sindicales? La comparecencia en el Parlament de Josep Lluís Trapero y Núria Parlon ha intentado responder parcialmente a esa inquietud pública, no disipando las críticas sobre la opacidad institucional y el control político realizado por las fuerzas policiales.

La infiltración de policías en asambleas de docentes no puede analizarse como un hecho aislado, ni meramente técnico. Las asambleas sindicales y educativas son espacios de deliberación colectiva donde los trabajadores organizan sus reivindicaciones laborales, discuten tácticas y estrategias de movilización y construyen solidaridad. La introducción encubierta de agentes del Estado en estos espacios altera inevitablemente la confianza interna y genera un efecto de intimidación política. El estado burgués suele justificar estas prácticas en nombre de la prevención de desórdenes o de la seguridad pública, retratando su naturaleza antiobrera, buscando abonar el terreno para la desvertebración y la represión de la lucha organizada del proletariado y dejando, bien patente, la médula espinal reaccionaria de este estado franquista travestido de democracia gracias a la traición que supuso la Transición.

Históricamente, la infiltración policial ha sido una herramienta recurrente contra el movimiento obrero. Desde finales del siglo XIX, numerosos estados europeos desarrollaron brigadas especializadas en vigilar sindicatos, partidos obreros y organizaciones revolucionarias. El objetivo no era prevenir actos violentos (la clase que tiene el monopolio de la violencia es la burguesía a través de su estado), sino conocer anticipadamente huelgas para reventarlas y reprimirlas, identificar dirigentes y romper la organización de la clase proletaria. Durante el franquismo, esta lógica alcanzó niveles sistemáticos mediante la Brigada Político-Social que se sostienen en el tiempo. La vigilancia sobre organizaciones obreras nunca ha desaparecido, sino que ha adoptado formas más sofisticadas.

El problema central es político. En las “democracias” burguesas, la policía aparece como garante neutral del orden público; pero en la práctica, numerosos episodios históricos muestran que los cuerpos policiales intervienen para proteger los intereses económicos y políticos del capital y, para ello, no vacilan en perseguir y reprimir a la clase obrera. Este carácter de clase del estado burgués explica el porqué de las infiltraciones contra los movimientos sindicales, obreros y revolucionarios de la clase proletaria.

La comparecencia parlamentaria de Trapero y Parlon, otro gobierno de la “izquierda”, evidenció precisamente esa tensión. Por un lado, ambos insistieron en la legalidad de las actuaciones policiales y en la necesidad de preservar herramientas de inteligencia, contra la clase obrera a la que, de facto, no la considera ciudadanía sino enemigo de clase. Por otro, diversos grupos parlamentarios y organizaciones sociales cuestionaron la falta de control democrático y la ausencia de límites claros sobre qué tipo de espacios pueden ser objeto de infiltración. El debate no se reduce a una cuestión jurídica, sino a una cuestión de legitimidad democrática: ¿puede considerarse plenamente libre una organización social que sospecha estar permanentemente observada por el aparato estatal?

Estas discusiones conectan con reflexiones clásicas sobre la naturaleza del Estado, particularmente las formuladas por Lenin en su obra “El Estado y la revolución” (1917). En esta obra, Lenin retoma ideas de Marx y Engels para definir el Estado no como una institución neutral al servicio del conjunto de la sociedad, sino como un instrumento de dominación de clase. El Estado surge cuando las contradicciones entre las clases sociales se vuelven irreconciliables y se necesita un aparato especial de coerción —ejército, policía, tribunales, burocracia— para mantener un determinado orden social. Lenin sostiene que las democracias burguesas, por pertenecer el estado a esta determinada clase social, conservan este carácter de clase, aunque lo presenten bajo formas representativas y legales. Para él, la policía y el aparato administrativo no son órganos neutrales, sino mecanismos destinados a garantizar la reproducción del poder económico dominante. Por eso critica la idea reformista de que el Estado puede transformarse gradualmente en una herramienta imparcial, aquí tenemos la última prueba, y plantea que la clase obrera debe destruir el aparato estatal burgués y sustituirlo por nuevas formas de poder popular.

El análisis de Lenin es indispensable para interpretar debates contemporáneos sobre vigilancia e infiltración. La sospecha hacia las actuaciones policiales en movimientos obreros no nace únicamente de casos concretos, sino de una concepción más amplia según la cual el Estado tiende a priorizar los intereses de la clase social dominante. Cuando docentes, sindicatos o movimientos populares descubren la presencia de infiltrados, muchos interpretan el hecho no como una excepción, sino como una manifestación estructural de esa lógica estatal.

En definitiva, la controversia sobre las infiltraciones de los Mossos d’Esquadra no es solo un debate sobre protocolos policiales. Es una demostración flagrante del carácter de clase del Estado español en cualquiera de sus estamentos y una demostración práctica de la definición leninista del estado como una organización para ejercer violencia de una clase sobre la otra. Esta nueva infiltración policial es un ataque frontal del poder estatal burgués contra las organizaciones obreras, donde se difuminan los límites del poder estatal, el derecho a la organización política y sindical, y queda en evidencia el carácter reaccionario de las instituciones.

La clase obrera jamás podrá ejercer sus derechos democráticos en el sistema capitalista ni dentro del estado que éste eleva. La única vía que la clase obrera tiene para conquistar plenamente sus derechos, para emanciparse como clase social, pasa por la organización revolucionaria del proletariado, pasa por fortalecer el Partido, pasa por acabar con el capitalismo y construir el socialismo.

 

¡Contra su violencia, más organización!

¡En defensa de la educación pública, milita en el PCOC!

¡Por la dictadura del proletariado, por el Socialismo!

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

 

Una nova infiltració policial al moviment obrer a Catalunya

 

La infiltració policial en espais d’organitzacions de la classe treballadora – ja sigui de caràcter social o sindical – torna a ser un tema central en el debat polític a Catalunya i a la resta de l’Estat espanyol, i reobre una qüestió fonamental: fins a quin punt un estat que es proclama democràtic pot justificar les infiltracions i altres mecanismes de control i repressió sobre els organismes proletaris que exerceixen els seus drets polítics i sindicals? La compareixença al Parlament de Josep Lluís Trapero i Núria Parlon ha intentat respondre parcialment a aquesta preocupació, sense dissipar les crítiques sobre la opacitat institucional i el control polític realitzat per les forces policials.

La infiltració de policies en assemblees de docents no pot ser analitzada com un fet aïllat, ni només tècnic. Les assemblees sindicals i educatives són espais de deliberació col·lectiva on els treballadors organitzen les seves reivindicacions laborals, discuteixen tàctiques i estratègies de mobilització i construeixen solidaritat. La introducció encoberta d’agents de l’estat en aquests espais altera inevitablement la confiança interna i genera un efecte d’intimidació política. L’estat burgès sol justificar aquestes pràctiques en nom de la prevenció de desordres o de la seguretat pública, retratant la seva naturalesa antiobrera, buscant abonar el terreny per a la desvertebració i la repressió de la lluita organitzada del proletariat i deixant, de manera clara, la medul·la espinal reaccionària d’aquest estat franquista transvestit de democràcia gràcies a la traïció que va suposar la transició.

Històricament, la infiltració policial ha estat una eina recurrent contra el moviment obrer. Des de finals del segle XIX, diversos estats europeus van desenvolupar brigades especialitzades per vigilar els sindicats, els partits obrers i les organitzacions revolucionàries. L’objectiu no era prevenir actes violents (la classe que té el monopoli de la violència és la burgesia a través del seu estat), sinó conèixer anticipadament les vagues per rebentar-les i reprimir-les, identificar els líders i trencar l’organització de la classe proletària. Durant el franquisme, aquesta lògica va arribar a nivells sistemàtics mitjançant la Brigada Político-Social, que es mantenen en el temps. La vigilància sobre les organitzacions obreres mai no ha desaparegut, sinó que s’ha adoptat formes més

sofisticades.

El problema central és polític. En les “democràcies” burgeses, la policia apareix com a garant de l’ordre públic; però en la pràctica, diversos episodis històrics mostren que els cossos policials intervenen per protegir els interessos econòmics i polítics del capital, i per a això, no vacil·len per perseguir i reprimir la classe treballadora. Aquest caràcter de classe de l’estat burgès explica el perquè de les infiltracions contra els moviments sindicals, obrers i revolucionaris de la classe proletària.

La compareixença parlamentària de Trapero i Parlon, un altre govern de la “esquerra”, va evidenciar precisament aquesta tensió. Per un costat, tots dos van insistir en la legalitat de les actuacions policials i en la necessitat de preservar les eines d’intel·ligència contra la classe treballadora, a la qual, de facto, no la consideren ciutadania, sinó enemic de classe. Per altre costat, diversos grups parlamentaris i organitzacions socials van qüestionar la manca de control democràtic i l’absència de límits clars sobre quins tipus d’espais poden ser objecte d’infiltració. El debat no es redueix a una qüestió jurídica, sinó a una qüestió de legitimitat democràtica: pot considerar-se plenament lliure una organització social que sospita que està permanentment observada per l’aparell estatal?

Aquestes discussions connecten amb reflexions clàssiques sobre la naturalesa de l estat, particularment les formulades per Lenin en la seva obra “L’Estat i la revolució” (1917). En aquesta obra, Lenin reprèn idees de Marx i Engels per definir l’estat no com a institució neutral al servei de tot la societat, sinó com a instrument de dominació de classe. L’estat surt quan les contradiccions entre les classes socials es converteixen en irreconciliables i es necessita un aparell especial de coerció – exèrcit, policia, tribunals, burocràcia – per mantenir un determinat ordre social. Lenin argumenta que les democràcies burgeses, per pertànyer l’estat a aquesta determinada classe social, conserven aquest caràcter de classe, encara que el presentin sota formes representatives i legals. Per a ell, la policia i l’aparell administratiu no són òrgans neutrals, sinó mecanismes destinats a garantir la reproducció del poder econòmic dominant. Per això critica la idea reformista que l’estat pot transformar-se gradualment en una eina imparcial. Aquí tenim la prova final. Per tant, planteja que la classe treballadora ha de destruir l’aparell estatal burgès i substituir-lo per noves formes de poder popular.

L’anàlisi de Lenin és indispensable per interpretar debats contemporanis sobre vigilància i infiltració. La sospita envers les actuacions policials en moviments obrers no neix únicament de casos concrets, sinó d’una concepció més àmplia segons la qual l’estat tendeix a prioritzar els interessos de la classe social dominant. Quan docents, sindicats o moviments populars descobreixen la presència d’infiltrats, molts interpreten això no com a excepcionalitat, sinó com a manifestació estructural d’aquesta lògica estatal.

En definitiva, la controvèrsia sobre les infiltracions dels Mossos d’Esquadra no és només un debat sobre protocols policials. És una demostració flagrant del caràcter de classe de l’estat espanyol en qualsevol dels seus estaments i és una demostració pràctica de la definició leninista de l’estat com a organització per exercir violència d’una classe sobre una altra. Aquesta nova infiltració policial és un atac frontal del poder estatal burgès contra les organitzacions obreres, on es difuminen els límits del poder estatal, el dret a l’organització política i sindical, i queda en evidència el caràcter reaccionari de les institucions.

La classe treballadora mai podrà exercir els seus drets democràtics en el sistema capitalista ni dins de l’estat que aquest eleva. L’única via que la classe treballadora té per conquerir plenament els seus drets, per emancipar-se com a classe social, passa per l’organització revolucionària del proletariat, passa per reforçar el Partit, passa per acabar amb el capitalisme i construir el socialisme.

 

Contra la seva violència, més organització!

En defensa de l’educació pública, milita el PCOC!

Per la dictadura del proletariat, pel Socialisme!

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)




Los tentáculos del sionismo llegan a Euskal Herria [ESP/EUS]

El pasado 23 de mayo unos activistas, miembros de la Global Sumud Flotilla, retornaban tras su detención ilegal en aguas internacionales por parte del ente sionista de Israel, un viaje de vuelta atrasado debido a las lesiones de al menos dos de sus miembros a causa de la más que normalizada y blanqueada acción de maltrato por parte de los secuestradores sionistas. A su llegada, había organizado un acto de bienvenida, y apenas llegaron estos a donde se hallaba dicho acto, la policía empezó a cargar con porrazos contra los activistas, los cuales ya venían de sufrir la tortura por parte del Estado genocida.

En palabras del Departamento Vasco de Seguridad, la Jefatura de Asuntos Internos de la Ertzaintza ha puesto en marcha una investigación para determinar “si los agentes actuaban dentro del protocolo”. ¿Dentro del protocolo entra la posibilidad de cargar de forma violenta contra personas que están pacíficamente celebrando su llegada con un acto de bienvenida en solidaridad con las mismas? Sin embargo, son bien sabidas las conexiones de la Ertzaintza y del Gobierno Vasco con el sionismo. Ahí están informes como el de “Estrategia de Internacionalización 2020” donde se señala que “en Oriente Medio, Israel constituye un socio preferente del que aprender”, o cuando la Federación de Cooperativas Agroalimentarias de Euskadi organizó un viaje para “profundizar en el conocimiento del Kibutz” y en el que participó el viceconsejero de Trabajo del Gobierno Vasco, Jon Akue. Este último viaje estaba promovido por la Asociación Cultural Euskadi-Israel, liderada por Laurence Franks, a su vez presidente del Fondo Nacional Judío, una de las principales herramientas de colonización sionista de Palestina. También se puede hablar del suministro de diversas cámaras de vigilancia a la Consejería de Interior del Gobierno Vasco y venta de micrófonos del tamaño de un alfiler a la Ertzaintza durante la década de los 90. Y como no, tenemos el caso del grupo ferroviario vasco (CAF) que ha colaborado en el desarrollo de líneas de tren ligero entre Jerusalén Oeste y los asentamientos colonos en Cisjordania.

Esto, junto a la compraventa de armamento por parte del Estado español con Israel y acciones represivas como la de la policía alemana (te pueden detener por el hecho de pronunciar el lema “desde el río hasta el mar”) más diferentes políticos de la UE justificando el genocidio contra el pueblo palestino, deja bien claro el compromiso del bloque imperialista de Estados Unidos y sus adláteres, para con el estado sionista, el cual es su punta de lanza en Oriente Medio. Ojo, esto no significa que vaya a caer por acción del grupo BRICS, tan sólo hay que ver como los dos grandes integrantes, Rusia y China, mantienen relaciones con el apartheid sionista, y además, teniendo en cuenta la situación de bancarrota del capitalismo, con una economía mundial totalmente interdependiente, a la oligarquía de dichos países no les interesa terminar con la economía de Estados Unidos (que podrían) viendo el riesgo para su extracción de plusvalía. O lo que es lo mismo, se niegan a dar el golpe de gracia al imperialismo en favor de la clase obrera de los distintos pueblos (incluyendo aquella que compone el pueblo palestino) porque al final forman parte del mismo imperialismo.

En conclusión, lo único que queda es organizar al proletariado en nuestros países para acabar con el sionismo. Es la mejor forma de socorrer al proletariado en Palestina, terminar con la oligarquía de nuestra zona es cerrar de alguna forma el grifo a Israel, tan sólo hay que ver como reaccionaron pidiendo ayuda desesperadamente a sus amos porque Irán apenas había tirado unos misiles en territorio de los sionistas. La clase obrera en los países de la UE y en Estados Unidos tenemos ese cometido, de esta forma, los colonos perderán su principal punto de apoyo.

Para esto es indispensable la reedición una nueva Internacional Comunista, es decir, la construcción de un único partido a nivel mundial construido por y para la clase obrera, con sus diferentes secciones por cada nación política con o sin estado. Sólo con una Revolución Proletaria Mundial obtendrá el pueblo trabajador en Palestina el derecho a la autodeterminación, a la separación política en un estado propio.

 

¡Por un estado único palestino!

¡Abajo el genocidio!

¡Socialismo o barbarie!

Comité Nacional de Euskal Herria del Partido Comunista Obrero Español

Sionismoaren garroak Euskal Herrira heldu dira

 

Joan den maiatzaren 23an, ekintzaile batzuk, Global Sumud Flotillako kideak, Israelgo erakunde sionistak nazioarteko uretan legez kanpo atxilotu ondoren, itzulerako bidaia atzeratu bat egiten ari ziren, gutxienez bi kideren lesioen ondorioz, bahitzaile sionistek egindako tratu txarren ekintza normalizatu eta zuritu baten ondorioz. Heldu zirenean, ongietorri ekitaldi bat antolatua zuen, eta haiek ekitaldia egiten ari zen tokira iritsi bezain laster, polizia aktibisten aurka oldartu zen porrekin, zeinek jada estatu genozidaren torturak pairatu baitzituzten.

Euskal Segurtasun Sailaren hitzetan, Ertzaintzaren Barne Arazoetarako Burutzak ikerketa bat abiatu du, “agenteek protokoloaren barruan jardun ote zuten” zehazteko. Protokoloaren barruan sartzen al da beren etorrera modu baketsuan ospatzen ari diren pertsonen aurka indarkeriaz kargatzeko aukera, pertsona horiei elkartasuna adierazteko ongietorri ekitaldi batekin? Hala ere, Ertzaintzak eta Eusko Jaurlaritzak sionismoarekin duten lotura jakina da. Hor daude, besteak beste, “Nazioartekotze Estrategia 2020”, non adierazten den “Ekialde Hurbilean, Israel ikasi beharreko lehentasunezko bazkidea dela”, edo Euskadiko Nekazaritzako Elikagaien Kooperatiben Federazioak “Kibutzaren ezagutzan sakontzeko” bidaia bat antolatu zuenean, non Eusko Jaurlaritzako Laneko sailburuorde Jon Akuek parte hartu baitzuen. Azken bidaia hori Euskadi-Israel Kultur Elkarteak sustatzen zuen, Laurence Franks buru zuela, eta, aldi berean, Funts Nazional Juduaren presidentea zen, Palestinako kolonizazio sionistaren tresna nagusietako bat. Era berean, Eusko Jaurlaritzako Herrizaingo Sailari zaintza-kamerak hornitzeaz eta Ertzaintzari orratz baten tamainako mikrofonoak saltzeaz hitz egin daiteke 90eko hamarkadan. Eta, nola ez, euskal trenbide-taldearen (CAF) kasua dugu, Mendebaldeko Jerusalemen eta Zisjordaniako kolonoen kokalekuen artean tren arineko lineak garatzen lagundu duena.

Horrek, espainiar Estatuak Israelekin  egindako armamentuaren salerosketarekin eta Alemaniako poliziarena bezalako ekintza errepresiboekin batera (atxilotu zaitzakete “ibaitik itsasoraino” leloa esateagatik), EBko politikari desberdinagoak, palestinar herriaren aurkako genozidioa justifikatuz, argi uzten du Estatu Batuetako bloke inperialistak eta bere adlerrek sionista estatuarekin duten konpromisoa, Ekialde Hurbilean duen lantza punta baita. Kontuz, horrek ez du esan nahi BRICS taldearen eraginez eroriko denik, bi kide handiek, Errusiak eta Txinak, apartheid sionistarekin harremanak dituztela ikustea besterik ez dago, eta gainera, kapitalismoaren porrot-egoera kontuan hartuta, mundu mailako ekonomia guztiz interdependentea izanik, herrialde horietako oligarkiari ez zaio interesatzen Estatu Batuetako ekonomiarekin amaitzea (izan lezakete), gainbalioa ateratzeko arriskua ikusita. Edo, bestela esanda, uko egiten diote inperialismoari graziazko kolpea emateari herri ezberdinetako langile-klasearen alde (herri palestinarra osatzen duena barne), azkenean inperialismo beraren parte direlako.

Laburbilduz, geratzen den gauza bakarra da gure herrialdeetan proletarioak antolatzea sionismoarekin amaitzeko. Palestinako proletarioei laguntzeko modurik onena da. Gure inguruko oligarkiarekin amaitzea Israeli iturria ixtea da nolabait. Ikusi besterik ez da egin behar nola erantzun zuten ugazabei etsi-etsian laguntza eskatuz, Iranek ozta-ozta bota baitzituen misilak sionisten lurraldean. Langile klaseak EBko herrialdeetan eta Estatu Batuetan zeregin hori dugu; horrela, kolonoek beren laguntza-gune nagusia galduko dute.

Horretarako ezinbestekoa da Internazional Komunista berri bat berrargitaratzea, hau da, langile klaseak eta langileriarentzat eraikitako mundu mailako alderdi bakar bat eraikitzea, estaturik duen edo ez duen nazio politiko bakoitzak bere atalak dituela. Mundu Iraultza Proletario batekin bakarrik lortuko du herri langileak Palestinan autodeterminaziorako eskubidea, banaketa politikorako eskubidea estatu propio batean.

 

Estatu palestinar bakar baten alde!

Behera genozidioa!

Sozialismoa ala basakeria!

PCOEren Euskal Herriko Batzorde Nazionala




La ofensiva burguesa contra la educación y la sanidad

Los ataques contra la educación y la sanidad públicas en Madrid no son hechos aislados ni errores de gestión. Son la expresión directa del capitalismo y de sus administradores políticos. Mientras miles de profesores salen a las calles denunciando el deterioro de la enseñanza pública y las condiciones cada vez más precarias en colegios, institutos y universidades, los trabajadores de la sanidad privada vinculada a Quirón se ven obligados a ir a la huelga ante la creciente explotación y el enriquecimiento de las empresas sanitarias que reciben dinero público.

El mismo Gobierno que habla de “libertad” condena a la juventud obrera a aulas masificadas, precariedad educativa y deterioro cultural. Al mismo tiempo, desvía millones hacia empresas privadas de la sanidad. No son dos conflictos diferentes. Es el mismo mecanismo capitalista actuando sobre los servicios esenciales de la clase trabajadora.

La burguesía necesita destruir poco a poco lo público para convertir los derechos conseguidos tras décadas de lucha obrera en nuevos sectores de beneficio privado. Primero destruyen los servicios públicos, luego justifican su privatización y finalmente entregan sectores enteros a empresarios y fondos parásitos que viven de la necesidad y del sufrimiento de la gran mayoría. La educación se convierte en un medio para producir trabajadores dóciles donde el objetivo no es formar, sino sacar un rédito económico y la sanidad se transforma en mercancía.

Mientras tanto, los trabajadores de ambos sectores llevan sobre sus espaldas jornadas insoportables, salarios insuficientes y plantillas cada vez más debilitadas. Profesores y sanitarios tienen al mismo enemigo de clase: un sistema económico incapaz de garantizar condiciones dignas incluso en áreas fundamentales para la vida humana.

Frente a esta situación, la clase obrera no puede limitarse a la indignación pasiva ni a confiar en quienes gestionan el mismo sistema que provoca el problema. Solo la organización combativa, la unidad entre los comunistas y la clase obrera de todos los sectores y la recuperación de una política auténticamente obrera y marxista pueden enfrentar la destrucción planificada de los servicios públicos.

Cada escuela abandonada y cada hospital privatizado son una prueba de que el capitalismo solo ofrece decadencia social, precariedad y saqueo.

La lucha por la educación y la sanidad públicas es inseparable de la lucha contra el dominio de la burguesía y contra un sistema construido para enriquecer a una minoría a costa de la mayoría trabajadora.

 

¡Socialismo o barbarie!

Comité Regional del PCOE en Madrid




La importancia de fortalecer al PCOE

En el momento actual, la clase obrera, más que nunca, continúa soportando las consecuencias de un sistema basado en la explotación del trabajo asalariado, la concentración de la riqueza en manos de una minoría y la subordinación de las necesidades humanas a los intereses del capital. La guerra es el síntoma terminal de la fase en la que se encuentra el capitalismo en su fase putrefacta, la imperialista. Frente a esta realidad, se hace más necesaria que nunca la organización consciente y combativa de la clase obrera para emanciparse de esa violencia de la clase burguesa. En este contexto, el PCOE representa una herramienta política fundamental para unir las luchas obreras, defender los derechos conquistados y avanzar hacia una transformación profunda de la sociedad. Sin organización revolucionaria, la clase obrera permanece fragmentada y vulnerable ante los ataques constantes del capital y sus instituciones armadas.

Fortalecer el PCOE significa generar la capacidad de la clase obrera para luchar por la superación del sistema de explotación capitalista y la construcción del socialismo, basado en la ciencia del marxismo-leninismo, ciencia que ha vuelto invencible a la clase obrera en el discurrir de la historia y que la ha plegado a los pies del imperialismo cuando ha sido traicionada. Fortalecer el PCOE significa construir una alternativa política que supere definitivamente el sistema de explotación y dominación que impone la esclavitud asalariada.

La emancipación de la clase obrera solo puede ser obra de la propia clase obrera organizada en su partido comunista, su misión histórica. Por ello, llamamos a trabajadores, jóvenes, estudiantes y sectores populares a participar activamente en la construcción de un movimiento revolucionario fuerte, disciplinado y arraigado en las luchas del pueblo.

Hoy más que nunca, es necesario elevar la conciencia de clase, fortalecer la solidaridad entre la clase obrera y defender la unidad frente a quienes buscan dividirnos. La historia demuestra que ningún derecho fue conquistado sin organización y lucha colectiva. Sólo con unidad, conciencia y organización, avanzaremos hacia una sociedad donde la producción esté al servicio de las necesidades humanas y no del beneficio privado.

 

¡Fortalecer el PCOE es fortalecer la lucha de la clase obrera!

¡Por una sociedad socialista sin explotación ni opresión!

¡Por la emancipación de la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Solidaridad con Cuba, su revolución y con el compañero Raúl Castro Ruz

El fascista estado norteamericano, el estado más criminal y asesino que ha parido la historia, erigiéndose nuevamente en caudillo del mundo, ha procedido a levantar cargos contra el compañero Raúl Castro Ruz, dirigente histórico de la Revolución cubana. El delito de Raúl para el Imperio ha sido cumplir con la Revolución y con la defensa y la soberanía de Cuba.

EEUU vulnera sistemáticamente toda legalidad internacional, sojuzga a los pueblos del mundo con la mayor impunidad, con unos dirigentes que son una caterva de narcotraficantes, ladrones y pedófilos, aparte de genocidas, y prosiguen el acoso y derribo contra la Revolución cubana y su heroico pueblo y esta vez se concreta en este ataque contra el compañero Raúl.

Sin embargo, lejos de mostrar fortaleza, esta acción del imperialismo norteamericano lo que denota es su bancarrota económica y política que le empuja a abrazar al fascismo como tabla de salvación de una élite putrefacta.

El bloqueo norteamericano contra Cuba, durante décadas, es un acto de genocidio contra dicho pueblo que EEUU ha materializado con una impunidad absoluta, a pesar de vulnerar cualquier principio elemental de la legalidad internacional y, por supuesto, reflejando la deshumanización de lo que es y significa el imperio. EEUU es responsable de un ingente número de golpes de estados y de guerras en los diferentes continentes del planeta.

El imperialismo es enemigo de la humanidad y sólo puede subsistir expoliando y asesinando. Cuba ha sido, y es, un espejo para millones de seres humanos y para muchos pueblos masacrados por el imperialismo y, por ello, lleva siendo agredida décadas por EEUU, que no puede permitir que el modelo cubano prospere para impedir que se multipliquen procesos revolucionarios a lo largo del mundo y, fundamentalmente, en el continente americano al fin de emular a Cuba, a su humanismo y su justicia social.

Mientras en EEUU el pueblo cada día se empobrece más y sus condiciones de vida son más precarias, su jefe de estado, atenazado por el caso de pedofilia Epstein, y empujado por la necesidad que tienen los monopolios de apropiarse de la riqueza para confrontarse con China y demás potencias hegemónicas, debe apostarlo todo al fascismo – que en política exterior es el chovinismo, la guerra imperialista – expresando sus apetencias expansionistas con respecto de Canadá, Groenlandia, Oriente Medio y, fundamentalmente, el continente americano del que se considera dueño.

Irán está dando buena cuenta de que el imperialismo norteamericano es batible en el terreno militar, como antaño hicieron otros pueblos del mundo. Este fracaso militar, y también económico, el criminal gobierno norteamericano trata de superarlo como únicamente sabe: con la extorsión, con la injerencia, con el terrorismo, con el golpismo y el saqueo.

En América Latina EEUU ha perseguido judicialmente e, incluso, encarcelado – ya sea de manera directa o a través de los corruptos sistemas judiciales de los estados latinoamericanos manejados desde Washington – a Nicolás Maduro, Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales, Zelaya o Lula da Silva, entre otros, y ahora, pretende hacerlo con Raúl Castro. A pesar de ello, de la ingente corrupción que siembra EEUU en el continente americano, de los pucherazos electorales, comprueba cómo los pueblos latinoamericanos se resisten y responden a dicha política de expolio e incrementan su oposición en Chile, Argentina o en Bolivia donde hay vendepatrias fascistas al servicio del Pentágono como Milei, Kast o Paz, sujetos inmorales, deshumanizados y altamente corruptos que son piezas del engranaje saqueador norteamericano.

Desde el Partido Comunista Obrero Español trasladamos toda nuestra solidaridad con Cuba, la Revolución y con el General Raúl Castro Ruz. Para que la humanidad pueda vivir el imperialismo debe morir.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 21 de mayo de 2026

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)