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Incendios: El capitalismo mata al hombre y a la naturaleza

Catalunya arde mientras décadas de recortes, precarización y abandono dejan a los servicios públicos sin capacidad para responder. No es un fracaso de los bomberos, sino del sistema capitalista, y queda al descubierto la bancarrota de un modelo que ha desmantelado y precarizado los servicios públicos, para poner los recursos al servicio del capital y sacrificando la prevención y la protección colectiva en favor de los intereses de la burguesía.

 

Los Mossos detuvieron a un chivo expiatorio, a un operario, culpabilizándole del incendio en La Bisbal, que trabajaba para una UTE (Unión Temporal de Empresas) formada por Construccions Rubau y Aquaterra, adjudicataria de un contrato de la Generalitat de Catalunya para la conservación y el mantenimiento de carreteras. Así pues, otra vez más, el aparato represivo y mediático del Estado responde como siempre, criminalizando y encarcelando a un trabajador, señalado como presunto responsable de uno de los incendios, sin siquiera investigar si la empresa subcontratada se ceñía al protocolo de actuación, o las condiciones bajo las cuales trabajaban los obreros. Mientras quienes llevan años impulsando políticas que debilitan la capacidad de respuesta ante estas catástrofes e injusticias permanecen intocables, individualizan la culpa para ocultar las responsabilidades estructurales de quienes gobiernan.

 

Y no es casualidad que esta política la encabece hoy el PSC, la expresión en Catalunya del socialfascista PSOE. Tras su falsa retórica de diálogo y progreso, vuelve a demostrarse, una vez más, que el ala izquierda del sistema reaccionario español, lejos de combatir al capitalismo lo que hace es administrarlo y protegerlo. Cuando la clase trabajadora paga las consecuencias de un sistema incapaz de proteger la tierra donde vive, la respuesta no se basa en cuestionar las causas estructurales, sino preservar el mismo orden social que beneficia a la burguesía y descargar el peso de la crisis sobre quienes viven de su trabajo.

 

Por mucho que su eslogan sea “el govern de tothom” de Cataluña, este no gobierna para la clase trabajadora sino en favor de la burguesía. Criminaliza a la clase obrera mientras blinda a quienes hacen negocio con la precariedad y el expolio del territorio.

Aragón también arde, donde el fuego ha arrasado más de 16.000 hectáreas en las provincias de Zaragoza y de Huesca. Una comunidad autónoma en la que las plantillas de bomberos forestales están por debajo del número de efectivos que debiera disponer, donde el monte no se limpia – no se limpia la biomasa, es punitivo con sanción económica el recoger leña, etc. – unido a la despoblación del agro aragonés, y de la actividad ganadera que hace que los montes sean un auténtico polvorín.

 

Entre 2009 y 2025 el gasto en prevención de incendios se redujo en un 25%, siendo Galicia, Extremadura y Castilla y León, curiosamente los territorios más afectados el pasado año por los incendios, los que más recortaron.

Andalucía también ha ardido, y sigue ardiendo, con un incendio en Los Gallardos, Almería, que ha provocado 13 muertes. Estas 13 muertes son la consecuencia de una serie de factores característicos del capitalismo donde se recorta al pueblo para traspasarlo a los capitalistas y donde lo único que importa es el bolsillo del burgués, su enriquecimiento:

  • Recortes presupuestarios y de medios en materia de incendios forestales. En este caso, días antes del incendio la Junta de Andalucía redujo un 14% el número de agentes de extinción de incendios forestales pasando de 698 a 602. Mientras en 2004 a 1 de junio los operativos antiincendios estaban preparados y operativos al 100%, en 2026 éstos se hallan plenamente operativos a mediados de julio, a pesar de que el clima en 2026 es más proclive a los incendios que en 2004.

  • Urbanización de terrenos que no son urbanizables, en terrenos rústicos. En los Gallardos el 38% de la población habita en terrenos no urbanizables, fundamentalmente personas centroeuropeas que tienen dichas viviendas como segunda residencia. Esta construcción ilegal, e irracional, se ha permitido por ayuntamientos y administración regional como consecuencia del alto poder adquisitivo de las personas propietarias de dichas residencias, desarrollando los gobiernos andaluces de PSOE/IU primero, y de PP después, leyes para legalizar estas segundas residencias ilegales de gente con potencial económico de Centroeuropa como son el Decreto 2/2012 de 10 de enero por el que se regula el régimen de las edificaciones y asentamientos existentes en suelo no urbanizable en la Comunidad Autónoma de Andalucía y la Ley 7/2021, de 1 de diciembre, de impulso para la sostenibilidad del territorio de Andalucía.

  • Esta Ley 7/2021 de 1 de diciembre, realizada por el Gobierno fascista de PP/C’s apoyado por VOX fue una Ley para legalizar la ingente cantidad de viviendas ilegales existentes en Andalucía, fundamentalmente en lugares turísticos y de costa. La legalización de un urbanismo desaforado, que niega la vivienda como derecho y la institucionaliza como negocio, fuente de pelotazos de la burguesía que construye urbanizaciones ilegales y que a éstos se la legaliza con la corrupción política de Junta de Andalucía, Diputaciones y Ayuntamientos, demostrando que ésta es la forma en la que el capital maneja al Estado. Unas viviendas que son una ratonera en caso de incendios en Andalucía, al igual que lo son cuando hay una DANA o lluvias torrenciales, como ha pasado en Andalucía u ocurrió en Valencia, cuando la DANA de octubre de 2024, unido a la negligencia del gobierno fascista del PP valenciano, esa construcción desaforada, en este caso con Planes de Ordenación Urbana que permitieron urbanizar en las escorrentías y torrentes, unas políticas capitalistas de urbanismo y de incompetencia absoluta de gobernantes burgueses incompetentes lacayos del capital que asesinaron a 230 personas.

  • Al igual que en otros territorios, en Andalucía el campo se halla abandonado, y no se limpia como procede el monte, que unido a las cada vez mayores temperaturas y durante más tiempo, consecuencia del cambio climático, hace que el campo sea pasto de incendio.

La “democracia” española y su Estado, o lo que es lo mismo, la continuidad del Estado franquista con ligeros toques cosméticos, de denominación fundamentalmente, todo, está organizado para explotar a la clase obrera hasta la extenuación, para robarnos absolutamente todo, incluido nuestras vidas, estando el pueblo totalmente vendido porque nada importa la seguridad del pueblo sino los intereses económicos de los capitalistas, porque el pueblo está despojado del poder, el cual lo ostentan marionetas de los empresarios. En los países capitalistas, como lo es el Estado español, la política es la del sálvese quien pueda y, por supuesto, todo está subordinado a los intereses de la minoría explotadora, burguesa.

El sistema capitalista y sus leyes despojan al proletariado, que es el pueblo, de la capacidad de gobernarse, de la capacidad de distribuir aquello que produce y, por consiguiente, también le despoja de su capacidad para organizar la defensa de las vidas de nuestra clase, tanto en el plano militar como en el plano civil. Por eso la política ha sido la de desvincular al pueblo de su defensa civil, desvertebrando las cuadrillas en multitud de municipios rurales encargadas de prevenir el fuego, de limpiar los montes y de desarrollar todo tipo de actividad necesaria de vigilancia y para prevenir el fuego, como de crear los cortafuegos necesarios para evitar la propagación de éste en el caso de producirse.

Mientras tanto, el capital y sus esbirros políticos (ya sean abiertamente fascistas, ya sea la “izquierda” capitalista socialdemócrata y oportunista; todos ellos capitalistas), corruptos hasta el tuétano, legalizan todo tipo de ilegalidad que perpetran los burgueses para enriquecerse, transfieren riqueza robada al pueblo para entregarla a los capitalistas y reprimen al pueblo sin cuartel al que le niegan todo tipo de derecho, incluida la vida.

Desde el PCOE hacemos un llamamiento a la clase obrera a organizarse contra el capitalismo y su Estado, a engrosar las filas de nuestro Partido, para hacernos dueños de nuestras propias vidas y de lo que con nuestro trabajo producimos, para poder defender nuestra vida, nuestra integridad y nuestra dignidad como el pueblo que somos, siendo los capitalistas enemigos jurados del pueblo. Solo el proletariado organizado, desarrollando la Revolución proletaria, puede aplicar justicia a todos los canallas que culpan a los obreros de los males de nuestro pueblo, de nuestra clase, como hizo el President de la Generalitat culpabilizando a un obrero exonerando a los responsables empresariales de la UTE, así como a quienes adjudicaron y supervisaron el contrato, verdaderos responsables del incendio de La Bisbal con sus privatizaciones y recortes, esto es, con su política de saqueo al pueblo para entregar lo robado a la burguesía, a los empresarios. Solo el pueblo organizado, de manera revolucionaria, puede aplicar justicia a los canallas que les reprimen, que niegan el cambio climático y destruyen la naturaleza, en definitiva, sólo el proletariado armado de su ideología, el marxismo-leninismo, y dirigido por el Partido, puede conquistar el poder y ajustar cuentas a los fascistas y a los traidores oportunistas y socialdemócratas que engañan a la clase obrera y que sirven a sus verdugos. El capitalismo destruye sus fuentes de enriquecimiento: al proletariado y a la naturaleza.

 

¡Por la Organización Revolucionaria del Pueblo!

¡Por el desarrollo del Partido Comunista Obrero Español!

¡Por la Revolución Socialista!

 

Madrid, 19 de julio de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Imperialismo, religión y fascistas españoles. ¡Rompamos los grilletes de la opresión!

La lucha de clases se da en todos los ámbitos de la vida, esto es, en el ámbito económico, político e ideológico, preponderando este último en el momento histórico actual de capitalismo agonizante y putrefacto.

Los capitalistas siempre han llevado, y siguen llevando, a rajatabla la lucha de clases y, fundamentalmente, la lucha ideológica contra el proletariado, que es la lucha ideológica contra el marxismo-leninismo. Ello se constata en el anticomunismo profesado, de manera permanente, por todos los medios de manipulación de masas del capital – desde los medios de comunicación de masas hasta los sistemas educativos que imponen al proletariado para que asuma como natural la barbarie capitalista – así como por la pertinaz acción represiva contra nuestra clase social, tanto en el aspecto físico como en el espiritual.

El pasado 4 de julio, el fascista de Trump hacía una disertación anticomunista equiparando al comunismo con un cáncer que hay que extirpar, refiriéndose a la situación interna que están viviendo los EEUU. El pedófilo de la Isla de Epstein que preside el Estado norteamericano, genocida, es sabedor que el comunismo es su negación y, por ello, trata de atemorizar al proletariado con respecto del comunismo que jamás ha regido, por ejemplo, en los EEUU y, para ello, enarbola la bandera del anticomunismo, esto es, la batalla ideológica para que el proletariado repudie su ideología emancipadora y asuma la ideología burguesa que le niega la vida, que le convierte en un objeto, en algo todavía más insignificante que la propia cosa, con menos valor que la propia mercancía.

En esta lucha ideológica la burguesía no escatima en propagar el idealismo entre el proletariado, que es sinónimo de combatir al marxismo-leninismo en tanto el idealismo es la negación de la filosofía materialista.

La burguesía, para someter al proletariado, necesita todo un andamiaje de opresión, del monopolio de la violencia – tanto física como mental – que garantice la pervivencia de la propiedad privada sobre los medios de producción, la persistencia de la base económica capitalista. La base económica capitalista eleva una superestructura burguesa con la que la clase hegemónica trata de perpetuar su dominación. Tanto las leyes, la moral como la religión forman parte de la superestructura burguesa y atienden a los intereses de la clase dominante, en este caso de la burguesía.

La burguesía, acatando de hecho la certeza de la filosofía marxista, comprende a la perfección que debe actuar sobre la percepción de la realidad objetiva, sabedora de lo exacto de la teoría del reflejo, de que lo único cierto, la única verdad, es la realidad objetiva. Y que, actuando con todo su arsenal propagandístico e ideológico sobre la clase obrera, la burguesía le creará al proletariado la interpretación de dicha realidad objetiva, la cual desvirtúa, al objeto de que el proletariado interprete el reflejo de la realidad objetiva no en base a la realidad, a sus intereses como clase, sino en base a los intereses de la clase dominante, de la burguesía, alienando de hecho a la masa proletaria.

Curiosamente, la misma burguesía ascendente que desarrolló durante décadas el materialismo en su lucha contra el Antiguo Régimen para imponer el capitalismo y acabar con el feudalismo y el poder fundamentado en la religión, véase el materialismo inglés, siglos XVI y XVII, el materialismo francés, siglos XVII y XVIII o el materialismo alemán en los siglos XIX y XX; ahora en su fase putrefacta, en su fase terminal, reaviva la religión en el siglo XXI para sostener el capitalismo monopolista y seguir sometiendo al proletariado alienado como consecuencia de una base económica criminal que lo despoja como ser humano de su esencia creadora y consciente y lo convierte en objeto.

El pasado día 3 de mayo, en Madrid, más de 40.000 personas se reunieron en el estadio Metropolitano en un acto de la iglesia evangélica, donde uno de los pastores fue el exfutbolista Dani Alves, en un encuentro internacional del evangelismo. El día 15 de mayo, en el Palacio de Vistalegre de Madrid también se congregaron centenares de predicadores evangelistas cuyo mensaje sintonizaba, como no podía ser de otra manera, con la extrema derecha, arremetiendo contra el aborto, contra todo tipo de matrimonio que no sea el de un hombre con una mujer y, cómo no, fue una orgía del idealismo, del pensamiento conservador y de extrema derecha.

En el estado español “la fe evangélica” se multiplica, a la par que los púlpitos e iglesias, que han quintuplicado su número en los últimos 20 años, fundamentalmente en Cataluña y en Madrid, donde según un artículo de El Periódico de Juan Fernández, del pasado 2 de junio, “la fe evangélica, que hoy cuenta con 4.770 centros de oración en nuestro país, cinco veces más que hace 20 años”, fruto no del azar, ni de otro poder divino más que del dinero, que se multiplica a mayor velocidad que la multiplicación de los panes y de los peces y que hace milagros como el de empapelar las marquesinas de las paradas de los autobuses y los autobuses de Madrid y de Barcelona, la celebración de eventos multitudinarios, conciertos, festivales, trabajo profesional en las redes sociales, etcétera y que lleva a este credo a abrir una iglesia cada cuatro días en Madrid, según reconoce la prensa de extrema derecha en España, diario El Español, en un artículo de Gustavo Molina.

Curiosamente, los herederos de Franco, los que arremeten contra la inmigración – esto es, contra los proletarios de otros países, fundamentalmente africanos y asiáticos, que vienen al estado español -, y que señalan que el actual Gobierno con los procesos de regularización abiertos está preparando un pucherazo electoral, son bendecidos por predicadores latinoamericanos, véanse los dirigentes del PP Feijóo, Díaz Ayuso o Almeida, y que la prensa burguesa definía de la siguiente forma esta relación o estrategia, en 2023:

Los días 30 y 31 de mayo de 2026, en Madrid, se celebró el Festival de la Esperanza, que congregó a unas 20.000 personas, un festival financiado, fundamentalmente, por la Asociación Evangelista Billy Graham (AEBG).

El predicador protagonista del evento fue Franklin Graham, el hijo del predicador evangelista norteamericano Billy Graham que era un fervoroso anticomunista del Partido Demócrata, que describía al comunismo de la siguiente forma en un artículo de agosto de 1954 en el diario The American Mercury:

La revolución comunista que nació en los corazones de Marx y Engels a mediados del siglo XIX no se rendirá ni retrocederá. Ninguna cantidad de palabras en las Naciones Unidas, ni conferencias de paz en el Lejano Oriente, cambiará la mentalidad del comunismo. Ha llegado para quedarse. Es una batalla a muerte: o muere el comunismo, o muere el cristianismo…

¿Se te ha ocurrido alguna vez que el Diablo es un líder religioso y que millones de personas lo veneran hoy en día?… El nombre de esta religión actual es Comunismo… El Diablo es su dios, Marx su profeta, Lenin su santo y Malenkov su sumo sacerdote. Negando su fe en todas las ideologías, excepto en su religión de la revolución, estos hombres de inspiración diabólica buscan, de diversas maneras y con múltiples artimañas, convertir un mundo pacífico a su doctrina de muerte y destrucción.

(…)

¿Cuál es el credo sutil del comunismo? ¿Qué tipo de ideología ha capturado la lealtad de incontables millones de personas en todo el mundo? El Dr. Roy Laurin, escritor cristiano, ha sugerido la siguiente valoración:

Políticamente, un comunista es aquel que cree que el Estado es supremo y que el individuo existe únicamente para el bienestar del Estado, destruyendo así la dignidad que Dios le ha otorgado al individuo.

En el plano económico, un comunista cree en la sustitución de la propiedad privada de la tierra y el capital por la propiedad común y en la sustitución de la gestión privada por la gestión colectiva.

Socialmente, un comunista no cree en el matrimonio como una institución divina, sino únicamente como un arreglo biológico adecuado para la reproducción de herederos del Estado comunista.

A nivel internacional, un comunista es un revolucionario que está detrás de gran parte de la inestabilidad que se vive hoy en el mundo, ya sea en Corea, Alemania Oriental o Marruecos.

Éticamente, un comunista es un creyente y devoto de la “gran mentira”.

Teológicamente, un comunista es un ateo, un profanador de iglesias, un asesino de cristianos…

Se libra una guerra de ideologías en todo el mundo, una guerra entre lo secular y lo espiritual. Las batallas en los campos de batalla son solo manifestaciones materiales de la batalla mayor que se libra en los corazones de los hombres en toda la tierra. ¿Prevalecerá la verdad o la mentira? ¿Nos guiará la filosofía materialista o el poder espiritual? ¿Seremos guiados por Jehová Dios o engañados por Satanás? Las líneas de batalla están claramente trazadas…

Si fascista era el padre, no menos reaccionario es el hijo, el predicador que acudió al festival madrileño, Franklin Graham; el predicador de cabecera del genocida Donald Trump, defensor a ultranza del sionismo y del genocidio en Gaza perpetrado por el carnicero Netanyahu, que considera que “Trump ha sido elegido por Dios para salvar a los judíos de los persas, de los iraníes”, señalándole públicamente a Trump que “hoy los iraníes – el régimen malvado de este gobierno – quieren matar a todos los judíos y destruirlos con fuego atómico. Pero Tú has suscitado al presidente Trump. Lo has suscitado para un momento como este. Y, Padre, oramos para que le concedas la victoria”, siendo, como se puede observar, un defensor de la agresión imperialista de EEUU contra Irán, un defensor a ultranza del fascista estado de Israel y, cómo no, uno de los esbirros de los grandes monopolios norteamericanos y sus intereses económicos.

Evidentemente los evangélicos son el grupo cristiano que más cercanía tiene con el pueblo judío y por ello, también son los que más se identifican con las ideas sionistas (…) Como es sabido, la mayor población de evangélicos se encuentra en Estados Unidos (107 millones) lo que nos lleva a detenernos en este país donde hasta un 10% de los votantes -con independencia de su credo- se identifican como sionistas. Si entramos en los diferentes grupos religiosos, vemos que hasta el 35% de los cristianos (Haija, 2006: 75-76) se identifican como sionistas religiosos, lo que nos explica la importancia de este movimiento en la sociedad americana general y en la política estadounidense en particular”. Alberto Priego Moreno. El sionismo cristiano y su relación con el Estado de Israel.  Págs.217 – 218. Universidad Pontificia de Comillas (España).

En 1969 Nelson Rockefeller, por entonces vicepresidente de Richard Nixon, realizó una gira por varios países de Latinoamérica. A su regreso elevó un informe en el que se mostró preocupado por la influencia que estaba obteniendo entre los más pobres del continente la denominada Teología de la Liberación, a la que no dudó en emparentar con el marxismo. (…) Ante esta realidad, Rockefeller recomendó el financiamiento estatal y reservado de pastores de corte pentecostal, fundamentalmente de origen norteamericano, para socavar la autoridad moral de la Iglesia Católica en América Latina.

(…)

Nuevamente, en 1975 se conoce un documento escrito para la campaña del presidente Ronald Reagan conocido como Santa Fe, donde se vuelve a resaltar el peligro que las nuevas tendencias de la Iglesia Latinoamericana representan para la política exterior de los Estados Unidos.

(…)

La ofensiva contra la denominada Iglesia del Tercer Mundo continúa. Los pastores evangelistas aparecen por todos lados, en unos pocos años superan a la Iglesia Católica en Guatemala, Uruguay, Brasil. Manejan millones. Estados Unidos los financia a través de programas como Plan Amanecer, AD 2.000, Latinoamérica 2.000 y otros.

(…)

Los escándalos alrededor de estos cultos y el gobierno de los Estados Unidos llegan a tal punto que en 1976 la CIA declara que no continuará reclutando misioneros y trabajará en un anteproyecto de modificación de sus estatutos para prohibir la utilización remunerada de pastores norteamericanos en tareas de inteligencia, aunque abriendo el paraguas al aclarar que se permitirían “contactos voluntarios de información”. Carlos Saglul. La CIA, los evangelios y las ametralladoras. Noviembre 2019.

Que hoy en Centroamérica y Sudamérica hayan proliferado los predicadores evangélicos, que las masas trabajadoras sean manipuladas por dichos colaboradores de la CIA, es la consecuencia de la política injerencista, golpista, criminal y anticomunista desarrollada por el imperialismo norteamericano durante décadas.

Tras los golpes de estado en América Latina siempre se hallan las manos del imperialismo norteamericano, de los monopolios estadounidenses para robar los recursos energéticos y naturales de su patio trasero, y la religión se convierte en un instrumento más de subversión, de lucha ideológica del fascismo norteamericano, siendo una pata más en la lucha ideológica contra el marxismo-leninismo.

Bloqueos económicos y comerciales, financiación de partidos políticos, de iglesias evangélicas, de medios de comunicación, dominio de instituciones supranacionales (OEA, FMI,…), compra de jueces e, incluso, de sistemas judiciales completos a través de los que hace lawfare contra aquellos dirigentes políticos que no les interesa a EEUU y, finalmente cuando es necesario, intervención militar y golpe de estado, esa es la praxis del imperialismo norteamericano en Latinoamérica y, también, en el mundo.

Los evangélicos chilenos apoyaron la dictadura militar del asesino Pinochet, como lo acredita la Declaración de apoyo al gobierno militar del 13 de diciembre de 1974, en lo que se denominó Portalazo. Los evangélicos bolivianos apoyaron el golpe de estado contra Evo Morales en 2019, apoyando a la fascista golpista Jeanine Añez. La Iglesia evangélica salvadoreña apoya sin fisuras al fascista Bukele, es el pilar fundamental de la extrema derecha brasileña de los Bolsonaro, y un apoyo sólido para la extrema derecha argentina como se demostró con Macri y, ahora, se demuestra con Milei, sionista confeso que va de la mano de la Fundación Billy Graham.

La progresiva política de injerencia y de agresión de EEUU en Latinoamérica, así como los sistemas políticos burgueses existentes en Latinoamérica, donde en la mayoría de los estados latinoamericanos las burguesías nacionales son esbirros de los monopolios norteamericanos en la explotación y saqueo de sus pueblos, permite que la basura ideológica del imperialismo norteamericano penetre fortaleciendo sus posiciones fascistas, siendo la religión no sólo un arma importante de alienación, de división de la clase explotada, de inoculación del individualismo sino, fundamentalmente, de expansión del pensamiento anticomunista y antiobrero. Ello se corrobora en los datos que aporta la prensa, véase lo que se señala en el artículo de 18 de enero de 2026 del Diario El Salto, cuyo autor es Alberto Mesas, donde señalaba lo siguiente:

Cómo decíamos, en Latinoamérica se visualiza perfectamente cómo actúa el imperialismo en el mundo y, en este caso, en lo que se denomina su patio trasero y el papel que juega la religión como parte de la superestructura capitalista al servicio de la burguesía y sus intereses de clase.

Pero también se evidencia la certeza del marxismo-leninismo y su filosofía materialista, “¿Qué demuestra la historia de las ideas sino que la producción intelectual se transforma con la producción material? Las ideas dominantes en cualquier época no han sido más que las ideas de la clase dominante. (…) Cuando se habla de ideas que revolucionan toda una sociedad, se expresa solamente el hecho de que en el seno de la vieja sociedad se han formado los elementos de una nueva, y la disolución de las antiguas condiciones de la vida. (…) En el ocaso del mundo antiguo las viejas religiones fueron vencidas por la religión cristiana. Cuando en el siglo XVIII, las ideas cristianas fueron vencidas por la ilustración, la sociedad feudal libraba una lucha a muerte contra la burguesía, entonces revolucionaria. Las ideas de libertad religiosa y de libertad de conciencia no hicieron más que reflejar el reinado de la libre concurrencia en el dominio del saber.”. K. Marx, F. Engels. Obras Escogidas, tomo I. Pág. 64. Ed. Progreso. Moscú, 1980.

La burguesía es hoy ultra reaccionaria, el desarrollo del capitalismo monopolista exacerba por completo las contradicciones de clase empujando a la burguesía al fascismo y, consecuentemente al proletariado a la revolución proletaria, más no hay otra forma de armonizar el ingente desarrollo de las fuerzas productivas, de la generación de riqueza, con la estrechez de las relaciones de producción capitalistas, con la propiedad privada sobre los medios de producción, concentrada dicha propiedad y, por tanto, tamaña riqueza en escasas manos.

Y en ese proceso de entroncamiento mundial del fascismo – como consecuencia de la inviabilidad del imperialismo, que objetivamente supone un freno al desarrollo de la humanidad y un peligro para la existencia del ser humano – de bancarrota del imperialismo que se acentúa en cada paso que da la automatización de la producción que significa una palada de tierra sobre el ataúd del imperialismo, la superestructura imperialista va mutando a la par que se producen los cambios en la base económica, la maximización de la concentración del capital, la automatización de la producción, del canibalismo que la burguesía hace consigo misma, enviando a cada vez más partes de la propia burguesía – la pequeña y mediana burguesía – a la ruina. Y, consecuentemente, tal y como se descompone la base se corrompe totalmente la superestructura y, entre esta, se halla la religión.

Sin duda alguna, la Iglesia Católica es contraria a los intereses de clase del proletariado como lo ha sido siempre a lo largo de su historia, y lo sigue siendo, constituyéndose como una parte de la superestructura capitalista al servicio de la burguesía y de su sistema económico. De hecho, los sumos pontífices, o jefes de Estado vaticano, siempre han mostrado su rechazo a la lucha de clases, al socialismo, y han trabajado por fraccionar al proletariado; manifestando su esencia anticomunista descollando en dicha labor Juan Pablo II, pero siendo igual de enemigos del marxismo sus antecesores León XIII o Pío XII. Y es lógico, la doctrina católica promueve la conciliación de clases, esto es la subordinación de los explotados a los explotadores, que choca frontalmente con  el marxismo-leninismo, que es su negación pues se basa en la filosofía materialista, en la dialéctica materialista y, por tanto, en la lucha de contrarios (lucha de clases), siendo la negación del idealismo y, por ende, de toda religión que parte de la idea de Dios negando la materialidad del mundo, que no es más que la negación de la ciencia.

Pero a pesar de ello, al imperialismo en su carrera fascista la Iglesia Católica no le era suficiente, incluso en América Latina donde parte de dicha Iglesia latinoamericana desarrolló un movimiento político y social denominado Teología de la Liberación que perseguía la defensa de los intereses económicos de los campesinos y de los obreros, abogando por la superación del capitalismo mediante la socialización de los medios de producción, incluida las tierras para los campesinos. Siendo por ello, por lo que, como hemos visto, EEUU promovió la vertiente evangélica del cristianismo, o lo que es lo mismo, el fascismo travestido de cristianismo.

A lo largo de la historia, en las sucesivas formaciones socioeconómicas dadas desde la esclavista, la feudal y la capitalista, todas ellas comparten la médula espinal de la propiedad privada sobre los medios de producción y, por consiguiente, la elevación de una sociedad dividida en clases antagónicas; “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases (…) Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna”. K. Marx, F. Engels. Obras Escogidas, tomo I. Pág. 55. Ed. Progreso. Moscú, 1980.

Por ello, puesto que esclavismo, feudalismo y capitalismo mantienen la misma médula espinal de la opresión, de la división social en clases antagónicas, es por lo que la religión ha pervivido en todas ellas, aunque a lo largo de la historia de la humanidad unas hayan desaparecido, otras aparecido y otras mutado, persiste porque forma parte de la superestructura de dichas formaciones socioeconómicas, persiste porque es un instrumento de dominación de clase. Y Marx expresa con nitidez bajo qué condiciones desaparecerá la religión: “(…) no tiene nada de asombroso que la conciencia social de todos los siglos, a despecho de toda variedad y de toda diversidad, se haya movido siempre dentro de ciertas formas comunes, dentro de unas formas – formas de conciencia -, que no desaparecerán completamente más que con la desaparición definitiva de los antagonismos de clase. (…) La revolución comunista es la ruptura más radical con las relaciones de propiedad tradicionales; nada de extraño tiene que en el curso de su desarrollo rompa de la manera más radical con las ideas tradicionales”. K. Marx, F. Engels. Obras Escogidas, tomo I. Pág 63. Ed. Progreso. Moscú, 1980; ergo únicamente con la revolución proletaria y el desarrollo del comunismo, con la destrucción de la base económica capitalista, se liquidará la superestructura capitalista por completo y con ella la religión como parte de dicha superestructura; una liquidación que no es inmediata sino progresiva conformando un proceso gradual que se produce a la par que se profundiza hacia el comunismo.

La raíz más profunda de la religión en nuestros tiempos es la opresión social de las masas trabajadoras, su aparente impotencia total frente a las fuerzas ciegas del capitalismo, el cual causa cada día y cada hora a los trabajadores sufrimientos y martirios mil veces más horrorosos y bárbaros que cualquier acontecimiento extraordinario, como las guerras, los terremotos, etc. “El miedo creó a los dioses. El miedo a la fuerza ciega del capital -ciega porque no puede ser prevista por las masas del pueblo-, que amenaza a cada paso con acarrear y acarrea al proletario y al pequeño propietario el hundimiento, la ruina “inesperada”, “repentina”, “casual”, convirtiéndolo en mendigo, en indigente, arrojándolo a la prostitución, haciéndolo morir por hambre: he ahí la raíz de la religión contemporánea que el materialista debe tener en cuenta antes que nada, y más que nada, si no quiere quedarse en aprendiz de materialista. Ningún folleto educativo será capaz de desarraigar la religión entre las masas aplastadas por los trabajos forzados del régimen capitalista y que dependen de las fuerzas ciegas y destructivas del capitalismo, mientras dichas masas no aprendan ellas mismas a luchar unidas y organizadas, de modo sistemático y consciente, contra esa raíz de la religión, contra el dominio del capital en todas sus formas.”. VI.Lenin. Obras Completas, tomo XVII. Pág. 431. Editorial Progreso, 1983.

Por consiguiente, la fórmula leninista de combatir la religión no pasa por vilipendiar a ésta sino por la organización revolucionaria del proletariado, por el desarrollo de su partido que es el partido de nuevo tipo, marxista-leninista, condición sine qua non para la toma del poder económico y político por parte del proletariado que es la forma de acabar con “el dominio del capital en todas sus formas” y, por tanto, también con la religión como parte de la superestructura de este. Por eso, todos los capitalistas defienden, ya sea de una manera abierta – la extrema derecha y la derecha – o de una manera vergonzante – la “izquierda” capitalista -, a la religión y todos ellos, bajo la falsa prédica de la libertad religiosa, nutren económicamente de manera generosa a las religiones para fortalecer sus instrumentos de opresión contra la clase oprimida, contra el proletariado. Por eso los Trump, Milei, Ayuso, Bukele, Feijóo, Bolsonaro, Abascal, y demás jauría reaccionaria, a la par que dicen defender una “libertad económica” basada en el saqueo de las arcas públicas y la explotación hasta la extenuación, hasta la muerte, de la clase obrera, predican todo tipo de recorte al pueblo mientras que nutren generosamente tanto a sus predicadores reaccionarios como a sus fuerzas represivas desarrollando una guerra a muerte contra el proletariado en todos los terrenos. Y, sobre todas las cosas, exhiben un anticomunismo desaforado porque son conscientes de que el proletariado cuando toma conciencia de sí y para sí, cuando rompe las cadenas de la alienación y se rebela, es porque abraza al comunismo y, consecuentemente, sigue a su partido, el partido marxista-leninista. Se desgañitan los burgueses señalando que el comunismo es un fracaso, es inviable, está muerto, pero se gastan ingente cantidad de dinero y de recursos en combatir a ese muerto, demostrando la burguesía que su único enemigo es el comunismo y que éste es el que va a sepultarlo y enviarlo al estercolero de la historia.

No es de extrañar, pues, que los más reaccionarios en el Estado español – fundamentalmente los del PP/VOX o Junts/Aliança Catalana y los ponemos como pares porque son lo mismo con diferentes marcas – se peguen por ser los más nacionalcatolicistas, que ni tan siquiera católicos, los más evangélicos, los más sionistas, los más trumpistas, en definitiva, lo que son, los más reaccionarios, los más anticomunistas. Porque todos ellos son conscientes de que su final y el de los suyos, los capitalistas, está muy cerca y, además, son plenamente conscientes de que la negación a su sistema inviable, criminal y moribundo es la clase de los proletarios organizada por su Partido leninista y su ciencia emancipatoria revolucionaria de la transformación social y económica del mundo y de abolición de la explotación capitalista, el marxismo-leninismo.

Por sí misma, la religión carece de contenido; su manantial no se halla en el cielo, sino en la tierra y, una vez destruida la realidad falseada de la que es teoría, perecerá de consunción”. K. Marx y F. Engels. Primeros escritos. Pág. 252. Ed. Progreso. Moscú, 1956. ¡Construyamos la Revolución comunista, fortalezcamos las filas de la Revolución de los oprimidos, de los proletarios!

 

¡ROMPAMOS LOS GRILLETES DE LA EXPLOTACIÓN Y DE LA BARBARIE CAPITALISTA!

¡CONSTRUYAMOS UN MUNDO DE IGUALES Y LIBRES, UN MUNDO COMUNISTA!

¡FORTALECE LAS FILAS DE LA REVOLUCIÓN COMUNISTA, MILITA EN EL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)!

 

Madrid, 12 de julio de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con los estudiantes de la USAC

Nuestro Partido, a tenor de las informaciones recibidas a través de nuestro hermano Partido Guatemalteco del Trabajo, nos solidarizamos con la lucha de los estudiantes de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), la única universidad pública de dicho país centroamericano, en defensa de la autonomía universitaria reconocida constitucionalmente y atacada por el Rector Walter Ramiro Mazariegos, el cual accedió de manera fraudulenta a dicho cargo en 2022, como paso necesario para un proceso que culmine, de facto, con la privatización de la misma y, por ello, el proceso para reformar la Ley Orgánica de la USAC.

El control de la USAC implica, también, tener capacidad de control sobre otras instituciones del estado guatemalteco, de tal modo que Mazariegos, de ideología reaccionaria, es un hombre vinculado a lo que en Guatemala denominan “pacto de corruptos” y que no es más que la unión de los grandes empresarios, el crimen organizado, militares de alto grado y sus políticos a sueldo, al objeto de mantener y ampliar privilegios y tener plena impunidad en sus actuaciones. Una élite burguesa – fuente del golpismo, la violencia y del crimen organizado – que se haya interrelacionada, y subordinada internacionalmente, tanto con el sionista estado de Israel como con EEUU.

La lucha entre estudiantes y el Rector y su camarilla corrupta de poder en la USAC es la reproducción de la lucha de clases a nivel general que acontece en la nación centroamericana entre obreros y campesinos contra una burguesía criminal y golpista apoyada por el sionismo y el fascista estado norteamericano.

El Partido Comunista Obrero Español se solidariza con el proletariado y el campesinado guatemalteco, así como con los estudiantes de la USAC que están luchando contra la criminal burguesía guatemalteca y sus jefes a nivel internacional, y apoyamos las huelgas y movilizaciones realizadas por éstos contra el sistema corrupto guatemalteco y la agresión a la autonomía y propiedad pública de dicha Universidad. Una lucha donde los estudiantes en sus consignas anticapitalistas y antiimperialistas y sus llamados a la unidad del pueblo guatemalteco en contra del Rector, contra un Estado corrupto, vislumbran la lucha real del pueblo de Guatemala que es la lucha por conquista el poder del país y poner todos los recursos naturales y económicos del mismo al servicio de los trabajadores, de los campesinos, en definitiva, del pueblo desarrollando una revolución social para conquistar el socialismo.

 

¡VIVAN LOS ESTUDIANTES DE LA USAC Y SU JUSTA LUCHA, VIVAN LOS OBREROS Y LOS CAMPESINOS DE GUATEMALA!

¡SIONISTAS, YANKEES, BURGUESES Y OLIGARCAS SAQUEN SUS SUCIAS MANOS DE LA USAC!

¡POR LA UNIDAD DEL PUEBLO GUATEMALTECO, POR LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO!

 

Madrid, 4 de julio de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Qué es el comunismo

No hay ideología más vilipendiada y deformada por la burguesía que el comunismo. Cada año, la burguesía, gasta infinidad de recursos en la batalla ideológica, que es la única que le sostiene, para alargar un poco más la agonía de su sistema económico caduco. Frente a esto, los comunistas decimos que el comunismo es una teoría política, económica y social desarrollada principalmente por Karl Marx y Friedrich Engels durante el siglo XIX. Según esta concepción, la historia de las sociedades está marcada por la lucha entre clases sociales con intereses opuestos. En las sociedades capitalistas, esta contradicción se expresa entre la burguesía, propietaria de los medios de producción, y el proletariado, que vende su fuerza de trabajo para subsistir cuando todo lo produce. El objetivo final es la construcción de una sociedad sin clases sociales, sin explotación económica y basada en la propiedad colectiva de los medios de producción. En esta sociedad, la riqueza producida será distribuida según las necesidades de cada persona y no según su capacidad de compra o su posición económica.

Como ya dijimos, la burguesía critica ferozmente al comunismo cuando es un estadio final que todavía no se ha alcanzado en la historia de la humanidad. El comunismo no surge de manera inmediata. Primero es necesario superar el sistema capitalista mediante una transformación revolucionaria dirigida por la clase obrera. Tras esta revolución se establecerá una etapa de transición conocida como socialismo, durante la cual los principales medios de producción pasarán a ser de propiedad social y se reorganizará la economía para satisfacer las necesidades sociales y no el lucro privado de una minoría parasitaria que nada produce.

Marx y Engels sostenían que, a medida que desaparecieran las diferencias entre clases sociales y se eliminaran las condiciones que generan explotación y conflicto económico, el Estado perdería progresivamente su razón de ser. Desde esta perspectiva, el Estado es visto como un instrumento histórico de dominación de una clase sobre otra. Cuando ya no existan clases enfrentadas, tampoco será necesario un aparato estatal encargado de mantener ese orden social. Este proceso es conocido como la extinción o desaparición del Estado. No se tratará de una abolición inmediata, como defienden los anarquistas, sino de un debilitamiento gradual de sus funciones coercitivas. En la fase comunista plenamente desarrollada, la administración de los asuntos colectivos sustituirá al gobierno de una clase sobre otra, y la organización social se basará en la cooperación libre y la gestión común de los recursos.

En resumen, el comunismo, es una sociedad sin clases sociales y sin propiedad privada de los medios de producción. Para alcanzarla será necesario atravesar una etapa de transformación socialista que elimine las bases económicas de la división de clases. Una vez desaparecidas estas diferencias, el Estado dejará de cumplir una función de dominación y se extinguirá gradualmente, dando paso a una forma de organización social basada en la cooperación y la igualdad. Desde el PCOE trabajamos para construir esta fase histórica que, además, es inevitable por las contradicciones intrínsecas del sistema económico capitalista, por ello te llamamos a engrosar sus filas.

 

¡Por la emancipación de la clase obrera!

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Desmontando las mentiras sobre el camarada Stalin

Para analizar la figura de Stalin, primero hay que contextualizar bien. Fueron los años donde la lucha de clases alcanzó su mayor temperatura en varios episodios y donde esa lucha se hizo más franca y abierta. Stalin fue, para millones de soviéticos y comunistas del siglo XX, el símbolo de una época de hierro en la que la supervivencia misma de la revolución dependía de la firmeza política, la industrialización acelerada y la capacidad de resistir el asedio constante del capitalismo mundial. Su figura se alzó en uno de los períodos más convulsos de la historia humana, cuando la joven Unión Soviética se encontraba rodeada de enemigos internos y externos, obligada desde el primer día a combatir por su propia existencia.

La lucha de clases no desapareció con la Revolución de Octubre, al contrario, se recrudeció. Tras la caída del viejo orden zarista, los restos de la aristocracia, la burguesía y los sectores contrarrevolucionarios organizaron una guerra despiadada contra el nuevo poder soviético. Los llamados “blancos”, apoyados por catorce potencias extranjeras, intentaron estrangular la revolución antes de que pudiera consolidarse. En aquel escenario de hambre, sabotaje, invasión y guerra civil, Stalin emergió como uno de los dirigentes que defendieron la continuidad del proyecto socialista frente al cerco capitalista internacional.

La herencia de la Primera Guerra Mundial había dejado a Rusia devastada, con una economía atrasada, millones de muertos y una infraestructura prácticamente destruida. Bajo la dirección soviética posterior, y con Stalin en el centro del aparato político, el país emprendió una transformación gigantesca. En apenas unas décadas, una nación predominantemente agraria se convirtió en una potencia industrial capaz de fabricar acero, tractores, locomotoras y armamento pesado a una escala inimaginable para el viejo imperio zarista. Sus partidarios recuerdan especialmente los planes quinquenales, la electrificación masiva, el desarrollo científico y la expansión de la educación y la sanidad pública universal. Allí donde antes predominaba el analfabetismo y la miseria rural, surgieron fábricas, universidades, presas y ciudades industriales. La URSS pasó de ser un país atrasado a convertirse en una superpotencia capaz de competir ideológica, tecnológica y militarmente con Occidente y eso es lo que jamás le va a perdonar la burguesía.

Pero el momento decisivo llegó con la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Frente al avance de la maquinaria de guerra de Adolf Hitler, la Unión Soviética soportó el peso principal de la guerra en Europa. La batalla de Stalingrado, el sitio de Leningrado y la ofensiva final sobre Berlín quedaron grabados como episodios de sacrificio colosal. Veinte millones de soviéticos murieron defendiendo su patria socialista, y Stalin fue visto por muchos como el dirigente que mantuvo unido al país en las horas más oscuras. La victoria sobre el nazismo no fue únicamente militar, simbolizó la derrota de una ideología racista y exterminadora que pretendía esclavizar a los pueblos eslavos y destruir el proyecto soviético. La bandera roja sobre el Reichstag se convirtió en un emblema histórico del triunfo antifascista.

Ante los grandes logros conseguidos por la URSS bajo el mando de Stalin, la burguesía ha respondido con un cúmulo de acusaciones exageradas, instrumentalizadas o utilizadas durante décadas como arma ideológica por adversarios de la URSS y del comunismo. Sus críticos señalan la represión política, las purgas y el enorme costo humano de determinadas políticas. Pero esas purgas no fueron llevadas a cabo hasta el extremo porque dejaron viva una quinta columna dentro del bloque soviético encarnada en la figura de Khruschev y su Discurso Secreto del XX Congreso que fue la primera estocada, antes de la Perestroika, para que el bloque socialista volviera al capitalismo traicionando la ciencia del marxismo-leninismo. En las denuncias de esos gusanos lacayos de la burguesía, la memoria de Stalin se tiene que contextualizar dentro del escenario de guerra permanente, sabotaje, conspiraciones y enfrentamiento global en que nació y vivió el Estado Soviético.

Así, para quienes reivindicamos su legado, Stalin representa la voluntad de resistir cuando parecía imposible, la transformación de un país humillado en una potencia mundial y la derrota del nazismo a costa de inmensos sacrificios. Su nombre continúa despertando debates apasionados porque encarna, al mismo tiempo, las grandezas, tragedias y contradicciones de toda una era histórica.

Desde el PCOE, la figura de Stalin permanece ligada inseparablemente a la defensa consecuente del marxismo-leninismo, a la construcción del socialismo y a la derrota histórica del fascismo. Para sus militantes y simpatizantes, Stalin no fue el monstruo caricaturesco dibujado por décadas de propaganda anticomunista, sino un dirigente revolucionario forjado en la lucha de clases más feroz que haya conocido la humanidad contemporánea. Bajo su dirección, la Unión Soviética resistió invasiones, derrotó a la contrarrevolución interna, aplastó al nazismo y demostró que la clase obrera podía levantar un Estado capaz de desafiar y vencer al imperialismo mundial. Allí donde los enemigos del socialismo pretendieron ver únicamente terror y ruina, millones de obreros y campesinos vieron fábricas, escuelas, ciencia, dignidad y soberanía popular.

Para el PCOE, las innumerables calumnias vertidas contra Stalin forman parte de una ofensiva ideológica destinada a desacreditar cualquier experiencia revolucionaria que cuestione el dominio del capital. La burguesía jamás perdonó que la URSS estalinista convirtiera a un país atrasado en una superpotencia obrera y campesina capaz de hacer temblar los cimientos del orden imperialista. Por ello, su memoria continúa siendo objeto de ataques incluso muchas décadas después de su muerte.

Y, sin embargo, pese a todas las campañas de difamación, el nombre de Stalin sigue asociado a una de las mayores gestas de la historia, la construcción del socialismo en condiciones extremas y la victoria heroica del pueblo soviético sobre la barbarie nazi. Para quienes mantenemos viva la bandera roja del comunismo, Stalin permanece como símbolo de disciplina revolucionaria, firmeza ideológica e internacionalismo proletario, es un dirigente cuya huella histórica no puede ser borrada ni por la propaganda ni por las falsificaciones del enemigo de clase.

 

¡Gloria al camarada Stalin!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Los comunistas queremos otro Estado, no otro gobierno

Cada cierto tiempo se hacen públicos varios frentes de corrupción en el partido gobernante para que se dé la alternancia política necesaria en la democracia burguesa. Esto da una sensación de limpieza y libertad a todos los votantes que participan en ese circo político y le da un poco más de vida a un sistema quebrado y basado en la apropiación privada y la corrupción y que no cuestiona para nada la base económica. Para nosotros, los comunistas, la cuestión del Estado no es un problema moral ni administrativo, sino una cuestión de clase.

Como explicó Lenin en su obra “El Estado y la Revolución” (1917), el Estado no es un órgano neutral al servicio de toda la sociedad, sino una maquinaria de dominación de una clase sobre otra. Bajo el capitalismo, el Estado burgués con sus tribunales, parlamentos, policía, ejército y burocracia existe para garantizar el poder económico y político de la burguesía y proteger la propiedad privada de los medios de producción.

Por eso, para los comunistas, la alternancia entre partidos dentro de la democracia burguesa no modifica la esencia del poder. Cambian los gestores, los discursos y las siglas, pero la llave de la caja del dinero sigue en las mismas manos, las de quienes controlan bancos, grandes empresas y capital financiero. La disputa electoral entre partidos del sistema no cuestiona la raíz de la explotación, sino únicamente quién administra el Estado capitalista en cada momento, la lucha por la llave de la caja.

Frente a ello, el marxismo-leninismo plantea la necesidad de un nuevo Estado, el Estado proletario. No para eternizar una nueva dominación, sino para destruir el poder político y económico de la burguesía y abrir el camino hacia una sociedad sin clases. La dictadura del proletariado significa precisamente eso, el poder organizado de la mayoría trabajadora contra la minoría explotadora que históricamente ha vivido del trabajo ajeno. La dictadura del proletariado no es el gobierno arbitrario de un individuo, sino la organización política de toda la clase obrera para transformar la base económica de la sociedad. Su tarea histórica consiste en expropiar a la burguesía, socializar los medios de producción y planificar democráticamente la economía en función de las necesidades sociales y no del lucro privado.

Esto implica poner bajo control colectivo fábricas, tierras, energía, transporte, vivienda y sectores estratégicos, acabando con la anarquía del mercado y con la explotación asalariada. El objetivo no es simplemente cambiar de gobernantes, sino transformar las relaciones de producción que sostienen el capitalismo.

Como Lenin pudo comprobar, esta transición hacia el socialismo mediante el Estado proletario, tiene un carácter temporal que ocupará todo un periodo histórico. Dentro de este Estado no se extingue la lucha de clases, ni la resistencia enconada de los explotadores. Mientras existan clases sociales y resistencia de la burguesía derrotada, seguirá siendo necesaria una organización estatal revolucionaria capaz de defender las conquistas obreras y desarrollar la nueva economía socialista. Pero a medida que desaparezcan las clases y la explotación, el propio Estado irá perdiendo su función coercitiva hasta extinguirse.

El socialismo, así, no se reduce a una reforma del capitalismo ni a una gestión “más justa” del mismo como nos quiere hacer creer la alternancia política en las democracias burguesas. El socialismo es la construcción consciente de una nueva sociedad basada en la propiedad social por la superación del poder de la burguesía, la planificación democrática de la producción y el poder político de la clase obrera organizada. Por eso, la tarea de construir el poder obrero y avanzar hacia el socialismo exige una organización política revolucionaria arraigada en la clase trabajadora, capaz de combatir tanto al capitalismo como a las falsas alternativas que únicamente administran el sistema. En el Estado español, el Partido Comunista Obrero Español defiende la necesidad de organizar a la clase obrera para conquistar el poder político, destruir el Estado burgués y levantar un Estado proletario al servicio de la socialización de los medios de producción y de la construcción del socialismo. Frente a la decadencia del capitalismo y la alternancia vacía de la democracia burguesa, que no es otra cosa que la dictadura del capital sobre el trabajo productivo, la tarea histórica sigue siendo acabar definitivamente con toda explotación.

 

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Por la construcción del socialismo!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Nota de condolencias por el fallecimiento del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez

El Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) expresa su profundo pesar por el fallecimiento del comandante Ramiro Valdés Menéndez, histórico combatiente revolucionario, dirigente de la Revolución Cubana y un ejemplo de firmeza ideológica con la causa del socialismo.

Con la partida física del comandante Ramiro Valdés, el movimiento comunista y revolucionario internacional pierde a uno de los más destacados representantes de aquella generación heroica que, bajo la dirección del camarada Fidel Castro, hizo posible la derrota de la dictadura batistiana y abrió para el pueblo cubano el camino de la emancipación nacional, el fin de la explotación y la construcción del socialismo.

Su vida fue testimonio de lealtad inquebrantable a la causa de la liberación nacional y el socialismo. Desde su juventud, al calor de la lucha contra la dictadura de Batista, el camarada se forjó como uno de los militantes más importantes del proceso revolucionario cubano que permitiría iluminar el camino de la lucha popular contra la opresión del imperialismo.

Desde su participación en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, pasando por la expedición del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Ramiro Valdés estuvo presente en algunos de los episodios más trascendentales de la revolución cubana. Sufrió el castigo de la prisión y el exilio por su entrega a la causa de la clase obrera, más nunca pudieron derrotarlo. Su trayectoria constituye un ejemplo de consecuencia revolucionaria y de fidelidad absoluta a los intereses del proletariado.

Durante décadas desempeñó importantes responsabilidades al servicio de la Revolución, contribuyendo a la defensa de la soberanía nacional, al fortalecimiento del Estado socialista y a la resistencia ejemplar del pueblo cubano frente a las constantes injerencias externas, el criminal bloqueo imperialista y las permanentes maniobras de desestabilización promovidas por el imperialismo estadounidense. Para los comunistas del mundo, el comandante fue un ejemplo de disciplina, sacrificio y firmeza para construir el socialismo sobre la base del partido único marxista-leninista.

Ramiro Valdés consagró su vida a la defensa y consolidación del poder revolucionario, enfrentando con firmeza y claridad política las constantes agresiones del imperialismo yanqui, siempre con el objetivo de salvaguardar la soberanía de la Cuba socialista. La vida del comandante Ramiro Valdés estuvo guiada por los principios del marxismo-leninismo, el internacionalismo proletario y la convicción de que los pueblos tienen el derecho irrenunciable a decidir su destino. Su legado forma parte inseparable de la historia de la Revolución Cubana y del patrimonio político de los revolucionarios de todo el mundo.

En estos momentos de dolor, trasladamos nuestras más sinceras condolencias al Partido Comunista de Cuba, al Gobierno Revolucionario, al presidente Miguel Díaz-Canel, a sus familiares y seres queridos, así como al conjunto del heroico pueblo cubano.

Rendimos homenaje a su memoria y reafirmamos nuestra solidaridad militante con Cuba socialista, con su Revolución y con la lucha de los pueblos por la soberanía, la justicia social y el socialismo. El legado del camarada Ramiro Valdés nos convoca a redoblar la lucha contra el imperialismo en todas sus formas, a fortalecer la solidaridad entre los pueblos oprimidos y a defender sin descanso los principios del socialismo científico para acabar con el sistema capitalista.

 

¡Comandante Ramiro Valdés, presente!

¡Hasta la victoria siempre!

 

Madrid, 22 de junio de 2026

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La intrahistoria de la Audiencia Nacional

Nuestro Partido, el PCOE, caracteriza abiertamente de fascista al Estado español. Para definir a este estado así, al que se le cuentan más de doscientos presos políticos en la actualidad, sólo hay que darse una vuelta por sus instituciones para ver claramente su entraña. Nos centraremos en la Audiencia Nacional para ver la falsedad que supuso la tan cacareada Transición Española, régimen en el que se fueron a dormir como fascistas y se despertaron demócratas.

El 4 de enero de 1977 desaparecía oficialmente el Tribunal de Orden Público (TOP), uno de los grandes instrumentos represivos del franquismo contra la clase obrera, comunistas, estudiantes, sindicalistas y militantes antifascistas. Al día siguiente, sin transición real, nacía la Audiencia Nacional. El régimen quería vender aquello como una ruptura democrática y, sin embargo, aquello no fue más que un cambio de nombre para garantizar la continuidad del aparato judicial del Estado franquista. El TOP había sido creado en 1963 para perseguir delitos políticos como huelgas, propaganda ilegal, organización sindical, reuniones clandestinas o simples opositores al régimen. Miles de comunistas y militantes obreros pasaron por sus salas. La supuesta Transición modélica nunca depuró a jueces, policías, ni estructuras represivas. La policía política de Franco se fue a dormir gris y se despertó marrón sin ningún tipo de rendición de cuentas, ni depuración. Muchos magistrados del TOP continuaron ejerciendo dentro de la nueva Audiencia Nacional, conservando la misma lógica de defensa del orden establecido, ahora bajo una estética democrática y parlamentaria.

El cambio exprés entre ambas instituciones demuestra que la Transición española no significó una ruptura con el franquismo, sino una reforma controlada desde arriba para preservar el poder económico, judicial y militar de las élites. Mientras se legalizaban partidos y sindicatos amaestrados, el aparato del Estado permanecía prácticamente intacto. La Audiencia Nacional heredó competencias excepcionales y una función política clara que es proteger la estabilidad del nuevo régimen surgido tras la muerte de Franco.

La continuidad no fue sólo jurídica, sino también ideológica. Donde antes se perseguía al “enemigo del Movimiento”, después se ha perseguido al “enemigo de la democracia”. Cambiaron los discursos, pero el objetivo siguió siendo contener cualquier amenaza al orden capitalista y a la unidad del Estado. Por ejemplo, el artículo 2 de la Constitución Española consagra la indisoluble unidad de España y el artículo 38 reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado y encomienda a los poderes públicos garantizar y proteger su ejercicio, o sea, proteger la economía de los capitalistas y la esclavitud asalariada. Por eso, para los comunistas del PCOE, aquella transformación en apenas un día simboliza perfectamente la naturaleza de la Transición, que no fue más que una operación cosmética donde las estructuras fundamentales del franquismo sobrevivieron bajo nuevas siglas. Nuestra memoria antifascista insiste en recordar que no hubo justicia real para las víctimas de la dictadura, ni ruptura efectiva con sus mecanismos represivos. El paso del TOP a la Audiencia Nacional continúa siendo, décadas después, uno de los ejemplos más citados de la continuidad entre franquismo y régimen del 78.

Lenin, en su obra “El estado y la revolución” (1917), establece la definición de estado como un conjunto de estamentos jurídicos y armados para la violencia de una clase social contra otra. En este pequeño recorrido hemos podido constatar el acierto de su definición, en un estado capitalista organizado para reprimir abiertamente a la clase obrera y que ningún cambio cosmético ha conseguido silenciar. Lo que la clase obrera puede esperar de él no es más que una violencia abierta y directa al corazón de nuestra clase y su único antídoto se llama organización obrera y partido comunista. Frente al miedo y la violencia respondemos con organización. Desde estas líneas intentamos despertar tu consciencia de clase y la necesidad de militar en el PCOE ante este escenario dantesco.

¡Contra el fascismo, organización obrera!

¡Por la conquista del estado proletario!

¡Milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Proletariado, Partido Leninista, Revolución y Socialismo

1. Situación económica y social del imperialismo.

El imperialismo hoy se halla en una situación de bancarrota, de confrontación interimperialista entre el bloque imperialista decadente liderado por EEUU y el bloque imperialista emergente liderado por China.

El crecimiento de la población mundial, a lo largo de los últimos 35 años, según la ONU, se ha situado en torno a 3.000 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, un 55,29%.

La evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo, según el Banco Mundial – instrumento con el que el imperialismo norteamericano ejerce su hegemonía -, se refleja de la siguiente manera:

A continuación, se adjunta la evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo en el periodo comprendido entre 1990 y 2025 en términos absolutos, siguiendo los datos anteriores del Banco Mundial.

 

Según el Banco Mundial, cuya contabilidad de la pobreza extrema se halla en el margen inferior – o más beneficioso para el capitalismo – en 2025 la pobreza extrema se situó en los 830 millones de seres humanos. Por el contrario, el informe sobre el Índice de Pobreza Multidimensional realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Oxford Poverty Human Development Initiative (OPHI) sitúa esa cifra en los 1.100 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, en torno al 14% de la población mundial.

Como puede verse, las propias instituciones imperialistas – como son el Banco Mundial o las Naciones Unidas – muestran disparidad a la hora de contar la pobreza mundial.

Estas cifras no reflejan la realidad de la pobreza que genera el imperialismo. El Banco Mundial muestra que, a nivel mundial, la pobreza extrema se ha rebajado desde 1990, o lo que es lo mismo, tras la caída de la Unión Soviética. Y atribuye que el descenso de la pobreza se debe al desarrollo económico de China y de la India tras abrazar el capitalismo.

El que fuera relator de la ONU para la extrema pobreza entre 2014-2020, Phillip G. Alston, impugnó estas cifras del Banco Mundial y otros señalando el engaño perpetrado por estos órganos imperialistas alegando la manipulación en los parámetros de ingresos diarios en los que fijan la pobreza extrema, 1,90 $ al día, con los que objetivamente no se puede subsistir. Alston, al respecto, indicaba, en 2020, que “Usando medidas más realistas, el grado de pobreza global es mucho mayor y las tendencias extremadamente desalentadoras (…) Incluso antes de la pandemia, 3400 millones de personas, casi la mitad del mundo, vivían con menos de 5,50 dólares por día. Ese número apenas ha disminuido desde 1990”, demostrándose cómo los capitalistas manipulan las cifras y cómo en los últimos cuarenta años la pobreza, en términos absolutos, lejos de disminuir ha avanzado.

El PIB mundial per cápita en dicho periodo ha crecido un 315,03% según las instituciones de la oligarquía financiera.

 

La evolución de los salarios reales y nominales en el mundo entre los años 1990 y 2025 demuestran cómo el peso de la inflación recae sobre las espaldas del proletariado mundial:

 

Mirando la evolución de los salarios nominales en el mundo en el período comprendido entre los años 1990 y 2025 comprobamos que la subida ha sido en torno al 240%.

 

La evolución de la inflación acumulada mundial entre 1990 y 2025, ha ascendido por encima del 400%, o lo que es lo mismo, prácticamente el doble que los salarios nominales.

En términos porcentuales, los salarios reales en el período 1995-2025 se encuentran estancados.

De la producción mundial, en el periodo comprendido entre 1995 y 2025, la parte de los beneficios empresariales supera cada vez más la parte que se llevan los trabajadores, acrecentando la desigualdad:

Una desigualdad social cada vez mayor donde la riqueza se concentra cada vez más en unas pocas manos:

 

La evolución de la deuda mundial en los últimos 35 años se ha multiplicado, incrementándose un 757%.

 

La caída de la URSS, y el dominio sin cortapisas del imperialismo liderado por la potencia fascista norteamericana – y sus monopolios -, la “democratización liberal del mundo” que señalaban los Fukuyama de turno y demás esbirros de la oligarquía financiera, ha resultado ser un mayor incremento de la pobreza en el mundo, en términos absolutos, un estancamiento de los salarios reales de los trabajadores y una privatización del beneficio en unas pocas manos. En definitiva, la caída de la URSS y el desarrollo del imperialismo ha significado mayor robo, mayor desigualdad y más guerra, más militarización de la economía, o lo que es lo mismo, mayor sufrimiento para la humanidad y desvertebración de la organización del proletariado, tanto en términos políticos e ideológicos como en términos económicos o sindicales.

 

Militarización de la economía, desigualdad, pobreza y desprotección social del proletariado es lo que ha traído a la clase obrera, donde cada vez una mayor porción de la población mundial está totalmente desprotegida socialmente – sin acceso alguno a sistemas de seguridad social, sistemas públicos de pensiones, etcétera.

 

 

El desarrollo lógico del imperialismo, de bancarrota económica, de desigualdad cada día mayor al igual que cada día es mayor la concentración de capital, y de riqueza, en cada vez menos manos, muestra que el capitalismo en su fase actual, y terminal, no sólo no puede solventar los problemas que asolan al mundo sino que es el responsable de la existencia de dichos problemas y de su agudización, pues el imperialismo es eso.

Esta situación terminal se agudiza con el entronamiento de la Inteligencia Artificial y de la automatización de la producción que, en manos de los capitalistas, conduce a la negación del propio sistema pues la automatización provoca maximizar el desequilibrio en la composición orgánica del capital, de tal modo que se incrementa la parte de capital constante – la parte del capital destinada a materia prima, edificios, maquinaria, etc.  que no genera valor nuevo – minimizando la parte de capital variable – la parte de capital invertida en fuerza de trabajo que genera la plusvalía.

Consecuencia de ello, los capitalistas lanzarán a millones de seres humanos – de hecho ya lo hacen – al paro forzoso, incrementándose todavía más la pobreza, la exclusión y la desigualdad, generando un excedente humano que los imperialistas, desde la debilidad en la que se hallan, tratarán de resolver destruyendo fuerza de trabajo, esto es, aniquilando a la población que conciben como excedente y prescindible – que cada día que pase será mayor -, empleando para ello la guerra y la privatización absoluta de los servicios de protección pública, liquidando absolutamente los escasos derechos que la clase proletaria todavía pueda disponer en algunos lugares.

Esta automatización, no solo minimiza su esencia, la apropiación de plusvalía, sino como consecuencia de la liquidación de fuerza de trabajo también procede a destruir demanda, negando también la razón de ser de la producción capitalista.

El proceso de acumulación de capital en el imperialismo conduce a la propia burguesía a practicar un auténtico canibalismo en su propia clase, de tal modo que la pequeña y la mediana burguesía, con la automatización de la producción, están condenadas a la ruina, fundamentalmente, por su limitación financiera para acceder a dicha tecnología consecuencia de su tamaño, pereciendo y pasando a engrosar las filas del proletariado.

La concentración de capital es máxima, la oligarquía financiera, en torno al 1% más rico del mundo, amasa más riqueza que el 95% de la humanidad, y desde 2015 la riqueza de esta oligarquía financiera ha crecido más de 33,9 billones de dólares, dinero con el que se podría erradicar la pobreza en el mundo 22 veces, según datos de Oxfam. Esta concentración del capital en unas pocas manos hace que la democracia burguesa sea pasto del pasado, ya que la forma de ejercer el poder inherente al capital financiero es el fascismo, que es donde está instalado hoy el mundo, donde el control absoluto tanto de los ciudadanos como de la riqueza a nivel planetario será máximo gracias a la tecnología.

La implosión de la Unión Soviética y el avance inexorable del imperialismo durante estas casi cuatro décadas ha llevado al mundo a la modificación de su mapa político acorde a los intereses del capital financiero, de los monopolios. Un mapa político que está en permanente movimiento, en permanente transformación, como se comprueba actualmente tanto en Medio Oriente como en África, o en la década de los 90s del siglo pasado en Europa. Asimismo, fundamentalmente los monopolios norteamericanos y europeos desarrollaron y fortalecieron una superestructura política mundial para imponer sus políticas económicas a nivel planetario, de tal manera que los estados nación se convirtieran en agencias ejecutoras de las políticas dictadas por las agrupaciones imperialistas supranacionales. Unas políticas de transferencia de riqueza desde la clase obrera hacia los monopolios – privatizaciones y política fiscal consistente en exonerar a las rentas del capital de la tributación -, de liquidación de la organización sindical erosionando la negociación colectiva y de precarización del mundo del trabajo – subcontratación, fomento del cuentapropismo, etcétera – y de división internacional del trabajo, donde se refleja la centralidad de una única economía imperialista mundial, donde todo está entrelazado y subordinado a los intereses crematísticos de los monopolios, de tal modo que éstos determinan qué tipo de trabajo desarrolla cada región del mundo, cuyos estados se pliegan y se convierten en títeres y ejecutores de dichas políticas económicas. De tal modo, en la última década del pasado siglo y en la primera del presente, se produjo el mayor grueso del proceso de deslocalización de la industria hacía, fundamentalmente, China, para que los monopolios incrementaran la obtención de plusvalía abaratando costes de producción, de la mano de obra y contemplando como demanda ya no la demanda del país sino de todo el mundo, en lo que se denominó Globalización, que a tenor de los datos que aporta el Banco Mundial y la OCDE tuvo el siguiente efecto:

 

Este proceso de deslocalización ha ido conformando el mundo actual, ha ido desarrollando las nuevas potencias económicas, sus alianzas – BRICS – y el desarrollo de su superestructura al objeto de satisfacer sus intereses económicos y conquistar la hegemonía en términos económicos y políticos.  Desde la caída de la URSS hay un único mundo imperialista con una única economía mundial, con una división internacional del trabajo definido por los monopolios, que son los dueños del mundo, no habiendo choque de sistemas sino pugna interimperialista por el dominio económico.

La precariedad laboral, el incremento de la temporalidad, el desarrollo tecnológico y el consecuente incremento del individualismo, el establecimiento de reformas laborales que abren paso a la negociación individual con respecto de la negociación colectiva y que facilitan la represión contra la clase obrera, la pérdida del peso de la industria – ya sea por la deslocalización como, también, por el proceso de automatización de la producción – unido a lo fundamental, el derrumbe de la URSS y, con ella, de la influencia de los partidos comunistas sobre las masas obreras, ha conllevado un retroceso, como no podía ser de otro modo, del movimiento sindical a nivel mundial.

2. La lucha de clases en nuestros días.

La caída de la URSS significó un avance brutal del imperialismo y, consecuentemente, un retroceso enorme del proletariado en todos los terrenos en las últimas tres décadas.

De hecho, en estas tres últimas décadas los imperialistas han avanzado enormemente en la desorganización del proletariado, aplicando la lucha de clases sin cuartel en todos los terrenos, pero, fundamentalmente, en el ideológico. La labor anticomunista ha descollado, pues ello les ha resultado cardinal para aislar al proletariado, alienarlo y poder imponer a sangre y fuego su régimen explotador.

Sin embargo, y a pesar de la caída del “enemigo comunista” que según los farsantes imperialistas portaban el peligro de una guerra nuclear al planeta, este período ha demostrado que el auténtico peligro para la humanidad son los imperialistas, a los que sólo les queda la guerra y el fascismo para sostener su moribundo sistema económico. El imperialismo únicamente puede sobrevivir a costa de sojuzgar y robar sin piedad a los pueblos del mundo, a costa de explotar y deshumanizar al proletariado y de la confrontación interimperialista por la conquista de los mercados y de los recursos naturales. En síntesis, el imperialismo es el robo y el asesinato, eso es lo único que puede ofertar a la humanidad.

La lucha de clases, a nivel mundial, se manifiesta como lucha entre el imperialismo – que es el sistema económico de los monopolios – y el socialismo, que es el sistema económico que resuelve la contradicción entre el enorme desarrollo de las fuerzas productivas y la estrechez de las relaciones de producción que no traduce la ingente riqueza producida en riqueza para el conjunto de la humanidad, siendo el socialismo el sistema económico que garantiza que el desarrollo material se convierta en desarrollo social para la humanidad.

Como hemos visto, el desarrollo del imperialismo ha acreditado su inviabilidad, de tal modo que ya se niega a sí mismo, consecuencia del desarrollo tecnológico, que profundiza en la automatización de la producción alejando al ser humano del trabajo y, consecuentemente, dislocando la composición orgánica del capital de tal modo que se minimiza la parte que genera plusvalor, el capital variable, maximizando por el contrario la parte de capital constante que no genera plusvalía.

Pese a todo, los imperialistas en su pugna por el dominio del mundo se han visto forzados a tirar de la robotización, a pesar de que ello les conduce a su final.

En el mundo, pues, por un lado, se da una pugna interimperialista entre las potencias hasta ahora hegemónicas – EEUU y sus aliados – y los que aspiran a sucederlos – BRICS con China a la cabeza – siendo para ello necesario un reordenamiento o un nuevo reparto del mundo para tratar de perpetuar la hegemonía unos y para tratar de conquistarla otros. Sin embargo, ni unos ni otros plantean cambiar la formación socioeconómica imperialista. Esta pelea, acentuada tras la crisis de las subprime de 2007, se ha dado en todos los terrenos – político, económico, comercial y, también, se está dando ya en el militar de manera menos soterrada, a tenor del desborde en los anteriores terrenos mencionados.

Hoy los imperialistas, los oligarcas, o como partes bajas de la burguesía les denomina, “las élites financieras”, sojuzgan a los pueblos para apropiarse de sus recursos naturales, no dudando en exterminar a pueblos enteros para ello, reordenan el mundo en virtud de sus intereses y los controlan y someten política y económicamente mediante la deuda y otros instrumentos financieros. Sin embargo, esos imperialistas que se confrontan entre ellos para adueñarse del mundo, cierran filas para someter y reprimir al proletariado. En esta dialéctica de pugna interimperialista, los imperialistas dentro de sus estados explotan y reprimen al proletariado que cada día sufre con mayor profundidad la explotación y el empobrecimiento al objeto de incrementar las transferencias de riqueza hacia la oligarquía, amén de para financiar la pugna interimperialista. De tal modo que, a nivel interno de cada nación, los monopolios también libran otra guerra, en este caso, una guerra sin cuartel ni piedad contra el proletariado dentro de sus estados.

Es por ello que los imperialistas, cuya política exterior es el chovinismo, el racismo, el nacionalismo exacerbado y la guerra imperialista, como está quedando patente a tenor de los hechos y de la realidad objetiva, a nivel interno lo apuestan todo a la reacción, a la división del proletariado – empleando para ello el nacionalismo,  el racismo y la xenofobia – y sobre todo librando una guerra ideológica brutal contra el proletariado mediante el anticomunismo – consciente esta oligarquía financiera que únicamente el proletariado armado del marxismo-leninismo y de su Partido leninista puede desalojarlos del poder – y el revisionismo histórico – al objeto de atraerse a las masas explotadas y hacer que éstas cierren filas con sus opresores para confrontar contra sus hermanos de clase.

La economía imperialista es global y única, la opresión de la oligarquía financiera es a nivel mundial contra el proletariado, al que parasitan hasta la extenuación. Por tanto, la lucha del proletariado, en todos los  rincones del planeta, es única: romper las cadenas del imperialismo y construir el socialismo, acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción y enviar a la burguesía al estercolero de la historia junto con toda su superestructura, poniendo todos los medios de producción y la riqueza en manos del proletariado, esto es, al servicio de la revolución proletaria mundial que será materializada por la rotura progresiva de eslabones, siendo cada eslabón un país imperialista.

3. Cómo se halla el sujeto revolucionario, el proletariado.

El proletariado es la única clase social revolucionaria en tanto es la clase social mayoritaria, numéricamente, y porque es la clase oprimida por la minoría burguesa explotadora y, por tanto, es aquella que tiene una necesidad objetiva de romper los grilletes de la explotación que le niega la vida. En consecuencia, el proletariado es la clase social que está llamada a hacer la revolución siendo, por tanto, el sujeto revolucionario.

El proletariado tiene negada la propiedad sobre los medios de producción, que están en manos de una minoría – la burguesía – que acumula la riqueza, siendo las relaciones de producción que se elevan como consecuencia de esta realidad relaciones de producción de explotación, de sometimiento de una mayoría de la humanidad a una minoría.

Como hemos comprobado en el primer punto del presente documento, los monopolios concentran cada vez más riqueza, poseen los medios de producción y, con ello, poseen el control de los estados burgueses, marionetas de las agrupaciones supranacionales de imperialistas y, por tanto, los instrumentos de represión – físicos y psicológicos – de la humanidad que es el proletariado. A ello se debe unir la fuerza de la costumbre, el peso de la historia del desarrollo de la sociedad humana donde desde el esclavismo al capitalismo, pasando por el feudalismo, la base de las relaciones de producción de dichos regímenes es la propiedad privada sobre los medios de producción y, por tanto, la división de la sociedad en explotadores y explotados, en opresores y oprimidos.

Ese desarrollo de la sociedad humana, esa historia de la lucha de clases, ya nos ha mostrado el camino al proletariado del progreso social, que pasa por poner fin a la médula espinal de las formaciones socioeconómicas que dividen la sociedad en explotadores y explotados, poner fin a la propiedad privada sobre los medios de producción. De hecho, el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 nos enseñó como abolir el estado burgués y el posterior nacimiento del país de los soviets nos demostró la superioridad del socialismo respecto del capitalismo, colocando en dos décadas a la URSS como una potencia mundial, a la cabeza del mundo en desarrollo industrial y social. Y con el desarrollo de la URSS no sólo progresó el proletariado en dicho estado multinacional, sino que fortaleció las fuerzas del proletariado mundial, lo que se tradujo en conquistas por parte de éste de progreso social, a la par que los pueblos empezaron a rebelarse contra el imperialismo conquistando su emancipación nacional, rompiendo con el yugo imperialista.

El enorme avance que el proletariado conquistó durante las décadas de existencia de la URSS se invirtió tras la implosión de ésta, con el debilitamiento del Movimiento Comunista Internacional y el consecuente avance de los opresores, de la oligarquía financiera, y con ella sus creaciones fascistas y oportunistas.

El proletariado lleva más de tres décadas bajo la absoluta influencia ideológica del imperialismo. Esta influencia ideológica, en términos generales, no es contrarrestada porque el proletariado se halla huérfano de un movimiento comunista internacional, de organizaciones comunistas que contrarresten y desmonten la propaganda imperialista. Organizaciones comunistas que, un gran número de ellas, directamente abrazan el oportunismo y avanzan por la senda del reformismo, repudiando cualquier salida o solución revolucionaria.

De tal modo que el proletariado se halla completamente desvertebrado y desorganizado, a merced de su enemigo de clase. La falta de organizaciones revolucionarias con influencia real entre las masas proletarias conduce a los proletarios a tener una psicología donde ven al capitalismo como todopoderoso y eterno, deslizando la lucha política por el circuito burgués del parlamentarismo y de la democracia burguesa, una democracia burguesa que, a la misma vez que los monopolios han ido engordando y acumulando cada vez más riqueza, más poder económico, se ha transformado en sistemas reaccionarios donde, con independencia de la marca – partido político del capital – que venza en los comicios, son los que no se presentan  a las elecciones los que gobiernan, los monopolios, y los que quitan y ponen peones a su antojo, en tanto controlan medios de manipulación de masas, ejércitos, fuerzas de represivas y las judicaturas. Ello se ha podido ver en múltiples estados como Brasil, Bolivia, Argentina, Perú o se está pudiendo comprobar en España.

La depauperación de las condiciones económicas del proletariado – como se puede corroborar en el primer bloque de este documento – así como de otras condiciones laborales, que imponen los imperialistas, unido a la debilidad extrema del movimiento comunista, de los verdaderos partidos comunistas que muestran al sujeto revolucionario su salida natural y la necesidad de la organización como clase para conquistar unas condiciones favorables a sus intereses, y consecuentemente, al no estar ocupado dicho espacio por los revolucionarios marxistas-leninistas, es ocupado por los agentes del capital – ya sean los oportunistas o, directamente, la reacción – dentro del centro de trabajo, haciendo que la clase obrera se halle totalmente disgregada y que el trabajador tenga en su psique permanentemente la salida individual que siempre va a ser una salida que beneficie al gran capital y que le perjudica al trabajador tanto en términos individuales como, obviamente, de clase. El proletario en la pequeña empresa, donde es fuertemente explotado, al comprobar in situ como su trabajo es el que genera la riqueza de su patrón y conocer a la clientela del negocio, ante la falta de conciencia de clase – consecuencia de la debilidad del instrumento generador de la conciencia, el Partido comunista – busca la salida individual y burguesa, esto es, convertirse en un pequeño burgués y arrebatar la clientela a su patrón montando él su pequeña empresa. En la empresa grande el oportunismo – a través de los sindicatos de la patronal subvencionados por los estados burgueses – hace su trabajo de conciliación de clase, que es de subordinación de los intereses de los obreros a los intereses del burgués. La temporalidad implica un grado de rotación elevado en los puestos de trabajo que hace que el trabajador vea en la huida de una empresa a otra la fórmula para disminuir su malvivir y, por consiguiente, el tratar de progresar, nuevamente en lo que es la salida individualista fruto de la impregnación de la ideología burguesa y de la falta de influencia de la organización revolucionaria y clasista. La acción desvertebradora y divisora del oportunismo, bajo la dirección de la burguesía, la desarrollan haciendo que cada empresa sea una isla, que los obreros de las diferentes empresas y de los diferentes sectores no construyan la unidad vinculando las luchas de los diferentes centros de trabajo y de los diferentes sectores en una única lucha de clases contra el imperialismo y la clase de los empresarios. Todo ello es, fundamentalmente, consecuencia de la ausencia del Partido de los comunistas organizado en los centros de trabajo, en las fábricas, en los diferentes sectores de la producción.

Esto que acabamos de expresar es con respecto a los estados capitalistas con un grado alto o medio-alto de desarrollo. En aquellos estados capitalistas con un grado de desarrollo menor, donde la violencia se aplica de una manera, por decirlo así, más abierta, los empresarios no vacilan en emplear esta violencia de manera totalmente directa con toda la impunidad. El oportunismo aquí también hace su labor de desguarnecer la organización de la clase y conducir a los obreros por el redil del capitalista, por negar la lucha de clases y conciliar con el burgués, al que jamás cuestiona como tampoco cuestiona a su sistema económico basado en la explotación del hombre por el hombre.

Lo expresado para los centros de trabajo, en la lucha sindical (política y económica), se reproduce también en la lucha genuinamente política en los barrios, en las comunidades, en los movimientos sociales. El oportunismo conduce al proletariado a transitar por los cauces del legalismo y de la institucionalidad burguesa, un circuito existente para perpetuar el dominio de la burguesía y la subordinación del proletariado. La falta de organización revolucionaria, de un partido comunista que sea capaz de penetrar en las masas proletarias, conduce la frustración del proletariado al que le guía el oportunismo que se materializa en la apatía, la impotencia, la desesperanza, el rechazo al sistema o el escepticismo y que se visualiza en los procesos electorales burgueses en el grado de abstención. Estos sentimientos, en la descomposición del sistema político burgués, la burguesía trata de encauzarlos a través del fascismo, que es el mayor grado de revisionismo histórico existente, al objeto de confrontar a la clase obrera entre sí, de dividir al proletariado mediante el nacionalismo exacerbado, el racismo, la xenofobia y, sobre todo, el anticomunismo. Y es que la burguesía es plenamente consciente tanto de la descomposición y muerte de su base económica como de su formación socioeconómica imperialista y, también, es totalmente consciente de que su enterrador es el proletariado, siempre que esté dirigido, organizado y bajo la influencia ideológica de las fuerzas del marxismo-leninismo, por ello todos los esfuerzos de la burguesía pasan por la batalla ideológica – batalla cultural también le denominan los fascistas – para alienar al proletario, para hacer que odie a su propia clase y, cuando esto no es suficiente, no vacila en la represión, en el asesinato, pues la burguesía es la clase más criminal que ha alumbrado la historia.

Los medios de comunicación – radios, canales de televisión, redes sociales, periódicos en papel y digitales, … -, la práctica totalidad en manos de los capitalistas, vierten entre el proletariado la ideología de los monopolios, el anticomunismo y, también, sirven para atemorizar y anestesiar al proletariado.  Estos medios de manipulación de masas no dudan en justificar – y mostrar – la represión  de los imperialistas, en justificar las guerras de carroña, los bloqueos económicos, los genocidios y demás fechorías perpetradas por los imperialistas al objeto de engañar a las masas proletarias, en vilipendiar al proletariado y a su ciencia revolucionaria – el marxismo-leninismo –  y, también, en reflejar una imagen todopoderosa de las fuerzas imperialistas, para mellar la psicología de aquellos proletarios con un mínimo de sentido crítico y rebelde, para que en la psique del proletariado se instale el pensamiento de que nada se puede hacer contra el capitalismo y los capitalistas, que la confrontación contra el capitalismo y su superestructura es inviable.

Con el desarrollo tecnológico, actualmente en manos de un puñado de multimillonarios, la agudización de la explotación del proletariado, así como su alienación y represión se acrecienta. La automatización de la producción y de los servicios conllevarán centros de trabajo con menos obreros y menor interrelación entre ellos, estableciendo unas condiciones peores para la organización económica del proletariado en los centros de trabajo, o lo que es lo mismo, dificultando la organización sindical. El desarrollo de la tecnología también está sirviendo para que la manipulación sobre las masas proletarias efectuada por la burguesía sea más efectiva, en tanto, por un lado, se censura todo aquel mensaje – ya sea por censura propiamente dicha como por no promoción de los contenidos por los algoritmos – que vaya en contra de los intereses de los dueños de las redes sociales y de los espacios donde se ubican los contenidos, propiedad de los monopolios. Ergo la inteligencia artificial y los autómatas o algoritmos de datos proporcionan a la clase obrera toda aquella información que beneficie a sus dueños, a los monopolios, siendo mucho más efectivo en la labor de alienación del proletariado y mostrando, nuevamente, que solo mediante la socialización de la tecnología, mediante el socialismo, se podrá liberar a la humanidad de la alienación y el embrutecimiento al que la somete la burguesía.

El capitalismo, tanto en su fase premonopolista, como en su fase actual monopolista o imperialista, persigue la perpetuación de un sistema explotador basado en una sociedad dividida en clases como reflejo de un sistema económico donde los medios de producción están en manos de unos pocos, donde son propiedad privada de un puñado de burgueses y, por tanto, el sistema capitalista es la perpetuación de la violencia pues ésta hunde sus raíces en la existencia de una sociedad dividida en clases sociales cuyos intereses son antagónicos.

El proletario, ante la ausencia del instrumento que le genera conciencia de clase y que le sirve en la lucha de clases, el Partido leninista, se ve minúsculo ante un mundo verdaderamente hostil, donde se siente totalmente desprotegido, atomizado, contemplando como todo lo que le rodea es corrupción, que es la forma en la que los monopolios manejan el Estado, impunidad para los ricos, los capitalistas, los burgueses, y represión permanente tanto del Estado, a través de los jueces y las fuerzas de represión del Estado, así como en el seno de la empresa por el burgués.

Todo lo mencionado constata que el propio enemigo de clase, la burguesía, es mucho más consciente de la fuerza del proletariado, del papel revolucionario de éste, que nuestra propia clase. Y es que nuestra clase social, el proletariado, necesita al Partido leninista, que es el corazón y el alma de la clase, para que ésta tome conciencia de sí y para sí, esto es, conciencia de lo que es, el sujeto revolucionario, y de la misión histórica que le corresponde desarrollar, poner todos los medios de producción al servicio de la mayoría de la humanidad que es el proletariado, y ello pasa por llevar a término la labor de derrocar revolucionariamente al imperialismo y desarrollar el socialismo, tomando el proletariado todo el poder económico, político e ideológico.

4. ¿Cómo construir la unidad del proletariado? Uniendo a los comunistas en una organización única, rompiendo con la burguesía y las alianzas interclasistas.

La historia nos muestra que siempre que el proletariado ha avanzado, ha conquistado el poder y, consecuentemente, ha avanzado la humanidad en su conjunto, es porque estaba guiado por su partido de vanguardia, por el Partido leninista, la parte más avanzada del proletariado organizado. Y también nos demuestra la historia que cuando el proletariado está desdibujado, absolutamente fragmentado, a merced de la burguesía, despojándolo de cualquier derecho y sufriendo la explotación y violencia de clase máxima y, por tanto, conduciendo la humanidad hacia el abismo, es porque el partido leninista está desnaturalizado o no existe, porque el oportunismo impera en lo que se denomina movimiento comunista, el cual corrompen alimentando a la reacción.

Al proletariado, que en términos objetivos es la clase que se halla despojada de los medios de producción y se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, le da conciencia de lo que es, le da objetivo como clase, le muestra su misión histórica, le enseña a interpretar correctamente el mundo mostrándole su realidad objetiva de guerra abierta contra la burguesía, poniendo coto a la espontaneidad y la individualidad y mostrando que el combate contra la burguesía se rige por el principio de la lucha de clases, en definitiva, al proletariado le abre los ojos como clase, la pertrecha como tal y le conduce a la emancipación el Partido leninista, o lo que es lo mismo, la organización de la parte más avanzada de la clase obrera. El partido leninista es quien le indica al proletariado el mundo que él debe construir – un mundo liberado del yugo explotador capitalista donde quede abolido el Estado y, consecuentemente, las clases sociales – y que le enseña que la burguesía se sostiene como clase gracias a la propiedad privada de los medios de producción y las estructuras institucionales burguesas – superestructura – que elevan y que solo se puede derrocar a la burguesía derrocando su base económica capitalista y no dejando en pie el Estado burgués, debiendo construir la clase obrera sus propias instituciones así como desarrollar el socialismo. El partido leninista, pues, es el estado mayor del proletariado y su respuesta coherente a la lucha de clases; es el corazón y el cerebro del proletariado, es una parte inherente de éste, su parte más avanzada.

Por este motivo la burguesía ataca sin piedad al partido leninista, porque es plenamente consciente que el partido leninista es quien otorga a la clase obrera táctica y estrategia, quien le muestra realmente su realidad objetiva y le muestra el camino de su emancipación como clase social, es quien cultiva al proletariado en la lucha de clases y lo fortalece organizativamente, en definitiva, la burguesía ha comprendido que la única manera de mantener al proletariado sometido pasa por interceptar, perseguir y desnaturalizar a su partido de vanguardia, el partido leninista armado de su ciencia revolucionaria para la abolición de la explotación del hombre por el hombre: el marxismo-leninismo.

La historia, la caída de la URSS, también nos ha enseñado que con una revolución triunfante, y una sociedad construyendo el socialismo, la única manera que tiene la burguesía de combatir al proletariado de manera efectiva y revertir esa revolución triunfante es atacando al Partido Leninista, desnaturalizándolo y corrompiéndolo, como ocurrió en la Unión Soviética desde la segunda mitad de la década de los 50s del siglo pasado hasta su implosión.

Por tanto, para que el proletariado pueda emanciparse, para que el proletariado pueda actuar en libertad, tomando conciencia de que debe romper los grilletes de la explotación y de la miseria a las que le condena el imperialismo, es imprescindible la existencia del partido leninista. El Partido leninista es esencial para que el proletariado tome conciencia de sí y para sí, es necesario para organizar a la clase y organizar la Revolución proletaria cuyo sujeto revolucionario y constructor de la toma revolucionaria del poder por ella misma es la clase de los proletarios, pero también es cardinal y necesario para, toda vez el proletariado toma el poder en sus manos, edificar la formación socioeconómica socialista, desarrollando la base económica socialista y, a la par, construyendo un mundo, una superestructura, que garantice el dominio en la lucha de clases del proletariado liquidando todo derecho a la burguesía y, por tanto, ir avanzando hacia el estadio comunista, la sociedad sin clases sociales y sin estado. Un partido que irá extinguiéndose a la par que el estado, a la par que la lucha de clases, a la par que se extingue el proletariado pues es una parte de éste.

Por ello, el marxismo es una ciencia partidista, porque el partido es la respuesta al proletariado para la lucha de clases, es el instrumento con el que llevar las ideas del socialismo científico al movimiento obrero, a las masas proletarias, un partido que según Marx y Engels debía ser internacional e internacionalista y que era el instrumento que fusiona el socialismo científico con el movimiento obrero, que eleva a éste, convirtiéndolo en el sujeto revolucionario, dotando a la clase explotada e infinitamente más numerosa, de su ciencia emancipadora.

Toda formación socioeconómica se conforma de una base económica que eleva una superestructura determinada y de una clase dominante, hegemónica que es la que dicta y desarrolla. En la formación socioeconómica capitalista, la base económica es el capitalismo, en su grado final, el capitalismo monopolista o imperialismo; eleva una superestructura imperialista que produce leyes, tiene unas instituciones y engendra una sociedad, una cultura, unas formas de estado a imagen y semejanza de la clase dominante, la burguesía y, más concretamente la burguesía monopolista, que es quien ejerce su dictado, o dictadura. En la formación socioeconómica capitalista, el proletariado es la clase dominada, es la clase explotada, es la clase despojada de la propiedad de los medios de producción y, por tanto, del producto de la producción y ello implica, incluso, que al proletariado la burguesía le niega hasta su libre albedrío.

Para emanciparse el proletariado necesita construir su formación socioeconómica. Una formación socioeconómica donde en la base, los medios de producción estén en manos del proletariado, y por tanto, también el desarrollo tecnológico; donde las relaciones de producción se fundamenten en la propiedad social sobre los medios de producción al objeto de, progresivamente, erradicar todo tipo de explotación del hombre por el hombre y liquidar todo tipo de desigualdad social, una base económica cuyo producto esté en manos de la mayoría proletaria, del proletariado. Una formación socioeconómica que contendrá una superestructura, un mundo, a imagen y semejanza de la clase dominante, el proletariado, que es el sujeto constructor de ese nuevo mundo, erigiéndose en clase dominante que, por primera vez en la historia del género humano, corresponderá a la inmensa mayoría de la humanidad.

A día de hoy rige el imperialismo, la fase monopolista del capitalismo, donde como hemos visto se produce una concentración del capital en unas pocas manos que amasan cada vez una mayor riqueza y, en consecuencia, una socialización de la pobreza sobre la que hemos visto cómo los imperialistas manipulan para tratar de enmascarar que dicho sistema económico agudiza la desigualdad y la pobreza. Y comprobamos como los monopolios, el capital financiero, o, como los capitalistas denominan, “las élites”, imponen su dictadura a sangre y fuego a lo largo y ancho del globo terráqueo.

El proletariado, como sujeto revolucionario que es, debe derrocar revolucionariamente al imperialismo y construir el socialismo. Para Lenin la unidad del proletariado es la unidad de su vanguardia, es la unidad de los marxistas-leninistas y, sin la unidad de los comunistas, jamás puede haber unidad de clase para que el proletariado pueda cumplir con su misión histórica de acabar con lo viejo, el imperialismo, y armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción mediante la revolución socialista y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, construyendo el socialismo como primera fase hacia el comunismo.

Por tanto, el problema que hemos de resolver los comunistas hoy es el de la unidad de los comunistas, que es la unidad del sujeto revolucionario y, por tanto, la fuerza capaz de dar cumplimiento a la misión histórica de este. Sin sujeto revolucionario no hay revolución socialista y, sin ésta, no hay socialismo, sin ésta el imperialismo se sostendrá moribundo llevándose por delante la sangre inocente de centenares de millones de seres humanos. Y esa unidad del proletariado que necesitamos para romper con la explotación y la barbarie imperialista, es la unidad de los marxistas-leninistas en torno al principio organizativo del centralismo democrático.

Hoy el movimiento comunista internacional no está abordando la cuestión fundamental que debería abordar, la unidad de los comunistas, que es la cuestión de la unidad del proletariado y la organización de su parte más avanzada, que es la cuestión de fortalecimiento del sujeto revolucionario para cumplir su misión histórica y revolucionaria.

Y sin construir los cimientos, sin construir la unidad de los comunistas, y desde la división dentro del movimiento comunista, cuando no desde la mismísima estafa, algunos de los que se reivindican del comunismo -y que tras ellos lo que hay es ideología burguesa como el nacionalismo y el revisionismo – se lanzan a diseñar tácticas, o mejor dicho deformar y envilecer tácticas que el movimiento comunista internacional en la década de los 30s del siglo pasado planteaba en un mundo diferente al actual, con un imperialismo que todavía tenía margen de desarrollo como han evidenciado estos 90 años, y cuando existía un sujeto revolucionario con fuerza, un movimiento comunista en ascenso y fortalecido gracias a la URSS y su partido comunista que engrandeció a todo el movimiento comunista internacional como lo reflejó la Internacional Comunista.

Lenin señalaba que «no puede haber unidad (…) con los políticos obreros liberales, con los desorganizadores del movimiento obrero, con los infractores de la voluntad de la mayoría. Puede y debe haber unidad de todos los marxistas consecuentes, de todos los defensores del marxismo íntegro y de las consignas no recortadas, independientemente de los liquidadores y sin ellos.

 

¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo».

Desde el PCOE consideramos esencial la construcción de esa unidad de los marxistas-leninistas. Sin duda, estimamos que esa unidad únicamente puede materializarse desde la fidelidad a los principios del leninismo en lucha frontal contra el oportunismo, que es la expresión de los intereses del imperialismo en el seno del proletariado para impedir su unidad y la toma de conciencia, y estando con la clase mostrándole la salida revolucionaria y construyendo la organización para ello.

El imperialismo, como hemos visto, ha concentrado la riqueza y la producción en unos pocos monopolios, ha socializado la pobreza y, en este proceso socializador de la miseria, de desigualdad brutal, no sólo tira por tierra las condiciones del proletariado, sino que practica el canibalismo dentro de su propia clase, la burguesía, empujando a la ruina y a la proletarización a cada vez más capas de la pequeña y mediana burguesía. Este hecho impregna al proletariado de la ideología burguesa proveniente de esas capas burguesas proletarizadas.

Ante este escenario, donde no hay imperialismo agresivo y no agresivo, donde no hay imperialismo ofensivo y otro defensivo, donde la concentración del capital cada vez es mayor en menos manos, y donde únicamente hay un imperialismo que constituye una formación socioeconómica única a nivel internacional en el que toda la economía mundial se halla entrelazada, una única base económica donde dominan los monopolios, donde prepondera la putrefacción – el capital financiero sobre el capital productivo -, donde la exportación de capitales impera, donde los monopolos aplican su dictadura a nivel planetario a través de asociaciones de imperialistas supranacionales que manejan a los estados nación que se convierten en sucursales de los grandes monopolios para aplastar a los proletarios y transferir riqueza hacia dichos empresas multinacionales, donde los monopolios pelean entre ellos para repartirse un mundo ya repartido empleando la guerra donde mandan a morir a la clase proletaria, el proletariado debe organizarse para confrontarse de plano contra todo ello. La burguesía aplica a rajatabla la lucha de clases, y la inocula en el seno del proletariado, fortaleciendo el oportunismo de tal modo que aparece una parte que dice reivindicarse del movimiento comunista, y que Lenin denominaba  “los enemigos y falseadores del marxismo”, a los que se les llena la boca hablando de antiimperialismo cuando lo que hacen es negar la existencia de un único imperialismo, cuando lo que hacen es maquillar ante el proletariado al imperialismo y buscan todo tipo de alianza interclasista a la par que combaten a muerte a los marxistas-leninistas.

Esa expresión de interclasismo, que en realidad no es más que la subordinación del proletariado a la burguesía, a nivel internacional adquiere hoy la formulación política de Frente Mundial Antiimperialista o Plataforma Antiimperialista Mundial, donde persiguen conformar una alianza con capas de la burguesía que, si bien manifiestan combatir el imperialismo, bajo ningún concepto pretenden superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo, siendo muchos de ellos enemigos acérrimos del marxismo-leninismo. Un antiimperialismo singular pues son beligerantes con unas potencias imperialistas – EEUU o la UE – y, por el contrario, encubren a otras potencias imperialistas y carroñeras como las primeras a las que caracterizan como no imperialistas como, por ejemplo, son China o Rusia.

Estos “enemigos y falseadores del marxismo”, cuya actividad se fundamenta en el engaño y la traición al proletariado, el parasitismo y, de facto, la negación del marxismo-leninismo en tanto que, de hecho, se niega la lucha de clases, hacen extraños compañeros de viaje y aliados, de tal manera que partidos que se dicen comunistas y que dicen defender la autodeterminación suscriben posiciones conjuntas con organizaciones políticas reaccionarias, como se constata en la Declaración de París de 14 de octubre de 2022 de la Plataforma Antiimperialista Mundial donde van de la mano el PCPE – que dice ser defensor de la autodeterminación de las naciones oprimidas y denomina al estado español como “cárcel de pueblos y naciones” (Julio Díaz, enero de 2024) – y Vanguardia Española que es una organización reaccionaria, y nacionalista española. Sin embargo, no es extraño que vayan de la mano pues, realmente, ambas organizaciones están unidas por el nacionalismo – unos de naciones que, ni tan siquiera aplicando el marxismo-leninismo existen, y otros nacionalistas españoles – y ambas organizaciones repudian el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, por lo que ambas están realmente unidas contra el marxismo-leninismo.

Otro ejemplo de frentes interclasistas, y anticomunistas, se puede ver en el estado español, concretamente en el archipiélago canario, donde el partido “nacional” canario del PCPE, el PCPC, ha creado una plataforma por un Estatuto de Neutralidad para Canarias, donde dicho partido supuestamente comunista, está aliado con organizaciones sociales y con partidos de la burguesía, como por ejemplo Nueva Canarias, y otras organizaciones nacionalistas canarias, por el que señalan que “La neutralidad es la opción que aporta mayor seguridad al Archipiélago Canario y supone una mejor contribución a la paz, como lugar de encuentro internacional y de apoyo a la solución dialogada de conflictos, en un escenario internacional complejo y tensionado.”, buscando apoyo en las instituciones burguesas, las cuales no es que no cuestionen, es que buscan su abrigo, como se comprueba cuando señalan “En el desarrollo de la campaña se ha dado el paso de demandar al Parlamento de Canarias su compromiso para impulsar y apoyar todo tipo de iniciativas que puedan hacer posible el reconocimiento del Estatuto de Neutralidad en el ordenamiento jurídico estatal e internacional. Posteriormente su recorrido será hacia el Parlamento de Madrid, así como su tramitación ante la Unión Europea y la ONU. La campaña, que continuará con su extensión a todas las islas, y la creación de comités populares por el Estatuto de Neutralidad.” Curioso antiimperialismo el del PCPE que busca apoyo en instituciones abiertamente imperialistas como el parlamento español o el parlamento de la UE. Y nosotros nos preguntamos, en un mundo imperialista donde los monopolios están en pugna por el reparto del pastel mundial, donde rige la lucha de clases y donde la explotación es ley ¿a qué neutralidad apela el PCPE? Los comunistas en el mundo no podemos ser neutrales, estamos con el proletariado – da igual de dónde sea porque el proletariado es internacional y no tiene más patria que el socialismo -, con la revolución proletaria mundial y con el socialismo, con la abolición del capitalismo, responsable de la explotación, responsable de una sociedad dividida en clases antagónicas causantes de la violencia contra el proletariado, una violencia que la burguesía ejerce a través del estado burgués, ese que los comunistas debemos derrocar y que, a sus parlamentos, el PCPE va a pedir que les firmen sus Estatutos de neutralidad burgueses y oportunistas que son una puñalada al marxismo-leninismo y al proletariado, actuando de una forma que ensucia el término comunista que portan en el nombre de dicha organización enemiga del comunismo.

Cómo puede verse, en estos dos ejemplos que hemos mencionado de política de masas interclasista aplicada por, empleando la expresión de Lenin, “estos enemigos y falseadores del marxismo”, en nada ha servido al proletariado ir de la mano de la burguesía en términos de crecimiento organizativo, de nada ha servido con respecto del desarrollo de una Internacional Comunista, de nada ha servido al desarrollo de la Revolución proletaria, para lo único que ha servido es para subordinarse a los intereses de la burguesía, para encauzar al pueblo por la senda del reformismo, por dar lustre a las instituciones imperialistas y por satisfacer el ego a una panda de oportunistas que viven de la división y del engaño al proletariado, como hace el PCPE, en definitiva, por fortalecer al enemigo de clase.

En el movimiento comunista hoy la correlación de fuerzas, todavía, es favorable al oportunismo y, por ello, se halla totalmente fraccionado como se constata echando un vistazo a la realidad de las fuerzas que se reivindican del comunismo tanto en las diferentes naciones como a nivel internacional.

Mientras los comunistas no conquistemos la unidad, y ella sólo puede edificarse combatiendo al imperialismo y la ideología que éste insufla, empezando por el combate contra el oportunismo, que es el producto más acabado de la burguesía para dinamitar la unidad del movimiento comunista y, por tanto, del proletariado, mientras no derrotemos y desterremos al oportunismo del movimiento comunista y, consecuentemente, de la clase obrera, no podremos dar pasos hacia la emancipación social de nuestra clase, hacia la consecución de la misión histórica de la clase obrera.  La lucha a muerte contra el oportunismo constituye un eje cardinal por el que los partidos comunistas debemos unirnos para conquistar la organización única de la vanguardia que necesitamos para vencer a la barbarie imperialista.

Sin sujeto revolucionario, que no existe como tal sin la existencia e influencia de su partido, que es el partido leninista que dota al proletariado de conciencia de sí y para sí, éste no puede dar pasos para su emancipación, sino que seguirá dando vueltas a la noria de la burguesía, conduciendo al proletariado al redil de la derrota, de la perpetuación del imperialismo y de su barbarie, cada día más criminal.

Por todo ello hoy la primera tarea de los comunistas, y la más importante que nos toca acometer, es la construcción de un movimiento comunista revolucionario, que se debe abrir paso combatiendo a muerte al imperialismo y al oportunismo, que constituye la quinta columna del imperialismo dentro de nuestras filas proletarias. El PCOE está comprometido en la conquista de la unidad de los comunistas que es la unidad de la clase de los proletarios, en la defensa del marxismo-leninismo y en la lucha a muerte contra la burguesía, contra el oportunismo y tiende la mano para trabajar en esta dirección con todos aquellos que compartan esta visión del mundo y del estado de nuestra clase.

 

Madrid, 5 de junio de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)




Los experimentos bacteriológicos de los Estados Unidos

La reciente desclasificación de documentos del Pentágono que revelan experimentos militares estadounidenses con mosquitos portadores de enfermedades vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que durante décadas fue denunciada por Cuba y por numerosos movimientos antiimperialistas del mundo, que no es otra que la utilización de agentes biológicos como instrumentos de guerra y dominación. Los documentos conocidos como Proyecto Bellwether muestran que, a finales de los años cincuenta, el Ejército de Estados Unidos estudió la capacidad de mosquitos como el Aedes aegypti para actuar como vectores de enfermedades en poblaciones humanas, dentro de programas destinados a evaluar su potencial estratégico como arma biológica. Para quienes observan la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, estas revelaciones no constituyen una anécdota aislada. Forman parte de una larga tradición de agresiones dirigidas contra la Revolución Cubana y contra cualquier proyecto que desafíe la hegemonía estadounidense en América Latina, a la que consideran su patio trasero.

No es casualidad que en los últimos años Cuba ha sufrido un incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos, especialmente dengue y arbovirosis, en un contexto marcado por enormes dificultades para adquirir insecticidas, equipos médicos, reactivos de laboratorio y medicamentos. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supuso un endurecimiento sin precedentes de las sanciones económicas contra la isla, con cientos de medidas adicionales destinadas a restringir la llegada de petróleo, de sus fuentes de ingresos y de sus relaciones financieras internacionales.

Entre esas medidas destaca la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, una herramienta jurídica concebida para intimidar a empresas e inversores extranjeros mediante la amenaza de litigios en tribunales estadounidenses. El resultado ha sido una mayor dificultad para realizar transacciones bancarias, contratar seguros marítimos, adquirir suministros médicos y garantizar la llegada de productos esenciales para la población cubana. El impacto de estas políticas no puede medirse únicamente en términos económicos. Cuando un país enfrenta obstáculos para comprar medicamentos, piezas de equipos hospitalarios, combustible para fumigaciones o alimentos básicos, las consecuencias terminan reflejándose en la salud y en la calidad de vida de millones de personas, además de la esperanza de vida y los índices de mortalidad infantil, en un intento de generar artificialmente un levantamiento contra el gobierno revolucionario, plan que lleva fracasando desde la invasión mercenaria en Bahía Cochinos de 1961. Por eso, la mortalidad asociada a determinadas enfermedades no puede analizarse al margen de las condiciones materiales impuestas por un bloqueo que persigue explícitamente provocar dificultades sanitarias, económicas y sociales.

Las actuales revelaciones sobre los experimentos biológicos estadounidenses (Un documento desclasificado revela que EEUU liberó mosquitos con enfermedades en zonas habitadas como experimento) adquieren así una dimensión política aún más inquietante. Si documentos oficiales demuestran que el aparato militar estadounidense ha estudiado y, lo más importante, ha ensayado la utilización de mosquitos como vectores de enfermedades contra poblaciones humanas, resulta comprensible que en Cuba persistan profundas sospechas sobre el origen de determinadas epidemias que han afectado a la isla a lo largo de su historia revolucionaria y con una incidencia exponencial desde que se ha aumentado el grado de violencia contra la isla. Aunque cada episodio debe analizarse con rigor y evidencias concretas, el historial de operaciones encubiertas estadounidenses alimenta inevitablemente esa desconfianza.

La historia ofrece antecedentes significativos. El Plan Mangosta, impulsado por la administración Kennedy tras el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos, contempló acciones de guerra bacteriológica, sabotaje económico, infiltración, terrorismo y operaciones clandestinas dirigidas a desestabilizar al gobierno revolucionario. Durante décadas, Cuba denunció campañas de agresión que afectaron a sectores estratégicos de su economía, especialmente la agricultura y la ganadería por la aparición de misteriosas plagas.

Más allá de los debates sobre episodios concretos, existe una realidad incontestable de que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos ha causado enormes daños al desarrollo de Cuba. Ha limitado su acceso a créditos internacionales, ha encarecido las importaciones, ha dificultado la adquisición de tecnologías médicas y ha obstaculizado el abastecimiento de alimentos y medicamentos.

Las nuevas revelaciones sobre los programas militares relacionados con mosquitos y enfermedades recuerdan que la Guerra Fría no fue únicamente una confrontación ideológica o militar. También fue un laboratorio de métodos de guerra no convencionales cuyos efectos recaían sobre la población civil como ocurre en la actualidad cubana porque, en este contexto histórico, Cuba ha sido durante más de seis décadas uno de los principales objetivos de la política estadounidense.

Por ello, la defensa de Cuba exige denunciar simultáneamente todas las formas de agresión como las operaciones encubiertas del pasado, los experimentos militares que utilizan agentes biológicos como herramientas de guerra y el bloqueo económico que continúa castigando a la población cubana. Porque cuando se restringe el acceso a medicamentos, alimentos y recursos sanitarios esenciales, el bloqueo deja de ser una cuestión diplomática para convertirse en un problema de vida o muerte para millones de personas. Si a eso le añadimos la guerra bacteriológica que está causando la epidemia actual de dengue y arbovirosis, de la que el imperialismo yanqui ya ha dado muestras durante su triste historia, a la que se añade la puesta en marcha del Título III de la Ley Helms Burton, que dificulta el acceso a medicamentos e insumos sanitarios, nos hallamos frente a una operación de genocidio planificado de la que el imperialismo yanqui viene dando grandes muestras como en Gaza o Vietnam.

Las recientes desclasificaciones sobre los programas militares estadounidenses con mosquitos, utilizados como potenciales vectores de enfermedades, constituyen un recordatorio de hasta dónde han llegado las estrategias de agresión contra pueblos que han decidido defender su soberanía. Frente a esta realidad, la lucha por el levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo sigue siendo una exigencia de justicia. Porque ningún pueblo debería ser castigado por ejercer su derecho a decidir su propio destino. La historia juzgará a quienes durante décadas han fracasado sistemáticamente en el intento de rendir por hambre, enfermedad y asfixia económica a una nación que eligió un camino independiente. Y la historia absolverá a un pueblo cuya resistencia, pese a todas las agresiones, ha conseguido mantener intacta su dignidad y su soberanía frente a lo que muchos consideran una de las campañas más prolongadas de coerción política, económica y bacteriológica de la historia contemporánea.

¡Por el fin del bloqueo!

¡Por el fin de la guerra bacteriológica!

¡Cuba sí, yanquis no!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)