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Acero asturiano para la maquinaria de guerra imperialista

La multinacional ArcelorMittal, según informa la prensa burguesa, suministrará acero para la construcción de nuevos buques de la Armada española. La compañía siderúrgica suministrará la chapa de acero gruesa necesaria para la construcción de los dos nuevos buques de la Armada, que llevará a cabo Navantia en el astillero de Puerto Real, en la Bahía de Cádiz, por 716 millones de euros. ArcelorMittal fabrica la chapa especial para el sector naval en el tren de chapa gruesa de Gijón, que se alimenta de acero fundido producido en la acería de Avilés.

Una vez más, este es el papel que juega el Estado español dentro del engranaje militar del imperialismo, encabezado por la OTAN. Mientras se destinan miles de millones de euros al rearme, la clase obrera continúa enfrentando precariedad, conflictos laborales y un deterioro constante de sus condiciones de vida. Este contrato, ligado a la construcción naval en Cádiz, no es una simple “oportunidad industrial”, como pretenden vender los medios del sistema.

Se inscribe en una estrategia más amplia de fortalecimiento del aparato militar de la OTAN, en el marco de la creciente rivalidad interimperialista por el control de mercados, recursos y áreas de influencia. Nos hablan de “defensa” y “seguridad”, pero la realidad es que estos buques no están destinados a proteger a la clase trabajadora, sino a garantizar los intereses de los monopolios españoles y europeos en el exterior, participando en operaciones militares, misiones de control y despliegues en escenarios que nada tienen que ver con las necesidades del pueblo.

En este contexto, el papel de grandes monopolios como ArcelorMittal es claro: poner la producción industrial al servicio del beneficio y de la guerra. En Asturias, la clase obrera conoce bien el verdadero rostro de esta multinacional. Lejos de los discursos triunfalistas, los trabajadores llevan años sufriendo un conflicto permanente: ajustes, incertidumbre, parones productivos como el del horno alto B y una política empresarial basada en maximizar beneficios a costa de la plantilla y las auxiliares.

Al mismo tiempo, en Cádiz, los trabajadores del metal han protagonizado importantes luchas contra la precariedad, la represión y prácticas como las listas negras. La imagen reciente de dos trabajadores subidos a una grúa denunciando esta situación refleja la crudeza de las condiciones laborales en un sector clave para esta misma industria militar que ahora se pretende reforzar.

Se revela así una contradicción fundamental del capitalismo en su fase imperialista: mientras se niegan recursos para garantizar derechos básicos – sanidad, vivienda, empleo digno-, se movilizan enormes cantidades de dinero público para alimentar la maquinaria de guerra de la OTAN. Acero asturiano y trabajo gaditano al servicio de intereses ajenos a la clase obrera, en guerras que no son las nuestras.

El Estado español actúa aquí como lo que es: un eslabón dentro de la cadena imperialista, subordinado a las estrategias de la OTAN y comprometido con el aumento del gasto militar exigido por esta alianza. Lejos de cualquier neutralidad, participa activamente en la escalada belicista que recorre el mundo.

Frente a esta situación, la tarea de la clase obrera es desenmascarar el carácter imperialista de estas políticas y oponerse al desvío de recursos hacia el militarismo. La lucha de los trabajadores del metal tanto en Asturias como en Cádiz son expresiones de una misma contradicción entre capital y trabajo.

Solo mediante la organización y la unidad de la clase obrera se podrá avanzar hacia una ruptura con esta lógica, poniendo la industria bajo control de los trabajadores y orientándola a satisfacer necesidades sociales, no a alimentar guerras imperialistas.

 

¡Socialismo o barbarie!

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




La carta anual del CEO de Blackrock muestra que la salida del imperialismo es morir matando y robando

El pasado 3 de marzo el CEO de Blackrock, Larry Fink, escribió su misiva anual a los inversores, sintetizando las conversaciones con sus contactos, con los grandes capitalistas, señalando lo siguiente: “Últimamente, sin importar quién hable, todos dicen lo mismo:  no sabemos cómo afrontar este momento” dejando bien patente que los imperialistas no saben como salir de la situación terminal en la que se halla el imperialismo, describiendo lo que éste está ofertando a la humanidad. “Estamos viviendo un período en el que cosas que habrían definido una década se han convertido en rutina: guerras con repercusiones globales, empresas multimillonarias, una reorganización fundamental del comercio internacional y la llegada de la tecnología más importante”.

El CEO de Blackrock señala que “En las últimas dos décadas, cada dólar invertido en el S&P 500 se multiplicó por más de ocho (…) la gran mayoría de la riqueza ha ido a parar a manos de quienes poseían activos, no a quienes ganaban la mayor parte de su dinero trabajando. Desde 1989, el valor de un dólar en la bolsa estadounidense ha aumentado más de 15 veces con respecto al valor de un dólar vinculado al salario medio”, constatando la putrefacción del imperialismo norteamericano y, a la par, mostrando como la especulación avanza inexorablemente en contraposición con los salarios reales que en los EEUU llevan estancados desde hace más de seis décadas haciendo que el pueblo norteamericano viva cada día de manera más mísera aumentando la pobreza.

En su radiografía de la realidad de la base económica que él defiende, muestra destellos de la putrefacción, y de la avidez, de su clase social, retratándola de la siguiente manera: “Con demasiada frecuencia, esto se interpreta desde una perspectiva cortoplacista(…) A veces, puede parecer que la información se alimenta de la dopamina, donde el estímulo constante recompensa los impulsos a corto plazo. Pero la velocidad puede distorsionar la perspectiva, dejando de lado el pensamiento a largo plazo”. Un capitalismo putrefacto – cortoplacismo, según Fink – que se impone al capitalismo productivo – lo que denomina inversión a largo plazo – como advierte cuando afirma que “es la inversión a largo plazo la que permite a los países desarrollar industrias nacionales y a las personas generar riqueza duradera”.

Una voracidad imperialista que ha generado un mundo terriblemente desigual, con un grado de concentración de la riqueza en unas pocas manos y de socialización mundial de la pobreza, reconociendo que este desequilibrio será aún mayor como consecuencia del desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).

En la carta, como no puede ser de otro modo, Fink incurre en contradicciones. Por un lado, reconoce que “El antiguo modelo del capitalismo global se está desmoronando”, consecuencia del desarrollo tecnológico y de la inteligencia artificial debido a la pugna interimperialista por la hegemonía mundial y, sin embargo, deposita su confianza en el sistema, o fe, amparándose en su experiencia y en la historia de sus padres en la década de los 60s y los 70s del siglo pasado. Por ello, el CEO de Blackrock ve una solución en la inversión en los mercados a largo plazo por parte de la población, para que se puedan desarrollar las naciones y, con ellas, las personas, apelando a la falacia de que “los mercados tienden a recompensar a quienes mantienen sus inversiones en tiempos de incertidumbre”. El mercado, o sea la oligarquía financiera de la que Fink es un representante destacado, lo que hace es enriquecer más a los monopolios por la vía del robo, constituyendo una estafa por la que se desarrolla una transferencia de riqueza hacia dichos grandes monopolios. De hecho, la orgía de especulación, propia del capitalismo putrefacto, durante todas estas décadas lo que ha hecho es concentrar la riqueza en cada vez menos manos, exacerbando la desigualdad e incrementando la pobreza. Los hechos certifican todo lo contrario de lo que la fe del CEO de Blackrock manifiesta.

Lo que sí tiene claro Fink es que, en 2030, Blackrock aspira a ingresar más de 35.000 millones de dólares y también tiene claro que, para ello, debe sacarle más dinero a la clase proletaria de todos los países de la Tierra. En la carta de Fink se detalla la estrategia del fondo de inversión para apropiarse del dinero del pueblo.

En primer lugar apela al desarrollo nacional, hablando de la necesidad de la autosuficiencia nacional – en tecnología, energía y armamento – indicando que es a través del ciudadano, materializando inversiones financieras y llevando el escaso ahorro que pueda disponer a los fondos de inversión, cómo no sólo se desarrolla la nación sino, también, en ese enriquecimiento nacional se enriquece el ciudadano. Apela a la inversión en los mercados financieros para el desarrollo nacional cuando la praxis de Blackrock es todo lo contrario, gestiona 14 billones de dólares en los mercados financieros internacionales con el único objetivo no de desarrollar nación alguna, sino la de engordar sus bolsillos. De hecho, el Informe Albanese señala que Blackrock ha sido uno de los grandes monopolios que ha invertido, o financiado, en el genocidio israelí contra Palestina, es el segundo mayor inversor en la empresa Palantir – empresa participante en el genocidio perpetrado por el sionismo y que contribuye a la represión que ejerce el imperialismo norteamericano alrededor del mundo (empezando por EEUU y terminando por Irán) – en definitiva, Blackrock, como se comprueba, se está forrando con la militarización de la economía, con los genocidios, con las guerras de carroña, sin que las naciones donde invierten tengan beneficio alguno. De hecho en el Estado español, Blackrock tiene invertido, en 2026, más de 90.000 millones de euros, estando presente en Naturgy, Telefónica, AENA, Repsol, Iberdrola, Endesa, Banco de Santander, BBVA, Banco de Sabadell, Caixabank, Enaire o IAG (matriz de Iberia), entre otras empresas; por no hablar que dicho monopolio financiero es uno de los mayores tenedores de suelo y de viviendas, consecuentemente, uno de los responsables de la especulación inmobiliaria en el Estado español. La realidad retrata a estos oligarcas financieros que están desangrando a la humanidad para enriquecerse a costa de la sangre y las vidas de los seres humanos, pues la oligarquía financiera no tiene más patria que su bolsillo y, para ellos, la explotación y el sometimiento como formulaciones para enriquecerse tienen ámbito mundial mas el imperialismo es internacional.

Como vehículo para que los ciudadanos puedan operar en el mercado financiero, y transferir dinero hacia dichos fondos de inversión, Fink apuesta por el teléfono móvil dotado de IA (tokenización) señalándolo de la siguiente forma: “La mitad de la población mundial lleva una billetera digital en su teléfono. Imagina que esa misma billetera digital te permitiera invertir a largo plazo en una amplia gama de empresas con la misma facilidad que realizar un pago. La tokenización podría acelerar ese futuro modernizando la infraestructura del sistema financiero, facilitando la emisión, la negociación y el acceso a las inversiones.”.

El Estado juega un papel fundamental para Fink como instrumento para enriquecer a los fondos de inversión, para transferir riqueza hacia el gran capital, hacia el capital financiero. Reclama sistemas fiscales que otorguen bonificaciones y rebajas tributarias para estimular la inversión financiera de ciudadanos y empresas de tal modo que se estimule la canalización de ese ahorro hacia el sistema financiero, también exhorta al establecimiento de marcos normativos que estimulen la privatización de las pensiones de jubilación, de tal manera que los fondos de las pensiones sean invertidos en el sistema financiero. Y también incide en la joya de la Corona, el asalto a la Seguridad Social para hacer que los fondos de ésta, o la mayor parte de los mismos, se encaucen a los mercados financieros, esto es, a los bolsillos de los grandes capitales que es donde va en el imperialismo, en el capitalismo putrefacto. Esa es una de las funciones que el Estado – para estos especuladores que viven de la explotación y de la estafa al pueblo trabajador, cumplan con sus objetivos crematísticos- debe desarrollar, la de ser un canalizador de dinero del ahorro de los trabajadores hacia el capital financiero, hacia estos grandes monopolios financieros.

La oligarquía financiera lo que está manifestando es que necesita robar absolutamente todo al proletariado tanto en EEUU como en el resto del mundo. Y ello lo justifica el oligarca CEO de Blackrock, empleando los argumentos que se han mencionado anteriormente y, además, lo señala expresamente de la siguiente forma “¿De dónde proviene el dinero? Históricamente, la mayor parte de la financiación para grandes transformaciones económicas provino de bancos, corporaciones y gobiernos, no de los mercados de capitales (…) Pero esos canales ya no son suficientes. Los bancos por sí solos no pueden financiar lo que necesita una economía en crecimiento. Los gobiernos acumulan deudas récord.”. La banca, en la crisis de las subprime en 2007-2010, fue salvada por los estados que se endeudaron sobremanera. Además, la banca y el sector financiero están al borde de una nueva bancarrota, en tanto hay una alta probabilidad de incumplimientos de pago de muchos créditos privados, sobre todo por la situación de quiebras de empresas y de destrucción de puestos de trabajo. Asimismo, se habla que los intermediarios financieros, los fondos buitres, tengan no solo una situación de impagos, sino que tengan sus balances sobrevalorados, implicando también una falta de liquidez, como lo acreditó la propia Blackrock a principios de marzo impidiendo retiros masivos de los inversores, que quisieron sacar 1.200 millones de dólares de un fondo de 26.000 millones y Blackrock solo les reembolsó 620 millones. Esto también lo realizaron otros fondos de inversión anticipando el futuro varapalo que el sector financiero va a recibir, como consecuencia de una sobrevaloración de sus activos, del alto riesgo de impagos y retratando falta de liquidez, situación que se agudizará, y estallará, en el caso de que la guerra en el Golfo Pérsico se prolongue. Por ello, para subsistir y para seguir haciendo inversiones – y robando – los fondos de inversiones buscan una mayor transferencia de las rentas del trabajo hacia ellos, única manera que tienen para pervivir. Es el propio Fink el que reconoce esa sobrevaloración de sus activos, cuando con respecto de la vivienda afirma lo siguiente: “la vivienda no es una inversión que garantice una alta rentabilidad(…) la rentabilidad a largo plazo puede ser más modesta e irregular de lo que sugieren los aumentos de precios anunciados(…) Esto no es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos: en muchas economías avanzadas, el aumento del coste de la vivienda y las condiciones crediticias más restrictivas han dificultado el acceso a la vivienda propia, especialmente para los jóvenes” y, también, reconoce el estallido por la vía de la demanda, como consecuencia del empobrecimiento masivo de la población.

La deuda total mundial (sumando el sector público y el privado), según el Instituto de Finanzas Internacionales, en el tercer trimestre de 2025 ascendía a 337,7 billones de dólares. En lo concerniente a la deuda pública mundial, en 2025 ascendía a 111 billones de dólares – un tercio de la deuda total mundial -, por ello los estados, como dice Fink, lo que deben hacer son políticas de transferencia de riqueza desde las rentas del trabajo hacia los monopolios financieros.

En la pugna interimperialista, el bloque imperialista decadente, el G7 u occidente, encabezado por EEUU, se halla en declive, en retroceso como señala Fink cuando dice que:

  • Obtener minerales críticos como las tierras raras fuera de China y construir fábricas de chips fuera de Taiwán cuesta mucho más. Cada paso hacia la autosuficiencia implica, al menos temporalmente, renunciar a las economías de escala globales que mantuvieron los costos bajos durante décadas. En resumen: a corto plazo, la autosuficiencia es costosa.”.

  • Satisfacer la creciente demanda requerirá ampliar la oferta en petróleo y gas, energías renovables, almacenamiento, energía nuclear y redes eléctricas. Ninguna fuente por sí sola puede lograrlo (…) Pero en Estados Unidos, hay un punto que resulta difícil de ignorar: si se quiere que la energía siga siendo asequible para las familias, es necesario que se suministre más energía, y rápidamente (…) Los centros de datos requieren grandes cantidades de energía fiable. Al mismo tiempo, añadir nueva capacidad de generación y transmisión lleva años. Cuando la oferta crece lentamente y la demanda aumenta más rápido, los precios suben (…) Las cadenas de suministro son fundamentales. Hoy en día, gran parte de la capacidad mundial de fabricación de paneles solares y baterías se concentra en China. (…) La energía asequible depende de la abundancia de energía. Cuando la energía escasea, los hogares son los primeros en sufrir las consecuencias (…) El objetivo no es favorecer una tecnología sobre otra, sino garantizar que Estados Unidos pueda generar suficiente electricidad fiable y rentable para cubrir los gastos de los hogares y mantener su competitividad a largo plazo”.

La IA requiere de un incremento notable de generación de energía (siendo cardinal el acceso a las materias primas generadoras de dicha energía). Y según Fink, como hemos visto, China es quien es hegemónica en el acceso a las tierras raras, en la fabricación de chips y en la suficiencia energética como consecuencia de su superioridad a la hora de la generación de energía y de su acumulación, gracias a su superioridad en la construcción de baterías. Estas son las razones de la política belicista del imperialismo en decadencia, de EEUU.

Fink señala que “La IA llegó para quedarse. Es fundamental para la competencia estratégica entre Estados Unidos y China. Estados Unidos comprende claramente que el liderazgo en IA no es opcional y que requerirá una inversión constante en investigación, infraestructura, talento y mercados de capitales capaces de financiar la innovación a gran escala”. Esa competencia estratégica entre el imperialismo decadente y el emergente es la competencia por el dominio de la IA ya que quien sea hegemónico en ésta tumbará a sus contendientes, en tanto será más eficiente y productivo, su producción será más barata en tanto maximizará la racionalización de los recursos que intervienen en la producción, aparte de poder ofertar mercancías más novedosas, baratas y fiables. Y en esa competencia China lleva la delantera, como lo reconoce el propio Fink. Es por ello que a EEUU únicamente le queda la guerra para obstaculizar el desarrollo de China, encarecerle el acceso a los recursos energéticos, y sojuzgar a los pueblos – fundamentalmente en el continente americano y en Oriente Medio – para hacerse con sus recursos, ya sean energéticos como tierras raras.

El imperialismo lo único que puede ofertar al proletariado es más pobreza, más sufrimiento, más muerte. La potencia imperialista en declive solo puede sostener la hegemonía por la vía de la guerra imperialista, del sojuzgamiento de los pueblos y de explotar y empobrecer hasta la extenuación al proletariado.

Sin embargo, la potencia emergente, que pretende conquistar la hegemonía por la vía de la automatización – y, consecuentemente, de la independencia o autosuficiencia energética y el control de las tierras raras y los metales que su procesamiento produce que es la contienda que hoy se libra – pretendiendo empequeñecer la competencia y doblegarla, mientras se mantengan las relaciones de producción capitalistas, lo que hará es negar la esencia del capitalismo, como es la apropiación de la plusvalía, en tanto que la automatización disloca la composición orgánica del capital, de tal manera que se minimiza el capital variable, que es la parte del capital que genera plusvalor. Manteniéndose las relaciones de producción capitalistas, la propiedad privada sobre los medios de producción, la automatización generalizará el paro forzoso y liquidará la demanda, algo lógico pues la apropiación de la plusvalía que genera el proletariado es la piedra angular del funcionamiento del capitalismo, acabando con ésta se acaba con el capitalismo. Para armonizar el desarrollo enorme de las fuerzas productivas que implica la automatización con las relaciones de producción, para hacer que el desarrollo enorme de la tecnología y la técnica se transforme en desarrollo social, es necesario socializar la automatización, los medios de producción.

Además, la economía imperialista es una, la caída de la potencia imperialista hegemónica y sus socios lo que hace es contraer el conjunto de la economía imperialista, golpearla, implicando no solo una caída de la demanda sino, fundamentalmente, un debilitamiento de todos aquellos que son deudores de la potencia, o potencias, que decaen debilitando el imperialismo en su conjunto.

Hoy, más que nunca, está vigente la consigna ¡Socialismo o Barbarie! O construimos el socialismo y exterminamos al imperialismo o la humanidad corre el riesgo de perecer.

 

¡PARA QUE LA HUMANIDAD PUEDA VIVIR EL CAPITALISMO DEBE MORIR!

¡POR LA CONSTRUCCIÓN DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA!

¡POR EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO!

 

Madrid, 4 de abril de 2026

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Interimperialismo, fascismo y automatización en la crisis capitalista

El capitalismo en su fase actual, su fase monopolista y putrefacta, se caracteriza por la intensificación de la desigualdad social, de tal modo que la riqueza se concentra en cada vez menos manos a la par que la pobreza se extiende cada vez en una mayor parte de la población mundial. En el periodo 2020-2025 la riqueza de los milmillonarios del mundo creció un 81% mientras 733 millones de seres humanos sufrían hambre crónica, un 25% de la población mundial está malnutrida y en torno al 50% de la población mundial vive por debajo del umbral de la pobreza (menos de 5,50 dólares al día). El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95% de la población mundial.

Estos datos demuestran que a la humanidad el sistema capitalista no nos sirve en tanto es generador de extrema pobreza para la inmensa mayoría, para que una escasísima minoría sea extremadamente rica.

Una pobreza que, con la guerra en Oriente Medio, se va a incrementar al igual que el hambre. De hecho, la ONU señala que si esta guerra se prolonga más allá del mes de junio, se incrementará la bolsa de seres humanos en situación de hambre aguda en 45 millones de personas.

Y es que la guerra imperialista es inherente al capitalismo, de la situación de crisis general que vive, consecuencia del desarrollo desigual de las potencias imperialistas, de su pugna por la hegemonía mundial en la lucha por la obtención de las fuentes de materias primas y de la conquista y el control de los mercados de venta y del dominio financiero.

El imperialismo ha conducido a la humanidad a dos guerras mundiales, y está empujándola, inexorablemente, hacia una tercera que está cantada de continuar rigiendo el capitalismo.

El fascismo, la reacción, es el clavo ardiendo al que se tienen que agarrar los capitalistas en su declive, donde la violencia y la represión máxima contra la clase obrera, la militarización de la economía y la guerra imperialista, son su política interna y externa, unido a la exacerbación del nacionalismo y el racismo al objeto de evitar la unidad de la clase obrera, de confrontar a los obreros entre sí para impedir que la clase obrera, la única clase social revolucionaria hoy, se rebele y confronte contra los grandes capitalistas que le niegan, objetivamente, una vida digna.

En esa pugna interimperialista por el control de los recursos energéticos, de las materias primas necesarias para desarrollar la robotización, en definitiva, en el dominio imperialista del mundo, es donde se debe ubicar la guerra desencadenada por EEUU, y su delegación sionista de Israel, contra Irán. EEUU pretende sortear su declive como potencia hegemónica imperialista obstaculizando el acceso a los recursos energéticos – fundamentalmente el gas y el petróleo – a su mayor competidor, China. En esa lógica debe incardinarse la política norteamericana de agudización del yugo opresor y del saqueo contra América Latina, al objeto de expulsar a China de lo que considera EEUU su patio trasero. En la zona del Golfo Pérsico, EEUU ha dominado la zona y el control de sus recursos energéticos con guerras de rapiña, golpes de estados y creación de estados ficticios recubiertos con los mantos monárquicos de sátrapas locales a los que ha enriquecido a costa de controlar política y económicamente dicha zona, garantizando que la moneda de intercambio para la venta del petróleo por parte de dichos estados fuera el dólar, de tal modo que EEUU, de esa forma, impusiera su moneda como moneda de intercambio mundial y, consecuentemente, poder emplear este monopolio del sistema financiero como un arma de guerra contra el resto del mundo, como lo acreditan los bloqueos económicos perpetrados por los EEUU, y sus socios de la UE, que entre el año 1970 y el 2021 causaron la muerte a 38 millones de seres humanos en países del tercer mundo.

La influencia china sobre la zona del Golfo Pérsico, en la última década, ha crecido notablemente, de tal modo que países de dicha región como Egipto, Emiratos Árabes e Irán forman parte del BRICS. Además, la zona del Golfo Pérsico nutre de recursos energéticos a Asía siendo cardinal para la ruta marítima del proyecto de la Ruta y la Franja chino. La guerra contra Irán constituye la ruptura con todo lo que hemos descrito, siendo el objetivo de EEUU doblegar al actual estado iraní, utilizando la subversión y la guerra, para apropiarse de los recursos energéticos y enrutarlos vía oleoductos y gasoductos a través de Israel, como han reconocido tanto Trump como Netanyahu.

En esa competencia interimperialista desarrollan la automatización para desplazar a los contendientes que pugnan por la hegemonía. Sin embargo, el desarrollo de la automatización lo que hace es negar al propio capitalismo en tanto busca multiplicar la producción sustituyendo al proletario por la máquina, liquidando al que genera la riqueza de la que se apropia el empresario. Con este desarrollo de la automatización bajo la privatización de la misma, se incrementa el desempleo, se maximiza el empobrecimiento de la clase obrera y, consecuentemente, se liquida la demanda, de tal modo que se sientan las bases de la abundancia pero se maximiza la privación y la inaccesibilidad a la producción por parte de una inmensa mayoría de la humanidad cada día más empobrecida.

La única manera de armonizar el ingente desarrollo que significa la automatización con el desarrollo de la humanidad, de hacer que el progreso tecnológico se convierta en progreso social pasa por socializar la automatización y el fruto de ésta, o lo que es lo mismo, pasa por liquidar el imperialismo y desarrollar el socialismo.

La automatización en manos de la mayoría, de la clase de los proletarios, conllevará un beneficio para el conjunto, garantizando la vida digna para el ser humano y ubicándolo en armonía de donde emana, de la naturaleza. De lo contrario, de seguir estando en las sucias y asesinas manos de los capitalistas, la forma en la que el capitalismo tratará de seguir viviendo será asesinando a millones de seres humanos con bloqueos económicos, con guerras imperialistas y con el hambre.

 

¡FORTALECE LAS FILAS DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA, ÚNETE AL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡ABAJO EL FASCISMO Y EL CAPITALISMO EN PUTREFACCIÓN QUE LO GENERA!

¡POR LA VIDA DE LA CLASE OBRERA, SOCIALISMO O BARBARIE!

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La mentira del escudo social

Recientemente el gobierno español ha lanzado un conjunto de medidas denominadas “Escudo social”, que se han presentado como una batería de medidas para proteger a la clase obrera de las consecuencias económicas derivadas de la guerra de rapiña llevada a cabo por el imperialismo norteamericano y sus acólitos. Bajo la apariencia de medidas encaminadas a rebajar el coste de la vida de una manera inmediata, se esconden bonificaciones, reducciones fiscales selectivas y un conjunto de ayudas puntuales, sobre todo a pequeñas y medianas empresas y hacia la protección de los beneficios de los monopolios, que lejos de transformar las condiciones materiales de la clase obrera, terminan lastrando la capacidad recaudatoria del Estado y, por lo tanto, debilita la capacidad del mismo para sostener los servicios públicos universales. Y no se produce porque el poder lo ostente tal o cual partido en el gobierno, ocurre porque es una lógica inherente al modelo productivo.

Entonces, esta reducción de ingresos por parte del Estado se convierte en una transferencia indirecta de dinero público hacia sectores privados y grandes monopolios, que redundan en el deterioro progresivo de los servicios de protección social, sanidad, educación (ahí han estado las huelgas de los docentes estos últimos días en Cataluña) o el sistema de pensiones. De ese modo, lo que se concede por un lado como ayuda puntual a la clase obrera, se le arrebata por otro lado al erosionar sus derechos colectivos.

Desde el PCOE afirmamos que el auto denominado “Escudo social” no es más que una ilusión reformista que no altera para nada las relaciones de producción y que perpetúa la labor del estado burgués junto al desvío de dinero público a intereses privados. Además, su propaganda electoral tiene coste cero y, a la vez, deja intacto el poder del capital. Esto nos conduce a una creciente dependencia de las medidas temporales, que no son sólo insuficientes, además nos dirigen hacia futuros recortes alegando la sostenibilidad fiscal. También afirmamos que la verdadera protección social no puede basarse en parchear el sistema capitalista. Esta protección debe basarse en la transformación radical de su modo de producción donde prima la apropiación privada del trabajo social. Para ello, la clase obrera como único sujeto revolucionario, debe asumir su papel como protagonista de la transformación, poniendo los medios de producción al servicio de ella misma y logrando la planificación democrática de la economía para satisfacer sus propias necesidades y no los intereses del beneficio privado.

El momento histórico exige audacia y organización. Frente a las consecuencias terminales derivadas del capitalismo, la clase obrera debe dotarse de un partido comunista fuerte y disciplinado que se erija en la vanguardia de la clase obrera. Frente a las crisis del capitalismo, la precariedad y la desigualdad creciente, solo un partido comunista fuerte, disciplinado y arraigado en la clase obrera puede articular una respuesta real y transformadora. No se trata de una opción más, sino de una necesidad imperiosa: construir una herramienta colectiva capaz de unir luchas, elevar la conciencia y conquistar un futuro donde la justicia social y la dignidad no sean promesas, sino realidades. Por eso, te animamos a abandonar las opciones reformistas y te invitamos a ensanchar las filas del PCOE.

 

¡Por la abolición del sistema capitalista!

¡Por la organización obrera frente al imperialismo!

¡Por la salida revolucionaria!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Vox y la defensa del sector primario

La línea política de Vox se ha construido sobre tres ejes fundamentales, el patriotismo económico, la admiración por el modelo de Donald Trump y la defensa del sector primario. En esa narrativa se ha presentado siempre como un acérrimo defensor de los ganaderos, pescadores y agricultores españoles como bastión contra las políticas medioambientales de la Unión Europea y la supuesta marginación del mundo rural. Este discurso presenta evidentes contradicciones a la realidad material del sistema económico en el que se insertan estas medidas.

En primer lugar, la apelación constante al patriotismo económico oculta la estructura real del capitalismo agrario contemporáneo y general, en su fase imperialista, en un mundo completamente repartido y donde el comercio ha borrado las fronteras. Observamos que el sector primario en España no está dominado por pequeños productores autónomos plenamente soberanos, sino por cadenas de valor controladas por grandes distribuidoras, multinacionales agroindustriales y mercados financieros internacionales. En este contexto, la defensa retórica del “campo español” se limita a una dimensión cultural y simbólica, mientras las relaciones de producción siguen sometidas a las dinámicas del capital global. Por eso, concluimos en este primer punto que el problema fundamental no es la falta de patriotismo en las políticas económicas, sino la subordinación del trabajo agrícola al capital monopolista.

En segundo lugar, la admiración expresada por Vox hacia Donald Trump se inscribe también dentro de esta lógica. El trumpismo se ha presentado como una forma de nacionalismo económico que promete proteger a los trabajadores nacionales frente a la globalización. No obstante, en la práctica, las políticas de Trump beneficiaron principalmente a grandes corporaciones mediante recortes fiscales, desregulación ambiental y subsidios selectivos que favorecieron a los grandes productores agrícolas estadounidenses. Este tipo de nacionalismo extremo no cuestiona las bases del capitalismo, sino que reconfigura sus beneficiarios dentro de las élites nacionales y no para los productores que dice defender.

En tercer lugar, la actual crisis vinculada a la guerra en Irán pone de manifiesto la fragilidad estructural del sector primario dentro de la economía capitalista global. El aumento del precio del petróleo, en una guerra provocada por el gorila rubio que sirve de inspiración a su línea política, tiene efectos directos sobre el coste del transporte, la maquinaria agrícola y, especialmente, sobre los fertilizantes, cuyo proceso de producción depende en gran medida del gas y de la energía fósil. Como resultado de las consecuencias de su patriotismo económico, los agricultores se enfrentan a un aumento de costes que reduce drásticamente sus márgenes de beneficio y que se cargarán sobre los consumidores para mayor gloria de los mercados financieros internacionales.

Esta situación ilustra cómo el sector primario se encuentra atrapado en una doble dependencia: por un lado, de los mercados energéticos globales y, por otro, de las grandes empresas proveedoras de insumos agrícolas. Los pequeños y medianos agricultores no controlan ni el precio de lo que compran (fertilizantes, combustible, maquinaria) ni el precio de lo que venden, determinado por intermediarios y grandes cadenas de distribución. Ahora, las guerras imperialistas de Trump, al que tanto admiran, llevarán a la proletarización de los pequeños y medianos agricultores a los que decían defender y a un mayor lucro del capital financiero que aumentará sus beneficios a base de sangrar a los consumidores y precarizar a los productores.

En este contexto, el discurso patriótico de Vox aparece como una forma de canalizar el malestar social sin cuestionar las estructuras económicas que generan la crisis. La solución propuesta suele centrarse en medidas como la reducción de regulaciones o la defensa de intereses nacionales dentro del mercado global, pero no plantea una transformación de las relaciones de propiedad ni del control de los medios de producción. Toda esta palabrería huera y populista de la extrema derecha cae por su propio peso a poco que se la observe con un poco de detenimiento y cuando se la enfrenta a la realidad de la base económica en la que descansa el sistema se diluye como un azucarillo en el agua.

En este contexto, el PCOE tiene que ser capaz de llevar este discurso a los productores en general y a los que están afectados de esta psicología populista e irreal. Desde el PCOE planteamos como salida a la crisis del sector primario, muy agravada por la guerra, la única política realista y revolucionaria, la colectivización de la tierra y de los medios de producción, eliminando la propiedad privada agraria que permita planificar la producción para asegurar el abastecimiento. Esta organización socioeconómica nueva permitirá distribuir los recursos de forma más equitativa y garantizar alimentos a la población. Para ello es necesario una reforma agraria que socialice el campo y los medios de producción y ponga la tierra al servicio de los productores y sus necesidades, fuera de los intereses de los mercados financieros internacionales, los demagogos y los latifundistas.

 

¡Por el fin del populismo fascista!

¡Por la reforma agraria!

¡Por el empoderamiento de la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Apuntes sobre China y el oportunismo

Algunos partidos que se hacen llamar comunistas en el Estado español, con el PCPE a su cabeza, caracterizan a Rusia, China y los BRICS en general como la esperanza de contrapoder contra el imperialismo, su bastión y su guía. Nos centraremos ahora en China.

La caracterización de China como potencia imperialista se apoya en su transformación material durante las últimas décadas. Bajo la dirección del Partido Comunista de China, la apertura al capitalismo de Deng Xiaoping (qué más da que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones) y el liderazgo de Xi Jinping, el país ha consolidado un modelo que combina control estatal con expansión capitalista global.

La acumulación de capital chino se proyecta hacia el exterior mediante inversiones, préstamos y control de infraestructuras estratégicas. Iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta muestran un patrón de penetración económica en Asia, África y Europa que reproduce relaciones desiguales: exportación de capital, endeudamiento de países periféricos y acceso privilegiado a recursos y mercados. Esto casa a la perfección con la definición clásica de imperialismo desarrollada por Lenin en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917): concentración de capital, exportación de capitales y competencia por esferas de influencia.

Internamente, el crecimiento chino se ha apoyado en una intensa explotación del trabajo asalariado, con grandes conglomerados estatales y privados que operan en lógicas de acumulación y competencia global. El Estado actúa como coordinador de este capitalismo nacional, defendiendo sus intereses en el sistema mundial. Desde esta perspectiva, China no representaría una alternativa socialista al orden capitalista, sino una nueva potencia que disputa la hegemonía dentro del mismo sistema. Su ascenso expresa menos una ruptura con el imperialismo que su reconfiguración en un mundo multipolar.

El socialismo no puede reducirse a la acumulación de capital bajo la dirección de un partido, ni a la competencia en el mercado mundial con métodos propios del capitalismo. La tarea de los comunistas no es justificar nuevas potencias ni nuevos bloques capitalistas, sino defender con claridad la independencia política de la clase obrera. A todo país en el que prime el capitalismo, como China, le es imposible no terminar siendo imperialista por las características de su base económica. Sólo mediante la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo podrá reconstruirse un movimiento comunista internacional fiel a sus principios: la abolición del capitalismo, la emancipación del trabajo y la construcción consciente del socialismo por y para la clase obrera.

En definitiva, la defensa acrítica de la China capitalista por parte del PCPE y otros que aún se autodenominan comunistas no fortalece al movimiento obrero, sino que lo confunde y lo desarma ideológicamente. Lo desvía de sus objetivos revolucionarios. El PCPE presta grandes servicios a la burguesía cuando confunde y engaña a los elementos del proletariado que caen en sus garras. Su Frente Antimperialista, en el que caben cosas como el Socialismo del Siglo XXI y otros experimentos, están trufados de traición y han acabado en desastre y desafección al socialismo. Sólo la lealtad a los principios del marxismo-leninismo pueden devolver a la clase obrera a la dirección correcta.

En última instancia, la misión histórica del proletariado no es sólo resistir, sino transformar. Allí donde el capital levanta muros de desigualdad, la clase obrera descubre su fuerza colectiva y su capacidad para crear un mundo distinto. Organizada, consciente y bien dirigida, la clase obrera abrirá el camino hacia una sociedad donde la riqueza producida por todos pertenezca a todos y, para ello, el capitalismo ha de fenecer.

 

¡Por la derrota del oportunismo!

¡Por la reconstrucción de la Internacional Comunista!

¡Construye la revolución en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Huelga de estibadores en Avilés

La defensa del empleo portuario frente a los intentos de precarización vuelve a mostrar que sólo la organización y la lucha de la clase trabajadora pueden frenar los ataques del capital.

Los trabajadores de la estiba del Puerto de Avilés vienen protagonizando en las últimas semanas varias jornadas de huelga frente a los planes empresariales que amenazan su modelo de empleo. Este 14 de marzo volvieron a movilizarse en las calles de Avilés para defender sus puestos de trabajo y denunciar el bloqueo en las negociaciones.

El origen del conflicto se encuentra en la intención de desmantelar el actual sistema de organización del trabajo portuario basado en el Centro Portuario de Empleo. Este modelo permite la contratación colectiva de los estibadores y garantiza cierta estabilidad laboral para la plantilla. Su desaparición abriría la puerta a una mayor precarización del sector, favoreciendo la fragmentación del empleo, la temporalidad y el deterioro de las condiciones laborales.

Los trabajadores han advertido que estas medidas suponen un nuevo intento de debilitar derechos conquistados tras años de lucha en los puertos.

La lucha de los estibadores de Avilés vuelve a recordarnos que, frente a los ataques del capital, la única garantía para defender los derechos de la clase trabajadora es la organización y la movilización colectiva.

Trasladamos toda nuestra solidaridad con los estibadores en lucha y con sus familias, así como con todos los trabajadores que defienden sus derechos frente a los intentos de precarización del empleo.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




La inflación como método de pago de la militarización imperialista

La inflación puede entenderse no sólo como un fenómeno monetario, sino también, en el escenario de guerra actual, como un mecanismo político y económico que redistribuye los costes de la guerra hacia la clase obrera para capitalizar a los monopolios. Cuando los salarios no crecen al mismo ritmo que los precios, el poder adquisitivo de la clase obrera disminuye, funcionando en la práctica como una forma indirecta de financiar ese gasto. En contextos de fuerte gasto militar, el aumento de la masa monetaria sostenido por la misma producción, el endeudamiento público y la subida general de precios trasladan ese coste sobre los hombros de la clase obrera.

En el siguiente episodio, cuando los monopolios se han asegurado el control y la apropiación de materias primas y de los circuitos de producción y circulación (energía, petróleo, alimentos, transporte, logística, etc..) la inflación puede intensificarse a través del encarecimiento de esos insumos básicos. En ese escenario, el aumento de precios no solo refleja presiones macroeconómicas, sino también la capacidad de quienes dominan esos sectores para trasladar costes y ampliar márgenes ahora ya sin ningún tipo de competencia. Por ese mecanismo, el capitalismo en su fase putrefacta, la imperialista, extingue su motor principal, la competencia, y se desnaturaliza del todo. El resultado es una doble dinámica: por un lado, la inflación reduce el valor real de los salarios; por otro, refuerza la posición de quienes controlan recursos estratégicos, consolidando una redistribución regresiva de la riqueza cada vez en menos manos y cada vez sectores más amplios de la clase obrera ven cómo sus vidas se precarizan a marchas forzadas. La inflación no se entiende ya sólo como un fenómeno técnico o monetario, sino como un mecanismo de redistribución de la riqueza desde el trabajo vivo hacia el capital y los estados burgueses que le sirven en dirección a la guerra.

Llegados a este punto, la lucha contra la guerra y la militarización está inseparablemente ligada a la lucha por el control democrático de la economía y por la superación del marco de la esclavitud asalariada, el imperialismo y sus guerras. Mientras las decisiones sobre producción, gasto y crédito permanezcan en manos del capital y de los estados que los representan, los costes de las crisis y de la guerra seguirán recayendo sobre la clase obrera.

En contextos de rearme o expansión militar, esta dinámica adquiere un significado político claro. El aumento del gasto militar suele financiarse mediante deuda pública, expansión monetaria o reorientación del presupuesto. La inflación resultante actúa como un impuesto indirecto que no se debate ni se vota explícitamente. Este sobrecoste se traslada directamente hacia las arcas de los grandes capitales y sectores vinculados a la industria militar. Así, desde esta perspectiva, la inflación funciona como una forma de socializar los costes de la militarización y privatizar sus beneficios. La clase obrera termina financiando, mediante la pérdida silenciosa de su poder de compra, un aparato militar que responde principalmente a los intereses geopolíticos y económicos de las clases dominantes y reaccionarias y donde sus hermanos de clase ponen su ruina y sus muertos.

Ante este panorama de guerras imperialistas persistentes, el PCOE levanta la bandera del internacionalismo proletario y recuerda que la sangre de los obreros no está para defender la patria de los explotadores, sino su propia emancipación. Sólo con la organización consciente de la clase obrera y el fortalecimiento del PCOE podremos avanzar hacia la derrota del imperialismo y la construcción de una sociedad socialista libre de explotación sin guerras entre pueblos.

 

¡Por el fin de las guerras imperialistas!

¡Paz entre pueblos, guerra entre clases!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El trabajo temporal y la ruina de los obreros aumentan con el actual Gobierno

El mal llamado y autoproclamado “Gobierno más progresista de la historia” anunció a bombo y platillo el fin de los contratos temporales gracias a su Reforma Laboral de 2022 (Real Decreto-ley 32/2021) que eliminó los contratos por obra o servicio. Sin embargo, el trabajo temporal está más vigente que nunca.

Según publica la propia prensa burguesa, los ceses en periodo de prueba de indefinidos se disparan un 864% desde la reforma laboral, consagrando así el  empleo temporal. “Las empresas españolas extinguieron 1,02 millones de contratos en 2025 porque el trabajador no superó el periodo de prueba, un 2,34% más que en 2024 y un 79% más que en 2021, antes de la reforma laboral”.

La burguesía ha mantenido intacto el trabajo temporal, que supone una de sus grandes fuerzas para mantener al obrero en la miseria y lograr cotas de explotación cada vez más altas, y ha utilizado a su última y flamante Ministra de Trabajo para perpetrar este truco de trilerismo.

Ni se ha acabado con los contratos temporales, puesto que siguen vigentes las modalidades de contrato de trabajo de duración determinada por circunstancias de la producción o por sustitución de persona trabajadora (Artículo 15 del Estatuto de los Trabajadores) ni se ha limitado o reducido el trabajo de carácter temporal. De hecho ha aumentado.

Tanto el aumento en los tiempos del periodo de prueba como la inclusión del contrato fijo discontinuo han sido dos herramientas fundamentales para la patronal para profundizar en el trabajo temporal, en la explotación de los obreros, a pesar del ejercicio de marketing llevado a cabo por Yolanda Díaz anunciando el fin del trabajo temporal con la Reforma Laboral de 2022.

Estas herramientas han servido para introducir el despido libre y gratuito, ya que el cese de un contrato fijo en periodo de prueba no supone indemnización para el trabajador y no hay que justificarlo. De hecho, los Convenios Sectoriales con mayor cantidad de trabajadores (Grandes Almacenes, Tecnológicas y Telecomunicaciones, Consultoría…) oscilan entre los 3 y 6 meses de periodo de prueba (según la categoría profesional) lo que permite perfectamente a las empresas contratar y despedir libremente y sin coste gracias al periodo de prueba.

En el caso de los contratos fijos discontinuos, que son per se trabajo temporal, permiten tanto a la burguesía como al Estado obtener un beneficio doble. Por un lado, mantener el contrato temporal ahorrando la indemnización de 12 días por año trabajado que tenía el antiguo contrato temporal por obra y servicio, ya que el fin de llamamiento es flexible y no supone un despido. Y por este motivo, también permite al Estado mantener a ese trabajador que no está trabajando como ocupado y no como parado, maquillando así los datos del paro que acumulan récord tras récord de ocupación, aunque haya decenas de miles de obreros sin trabajar.

De hecho, en términos globales, si analizamos el número medio de horas efectivas semanales trabajadas no ha parado de descender año a año:

 

De igual forma, los ocupados a tiempo parcial por motivo de la jornada parcial no dejan de aumentar:

Como estamos observando, a tenor de los datos del propio Instituto Nacional de Estadística.

El cambio de puesto de trabajo es constante y cada vez más rápido en el estado, más de la mitad de las altas de seguridad social provienen de contratos que no duran más de un mes:

 

Todos los tipos de contrato, por separado, mantienen una volatilidad mayor que antes de la reforma. Los fijos discontinuos, con 841.340 asalariados a cierre de 2025 solo suponen el 4,8% del total, cuando en 2019 apenas llegaban al 2,4%. Sin embargo, suman 55.307 bajas o altas diarias, el 27,4% del total de rotaciones. Hace seis años solo eran el 3,3%.

Todo esto lo que genera es una gran inestabilidad en los puestos de trabajo, impidiendo a los obreros tener puestos de trabajo con los que mantener unos salarios que les permitan sostener una vida con perspectivas de futuro. El capitalismo, en su avance en esta época de desarmonización de las fuerzas productivas respecto de las relaciones de producción, en un momento de automatización que no corresponde ya con las relaciones de producción capitalistas sino con el Socialismo, no hace sino generar guerra, muerte y miseria para la clase trabajadora.

El Gobierno, con Yolanda Díaz a la cabeza del Ministerio de Trabajo y Economía Social, es el ejecutor de una Reforma Laboral criminal que ya supone la ruina de millones de obreros hoy y que se prevé que aumente drásticamente en los próximos años, que comenzó con los trabajadores más jóvenes pero que ya está afectando a los más mayores también.

Intentarán echar la culpa a agentes externos, pero a los comunistas no se nos escapa que este Gobierno ha implementado de forma implacable los planes de una clase burguesa que solo pretende mantenerse en el poder y seguir acumulando beneficios a base de robar a los obreros.

La clase obrera no puede tener ni un ápice de confianza en este Gobierno, brazo ejecutor de los planes de la burguesía para enriquecerse a manos llenas que desembocarán en una nueva crisis brutal que pagará de nuevo el proletariado. Y es deber de los comunistas llevar esta realidad a la clase obrera de todas las maneras posibles para organizarlo contra este sistema capitalista, injusto, y derribarlo para construir el Socialismo.

 

¡Socialismo o barbarie!

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del PCOE




Huelga en el sector auxiliar del metal en Asturias

La huelga convocada en el sector auxiliar del metal en Asturias ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad que la burguesía industrial y sus representantes políticos intentan ocultar: sin la clase obrera no funciona un solo engranaje de la industria.

En los últimos días, piquetes de trabajadores han bloqueado los accesos a las factorías de ArcelorMittal en Gijón y Avilés, paralizando operaciones clave de mantenimiento y reparación en las instalaciones siderúrgicas. Entre ellas se encuentra una intervención fundamental en el Horno Alto B de Veriña, cuya reparación depende en gran medida del trabajo de las empresas auxiliares del metal.

Este conflicto afecta a miles de trabajadores de la industria auxiliar, empleados en tareas de mantenimiento industrial, montajes mecánicos, soldadura, electricidad y reparación de instalaciones industriales. Su lucha no es un hecho aislado. Es la expresión concreta de una contradicción fundamental del capitalismo: la que enfrenta los intereses de la clase obrera con los de la patronal.

La huelga surge tras el bloqueo de las negociaciones del convenio colectivo del sector de montajes y empresas auxiliares del metal, que lleva más de un año sin avances reales.

Las reivindicaciones son claras:

  • Recuperar poder adquisitivo frente a la inflación.
  • Mejorar las condiciones salariales.
  • Reducir la jornada laboral anual.
  • Regular mejor los desplazamientos y dietas.
  • Garantizar el relevo generacional en las plantillas.

Frente a estas demandas, la patronal del sector, agrupada en Femetal, pretende mantener la precarización estructural de miles de trabajadores que sostienen la industria asturiana. Mientras los beneficios empresariales se recuperan tras la crisis, los empresarios se niegan incluso a garantizar la recuperación del poder adquisitivo perdido.

Pero el bloqueo del convenio también evidencia otro problema que la clase trabajadora conoce bien: la política de negociación permanente y concesiones del sindicalismo amarillo.

Durante décadas, las direcciones de CCOO y UGT han convertido la negociación colectiva en un mecanismo de gestión de los recortes en lugar de una herramienta de confrontación contra la patronal. El resultado es que convenio tras convenio los trabajadores ven cómo se consolidan jornadas interminables, salarios insuficientes y condiciones cada vez más precarias.

Uno de los aspectos más reveladores de esta huelga es la importancia real de las empresas auxiliares en la producción industrial. En complejos como ArcelorMittal, gran parte de los trabajos de mantenimiento, montaje y reparación dependen de estas plantillas externalizadas. Sin ellas, la producción se paraliza. Lo que hoy está ocurriendo con la reparación del Horno Alto B lo demuestra con claridad.

Este modelo de subcontratación masiva no es casual. Es una estrategia deliberada del capital para fragmentar a la clase obrera, dividir plantillas y rebajar salarios y derechos. La externalización permite a las grandes multinacionales beneficiarse de mano de obra altamente cualificada mientras descargan sobre otras empresas la presión laboral, los riesgos y la precariedad. Y, en demasiadas ocasiones, esta fragmentación ha sido aceptada en los acuerdos firmados por las direcciones amarillistas,consolidando una división entre trabajadores de plantilla y trabajadores de las empresas auxiliares que solo beneficia a la patronal.

La huelga del metal también se produce en un contexto más amplio de incertidumbre industrial en Asturias. En los últimos años se han multiplicado las advertencias sobre posibles recortes de actividad, deslocalizaciones y reorganizaciones productivas en el sector siderúrgico. Las grandes multinacionales utilizan con frecuencia la amenaza del cierre o del traslado de producción para presionar a trabajadores e instituciones públicas. El chantaje es siempre el mismo: aceptar peores condiciones laborales o asumir la pérdida de empleo.

Pero la historia del movimiento obrero demuestra que ceder ante ese chantaje solo conduce a nuevas concesiones. La desindustrialización no es un fenómeno inevitable ni natural: es el resultado de decisiones tomadas por el capital en busca de mayores tasas de beneficio.

La huelga del metal en Asturias es un ejemplo de la única vía que históricamente ha permitido a la clase obrera defender sus derechos: la lucha organizada. Cuando los trabajadores paralizan la producción, se revela una verdad fundamental que el capitalismo intenta ocultar: toda la riqueza social la produce el trabajo.

Los altos hornos, las plantas siderúrgicas, los complejos industriales… nada de eso funciona sin los miles de obreros que cada día ponen en marcha la producción. Por eso la huelga es una herramienta fundamental de la clase trabajadora. No solo como medio de presión económica, sino también como escuela de conciencia y organización. Y también demuestra que la fuerza real de los trabajadores no reside en las mesas de negociación, sino en su capacidad de parar la producción.

El conflicto del metal en Asturias no afecta únicamente a los trabajadores del sector. La industria siderúrgica ha sido históricamente uno de los pilares del empleo y de la economía de la región. Cada ataque a las condiciones laborales en este sector repercute en toda la clase trabajadora. Por eso la huelga de las empresas auxiliares debe entenderse como una lucha de conjunto: una lucha contra la precarización, contra la desindustrialización y contra un modelo económico que sacrifica los intereses de los trabajadores en beneficio del capital.

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias