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Proletariado, Partido Leninista, Revolución y Socialismo

1. Situación económica y social del imperialismo.

El imperialismo hoy se halla en una situación de bancarrota, de confrontación interimperialista entre el bloque imperialista decadente liderado por EEUU y el bloque imperialista emergente liderado por China.

El crecimiento de la población mundial, a lo largo de los últimos 35 años, según la ONU, se ha situado en torno a 3.000 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, un 55,29%.

La evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo, según el Banco Mundial – instrumento con el que el imperialismo norteamericano ejerce su hegemonía -, se refleja de la siguiente manera:

A continuación, se adjunta la evolución de la pobreza extrema, o indigencia, en el mundo en el periodo comprendido entre 1990 y 2025 en términos absolutos, siguiendo los datos anteriores del Banco Mundial.

 

Según el Banco Mundial, cuya contabilidad de la pobreza extrema se halla en el margen inferior – o más beneficioso para el capitalismo – en 2025 la pobreza extrema se situó en los 830 millones de seres humanos. Por el contrario, el informe sobre el Índice de Pobreza Multidimensional realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y Oxford Poverty Human Development Initiative (OPHI) sitúa esa cifra en los 1.100 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, en torno al 14% de la población mundial.

Como puede verse, las propias instituciones imperialistas – como son el Banco Mundial o las Naciones Unidas – muestran disparidad a la hora de contar la pobreza mundial.

Estas cifras no reflejan la realidad de la pobreza que genera el imperialismo. El Banco Mundial muestra que, a nivel mundial, la pobreza extrema se ha rebajado desde 1990, o lo que es lo mismo, tras la caída de la Unión Soviética. Y atribuye que el descenso de la pobreza se debe al desarrollo económico de China y de la India tras abrazar el capitalismo.

El que fuera relator de la ONU para la extrema pobreza entre 2014-2020, Phillip G. Alston, impugnó estas cifras del Banco Mundial y otros señalando el engaño perpetrado por estos órganos imperialistas alegando la manipulación en los parámetros de ingresos diarios en los que fijan la pobreza extrema, 1,90 $ al día, con los que objetivamente no se puede subsistir. Alston, al respecto, indicaba, en 2020, que “Usando medidas más realistas, el grado de pobreza global es mucho mayor y las tendencias extremadamente desalentadoras (…) Incluso antes de la pandemia, 3400 millones de personas, casi la mitad del mundo, vivían con menos de 5,50 dólares por día. Ese número apenas ha disminuido desde 1990”, demostrándose cómo los capitalistas manipulan las cifras y cómo en los últimos cuarenta años la pobreza, en términos absolutos, lejos de disminuir ha avanzado.

El PIB mundial per cápita en dicho periodo ha crecido un 315,03% según las instituciones de la oligarquía financiera.

 

La evolución de los salarios reales y nominales en el mundo entre los años 1990 y 2025 demuestran cómo el peso de la inflación recae sobre las espaldas del proletariado mundial:

 

Mirando la evolución de los salarios nominales en el mundo en el período comprendido entre los años 1990 y 2025 comprobamos que la subida ha sido en torno al 240%.

 

La evolución de la inflación acumulada mundial entre 1990 y 2025, ha ascendido por encima del 400%, o lo que es lo mismo, prácticamente el doble que los salarios nominales.

En términos porcentuales, los salarios reales en el período 1995-2025 se encuentran estancados.

De la producción mundial, en el periodo comprendido entre 1995 y 2025, la parte de los beneficios empresariales supera cada vez más la parte que se llevan los trabajadores, acrecentando la desigualdad:

Una desigualdad social cada vez mayor donde la riqueza se concentra cada vez más en unas pocas manos:

 

La evolución de la deuda mundial en los últimos 35 años se ha multiplicado, incrementándose un 757%.

 

La caída de la URSS, y el dominio sin cortapisas del imperialismo liderado por la potencia fascista norteamericana – y sus monopolios -, la “democratización liberal del mundo” que señalaban los Fukuyama de turno y demás esbirros de la oligarquía financiera, ha resultado ser un mayor incremento de la pobreza en el mundo, en términos absolutos, un estancamiento de los salarios reales de los trabajadores y una privatización del beneficio en unas pocas manos. En definitiva, la caída de la URSS y el desarrollo del imperialismo ha significado mayor robo, mayor desigualdad y más guerra, más militarización de la economía, o lo que es lo mismo, mayor sufrimiento para la humanidad y desvertebración de la organización del proletariado, tanto en términos políticos e ideológicos como en términos económicos o sindicales.

 

Militarización de la economía, desigualdad, pobreza y desprotección social del proletariado es lo que ha traído a la clase obrera, donde cada vez una mayor porción de la población mundial está totalmente desprotegida socialmente – sin acceso alguno a sistemas de seguridad social, sistemas públicos de pensiones, etcétera.

 

 

El desarrollo lógico del imperialismo, de bancarrota económica, de desigualdad cada día mayor al igual que cada día es mayor la concentración de capital, y de riqueza, en cada vez menos manos, muestra que el capitalismo en su fase actual, y terminal, no sólo no puede solventar los problemas que asolan al mundo sino que es el responsable de la existencia de dichos problemas y de su agudización, pues el imperialismo es eso.

Esta situación terminal se agudiza con el entronamiento de la Inteligencia Artificial y de la automatización de la producción que, en manos de los capitalistas, conduce a la negación del propio sistema pues la automatización provoca maximizar el desequilibrio en la composición orgánica del capital, de tal modo que se incrementa la parte de capital constante – la parte del capital destinada a materia prima, edificios, maquinaria, etc.  que no genera valor nuevo – minimizando la parte de capital variable – la parte de capital invertida en fuerza de trabajo que genera la plusvalía.

Consecuencia de ello, los capitalistas lanzarán a millones de seres humanos – de hecho ya lo hacen – al paro forzoso, incrementándose todavía más la pobreza, la exclusión y la desigualdad, generando un excedente humano que los imperialistas, desde la debilidad en la que se hallan, tratarán de resolver destruyendo fuerza de trabajo, esto es, aniquilando a la población que conciben como excedente y prescindible – que cada día que pase será mayor -, empleando para ello la guerra y la privatización absoluta de los servicios de protección pública, liquidando absolutamente los escasos derechos que la clase proletaria todavía pueda disponer en algunos lugares.

Esta automatización, no solo minimiza su esencia, la apropiación de plusvalía, sino como consecuencia de la liquidación de fuerza de trabajo también procede a destruir demanda, negando también la razón de ser de la producción capitalista.

El proceso de acumulación de capital en el imperialismo conduce a la propia burguesía a practicar un auténtico canibalismo en su propia clase, de tal modo que la pequeña y la mediana burguesía, con la automatización de la producción, están condenadas a la ruina, fundamentalmente, por su limitación financiera para acceder a dicha tecnología consecuencia de su tamaño, pereciendo y pasando a engrosar las filas del proletariado.

La concentración de capital es máxima, la oligarquía financiera, en torno al 1% más rico del mundo, amasa más riqueza que el 95% de la humanidad, y desde 2015 la riqueza de esta oligarquía financiera ha crecido más de 33,9 billones de dólares, dinero con el que se podría erradicar la pobreza en el mundo 22 veces, según datos de Oxfam. Esta concentración del capital en unas pocas manos hace que la democracia burguesa sea pasto del pasado, ya que la forma de ejercer el poder inherente al capital financiero es el fascismo, que es donde está instalado hoy el mundo, donde el control absoluto tanto de los ciudadanos como de la riqueza a nivel planetario será máximo gracias a la tecnología.

La implosión de la Unión Soviética y el avance inexorable del imperialismo durante estas casi cuatro décadas ha llevado al mundo a la modificación de su mapa político acorde a los intereses del capital financiero, de los monopolios. Un mapa político que está en permanente movimiento, en permanente transformación, como se comprueba actualmente tanto en Medio Oriente como en África, o en la década de los 90s del siglo pasado en Europa. Asimismo, fundamentalmente los monopolios norteamericanos y europeos desarrollaron y fortalecieron una superestructura política mundial para imponer sus políticas económicas a nivel planetario, de tal manera que los estados nación se convirtieran en agencias ejecutoras de las políticas dictadas por las agrupaciones imperialistas supranacionales. Unas políticas de transferencia de riqueza desde la clase obrera hacia los monopolios – privatizaciones y política fiscal consistente en exonerar a las rentas del capital de la tributación -, de liquidación de la organización sindical erosionando la negociación colectiva y de precarización del mundo del trabajo – subcontratación, fomento del cuentapropismo, etcétera – y de división internacional del trabajo, donde se refleja la centralidad de una única economía imperialista mundial, donde todo está entrelazado y subordinado a los intereses crematísticos de los monopolios, de tal modo que éstos determinan qué tipo de trabajo desarrolla cada región del mundo, cuyos estados se pliegan y se convierten en títeres y ejecutores de dichas políticas económicas. De tal modo, en la última década del pasado siglo y en la primera del presente, se produjo el mayor grueso del proceso de deslocalización de la industria hacía, fundamentalmente, China, para que los monopolios incrementaran la obtención de plusvalía abaratando costes de producción, de la mano de obra y contemplando como demanda ya no la demanda del país sino de todo el mundo, en lo que se denominó Globalización, que a tenor de los datos que aporta el Banco Mundial y la OCDE tuvo el siguiente efecto:

 

Este proceso de deslocalización ha ido conformando el mundo actual, ha ido desarrollando las nuevas potencias económicas, sus alianzas – BRICS – y el desarrollo de su superestructura al objeto de satisfacer sus intereses económicos y conquistar la hegemonía en términos económicos y políticos.  Desde la caída de la URSS hay un único mundo imperialista con una única economía mundial, con una división internacional del trabajo definido por los monopolios, que son los dueños del mundo, no habiendo choque de sistemas sino pugna interimperialista por el dominio económico.

La precariedad laboral, el incremento de la temporalidad, el desarrollo tecnológico y el consecuente incremento del individualismo, el establecimiento de reformas laborales que abren paso a la negociación individual con respecto de la negociación colectiva y que facilitan la represión contra la clase obrera, la pérdida del peso de la industria – ya sea por la deslocalización como, también, por el proceso de automatización de la producción – unido a lo fundamental, el derrumbe de la URSS y, con ella, de la influencia de los partidos comunistas sobre las masas obreras, ha conllevado un retroceso, como no podía ser de otro modo, del movimiento sindical a nivel mundial.

2. La lucha de clases en nuestros días.

La caída de la URSS significó un avance brutal del imperialismo y, consecuentemente, un retroceso enorme del proletariado en todos los terrenos en las últimas tres décadas.

De hecho, en estas tres últimas décadas los imperialistas han avanzado enormemente en la desorganización del proletariado, aplicando la lucha de clases sin cuartel en todos los terrenos, pero, fundamentalmente, en el ideológico. La labor anticomunista ha descollado, pues ello les ha resultado cardinal para aislar al proletariado, alienarlo y poder imponer a sangre y fuego su régimen explotador.

Sin embargo, y a pesar de la caída del “enemigo comunista” que según los farsantes imperialistas portaban el peligro de una guerra nuclear al planeta, este período ha demostrado que el auténtico peligro para la humanidad son los imperialistas, a los que sólo les queda la guerra y el fascismo para sostener su moribundo sistema económico. El imperialismo únicamente puede sobrevivir a costa de sojuzgar y robar sin piedad a los pueblos del mundo, a costa de explotar y deshumanizar al proletariado y de la confrontación interimperialista por la conquista de los mercados y de los recursos naturales. En síntesis, el imperialismo es el robo y el asesinato, eso es lo único que puede ofertar a la humanidad.

La lucha de clases, a nivel mundial, se manifiesta como lucha entre el imperialismo – que es el sistema económico de los monopolios – y el socialismo, que es el sistema económico que resuelve la contradicción entre el enorme desarrollo de las fuerzas productivas y la estrechez de las relaciones de producción que no traduce la ingente riqueza producida en riqueza para el conjunto de la humanidad, siendo el socialismo el sistema económico que garantiza que el desarrollo material se convierta en desarrollo social para la humanidad.

Como hemos visto, el desarrollo del imperialismo ha acreditado su inviabilidad, de tal modo que ya se niega a sí mismo, consecuencia del desarrollo tecnológico, que profundiza en la automatización de la producción alejando al ser humano del trabajo y, consecuentemente, dislocando la composición orgánica del capital de tal modo que se minimiza la parte que genera plusvalor, el capital variable, maximizando por el contrario la parte de capital constante que no genera plusvalía.

Pese a todo, los imperialistas en su pugna por el dominio del mundo se han visto forzados a tirar de la robotización, a pesar de que ello les conduce a su final.

En el mundo, pues, por un lado, se da una pugna interimperialista entre las potencias hasta ahora hegemónicas – EEUU y sus aliados – y los que aspiran a sucederlos – BRICS con China a la cabeza – siendo para ello necesario un reordenamiento o un nuevo reparto del mundo para tratar de perpetuar la hegemonía unos y para tratar de conquistarla otros. Sin embargo, ni unos ni otros plantean cambiar la formación socioeconómica imperialista. Esta pelea, acentuada tras la crisis de las subprime de 2007, se ha dado en todos los terrenos – político, económico, comercial y, también, se está dando ya en el militar de manera menos soterrada, a tenor del desborde en los anteriores terrenos mencionados.

Hoy los imperialistas, los oligarcas, o como partes bajas de la burguesía les denomina, “las élites financieras”, sojuzgan a los pueblos para apropiarse de sus recursos naturales, no dudando en exterminar a pueblos enteros para ello, reordenan el mundo en virtud de sus intereses y los controlan y someten política y económicamente mediante la deuda y otros instrumentos financieros. Sin embargo, esos imperialistas que se confrontan entre ellos para adueñarse del mundo, cierran filas para someter y reprimir al proletariado. En esta dialéctica de pugna interimperialista, los imperialistas dentro de sus estados explotan y reprimen al proletariado que cada día sufre con mayor profundidad la explotación y el empobrecimiento al objeto de incrementar las transferencias de riqueza hacia la oligarquía, amén de para financiar la pugna interimperialista. De tal modo que, a nivel interno de cada nación, los monopolios también libran otra guerra, en este caso, una guerra sin cuartel ni piedad contra el proletariado dentro de sus estados.

Es por ello que los imperialistas, cuya política exterior es el chovinismo, el racismo, el nacionalismo exacerbado y la guerra imperialista, como está quedando patente a tenor de los hechos y de la realidad objetiva, a nivel interno lo apuestan todo a la reacción, a la división del proletariado – empleando para ello el nacionalismo,  el racismo y la xenofobia – y sobre todo librando una guerra ideológica brutal contra el proletariado mediante el anticomunismo – consciente esta oligarquía financiera que únicamente el proletariado armado del marxismo-leninismo y de su Partido leninista puede desalojarlos del poder – y el revisionismo histórico – al objeto de atraerse a las masas explotadas y hacer que éstas cierren filas con sus opresores para confrontar contra sus hermanos de clase.

La economía imperialista es global y única, la opresión de la oligarquía financiera es a nivel mundial contra el proletariado, al que parasitan hasta la extenuación. Por tanto, la lucha del proletariado, en todos los  rincones del planeta, es única: romper las cadenas del imperialismo y construir el socialismo, acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción y enviar a la burguesía al estercolero de la historia junto con toda su superestructura, poniendo todos los medios de producción y la riqueza en manos del proletariado, esto es, al servicio de la revolución proletaria mundial que será materializada por la rotura progresiva de eslabones, siendo cada eslabón un país imperialista.

3. Cómo se halla el sujeto revolucionario, el proletariado.

El proletariado es la única clase social revolucionaria en tanto es la clase social mayoritaria, numéricamente, y porque es la clase oprimida por la minoría burguesa explotadora y, por tanto, es aquella que tiene una necesidad objetiva de romper los grilletes de la explotación que le niega la vida. En consecuencia, el proletariado es la clase social que está llamada a hacer la revolución siendo, por tanto, el sujeto revolucionario.

El proletariado tiene negada la propiedad sobre los medios de producción, que están en manos de una minoría – la burguesía – que acumula la riqueza, siendo las relaciones de producción que se elevan como consecuencia de esta realidad relaciones de producción de explotación, de sometimiento de una mayoría de la humanidad a una minoría.

Como hemos comprobado en el primer punto del presente documento, los monopolios concentran cada vez más riqueza, poseen los medios de producción y, con ello, poseen el control de los estados burgueses, marionetas de las agrupaciones supranacionales de imperialistas y, por tanto, los instrumentos de represión – físicos y psicológicos – de la humanidad que es el proletariado. A ello se debe unir la fuerza de la costumbre, el peso de la historia del desarrollo de la sociedad humana donde desde el esclavismo al capitalismo, pasando por el feudalismo, la base de las relaciones de producción de dichos regímenes es la propiedad privada sobre los medios de producción y, por tanto, la división de la sociedad en explotadores y explotados, en opresores y oprimidos.

Ese desarrollo de la sociedad humana, esa historia de la lucha de clases, ya nos ha mostrado el camino al proletariado del progreso social, que pasa por poner fin a la médula espinal de las formaciones socioeconómicas que dividen la sociedad en explotadores y explotados, poner fin a la propiedad privada sobre los medios de producción. De hecho, el triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 nos enseñó como abolir el estado burgués y el posterior nacimiento del país de los soviets nos demostró la superioridad del socialismo respecto del capitalismo, colocando en dos décadas a la URSS como una potencia mundial, a la cabeza del mundo en desarrollo industrial y social. Y con el desarrollo de la URSS no sólo progresó el proletariado en dicho estado multinacional, sino que fortaleció las fuerzas del proletariado mundial, lo que se tradujo en conquistas por parte de éste de progreso social, a la par que los pueblos empezaron a rebelarse contra el imperialismo conquistando su emancipación nacional, rompiendo con el yugo imperialista.

El enorme avance que el proletariado conquistó durante las décadas de existencia de la URSS se invirtió tras la implosión de ésta, con el debilitamiento del Movimiento Comunista Internacional y el consecuente avance de los opresores, de la oligarquía financiera, y con ella sus creaciones fascistas y oportunistas.

El proletariado lleva más de tres décadas bajo la absoluta influencia ideológica del imperialismo. Esta influencia ideológica, en términos generales, no es contrarrestada porque el proletariado se halla huérfano de un movimiento comunista internacional, de organizaciones comunistas que contrarresten y desmonten la propaganda imperialista. Organizaciones comunistas que, un gran número de ellas, directamente abrazan el oportunismo y avanzan por la senda del reformismo, repudiando cualquier salida o solución revolucionaria.

De tal modo que el proletariado se halla completamente desvertebrado y desorganizado, a merced de su enemigo de clase. La falta de organizaciones revolucionarias con influencia real entre las masas proletarias conduce a los proletarios a tener una psicología donde ven al capitalismo como todopoderoso y eterno, deslizando la lucha política por el circuito burgués del parlamentarismo y de la democracia burguesa, una democracia burguesa que, a la misma vez que los monopolios han ido engordando y acumulando cada vez más riqueza, más poder económico, se ha transformado en sistemas reaccionarios donde, con independencia de la marca – partido político del capital – que venza en los comicios, son los que no se presentan  a las elecciones los que gobiernan, los monopolios, y los que quitan y ponen peones a su antojo, en tanto controlan medios de manipulación de masas, ejércitos, fuerzas de represivas y las judicaturas. Ello se ha podido ver en múltiples estados como Brasil, Bolivia, Argentina, Perú o se está pudiendo comprobar en España.

La depauperación de las condiciones económicas del proletariado – como se puede corroborar en el primer bloque de este documento – así como de otras condiciones laborales, que imponen los imperialistas, unido a la debilidad extrema del movimiento comunista, de los verdaderos partidos comunistas que muestran al sujeto revolucionario su salida natural y la necesidad de la organización como clase para conquistar unas condiciones favorables a sus intereses, y consecuentemente, al no estar ocupado dicho espacio por los revolucionarios marxistas-leninistas, es ocupado por los agentes del capital – ya sean los oportunistas o, directamente, la reacción – dentro del centro de trabajo, haciendo que la clase obrera se halle totalmente disgregada y que el trabajador tenga en su psique permanentemente la salida individual que siempre va a ser una salida que beneficie al gran capital y que le perjudica al trabajador tanto en términos individuales como, obviamente, de clase. El proletario en la pequeña empresa, donde es fuertemente explotado, al comprobar in situ como su trabajo es el que genera la riqueza de su patrón y conocer a la clientela del negocio, ante la falta de conciencia de clase – consecuencia de la debilidad del instrumento generador de la conciencia, el Partido comunista – busca la salida individual y burguesa, esto es, convertirse en un pequeño burgués y arrebatar la clientela a su patrón montando él su pequeña empresa. En la empresa grande el oportunismo – a través de los sindicatos de la patronal subvencionados por los estados burgueses – hace su trabajo de conciliación de clase, que es de subordinación de los intereses de los obreros a los intereses del burgués. La temporalidad implica un grado de rotación elevado en los puestos de trabajo que hace que el trabajador vea en la huida de una empresa a otra la fórmula para disminuir su malvivir y, por consiguiente, el tratar de progresar, nuevamente en lo que es la salida individualista fruto de la impregnación de la ideología burguesa y de la falta de influencia de la organización revolucionaria y clasista. La acción desvertebradora y divisora del oportunismo, bajo la dirección de la burguesía, la desarrollan haciendo que cada empresa sea una isla, que los obreros de las diferentes empresas y de los diferentes sectores no construyan la unidad vinculando las luchas de los diferentes centros de trabajo y de los diferentes sectores en una única lucha de clases contra el imperialismo y la clase de los empresarios. Todo ello es, fundamentalmente, consecuencia de la ausencia del Partido de los comunistas organizado en los centros de trabajo, en las fábricas, en los diferentes sectores de la producción.

Esto que acabamos de expresar es con respecto a los estados capitalistas con un grado alto o medio-alto de desarrollo. En aquellos estados capitalistas con un grado de desarrollo menor, donde la violencia se aplica de una manera, por decirlo así, más abierta, los empresarios no vacilan en emplear esta violencia de manera totalmente directa con toda la impunidad. El oportunismo aquí también hace su labor de desguarnecer la organización de la clase y conducir a los obreros por el redil del capitalista, por negar la lucha de clases y conciliar con el burgués, al que jamás cuestiona como tampoco cuestiona a su sistema económico basado en la explotación del hombre por el hombre.

Lo expresado para los centros de trabajo, en la lucha sindical (política y económica), se reproduce también en la lucha genuinamente política en los barrios, en las comunidades, en los movimientos sociales. El oportunismo conduce al proletariado a transitar por los cauces del legalismo y de la institucionalidad burguesa, un circuito existente para perpetuar el dominio de la burguesía y la subordinación del proletariado. La falta de organización revolucionaria, de un partido comunista que sea capaz de penetrar en las masas proletarias, conduce la frustración del proletariado al que le guía el oportunismo que se materializa en la apatía, la impotencia, la desesperanza, el rechazo al sistema o el escepticismo y que se visualiza en los procesos electorales burgueses en el grado de abstención. Estos sentimientos, en la descomposición del sistema político burgués, la burguesía trata de encauzarlos a través del fascismo, que es el mayor grado de revisionismo histórico existente, al objeto de confrontar a la clase obrera entre sí, de dividir al proletariado mediante el nacionalismo exacerbado, el racismo, la xenofobia y, sobre todo, el anticomunismo. Y es que la burguesía es plenamente consciente tanto de la descomposición y muerte de su base económica como de su formación socioeconómica imperialista y, también, es totalmente consciente de que su enterrador es el proletariado, siempre que esté dirigido, organizado y bajo la influencia ideológica de las fuerzas del marxismo-leninismo, por ello todos los esfuerzos de la burguesía pasan por la batalla ideológica – batalla cultural también le denominan los fascistas – para alienar al proletario, para hacer que odie a su propia clase y, cuando esto no es suficiente, no vacila en la represión, en el asesinato, pues la burguesía es la clase más criminal que ha alumbrado la historia.

Los medios de comunicación – radios, canales de televisión, redes sociales, periódicos en papel y digitales, … -, la práctica totalidad en manos de los capitalistas, vierten entre el proletariado la ideología de los monopolios, el anticomunismo y, también, sirven para atemorizar y anestesiar al proletariado.  Estos medios de manipulación de masas no dudan en justificar – y mostrar – la represión  de los imperialistas, en justificar las guerras de carroña, los bloqueos económicos, los genocidios y demás fechorías perpetradas por los imperialistas al objeto de engañar a las masas proletarias, en vilipendiar al proletariado y a su ciencia revolucionaria – el marxismo-leninismo –  y, también, en reflejar una imagen todopoderosa de las fuerzas imperialistas, para mellar la psicología de aquellos proletarios con un mínimo de sentido crítico y rebelde, para que en la psique del proletariado se instale el pensamiento de que nada se puede hacer contra el capitalismo y los capitalistas, que la confrontación contra el capitalismo y su superestructura es inviable.

Con el desarrollo tecnológico, actualmente en manos de un puñado de multimillonarios, la agudización de la explotación del proletariado, así como su alienación y represión se acrecienta. La automatización de la producción y de los servicios conllevarán centros de trabajo con menos obreros y menor interrelación entre ellos, estableciendo unas condiciones peores para la organización económica del proletariado en los centros de trabajo, o lo que es lo mismo, dificultando la organización sindical. El desarrollo de la tecnología también está sirviendo para que la manipulación sobre las masas proletarias efectuada por la burguesía sea más efectiva, en tanto, por un lado, se censura todo aquel mensaje – ya sea por censura propiamente dicha como por no promoción de los contenidos por los algoritmos – que vaya en contra de los intereses de los dueños de las redes sociales y de los espacios donde se ubican los contenidos, propiedad de los monopolios. Ergo la inteligencia artificial y los autómatas o algoritmos de datos proporcionan a la clase obrera toda aquella información que beneficie a sus dueños, a los monopolios, siendo mucho más efectivo en la labor de alienación del proletariado y mostrando, nuevamente, que solo mediante la socialización de la tecnología, mediante el socialismo, se podrá liberar a la humanidad de la alienación y el embrutecimiento al que la somete la burguesía.

El capitalismo, tanto en su fase premonopolista, como en su fase actual monopolista o imperialista, persigue la perpetuación de un sistema explotador basado en una sociedad dividida en clases como reflejo de un sistema económico donde los medios de producción están en manos de unos pocos, donde son propiedad privada de un puñado de burgueses y, por tanto, el sistema capitalista es la perpetuación de la violencia pues ésta hunde sus raíces en la existencia de una sociedad dividida en clases sociales cuyos intereses son antagónicos.

El proletario, ante la ausencia del instrumento que le genera conciencia de clase y que le sirve en la lucha de clases, el Partido leninista, se ve minúsculo ante un mundo verdaderamente hostil, donde se siente totalmente desprotegido, atomizado, contemplando como todo lo que le rodea es corrupción, que es la forma en la que los monopolios manejan el Estado, impunidad para los ricos, los capitalistas, los burgueses, y represión permanente tanto del Estado, a través de los jueces y las fuerzas de represión del Estado, así como en el seno de la empresa por el burgués.

Todo lo mencionado constata que el propio enemigo de clase, la burguesía, es mucho más consciente de la fuerza del proletariado, del papel revolucionario de éste, que nuestra propia clase. Y es que nuestra clase social, el proletariado, necesita al Partido leninista, que es el corazón y el alma de la clase, para que ésta tome conciencia de sí y para sí, esto es, conciencia de lo que es, el sujeto revolucionario, y de la misión histórica que le corresponde desarrollar, poner todos los medios de producción al servicio de la mayoría de la humanidad que es el proletariado, y ello pasa por llevar a término la labor de derrocar revolucionariamente al imperialismo y desarrollar el socialismo, tomando el proletariado todo el poder económico, político e ideológico.

4. ¿Cómo construir la unidad del proletariado? Uniendo a los comunistas en una organización única, rompiendo con la burguesía y las alianzas interclasistas.

La historia nos muestra que siempre que el proletariado ha avanzado, ha conquistado el poder y, consecuentemente, ha avanzado la humanidad en su conjunto, es porque estaba guiado por su partido de vanguardia, por el Partido leninista, la parte más avanzada del proletariado organizado. Y también nos demuestra la historia que cuando el proletariado está desdibujado, absolutamente fragmentado, a merced de la burguesía, despojándolo de cualquier derecho y sufriendo la explotación y violencia de clase máxima y, por tanto, conduciendo la humanidad hacia el abismo, es porque el partido leninista está desnaturalizado o no existe, porque el oportunismo impera en lo que se denomina movimiento comunista, el cual corrompen alimentando a la reacción.

Al proletariado, que en términos objetivos es la clase que se halla despojada de los medios de producción y se ve obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario, le da conciencia de lo que es, le da objetivo como clase, le muestra su misión histórica, le enseña a interpretar correctamente el mundo mostrándole su realidad objetiva de guerra abierta contra la burguesía, poniendo coto a la espontaneidad y la individualidad y mostrando que el combate contra la burguesía se rige por el principio de la lucha de clases, en definitiva, al proletariado le abre los ojos como clase, la pertrecha como tal y le conduce a la emancipación el Partido leninista, o lo que es lo mismo, la organización de la parte más avanzada de la clase obrera. El partido leninista es quien le indica al proletariado el mundo que él debe construir – un mundo liberado del yugo explotador capitalista donde quede abolido el Estado y, consecuentemente, las clases sociales – y que le enseña que la burguesía se sostiene como clase gracias a la propiedad privada de los medios de producción y las estructuras institucionales burguesas – superestructura – que elevan y que solo se puede derrocar a la burguesía derrocando su base económica capitalista y no dejando en pie el Estado burgués, debiendo construir la clase obrera sus propias instituciones así como desarrollar el socialismo. El partido leninista, pues, es el estado mayor del proletariado y su respuesta coherente a la lucha de clases; es el corazón y el cerebro del proletariado, es una parte inherente de éste, su parte más avanzada.

Por este motivo la burguesía ataca sin piedad al partido leninista, porque es plenamente consciente que el partido leninista es quien otorga a la clase obrera táctica y estrategia, quien le muestra realmente su realidad objetiva y le muestra el camino de su emancipación como clase social, es quien cultiva al proletariado en la lucha de clases y lo fortalece organizativamente, en definitiva, la burguesía ha comprendido que la única manera de mantener al proletariado sometido pasa por interceptar, perseguir y desnaturalizar a su partido de vanguardia, el partido leninista armado de su ciencia revolucionaria para la abolición de la explotación del hombre por el hombre: el marxismo-leninismo.

La historia, la caída de la URSS, también nos ha enseñado que con una revolución triunfante, y una sociedad construyendo el socialismo, la única manera que tiene la burguesía de combatir al proletariado de manera efectiva y revertir esa revolución triunfante es atacando al Partido Leninista, desnaturalizándolo y corrompiéndolo, como ocurrió en la Unión Soviética desde la segunda mitad de la década de los 50s del siglo pasado hasta su implosión.

Por tanto, para que el proletariado pueda emanciparse, para que el proletariado pueda actuar en libertad, tomando conciencia de que debe romper los grilletes de la explotación y de la miseria a las que le condena el imperialismo, es imprescindible la existencia del partido leninista. El Partido leninista es esencial para que el proletariado tome conciencia de sí y para sí, es necesario para organizar a la clase y organizar la Revolución proletaria cuyo sujeto revolucionario y constructor de la toma revolucionaria del poder por ella misma es la clase de los proletarios, pero también es cardinal y necesario para, toda vez el proletariado toma el poder en sus manos, edificar la formación socioeconómica socialista, desarrollando la base económica socialista y, a la par, construyendo un mundo, una superestructura, que garantice el dominio en la lucha de clases del proletariado liquidando todo derecho a la burguesía y, por tanto, ir avanzando hacia el estadio comunista, la sociedad sin clases sociales y sin estado. Un partido que irá extinguiéndose a la par que el estado, a la par que la lucha de clases, a la par que se extingue el proletariado pues es una parte de éste.

Por ello, el marxismo es una ciencia partidista, porque el partido es la respuesta al proletariado para la lucha de clases, es el instrumento con el que llevar las ideas del socialismo científico al movimiento obrero, a las masas proletarias, un partido que según Marx y Engels debía ser internacional e internacionalista y que era el instrumento que fusiona el socialismo científico con el movimiento obrero, que eleva a éste, convirtiéndolo en el sujeto revolucionario, dotando a la clase explotada e infinitamente más numerosa, de su ciencia emancipadora.

Toda formación socioeconómica se conforma de una base económica que eleva una superestructura determinada y de una clase dominante, hegemónica que es la que dicta y desarrolla. En la formación socioeconómica capitalista, la base económica es el capitalismo, en su grado final, el capitalismo monopolista o imperialismo; eleva una superestructura imperialista que produce leyes, tiene unas instituciones y engendra una sociedad, una cultura, unas formas de estado a imagen y semejanza de la clase dominante, la burguesía y, más concretamente la burguesía monopolista, que es quien ejerce su dictado, o dictadura. En la formación socioeconómica capitalista, el proletariado es la clase dominada, es la clase explotada, es la clase despojada de la propiedad de los medios de producción y, por tanto, del producto de la producción y ello implica, incluso, que al proletariado la burguesía le niega hasta su libre albedrío.

Para emanciparse el proletariado necesita construir su formación socioeconómica. Una formación socioeconómica donde en la base, los medios de producción estén en manos del proletariado, y por tanto, también el desarrollo tecnológico; donde las relaciones de producción se fundamenten en la propiedad social sobre los medios de producción al objeto de, progresivamente, erradicar todo tipo de explotación del hombre por el hombre y liquidar todo tipo de desigualdad social, una base económica cuyo producto esté en manos de la mayoría proletaria, del proletariado. Una formación socioeconómica que contendrá una superestructura, un mundo, a imagen y semejanza de la clase dominante, el proletariado, que es el sujeto constructor de ese nuevo mundo, erigiéndose en clase dominante que, por primera vez en la historia del género humano, corresponderá a la inmensa mayoría de la humanidad.

A día de hoy rige el imperialismo, la fase monopolista del capitalismo, donde como hemos visto se produce una concentración del capital en unas pocas manos que amasan cada vez una mayor riqueza y, en consecuencia, una socialización de la pobreza sobre la que hemos visto cómo los imperialistas manipulan para tratar de enmascarar que dicho sistema económico agudiza la desigualdad y la pobreza. Y comprobamos como los monopolios, el capital financiero, o, como los capitalistas denominan, “las élites”, imponen su dictadura a sangre y fuego a lo largo y ancho del globo terráqueo.

El proletariado, como sujeto revolucionario que es, debe derrocar revolucionariamente al imperialismo y construir el socialismo. Para Lenin la unidad del proletariado es la unidad de su vanguardia, es la unidad de los marxistas-leninistas y, sin la unidad de los comunistas, jamás puede haber unidad de clase para que el proletariado pueda cumplir con su misión histórica de acabar con lo viejo, el imperialismo, y armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción mediante la revolución socialista y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, construyendo el socialismo como primera fase hacia el comunismo.

Por tanto, el problema que hemos de resolver los comunistas hoy es el de la unidad de los comunistas, que es la unidad del sujeto revolucionario y, por tanto, la fuerza capaz de dar cumplimiento a la misión histórica de este. Sin sujeto revolucionario no hay revolución socialista y, sin ésta, no hay socialismo, sin ésta el imperialismo se sostendrá moribundo llevándose por delante la sangre inocente de centenares de millones de seres humanos. Y esa unidad del proletariado que necesitamos para romper con la explotación y la barbarie imperialista, es la unidad de los marxistas-leninistas en torno al principio organizativo del centralismo democrático.

Hoy el movimiento comunista internacional no está abordando la cuestión fundamental que debería abordar, la unidad de los comunistas, que es la cuestión de la unidad del proletariado y la organización de su parte más avanzada, que es la cuestión de fortalecimiento del sujeto revolucionario para cumplir su misión histórica y revolucionaria.

Y sin construir los cimientos, sin construir la unidad de los comunistas, y desde la división dentro del movimiento comunista, cuando no desde la mismísima estafa, algunos de los que se reivindican del comunismo -y que tras ellos lo que hay es ideología burguesa como el nacionalismo y el revisionismo – se lanzan a diseñar tácticas, o mejor dicho deformar y envilecer tácticas que el movimiento comunista internacional en la década de los 30s del siglo pasado planteaba en un mundo diferente al actual, con un imperialismo que todavía tenía margen de desarrollo como han evidenciado estos 90 años, y cuando existía un sujeto revolucionario con fuerza, un movimiento comunista en ascenso y fortalecido gracias a la URSS y su partido comunista que engrandeció a todo el movimiento comunista internacional como lo reflejó la Internacional Comunista.

Lenin señalaba que «no puede haber unidad (…) con los políticos obreros liberales, con los desorganizadores del movimiento obrero, con los infractores de la voluntad de la mayoría. Puede y debe haber unidad de todos los marxistas consecuentes, de todos los defensores del marxismo íntegro y de las consignas no recortadas, independientemente de los liquidadores y sin ellos.

 

¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas, y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo».

Desde el PCOE consideramos esencial la construcción de esa unidad de los marxistas-leninistas. Sin duda, estimamos que esa unidad únicamente puede materializarse desde la fidelidad a los principios del leninismo en lucha frontal contra el oportunismo, que es la expresión de los intereses del imperialismo en el seno del proletariado para impedir su unidad y la toma de conciencia, y estando con la clase mostrándole la salida revolucionaria y construyendo la organización para ello.

El imperialismo, como hemos visto, ha concentrado la riqueza y la producción en unos pocos monopolios, ha socializado la pobreza y, en este proceso socializador de la miseria, de desigualdad brutal, no sólo tira por tierra las condiciones del proletariado, sino que practica el canibalismo dentro de su propia clase, la burguesía, empujando a la ruina y a la proletarización a cada vez más capas de la pequeña y mediana burguesía. Este hecho impregna al proletariado de la ideología burguesa proveniente de esas capas burguesas proletarizadas.

Ante este escenario, donde no hay imperialismo agresivo y no agresivo, donde no hay imperialismo ofensivo y otro defensivo, donde la concentración del capital cada vez es mayor en menos manos, y donde únicamente hay un imperialismo que constituye una formación socioeconómica única a nivel internacional en el que toda la economía mundial se halla entrelazada, una única base económica donde dominan los monopolios, donde prepondera la putrefacción – el capital financiero sobre el capital productivo -, donde la exportación de capitales impera, donde los monopolos aplican su dictadura a nivel planetario a través de asociaciones de imperialistas supranacionales que manejan a los estados nación que se convierten en sucursales de los grandes monopolios para aplastar a los proletarios y transferir riqueza hacia dichos empresas multinacionales, donde los monopolios pelean entre ellos para repartirse un mundo ya repartido empleando la guerra donde mandan a morir a la clase proletaria, el proletariado debe organizarse para confrontarse de plano contra todo ello. La burguesía aplica a rajatabla la lucha de clases, y la inocula en el seno del proletariado, fortaleciendo el oportunismo de tal modo que aparece una parte que dice reivindicarse del movimiento comunista, y que Lenin denominaba  “los enemigos y falseadores del marxismo”, a los que se les llena la boca hablando de antiimperialismo cuando lo que hacen es negar la existencia de un único imperialismo, cuando lo que hacen es maquillar ante el proletariado al imperialismo y buscan todo tipo de alianza interclasista a la par que combaten a muerte a los marxistas-leninistas.

Esa expresión de interclasismo, que en realidad no es más que la subordinación del proletariado a la burguesía, a nivel internacional adquiere hoy la formulación política de Frente Mundial Antiimperialista o Plataforma Antiimperialista Mundial, donde persiguen conformar una alianza con capas de la burguesía que, si bien manifiestan combatir el imperialismo, bajo ningún concepto pretenden superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo, siendo muchos de ellos enemigos acérrimos del marxismo-leninismo. Un antiimperialismo singular pues son beligerantes con unas potencias imperialistas – EEUU o la UE – y, por el contrario, encubren a otras potencias imperialistas y carroñeras como las primeras a las que caracterizan como no imperialistas como, por ejemplo, son China o Rusia.

Estos “enemigos y falseadores del marxismo”, cuya actividad se fundamenta en el engaño y la traición al proletariado, el parasitismo y, de facto, la negación del marxismo-leninismo en tanto que, de hecho, se niega la lucha de clases, hacen extraños compañeros de viaje y aliados, de tal manera que partidos que se dicen comunistas y que dicen defender la autodeterminación suscriben posiciones conjuntas con organizaciones políticas reaccionarias, como se constata en la Declaración de París de 14 de octubre de 2022 de la Plataforma Antiimperialista Mundial donde van de la mano el PCPE – que dice ser defensor de la autodeterminación de las naciones oprimidas y denomina al estado español como “cárcel de pueblos y naciones” (Julio Díaz, enero de 2024) – y Vanguardia Española que es una organización reaccionaria, y nacionalista española. Sin embargo, no es extraño que vayan de la mano pues, realmente, ambas organizaciones están unidas por el nacionalismo – unos de naciones que, ni tan siquiera aplicando el marxismo-leninismo existen, y otros nacionalistas españoles – y ambas organizaciones repudian el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, por lo que ambas están realmente unidas contra el marxismo-leninismo.

Otro ejemplo de frentes interclasistas, y anticomunistas, se puede ver en el estado español, concretamente en el archipiélago canario, donde el partido “nacional” canario del PCPE, el PCPC, ha creado una plataforma por un Estatuto de Neutralidad para Canarias, donde dicho partido supuestamente comunista, está aliado con organizaciones sociales y con partidos de la burguesía, como por ejemplo Nueva Canarias, y otras organizaciones nacionalistas canarias, por el que señalan que “La neutralidad es la opción que aporta mayor seguridad al Archipiélago Canario y supone una mejor contribución a la paz, como lugar de encuentro internacional y de apoyo a la solución dialogada de conflictos, en un escenario internacional complejo y tensionado.”, buscando apoyo en las instituciones burguesas, las cuales no es que no cuestionen, es que buscan su abrigo, como se comprueba cuando señalan “En el desarrollo de la campaña se ha dado el paso de demandar al Parlamento de Canarias su compromiso para impulsar y apoyar todo tipo de iniciativas que puedan hacer posible el reconocimiento del Estatuto de Neutralidad en el ordenamiento jurídico estatal e internacional. Posteriormente su recorrido será hacia el Parlamento de Madrid, así como su tramitación ante la Unión Europea y la ONU. La campaña, que continuará con su extensión a todas las islas, y la creación de comités populares por el Estatuto de Neutralidad.” Curioso antiimperialismo el del PCPE que busca apoyo en instituciones abiertamente imperialistas como el parlamento español o el parlamento de la UE. Y nosotros nos preguntamos, en un mundo imperialista donde los monopolios están en pugna por el reparto del pastel mundial, donde rige la lucha de clases y donde la explotación es ley ¿a qué neutralidad apela el PCPE? Los comunistas en el mundo no podemos ser neutrales, estamos con el proletariado – da igual de dónde sea porque el proletariado es internacional y no tiene más patria que el socialismo -, con la revolución proletaria mundial y con el socialismo, con la abolición del capitalismo, responsable de la explotación, responsable de una sociedad dividida en clases antagónicas causantes de la violencia contra el proletariado, una violencia que la burguesía ejerce a través del estado burgués, ese que los comunistas debemos derrocar y que, a sus parlamentos, el PCPE va a pedir que les firmen sus Estatutos de neutralidad burgueses y oportunistas que son una puñalada al marxismo-leninismo y al proletariado, actuando de una forma que ensucia el término comunista que portan en el nombre de dicha organización enemiga del comunismo.

Cómo puede verse, en estos dos ejemplos que hemos mencionado de política de masas interclasista aplicada por, empleando la expresión de Lenin, “estos enemigos y falseadores del marxismo”, en nada ha servido al proletariado ir de la mano de la burguesía en términos de crecimiento organizativo, de nada ha servido con respecto del desarrollo de una Internacional Comunista, de nada ha servido al desarrollo de la Revolución proletaria, para lo único que ha servido es para subordinarse a los intereses de la burguesía, para encauzar al pueblo por la senda del reformismo, por dar lustre a las instituciones imperialistas y por satisfacer el ego a una panda de oportunistas que viven de la división y del engaño al proletariado, como hace el PCPE, en definitiva, por fortalecer al enemigo de clase.

En el movimiento comunista hoy la correlación de fuerzas, todavía, es favorable al oportunismo y, por ello, se halla totalmente fraccionado como se constata echando un vistazo a la realidad de las fuerzas que se reivindican del comunismo tanto en las diferentes naciones como a nivel internacional.

Mientras los comunistas no conquistemos la unidad, y ella sólo puede edificarse combatiendo al imperialismo y la ideología que éste insufla, empezando por el combate contra el oportunismo, que es el producto más acabado de la burguesía para dinamitar la unidad del movimiento comunista y, por tanto, del proletariado, mientras no derrotemos y desterremos al oportunismo del movimiento comunista y, consecuentemente, de la clase obrera, no podremos dar pasos hacia la emancipación social de nuestra clase, hacia la consecución de la misión histórica de la clase obrera.  La lucha a muerte contra el oportunismo constituye un eje cardinal por el que los partidos comunistas debemos unirnos para conquistar la organización única de la vanguardia que necesitamos para vencer a la barbarie imperialista.

Sin sujeto revolucionario, que no existe como tal sin la existencia e influencia de su partido, que es el partido leninista que dota al proletariado de conciencia de sí y para sí, éste no puede dar pasos para su emancipación, sino que seguirá dando vueltas a la noria de la burguesía, conduciendo al proletariado al redil de la derrota, de la perpetuación del imperialismo y de su barbarie, cada día más criminal.

Por todo ello hoy la primera tarea de los comunistas, y la más importante que nos toca acometer, es la construcción de un movimiento comunista revolucionario, que se debe abrir paso combatiendo a muerte al imperialismo y al oportunismo, que constituye la quinta columna del imperialismo dentro de nuestras filas proletarias. El PCOE está comprometido en la conquista de la unidad de los comunistas que es la unidad de la clase de los proletarios, en la defensa del marxismo-leninismo y en la lucha a muerte contra la burguesía, contra el oportunismo y tiende la mano para trabajar en esta dirección con todos aquellos que compartan esta visión del mundo y del estado de nuestra clase.

 

Madrid, 5 de junio de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)




Los experimentos bacteriológicos de los Estados Unidos

La reciente desclasificación de documentos del Pentágono que revelan experimentos militares estadounidenses con mosquitos portadores de enfermedades vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que durante décadas fue denunciada por Cuba y por numerosos movimientos antiimperialistas del mundo, que no es otra que la utilización de agentes biológicos como instrumentos de guerra y dominación. Los documentos conocidos como Proyecto Bellwether muestran que, a finales de los años cincuenta, el Ejército de Estados Unidos estudió la capacidad de mosquitos como el Aedes aegypti para actuar como vectores de enfermedades en poblaciones humanas, dentro de programas destinados a evaluar su potencial estratégico como arma biológica. Para quienes observan la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, estas revelaciones no constituyen una anécdota aislada. Forman parte de una larga tradición de agresiones dirigidas contra la Revolución Cubana y contra cualquier proyecto que desafíe la hegemonía estadounidense en América Latina, a la que consideran su patio trasero.

No es casualidad que en los últimos años Cuba ha sufrido un incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos, especialmente dengue y arbovirosis, en un contexto marcado por enormes dificultades para adquirir insecticidas, equipos médicos, reactivos de laboratorio y medicamentos. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supuso un endurecimiento sin precedentes de las sanciones económicas contra la isla, con cientos de medidas adicionales destinadas a restringir la llegada de petróleo, de sus fuentes de ingresos y de sus relaciones financieras internacionales.

Entre esas medidas destaca la activación del Título III de la Ley Helms-Burton, una herramienta jurídica concebida para intimidar a empresas e inversores extranjeros mediante la amenaza de litigios en tribunales estadounidenses. El resultado ha sido una mayor dificultad para realizar transacciones bancarias, contratar seguros marítimos, adquirir suministros médicos y garantizar la llegada de productos esenciales para la población cubana. El impacto de estas políticas no puede medirse únicamente en términos económicos. Cuando un país enfrenta obstáculos para comprar medicamentos, piezas de equipos hospitalarios, combustible para fumigaciones o alimentos básicos, las consecuencias terminan reflejándose en la salud y en la calidad de vida de millones de personas, además de la esperanza de vida y los índices de mortalidad infantil, en un intento de generar artificialmente un levantamiento contra el gobierno revolucionario, plan que lleva fracasando desde la invasión mercenaria en Bahía Cochinos de 1961. Por eso, la mortalidad asociada a determinadas enfermedades no puede analizarse al margen de las condiciones materiales impuestas por un bloqueo que persigue explícitamente provocar dificultades sanitarias, económicas y sociales.

Las actuales revelaciones sobre los experimentos biológicos estadounidenses (Un documento desclasificado revela que EEUU liberó mosquitos con enfermedades en zonas habitadas como experimento) adquieren así una dimensión política aún más inquietante. Si documentos oficiales demuestran que el aparato militar estadounidense ha estudiado y, lo más importante, ha ensayado la utilización de mosquitos como vectores de enfermedades contra poblaciones humanas, resulta comprensible que en Cuba persistan profundas sospechas sobre el origen de determinadas epidemias que han afectado a la isla a lo largo de su historia revolucionaria y con una incidencia exponencial desde que se ha aumentado el grado de violencia contra la isla. Aunque cada episodio debe analizarse con rigor y evidencias concretas, el historial de operaciones encubiertas estadounidenses alimenta inevitablemente esa desconfianza.

La historia ofrece antecedentes significativos. El Plan Mangosta, impulsado por la administración Kennedy tras el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos, contempló acciones de guerra bacteriológica, sabotaje económico, infiltración, terrorismo y operaciones clandestinas dirigidas a desestabilizar al gobierno revolucionario. Durante décadas, Cuba denunció campañas de agresión que afectaron a sectores estratégicos de su economía, especialmente la agricultura y la ganadería por la aparición de misteriosas plagas.

Más allá de los debates sobre episodios concretos, existe una realidad incontestable de que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos ha causado enormes daños al desarrollo de Cuba. Ha limitado su acceso a créditos internacionales, ha encarecido las importaciones, ha dificultado la adquisición de tecnologías médicas y ha obstaculizado el abastecimiento de alimentos y medicamentos.

Las nuevas revelaciones sobre los programas militares relacionados con mosquitos y enfermedades recuerdan que la Guerra Fría no fue únicamente una confrontación ideológica o militar. También fue un laboratorio de métodos de guerra no convencionales cuyos efectos recaían sobre la población civil como ocurre en la actualidad cubana porque, en este contexto histórico, Cuba ha sido durante más de seis décadas uno de los principales objetivos de la política estadounidense.

Por ello, la defensa de Cuba exige denunciar simultáneamente todas las formas de agresión como las operaciones encubiertas del pasado, los experimentos militares que utilizan agentes biológicos como herramientas de guerra y el bloqueo económico que continúa castigando a la población cubana. Porque cuando se restringe el acceso a medicamentos, alimentos y recursos sanitarios esenciales, el bloqueo deja de ser una cuestión diplomática para convertirse en un problema de vida o muerte para millones de personas. Si a eso le añadimos la guerra bacteriológica que está causando la epidemia actual de dengue y arbovirosis, de la que el imperialismo yanqui ya ha dado muestras durante su triste historia, a la que se añade la puesta en marcha del Título III de la Ley Helms Burton, que dificulta el acceso a medicamentos e insumos sanitarios, nos hallamos frente a una operación de genocidio planificado de la que el imperialismo yanqui viene dando grandes muestras como en Gaza o Vietnam.

Las recientes desclasificaciones sobre los programas militares estadounidenses con mosquitos, utilizados como potenciales vectores de enfermedades, constituyen un recordatorio de hasta dónde han llegado las estrategias de agresión contra pueblos que han decidido defender su soberanía. Frente a esta realidad, la lucha por el levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo sigue siendo una exigencia de justicia. Porque ningún pueblo debería ser castigado por ejercer su derecho a decidir su propio destino. La historia juzgará a quienes durante décadas han fracasado sistemáticamente en el intento de rendir por hambre, enfermedad y asfixia económica a una nación que eligió un camino independiente. Y la historia absolverá a un pueblo cuya resistencia, pese a todas las agresiones, ha conseguido mantener intacta su dignidad y su soberanía frente a lo que muchos consideran una de las campañas más prolongadas de coerción política, económica y bacteriológica de la historia contemporánea.

¡Por el fin del bloqueo!

¡Por el fin de la guerra bacteriológica!

¡Cuba sí, yanquis no!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Qué es el fascismo

El fascismo se podría definir como el dominio del capital financiero sobre el capital productivo, lo que redunda en, al sostener la misma producción con una masa de capital más grande, una inflación desbocada que es cómo financian su gasto militar a costilla de la clase obrera, que ve muy comprometida su subsistencia por la guerra abierta o por el encarecimiento derivado de la lucha del capital financiero por expoliar las materias primas.

El fascismo, desde la concepción marxista-leninista desarrollada por Georgi Dimitrov, no constituye simplemente una forma autoritaria de gobierno, ni una desviación moral de la democracia burguesa, sino la expresión política extrema del capitalismo monopolista en su fase de crisis histórica. Dimitrov, en su informe “La clase obrera contra el fascismo” (1935) en el VII Congreso de la Internacional Comunista, lo definió como “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Esta definición sitúa al fascismo no sólo en el terreno de las ideas abstractas, sino en la estructura material de la sociedad capitalista y en las necesidades concretas de la burguesía monopolista.

Mientras el liberalismo burgués puede gobernar mediante el parlamentarismo, la alternancia política y ciertas concesiones económicas a las masas obreras, el fascismo aparece cuando esas formas dejan de ser suficientes para garantizar la reproducción del capital. No surge porque una nación pierda sus valores democráticos, sino porque las contradicciones internas del capitalismo alcanzan un punto en el que la burguesía ya no puede mantener su dominio mediante métodos ordinarios. La democracia burguesa y el fascismo no son sistemas opuestos en esencia de clase, ambos representan la dictadura de la burguesía y la única diferencia reside en la forma de ejercerla.

En la etapa imperialista del capitalismo descrita por Lenin, “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917), hace ya más de un siglo describe como la economía queda dominada por monopolios, bancos y oligarquías financieras que concentran el capital y subordinan el Estado a sus intereses. La acumulación de capital llega progresivamente a límites históricos que llevan a la sobreproducción, la caída de la tasa de ganancia, el endeudamiento estructural, la destrucción de fuerzas productivas, el desempleo masivo y las guerras por nuevos mercados y recursos. El imperialismo intenta resolver estas contradicciones mediante la exportación de capital, el saqueo colonial y la militarización permanente. Sin embargo, esas soluciones sólo aplazan la crisis y profundizan la decadencia general del sistema.

Cuando la crisis económica amenaza con transformarse en crisis revolucionaria, la burguesía monopolista abandona progresivamente la forma de democracia burguesa que anteriormente le resultaba útil. El fascismo aparece entonces como mecanismo de salvación del capital. Su función histórica consiste en destruir las organizaciones obreras, liquidar los derechos democráticos, militarizar la sociedad, imponer el nacionalismo chovinista y reorganizar el Estado para garantizar por la violencia la continuidad de la acumulación capitalista.

Por eso, para los comunistas, el fascismo no es un accidente histórico ni una anomalía psicológica colectiva, sino una tendencia inherente al imperialismo en descomposición. Cuanto más se agudiza la crisis estructural del capitalismo, más necesita la burguesía recurrir a formas abiertas de coerción. La concentración monopolista reduce el margen para las reformas sociales y la competencia interimperialista empuja hacia la guerra. Entonces el deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera genera descontento y aparece el miedo de la burguesía a la revolución de la clase obrera que la conduce hacia métodos cada vez más expeditivos y represivos.

El fascismo intenta movilizar a sectores desesperados de la pequeña burguesía, capas arruinadas y masas desclasadas contra la clase obrera organizada. Se presentan demagógicamente como patriotas honrados, con un fuerte discurso identitario y populista, pero en realidad su misión es preservar intacta la propiedad privada de los monopolios y fortalecer el poder del gran capital. Bajo consignas de unidad nacional, destruye la lucha de clases por la fuerza y subordina toda la vida social a los intereses del capital financiero y del aparato militar.

Desde esta perspectiva, las potencias imperialistas tienden históricamente hacia formas fascistas conforme se erosiona su base económica. El agotamiento de la expansión capitalista, la financiarización parasitaria, la pérdida de hegemonía internacional y la incapacidad de garantizar niveles de vida estables, obligan al Estado burgués a intensificar el control social y la represión. El deterioro económico genera polarización política y, a su vez, la polarización amenaza la estabilidad del sistema. Entonces el capital responde reforzando mecanismos autoritarios. Es por eso que el imperialismo se convierte en la antesala de la revolución socialista.

La transición hacia formas fascistas puede no reproducir exactamente los modelos clásicos de Italia o Alemania, pero conserva intacta su esencia de clase, la concentración extrema del poder ejecutivo, persecución de organizaciones revolucionarias, la propaganda nacionalista, la militarización ideológica, criminalización de la disidencia y subordinación total del aparato estatal a los intereses del capital monopolista.

Así, para los comunistas, el fascismo constituye la manifestación política de la decadencia histórica del imperialismo. No es una alternativa al capitalismo, sino su última línea de defensa cuando las contradicciones económicas hacen imposible gobernar mediante el consenso liberal. La lucha contra el fascismo no puede separarse, por tanto, de la lucha contra el imperialismo y contra el sistema capitalista que lo engendra.

Frente al avance del fascismo, reafirmamos la necesidad de la unidad de la clase obrera hacia la construcción de la dictadura del proletariado, la forma más radical de democracia, y que dinamitará la base económica capitalista que lo engendra. Como señaló Georgi Dimitrov, el fascismo no es una fuerza ajena al capitalismo, sino su expresión más reaccionaria y violenta cuando las élites pretenden aplastar la organización obrera y perpetuar su dominio. Por eso, hoy, el deber histórico de la clase obrera de nuestro país es fortalecer al PCOE, como la más elevada expresión de la solidaridad internacionalista y de la lucha consciente contra toda forma de explotación, racismo y odio reaccionario. Solo un partido comunista fuerte podrá derrotar al fascismo y abrir el camino hacia una sociedad verdaderamente justa, socialista y emancipada.

 

¡Muerte al fascismo!

¡Por el derrocamiento de la base económica asesina del capitalismo!

¡Antifascismo, solidaridad e internacionalismo!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Defender la educación pública es defender el futuro de la clase obrera [ESP/CAT]

La educación pública en Catalunya arrastra, desde hace años, los efectos de las políticas antiobreras impulsadas por los diferentes gobiernos de la Generalitat. Uno de los momentos cruciales fue el periodo de la crisis económica de las subprime, especialmente entre 2010 y 2014, cuando se aplicaron recortes que afectaron de forma directa a los recursos destinados a la enseñanza pública. Durante esos años, el presupuesto educativo se redujo de manera considerable y la inversión por alumno cayó de forma sostenida, deteriorando las condiciones materiales en las que se desarrolla el proceso educativo. Por todo esto los docentes llevan desde hace varios días en huelga, luchando y llegando a paralizar Barcelona.

Aunque algunos oportunistas señalan que en los últimos años los presupuestos han aumentado, esto no significa que el sistema educativo haya recuperado los niveles de financiación necesarios para garantizar una enseñanza pública de calidad. La inversión educativa sigue situándose por debajo de las necesidades reales de la clase obrera, las ratios continúan siendo elevadas, la red concertada mantiene una posición privilegiada gracias a la transferencia constante de recursos públicos hacia la educación privada – fundamentalmente en manos de la Iglesia Católica – y las sucesivas reformas curriculares han añadido nuevas contradicciones a un sistema ya profundamente perjudicado.

Desde una perspectiva materialista, la crisis en la educación pública no puede entenderse como un problema aislado ni como el resultado de errores técnicos de gestión. La Escuela forma parte de la superestructura social y está estrechamente vinculada a las necesidades de reproducción del modo de producción capitalista. Históricamente, la expansión de los sistemas públicos de enseñanza respondió a la necesidad de formar una fuerza de trabajo formada, disciplinada y capaz de responder a las exigencias de la producción industrial. Sin embargo, las transformaciones recientes del capitalismo están modificando estas necesidades. Con la creciente automatización de los procesos productivos y el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial, se ha reducido la necesidad de amplios sectores de trabajadores altamente cualificados. Mientras una minoría de especialistas concentra funciones técnicas y de dirección, una parte cada vez mayor de la clase obrera es empujada hacia empleos precarios, fragmentados y sometidos a una fuerte degradación de las condiciones laborales. En este contexto, el capital tiene cada vez menos interés en garantizar una formación amplia, crítica y universal para el conjunto de la población. Además, la no cualificación de los obreros reduce los salarios y aumenta por ahí la cuota de ganancia de los capitalistas que son dueños de los medios de producción.

Por ello, el deterioro de la educación pública no debe interpretarse únicamente como una consecuencia de las políticas de austeridad. Constituye también una expresión de las nuevas necesidades de la acumulación del capital. Una población con elevados niveles de formación crítica, capacidad de organización y acceso generalizado al conocimiento representa una potencial amenaza para un sistema basado en la explotación y la desigualdad. En cambio, una enseñanza pública empobrecida, orientada a competencias superficiales y subordinada a las demandas inmediatas del mercado favorece la reproducción del orden explotador existente. Las grandes empresas tecnológicas penetran en las aulas, los servicios educativos se externalizan, la investigación queda cada vez más subordinada a intereses empresariales y el conocimiento deja de concebirse como un bien común para convertirse en una mercancía sometida a la lógica del beneficio privado. El objetivo estratégico de este proceso es avanzar hacia la privatización progresiva del conocimiento. Del mismo modo que se privatizan servicios públicos esenciales, se pretende convertir el acceso al saber en un privilegio de clase. Las élites económicas continúan garantizando para sus hijos una formación de alto nivel en centros privados o de prestigio, mientras la escuela pública se ve empujada hacia una función cada vez más asistencial, destinada a gestionar las consecuencias sociales de la desigualdad sin cuestionar sus causas estructurales.

La contradicción resulta evidente. Mientras pedagogos como Vygotsky defendían que el desarrollo intelectual de las personas depende de las condiciones sociales y materiales en las que viven, las administraciones educativas pretenden aplicar discursos sobre inclusión, equidad y atención a la diversidad sin proporcionar los recursos necesarios para hacerlo posible. Se exige a docentes y centros que compensen desigualdades cuya raíz se encuentra en el propio funcionamiento del sistema capitalista. Por ello, la defensa de la educación pública no puede limitarse a la reivindicación de mayores presupuestos o mejores condiciones laborales, aunque ambas sean imprescindibles. Debe formar parte de una lucha más amplia contra la mercantilización de todos los ámbitos de la vida social. Por eso, la defensa de la educación está inseparablemente ligada a la lucha por superar las relaciones de producción capitalistas que generan explotación, desigualdad y alienación.

La degradación de la enseñanza, la mercantilización del conocimiento y la creciente subordinación de la educación a los intereses del capital son manifestaciones de una misma realidad, la contradicción entre las necesidades de la clase obrera, que somos la inmensa mayoría, y los intereses de una minoría parasitaria que posee y controla los medios de producción.

Por ello, la lucha por una educación verdaderamente pública, científica, gratuita y al servicio de la clase obrera está inseparablemente unida a la lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad. Solo una sociedad socialista, en la que los medios de producción estén bajo control colectivo y la economía se organice en función de las necesidades sociales y no del beneficio privado, puede garantizar que el conocimiento deje de ser una mercancía y se convierta en un patrimonio común accesible para todos.

Frente a quienes pretenden convertir la educación en un negocio, es necesario fortalecer la organización y la lucha de la clase obrera en todos los frentes. La juventud estudiantil, el profesorado y el conjunto de nuestra clase comparten un mismo interés objetivo, poner fin a un sistema que sacrifica el desarrollo humano en beneficio de la acumulación de capital. En esta tarea, el trabajo de los comunistas resulta fundamental.

El Comité Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC) se solidariza y apoya con la lucha de los docentes y les recuerda la necesidad de construir la unidad de la clase obrera y organizar la lucha contra todas las formas de explotación y dominación capitalista. La defensa de la educación pública forma parte de esa lucha general por la emancipación de la clase obrera y por la construcción de una sociedad socialista en la que la ciencia, la cultura y el conocimiento estén al servicio del pueblo y no de los monopolios. Porque la educación no debe servir para formar mano de obra dócil para las empresas, sino para desarrollar plenamente las capacidades humanas y contribuir a la construcción consciente de una sociedad sin explotadores ni explotados. Defender la educación pública es defender el futuro de la clase obrera. Defender el socialismo es defender las condiciones materiales que harán posible una educación verdaderamente universal, igualitaria y emancipadora.

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

Defensar l’educació pública és defensar el futur de la classe obrera

 

L’educació pública a Catalunya, des de fa anys, ha patit les conseqüències de les polítiques antiobreres implementades pels diferents governs de la Generalitat. Un dels moments clau va ser el període de la crisi econòmica de les hipoteques, especialment entre 2010 i 2014, quan es van aplicar retallades que van afectar directament els recursos destinats a l’ensenyament públic. Durant aquests anys, el pressupost educatiu es va reduir notablement i la inversió per alumne va disminuir de forma sostinguda, deteriorant les condicions materials en què es desenvolupa el procés educatiu. Per tot això, els docents han estat en vaga des de fa dies, lluitant i aconseguint paralitzar Barcelona.

 

Tot i que alguns oportunistes assenyalen que els pressupostos han augmentat en els últims anys, això no significa que el sistema educatiu hagi recuperat els nivells de finançament necessaris per garantir una educació pública de qualitat. La inversió educativa continua situant-se per sota de les necessitats reals de la classe obrera, les ràtios continuen sent elevades, la xarxa concertada manté una posició privilegiada gràcies a la transferència constant de recursos públics cap a l’educació privada – principalment en mans de l’Església Catòlica – i les reformes curriculars successives han afegit noves contradiccions a un sistema ja profundament perjudicat.

 

Des d’una perspectiva materialista, la crisi en l’educació pública no pot entendre’s com a un problema aïllat ni com a resultat d’errors tècnics de gestió. L’escola forma part de la infraestructura social i està estretament relacionada amb les necessitats de reproducció del mode de producció capitalista. Històricament, l’expansió dels sistemes públics d’ensenyament va respondre a la necessitat de formar una força de treball formada, disciplinada i capaç de respondre a les exigències de la producció industrial. No obstant això, les transformacions recents del capitalisme estan modificant aquestes necessitats. Amb l’augment de la automatització dels processos productius i el desenvolupament accelerat de la intel·ligència artificial, s’ha reduït la necessitat de grans sectors de treballadors amb alta qualificació. Mentre que una minoria d’especialistes concentra funcions tècniques i de direcció, una part cada vegada més gran de la classe obrera és empra cada vegada més en llocs precaris, fragmentats i sotmesos a una forta degradació de les condicions laborals. En aquest context, el capital té cada vegada menys interès en garantir una formació àmplia, crítica i universal per a tot la població. A més, la manca de qualificació dels treballadors redueix els salaris i augmenta així la quota de benefici dels capitalistes que són propietaris dels mitjans de producció.

 

Per tant, el deteriorament de l’educació pública no ha d’interpretar-se únicament com a conseqüència de les polítiques d’austeritat. Constitueix també una expressió de les noves necessitats de l’acumulació del capital. Una població amb nivells elevats de formació crítica, capacitat d’organització i accés generalitzat al coneixement representa una potencial amenaça per a un sistema basat en l’explotació i la desigualtat. En canvi, una educació pública empobrida, orientada a habilitats superficials i sotmesa a les demandes immediates del mercat, fomenta la reproducció de l’ordre explotador existent. Les grans empreses tecnològiques entren a les aules, els serveis educatius s’externalitzen, la investigació queda cada vegada més sotmesa a interessos empresarials i el coneixement deixa de ser un bé comú per convertir-se en un producte que està subjecte a la lògica del benefici privat. L’objectiu estratègic d’aquest procés és avançar cap a la privatització progressiva del coneixement. De la mateixa manera que es privatitzen serveis públics essencials, s’intenta convertir l’accés al saber en un privilegi de classe. Les elits econòmiques continuen garantint als seus fills una formació de nivell superior en centres privats o de prestigi, mentre que l’escola pública queda relegada a una funció cada vegada més assistencial, destinada a gestionar les conseqüències socials de la desigualtat sense qüestionar les seves causes estructurals.

 

La contradicció és evident. Mentre que pedagogs com Vygotsky defensaven que el desenvolupament intel·lectual de les persones depèn de les condicions socials i materials en què viuen, les administracions educatives intenten aplicar discursos sobre inclusió, equitat i atenció a la diversitat sense proporcionar els recursos necessaris per fer-ho possible. S’exigeix als docents i als centres que compensin les desigualtats que tenen la seva arrel en el mateix funcionament del sistema capitalista. Per tant, la defensa de la educació pública no pot limitar-se a la reivindicació de pressupostos més grans o millors condicions laborals, tot i que aquestes siguin imprescindibles. Ha de formar part d’una lluita més ampla contra la mercantilització de tots els àmbits de la vida social. Per tant, la defensa de l’educació està inseparablement lligada a la lluita per superar les relacions de producció capitalistes que generen explotació, desigualtat i alienació.

 

La degradació de l’ensenyament, la mercantilització del coneixement i la creixent subordinació de l’educació als interessos del capital són manifestacions d’una mateixa realitat, la contradicció entre les necessitats de la classe obrera, que som la majoria, i els interessos d’una minoria parasitària que posseïx i controla els mitjans de producció.

 

Per tant, la lluita per una educació veritablement pública, científica, gratuïta i al servei de la classe obrera està inseparablement unida a la lluita per la transformació revolucionària de la societat. Només una societat socialista, en la qual els mitjans de producció estiguin sota control col·lectiu i l’economia s’organitzi en funció de les necessitats socials i no del benefici privat, pot garantir que el coneixement deixi de ser una mercaderia i es converteixi en un patrimoni comú accessible per a tothom.

 

Front els qui pretensen convertir l’educació en un negoci, és necessari reforçar l’organització i la lluita de la classe obrera en tots els fronts. La joventut estudiantil, el professorat i tot el nostre grup compartim el mateix objectiu: posar fi a un sistema que sacrifica el desenvolupament humà en benefici de l’acumulació de capital. En aquesta tasca, el treball dels comunistes resulta fonamental.

 

El Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (PCOC) es solidaritza i dona suport a la lluita dels docents i els recorda la necessitat de construir la unitat de la classe obrera i organitzar la lluita contra totes les formes d’explotació i dominació capitalista. La defensa de l’educació pública forma part d’aquesta lluita general per l’emancipació de la classe obrera i per la construcció d’una societat socialista en la qual la ciència, la cultura i el coneixement estiguin al servei del poble i no dels monopolis. Perquè l’educació no ha de servir per formar força de treball obedient per a les empreses, sinó per desenvolupar plenament les capacitats humanes i contribuir a la construcció conscient d’una societat sense explotadors ni explotats. Defensar l’ educació pública és defensar el futur de la classe obrera. Defensar el socialisme és defensar les condicions materials que fan possible una educació veritablement universal, igualitària i emancipadora.

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)




La apropiación privada del trabajo social como base del capitalismo

La sociedad capitalista se sostiene sobre varias contradicciones irresolubles. Una de ellas reposa en que mientras el trabajo es social, la apropiación de sus frutos es privada. Millones de trabajadores producen colectivamente toda la riqueza existente (en las fábricas, en los campos, en las oficinas, en la logística, en los hospitales y en cada engranaje de la economía), pero el resultado de ese esfuerzo común termina concentrado en manos de una minoría parasitaria que vive de la explotación ajena. El capitalismo convierte el trabajo humano en mercancía y reduce la vida de la clase obrera a una función subordinada a la acumulación de su beneficio privado.

Karl Marx, en su obra “El capital” (1867), explicó este mecanismo mediante el concepto de plusvalía. El trabajador vende su fuerza de trabajo, convertida en mercancía, a cambio de un salario. Pero durante la jornada laboral produce un valor inmensamente superior al que recibe como pago. Esa diferencia entre el valor creado por el obrero y el salario que percibe es la plusvalía, la fuente real de la ganancia capitalista. El capitalista no obtiene riqueza por trabajar más, ni por producir directamente, sino por apropiarse del amplísimo excedente de trabajo generado por quienes sí producen. Así, toda fortuna privada descansa sobre una base colectiva de explotación.

El trabajo bajo el capitalismo se encuentra además disciplinado y militarizado. La fábrica, la oficina y la empresa funcionan como estructuras jerárquicas donde la obediencia, la vigilancia y la subordinación son condiciones permanentes. El tiempo del trabajador deja de pertenecerle y cada minuto es controlado en función de la productividad y del beneficio privado. La tecnología, que podría liberar al ser humano de cargas innecesarias, se utiliza para intensificar la explotación, aumentar la extracción de plusvalía y engrandecer las filas de los desempleados. El desempleo y la precariedad actúan como mecanismos de presión constantes para obligar a la clase obrera a aceptar condiciones cada vez más duras. En este escenario, el que de todo se apropia nada produce. Sumado a que las empresas, como destacamos en la primera línea de este párrafo, funcionan sin necesidad del explotador capitalista, éste no se convierte sólo en un sujeto nefasto para la prosperidad social de los productores, sino en alguien sin función productiva que debe ser extirpado.

Frente a esto, la burguesía aparece como una clase parasitaria, una rémora histórica que nada produce y de todo se apropia. No crea el pan, no levanta edificios, no mueve mercancías, no cura enfermos, no fabrica herramientas y, sin embargo, controla los medios de producción y se adjudica el derecho de disponer del trabajo colectivo de la sociedad. Su riqueza no nace del esfuerzo propio, sino de la apropiación sistemática del esfuerzo ajeno. Mientras la clase obrera produce el mundo, la burguesía se limita a administrar la propiedad y garantizar, mediante el Estado y toda la superestructura, la continuidad de ese saqueo legalizado.

Por eso, esta contradicción del capitalismo no puede resolverse mediante reformas superficiales. Si el trabajo es social, también debe ser social la apropiación de sus frutos. La riqueza producida colectivamente debe pertenecer a quienes la crean. Ese principio constituye la base del socialismo científico que reside en la apropiación social del trabajo social, la planificación democrática de la economía y la eliminación de la explotación del hombre por el hombre.

Pero la burguesía jamás renunciará voluntariamente a sus privilegios. Por eso, la revolución socialista exige organización revolucionaria, conciencia de clase y un partido comunista fuerte, disciplinado y unido a las masas obreras. Sólo una revolución capaz de derribar el poder económico, político e ideológico de los capitalistas puede abrir el camino hacia una sociedad sin explotadores ni explotados. Ese proceso revolucionario, la misión histórica del proletariado, marca el principio del fin histórico de la burguesía y el comienzo de una nueva etapa en la que la humanidad deja atrás la dominación del capital para construir una sociedad basada en la igualdad, la cooperación y el poder de la clase obrera.

Sin una organización disciplinada y arraigada en la clase obrera, la burguesía parasitaria mantendrá su dominio. Esa organización es el partido comunista y es indispensable que dicha organización sea fuerte para organizar a la clase obrera, unificar sus luchas y darle una dirección política capaz de enfrentar el poder económico, político e ideológico de la burguesía. Su función no es sólo resistir, sino construir conciencia de clase, coordinar la acción revolucionaria y preparar las condiciones para transformar la sociedad sobre bases socialistas. Este partido se llama PCOE y te llama a unirte a sus filas para organizar la resistencia y demolición de la apropiación privada capitalista del trabajo social.

 

¡Frente a la apropiación privada del trabajo social, revolución socialista!

¡Por la socialización de los medios de producción!

¡Construye la revolución socialista en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El caso de Zoowoman. La piratería no precariza la industria, lo hace el capitalismo

En octubre de 2021, la Brigada de Delitos Digitales registró el domicilio de Fernando “El Feo”, creador de la web Zoowoman y del canal La Filmoteca Maldita y confiscó sus dispositivos en una operación autorizada judicialmente a raíz de una denuncia impulsada por EGEDA, una empresa de gestión de derechos de productores audiovisuales presidida por Enrique Cerezo desde 1998. La Fiscalía solicita para el acusado una indemnización de 800.000 euros y una pena de prisión de dos años y medio por la difusión de películas a través de Zoowoman, una plataforma que reproducía y preservaba obras descatalogadas, muchas de ellas sin explotación comercial activa y utilizadas con frecuencia en ámbitos educativos y culturales. Según sostiene El Feo, su actividad carecía de ánimo de lucro y respondía únicamente a una labor de conservación y difusión «por amor al arte», sin retribución económica y sin publicidad. La vista oral tuvo lugar el 9 de abril de 2026 en Burgos y está a la espera de sentencia. La semana pasada, los creadores de contenido, analistas y críticos Alejandro G. Calvo y J. Maquiavello denunciaban el caso en el pódcast The Wild Project, el más visto en habla hispana.

El conflicto adquiere una dimensión mayor si se tiene en cuenta la posición de Cerezo dentro de la industria audiovisual española. Además de presidir la entidad demandante, es propietario de Video Mercury Films, distribuidora que controla entre el 70 y el 80 % del catálogo del cine español, con más de 7.000 títulos bajo su gestión. Así pues, podemos decir sin pelos en la lengua que Enrique Cerezo posé el monopolio de la exhibición del cine español. También es presidente del Atlético de Madrid e impulsor de FlixOlé, la plataforma de streaming al estilo de Netflix o Prime Video lanzada en 2020. La denuncia que desembocó en la redada se produjo poco después del lanzamiento de dicha plataforma, cuyo catálogo coincidía en una ínfima parte con el de Zoowoman. Sin embargo, Cerezo no se ha limitado a denunciar por las películas que coincidían con su catálogo, sino que lo ha hecho también por muchas otras producciones, incluyendo obras extranjeras. Para el acusado, la controversia refleja el choque entre dos modelos opuestos de acceso a la cultura: uno basado en la preservación y difusión comunitaria de obras difíciles de encontrar y otro sustentado en la explotación comercial de unos derechos concentrados en manos de grandes operadores del sector.

La lógica mercantilista, es decir, la idea de que lo que se produce debe servir para aumentar el capital, vacía de sentido la cultura, la información o el deporte y los convierte en engranajes de la industria del entretenimiento. Cuando el valor principal de un bien cultural queda reducido a su capacidad de generar beneficios, deja de responder a las necesidades sociales para convertirse en una mercancía restringida. Se priva a gran parte de la clase obrera del acceso a la cultura, la divulgación y la información, se selecciona lo difundible por criterios de rentabilidad y se criminaliza la difusión no lucrativa que persigue otros fines, ya sean educativos, sociales o culturales. En el caso de Zoowoman, la persecución es contra quien democratiza el acceso, mientras que quienes concentran derechos y catálogos actúan como garantes del monopolio.

Respecto a la difusión de los deportes y más concretamente el fútbol, Mediapro ha sido durante aproximadamente diez años la principal responsable de la producción audiovisual de los partidos de LaLiga (primera y segunda división), aunque desde 2025 perdió este contrato tras la adjudicación a HBS y Telefónica. La compañía mantiene activos como Gol Play y otras actividades vinculadas a la comercialización de derechos deportivos, mientras que la emisión de LaLiga se realiza principalmente a través de Movistar Plus+ y DAZN, con paquetes que superan los 80 euros mensuales, dependiendo del operador y la oferta contratada. Cabe destacar que el entramado de canales deportivos constituye uno de los principales impulsores de la actividad de las casas de apuestas. Tras la pérdida de este contrato, Mediapro ha ejecutado un ERE con la salida de 189 trabajadores, cerca del 20 % de la plantilla.

La acusación habitual contra la piratería es que “quita trabajo” a las trabajadoras y trabajadores del sector, pero ya vemos que dicho argumento oculta al verdadero factor de precarización, que no es otro que las propias productoras y las estructuras de la industria. Entre las prácticas que alimentan esta precariedad se encuentran la fragmentación de contratos, las altas en la Seguridad Social al inicio de la jornada y las bajas al finalizarla el mismo día, aun cuando el trabajo sea continuado durante meses, la utilización de contratos por obra y servicio para empleos que se prolongan durante años, como ha ocurrido en empresas como Mediapro (todo ello mientras producía una película crítica con la patronal como El buen patrón de Fernando León de Aranoa) o RTVE, incurriendo en ocasiones en fraude de ley al mantener dichos contratos durante más de tres años para impedir la consolidación de derechos laborales estables. A ello se le suma la figura de los falsos autónomos denunciadas en distintos momentos en empresas y medios como Cadena SER o Los 40 Principales (Prisa), Canal Sur (Radio y Televisión de Andalucía), Euskal Telebista (EiTB) o Telemadrid entre muchos otros casos. A todo éste se le debe añadir subcontratación, jornadas extenuantes, dificultad para encadenar proyectos y largos periodos sin ingresos, así como escuelas de audiovisuales que cobran matrículas elevadas y rematan con prácticas no remuneradas. Todo ello va acompañado de profesionales que se ven obligados a complementar su actividad en la industria audiovisual con trabajos freelance, darse de alta como autónomos, encadenar empleos fuera del sector o dedicarse a la docencia en escuelas audiovisuales «serias» e incluso a la venta de cursos en línea, simplemente porque no pueden vivir exclusivamente de su trabajo en la industria.

Dichas formas de explotación, lejos de ser una excepción, son sistemáticas y garantizan bajos costes y alta movilidad laboral, mientras unos pocos propietarios rentabilizan el catálogo y extraen plusvalía. Las escuelas de audiovisuales o de cine, a menudo conectadas con la industria, reproducen la ilusión del «sueño» profesional para captar mano de obra barata. Cobran cantidades significativas por formación que luego se traduce en prácticas no remuneradas o mal remuneradas y en una red de contactos que favorece el amiguismo y el enchufismo. Así se construye una cantera de trabajadores precarizados que legitiman un sistema que beneficia a quienes controlan la distribución y los derechos.

Así pues, la acusación que algunos sectores de la derecha suelen verter sobre el cine y la televisión, afirmando que están copados por la izquierda o que son especialmente progresistas, es abiertamente falsa. Se trata, de hecho, de una industria altamente elitista a la que se accede estudiando grados o másteres caros y mediante enchufes o apadrinamientos, así como gozando de una situación económica cómoda que permita pasar meses sin trabajar por falta de proyectos, algo que la gran mayoría de la clase obrera no se puede permitir. Además, las subvenciones públicas a las películas españolas no suelen superar el 15 o el 20 % de su financiación anual, siendo generalmente estas producciones las que acaban premiadas y promocionadas.

Televisión Española (RTVE), por ejemplo, suele ofrecer másteres que oscilan entre los 4.500 y los 9.500 euros y que posteriormente permiten entrar como interino en las listas de contratación, aunque nunca llaman demasiadas veces seguidas para evitar la consolidación de trabajadores fijos. Durante la época del procés independentista català se enviaba a cubrir las manifestaciones a becarias, ya que los reporteros veteranos se negaban a asistir debido a la tensión que las siglas RTVE provocaban entre los manifestantes. A los pocos meses, varias de estas becarias acabaron de baja. Otra muestra de la hipocresía del sector se produjo cuando estalló la polémica contra el cocinero Jordi Cruz en 2017, después de que defendiera el modelo de estudiantes en prácticas no remuneradas como un «privilegio formativo». ¿Acaso alguna de estas televisiones, radios o periódicos que se hicieron eco no tienen becarias y becarios trabajando sin remuneración?

Un argumento habitual para justificar la precariedad en la industria es que «no hay hueco para tanta demanda de trabajo». Sin embargo, en 2023 se registraron 375 largometrajes producidos en España —298 producciones nacionales y 77 coproducciones—, según la Estadística de Producción Cinematográfica del ICAA. Esa cifra recoge únicamente largometrajes y no incluye series ni otros proyectos televisivos o de streaming. Además, en 2023 se contabilizaron 49 rodajes internacionales en territorio español que generaron una inversión directa estimada de 197,5 millones de euros. Los incentivos fiscales y las ayudas autonómicas, como el régimen fiscal de Canarias, han sido factores importantes para atraer estos rodajes. Sumando cine, series, publicidad, contenidos de streaming, posproducción y rodajes internacionales, la actividad es sostenida y distribuida a lo largo del año. Por tanto, no falta trabajo en el sector.

Así pues, ningún magnate de la industria cultural, del entretenimiento, del deporte o de las plataformas de contenido puede acusar a nadie de parásito, pues los únicos parásitos que hay aquí son la burguesía que, a través de su entramado explotador, además crea productos audiovisuales que alienan, disgregan y generan falsos espejismos aspiracionales para la clase obrera.

Desde el PCOE expresamos nuestra solidaridad con Fernando «El Feo» ante la represión sufrida y consideramos que la única sentencia que procede es la absolución, acompañada de una indemnización por los perjuicios ocasionados durante estos cinco años. Reafirmamos que la industria audiovisual (cultural, entretenimiento, deporte, etc.) debe estar al servicio de la clase obrera. Pero no únicamente dicho sector, sino también el tecnológico, el de servicios y todos los demás, pues las relaciones de producción capitalistas constituyen hoy un freno para que la mayoría de la sociedad pueda disfrutar plenamente de los beneficios de aquello que produce. El caso de «El Feo» no es solo un proceso judicial, es un síntoma de cómo ningún sector escapa a la concentración de capital cada vez en menos manos, que cercenan el derecho a cubrir necesidades culturales además de mantener a la población alienada, ignorante y consumista. Así mismo, hacemos un llamamiento a los trabajadores y trabajadoras del sector a la lucha sindical de clase para que dejen de jugar con las expectativas vitales y los bolsillos de millones de personas, pues ahora y siempre, la lucha es el único camino.

 

¡Por la unidad de clase!

¡Solidaridad con los que sufren la represión!

Comisión Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Los entresijos del imperialismo yanqui

Lo que a primera vista pudiera parecer una prueba de fuerza del imperialismo yanqui al agredir a Irán, mirado con detenimiento es un síntoma de sus contradicciones y debilidades internas y una muestra de las urgencias que tiene EEUU para sostener su sistema económico en bancarrota. Cuando una potencia hegemónica necesita recurrir cada vez más a la coerción militar para sostener su posición global, eso indica que su dominio económico, político e ideológico ya no es tan estable como antes.

EEUU atraviesa una fase de declive debido a la pérdida de peso industrial frente a China, el endeudamiento masivo, la desigualdad social extrema, la polarización política interna y el desgaste de la legitimidad internacional. En ese marco, el imperialismo yanqui recurre cada vez más a la fuerza militar porque ya no puede sostener su hegemonía mediante el consenso económico y cultural.

Hace más de un siglo, Lenin, en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917) describió al imperialismo como una fase del capitalismo monopolista donde las potencias necesitan controlar recursos, asegurar rutas comerciales y expandir mercados para proteger sus intereses financieros. En ese entramado, Irán, como antes Venezuela, ocupa una enorme posición estratégica por sus reservas de petróleo y gas, su control cercano del Golfo Pérsico unido a su influencia regional y sus amplias conexiones con bloques rivales de EEUU. Desde esta óptica, la confrontación se vuelve indispensable para defender la estructura global del capital estadounidense.

El imperialismo yanqui ya acumula largos episodios donde ha mordido el polvo. Entre los más destacables están Vietnam, Cuba, Irak, Afganistán, Libia, por citar sólo algunos ejemplos, donde se mostró a las claras los enormes límites de su poder imperial. Esto trae aparejado guerras larguísimas, costos gigantescos, amplios sectores de rechazo interno y una flagrante incapacidad de construir estabilidad duradera. En esta tesitura, EEUU necesita abrir nuevos frentes con el aumento de una presión militar desesperada en la que no tiene asegurada la victoria y como señal de alarma de que el tablero internacional se le está escapando de las manos.

Desde esta perspectiva, Irán no se analiza aisladamente, sino dentro de un bloque de resistencias parciales al imperialismo yanqui que se caracterizan por el acercamiento a China, la cooperación con Rusia, las organizaciones alternativas como los BRICS y, muy importante, el comercio fuera del dólar. La existencia de potencias capaces de desafiar sanciones y presión militar indicaría que el momento unipolar, posterior a la Guerra Fría, se está erosionando. Llegados a este punto, EEUU intenta gestionar las contradicciones internas del capitalismo escorándose abiertamente hacia el fascismo para desviar el malestar social y justificar el aumento del gasto militar en un intento de reforzar el control político.

En resumen, la agresión contra Irán pasa de ser una demostración de omnipotencia del imperialismo yanqui, a una evidencia de una profunda crisis de hegemonía debido al agotamiento del orden unipolar que lleva aparejada la necesidad creciente de coerción, para sostener un poco más las contradicciones estructurales del capitalismo imperialista.

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Una nueva infiltración policial en el movimiento obrero en Cataluña [ESP/CAT]

La infiltración policial en espacios de organismos de la clase obrera – ya sea de índole social o sindical – vuelve periódicamente al centro del debate político en Cataluña y el resto del Estado español y reabren una cuestión de fondo: ¿hasta qué punto un estado que se proclama democrático puede justificar las infiltraciones y otros mecanismos de control y represión sobre órganos proletarios que ejercen sus derechos políticos y sindicales? La comparecencia en el Parlament de Josep Lluís Trapero y Núria Parlon ha intentado responder parcialmente a esa inquietud pública, no disipando las críticas sobre la opacidad institucional y el control político realizado por las fuerzas policiales.

La infiltración de policías en asambleas de docentes no puede analizarse como un hecho aislado, ni meramente técnico. Las asambleas sindicales y educativas son espacios de deliberación colectiva donde los trabajadores organizan sus reivindicaciones laborales, discuten tácticas y estrategias de movilización y construyen solidaridad. La introducción encubierta de agentes del Estado en estos espacios altera inevitablemente la confianza interna y genera un efecto de intimidación política. El estado burgués suele justificar estas prácticas en nombre de la prevención de desórdenes o de la seguridad pública, retratando su naturaleza antiobrera, buscando abonar el terreno para la desvertebración y la represión de la lucha organizada del proletariado y dejando, bien patente, la médula espinal reaccionaria de este estado franquista travestido de democracia gracias a la traición que supuso la Transición.

Históricamente, la infiltración policial ha sido una herramienta recurrente contra el movimiento obrero. Desde finales del siglo XIX, numerosos estados europeos desarrollaron brigadas especializadas en vigilar sindicatos, partidos obreros y organizaciones revolucionarias. El objetivo no era prevenir actos violentos (la clase que tiene el monopolio de la violencia es la burguesía a través de su estado), sino conocer anticipadamente huelgas para reventarlas y reprimirlas, identificar dirigentes y romper la organización de la clase proletaria. Durante el franquismo, esta lógica alcanzó niveles sistemáticos mediante la Brigada Político-Social que se sostienen en el tiempo. La vigilancia sobre organizaciones obreras nunca ha desaparecido, sino que ha adoptado formas más sofisticadas.

El problema central es político. En las “democracias” burguesas, la policía aparece como garante neutral del orden público; pero en la práctica, numerosos episodios históricos muestran que los cuerpos policiales intervienen para proteger los intereses económicos y políticos del capital y, para ello, no vacilan en perseguir y reprimir a la clase obrera. Este carácter de clase del estado burgués explica el porqué de las infiltraciones contra los movimientos sindicales, obreros y revolucionarios de la clase proletaria.

La comparecencia parlamentaria de Trapero y Parlon, otro gobierno de la “izquierda”, evidenció precisamente esa tensión. Por un lado, ambos insistieron en la legalidad de las actuaciones policiales y en la necesidad de preservar herramientas de inteligencia, contra la clase obrera a la que, de facto, no la considera ciudadanía sino enemigo de clase. Por otro, diversos grupos parlamentarios y organizaciones sociales cuestionaron la falta de control democrático y la ausencia de límites claros sobre qué tipo de espacios pueden ser objeto de infiltración. El debate no se reduce a una cuestión jurídica, sino a una cuestión de legitimidad democrática: ¿puede considerarse plenamente libre una organización social que sospecha estar permanentemente observada por el aparato estatal?

Estas discusiones conectan con reflexiones clásicas sobre la naturaleza del Estado, particularmente las formuladas por Lenin en su obra “El Estado y la revolución” (1917). En esta obra, Lenin retoma ideas de Marx y Engels para definir el Estado no como una institución neutral al servicio del conjunto de la sociedad, sino como un instrumento de dominación de clase. El Estado surge cuando las contradicciones entre las clases sociales se vuelven irreconciliables y se necesita un aparato especial de coerción —ejército, policía, tribunales, burocracia— para mantener un determinado orden social. Lenin sostiene que las democracias burguesas, por pertenecer el estado a esta determinada clase social, conservan este carácter de clase, aunque lo presenten bajo formas representativas y legales. Para él, la policía y el aparato administrativo no son órganos neutrales, sino mecanismos destinados a garantizar la reproducción del poder económico dominante. Por eso critica la idea reformista de que el Estado puede transformarse gradualmente en una herramienta imparcial, aquí tenemos la última prueba, y plantea que la clase obrera debe destruir el aparato estatal burgués y sustituirlo por nuevas formas de poder popular.

El análisis de Lenin es indispensable para interpretar debates contemporáneos sobre vigilancia e infiltración. La sospecha hacia las actuaciones policiales en movimientos obreros no nace únicamente de casos concretos, sino de una concepción más amplia según la cual el Estado tiende a priorizar los intereses de la clase social dominante. Cuando docentes, sindicatos o movimientos populares descubren la presencia de infiltrados, muchos interpretan el hecho no como una excepción, sino como una manifestación estructural de esa lógica estatal.

En definitiva, la controversia sobre las infiltraciones de los Mossos d’Esquadra no es solo un debate sobre protocolos policiales. Es una demostración flagrante del carácter de clase del Estado español en cualquiera de sus estamentos y una demostración práctica de la definición leninista del estado como una organización para ejercer violencia de una clase sobre la otra. Esta nueva infiltración policial es un ataque frontal del poder estatal burgués contra las organizaciones obreras, donde se difuminan los límites del poder estatal, el derecho a la organización política y sindical, y queda en evidencia el carácter reaccionario de las instituciones.

La clase obrera jamás podrá ejercer sus derechos democráticos en el sistema capitalista ni dentro del estado que éste eleva. La única vía que la clase obrera tiene para conquistar plenamente sus derechos, para emanciparse como clase social, pasa por la organización revolucionaria del proletariado, pasa por fortalecer el Partido, pasa por acabar con el capitalismo y construir el socialismo.

 

¡Contra su violencia, más organización!

¡En defensa de la educación pública, milita en el PCOC!

¡Por la dictadura del proletariado, por el Socialismo!

 

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)

 

Una nova infiltració policial al moviment obrer a Catalunya

 

La infiltració policial en espais d’organitzacions de la classe treballadora – ja sigui de caràcter social o sindical – torna a ser un tema central en el debat polític a Catalunya i a la resta de l’Estat espanyol, i reobre una qüestió fonamental: fins a quin punt un estat que es proclama democràtic pot justificar les infiltracions i altres mecanismes de control i repressió sobre els organismes proletaris que exerceixen els seus drets polítics i sindicals? La compareixença al Parlament de Josep Lluís Trapero i Núria Parlon ha intentat respondre parcialment a aquesta preocupació, sense dissipar les crítiques sobre la opacitat institucional i el control polític realitzat per les forces policials.

La infiltració de policies en assemblees de docents no pot ser analitzada com un fet aïllat, ni només tècnic. Les assemblees sindicals i educatives són espais de deliberació col·lectiva on els treballadors organitzen les seves reivindicacions laborals, discuteixen tàctiques i estratègies de mobilització i construeixen solidaritat. La introducció encoberta d’agents de l’estat en aquests espais altera inevitablement la confiança interna i genera un efecte d’intimidació política. L’estat burgès sol justificar aquestes pràctiques en nom de la prevenció de desordres o de la seguretat pública, retratant la seva naturalesa antiobrera, buscant abonar el terreny per a la desvertebració i la repressió de la lluita organitzada del proletariat i deixant, de manera clara, la medul·la espinal reaccionària d’aquest estat franquista transvestit de democràcia gràcies a la traïció que va suposar la transició.

Històricament, la infiltració policial ha estat una eina recurrent contra el moviment obrer. Des de finals del segle XIX, diversos estats europeus van desenvolupar brigades especialitzades per vigilar els sindicats, els partits obrers i les organitzacions revolucionàries. L’objectiu no era prevenir actes violents (la classe que té el monopoli de la violència és la burgesia a través del seu estat), sinó conèixer anticipadament les vagues per rebentar-les i reprimir-les, identificar els líders i trencar l’organització de la classe proletària. Durant el franquisme, aquesta lògica va arribar a nivells sistemàtics mitjançant la Brigada Político-Social, que es mantenen en el temps. La vigilància sobre les organitzacions obreres mai no ha desaparegut, sinó que s’ha adoptat formes més

sofisticades.

El problema central és polític. En les “democràcies” burgeses, la policia apareix com a garant de l’ordre públic; però en la pràctica, diversos episodis històrics mostren que els cossos policials intervenen per protegir els interessos econòmics i polítics del capital, i per a això, no vacil·len per perseguir i reprimir la classe treballadora. Aquest caràcter de classe de l’estat burgès explica el perquè de les infiltracions contra els moviments sindicals, obrers i revolucionaris de la classe proletària.

La compareixença parlamentària de Trapero i Parlon, un altre govern de la “esquerra”, va evidenciar precisament aquesta tensió. Per un costat, tots dos van insistir en la legalitat de les actuacions policials i en la necessitat de preservar les eines d’intel·ligència contra la classe treballadora, a la qual, de facto, no la consideren ciutadania, sinó enemic de classe. Per altre costat, diversos grups parlamentaris i organitzacions socials van qüestionar la manca de control democràtic i l’absència de límits clars sobre quins tipus d’espais poden ser objecte d’infiltració. El debat no es redueix a una qüestió jurídica, sinó a una qüestió de legitimitat democràtica: pot considerar-se plenament lliure una organització social que sospita que està permanentment observada per l’aparell estatal?

Aquestes discussions connecten amb reflexions clàssiques sobre la naturalesa de l estat, particularment les formulades per Lenin en la seva obra “L’Estat i la revolució” (1917). En aquesta obra, Lenin reprèn idees de Marx i Engels per definir l’estat no com a institució neutral al servei de tot la societat, sinó com a instrument de dominació de classe. L’estat surt quan les contradiccions entre les classes socials es converteixen en irreconciliables i es necessita un aparell especial de coerció – exèrcit, policia, tribunals, burocràcia – per mantenir un determinat ordre social. Lenin argumenta que les democràcies burgeses, per pertànyer l’estat a aquesta determinada classe social, conserven aquest caràcter de classe, encara que el presentin sota formes representatives i legals. Per a ell, la policia i l’aparell administratiu no són òrgans neutrals, sinó mecanismes destinats a garantir la reproducció del poder econòmic dominant. Per això critica la idea reformista que l’estat pot transformar-se gradualment en una eina imparcial. Aquí tenim la prova final. Per tant, planteja que la classe treballadora ha de destruir l’aparell estatal burgès i substituir-lo per noves formes de poder popular.

L’anàlisi de Lenin és indispensable per interpretar debats contemporanis sobre vigilància i infiltració. La sospita envers les actuacions policials en moviments obrers no neix únicament de casos concrets, sinó d’una concepció més àmplia segons la qual l’estat tendeix a prioritzar els interessos de la classe social dominant. Quan docents, sindicats o moviments populars descobreixen la presència d’infiltrats, molts interpreten això no com a excepcionalitat, sinó com a manifestació estructural d’aquesta lògica estatal.

En definitiva, la controvèrsia sobre les infiltracions dels Mossos d’Esquadra no és només un debat sobre protocols policials. És una demostració flagrant del caràcter de classe de l’estat espanyol en qualsevol dels seus estaments i és una demostració pràctica de la definició leninista de l’estat com a organització per exercir violència d’una classe sobre una altra. Aquesta nova infiltració policial és un atac frontal del poder estatal burgès contra les organitzacions obreres, on es difuminen els límits del poder estatal, el dret a l’organització política i sindical, i queda en evidència el caràcter reaccionari de les institucions.

La classe treballadora mai podrà exercir els seus drets democràtics en el sistema capitalista ni dins de l’estat que aquest eleva. L’única via que la classe treballadora té per conquerir plenament els seus drets, per emancipar-se com a classe social, passa per l’organització revolucionària del proletariat, passa per reforçar el Partit, passa per acabar amb el capitalisme i construir el socialisme.

 

Contra la seva violència, més organització!

En defensa de l’educació pública, milita el PCOC!

Per la dictadura del proletariat, pel Socialisme!

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)




Los tentáculos del sionismo llegan a Euskal Herria [ESP/EUS]

El pasado 23 de mayo unos activistas, miembros de la Global Sumud Flotilla, retornaban tras su detención ilegal en aguas internacionales por parte del ente sionista de Israel, un viaje de vuelta atrasado debido a las lesiones de al menos dos de sus miembros a causa de la más que normalizada y blanqueada acción de maltrato por parte de los secuestradores sionistas. A su llegada, había organizado un acto de bienvenida, y apenas llegaron estos a donde se hallaba dicho acto, la policía empezó a cargar con porrazos contra los activistas, los cuales ya venían de sufrir la tortura por parte del Estado genocida.

En palabras del Departamento Vasco de Seguridad, la Jefatura de Asuntos Internos de la Ertzaintza ha puesto en marcha una investigación para determinar “si los agentes actuaban dentro del protocolo”. ¿Dentro del protocolo entra la posibilidad de cargar de forma violenta contra personas que están pacíficamente celebrando su llegada con un acto de bienvenida en solidaridad con las mismas? Sin embargo, son bien sabidas las conexiones de la Ertzaintza y del Gobierno Vasco con el sionismo. Ahí están informes como el de “Estrategia de Internacionalización 2020” donde se señala que “en Oriente Medio, Israel constituye un socio preferente del que aprender”, o cuando la Federación de Cooperativas Agroalimentarias de Euskadi organizó un viaje para “profundizar en el conocimiento del Kibutz” y en el que participó el viceconsejero de Trabajo del Gobierno Vasco, Jon Akue. Este último viaje estaba promovido por la Asociación Cultural Euskadi-Israel, liderada por Laurence Franks, a su vez presidente del Fondo Nacional Judío, una de las principales herramientas de colonización sionista de Palestina. También se puede hablar del suministro de diversas cámaras de vigilancia a la Consejería de Interior del Gobierno Vasco y venta de micrófonos del tamaño de un alfiler a la Ertzaintza durante la década de los 90. Y como no, tenemos el caso del grupo ferroviario vasco (CAF) que ha colaborado en el desarrollo de líneas de tren ligero entre Jerusalén Oeste y los asentamientos colonos en Cisjordania.

Esto, junto a la compraventa de armamento por parte del Estado español con Israel y acciones represivas como la de la policía alemana (te pueden detener por el hecho de pronunciar el lema “desde el río hasta el mar”) más diferentes políticos de la UE justificando el genocidio contra el pueblo palestino, deja bien claro el compromiso del bloque imperialista de Estados Unidos y sus adláteres, para con el estado sionista, el cual es su punta de lanza en Oriente Medio. Ojo, esto no significa que vaya a caer por acción del grupo BRICS, tan sólo hay que ver como los dos grandes integrantes, Rusia y China, mantienen relaciones con el apartheid sionista, y además, teniendo en cuenta la situación de bancarrota del capitalismo, con una economía mundial totalmente interdependiente, a la oligarquía de dichos países no les interesa terminar con la economía de Estados Unidos (que podrían) viendo el riesgo para su extracción de plusvalía. O lo que es lo mismo, se niegan a dar el golpe de gracia al imperialismo en favor de la clase obrera de los distintos pueblos (incluyendo aquella que compone el pueblo palestino) porque al final forman parte del mismo imperialismo.

En conclusión, lo único que queda es organizar al proletariado en nuestros países para acabar con el sionismo. Es la mejor forma de socorrer al proletariado en Palestina, terminar con la oligarquía de nuestra zona es cerrar de alguna forma el grifo a Israel, tan sólo hay que ver como reaccionaron pidiendo ayuda desesperadamente a sus amos porque Irán apenas había tirado unos misiles en territorio de los sionistas. La clase obrera en los países de la UE y en Estados Unidos tenemos ese cometido, de esta forma, los colonos perderán su principal punto de apoyo.

Para esto es indispensable la reedición una nueva Internacional Comunista, es decir, la construcción de un único partido a nivel mundial construido por y para la clase obrera, con sus diferentes secciones por cada nación política con o sin estado. Sólo con una Revolución Proletaria Mundial obtendrá el pueblo trabajador en Palestina el derecho a la autodeterminación, a la separación política en un estado propio.

 

¡Por un estado único palestino!

¡Abajo el genocidio!

¡Socialismo o barbarie!

Comité Nacional de Euskal Herria del Partido Comunista Obrero Español

Sionismoaren garroak Euskal Herrira heldu dira

 

Joan den maiatzaren 23an, ekintzaile batzuk, Global Sumud Flotillako kideak, Israelgo erakunde sionistak nazioarteko uretan legez kanpo atxilotu ondoren, itzulerako bidaia atzeratu bat egiten ari ziren, gutxienez bi kideren lesioen ondorioz, bahitzaile sionistek egindako tratu txarren ekintza normalizatu eta zuritu baten ondorioz. Heldu zirenean, ongietorri ekitaldi bat antolatua zuen, eta haiek ekitaldia egiten ari zen tokira iritsi bezain laster, polizia aktibisten aurka oldartu zen porrekin, zeinek jada estatu genozidaren torturak pairatu baitzituzten.

Euskal Segurtasun Sailaren hitzetan, Ertzaintzaren Barne Arazoetarako Burutzak ikerketa bat abiatu du, “agenteek protokoloaren barruan jardun ote zuten” zehazteko. Protokoloaren barruan sartzen al da beren etorrera modu baketsuan ospatzen ari diren pertsonen aurka indarkeriaz kargatzeko aukera, pertsona horiei elkartasuna adierazteko ongietorri ekitaldi batekin? Hala ere, Ertzaintzak eta Eusko Jaurlaritzak sionismoarekin duten lotura jakina da. Hor daude, besteak beste, “Nazioartekotze Estrategia 2020”, non adierazten den “Ekialde Hurbilean, Israel ikasi beharreko lehentasunezko bazkidea dela”, edo Euskadiko Nekazaritzako Elikagaien Kooperatiben Federazioak “Kibutzaren ezagutzan sakontzeko” bidaia bat antolatu zuenean, non Eusko Jaurlaritzako Laneko sailburuorde Jon Akuek parte hartu baitzuen. Azken bidaia hori Euskadi-Israel Kultur Elkarteak sustatzen zuen, Laurence Franks buru zuela, eta, aldi berean, Funts Nazional Juduaren presidentea zen, Palestinako kolonizazio sionistaren tresna nagusietako bat. Era berean, Eusko Jaurlaritzako Herrizaingo Sailari zaintza-kamerak hornitzeaz eta Ertzaintzari orratz baten tamainako mikrofonoak saltzeaz hitz egin daiteke 90eko hamarkadan. Eta, nola ez, euskal trenbide-taldearen (CAF) kasua dugu, Mendebaldeko Jerusalemen eta Zisjordaniako kolonoen kokalekuen artean tren arineko lineak garatzen lagundu duena.

Horrek, espainiar Estatuak Israelekin  egindako armamentuaren salerosketarekin eta Alemaniako poliziarena bezalako ekintza errepresiboekin batera (atxilotu zaitzakete “ibaitik itsasoraino” leloa esateagatik), EBko politikari desberdinagoak, palestinar herriaren aurkako genozidioa justifikatuz, argi uzten du Estatu Batuetako bloke inperialistak eta bere adlerrek sionista estatuarekin duten konpromisoa, Ekialde Hurbilean duen lantza punta baita. Kontuz, horrek ez du esan nahi BRICS taldearen eraginez eroriko denik, bi kide handiek, Errusiak eta Txinak, apartheid sionistarekin harremanak dituztela ikustea besterik ez dago, eta gainera, kapitalismoaren porrot-egoera kontuan hartuta, mundu mailako ekonomia guztiz interdependentea izanik, herrialde horietako oligarkiari ez zaio interesatzen Estatu Batuetako ekonomiarekin amaitzea (izan lezakete), gainbalioa ateratzeko arriskua ikusita. Edo, bestela esanda, uko egiten diote inperialismoari graziazko kolpea emateari herri ezberdinetako langile-klasearen alde (herri palestinarra osatzen duena barne), azkenean inperialismo beraren parte direlako.

Laburbilduz, geratzen den gauza bakarra da gure herrialdeetan proletarioak antolatzea sionismoarekin amaitzeko. Palestinako proletarioei laguntzeko modurik onena da. Gure inguruko oligarkiarekin amaitzea Israeli iturria ixtea da nolabait. Ikusi besterik ez da egin behar nola erantzun zuten ugazabei etsi-etsian laguntza eskatuz, Iranek ozta-ozta bota baitzituen misilak sionisten lurraldean. Langile klaseak EBko herrialdeetan eta Estatu Batuetan zeregin hori dugu; horrela, kolonoek beren laguntza-gune nagusia galduko dute.

Horretarako ezinbestekoa da Internazional Komunista berri bat berrargitaratzea, hau da, langile klaseak eta langileriarentzat eraikitako mundu mailako alderdi bakar bat eraikitzea, estaturik duen edo ez duen nazio politiko bakoitzak bere atalak dituela. Mundu Iraultza Proletario batekin bakarrik lortuko du herri langileak Palestinan autodeterminaziorako eskubidea, banaketa politikorako eskubidea estatu propio batean.

 

Estatu palestinar bakar baten alde!

Behera genozidioa!

Sozialismoa ala basakeria!

PCOEren Euskal Herriko Batzorde Nazionala




La ofensiva burguesa contra la educación y la sanidad

Los ataques contra la educación y la sanidad públicas en Madrid no son hechos aislados ni errores de gestión. Son la expresión directa del capitalismo y de sus administradores políticos. Mientras miles de profesores salen a las calles denunciando el deterioro de la enseñanza pública y las condiciones cada vez más precarias en colegios, institutos y universidades, los trabajadores de la sanidad privada vinculada a Quirón se ven obligados a ir a la huelga ante la creciente explotación y el enriquecimiento de las empresas sanitarias que reciben dinero público.

El mismo Gobierno que habla de “libertad” condena a la juventud obrera a aulas masificadas, precariedad educativa y deterioro cultural. Al mismo tiempo, desvía millones hacia empresas privadas de la sanidad. No son dos conflictos diferentes. Es el mismo mecanismo capitalista actuando sobre los servicios esenciales de la clase trabajadora.

La burguesía necesita destruir poco a poco lo público para convertir los derechos conseguidos tras décadas de lucha obrera en nuevos sectores de beneficio privado. Primero destruyen los servicios públicos, luego justifican su privatización y finalmente entregan sectores enteros a empresarios y fondos parásitos que viven de la necesidad y del sufrimiento de la gran mayoría. La educación se convierte en un medio para producir trabajadores dóciles donde el objetivo no es formar, sino sacar un rédito económico y la sanidad se transforma en mercancía.

Mientras tanto, los trabajadores de ambos sectores llevan sobre sus espaldas jornadas insoportables, salarios insuficientes y plantillas cada vez más debilitadas. Profesores y sanitarios tienen al mismo enemigo de clase: un sistema económico incapaz de garantizar condiciones dignas incluso en áreas fundamentales para la vida humana.

Frente a esta situación, la clase obrera no puede limitarse a la indignación pasiva ni a confiar en quienes gestionan el mismo sistema que provoca el problema. Solo la organización combativa, la unidad entre los comunistas y la clase obrera de todos los sectores y la recuperación de una política auténticamente obrera y marxista pueden enfrentar la destrucción planificada de los servicios públicos.

Cada escuela abandonada y cada hospital privatizado son una prueba de que el capitalismo solo ofrece decadencia social, precariedad y saqueo.

La lucha por la educación y la sanidad públicas es inseparable de la lucha contra el dominio de la burguesía y contra un sistema construido para enriquecer a una minoría a costa de la mayoría trabajadora.

 

¡Socialismo o barbarie!

Comité Regional del PCOE en Madrid