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RESOLUCIÓN DEL VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PCOE SOBRE LAS PROTESTAS EN FRANCIA: A LA VANGUARDIA DE LA PROTESTA SOCIAL EN EUROPA

Los estados europeos comienzan a sufrir un colapso económico y de deuda. Francia, Alemania o Italia, a la cabeza de este inicio de crisis, están promoviendo políticas antiobreras con la excusa de la contención del déficit, paso previo a la crisis abierta y reconocible que traerá de nuevo las penalidades ya sufridas por la clase obrera hace 18 años.

El Gobierno francés de Lecornu tiene por objetivo aprobar el ajuste de 54 mil millones de euros que afectará al pueblo trabajador con congelación salarial, recortes en pensiones, recortes sanitarios y en bajas médicas y congelación de gastos para los ayuntamientos.

La clase obrera ha respondido uniéndose a las movilizaciones ya en marcha por las mejoras en educación, saliendo en masa a las calles para defender sus derechos y oponerse a los planes de recortes de servicios públicos y salarios.

Respecto a esta situación, el VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español resuelve:

  1. El Partido Comunista Obrero Español apoya las movilizaciones de la clase obrera francesa y aplaude la unidad de trabajadores de muchas ramas, jubilados, sindicalistas y estudiantes en un solo frente de protesta, animando al resto de sectores de la clase obrera a unirse a ellos en defensa de los derechos del proletariado francés.
  2. Advertimos a la clase obrera francesa, asimismo, de la necesidad de organizarse políticamente de forma independiente, luchando por sus propios intereses, con su propio partido y dirigentes. Los partidos políticos socialdemócratas del arco parlamentario francés no pueden capitalizar el movimiento, bajo riesgo de la desmovilización y fracaso del mismo.

Solo la unidad de la clase trabajadora bajo la dirección de un Partido Comunista que dirija con ímpetu revolucionario el movimiento obrero en Francia garantizará el éxito de las reivindicaciones proletarias, cuya máxima aspiración es la socialización de los medios de producción y la instauración de la Dictadura del Proletariado.

 

¡Socialismo o barbarie!

 

Madrid, a 3 de octubre de 2026

VII PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL  PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




Acerca del XXIV EIPCO celebrado en La Habana

Los días 7, 8 y 9 de agosto de 2026, en La Habana, se celebró el XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO) bajo el eslogan “Defender y honrar el legado de la Revolución Cubana en el centenario del nacimiento de Fidel; profundizar la solidaridad con la Cuba socialista; fortalecer nuestras acciones conjuntas; y unir nuestras fuerzas por la paz y contra la agresión imperialista”. Un encuentro que, según los propios organizadores, reunió a “representantes de 48 partidos políticos de todos los continentes” (Granma.cu).

Nuestro Partido, que no forma parte del EIPCO, ha estudiado de manera detenida los documentos emanados del XXIV Encuentro, como son su Declaración Final y su Plan de Acción, así como las aportaciones realizadas por diferentes partidos a dicho encuentro; documentos que demuestran que esta parte del movimiento comunista internacional sigue reiterando los posicionamientos de Encuentros pasados, ya criticados por nuestro Partido.

La Declaración Final del XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, ampliamente condena el genocidio perpetrado por EEUU durante décadas contra el pueblo cubano en forma de bloqueo, así como el resto de políticas de agresión imperialistas perpetradas por los EEUU, además de honrar la figura del líder comunista cubano Fidel Castro y expresar la solidaridad con el Partido Comunista de Cuba y el pueblo cubano. Cuestiones todas ellas que, evidentemente, todo el que se precie de abrazar el más elemental humanismo debe compartir y apoyar.

A pesar de lo anteriormente mencionado, hemos de señalar que tanto la Declaración Final como sus acuerdos, entre los que se encuentran las tareas prácticas contenidas en el documento de Plan de Acción para alcanzar satisfacer dichos acuerdos, decepcionan en tanto muestran que esa parte del movimiento comunista internacional sigue adoleciendo de un análisis dialéctico de la realidad, sigue sin analizar la situación terminal del imperialismo como consecuencia de los cambios que se están produciendo en la base económica, del desarrollo de la automatización, los cuales tienen un reflejo en la superestructura, siendo la consecuencia de dicha forma de analizar, alejada del marxismo-leninismo, el apartamiento de la vía revolucionaria para la superación del capitalismo en su fase actual de putrefacción, pues únicamente por esta vía el sujeto revolucionario – el proletariado – puede apropiarse de la propiedad de los medios de producción y construir un mundo nuevo a su imagen y semejanza, liberando a la humanidad de la explotación capitalista.

Dichos partidos comunistas pertenecientes al EIPCO “Reconocen la complejidad del actual contexto internacional y la amenaza que constituye la política agresiva e injerencista de Estados Unidos y otras potencias imperialistas, en el marco del sistema imperialista y de las relaciones de rivalidad/concertación que lo atraviesan, para la defensa de la soberanía, la independencia y la libre determinación de nuestros pueblos, para eliminar la explotación del hombre por el hombre y acabar con las causas de las guerras imperialistas, la pobreza y la opresión de los pueblos; así como garantizar la protección del medio ambiente”, y por ello apelan y “Subrayan la importancia de la unidad, la solidaridad y la cooperación entre los partidos comunistas y obreros, como vía fundamental para lograr una respuesta contundente al incremento de las desigualdades y la explotación en los países capitalistas en todo el mundo, así como la agudización de las rivalidades y contradicciones en el seno del propio sistema imperialista, y la ofensiva belicista dirigida por Estados Unidos que está provocando nuevas agresiones y conflictos.” pero, realmente, nada plantean para construir la unidad de los comunistas, nada señalan para conformar una internacional comunista que aglutine a la fuerza comunista mundial y que la organice para la materialización de la revolución proletaria, tejiendo la unidad comunista estado a estado y luchando la organización resultante, junto con el proletariado, en la abolición revolucionaria de los estados capitalistas; esto es, rompiendo la cadena imperialista eslabón a eslabón.

“La clase obrera necesita la unidad. Pero la unidad sólo puede realizarla una organización única cuyas decisiones sean escrupulosamente cumplidas por todos los obreros conscientes. Discutir una cuestión, expresar ese criterio en una decisión adoptada por delegados y cumplirla honestamente: eso es lo que la gente razonable de todo el mundo llama unidad. Tal unidad es infinitamente preciosa e infinitamente importante para la clase obrera. Desunidos los obreros no son nada. Unidos lo son todo” (V.I. Lenin. Obras Completas. Tomo XXIV pp.206-207).

El XXIV EIPCO hace retórica sobre la unidad, pero nada concreta sobre el cómo organizarla y, sin “una organización unitaria cuyas decisiones sean escrupulosamente cumplidas por todos los obreros conscientes”, esto es, sean cumplidas por los comunistas, no hay unidad alguna.  “¡La unidad es una gran obra y una gran consigna! Pero la causa obrera necesita la unidad de los marxistas y no la unidad de los marxistas con los enemigos y falseadores del marxismo” (V.I. Lenin. Obras Completas. Tomo XXV p.82). A dicho Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros han acudido, desde el Estado español cuatro organizaciones diferentes: PCE, PCTE, PCPE y Comunistes de Catalunya. Todas esas organizaciones han suscrito tanto el Plan de Acción como la Declaración Final. Si todas ellas llevaran a la práctica lo que han firmado, si realmente cumplieran con esos acuerdos en los términos de lo que es la unidad según el marxismo-leninismo, no deberían tener problema alguno para ser una única organización, un único partido.

Pese a eso, no sólo no se unen entre ellos, aun cuando son fundamentalmente lo mismo, sino que incluso entre ellos sus relaciones no son, tan siquiera, amistosas. Todos ellos han firmado “Impulsar el movimiento de solidaridad con los pueblos contra la agresión imperialista, las luchas de la clase obrera y de los pueblos de todo el mundo, honrar la historia del movimiento comunista y de las luchas de clase” pero, sin embargo, uno de esos partidos firmantes forma parte de un gobierno que ha incrementado los presupuestos militares, que es firme defensor de la OTAN y partidario de armar y dar fondos al estado fascista de Ucrania.

Todos ellos han firmado “Oponerse a las guerras imperialistas, la carrera armamentista, incluidas las armas nucleares y las bases militares extranjeras y rechazar todas las prácticas de la OTAN, que intensificó sus preparativos para la guerra en la última Cumbre de la OTAN en Ankara. En este contexto, aumentar la propaganda y la movilización de clase contra la expansión y la agresión de la OTAN en todo el mundo; oponerse a la participación de la OTAN y sus aliados en las guerras de Ucrania e Irán y en la agresión de Israel contra el pueblo palestino; fortalecer la lucha por la retirada de la OTAN y su disolución; organizar eventos antiimperialistas y contra la guerra el 21 de septiembre, Día Mundial de la Paz; y apoyar los esfuerzos del Consejo Mundial de la Paz.” y, sin embargo, uno de los firmantes forma parte de un gobierno que participó en la Cumbre de la OTAN celebrada en Ankara donde, aparte de mostrar su inquebrantable compromiso con dicha organización criminal y apoyar sin fisuras al estado fascista ucraniano, se ha sumado a las Fuerzas Terrestres Avanzadas de la OTAN en Finlandia, o lo que es lo mismo, dando pasos para que la guerra entre la OTAN  y Rusia escale todavía más. Por no hablar de los supuestos actos y eventos a celebrar el 21 de septiembre que se comprometieron a realizar y que han brillado por su ausencia.

Todos ellos han firmado “Lograr la acción conjunta de los Partidos Comunistas y Obreros y sus organizaciones afiliadas para fortalecer las organizaciones internacionales antiimperialistas, en particular la Federación Sindical Mundial (FSM)”; sin embargo, para estos firmantes su referencia sindical son las CCOO, donde todos ellos tienen a dirigentes en dicho sindicato perteneciente a la CSI, la internacional sindical de los monopolios y de la corrupción, véase el caso Qatargate. Mención especial merece en este punto el PCPE, con dirigentes intermedios en CCOO, y donde una minoría de sus cuadros – sin ninguna influencia en los centros de trabajo, pues la  mayor parte de ellos son, incluso, ajenos a éstos – dentro de algunos sindicatos pequeños de la FSM en el Estado español se dedican a perseguir y expulsar a comunistas actuando como lo que son, oportunistas, no dudando en aliarse con reaccionarios y trotskistas para arremeter contra comunistas y obreros avanzados practicando un parasitismo vergonzoso. Sin duda alguna, una de las rémoras que tiene la FSM para poder despegar en el estado español es, sin duda, el PCPE y su actuar trotskista. Es, cuanto menos, cínico  que haya partidos como el PCPE que firmen que hay que “Fortalecer el trabajo sindical con orientación de clase reconstruyendo las bases organizadas en los centros de trabajo” cuando tienen dirigentes medios en CCOO, sindicato que ha destruido y desmantelado las bases organizadas en los centros de trabajo; cuando hacen chiringuitos sindicales para tratar de controlar a la FSM en el Estado español no mediante la presencia e influencia en los centros de trabajo sino a través de la división sindical; y cuando expulsan a comunistas que tienen un mayor entronque en el movimiento obrero que falaces “dirigentes” septuagenarios unos, y maniobreros incapaces de construir absolutamente en los centros de trabajo organización sindical de ningún tipo, otros.

Lo que sí que queda claro, a tenor de lo mencionado, es que lo firmado en el XXIV EIPCO es papel mojado, no tiene valor, ya que acuerdan unas cosas y después hacen, al menos en el Estado español, lo que les viene en gana a cada uno de ellos omitiendo lo que han acordado en cada encuentro internacional.

A lo largo de la Declaración Final del XXIV EIPCO predomina la solidaridad con el Partido Comunista Cubano y con su pueblo, la enumeración de las agresiones perpetradas por la potencia más asesina de la historia, EEUU; y para materializar dicha solidaridad y apoyo a la Revolución Cubana, su pueblo y su Partido, así como contra el imperialismo y el fascismo que éste engendra, enumerando una serie de acciones en el Plan de Acción tales como: “Denunciar la inclusión arbitraria de Cuba en la lista de EE.UU de estados supuestamente patrocinadores del terrorismo y contra la injerencia en sus asuntos internos. Expresar el apoyo y acompañamiento al pueblo cubano y al Partido Comunista de Cuba para el levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo económico, comercial, financiero y el cerco energético, impuesto por el gobierno criminal de los Estados Unidos. Fortalecer la solidaridad con Cuba mediante la organización de iniciativas de diversa índole en nuestros respectivos países; realizar manifestaciones de protesta frente a las embajadas estadounidenses y en otros espacios públicos para denunciar el bloqueo estadounidense”; “Coordinar acciones concretas e iniciativas para romper el bloqueo imperialista contra Cuba haciendo un llamado a los sindicatos”; “Organizar la celebración del Día de la Victoria de 2027 como el día de la victoria sobre el fascismo en 1945”; “Condenar las guerras ilegales iniciadas, desde junio de 2025 y continuadas hasta la fecha, por el imperialismo estadounidense y el régimen criminal israelí contra Irán”; “Fortalecer la lucha de las mujeres contra la desigualdad, la opresión y la discriminación, aumentando la movilización el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer”; etcétera. Sin duda, nos encontramos ante la reedición de las recetas que nos han traído hasta aquí y que hacen que el imperialismo moribundo arrastre en su inviabilidad al mundo a la barbarie, a la militarización de la economía y la consecuente guerra imperialista; de la fascistización del mundo y que no tiene respuesta porque falta la organización revolucionaria, la organización de vanguardia, la organización de los comunistas del mundo y sus delegaciones en cada país. Por otro lado, se reivindica la figura de Fidel Castro y a su vertiente humanista, antiimperialista, internacionalista, pero se obvia al Fidel Castro auténticamente revolucionario, el de la necesidad de la revolución como fórmula para que la clase obrera tome el poder y poder transformar de manera radical la sociedad construyendo el socialismo; del Fidel de la guerra de guerrillas, de la Guerra de Todo el Pueblo. La única manera efectiva, porque así lo ha demostrado la historia, de combatir al imperialismo y poder acabar con él pasa por la revolución proletaria, pasa por romper mediante la fuerza la cadena imperialista eslabón a eslabón, pasa por unir a los comunistas y fusionarlos con la clase obrera en el contexto de hoy, que difiere del de hace 70 años. De todo esto que es de lo que debieran haber concluido los diferentes partidos integrados en el EIPCO han hecho mutis por el foro.

En el acuerdo quinto de la Declaración Final del XXIV EIPCO dicen los 48 partidos participantes que hay que “honrar la historia del movimiento comunista”. Sin embargo, en nuestra opinión, consideramos que ambos documentos lejos de honrar la historia del movimiento comunista lo que hacen es desvirtuarla. Hemos hablado de cómo, realmente, obvian tratar como corresponde la cuestión de la unidad de los comunistas, de la organización de los comunistas, cómo obvian la esencia revolucionaria del marxismo-leninismo, cómo no razonan de manera dialéctica, de tal modo que dicho movimiento sigue, de facto, sin respetar la unidad dialéctica base-superestructura, incidiendo en el trabajo por tratar de cambiar la correlación de fuerzas incidiendo en la superestructura y obviando que los cambios en ésta son consecuencia del reflejo de los cambios operados en la base y que ésta sólo puede ser cambiada por la fuerza, por la acción revolucionaria del proletariado comandada por su partido, por su organización, por el Partido de los Comunistas; el Partido y no los partidos.

El momento hoy es revolucionario, porque la revolución objetivamente ya está lanzada. La revolución sobrepasa la mente de los hombres, y de aquellos que se piensan que perviven en el mundo que existió hace décadas. Ese mundo hoy ya es pasto del pasado y el imperialismo a cada paso que da se debilita, se niega.

“Honrar la historia del movimiento comunista” es ser consciente de que existimos no para contemplar el mundo sino para transformarlo; es el analizar y transformar la realidad actual con la fidelidad a los principios del marxismo-leninismo. Señalaba Carlos Marx en el prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política que “ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.”. La automatización de la producción no corresponde ya al imperialismo, en tanto niega su esencia que es la apropiación de plusvalía del obrero, al que expulsa del proceso de producción. La automatización disloca la composición orgánica del capital, cuál algoritmo símplex que maximiza la parte constante del capital y que minimiza la parte variable, la que genera el plusvalor. Ello, por un lado, provoca el incremento de la riqueza en unas pocas manos y, por el otro, acrecienta el ejército de los pobres, de los parias y, con ello, se destruye la demanda y, por tanto, pierde el sentido la producción; esto es, se niega el capitalismo a sí mismo. La vía del imperialismo para resolver esta contradicción es la guerra, es matar a todo el excedente humano – proletario – que les sobra. La única vía que tiene la humanidad para poder vivir es aniquilar el imperialismo; es poner a disposición de la humanidad, socializar, la automatización de la producción y ello pasa por la revolución proletaria mundial, por romper la cadena imperialista eslabón a eslabón, estado a estado, y liberando sus riquezas y ponerlas a disposición de dicha transformación revolucionaria del mundo donde todo el poder lo debe acumular el proletariado. Ese es el marco, ese es el enunciado del problema que deberíamos abordar en profundidad los comunistas para cumplir con nuestro cometido: transformar revolucionariamente el mundo para liberarlo de la explotación capitalista, de la barbarie imperialista cuya ideología es el fascismo. Y ello es imposible sin la unidad revolucionaria de los comunistas en una única organización internacional con una delegación en cada país que englobe a todos sus comunistas, ello es imposible sin la fusión de la organización comunista con las diferentes divisiones que conforma el proletariado para construir el ejército con el que poder desplegar la revolución, donde los comunistas debemos ganarnos el prestigio y la condición de dirigentes de la revolución, de referencia y guía del ejército de los proletarios para enfrentar y derrocar revolucionariamente a la burguesía y sus Estados.

“Honrar la historia del movimiento comunista” es ser fieles al marxismo-leninismo, es reconocer al proletariado como sujeto revolucionario y no transar ni hacer componendas con los enemigos de éste, es reconocer que la revolución proletaria mundial está por encima de las particularidades o intereses particulares de un estado u otro, como bien nos enseñó Lenin.

Dice la Declaración Final del XXIV EIPCO que el compromiso de Fidel Castro “con la paz real para los pueblos, el derecho internacional y los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, gracias a la Unión Soviética y a los demás países socialistas, y que hoy se está socavando, nos conminan a mantener en alto las banderas de lucha por un orden internacional verdaderamente justo, democrático y equitativo para nuestros pueblos, que el socialismo puede garantizar.”. Este párrafo es demoledor, por metafísico, y no honra ni a la historia del movimiento comunista ni a Fidel Castro. El mundo definido y reglamentado por la Carta de las Naciones Unidas, en 1945, corresponde al mundo nacido tras la Segunda Guerra Mundial, con una URSS victoriosa, con más de la mitad de Europa bajo la influencia del socialismo real, con un movimiento comunista fuerte y organizado. Ese mundo fue pasto del pasado y hoy ya no existe, y los comunistas de hoy lo que debemos hacer no es rememorar lo que ya no existe, sino estudiar cómo construir la organización revolucionaria del proletariado y cómo derrocar al capitalismo agonizante hoy, partiendo de las condiciones existentes, del mundo real de hoy. Los hechos muestran que el derecho internacional ha mutado enormemente en favor de los monopolios y que los imperialistas, como han hecho siempre, resuelven sus cuitas por la vía de la fuerza bruta, de la guerra imperialista y del crimen. No puede haber hoy ni paz, ni justicia, ni democracia sin el socialismo, sin la represión brutal contra la burguesía, sin que todo el poder se concentre en las manos del proletariado. Únicamente el socialismo puede garantizarlo, pues la consigna que rige en el momento actual es: socialismo o barbarie, socialismo o muerte. Y para conquistar el socialismo hace falta mucho más que un calendario de efemérides, hace falta mucho más que la reunión de partidos comunistas que reivindican fórmulas pasadas y fracasadas, hace falta construir la internacional comunista con unos principios ideológicos claros, profundamente revolucionarios – pues el momento es revolucionario – y aprender cómo llegar a conectar con la masa proletaria, cómo fusionar al partido de los comunistas con la clase, en la dirección del derrocamiento revolucionario del capitalismo y la construcción del socialismo; porque hoy todas las luchas secundarias deben estar subordinadas a la lucha por el socialismo ya que, con  el socialismo, se solventan el resto de contradicciones que engendra el capitalismo.

El imperialismo hoy está en su trance final, negándose a sí mismo. La humanidad no tiene más salida que romper las relaciones de producción presentes imponiendo la propiedad social sobre los medios de producción, arrebatando a la burguesía el progreso tecnológico representado por la robotización para convertirlo en progreso social. La automatización en manos de los imperialistas lo único que generará es más pobreza, más muerte, más guerras; la automatización en manos de la clase obrera, al servicio del género humano, con la socialización de los medios de producción, incrementará la esperanza de vida, permitirá retirar al ser humano del trabajo, permitirá el desarrollo multilateral e ilimitado del ser humano.

Lo que está en juego es la vida o la muerte. Hoy la consigna socialismo o barbarie es más vigente que nunca. Y en esto es en lo que tendríamos que estar los comunistas del mundo, en cómo fortalecer la organización revolucionaria, cómo hacer una organización lo suficientemente potente ideológicamente y cohesionada para dirigir al proletariado a la consecución de su misión histórica: la revolución proletaria para derrocar el capitalismo y construir el socialismo como paso previo para el comunismo.

El mundo avanza y la necesidad de la humanidad está ahí. Los comunistas debemos ganarnos esa cualidad y debemos cavilar en cual es la realidad concreta y, en base a esa realidad concreta, actuar para dotar a la clase obrera de táctica y de organización para tomar el poder. Sin embargo, una parte del movimiento comunista, anquilosada en el pasado, en lugar de construir la revolución buscan mantener su espacio en el mundo imperialista, un mundo que está feneciendo y que, sin duda, arrastrará con él a todo aquello que forme parte de su superestructura, incluido al oportunismo que es una parte más del imperialismo caduco y agonizante.

Es necesaria la construcción de una Internacional Comunista porque es necesaria la unidad de la clase obrera, y en esta dirección nuestro partido trabajará en la dirección contenida en nuestra tesis por la unidad del Movimiento Comunista Internacional que puedes leer en este enlace.

 

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

Madrid, 3 de octubre de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El estado, una máquina de represión de una clase social sobre otra

El pasado 16 de septiembre, nueve años después del 1-O, Roger Español se sienta frente a la justicia con la pérdida de un ojo como consecuencia del impacto de una pelota de goma disparada durante las cargas policiales. Cuatro agentes de la Policía Nacional se sientan en el banquillo para responder por los hechos consumados, mientras la Fiscalía sostiene que no hubo delito y las acusaciones particulares reclaman penas que ascienden hasta los 13 años.

No es un caso aislado. Hace unas semanas, en los alrededores del Martínez Valero de Elche, un joven aficionado del Barça fue detenido después de un incidente en el que los agentes le retiraron una estelada y posteriormente lo golpearon durante la intervención. Las imágenes provocaron críticas por el uso desproporcionado de la fuerza, por la significación política contra la enseña y que podría terminar en un delito de odio si la justicia no fuera parcial en la defensa de los intereses de las clases explotadoras y que llevaron primero a una investigación interna y, finalmente, a la apertura de un expediente por posible falta grave o muy grave. La versión policial sostiene que el joven agredió primero a un agente y que la intervención se produjo en ese contexto. Hay que recordar que, una vez inmovilizado en el suelo, el joven independentista recibió un puñetazo en la cara por parte de uno de los agentes implicados. Y poco después hemos vuelto a ver cargas policiales contra manifestantes de la izquierda independentista que trataban de impedir el acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres. Los Mossos establecieron un cordón para separar ambas movilizaciones y cargaron solamente contra los manifestantes de la izquierda independentista. En el incidente hubo también tres detenidos, ninguno de Aliança Catalana.

Tres episodios distintos unidos por una misma cuestión. El uso de la fuerza del Estado frente a quienes protestan, se organizan o expresan posiciones políticas consideradas conflictivas. Estos hechos deben interpretarse como una manifestación del carácter de clase del aparato estatal. La policía no es una institución neutral situada por encima de los conflictos sociales, sino una pieza del Estado que, en determinadas circunstancias, contribuye a preservar el orden social existente y, con él, las relaciones de poder de la burguesía. La represión de las movilizaciones obreras, populares o de cualquier movimiento que cuestione esas relaciones económicas, políticas o sociales no es una anomalía, sino una función política del aparato coercitivo del Estado.

La cuestión de fondo, por tanto, no es solamente quién disparó aquella pelota de goma, quién golpeó a un joven en Elche o quién ordenó una carga. Es preguntarse qué intereses protege el aparato represivo cuando el conflicto social llega a la calle. Para los comunistas la respuesta es diáfana, mientras las relaciones económicas sigan organizadas en torno a la propiedad privada y al poder de la burguesía, el Estado, y también sus cuerpos policiales, actuará siempre como garante de ese orden frente a quienes pretenden transformarlo. El papel de los revolucionarios no es fácil pero su fin obedece a una Ley inexorable que lleva a fenecer a lo viejo y a saludar a lo nuevo que ya surge de sus entrañas, la sociedad socialista. En este trance, el comunista no se limita a cuestionar el orden existente, sino que participa en la organización y en la lucha colectiva de quienes buscan transformarlo mediante su partido comunista. En este escenario, el papel del PCOE consiste en contribuir a desarrollar conciencia, solidaridad y capacidad de acción, vinculando la crítica del sistema con las necesidades concretas de la clase obrera y haciéndola consciente de su número y su fuerza. Así, la Revolución no se entiende como obra de individuos aislados, sino como un proceso colectivo de emancipación social donde el partido crea la conciencia y la dirección de los intereses de la clase obrera.

 

¡Ninguna represión podrá con la clase obrera!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Frente Amplio: Una nueva etiqueta para la vieja política reformista

Una vez más, cuando se aproxima un nuevo ciclo electoral, las organizaciones de la izquierda institucional vuelven a poner sobre la mesa la misma receta: unidad electoral, nuevas siglas y promesas de construir un espacio «amplio» capaz de frenar a la derecha. Esta vez el nombre escogido es Frente Amplio, una alianza impulsada inicialmente por Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns, que pretende incorporar también a otras fuerzas como Compromís, MÉS y Chunta Aragonesista. El propio proyecto mantiene abierta, además, la cuestión de la participación de Podemos.

El envoltorio cambia, pero el contenido político fundamental permanece. Después de Sumar llega el Frente Amplio; antes de Sumar hubo Unidas Podemos y otras fórmulas de confluencia. Cambian las marcas, los nombres de los candidatos y los equilibrios internos entre las distintas organizaciones, pero vuelve a aparecer el mismo planteamiento: la clase trabajadora debe confiar electoralmente en una determinada suma de partidos para impedir el avance de la derecha y garantizar una supuesta política progresista desde las instituciones.

El problema no reside en que diferentes organizaciones puedan alcanzar acuerdos. La unidad de la clase obrera es una cuestión fundamental. Pero la unidad de la clase trabajadora no puede confundirse con la suma electoral de organizaciones políticas que mantienen una estrategia basada fundamentalmente en la gestión de las instituciones burguesas. Un frente de organizaciones obreras no adquiere automáticamente un carácter revolucionario por incorporar la palabra «frente» a su denominación.

Y aquí aparece una cuestión que conviene señalar. El término «Frente Amplio» no es políticamente neutro. Sus propios impulsores han explicado que la denominación pretende jugar con la idea de amplitud y con el precedente histórico del Frente Popular de la Segunda República. Pero la utilización de una terminología asociada a experiencias históricas de unidad popular no convierte una coalición electoral contemporánea en un frente de clase. Para los comunistas, el contenido de una alianza política no viene determinado por su nombre, sino por su programa, su composición de clase, sus objetivos y la estrategia que desarrolla.

El debate que aparece estos días en los medios resulta revelador. Se habla de la marca, de quién encabezará la candidatura, de la incorporación de Podemos, de las primarias, de los equilibrios territoriales y de cómo conseguir que el nuevo espacio sea «verdaderamente amplio». Incluso Ada Colau ha planteado como condición que el proyecto sea más amplio y que incluya a Podemos. Es decir, buena parte de la discusión vuelve a situarse alrededor de cómo organizar electoralmente el espacio político situado a la izquierda del PSOE, y no alrededor de cómo organizar a la clase trabajadora para transformar las relaciones económicas y sociales que determinan sus condiciones de existencia.

Este fenómeno tampoco aparece de la nada. Sumar llegó al Gobierno de coalición junto al PSOE y sus organizaciones han participado desde las instituciones en la gestión del Estado. Ahora se prepara una nueva plataforma para las próximas elecciones generales. El cambio de marca puede ser presentado como una nueva etapa, pero existe una continuidad evidente en la estrategia: la participación electoral y la presencia institucional como eje fundamental de la actividad política.

El marxismo-leninismo no plantea que los comunistas deban ignorar las elecciones o abandonar la lucha política en las instituciones. Lo que plantea es algo muy diferente: las instituciones del Estado burgués no pueden convertirse en el centro de la estrategia revolucionaria ni en un sustituto de la organización independiente de la clase obrera. Cuando la política queda reducida a conseguir representación parlamentaria, formar gobiernos y administrar determinadas parcelas del Estado, la actividad política termina subordinándose a los límites impuestos por el propio sistema.

Y aquí aparece la contradicción fundamental de estas propuestas. Se pide a los trabajadores que se movilicen para votar a una determinada candidatura con el argumento de que hay que impedir que gobierne la derecha. Pero la explotación capitalista no desaparece porque gobierne una u otra fuerza dentro del marco institucional existente. El trabajador continúa vendiendo su fuerza de trabajo; la propiedad privada de los medios de producción permanece; la burguesía conserva el control económico y la capacidad de condicionar la política; y el Estado continúa funcionando sobre las bases materiales de la sociedad capitalista.

Esto no significa que todas las medidas concretas impulsadas por las distintas fuerzas sean idénticas, ni que carezca de importancia quién gobierne en determinadas circunstancias. Significa que las reformas dentro del capitalismo tienen unos límites objetivos y que esos límites no pueden ocultarse detrás de campañas electorales que presentan cada nuevo ciclo como una oportunidad histórica para «parar a la derecha».

La derecha, además, no aparece en el vacío. El crecimiento de las posiciones reaccionarias está relacionado con las contradicciones del propio capitalismo y con la incapacidad del reformismo para ofrecer una salida de clase a los problemas que afectan a los trabajadores. Cuando los salarios pierden poder adquisitivo, la vivienda se convierte en una mercancía cada vez más inaccesible, aumenta la precariedad o se deterioran los servicios públicos, limitarse a gestionar esas contradicciones desde las instituciones no elimina sus causas.

La respuesta marxista-leninista no puede consistir en elegir cada cuatro años qué representantes administrarán esas contradicciones. La cuestión fundamental es otra: organizar a la clase trabajadora, desarrollar su conciencia política y construir una fuerza revolucionaria capaz de disputar el poder a la burguesía.

Por eso tampoco debemos confundir la unidad. Los comunistas defendemos la unidad de los trabajadores, pero esa unidad debe construirse en torno a los intereses de clase y a la lucha, no alrededor de la simple suma de siglas electorales. Unidad en los centros de trabajo, en los barrios, en los conflictos laborales, en la defensa de los servicios públicos y en la lucha contra la explotación y la opresión capitalista. Unidad que permita elevar la conciencia política de la clase y no limitarla a convertirla periódicamente en electorado.

El capitalismo no necesita únicamente gobiernos de derechas para reproducirse. También puede ser administrado desde posiciones reformistas, mediante reformas destinadas a amortiguar sus contradicciones sin cuestionar sus fundamentos. Esta es precisamente la función histórica que el marxismo ha atribuido al reformismo: presentar la reforma del capitalismo como alternativa a su superación revolucionaria.

Por eso, frente a cada nueva marca electoral, los comunistas debemos volver a plantear las cuestiones fundamentales. ¿Qué clase posee los medios de producción? ¿Quién controla la economía? ¿Quién decide qué se produce y para qué? ¿Quién se apropia de la riqueza generada por los trabajadores? ¿Qué clase controla el Estado?

Mientras esas relaciones permanezcan intactas, cambiar el nombre de la candidatura no cambia la naturaleza del sistema.

El Frente Amplio podrá ser una nueva fórmula electoral y podrá obtener mayor o menor representación. Podrá incorporar a Podemos, a Compromís, a MÉS, a CHA u otras organizaciones, y podrá presentar un programa con determinadas medidas sociales. Todo eso pertenece al terreno de la política electoral concreta. Pero los comunistas analizamos algo más profundo: qué estrategia de transformación social propone y qué papel concede a la clase trabajadora en ella.

Porque la verdadera unidad que necesita la clase obrera no es la unidad para votar cada cierto tiempo a una nueva coalición. Es la unidad consciente y organizada para luchar por sus propios intereses históricos. Y esa unidad no necesita nuevas etiquetas. Necesita organización, conciencia de clase y una estrategia revolucionaria.

 

¡Organízate en el Partido Comunista Obrero Español!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Saludo a la Federación Sindical Mundial en su aniversario

El Partido Comunista Obrero Español quiere saludar a la Federación Sindical Mundial este 3 de octubre por su aniversario. Es de sobra conocida su trayectoria de lucha obrera iniciada tras la Segunda Guerra Mundial que significó la victoria del socialismo sobre el imperialismo, defendiendo los valores de la unidad de clase y el internacionalismo proletario por la superación del sistema capitalista de producción.

Hoy el sindicalismo de clase y combativo, cuyos valores encarna la FSM a nivel mundial, tiene enormes retos por delante que debe abordar. Y no solo en su lucha encarnizada contra la burguesía y sus agentes, quienes batallan incesantemente por la acumulación de capital en manos burguesas con todas las armas a su alcance.

La burguesía se organiza hoy para instaurar el fascismo, con todas las penalidades que eso conlleva para el proletariado de todo el mundo, como única tabla de salvación del sistema capitalista. Además, las guerras interimperialistas por el reparto de un mundo ya repartido nos abocan a un escenario de guerra donde sin duda el proletariado sufrirá las peores consecuencias.

Pero también hay graves problemas dentro de las organizaciones de extracción proletaria que deben ser abordados y resueltos. El oportunismo y la división que este genera en las filas proletarias afectan negativamente a la organización de la clase obrera. El “síndrome del chiringuito”, por el que “líderes” sindicales y obreros se corrompen para mantener el poder y las liberaciones sindicales es un mal que afecta a muchas de las organizaciones sindicales, sufriendo estas la pérdida importante de buena parte de sus cuadros a través de expulsiones injustas simplemente por discrepar con las direcciones corruptas.

Esto provoca que la lucha se divida, pierda fuerza y que muchos cuadros válidos abandonen la lucha por el asco que producen este tipo de actuaciones de líderes corruptos en el seno del movimiento obrero. Este mal está afectando a muchas organizaciones combativas y de clase, llegando a liquidar incluso a la que fue la tercera fuerza sindical del país, hoy diezmada por expulsiones y desfederaciones de ramas completas.

También afecta a sindicatos adscritos a la FSM en el estado español, quienes manejados por Partidos que se dicen comunistas pero que son todo lo opuesto, fomentan las divisiones, el “chiringuitismo” y las purgas de líderes obreros de los sindicatos donde tienen presencia en las empresas para usurpar sus direcciones y parasitarlas sine die. Estos oportunistas prefieren que hayan muchas organizaciones muy pequeñas y desideologizadas que puedan controlar, a pesar de que no tengan ninguna fuerza ni relevancia en el panorama sindical.

Nuestro Partido considera, sin embargo, que el proletariado español debe romper con esta dinámica y que solo con la unidad de la clase obrera en una gran central sindical única podrá luchar por sus objetivos emancipadores con garantía de éxito. Tenemos los ejemplos de Grecia e Italia, y cómo sus esfuerzos por unificar la lucha sindical en una gran central sindical de clase y combativa ha dado sus frutos, siendo hoy referentes para la clase obrera europea.

El Partido Comunista Obrero Español reconoce a la FSM como la organización sindical de clase y combativa referente a nivel mundial, la felicita en su 81 aniversario y le brinda todo su apoyo y determinación para afrontar estos grandes retos que el proletariado tiene por delante, deseando que su trabajo e intervención sea fructífero y ayude al proletariado español y mundial a superar el sistema capitalista de producción de una vez por todas y construir el Socialismo, máxima aspiración de la clase trabajadora hoy.

 

¡POR UN SINDICALISMO QUE RECONOZCA LA LUCHA DE CLASES COMO MOTOR DE LA HISTORIA!

¡POR UN SINDICALISMO COMBATIVO FUERTE Y UNIDO!

¡CONTRA EL CAPITALISMO Y LA EXPLOTACIÓN DEL GÉNERO HUMANO!

¡VIVA LA FEDERACIÓN SINDICAL MUNDIAL!

Madrid, 3 de octubre de 2026

VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español




La impagable deuda de Estados Unidos

El capitalismo estadounidense se encuentra ante una contradicción cada vez más difícil de ocultar, su completa bancarrota. La potencia económica y militar más poderosa y asesina del planeta, sostiene su posición sobre una montaña de deuda que ya ha superado los 40 billones de dólares. El 19 de agosto de 2026 la deuda pública federal estadounidense alcanzó los 40,05 billones de dólares, más del doble que en 2017. No estamos ante una cifra abstracta. El coste de los intereses de esa deuda ya supera el billón de dólares anual, es decir, 3000 miles de millones de dólares cada día. Esta dinámica revela una contradicción fundamental, que una economía que necesita endeudarse continuamente para sostener su aparato estatal, militar, político y financiero termina por destinar una parte creciente de sus recursos simplemente a remunerar al capital acreedor.

La cuestión no consiste en afirmar mecánicamente que una deuda elevada provoca el colapso inmediato del capitalismo. El capitalismo puede refinanciar deuda, emitir nueva deuda y trasladar sus contradicciones hacia el futuro, esto es, aplazar lo inaplazable, por eso no caerá por su propio peso, habrá que tirarlo. El capitalismo es un sistema quebrado e insostenible cuyo principal síntoma, el crecimiento de la deuda, expresa una contradicción estructural entre la capacidad de acumulación del sistema y las necesidades crecientes de reproducción del poder económico, político y militar de la clase dominante.

Cuando la producción de valor y los ingresos fiscales no bastan para sostener las obligaciones acumuladas, el capital busca nuevos espacios de valorización y nuevas fuentes de apropiación. Históricamente, el imperialismo ha desempeñado precisamente a rajatabla las funciones que describió Lenin en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917), exportación de capital, control de materias primas, dominio de mercados, subordinación de países periféricos y utilización de la fuerza militar cuando los mecanismos económicos resultan insuficientes y no les salen las cuentas.

Por eso resulta significativo observar el creciente discurso expansionista de Washington. Groenlandia, Venezuela e Irán no son fenómenos idénticos ni pueden reducirse a una única explicación económica, pero forman parte de un contexto en el que Estados Unidos está reforzando una política de presión y proyección de poder sobre territorios y recursos estratégicos. Las amenazas estadounidenses respecto a Groenlandia y las tensiones en torno a Venezuela han sido señaladas como elementos de una política expansionista, mientras que la guerra con Irán ha incorporado además la disputa por espacios estratégicos con los BRICs, especialmente con China, vinculados al petróleo y al transporte energético y de mercancías.

La lógica imperialista aparece entonces con toda su crudeza. Cuando el capital necesita nuevos mercados, recursos, rutas comerciales y posiciones estratégicas, el planeta entero se convierte en objeto de competencia entre potencias. El territorio deja de ser únicamente territorio y se transforma en petróleo, minerales, rutas marítimas, bases militares, corredores comerciales y zonas de influencia.

Los comunistas afirmamos que la deuda y el expansionismo estadounidense son manifestaciones distintas de una misma contradicción del capitalismo monopolista e imperialista al que no le queda otra que el expolio a sangre y fuego. El sistema necesita crecer continuamente, pero opera sobre un planeta finito y sobre una distribución mundial de recursos que ya está ocupada. Cuando las posibilidades de expansión económica chocan con sus propios límites, aumenta la lucha por el reparto del mundo. Y ahí reside la verdadera cuestión. El capitalismo no resuelve sus contradicciones, las desplaza y las aplaza. La burguesía desplaza la deuda hacia el futuro y la explotación se desplaza hacia la clase obrera. A nivel internacional la crisis se desplaza hacia otros países, las consecuencias de la guerra se desplazan hacia las poblaciones civiles y la búsqueda de rentabilidad se desplaza hacia nuevos territorios y recursos, por eso el capitalismo, en su fase putrefacta y última, tan solo puede ofrecer guerra, expolio y muerte para la clase obrera.

Los 40 billones de dólares de deuda estadounidense son, en este sentido, algo más que un problema contable. Son el síntoma de un sistema que necesita mantener una acumulación permanente aun cuando las condiciones para sostenerla son cada vez más contradictorias. Cuando en un sistema hay dos clases con intereses enfrentados, todo lo que es bueno para una es fatal para la otra. En este escenario, las clases obreras de los distintos países somos los que sufrimos las consecuencias de su avaricia, mientras las distintas burguesías nos generan una violencia desproporcionada para continuar un poquito más con su apropiación privada. Por eso, la verdadera paz solo puede llegar mediante la revolución socialista que termine con el despilfarro y el expolio para una minoría y cree las condiciones materiales de la clase obrera para la emancipación de su yugo hacia la confraternidad de los obreros de todos los países contra los parásitos capitalistas. El aumento de la deuda pública no es más que un termómetro del grado de explotación aplicado unilateralmente. La clase obrera en Estados Unidos, por poner algunos ejemplos, está siendo agredida militarmente por el ICE, soporta una inflación desbocada, carece de servicios médicos y de los servicios públicos más esenciales. Desde el PCOE nos solidarizamos con ella y mandamos el mensaje de que la única solución es la creación y fortalecimiento de un Partido Comunista internacional, tarea en la que está inmerso el PCOE. El tiempo corre en contra de nuestros hermanos de clase, por lo que te llamamos a unirte a nuestras filas en esta tarea ingente y necesaria.

 

¡Su deuda es nuestra muerte!

¡Trabajadores de todos los países, uníos!

¡Por la bancarrota del capitalismo, milita en el PCOE!

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La bajada de los alquileres

Según un estudio de la inmobiliaria Fotocasa, el precio del alquiler habría bajado un 4,6 % en Barcelona y un 2,8% en Madrid, especialmente en los barrios obreros. Esta bajada no debe confundirse con el resultado de ninguna política burguesa del Estado, ni con una supuesta solución al problema de la vivienda. La explicación es más sencilla y mucho más cruda, el alquiler ha alcanzado, y en muchos casos superado, la capacidad real de pago de los salarios. Cuando una mercancía se encarece hasta el punto de que una parte creciente de la población asalariada ya no puede pagar, el propio mercado encuentra sus límites. No estamos ante una victoria de las políticas públicas, sino ante una contradicción del propio mercado de la vivienda que tiene unos precios que chocan directamente con la capacidad adquisitiva de la clase obrera.

Mientras la vivienda siga siendo una mercancía y no un derecho efectivo, cualquier alivio puntual será incapaz de resolver el problema de fondo. Por eso, esta bajada no puede atribuirse a ninguna política burguesa del Estado ni interpretarse como el resultado de una regulación capaz de resolver el problema de la vivienda. El mercado se encuentra así con su propia contradicción, puede elevar indefinidamente el precio de una mercancía sobre el papel, pero se topa con la realidad salarial de la clase obrera.

Durante años, los alquileres han aumentado exponencialmente mientras que los aumentos salariales de la clase obrera, para quien los tenga, no pueden ni siquiera compensar la inflación desbocada. El resultado es conocido, salarios destinados cada vez en mayor proporción a pagar la vivienda, desahucios masivos, hogares que tienen que compartir piso durante más tiempo, jóvenes que retrasan su emancipación y familias obreras obligadas a aceptar condiciones de vivienda cada vez más precarias. Cuando el precio alcanza un nivel que una parte creciente de la población ya no puede pagar, aparece necesariamente una barrera a nuevas subidas cuando los precios que se pueden pagar tocan techo, sobre todo entre los segmentos y lugares con rentas más bajas.

Por tanto, presentar una pequeña reducción del alquiler como prueba del éxito de las políticas del Estado significa tomarnos por imbéciles. No es que el mercado haya sido domesticado en beneficio de la clase obrera, es que el propio mercado se ha encontrado con los límites de la capacidad de pago de quienes necesitan una vivienda para vivir. La contradicción sigue intacta, porque la vivienda continúa funcionando fundamentalmente como una mercancía, además de un instrumento de acumulación de riqueza. La cuestión no puede reducirse a pedir que el Estado regule un poco más los precios, a que introduzca nuevos parches o subvencione a los propietarios con dinero público, el problema capital reside en quién posee la vivienda y para qué se utiliza. Mientras una parte del parque inmobiliario esté en manos de grandes propietarios y fondos que buscan rentabilidad, las necesidades de la clase obrera estarán subordinadas a la lógica del beneficio privado.

Desde el PCOE tenemos clara la solución que pasa por romper la lógica de acumulación del capital y socializar el parque de vivienda privada expropiando a los grandes tenedores. La clase obrera, organizada en su partido de vanguardia, el PCOE, al poner así el conjunto de la vivienda bajo control público, las arranca de las manos del capital y deja automáticamente de ser una mercancía para orientarse a satisfacer las necesidades habitacionales de la clase obrera que todo lo produce y tan poco recibe. Para que la vivienda deje de ser un activo financiero o una fuente de renta para una minoría propietaria y se convierta en un derecho material garantizado para todo el conjunto de la clase obrera es imperativo fortalecer y ensanchar la base del partido comunista. Solo desplazando la vivienda del terreno de la mercancía al de la necesidad social podremos empezar a resolver de raíz la contradicción que el propio mercado capitalista pone hoy de manifiesto.

 

¡La bajada de los alquileres no es un logro sino una consecuencia!

¡Socialismo contra especulación!

¡Por tus derechos, milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)