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Vivienda: Solo el socialismo soluciona el problema que genera el capitalismo

Contemplamos cómo el pueblo, que es la clase obrera, cada día vive en una situación de mayor pobreza. Los asesinos que defienden al capitalismo, pues solo puede defender este sistema o el alienado o el criminal, reiteran tanto de viva voz como a través de millones de bots manejados por ellos mismos que el capitalismo genera riqueza cuando ésta se concentra en cada vez menores manos, ampliándose, tanto en amplitud como en profundidad, la pobreza del pueblo.

La esencia del capitalismo es la propiedad privada de los medios de producción, maximizar el robo del plusvalor generado por el proletariado y dislocar lo máximo, al alza, el precio de la mercancía de su valor, o lo que es lo mismo, el capitalismo es la exacerbación del robo a la mayoría obrera por parte de la minoría burguesa.

En la vivienda se muestra, a las claras, el rostro criminal del capitalismo y la necesidad que tiene la humanidad de aniquilarlo. Con respecto de la vivienda, los farsantes economistas lacayos del gran capital como, por ejemplo, Juan Ramón Rallo, con respecto al problema de la vivienda en España, lo caracteriza de la siguiente manera:

“Analicemos, si no, el fondo del argumento. Se nos dice que los inversores compran inmuebles, suben los alquileres y, si el inquilino no puede pagarlos, lo sustituyen por otro que sí lo haga. Pero detengámonos precisamente ahí: ¿por qué existe inmediatamente otro inquilino dispuesto a pagar un alquiler más elevado? Si la oferta de vivienda fuera abundante, ese potencial inquilino dispondría de alternativas más baratas y no aceptaría un precio inflado. Que lo acepte (en muchos casos, con sensación de urgencia) revela exactamente lo contrario de lo que pretende el relato gubernamental: que la demanda de vivienda supera con mucho la oferta disponible. (…)”. 9 de mayo de 2026, Rallo, ABC, “Vivienda: propaganda antes que soluciones”.

Este portavoz del gran capital reduce el problema a una mera cuestión de oferta y de demanda; en este caso de una alta demanda de vivienda que supera a una oferta escasa. Ello lo argumenta, en términos numéricos, de la siguiente forma:

“Las cifras son elocuentes: desde 2022 España ha sumado prácticamente dos millones de nuevos residentes, en su inmensa mayoría de origen extranjero, a un ritmo neto superior a las 600.000 personas anuales. Si el tamaño medio del hogar español es de 2,5 personas, solo para alojar a esa nueva población habría que construir unas 200.000 viviendas cada año. ¿Cuántas estamos construyendo? Aproximadamente la mitad: en torno a 100.000.”. 9 de mayo de 2026, Rallo, ABC, “Vivienda: propaganda antes que soluciones”.

Según las “cifras elocuentes” de este bot de la banca disfrazado de economista, se construyen la mitad de las viviendas que debieran construirse. Pero los datos reales dicen que, según el Censo de Población y Viviendas del INE, realizado en 2021, en España había “3.837.328 viviendas se catalogan como vacías y 2.514.511 de uso esporádico”. Por tanto, este dato ya tapa la boca a Rallo y demás marionetas del capital, pues en 2021 ya había 3.837.328 vacías, muchas más – casi 8 veces más – de las 500.000 viviendas que Rallo denuncia que no se han hecho desde entonces para que no hubiere problema de vivienda. Es evidente que el problema no es de número de viviendas, sino de otro tipo y los números son demoledores y, de manera elocuente, tapan la boca a Rallo y demás voceros del capital financiero. En consecuencia, ya de partida, la caracterización del problema de la vivienda realizada por los títeres del capital, es errónea y, por tanto, las conclusiones a la que llegan partiendo de la mentira no pueden ser más que mentira.

Porque el problema de la vivienda no es más que la expresión de un problema cardinal que se refleja en todos los ámbitos y sectores de la economía capitalista y no es otro que el sistema de propiedad privada sobre los medios de producción y la consecuente mercantilización de las necesidades humanas sobre lo que gira el sistema de producción capitalista, que se exacerba en su fase actual de concentración del capital. Un dato que obvia Rallo es que el 57% de las viviendas en España están en manos de fondos buitre y de multipropietarios. Sin duda, lo que estos grandes propietarios de vivienda, que la utilizan como mercancía para enriquecerse, desean, es que se produzcan más viviendas para acaparar más vivienda, para engordar y acumular más propiedad, que es lo que desarrolla el capitalismo, la concentración de la propiedad y, con esta, del capital. Por eso Rallo, como buena marioneta del capital que es, lo que pide es construir más viviendas y, además, abaratar los costes a los capitalistas que construyen en lo que corresponde a la parte que el Estado grava, echando la culpa al gobierno de turno para exculpar a los que realmente fijan los precios, los grandes propietarios, los que acaparan la mayor parte de la propiedad de las viviendas:

“¿Y por qué construimos tan pocas viviendas? Las causas son diversas, pero una de las más importantes es el intervencionismo urbanístico de nuestras administraciones públicas: la restricción de la oferta de suelo, la hipertrofia regulatoria o la asfixiante fiscalidad estrangulan la construcción y condenan a que cada año se edifiquen muchísimas menos viviendas de las necesarias. Es decir, la escasez de oferta no es un fenómeno natural: es el resultado directo de las políticas intervencionistas que este Gobierno no solo mantiene, sino que agrava.”. 9 de mayo de 2026, Rallo, ABC, “Vivienda: propaganda antes que soluciones”.

Nada dice Rallo del papel del capital financiero en el encarecimiento de la vivienda. Rallo pone el acento en que determinados ayuntamientos no liberen el suelo que el capital financiero desea, y decimos bien, el capital financiero, en las licencias y permisos oficiales, pero calla ante lo que realmente encarece la vivienda: el parasitismo de la banca, del capital financiero, y los obscenos márgenes de ganancia de los promotores. ¿Quién gana realmente con la promoción y la construcción de viviendas? El capital financiero, ya sean los bancos o los fondos de capital, en el caso de no cumplir con los requisitos establecidos por la banca tradicional. Nada dice Rallo de las comisiones bancarias por los préstamos a la compra de suelo y a la construcción de las viviendas, nada dice de los tipos de interés bancario de dichos préstamos, que en la actualidad puede ir desde el 5%-6% anual hasta el 13%-15% de los fondos de capital privados en el caso de que el constructor no cumpla los requisitos establecidos por el banco y deba acudir a obtener la financiación de dichos fondos. Por no hablar, posteriormente, de lo que obtiene el capital financiero por los diferentes préstamos hipotecarios de cada vivienda producida. Ni tampoco habla Rallo de la suma de beneficios, no de los constructores, sino de intermediarios y promotores, que encarecen el precio de la vivienda final entre un 15% y un 20%, que se multiplica por los intereses bancarios.

Así pues, el precio final de una vivienda realizada por una promotora privada adquirida mediante una hipoteca a 30 años, se incrementa entre un 40% y un 57%, dependiendo del tipo de interés e incluyendo los gastos financieros del Banco, a lo que hay que añadir el beneficio del promotor, que oscila en la horquilla del 10%-20%, que incrementa el precio final de la vivienda y el valor del suelo, en torno al 15%-20% del mismo; las tasas y licencias implican en torno al 10% del precio final. Por tanto, es el capitalismo y su forma de propiedad privada sobre los medios de producción, su esencia de mercantilizar las necesidades humanas, la que desboca y disloca el precio sobre el valor real de la vivienda, de tal modo que de media para una vivienda que se pague con una hipoteca a 30 años, el valor real de la vivienda, considerando como vivienda el binomio conformado por la construcción y el suelo, equivale al 25%-30% del precio final que paga el comprador. Ergo el capital financiero (banco/fondo de inversión) y el promotor privado (empresario) endilgan al comprador un sobre coste, o inflan el precio final, entre un 60%-70% que, en realidad, constituye el verdadero robo en lo que es el verdadero cáncer, el verdadero problema de la vivienda, el capitalismo y su sistema de propiedad privada y forma de producción.

Mienten los capitalistas como Rallo cuando señalan que “Si mañana se pudieran construir con agilidad miles de viviendas nuevas, el mercado se volvería mucho menos rentable y mucho más arriesgado para los especuladores: es decir, mucho menos atractivo” (9 de mayo de 2026, Rallo, ABC “Vivienda: propaganda antes que soluciones”), porque la esencia del sistema capitalista no es satisfacer las necesidades del pueblo sino llenar los bolsillos de los capitalistas y ello lo hacen dislocando el precio del valor, o lo que es lo mismo, robando a la clase obrera como hemos demostrado con el tema de la vivienda. De hecho el construir más bajo el sistema capitalista que defienden los Rallo de turno y pedir  “Solo la liberalización del suelo y la agilización radical de los trámites urbanísticos pueden hacerlo” (9 de mayo de 2026, Rallo, ABC “Vivienda: propaganda antes que soluciones”), lo que significa es la acumulación de más vivienda en las manos de los fondos de inversión, bancos y capitalistas y más ruina para la clase obrera, pues el desarrollo del capitalismo, como la historia acredita, conduce a la concentración de la propiedad en unas pocas manos, al monopolio y, por ello, los voceros de la oligarquía financiera como Rallo, lejos de ir a la raíz del problema, lo que hacen es mentir para llegar a la conclusión que satisface a los responsables del problema: la banca, el capital financiero.

Sólo el socialismo, sólo la propiedad social de la vivienda que garantice el derecho al uso de la vivienda por parte de la clase obrera, puede garantizar que se satisfaga la necesidad de que no haya ningún trabajador, ninguna familia obrera, sin una vivienda en la que poder habitar. Para empezar, asumiendo el estado socialista toda vivienda cerrada y poniéndola al servicio del pueblo y, en el caso de necesidad de construcción de nueva vivienda, desarrollando un proceso de producción socialista de viviendas, donde la propia clase obrera pueda disponer del suelo necesario, cuyo propietario es el pueblo a través del Estado socialista, para edificar las viviendas que se necesiten poniendo los recursos necesarios dicho Estado, a través de su banco público, que liquide los sobre costes que introducen los parásitos capitalistas como la banca privada, los fondos de inversión y los promotores/empresarios.

Solo el socialismo puede garantizar la vida para la clase obrera que el capitalismo le niega a cada día que pasa pues la esencia del capitalismo no es satisfacer los intereses de la mayoría proletaria sino engordar los beneficios económicos de la minoría burguesa, del capital financiero. Sólo el socialismo puede resolver los problemas que azotan a la humanidad, que es el proletariado, hoy.

Sevilla, 30 de agosto de 2026

 

F.J. Barjas.

Secretario general del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)




El encarecimiento del coste de la vida. Inflación, beneficios empresariales y control privado de los sectores estratégicos

El encarecimiento del coste de la vida para la clase obrera constituye una de las expresiones más visibles de las contradicciones del capitalismo en su fase imperialista y última. Mientras los salarios permanecen estancados o crecen por debajo del aumento del coste de la vida, los beneficios de las grandes corporaciones, especialmente en sectores estratégicos como la vivienda, la energía, la banca o la distribución alimentaria, continúan aumentando. La inflación no ha supuesto un reparto equitativo de los sacrificios, ha significado una nueva transferencia de renta desde la clase obrera hacia el gran capital.

Hace apenas unas décadas, el acceso a una vivienda era una aspiración alcanzable para una familia obrera. En España, el precio medio de una vivienda equivalía aproximadamente a unos 120 salarios mensuales, mientras que hoy esa relación se ha multiplicado exponencialmente, convirtiendo la compra de una vivienda en una meta prácticamente inalcanzable para una gran parte de la juventud y de la clase obrera. La última estocada la trajo la Ley 6/1998 sobre “Régimen del suelo y valoraciones” aprobada por el fascista confeso y sicario de los monopolios, José María Aznar, asesor del fondo buitre inmobiliario J.E.Roberts y que hizo estallar la burbuja inmobiliaria de 2008. Pero ya venía precedida de estocadas anteriores por los gobiernos que le precedieron. El resultado es una generación condenada al alquiler permanente, a vivir en habitaciones, al endeudamiento o a retrasar indefinidamente su emancipación.

Del mismo modo, durante buena parte del siglo XX, un solo salario podía sostener, con mayores o menores dificultades, a una familia. La evolución del capitalismo ha invertido esa realidad. En la actualidad, incluso dos salarios resultan insuficientes para garantizar un nivel de vida digno en numerosos hogares. Una persona que vive sola debe destinar una parte creciente de sus ingresos al alquiler o la hipoteca, al suministro eléctrico, al gas, al transporte y a una cesta de la compra cuyo precio aumenta mucho más deprisa que los salarios. El margen para el ahorro desaparece, mientras cualquier gasto imprevisto conduce al endeudamiento.

La energía constituye uno de los ejemplos más claros de esta lógica. Un recurso indispensable para la vida y la producción permanece sometido a la búsqueda del máximo beneficio privado. Lo mismo sucede con los alimentos básicos, cuya distribución se concentra en manos de un reducido número de grandes empresas capaces de trasladar cualquier tensión artificialmente creada en el mercado a los precios finales, mientras preservan sus márgenes de beneficio. La inflación, lejos de afectar por igual a todos los sectores sociales, golpea con mucha mayor intensidad a quienes dependen exclusivamente de su salario.

Esta situación debe entenderse en el marco de una transformación estructural del capitalismo. La creciente hegemonía del capital financiero sobre el capital productivo ha subordinado la inversión, el empleo y la producción a la rentabilidad inmediata. La especulación inmobiliaria, los fondos buitres y los grandes grupos financieros condicionan cada vez más las decisiones económicas, silencian a los gobiernos de los estados, que se pliegan a sus deseos, desplazando la creación de riqueza material en favor de la acumulación financiera.

Las consecuencias sociales son evidentes. La juventud retrasa o renuncia a emanciparse, la natalidad disminuye, las condiciones laborales se precarizan y el horizonte de estabilidad desaparece para amplios sectores de la población. Para los comunistas son el resultado lógico de un sistema orientado prioritariamente a maximizar la rentabilidad del capital, incluso cuando ello implica deteriorar las condiciones materiales necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo. Al mismo tiempo, la automatización, la robotización y el desarrollo de la inteligencia artificial reducen la demanda de trabajo humano en determinados sectores, intensificando el poder de negociación del capital frente a una clase obrera cada vez más fragmentada y precaria.

La energía, la vivienda, la alimentación o las finanzas no pueden seguir funcionando exclusivamente como mercancías destinadas a generar beneficios privados, deben responder al interés general. La respuesta a esta situación no puede limitarse a medidas paliativas. Es necesario intervenir sobre las causas estructurales de la crisis mediante una revolución social.

El encarecimiento del coste de la vida no es un accidente pasajero ni una anomalía del mercado capitalista. Es la consecuencia lógica de un modelo económico que concentra la riqueza, socializa los costes y convierte necesidades fundamentales en fuentes de rentabilidad para una minoría y que ya no tiene más recorrido. Como dijo Lenin en su obra “Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” (1920), ”Para que tenga lugar una revolución es indispensable que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como antes. Sólo cuando los “de abajo” no quieren vivir como antes, y los “de arriba” no pueden continuar como antes, puede triunfar la revolución”. Organizando dicha resistencia se halla el PCOE, construyendo las estructuras del poder obrero. El Partido avanza y se templa en la lucha con el objetivo de recuperar el control por parte de la clase obrera de los sectores estratégicos de la economía, establecer mecanismos eficaces de represión contra la resistencia de los privilegios de las clases que parasitan la economía mediante la especulación, el expolio y la violencia explícita, como vimos en la manifestación contra el turismo en Mallorca, cuando las contradicciones del sistema económico alcanzan la mayor temperatura. Frente a ello, el PCOE actúa de vanguardia de la clase obrera para la organización y para construir las herramientas imprescindibles que garanticen unas condiciones de vida dignas para nuestra clase y para poner la riqueza social al servicio de quienes la producen mediante la dictadura del proletariado, que construya un estado obrero capaz de demoler los privilegios de los rentistas y de los capitalistas chupasangres. Te llamamos a engrosar nuestras filas.

 

¡Por la demolición del capitalismo!

¡Por el fin del expolio para la clase obrera!

¡Por la organización obrera, milita en el PCOE!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




La financiarización de la economía y sus consecuencias para la clase obrera

La financiarización constituye la fase avanzada del capitalismo, en su fase imperialista y putrefacta, en la que el capital financiero adquiere una posición dominante sobre el capital productivo. La obtención de beneficios deja de depender principalmente de la producción de bienes y servicios para basarse cada vez más en la especulación, la compraventa de activos financieros y la apropiación de rentas. Este proceso profundiza las contradicciones del sistema capitalista y acentúa la subordinación de la economía real a los intereses de los grandes grupos financieros.

Los fondos de inversión, los fondos de cobertura y otros grandes actores financieros concentran enormes volúmenes de capital que circulan por los mercados internacionales en busca de la máxima rentabilidad a corto plazo. Su capacidad para influir sobre el precio de la vivienda, la energía, los alimentos, las materias primas o la deuda pública convierte necesidades básicas y sectores estratégicos en simples activos financieros. El resultado es una creciente inestabilidad económica y una mayor dependencia de decisiones tomadas por entidades que no producen riqueza material, sino que obtienen beneficios mediante la intermediación financiera y la especulación.

Los comunistas sabemos que este fenómeno corresponde al predominio del capital financiero descrito por Lenin en su análisis del imperialismo, “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917). En su obra describe la fusión entre el capital bancario y el capital industrial, que da lugar a una oligarquía financiera que condiciona las políticas económicas de los Estados y orienta la producción hacia los intereses de los grandes monopolios. La acumulación deja de estar guiada por las necesidades sociales para responder exclusivamente a la rentabilidad del capital. Es el dominio del valor de cambio, rentabilidad y especulación, sobre el valor de uso, necesidad social.

En este escenario, el predominio del capital financiero sobre el productivo favorece dinámicas inflacionistas. Cuando una parte creciente del capital se dirige hacia la especulación en lugar de invertirse en ampliar la capacidad productiva, la producción de bienes y servicios crece a un ritmo inferior al de la expansión del crédito, la liquidez y los activos financieros. Esto desemboca en la inflación que vivimos en la actualidad al respaldarse la misma producción por una masa monetaria más elevada. Al mismo tiempo, la especulación sobre bienes esenciales eleva sus precios, trasladando esos incrementos al conjunto de la economía. Por eso, esta inflación no se explica únicamente por factores monetarios o por desequilibrios coyunturales entre oferta y demanda, sino por la creciente capacidad del capital financiero para imponer rentas extraordinarias para beneficios privados y trasladar los costes al conjunto de la sociedad que es la clase obrera.

La consecuencia es una economía cada vez menos orientada a la producción y al trabajo, y más dependiente de la valorización del capital financiero. Mientras la productividad y los salarios reales avanzan lentamente o incluso retroceden, los beneficios derivados de la especulación y de la posesión de activos aumentan de forma desproporcionada, ampliando las desigualdades sociales y debilitando el tejido productivo. A la vez, esta hegemonía del capital financiero también modifica la relación entre el Estado y el gran capital. Las instituciones públicas pasan a garantizar la estabilidad de los mercados financieros, el rescate de entidades consideradas “demasiado grandes para caer” y el pago prioritario de la deuda, incluso a costa del deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la clase obrera. La democracia liberal queda así condicionada por los intereses de una minoría parásita y propietaria de los principales instrumentos financieros.

En este marco, aparece el fascismo que representa la forma política que adopta el capitalismo cuando sus contradicciones alcanzan un grado crítico y las clases dominantes buscan preservar el poder del gran capital frente al avance de las organizaciones de la clase obrera. En este escenario, el fascismo es la dictadura al servicio del capital monopolista y financiero, utilizando el nacionalismo extremo, el racismo, la represión y la eliminación de derechos democráticos para garantizar la continuidad de la acumulación capitalista. En este sentido, la estrecha relación entre el Estado autoritario y las élites financieras constituyen la expresión más acabada del dominio del capital financiero.

Frente a este modelo, el comunismo plantea la subordinación de las finanzas a las necesidades de la producción y del conjunto de la sociedad. La banca pública, el control democrático del crédito, la planificación y centralización económica y la socialización de los sectores estratégicos permitirían dirigir la inversión hacia la industria, la investigación, la vivienda y liberar al empleo de la ley del salario, por traer sólo algunos ejemplos, sustituyendo la lógica de la especulación por la satisfacción de las necesidades colectivas.

La antítesis de la financiarización es la dictadura del proletariado que manda al estercolero de la historia el dominio del capital financiero sobre el productivo, esto es, el fascismo. Y es fascismo porque su dominio, el del capital financiero, lleva las contradicciones del sistema económico hasta su máximo exponente y solo puede defenderse por la violencia franca y abierta contra la clase obrera que produce y representa el capital productivo. Desde el PCOE preparamos la herramienta política para la superación de la financiarización, el partido marxista-leninista, que no constituye únicamente una reforma económica, sino una transformación estructural de las relaciones de producción. El objetivo es desplazar el poder de la oligarquía financiera y situar el control de la economía en manos de la clase obrera, de modo que la riqueza producida socialmente deje de servir a la acumulación privada y pase a responder a los intereses de los verdaderos productores de la riqueza social, la clase obrera.

 

¡El capital especulativo destruye, el trabajo construye!

¡Socialismo para producir, repartir y vivir con dignidad!

¡Frente a la dictadura de los mercados, dictadura del proletariado!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Asturias frente a la crisis imperialista

Asturias ha sido históricamente uno de los grandes bastiones industriales y obreros del Estado español. La minería, la siderurgia, la construcción naval y la industria metalúrgica no solo sostuvieron durante décadas la economía de la región, sino que dieron origen a una clase trabajadora con una fuerte tradición de organización y lucha. Desde la Revolución de Octubre de 1934 hasta las grandes huelgas mineras del siglo XX, la historia de Asturias está estrechamente ligada al movimiento obrero.

Sin embargo, tras décadas de reconversiones industriales, cierres de empresas, privatizaciones y deslocalizaciones, el panorama ha cambiado profundamente. La pérdida de miles de empleos en la minería, la reducción de plantillas en la siderurgia y la desaparición de buena parte del tejido industrial han transformado la estructura económica de Asturias. Aunque continúan existiendo empresas industriales estratégicas, el peso de la industria se ha reducido mientras aumenta la dependencia del sector servicios y del turismo, sectores que, en muchos casos, ofrecen empleos más precarios y con peores condiciones laborales.

Las cifras de desempleo han mejorado respecto a los peores años de la crisis de 2008, pero esa mejora no siempre se traduce en estabilidad. La temporalidad, la contratación parcial involuntaria, la externalización de servicios y los bajos salarios siguen siendo una realidad para miles de trabajadores. Muchos jóvenes, aun contando con estudios y cualificación, se ven obligados a aceptar empleos precarios o a emigrar a otras comunidades o al extranjero en busca de oportunidades. Asturias continúa perdiendo población y presenta uno de los mayores índices de envejecimiento de Europa, consecuencia directa de un modelo económico incapaz de ofrecer perspectivas de futuro a gran parte de su juventud.

A esta realidad se suma otro problema que crece de forma silenciosa: el deterioro de la salud mental de la clase trabajadora. El aumento de los trastornos de ansiedad, la depresión, el agotamiento emocional o el estrés laboral reflejan el impacto que tienen unas condiciones de trabajo marcadas, en muchos casos, por la incertidumbre, la intensificación de los ritmos de producción, la presión constante por mantener el empleo y las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar. Cada vez son más frecuentes las bajas laborales relacionadas con problemas psicológicos, que afectan no solo a la salud de los trabajadores, sino también a sus familias y a su calidad de vida

El coste de la vida continúa aumentando. El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas para la clase trabajadora. Mientras existen miles de viviendas desocupadas, comprar o alquilar una vivienda resulta cada vez más difícil para muchas familias. En ciudades como Gijón y Oviedo, así como en buena parte del litoral asturiano, el incremento del precio de los alquileres y la expansión de las viviendas de uso turístico han reducido la oferta de alquiler residencial, dificultando aún más el acceso a una vivienda digna para trabajadores y jóvenes.

A ello se añade que siguen produciéndose desahucios por impago de alquileres o hipotecas. Aunque en los últimos años se han aprobado diversas medidas de protección social, muchas familias continúan enfrentándose a situaciones de vulnerabilidad residencial. La vivienda, un derecho reconocido constitucionalmente, sigue funcionando como un activo económico sujeto a la lógica del beneficio.

La sanidad pública asturiana, también atraviesa dificultades. Las listas de espera, la falta de profesionales en determinadas especialidades, el cierre temporal de consultorios o las dificultades para cubrir plazas en algunas zonas rurales generan un creciente malestar entre la población. Paralelamente, la expansión de la sanidad privada y proyectos como el nuevo hospital de Quirón en Gijón reflejan un aumento del peso del negocio sanitario privado. Esta tendencia favorece una progresiva transferencia de recursos y pacientes hacia empresas privadas en detrimento del fortalecimiento de la sanidad pública.

A todo ello se suma el deterioro de otros servicios públicos. La educación enfrenta problemas de despoblación escolar en muchas comarcas, mientras el transporte público y otros servicios esenciales sufren dificultades especialmente en el medio rural. Las cuencas mineras y numerosos concejos del occidente y del interior continúan perdiendo población.

Este contexto de incertidumbre económica y social favorece también el crecimiento de posiciones reaccionarias y surgen discursos que canalizan ese descontento hacia explicaciones simplistas o hacia la búsqueda de culpables distintos de las causas reales.Es cuando surge el nacionalismo más exacerbado, que hoy se enquista en los barrios obreros. Este fenómeno debe analizarse atendiendo a las condiciones materiales que lo hacen posible y a las contradicciones propias del desarrollo del capitalismo.

Otro problema que afecta al movimiento obrero es su fragmentación. Asturias cuenta con una larga tradición sindical y asociativa, pero también con una gran diversidad de organizaciones, plataformas y colectivos que, en numerosas ocasiones, actúan de forma separada. Las diferencias estratégicas, ideológicas o organizativas pueden dificultar la construcción de respuestas comunes frente a problemas compartidos como la precariedad o la pérdida de empleo.

La unidad de la clase trabajadora constituye un elemento central para aumentar su capacidad de organización y de intervención. Para derribar este orden socioeconómico se debe también mantener una lucha sin tregua contra el oportunismo ya que es quien allana el camino a la reacción y perpetúa la supervivencia de este sistema. La lucha contra el imperialismo es inútil si no se lucha contra el oportunismo. Esta reflexión continúa siendo una cuestión fundamental dentro de toda organización obrera.

Asturias posee una enorme experiencia histórica de lucha. Esa memoria forma parte de su identidad colectiva. Sin embargo, los desafíos actuales exigen de nuevo las formas clásicas de organización que dieron triunfos a la clase obrera, formas capaces de responder a una economía cada vez más concentrada, donde los grandes grupos empresariales y financieros tienen una influencia creciente sobre la producción, la vivienda, la energía y los servicios esenciales.

El futuro de Asturias dependerá de su capacidad para organizarse en la lucha contra el capital y preparar la revolución. Estos objetivos requieren una clase trabajadora organizada en un solo partido, consciente de sus intereses comunes y capaz de construir respuestas colectivas frente a los problemas económicos y sociales que afectan a la mayoría de la población. Solo mediante la unidad, la solidaridad y la organización podrá recuperarse el protagonismo histórico que la clase obrera asturiana ha demostrado en algunos de los momentos más importantes de la historia del movimiento obrero.

 

 

Organízate en el partido comunista obrero Español

Socialismo o barbarie

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




La socialdemocracia como ala izquierda del fascismo

Cuando el actual Gobierno llegó al poder, se presentó como “el Gobierno más progresista de la historia”. Entre sus grandes promesas figuraba la derogación de la Ley Mordaza, una de las herramientas más represivas heredadas del ciclo político anterior y utilizada durante años para perseguir la protesta social cuando, debido al expolio extremo de la burguesía, la lucha de la clase obrera tomó mayor temperatura para sancionar la libertad de expresión y reforzar el control policial sobre la clase obrera y los movimientos populares.

Sin embargo, tras siete años de legislatura en dos episodios, la realidad es tozuda e incontestable, la Ley Mordaza continúa vigente. A pesar de las mayorías parlamentarias y de las innumerables declaraciones públicas, el Gobierno ha sido incapaz, o más bien no ha querido, acabar con una norma que representa uno de los mayores ataques a las libertades democráticas de las últimas décadas.

Desde nuestra óptica revolucionaria, este fracaso no puede entenderse como una simple falta de voluntad política o un desacuerdo parlamentario. Responde a la propia naturaleza de la socialdemocracia como gestora del Estado burgués. Su función histórica no consiste en transformar las estructuras de poder, sino en administrarlas, preservando la estabilidad del sistema capitalista incluso cuando ello implica mantener mecanismos represivos.

En su obra “¿Qué es el fascismo y cómo combatirlo?” (1935), Georgi Dimitrov sostiene que el fascismo constituye la dictadura terrorista abierta de los sectores más reaccionarios del capital financiero. Es el dominio irrestricto del capital financiero por encima del productivo. Desde esta tradición política, los comunistas hemos interpretado que la socialdemocracia desempeña el papel de ala izquierda del mismo orden burgués. Mientras el fascismo recurre a la violencia abierta cuando el sistema entra en crisis, la socialdemocracia busca preservar ese mismo sistema mediante el consenso, las reformas limitadas y la desmovilización de la clase obrera.

Bajo esta interpretación, la permanencia de la Ley Mordaza no es una anomalía, sino una consecuencia lógica. Quien acepta las reglas del Estado capitalista termina administrando también sus instrumentos de coerción. Las promesas de derogación quedan subordinadas a la necesidad de garantizar la estabilidad institucional y proteger los intereses de la clase dominante, la burguesía. Cada sanción impuesta a un piquete, cada multa a una manifestación y cada restricción al derecho de protesta evidencian que el aparato represivo del Estado permanece intacto. Cambian los gobiernos y los discursos, pero las herramientas de control continúan disponibles para ser utilizadas contra quienes cuestionan el orden establecido.

La experiencia vuelve a demostrar que la conquista de las libertades democráticas no puede confiarse a quienes administran el capitalismo con un lenguaje progresista. Solo la organización independiente de la clase obrera y la construcción de un poder político propio pueden garantizar la eliminación efectiva de las leyes represivas y de las estructuras que las hacen posibles.

La Ley Mordaza sigue vigente. Y con ella cae otra promesa del llamado “Gobierno más progresista de la historia”. Una promesa incumplida que, para el movimiento comunista, confirma, una vez más, la tesis de Dimitrov de que la socialdemocracia no rompe con el Estado burgués, sino que contribuye a su conservación, incluso cuando ello supone mantener intactos sus mecanismos de represión.

Porque en toda la historia ningún derecho ha sido un regalo del poder sino una conquista. Las libertades se conquistan organizando a la clase obrera, fortaleciendo al partido comunista y construyendo una alternativa revolucionaria frente a un sistema que necesita la represión para perpetuarse. Frente a las promesas incumplidas de la socialdemocracia, no hay otra herramienta que la organización, la conciencia de clase y la dictadura del proletariado. Para conquistarlo, el PCOE te llama a unirte a sus filas.

 

¡Contra la represión del capital, organización y lucha!

¡Ni represión, ni promesas vacías; organización y socialismo!

¡Todo el poder para la clase obrera!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Xabel Vegas: Del antimilitarismo a la autonomía estratégica

La entrevista del periódico Nortes a Xabel Vegas, portavoz de IU/Sumar en Asturias, refleja unas contradicciones políticas ante el nuevo contexto internacional, típicas de la socialdemocracia. Por un lado, mantiene un discurso pacifista y antimilitarista; por otro, defiende el desarrollo de la industria militar española y europea bajo el concepto de “autonomía estratégica”.

Vegas afirma que su organización es “pacifista” y “antimilitarista”, pero sostiene al mismo tiempo que Europa necesita reforzar su capacidad industrial de defensa y que Indra debe convertirse en un polo estratégico para producir blindados.

Su argumento no consiste en defender el rearme por sí mismo, sino en afirmar que, si existe producción militar, es preferible que la controle una empresa pública española antes que una multinacional estadounidense como General Dynamics.

La cuestión deja de ser si aumenta la capacidad militar y pasa a ser quién controla esa producción. Este desplazamiento resulta insuficiente, porque el problema no reside únicamente en la propiedad formal de la empresa, sino en la función económica y política que desempeña dentro del sistema capitalista.

Vegas sostiene que Indra es una empresa pública participada por la SEPI y que, por tanto, representa una alternativa preferible.

Sin embargo,la propiedad estatal no elimina necesariamente las relaciones capitalistas. Un Estado capitalista puede poseer empresas que continúan funcionando según criterios de rentabilidad, competencia internacional y acumulación de capital.

En este sentido, el hecho de que Indra tenga participación pública no modifica por sí mismo la naturaleza de su actividad principal: producir tecnología destinada al ámbito militar mediante contratos financiados con recursos públicos.

El concepto de “autonomía estratégica” ocupa un lugar central en toda la argumentación.

Vegas dice que Europa debe reducir su dependencia militar de Estados Unidos y desarrollar una industria propia de defensa.

Esta idea plantea una cuestión fundamental: sustituir la dependencia de una potencia por el fortalecimiento de otra no implica necesariamente superar la lógica del imperialismo. Puede interpretarse como un intento de reforzar la capacidad económica, tecnológica y militar de un bloque geopolítico dentro del mismo sistema internacional.

El debate deja entonces de situarse entre militarismo y pacifismo para convertirse en una discusión sobre qué bloque dispone de mayor autonomía.

Otro de los argumentos recurrentes es la creación de empleo industrial en Asturias. Sin embargo, surge una pregunta: ¿debe vincularse el desarrollo industrial de una región a la expansión de la producción militar?

El problema no consiste únicamente en crear empleo, sino en decidir hacia qué sectores se orientan la inversión pública, la capacidad tecnológica y el conocimiento científico.

Una política industrial basada en contratos militares puede generar puestos de trabajo, pero también hace depender esos empleos de la continuidad del gasto en defensa.

Cuando se le pregunta por empresas proveedoras vinculadas a Israel, Vegas responde que considera inaceptable mantener relaciones con un Estado al que califica de “terrorista” y sostiene que esos proveedores deben ser sustituidos. Su respuesta reconoce el problema y propone eliminar esos suministros. Pero, hasta qué punto una industria militar integrada en cadenas internacionales puede desvincularse de los intereses estratégicos y comerciales que caracterizan al mercado mundial del armamento.

El resultado es vender una farsa, donde conviven principios potencialmente difíciles de armonizar pero que al fin y al cabo, es la lógica del oportunismo, la lógica de la socialdemocracia que, históricamente, allana el camino al fascismo implementando las políticas necesarias para que el imperialismo continúe desarrollándose.

Mientras las empresas estén en manos de una minoría parasitaria que decide qué se produce y cuyo fin último es el lucro privado, y no el bienestar social, no importa qué bloque geopolítico tiene mayor autonomía – una autonomía que es una ilusión en una economía totalmente interconectada -, porque toda la producción irá destinada a enriquecer a la burguesía, no a satisfacer las necesidades de la clase obrera.

 

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Asturias




Ceuta, el imperialismo norteamericano y la extrema derecha

El pasado día 30 de julio, según el Ministerio del Interior, en torno a 50.000 personas entraron en Ceuta desde Marruecos, de los que, al menos, 57 han muerto. Nuevamente, la corrupta monarquía marroquí, títere del imperialismo norteramericano y del genocida estado fascista de Israel, no vaciló en utilizar a su pueblo en la defensa de los intereses geopolíticos de la reacción mundial de dichas potencias criminales, organizando esta avalancha de decenas de miles de seres humanos hacia Ceuta. Nuevamente, los imperialistas norteamericanos, y sus esbirros, utilizan la migración para ajustar cuentas y para esparcir el veneno fascista de la antiinmigración y del racismo, al objeto de fortalecer las posiciones reaccionarias.

Las reacciones internacionales a este hecho definen con nitidez la génesis de esta acción contra las fronteras del estado español y los fines inmediatos que persigue, como intervenir en el proceso electoral español y erosionar al gobierno de Sánchez, al que le pasa factura por su posición ante la guerra contra Irán y su posición crítica – más de palabra que de hechos – contra el genocidio israelí, abonando el terreno para un cambio hacia un gobierno todavía más colaboracionista con la potencia imperialista norteamericana que el de Sánchez, ya sumiso, conformado por las fuerzas abiertamente fascistas del Estado español. En este sentido, son clarificadoras la posición de Trump respecto de este ataque geopolítico responsabilizando a “las políticas globalistas de extrema izquierda” del gobierno de Sánchez con respecto a la inmigración. Políticas de extrema izquierda que, por otro lado, a excepción de fascistas como Trump y sus esbirros locales reaccionarios como PP y VOX nadie ve. Rápidamente reaccionó también el gobierno fascista italiano, tanto Meloni, como Tajani y Salvini, junto también al gobierno fascista finlandés ferviente defensor de la guerra contra Rusia, salieron rápidamente a pedir la exclusión del espacio Schengen al Estado español. Por otro lado, miles de bots sionistas en las redes sociales amplificaban la posición del fascista estado de Israel, manifestada por su embajador ante la ONU, Danny Danon, señalando que “España, que nunca pierde la oportunidad de dar lecciones a Israel, ha declarado estado de emergencia en Ceuta tras la crisis por su política de inmigración (…) Quizás antes de que continúe dándonos lecciones, sea hora de que explique al mundo por qué aún mantiene enclaves coloniales en África”, censurando las críticas realizadas por el gobierno español al exterminio que el sionismo está haciendo en la Palestina ocupada por su gobierno fascista contra el pueblo palestino.

EEUU lleva más de un siglo injiriéndose en los asuntos de los estados, confrontándolos y haciendo todo tipo de tropelía contra los pueblos, a lo que saquea de manera inmisericorde y los divide. Lo acontecido el pasado jueves debe circunscribirse en dicha política, la misma que hace que haga fraude electoral en Perú o en Colombia, que lo esté tratando de realizar con toda la intensidad en Brasil, que directamente secuestre a un presidente elegido democráticamente como Nicolás Maduro en Venezuela, etcétera, al objeto de instalar a validos fascistas encargados de aplicar la política exigida por la cohorte de fascistas del gobierno norteamericano. Constituyendo estas injerencias un frente más en la guerra interimperialista que EEUU desarrolla contra las potencias BRICS, y fundamentalmente contra China.

La monarquía marroquí, corrupta hasta el tuétano y criminal desde siempre, ha sido un instrumento geopolítico al servicio del imperialismo norteamericano al objeto de controlar la zona del norte de África y contrarrestar, primero a la URSS y, actualmente, el desarrollo de los BRICS en la zona. Hassan II, “hermano” del Borbón colocado a dedo por Franco, iguales de corruptos e iguales de anticomunistas, sostenido tanto por EEUU como por Francia, a cambio de ser el esbirro norteamericano en el Magreb, de tal modo que  EEUU siempre le ha proporcionado inteligencia y apoyo militar, sobre todo con respecto del Sáhara Occidental, respaldando a la satrapía marroquí en la Marcha Verde, en la represión contra el pueblo saharaui llegando a 2020, ya bajo el reinado del actual monarca alauí, donde bajo el gobierno del pedófilo Donald Trump, EEUU definió su posición respecto del Sáhara Occidental reconociéndolo como una autonomía marroquí y, consecuentemente, reconociendo la soberanía marroquí sobre dicho territorio, contraviniendo el estatus jurídico del Sáhara Occidental como territorio no autónomo pendiente de descolonización siendo el pueblo saharaui quien debe definir su futuro bajo el derecho a la libre autodeterminación, que el imperialismo norteamericano y su esbirro marroquí niegan. Como contrapartida a este posicionamiento norteamericano, Marruecos e Israel firmaron los Acuerdos de Abraham por los que el país alauita reconoce al estado genocida de Israel y establece relaciones plenas con dicho estado; un estado de Israel que asesora a Marruecos en cómo reprimir al pueblo saharaui.

Unos pactos de Abraham y la soberanía marroquí contra el Sáhara, asumida por el gobierno reaccionario de Biden que tanto agradaba a Yolanda Díaz e Irene Montero, y que vergonzosamente fueron reconocidos por el Gobierno de PSOE/PCE/IU/PODEMOS, vendiéndose a EEUU, a su fascismo, a la satrapía marroquí y traicionando al pueblo saharaui. Dicha traición perpetrada por Pedro Sánchez al Sáhara Occidental está siendo pagado actualmente tanto por EEUU como por el corrupto estado marroquí de esta manera, desestabilizando su gobierno y erosionándolo todavía más utilizando sin miramientos a decena de miles de personas a los que ha lanzado contra la frontera española en Ceuta. Y es que ya se sabe, Roma no paga a traidores.

A todo lo mencionado, debe añadirse como otro detonante de esta agresión marroquí-norteamericana-israelí contra la frontera española de Ceuta los acuerdos firmados entre España y Argelia el pasado 20 de julio para incrementar el suministro de gas natural a través del gasoducto Medgaz, el cual no pasa por territorio marroquí viajando directamente desde Argelia no teniéndose que pagar peaje a la corrupta monarquía marroquí, e incrementando el suministro de gas natural licuado desde Argelia hacia España a través de barcos de tal modo que hace que el estado español no tenga que pagar a Marruecos peajes y consigue un proveedor gasístico seguro, cosa que no interesa a EEUU.

La reacción mundial liderada por EEUU e Israel ya está interviniendo en la precampaña electoral, tratando de debilitar al gobierno de Sánchez y fortalecer a la oposición fascista de PP-VOX, los mismos que aplauden al fascista cipayo de Milei al que consideran como referencia para el Estado español indicando que van a hacer aquí lo mismo que Milei está haciendo en Argentina: facilitar los despidos, condenar a morirse de hambre y apalear a los jubilados, robarles las prestaciones y los tratamientos a los discapacitados, regalar la tierra y la riqueza natural a los capitales extranjeros, entregar la Patagonia a los sionistas, ilegalizar el derecho a la huelga, reprimir sin miramientos a la clase obrera, condenar al hambre al pueblo, etcétera. Sin duda, el gobierno de Sánchez es un gobierno colaboracionista con EEUU, pero el imperialismo norteamericano en su debacle no requiere de colaboracionismo, requiere de un entreguismo total y sin reservas, que es lo que sin duda harán Abascal y Feijóo cuya única patria es su bolsillo y el de sus amos, auténticos verdugos del pueblo español.

Los fascistas españoles han demostrado, nuevamente, lo que han sido siempre, ser unos traidores al servicio de la reacción mundial, abrazando a aquellos que persiguen que el estado español sea colonia norteamericana para garantizar sus migajas, sus privilegios a costa de la vida del proletariado. La socialdemocracia también ha demostrado su faz vacilante, siempre colaboracionista con la reacción y, prueba de ello, fue ir de la mano de los fascistas en la miserable resolución acordada por la Permanente de la Asamblea de Ceuta exigiendo la declaración de emergencia nacional, movilizar al Ejército y cerrar la frontera, esto es, emplear la represión no contra los responsables de dicha agresión – el estado marroquí y sus aliados norteamericano e israelí – sino contra un pueblo al que han lanzado contra la frontera y utilizado.

Esta agresión ha mostrado cómo el Jefe del Estado, el Borbón, ha estado bien escondido ante el movimiento de la reacción internacional contra el Estado del que ostenta la jefatura, callando y otorgando a los reaccionarios con los que realmente está alineado. También esta agresión ha mostrado qué clase de “aliados” tiene el Estado español tanto en la OTAN como en la UE, auténticas alimañas que no han dudado en arremeter contra su aliado español demostrándose la necesidad inmediata de salir de la OTAN (desmantelando las bases militares norteamericanas en suelo español) y de la UE, así como de las guerras imperialistas en las que hoy está inmersa apoyando a la potencia criminal norteamericana.

El actual gobierno del Estado español está mucho más cerca de Trump, de la extrema derecha, que de la izquierda pues, si fuera mínimamente de izquierda y decente, debería de ponerse a la cabeza por la emancipación del Sáhara Occidental y el reconocimiento inmediato de la República Árabe Saharaui Democrática y el establecimiento inmediato de relaciones bilaterales con dicha República Árabe Saharaui.

El proletariado del estado español y de las naciones que lo conformamos comprobamos la faz criminal y cipaya de la extrema derecha, la inutilidad de la socialdemocracia y del oportunismo que siempre está a remolque de la reacción y al servicio del gran capital monopolista, no atendiendo a las necesidades de la clase obrera para poder tener una vida digna y de emancipar realmente al estado español, el cual forma parte del patio trasero norteamericano y, como tal, le crean crisis como la creada en Ceuta, interfiere empleando a la judicatura en casos de lawfare, al igual que hace EEUU en países de Latinoamérica y, que no le quepa duda ni al proletariado ni al oportunismo traidor que hoy cogobierna bochornosamente con la socialdemocracia que interferirá – de hecho ya lo está haciendo – y manipulará las elecciones que se realizarán, en principio, el próximo año de la misma manera que lo ha hecho en Perú, Colombia, Honduras o que lo hizo en Argentina.

La única manera de que los trabajadores en el estado español podamos conquistar una vida digna, de que se puedan resolver las contradicciones nacionales existentes dentro del estado español y construir un auténtico estado unido de obreros libres, pasa por conquistar la verdadera independencia de las naciones que conforman el estado, por la unión libre de estas bajo los principios políticos e ideológicos del socialismo científico, de la unidad de la clase por encima de todo, de la dictadura del proletariado construyendo una República Socialista que es la única forma de dejar de ser colonia norteamericana, que de facto somos desde que concluyó la II Guerra Mundial, ya que nuestro pueblo está despojado de los medios de producción y de la riqueza del país que la poseen y disfrutan el capital foráneo, fundamentalmente el norteamericano, entregados por una burguesía nacional integrada en dicho capital internacional y por sus gestores políticos –  PP, PSOE, VOX, Junts, IU/PCE/Sumar, PODEMOS,… – que no han dudado en servir al  imperialismo norteamericano y entregar nuestras riquezas sacrificando la vida de los obreros  en el estado español. Liberemos nuestro país, socialicemos todos los medios de producción y pongamos la riqueza en manos de la clase obrera, del pueblo trabajador, al servicio de la Revolución en el Estado español y de la Revolución Proletaria Mundial.

 

¡ROMPAMOS LA CADENA IMPERIALISTA, POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

¡ABAJO EL FASCISMO!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO, POR LA INTERNACIONAL COMUNISTA PARA LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL!

Madrid, 1 de agosto de 2026

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)