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14 de abril y las enseñanzas de la historia: el oportunismo es el mayor enemigo del proletariado

Se cumplen 94 años del 14 de abril de 1931, día en el que se produce un punto de inflexión en el proceso de lucha de pequeña y la mediana burguesía contra la burguesía latifundista y terrateniente, la oligarquía financiera y la Iglesia católica – siendo la monarquía la punta de lanza del estado que defendía los intereses de éstos y garantizaba la dominación de esta tripleta-, una lucha donde los intereses del proletariado fueron subordinados a los de la burguesía contraria a la monarquía, gracias a la deplorable conducción política del PSOE y de los anarcosindicalistas que nunca plantearon disputar las riendas de la dirección política a la burguesía, algo que quedó nítidamente contrastado en el Pacto de San Sebastián en agosto de 1930, constituyéndose el “Comité Revolucionario”. Un PSOE, siempre traicionero y traidor al proletariado que había colaborado con la dictadura de Primo de Rivera, al igual que la UGT.

Así, con huelgas, asonadas militares como las ocurridas en Jaca o en Madrid en diciembre de 1930, fusilamientos perpetrados por la criminal monarquía de Alfonso XIII, y con una situación social de gran agitación contra la monarquía, se empujó a ésta a la convocatoria de elecciones municipales, llegándose a  las elecciones municipales de 12 de abril de 1931 donde vencen las fuerzas políticas republicanas, con el pueblo en la calle, éste forzó al gobierno del Almirante Aznar a dimitir, proclamándose en Eibar el 13 de abril la República, exiliándose Alfonso XIII en Francia y decretándose la Segunda República Española por parte del Comité Revolucionario en la tarde del 14 de abril de 1931.

Hoy, 94 años después, algunos partidos que, aun llamándose comunistas ensucian la palabra comunista y escupen a la ciencia del marxismo-leninismo, salen a la calle a reivindicar lo que fue la Segunda República Española y, de paso, hacen un ejercicio de revisionismo histórico y, por tanto, de oportunismo sin parangón, no dudando en ir de la mano con los que son como ellos, oportunistas, y en seguir engañando y traicionando a la clase obrera.

Cuando estos oportunistas salen a la calle a reivindicar la Segunda República salen a reivindicar un período histórico que demostró que la pequeña y mediana burguesía fue incapaz de desarrollar una revolución democrático-burguesa, un periodo donde los republicanos burgueses, en alianza con la socialdemocracia traidora, no dudaron en doblegarse ante la oligarquía financiera y los terratenientes ignorando las aspiraciones del proletariado y el campesinado pobre. Un período donde la pequeña y mediana burguesía pusilánime no sólo despreció al proletariado y al campesinado pobre y los jornaleros, sino que permitió el reagrupamiento y el fortalecimiento del fascismo.

Lo que celebran los oportunistas el 14 de abril era definido por el camarada Jorge Dimitrov – en “La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo. Informe ante el VII Congreso de la Internacional Comunista” (págs. 17-18 Emiliano Escolar Editor, Madrid, 1977) – de la siguiente manera:

¿Tenía que triunfar inevitablemente la burguesía y la nobleza en España, país donde las fuerzas de la insurrección proletaria se combinan tan ventajosamente con la guerra campesina? (…) Los socialdemócratas españoles estuvieron representados en el gobierno desde los primeros días de la revolución ¿Establecieron acaso un contacto de lucha entre las organizaciones obreras de todas las tendencias políticas incluyendo comunistas y anarquistas? ¿Fundieron a la clase obrera en una sola organización sindical? ¿Exigieron acaso la confiscación de todas las tierras de los terratenientes, de las iglesias y los conventos a favor de los campesinos para conquistar a éstos para la revolución? ¿Intentaron luchar por la autodeterminación nacional de los catalanes, de los vascos, por la liberación de Marruecos? ¿Limpiaron al ejército de elementos monárquicos y fascistas, preparando el paso de las tropas al lado de los obreros y de los campesinos? ¿Disolvieron a la guardia civil, verdugo de todos los movimientos populares, tan odiada por el pueblo? ¿Asestaron algún golpe contra el partido fascista de Gil Robles, contra el poderío del clero católico? No, no hicieron nada de esto. Rechazaron las reiteradas proposiciones de los comunistas sobre la unidad de acción contra la ofensiva de la reacción de los burgueses y de los terratenientes y del fascismo. Promulgaron una ley electoral que permitió a la reacción conquistar la mayoría en las Cortes y una serie de leyes que decretaban duras penas contra los movimientos populares, leyes que sirven ahora para juzgar a los heroicos mineros de Asturias. Fusilaron por mano de la guardia civil a los campesinos que luchaban por la tierra, etc. (…) Así desbrozó la socialdemocracia el camino al poder del fascismo, lo mismo en Alemania que en Austria y que en España, desorganizando y llevando la escisión a las filas de la clase obrera.

En 1935, las cárceles de la Segunda República encerraban a 30.000 presos políticos obreros, sindicalistas, y mantenía en el Ejército a fascistas represores de los obreros en Asturias y otras partes del estado español, como al asesino de Franco.

Nuestro Partido, de la Segunda República, únicamente reivindica el papel jugado por el proletariado y el campesinado pobre y el papel del PCE tanto en el desarrollo de la política del VII Congreso del Comintern en España, del Frente Único y Frente Popular, como en la guerra nacional revolucionaria contra el fascismo junto a la bravura del proletariado español.

Las enseñanzas que nos tiene que dar la Segunda República es que la única clase revolucionaria es el proletariado, y que es la única clase social que puede abrir un proyecto histórico diferente al imperialismo, el proyecto histórico del comunismo.

94 años después del inicio de la Segunda República, vivimos en un mundo donde se cumplen, por primera vez en la historia, las condiciones establecidas por Marx para un cambio de formación socioeconómica “Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.” (Carlos Marx y Federico Engels, Obras Escogidas, Tomo I, pág. 270. Ed. Progreso. Moscú, 1980).

Con el desarrollo de la inteligencia artificial, de la automatización de los procesos productivos, el capitalismo ha desarrollado al máximo las fuerzas productivas que caben dentro de él, de hecho, hace que el propio capitalismo se niegue a sí mismo, al perseguir la minimización de la parte de capital variable, que es la parte que le genera la plusvalía, desequilibrando por completo la composición orgánica del capital.

Hoy en este sistema caduco y moribundo, con la robotización y la automatización de la producción ya se establecen las condiciones materiales para que se armonicen el ingente desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción, que bajo el imperialismo se exacerba su antagonismo en tanto se produce una socialización amplísima de la pobreza, expulsando al ser humano del trabajo y, por tanto, de la obtención de su sustento, y sin embargo, se privatiza al máximo el beneficio, en una parte ínfima de la población. Y la única manera de que se produzca dicha armonización pasa porque los medios de producción, y su desarrollo tecnológico, sea socializado para que toda la riqueza que éste genere esté a disposición de la humanidad y no de una minoría. De hecho, el desarrollo del imperialismo ha privatizado, concentrado, tanto la riqueza en unas pocas manos, en unos pocos monopolios, que no sólo ha sumido en la pobreza a cada vez una mayor parte del proletariado, sino que ha devorado a la propia burguesía, de tal modo que la ha condenado a la ruina y a la proletarización a cada vez más parte de la propia clase burguesa, de la pequeña y mediana.

El proletariado, pues, como ya hemos mencionado, es la única clase revolucionaria porque así lo constata y ratifica el desarrollo de las fuerzas productivas. Lamentablemente, hay algunos que se mal denominan comunistas que siguen incidiendo en el interclasismo, en una política de alianzas entre clases sin comprender que la composición de la sociedad ha cambiado, al igual que la situación en la que se halla el imperialismo, que lejos de hundirlo lo que hace es frenar el cumplimiento de la misión histórica del proletariado, que es derrocar revolucionariamente el imperialismo e imponer su proyecto histórico: El comunismo. Por ello, hoy es obligado combatir a muerte al oportunismo, el mayor cáncer que maniata y desvía al proletariado.

Los comunistas no podemos reivindicar hoy una revolución democrático-burguesa porque el imperialismo ya ha rebasado dicha fase, el imperialismo, la concentración máxima de la riqueza en las mínimas manos, reflejándose este hecho en la superestructura como la tendencia a la reacción, como el fascismo como ideología y forma de ejercer el poder omnímodo de los monopolios, del capital financiero. Hoy evocar la Segunda República como lo hacen los oportunistas no es más que seguir engañando al proletariado en el estado español y, por consiguiente, alejarlo de la misión que le corresponde realizar: Construir sus órganos de poder para confrontar al capitalismo y su estado, derrocar revolucionariamente a la burguesía y a su formación socioeconómica capitalista e imponer la dictadura del proletariado para desarrollar el socialismo (comunismo inmaduro) y poner a disposición del proletariado y del desarrollo de la Revolución proletaria mundial todos los medios de producción y la riqueza liberada.

 

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!

¡POR EL DESARROLLO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA MUNDIAL! ¡POR EL SOCIALISMO, POR EL COMUNISMO!

 

Madrid, 13 de abril de 2025

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)




Aranceles, putrefacción y bancarrota del imperialismo

Quien piense que a Trump, como servidor de los monopolios norteamericanos, le importan algo los trabajadores norteamericanos, o es un ignorante o un estúpido. Este hecho todavía se agrava más cuando algunos cretinos que, falsamente, dicen ser “comunistas”, aplauden que Trump haya ganado las elecciones norteamericanas. EEUU, ya sea dirigido por demócratas o republicanos – iguales de títeres de los monopolios-, es un enemigo de la humanidad y, sin duda, mientras el proletariado norteamericano no rompa al imperialismo y desarrolle una revolución socialista en dicho país, el proletariado seguirá sufriendo la barbarie, dentro y fuera de sus fronteras, pues EEUU es el garante de la reacción y el caudillo fascista del planeta.

Trump dice que pretende volver a hacer América grande (MAGA), interpretando que América es sinónimo de la potencia norteamericana, la potencia más asesina y criminal que ha parido la historia. Pero para la clase obrera norteamericana, y para la del resto del planeta, EEUU siempre ha sido, y es, el más grande yugo, el más grande ladrón y criminal que existe y jamás haya existido. Y resulta que Trump vende al pueblo trabajador norteamericano que va a hacer grande a EEUU con el racismo, confrontando a la clase obrera entre obreros norteamericanos y de fuera de Norteamérica, latinos, creando campos de exterminio en El Salvador, donde el criminal fascista Bukele se ha convertido en el carcelero de Trump.

Lo que han dejado claro estos casi tres meses de gobierno de Trump como inquilino de la Casa Blanca, es el declive del imperialismo norteamericano. Lo primero que ha mostrado Trump son sus apetencias imperialistas con respecto del resto del continente americano, que pretende saquear a su gusto y necesidad, desde Canadá pasando por México hasta la Patagonia; con respecto de Europa pretendiendo anexionarse la Antártida y haciendo que Europa incremente el gasto militar para sostener la OTAN y beneficiar a los monopolios norteamericanos de la guerra ya que el enemigo fundamental de EEUU hoy no está en Europa sino que es China, dirigiendo a los fascistas sionistas para exterminar Palestina y fortalecer a Israel para controlar dicha zona, devorando también a Siria, para rapiñar los recursos de dicha área territorial o apropiarse de las tierras raras de Ucrania, entre otras acciones.

Y ¡cómo no! Trump manifiesta una pretensión de imponer aranceles bajo la excusa de pretender recuperar y fortalecer la industria estadounidense y, así, tratar de ganarse a los trabajadores de dicho estado. Unos aranceles que, en realidad, han retratado a Trump demostrando que es un títere de los grandes capitalistas norteamericanos, de los multimillonarios de ese criminal estado. Pretende dar una imagen de dureza extrema – que sin duda es extrema dicha dureza contra el proletariado, contra los oprimidos y los parias – al mundo y lo que ha hecho es mostrar que tiene los pies de barro, que es tigre de papel pues quienes realmente mandan son los monopolios de dicho país siendo Trump el matón de éstos. Ello se constató con nitidez, el pasado día 9 de abril. Por la mañana Trump decía que los países le “pedían negociar” y le besaban “el culo”, y por la tarde, tras ser llamado a capítulo por sus jefes, los multimillonarios norteamericanos, procedía a congelar gran parte de los aranceles, a excepción de China, tratando EEUU de debilitar su economía.

Sin embargo, la realidad es que China, según el Instituto de Política Estratégica Australiano (ASPI), supera a EEUU y al resto de los países del mundo en 37 de 44 tecnologías claves para la innovación y el crecimiento en áreas como defensa, la exploración espacial, la robótica, biotecnología, tecnología cuántica e inteligencia artificial, generación de energía, por no hablar de que China controla el 70% de las tierras raras del planeta, materias esenciales para desarrollar tecnología y almacenar energía eléctrica.

La realidad es que los EEUU tienen una deuda pública impagable, de 36,1 billones de dólares, de los que 9,2 billones (el 25,48% del total de la deuda) vencen en el corto plazo, o lo que es lo mismo, en este año 2025, de los que 6,44 billones vencen en el primer semestre.

La realidad es que mientras Trump constata, mediante los aranceles, su declive imperial, China da un paso más en su estrategia de liquidar el sistema financiero que tiene como moneda de intercambio el dólar, contraponiendo al sistema financiero SWIFT el Yuan digital, que fue activada el pasado mes de marzo y que ya hace que Brunéi, China, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Myanmar, Singapur, Malasia, Vietnam, Tailandia, Irán, Kuwait, Qatar, EAU, Arabia Saudita y Bahréin, o lo que es lo mismo, en torno al 40% del comercio mundial, puedan desarrollar sus transacciones financieras internacionales sin pasar por el SWIFT y, por tanto, socavando al dólar como divisa internacional de intercambio. Un sistema alternativo que significa un golpe enorme al sistema financiero dominado por EEUU y a su usura, reduciendo las comisiones en un 98%. Una China que, también, domina el campo de la ciberseguridad y del blockchain.

La política aplicada por Trump desde que asumió la presidencia de dicho estado, evidencia la situación crítica del imperialismo estadounidense y su bancarrota económica, su incapacidad para equilibrar la contienda que mantiene contra China, y por ello los aranceles, para tratar de restañar el daño que le inflige el superior desarrollo chino y tratar de impedir no solo la quiebra económica, sino también imperial tratando de encontrar el espacio que le corresponde en un mundo imperialista donde ya no ejerza el pleno dominio, sino que éste sea compartido con otras potencias imperialistas.

Estas acciones de Trump, a la desesperada, al objeto de frenar y dañar las economías de sus contendientes, fundamentalmente China, no solo lesionan a éstos sino también lesionan, todavía más, a la propia economía estadounidense y, en general, deterioran todo el sistema económico imperialista y su propio orden imperialista, cuyas instituciones se está llevando el mismo Trump por delante. Y es que el imperialismo es uno solo, y todas las economías nacionales están entrelazadas con lo que la bancarrota de una potencia imperialista afecta al conjunto del sistema económico imperialista mundial.

El capitalismo putrefacto se ha visto con una nitidez enorme en las Bolsas de Valores del mundo, como montañas rusas de la especulación financiera y la putrefacción, perdiendo billones de dólares y rebotando después revalorizándose las acciones ayer devaluadas dejando, bien claro, que el capital de las empresas que cotizan en dichos mercados es ficticio, al igual que el carácter putrefacto y parasitario del capitalismo. Bolsas de valores donde se estafan a millones de obreros a los que los estados burgueses conducen las pensiones de éstos y que, cuando se producen vaivenes, y bajadas de las acciones en las que se invierten esos dineros se evaporan o, mejor dicho, pasan a los bolsillos de los grandes capitalistas arruinando a grandes masas de proletarios.

EEUU está perdiendo la hegemonía con China en el terreno económico y, por ello, el uso de los aranceles para debilitar a China y para tratar de atenuar su balanza comercial deficitaria en torno al 5% de su PIB de media anual en los últimos 25 años, constatación también de su declive.

EEUU para tratar de salvar su quiebra económica ha gastado, y sigue gastando, ingente cantidad de dinero en la guerra; ha sacrificado a sus socios más arrastrados y reaccionarios como la UE, a la que ha destrozado económicamente y, consecuentemente, también se ha debilitado la propia potencia imperialista estadounidense. La política de Trump no sólo acelera el declive de dicha potencia criminal, sino que también produce cambios geopolíticos que, lejos de beneficiarle, lo que hace es que socios históricos suyos negocien y planteen acciones conjuntas con su enemigo chino, como por ejemplo, Japón y Corea del Sur.

La economía norteamericana está condenada a la devaluación, como consecuencia de la ingente cantidad de dinero ficticio creado en la última década, muy por encima del incremento de la producción, devaluando al dólar que, todavía se erosionará más con el cada vez menor uso en las transacciones comerciales y financieras de todos aquellos estados en la órbita china.

Pero EEUU no sólo tiene una situación económica de bancarrota, de retroceso geopolítico y comercial a nivel internacional, sino que las medidas que adopta para tratar de sostener su hegemonía le abren también, con mucha probabilidad, el frente más duro que va a tener que enfrentar, el interno. Los propios monopolios, como JP. Morgan, advierten de que el desarrollo de la política arancelaria impuesta por Trump conllevará un incremento de la inflación, del paro y una recesión económica que se produce en una sociedad fragmentada y enfrentada, donde la pobreza crece casi al 8% anual, donde prolifera la explotación infantil que ahora pretenden legalizar, donde un tercio de la población norteamericana no puede pagar una factura inesperada de 500 dólares, donde el pueblo trabajador no tiene acceso a la sanidad o, en todo caso, a una sanidad muy deficiente, que el 33% de los trabajadores norteamericanos no podrán jubilarse pues no tienen ahorros para ello, siendo un polvorín que una situación de recesión económica puede hacer estallar por los aires y avivar otros conflictos latentes como el de la secesión de estados como, por ejemplo, se podría dar en estados como Alaska, Texas o California.

Los propios imperialistas reconocen el fracaso del capitalismo y que éste no ha funcionado, ni funciona, sino que lo que genera es desigualdad. Larry Fink en su carta a los socios de Blackrock de marzo de 2025 reconoce que “el capitalismo funcionó, solo para muy poca gente” y que “hoy en día, muchos países tienen economías gemelas e invertidas: una donde la riqueza se construye sobre la riqueza; otra donde las dificultades se construyen sobre las dificultades. Esta división ha transformado nuestra política, nuestras políticas, incluso nuestra percepción de lo posible. El proteccionismo ha regresado con fuerza. La suposición tácita es que el capitalismo no funcionó y es hora de probar algo nuevo.

Lo único que los imperialistas pueden ofrecer al proletariado es muerte, pobreza, desigualdad y guerras. Por ello, la única salida que tenemos los proletarios del mundo es organizarnos, es el fortalecimiento del movimiento comunista en los países y a nivel internacional, y derrocar revolucionariamente a los estados burgueses, construyendo el socialismo e imponiendo la dictadura del proletariado. Hoy, más que nunca, está vigente la consigna ¡Socialismo o Barbarie! O construimos el socialismo y exterminamos al imperialismo o la humanidad corre el riesgo de perecer.

 

Madrid, 11 de abril de 2025

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Breve análisis de las relaciones de producción capitalistas

Vamos a hacer una pequeña exposición de las bases materiales donde se conforma la lucha de clases en la vida cotidiana y para eso nos serviremos de las relaciones de producción en el sistema capitalista. Esto nos lleva a estudiar la interacción del trabajo y el capital.

El trabajo asalariado es la venta de una mercancía, la fuerza de trabajo, que el capitalista compra al obrero por un tiempo o una labor determinada y que éste intercambia por dinero. La finalidad de su venta no es otra para el obrero que su propia subsistencia y le vuelve ajeno a la mercancía que produce mediante la atribución del salario. El obrero, para su propia supervivencia, debe subyugarse al capitalista, que es dueño de los medios de producción, para obtener su salario. Si la mercancía final que surge del trabajo del obrero pertenece al capitalista y la mercancía fuerza de trabajo pertenece al obrero hasta que la pone en el mercado, debemos ahora determinar cuál es el precio de una mercancía. En primer lugar, diremos que la competencia entre vendedores hace bajar el precio y la competencia entre compradores la hace subir. En un mercado donde prima la anarquía productiva se generarán fluctuaciones y crisis periódicas por sobreproducción. En segundo lugar, diremos que el criterio por el que el burgués mide su pérdida o beneficio es el coste de producción expresado en dinero y éste se expresa por el tiempo de trabajo necesario que contiene la mercancía. En el caso del obrero, que pone a la venta la mercancía fuerza de trabajo y por la que recibe un salario, diremos que el salario, en palabras de Marx, es “lo que cuesta sostener al obrero como tal obrero y educarlo para ese oficio” y su cantidad irá directamente relacionada con el precio de los medios de vida indispensables para encontrarse en perfectas condiciones de explotación para la jornada siguiente y reproducir a su prole. Igual que el burgués se rige por el coste de producción, el obrero se rige por el salario mínimo que es la mínima cantidad de salario para su supervivencia y la reproducción de la mano de obra futura en su prole. Se da así la paradoja de que el burgués, propietario de las mercancías, termina vendiendo al obrero lo que él mismo produce, pero con un margen de beneficio que atenta contra su salario y que es el nacimiento de la plusvalía. La plusvalía es trabajo no remunerado por el capitalista y es la madeja de donde nace el capital, que se opone frontalmente al fruto del trabajo. El obrero no sólo repone lo que consume, sino que le da un valor mayor del que antes poseía mediante su fuerza de trabajo y del que el capitalista se apropia.

El capital, por otra parte, es trabajo cristalizado y no remunerado. Marx dice del capital que “está formado por materias primas, instrumentos de trabajo y medios de subsistencia que se emplean para producir nuevas materias primas, instrumentos de trabajo y medios de subsistencia producto del trabajo, trabajo acumulado. El trabajo acumulado que sirve de medio de una nueva producción es el capital”. El crecimiento del capital es el desbalance del trabajo acumulado frente al trabajo vivo. Así llegamos a la conclusión de que el capital es el producto de la apropiación del trabajo ajeno acaparado por el capitalista a usura y que la única función que realiza es ser dueño de los medios de producción. Para el burgués, el trabajo propio le es completamente ajeno y se alimenta como una sanguijuela que nada produce. El capital convierte los productos de la producción en mercancías, porque su única finalidad es la especulación y la ganancia y se constituye mediante valores de cambio. La circulación de la mercancía en el mercado produce para el capitalista y el obrero resultados distintos. Para el capitalista la circulación produce dinero (capital invertido)-mercancía (compra de fuerza de trabajo)-dinero incrementado (plusvalía) y en el obrero mercancía (fuerza de trabajo vendida)-dinero (salario)-mercancía (medios de subsistencia). El capital se incrementa y en cambio la fuerza de trabajo se consume y tiene que ser repuesta a cada jornada. Marx dice respecto al método por el que las mercancías se convierten en capital que “cuando la fuerza en poder de una parte de la sociedad se conserva y aumenta por medio del intercambio con la fuerza de trabajo vivo, la existencia de una clase que no posee nada más que su fuerza de trabajo es la premisa necesaria para que exista el capital”. Así vemos como en la relación capital trabajo es donde los intereses de las distintas clases sociales entran en colisión directa y toman la forma manifiesta en la explotación capitalista.

La lucha de la clase obrera no debe limitarse a la lucha por una mejora salarial, ya que eso es perpetuar el capital y la esclavitud asalariada de la que se nutre, esto es, el dominio del trabajo acumulado frente al trabajo vivo. La lucha de la clase obrera debe orientarse a sustituir las relaciones de producción capitalistas por unas relaciones de producción que destruyan la esclavitud asalariada y por consiguiente al capital, en un nuevo escenario donde la lucha de clases se decante hacia el poder obrero. A la lucha por una mejor retribución, cosa que no debe renunciarse mientras no llega la revolución, debe unirse la lucha política e ideológica de las masas para demoler completamente el edificio capitalista, todo lo demás es revisionismo y oportunismo. Esa tarea es llevada a cabo por la vanguardia de la clase obrera, el PCOE, que actúa de catalizador mediante la ciencia del marxismo-leninismo. La construcción del socialismo, esto es, la expropiación de los expropiadores, que socializa los medios de producción y pone los réditos del trabajo vivo al servicio de la única clase social que produce valor, la clase obrera, sólo puede ser alcanzada por la vía revolucionaria. En la transición hacia la sociedad comunista la burguesía parasitaria no va a dejar de patalear, por lo que la lucha de clases no va a cesar y se puede recrudecer en un largo periodo de tiempo. La diferencia será que la clase obrera, mediante la dictadura del proletariado, tendrá en sus manos el instrumento para reprimir a esa clase parasitaria, la burguesía, la maquinaria de un estado de nuevo tipo, el estado proletario, que nacerá de la destrucción y de las cenizas del estado burgués. En el PCOE se gesta la organización que debe llevar a la clase obrera a conseguir sus objetivos de clase mediante la lucha revolucionaria. Únete a ella y construye estructuras de poder obrero frente a la tiranía del capital.

¡Por la destrucción del capital!

¡Por la expropiación de los expropiadores!

¡Obrero y estudiante, únete a las filas del PCOE!

 

COMISIÓN DE AGITACIÓN Y PROPAGANDA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)