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Los empresarios aplastan como uvas a los trabajadores para producir dinero

Desde que caducó el convenio regulador de la Denominación de Origen Valdepeñas (DOV) en 2019, la empresa vitivinícola Félix Solís, lleva explotando sin ningún tipo de amparo legislativo a sus más de 4.000 trabajadores, 5.500 si sumamos a los que contrata mediante empleo precario con las ETT’s, y lo hace a un ritmo descomunal, como si de máquinas se tratase.

El monopolio que Félix Solís mantiene ya no solo en Valdepeñas, sino en casi todo el territorio español, le ha llevado a ser una de las empresas que controlan el mercado del vino en todo el Estado español, copando el 26% del mismo y siendo uno de los principales exportadores en el extranjero. Por supuesto, esto le brinda éxitos monetarios a Félix Solís, lo que se suma a ser el líder de la patronal en la mesa de negociación del convenio provincial del vino. Y si tanto éxito tiene esta empresa, ¿por qué se niega a revisar los salarios de sus trabajadores, escudándose en la crisis sanitaria de la COVID-19, aun habiendo aumentado su producción y rendimiento? Por lo mismo que aquellos que se acogen a los ERTE’s: puro instinto de explotar cuanto puedan a sus trabajadores a coste cero y ganancias miles.

Como decíamos, Félix Solís mantiene prácticamente el monopolio provincial del vino, lo que lleva a sus pequeños competidores a bajar los precios hasta hacer insostenible mantener a sus empleados, por lo que la codicia de Félix Solís no termina en sus trabajadores, sino que afecta también a los de la competencia.

Los sindicatos oportunistas y amarillistas de CCOO y UGT proponen negociar con Solís un aumento de los salarios de entre el 1 y el 1’5%. ¡Nosotros exigimos que las empresas pasen a manos de los obreros y sean ellos los que obtengan los beneficios que producen!

Pero esto no acaba aquí, pues su competidor más próximo, García Carrión, tiene en una situación igual a sus trabajadores, a quienes, como Solís, roba la plusvalía que generan para quedarsela ellos. ¡La plusvalía la generan los obreros y es a ellos a quienes pertenece!

Todo esto se produce en un contexto general de automatización de la producción en la gran mayoría de sectores, que incrementa la contradicción entre la decreciente tasa de ganancia y la creciente tasa de explotación. Gracias a la automatización y robotización, somos capaces de producir cada vez más con menos trabajo, pero esto en lugar de redundar en mejores condiciones de vida para los trabajadores, acaba suponiendo lo contrario: mayor explotación, más desempleo y por tanto más miseria para la clase obrera.

El capitalismo es hoy objetivamente un freno al progreso humano, y las grandes contradicciones que genera no pueden resolverse por ninguna otra vía que la revolucionaria. Sólo la construcción de un Estado socialista que ponga la producción en manos de quienes generamos toda la riqueza podrá solventar estas contradicciones y servir como fase primigenia hacia la construcción de una sociedad sin clases, el comunismo.

 

¡Por la socialización de los medios de producción!

¡Por la construcción del socialismo!

Comité local del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Valdepeñas




Marxismo, feminismo y emancipación de la mujer

«Las condiciones y las formas de producción han subyugado a las mujeres durante toda la historia de la humanidad» – A. Kolontái1

«Y no es usted mi camarada porque usted y yo representamos dos concepciones del mundo diametralmente opuestas. En tanto que se trate de defender mi concepción del mundo, usted no es mi camarada, sino mi enemigo más implacable, más encarnizado» – J. Plejánov2

 

ÍNDICE

Introducción

  1. Orígenes del feminismo de clase
    1. Cimientos ideológicos
    2. Kate Millet y el canto a la subjetividad
    3. Teoría de la Política Sexual, democracia radical y anticomunismo
  2. Crítica al feminismo de clase: patriarcado y el materialismo histórico
    1. Lise Vogel, Heidi Hartmann y el enfoque dual patriarcado-capitalismo
    2. Iris Young y su sistema único: el patriarcado capitalista
  1. El marxismo-leninismo y la emancipación de la mujer

Bibliografía

Referencias


Introducción

De un tiempo a esta parte, el PCOE viene estudiando la cuestión de la mujer con el firme objetivo de contribuir a la profundización de la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo en torno a esta cuestión y de entablar la necesaria batalla ideológica contra la burguesía; y, en esta ocasión particular, contra uno de los movimientos que más crédito ha gozado en las últimas décadas: el feminismo.

Por un lado, es evidente que los análisis de gran parte del Movimiento Comunista Internacional no llegan siquiera a rozar la superficie del debate, apartándose indignamente hacia un lado y dejando la hegemonía discursiva a los análisis feministas. Incluso, en multitud de ocasiones, vemos como Partidos Comunistas abrazan por completo el ideario feminista o parte de sus análisis, despreciando la independencia ideológica que ha de tener el socialismo científico.

Hoy el proletariado requiere más que nunca de un nuevo Movimiento Comunista depurado de todo tipo de oportunismo y de los vicios que nos han conducido a la situación de derrota en la que nos encontramos en la actualidad. En su gran mayoría, el proletariado se encuentra bajo la influencia ideológico-política de la burguesía monopolista. Ello debe ser combatido por la lucha ideológica que prepondera en la lucha de clases. Es una evidencia que los comunistas debemos de clarificar una serie de cuestiones, armar un programa revolucionario, siendo una de las cuestiones principales la consideración hacia el feminismo y la emancipación de la mujer, en especial hacia su corriente de clase.

Este documento, por tanto, no tiene más objetivo que contribuir en la clarificación de esta cuestión y contribuir al fortalecimiento del Movimiento Comunista en el Estado español y también Internacional, lo cual es una precondición necesaria para avanzar con paso firme contra el imperialismo.

En las páginas siguientes se procederá a dar respuesta, teniendo como base el marxismo-leninismo, a las incógnitas que de un tiempo a esta parte limitan el accionar revolucionario del proletariado en general y de las mujeres de clase obrera en particular, siempre con la vista puesta en la consecución del Socialismo como la única vía revolucionaria para la eliminación de toda explotación y opresión.

Comencemos.

  1. ORÍGENES DEL FEMINISMO DE CLASE

Dentro del feminismo burgués, y como ocurre con cualquier otro producto dentro del capitalismo monopolista de Estado, existe una enorme cantidad de marcas para elegir y que posibilitan que cualquier mujer pueda verse representada por la rama de este movimiento que más se adecue a sus gustos particulares y tendencias ideológicas. Si bien Simone de Beauvoir dijo en su momento que la segunda ola del feminismo se caracterizaba por la enorme diversidad de corrientes y planteamientos presentes, con multiplicidad de grupos y con ideas totalmente opuestas, seguramente no se imaginaba el panorama actual.

Tenemos el feminismo ilustrado, con autoras tan resonantes y estudiadas como Mary Wollstonecraft o Olympe de Gouges; el sufragista, con Elizabeth Cady Stanton y Emmeline Pankhurst, entre otras; el radical (ya saben, lo personal es político), donde destacan Kate Millet y Shulamith Firestone, principalmente; el anarcofeminismo, con Emma Goldman (que al parecer se limita a repetir la conocida cita ¡si no puedo bailar no es mi revolución! sin una profundización real en la obra de la autora); el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir; el ecofeminismo, que tanto influye en Izquierda Unida, con autoras como Alicia Puleo, Vandana Shiva o Wangari Maathai; el feminismo de clase/socialista/marxista, donde se ubica erróneamente a revolucionarias comunistas como Zetkin, Luxemburgo y, especialmente, a Aleksándra Kolontái, que se posicionaron frontalmente contra los movimientos feministas de su época; el conocido transfeminismo, con la teoría de la performatividad del género dentro del paradigma filosófico antiesencialista y el feminismo deconstructivista, donde destaca Judith Butler como la autora que más polémica genera en la actualidad y que parece tener el símil con Karl Marx en que es más citada que leída. Y así podríamos seguir largo y tendido: feminismo abolicionista, de la igualdad, de la diferencia, ciberfeminismo, filosófico, separatista, disidente o de la disidencia, liberal, institucional, negro, gitano, lésbico, provida, islámico, decolonial, postcolonial, ateo, cristiano, feminacionalismo, interseccional, etc.

Dentro del movimiento feminista burgués, dos son los feminismos que más protagonismo han ganado en las últimas décadas: el feminismo radical y el feminismo de clase, siendo este segundo al que dedicaremos el presente documento.

El feminismo socialista actual ha sido calificado dentro del neofeminismo por autoras como la filósofa Ana de Miguel (2011)3. La consecución a lo largo del siglo XX de las demandas democrático-burguesas que exigía el movimiento feminista – en especial el derecho al sufragio femenino – había calmado momentáneamente las demandas feministas. Será con la publicación de El segundo sexo (1949) por parte de Simone de Beauvoir, cuando se origine un cambio en el paradigma, una transformación en su concepción del mundo, y es durante este proceso cuando en los años sesenta y setenta surge el patriarcado, como «un sistema de dominación sexual»4, la raíz de los problemas y la explicación al problema de las mujeres, el origen sobre el que se produce el desarrollo ulterior de la desigualdad y opresión femeninas: «Las “feministas” se manifestaban contra la subordinación a la izquierda, ya que identificaban a los varones como los beneficiarios de su dominación»5.

El feminismo socialista o de clase tiene su origen entrelazado con los movimientos pacifistas y la lucha por los derechos civiles, cobrando especial protagonismo las protestas contra la Guerra de Vietnam y la lucha dentro del amplio movimiento democrático de las décadas sesenta y setenta, protagonizado por eurocomunistas, trotskistas y socialdemócratas. Nació así una Nueva Izquierda, que podríamos calificar como utópica y que no es más que una reformulación del oportunismo, que al concluir que el sistema existente era sexista, racista, clasista e imperialista se centró en el activismo político y en la creación de «diversos movimientos sociales radicales como el movimiento antirracista, el estudiantil, el pacifista y, claro está, el feminista. La característica distintiva de todos ellos fue su marcado carácter contracultural»6 y que buscaron, como veremos a continuación, combinar el análisis de género de las feministas radicales con el análisis económico del marxismo, germinando en una traición a los planteamientos más elementales de este último:

«El feminismo socialista coincide con algunos análisis y aportes del feminismo radical, reconociendo la especificidad de la lucha femenina, pero considera que ésta debe insertarse en la problemática del enfrentamiento global al sistema capitalista. Expresa también que los cambios en la estructura económica no son suficientes para eliminar la opresión de las mujeres. Relaciona la explotación de clase con la opresión de la mujer, planteando que ésta es explotada por el capitalismo y oprimida por el patriarcado, sistema que es anterior al capitalismo y que fue variando históricamente»7.

1.1. Cimientos ideológicos

El feminismo radical norteamericano que se desarrolló entre finales de los sesenta y durante toda la década de los setenta – protagonizado por Kate Millet, Política sexual (1970), y Shulamith Firestone, La dialéctica de la sexualidad (1970) – representa, en su mayor parte, la fundamentación teórica en cuanto a la explicación de la opresión del género del actual feminismo socialista y que tendría su influencia «particularmente entre la pequeña burguesía y las clases medias e intelectuales»8. Estas obras sirvieron para llegar a un consenso sobre el significado de patriarcado, como raíz de la dominación sexual; género, como una construcción social que impone diferentes roles para hombres y mujeres, poniendo especial énfasis en el desarrollo de los espacios públicos (para los varones) y los privados, en especial la familia, (para las hembras); y casta sexual, como la experiencia común de opresión que viven todas las mujeres.

En este punto, el feminismo se fue decantando como una lucha contra el patriarcado. Las mujeres que dentro del feminismo se sentían al mismo tiempo cercanas al Socialismo buscaron una alianza entre ambos movimientos y es por ello por lo que existen obras en los años finales de los sesenta y, principalmente, en los ochenta, donde se habla de un feminismo socialista o, como se conoce hoy día, de clase. En los años ochenta la teoría evolucionaría hasta adquirir una esencia propia.

Siguiendo con lo anterior, una de las teóricas más destacadas del denominado feminismo socialista o de clase es la estadounidense Lise Vogel. En la obra Marxismo y feminismo (1979), Vogel observa en el movimiento feminista de la segunda mitad del siglo XX tenía un problema enorme: la inexistencia de una teoría de la opresión y liberación de la mujer que no fuera, al mismo tiempo, marxista y feminista: «El movimiento feminista contemporáneo, siempre ha incluido una importante tendencia – conocida como feminismo socialista o feminismo marxista – que intenta alcanzar una fusión de estas dos tradiciones, que de momento se limita a yuxtaponer tímidamente en su nombre»9.

Desencantada por la teoría y práctica que marxismo y feminismo desarrollaron para liberar a la mujer de las cadenas de su opresión durante las décadas anteriores, Vogel no tiene más remedio que comenzar su tesis reconociendo una bancarrota teórico-política de ambos movimientos. Curiosamente, la autora, de forma contraria a nuestros conocidos revisionistas que no dudan en denominarse feministas de clase, sí es consciente de que la cuestión y emancipación de la mujer sí ha preocupado siempre al movimiento socialista y ha formado parte de su corpus. Sin embargo, sus preocupaciones no versan sobre las diferencias entre el movimiento socialista y el feminista, sino en luchar contra la rama más burguesa del feminismo, por un lado, y contra las concepciones simplistas de la lucha de clases que subordinan la liberación de las mujeres, por el otro.

Otra figura destacada es la también estadounidense Heidi Hartmann. El ensayo, Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo (1982) de Hartmann, aparece cuando el terreno ya está abonado. Si para Vogel el problema era aunar las teorías marxista y feminista al objeto de alcanzar una teoría propia, Hartmann propone que es necesaria una nueva orientación para el análisis feminista marxista y describe la unión entre ambos movimientos como un matrimonio infeliz en el que el marxismo ocupa el papel del marido, del opresor, y el feminismo el de la mujer, la oprimida, cuya existencia queda en suspenso durante el matrimonio: «Los recientes intentos de integrar marxismo y feminismo son insatisfactorios para nosotras como feministas porque en ellos la lucha feminista queda subsumida en la lucha “más amplia” contra el capital»10. A lo largo de su obra, Hartmann pone en tela de juicio la suficiencia del marxismo para explicar la opresión de las mujeres, siendo por ello necesario complementarlo con el enfoque feminista del patriarcado: «Esto dio lugar a un enfoque dual, la relación patriarcado-capitalismo, que a nivel político tuvo implicaciones en la separación de espacios de lucha, traduciéndose en socialismo y feminismo más que en feminismo socialista»11. Todo ello se complementa, en la década de los noventa, con la publicación de la obra La creación del Patriarcado (1990) de Gerda Lerner, que amplió las concepciones históricas del patriarcado y que, al mismo tiempo, reconoció las dificultades en el empleo de dicho término.

Finalmente, tendrá especial importancia la obra Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz” (una crítica al sistema dual) (1992) de Iris Young, en la cual se realiza una crítica al sistema dual patriarcado-capitalismo que imperaba desde la publicación de Hartmann al no explicar de forma armoniosa las conexiones entre ambos sistemas, el patriarcal y el capitalista. Así, Young se centra en hablar de un sistema único donde la división sexual del trabajo ocupa un lugar destacado. No obstante «el creciente influjo del pensamiento posmoderno en los círculos feministas académicos de las décadas de los ochenta y noventa acabó por implantar en ellos el postulado post-estructuralista de que la realidad la construye el lenguaje»12. Así, el giro lingüístico supuso la completa ruptura con el marxismo y el materialismo en favor de las políticas de identidad y representación. Surgieron, por ello, los denominados estudios de género, en general, y la historia de género, en particular, donde lo importante no era explicar científicamente las experiencias de las mujeres en los procesos históricos y la opresión que sufrían, sino cómo en dichos procesos las categorías de sexo y género provocaron la construcción de las feminidades y las masculinidades, las identidades diferenciadas según si quien vivía el proceso histórico era mujer u hombre. De esta forma, la «ola subvencionada del posmodernismo no sólo ahogó cualquier desarrollo de los estudios marxistas, sino que estos fueron objeto de furibundos ataques en la cabeza del padre de la Crítica de la Economía Política, Karl Marx»13. Sin duda alguna, la desmantelación de la Unión Soviética ayudó enormemente a que la burguesía, a nivel internacional, vendiera con mayor facilidad que ello era la constatación de que el Socialismo y, por tanto, los postulados del marxismo y del leninismo, eran un fracaso a ojos de la historia. Hoy en día, y contra este movimiento feminista, el comunismo se erige como el gran emancipador de la mujer, cuya lucha revolucionaria no puede ser el resultado de colocarse a la retaguardia de los frentes y asambleas feministas, de carácter interclasista, en el que las mujeres de todas las clases sin distinción luchen por la reforma de la democracia burguesa o por el desarrollo de una lucha común contra la posición social privilegiada del hombre. El comunismo sólo puede ser realizado mediante una lucha tenaz, donde la lucha común de hombres y mujeres del proletariado tenga como principal objetivo la destrucción del poder de los hombres y mujeres de la burguesía, pues la revolución no puede siquiera imaginarse sin la participación consciente de las mujeres proletarias.

1.2. Kate Millet y el canto a la subjetividad14

«Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, de ninguna manera atacan la base de esta sociedad. Luchan por privilegios para ellas mismas, sin poner en entredicho las prerrogativas y privilegios existentes. No acusamos a las representantes del movimiento de mujeres burgués de no entender el asunto, su visión de las cosas emana inevitablemente de su posición de clase» – A. Kolontái15

Hablar del feminismo radical y de su influencia en el movimiento feminista posterior es un comienzo necesario. En primer lugar, «porque es aquella corriente que inserta en el análisis feminista al patriarcado como categoría política necesaria para organizar la liberación de las mujeres»16 y, en segundo lugar, porque supuso un momento destacado, un punto de inflexión, que transformó la forma en la que se concebía el feminismo y el movimiento feminista.

Dentro de los movimientos feministas burgueses, el feminismo radical es sin duda uno de los que más protagonismo han ganado en las últimas décadas. Su lucha tiene como fin remodelar la sociedad, democratizar las instituciones patriarcales y eliminar la subordinación de la mujer al varón, pues en su concepción la principal contradicción de la sociedad es la que existe entre el varón, opresor, y la mujer, oprimida. El explorar la raíz de la opresión es lo que lleva a esta rama del feminismo a abogar por la abolición del patriarcado.

El feminismo radical tiene su origen en Estados Unidos, en la década de los sesenta, que presenció la efervescencia de los movimientos pacifistas y la lucha por los derechos civiles. Esto se uniría con los movimientos estudiantiles y femeninos que iban ganando protagonismo al otro lado del charco, donde el mayo de 1968 francés y la Primavera de Praga de ese mismo año serán ejemplos de que algo estaba cambiando. En Europa occidental, las organizaciones feministas comenzaron a brotar, bien de forma completamente independiente con el movimiento obrero, bien intentando mediar entre ambos movimientos: «Significativamente, durante aquellos años algunos sectores del movimiento feminista italiano declaraban públicamente “la ruptura neta con la historia del movimiento obrero y con su teoría” y criticaban cualquier relación de colaboración con organizaciones mixtas»17. La actitud pacifista y antisocialista que Kate Millet demuestra a lo largo de su obra más importante, Política sexual, se muestra en completa consonancia y armonía con los movimientos sociales y contraculturales de la época. Además, se considera un texto base para los análisis que surgen desde el feminismo radical, «en el sentido de que sitúa la división sexual en la raíz de los restantes problemas sociales»18. Esto mismo será advertido por la propia autora al comienzo del documento: «El sexo reviste un carácter político que, la más de las veces, suele pasar inadvertido»19.

Una segunda ola donde ya no cabían las reivindicaciones por el derecho al voto – obtenido en la mayoría de países occidentales – y que pusieron el foco en la raíz de la dominación de las mujeres: el patriarcado. Para esta corriente, «[e]l patriarcado se define como un sistema de dominación sexual que se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la clase y la raza»20.

Uno de los elementos que sin duda provocan la irremediable separación entre feminismo y socialismo es la prevalencia política del sexo sobre la clase, al considerar el patriarcado como un sistema independiente de opresión por parte de los hombres hacia las mujeres y el privilegio que ello supondría en la sociedad en su conjunto: «Feministas como Shulamith Firestone identificaron la diferencia biológica entre hombres y mujeres como la raíz de la subordinación femenina, naturalizando de esta manera las desigualdades de género y presentándolas como inevitables»21. Curiosamente, será la denominada Teoría Queer la que durante la década de los noventa cuestionó los planteamientos del feminismo radical. El enfrentamiento no será, como se dice hoy día por ciertos lares, porque contribuya al borrado de las mujeres, sino por concluir que es el género y no el sexo lo que configura las relaciones de poder. Sobre este punto se profundizará en documentos posteriores del Partido.

Una de las críticas que rápidamente vendrán a la cabeza del lector es que parece que el patriarcado, desde los albores de la civilización hasta nuestros días, ha permanecido como algo estático e invariable; seguramente, la falta de rigor a la hora de emplear según qué términos es una de las consecuencias que provocan la fragmentación interna y creciente del movimiento feminista. Si bien este no es un problema que nos atañe, nunca está demás entender el porqué de las cosas.

Con la publicación de Política Sexual (1970) de Kate Millet, madre del feminismo radical, «se modificó la visión materialista histórica afirmando que la relación hombre-mujer es un marco para todas las relaciones de poder en la sociedad»22. Para el feminismo radical los hombres son la clase social opresora y las mujeres la oprimida, «consideraban que los varones, todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal»23. Esto reemplaza la visión marxista y establece el patriarcado como el control absoluto del macho en los espacios públicos y privados. Dependiendo de su sexo, los individuos tendrían una socialización distinta, lo que fomenta unos prejuicios sociales (de superioridad masculina en la sociedad), un temperamento que se desarrolla de acuerdo con ciertos estereotipos (la agresividad, la inteligencia, la fuerza y la eficacia serían valores correspondientes al macho; la pasividad, la ignorancia, la docilidad, la virtud y la inutilidad, en la hembra) y un papel sexual con conductas y actitudes diferenciadas. Todo ello estaría reforzado por la sociedad y se iría agravando conforme se alcanza la etapa de adultez. Finalmente, estas diferencias conforman dos grupos políticos enfrentados – hombres y mujeres – que colocan a los varones en el poder político y relegan a la mujer a la condición de súbdita: «Según ellas [las feministas radicales], para eliminar el patriarcado, hay que eliminar el género, es decir, la condición sexual, el papel y el temperamento, ya que se han construido bajo el patriarcado»24.

1.3. Teoría de la política sexual, democracia radical y anticomunismo

«La emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas» – Clara Zetkin25

En su obra, Millett muestra una concepción particular de lo que es la política:

«En este ensayo no entenderemos por política el limitado mundo de las relaciones, los presidentes y los partidos, sino, por el contrario, el conjunto de relaciones y compromisos estructurados de acuerdo con el poder, en virtud de los cuales un grupo de personas queda bajo el control de otro grupo»26.

Particular ya que, como vemos en varios momentos, el castillo de naipes construido por Millett es sostenido únicamente por su enorme sesgo personal, por su subjetividad. Entendemos, por nuestra parte, que el hecho de que Millett hable de grupos y no de clases sociales no es algo que ocurra por casualidad, por un despiste de la autora, pues su minuciosidad, cuando le conviene, queda patente en otras partes de la obra. Su tergiversación de la realidad es condición sine qua non para que su estructura no se desmorone desde el principio. Intencionadamente, podemos comprobar rápidamente cómo el feminismo radical borra de un plumazo la contradicción Capital-Trabajo, borra el antagonismo entre la burguesía y el proletariado, y lo sustituye por el antagonismo entre el hombre y la mujer.

Tras esto, el esbozo «se propone demostrar que el sexo es una categoría social impregnada de política»27. Siguiendo el estudio de Ronald V. Samson en The Psychology of Power (Nueva York, 1968), Millett pretende concebir una teoría política que estudie y analice las relaciones de poder y las conexiones entre las estructuras políticas y la familia, que llevan al dominio y a la subordinación: «Aun cuando hoy día resulte casi imperceptible, el dominio sexual es nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder»28. La autora continúa:

«Ello se debe al carácter patriarcal de nuestra sociedad y de todas las civilizaciones históricas. Recordemos que el ejército, la industria, la tecnología, las universidades, la ciencia, la política y las finanzas – en una palabra, todas las vías del poder, incluida la fuerza coercitiva de la policía – se encuentran por completo en manos masculinas. Y como la esencia de la política radica en el poder, el impacto de ese privilegio es infalible»29.

Tras esto es obligatorio detenerse. Como podemos comprobar, Millett entiende que el patriarcado y, por ende, la sociedad y cultura patriarcal ha sido algo intrínseco a todas y cada una de las civilizaciones que ha conocido la historia. Con esto, el feminismo radical entiende que la mujer, la mitad de la población, vino al mundo oprimida30 por culpa de los hombres, estando el dominio sexual firmemente arraigado en las relaciones humanas. Ese dominio del macho en todas las esferas de la sociedad es lo que provocaría el desarrollo ulterior del privilegio masculino. Nada más lejos de la realidad, como bien demostró uno de los padres del socialismo científico, Friedrich Engels, casi un siglo antes, en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884)31, la mujer no nació oprimida en el mundo, su subyugación al varón nació con la propiedad privada y la abolición del derecho materno en favor del paterno, con la abolición de la filiación femenina y el derecho hereditario materno, sustituyéndose por la filiación masculina y el derecho hereditario paterno; «la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no de la mujer a su clan»32:

«Así pues, a medida que iban en aumento, las riquezas daban al hombre una posición en la familia más importante que a la mujer y hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden establecido. Pero esto no podía hacerse mientras permaneciese vigente la filiación según el derecho materno. Éste tenía que ser abolido […]. La abolición del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó las riendas también en la casa y la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción»33.

Es en este momento y no otro cuando surge lo que conocemos como familia patriarcal, suponiendo la transición desde el matrimonio sindiásmico a la monogamia, y basada en la propiedad personal y única del cabeza de familia, que es varón. Como muchos ya habrán podido advertir, este momento corresponde en la historia con la Revolución Neolítica, cuando el ser humano dejó a un lado su labor como cazador-recolector y pasó a convertirse en campesino-ganadero, realizando un intenso trabajo para sacar el máximo provecho a la naturaleza y produciéndose la especialización de las tareas. Ahora bien, pasemos ahora a comprobar a qué debe ese aumento de las riquezas que menciona Engels y qué provoca tal revolución en la sociedad:

«La esclavitud ya había sido inventada. El esclavo no tenía ningún valor para los bárbaros del estadio inferior […] En este estadio, la fuerza de trabajo humana no produce todavía un excedente apreciable sobre sus gastos de mantenimiento. Pero las cosas tomaron otro cariz con la introducción de la cría de ganado, la elaboración de los metales, el arte del tejido y, por último, la agricultura»34.

Es entonces, a partir del noveno milenio a.C., cuando las sociedades humanas conocieron un lento proceso transformador que las llevaría a conocer la economía productiva, generando una nueva estructura económica; de esta forma se dio paso a los cambios tecnológicos, políticos y culturales que experimentaron las primeras sociedades urbanas. La nueva economía productiva, cuyos ejes principales eran la agricultura y la ganadería, se mantuvieron como base económica de la humanidad hasta el siglo XVIII, cuando se inicia la Revolución Industrial.

Retomemos la obra de Millett:

«Si consideramos el gobierno patriarcal como una institución en virtud de la cual una mitad de la población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad (los hombres), descubrimos que el patriarcado se apoya sobre dos principios fundamentales: el macho ha de dominar a la hembra, y el macho de más edad ha de dominar al más joven»35.

Ante esto, la autora hace un all in por la «democracia radical», es decir, aquella en la que supuestamente se eliminaría el patriarcado, haciendo una contraposición clara con las democracias modernas donde «es frecuente que las mujeres no desempeñen cargo alguno, o que lo hagan en un número tan minúsculo (como en la actualidad) que ni siquiera puedan aspirar a construir una muestra representativa»36. Curiosamente, en ningún momento del escrito de Millett podrá encontrar el lector ninguna alusión a la cuestión clasista ni aspira, por supuesto, a la abolición del Estado burgués, a la superación del capitalismo criminal y, consecuentemente, tampoco aporta alternativa alguna a este sistema económico ni a la superestructura que genera. La «democracia radical» de Millett es la defensa a ultranza de la democracia burguesa, de la dictadura del capital, pero con un revestimiento inclusivo. Su estrategia recuerda peligrosamente a la democratización del mundo que realiza el imperialismo, a la exportación de la democracia burguesa a todos los rincones del planeta.

Eso sí, una democracia burguesa en la que la mujer, en general, tenga las mismas posibilidades de explotar y oprimir al resto de la sociedad al igual que hace su contraparte masculina. Esto, unido a la labor de desviar al proletariado de su misión histórica y desorientarlo ideológicamente explica la razón del financiamiento del feminismo por parte de las potencias imperialistas. Además, cabe mencionar que la asunción de ciertas demandas feministas ha servido para democratizar al capitalismo en descomposición. Ante esto, es más oportuno que nunca recordar las inmortales palabras de Aleksándra Kolontái:

«¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer»37.

En este momento es preciso señalar como Millett, al igual que hace todo el feminismo radical, trata de forma muy ligera y acientífica el desarrollo y los hechos históricos; no solo porque determinan de forma completamente sesgada que la contradicción entre hombre-mujer ha marcado el devenir de la historia, de la misma forma y desde el Neolítico, sino porque hace caso omiso de la estructura económica y se concentra solo en los aspectos reproductivos y culturales de la sociedad capitalista de su época, proyectado su visión, altamente parcial, a una visión de la condición humana universal. Para sostener tales conjeturas, el feminismo radical necesita primero obviar la historia, no se trata de interpretar los documentos de la arqueología o la antropología para elaborar un correcto análisis histórico, se trata de crear, primeramente, una realidad y adaptarla a las conjeturas de la autora:

«Es posible que el descubrimiento de la paternidad fuese la circunstancia que invirtió por completo las actitudes humanas […], subestimando y degradando la función de la mujer en la procreación y atribuyendo el principio vital únicamente al falo. La religión patriarcal consolidó esta situación creando uno o varios dioses masculinos, desterrando o desacreditando a las diosas»38.

Seguidamente, reconoce que «en el momento actual resulta imposible resolver la cuestión de los orígenes del patriarcado»39. Por tanto, nos encontramos ante un sistema que no sabe en qué momento de la historia surge, tampoco menciona nada en relación con la localización y tampoco sostiene sus afirmaciones sobre los avances investigadores de la época. Además, su anticomunismo la lleva a la necesidad de despreciar los inmensos aportes que se realizaron en este campo de mano del socialismo científico. Finalmente, desecha la idea de la biología «ya que los fundamentos biológicos del patriarcado parecen tan inciertos»40, comenzando entonces a hablar de la influencia que la cultura ejerce en el sujeto:

«así, por ejemplo, tomando un caos tan sencillo, al dejarse guiar por las aspiraciones que la cultura atribuye a su género, el niño se siente inducido a desarrollar impulsos agresivos, mientras que la niña tiende a coartarlos o proyectarlos sobre sí misma. […] La cultura fomenta así la creencia de que los indicadores del sexo masculino, es decir, los testículos, el pene y el escroto, son la base de los impulsos agresivos»41.

Es decir, «ya que no tienen una estrategia concreta para derribar esta sociedad, cambian todo su análisis a una crítica de los aspectos estructurales – la cultura, el lenguaje, los conceptos, la ética… sin preocuparse del capitalismo»42.

Podemos concluir, por tanto, que el feminismo radical, aquel que nutre al resto de feminismos con conceptos tan capitales como el de patriarcado, es incapaz de darle una consistencia teórica y científica, lo cual lo lleva forzosamente a representarlo como un sistema universal que no ha alterado sus estructuras y principios fundamentales a través de la historia y los diferentes modos de producción, lo cual provoca, entre otras cosas, que los análisis sobre la opresión y emancipación de la mujer pierdan toda clase de profundidad, en un intento burdo por restarle importancia al marxismo-leninismo como máximo exponente de la emancipación de la mujer. Y en esta línea, tampoco tiene sentido para el marxismo la intentona de crear una clase que encuadre a todas las mujeres, pues no se trata de un grupo ni remotamente homogéneo al estar divididas – al igual que los hombres – en dos clases sociales enfrentadas y cuyos intereses son antagónicos.

  1. CRÍTICA AL FEMINISMO DE CLASE: PATRIARCADO Y MATERIALISMO

HISTÓRICO

«Los seguidores del materialismo histórico rechazan la existencia de una cuestión de la mujer específica, separada de la cuestión social de nuestros días. Tras la subordinación de la mujer se esconden factores económicos específicos, las características naturales han sido un factor secundario en este proceso» – A. Kollontái43

2.1. Lise Vogel, Heidi Hartmann y el enfoque dual patriarcado-capitalismo

En el caso de Vogel, defender independientemente del contexto una «síntesis teórica entre marxismo y feminismo»44 a razón de considerar «que el marxismo no sólo es incompleto sino que además también es incapaz de una evolución interna o una expansión»45 implica no comprender el abecé del marxismo, la esencia del socialismo científico ya que, como sabemos, «[e]l marxismo no es un catálogo de esquemas rígidos, sino una teoría viva en desarrollo»46.

Aclarado lo anterior, y como se podrá observar en el siguiente análisis, el problema de Hartmann es el propio materialismo, aunque en ocasiones haga hincapié en que sus postulados parten de este, pues considera que es erróneo analizar la posición subordinada de la mujer en la sociedad en relación con la estructura económica y propugna un análisis que se centre en la relación hombre-mujer. Parece ser que nuestra autora quiere que el marxismo se desprenda de su propia filosofía. Como describió Lenin: «[e]l materialismo histórico de Marx es una conquista formidable del pensamiento científico»47. Pararse a analizar la relación hombre-mujer para dar explicación a los orígenes y recorrido histórico de la opresión de la mujer sería analizar la superestructura, alejarse del método científico:

«Del mismo modo que el conocimiento del hombre refleja la naturaleza, que existe independientemente de él, es decir, la materia en desarrollo, el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas opiniones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.) refleja el régimen económico de la sociedad»48.

En la obra analizada, Hartmann, al igual que nuestros conocidos revisionistas que beben de su tradición ideológica, defiende que es preciso analizar la combinación de patriarcado y capitalismo (lo que el lector estará acostumbrado a escuchar en cualquier manifestación al grito de ¡patriarcado y capital, alianza criminal!). Sin embargo, parece ser que usar el término de patriarcado es más fácil que definirlo.

«Defendemos la tesis de que un análisis materialista demuestra que el patriarcado no es simplemente una estructura psíquica, sino también social y económica. Sugerimos que nuestra sociedad puede ser mejor comprendida si se reconoce que está organizada sobre bases tanto capitalistas como patriarcales […] Defendemos la tesis, en resumen, de que se ha producido una colaboración entre patriarcado y capitalismo»49.

Es una verdadera sorpresa que entre tanto autoproclamado socialista ninguno haya tenido la decencia de leerse ni tan siquiera un texto tan básico como el Manifiesto del Partido Comunista. Repasemos un poco este documento:

«Vemos pues, que la moderna burguesía, es como lo fueron en su tiempo las anteriores clases sociales, el producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales, operadas en los sistemas de comercio y de producción. A cada etapa histórica recorrida por la burguesía, le correspondió una nueva etapa en el progreso político»50.

Aquí, los padres del socialismo científico, al contrario que nuestros conocidos revisionistas, aplican sencillamente el materialismo histórico; es la economía y las diferentes formas de producción de una determinada sociedad (comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo) las que generan las ideas políticas de las personas de su correspondiente sociedad y las que generan sus clases sociales enfrentadas, lo que puede resumirse en la célebre frase de Karl Marx no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social lo que determina su conciencia. En este punto, el lector ya habrá comprendido la idea fundamental de que toda la estructura ideológica de cualquier sociedad – la superestructura – está determinada por su modo de producción – la estructura económica – y no al contrario o de forma interrelacionada. Por tanto, al no ser el patriarcado una estructura económica que altera el modo de producción de mercancías y las clases sociales (recordemos que para estos feministas el patriarcado se desarrolla de forma paralela a los sistemas económicos, formando parte de la estructura – sistema económico – y superestructura – psíquica y social – al mismo tiempo) los planteamientos enunciados por Hartmann y que reproducen, si acaso de forma más degenerada incluso nuestros feministas de clase contemporáneos, carecen de todo tipo de armonía y sentido para el análisis del socialismo científico.

De esta forma, la burguesía, en su papel como clase social revolucionaria, evoluciona desde una clase social que comienza estando a merced, oprimida, de la nobleza feudal y de los monarcas autoritarios y absolutos, y que realiza una lucha constante contra dicha nobleza por medio de auténticas revoluciones hasta que consigue derribar el orden social existente, lo viejo, para posicionarse como la clase social dirigente de la nación e instaura el sistema burgués, lo nuevo.

Esta burguesía, al llevar a cabo una modificación de los sistemas productivos, barre con el sistema de clases heredado de la Edad Media: «En donde ha conquistado el poder, ha destruido todas las relaciones feudales, patriarcales e idílicas. […] La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían a la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares»51. Nuevamente, Marx y Engels emplean el materialismo histórico para enseñarnos que a cada sociedad corresponde una forma distinta de familia y que – al igual que la superestructura ideológica está determinada por la economía – el origen y naturaleza de los tipos de familia reside de igual forma en el sistema de producción de las sociedades. De esta forma, queda al descubierto la esencia, la naturaleza, mercantil del matrimonio: «Nuestros matrimonios, como nuestra moral, se basan en el mercantilismo. No poder cumplir con los compromisos comerciales es un pecado mayor que la calumnia de un amigo, y nuestras bodas son transacciones comerciales»52. Así, el capitalismo barre con lo que anteriormente hemos descrito como familia patriarcal y lo que existe actualmente es la familia bajo la nueva sociedad de clases burguesa; la familia burguesa.

Ahora, ¿qué problemas trae este sistema dual? Como la propia Hartmann advierte: «Y dado que el capital y la propiedad privada no son la causa de la opresión de la mujer como mujer, su fin no provocará por sí solo el fin de la opresión de la mujer»53; esto provoca inevitablemente la negación del Socialismo como emancipador de la mujer, negar la esencia revolucionaria del marxismo-leninismo, de la lucha frontal contra el sistema de producción capitalista, la propiedad privada de los medios de producción, la estructura familiar actual y el Estado burgués. Y esto se debe a que el análisis del patriarcado como al predominio del hombre sobre la mujer – al igual que hace la corriente feminista radical – implica vendarse los ojos y perder completamente la visión, negar que la sociedad está dividida en clase sociales antagónicas – burguesía y proletariado – en favor de la lucha entre géneros enfrentados – hombres y mujeres –, donde el hombre tiene de forma general una posición de supremacía y la mujer está subordinada. Así, para el feminismo de Hartmann, parece evidente que la lucha por el Socialismo no es ni tan siquiera remota a la idea que tiene el marxismo; del mismo modo, se tiene una concepción diametralmente opuesta sobre las causas de la opresión de las mujeres. Se tendría, por tanto, que llevar a cabo una revolución de la mujer contra el hombre como paso previo a la revolución del proletariado contra la burguesía para eliminar este sistema dual.

Otro elemento importante a la hora de cuestionar la obra de Hartmann es su entendimiento del patriarcado. Cogiendo el testigo del feminismo radical, la autora entiende el patriarcado como el control de los hombres sobre la sociedad en su conjunto, de la producción y la reproducción, sin hacer distinción entre los hombres pertenecientes a la burguesía y los hombres de clase obrera:

«Podemos definir el patriarcado como un conjunto de relaciones sociales entre los hombres que tiene una base material y que, si bien son jerárquicas, establecen o crean una interdependencia y solidaridad entre los hombres que les permiten dominar a las mujeres. Si bien el patriarcado es jerárquico y los hombres de las distintas clases, razas o grupos étnicos ocupan distintos puestos en el patriarcado, también les une su común relación de dominación sobre sus mujeres; dependen unos de otros para mantener su dominación»54.

En este punto de la obra Hartmann, por ignorancia o por malicia, saca a relucir su anticomunismo más explícito. Decía Kolontái que «el mundo de las mujeres está dividido – al igual que lo está el de los hombres – en dos bandos»55. Sin embargo, esto es obviado por una de las pioneras del feminismo de clase, no dudando en abrazar los postulados del feminismo radical que analizamos con anterioridad y situar a los hombres como privilegiados, en general, del patriarcado. Curiosamente, la propia Kolontái es capaz de responder a esta cuestión casi con un siglo de anterioridad, hecho que ilustra perfectamente que los postulados del feminismo de clase no son para nada antagónicos a los del feminismo abiertamente burgués que en su día combatió la revolucionaria:

«Las feministas ven a los hombres como el principal enemigo, por los hombres que se han apropiado injustamente de todos los derechos y privilegios para sí mismos, dejando a las mujeres solamente cadenas y obligaciones. Para ellas, la victoria se gana cuando un privilegio que antes disfrutaba exclusivamente el sexo masculino se concede al “sexo débil”. Las mujeres trabajadoras tienen una postura diferente. Ellas no ven a los hombres como el enemigo y el opresor, por el contrario, piensan en los hombres como sus compañeros, que comparten con ellas la monotonía de la rutina diaria y luchan con ellas por un futuro mejor. La mujer y su compañero masculino son esclavizados por las mismas condiciones sociales, las mismas odiadas cadenas del capitalismo oprimen su voluntad y les privan de los placeres y encantos de la vida»56.

Hartmann establece la relación entre dos sistemas autónomos, lo que resultaría, por ende, a hablar de un capitalismo patriarcal, una colaboración donde: «Por un lado, se encuentra la producción económica (producción de bienes y servicios) y por otro lado la reproducción de hombres y mujeres»57. Y ello, al ser el sistema patriarcal anterior al capitalismo, dejaría a la autora y a los seguidores del sistema dual con la obligación de hablar de esclavismo patriarcal, feudalismo patriarcal y capitalismo patriarcal. ¿Pero qué pasaría, entonces, con otras opresiones o discriminaciones como las que sufren personas racializadas o LGTB+? ¿Hablamos de un esclavismo patriarcal-racista-lgtbfobo, de un feudalismo patriarcal-racistalgtbfobo y de un capitalismo patriarcal-racista-lgtbfobo? Esto, por supuesto, es una desfachatez en tanto que las discriminaciones por motivo del sexo/género, la raza o la condición de la sexualidad son elementos de la superestructura de la sociedad que refleja la base económica de la misma. Este problema, entre otros, es lo que llevaría a Sylvia Walby a reformular la teoría del sistema dual en Teorizando el patriarcado (1990), incorporando el factor racial y entendiendo «el patriarcado como un sistema variable de relaciones sociales compuesto por seis estructuras: el modo de producción patriarcal, las relaciones patriarcales en el trabajo por cuenta propia y asalariado, las relaciones patriarcales en el Estado, la violencia machista, las relaciones patriarcales en la esfera de la sexualidad y las relaciones patriarcales en las instituciones culturales»58.

Al establecer un sistema dual (o triple) en el que a ambas cosas se le otorguen la consideración, estaríamos negando la teoría del reflejo y no seríamos marxistas-leninistas, sino marxistas occidentales o eurocomunistas59.

2.2. Iris Young y su sistema único: el patriarcado capitalista

Para Young, el sistema dual que hemos expuesto anteriormente a través del ensayo de Hartmann fracasa al tratar de unir los dos sistemas que se analizan desde el marxismo y el feminismo: el capitalismo y el patriarcado, respectivamente. Por ello, esta autora buscará la creación de una teoría única, un sistema único, para el feminismo socialista «aprovechando lo mejor del marxismo y del feminismo radical, para comprender el patriarcado capitalista como un sistema en el cual la opresión de la mujer es un atributo central»60. Su intentona de crear una teoría única llegará al punto de hablar de un materialismo feminista, teniendo como núcleo central la división del trabajo por género. Contrario a esto, y como bien sabemos:

«El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. […] La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. […] El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad»61.

Curiosamente, la propia Young reconoce en su documento la incapacidad teórica del feminismo radical, ya que «tiende a visualizar el patriarcado como un mero fenómeno psicológico o cultural, y no como un sistema que se sustenta materialmente en las relaciones sociales existentes»62 que además se cristaliza en una concepción ahistórica y estática del patriarcado, y en un análisis del mismo alejado de las relaciones sociales de producción y la lucha de clases.

Young sigue una línea anticomunista muy similar a la recorrida por el feminismo radical cuando menciona que «el concepto de clase es sin duda ciego al género»63. Esta interpretación, que parece reprochar a Marx y Engels que sólo analizaron la sociedad desde el punto de vista del proletariado asalariado masculino, es propia de quienes se acercan al marxismo con la voluntad de tergiversarlo y de envilecerlo. Young pasa por alto – y esto es algo que también hacen anticomunistas actuales como Silvia Federici – que el marco teórico que emplea el socialismo científico, y el estudio de la producción de mercancías, afecta a hombres, mujeres y niños. Intentan, por todos los medios, «reducir a Marx a una caricatura. Una vez convertido en caricatura, viene el siguiente paso, reprochar a Marx que su teoría es androcéntrica»64.

  1. EL MARXISMO-LENINISMO Y LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER

«La mujer puede esperar, pues, su completa emancipación sólo del partido socialista. El movimiento de las meras “feministas” a lo sumo puede alcanzar ciertos logros en algunos puntos, pero ni ahora ni nunca puede resolver la cuestión de la mujer» – Clara Zetkin65

El feminismo, incluso en su vertiente de clase, tiene un análisis de la realidad propio de la ideología y la ciencia burguesa, relegando la cuestión revolucionaria a un segundo plano, un complemento, de la lucha por las reformas en la actual dictadura de clase. El feminismo niega el materialismo; niega la lucha de clases y la revolución; niega la dictadura del proletariado; no atenta contra las bases económicas y políticas de la sociedad. Por ello, el feminismo es contrario al marxismo.

Es una realidad objetiva que la sociedad burguesa no se opone en absoluto a las reivindicaciones del movimiento feminista; al contrario, es asumido por la inmensa mayoría de los partidos del arco parlamentario. Las reformas por los derechos de las mujeres se producen con extrema lentitud y no están faltos de polémica aunque se trata de meros retoques que de ningún modo alteran la actual explotación, opresión y esclavitud que vive la mujer. Camaradas, no debemos dejarnos engañar por las tendencias de clase en el seno del movimiento feminista, pues estas sólo tendrán vida mientras las mujeres burguesas y los partidos de la burguesía tengan interés en perpetuar sus demandas, no irá nunca más allá. La batalla ideológica que emana de las fuerzas imperialistas no tiene otro cometido que alejar a las mujeres del camino de la revolución; mientras que «nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases»66.

El marxismo es la única doctrina capaz de liberar a la mujer trabajadora de las cadenas de su servidumbre. La igualdad de hombres y mujeres es imposible en la dictadura del capital, por más bonitos y lujosos que sean los ropajes “democráticos” con los que esta dominación se revista. El Socialismo es el único sistema que tiene la capacidad transformadora para liberar a la mujer, pues «permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación»67.

Es una realidad objetiva que allí donde en la historia ha existido explotación de clase ha existido también el sometimiento hacia las mujeres. La importancia del marxismo radica en haber explicado de forma científica las causas que provocan la explotación y opresión de la mujer a lo largo de la historia y en la sociedad capitalista; por tanto «la verdadera emancipación de la mujer, comienza con la destrucción del sistema de explotación capitalista»68.

La historia nos enseña que es con la instauración de la propiedad privada cuando comienza también la opresión del hombre frente a la mujer, y es por esa misma causa que apareció la dominación del hombre por el hombre, la contradicción entre el Capital y el Trabajo, entre explotadores y explotados, entre burgueses y proletarios, entre imperialismo y socialismo:

«El comunismo, aboliendo la privada de estos medios [de producción y distribución de bienes], elimina la causa de la opresión y explotación del hombre por el hombre, el contraste entre ricos y pobres, explotadores y explotados, dominadores y oprimidos, y por tanto también el contraste económico y social entre el hombre y la mujer»69.

Del mismo modo, la historia más reciente nos muestra como las reivindicaciones del movimiento feminista – se autoproclame abiertamente como burgués o se enmascare en su vertiente de clase – son del todo impotentes para alcanzar, por un lado, una teoría armónica que aúne a todas las mujeres o, en su defecto, a las mujeres obreras, y por otro lado, para garantizar los plenos derechos y libertades para todas las mujeres.

No escapa a nuestra observación que la sociedad burguesa está eliminando su prejuicio de la inferioridad de lo femenino y la legalidad se encamina a reconocer a la mujer en una posición de igualdad para con el hombre. Sin embargo, en la práctica, lo único que se está observando es la modificación del sistema capitalista, en un revestimiento inclusivo para el imperialismo, mientras que la inmensa mayoría de la población, hombres y mujeres del proletariado, observan como su situación de esclavitud permanece. Con la perduración del capitalismo toda reforma política, social o económica no es más que la perduración de la democracia burguesa, de la democracia para la minoría parasitaria, de la dictadura del capital financiero, y no de la consecución de una democracia real, de la mayoría explotada, la dictadura del proletariado sobre la burguesía.

La mujer trabajadora no es menos que el resto de sus camaradas en la adversidad de luchar contra el monstruo insaciable del imperialismo, que ahoga sin descanso a todos los pueblos del mundo y que «se abalanza con igual codicia sobre hombres, mujeres y niños»70. Mientras que el imperialismo permanezca inalterado la liberación de la mujer será inalcanzable, pues sólo la dictadura del proletariado garantiza a toda la clase obrera, hombres y mujeres, unos derechos y libertades que son impensables bajo el yugo de la burguesía y de los monopolios. En el Estado español, al igual que en el resto de países que se encuentran sometidos bajo la dictadura que la burguesía ejerce a nivel planetario, la mujer sólo se verá liberada de toda explotación y opresión con la implantación del Socialismo como etapa previa al Comunismo. El objetivo final de las mujeres proletarias es el mismo que el de los hombres proletarios; la eliminación completa de la propiedad privada de los medios de producción y la instauración de la propiedad social sobre estos; la eliminación de la institución de la familia y la ruptura con todo elemento reaccionario que fomente la esclavitud doméstica; y la más absoluta aniquilación del aparato y administración del Estado burgués y su sustitución por el Estado (o semi Estado) obrero, es decir, la implantación vía revolucionaria del Socialismo y la dictadura del proletariado.

«La experiencia de todos los movimientos de liberación ha demostrado que el éxito de la revolución depende del grado en que participen en ellas las mujeres» – V. I. Lenin71

«Aquí, la mujer trabajadora, junto con el hombre, sacudirá las columnas del orden social existente y, antes de que ésta le conceda algo parecido a sus derechos, ayudará a enterrarlo bajo sus propias ruinas – Rosa Luxemburgo72

 

¡Avancemos con paso firme, hombres y mujeres del proletariado, codo con codo, unidos como camaradas por la Revolución socialista, por el Comunismo!

 

Madrid, 8 de marzo de 2021

Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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REFERENCIAS

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  4. Gamba, S. (2008). Feminismo: historia y corrientes. Mujeres en Red. El periódico feminista. Recuperado de: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1397 (las negritas son nuestras).
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  7. Hartmann, H. (1982). Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo. Recuperado de: https://fcampalans.cat/archivos/papers/88.pdf
  8. López Barahona, V. (2020). Mujeres y trabajo en la Edad Moderna. Una perspectiva desde la acumulación originaria. Nuestra Historia, N.º 10, p. 28. (las negritas son nuestras).
  9. Ibíd, p. 28
  10. Ibíd, p. 29
  11. Expresión empleada por Eli Zaretsky para referirse a los análisis de Shulamith Firestone y del feminismo radical que se alejaban del marxismo.
  12. Kolontái, op.cit.
  13. García, V. (2019). Una aproximación a la categoría patriarcado. Reconstruyendo significados, explorando sus usos políticos. XIII Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
  14. Arruzza, op.cit.
  15. Palabras de Amparo Moreno Sardá en el prólogo a la edición española de 1995 de Política Sexual.
  1. Milett, K. (1970). Política sexual, pág. 27.
  2. Ana De Miguel, op.cit., (las negritas son nuestras).
  3. Arruzza, op.cit., p.11.
  4. Ghandy, A. (2006). Tendencias filosóficas en el movimiento feminista.
  5. Ana De Miguel, op.cit, p. 27
  6. Ghandy, op.cit., (el corchete es nuestro).
  7. Zetkin, C. (1896). Sólo con la mujer proletaria triunfará el socialismo. Discurso pronunciado en el Congreso de Gotha del Partido Socialdemócrata de Alemania el 16 de octubre de 1896.
  8. Millet, op.cit., pág. 67-68.
  9. Ibíd., pág. 68.
  10. Ibíd., pág. 69.
  11. Ibíd., pág. 70.
  12. Cecilia Toledo (2000), en su obra Mujeres: El género nos une, la clase nos divide, contesta con acierto estas afirmaciones del feminismo radical: «La mujer no nació oprimida; su opresión coincide, en la historia, con el surgimiento de la opresión y explotación del conjunto de los hombres y mujeres que trabajan», pero como la base dicha contestación es una de las magnum opus de Engels, nuestro deber no es otro que remitirnos a tal estudio.
  13. Es preciso señalar que Kate Millett no solo conoce la obra de Engels, sino que le dedica un apartado importante en su obra. Una pena que esto solo fuera para retorcer y pisotear sus palabras e investigaciones, tan avanzadas en su tiempo.
  14. Sankara, T. (1987). La liberación de la mujer: Una exigencia del futuro.
  15. Engels, F. (1884). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, pág. 63-64.
  16. Ibíd., pág. 61.
  17. Millett, op.cit., pág. 70
  18. Ibíd., pág. 71.
  19. Kolontái, A. (1913). El Día de la Mujer.
  20. Millett, op.cit., pág. 75.
  21. Ibíd., pág. 75.
  22. Ibíd., pág. 80.
  23. Ibíd., pág. 80-81.
  24. Ghandy, op.cit.
  25. Kolontái (1907), op.cit.
  26. Vogel, op.cit.
  27. Ibíd.
  28. López Barahona, op.cit., p. 30.
  29. Lenin, V. I. (1913). Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. En Obras Escogidas, Tomo I: Editorial Progreso
  30. Ibíd.
  31. Hartmann, op.cit., (las negritas son nuestras).
  32. Marx, K.; Engels, F. (1848/2006). El Manifiesto Comunista. Edición elaborada por Santiago Gómez Crespo, p. 12.
  33. Ibíd, pp. 13-14.
  34. Marx Aveling, E. (1886). La cuestión de la mujer. Versión al castellano desde “The Woman Question”, en MIA-Library, p. 5.
  35. Hartmann, op.cit.
  36. Ibíd.
  37. Kolontái, op.cit.
  38. Ibíd.
  39. García, op.cit., p. 10.
  40. Arruzza, C. (2016). Reflexiones degeneradas: Patriarcado y capitalismo.
  41. En una Sociedad dividida en clases, el reflejo de la realidad en la conciencia de los hombres tiene un carácter de clase. La fuente de origen de las ideas y de las teorías sociales, así como de las concepciones políticas, hay que buscarla, en última instancia, en las condiciones de la vida material de la Sociedad, en la existencia social, cuyo reflejo son estas ideas, teorías y concepciones; Diccionario filosófico marxista, 1946, p. 29.
  42. Young, I. (1992). Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz (una crítica al sistema dual). En El cielo por asalto, Año II, N.º 4.
  43. Sankara, op.cit.
  44. Young, op.cit.
  45. Ibíd.
  46. Aiestaran, I. (2018). Karl Marx y El Capital frente a las soflamas sin valor de Silvia Federici.
  1. Zetkin, C. (1889). La cuestión de las trabajadoras y de las mujeres en el presente.
  2. Zetkin (1886), op.cit.
  3. Sankara, op.cit.
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  7. Lenin, V. I. (1918). Discurso en el I Congreso de toda Rusia de obreras. Luxemburgo, R. (1914). La proletaria.



Mujeres revolucionarias a la vanguardia del proletariado

Con motivo del 8 de marzo se ha querido realizar el presente documento, el cual tiene un objetivo muy claro: reivindicar el papel de la mujer revolucionaria en el movimiento obrero.

De este modo y atendiendo al contexto histórico, se pretende destacar no solo el enorme desarrollo que provocaron estas mujeres en el estudio de las particularidades en la cuestión de género, sino también su lucha por la emancipación de las mujeres y su participación teórica y práctica en ámbitos tan masculinizados como la política, la economía o la educación.

Nos centraremos en seis mujeres que consideramos claros ejemplos de este avance en la conquista femenina del espacio público: Eleanor Marx, Clara Zetkin, Nadezhda Krupscaya, Rosa Luxemburgo, Aleksandra Kollontái e Inessa Armand. Todas ellas, a través de su arduo trabajo, contribuyeron a la incorporación de la mujer en el movimiento obrero, de la necesidad de las mujeres en sus filas, y abrieron las puertas del Socialismo a próximas generaciones de revolucionarias.

 

Contexto histórico

 

La historia, para quien se aleje del materialismo histórico, puede verse como un amasijo de periodos de paz y guerras, de periodos oscuros de estancamiento y periodos de progreso, de constantes cambios políticos, sociales, económicos y culturales. Ahí es donde se revela la necesidad del marxismo al proporcionarnos el hilo conductor que armoniza lo que en apariencia se presenta como un caos: la lucha de clases.

No es casualidad que varias de las mayores dirigentes comunistas de la historia fueran contemporáneas. El periodo que abarca entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se encuentra entre los periodos más revolucionarios de la historia, y tampoco es casualidad que esto se produjera al concluir la transición entre el feudalismo y el capitalismo; el periodo histórico que comparten estas revolucionarias no era sino el siguiente estadio de la historia.

Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas chocan con las relaciones de producción existentes, y las contradicciones entre estas estallan siempre en forma de revoluciones. Fue bajo el calor de las revoluciones industriales cuando se desarrollaron las fuerzas productivas necesarias y fue la eliminación de los estamentos sociales y la ruptura con el Antiguo Régimen lo que dividió finalmente a la sociedad en dos clases antagónicas, entre burgueses y proletarios. Así, las aspiraciones de una parte de la sociedad chocaban frontalmente con las aspiraciones de otros, pues la moderna sociedad burguesa, salida de las ruinas de la vieja sociedad feudal, no abolió las contradicciones existentes entre poseedores y desposeídos, las contradicciones entre clases.

Y con la configuración de un nuevo modo de producción se erige una nueva superestructura a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. Estas condiciones fueron las que permitieron en un primer momento cambiar la esfera de actuación de las mujeres trabajadoras, pasando a tomar gradualmente un papel más importante en el proceso productivo, siendo esta incorporación a la producción social de mercancías la que constituye el primer paso para su emancipación. A diferencia de las mujeres burguesas, cuyas condiciones e intereses eran radicalmente distintos a los de las mujeres trabajadoras, fue la adopción de un papel más predominante en el proceso productivo el que dio las condiciones materiales para que mujeres de clase obrera alzaran su voz.

El auge de las mujeres proletarias revolucionarias no era sólo inevitable y forzoso, sino imprescindible, insustituible e irremplazable. Era necesario acabar con la doble opresión que sufrían las obreras. Sin la abolición de la propiedad privada y la liquidación de la sociedad de clases, las mujeres no podrán liberarse de las cadenas que las apresan, no podrán tomar las riendas de su propio destino.

Las grandes mujeres revolucionarias que traemos a continuación entendían esto y dieron su vida a la causa de la revolución y el comunismo, con colosales aportaciones a la lucha teórica y práctica por la emancipación revolucionaria de la clase obrera y, por ende, también de la mujer.

 

Eleanor Marx (1855-1898)

“El partido real de las mujeres, el partido socialista, comprende las causas económicas de la precaria posición de la mujer trabajadora y llama a las obreras a unirse a la lucha común junto a los hombres de su clase contra el enemigo común. Los hombres y las mujeres de la burguesía capitalista”[1]

 

Eleanor Marx fue secretaria de su padre (Karl Marx) y profesora en una academia femenina de Inglaterra.

Dedicó gran parte de su vida al activismo social y político, destacando su papel en la organización sindical de Gasworkers’ Union y en la fundación de la Liga Socialista.

Con su trabajo como traductora y escritora ayudó a la expansión del conocimiento marxista, conservando obras y manuscritos de su padre, traduciéndolas y aportando sus propias reflexiones a este campo.

En este sentido, cabe mencionar su obra La cuestión de la mujer[2] que escribió junto a Edward Aveling en 1886. En ella, Marx y Aveling exponen algunos aspectos de la realidad de las mujeres en el sistema capitalista y como ésta solo podrá cambiar con el socialismo.

Hablan de una sociedad agitada y en estado de descomposición en la que las relaciones entre hombres y mujeres son uno de los más claros ejemplos de la quiebra moral. En ella, las particularidades de la situación de la mujer descansan sobre las relaciones de producción de la estructura económica. La mujer, oprimida y sometida a la tiranía masculina, deberá trabajar por su emancipación.

Rompen con el biologicismo de las debilidades femeninas y lo tiznan de un claro oportunismo, ya que se utiliza como argumento para que reciban salarios menores, pero no sirve para que se elimine la esclavitud de la mujer en el hogar.

Entre el hombre y la mujer no se da una relación libre y de pleno acuerdo, por tanto, la vida familiar se atrofia. Los matrimonios basados en las transacciones comerciales creaban una dependencia económica de la mujer hacia el marido. Se trataba de una servidumbre fruto de las estructuras económicas del sistema capitalista. Es la mujer, guardiana del hogar, la que cuidará a los hijos durante años y sin descanso, sin esperanzas de realizarse plenamente, perpetuamente bajo la misma atmósfera de trabajo y tristeza. Todo ello mientras el divorcio era más que improbable siendo igualmente perjudicial para ella, ya que significaría sumergirla en la pobreza más absoluta.

Establecen que se trata de una sociedad en la que las mujeres están sexualmente reprimidas y las relaciones sexuales eran un tema tabú. Todo esto se les suministraban a los hombres los medios para satisfacer su instinto sexual a través de la mercantilización de los cuerpos femeninos, aprovechando la vulnerabilidad económica de las mujeres.

Defendieron que solo con la destrucción del capitalismo y el establecimiento de una nueva infraestructura, el socialismo, cambiarán las relaciones de producción y se creará un marco que propiciará la liberación de la mujer trabajadora. Solo así podrá existir la verdadera igualdad. Las mujeres serán independientes y tendrán acceso a la misma educación y oportunidades que los hombres. Podrán dedicarse al arte o la ciencia, a enseñar o escribir, o a divertirse de cualquier forma. La prostitución habrá desaparecido y la unión entre hombres y mujeres se basará en el amor, el respeto, el acuerdo intelectual y el dominio de las necesidades de la vida. La mujer no será esclava del hombre y el divorcio no será necesario.

 

Clara Zetkin (1857-1933)

«El comunismo sólo y únicamente puede ser realizado mediante la lucha común de las mujeres y hombres del proletariado explotado contra los privilegios, el poder de los hombres y mujeres de las clases poseedoras y explotadoras»[3].

 

Clara Zetkin fue una revolucionaria comunista alemana que impulsó, desde el 8 de marzo de 1911, la celebración del Día Internacional de la Mujer como jornada reivindicativa por los derechos de las mujeres obreras. Hizo un llamamiento a las proletarias a formarse y organizarse con el fin de luchar por la emancipación femenina y la igualdad política como así consta en su texto “Proclamación del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo)”.

 

Clara Zetkin tuvo un papel muy destacado durante la II Internacional luchando contra la socialdemocracia; entre 1891 y 1917 fue editora del periódico Igualdad y en 1907 se puso al frente de la secretaría internacional de la mujer creada en la primera Internacional Socialista de Mujeres (Stuttgart, Alemania) y comenzó a dirigir la nueva Oficina de la Mujer del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

Formó parte del SPD hasta 1917, para más tarde militar en la Liga Espartaquista, facción izquierda del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD). Además, fue miembro del Reichstag por el Partido Comunista de Alemania (KPD) entre 1920 y 1933 durante la República de Weimar.

En su texto “Solo con la mujer proletaria triunfará el socialismo” defendió que la aparición de la opresión de la mujer se produjo con el surgimiento de la propiedad privada que la situaba en una posición de subordinación respecto al hombre. Puso de manifiesto que para las mujeres obreras el debate sobre la cuestión femenina surge tras su entrada en el circuito capitalista como mano de obra convirtiéndose, así, en fuerza de trabajo. Por este motivo defendió que, a diferencia de las feministas burguesas, la lucha de las proletarias no puede ir desligada de la de los obreros, sino que ambos deben unirse en su lucha contra el capitalismo.

Zetkin sostuvo que el fin de la lucha de las mujeres era la “conquista del poder político por parte del proletariado” y la instauración del socialismo. Es por ello que promovió la formación y organización de las obreras conocedora de que esta situación era especialmente compleja por la yuxtaposición del trabajo en las fábricas y en el hogar lo que dificultaba la labor femenina en el movimiento obrero.

Además, posee destacados escritos como “Directrices para el movimiento comunista femenino”, “Fascismo” o “¡Por la liberación de la Mujer!”.

 

Nadezhda Krupskaya (1869-1939)

“Millones de personas en Rusia viven absortas por las tinieblas del analfabetismo, y me siento feliz cuando al menos una docena de ellas aprenda a leer y escribir. ¡No, no voy a descansar hasta que sean millones!”[4]

 

Nadezhda Krupskaya se convirtió desde muy joven en miembro del Círculo Marxistas, propagando sus ideas revolucionarias en la escuela para obreros. En Rusia trabajó como secretaria del Comité Central del Partido Bolchevique.

Dedicó mucho tiempo al mundo de la Biblioteconomía y encabezó la organización del Sistema Bibliotecario ruso, popularizando las bibliotecas y propiciando su uso por un amplio sector de la sociedad.

Fue nombrada Comisaria de Educación del partido soviético ruso donde se encargó de la legislación educativa, la alfabetización del pueblo, la organización del sistema educativo, etc. Su interés por la educación popular la llevó a escribir una de sus mejores obras: “Gente, Educación y Democracia[5].

Dentro del sistema educativo soviético, caracterizado por una educación gratuita y laica, y por la formación ideológica comunista de manera abierta, Krupskaya defendía el método complejo de enseñanza. Este abogaba por la eliminación de un currículo dividido en materias, sustituyéndolo por una articulación multidisciplinaria de la cotidianidad de los niños a partir de la investigación de su entorno y sus intereses. Garantizaba la combinación entre enseñanza y trabajo como fuente de desarrollo y de educación; la formación libre y sin presiones de la personalidad del niño y, sobre todo, la participación real de los alumnos en la dirección de los aspectos escolares. Se acercaba al ideal marxista de la educación politécnica[6].

Con este método el trabajo productivo sería la base de la vida escolar como actividad productiva y socialmente necesaria. De esta manera se intentaba estimular el desarrollo individual como medio de construcción del colectivo, buscando, pues, la construcción del socialismo y trabajando sobre el tránsito hacia formas comunistas. El sistema educativo hará hincapié en la construcción de un futuro, transformando la escuela en un centro que fomenta la participación social, cultural y profesional.

Por todo ello, recibió la Medalla Anual a la mejor profesora y bibliotecaria de la Unión Soviética.

 

Rosa Luxemburgo (1871-1919)

“El actual y poderoso movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una vergonzosa injusticia, es una señal infalible de que las bases sociales del orden existente están podridas y de que sus días están contados. […] La actual lucha de masas en favor de los derechos políticos de la mujer es sólo una expresión y una parte de la lucha general del proletariado por su liberación. En esto radica su fuerza y su futuro”.[7]

 

Rosa Luxemburgo fue activista del movimiento socialista desde joven. Desarrolló un especial interés por la economía política, a la que consideraba capaz de cambiar el mundo.

Pronto comenzó a realizar sus primeros escritos, despuntando en 1900 con Reforma y Revolución[8], una obra corta en la que condenaba las tesis revisionistas de los textos de Marx. Contra la crítica a la estructura dialéctica de las teorías de Marx y la posibilidad de reformar el capitalismo para lograr el socialismo, Luxemburgo se mantuvo en la ortodoxia marxista. Defendía que el único camino al socialismo sería revolucionario y que negar el inminente colapso del capitalismo era afirmar que el socialismo no es históricamente necesario, frustrando las esperanzas del marxismo y considerando factible una realidad permanentemente alienada, sin salvación[9].

Con el tiempo, se convirtió en líder de los asuntos de los partidos polaco, ruso y alemán; y organizó actividades de masa, defendió huelgas, y escribió en varios periódicos. Además, fue profesora de economía política en una escuela de Berlín donde empezó a escribir el libro Introducción a la Economía Política. La elaboración de esta obra le hizo encontrar algunas complicaciones en los trabajos de Marx que no pudo resolver. Es por ello que se puso manos a la obra y escribió La Acumulación del Capital[10], su obra más importante que pretendía ser una continuación del segundo volumen de El Capital de Marx.

Rosa consideraba que el análisis de Marx, aunque correcto, estaba incompleto. Añadió a la inevitable caída del capitalismo una nueva etapa, el imperialismo. Estableció que el capitalismo se servía de las conquistas coloniales para obtener nuevos mercados en los que colocar sus excedentes, desplazando la producción originaria y obteniendo bienes que no podrían obtener de otro modo.

Gracias a esto las crisis económicas y la explotación se exportan al resto del mundo y los países capitalistas aumentan sus beneficios y los puestos de trabajo. La búsqueda de mercados rentables llevará a conflictos entre los países capitalistas lo que desembocará en su progresivo uso del militarismo rentable para encontrar los medios de producción y fuerza de trabajo de los países no-capitalistas. Pero esto no continuará indefinidamente, acabará dándose una sobreproducción global y el capitalismo se destruirá por sus contradicciones internas, necesitando de otros sistemas económicos.

Con esta obra Rosa pone sobre la mesa temas tan importantes en la economía como el incentivo a la inversión, había creado una teoría del desarrollo dinámico del capitalismo, dando especial importancia al crecimiento de la demanda efectiva. Además, descubrió la relación entre la expansión colonial y el capitalismo y que el imperialismo puede sostener al sistema capitalista a costa de la desintegración de las naciones precapitalistas.

 

Aleksándra Kollontái (1872-1952)

«El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha convertido en obrera sin aliviarla de sus labores de ama de casa y madre»[11].

 

Aleksándra Kollontái fue una revolucionaria bolchevique que militó en el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Fue miembro del Comité Ejecutivo del Sóviet de Petrogrado, del Comité Central del PCUS y actuó como representante diplomática de la URSS en países como México, Suecia o Noruega.

Fue una de las organizadoras del Primer Congreso Panruso de Mujeres Trabajadoras celebrado en 1918 y del que surgiría el Zhenotdel (Departamento de la Mujer) y la revista Kommunistka, de la que Kollontái integraba el consejo editorial.

Mostró especial preocupación por la situación de doble esclavitud que sufren las mujeres obreras y en sus escritos abordó temas como la abolición de la prostitución, la dificultad de la maternidad para las proletarias o la emancipación de la mujer a través del trabajo, entre otros.

En su texto “El comunismo y la familia” Kollontái analiza el papel que la mujer obrera ha desempeñado tradicionalmente en la familia bajo la dictadura de la burguesía y los cambios que conlleva en este ámbito la instauración del socialismo. Así la incorporación al trabajo asalariado provocó, por un lado, un cambio en el rol desempeñado por la mujer que adquirió independencia económica, y, por otro lado, supuso una doble carga de trabajo al tener que compaginarlo con las tareas domésticas y la crianza de los hijos e hijas. Para aliviar dicha carga Kollontái propuso fomentar los trabajos domésticos colectivos – como restaurantes o lavaderos de ropa públicos – y socializar los cuidados para que las mujeres pudieran desarrollarse en igualdad de condiciones que el hombre en la nueva sociedad.

Kollontái abogó por que, bajo el socialismo, se desarrolle un tejido social con una nueva moralidad basada en la igualdad. Es por ello que en su texto “La prostitución y cómo combatirla” defendió la abolición de la prostitución de la que afirma tiene su origen en “la propiedad privada y la dependencia directa material de la mayoría de las mujeres sobre los hombres”[12]. Menciona como causas de dicha opresión los salarios insuficientes y la dependencia económica de la mujer. Es por ello que buscó, desde la igualdad y la camaradería, luchar contra la prostitución, lo que suponía luchar contra las pésimas condiciones de vida que llevaban a las mujeres a prostituirse y crear, mediante el trabajo femenino asalariado, el camino hacia la emancipación que llegaría con el comunismo.

Además de los mencionados anteriormente destacan textos como: “El Día Internacional de la Mujer”, “Sobre la historia del movimiento de mujeres trabajadoras en Rusia” o “La emancipación de la mujer a través del trabajo”.

 

Inessa Armand (1874-1920)

«[P]ara ellas no hay tareas específicamente femeninas, distintas de las tareas comunes del proletariado, porque las condiciones de su emancipación son las mismas de las del proletariado en su conjunto, es decir, la revolución proletaria y el triunfo del comunismo»[13]

 

Fue una escritora y revolucionaria rusa de origen francés. En 1903 comenzó a militar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) de manera clandestina, y, en 1911 se convirtió en secretaria del Comité de Organizaciones Exteriores para coordinar grupos bolcheviques en Europa occidental.

Escribió artículos para la revista socialista Rabotnitsa (la trabajadora), publicación oficial del PCUS dirigida a las mujeres, colaboró con Lenin en la fundación de una escuela marxista en Longjumeau (Francia), y en 1915 organizó la III Internacional Socialista de Mujeres en Suiza. Hasta 1920 estuvo al frente del Zhenotdel (Departamento de la mujer) desde donde apoyó la abolición de la prostitución, la igualdad en el PCUS y los sindicatos y luchó por la emancipación de las mujeres obreras y por la mejora de la protección a madres e hijos.

Inessa Armand en su texto “La obrera en la Rusia soviética” analizó la situación de opresión que sufrían las mujeres obreras a inicios del siglo XX por: el Estado, debido a la falta de derechos políticos a los que se veían sometidas; la fábrica, donde eran oprimidas como proletarias y como mujeres al verse sometidas en ocasiones a todo tipos de violencia; y por su posición en la familia, ya que además eran las que realizaban en su gran mayoría las tareas domésticas y se encargaban de la crianza de los hijos.

Armand puso de manifiesto muchas de las medidas necesarias para acabar con esta opresión entre las que destacan: la socialización de la producción, para poner fin a la explotación laboral y a la desigualdad económica, la igualdad de derechos entre el marido y la mujer, defendió que el Estado debía dirigir la educación de los menores hasta los 16 años, el permiso por maternidad ocho semanas antes y después del parto y la proliferación de comedores públicos que alivien a la mujer de la enorme carga de trabajo que supone las tareas doméstica, entre otras.

 

Conclusión

 

La opresión de las mujeres hunde sus raíces en la aparición del concepto de propiedad privada y no es hasta la incorporación femenina al proceso de producción cuando la doble opresión se intensifica y la doble carga de trabajo se hace insostenible pues al trabajo reproductivo, la realización de las tareas domésticas y al cuidado de los hijos e hijas, se suman las largas jornadas laborales.

Será a comienzos del siglo XIX, con la proliferación de organizaciones obreras, cuando las grandes ciudades se conviertan en la cuna del movimiento obrero; donde parte del proletariado empieza a tomar consciencia sobre su explotación y comienza a luchar por conseguir mejoras en sus condiciones materiales, en especial para las mujeres y niños que trabajaban en las fábricas. Con el desarrollo de la lucha de clases, de la lucha entre trabajadores y capitalistas, las mujeres comenzarían a engrosar las filas del socialismo. En este sentido, el movimiento de mujeres proletarias de Alemania se situó, durante mucho tiempo, a la vanguardia del proletariado mundial.

La propiedad privada de los medios de producción por una minoría parasitaria y la producción de mercancías bajo el capitalismo ha sumido a las mujeres en una doble opresión de la que solo podremos emanciparnos con la conquista del poder político por parte del proletariado; con la completa abolición de la propiedad privada que llevará al fin de la sociedad de clases y del Estado y, por tanto, a la edificación del comunismo. Sin la mujer obrera la lucha contra el capitalismo será estéril, ya que mujeres y hombres nos necesitamos como camaradas en la ardua lucha contra el capitalismo.

 

¡POR LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER!

¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

 

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.) en la Región de Murcia

 

Referencias

 

[1] Laurier, J. (2021). Miss Marx: Eleanor Marx in the filmmaker’s own image. World Socialist Websait. Recuperado de: https://www.wsws.org/en/articles/2021/02/19/marx-f19.html

[2] Marx, E. y Aveling, E. (1886). La cuestión de la mujer.

[3] Zetkin, C. (1920). Directrices para el movimiento comunista femenino.

[4] Espinel, A. Nadezhda Krupskaya. La primera dama de la Revolución rusa.Universidad de Antioquía.

[5] Krupskaya, N. Gente, Educación y Democracia.

[6] Hernández Salamanca, O. G. (2013). La Pedagogía socialista en la URSS: fundamentos para la configuración del individuo plenamente desarrollado.

[7] Luxemburgo, R.(1912). El voto femenino y la lucha de clases

[8] Luxemburgo, R. (1900). Reforma y Revolución.

[9] Olivé, A. (2014). Rosa Luxemburgo y el pensamiento marxista. Marx desde cero.

[10] Luxemburgo, R. (1913). La Acumulación del Capital.

[11] Kollontái, A. (1921). El comunismo y la familia.

[12] Kollontái, A. (1921). La prostitución y cómo combatirla.

[13] Fragmento de la Resolución del Congreso Pan-ruso recogido por Armand, I. (1920). La obrera en la Rusia soviética.




Nueva ofensiva del capital contra los trabajadores: De los ERTE a los ERE

Los Expedientes de Regulación de Empleo de carácter temporal (ERTE) están siendo sustituidos ya, pese a la prórroga gubernamental de estos hasta el 31 de mayo de este año, por Expedientes de Regulación de Empleo definitivos (ERE), tal y como ya advertimos desde nuestro Partido hace casi un año, dejando sin empleo a miles de trabajadores de un plumazo.

El listado de empresas que inician un ERE en 2021

Empresa Trabajadores afectados
El Corte Inglés 3.500
Banco Santander 3.572
Sabadell 1.800
BBVA 3.000
Abengoa 2.000
Douglas 750
Bosch 300+300
ACS 260
Acciona 566
Alcoa 520
Imaginarium 101
Siemens 266
Ibercaja 75
Worten 212
Carrefour Viajes 257
Universidad Europea 150
Eurest 430
NH 700
Heineken 228
Iberostar 246
Tony Roma´s 125
Coca Cola 360
Pascual 137

En total casi 20 mil trabajadores (19.845) perderán sus empleos como consecuencia de esta nueva ofensiva de la burguesía en este año para profundizar aún más en el cambio del modelo productivo, que adelantamos en junio del pasado año.

El paro sumó en el primer mes del año a 76.000 personas y se destruyeron más de 200.000 empleos en un mes, según los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Datos que empeorarán cuando se ejecuten los ERE que ya han anunciado grandes empresas.

Los sindicatos amarillos, vendidos y colaboracionistas como CCOO, UGT, Fasga o Fetico, entre otros, son parte necesaria en todo este ataque perpetrado contra la clase obrera del Estado español, firmando todo lo que la patronal le ponga encima de la mesa a cambio de jugosas subvenciones provenientes del Estado. Así, estos sindicatos no dudan en inflar su afiliación (e incluso la cantidad de delegados de personal o en Comités de Empresa) para recibir dichas subvenciones, y de igual forma el Estado no tiene el más mínimo problema en conceder todas las que sean necesarias para que estos permitan este cambio de modelo productivo a la mayor brevedad posible y con nula conflictividad social.

El Ejecutivo formado por PSOE y Podemos acordó autorizar a la Subsecretaría del Ministerio de Trabajo y Economía Social “la convocatoria de subvenciones por importe de 13.883.890 euros destinadas a las organizaciones sindicales en función de su representatividad por la realización de actividades de carácter sindical en 2021”. Esta cuantía supone un 56% más de subvenciones que las que se le otorgaron a CCOO o UGT un año antes: 8.878.123,74 euros.

En el gráfico observamos como las cuantías recibidas por parte del Estado ascienden en los momentos álgidos de las crisis, cuando estos sindicatos firman los despidos en masa de los trabajadores. Esta es la evidencia del papel que juegan los sindicatos amarillos, vendidos y colaboracionistas en el sistema capitalista, que no es otro que el de permitir a la burguesía despedir a miles y miles de trabajadores en el plazo de tiempo más corto, al menor coste y con la menor conflictividad posible.

Incluso en algunos de estos Expedientes de Regulación de Empleo, como en el caso de El Corte Inglés, se incumple lo prometido por las propias empresas de “mantener el empleo” tras la solicitud de los ERTES realizados previamente. Vemos así, como en el capitalismo, todo es una mentira tras otra para el pueblo trabajador.

El autodenominado “Gobierno más progresista de la historia” ha regado de dinero público a los sindicatos para que cumplan las órdenes de la patronal y firmen miles de despidos, ha permitido que los grandes monopolios del país carguen el coste de los salarios de los trabajadores en las arcas públicas mediante los ERTE (El 70% del salario lo ha pagado el Estado) y ahora le deja el camino expedito a la burguesía para que deje en la calle a miles de trabajadores sin oposición ninguna. Además, ha reprimido en las calles aquellas manifestaciones populares por la libertad de expresión.

Pruebas evidentes, todas ellas, de que este Gobierno sirve a la patronal como han servido a ella todos los anteriores. No ha habido ni un solo avance para la clase trabajadora con este Gobierno: no se ha derogado la ley mordaza ni las reformas laborales, no se ha frenado la desindustrialización, no se ha creado una renta universal (el Ingreso Mínimo Vital es otro mecanismo del capital a futuro y no cumple con las necesidades del pueblo), no se ha limpiado de fascistas la judicatura, ni la policía, ni el ejército y se sigue reprimiendo al pueblo trabajador en sus protestas en la calle.

Todo han sido derrotas para el pueblo trabajador en estos últimos 16 meses con este Gobierno de PSOE-Podemos/IU que solo tiene de socialdemócrata la etiqueta pero que en su práctica es auténticamente reaccionario. El pueblo trabajador no puede confiar en este sistema podrido y corrupto que solo le proporciona miseria y muerte. La clase obrera solo tiene ya una salida, que es la construcción del socialismo, la socialización de los medios de producción, como única forma de construir una sociedad en la que la mayoría ponga sus intereses sobre la minoría, hoy la explotadora y criminal burguesía.

Los comunistas hoy debemos llevar a los obreros más conscientes y combativos a aquellas organizaciones de clase que defiendan la superación de este sistema criminal que hoy nos oprime. Es nuestra tarea y nuestra obligación sacar a todos aquellos trabajadores posibles de las organizaciones podridas y corruptas al servicio del capital, elevar su conciencia e integrarlos en las organizaciones de clase y combativas existentes, así como poner el objetivo del socialismo como prioridad absoluta para el proletariado hoy.

 

¡Socialismo o barbarie!

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español




Saludo al Partido Comunista de Venezuela (PCV) con motivo de su 90 aniversario

Estimados camaradas:

Desde el Partido Comunista Obrero Español os enviamos un fraternal y revolucionario saludo. Para nuestra organización es un gran orgullo poder conmemorar junto a vosotros tan importante efeméride para los comunistas venezolanos y para los comunistas de todo el mundo.

América Latina ha sido una de las regiones del planeta que más ha combatido la opresión y explotación de los monopolios y las agresiones del imperialismo. Sin duda, la amenaza que supuso la Revolución Bolivariana para los intereses de la burguesía es uno de los procesos más destacados de la lucha popular de las últimas décadas. Para seguir profundizando en la dirección correcta, la revolucionaria, es esencial que el pueblo obrero y campesino tenga la referencia de su partido revolucionario, de su vanguardia, para poder seguir dando pasos firmes hacia la construcción del Socialismo y la dictadura del proletariado. En este sentido, la existencia del PCV ha sido primordial para hacer frente a los intereses de la burguesía local e internacional, así como para llevar a cabo transformaciones revolucionarias en lucha encarnizada contra la socialdemocracia y el fascismo.

Como sabemos, las agresiones imperialistas contra la República Bolivariana de Venezuela son constantes. Los sucesivos intentos de golpes de Estado contra Venezuela retratan a los imperialistas, y deja patente su esencia fascista y criminal. No obstante, el capitalismo se encuentra en un momento histórico que ya no le corresponde, con una desarmonización de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción existentes, que chocan, convirtiéndose el capitalismo en un freno para el desarrollo humano. La burguesía, consciente de que no tiene más remedio que huir hacia adelante lo ha apostado todo a la flexibilización del mercado de trabajo, a la agudización de la explotación capitalista, a la precarización de los marcos laborales y a un mayor transvase de riqueza hacia los monopolios, siendo el Fondo Monetario Internacional el organismo sobre el que se dirigen estas políticas.

La clase obrera, a nivel internacional, no tiene otra salida que organizarse para superar el capitalismo, el cual se encuentra a día de hoy en una situación insostenible. La división del trabajo a nivel internacional engendra contradicciones en cada una de las regiones del planeta que erosionan cada vez más la cadena imperialista. La burguesía monopolista pretende sostener sus cuotas de ganancia a costa de estrujar a los trabajadores hasta la extenuación, intensificando la explotación y dejando a las clases populares con cada vez menos recursos. Cada paso que dan los capitalistas para salir del atolladero constata nuevamente la putrefacción de su sistema, que se encuentra completamente carcomido. Por ello, debemos reclamar más que nunca su derrocamiento revolucionario.

Desde el Estado español os deseamos una próspera lucha contra el imperialismo, que no duda ni por un instante en socavar la soberanía de lo que hoy día sigue considerando como su “patio trasero”. Sólo el marxismo-leninismo puede liberar al proletariado de las cadenas de su opresión. El capital es una enorme fuerza que solo puede ser contrarrestada con el internacionalismo proletariado y el avance de la clase obrera guiada por su partido de vanguardia, el Partido Comunista. Esperamos que la lucha del pueblo de Venezuela sea un factor clave, que avive la llama de revolución y que ayude a los partidos comunistas y obreros de todo el mundo en su lucha contra el oportunismo, el fascismo y el imperialismo.

 

¡El socialismo sigue siendo la esperanza de los pueblos!

¡Viva el internacionalismo proletario!

¡Viva el pueblo de Venezuela!

Bernardo Baños González

Secretario de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)




¡Solidaridad con Eshôj Ekirne y La Insurgencia!

No ha pasado ni un mes desde que se conociera el reclamo del Estado a Pablo Hasel para que se presentara voluntariamente en prisión para cumplir la pena que le imponen por denunciar las tropelías de la familia real y de las Fuerzas represivas del Estado. No han pasado todavía 15 días desde que los Mossos d’Esquadra entraran en la Universidad de Lleida para arrestarle, y ni 10 días desde la última vez que la Policía Nacional cargara contra manifestaciones pacíficas utilizando el tan nombrado “Síndrome de Sherwood”, para posicionar a la opinión pública en contra con imágenes de los disturbios que las propias unidades policiales provocaban a su paso.

Con el caso de Hasel tan reciente, el Estado no ha dudado ni un segundo en sacar a relucir otra condena contra la libertad de expresión y los derechos más fundamentales, esta vez contra Eshôj Ekirne, uno de los miembros de La Insurgencia. Los miembros de este grupo han sido también condenados por “enaltecimiento o justificación del terrorismo”, a una condena de 6 meses y 1 día, además de una pena de 1200€, que de no pagarla alargaría en 2 meses esta pena.

Pese a la falta total de los antecedentes por parte de los artistas de La Insurgencia, si no hacen frente a la multa de 1200€, no verán suspendidas estas condenas. En el caso de Eshôj Ekirne, ya ha recibido la sentencia que ratifica esta condena, y le ofrece 5 días para pagar esta multa, de lo contrario, en breve podría ingresar en prisión. Al igual que su caso, hay el de otros 11 miembros, que podrían recibir sus ratificaciones en breve.

¿Cómo va a sacar una familia obrera, y más en la situación actual, 1200€ en 5 días? Y aunque pudiera hacer frente a la multa, esto le obliga a pasar los próximos años, entre 2 y 5, sin ser condenado de nuevo, es decir, debería abandonar su arte y sus acciones para evitar volver a la cárcel y cumplir la pena integra junto a la posible nueva pena. Esto demuestra, de nuevo, que la justicia del Estado español no es igual para todo el mundo. Quien tiene dinero puede evitar la cárcel, quien no lo tiene se ve condenado a entrar en ella.

Ante esta situación Eshôj Ekirne ha anunciado que no dejará de rapear, ni va a permitir que el Estado le calle. Nos vemos de nuevo en otro caso de represión a las libertades más básicas de un régimen presuntamente “democrático”, y no es de extrañar que los mismos que hacen gala día a día de su defensa de los Derechos Humanos, no tienen reparo alguno en obviarlos cuando se trata de acallar las denuncias contra las injusticias de este sistema y sus alimañas. Hace unas semanas, Unidas Podemos hacía gala de exigir la libertad de Pablo Hasel y denunciar una falta de “plena normalidad democrática” en el Estado español, como si no formaran parte del Gobierno. Días después, el Secretario General del PCE, Enrique Santiago, no dudaba en posicionarse con los Cuerpos Represivos del Estado y en criminalizar las protestas en base a los disturbios, disturbios que cualquiera puede ver en las imágenes registradas de los mismos, que nacían de la violencia policial.

Ante esta situación el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) hace un llamamiento a la solidaridad con La Insurgencia y sus miembros, así como de manera directa con Eshôj Ekirne, pues tan solo ejerciendo la solidaridad organizada se podrá parar los secuestros del Estado español contra quienes denuncian sus injusticias. De igual manera señalamos directamente al “gobierno progresista” del que forma parte Unidas Podemos, IU y el PCE como responsables y cómplices no solo de la represión si no de otro nuevo intento de acallar las protestas en la calle con la criminalización y un nuevo intento de desmovilización con promesas vacías ya hechas y rotas en las anteriores elecciones.

Porque tan solo la organización de la clase obrera caminando hacia el socialismo puede conceder la Amnistía Total y liberar a todos los presos políticos secuestrados por el Estado fascista, donde cada día proliferan más las condenas por “enaltecimiento del terrorismo” contra los antifascistas y los comunistas mientras que los auténticos terroristas, los fascistas tienen plena impunidad y campan a sus anchas.

 

¡LIBERTAD PABLO HASEL, ABSOLUCIÓN ESHÔJ EKIRNE!

¡LIBERTAD PRESOS POLÍTICOS!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 4 de marzo de 2021

SECRETARÍA DE JUVENTUD DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Libertad Pablo Hasél

Desde hace años, el Estado español ha perseguido y reprimido al camarada Pablo Hasél, procesándolo, imputándolo y deteniéndolo en numerosas ocasiones. Las acusaciones contra él van desde el enaltecimiento del terrorismo hasta las famosas “injurias a la Corona”. Sin embargo, sabemos que si el Estado le persigue es por su labor como comunista consecuente, por su solidaridad con los presos políticos y por denunciar el exterminio sistemático que estos sufren en las cárceles españolas.

El pasado día 28 de enero, Pablo Hasél recibió un requerimiento escrito de la Audiencia Nacional demandándole que ingrese voluntariamente en un centro penitenciario en el plazo de 10 días. El delito del rapero y antifascista no es otro que denunciar públicamente hechos que son públicamente ciertos, como la enorme corrupción de la monarquía española y, especialmente, los desfalcos de Juan Carlos de Borbón, además del carácter fascista del Estado español.

La Judicatura en el Estado español continúa controlada por los mismos apellidos que lo hacían cuando vivía el dictador y sus estructuras de dominación son las mismas, pero con un barniz “democrático”, como es ejemplo el Tribunal de Orden Público franquista que de la noche a la mañana se convirtió en la Audiencia Nacional.

La persecución a Pablo Hasél evidencia, nuevamente, la putrefacción de una monarquía que en su día fue la fórmula empleada por el régimen franquista para garantizar la supervivencia del franquismo y de los privilegios de la burguesía monopolista una vez muerto el dictador.

El Estado español, al igual que el conjunto de instrumentos desde los cuales la oligarquía financiera impone su dictadura a nivel planetario, tiene una esencia profundamente antidemocrática, anticomunista, chovinista y criminal. Como ya advirtió Lenin: «El viraje de la democracia a la reacción política constituye la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista […] Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la “negación” de la democracia en general, de toda la democracia».

Los partidos que firmamos este Comunicado condenamos frontalmente la esencia represiva del Estado español y señalamos directamente la colaboración de la socialdemocracia, encarnada ahora en la coalición PSOE-Unidas Podemos, que no duda en mostrarse como el brazo izquierdo del fascismo y quienes fueron, son y serán cómplices de la represión, la explotación y el fascismo.

Nuestros partidos expresan su absoluta solidaridad con el camarada Pablo Hasél y su lucha antifascista, y reprobamos la persecución que realiza el Estado español contra los militantes comunistas.

 

¡Solidaridad con Pablo Hasél!

¡Libertad y amnistía para todos los presos políticos!

Suscriben:

Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

Partido de la Liberación (PL) de Argentina

Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria) PC(AP)

Partido Comunista de Albania (PKSH)

Partido Comunista de la India (Marxista-Leninista) Liberación (CIPIML) Liberación

Coordinadora Simón Bolívar de Venezuela

Partido Mundo Obrero (WWP)

 Movimiento por la Paz y el Socialismo (Cantabria)

Partido Comunista de Bolcheviques de toda la Unión (VKPB)

Comunistas de Serbia

Partido Comunista Egipcio (ECP)

Partido Socialista de los Trabajadores de Croacia (SRP)

Frente Popular por el Socialismo (SPF)

Partido Comunista de Kurdistán – Irak (KCP)

Polo de Renacimiento Comunista en Francia (PRCF)

Partido Comunista de Alemania (KPD)

 

 

Freedom for Pablo Hasél

 

For years, Spanish state has chased and repressed comrade Pablo Hasel, prosecuting, charging and arresting him many’s the time. Charges against him include encouragement of terrorism and the well-known “insults to the crown”. However, we know that the state prosecutes him because of his work as a consistent communist, because of his support to the political prisoners and for reporting the systematic extermination they suffer in the Spanish prisons.

Last 28 th. January, Pablo Hasel received an injunction from the National High Court asking him to willingly enter in prison within the following 10 days. The only crime of the antifascist rapper is none other than publicly report public true facts, as the huge Spain’s monarchy corruption, and, especially the emeritus King Juan Carlos’ embezzlements, as well as the fascist nature of the Spanish state.

The Judiciary of the Spanish state keeps being controlled by the same family names as they were when the dictator lived and its domination structures are the same, with a “democratic” varnish, as for example the Francoist Public Order Court that from one day to the next became the National High Court.

Pablo Hasel chase makes clear, once again, the putrefaction of a monarchy that was in its day the way used by the Francoist regime to warrant the survival of Francoism and the privileges of the monopoly bourgeoisie, once dead the dictator.

The Spanish state, as well as the set of tools from which the financial oligarchy imposes worldwide its dictatorship, has a deep antidemocratic, anticommunist, chauvinistic and criminal essence. As Lenin already warmed: “The political superstructure of this new economy, of monopoly capitalism (imperialism is monopoly capitalism) is the change from democracy to political reaction […] Both in foreign and home policy imperialism strives towards violations of democracy, towards reaction. In this sense imperialism is indisputably the “negation” of democracy in general, of all democracy”.

The parties signing this statement condemn head-on the repressive essence of the Spanish state and directly point at the collaboration of the social democracy, nowadays incarnated as the PSOE-Unidas Podemos coalition, who does not hesitate about showing as the left wing of Fascism and was, is and will be accomplice to repression, exploitation and fascism.

Our parties express their absolute solidarity with comrade Pablo Hasel and its antifascist struggle, and condemn the communist activists chase carried out by the Spanish state.

 

Solidarity with Pablo Hasel!

Freedom and Amnesty for all the political prisoners!

 

Sign:

Spanish Communist Workers’ Party (PCOE)

Liberation Party (PL) of Argentina

Chilean Communist Party (Proletarian Action) PC(AP)

Communist Party of Albania (PKSH)

Communist Party of India (Marxist-Leninist) Liberation (CPIML) Liberation

Simón Bolívar Coordinator of Venezuela

Workers World Party (WWP)

Movement for Peace and Socialism (Cantabria)

All-Union Communist Party of Bolsheviks (VKPB)

Communists of Serbia (KS)

Egyptian Communist Party (ECP)

Socialist Workers’ Party of Croatia (SRP)

Socialist People’s Front (SPF)

Kurdistan Communist Party – Iraq (KCP)

Communist Renaissance Pole in France (PRCF)

Communist Party of Germany (KPD)

 




Solidaridad con la víctima de Linares

Decía el camarada Bertolt Brecht: “Qué tiempos serán los que vivimos que hay que defender lo obvio”. Esta frase no ha perdido para nada su vigencia, como podemos apreciar en las últimas noticias relacionadas con la agresión policial en Linares (Jaén). A pesar de las grabaciones que atestiguaban ante todo el país la brutalidad con la cual dos policías fuera de servicio agredían a un hombre y su hija menor de edad, el juez que lleva el caso ha imputado a la víctima “por atentado contra la autoridad.

Todo esto tras una campaña mediática que insistía en que estos agresores no estaban de servicio, por lo que no había que manchar la imagen de la Policía, insistiendo en que esto no era la norma, sino un caso excepcional. Afirmaban todo esto mientras los días posteriores a la agresión, la policía (esta vez uniformada) golpeaba a manifestantes (algunos de ellos menores de edad) e incluso llegaron a utilizar munición real, tal como la propia Policía Nacional declaró.

El empleo de esta munición real ha dejado heridos graves, como nos muestra el video de una chica herida en la pierna o el de un chico (entrevistado por el diario Público), que simplemente pasaba por el lugar de los hechos y recibió un tiro que por poco le cuesta la vida:

El médico dijo que, si hubiera sido cinco centímetros más arriba, me habría dado en la arteria femoral y me podría haber desangrado”.

Según nos informa el diario Público, “fuentes del Ministerio del Interior confirman a Público que ese tipo de munición no es reglamentaria para intervenciones de este tipo”, por lo que comprobamos una vez más que los defensores de este sistema explotador ni siquiera cumplen con sus propias normas.

A pesar de las grabaciones que demuestran las agresiones, de los testimonios de víctimas de los disparos policiales y que la propia Policía Nacional ha reconocido que esa munición no era la acorde a sus normas, desde el poder judicial se insiste en criminalizar a la víctima de la agresión. Sin embargo, esto no debería sorprendernos teniendo en cuenta el largo historial encubriendo torturas, ya que como nuestro partido comentó en un anterior artículo, desde el Tribunal de Estrasburgo se ha condenado al estado español por violencia policial en 2014, el actual Ministro del Interior ha sido condenado por encubrir torturas y se ha protegido a policías fascistas como Billy el Niño, conocido por sus torturas a diferentes presos políticos, al que nunca se retiró sus condecoraciones estatales.

La imputación a la víctima de Linares, así como a su cuñado (que fue uno de los que grabaron la agresión), está en sintonía con la amenaza que le hicieron al segundo: “si las imágenes veían la luz, él estaría automáticamente denunciado por la ley de protección de datos”. Tampoco esto debe sorprendernos. Hemos visto montajes como el de los 8 jóvenes de Altsasua o contra Rodrigo Lanza, al que acusan de haber matado premeditadamente a alguien sólo por llevar unos tirantes con la bandera de España, algo que nuestra organización ha denunciado como falso. Esta semana, además, se ha confirmado de manera oficial por unas grabaciones a altos mandos de la Guardia Civil que el militante abertzale Mikel Zabalza murió tras sufrir torturas en el cuartel de Intxaurrondo.

Todo esto no hubiera sido posible sin el periodismo al servicio de este régimen fascista, que día y noche, como hemos podido apreciar en las últimas semanas, no han parado de criminalizar sistemáticamente toda protesta del tipo que fuese, ya sea en Linares o en Barcelona, y donde toda voz disidente es linchada sin darle la oportunidad a explicarse, como ha sido el caso de Alejandra Matamoros, abogada del rapero Pablo Hásel, a la cual el Colegio de Abogados le ha abierto un expediente simplemente por decir en televisión algo que la propia legalidad burguesa de Europa y una organización poco sospechosa de comunista o revolucionaria como es Amnistía Internacional  denuncian: que se tortura en el Estado Español.

¿Cuánto tiempo dedicaron estos medios de comunicación para hablar de la joven que perdió un ojo por manifestarse a favor de la libertad de Pablo Hásel? ¿Cuánto tiempo dedicaron a los jóvenes que recibieron disparos con munición real en Linares? Se preocuparon más por unos contenedores que por vidas humanas, lo cual indica qué clase de sociedad desea el capitalismo para nosotros.

Desde el espectro político, tenemos al gobierno oportunista de PSOE y Unidas Podemos que, a través del Ministro Marlaska, ha respaldado la represión hacia los manifestantes ante lo que se considera como “una violencia injustificada” por parte de los manifestantes. Por otro lado, los abiertamente fascistas como el Partido Popular (que no duda en jalear la violencia callejera cuando es en Venezuela, pero se escandalizan cuando es aquí) y VOX han defendido sin tapujos la represión policial. En el caso de este último, hemos visto cómo desde su cuenta oficial de Twitter ha lamentado la muerte de Enrique Rodríguez Galindo, guardia civil que no sólo estuvo implicado en el terrorismo de estado, sino que convirtió al cuartel de Intxaurrondo en un centro de tráfico de drogas.

Se podría continuar hablando de más ejemplos como los citados, pero la idea ha quedado clara: la violencia y represión policial es algo sistemático en el estado español (heredero de la dictadura franquista), no son casos excepcionales. Una vez más, desde el Partido Comunista Obrero Español nos solidarizamos con las víctimas de Linares, así como las de Barcelona y otros lugares del estado español, ya sufran represión física y/o judicial. Así mismo, llamamos a una solidaridad entre la clase obrera que lucha por sus derechos, apostando por construir nuestras propias instituciones y nuestras propias fuerzas de seguridad populares a través de un Frente Único del Pueblo antifascista y anticapitalista que ponga en jaque a las de los verdugos de este régimen.

 

SOLIDARIDAD CON LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN POLICIAL

POR LA DISOLUCIÓN DE LOS CUERPOS DE REPRESIÓN

POR EL SOCIALISMO Y EL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO

 

PCOE en Jaén




El fascismo y la Policía Nacional intentan reventar la manifestación por la sanidad hoy en Madrid

La manifestación convocada en el día de hoy para denunciar la privatización de la sanidad pública en el estado español ha sufrido el ataque de los fascistas de Bastión Frontal, que han intentado reventar la convocatoria desde su comienzo con provocaciones constantes a los asistentes a la misma.

 

El rechazo de los participantes y convocantes de la manifestación a las provocaciones del fascismo hizo que la Policía Nacional, mostrando su carácter de clase sin careta ninguna, detuvieran a Santiago de la Iglesia, representante de la Confederación General de Trabajadores (CGT). Su único delito ha sido el de impedir que el fascismo reventara una manifestación por la sanidad pública.

 

Policía Nacional y fascistas han hecho todo lo posible por impedir que la manifestación se llevara a término, pero no lo han conseguido. Los compañeros que allí estábamos logramos expulsar a los nazis de la manifestación y continuar con la misma en su recorrido hasta el Ministerio de Sanidad para expresar nuestro rechazo a la privatización de la sanidad y a la pérdida de una sanidad pública de calidad para la clase trabajadora.

 

PCPE y PCOE acudimos juntos a la convocatoria para mostrar al pueblo trabajador que el capitalismo no va a dar marcha atrás a sus leyes y que la clase obrera ya solo puede luchar por el socialismo para garantizarse una sanidad de calidad, así como el resto de servicios públicos y todo lo necesario para una vida digna.

 

Cada día que pasa, en cada manifestación que se convoca y en cada lucha que se inicia observamos cómo el fascismo, promocionado por este Estado criminal, avanza y pretende presentarse ante la clase trabajadora como un aliado.

 

 

Pero hoy los fascistas han encontrado lo que deben encontrar en cada rincón donde esté presente la vanguardia de la clase obrera: la confrontación y el absoluto rechazo a su presencia y la determinación en la lucha para que el fascismo no pueda engañar a la clase trabajadora en la batalla por su emancipación como clase.

 

El fascismo está absolutamente implantado en el estado español. Las leyes le amparan y las instituciones de este, como la Policía Nacional, les protegen y les promocionan y hoy hemos sido testigo de ello una vez más. Los comunistas no podemos pretender tapar el sol con un dedo ni ponernos de perfil ante esta situación, debemos hacer el análisis correcto de la situación actual y actuar en consecuencia si no queremos ver cómo se agrava esta situación.

 

¡Libertad sin cargos para el compañero Santiago!

¡Madrid será la tumba del fascismo!

¡Socialismo o barbarie!

 

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español de Madrid

Comité Regional del Partido Comunista de los Pueblos de España de Madrid




El socialismo y la tecnología: Las energías

En este artículo sobre el socialismo y la tecnología hablaremos sobre las energías y sus distintas fuentes, algo esencial en un mundo moderno y avanzado y esencial en la vida diaria de cualquiera, por lo que tiene un enorme impacto y pide algo de análisis fuera de la manipulación de los socialdemócratas y fascistas de índole varia, así que comenzaremos explicando las distintas fuentes de energía eléctrica:

  • Carbón: La más contaminante con diferencia, estable y relativamente barata y un 33% de eficiente de promedio, esto es, un 33% del calor generado en la quema de carbón se convierte en electricidad y representa un 4,2% de toda la energía generada en España y no es renovable.

  • Ciclo combinado + Cogeneración: Ciclo combinado es el nombre de una tecnología a través de la cual se convierte el gas en electricidad con una eficiencia cercana al 67%, mucho más que el carbón y menos contaminante aunque siga contaminando y la cogeneración, que consiste en un proceso parecido pero se crea energía tanto eléctrica como térmica, para llevar energía caliente a las casas, con unas cifras parecidas a la anterior tecnología y no son renovables. Juntas representan el 23,9% de la energía total.

  • Nuclear: La única energía limpia entre todas las energías no renovables, cara, con solo un 14% de eficiencia y con un proceso lento a la hora de empezar a producir, sin embargo, la menos investigada debido a su estigma (sobre todo entre la socialdemocracia). Estable, con una calidad de energía altísima y la mayoría en España con un 26,6% de la producción total.

  • Eólica: La más abundante entre las renovables, a pesar de depender del tiempo (Si deja de haber viento, obviamente deja de proveer, por lo tanto, no es estable), provoca problemas con la fauna local, es muy ruidoso y destroza el paisaje y necesita de cantidades ingentes de cobre, cada vez más escaso. A pesar de todo esto España tiene zonas con mucho viento por lo que es muy viable como energía renovable.

  • Hidráulica: La segunda más abundante de las renovables, algo menos dependiente del tiempo ya que la lluvia es relativamente regular en España y el agua se puede acumular bastante tiempo (en invierno llueve mucho más que en verano), requiere de muchísimo espacio para que sea viable y provoca problemas con los ríos y demás acuíferos pero tiene otro uso que es acumular agua dulce para después transformarla en agua potable y es muy eficiente, un 80%.

  • Energías solares: Menos abundantes que las anteriores, su principal problema es que depende mucho más que las anteriores del tiempo y la energía fotovoltaica crea una gran cantidad de residuos tóxicos en su fabricación y mantenimiento, sin embargo es bastante eficiente y España es el país con más horas de sol de Europa por lo que tiene gran potencial esta tecnología.

Como se puede apreciar en la descripción de cada tecnología y bajo la premisa de que la electricidad debe ser universal y gratuita bajo el socialismo, las energías renovables presentan graves problemas a pesar de que, obviamente, son el futuro a llevar bajo el socialismo ya que son la única opción posible para preservar el mundo en el que vivimos y así hacer alcanzar a la humanidad su máximo nivel bajo el comunismo. Son la única forma de conseguir universalizar algo tan necesario con el nivel de desarrollo actual como son la electricidad y el agua caliente perjudicando lo mínimo al planeta, sin embargo, a pesar de que ya están relativamente desarrolladas, necesitan de una enorme investigación (por lo tanto tiempo) y por ello hay que recurrir a sus 2 alternativas, la energía nuclear, prácticamente nula en contaminación y que ya hay en gran cantidad en España, pero que requiere de bastante tiempo también en poner en funcionamiento, y el gas que, aun emitiendo CO2 en su quema, es muy poco contaminante comparada con el petróleo y el carbón y puede ponerse en marcha más rápido que la energía nuclear por lo que es la opción más adecuada para acompañar a las energías renovables debido a su volatilidad (a nadie le gustaría tener caídas de tensión debido a que haya habido poco sol o poco viento) y después ser sustituida por la energía nuclear como fuente de energía constante.

La investigación bajo el socialismo es muy importante para las energías ya que hoy día solo se investiga por la rentabilidad, sin embargo, cuando el objetivo sea ponerlo al servicio de la clase obrera esa investigación tomará un rumbo óptimo para la humanidad y en ese rumbo es esencial que no solo se investiguen las energías renovables sino otra tecnología de energía nuclear como es la fusión.

La energía nuclear se logra hoy día a través de la fisión, que consiste en dividir átomos bombardeándolos con electrones y de esa forma rompiéndolo y en ese proceso se genera gran cantidad de radiación y calor. Ese calor se aprovecha para crear vapor de agua y mover con ese vapor un generador, de tal forma que se crea electricidad. Este proceso requiere elementos muy inestables como son el uranio que son ‘frágiles’, sin embargo, existe otro proceso en fuerte investigación que es la fusión nuclear, que consiste en unir átomos lo cual genera también inmensas cantidades de radiación y calor (aún más que en la fisión). La ventaja de la fusión es que se puede hacer de forma prácticamente ilimitada (El sol es un reactor inmenso de fusión nuclear, por ejemplo). Hoy día se sabe cómo hacer la fusión (las bombas H de hidrógeno) pero no se sabe cómo hacerlo de forma controlada, que es lo necesario para poder generar energía de forma adecuada. La investigación necesaria para desarrollar esta tecnología es inmensa debido al peligro con el que se trabaja y la complejidad de los cálculos y la ingeniería necesaria, y solo una vía y los recursos adecuados y bien organizados pueden lograr esta tecnología, características inherentes al socialismo contrario a la anarquía de producción y el desarrollo de la ciencia bajo la inestable burguesía que sólo exige beneficios sin importar el valor real para la sociedad. No solo eso, sino que la energía es un enorme y extremadamente lucrativo negocio para la burguesía en España, en especial en Euskadi, donde ha ganado 1.815 millones en 376 adjudicaciones por el sector público, y aun así el precio de la electricidad en España es alto hasta decir basta (hasta 0,10021 €/kWh), a pesar de los beneficios colosales que tienen las eléctricas españolas (de las que más en el mundo), ya que los precios los fijan los monopolios del sector, eliminando la libre competencia y aumentando los precios aunque el coste de producir el kWh no varíe. Este sistema únicamente beneficia a los burgueses que pueden permitirse gastar cantidades ingentes de energía y a los dueños de las empresas energéticas que tienen permanentemente ganancias mientras en Madrid miles de familias no tienen luz ni calefacción.

Por lo tanto, el único futuro posible para que la humanidad continúe y se desarrolle a su máximo es el socialismo y posterior comunismo, y para ello hay que luchar militando en el PCOE y luchando contra la explotación de la burguesía y de la barbarie que ello supone, de no solo cambiar las cosas sino revolucionarlas, de destruir el capitalismo y así liberar a la clase obrera.

 

¡Por una ciencia por y para la humanidad!

¡Milita en el PCOE!

Comité Nacional de Euskadi del Partido Comunista Obrero Español