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Ka Oris: La llama de la Revolución no se extinguirá

El pasado 29 de octubre, uno de los líderes del Nuevo Ejército del Pueblo (NPA), el camarada Jorge Madlos – también conocido como Ka Oris – fue asesinado a los 74 años junto a su asistente médico, Eighfel Dela Peña – conocido como Ka Pika –, cuando fueron emboscados por las tropas gubernamentales de Rodrigo Duterte en Bukidnon cuando se dirigían en busca de tratamiento médico y estando ambos completamente desarmados.

Analizando la situación, las Fuerzas Armadas de Filipinas podrían haberlos arrestado fácilmente, pero el asesinato de Jorge Madlos y de quien le acompañara estaba ordenado directamente por Rodrigo Duterte, pues cree inocentemente que asesinando a ciertos dirigentes acabará con la llama de la revolución en Filipinas. Este acto criminal no es una demostración de fuerza del Estado filipino, sino de todo lo contrario, este complot es un acto tan cobarde que rebela la enorme debilidad y el miedo que tienen las élites filipinas al movimiento comunista revolucionario. Por ello, no tardaron en poner en marcha sus medios de manipulación para propagar que habían asesinado a Ka Oris y Ka Pika en un encuentro armado.

Jorge Madlos ha dejado tras de sí un legado de lucha enorme al pueblo de Filipinas, con más de cincuenta años al servicio de la revolución. Murió como un héroe, asesinado por un grupo de fascistas al servicio de la criminal burguesía filipina, a causa de su lucha insobornable por la liberación nacional y social de los trabajadores y campesinos de Filipinas.

Tras lo sucedido es evidente que el movimiento revolucionario de Filipinas ha perdido a un cuadro importante en la lucha contra el Estado fascista filipino. Sin embargo, el fascista de Rodrigo Duterte y sus adláteres no tienen nada que celebrar, en tanto que la sangre de los camaradas caídos regará las semillas que supondrán el florecimiento de generaciones futuras que continuarán con el legado de la revolución, en este caso, a través de la guerra popular prolongada. La revolución continuará porque es justa.

La guerra de todos los pueblos oprimidos por el yugo del imperialismo y la lucha de clases entre el trabajo y capital no cesan tras la muerte de un camarada, pues ahora su lucha incansable será siempre un referente para la guerra del pueblo filipino, así como para el resto de los trabajadores del mundo que ansían derrocar al capitalismo de manera revolucionaria. El ejemplo del camarada Ka Oris sirve para iluminar el camino a las generaciones futuras que ven como la lucha para romper las cadenas de la explotación y la opresión, por la emancipación de la humanidad, está ligada inevitablemente al derrocamiento revolucionario de la burguesía capitalista y de su Estado.

Desde el Partido Comunista Obrero Español mostramos todo nuestro apoyo y solidaridad internacionalista al Partido Comunista de Filipinas y al Nuevo Ejército del Pueblo (NPA), así como a los familiares y amigos del camarada Jorge Madlos, como también a los familiares y amigos de Eighfel Dela Peña.

 

¡QUE VIVA LA LUCHA DEL PUEBLO FILIPINO!

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

 

Madrid, 2 de noviembre de 2021

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




La Revolución

A continuación reproducimos un artículo de los camaradas del Partido Guatemalteco del Trabajo :

 

Para la crítica científica.

 

No aportarán luz quienes buscan la paz en medio de las tinieblas.

Constancio Vigil, 1915

 

Revoluciones han existido en diferentes etapas del progreso de la humanidad y de sus relaciones sociales hasta el día de hoy, cabe decir que todas tienen sus características propias. Las revoluciones burguesas han sido de carácter transformador, porque han dejado atrás la Edad Media, han trascendido políticamente a otro estadio, se han gestado tomando en cuenta la base material de miseria insoportable en la que se hallaba la mayoría del pueblo y las clases oprimidas. Sin embargo, cuando se trata de un suceso que se ha agotado en la toma del poder político por la clase burguesa, esta clase, anteriormente revolucionaria, se convierte en conservadora y pretende crear una nueva versión de la historia en la que a la clase trabajadora le es vetada la oportunidad de trabajar en la gran tarea de continuar la transformación de la sociedad y superar las condiciones de explotación y de pobreza en la que se debaten a diario millones de obreros en el mundo.

 

El gran éxito del capital es que hoy día ya no se puede hablar del proletariado como se trataba hace más de ciento cincuenta años, porque esta clase, la nuestra, aunque vivía en pobreza material, era aún, en cierto grado, una condición que les permitía ser dignos y conscientes de las ataduras impuestas por el capital y que les empujaba cada vez más a luchar por la emancipación de, por y con la clase. En el siglo XIX tenía una importancia muy clara para el proletariado asumirse comunista, porque era el fantasma que aterraba a los burgueses y era, en consecuencia, una aversión a la vez que deseo de esta sociedad capitalista moderna y su poder establecido. Pero, pronto hubo una división que fue madurando hasta entrado el siglo XX que hizo a una parte del proletariado aceptar lo radical del programa político del comunismo y estos son los revolucionarios; aunque también existió otra parte que, al percatarse de esa radicalidad que implicaba la negación de este sistema que niega la dignidad de la clase trabajadora por medios incluso violentos, se empeñó en rechazar la radicalidad para sustituirla por un realismo político que propone transformar gradualmente el sistema, confiando en la soberanía de las instituciones estatales del capitalismo, así surgieron los reformistas.

 

Si en el siglo XX empezaron a notarse esas escisiones, en la actualidad, en pleno siglo XXI, ya se observan características muy marcadas, aunque poco conocidas, debido a que la mayoría de las luchas que se ejercen cotidianamente en contra del capital tienen como base la fragmentación por identidades colectivas lejanas a la clase, que promueven un eclecticismo interclasista alrededor de las identidades, ya sea de género o étnico o un largo etcétera, que no les permite actuar en unidad contra el capital, mucho menos ser sinceros en cuanto a sus aspiraciones, porque siempre guardan sus reservas en cuanto a la revolución socialista. Por lo tanto, no se les lee, ni se les escucha proclamar la verdad de su lucha, sin entrar en ambigüedades.

 

La Guatemala de ahora se encuentra dividida entre los dueños de los medios de producción y una inmensidad de seres miserables que no son capaces y a los que es imposible llamar proletarios, debido a que la lucha no ha sido solamente por la propiedad privada de los mismos, sino que ha logrado el capital enajenar la conciencia de clase y dispersar la resistencia en pequeñas, microrresistencias, desentendidas unas de otras y todas ellas también de la clase explotada. Es decir que la lucha se convierte en una incapacidad de comprensión en la que todas las personas hablan un idioma diferente, como ocurrió en Babel, según dice la narración bíblica.

 

Ya no existe una clase que pueda convertirse en ese fantasma que ejerza un eficaz hostigamiento a los capitalistas, porque la resistencia de las clases se ha metamorfoseado en otras expresiones que no llegan a ser resistencia y que vagan dispersas, luchando de forma quijotesca contra molinos de viento, sin reconocer, aunque se les explique y se les enseñe de forma solidaria y con toda la modestia que nos caracteriza, a nuestro verdadero enemigo de facto.

 

Nuestra propuesta ante la aparente imposibilidad de formar un sujeto revolucionario y transformador es la de crear, con la máxima urgencia de la necesidad de la revolución guatemalteca contemporánea –una revolución que, dicho sea de paso, llevará en sí el legado de la Comuna de París, de la Revolución mexicana, de la Revolución proletaria de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas y de la Revolución de Octubre de 1944–, los Comités de Autodefensa a todo lo largo y ancho del país. Es en ellos donde se empezará a crear un verdadero contrapoder que vuelva a sintetizar a los explotados y excluidos en una misma conciencia de clase que determinará, con base en la camaradería y el estudio científico, el futuro de la sociedad a la que aspira nuestra revolución y que la rige un carácter filosófico y práctico socialista, que lograremos en el mejor de los casos por la vía pacífica y, si no queda otra alternativa a la catástrofe, con el uso de medios violentos, para los que también debemos prepararnos.

 

Las condiciones objetivas están determinadas, es trabajo entonces de nuestras estructuras y de los comités que se vayan sumando, aportar nuestra fuerza creadora para elevar el nivel filosófico, político y científico de nuestra clase, para que con ella podamos encontrar la conciencia verdadera que nos impulse a transformar esta realidad atroz.

 

Nuestra es la verdad y es total porque se encuentra en la transparencia de nuestras aspiraciones clasistas, ya que nuestra consigna es y será siempre: por Guatemala, la revolución y el socialismo.

 

Miguel Tintero. Partido Guatemalteco del Trabajo