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Ante la inviabilidad del capitalismo el socialismo es la salida

Sin duda, la pandemia es una excusa perfecta para que el imperialismo pueda excusar su inviabilidad, su caducidad, su incapacidad para que el ser humano pueda desarrollarse y pueda subsistir.

Ahora todos los gestores del capital, que es como agrada llamarse a los políticos que colocan los monopolios en los gobiernos de los Estados y en las estructuras imperialistas supranacionales, que es verdaderamente desde donde los monopolios ejercen su dictadura a nivel planetario, señalan a la pandemia de la COVID-19 como la responsable de todos los males que azotan al mundo imperialista.

Sin embargo, mucho antes de que se conociera la COVID-19 el pasado año 2020, la inviabilidad y la caducidad del imperialismo ya era más que palpable. De hecho el capitalismo, en el último siglo, lleva sobre sus espaldas dos guerras mundiales, multitud de guerras de rapiña, una crisis económica desaforada, donde los ciclos de crisis no sólo son más persistentes en el tiempo sino también mucho más frecuentes.

Antes de la COVID-19:

  • Según la ONU, 821,6 millones de seres humanos carecían de alimentos suficientes para comer en 2018, frente a los 811 millones del año 2017.
  • Una de cada 9 personas en el mundo pasaba hambre en grado extremo.
  • En 2018 el número de personas con inseguridad alimentaria moderada o grave ascendía a 2.000 millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, un 26,4% del mundo se hallaba en dicha situación.
  • Según UNICEF en 2018, cada día morían 1.000 niños por no tener acceso al agua potable; y la falta de saneamiento afectaba a 1.500 millones de personas de los que 620 millones son niños.

Este es el orden imperialista pre-COVID, donde en los 19 primeros años de este siglo XXI las guerras libradas por la potencia más asesina de la historia, los EEUU, para combatir el “terrorismo”, se han extendido a más de 80 países y han ocasionado 800.000 muertos directamente involucrados y han causado el desplazamiento de unos 21 millones de personas como consecuencia de la violencia desatada, siendo el coste económico de esas matanzas 6,4 billones de dólares, según los datos del Instituto Watson de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Brown (EEUU). Según los datos de la OMS de noviembre de 2019, el costo anual global para proporcionar los servicios básicos de saneamiento a todo el mundo asciende a 19.500 millones de euros.

Esa es la naturaleza del capitalismo, dinero para guerras, para someter por la violencia a los pueblos y saquearlos hasta la extenuación a la par que se les niega a miles de millones de seres humanos saneamiento, comida o techo. Es decir, en 19 años de guerras los imperialistas se han gastado lo equivalente para que el 100% de la población del planeta tuviera cubierto los servicios básicos de saneamiento durante 328 años.

Estos trazos demuestran lo que el imperialismo era antes de la COVID-19, un mundo invertido y loco donde para que una minoría explotadora sea dueña del mundo una mayoría debe sufrir vicisitudes y tener una vida de sufrimiento incompatible con la dignidad humana.

La COVID-19 lo que ha hecho es agudizar esta barbarie, que ya era insostenible en 2019. De tal modo que si en 2018 morían 1.000 niños al día por falta de agua y de saneamiento hoy mueren 4 veces más, 4.000 niños al día según UNICEF y la OMS.

En términos propiamente económicos, la inviabilidad del capitalismo se constata observando la evolución de las variables económicas. Por un lado tenemos que la tasa de ganancia promedio de los países centrales y su tendencia, en caída persistente, de tal modo que ha pasado de un 35% en 1885 a una tasa por debajo del 10% en la actualidad.

La conclusión es clara, a mayor tasa de explotación – cuanto más desequilibrada está la composición orgánica del capital en favor del capital constante y menor cuantía invierte en capital variable – menor es la tasa de ganancia del capitalista. Este hecho, que la historia afianza, no es otra cosa que la Ley de la tendencia decreciente de la tasa de Ganancia (capítulo II, Libro III del Capital) que nos recuerda la vigencia y la exactitud de la obra de Marx, del marxismo.

Como puede comprobarse, a la par que se desarrolla la robotización, a la automatización de los procesos productivos, el capitalismo avanza hacia su muerte a pasos agigantados, saltan sus costuras, se torna anacrónico y es devorado por sus propias contradicciones.

A finales de 2017 IBERDROLA, basándose en un informe de McKinsey Global, cuantificaba en 800 millones los trabajadores que perderían sus trabajos en pro de los robots de manera progresiva hasta 2030.

La riqueza en el capitalismo la genera el trabajo humano y no los instrumentos de trabajo. Sin embargo, los capitalistas – obligados por el devenir de la historia y, sobre todo, por su esencia que es la competencia entre los propios monopolios al objeto de apropiarse de la plusvalía que se apropian las capas bajas y medias de la burguesía – se ven obligados a apostar por la robotización pues, de lo contrario, se estarían oponiendo a su esencia y al desarrollo de la historia y, además, no conseguirían una transferencia de plusvalía de las capas bajas y medias de la burguesía hacia los monopolios. Este desarrollo de la historia no es más que el desarrollo de la lucha de clases y, ésta viene determinada por el desarrollo de las fuerzas de producción y las contradicciones que se agudizan entre el desarrollo de éstas y las relaciones de producción.

La robotización, la automatización de la producción, no solo acrecienta la caducidad del imperialismo sino que liquida las capas más bajas de la burguesía, permaneciendo únicamente los monopolios. La pequeña y la mediana burguesía se arruina y la proletarización crece, ampliándose la desigualdad y la miseria. Este hecho es reconocido desde las propias filas del imperialismo, como constata Daron Acemoglu, profesor de economía del Massachusetts Institute of Technology, y otros muchos economistas no sospechosos de defender a los monopolios que apuestan por poner freno a la automatización para acabar con la creciente desigualdad advirtiendo que el crecimiento de la automatización ha provocado la desaparición de buenos trabajos y el descenso de los salarios de los trabajadores con menor formación; conscientes que el desarrollo de la automatización sentencia plenamente al imperialismo.

El desarrollo de la automatización de la producción también conlleva el desarrollo de la precarización de los procesos de servicios mediante lo que se denomina la uberización del trabajo que lo que persigue es liquidar las relaciones laborales y transmutarlas en relaciones mercantiles donde los monopolios, empleando las plataformas digitales, asignarán trabajos a esos trabajadores – ya falsos autónomos – imponiendo el trabajo al destajo y reduciendo los costes laborales, los cuales le serán traspasados al falso autónomo produciéndose una nueva transferencia de riqueza de la clase obrera hacia los monopolios. La sobreexplotación de la clase obrera, donde los derechos laborales pasarán al museo de la historia, será tan bestial que los propios imperialistas evalúan la creación de lo que se denomina Ingreso Mínimo Vital, que en el fondo certifica que la clase obrera de manera generalizada no podrá vivir ni tan siquiera trabajando, algo que ya ocurre. Al igual que con la robotización, su desarrollo está planificado por los imperialistas mucho antes de que la COVID-19 existiera, como lo atestiguan estudios del FMI de 2010 y 2017 o la declaración del G20 a finales de 2018 en Buenos Aires donde se apuesta por la uberización y por la liquidación de los derechos laborales.

A pesar de la competencia de los monopolios para arrancarse plusvalía los unos a los otros, los monopolios imponen su dictadura a nivel planetario a través de las agrupaciones supranacionales imperialistas – FMI, BM, OCDE, Club Bildelberg, etcétera. Con el desarrollo del imperialismo se tiende a la reacción política, al fascismo, desapareciendo por completo la democracia burguesa, la cual queda relegada a ser ya una pieza de museo, tal y como afirmaba Lenin, desaparece. Así tenemos como los monopolios distribuyen internacionalmente el trabajo, de tal modo que determinan en que sector de la economía se desarrolla cada región del mundo. En este sentido, hay unos países que son saqueados por los monopolios, a los que les arrebatan a sangre y fuego sus recursos naturales, hay otros países que determinan que su economía se sustente en la industria, se convierten en la industria del mundo, y otros países los monopolios considera que su economía debe sustentarse en la tercerización, así a España le ha correspondido ser el “camarero” de Europa. Los imperialistas no sólo imponen su dictado económico en el mundo, sino también dibujan el mapamundi político y niegan los derechos democráticos más elementales, incluso en términos burgueses, en el mundo, como demuestra la declaración de la Unión Europea donde se niega el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas en el marco de la UE.

Sin duda, el devenir de la historia certifica, nuevamente, la vigencia de la ciencia del marxismo-leninismo, de las tesis de Carlos Marx, que señala que “ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua”. Ello es lo que hoy pasa con el capitalismo, donde se han desarrollado al máximo todas las fuerzas productivas y han madurado dentro de la sociedad antigua, la sociedad capitalista, dándose las condiciones objetivas para su desaparición. Hoy las relaciones de producción asfixian al desarrollo de las fuerzas productivas pero, además, dentro de las fuerzas productivas no se produce un desarrollo armónico sino que se engendra una contradicción letal para el capitalismo; la técnica, la tecnología, los instrumentos de producción se desarrollan de manera elevadísima a la par que el elemento central, el ser humano, retrocede. A la par que se desarrollan los instrumentos de producción involuciona el desarrollo humano. Sin duda, las condiciones objetivas para la revolución están dadas y sólo una revolución socialista puede acompasar y armonizar el desarrollo humano con el desarrollo tecnológico. Solo el socialismo puede resolver las contradicciones irresolubles del Capitalismo que conducen a la humanidad al abismo.

Sin duda, nos encontramos en un momento histórico que se sintetiza en la consigna ¡Socialismo o barbarie! ¡Socialismo o muerte! La clase obrera es el sujeto revolucionario, es la clase social a la que le corresponde dar la salida a la encrucijada a la que nos lleva la burguesía y su caduco régimen explotador. Esa respuesta únicamente puede ser el socialismo que, como hemos visto, armonizará el desarrollo de las fuerzas productivas en su conjunto y, también concordará las relaciones de producción con las fuerzas productivas gracias a la socialización de los medios de producción. Pero la clase obrera para dar esa respuesta debe estar unida y dirigida por el Partido Comunista y, para ello, es condición necesaria e imprescindible la unidad de los comunistas. Ese es el momento histórico en el que nos encontramos y esa es la responsabilidad de los comunistas en el momento actual, nuestra unidad tanto en términos mundiales como en los ámbitos nacionales.

La clase obrera y demás clases laboriosas no tienen salida alguna si los comunistas no se la mostramos. Los comunistas somos los únicos que podemos llevar al pueblo trabajador a barrar esta nueva agresión contra nuestro pueblo. ¡Ello pasa por la unidad de los comunistas! Pues la unidad de los comunistas es precondición necesaria para la unidad del proletariado, que es el único que puede repeler las agresiones de la burguesía y dar un giro radical y revolucionario a la situación del país y del mundo, que es lo que se necesita. Sin la unidad de los comunistas sólo queda oprobio y opresión. El momento es de dar respuesta a esta disyuntiva: ¡Socialismo o barbarie! Y esa respuesta únicamente la puede dar la clase obrera unida y organizada, cosa imposible si ello, previamente, no se da entre sus elementos avanzados, entre su vanguardia, entre los comunistas.

 

¡Por la unidad de los comunistas!

¡Por la unidad de la clase obrera!

¡Por el socialismo!

Sevilla, a 29 de marzo de 2021

F.J. Barjas.

Secretario General del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El PCOE ante la represión en el 20M

El 20 de marzo, se convocaron a lo largo y ancho del Estado Español numerosas manifestaciones con motivo de los recortes de derechos y libertades sufridos desde el inicio de la pandemia que han llevado a la miseria a numerosas familias obreras. Este recorte, como no podía ser de otra forma, se ha visto acompañado de la represión abusiva de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, al servicio del capital, que tiene su máxima expresión en el encarcelamiento de los presos políticos, destacando el caso de Pablo Hasél, encarcelado el pasado 19 de febrero.

Este fue el momento culmen que desató la chispa revolucionaria de la clase trabajadora pese a la campaña mediática realizada por los medios de comunicación al servicio de la burguesía en contra de la manifestación y de los manifestantes, a quienes califica de violentos y a la convocatoria de ilegal. A pesar de todo ello, no pudieron evitar que más de 1000 manifestantes se congregaran en Atocha, mostrando su carácter combativo.

El enorme despliegue represivo por parte del gobierno de coalición PSOE-UP-IU/PCE, no permitió que los manifestantes transcurrieran hasta Cibeles, por lo que forzosamente se tuvo que convertir en concentración. Mientras tanto a los fascistas se les deja marchar tranquilamente, protegiéndolos y deteniendo a aquellos que intentan echarlos.

Cuando quedó desconvocada la concentración, las fuerzas represivas encapsularon a los manifestantes en la Cuesta de Moyano, donde ya estaban preparados para hacer identificaciones a todos los allí congregados. Dichas identificaciones, que en un primer momento se realizaron mediante fotos al DNI y al rostro del identificado, pero debido a la presencia de cámaras de prensa, cambiaron su método y pasaron a tomarlos a mano.

Mientras  la parte más consciente del pueblo se manifestaba ese día contra la encarcelación de presos políticos y por la libertad de expresión, los oportunistas del PCE y sus acólitos han intentado desmovilizar esta manifestación convocando otra el día siguiente, tratando de dividir a la clase trabajadora y sembrar la confusión con esta convocatoria.

Los comunistas debemos ser parte activa de estas movilizaciones, y hacer ver al pueblo que el capitalismo está en completa putrefacción. Solo nos podremos librar de él actuando en consecuencia, a través de un análisis correcto de la situación actual y luchando por la construcción del socialismo, de una dictadura del proletariado, que elimine de raíz la explotación del hombre por el hombre.

 

¡LIBERTAD PABLO HASEL!

¡AMNISTÍA TOTAL!

SOCIALISMO O BARBARIE

 

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español de Madrid




Malasia se alinea con Estados Unidos contra la República Popular Democrática de Corea

El pasado día 17 de marzo, el gobierno de Malasia cometió la imperdonable y desleal acción de entregar a los Estados Unidos – el país más criminal y anticomunista de la historia – a un ciudadano Norcoreano al tratarlo, sin pruebas, como un «delincuente».

El ciudadano en cuestión, Mun Chol Myung, había sido, durante años, el funcionario encargado de realizar las legítimas actividades del comercio exterior en Singapur, al cual se le acusó de estar «involucrado en lavado ilegal de dinero». Sin embargo, en los varios juicios que se han efectuado se constató que la autoridad judicial de Malasia no pudo aportar evidencias materiales para relacionarlo con las supuestas actividades ilegales, pese a las exigencias de la representación coreana en el lugar.

Es evidente que estamos ante una conspiración completamente infundada que evidencia la sumisión del gobierno títere de Malasia ante las presiones del imperialismo estadounidense. Un ciudadano inocente es víctima de una extradición por motivos políticos orquestada desde Washington al objeto de presionar a Corea para que detenga su legítimo programa de defensa de armas nucleares y misiles balísticos. La gravedad del caso es aún mayor teniendo en cuenta que se ha entregado a un ciudadano Norcoreano inocente a Estados Unidos, el mayor enemigo del país.

Ante este hecho, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea no ha tenido más opción que cortar toda relación diplomática con Malasia, pues el país ha demostrado que sus intereses de integrarse en el sistema financiero mundial del capitalismo y en contra de los intereses de su propio pueblo, están por encima de cualquier relación de diplomacia y respeto con la RPD de Corea. Malasia, siguiendo con los dictados estadounidenses, replicó con el cierre de su embajada en Corea y dio un plazo de 48 horas para que todos los diplomáticos  de la RPDC abandonaran el país.

Nuevamente, el imperialismo lleva a cabo una acción injerencista y hostil, también contraviniendo todas las leyes internacionales contra Corea, tratando por todos los medios de aislar, humillar, intimidar y coartar la soberanía del país. No obstante, el pueblo coreano ha demostrado durante décadas que no dará un paso atrás en la justa lucha por su soberanía y contra el imperialismo criminal y genocida.

 

DESDE EL PCOE MOSTRAMOS NUESTRO TOTAL APOYO Y SOLIDARIDAD CON NUESTROS HERMANOS DE LA RPDC Y EXIGIMOS LA LIBERACION INMEDIATA DEL CIUDADANO NORCOREANO

 

Madrid, 22 de marzo de 2021

Bernardo Baños González

Secretario de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)

Luís Izquierdo Pradilla

Delegado de Zona de la Asociación de Amistad con Corea (KFA) de Aragón y militante del PCOE

Abel Guerrero Maldonado

Delegado de Zona de la Asociación de Amistad con Corea (KFA) de Galiza

Ismael Mohamed Leiva

Miembro de la Asociación de Amistad con Corea (KFA) en Catalunya




Acerca de Cofrentes y la energía nuclear, una reflexión necesaria [ESP/VAL]

En 2021 se cumplen 70 años de la construcción de la Central Nuclear de Obninsk en la antigua Unión Soviética, y 63 de su puesta en funcionamiento. Obninsk fue la primera central nuclear de uso civil del mundo, un hecho revolucionario que marcó un antes y un después en la producción de energía eléctrica. Desde entonces, son miles los reactores que se han construido a lo largo y ancho del mapa mundial y, desde el accidente nuclear de Chernobil, la energía nuclear es un punto fijo de debate acerca de la seguridad o peligro que estas representan.

El reactor de Obninsk, recordemos, el primero de la historia, funcionó hasta 2002, año en el que se transformó en un museo acerca de la energía nuclear. Esto supone una vida útil de 48 años para una central que, en comparación con los reactores actuales, y mucho más con sus medidas de seguridad, está obsoleto.

Recientemente, y debido a la expiración de la licencia que vence el 20/03/2021 y a la presentación de prorroga a petición de Iberdrola, esta alargaría otros 12 años su vida, hasta, de momento, 2033. Sobre la mesa, se vuelve a hablar del cierre de Cofrentes y otras centrales nucleares, a fin de evitar ese “peligro”.

Durante estos días, hemos visto lanzar distintos argumentos a favor de su cierre, como una “similitud” en el tipo de reactor con el de Garoña o Fukushima, dato que ha sido seccionado a propósito para obviar que el reactor de Cofrentes es un BWR-6 y los anteriormente mencionados un BWR-3, pese a compartir el mismo “tipo” de reactor, distan en funcionamiento y, obviamente, en seguridad, aparte de estar dotado con un edificio de contención tipo Mark III frente a Mark I de los anteriores.

Si revisamos los registros del Consejo de Seguridad Nuclear, los “incidentes” de Cofrentes son, en su mayoría, un nivel 0 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (INES), que hace referencia a “una desviación sin importancia para la seguridad”, si observamos además el historial de Cofrentes, esta lleva desde 2009 sin realizar ninguna parada de emergencia, cosa cuanto menos destacable. Pese a lo que Greenpeace ha afirmado en diversas ocasiones, no hay constancia de ningún “vertido” ni “residuo” radiactivo que haya escapado de la central, ya que no se ha registrado ningún accidente que alcanzara INES 2, que atañe a los accidentes con impacto en el medio ambiente o en las personas. No tenemos confianza ciega en estos instrumentos de control ni en quienes los poseen, puesto que siguen siendo órganos de un Estado a los pies de la burguesía, de la que forman parte las eléctricas, pero tampoco defendemos las afirmaciones sin base alguna que algunos grupos ecologistas como Greenpeace utilizan a diario en su guerra contra la energía nuclear.

Se ha hablado también del “riesgo sísmico” de la localización de Cofrentes, debido a que, entre otras cosas, está en las cercanías de un volcán inactivo, pero se considera a este un peligro debido a que este pudiera erupcionar, cosa que no parece preocupar al Balneario de Hervideros que se encuentra mucho más cerca que la central. Por otra parte ese “riesgo sísmico” debido al cual debiéramos preocuparnos, riesgo que se evalúa periódicamente y del que, hasta el momento, no ha habido ningún rastro ni acontecimiento reseñable.

Las centrales nucleares son diseñadas con protecciones pensadas para evitar daños en casos de incendios, lluvias torrenciales, inundaciones, terremotos e incluso ataques terroristas, debido no solo a las posibles consecuencias de una disfunción, sino también de lo valioso de su contenido, el combustible. Sus sistemas de seguridad actualmente están pensados para solventar no solo accidentes, si no también negligencias humanas y cuentan con redundancias en sus sistemas, si un dispositivo de seguridad falla, hay otros de su mismo tipo para salvaguardarlos.

Se ha hablado también de los residuos que genera, pero no de que en la actualidad existen reactores que pueden utilizar esos residuos para funcionar y transformarlos en residuos de muy baja intensidad, mucho más fáciles y asequibles de almacenar. Tampoco se ha hablado de los fines de investigación que cumplen algunas centrales nucleares, y que de ser cerradas eliminarían aportaciones importantes en el campo del desarrollo nuclear.

Se ha insinuado que las centrales nucleares frenan el desarrollo de las energías renovables, afirmación no solo falsa si no contraria a la realidad, es la nuclear quien puede permitir a las renovables evolucionar a fin de que estas alcancen a cubrir una mayor demanda y una mayor eficiencia. Es innegable que las energías renovables han evolucionado y evolucionan a pasos agigantados y mejoran su eficiencia de manera notable, pero siguen siendo esclavas de su mayor aliado, los factores físicos y meteorológicos. Las energías renovables, a día de hoy, no tienen ni la eficiencia ni la capacidad para sustituir ni cubrir la demanda de Cofrentes, que produce hoy día una tercera parte de la energía eléctrica consumida en la Comunidad Valenciana, y un 3% de la total consumida en España. ¿Y que sucederá cuando Cofrentes se apague y deje de producir esta energía? Que las renovables no podrán suplir la demanda y quien empezará a actuar será el gas natural, ya que así es como se suplen en España las faltas de energía, cosa que aumenta además el precio de las facturas. Podrían suplirse también con carbón, como ha sucedido en Alemania tras el cierre de varias centrales y el anuncio del cierre de otras tantas que tanto ha celebrado Greenpeace, cuyo activismo no duda en atacar enérgicamente las centrales nucleares por su “contaminación” y su “peligro” pero no habla del peligro que verter más gases consecuencia de la quema de gas natural o carbón supone no solo para el medio ambiente, si no para la propia salud de las personas. De nuevo, vemos como Greenpeace señala el problema tarde, mal y evita hablar de las consecuencias de sus reivindicaciones.

También se podría hablar de como los “campos” de generación fotovoltaica requieren, para una mayor eficiencia, una extensión considerable de espacio, motivo por el que la realización de algunos proyectos “inmediatos” requieren de una deforestación como hemos visto en EE.UU. o en Honduras. No debemos olvidar tampoco el cuidadoso estudio con el que se debe prevenir la localización de turbinas eólicas o de centrales hidroeléctricas, debido al impacto que estas pueden tener en el entorno natural.

No se debe confundir esta “defensa” de Cofrentes y la energía nuclear con una defensa ciega y acrítica, y mucho menos con una defensa de las propietarias y regidoras de las centrales ni de los gobiernos que gestionan esta decisión, todo lo contrario, venimos a señalar un problema de fondo: el capitalismo. Desde su privatización, las eléctricas han estado sangrando a los trabajadores día a día en la factura, añadiendo subidas abusivas e injustificadas que han sido incluso calificadas en los tribunales burgueses de estafas y usura, han dedicado esfuerzos e inversiones titánicas para, con despreciables tácticas comerciales, imponer contratos de precios “de mercado” a consumidores con precios regulados. Cuando no han podido exprimir más esas medidas han manipulado de manera deliberada el mercado regulado para alzar los precios como ya se demostró en 2019 con Endesa y Naturgy. Actúan además de manera despreciable y rastrera imponiendo sanciones astronómicas a quienes por necesidad se conectan de manera irregular a la red eléctrica, e incluso llegando a intentar recaudar esas cuantiosas “sanciones” a través de falsas inspecciones sorpresa. Las eléctricas son parte del problema, pero también lo son quienes cargan contra las nucleares con falacias y falsas verdades y no toman en cuenta el peligro ambiental y económico que puede suponer la desaparición de estas en un futuro inmediato cuando 4,5 millones de españoles no puede hacer frente a las facturas energéticas.

A modo de conclusión: la energía nuclear ha evolucionado durante muchos años, durante décadas fue reservada a las armas de guerra, más tarde representó un cambio revolucionario produciendo energía de consumo civil con un potencial y una eficiencia jamás vistas, y ha evolucionado hasta nuestros días. No se puede afirmar, y quien se atreva a hacerlo mentirá descaradamente, que la energía nuclear no conlleve ningún riesgo ni contrapartidas, pero tampoco se puede negar de manera tajante y sorda los beneficios que esta supone frente a las otras productoras de energía.

Las centrales nucleares no deben clausurarse sin ninguna medida que solvente su producción, y mucho menos debemos eliminar la energía nuclear de nuestra producción eléctrica. Por cada central que se cierra nos acercamos un poco más al abismo del cambio climático, y da una nueva excusa a las eléctricas para elevar los precios de las facturas, condenando a más trabajadores a la miseria, quitándoles algo tan básico como el derecho a la luz o la calefacción en el hogar.

Desde el Partido Comunista Obrero Español denunciamos las posturas de Greenpeace y los partidos como PSOE, Podem o Compromís, quienes pese a pedir el cierre de Cofrentes no señalan ni proponen ningún plan de sustitución de su producción, enviándonos directos al gas natural y las emisiones de carbono a la atmósfera acelerando el cambio climático y dejando, además, a las eléctricas con la potestad para elevar a placer el precio de la electricidad gracias a ese cierre, sin obligar a acatar ningún tipo de regulación. De igual manera denunciamos a las sanguijuelas de las eléctricas quienes con total libertad, y gracias a todos los gobiernos del Estado, han especulado y especulan con algo tan básico como la electricidad. Nuestra postura no ha de ser otra que la de la revolución y el socialismo, eliminando a nuestro paso a los especuladores y avanzando hacia una sociedad donde la ciencia sea el faro que guie nuestro desarrollo.

 

¡ACABEMOS CON LAS ELÉCTRICAS Y SU USURA!

¡POR LA SOCIALIZACIÓN DE LAS EMPRESAS ENERGÉTICAS!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

En València a 20 de marzo de 2021

 

Comité Provincial del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en València

 

 

Sobre Cofrentes i l’energia nuclear, una reflexió necessària

 

En 2021 es compleixen 70 anys de la construcció de la Central Nuclear d’Obninsk en l’antiga Unió Soviètica, i 63 de la seua posada en funcionament. Obninsk va ser la primera central nuclear d’ús civil del món, un fet revolucionari que va marcar un abans i un després en la producció d’energia elèctrica. Des de llavors, són milers els reactors que s’han construït de llarg a llarg del mapa mundial i, des de l’accident nuclear de Chernobil, l’energia nuclear és un punt fix de debat sobre la seguretat o perill que aquestes representen.

El reactor d’Obninsk, recordem, el primer de la història, va funcionar fins a 2002, any en què es va transformar en un museu sobre l’energia nuclear. Això suposa una vida útil de 48 anys per a una central que, en comparació amb els reactors actuals, i molt més amb les seues mesures de seguretat, està obsolet.

Recentment, i a causa de l’expiració de la llicència que venç el 20/03/2021 i a la presentació de prorroga a petició d’Iberdrola, aquesta allargaria altres 12 anys la seua vida, fins a, de moment, 2033. Sobre la taula, es torna a parlar del tancament de Cofrentes i altres centrals nuclears, a fi d’evitar aqueix “perill”.

Durant aquests dies, hem vist llançar diferents arguments a favor del seu tancament, com una “similitud” en el tipus de reactor amb el de Garoña o Fukushima, dada que ha sigut seccionada a propòsit per a obviar que el reactor de Cofrentes és un BWR-6 i els anteriorment esmentats un BWR-3, malgrat compartir el mateix “tipus” de reactor, disten en funcionament i, òbviament, en seguretat, a part d’estar dotat amb un edifici de contenció tipus Mark III enfront de Mark I dels anteriors.

Si revisem els registres del Consell de Seguretat Nuclear, els “incidents” de Cofrentes són, en la seua majoria, un nivell 0 en l’Escala Internacional d’Accidents Nuclears (INES), que fa referència a “una desviació sense importància per a la seguretat”, si observem a més l’historial de Cofrentes, aquesta porta des de 2009 sense realitzar cap parada d’emergència, cosa com menys destacable. Malgrat el que Greenpeace ha afirmat en diverses ocasions, no hi ha constància de cap “abocament” ni “residu” radioactiu que haja escapat de la central, ja que no s’ha registrat cap accident que aconseguira INES 2, que concerneix als accidents amb impacte en el medi ambient o en les persones. No tenim confiança cega en aquests instruments de control ni en els qui els posseeixen, ja que continuen sent òrgans d’un Estat als peus de la burgesia, de la qual formen part les elèctriques, però tampoc defensem les afirmacions sense cap base que alguns grups ecologistes com Greenpeace utilitzen diàriament en la seua guerra contra l’energia nuclear.

S’ha parlat també del “risc sísmic” de la localització de Cofrentes, pel fet que, entre altres coses, està en la rodalia d’un volcà inactiu, però es considera a aquest un perill pel fet que aquest poguera erupcionar, cosa que no sembla preocupar el Balneari de Formiguers que es troba molt més a prop que la central. D’altra banda aqueix “risc sísmic” degut al qual haguérem de preocupar-nos, risc que s’avalua periòdicament i del qual, fins al moment, no hi ha hagut cap rastre ni esdeveniment ressenyable.

Les centrals nuclears són dissenyades amb proteccions pensades per a evitar danys en casos d’incendis, pluges torrencials, inundacions, terratrémols i fins i tot atacs terroristes, degut no sols a les possibles conseqüències d’una disfunció, sinó també del valuós del seu contingut, el combustible. Els seus sistemes de seguretat actualment estan pensats per a solucionar no sols accidents, si no també negligències humanes i compten amb redundàncies en els seus sistemes, si un dispositiu de seguretat falla, hi ha uns altres del seu mateix tipus per a salvaguardar-los.

S’ha parlat també dels residus que genera, però no que en l’actualitat existeixen reactors que poden utilitzar aqueixos residus per a funcionar i transformar-los en residus de molt baixa intensitat, molt més fàcils i assequibles d’emmagatzemar. Tampoc s’ha parlat dels fins d’investigació que compleixen algunes centrals nuclears, i que de ser tancades eliminarien aportacions importants en el camp del desenvolupament nuclear.

S’ha insinuat que les centrals nuclears frenen el desenvolupament de les energies renovables, afirmació no sols falsa si no contrària a la realitat, és la nuclear qui pot permetre a les renovables evolucionar a fi que aquestes arriben a cobrir una major demanda i una major eficiència. És innegable que les energies renovables han evolucionat i evolucionen amb passes de gegant i milloren la seua eficiència de manera notable, però continuen sent esclaves del seu major aliat, els factors físics i meteorològics. Les energies renovables, hui dia, no tenen ni l’eficiència ni la capacitat per a substituir ni cobrir la demanda de Cofrentes, que produeix hui dia una tercera part de l’energia elèctrica consumida a la Comunitat Valenciana, i un 3% de la total consumida a Espanya. I que succeirà quan Cofrentes s’apague i deixe de produir aquesta energia? Que les renovables no podran suplir la demanda i qui començarà a actuar serà el gas natural, ja que així és com se supleixen a Espanya les faltes d’energia, cosa que augmenta a més el preu de les factures. Podrien suplir-se també amb carbó, com ha succeït a Alemanya després del tancament de diverses centrals i l’anunci del tancament d’altres tantes que tant ha celebrat Greenpeace, l’activisme el qual no dubta a atacar enèrgicament les centrals nuclears per la seua “contaminació” i el seu “perill” però no parla del perill que abocar més gasos conseqüència de la crema de gas natural o carbó suposa no sols per al medi ambient, si no per a la pròpia salut de les persones. De nou, veiem com Greenpeace assenyala el problema tard, malament i evita parlar de les conseqüències de les seues reivindicacions.

També es podria parlar de com els “camps” de generació fotovoltaica requereixen, per a una major eficiència, una extensió considerable d’espai, motiu pel qual la realització d’alguns projectes “immediats” requereixen d’una desforestació com hem vist als Estats Units o a Hondures. No hem d’oblidar tampoc l’acurat estudi amb el qual s’ha de previndre la localització de turbines eòliques o de centrals hidroelèctriques, a causa de l’impacte que aquestes poden tindre en l’entorn natural.

No s’ha de confondre aquesta “defensa” de Cofrentes i l’energia nuclear amb una defensa cega i acrítica, i molt menys amb una defensa de les propietàries i regidores de les centrals ni dels governs que gestionen aquesta decisió, tot el contrari, venim a assenyalar un problema de fons: el capitalisme. Des de la seua privatització, les elèctriques han estat sagnant als treballadors dia a dia en la factura, afegint pujades abusives i injustificades que han sigut fins i tot qualificades en els tribunals burgesos d’estafes i usura, han dedicat esforços i inversions titàniques per a, amb menyspreables tàctiques comercials, imposar contractes de preus “de mercat” a consumidors amb preus regulats. Quan no han pogut esprémer més aqueixes mesures han manipulat de manera deliberada el mercat regulat per a alçar els preus com ja es va demostrar en 2019 amb Endesa i Naturgy. Actuen a més de manera menyspreable i rèptil imposant sancions astronòmiques als qui per necessitat es connecten de manera irregular a la xarxa elèctrica, i fins i tot arribant a intentar recaptar aqueixes quantioses “sancions” a través de falses inspecciones sorpresa. Les elèctriques són part del problema, però també ho són els qui carreguen contra les nuclears amb fal·làcies i falses veritats i no tenen en compte el perill ambiental i econòmic que pot suposar la desaparició d’aquestes en un futur immediat quan 4,5 milions d’espanyols no pot fer front a les factures energètiques.

A manera de conclusió: l’energia nuclear ha evolucionat durant molts anys, durant dècades va ser reservada a les armes de guerra, més tard va representar un canvi revolucionari produint energia de consum civil amb un potencial i una eficiència mai vistes, i ha evolucionat fins als nostres dies. No es pot afirmar, i qui s’atrevisca a fer-ho mentirà descaradament, que l’energia nuclear no comporte cap risc ni contrapartides, però tampoc es pot negar de manera categòrica i sorda els beneficis que aquesta suposa enfront de les altres productores d’energia.

Les centrals nuclears no han de clausurar-se sense cap mesura que solucione la seua producció, i molt menys hem d’eliminar l’energia nuclear de la nostra producció elèctrica. Per cada central que es tanca ens acostem una mica més a l’abisme del canvi climàtic, i dona una nova excusa a les elèctriques per a elevar els preus de les factures, condemnant a més treballadors a la misèria, llevant-los una cosa tan bàsica com el dret a la llum o la calefacció en la llar.

Des del Partit Comunista Obrer Espanyol denunciem les postures de Greenpeace i els partits com a PSOE, Podem o Compromís, els qui malgrat demanar el tancament de Cofrentes no assenyalen ni proposen cap pla de substitució de la seua producció, enviant-nos directes al gas natural i les emissions de carboni a l’atmosfera accelerant el canvi climàtic i deixant, a més, a les elèctriques amb la potestat per a elevar a plaer el preu de l’electricitat gràcies a aqueix tancament, sense obligar a acatar cap mena de regulació. D’igual manera denunciem a les sangoneres de les elèctriques els qui amb total llibertat, i gràcies a tots els governs de l’Estat, han especulat i especulen amb una cosa tan bàsica com l’electricitat. La nostra postura no ha de ser una altra que la de la revolució i el socialisme, eliminant al nostre pas als especuladors i avançant cap a una societat on la ciència siga el far que vaig guiar el nostre desenvolupament.

 

ACABEM AMB LES ELÈCTRIQUES I LA SEUA USURA!

PER LA SOCIALITZACIÓ DE LES EMPRESES ENERGÈTIQUES!

SOCIALISME O BARBÀRIE!

 

A València a 20 de març de 2021

 

Comité Provincial del Partit Comunista Obrer Espanyol (PCOE) a València




China: su influencia en América Latina y el internacionalismo proletario. Escritos sobre China (I)

La República Popular de China – y su desarrollo – suscita debates y controversias entre los militantes y partidos comunistas del mundo, siendo cada vez más los comunistas y los Partidos que abiertamente catalogan a China como una potencia imperialista.

Desde el año 2000 hasta hoy día, China ha redoblado su importancia y presencia político-económica en América Latina convirtiendo el lugar en un nuevo punto de encuentro para el enfrentamiento interimperialista con EEUU, cosa que ha confundido y confunde a más de un comunista.

El viejo imperialismo protagonizado por los EEUU y la Unión Europea se encuentra en una profunda bancarrota política, social y económica, demostrando sobradamente, como decía Lenin, que el imperialismo es capitalismo agonizante o en decadencia; y con su nueva crisis económica, agravada por la pandemia de la COVID-19, es indudable que el protagonismo geopolítico de Occidente se está desinflando poco a poco en favor del nuevo imperialismo encabezado por China. Por supuesto, es natural que desde los EEUU se observe esa pérdida de control y hegemonía como una amenaza cada vez más directa y emplee no pocos medios propagandísticos para atacar la soberanía (véase la independencia de Hong Kong) o la credibilidad de China (véase la reciente campaña sobre el origen de la pandemia o el caso de Xinjiang y los uigures). Pero estas prácticas no deben confundir al militante comunista y creer que el enemigo de mi enemigo es mi aliado. Todo lo contrario, camaradas. Hay que desarrollar, de igual manera, una lucha implacable contra este nuevo imperialismo. Más implacable si cabe en el caso de China, que al igual que la Unión Soviética tras el XX Congreso del PCUS trata de esconder sus criminales prácticas tras la bandera roja del proletariado y el comunismo. Deng Xiaoping, al que algunos comparan su figura a la de Kruschev en la antigua URSS por su rol oportunista, fue el propulsor de la modernización de la economía socialista mediante la reforma y la apertura de la economía china que, en la práctica, no ha sido más que un proceso de transición hacia una economía eminentemente imperialista, aunque algunos, como Jiang Zemin, eufemísticamente le llamase transición hacia un socialismo de mercado.

Como bien sabemos los marxistas-leninistas, la fase imperialista (o monopolista) del capitalismo implica que las contradicciones de este han llegado a su límite. Para este escrito es preciso resaltar la existente entre las distintas potencias imperialistas – EEUU y la UE, por un lado, y China-Rusia por el otro – en su lucha encarnizada por las fuentes de materias primas. Como dijo el camarada Stalin: «El imperialismo es la exportación de capitales a las fuentes de materias primas, la lucha furiosa por la posesión monopolista de estas fuentes, la lucha por un nuevo reparto del mundo ya repartido». (Iósif Stalin; Los fundamentos del Leninismo, 1924)

Un espacio importante es América Latina, el conocido patio trasero de los EEUU. La influencia del revisionismo en forma de Socialismo del siglo XXI en muchos de sus territorios – Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, etc. – ha provocado un acercamiento entre esta nueva forma de revisionismo y el imperialismo oriental; alianza que se ha visto materializada en la creación de frentes antiimperialistas (que sólo son antiimperialistas hacia lo estadounidense) y el aumento de las relaciones diplomáticas y económicas. Un falso antiimperialismo que también practican ciertas organizaciones del Movimiento Comunista Internacional, aunque ese es un asunto que se abrirá en el futuro.

Por supuesto, en los países latinoamericanos se está llevando a cabo una verdadera pugna interna entre los intereses de la burguesía más conservadora que, por su parte, apuesta descaradamente por mantener las alianzas con EEUU y que empleará para ello todos los recursos necesarios – como fueron ejemplo el golpe de Estado militar y policial a Evo Morales que contó con el apoyo del imperialismo estadounidense y de sus lacayos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) o los fallidos golpes de Estado en Venezuela por parte de Leopoldo López y el juguete roto del imperialismo Juan Guaidó –. Por otro lado, tenemos a la burguesía que aspira a llevar a cabo un viraje geopolítico en su país y que espera que las nuevas relaciones económicas le auguren un sólido futuro, pues el presente estará caracterizado por el proteccionismo económico, los bloqueos e incluso las intentonas golpistas desde EEUU. «Los compromisos públicos de Beijing con el libre comercio, la globalización y la cooperación estratégica en un pie de igualdad brindan alivio en tiempos de creciente proteccionismo y arrogancia indisimulada de Washington». (Nueva Sociedad; Escaramuzas geoestratégicas en el «patio trasero», 2018)

América Latina, a sabiendas o no, está presa en la trampa de las materias primas, ya que las nuevas relaciones económicas que se vienen configurando desde hace años desde China llevan a la región a la completa dependencia. Por su parte, China muestra una faceta aparentemente amable; compra materias primas y productos agrícolas, aportando a cambio unos productos industriales que se venden a bajo coste. Esto implica la obstaculización completa de la industrialización latinoamericana, que se orienta completamente al sector primario de la economía, a lo que se suma el peligro de que su economía sufra terriblemente si la demanda china de productos disminuye. «Además, los conflictos sociales y ecológicos se agravan: se critica que, en los proyectos de infraestructura chinos, los materiales y los trabajadores a menudo provienen de China y, en consecuencia, generan poco impulso positivo para la economía del país receptor». (Ibíd.)

No escapa a nuestra percepción que la intencionalidad de China es ampliar sus relaciones y acuerdos económicos a medio y largo plazo mostrando una imagen diplomática y evitando su faceta agresiva. Sin embargo, al ir consolidando su liderazgo en la geopolítica internacional y siendo el control estadounidense cada vez menos sólido, es previsible que toda esa moderación se irá disipando gradualmente.

Por su parte, Vladímir Putin (pues es preciso hablar de Rusia al ser el más directo aliado de China) ha ganado influencia en la región desde el comienzo del milenio. Sin duda, el acercamiento geográfico que implica ganar influencia en América Latina, especialmente en la zona del Caribe, supone una revancha contra las injerencias de la OTAN en Europa del Este (como son ejemplo los casos de Bielorrusia y Ucrania). La cooperación rusa se centra en los sectores de energía y defensa, aunque en menor medida también hay cooperación en materia nuclear y militar, siendo el socio más importante Cuba, aunque igualmente cabría citar aquí a Venezuela y Nicaragua. La relación Cuba-Rusia se vio especialmente fortalecida con la agresiva política desarrollada por Donald Trump y Mike Pompeo, destacando el valor de los suministros de petróleo rusos. La relación con Venezuela parece también estable, en tanto que Rusia ha advertido en varias ocasiones su apoyo exterior en caso de que EEUU se canse de crear inútiles golpistas venezolanos y pase a la intervención militar directa. Esto se relaciona indudablemente con el principio de no injerencia directa que llevan a cabo tanto Rusia como China, algo que desde América Latina es visto con buenos ojos a causa de la larga historia criminal de EEUU en la región.

Actualmente, China es el socio comercial más importante para países como Brasil, Argentina y Perú, y con una enorme importancia en Venezuela, Cuba y Uruguay. «Desde 2005, el Banco de Desarrollo y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China han proporcionado más de 137 mil millones de dólares en compromisos de préstamos a países de América Latina y el Caribe (LAC) y empresas estatales». (Kevin P. & Margaret Myers; China-Latin America Finance Database, 2020)

La política exterior de cualquier Estado que se pretenda socialista debe tener como estandarte el internacionalismo proletario; la defensa del comunismo allende sus fronteras y su ayuda para el surgimiento de otras revoluciones proletarias en el mundo. Contrario a esto, la política exterior china gira en torno al imperialismo. Un imperialismo que comenzó en la década de los noventa en el sudeste asiático y que hoy día tiene su mirada puesta en África (donde destacan las relaciones con Nigeria, Sudán y el Congo, de donde el gigante asiático obtiene petróleo, minerales clave en el desarrollo industrial como aluminio, cobre, columbita-tantalita. etc. y madera para la construcción) y, como ya hemos explicado en este documento, América Latina. China ejerce, en la práctica, un control político cada vez más fuerte en estos territorios, siendo esta situación «la razón de que la práctica totalidad de la comunidad investigadora esté de acuerdo en que la política exterior china no es comunista y en que sí responde plenamente a una política exterior de base capitalista». (Víctor Fernández Bermejo; ¿Es China hoy una nación comunista?, 2010-2011)

A tenor de lo anterior, es preciso mencionar el carácter criminal de China al colaborar con regímenes como el de Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, para acabar con las guerrillas maoístas, así como tampoco duda en prestar apoyo para la misma causa reaccionaria y anticomunista a Nepal.

A las naciones latinoamericanas se las está tratando de imponer una falsa dicotomía: elegir entre el imperialismo conocido o el imperialismo por conocer. Muchos creen que nos encontramos ante una Guerra Fría 2.0, pero la realidad demuestra que eso es totalmente infundado. En su día se dio una Guerra Fría porque la Unión Soviética representaba al modelo socialista, antagónico al capitalismo, que buscaba expandir su influencia a la par que exportaba su modelo de producción. China, en cambio, no tiene ese interés, pese a que muchos hablen de capitalismo de Estado o socialismo con características chinas. No hay un choque entre las dos potencias en tanto que el desarrollo económico de China no atenta contra los principios fundamentales del capitalismo internacional: la propiedad privada de los medios de producción; la división de la sociedad en burgueses y proletarios; y la cada vez mayor automatización y robotización del proceso productivo, aumentando el capital constante y disminuyendo el capital variable. Lo que se observa aquí es la pugna entre dos potencias imperialistas por el control de las materias primas, de las relaciones diplomáticas y el control geopolítico de los territorios.

China en la actualidad es un prototipo acabado de capitalismo monopolista de Estado. La oligarquía financiera de Europa, Japón y EEUU, en plena colaboración con los dirigentes políticos chinos, antimarxistas de hecho y de palabra, han convertido a China en una potencia imperialista. China hoy exporta capitales para sojuzgar y expoliar a los pueblos, ya sea vía deslocalización de actividad productiva en otros puntos del mundo, ya sea mediante la compra de deuda de otros países capitalistas convirtiéndose en un Estado usurero y parásito. Asimismo, China forma parte de los órganos de decisión y gobierno del mundo y, consecuentemente, es tan imperialista y tan responsable de lo que acontece como sus otros socios imperialistas.

China participa en el reparto del mundo, utilizando la exportación de capitales para obtener mayores plusvalías fruto de la especulación y la explotación, pero también para ejercer influencia política que le permita, además, saquear los recursos naturales del planeta, obtener apoyos para imponer sus intereses en las agrupaciones de países capitalistas, vital para su hegemonía. En este sentido China no duda en construir bloques y grupos capitalistas favorables a su objetivo, BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái, ASEAN + 3 y la Asociación Económica Integral Regional, que serán las futuras asociaciones imperialistas que se repartirán el mundo cuando la suma de sus fuerzas desplace a la alianza de las potencias que hoy ejercen dicho gobierno.

Los oligarcas contribuyen de manera decisiva al desarrollo como potencias imperialistas de China y demás miembros del BRICS. Y contribuyen porque en China, y demás potencias emergentes, está su tabla de salvación para cuando las potencias imperialistas actuales pierdan su hegemonía. Con este relevo, la oligarquía financiera conseguirá aumentar sus márgenes de ganancia, pues el proletariado a nivel mundial se habrá empobrecido.

La única alternativa que tienen los pueblos trabajadores del mundo, el proletariado, es la revolución socialista para romper las cadenas de la explotación y de la miseria a la que nos conduce el imperialismo, sus potencias y sus monopolios. Todos los monopolios capitalistas de estado, incluido el chino, son enemigos jurados del proletariado mundial.

Camaradas, el imperialismo tiene un ámbito mundial. La contradicción fundamental en el mundo imperialista es la lucha entre el socialismo –aspiración máxima de las clases explotadas y desposeídas – y el imperialismo –aspiración máxima de los monopolios. De ello se deduce que es vital la unión de todas las fuerzas comunistas a nivel mundial, debiéndose conformar un Movimiento Comunista Internacional libre de las podredumbres ideológicas y prácticas del pasado, soldado en virtud del principio del Internacionalismo Proletario y la defensa del marxismo-leninismo.

 

Madrid, 18 de marzo de 2021

Secretaría de Relaciones Internacionales de Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)




Catalunya arde, el Estado reprime [ESP/CAT]

El pasado 16 de febrero se culminó la persecución y derribo al rapero comunista Pablo Hasél siendo detenido para encerrarlo en prisión. A raíz de aquello las ciudades de todo el Estado Español se inundaron con miles de personas mostrando su solidaridad hacia el rapero y luchando por su liberación.

A pesar de que los voceros del capital traten de criminalizar las protestas diciendo cosas tales como que: Los Mossos atribuyen los disturbios de Barcelona a anarquistas “violentos”, comunistas “combativos” y delincuentes comunes” insinuando de manera deliberada que cualquier persona que no perteneciera a ninguna organización era un delincuente en busca del saqueo y destrucción. El objetivo tras esto es claramente construir su historia y argumentario para encubrir lo que realmente pasa: que cada día hay más miembros de la clase obrera y clases populares que se dan cuenta de la putrefacción tanto política como ideológica del sistema capitalista y de la auténtica esencia fascista de este Estado.

La respuesta tanto a nivel estatal como la de los distintos gobiernos autonómicos no fue otra que una represión descarada y brutal, la cual fue escalando exponencialmente a medida que encontraron una respuesta combativa por parte de unos manifestantes que están perdiendo el miedo a pasos agigantados dejando más de un centenar de detenidos en la primera semana solamente en Catalunya y cientos de heridos entre ellos una chica de 19 años la cual perdió un ojo por un disparo por parte de la policía con una bala de FOAM.

Tras los días de manifestaciones y acciones en favor de la libertad de Pablo Hasél y los disturbios acaecidos debido a la violencia reaccionaria de las fuerzas y cuerpos de represión del Estado, respondida por la fuerza legítima a defenderse del pueblo, el ambiente pareciera que se hubiera calmado. Pero hete aquí que se ha abierto paso una nueva fase de represión del Estado fascista; en Madrid las brigadas de información comenzaron con las detenciones y en Barcelona ya han aprovechado para encontrar una cabeza de turco a la que colgar de la plaza pública.

Un grupo de anarquistas fue detenido la semana pasada acusados de “organización criminal” tras el lanzamiento de un “cóctel molotov” a un furgón de la Guardia Urbana. Dicha detención no podía ser más arbitraria y sin prueba alguna. No sólo los anarquistas han ingresado en la cárcel sin fianza, sino que además han alargado su prisión preventiva.

Dada la falta de pruebas contra ellos, el trato tan duro que están recibiendo y la campaña mediática de propaganda vertida sobre el colectivo, no cabe ninguna duda de que ésta ha sido una medida para infundir el miedo entre las personas que participan en las manifestaciones y, mediante la represión, tratan de mantener controlados a los colectivos y organizaciones que apoyamos la lucha contra la represión y por la amnistía total de los presos políticos, mostrando una vez más el carácter fascista del Estado español.

Las proclamas de las manifestaciones que empezaron siendo por la libertad de Pablo Hasél se han ido convirtiendo en proclamas como “Por derecho a una vivienda digna, derecho al trabajo, por la amnistía total de los presos políticos, disolución de la BRIMO”, pues dicho Estado no sólo le arrebata el derecho a la libertad de expresión a Hasél, a los anarquistas, a los independentistas, a los comunistas o a todo aquel o aquella que lo cuestione, sino que también le arrebata el derecho al trabajo a 3.964.353 personas o el derecho a la vivienda como mínimo a 33.000 personas que viven a la intemperie, así como infinidad de crímenes más perpetrados hacia la clase obrera y las clases populares que no debemos entender de forma aislada. Y si todos los problemas acaban confluyendo porque tienen el mismo origen ¿no debemos pues unirnos para atacarlo en su raíz? Ya lo dijo Karl Marx “Ser radical es ir la raíz del problema”, pues se hace más necesario que nunca radicalizarse y volver a unificar todas esas proclamas en una sola: “Por el derrocamiento del Estado fascista español, acabemos con el Capitalismo y construyamos el Socialismo”.

Desde el Partit Comunista Obrer de Catalunya, en primer lugar, mostramos nuestro total apoyo al colectivo anarquista víctima de esta represión criminal. Hacemos un llamamiento a los diferentes sectores que componen la clase obrera y las clases populares para unirnos y organizarnos. De esta forma no habrá cuerpo policial o cárcel que pueda pararnos. Confrontémonos a la represión del Estado fascista, única vía que le queda al Estado para frenarnos y dividirnos. No nos dejemos amedrentar por la represión. Ahora más que nunca la lucha por la liberación de las presas y los presos políticos debe continuar. También hacemos un llamamiento a colectivos en lucha de todo tipo para que se solidaricen con los solidarios, con los que sufren la represión por luchar y así derivar todos los movimientos en una sola confluencia de intereses y por la creación de un Frente Único del Pueblo que se erija como Poder Popular para derrocar a este Estado podrido hasta el tuétano.

 

 

¡POR LA UNIDAD DE LA CLASE OBRERA!

¡SOLIDARIDAD Y LUCHA PARA CON LOS DETENIDOS!

¡AMNISTÍA TOTAL A LOS PRESOS ANTIFASCISTAS!

¡POR EL DERROCAMIENTO DEL ESTADO FASCISTA ESPAÑOL!

 

Barcelona, 17 de marzo de 2021

Comité Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.)

 

 

Catalunya crema, l’Estat reprimeix

 

El passat 16 de febrer es va culminar la persecució i enderrocament al raper comunista Pablo Hasél sent detingut per a tancar-lo a la presó. Arran d’això les ciutats de tot l’Estat Espanyol es van inundar amb milers de persones mostrant la seva solidaritat cap al raper i lluitant pel seu alliberament.

A pesar que els portaveus del capital tractin de criminalitzar les protestes dient coses com ara que: “Els Mossos atribueixen els disturbis de Barcelona a anarquistes “violents”, comunistes “combatius” i delinqüents comuns” insinuant de manera deliberada que qualsevol persona que no pertanyés a cap organització era un delinqüent a la recerca del saqueig i destrucció. L’objectiu després d’això és clarament construir la seva història i argumentari per a encobrir el que realment passa: que cada dia hi ha més membres de la classe obrera i classes populars que s’adonen de la putrefacció tant política com ideològica del sistema capitalista i de l’autèntica essència feixista d’aquest Estat.

La resposta tant a nivell estatal com la dels diferents governs autonòmics no va ser altra que una repressió descarada i brutal, la qual va anar escalant exponencialment a mesura que van trobar una resposta combativa per part d’uns manifestants que estan perdent la por amb passes de gegant deixant més d’un centenar de detinguts durant la primera setmana només a Catalunya i centenars de ferits entre ells una noia de 19 anys la qual va perdre un ull per un tret per part de la policia amb una bala de FOAM.

Després dels dies de manifestacions i accions en favor de la llibertat de Pablo Hasél i els avalots esdevinguts a causa de la violència reaccionària de les forces i cossos de repressió de l’Estat, resposta per la força legítima a defensar-se del poble, l’ambient semblés que s’hagués calmat. Però vet aquí que s’ha obert pas una nova fase de repressió de l’Estat feixista; a Madrid les brigades d’informació van començar amb les detencions i a Barcelona ja han aprofitat per a trobar un cap de turc a la qual penjar de la plaça pública.

Un grup d’anarquistes va ser detingut la setmana passada acusats de “organització criminal” després del llançament d’un “còctel molotov” a un furgó de la Guàrdia Urbana. Aquesta detenció no podia ser més arbitrària i sense cap prova. No sols els anarquistes han ingressat a presó sense fiança, sinó que a més han allargat la seva presó preventiva.

Donada la falta de proves contra ells, el tracte tan dur que estan rebent i la campanya mediàtica de propaganda abocada sobre el col·lectiu, no hi ha cap dubte que aquesta ha estat una mesura per a infondre la por entre les persones que participen en les manifestacions i, mitjançant la repressió, tracten de mantenir controlats als col·lectius i organitzacions que donem suport a la lluita contra la repressió i per l’amnistia total dels presos polítics, mostrant una vegada més el caràcter feixista de l’Estat espanyol.

Les proclames de les manifestacions que van començar sent per la llibertat de Pablo Hasél s’han anat convertint en proclames com “Pel dret a un habitatge digne, dret al treball, per l’amnistia total dels presos polítics, dissolució de la BRIMO”, perquè aquest Estat no sols li arrabassa el dret a la llibertat d’expressió a Hasél, als anarquistes, als independentistes, als comunistes o a tot aquell o aquella que el qüestioni, sinó que també li arrabassa el dret al treball a 3.964.353 persones o el dret a l’habitatge com a mínim a 33.000 persones que viuen al carrer, així com infinitat de crims més perpetrats cap a la classe obrera i les classes populars que no hem d’entendre de forma aïllada. I si tots els problemes acaben confluint perquè tenen el mateix origen no devem doncs unir-nos per a atacar-lo en la seva arrel? Ja ho va dir Karl Marx “Ser radical és anar l’arrel del problema”, perquè es fa més necessari que mai radicalitzar-se i tornar a unificar totes aquestes proclames en una sola: “Pel derrocament de l’Estat feixista espanyol, acabem amb el Capitalisme i construïm el Socialisme”.

Des del Partit Comunista Obrer de Catalunya, en primer lloc, volem mostrar el nostre total suport al col·lectiu anarquista víctima d’aquesta repressió criminal. Fem una crida als diferents sectors que composen la classe obrera i les classes populars per a unir-nos i organitzar-nos. D’aquesta manera no hi haurà cos policial o presó que pugui aturar-nos. Confrontem-nos a la repressió de l’Estat feixista , única via que li queda a l’Estat per a frenar-nos i dividir-nos. No ens deixem acoquinar per la repressió. Ara més que mai la lluita per l’alliberament de les preses i els presos polítics ha de continuar. També fem una crida a col·lectius en lluita de tota mena perquè se solidaritzin amb els solidaris, amb els quals pateixen la repressió per lluitar i així derivar tots els moviments en una sola confluència d’interessos i per la creació d’un Front Únic del Poble que s’erigeixi com a Poder Popular per a enderrocar a aquest Estat podrit fins a la medul·la.

 

PER LA UNITAT DE LA CLASSE OBRERA!

SOLIDARITAT I LLUITA CAP ELS DETINGUTS!

AMNISTIA TOTAL ALS PRESOS ANTIFEIXISTES!

PEL DERROCAMENT DE L’ESTAT FEIXISTA ESPAÑOL!

 

Barcelona, 17 de març de 2021

Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya (P.C.O.C.)




La lucha de Aernnova y la solidaridad derrotista

El pasado sábado 27 de febrero se llevó a cabo en Pino Montano una asamblea solidaria con los trabajadores de Aernnova, convocada por la plataforma Barrios Hartos y por el colectivo vecinal Pino Montano Grita Basta. Los trabajadores de Aernnova han estado más de 80 días de huelga por los despidos anunciados por la empresa, excusándose en la falta de carga de trabajo debido a la pandemia, estos despidos afectan a casi la mitad de la plantilla de Sevilla.

Tanto los despidos que se están dando en Aernnova como los despidos y cierres del resto de sectores son consecuencia de la automatización de la producción, y de la transición digital y ecológica que se está llevando a cabo desde hace años en la economía mundial, a la que se está dando un fuerte impulso con los fondos europeos Next Generation de la UE con la excusa de la pandémica COVID-19. En vez de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores reduciendo las horas de trabajo, e incluso pudiéndonos liberar del trabajo rutinario y embrutecedor, este proceso de digitalización y robotización de la economía conducirá a mayores despidos y a un mayor desempleo. Lo que a su vez muestra la contradicción que se da en el sistema capitalista, ya que de donde realmente salen las ganancias del capitalista es de la mano de obra, de la fuerza de trabajo, por lo que la mayor robotización y la disminución del capital variable (el invertido en salarios) en proporción al capital fijo (el invertido en maquinaria), darán lugar a una disminución de la tasa de ganancia, disminución que se lleva dando durante décadas estando hoy en día bajo mínimos.

Además dicha transición está siendo financiada con dinero público, el cual en su mayoría sale de nuestros impuestos. Como es el caso del sector de la automoción, el cual entre 2020 y 2022 recibirá del Estado 3750 millones de euros. La clase obrera no solo levanta y mantiene las empresas con su trabajo, también las financia a través del dinero público.

En la asamblea se llamó a la organización y la unidad de la clase trabajadora, que se realizasen asambleas y movilizaciones conjuntas, ante esto nos debemos preguntar ¿organización y unidad de la clase trabajadora para qué? ¿Cuál es el objetivo de estar organizados? Que la clase obrera se debe organizar es una necesidad con la que muchos que dicen defender a esta pueden estar de acuerdo. La cuestión es la dirección y el objetivo de esta organización y unidad. Decir a la clase obrera que la solución a todos sus problemas es organizarse para luchar contra los despidos, la precariedad o los bajos salarios sin decirles que hay que acabar con la causa de los mismos (el capitalismo) es engañarle. La solución no puede pasar por pactar o negociar con los mismos que esclavizan y ponen en riesgo la vida de la clase obrera. Un ejemplo claro lo podemos ver precisamente en Aernnova, donde se había firmado un pacto social con la empresa hasta finales de 2021, pacto que no han dudado en saltarse. La organización y unidad de la clase obrera no puede tener como finalidad luchar por migajas que hagan de parche a un sistema que cada día está más caduco.  Aceptar cualquier proposición de la patronal o la oligarquía financiera, tragar con el mal menor, no conduce nada más que a la derrota, y a la psicología derrotista que embarga hoy a la clase obrera y que se plasma en los discursos de aquellos que apelan de manera ciega y vacía a “¡Viva la lucha de la clase obrera!”.

Prueba de ello es que pocos días después de la asamblea se ha conocido que los trabajadores de Aernnova han llegado a un acuerdo, en el cual se aceptan 40 despidos para este año y 33 despidos para 2022, junto a prejubilaciones y 4.000 euros adicionales por despido improcedente. Este acuerdo ha sido celebrado como una victoria por CCOO, acuerdo con el cual vuelve a ganar la empresa y vuelven a perder los trabajadores.

La clase obrera debe organizarse en un Frente Único del Pueblo para acabar con la raíz de todos sus problemas, que se encuentran en el sistema capitalista. Un sistema que tiene como único objetivo aumentar los beneficios de los capitalistas, da igual que se mate de hambre o por accidentes laborales, o que las familias obreras pierdan su casa. De todas maneras, por muchas bajadas de pantalones que traguen los obreros, acabarán cerrando la fábrica llevándose todos los beneficios y ayudas públicas recibidas, como Nissan. Porque el papel que le han asignado los monopolios y la oligarquía financiera al Estado español, eslabón débil de la cadena imperialista, es el sector servicios y el turismo.

Es por ello que la clase obrera no se puede conformar con ERTES, despidos voluntarios o prejubilaciones. La clase obrera debe luchar por ser dueña de los medios de producción, por controlar la producción y poner todas las riquezas y recursos a su servicio, esta es la única salida para la clase obrera, este debe ser el objetivo de la organización y la unidad. Así se hizo saber desde el Partido Comunista Obrero Español en su intervención a los asistentes de la asamblea en solidaridad con los trabajadores de Aernnova.

 

¡Viva el Frente Único del Pueblo!

¡Construyamos el Socialismo!

 

Comité Provincial de Sevilla del Partido Comunista Obrero Español




Los empresarios aplastan como uvas a los trabajadores para producir dinero

Desde que caducó el convenio regulador de la Denominación de Origen Valdepeñas (DOV) en 2019, la empresa vitivinícola Félix Solís, lleva explotando sin ningún tipo de amparo legislativo a sus más de 4.000 trabajadores, 5.500 si sumamos a los que contrata mediante empleo precario con las ETT’s, y lo hace a un ritmo descomunal, como si de máquinas se tratase.

El monopolio que Félix Solís mantiene ya no solo en Valdepeñas, sino en casi todo el territorio español, le ha llevado a ser una de las empresas que controlan el mercado del vino en todo el Estado español, copando el 26% del mismo y siendo uno de los principales exportadores en el extranjero. Por supuesto, esto le brinda éxitos monetarios a Félix Solís, lo que se suma a ser el líder de la patronal en la mesa de negociación del convenio provincial del vino. Y si tanto éxito tiene esta empresa, ¿por qué se niega a revisar los salarios de sus trabajadores, escudándose en la crisis sanitaria de la COVID-19, aun habiendo aumentado su producción y rendimiento? Por lo mismo que aquellos que se acogen a los ERTE’s: puro instinto de explotar cuanto puedan a sus trabajadores a coste cero y ganancias miles.

Como decíamos, Félix Solís mantiene prácticamente el monopolio provincial del vino, lo que lleva a sus pequeños competidores a bajar los precios hasta hacer insostenible mantener a sus empleados, por lo que la codicia de Félix Solís no termina en sus trabajadores, sino que afecta también a los de la competencia.

Los sindicatos oportunistas y amarillistas de CCOO y UGT proponen negociar con Solís un aumento de los salarios de entre el 1 y el 1’5%. ¡Nosotros exigimos que las empresas pasen a manos de los obreros y sean ellos los que obtengan los beneficios que producen!

Pero esto no acaba aquí, pues su competidor más próximo, García Carrión, tiene en una situación igual a sus trabajadores, a quienes, como Solís, roba la plusvalía que generan para quedarsela ellos. ¡La plusvalía la generan los obreros y es a ellos a quienes pertenece!

Todo esto se produce en un contexto general de automatización de la producción en la gran mayoría de sectores, que incrementa la contradicción entre la decreciente tasa de ganancia y la creciente tasa de explotación. Gracias a la automatización y robotización, somos capaces de producir cada vez más con menos trabajo, pero esto en lugar de redundar en mejores condiciones de vida para los trabajadores, acaba suponiendo lo contrario: mayor explotación, más desempleo y por tanto más miseria para la clase obrera.

El capitalismo es hoy objetivamente un freno al progreso humano, y las grandes contradicciones que genera no pueden resolverse por ninguna otra vía que la revolucionaria. Sólo la construcción de un Estado socialista que ponga la producción en manos de quienes generamos toda la riqueza podrá solventar estas contradicciones y servir como fase primigenia hacia la construcción de una sociedad sin clases, el comunismo.

 

¡Por la socialización de los medios de producción!

¡Por la construcción del socialismo!

Comité local del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Valdepeñas




Marxismo, feminismo y emancipación de la mujer

«Las condiciones y las formas de producción han subyugado a las mujeres durante toda la historia de la humanidad» – A. Kolontái1

«Y no es usted mi camarada porque usted y yo representamos dos concepciones del mundo diametralmente opuestas. En tanto que se trate de defender mi concepción del mundo, usted no es mi camarada, sino mi enemigo más implacable, más encarnizado» – J. Plejánov2

 

ÍNDICE

Introducción

  1. Orígenes del feminismo de clase
    1. Cimientos ideológicos
    2. Kate Millet y el canto a la subjetividad
    3. Teoría de la Política Sexual, democracia radical y anticomunismo
  2. Crítica al feminismo de clase: patriarcado y el materialismo histórico
    1. Lise Vogel, Heidi Hartmann y el enfoque dual patriarcado-capitalismo
    2. Iris Young y su sistema único: el patriarcado capitalista
  1. El marxismo-leninismo y la emancipación de la mujer

Bibliografía

Referencias


Introducción

De un tiempo a esta parte, el PCOE viene estudiando la cuestión de la mujer con el firme objetivo de contribuir a la profundización de la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo en torno a esta cuestión y de entablar la necesaria batalla ideológica contra la burguesía; y, en esta ocasión particular, contra uno de los movimientos que más crédito ha gozado en las últimas décadas: el feminismo.

Por un lado, es evidente que los análisis de gran parte del Movimiento Comunista Internacional no llegan siquiera a rozar la superficie del debate, apartándose indignamente hacia un lado y dejando la hegemonía discursiva a los análisis feministas. Incluso, en multitud de ocasiones, vemos como Partidos Comunistas abrazan por completo el ideario feminista o parte de sus análisis, despreciando la independencia ideológica que ha de tener el socialismo científico.

Hoy el proletariado requiere más que nunca de un nuevo Movimiento Comunista depurado de todo tipo de oportunismo y de los vicios que nos han conducido a la situación de derrota en la que nos encontramos en la actualidad. En su gran mayoría, el proletariado se encuentra bajo la influencia ideológico-política de la burguesía monopolista. Ello debe ser combatido por la lucha ideológica que prepondera en la lucha de clases. Es una evidencia que los comunistas debemos de clarificar una serie de cuestiones, armar un programa revolucionario, siendo una de las cuestiones principales la consideración hacia el feminismo y la emancipación de la mujer, en especial hacia su corriente de clase.

Este documento, por tanto, no tiene más objetivo que contribuir en la clarificación de esta cuestión y contribuir al fortalecimiento del Movimiento Comunista en el Estado español y también Internacional, lo cual es una precondición necesaria para avanzar con paso firme contra el imperialismo.

En las páginas siguientes se procederá a dar respuesta, teniendo como base el marxismo-leninismo, a las incógnitas que de un tiempo a esta parte limitan el accionar revolucionario del proletariado en general y de las mujeres de clase obrera en particular, siempre con la vista puesta en la consecución del Socialismo como la única vía revolucionaria para la eliminación de toda explotación y opresión.

Comencemos.

  1. ORÍGENES DEL FEMINISMO DE CLASE

Dentro del feminismo burgués, y como ocurre con cualquier otro producto dentro del capitalismo monopolista de Estado, existe una enorme cantidad de marcas para elegir y que posibilitan que cualquier mujer pueda verse representada por la rama de este movimiento que más se adecue a sus gustos particulares y tendencias ideológicas. Si bien Simone de Beauvoir dijo en su momento que la segunda ola del feminismo se caracterizaba por la enorme diversidad de corrientes y planteamientos presentes, con multiplicidad de grupos y con ideas totalmente opuestas, seguramente no se imaginaba el panorama actual.

Tenemos el feminismo ilustrado, con autoras tan resonantes y estudiadas como Mary Wollstonecraft o Olympe de Gouges; el sufragista, con Elizabeth Cady Stanton y Emmeline Pankhurst, entre otras; el radical (ya saben, lo personal es político), donde destacan Kate Millet y Shulamith Firestone, principalmente; el anarcofeminismo, con Emma Goldman (que al parecer se limita a repetir la conocida cita ¡si no puedo bailar no es mi revolución! sin una profundización real en la obra de la autora); el feminismo existencialista de Simone de Beauvoir; el ecofeminismo, que tanto influye en Izquierda Unida, con autoras como Alicia Puleo, Vandana Shiva o Wangari Maathai; el feminismo de clase/socialista/marxista, donde se ubica erróneamente a revolucionarias comunistas como Zetkin, Luxemburgo y, especialmente, a Aleksándra Kolontái, que se posicionaron frontalmente contra los movimientos feministas de su época; el conocido transfeminismo, con la teoría de la performatividad del género dentro del paradigma filosófico antiesencialista y el feminismo deconstructivista, donde destaca Judith Butler como la autora que más polémica genera en la actualidad y que parece tener el símil con Karl Marx en que es más citada que leída. Y así podríamos seguir largo y tendido: feminismo abolicionista, de la igualdad, de la diferencia, ciberfeminismo, filosófico, separatista, disidente o de la disidencia, liberal, institucional, negro, gitano, lésbico, provida, islámico, decolonial, postcolonial, ateo, cristiano, feminacionalismo, interseccional, etc.

Dentro del movimiento feminista burgués, dos son los feminismos que más protagonismo han ganado en las últimas décadas: el feminismo radical y el feminismo de clase, siendo este segundo al que dedicaremos el presente documento.

El feminismo socialista actual ha sido calificado dentro del neofeminismo por autoras como la filósofa Ana de Miguel (2011)3. La consecución a lo largo del siglo XX de las demandas democrático-burguesas que exigía el movimiento feminista – en especial el derecho al sufragio femenino – había calmado momentáneamente las demandas feministas. Será con la publicación de El segundo sexo (1949) por parte de Simone de Beauvoir, cuando se origine un cambio en el paradigma, una transformación en su concepción del mundo, y es durante este proceso cuando en los años sesenta y setenta surge el patriarcado, como «un sistema de dominación sexual»4, la raíz de los problemas y la explicación al problema de las mujeres, el origen sobre el que se produce el desarrollo ulterior de la desigualdad y opresión femeninas: «Las “feministas” se manifestaban contra la subordinación a la izquierda, ya que identificaban a los varones como los beneficiarios de su dominación»5.

El feminismo socialista o de clase tiene su origen entrelazado con los movimientos pacifistas y la lucha por los derechos civiles, cobrando especial protagonismo las protestas contra la Guerra de Vietnam y la lucha dentro del amplio movimiento democrático de las décadas sesenta y setenta, protagonizado por eurocomunistas, trotskistas y socialdemócratas. Nació así una Nueva Izquierda, que podríamos calificar como utópica y que no es más que una reformulación del oportunismo, que al concluir que el sistema existente era sexista, racista, clasista e imperialista se centró en el activismo político y en la creación de «diversos movimientos sociales radicales como el movimiento antirracista, el estudiantil, el pacifista y, claro está, el feminista. La característica distintiva de todos ellos fue su marcado carácter contracultural»6 y que buscaron, como veremos a continuación, combinar el análisis de género de las feministas radicales con el análisis económico del marxismo, germinando en una traición a los planteamientos más elementales de este último:

«El feminismo socialista coincide con algunos análisis y aportes del feminismo radical, reconociendo la especificidad de la lucha femenina, pero considera que ésta debe insertarse en la problemática del enfrentamiento global al sistema capitalista. Expresa también que los cambios en la estructura económica no son suficientes para eliminar la opresión de las mujeres. Relaciona la explotación de clase con la opresión de la mujer, planteando que ésta es explotada por el capitalismo y oprimida por el patriarcado, sistema que es anterior al capitalismo y que fue variando históricamente»7.

1.1. Cimientos ideológicos

El feminismo radical norteamericano que se desarrolló entre finales de los sesenta y durante toda la década de los setenta – protagonizado por Kate Millet, Política sexual (1970), y Shulamith Firestone, La dialéctica de la sexualidad (1970) – representa, en su mayor parte, la fundamentación teórica en cuanto a la explicación de la opresión del género del actual feminismo socialista y que tendría su influencia «particularmente entre la pequeña burguesía y las clases medias e intelectuales»8. Estas obras sirvieron para llegar a un consenso sobre el significado de patriarcado, como raíz de la dominación sexual; género, como una construcción social que impone diferentes roles para hombres y mujeres, poniendo especial énfasis en el desarrollo de los espacios públicos (para los varones) y los privados, en especial la familia, (para las hembras); y casta sexual, como la experiencia común de opresión que viven todas las mujeres.

En este punto, el feminismo se fue decantando como una lucha contra el patriarcado. Las mujeres que dentro del feminismo se sentían al mismo tiempo cercanas al Socialismo buscaron una alianza entre ambos movimientos y es por ello por lo que existen obras en los años finales de los sesenta y, principalmente, en los ochenta, donde se habla de un feminismo socialista o, como se conoce hoy día, de clase. En los años ochenta la teoría evolucionaría hasta adquirir una esencia propia.

Siguiendo con lo anterior, una de las teóricas más destacadas del denominado feminismo socialista o de clase es la estadounidense Lise Vogel. En la obra Marxismo y feminismo (1979), Vogel observa en el movimiento feminista de la segunda mitad del siglo XX tenía un problema enorme: la inexistencia de una teoría de la opresión y liberación de la mujer que no fuera, al mismo tiempo, marxista y feminista: «El movimiento feminista contemporáneo, siempre ha incluido una importante tendencia – conocida como feminismo socialista o feminismo marxista – que intenta alcanzar una fusión de estas dos tradiciones, que de momento se limita a yuxtaponer tímidamente en su nombre»9.

Desencantada por la teoría y práctica que marxismo y feminismo desarrollaron para liberar a la mujer de las cadenas de su opresión durante las décadas anteriores, Vogel no tiene más remedio que comenzar su tesis reconociendo una bancarrota teórico-política de ambos movimientos. Curiosamente, la autora, de forma contraria a nuestros conocidos revisionistas que no dudan en denominarse feministas de clase, sí es consciente de que la cuestión y emancipación de la mujer sí ha preocupado siempre al movimiento socialista y ha formado parte de su corpus. Sin embargo, sus preocupaciones no versan sobre las diferencias entre el movimiento socialista y el feminista, sino en luchar contra la rama más burguesa del feminismo, por un lado, y contra las concepciones simplistas de la lucha de clases que subordinan la liberación de las mujeres, por el otro.

Otra figura destacada es la también estadounidense Heidi Hartmann. El ensayo, Un matrimonio mal avenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo (1982) de Hartmann, aparece cuando el terreno ya está abonado. Si para Vogel el problema era aunar las teorías marxista y feminista al objeto de alcanzar una teoría propia, Hartmann propone que es necesaria una nueva orientación para el análisis feminista marxista y describe la unión entre ambos movimientos como un matrimonio infeliz en el que el marxismo ocupa el papel del marido, del opresor, y el feminismo el de la mujer, la oprimida, cuya existencia queda en suspenso durante el matrimonio: «Los recientes intentos de integrar marxismo y feminismo son insatisfactorios para nosotras como feministas porque en ellos la lucha feminista queda subsumida en la lucha “más amplia” contra el capital»10. A lo largo de su obra, Hartmann pone en tela de juicio la suficiencia del marxismo para explicar la opresión de las mujeres, siendo por ello necesario complementarlo con el enfoque feminista del patriarcado: «Esto dio lugar a un enfoque dual, la relación patriarcado-capitalismo, que a nivel político tuvo implicaciones en la separación de espacios de lucha, traduciéndose en socialismo y feminismo más que en feminismo socialista»11. Todo ello se complementa, en la década de los noventa, con la publicación de la obra La creación del Patriarcado (1990) de Gerda Lerner, que amplió las concepciones históricas del patriarcado y que, al mismo tiempo, reconoció las dificultades en el empleo de dicho término.

Finalmente, tendrá especial importancia la obra Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz” (una crítica al sistema dual) (1992) de Iris Young, en la cual se realiza una crítica al sistema dual patriarcado-capitalismo que imperaba desde la publicación de Hartmann al no explicar de forma armoniosa las conexiones entre ambos sistemas, el patriarcal y el capitalista. Así, Young se centra en hablar de un sistema único donde la división sexual del trabajo ocupa un lugar destacado. No obstante «el creciente influjo del pensamiento posmoderno en los círculos feministas académicos de las décadas de los ochenta y noventa acabó por implantar en ellos el postulado post-estructuralista de que la realidad la construye el lenguaje»12. Así, el giro lingüístico supuso la completa ruptura con el marxismo y el materialismo en favor de las políticas de identidad y representación. Surgieron, por ello, los denominados estudios de género, en general, y la historia de género, en particular, donde lo importante no era explicar científicamente las experiencias de las mujeres en los procesos históricos y la opresión que sufrían, sino cómo en dichos procesos las categorías de sexo y género provocaron la construcción de las feminidades y las masculinidades, las identidades diferenciadas según si quien vivía el proceso histórico era mujer u hombre. De esta forma, la «ola subvencionada del posmodernismo no sólo ahogó cualquier desarrollo de los estudios marxistas, sino que estos fueron objeto de furibundos ataques en la cabeza del padre de la Crítica de la Economía Política, Karl Marx»13. Sin duda alguna, la desmantelación de la Unión Soviética ayudó enormemente a que la burguesía, a nivel internacional, vendiera con mayor facilidad que ello era la constatación de que el Socialismo y, por tanto, los postulados del marxismo y del leninismo, eran un fracaso a ojos de la historia. Hoy en día, y contra este movimiento feminista, el comunismo se erige como el gran emancipador de la mujer, cuya lucha revolucionaria no puede ser el resultado de colocarse a la retaguardia de los frentes y asambleas feministas, de carácter interclasista, en el que las mujeres de todas las clases sin distinción luchen por la reforma de la democracia burguesa o por el desarrollo de una lucha común contra la posición social privilegiada del hombre. El comunismo sólo puede ser realizado mediante una lucha tenaz, donde la lucha común de hombres y mujeres del proletariado tenga como principal objetivo la destrucción del poder de los hombres y mujeres de la burguesía, pues la revolución no puede siquiera imaginarse sin la participación consciente de las mujeres proletarias.

1.2. Kate Millet y el canto a la subjetividad14

«Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, de ninguna manera atacan la base de esta sociedad. Luchan por privilegios para ellas mismas, sin poner en entredicho las prerrogativas y privilegios existentes. No acusamos a las representantes del movimiento de mujeres burgués de no entender el asunto, su visión de las cosas emana inevitablemente de su posición de clase» – A. Kolontái15

Hablar del feminismo radical y de su influencia en el movimiento feminista posterior es un comienzo necesario. En primer lugar, «porque es aquella corriente que inserta en el análisis feminista al patriarcado como categoría política necesaria para organizar la liberación de las mujeres»16 y, en segundo lugar, porque supuso un momento destacado, un punto de inflexión, que transformó la forma en la que se concebía el feminismo y el movimiento feminista.

Dentro de los movimientos feministas burgueses, el feminismo radical es sin duda uno de los que más protagonismo han ganado en las últimas décadas. Su lucha tiene como fin remodelar la sociedad, democratizar las instituciones patriarcales y eliminar la subordinación de la mujer al varón, pues en su concepción la principal contradicción de la sociedad es la que existe entre el varón, opresor, y la mujer, oprimida. El explorar la raíz de la opresión es lo que lleva a esta rama del feminismo a abogar por la abolición del patriarcado.

El feminismo radical tiene su origen en Estados Unidos, en la década de los sesenta, que presenció la efervescencia de los movimientos pacifistas y la lucha por los derechos civiles. Esto se uniría con los movimientos estudiantiles y femeninos que iban ganando protagonismo al otro lado del charco, donde el mayo de 1968 francés y la Primavera de Praga de ese mismo año serán ejemplos de que algo estaba cambiando. En Europa occidental, las organizaciones feministas comenzaron a brotar, bien de forma completamente independiente con el movimiento obrero, bien intentando mediar entre ambos movimientos: «Significativamente, durante aquellos años algunos sectores del movimiento feminista italiano declaraban públicamente “la ruptura neta con la historia del movimiento obrero y con su teoría” y criticaban cualquier relación de colaboración con organizaciones mixtas»17. La actitud pacifista y antisocialista que Kate Millet demuestra a lo largo de su obra más importante, Política sexual, se muestra en completa consonancia y armonía con los movimientos sociales y contraculturales de la época. Además, se considera un texto base para los análisis que surgen desde el feminismo radical, «en el sentido de que sitúa la división sexual en la raíz de los restantes problemas sociales»18. Esto mismo será advertido por la propia autora al comienzo del documento: «El sexo reviste un carácter político que, la más de las veces, suele pasar inadvertido»19.

Una segunda ola donde ya no cabían las reivindicaciones por el derecho al voto – obtenido en la mayoría de países occidentales – y que pusieron el foco en la raíz de la dominación de las mujeres: el patriarcado. Para esta corriente, «[e]l patriarcado se define como un sistema de dominación sexual que se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la clase y la raza»20.

Uno de los elementos que sin duda provocan la irremediable separación entre feminismo y socialismo es la prevalencia política del sexo sobre la clase, al considerar el patriarcado como un sistema independiente de opresión por parte de los hombres hacia las mujeres y el privilegio que ello supondría en la sociedad en su conjunto: «Feministas como Shulamith Firestone identificaron la diferencia biológica entre hombres y mujeres como la raíz de la subordinación femenina, naturalizando de esta manera las desigualdades de género y presentándolas como inevitables»21. Curiosamente, será la denominada Teoría Queer la que durante la década de los noventa cuestionó los planteamientos del feminismo radical. El enfrentamiento no será, como se dice hoy día por ciertos lares, porque contribuya al borrado de las mujeres, sino por concluir que es el género y no el sexo lo que configura las relaciones de poder. Sobre este punto se profundizará en documentos posteriores del Partido.

Una de las críticas que rápidamente vendrán a la cabeza del lector es que parece que el patriarcado, desde los albores de la civilización hasta nuestros días, ha permanecido como algo estático e invariable; seguramente, la falta de rigor a la hora de emplear según qué términos es una de las consecuencias que provocan la fragmentación interna y creciente del movimiento feminista. Si bien este no es un problema que nos atañe, nunca está demás entender el porqué de las cosas.

Con la publicación de Política Sexual (1970) de Kate Millet, madre del feminismo radical, «se modificó la visión materialista histórica afirmando que la relación hombre-mujer es un marco para todas las relaciones de poder en la sociedad»22. Para el feminismo radical los hombres son la clase social opresora y las mujeres la oprimida, «consideraban que los varones, todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal»23. Esto reemplaza la visión marxista y establece el patriarcado como el control absoluto del macho en los espacios públicos y privados. Dependiendo de su sexo, los individuos tendrían una socialización distinta, lo que fomenta unos prejuicios sociales (de superioridad masculina en la sociedad), un temperamento que se desarrolla de acuerdo con ciertos estereotipos (la agresividad, la inteligencia, la fuerza y la eficacia serían valores correspondientes al macho; la pasividad, la ignorancia, la docilidad, la virtud y la inutilidad, en la hembra) y un papel sexual con conductas y actitudes diferenciadas. Todo ello estaría reforzado por la sociedad y se iría agravando conforme se alcanza la etapa de adultez. Finalmente, estas diferencias conforman dos grupos políticos enfrentados – hombres y mujeres – que colocan a los varones en el poder político y relegan a la mujer a la condición de súbdita: «Según ellas [las feministas radicales], para eliminar el patriarcado, hay que eliminar el género, es decir, la condición sexual, el papel y el temperamento, ya que se han construido bajo el patriarcado»24.

1.3. Teoría de la política sexual, democracia radical y anticomunismo

«La emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas» – Clara Zetkin25

En su obra, Millett muestra una concepción particular de lo que es la política:

«En este ensayo no entenderemos por política el limitado mundo de las relaciones, los presidentes y los partidos, sino, por el contrario, el conjunto de relaciones y compromisos estructurados de acuerdo con el poder, en virtud de los cuales un grupo de personas queda bajo el control de otro grupo»26.

Particular ya que, como vemos en varios momentos, el castillo de naipes construido por Millett es sostenido únicamente por su enorme sesgo personal, por su subjetividad. Entendemos, por nuestra parte, que el hecho de que Millett hable de grupos y no de clases sociales no es algo que ocurra por casualidad, por un despiste de la autora, pues su minuciosidad, cuando le conviene, queda patente en otras partes de la obra. Su tergiversación de la realidad es condición sine qua non para que su estructura no se desmorone desde el principio. Intencionadamente, podemos comprobar rápidamente cómo el feminismo radical borra de un plumazo la contradicción Capital-Trabajo, borra el antagonismo entre la burguesía y el proletariado, y lo sustituye por el antagonismo entre el hombre y la mujer.

Tras esto, el esbozo «se propone demostrar que el sexo es una categoría social impregnada de política»27. Siguiendo el estudio de Ronald V. Samson en The Psychology of Power (Nueva York, 1968), Millett pretende concebir una teoría política que estudie y analice las relaciones de poder y las conexiones entre las estructuras políticas y la familia, que llevan al dominio y a la subordinación: «Aun cuando hoy día resulte casi imperceptible, el dominio sexual es nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder»28. La autora continúa:

«Ello se debe al carácter patriarcal de nuestra sociedad y de todas las civilizaciones históricas. Recordemos que el ejército, la industria, la tecnología, las universidades, la ciencia, la política y las finanzas – en una palabra, todas las vías del poder, incluida la fuerza coercitiva de la policía – se encuentran por completo en manos masculinas. Y como la esencia de la política radica en el poder, el impacto de ese privilegio es infalible»29.

Tras esto es obligatorio detenerse. Como podemos comprobar, Millett entiende que el patriarcado y, por ende, la sociedad y cultura patriarcal ha sido algo intrínseco a todas y cada una de las civilizaciones que ha conocido la historia. Con esto, el feminismo radical entiende que la mujer, la mitad de la población, vino al mundo oprimida30 por culpa de los hombres, estando el dominio sexual firmemente arraigado en las relaciones humanas. Ese dominio del macho en todas las esferas de la sociedad es lo que provocaría el desarrollo ulterior del privilegio masculino. Nada más lejos de la realidad, como bien demostró uno de los padres del socialismo científico, Friedrich Engels, casi un siglo antes, en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884)31, la mujer no nació oprimida en el mundo, su subyugación al varón nació con la propiedad privada y la abolición del derecho materno en favor del paterno, con la abolición de la filiación femenina y el derecho hereditario materno, sustituyéndose por la filiación masculina y el derecho hereditario paterno; «la transmisión de la propiedad se hace de padres a hijos, y no de la mujer a su clan»32:

«Así pues, a medida que iban en aumento, las riquezas daban al hombre una posición en la familia más importante que a la mujer y hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden establecido. Pero esto no podía hacerse mientras permaneciese vigente la filiación según el derecho materno. Éste tenía que ser abolido […]. La abolición del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó las riendas también en la casa y la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción»33.

Es en este momento y no otro cuando surge lo que conocemos como familia patriarcal, suponiendo la transición desde el matrimonio sindiásmico a la monogamia, y basada en la propiedad personal y única del cabeza de familia, que es varón. Como muchos ya habrán podido advertir, este momento corresponde en la historia con la Revolución Neolítica, cuando el ser humano dejó a un lado su labor como cazador-recolector y pasó a convertirse en campesino-ganadero, realizando un intenso trabajo para sacar el máximo provecho a la naturaleza y produciéndose la especialización de las tareas. Ahora bien, pasemos ahora a comprobar a qué debe ese aumento de las riquezas que menciona Engels y qué provoca tal revolución en la sociedad:

«La esclavitud ya había sido inventada. El esclavo no tenía ningún valor para los bárbaros del estadio inferior […] En este estadio, la fuerza de trabajo humana no produce todavía un excedente apreciable sobre sus gastos de mantenimiento. Pero las cosas tomaron otro cariz con la introducción de la cría de ganado, la elaboración de los metales, el arte del tejido y, por último, la agricultura»34.

Es entonces, a partir del noveno milenio a.C., cuando las sociedades humanas conocieron un lento proceso transformador que las llevaría a conocer la economía productiva, generando una nueva estructura económica; de esta forma se dio paso a los cambios tecnológicos, políticos y culturales que experimentaron las primeras sociedades urbanas. La nueva economía productiva, cuyos ejes principales eran la agricultura y la ganadería, se mantuvieron como base económica de la humanidad hasta el siglo XVIII, cuando se inicia la Revolución Industrial.

Retomemos la obra de Millett:

«Si consideramos el gobierno patriarcal como una institución en virtud de la cual una mitad de la población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad (los hombres), descubrimos que el patriarcado se apoya sobre dos principios fundamentales: el macho ha de dominar a la hembra, y el macho de más edad ha de dominar al más joven»35.

Ante esto, la autora hace un all in por la «democracia radical», es decir, aquella en la que supuestamente se eliminaría el patriarcado, haciendo una contraposición clara con las democracias modernas donde «es frecuente que las mujeres no desempeñen cargo alguno, o que lo hagan en un número tan minúsculo (como en la actualidad) que ni siquiera puedan aspirar a construir una muestra representativa»36. Curiosamente, en ningún momento del escrito de Millett podrá encontrar el lector ninguna alusión a la cuestión clasista ni aspira, por supuesto, a la abolición del Estado burgués, a la superación del capitalismo criminal y, consecuentemente, tampoco aporta alternativa alguna a este sistema económico ni a la superestructura que genera. La «democracia radical» de Millett es la defensa a ultranza de la democracia burguesa, de la dictadura del capital, pero con un revestimiento inclusivo. Su estrategia recuerda peligrosamente a la democratización del mundo que realiza el imperialismo, a la exportación de la democracia burguesa a todos los rincones del planeta.

Eso sí, una democracia burguesa en la que la mujer, en general, tenga las mismas posibilidades de explotar y oprimir al resto de la sociedad al igual que hace su contraparte masculina. Esto, unido a la labor de desviar al proletariado de su misión histórica y desorientarlo ideológicamente explica la razón del financiamiento del feminismo por parte de las potencias imperialistas. Además, cabe mencionar que la asunción de ciertas demandas feministas ha servido para democratizar al capitalismo en descomposición. Ante esto, es más oportuno que nunca recordar las inmortales palabras de Aleksándra Kolontái:

«¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer»37.

En este momento es preciso señalar como Millett, al igual que hace todo el feminismo radical, trata de forma muy ligera y acientífica el desarrollo y los hechos históricos; no solo porque determinan de forma completamente sesgada que la contradicción entre hombre-mujer ha marcado el devenir de la historia, de la misma forma y desde el Neolítico, sino porque hace caso omiso de la estructura económica y se concentra solo en los aspectos reproductivos y culturales de la sociedad capitalista de su época, proyectado su visión, altamente parcial, a una visión de la condición humana universal. Para sostener tales conjeturas, el feminismo radical necesita primero obviar la historia, no se trata de interpretar los documentos de la arqueología o la antropología para elaborar un correcto análisis histórico, se trata de crear, primeramente, una realidad y adaptarla a las conjeturas de la autora:

«Es posible que el descubrimiento de la paternidad fuese la circunstancia que invirtió por completo las actitudes humanas […], subestimando y degradando la función de la mujer en la procreación y atribuyendo el principio vital únicamente al falo. La religión patriarcal consolidó esta situación creando uno o varios dioses masculinos, desterrando o desacreditando a las diosas»38.

Seguidamente, reconoce que «en el momento actual resulta imposible resolver la cuestión de los orígenes del patriarcado»39. Por tanto, nos encontramos ante un sistema que no sabe en qué momento de la historia surge, tampoco menciona nada en relación con la localización y tampoco sostiene sus afirmaciones sobre los avances investigadores de la época. Además, su anticomunismo la lleva a la necesidad de despreciar los inmensos aportes que se realizaron en este campo de mano del socialismo científico. Finalmente, desecha la idea de la biología «ya que los fundamentos biológicos del patriarcado parecen tan inciertos»40, comenzando entonces a hablar de la influencia que la cultura ejerce en el sujeto:

«así, por ejemplo, tomando un caos tan sencillo, al dejarse guiar por las aspiraciones que la cultura atribuye a su género, el niño se siente inducido a desarrollar impulsos agresivos, mientras que la niña tiende a coartarlos o proyectarlos sobre sí misma. […] La cultura fomenta así la creencia de que los indicadores del sexo masculino, es decir, los testículos, el pene y el escroto, son la base de los impulsos agresivos»41.

Es decir, «ya que no tienen una estrategia concreta para derribar esta sociedad, cambian todo su análisis a una crítica de los aspectos estructurales – la cultura, el lenguaje, los conceptos, la ética… sin preocuparse del capitalismo»42.

Podemos concluir, por tanto, que el feminismo radical, aquel que nutre al resto de feminismos con conceptos tan capitales como el de patriarcado, es incapaz de darle una consistencia teórica y científica, lo cual lo lleva forzosamente a representarlo como un sistema universal que no ha alterado sus estructuras y principios fundamentales a través de la historia y los diferentes modos de producción, lo cual provoca, entre otras cosas, que los análisis sobre la opresión y emancipación de la mujer pierdan toda clase de profundidad, en un intento burdo por restarle importancia al marxismo-leninismo como máximo exponente de la emancipación de la mujer. Y en esta línea, tampoco tiene sentido para el marxismo la intentona de crear una clase que encuadre a todas las mujeres, pues no se trata de un grupo ni remotamente homogéneo al estar divididas – al igual que los hombres – en dos clases sociales enfrentadas y cuyos intereses son antagónicos.

  1. CRÍTICA AL FEMINISMO DE CLASE: PATRIARCADO Y MATERIALISMO

HISTÓRICO

«Los seguidores del materialismo histórico rechazan la existencia de una cuestión de la mujer específica, separada de la cuestión social de nuestros días. Tras la subordinación de la mujer se esconden factores económicos específicos, las características naturales han sido un factor secundario en este proceso» – A. Kollontái43

2.1. Lise Vogel, Heidi Hartmann y el enfoque dual patriarcado-capitalismo

En el caso de Vogel, defender independientemente del contexto una «síntesis teórica entre marxismo y feminismo»44 a razón de considerar «que el marxismo no sólo es incompleto sino que además también es incapaz de una evolución interna o una expansión»45 implica no comprender el abecé del marxismo, la esencia del socialismo científico ya que, como sabemos, «[e]l marxismo no es un catálogo de esquemas rígidos, sino una teoría viva en desarrollo»46.

Aclarado lo anterior, y como se podrá observar en el siguiente análisis, el problema de Hartmann es el propio materialismo, aunque en ocasiones haga hincapié en que sus postulados parten de este, pues considera que es erróneo analizar la posición subordinada de la mujer en la sociedad en relación con la estructura económica y propugna un análisis que se centre en la relación hombre-mujer. Parece ser que nuestra autora quiere que el marxismo se desprenda de su propia filosofía. Como describió Lenin: «[e]l materialismo histórico de Marx es una conquista formidable del pensamiento científico»47. Pararse a analizar la relación hombre-mujer para dar explicación a los orígenes y recorrido histórico de la opresión de la mujer sería analizar la superestructura, alejarse del método científico:

«Del mismo modo que el conocimiento del hombre refleja la naturaleza, que existe independientemente de él, es decir, la materia en desarrollo, el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas opiniones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.) refleja el régimen económico de la sociedad»48.

En la obra analizada, Hartmann, al igual que nuestros conocidos revisionistas que beben de su tradición ideológica, defiende que es preciso analizar la combinación de patriarcado y capitalismo (lo que el lector estará acostumbrado a escuchar en cualquier manifestación al grito de ¡patriarcado y capital, alianza criminal!). Sin embargo, parece ser que usar el término de patriarcado es más fácil que definirlo.

«Defendemos la tesis de que un análisis materialista demuestra que el patriarcado no es simplemente una estructura psíquica, sino también social y económica. Sugerimos que nuestra sociedad puede ser mejor comprendida si se reconoce que está organizada sobre bases tanto capitalistas como patriarcales […] Defendemos la tesis, en resumen, de que se ha producido una colaboración entre patriarcado y capitalismo»49.

Es una verdadera sorpresa que entre tanto autoproclamado socialista ninguno haya tenido la decencia de leerse ni tan siquiera un texto tan básico como el Manifiesto del Partido Comunista. Repasemos un poco este documento:

«Vemos pues, que la moderna burguesía, es como lo fueron en su tiempo las anteriores clases sociales, el producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales, operadas en los sistemas de comercio y de producción. A cada etapa histórica recorrida por la burguesía, le correspondió una nueva etapa en el progreso político»50.

Aquí, los padres del socialismo científico, al contrario que nuestros conocidos revisionistas, aplican sencillamente el materialismo histórico; es la economía y las diferentes formas de producción de una determinada sociedad (comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo) las que generan las ideas políticas de las personas de su correspondiente sociedad y las que generan sus clases sociales enfrentadas, lo que puede resumirse en la célebre frase de Karl Marx no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social lo que determina su conciencia. En este punto, el lector ya habrá comprendido la idea fundamental de que toda la estructura ideológica de cualquier sociedad – la superestructura – está determinada por su modo de producción – la estructura económica – y no al contrario o de forma interrelacionada. Por tanto, al no ser el patriarcado una estructura económica que altera el modo de producción de mercancías y las clases sociales (recordemos que para estos feministas el patriarcado se desarrolla de forma paralela a los sistemas económicos, formando parte de la estructura – sistema económico – y superestructura – psíquica y social – al mismo tiempo) los planteamientos enunciados por Hartmann y que reproducen, si acaso de forma más degenerada incluso nuestros feministas de clase contemporáneos, carecen de todo tipo de armonía y sentido para el análisis del socialismo científico.

De esta forma, la burguesía, en su papel como clase social revolucionaria, evoluciona desde una clase social que comienza estando a merced, oprimida, de la nobleza feudal y de los monarcas autoritarios y absolutos, y que realiza una lucha constante contra dicha nobleza por medio de auténticas revoluciones hasta que consigue derribar el orden social existente, lo viejo, para posicionarse como la clase social dirigente de la nación e instaura el sistema burgués, lo nuevo.

Esta burguesía, al llevar a cabo una modificación de los sistemas productivos, barre con el sistema de clases heredado de la Edad Media: «En donde ha conquistado el poder, ha destruido todas las relaciones feudales, patriarcales e idílicas. […] La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían a la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares»51. Nuevamente, Marx y Engels emplean el materialismo histórico para enseñarnos que a cada sociedad corresponde una forma distinta de familia y que – al igual que la superestructura ideológica está determinada por la economía – el origen y naturaleza de los tipos de familia reside de igual forma en el sistema de producción de las sociedades. De esta forma, queda al descubierto la esencia, la naturaleza, mercantil del matrimonio: «Nuestros matrimonios, como nuestra moral, se basan en el mercantilismo. No poder cumplir con los compromisos comerciales es un pecado mayor que la calumnia de un amigo, y nuestras bodas son transacciones comerciales»52. Así, el capitalismo barre con lo que anteriormente hemos descrito como familia patriarcal y lo que existe actualmente es la familia bajo la nueva sociedad de clases burguesa; la familia burguesa.

Ahora, ¿qué problemas trae este sistema dual? Como la propia Hartmann advierte: «Y dado que el capital y la propiedad privada no son la causa de la opresión de la mujer como mujer, su fin no provocará por sí solo el fin de la opresión de la mujer»53; esto provoca inevitablemente la negación del Socialismo como emancipador de la mujer, negar la esencia revolucionaria del marxismo-leninismo, de la lucha frontal contra el sistema de producción capitalista, la propiedad privada de los medios de producción, la estructura familiar actual y el Estado burgués. Y esto se debe a que el análisis del patriarcado como al predominio del hombre sobre la mujer – al igual que hace la corriente feminista radical – implica vendarse los ojos y perder completamente la visión, negar que la sociedad está dividida en clase sociales antagónicas – burguesía y proletariado – en favor de la lucha entre géneros enfrentados – hombres y mujeres –, donde el hombre tiene de forma general una posición de supremacía y la mujer está subordinada. Así, para el feminismo de Hartmann, parece evidente que la lucha por el Socialismo no es ni tan siquiera remota a la idea que tiene el marxismo; del mismo modo, se tiene una concepción diametralmente opuesta sobre las causas de la opresión de las mujeres. Se tendría, por tanto, que llevar a cabo una revolución de la mujer contra el hombre como paso previo a la revolución del proletariado contra la burguesía para eliminar este sistema dual.

Otro elemento importante a la hora de cuestionar la obra de Hartmann es su entendimiento del patriarcado. Cogiendo el testigo del feminismo radical, la autora entiende el patriarcado como el control de los hombres sobre la sociedad en su conjunto, de la producción y la reproducción, sin hacer distinción entre los hombres pertenecientes a la burguesía y los hombres de clase obrera:

«Podemos definir el patriarcado como un conjunto de relaciones sociales entre los hombres que tiene una base material y que, si bien son jerárquicas, establecen o crean una interdependencia y solidaridad entre los hombres que les permiten dominar a las mujeres. Si bien el patriarcado es jerárquico y los hombres de las distintas clases, razas o grupos étnicos ocupan distintos puestos en el patriarcado, también les une su común relación de dominación sobre sus mujeres; dependen unos de otros para mantener su dominación»54.

En este punto de la obra Hartmann, por ignorancia o por malicia, saca a relucir su anticomunismo más explícito. Decía Kolontái que «el mundo de las mujeres está dividido – al igual que lo está el de los hombres – en dos bandos»55. Sin embargo, esto es obviado por una de las pioneras del feminismo de clase, no dudando en abrazar los postulados del feminismo radical que analizamos con anterioridad y situar a los hombres como privilegiados, en general, del patriarcado. Curiosamente, la propia Kolontái es capaz de responder a esta cuestión casi con un siglo de anterioridad, hecho que ilustra perfectamente que los postulados del feminismo de clase no son para nada antagónicos a los del feminismo abiertamente burgués que en su día combatió la revolucionaria:

«Las feministas ven a los hombres como el principal enemigo, por los hombres que se han apropiado injustamente de todos los derechos y privilegios para sí mismos, dejando a las mujeres solamente cadenas y obligaciones. Para ellas, la victoria se gana cuando un privilegio que antes disfrutaba exclusivamente el sexo masculino se concede al “sexo débil”. Las mujeres trabajadoras tienen una postura diferente. Ellas no ven a los hombres como el enemigo y el opresor, por el contrario, piensan en los hombres como sus compañeros, que comparten con ellas la monotonía de la rutina diaria y luchan con ellas por un futuro mejor. La mujer y su compañero masculino son esclavizados por las mismas condiciones sociales, las mismas odiadas cadenas del capitalismo oprimen su voluntad y les privan de los placeres y encantos de la vida»56.

Hartmann establece la relación entre dos sistemas autónomos, lo que resultaría, por ende, a hablar de un capitalismo patriarcal, una colaboración donde: «Por un lado, se encuentra la producción económica (producción de bienes y servicios) y por otro lado la reproducción de hombres y mujeres»57. Y ello, al ser el sistema patriarcal anterior al capitalismo, dejaría a la autora y a los seguidores del sistema dual con la obligación de hablar de esclavismo patriarcal, feudalismo patriarcal y capitalismo patriarcal. ¿Pero qué pasaría, entonces, con otras opresiones o discriminaciones como las que sufren personas racializadas o LGTB+? ¿Hablamos de un esclavismo patriarcal-racista-lgtbfobo, de un feudalismo patriarcal-racistalgtbfobo y de un capitalismo patriarcal-racista-lgtbfobo? Esto, por supuesto, es una desfachatez en tanto que las discriminaciones por motivo del sexo/género, la raza o la condición de la sexualidad son elementos de la superestructura de la sociedad que refleja la base económica de la misma. Este problema, entre otros, es lo que llevaría a Sylvia Walby a reformular la teoría del sistema dual en Teorizando el patriarcado (1990), incorporando el factor racial y entendiendo «el patriarcado como un sistema variable de relaciones sociales compuesto por seis estructuras: el modo de producción patriarcal, las relaciones patriarcales en el trabajo por cuenta propia y asalariado, las relaciones patriarcales en el Estado, la violencia machista, las relaciones patriarcales en la esfera de la sexualidad y las relaciones patriarcales en las instituciones culturales»58.

Al establecer un sistema dual (o triple) en el que a ambas cosas se le otorguen la consideración, estaríamos negando la teoría del reflejo y no seríamos marxistas-leninistas, sino marxistas occidentales o eurocomunistas59.

2.2. Iris Young y su sistema único: el patriarcado capitalista

Para Young, el sistema dual que hemos expuesto anteriormente a través del ensayo de Hartmann fracasa al tratar de unir los dos sistemas que se analizan desde el marxismo y el feminismo: el capitalismo y el patriarcado, respectivamente. Por ello, esta autora buscará la creación de una teoría única, un sistema único, para el feminismo socialista «aprovechando lo mejor del marxismo y del feminismo radical, para comprender el patriarcado capitalista como un sistema en el cual la opresión de la mujer es un atributo central»60. Su intentona de crear una teoría única llegará al punto de hablar de un materialismo feminista, teniendo como núcleo central la división del trabajo por género. Contrario a esto, y como bien sabemos:

«El materialismo dialéctico es el que ha arrojado sobre los problemas de la condición femenina la luz más fuerte, la que nos permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación. […] La importancia del materialismo dialéctico radica en haber sobrepasado los límites esenciales de la biología, en haber soslayado las tesis simplistas del sometimiento a la especie, para situar todos los hechos en el contexto económico y social. […] El paso de una forma de sociedad a otra es lo que institucionaliza esta desigualdad»61.

Curiosamente, la propia Young reconoce en su documento la incapacidad teórica del feminismo radical, ya que «tiende a visualizar el patriarcado como un mero fenómeno psicológico o cultural, y no como un sistema que se sustenta materialmente en las relaciones sociales existentes»62 que además se cristaliza en una concepción ahistórica y estática del patriarcado, y en un análisis del mismo alejado de las relaciones sociales de producción y la lucha de clases.

Young sigue una línea anticomunista muy similar a la recorrida por el feminismo radical cuando menciona que «el concepto de clase es sin duda ciego al género»63. Esta interpretación, que parece reprochar a Marx y Engels que sólo analizaron la sociedad desde el punto de vista del proletariado asalariado masculino, es propia de quienes se acercan al marxismo con la voluntad de tergiversarlo y de envilecerlo. Young pasa por alto – y esto es algo que también hacen anticomunistas actuales como Silvia Federici – que el marco teórico que emplea el socialismo científico, y el estudio de la producción de mercancías, afecta a hombres, mujeres y niños. Intentan, por todos los medios, «reducir a Marx a una caricatura. Una vez convertido en caricatura, viene el siguiente paso, reprochar a Marx que su teoría es androcéntrica»64.

  1. EL MARXISMO-LENINISMO Y LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER

«La mujer puede esperar, pues, su completa emancipación sólo del partido socialista. El movimiento de las meras “feministas” a lo sumo puede alcanzar ciertos logros en algunos puntos, pero ni ahora ni nunca puede resolver la cuestión de la mujer» – Clara Zetkin65

El feminismo, incluso en su vertiente de clase, tiene un análisis de la realidad propio de la ideología y la ciencia burguesa, relegando la cuestión revolucionaria a un segundo plano, un complemento, de la lucha por las reformas en la actual dictadura de clase. El feminismo niega el materialismo; niega la lucha de clases y la revolución; niega la dictadura del proletariado; no atenta contra las bases económicas y políticas de la sociedad. Por ello, el feminismo es contrario al marxismo.

Es una realidad objetiva que la sociedad burguesa no se opone en absoluto a las reivindicaciones del movimiento feminista; al contrario, es asumido por la inmensa mayoría de los partidos del arco parlamentario. Las reformas por los derechos de las mujeres se producen con extrema lentitud y no están faltos de polémica aunque se trata de meros retoques que de ningún modo alteran la actual explotación, opresión y esclavitud que vive la mujer. Camaradas, no debemos dejarnos engañar por las tendencias de clase en el seno del movimiento feminista, pues estas sólo tendrán vida mientras las mujeres burguesas y los partidos de la burguesía tengan interés en perpetuar sus demandas, no irá nunca más allá. La batalla ideológica que emana de las fuerzas imperialistas no tiene otro cometido que alejar a las mujeres del camino de la revolución; mientras que «nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases»66.

El marxismo es la única doctrina capaz de liberar a la mujer trabajadora de las cadenas de su servidumbre. La igualdad de hombres y mujeres es imposible en la dictadura del capital, por más bonitos y lujosos que sean los ropajes “democráticos” con los que esta dominación se revista. El Socialismo es el único sistema que tiene la capacidad transformadora para liberar a la mujer, pues «permite situar el problema de la explotación de la mujer en el seno de un sistema generalizado de explotación»67.

Es una realidad objetiva que allí donde en la historia ha existido explotación de clase ha existido también el sometimiento hacia las mujeres. La importancia del marxismo radica en haber explicado de forma científica las causas que provocan la explotación y opresión de la mujer a lo largo de la historia y en la sociedad capitalista; por tanto «la verdadera emancipación de la mujer, comienza con la destrucción del sistema de explotación capitalista»68.

La historia nos enseña que es con la instauración de la propiedad privada cuando comienza también la opresión del hombre frente a la mujer, y es por esa misma causa que apareció la dominación del hombre por el hombre, la contradicción entre el Capital y el Trabajo, entre explotadores y explotados, entre burgueses y proletarios, entre imperialismo y socialismo:

«El comunismo, aboliendo la privada de estos medios [de producción y distribución de bienes], elimina la causa de la opresión y explotación del hombre por el hombre, el contraste entre ricos y pobres, explotadores y explotados, dominadores y oprimidos, y por tanto también el contraste económico y social entre el hombre y la mujer»69.

Del mismo modo, la historia más reciente nos muestra como las reivindicaciones del movimiento feminista – se autoproclame abiertamente como burgués o se enmascare en su vertiente de clase – son del todo impotentes para alcanzar, por un lado, una teoría armónica que aúne a todas las mujeres o, en su defecto, a las mujeres obreras, y por otro lado, para garantizar los plenos derechos y libertades para todas las mujeres.

No escapa a nuestra observación que la sociedad burguesa está eliminando su prejuicio de la inferioridad de lo femenino y la legalidad se encamina a reconocer a la mujer en una posición de igualdad para con el hombre. Sin embargo, en la práctica, lo único que se está observando es la modificación del sistema capitalista, en un revestimiento inclusivo para el imperialismo, mientras que la inmensa mayoría de la población, hombres y mujeres del proletariado, observan como su situación de esclavitud permanece. Con la perduración del capitalismo toda reforma política, social o económica no es más que la perduración de la democracia burguesa, de la democracia para la minoría parasitaria, de la dictadura del capital financiero, y no de la consecución de una democracia real, de la mayoría explotada, la dictadura del proletariado sobre la burguesía.

La mujer trabajadora no es menos que el resto de sus camaradas en la adversidad de luchar contra el monstruo insaciable del imperialismo, que ahoga sin descanso a todos los pueblos del mundo y que «se abalanza con igual codicia sobre hombres, mujeres y niños»70. Mientras que el imperialismo permanezca inalterado la liberación de la mujer será inalcanzable, pues sólo la dictadura del proletariado garantiza a toda la clase obrera, hombres y mujeres, unos derechos y libertades que son impensables bajo el yugo de la burguesía y de los monopolios. En el Estado español, al igual que en el resto de países que se encuentran sometidos bajo la dictadura que la burguesía ejerce a nivel planetario, la mujer sólo se verá liberada de toda explotación y opresión con la implantación del Socialismo como etapa previa al Comunismo. El objetivo final de las mujeres proletarias es el mismo que el de los hombres proletarios; la eliminación completa de la propiedad privada de los medios de producción y la instauración de la propiedad social sobre estos; la eliminación de la institución de la familia y la ruptura con todo elemento reaccionario que fomente la esclavitud doméstica; y la más absoluta aniquilación del aparato y administración del Estado burgués y su sustitución por el Estado (o semi Estado) obrero, es decir, la implantación vía revolucionaria del Socialismo y la dictadura del proletariado.

«La experiencia de todos los movimientos de liberación ha demostrado que el éxito de la revolución depende del grado en que participen en ellas las mujeres» – V. I. Lenin71

«Aquí, la mujer trabajadora, junto con el hombre, sacudirá las columnas del orden social existente y, antes de que ésta le conceda algo parecido a sus derechos, ayudará a enterrarlo bajo sus propias ruinas – Rosa Luxemburgo72

 

¡Avancemos con paso firme, hombres y mujeres del proletariado, codo con codo, unidos como camaradas por la Revolución socialista, por el Comunismo!

 

Madrid, 8 de marzo de 2021

Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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REFERENCIAS

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  1. Ibíd.
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  4. Gamba, S. (2008). Feminismo: historia y corrientes. Mujeres en Red. El periódico feminista. Recuperado de: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1397 (las negritas son nuestras).
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  8. López Barahona, V. (2020). Mujeres y trabajo en la Edad Moderna. Una perspectiva desde la acumulación originaria. Nuestra Historia, N.º 10, p. 28. (las negritas son nuestras).
  9. Ibíd, p. 28
  10. Ibíd, p. 29
  11. Expresión empleada por Eli Zaretsky para referirse a los análisis de Shulamith Firestone y del feminismo radical que se alejaban del marxismo.
  12. Kolontái, op.cit.
  13. García, V. (2019). Una aproximación a la categoría patriarcado. Reconstruyendo significados, explorando sus usos políticos. XIII Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.
  14. Arruzza, op.cit.
  15. Palabras de Amparo Moreno Sardá en el prólogo a la edición española de 1995 de Política Sexual.
  1. Milett, K. (1970). Política sexual, pág. 27.
  2. Ana De Miguel, op.cit., (las negritas son nuestras).
  3. Arruzza, op.cit., p.11.
  4. Ghandy, A. (2006). Tendencias filosóficas en el movimiento feminista.
  5. Ana De Miguel, op.cit, p. 27
  6. Ghandy, op.cit., (el corchete es nuestro).
  7. Zetkin, C. (1896). Sólo con la mujer proletaria triunfará el socialismo. Discurso pronunciado en el Congreso de Gotha del Partido Socialdemócrata de Alemania el 16 de octubre de 1896.
  8. Millet, op.cit., pág. 67-68.
  9. Ibíd., pág. 68.
  10. Ibíd., pág. 69.
  11. Ibíd., pág. 70.
  12. Cecilia Toledo (2000), en su obra Mujeres: El género nos une, la clase nos divide, contesta con acierto estas afirmaciones del feminismo radical: «La mujer no nació oprimida; su opresión coincide, en la historia, con el surgimiento de la opresión y explotación del conjunto de los hombres y mujeres que trabajan», pero como la base dicha contestación es una de las magnum opus de Engels, nuestro deber no es otro que remitirnos a tal estudio.
  13. Es preciso señalar que Kate Millett no solo conoce la obra de Engels, sino que le dedica un apartado importante en su obra. Una pena que esto solo fuera para retorcer y pisotear sus palabras e investigaciones, tan avanzadas en su tiempo.
  14. Sankara, T. (1987). La liberación de la mujer: Una exigencia del futuro.
  15. Engels, F. (1884). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, pág. 63-64.
  16. Ibíd., pág. 61.
  17. Millett, op.cit., pág. 70
  18. Ibíd., pág. 71.
  19. Kolontái, A. (1913). El Día de la Mujer.
  20. Millett, op.cit., pág. 75.
  21. Ibíd., pág. 75.
  22. Ibíd., pág. 80.
  23. Ibíd., pág. 80-81.
  24. Ghandy, op.cit.
  25. Kolontái (1907), op.cit.
  26. Vogel, op.cit.
  27. Ibíd.
  28. López Barahona, op.cit., p. 30.
  29. Lenin, V. I. (1913). Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo. En Obras Escogidas, Tomo I: Editorial Progreso
  30. Ibíd.
  31. Hartmann, op.cit., (las negritas son nuestras).
  32. Marx, K.; Engels, F. (1848/2006). El Manifiesto Comunista. Edición elaborada por Santiago Gómez Crespo, p. 12.
  33. Ibíd, pp. 13-14.
  34. Marx Aveling, E. (1886). La cuestión de la mujer. Versión al castellano desde “The Woman Question”, en MIA-Library, p. 5.
  35. Hartmann, op.cit.
  36. Ibíd.
  37. Kolontái, op.cit.
  38. Ibíd.
  39. García, op.cit., p. 10.
  40. Arruzza, C. (2016). Reflexiones degeneradas: Patriarcado y capitalismo.
  41. En una Sociedad dividida en clases, el reflejo de la realidad en la conciencia de los hombres tiene un carácter de clase. La fuente de origen de las ideas y de las teorías sociales, así como de las concepciones políticas, hay que buscarla, en última instancia, en las condiciones de la vida material de la Sociedad, en la existencia social, cuyo reflejo son estas ideas, teorías y concepciones; Diccionario filosófico marxista, 1946, p. 29.
  42. Young, I. (1992). Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz (una crítica al sistema dual). En El cielo por asalto, Año II, N.º 4.
  43. Sankara, op.cit.
  44. Young, op.cit.
  45. Ibíd.
  46. Aiestaran, I. (2018). Karl Marx y El Capital frente a las soflamas sin valor de Silvia Federici.
  1. Zetkin, C. (1889). La cuestión de las trabajadoras y de las mujeres en el presente.
  2. Zetkin (1886), op.cit.
  3. Sankara, op.cit.
  4. Camarada Arenas (1978). Marxismo y feminismo. Publicado en Bandera Roja, N.º 38.
  5. Zetkin, C. (1920). Directrices para el movimiento comunista femenino.
  6. Kolontái, op.cit.
  7. Lenin, V. I. (1918). Discurso en el I Congreso de toda Rusia de obreras. Luxemburgo, R. (1914). La proletaria.



Mujeres revolucionarias a la vanguardia del proletariado

Con motivo del 8 de marzo se ha querido realizar el presente documento, el cual tiene un objetivo muy claro: reivindicar el papel de la mujer revolucionaria en el movimiento obrero.

De este modo y atendiendo al contexto histórico, se pretende destacar no solo el enorme desarrollo que provocaron estas mujeres en el estudio de las particularidades en la cuestión de género, sino también su lucha por la emancipación de las mujeres y su participación teórica y práctica en ámbitos tan masculinizados como la política, la economía o la educación.

Nos centraremos en seis mujeres que consideramos claros ejemplos de este avance en la conquista femenina del espacio público: Eleanor Marx, Clara Zetkin, Nadezhda Krupscaya, Rosa Luxemburgo, Aleksandra Kollontái e Inessa Armand. Todas ellas, a través de su arduo trabajo, contribuyeron a la incorporación de la mujer en el movimiento obrero, de la necesidad de las mujeres en sus filas, y abrieron las puertas del Socialismo a próximas generaciones de revolucionarias.

 

Contexto histórico

 

La historia, para quien se aleje del materialismo histórico, puede verse como un amasijo de periodos de paz y guerras, de periodos oscuros de estancamiento y periodos de progreso, de constantes cambios políticos, sociales, económicos y culturales. Ahí es donde se revela la necesidad del marxismo al proporcionarnos el hilo conductor que armoniza lo que en apariencia se presenta como un caos: la lucha de clases.

No es casualidad que varias de las mayores dirigentes comunistas de la historia fueran contemporáneas. El periodo que abarca entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se encuentra entre los periodos más revolucionarios de la historia, y tampoco es casualidad que esto se produjera al concluir la transición entre el feudalismo y el capitalismo; el periodo histórico que comparten estas revolucionarias no era sino el siguiente estadio de la historia.

Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas chocan con las relaciones de producción existentes, y las contradicciones entre estas estallan siempre en forma de revoluciones. Fue bajo el calor de las revoluciones industriales cuando se desarrollaron las fuerzas productivas necesarias y fue la eliminación de los estamentos sociales y la ruptura con el Antiguo Régimen lo que dividió finalmente a la sociedad en dos clases antagónicas, entre burgueses y proletarios. Así, las aspiraciones de una parte de la sociedad chocaban frontalmente con las aspiraciones de otros, pues la moderna sociedad burguesa, salida de las ruinas de la vieja sociedad feudal, no abolió las contradicciones existentes entre poseedores y desposeídos, las contradicciones entre clases.

Y con la configuración de un nuevo modo de producción se erige una nueva superestructura a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. Estas condiciones fueron las que permitieron en un primer momento cambiar la esfera de actuación de las mujeres trabajadoras, pasando a tomar gradualmente un papel más importante en el proceso productivo, siendo esta incorporación a la producción social de mercancías la que constituye el primer paso para su emancipación. A diferencia de las mujeres burguesas, cuyas condiciones e intereses eran radicalmente distintos a los de las mujeres trabajadoras, fue la adopción de un papel más predominante en el proceso productivo el que dio las condiciones materiales para que mujeres de clase obrera alzaran su voz.

El auge de las mujeres proletarias revolucionarias no era sólo inevitable y forzoso, sino imprescindible, insustituible e irremplazable. Era necesario acabar con la doble opresión que sufrían las obreras. Sin la abolición de la propiedad privada y la liquidación de la sociedad de clases, las mujeres no podrán liberarse de las cadenas que las apresan, no podrán tomar las riendas de su propio destino.

Las grandes mujeres revolucionarias que traemos a continuación entendían esto y dieron su vida a la causa de la revolución y el comunismo, con colosales aportaciones a la lucha teórica y práctica por la emancipación revolucionaria de la clase obrera y, por ende, también de la mujer.

 

Eleanor Marx (1855-1898)

“El partido real de las mujeres, el partido socialista, comprende las causas económicas de la precaria posición de la mujer trabajadora y llama a las obreras a unirse a la lucha común junto a los hombres de su clase contra el enemigo común. Los hombres y las mujeres de la burguesía capitalista”[1]

 

Eleanor Marx fue secretaria de su padre (Karl Marx) y profesora en una academia femenina de Inglaterra.

Dedicó gran parte de su vida al activismo social y político, destacando su papel en la organización sindical de Gasworkers’ Union y en la fundación de la Liga Socialista.

Con su trabajo como traductora y escritora ayudó a la expansión del conocimiento marxista, conservando obras y manuscritos de su padre, traduciéndolas y aportando sus propias reflexiones a este campo.

En este sentido, cabe mencionar su obra La cuestión de la mujer[2] que escribió junto a Edward Aveling en 1886. En ella, Marx y Aveling exponen algunos aspectos de la realidad de las mujeres en el sistema capitalista y como ésta solo podrá cambiar con el socialismo.

Hablan de una sociedad agitada y en estado de descomposición en la que las relaciones entre hombres y mujeres son uno de los más claros ejemplos de la quiebra moral. En ella, las particularidades de la situación de la mujer descansan sobre las relaciones de producción de la estructura económica. La mujer, oprimida y sometida a la tiranía masculina, deberá trabajar por su emancipación.

Rompen con el biologicismo de las debilidades femeninas y lo tiznan de un claro oportunismo, ya que se utiliza como argumento para que reciban salarios menores, pero no sirve para que se elimine la esclavitud de la mujer en el hogar.

Entre el hombre y la mujer no se da una relación libre y de pleno acuerdo, por tanto, la vida familiar se atrofia. Los matrimonios basados en las transacciones comerciales creaban una dependencia económica de la mujer hacia el marido. Se trataba de una servidumbre fruto de las estructuras económicas del sistema capitalista. Es la mujer, guardiana del hogar, la que cuidará a los hijos durante años y sin descanso, sin esperanzas de realizarse plenamente, perpetuamente bajo la misma atmósfera de trabajo y tristeza. Todo ello mientras el divorcio era más que improbable siendo igualmente perjudicial para ella, ya que significaría sumergirla en la pobreza más absoluta.

Establecen que se trata de una sociedad en la que las mujeres están sexualmente reprimidas y las relaciones sexuales eran un tema tabú. Todo esto se les suministraban a los hombres los medios para satisfacer su instinto sexual a través de la mercantilización de los cuerpos femeninos, aprovechando la vulnerabilidad económica de las mujeres.

Defendieron que solo con la destrucción del capitalismo y el establecimiento de una nueva infraestructura, el socialismo, cambiarán las relaciones de producción y se creará un marco que propiciará la liberación de la mujer trabajadora. Solo así podrá existir la verdadera igualdad. Las mujeres serán independientes y tendrán acceso a la misma educación y oportunidades que los hombres. Podrán dedicarse al arte o la ciencia, a enseñar o escribir, o a divertirse de cualquier forma. La prostitución habrá desaparecido y la unión entre hombres y mujeres se basará en el amor, el respeto, el acuerdo intelectual y el dominio de las necesidades de la vida. La mujer no será esclava del hombre y el divorcio no será necesario.

 

Clara Zetkin (1857-1933)

«El comunismo sólo y únicamente puede ser realizado mediante la lucha común de las mujeres y hombres del proletariado explotado contra los privilegios, el poder de los hombres y mujeres de las clases poseedoras y explotadoras»[3].

 

Clara Zetkin fue una revolucionaria comunista alemana que impulsó, desde el 8 de marzo de 1911, la celebración del Día Internacional de la Mujer como jornada reivindicativa por los derechos de las mujeres obreras. Hizo un llamamiento a las proletarias a formarse y organizarse con el fin de luchar por la emancipación femenina y la igualdad política como así consta en su texto “Proclamación del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo)”.

 

Clara Zetkin tuvo un papel muy destacado durante la II Internacional luchando contra la socialdemocracia; entre 1891 y 1917 fue editora del periódico Igualdad y en 1907 se puso al frente de la secretaría internacional de la mujer creada en la primera Internacional Socialista de Mujeres (Stuttgart, Alemania) y comenzó a dirigir la nueva Oficina de la Mujer del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

Formó parte del SPD hasta 1917, para más tarde militar en la Liga Espartaquista, facción izquierda del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD). Además, fue miembro del Reichstag por el Partido Comunista de Alemania (KPD) entre 1920 y 1933 durante la República de Weimar.

En su texto “Solo con la mujer proletaria triunfará el socialismo” defendió que la aparición de la opresión de la mujer se produjo con el surgimiento de la propiedad privada que la situaba en una posición de subordinación respecto al hombre. Puso de manifiesto que para las mujeres obreras el debate sobre la cuestión femenina surge tras su entrada en el circuito capitalista como mano de obra convirtiéndose, así, en fuerza de trabajo. Por este motivo defendió que, a diferencia de las feministas burguesas, la lucha de las proletarias no puede ir desligada de la de los obreros, sino que ambos deben unirse en su lucha contra el capitalismo.

Zetkin sostuvo que el fin de la lucha de las mujeres era la “conquista del poder político por parte del proletariado” y la instauración del socialismo. Es por ello que promovió la formación y organización de las obreras conocedora de que esta situación era especialmente compleja por la yuxtaposición del trabajo en las fábricas y en el hogar lo que dificultaba la labor femenina en el movimiento obrero.

Además, posee destacados escritos como “Directrices para el movimiento comunista femenino”, “Fascismo” o “¡Por la liberación de la Mujer!”.

 

Nadezhda Krupskaya (1869-1939)

“Millones de personas en Rusia viven absortas por las tinieblas del analfabetismo, y me siento feliz cuando al menos una docena de ellas aprenda a leer y escribir. ¡No, no voy a descansar hasta que sean millones!”[4]

 

Nadezhda Krupskaya se convirtió desde muy joven en miembro del Círculo Marxistas, propagando sus ideas revolucionarias en la escuela para obreros. En Rusia trabajó como secretaria del Comité Central del Partido Bolchevique.

Dedicó mucho tiempo al mundo de la Biblioteconomía y encabezó la organización del Sistema Bibliotecario ruso, popularizando las bibliotecas y propiciando su uso por un amplio sector de la sociedad.

Fue nombrada Comisaria de Educación del partido soviético ruso donde se encargó de la legislación educativa, la alfabetización del pueblo, la organización del sistema educativo, etc. Su interés por la educación popular la llevó a escribir una de sus mejores obras: “Gente, Educación y Democracia[5].

Dentro del sistema educativo soviético, caracterizado por una educación gratuita y laica, y por la formación ideológica comunista de manera abierta, Krupskaya defendía el método complejo de enseñanza. Este abogaba por la eliminación de un currículo dividido en materias, sustituyéndolo por una articulación multidisciplinaria de la cotidianidad de los niños a partir de la investigación de su entorno y sus intereses. Garantizaba la combinación entre enseñanza y trabajo como fuente de desarrollo y de educación; la formación libre y sin presiones de la personalidad del niño y, sobre todo, la participación real de los alumnos en la dirección de los aspectos escolares. Se acercaba al ideal marxista de la educación politécnica[6].

Con este método el trabajo productivo sería la base de la vida escolar como actividad productiva y socialmente necesaria. De esta manera se intentaba estimular el desarrollo individual como medio de construcción del colectivo, buscando, pues, la construcción del socialismo y trabajando sobre el tránsito hacia formas comunistas. El sistema educativo hará hincapié en la construcción de un futuro, transformando la escuela en un centro que fomenta la participación social, cultural y profesional.

Por todo ello, recibió la Medalla Anual a la mejor profesora y bibliotecaria de la Unión Soviética.

 

Rosa Luxemburgo (1871-1919)

“El actual y poderoso movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una vergonzosa injusticia, es una señal infalible de que las bases sociales del orden existente están podridas y de que sus días están contados. […] La actual lucha de masas en favor de los derechos políticos de la mujer es sólo una expresión y una parte de la lucha general del proletariado por su liberación. En esto radica su fuerza y su futuro”.[7]

 

Rosa Luxemburgo fue activista del movimiento socialista desde joven. Desarrolló un especial interés por la economía política, a la que consideraba capaz de cambiar el mundo.

Pronto comenzó a realizar sus primeros escritos, despuntando en 1900 con Reforma y Revolución[8], una obra corta en la que condenaba las tesis revisionistas de los textos de Marx. Contra la crítica a la estructura dialéctica de las teorías de Marx y la posibilidad de reformar el capitalismo para lograr el socialismo, Luxemburgo se mantuvo en la ortodoxia marxista. Defendía que el único camino al socialismo sería revolucionario y que negar el inminente colapso del capitalismo era afirmar que el socialismo no es históricamente necesario, frustrando las esperanzas del marxismo y considerando factible una realidad permanentemente alienada, sin salvación[9].

Con el tiempo, se convirtió en líder de los asuntos de los partidos polaco, ruso y alemán; y organizó actividades de masa, defendió huelgas, y escribió en varios periódicos. Además, fue profesora de economía política en una escuela de Berlín donde empezó a escribir el libro Introducción a la Economía Política. La elaboración de esta obra le hizo encontrar algunas complicaciones en los trabajos de Marx que no pudo resolver. Es por ello que se puso manos a la obra y escribió La Acumulación del Capital[10], su obra más importante que pretendía ser una continuación del segundo volumen de El Capital de Marx.

Rosa consideraba que el análisis de Marx, aunque correcto, estaba incompleto. Añadió a la inevitable caída del capitalismo una nueva etapa, el imperialismo. Estableció que el capitalismo se servía de las conquistas coloniales para obtener nuevos mercados en los que colocar sus excedentes, desplazando la producción originaria y obteniendo bienes que no podrían obtener de otro modo.

Gracias a esto las crisis económicas y la explotación se exportan al resto del mundo y los países capitalistas aumentan sus beneficios y los puestos de trabajo. La búsqueda de mercados rentables llevará a conflictos entre los países capitalistas lo que desembocará en su progresivo uso del militarismo rentable para encontrar los medios de producción y fuerza de trabajo de los países no-capitalistas. Pero esto no continuará indefinidamente, acabará dándose una sobreproducción global y el capitalismo se destruirá por sus contradicciones internas, necesitando de otros sistemas económicos.

Con esta obra Rosa pone sobre la mesa temas tan importantes en la economía como el incentivo a la inversión, había creado una teoría del desarrollo dinámico del capitalismo, dando especial importancia al crecimiento de la demanda efectiva. Además, descubrió la relación entre la expansión colonial y el capitalismo y que el imperialismo puede sostener al sistema capitalista a costa de la desintegración de las naciones precapitalistas.

 

Aleksándra Kollontái (1872-1952)

«El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha convertido en obrera sin aliviarla de sus labores de ama de casa y madre»[11].

 

Aleksándra Kollontái fue una revolucionaria bolchevique que militó en el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Fue miembro del Comité Ejecutivo del Sóviet de Petrogrado, del Comité Central del PCUS y actuó como representante diplomática de la URSS en países como México, Suecia o Noruega.

Fue una de las organizadoras del Primer Congreso Panruso de Mujeres Trabajadoras celebrado en 1918 y del que surgiría el Zhenotdel (Departamento de la Mujer) y la revista Kommunistka, de la que Kollontái integraba el consejo editorial.

Mostró especial preocupación por la situación de doble esclavitud que sufren las mujeres obreras y en sus escritos abordó temas como la abolición de la prostitución, la dificultad de la maternidad para las proletarias o la emancipación de la mujer a través del trabajo, entre otros.

En su texto “El comunismo y la familia” Kollontái analiza el papel que la mujer obrera ha desempeñado tradicionalmente en la familia bajo la dictadura de la burguesía y los cambios que conlleva en este ámbito la instauración del socialismo. Así la incorporación al trabajo asalariado provocó, por un lado, un cambio en el rol desempeñado por la mujer que adquirió independencia económica, y, por otro lado, supuso una doble carga de trabajo al tener que compaginarlo con las tareas domésticas y la crianza de los hijos e hijas. Para aliviar dicha carga Kollontái propuso fomentar los trabajos domésticos colectivos – como restaurantes o lavaderos de ropa públicos – y socializar los cuidados para que las mujeres pudieran desarrollarse en igualdad de condiciones que el hombre en la nueva sociedad.

Kollontái abogó por que, bajo el socialismo, se desarrolle un tejido social con una nueva moralidad basada en la igualdad. Es por ello que en su texto “La prostitución y cómo combatirla” defendió la abolición de la prostitución de la que afirma tiene su origen en “la propiedad privada y la dependencia directa material de la mayoría de las mujeres sobre los hombres”[12]. Menciona como causas de dicha opresión los salarios insuficientes y la dependencia económica de la mujer. Es por ello que buscó, desde la igualdad y la camaradería, luchar contra la prostitución, lo que suponía luchar contra las pésimas condiciones de vida que llevaban a las mujeres a prostituirse y crear, mediante el trabajo femenino asalariado, el camino hacia la emancipación que llegaría con el comunismo.

Además de los mencionados anteriormente destacan textos como: “El Día Internacional de la Mujer”, “Sobre la historia del movimiento de mujeres trabajadoras en Rusia” o “La emancipación de la mujer a través del trabajo”.

 

Inessa Armand (1874-1920)

«[P]ara ellas no hay tareas específicamente femeninas, distintas de las tareas comunes del proletariado, porque las condiciones de su emancipación son las mismas de las del proletariado en su conjunto, es decir, la revolución proletaria y el triunfo del comunismo»[13]

 

Fue una escritora y revolucionaria rusa de origen francés. En 1903 comenzó a militar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) de manera clandestina, y, en 1911 se convirtió en secretaria del Comité de Organizaciones Exteriores para coordinar grupos bolcheviques en Europa occidental.

Escribió artículos para la revista socialista Rabotnitsa (la trabajadora), publicación oficial del PCUS dirigida a las mujeres, colaboró con Lenin en la fundación de una escuela marxista en Longjumeau (Francia), y en 1915 organizó la III Internacional Socialista de Mujeres en Suiza. Hasta 1920 estuvo al frente del Zhenotdel (Departamento de la mujer) desde donde apoyó la abolición de la prostitución, la igualdad en el PCUS y los sindicatos y luchó por la emancipación de las mujeres obreras y por la mejora de la protección a madres e hijos.

Inessa Armand en su texto “La obrera en la Rusia soviética” analizó la situación de opresión que sufrían las mujeres obreras a inicios del siglo XX por: el Estado, debido a la falta de derechos políticos a los que se veían sometidas; la fábrica, donde eran oprimidas como proletarias y como mujeres al verse sometidas en ocasiones a todo tipos de violencia; y por su posición en la familia, ya que además eran las que realizaban en su gran mayoría las tareas domésticas y se encargaban de la crianza de los hijos.

Armand puso de manifiesto muchas de las medidas necesarias para acabar con esta opresión entre las que destacan: la socialización de la producción, para poner fin a la explotación laboral y a la desigualdad económica, la igualdad de derechos entre el marido y la mujer, defendió que el Estado debía dirigir la educación de los menores hasta los 16 años, el permiso por maternidad ocho semanas antes y después del parto y la proliferación de comedores públicos que alivien a la mujer de la enorme carga de trabajo que supone las tareas doméstica, entre otras.

 

Conclusión

 

La opresión de las mujeres hunde sus raíces en la aparición del concepto de propiedad privada y no es hasta la incorporación femenina al proceso de producción cuando la doble opresión se intensifica y la doble carga de trabajo se hace insostenible pues al trabajo reproductivo, la realización de las tareas domésticas y al cuidado de los hijos e hijas, se suman las largas jornadas laborales.

Será a comienzos del siglo XIX, con la proliferación de organizaciones obreras, cuando las grandes ciudades se conviertan en la cuna del movimiento obrero; donde parte del proletariado empieza a tomar consciencia sobre su explotación y comienza a luchar por conseguir mejoras en sus condiciones materiales, en especial para las mujeres y niños que trabajaban en las fábricas. Con el desarrollo de la lucha de clases, de la lucha entre trabajadores y capitalistas, las mujeres comenzarían a engrosar las filas del socialismo. En este sentido, el movimiento de mujeres proletarias de Alemania se situó, durante mucho tiempo, a la vanguardia del proletariado mundial.

La propiedad privada de los medios de producción por una minoría parasitaria y la producción de mercancías bajo el capitalismo ha sumido a las mujeres en una doble opresión de la que solo podremos emanciparnos con la conquista del poder político por parte del proletariado; con la completa abolición de la propiedad privada que llevará al fin de la sociedad de clases y del Estado y, por tanto, a la edificación del comunismo. Sin la mujer obrera la lucha contra el capitalismo será estéril, ya que mujeres y hombres nos necesitamos como camaradas en la ardua lucha contra el capitalismo.

 

¡POR LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER!

¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

 

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.) en la Región de Murcia

 

Referencias

 

[1] Laurier, J. (2021). Miss Marx: Eleanor Marx in the filmmaker’s own image. World Socialist Websait. Recuperado de: https://www.wsws.org/en/articles/2021/02/19/marx-f19.html

[2] Marx, E. y Aveling, E. (1886). La cuestión de la mujer.

[3] Zetkin, C. (1920). Directrices para el movimiento comunista femenino.

[4] Espinel, A. Nadezhda Krupskaya. La primera dama de la Revolución rusa.Universidad de Antioquía.

[5] Krupskaya, N. Gente, Educación y Democracia.

[6] Hernández Salamanca, O. G. (2013). La Pedagogía socialista en la URSS: fundamentos para la configuración del individuo plenamente desarrollado.

[7] Luxemburgo, R.(1912). El voto femenino y la lucha de clases

[8] Luxemburgo, R. (1900). Reforma y Revolución.

[9] Olivé, A. (2014). Rosa Luxemburgo y el pensamiento marxista. Marx desde cero.

[10] Luxemburgo, R. (1913). La Acumulación del Capital.

[11] Kollontái, A. (1921). El comunismo y la familia.

[12] Kollontái, A. (1921). La prostitución y cómo combatirla.

[13] Fragmento de la Resolución del Congreso Pan-ruso recogido por Armand, I. (1920). La obrera en la Rusia soviética.