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Se les ve el plumero

Los momentos claves son decisivos para demostrar qué clase de político es cada cual, determinando también la naturaleza de los partidos. Porque esos momentos exigen de cada uno lo que tiene y vale pero, sobre todo, lo que aspira de verdad el partido.

El referéndum para la autodeterminación de Cataluña es, sin duda, uno de los acontecimientos claves que nos mide a todos en nuestra dimensión exacta. Es clave porque pone en tela de juicio la tan celebrada transición. Y es que, cualquiera que sea su resultado, será la secuencia prima de una ristra de acontecimientos que irán cuestionando, uno a uno, todas sus rémoras, que son muchas.

El temor al desencadenamiento de episodios que pongan en peligro al propio sistema impele a la burguesía y a sus partidos a invocar la sacrosanta institución del Estado. Nada que pueda abrir una pequeña fisura en la institución capital será permitido y todos los medios son válidos y lícitos para salvaguardarla.

La derecha más recalcitrante -PP y Cs- está de enhorabuena, pues ve que en los momentos más graves de la existencia del PP, y por tanto, más difícil para la anuencia que le presta Cs, todos los peligros se tornan en circunstancias a favor de ellos, debido a que la llamada “izquierda” hiede y mucho. La estampa de un Sánchez escorado a la izquierda, sublevándose incluso contra los mandarines más sobresalientes de la historia moderna del PSOE, a las primeras de cambio se desfigura porque sin pensarlo un segundo se echa en los brazos de Rajoy, ofreciendo fidelidad y custodia castrense a la carta magna que bendice el poder burgués. En la oferta de lealtad de Sánchez a Rajoy bajo el abrigo de la Constitución no hay un sólo pero de caducidad. Siempre que el Estado de los capitalistas lo necesite ahí estará él henchido de patriotismo.

Pablo Iglesias prefiere ser más sutil. Para él y su partido PODEMOS, la situación de Cataluña es debida a una mala gestión del problema por parte de Rajoy. Pregona que si el gobierno estuviera en sus manos todo cambiaría y ofrece a Catalunya un referéndum pactado, que es como debe ser entre personas civilizadas. Pero la miel de sus palabras se transforma en la hiel de su determinación, pues en el escenario presente no caben caminos intermedios: o se está a favor de que se celebre la consulta o se está en contra. Lo demás no existe dadas las circunstancias presentes.

Y no existe porque el hecho de que una nación tenga que pactar con otra su independencia, por muy bonito y emotivo que resulte el acto, significa que hay una que manda y otra que está subordinada. Porque si no hay pacto, por lo que sea, la nación demandante no puede independizarse, con lo cual queda claro que la otra nación la somete a su dictado. Si Rajoy dice NO -y es lo que dice- Cataluña, bajo las actuales leyes, no puede emanciparse y eso es lo que ha decidido PODEMOS, darle por inferencia la razón a Rajoy. Que sí, por supuesto, Rajoy es un crápula político, un déspota, un corrupto, etc., tal y como Iglesias esputa, pero Rajoy con la posición del inefable podemita, en este caso consigue su propósito porque a la postre Iglesias y PODEMOS, en los instantes cruciales, deslegitiman el proceso soberanista de Cataluña.

Pero si retorcido es Iglesias, Garzón lo supera con creces.  En su última rueda de prensa señala que IU no hará ningún llamamiento a participar en el referéndum, ya que considera que “no va a solucionar el problema”,  y se intenta zafar alegremente aduciendo que no entiende lo que sucede en Cataluña, dado que son dos posiciones insostenibles, la de Rajoy y “la de Puigdemont que ignora a la mitad de la población catalana”, es decir, que lo mejor es mantenerse al margen. Lo que no sabe o no quiere saber Garzón e IU es que no hay margen para escabullirse. El planteamiento del 50% no existe más que en su mente retorcida e hipócrita. En tal caso, sería el Estado el que reprime mínimo a un 50% de los catalanes porque, sin duda, son muchos más los que desearían participar con su NO, si hubiese libertad para acudir a las urnas, tal como lo demostraron las encuestas; mientras, Puigdemont ofrece la participación al 100% de los catalanes y no catalanes afincados con su debido tiempo en Cataluña.

La clave no está en los juegos de palabras  sino en la correspondencia natural derecho-ley. Lo que se dilucida es si a Cataluña le asiste o no el derecho a la autodeterminación, negado secularmente. Porque un derecho no puede ser abolido por ley, puesto que entonces sería la ley la ilícita y esa es la realidad de esta hora. Tanto PODEMOS como IU -he aquí la cuestión- mientras esa posibilidad aparecía en un horizonte lejano e inalcanzable, el uno y el otro se llenaban la boca proclamando dicho derecho, y ahora, cuando existe esa posibilidad real, les brotan desde sus entrañas sus verdaderas intenciones y posiciones, haciendo que esa oportunidad se trueque en irreal.

Nos causa risa cuando partidos como PODEMOS, IU e incluso el PSOE  se pronuncian en términos de “los catalanes” como algo del exterior, como si sus partidos fueran ajenos a la nación hermana. Claro que así se eximen de responsabilidades, al menos es lo que desean. Las cuentas no fallan, si ahora sin el concurso de IU y de PODEMOS se roza el 50%, una contribución positiva  de ambos animando a la participación de sus acólitos y simpatizantes, suponemos que rebasaría con creces dicho porcentaje y dejaría inefectivo, moralmente, uno de los argumentos más utilizados por el Estado. Pero tal como está la situación se requiere, y ellos lo saben, no enfrentarse a Rajoy  sino al Estado de los corruptos, con sus leyes antipopulares, con sus jueces infectos, con su policía represiva y con un ejército a la expectativa. Por tanto, la lucha es frontal contra el sistema.

Hay que volver a la realidad y nos debemos preguntar ¿Dónde están los principios de PODEMOS  e IU? Sin embargo, la verdad de todo esto es que,  tanto uno como otro, nos están diciendo desde hace mucho tiempo lo que es y lo que no quieren. Basta con revisar las propuestas de PODEMOS en sus inicios y cotejarlas con las actuales, que son aceptadas por IU. Sus destinos están escritos. Ahora es cuando ambas organizaciones están en su camino de verdad. Si algún día llegasen al gobierno hasta Rajoy se quedará en pañales en la defensa de la legalidad, burguesa claro está. Y si no que se lo pregunten a los griegos.

Mas el colmo de la estulticia, parafraseando a Lenin, lo hallamos en el nuevo PCPE, que busca con denuedo, sin encontrarlo, un recoveco ideológico para sustraerse de una situación ineludible. Claro que la lucha está entre burguesías pero una y otra llevan tras de sí a trabajadores conformando dos naciones capitalistas. El derecho a la autodeterminación es una reivindicación burguesa porque una nación atropella a la otra y la niega y es aquí cuando precisamente intervienen Lenin y Stalin para hacer valer que todas las naciones subyugadas (burguesas) tienen el derecho a la autodeterminación y es precisamente ahora cuando dicha reivindicación brota de la manera más natural. El trabajador de un país imperialista que niega el derecho a la autodeterminación a otra nación donde lógicamente existen proletarios hermanos, ese trabajador es un siervo, un esclavo a conciencia, de su burguesía.

Recurrir al subterfugio de que, para que un obrero luche por la emancipación de su pueblo o del pueblo que está subyugado por sus capitalistas, han de reunirse unas condiciones objetivas extraordinarias o concretas es una huida vergonzosa de la realidad existente. Al final, esta posición coincide con la de PODEMOS e IU, en dar visos de legalidad al sometimiento de Catalunya a España. Pero mucho peor que una simple coincidencia es que viendo que hay trabajadores comprometidos con la autodeterminación de su país, lo que no significa ni mucho menos que sean fascistas ni pro capitalistas, los comunistas se laven las manos como si el asunto fuera ajeno a ellos. Y más grave será, todavía, que si se conoce, a priori, que nuestros hermanos obreros de Cataluña van a ser masacrados por el capitalismo español, abandonemos las trincheras y los dejemos solos. Esa es la cuestión.

Madrid, 15 de septiembre de 2017.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




A los trabajadores ante el referéndum catalán

Las organizaciones del PCOE están distribuyendo esta breve octavilla en los centros de trabajo, centros de estudio y barrios obreros de todo el estado para dar a conocer la posición de los comunistas respecto del derecho de autodeterminación de la nación catalana




El terrorismo y el fascismo son consustanciales al capitalismo

En 1978, el presidente de Estados Unidos Jimmy Carter firmaba un decreto presidencial secreto que autorizaba la financiación de guerrillas anticomunistas en Afganistán para luchar contra el gobierno de la República Democrática de Afganistán y contra el Ejército Rojo de la Unión Soviética, en un intento de tender una trampa a la URSS y convertir Afganistán en el Vietnam de los soviéticos, en lo que se denominaría Operación Ciclón. Para dichas guerrillas se reclutaron a fundamentalistas islámicos (muyahidines) que posteriormente se convirtieron en talibanes.

 

En 2014, el diario británico The Guardian, publicaba que EEUU estaba invirtiendo cientos de millones de dólares en financiar a la oposición venezolana, una oposición que ha quemado a varias personas, matado a tiros al juez que condenó a Leopoldo López y asesinado o herido a cientos de personas en su intento por derrocar al gobierno, primero de Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro.

 

En una entrevista de 2016, Julian Assange comentaba que algunos de los correos electrónicos de Hillary Clinton publicados por Wikileaks contenían evidencias de que EEUU facilitó la entrega de armas a grupos terroristas como Daesh en Siria (ISIS). Otra información publicada por Wikileaks en junio de 2017, revelaba que Hillary Clinton había pedido en una carta dirigida a John Podesta, asesor de Barak Obama, que se presionase a las autoridades de Qatar y Arabia Saudí para que dejaran de apoyar a Daesh.

 

El desarrollo del capitalismo conduce inevitablemente a la sobreexplotación de los recursos del planeta, lo cual exige que las grandes potencias imperialistas tengan que buscar esos recursos fuera de sus propias fronteras. La guerra permanente por el control de recursos lleva años realizándose de manera subrepticia, sin declaraciones de guerra formales, pero usando otras “herramientas” para tomar el control de ciertas zonas estratégicas del planeta. Oriente Medio, por sus reservas de petróleo y su posición geográfica, y Venezuela, como uno de los mayores productores de petróleo del mundo, son hoy en día dos de los principales objetivos del imperialismo. Entre estos países, no todos sus gobiernos son afines a los intereses de las potencias imperialistas. La estrategia usada para ’intervenir’ (invadir) militarmente en los mismos es desestabilizar a esos gobiernos, financiando a grupos opositores violentos y propiciando, llegado el caso, un golpe de estado que ponga en el poder a un gobierno más afín, o una intervención militar para ‘salvar’ al pueblo de los terroristas previamente financiados por ellos.

 

Una estrategia similar fue usada previamente por Reino Unido y Estados Unidos en la etapa previa a la Segunda Guerra Mundial, en el que fue conocido como Plan Dawes. La Reserva Federal de EEUU y el Banco de Inglaterra financiaron a los nazis en Alemania, en un plan para establecer un control absoluto sobre el sistema financiero alemán y por extensión de Europa central, y para combatir el auge del Socialismo. Se agudizó la crisis financiera del país endureciendo las condiciones de pago de la deuda de la Primera Guerra Mundial para desestabilizar la economía y propiciar el descontento de la población, financiando posteriormente al Partido Nacionalsocialista alemán que llevaría a Adolf Hitler al poder.

 

Los movimientos fascistas y de ultraderecha resurgen por todo el mundo hoy en día, financiados por grandes capitales con el objetivo captar el descontento de la población ante la situación económica, y como contraposición ideológica al Socialismo, única salida real para el pueblo trabajador ante la debacle capitalista. Es significativo como, el Comunismo, una ideología a la que dan por obsoleta y enterrada, sigue siendo combatido con todos los medios posibles por parte del imperialismo, revelando de esta forma la importancia y relevancia del mismo. Es el propio capitalismo el que genera las condiciones para una revolución socialista, y son los propios imperialistas los que están señalando involuntariamente el camino que debe seguir la clase trabajadora; el camino del Socialismo.

 

Mientras exista el capitalismo, existirán el fascismo y el terrorismo, independientemente de la forma que adopten, ya sea mediante un baño de religiosidad (ISIS), a través de movimientos opositores violentos (Venezuela) o directamente dictadores al servicio del imperialismo (Batista, Pinochet, Videla, etc). Los atentados en suelo europeo de los últimos años son las consecuencias directas del desarrollo del sistema capitalista, y continuarán sucediendo mientras este exista. La solución pasa por la construcción del socialismo; sólo de esta forma podremos los trabajadores imponer unas condiciones de producción que acaben con la anarquía capitalista y las consecuencias que sufrimos hoy en día: paro sistémico, pobreza, desahucios, muertes por accidentes laborales, EREs, precarización de todos los sectores, guerras imperialistas por control de recursos.

 

POR LA SUPERACIÓN DEL CAPITALISMO

POR EL SOCIALISMO

 

Secretaría de Agitación y Propaganda del Comité Provincial de Sevilla del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




El referéndum del 1 de octubre muestra la cara del Estado reaccionario español

El pasado miércoles fue votada y aprobada por la mayoría del Parlament de Catalunya, la ley del Referéndum del 1 de octubre. Al día siguiente, se aprobó la Ley de Desconexión para que, en el caso de que mayoritariamente gane el SÍ, se haga efectiva la independencia y se inicie un proceso por el que nazca la República de Cataluña.

Los ‘moderados’ y ‘demócratas’ diputados de los partidos defensores del cenagal reaccionario emanado de la Transición española, operación cosmética realizada por los franquistas y los oportunistas para perpetuar el régimen franquista y convertirlo en estado homologable para su integración en la asociación monopolista europea, mostraron su soberbia y su desprecio a las decisiones democráticas adoptadas por el pleno del Parlament, obstaculizando el desarrollo de las sesiones y empleando la amenaza y la impudicia, cuales mafiosos que son, para tratar de impedir al Parlament la adopción de las citadas medidas.

El Gobierno español – el más corrupto de Europa que ha estado haciendo leyes mordazas, leyes que condenan al pueblo a la miseria y a la explotación más salvaje y que ha practicado la guerra sucia contra el pueblo catalán –  apoyado por activa por el fascismo recalcitrante –PSOE, PP y su marca blanca, C’s – y por pasiva (cada vez más activa)  por el oportunismo – PODEMOS y sus diversas denominaciones así como PCE-IU  – va a responder como lo ha hecho siempre, activando todos los elementos del aparato del estado para cercar y  reprimir al Govern de Catalunya. A la represión política ya iniciada desde hace años contra el Parlament y el Govern de Catalunya se debe sumar las nuevas impugnaciones y denuncias realizadas contra las decisiones democráticas adoptadas por el Parlament, contra la Llei de Transitorietat, la Llei del Referèndum y la Llei Tributària de Catalunya, con el objeto de impedir que  el pueblo catalán se exprese y decida su camino.

El estado español y su Gobierno reaccionario, además, llevan tiempo ya reforzando al Ejército en Cataluña y desde el jueves la Guardia Civil se halla asediando y registrando imprentas y  medios de comunicación, como el Setmanari El Vallenc y seguirá en esta tónica pretendiendo amedrentar al pueblo catalán. Y es que no hemos de olvidar que, si algo tiene este Gobierno, son buenos maestros a la hora de reprimir al pueblo pues son herederos de Franco y discípulos de éste, Fraga, Martín Villa, Utrera Molina, Billy el Niño, etcétera, éstos últimos con impunidad del Estado para no responder ante la Justicia argentina por torturas y crímenes del Franquismo.

El estado español va a reprimir por tierra, mar y aire, es decir, por todas las vías a su alcance, este movimiento del pueblo catalán reivindicando y pretendiendo ejercer su derecho democrático a la autodeterminación.  Como fascistas que son, se encuentran en un proceso de despliegue y de toma de posiciones para avanzar en la represión política y para impedir que el pueblo catalán se exprese democráticamente.

Mientras el Gobierno, con el apoyo de todo el espectro político burgués español – desde PODEMOS, IU-PCE hasta el PSOE pasando por el engendro de  Ciudadanos – se encuentra instalado ya en la reacción, la situación económica continua degradándose cada vez más a cada día que pasa, por más trampas que hagan los ladrones que se encuentran en el Gobierno y en la ‘oposición’, por más mentiras que viertan y difundan sus desacreditados medios de comunicación, el proceso de depauperación relativa del proletariado se acrecienta, tal y como dicta la estructura del PIB, de tal modo que las rentas salariales van en caída libre a la par que se incrementan las rentas del capital, y es que el crecimiento económico va directo a los bolsillos de los monopolios, a la par que para el proletariado y demás clases populares no sólo no se mantienen, sino retroceden. La ley general de acumulación capitalista no sólo engendra la depauperación relativa del proletariado, sino también la absoluta con mayor temporalidad, mayor paro forzoso – en torno a 16 millones de españoles no tienen ocupación -, salarios tirados por tierra, pensiones de miseria a la par que crece la carestía de vida, empezando por los precios de la vivienda que repuntan notablemente, los servicios públicos están desmantelados, con una sanidad y una educación públicas cada día peor y un grado de explotación de los trabajadores cada día mayor.   

El enorme cieno que pretendió tapar la burguesía, con la colaboración plena de los traidores oportunistas ya sean con siglas viejas o nuevas, con la transición brota por todos los poros del estado español y con la crisis económica persistente, progresivamente toda la basura que pretendieron ocultar ha subido a la superficie, todas las contradicciones engendradas por el capitalismo monopolista español están encima de la mesa ante sus cierres en falso; más que cierres traiciones del oportunismo, con el PCE a la cabeza, que tragaron con todas las ruedas de molino que le pusieron los franquistas.

La cuestión nacional no resuelta en Cataluña, Galicia o el País Vasco es otra de las patatas calientes que tiene un estado español quebrado económica y políticamente, que no tiene más salida que ser cada día más reaccionario, más represivo.

Con el Referéndum catalán han quedado retratados todos. PSOE y C’s cierran filas con el Partido Popular a la hora de negar los derechos democráticos de la nación catalana, de oprimir al pueblo catalán utilizando todos los medios para ello. Por otro lado, los oportunistas de PODEMOS y PCE-IU emplean la ambigüedad para engañar a los trabajadores de Cataluña y del resto del estado pero, a la hora de la verdad, se posicionan contra el referéndum y el derecho democrático de la nación catalana a la autodeterminación y, por tanto de facto, se posicionan con las fuerzas de la reacción y del fascismo, como se pudo ver con la intervención del vendeobreros de CCOO e ICV Joan Coscubiela en el Parlament o ha hecho Colau, al mando del Ajuntament de Barcelona, rindiendo servidumbre a la reacción del estado español.

A la hora de la verdad todos aquéllos  que votaron la reprobación del Ministro de Justicia, al Fiscal General y al Fiscal Anticorrupción por corruptos, por el caso Lezo, se ponen detrás del Gobierno corrupto y antidemocrático que desoye las reprobaciones parlamentarias, demostrando que el Parlamento burgués no vale absolutamente para nada y detrás del Ministro y el Fiscal General reprobados, cerrando filas con ellos al objeto de impedir que el pueblo catalán se exprese democráticamente.  Y es que las medidas legales contra el Parlament y el Govern catalán las están desarrollando personajes manchados por la corrupción y su defensa que están reprobados por el Parlamento.

Resulta que el PP, el partido de la corrupción, con muchos menos votos que ningún otro partido que haya gobernado, tiene pleno el poder y tiene detrás de sí a la práctica totalidad de los partidos, incluido el que le montó una moción de censura en junio, aprovechando el referéndum catalán para colarle al pueblo que el Gobierno de Rajoy ha robado 40.000 millones de euros al pueblo para dárselo a los bancos – reconociendo el Banco de España que ese dinero ya está perdido – o acuerdos de ventas de armas a Arabia Saudita. 

Tanto el Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español como el Comitè Nacional del Partit Comunista Obrer de Catalunya, apoyamos sin fisuras el derecho democrático  que tiene el pueblo catalán a decidir su futuro y apoyamos el referéndum del 1 de Octubre, el cual consideramos vinculante. Así mismo, hacemos un llamamiento al proletariado catalán a acudir masivamente a la manifestación de la Diada Nacional de Catalunya el próximo 11 de septiembre en defensa del derecho a la autodeterminación de Cataluña y del referéndum del día 1 de Octubre.

A los obreros catalanes y españoles nos une la condición de clase. Es por ello que apelamos a la unidad de los obreros catalanes, vascos, gallegos y españoles a fortalecer el Partido y a organizarnos para marchar contra el estado burgués – ya sea español, catalán, vasco o gallego – que nos condena a la explotación, a la indignidad, al paro y que nos roba y reprime; y construir juntos una nueva sociedad exenta de explotadores, de ladrones, es decir, de burgueses donde prevalezca la libertad y la igualdad entre los que creamos las riquezas materiales y espirituales de esta sociedad, la clase obrera, conquistando el socialismo que dará solución a todos los problemas que la criminal burguesía ha sido incapaz de dar respuesta.

¡POR EL DERECHO A LA AUTODETERMINACIÓN!

¡POR EL SOCIALISMO!

Barcelona, 9 de septiembre de 2017.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

COMITÈ NACIONAL DEL PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA (P.C.O.C.)




La Revolución de Octubre: Lenin y Stalin

La disposición de los términos del título de este documento, primero, Revolución de Octubre y luego, Lenin y Stalin, no es por casualidad, sino que tiene una proyección hermenéutica, es decir, de interpretación cabal de las obras de Lenin y de Stalin en un periodo histórico determinado: la post revolución soviética. ¿Por qué la post revolución soviética y no la pre revolución?  La intención es establecer los criterios procedentes para enjuiciar una época terrible, que a juicio incluso de destacados bolcheviques no encajaba en los valores que se precisan para una revolución socialista que presuma de “ortodoxa”. Si solo leemos los libros de Lenin y Stalin de antes de la revolución, como es frecuente en la juventud militante, quedará impreso en nuestra memoria el socialismo ideal que subyace en sus polémicas, controversias y críticas contra los oportunistas. Pero si estudiamos también los textos redactados después de la revolución, veremos como el aura metafísica que envolvió a nuestra mente, se va disipando poco a poco, hasta quedarnos solos frente a la cruda realidad social dada, en cierto modo, inesperada para las predicciones de Lenin y de Stalin.

No es posible, por consiguiente, calibrar ni las obras ni las figuras de Lenin y Stalin en toda su dimensión, si no leemos sus informes a los sucesivos congresos y demás documentos durante la dictadura del proletariado. Son tantas vicisitudes y tantas luchas a las que se tienen que enfrentar, que solo dos líderes de sus categorías, gozando de una extraordinaria capacidad de interpretación de la realidad objetiva y de reacción ante los contratiempos, podían hacer posible que la revolución se llevase a efecto y no fracasara tempranamente.

Solo el magisterio, el temple, la seguridad en sí mismos y la total confianza en su pueblo de estos dos hombres, pudieron llevar a la URSS por los caminos de glorias, después de tres grandes guerras en su interior, nada menos que dos guerras mundiales que se saldaron con más de treinta millones de soviéticos muertos y la guerra civil revolucionaria; después, también, de la irrupción del hambre en cantidad inconmensurable, y finalmente, en medio de una lucha feroz contra los oportunistas dentro del partido, que nunca desaparecieron, por el contrario, fueron capaces de socavar la revolución hasta destruirla.

En base a estos criterios, para hacer un estudio certero de lo acecido en la URSS hasta la muerte de Stalin, y además, saborear la auténtica calidad de los dos líderes, es preciso cotejar con la realidad existente antes de la revolución, las premisas fundamentales que emergen de los escritos de Lenin y que según él deben darse para que la revolución socialista tenga sentido y éxito, solo así, repetimos, dimensionaremos en su justa medida las categorías humana y política de ambos.

¿Cuáles son esas premisas?

  • La existencia de un número predominante de empresas grandes.
  • Poseer unas fuerzas productivas altamente desarrolladas
  • Un Movimiento Comunista Internacional fuerte
  • Un Partido homogéneo en lo ideológico y en lo político y férreamente disciplinado

Examinemos punto por punto, el contenido de las premisas:

1.- ¿Por qué es buena la existencia de un número considerable de empresas grandes? Para Lenin, el advenimiento del monopolio es la señal inequívoca de que detrás solo puede venir el socialismo, debido a que las grandes empresas socializan la producción. En ellas, todo el proceso de producción desde la concepción hasta la comercialización de la mercancía, o de las mercancías, lo llevan a cabo asalariados. En ellas, también, los capitalistas son gentes extrañas, no aparecen, no intervienen en ninguna de las fases, salvo para apoderarse de la plusvalía. Además de socializar la producción, el trabajador se acostumbra a la disciplina que impone la empresa burguesa, que a juicio de Lenin será muy valiosa e imprescindible para la construcción del socialismo.

2.- La condición sine qua non para la construcción del socialismo, es la existencia de unas Fuerzas Productivas desarrolladas, lo que significa estar en posesión de alta tecnología y de un proletariado formado culturalmente.

3.- Un Movimiento Comunista Internacional fuerte, cuya solidaridad con el proceso revolucionario no se constriña al respaldo formal por medio de comunicados y de manifestaciones, sino que ha de tener la fuerza necesaria para acceder a la revolución, o al menos, impedir que su país intervenga militar, económica y políticamente, cercenando la culminación del proceso revolucionario en Rusia. Lenin aún tenía la esperanza de que la revolución se extendiera por los países más importantes de Europa.

4.- Un Partido homogéneo y disciplinado, esto es, comprensible por su magnífica misión. Un partido dividido o con fisuras, o con una disciplina relajada, sin observar el centralismo democrático férreo, estará siempre incapacitado para dirigir ideológica y políticamente el periodo de transición del capitalismo al socialismo.

Para mejor comprensión del carácter y de la profundidad de los hechos históricos, debemos señalar que Lenin no era ajeno a que algunas de las premisas estaban aún muy lejos de ser una realidad palpable. No obstante, los acontecimientos se aceleraron, al tiempo que se enconaban las diferencias sociales. En Abril de 1917, percibe y asegura que es el momento clave para proceder a la revolución y vencer a la burguesía, en contra del parecer y de la opinión de dirigentes del Partido, que les acusan de desatender las condiciones objetivas y subjetivas. Bogdánov definió las “tesis de Abril” como “el delirio de un loco”, mientras que Plejánov las calificó  de “descabelladas”.

Refiriéndose a esta etapa extraordinaria, Lenin dijo: “Tanto las tesis como mi informe suscitaron discrepancias entre los propios bolcheviques y en la misma redacción de Pravda. Después de varias reuniones llegamos a la conclusión unánime de que lo más conveniente era discutir abiertamente estas discrepancias proporcionando así material para la conferencia nacional de nuestro partido que se reuniría el 20 de abril de 1917…” -Lenin. Obras tomo 24, pág. 23-

Las Tesis de Abril son el fruto de la lectura dialéctica del desarrollo de la lucha de clases, a través de las sucesivas revoluciones en Rusia. En ellas, Lenin descifra los saltos cuantitativos y cualitativos que se suceden entre las revoluciones de 1905 y 1917. Si bien es cierto que en la revolución de 1905-1907 las fuerzas reaccionarias lograron la victoria, para Lenin era sin duda un triunfo temporal, pues subsistía la necesidad de realizar los cambios económicos y políticos en la magnitud precisa que requería el desarrollo histórico. No era casualidad que Rusia fuese la cola en los ámbitos de la economía y de la política de los Estados capitalistas más desarrollados.

Pese a que el capitalismo desarrollado se implantó tardíamente en Rusia, a comienzos del siglo XX ya había alcanzado logros muy importantes. Lenin decía que de país del arado de madera y del trillo de mano, del molino de agua y del telar casero, se había transformado en un país de arado y trilladoras metálicos y del telar movido a vapor, además, se incrementó el número de grandes empresas y fábricas, aparecieron asociaciones monopolistas, en una palabra, Rusia entró en la fase superior del capitalismo. No obstante, la economía rusa avanzaba bajo la férula del imperialismo internacional. A finales del siglo XIX los capitales de Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania se apoderaron de las ramas más importantes de la economía del país.

Empero, los restos, importantes vestigios del régimen de servidumbre y su dependencia del imperialismo foráneo, obstaculizaban el progreso de las fuerzas productivas. Estas circunstancias reacias unidas al despotismo zarista  intensificaban la opresión capitalista y terrateniente, agudizando las contradicciones de clases. Por todas estas razones maduraba la revolución, planteándose como fin principal derrocar la autocracia, liquidar la propiedad terrateniente en el campo y crear la república democrática burguesa.

La Guerra Imperialista de 1914 exacerbó aún más las contradicciones y trajo a los obreros y campesinos mayores males, a la par que produjo la gigantesca destrucción de las fuerzas productivas. Por su parte, el proletariado se había desarrollado y templado en innumerables batallas de clase. La guerra conlleva la depauperación en crescendo de las amplias masas de campesinos a la misma vez que enriquece a los kulaks. Debido a ello, durante los años de guerra continuó desarrollándose el movimiento revolucionario. La revolución se masticaba y ésta tendría la misión de llevar a cabo lo que la revolución de 1905-1907 no pudo realizar, esto es, derrocar al zarismo e instaurar la República Democrática Burguesa, liquidar todos los vestigios del régimen de la servidumbre y solventar, definitivamente, a favor de los campesinos pobres el problema agrario.

Si bien se aceptaba por todos los enemigos del régimen la necesidad de la revolución para introducir los grandes cambios que requería la situación del país, bajo el manto de la democracia burguesa, Lenin ya avizoraba profundas modificaciones cualitativas en los objetivos a alcanzar. Para él, la revolución no podía quedar en esto.En Rusia, donde existía tan deforme cruce de relaciones capitalistas y pre capitalistas, era prácticamente imposible aniquilar la supervivencia de la servidumbre sin asestar, previamente, un golpe mortífero al imperialismo, sin  avanzar hacia el socialismo. Lenin comenzó a atisbar que la segunda misión se había acercado extraordinariamente a la primera.

En febrero de 1917 las huelgas de los obreros adquirieron tal envergadura que el POSDR(b) al frente del proletariado de Petrogrado  lanzó la siguiente proclama: “¡Tenemos por delante la lucha –se decía en la hoja-,  pero nos aguarda la victoria segura! ¡Todos bajo las banderas rojas de la revolución!… ¡Toda la tierra de los terratenientes para el pueblo! ¡Abajo la guerra! ¡Viva la fraternidad de los obreros del mundo entero!”

El 27 de febrero triunfa la revolución, el Comité Central del POSDR(b) publicó el Manifiesto: –“A TODOS LOS CIUDADANOS DE RUSIA-  Han caído las plazas fuertes del zarismo ruso… La prosperidad de la cuadrilla zarista, levantada sobre los huesos del pueblo, se ha derrumbado. La clase obrera y el ejército revolucionario tienen como misión formar un Gobierno provisional revolucionario que encabece el nuevo régimen que nace”.

El mismo día 27, el Buró del Comité Central del POSDR(b) redacta la siguiente octavilla dirigida a los obreros: “Empezar sin demora a elegir en las fábricas los comités de huelgas. Sus representantes constituirán el Soviet de diputados obreros que asumirá el papel de organizador en el movimiento que creará el gobierno provisional revolucionario”

No era aún una revolución socialista, sino democrático burguesa, en la que los bolcheviques no ostentaban la mayoría en los soviets recientemente constituidos. Al mismo tiempo, los representantes de los terratenientes y burgueses, decidieron crear su propio órgano de Poder. Los avatares de las luchas derivaron hacia la dualidad de poder.

Las Tesis de Abril vienen a resolver el problema de la dualidad de poder, pues con el derrocamiento de la autocracia el proletariado solo había dado un primer paso, el segundo consistía en la toma del poder. A través de la experiencia del movimiento obrero mundial y de la práctica revolucionaria en Rusia, Lenin descubre la forma de organización política de la sociedad en el periodo de transición del capitalismo al socialismo. Pero “No una revolución parlamentaria –decía en sus tesis-, volver a ella desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás, sino una República de los Soviets de diputados obreros, braceros, campesinos de todo el país de abajo arriba”.

En la Conferencia donde se debatió Las Tesis de Abril se puso de relieve un hecho de vital importancia, si no llega a ser por la audacia y sabiduría de Lenin la revolución no se hubiese dado, pues a través de su informe, desenmascaró a los elementos oportunistas del Partido, que remaban hacia atrás, Trotsky por un lado, por su actitud aventurera, quien había propuesto anteriormente saltarse el período de democracia burguesa, en virtud de su “revolución permanente”, y por otro, Kamenev, Rykov y sus correligionarios, que intentaron por todos los medios distraer al Partido de su misión revolucionaria, pretendiendo que se dedicara a la tarea de terminar la revolución democrática burguesa,.

No es intención de este documento relatar la historia de la pre revolución soviética, ni siquiera de la etapa revolucionaria, nuestra pretensión es objetivar la revolución, demostrar que fue precedida por razones que la hicieron ineludible, pero que requería grandes dosis de firmeza y dotes de líder, que a la sazón solo Lenin atesoraba. Cualidades todas que quedan refrendadas por el acontecer en la post revolución, que de nuevo por las disimilitudes con las teorías, la puesta en práctica de medidas que condujeran eficazmente hacia el socialismo, revaloriza aún más la intervención de dirigentes sobresalientes  como exponentes  de una línea de conducta atinada, frente a una realidad contradictoria,  conducta que en cierto modo no podía discurrir por un camino trazado de antemano, sino que exigía una formación teórica extraordinaria y una sagacidad al alcance de pocos, con el fin de sortear obstáculos densos y opuestos a los propósitos, de ahí la importancia durante este tiempo de Lenin y luego de Stalin.

Periodo convulso interrumpido por guerras y por la intervención imperialista de diversas formas, con la finalidad de obstaculizar, frenar y revertir la revolución. Las guerras no son objeto de este documento, porque nos extenderíamos demasiado y nos descentraría de nuestra línea discursiva. A pesar de ello, introducimos una breve reseña de la intervención imperialista para demostrar que las secuencias de la construcción del socialismo en la Unión Soviética se ven repetidamente frenadas por las guerras o actividades imperialistas de toda índole: “El imperialismo es un fenómeno universal, es la lucha por el reparto de todo el mundo, de toda la Tierra, y por el sometimiento a uno u otro puñado de fieras. Ahora se lanzan sobre nosotros otro grupo de fieras, el grupo anglo-francés, y nos dice, os arrastraremos de nuevo a la guerra. Su guerra y la guerra civil, se funden en un todo único y esa es la verdadera causa de las dificultades del momento presente, en el que de nuevo sale a escena la cuestión de la guerra, de los acontecimientos bélicos como cuestión principal cardinal de la revolución. Y en ello consiste toda la dificultad, pues el pueblo está cansado de la guerra, atormentado como nunca por la guerra”. –V. I. Lenin Obras, 5ª ed. En ruso. T. 37, págs. 1-19 “publicado en 1919 en el libro Quinta legislatura del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia.

La construcción del socialismo exige la existencia de un Partido pertrechado ideológica y orgánicamente, y a la par, de la participación plena de un proletariado consciente y formado para  ejercer las labores de gobierno. Lenin advierte, continuamente, de las contrariedades que sobrevendrían de no cumplirse ambos requisitos y, especialmente, se manifiesta contrario a la usurpación por el partido de la misión histórica que le es conferida al pueblo: “Los ciudadanos deben participar sin exclusión alguna en la administración de la justicia y en el gobierno del país. Y para nosotros es importante incorporar a la administración pública del Estado a todos los trabajadores sin excepción. Esta tarea ofrece dificultades gigantescas. Pero la minoría el partido, no puede implantar el socialismo”.

Solo así el Estado adquiriría la calidad de democrático por primera vez en la historia, cumpliendo con su acepción primaria: “Gobierno del pueblo”. Ese Estado, tantas veces postulado por Lenin antes de la revolución, bajo la consigna de todo el poder para los soviets, es objeto de  especial atención después de la revolución.  Entre el 1 y 8 de Marzo de 1918 Lenin escribe en sus “DIEZ TESIS SOBRE EL PODER SOVIÉTICO”: “El desarrollo sucesivo de la organización soviética del Estado debe consistir en que todo diputado de un Soviet ejerza sin falta una función permanente en la gestión pública al paso que participe en las reuniones del Soviet, además en que toda la población sea incorporada paulatinamente tanto a participar en la organización de los soviets (a condición de que se subordine a las organizaciones de trabajadores) como  a ejercer funciones en la gestión pública”.

Los hechos más que tozudos, se interponen en el camino y la vieja ilusión de incorporar a los trabajadores, al pueblo en general a la gestión y administración del Estado, debe sufrir modificaciones ante el escenario post revolucionario. El proletariado y el campesinado ruso que se habían comportado heroicamente en sus episodios anteriores, que desempeñaron el papel estelar durante las revoluciones, ahora, muestra su faz oculta, era un pueblo analfabeto y raído por la sucesión de luchas de todo tipo. La revolución no puede dar marcha atrás y Lenin  advierte al Partido que no hay otro remedio que abrir un paréntesis,  hasta que el pueblo adquiera el nivel cultural que el capitalismo le negó. Mientras tanto, la revolución tuvo que recurrir a especialistas burgueses para que la administración empresarial y estatal no se atascase y muriese en el intento, al respecto Lenin propone:

“Conocemos perfectamente lo que significa el atraso cultural en Rusia y qué es lo que esta incultura hace con el Poder Soviético, que, en principio, ha creado una democracia proletaria incomparablemente más elevada, que ha dado un modelo de esta democracia para todo el mundo; sabemos cómo esta incultura humilla al Poder Soviético y engendra la burocracia. De palabra el aparato soviético es accesible a todos los trabajadores, pero en la práctica, como todos sabemos dicta mucho de serlo. Y no porque lo impidan las leyes como ocurría bajo el régimen burgués; por el contrario, nuestras leyes lo favorecen, pero las leyes solas no bastan. Es preciso una labor ingente educativa, cultural y de organización, labor que no puede hacerse por medio de la ley, rápidamente, sino que exige un esfuerzo inmenso y prolongado. La cuestión de los especialistas burgueses debe resolverla el congreso con entera precisión…”.

La revolución no debe esperar, mucho menos atorarse, así pues, el partido, los dirigentes de los soviets, y también los especialistas burgueses tenían que sustituir al proletariado hasta que éste estuviese preparado; aun sabiendo, que el burocratismo tenía muchas posibilidades de acabar con la revolución y teniendo en cuenta que los especialistas burgueses estaban impregnados de la ideología capitalista: …Y no lo podemos hacer sin recurrir a los especialistas burgueses. Hay que decirlo de una vez para siempre. Ciertamente la mayoría de estos especialistas está impregnada hasta la médula de ideología burguesa…”

           Más tarde Lenin se ve precisado a salir al paso de las criticas soterradas de los opositores, que no cesan de agruparse en corrientes contrarias al leninismo, utilizando para ello los obstáculos que niegan el proceso revolucionario, con el propósito de exigir abiertamente, o en forma velada,  que la revolución de marcha atrás.  Ante los cuales Lenin jamás retrocede y los repele utilizando la verdad como arma arrojadiza. Para Lenin, la verdad siempre fue revolucionaria: “Hemos hecho todo lo necesario para suprimir estas trabas, pero hasta hoy no hemos podido lograr que las masas trabajadoras puedan participar en la administración: además de las leyes existe todavía el problema del nivel cultural que no puede someterse a ninguna ley. Este bajo nivel cultural hace que los soviets, siendo por su programa órganos de administración ejercida POR LOS TRABAJADORES, sean en la práctica órganos de administración para los trabajadores ejercida por la capa del proletariado que constituye su vanguardia Y NO POR LAS MASAS TRABAJADORAS…. En el presente, esta tarea ofrece para nosotros dificultades inmensas, porque, como ya he tenido ocasión de señalar más de una vez, la capa de obreros que integra los órganos de administración del Estado es excesivamente, increíblemente escasa.

… La burocracia ha sido vencida. Los explotadores han sido eliminados, pero el nivel cultural no ha subido, razón por la cual los burócratas, ocupan  sus antiguos puestos.”

Al hablar del atraso cultural del pueblo trabajador, nos estamos refiriendo a una parte de la premisa que con más fuerza incide para que una revolución socialista tenga sentido y éxito, las fuerzas productivas. El segundo  elemento integrante de las fuerzas productivas, los medios de producción, la alta tecnología, que presentaba un gran déficit durante el régimen zarista, después de tantos conflictos retrocede en cantidad y calidad, fenómeno tenido en cuenta por el partido desde antes de la revolución. En el IX Congreso de los Soviets celebrado el 15 de Marzo de 1921, Lenin se refiere a este problema tan importante: “Pensábamos invertir nuestras reservas de oro en obtener medios de producción. Lo mejor sería fabricar nuestras propias máquinas, pero aún si las compramos con eso no reconstruiremos nuestra industria. Para hacerlo es preciso que haya un obrero y un campesino que puedan trabajar; y en la mayoría de los casos no están en condiciones de hacerlo: están agotados, extenuados. Hay que ayudarlos y hay que invertir las reservas de oro en artículos de consumo, a pesar de lo que decía nuestro viejo programa. Ese programa era teóricamente correcto, pero prácticamente inconsistente. […] Si recibimos mercancías para el campesino, será, por cierto, una violación del programa, una irregularidad, pero debemos tener una tregua, porque el pueblo está extenuado hasta tal punto que no puede trabajar”  

En este mismo año, y a propuesta de Lenin, se crea la NEP con el propósito de dar más fuerza y vitalidad  a la economía  sujeta por las inferencias catastróficas de la guerra mundial, la hambruna, la guerra civil y la revolución “No somos lo suficientemente civilizados para pasar directamente al socialismo, a pesar de que las políticas tienen sus primeros frutos” Lenin: Más vale menos pero mejor, Marzo 1923.

Los problemas de la economía, y de las fuerzas productivas en Rusia, están mediatizados por la cantidad de sistemas productivos que convivían en la sociedad rusa, a los que se tiene que enfrentar la revolución. El Che Guevara dijo que en toda sociedad de clases, los modos de producción preponderantes comparten espacio con las secuelas del modo de producción anterior, y con las premisas del próximo. Esta Ley se altera y agrava en Rusia que soporta cinco sistemas:

  • Economía campesina patriarcal
  • Pequeña producción mercantil
  • Capitalismo privado
  • Capitalismo de Estado

La premisa pre revolucionaria por excelencia es el Partido,  también obra de Lenin que supo desde el primer instante la importancia que tendría el centralismo democrático, sostén y reproductor de energías y vitalidades, pero antes que nada, de disciplina democrática, única forma de mantener como una piña, posiciones encontradas que se someten a la opinión mayoritaria. Siempre se recordará que el Partido Obrero Social Demócrata Ruso, nació de la confluencia de círculos marxistas expandidos por toda Rusia, que maduraron aislados hasta su unión definitiva, portando lógicamente cada fracción sus peculiaridades y  subjetivismos originales. Estamos en condiciones de afirmar que si no llega a ser por esa disciplina aceptada y practicada por todos los militantes, hubiese sido imposible el advenimiento de la revolución socialista. Pese a sus reglas estrictas, las fracciones e intentos de socavar la unidad del Partido se sucedieron en todas las épocas, de ahí, de nuevo, el reconocimiento de los liderazgos de Lenin y Stalin, apoyados siempre por unas bases disciplinadas, capaces de sofocar todo intento de aniquilamiento. En su documento “ACERCA DE LAS MEDIDAS PARA ATENUAR LA LUCHA INTERNA DEL PARTIDO” Stalin nos recuerda que las luchas se daban desde siempre; aunque en la época de Lenin se solventaba disciplinadamente: “En los tiempos viejos los bolcheviques acostumbrábamos a proceder así, si en el Partido quedaba en minoría una parte, ésta no solo acataba las decisiones de la mayoría, no solo las aplicaba sino que, incluso sus componentes pronunciaban conferencias públicas en defensa de las decisiones del Partido”  Obras Escogidas T. VIII pág. 81 año 1926.

Conviene recordar las palabras de Lenin para comprender la importancia que adquiere el Partido en la revolución, y que le hace acreedor del odio más encendido de los burgueses y oportunistas: “Seguramente hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran mantenido en el Poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea de nuestro Partido, sin el apoyo total e indefectible prestado a él por toda la masa de la clase obrera, es decir, por todo lo que ella tiene de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de arrastrar a las capas atrasadas”

Tal vez sea éste el motivo por el que el enemigo intenta inocular el virus de la degeneración, de la indisciplina para infestar la militancia. Es preciso incidir en que el partido tiene su lugar en la historia, más allá de su ubicación natural se desfigura y en el caso de la revolución fue el blanco de los enemigos que incluso intentaron minarlo desde dentro tal cual decía Lenin: “Los burócratas zaristas han comenzado a pasar a las oficinas de los órganos soviéticos, en los que introducen sus hábitos burocráticos, se encubren con el disfraz de comunistas, y para asegurar un mayor éxito en su carrera, se procuran carnet del PC de Rusia ¡De modo que después de ser echados por la puerta, se meten por la ventana…!”

Para no abstraernos de una realidad demasiado cruda, es muy conveniente desmitificar la figura del Partido, al que se ha tenido siempre por un ente compuesto por hombres y mujeres superhéroes, impolutos que lindaban con la perfección. Nada de cuanto existe y es producto de las sociedades divididas en clases, mucho más del capitalismo puede ser perfecto, ni por el hecho de haber ganado la revolución. El partido es un reflejo de la sociedad, que necesita depurarse en todo momento. Una vez dicho esto, el papel pre revolucionario que desempeñó el POSDR demostró, que sin su existencia el proletariado no puede cumplir con su misión histórica, porque es su vanguardia, su corazón y su cerebro.

Ni siquiera en tiempos de euforias, el partido debió sus éxitos a sacrosantas virtudes intelectuales de sus militantes de base, sino a la bendita disciplina, a la entrega y confianza en la dirección del partido; aunque, la creencia general en el Movimiento Comunista Internacional, era la de militantes impecables, gente con una capacidad sobrehumana para interpretar el marxismo-leninismo. Stalin nos saca del error descendiendo a las entrañas humanas de unos hombres y mujeres sencillos, que veían en el partido una escuela para aprender a servir a los demás, en la que tenían cabida personas sencillas sin más formación que su fidelidad y amor a la revolución:  “La promoción leninista. No voy a extenderme señalando que la promoción leninista, es decir, el ingreso en nuestro partido de 200.000 nuevos militantes obreros, evidencia la profunda democracia de nuestro partido, evidencia que nuestro partido constituye en esencia un organismo electo de la clase obrera… Unos dicen que hay que ir más lejos, elevando a un millón el número de militantes. Otros quieren ir más allá y afirman que sería mejor llegar a los dos millones… Esa es una tendencia peligrosa. Los mayores ejércitos del mundo perecieron porque se dejaban arrastrar por el entusiasmo, se apoderaban de mucho, y después incapaces de digerir el botín se descomponían… En el partido había un 60% de camaradas sin preparación política. Eso era antes de la promoción leninista y me temo que después de este porcentaje llegue al 80%. ¿No es hora ya de que nos detengamos, camaradas?” Stalin. Obras T. VI (1924).

Quienquiera que estudie la historia de Stalin a través de los libros burgueses se hará a la idea de un ogro irreflexivo, que con tal de conseguir sus objetivos y de magnificar su mandato era capaz de todo, incluso de asesinar. Esta idea de Stalin contrasta con el Stalin real recubierto de un espíritu de creatividad y de superación envidiable. Un año después de la muerte de Lenin en contra de la opinión de Bujarin y otros, quienes se declararon grandes defensores de la continuidad de la NEP, Stalin propugna su abandono y reemplazarla por planes quinquenales, una vez, que había cumplido con el propósito que le encomendó Lenin al fundarla, que no obstante sufría contradicciones colaterales, como el fortalecimiento de los kulaks y propiciaba el nacimiento de una burguesía poco deseosa de que el socialismo acabase triunfando.

Comienza una nueva etapa, decisiva, no solo para consolidar la dictadura del proletariado, sino para avanzar por la senda del socialismo, lleno de brozas, con un partido más numeroso, pero poco formado; aunque, con la previsión de Stalin de aumentar sus conocimientos políticos, tan necesaria para dirigir un proceso revolucionario, mucho más exigente que antaño, con unas fuerzas productivas en progreso; pero, con un campesinado cansado y la oposición dentro del partido mucho más sañuda y combativa contra las tesis leninistas, que impele a Stalin a escribir “Cuestiones del Leninismo”, en donde revalida su profesión leninista, en donde además, arrecia su lucha contra el revisionismo dentro del partido que muestra su fiereza extrema.

Stalin con una visión extraordinaria del momento comprende y asume mejor que nadie que “ahora o nunca”. O se daba el salto definitivo, o por el contrario, todo se acaba. El pueblo no puede ser sacrificado perpetuamente. Gracias a la planificación quinquenal durante la gran depresión capitalista del 1937, Stalin se jacta de los avances económicos de la URSS, a la que la crisis no le afecta en absoluto

El motivo primordial del plan quinquenal, no era otro que transformar la URSS en un país industrial y hacer desaparecer todos los elementos capitalistas, con el propósito de implantar definitivamente las formas socialistas de la economía. En conclusión estaba orientado a hacer desaparecer las clases en la URSS y dar el salto cualitativo hacia la construcción de la sociedad socialista. Stalin concluiría: “Finalmente, la labor del plan quinquenal consistía en crear en el país todas las condiciones técnicas y económicas necesarias para aumentar al máximo la capacidad de defensa del país, para permitirle organizar una respuesta vigorosa a todas las tentativas de intervención armada, a todos los intentos de agresión armada del exterior, o de donde quiera que provengan.”

De nuevo la guerra de 1941 truncaría los anhelos del pueblo. En ella murieron 26 millones de ciudadanos soviéticos. Gracias a la dirección del Partido dirigido por Stalin certifica la derrota del fascismo. Gesta enorme, que el capitalismo intenta pasar de soslayo y atribuírsela así mismo.

Stalin murió cuando sus previsiones, sus deseos se estaban convirtiendo en realidad. La URSS comenzó a ser una potencia mundial. El país se había industrializado, se llevó a cabo la Reforma Agraria a través de la cual se colectivizó el campo. Los avances fueron descomunales en la creación de escuelas, en el trabajo, la salud, en una palabra la URSS iba camino de equipararse a los EE.UU, en la industria y superándolo en lo social y en las ciencias.

Lenin y Stalin, demostraron que el socialismo, pese a todas las trabas, guerras, hambre, millones de muertos y todo tipo de calamidades y de hostigamiento por parte del capitalismo internacional, era superior al sistema de producción burgués. Sin embargo, las sucesivas interrupciones y los abundantes períodos críticos no permitieron el acendramiento total del Partido, ni culminar el proceso de democratización, los burócratas, funcionarios del partido en gran número aún, pervivía en las administraciones y los oportunistas estaban encaramados en la dirección del Partido, Hay que recordar que Stalin alcanzó la Secretaria General del PCUS, gracias a los cuadros intermedios y no por las altas instancias. Las direcciones fabriles estaban bajo el dominio de burócratas, etc. Todos ellos vieron el camino expedito a la muerte de Stalin.

Hoy, la burguesía mundial así como falsos comunistas y revisionistas, nos venden el retrato de un Stalin malvado, asesino, depravado en todos los sentidos y ello es normal, porque ¿cómo explicar al pueblo que bastaron tan solo cuatro décadas al Partido Comunista de Lenin y Stalin, para poner a su pueblo a la altura del capitalismo más desarrollado que llevaba en la Tierra cinco siglos?.

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Nace el PCOE en Valencia

Los trabajadores y estudiantes valencianos hemos decidido comprometernos con la causa del proletariado y agruparnos en torno a una organización verdaderamente revolucionaria, la cual emplea la lucha teórico-práctica mediante la ciencia del proletariado, el marxismo-leninismo, haciendo frente a ese oportunismo que engaña a la clase obrera y vive a su costa siendo parte del actual capitalismo monopolista de Estado, y a ese izquierdismo que tampoco lleva a ningún sitio, salvo a seguir perpetuando este sistema ruin y criminal que tan sólo beneficia a una minoría explotadora mientras la gran mayoría explotada sufre situaciones de precariedad absoluta.

Comprendemos esa necesidad histórica que supone el socialismo, entendiéndolo como toda una etapa en la historia transitoria previa al comunismo, esa sociedad sin clases donde el Estado – al no contar con función alguna al ser una herramienta de opresión de una clase sobre otra – desaparece y, por lo tanto, debe de ser el proletariado mismo quien se emancipe y constituya su Estado, y no hablamos de un simple cambio de gobierno, sino de la destrucción del Estado burgués y la implantación de un nuevo Estado proletario y el rol que juega el Partido leninista de nuevo tipo en toda esta cuestión, y debido a ello vemos necesario y nos hemos organizarnos en el PCOE, como organización de la parte más avanzada del proletariado, como comunistas, cumpliendo con esa función de vanguardia.

Desde los trabajadores del puerto hasta los trabajadores de la restauración, pasando por las fábricas de la industria del automóvil y sus derivados claman la imperiosa necesidad de la organización del Partido, un partido que combata y derrote al oportunismo y a la criminal burguesía. Un partido que tienda el brazo a todos los obreros y que guíe a los trabajadores en su emancipación, en la construcción de su  estado proletario, en la construcción del Socialismo en este país. En definitiva, el partido marxista-leninista de la clase obrera en el estado español que lleve el marxismo-leninismo a las masas obreras, a su movimiento.

Contra el empresario y el estado burgués que atacan al obrero, el proletariado unido tiene más fuerza, siendo su partido, el PCOE, el corazón y el alma del proletariado español.

¡Por la dictadura del proletariado!

¡Por el Socialismo!

COMITÉ PROVINCIAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E) EN VALENCIA




Los intereses de los imperialistas, los muertos del pueblo

El próximo sábado 26 de agosto se celebrará en Barcelona una manifestación de repulsa del atentado del pasado día 17 de agosto  en Barcelona y Cambrils, así como contra el terrorismo, donde los convocantes son tanto la Generalitat de Catalunya  como el Ajuntament de Barcelona.

A dicha manifestación acudirán todos los representantes políticos de la burguesía, desde Ada Colau hasta Rajoy, pasando por Junqueras y Puigdemont. La situación de enorme crisis institucional y política que atraviesa el estado burgués, el “desafío” nacionalista planteado por la burguesía catalana para el próximo 1 de octubre; el incremento del número de huelgas -donde la huelga de los trabajadores de Eulen en el Aeroport del Prat ha puesto nuevamente de manifiesto la esencia reaccionaria del estado español, que ha ilegalizado de facto la acción sindical de la clase obrera- el cada vez mayor cuestionamiento de la justicia burguesa y sus leyes por parte del pueblo, todo esto conforma el escenario en el que se produce este doble atentado criminal  e irracional que ha segado la vida de 15 personas, así como multitud de heridos, precisamente en Cataluña.

Tras este atentado doble, donde nuevamente el pueblo ha pagado con su sangre inocente la situación a la que nos llevan los imperialistas con sus políticas, el Gobierno del estado español, su Jefatura del Estado, el Govern de la Generalitat y l’Ajuntament de Barcelona se han lanzado rápidamente a rentabilizar el dolor del pueblo ante tamaña salvajada y tratar de sacar tajada política de ello. Hemos visto a la Corona fotografiarse con niños víctimas del atentado en los hospitales y a la burguesía –tanto catalana como española– buscando que el pueblo cierre filas en torno a ella y a su estado. Es en este escenario, y bajo esas condiciones, donde se debe circunscribir la manifestación del 26 de agosto, a la que todos los esbirros del capital hacen llamamientos para la participación, con más o menos aspavientos.

El atentado de París de noviembre de 2015 se produjo en un escenario en el que, por un lado, Francia había desplegado una operación militar en Mali para fortalecer su posición en el Sahel, y donde  proliferaban el rechazo a la reforma laboral por parte de la clase trabajadora y las huelgas -los controladores aéreos franceses habían convocado varias de ellas-; el atentado terrorista de Múnich en 2016 se produce en un momento de crisis de la inmigración; el atentado de Barcelona y Cambrils se produce en un momento de crisis política aguda en el estado español, de huelgas, de descrédito del estado ante el pueblo, con la celebración en puertas del referéndum para el 1 de octubre –donde el estado español niega el ejercicio del derecho de autodeterminación a la nación catalana-.

Con perspectiva comprobamos que siempre que los imperialistas se hallan en situaciones de crisis se producen atentados ‘catárticos’ políticamente -reivindicados todos ellos por DAESH-  para que los imperialistas, y sus estados, puedan  encauzar dichas situaciones de crisis dirigiéndolas por el carril de sus intereses, justificando nuevos recortes de libertades. Todo ello en aras de la supuesta seguridad del pueblo y militarizando las calles de tal modo que se desactive la movilización y el rechazo del pueblo a las políticas capitalistas y sus estados así como los procesos huelguísticos.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York –sobre el cual hay multitud de documentos que hablan de un atentado de falsa bandera– fue el punto de ascensión de esta forma de actuar de los imperialistas, que sirvieron para iniciar un periodo histórico donde se  justifican las guerras imperialistas en Afganistán y en Iraq, así como un proceso por el que las ‘libertades’ son recortadas a los pueblos en aras de la amenaza terrorista. Periodo en el que nos encontramos hoy, multiplicado por la crisis económica que ha llevado a los imperialistas a multiplicar sus guerras e intervencionismo militar en Libia, Siria, Ucrania, Yemen, Malí, etcétera.

Esta es la esencia del imperialismo. Es momento de recordar lo que fue la Operación Gladio de la OTAN y el MI6 para mantener a raya a Europa e impedir posibles adhesiones o apoyos a la URSS. Una vez caída la URSS, el imperialismo no se olvida de Gladio y le dota de contenido yihadista y ensancha sus límites con objeto de dominar el mundo, para que los monopolios, a sangre y fuego, saqueen el mundo mediante políticas criminales, mediante guerras, mediante golpes de estado y mediante el terrorismo, enarbolando las banderas del miedo y de la violencia.

Los que reivindican los atentados, DAESH, fueron creados -según cartas de Hillary Clinton sacadas a la luz por Wikileaks- por los EEUU y es financiada por los propios EEUU y sus esbirros: Israel, Qatar y Arabia Saudí. DAESH son los mercenarios empleados por los imperialistas norteamericanos y europeos para desestabilizar el Magreb, Oriente Medio y controlar la península arábiga, de tal modo que los monopolios europeos y norteamericanos puedan saquear los recursos energéticos de dichas zonas. El bloque imperialista norteamericano-europeo, a través de su organización militar terrorista, OTAN, no ha dudado en apoyar al wahabismo y al salafismo para desestabilizar y liquidar a estados que los combatían -y cuyo grado de desarrollo era notable, comparándolos con su entorno- pero que chocaban con los intereses de los monopolios estadounidenses y europeos. A principios del siglo XXI los imperialistas siguen con su estrategia del siglo XX, cuando crearon lo que posteriormente fue Alqaeda a finales de los 70 en Afganistán para combatir a la URSS, y que, más adelante, utilizaron en Somalia o en la antigua Yugoslavia.

El estado español, desde 1989,  ha desplegado a 158 mil militares en las distintas operaciones militares imperialistas dirigidas por la OTAN. El estado español es uno de los mayores vendedores de armas a aquéllos que financian y apoyan a DAESH, donde el Jefe de Estado, como mayor representante del mismo, muestra las estrechas relaciones que mantiene con los estados, como Arabia Saudita, que les hacen el trabajo sucio a los imperialistas ya sean en guerras de rapiña como en Libia, Siria, Yemen o Iraq, ya sean por atentados mastodónticos en Oriente Medio, en  Asia o en atentados como los realizados en Europa.  La burguesía en el siglo XVIII contraponía la razón a la fe, para acabar con el feudalismo, hoy sin embargo fortalece y se  alía con el idealismo filosófico, con la fe irracional wahabita y salafista para que sus monopolios expolien y saqueen a los pueblos, imponiendo su voluntad a sangre y fuego. Por ello, hacemos un llamamiento a los obreros del mundo, y del estado español, a unirnos y organizarnos por el socialismo y contra los imperialistas que son los que anteponen sus negocios, sus intereses, y los que hacen que los pueblos, los trabajadores del mundo, derramemos nuestra sangre inocente por sus intereses bastardos.

Los imperialistas, hoy mal llamados ‘demócratas’, tienen las manos manchadas de sangre inocente. El Partido Comunista Obrero Español, y nuestro partido hermano en Cataluña, el PCOC, denunciamos la convocatoria hipócrita de la manifestación del 26 de agosto de Barcelona, a la cual no asistiremos, así como el trabajo sucio que al imperialismo le hacen los oportunistas como Els Comuns y PODEMOS. Así mismo, el PCOE lamenta la sangre inocente derramada por culpa del imperialismo en Cataluña, al igual que anteriormente ocurrió en  Bruselas, en París, en Madrid, en Beirut, Bagdad o Alepo. El único responsable de todos los crímenes que acontecen hoy en el mundo son los imperialistas, los que defienden las democracias burguesas, que cada día se confunden más con las dictaduras reaccionarias, no habiendo más salida que la unión y la organización de la clase obrera para acabar con el imperialismo y para construir el Socialismo, la única vía posible de paz.

Madrid, 24 de agosto de 2017.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El partido marxista-leninista es fundamental para la emancipación del proletariado

En cualquier programa de televisión, tertulia de radio, artículo periodístico, libros editados por los monopolios, en definitiva, en toda expresión de la burguesía a través de sus medios de propaganda, hay cantidades ingentes de anticomunismo. 

Por  poner un ejemplo, el pasado miércoles 9 de agosto podíamos leer en la cuenta de twitter de un vocero de la burguesía ibérica lo que recoge la imagen que acompaña a este documento. Y es que Lenin y la Gloriosa Revolución Socialista de Octubre de 1917 siguen siendo el mayor dolor de cabeza de una burguesía que ha acreditado, a lo largo de la historia, su esencia criminal y explotadora y que, a día de hoy, supone un freno objetivo para el avance de la humanidad.  

La Revolución de Octubre de 1917 no sólo ha sido la página más gloriosa que el proletariado ha escrito, no sólo supuso abrir un nuevo periodo histórico, el de la toma del Poder por parte del proletariado, el de la lucha sin cuartel a nivel mundial entre el socialismo y el imperialismo, y su ulterior muerte,  sino que ha proporcionado a los explotados, a los parias de la tierra, a los oprimidos del mundo un inmenso legado: cómo deben organizarse y cuál es la fórmula para derrocar a la burguesía y tomar el Poder y el papel fundamental del Partido en todo ello.

Es por esta razón por los que la burguesía grita a los cuatro vientos, y por todos los medios, gastándose infinidad de dinero en una ofensiva ideológica permanente contra el comunismo, contra la URSS, contra Lenin y, sobre todo contra Stalin que en realidad es arremeter contra Lenin, o contra los partidos comunistas. ¿Por qué se desgañitan reiterando que el comunismo está muerto y que ha sido barrido de la faz de la tierra? ¿Por qué gastan tanto dinero y se esfuerzan tanto en permanentes campañas ideológicas anticomunistas, gastando para combatir a ese muerto del comunismo y de la experiencia soviética? Parece que ese muerto que cada día entierran vomitando mentiras desde las entrañas del anticomunismo, cualidad propia de la reacción imperialista,  cada día está más vivo, y es que cada día el devenir de la historia hace más necesario  el cumplimiento de la misión histórica del proletariado, que no es otra cosa que el proletariado mande al estercolero de la historia al imperialismo, tome el poder de manera revolucionaria para edificar progresivamente el comunismo.

Dentro de la ofensiva ideológica de la burguesía contra el proletariado con el anticomunismo como parte fundamental, también se halla la creación de organizaciones políticas amorfas, oportunistas, con dirigentes vendidos a los monopolios, cuyo objetivo no es otro que el desviar la lucha del proletariado del cumplimiento de su misión histórica, obstaculizar lo máximo posible que la clase y su vanguardia se fundan. Vemos, pues, que la burguesía, a pesar de repetir  hasta la saciedad que el marxismo-leninismo, que el comunismo, es un cadáver, que forma parte del pasado, aparte de estar permanentemente injuriándolo vomitando todo tipo de improperio y vilipendio, está incesantemente  combatiendo al muerto y, fundamentalmente, el desarrollo del Partido Leninista de Nuevo Tipo.

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. […] Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna […] La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas. […] Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado” [1]

Desde el momento mismo en que nació, la burguesía llevaba en sus entrañas a su propia antítesis, pues los capitalistas no pueden existir sin obreros asalariados, y en la misma proporción en que los maestros de los gremios medievales se convertían en burgueses modernos, los oficiales y los jornaleros no agremiados transformábanse en proletarios. Y, si, en términos generales, la burguesía podía arrogarse el derecho a representar, en sus luchas contra la nobleza, además de sus intereses, los de las diferentes clases trabajadoras de la época, al lado de todo gran movimiento burgués que se desataba estallaban movimientos independientes de aquella clase que era el precedente más o menos desarrollado del proletariado moderno. Tal fue en la época de la Reforma y de las guerras campesinas en Alemania la tendencia de los anabaptistas, y de Tomás Münzer; en la Gran Revolución inglesa, los “levellers”, y en la Gran Revolución francesa, Babeuf. Y estas sublevaciones revolucionarias de una clase incipiente son acompañadas, a la vez, por las correspondientes manifestaciones teóricas: en los siglos XVI y XVII aparecen las descripciones utópicas de un régimen ideal de la sociedad, en el siglo XVIII, teorías directamente comunistas ya, como las de Morelly y Mably. La reivindicación de la igualdad no se limitaba a los derechos políticos, sino que se extendía a las condiciones sociales de vida de cada individuo; ya no se trataba de abolir tan sólo los privilegios de clase, sino de destruir las propias diferencias de clase. Un comunismo ascético, a lo espartano, que prohibía todos los goces de la vida: tal fue la primera forma de manifestarse la nueva doctrina. Más tarde, vinieron los tres grandes utopistas: Saint-Simon, en quien la tendencia burguesa sigue afirmándose todavía, hasta cierto punto, junto a la tendencia proletaria; Fourier y Owen, quien, en el país donde la producción capitalista estaba más desarrollada y bajo la impresión de los antagonismos engendrados por ella, expuso en forma sistemática una serie de medidas encaminadas a abolir las diferencias de clase, en relación directa con el materialismo francés. […] Rasgo común a los tres es el no actuar como representantes de los intereses del proletariado, que  entretanto, había surgido como un producto de la propia historia. […] Al igual que los ilustradores franceses, no se proponen emancipar primeramente a una clase determinada, sino, de golpe, a toda la humanidad. […] El auge de la industria sobre bases capitalistas convirtió la pobreza y la miseria de las masas trabajadoras en condición de vida de la sociedad.[…] En una palabra, comparadas con las brillantes promesas de los ilustradores, las instituciones sociales y políticas instauradas por el “triunfo de la razón” resultaron ser unas tristes y decepcionantes caricaturas. Sólo faltaban los hombres que pusieron de relieve el desengaño y que surgieron en los primeros años del siglo XIX ”[2].

Mucho antes de que las revoluciones de la burguesía triunfasen, cuando la burguesía combatía contra la nobleza con el objetivo de acabar con las caducas estructuras feudales, estallaban revueltas y luchas al margen de la burguesía, llevadas a término por lo que sería el germen del proletariado moderno, dirigidas por la idea – o buena intención – de que Dios lo es todo, es la naturaleza y el universo, inculcadas por  curas y predicadores que tenían una visión panteísta del mundo, hijos del humanismo que enlazarán con lo que, posteriormente, fue el socialismo utópico y que,  ya a principios del siglo XVI, aspiraban a construir “el paraíso” en la tierra, y defendían posturas como la abolición de toda la  propiedad privada, la socialización de los bienes y la abolición de los estamentos y la imposición de la igualdad;  mostrando un bosquejo  de la aspiración comunista.     

El siglo XVIII fue un período histórico en el que en el terreno filosófico se produjo una batalla entre la burguesía y la nobleza, de tal modo que  la lucha entre el feudalismo y el capitalismo fue el combate entre la fe y la razón, una guerra entre idealismo y materialismo.

En dicha pugna en el terreno de la ideología, se desarrolló el materialismo francés del siglo XVIII – que superó a la filosofía  inglesa del siglo XVII que reflejaba una alianza entre la aristocracia, la nobleza, y la burguesía.  La“filosofía francesa del siglo XVIII, y particularmente el materialismo inglés y francés, no fueron solamente una lucha contra las instituciones políticas existentes, contra la religión y la teología existentes, sino también y no menos una lucha abierta y declarada contra la metafísica del siglo XVII y, ciertamente, contra toda metafísica, en particular, contra la de Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz. Se opone la filosofía a la metafísica, de igual manera que Feuerbach había opuesto la filosofía razonable a la especulación exagerada, el día en que, por primera vez, tomó claramente posición contra Hegel. La metafísica del siglo XVII, que tuvo que ceder el sitio a la filosofía francesa y particularmente al materialismo francés del siglo XVIII, tuvo su restauración victoriosa y substancial en la filosofía especulativa alemana del siglo XIX. Después que Hegel la unió genialmente a toda la antigua metafísica y al idealismo alemán, fundando un imperio metafísico universal, al ataque contra la teología, sucedió, como en el siglo XVIII, el ataque contra la metafísica especulativa y contra toda metafísica. Esta sucumbirá definitivamente delante del materialismo perfeccionado por el trabajo de la especulación y coincidente con el humanismo. De igual modo que Feuerbach en el dominio de la teoría, el socialismo y el comunismo de Francia e Inglaterra representan en el dominio de la práctica al materialismo coincidente con el humanismo.”[3]. “La diferencia entre el materialismo francés y el materialismo inglés es la diferencia que existe entre ambas nacionalidades. Los franceses dan al materialismo inglés el esprit, la carne y los huesos, la elocuencia: Le dotan del temperamento que le faltaba y de la gracia. Lo civilizan.”[4].

Con las revoluciones burguesas del último tercio del siglo XVIII y principios del siglo XIX, “El proletariado, que apenas empezaba a destacarse en el seno de estas masas desposeídas, como tronco de una clase nueva, totalmente incapaz todavía para desarrollar una acción política propia, no representaba más que un estamento oprimido, agobiado por toda clase de sufrimientos, incapaz de valerse por sí mismo. La ayuda, en el mejor de  los casos, tenía que venirle de fuera, de lo alto.[…] Esta situación histórica informa también las doctrinas de los fundadores del socialismo. Sus teorías incipientes no hacen más que reflejar el estado incipiente de la producción capitalista, la incipiente condición de clase. […] La sociedad no encerraba más que males[…]. Tratábase por eso de descubrir un sistema nuevo y más perfecto de orden social, para implantarlo en la sociedad desde fuera, por medio de la propaganda, y a ser posible, con el ejemplo, mediante experimentos que sirviesen de modelo” [5].

Y es que la sociedad capitalista y su explotador sistema económico, desde sus latidos iniciales, siempre mostraron que una mayoría de la sociedad, los obreros, los campesinos pobres, eran carbón que la maquinaria capitalista de la burguesía debía quemar viva, nutriéndose de su miseria y de su sangre, para que la burguesía fuera cada día más privilegiada. Como reflejo de las contradicciones del capitalismo surgieron un conjunto de ideas que ponían patentes no sólo estas contradicciones, no solo la podredumbre del sistema que la burguesía estaba imponiendo   y su sinrazón, sino que mostraban  las aspiraciones y anhelos para que  la humanidad avanzara por la senda de “la razón”, donde la igualdad de los hombres fuera ley y se aboliera el sistema de explotación del hombre por el hombre, nace lo que se denomina el Socialismo Utópico.

En 1816, Saint-Simon declara que la política es la ciencia de la producción y predice ya la total absorción de la política por la Economía. Y si aquí no hace más que aparecer en germen la idea de que la situación económica es la base de las instituciones políticas, proclama ya claramente la transformación del gobierno político sobre los hombres en una administración de las cosas y en la dirección de los procesos de la producción, que no es sino la idea de la “abolición del Estado”.”[6]

Fourier maneja la dialéctica con la misma maestría que su contemporáneo Hegel. […] pone de relieve, con igual dialéctica, que toda fase histórica tiene su vertiente ascensional, mas también su ladera descendente, y proyecta esta concepción sobre el futuro de toda la humanidad”[7]

El avance hacia el comunismo constituye el momento crucial en la vida de Owen. Mientras se había limitado a actuar sólo como filántropo, no había cosechado más que riquezas, aplausos, honra y fama. Era el hombre más popular de Europa. […] Pero, en cuanto hizo públicas sus teorías comunistas, se volvió la hoja. Eran principalmente tres grandes obstáculos los que, según él, se alzaban en el camino de la reforma social: la propiedad privada, la religión y la forma vigente del matrimonio. Y no ignoraba a lo que se exponía atacándolos: la proscripción de toda la sociedad oficial y la pérdida de su posición social.”[8]

Saint-Simon, Owen y Fourier fueron los padres del socialismo utópico, e influyeron de manera importante en las siguientes generaciones de obreros socialistas que los siguieron fundamentalmente en Francia, Inglaterra y también, en menor medida, en Alemania. Los socialistas utópicos fueron voces críticas que reflejaban las contradicciones del capitalismo y que ponían en entredicho que la burguesía y que su régimen pretendiera la construcción de un mundo donde la razón prevaleciera. Sin embargo, estas ideas iban por un lado y el movimiento obrero, y sus luchas, iban por otro de manera totalmente desacompasada.

La burguesía tuvo que revolucionar la filosofía para, por un lado, fortalecer ideológicamente a las ideas que robustecieran su caminar revolucionario para hacerse con el Poder y derrocase al Antiguo Régimen y, por otro, atacar tanto al idealismo, a la religión, como  también a la metafísica, puesto que ambas sustentaban las columnas del pensamiento y el andamiaje ideológico del feudalismo.

A finales del siglo XVIII, y hasta prácticamente la mitad del siglo XIX, emerge la filosofía clásica alemana, que nace con Kant y muere con Hegel. El desarrollo económico y político de la burguesía alemana era muy inferior al de  las burguesías francesas e inglesas y, consecuentemente, su dependencia con respecto del feudalismo era mayor, reflejándose  en  la filosofía clásica alemana en su apego a la religión y al idealismo. “Mientras la burguesía francesa se instalaba en el poder mediante la revolución más colosal registrada por la historia y conquistaba el continente europeo, mientras la burguesía inglesa – ya emancipada a nivel político – revolucionaba la industria y sometía a la India políticamente y al resto del mundo comercialmente, los burgueses alemanes apenas habían accedido a la ‘buena voluntad’” [9].

Sin embargo, la filosofía clásica alemana, y más concretamente Hegel, aporta un sistema, la dialéctica, “en el que por vez primera – y ese es su gran mérito – se concibe todo el mundo de la naturaleza, de la historia y del espíritu como un proceso, es decir, en constante movimiento, cambio, transformación y desarrollo y se intenta además poner de relieve la íntima conexión que preside este proceso de movimiento y desarrollo.  Contemplada desde este punto de vista, la historia de la humanidad no aparecía ya como un caos árido de violencias absurdas, igualmente condenables todas ante el fuero de la razón filosófica hoy ya madura, y buenas para ser olvidadas cuanto antes, sino como el proceso de desarrollo de la propia humanidad, que al pensamiento incumbía ahora seguir en sus etapas graduales y a través de todos los extravíos, y demostrar la existencia de leyes internas que guían todo aquello que a primera vista pudiera creerse obra del ciego azar”[10]

De este modo, la tesis de Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real, dentro de los dominios de la historia humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo es ya, consecuentemente, por su destino, lleva en sí de antemano el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional se resuelve siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano: todo lo que existe merece perecer.[…] Y en esto precisamente estribaba la verdadera significación y el carácter revolucionario de la filosofía hegeliana”[11]

La revolución de la filosofía dio lugar a  la explosión de la ciencia y el conocimiento humano. Marx y Engels tuvieron la habilidad de enlazar los distintos cabos que la filosofía había aportado a lo largo de los siglos XVIII y XIX: la imposición del materialismo y la dialéctica. Con todos estos elementos, unido a la podredumbre, corrupción y vicios del régimen capitalista, a la explotación criminal e infame de la clase obrera, el movimiento obrero y la progresiva conformación como sujeto político del proletariado, son crean  unas condiciones que tanto Marx como Engels les permite iniciar la construcción del socialismo científico.

De este modo el socialismo no aparecía ya como el descubrimiento casual de tal o cual intelecto de genio, sino como el producto necesario de la lucha entre dos clases formadas históricamente: el proletariado y la burguesía. Su misión ya no era elaborar un sistema lo más perfecto posible de sociedad, sino investigar el proceso histórico económico del que forzosamente tenían que brotar estas clases y su conflicto, descubriendo los medios para la solución de éste en la situación económica así creada. […]  Estos dos grandes descubrimientos: la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista, mediante la plusvalía, se lo debemos a Marx. Gracias a ellos, el socialismo se convierte en una ciencia que sólo nos queda desarrollar en todos sus detalles y concatenaciones”[12]

Mientras el socialismo utópico era incapaz de explicar el funcionamiento del capitalismo, enseñar en qué consistía la explotación y cómo nacía, ni de dar una guía de cómo abolirla y acabar con el régimen capitalista, el socialismo científico, el marxismo, no sólo desnudó al completo la explotación capitalista y su modelo de producción, sino que era capaz de deducir el devenir de la historia, el desarrollo histórico que había engendrado las condiciones para el surgimiento del capitalismo y el perecer del feudalismo, así como las condiciones que el desarrollo del capitalismo iba engendrando, desde su propio nacimiento, que lo harán desaparecer de la faz de la tierra, así como la clase social llamada a hacerlo: El Proletariado.

Mientras los socialistas utópicos no veían el papel revolucionario y la misión histórica del proletariado, no concebían el desarrollo de la historia como el desarrollo de la lucha de clases, entre otras cosas porque no disponían de las herramientas que aportó la filosofía para ello, tanto Marx como Engels, apoyándose en los avances de la filosofía y, con la dialéctica hegeliana puesta en pie y el materialismo de Feuerbach, “desechando su escoria idealista y ético-religiosa”[13], construyen el materialismo dialéctico, la filosofía del socialismo científico, el instrumento más poderoso de la ciencia, cuya aplicación al estudio del desarrollo de la historia nos muestra no sólo el papel en la historia que le corresponde al capitalismo, sino el papel  o la misión histórica que le corresponde jugar al proletariado. En un periodo histórico, década de los 40 del siglo XIX que es el momento en el que nace el marxismo, donde la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía pasó a ocupar el plano central en la historia de los países europeos más desarrollados.

Marx y Engels arrojaron a la humanidad la luz, la mejor herramienta de análisis pues, hasta entonces, hasta el nacimiento del marxismo, el ser humano no sólo era incapaz de comprender su historia, de estudiar su desarrollo, y de comprender las fuerzas y leyes para su transformación. 

Marx y Engels dotaron al proletariado mundial de un arma todopoderosa, el marxismo. Y de la mano del marxismo viene el instrumento sublime de nuestra clase social, el arma esencial que llevará al proletariado al cumplimiento de su misión histórica, que no es otra que derrocar el capitalismo y construir el comunismo – la sociedad sin clases ni estado. Esa arma es el Partido Comunista.

Tanto Marx, como Engels, formaron parte del primer embrión de organización comunista, el Comité Comunista de Correspondencia de Bruselas que, posteriormente, dio lugar a la primera organización comunista de la historia, La Liga de los Comunistas, organización comunista internacionalista.

En 1848 se publica el Manifiesto del Partido Comunista, documento de una importancia histórica inmensa donde se manifiesta de manera magistral, con una claridad y concisión meridiana, no sólo la historia de las sociedades y la incardinación en la historia del capitalismo, sino también se vuelca en quién tiene que darle la puntilla al capitalismo, el proletariado, al que dota de su herramienta sublime para divulgar las ideas comunistas, el Partido Comunista, al que dota de un programa político, e incluso de su política de alianzas, en aquél momento histórico claro está,  sino que también perfila la definición del Partido Comunista así como su razón de ser.

Los comunistas […] no tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado […] los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario […] El objetivo inmediato de los comunistas es […] constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del poder político por el proletariado. […] El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa.”[14].

Y entre la razón de ser, el Manifiesto del Partido Comunista otorga al Partido también la función de luchar contra las desviaciones del socialismo científico, siendo instrumento de combate de dicho desviacionismo, y de divulgación del socialismo científico entre las masas.

El socialismo representaba en 1847 un movimiento burgués; el comunismo, un movimiento obrero. El socialismo era, al menos en el continente, muy respetable; el comunismo era todo lo contrario. Y como nosotros ya en aquél tiempo sosteníamos muy decididamente el criterio de que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase misma”, no pudimos vacilar un instante sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Y  posteriormente no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella.”[15]

La Liga de los Comunistas participó en los procesos revolucionarios ocurridos en 1848 y 1849, disolviéndose en 1852, como consecuencia de la represión. “Hermanos: Durante los dos años revolucionarios de 1848 y 1849 la Liga ha salido airosa de una doble prueba: primero porque sus miembros participaron enérgicamente en todas partes donde se produjo el movimiento y porque en la prensa, en las barricadas y en los campos de batalla estuvieron en la vanguardia de la única clase decididamente revolucionaria, del proletariado.  Además, porque la concepción que del movimiento tenía la Liga, tal como fue formulada en las circulares de los congresos y del Comité Central en 1847, así como en el Manifiesto Comunista, resultó ser la única acertada; porque las esperanzas expuestas en dichos documentos se vieron plenamente confirmadas, y los puntos de vista sobre las condiciones sociales del momento, que la Liga sólo había propagado hasta entonces en secreto, se hallan ahora en boca de todos los pueblos y se predican abiertamente en las plazas públicas.”[16].

La lucha de la clase  obrera fue incrementándose a lo largo del  siglo XIX, con una participación cada vez más importante del proletariado, que despertaba políticamente, como consecuencia del desarrollo del capitalismo. En este escenario, donde surgieron organizaciones obreras, ideológicamente heterogéneas, crearon las condiciones para el surgimiento de la Primera Internacional. En palabras de Lenin, “La I Internacional (1864-1872) echó los cimientos de la organización internacional de los obreros para la preparación de su ofensiva revolucionaria contra el capital.”[17]. “Después de la caída de la Comuna de París (1871) – que Marx (en La guerra civil en Francia, 1871) analizó de un modo tan profundo, certero y brillante, con un espíritu práctico y revolucionario tan grande – y de producirse la escisión provocada por los bakuninistas, la Internacional no podía subsistir en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La I Internacional había cumplido su misión histórica y dio paso a una época incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse en extensión, propiciando el surgimiento de partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional”[18].

La Comuna de París fue una página heroica escrita por el proletariado en la que éste, por primera vez, fue capaz de constituirse en  Poder y aplicó durante un periodo de poco más de dos meses su dictado. Con referencia a la Comuna, el 12 de abril de 1871 mientras que el proletariado francés desarrollaba tamaña hazaña, Marx le escribía a Ludwig Kugelmann “Si te fijas en el último capítulo de mi Dieciocho Brumario, verás que expongo que la próxima tentativa de la revolución francesa no hace pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla, y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de París […] la insurrección de París, incluso en el caso de ser aplastada por los lobos, los cerdos y los viles perros de la vieja sociedad, constituye la proeza más heroica de nuestro partido desde la época de la insurrección de junio.”[19]. En otra carta de 17 de abril de 1871, Marx le escribía a Kugelmann “Gracias a la Comuna de París, la lucha de la clase obrera contra la clase de los capitalistas y contra el Estado que representa los intereses de ésta ha entrado en una nueva fase. Sea cual fuere el desenlace inmediato esta vez, se ha conquistado un nuevo punto de partida que tiene importancia para la historia de todo el mundo.”[20].

Pese a todos sus errores, la Comuna constituye un magno ejemplo del más importante movimiento proletario del siglo XIX […] Por grandes que hayan sido las pérdidas de la Comuna, la significación de ésta para la lucha general del proletariado las ha compensado: la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipó las ilusiones patrióticas y acabó con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía.  La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las tareas de la revolución socialista. ”[21]. Aunque  efímera la experiencia de la Comuna de París, las palabras de Lenin, en enseñanzas de la Comuna,  y  de Marx en las dos cartas a Ludwig Kugelmann bien atestiguan no sólo la heroicidad de aquéllos obreros de París, sino de la importancia del hecho histórico, del salto cualitativo de la lucha del proletariado y la enorme riqueza que le aportaba como clase a su ciencia, el marxismo.

El mismo Marx, a Kugelmann, ya  le expone en su carta de 12 de abril de 1871 que “Si son vencidos, la culpa será, exclusivamente, de su “buen corazón”. Se debía haber emprendido sin demora la ofensiva contra Versalles, en cuanto Vinoy, y tras él la parte reaccionaria de la Guardia Nacional, huyeron de París. Por escrúpulos de concienciase dejó escapar la ocasión. No querían iniciar la guerra civil, ¡cómo si el mischievous avorton de Thiers no la hubiese comenzado ya cuando intentó desarmar a París! El segundo error consiste en que el Comité Central renunció demasiado pronto a sus poderes, para ceder su puesto a la Comuna. De nuevo ese escrupuloso “pundonor” llevado al colmo.”[22]. Es la experiencia de la Comuna la que enriquece la ciencia marxista en la necesidad de un periodo de transición, del socialismo, una vez derrocado el régimen burgués, donde el proletariado debe imponer su dictadura y desde su Estado, el socialista, reprima inmisericordemente a la burguesía hasta terminar con ella. Del capitalismo al comunismo es necesaria una etapa intermedia, el socialismo.  

En un artículo publicado en 1911 titulado “En memoria de la Comuna”, conmemorando el 40 aniversario de la Comuna, Lenin también reflexiona qué cuestiones hicieron que la Comuna no pudiera triunfar, entre las que señalaba “Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas. ”[23].

Lenin pone sobre el tapete el papel determinante del Partido para que una revolución social, en nuestro caso, la revolución socialista, triunfe. Y es que el Partido debe ser la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero de masas, puesto que éste, como vanguardia organizada del proletariado, es el portador de la ciencia marxista-leninista puesto que es, como decía Marx, la parte más avanzada y decidida de la clase obrera.  El Partido es el arma fundamental, no sólo para elevar política e ideológicamente  al Proletariado y dirigirlo hacia la revolución y llevarlo a la conquista del Poder sino para, una vez éste lo conquista, dirigir a la clase obrera en la construcción del socialismo, transformándose en ese momento el Partido en la piedra angular que conforma la unidad político, social e ideológica de la nueva sociedad socialista.

El proletariado es un producto del capitalismo, y la ideología de éste está impregnada e influenciada por el pensamiento burgués. Como brevemente hemos visto, el socialismo científico, el marxismo, es una conquista para la humanidad que brota del desarrollo de la filosofía, tomando el materialismo filosófico y el método dialéctico hegeliano, acabando con la metafísica. Sin embargo, hasta llegar a ese momento, el proletariado – como no podía ser de otra forma – fundamentalmente  estaba bajo el influjo de su vida cotidiana, que era totalmente burguesa pues vivía en una sociedad de ese tipo.  Sin embargo, los obreros, también podían tener influencias que provinieran del socialismo utópico, del anarquismo, trade unionistas o economicistas, patrióticas, etcétera. El proletariado, como todo en la sociedad capitalista, es heterogéneo.

Hemos visto que Marx y Engels concibieron una ciencia partidista, siendo el partido el instrumento con el que llevar las ideas del socialismo científico al movimiento obrero, a las masas trabajadoras. Marx y Engels, con referencia al Partido, siempre han tenido claro que, por un lado, tenía que ser un partido internacional, e internacionalista, y por otro lado, que su función tenía que ser la de llevar el socialismo científico al movimiento obrero pues el proletariado es el sujeto revolucionario. La emancipación de la clase obrera será obra de ella misma. “El gran pensamiento proclamado a mediados del siglo pasado por el genial Carlos Marx: ‘La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma… ¡Proletarios de todos los países, uníos!’ […] De estas palabras se desprendía claramente la verdad, hoy evidente hasta para los ‘ciegos’, de que la realización del ideal socialista exige la acción de los propios obreros y su unión en una fuerza organizada, sin distinción de nacionalidad ni de país. Había que demostrar esta verdad – cosa que hicieron maravillosamente Marx y su amigo Engels – para colocar los sólidos cimientos del poderoso Partido Socialdemócrata, que hoy se levanta, como una fatalidad inexorable, ante el régimen burgués de Europa, amenazándole con la destrucción y con edificar sobre sus escombros el régimen socialista”[24].

Los comunistas somos parte de la clase obrera y el Partido leninista es la parte del proletariado más decidida, más avanzada, la vanguardia de la clase social, porque es portadora del marxismo-leninismo, que expresa los intereses y los objetivos de la misma y se erige en instrumento para la consecución de dicho objetivo de clase de la totalidad, pero no es el conjunto de la clase. “Nosotros somos un partido de clase, y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro partido, debe adherirse a nuestro partido lo más posible; pero sería manilovismo y “seguidismo” creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el grado de conciencia y de actividad de su destacamiento de vanguardia, de su partido socialdemócrata […] Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a sectores más amplios cada vez a un nivel superior sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas. Y precisamente en ese cerrar los ojos y en ese olvidar se incurre cuando se borra la diferencia existente entre los que se adhieren y los que ingresan, entre los conscientes y los activos, por una parte, y los que ayudan, por otra.”[25]

Lenin siempre vio con claridad la necesidad de construir la organización partidaria, tenía claro que era fundamental “formar una organización revolucionaria capaz de unir todas las fuerzas y de dirigir el movimiento no sólo nominalmente, sino en realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para multiplicar y reforzar los efectivos que han de utilizarse en el combate decisivo.”[26].

Vemos, pues,  que el Partido se fortalece, y se desarrolla en la lucha, en movimiento, yendo al movimiento obrero a llevarle la política y la ideología del marxismo-leninismo, con una actitud activa y  de vanguardia, como brújula del proletariado que es.  

El individualismo, la competitividad, la indisciplina, la egolatría, la vagancia, la anarquía no tienen espacio en el partido leninista. Los militantes del Partido, todos ellos con independencia de la responsabilidad que tengan, deben formar parte alguna organización del Partido, rindiendo responsabilidad de su trabajo y su actitud ante dicha organización. Y es que para Lenin el partido no es una suma de individuos, de militantes, sino una suma de organizaciones. “Cuando digo que el partido debe ser una suma (y no una simple suma aritmética, sino un complejo) de organizaciones, ¿quiere esto decir que yo ‘confundo’ dos conceptos: el de partido y el de organización? Claro que no. Al hacerlo, expreso de un modo perfectamente claro y preciso mi deseo, mi exigencia de que el partido, como destacamento de vanguardia de la clase, esté lo más organizado posible y sólo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por lo menos, un mínimo de organización”[27].

Y puesto que el partido de nuevo tipo leninista es la unión de todas las organizaciones de éste,  su forma de organización y de funcionamiento es el centralismo democrático. Centralismo, con una disciplina igual para todos, con unas leyes comunes y de obligado cumplimiento para todos y con un solo órgano de dirección al frente,  el Congreso del Partido y  el Comité Central en los periodos entre Congresos, de tal modo que todas las organizaciones del partido se someten a estos órganos, así como las organizaciones inferiores se someten a las superiores. Siendo tanto el Congreso, el Comité Central, como los órganos superiores de dirección la expresión de la democracia del conjunto de las organizaciones que componen el Partido. Este modelo de organización y funcionamiento del Partido refleja también el modelo de organización y funcionamiento de la sociedad y del estado socialista.

El partido leninista es el instrumento que porta la conciencia de clase, la ciencia marxista-leninista, a los elementos más avanzados del proletariado. “Los obreros no podían tener conciencia socialdemocráta. Esta sólo podría ser traída desde fuera. La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc.. En cambio la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras. Por su posición social, los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa”[28]. Esa “conciencia traída desde fuera” es la generada y portada por el partido de nuevo tipo, el partido leninista

El partido se va transformando de manera acompasada a la situación de la lucha de clases, como parte del mundo material está también en permanente movimiento. Lenin magistralmente fue construyendo el partido de nuevo tipo, primeramente estableciendo una táctica mediante la que los círculos marxistas  adquiriesen conciencia de la necesidad de focalizar su trabajo ideológico sobre el movimiento obrero, sobre sus huelgas, explicándoles la naturaleza, la raíz de sus problemas, y tratando de unificar las luchas dispersas del proletariado  contra los patronos en una única lucha contra la clase burguesa; esta táctica sobrepasó la capacidad organizativa de los círculos marxistas, también dispersos e incluso heterogéneos, y unió los círculos conformando progresivamente el Partido. Partido cuya influencia sobre la clase obrera  ascendía y que  era la suma de sus organizaciones. El partido fue desarrollándose gracias a la lucha sin cuartel contra las desviaciones, contra el oportunismo, contra los partidos pequeñoburgueses que engañaban al proletariado, se curtió en la Revolución democrático-burguesa de 1905 y de febrero de 1917, en momentos de flujo y de reflujo, en la guerra imperialista y en su conversión en guerra civil revolucionaria. El partido fue forjándose en la lucha, en los momentos de mayor clandestinidad, pero siempre, gracias a Lenin,  los bolcheviques mantuvieron claridad y firmeza ideológica y política. Lenin, conocedor como nadie del marxismo y de la clase obrera y de los mujiks – campesinos pobres – de su país, fue capaz de conformar el Partido, de dotarlo de la organización y dirección adecuadas, de convertirlo en instrumento de lucha del proletariado contra la tiranía zarista, contra la democracia burguesa,  y, posteriormente, en instrumento revolucionario, donde junto con los sindicatos y otras organizaciones del proletariado, llevó a cabo la Revolución Socialista, a pesar de todas las adversidades, construyendo el Ejército Rojo, un verdadero ejército del pueblo trabajador, y finalmente como instrumento con el que  desarrollar el socialismo y la dictadura del proletariado. 

En el período prerrevolucionario, en el periodo de desarrollo más o menos pacífico, cuando los partidos de la II Internacional eran la fuerza predominante en el movimiento obrero y las formas parlamentarias de lucha se consideraban fundamentales, en esas condiciones, el Partido no tenía ni podía tener una importancia tan grande y decisiva como la que adquirió más tarde, en las condiciones de choques revolucionarios abiertos.[…] Este período plantea ante el proletariado nuevas tareas: la reorganización de toda la labor del Partido en un sentido nuevo, revolucionario la educación de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria en el Poder, la preparación y la concentración de reservas, la alianza con los proletarios de los países vecinos, el establecimiento de sólidos vínculos con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes, etc., etc.. Creer que estas tareas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacifistas del parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una derrota inevitable. Hacer frente a estas tareas con los viejos partidos a la cabeza, significa verse completamente desarmado. [..] De aquí, la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse en las condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para sortear todos y cada uno de los escollos, que se interponen en el camino hacia sus fines. [… ] Sin un partido así, no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado.[…] Este nuevo partido es el Partido del leninismo. […] El proletariado necesita del Partido para conquistar y mantener la dictadura. El Partido es un instrumento para la dictadura del proletariado.[…] Pero de esto se deduce que, con la desaparición de las clases, con la extinción de la dictadura del proletariado, deberá desaparecer también el Partido” [29].

Ello es normal, en la sociedad dividida en clases antagónicas, las clases sociales no son homogéneas, no son bloques compactos. El partido político es la fracción más organizada y decidida de una clase o de un sector social. Todos los partidos políticos del capital, cuyo objetivo es perpetuar el régimen de explotación capitalista, y con él  la sociedad clasista y su estado, ya sea el más democrático o el más reaccionario, pretenden ellos perpetuarse, mas no tienen otra salida. Sin embargo, el partido leninista, el partido de nuevo tipo ideado por Lenin, tiene como misión la consecución del comunismo, de la sociedad sin clases y sin estado y, en consecuencia, sin partido, por lo que el partido leninista debe irse extinguiendo a la par que se extingue la lucha de clases, desapareciendo conquistado el comunismo.

Una constante, tanto en Lenin como en Marx y Engels, es que la cuestión de clase está por encima de la cuestión nacional o la cuestión patriótica, el proletariado es internacionalista y el partido tiene que reflejarlo. Para ellos, el partido debía ser uno mundial que tuviera “delegaciones” en los distintos países del mundo. El triunfo de la Revolución Socialista de Octubre de 1917 tuvo un impacto e influyó en la consecución de un partido comunista internacional de ese tipo, la Tercera Internacional, donde las Tesis de Lenin para el II Congreso de la Internacional Comunista, en julio de 1920, definieron las condiciones de ingreso que aquéllos partidos comunistas nacionales debían de cumplir para formar parte de la misma.

La III Internacional ha sido fundada en una situación mundial en la que ni las prohibiciones ni los miserables malabarismos y triquiñuelas de los imperialistas de la “Entente” o de los lacayos del capitalismo, al estilo Scheidemann en Alemania y de Renner en Austria, pueden impedir que entre la clase obrera del mundo entero se difundan noticias acerca de esta Internacional y las simpatías que ella despierta. Esta situación la ha creado la revolución proletaria, que, de un modo evidente, está tomando incremento en todas partes cada día, cada hora. Esta situación la ha creado el movimiento soviético entre las masas trabajadoras, el cual ha alcanzado ya una potencia tal que se ha convertido en un movimiento internacional.[…] La I Internacional echó los cimientos de la lucha proletaria internacional por el socialismo. La II Internacional marca la época de la preparación del terreno para una amplia extensión del movimiento entre las masas en una serie de países. La III Internacional ha recogido los frutos de la II Internacional, ha amputado la parte corrompida, oportunista, socialchovinista, burguesa y pequeñoburguesa y ha comenzado a implantar la dictadura del proletariado”[30].

Hemos hecho un recorrido a lo largo de la historia para mostrar no sólo la raigambre del partido leninista con la ciencia marxista-leninista, no sólo la necesidad del partido para el proletariado – que es condición esencial y necesaria para el cumplimiento de su misión histórica -, no sólo la génesis científica del partido y de que su definición no es una cuestión del azar sino de la revolución de la filosofía, del conocimiento humano,  y de la riqueza práctica generada por la lucha del proletariado y el movimiento obrero que han servido para perfeccionar la ciencia del marxismo-leninismo. Lo hemos hecho para mostrar que el partido leninista es una de las mayores conquistas del proletariado, es su instrumento más preciado, es su arma más sublime y elevada.  El proletariado sin el partido leninista está condenado a sufrir la explotación capitalista, todo tipo de vejación y de violencia, está condenado a sufrir todas las vicisitudes habidas y por haber, porque sin el partido leninista, sin su desarrollo, el proletariado no podrá nunca conquistar su emancipación como clase, ni podrá dar cumplimiento a su misión histórica: el comunismo, la sociedad sin clases y sin estado.

La Gloriosa Revolución Socialista de Octubre de 1917 nos ha legado el cómo el proletariado debe conquistar el poder, cómo derrocar a la burguesía, cómo iniciar la edificación del socialismo, a pesar de las muchas adversidades encontradas en dicho camino, como por ejemplo la incomprensión y el bajo grado de instrucción y de conocimiento en las lides de tirar hacia adelante las instituciones socialistas por parte del proletariado, y el papel fundamental del Partido, tanto para todo lo bueno que hemos explicitado, como para hacer que implosionara la URSS y se revirtiera el socialismo en imperialismo como consecuencia de su desnaturalización.

Después de haber ampliado así las filas del partido, debemos cerrar las puertas, ser en extremo prudentes. Debemos decir que ahora el partido ha triunfado, no necesitamos nuevos afiliados. Sabemos perfectamente que en una sociedad capitalista en descomposición tratará de introducirse en el partido una infinidad de elementos perjudiciales. Debemos crear un partido que sea partido de obreros, en el que no haya cabida para los advenedizos […] El Partido no puede abrir sus puertas de par en par, porque en el capitalismo en descomposición es absolutamente que atraiga a los peores elementos. El partido debe ser muy restringido e incorporar a sus filas, aparte de la clase obrera, sólo a aquellos elementos de otras clases que tenga la posibilidad de poner a prueba con mayor cautela.”[31].

En octubre de 1917 el Partido Bolchevique tenía en torno a 350 mil militantes, el 1 de enero de 1977 el PCUS contaba con 16 millones de militantes; “El XIX Congreso (1952) destacó la subestimación de éstos y otros serios problemas en el desarrollo del trabajo ideológico del Partido. Los datos oficiales revelan cambios en el número y composición de la militancia del Partido. En el XVIII Congreso (marzo de 1939), el PC(b) tenía 1.588.852 miembros de pleno derecho y 888.814 candidatos. Durante la II Guerra Mundial, el número de miembros de pleno derecho superaba los  3.615.000 y los candidatos superaban los 5.319.000. En la guerra el PC perdió 3 millones de miembros. En el XIX Congreso de 1952, el PCUS sumaba 6.013.259 miembros y 868.886 candidatos”[32]. Sin duda, las advertencias de Lenin sobre la ampliación del Partido eran certeras. La burguesía combatió por todos los medios al Partido en la URSS, los imperialistas gastando ingentes cantidades de dinero y de recursos en combatirla en todos los terrenos – militar, armamentístico, propagandístico, etcétera – y también fue progresivamente penetrando, a través de sus esbirros oportunistas, tanto en el PCUS – donde tras la muerte de Stalin (líder con una fortaleza, carisma y apoyo infinito del pueblo soviético que lo dotaban de una fortaleza que frenaba las intenciones desviacionistas y de desnaturalización del Partido de la parte oportunista en el interior), y con una correlación de fuerza favorable, los oportunistas empezaron a desnaturalizar al partido, abandonando progresivamente los principios rectores leninistas  –  así como a otros partidos comunistas de otros países, siendo un ejemplo claro de ello el PCE.

Se evidencia que el Partido es la piedra angular para que el socialismo se imponga, para que no involucione e implosione. Todo ello lo conoce  la burguesía con gran precisión, por eso no dudan en atacar con todas las fuerzas al partido leninista, porque es plenamente consciente de que el partido es el alma del proletariado, sin el partido leninista el proletariado siempre estará a merced de la burguesía, siempre será carne de explotación. Y también es plenamente consciente que ninguna revolución puede triunfar sin la existencia del partido leninista.

La burguesía sabe perfectamente que la clave de su dominio, de la perpetuación de su régimen criminal y retrógrado, pasa por atacar al alma, al cerebro, al corazón del proletariado, es decir, al partido leninista.

En el momento actual, donde el imperialismo está en bancarrota, donde la crisis es terriblemente profunda y la humanidad no tiene más salida que mandar al capitalismo monopolista, y a la superestructura que genera,  al estercolero de la historia, los monopolios no sólo atacan con ferocidad al comunismo, a su partido, a Stalin – al que la burguesía profesa un odio voraz pues, sin duda, es gracias a su liderazgo, entrega, lealtad al marxismo-leninismo y carisma – reconocido por el pueblo soviético – por lo que fue posible que la URSS perdurara en el tiempo – , sino que no dudan en alimentar económicamente todo tipo de organización oportunista que sirva para desviar al proletariado del marxismo-leninismo, y de su partido. Este hecho se aprecia con mucha claridad en los países del sur de Europa, sacando a pasear sus últimas tablas de salvación, el populismo: Syriza en Grecia, Movimiento 5 estrellas en Italia o PODEMOS en España.

La burguesía no dudará en tratar de frenar lo más que pueda, cometiendo todo tipo de crímenes y barbaridades, el giro de las ruedas de la historia, consciente de su inminente – en términos históricos – final. Ello significa impedir el desarrollo del partido leninista pues sabe que sin él cualquier alternativa a su régimen caduco y criminal es pura fantasía, pura quimera. 

Agosto de 2017.

    

F. Barjas.

Secretario General del PCOE.

Bibliografía:

[1]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, pág. 55. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[2]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, págs. 65-66. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[3]: K. Marx, F. Engels. La sagrada familia, págs. 142-143. Ed. Akal Editor, Madrid 1981.

[4]: K. Marx, F. Engels. La sagrada familia, pág. 147. Ed. Akal Editor, Madrid 1981.

[5]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 68. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[6]: Ibídem.

[7]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 69. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[8]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 70. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[9]: K. Marx, F. Engels. La Ideología Alemana. Pág. 223. Editorial Pueblos Unidos & Grijalbo, 3ª Edición, Barcelona 1970.

[10]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 73. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[11]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 187. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[12]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 74. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[13]: I.V. Stalin. Obras Completas, Tomo XIV, pág. 54. Ed. Progreso, Moscú 1953.

[14]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, págs. 60-61. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[15]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, pág. 52. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[16]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, pág. 90. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[17]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo IX, pág. 169. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[18]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo V, págs. 77-78. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[19]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo II, pág. 245. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[20]: Ibídem.

[21]: V.I. Lenin. Obras escogidas. Tomo III, pág. 135. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[22]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo II, pág. 245. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[23]: K. Marx, F. Engels, V.I. Lenin. La Comuna de París, pág. 107. Ed. Akal, Madrid 1985.

[24]: I.V. Stalin. Obras Completas, Tomo I, pág. 9. Ed. Progreso, Moscú 1953.

[25]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo II, pág. 134. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[26]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo I, pág. 196. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[27]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo II, pág. 134. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[28]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo II, pág. 13-14. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[29]: I.V. Stalin. Obras Completas, Tomo VI, págs. 58-63. Ed. Progreso, Moscú 1953.

[30]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo IX, págs. 169-170. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[31]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo X, pág. 111. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[32]: Resolución del XVIII Congreso del KKE. “Análisis y conclusiones sobre la construcción socialista durante el siglo XX, fundamentalmente en la URSS. Percepción del KKE sobre el socialismo”. Febrero 2008. 




La democracia

Al conmemorar la Gran Revolución de Octubre no debemos pasar por alto lo que ésta supuso en la lucha ideológica. Sin duda fue un experimento trascendental que resolvió polémicas conceptuales de hondo calado en la lucha de clases. Una de ella es la democracia. No es por casualidad que al quebrarse la URSS apareciesen en el horizonte pseudocientífico mil maneras de explicar la categoría “democracia”, todas ellas con la única intención de rebatir al leninismo “fracasado”.

El tema se ha desquiciado adrede por los voceros del imperialismo, quienes cuentan con la resonancia gratuita de los falsos redentores entre las masas, surgidos durante el repliegue de las fuerzas revolucionarias, los cuales utilizan infinitas maneras de describir la democracia, todas ellas inescrupulosas frente al ridículo, cayendo en vulgarizaciones e incurriendo en tremendas contradicciones. Para la reacción todo vale con el fin de alcanzar el objetivo primordial ante una clase obrera desguarnecida: el repudio a todo cuanto fue y supuso el socialismo interceptando el mínimo intento de razonamiento del pueblo. 

De esta forma, las clases laboriosas no deben reflexionar sobre los contenidos sino que han de engullir sin masticar los conceptos vanos. Tanto es así, que podemos encontrar definiciones falaces y contradictorias sobre la democracia, expuestas por un mismo autor. El uso de la contradicción es muy frecuente en Julio Anguita, hoy considerado el más preciado “pensador” de la izquierda española, que en cierta ocasión espetó irascible: “La democracia no existe si una carta enviada en agosto puede dictar la política económica de un país”, en clara alusión a la injerencia de la UE en la política económica española. Es decir, lo que actualmente tenemos en España no es democracia; sin embargo,  el mismo Anguita se contradice cuando afirma que “el fascismo financiero nos lleva a la muerte de la democracia”. En este caso asevera que lo que hay en España es democracia, que debemos conservar ante el peligro de que los facciosos financieros nos la roben.

Entonces ¿Qué es democracia? No esperemos de Anguita una definición clara y absoluta pues el devaneo es constante en sus análisis apreciándose en sus lecciones a favor de la Constitución actual y también cuando glorifica la sacrosanta, para él, “Declaración de los Derechos Humanos”. Hasta los medios de comunicación más reaccionarios de este país le tienen en estima y le tratan con un respeto que chirría en los oídos de cualquier revolucionario.  Un líder así es la joya de la corona, pues dotado de la gracia para la oratoria, deja prendado al incauto oyente sin que éste se dé cuenta de que no ha entendido absolutamente nada.

En esta misma dirección, su discípulo y compañero de partido Alberto Garzón, nos sorprende a cada instante, aún más que su maestro con sus reivindicaciones del tipo “¡Por una banca pública y democrática!” Está claro que el “neo comunismo” tiene un déficit in crescendo de raciocinio.  Así, es muy difícil que un obrero alejado de las fuentes marxistas pueda discernir si en el capitalismo un ente, en este caso un banco, puede ser democrático cuando el capitalismo no lo es.

Tal vez por ello Pablo Iglesias, más avieso que sus amigos y compañeros de viaje, ofrece una versión un tanto aperturista. Al menos intenta ser explícito: “vamos a crear un mecanismo para que la gente pueda decir: ‘joder yo quiero tener algo que decir, a la hora de ver si puedo esa persona de alguna manera represente el cabreo que yo tengo, quiero poder participar’. Ya está, eso es lo que estamos planteando y era una hipótesis. Yo dije si no tengo 50000 apoyos para seguir adelante me voy a mi casa”. Pablo Iglesias tiene una manera extraña para definir la democracia cuando la identifica con un sector popular que deposita su confianza en su partido, lo que él denomina “participación”. Claro que el mero hecho de participar, cualquiera que sea la fórmula empleada y para lo que sea, no es suficiente. El burgués podría decir que eso ya lo hace su democracia, la gente en mayor cantidad participa en las elecciones, por tanto, la diferencia que existe entre Iglesias y Rajoy respecto del concepto es mínima, por no decir ninguna. Quizás la forma varíe pero no el contenido y si es por el número de participantes, Rajoy ganaría con diferencia.

No obstante, hay que reconocer que la perspicacia de Pablo Iglesias es superior a la de Rajoy, Anguita y Garzón juntos. Él sabe que, o se distingue de los demás, o toda la historia de las nuevas formas de hacer políticas quedan en nada. Por eso, remacha sus argumentos con una “vehemencia” poco usual y lanza a los cuatro vientos eso de que “ser demócrata es expropiar”. Y con esta frase lapidaria nos quiere hacer ver que ha descubierto el  método infalible de crear democracia, cuando lo que hace de nuevo es conceder a Rajoy viso gratuito de demócrata al haber expropiado al trabajador del derecho a la comida, a la vivienda e incluso a la vida.

Allende nuestras fronteras hay quienes ofrecen algunas variantes aunque la matriz moderna la hallamos en Heinz Dieterich con su socialismo del Siglo XXI, muy compartido en América Latina y Europa, en cuyo desenlace esquiva el protagonismo de la clase obrera  para concluir que la democracia participativa deviene del desarrollo y superación de la democracia formal, discurso que lleva implícito la superación del Estado clasista por un inefable Estado no clasista.

A partir de esta formulación, más que absurda, se han ido conformando los criterios democráticos que hoy intoxican el ambiente de la lucha de clases. La aparición del socialismo del siglo XXI encandiló a padres e hijos, el mismísimo Hugo Chávez invitó al Comité Central del Partido Comunista de Cuba a que procediera a su estudio. Hablar de democracia en la actualidad es hablar de todo porque todo en boca de quienes aseguran saber del tema es democrático o posee dosis de democracia. Según la fórmula, existe una escala de supuestos valores que permiten al dicente del momento calibrar cuantos gramos de tal democracia tiene un país, el gesto de una clase, o simplemente una acción política. Pablo Iglesias dijo respecto de Venezuela que es “una de las democracias más saludables del mundo”. Pero el líder de PODEMOS no soluciona el problema. Si admite que la democracia existe en plural, ¿por qué no nos dice qué o cuál democracia es la que hay en Venezuela y qué cantidad tiene?

En todos los casos, desde la derecha hasta la falsa izquierda, la democracia es en sí misma el objetivo final. Detrás de ella no hay nada más ni lo habrá. Tal es la intención de Fukuyama cuando proclama a los cuatro vientos el triunfo definitivo de la democracia liberal y del modelo de la economía demercado. Al ser la meta suprema, cada cual encuentra en su democracia la panacea universal y, si esta no llega, hay que luchar por alcanzarla, pero siempre dentro de su democracia, que es el régimen por excelencia. ¿De verdad existen tantas democracias?

Sabemos que aún a regañadientes la izquierda “revolucionaria”, por regla general, admite que democracia es igual a gobierno del pueblo, o poder del pueblo; aunque después, en la práctica, se alejan miles de kilómetros de su prístina aceptación hasta caer en el abuso de la utilización de los términos democracia y democrático. Y es que eso del “poder del pueblo” es para ellos tan sólo una frase hecha sin ningún sentido. Bien por ignorancia, bien por renuncia, se confunde participación con poder en aquellos que se tienen por los más avanzados progresistas y a veces revolucionarios. Para estos, la participación de los trabajadores en una asamblea es democracia, la elaboración de un programa por los ciudadanos es democracia, elegir a sus representantes por los modernos medios de comunicación es democracia, y así sucesivamente, porque de esta manera se manifiesta, según ellos, el poder del pueblo.

Las asambleas de obreros, la participación en la elaboración de un programa electoral, así como la elección de sus representantes en parlamentos no significan, en ninguno de los casos, el poder de los trabajadores. Por consiguiente, no es democracia, cualquiera que sea el régimen. Lenin desaconsejaba la celebración de asambleas de trabajadores en determinadas circunstancias para votar una huelga, con la meta de no descubrir al burgués sus posibilidades y la estrategia preparada. También al objeto de rechazar que sean las leyes burguesas las que determinen cuándo, dónde y para qué se han de reunir en asamblea los trabajadores. Fue Lenin quien le dio consistencia práctica a la definición de “gobierno del pueblo” alejándose de las posiciones espurias de los falsos demócratas y revolucionarios. La democracia sin apellido no existe porque ésta es una de las formas que puede adoptar el Estado y el Estado es siempre clasista. Partiendo de este juicio, todos los intentos de los eclécticos de conciliar la lucha de clases a través de su noción de democracia, pasan al contenedor de la basura.

Lenin designa como el único estado democrático posible a la dictadura del proletariado porque es el verdadero estado del pueblo. Las democracias anteriores no reflejan su acepción primaria, gobierno del pueblo, y serán, por tanto, democracias esclavistas (gobierno de los esclavistas), feudalistas (gobierno de los nobles) y capitalistas (gobierno de los burgueses), sin más calificativo ni aditivo. La democracia en general del agrado de Dieterich, “participativa” o “formal”, es una burda patraña para enajenar a los trabajadores.

Cuando el líder soviético define como la misma realidad democracia y Estado, está diciendo muchas cosas que se silencian a propósito. La democracia, al ser clasista y una forma de Estado, nunca será dulce sino represiva contra las clases opositoras. Tampoco es la panacea total y menos aún es eterna, porque es tan sólo un Estado transitorio a la sociedad sin Estado. A este respecto en el pensamiento leninista todo está concatenado dialécticamente. La dictadura del proletariado debe estar configurada, naturalmente, para acelerar el proceso de extinción de las clases sociales y todo lo que ella conlleva, por ejemplo, el Estado y los partidos políticos, que en las sociedades anteriores representaban los intereses de determinadas clases sociales. Para ello, el poder del pueblo ha de ser real, tangible y directo sin ninguna delegación de por medio. En el año 1918 decía Lenin, con el propósito de explicar qué tipo de participación del pueblo debe ser considerado demócrata: “Los ciudadanos deben participar sin exclusión alguna en la administración de la justicia y en el gobierno del país. Y para nosotros es importante incorporar a la administración pública del Estado a todos los trabajadores sin excepción. Esta tarea ofrece dificultades gigantescas. Pero la minoría el Partido no puede implantar el socialismo”. Participar, para Lenin, es mucho más que elegir jueces o jefes de gobiernos. Significa también que los trabajadores, todos sin exclusión, sean los administradores de la justicia y sean también quienes tengan  la misión de gobernar en todas las escalas.

Cuanto más rápida sea la incorporación de los trabajadores a las tareas del Estado, tanto más pronto desaparecerán por inferencia natural el Estado y, por consiguiente, la democracia que le es inherente. Al compás sincronizado irán desapareciendo las diferencias entre el trabajo físico e intelectual, entre la ciudad y el campo, la aportación a la sociedad será equitativa. El estado carece de sentido porque ya no existen las clases, ni tampoco las contradicciones no antagónicas. El estado, por consiguiente, deja de ser Estado, al dejar de cumplir la misión que le dio vida: la represión. La democracia muere y bien muerta ha de quedar porque con su desaparición se acaba la prehistoria de la humanidad. Tal es el mensaje leninista, tal fue la proyección soviética.

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El capitalismo se descompone y el fascismo se reorganiza

El fascismo en Estados Unidos ha intentado dar en Charlottesville, Virginia, un golpe con el que posicionarse políticamente. La excusa de la retirada de una estatua en homenaje a Robert E. Lee, general del Ejército Confederado durante la Guerra Civilsímbolo histórico del poder blanco sureño que luchó contra los Estados del Norte sin éxito por mantener el sistema de esclavitud de los negros- le ha servido al fascismo para lanzar la consignaUnir a la derecha” con la que posicionarse políticamente.
 
Los fascistas congregados en el antes llamado parque Lee, incluidos elementos del Ku Klux Klan como su ex-lider David Duke, mostraban banderas confederadas y coreaban consignas nazis, pese a que el Ayuntamiento de la localidad había declaradoilegal” la concentración. Este hecho demuestra la complicidad de las instituciones burguesas con el fascismo, que lo financia y sustenta, sabedor de que debe plantarlo y cuidarlo porque el momento de darle el poder político no es nada lejano.
nazirally081217 8col
 
El Partido Comunista Obrero Español apoya y se solidariza con el movimiento antifascista que ha plantado cara al nazismo y que ha sufrido otra pérdida irreparable, la compañera Heather Heyer, como consecuencia de no permitir al fascismo que avance sin resistencia. Asimismo denunciamos el apoyo y financiación tácito de las instituciones burguesas al fasciscmo, que le permiten avanzar y reorganizarse asesinando a aquellos que luchan por cambiar una sociedad enferma como la estadounidense creada por el sistema capitalista.
 
El Socialismo y la Dictadura del Proletariado es la única alternativa que tenemos los trabajadores del mundo para librarnos de la explotación del sistema capitalista criminal y su punta de lanza en los momentos de crisis y de revolución: el fascismo asesino. ¡Es el momento de los comunistas, es el momento de organizar la revolución y de luchar por el Socialismo!
 

¡Abajo el fascismo asesino!

¡Por el Socialismo y la Dictadura del Proletariado!

 
D. García  Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español