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Los intereses de los imperialistas, los muertos del pueblo

El próximo sábado 26 de agosto se celebrará en Barcelona una manifestación de repulsa del atentado del pasado día 17 de agosto  en Barcelona y Cambrils, así como contra el terrorismo, donde los convocantes son tanto la Generalitat de Catalunya  como el Ajuntament de Barcelona.

A dicha manifestación acudirán todos los representantes políticos de la burguesía, desde Ada Colau hasta Rajoy, pasando por Junqueras y Puigdemont. La situación de enorme crisis institucional y política que atraviesa el estado burgués, el “desafío” nacionalista planteado por la burguesía catalana para el próximo 1 de octubre; el incremento del número de huelgas -donde la huelga de los trabajadores de Eulen en el Aeroport del Prat ha puesto nuevamente de manifiesto la esencia reaccionaria del estado español, que ha ilegalizado de facto la acción sindical de la clase obrera- el cada vez mayor cuestionamiento de la justicia burguesa y sus leyes por parte del pueblo, todo esto conforma el escenario en el que se produce este doble atentado criminal  e irracional que ha segado la vida de 15 personas, así como multitud de heridos, precisamente en Cataluña.

Tras este atentado doble, donde nuevamente el pueblo ha pagado con su sangre inocente la situación a la que nos llevan los imperialistas con sus políticas, el Gobierno del estado español, su Jefatura del Estado, el Govern de la Generalitat y l’Ajuntament de Barcelona se han lanzado rápidamente a rentabilizar el dolor del pueblo ante tamaña salvajada y tratar de sacar tajada política de ello. Hemos visto a la Corona fotografiarse con niños víctimas del atentado en los hospitales y a la burguesía –tanto catalana como española– buscando que el pueblo cierre filas en torno a ella y a su estado. Es en este escenario, y bajo esas condiciones, donde se debe circunscribir la manifestación del 26 de agosto, a la que todos los esbirros del capital hacen llamamientos para la participación, con más o menos aspavientos.

El atentado de París de noviembre de 2015 se produjo en un escenario en el que, por un lado, Francia había desplegado una operación militar en Mali para fortalecer su posición en el Sahel, y donde  proliferaban el rechazo a la reforma laboral por parte de la clase trabajadora y las huelgas -los controladores aéreos franceses habían convocado varias de ellas-; el atentado terrorista de Múnich en 2016 se produce en un momento de crisis de la inmigración; el atentado de Barcelona y Cambrils se produce en un momento de crisis política aguda en el estado español, de huelgas, de descrédito del estado ante el pueblo, con la celebración en puertas del referéndum para el 1 de octubre –donde el estado español niega el ejercicio del derecho de autodeterminación a la nación catalana-.

Con perspectiva comprobamos que siempre que los imperialistas se hallan en situaciones de crisis se producen atentados ‘catárticos’ políticamente -reivindicados todos ellos por DAESH-  para que los imperialistas, y sus estados, puedan  encauzar dichas situaciones de crisis dirigiéndolas por el carril de sus intereses, justificando nuevos recortes de libertades. Todo ello en aras de la supuesta seguridad del pueblo y militarizando las calles de tal modo que se desactive la movilización y el rechazo del pueblo a las políticas capitalistas y sus estados así como los procesos huelguísticos.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York –sobre el cual hay multitud de documentos que hablan de un atentado de falsa bandera– fue el punto de ascensión de esta forma de actuar de los imperialistas, que sirvieron para iniciar un periodo histórico donde se  justifican las guerras imperialistas en Afganistán y en Iraq, así como un proceso por el que las ‘libertades’ son recortadas a los pueblos en aras de la amenaza terrorista. Periodo en el que nos encontramos hoy, multiplicado por la crisis económica que ha llevado a los imperialistas a multiplicar sus guerras e intervencionismo militar en Libia, Siria, Ucrania, Yemen, Malí, etcétera.

Esta es la esencia del imperialismo. Es momento de recordar lo que fue la Operación Gladio de la OTAN y el MI6 para mantener a raya a Europa e impedir posibles adhesiones o apoyos a la URSS. Una vez caída la URSS, el imperialismo no se olvida de Gladio y le dota de contenido yihadista y ensancha sus límites con objeto de dominar el mundo, para que los monopolios, a sangre y fuego, saqueen el mundo mediante políticas criminales, mediante guerras, mediante golpes de estado y mediante el terrorismo, enarbolando las banderas del miedo y de la violencia.

Los que reivindican los atentados, DAESH, fueron creados -según cartas de Hillary Clinton sacadas a la luz por Wikileaks- por los EEUU y es financiada por los propios EEUU y sus esbirros: Israel, Qatar y Arabia Saudí. DAESH son los mercenarios empleados por los imperialistas norteamericanos y europeos para desestabilizar el Magreb, Oriente Medio y controlar la península arábiga, de tal modo que los monopolios europeos y norteamericanos puedan saquear los recursos energéticos de dichas zonas. El bloque imperialista norteamericano-europeo, a través de su organización militar terrorista, OTAN, no ha dudado en apoyar al wahabismo y al salafismo para desestabilizar y liquidar a estados que los combatían -y cuyo grado de desarrollo era notable, comparándolos con su entorno- pero que chocaban con los intereses de los monopolios estadounidenses y europeos. A principios del siglo XXI los imperialistas siguen con su estrategia del siglo XX, cuando crearon lo que posteriormente fue Alqaeda a finales de los 70 en Afganistán para combatir a la URSS, y que, más adelante, utilizaron en Somalia o en la antigua Yugoslavia.

El estado español, desde 1989,  ha desplegado a 158 mil militares en las distintas operaciones militares imperialistas dirigidas por la OTAN. El estado español es uno de los mayores vendedores de armas a aquéllos que financian y apoyan a DAESH, donde el Jefe de Estado, como mayor representante del mismo, muestra las estrechas relaciones que mantiene con los estados, como Arabia Saudita, que les hacen el trabajo sucio a los imperialistas ya sean en guerras de rapiña como en Libia, Siria, Yemen o Iraq, ya sean por atentados mastodónticos en Oriente Medio, en  Asia o en atentados como los realizados en Europa.  La burguesía en el siglo XVIII contraponía la razón a la fe, para acabar con el feudalismo, hoy sin embargo fortalece y se  alía con el idealismo filosófico, con la fe irracional wahabita y salafista para que sus monopolios expolien y saqueen a los pueblos, imponiendo su voluntad a sangre y fuego. Por ello, hacemos un llamamiento a los obreros del mundo, y del estado español, a unirnos y organizarnos por el socialismo y contra los imperialistas que son los que anteponen sus negocios, sus intereses, y los que hacen que los pueblos, los trabajadores del mundo, derramemos nuestra sangre inocente por sus intereses bastardos.

Los imperialistas, hoy mal llamados ‘demócratas’, tienen las manos manchadas de sangre inocente. El Partido Comunista Obrero Español, y nuestro partido hermano en Cataluña, el PCOC, denunciamos la convocatoria hipócrita de la manifestación del 26 de agosto de Barcelona, a la cual no asistiremos, así como el trabajo sucio que al imperialismo le hacen los oportunistas como Els Comuns y PODEMOS. Así mismo, el PCOE lamenta la sangre inocente derramada por culpa del imperialismo en Cataluña, al igual que anteriormente ocurrió en  Bruselas, en París, en Madrid, en Beirut, Bagdad o Alepo. El único responsable de todos los crímenes que acontecen hoy en el mundo son los imperialistas, los que defienden las democracias burguesas, que cada día se confunden más con las dictaduras reaccionarias, no habiendo más salida que la unión y la organización de la clase obrera para acabar con el imperialismo y para construir el Socialismo, la única vía posible de paz.

Madrid, 24 de agosto de 2017.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El partido marxista-leninista es fundamental para la emancipación del proletariado

En cualquier programa de televisión, tertulia de radio, artículo periodístico, libros editados por los monopolios, en definitiva, en toda expresión de la burguesía a través de sus medios de propaganda, hay cantidades ingentes de anticomunismo. 

Por  poner un ejemplo, el pasado miércoles 9 de agosto podíamos leer en la cuenta de twitter de un vocero de la burguesía ibérica lo que recoge la imagen que acompaña a este documento. Y es que Lenin y la Gloriosa Revolución Socialista de Octubre de 1917 siguen siendo el mayor dolor de cabeza de una burguesía que ha acreditado, a lo largo de la historia, su esencia criminal y explotadora y que, a día de hoy, supone un freno objetivo para el avance de la humanidad.  

La Revolución de Octubre de 1917 no sólo ha sido la página más gloriosa que el proletariado ha escrito, no sólo supuso abrir un nuevo periodo histórico, el de la toma del Poder por parte del proletariado, el de la lucha sin cuartel a nivel mundial entre el socialismo y el imperialismo, y su ulterior muerte,  sino que ha proporcionado a los explotados, a los parias de la tierra, a los oprimidos del mundo un inmenso legado: cómo deben organizarse y cuál es la fórmula para derrocar a la burguesía y tomar el Poder y el papel fundamental del Partido en todo ello.

Es por esta razón por los que la burguesía grita a los cuatro vientos, y por todos los medios, gastándose infinidad de dinero en una ofensiva ideológica permanente contra el comunismo, contra la URSS, contra Lenin y, sobre todo contra Stalin que en realidad es arremeter contra Lenin, o contra los partidos comunistas. ¿Por qué se desgañitan reiterando que el comunismo está muerto y que ha sido barrido de la faz de la tierra? ¿Por qué gastan tanto dinero y se esfuerzan tanto en permanentes campañas ideológicas anticomunistas, gastando para combatir a ese muerto del comunismo y de la experiencia soviética? Parece que ese muerto que cada día entierran vomitando mentiras desde las entrañas del anticomunismo, cualidad propia de la reacción imperialista,  cada día está más vivo, y es que cada día el devenir de la historia hace más necesario  el cumplimiento de la misión histórica del proletariado, que no es otra cosa que el proletariado mande al estercolero de la historia al imperialismo, tome el poder de manera revolucionaria para edificar progresivamente el comunismo.

Dentro de la ofensiva ideológica de la burguesía contra el proletariado con el anticomunismo como parte fundamental, también se halla la creación de organizaciones políticas amorfas, oportunistas, con dirigentes vendidos a los monopolios, cuyo objetivo no es otro que el desviar la lucha del proletariado del cumplimiento de su misión histórica, obstaculizar lo máximo posible que la clase y su vanguardia se fundan. Vemos, pues, que la burguesía, a pesar de repetir  hasta la saciedad que el marxismo-leninismo, que el comunismo, es un cadáver, que forma parte del pasado, aparte de estar permanentemente injuriándolo vomitando todo tipo de improperio y vilipendio, está incesantemente  combatiendo al muerto y, fundamentalmente, el desarrollo del Partido Leninista de Nuevo Tipo.

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. […] Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna […] La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas. […] Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado” [1]

Desde el momento mismo en que nació, la burguesía llevaba en sus entrañas a su propia antítesis, pues los capitalistas no pueden existir sin obreros asalariados, y en la misma proporción en que los maestros de los gremios medievales se convertían en burgueses modernos, los oficiales y los jornaleros no agremiados transformábanse en proletarios. Y, si, en términos generales, la burguesía podía arrogarse el derecho a representar, en sus luchas contra la nobleza, además de sus intereses, los de las diferentes clases trabajadoras de la época, al lado de todo gran movimiento burgués que se desataba estallaban movimientos independientes de aquella clase que era el precedente más o menos desarrollado del proletariado moderno. Tal fue en la época de la Reforma y de las guerras campesinas en Alemania la tendencia de los anabaptistas, y de Tomás Münzer; en la Gran Revolución inglesa, los “levellers”, y en la Gran Revolución francesa, Babeuf. Y estas sublevaciones revolucionarias de una clase incipiente son acompañadas, a la vez, por las correspondientes manifestaciones teóricas: en los siglos XVI y XVII aparecen las descripciones utópicas de un régimen ideal de la sociedad, en el siglo XVIII, teorías directamente comunistas ya, como las de Morelly y Mably. La reivindicación de la igualdad no se limitaba a los derechos políticos, sino que se extendía a las condiciones sociales de vida de cada individuo; ya no se trataba de abolir tan sólo los privilegios de clase, sino de destruir las propias diferencias de clase. Un comunismo ascético, a lo espartano, que prohibía todos los goces de la vida: tal fue la primera forma de manifestarse la nueva doctrina. Más tarde, vinieron los tres grandes utopistas: Saint-Simon, en quien la tendencia burguesa sigue afirmándose todavía, hasta cierto punto, junto a la tendencia proletaria; Fourier y Owen, quien, en el país donde la producción capitalista estaba más desarrollada y bajo la impresión de los antagonismos engendrados por ella, expuso en forma sistemática una serie de medidas encaminadas a abolir las diferencias de clase, en relación directa con el materialismo francés. […] Rasgo común a los tres es el no actuar como representantes de los intereses del proletariado, que  entretanto, había surgido como un producto de la propia historia. […] Al igual que los ilustradores franceses, no se proponen emancipar primeramente a una clase determinada, sino, de golpe, a toda la humanidad. […] El auge de la industria sobre bases capitalistas convirtió la pobreza y la miseria de las masas trabajadoras en condición de vida de la sociedad.[…] En una palabra, comparadas con las brillantes promesas de los ilustradores, las instituciones sociales y políticas instauradas por el “triunfo de la razón” resultaron ser unas tristes y decepcionantes caricaturas. Sólo faltaban los hombres que pusieron de relieve el desengaño y que surgieron en los primeros años del siglo XIX ”[2].

Mucho antes de que las revoluciones de la burguesía triunfasen, cuando la burguesía combatía contra la nobleza con el objetivo de acabar con las caducas estructuras feudales, estallaban revueltas y luchas al margen de la burguesía, llevadas a término por lo que sería el germen del proletariado moderno, dirigidas por la idea – o buena intención – de que Dios lo es todo, es la naturaleza y el universo, inculcadas por  curas y predicadores que tenían una visión panteísta del mundo, hijos del humanismo que enlazarán con lo que, posteriormente, fue el socialismo utópico y que,  ya a principios del siglo XVI, aspiraban a construir “el paraíso” en la tierra, y defendían posturas como la abolición de toda la  propiedad privada, la socialización de los bienes y la abolición de los estamentos y la imposición de la igualdad;  mostrando un bosquejo  de la aspiración comunista.     

El siglo XVIII fue un período histórico en el que en el terreno filosófico se produjo una batalla entre la burguesía y la nobleza, de tal modo que  la lucha entre el feudalismo y el capitalismo fue el combate entre la fe y la razón, una guerra entre idealismo y materialismo.

En dicha pugna en el terreno de la ideología, se desarrolló el materialismo francés del siglo XVIII – que superó a la filosofía  inglesa del siglo XVII que reflejaba una alianza entre la aristocracia, la nobleza, y la burguesía.  La“filosofía francesa del siglo XVIII, y particularmente el materialismo inglés y francés, no fueron solamente una lucha contra las instituciones políticas existentes, contra la religión y la teología existentes, sino también y no menos una lucha abierta y declarada contra la metafísica del siglo XVII y, ciertamente, contra toda metafísica, en particular, contra la de Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz. Se opone la filosofía a la metafísica, de igual manera que Feuerbach había opuesto la filosofía razonable a la especulación exagerada, el día en que, por primera vez, tomó claramente posición contra Hegel. La metafísica del siglo XVII, que tuvo que ceder el sitio a la filosofía francesa y particularmente al materialismo francés del siglo XVIII, tuvo su restauración victoriosa y substancial en la filosofía especulativa alemana del siglo XIX. Después que Hegel la unió genialmente a toda la antigua metafísica y al idealismo alemán, fundando un imperio metafísico universal, al ataque contra la teología, sucedió, como en el siglo XVIII, el ataque contra la metafísica especulativa y contra toda metafísica. Esta sucumbirá definitivamente delante del materialismo perfeccionado por el trabajo de la especulación y coincidente con el humanismo. De igual modo que Feuerbach en el dominio de la teoría, el socialismo y el comunismo de Francia e Inglaterra representan en el dominio de la práctica al materialismo coincidente con el humanismo.”[3]. “La diferencia entre el materialismo francés y el materialismo inglés es la diferencia que existe entre ambas nacionalidades. Los franceses dan al materialismo inglés el esprit, la carne y los huesos, la elocuencia: Le dotan del temperamento que le faltaba y de la gracia. Lo civilizan.”[4].

Con las revoluciones burguesas del último tercio del siglo XVIII y principios del siglo XIX, “El proletariado, que apenas empezaba a destacarse en el seno de estas masas desposeídas, como tronco de una clase nueva, totalmente incapaz todavía para desarrollar una acción política propia, no representaba más que un estamento oprimido, agobiado por toda clase de sufrimientos, incapaz de valerse por sí mismo. La ayuda, en el mejor de  los casos, tenía que venirle de fuera, de lo alto.[…] Esta situación histórica informa también las doctrinas de los fundadores del socialismo. Sus teorías incipientes no hacen más que reflejar el estado incipiente de la producción capitalista, la incipiente condición de clase. […] La sociedad no encerraba más que males[…]. Tratábase por eso de descubrir un sistema nuevo y más perfecto de orden social, para implantarlo en la sociedad desde fuera, por medio de la propaganda, y a ser posible, con el ejemplo, mediante experimentos que sirviesen de modelo” [5].

Y es que la sociedad capitalista y su explotador sistema económico, desde sus latidos iniciales, siempre mostraron que una mayoría de la sociedad, los obreros, los campesinos pobres, eran carbón que la maquinaria capitalista de la burguesía debía quemar viva, nutriéndose de su miseria y de su sangre, para que la burguesía fuera cada día más privilegiada. Como reflejo de las contradicciones del capitalismo surgieron un conjunto de ideas que ponían patentes no sólo estas contradicciones, no solo la podredumbre del sistema que la burguesía estaba imponiendo   y su sinrazón, sino que mostraban  las aspiraciones y anhelos para que  la humanidad avanzara por la senda de “la razón”, donde la igualdad de los hombres fuera ley y se aboliera el sistema de explotación del hombre por el hombre, nace lo que se denomina el Socialismo Utópico.

En 1816, Saint-Simon declara que la política es la ciencia de la producción y predice ya la total absorción de la política por la Economía. Y si aquí no hace más que aparecer en germen la idea de que la situación económica es la base de las instituciones políticas, proclama ya claramente la transformación del gobierno político sobre los hombres en una administración de las cosas y en la dirección de los procesos de la producción, que no es sino la idea de la “abolición del Estado”.”[6]

Fourier maneja la dialéctica con la misma maestría que su contemporáneo Hegel. […] pone de relieve, con igual dialéctica, que toda fase histórica tiene su vertiente ascensional, mas también su ladera descendente, y proyecta esta concepción sobre el futuro de toda la humanidad”[7]

El avance hacia el comunismo constituye el momento crucial en la vida de Owen. Mientras se había limitado a actuar sólo como filántropo, no había cosechado más que riquezas, aplausos, honra y fama. Era el hombre más popular de Europa. […] Pero, en cuanto hizo públicas sus teorías comunistas, se volvió la hoja. Eran principalmente tres grandes obstáculos los que, según él, se alzaban en el camino de la reforma social: la propiedad privada, la religión y la forma vigente del matrimonio. Y no ignoraba a lo que se exponía atacándolos: la proscripción de toda la sociedad oficial y la pérdida de su posición social.”[8]

Saint-Simon, Owen y Fourier fueron los padres del socialismo utópico, e influyeron de manera importante en las siguientes generaciones de obreros socialistas que los siguieron fundamentalmente en Francia, Inglaterra y también, en menor medida, en Alemania. Los socialistas utópicos fueron voces críticas que reflejaban las contradicciones del capitalismo y que ponían en entredicho que la burguesía y que su régimen pretendiera la construcción de un mundo donde la razón prevaleciera. Sin embargo, estas ideas iban por un lado y el movimiento obrero, y sus luchas, iban por otro de manera totalmente desacompasada.

La burguesía tuvo que revolucionar la filosofía para, por un lado, fortalecer ideológicamente a las ideas que robustecieran su caminar revolucionario para hacerse con el Poder y derrocase al Antiguo Régimen y, por otro, atacar tanto al idealismo, a la religión, como  también a la metafísica, puesto que ambas sustentaban las columnas del pensamiento y el andamiaje ideológico del feudalismo.

A finales del siglo XVIII, y hasta prácticamente la mitad del siglo XIX, emerge la filosofía clásica alemana, que nace con Kant y muere con Hegel. El desarrollo económico y político de la burguesía alemana era muy inferior al de  las burguesías francesas e inglesas y, consecuentemente, su dependencia con respecto del feudalismo era mayor, reflejándose  en  la filosofía clásica alemana en su apego a la religión y al idealismo. “Mientras la burguesía francesa se instalaba en el poder mediante la revolución más colosal registrada por la historia y conquistaba el continente europeo, mientras la burguesía inglesa – ya emancipada a nivel político – revolucionaba la industria y sometía a la India políticamente y al resto del mundo comercialmente, los burgueses alemanes apenas habían accedido a la ‘buena voluntad’” [9].

Sin embargo, la filosofía clásica alemana, y más concretamente Hegel, aporta un sistema, la dialéctica, “en el que por vez primera – y ese es su gran mérito – se concibe todo el mundo de la naturaleza, de la historia y del espíritu como un proceso, es decir, en constante movimiento, cambio, transformación y desarrollo y se intenta además poner de relieve la íntima conexión que preside este proceso de movimiento y desarrollo.  Contemplada desde este punto de vista, la historia de la humanidad no aparecía ya como un caos árido de violencias absurdas, igualmente condenables todas ante el fuero de la razón filosófica hoy ya madura, y buenas para ser olvidadas cuanto antes, sino como el proceso de desarrollo de la propia humanidad, que al pensamiento incumbía ahora seguir en sus etapas graduales y a través de todos los extravíos, y demostrar la existencia de leyes internas que guían todo aquello que a primera vista pudiera creerse obra del ciego azar”[10]

De este modo, la tesis de Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real, dentro de los dominios de la historia humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo es ya, consecuentemente, por su destino, lleva en sí de antemano el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional se resuelve siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano: todo lo que existe merece perecer.[…] Y en esto precisamente estribaba la verdadera significación y el carácter revolucionario de la filosofía hegeliana”[11]

La revolución de la filosofía dio lugar a  la explosión de la ciencia y el conocimiento humano. Marx y Engels tuvieron la habilidad de enlazar los distintos cabos que la filosofía había aportado a lo largo de los siglos XVIII y XIX: la imposición del materialismo y la dialéctica. Con todos estos elementos, unido a la podredumbre, corrupción y vicios del régimen capitalista, a la explotación criminal e infame de la clase obrera, el movimiento obrero y la progresiva conformación como sujeto político del proletariado, son crean  unas condiciones que tanto Marx como Engels les permite iniciar la construcción del socialismo científico.

De este modo el socialismo no aparecía ya como el descubrimiento casual de tal o cual intelecto de genio, sino como el producto necesario de la lucha entre dos clases formadas históricamente: el proletariado y la burguesía. Su misión ya no era elaborar un sistema lo más perfecto posible de sociedad, sino investigar el proceso histórico económico del que forzosamente tenían que brotar estas clases y su conflicto, descubriendo los medios para la solución de éste en la situación económica así creada. […]  Estos dos grandes descubrimientos: la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista, mediante la plusvalía, se lo debemos a Marx. Gracias a ellos, el socialismo se convierte en una ciencia que sólo nos queda desarrollar en todos sus detalles y concatenaciones”[12]

Mientras el socialismo utópico era incapaz de explicar el funcionamiento del capitalismo, enseñar en qué consistía la explotación y cómo nacía, ni de dar una guía de cómo abolirla y acabar con el régimen capitalista, el socialismo científico, el marxismo, no sólo desnudó al completo la explotación capitalista y su modelo de producción, sino que era capaz de deducir el devenir de la historia, el desarrollo histórico que había engendrado las condiciones para el surgimiento del capitalismo y el perecer del feudalismo, así como las condiciones que el desarrollo del capitalismo iba engendrando, desde su propio nacimiento, que lo harán desaparecer de la faz de la tierra, así como la clase social llamada a hacerlo: El Proletariado.

Mientras los socialistas utópicos no veían el papel revolucionario y la misión histórica del proletariado, no concebían el desarrollo de la historia como el desarrollo de la lucha de clases, entre otras cosas porque no disponían de las herramientas que aportó la filosofía para ello, tanto Marx como Engels, apoyándose en los avances de la filosofía y, con la dialéctica hegeliana puesta en pie y el materialismo de Feuerbach, “desechando su escoria idealista y ético-religiosa”[13], construyen el materialismo dialéctico, la filosofía del socialismo científico, el instrumento más poderoso de la ciencia, cuya aplicación al estudio del desarrollo de la historia nos muestra no sólo el papel en la historia que le corresponde al capitalismo, sino el papel  o la misión histórica que le corresponde jugar al proletariado. En un periodo histórico, década de los 40 del siglo XIX que es el momento en el que nace el marxismo, donde la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía pasó a ocupar el plano central en la historia de los países europeos más desarrollados.

Marx y Engels arrojaron a la humanidad la luz, la mejor herramienta de análisis pues, hasta entonces, hasta el nacimiento del marxismo, el ser humano no sólo era incapaz de comprender su historia, de estudiar su desarrollo, y de comprender las fuerzas y leyes para su transformación. 

Marx y Engels dotaron al proletariado mundial de un arma todopoderosa, el marxismo. Y de la mano del marxismo viene el instrumento sublime de nuestra clase social, el arma esencial que llevará al proletariado al cumplimiento de su misión histórica, que no es otra que derrocar el capitalismo y construir el comunismo – la sociedad sin clases ni estado. Esa arma es el Partido Comunista.

Tanto Marx, como Engels, formaron parte del primer embrión de organización comunista, el Comité Comunista de Correspondencia de Bruselas que, posteriormente, dio lugar a la primera organización comunista de la historia, La Liga de los Comunistas, organización comunista internacionalista.

En 1848 se publica el Manifiesto del Partido Comunista, documento de una importancia histórica inmensa donde se manifiesta de manera magistral, con una claridad y concisión meridiana, no sólo la historia de las sociedades y la incardinación en la historia del capitalismo, sino también se vuelca en quién tiene que darle la puntilla al capitalismo, el proletariado, al que dota de su herramienta sublime para divulgar las ideas comunistas, el Partido Comunista, al que dota de un programa político, e incluso de su política de alianzas, en aquél momento histórico claro está,  sino que también perfila la definición del Partido Comunista así como su razón de ser.

Los comunistas […] no tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado […] los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario […] El objetivo inmediato de los comunistas es […] constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del poder político por el proletariado. […] El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa.”[14].

Y entre la razón de ser, el Manifiesto del Partido Comunista otorga al Partido también la función de luchar contra las desviaciones del socialismo científico, siendo instrumento de combate de dicho desviacionismo, y de divulgación del socialismo científico entre las masas.

El socialismo representaba en 1847 un movimiento burgués; el comunismo, un movimiento obrero. El socialismo era, al menos en el continente, muy respetable; el comunismo era todo lo contrario. Y como nosotros ya en aquél tiempo sosteníamos muy decididamente el criterio de que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase misma”, no pudimos vacilar un instante sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Y  posteriormente no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella.”[15]

La Liga de los Comunistas participó en los procesos revolucionarios ocurridos en 1848 y 1849, disolviéndose en 1852, como consecuencia de la represión. “Hermanos: Durante los dos años revolucionarios de 1848 y 1849 la Liga ha salido airosa de una doble prueba: primero porque sus miembros participaron enérgicamente en todas partes donde se produjo el movimiento y porque en la prensa, en las barricadas y en los campos de batalla estuvieron en la vanguardia de la única clase decididamente revolucionaria, del proletariado.  Además, porque la concepción que del movimiento tenía la Liga, tal como fue formulada en las circulares de los congresos y del Comité Central en 1847, así como en el Manifiesto Comunista, resultó ser la única acertada; porque las esperanzas expuestas en dichos documentos se vieron plenamente confirmadas, y los puntos de vista sobre las condiciones sociales del momento, que la Liga sólo había propagado hasta entonces en secreto, se hallan ahora en boca de todos los pueblos y se predican abiertamente en las plazas públicas.”[16].

La lucha de la clase  obrera fue incrementándose a lo largo del  siglo XIX, con una participación cada vez más importante del proletariado, que despertaba políticamente, como consecuencia del desarrollo del capitalismo. En este escenario, donde surgieron organizaciones obreras, ideológicamente heterogéneas, crearon las condiciones para el surgimiento de la Primera Internacional. En palabras de Lenin, “La I Internacional (1864-1872) echó los cimientos de la organización internacional de los obreros para la preparación de su ofensiva revolucionaria contra el capital.”[17]. “Después de la caída de la Comuna de París (1871) – que Marx (en La guerra civil en Francia, 1871) analizó de un modo tan profundo, certero y brillante, con un espíritu práctico y revolucionario tan grande – y de producirse la escisión provocada por los bakuninistas, la Internacional no podía subsistir en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La I Internacional había cumplido su misión histórica y dio paso a una época incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse en extensión, propiciando el surgimiento de partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional”[18].

La Comuna de París fue una página heroica escrita por el proletariado en la que éste, por primera vez, fue capaz de constituirse en  Poder y aplicó durante un periodo de poco más de dos meses su dictado. Con referencia a la Comuna, el 12 de abril de 1871 mientras que el proletariado francés desarrollaba tamaña hazaña, Marx le escribía a Ludwig Kugelmann “Si te fijas en el último capítulo de mi Dieciocho Brumario, verás que expongo que la próxima tentativa de la revolución francesa no hace pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla, y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de París […] la insurrección de París, incluso en el caso de ser aplastada por los lobos, los cerdos y los viles perros de la vieja sociedad, constituye la proeza más heroica de nuestro partido desde la época de la insurrección de junio.”[19]. En otra carta de 17 de abril de 1871, Marx le escribía a Kugelmann “Gracias a la Comuna de París, la lucha de la clase obrera contra la clase de los capitalistas y contra el Estado que representa los intereses de ésta ha entrado en una nueva fase. Sea cual fuere el desenlace inmediato esta vez, se ha conquistado un nuevo punto de partida que tiene importancia para la historia de todo el mundo.”[20].

Pese a todos sus errores, la Comuna constituye un magno ejemplo del más importante movimiento proletario del siglo XIX […] Por grandes que hayan sido las pérdidas de la Comuna, la significación de ésta para la lucha general del proletariado las ha compensado: la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipó las ilusiones patrióticas y acabó con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía.  La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las tareas de la revolución socialista. ”[21]. Aunque  efímera la experiencia de la Comuna de París, las palabras de Lenin, en enseñanzas de la Comuna,  y  de Marx en las dos cartas a Ludwig Kugelmann bien atestiguan no sólo la heroicidad de aquéllos obreros de París, sino de la importancia del hecho histórico, del salto cualitativo de la lucha del proletariado y la enorme riqueza que le aportaba como clase a su ciencia, el marxismo.

El mismo Marx, a Kugelmann, ya  le expone en su carta de 12 de abril de 1871 que “Si son vencidos, la culpa será, exclusivamente, de su “buen corazón”. Se debía haber emprendido sin demora la ofensiva contra Versalles, en cuanto Vinoy, y tras él la parte reaccionaria de la Guardia Nacional, huyeron de París. Por escrúpulos de concienciase dejó escapar la ocasión. No querían iniciar la guerra civil, ¡cómo si el mischievous avorton de Thiers no la hubiese comenzado ya cuando intentó desarmar a París! El segundo error consiste en que el Comité Central renunció demasiado pronto a sus poderes, para ceder su puesto a la Comuna. De nuevo ese escrupuloso “pundonor” llevado al colmo.”[22]. Es la experiencia de la Comuna la que enriquece la ciencia marxista en la necesidad de un periodo de transición, del socialismo, una vez derrocado el régimen burgués, donde el proletariado debe imponer su dictadura y desde su Estado, el socialista, reprima inmisericordemente a la burguesía hasta terminar con ella. Del capitalismo al comunismo es necesaria una etapa intermedia, el socialismo.  

En un artículo publicado en 1911 titulado “En memoria de la Comuna”, conmemorando el 40 aniversario de la Comuna, Lenin también reflexiona qué cuestiones hicieron que la Comuna no pudiera triunfar, entre las que señalaba “Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas. ”[23].

Lenin pone sobre el tapete el papel determinante del Partido para que una revolución social, en nuestro caso, la revolución socialista, triunfe. Y es que el Partido debe ser la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero de masas, puesto que éste, como vanguardia organizada del proletariado, es el portador de la ciencia marxista-leninista puesto que es, como decía Marx, la parte más avanzada y decidida de la clase obrera.  El Partido es el arma fundamental, no sólo para elevar política e ideológicamente  al Proletariado y dirigirlo hacia la revolución y llevarlo a la conquista del Poder sino para, una vez éste lo conquista, dirigir a la clase obrera en la construcción del socialismo, transformándose en ese momento el Partido en la piedra angular que conforma la unidad político, social e ideológica de la nueva sociedad socialista.

El proletariado es un producto del capitalismo, y la ideología de éste está impregnada e influenciada por el pensamiento burgués. Como brevemente hemos visto, el socialismo científico, el marxismo, es una conquista para la humanidad que brota del desarrollo de la filosofía, tomando el materialismo filosófico y el método dialéctico hegeliano, acabando con la metafísica. Sin embargo, hasta llegar a ese momento, el proletariado – como no podía ser de otra forma – fundamentalmente  estaba bajo el influjo de su vida cotidiana, que era totalmente burguesa pues vivía en una sociedad de ese tipo.  Sin embargo, los obreros, también podían tener influencias que provinieran del socialismo utópico, del anarquismo, trade unionistas o economicistas, patrióticas, etcétera. El proletariado, como todo en la sociedad capitalista, es heterogéneo.

Hemos visto que Marx y Engels concibieron una ciencia partidista, siendo el partido el instrumento con el que llevar las ideas del socialismo científico al movimiento obrero, a las masas trabajadoras. Marx y Engels, con referencia al Partido, siempre han tenido claro que, por un lado, tenía que ser un partido internacional, e internacionalista, y por otro lado, que su función tenía que ser la de llevar el socialismo científico al movimiento obrero pues el proletariado es el sujeto revolucionario. La emancipación de la clase obrera será obra de ella misma. “El gran pensamiento proclamado a mediados del siglo pasado por el genial Carlos Marx: ‘La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma… ¡Proletarios de todos los países, uníos!’ […] De estas palabras se desprendía claramente la verdad, hoy evidente hasta para los ‘ciegos’, de que la realización del ideal socialista exige la acción de los propios obreros y su unión en una fuerza organizada, sin distinción de nacionalidad ni de país. Había que demostrar esta verdad – cosa que hicieron maravillosamente Marx y su amigo Engels – para colocar los sólidos cimientos del poderoso Partido Socialdemócrata, que hoy se levanta, como una fatalidad inexorable, ante el régimen burgués de Europa, amenazándole con la destrucción y con edificar sobre sus escombros el régimen socialista”[24].

Los comunistas somos parte de la clase obrera y el Partido leninista es la parte del proletariado más decidida, más avanzada, la vanguardia de la clase social, porque es portadora del marxismo-leninismo, que expresa los intereses y los objetivos de la misma y se erige en instrumento para la consecución de dicho objetivo de clase de la totalidad, pero no es el conjunto de la clase. “Nosotros somos un partido de clase, y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro partido, debe adherirse a nuestro partido lo más posible; pero sería manilovismo y “seguidismo” creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el grado de conciencia y de actividad de su destacamiento de vanguardia, de su partido socialdemócrata […] Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a sectores más amplios cada vez a un nivel superior sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas. Y precisamente en ese cerrar los ojos y en ese olvidar se incurre cuando se borra la diferencia existente entre los que se adhieren y los que ingresan, entre los conscientes y los activos, por una parte, y los que ayudan, por otra.”[25]

Lenin siempre vio con claridad la necesidad de construir la organización partidaria, tenía claro que era fundamental “formar una organización revolucionaria capaz de unir todas las fuerzas y de dirigir el movimiento no sólo nominalmente, sino en realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para multiplicar y reforzar los efectivos que han de utilizarse en el combate decisivo.”[26].

Vemos, pues,  que el Partido se fortalece, y se desarrolla en la lucha, en movimiento, yendo al movimiento obrero a llevarle la política y la ideología del marxismo-leninismo, con una actitud activa y  de vanguardia, como brújula del proletariado que es.  

El individualismo, la competitividad, la indisciplina, la egolatría, la vagancia, la anarquía no tienen espacio en el partido leninista. Los militantes del Partido, todos ellos con independencia de la responsabilidad que tengan, deben formar parte alguna organización del Partido, rindiendo responsabilidad de su trabajo y su actitud ante dicha organización. Y es que para Lenin el partido no es una suma de individuos, de militantes, sino una suma de organizaciones. “Cuando digo que el partido debe ser una suma (y no una simple suma aritmética, sino un complejo) de organizaciones, ¿quiere esto decir que yo ‘confundo’ dos conceptos: el de partido y el de organización? Claro que no. Al hacerlo, expreso de un modo perfectamente claro y preciso mi deseo, mi exigencia de que el partido, como destacamento de vanguardia de la clase, esté lo más organizado posible y sólo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por lo menos, un mínimo de organización”[27].

Y puesto que el partido de nuevo tipo leninista es la unión de todas las organizaciones de éste,  su forma de organización y de funcionamiento es el centralismo democrático. Centralismo, con una disciplina igual para todos, con unas leyes comunes y de obligado cumplimiento para todos y con un solo órgano de dirección al frente,  el Congreso del Partido y  el Comité Central en los periodos entre Congresos, de tal modo que todas las organizaciones del partido se someten a estos órganos, así como las organizaciones inferiores se someten a las superiores. Siendo tanto el Congreso, el Comité Central, como los órganos superiores de dirección la expresión de la democracia del conjunto de las organizaciones que componen el Partido. Este modelo de organización y funcionamiento del Partido refleja también el modelo de organización y funcionamiento de la sociedad y del estado socialista.

El partido leninista es el instrumento que porta la conciencia de clase, la ciencia marxista-leninista, a los elementos más avanzados del proletariado. “Los obreros no podían tener conciencia socialdemocráta. Esta sólo podría ser traída desde fuera. La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc.. En cambio la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras. Por su posición social, los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa”[28]. Esa “conciencia traída desde fuera” es la generada y portada por el partido de nuevo tipo, el partido leninista

El partido se va transformando de manera acompasada a la situación de la lucha de clases, como parte del mundo material está también en permanente movimiento. Lenin magistralmente fue construyendo el partido de nuevo tipo, primeramente estableciendo una táctica mediante la que los círculos marxistas  adquiriesen conciencia de la necesidad de focalizar su trabajo ideológico sobre el movimiento obrero, sobre sus huelgas, explicándoles la naturaleza, la raíz de sus problemas, y tratando de unificar las luchas dispersas del proletariado  contra los patronos en una única lucha contra la clase burguesa; esta táctica sobrepasó la capacidad organizativa de los círculos marxistas, también dispersos e incluso heterogéneos, y unió los círculos conformando progresivamente el Partido. Partido cuya influencia sobre la clase obrera  ascendía y que  era la suma de sus organizaciones. El partido fue desarrollándose gracias a la lucha sin cuartel contra las desviaciones, contra el oportunismo, contra los partidos pequeñoburgueses que engañaban al proletariado, se curtió en la Revolución democrático-burguesa de 1905 y de febrero de 1917, en momentos de flujo y de reflujo, en la guerra imperialista y en su conversión en guerra civil revolucionaria. El partido fue forjándose en la lucha, en los momentos de mayor clandestinidad, pero siempre, gracias a Lenin,  los bolcheviques mantuvieron claridad y firmeza ideológica y política. Lenin, conocedor como nadie del marxismo y de la clase obrera y de los mujiks – campesinos pobres – de su país, fue capaz de conformar el Partido, de dotarlo de la organización y dirección adecuadas, de convertirlo en instrumento de lucha del proletariado contra la tiranía zarista, contra la democracia burguesa,  y, posteriormente, en instrumento revolucionario, donde junto con los sindicatos y otras organizaciones del proletariado, llevó a cabo la Revolución Socialista, a pesar de todas las adversidades, construyendo el Ejército Rojo, un verdadero ejército del pueblo trabajador, y finalmente como instrumento con el que  desarrollar el socialismo y la dictadura del proletariado. 

En el período prerrevolucionario, en el periodo de desarrollo más o menos pacífico, cuando los partidos de la II Internacional eran la fuerza predominante en el movimiento obrero y las formas parlamentarias de lucha se consideraban fundamentales, en esas condiciones, el Partido no tenía ni podía tener una importancia tan grande y decisiva como la que adquirió más tarde, en las condiciones de choques revolucionarios abiertos.[…] Este período plantea ante el proletariado nuevas tareas: la reorganización de toda la labor del Partido en un sentido nuevo, revolucionario la educación de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria en el Poder, la preparación y la concentración de reservas, la alianza con los proletarios de los países vecinos, el establecimiento de sólidos vínculos con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes, etc., etc.. Creer que estas tareas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacifistas del parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una derrota inevitable. Hacer frente a estas tareas con los viejos partidos a la cabeza, significa verse completamente desarmado. [..] De aquí, la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse en las condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para sortear todos y cada uno de los escollos, que se interponen en el camino hacia sus fines. [… ] Sin un partido así, no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado.[…] Este nuevo partido es el Partido del leninismo. […] El proletariado necesita del Partido para conquistar y mantener la dictadura. El Partido es un instrumento para la dictadura del proletariado.[…] Pero de esto se deduce que, con la desaparición de las clases, con la extinción de la dictadura del proletariado, deberá desaparecer también el Partido” [29].

Ello es normal, en la sociedad dividida en clases antagónicas, las clases sociales no son homogéneas, no son bloques compactos. El partido político es la fracción más organizada y decidida de una clase o de un sector social. Todos los partidos políticos del capital, cuyo objetivo es perpetuar el régimen de explotación capitalista, y con él  la sociedad clasista y su estado, ya sea el más democrático o el más reaccionario, pretenden ellos perpetuarse, mas no tienen otra salida. Sin embargo, el partido leninista, el partido de nuevo tipo ideado por Lenin, tiene como misión la consecución del comunismo, de la sociedad sin clases y sin estado y, en consecuencia, sin partido, por lo que el partido leninista debe irse extinguiendo a la par que se extingue la lucha de clases, desapareciendo conquistado el comunismo.

Una constante, tanto en Lenin como en Marx y Engels, es que la cuestión de clase está por encima de la cuestión nacional o la cuestión patriótica, el proletariado es internacionalista y el partido tiene que reflejarlo. Para ellos, el partido debía ser uno mundial que tuviera “delegaciones” en los distintos países del mundo. El triunfo de la Revolución Socialista de Octubre de 1917 tuvo un impacto e influyó en la consecución de un partido comunista internacional de ese tipo, la Tercera Internacional, donde las Tesis de Lenin para el II Congreso de la Internacional Comunista, en julio de 1920, definieron las condiciones de ingreso que aquéllos partidos comunistas nacionales debían de cumplir para formar parte de la misma.

La III Internacional ha sido fundada en una situación mundial en la que ni las prohibiciones ni los miserables malabarismos y triquiñuelas de los imperialistas de la “Entente” o de los lacayos del capitalismo, al estilo Scheidemann en Alemania y de Renner en Austria, pueden impedir que entre la clase obrera del mundo entero se difundan noticias acerca de esta Internacional y las simpatías que ella despierta. Esta situación la ha creado la revolución proletaria, que, de un modo evidente, está tomando incremento en todas partes cada día, cada hora. Esta situación la ha creado el movimiento soviético entre las masas trabajadoras, el cual ha alcanzado ya una potencia tal que se ha convertido en un movimiento internacional.[…] La I Internacional echó los cimientos de la lucha proletaria internacional por el socialismo. La II Internacional marca la época de la preparación del terreno para una amplia extensión del movimiento entre las masas en una serie de países. La III Internacional ha recogido los frutos de la II Internacional, ha amputado la parte corrompida, oportunista, socialchovinista, burguesa y pequeñoburguesa y ha comenzado a implantar la dictadura del proletariado”[30].

Hemos hecho un recorrido a lo largo de la historia para mostrar no sólo la raigambre del partido leninista con la ciencia marxista-leninista, no sólo la necesidad del partido para el proletariado – que es condición esencial y necesaria para el cumplimiento de su misión histórica -, no sólo la génesis científica del partido y de que su definición no es una cuestión del azar sino de la revolución de la filosofía, del conocimiento humano,  y de la riqueza práctica generada por la lucha del proletariado y el movimiento obrero que han servido para perfeccionar la ciencia del marxismo-leninismo. Lo hemos hecho para mostrar que el partido leninista es una de las mayores conquistas del proletariado, es su instrumento más preciado, es su arma más sublime y elevada.  El proletariado sin el partido leninista está condenado a sufrir la explotación capitalista, todo tipo de vejación y de violencia, está condenado a sufrir todas las vicisitudes habidas y por haber, porque sin el partido leninista, sin su desarrollo, el proletariado no podrá nunca conquistar su emancipación como clase, ni podrá dar cumplimiento a su misión histórica: el comunismo, la sociedad sin clases y sin estado.

La Gloriosa Revolución Socialista de Octubre de 1917 nos ha legado el cómo el proletariado debe conquistar el poder, cómo derrocar a la burguesía, cómo iniciar la edificación del socialismo, a pesar de las muchas adversidades encontradas en dicho camino, como por ejemplo la incomprensión y el bajo grado de instrucción y de conocimiento en las lides de tirar hacia adelante las instituciones socialistas por parte del proletariado, y el papel fundamental del Partido, tanto para todo lo bueno que hemos explicitado, como para hacer que implosionara la URSS y se revirtiera el socialismo en imperialismo como consecuencia de su desnaturalización.

Después de haber ampliado así las filas del partido, debemos cerrar las puertas, ser en extremo prudentes. Debemos decir que ahora el partido ha triunfado, no necesitamos nuevos afiliados. Sabemos perfectamente que en una sociedad capitalista en descomposición tratará de introducirse en el partido una infinidad de elementos perjudiciales. Debemos crear un partido que sea partido de obreros, en el que no haya cabida para los advenedizos […] El Partido no puede abrir sus puertas de par en par, porque en el capitalismo en descomposición es absolutamente que atraiga a los peores elementos. El partido debe ser muy restringido e incorporar a sus filas, aparte de la clase obrera, sólo a aquellos elementos de otras clases que tenga la posibilidad de poner a prueba con mayor cautela.”[31].

En octubre de 1917 el Partido Bolchevique tenía en torno a 350 mil militantes, el 1 de enero de 1977 el PCUS contaba con 16 millones de militantes; “El XIX Congreso (1952) destacó la subestimación de éstos y otros serios problemas en el desarrollo del trabajo ideológico del Partido. Los datos oficiales revelan cambios en el número y composición de la militancia del Partido. En el XVIII Congreso (marzo de 1939), el PC(b) tenía 1.588.852 miembros de pleno derecho y 888.814 candidatos. Durante la II Guerra Mundial, el número de miembros de pleno derecho superaba los  3.615.000 y los candidatos superaban los 5.319.000. En la guerra el PC perdió 3 millones de miembros. En el XIX Congreso de 1952, el PCUS sumaba 6.013.259 miembros y 868.886 candidatos”[32]. Sin duda, las advertencias de Lenin sobre la ampliación del Partido eran certeras. La burguesía combatió por todos los medios al Partido en la URSS, los imperialistas gastando ingentes cantidades de dinero y de recursos en combatirla en todos los terrenos – militar, armamentístico, propagandístico, etcétera – y también fue progresivamente penetrando, a través de sus esbirros oportunistas, tanto en el PCUS – donde tras la muerte de Stalin (líder con una fortaleza, carisma y apoyo infinito del pueblo soviético que lo dotaban de una fortaleza que frenaba las intenciones desviacionistas y de desnaturalización del Partido de la parte oportunista en el interior), y con una correlación de fuerza favorable, los oportunistas empezaron a desnaturalizar al partido, abandonando progresivamente los principios rectores leninistas  –  así como a otros partidos comunistas de otros países, siendo un ejemplo claro de ello el PCE.

Se evidencia que el Partido es la piedra angular para que el socialismo se imponga, para que no involucione e implosione. Todo ello lo conoce  la burguesía con gran precisión, por eso no dudan en atacar con todas las fuerzas al partido leninista, porque es plenamente consciente de que el partido es el alma del proletariado, sin el partido leninista el proletariado siempre estará a merced de la burguesía, siempre será carne de explotación. Y también es plenamente consciente que ninguna revolución puede triunfar sin la existencia del partido leninista.

La burguesía sabe perfectamente que la clave de su dominio, de la perpetuación de su régimen criminal y retrógrado, pasa por atacar al alma, al cerebro, al corazón del proletariado, es decir, al partido leninista.

En el momento actual, donde el imperialismo está en bancarrota, donde la crisis es terriblemente profunda y la humanidad no tiene más salida que mandar al capitalismo monopolista, y a la superestructura que genera,  al estercolero de la historia, los monopolios no sólo atacan con ferocidad al comunismo, a su partido, a Stalin – al que la burguesía profesa un odio voraz pues, sin duda, es gracias a su liderazgo, entrega, lealtad al marxismo-leninismo y carisma – reconocido por el pueblo soviético – por lo que fue posible que la URSS perdurara en el tiempo – , sino que no dudan en alimentar económicamente todo tipo de organización oportunista que sirva para desviar al proletariado del marxismo-leninismo, y de su partido. Este hecho se aprecia con mucha claridad en los países del sur de Europa, sacando a pasear sus últimas tablas de salvación, el populismo: Syriza en Grecia, Movimiento 5 estrellas en Italia o PODEMOS en España.

La burguesía no dudará en tratar de frenar lo más que pueda, cometiendo todo tipo de crímenes y barbaridades, el giro de las ruedas de la historia, consciente de su inminente – en términos históricos – final. Ello significa impedir el desarrollo del partido leninista pues sabe que sin él cualquier alternativa a su régimen caduco y criminal es pura fantasía, pura quimera. 

Agosto de 2017.

    

F. Barjas.

Secretario General del PCOE.

Bibliografía:

[1]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, pág. 55. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[2]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, págs. 65-66. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[3]: K. Marx, F. Engels. La sagrada familia, págs. 142-143. Ed. Akal Editor, Madrid 1981.

[4]: K. Marx, F. Engels. La sagrada familia, pág. 147. Ed. Akal Editor, Madrid 1981.

[5]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 68. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[6]: Ibídem.

[7]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 69. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[8]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 70. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[9]: K. Marx, F. Engels. La Ideología Alemana. Pág. 223. Editorial Pueblos Unidos & Grijalbo, 3ª Edición, Barcelona 1970.

[10]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 73. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[11]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 187. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[12]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo III, pág. 74. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[13]: I.V. Stalin. Obras Completas, Tomo XIV, pág. 54. Ed. Progreso, Moscú 1953.

[14]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, págs. 60-61. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[15]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, pág. 52. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[16]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo I, pág. 90. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[17]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo IX, pág. 169. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[18]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo V, págs. 77-78. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[19]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo II, pág. 245. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[20]: Ibídem.

[21]: V.I. Lenin. Obras escogidas. Tomo III, pág. 135. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[22]: K. Marx, F. Engels. Obras escogidas, Tomo II, pág. 245. Ed. Progreso, Moscú 1980.

[23]: K. Marx, F. Engels, V.I. Lenin. La Comuna de París, pág. 107. Ed. Akal, Madrid 1985.

[24]: I.V. Stalin. Obras Completas, Tomo I, pág. 9. Ed. Progreso, Moscú 1953.

[25]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo II, pág. 134. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[26]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo I, pág. 196. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[27]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo II, pág. 134. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[28]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo II, pág. 13-14. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[29]: I.V. Stalin. Obras Completas, Tomo VI, págs. 58-63. Ed. Progreso, Moscú 1953.

[30]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo IX, págs. 169-170. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[31]: V.I. Lenin. Obras escogidas, Tomo X, pág. 111. Ed. Progreso, Moscú 1973.

[32]: Resolución del XVIII Congreso del KKE. “Análisis y conclusiones sobre la construcción socialista durante el siglo XX, fundamentalmente en la URSS. Percepción del KKE sobre el socialismo”. Febrero 2008. 




La democracia

Al conmemorar la Gran Revolución de Octubre no debemos pasar por alto lo que ésta supuso en la lucha ideológica. Sin duda fue un experimento trascendental que resolvió polémicas conceptuales de hondo calado en la lucha de clases. Una de ella es la democracia. No es por casualidad que al quebrarse la URSS apareciesen en el horizonte pseudocientífico mil maneras de explicar la categoría “democracia”, todas ellas con la única intención de rebatir al leninismo “fracasado”.

El tema se ha desquiciado adrede por los voceros del imperialismo, quienes cuentan con la resonancia gratuita de los falsos redentores entre las masas, surgidos durante el repliegue de las fuerzas revolucionarias, los cuales utilizan infinitas maneras de describir la democracia, todas ellas inescrupulosas frente al ridículo, cayendo en vulgarizaciones e incurriendo en tremendas contradicciones. Para la reacción todo vale con el fin de alcanzar el objetivo primordial ante una clase obrera desguarnecida: el repudio a todo cuanto fue y supuso el socialismo interceptando el mínimo intento de razonamiento del pueblo. 

De esta forma, las clases laboriosas no deben reflexionar sobre los contenidos sino que han de engullir sin masticar los conceptos vanos. Tanto es así, que podemos encontrar definiciones falaces y contradictorias sobre la democracia, expuestas por un mismo autor. El uso de la contradicción es muy frecuente en Julio Anguita, hoy considerado el más preciado “pensador” de la izquierda española, que en cierta ocasión espetó irascible: “La democracia no existe si una carta enviada en agosto puede dictar la política económica de un país”, en clara alusión a la injerencia de la UE en la política económica española. Es decir, lo que actualmente tenemos en España no es democracia; sin embargo,  el mismo Anguita se contradice cuando afirma que “el fascismo financiero nos lleva a la muerte de la democracia”. En este caso asevera que lo que hay en España es democracia, que debemos conservar ante el peligro de que los facciosos financieros nos la roben.

Entonces ¿Qué es democracia? No esperemos de Anguita una definición clara y absoluta pues el devaneo es constante en sus análisis apreciándose en sus lecciones a favor de la Constitución actual y también cuando glorifica la sacrosanta, para él, “Declaración de los Derechos Humanos”. Hasta los medios de comunicación más reaccionarios de este país le tienen en estima y le tratan con un respeto que chirría en los oídos de cualquier revolucionario.  Un líder así es la joya de la corona, pues dotado de la gracia para la oratoria, deja prendado al incauto oyente sin que éste se dé cuenta de que no ha entendido absolutamente nada.

En esta misma dirección, su discípulo y compañero de partido Alberto Garzón, nos sorprende a cada instante, aún más que su maestro con sus reivindicaciones del tipo “¡Por una banca pública y democrática!” Está claro que el “neo comunismo” tiene un déficit in crescendo de raciocinio.  Así, es muy difícil que un obrero alejado de las fuentes marxistas pueda discernir si en el capitalismo un ente, en este caso un banco, puede ser democrático cuando el capitalismo no lo es.

Tal vez por ello Pablo Iglesias, más avieso que sus amigos y compañeros de viaje, ofrece una versión un tanto aperturista. Al menos intenta ser explícito: “vamos a crear un mecanismo para que la gente pueda decir: ‘joder yo quiero tener algo que decir, a la hora de ver si puedo esa persona de alguna manera represente el cabreo que yo tengo, quiero poder participar’. Ya está, eso es lo que estamos planteando y era una hipótesis. Yo dije si no tengo 50000 apoyos para seguir adelante me voy a mi casa”. Pablo Iglesias tiene una manera extraña para definir la democracia cuando la identifica con un sector popular que deposita su confianza en su partido, lo que él denomina “participación”. Claro que el mero hecho de participar, cualquiera que sea la fórmula empleada y para lo que sea, no es suficiente. El burgués podría decir que eso ya lo hace su democracia, la gente en mayor cantidad participa en las elecciones, por tanto, la diferencia que existe entre Iglesias y Rajoy respecto del concepto es mínima, por no decir ninguna. Quizás la forma varíe pero no el contenido y si es por el número de participantes, Rajoy ganaría con diferencia.

No obstante, hay que reconocer que la perspicacia de Pablo Iglesias es superior a la de Rajoy, Anguita y Garzón juntos. Él sabe que, o se distingue de los demás, o toda la historia de las nuevas formas de hacer políticas quedan en nada. Por eso, remacha sus argumentos con una “vehemencia” poco usual y lanza a los cuatro vientos eso de que “ser demócrata es expropiar”. Y con esta frase lapidaria nos quiere hacer ver que ha descubierto el  método infalible de crear democracia, cuando lo que hace de nuevo es conceder a Rajoy viso gratuito de demócrata al haber expropiado al trabajador del derecho a la comida, a la vivienda e incluso a la vida.

Allende nuestras fronteras hay quienes ofrecen algunas variantes aunque la matriz moderna la hallamos en Heinz Dieterich con su socialismo del Siglo XXI, muy compartido en América Latina y Europa, en cuyo desenlace esquiva el protagonismo de la clase obrera  para concluir que la democracia participativa deviene del desarrollo y superación de la democracia formal, discurso que lleva implícito la superación del Estado clasista por un inefable Estado no clasista.

A partir de esta formulación, más que absurda, se han ido conformando los criterios democráticos que hoy intoxican el ambiente de la lucha de clases. La aparición del socialismo del siglo XXI encandiló a padres e hijos, el mismísimo Hugo Chávez invitó al Comité Central del Partido Comunista de Cuba a que procediera a su estudio. Hablar de democracia en la actualidad es hablar de todo porque todo en boca de quienes aseguran saber del tema es democrático o posee dosis de democracia. Según la fórmula, existe una escala de supuestos valores que permiten al dicente del momento calibrar cuantos gramos de tal democracia tiene un país, el gesto de una clase, o simplemente una acción política. Pablo Iglesias dijo respecto de Venezuela que es “una de las democracias más saludables del mundo”. Pero el líder de PODEMOS no soluciona el problema. Si admite que la democracia existe en plural, ¿por qué no nos dice qué o cuál democracia es la que hay en Venezuela y qué cantidad tiene?

En todos los casos, desde la derecha hasta la falsa izquierda, la democracia es en sí misma el objetivo final. Detrás de ella no hay nada más ni lo habrá. Tal es la intención de Fukuyama cuando proclama a los cuatro vientos el triunfo definitivo de la democracia liberal y del modelo de la economía demercado. Al ser la meta suprema, cada cual encuentra en su democracia la panacea universal y, si esta no llega, hay que luchar por alcanzarla, pero siempre dentro de su democracia, que es el régimen por excelencia. ¿De verdad existen tantas democracias?

Sabemos que aún a regañadientes la izquierda “revolucionaria”, por regla general, admite que democracia es igual a gobierno del pueblo, o poder del pueblo; aunque después, en la práctica, se alejan miles de kilómetros de su prístina aceptación hasta caer en el abuso de la utilización de los términos democracia y democrático. Y es que eso del “poder del pueblo” es para ellos tan sólo una frase hecha sin ningún sentido. Bien por ignorancia, bien por renuncia, se confunde participación con poder en aquellos que se tienen por los más avanzados progresistas y a veces revolucionarios. Para estos, la participación de los trabajadores en una asamblea es democracia, la elaboración de un programa por los ciudadanos es democracia, elegir a sus representantes por los modernos medios de comunicación es democracia, y así sucesivamente, porque de esta manera se manifiesta, según ellos, el poder del pueblo.

Las asambleas de obreros, la participación en la elaboración de un programa electoral, así como la elección de sus representantes en parlamentos no significan, en ninguno de los casos, el poder de los trabajadores. Por consiguiente, no es democracia, cualquiera que sea el régimen. Lenin desaconsejaba la celebración de asambleas de trabajadores en determinadas circunstancias para votar una huelga, con la meta de no descubrir al burgués sus posibilidades y la estrategia preparada. También al objeto de rechazar que sean las leyes burguesas las que determinen cuándo, dónde y para qué se han de reunir en asamblea los trabajadores. Fue Lenin quien le dio consistencia práctica a la definición de “gobierno del pueblo” alejándose de las posiciones espurias de los falsos demócratas y revolucionarios. La democracia sin apellido no existe porque ésta es una de las formas que puede adoptar el Estado y el Estado es siempre clasista. Partiendo de este juicio, todos los intentos de los eclécticos de conciliar la lucha de clases a través de su noción de democracia, pasan al contenedor de la basura.

Lenin designa como el único estado democrático posible a la dictadura del proletariado porque es el verdadero estado del pueblo. Las democracias anteriores no reflejan su acepción primaria, gobierno del pueblo, y serán, por tanto, democracias esclavistas (gobierno de los esclavistas), feudalistas (gobierno de los nobles) y capitalistas (gobierno de los burgueses), sin más calificativo ni aditivo. La democracia en general del agrado de Dieterich, “participativa” o “formal”, es una burda patraña para enajenar a los trabajadores.

Cuando el líder soviético define como la misma realidad democracia y Estado, está diciendo muchas cosas que se silencian a propósito. La democracia, al ser clasista y una forma de Estado, nunca será dulce sino represiva contra las clases opositoras. Tampoco es la panacea total y menos aún es eterna, porque es tan sólo un Estado transitorio a la sociedad sin Estado. A este respecto en el pensamiento leninista todo está concatenado dialécticamente. La dictadura del proletariado debe estar configurada, naturalmente, para acelerar el proceso de extinción de las clases sociales y todo lo que ella conlleva, por ejemplo, el Estado y los partidos políticos, que en las sociedades anteriores representaban los intereses de determinadas clases sociales. Para ello, el poder del pueblo ha de ser real, tangible y directo sin ninguna delegación de por medio. En el año 1918 decía Lenin, con el propósito de explicar qué tipo de participación del pueblo debe ser considerado demócrata: “Los ciudadanos deben participar sin exclusión alguna en la administración de la justicia y en el gobierno del país. Y para nosotros es importante incorporar a la administración pública del Estado a todos los trabajadores sin excepción. Esta tarea ofrece dificultades gigantescas. Pero la minoría el Partido no puede implantar el socialismo”. Participar, para Lenin, es mucho más que elegir jueces o jefes de gobiernos. Significa también que los trabajadores, todos sin exclusión, sean los administradores de la justicia y sean también quienes tengan  la misión de gobernar en todas las escalas.

Cuanto más rápida sea la incorporación de los trabajadores a las tareas del Estado, tanto más pronto desaparecerán por inferencia natural el Estado y, por consiguiente, la democracia que le es inherente. Al compás sincronizado irán desapareciendo las diferencias entre el trabajo físico e intelectual, entre la ciudad y el campo, la aportación a la sociedad será equitativa. El estado carece de sentido porque ya no existen las clases, ni tampoco las contradicciones no antagónicas. El estado, por consiguiente, deja de ser Estado, al dejar de cumplir la misión que le dio vida: la represión. La democracia muere y bien muerta ha de quedar porque con su desaparición se acaba la prehistoria de la humanidad. Tal es el mensaje leninista, tal fue la proyección soviética.

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




El capitalismo se descompone y el fascismo se reorganiza

El fascismo en Estados Unidos ha intentado dar en Charlottesville, Virginia, un golpe con el que posicionarse políticamente. La excusa de la retirada de una estatua en homenaje a Robert E. Lee, general del Ejército Confederado durante la Guerra Civilsímbolo histórico del poder blanco sureño que luchó contra los Estados del Norte sin éxito por mantener el sistema de esclavitud de los negros- le ha servido al fascismo para lanzar la consignaUnir a la derecha” con la que posicionarse políticamente.
 
Los fascistas congregados en el antes llamado parque Lee, incluidos elementos del Ku Klux Klan como su ex-lider David Duke, mostraban banderas confederadas y coreaban consignas nazis, pese a que el Ayuntamiento de la localidad había declaradoilegal” la concentración. Este hecho demuestra la complicidad de las instituciones burguesas con el fascismo, que lo financia y sustenta, sabedor de que debe plantarlo y cuidarlo porque el momento de darle el poder político no es nada lejano.
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El Partido Comunista Obrero Español apoya y se solidariza con el movimiento antifascista que ha plantado cara al nazismo y que ha sufrido otra pérdida irreparable, la compañera Heather Heyer, como consecuencia de no permitir al fascismo que avance sin resistencia. Asimismo denunciamos el apoyo y financiación tácito de las instituciones burguesas al fasciscmo, que le permiten avanzar y reorganizarse asesinando a aquellos que luchan por cambiar una sociedad enferma como la estadounidense creada por el sistema capitalista.
 
El Socialismo y la Dictadura del Proletariado es la única alternativa que tenemos los trabajadores del mundo para librarnos de la explotación del sistema capitalista criminal y su punta de lanza en los momentos de crisis y de revolución: el fascismo asesino. ¡Es el momento de los comunistas, es el momento de organizar la revolución y de luchar por el Socialismo!
 

¡Abajo el fascismo asesino!

¡Por el Socialismo y la Dictadura del Proletariado!

 
D. García  Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista Obrero Español



Los trabajadores de Eulen en el Prat retratan al Estado

En el día de ayer los trabajadores de Eulen en el Aeroport del Prat rechazaron la propuesta de aumento salarial de la Generalitat, propuesta ésta asumida por Eulen, hecho que demuestra que es el propio estado – tanto la Generalitat como el resto de CCAA y Ayuntamientos y el estado central –  quien fundamenta y fomenta la precariedad laboral, la subcontratación y tira las condiciones de los trabajadores por tierra y agudizan la explotación laboral. Pero claro, deben mantener este sistema para sostener sus prebendas, de ahí salen las mordidas que financian a los partidos del Capital, y es que privatización y corrupción son términos análogos, son dos caras de la misma moneda capitalista. 

Ya en el mismo día de ayer, la Generalitat, alineada con la Empresa, arremetieron contra la decisión democrática adoptada por los trabajadores de mantener la huelga y seguir negociando hasta conseguir lo acordado democráticamente por la asamblea.

La respuesta del estado no se ha hecho esperar, y tanto el Ministro de Fomento del reaccionario Gobierno del estado español, como el Govern de la Generalitat de Catalunya, ese que señala que el estado español es autoritario y antidemocrático, que lo es, no han dudado en poner tanto a Guardias Civiles, como a Mossos d’Esquadra, de esquiroles para tratar de reventar la huelga de los trabajadores de Eulen y debilitarlos, como buenos lacayos de la burguesía que son.

La clase obrera en movimiento, en huelga, ha mostrado como tanto el Govern de la Generalitat de Cataluña como el reaccionario Gobierno del estado español, a la hora de defender los intereses de los empresarios y de arremeter en contra de los intereses y los derechos de los trabajadores, son almas gemelas que actúan unidos como un solo puño, el puño de la reacción. 

Primero los Controladores Aéreos, hoy los trabajadores de la Seguridad de Eulen en el Aeroport del Prat demuestran que en el estado español los derechos de los trabajadores no existen, son papel mojado. El derecho a la huelga de los trabajadores es escamoteado por el propio estado, vendido y al servicio de los empresarios, que establece los servicios mínimos y que determina usar a las Fuerzas de Represión del estado como esquiroles contra los trabajadores.

Si reaccionaria y antiobrera es la determinación del Gobierno corrupto de Rajoy, no menos reaccionaria y antiobrera es la reacción del Govern de la Generalitat de Catalunya. Y es que la Consellera de Treball Dolors Bassa, de JxSí adscrita a ERC, ha enviado un requerimiento al Comité de Huelga para que se vote y la asamblea de los trabajadores se desarrolle como ella diga ¿Pero quién es esta reaccionaria para determinar cómo los trabajadores deben desarrollar sus asambleas y deben proceder a sus votaciones y ejercitar su democracia? Esta gentuza reaccionaria del Govern de Catalunya no dudan en actuar, contra los obreros,  de la misma manera que el Gobierno español actúa contra el pueblo de Cataluña  cuando le niega el ejercicio del derecho democrático a la autodeterminación.

Los trabajadores y trabajadoras catalanas deben comprobar que tan enemigos de ellos son el Gobierno español como el Govern de la Generalitat de Catalunya, ambos son iguales de burgueses e iguales de antiobreros. En el estado español hoy la lucha sindical está ilegalizada de facto, ahí tenemos un nuevo episodio, el estado español cada día es más reaccionario y no puede permitir que los trabajadores tengamos derecho alguno, es por ello que tanto los trabajadores catalanes como del resto del estado español debemos unirnos y organizarnos para cambiar el régimen existente, para abolir la propiedad  privada sobre los medios de producción, para acabar revolucionariamente  con el capitalismo y su estado y construir el Socialismo.

El capitalismo monopolista de estado lo único que puede proporcionar a la clase trabajadora es más miseria, más explotación, más violencia, más represión, más muerte. Los obreros catalanes, vascos, gallegos y los del resto del estado español debemos estar más unidos que nunca para acabar con la burguesía y su estado y su régimen económico que nos niega la democracia, nos niega el trabajo, nos niega el derecho a escribir nuestro futuro, impide que se resuelva cuestiones pendientes como la cuestión nacional o la cuestión de la tierra y la Reforma Agraria y construir el Socialismo el cual servirá para conquistar nuestro futuro, imponer nuestra democracia proletaria y resolver  todas las cuestiones que nos niegan la vida.

Como se puede ver, el problema trasciende de las paredes del Aeroport del Prat, estamos ante un problema político que atañe al conjunto de la clase obrera de todo el estado, por ello, el Partido Comunista Obrero Español, aparte de apoyar a los trabajadores de Eulen en el Prat, hace un llamamiento a la clase obrera, a sus órganos de representación unitaria y delegados de personal, a la unidad y a la organización para llevar a cabo una Huelga General Política contra el estado y su gobierno, por la socialización de las empresas y de los bancos, porque seamos los trabajadores quienes tengamos todo el poder político y económico del país.

¡FORTALECE LAS FILAS DEL PARTIDO, ÚNETE AL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL!

¡POR EL SOCIALISMO!

Madrid, 11 de agosto de 2017.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Con los trabajadores de eulen. La única salida es el socialismo

Vivimos en una sociedad dividida en clases donde unos son dueños de los medios de producción, de las fuentes de riqueza – fábricas, centros de trabajo, tierras, comercios, bancos – y otros -los obreros, trabajadores de toda índole, jornaleros, etc.- tenemos que vender nuestra fuerza de trabajo para poder mal vivir. Esta sociedad, dividida en una minoría de explotadores y una mayoría de explotados tiene en su esencia un choque entre ambas clases, cuyos intereses son antagónicos.

Al dueño de los medios de producción – empresario, emprendedor como le gusta denominar a la clase hegemónica, o burgués, ya sea individual o un grupo de accionistas –  lo que le interesa es ganar cada vez más dinero y vender más barato para eliminar a la competencia y actuar en posición de monopolio. Al trabajador lo que le interesa es ganar más dinero para poder comer él y su familia, poder pagar la casa y otros gastos derivados de una vida digna.

Los capitalistas, en este caso los dueños de Eulen, quieren acumular más riqueza para seguir viviendo a costa del trabajo ajeno. Para ello, no han dudado en emplear las leyes favorables a los explotadores, ni dudarán, en sacar mayor rendimiento económico del trabajo de los obreros, haciéndoles trabajar más horas por menos salario, en resumen, empeorando nuestras condiciones de vida para mantener su posición en el mercado y su posición de privilegio como clase social. Esto, tal como lo descubrieron Marx, Engels y Lenin son las leyes en que se desarrolla el capitalismo. Es decir, no es por la maldad del empresario individual sino una necesidad del sistema actual.

Y contra esto ¿Cuál es la respuesta? La lucha en varios ámbitos. Por un lado la lucha sindical contra la burguesía, para evitar que ésta se apropie aún más del producto de nuestro trabajo. Pero ahí no acaba la cosa, la lucha sindical es una respuesta incompleta sin la unidad de la clase obrera, sin movilizar políticamente a los trabajadores y sin la conciencia de clase. Y la conciencia de clase de un obrero significa que comprende que la única salida contra la explotación de los de su clase por parte de los patronos únicamente se producirá cuando derribemos este sistema económico que se llama capitalismo, y construyamos en su lugar otro llamado socialismo, la sociedad donde la propiedad de los medios de producción pertenecerá a los obreros y al conjunto de los trabajadores.

Porque evidentemente, si los trabajadores de Eulen fueran dueños de su medio de producción, de su centro de trabajo, serían asimismo dueños del producto íntegro de su trabajo, del valor que generan, que no iría a parar a bolsillos de parásitos y haraganes como las oligárquicas familias que controlan Eulen, que aún encima se permiten el lujo de adoctrinarnos en prensa acerca de que “tenemos que trabajar más y vivir peor”. Todo, para que ellos sigan viviendo del sudor de nuestra frente y de las necesidades de nuestras familias. Por tanto, lo que sobra en la ecuación son los capitalistas, son los empresarios. ¿Acaso los trabajadores de Eulen no podrían hacer funcionar su empresa sin necesidad de la figura del patrón? No solo pueden, sino que lo hacen día tras día, ellos se encargan de que la empresa funcione y ellos crean la riqueza que va a parar a los bolsillos de los capitalistas. Estos, sin trabajar,  son dueños de todo lo que producimos los trabajadores, y  a pesar de ello, sólo obtenemos la miseria y la explotación, sólo obtenemos cada vez peores condiciones laborales, o quedarnos en la calle cuando no interesemos económicamente a los capitalistas, o bien que nuestra dignidad sea insultada como en el caso de las palabras anteriormente citadas de los dueños de Eulen.

Por tanto, la única solución es el SOCIALISMO, la clase obrera en el poder y dueña de todos los centros de trabajo, fábricas, bancos, etc., puesto que sólo así la riqueza pertenecerá a quienes la producen y no a los que se apropian de ella viviendo del cuento. Además señalamos que todos aquellos que no indiquen a los obreros que la salida es la ruptura con el capitalismo, haciéndoles creer que dentro del capitalismo puede haber alguna salida digna para ellos, lo que están haciendo es engañar a los obreros. Así que la tarea es convertir cada centro de trabajo en una fortaleza de lucha por el SOCIALISMO, por la propiedad social de los medios de producción, por la socialización de las empresas, por un poder político que emane de la clase obrera y por una planificación económica que emane de los obreros organizados en los  centros de trabajo.

Es por ello que hacemos un llamamiento a la clase obrera y demás clases populares azotadas por el capitalismo a  la unidad y organización en torno a la clase obrera por la HUELGA GENERAL POLÍTICA contra este sistema criminal responsable de todos nuestros males,  y   unir todas las luchas dispersas de los sectores sociales agredidos por la burguesía en un Frente Único del Pueblo que vaya más allá de la necesaria lucha sindical, de la lucha sectorial o barrial,  ampliando el ámbito de la lucha a la política y la ideología y  no únicamente contra un patrón aislado, sino contra el conjunto de la clase de los capitalistas que es el estado Burgués.

COMISIÓN DE AGITACIÓN Y PROPAGANDA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




Las políticas antiobreras se consolidan en Madrid

Los gobiernos tanto de la comunidad de Madrid como del ayuntamiento de la capital están arreciando en la aplicación de las políticas en beneficio de la burguesía y contra los trabajadores. Apenas nada queda ya del efecto del Gobierno del cambio” de Manuela Carmena, entregada absolutamente a los intereses de la burguesía con, cada día, menor vergüenza y Cristina Cifuentes, al más puro estilo PP, machaca a la clase obrera pese a estar cercada por la corrupción de su Gobierno y su Partido.
 
El oportunismo de Ahora Madrid está cada vez más dividido y presenta ya dos facciones bien reconocibles. Por un lado, Manuela Carmena y sus adláteres como Carlos Sánchez Mato- representan el ala más a la derecha y Ganemos e IU forman una alianza reformista del fracaso que, para repartir unas pocas migajas al pueblo como el proyecto de remunicipalización de Línea Madrid (de 240 empleados) para… ¡2022!, se las tienen que ver no sólo con la oposición reaccionaria del PP sino también con la alcaldesa y sus palmeros.
 
La formación oportunista, así, no duda ni por un instante en: primero, negar a los trabajadores de la capital el más mínimo avance en sus condiciones de vida incumpliendo, por ejemplo, las promesas electorales en cuanto a la remunicipalización de servicios privatizados, como la limpieza- y segundo, defender a ultranza los intereses de la burguesía como observamos en el acuerdo alcanzado por Carmena para desarrollar la Operación Chamartín”, incluso pese al rechazo de Ganemos e IU.
 
Mientras tanto, Cristina Cifuentes ni se inmuta por la corrupción, tanto de su Gobierno como de su Partido, y prosigue con paso firme el ataque dictado por quienes le pagan ya casi sin disimulo y cada vez con menos discreción- arrasando con la sanidad pública madrileña (colapso en los hospitales madrileños ante la falta de personal y de camas, nuevo empujón a la privatización con el proyecto de ley de Salud Públicaplantas de hospitales cerradas por falta de personal, etc.) además de con la educación y, en definitiva, todo lo que sea un servicio público que redunde en un menor beneficio para la burguesía dominante.
 
El motín de 82 magrebíes en el CIE de Aluche muestra la miseria y el antiobrerismo del Estado español, puesto que depende del Ministerio de Interior, pero también el fracaso del oportunismo, que siempre encontrará la excusa de que alguien por encima de él le impide llevar a cabo las reformas. Las violaciones sistemáticas de los derechos de los trabajadores, inmigrantes en este caso o disidentes políticos como en el caso de Arenas, Alfon o tantos otros, son recurrentes porque el sistema capitalista necesita de la represión contra la clase obrera para mantenerse en el poder.
 
Syriza, Podemos o Ahora Madrid ya han demostrado que no son la solución para los problemas de los trabajadores, que seguimos sufriendo día a día indecibles miserias en forma de explotación en el centro de trabajo, de represión en las calles ante las legítimas protestas, en la búsqueda de una vida mejor en otro país y, prácticamente, en cada uno de los ámbitos de la vida pues el sistema económico es el que rige todos ellos y los condiciona.
 
El Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español de Madrid llama a la clase obrera a organizarse junto con estudiantes, parados, jubilados… y unir todas las luchas en una única que derroque el sistema capitalista, eliminando de una vez por todas la explotación del hombre por el hombre, y con el que construir el Socialismo a través de un Frente Único del Pueblo y de la HUELGA POLÍTICA DE TODO EL PUEBLO.
 

¡Por la unidad de la clase obrera!

¡Por el Frente Único del Pueblo!

¡Por el Socialismo!

 

Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) de Madrid




Se cumplen 122 años de la muerte de Engels

Los más grandes aportes en la historia de la liberación de las masas oprimidas, desde que la lejana comunidad primitiva dio paso a la sociedad de clases, fueron sin duda las teorías que Karl Marx y Friedrich Engels enunciaron, el llamado socialismo científico. Por primera vez en la historia de la humanidad, y por primera vez en la historia desde que el modo capitalista de producción se convirtió en hegemónico, los trabajadores del mundo tenían un instrumento científico que les serviría como faro, como guía, en la ansiada emancipación de las clases oprimidas.

Frente al socialismo utópico y otras corrientes del socialismo, el análisis materialista de la historia, el análisis de las leyes del desarrollo de la sociedad, la misma concepción filosófica del mundo se realizaba desde los intereses de clase de los oprimidos, de los parias de la tierra, explicando de manera científica las causas de la explotación, las causas de la postración de aquellos que todo lo producen y que, sin embargo, sólo recibían miseria, opresión y violencia por parte de la clase dominante.

Así, esta teoría ayudó al surgimiento de la más gloriosa página de la historia de la humanidad, el nacimiento de la Unión Soviética y del campo socialista, hito que pese a su momentánea derrota en 1989-91, marcó las enseñanzas para nuevas luchas, para una recomposición del movimiento obrero en la que los Partidos Comunistas aún nos hallamos envueltos. Todo este desarrollo de los acontecimientos, muestra la validez cada vez más extraordinaria del pensamiento de Marx, Engels y Lenin, muestra la vitalidad de su pensamiento, muestra la rabiosa actualidad de la praxis marxista-leninista.

Es por eso que desde el PCOE conmemoramos con orgullo la efeméride del fallecimiento del gran maestro Friedrich Engels, faro del proletariado mundial, cuyo inmenso legado jamás será sepultado ni por la muerte ni por la derrota en la lucha de clases, pues mientras existan comunistas, y estos existirán mientras exista la explotación del hombre por el hombre, seguirá vivo el camino revolucionario que el gran maestro alemán nos mostró y que la Gloriosa Revolución de Octubre de 1917 nos corroboró.

 

COMISIÓN DE AGITACIÓN Y PROPAGANDA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




El PCOE en Córdoba en la concentración a favor de los trabajadores del campo

En la mañana del viernes 4 de agosto del 2017,  una delegación del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Córdoba nos unimos la concentración convocada por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) a favor de un convenio digno para los trabajadores del campo frente a la sede de Comisiones Obreras (CC.OO) en el Bulevar del Gran Capitán, en Córdoba.

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La misma pretendía denunciar la situación laboral en el campo, ante un convenio que no ha sido firmado por la patronal ASAJA (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores), cuya decisión fue avalada de forma cómplice por la Delegación de Empleo.

Esto implica que el citado convenio firmado por Comisiones Obreras (CC.OO) y Unión General de Trabajadores (UGT) no tiene validez alguna, pudiendo los empresarios hacer y deshacer a su antojo las condiciones que deseen para explotar a los jornaleros a su servicio. CC.OO, por su parte, ha vendido el convenio como un éxito al suponer una subida del salario, lo cual no deja de ser una cortina de humo frente al aumento de horas de la jornada laboral, al que no mencionan en sus comunicados.

Tras la lectura del comunicado por el lado de las organizaciones convocantes, tomaron la palabra dos camaradas del Partido denunciando la sobreexplotación y las malas condiciones que viven los trabajadores del campo bajo el sistema capitalista, sin importar que algunos mueran de golpes de calor, como ha sucedido recientemente en Montalbán, haciéndose más necesaria que nunca una Reforma Agraria antilatifundista y antimonopolista. Las intervenciones de estos camaradas consiguieron captar la atención del paseante así como el aplauso de parte de los asistentes.

Sin embargo, no todos respondieron de forma afable a las palabras de nuestros camaradas, ya que desde la sede de CC.OO salieron algunos de sus militantes a burlarse de forma descarada mientras hablaban, así como de otros oradores pertenecientes a otras organizaciones, mostrando una vez más su cinismo  y su servidumbre al gran Capital.

No sólo hay que acabar con el sindicalismo amarillo de CCOO y UGT, financiados por el estado y al servicio de los empresarios, y fortalecer el sindicalismo de clase, sino que la única salida que tiene el campo andaluz, y por tanto, el campo cordobés, es la imposición de una Reforma Agraria antilatifundista y antimonopolista, donde la banca esté en manos, y al servicio, de la clase trabajadora y donde se les expropien las tierras a los terratenientes y se socialice, así como también estén socializados los medios de comercialización y distribución de la producción,   y se adapte la infraestructura del campo al modelo de producción socialista de la tierra, de tal modo, que esta Reforma Agraria no sólo significará el futuro y una vida digna de los trabajadores del campo, sino que servirá para multiplicar los puestos de trabajo en otras ramas de la producción como la ingeniería, la química, la biología, etcétera.  Y para esta labor, es fundamental la implicación de los braceros, de los jornaleros, de los campesinos pobres y su organización contra el capitalismo y por la Reforma Agraria.

¡JORNALERO, PEQUEÑO CAMPESINO, ORGANÍZATE Y FORTALECE TU ORGANIZACIÓN, EL PCOE!

¡POR LA REFORMA AGRARIA ANTILATIFUNDISTA Y ANTIMONOPOLISTA!

¡POR EL SOCIALISMO!

COMITÉ LOCAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE) EN CÓRDOBA.




VENEZUELA: Contra la agresión imperialista el Socialismo es el único camino

Tras la celebración el pasado día 30 de julio de  las elecciones que arrojaron la conformación de una Asamblea Constituyente en Venezuela, prerrogativa legal  que posee el Jefe del Estado venezolano acogiéndose a los artículos 347, 348 y 349 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, hemos comprobado como la jauría reaccionaria – desde los esbirros terroristas, también llamados Mesa por la Unidad Democrática (MUD), a los gobiernos norteamericanos y europeos, entre los que descuella, como no podía ser de otra forma, el corrompido y reaccionario gobierno español – afilan y aceleran su política de acoso y derribo contra el gobierno venezolano en su labor, de años, de colocar a un gobierno afín a los intereses del imperialismo norteamericano, y  su adlátere de la Unión Europea, que les permita, no sólo saquear la inmensa riqueza natural y energética que posee Venezuela,  sino establecer el pleno dominio político de los imperialistas en la totalidad del continente americano.

En este sentido, hemos de ver lo que está pasando en Venezuela en el marco de la crisis del imperialismo y en la necesidad que tienen las potencias imperialistas, y fundamentalmente EEUU, de dominar completamente el continente americano; proceso en el que el imperialismo ya ha asestado duros golpes al bloque de países latinoamericanos inspirados ideológicamente en “el socialismo del siglo XXI”, nueva máscara adoptada por  el oportunismo a principios de este siglo, o en su órbita, realizando golpes de estado -ya sean vía militar en Honduras o golpes “blandos” en Brasil-, escorando un poco más a la derecha a los gobiernos de Ecuador o Uruguay, con Macri en Argentina y Kuzcynski en Perú, ambos en el Poder,  y con el reforzamiento político del imperialismo norteamericano en Colombia.

Por otro lado, el trabajo de fondo realizado por el gobierno de los EEUU, organizando y financiando a la oposición fascista venezolana, que mantenía en la calle a los dirigentes políticos que participaron en el golpe de estado de 2002, y como consecuencia del desarrollo capitalista de la Revolución Bolivariana encontró un terreno abonado para fortalecer a los reaccionarios venezolanos y sus posiciones, convirtiéndose en los arietes del imperialismo dentro de Venezuela, debilitando  las posiciones del Chavizmo y dividiéndolo, contribuyendo al aislamiento político del gobierno y haciendo estallar la violencia fascista, la guarimba, expresando – con el asentimiento y apoyo de las “democracias” europeas y de los EEUU – que la voluntad del imperialismo pretende abrirse camino en Venezuela a sangre y fuego y de que están dispuestos a todo por hacer que los monopolios se adueñen de Venezuela y, acabando con ella, tratar de asestar un golpe definitivo a la izquierda latinoamericana

Los hechos demuestran la exactitud del marxismo-leninismo y las advertencias de Lenin, cuando señalaba que  el desarrollo del imperialismo conduce a la reacción. La crisis perpetua del imperialismo, cada vez más profunda, va a acentuarse todavía más como consecuencia de las medidas económicas adoptadas para tratar de atenuar la crisis presente, que han sentado las bases para una nueva gran depresión que se aproxima inexorablemente. Es por ello que los monopolios, los imperialistas, no pueden permitir ya ni tan siquiera proyectos políticos dentro del marco capitalista que sustentados en formas de estado democrático burgueses, no hay espacio para ello. Únicamente hay dos caminos: O acatar la voluntad de los monopolios, del imperialismo y sus gobiernos corrompidos y vendidos a los intereses de las grandes empresas multinacionales o romper con el capitalismo y desgajarse de él, construyendo el socialismo, imponiendo la dictadura del proletariado y empleando el estado para reprimir sin fisura alguna, y con absoluta contundencia, a la burguesía,  a los reaccionarios y combatir al imperialismo.

La Gloriosa Revolución Socialista de Octubre de 1917 nos legó, y el marxismo-leninismo enseña el  cómo las fuerzas progresistas, como el proletariado, los campesinos pobres y los parias a la cabeza  únicamente pueden conquistar el Poder Político e imponerse a la criminal burguesía.

Apelamos a la responsabilidad del Gobierno de Venezuela, y de su Jefe de Estado, Nicolás Maduro, que tienen, fundamentalmente con el pueblo trabajador venezolano, y sin más demora rectifique y adopten medidas para desarrollar el socialismo en Venezuela, y avancen hacia un estado socialista que sea implacable con los fascistas, con los golpistas, con la burguesía y no otorgue concesión alguna a la oligarquía y sus esbirros.

También hemos de referirnos al indecente y criminal papel jugado por el estado español y su gobierno, apoyando al golpismo, el terrorismo y el crimen en Venezuela realizado por los reaccionarios y fascistas, a los que están dando apoyo económico y político. Es vergonzoso escuchar a dirigentes políticos del Partido Popular, así como de otros partidos de la oposición que en cuestión de defender a los monopolios y al capitalismo son un bloque, engañar descaradamente e intencionadamente al pueblo español. El gobierno corrupto e inmoral del estado español – en un país donde hay muchas sospechas de que hubo un pucherazo electoral el pasado 26J y donde se está juzgando la financiación ilegal del partido del gobierno que implica, entre otras cosas, la existencia de pucherazos electorales en las últimas décadas, conviene recordar el Tamayazo – tiene la desvergüenza máxima de dar lecciones de democracia a Venezuela y exige que se le apliquen sanciones. ¿Qué autoridad moral tiene este gobierno corrupto y reaccionario que está saqueando al país, que persigue al pueblo catalán por el delito de querer hacer un referéndum, que hace leyes mordaza para reprimir al pueblo, que tiene presos políticos y que protege a torturadores fascistas del franquismo para impedir que se les juzgue de las torturas y crímenes perpetrados; para censurar nada al gobierno de Venezuela o a gobierno alguno? No tienen ni autoridad moral, no tienen decencia y es una necesidad no sólo acabar con el gobierno de Rajoy, sino acabar con el sistema capitalista y las instituciones políticas que éste eleva. Por ello, hacemos un llamamiento a los trabajadores del estado español a la unidad y a la organización contra el capitalismo, y por la conquista del poder económico y político por la clase obrera, o lo que es lo mismo, por conquistar el socialismo, la única salida que tenemos los pueblos del mundo.

El Partido Comunista Obrero Español traslada su solidaridad y su internacionalismo a la clase obrera, a los campesinos pobres y a las clases populares de  Venezuela y denuncia el ataque del imperialismo, echado en brazos y al mando de la reacción política asesina y criminal, para volver a subyugar al pueblo venezolano y exhortamos a la clase obrera y a los campesinos pobres de Venezuela a liderar el proceso revolucionario y avanzar firmemente hacia el Socialismo, que es la única vía de emancipación de los trabajadores tanto en Venezuela como en el resto de países del mundo.

¡Muerte a la reacción y al imperialismo!

¡Por la Dictadura del Proletariado y el Socialismo!

 

Madrid, 4 de agosto de 2017.

Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)