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Solidaridad con el compañero Bodalo

En el día de ayer 30 de Marzo fue llevado preso el sindicalista del SAT Andrés Bódalo Pastrana, para cumplir sentencia de tres años y seis meses de prisión. El cargo que se le imputa es el de atentado contra la autoridad, cuando los hechos acaecidos fueron muy diferentes. Andrés Bódalo sindicalista comprometido con su clase intentó mediar entre los participantes de una concentración frente al Ayuntamiento Jódar y los representantes del municipio.

Una vez más la justicia española patentiza su carácter clasista y represivo contra quienes alzan sus voces contra las injusticias, yendo en pos de unas leyes reaccionarias que parten de partidos que gobiernan bajo el signo de la corrupción.

El PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL, se solidariza con el compañero Bódalo y con su sindicato el SAT, a la par que llama a los trabajadores a tomar conciencia de la realidad de este sistema cruel, a tomar partido por la unidad y la lucha contra el sistema que solo se mantiene por medio del terror y de la criminalización del asalariado.

COMITÉ REGIONAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL EN ANDALUCÍA




Ante los atentados acontecidos en Bruselas

El pasado día 22 de marzo se produjeron dos atentados en la ciudad de Bruselas, estallaron dos bombas en el Aeropuerto de Zaventem y una en el metro, que dejaron un saldo superior a los 30 asesinados y al centenar de heridos. Estos sucesos irracionales y bárbaros, donde nuevamente se ha derramado sangre inocente, son los que se desarrollan diariamente en Siria, Libia, Líbano, Palestina, Iraq, Afganistán, Mali y tantos y tantos países donde las potencias imperialistas participan decisivamente.

Lo acontecido el pasado martes en Bruselas es una de las formas en las que se manifiestan las consecuencias del imperialismo, donde la guerra es la única salida que tiene la burguesía para mantenerse, saciar su voracidad criminal y apropiarse de todos los recursos y riquezas de los pueblos del mundo.

Las potencias imperialistas norteamericanas y europeas utilizarán estos atentados para seguir justificando sus guerras de carroña y para continuar agrediendo a más países y más pueblos, continuando su labor criminal y genocida con absoluta impunidad.

Los propagandistas de los monopolios, nuevamente, no han dudado en sembrar odio contra aquéllos a los que cada día sus países bombardean, así como inocular el miedo en el pueblo. O lo que es lo mismo, crear el caldo de cultivo necesario para que los Estados creen leyes todavía más represivas, si cabe, contra los Pueblos y, también, para hacer de lanzadera a la reacción y el fascismo, que es adónde conduce el imperialismo

Y si lo que se les viene a los pueblos encima es más represión y más agresiones militares, el cinismo y el chalaneo político en esta situación pre-electoral también ha sido una constante de todos los partidos políticos del Capital.  Ello se ha podido comprobar tras la reunión de la Comisión de Seguimiento del Pacto Antiyihadista – cuyo verdadero significado es represión contra el pueblo, cadena perpetua incluida.

Una prueba de lo que mencionamos son las palabras expresadas por el  Presidente de la Xunta de Galicia, Núñez Feijoo que ha señalado que “O se está en contra de quienes nos quieren matar o hay que explicar una posición de cierta permisividad de atentados terroristas, de gente que quiere matar a ciudadanos europeos por ser europeos, no por ninguna otra consideración”. Para empezar, tanto los autores de los atentados terroristas en París, como en Bruselas, tenían nacionalidad europea; para continuar que los países que más sufren la violencia de DAESH y de otras organizaciones terroristas islámicas son los musulmanes y, también que estas organizaciones son la consecuencia de la política imperialista tanto de la UE y de EEUU e instrumentos al servicio de estos bloques imperialistas para desestabilizar los países  y robarle a esos pueblos sus recursos, así como para extender la influencia de los monopolios de estos dos grandes bloques imperialistas. DAESH se nutre económica y armamentísticamente con la aquiescencia de las potencias imperialistas y a través de los socios de éstos: turcos, saudíes y cataríes.

Quienes están matando a europeos y a seres humanos de todos los continentes del planeta no son otros que los imperialistas; lo estamos viendo en el trato que se les está dando a las que buscan refugio de las guerras imperialistas, en el genocidio social que están provocando en los países europeos, entre los que descuellan España, Grecia o Portugal; sino también de las guerras de rapiña para robar el petróleo y los recursos naturales y, también, de las consecuencias de esas políticas imperialistas, como el 11M, el 13N o los asesinatos del pasado día 22 de marzo en Bruselas.

Todos estos ‘demócratas’ tienen las manos manchadas de sangre inocente. El Partido Comunista Obrero Español lamenta la sangre inocente derramada por culpa del imperialismo en Bruselas, en París, en Madrid, en Beirut, Bagdad o Alepo. El único responsable de todos los crímenes que acontecen hoy en el mundo son los imperialistas, los que defienden las democracias burguesas, que cada día se confunden más con las dictaduras reaccionarias, no habiendo más salida que la unión y la organización de la clase obrera para acabar con el imperialismo y para construir el Socialismo, la única vía posible de paz.

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




¿Reivindicar a Lenin y a Gramsci a la vez? Javier Parra, otro malabarista en el alambre oportunista

El Secretario General del PCPV-PCE, Javier Parra, escribía hace breves fechas un texto titulado “Un Partido para la Revolución. Volver a Lenin, rescatar a Gramsci” a modo de epílogo  de sus reflexiones  y  aportaciones al debate de cara al XX Congreso del PCE.

En dicho texto, de manera sintética, Parra ubica la ruptura del PCE con las tesis y el modelo leninista de partido en  la franja temporal de finales de la década de los 70s del siglo pasado e inicios de los 80s, o lo que es lo mismo, en pleno proceso de Transición señalando que el IX Congreso del PCE significó “la renuncia a la perspectiva revolucionaria y la decisión de considerar el escenario principal de acción política del Partido Comunista en el campo electoral” desglosando, de manera escueta los efectos de dicha ruptura o viraje para concluir reivindicando a Lenin y rescatando a Gramsci.

Para comenzar, debemos indicar que Javier Parra se equivoca al ubicar la ruptura del PCE con el leninismo en el IX Congreso, año 1978, donde renuncia expresamente. Sin embargo, esta abjuración del PCE con respecto al leninismo es mucho anterior de hecho.

En junio de 1956, el PCE hace una declaración titulada “Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español” en el que se señalaba “el Partido Comunista de España declara solemnemente estar dispuesto a contribuir sin reservas a la reconciliación nacional de los españoles, a terminar con la división abierta por la guerra civil y mantenida por el general Franco (…) fuera de la reconciliación nacional no hay más camino que el de la violencia (…) existe en todas las capas sociales de nuestro país el deseo de terminar con la artificiosa división de los españoles en “rojos” y “nacionales”, para sentirse ciudadanos de España, respetados en sus derechos, garantizados en su vida y libertad, aportando al acervo nacional su esfuerzo y sus conocimientos(…) El Partido Comunista de España, al aproximarse el aniversario del 18 de julio, llama a todos los españoles, desde los monárquicos, democristianos y liberales, hasta los republicanos, nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, cenetistas y socialistas a proclamar, como un objetivo común a todos, la reconciliación nacional.”.

Abiertamente, el PCE en dicha declaración apostaba por la conciliación de clases y por la democracia burguesa, como se puede comprobar, en la última parte de la misma cuando señalaba “la ideología de la democracia cristiana es opuesta a la ideología del comunismo. Pero en los artículos publicados por Monseñor Zacarías de Vizcarra en “Ecclesia” y en algunas actitudes de jerarquías o católicos destacados hay un tono conciliante civil al hablar del Partido Comunista, que contrasta con los llamamientos a nuestro exterminio físico hechos por otros católicos en otros períodos. En dichos artículos no se plantea la lucha en el terreno de la guerra civil, sino en el terreno ideológico. Nosotros pensamos igualmente, que la discusión, la polémica, la lucha de clases, y no la violencia física, son las formas que deben utilizarse para dirimir las diferencias políticas ideológicas (…) La cristalización de un partido demócrata cristiano en España es un hecho que está produciéndose. Los comunistas y la democracia cristiana en otros países han colaborado en la lucha contra el fascismo e incluso han participado juntos en diferentes gobiernos, conviven dentro de la democracia parlamentaria. España no tiene por qué ser una excepción”; demostrándose que el PCE, ya en el 1956, abjuraba  del leninismo y apostaba, abiertamente, por la democracia burguesa en su llamada política de Reconciliación Nacional, por un proceso de Transición con 20 años de antelación. El oportunismo de derecha dominaba la Dirección del PCE y, por ello, se renunciaba al leninismo; pues renunciar a la Dictadura del Proletariado, a la destrucción del estado burgués como hacía el PCE en dicha declaración a favor de la Reconciliación Nacional en 1956 era renunciar de hecho al leninismo, algo que, realmente hizo de palabra en sus estatutos en 1978.  

Con lo que no es cierto lo que Javier Parra afirma cuando ubica en el IX Congreso del PCE el abandono del leninismo por parte de éste, uniendo la renuncia al centralismo democrático en el XIII Congreso –  también el PCE había renunciado mucho antes al centralismo democrático – implicando ambas cosas según Parra “la renuncia a la perspectiva revolucionaria y la decisión de considerar el escenario principal de acción política del Partido Comunista en el campo electoral.”. Volviendo a la declaración de junio de 1956, ya establecía el PCE el parlamentarismo burgués como terreno por donde debía discurrir la acción política “Los comunistas estamos sinceramente dispuestos a marchar por ese camino. Ello significa que nosotros no tratamos de imponer a nadie nuestra política y nuestras soluciones, por la fuerza y la violencia (…) Pero no es suficiente que la clase obrera y su Partido tengan esa disposición de ánimo. Es preciso que otras fuerzas y formaciones procedan del mismo modo. Ningún Partido político cuenta hoy con el apoyo de la mayoría de los españoles. La vida impone una política de coaliciones de fuerzas sobre la base de programas mínimos comunes. La vida impone encontrar un terreno en el que podamos convivir y donde cada uno pueda propugnar libremente sus ideas y soluciones. Y ese terreno, en esta situación concreta, no puede ser otro que la democracia parlamentaria.”.

La propia historia del PCE ha desmentido el análisis histórico realizado por Javier Parra, el eurocomunismo y, por consiguiente, la ruptura con el marxismo-leninismo, ya estaba impreso en las declaraciones del PCE desde 1956, así como en su práctica.

El eurocomunismo es oportunismo de derechas en tanto que fue un fenómeno que se dio  a nivel internacional, siendo los principales estandartes de dicho fenómeno el Partido Comunista Italiano, el Partido Comunista Francés y el Partido Comunista de España. Fundamentalmente los dos primeros  revisaron el marxismo-leninismo de tal modo que pudieran tejer corpus teórico, a todas luces oportunistas, que justificasen su renuncia al socialismo, que negasen el carácter inevitable de la revolución violenta, la  destrucción del estado burgués y a la Dictadura del Proletariado, mellando al partido del proletariado de su carácter revolucionario y desviándole a él, y con él, a la clase proletaria, de su objetivo: la destrucción del poder económico y político de la burguesía, para perpetuar el dominio de la burguesía, y de su estado a través de su democracia burguesa, de su parlamentarismo.  

El eurocomunismo se sustenta sobre dos ejes: en el plano teórico el revisionismo y, en el terreno práctico, el legalismo y el reformismo. La práctica legalista, ya en dicha declaración de junio de 1956 “Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español” se expresa abiertamente “la utilización de las posibilidades legales adquiere hoy una significación y una importancia práctica mayores. Porque esas posibilidades son mucho más amplias que hace unos años, pese a que no ha cambiado la letra de las leyes. Lo que ha cambiado es la disposición, la mentalidad, las opiniones de las gentes. Y  hoy en cualquier entidad social u organización se encuentran hombres discrepantes de la dictadura que están dispuestos a dar ciertos pasos. En un momento en que el régimen se desmorona, la más mínima posibilidad legal se amplia y puede facilitar acciones de considerable repercusión política.”.

Una vez queda demostrado que el PCE había roto de hecho con el marxismo-leninismo décadas antes del IX Congreso, en concreto desde el año 1956, procedemos a analizar la proclama de Parra: “Volver a Lenin, rescatar a Gramsci”.

Javier Parra señala que “volver a Lenin significa, para empezar, la aspiración de recuperar la perspectiva revolucionaria del Partido Comunista, teniendo en cuenta que las libertades de la democracia burguesa facilitan de momento la actividad del Partido y es posible plantear la toma del poder y es posible plantear la toma del poder parlamentario a través de las urnas. Ahora bien, la toma del poder parlamentario es absolutamente insuficiente para la transformación social y la construcción del Socialismo. Es necesario que seamos capaces de disputar la hegemonía en todos los frentes: el frente cultural, el movimiento obrero (donde se produce la contradicción principal), los movimientos sociales (donde se producen las luchas subalternas), el ejército y los cuerpos armados (decisivos ante una quiebra de la hegemonía dominante)… ”. Curiosa la forma de reivindicar a Lenin describiendo a Gramsci. Volver a Lenin debiera ser retornar a la senda del marxismo-leninismo, sin embargo, rescatar a Gramsci es rescatar al padre del eurocomunismo, tal y como señalaba, entre otros, Enrico Berlinguer.  En Mundo Obrero, en julio de 2014, en un artículo titulado “30 años sin Berlinguer”, del órgano de expresión del PCE, se señala que “Berlinguer era un comunista íntegro, que consideraba que la lucha por el socialismo era una apuesta vital, que la existencia de millonarios era directamente proporcional a la existencia de pobres, y que por ello esto era profundamente inmoral; que creía en la bondad de las ideas comunistas a la vez de que estas no podrían ponerse en práctica sino eran sustentadas en el acuerdo y el diálogo permanentes”; en ese mismo artículo, se recogen los siguientes párrafos: “Berlinguer lanzaba una política que colocaba a los/as comunistas italianos a la ofensiva, en la que proponía un gran pacto antifascista de los partidos democráticos italianos, que abriera un periodo de estabilidad democrática frente al intento de dar un golpe de Estado por parte de grupos neofascistas y elementos del aparato del Estado que utilizaban las mismas tácticas terroristas que se habían dado en Chile(…) Esa estabilidad democrática tenía como objetivo llevar a la práctica lo que Palmiro Togliatti definía como “reformas no reformistas”. A esta estrategia se le llamó la vía italiana al socialismo, la cual (al igual que la chilena) adaptaba la vía revolucionaria a una realidad occidental para alcanzar el socialismo en “democracia, pluralismo y libertad” como gustaba decir a Allende. Fue Indro Montanelli quien bautizó esta vía al socialismo como “Eurocomunismo”, definiéndola como un nuevo humanismo radical. Pero para Berlinguer no era una cuestión de etiquetas, sino que contenía una profunda convicción moral para el conjunto del movimiento comunista, porque para él, el marxismo era una crítica profunda de la economía burguesa a la vez que una crítica científica de la sociedad y del ser humano en ella. La influencia de Gramsci era patente”.

Parra reivindica a Lenin para, justo después, matarlo con Gramsci, con el marxismo occidental, con el Eurocomunismo como antaño hicieron los Claudín, Pasionaria, Carrillo, Berlinguer o Marchais.

Reivindicar a Lenin es reivindicar al Marxismo-Leninismo. Reivindicar a Lenin es reivindicar el materialismo dialéctico. Para Lenin la dialéctica es la doctrina de la relatividad del conocimiento humano, que nos la proporciona un reflejo de la materia en permanente transformación, movimiento aplicable a todo el universo, pues éste es material. Para el marxismo-leninismo la relación objeto–sujeto es independiente el uno del otro, en consecuencia, la dialéctica se entiende como el reflejo de los fenómenos  –ya sean naturales, sociales o económicos– que se desarrollan con independencia de la voluntad de los sujetos, de los hombres. Reivindicar a Gramsci, por el contrario, es reivindicar una dialéctica donde no hay separación entre el ser –objeto– y el pensamiento –sujeto-, obviando la teoría del reflejo.  Esta disparidad filosófica entre Lenin y Gramsci, entre el marxismo-leninismo y el marxismo occidental, engendra desviaciones. Para los marxistas-leninistas es el reflejo de la realidad objetiva y la percepción que hace el hombre del mismo lo que crea la conciencia; mas por el contrario, para el marxismo occidental, es el sujeto, el hombre el que porta la conciencia per se,  de tal modo que él, desde su subjetivismo más absoluto, puede construir la realidad futura, el socialismo, desde el capitalismo siempre que consiga la hegemonía en dicha sociedad, tal y como señalaba el artículo de 2014 de Mundo Obrero “las ideas comunistas a la vez de que estas no podrían ponerse en práctica sino eran sustentadas en el acuerdo y el diálogo permanentes”. El socialismo pues, no sería fruto de la lucha contrarios  sino del acuerdo y el diálogo, y por tanto, del entendimiento entre esos contrarios. Como se puede comprobar, la filosofía de Gramsci es ecléctica, entremezclándose el idealismo con el materialismo. Esta desviación de Gramsci, y del marxismo occidental, implica concepciones absolutamente contrapuestas al marxismo-leninismo y, en consecuencia, contrario a la ideología proletaria.

Volver a Lenin es reivindicar el rompimiento de la estructura económica, así como con la destrucción de la maquinaria del estado burgués e imponer la Dictadura del proletariado. Y no profundizar en la democracia burguesa donde el “supuesto” socialismo sea el resultado de un consenso de la sociedad. Una característica de Gramsci, y de sus seguidores,  es el etapismo, o el gradualismo en el paso del capitalismo al comunismo. Lenin, a este respecto es meridianamente claro en “El Estado y la Revolución”: “Las formas de los estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos estos Estados son, bajo una forma u otra, necesariamente una dictadura de la burguesía. La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será necesariamente una: la dictadura del proletariado.”. Volver a Lenin es volver a reconocer el carácter inevitable de la revolución violenta. 

En conclusión, Javier Parra se contradice al reivindicar a Lenin y a Gramsci, pues reivindica a la par una cosa – el materialismo dialéctico – y su negada – el eclecticismo y el subjetivismo-;  reivindica a la vez el etapismo y la transformación por consenso de la sociedad y su negado, la revolución violenta y la imposición de la dictadura del proletariado como única forma de transición del capitalismo al comunismo. En definitiva, nos encontramos con que, aquéllos que reivindican la necesidad de que el PCE retorne a la senda del marxismo-leninismo, la cual abandonó en la década de los 50s del siglo pasado, continúan haciendo los mismos ejercicios malabares que hacían sus antecesores oportunistas, defendiendo los mismos postulados y, sin duda alguna, Javier Parra es un fiel ejemplo de lo que advertimos.

 

F.J. Barjas

Secretario General del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) 




El debate de investidura saca a flote las contradicciones y la basura del capitalismo

La semana pasada se celebró, más de dos meses después de las elecciones realizadas el pasado 20 de diciembre, el debate de investidura. Un debate de investidura fallido en el que el candidato planteado a dedo por el Jefe del Estado, heredado el cargo por ser hijo del anterior Jefe del Estado puesto a dedo por el criminal Franco, no ha conseguido el apoyo necesario de la cámara para hacer gobierno; abriéndose un periodo de dos meses para que los partidos del sistema conformen un gobierno. Este hecho nuevamente muestra la situación de ingobernabilidad existente tras el 20 de diciembre y cómo la crisis del capitalismo no sólo se muestra en el ámbito de la economía, sino de todos los ámbitos de la vida capitalista en el estado español, como se comprueba en la crisis política e institucional que vive el régimen nacido del franquismo. Esta descomposición del capitalismo putrefacto en el estado español es una de las formas en las que se manifiesta, a nivel mundial, la crisis general del capitalismo, que nació con la Primera Guerra Mundial, y la Gran y Gloriosa Revolución de Octubre, y que hoy perdura, y perdurará hasta la victoria definitiva del socialismo.

Pero si algo ha dejado bien claro este debate de investidura es que la Reforma que convirtió una dictadura criminal, como el franquismo, en una democracia burguesa integrada en el seno de las agrupaciones internacionales de imperialistas, como la UE y la OTAN, así como el control del mantenimiento de la maquinaria del estado franquista bajo formas democráticas; lo que se ha llamado Transición sustentada por fascistas y oportunistas, se ha demostrado un fraude y se  halla en bancarrota siendo la expresión de la incapacidad de la burguesía para dar salida a los problemas que azotan a la sociedad española; demostrándose esa democracia burguesa incapaz de resolver los problemas que, supuestamente, la Transición y su componenda democrática debía haber solventado. El debate de investidura ha dejado bien claro que, tras cuarenta años de muerto el dictador, la situación del pueblo y de crisis del capitalismo perdura y se agudizan las contradicciones, estando todo corrompido y dejando bien a las claras que la única vía de solución que tiene la sociedad, el proletariado y demás clases populares, no puede venir de la mano del capitalismo ni de la burguesía, sino de la mano de  otro sistema económico y social: El Socialismo y la Dictadura del Proletariado.

Los sucesivos gobiernos de PP y PSOE, fieles lacayos de la burguesía monopolista, han mantenido a lo largo de estas más de tres décadas de democracia burguesa la maquinaria del poder burgués y su dirección económica, el capitalismo monopolista de Estado, de tal modo que la banca privada, fusionada con el capital industrial e integrada con el capital internacional, sean quienes dirijan, sin control alguno con los estados a su servicio, y planifiquen la economía, estando el estado a su servicio como instrumento redistribuidor de la riqueza a favor de ellos, como se ha podido ver en España, por ejemplo, con la modificación del artículo 135 donde toda la economía del país está subordinado a los intereses de la oligarquía, implicando todo ello que la desigualdad rompa récords y el incremento de la depauperación.

Las cifras de desempleo y la situación económica en el estado español hoy es bastante peor que cuando se inició el periodo de transición. La tasa de paro en 1976 estaba por debajo del 5% en el estado español y en torno al medio millón de parados, mientras que actualmente el paro supera el 20% y cuentan sus filas con más de 5 millones de parados fruto de procesos de reconversión, de privatizaciones, procesos de internacionalización de la economía – consistentes en dar dinero a los empresarios para que éstos se lleven el capital y la producción fuera del estado -, con la firma y apoyo de los traidores sindicatos CCOO y UGT,   y de desarrollo y ensanchamiento de los monopolios cuyo vigor crece de manera directamente proporcional al crecimiento de la desigualdad, la precariedad y el desempleo, todos ellos hijos de la democracia burguesa y la Transición.   La crisis económica ha profundizado a lo largo de este período democrático, donde el estado no sólo está quebrado económicamente, sino que ha ido siendo troceado y vendido a precio de regalo a la burguesía a través de sus instrumentos PP, PSOE así como los partidos nacionalistas  – ERC, CiU o PNV -, con lo que la política privatizadora, no cuestionada jamás, poco recorrido le queda en tanto que el estado es ya un solar, lo único que les queda, y ya lo están haciendo progresivamente, es privatizar las pensiones, la sanidad y la educación.  Además, la integración en el club imperialista europeo, ha hecho que competencias económicas, como la política monetaria, hayan sido cedidas a esa agrupación de los monopolios europeos llamada UE, que no dudan en desarrollar unas políticas a favor de las multinacionales y contrarias a las clases populares. No obstante, el capitalismo, las agrupaciones internacionales de oligarcas, el orden mundial no es en absoluto cuestionado por aquéllos que participan desde los escaños del Congreso.

El debate de investidura también mostró uno de los rostros de ese proceso de democratización del Régimen Franquista llamado Transición, y de la calidad democrática del estado español, de ese del que fascistas y oportunistas están tan orgullosos y que tanto halagan los estómagos agradecidos de la prensa burguesa. Pablo Iglesias señaló literalmente, en referencia a los gobiernos del PSOE de Felipe González, que “Su partido fue también el partido del crimen de Estado. Desconfíe señor Sánchez, de los consejos de aquéllos que tienen manchado su pasado de cal viva”, algo que evidentemente es cierto, lo que hace totalmente incomprensible que precisamente el partido de Iglesias pretenda tejer un gobierno con el Partido del Gal y la corrupción y que es ‘casta’, justamente en el mismo momento que el preso político Otegi salía de la cárcel, en la que hay encerrados presos políticos comunistas, independentistas, sindicalistas, etcétera, y que dejan bien patente que el estado burgués, independientemente de su forma fascista o democrático burguesa- en el caso del estado español, el franquismo reformado –  es la violencia organizada contra el pueblo, cuyo monopolio lo tiene la burguesía. Esta democracia burguesa, hija de la Transición ha sido escrita en letras de sangre de la clase obrera, a golpe de represión en los centros de trabajo, en las calles, y de acción terrorista de Batallones Vasco-Españoles, triples A y GAL. La última legislatura del Partido Popular –  partido fundado por exministros franquistas algunos de ellos con las manos manchadas de sangre obrera, y a los que el actual estado protege desoyendo órdenes de detención de la Justicia argentina – ha hecho que en términos represivos la democracia burguesa española vuelva a los orígenes, con leyes mordazas, liquidación de la negociación colectiva y potenciación del sindicato vertical – CCOO y UGT -, y leyes sobre seguridad privada que otorgan a la policía privada del burgués capacidades propias de un régimen reaccionario que se confunde, cada vez más con el fascismo, y que persiguen la ilegalización de la clase obrera.

Hablando de calidad democrática, nos hallamos ante un sistema electoral donde los votos no valen igual y que está ideado para que los dos partidos de la burguesía , con un respaldo mínimo, puedan imponer su voluntad. Una democracia que niega el derecho democrático de la autodeterminación de los naciones, como la vasca, gallega o catalana. La Transición y su democracia no ha satisfecho las reivindicaciones democráticas de esas naciones, de hecho se les ha negado en aras del principio franquista de la sacrosanta unidad de España en los términos que concibe la burguesía monopolista, la que hoy dirige la España democrática que es la misma que dirigía la España franquista. La no resolución de la cuestión nacional, la negación del derecho de autodeterminación al País Vasco, Galicia y Cataluña ha tenido como resultado el enconamiento y acrecentamiento del conflicto nacional. En Cataluña hay abierto un proceso que pretende culminar con el alumbramiento de la República Catalana, y que el debate de investidura mostró en su crudeza con las intervenciones de las fuerzas nacionalistas, intervenciones que también visualizaron las líneas de fractura de dichas fuerzas, pues mientras ERC defiende la línea independentista de manera decidida, la nueva criatura de la corrupta CDC apoyaría y parece conformarse con un referéndum pactado. A ello, deben añadirse la posición expresada por Otegi en Anoeta el pasado 5 de marzo apostando abiertamente por dinamizar el proceso por la creación de un estado vasco, mirándose en el espejo de Escocia y Cataluña. Todo ello evidencia que la democracia burguesa ha sido y es incapaz de resolver el problema nacional el cual únicamente podrá venir de la mano del socialismo. 

También ha sido incapaz la burguesía, y su democracia, a resolver el problema de la tierra, como consecuencia de la política imperialista del estado burgués, y el club de oligarcas de la UE,  que choca frontalmente con las necesidades democráticas de una Reforma Agraria que requiere el campo andaluz, castellano, y extremeño. Una Reforma Agraria que únicamente puede venir rompiendo con la UE, de la mano del socialismo.

Y es que, este debate de investidura, un acto más propio esta vez de precampaña electoral que de conformación de un gobierno; un debate de investidura donde ha predominado la suciedad y la falta de transparencia, como es normal que acontezca en el parlamento de burgueses compuesto por trileros y títeres de los monopolios, lo que sí ha puesto en evidencia es que la Transición ha sido un fraude histórico de magnitudes colosales y que la democracia burguesa no sólo ha sido incapaz de resolver los problemas que tenía el país una vez muerto el tirano Franco, sino que ha agudizado y ha hecho más profundos estos problemas.

En este proceso de descomposición absoluto del capitalismo y su superestructura, de fracaso político de la Transición y de la democracia burguesa como consecuencia de que nunca hubo una ruptura democrática real con el franquismo; aparecen las últimas creaciones de los monopolios, como el partido Ciudadanos del fascista Albert Rivera, añorando y loando a los traidores de aquel fraude histórico. El debate de investidura también sirvió para que este fascista, enemigo jurado de la democracia y de la clase obrera, pusiera en su justo término el papel de los traidores del Pueblo Trabajador, como recoge el diario de sesiones del día 4 de marzo cuando Rivera señalaba “Hablando también de la Transición, ¡qué diferencia entre aquel Partido Comunista y aquéllos hombres de Estado como el señor Solé Tura o el señor Carrillo y lo que hemos escuchado aquí, señor Iglesias, qué diferencia! ¡Ojalá se parecieran ustedes al Partido Comunista de la transición, ojalá! Porque venir del exilio y pactar con aquéllos que piensan distinto sí que era épica, (…) Épica de verdad. Aquellos hombres y mujeres trajeron libertad, igualdad, amnistía, autonomía y se dieron la mano bajo una misma bandera, bajo una misma Constitución y hubo muchas renuncias por parte de aquel Partido Comunista, pero demostraron tener sentido de Estado. Quiero hoy aquí homenajear a aquellos hombres y mujeres que, independientemente de su ideología, y no como hoy en esta Cámara, eran capaces de participar”. Así loa un fascista su victoria y a los traidores de la clase obrera que claudicaron – lo que él llama renuncia y sentido de Estado – a los intereses de los monopolios contra los intereses del pueblo.

Por más que Albert Rivera anhele el periodo de Transición, el debate de investidura y, fundamentalmente el curso de la historia, han sacado a flote todas las contradicciones y toda la basura, toneladas de basura,  del capitalismo.

El sistema capitalista, y su democracia burguesa – que cada día se confunde más con un estado reaccionario que toca el fascismo – no sólo se ha mostrado incapaz de resolver la crisis y los problemas democráticos que lastran al Pueblo español desde el franquismo, sino que ha profundizado y agrandado los mismos, aparte de mostrar que todo el sistema está carcomido por la corrupción.  

Únicamente el socialismo puede dar salida al callejón sin salida al que la burguesía ha llevado al Pueblo trabajador. Mientras exista el capitalismo la corrupción cada vez será mayor, porque la corrupción es la forma mediante la que la burguesía dirige políticamente, y seguirá agravándose el paro, la crisis, el problema de las pensiones, de la democratización de la tierra,  de la cuestión nacional, de la participación democrática del pueblo en la toma de decisiones donde, a pesar de todos aquéllos que alaban y asumen al capitalismo, y que miran con nostalgia a la Transición que, en realidad fue un fraude una traición sin parangón. Hoy más que nunca, y más en el estado español, adquiere una dimensión mayor de la consigna ¡Socialismo o barbarie! Y a los hechos y la historia nos remitimos.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)